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TRATADO GENERAL

DE

FILOSOFIA DEL DERECHO

f1
1

1
J
LUIS RECASENS SICHES
INVESTIGADOR m: TII!.MPO C:OMPLETO EN EL eRNTRO DE ESTUDIOS FlLOS6FlOOS y PAOPIl.80a EH LA FACULTAD Da
DEJUtCUO DE LA UNIVERSIDAD NAClON..u. AUTÓNOMA DE MÉXICO; EX CATEDRÁTICO DE LA UNIVIlRSIDAD DE. HMlIllDj
EX PROFESOR PE LA "ORAOUATE PACULTY· os TUE NEW SCHOOL FOil SOCIAL ·RESltARCII" PE NUEVA YORK; EX
PROJ'I!.SOIl, DE LA ESCUELA DE DEaECHO DE "N~W YORK UNIVERSITY"; EX FUNClONAAIO rtcNlCO DJ!. LAS DIVISIONES
DE DERECHOS DEL HOMBIm y DE BIENESTAR SOCJAL DI': lAS NACIONES UNIDAS; VICEPRESlDENTE llJ:L "INSTITUT
INTERNATIONAL DE PHll.OSOPHlE DE. DROIT 1:1' SOCIOLOGIE JUIUDI~UI!."; PAOI'El>OR VISITANTE. DE J..A.S UNIVERSIDADES
DE TUIJ.NE (NUEVA OIULo\NS), PUERTO RICO, SANTIAGO DE CHIU, CONCEPCION. BUENOS AlItES, LA PLATA, S"NTA
PE, a6aDOBA, MONTEVIDEO, SAO PAULO. ato Vil. ¡.ul'UKO. SAN lIL\ltOOS DE LUlA, CRNTItAL PIl CAKAc,u,I.IIIAIlAC\IBO.
MÉRlDA, PANAMÁ, QUATEMALA. a.uf SALVADOR, TROUCJOALPA. Y'011lAS.

TRATADO GENERAL
DE
FILOSOFIA DEL DERECHO

DECIMONOVENA EDICIÓN

EDITORIAL PORRÚA
AV. REPÚBLICA ARGENTINA. 15
M~XICO. 2008
Primera. edición, 1959

COPYRIGHT © 2008 BY LUIS RECANSENS SICHES


Artistas No. 35, México, D.F.
Esta edición es propiedad de la Editorial POITÚa, S.A. de C.Y.·8
Argentina No. 15, México, D.F. Queda hecho el registro
y el depósito que determinan las respectivas leyes en todos
los países de habla española. Reservados todos los derechos.

ISBN 978 970-07-6480-X

IMPRESO Y fU~CHO 'EN MEXICO

PRI~TED ANO MAOE IN MEXICO


A la memoria de mi madre
Concepción Sic hes viuda de Recaséns
INDICE GENERAL DE CAPITULOS
Pá,.
DEDICATORIA. • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . VD

PRESENTAOÓN DE ESTE LIBRO POR SU AUTOR XVU

CAPiTULO UNO

CIENCIA ]URIDICA y FILOSOFIA DEL DERECHO

1. Descripción y análisis de la labor del jurista en sentido estricto. La inter-


pretación. Ingredientes con los cuales trabaja el jdrista. El carácter dogmá-
tico de la lurisprudencia y las relaciones del jurista con .Ias exigencias de
la justicia y de los valores por ésta implicados . 1
2. Diferencia entre la tarea del jurista en sentido estricto y la función de
orientar la legislación y la reforma del Derecho positivo ,. 9
3. Los dos caminos que han llevado a la Filosofía del Derecho: el de los
juristas y el de los filósofos. Motivaciones que indujeron a algunos juris-
tas a hacer Filosofía del Derecho: A) Los interrogantes que invitan a ela-
borar una teoría fundamental o general del Derecho; B) La crítica
axiológica o estimativa; e) Los problemas suscitados por la práctica, que
dan lugar a una Filosofía del Derecho no académica. La vía de la Filoso-
fía general ,.,., .. ' , . 10
4. El papel del pensamiento filosófico-jurídico en el progreso del Derecho.' 19

CAPiTULO Dos
EL UNIVERSO, LA VIDA HUMANA, LA SOCIEDAD Y EL DERECHO

1. Preliminares sobre la multiforme complejidad del universo . 47


2. Planteamiento inicial del problema filosófico sobre el Derecho . 50
3. El tema sobre la esencia de lo jurídico o concepto universal del Derecho. 51
4. Pregunta sobre cuál es la región del universo a la cual el Derecho pertenece. 53
5. El Derecho no pertenece a la naturaleza física .. , _ , .. 53
6. Tampoco el Derecho es naturaleza psíquica . 56
7. El Ser ideal , . 57
B. Los valores , . 58
9. Enjuiciamiento crítico de la filosofía de los valores. Directrices para su
superación y para su inserción en la metafísica de la vida . 66
10. El Derecho no, es valor puro ' ," , .. 70
11, Tránsitoa la consideración filosófica de la vida hwnana . 71
12. La vida humana , , ,. 72
13. El libre albedrío , .. , "" , , , ' , , 83
x INDICE GENERAL DE CAPITULOS

Pág.
14. La vida humana objetivada. La cultura. La cultura como función vital con
dimensión trascendente. La cultura como obra circunstancial . . 97
15. Estructura de la vida humana objetivada. El ser no substancial de la cultura.
El problema de la evolución de la cultura . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 103
16. La cultura corno patrimonio colectivo transmitido por vía social , 106
17. Normas jurídicas como vida humana objetivada. Derecho vigente como
vida humana viva ........ 108
18. La cultura como sistema de funciones de la vida humana 114
19. Las. categorías de la ~ida humana. Referencia a lo normativo y a lo co-
lectivo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ........ 115
20. Lo normativo 116
21. Normatividad formal y normatividad material 118
22. Lo colectivo. Vid", humana social . . . . . . . . . . . . . 119
23. Esencialidad de lo social en la vida humana 135
24. La razón vital y la razón histórica. . . . . 141

CAPiTuLO TRES

QUE CLASE DE REALIDAD ES EL DERECHO Y LOS DIVERSOS


ESTUDIOS SOBRE ESTE

1. Localización de lo jurídico en eJ universo .. 153


2. La esencia y la realidad del Derecho . 154
3. El 'problema sobre qué clase de realidad sea el Derecho . 156
4. ~f~'li~~~~~d de puntos .de vistapara.definir el ?erecho. S~pera~ión de esta
157
5. Tres tipos de estudios sobre el Derecho en el plano filosófico y tres tipos
en el plano empírico ........ . . 160

CAPiTULO CUATRO

EL USO COMO MANIFESTACION DEL DIVERSOS TIPOS DE NORMAS

La costumbre primitiva como norma indiferenciada 167

CApITuLO CINCO

LA DIFERENCIA ENTRE DERECHO Y MORAL

El planteamiento del problema. . . .. . .. .. . . . . .. . .. . . . .. . . . . .


1. 171
El punto de vista del enjuiciamiento plenario de la vida humana y el
2.
punto de vista relativo de la sociedad. Sentido esencial de lo moral y sen-
tido peculiar de lo jurídico .... .......... 174
3. Inmanencia del criterio moral y bilateralidad del Derecho . . . . . .. 176
4. Orden moral y orden jurídico '" . . . . . .. 178
5. Paz moral y paz jurídica . .. , . . .. 178
6. Fidelidad Moral y fidelidad jurídica " " " " " " ........ 178
7. Quién es el motivo de la moral y quién es el motivo de lo jurídico 178
8. Intimidad de la moral y e~erioridad del Derecho .. . . . . . . .. 180
IN DICE GEN ERAL DE CAPITULOS XI

Pág.
9.. Libertad de cumplimiento en lo moral y necesidad de realización en lo
jurídico. Autonomía del deber moral y heteronomía del deber jurídico. . .. 182
1O. ~a , n?ta de impositlvidad inexorable como característica esencial de lo
jurídicc '. . . . . . .. 184
11. Examen crítico de la discusión sobre la eoercitividad .. 187
12. Ernerecho como máxima forma social, y la moral como destino auténtica-
mente individual 193
13. Alcance de la diferencia entre moral y Derecho. El Derecho orientado ha-
cia peculi-ires valores éticos, pero con el especial sentido jutídico . . . . . . .. 194

CAPÍTULO SEIS

LAS REGLAS DEL TRATO SOCIAL. SU DIFERENCIACION DE LAS NORMAS


MORALES Y DE LAS NORMAS JURIDICAS

1. Descripción de las reglas del trato .. 199


2. Diferenciación esencial entre moral y reglas del trato 202
3. Diferenciación entre las normas del trato y las normas jurídicas . . 205
4. El problema del Derecho consuetudinario. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 210
5. Relación dinámica entre el Derecho y las reglas del trato social en la
historia . . . . . _. . . ................. ......... 211

CAPiTuLO SIETE

DERECHO Y ARBITRARIEDAD

1. Diferencia entre mandatos jurídicos y mandatos arbitrarios ..... , ..... 213


2. Diferencia entre la resolución jurídica discrecional y el mandato arbitrario. 216
3. Justicia, Derecho y arbitrariedad . 217
4. El carácter de objetividad de. lo jurídico . 218

CAPiTuLO OCHO

LAS FUNCIONES DEL DERECHO EN LA VIDA SOCIAL

1. La función de certeza y seguridad y la función de cambio progresivo . 220


2. La función de resolver los conflictos de intereses '. _ . 226
3.La organización del poder político . 230
4. La legitimación del poder político . 230
5. La limitación del poder político . 231

CAPÍTULO NUEVE

EL DERECHO SUBJETIVO

l. El uso de la raJabra "derecho" en sentido subjetivo . 232


2. La esencia de Derecho subjetivo , _ 233
3. Las tres formas del Derecho subjetivo .. 235
4. El Derecho formal de libertad . . 237
S. La prioridad entre Derecho objetivo y Derecho subjetivo 1238
XII INDICE GENERAL DE CAPITULOS

CAPiTULO DIEZ

EL DEBER JURIDICO
Pág.
1. Distinción entre el deber jurídico y los deberes morales, y otros deberes
concurrentes; y diferencia entre el deber jurldico y el deber moral de curn-
plirel Derecho , . 240
2. La esencia del deber jurídico . 242
3. Alusión a otros problemas , . 243

CAPITULO ONCE

PERSONA Y PERSONALIDAD. LA PERSONA HUMANA INDIVIDUAL.


LA PERSONALIDAD SOCIAL DEL INDIVIDUO Y DE LOS GRUPOS.
LA PERSONALIDAD ]URIDICA DEL INDIVIDUO
Y DE LAS COLECTIVIDADES

1. Diversas acepciones de la palabra "persona" . 244


2. Persona en sentido filosófico, como expresión de la esencia. del individuo
humano ".". . . 246
3. La concreción única de la persona en cada individuo _ . 257
4. El C2ncepto de personalidad en la vida social y jurídica en términos
generales. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ' . .. . . 259
5. El concepto jurídico de personalidad :....... . . 263
6. Las personalidades sociales extrajurídicas de los individuos . 274
7. La personalidad social extrajurídiea de los entes colectivos . 275

CAPiTULO DOCE

EL ORDEN JURIDICO VIGENTE. SUS COMPONENTES SUS FUENTES.


SU SISTEMA. EL CUMPLIMIENTO Y A LA APLICACION
JURISDICCIONAL DEL DERECHO
1. Diversas clases de normas jurídicas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 281
2. El Derecho positivo es la voluntad del Estado ..... ......... 282
3. Cuatro diversos problemas sobre las fuentes del Derecho ' 283
4. La fuente o razón unitaria form 1 del Derecho positivo ' 284
S. Alusiones sociológicas y estimativas sobre las fuentes generadoras del De-
rechc ' 286
6. La sistemática del orden jurídico vigente. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 291
7. Las. fo~mas de producción del Derecho: de modo originario y de modo
derivativo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 297
8. La producción originaria _. . . . . . . . . . . . . . . 297
9. Teoría del ¡><>der constituyente . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 304
10. La producción derivativa del Derecho, La legislación constitucionaL La le-
gislación ordinaria. Los reglamentos. El negocio jurídico. La .sentencia ju-
dicial. La resolución administrativa. El acto ejecutivo . . . . . . . . . . . . . . . .. 308
11. Estudio especial sobre la norma individualizada (Sentencia judicial y reso-
lución administrativa) 313
12. Relación entre las normas generales y las individualizadas. La plenitud
del orden jurídico 321
INDICE GENERA!: DE CAPITULOS XIII

Pág.
13. El problema de las lagunas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 325
14. Función de las normas generales y función de las normas individualizadas. 329

CAPÍTULO TRECE
ESTADO Y DERECHO

1. Planteamiento del problema de la relación entre Estado y Derecho 334


2. ¿Qué es el Estado? ........... 334
3. Examen de las ~iciones doctrinales típicas. . . . . . . . . . . . 337
4. Relaciones entre Estado y Derecho. La realidad del Estado 347
5. Tipo de relación entre la dimensión jurídica del Estado y su realidad social. 364

CAPÍTULO CATORCE

NECESIDAD DE LA ESTIMATIVA JURIDICA

1. Planteamiento del problema de la Estimativa o Axiología Jurídica 367


2. Presencia constante de este tema en la historia del pensamiento humano .~. . 368
3. Los ocasos de este tema y la reaparición del mismo. Situación presente ..».' 371
4. Justificación del problema de la Estimativa o Axiología Juríáica . 378
5. Articulación escalonada de 105 temas que condicionan la Estimativa Jurí-
dica . . . . . .. . . 382

CAPÍTULO QUINCE
EL FUNDAMENTO RADICAL DEL CONOCIMIENTO ESTIMATIVO
SOBRE EL DERECHO

(EMPIRISMO O APRIORISMO EN AXIOLOGIA JURIDICA)

1. El p~oblcma del cO':lOcimiento. Diferencia entre la cuestión psicológica y la


cuestión gnoseológica . 385
2. El empirismo y el apriorismo . 38ó
3. Análisis crítico del empirismo}' del apriorismo en Estimativa. Imposibilidad
del empirismo . 387
4. Ingredientes empíricos en la Estimativa Jurídica 390

CAPÍTULO DIECiSÉIS

EL PROBLEMA SOBRE EL CARACTER DEL A PRIORI ESTIMATIVO:


¿SUBJETIVO U OBJETIVO'

1. Planteamiento y alcance de este problema . 393


2. El diálogo entre psicologismo y objetivisrno . 394
3. El psicologismo moral y jurídico. Sus diversas formas 396
4. Crítica de la Estimativa psicologista . -ioo
5. La objetividad intravital y pluri-rclacional de los valores 404
6. Análisis crítico del subjetivismo axiolócico de Kelsen . 405
XIV INDlCE GENERAL DE CAPITULOS

CAPiTULO DIECISIETE

LA HISTORICIDAD DE LOS ,IDEALES JURIDICOS


VALORES E HISTORIA EN LA VIDA HUMANA
Pág.
1. Planteamiento. del problema: el drama entre razón e historia . 422
2. Revista a las principales doctrinas sobre este tema . 424
A) Platón......................... ., ,,, ,,,, , , . 426
B) Aristóteles......., .. ,., , ,,, ,.' , , . 428
e) San Agustín ' . 428
D) Filosofía escolástica: Santo Tomás; Francisco Suárez , . 430
E) La Escuela Clásica del Derecho Natural , . 433
F) Rousseau y Kant ' .. " " ' . 435
G) El romanticismo jurídico alemán o Escuela Histórica del Derecho . , . 439
H) Hegel , , " .. ,', .. , . 443
1) Comparación entre el pensamiento de la Escuela Histórica y el de
Hegel , ' .. "., ., . 447
1) El positivismo y los naturalismos , .. , , . 448
K) La superación del formalismo: Max Scheler .. 457
L) Marx , 449
LL) Stammler....., .. , , , , , , , , . , ... 453
3. Nueva fundamentación de la historicidad en la Estim "iva Jurídica. Las
cinco fuentes de historicidad en los ideales jurídicos, sin perjuici~ de la
aprioridad objetiva de los valores '."'..... ,,,, . 461
ti) Consideraciones generales . .. \ .. . . 461
b) La diversidad y el cambio de la materia social. Análisis de esta diver-
sidad y este cambio ' '.. . .. ' , . 462
e) La diversidad y el cambio en los obstáculos para la realización de un
fin. Su influencia sobre la articulación de los medios . 464
d) Las lecciones suministradas por la experiencia práctica .. , . 465
e) La prelación en las necesidades que cada situación plantea . 467
i) Reflexiones sobre la "Razón Histórica" y los ideales jurídicos 470
g) La pluralidad en los valores vocaci-onales y situacionalcs 472
h) Ideales jurídicos y conocimiento sociológico . 476

CAPÍTULO DIECIOCHO

LA JUSTICIA Y LA VALORACION JURIDICA

1.. Sentido Jato de "Justicia" como valor universal, y sentido estricto de "Jus-
ticia" como valor jurídico-político .... ... . . . . . . . . . . . . . 479
2. Concordancia de las doctrinas sobre la "Justicia" como valor jurídico, en
tanto idea formalista, y divergencia en tanto a las valoraciones de contenido. 481
3. Historia de la idea formal de justicia como valor jurídico-político . . . 482
4. La idea formal de la justicia implica °presupone medidas materiales de
valor. . . . . . . . , . , , , , , , , . . . . . . . . . . .. 488
5. El problema de cuáles sean los valores jurídicos y de su jerarquía entre
ellos. ' , , , , , , , . . . . . . . . . . . . . . ,,,,... 493
Il~DICE GENERAL DE CAPITULOS xv

CAPiTULO DIECINUEVE

HUMANISMO (PERSONALISMO) Y ANTIHUMANISMO


(TRANSPERSONALISMO)

TlPOLOGIA DE LAS PRINCIPALES FILOSOFIAS /URIDICO-POLITlCAS


Pág.

1. La valoración de la persona humana para el Derecho. Humanismo y trans-


personalismo, dos posiciones antitéticas e irreconciliables . _ _. .. 497
2. El transpersonalismo político. Sus manifestaciones principales. La antigüe-
dad clásica. El romanticismo alemán. El sistema hegeliano. El tradiciona-
Iismo, El fascismo italiano. El nacionalsocialismo alemán. El comunismo
soviético. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 502
3. El personalismo o hwnanismo fundado en la concepción cristiana ... . . .. 511
4. Los idearios liberales. La esencia permanente y la validez perenne de la
idea de libertad. El liberalismo de los siglos XVIII y XIX .. . . . . . . . . . . . • . 512
5. La democracia. El justo título para ejercer el poder estatal. Las doctrinas
del contrato político y del contrato social. La democracia liberal. La demo-
cracia liberal-social. La esencia de la democracia. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 516
6. Las tendencias socialistas en general. El comunismo soviético. El socialis-
mo marxista. El socialismo humanista. El intervencionismo. El neolibera-
lismo. Humanismo y socialismo. Planificación y libertad ... 523
7. Fundamentación del personalismo o humanismo _. . . . . . . . . . .. 531
8. Diversas formas del humanismo o personalismo. Formalismo del punto de
vista jurídico y fundamento de éste en valores de rango inferior . . . . . . .. 536
9. No es necesario que haya conflicto entre los valores individuales y los
sociales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 538

CAPÍTULO VEINTE

PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DE ESTIMATIVA JURIDICA.


LOS DERECHOS DEL HOMBRE. EL BIENESl'AR GENERAL.
LOS POSTULADOS DE UNA CONVIVENCIA
Y COOPERACION JUSTAS

I. La dignidad de la persona humana individual, como matriz de los princi-


pios fundamentales de la Estimativa Jurídica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 548
2. Los llamados "Derechos del Hombre" 551
3. El d~recho a la vida como primer corolario de la dignidad 'de la persona
individual . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 559
4. La libertad individual como segundo corolario de la dignidad . . 560
5. La libertad o autonomía personal _ "
562 _
6. ESl'ecial consideración de la libertad de pensamiento, de conciencia, de
opinión y de expresión , "." " .. " ".. 563
7. La seguridad en la libertad personal o garantías procesales _. . . .. 570
8. Libertad de contraer o no matrimonio y de contraerlo con la otra persona
que preste su consentimiento. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 575
9. Libertad de elegir ocupación, profesión, oficio o trabajo. . . . . . . . . . . . .. 575
10. LIbertad de circulación o movimiento, tanto nacional corno internacional. 576
XVI INDlCE GENERAL DE CAPITULOS

11. Inviolabilidad de la vida privada, de la familia, del domicilio y de la co-


rrespondencia " . . . . .. 578
12. Libertad de reunión y de asociación para fines lícitos _. . 581
13. El derecho a la propiedad ...... ............................. 582
14. El principio de la igualdad 587
15. Los derechos democráticos 594
16. Limitra~iones generales a las libertades individuales y a Jos derechos de-
mocráticos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 596
17. No debe haber libertad contra la libertad 598
18. Los llamados derechos sociales ..... . 600
19. El bienestar general 611
20. Algunas máximas de Estimativa Jurídica con aplicación a la política Icgls-
lativa y judicial 616
21. Justicia y seguridad. Conflictos entre ambas. La Revolución .. . . . . . . . . .. 61&

CAPíTULO VEINTIUNO

LA INTERPRETACION DEL DERECHO

1. Largo y esencial alcance de este tema . . . ....... . . 627


2. Superación de la pluralidad de métodos de interpretación y del pscudopro-
blema sobre el criterio para elegir entre ellos . 629
3. La múltiple y variada ofensiva contra el empleo de la lógica tradicional
en la interpretación del Derecho . 632
4. Significación y alcance de las ofensivas contra el empleo de la lógica
tradicional para la interpretación del Derecho . 64l
5. Dos ejemplos sobre el fracaso de lo racional y sobre' la necesidad de k)
razonable en la interpretación del Derecho . 645

~: ~u~;;':off~d~i¿~~~:~~~fó~' ~q~;~~~o~ci~ 'I~'r~~~~;bl"::::::::::::::


654
660
INDICE ALFABÉTICO OE NOMBRES . 667
INDlCE ALFABÉTICO DE MATERIAS. 681
PUBLICACIONES DEL AUTOR 709
PRESENTACION DE ESTE LIBRO POR SU AUTOR

Este libro 'no es una cuarta edición de mi obra Vida Humana, Sociedad
y Derecho: Fundamentación de la Filosofía del Derecho, que tuvo una cir-
culación de once mil ejemplares. Por el contrario, puedo afirmar que el
presente volumen es un libro nuevo.
Este es un libro nuevo, desde varios puntos de vista y por muchas ra-
zones. Lo es, por el hecho de que el presente volumen contiene abundancia
de temas que no figurab¡¡n en aquella otra obra mía, temas cuya exposición
alcanza a cuatrocientas páginas mecanografiadas nuevas. Lo es, además, por-
que en el tratamiento de la mnyoria.de los temas que estaban ya incluidos
en "Vida Humana, Sociedad y Derecho", he introducido múltiples reestruc-
turaciones, reelaboraciones, reajustes, cambios importantes, nuevas ideas, pu-
limentos y variantes de matiz.
Entre los temas nuevos, expuestos en el presente libro y no contenidos
en aquella obra mía anterior, están los siguielltes:

Política Legislntio« y Judicial (cap. 1).


La Dimensián Circunstnnrinl dd Derecho (cap. 1).
El Derecho Vigellte, como Derecha Vit,o (cap. ll).
La Personalidad Concreta del Indiz'idno y sUJ Componentes Sociales
(capítulo ll).
La Vida Hnmun« y el Logos de lo Razonable (""/,. 11).
Oué Clase de Realidad es el Derecbo ~Sll T"idiml'llJÍowdidad-: y 10J
Dh;;';sos Estudios sobre el Derecho (cap. 111, t otalurcnt e nneuo},
La Re.rolución de los Conilictos de Intereses, 1" OrgtllJiz"á()n, la Legi-
tiniacion, J' 1" Limitncián del Poder Político, COlIlO Funciones del Derecho
(capítulo V lll).
Estudio Especial sobre la Norma Individualizada (Sentencia [udicia! y
Resolución Administratiua] (cap. XII).
Breue Bosquejo Histórico de la Esthnatir» Jnl'ídica (cap. XIV).
Análisis Crítico del Snbjetil'i"lIIo A.\'iológico de Ke/..-tII (ra/'. XVI).
Principios [nndnmentaies de EJliw({li'l'fl lurídit-tl. Los Derechos de/Hom-
bre. El Bienestar General. Priná/JioJ de Política Legislatira y !"diá,t! (ra-
!'ítll/O XX. t ot ahncnte nuevo ).
La inler/Jreltffióll del Derecho [ra]» ..'(Xl. totalmente uue ro },
XVIII PRESENTACION DE ESTE LIBRO POR SU AUTOR

De los temas nuevos que acabo de mencionar, he concedido larga exten-


sión a los dos últimos, es decir, a los principios fundamentales de Estimativa
Jurídica, ofreciendo un detal/ado estudio de los llamados "derechos funda-
mentales del hombre"; y a la interpretación del Derecho, materia de má-
xima importancia, cuyo fundamento es esencialmente filosófico.
Las adiciones más importantes y los cambios principales en temas trata-
dos ya en mi libro "Vida Humana, Sociedd y Derecho", pertenuen o se
refieren a las siguientes materias:

Las Funciones del Jurista (cap. 1).


Desenvolvimiento Histórico de la Teoría General del Derecho (cap. 1).
Las Motivaciones de la Filosofía del Derecho (cap. 1).
L.. Ubicación del Derecho en el Universo (cap. 1I).
Los Valores y su Objetividad Intrauital (cap.rll }.
La Inmanencia del Criterio de la Moral y la Bilateralidad del Derecho
(cap. V).
La Certeza y la Seguridad Jurídicas (cap. VIII).
La Persona Humana (cap. XI).
Las Características del Cornrnon Law (cap. XII).
Psicologismo y Obietioismo Axiológicos en el Derecho (cap. XVI).
Planteamiento de la Historicidad de los Ideales Jurídicos, y Doctrinas de
Rousseau y Kant sobre este Tema (cap. XVII).
Planteamiento del Problema sobre la Justicia e Historia de las Doctrinas
sobre ésta (cap. XVIII). .
Humanismo (Personalismo) y Antihumanismo (Trsnspersonalismo}, Ti-
pología de las Principales Filosofías [uridico-Politicas, con especiales consi-
deraciones sobre el Totalitarismo Soviético (cap. X/X).

Con el preseJtte libro intento modestamente ofrecer no sólo unas medio


taciones de auténtico carácter filosófico sobre los temas [undamentaies del
Derecho (sobre sus supuestos, sus determinantes ontológicos, lógicos y gno-
seologicos, sus criterios estimativos y sus funciones prácticas J. Intento, ade-
más, ofrecer a los jmistds y a los estudiosos del Derecho la via para una
multitud de «plicaciones prácticas en la política legislativa, en la función
judicial, en la labor consultiva y patrocinadora del bufete. En SImia, trato
de tender un puente entre las especulaciones puramente teóricas y las ne-
cesidades de la vida en nuestro tiempo.
En manto a su extensión material, este es un libro largo. Su longitud se
debe no sólo al número de los temas tratados en él. Se debe también, y
quizá principalmente, a que no le he escrito en un estilo sobrio y conciso,
PRESENTAClON DE ESTE LIBRO POR SU AUTOR XIX

Por el contrario, mi exposicián es insinuante! reiterativa, aclaratoria, e inclu-


so, a veces, insistentemente machacona. Téngase en cuenta, además} que en
la exposición me he propuesto evitar -en la mayor medida posible- el
empleo de tecnicismos. He huMo de todo esoterismo. Me he esforzado en
usar el lenguaje más simple y llano, el estilo más fácil de que he sido capaz.
En la exposición verbal de la filosofía hay dos tradiciones de signo con-
trario, las dos igualmente ilustres. Grandes filósofos ha habido que hicie-
ron del relato de sus pensamientos un menester esotérico y críptico, reser-
uado exclusivamente para los iniciados en una terminología exclusiva, mu-
chas veces de dimensión abrupta; por ejemplo: los pitagóricos, los eléatas,
Aristóteles, Santo Tomás, Leibniz, Kant, Fiebre, Hegel, etc. Pero hay en ltl
presentacián de lo! temas filosóficos otra manera, contraria a aquélla: ItI
manera que consiste en esforzarse por presentar esos temas haciendo UJO
°
del lenguaje habitual y cotidiano, de ItI metájor« literaria, que es el C,/1I';-
no que siguieron, entre otros: Sócrates, Platon, San Agustín, Descartes -el
del Discurso del Método, 110 tanto el de la.r Medittlciolle.r Metafí,rictl.r-.
lf/i/liam James, Bergson, Orteg« y Gasset, etc. Yo no quiero discut¡« mál
de los dos estilos sea el mejor. Me limito -en el plallo de m;" modestas
/,o,ribilidade,r- a declarar 11Ii preierencia por el segundo, esto es, /,01' el
uso del lengua]« cotidiano y /,01' el empleo de la imageu literaria /'tlra oire-
cer a mis lectores el pensamiento sobre los temas de q"e me ocupo. [osé
Ortega y Gtlsset declaró una uez q"e la claridad debe ser la cortesia del
[itoso]o. ElI Id 1'''''[(1 medida de mi Ctlpacidtld, yo me esjuetzo en clllll/,lir
C01/ este imjJerú/fIlo. Pero Ortega J' Gssset 1/0 sólo pr({c!icó esa cortesia de
101 modo genial. Además¡ dio a toda su producción} tanto escrita (01110 oral,
/111(/ nráxrnt a t/lllahilidttt( !!1l;l fascinante atracción. Nadie ha logrado en /.1
exposicián del pensamiento filosófico tan grácil agilidad 1Ii tan irresistible
poder de ssgestion, como Ortega), Gasset, el más gm11de de los filó.lOfOJ
españoles -11110 de 10.1' ntás destacados en el siglo XX e11 el rnundo-« .1'
el hombre de nuestra época qlle lia escrito lllejOl' en castellano. Es difhil
Jegllír, ni síqlliel'a desde lejos, las hile/las de aquel maestro molnidnble, Pero
yo siento como Ifll deber atenerme a .fu conseio, fflmque sea en UN mre]
bumilde.
Hice cuanto pude para qlle este TRATADO GENERAL DE I'ILOSOr-ÍA DEL
DERECHO sea 110 sólo UI1 instrumento ¡¡til y estinmlante pflra orientar a los eJ-
y a los juristas en geueraí, sino tanrbié» Pdftl .que JlI
ttediarrt es nniuersitarios
lec/tira resulte asequible y fácíl a todos cuantos sientan 1111 interés por /0.1
temas del Derecho: del Estado y de la Justicia eu rmestra 1JUlIl{{fl4 existencia.
En este volumen presento [a 1}/ttdlll'rlción de ntis meditaciones de Piloso-
-j.ia-del Derecho y de la Política, sobre ItI bnse de tor« meftljÍJica racio-ritn-
xx PRESENTACION DE ESTE LIBRO POR SU AUTOR

.lista, y de una axiología humanista de raíz cristiana, bien que desenruelt«


en el plano puramente intelectual. He procurado, además, suministrar las
I'Ías para un contacto estrecho con los problemas ¡urídicos práctico», tanto
legislatit'oJ como ¡udiciales. en general, pero particularmente en la circuns-
t ancl« de} momento histórico de nuestros días,

México. D. P., 10 de noviembre de 1958.

LUIS RECASÉNS SICHES


CAPÍTULO UNO

CIENCIA JURIDICA y FILOSOFIA DEL DERECHO

SUMARIO

1. Descripción y análisis de la labor del jurista en sentido estricto. La Interpreta-


ción. Ingredientes con los cuales trabaja el jurista. El carácter dogmático de la
Jurisprudencia y las relaciones del jurista con las exigencias de la justicia y de los
valores por ésta implicados. 2. Diferencia entre la tarea del jurista en sentido es-
trieto y la función de orientar la legislación y la reforma del Derecho" positivo.
,. Los dos caminos que han llevado a la Filosofía del Derecho: el de los juristas
y el de los filósofos. Motivaciones que indujeron a algunos juristas a hacer Filo-
sofía del Derecho: A) Los interrogantes que invitan a elaborar una Teoría Fun-
damental o General del Derecho; B) La crítica axiol6gica o estimativa; e) los
problemas suscitados por la práctica que dan lugar a una Filosofía del Derecho
no académica. La vía de la Filosofia general. 4. El papel del pensamiento filosó-
fico-jurídico en el progreso del Derecho.

1. DESCRIPCIÓN y ANÁLISIS DE LA LABOR DEL JURIST.'l. ~N SENTIDO -ESTRICTO. LA


INTERPRETACIÓN. INGREDIENTES CON LOS CUALES TRABAJA EL JURISTA. EL CA-
RÁCTER DOGMÁTICO DE LA JURISPRUDENCIA Y LAS RELAQONES DEL JURISTA CON
LAS EXIGENCIAS DE LA JUSTIOA y DE LOS VALORES POR ÉSTA IMPLICADOS.

Para que resalte con toda evidencia la misión de la Filosofía del Derecho, con-
vendrá contrastar los temas de ésta con los propios de la Ciencia Jurídica. Veamos,
con tal fin, cuál es la función que desempeña el jurista. Pensemos en cuáles son los
menesteres a que está dedicado el jurista, lo mismo el jurista práctico, verbigracia, el
abogado o el juez, quienes tienen que enfocar y resolver problemas concretos de con-
vivencia y de colaboración que plantea la vida real en las relaciones sociales, como
también el jurista teórico, por ejemplo, el tratadista o el profesor de una rama del
Derecho positivo, quien trabaja con situaciones imaginadas. típicas. que supone que
puedan presentarse en algún momento. ¿Qué es lo que lleva a cabo el jurista, en
tanto que tal?
El jurista, frente a un pedazo de vida social. tiene que indagar la norma apli-
cable a esa situación. es decir, tiene que hallar cuál es la regla de Derecho vigente
relativa al caso planteado: encontrar el precepto en vigor que se refiere a la materia
en cuestión. Una vez hallada la norma aplicable, debe el jurista entenderla cabalmen-
te, interpretar lo que dice y las consecuencias implícitas que eJJa contiene.
Ahora bien, acontece que la norma hallada no constituye algo suelto e inconexo,
antes bien se halla estrechamente integrada con otras que forman la estructura de lo
2 ALGUNAS FUI':CIONES DEL JURISTA

que se llama. una institución jurídica, por ejemplo, la compraventa, la hipoteca, el


servicio público, el impuesto sobre la renta. Por eso, para calibrar correctamente el
sentido y el alcance de la norma encontrada, precisa articularla con otra serie de
preceptos, euyo conjunto organizado constituye el cuadro completo de una institu-
ción. De aquí que el jurista ~enga también que proceder a lo que llama "construcción
de la institución".
Pero le queda al jurista todavía otra faena que cumplir. Ocurre que aun cuando
una institución tiene, dentro del mundo jurídico, una cierta autonomía, no está ente-
ramente aislada de las demás instituciones, antes bien, está trabada con ellas por múl-
tiples nexos y correlaciones; verbigracia, la sucesión intestada se halla ligada a varias
instituciones del Derecho de familia y del Derecho fiscal o tributario, concernientes
a la transmisión de bienes. Y de esta guisa cabe observar que todas las instituciones
de un ordenamiento o régimen jurídico se entrecruzan mutuamente, formando ....una
especie de todo organizado. De aquí la necesidad de que el jurista cobre una visión
de conjunto de la totalidad del Derecho vigente. Ahora bien, esa visión de conjunto
no debe consistir en la contemplación de una mera agregación de instituciones, sino
que debe formarse como cuadro total organizado. Por eso, el jurista debe asimismo
proceder a la sistematización de todos los componentes del ordenamiento jurídico en
vigor. Esta tarea es cumplida sobre todo por el jurista teórico, quien ofrece un trap
tado 0. un curso sobre una rama de Derecho positivo, articulado en forma sistemá-
tica, no sólo en cuanto a sus conexiones internas, sino también en 10 relativo a sus
engarces COn las otras ramas. Pero el resultado de esta labor debe ser tenido en cuen-
ta también por el jurista práctico en todo momento.
Claro es que todas esas funciones no se dan cada una de ellas con independen-
cia de las otras, antes bien están todas en fuerte y reciproca solidaridad. En efecto, es
notorio que, en numerosos casos, para llegar a la correcta interpretación de una
normal se precisa tener a la vista sus conexiones dentro de la silueta de una institu-
ción y el engrane de ésta con los demás componentes del orden jurídico. Asimismo, es
patente que la tarea de la construcción de una institución y la labor de sistematización
del ordenamiento jurídico en su conjunto requieren un constante ejercicio de inter-
pretación. E incluso la primera de las faenas enunciadas, la de indagación de la
norma aplicable, tiene <¡uc realizarse en función de la interpretación de otras nor-
mas -las que señalan fuentes y competencias jurídicas- dentro de la arquitectura
del sistema vigente."
En conexión con las funciones enumeradas, el jurista debe, además, zanjar las
contradicciones que se den a veces entre dos o más preceptos que tienen la pretensión
de estar igualmente en vigor; y tiene, además, gue llenar las lagunas, suplir los' vados
que encuentre en el conjunto de las normas formuladas. En efecto, es corriente que
las leyes y los códigos, incluso cuando hayan sido elaborados con gran destreza téc-
nie:(, alberguen algunas contradicciones entre algunos de sus preceptos o con los pre·
ceptos de otras Jeyes o códigos vigentes. Pero esas contradicciones que se den real-
mente entre dos preceptos deben ser eliminadas, resueltas, pues el ordenamiento jurídico
en tanto que sistema total no puede dar dos respuestas divérsas-e sincornpatlbles a un
mismo problema de regulación de la conducta. Por eso incumbe al jurista zanjar esas
contradicciones, lo cual llevará a cabo mediante su método de interpretación, cons-
trucción y sistematización. Por .otra parte, las leyes. los códigos, tos reglamentos, por
PRIMER ESBOZO SOBRE LA INTERPRETAGON

mucha que haya sido la previsión que contengan, no siempre han logrado tomar en
cuenta todas las situaciones posibles, ni siquiera la riqueza de ellas que la vida práctica
plantea en el futuro. O dicho con otras palabras, tienen lagunas, presentan vacíos. Y
el jurista debe hallar la norma inexprcsada para resolver esos casos no previstos en
las normas formuladas antes."
Además, adviértase que la tarea del jurista requiere una- constante reelaboración
a medida que transcurre el tiempo, por causa de los cambios que se verifican en la
realidad social. Aun en el caso de que-la máquina legislativa se 'parase, la jurispru-
dencia no podría permanecer estática, antes bien, tendría que moverse al compás de
la vida. Aunque la norma no cambiase, mudan las situaciones a las que debe apli-
carse; y al tener que aplicar la misma norma a nuevas situaciones hay que extraer de
ella nuevos sentidos y consecuencias antes inéditas. Así, puede suceder que el tenor
de la ley permanezca invariable, pero insensible y continuamente su sentido va co-'
bgando nuevas proyecciones."
Con 10 dicho hasta aquí sobre la función del jurista he resumido una descrip-
ci6n de alguna de las operaciones más importantes que éste realiza. Sin embargo, y
aunque en efecto el jurista pone en práctica las funciones que he narrado, las cosas
son más complicadas de lo que a primera vista puede parecer. He indicado ya que
entre las varias operaciones mencionadas existen vínculos recíprocos de solidaridad,
hasta el punto que cada una de esas operaciones viene a ser un miembro inseparable
de un conjunto total e indiviso.'
La indagación sobre cuál sea la norma aplicable a un determinado caso requie-
re, ante todo, que el jurista se haya percatado del sentido y alcance de ese caso;
requiere, además, que el jurista averigüe cuál es la norma aplicable en funci6n de
los efectos o consecuencias que la aplicaci6n de la norma haya de producir. Esos
efectos están conectados con el fin de la norma o de las normas que puedan venir
en cuestión respecto del caso planteado, es decir, con el prop6sito de la norma o
normas; esto es, están relacionados con los efectos que se haya querido producir con
dichas normas. Pues las normas son instrumentos creados por los; "hombres para cau-
sar determinados efectos en una determinada realidad social, a saber: los efectos que
los creadores de las normas hayan considerado como justos, como convenientes al
bienestar general, como promotores del orden, de la paz y de la seguridad. Esto
significa que el jurista no debe pensar su caso in abstracto y lanzarse después a la
búsqueda de la norma aplicable a dicho caso. Por el contrario, la pesquisa sobre la
norma debe inspirarse en un conocimiento de cuál sea el sentido del caso, en función
con las finalidades de la institución al cual pertenezca dicho caso, en funci6n con
las finalidades a las que trata de servir el orden jurídico positivo en vigor, esto es,
en función con las valoraciones en que dicho orden jurídico positivo está efectiva-
mente fundado.
Así pues, la llamada interpretación no es algo tan relativamente simple como'
se había creído durante siglos: la interpretación no consiste s610, como ingenuamente
se ha dicho tantas veces, en esclarecer el sentido de la norma, en entenderla. Por el
contrario, la interpretación comprende un enjambre de operaciones mentales recípro-
camente entrelazadas de modo solidario o inescindible. No puede haber interpreta.
ción abstracta de las normas jurídicas, sino que la interpretaci6n tiene que lograrse
siempre en función con el estudio de las realidades concretas -a las cuales van a ser
4 PRIMER ESBOZO SOBRE LA INTERPRETACION

aplicadas las normas. Y tiene que lograrse además en conexión con las valoraciones
que inspiran el orden jurídico positivo con el que se esté trabajando. La interpreta-
ción, por otra parte, no empieza con el examen de la norma, sino que empieza, en
efecto, con la averiguación de cuál sea la norma aplicable al caso planteado. dentro
del orden jurídico vigente. Ahora bien, en tal averiguación hay que valerse del mane-
jo deJas valoraciones inherentes al orden jurídico positivo con el que se esté operando.
- --- -Cierto que, como indicaré unas líneas más abajo, el jurista tiene el. deber de
acatamiento a las disposiciones del orden jurídico" positivo, y no puede sustituir lo
que éste ordene con su personal criterio. Pero cierto también que todo orden jurídico
positivo se propone la realización de la justicia y de los demás valores por ésta impli-
cados. Unas veces lo logrará en mayor o menor medida; otras veces tal vez fracase
en este empeño; pero, en todo caso, se da la intención de realizar esos valores. Enton-
ces resulta que el jurista en sus funciones de interpretación debe guiarse por el mis-
mo propósito que anima al Derecho positivo que está manejando; y, consiguiente-
mente, resulta también que la suprema directriz para ese su quehacer interpretativo
debe consistir en buscar la mejor realización de la justicia, y de los valores por ésta
comprendidos, dentro del marco y por los cauces que ha establecido el orden jurídico
positivo. El jurista, en tanto que tal y nada más que como tal, no puede hacer a un
lado las normas del Derecho positivo, antes bien debe prestarles fiel obediencia. Peco
las normas generales del Derecho positivo no constituyen productos ya listos para
operar directamente de un modo autoinático sobre las realidades sociales. Por el con-
trario, las normas generales del Derecho positivo -leyes, reglamentos, costumbres,
etcétera-c-, para operar sobre la vida necesitan indispensablemente ser interpretadas,
y esa interpretación abarca una serie de actos mentales cuyo conjunto forman una
figura, la cual, aunque muy complicada, constituye una toral-dad, un sentido indi-
visible,"
Pero lo que importa aquí sobre todo es señalar las_ diferencias entre la función
del jurista, en tanto que tal estrictamente, y las funciones del filósofo del Derecho.
y para el propósito de tal diferenciación conviene poner de manifiesto cuáles son
los ingredientes con los cuales trabaja el jurista, y conviene también aclarar el modo.
y el alcance con que maneja esos ingredientes. Pues bien, el jurista maneja de modo
especial tres clases de ingredientes: A) Las realidades humanas sociales a cuya regu-
Iación normativa se. refiere el Derecho. B) Las normas vigentes -por ejemplo, las
leyes, los reglamentos, las costumbres, las sentencias de los tribunales, las resoluciones
administrativas, las cláusulas de los negocios jurídicos-. las cuales las obtiene de las
fuentes del ordenamiento en vigor. C) Una serie de conceptos formales, generales,
básicos, verbigracia: las nociones de precepto jurídico, derecho subjetivo (facultad,
pretensión), deber jurídico, relación jurídica, persona, objeto, supuesto, consecuen-
cia, etc.; conceptos que aplica p~ra la captación y la organización de las normas del
Derecho positivo.
Veamos un poco más de cerca, aunque sea nada más que de pasada; esos tres
tipos de ingredientes. La tarea del jurista es disparada por la presencia de realidades
sociales, de conflictos interpersonales, de problemas de delimitación de las diversas
esferas individuales, de problemas de organización y de cooperación. Ahora bien, el
jurista no se halla ante realidades desnudas, no se halla ante la presencia de meros
hechos, tal y como ellos son en cada caso, cara a cara con ellos sin intermediario. Es
REALIDADES, NORMAS DOGMATlCAS y VALORACIONES

otra cosa 10 que sucede: el jurista se encuentra con hechos que en principio han sido
contemplados por el orden jurídico en vigor, por las normas de éste; el jurista se
enfrenta con realidades tal y como el orden jurídico las ha enfocado, tal y como el
orden jurídico las ha filtrado, tal y como el orden jurídico las ha visto, tal y como
el orden jurídico las ha calificado. O, dicho Con otras palabras, el jurista se las tiene
que ver no con realidades desnudas, sino con las realidades ya vestidas de determina-
da manera por el orden jurídico. Con todo, aun siendo así, como lo es en efecto, lo
qne suscita la actividad del jurista es la presencia de esas realidades, mejor dicho,
de esos problemas planteados por la realidad, que demandan una solución práctica,
es decir, que requieren una regulación efectiva en la "ida social.
Según apunté ya, el jurista se halla también con un conjunto de normas (leyes,
reglamentos, sentencias, etc.) vigentes, establecidas por el orden jurídico. Esas nor-
mas el jurista las recibe de un modo dogmático, es decir, tales normas constituyen
dogmas para el jurista; tienen para éste el alcance de dogmas indiscutibles de Jos cuales
él no puede evadirse." O, expresándolo de otra manera: las normas del orden jurldi-
ce-positivo deben ser acatadas por el jurista. Lo que esas normas determinan el juris-
ta no puede reemplaznrlo con su individual criterio. aunque éste le pueda parecer a
él más justo en algunos C:lSOS. Cierto (lue el propósito del orden jurídico positivo
consiste en realizar la justicia y los valores solidarios de ésta; pero sucede que, tan
pronto como el Derecho positivo ha nacido, éste reclama para sí todo el imperio
sobre la realidad social y no tolera ser desplazado por ninguna apelación a la idea
de justicia, por encima de lo que el mismo orden jurídico positivo dispone. El De-
recho positivo, que es un medio para realizar la justicia, reclama esencialmente el
monopolio de declarar)' aplicar lo que él entiende por justicia. Ahora bien, el ju-
rista es ante todo el sacerdote de la legalidad vigente, el guardián y aplicador def
Derecho positivo en vigor, La función de servicio directo de la justicia compete al
legislador. Por eso cabe decir que el jurista no está en contacto directo, inmediato e
ilimitado, con la idea de la justicia y con sus exigencias, porque el jurista se mueve
dentro del edificio del orden jurídico positivo, el cual se interpone hasta cierto punto
entre la conciencia del jurista y los valores puros. La función del legislador consiste
en interpretar qué es lo que la justicia exige con respecto a ciertos tipos de problemas
y de situaciones sociales, y, de acuerdo con esto, formular las normas generales 9ue
considere adecuadas a dichos problemas y situaciones }' de acuerdo con la justicia.
En cambio, el jurista, en tanto que tal exclusivamente, debe aplicar las normas preexis-
tentes en el orden jurídico positivo. Ahora bien, esa aplicación 110 puede ser puramen-
te mecánica. antes bien, por el contrario, comprende una serie de juicios de oalor re-
clprorameutc encadenados entre sí, mediante Jos cuales el jurista conjuga los princi-
pios de las normas generales con el sentido particular de los casos concretos."
Así pues, resulta que, si bien el jurista no es el servidor directo de la justicia
ideal pura. puesto ql1e es el realizador del orden jurídico positivo, sin embargo, no
puede ser ajeno a los puntos de vista de justicia, antes bien debe manejarlos, sólo
que dentro del marco del Derecho positivo. Cierto que la actividad del jurista está
limitada por las normas generales del Derecho positivo en vigor. Pero cierto también
que dentro de esas limitaciones el jurista debe y tiene que orientarse por cuenta
propia. Toda norma jurídica -c-incluso la más simple y la más clara en apariencia-s-
necesita indispensablemente, ineludiblemente, ser interpretada. La interpretación es
6 VALORACIONES COMPLEMENTARIAS DE LA LEY

una función esencial, necesaria, en la aplicación de toda norma jurídica, incluso de


la más sencilla. La interpretación es una pieza indescartable en el c-mplimiento y en
la aplicación de cualquier norma jurídica.
Las normas generales de la legalidad positiva constituyen la expresión de las
valoraciones establecidas por el legislador. Pero esas valoraciones declarad...s en las
normas legislativas, reglamentarias y consuetudinarias no constituyen toda la valora-
ción que es necesaria para decidir sobre casos concretos, para aplicar las f;l0rmas ge-
nerales a las realidades particulares de la vida. Las valoraciones declaradas expresa·
mente, o contenidas tácitamente, en una ley o un reglamento necesitan ser completa-
das con otras valoraciones. Esas valora,' .ies complemenranas, no contenidas en la
ley o en el reglamento, son de diversos tipos.
Así, uno de los tipos de valoraciones complementarias consiste en los criterios
axiológicos contenidos en las convicciones que de hecho predominan y actúan efec-
tivamente en la colectividad, en una determinada situación histórica, pues a veces
--<on frecuencia- la letra del precepto legal o reglamentario, o la regla jurídica
consuetudinaria, o el principio declarado en una sentencia, no tiene sentido completo,
no tiene sentirle suficiente, a menos que se proceda a interpretar el alcance de las
estimaciones explícita o implícitamente contenidas en esta norma, haciéndolo por
medio de completarlas con los criterios que hallemos en las convicciones colectivas
predominantes. ~.í, por ejemplo, la idea del pudor '(los atentados contra el cual pro-
hibe y castiga el Derecho) hay que recogerla de las convicciones colectivas vigentes.
Lo mismo ocurre con la convicción sobre la idea del interés público, idea que en una
sociedad que reconozca ciertos valores individuales como los supremos será diferente
de la que rija en una comunidad colectivista.
Otras veces, el jurista se halla con que la ley maneja ciertos conceptos que tam-
poco define, y que deben ser determinados por otras disciplinas culturales. Así, por
ejemplo, Jos conceptos de suma (para la rendición ·de cuentas), de colmena de -be-
jas, de electricidad, ctc., los cuales hay que delimitarlos a la luz de lo que digan las
respectivas ciencias que se ocupan de esos objetos:
Pero otras muchas veces no existe una convicción colectiva congruente, con la
cual se pueda completar o integrar las valoraciones contenidas en la ley positiva. 1 1-
tonces, hay que realizar esa complemcntación o integración, hay que acudir a la val -
ración que desenvuelva el juez por¡ sí mismo, conforme a los criterios de estimativa
jurídica que él considere válidos. Esto sucede en dos planos diferentes: a) En algtm.
medida sucede siempre y necesariamente en todos los casos, al interpretar toda nor-
ma; y b} Acontece en mayor medida en aquellos casos especiales en los que el juez
tiene que rellenar los huecos o lagunas que haya en las norma-s formuladas, por no
encontrar en éstas el criterio para resolver .un caso concreto.
La interpretación comprende siempre una serie de operaciones estimativas, valo-
radoras, recíprocamente relacionadas. Las comprende en la averiguación de cuál sea
la norma aplicable al caso particular, porque en esta pesquisa el jurista no debe dejarse.
llevar inertemente por meros nombres, por simples etiquetas o conceptos clasificato-
rios, sino que, por el contrario, debe ver cuál, entre las normas del orden jurídico
positivo, al ser aplicada al caso planteado, produciría en concreto efectos análogos a
los que el Ieeislador se propuso en términos generales, o, mejor dicho, efectos aná-
logos a aquellos hacia los cuales apuntan intencionalmente los criterios axiológicos
INTERPRETACION POR EL LOCOS DE LO RAZONABLE 7

que inspiran el orden jurídico positivo. Hay operaciones estimativas también en la


calificación de los hechos, así como las hay en la determinación de las consecuencias
jurídicas de una cierta situación."
Toda la interpretación está empapada de una serie de juicios de valor. Toda
norma jurídica es una estructura de finalidad, la cual responde a una valoración posi-
tiva, la valoración sobre la cual se ha establecido la norma. Ahora bien, las finalida-
des t las valoraciones están regidas por una lógica especial, por una particular pro..
vincia del Iogos, que juega un papel decisivo en la interpretación.
Ese lagos de la interpretación -4ue yo llamo lógica de lo razonable, a diferen-
cia de la lógica racional pura de tipo matemático, de la lógica de la física matemá-
tica- presenta, entre otras. las siguientes características: A) Está circunscrito por la
realidad concreta del mundo social humano en el cual opera. B) Está regido por va-
loraciones. e) Tales valoraciones son concretas, es decir, están referidas a una deter-
minada situación, y, por lo tanto, toman en cuenta las posibilidades de una cierta rea-
lidad, y las limitaciones que ésta impone. D) Está regido por razones de congruencia
o adecuación: 19, entre la realidad social y los valores (cuáles sean los valores perti-
nentes para la regulación de una determinada realidad social); 29 , entre los valores
y los fines (cuáles sean los fines valiosos); 3', entre los fines y la realidad social
concreta (cuáles 'Son los fines de realización posible); 4 9 , entre los fines y los medios,
en cuanto a la conveniencia de los medios para los fines; 59, entre los fines y los
medios respecto de la corrección ética de los medios, y 69 , entre los fines y los me-
dios en 10 que se refiere a la eficacia de los medios. E) Está orientado por las ense-
ñanzas sacadas de la experiencia vital e histórica -esto es, de la experiencia Indi-
vidual y social-, y se desenvuelve al calor de esta experiencia."
Así púes, ese especial lagos de lo humano o de lo razonable debe impregnar
y dirigir la labor de interpretación encomendada al jurista; y de hecho la impregna
y la dirige en alguna medida, aunque no siempre en toda la medida que es deseable
y correcta, porque en materia de interpretación se ha sufrido, sobre todo en el si-
glo XIX y en los primeros lustros del siglo xx, una serie de fatales errores. Pero no
es oportuno que me ocupe aquí y ahora de la crítica contra los dislates-que se han
padecido en esta materia y que, por fortuna, van ya siendo barridos. Lo que importa
señalar en este momento es otra cosa, a saber: que la tarea interpretadora del jurista
está empapada de juicios de valor, de estimaciones, aun moviéndose, como debe
hacerlo, dentro de los marcos del Derecho positivo, y sometida a las limitaciones por
éste establecidas.
Hasta aquí acabo de aclarar el primero de los asertos que hice: que siempre y
en todos los casos la labor de interpretación que realiza el jurista (abogado o juez)
contiene en alguna medida -aunque limitada- juicios devalar, estimaciones, y que,
por lo tanto, el jurista está en tratos con las exigencias de la justicia, si bien sólo
a través de las mallas del Derecho positivo, y con las restricciones que éste le impon-
ga. Pero debo ahora referirme, aunque de modo muy sumario, al otro aserto, es decir,
al que atañe a los casos de huecos o lagunas en el área de las normas formuladas.
A veces el jurista (juez o abogado) se halla con casos que no puede resolver a
la luz de las normas formuladas: no halla ningún criterio ni en la ley, ni en los prin-
cipios o valoraciones positivos que inspiran a ésta, ni en- la analogía, ni en otras
fuentes subsidiarias --como, por ejemplo, la costumbre-e, en suma, tropieza con un
8 EL JURISTA SIEMPRE VALORA, AUNQUE LIMITADAMENTE

hueco, con una laguna. Entonces, como quiera que no puede. rehusar el fallo sobre
el caso planteado, el juez tiene que rellenar por Su propia cuenta el hueco. Para curn-
plir esta tarea tendrá que atenerse a lo que él considere como exigencia de justicia,
tendrá que valorar por su propia cuenta, al menos hasta cierto punto. Digo "hasta
cierto punto", pues en los casos en que el juez tenga que rellenar los huecos del De.
recho formulado no dispondrá de entera franquía para dejarse llevar ilimitadamente por
su criterio personal; sino que, para su labor de rellenar o completar los huecos deberá
esforzarse en seguir las directrices axiológicas que rigen el orden jurídico positivo al
que está sirviendo.
Resulta, pues, que siempre, unas veces en mayor medida, otras veces en menor
proporción, pero siempre en alguna dosis importante, el jurista -abogado o juez, o
tratadista científico del Derecho positivo-s- cumple funciones valoradoras, realiza es-
timaciones. Esto significa que el jurista, aunque sacerdote de la legalidad positiva,
debe estar, está y tiene que estar en contacto con la idea de la justicia, bien que sea
en un contacto limitado e indirecto. Es y debe ser así, porque el Derecho positivo fcr-
muJado, a su vez, se propone servir a las exigencias de la justicia. Y digo Derecho po.
sitivo "formulado", porque lo formulado en la ley, los reglamentos y otras fuentes
explícitas no constituye la totalidad del orden jurfdico positivo, ya que la actividad
jurisdiccional es una pieza integrante de ese orden; y en verdad tilla pieza esencial,
ya que sin jueces y sin autoridades administrativas no habría la posibilidad de un
orden jurídico. Téngase muy en cuenta, claramente a la vista, algo que se ha olvidado
.con frecuencia, a saber: que las normas generales por sí 'Solas son incumplibles e
inaplicables, por la sencilla razón de que esas normas hablan -como no pueden me-
nos de hacerlo-- en términos generales y abstractos, mientras que la realidad humana
es siempre particular y concreta. Por 10 tanto, para que una norma general pueda
ser cumplida o aplicada, es necesario que se individualice por medio de una función
interpretativa. Esta función suele ser realizada algunas veces espontáneamente por
los sujetos llamados a cumplir las normas jurídicas; pero siempre y dondequiera que
surja alguna duda, esta función es la encomendada a los juristas, bien en función de
consejeros .respondiendo a consultas que se les formulen, bien en función de órganos
jurisdiccionales, cuando se plantee oficialmente una duda o un conflicto.
Una vez que he esclarecido ya la razón por la cual hablé de Derecho positivo "for-
mulada", vaya explicar el paralelismo y armonía que se da entre la intención de esas
normas formuladas y la actividad del juez, inspirada en el deseo de hallar la solu-
ción justa. Dije que las reglas jurídicas positivas "formuladas" tienen la intención
de expresar Ias exigencias o requerimientos de la justicia ...-y de otros valores con
ella conectados-e- respecto de un determinado tipo de situación social de un lugar
y de una época. Este propósito cabe que se logre, que se logre en mayor o menor
medida, de modo más o menos satisfactorio, o que fracase. Pero salvo en este último
caso, es decir, salvo cuando ese propósito de justicia se haya frustrado, habrá una con-
cordancia, una armonía entre la intención animadora del Derecho positivo formulado
y 1<:: intención animadora del jurista, pues ló mismo el ordenamiento formulado que
el juez desean hallar la solución más justa para los problemas de la convivencia y de
la cooperación sociales.
LA CRITICA Y LA REFORMA DEL DERECHO VIGENTE 9

2 .. DIFERENCIA ENTRE LA TAREA DEL JURISTA EN SENTIDO ESTRICrO y LA FUNCIÓN


• DE ORIENTAR LA LEGISLACIÓN Y LA REFORMA DEL DERECHO POSITIVO.

