Está en la página 1de 27

MÁSTER UNIVERSITARIO EN CIENCIA DEL

LENGUAJE Y LINGÜÍSTICA HISPÁNICA

Trabajo Fin de Asignatura


El Chabacano

Juan Ramón Álvarez López


jalvarez1505@alumno.uned.es - CA Madrid

PROFESOR: Francisco Xavier Trías Conde

CURSO ACADÉMICO: 2021-22 - Convocatoria: Febrero 2022


Contenido
1 INTRODUCCIÓN.............................................................................................................................1

2 LA HISTORIA DEL ESTUDIO DEL CHABACANO................................................................................2

2.1 El estudio pionero.................................................................................................................3

2.2 Los años oscuros (primera mitad del s. XX)...........................................................................5

2.3 La edad de oro. Segunda mitad del s. XX..............................................................................7

2.4 La explosión de los estudios sobre el chabacano. El siglo XXI................................................9

3 LA GÉNESIS DEL CHABACANO.....................................................................................................10

4 DESCRIPCIÓN LINGÜÍSTICA DEL CHABACANO.............................................................................12

4.1 Fonética..............................................................................................................................12

4.2 Morfosintaxis......................................................................................................................14

4.3 El léxico chabacano.............................................................................................................17

5 LA SITUACION ACTUAL DEL CHACABANO...................................................................................18

6 CONCLUSIONES...........................................................................................................................19
1 INTRODUCCIÓN

El chabacano es, junto con el papiamento y el palenqueño, una de las tres lenguas
criollas de base española que perviven1, y la única en Asia. Esta afirmación puede
matizarse en al menos dos sentidos.

En primer lugar, no hay consenso absoluto entre los lingüistas sobre el significado
preciso de lengua criolla o criollo (algunos autores discuten, por ejemplo, que sea
necesaria la fase previa de lengua pidgin para alcanzar el estatus de criollo), sin olvidar
que el término ha sido empleado históricamente para referirse a cualquier lenguaje
mixto, resultado de un contacto prolongado entre lenguas, con la aparición de una
comunidad bilingüe, y aun debemos añadir que algunos autores manejan el término
semicriollo para designar la criollización parcial de una lengua. Sobre esta complejidad
terminológica se superpone la complejidad real producida por procesos como el de
descriollización (cuando el criollo sigue en contacto con la lengua lexificadora original,
aproximándose cada vez más a estas: continuum poscriollo)2; por último, son también
frecuentes y relevantes los procesos relexificadores (cuando una nueva lengua comienza
a substituir gradualmente a la lengua lexificadora original). Dada esta complejidad, no
es de extrañar que algunos autores clasifiquen, por ejemplo, el papiamento como un
criollo portugués, relexificado parcialmente por el español.

En segundo lugar, es probablemente más preciso decir que el término chabacano


se refiere al conjunto de variedades acriolladas del español habladas en algunos puntos
de las islas Filipinas. En efecto, la distribución geográfica de estas variedades es
compleja, con dos grandes zonas. La primera se sitúa en el entorno de la Bahía de
Manila, en la isla de Luzón; históricamente se han distinguido en esta zona al menos
tres núcleos de hablantes y otros tantos dialectos: el hablado en el barrio de Ermita de la
ciudad de Manila (conocido en ocasiones como ermiteño, y según todos los indicios,
extinguido durante el s. XX); el hablado en la ciudad portuaria de Cavite y la vecina
ciudad de San Roque (hoy barrio de la primera); el propio de la población de Ternate,
situada también en la provincia de Cavite, y que desempeñó un papel fundamental en la

1
Algunos autores consideran que el español bozal, una lengua que fue hablado por los esclavos africanos en Cuba y
en otras zonas de Sudamérica y Centroamérica era también un criollo; en cualquier caso, se extinguió en el s. XIX.
Otros incluyen también en la categoría de criollo al chamorro de las islas Guam (aunque la mayoría considera que es
una lengua austronesia con abundantes préstamos léxicos del español, como el tagalo). Menos defendible parece la
consideración como criollo del yopará, una lengua surgida en Paraguay del contacto entre el español y el guaraní, que
es en realidad un continuum lingüístico entre un español guaraní y un guaraní español.
2
Para identificar los estados del proceso desde un criollo “puro” a uno que se ha diluido en la lengua lexificadora se
han acuñado los términos basolectal, mediolectal y acrolectal. La mayoría de los considerados criollos estarían, según
algunos autores, en el estadio mediolectal, con escasos representantes del basolectal.

1
génesis del chabacano, según veremos más adelante. La segunda zona, y la que
concentra actualmente la gran mayoría de los hablantes, se sitúa en el sur del
archipiélago, en la isla de Mindanao; el núcleo fundamental es la ciudad de Zamboanga
(cuya variedad es conocida como zamboangueño) y existen, o han existido hasta fecha
reciente, grupos de hablantes en la ciudad de Davao y en la población de Cotabato.

Esta distribución geográfica tan anómala (las dos zonas están separadas por más

de 900

km)
tiene sin duda una estrecha relación con la génesis y difusión del criollo, cuestión que
abordaremos en el capítulo correspondiente.

El vocabulario del chabacano deriva en su mayoría del español, mientras que las
estructuras gramaticales están tomadas de lenguas indígenas (tagalo, principalmente, y
también el bisaya y el hiligaynón); las distintas variedades del chabacano son, en
general, y según la mayor parte de los testimonios, como mínimo parcialmente
inteligibles entre sí, aunque hay algunas diferencias, incluso gramaticales, notables; la
situación es sin embargo controvertida y fluida, pues en ambas zonas la influencia del
inglés y tagalo son crecientes. Además, la vitalidad de la lengua es muy distinta en
Zamboanga y en el resto de los núcleos de hablantes, cuestión sobre la que nos
detendremos en el último capítulo de este trabajo.

2 LA HISTORIA DEL ESTUDIO DEL CHABACANO

La existencia del chabacano ha sido casi ignorada por la generalidad de los


lingüistas hasta hace no muchas décadas. Baste decir que Bloomfield afirmó en su obra
principal, Language, que el chabacano se había extinguido: "a Spanish jargon was
formerly spoken in the Philippines". A excepción de algunos austronesistas que se
ocupan de las lenguas filipinas, la hispanidad lingüística de Filipinas se ha mantenido en

2
gran parte desconocida para la comunidad lingüística. La atención prestada a este
criollo ha crecido, sin embargo, a partir de finales del s. XX, y es hoy un terreno
extremadamente activo de investigación lingüística. Mostraremos a continuación la
evolución de estos estudios, haciendo hincapié en las primeras fases, peor conocidas y a
veces ignoradas.

2.1 El estudio pionero

El primer estudio que trata sobre lo que hoy conocemos como chabacano fue
publicado en 1884 por el eminente lingüista Hugo Schuchardt (1842–1927) con el título
Ueber das Malaiospanische der Philippinen y es el cuarto de una serie, “Kreolische
Studien”, publicada entre 1882 y 1891 que ha hecho a Schuchardt merecedor del título
de pionero de los estudios sobre las lenguas criollas (aunque sea recordado sobre todo
como el gran opositor a los neogramáticos). El estudio de Schuchardt, a pesar de su
escasa extensión (50 páginas) y precaria información de base, es de una gran densidad y
representa una notable aportación, por lo que es sorprendente que haya sido tan
escasamente considerado1. Reseñaremos aquí con cierto detalle su contenido.

En primer lugar, en cuanto al nombre del criollo, hay que resaltar que Schuchardt
en ningún momento utiliza el glotónimo que hoy nos es familiar, sino el de
“Malaiospanische” (en el título), “tagalospanische” (la denominación más frecuente) o
la de “español de cocina”2 o “Küchenspanischen”; también “español de tienda, del
Parian, de trapo” (Schuchardt 1884 : 113). Esto ha contribuido a que algunos autores
(Lipski 2001) cuestionen si su estudio se refiere al chabacano, o más bien a un pidgin,
aunque el estudio de la correspondencia de Schuchardt con Blumentritt, que fue su
principal informante parece descartar esta opinión (Mattes, 2010 : 68).

En segundo lugar, hay que resaltar que Schuchardt trabajó desde Graz, donde
residía, sin viajar a Filipinas, siendo sus fuentes exclusivamente escritas; Schuchart
agradece las aportaciones del mencionado Ferdinand Blumentritt, autor del primer
1
Según Google Scholar, un total de 69 publicaciones citan este estudio. Aunque no se trata de un censo completo, es
una cifra muy baja; además, muchas de ellas son citas de “fondo de bibliografía”, que no entran a analizar ni valorar
el contenido de la obra; únicamente Quilis y Casado (2008) recogen unas conclusiones sumarias y Steinkrüger (2020)
una valoración general, imprecisa, en nuestro criterio; por otro lado Fernández (2010) y Mattes (2010) proporcionan
información historiográfica sobre el contexto en que Schuchardt escribió su obra a través de la correspondencia que
mantuvo con T. Pardo de Tavera y F. Blumentritt, respectivamente. Lamentable es la reseña de Muñoz (1893 : 1842)
en su catálogo de filología castellana (premiado por la Real Academia Española):
El autor colecciona porción considerable de canciones populares, frases y
palabras castellanas modificadas ó desnaturalizadas, cuyo verdadero significado
da á conocer. El trabajo no obedece á ningún plan científico ó didáctico.
Otro indicador del olvido que ha sufrido este estudio es que no hay traducciones del mismo. De hecho, dos
recopilaciones relativamente recientes de ensayos de Schuchardt sobre las lenguas en contacto, que incluyen
traducciones de los mismos al inglés, las de Markey (1979) y Gilbert (1980), omitieron el ensayo que nos ocupa.
2
Esta denominación aparece por primera vez en una de las obras de las que Schuchardt extrae textos: “Al terminar
ellas, un indio empezó á cantar el cundiman, mezclando coplas en español de cocina” (Montero y Vidal, 1876 : 105).

3
diccionario de filipinismos, con el que mantuvo una intensa correspondencia sobre esta
obra, y de Trinidad Pardo de Tavera, nativo de Manila y secretario de la embajada de
Santo Domingo en París, que le proporcionó los textos más completos en “español de
cocina”.

Schuchardt comienza su estudio relacionando los textos que utilizará


posteriormente para su análisis1. La parvedad del material es asombrosa, pero al
lingüista le bastó para hacer un concienzudo análisis, y poniendo el énfasis en la
interacción entre las gramáticas y los préstamos léxicos y estructurales desde el tagalo,
con continua referencia al concepto de “forma interior” (innere Sprachform) de
Humboldt. Señalamos esquemáticamente (respetando el aparente desorden del original)
las características gramaticales y léxicas que identifica, demostrando que provienen del
tagalo, en general:

 Formación de los tiempos verbales (pasado, presente, futuro) a partir del infinitivo
más partículas (ya, ta, de, respectivamente).

 Uso de tiene por hay impersonal.

 Inexistencia de flexión de género (artículos, adjetivos y pronombres en masculino:


el mujer, chinelas bordado).

 No hay concordancia de número (todo el chinelas, los borracho).

 Uso del presente para imperfecto (ta cantando yo cuando ya entrá ele 'yo cantava
cuando entró') y del futuro para el condicional (de debolbé ‘devolvería’).

 Simplificación de preposiciones y uso abundante de con.

 Uso frecuente de también y parejo.

 Orden de palabras: VSO.

 Duplicación de adjetivos y adverbios.


Mas atrevidas (y limitadas) son sus especulaciones sobre la fonética del
“tagaloespañol”, basadas, según confiesa, en el escaso corpus escrito, algunos
diccionarios y la extrapolación a partir de la fonética tagala:

 e debe confundirse con i, y o con u (alegantis por elegantes).


1
Inicialmente se relacionan:
 Fragmentos de diálogo de un cuento de Montero y Vidal (1876).
 Cinco líneas, casi monosílabos, de Cañamaque (1877 : 114).
 Cuatro recortes de periódico, cada uno con 4 líneas de diálogo proporcionados por el cónsul en Manila [sic].
 Una poesía (20 versos) proporcionada por el mismo cónsul.
 Fragmento de diálogo de la escena VIII de Entrala (1882).
Posteriormente, tras reconocer la “escasez y poca fiabilidad del material referido”, Schuchardt muestra su
agradecimiento por el material adicional proporcionado por Pardo de Tavera: cinco fragmentos de diálogo, apenas
dos páginas en total, pero al menos completamente escritas íntegramente en “español de cocina”. Por último, informa
haber recibido en el último momento una carta al director de un diario (una página).

4
 f (inexistente en tagalo) se confunde con p (taripa, Islas Pilifinas).

 Sobre ch afirma que no se substituye por s en tagaloespañol.

 Cree que la confusión de d y r y la de r y l apenas se han propagado del tagalo al


tagaloespañol (aunque señala un ñol).

El estudio de Schuchardt contiene también algunas breves informaciones


demolingüísticas. Así, menciona al comienzo de su estudio la existencia de dos núcleos
de hablantes, uno en Manila y Cavite, y otro en Zamboanga y presenta datos de número
hablantes1; también menciona en una nota a pie de página la presunta presencia de
hablantes de español en Cotabato, Mindanao, pero no vuelve sobre este asunto 2. Sobre
la existencia de variedades dialectales se limita a especular que no debiera haberlas en
las zonas de habla tagala, y serían imperceptibles en las Bisayas, por la similitud de
ambas lenguas, aunque considera que en Zamboanga sí puede “tener un matiz peculiar”
porque allí “se atestigua expresamente un español corrupto” 3.

2.2 Los años oscuros (primera mitad del s. XX).

Desde la publicación de Schuchardt hasta 1924 transcurren 40 años en los que no


se registra ni una sola publicación sobre este criollo. En ese año está fechado el estudio
An account of the Ternate dialect, de Tomás Tirona; este trabajo no ha sido publicado 4 y
es a todas luces un trabajo académico de un alumno de lingüística filipina del curso
1923-1924. Irónicamente, el autor emprendió la investigación con el objetivo de
estudiar un supuesto idioma “mardica” hablado en aquella localidad (más adelante
daremos cuenta del trasfondo histórico de esta cuestión), solo para descubrir que no
había hablantes de tal idioma, pero sí de otro “tagalo-español” similar al de su ciudad

1
Es justo reconocer que en este punto está hablando de hablantes de “español”, sin precisar si se trata de la lengua
general o de lo que luego llamará “español de cocina”. En el caso de Manila sin duda debía incluir tanto el español
general como el criollo.
2
Transcribimos, traducida por nosotros, dicha nota: En “Visión general de la lengua” en F. Jagor, Viajando por
Filipinas, página 43 y sigs. aparte de Manila, Cavite y Zamboanga, el español solo figura como lengua habitual en el
distrito de Cottabató (en Mindanao). Blumentritt tiene aquí un signo de interrogación en lugar del número de
hispanohablantes, y según me informa por escrito, con 50 españoles, más de 1500 indios y más de 200 chinos (1870),
la lengua española difícilmente tendrá una posición destacada” (Schuchardt, 1884: 111, nota 3).
En el archivo de Schuchardt figura una carta, fechada el 19 de noviembre de 1883, remitida por el jesuita español y
lexicógrafo aficionado Jacinto Juanmartí, residente en Tamontaca, Cotabato, en la que este dice; “Ahora creo que
llegará ya tarde esta que va acompañada de unos dialogos hechos por un vecino de aqui en donde entran los
modismos que estos vecinos usan”. Efectivamente, la carta debió de llegar tarde para que se incluyeran en el estudio
de Schuchardt los copiosos diálogos que se adjuntan, escritos en lo que hoy calificaríamos sin duda de chabacano y
traducidos al español común. Mauro Fernandez ha dedicado un artículo a este asunto: El chabacano de Cotabato: el
documento que Schuchardt no pudo utilizar (2012). Sorprendentemente, no logra identificar al remitente de la carta,
especulando al respecto. http://schuchardt.uni-graz.at/id/letter/1360
3
Hay que tener en cuenta que las obras que cita no siempre son precisas, como muestra que en la obra mencionada se
dice literalmente “Die Bewohner von Zamboanga auf Mindoro sprechen verdorbenes Spanisch“ (Bastian, 1870 :
151), confundiendo la isla de Mindoro con la de Mindanao (Schuchardt sí cita correctamente la ubicación de
Zamboanga).
4
Aunque una versión digitalizada de este documento es también accesible en la Biblioteca Nacional de Filipinas.