Aunque el jurista puede y debe hacer mucho para acomodar el resultado de su


rarea a las exigencias de la justicia -y de hecho la obra de los juristas ha actuado
muchísimas veces como importantísimo factor en el progreso jurídico--, no dispone
oc plena libertad en esta tarea, pues siempre se halla infranqueablemente restringido
por Jos límites cIara r taxativamente establecidos por las normas positivas.
Adviértase que en este aspecto hallamos una de las limitaciones de la función
estricta del jurista, en tanto qne jurista y nada má.s que como jurista. Y digo en tanto
que jurista y nada más que como jurista, porque claro es que quien sea jurista, puede
y aun debe ser algo más que jurista, es decir, puede y debe plantearse la crítica de
las normas vigentes y meditar sobre las directrices para su reclaboración progresiva.
Ahora bien, cuando hace tal cosa no ejerce propiamente como jurista, sino como
orientador de la legislación futura. Es más, en tanto que jurista, no le es lícito sus-
tituir la norma vigente por un criterio suyo personal, por superior que éste pueda ser,
Pero erto no impide que, aparte de su labor de estricto servicio al Derecho positivo
vigente, el jurista, más allá de ese su oficio, medite sobre las fallas de las reglas en
vigor y señale las refon.ias que es debido y oportuno introducir en Jos precc:ptos vi-
gentes. O dicho con otras palabras, independientemente de la profesión jurídica, en
sentido estricto, hay otra función .distintn que llenar: la función de orientación de
las futuras normas a dictar mediante leyes o reglamentos nuevos. Ahora bien, aunque
esa labor es diferente de la propia del jurista, nadie está en condiciones mejores que
éste para llevarla a cabo, pues el jurista es quien posee más amplio y profundo cono-
cimiento de los defectos del Derecho positivo y de las maneras de remediarlos. En
efecto, el jurista, en su cotidiano contacto con la aplicación del Derecho en vigor, ad-
quiere mejor experiencia que nadie sobre las fallas del Derecho positivo, y puede
orientar con mayor}' más certera capacidad que cualquiera otra gente sobre las refor-
mas que convenga introducir en el Derecho vigente. Pero ruando desempeñe ese:
cometido crítico sobre lo que hay. y orientador con respecto a lo que se debe hacer, no
funciona como jurista propiamente, aunque para ello le sean de gran utilidad los
conocimientos adquiridos en su oficio jurídico. Le son en efe-cto muy oportunos esos
conocimientos; pero su labor crítica y orientadora se base en otros punlos de vista.
a saber: en puntos de vista propiamente filosóficos. He aqu! la raíz o ln motivación
de uno de los temas de la Filosofía del Derecho, del tema estimativo o valorativo
Pero, antes de seguir con 1;\ (.'xplic;lción de esta cuestión esnmntiva, es necesario,
para el buen orden expositivo, que nos fijemos en otras motivaciones que llevan hacia
la Filosofía del Derecho, entre las cuales figura Ii necesidad de aclarar los conceptos
lógicos gracias a los cuales el jurista clpl:t las normas vigentes.
10 QUIENES, POR QUE Y PARA QUE HACEN FILOSOFlA JURlDICA

3. Los DOS CAMINOS QUE HAN LLEVADO A LA FILOSOl:ÍA DEL DERECHO:" EL DE


LOS JURISTAS Y EL DE LOS FILÓSOFOS. MOTIVACIONES QUE INDUJERON A ALGUNOS
JURISTAS A HACER FILOSOFÍA DEL DERECHO: A) Los INTERROGANTES QUE INVI-
TAN A ELABORAR UNA TEORÍA fUNDAMENTAL O GENEItAL DEL DERECHO; B) LA
CRÍTICA AXIOLÓCICA O ESTIMATIVA; C) Los PR08LEMAS SUSCITADOS POR LA PRÁC-
TICA QUE DAN LUGAR A UNA FILOSOFÍA DEL DERECHO NO ACAOÉMICA.-LA VíA DE
LA FILOSOFÍA GENERAL.

Hoy en día, para el estudioso que se interese por estos temas, la Filosofía del
Derecho se le presenta como una disciplina prcconstituida en múltiples libros y cur-
sos universitarios. Pero hubo un tiempo, la época anterior a los presocráticos, e inclu-
so en la previa a Sócrates, en que no había Filosofía del Derecho. Y hubo otro tiem-
po -la segunda mitad del siglo XIX- en que la Filosofía del Derecho había des-
aparecido, había sido desterrada en la mayor parte del área de los estudios jurídicos.
Entonces, para percatarnos a fondo y con máxima claridad de cuál sea la razón de ser
de la Filosofía del Derecho, convendrá que averigüemos cuáles fueron las motivacio
ncs que indujeron a algunos pensadores a inventar ese tipo de meditación, o cuáles
fueron los estímulos que actuaron sobre otros pensadores para restaurar la Filosofía
Jurídica cuando ésta había estado proscrita durante algunos decenios.
No se trata de incurrir en la ramplona actitud de los que quieren hacer el elogio
---o algo peor, la propaganda- de su propia disciplina y hablar de la importancia
que ésta tenga. No se trata de proceder con un ánimo doméstico del especialista que
cree que su campo es el ombligo del mundo. Se trata de otra cosa: si queremos en.
terarnos de cuál es el sentido, el alcance y la justificación de la Filosofía del Derecho,
el mejor camino para ello será sorprender cuáles fueron los motivos que llevaron a
hacerla o a restaurarla por pa.rte de los pensadores que acometieron con mayor em-
puje y con más logrado éxito esta empresa, y cuáles fueron los fines que con ello se
proponían.
Ahora bien, para averiguar tales motivaciones y tales fines, hemos de pregun·
tamos primero qué tipos de gentes fueron las que actuaron en la creación o en la
restauración y renovación de la Filosofía del Derecho. La respuesta a esta pregunta
es que los responsables de tales empresas han sido, en la historia de esta disciplina,
tres tipos de gentes: a) Algunos científicos del Derecho; b) Algunos juristas prácti- .
(05, Y e) Casi todos los grandes filósofos.
Los científicos del Derecho y los juristas prácticos han sido los que especial-
mente han contribuido, en el siglo XIX y sobre todo en el xx, al renacimiento de
la Filosofía del Derecho. Creo 9ue un análisis de las urgencias 9ue incitaron a esos
científicos del Derecho y a esos juristas prácticos a plantear de nuevo los problemas
filosóficos sobre el orden jurídico, pondrá claramente de manifiesto el sentido autén-
tico de la Filosofía del Derecho, sobre todo de la de nuestro tiempo. Por eso comen-
zaré examinando el tipo de necesidades mentales y prácticas que espolearon a tales
jurisconsultos a elaborar de nuevo la Filosofía del Derecho, sin perjuicio de exponer
después las vías por las que fueron a ésta la mayor parte de los grandes filósofos.
Después del eclipse que la Filosofía del Derecho sufrió en los tres primeros de-
ecnios de la segunda mitad del siglo XIX, por obra del positivismo -y también del
LI DOBLE LIMITACION DE LA ClFNCIA JURIDlCA 11

materialismo y del evolucionismo-, el pensamiento filosófico sobre 10 jurídico


empezó a renacer en la mente de algunos esclarecidos jurisconsultos, porque éstos
sintieron las dos limitaciones que sufre la ciencia jurídica, a saber: el hecho de que
ésta no puede por sí misma explicar ni sus supuestos básicos sobre los cuales ella 'se
asienta, ni puede aclarar tampoco las ideas de valor que dan sentido al Derecho. Al-
gunos juristas de preclaro talento advirtieron que la ciencia jurídica no es por sí sola
capaz de explicar los cimientos que están más acá de ella, ni tampoco las ideas que
están más allá de ella, que son precisamente las que le dan sentido. La conciencia de
estas dos penurias fue la que disparó de nuevo la' reflexión filosófica' sobre el De-
recho. Y, consiguientemente, como quiera que las ut~encias o problemas eran dos, se
originaron dos partes capitales de la Filosofia jurídica: la fundación de la Teoría ge-
neral o fundamental del Derecho para aclarar los conceptos básicos que constituyen
la cimentación de toda realidad jurídica, así como también de toda ciencia jurídica;
yel restablecimiento de la problemática estimativa o axiológica del Derecho.
La profesión jurídica, lo mismo en su ejercicio práctico -c-comc abogado o
como juez- que en su desenvolvimiento teórico ---como tratado o curso de dogmática
jurídica, es decir, de una rama del Derecho positivo--, se apoya sobre una serie de
supuestos generales, de los cuales el jurista no puede ofrecer esclarecimiento ni jus-
tificación suficiente. En efecto, no puede ofrecer la explicación de tales supuestos,
porque ellos son precisamente el cimiento sobre el cual se funda su labor¡ por ende,
Son algo previo a esa su labor; son 'lo que constituye la base de ia posibilidad de tal
labor.P El jurista estudia los preceptos del Derecho' positivo. Como todo ccnoci-
miento científico, la ciencia del Derecho es un conocimiento de unos determinados
objetos, seccionados por abstracción del resto de las cosas; por tanto, constituye un
conocimiento fragmentario y también dependiente, un conocimiento apoyado en unos
supuestos. Entre tales supuestos figura, en primer lugar, el concepto universal /Iel
Derecho, es decir, la esencia de 10 jurídico, común a todas las manifestaciones reales
o posibles del Derecho. El esclarecimiento de este concepto esencial ° universal no
puede ser suministrado por la Ciencia Jurídica, en sentido estricto, porque ésta 'versa
sobre las varias ramas concretas del Derecho positivo y, por tanto, considera las es-
pecialidades que cada una de éstas ofrece, es decir, da cuenta y razón de lo /que el
Derecho civil tiene de civil, de lo que el penal tiene de penal, de las concreciones sin-
gulares del Derecho mexicano, de las propias del Derecho argentino, etc. Ahora bien,
mando se trata de dilucidar la esencia, o sea el concepto universal de 10 jurídico pura
y simplemente, se apunta a 10 que es comúny necesario al Derecho, sin más, sin
adjetivaciones concretas, sin referencia a esta o a aquella rama, sin límites de lugar
ni de tiempo; es decir, se pide 10 que es igualmente de todos los Derechos, de todas
sus ramas, de todas sus especificaciones históricas o posibles; en suma, se pide aquello
en virtud de lo cual algo debe ser. considerado como jurídico.
Adviértase que sería engañoso supon!::r c¡ue este concepto general o esencial
pueda ser fundado por vía de comparación inductiva de los datos de los múltiples
Derechos conocidos. Tal fundamentación resultaría injustificada lógicamente por dos
razones. En primer lugar} porque ese procedimiento de inducción requeriría acotar
previamente el campo de la experiencia jurídica, sobre el cual habría de ejercerse
la comparación y la generalización; pero cabalmente este deslinde del campo de la
experiencia jurídica, precisa, en la estructura lógica u objetiva del conocimiento, que
12 MISIDN y CARACTER DE LA TEORlA FUNDAMENTAL DEL DERECHO

se disponga previamente del concepto general o esencial del Derecho. gracias al cual
se pueda delimitar con rigor el área propia de dicha experiencia jurídica. Así pues,
resulta que para llevar a cabo el procedimiento de inducción, en vista a conseguir
mediante él la esencia de lo jurídico, haría falta tener de antemano esa noción esen.
cial o universal, que es precisamente la que se trataría de encontrar. En segundo 1,,-
gar, aquella supuesta vía inductiva para lograr el concepto esencial o universal del
Derecho resultaría también imposible, necesariamente frustrada, por otra razón, a
saber: porque lo que se busca es una noción absolutamente universal; y ocurre que
lo que se patentiza en cada una de las ramas concretas de la Jurisprudencia dogmá-
tica es tan sólo la serie de singularidades o especialidades que ofrecen los contén].
dos jurídicos de cada una de ellas. Consiguientemente, para obtener la noción uni-
versal o esencial de lo jurídico, precisa una indagación de otro tipo diverso del que
es característico de las ciencias jurídicas, a saber: urge una indagación de carácter
filosófico. .
Pero si el concepto universal o esencial del Derecho es el supuesto básico de
toda ciencia jurídica, no es el único de sus supuestos. Hay otra serie de nociones
-que a manera de séquito esencial del concepto de lo jurídico acompañan dondequie-
ra a éste-. ras cuales constituyen también supuestos fundamentales de toda cienda
del Derecho. Se trata de las nociones de derecho subjetivo, deber jurídico, persona,
objeto. relación jurídica, supuesto jurídico, consecuencia jurídica. Esas nociones cons-
tituyen la estructura esencial de toda norma, de toda figura. y de toda situación jurt.
dicas. Son nociones no exclusivas de determinados ordenamientos, sino enteramente
comunes a todos ellos. No son resultado empírico de una creación humana contin-
gente, producida en determinado lugar y en un cierto momento, sino que constituyen
conceptos puros, ajenos a la experiencia. necesarios en toda realidad jurídica histó.
rica o posible, condicionantes de todo pensamiento jurídico.
En efecto, si contemplamos el conjunto .de conceptos empleados por la Juris-
prudencia, advertiremos cómo éstos pueden ser clasificados en dos gmpos. Por una
parte, hallamos conceptos empíricos, contingentes, históricos, es decir, descriptivos
de realidades creadas por Jos hombres en un cierto lugar y en un cierto tiempo. figu-
ras jurídicas concretas, fraguadas en una determinada circunstancia, por ejemplo: la
hipoteca, el ayuntamiento, el impuesto sobre la renta, el senado. Puede haber -y
de nccho ha habido- ordenamientos jurídicos que no contienen las instituciones de
la hipoteca, del ayuntamiento, del impuesto sobre la renta, o del senado. Mas, por
otra parte, hallamos también una serie de conceptos jurídicos puros, necesarios, <]uc
no ekprcsan realidades creadas contingcntcmcntc por los hombres en determinad:'!
situación histórica, sino <'jlle, por el contrario, pertenecen a la esencia de lo jurídico
pura )' simplemente. y, por eso, son comIIIlCS a todas las n-gulacioncs de Derecho )"
<1- todo conocimiento científico de éstas. No cabe que haya ningún régimen jurídico
sin deberes jurídicos, sin relaciones jurídicas. sin supuestos. sin consecuencias, ctc.
Ahora bien. como ya se apuntó, sucede que las ciencias jurídicas particulares,
(del Derecho constitucional, del civil, del mercantil, del administrativo, del procesal.
etcétera) no son capaces, ninguna de ellas. de aclarar de modo suficiente y con el
debido rigor esos conceptos básicos que constituyen el entresijo esencial de toda rea-
lidad jurídica. y 'lIle constituyen además Jos instrumentos necesarios de todo cono-
cimiento dl'ntifiw sobre el Derech- . No pueden las meras ciencias jurídicas particu.
LOS INTERROGANTES AXIOLOGICOS 13

lares explicar estos conceptos fundamentales, porque ellas se basan precisamente sobre
dichos conceptos. Tales nociones básicas funcionan para la ciencia jurídica como lo~
supuestos sobre los cuales ella se .edifica, y a fuer de su calidad de supuestos pre-
vios caen fuera de su ámbito. Así pues, las ciencias jurídicas aparecen mancas, como
algo fragmentario en cuanto a su base misma, de la cual no pueden ofrecer una
explicación satisfactoria. Esta penuria no es exclusiva de la disciplina jurídica. antes
bien. común a todas las ciencias particulares, pues ninguna es capaz por sí sola de
fundamentarse a sí misma, de explicar sus propios supuestos. Porque todo conoci-
miento ,_entífico partícalar es fatalmente limitado, dependiente y fragmentario.
Estos problemas apuntaron en la conciencia de muchos juristas profesionales
entre los años de 1870 y 1890 -que constituyeron la época en que empezó a ger~
minar un renacimiento de la Filosofía jurídica, sobre todo como Teoría general del
Derecho. Se advirtió <¡ue los estudios jurídicos -restringidos por las limitaciones
positivistas- ofrecían un espectáculo de caos. En efecto, cada tratado o cada profe-
sor dedicado a una disciplina jurídica especial consagraba los primeros capítulos,
o las primeras lecciones, a tratar de esclarecer el concepto del Derecho como norma,
el de derecho subjetivo, el de relación jurídica, el de persona, el de objeto, etc. Pero
resultaba que la explicación que cada especialista daba de esos conceptos fundamen-
tales era diversa de la suministrada por otros especialistas, con lo cual se producía
un estado de desorden y confusión. Se cayó en la cuenta de que todos esos temas no
pueden ser resueltos por la suma de las aportaciones de cada disciplina jurídica par-
ticular, sino que requieren una doctrina general autónoma, que tiene ya carácter
filosófico.t- En la nota número 11 de este capítulo, así como en otras obras mías, se
expone cómo nació el programa de una "Teoría general del Derecho" y las modifi-
caciones. que fueron introducidas en los supuestos y en los métodos de dicho pro·
grama.
Así pues, las Ciencias Jurídicas colindan con la Filosofía del Derecho en Ja
zona que está, por así decirlo. más acá de sí misma, esto es, en lo relativo a la acla-
ración de sus supuestos.
Por otra parte, sucede que la ciencia jurídica no swninistra una última y plena-
ria respuesta a los temas que en la misma se plantean. En efecto, ocúpase la ciencia
jurídica con problemas de regulación de. la vida social y de solución de los conflictos
qu~ en ella se suscitan. Pero la respuesta que para sus -cuestiones ofrece la ciencia
jurídica es la que impone el ordenamiento positivo: esto es, nos dice. qué es 10 que
el Derecho vigente de un pueblo en un determinado momento dispone sobre cierta
materia o sobre el caso planteado.
Resulta, pues, que, por otro lado, es decir, por el que está más allá de la Ciencia
jurídica, se llega al planteamiento de interrogantes que s610 pueden ser tratados y
resueltos por la Filosofía. a .sabcr: las cuestiones estimativas. Desde el punto de vista
práctico, en la efectividad de las relaciones sociales, el Derecho positivo constituye
la suprema instancia, la última palabra ejecutiva. Así es en verdad: contra la regu-
Iacién del Derecho positivo vigente no cabe, mientras éste permanezca en vigor.
refugio ni recurso de ninguna especie. Por ejemplo, una sentencia del Supremo
Tribunal de Justicia constituye algo prácticamente irresistible, inapelable; constituye
una última palabra ejecutiva, al servicio -de cuyo cumplimiento funcionará todo el
monopolio de la coacci6n pública. Pero eso, que en determinado lu~ en un cier-
14 LOS INTERROGANTES A:GOLOGICOS.

tú momento es indiscutible e inevitablemente Dercc•.o. y contra lo cual no cabe re-


curso, puede, desde otro punto de vista, ser citado a comparecencia ante un fuero
distinto del práctico, ante el tribunal de la conciencia, es decir, ante la crítica filo-
sófica, para examinar si corresponde o no a 10 que deberia ser. Ante esta instancia
de la crítica filosófica podemos someter a enjuiciamiento el Derecho que es, para dilu-
cidar si representa el que debe ser, si es el mejor de los posibles con respecto a la
circunstancia concreta a que se refiere, o si, por ventura, cabr'n mejorarlo en alguna
manera, corregirlo en un sentido progresivo. Lo que indiscutiblemente es Derecho
vigente (en determinado Jugar y en cierto momento), ¿debiera serlo en justicia?
¿Es justa esa norma jurídica O no lo es? ¿No podría acaso esa norma ser mejor de
10 que es? Las soluciones que el Derecho positivo vigente da a determinados pro-
blemas de convivencia y de solidaridad sociales. ¿no podrían tal vez ser superadas?
El problema sobre el juicio estimativo que merezca un ordenamiento y sobre los
valores a cuya luz se pueda determinar la mayor o menor justificación de un Dere-
cho, es un problema cuyo planteamiento y cuya solución se encuentra más allá del
campo de la Ciencia jurídica propiamente dicha, es decir, más allé del estudio cien-
tífico de un Derecho positivo. Tal critica y sus problemas no caen propiamente den-
tro del ámbito de la Ciencia jurídica, pues ésto nos dice qué es 10 que dispone el
orden jurídico vigente, cuáles son sus soluciones y su correcta interpretación, pero
nada más. El problema de la justificación concreta del contenido de los preceptos.
esto es, de su justicia o injusticia, excede en muchas ocasiones de los límites de la
Ciencia jurídica positiva; los rebasa siempre que se plantee más allá de los principios
determinantes inspiradores del mismo orden positivo y (IU~ son parte integrante de
él. Pertenecen a otro tipo de estudio: al estudio sobre el último fin del Derecho..
sobre sus supremos principios directivos, Estas consideraciones no caen ya dentro
de la Ciencia jurídica, la cual se O<'UP:l sólo del Derecho constituido. Ahora bien, esta
interrogación valorativa sobre la justicia constituye un problema incxtirpable de la
conciencia humana y que tiene además pleno sentido, según ya se razonará más
adelante. He aquí, pues, una segunda vertiente en la cual se muestra incompleta la
Ciencia del Derecho; y esa insuficiencia es otra de las palancas quc lanza al pensa·
miento hacia una reflexión filosófica sobre el Derecho;"
Cuando los problemas de Estimativa jurídica se plantean principalmente rcfc-
rídos al fin supremo del Derecho y a la organización del Estado, tales problema-
coinciden en gran parte con los temas básicos de la Filosofía politici. Eh cierto modo
Jos fundamentos de la Estimativa jurídica constituyen los' supuestos y la base de J.,
Filosofía política.
Resulta, pues, que los dos interrogantes filosóficos principales sobre el Dcrc.
cho brotan precisamente de las dos limitaciones de la ciencia jurídica: mis acá de
ella y como supuesto de la misma, los temas de la 'Teoría [nndnniental del Derecbo;
más allá de ella, las cuestiones de la Estimativa Jurídica, es decir, la indagación 501.-.[(:
los valores que deben orientar la formación del Derecho positivo.
El estudio de los dos tipos de problemas mencionados, los de la Teoría Fun-
damental o General del Derecho, y los de la Estimativa o Axiología, constituyen el
contenido de la mayoría de los cursos universitarios y de los tratados de Filosofía
Jurídica, que habitualmente SQn ofrecidos por juristas que se han dedicado :\ estas
dos clases de meditaciones, es decir, por los que hoy suelen llamarse [usfilósofos.
LA VIA DESDE LA PRACTICA A LA FILOSOI'IA

Pero sucede que el pensamiento jurídico de los últimos ochenta años .sc ha nu-
trido también con otra clase de meditaciones y elaboraciones hechas por juristas prcfe-
sionales, a las que a mí se me ha ocurrido dar la denominación de filosofía j¡¡rídica
110 académica, aunque reconozco que este nombre es discutible. Se trata de pensa-
mientos, los cuales. si bien tienen .un auténtico rango filosófico, no pretenden la
elaboración de un sistema de filosofía del Derecho, no tratan de todos los prchle-
mas capitales de esta disciplina. Son más bien reflexiones filosóficas sobre detcrmi-
nados puntos. las cuales han sido estimuladas por necesidades sentidas en la política
legislativa y sobre todo en la aplicación jurisdiccional (judicial o administrativa)
del Derecho. Las principales manifestaciones de este tipo de pensamiento jurídico)
"no académico", o tal vez conviniese más llamarlo no sistemático, han surgido sobre
todo en el campo de los problemas de la interpretación y de la aplicación práctica
de las leyes. Han sido llevados a cabo tanto por varios jurisconsultos prácticos -c-jue-
ces y abogados- de diversos países, como también por profesores universitarios de
diversas disciplinas) pero generalmente, aunque haya excepciones, fuera de los cursos
sistemáticos de Filosofía del Derecho.'>
Entre' los problemas que han suscitado esas meditaciones no sistemáticas figuran
los siguientes: figura la cuestión de haIlar cuál es la norma válida aplicable al caso
controvertido, problema que frecuentemente no es ni mucho menos tan fácil como
algunos habían supuesto con cándida ingenuidad. Figura también el problema de
convertir los términos generales de la ley o del reglamento en una norma singular
y concreta para el Caso particular debatido, de modo que en esta norma individualizada
se cumpla el propósito que inspiró la regla general. Figura asimismo el problema SC'-
bre cuál, entre los varios métodos posibles de interpretación, debe ser elegido para
tratar el caso Concreto. Fibrura además el problema de cómo ha de actuar el juez
cuando la aplicación de una norma, en apariencia vigente) al problema singular some-
tido a su conocimiento, Hevarla a un resultado notoriamente injusto. Figura igual.
mente el problema de cómo haya de desenvolvérsela') el juez en los casos de las
llamadas "lagunas" en el ordenamiento positivo formulado. Y figuran muchas otras
cuestiones de parecida importancia.
Dichos problemas están siempre presentes en cualquier proceso de aplicación
jurisdiccional del Derecho a casos concretos. Ahora bien, en épocas tranquilas y de
estabilidad, en que casi todos los aspectos de la vida están correlacionados de un
modo coherente, esos problemas, aunque existentes, se hacen menos sensibles, susci-
tan menores dificultades. En cambio, esos problemas, surgidos en la aplicación judi-
cial del Derecho, se hacen más numerosos, agudos y difíciles, en épocas de hondas
transformaciones sociales, y todavía más en un tiempo de crisis integral como es el
nuestro. En efecto, muchos de los cambios radicales que se han producido en los
últimos decenios en la regllJación jurídica -ora por In elaboración de nuevas leyes
inspiradas en principios y propósitos diferentes de aquellos que animaban las que
estuvieran vigentes en el siglo XIX: ora por la acción inteligente de la jurisprudencia
al descubrir nuevos sentidos e insospechados alcances en añejas normas, cuando (':'-
tas tienen que proyectarse sobre realidades sociales muy diferentes de las de antnfio-.
han aumentado en enormes dimensiones los problemas que surgen en la aplicación prác-
tica del Derecho.
Esos cambios han dado lugar frecuentemente a la coexistencia de normas judo
l6 PROBLEMAS FILOSOFICOS PLANTEADOS POR LA PRACTICA

dico-positlvas de igual rango formal con contenidos contrarios 0, por lo menos, con
orientaciones 'divergentes. Esto ha multiplicado el número de casos en que se le plan-
tea al juez el grave y crucial problema de tener que elegir entre esas varias normas
contrarias de igual jerarquía formal.
El desenvolvimiento tumultuoso y vertiginoso de nuevos hechos y problemas
sociales, no sólo no previstos sino que ni siquiera sospechados antaño por el legisla-
dor, ha aumentado también en gran magnitud el número de casos en que el juez
se enfrenta con el problema de "lagunas" en el ordenamiento formulado.
Asimismo ha crecido el número de casos en que los tribunales afrontan el dm-
mático problema consistente en que una norma positiva, que a primera vista parece
ser la pertinente para el conflicto concreto, si fuese aplicada a este conflicto daría
lugar a resultados notoriamente injustos.
Ese enorme aumento de los tipos de problemas, que acabo de' apuntar, y de otros
similares, ha echado sobre los órganos jurisdiccionales responsabilidades más graves,
y sobre todo en mayor cantidad, que 10 que suele acontecer en épocas más tranquilas
de la historia. Y, así, ha ocurrido que de la práctica jurídica cotidiana, en los tribu-
nales, en las oficinas administrativas y en los bufetes, han brotado urgentes -requeri-
mientos a la Filosofía del Derecho, para que ésta suministre aclaraciones satisfacto-
rias sobre estos problemas, y ofrezca criterios para tratarlos correctamente. Sin eme
bargo, sería erróneo creer que tales problemas son característicos solamente de. nuestra
época, o de otros tiempos agitados de la historia. Lo que sucede es simplemente que esos
problemas han cobrado proporciones mayores y más destacado relieve en el siglo xx.
Pero los mismos tipos de problemas se han presentado en todas las épocas y en todos
los regímenes jurídicos, sólo que de modo menos- detonante y menos dramático.
Yo, por mi parte, además de mi aportación a la Filosofía sistemática del Dere-
cho, he producido algunas nuevas contribuciones al estudio de esos problemas plan-
teados por la política legislativa y sobre todo por la interpretación en la práctica
judicial, especialmente mi teoría del logos de lo razollable. 14 Y, al calor del estudio
de aquellas producciones no sistemáticas de pensamiento jurídico sobre esos problemas
de la interpretación y de la práctica jurídica, así como bajo el estímulo de mis pro-
pias reflexiones en torno !1 estos asuntos, se me ha ocurrido 'lue la Filosofía del De-
recho debe ser completada cdn un tercer estudio que sirva de base para la política
legislativa y la política judicial. Este estudio debe fundarse sobre los resultados ;1 que
conduzca un minucioso análisis de las estructuras y de los problemas del Derecho
positivo.
Así pues, a Jos dos temas (lue han sido aceptados generalmente en nuestro
tiempo como contenido de la Filosofía Jurídica (la Teoría Fundamental del Derecho
y la Estimativa o AxioIógica) conviene añadir un tercer tema sobre Política Legislativa
y Política Judicial, cimentado en el estudio de cuál es la lógica peculiar de los conte-
nidos de las normas, es decir, cimentado en una serie de bases, algunas de las cuales
habían sido olvidadas. Entre esas bases figura la de tener sicmpr~ a la vista que el
Derecho 'Positivo es siempre una obra circunstancial. es decir, que el Derecho posi-
tivo no puede ser jamás un conjunto de verdades. () un conjunto de intentos de
aproximación a unas verdades, sino que, por el contrario, el Derecho positivo es un
conjunte de instrumentos fabricados por los hombres púa producir determinados
t.f,r-ctos en la realidad social, precisamente los efectos que se reputan justos y útiles
FILOSOFIA DEL DERECHO Y NECESIDADES PRESENTES 17

par. el bien común en una determinada. situación socia1. Las normas del Derecho
positivo son la respuesta que el legislador, la sociedad (por vía consuetudinaria)
o el juez dan para satisfacer determinadas necesidades sociales, para resolver ciertos
problemas o conflictos de la convivencia y cooperación humanas, tal y como éstos se
presentan en un lugar y en un tiempo determinados, inspirándose para ello en las va-
loraciones que estiman correctas. Con estas normas positivas, sus autores se proponen
la realización de un fin o resultado, cuyo cumplimiento representa el modo que se
entendió como el más valioso en aquella circunstancia para satisfacer aquellas nece-
sidades O para resolver aquellos conflictos. Además, las normas jurídico-positivas
contienen los medios que se estiman adecuados y eficaces para la realización de
aquellos fines.
Sobre la base de estas consideraciones, y de otras que sean establecidas en el
desenvolvimiento de este tercer tema que propongo, se podrá y se deberá hacer una
Filosofía Jurídica concreta, aplicada a las situaciones reales del presente, la cual
deberá consistir en ofrecer una filosofía de la política legislativa, de la administra-
tiva y de la judicial. En la medida en que esto se haga, conseguiremos poner el pen-
samiento filosófico-jurídico en contacto con las necesidades actuales y al servicio de
un mejor tratamiento de éstas. Con ello se zanjaré el distanciamiento que se dio entre
La Filosofía Jurídica del siglo xx y los nuevos desarrollos y las transformaciones del
Derecho positivo en nuestro tiempo. Esta Filosofía Jurídica aplicada, de la política
legislativa, administrativa y judicial, deberá mantenerse en el plano genuinamente
filosófico, con la dignidad propia de la teoría (aunque en este caso se trate de doc-
trina de la práctica), y, por lo tanto, alejada de las pasiones y de los intereses. La
decisión- práctica corresponde siempre inevitablemente a los órganos políticos con
competencia para ello. Pero a la Filosofía aplicada del Derecho le toca ofrecer orien-
taciones básicas en un plano de altura .
. Se puede llegar, y de hecho se ha llegado, a la Filosofía Jurídica por otro ca-
mino: por el de la Filosofía general. Es la Filosofía un propósito de conocimiento
del Universo, en tanto que Universo, es decir, en tanto que totalidad, mediante razo-
nes fundadas. El hombre, ante e! espectáculo abigarrado de! Universo, de las cosas
en torno y dentro de si, y ante el problema de si mismo y de! Mundo, se pregunta
por cuál sea el sentido que en el Universo corresponda al Derecho. Y, en efecto, ha
ocurrido así, como ]0 muestra la Historia de la Filosofía general: grandes pensadores
que no ejercieron un oficio jurídico, ni tuvieron Con el Derecho un contacto próximo,
han aportado valiosas y decisivas contribuciones a la Filosofía Jurídica. Salvo contadas
excepciones, los grandes sistemas filosóficos, además de una metafísica, de una teoría
del conocimiento y de una reflexión ética, contienen también un estudio sobre el
Derecho y el Estado. Es preciso, pues, indagar las raíces que originaron este tipo de
meditaciones filosófico-jurídicas en los grandes pensadores ..
Filosofía es el conocimiento total elaborado por cuenta propia y por razone
justificadas. O sea, es el conocimiento, construido desde Juego por medios intelee
tuales, sobre la totalidad en tanto que totalidad, es decir, del Universo en tanto qU1
Universo, el cual contiene .al hombre, y, por tanto, sobre las relaciones entre el y(
y e! resto de todo cuanto hay. Esto no ha de interpretarse en e! sentido de que 1,
Filosofía sea una Enciclopedia comprensiva de todos los conocimientos particulare
(verbigracia, de la Matemática. de la Física, de la Química, de la Biología, de 1,

2
18 EL CAMINO DESDE LA flLOSOFIA GENERAL HACIA EL DERECHO

Historia, de la Jurisprudencia, etc.). No, al filósofo no le interesan las domésticas


interioridades de cada una de las disciplinas científicas, sino tan sólo lo que en cada
una de sus respectivas materias hay de diferencial frente a las demás y de engarce
eón ellas; porque lo que preocupa al filósofo es el Universo como totalidad, en su
articulaciones de conjunto, y, de modo especial, la relación entre el hombre y el
resto del Mundo. Por de pronto, adviértase gue, a diferencia del científico que es
especialista en fragmentos del Universo, el filósofo pretende ser especialista en el
Universo en tanto que Universo, y en la situación del hombre en éste.
Para eso, la Filosofía. ante todo, busca un punto de partida radical y primario, es
decir, un punto de partida sin supuestos previos, e¡ue sea puramente primero, sin
dejar atrás implicaciones previas no resueltas; o sea, busca un punto de partida amá-
nomo, que se dé a sí propio la norma, que contenga el fundamento de sí mismo.
Pero ese criterio primero, autónomo, debe, además, servir como instancia regu-
ladora de todos los demás conocimientos, esto es, como criterio de justificación para
todas las otras verdades; es decir, ha de ser un criterio pentónomo, O, dicho con
otras palabras, debe ser un criterio universal.
Sobre esta base autónoma y pantónoma, una vez que ha sido conseguida, el
filósofo trata de formarse una visión articulada del Universo, construida por razones
. justificadas intelectualmente. Ahora bien, adviértase que cuando se habla del proble-
ma del Universo, como quiera que dentro de éste figura el hombre -estoy yo-,
se trata siempre no sólo de la cuestión del Universo en sí, sino también -y espe·
ciaImcnte- de las relaciones del Universo conmigo y de mí mismo con el Universo:
qué sea el Universo para mí, y qué sea yo en el Universo o con respecto a él.
Pues bien, en el Universo, entre las muchas cosas que contiene (unas reales cor-
póreas, otra: reales psíquicas, oteas irreales, pero con validez, como las ideales, y
muchas otras más de diversos' jaeces), hay Jos problemas de la convivencia y coope-
ración, los problemas de la organización colectiva, lo relativo al Derecho y al Estado.
y el filósofo, al enfrentarse con este tema, que se encuentra en el primer plano del
interés humano, se pregunta: ¿qué significan en el conjunto del Universo el Derecho
yel Estado? ¿Cuál e; la raíz del Derecho y del Estado, y cuál su función en la vida
humana? Y como el Derecho se refiere a problemas de comportamiento humano y
éste se halla relacionado con el sentido de la vida y la misión del hombre, por esta
vía llega también la Filosofía a plantearse Jos interrogantes radicales sobre lo jurí-
dico. Esta cuestión. según veremos, se plantea en última instancia como prcmmm so-
bre el sentido del Derecho en la vida humana. Es en este tema donde la Filosofía
jurídica cobra su plenitud y su unidad, punto de vista desde el cual es posible em-
prender la consideración y la solución de las diversas cuestiones de Teoría funda-
mental del Derecho y de Jos problemas de la Estimativa. así como también de los
de la realidad de lo jurídico. Para ello, la Filosofía del Derecho se hace cuestión to-
tal de lo jurídico; convierte 10 jurídico en problema total. es decir. lo enfoca sin
partir de supuestos jurídicos previos. Pero, a la vez, la Filosofía del Derecho, des-
envolviéndose como un capítulo de la Filosofía general, trata de desrubrir la ar-
ticulacién de lo jurfdico con el resto de los objetos e¡uc en el mundo hay. Cierto que
habitualmente no se ha concebido de esta guisa, con tanta amplitud ni con tanta
radicalidad, la misión de la Filosofía del Derecho: pero p;¡ra que ésta sea auténtica
filosofía. considero que su camino debe ser el indicado."
RELACION ENTRE FILOSOfIA JURlDlCA y DESARROLLO DEL DERECHO 19

4. EL PAPEL DEL PENSAMIEN1'D JURÍDlCO EN EL PROGRESO DEL DERECHO.

Aparte de las consideraciones expuestas, en las que trato de expresar con todo
rigor cuáles son las necesidades que han disparado la meditación filosófico- jurídica,
hay que registrar también otros caminos seguidos por ésta. Tanto los juristas como
los filósofos se han sentido estimulados a reflexionar filosóficamente sobre Jo jurí-
dico por varios motivos que, en cierto modo, coinciden con los mismos que determl-
nao el nacimiento y el desarrollo del Derecho. Mediante el Derecho, según expondré
más adelante, tratan los hombres de conseguir una situación de certeza y de seguri.
dad, es decir, de orden y de paz en sus relaciones sociales; una situación que descarte
el capricho del individuo y la irrupción fortuita de la fuerza. Pero, además, se aspira.,
claro es, a que esa situación ordenada y pacífica sea justa. Pues bien. muchos de los
que han sentido esas preocupaciones se han formulado filosóficamente la pregunta
de cómo se puede conseguir mejor un orden social firme, seguro, estable y a la vez
justo. Esta pregunta implica e! planteamiento de los temas principales de la Filosofía
del Derecho y de modo especial de la cuestión estimativa. Por otra parte, e! desarrollo
y la transformación de las circunstancias históricas y de las estructuras sociales pro-
mueve la urgencia de cambios en la ordenación jurídica, cambios que pueden poner en
peligro la estabilidad de! orden y de la paz; y esto suscita la preocupación de conci-
liar la necesidad de un orden cierto y seguro con los requerimientos de la justicia en
cualquier caso. Este problema ha lanzado a la meditación en busca de criterios que
valgan como normas directrices para todas las situaciones y de métodos para ir apli-
cando o adaptando esos criterios a cada una de las circunstancias. De tal suerte. se
ha filosofado sobre los criterios que deben inspirar la elaboración del Derecho y sobre
los procedimientos de ésta.
Ahora bien. ha sucedido que todas esas meditaciones, a que me he referido
en el párrafo anterior, no han tenido tan sólo un alcance de puras reflexiones teó-
ricas, sino que han ejercido un poderoso influjo directamente sobre la formación
de las leyes y sobre la práctica" de los tribunales. Así. cabe afirmar que en gran mea
dida la historia del Derecho va ligada a la historia del pensamiento filosófico-juri-
dico. l o Recordemos el gran influjo que sobre la formación y el desenvolvimiento
del Derecho romano tuvo la fecunda labor de Jos. jurisconsultos, quienes inspiraban
fa función interpretativa en la idea del Derecho natural y en la de la ratio legis, basa-
da, ésta, en la doctrina de que el precepto jurídico trata de ser una expresión de prin-
cipios de razón. Recuérdese, asimismo, el predominio que en el siglo XVIII tuvo sobre
la formación del Derecho positivo la idea del Derecho natural y cómo ésta obró de
poderoso estimulante para la codificación. Las diferentes doctrinas de filosofía social
y política del siglo XIX y también del xx -las cuales albergan importantes criterios
de estimativa jurídica- han contribuido también decisivamente a la reforma del De-
recho positivo. "
Por el contrario, dicho sea de pasada, hay que reconocer que la Filosofía
del Derecho en sentido estricto producida en el siglo XX, la cual ha realiz¡do for-
midables conquistas teóricas de primera magnitud, ha tenido sobre todo un carácter
académico y ha influido relativamente poco en la evolución real del Derecho posi-
tivo.
20 FILOSOFIA y VIDA EN EL PRESENTE

En efecto, advertimos un gran desnivel entre los logros teóricos de la Filosofía


Jurídica del siglo XX y el hecho d e que ésta no ha ejercido una influencia notable
en el desenvolvimiento progresivo del Derecho de nuestra época, pues advertimos
que la huella impresa en él por esa Filosofía Jurídica contemporánea es rclativamen-
te muy pequeña. Los enormes cambios que en nuestra época ha experimentado el
Derecho en todas sus ramas, no pueden ser referidos en su mayor parte a los pro-
gresos logrados en la Filosofía Jurídica citada. sino que han sido sobre todo efectos
de otros factores históricos. Esta situación aparece como algo muy extraño, si la P'"
rangonamos con la influencia decisiva que en otras épocas tuvieron las doctrinas fi-
losófico-jurídicas en el desenvolvimiento progresivo del Derecho.
Parece Como si en nuestra época de crisis. ante el azoramiento producido por la
quiebra de las valoraciones vigentes en el próximo pretérito, por la concurrencia en
pugna de nuevos criterios diversos en materia política y social, y por el desborda-
miento tormentoso de los hechos a la deriva, los jusfilósofos contemporáneos. deseo-
50S de alejarse del mundanal ruido, hubieran preferido recluirse en temas neutrales. o
al menos relativamente neutrales, como los de la Lógica y la Ontología jurídicas;
y. al abordar las cuestiones de Estimativa Jurídica, hubieran atendido preferente-
mente a la fundamentación teórica de estos temas, al establecimiento de las correctas
directrices metódicas para tratarlos y a la formulación de los primeros principios o
criterios, sin descender directamente al campo de las derivaciones prácticas.
Por fortuna esta situación está cambiando, pues el pensamiento jurídico de
nuestros días se acerca de nuevo más a la vida real y trata de influir sobre ésta.

NOTAS

1 Véase especialmente: REc....sÉNs SICHES (Luis), Nu&/Icl Ptlosoiíe de la Lnterpretacián


Jel Derecho, Colecci6n "Dianoia", Centro de Estudios Filosóficos de la Universidad Nacional
Autónoma do, México, Fondo de Cultura Económica, México, 1956. Además de la copiosa
bibliografía con.enida en dicho libro, pueden tener interés las siguientes obras: RECASF.NS SI-
CHES (Luis), Les lemas de la Filosofía del Derecbo en perspectiva histórica y en visión de
fu/urn, Bosch, Barcelona, 1934; Estudios de Pilosoiíe del Derecho, como adiciones a la Filo.
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Filosoiia del Derecho, publicada por Editorial de la Revista de Derecho Privado, Madrid, 1933);
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Inlroducción a la ciencia del Derecho, publicada por Editorial de la Revista de Derecho Pri-
vado, Madrid, 1930); C....RDOZO (Benjamín N.), The Namre of tbe Judicial Process, '1921: The
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Cfr. el excelente estudio BODENHEIMER (Edgar}, The ínberent Conseroatism of tbe Legal Pro-
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en Alemania "jurisprudencia de intereses" reunidos en traducción inglesa en el volumen The
[erispmdence of lnterests, 1948, C"': comprende trabajos de Rümelin. Heck .. Oertemann, 510//,
Binder e Isay, publicado por Harvard University Press.