5
natal, Cavite (aunque no logra concluir si ambas lenguas son mutuamente inteligibles).
El contenido más interesante es una lista de palabras que no proceden ni del español ni
del tagalo1. Es de destacar que el trabajo tiene un apéndice de Otto Scheerer, en esas
fechas profesor de alemán en la University of Philippines, quien relaciona
correctamente el trabajo con el estudio de Schuchardt (del que entresaca los principales
resultados) y resalta la importancia del estudio de los criollos (“mixed languages”) para
la lingüística; también enumera por primera vez las variantes del todavía innominado
criollo, pues dice que además de la recién descubierta: “The other variations of which so
far more or less details have been recorded, are the Tagalo-Spanish dialects of Manila
(chief among them that of the suburb Ermita) and those of Cavite and Zamboanga”
(Tirona, 1924 : 45)2.

En el mismo año de 1924 está datado The Caviteño Dialect, de Antonio Santos y
Gómez, obra no publicada3; no se dispone de información sobre su autor ni sobre las
circunstancias de la elaboración de ese documento, salvo lo indicado por Whinnom
(1956 : 50) 4. El opúsculo cuenta con una dedicatoria, un prefacio y un cuerpo principal
de 41 páginas (con el título de INTRODUCTION [sic]), que dedica tan solo cinco páginas a
las reflexiones que merecen el severo juicio de Whinnom y las restantes a los textos.
Aparte de alguna afirmación que parece acertada (calcula que el 60% del léxico es de
procedencia española y el resto tagalo, pero observa que esto cambiará probablemente
por la creciente influencia del inglés), el mayor valor del documento son las 36 páginas
de textos que aporta, y que fueron aprovechadas por Whinnom, según indicamos más
adelante.

Casi una década después, aparece una obra que parece ser de más enjundia, The
Spanish dialect of Cavite (1933), de Alfredo Germán (no publicada). A pesar de que es
cita común en los estudios sobre el chabacano, nos ha sido imposible acceder a su

2
Añade que el dialecto de Ermita ha alcanzado un cierto estatus literario por haber aparecido una novelita en dicha
lengua Na maldita arena de Jesús Balmori, publicada en Philippines Review en abril de 2017.
3
La Biblioteca Nacional de Filipinas permite el acceso a una versión digitalizada de este escrito.
4
“Another and earlier thesis, also for the M.A. degree, is Antonio Santos y Gomez's 'Caviteño Dialect' of 1924,
which is no. 448 in volume XII of the Beyer collection of Tagalog Papers. This work consists, of a brief account of
the origin of the dialect, which makes no mention of Ternateño, and is largely imaginative; a brief and totally
unscientific account of some of its phonetic features (thus vos is derived from vosotros, and binia < ven ya is
'explained': v becomes b, e becomes i, y becomes i); a sketch of the grammar with which I am compelled to disagree
(see Grammar, passim); and a series of texts, exceedingly sparsely annotated, which are quite its most valuable
feature”.
Añadiremos por nuestra cuenta que el nivel de formación lingüística del autor debió ser precario, atendiendo a lo
dicho por Whinnom y afirmaciones como la que sigue: “French, German [sic], Spanish, Italian and other modern
languages are the results of the fusion of the classic Latin with all the different dialects of the barbaric tribes that
share in the spoil of the great Roman empire during the Dark ages” .

6
contenido y de nuevo son escasas las fuentes que proporcionan algún detalle, como
Whinnom:

Probably the most thorough piece of work on the Caviteño dialect to date is a thesis for the
Master's degree at the University of the Philippines written by Alfredo German, a native of San
Roque, in 1933. All but one of the copies of this work were lost during the war, and the
survival copy could not be traced when I was in Manila. It consists of 400 folio pages: Part I
deals with the grammar, Part II is a vocabulary, and Part III is an anthology of about eleven
pieces. Leon. M. Guerrero translated two poems of Rizal into Caviteño for inclusion in the
anthology.

O Riego de Dios (1989):

An early attempt describing Cv [Caviteño] was made by Alfredo B. German (1932).


Entitled 'The Spanish Dialect of Cavite," the work presented Cv as an example of a mixed-
language, namely a mixture of Spanish and Tagalog. Thus, his analysis of its phonology
and morphology has for a framework of reference, the phonology and morphology of
Spanish and Tagalog.

2.3 La edad de oro. Segunda mitad del s. XX.

Tras otras dos décadas de sequía, en la segunda mitad del siglo XX se produce
una notable proliferación de publicaciones, que tienen además ya un perfil netamente
científico.

La primera de ellas es la obra de Keith Whinnom Spanish Contact Vernaculars in


the Philippines (1956), que se convirtió inmediatamente en la obra de referencia sobre
el chabacano (esta denominación seguía siendo, aparentemente desconocida: Whinnom
utiliza sistemáticamente la denominación del título, que aquí abreviaremos a SCV). La
obra contiene tres partes bien diferenciadas: en la primera presenta una historia de la
génesis de los SCV; en la segunda incluye textos anotados de tres de los cuatro SCV
que consideró existían en aquel momento: ermitaño (el poema de Balmori mencionado
por Scheerer en el trabajo de Tirona), caviteño (provenientes del denostado Antonio
Santos y Gómez), y zamboangueño; por último, concluye con una sección dedicada al
análisis de la gramática, el sistema fonético y el vocabulario. Whinnom admite que los
materiales con los que trabajó no eran los adecuados para un análisis de la gramática y
el sistema fonético, y eran insuficientes para un estudio lexicográfico completo, pero su
presentación del vocabulario y la transcripción fonética se han considerado como puntos
de referencia para posteriores investigaciones. En cualquier caso, la parte que más fama
ha procurado a su autor es la primera, en la que traza la hipótesis del origen único de los
SCV, a partir de un criollo de base portuguesa desarrollado en la isla de Ternate, en las

7
Molucas1, posteriormente relexificado desde el español. Volveremos sobre este asunto
en el apartado dedicado a los orígenes del chabacano, pero adelantamos que su tesis fue
aceptada casi universalmente hasta fecha reciente y utilizada como un axioma en el
estudio del chabacano.

De los primeros estudios que siguieron al de Whinnom, uno de los más citados es
Lexical Origins and Semantic Structures in Philippine Creole Spanish (1971) de
Charles Frake2. Incluye una breve pero densa historia del chabacano, con coherencia en
los hechos históricos e información estadística más actualizada. Aunque el objetivo del
estudio es establecer la singularidad del zamboangueño entre los dialectos de PCS, hace
referencia a problemas generales de las lenguas en contacto y los criollos. Identifica las
fuentes del léxico no español; interpreta la distribución de formas no españolas como
marcadas semánticamente y no marcadas estilísticamente, y compara la estructura
semántica del zamboangueño con las de sus fuentes (español y otros). Es llamativo que
no cita ninguno de los estudios que hemos comentado hasta ahora, con excepción del de
Whinnom.

En los años 70 son especialmente relevantes las aportaciones de Molony (1973,


1977a, 1977b), donde, apoyándose en el análisis del cambio fonético y la tesis de
Whinnom sobre el origen del chabacano, separa la influencia portuguesa de la española.
Analiza también la relixificación en curso: en ternateño, desde el tagalo y el inglés, en
detrimento del “mardica” y el español, y en zamboangueño desde el cebuano y el inglés;
opina no obstante que seguirán siendo mutualmente inteligibles; por otra parte, concluye
que los dialectos MBC están más estrechamente relacionados entre sí que con el
zamboangueño.

Hasta los años 80 no aparecen los primeros estudios realizados por hispanistas,
destacando la figura de John Lipski, quien, tras una visita a Cavite y Ternate en 1985,
ha producido multitud de trabajos sobre el español en Filipinas El tema fundamental de
sus publicaciones gira en torno a los aspectos sociohistóricos y sociológicos de la
situación del español en Filipinas y el chabacano (Lipski 1985, 1987a, 1987b, 1987c,
1987d, 1988, 2001a, 2001b, 2002) pero también ha publicado estudios sobre la

1
Inmediatamente viene a la mente la obra de Tomás Tirona. Los hechos históricos que recoge Whinnom son
esencialmente los mismos que citó Tirona, aunque no es menos cierto que la elaboración lingüística de los mismos es
completamente original de Whinnom. En cualquier caso, este, que conoce y comenta la obra de Santos y Gómez y la
de German, no cita en ningún momento a Tirona (ni trata sobre el dialecto Ternateño). Más sorprendente aún es que
siendo un lingüista profesional no incluya la más mínima referencia a la obra de Schuchardt.
2
Como puede verse, Franke introduce un nuevo sintagma para referirse al chabacano, y lo justifica en una nota: “This
label for the language is composed according to principles suggested by Hockett 1958: 424.” (Frake 1971 : 273). Esta
denominación, abreviada como PCS, fue ampliamente utilizada en las publicaciones en inglés hasta fecha reciente.
También aparece aquí, por primera vez en una obra académica, la denominación chabacano: “Philippine Creole
Spanish (PCS) known in the Philippines as Chabacano” (Frake, 1971 : 253).

8
estructura interna de este criollo, como el dedicado a los sujetos elididos (Lipski 1994) o
una caracterización gramatical del zamboangueño (Lipski y Santoro 2007).

En esta misma década se encuadran las principales aportaciones del primer


lingüista español en abordar la huella del español en Filipinas, Antonio Quilis. Aunque
la perspectiva general de los trabajos de Quilis es amplia (caracterización y situación del
español de Filipinas, influencia en las lenguas autóctonas, incluso la enseñanza del
español como segunda lengua) incluye casi siempre un apartado dedicado al chabacano
(Quilis 1980, 1984), destacando el capítulo V de la Lengua Española en Filipinas
(2008), obra de publicación póstuma, realizada en colaboración con Celia Casado, que
incluye una caracterización fonética, gramatical y léxica del chabacano.

Por último, aunque en los últimos años del s. XX se publicaron bastantes obras,
hay que destacar especialmente la primera obra lexicográfica completa sobre el
chabacano1, A composite dictionary of Philippine creole Spanish (1989), de Riego de
Dios.

2.4 La explosión de los estudios sobre el chabacano. El siglo XXI

El número de estudios sobre el chabacano publicados en las dos primeras décadas


del siglo es tal que la sola enumeración de una bibliografía completa resultaría
abrumadora. Comentaremos por ello únicamente los trabajos de los investigadores más
destacados.

Resalta en primer lugar la labor del lingüista español Mauro Fernández, director
del Instituto Cervantes de Manila entre 1998 y 2000, que se ha dedicado intensamente
desde entonces al chabacano. El foco de sus investigaciones es el origen del
zamboangueño (Fernández 2006, 2011, 2017; Fernández y Sippola 2018) y diversas
características gramaticales de este, como las partículas del discurso (Vázquez y
Fernández 2006), la marcación de objetos (Fernández 2007) y las interrogativas
indirectas (Fernández 2008); recientemente ha publicado la edición con anotaciones del
primer vocabulario de zamboangueño (Fernández 2020). Comentaremos en el capítulo
siguiente su cuestionamiento de las tesis de Whinnom sobre la génesis del chabacano.

Los trabajos de la hispanista finlandesa Eeva Sippola se dedicaron inicialmente al


chabacano de Ternate (Sippola 2006, 2011, 2012). También ha colaborado con
Fernández en otros trabajos más enfocados a la génesis del chabacano (Fernández y

1
Con anterioridad existían únicamente obras de alcance muy limitado: el vocabulario de aproximadamente 3000
palabras del ternateño de Ocampo (1947), la sección de vocabulario y notas ya comentada de Whinnom (1956); el
glosario de 2000 palabras del zamboangueño de Forman (1972), y los contenidos de algunas secciones de Mc
Kaughan's 'Notes on Chabacano Grammar' (1954). El de Camins (1988) es una obra lexicográfica también valiosa,
pero cubre tan solo el zamboangueño.

9
Sippola 2018) y con Lesho en alguno de carácter sociolingüístico (Sippola y Lesho
2020).

La lingüista Marivic Lesho, por su parte, se ha especializado en el chabacano de


Cavite, siendo autora de trabajos que van desde la fonética (Lesho 2013) a la
sociolingüística (Lesho 2018), algunos en colaboración con Sippola (Lesho y Sippola
2013).

Por último, Patrick Steinkrüger ha publicado trabajos sobre aspectos morfológicos


del chabacano de Zamboanga (Steinkrüger 2003, 2009); el primer esbozo de una
gramática del ternateño (Steinkrüger 2007), y otros de carácter general como
(Steinkrüger 2008) donde aboga por una conexión fuerte del chabacano con los criollos
luso-asiáticos.

3 LA GÉNESIS DEL CHABACANO

Como hemos anticipado, la primera tesis elaborada sobre el origen del chabacano
la proporciona Whinnom (1956). En su opinión, la fuente última de este se halla no en
las Filipinas, sino en las Molucas, en la isla de Ternate. Parte del hecho histórico de que
200 familias, que según los textos de la época hablaban una lengua propia, fueron
evacuados de Ternate a Manila a mediados del siglo XVII, cuando los españoles
decidieron abandonar la guarnición allí emplazada para reforzar las defensas de Manila,
amenazada por el pirata chino Koxinga. Durante el siglo XVI la isla de Ternate había
estado bajo dominio portugués, aunque en algunos periodos el sultanato local había
logrado expulsar a los portugueses, y desde 1599 estaba en manos holandesas. La isla
pasó a manos de los españoles en 1606, pero en 1655, por la mencionada amenaza
china, se decidió abandonar las Molucas. En ese periodo turbulento, entre 1606 y 1658,
sitúa Whinnom la conformación del criollo que luego viajaría hasta Filipinas; partiendo
del hecho comprobado de que el portugués (o un pidgin del portugués) era la lengua
franca para el comercio en el Índico durante los siglos XVI y XVII, propone la idea de
que cuando se estableció la guarnición española se debió encontrar una pequeña
comunidad ya cristianizada, que hablaría (además de su lengua nativa) un pidgin
portugués, y que recibiría con los brazos abiertos a los españoles, ante la permanente
amenaza musulmana. Whinnom reconoce la formación de un criollo en tan solo dos
generaciones es difícil sin un contacto íntimo, por lo que postula los matrimonios
mixtos, entre soldados semianalfabetos (muchos ya mestizos, provenientes de México)
y mujeres nativas, cuyos hijos crecerían oyendo el lenguaje que sus padres utilizaban
para entenderse entre sí. Se desarrollaría así un pidgin del español con un pidgin previo

10
malayo-portugués. La criollización se habría completado para el momento en el que se
produjo la evacuación y este criollo no sería muy distinto del posterior ermitaño o
caviteño, aunque carecería de los elementos tagalos (que se incorporarían
posteriormente) y tendría, por el contrario, más elementos portugueses.

Volviendo al relato histórico las doscientas familias (“los mardicas”) fueron


alojadas en lo que posteriormente sería el barrio de Ermita de Manila, al sur de
Intramuros. Los recién llegados se verían enzarzados en interminables disputas con sus
vecinos tagalos, por lo que en 1660 fueron evacuados a la provincia de Cavite, al
suroeste de Manila, donde se dispusieron para los inmigrantes dos nuevos
asentamientos: uno en Tanza, en la vecindad del barrio caviteño de san Roque y otro en
la barra del rio Maragondong (lo que luego se denominaría Ternate). Para Whinnom
resulta claro que tanto el caviteño como el ternateño derivan del criollo traído de la isla
de Ternate. También sería este el origen del ermitaño, que, según sus observaciones,
difería del caviteño en una mayor proximidad al español (por un contacto más estrecho
con los hablantes de español de Intramuros), pero casi exclusivamente en los aspectos
fónicos, pues a la vez el caviteño muestra una mayor riqueza de recursos en las formas
verbales, que serían innovaciones: dicho de otra forma, el ermitaño representaría la
versión más arcaica, más cercana a la traída de las Molucas.