CIENCIA ]URIDICA y FILOSOFIA DEI. DERECHO 21
2 Cfr. POUND [Roscoe}, An lntrodsction ta tbe Phi/osophy 01 Law, 5' OO., Yale Unjo
versity Press, New Haven, 1937; Cossío (Carlos), La plenitud del orden furídico y la ínter-
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Su; i principi generali del dirino, 1921. Véanse también las obras citadas en la nota nO 1.
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rie del' Rechtswissenschaft, 1911; GMÜR, Die Anwendung des Recbts, p. 46, 1908.
" Véase: RF+ASÉNS SICHES (Luis), Nueva Filosofía de /a Interpretación del Derecho,
Fondo de Cultura Económica, México, 1956, caps. JI, nr, IV Y v.
e Véase la ob, cít, en la nota precedente, pp. 233 Y ss.
6 Cfr. RECASÉNS SICHES (Luis}; obras citadas en la nota n" 1; STAMMLER (RudoIf),
Die Lebre flon dem ricbsigem Recht, pp. 3 SI., 1902; Lehrbuch der RechlIp/Jilosophie, 3'· ed.,
pp. 1 ss., 1928 (hay trad. esp., bajo el título de Tratado de Filoso/ía del Derecho, Editorial
Reus, Madrid, 1930); SALOMON (Max), Das Recbs ah Idee und Salzung, 1929; SoMLO. (Fé-
lix), [uristiscbe Grundlehre, 2' ed., 1927; DEL VECCHIO (Giorgio), Filosofía del Derecho, 3'
ed., cap. J, trad. esp. con extensas adiciones de Luis RECASÉNS SICHES,' Uteha, México, 1945;
DONATI (Bcnvenuto), Fondazione della Scienza del Diriuo, p. 84, 1929.
'[ Véase: RECASÉNS SICHES (Luis), Nueva Filosofía de la lnterpretecián del 'Deruho,
Fondo de Cultura Económica, México, 19;;6, caps. n, 111, IV Y v.
8 Véase ob. cit. en la nota precedente, pp. 242 Y SI.
D Véase: RECASÉNS SICHES [Luis}, Nueva Filoso/ía ,de la InJerpreJación del Derecho,
Fondo de Cultura Económica, México, 1956, en general todo el libro, pero especialmente los
caps, III y VI. Véase también: R~CASÉNS SIC'HES (Luis), Siluari611 Presente y P,oyeuió" de
Fuluro de la Filosofía jurídica. Ponencia presentada al IV Congreso Interamericano de Filo-
sofía, celebrado en Santiago de Chile, 1956, publ. en la "Revista de la Facultad de Derecho
de México". Tomo VI, abril-junio, 1956, n'l 22'.
10 Cfr. RECASÉNS SICHES (Luis), Los Temas de la Filosofía del Deresbo en. perspecliviJ
bistórica y en viJión de /uluro, Bosch, Barcelona, 1934; Estudios de Filosoiía del Derecho,
como Adiciones a la "Filosofía del Derecho" de G. DEi. VECCHIO, 3' OO., .Uthea, México, 1946.
11 Sobre el desenvolvimiento de la Teoría fundamental del Derecho, primero como
doctrina general empírica y después cerno teoría del a priori formal del. Derecho, se pueden.con-
sultar mis libros: Direcciones contemporáneas del pensamiento jurídico, especialmente cap. 1,
Labor, Barcelona, 1929; Lar lemas de la Filosoíía del Derecho en perspectiva hisJórica ", en
visión de fUJuro, caps. IV-VII, Bosch, Barcelona. 1934, y Estudios de FiloIo/ía del Derecho, como
Adiciones a la Filosofía del Derecho de DEL VECCHIO, caps. I y 1I, 3·' ed., México, 1945; El
Pensamiento jurídico del Siglo XX, Editorial Porrúa, México, 1959.
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para una Teoría de los derechos mbjetioos, 1953; El Concepto del Derecho, 1956; BASCUÑÁN
V ALDÉS (Aníbal). Manual de Técnica de InveJligación Jurídico-Social, 1949; Inlroducción 41
Estudio del Derecho y de las Ciencias Jurídicas, 1953; CID (Benjamín), lnl,.oducción a la Fi-
losoií« del Derecho, 1956.
En Ecuador: VILLAG6MEZ YEPF.Z (Jorge), Filosofía del Derecho, 1946; PÉREZ GUERRERO,
Temas jurídicos, 1955; RESTREPO PIEDRAHITA, Tres variaciones alrededor del Derecho, 1956.
En Guatemala: MUÑOR MEANY (Enrique), Libertad metafísica y liberlad jurídica, 1943;
La definición del Derecho, 1944; ROLZ BENNET (José), El problema de la seguridad, 1941;
BONILLA (Julio), El Dereebo como producto del psiquismo superior dél hombre, 1938.
En México: BREMER (J. ].), Teoría lógica, teorie axiológica y teoría integral del Dere-
cho, 1933; CASO (Alfonso), Teoría general del Derecho, 1932; LEDESMA (J. de Jesús), Ensayo
de una t eoria general sobre la Técnica Jurídica, 1933; GARAY (Luis de), ¿Qué es Derecho?
1935; Hans Kelsen y la doctrina pura del Derecho, 1938; GARcíA MAYNEZ (Eduardo), l ntro-
ducción al estudio del Derecho, séptima edición, 1957. Libertad como derecho y como {Joder,
1941; Una discusión sobre el concepto jurídico de libertad, 1942; La definición del Derecho,
Ensayo de Perspectioismo Jurídico, 1948; introducción a la Lógica jJlrídica, 1951; Los Principios
de la Ontología Formal del Derecho y su Bxpresián Simbólica, 1953; Lógica del juicio ju-
rídico, 1955; Clasi/icaciól1 de los Conceptos jurídicos, 1956-1957; MORINEAU (Oscar), El. Es-
ludio del Derecho, 1953; !.ABORDE CANCINO (Salvador), El problema de las lagulloI de la
24 TEORrA GENERAL DEL DERECHO EN ESPAÑOL

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E/ idealismo critico en Fi/osofía del Derecho, 1942; GARdA ROJAS (Gabriel), Sobre la inde-
finirión del Derecho. 1938; EsTEVA RUIZ (Roberto), Apuntes de Introducción al Estudio -del
Derecho, 1942; Bspacio y tiempo ante el Derecho, 1941; GARelA (Trinidad), Apuntes de ln-
troducción al Estudio del Derecho, 2' ed., 1941; SALINAS QumOGA (Genero}, Las nuevas rulas
del Derecho, 1942; Sociedad J Derecho: Filosofia del Derecho, 19'9: RJ.NGEL FRiAS (Raúl),
Identidad entre Estado y Derecho en la teoría jurídica de Kelsen, 1938; CERVANTES (Manuel),
Historia 1 naJuraJeza de la per¡onaJidad jurídica, 1933: RO]INA VILLEGAS (Rafael), In/rodur-
ción y Teoría fundamental del Derecho 1 del Estado, 2 tomos, 1943-1944; Teoría Jurídica de
la Conducta, 1947; Introducción al Estudio del Derecho, 1949; TERÁN MATA (Juan), juriciJad
1 /1f1ti;uriJiciJad,. Filosofía jurídica, 1952; RODRÍGUEZ (Guillermo Héctor} , Fundamentación
de /a JurIsprudencia como Ciencia Exacta, 1937; Etica como Jurisprudencia¡ 1947; DOMiNGUEZ
(Virgilio), El Problema de /a Integración de las 1AgunaJ de la Ley, 1947; BALLVÉ (Faustino),
fuquema de Metod%gía jurídica, 1957~ GoNZÁLEZ Dlxz LOMBARDO (Francisco), Introducción
Q lo! Problemas de la Filosofia del Derecho, México¡ 1956; Contidereciones Generales sobre la

Dimensión Histórica del Derecho¡ 1956; ALESSIO ROBLES FERNÁNDEZ (Miguel), Enrayo sobre
la Seguridad jurídica¡ 1954; VILLORO (Miguel), Apuntes para una Metod%gía de/. Derecho¡
1946; HIGAREDA lomEN (Yolanda), Filosofía del Derecho: LA Teoriapura ¿el Derecho J el
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En Panamá: RODRÍGUEZ ARIAS BUSTAMANTE (lino), LA Obligación Natural: Nuevas
Aportaciones a la Teoría Comunitaria del Derecho, 1953; El Abuso del Derecho, 1955; El
Derecho de Revolución, 1957.
En el Paraguay: BÁEZ (Cecilia), Fi/osofía del Derecho¡ 1929.
En Perú: VJLlAAÁN (Manuel Vicente), Programa de Derecho Natural y Cuestiones Ge-
n"ales de Legislación, 1935; LAVALU (Juan Baustista de), El concepto del Derecho en la
Escuda Analítica de jurisprudencia, 1908; Filosofía del Derecho, Programa e indicaciones bi-
bliográficas, 1914; Notas a la Filosofía del Derecho de Icilio Vanni; Filosofía del Derecho
, docencia ¡urídica¡ 1939; Not!'! a la trad. esp. de Ja Introducción a la Ciencia del Derecho J
a la Filosofía del Derecbo de Du Pasquier, 1944; Rrva AGÜERO {José de la)," Concepto del
Derecho, 1912; AVASfA y GoNZÁLEZ (Julio), Fuenter del Derecho público y privado, 1941;
Notas a la trad. esp. de la Imroduccián a la Ciencia del Derecho 1 a la Pilosofía del Derecho
de Du Pasquier, 1944; Mm6 QUESADA" (Francisco), Lógica Jurídica, 1956; LEÓN BARANDIA-
RÁN (José), El Derecho y el Arte¡ 1940; ALZAMORA VALDÉS (Mario), CurIOS de Pilosojí«
del Derecho, 1957.
En Uruguay: LLAMBIAS DH AzEVEDO (Juan), Eidética, Aporética del Derecho, 1940;
Sobre la distinción de las normas, de los IUOS socia/es y el Derecho, 1938; ROMPANI (San-
tiago), Introducción al Estudio del Derecho, 1944_
En Venezuela: PIZANJ (Rafael), Principio! generales del Derecho, 1941; Reparo! a la
Teoría Egoiógica¡ 19H; CASANOVA5 (Domingo), LA Crisis del Derecho, 1941; GARdA BACCA
(Juan David), Lógica Jurídica: Curso en la Facultad de Derecho, 1958; DELGADO OCANDO (Jo-
sé Manuel), Lecciones de FiloIofía ¿el Derecho, 1957.
Sobre la teoría jurídica en Hispanoamérica, véase el excelente libro de KUNZ (Joseph 1.),
Lain American Phi/osoph, of LAw in tbe Twentietb Cenmry, 1950 (hay trad. castellana mia,
LA Filosofía ¿el Derecho Latinoamericano en el Siglo xx, Buenos Aires, 1951). De KUNZ
(Jasef 1.), véase también: Contemporar, Laún-American Phi/osophy of Law: A Survey, en
"The American Joumal of Comparative Law",' 111, 2, 1954. Puede consultarse también: RE.
CASÉNS SICHES (L.), El pensamiento filosófico-social, ¡urídiro y político de Hispanoamérica,
en la obra conjunta de DEL VECCHJO (G.) y RECASÉNS ';;rcHEs (1.), Fi/osofía del Derecho,
t. n, Uthea, México, 1947. Véase también REGAsÉNS SICHES (Luis), juridical Axiology in
lbero-America, en Natural Law Forum, vol. 3, n'1 1, 1958, Notre Dame Law School, Indiana.
Ofrezco a continuación unas sumarias indicaciones sobre el desenvolvimiento de la Teoría
fundamental del Derecho. .
Especial importancia tuvo en el programa de la teoría general del Derecho la escuela
inglesa JIamada "Analitical School for Jurisprudence", cuyos principales maestros fueron: Aus.
rrN (autor de Lecteres on Jurisprudence or the Phi/OIOphy of Law, 1861, 5' ed. 1885, reim-
ORIGEN ES y PRIMEROS DESARROLLOS DE LA TEORlA DEL DERECHO 25

presa en 1911), que contrapone a la Jurisprudencia nacional o particular una Teoría general del
Derecho, la cual debe ocuparse de los conceptos, principios y distinciones comunes de los orde-
namientos jurídicos más desarrollados, y distingue entre principios sin los cuales no puede
ser pensado el Derecho y otros que carecen de esta necesidad, pero incluye ambos órdenes de
conceptos en Su Teoría general del Derecho; HOLl.AND (T. E.), Iilemenss 01 [urisprudence,
1880, 13~ cd., 1924; CLARK Praaical [aris prudence, 1883; HEARN, Tboory 01 Legal Duties and
Rigbts, 1883; SALMOND (F.), [arisprudence 01' The Theory 01 Law, 1902, 9· ed., 1937; LIGB-
TWODO, Tbe Nature o/ Posítioe Law, 1883; MARKBY, Elementos 01 Law, 1871, 6" cd., 1905;
BROWN (W. Jethro), Tbe Austinian Theory of Blements of Law, 1906; GRAY (J. C.), Tbe
Narure and Sources 01 the Law, 1909, 2' ed., 1911; POLLOCK (F.), Pirst Booé of !urisl¡ruden.
ce, 1896, 6' ed., 1929; RATTIGAN, Tbe Science 01 [urisprudence, 3' ed., 1909; Essa)'! in [uris-
prudente and Etbics, 1882; Esseys in tbe LAw, 1922; AMOS, Sistemaiic View of the Scionco of
jurisprudence, 1872; The Science of Law, 2" ed., 1874. Sobre la Escuela de la Jurisprudencia
Análitica, véase: BODENHEIMER (Edgar), ModeN} Analitica/ [urisprudence alzd the Limits of
111 Usejulness, University of Pennsylvania Law Review, vol. 104, n" 8, junio 1956.
Desempeñó notable influencia la escuela germana de la "Al lgemeine Rechtslehre" (teoría
general del Derecho), cuyos principales cultivadores fueron: BERGBOHM (Karl) (autor de [uris-
prudenz und Recbtspbilosopbie, 1886), quien expone la necesidad que tienen las ciencias ju.
rldicas de una base conceptual común y orgánica, para lo cual no basta un conglomerado de
expresiones, sino que hay que establecer los conceptos fundamentales del Derecho y de la
ciencia sobre el mismo en forma de claras proposiciones; MERKEL (Adolf}, trata, en su [uris-
tiscbe Enziklopadie, 1885 (hay trad. esp. publicada por E. Reus, Madrid), de exponer una siste-
mática de los conceptos jurídicos fundamentales y la conexión del Derecho con los factores.
sociales; BIERLING (Ernst Rudolf) (autor de Zur Kritik der iuristiscben Grundbegriffe, 2 tomos,
1877·1883, y [uristiscbe Prinzipienlebre, 4 tomos, 1894-98-1905), es quien Jleva a una mayor
madurez el programa de la escuela de la - teoría general del Derecho, pues en la segunda de
las obras citadas, define que los conceptos que se trata de establecer son independientes de
todo Derecho positivo, y son formales y condicionantes de todo pensamiento jurídico; THON,
Recbtsnorm und subjekti1!eS Recht, 1878; SOMLO (Félix), en su [uristiscbe Grundlebre, 1917,
delimita pulcramente el tema de los conceptos jurídicos fundamentales, pero se mueve todavía
dentro de un campo y método empíricos; BELING (Emest v.), en Rerhtsw;$1.epchaft und Recbts-
pbilosopbie, 1923, emplea el método de inducción abstrativa y elabora uriá:.:teoría del Derecho
como hecho psicológico de masa; MEZGER (Edmund), en su trabajo Sein und Sollen im Recht..
1920, considera el Derecho como voluntad teleol6gica; WEIGELIN (E.), Moral und Recbtspbi-
losophie, 1927.
Aunque con menos empuje y con menor propósito sistemático, enfocaron este problema
de la teoría general del Derecho o Jurisprudencia analítica también: COGUOLO, Sagg; di Di-
riuo prioato, 2' ed., pp. 27 JI., 1891; FRAGAPANE (S.), Della Filosofia ¡:iuridica nel presente
ordinamento deg/i studi, 1899;' VANNI (l.), I1 Diriuo ne/la totalita dei seoi rapporti (' la
ricerca oggetioa, 1900; Lezione rde Filosoiia del Diritto, 1904 (hay trad. esp. y notas dtol prof.
peruano Juan Bautista de LAVALLE); MICELLI, Principi de Filosoíia del Diritto, 1914. Merece
especial mención la.obra del jurista ruso KORKOUNOV, Cours de tbéorie générale du Droit, trad.
fran. de]. TCHERNOV, 2" ed., 1914 (hay trad. inglesa de HASTINGS, 1909). TARor; (Gabriel),
el destacado sociólogo francés reconoció que la idea del Derecho, ~_ or diferente que sea Sil
contenido, es formalmente la misma en todo país y en toda raza (Les transiormatíons du Droit,
1893) .
El profesor suizo ROGUIN (Ernest}, en sus obras La regle dn Droit, 1889, y La science
¡uridique pure, 1923, constituye un precedente y un paralelo de la teoría del Derecho como
estudio del a priori formal jurídico a la manera de KF.I.SF.N, pues trata de descubrir la cscn-
cía del Derecho y las verdades constantes y universales de lo jurídico, rechazando el método
de la inducción y empicando, para ello, procedimientos de anélisis lógico. En un sentido si.
rnilnr, pero con menor rigor, el jurisconsulto belga P¡CAnO (Edmond}, Le Droit pur, 9' ed..
1920 (hay trad. esp.), y Le! constants dll Droit, 1921. Hay que mencionar asimismo la obra
del profesor francés LÉvy-ULI.MANN (H), Blements d'imroduction générale a l'étudo das scien-
cfc.r [uridiques. La déíioítion dll Droit, 1927 (ha)' trad. esp. de César .C.A,.MARGO. E. GÓNconA.
26 ULTERIORES DESARROLLOS DE LA TEORIA GENERAL DEL DERECHO

Madrid). También belga: HAE5AERT (J.), Contingentes el regnlarités du Droit positi], 1933;
La /oi el le lon4 du ¡urjdique, 1934; Théorie générale du Drou, 1948. En francés también:
BEUDANT (Charles), Le Droit Individue/ el i'Etat, 1891; MA'%', lntroduction a la science du
Droit, 2' ed., 1925; CAPITANT (H.), lntrodtcction a l'étude du Droit, 5' ed., 1929; RENARD
(Georges), Le Drois, /a íogique el le han sens, 1925; Le Drois, l'ordre el/a raison, 1927;
La uaieur de /a toi, 1928; La tbéorie de í'ínsntution, 1930; La pbilosopbie de I'ínstuution, 1939;
DELOS (E. P. l- T.), La Ihéorie de l'instinaion, 1931; BONNECASE (Julien), La notion de
droit en Franee au XIX- siécte, 1919; La pensée ;uridique /rafuaise de 1804 ti l'besre presente,
1934; lntrodaction a "buJe du Droit, 1939; Du PASQUIER (Claude}, lntrodsction ti la Ihéorie
générale el ti la pbilosopbíe du Drou, 1937; D .... BIN (Jé3l1), Tbéorie générale dJl Droit, 1944;
ROUBIER (Paul), Tbéorie générale du Droit: Histoire des Doctrines [uridiquos el Pbilosopbie
des Voleurs Sociales, 2' ed., 1951; GURVITCH (Georges ), L' Experience juridique el la Pbiío-
sopbie Pluraliste du Droit, 1935; Lávr (Emmanuel}, LeJ Fondements du Droit, 1939.
En la literatura jurídica en francés se ha contribuido a la Teoría del Derecho también
desde el campo de otras disciplinas. Así, por ejemplo: GENY (Francois}, l~éthode d'lnter-
prdt.uion (;'1 Sources en Droít Privé Pn.riJij, 3" ed., 1954; Science el Tefhnique en Drois Privé
Posni], 2' cd., 1922; DUGUIT (Léon ), IlEtat, le Droit Obieetij et la Loi POJiJit1e. 1901;
Traite de Droit Constiuaionneí, 5' ed., 1927; CARRÉ DE MALBERG (Rayrnond), Reilexions JreJ
limpleJ sur l'obiet de la Science juridique, 1935; Contribmion a la tbéorie génér:rle de /'EtaJ,
1920-22; JEZE (Gastan), Príncipes généraux de Droit adminitlraJij, 1904; Cours de Droit pu.
bliqne, 1920-21; LEVY (Emmanuel), Pondements du Droit, 1929; Davv (Georges), Le Droit,
fidhr/iJrn~ at l'experience, 1922; MÓRIN (Gastan), La íoi et le contrat; SALLEILLES (Raymond),
De ln personnalité iuridique: Histoire et théorie, 1910; H .... URIOU (Maurice), Uinstitution et le
Droit stetntaire, 2"" ed., 1916; La tbéorie de l'ínstitution el de la [ondation, 1925; Précis de
Oroi; constiuaionnel, 2~ ed., 1928; BURDE .... u' (G.), Le pocooir politiqne et l'Et at; introdur-
tion a í'étudo dtl Droit constinaionnel, 1943. Hay que destacar especialmente la alta calidad
de HUSSON (Léon ), LeJ transjormations de la responsabilité, Etnde sur ln !lt'1Jsée [uridique, 1947.
STM,IMLER y DEL VECCI-tIO abrieron un nuevo camino a 1.1 Teoría Fundamental del Derecho,
aplicando el plinto de vista neocrltico, con lo cual afirmaron que It)S conceptos iurldicos básicos
son, además de formales, también a priori, STAMMLER li.LiÓ, según 1.1 onent.rción neckanriana, los
caracteres de lo formal y de lo a priori y consideró el concepto del Derecho y las nociones
jurídicas básicas como categorías, corno métodos ordenadores del conocimiento jurídico. De STAM-
MUR, véase: Recbt und JJ9iruchdfJ, 1897; Tbeorie der RNhtw'inenuha!l, 1911; Lcbrb ucb de,
Recbts pbilosopie, 1921 (hay trad. esp. publicada por Ed. Reus. Madrid, 1930, aunque defec-
tuosa). También DEL VECCHIO insiste en el carácter a priori del concepto lógico del Derecho
y en su nota de formal, pero sin ligar al modo neokantianc estos dos rasgos y sin concebirlo
como producto del método. De Giogio DEL VECCHIO, sobre ternas de la teoría fundamental
del Derecho, cfr., 1 presupposti ji/OJO/id della nozionc del Diritto, 1905 (hay trad. esp. de
Mariano C"'STAÑO, publicada por E. 'Reus, Madrid); l/ conceno del Diriuo, 2' ed., 1912 (hay
trad. esp. también de M. C.... STAÑO, publicada por la misma editorial que la anterior); Lezioni
de Pilosojia del Diriuo, 1925, 4' ed., 1937 (hay trad. esp. publicada con extensas adiciones
de Luis RECASÉNS SICHES, 3' cd., Uteha, México, 1946).
A partir de la difusión de los trabajos de STAMMLER y de DEL VECCHIO, se abre camino
al apriorismo formalista. Graf zu DOHNA, publicó Die Problemstellung der kriJiuhen Recbts-
pbilosoplsio, 1907, con estricto apego' a las directrices de ST.... MMLER. También sostienen la
aprioridad del concepto del Derecho y de los conceptos jurídicos fundamentales, bajo el influjo
del neokantismo de la escuela de Marburgo, aunque a. veces en controversia frente a STAMMLER:
SALOMON {Mcx) , Crund/eglln,~ zlIr RechJJphilosopie, 1919: BfNDER (Julius), en sus dos pri.
meras obras: Rechtlbegriff ltnd Rechtsidee, 1915, y Die WiJsetlJc!JajtJCharakter de, Rechtsivi-
sJe1tJChaft (después evolucionó hacia el neohegelianismo y, m,is tarde. degeneró hacia el nazis-
mo); y SAUER (W.), en su libro Grund/egrmg dn StrafrechlJ, 1921 (pero después su peno
sa.miento ha variado considerablemente hacia una va,ga y enciclopédica filosofí:1- de la cultura
y de la sociedad; su 'obra principal es SYJ!f:m der Rechu-rmd So:idlpIJ;/oJophie, 2'" ed .• 1949).
T:l.mbien sostienen I.:l apriorídad del concepto del Derecho y de los conceptos jurídicos funda-
mentaleo; los r<'presentantes de la escuela neokantiana de Baden: L....SK (Emil), RechlJphiloJ(l-
LA frTEORIA PURA" DE KELSEN 27

pbie, 1907, recogida en "Gesammelte Schriften", 1, 1923, RAoBRUCH (G.), GrUlldzut!ge d(,1'
Recbupbilosopbie, 1914; Einfiihrung in die Recbtswissenscbajt, 1921 (hay trad. esp. de Luis
RECAS6NS SICHES, lntroduscidn a la Ciencia del Derecbo, con prólogo de Fernando m: LOS
Ríos, publicada por Ed. de la Rev. de Dro. Priv., Madrid, 1930); Recbtspnitosopbie, 1932
(hay trad. esp. de José MEOINA ECHJ\vAR1lÍA, Bilosoiía del Derecho, publicada por Ed. de la
Re". de Dra. Priv., Madrid, 1935); RAoBRUCH (G.), A11g1o American [arisprudesco Ibrough
Cominenlal Byes, 1936; Vorscbulen der Recbtspbilosopbie, 1947; MüLLER·ElsERT (F.), Rectns-
wÍJsenchafl und Ku/turwiJJenuhtJjl, 1917.
Al curso de una inspiración neokantiana, pero dando de ella una nueva y original versión,
Hans KELSEN, el gran jurista austro judío (hoy ciudadano de los Estados Unidos de Norte-
américa), produce el ensayo de mayor calibre en nuestro tiempo de una teoría fundamental
bajo el nombre de "teoría puro del Derecho", como lógica jurídica, que quiere esclarecer la
esencia del Derecho positivo, obedeciendo rigcrosamente al lema de pureza metódica que se
basa en la distinción entre ser y deber ser. Las obras principales de KEl.SEN son: Hauptp,.o·
bleme der Staourecbtslebre e11lwickell aus dem Lehre oom Recbtssatz, 1911; Das Probíem der
SouveraniJael smd die Tbeorie del Voeíéerrecbts, 1920; Der soziologiscbe und dor [uristiscbr
StM/lbegriff, 1922; A/lgemeine Staasslebre, 1925 (hay trad. esp. de Luis LEGII.Z LlI.cA!"-lBRA,
Teoría general del Estado, Labor, Barcelona, 1934)~ Gmndriss einer allgememen Tbaorio des
Slaalu, 1926 (hay trad. esp. de Luis RECASÉNS SICIIES y justinc de AzCÁRATE, Compendio de
una Teoría general del Estado, con un Estudio preliminar sobre la teoría pura del Derecbo )'
del Estado de Luis RECASÉNS Srcnzs, 2~ ed., Editorial Bosch, Barcelona, 1934); Die reine
Rechlslehre, inédito, en alemán (hay trad. española del último texto de KELSEN, por Jorge G.
TEJERINII., publicada por Losada, Buenos Aires, 1941, con el titulo La teoría pura del Dcrecbo,
con prólogo de Carlos COSSIO); Law and Peace in lnternational Relations, 1942 (hay trad. esp.
de F. Acosre, con prólogo de Luis RECASÉNs SICHES, Derecho y Paz e11 las relaciones iuter-
nacionales, Fondo de Cultura Económica, México, 1943); El COIJlralO y el Tr:tl:ldo, analizados
desde el punto de vista de la teoria pura del Derecho, trad. de Eduardo GARCÍA l\'[AYNEZ, Im-
prenta Universitaria, México, 1943; General Tbeory of Lnw and Suue, 1945 (de este libro
hay trad. castellana por Eduardo GARCÍA MAYNEZ, Teoría General del Derecho J' del Estado,
México, 1950). Sobre Hans KELSEN cfr., REo.SÉNS SICHES (Luis), Direcciones cOlllemportílU'a.1
del pensamiento iaridico, cap. v, 1928; Estudio preliminar sobro la teoría pura del Derecho)
del Estado, como prólogo al "Compendio de una teorla general del Estado", Bosch, Barcelona
1934; COSSIO (Carlos), Prólogo al libro de KELSEN La Teoría pura del Derecho, Losada, Buc-
nos Aires, 1941; Hans Kelsm, el ¡urisla de la época contemporánea, 1941, reproducido como
apéndice al libro del propio COSSIO, La teoría egológica del Derecho, Losada, Buenos Aires.
194~; NIETO ARTETA (Luis Eduardo), Lz interpretación exacta de la teoría pura del Dererbo,
1912; EBENSTEIN (W.), La teoría pura del Derecho (trad. esp. de J. MALACÓN), 1947; KUNZ
(Josef L.), La teoría pura del Derecho (cuatro conferencias en la Escuela Nacional de ju-
risprudencia de México), 1948; KUNZ (Josef L.), lV'as ist die Reine Rccbtslebrei, en Oesterr.
Zeitsch. f. Offent. Recht, 1948; Hans Kelsen zum siebzigsten Geburstag, Ibídem, 1951; Z:11"
ProblemalikderRuhlsphi/osophieumdieMilledeszwanzigIlenJahrhunderl1.Ibid .• 1951-
Dentro del círculo de la escuela kelseniana de la "teoría pura del Derecho", by que
citar también a los siguientes profesores: MERKL (Adolf), Hall! Kelsms S)'slem einer reinen
Recbtslebre, 1927; Die Lebre van de, Rechtshrafl, 1923; Allgemeine Verwallltnlu/ehre, 1927;
VERDROSS (Alfredl. Die Einheil des rechtlicben lf/e/lbildes, 1923~ Die Verjalsung der Voct-
kerruhlsxemeinschafl, 1926; Le [ondement du Droit tntemational, 1927; KUNZ (Jasef) , des.
pués profesor de la Universidad de Toledo, Ohio, Estados Unidos, La pritlMII/t1 du droit des
gens, 192;;; Voe/herrechlswiuemchajl IJt1d reine Recbtslebre, 1923; The lnternotíonal Ú1w 01
tbe [uture, 1944; Compulsory lnternational Adjudicalion and Maimenance of Peace, 194~;~
La teoría pura del Derecho, prólogo de Luis RECASÉNS SICHES, México, 1948; 1/YI1S ist die
reine Rechulehre? (en Parum der Recbtspbilosopbie, ed. por Ernst Sauer. 1950); METAI.!.
(Rudolf Aladar), autor de varios estudios de teoría pura del Derecho, después rcfuciado en
el Brasil, donde ha publicado valiosos trabajos de Derecho social. WEYR (F.). profesor che.
coslovaco de la Universidad de Brno, ha elaborado una teoría del conocimiento jurídico en
estrecho paralelismo con la teoría pura del Derecho de Kelscn (en sus obras Sobre 1'/ prob/(>m.l
,0 OTRAS DOCTRINAS EN TEORIA GENERAL DEL DERECHO

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logice del Dirino, 1938; LA consuetudine come falto normativo, 1942; Tearia delta Scienza
Ginridica, 19~O; SJudi Suila Teoria Genera/e del Diritto, 195.4; PEREGO (L.), Filosofía del
Diriuo, 1946; G .....COM ....ZZI (G.), Probtemi [ondementeli del Diriuo, 1935; Pe, la (01101(enZa
del Diriuo, 1938; LÓPEZ DE OÑATE (f.), Compendio di [ilosojia de! Diriuo, 1942; LEa NI
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ria generole del Diriuo, 1950; CESAR.lNl SFORZA (W.), Guida alío Smdio della Filosojie del
Dirino, 3' cd., 1349; CJcu (Antonio), Orientamenti mi Problemi Generali del Diritto, 1951;
G,\SPARRI (Pietro ) , Gli lrueressi liman; e ;1 Diritto. Aneíisi del Pensiero Giuridico, 1951; La
Ver;/a nel Diritto, 1952.
Con un sentido sociológico y entroncado con investigaciones etnológicas: POST, Der Urs-
pmng des Recbtes, 1876; Bausteine [ser all gemeine Recbt sunssenscbojs, 1880; Die Grllndlagen
da Recbtes und die Grzmdziige seiner Ennoicéelungsgescbicbte, 1884; Gmndriss der etbnotogis-
cb:» [urispmdemz, 2 tomos, 1894-1895. También sobre bases biológicas y etnológicas: RICHARD,
L'origine de l'ídée de droit, 1892; VACCARO, Le basi sociologicbe del Dirino e dello SIn/o,
1893 (hay trad. esp. de J. GARRIG...., La España Moderna, Madrid); MhZURELLA, Elementí irre-
d""ibili dei sistemi giuridici, 1918-1920. En un sentido histórico: TOURTOULON, Principes pbilo-
sopbiques de I'bistoire dn Droít, 1908·1920; VINOGRADOFF (Paul), Omlines 01 Historical
[nris prudence, Londres, 1920; CARTER (J. C), Law: lts Origin, Grounb and Punction, Nueva
York, 1907.
Como reacción contra el método conceptualista y deductivo se produjo en Alemania la
llamada escuela de la "jurisprudencia de intereses", cuyos principales representantes y obras
son: RUMEUN (Max), Die Gerecbtigécit, 1920; Die Billigkci/ im Recbt, 1921; Recbtsgeíuehl
lwd Recbtsbewusstsein, 1925; 211r Lebre 11011 der [uristiscben Konstmtnton, Arch. f. R. und W.
Ph. 343; Erlebte rJ7andltmgen in IfYisunsrhafl lmd Lebre, 1930; HECK (Philipp), Das Pro-
blem der Rech/sgewinnllng, 1912; Gesetzeouslegnng und lnteresseniarispmdenz, 1914; BeRrilf·
sbildang und Imeressenjurispredenz, 1930; Rerbtsemeuerung und jurislisrhe A1e/hodenlehre,
1936; Recbtspbilosopbie und Lnteresseniurispmdenz, 1937; OERTMANN (Paul), Soziologiscbe
Rechufindung, 1914; l nteresse nnd Begr;/fe;n der Recbtswissenscbajt, 1931; STOLL (Heinrich},
Abbandlnngen neber die Recbtsstaatsidee /l11d die Prioatrecbtslebre, 1925; Begriff rmd KOnJ-
trl1klion in der Lebro der lntoresseniuríspmdonz, [sristiscbe Me/hode, 1931. En traducción al
inglés, se ha publicado una selección de trabajos de los representantes de esa escuela (RUMEo
L1N, HECK, S'rot.t., OERTM .... NN) y una crítica de Hermann Is....y, con el título Tbe [urispmden-
ce 01 lnterests, l-Iarvard University Press, 1948.
Desde el punto de vista de la base psicológica del Derecho: LIITRÉ, Origine de "idée
de [ustice (en "u science <tu point de vue philosophique", 1873); RÜMELlN, Ueber das Recbts-
gefiih¡ (en "Rede und Aufsaetze", 1815); KUHlENI3ECK, Zter Psycbologie des Rech/1geftihls
(en "Arch¡v für Rcchts- und \\firtschaftsphilosophie", 1907); PETRAZYCKY, Ueber die Molive
des Handels rmd ueber das Wesen da Moral and des Recbts, 1907 (trad. alem. del original
ruso por BAlSON); Metbodologie der Tboorien des Recbts tmd der Moral (en "Opera Acede-
mine Unlversalis jurisprudcntiac Comparativa e", Serie 2, 1933); RIEZLER, Das RechlJ/!,efü/,
1921; DOWDAL (K. C), Les sosrces psycbologiques du Droit (en el libro homenaje a Gény,
1934). Sobre el sentimiento jurídico. cfr. DEL VECCHtO, JI sentímento giuridico (hay trad. esp.
de E. GALÁN GUTIÉnREZ, en "Hechos y doctrinas", Madrid, 1942). .
El pensador y gran jurisconsulto búlgaro GANEFF (V.), ha contribuido al análisis de
la índole y formación de las nociones jurídicas, considerando que representan una especial sín-
tesis de la realidad social, y que, por los elementos ideales que les son propios, tienden a deter-
minar la evolución ulterior de esa realidad (sus obras, en búlgaro: Nociones jurídicaJ, 1904;
Relaciones. jurídicas e instituciones jurídicas, 1911; Curso-de Teoría ,~ent'ral del Derecho, 1921-
1926; Y en otros idiomas: Lo Stato come reoltn colleuiva, 1922; Sintesi uienli/i(a e sintesi
gillridicrt, 1926; Les notiolls jllridiqtleJ. 1930.
En Hungría ha destacado notablemente HORvATH (B.), Introducción a la ciencia del
D¿orecho (en húngaro), 1932, hoy profesor en la New Sehool for Social Research de Nueva
l'EORIA DEL DERECHO EN INGLES 31
York. Barna HOR'ÚTH ha sido uno de los principales contribuidores a la Sociología del De-
recho. Sus obras sobre esta disciplina son citadas en el lugar oportuno. Aquí se deben mencionar,
además, algunos de sus trabajos recientes, a saber: Social Va/ue and RealilY tt. Current Prencb
Thougbt, en "The Arner. jour. of Comparative Law", 1-3, 1952; Neuerc Rich¡¡mgell der Rubl!-
pbilosopbie in den Veraíigten Sraaten !md i11 Séandinavien, en "Oest. Zeitsch. f. OcH. Recht".
VI, 1, 1953; Benoeen Legal Reelism and ldeolism, en "Northwestern Univ. Law Rev.", 48·6, 1954:
El gran jurisconsulto y sociólogo norteamericano Roscoe POUND, ex decano de la Facultad
de Derecho de Harvard, ha llevado a cabo una eminente tarea Iilosófico-iurtdica, que compren.
de: el estudio de cómo la Filosofía del DerccA"o ha influido en el desarrollo histórico de las
instituciones jurídicas; la consideración de los factores sociales que concurren en la formación
r desenvolvimiento del Derecho; el examen de la índole de lo jurídico sobre 1;1 base socio-
lógica, pero llevando a cabo un estudio esencial; y la ponderación estimativa como crítica de
las normas positivas}' orientación para el legislador. Las obras principales de POUNO (Roscoe}:
The Scope and Purpose oj Soriologicaí [uris prudence (en "Harvard Law Review", XXIV y XXV,
1911·1912); An Introdnaion lo tbe Philosophy of Law, Yale University Press, New Haven,
1922, 7· ed., 1927; A Theory of Social lnteresn (en "Papers and Proceding of the American
Sociological Society", vol. 15, 1921); lnterpretations of Legal Hístory, University Press, Cam-
bridge, 1923; Law and Morals, The University of Nortb Carolina Press, 1924; The Ca/J for a
realistic Jurisprudente (en "Harvard Law Review", XLIV, 1931); How Far Are We Atteining
a New Measure o/ Valúes in Twentiéb-Century Tboaght? (en "West Virginia Law Quarterly",
vol. 42, 1936); Tbe Spiril of Tbe Common Law, Boston, 1921, 4· cd., 1931; Contemporary
Jurülir Tbeory, Claremont Colleges, California, 1940; Outlines of Lectures on [urispmdence,
Harvard University Press, Cambridge, 1943; SociaJ Control tbrougb Laso, Yale Universiry Prcss,
1943; A Survey oí Social Interests, Harvard Law Review Association, 1943; Leur mld tbe Strae.
[uris pmdence and Poluics, Harvard Law Review Asscciotlon, 1944; [mtice according lo Law.
Yale University Press, 1951. Tbe Politicol ond Socia! Factor in Legal l nterpretarion: An lntro-
.....-tíon, en "Michigan Law Review", marzo, 1947; The Útwyer: From AnJiquilY lo /liodern
Times, Kansas City, 1953; The Lawyer as a Socia! Engineer, en joumal of Public Law, Emory
Universiry, 1955; The Deoelopment o/ Constítutional Guarantees o/ Libersy, Oxford Univer-
sity Press, Londres, 1957; [urisprudmce, 1959. .
Una especial mención merece el profesor australiano (Universidad de Sidney) que ha
enseñado también en la Universidad de Harvard y en otras universidades norteamericanas, ju-'
líus STONE, cuya obra tiene un altísimo rango: The Prooince and Function of tbe Low, A
Sllldy in [urispmdence: Lato as Logic, [ustice and Social Control, 2· ed., Harvard Universiry
Press, 1950.
Muy preferente atención merecen asimismo las obras de jerome HALL, profesor de la
Universidad de Indiana: Readings in [urisprndence, 1938 (una antología de Filosofía del De-
recho); Living Law of Demosratic Society, Indianapolis, 1949; American Tendencies in Legal
Pbilosopby and tbe Dejinition o/ Law, en "Ccmparative Law Review of japan", v, 3, Smdies in
[urispmdencc and Criminal Theory, New York, 1958.
Para la Teoría Fundamental del Derecho tienen importancia las siguientes obras escritas
en inglés: GRAY (J. C.), The Nature and' Sources of Law, 1909; STONE (Hadan F.), 1.Aw and
lts Administmúon, 2 ed., 1924', ALLEN {Carleton Kemp), l..Aw in tbe Making, 1939; CAIRNS
(Huntington), The Theory o/ tbe Lega! Science, 1941; Pbilosopbv as [uris prudence ~en "In-
terpretations of Modero legal Philosophies", 1947); FULLlm (Len L.), Tbe 1.Aw In Q1Iesl
of llself, 1940; KOCOUREK (A.), AII ln/roduclion to lIJe Scicl}cC of Law, 1930; JONES (Wal-
ter), His/orica! lnlroduction lo Ihe Theory of Law, 1940; FRIEDMANN (\V.), LegaJ Theory,
2. ed., 1949; PATON (George Whitecross), A Texl-Book 01 Jurisprudel}ce, 1946; HOLDSWORTH
(Sir William S.), EJIays in Law a11d Hislory, 1946; GOODHART (Arthur L.), Essays il1 Jurü·
prudence and Ihe Common Law, 1930; An Apology for Jurisl1rudence (en "Jnterpretations of
Modero Legal Philosophies", 1947): The lmporlallce o/ a Def;,úlion 01 Law, en Jour, African
admin., 19~1; SILVING (Helen), Law and F,lcJ in IIJc Lighl 01 Ihe Pure Theory of Law (en
"Interpretations of Modero Legal Philosophies", 19·17); l.EBuI'FE, S. J. (Francis P.), and HA·
YES (James V.), Thc Amt'rican PIJiJosopby of Latl), 1947; CoHEN (Morris R.), Reason and
Nature, 1931; Law and Ihe Socia! Order, 1933; Reason nnd l..Aw, 1950; PAITERSON (E.),
32 TEORIA DEL DERECHO EN INGLES Y OTRAS LENGUAS

An lmroduction lo [nrisprudence, 1949; RAoIN (Max), Laso as Logic and Esperience, 1940; Co-
HEN (F. S.), Ethiral Svstems and Legal ldeals, 1933; KEETON (George Williams), The Elemen-
¡ary Principies of [nris pmdence, 1929; SAYRE (P.), An lntroduction Jo a Pbilosopby oj Law, Iowa
Law Rev., 1951; AIWNSON (Moses J.), Cardozo' s Doctrine o] Sociologicol [erisprudence, jour-
na! oí, SoC. Phil., 1938; Roscoe Pund and tbe Resurgence of /urisJic ldealism, ibíd., 1940;
Tondencies in American [urisprudence, Un. of Toronto, Law journal, 1941; MORGAN (EJmund
M.) and DWYER. [Francis X.), Introduction lo tbe SJudy of the Lnw, Chicago, 1948; GAVIT
{Berncrd C.), FUCHS (Ralph F.), and PAULSEN {Monrad G.), CaJeI and AfaJeria/s 011 an
tntrodncsion so Laur and the judicial Process, 2' ed., Chicago, 1.952; GAVIT {Bernard C.),
lntrodscsion to the Sludy of tbe Law, Brooklyn, 1951; PATTERSON (Edwin W_), [arispmden-
re: MelJ and Ideas of tbe 1Aw, Brooklyn, 1953_
Además de la citada antología de jeromc HALL. en la que se contienen materiales muy
interesantes, debe mencionarse también otra antología, la de CeHEN (Morris R.) and eOHEN
(Félix S.), Rcodings in Jurisprudente llnd Legal Pbilosopbv, 1951.
Hay que recordar aquí la llamada escuela realista norteamericana, cuyos exponentes prin-
cipalcs vson: LLEWELLYN (K. -N.), ~The Bramble Bnsb, 1930; Law and sbe Social Sciences,
"Harvard Law Rcv.", 1949; FRANK (Jerome), Law and the Modern Mind, 1931; Coerts on
Triai, Princeton U. P., 1949; ARNOLD (Thurman W.), The Symbols of Gooernment, 5' ed.,
1948; ROBINSON (E. S.), LAw and tbe Lawycrs, 1935; RODELL (Frcd}, Woe unto You, LAw·
yers, 1939; GARJ.AN (E_), Legal Realism and [ustice, 1941; SEAGLE (W.), The Quest [or
LaIJ.~ 1941; Law: The Science of Inefficiellcy, Ncw York, 1952 .
.. -Erl la teoría jurídica con referencias sociológicas hay que registrar, asimismo: HOLMES
(üliv'er Wendell), Tbe Patb of the Law, 1897; ÚlW in Science and 'Science in Law (ambos
trabajos en "Holrues Collectcd Papera"}: CARDOZO (B. N.), The Neture o] tbe judiátd Pro-
cess, 1921; Tbe Growih of the Law, '1924; Paradoxes of Legal Science, 1928; BODENHIHMER
(Edgar}, [nrisprudence, 1940 (hay trad. esp. de Vicente HERRERO, bajo el titulo de Teoría
del Derecho, con prólogo de Luis RECASÉNS SICHES, publicada por Fondo de Cultura Econó-
mica, México, 1942); CAIRNS (H.), Tbe Law and tbe Social Sciences, 1935; VALE, Some Le-
gal [oundations of Society, 1941; FRANKFURTER, Law and Poíitics, 1939; ALLEN (C. K.),
Law in tbe Making, 30 ed., .Oxford, 1939; GOODHART (A.), EISays in [urispmdence, 1930;
EHRLICH (E.), Soziologie und [urisprudenz, i903; Die [aristiscbe Logié, 1918; WURZEL, Das
;llriIlisc/Je Deseen, 1904; KORNFELD, AIIgemeine Recbtslebre und [urisprudenz, 1920; BURCK-
HARDT (Walter), Die Orgenisation der Rechlsgemeinsch4t, 19'27; Methode und System des
Recbtcs, 1936; SCHlNDJ.ER, Verjossungsrecbt und soziale Struktur, 1932; LEROY (M.), La loi,
1908; DAVY (G.), Le Droit, l'idealisme et l'experience, 1922; ROLIN, Prolégomenes a la scien-
ce da Droit, 1911; Du PASQUIER (Claude}, lntrodsaion a la tbéorie géné'rale du Droit el a la
pbilosopbic dti Drois, Ncuchatcl, 1937 (hay trad. esp. de Julio AYASTA, con anotaciones suyas,
y de Juan LAVALLE, Lima, 1944); CoSENTINI (P.), Pilosoiia del Derecho. Prolegómenos a la
Ciencia Comparada del Derecho, Editorial Cultura, México, 1931>.
En Suecia, los cultivadores más importantes· de la Teoría jurídica son: HAGERSTROM
(Axel), quien sostenía que las únicas realidades en los derechos subjetivos y deberes jurídicos
consisten en ciertas representaciones psíquicas y ciertas referencias a determinados hechos (cfr.
SocialJilosofiska Up ps.user, 1939); LUNDSTF.DT (V.), quien niega valor científico a la juris-
prudeñctn- y, en algunos aspectos, desenvuelve un pensamiento parecido al de la escuela realista
ndrteamericann, y cuyas obras principales (en inglés y en alemán) son: Superstition or rationalily
in.t1ction for peace? A criticism of [uris prudenco, 1925; Die Ul1wiII(,11Ichllft/ichkeit der Recbts-
-u-issenscbajt, 1932-1936; OUVECRONA (K.), quien investiga la. realidad empírica o fáctica del
ordenamiento jurídico (:n sus obras Lt"i, a.r (1 ract, 1939; GeJelZ und Slaal, 1940; ReaJism and
Tdolism: Some RcfleetiolJI nn lhe Cardinal IJQint in Legal PhiloIOphy, en "New York Univer·
sitr L:tw Review", mayo, 1951. En Dinamarca hay que mencionar especialmente a Ross (Alf),
ToU'<rrtls ti Rutli!tic /uriI/Jmdenc<?, 1946.
Max LA~gRSON, profesor en Riga, despu~ en Tel Aviv y finalmente en Nueva York,
('~crjbió: Teoría General del Derecho, en ruso, 1930; Rech/, RechJIJeitigkeit u"d Geradhci/,
\911; Rcvolution und Recht, 1929.
Merecen mención los siguientes finbndeses: HERM~SON (Robert), Om ;urisdisk kons-
BIBLlOGRAFIA DE ESTIMATIVA JURlDICA EN ESPAÑOL 33
'Jruklion i statsratten (Sobre la construcción jurídica en el Derecho público). 1879; Til/ fragan
om begrePPcl rallig!Jel (Para el concepto del derecho subjetivo), 18S1 y 1887; ALANEN (Aa-
tos), Yíeínen oikeusJicdc (Teoría general del Derecho), 1948; CARLSON (Brcr Clas). autor de
varios estudios en lengua sueca, publicados en "Tidsknft, utgiven av Jurisdiska Foreningen i
Finlnnd: K.. . ILA (Elpio), OikeusJogiik.ka (Lógica jurídica}, 1924; LEHTINEN (J. N.), Mi/a
oiéeus 011? (¿Qué es el Derecho?); UHTINEN (Osvi), [aristiscbe Grunddprobleme, Eine k,i·
tíscbe Vorsradie, 19;;1; BRUSUN {Otto}, Uber die ObjetivilaJ der Rccbtsprecbung, 1949; xt».
nere Ssudien iiber die Gerecbtiglseit, Recbtspbilosopbie und Praxis, [urisprudenz und Praxis, das
[urissiscbe Den/un, 1944; Ueber das [urutíscbe Den/un, 1951. Véase: ELÍAS DE TEJADA (Fran-
cisco), La Fi/osofía doí Derecho en Finlandia, Madrid, 1951.·
Entre la reciente literatura en lengua alemana sobre Teoría jurídica, merecen eSi'-~'¡<'1
mención: CoING (Helmut}, Die Obersten Grundsiaze des Recbtes: Bin Versuc-h zur Neubegriin.
dung del Narurrecbtes, 1947; Grsmdziige der Rocbtspbilosopbie, 1950; Lehrbucb der RechJs.
pbilosopbie, 1951~ Leitínden der Rcchtsphilosophie¡ WEGNER (A.), Einf¡;hrung in die Rerbts-
wissensrbait, 1948; HIPPEL (Ernst van), Einfiihrung in die Recbtstbeorie (Ein Dialog), 3'
ed. 1950; TOMBERG (V.), Degenera/ion und Regeneration der Recbtswissenscbajt, 19:16; EN-
GISCH (Karl), V011l lVeltbild des [uristen, 1950; MULLER ERZBACH (Rudolf), Die Recbts-
wissenJ(ha// im Umbas, 1950; KLUG (Ulrich), juristis.che Logils, 1951; DARMSTAEDTER (Frie-
drich), Die Recbtsnorm, 1953; BECKER (Walter G.), Die RealiJiiJ des Recbtes, eJ1 Arch. f.
Recbts- un Sozialpbilosopbie, 1952; SCHOENFELD (Walter), Grundlegung der Recbtswissem-
cbajt, 1951; TAMMELO, Untcrsuchungcn znm 117esen der Recbtsnorm, 1947.
12 Entre los 'españoles, desde la segunda mitad del siglo XIX, se han ocupado del tema
valorativo o ideal del Derecho: "los krausistas GINER DE LOS Ríos (Francisco), de fecundo
magisterio, autor de Principios de Derecho Natural, 1873 (en colaboración con A. CALDERÓN);
Estudios jurídicos y políticos, 1875; Resumen de Filosofía del Derecbr, 1898; POSADA (Adol-
fo -G.), Relaciones entre el Derecho natural y el positivo, 1881; Teoría social y jurídica del
Estado, 1922~ Ideas e ideales, 1903~ Ríos (Fernando de los), La Filosofía del Derecho' en don
Francisco Giner y sus relaciones con el pensamiento contemporáneo, 1916; Prólogo a la trad
esp. de la Introducción a la Ciencia del Derecho, de Radbruch, 1930; FERNÁNDEZ ELíAS (Cle-
mente), Novísimo Tratado de Filosofia del Derecho, 1874; MARANGES (M.), Estudios jurídicos,
1878; ALAS (Leopoldo), Relaciones de la Moral con el Derecho,' AzcÁRATE {Gum-rsindo},
Estudios filosóficos y políticos, 1877; COSTA (Joaquín), La vida del Derecho, 1876; Teoría
del hecho jurídico individual y social, 1881; el historicista DURÁN y BAS (Manuel); Estudios
;urídicos, 1888; el espiritualista ecléctico FERRAZ TURMa (José), Tratado de Derecho natural,
1888; el iusnaturalista y a la vez evolucionista ALONSO y EGUILAZ, El Derecho naural, 1870;
el civilista ALONSO MARTíNf:Z (Manuel), Estudio de Filosofía del Derecho, 1874; PISA PA·
JARf:S (Francisco de la), iusnaturalista, Prolegómenos del Derecho, 1883; BONILLA Y SAN
MARTÍN (Adolfo), Metdjíiica jurídica, 1897; PÉREZ BUENO (Fernando), Rosmini, 1923; los
neoescolásticos MENDIZÁBAL MARTÍN (Luis), Tratado de Derecho Natural, 2' ed., 1929;
SANCHO ]ZQUIERDO (Miguel). Introducción al estudio del Derecho Na/ural, 1921; Principios
de Derocbo Natural como introducción al estadio del Derecho, 5' ed., 1946; "F~'tq¿ofía del
Derecho, 1944; LuÑo (Enrique),' La Justicia Social, 1933; MENDIZÁBAL VILLALBA (Alfredo),
Tratado de Derecho Natural, 1929 (en colaboración con su padre, Luis MENDlZÁBAL MAR-
TÍN); con importantes contribuciones originales: LEGAZ LACAMBRA (Luis), En torno al {;;cn.u
problema del Derecho Natural, 1932; El Estado de Derecho en la aCJualidd, 193 ; Horizontes
del pensamiento jurídico (Estudios de Filosofía del Derecho), 1947; El Estado de Derecho,
Coimbra, 1951; Hum.mismo y Derocbo, Foro Gallego, 1952; Derecho y Li/;ertad, Buenos Ai."
res, 1952; LA Obligatoriedad jurídica, Madrid, 1953; Diritto, Normativismo e NormaJivitá
Giuridica, Milano, 1953; Filosofía del Derecho, Barcelona, 1953; orientándose hac.a una direc-
ción existenclalistc, MEOINA ECHAvARRÍA (José), La situación presente de la Filo~ofía Jurídica,
1935, y Ontología jurídica, fundada en la Eilosojía de Heideger (inédito); con entronque "esco-
lástico, pero orientándose en parte hacia la tradición de VIVES y en parte hacia manifestaciones
contemporáneas, COllTS GRAlJ (José), Filosojia del Derecho, 1941~ con alguna afinidad neo-:
escolástica, pero en forma original, SEMPRÚN GURREA (José M.), Sentido Juncio'nal del derecho
de propiedad, como N/JO concreta :déJ DUe coresponde a todo derecho, 1933; GALÁN y Guní;RREz
34 BIBLIOGRAFIA DE ESTIMATIVA JURiDICA EN ESPAÑOL Y PORTUGUES