En cuanto a las variedades de Mindanao, los misioneros estaban establecidos ya


en 1631 en la provincia de Zamboanga, intentando convertir a los musulmanes de la
zona, y se había construido el fuerte del Pilar (que sería el centro de la futura ciudad de
Zamboanga) pero la mencionada amenaza de Koxinga hizo que se abandonara el
asentamiento. La guarnición no regresó hasta 1719, reconstruyéndose el fuerte.
Whinnom afirma que la guarnición estaba compuesta por mexicanos, reforzados con
tagalos de Manila y bisayos, por lo que se reproducirían unas condiciones análogas a las
que se habían dado en la isla de Ternate, desencadenándose otro proceso de
criollización, con los matrimonios interraciales como elemento clave, pero esta vez con
la decisiva presencia de hablantes de caviteño y ermitaño; argumenta que la aparición
de la nueva variedad de lengua no pudo ser completamente independiente de los
dialectos existentes, como demuestra que el sistema verbal sea idéntico y afirma que las
únicas lenguas que contribuyeron fueron el español, tagalo y cebuano. Los españoles
llamarían a este dialecto “chavacano”. Por último, el origen del último dialecto, el
davaeño (llamado también “español abakay) sería evidente: es un directo descendiente
del zamboangueño, pues la zona donde se encuentra esta ciudad no se empezó a habitar

11
hasta la llegada del s. XX, registrándose en 1900 la llegada una importante colonia
procedente de Zamboanga.

Frente a esta versión, en varias publicaciones (Fernández 2006, 2001, 2012;


Fernández y Sippola 2017) Mauro Fernández ha cuestionado radicalmente tanto el
origen como la fecha de la génesis del chabacano. En su lugar, propone una formación
considerablemente más tardía, en la segunda mitad del siglo XVIII, y un proceso de
criollización que se desarrollaría en el seno de la población chino-mestiza, para la que el
criollo representaría una seña de identidad, tanto en Zamboanga como en el área de la
Bahía de Manila.

Muy recientemente los lingüistas Mikael Parkvall (sueco) y Bart Jacobs


(holandés) han terciado en la polémica cuestionando tanto la tesis de Whinnom como la
de Fernández (Parkvall y Jacobs, 2018). En su propuesta, el chabacano se habría
formado en el área de Manila y Cavite, entre los soldados españoles, los trabajadores no
españoles (fundamentalmente, del astillero de Cavite y esclavos traídos por los
portugueses) y, posiblemente, mercaderes; el proceso se habría desarrollado poco
después de la llegada de los españoles a Filipinas, a finales del siglo XVI y comienzos
del XVII. En cuanto a la expansión de este criollo a Zamboanga y, desde allí, a Davao y
Cotabato, comparten básicamente la propuesta de Whinnom.

4 DESCRIPCIÓN LINGÜÍSTICA DEL CHABACANO

A continuación, presentaremos las características principales del chabacano, en


los niveles fonético, morfosintáctico y léxico, siguiendo para ello a Quilis y Casado-
Fresnedillo (2008), a pesar de ser algo antigua, por constituir la única fuente que hace
una exposición completa. La actualizaremos no obstante con información procedente de
publicaciones más recientes y que desarrollan análisis de detalle más profundos.

4.1 Fonética
4.1.1 Fonemas vocálicos
Los fonemas vocálicos son los mismos del español, aunque los fonemas medios
tienden a cerrarse en posición pretónica (/e/ > /i/, /o/ > /u/): amula < ‘amolar’.

En las secuencias vocálicas aparecen distintos fenómenos: a) mantenimiento del


diptongo: valiente; b) aparición de consonante antihiática: siesta [sij̆ ésta]; c)
conservación de hiato o creación; d) diptongación en los verbos en -ear: manucia
[mãnusjá] ‘manosear’) aparición de consonante de refuerzo en hiatos: sequia [sekíj̆ a]; f)
aparición de diptongo con traslación acentual: mania [mánja]; g) pérdida de uno de los
elementos en secuencias tautosilábicas o heterosilábicas: rei y ri ‘reir’; ranso ‘rancio’.
12
4.1.2 Fonemas oclusivos
Las oclusivas sordas /p/, /k/, /t/ son similares a las del español (aunque en
préstamos de lenguas autóctonas pueden aparecer en posición implosiva: anak ‘hijo’).

Los fonemas oclusivos sonoros (b/, /d/, /g/) presentan normalmente alófonos
oclusivos, aunque esporádicamente se fricativizan: pega [pegá] ‘pegar’; ruba [ruβá]
‘robar’. El fonema /d/ se pierde frecuentemente en final de palabra: usted [usté]. En la
terminación -ado se pierde casi siempre, cerrándose la vocal: arau ‘arado’.

4.1.3 Fonemas fricativos y africados


El fonema español /f/ da en chabacano /p/: plores por flores.

El seseo es general, y la realización de [s] es predorsoalveolar. Se palataliza en


ocasiones ante /j/, como en las lenguas autóctonas.

El fonema español /x/ da la aspirada /h/, realizada normalmente como faríngea:


juga [hugá] ‘jugar’. En ocasiones se conserva la antigua aspirada española: jacha
[hát͡ʃa].

La africada se realiza alternativamente como [t͡s] y como [t͡ʃ]: pecho [t͡s] [pet͡so]
~[pet͡ʃo].

4.1.4 Fonemas nasales


Se han conservado los fonemas /m/, /n/ y /ɲ/ del español. El fonema velar / ŋ/
presente en el morfema de plural autóctono que adoptó el chabacano (ng) se ha
asimilado en general al fonema /n/. La secuencia /ni/ se suele palatalizar: miña [mĩɲá]
‘menear’.

4.1.5 Fonemas laterales


Se mantienen los dos fonemas del español, el alveolar /l/ y el palatal /ʎ/. En
ocasiones la palatal se realiza como alveolar: rala /rala/ ‘rallar’. La secuencia /li/ se
palataliza con frecuencia: sandalia [sandáʎa]. En algún caso se produce rotacismo de
/l/: sarsa ‘salsa’.

4.1.6 Fonemas vibrantes


La situación de las róticas es incierta, pues Quilis afirma que sólo existe la / ɾ /
(como en las lenguas autóctonas), y añade que esto origina homófonos como [kaɾo]
para “carro” y “caro”, pero Lesho (2013) ha observado que en caviteño se ha mantenido
la diferenciación entre los fonemas /ɾ/ y /r/.

13
El fonema /ɾ/ español en posición final de palabra se pierde siempre en los
infinitivos y frecuentemente en el resto de las palabras; en este último caso suele
aparecer en su lugar una oclusión glotal: mar [máʔ].

Hay casos de lambdacismo: Vilgen [bílhen] ‘Vírgen’; goldo ‘gordo’.

4.1.7 Oclusión glotal


La oclusión glotal [ʔ], propia de las lenguas filipinas, puede aparecer en posición
inicial de palabra: olas [ʔolas]; en interior, para reforzar el límite silábico, lagrimea
[lagrimeʔa] ‘lagrimear’ y en final de palabra, como ya se ha comentado. También
aparece en préstamos del tagalo. Puede dar lugar a oposiciones: /kusíʔ/ ‘pellizcar’ –
/kusí/ ‘coser’.

4.1.8 El acento
El acento puede tener función contrastiva, como en español y las lenguas
autóctonas: /amá/ ‘amar’ - /ama/ ‘ama’. La mayoría de las palabras proparoxítonas del
español se han mantenido como tales, en general: titulo [título], pero hay excepciones:
cómico [komíko].

4.2 Morfosintaxis
4.2.1 El artículo
Por influencia de las lenguas autóctonas, es invariable en género y número, solo
existen las formas el y un. Se utiliza la contracción del: debajo del olas ‘debajo de las
olas’.

La partícula lo del español se suele sustituir por cosa: no sabe yo cosa le quiere
hablá ‘no sé lo que quiere decir’, pero en la sustantivación de adjetivos se sustituye por
el: el bueno de ese maestra kay ta enseña bien ‘lo bueno de esa maestra es que enseña
bien’.

4.2.2 Género
El chabacano, adoptó las palabras con el mismo género del español, en general.
En el caso de referentes animados puede añadirse macho o hembra, que funciona como
morfema de género: el caballo hembra (en vez de yegua). En estos casos, el término
marcado es el femenino

4.2.3 Número
La formación del número es heterogénea. Unas veces, funciona como en español:
plor-plores. Otras, se utiliza el morfema de plural autóctono, mga, realizado
preferentemente como /mána/ mana en las variedades de la Bahía de Manila o como

14
/magá/ maga en las de Mindanao: el mana compañera (las compañeras). En ocasiones,
se combinan los dos procedimientos: su mana pulseras (sus pulseras).