(E.), El Pensamiento Filosófico-Jurídico del profesor Giorgio del Vercbio, Madrid, 1936; Sen
Agustín y el Derecho Natural, en "Edassia", Madrid, 1942; Le-uiatbnn y el Estedo Moderno. Ma-
drid, 1943; Concepto y Miúón de la Pilosoii, Jurídica, Madrid, 1944; La Filosofía Política de
Santo Tomás de Aquino, Madrid, 1945; Del Oficio de /a Filosojía Jurídica en Nuestra Ctrcans-
tancia Histórico-Espiritual, en "Rev. Gral. de Leg, y Jur", Madrid, 1945; La Idea del Derecho
Natural J SlI incesante Retorno, en "Rev. Crlr. de Dro. Inmob.", Madrid, 1945; Programa de
Filosofía del Deretbo, Valladolid, 1945; Estado, Naturaleza y CuJtura} Madrid, 1946; Intro-
ducción al Estudio de la Filosoiía Jurídica, Madrid, 1947; Teoría del Derecho y del Estado,
Curso de 1950 a 1951, Valladolid, 1951; (GALÁN Y GUTIÉRREZ se muestra influido por la
filosofía orteguiana de la razón vital, por algunas ideas mías y por la tradición cristiana);
fundamentalmente neoescoléstico, con ciertos toques existencialistas, RUfZ GIMÉNEZ (Joaquín),
La concepción institucional del Derecho, 1944; Derecho y vida humana, 1944; Introducción
elemental a la filosofía jurídica cristiana, 194~; con ingredientes más agustinianos que tomistas
combina ideas contemporáneas, principalmente de la filosofía alemana, TRUYOL y SERRA (An-
tonio), El Derecho y El Estado en San Agustín, 1944: Fundamentos del Derecho Natural,
Barcelona, 1949; según su autodenominación, existencialista cristiano y dinámico, ELÍAS DE
TE]ADA (Frandsco), Introducción al estudio de la ontología [uridica, 1942; La causa dife-
renciadora de las comunidades políticas (Tradición, Nación, Imperio), 1943: La Filosofía
jurídica de la España actual, 1949: Díriuo Naturale Vigente, Roma, 19~1: Si es Posible nna
Filosofía jurídica Existencialista Acristiana, Salamanca, 19~0; LISSARRAGUE y NOVOA (Sal-
vador), originariamente influido de modo decisivo por Ortega y Gasset y por algunas de mis
ideas, pero después también por la tradición tomista y' por otros elementos; Introducción a los
temas centrales de la Filosofía del Derecho, 1949; CASTÁN TOBEÑAS (José), En torno al
Derecho Natural (Esquema histórico y crítico), 1940: La idea de jUJlicia en la tradición filo-
sólica del mundo occidental y en el pensamiento español, 1946: La idea de equidad y su
relación con otras ideas morales y jurídicas afines, Madrid, 19~0; TODOLl (jesús), El bien co-
mún, Madrid, 1951; LOl5 ESTÉVEZ (José), Ensayo de valoración. [ilosájica del Derecho segán
una metodología esencialista, 1945.
En Portugal, entre otros: MERE"" (Paulo), Suarez iuriste. O problema do poder civil,
1917; Escolástica e jnsnaturalismo, 1943; CADRAL DE MONCADA (L.), ilustre filósofo y juris-
consulto, que ha publicado muy estimables trabajos filosófico-jurídicos, entre ellos: Elementos
para urna Historia da Filosofía do Direito en Portugal, 1938; Direito Positivo e Ciencia do
Direito, 1944; Filosoiia do Direito e do Estado, 1947; O problema do. Direito Natural no
pensemento contemporaneo, 1949; O Direito Internacional Público e a Filosofia do Direito,
Coimbra, 19~~: RODRrGUES QUEIRO (A.), Os [ins do Estado, 1938; Ciencia do Díreito e Filo-
sotie do Díreito, 1942; BRITO LHAMAS (A. de), O problema de JllStica, 1939; BRANDAO
(A. ].), O Direito. Bnsaio de Onlologia jurídica, 1942.
En la República Argentina: DELLEPIANE (Antonio), Estudios de Filosofia jurídica, 1907;
MARTÍNEZ PAZ (Enrique), Sistema de Filosojta del Derecho, 2'" ed., 193~; SÁENZ (Mario),
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diana. 1958.
Sobre el renacimiento actual de la Estimativa Jurídica, véase: RECASÉNS Srcaas (Luis),
Los temas de la Filosofía del Derecho en perspectiva histórica y visi6n de futuro, Bosch,
Barcelona, 1934; Direcciones contemporáneas del Pensamiento jurídico, Barcelona, 1929; Reo-
[irmnción de la Estimativa Moral y jurídica, en "Dianoia: Anuario de Filosofía", Centro de
Estudios Filosóficos, U. N. A. M., Fondo de Cultura, México, 1958.
En. la última parte de este libro, al ocuparme de la Estimativa Jurídica, ofrezco un
sumario panorama histórico del pensamiento sobre el tema del deber ser ideal en el Derecho.
Aquí, en la presente nota, relativa a los temas de fa Filosofía del Derecho, entre los cuales
figura en preeminente lugar la indagación estimativa, me limito a unas breves referencias
sobre la situación de este estudio en el pensamiento jurídico contemporáneo. Tras el ocaso
filosófico producido por el positivismo desde mediados del siglo XIX hasta 1890, aproxima:
damente, se produce la plena restauración de la Filosofía del Derecho y, dentro de ella, el
renacimiento pujante de los estudios estimativos. Esta restauración siguió diversas vías. Pero
la más importante y decisiva, entre todas ellas, fué la meditación de STAMMI.ER, quien planteó
de nuevo el problema del Derecho racional haciéndolo compatible con las variedades ~ist6­
ricas, sobre la base de una filosofía neocrltice, que quiere entroncar con SóaATEs y sigue los
38 INICIOS EN LA RESTAURAc;;ION DE LA ESTIMATIVA ]URIDICA

caminos ncokantianos. De STAMMLER (Rudolf): Ueber die Methode der /gescbichtlichen Recb-
tsscbule, 1888 (hay trad. esp. de A. POSADA, Sobre el método de la Escuela hislórira del
Derecbo, publicada en "Documentos para el estudio de la Escuela histórica", Editorial Vic-
toriano Suérez, Madrid); Die Lehre von dem ricbsigen Recbt, 1902; Theorie der Recbsswissens-
ehltfl, 1911; Lehrbuch der Recbts pbilosophie, 1921 (hay trad. esp., aunque defectuosa, publi-
cada por Editorial Reus, Madrid, 1930, bajo el título de Tratado de Pilosojia del Derecho);
Recbtspbilosopbiscben Abhand/ungen und Vor/faege, 2 tomos, 1925; Der Ricbter, 1924 (hay
trad. esp. de Emilio FERNÁNDEZ CAMUS, El Juez, La Habana, 1942). En Italia, Iginio
PaTRoNE (La fase resentissima della Pilosojia del Diritto in Germanía, 1895, y La Filoso[ia
del Diritto al/a lume del idealismo critico, 1896), primero, y después, sobre todo, yen plenitud
Giorgio DEL VECCHIO -c-éste, con profunda originalidad y con una orientación en cierto
modo neofichteana-, contribuyeron decisivamente al renacimiento de la Estimativa Jurídica.
Del gran maestro DEL VECCHIO (Giorgio), las obras más importantes relacionadas con este
teme, son: 1/ sentimento giuridico, 1902 (hay trad. esp. de Eustaquio GALÁN GUTIÉRR~Z,
Editorial Reus. Madrid, 2· ed., 1942); Il concetro della natura e il prinápio del Diriuo, 1908
(hay trad. esp. de. Mariano CAsTAÑO, Editorial Reus, Madrid, 1916); Lezioni de Pilosojia
del Diritto, 1925 (trad. al esp. y publicadas con "Extensas Adiciones", por Luis RECASÉNS
SICHES, 3' ed., Uteha, México, 1945); La Giiatizia, 1922 (trad. al esp. de L. RODRíGUEZ
CAMUÑAS, Góngora, Madrid, 1925). Sobre la Estimativa Jurídica de STAMMLER y de DEL
VECCHIO, cfr. RECASÉNS SICHES (Luis), Direcciones contemporáneas del Pensamiento Ju-
rídico, caps. 2 y 4, Barcelona, 1929. Hay una cuarta edición de La Giustizia (1951) de DEL
VECCHIO, notablemente aumentada.
También contribuyó muy eficazmente al renacimiento de la cuesti6n estimativa, el In-
fJujo de la llamada escuela de la libre jurisprudencia: GNAEUS FLAVIUS (seud6nimo de
HERMANN KANTOROWICZ), Der Kampf um die RechJJwissenschff{l, 1906; Recht und Wahrheit
in Imuren heul~en [ustiz, 1908: EHRLICH (Eugen), Frie Recbtsiindung u'!d ireie Recbts-
wiJIenuhajl, 1963; OERTMANN (Paul), Gesetzenoang und Ricbterjreibeit, 1908; LEYRET, Les
;ugemenls du président Magnaud, 2 tomos, 1900-1903.
Por la vía de otra escuela neokantiana distinta de la de Marburgo (de COHEN y NA-
TORP), que había servido de inspiración a STAMMLER, por la vía de la escuela de Baden (de
WINDELBAND y RICKERT), plantea EMIL LASK, con pulcro rigor, el problema estimativo sobre
la base de superar lo mismo el historicismo que el viejo Derecho natural (Recbtsphilosopbie,
1907, recogida en "GesarnmeJte Schriften", 1923). Dentro de la línea general de esta emisma
escuela idealista de los valores, de la escuela de WINDELBAND y RICKERT: RADBRUCH (Gustav),
Grllndzuege der Rcchthsphi/osophie, 1914; Tntrodllcrión a la Ciencia del Derecho, trad. esp. de
Luis RECASÉNS SICHES prólogo de Fernando DE LOS Ríos, Madrid, 1930: Piíosoiía del Dere-
cho, trad. esp. de José MEDINA ECHAVARRfA, Madrid, 1933; Recbsspbilosopbie, 4· ed., 1950.
Aunque llADBRUCH es relativista. su relativismo es meramente gnoseol6gico, pues considera
que hay una idea de justicia, bien que el hombre no pueda conocerla científicamente, sino
tan 's610 en méritos de una actitud espiritual primaria. Sobre LASK y RADBRUCH, véase RECA-
SÉNS SICHES (Luis), Direcciones contemporáneas del Pensamiento Jurídico, caps. 6 y 7, Bar-
celona, 1929. En la misma escuela de RADBRUCH, MAYER (Max Emst) , RechlIphilosophie,
1922, oriéntese valorativemente hacia la idea de humanidad.
En Francia. cultivó el Derecho Natural con inspiración en Rosmini: BOISTEL (Alphonse),
COUf'S élémentaire de Droit Nalurel, ou de Pbilosopbie du Droit, suioant les Príncipes: de Ros-
mini, 1870; COMS de Philosophie du Droit profeué ti la Farulté de Droit de Paris, 1899. En
Francia hay que mencionar también a fines del siglo XIX a BEUDANT (Charles), Le Droit
lndividueJ 'el l'Etat: lntroduction a PEtude du Droit, 1891; y a MrCHEL (Henry), L'ldée
de l'ElaJ: Bssai Critique sur l'Histoire des Tbéories Sociales el Polisiques m France depuis Id
Révo/ulion, 1896.
MAsARYK (T. G.), el gran estadista checoslovaco, destacado sociólogo y pensador, se
ocup6 también de problemas de Estimativa Jurídica, reaccionando contra la exageración de la
importancia de la tradición histérica y afirmando un criterio iusnaturalista (cfr. El Derecho
naJllral 1 ellDerecho histórico, 1900).
La tradición neoescolástica mantuvo ininterrumpidamente una teoría de Derecho Natural,
llIBLIOGRAFIA DE DERECHO NATURAL NEOESCOLASTICO 39
inspirada a veces en Santo Tomás de Aquino y otras veces con mayor madurez en los
pensadores españoles de los siglos XVI y XVH; pero la depresión filosófica producida por el
positivismo habla dejado arrinconada esa corriente, la cual, por otra parte, durante ;{qJella
época habla quedado bastante pobre y enteca. Pero después fue renaciendo y ha cobrado es-
pléndido y fecundo auge con nuevas aportaciones. En esta corriente neoescoléstica hay que
citar los siguientes pensadores: BAUTAIN (L.), Pbilosophie des lois au point de %Jue chrétien,
1860; LILLA (V.), Filosofia del Diritto, 1880; COSTA-RosSETTr (Giulio), Pbilosopbia Mo-
rolis, 1886; ROTHE, Trai¡J de DroiJ natarel tbéoriqee el appJiqué, 1895-1912; V ARI!lLLES·
SO~IMIERS, Les principes [oundamentoux du Droit, 1889; MEYER S. l. (T.), lnstimtiones iuris
naturalis somndum principa D. Tbomae Aquinatis, 1885', HERTLlNG (G. V.), Naturrecht uttd
Sqzi~lpolítil.:, 1893; Recbt, Staa/ und Gesellscbais, 1906; CATHERIN S. 1. (Yiktor}, en su
Moraipbllosophie, 1900, últ. ed., 1924, cuyos capítulos consagrados al Derecho han sido tradu-
cidos al español por ]ARDÓN y publicados bajo el título Derecho natural y Derecho positivo¡
2~ ed., Editorial Reus, Madrid, 1929; Elhik und Naturrecbt, 1901; HOfLSCHER (Emil Erich),
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Droit naturel, 1910, 2~ ed., 1927; PLATON, Pour le Droit Naturel, 1911; GÉNY (Prencols},
una de las más ilustres figuras en la ciencia jurídica contemporánea, desenvuelve una Filo-
sofía del Derecho original, en la que se vuelve a la teoría del Derecho natural en una
interpretación similar a la de la escolástica (sus obras principales: Mélhode d'intcrpresasion
et sonrces en Droit privé positij, 1899, 2' ed., 1919; y Science el luhnique en Droit privé
poúti!, 1913); HAURIOU (M.), La Tbéorie de l'Inssitution el de la Pondaion, 1925: RENARD
(Georges), una de las mentes más destacadas en el pensamiento jurídico de Francia, inspi-
rándose en la doctrina escolástica. ha sabido afinarla e injertarle nueva savia, e insiste en un
íusnaturalismo como orientación para el legislador y no como repertorio detallado de reglas
perennes (sus principales obras: Le Droit, la [ustire, la Volonté, 1924; Le Droit, Id Logique
el le 8011 Sens, 1925; Le Droit, l'Ordre el la Raison, 1927; La -valeur de /a loi, 1928)¡
DELos, La Tbéorie de í'l nstitsaion, 1930; LE fUR (Louis}, Les gra11ds problemes du Droit,
1937, colección de importantes y valiosos estudios; DEPLOIGE (S.), Le con/lit de /a morale el
de la Sociologie, VALENSIN (A.), Traité du Droit Naturel, 1922; DABIN (Jean) , La phi/o-
sopbie de l'ordre juridique positil, 1929; Tbéorie généraJe du Droit, 1944; Le droil IIlbjecti!,
1952; LECLERCQ (Jacques), Lecom de Droit Naturel, ~ vols., 2~ ed., 1933-1937, desenvuelve
con mucha extensión 'y minuciosidad un tratado de Derecho Natural enciclopédico con exa-
men de todas las cuestiones jurídicas, incluso de las más detalladas y puramente circunstan-
ciales; y sobre todo MARITAIN (Jacques), Les droits' de I'homme el la loi «auretle, 1945;
Principes dune politique bumaniste, 1944; La personne humaine el" le bien commun, 1947. Véase
también: SER'fILLANGES (R. P.), La pbilosopbie des lois, 1946. En Italia, entre otros que
cultivan la orientación neoescoléstica, además del ya citado BIAVASCHI, citaremos a OLGIATI
(M.), LA questione sociale, 1901; Le probleme 4u Droit naturel el les conquetes de la pensée
moderno (Arch. de Phil. du Droit, 3-4, 1933); BARBERO (Domenico), Diritto e Sta/o, Milán,
. 1947; Studi di Teoría Genera/e del Diritto, Milán, 1953; Rivalufazione del Diriuo Natura/e,
en "jus", 1952; GUJIll (Paclo}, La legge lngiusta, Roma, 1948; P.ALUERI (Giorgio Bnlladore},
Diriuo Nat urale Vigente, en "jus", 1952; tENER (Salvatore}, lA Certezza del Dirino, il
Dirino Naturalo e il Magisterio della China, en "Stud¡ in Onore di F. Carnelutti", Padua,
1950; NAVA (Nino), Morte e Rinescisa del Diritto Natura/e, Módena, 1953.
En los países de lengua inglesa, en esa misma dirección neoescoléstica, han destacado:
RrCKABY, Moral Pbilosopby or Etblrs nnd Natural Law: LEBuFFE, S. J. (Francis P.), and HA-
VES (James V.), Tbe American Pbilosopbv 01 Lato, 1947; MAcDoNNELL, S. J. (J.), An Ap-
proacb lo Social [ustice, 1927; WILLIAMS {Melvin ].), Catbolic Social Thought: lis Approach
lo Contemporary Problems, 1950; HAINES (Ch. Graves), The revivel 01 natural 1Aw concetns,
aunque éste no siga estrictamente esa dirección; D'ENTREVES (A. P.), Na/ura/ Law, 1951; The
Case [or NaturaJ Law Re-Bxamined, en "Natural Law Forero", vol. 1, n 9 1, Notre Dame Law
School, 1958.
OTRAS OBRAS FRANCESAS E ITALIANAS EN ESTIMATIVA

En cuanto a los cultivadores del neoescolasticismo en los países de lengua castellana y


portuguesa, los he mencionado ya antes en esta misma nota al ocuparme de la contribución de
los españoles, portugueses e iberoamericanos a la Estimativa Jurídica contemporánea.
Aunque en una línea sedicente positivista, pero en realidad superando al positivismo e
intentando una valojacién transempírica (con su idea de la interdependencia social}; DUGUJT
(Léon), VElal, le Droit objuJiI el la loi positivo, 1901; Le Droit sosiol, le Droit il1ditlidut'/
el la transforma/ion de t' Elal, 1922.
En Francia, además de ·Ios ya citados, DUGUIT, HAURIOU. GÉNY y de los ncoescolásticos:
BoNNEUSE, lmrodnaion a l'élude du Droit, 3' ed., 1939; Humanisme, classicisme, romantis-
me dans la oie du Droit, 1920; Science da Droit el Romantisme, 1929; MORIN (G.), La re-
naisJance du Droit Nalarel, 1927; HUDERT (René), Science du Droit, Socioíogie ;uridique
et Pbilosopbie dll Droit (Archives de Pbilcsophie du Droir, 1931); GURVITCH (Georges},
uno de los más destacados pensadores jurídicos y sociales de nuestra época, L'idée du Dr01l JO-
cial, 1932, La déclaration des DroitJ SOcii1JIX, 1944; DEMOGUE (R.), Notious [ondamonmlcs
du Droit privé, 1911; Cucus (P.), Conierences de Pbilosopbie du Droit, 1928; MASPETIOL,
L'E/at deoant la Personnel et la Société, 1948; ,GoRPHE, LeJ Decisions de [ustice, 1952; PE-
RROT, L'influenc(J de la Terimique ser le BUI des Inssitutions [eridiques, 1953; BURDE.....U, Trai-
té de Science Politiqae (6 vols.) , 1949-1956; COSTE-FLORET, LeJ Probíémes Fondamentaux da
Droít, 1948; BRETHE DE LA GRESSAYE & UBORDE-L\COSTE, lmroduaion ti i'Emde dll Droit,
1947; JULLIOT'DE LA MOR,ANDfERE & otros, Introduaion a l'Emde du Droit, 2 vols., 1951
y 1953; REGLADE {Marc} -discípulo de DUGUIT-, Va/eur Sociale el Concepts [uridiques:
Norme el Tecbniqne: Elude de Pbilosopbie du Droit et de Tbéorie Générale du Droit, 1950;
ROUBlER (Paul)l Tbéorie Générale dll Droir: Histoire des Doctrines ¡aridiqueJ el Pbitosopbic
des Valears Sociales, 1946; HUSSON (Léon), Les Transiormations de la Responsebiiité: Elude
rur la Pensk-Iuridique, '1947; ímrodsaion, "Archives de Philosphie du Droit et Sociologie
Iuridique", 19H-1954. 1,

En Italia, además de PE'{RONE y de DEL VECCHIO y de los neoescolástlcos, han cultivado


as meditaciones de Estimativa. Jurídica: RAVA (Alcssandro), 1/ compito deJJa Pilosojia ante il
Diritto, 1907; Per una dottrino del Diritto, 1917; Diriuo e Ssato neJJa morale idealistica, 1/
Diritto come norma técnica. Lo 5.1a10 tome organismo etico, 19~0: GIACOMMAZZI, Dirino natu-
"ele e Diritto positivo, 1935: LEYI (Alessandro), Saggi di teoría del Diriuo, 1923; DONATI
(Benvcnuto}, Fondazione deJ/1t Scienza del Díriuo, 1929; 11 principio del Diritto, 1933; BON-
NUCCI, l/ fine dello S/(I10, 1915. En una dirección espiritualista, con matices neocriticos: DI
CARLo (Eugenio), Saggi critici de Pilosojia del Diritto, 1913; Teoría generale e Pilosoiia de/
DiriJlO, 1927; Con sentido hegeliano, MlRAGLIA (Luigi), Piíosoiie del Diritto; FILOHU$I GUIiL-
PI (Prancesco}, Enciclopedia Gillridic~ 1915; CRoCE, Pilosojia deJ/a praJlica, 1909: Ridnzione
del/a Pilosojia del Diritto alla Fiíosojie della economía, 1907 (s610 que CROCE no se ha de.
jade llevar hacia la tendencia hegeliana negadora de la personalidad, sino que ha persistido
en una afirmación de la libertad personal); sobre CROCE, cfr. TREVES (Renato), Benedeuo Cro-
(e, filóJofo de la libertad, Buenos Aires, 1944; GENTILE (G.), Pondamenti deJ/a Pilosoji« del
Diritto, 1916, 2' ed., 1937 (hay trad. esp.. de Luis LEGAZ LAC.....MBRA, Editorial Losada, Buc-
lOS Aires, 1944): MAGGlORE (Giuscppe),.Saggi de Pilosojia del Diriuo, 1914; Filosoiia del
r:JiriJlo, 1921. En una dirección más o menos afín al neohegelienismo, pero muy atenuada:
:ESARINl SFORZA (W.), Piíosoiia del Diritto e del/a 'lori1' 1915; Lntroduzione aJJa Filosofia
tel Diriuo, 1913; Guida alío Studio della Piíosojia del Diritto, 3" ed., Roma, 1949; BATAGLJA
(F.), La crisi del Diritto naturale, 1929: Diritto e Pilosoiia deJ/a prauica, 1932: D"JJo indio
liduo ano Stato, 1933; Corso de Piíosojia del Diritto, J943-1947; En Italia, además de los
tutores ya citados, han tratado de Estimativa 'jurídica: PAGANO (A.), La funzione prattica deJ/a
°i/oJotia del dirino e il Divino naturale, 1906; lntroduzione al/a Piíosoiia del Diriuo, 1908;
~'individllo nella etica e nel diriUo, 1912-1913; BIt.RTOLOMEI (A.), Lineamenti di una leoria
lel giuJIO e del dirilto, 1901; CICIt.l.J\ (F. B.), FilOJofia e dirilto 1 Sommarii, ln4-1927; DE
~ONTEMAYOR (G.), P,imo abhozzó d'una Gillridica De/J ugual bene di úascuno, 1914; ORES-
~ANO (F.), PilOJofia del dirilto, 1941~ DI CARLO (E.), U dirillo nltlurale neJl'aJtuaJe fase del
ImJiero ilaliano, 1932; Filo!ofia del dirilto, 2' ed., 1946; BONuca (A.), 1/ fine deJlo .s/a/o,
.91S; COSTA (P.), Trattato de FiloJo/ia del Di,itlo, 1947; Ascou (Max), La giuJlizi", 1930;
OTRAS OBRAS DE ESTIMATIVA EN ITALIANO Y EN INGI.ES 41
CONDORELLl (O.), Bquita e diritto, 1934; C.... BORA (L.), Considerazione sul problema de!la
gimsizia, 1930; PEKELIS (A.), 1/ diritto come volanta constantes, 1931; TREVES (Rcnato},
Diriuo e cultura, 1947; PnREGO (L.), Pilosojia del diriuo, 1946; C... .STJGLlA (T.), Ll espcrienza
giuridica e le regale dcl/a oita, 1938; LOPEZ DE OÑATB (F.), Compendio de Pilosojia del Di.
1';1/0, 1942; CAlOGERO (G.), Etica, Giuridica e Poli/ha, 1946; ARTANA {Glulio}, Contribnti
alla rinascit« del diritto naturalc (R.LF.D.), 1949; BAGOLINI (L.), 1/ problema de; valor; in
alsuni recenti scrini filoso/ice e 'giuridici (R.l.F.D.), 1949, ValuJazioni Mora/i e Giuridicbe
ne/la Crisi dcli'Etira lndividuale, Siena, 1950; Giustízia Distribntiva e Simpatia, en "Riv. lnt.
de Pil. d. Dirit.", 1954; BALLAOORE-P.. . . LLIERI (Giorgio), Recente Tratazioni i/JI Diritto Natura/e,
en "jus", 1951; DOMlNEOO (Erancesco Maria), Giurisprudonza dei Valori, Milán, '1950; Crcu
(Antonio), Orientamenti i1!.i Problemi Generali del Diriuo, Parma, 1951; GASP.. . . RRI {Pietro ),
Gli lnteressi Human¡ e il Divino, Bolonia, 1951; MILlTERNI (Giuseppe Mario), 1/ Monismo
Giuridico el la Crisi del Diriuo, Milán, 1952; CARNELUTII (Francesco}, },tetod%gia del Di-
ritto, 1939 {tra. al esp. por Angel OSSORIO, Uteha, México, 1940); Teoría General dd D«-
recbo (trad. de Carlos G. Pos.. . .o.. . . ), Madrid, 1941; Arte del Derecbo (Seis MeJitacionci sobre
el Derecho), ed. al cuidado de Santiago SENTís MELENDO, EJEA, Buenos Aires, 1956; Legge e
Pano nel Problema Pondamentale, en "Iustitia", 1949; Diritto Namralc, en "Nueva Anrologia",
1939; La Crisi del Diriuo, en "Acta Acadamiae Sancti Thomae Aquinutis", 1946; Discorsi i/l-
torno al Diritio, vol. 11, Padua, 1953; Moss.. . . (Lorenzo), La Rinascim del Diritto Natura/e
dopo .la Catastroje della Europa, en "Nueva Rivista de Diritto Commerciale, 1949; BlONDO
(Biondi), Scienza Giuridica come Arte dello Giusto, en "Ius", 1950; GUIDI (Paolo}, La Legge
Ingiusta, en "studium", 1948; ORECCHI.. . . (Rina1do), La Legge lngiusta, en "Riv. Int. de FiJ.
del Dir.", IV, 1952; QU.. . .ORI (Goffredo), Coscienza Ginridica e Ldeale de Giustíeia, en "Riv.
Int. de Pil. "del Di!".", 1·11, 1952; Uomo e Persona, ibídem, 1953; 1/ Problema del/a Moralit.1 e
del Dirítto, ibídem, 1953; Giu!11atura/imJo, 1950, ibídem, 1954; P¡ZZORNI, 1/ Vera Conceno de
Diritso Naturale, en "Sapientia", 1954; BETIIOL, Da/ Positivismo Ciuridico al/e Nueve Con-
cezioni del Diritto, en "Ius", 1954; BOBBIO (Norberto), Teoria del/." Scienza Giuridics, 1950.
En los países de lengua inglesa, principalmente en la Gran Bretaña y en Estados Unidos
de Norteamérica, la Estimativa Jurídica ha tenido desde el último tercio del siglo XIX hasta el
presente ilustres cultivadores: LORIMER (J.), lnstitsaes of Law, 1872, 2' ed., 1880; MILLER
(W. G.), Lectures on tbe Philosophy 01 Law, 1884; The Dala o/ [urisprudence, 1901; AMES
(James B.), JAW and Mora/¡ .. GREEN (T. H.), Principie! of Poiitieal Obligation, 1911; CAR-.
VER (T. N.), Essays in Social [tutice, 191:5; POLLOCK (F.), A FirJI Book 01 [urispmdence,
6' ed., Mee Millan, Londres, 1929; Essays in [urisprudenco and Btbics, 1882; Essajs in the
Law, 1922; HOCKING (W. E.), Tbo Preseut StatuJ of tbe Philosophy 01 Law and of Rigbts,
1926; POUND (Roscoe), decano de la Facultad de Derecho de Harvard, la más destacada fi-
gura del pensamiento jurídico norteamericano y una de las más ilustres del presente: Tbe Pbi-
losopby DI Lau- in America, en "Jnternational journal of Ethics", 1913; An lntrodnction lo
tbe Pbilosopbv of Law, 6' ed., 1937; Law and MoralJ, 1924; Social Coutrol tbrougb Law, 1943;
A Surocv 01 Social lnterests, en "Harvard Law Review Association", 1913; 1.Aw and the State;
[urispmdonce and Politia, en "Harvard Law Review Association", 194-1; fustice According lo
LaU', Ya!e University Press, 1951; The Politieal and Social Factor iu Legal lnterpresation: A;J
lntroduction, en "Michigan Law Review", 1947; The lAw)'er ai a Social Engillcer, en "Joumal
of Public law", Emory University, 1955; The Dct'e/opmellt 01 ConJtitll/ional Guarantees 01
Liberty, Oxford University Press, 1957; WRIGTH (B. 1".), American Inlerpretatiol1S 01 Natural
lAw, Harvard Uníversity Press, Cambridge, 1931; el ya mencionado CAIRNS (Huntington)
The Theory of Legal Scicnce, 1941; Philosophy as jurisprudcnce (en "Interpretations of Mo·
dero Legal Philosophies", 1947); Legal PhiloJophy Irom Plalo lo Hegel, 1949; HATNES (C.'G.),
The Rct/l1l,''¡ Df Natural LAw COllcepts, 1930; FULLER (Lon l.), The Law in Quesl of ltulf;
JONES (W:llter), Historieal ltltroduetion to the Theory of Lalll, 1940; FRIEoM.. . . NN (W.), Legal
Tbeory, 2' ed., 1949; PATON (George Whitecross), A Textbook of jttrüprudence, 1946; HOLDS-
WORTH (Sir Wil1iam S.), Essays in Law and Hislor)', 1946; BIENENJ'ELD (F. R.), R{'disrOl,.,-
ry 01 jUitice, 1947; BUCKL.. . ND (W: W.), Some Reflections on jurisprudenee, 1945; Hoc-
KING (William Emest);justi((!, Law and Ihe Case! (en "Interpretations of Modero Legal Phi-
losophies", 1947); lAsERSON (Max M.), PositivlJ and 'Natural' Law and Ihei, Co"e/alion (en
42 OTRAS OBRAS DE ESTIMATIVA) URIDICA EN INGLES

"Intcrpretations of Modern Legal Philosophies", 1947); HALL {jerorne}, Lntegmúoe lmúpru-


dence (e~ "Interprctaticns of Modern Legal Philosophics", 1947); Living Laur 01 Democratic
Sacie/y, 1949; Studies in [urispmdence' and Criminal Tbeory, 1958; COHEN (Morris R.),
Reason and Na/tire, 1931; Law and tbe Social Order, 1933: Reason and Law, 1950; COLLlNG-
\'17001) (R. G.), The New Leoiatban, 1944; D'ENTREVES (A. P.), Natural Law, 1950; HUXLI~Y
(Aldous), The En¿ and tbe Aleans, 1937; STONE (Julius), The Proolnce and Fanction 01 Law.
Law es Logic, [ustice and Social Control, 1946; RAOER (Melvin), Etbics and Sacho/y, An Ap-
praisaí 01 Social ídeals, 1950; LE BOUT.JLLIER (Carnelia Geec), American Democracy dl1d Na-
Jural Law, 1950; WHITE (Norton G,), Social Tbougbt in America, 1949; CAHN (Edmond),
The Sense 01 lnisatíce, 1949; Tbe Moral Decision, Indiana Un¡v. Press, 1955; BODENHEIMER
{Edgard}, [urisprudence, 1940; The Natural-Laur Doctrine be/ore tbe Tribunal o/ Science. A
Reply t o Hans Keísen, 1950; KEETON {Gcorge Williams), The Elementorv Principles o/ [aris-
prudence, 1929; SAYRE (P.), An Lntroduction to a Philosophy o/ LAw, Iowa Law Rev., 1951;
GERIIART {Eugene Cl. Tbc Doctrine oj Natural Lew. Ncw York Univ. Law Rev., 1951;
\'\fORMSER (René A.), Tbe Law, Nueva York, 1949; SIMPSON (S, P.) aod flELD (Rutb},
Social Engineoring Ihrough LAw, en "New York University Quarterly Review, 1947; INlow
(Burke ), Natural Lato: A Punrtional Intorpretetion, en "Thc Arner. PoI. Se. Rcv.", 1947; Sl'RAUSS
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01 tbe Tdea 01 Natural Righl, en "Social Research", 1952; Natur(1l Rigbts and History, 1953;
SCHusnR, Pbilosopbv 01 Law and Freedom, Bastan, 1948; Tbe Binding Force o/ Civil Laws,
North Miarni, 1952; W¡NOOlPH (F. Lyman), Leviatban and Natural Law, Princeton University
Prcss, 1951; REUSCHlEIN (Harcld Hill}, [nrispmdence: TtI American Propbets, Nueva York,
1951; SAYRE (P.), An lntroduaion 10 a Pbitosopby 01 Law, 1951; SMITH (Cad Burtcn}, A
Stud y 01 sbe Universal Law, Rocbester, N. H., 1952; GOODHART (Arthur L.), EngliJh Lato
and tbe Moral Latu, 1953; PATTERSON (Edwin W.), [nris pmdence: Men and ldeas 01 tbe Law,
1953; LASWEll (Harold D.) and KAPLAN (Abraham}, Potoer and Society: A Framework [or
Political Inqui,y, 1950; lASWELL (Harold D.) & 1-IcDoUGAL (Myres), Legal Iiducation and
Public Po/iry: Pro[cssional Trainin g in tbe Public lnterest, en "Yale Law journal", 1943;
McDOUGAL (Myres), The Law Scbooí oj tbe Pumre: From Legal Realism to Poliey Science
in tbc Tr"or/d Communiry, en "Yale Law joumal", 1947; Law al a Procesr 01 Decision: A
Policy-Oriented Anproacb to Legal Sludy, en "Natural Law Pcrum", 1956; NORTHROP (F.
S. C.), Nammlistic and Cultnral Ponndations /0' a Mo,e Ejfecli1Je lntemational Law, en "Yale
Law jcurnal", 1950; Contcmporary [srisprudenre nnd lnternationaí Law, Ibídem, 1952~ Etbical
Reíarirism in tbe Ligbt 01 Recent Legal Science, en "journal of Philosoppby", 1955; \VIlO,
Plrrlo's Modern EnemieI and Ihe Theo'y 01 Natural Law, 19~3; FULLER (van), Human P1II'poJe
dnd Natu,al Law, en "Natural Law Forum", 1958; SILVING (Helen), POJiút1e NatMal 1Aw,
cn "Natur:l.1 Law Forum", 1958; W¡THERSPOON (Joseph P.), The ReTation o/ Philosophy to
juriI{mtdcllce, en "Natural Law Forum", 1958; MISES (Ludwig von), Theory and Hiuory:
An Interp,etatiolJ 01 Soci(11 and Economic Evolution, 1957; FRJEOR1CH (Cari J.) --editor-
A;ttIJo,ity, edited for the American S9ciety of Political and Legal Philosophy, Harvard Univer·
sity Press, 1958.
. )oscf L. KUNZ, anti~uo profesor de la Universidad de Viena, y desde hacc más de veinte
afios en la dc Toledo (Ohio, Estados Unidos dc Norteamérica) ha contribuido esclarecida-
meote :11 estudio no sólo de los temns dc Teoría Pura del Derccho y de Ja Ciencia del Derecho
lnternncion:ll, sino también a nlgunos enfoques y a nuevas directrices cn axiología jurídica: La
Priman/e dll Droit de Gnu, 1925; The Tnte"wioTletl lAw 01 Ihe Futu,e, 1944; Compll!Jory
/"tt'rnal':onal Ad;udicalion and Mainlhlance 01 Peace, 1944; LnJiTl Ame,ican Philosophy 1Aw
in th" Twent;eth Centllry, 1950; 211' Prob/em<1lik der RechlJphiloJophie um die Mitte deJ ZWetn·
zigllt'n jabrhl/ndertr, en "Oesterr. Zeitsch. f. Oeffent. Recht", 1951; Plu,alirmuI de' Nalu-
rrechte und Vólker,echl, ibídem, 1954
En Finlandia hay que mencionar a: HERMANSON (Robert), inspirado en un sentido re·
liSioso, autor- de De ratta och deu Iamband med religiosa sanninga" 1919 (El Derecho y su
conexión con las verdades rcligiosas)~ CARLSON (Bror Clas) , con una cierta tendencia neo-
bntiana, autor de una serie de estudios sohre temas centrnlcs de la Filosofía del Deredlo pU·
blicados en b revista en sueco "TidJk,ijl, lItgitJen dtJ luridiska Fo,eningen i Finland"; BauSIIN
NUEVAS OBRAS DE ESTIMATIVA JURlDlCA EN ALEMÁN 43
(OUo), autor de Kloinere Studien uber die GerechJigkeiJ, Recbtspbilosopbie .und Praxis, ¡u-
riprudonz utld Praxis, das iuriuiscbe Denkenn, 1944; Ueber das iuristiscbe Denéen, 1951.
Además de Jos neocscolésticos, de STAMMLER, WK, RAOBRUCH, y de Jos autores de la
escuela de la 1ibre jurisprudencia, en la producción en lengua alemana postulan un nuevo Derecho
Natural o, en todo caso, un criterio de estimación ideal para lo jurídico: DARMSl'A~DTER (F.),
Recbt und Recbuordnung, 1925; Die Grenzen der lPirksamkeil des Recbtsstaates, 1930; Die
Recbtsnorm, 1953; NELSON [Leonard}, Svstom der pbilosopbiscben Recbtstebre und Poliúh,
1924; BAUMGARTEN (Arthur), Die Wiuemchajl oom Recht und ibre Me/bode, 3 tomos, 1920-
1922; Erkenntnis, Wiue1JJchaf/, Pbilosopbie. Prolegomena ZII einer Pbitosopbie des Recbts,
1927; Der Weg des Menschen, 1929; Grundzuege der [uristiscben Melhodenlchre, Berna, 1939;
MANfGK (A.), Die Idee des Naturrecbts, 1926; Wie steben wir beme zum Nnmrrecht Z, 1926;
SAUER (\V.), Lebrbutb der RechlJUnd Sozialpbilosapbie, 1929 (hay trad. esp. de Luis LEGAZ
LACAMBRA, Pilosoita JU1'ídica y Social, Barcelona, 1933); BERNHEIMER, Problome der Recbts-
pbílosopbie, 1927; STOCK, Recbtspbilosopbie, 1931; GVSIN, Recbtspbilosopbie Imd [urispm-
denz, 1927; Rechl tmd Ku/tu1' auf dem Grunde der Elhik, 1929; 1.A.~N (Rudolf van), Elhik
ulld Rechl, 1924; Reden und AufMlze zum Vo/kerrechl uud Siaalsrechl, 1947; PETRASCHEK
(K. D.), Die Recbtspbitosopbie de¡ Pessimismus, Eh, Beureg ZU1' Prinzipienlebre des Rechts
und zur Krilik des Socialismss, 1929; ROGGE, Ivíetbodologisrbe Vorstudien zur einer Krilik des
Recbtes, 1911; FUCHS (Ernst), Die Zukunfl der Recbrnoissenscbejt, 1933. Bajo el influjo de
una dialéctica neohegeliena, con las peculiares consecuencias que ésta trae consigo para el punto
de vista valorativo: MUENCH (F.), Kultur und Rechl, 1923; BINDER (Julius), Pbilosopbie des
Recbts, 1925 Véase también: Um Rocbt und Ge1'echJigkcil: Pestgabe fuer Erich Kaajmann zu
seinem 70. Gebartstage, 1950. Hay que registrar también los siguientes estudios contenidos
en F01'um der Recbtspbilosopbie, 1950, sacado a luz por Ernst S"URER: VERDROss·DROSSBERG
(A.), Die systemasiscbe Verktwepfung von Recbt und Moral; HIPPEL (Erns v.), Mrcbonis-
ches und moraliscbes Recbtsdenken: COING (h.), Vom Sinngebals des Recbtes; WEGNER (Ar-
thur), Ueber die drei ErkennlnÍ!uandpunkle der RechtswisJcnschaflj KIPp (Heinrich), Nomi-
naJiJjischeJ oder realistiscbes RechlIdenken; WOLANY, Vom Sozialstaat und sozialem Recbt.
Tiene excepcional importancia y es de eminente calidad el libro del profesor suizo Bnux-
NER (Ernil), Gerecbtigéeit, Eine Lehre van der Gmndsetzen der Gesellscbaissordnang, 1943.
Entre las principales contribuciones a la Estimativa Jurídica en alemán, después de la
Segunda Guerra Mundial, figuran las de Helmut COING -r-que intenta el restablecimiento del
Derecho Natural en el sentido del idealismo kantiano, con apoyo en la filosofía de los va-
lores (Max SCHELER y Nicolai HARTMANN). COING trata de descubrir un sistema de valores
éticos supremos para el Derecho y de principios jurídicos substantivos que constituirían los cri-
terios y la justificación para el Derecho positivo. Sus principales obras son: Die obersten Grund·
szrzen des Rechtes: Ei'J Vet"JlJch zur Neubegriindung des Naturrecbtes, Heildelberg, 1947; Grund·
zjjge der Rethtspbilosopbie, Berlín, 1950. Hay que citar también los siguientes neotornistas:
MESSNER (Johannes), Naturrecbt, 2' ed., Viena, 1950; HIPPEL (Ernsr van), Recbtsgeserz /ind
Namreserz, 2' ed., 1949: Ein!¡;fJrling in die Retbtswissenscbait, 4' ed., 1955: KUCHENHOH
(Günther), Naturrecht und Cbrisiemum, Düsseldorf, 1948. Inspirándose en la teclogfa pro-
testante, además del ya citado profesor suizo EmiJ BRUNNER, también: WEINKAUFF (Hermano),
Das Naturrecbt in Boangeliscber Sichl, en "Zeitwende", 1951; SCHEUNER (Ulrich), Kírcbe und
Recbt, 1950: SCHONFELD (Walter), Grundlegung der Recbtswissenscbeít, 1951; Uber die Ge-
recbtigkeit, 1952; WOLF (Erich), Rechugedanke und bibíiscbe WeiJlJug, 1948; Das Prob/em
der Naturrecbtslebre, 1955. Con tendencia neohegeliana: DULCKHEIT {Gerhard ) , Pbilosopbie
der Recbtsgescbtcbte, 1950; y!.ARENz (Karl), ZU1' Beurteilang des Neturrecbts, en "Forschun-
gen und Fortschritte", 1947. Con un sentido de conexión con la Filosofía de la Historia: MJT-
TEIS (Heinrich}, Uber das Naturrerbt, 1948. Siguiendo las líneas de Stammler. hallamos a:
KEMPSKI (Jürgen van), Nalurrechl und Vo/ker1'echt, 1948; Das Problem des RechleJ und die
Elhile, en "Zeitsch. f. Philoso. Focschung", 1955. Con un sentido ontológico y formulando
principios de contenido, WELZEL (Hans), Naturrecht und materiale Gerechtigkeit. 1951. Con
conexiones con ciertas direcciones existencialistas y al mismo tiempo con fundamento en la
conciencia religiosa hay que mencionar a tres ilustres autores: FECHNER (Erich), Die soú%.
gische Grenze der G1'undrechle, 1954; NalUN'echl u"d Exislenzphi/olophie, 1955; MAIHOl'ER
44 PENSAMIENTO JURIDICO ESTIMULADO POR LA PRACTICA

(W<:rnc:r), Recbt und Sein, 1954; Vom Sinn menscbíicber Ordnung, 1956, y, además, con un
sentido cristiano, HEYDTE (Fr. A. Preiherr van d.}, Existemial pbilosopbie und Naturrecbt, en
"Stimmen der Zeit", 1948. Hay que citar, además, a los siguientes autores y obras: ORNSTEIN
(Haos), MachI, Moral und Recbt; Smdien zar GnmdprobJemdJik melluhlichen' Zusammenle-
bens, Berna. 1946; MARCUS (Hugo), Afe/aphysik del' Gerecbtigéeit, 1947; THIEME (Hans),
Das Nalurrcc&, und die I?llropJisc!Je Privatrecbtsgescbicbte, Basilea, 1948; BECKER (Walter
G.), Die symptomatische Bedeumng de! Natnrrecbts in Robmen des bürgerlicben Recbts, en
"Arch. f. Zivil Praxis, 1948; REINER (Hans), Die go/dene Regel, en "Zeitsch. f. philosoph.
Fcrschung", 1948; ENGISCH (Karl), VOIlJ We/¡bild des [uristen, Heildelberg, 1950; MULLER·
EazBACH (Rudolf), Die Recbtsunssenscbajt im Umbau, Munich, 1952; SPENDEL (Günther),
Uber rationalistiscbe Geisteshaltnng ah VOrll/lJutzlwg der [urisprudenz, en "Bcitragc zur-Kul-
tur- und Rcchtsphilosophie", Heildelberg, 1948.
RADBRUCH (Gustav},' como he relatado ya sucintamente, desarrolló una axiologfa [url-
dica y política relativista. Pero en tos últimos afias de su vida, bajo el terrible impacto de la
bestialidad del totalitarismo nazi, RAODRUCH revisó su filosofía anterior y abandonó aquel en-
foque relativista, llegando a sostener que un orden que no reconoce ciertos derechos elementa-
les del hombre no es Derecho, sino que es una perversión del Derecho. Hay ciertos postulados
absolutos qlle el Derecho debe reconocer, así, los derechos básicos de libertad individual. (Véa-
se: RIlDBRUCH, Vorscbule dcr Recbsspbilosopbie, Hcildclberg, 1947.)
, lJ Los principales autores y obras que pueden agruparse dentro del llamado pensa-
miento filosófico-jurídico no académico, suscitado por problemas de la práctica, especialmente
de !;~ <tplicación y de la interpretación judicial del Derecho, son los siguientes:
fIH.RING (RudoJf van), Scberz und ErnJI in der jurisprudenz, 1884 (hay trad. esp. de
Rom-in RrAzA, publicada 'por la Ed. de la Rev. de Dro. Privado, Madrid, 1933). jurisprudencia
e'll broma y en serio; Da Geist des roemiscben Recbtes, 1852; La Dogmática jurídica (extrac-
tos de la obra anterior, trad. al esp. por Enrique PRíNCIPE y SATORRES), Losada, Buenos Aires,
1946; Der L-weck im Recht, 1877 (hay trad. esp. del primer tomo, por Adolfo POSADA, E/ fin
en el Derecho); Der KiJ1Jlp! Im:J Uechl, 1872 (hay trad. esp. de Leopoldo ALAS, La Lncba por
e/ Derecbo, reproducida por Ed. Lnccrt, Buenos Aires, 1939). Sobre Ihering, véase RECASÉNS
SICHES (Luis), Nueva Pilosoiía de 1(1. lnterpretacián del Derecho, Fondo de Cultura Econó-
mica, México, 1956, pp. 40·48.
HOLMES (Ollver Wendell), Tbe Common Law, 1882; Colleaed Legal Papers, 1920. So.
bre Holmes, véase RECASÉNS SICHES (Luis), oh. cis., pp. 48-51. GÉNY (Francols}, Méthode
d'inler/Jretation et sonrccs en droit privé positi], 1899, 2" ed., 1919 (hay trad. esp. publicada
por Ed. Rcus, Madrid, 2' cd. 1925); Science er Tecbnique en droit privé positii: Nouoelle con-
tribution ti la critique de la méthode iuridiqne, 2$ cd., 1922, U/tima Verbal 1951. Sobre Gény,
véase RECIlSf.NS SrCHEs (Ltiis), oh. cii., pp. 51·54.
EHRLlCH (Eugen ), Die [uristiscbe Logilz, 1918. Yéanse también del mismo: Preie Recbts-
!hldlllt.". llI1d freie Recbtswissenschajt, 1903; Grrmd/eglwg der Soziologie des Recbtes, 1913: So-
ziologic und jllrisprlwdez, 1906. Sobre Ehrlich, véase RECAsliNs SICHES (Luis), ob. cis., pp.
54-j8.
GNAEUS FLAVIUS (Hermann KANTOROWICZ). Der Kampf um die Recbtswissenscbajt, 1906
(hay trad. esp., incluida en el volumen "L"1 Ciencia del Derecho" -SAVIGNY, KIRCHMANN, Zrr.
TF.LMANN. Y Korroaowrcz-c-, Losada, Buenos Aires, 1949). FUCHS (Ernst), Die Gemeinscbaed-
/ichkeil der konstrllktiven [erisprudenz, 1908; [nristiscber Kultllrkampf, 1913; Wa.r wi// die
Preirecbtscbule, 1929. LI!YRET¡ Le¡ sentences du President Magnalld, 1903. Sobre el "moví-
miento del Derecho Libre", representado por estos autores, véase RECASÉNS SICHES (Luis),
oh. cit., pp. 58-65.
Los principales representantes de la "jurisprudencia de intereses": HECK (Philipp),
D:IJ Problem der Recbtsgewinmmg, 1912; Gesetzauslogang l/ltd Inieressenierispmdenz,
Rechtsemeuemng IInd iuristiscbe Melhodenlehre, 1936; Recbtspbilosopbie und lnteressen-
;llriJprudenz, 1937; RUEMELIN {Max}, Die Gerecbtigéeit, 1920; Die Billigkeit im Recbt, 1921;
RechlJ/!,efuehl und Recbtsumsstsein, 1925; Brlebte J17lmd/llngell in lPiJJenJchafJ und Lebre,
1930; OERTMANN (Paul), Soziologiscbe Recbtsiindung, 1914; lnteressen rmd Begriffe in der
PENSAMIENTO JURlDICO ESTIMULADO POR LA PRACTICA 45