4.2.4 El adjetivo
El adjetivo de origen español es invariable en género y número, al igual que en las
lenguas autóctonas y siempre se usa en masculino singular: el maga escuela limplio ‘las
escuelas están limpias’. Algunos, por estar lexicalizados, mantienen la forma femenina:
el Vilgen Santísima por La Virgen Santísima, o guapa. También suelen tener las dos
terminaciones del español algunos adjetivos como ladrón/ladrona.

El superlativo absoluto se forma en caviteño por dos medios: a) como en tagalo,


duplicando el adjetivo con el conectivo ng: el mujer guapang-guapa ‘la mujer es muy
guapa’; b) Anteponiendo masiao (< “demasiado”): El mga maestra masiao bueno ‘las
maestras son muy buenas’. En zamboangueño se forma de cuatro maneras distintas: a)
Duplicando el adjetivo con el conectivo ng; b) Mediante la estructura «bien + adjetivo +
adjetivo + gayot»: el maga chico bien grande-grande gayot ‘los chicos son
grandísimos’; c) Con la formación «bien + adjetivo + gayot»; d) Con una estructura
semejante a la española, «bien + adjetivo».

Para el superlativo relativo el caviteño utiliza la forma tagala pinaka ‘el más, la
más’ ante el adjetivo: pinaka pobri ‘el más pobre’. El zamboangueño utiliza la
construcción «mas + adjetivo + ya gayot de todo»: Pilar mas guapa gayot de todo ‘Pilar
es la más guapa’.

4.2.5 Pronombres personales


Los pronombres personales sujeto muestran cierta variedad dialectal:

caviteño zamboangueño cotabato español


yo yo, iyo Yo yo
tu, vo, uste tu, evos, vos tu, ebos, uste tu, usted
Singular
uste
eli,le ele, le ele el, ella
nisos1 kame, kita kame, kita nosotros, -as
vusos kamo, ustedes kamo, ustedes vosotros, -as
Plural
vosotros
ilos sila sila ellos,-as

En caviteño, tu es muy poco usado y vo es la forma más usual; usté se emplea


para el tratamiento con los superiores y, en algunas familias. para dirigirse a los padres.
Los plurales son oxítonos. En zamboangueño tu se usa en la conversación familiar o

1
En ternateño, mihotra.

15
informal, evos o vos para dirigirse a alguien de la misma posición social o inferior; evos
se usa cuando precede al verbo o al adjetivo, vos cuando se pospone. De forma similar,
ele se usa antepuesto y le pospuesto. Los plurales son préstamos de las lenguas
autóctonas: kamé excluye a la persona a la que hablamos; kitá la incluye.

Los pronombres personales complemento son:

• conmigo, cunmigo o cumigo ‘me’


• contigo, combos ‘te, ti, vos’.
• conele, cunele, con el ‘le, la, a él, ella’.
• consuste, con Vd., combos ‘le, la, a usted’.
• canamon ‘nos’ (excluye a quien habla), canaton ‘nos’ (incluye a quien habla).
• kaniño, kaninyo, vosotros ‘os’ (zamboangueño y cotabateño); ustedes, vosos
(caviteño); usted (ternateño).
• kanila ‘les, las, a ellos, a ellas’ (zamboangueño)
4.2.6 El verbo
La conjugación verbal es muy simple, y solo tiene voz activa. Hay cuatro modos:
infinitivo, participio, gerundio e indicativo, y tres tiempos: presente, pasado y futuro.

El infinitivo es la forma española con pérdida de la [-ɾ]: vola por ‘volar’, siendo la
forma verbal resultante oxítona.

El participio es el mismo del español y se usa de dos formas: (a) los que acaban en
-ado, por medio de la terminación -au (< esp. -ado): acabau el piesta, ya bolbe kame
‘terminada la fiesta, regresamos’ (b) Utilizando el participio español con el morfema ya
pospuesto: abierto ya el puerta ‘la puerta está abierta’.

En cuanto al gerundio, en zamboangueño, se emplea el gerundio español: ya llegá


silá jipando ‘llegaron jadeando’, mientras que el caviteño utiliza la misma forma del
presente: ya lligá eli na casa ta cantá ‘llegó a casa cantando’.

Las formas personales se construyen añadiendo partículas al infinitivo:

• el presente es ta + infinitivo: ta juga ‘juega’;

• el futuro en caviteño es de, di + infinitivo: de trabaja ‘trabajaré’, y en


zamboangueño ay + infinitivo: ay anda ‘irá’;

• el pasado es ya + infinitivo: ya sona (sonó);

16
• el imperativo se forma con el infinitivo, posponiendo el pronombre si es
afirmativo, y anteponiéndolo, si es negativo: cantá kitá (cantemos), no kitá
cantá (no cantemos).

En cuanto a los verbos copulativos, no existe el verbo ‘ser’, aunque en ocasiones


aparece realizando sus funciones la forma ta: yo pilipino ‘yo soy filipino’. El verbo
‘estar’ se representa también con la forma ta, aunque puede omitirse: mi hemano na
casa ‘mi hermano está en la casa’.

4.2.7 Adverbio
En chabacano (como en las lenguas de sustrato) tiene la misma forma que su
adjetivo correspondiente: tu clava bueno el vista ‘la miró fijamente’, donde bueno es
‘bien’. La intensificación se realiza de formas similares a las indicadas para el adjetivo.

4.3 El léxico chabacano

Cualquier valoración de la estructura léxica del chabacano (procedencia de sus


elementos léxicos) se enfrenta con la dificultad de la ausencia de un corpus escrito
suficientemente representativo, por no mencionar la severa fragmentación que hemos
descrito y la situación próxima a la extinción en la que se encuentran la mayoría de sus
variedades. Quizá por ello, con la excepción parcial del trabajo de Quilis y Casado
(2008) no hemos registrado trabajos académicos que cubran este apartado en una
mínima profundidad, por lo que de nuevo sintetizaremos a continuación sus hallazgos.

En primer lugar, conviene precisar que no conocemos con precisión el corpus


utilizado1, y que en todo caso parece que se trata de un estudio realizado antes del año
1995, pues los datos coinciden con los ya aportados en Quilis (1995). Aunque se
presentan datos desglosados para las distintas variedades, se apartan poco del promedio,
según el cual el léxico de origen español supondría un porcentaje del 91.8%, por lo que
el léxico autóctono de origen autóctono representaría tan solo el 2,2% 2. En términos
cualitativos, se precisa que el léxico autóctono de las variedades de la Bahía de Manila
corresponde al tagalo, en el zamboangueño, además del tagalo, se encuentran préstamos
del cebuano y el ilongo. Para el zamboangueño proporcionan adicionalmente un
recuento basado en el mencionado diccionario de Camins (1998), según el cual el
76,7% de las palabras derivan del español, mientras que el 23,3% son autóctonas.

1
Los recuentos para conocer el léxico español utilizado en las hablas chabacanas los hemos hecho sobre datos
procedentes de nuestros materiales, excepto el texto procedente de Ermita y los datos del chabacano de Cotabato”. El
texto de Ermita no es otro que de Jesús Balmori Na maldita arena, de 1844 palabras, que ya utilizara Schuchardt.
Aparentemente se trataría de una colección heterogénea de textos incluidos en la misma obra (pp. 585-640), algunos
de ellos traducidos al español y otros transcritos fonéticamente.
2
Aunque matiza que “la repetición de partículas y morfemas tomados de las lenguas indígenas, aunque no muy
numerosas, da origen a un porcentaje relativamente alto, el 6%” (Quilis, 1995 : 298).

17
En otra línea, señalan una cierta presencia de términos procedentes de
Hispanoamérica (sin duda, México): anona, atole, batea, camote, chongo, etc.

Otras fuentes como Lesho (2013) o Lipski (2001), aunque no proporcionan datos
estadísticos precisos, reducen el peso del léxico hispano, por considerar que se ha
incorporado un significativo número de préstamos del inglés.

5 LA SITUACION ACTUAL DEL CHACABANO

Existe un consenso amplio en que la situación actual de las variantes del


chabacano es la siguiente: El ermitaño desapareció tras la Segunda Guerra Mundial; el
ternateño, el cotabateño y el davaoeño están vivos, pero en su última generación de
hablantes, sin transmisión generacional; el de la ciudad de Cavite (caviteño), con algo
más de vitalidad, está pasando rápidamente al estado de reliquia lingüística1, y, por
último, el zamboangueño tiene un futuro razonablemente asegurado aunque también
plagado de retos, según expondremos a continuación.

El zamboangueño está bien vivo en la ciudad de Zamboanga y sus alrededores 2 e


incluso el desarrollo de la ciudad como centro comercial del Mar de Sulú ha hecho que
se extienda por el litoral de la provincia malasia de Sabah en el norte de Borneo; aunque
en sentido contrario, la situación general de la isla de Mindanao es negativa, azotada por
la pobreza y la violencia política. En términos lingüísticos, a pesar de sus
aproximadamente 400 000 hablantes el chabacano zamboangueño es un idioma
minoritario en el contexto de un país con más de 100 millones de habitantes y 135
lenguas, sometido a múltiples presiones desde el inglés, el tagalo/filipino, el bisayo y las
distintas lenguas indígenas de Mindanao. En el lado positivo, el Ayuntamiento de
Zamboanga apoya activamente el chabacano. Así, se acuñó hace unos años un nuevo
lema «La ciudad latina de Asia», en un intento de capitalizar económicamente la
idiosincrasia lingüística3 de la ciudad. En el terreno de la codificación y normativización

1
Las estimaciones más recientes (2013) hablan de unos 3 000 hablantes, tanto en Ternate como en la ciudad de
Cavite, aunque hay que tener en cuenta que en Ternate representan el 22% de la población y en la ciudad de Cavite
tan solo el 3%. Al menos hasta hace una década en Cavite ha habido grupos como la Asociacion Chabacano del
Ciudad de Cavite, que han promovido iniciativas como la elaboración de un diccionario chacabano-inglés-tagalo y
otras actividades de difusión del chabacano. Los resultados parecen sin embargo modestos y la actividad
languideciente. Curiosamente (o quizás precisamente ante la inminencia de la desaparición de esta variedad del
chabacano) en la última época se han elaborado estudios académicos numerosos y de gran rigor científico sobre las
variedades ternateña y caviteña, incluyendo las tesis doctorales de Sippola (2012), Lescho (2013) y Pérez (2015).
2
Tan viva como dan a entender estas palabras de Carlos Madrid, anterior director del Instituto Cervantes de Manila
“en toda la península de Zamboanga, en cuyos pueblos pequeños y barangáis cercanos a la ciudad de Zamboanga los
candidatos a las elecciones municipales debían aprender el chabacano para ser considerados dignos del puesto al que
optaban, como el autor de estas líneas tuvo ocasión de comprobar en 2005”. Recuperado de
https://cvc.cervantes.es/lengua/iecibe/08_madrid.htm.
3
Utilizando como argumento la proximidad del chabacano al español, se intenta atraer a estudiantes de ELE, así
como inversiones en centro de llamadas (que encuentran dificultades para cubrir puestos que requieran hablantes de
español) y promover un turismo característico y único.

18
del idioma, las autoridades locales impulsaron la elaboración de una ortografía uniforme
(2014), así como la publicación de una gramática básica, varias colecciones de textos,
libros para niños, e incluso un diccionario normativo publicado a finales del 2018. Por
otra parte, el Ministerio de Educación de Filipinas reinstauró en 2012 un programa de
educación basado en la enseñanza en lenguas maternas, siendo el chabacano uno de los
idiomas beneficiarios, por lo que se utiliza el chabacano como lengua vehicular durante
los tres primeros cursos de escolarización. Fruto de estos esfuerzos, se han publicado en
los últimos años algunas obras literarias (como una traducción de El principito), aunque
todavía a un nivel muy modesto para la vitalidad del idioma. El espacio en los medios
de comunicación (radio y tv) también es muy limitado.

Según fuentes como Himoro (2019) a pesar de su aparente fortaleza, el


zamboangueño corre el riesgo de convertirse en una lengua minorizada, identificándose
como principales amenazas, por una parte, una progresiva dilución del porcentaje de
población de la ciudad que la tiene como primera lengua (debido a la continua
inmigración de hablantes de otras lenguas) y, por otra parte, la pérdida de su condición
de lengua de socialización entre los jóvenes.

6 CONCLUSIONES

El chabacano representa un caso singular dentro del panorama de las lenguas


criollas, por ser uno de los pocos basados en el español y el único de los surgidos en
Asia. A pesar de ello, y a pesar del temprano y meritorio estudio de Schuchardt (1894)
durante muchas décadas apenas se registraron algunos estudios sobre el chabacano
realizados por estudiantes. A partir del estudio de Whinnom (1956) ha surgido, sin
embargo, un número aceleradamente creciente de estudios sobre este criollo, en unos
casos motivados por el debate sobre sus orígenes (que sigue abierto) y en otros de un
carácter puramente descriptivo. Lamentablemente este interés creciente coincide (quizá
no sea casualidad) con un ritmo también aparentemente acelerado de extinción de la
mayoría de las seis variantes que han llegado a diferenciarse, hasta el punto que
solamente la variedad zamboangueña goza a la fecha de cierta transmisión
intergeneracional y masa significativa de hablantes, aunque su relativa normalización
dista mucho de estar implantada y la presión del inglés y el tagalo no permiten ser
optimistas sobre la pervivencia de la que es la fecha la última huella del español en
Asia, más allá de la penetración en el léxico de las lenguas autóctonas filipinas.

19
BIBLIOGRAFÍA

Bastian, Adolf (1870). Sprachvergleichende Studien mit besonderer Berücksichtigung


der Indochinesischen Sprachen. F. A. Brockhaus.

Cañamaque, Francisco (1877). Recuerdos de Filipinas. Madrid: Anllo y Rodriguez.

Entrala, Francisco de P. (1882). Cuadros filipinos, sainete en dos cuadros y en verso.


Manila : Imprenta de La Oceanía Española.

Fernández, Mauro (2001). ¿Por qué el chabacano? Estudios de Sociolingüística, 2(2).

— (2006). Las lenguas de Zamboanga según los jesuitas y otros observadores


occidentales. Revista internacional de lingüística iberoamericana, 4(1 (7), 9-26.

— (2007). Sobre el origen de con en chabacano. En La Romania en interacción (pp.


457-478). Vervuert Verlagsgesellschaft.

— (2008). Las interrogativas indirectas en chabacano: un caso de acción del sustrato.


En Lenguas en diálogo (pp. 143-160). Vervuert Verlagsgesellschaft.

— (2010). Las cartas de Pardo de Tavera a Schuchardt sobre el “español de cocina”


de las Islas Filipinas. En Grazer Linguistische Studien, 74, 239-272.

— (2011). Chabacano en Tayabas: implicaciones para la historia de los criollos


hispano-filipinos. Revista internacional de lingüística iberoamericana, 189-218.

— (2012). Leyenda e historia del chabacano de Ermita (Manila), UniverSOS, 9, 9-70


[con comentarios de A. Schwegler, A. Baxter, E. Sippola, R. Rodríguez-Ponga y
réplica del autor].

— (2012). El chabacano de Cotabato: el documento que Schuchardt no pudo utilizar.


En Cum corde et innova grammatica. Estudios ofrecidos a Guillermo Rojo.
Universidad de Santiago de Compostela.

 (2020). El primer vocabulario del chabacano de Zamboanga. Estudio y edición


anotada. Journal of Ibero-Romance Creoles, 10, 92-184.

Fernández, Mauro y Sippola, Eeva (2017). A new window into the history of
Chabacano: Two unknown mid-19th century texts. Journal of Pidgin and Creole
Languages, 32(2), 304-338.

 (2018). On the chronology of the formation of the Chabacano varieties: a reply to


Parkvall & Jacobs. Journal of ibero-romance creoles.

20
Frake, Charles O. (1971). Lexical origins and semantic structure in Philippines. En D.
H. Hymes (ed.) Pidginization and creolization of languages. CUP Archive

Germán, Alfredo (1933). The Spanish dialect of Cavite [no publicado].

Gilbert, Glen G. [ed. y trad.] (1980). Pidgin and creole languages: Selected essays by
Hugo Schuchardt. Cambridge University Press.

Grant, Anthony (2013). On the (dis)unity of the Manila Bay Creoles: some lexical strata
in Ternateño. Revista de Crioulos de Base Lexical Portuguesa e Espanhola, 4(2),
26-47.