Recbsswissenschajt, 1931. Sobre la escuela alemana de la "jurisprudencia de intereses", véase


RECASÉNS SICHES (Luis), ob. cir., pp. 64-73.
Merecen muy especial mención entre los principales representantes de la escuelc, nor-
tearnericana de la "jurisprudencia sociológica: Cxnuozo (Benjamín}, Tbe l\\/l1frc o/ ,1)(: Judi-
cial Process, Ynle University Press, 1921; Tbc Growtb 01 tbc Law, Ya!e University Press, 192-1;
Tbe Pnradoxes 01 tbe Lega! S(iéIlCC, Nueva York, Columbia University Prcss, 1928; Sclected
lVritillgs 01 Banjamin N. Cardozo, 1947; Pourcn (Roscoe), Tbe Scopo aud Purposo 01 So-
ciologicel [crisprudance, en "Harvard Law Review", XXIV}' XXV, 1911.12; Tbe Need 01 ¡.¡
Sociological jurispl"lld"Il(c, en "Green Bag", 19; J07; AI1 lntrodnctio» to tbe Pbilosopby 01
1Aw, Yale University Press, 1922, ed. revisada, 19H; A Tbcory 01 Socinl IIIit''''';IS, en "Papcrs
and Proceedings oE thc American Sociological Socicty", vol. 15, 1921; lnterprerations 01 Legal
Hístory, Harvard Univcrsity Press, 1947; TIJe Spirit 01 tbe Coennon Lato, Boston, 1921, 4' ed.
1931; 1Aw and Moral, T~e University oí North Carolina Press, 1924; Social Controltbrougb L1W,
Yale University Press, 1943; A Snrtley o/ Socia! lntcrests, Harvard Law Revicw Association, 1943;
!.AW and the Stete: [nrispmdence and Polines, Harvard Law Review Association, 1944; [tatíce Ac-
rording lo Lato, Yale Univcrsity Press, 1951; Tbe Political nnd Social Factor in L['~~:1i lnteeprctn-
tion: An lntroduction, en "Michigan Lew Revicw", marzo, 19-17; Tbe J.,11{J)'(''', Prom Allliquily 10
Moder)1 Times, publicado por "The Survey of the Legal Profession" (Under the Auspices of the
Amc~iC:Ln Bar Association), Vernon Book Co. Kansas City, 1953, Sobre la escuela nortcamerirnna
de la "jurisprudencia sociológica", véase RECASENS SICHES (Luis), oh, 'rír. pp. 74-8fl.
D¡¡WEY (J.), Logicol ftft>lbod and Law, "Curndl Lcw Rcvicw", X, 1914; T/;;.' Tbeory of 111-
quiry, 1938; Problems of MmJ, 19'í6, pp. ;'22 IS, Sobre la aplicación al Derecho de la I(¡¡~ic:l t.'.p"'·
rimcntal de Dewcy, véase RECASÚNS SlC:liES (Luis), ob. vir., t-p. 88·Yl.
DUALDE (Joaquín), Una Rovolnclán en la Lógica del Dcrecbo (CoNcel'/I' dv 1" fnl,rl''''''
'ación del Derccbo Privado], EJ, Bosch, Barcelona. 1933. Véase un resumen (.'.1 HEC/I;;;'¡NS
SIC HES (Luis), ob. cito, pp. 91-99,
Los más destacados representantes del "movimiento f(::lli~t:l norteamericano": Ll.E"'IEf.I.YN
(Karl N.), Tbe Bromble Busb: On Our l..aw nnd Its Slud)', Ncw York, Oceann Publications,
1930, nueva ed., 1951; A Rmíístic JllI'ÍJ/mldel1CI': Tbc NI':·e' Stcp, en "Columbia Lnw Rcvicw",
XXX, 1930; Legal Tmdition and tbo Social SCicJJfL'S Me!bod: A Re..ilist's CritúIIi":, en "Essnys
in Researcb in the Social Scicnces", 19~1; Some Rcalism Abo»t Realiw1-R,'J/'Olld/II:: !r) De.m
Pound, en "Harvard Law Revicw", XUV, 1932; Tbe ·Norma/hic, tbe Legal, emd tbv J--:I1!' Jobs:
Tbe Problcm 01 [uristic Me/bod, en "The Yale Law journal", XLIX, 19·10; 1\1)' Pb;I().l(JJ,b)' 01
JAUI, 19~ 1; On tbe Good, tbe True, and tbe Dealllilu! 011 JAW, en "University oE Chic:lgo L:lw
Revicw", IX, 19·12; FRANK (Jerome), Law 411d Ihe Modem Mil1d, 1930, 6' ed., '19·19; CaUrlJ
Tria/, 1949; ~loonE (Underhill), RaJional Basis 01 Lega! /¡ulilutiOIlJ, en "Columbia bw
Review", XXIII, 1932, 609; Underhill MOORE & Charles CALI.AGIIAN, / .. 11/1 fIIld Legal Tbcor)':
A SllIdy iu Legal Comrol, <:n "The Yale L1W Journal", 1943; Underhill 1\-fOOil.E & Thco,lore
HOPE, Al1 InJtitutiol1f11 Approacb /0 Ihe Law 01 Commercial Bankit1g, en "The 1'31c Law Jour-
nal", XXX.VIII, 1929; UnclerhilI MOORE & Gilbert SUSSMAN, Legal dud IusJi/.'lIiúllal Metbod.f
AI)plied lo ,be Debil 01 Direct DiJcounts,' 1, Legal Method, en "Thc Yale LlW Journal", 1931;
OLIPHANT (Herman), A Relllm to St.Uf.' DecisiJ, en "American Bar Association Juurnal",
1928; F.teIS, OpilliollI, alld Value-]lIdgi'1!JI.'1Jts, en "Texas I~:I\\' Rcvicw", X, 1932: SNlJ11nm')'
01 St"dies in Legal Edllcatiol1, 1929; Herm::m OUI'HANT & Hr:WITT, IJI!mduoioJJ 11) Uf/e/f, Fr(i1/1
Ihe PhyJical lo Ihe Social Sciences, 1929; COOK (\'\falter \X'hed<:r), T!Je Logiral aud Leg:1i
8aIis 01 Ihe Conllias 01 Law, en "The Yale bw Journn''', XXXIII, 1924; Sci(,l1:ific MClhod
al1d Ibe f.Aw, en "American Bar Association Journnl", ]9.17, Vé;lse SClbre el movimiento "n'a·
lista norteamericano": FUI.LER,.Americ411 Ll',l!,(t! Rf',/liJm, 193..f; M,\I{X, furi.rtúd',r Reflli.r1l1l1s iN
de'J Vereinig/l'1l SliUlIl'11 t'011 AmeriJ..rt, 1936; }' RECMiI~NS SIClIES (Lui's), ob, cU.. pp, 99·1 Jf).
Véase también: I.EVI (EdwarJ H.), AIl lnlroduclioll 10 Le,!;,:" RCitSOl1íJlg, :1' I:d." Chic~,~o, 19')1.
COSSIO (Carlos), El Dl'rcc!}() elJ el Derecho JlIdicit,}, Ed. Kraft, Bucnos Ain's, 19ts.
u Vbse Rrf:ASí¡NS SIC HES (Luis), NUel"¡ FilnJolÍtt de 1.1 1t1/¡,,·prcl.rciríIJ dd DO"cr/M.
Colección "Dianoia", Centro de Estudios Filosóficos de la Uni\'crsid:ld N:lcion;¡1 Auh'lllOlii~ dc
México, FO!ldo de Cultum Económica, México, 1956; Siluúci6'1 de Prl.'senle ,. Proy<'Ccióll de Fu,
46 ACERCAMIENlIO DE LA FILOSOFIA ]URlDICA A LA VIDA

mro de /a Pilosojia [nrídica, Ponencia presentada al IV Congreso Interamericano de Filoso-


fía, celebrado en Santiago de Chile, julio de 1956, en "Revista de la Facultad de Derecho de
México". abril-junio, 1956.
15 Cfr. RECASÉNS SICHES (Luis), Los lema! de /a Pilosoiia del Derecho. en pet'speCliv4
bistárica J en visión de futuro. cap. XIII, pp. 137 SS., Boseb, Barcelona, 1934; La misión de
una auténtica Piíosoíla del Derecho (en el "Fcstschrifft zum SO-ten Geburtstag Ruclolf Starn-
mler's" Archiv für Rechts- un Sozialphilosophic, XXIX, 2, Berlín, 1936); Estudios de Fi/oJofía
del Derecho, pp. 33-36, Boseh, Barcelona, 1936.
16 Cfr. POUND (Roscoe), An lntroduction lo ,he Philosophy 01 Lasa, 5' ed., cap. J,
Yale University Press, New Haven, 1937; The Spiril of Common Law, 3' ed., Marshal] jones
and Co., Bastan, 1931; Do lVe Need a Pbilosopbv of Útw? 5, Columbia law Review, 339-
353, mayo, 1905.
CAPÍTULO Dos

EL UNIVERSO, LA VIDA HUMANA, LA SOCIEDAD Y EL DERECHO

SUMARIO

1. Preliminares sobre la multiforme complejidad del Universo. 2 Planteamiento


inicial del problema filosófico sobre el Derecho. 3. El tema sobre la esencia. de lo
jurídico o concepto universal del Derecho. 4. Pregunta sobre cuál es la región del
Universo a la cual el Derecho pertenece. ,. El Derecho no pertenece a la natura-
leza física. 6. Tampoco el Derecho es naturaleza. psíquica. 7. El Ser ideal. 8. Los
valores. 9. Enjuiciamiento crítico de la filosofía de los valores. Directrices para. su
superación y para su inserción en la Metafísica de la Vida. 10. El Derecho no es
valor puro. 11. Tránsito a la consideración filosófica de la Vida Humana. 12. La
Vida Humana. 13. El Libre Albedrío. 14. L\ Vida Humana Objetivada. La Cul-
tura. La Cultura como Función Vital con Dimensión Trascendente. La. Cultura co-
mo Obra Circunstancial. D. Estructura deIa Vida Humana Objetivada. El Ser No
Substancial de la Cultura. El Problema de la Evolución de la Cultura. 16. La
Cultura como Patrimonio Colectivo Transmitido por Vía Social. 17. Normas
Jurídicas como Vida Humana Objetivada. Derecho Vigente como Vida Humana
Viva. 18, La Cultura como Sistema de Funciones de la Vida Humana. 19. La Cul-
tura como Realidad Social Histórica. 20. Las Categorías de la Vida Humana,
Referencia a lo Normativo y a lo Colectivo. 21. Lo Normativo. 22. Normatividad
Formal y Normatividad Material. 23. 10 Colectivo. Vida Humana Social. 24. Esen-
cialidad de lo Social en la Vida Humana. 2'. La Razón Vital y la Razón Histórica,

1. PREI.IMINARES SOBRE LA MULTIFORME COMPLEJIDAD DEL UNIVERSO.

Suele llamarse Universo al conjunto de todo cuanto hay, al conjunto de todas


las cosas: las reales externas (corno una montaña); las que se dan en mi intimidad
(como un amor); las fantásticas (como el centauro); las ideales (como el triángulo);
las trnnsreales (si las hay); cuantos otros tipos de cosas pueda haber; y, desde luego.
también nosotros mismos, que, en alguna manera, componemos el Universo.
El espectáculo del Universo se ofrece como una balumba abigarrada de cosas
multiformes }' heterogéneas. Del torbellino de cosas que en el mundo encontramos,
entresaquemos la mención de algunas muestras; y hagámoslas desfilar ante nuestra
consideración, de momento en tropel desordenado y fortuito -precisamente par:!
adquirir con mayor relieve esa impresión de diversidad.
En el Universo hallo: montañas, lluvias, árboles, colores, formas geométricas,
igualdades, desigualdades, dolores de muelas, recuerdos, quimeras, deseos, números,
ideas morales, automóviles, cuadros, poemas, oraciones, libros de ciencia, códigos,
jueces, policías, usos sociales, precios, perspectivas inmediatas, lontananzas casi im-
r ¡.AS CATEGORJAS y LAS VARIAS REGIONES DEL SER

percetibles (más bien latentes), amigos, enemigos, compañeros, etc., etc. Y, ade-
más, en el Universo me encuentro a mí mismo, coestando, con todo 10 demás, y
conviviendo con mis semejantes.
Todas las cosas mencionadas, sus respectivas congéneres, y muchas otras más
tIlle no he mencionado, constituyen algos que están en el Universo; 'Son elementos o
seres; en una palabra, SOllo De otro modo sería imposible que nos estuviéramos ocu-
pando de ellas, que hablásemos de ellas, puesto que no cabe referirnos a algo que no
s..' (I en ninguna parte, a algo que no Jea en algún modo, a la nada. (Cuando trato
de pensar la nada, ésta se transforma en un algo, por lo menos en pensamiento
mío.)
Pero si bien todas esas cosas SOIl, no son en el mismo sentido; si bien todas ellas
son algos, esos algas difieren entre sí radicalmente. Y las diferencias entre esos
algas no constituyen meras diversidades de cualidad, ni de género, ni de especie:
se trata de diferencias mucho más profundas o abismales; se trata de diferencias
entre múltiples e irreductibles acepciones de 1a palabra 'ser. Resulta notorio que la
palabra ser tiene un sentido muy distinto cuando la aplicamos a una columna, <luC
cuando la aplicamos a un color (v. gr., al color blanco de la columna); ya su vez
tiene un nuevo y diverso sentido cuando la aplicamos a la igualdad 'que hay entre
una columna y otra. La columna es una substancia, algo 'lue se me presenta como sien-
dll con propia existencia. En cambio, un color es algo que no es independientemente
l!~ otro algo, sino apoyado en otra cosa, a saber, como color de un objeto, como color
de la columna; es un algo cIuC no. puede ser aislado o solo, sino que su ser se apoya
l) extiende sobre el ser de otra cosa. Podríamos decir que el color no es una cosa, sino

clI,1lit!ad o modo de ser de otra cosa. y si ahora pasamos a la if,'1..taldad que descu-
brimos entre dos columnas, nos daremos cuenta de que eso que llamamos iFu3.ldad
es olno. que no es con independencia (como la columna); tampoco es como un algo
adherido necesariamente a otra cosa (cual ocurre con el color), sino que es algo que
existe entre dos cosas (dos columnas gemelas), cuando mi mente las compara; en
suma, no es ni COsa substantiva, ni cualidad, sino que es relación, Acaban, pues, de
hncérsenos manifiestas tres acepciones radicalmente distintas de la palabra ser; precio
semente las tres acepciones fundamentales descubiertas por Aristóteles. A esas varias
acepciones o sentidos de la palabra ser, Aristóteles las llamó categorfas ; y, así, Aris-
tóteles expone en su i11elrlfí.rictl que al ser se dice de varias maneras, que hay múlti-
plcs acepciones de la palabra ser, en suma, que son varia..s las cateoorias.
Pero esas tres categorías sobre las que acabo de llamar la atención, fueron descu-
biertas principalmente respecto del ser real obietico, respecto de' las COJa,S reales ex-
ternas a mí. Ahora bien. en el mundo hay no sólo cosas reales objetivas, externas a
mí -montañas, ríos, árboles, ctc.-, sino que hay además otros múltiples algos de
diversa índole: hay hechos reales subjetivos; hay también entes ideales. Respecto de
los primeros. adviértcse Cinc' hay cosas que solamente son en mí.. como, por ejemplo,
mis ensueños. mis deseos no cumplidos. mis alucinaciones. Y, además, de otra parte,
hay también algoJ ideales. que ni están entre las cosas externas ni tampoco están
sólo dentro de mí, vcrbiuracia, el triángulo pnro. un principio matemático, la idea
de la justicia plenaria V perfecta, los cuales son objetos gu-e son alqos. pero que no
son ni ahí afuera en el espacio ni tampoco en mí como procesos de mi inteligencia,
<inn que tienen una manera espectral de ser, a saber: un ser ¡dMI
LAS VARIAS REGIONES DEL UNNERSO 49
Y, además, encontramos también una multitud de otros seres de diversa índole
de los mencionados anteriormente, como estatuas. pinturas, melodías, utensilios, que
tienen una realidad externa a nosotros -de piedra, tabla, 'colores, sonidos. materiales
varios-, pero cuyo ser específico y peculiar no consiste en eSt:0s ingredientes reales,
sino en un sentido (estético; utilitario, etc.) que en ellos anida, en una proyección
humana que en ellos se expresa. Y, así, divisemos todo un amplio' y rico conjunto
de objetos que, si bien contienen elementos reales, consisten esencialmente en un
sentido humano: es el mundo de las cosas que el hombre hace en su vida, por algo
y para algo; el mundo de 10 humano objetivado, el reino de la historia, o como se
le ha llamado también, la región de la cultura.
Por otra parte, caemos en la cuenta de que todas esas múltiples clases de seres
los encontramos en el curso de nuestra existencia, de nuestra vida, como ingredientes
de la misma. Son, O bien cosas que hallo ante mí, con las cuales tropiezo, que utilizo
o desecho, que apetezco o abomino, que construyo o destruyo o que transformo, que
suscitan mi agrado o mi repugnancia; o hechos que OCUrren dentro de mi intimidad;
o principios que trascienden de mí y según los cuales me guío en mi conocimiento,
en mi conducta. Con esto me desrubro a mí mismo no sólo como sujeto --opuesto
a la noción de objeto-, 'Sino que, además, contemplo algo mucho más amplio, a
saber: mi vida como compuesta de dos raíces: yo mismo y el conjunto de las cosas
con las cuales me ocupo.
He aquí, pues, un esbozo -muy somero e incompleto-, un cuadro de la com-
plejidad del Universo. No sólo hemos divisado algunas de las categorías tradicionales
referidas al ser real, sino que advertimos que, además de las cosas físicas, hay otros ..
muchos tipos de seres (hechos íntimos, entidades 'ideales, productos humanos, etc.);
y advertimos también que como base y vínculo articulador de todo ello figura mi
vida, compuesta por la inescindible coexistencia o correlación entre mí mismo (mi
yo) y el mundo.
Tal es la complejidad que en el Universo descubre el pensamiento contempo.
ráneo -el pensamiento que es protagonista de la actual renovación de la filosofía.
Mientras que en la segunda mitad del siglo XIX privaban los intentos monistas (de
múltiples clases) que arbitraria y monomaniáticamente querían reducir el Universo
a una única fórmula, por el contrario, la reflexión de nuestro tiempo enfoca con una
actitud más honesta y de mayor responsabilidad teórica este problema; subraya la
constitución pluralista del Universo. Claro es, sin dejar de, aspirar a un primer cri-
terio básico y universal, a una verdad radical (primaria) y fundamentante de todo
lo demás, pues esta es pretensión inherente a toda filosofía. Pero ello trata de llevarse
a cabo de un modo rigoroso y más profundo y, por consiguiente, evitando las preci-
pitaciones y tosquedad es de los monismos, y sin caer en las arbitrarias deformaciones
que tales recetas unilaterales traían consigo. Como este libro no está dedicado a una
exposición metafísica, sino a la indagación de los temas fundamentales respect:o de
lo jurídico, no puede ofrecer -ni siquiera en breve síntesis- el relato del proceso
filosófico contemporáneo. Sirva como guía indicadora de este proceso la mención
de algunos nombres por cuyas obras corren las líneas protagonistas de la filosofía
contemporánea en el mundo en general, y en el área de lengua castellana en particu-
lar: Brentano, Meinong, Dilthey, Bergson, Husserl, Scheler, Nicolai Hartmann,
Ortega y Gasset, Heidegger, Jaspers, Sartre, Dewey, Collingwood, Santayana, Morris


50 ¿QUÉ ES LO JURrDrCO?

R. Cohen, García Bacca, García Morente, Gaos, Caso, Korn, Romero, Frondizi,
Vasallo, Virasoro, Wagner de Reyna, García Máyncz, Ramos, Romano Muñoz, Da·
save, Miró Quesada, Nicol, Millas, Martas, etc.'

2. PLANTEAMIENTO INICIAL DEL PROBLEMA FILOSÓFICO SODRE EL DERECHO.

Pero lo que importa al propósito de este libro es obtener un conocimiento esen-


cial del Derecho: hallar la verdad primaria y fundamental sobre' lo jurídico, es decir,
entenderlo en sí mismo y, a la vez, articulado con 1;1na visión total del mundo. En la
medida en que nos acerquemos al cumplimiento de este tema, conseguiremos un cono-
cimiento auténticamente filosófico sobre el Derecho.
Claro es que todas las gentes tienen alguna idea respecto del Derecho, como,
en suma, la tienen también sobre todas las cosas que encuentran en su vida. En el
mundo hallarnos magistrados y policías, ventas, alquileres, depósitos,salarios, leyes,
abogados, notarios, diputados, cárceles, tutores, herencias, etc., etc. Y, para todos,
es obvio que esas cosas -y un sinfín' de otras análogas- pertenecen al reino de lo
jurídico. Ello resulta tan evidente como que las rosas y los guisantes pertenecen al
sector de 10 botánico. Pero se trata de conocimientos meramente aproximados, super·
ficiales, inseguros, al buen tuntún; en 'Suma, se trata de 10 qu~ se llama conocimiento
vulgar, es decir, a medias, ignorante de sus razones, sin firme asidero, fluctuante y
azaroso. Nos daremos cuenta de ello -en función del ejemplo que nos interesa,
esto es, del referente a 10 jurídico- si preguntamos' al hombre de la calle por qué
razón incluye dentro del Derecho todas esas cosas que hemos mencionado (y muchas
otras; e-amo la propiedad, la letra de cambio, los gobernadores, las fortalezas y las
multas), ¿Dónde está 10 jurídico en cada una de esas cosas? Los gobernadores, los
jueces y los gendarmes son hombres de carne y hueso como todos Jos demás, sin que
de éstos se diferencien en virtud de ninnuna realidad peculiar: y. sin embargo. en
ellos encarna una dimensión jurídica. ¿Dónde está lo jurídico en ellos?
Los códigos y los reglamentos contienen reglas de' conducta; pero también las
contienen los estatutos que regulan el fútbol o un juego de baraja, y, asimismo, un
recetario de cocina o un manual sobre cómo debe uno comportarse en una reunión
social, y, asimismo, Jos preceptos de una confesión rclinioso. '¿Porgué de los ejemplos
puestos antes decimos que se trata de cuestiones jurídicas, y en cambio no conside-
rarnos como tales todas esas otras reglas que acabo de mencionar?
Una cárcel y una fortaleza son edificios, come: Jo son también una mansión o
un estadio: ¡por qué Jos primeros tienen una significación jurídica de que carecen
los segundos?
Resoccto de todas las múltiples y heterogéneas cosas mencionadas, ¿dónde resi-
de en ellas lo jurídico? ¿Y qué es lo que me permite agrupar dentro de una misma
denominación. esto es, corno Derecho, _cosas tan dispares? ¿A qué región de! Univer-
so pertenece 10 jurídico, que se me hace patente en tan diversas manifestaciones?
¿Dónde mora el Derecho? ¿Qué clase de cosa es eso que llamamos Derecho v que
tan variasfiguras.presenta? ;De dónde sale todo eso que calificamos como jurídico?
¿Por qué encontramos lo jurídico en todos los pueblos y épocas? ¡Por qué v para qué
se ocupan los hombres de todas las latitudes y tiempos con problemas jurídicos?
RANGO F1LOSOFICO DEL TEMA SOBRE LA ESENCIA DE LO JURlDICO 51
y no se crea que todas esas cuestiones sean un enigma solamente para los laicos
en Jurisprudencia. Aunque los peritos en las ciencias del Derecho sepan, claro es,
sobre él, inconmcnsurablemcnte más que el profano, ocurre que tal vez en tanto que
puros juristas -es decir, como meros técnicos del Derecho-e- tampoco se hallan en
condiciones de contestar satisfactoriamente las preguntas que he formulado. Porque
el jurista --en tanto que( jurista y nada más que como tal, incluso como científico
del Derecho-e- se mueve cómoda y certeramente dentro de Jos vericuetos de las dis-
posiciones jurídicas; COnoce todos sus elementos, las entiende, las aplica; pero no
enfoca el problema de cuáles sean la situación y el sentido que el Derecho tenga den-
tro de la complejidad del Universo. 0:::,1 Derecho, el jurisperito conoce acaso todas
sus partes; pero, si solamente es jurisperito y nada más que eso, y no sale del sector
limitado de su especialidad -aune¡uc ésta abarque todas las partes del Dercchc-s-,
no podrá tener una idea cabal del Derecho como totalidad, del Derecho en sí, ni de.
cuál sea el lugar que ocupa respecto de los demás tipos de cosas q,ue en el mundo
hay. Tales problemas sólo pueden ser planteados y resueltos en la medida en que nos
situemos en otro plano del conocimiento, en un plano distinto del conocimiento me-
ramente científico, a saber: en el conocimiento filosófico. Por eso, solamente una
Filosofía del Derecho es la {lue puede decir la verdad plenaria y fundamental sobre
10 jurídico, o por lo menos plantearse este problema.

3. EL TEMA SODRE LA ESENCIA DE LO JURíDICO O CONCEPTO ESENCIAL


DEL DERECHO. •

Adviértase que la nocron 'esencial del Derecho, a cuya búsqueda vamos, ha de


ser una noción universal, dentro de la que quepan todas las manifestaciones de 10
jurídico. El concepto universal del Derecho debe abarcar dentro de sí todos los
Derechos que n el mundo han sido, todos los que son y todos Jos que :puedan ser.
Este concepto debe darnos la esencia de 10 jurídico, pura y simplemente, dejando a
un lado todos los calificativos específicos e individuales que correspondan a mani-
festaciones jurídicas de diversas ciases. Debe ser un concepto que sirva lo mismo
para el Derecho civil que para el penal, el procesal, el constitucional, etc.; que sea
igualmente aplicable al ordenamiento e instituciones de un pueblo primitivo y al
Derecho complicado de un Estado civilizado de Occidente; valedero tanto para el an-
tiguo como para el medieval, el moderno y el contemporáneo. Y, por tanto, también,
qne comprenda igualm::-nte las normas jurídicas justas como las normas jurídicas
injustas.
Nadie se sienta alarmado por esto último, es decir, porque se hable de Derecho
injusto. Tal expresión, que acaso pudiera parecer a primera vista paradójica o incluso
absurda, no tiene nada de ilógico, antes bien corresponde a la debida caracteriza"
ción de múltiples realidades y posibilidades. Cierto que -según veremos-e- corres-
ponde esencialmente al Derecho la intención de orientarse hacia la realización de
unos valores, es decir, pertenece a la esencia misma del- Derecho el pretender ser.
justo. Pero lo que pertenece a la esencia de 10 jurídico es solamente esa intención de
justicia y no su lourado cumplimiento. O dicho con otras palabras: son diversos el
tema de la definición y el tema de la valoración. Ambos constituyen cuestiones legíti-
52 DIFERENCIA ENTRE DEFINICION y CRITERIO VALORADOR

mas y obligadas para la Filosofía del Derecho. Esta debe ocuparse de la definición
esencial de 10 jurídico; y debe estudiar también los criterios estimativos, a cuya luz
podemos enjuiciar los ordenamientos positivos históricos y hallar "las pautas parz una
progresiva rceIaboración del Derecho. Ahora bien, hay una distinción perfectamente
clara entre estos dos temas, aparte de que entre ellos puedan mediar conexiones filo-
sóficas de otro género. En efecto, una cosa es preguntarnos por lo que es Derecho
pura y simplemente, como una especial zona o forma de la vida humana; y otra
cosa diferente es inquirir por los valores o ideales en que el Derecho debe inspirarse
para que sea justo.
Por desagradable que ello resulte no cabe duda de que ha habido y hay normas
e instituciones jurídicas injustas, verbigracia: la institución de la esclavitud (racimo
de gravísimas injusticias), múltiples leyes fascistas, nazis y soviéticas (conglomerado
de las más antihumanas monstruosidades). Ahora bien, adviértase que la institución
de la esclavitud en Roma es estudiada en la Historia del Derecho Romano y no en la
Historia de otra rama de la cultura. Por injusta no deja la esclavitud de pertenecer
al mundo jurídico de la Antigüedad clásica. Ni la esclavitud, ni las leyes racistas de
los nazis, ni los campos soviéticos de trabajo forzado son cosas que se estudien en
la Historia de la literatura, de la pintura, de la ciencia, de la ingeniería o de la cocina.
Son estudiadas en la Historia del Derecho, porque constituyen instituciones jurídicas,
aunque monstruosas y repugnantes, las más abominables que hayan existido jamás.
la adscripción de un producto de la vida humana a un sector o a otro de las
funciones que integran ésta, no se determina por el grado de logro de los valores co-
rrespondientes que aquel producto haya conseguido. Al concepto de Arte y a la His-
toria de éste pertenecen no sólo las manifestaciones artísticas logradas, sino también
las frustradas; pertenece toda obra humana en la que se quiso encarnar un sentido de
belleza. Al concepto de Ciencia y a la Historia de ésta corresponde registrar no sólo
la obtención de verdades, sino también todos los ensayos de conseguir la verdad que
naufragaron en el error. Por consiguiente, el concepto esencial de Derecho ha de
comprender no sólo los ensayos jurídicos logrados, sino también los fracasados. La
pertenencia de una obra humana. al campo jurídico no se decide por la consecución
efectiva de justicia que haya logrado encarnar, sino por la posesión de una serie de
caracteres formales, que son los que determinan o constituyen la esencia de lo jurí-
dico. Similarmente, la atribución de un producto al concepto de Ciencia, ° al con-
cepto de Arte, no depende de que él haya realizado en efecto valores estéticos o res-
pectivamente lógicos, sino en la concurrencia de una. serie de notas formales. Cierto
que entre esas notas formales, que son esenciales, figura la referencia intencional a
los valores correspondientes. Es decir, para que algo merezca la denominación de
Ciencia, aunque sea de ciencia errónea, es preciso que constituya un propósito de co-
nocimiento verdadero, justificado y sistemático, etc. Para que algo caiga dentro del
concepto de Arte, se requiere que signifique una intención de dotar de belleza formal
una representación. Para que algo sea incluido dentro de lo jurídico, es menester que
posea una serie de notas formales. -que ya estudiaré-c-, entre las cuales figura la
intendón de constituir la interpretación de las exigencias de la justicia con respecto
a unas determinadas relaciones sociales.
Que reconozcamos como legítimo y obligado este tema de la definición esencial
del Derecho, la cual tiene tan sólo un alcance lógico y ontológico, pero no el de
A LA BUSQUEDA DEL DERECHO EN EL UNIVERSO

un juicio estimativo, no implica, en manera alguna, que no admitamos la otra inves-


tigación, a 'Saber: la investigación sobre los valores jurídicos, sobre la justicia y sobre
los ideales en que el Derecho debe inspirarse; antes bien, hay que proclamar que,
sin perjuicio del estudio sobre la esencia formal de lo jurídico, es la indagación so-
bre la justicia, sobre el criterio valorado! del Derecho, el tema más importante de la
Filosofía del Derecho.
Y, asimismo, que reconozcamos que ha habido, hay y' puede haber Derecho in-
justo, no supone ningún ademán de conformidad ante esa desgracia o ese ultraje;
antes bien, ello es perfectamente compatible con proclamar, como creo que es obliga-
do hacerlo, que debemos luchar contra el Derecho injusto, hasta conseguir su correc-
ción o reforma, o, si necesario fuere, su derrocación por todos los medios.

4. PREGUNTA SOBRE CUÁL ES LA REGIÓN DEL UNIVERSO A LA QUE


PERTENECE El. DERECHO.

Si la empresa que propongo al lector es la de que consigamos apoderarnos de


la verdad fundamental sobre el Derecho, de aquella que constituya el primer principio
de todo lo jurídico, y que sea a la vez la verdad que ilumine y fundamente certera-
mente todas las demás cuestiones sobre cuantos temas se le refieren, parece obvio
que la primera pregunta que hemos de hacernos es: ¿dónde está el
Derecho? Vamos
a la busca y captur:1: de lo jurídico en su esencia. Toda empresa de conocimiento -y
superlativamente la de conocimiento filosófico- tiene algo de pesquisa policíaca.
Por lo tanto, lo que primeramente urge es que nos orientemos acerca de dónde hemos
de encontrar lo que buscamos. Lo que buscamos es el Derecho en su radical esencia-
lidad, pues bien, hemos de comenzar inquiriendo en qué parte o zona del Universo
habita eso que se llama Derecho. Y si conseguimos contestar satisfactoriamente esta
pregunta, habremos logrado nada menos que precisar la índole de ese algo que lleva
el nombre de Derecho.

5. EL DERECHO NO PERTENECE A LA NATURALEZA FlsICA.

Ya de buenas a primeras barruntamos que probablemente hay zonas del Universo


en las que no anida nada que tenga que ver con lo jurídico. Presentimos que en
ningún sector de la naturaleza, ni física, ni química, ni orgánica, hallaremos al De-
recho. Y seguramente este barrunto es certero, como ee verá en seguida. Pero, sin
embargo, corno, ha habido quienes, impulsados por algunas direcciones de tosco rno-
nismo, han querido hacer derivar el Derecho de una fuerza cósmica, o de una ley
mecánica, o de una ley química, o de una ley biológica; y ha habido también quienes
al estudiar las funciones que cumplen algunas especies animales han complicado ideas.
jurídicas (y así han hablado de la reina de las abejas, y del régimen familiar de los,
gorilas), conviene que no demos nada por sabido de antemano. Y, por tanto, será>.
oportuno que realicemos una excursión a través de las diversas regiones del Uni-
verso, sin excluir ni, siquiera esas zonas de la naturaleza física, de las que el Derecho
nos parece -con razón, como veremos- absolutamente ausente.
NO HAY DERECHO EN LA NATURALEZA INORGANICA

El mundo de la naturaleza física inorgánica está constituido por las series de


fenómenos concatenados por nexos fatales de causalidad, ciegos o indiferentes a
todo punto de vista de valor o desvalor, ignorantes de toda estimativa, carentes de
todo sentido, pues los fenómenos de la naturaleza física se explican exhaustivamente
en la medida en que conseguirnos insertarlos correctamente en una cadena de cau-
salidad.
En el mundo de la naturaleza física Jos hechos acontecen según leyes de causa-
.liJad. Los diversos fenómenos se hallan ligados los unos a los otros de un modo
forzoso:- el hecho m acaece porque antes se han producido los hechos a, b, c. d, ete.,
y simultáneamente los hechos i, j, k, etc. Desde este punto de vista consideramos al
hecho m como efecto de los otros hechos anteriores y simultáneos a los cuales lla-
mamos causas. El hecho m a su vez será una de las causas que contribuyan a dar
lugar a otros hechos, los cuales serán vistos como efectos respecto de aquel hecho m.
Cuando en determinadas condiciones, por el espontáneo fluir de los hechos de la
naturaleza, se produce una conexión entre un elemento eléctrico positivo y otro ne-
gativo surgirá una corriente. Las leyes naturales de causalidad son la realización de
una infalible forzosidad, al menos en el campo de lo perceptible, sin perjuicio de
los problemas hoy planteados en el estudio de los elementos que actúan dentro de 1.
interioridad del átomo, problemas que a pesar del enorme alcance que puedan tener
no parecen afectar los hechos naturales cuyo tamaño rebasa la interioridad del átomo.·
Las leyes naturales de causalidad no poseen una significación, no tienen un sen-
tido, no responden tampoco a un propósito, ni apuntan a la realización de valores.
Son, sencillamente, conexiones necesarias, estructurales o mecánicas, entre fenómenos,
ciegas para los valores, ignorantes de finalidades y carentes de expresividad, porque
la naturaleza física no tiene una intimidad que expresar.
En cambio, el Derecho se nos ofrece como algo lleno de sentido, de significa-
ción, como expresión de una estructura de fines y de medios congruentes, como intcn-
cionalidades. Pues bien, en el reino de la naturaleza corpórea no hallamos nada cuyo
ser consista en una significación. La naturaleza se halla integrada por un conjunto
de fenómenos, trabados entre sí por leyes de simultaneidad y de sucesión. Las cíen-
cias de la naturaleza cumplen por completo con su misión, es decir, agotan su come-
tido, dicen todo cuanto pueden decir, en tanto que describen los hechos como se
presentan, y descubren esas leyes de simultaneidad y sucesión entre los fenómenos,
esto es, las leyes de causalidad. Nada hay en la naturaleza que se nos ofrezca como
elemento jurídico. Y no se arguya en contra de esto, diciendo, por ejemplo, que el
territorio del Estado -que es algo jurídico- constituye un pedazo de la naturaleza
física de nuestro planeta; porque lo que haya de jurídico en el territorio no es una
realidad física, sino una especial significación, ajena por entero a su materia o cor-
poreidad, y que, por Jo tanto, es absolutamente inexplicable desde el punto de vista
de la Ciencia física. No se aduzca tampoco, como mal supuestos ejemplos contrarios,
la existencia de realidades tangibles, como cárceles y banderas, en las que el Derecho
se manifiesta. En primer lugar, una cárcel y una bandera, aunque compuestas de in-
¡tredientcs corporales. no son cosas de, la naturaleza como las montañas o los ríos.
sino que son cosas elaboradas nor el hombre, nroductos de actividades humanas, y.
como tal -s. ele todo nunto inintelinibles nata la Física. o para cualquier ciencia natural.
Pero: además. resulta notorio que la dimensión jurídica que en esas cosas descubrí.
TAMPOCO HAY DERECHO EN LA NATURALEZA BlOLOGICA 55

mes, no radica en ninguno de sus componentes materiales, ni en las piedras o rna-


deras, ni en las Fibras textiles del paño. sino en la expresián de un 'sentido, de una
finalidad, por completo ajena al mundo de la relaciones físicas.
Tampoco en el sector de las realidades orgánicas corpóreas encontramos nada que
nos evoque el Derecho ni presente huella de 10 jurídico. No es posible intentar aquí
una ontología de los entes biológicos -ni siquiera en somero esbozo. Pero "baste
con decir que, aun en el caso de que tuvieran que ser entendidos a la luz de un
principio de finalidad, tal idea de finalidad seria de índole completamente dispar
de Jo que entendemos con esta palabra cuando la aplicamos a actividades típicamen-
te humanas (esto es, a los quehaceres intencionales del hombre). Los miembros o
los componentes de un organismo biológico están dispuestos, estructurados y funcio-
nan ciertamente según ideas de finalidad. Ahora bien, esas ideas de finalidad estarán
en la mente del Creador de tales organismos, pero no son propósitos de los miem-
bros o componentes de los organismos, por la sencilla razón de que los ingredientes
del ser vegetal o animal carecen de conciencia para encaminarse por propia decisión
al logro de ninguna meta. El Autor de esos organismos, al crear la estructura y fun-
ciones de que aparecen dotados, puede haberse propuesto realizar determinados fines
mediante la disposición con que los creó; pero los componentes de los organismos
biológicos na son capaces de pensar en ningún fin, ni de elegir por su propia cuenta
medios adecuados para la consecución de éste.
Otra consideración pone en evidencia que el Derecho es totalmente ajeno al
mundo de la naturaleza, En éste, en la naturaleza,". sus elementos se nos presentan
siempre vinculados por nexos causales, por enlaces forzosos. Tales nexos o enlaces
reciben el nombre de leyes naturales (físicas, químicas, biológicas, etc.), las cuales
expresan cómo, de modo forzoso, 'Se comportan efectívamente los fenómenos. Por el
contrario, el Derecho se nos ofrece como un conjunto de normas. Aunque en este
momento preliminar no podamos todavía intentar ni una somera definición de lo
jurídico, no es aventurado decir que el Derecho contiene un conjunto de normas,
pues esto se descubre en un primer contacto vulgar con el mismo. El Derecho --como
también los llamados principios morales, y los preceptos religiosos, y los usos de
cortesía, y las reglas del juego- se nos presenta como un repertorio de normas.
Ahora bien, norma quiere decir expresión de un deber ser, esto es, enunciación de
algo que estimamos que debe ser, aunque tal vez de hecho pueda quedar inewnplido.
Mientras que las leyes naturales (de la Física, Química, etc.) denotan algo que se
realiza ineludible y forzosamente, y valen como tales leyes, en virtud de su coinci-
dencia Con la realidad; por el contrario, las normas postulan una conducta que -por
alguna razón- se estima valiosa, aunque de hecho -pueda producirse un comporta.
miento contrario. Precisamente porque esa conducta no puede contar Con la forzosi-
dad de una realización, se la enuncia como un deber. Pero un deber es cabalmente
lo contrario de una forzosidad ineludible, porque no es seguro que inevitablemente
vaya a producirse el comportamiento deseado, por eso se le enuncia como un ore-
cepto, es decir, como una necesidad normativa. El mundo de la naturaleza es el de
la [orzosídad material: el mundo de las normas es el de una necesidad de deher ser.
Lo que enuncian las leves naturales tiene que ser: lo que prescriben las normas no
está as-aurado nor una forzosidad natural: precisamente por eso se exnresa como
un deher ser dirigido a la conducta. Si formulamos la ley, "el calor dilata la co-
56 NO HAY DERECHO EN LA PSICOLOGIA

lumna de mercurio", denotamos un hecho que ocurre y que forzosamente tiene que
ocurrir, Pero si decimos "debes pagar una deuda a su tiempo", no expresamos un
hecho real, una forzosidad efectiva -puesto que hay malos pagadores y deudores
morosos-, sino que estatuimos una norma de comportamiento. (Más adelante ha-
bré de insistir y profundizar más sobre este tema de la normatividad.)
Resulta, pues, bien claro que el Derecho no mora en la naturaleza corpórea;
y, por consiguiente, es también notorio que quien permanezca encerrado dentro del
ámbito de las ciencias naturales y maneje exclusivamente sus métodos, jamás llegará
a enterarse, ni de lejos, de lo que el Derecho sea.

6. TAMPOCO EL DERECHO ES NATURALEZA PSÍQUICA.

Sería erróneo concluir que el Derecho, porque no es un fenómeno de la natu-


raleza material, tendrá que ser una realidad psicológica. El reino de lo no corpóreo
no se agota en el campo de lo psicológico. El reino de los objetos no materiales
comprende no solamente los fenómenos psicológicos (por ejemplo, percepción, irna-
ginación, memoria, abstracción, impulsos, emociones, ctc.), sino que abarca también
otros sectores: así, el sector de las ideas, el de las significaciones. La psicología estu-
dia los mecanismos mentales (intelectivos, emocionales, impulsivos, y volitivos). Aun
cuando estos hechos, a diferencia de los fenómenos de la naturaleza, tienen sentido
y son expresivos, y deben por tanto ser estudiados en estas dimensiones, interpretando
su significación, sin embargo, tienen de común con los objetos de las ciencias natu-
rales el constituir realidades sometidas a leyes de causalidad, El estudio de los meca-
nismos psicológicos no nos conduce al hallazgo del Derecho. Cierto que el Derecho
puede darse como objeto o término de referencia de tales fenómenos psicológicos:
el entendimiento piensa el Derecho; hay emociones de satisfacción incitadas por la
contemplación del Derecho triunfante, y emociones dolorosas provocadas por la co-
misión de un entuerto; y la voluntad puede encaminarse a la realización del Dere-
cho; Pero la esencia del Derecho no la hallames escudriñando esos procesos psicoló-
gicos, pues semejantes mecanismos mentales se dan cuando se piensa, se siente o se
quiere el arte, o la religión, o la técnica, etc. El Derecho no es un especial mecanismo
psíquico, sino que es un objeto que puede ser contenido de los mecanismos psíqui-
cos. Cierto que se ha hablado de una intuición de lo justo, de un sentimiento jurí-
dico, de un raciocinio jurídico y de una voluntad jurídica. Sin embargo, en todo eso
lo jurídico será lo mentado en un pensamiento, en una emoción o en una volición;
pero no será, de ningún modo, esos procesos intelectuales, emotivos o voluntarios en
tanto que meros fenómenos psíquicos. Lo jurídico de una intuición o sentimiento no
es un ingrediente real de estos fenómenos, sino que es una cualidad relativa de ellos,
es 'decir, algo que les nace por relación del objetO a que se refieren, que en este
caso es algo jurídico. No hay que confundir el espejo con la imagen que eventual-
mente refleje; ni debemos tampoco confundir el escoplo y el martillo con la estatua
que se esculpa manejando tales instrumentos.
Queda, pues, claro que el Derecho no es ni naturaleza corpórea, ni tampoco pro-
ceso psíquico.
Por negativos no dejan de ser muy importantes estos resultados conseguidos a
LAS IDEAS SON INESPACIALES E INTEMPORALES 57

través de la indagación expuesta. Es directriz obligada de toda labor filosófica el


no dar nada por supuesto de antemano: antes bien, debe comenzar colocándose en
un estado de perdición total, y entonces examinar, sometiéndolas a crítica, todas las
posibilidades, y desechar aquellas que sucumban a la crítica. Es muy fructífero este
ir cerrando caminos. este ir eliminando vías muertas. porque a medida que hacemos
tal cosa se va reduciendo el conjunto de rutas que podemos seguir, o lo que es lo
mismo, va disminuyendo la desorientación inicial. Y siguiendo esa labor de someter
a la más dura prueba,·~la más afilada crítica, todos ·105 senderos que se presentan
ante nosotros.r-llegarernos a un punto en que nos encontramos ante uno solo, y enton-
ces tendremos la seguridad de que éste no constituirá vía muerta) sino que nos con-
ducirá al objeto que buscamos. Naturalmente, esto a condición de que hayamos con-
templado todas la, veredas.

7. EL SER IDEAL.

Pero el mundo no se agota en los seres corpóreos y psíquicos. Hay otras regio-
nes, otras zonas de entes, a las que he hecho ya alusión al comienzo de estas p:ísinas,
y entre esas otras castas de objetos, figuran los llamados seres ideales; por ejemplo:
los principios matemáticos, las verdades lógicas, etc., etc. Al Ser ideal se le ha Ila-
mado también irreal: se trata de algo que es, pero que es de una manera diferente
a como es el Ser real. Mientras que lo real es aquello que se da encuadrado en el
espacio y en el tiempo -materia-, o bien en el tiempo -psiquismcr-, lo ideal no
ocupa lugar ni se produce en la serie cronológica, pero mi mente tropieza con ello como
con un ser objetivo.
Hay que evitar cuidadosamente el error de que se confunda el Ser ideal con el
mundo de lo psíquico. Tradicionalmente, el mundo de lo ideal se había venido con-
fundiendo con el mundo de 10 anímico. La dimensión espectral que corresponde a las
ideas, 'Su carácter quintaesenciado, las resonancias estimativas que a muchas de ellas
acompañan, todo ello determinaba la propensión a definir lo ideal como mental,
porque en la mente se nos manifiesta el mundo de las ideas. Pero, al pensar así, se
confundía lamentablemente el acto mental con el contenido u objeto que mediante
él se nos hace patente. El acto psíquico mediante el mal pienso un número, un
principio lógico O cualquier otra idea, es un hecho real de mi psiquismo, que se
extiende a lo largo de un tiempo concreto. En cambio, la idea pensada tiene una
consistencia propia e independiente del acto de pensarla. El modo de ser de la idea,
su entidad o consistencia, es no. sólo inespncial, sino también inrempomt, Aunque esa
idea esté presente en mi conciencia durante algún tiempo, su ser es distinto al de mi
acto de pensarla y rebasa los márgenes de dicho acto.
Un ejemplo aclarará decisivamente lo que estoy exponiendo. Pensemos el lector
y yo, ahora, en el número 3. Tendremos dos actos pensantes del número 3: el acto
psíquico del lector y el mío. Pero, en cambio, el número 3 es un solo y único objeto;
es el mismo e idéntico el pensado por el lector }' el pensado por mí. Además, yo
pienso en el número 3 ahora, pero pensé también en él ayer y puedo volver a pen-
sarlo mañana. Tendremos en una misma persona tres actos, en tiempos sucesivos, de
pensar el número 3; pero el número, pensado ayer, hoy r mañana, es exactamente el
58 SER'IDEAL y VALORES

mismo. Cada acto de pensarlo es un nuevo suceso real que ocurre en mi mente o en
la del lector. Pero la idea, el 3 pensado por el lector o por mí, antes, ahora o eles-
pués, es el mismo algo.
Queda así claro que la idea tiene un ser distinto de las realidades psíquicas en
que se piensa. Estas realidades son múltiples, se producen en varios sujetos y en
sucesivos momentos del tiempo. Por el contrario, el ser de la idea es uno; es algo
'-lue es fuera del espacio y fuera del tiempo}' con independencia de mí, aunque a
mí se me revele en un acto real de mi mente. Mi pensar la idea está ciertamente
en el tiempo -y, además, en mí, que estoy en un cierto espacio---; pero la idea
pensada es incspacial e intemporal. Para el conocimiento de la idea hace falta que
una inteligencia la piense, pues es obvio que no podemos conocer ideas que no ha-
yamos pensado. Pero podemos distinguir entre la idea pensada y el acto de pensarla
y, por consiguiente, darnos cuenta de que el ser de la idea no se confunde con el
proceso efímero de pensarla,
Hay, pues. un mundo de ideas, que no ocupa espacio, que no se extiende en el
tiempo. que no tiene, por tanto. las dimensiones de la realidad, pero que tiene otra
manera de ser. Constituiría un grave .crror equiparar el ser Con la realidad y redu-
Lirio a ésta. Hay seres reales; pero hay. además. seres irreales o ideales que ofrecen
a todo arbitrio del 'Sujeto análoga resistencia que los objetos reales. Nos encontrarnos
ante ellos como nos encontramos ante un árbol. A diferencia del árbol, no tienen
realidad, pero sí tienen un ser objetivo. que impone determinadas exigencias a nues-
tra mente. A ese ser objetivo de los objetos ideales se le llama validez. Yo encuentro
el principio 2 más 2 igual a 4, gracias a un esfuerzo de mi mente¡ pero este principio
no es un pedazo de mi psiquismo, sino que es una idealidad con propia consistencia,
con validez.
Evidentemente el Derecho no es un Ser ideal. Mientras que el principio de
que todos los radios del círculo son iguales tenía consistencia ideal antes de que el
primer géometra lo descubriese, por el contrario. un Código Civil no existe antes de
haber sido elaborado.

8. Los VALORES.

Ahora bien, entre los seres ideales hay una especial casta de ellos con especiales
características: los valores. Según algunas escuelas filosóficas -Husserl, Scheler, Hart-
mann-, Jos valores son objetos ideales con una propia validez. Si bien podemos
descubrirlos en las cosas, en aquellas cosas o conductas que estimamos como valio-
sas. no constituyen empero un pedazo de la realidad de esas cosas o conductas, sino
que son una cualidad que ellas nos presentan en tanto en cuanto coinciden con las
esencias ideales de valor."
Ahora bien, una somera consideración de esos principios, que llamamos valores,
nos pone de manifiesto que tienen características diversas de otros objetos ideales.
Hay estructuras ideales, como las matemáticas, que, además de su consistencia ideal,
constituyen forzosamente también, en cierta dimensión, estructuras propias del Ser
real; por ejemplo: 2 más 2 igual a 4, es una relación matemática ideal; pero es a
la vez una estructura de 10 real, algo forzosamente realizado, porque no cabe que
(los manzanas y dos manzanas no sean cuatro manzanas. La reunión de las manza-
CRITICA DEL SUB J ETNISMO AXIOLOGICO 59

nas es incapaz de ningún acto de rebeldía contra esta relación matemática. Mas, por
el contrario, los valores -b.s ideas éticas, jurídicas, estéticas, los módulos de vitali-
dad, los puntos de vista utilitarios-e- constituyen calidades ideales frente a los cua-
les ocurre que las cosas o las conductas pueden ser indócues. La validez ideal de los
valores no va acompañada necesariamente de su encarnación en la realidad; puede
suceder -y sucede muchas veces- que la realidad se muestre esquiva a la voz de
los valores. Las gentes deben ser veraces; pero, sin embargo, tropezamos a menudo
con personas mentirosas y traicioneras. Algunos valores están en cierta medida rca-
lizados, pero en otra no; algunos están positivamente realizados en las cosas; otros
sólo de manera fragmentaria, y otros no se encuentran realizados, es decir, se ha-
llan, por consiguiente, negados.
Cuando se empezó a meditar sobre el mundo de los valores -en el último ter-
cio del 'siglo XIX, pues antes el pensamiento no se había planteado el problema del
valor general, sino tan sólo el de algunos valores concretos: el bien moral, la justicia,
la belleza, la utilidad-, se tendió a una concepción subjetiva, es decir, a entenderles
como proyecciones de especiales procesos psíquicos, bien como resultado de impre-
siones placenteras, bien como manifestación de tendencias, deseos o afanes." Pero
después, principalmente por obra de las investigaciones lógicas de Husserl y de sus
discípulos, fue criticada esa interpretación subjetivista y se fundó la teoría objerivista.
Se cayó en la cuenta de que no puede definirse el valor' como aquello que nos
agrada. y como desvalor o antivalor aquello que nos desagrada; porque ocurre en
verdad que tenemos como valiosas cosas que nos producen serios dolores, como, ver-
bigracia, difíciles conductas morales, hechos de heroísmo.
Asimismo, se vio que tampoco cabe definir el valor como proyección de un
deseo, porque la perspectiva de ordenación y de urgencia de los deseos subjetivos
de una persona no coincide con la escala jerárquica de sus juicios sobre el valor. En
un determinado momento de nuestra vida podemos desear, por encima de todo la
consecución de algo, verbigracia, de comida cuando apriete cruelmente el hambre,
y, sin embargo, no atribuir al manjar el supremo valor, antes bien, considerarlo como
inferior a los valores que encarnan en una obra de arte, en una institución justa, en
una virtud moral.
Exponiendo algunas de las críticas que cabe dirigIr contra la doctrina subjeti-
vista, gue reduce los valores a manifestación del agrado o a proyección del deseo,
el eminente filósofo argentino Rizieri Frondizi escribe: "Nuestro deber no puede
identificarse con Jo placentero; de 10 contrario, todo el mundo cumpliría con su
deber. 'El mérito de la honestidad radica en su capacidad de sobreponerse a los. te-
clamas de nuestros placeres, apetitos y conveniencias. El placer se mueve en un
plano bajo de nuestra personalidad, y no podemos sacrificar 10 más alto -como son
Jos valores morales- a lo más bajo. Pero aun en el plano del placer y del agrado
hay que distinguir entre lo que nos agrada y lo que reconocemos como auradnblc.
Distinguimos con frecuencia lo agradable de lo gue nos agrada por razones perso-
nales o circunstancias. Aún me agrada escuchar un viejo vals que me emocionnbn en
la adolescencia. y, sin embargo, na admito CJue sea más agradable que la Sinfonía
Inconclusa de Schubcrt, por ejemplo. Lo mismo sucede con el deseo, donde hay que
separar también lo deseado y lo deseable. El hecho de que la. gente desee una cosa
no la convierte en deseable." 4
60 EL OBJETIVISMO AXIOLOGICO

Aparte de esas críticas contra la posición subjetivista, Scheler y Hartmann pro-


dujeron una rigorosa teoría para fundar la tesis objctivista, es decir, la tesis de
que los valores son esencias ideales, con validez objetiva y necesaria. Los valores se
dan como objetos de una intuición esencial, que se imponen necesariamente al re-
conocimiento, con igual evidencia que las leyes lógicas O las conexiones matemáticas.
Su validez, que es independiente de la experiencia, no se puede fundar en un hecho
contingente. Además, como independientes de la experiencia, es decir, como no fun-
dados en ésta, constituyen criterios con los cuales discriminamos las experiencias
según un punto de vista diferente del de la experiencia. Es decir. frente a las expe-
riencias, externas y psíquicas, señalamos algunas como manifestaciones valiosas,
unas más valiosas y otras menos valiosas, y otras como antivaliosas. Y el sentido de
esa discriminación no es el dc la coincidencia o discrepancia con afectos subjetivos,
antes bien, tiene el sentido de constituir algo válido en sí. Además, puede aducirse
otra serie de argumentos que desenvolveré al tratar de la teoría objctívista sobre el
criterio de la estimativa jurídica, en la última parte de este libro.
Pero ocurre que, a pesar de la gran fuerza de los argumentos empleados por
Scheler y Hartmann contra el subjetivismo, sin embargo, muchas gentcs al pensar
sobre este problema se hallan todavía fuertemente influidas por el pensamiento que
suele expresarse cn forma popular diciendo que "en materia de gustos nada hay
escrito" y que el sentimiento individual decide en las apreciaciones sobre el valor.
Ahora bien, en esta materia creo que se cometen habitualmente varios errores.
En primer lugar, creo que debe señalarse el hecho de que los que se sienten
atados todavía a una concepción subjetivista, psicologista, de los valores, tienden a
buscar ejemplos de anárquicas. discrepancias de opinión, que induzcan a creer que
se trata tan sólo de expresiones personales, en el campo del Arte y de las preferencias
estéticas. Mas ocurre que en ese tipo de argumento se encierran varios equívocos.
Uno de esos equívocos es olvidar que el conocimiento de los valores es un problema
de conocimiento, ni más ni menos que el conocimiento de cualquier otro objeto, real
o ideal. Y el conocimiento preciso y rigoroso no le es dado al hombre gratuitamente;
antes bien, constituye las más de las veces el resultado de penosos esfuerzos. Que los
valores sean ideas objetivas no quiere decir que todos los hombres, ni siquiera unos
pocos, tengan sobre todos ellos un conocimiento enteramente logrado. También tie-
nen el carácter de evidentes los conocimientos sobre las conexiones matemáticas y,
sin embargo, han hecho falta muchas vigilias para irlos logrando.
Por otra parte, entiendo que es un error suponer que en materia estética hay
nada más que una forma de belleza, ruando seguramente son en número bastante
grande. Probablemente podríamos decir que cada estilo artístico constituye el intento
de captar en la realidad de sus obras nuevas cualidades estéticas. Ahora bien, no
todas las conciencias tienen una pareja capacidad para aprehender, de buenas a pri-
meras, cualidades valiosas a cuya captación no se hallaban habituadas.
De otro lado, es posible que Jos modos de realización de los valores estéticos
sean de una riqueza más grande qu~ las vías de cumplimiento de otros valores (rno-
tales, etc.); lo cual, por su complicación, induce a creer que no hay en aquel campo
un orden' objetivo. De aquí que considere que el área estética no es el campo más adc-
cuado para mostrar con relieve la objetividad de los valores. Con esto no quiero excep-
PROBLEMAS SOBRE LA OBJETIVIDAD DE LOS VALORES 61

tuar ese sector estético de la cualidad objetiva, sino tan sólo advertir que, hoy por hoy,
es más difícil recoger de él los ejemplos conducentes a justificar la objetividad.
Además, téngase en cuenta que en todos los sectores de conocimiento hay poc-
ciones que. prácticamente, pueden considerarse como definitivamente conquistadas,
y otras sujetas todavía a empeñada discusión. Esto ocurre incluso en el campo de la
matemática: a nadie se le ocurrirá poner en duda la verdad de que dos más dos
suman cuatro; pero, en cambio, los primeros supuestos de la matemática hálJanse
todavía sometidos a graves controversias científicas. Pues bien, algo análogo cabe
observar respecto de Jos valores; verbigracia: de los morales y de los jurídicos. Nadie
podrá negar que la gratitud, la lealtad, constituyen valores, y que el desagradecimiento
y la traición son antivalores. Pero, en cambio, se sigue discutiendo si es o no moral
el uso de medios preventivos de la concepción, si el hombre debe o no sacrificar
al cumplimiento de su vocación otras virtudes. En esos problemas hay discusión, por-
que se trata de cuestiones más complejas. Nadie podrá negar que es justo devolver
la cosa recibida en préstamo gracioso y que es injusto el asesinato; que es jJsto que
haya una equivalencia entre la prestación y la contraprestación; pero, en cambio,
continúa viva la discusión sobre los sistemas políticos relativos a la economía, entre
liberales, socialistas, etc.; sencillamente porque se trata de temas mucho más compli-
cados. Y la complicación dimana no sólo de las dificultades para aprehender los
valores correspondientes, sino también, y 'Sobre todo, porque en esas controversias lo
que se discute muchas veces no es tanto el fin (fundado directamente sobre un valor)
C113;oto más bien cuáles sean los medios mejor conducentes a lograrlo.
Ahora bien, aunque acabo de ofrecer esas consideraciones que tienden a invali-
dar la concepción subjetivista y, por tanto, a afianzar la tesis objetivista, debo decla-
rar que no por ello reputo plenamente correcta la teoría objetivista de Scheler )'
de N. Hartmann. Porque estos filósofos, lo mismo que muchos de sus discípulos,
sostienen una especie de objetividad ideal abstracta de los valores. En cambio, yo
entiendo que son objetivos, en el sentido en que no son emanación del sujeto; pero
que su objetividad se da en la existencia humana. Pero sobre esto y p3r' que su
sentido aparezca claro, discurriré unas página: más adelante.
Los valores son peculiares objetos ideales, que ciertamente tienen una validez
análoga a la que corresponde a otras ideas; pero, a diferencia de éstas, p,?s¡,;en, ade-
más, algo especial que podríamos llamar vocación de ser realizados, pretensión de
imperar sobre el mundo y encarnar en él a través de la acción del hombre. Cierto que
la esencia de los valores es independiente de su realización; es decir, un valor vale
no porque se haya realizado, sino a pesar de su no realización. Porque algo sea, esté
ahí, no por eso quiere decirse que encarne un valor; puede representar precisamente
la negación de un valor, esto es, un desvalor o antivalor. Y viceversa: la validez de
un valor no lleva aparejada la forzosidad efectiva de su realización. Por ~o se dice
que las categorías ser y valor son independientes. Pero, si bien es notorio e¡ne la
esencia y la validez de los valores resultan independientes de su eventual cumplimien-
to en los hechos, también Jo es 'que esta independencia no significa indiferencia fren-
te a su no realización, antes bien, en el sentido de los valores late la pretensión de
ser cumplidos. Cuando los valores que se refieren a una determinada realidad no son
cumplidos o encarnados en ésta, ocurre que la tal realidad, sin dejar de ser la rea-
lidad que sea, parxe romo no justificada, como algo que ciertamente e.r.. pero que
62 PROBLEMAS SOBRE LA OBJETIVIDAD DE LOS VALORES

110 defJierl: ser. Y, asimismo, los valores no realizados tienen una. dimensión que
consiste en una manera de tendencia o dirección ideal de afirmarse en la realidad.
Su sentido consiste en querer ser cumplidos, en determinar normas para el comporta-
miento. Nnturalmenrc que cuando hablo de "tendencia", de "querer", de "vocación",
empico estas palabras como expresiones metafóricas, para. denotar el especial sentido
de los valores, y no en las acepciones rigorosas de esos vocablos (como poder efecti-
vo, o como impulso real). Con esto intento solamente aclarar la específica pecu-
liaridad que corresponde a los valores, a modo de una dirección o referencia hacia
la realidad, como pretensión de imperar sobre ella.
Unas pocas p¡iginas más adelante expondré mi concepción de los valores, en
la cual éstos no son meras proyecciones psicológicas, na son el simple resultado de
unos mecanismos mentales, sino que, por el contrario, tienen una consistencia objeti-
\';1; bien tIlle esta objetividad no es de tipo abstracto, sino que está incardinada dentro

de la vida humana. Pero ahora paréceme conveniente insertar en este punto unas
clarividentes consideraciones ofrecidas por Risieri Frondizi sobre esta controversia
entre subjetivismo y objctivismo. Apunta Frondizi la probabilidad de que no todos
los valores tienen una índole semejante en 10 que se refiere a la objetividad o
subjetividad. Es muy verosímil que en los valores más bajos, los que se refieren al
°
agrado desagrado, por ejemplo, del paladar, predomine lo subjetivo.' Pero "este pre-
dominio se perderá si saltamos a lo más alto en la escala axioJógica; a los valores
éticos, por ejemplo". "El valor ético tiene una fuerza impositiva que nos obliga a
reconocerlo aun en contra de nuestros deseos, tendencias e intereses personales .. ,
En medio de estos 'dos extremos están los demás valores: útiles, vitales, estéricos.">
Por otra parte, añade Frondizi que, aun cuando tendamos proponderantemente a la
tesis objetivista, al menos para los valores de rango superior, no es posible 'Separar
por entero en términos absolutos el valor y la valoración, a pesar de que el valor
no se pueda reducir a la valoración.
Pero antes de seguir con el desenvolvimiento de ese tema fundamental sobre
cuál SC:L la índole 'de los valores, es oportuno ofrecer ahora la descripción de algunas
de las características formales de Jos valores, tal y como esos nos son dados en la
conciencia.
Aparte de otras características, tienen las .ideas de valor la peculiaridad de darse
siempre en parejo, el valor positivo frente al valor negativo (desvalor o antivalor}.
Es decir, .una misma referencia de valor es bipolar: bien-mal, verdad-falsedad, justicia-
injusticia, aptitud-ineptitud, belleza-fealdad, grandeza-mezquindad, .etc., etc. Y en
tanto que en la realidad se dé la negación del valor gue le corresponde, esto es, el
dcsvalor o antivalor -acto inmoral, sentencia injusta, cuadro feo, trebejo inútil, etc.-,
parece como si el valor positi(fo. estuviese clamando por su realización; parece como
si la realidad, en su LIZ antivaliosa o desvalorada, padeciese una penuria o mutilación
de su destino."
Cuando hablamos de la realización de los valores no 'lucremos expresar que
éstos se transformen en COS;lS, O en cualidades reales de las cosas; al realizarse un
valor no se transforma en cosa. ni en in,grediente real de una cosa. El valor realizado
en uru COS:l constituye una cualidad reta/ir/a de esa cosa. es decir, la cualidad que tiene
en virtud de comparar la cosa con la idea de valor, La moralidad de un acto no es
un componente p'SiC0!Ó,~ico ni brologrco del mismo. sino una cualidad qcc tiene el
]ERARQUJA ENTRE LOS VALORES Y EN LA VIDA HUMANA

acto de coincidir con el perfil de una idea ética. La belleza de un cuadro no es un


pedazo material del mismo, sino la coincidencia de él con un valor estético. Las cua-
lidades valiosas de las (osas son cualidades ideales, que ellas tienen, en tanto f.-jIJe
comparadas o referidas a ideas de valor.
Los valores presentan el espectáculo de guardar- entre sí relaciones de r;tnL~(j \/
jerarquía. Hay especies de valores que valen más que otras clases --por ejemplo, J~JS
valores éticos valen más que los utilitarios-. y. además, dentro de cada [amilia de:
valores, también ocurre que unos valen más que otros; por ejemplo, vale más In P'"
reza que la decencia, vale más la sublimidad que la gracia.
Si comparamos este espectáculo de las relaciones jerárquicas de Jos valores con
el cuadro de la naturaleza, resulta algo peregrino ; porque la naturaleza no conoce
ni remotamente ninguna idea de rango --en tanto que naturaleza y nada más que
como naturaleza, es decir, corno mera serie causal de fenómenos. En la naturaleza,
mientras no introduzcamos puntos ele vista de estimación, que son por entero ajenos
a ella, no se conocen jerarquías ni escalas: un fenómeno es o no es, pero no cabe
(Jue sea. más o menos, en diferentes grados de ser (real). En cambio, cada valor,
a pesar de constituir en sí un valor, es menos valor que otros y más valor q:"íC
otros. Esta es una característica que diferencia el mundo de los valores del mundo de
la naturaleza; pues en ésta, en el puro campo de los fenómenos naturales -y mientras
en él no introduzcamos puntos de vista ajenos al rnismo-, no hay grados de rea-
lidad: un fenómeno es o no es, y entre su ser o 'Su no ser no caben grados interme-
dios: es lo '1ue es Y no es Jo que 00 es. En cambio, según he mostrado, el ser de los
valores consiste en su valer, y en éste se dan grados: unos valores valen más que otros.
Es conveniente que fijemos la atención en esto. porque nos servirá muy pronto
para entender una peculiaridad de la vida humana y de las obras en ellas produci-
das, que consiste en algo análogo a lo que ocurre con los valores, a saber: que la
vida hum1n~ y -sus obras tienen 1111 ser susceptible de gradaciones [eráronicas. Y esas
gradaciones jerárquicas tienen dos fuentes o dimensiones, a saber: el r:tngo de 1M
dioersos valores y el grado de ma)"or o menor realización de cada 11110 de los calores.
Lo cual nos pondrá certeramente sobre la pista de las relaciones de la estructura de
lo humano con la estructura de lo estimativo. Unas páginas más adelante desarrolla-
ré este tema. Y posiblemente a la luz del mismo conseguiré unas directrices para
orientar una cuestión gue había sido olvidada por el pensamiento contemporáneo, y
que es urgente abordar. La vida humana, y sus actos y obras, tiene, a diferencia
del mundo de la. naturaleza, perspectivas de rango y jerarquía. Mientras que la nntu-
raleza pura, como concatenación de fenómenos, desconoce toda jerarquía, las realida-
des humanas, en cambio, presentan una doble' dimensión jerárquica: de un Jada, la
que deriva de la jerarquía de Jos valores en ella cumplidos; de otro lado. fa gue,
respecto ~e un mismo valor, deriva del grado de mayor o menor realización de él
en la obra humana. Esto último trae consigo que haya grados de realización en las
tareas humanas; arte c¡ue es más arte que otro, amores que son más amores que-
otros. filosofía que es más filosofía '1ue otra, etc.
No es este el lugar ndecnado para desarrollar, ni siguiera en breve resumen.
Jos temas principales de la filosofía de los valores ---<¡ne, por otra parte, se halla
en espera de una reelaboración que la inserte en la nueva filosofía general, reelnbora-
ción en la que espero que el punto de vista anunciado al final del párrafo anterior (y
64 EL PROBLEMA DE LA INDEPENDENCIA ENTRE REALIDAD Y VALOR

que esbozaré en otras páginas de este mismo libro) pueda ser de alguna importancia.
Mas estimo conveniente añadir algunas consideraciones respecto de los valores, pues,
sea cual fuere el destino que dicha teoría haya de correr en el próximo futuro, J1:.1Y
ya en ella descubrimientos que se muestran como firmes.
Los valores no son elementos dados en la realidad, no son ingredientes reales
de ella. Y, por consiguiente, no son conocidos en la experiencia de las cosas, no
son sacados de la percepción. Una cosa aparece teniendo un valor positivo, como un
bien, en virtud de una intuición primaria del valor que en ella encarna. El que
estimemos algo como diestro, útil, bello, verdadero, bueno, justo, supone una intui-
ción ideal de la destreza. de la utilidad. de la belleza, del bien moral. de la justicia. En
suma, estimar tales objetos como valiosos consiste en percartarnos de que coinciden
con ideas de valor. A las cosas en las cuales se da una idea de valor positivo, las
llamamos bienes; aquellas en que reside un valor negativo se denominan males. Pues
ocurre que las cosas no podrían apareccrlc al hombre como bienes -o como males-
si no hubiese una estimación (independiente de la percepción de Ia realidad de las
cosas) que le mostrase que poseen un valor --o un desvalor. Se estima. sólo en
virtud de una 'idea de valor intuida primariamente. Resulta clara esta distinción entre
la realidad y el valor -y consiguientemente la diferencia entre la percepción del
objeto real y la intuición de su calidad valiosa-c-, fijándonos en que a veces ocurre
que percibimos el objeto real y estarnos ciegos para su valor; y que, viceversa, pasa
también, en algunas ocasiones, que intuimos un valor en una cosa cuya textura real
apenas conocemos, o que simplemente 'pensamos en la. idea pura de valor, sin
referirnos a ninguna realidad concreta en que se halle plenariamente encarnada;
por ejemplo, pensamos en la justicia perfecta, que probablemente no ha conseguido
realizarse.
Esto ha llevado a subrayar la independencia entre la categoría de la realidad y
la categoría del valor. Resplandece en nuestra conciencia todavía con mayor relieve
la dimensión' de los valores cuando éstos no se hallan realizados en la vida, porque
entonces apreciamos el enorme contraste entre aquello que debiera ser y aquello que
es. Acaso la justicia perfecta no hemos tenido nunca la ventura de verla plenamente
realizada, y no por ello dejamos de reconocer que la justicia es un valor. En cambio,
tropezamos a menudo con injusticias, cuya realidad ahí, ante nosotros, no puede ser.
negada; pero precisamente esa .realidad de los hechos injustos suscita en nosotros
su repudio, como injustificados a la luz del valor. La realidad de una cosa no implica
que esa cosa sea valiosa. El reconocimiento de un valor como tal valor no implica
que ese valor se halle efectivamente realizado.
Se ha insistido mucho -sobre todo por la escuela fenomenológica en que el
mundo de los valores, como ideas, constituye una categoría diversa e independiente
del ser real. Y precisamente el argumento en el que se ha hecho :-.1ayor hincapié consiste
en mostrar que el hecho de que algo sea no implica, en manera alguna, que eso,
que es, encarne cualidades valiosas, puesto que hay hombres viciosos. leyes injustas,
pinturas feas, trebejos inútiles, etc.; y en mostrar, además, viceversa. que el hecho
de que concibamos algo como valioso no lleva consigo que ese algo exista en la tea-
lidad. Y este argumento es ciertamente valedero para distinguir la independencia
formal de las categorías de la realidnd y del valor; porque, en efecto, ni la realidad
de lIgo funda su valor, ni d valor es base de realización; pero, aun estando justifica-
RELACIONES ENTRE VALOR Y REALIDAD 65

do este argumento para distinguir formalmente la independencia de estas dos cate-


gorías, ello no impide, a mi entender. que se deba buscar, en una consideración más
honda, la conexión entre las realidades )' los valores, puesto que, aunque indepen-
dientes, hay una especie de recíproca vocación,' es decir, los valores reclaman ideal-
mente ser plasmados en realidades, y las realidades sólo cuando encaman valores
preséntanse como justificadas. Ahora bien, de este punto, que es uno de los' cuales
requiere una superación en la filosofía del valor, trataré unas .líneas más adelante,
en la próxima sección, dedicada al enjuiciamiento crítico de la Filosofía de los valores.
Asimismo, podemos señalar que toda idea de deber ser, de normatioidad, se
funda en una estimación, esto es, en un juicio de valor.
Por otra parte, se dan conexiones esenciales entre cada una de las clases de
valores (éticos, utilitarios, etc.) y los respectivos soportes en que encarnan. Hay
valores. como los morales. que sólo pueden darse en las personas realmente existentes
y no en las cosas; los 'jurídicos, en una colectividad; otros. como los de utilidad, sólo
en las cosas y en los procesos; otros. como los vitales (salud, vigor, destreza), sólo
en los seres vivos; etc., etc.
Hay valores "que sirven de fundamento a otros, es decir, que funcionan como
condición para que otros valores puedan realizarse. No puede darse la realización .
del valor fundado sin que se dé la realización del valor fundante. Y el valor [undante,
condición ineludible para que pueda realizarse el valor fundado, es de rango inferior
a éste. Así, por ejemplo, lo tí/il está fundado en lo agradable, pues sin 10 agradable
no existiría 10 útil; y 10 agradable, valor [undante, es inferior en jerarquía a lo
útil, valor [sndado. y en el curso de esta obra tendrá el lector ocasión de percatarse
cómo en el mundo del Derecho vienen en cuestión los valores de justicia y de seguri-
dad -entre otros-, y veremos que la seguridad es un valor {undante respecto de
la justicia, que aparece como valor fundado; y la seguridad, a fuer de valor {undan-
te, es. inferior a la justicia, pero es condición indispensable para ésta, o dicho en
otros términos: no puede haber una situación de justicia sin que exista una situación
de seguridad.
Finalmente convendrá hacer mención -aunque muy somera- de que la teoría
de los valores o Estimativa ha descubierto una serie de principios puros, esencíales..
rigorosos, y de leyes a conexiones de igual indole respecto de elJos. A título de
m~ra alusión ilustrativa mencionaremos algunos de estos tipos de principios o cene-
xiones. Por ejemplo, las leyes de la relación formal entre la realidad y los valores;
la existencia de un valor positivo es un valor positivo; la no existencia de un valor
positivo es un valor negativo (anti-valor), etc.1"
Por otra parte, hay que mencionar el hecho de que la averiguación de los prin-
cipios o pe las leyes para la determinación de la jerarquía o del rango respectivo
entre los valores constituye el problema crucial de la Estimativa o Axiología.

,
66 AXIOLOGIA FENOMENOLOGICA y HUMANISMO TRASCENDENTAL

9. ENJUICIAMIENTO cRÍTICO DE LA AXIOLOGÍA DE SCHELER y HARTMANN.


DIRECTRICES PARA SU SUPERAOÓN y PARA S,U INSERCIÓN EN LA
METAFíSICA DE LA VIDA.

Pero acaso resulte conveniente que, aun tratándose de unas páginas de iniciación
a la Filosofía: del Derecho" formule en breves palabras un enjuiciamiento de lo que
la teoría de los valores ha significado en el inmediato pretérito y de sus perspectivas
actuales y futuras. La filosofía de los valores, especialmente la de la escuela de Sche-
ler y de Hartmann, ha representado una de las más resonantes conquistas del pen-
samiento contemporáneo. Pero también es fuerza reconocer que, desde hace algo más
de cinco lustros, ha entrado en una peregrina situación. La teoría de los valores; al
, producirse en la obra de Scheler, alcanzó enorme influjo en toda el área filosófica
de nuestra época; y fue considerada como uno de los más certeros y fecundos descu-
brimientos de la meditación contemporánea, sobre todo en los países de la Europa
Continental y de Iberoamérica. En cambio, la filosofía fenomenológica objetivista
de los valores (Max Scheler, Nicolai Hartmann) apenas encontró reconocimiento en
las regiones de lengua inglesa, pues en éstas han predominado las doctrinas subje-
tivistas -aunque haya habido también pensadores próximos al objerivismo, por ejem-
plo, G. E. Moore, E. T. Mitchell, Robert S. Hartman, etc.
Con algunas manifestaciones del humanismo trascendental -sobre todo con
la metafísica de Ortega y Gassct-s- ha sucedido, respecto de los valores, algo muy
curioso. Primeramente, de 1920 a 1925, Ortega y Gasset cehó las campanas a vuelo
con gran entusiasmo anunciando la filosofía de los valores de Max Scheler como
una de las más grandes conquistas del pensamiento del siglo xx; pero después P'"
reció haber dejado a un lado, casi como olvidada, esa axiología. Lo raro es que Or-
tega y Gasset no se enfrentó críticamente con la misma con el propósito de lograr
una superación de ella. Se limitó sencillamente a prescindir de ella -por lo menos
en apariencia-, diríamos que a desviar de ella la atención. Los temas que hace
treinta años estaban en el centro del pensamiento contemporáneo fueron sustituidos
por otros en el pensamiento de Ortega y Gasset; pero sin que desarrollase una su-
ficiente explicación de ello, a pesar de que años antes hubo de vivir muy próxima-
mente el influjo de aquella filosofía de los valores. Queda, por consiguiente, como
urgente tarea, para el pensamiento del inmediato futuro, el revisar la filosofía de
los valores y determinar sobre cuál pueda ser su situación en las doctrinas del huma-
nismo l'rasceflilental. Y como contribución a este tema querría yo aportar las siguien-
tes reflexiones, siquiera sea a modo de puro esbozo o de directriz germinal.
Aunque uno aprecie todo lo que en la axiologfa objetivista fenomenológica de
Scheler hay de fértil conquista y de descubrimiento de nuevos horizontes, uno per-
cibe hoy en ella algunas insuficiencias: lo que dejó a la espalda sin aclararlo, y sin
ni siquiera hacerse cuestión de ello. Y se advierte también las exageraciones. y la
unilateralidad en que Scheler incurrió.
La separación radical entre el reino de la realidad fenoménica y el reino del
valor puede ser, desde un punto de vista metódico, necesaria y de gran rendimiento;
pero no puede constituir una última palabra, o, Jo que es lo mismo, no puede ser
considerada como una primera y radical base en una filosofía general, es decir, en
RECIPROCA VOCACJON ENTRE VALORES Y REALIDADES 67
una Metafísica. Sin desdeñar las fructíferas perspectivas metódicas de la distinción
entre realidad y valor, deberíamos, en un plano más profundo, plantearnos el pro-
blema de vincular de nuevo esos dos reinos, para explicarnos cómo el uno está des-
tinado al otro, y encontrar un principio más radical en el que ambos quedasen ar-
ticulados. Es decir, en un plano de diferenciación formal resulta correcto distinguir
entre realidad fenoménica y valor; peco, de otra parte, aunque desde ese punto de
vista de caracterización formal se presenten el ser y el valor como independientes,
es necesario reconocer que entre ambos se da una relación que podríamos llamar de
recíproca vocación, .pues pertenece a la esencia misma de los valores una pretensión
de ser realizados, de ser cumplidos en determinados hechos; y, correspondientemente,
de otra parte, hay realidades en las cuales deben ser encarnados unos ciertos valores
,..--y no otros-, hasta el punto de que ruando no ocurre así, esas realidades nos
resultan injustificadas, a pesar L~e ser reales; es decir, son, pero no debieran ser.
Sucede, pues, que, aunque lo r al y lo valioso sean categorías distintas y formal-
mente independientes -recorde os que hay valores no realizados y que hay reali-
dades antivaliosas-, sin embal~o, parecen estar ahí el una para el otro recíproca-
mente. Esto es, hay unos valores para ser cumplidos en determinadas realidades, y
hay unas realidades en las cuales deben cumplirse unos determinados valores. Y todo
esto supone que entre los dos reinos se da una conexión, una vinculación, que no
"fue satisfactoriamente estudiada en la filosofía de los valores de Max Scheler. Cierto
que éste vio y expuso muy bien la recíproca vocación entre los valores y las reali-
dades correspondientes, donde los valores deben ser cumplidos. Pero Scheler no aco-
metió debidamente el análisis del problema que tal reciproca vocación plantea.
Este tema, el del nexo de recíproca vocación entre los valores y la realidad, se
relaciona con la cuestión más general sobre el punto de inserción de la Teoría de los
valores en ·el sistema de una Filosofía general. Se trata de la pregunta ¿dónde están
o dónde ponemos los valores? Esta pregunta puede ser entendida de dos maneras.
Según una de .ellas, entendida como pregunta sobre una situación en el espacio, su
significado sería estúpido, porque siendo los valores ideas inespaciales e intemporales,
carece de sentido interrogar por dónde estén. Pero esta pregunta puede formularse
con una significación diferente: atribuyendo a ese d6nde el sentido de cuál sea el
puesto de los valores dentro de una concepción filosófica, en relación con las demás
partes de la Filosofía y con los demás objetos de otra índole que en el Universo hay.
Tal problema no fue enfocado suficientemente en las obras de Scheler y de Hartmman.
A mi entender, cabe plantearlo y orientarlo certeramente, buscando el punto de inserción
de Jos valores en la realidad fundamental que es la existencia o vida humana. De ello
hablaré más adelante, ruando me ocupe de la Filosofía de la vida.
Además, querría advertir algo que considero puede tener excepcional alcance
en esa revisión de la filosofía de los valores. Cuando se descubrió la categoría del
valor distinta de la del ser real de la naturaleza, experimentaron los filósofos el en-
tusiasmo que tiene el explorador al poner por vez primera su planta en tierra antes
incóunita, y subrayaron muy mucho que la categoría "valor" es tan primaria y radica!
como la categoría "ser real", que no deriva de ésta, por la sencilla consideración,
Y' expuesta, de que el hecho de que algo sea real y efectivamente no supone que
valga, pues hay en el mundo múltiples realidades entivaliosas: y por la consideración
inversa de que el hecho de que reconozcamos una calidad como valiosa no implica
68 EL VALOR ES "MAS 'PRIMARJO" QUE LA REALIDAD

que dicha calidad esté realizada, ni que tenga forzosamente que estado, ya que los
.:iUpremos valores no los hemos visto todavía encarnados plenariamente, la filosofía
de los valores insistió mucho en ese carácter que el valor tiene de constituir una
categoría tan primaria como la del "ser real" y. por tanto, independiente de ésta.
Ahora bien, yo creo que esa filosofía de los valores ha entrado en crisis, por-
que será preciso darse cuenta de que en lugar de constituir .lo que pretendió en un
principio, es decir, un nuevo capítulo del tratado sobre los objetos ideales, se transo
formará en algo más importante y radical, a saber: en un elemento condicionante de
la Metafísica general. Porque seguramente estamos en trance de darnos cuenta de
que la categoría valor no es tan primaria como la categoría ser, sino que es más pri-
maria que ésta -si me es admitida tal expresión. Seguramente -a la luz del huma-
nismo trascendental (filosofía de la "existencia o de la vida)- reconoceremos que,.
puesto que las cosas se presentan para el hombre en una función servicial, y puesto
que las cosas son ingredientes de la vida del hombre, elementos en su vida y para
su vida, y como" la vida humana está constituida por una serie de actos de preferir,
que suponen juicios de valor, resultará que lo estimativo condiciona todas las demás
maneras de ser; en suma, condiciona al Universo entero con todas sus zonas y cate-
gorías. Oportunamente en páginas ulteriores de este libro explicaré esta idea, que'
entonces -después de que el lector haya trabado conocimiento ron la filosofía de
la vida- se hará patente con todo su relieve y significación. Pero era necesario insi-
nuarla ahora, al haber tratado de la filosofía de los valores, aunque en este momento
acaso el lector no pueda. calibrar enteramente su alcance.
y aún querría anticipar algo más, para completar" este esbozo de la revisión
a que ha de someterse la filosofía de los valores de Max Scheler y Nicolai Hart-
mann. Estos dos filósofos insistieron mucho en que los valores no solamente son
esencias puras independientes de la experiencia de la realidad, sino que, además,
constituyen esencias objetivas y con validez absoluta. Ahora bien, aunque la crítica
que Scheler y Hartmann hicieron del psicologismo puro sea correcta, creo que exa-
geraron extremosa e indebidamente su doctrina objetivista. Cierto que los valores
no constituyen el mero resultado de una especial configuración de los mecanismos
psicológicos. Cierto que no atribuyo valor más alto a aquello que mayor agrado me
produce, ni tampoco a aquello que en un cierto instante deseo con mayor vehemencia.
Pero estimo que esta dimensión de los valores -su independencia de lo psíquico--
que, en principio, constituye una visión certera, ha sido transformada en un concepto
de objetividad abstracta, lo cual ha conducido a muchos equívocos; y que, sobre todo,
ha constituido el más grave obstáculo para insertar la teoría de los valores en\ una
concepción filosófica general. Scheler, y sobre todo Hartmann, convirtieron. la axio-
logia en general, y la ética en particular, en una especie de astronomía de los valores.
Los valores no son esencias parecidas a las ideas platónicas, como sostiene Nicolai
Hartmann. Por el contrario, los valores están esencialmente referidos y vinculados a
la vida humana: tienen sentido en la vida humana y para ella.
Este reconocimiento me lleva a modificar la tesis objetivista de Schcler-Hart-
mann. Tienen razón estos dos filósofos al refutar la tesis puramente subjetivista, psi-
cologista, de que los valores sean tan sólo proyecciones del agrado o del deseo, ema-
naciones de meros mecanismos psíquicos al reaccionar éstos ante las cosas del mundo.
En ese sentido, esto es, en el sentido de que no son meramente subjetivos, puede decirse
OBJETIVIDAD INTRAVITAL DE LOS VALORES (59

que son objetivos. Pero debemos entender esta objetividad como una objetividad inma-
-nente de la vida humana. como una objetividad intravital, porque nada es para mí,
ni tiene sentido para mí fuera del marco de mi vida; entendiendo que mi vida es,
-como expondré más adelante en este libro- la realidad primaria dual que con-
siste en la compresencia incscindible entre mi yo y mi mundo, mundo en el mal
figuran múltiples y variadísimas clases de objetos. incluso Dios ---ruya Realidad
Absoluta, aunque trascienda de mi vida, obtiene testimonio en mi vida. Todo cuanto
es, 10 es en el marco de mi vida. Así como el mundo' de la naturaleza no es algo
en absoluto, independiente del yo, porque s610 podemos apuntar al mundo que
conocemos, tal y como lo conocemos, o tal y como 10 presentimos, tal y como ha-
liamos de él algunos vestigios en nuestra vida, como correlato, o como contorno, o
como preocupación, o como esperanza del yo, asimismo, los valores los hallamos como
una serie de calidades que figuran en nuestra vida y de los cuales nos ocupamos.
Cierto que el mundo con todas sus múltiples y varias clases de objetos no es una
producción del propio yo, sino que, por el contrario, se da ante el yo como un con-
junto de objetos. Así también sucede que los valores no son pura proyección de la
psique, sino objetos, cualidades, que la mente halla ante sí. Pero esta objetividad es
una objetividad dentro de la vida humana, y para la vida del hombre, referida a
esta vida: en general, y además también a las situaciones particulares de ella. El valor
es tal, no porque el sujeto le otorgue esta calidad mediante y en virtud de su agrado,
deseo o interés. Pero el valor tiene sentido en el contexto de la vida humana. Tiene
razón Risieri Frondizi al sostener que no se puede separar radicalmente, por entero, el
valor de la valoración, El valor es valor para el hombre, que es quien valora. Lo cual
"no significa que el sujeto cree el valor en el momento en que valora, sino que sig-
nifica que no puede separarse el valor del acto de la valoración; aunque desde luego
tampoco puede separarse la valoración del valor".
Desde hace tiempo he venido llamando la atención sobre esta tesis de la objeti-
vidad intravital de los valores, es decir, que los valores tienen validez objetiva, sen-
tido justificado, dentro de la existencia del hombre y para ella. Creo ahora que esta
tesis debo completarla con algunas de las directrices 'Señaladas certeramente por Ri-
sieri Frondizi, las ruales se podrían resumir y, además, articular con mi propio pen·
samiento, diciendo que los valores se dan objetivamerite no sólo dentro del marco y
del contexto de la vida humana, con sentido referido a ésta, sino, además, en el con-
texto de "situaciones concretas". Cada situación concreta comprende la conjugación
de ingredientes subjetivos y componentes objetivos. Por mi parte, añadiría yo que
nadn tiene de raro que esto sea así, porque nuestra vida es siempre una relación
inescindible entre el yo y su mundo. Tanto el componente subjetivo como el objetivo
son muy complejos. Aquél comprende toda nuestra vida psicológica pretérica y la pre·
senté en el instante de la valoración; comprende, además, el organismo biológico;
comprende también las constelaciones sociales' en las que el sujeto se halla; comprende
su personalidad cultural. la contribución objetiva de la situación comprende a su vez
múltiples y varios elementos: dimensiones inherentes al objeto valorado, que ]0 hacen
aparecer como valioso independientemente del agrado, del deseo ydel interés eventua-
les Que puedan suscitar en la persona en un cierto momento, características de la cosa en
fin,:, '("ncaena, es decir, del bien o depositario, en el cual el valor aparece realizado,
relaciones de ese bien Con el complejo. de cultura, vinculaciones históricas, etc,
70 VALORES Y SITUACIONES CONCRETAS

El aspecto objetivo -dice Frondizi- se destaca más en el plano ético, porque


a medida que se asciende en la escala de los valores se acrecienta el elemento objetivo.
La altura del valor se podría medir por el mayor o menor predominio de la obje-
tividad. Pero, en todo caso, nos encontramos con que un valor no tiene existencia
ni sentido fuera de una valoración rcal o posible." Así pues, diría yo, tiene sólo seo-
tido dentro del marco de la vida humana en general -añadiendo lo sugerido por
Froadiai-,-, y 'dentro de una situación concreta de la vida humana, en la cual figura
la realidad particular del sujeto, su. circunstancia, y la relación entre la una y la
otra. Dentro de la circunstancia se da no sólo el contorno individual, sino también
el marco social, cultural e histórico. Todo lo cual no resta objetividad al fundamento
del juicio de valor; sólo que -como ya dije- se trata de una objetividad intravital,
de una objetividad dentro del marco de la existencia humana.

10. EL DERECHO NO ES VALOR PURO.

¿Es acaso el Derecho pura y simplemente un valor? De momento, comprende.


mos que el Derecho tiene algo que ver con el mundo de los valores, pues parece
que no se puede hablar de lo jurídico sin referirlo a algunos valores. Y ello es exacto.
Pero, de otro lado, barruntamos que el Derecho, a pesar de su conexión con el
mundo de los valores, no es pura y simplemente un valor, sino que es un conjunto
de hechos que ocurren en el seno de la vida humana y en el área de la historia,
y que tiene, por consiguiente, una serie de ingredientes .que no pueden ser dorni-
ciliados pura e íntegramente en el reino de los valores.
Lo jurídico -por ejemplo, el Código Civil, el Código Penal, el Parlamento, los
jueces, los policías, etc.- esté constituido por un conjunto de actividades y de obras
reales de los hombres; obras y actividades insertas en su vida, condicionadas por ella, en
las cuales late la referencia a unos valores (seguridad, justicia, utilidad común, etc.),
es decir, late el propósito intencional de realizarlos. Esos valores serán los criterios,
las ideas en que 10 jurídico trata de orientarse; pero el Derecho positivo no está cons-
tituido por puras esencias de valor, aunque le aliente la intencionalidad de guiarse
por ellas, y aunque pueda contener una mayor o menor realización positiva de ellas.
El Derecho no es la pura idea de la justicia ni de las demás calidades de valor que
aspire a realizar; es un ensayo -obra humana- de interpretación y de realización.
de esos valores, aplicados a unas circunstancias históricas. Y, por tanto, el Derecho
contiene elementos de esa realidad histórica.
Por otra parte, adviértase que la relación del Derecho positivo con los valores,
que éste trata de plasmar, no siempre es de correspondencia perfecta: así, por ejemplo,
podrá ser justo, menos justo o injusto. Muchas deIas normas e instituciones jurídicas
elaboradas por los hombres pueden haber resultado acertadas; pero muchas otras se
han mostrado como yerros, como inadecuaciones, e incluso Como fracasos, en su
propósito de justicia. Y el Derecho de un pueblo en un determinado momento histó-
rico está compuesto de aciertos, de menores aciertos y también de fallas en cuanto a
la intención de realizar determinados valores. Todo Derecho, sezún veremos, pretende
ser algo en lo cual encarnen determinadas ideas de valor, O, dicho en términos mis
sencillos, todo Derecho es un intento de Derecho justo, un propósito de Derecho
EL DERECHO ES OBRA HUMANA QUE ASPIRA A VALORES 71

valioso. Pero él no está constituido simplemente por Jos puros valores que pretende
realizar, sino por una serie de ingredientes a través de los cuales se ofrece un ensayo.
de interpretación concreta de dichos valores -interpretación que puede resultar más
o menos correcta o incluso fallida.
Así pues, el Derecho no se compone puramente de esos valores a que él se
refiere, sino que es el vehículo en virtud d-I cual se, trata de realizar esos valores;
es el algo que puede funcionar como medio o agente de realización de tales valores
--o de su fracaso.
Resulta, pues, que tampoco hemos hallado el Derecho como habitante de la
zona de los valores. aunque con ella guarde una necesaria relación. Debemos, pues,
seguir nuestro recorrido por las regiones del Universo hasta que encontremos aquella
en la que el Derecho anida. ¿Dónde se encuentra el Derecho? ¿Qué jaez de cosa,
es eso que llamamos Derecho? Al colocar de nuevo en otra zona del Universo la
advertencia de que tampoco en ella habita el Derecho) hemos dado un paso más
en la empresa de circunscribirlo; y también hemos tenido ocasión en estas últimas
reflexiones de que se empiecen a dibujar algunos de sus rasgos esenciales. Hemos
caído en la cuenta de que e! Derecho es algo que los hombres fabrican en su vida
y que Jo viven en ella con el propósito de realizar unos valores. Con esto) _presen-
timos que habremos de encontrar lo jurídico en la vida humana. '

11. TRÁNSITO A LA CONSIDERACiÓN FILOSÓFICA DE LA VIDA HUMANA.

Igual flecha de orientación hacia la vida humana la hallaremos al hacernos la


siguiente pregunta: "¿Quién debe realizar los valores?" Contestemos esta cuestión,
y con ello habremos dado un paso de extraordinario alcance. ¿Quién debe realizarlos
valores? Habremos de contestar, .desde luego, que el hombre. Pues, de todos
los seres que encontramos en el Universo, el hombre es el único que entiende la
llamada ideal de los. valores, que es permeable al deber ser que ellos Ilevan consigo y
es capaz de orientar hacia ellos su conducta. La naturaleza --que es un conjunto
de mecanismos regidos por las conexiones de la causalidad- es sorda a la llamada
de los valores; está inexorablemente prisionera de leyes que son inafectables .por los
imperativos de los valores. Por el contrario, e! hombre es el ser q!.le entiende la Ila-
mada de los valores y puede acomodar a ellos su comportamiento. El hombre es
el conducto por medio del cual la dimensión ideal de los valores se puede trans-
formar en un poder efectivo, que obre sobre e! inundo de lo real. El hombre es e!
elemento gracias al cual el deber ser. puede convertirse en una tendencia real actúan-
te en los hechos. Y, así) el hombre se nos ofrece" como una especie de instancia
intermedia entre el mundo ideal de los valores y el- mundo real de los fenómenos:
escucha la llamada de los valores, y, a través de su conducta) puede realizarlos o
dejarlos de realizar. De esta guisa, el hombre actúa como una instancia de transfor-:
mación de la realidad, como un reelaborador de la misma, desde puntos de vista
estimativos.
Así pues, resulta obvio que es el. hombre la instancia de cumplimiento o incum-
plimiento de Jos valores. Y, por tanto, la pregunta ¿dónde se realizan los valores P,
debe ser contestada diciendo que los valores se realizan en la vida humana. Ahóra
72 INIClAClON AL HUMANISMO TRASCENDENTAL

bien, con esta respuesta hemos conseguido un gran avance y estamos en posesión de
una directriz certera para descubrir cuál es la zona del Universo donde encontramos
el Derecho. Porque vimos que el Derecho está constituido por unas obras y activi-
dades en las que se trata de realizar unos determinados valores. Ahora bien, acaba-
mes de darnos cuenta de que -el agente de realización de los valores es el hombre,
y de que éstos se cumplen --<> se infringcn- en la vida humana.