Himoro, Marcelo Y. (2019). Hacia un corrector ortográfico para la nueva ortografía del
chabacano de Zamboanga. [UNED, Facultad de Filología, no publicado].

Lesho, Marivic (2013). The sociophonetics and phonology of the Cavite Chabacano
vowel system. The Ohio State University [Ph dissertation].

 (2018). Folk perception of variation in Cavite Chabacano. Journal of Pidgin and


Creole Languages, 33(1), 1-47.

Lesho, Marivic; Sippola, Eeva (2013). The sociolinguistic situation of the Manila Bay
Chabacano-speaking communities. Language documentation & conservation, 7.

Lipski, John M. (1985). Creole Spanish and vestigial Spanish: evolutionary parallels
Linguistics, 23, 963-984.

 (1987a). Breves notas sobre el español filipino. Anuario de Letras, 25, 209-219.

 (1987b). Contemporary Philippine Spanish: comments on vestigial


usage. Philippine Journal of Linguistics, 18, 37-48.

 (1987c). Descriollización del criollo hispanofilipino: el caso de Zamboanga.


Revista Española De Lingüística, 17(1), 37-56.

 (1987d). Modern Spanish once-removed in Philippine Creole Spanish: The case


of Zamboangueño. Language in Society, March 16(01), 91.

 (1988). Philippine creole Spanish: assessing the Portuguese element. Zeitschrifi


für romanische Philologie 104 (1/2), 25-45.

 (1994). Evolution of Null Subjects in Philippine Creole Spanish. Mid-America


Linguistics Conference.

21
 (2001a). Chabacano/Spanish and the Philippine linguistic identity. En Shedding
light on the Chabacano language: Learning from general linguistic and similar
cases (= Estudios de Sociolingüística 2.2) (pp. 119-164). Universidad de Vigo.

 (2001b). The place of Chabacano in the Philippine linguistic profile. Estudios de


Sociolingüística 2(2), 119–163.

 (2002). When does ‘Spanish become creole’ and vice versa?: the case of
Chabacano (Philippine Creole Spanish). Colloquium on Hispanic and Luso-
Brazilian Literatures and Romance Linguistics. University of Texas.

 (2010). Chabacano y español: resolviendo las ambigüedades. Lengua y


migración/Language and Migration, 2(1), 5-41.

 (2012). Características lingüísticas del español filipino y del chabacano. En Isaac


Donoso Jiménez (coord.), Historia cultural de la lengua española en Filipinas:
ayer y hoy (pp. 307-323). Verbum.

Lipski, John M., Santoro, Maurizio (2007). Zamboangueño Creole Spanish. En John
Holm y Peter Patrick (eds.), Comparative creole syntax. Parallel outlines of 18
creole grammars (pp. 373-398. Battlebridge

Madrid Álvarez-Piñer C. (2018). El idioma chabacano de Filipinas ante los retos del
siglo XXI. En Ministerio de Economía, Industria y Competitividad (coord.), La
influencia económica y comercial de los idiomas de base española. Ministerio de
Economía y Empresa.

Mattes, V. (2010). Sa Profesor Schuchardt munting alay ni F.Blumentritt. Die Briefe


Ferdinand Blumentritts an Hugo Schuchardt. Grazer Linguistische Studien 74
(Herbst 2010), 63-237.

Markey, Thomas L. [ed. y trad.] ( 1979). Hugo Schuchardt: The ethnography of


variation. Selected writings on pidgins and creoles. Introduction by D. Bickerton.
(Linguistica extranea, Studia, 3). Karoma.

McKaughan, H. P. (1953). Notes on Chabacano grammar. University of Hong Kong.

Molony, Carol H. (1973) Sound Changes in Chabacano. En Andrew B. Gonzalez. (ed.)


Parangal Kay Cecilio Lopez: Essays in honor of Cecilio Lopez on his 75th
birthday. Philippine Journal of Linguistics Special Monograph Issue, 4, 38-50.

22
 (1977a). Recent relexification processes in Philippines Creole Spanish.
Sociocultural dimensions of language change, ed. by Ben Blount, Mary Sanches,
131-60. Academic Press

 (1977b). Semantic changes in Chabacano. En J. Meisel (ed.) Langues en contact-


pidgins-creoles-languages in contact (pp.153-66). Gunter Narr.

Montero y Vidal, José (1876). Cuentos filipinos. Madrid : Aribau y C.ª.

Muñoz y Manzano, Cipriano [conde de la Viñaza] (1893). Biblioteca histórica de la


filología castellana, Volumen 2. Madrid.

Parkvall, M; Jacobs, B. (2018). The genesis of Chavacano revisited and solved. Lingua

(2018). https://doi.org/10.1016/j.lingua.2018.09.006.

Quilis, A. (1970). Notas de morfología verbal sobre el español hablado en Cavité y


Zamboanga. En Homenaje Universitario a Dámaso Alonso, pp. 59-63. Gredos.

 (1980). La sort de l'espagnol aux Philippines. Un problème de langues en contact.


Revue de linguistique romane, 4, 82-107.

 (1984). La lengua española en las Islas Filipinas. Cuadernos. Centro Cultural de la


Embajada de España, 11, 1-22.

 (1995). El español en Filipinas. En C. Silva-Corvalán (ed.), Spanish In Four


Continents. Studies in Language Contact and Bilingualism (pp. 295-298).
Georgetown University Press

Quilis, A., Casado-Fresnedillo, C (2008). La lengua española en Filipinas. Editorial


CSIC.

Riego de Rios, Maria Isabelita O. (1989). A Composite Dictionary of Philippine Creole


Spanish (PCS). Ateneo de Manila University,

Santos y Gómez, Antonio (1924). The Caviteño Dialect. Tagalog paper 448 of the
Beyer collection, Manila, Philippine National Library.

Schuchardt, Hugo (1884). Kreolische Studien IV: Über das Malaiospanische der
Philippinen. En Sitzungsberichte der Kaiserlichen Akademie der Wissenschaften,
105, pp. 111-150. Viena.

Sippola, Eeva. (2006). Hacia una descripción del ternateño. Revista Internacional de


Lingüística Iberoamericana, 4(1 (7), 41-53.

23
 (2011). Negation in Ternate Chabacano, Claire Lefebvre (ed.) Creoles, their
Substrates, and Language Typology (pp. 325–336). John Benjamins.

 (2012). Una gramática descriptiva del chabacano de Ternate. Neuphilologische


Mitteilungen, 113(1), 105-111.

Sippola, Eeva M., & Lesho, M. (2020). Contact-induced grammatical change and
independent development in the Chabacano creoles. Bulletin of Hispanic Studies
(Liverpool 2002).

Steinkrüger, Patrick O. (2003). Sobre la morfología derivacional del chabacano


zamboangueño. En Criollos de base ibérica (pp. 73-81). Iberoamericana.

 (2006). The puzzling case of Chabacano: Creolization, substrate, mixing and


secondary contact. En Tenth international conference on Austronesian linguistics.
Retrieved from http://www. sil.org/asia/philippines/ical/papers.html.

 (2007). Notes on Ternateño (A Philippine Spanish Creole). Journal of Pidgin and


Creole languages, 22(2), 367-378.

 (2008). Hispanisation processes in the Philippines. En Hispanisation (pp. 203-


236). De Gruyter Mouton.

 (2009). Inflectional morphology in a creole: a report on Chabacano (Philippine


Spanish Creole). En On inflection (pp. 219-236). De Gruyter Mouton.

 (2020) La lengua española en Filipinas - Estado de investigación. En V. Eilers, K.


Süselbeck, K. Wieland (eds.) Aspectos del desarrollo de la lingüística española a
través de los siglos (pp. 101-110). Buske.

Tirona, Tomas (1924). An Account of the Ternate Dialect (of Cavite P.I.). [No
publicado: Tagalog Paper 487 of the Beyer Collection. Manila, Philippine
National Library]

Vazquez Veiga, Nancy; Fernández, Mauro (2006). Marcadores de énfasis:" gayod, gale
y gane" en el chabacano de Zamboanga. Revista Internacional de Lingüística
Iberoamericana, 4(1 (7), 27-39.

Whinnom, K. (1956). Spanish Contact Vernaculars in the Philippine Islands. Hong


Kong University Press.

24

También podría gustarte