12. LA VIDA HUMANA.

Urge que ahora nos preguntemos ¿qué es eso que se llama vida humana? Aca-
bamos de tropezar con un ser en el Universo, que ya a primera vista parece diferente
de todos aquellos otros que habíamos catalogado basta aquí. Hemos encontrado la
vida humana. Ahora bien, el hallazgo intelectual de esa peculiar realidad nos va a
deparar otras sorpresas -extraordinariamente fecundas. Pues vamos a ver cómo eso
que llamamos vida humana no es solamente un ser distinto de todos los demás seres
en el Universo, sino que es el ser f"ndamental. Es decir, veremos que la vida huma-
na es la" realidad primaria y básica, condicionante de todos los demás seres. La vida
humana es la realidad primera y radical y, a la vez, la base y ámbito de todos los
otros seres y la clase para la explicación de éstos. Veremos que todo cuanto es, lo
es en la vida humana, y como un componente de ella. Pero frenemos estas anticipa-
ciones que acabo de esbozar, y ciñámonos a la pregunta cuya respuesta rigorosa ha
de conducirnos a nuestra meta.
¿Qué es eso que llamamos vida humana? Ante todo adviértase que al hablar
de vida humana no me refiero en modo alguno a la vida biológica, sino al concepto
de vida en la acepción en que se usa cuando hablamos de biografía, es decir, como
aquello que hacemos y nos ocurre,
La vida humana en este sentido es lo más obvio. Constituye nuestra propia exis-
tencia, la de cada uno; todo cuanto hacemos, deseamos, pensamos y nos ocurre. Pero
esta realidad tan patente, tan notoria, no había sido objeto de especial reflexión fi-
losófica sino hasta la obra de José Ortega y Gasset' y de Martin Heidegger. La vida
humana se ha convertido, desde hace algo más de tres decenios, en objeto de una
meditación filosófica centra!. Cierto que desde que la conciencia filosófica despuntó
en Occidente, hace veinticinco siglos, la vida humana aparece en alguna manera como
objeto de meditación; pero no como tema metafísico fundamenta!. Lo que el 'huma-
nismo trascendental ha descubierto es que la vida constituye no sólo una realidad
distinta de todas las demás realidades, sino que es la realidad radical, primaria, básica,
y que, además, es el fundamento y la explicación de todo lo demás, pues todo 10
demás es en la vida humana: Y a la luz de este descubrimiento se inaugura toda una
nueva filosofía, que significa formidable progreso en la historia del peasamiento, y
cuya elaboraci6n se nos depara como tema de nuestra época.w
Tratemos de cobrar contacto reflexivo con la realidad de la vida humana. Y
en esta exposición me inspiraré en la. doctrina de José Ortega y Gasset, quien ha sido
el primero en meditar sobre este tema y esclarecerlo ccrteramcnre.w
¿Qué es nuestra vida? Claro es que nos referimos a la vida en un sentido inme-
diato, y no. por consiguiente. como biología. Las definiciones y puntos de vista:
VIDA COMO CONCIENCIA CONJUNTA DE MI YO Y MI MUNDO 73
biológicos son construcciones teóricas y, por tanto, mediatas, y no intuiciones inmc-
diatas ni evidentes. En cambio, nos preguntamos por la presencia directa de eso que
llamamos vida. Vivir es lo que somos y 10 que hacemos; es lo que está más pró-
ximo a nosotros, Nuestra vida es todo lo que nos Ocurre y hacemos en cada instante,
y, por ende, está compuesta de una serie de sucesos, muchos de los cuales -acaso
la mayor parte- parecen humildes o triviales. Cierto que, a veces, la vida parece
tomar tensión. encabritarse, concentrarse, densificarse. Pero tan vida son esos momen-
tos dramáticos, como los minutos vulgares.
"Vida es todo 10 que hacemos; pero eso no sería vida si no nos diéramos CUenta
de que lo hacemos. Es la vida una realidad de peculiarísima condición, que tiene el
privilegio de darse cuenta de sí misma, de saberse. Pero este saberse no es un cono-
cimiento intelectual, sino ese carácter de presencia inmediata de la vida para cada
cua1. Sentirse, darse cuenta, verse, es el primer atributo de la vida." La vida es, pues,
intimidad con nosotros mismos, un saberse y darse cuenta de sí misma, un asistir
a sí misma y un tomar posesión de sí misma.
Así pues, el acto vital se presenta como un ser distinto de todos los demás
seres: no consiste en un estar ahí, en un ser en sí, sino tan sólo en un ser para sí,
en un pensarse a 'Sí mismo, en un advertirse a sí propio; por ende, consiste en pura
agilidad, en dinamismo constante.
Cierto que este modo de ser como conciencia, corno agilidad, como actuación,
no constituye ningún descubrimiento nuevo; antes bien, fue ya abordado en la Filo-
sofía idealista, cuando Descartes paró mientes por vez primera en la realidad del
pensamiento, como un ser diferente de todos los demás seres y también como el ser
básico y primario. Es verdad, pues, que en la vida humana se subraya ese carácter de
ser para sí, de saberse a sí misma, de agilidad, que constituye una nota de la realidad
fundamental del pensamiento (descubierta por el idealismo).
Pero esta coincidencia no implica que la vida sea igual al pensamiento, ni que
la filosofía de la vida concuerde con la filosofía idealista. No hay tal coincidencia,
antes bien hay discrepancia, por varias razones. En primer lugar, porque la vida hu-
mana, según pasaré a exponer en el párrafo siguiente, no es sólo el sujeto, sino la
indivisible relación entre el sujeto y los objetos, entre el yo y el mundo, mientras
que, por el contrario, el idealismo se fijó nada más gue en el sujeto. Cuando Des-
cartes, al haber hundido provisionalmente en el mar de la duda metódica la totalidad
de los conocimientos, se halló con que sobrenadaba corno nlgo inexpugnable el hecho
de su propio pensamiento, entonces, en vez de haberse atenido a este dato inconmo-
vible, radical, indubitable, y haber procedido a analizarlo -lo rual le habría rn.\:;-
trado que el pensamiento es relación de esencial condicionamiento mutuo entre el
sujeto y el objeto-- se fijó tan s610 en uno de sus términos, a saber: en el sujeto.
En segundo lugar, Descartes, al atender al yo, parece que, como azorado ante la
magnitud de su genial descubrimiento, no SUP!? darse cuenta cabal del carácter de
agilidad, de "ser para sí", que es 'rasgo esencial del sujeto; y cayó en una torpe con-
versión de éste, en una especie de sustancia yacente -incurriendo en la tradición cor-
poreizante peculiar de la filosofía antigua. En efecto, a la pregunta ¿guién soy yo?
contestó "yo soy una cosa CJue nienso", con lo cual se verificó la irrupción irnperti-
nente de 1a noción COJt1. entendida como algo que está, que vace, pua definir algo
como el yo. que es acilidad pura.
74 VIDA ES COEXISTENCIA DEL YO CON EL MUNDO

"Vivir es encontrarnos en un mundo de cosas que nos sirven o que se nos


oponen, que nos atraen o que repelemos, que amamos u odiamos; es encontrarnos
en un mundo de cosas ocupándonos de ellas. Así pues, la vida consiste en la compre.
sencia, en la coexistencia del yo COIl un mundo, de un mundo conmigo, como eleme-
tos inseparables, inescindiblcs, correlativos:' Porque yo no soy, si no tengo un mundo
ide que ocuparme. si no hay cosas que pensar, que sentir, que desear, que repeler, que
conservar, que transformar o que destruir. Pero tampoco tiene sentido que yo hable
de un mundo como independientc dc mí, porque yo soy el testigo del mundo. Para
(Iue tenga sentido hablar del mundo es preciso que yo exista con él; y que exista yo,
no 'Sólo a manera de una de sus partes o ingredientes, sino como garantía de su
existencia. Hablar del mundo independiente de mí es invención. fabricación o hipóte-
sis intelectual, pero de ninguna manera una realidad dada. Lo dado radicalmente es
el mando testificado por mí.
Encontramos la vida cuando nos encontramos a nosotros mismos con el mundo,
al mundo con nosotros, en inseparable compañía.
y ¿quién es el yo? "El yo no es ciertamente una cosa; no es mi cuerpo, pero
tampoco es mi alma, conciencia o carácter, pues yo tengo que vivir con estos elemen-
tos; el yo se ha encontrado con estas cosas corporales y psíquicas y vive con ellas,
mediante ellas; es el que tiene que. vivir con las cosas, entre las cosas, de las cuales
hay unas, su cuerpo y su psiquismo, que tienen una mayor proximidad.'
Pero.Ia vida no queda caracterizada solamente como un saberse, como un darse
cuenta de sí misma, sino que además hay que añadir fundamentalmente que consiste
en nn hacerse a sí misma. La vida no es un ser ya hecho, ni tampoco un objeto con
trayectoria predeterminada; la vida no tiene una realidad ya hecha corno la piedra,
ni tampoco una ruta prefijada como la órbita del astro o el desarrollo del ciclo ve-
getativo dc la planta. Es todo lo contrario; es algo completamente diverso: es un
hacerse a sí misma, porque la vida no nos es dada hecha; es tarea; tenemos que ha-
cérnosla en cada instante. Y esto no s610 en los casos de conflictos graves, sino siem-
pre, en todo momento. "Vivimos sosteniéndonos a nosotros, mismos, llevando en peso
nuestra propia vida, que, en cada instante, se halla en la forzosidad de resolver el
problema de sí misma. Una vida que simplemente se viera a sí misma, como sería
la de una bala que tuviera conciencia, no sería vida, porque no tendría que hacerse
a sí misma, Si bien no nos es dado escoger el mundo en que va a hacerse nuestra
vida -y ésta es su dimensión de fatalidad-, nos encontramos siempre con un cierto
margen, con un horizonte vital de posibilidades -y ésta es su dimensión de líber-
(,t.f-" (pues en el peor y más apretado de los casos, quedarían por lo menos dos
posibilidades: aceptar un destino inexorable o marcharnos de la vida). La vida es
siempre un hacer algo, algo concreto, positivo o negativo -pues el no hacer nada
es en definitiva también un hacer vital, un decidirse por una de las posibilidades.
y el hacer vital consiste en un determinar qué voy a ser, qué voy a hacer en el pró-
xiruc instante; la vida consiste en un tener que decidir en cada momento lo que
"amos a ser en el siguiente. en un hacerse a sí misma resolviendo en cada instante
su futuro. "Vivir es cabalmente estar ocupados en algo, preocupados; vivir es tener
planteado constantemente el problema de sí mismo y tener que ido resolviendo en
cada momento. Nuestra vida es decidir nuestro hacer, decidir sobre sí misma, de-
cidir lo <¡ue vamos a ser; por tanto, consiste en Ser lo que aún no somos; en empezar
VIDA COMO UN CONSTANTE HACERSE 75

por ser futuro; en ocuparnos de lo que hemos de hacer, o. lo que es lo mismo, en


pre-ocuparnos." Vivir es realizar un proyecto de existencia, es un quehacer, una su-
cesión y una simultaneidad de baceras.
Es curioso y emocionante enterarnos de que el humanista italiano Juan Pico
de la Mirándola, pensador neoplatónico del siglo xv, tuvo eventualmente un genial
.barrunto de esa índole del hombre, que consiste en no poseer un ser ya hecho,
configurado, ni tampoco predeterminado. Dice en su obra De bominis dlgnimte: "Dios
trajo al hombre a este mundo como criatura de forma incierta; le colocó en medio de
él y le dijo: 'No te he dado, Adán, morada fija, ni forma propia, ni [unción especial,
para que puedas escoger tú mismo morada, forma y funCfón, y aquello que escojas
será tuyo. He dotado a todas las demás criaturas de una'natgraleza definida y las he
confinado dentro de ciertos límites. Tú no estás confinado dentro de ninguno; te
los crearás a ti mismo según te plazca, bajo la dirección de ]0 (Iue he colocado en
ti. Te he colocado dentro del mundo para que puedas mirar fácilmente a tu alre-
dedor todo ]0 que ha sido creado. No te he hecho celestial ni terreno ... , de mane-
ra que puedas tú, como tu propio modelador y creador, configurarte como quieras.
Puedes degenerar convirtiéndote en un bruto irracional o elevar tu especie a la altura
de los seres celestiales, de acuerdo con tus deseos.' ..
Ahora bien, nótese que e] hacer humano, como tal, no consiste en la actividad
de sus procesos fisiológicos, ni tampoco en la de sus mecanismos psíquicos (de ima-
ginación, percepción, pensamiento, emoción, voluntad, etc.). Tanto esos mecanismos
psíquicos, como los resortes corporales, son meros instrumentos con los cuales el
nombre efectúa sus baceres. La esencia del hacer, de todos los humanos haceres, no
está en los instrumentos anímicos y fisiol6gicos que intervienen en la actividad, sino
en la decisiáu del sujeto, en su determinación, en un puro querer, previo al mismo
mecanismo volitivo. Ese puro querer, esa determinación radical y primera, pone en
funcionamiento los mecanismos, las actividades de que el hombre dispone (su ima-
ginación, su voluntad, sus brazos, etc.). Tanto es así ---que no se confunde el hacer
burnano con sus medios o instrumentos-e-, que decimos: ponerme a razonar, ponerme
a imaginar, ponerme a andar, etc. Lo que radicalmente procede de mí, es el ponerme
a hacer todas esas cosas, y no esas cosas (el razonamiento, la imaginación, el andar,
etcétera) que son mecanismos, actividades, instrumentos. La vida radica en In deci-
sión mía.
Cada uno de nosotros consiste en un ser que ha de decidirse, que ha de decidir
lo qu~ va a ser (lo que va a hacer) en el venidero instante. A veces parece que no
decidimos Jo que vamos a ser, lo que vamos a hacer en el momento siguiente; .pero
lo que ocurre en estos casos es que estamos manteniendo, reiterando una resolución
tomada anteriormente; mas esa decisión anterior puede ser o modificada o corrobora-
da. Al no modificarla y mantenerla, la corroboramos.
Ahora bien~ la estructura del hacer consiste en que se quiere hacer lo que se
hace, por algo (por un motivo, que es una urgencia, un afán) y para algo (con una
finalidad, que es el resultado de la actividad, esto es. la obra). Así pues, la vida
humana, es decir, lo que el hombre hace, se califica por tener un por qué (motivo)
y un para qué (finalidad), 10 mal constituye un sentido, un poseer sentido. Anote-
mas en este momento que acabamos de tropezar con aleo que na hnbiamos enron-
trado en el mundo de la naturaleza: con el !entido o significaci6n.
76 ESTRUCTURA TELEOLOGICA: MOTJVO-1'IN

Conviene huir de una interpretación harto simplista de la estructura teleológica


o finalista del humano hacer) que fue corriente en el pensamiento del siglo pasado.
Según ese pensamiento, que debemos desechar -por insuficiente-, se entendía la
finalidad como inversión mental de la causalidad: se pensaba que el fin era el efecto
deseado, que se anticipaba mentalmente; y el medio era la causa, que se buscaba como
adecuada para producir el fin (efecto) apetecido. Yo no diré que esto sea inexacto;
pero sí que es insuficiente, porque en tal explicación no aparece la auténtica raíz hu-
mana del proceso teleológico o finalista. Por debajo y antes de ese cscluema de antici-
pación intelectual del proceso causal, hay una específica raíz humana, un motivo} un
peculiar porqné (que en ese caso no significa causa) que consiste en que el hombre
siente una urgencia, una penuria, un vacío, un haber menester, que le invita a bus-
car, a imaginar algo, con lo cual pueda colmar esa apetencia. Esto es lo que constituye
el por'lué inicial del hacer, v. gr.• el hombre siente miedo de los animales salvajes. .
y esto le incita a buscar, a imaginar algo que remedie esta penuria: una cabaña. El
porqué de 10 que va a hacer consiste en la penuria que trata de colmar. Ya ha ima-
ginado que construyendo una casa satisfará esa urgencia. Pues bien, la casa in.zaKiluulf1¡
propuesta, constituye el pant qué o filldlidad de su hacer. Y determinado esto, buscará
1" actividades (fuerza de brazos, por ejemplo, ete.) y los materiales (piedras, ete.),
para construir su cabaña. Esas actividades, empleadas sobre esos materiales, constitu-
yen los medios para llegar al fin propuesto (constituyen las causas eficientes cuyo
efecto seni J¡¡ finalidad deseada). Ahora bien, nótese que el esquema fin-medio (cau-
salidad invertida mentalmente: efecto-causa) sólo entra en escena después de haberse
producido el hecho pura y típicamente humano anterior: el motivo (por qué) y el
fin al servicio de éste (para qué). Sólo después de esto es puesto el fin como tal, y
se buscan los medios para producirlo efectivamente, para realizarlo. De suerte que
resulta 'lue el esquema medio-fin se apoya y queda inserto en un supuesto más radio
cal, {lue consiste en la conexión motivo-fin.
Con esto se lleva el estudio de lo humano a una radicalidad y profundidad
desconocida en el pensamiento del pretérito. En lo humano hay naturaleza: hay cuer-
po y hay alma; pero la esencia propiamente humana no es nada de eso, sino la de- .
cisión de ponerse a utilizar los mecanismos y elementos que le ofrece el mundo,
respondiendo a la necesidad que le estimula para hacer lo que se propone como fin.
Era habitual desde Aristóteles contestar la pregunta ¿por qué hace el hombre
algo? mostrando la existencia de los mecanismos en cuya posesión se halla y que le
sirven para ello. Así, a la pregunta ¿por qué habla el hombre? solía responderse
diciendo (Il:C lo hace porque tiene un aparato vocal para ello. A la pregunta ¿por
qué vive el hombre en sociedad.', se respondía: porque tiene el instinto de la socia-
bilidad, Pero tales respuestas distan mucho de acercarse a la verdad, o al menos
quedan a .~ran distancia de la auténtica explicación. Poseemos a veces trebejos que
no utilizamos, rapacidades que no pon:-mos en práctica, sencillamente florque no
sentimos la necesidad de emplear ni aquellos utensilios ni esas aptitudes. En cambio,
cuando sentimos un vacío, una oque.l.rd en nuestra existencia y hemos imaginado
al,Co con lo e¡ue pudiéramos colmar esa penuria, nos lanzamos a un quehacer con-
jmiente, tanto si tenemos a nuestra disposición un mecanismo adecuado como si no
disooncmos de él. En ese último c.tso, cuando no poseemos un aparato adecuado.
fabricamos el que nos sea posible hacer, o echamos mano de otro, aunque no resulte
EL HOMBRE, SER CON PROBLEMAS 77

tan apto. El hombre no habla porque tenga instrumento vocal, sino porque siente la
necesidad de hacerlo. Y si es muelo, entonces acude a otros medios de comunicación;
por ejemplo, señas. El hombre no realiza actos sociales porque tenga la aptitud para
ello, sino porque siente la ineludible urgencia de la sociedad.
Se trata de algo que cabría expresar diciendo que el hombre es el ser que afronta
problemas; problemas que tiene, que resolver por su propia cuenta. Esto fue visto
aguda y certeramente ya en la filosofía socrático-platónica, por lo que respecta a los
problemas cognoscitivos. El hombre es el único ser que tiene problemas de conocí-
miento. Ni Dios ni las bestias tienen problemas de conocimiento. Dios lo sabe \todo
y, por tanto, no siente la urgencia de saber algo que no sepa. El animal no sabe, pero
no sabe que no sabe y por eso no siente la necesidad de saber. El hombre no sabe;
pero sabe que no sabe lb que no sabe y que le importa saber eso que no sabe; o dicho
con otras palabras, tiene conciencia de sus ignorancias concretas y se siente urgido
para colmarlas, 10 cual tiene que hacer por su propia cuenta, imaginando primero
cómo puede lograrlo y lanzándose después a ponerlo en práctica. Ahora bien, esto
vale no sólo para caracterizar los problemas intelectuales, sino también todas las de-
más funciones de la vida.
De todo cuanto llevo dicho se desprende otra de las características esenciales de
la vida humana, a saber: que cualquiera de sus haceres necesita justificarse, es decir,
que constituye un problema. Vivir es oruparse en algo "para" algo. En primer lugar,
tengo que decidirme entre las varias posibilidades -pocas o muchas, por 10 menos
dos- que me ofrece la circunstancia en la que estoy alojado. No tengo por fuerza
que hacer esto concreto y nada más, sino que puedo hacer una cosa u otra.e Claro
que esas posibilidades son limitadas en número; si fueran ilimitadas no serían posi-
bilidades concretas, sino la pura indeterminación; y en un mundo de absoluta inde-
terminación no cabe decidirse por nada. Para que haya decisión tiene que haber, a la
vez, limitación y holgura. El mundo vital es constitutivamente circunstancia, algo ce-
rrado y, a la vez, abierto; es decir, con hueco interior donde moverse. "La vida se
va haciendo su cauce dentro de una cuenca inexorable. Vida es, a la vez, fatalidad
y libertad, es ser libre dentro del hueco de una fatalidad dada."
A esta concepción de Ortega y Gasset conecto yo la siguiente reflexión: Para
decidirse por una de las varias posibilidades que se ofrecen, es preciso elegir; y para
elegir es necesario preferir, es necesario un acto de preferencia a favor de esta
posibilidad, sobre todas las demás. Pero una preferencia sólo es posible en virtud de
una estimación, es decir, en virtud de que se valore esta posibilidad y de que se la
estime más c¡ue todas las otras. En suma, para decidir es preciso elegir, para elegir
es necesario preferir y para preferir es ineludible que sepamos estimar o 1'alorar.
Por mi parte, considero yo que los principios de la doctrina de la vida, según
Ortega y Gasset -tal y como los he venido exponiendo-, han de conducirnos a
afirmar que nuestra vida está constituida, o, mejor dicho, se forma de un conjunto
de valoraciones, de una sucesión de estimaciones. Y, así, a mi entender, resultará Cjue
la Estimativa no está. limitada a determinados objetos ideales (como la diseñó la dl,c-
trina de Scheler), sino que tiene una dimensión más radical, a saber: el constituir
una estructura esencial de la vida humana. Aquí encontramos, pues, una de las pers-
pectivas que anunció -pocas pá,gim.s atrás- para reelnbornr la teoría de los valores.
insertándola en Lt misma ruiz de la filosofía del humanismo trascendental.
78 ESTRUCTURA ESTiMATIVA DE LA VIDA HUMANA

Hace ya veinticuatro años que; en mis explicaciones de cátedra, lancé el pensa-


miento de que la estructura de la vida es .cstirnati va. Es decir, que si 'Suprimiéramos la
capacidad de estimar (valorar, preferir, elegir) desaparecería la vida humana; ésta
no sería posible, ni pensable. El mismo fenómeno de la. atención <--tan estudiado
por los psicólogos (aunque ellos no hayan advertido todo su alcancc)- que condi-
ciona la posibilidad del conocimiento, tiene una. estructura estimativa. El hombre que
no pudiese elegir (preferir, estimar) no podría pensar, no podría hacer nada. sería
pura suspensión, sería absoluta abstención; en SWllJ, no viviría. Más de una vez he:
tratado de ejemplificar este pensamiento acudiendo al ejemplo del Asno de Buri-
dán, el cual se hallaba hambriento ante dos pesebres, sin comer de ninguno de ellos,
porque na sabía decidirse por el uno o por el otro. Veo la posibilidad de adscribir a
esta imagen una formidable y decisiva resonancia metafísica. He aquí por 10 cual
digo que. a mi entender. la teoría de los valores habría que insertarse en 1:1 misma
entraña radical de la filosofía para articularse en la teoría de la vida humana.
Asimismo hemos de subrayar -10 cual ciertamente ha sido indicado por Ortega
y Gasset- que cualquiera de los actos de la vida humana necesita inexorablemente
[ustíjicarse. Y anotaré que no sólo la decisión ele un hacer, sino también cada uno
de los actos que lo integran -por ejemplo, cada uno de los medios que se empleen
para la finalidad propuesta-o Cada uno de los actos, incluso Jos más humildes, re-
quiere que se justifiquen ante mí y constituye, por tanto, un problema. Por ejemplo.
cuando vey a levantar un pie para dar un paso, se ofrece la cuestión de saber si
el suelo de enfrente va a sostenerme o no; y sólo sobre la base de que yo crea que va
a sostenerme, se justifica ante mí el acto (lUC vaya realizar. Claro que la mayor parte
de las veces esos 'problemas los tenemos resueltos por el hábito, de manera mecánica.
Pero otras veces, no: y entonces es necesario que yo encuentre una justificación de
lo que voy a hacer. Esta justificación podrá resultar correcta, o incorrecta, desde el
punto de vista objetivo; pero, en todo caso, habrá de ser suficiente ante mí, pues
de lo contrario sería imposible la acción. Incluso cuando se trata de decidir algo al
puro azar (echando al vuelo una moneda) hay en ello un propósito de justificación:
por no haber encontrado motivo suficiente para preferir una de dos cosas, y porque
Se reconoce que está justificado hacer tanto la. una COOlO la otra, se acude a este pro·
cedirnicnto fortuito, para individualizar uno de los dos haceros entre los cuales se
estima que es necesario decidirse'; Así caemos en la cuenta de CJue otra de las dimcn-
sienes esenciales de la vida es la necesidad que tiene de jllstijic{Jrse tl sí misma, en
todos sus momentos. Cualquiera que sea la decisión (lue yo tome, ésta requiere una
justificación ante mí.
Claro que muchas veces justificamos una determinación y la tomamos, no sólo
en .vistn a un único quehacer en el próximo momento, sino con largo alcance, para
prolongado tiempo. Así, por ejemplo, decidimos 'Seguir una carrera, etc. Pero, en todo
caso, siempre subsiste la posibilidad de revisar en cualquier momento CS:l determina-
ción. Y cuando no lo hacemos, es que implícitamente la estarnos corroborando. Si
no rectificamos la decisión anterior, tácitamente la. estamos ratificando. La vida no
puede avanzar, vivir, sino resolviendo en 'cada instante -explícita o implícitamen-
te- su propio problema, las cuestiones que ella se planten necesariamente a sí misma,
para Jo cual es necesario que justifique ante sl misma sus propias actitudes y dcter-
mi naciones.
LA VIDA, REALIDAD PRlMARIA Y FUNDÁMENTAL 79
Hasta aquí me he limitado a exponer la realidad de la vida humana y a describir
su estructura esencial. Nada he dicho sobre la dimensión de radicalidad y de funda-
mentalidad que esta realidad desempeña en la nueva filosofía: Pero tal tema -c-que
es una de las principales dimensiones de esta teoría- no pertenece directamente al
asunto que se enfoca en este libro. Por tanto, me limitaré a una mera alusión a este
punto. La Filosofía busca, desde sus inicios, la verdad radical y fundamental, esto es,
autónoma (que se baste a sí misma y no se apoye en otra previa) y pnntonoma (que
sirva de base y justificación a todas las demás). La Filosofía antigua y la medieval
creyeron encontrar esa verdad en algún elemento del mundo fuera de mí; a lo cual
se le l1ama realismo. Pero al despuntar el siglo XVII, se opera por Descartes la más
formidable hazaña que registra la historia de la cultura -y que había venido siendo
preparada por el Renacimiento--: la inauguración del idealismo, el cual da lugar a
toda la cultura y vida modernas (la nueva física -con ella la técnica-c-, el racionalis-
mo -y con él, el liberalismo, la democracia, ctc.-). El idealismo consiste en haber
caído en la cuenta de que el mundo externo, lejos de ser un dato radical e incontro-
vertible, es algo cuestionable y mediato; y en advertir que 10 único incuestionable, abo
solutamente cierto y primero, es mi pensamiento; que lo único indudable es mi propia
conciencia. Con 10 cual, el pensamiento, la conciencia, 'constituye la verdad primaria,
la realidad radical, en la que se apoyan todas las demás cosas, cuyo ser dependerá del
ser que reciben del pensamiento. Pero si el idealismo llevaba razón frente al realismo
al subrayar la dependencia en que las cosas se hallan respecto de mí, en cambio,
erró.al no darse cuenta de que yo dependo también de los objetos (puesto que no cabe
un pensamiento vacío, sin objeto, un pensamiento de nada). Así, aunque es cierto
que 110 puede haber objeto sin JIIjeto, lo es asimismo que 110 puede haber sujeto sin
objeto (lo cual no fue visto por el idealismo).
En efecto, la filosofía de la vida conserva del idealismo aquello en Jo que éste
tuvo y sigue teniendo razón: el descubrimiento de que eso que llamo mundo depende
de mí. Referirse, como Jo había hecho la filosofía antigua y 'la medieval, pura y sim-
plemente, de buenas a primeras, al mundo en sí, a las cosas en sí fuera de mí, cons-
tituye una crasa ingenuidad o una especie de superchería inconsciente. Esa referencia
primaria a las cosas o al mundo en sí, independiente de mí, entraña una enorme falo
síficación, porque yo no sé de las cosas sino en la medida en que las siento o las
pienso. Luego eso que llamamos cosas no son cosas en estado químicamente puro,
sino que constituyen un producto bimembre, es decir, 'un compuesto de dos ingrcdicn-
tes: de Jo que las cosas sean efectivamente en sí y de lo que mi visión pone en
ellas, Por lo tanto, yo no puedo referirme inmediatamente a cosas ell Ji, sino tan
sólo a cosas en mi. Con esto no trato en manera alguna de hacer revivir los extremos
hiperbólicos a que llegaron algunos sistemas idealistas (por ejemplo, el de Bcrkclcy
y el de Fichte), ni siquiera persistir en la postura general del idealismo moderno,
que se convirtió en solipsismo. Admito que sea posible, mediante una serie de cons-
trucciones intelectuales, lograr que el conocimiento desembargue en la realidad m';~s
allé de mí. Lo que importa subrayar es que el mundo en sí nunca ha sido ni podrá
ser un dato inmediato.. porque lo que siempre hallaremos será el mundo en mí, y de
este compuesto de dos factores (el mundo y en mí) siempre resultará que Jo inmc-
diato e indubitable es lo mío, mientras que Jo otro, por de pronto, queda solamente
como mediato y problemático, Esto es lo gue persiste del ideali~mo como conquista
80 LA VIDA, RECIPROCA DEPENDENCiA ENTRE EL SUJETO Y LOS OBJETOS

inconmovible. Ahora bien, no se permanece hoy dentro del idealismo, entre otras
muchas razones. de alguna de las cuales me ocuparé, porque se admite la posibilidad
de que el conocimiento desembarque en la realidad objetiva. Sólo que para efectuar
ese- desembarco es necesario realizar una serie de complicadas operaciones intelectuales
que ~vengan a servir de garantía O de demostración; de suerte que el mundo en sí,
en caso de que lleguemos a él, nunca será un dato, sino el resultado de una operación
científica.
Adviértase, por otra parte, que el idealismo cometió las más de las veces el
error de interpretar la dependencia en que los objetos o el mundo están de mí, como
una especie de necesaria deformación que el sujeto opera sobre unas cosas en sí
inexorablemente incógnitas. Ahora bien, este supuesto no sólo es gratuito, sino que
además hay sobrado fundamento para considerarlo erróneo. La relación de depen-
dencia no tiene por qué consistir en una deformación o desnaturalización. No hay
ninguna razón seria para suponerlo así. Hay que limitarse a advertir tan sólo la de-
pendencia en__que los objetos están de mí y, al mismo tiempo, el singular papel que
al sujeto corresponde. Papel singular, porque yo no soy una de tantas cosas como
en el universo hay; yo soy la condición de los demás objetos, porque constituyo el
testimonio de ellos, soy su testigo.
Pero si es verdad patente que todos los objetos dependen en algún modo de
mí, también hay que reconocer que es igualmente verdadera la afirmación de que
sin el mmuio tampoco existo yo. Y esto es precisamente lo que no supo ver el idea-
lismo; y el fuberIo omitido constituye uno de sus errores de mayor alcance y más
decisivos. Yo consisto en pensar, había dicho el idealismo (así lo afirmó su funda-
dor Renato Descartes). Pues bien, no puede haber pensamiento que no sea pensa·
miento de algún objeto. Yo soy ciertamente un sujeto que piensa, que ama, que detesta,
que anhela, que quiere. Pero yo no podría pensar si no hubiera objetos en que pen-
sor: yo no podría amar si no hubiera objetos que amar; yo no podría detestar si no
hubiese objetos que detestar; yo no podría anhelar si no hubiese objetos que anhelar;
yo no podría querer si no hubiese qué querer. Así pues, sin los objetos no sería,
simplemente no -podria existir, quedaría reducido a la nada.
Así pues, mientras quc para el pensamiento antiguo y el medieval (realismo
ingenuo) el punto de partida básico, primario, radical, que busca la Filosofía, estaba
en los objetos -c-en algún tipo de elIos-, y para el pensamiento moderno, que fue
idealismo, estaba en el sujeto, en cambio, para la recria de -la vida no está ni en lo
uno ni en lo otro, sino en la inescindible relación entre ambos, es decir, en, la vida.
Nuestra vida es una rara, una peregrina realidad, una realidad dual, que consiste
en hallarnos recíprocamente de modo inseparable el yo y el mundo. Mi vida no 'So)'
yo, ni es tampoco el mundo. La vida es la correlación entre el yo )' Sil mundo. La vida
es conciencia de mí mismo, pero no únicamente de mí mismo solo, sino n la vez
del mundo conmigo; y es, además, tráfico constante de mí mismo con el mundo; por-
que el ser de mi vida tengo que hacerlo yo, tengo que irlo tejiendo en la elaboración
constante de mi comportamiento, de mis haceres. echando mano de alguna de las
cosibilidades que se me ofrecen en mi contorno. Mi vida es ese trato con el mundo:
)'0 estando en el mundo, pensando en él, ocupándome con él; es, en suma. la con-
[unción correlativa del sujeto con un mundo de objetos, en la cual el yo va fabricando
la trama de su exis~encia. dentro de la holgura y variedad que el contorno le brin&l.
PERSPECTIVISMO: MI MUNDO 81

Eso que llamo el mundo, pero que, en realidad, es mi mundo. se halla cons-
tituido por ingredientes objetivos, es decir, que no están creádos por mí, aunque si ;
están organizados correlativamente a mi yo, es decir, en una especial perspectiva. El
sujeto no es un puro espejo que refleje transparentemente la realidad. no es un. su-
jeto puro idéntico e invariable, antes bien ejerce sobre los objetos una actividad
seleccionadora según sus propias preferencias atencionaIes y una actividad organiza.
dora de su perspectiva. Así pues, el mundo, su mundo, tal y como el sujeto lo tiene
ante sí, resulta de esa acción seleccionadora y de esa organización de lit perspectiva.
Ahora bien, esa función cstructurante, que pone el sujeto, no implica una deforma-
ción de la realidad, como lo habían creído los idealistas que tendieron al relativismo.
El sujeto forma su mundo, seleccionando de los múltiples objetos existentes aquellos
en que se fija su atención preferente, los articula en la perspectiva determinada
por el orden de sus intereses. Esto no entraña que tales objetos queden deformados,
He aquí <;n esquemático resumen la tesis perspectivista de Ortega y Gasset."
Análoga a esta tesis perspectivista de Ortega y Gasset es la concepción de Max
Scheler, según la. cual hay una estricta correlación entre el yo y su mundo, tanto en
el campo del conocimiento teórico como en el de los· deberes prácticos.'!
Por diversas vías, pero en direcciones paralelas al pensamiento gue presento,
han llegado a resultados análogos algunos filósofos norteamericanos. Algo de eso
hay certeramente entrevisto en James, Pierce y Mead; pero sobre todo con mayor ma-
durez y profundidad en Dewey.w Dicho sea de paso: sería frívolo creer que en las
concepciones de dichos filósofos no hay otra cosa gue pragmatismo; por el contrario,
hay mucho más, y entre ello no poco que ofrece una sorprendente analogía con algunos
de los puntos de vista de la metafísica de la vida, según la he presentado. Sobre
todo en Dewcy.
Asimismo, la, Sociología de la cultura insiste mucho en el condicionamiento de
los objetos por el interés del sujeto, interés que, a su vez, viene condicionado por las
situaciones histórico-sociales de cada momento y lugar. Así, por ejemplo, han hecho
especial hincapié en ello los sociólogos norteamericanos Carlos H. Cooley y Roberto
Maclver: y sobre todo Carlos Mannheim.w otrora profesor en la Universidad de
Colonia, y desde 1933 a 1949 (año de 'u muerte) en la de Londres. Todos los
autores mencionados -y desde luego otros muchos más- vienen a concordar en el
rechazo de la suposición de objetos por enteco' independientes del sujeto; y por
el contrario subrayan la relación íntima entre el sujeto y los objetos que constituyen
su mundo. Se subraya especialmente el papel que juega el interés del sujeto. Y co-
mo quiera que el 'Sujeto no vive abstractamente con lndependeociadel espacio en que
se halla, ni fuera del tiempo, antes bien, en un lunar, en un determinado momento
de la historia y enmarcado por una situaci6n social y cultural concreta, es preciso
hacer hincapié en el influjo que esos factores colectivos ejercen sobre el conocimiento
de Jos objetos y sobre su trato con ellos. El interés por un cierto tipo deacdón· es
uno de los principales factores que hacen patentes o preferibles determinados objetos,
obrando de tal suerte como aparato selector de los elementos de la realidad que
entran dentro de la conciencia.
La correlación entre el sujeto y los objetos de s.u mundo, la interacción entre
ambos, no impide establecer la diferencia entre la verdad v el error; no es en mane-
ra a.!~tna una invitaci6n al escepticismo, ni siquiera al relativismo, antes bien, todo


82 "MI MUNDO" Y "EL MUNDO

lo contrario. Porque al descubrir y subrayar los factores que condicionan cualquier


objeto pensado, se hace posible aquilatar con precisión el alcance de cualquier cono-
cimiento. En efecto, cuando descubrimos el punto de vista de la referencia de un
sujeto a determinados objetos y los factores que influyen. sobre esa perspectiva, pode-
mas calibrar su alcance y su 'Significado. Y ese." conocimiento, aunque su alcance y su
significado sean parciales, es verdadero; verdadero, se entiende, en su parcialidad
y en su dependencia. Pero es que todo conocimiento humano es parcial, y depende
de un punto de vista y de los factores que operan en la determinación de, éste. El
conocimiento absoluto, ubicuo, sub specie aeteruitatis, sólo puede ser propio de
Dios. Incluso podría decirse que el mundo en si, pleno, sin limitaciones de punto
de vista, es decir, visto desde todos los puntos de vista a la vez, en verdadera tota-
lidad, tan sólo puede ser el correlato de la Conciencia Divina.
La nueva filosofía ha descubierto, .pues, que lo primario o radical, y lo funda-
mental, es la coexistencia o compresencia inescindiblo entre el sujeto y el objeto, en
recíproca relación de dependencia, en inseparable correlación, a lo cual se llama vida
humana. Y, así, el idealismo trascendental ha sido sustituido por el humanismo tras-
cendental. .
Ahora bien, la vida humana no es solamente la base primaria y radical de la
Filosofía, sino, además, también la realidad fundamental, es decir, la realidad en la
que se dan todas las demás realidades, la realidad en que todas las otras se basan y
explican. Y así, por ejemplo, la naturaleza que encuentra el físico en su ciencia es
un objeto doméstico de esa ciencia, la cual ciencia es algo que el hombre hace en
su vida; y las verdades de la biología representarán los resultados de únn de las
actividades a que determinados hombres, los biólogos, se han dedicado; y así suce-
sivamente. La vida es la realidad que sirve, por decirlo así, de sustentáculo o de marco
a todas las demás realidades, porque todo manto se da ante mí, se da como término
de referencia en mi vida, es en mi vida. Adviéttase bien, en prevención de cualquie-
ra interpretación errónea, que como vida no es solamente el yo, afirmar quc' todo es
y se da en mi vida no significa de ninguna manera que sea un. producto o una pro-
yección del yo. Mi vida es la relación impartible entre el yo y los objetos. Todos los
objetos que hallo por cualquier camino son, pues, en mi vida, están referidos a mi
vida y se presentan como correlatos a las posturas de mi yo. Lo cual no quiere decir
que sean creaciones o emanaciones de mi yo; sencillamente porque son objetos, y
en tanto que tales contraponen al sujeto.
Después de lo que acabo de expresar, cobrará mayor relieve el sentido de una
de las rectificaciones que he introducido en la filosofía fenomenológica de 16s valo-
res, y que aparece expuesta en unas páginas atrás de este mismo libro. Como decía,
reputo que se debe asentir a la afirmación del carácter objetivo de los valores, esto
es, que se debe negar que los valores sean meras emanaciones del sujeto; pero con-
sidero que hay que entender esa objetividad como intravital o inmanente a la vida.
Es decir, se trata de una objetividad intravital, porque todos los objetos que hallo,
presentes o latentes, Jos hallo en mi mundo, como parte o como componentes de mi
vida, y con sentido dentro de ésta y para ésta. Este reconocimiento, de que todo
cuanto se da ante mí se da en mi vida, no niega que algunos objetos, por ejemplo,
Dios, los fenómenos de·1a naturaleza, etc., tengan una realidad, y posiblemente tam-
bién un sentido, más allá de mi vida. Mas aunque pueda ser así, resultará siempre
MI VIDA", REALIDAD FUNDAMENTAL 83

que yo encuentro todos los objetos como ingredientes de mi vida, como hechos ante
mí, como presentimientos, como preocupaciones, como incentivos para tareas, como
facilidades, como dificultades. Y admitiendo incluso que yo pueda llegar a averiguar
algo sobre la realidad y el sentido que los objetos que se Jan en mi mundo tengan
más allá de éste, en el 1Juíndo, esto lo averiguaré y lo entenderé desde la perspectiva
de mi propia vida y nunca con total independencia de ella. Los valores superiores
ciertamente no dependen de mi querencia, tienen una validez objetiva, que yo no
determino. Pero su sentido está ligado a la vida humana en general, y además vincu-
lado a Ias situaciones particulares de ésta. Podríamos expresar esto diciendo que su
objetividad intravital significa que Dios los piensa como válidos; pero como válidos
para la la existencia del hombre, y no como entes abstractos.

13. EL LIBRE ALBEDRÍO.

El análisis filosófico de la vida humana me ha abierto el camino para un nuevo


enfoque y una nueva solución del tan debatido problema sobre el libre albedrío. Y
me parece que a la luz de la meditación que he desenvuelto, y que ofrezco a conti-
nuación, este tema puede ser planteado con un rigor antes no conseguidoy puesto
en la vía para su correcta solución.
Es muy añeja la controversia sobre el libre albedrío. Desde milenios acá, se
viene discutiendo sobre si el hombre constituye un ente espontáneo, capaz de tomar
decisiones por sí mismo, por propia cuenta, o .si, por el contrario, a pesar de 10 qua
pudiera hacer creer el íntimo sentimiento de la conciencia, se halla movido por el
engranaje inexorable de la causalidad, que rige su ser en conjunción con. los fac-
tores externos e internos que en él actúan. No son estas páginas el lugar oportuno
para una exposición erudita sobre la historia del pensamiento en torno a' este pro-
blema. Baste recordar que las múltiples y variadas doctrinas que han sido elaboradas
sobre esta cuestión, se pueden clasificar esquemáticamente en dos grupos: las indeter-
ministas y las deterministas. Cierto que en cada uno de esos dos grupos se puede
distinguir entre diversos matices, algunos de ellos separados por importantes dife-
rencias. Pero, con todo, la existencia de esa pluralidad de formulaciones dentro de
cada grupo no invalida la mencionada clasificación general bimembre. En el ensayo
que ofrezco aquí se intenta una nueva consideración de este tema, la cual propiamente
no cabe en ninguna de las teorías producidas anteriormente a lo largo de los siglos.
Los indeterministas se pronuncian en favor de la existencia del libre albedrío.
Consideran que el hombre es, por así decirlo, dueño de su propia conducta. Entien-
den que puede decidir por sí libremente, sin hallarse sometido a forzosidades inelu-
dibles, la ruta de su comportamiento. Entienden que el obrar humano no se halla de-
terminado por un complejo de causas inexorables. Entre los múltiples argumentos
con que los indeterministas de todos los tiempos han apoyado 'su aserto, ocupa pree-
minente lugar el señalamiento del hecho de la conciencia moral, Los indeterministas
insisten en el hecho de que, a pesar de todas las fuerzas externas que 'Sobre nosotros
actúan y de los factores íntimos que obran en nuestra interioridad, nos sentimos
libres para tornar por propia' cuenta una decisión; y nos sentimos, por 10 tanto,
responsables de la decisión tomada. Ese testimonio inmediato del sentimiento de
84 CONTROVERSIAS ENTRE INDETERMINISTAS Y DETERMINISTAS

responsabilidad se manifiesta no sólo antes de tomar la decisión y mientras ésta se


produce, sino además también posteriormente, en forma de satisfacción o de rcmor-
dimiento. Y hay que reconocer que este argumento tiene una gran importancia. En
efecto, maneja un dato inmediato de la conciencia; algo que se presenta como evi-
dente. Oc aquí el enorme peso de este argumento; porque no es fácil invalidar un
dato de la conciencia inmediata, directa, utilizando construcciones intelectuales que
no son patentes en igual grado. El carácter evidente de este hecho de conciencia no
quiere decir que hayamos de estimar como plenamente correcta la construcción teó-
rica que sobre él edificaron los indeterministas clásicos. Ya expondré cuál es la
interpretación que considero ajustada y cuál es el alcance que debe darse a este
hecho. Mas importa recalcar, desde luego, el relieve que tiene este testimonio de la
conciencia, testimonio que no puede dejar de impresionarle a uno muy profunda-
mente.
Frente a la tesis del libre albedrío, arguyen los deterministas que el hombre no
puede constituir una excepción de la trama universal de la causalidad. Sostienen los
deterministas que el comportamiento es el efecto del complicadísimo racimo de fac-
tores que actúan e intervienen en cada momento en el sujeto humano. Consideran
que ese enjambre de factores, múltiples y heterogéneos, produce un especial tipo de
causalidad psíquica, constituida por el juego de las motivaciones. Y subrayan que
su tesis no es solamente una construcción científica, 'Sino que es a la vez el supuesto
de gran número de relaciones sociales, las cuales se basan precisamente en esa idea
de la regular determinación- de la conducta. Así, por ejemplo, a nadie se le ocurriría
nombrar para el cargo de cajero de un banco a un sujeto que anteriormente hubiese
cometido varios delitos contra la propiedad, y, en cambio, parecería discreto admitir
en tal puesto a quien presentase excelentes testimonios de honradez. La vida social
muestra múltiples ejemplos de tomar como base el supuesto de que existe un orden
de determinación regular de las conductas. Aun admitiendo la posibilidad de que se
interfieran nuevas causas no previstas, de ordinario y como regla general, dicen
algunos deterministas, nos atenemos a los antecedentes: solemos dividir a los sujetos
humanos en honestos y sinvergüenzas, en formales e informales, en laboriosos y ha-
raganes, en serios y frívolos. Por otra parte, con respecto a situaciones concretas,
para calcular anticipadamente cuál vaya a ser la conducta del prójimo, se hace el
examen y el cómputo de los múltiples factores que intervienen en el caso planteado,
para, de tal guisa, poder pronosticar con probabilidad de qué modo se comportará
el otro sujeto. Y de esta suerte, los deterministas amontonan argumentos que, en
verdad, no parecen baladíes, para mostrar que la humana conducta es producto de la
determinación operada causaImente por una multiplicidad de factores.
Y, así, se prolonga a 10 largo de lbs siglos la polémica sobre este terna, sin que
ninguna de las dos posiciones antagónicas logre invalidar plenamente los argumen-
tos de la contraria. Con lo cual ocurre '1t1e, a través de toda la controversia, persiste
la conciencia problemática sobre esta cuestión, de manera que ninguna de las dos pos-
turas logra instalarse sólidamente en' el convencimiento. En efecto, la serena contcm-
plación del multiforme paisaje de doctrinas sobre este tema produce una impresión
de turbiedad. El examen de todas las posiciones elaboradas respecto de esta cuestión
hace vacilar la mente. Aun cuando uno se sienta más indinado a estimar correcta una
de las nos tesis y a repudiar la otra, sin embargo. siguen sin respuesta adecuada algu-
EL ALBEDRJO NO SE PUEDE "TENER" NJ "NO TENER" 85

nos de los argumentos de 1:1 teoría antagónica. Se percibe claramente que el indeter-
minista, por muchos argumentos que ofrezca en favor de su tesis, no ha conseguido
contestar suficientemente algunas de las objeciones que el determinista formuló
contra ésta. Y, de otro lado, por. mucho que el determinista se aferre a concepción
causalista, no consigue eludir el alcance que contra ésta tienen muchos de Jos argu-
mentos esgrimidos certeramente por el indeterminista.
Ese carácter turbio de la controversia, ese ambiente de oscuridad que se da en
toda la discusión, esa insatisfacción en ambas partes, se explican sencillamente porque
el tema ha sido mal planteado. El error radical que se ha cometido en el plantea-
miento del problema ha hecho imposible cobrar una certera orientación para enfo-
carlo y llegar a obtener una solución correcta. En efecto, tal como se ha puesto la
cuesrién ha resultado y tiene que resultar necesariamente insoluble. 'Es más, hay que
declarar que ninguno de los dos contendientes en diálogo tiene razón; antes bien,
que ambos están radicalmente equivocados. Unos (los indeterministas) sostienen
que el hombre tiene libre albedrío; otros (los deterministas) sostienen que no lo
tiene. El disparate cometido por ambos consiste en haber supuesto que el albedrío
es una cosa que se puede tener o no tener.
Frente a ese magno error de haber concebido el albedrío como una cosa que
se puede tener o no tener, hay que decir algo muy distinto. El hombre ni tiene ni deja
de tener albedrío (ya que el albedrío no es cosa, ni facuItad) j lo que ocurre es que
el hombre es albedrío, con lo cual se expresa su situación respecto del contorno que
lo enmarca, su inserción en la circunstancia, o lo que es lo mismo, su situación onto-
lógica en el universo.
Cuando se discute si el hombre tiene o no tiene libre albedrío, se supone (erró-
neamente) que el libre albedrío es una cosa, o al menos algo así como una energía
biológica o psíquica, algo así cD:mo una potencia 9 como una fuerza espiritual. E in-
cluso muchas veces al albedrío se le na llamado libertad psicológica, lo mismo por
los indeterministas, para afirmarlo, que por los deterministas, para negarlo. Pero
ello evidencia que tanto los unos como los otros han cometido el error de considerar
el albedrío como algo que se puede tener o no tener, como si se tratase 'de un resorte
psicológico. Ahora bien, planteado el tema de tal manera, resultará que se podrán
aducir multitud de ejemplos en que parece·que efectivamente se da el testimonio de
la libre voluntad; pero se podrán también presentar en igual abundancia otros casos
interpretables como negación, o al menos como' grave duda, de que exista esa Ji.
bertad.
El hombre ni tiene ni no tiene albedrío, p0C<.lue el albedrío no es algo que se
tenga o no se tenga, o que se tenga en mayor o en menor grado como el vigor muscu-
°
lar la memoria. El albedrío no es una potencia psicológica. El hombre es albedrío.
La diferencia entre emplear el verbo ser o el verbo tener no es de pequeña monta,.
antes bien, de gran alcance. Cuando digo que el hombre es albedrío no expreso quC"
esté en posesión de un especial resorte, de una determinada potencia, de una cierta
energía, sino que expreso simplemente su situación esencial respecto de la circuns-
tancia que lo enmarca y del proceso de su vida: situación que consiste en hallarse
siempre, siempre, ante una pluralidad limitada y concreta de posibilidades, esto es,
de caminos a seguir, y, por tanto, en la necesidad de decidirse por sí mismo, por su
propia cuenta, bajo su responsabilidad, a elegir una de esas vías. El albedrío no es
86 EL HOMBRE "ES" LIBRE ALBEDRlO

una cosa, no es una energía, no es una facultad; antes bien, es sencillamente la


'expresión. del tipo de inserción del hombre en el mundo que le rodea. Esta inserción
no constituye un encaje estricto, fijo, sin movimiento, como el del tornillo dentro de
la tuerca; sino una inserción Con cierto margen de holgura, con un hueco en derredor.
Poes bien, ese hueco, ese ámbito ofrece al sujeto, en cada uno de los momentos de
su vida. un repertorio de varias posibilidad e::., pocas o muchas, pero siempre en nú-
mero plural, entre las cuales el hombre tiene que optar, decidiendo por su propia
cuenta, porque no se halla forzosamente predeterminado a seguir una sola de dichas
f osibíhdades y evitar las demás. Toda vida consiste en tener que elegir en cada
instante entre varios caminos que la depara la circunstancia. Esos caminos son con-
cretos y en número limitado; pero son siempre varios.
Desde luego el repertorio de posibilidades que se ofrecen a cada sujeto es diver-
so; diverso en cuanto al número y en cuanto a la calidad de esas vías. Pero a cada
sujeto se le presentan en cada momento varias posibilidades; y entre ellas no se halla
predeterminado a seguir una y abandonar las dernésr-sino que la elección tiene que
pronunciarla él, por su propia cuenta, Vivir es hallarse siempre en un cruce de ca-
minos teniendo que elegir entre ellos. Por eso, el hombre es albedrío. Lo es senci-
llamenl'e porque tiene que decidir por sí mismo entre las varias coyunturas que Ie de-
para el contorno. Nuestra vida está ciertamente determinada a tener que moverse
en cada uno de sus momentos dentro del contorno que constituye su circunstancia
concreta, es decir, que constituye un hueco dentro del cual se abren varias posi-
bilidades. Pero dentro de ese hueco no se halla determinada, forzosa e inexorable-
mente, a tener que seguir una cierta vía. Incluso la vida que imaginemos como más
triste y angustiosa en un determinado momento, como ofreciendo nada más que una
tráuica senda, no contendría una sola posibilidad, sino dos: la de aceptar ese sombrío
destino o la de evadirse de la existencia. Dicho sea incidentalmente que, desde luego,
suscribo por completo todas las condenaciones que se pronuncien contra el suicidio.
Si traje ahora a colación la hipótesis de él ha sido para mostrar que, incluso en un
caso límite, habría por lo menos una dualidad de rutas entre las cuales se tendría
. que decidir.
La circunstancia concreta, que depara una multiplicidad de posibilidades en
cada uno de los momentos de la vida de un sujeto. humano, está compuesta por la
combinación de muy varios elementos. En esa circunstancia, que determina cuáles sean
las posibilidades de la vida de un sujeto, figuran no solamente el marco de la na-
turaleza exterior, la estructura y el medio sociales, .sino también la educación y las
capacidades adquiridas, y asimismo el propio cuerpo y la propia alma. Que, en efecto,
también el propio rucrpo y la propia alma forman parte de la circunstancia o del
contorno envolvente del sujeto, y gue no se confunden con éste, se comprende en
virtud de las siguientes consideraciones. Recordemos que la vida es, según ha mos-
trado José Ortega y Gassct, trato necesario y constentc de un yo Con el mundo, con
su contorno; es decir, la vida está constituida por la comprcscncia inescindible del
sujeto Con los objetos, con los objetos con los cuales éste tiene que habérselas, quié-
ralo o no. Pues bien, el cuerpo y el alma no son propiamente el sujeto mismo en
sentido estricto, sino las envolturas más próximas, constantes e inevitables, de éste.
Yo~ no soy ni mi cuerpo ni mi alma, sino el sujeto que tiene que vivir forzosamente
con-el merpo y con el alma que le han tocado en suerte.
EL CUERPO, EL ALMA Y EL YO 87

Yo no soy mi cuerpo -dice Ortega y Gasset- porque en muchas ocasiones


contrapongo mi íntima personalidad, mi ro, al cuerpo que poseo; y desearía que
éste tuviese músculos más vigorosos, mayor resistencia para los catarros, figura más
esbelta, etc. Cierto que tengo que vivir con ese cuerpo, que no puedo eludir; pero
la raíz íntima de mi yo no se identifica con el soma que me envuelve. En definitiva,
desde hace muchos siglos se ha considerado el roeepo como algo distinto del yo, aun-
'iue se halle íntimamente unido a él y ejerza sobre él numerosos e importantes in-
flujos.
Tampoco yo soy mi alma, pues de ésta puedo decir algo semejante de 10 que
se: ha hecho patente con respecto al cuerpo; sólo que la psique constituye una en-
voltura del yo todavía mucho más próxima y más íntimamente unida a él que su
cuerpo. También se puede contraponer-el yo a la propia psique: encontrarse desean-
do tener una memoria de mayor volumen y más ágil, una imaginación más rica.
Adviértase (lue el cu(.'rpo atraviesa a lo largo de su desenvolvimiento biológico
varias etapas en las que experimenta múltiples modificaciones. Y similarmente mi
psique pasa por muy variados estados de ánimo y padece importantes transformacio-
nes. Sin embargo, el yo, el sujeto, es el mismo a través de todas esas series de vici-
situdes corporales y psicológicas. Es el mismo sujeto al que se le desarrolla y trans-
forma su cuerpo y cuya alma atraviesa por pensamientos, emociones y tendencias del
más vario carácter. Cambian también los demás elementos que constituyen la urdim-
bre de mi vida. Cambia la circunstancia física en que habito; cambia la sociedad que
me rodea; cambia mi situación en esa sociedad, etc. Pero el yo es el mismo sujeto al
cual le acontecen todas esas aventuras.
Que no se debe confundir el alma con la raíz íntima y esencial de la persona·
lidad es algo que fue visto ya por los primeros pensadores cristianos en función del
fin ético trascendente, religioso, del hombre, es decir, de su salvación. Si bien crn-
plenrcn la expresión tosca "de salvar el alma", resulta patente que bajo dicho vocablo
de alma no se debe entender el conjunto de realidades, facultades o potencias psíquicas,
sino algo diferente, la persona auténtica y entrañable, en suma, el yo, en la genuina y
plenaria acepción que tiene el pronombre personal de primera persona en singular.
En efecto, quien se salve o se condene no será la memoria, la imaginación, el enten-
dimiento y todos los demás elementos psíquicos, sino el sujeto, el yo, la p~rsona
auténtica. El yo es, pu·':'"s. d sujeto genuino, aquel que piensa y siente -y no los
mecanismos psicológicos con los que piensa y siente. El .yo es el sujeto que sufre
y goza -y no ·el cuerpo y el alma con los cuales sufre y goza-; el yo es el sujeto
que trabaja -y no los útiles somáticos y psíquicos con los cuales trabaja.
Tal vez a primera vista, y por influjo de una tradición de pensamiento que
tiende a materializar el ser, parezca de muy difícil aprehensión esa realidad del yo,
que no es realidad corpórea ni tampoco realidad anímica. Ha existido desde las
grandes creaciones de la filosofía Rriega una tendencia a pensar el ser como subs-
tancia yacente, e incluso a representárselo como materializado o corporeizado en algo
o en alguna manera, aune¡ue fuese nada más que metafóricamente. Para que la re-
presentación del ser anímico o psíquico como incorpóre6, inespacial, aunque real en
el tiempo, se abriese camino y fuera comprendida, hizo falta mucho esfuerzo meno
tal. Pero, en fin, llegó un momento en que esa representación de una realidad no
corpórea, la anímica, fue ya admitida como algo obvio (Descartes). Mas ahora
88 LOS VARIOS COMPONENTES OE LA CIRCUNSTANCIA

resulta que se invita a la mente a pensar en una realidad que no es cuerpo, pero que
tampoco es alma, algo que está incluso por detrás o por debajo del alma, y que es
real, innegablemente real. Ocurre que la mente, equipada por los sistemas tradiciona-
les de categorías, halla alguna dificultad en representarse esa realidad del yo, cuando
trata de pensarla en una actitud sabia. Y, sin embargo, se trata de la realidad más
obvia, .la más patente e inmediata, realidad que captamos perfectamente con sólo
estrujar el sentido del pronombre personal de primera persona en singular: yo. Un
gran novelista y a la vez un agudo pensador, Aldous Huxley, pone en boca de uno
de sus personajes la expresión de esta intuición radical del yo: "Yo no soy mi cuer-
po, ni mis sensaciones, ni siquiera mi espíritu: soy lo que soy,">' .. "
Pues bien, el modo de ser concreto del cuerpo y del alma constituyen los prime-
ros elementos determinantes del marco concreto de posibilidades que se le ofrecen al
sujeto, y entre las cuales éste tiene que elegir. Vivir es encontrarnos arrojados a un
mundo de cosas concretas, entre las cuales las hay que constituyen facilidades para
una serie de posibles actos nuestros; otras representan dificultades, algunas vencibles
si somos capaces del necesario esfuerzo, otras insuperables. Y como los cuerpos y las
psiques difieren en los varios individuos, de aquí queIas potencialidades y las cuali-
dades concretas del organismo y de la mente de cada persona constituyan una peculiar
circunscripción del repertorio de conductas que cada quien puede llevar a cabo. Por
ejemplo, entre los artos que yo puedo realizar no figura el trepar por una fachada,
como lo hacen los llamados hombres-moscas, ni el cargar con un fardo de ciento cin-
cuenta kilos, como pueda hacerlo un forzudo atleta, sencillamente porque carezco de
músculos lo bastante vigorosos y ágiles para cualquiera de esas dos faenas. Y proba-
blemente' el hombre-mosca y el cargador no serían capaces de concentrar su atención
en un tema filosófico durante horas seguidas; con lo cual esa tarea de pensamiento
no figura en los repertorios de posibilidades que les ofrecen sus psiques.
Claro es que se puede emprender una tarea de reforma, hasta ciertos límites, del
propio cuerpo y de los propios mecanismos psíquicos, verbigracia: mediantes prácticas
higiénicas, ejercicios gimnásticos, acciones terapéuticas, entrenamientos psicotécnicos,
etcétera. Mas para conseguir esas reformas será preciso partir de la situación que tengan
nuestro ruerpo y nuestra alma en un determinado momento; y, en...ese'momento, no hay
más remedio que atenerse a como efectivamente sean nuestro' soma. y. nuestra mente,
La circunstancia geográfica. que nos enmarca, constituye otro conjunto de fac-
tores que vienen a determinar algunas posibilidades y respectivamente muchas impo-
"sibilidades para nuestra vida, Estamos en un contorno geográfico concreto. Cierto
que" podemos cambiar de morada en la tierra., trasladándonos de una región a otr-t.
Mas para esa transmigración será forzoso atenernos a las leyes de la naturaleza y a
los medios técnicos de que dispongamos. Así, por ejemplo, no está dentro del ámbi-
to de nuestras posibilidades trasladarnos en el período de unos pocos minutos a la
región antípoda del planeta. Y en todo caso, estamos circunscritos a habitar en este
planeta y no en otro. Es verdad que la técnica nos permite salvar espacios rápida-
mente --como no lo podía hacer el hombre de otras épocas, que no disponía de los
adelantos mecánicos <fuese han conquistado en la nuestra-; y nos permite asimismo
dominar muchos factores, que antaño representaban obstáculos insuperables para
muchas actividades que hoy están fácilmente al alcance de cualquiera. Pero, en todo
caso, la naturaleza, en conjugación con los medios técnicos de que el hombre dispón-
LOS VARJüS COMPONENTES DE LA CIRCUNSTANCIA 89
ga, delimita en un cierto aspecto el catálogo de posibilidades. para el comportamiento,
entre las que el sujeto tiene que elegir. Verbigracia, entre las cosas tlue puede hacer
quien se halle en una zona desértica muy lejana de los mares, lagos y ríos, no figura
ciertamente la de ir de pesca; y viceversa, este es uno de los quehaceres posibles que
se ofrecen al habitante de las riberas.
El patrimonio social que integra la vida del sujeto, es decir, lo que ha aprendido
de los demás y por tradición histórica, constituye otro conjunto de condiciones qm:
determinan muchas de las posibilidades que se le deparan para ir eligiendo el rumbo
de su existencia. Pero la sociedad no sólo condiciona de esta manera el ámbito de
las posibilidades para la vida de un sujeto, 'es decir, no sólo lo condiciona en función
de la aportación educativa, sino también de otras maneras. Abre en forma de. pro-
fesiones y oficios una serie de senderos, los cuales, 'Sobre la base de que el sujeto
cuente con aptitudes suficientes, vienen a constituir como un repertorio de invita-
ciones entre las que tiene que elegir. La sociedad también dota de una gran holgura
al sujeto para decidir por propia iniciativa sobre una multitud de comportamientos,
o reduce considerablemente esa esfera de franquías por obra de un régimen tiránico,
o la limita eventualmente por el servicio militar o por la imposición de una p<:l1:l
de reclusión. Además, es preciso registrar también lo que se llama medio social am-
biente, es decir, ese conjunto de elementos, factores y condiciones que envuelven
nuestra vida en una especie de atmósfera colectiva, que influye en Ja determinación
del repertorio de posibilidades que se ofrezcan. Asimismo la situación económica
determina posibilidades y limitaciones.
La combinación de todos esos ingredientes del contorno -psíe¡uico, biológico,
geográfico y social- determina para cada sujeto el ámbito de su vida y el catálogo
de posibilidades que se le deparan. Ese ámbito y esas posibilidades son diversas para
cada sujeto, según cuales Sean las aptitudes de su cuerpo, las capacidades de su
psique, el lugar donde esté, la educación que haya recibido, la situación social
que ocupe, los medios económicos de que disponga, la atmósfera colectiva que res-
pire, etc. Pero cada sujeto, dentro del espacio de su propia vida, halla siempre Ia
posibilidad de diversas conductas en cada momento, por 'lo cual es albedrío, ya que
él tiene que elegir por sí alguna de esas conductas, por no hallarse predeterminado
forzosamente a emprender una soja de ellas.
Hay, pues, en nuestra vida algo determinado, a saber: el ámbito concreto den-
tro del cual tiene que moverse, la serie de posibilidades a su alcance, que es Iimi-
tada. Pero dentro de ese ámbito y ante el repertorio de caminos que el mismo le de-
para, el hombre no se halla determinado, antes bien tiene que resolver por su propia
cuenta. Por eso el. hombre as albedrío, porgue se halla siempre en encrucijada.
Mi afirmación de que el hombre es albedrío difiere radicalmente, tanto de la
tesis indeterminista clásica como de la determinista.
El indeterminista tradicional supone que el hombre puede hacerlo todo, y glle
todos los hombres pueden en principio hacer lo mismo. Esa tesis parte no de la rca-
lidad concreta humana, sino de una figura abstracta de hombre, concebida como aJr~o
universal. Y, además, esa fi~ura humana abstracta la considera, por asi decirlo, corno
situada en el vacío, en un vacío de total indeterminación. dentro del cual se admite
que el sujeto puede hacer cualquier cosa, aquella que resuelva por sí mismo, en "ir-
tud de una especie de facultad, es decir, del libre albedrío, que es concebido como
90 LAS VARIAS POSIBILIDADES DE CADA UNO

una potencia creadora. Por el contrario, el pensamiento que estoy desarrollando mues-
tra que el hombre se halla situado en una circunstancia. concreta, determinada, limi-
tada, la cual está compuest~ por múltiples y diversos ingredientes (psíquicos, bioló-
gicos geográficos, históricos. sociales) y por las varias combinaciones singulares de
ellos en cada uno de los casos. El hombre no puede hacérlo todo, sino tan sólo puede
elegir algunas de las cosas que le son posibles en cada momento; y cuáles sean esas
cosas en cada caso 10 determina la constelación de ingredientes que forman su cir-
cunstancia. Ni tampoco todos los hombres pueden hacer las mismas cosas, porque
cada uno de ellos tiene su circunstancia concreta, que enmarca el ámbito y determina
los caminos posibles de su propia vida.
Los deterministas sostienen que el hombre se halla totalmente determinado en
su conducta, la rual, en cada taso, cs el efecto unívoco de un complejo conjunto
de factores de múltiples especies, los que suelen traducirse en última instancia en
motivaciones. entre las ruales triunfa a la postre la más vigorosa. En contra de esa
hipótesis -se trata sólo de una hipótesis, y de una hipótesis gratuita, pues no ha
sido jamás satisfactoriamente demostrada- sostengo que, si bien el hombre está
situado dentro de un marco determinado, en cambio, dentro de ese marco no está
determinado a tener que seguir forzosamente uno de los senderos que en él figu-
ran; antes bien, que es él quien tiene que decidir por su propia cuenta. Por eso es
albedrío. No tiene ni deja de tener albedrío, porque el albedrío no es una facultad,
no es una potencia) no es un resorte psíquico, es simplemente la expresión de nuestra
situación ontológica con respecto al mundo (lue circunscribe nuestra personalidad.
No se diga, en contra de la concepción que presento, que el sujeto puede no
tomar una decisión activa por una cualquiera de las posibilidades que tiene ante sí,
y dejarse llevar por los acontecimientos de un modo pasivo. Porque aunque así fuese
--y ello sólo podría ser relativamente hasta un cierto graclo y no de modo total-,
incluso en ese caso el sujeto tornarla una decisión, a saber: la de no preocuparse en
resolver y la de dejarse llevar por los acontecimientos, lo cual es una de las varias
posibilidades que se le ofrecen; pues entre ésas ñgum la de tomar por sí activamente
una resolución entre varios haccres quc tiene a su alcance, o bien la de dejarse llevar
por el azar de las circunstancias.
Einstein -uno de los genios intelectuales más vigorosos en la historia de la
cultura-e- podía hacer muchísimas cosas que no estaban al alcance del promedio de
los hombres de nuestra época. Pero lo mismo éstos <lue aquél son albedrío, porque
cada uno se encuentra siempre teniendo que optar ante varios quehaceres que se
deparan como posibles.
San Bernardo de Clairvaux, personalidad heroica en las virtudes morales y do-
tado de una formidable voluntad de autodominio, podía hacer muchas cosas que re-
sultarían inasequibles para un abúlico sumido en la rutina. Pero uno y otro no te-
nían unilateralmente determinada ruta de su comportamiento, sino que éste había
de tejerlo cada quien por su propia cuenta, escogiendo entre los varios quehaceres
'lue se le deparaban como viables.
Un sujeto ql.1C disfrute de los beneficios de la cultura. que haya tenido una
buena educación moral, que disponga de copiosos medios económicos, puede hacer
muchas más cosas - y entre ellas. alnunns de calidad considerablemente más alta-
que IIn pobre en estado de miseria. a~l:llfabeto, que creció y sigue moviéndose en un
LAS VARIAS POSIBILIDADES DE CADA UNO EN CADA MOMENTO 91

ambiente social corrompido y que arrastra múltiples degeneraciones. Pero uno y otro
no tienen previamente señalado de modo fijo /i1J solo camino a seguir; antes bien,
se hallan siempre ante una pluralidad de senderos. Ese desdichado miserable acaso
no esté en condiciones de hacer la mayor parte de las cosas que caen dentro de las
posibilidades del primero; pero habrá de decidirse, por ejemplo, entre varios com-
portamientos -acaso la mayor parte de ellos detcstables-, y. por tanto, es albedrío
dentro del ámbito concreto de su vida.
El paisaje de posibilidades que se le ofrecen a quien disponga de un gran poder
social, es inmensamente mayor que las que se deparan a la acción de un particular
que viva dentro de una colectividad reducida. Mas uno y otro pueden lanzarse a va-
rios quehaceres; y la elección entre ellos no se halla predeterminada, antes bien le
compete a cada sujeto como algo propio, que ha de tomar por su cuenta.
Las teorías deterministas han solido plantear el problema del albedrío -para
negarlo- en torno, sobre todo, de los casos dramáticos, en los cuales el sujeto se
siente impulsado por fuertes vientos de pasión. Pero es inadecuado elegir como
ejemplos esas situaciones de grave conflicto, porque en tales casos no resulta notorio
a primera vista, sin un previo examen detenido, cuál sea en efecto el repertorio de
caminos clue se le ofrecen al sujeto como realmente posibles en aquel momento dra-
mático. Cabe que uno de Jos ingredientes del drama sea una violenta pasión, que
tal vez vcnga a cerrar el camino de dirección opuesta, el cual, en otro caso, es decir,
en una situación sin ese desbordado factor pasional, habría sido perfectnmente 1'0-
siblc. ·Yo no digo que" una fuerte pasión venga siempre a obstruir el sendero con-
tario, pero puede alguna vez suceder -así. Que acontezca o no de tal suerte es algo
quc no puede ser establecido de antemano como formulación general; antes bien, se
trata de algo que tiene que investigarse en cada caso, a la vista de los ingredientes
'lue en él concurren. Mucho menos afirmo, pues ello constituiría un ,!Sran dislate
que vendría a contradecir la concepción que ofrezco, gue no haya albedrío en el su-
jeto gue se encuentra en un conflicto fuertemente pasional, porc¡ue por muy ava-
salladora gue la pasión fuese, a 10 sumo podría impedir como posible la vía contra-
ria a ella, pero dejaría siempre abierto un repertorio de varias posibilidades, verbi-
gracia, de Jos diversos modos de llevar a la práctica el impulso irresistible. Pero,
de todas maneras, ocurre que en casos turbulentos y tempestuosos no se puede, sin
una investigación psicológica, biológica y sociológica, contemplar con relativa cla-
ridnd cuál es la efectiva circunstancia que enmarca al sujeto y cuáles son los esque-
mas de conducta que se deparan como realmente posibles.
Mas la vida no se compone sólo de momentos dramáticos; antes bien, ésos sue-
len ser los menos. Se compone también de la sucesión de series y series de situacio-
nes grises, fáciles y anodinas. Y en esa sucesión de instantes ordinarios, podemos
ver con más claridad que el yo ha de elegir por propia cuenta entre un repertorio de-
terminado de posibilidades, "sin hallarse adscrito forzosamente tun ' sólo a una de
ellas. Precisamente es en esas situaciones donde resplandece con mayor claridad el
albedrío en que consiste J;1 vida del hombre. Verbigracia: puede salir de paseo en
esta o aquella dirección, o quedarse e,n casa, o ir al cinc o al teatro, o de visita, ete.,
etcétera. Ninguna ele esas posibilidades constituye para. él un gran atractivo poderoso.
No se halla predeterminado a sep;uir una sola de ellas y abandonar las demás; antes
bien, el sujeto se encuentra ante un problema de elección que ha de resolver él por
92 EL YO DECiDE ENTRE LAS VARIAS POSIBILIDADES

su propia cuenta, por sí mismo. Y podrían aducirse ejemplos .a millares, en los que
se advertirían situaciones análogas, en las cuales el sujeto se halla ante multitud de
posibilidades, entre las que tiene que elegir y puede hacerlo tranquilamente por sí
propio, es decir, pronunciando él la decisión.
No se objete, a la vista de lo expuesto y ejemplificado en el párrafo anterior,
que en las dichas situaciones y en todas las demás similares, el sujeto halla multitud
de intentos de motivación, de los cuales acaba por prevalecer el más fuerte, el más
convincente, el más atractivo, que se erige en motivo decisorio, con lo cual resulta-
ría que el sujeto sería tan sólo el juguete de esas múltiples sugestiones y su conducta
el efecto de la más fuerte o de la resultante de varias. Es verdad que la conside-
ración de cada una de las posibilidades de conducta. que se le deparan como fac-
tibles a un sujeto en un cierto momento, suscita en él una especie de ensayo de mo-
tivación hipotética; pero también es verdad que el sujeto, después de pasar revista,
por así decirlo, a cada una de las vías concurrentes que se ofrecen a su comporta~
miento, resuelve por sí, y no como mera pluma que lleve la corriente de las motiva-
ciones. Podría caracterizarse metafóricamente esta situación como la de un jurado
o tribunal que oye diversos alegatos; pero los que deciden no son los alegatos en
desnuda. lucha entre sí, como puras fuerzas, sino que quien decide es el árbitro por
propia resolución, por propia cuenta.
El hecho del yo inserto en un. margen determinado, pero con alguna holgura
dentro de ese margen o contorno psicobioJógico, geográfico y social-histórico, y
decidiendo por sí mismo entre alguna de las posibilidades que se le ofrecen, no cons-
tituye algo que represente una excepción en "el cumplimiento de las leyes causales
de la naturaleza, sino la irrupción de un plus de causalidad en la serie de los fenó-
menos de la naturaleza, como ya fue certeramente apuntado por Kant.
El tema esbozado en el párrafo anterior no se refiere ya propiamente a la
esencia del albedrío, que es, como he expuesto, a mi entender, la situación ontológica
del hombre en el universo, es decir, un especial tipo de inserción del hombre en el
mundo. Aquel problema se refiere a cómo sea explicable que el hombre, que es al-
bcdr¡o, coexista con el proceso causal de la naturaleza, tanto de la naturaleza externa
como de la interna. Ese problema es planteado por Jos deterministas, quienes no
conciben que pueda darse el sistema de los nexos causales de los fenómenos y al
mismo tiempo el libre albedrío del hombre.
Claro es que el origen de la dificultad radica principalmente en aquel erróneo
planteamiento de este tema, concibiendo el albedrío como una potencia o facultad.
Pero habiendo logrado disipar esa equivocación, la dificultad desaparece, porque no
hay propiamente Jugar para ella. Con todo, como quiera que esta cuestión, relativa
a fa antinomia (al menos aparente) entre causalidad y albedrío, gravita pesadamente
todavía por la tradición de múltiples doctrinas y de intrincadas controversias, no
resultará inoportuno 'lue se recoja aquí, en estas págirias, para mostrar que no hay
tal dificultad.
He apuntado ya que la decisión del yo. 'lue cli,t:c alguno de los planes posi-
bles para su comportamiento, no implica una suspensión ni una excepción de las
leyes causales de la. naturaleza, sino 1:1 irrupción en ésta de unas nuevas causas pro-
vincntes del yo v no contenidas, por ende, en la parte anterior de la cadena. La
decisión del yo. al traducirse en comportamiento, no viene a romper el normal cum-
LlBER1'AD COMO UN PLUS DE CAUSALIDAD 93

plimiento de las leyes causales, -sino a ;aportar en un cierre momento un plus Je


causalidad, que se inserta bajo [ornta.de fenómeno natural, es decir, bajo forma de
una nueva causa, en la cadena de las ocurridas anteriormente. Esto es posible en
virtud de que el sujeto humano, que tiene naturaleza (cuerpo y alma) y que está
en la naturaleza, no es él naturaleza, sino algo muy distinto de ésta. El sujeto humano
es permeable a la llamada ideal del mundo de los valores; es capaz de concebir idea-
les de conducta, de proponerse por su menta y riesgo finalidades, y de manejar los
medios conducentes a la realización de los fines elegidos. El hombre es, en definiti-
va, ciudadano de dos mundos, por así decirlo, del mundo de la naturaleza y del
mundo de los valores y fines; y tiende un puente entre ambos. Al tomar decisiones,
obra como ciudadano del mundo de los valores y de los fines; e irrumpe, como
nueva causa, en el mundo de la naturaleza.
Puede servirnos como ejemplo, que haga más plásticamente comprensible 10 que
estoy exponiendo, un símil, el cual, como todas las metáforas, tendrá un margen de
inexactitud, pero contribuirá como dicaz trampolín a la aprehensión correcta .del
pensamiento apuntado. Imagínese un sujeto dentro de una lancha, situada en aguas
del mar. En esa imagen, el sujeto corresponderla al yo; y la lancha, con todo 10 de-
más, el mar, el aire, etc., representaría la circunstancia, el contorno. Ese hombre
puede hacer varias cosas: una de ellas no hacer nada, es decir, tumbarse en el
fondo de la embarcación y dejar que ésta vaya a la deriva, movida por las fuerzas
del agua, del viento y demás; o puede agarrar los remos y ponerse a bogar en múlti-
ples direcciones.
En el primer caso, es decir, si el sujeto opta por permanecer quieto dentro de
su lancha, lo que suceda, esto es, la situación y movimiento de la embarcación, po-
drán explicarse de modo suficiente y exhaustivo por los factores físico-mecánicos del
agua, de su corriente, del viento, etc., sin más. .
En el caso de que el hombre del ejemplo aducido se resuelva a agarrar Jos
remos, meterlos en el agua y bogar en algún sentido, la situación )' el derrotero de
la lancha serán diferentes de los que habría llevado si el hombre hubiese permanecido
pasivo. Sin embargo, no se tratará de ningún hecho milagroso, antes bien de un
fenómeno explicable enteramente de la misma manera que el anterior. En efecto, el
físico podrá explicar, de modo perfecto, el derrotero seguido por la lancha, como
un efecto del producto de los factores de la corriente y del viento con la resistencia
ofrecida por el agua a las paletas de los remos y el impulso que de ello se sigue.
;Qué es 10 que ha sucedido en ese caso? Ha acontecido sencillamente que a .los
factores preexistentes del viento, de la corriente; crc., se ha unido otra fuerza, la
dimanante de la acción de los remos en el agua, la cual se ha conjugado con las
anteriores, produciendo como resultado el rumbo que sigue la embarcación. Ahora
bien, el impulso de los brazos, el movimiento de los remos y la acción de éstos sobre
el agua, constituyen fenómenos naturales, explicables perfectamente por la causalidad
natural. El movimiento de los remos es un efecto natural del movimiento de los
brazos conjugado con las resistencias que le ofrecen aquéllos y el agua. El movimien-
to de Jos brazos es un efecto de la corriente nerviosa, que llega a las terminales mus-
rulares conducida por los cordones desde la corteza cerebral; y esa corriente ner-
viosa es, a la vez, el efecto de un proceso bioquímico verificado en e1cerebro. Claro
que J!1ás atrás, es decir. detrás de esos fenómenos naturales engendradores de l.t co-
94 CAUSALIDAD POR LIBERTAD, SEGUN KANT

triente nerviosa, hay un hecho psíquico de voluntad. Pero todavía detrás de éste'
hay otra cosa, a saber: la decisión del yo, que es la que ha disparado el eslabón
inicial de esa nueva serie causal, de la serie que, a través de la corteza cerebral,
mueve el brazo y, con él, el remo. Pero esa decisión del yo ingresa en el mundo de
la cdusalidad natural en [onna de 1111 nuevo fenómeno también natural. La decisión
humana, producida por el yo, mueve directamente la psique, y ésta al cuerpo, y
de tal suerte irrumpe en la realidad de la naturaleza convertida ya en fenómeno na-
tural psicobiológico, que, a su vez, determina otros fenómenos físicos que vienen
a concurrir en la producción del derrotero de la lancha.
Del ejemplo presentado, cabe todavía recoger otras vertientes útiles para la ex-
plicación de este tema. El hombre puede decidirse a actuar con Jos remos y hacerlo;
pero puede suceder que a la vez se desencadene una tempestad, la cual alborote tan
violentamente el viento y el agua, que se frustren todos los esfuerzos del navegante,
de tal suerte que a pesar de ellos la lancha vaya a la deriva. Es decir, el yo puede
tomar una decisión, pero al ida a ejecutar hallarse con la especial circunstancia de
una tormenta pasional que quiebre la fuerza de su voluntad. En tal caso, la conducta
decidida desapareció del ámbito de las posibilidades efectivas.
Para este aspecto del tema sobre el albedrío, es decir, para lo relativo a la com-
paginación de la causalidad natural con la libertad humana, tiene decisiva importan-
cia el planteamiento que Kant dio a esta cuestión. El planteamiento kantiano del
problema es independiente de la solución dada por Kant a éste; de suerte quc, aun
considerando insuficiente esa solución, resulta perfectamente posible atenerse al plan-
ccarniento de la cuestión. Hay que distinguir, dice Kant, entre causalidad de la natu-
raleza y causalidad por libertad. Para Kant, no se trata de extraer al ser libre del
nexo causal: no se trata de un suspender o interrumpir el nexo causal de manera que
quede una esfera-de acción para las decisiones libres. De lo que se trata es de inser-
tar en la serie de nexos causales algo así como causas primeras, que no emanan de
otras causas precedentes, pero que sí producirán efectos reales ulteriores. Así pues,
cabe aprovechar muy fructíferamente este enfoque kantiano de la decisión del yo, la
cual reviste ella misma forma causal, al irrumpir en la serie previa de la causalidad
anterior. Kant llama a la causalidad que inicia el yo "una causalidad por la cual
sucede algo, sin que la causa de ello esté a su vez forzosamente determinada por una
causa precedente, según una ley necesaria, esto es, una absoluta espontaneidad de las
causas, un empezar por sí una serie de fenómenos, que corre según leyes naturales".
El obrar del hombre está incluido en la determinación causal: pero en la decisión
hay algo que entraña un elemento nuevo no contenido en la precedente serie cau-
sal. Es así, dice Kant, porque el hombre pertenece no sólo al reino de la naturaleza,
sino también a otro reino que posee otro ~énero de conexiones, a saber: :11 reino del
mundo inteligible o racional. En el mundo real de los fenómenos hay un punto en
el cual intervienen o se insertan determinaciones del mundo inteligible. determina-
ciones del reino nouménico, que pco\'ocan el comienzo de una nueva serie causal
de fenómenos. Esto supone <1ue en 1:1 serie causal puede irrumpir un poder que no
procede de ella, pero que provoca fenómenos, regidos ellos por nexos causales. Esto
es lo que Kant llama ct1l1sa/iddd pt'll" libertad. Esta causalidad por libertad no su-
prime ni invalida ninguno de los ingredientes de la serie causal natural. Incluso per-
manecen intactos los factores de la causalidad psíquica, por ejemplo, los motivos.
EL HOMBRE, CIUDADANO DE DOS MUNDOS 95

Lo que acontece es que se une a ellos una nueva determinante, la que procede de lo
que Kant Barna la voluntad libre. Ya expuse por qué considero impertinente y erró-
neo plantear el albedrío como solidario de la voluntad. Pero aparte de esta reserva,
resulta perfectamente aprovechable la dilucidación kantiana.
La irrupción de la decisión del yo, en función de su situación de albedrío, po-
dría decirse que no representa un menoscabo de la serie causal de la naturaleza,
sino la adición a ésta de una nueva aportación de 'causalidad. proveniente de otro
reino ontológico, pero que se inserta en la naturaleza en forma de causa natural.
El proceso causal de la naturaleza no es suspendido por esa irrupción de las nuevas
causas que emanan de la decisión del yo, sino desviado, interferido.
Véase, pues, cómo es posible aprovechar esas ideas kantianas, como acabo de
hacerlo, despojándolas de la conexión que en su autor guardan con el idealismo tras-
cendental. La construcción filosófica del idealismo trascendental kantiano -según
la cual la naturaleza no es nada más que fenómeno, apariencia, mientras que por
detrás o debajo de ella hay un mundo inteligible, que es real, pero que no aparece,
mundo que irrumpe como libertad positiva en la esfera fenoménica- podemos de-
jarla a un lado. Pero sucede que en Kant, como en todos los grandes filósofos,
muchas veces es más grande el rigor en el planteamiento de los problemas que Ia
exactitud del sistema. Ahora bien, el sentido de la doctrina referida puede conservarse
como certero zafándolo del idealismo trascendental. Despojada de sus conexiones
con el idealismo trascendental quedan, de esta teoría kantiana, dos importantes acier-
tos en pie: la concepción del nexo causal como una categoría y el subrayar la dupli-
cidad de regiones ontológicas que se cruzan en el hombre. La dualidad kantiana del
mundo sensible y del mundo inteligible, concurriendo en la persona humana. impli-
ca un descubrimiento de gran alcance; que no tiene que ser considerado como soli-
dario del sistema idealistn trascendental. Más allá de la determinación causal hay
la decisión según la ley moral, según fines racionales, mejor diríamos, con una ter-
minolopla más adecuada al pensamiento contemporáneo, según intcncionalidndes de
valor. Esto fue bien visto por Kant y ha sido certeramente aprovechado por Nicolás
Hartmann.!" pero este último no ha llegado a dar el paso decisivo en la concepción
del albedrío, por haber seguido inertcmente la tradición de plantear ese tema como
solidario de una forma de voluntad.
Ocurre que ruando se habla de voluntad con relación a este tema. se emplea
el vocablo voluntad en un sentido dúplice y equívoco. Unas veces se alude a un
fenómeno psíquico, a un resorte anímico, que pertenece al campo de la experien-
cia interna; y otras veces se apunta a la raíz íntima y esencial del yo. De la confu-
sión de estas dos nociones se ha seguido una maraña en el planteamiento del pro-
blema del albedrío.
La voluntad como hecho psíquico forma parte de mi circunstancia nrumtca.
según he explicado ya; forma parte de eso 'lue se ha llamado el mí, es decir, mi
envoltura psíquica y también biológica. Mis tendencias, inclinaciones, afanes, amo-
res, odios, pensamientos, rasgos temperamentales, son míos, pero no son yo. El mí.
es decir, el volumen de mis fenómenos psíquicos, de mis sensaciones, de mis .imé-
genes, de mis conceptos, de mis sentimientos, de mi carácter, de mis anhelos, de
mis apetitos, de mi fuerza de voluntad, de mis propensiones, es mío, pero no es
yo. El mí es una parte de la circunstancia que me rodea, del contorno que me en-
96 LA DECISION DEL YO, MAS ACA DE LA vOLUNTAD

marca; y esa parte tiene papel muy principal en la determinación del ámbito de las
posibilidades que se ofrecen a mi comportamiento, en la determinación de su nú-
mero y de su calidad. El libre albedrío no se predica de ningún ingrediente del
mí. Quien es libre es el yo, en virtud del especial tipo de su inserción con holgura
en el contorno que le envuelve.
El yo para decidirse, para resolver, entre 10 que puede obrar, pronuncia una
especie de "hágase", de fiat. En eso consiste cabalmente la decisión) una especie de
puro querer, un resolverse a. Para que esta decisión se cumpla en el obrar efec-
tivo, hace falta, entre otros muchos requisitos (condiciones de posibilidad), que la
voluntad que va a actuar y a realizar tenga suficiente fuerza para ello. Pues bien,
una cosa es la voluntad, mecanismo psicológico, especie de ejecutor, y otra cosa
distinta la capacidad de decisión, de resolución, de mandato que emite el yo al ele-
gir por propia cuenta entre alguno de los comportamientos posibles. El albedrío
no es un modo o cualidad de la voluntad psicológica, sino la especial situación del
yo en el mundo, en tanto que tiene que decidirse por 'sí mismo entre varios sende-
ros. El albedrío es un modo del yo, del núcleo esencial de la persona, que frente
a las múltiples vías que le depara la circunstancia, e irguiéndose muchas veces con-
tra potentes solicitaciones del contorno, tanto del exterior como de la propia alma,
pronuncia su sentencia, decide, falla, sobre las diversas sugerencias que el exterior
y su propia alma le envían. Claro <lue, para pronunciar este fallo, el yo obra como
una especie de creación de energía, que influye sobre los mecanismos psíquicos.
Estos mecanismos psíquicos actúan a su vez sobre los corporales. De ese modo la
decisión del yo, al provocar o manejar unos fenómenos psicobiológicos de voluntad,
entra, en fonna de acción, en el reino de la realidad natural, es decir, irrumpe en
la serie causal de los fenómenos de la naturaleza. Lo que importa subrayar es la
necesidad de que no se confunda el mecanismo psicológico volitivo con esta especial
aptitud del yo, quien, en función de su situación de albedrío, decide, falla, sobre
las diversas posibilidades, eligiendo una de ellas, Tengo que confesar COn respecto
a ese peregrino motor que es el yo, en tanto <]ue éste decide sobre su conducta, <]ile
se trata de algo muy difícil de exponer, de algo inefable, pero, con todo, de má-
xima evidencia inmediata. En efecto, nos sentimos albedrío --como en verdad lo
somO$-, y esto es algo diáfano por completo, porque nos hallamos ante un núme-
ro de posibles comportamientos a seguir, de quehaceres que emprender, entre los
cuales, aunque de ellos emanen inducciones a obrar en una dirección, merced a
móviles poderosos, tenemos <]ue decidir por propia CIten/a. La decisión es el mo-
mento del yo. es la afirmación de lo <]ile podríamos llamar un <]uerer puro, la ex-
presión de un "resolverse a". Ahora bien, esta decisión tiene el poder de mover
105 mecanismos psíquicos volitivos de realización de que disponemos {cuyo vigor,
a.6lidad y destreza difieren en los varios sujetos), bien entendido, sólo de los de Gue
efectivamente disponemos y en las posibilidades de la realidad concreta de éstos.
Insisto en la diferencia entre la decisión del yo -quien siendo albedrío tiene
que resolverse por algunas de las posibilidades que se le deparen- Y-'cI mecanis-
mo nsiquico, de voluntad, que actúa después como instrumento de ejecución, de
puesta en práctica de aquella decisión. Los resortes volitivos pertenecen al mí, y
éSI"C constituye una parte de mi contorno, la parte más próxima e inseparable de
mi persona. En cambio, la decisión es algo propio del yo.
LA PECULIARlSIMA POSICION .DEL YO 9l

Esa decisión, ese "hágase" J ese [iat, que constituye la expreslOll del, YOi: resol-
viéndose .como albedrío dentro del hueco que ocupa en el mundo.r.constituye .el
inicio radical del hacer humano, No es necesario queja decisión. se:.ponga en prác-
tica inmediatamente, sino que se puede tomar una decisión esta noche, que 'no.-se
perfeccionará realmente hasta mañana o hasta más tarde y que puede además ser-
vir para un. gran número de actos. En efecto, si examinamos nuestra vida, vetemos
que son relativamente pocas las decisiones. Estas suelen formar un. pequeño .rep.e.t~
.torio, que sirve como de fuente permanente para la acción cotidiana. J . • o,' P I
No podemos explicar de qué modo la decisión, a manera de una proyección
del yo, puede actuar poniendo en acción Jos resortes volitivos de que dispongamos;
los que J a su vez moverán hasta donde puedan los demás mecanismos. Pero de qU,e
no podamos explicarlo no se sigue en absoluto ninguna objeción que invalide .lo
expuesto; porque. en todo caso, lo expuesto constituye la descripción rigorosay. esen-
cial de una estructura patente, de una estructura que he conseguido mostrar-de un
modo evidente. En definitiva, esto viene a poner de manifiesto, por otra .vía, . el
carácter singularísimo que tiene la realidad de .nuestra vida. Nuestra vida es coexis--
tencia .inescindible del yo con el mundo, del sujeto con su circunstancia; y, por
tanta. en nuestra vida se cruzan las dimensiones o características del yo con las" di-
mensiones o características de los diversos reinos de objetos que constituyen el mun-
do, En nuestra vida se cruzan con el yo Ios.objetos de la naturaleza.vlos fenómenos
naturales concatenados por vínculos causativos.. En nuestra vida .. se cruzan también
con el yo los objetos ideales, en tanto que el yo los conoce como valideces nece-
sarias, en tanto que el yo es sensible a la llamada vocacional de .Ios valores. Y el
yo, respondiendo --desde luego no de manera forzosa, sine por,s~ .propia cuenta-e
a esa llamada de los valores, interfiere de.nuevo el sectorde Ios-hechoa.naturales,
irrumpe en la serie de los mismos con su-comportamiento, ".q!1e jYieIle a alterar la
sucesión de los fenómenos d~, Ianaturaleza- por la inserciónde los. .nuevosfenéme-
nos que produce su conducta; bien entendido. que estos nuevos fenómenos que pro-
ceden del hombre, emergen convertidos-ya. en fenómenos naturales. ~:'¡';¡ ,r~"
). -,. u. "n~, .. t¡!¡ ;10.......1 .,,()

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14. LA VIDA HUMANA OBJETIVADA. LA "CULTUAA COMO·, FUNCIÓN VITAL CON
DIMENSIÓN TRASCENDENTE. LA· CULTURA COMO OBRA' CIRCUNSTANCIAL.
;:1,.'( '~",

la teoría de la vida humana individual, que 'he desenvuelto .inspiréndome fun-


damental, aunque no exclusivamente, en el pensamiento del gran filósofo José Dr.
tega y Gasset, pero con algunas nuevas aportaciones mías, 'querría ahora completarla
con otras meditaciones, también propias, sobre lo que Hamo vida humana objetivada.
El ser de la vida, en tanto que. se vive, maneja-un variado instrumental de
realidades psíquicas y corporales; pero la vida no consiste .en esas. realidades de que
se vale, o a través de las cuaJes se manifiesta, yen. las. cuales .ella" se 'realiza, "sino
que el ser de sus actos consiste en su len/ido, en su intencionalidad, en su motivo
y en su propósito (con la estructura estimativa, q\:e esto -entraña) .. Así, las actívi-
dades de conocimiento, el fabricar un utensilio, el .producir una obra de arte. el
fundar una institución social, etc., son hechos que se producen con y, en unas tea.
Iidades psíquicas y corpóreas -modificaciones en mi .mente, en mi cuerpo y ea
98 VIDA VIVA Y VIDA OBJETIVADA

el mundo en torno. Pero el ser peculiar y privativo de dichos hechos no consiste


ni en sus ingredientes psíquicos, ni en sus componentes materiales, sino en el sen-
tido hwnano de esos actos, en su finalidad humana dirigida intencionalmente a de-
terminados valores:
Muchos actos de la vida humana, después de realizados, dejan tras de sí una
huella, un rastro. Y esto ocurre no sólo con actos egregios, sino también con actos
hwnildes. El Quijote, en el momento en que Cervantes lo escribía, era una peripe-
cia de su vida individual, un pedazo o segmento de su propia existencia. Pero des-
pués de escrita esa obra -y aun después de muerto Cervantes- sigue ahí el Qui.
jote, como un lIgo ante nosotros, como un conjunto de pensamientos cristalizados
que pueden ser repensados por cada uno de nosotros. Se presenta como un complejo
de pensamientos objetivados, fosilizados, cosificados. Es algo que tiene estructura
de pensamiento, pero que ya no es pensamiento vivo, que se está viviendo -quien
lo pensó originariamente ha desaparecido--; es pensamiento que -si en su creación
fue un proceso subjetivo vivo de alguien- ahora aparece como un pensamiento
convertido en cosa, como un producto objetivado a la disposición de todos, para
que 10 repiense quien quiera, como un bien de aprovechamiento comunal. Pero 10
mismo podemos decir respecto de un ejemplo humilde, v. gr., dc una epístola tri-
vial. El escribirla fue un suceso de la vida de quien la redactó; pero después queda
ahí, como cristalización del pensamiento vivo que fue antes. A esto es a 10 que
yo llamo vida humana objetivada o cristalizada. Pero convendrá pasar revista a otros
ejemplos.
Las llamadas virtudes franciscanas fueron originariamente hechos de la vida del
Santo de Asís. Pero, después, ha quedado el recuerdo de esa ronducta como módulo
cristalizado, COmo paradigma de conducta. Henry Ford inventó nuevas formas de
comportamiento aplicadas a la producción industrial: eso eran hechos en la vida
de' Ford; pero después se habla del [ordismo. Es que la huella de esos acontccirnien-
tos de la vida del gran industrial norteamericano quedan como módulos cristaliza-
dos de conducta; como posibles reglas para otros comportamientos.
Otros actos humanos dejan como rastro una modificación en la realidad cor-
pórea, por ejemplo, los utensilios técnicos, las esculturas. etc. Un hacha de sílex o un
automóvil son realidades materiales; pcéo su ser peculiar no consiste en sus compo-
nentes corpóreos, sino en la dimensión de ser obras humanas técnicas fabricadas para
un fin utilitario; son, pues, también vida humana objetivada. El ser esencial de la
Venus de Milo consiste en su sentido estético.
Así pues, además de la vida humana auténtica, que es la que se vive por el
sujeto individual, encontramos otra región del universo que tiene también estructu-
ra humana, a saber: las obras que el hombre ha realizado, esto es, las cosas cuyo ser
peculiar estriba en que constituyen vida humana objetivada: utensilios, procedimien-
tos técnicos, cuadros, estatuas, obras musicales, teorías científicas, reglas morales,
ejemplos de virtud, letreros, cartas, altares.. códigos, magistraturas, formas de tra-
to, etc., etc. Los humanos haceres realizados ya perduran como formas de la vida
--concebidas abstractarnente, separadamente de l~ vida individual concreta que las
en$tendra- ° como modificación o huella dejada en la realidad; y vienen a ad-
quirir como una especie de consistencia objetiva. Claro que esas formas cristaliza-
das no constituyen auténtica vida; porque no hay más vida auténtica, en sentido
EL SENTIDO HUMANO DE LAS OBRAS CULTURALES 99
propio y plenario, que la vida individual, la que vive un hombre concreto. Esas
formas objetivas son vida que fue, pretérita, aunque, desde luego, susceptibles
de ser revividas por otros individuos. (Ya veremos, dentro de poco, los fundamen-
tales e interesantes problemas que plantea eso del revivir, del copiar formas de
vida que fueron; y cómo a su luz aclararemos el problema de qué sea lo colectivo.)
Ahora bien, los productos humanos, las formas de la vida humana objetiva.
da, las obras humanas, tienen una estructura análoga a los haceres de la vida pro-
piamente dicha, es decir, de la vida individual. Su ser, lo que ellas son peculiar-
mente, consiste en su sentido, en tener una intencionalidad.
. El reino de la vida humana objetivada es lo que algunos filósofos registraron
en el siglo XIX con la denominación de espíritu objetivo (Hegel) y otros bajo el
nombre de cultura (por ejemplo: Windelband, Rickert). Pero, aunque unos y otros
enfocaron el problema de estas peculiares realidades, sin embargo, ni los unos ni los
otros acertaron a percatarse de cuál es su índole. Pues en la teoría del espíritu
objetivo de Hegel hay, al lado de geniales aciertos, monstruosos errores, tales como:
la substancialización del espíritu objetivo, como realidad en sí y por sí, que se des-
arrollarla dialócticamcnte a sí mismo. Y en la' filosofía de la cultura de la escuela
de Windclbancl y de Rickert, 18 si bien el enfoque de la cuestión ha sido fértil, en
cambio no puede estimarse suficientemente correcto el tratamiento que recibió.
Será conveniente insistir en cuál es el ser de los objetos que constituyen vida
humana cristalizada: su ser no tan sólo no se agota en las realidades que les sirven
de soporte o de expresión, sino que, precisamente, su ser peculiar ni siquiera con-
siste en esas realidades, sino que estriba en el sentido inserto por la labor del hom-
breo Es muy extenso y harto vario el conjunto de esos objetos. Hállase integrado
por todas las obras humanas y por el rastro de los actos humanos; en 'Suma, por
todo cuanto lleva adherido un sentido humano. Y los hay de muy diverso rango.
Por ejemplo: desde las obras de Einstein, hasta' el letrero en una carretera, que
dice: "Veinte kilómetros a tal lugar"; desde el arado primitivo, hasta el tractor de
nuestros días; desde el Código civil, hasta la indicación "se prohibe fumar"; desde
el paradigma del héroe o del santo, hasta el consejo trivial de un amigo; desde las
profesiones (carreras sociales, de las que ya me ocuparé más adelante), hasta las
reglas de compostura en la mesa; desde los más sublimes rituales religiosos, a las
más sencillas oraciones "hechas" de un devocionario; desde la organización de una
industria moderna, a la forma de producción de la época prehistórica; desde la es-
tructura de un banco, a la forma contractual del simple trueque; desde la filosofía-
y la ciencia de nuestro tiempo, hasta la visión que del mundo tienen 'los primitivos;'
desde la dietética contemporánea, hasta la más simple receta de cocina; desde las'
epístolas de Cicerón, hasta la carta mal pergeñada de un rústico, y así sucesivamente.
Un hacha de sílex del hombre primitivo o un automóvil, se componen de rea-.
lidnd física; pero su ser específico, su Ser peculiar, es decir, el ser hacha o el ser
automóvil no consiste en la piedra, ni en los metales y demás componentes, respee·~
tivamentc. ni en sus formas geométricas, sino en constituir algo que encarna un
sentido humano, es decir, el ser utensilios o trebejos para efectuar un valor de
utilidad. Un cuadro. una estatua, constan de materiales, de colores y de formas;
pero su "ser cuadro" o su "ser estatua" no consiste en esos' materiales configurados
y rolorendos, sino en su peculiar sentido, en constituir obras de arte, obras humanas
100 LA INTERPRETACIONDE LOS SENTIDOS HUMANOS

Con una intendonalidad estética. Un tratado de ciencia ha nacido en el pensamiento


vivo de su autor -por consiguiente, ha sido primero fenómeno psíquico en la men-
te del autor, realidad psíquica- y después ha sido fijado en escritura y papel. Pe-
ro el ser propio y peculiar del tratado de ciencia no consiste ni en los fenómenos
psíquicos que le sirvieron de vehículo para su formación, ni tampoco --claro es-
en el papel y tinta en que después quedó escrito, sino en el sentido intencional
de las significaciones pensadas, que apunta a un valor de verdad, a un fin de
conocimiento.
Ya habrá presentido el lector que donde encontramos el Derecho es precisa.
mente en este reino de la vida humana objetivada. Y así, parejamente a los ejem,
plos que acabo de poner en el párrafo anterior, podemos aducir el del Derecho.
Un código, verbigracia, cuenta con substratos reales (en los actos psíquicos de quien
lo elaborase, en cuanto al proceso de su gestación; en la conciencia de ql:ienes 10 co-
nacen, de quíenes lo cumplen y de quienes lo aplican, después de ya promulgado
y en vigor, y, asimismo, también en cuanto a la configuración que por obra del mis-
mo código recibe una sociedad), y, además, el código está escrito en libros. pro-
nunciado en sonidos articulados. etc. Pero el código en tanto que código, es decir,
en tanto que norma jurídica, no consiste en ninguno de esos ingredientes reales.
sino en el sentido peculiar que tienen .los pensamientos cristalizados en él, en el
sentido que tienen las ideas normativas de sus preceptos. sentidos que estriban en
apuntar a la realización de determinados valores.
Pareja consideración cabría, desde luego. hacer respecto de las reglas del trato
social, de las estructuras colectivas. del lenguaje, de las formas económicas. etc. Su
ser peculiar consiste en el sentido que todos estos productos tienen como especiales
formas de vida humana, a saber: de vida colectiva. Claro es que entre todos esos
ejemplos debería hacerse una serie de diferencias. y consiguientemente de clasifica-
cienes. Así, por ejemplo. sería necesario distinguir entre puras formas de vida co-
lectiva (usos, cooperaciones, concurrencia. lucha. etc.• etc), de una parte; y por
otra, productos que sirven de tema o contenido a esas formas de vida, por ejemplo:
lenguaje, economía, técnica, religión, deporte, etc. Pero no es este el momento de
ahondar en dicho tema, que recogeré más tarde.
Con respecto al conocimiento de estos objetos, hemos de notar que constituye
un tipo de ciencias completamente diverso del tipo de las ciencias naturales. Las
ciencias de la naturaleza explican sus objetos. los fenómenos naturales, descubriendo
sus causas y registrando los ulteriores efectos a que dan lugar, y nada más. Por el
contrario, tal método de explicación causal no les sirve a las ciencias que se ocupan
de objetos humanos, es decir, a las llamadas dísciplinas de objetos culturales o his-
tóricos. Esos objetos humanos, la vida objetivada,. escapan a una mera y exclusiva
explicación causal; sólo son aprehendidos en su ser peculiar en la medida en que
además son entendidos, comprendidos, en cuanto a su sentido. Por tanto, el método
empleado por las ciencias de lo humano (ciencia del lenguaje, ciencia del derecho,
ciencia de la economía, etc.) no puede ser sólo explicativo, como el método de las
ciencias naturales, sino que además tiene que ser interpretativo de sentidos. Un fe-
nómeno de la naturaleza (por ejemplo, la lluvia, o el rayo, o la caída de los cuer-
pos) queda explicado plenaria y exhaustivamente en la medida en que determina-
mos sus causas y registramos sus efectos. Pero, en cambio, una cerámica, o el saludo,
LA VIDA Y LA TRASCENDENCIA EN LA CULTURA
c
101

no se aprehenden en lo que son, mediante la representación de los movimientos


que los produjeron, .sino solamente en tanto en manto entendamos su peculiar
sentido -es decir, en cuanto entendamos las finalidades hwnanas que laten en el
cacharro o en una forma de saludo. Y lo mismo ocurre con todos los hechos y re-
sultados de la actividad del hombre.
Mediante la cultura -así, por ejemplo, mediante el arte, la ciencia, la filoso- .
fía, la política, el Derecho, etc.- los hombres tratan deIlevar-a cumplimiento va-
lores, los cuales, como ya se mostró, tienen una validez .ideal. La cultura, por le
tanto, trasciende el área de las actividades humanas que la producen, para concretar-
se con valores ideales. '
Sin embargo,· aunque la cultura posea dimensión trascendente de las realidades
particulares en que se gesta, la- cultura surge por el estímulo -de necesidades que
los hombres sienten y con el propósito de satisfacer tales necesidades. Además, la
cultura se desenvuelve como un conjunto de funciones de la vida humana; y tiene
5U sentido primordial dentro de la existencia del hombre y para éste. La cultura es
algo que el hombre hace en su vida; y que:1o hace .no por accidente-ni por.casuali-
dad, sino porque le viene impuesto .por las necesidades' de su vida.s-Con.el lengua-
je, el conocimiento, el arte, la técnica,. el Derecho" etc., los hombres,'satisfacen o
tratan de satisfacer urgencias que experimentan en su vida. Claro ,que,' 10 que le
viene impuesto 'es el tener. que.bscerlo, en tanto que funciones de su vida; pero no
el modo concreto o singular de !?acerlo en cada caso, ni lo particular que haga
en cada caso. Y mostraré.rrnás adelante que el hombre en su vida desenvuelve
siempre las mismas funciones, pero las desenvuelve siempre de diferente manera,
o, dicho con otras palabras, las desenvuelve histéricamente, esto es, de modo vario
y cambiante.
. Sobre esta doble dimensión' de la cultura, -jósé-Ortega y Gasset escribió pági-
nas inmortales: "El pensamiento es una función vital,' como la digestión O la circula-
ción de la sangre," Cierto que estas últimas consisten en procesos espaciales, cor-
póreos, y aquéllas no. diferencia que. si bien es muy importante, no afecta a ese
carácter común de ser la una y las otras igualmente funciones de nuestra vida. "Un
juicio es una porciúncula de nuestra vida; una -volición, lo mismo'. .. Pienso -lo que
pienso, como transformo los alimentos o bate la· sangre en mi corazón. En .Ios tres
casos se trata de necesidades vitales. .. Mi pensamiento es un instrumento para mi
vida, órgano de ella, que ella regula y gobierna. Mas, por otra parte, .pensar es
poner ante nuestra individualidad las cosas según ellas son. El hecho. de .'que. por
veces, erramos, no hace sino confirmar ~I carácter verídico del-pensamiento. Llama-
mos error a un pensamiento fracasado, a un pensamiento .que no 10 es propiamen-
te. Su misión es reflejar, el mundo de las cosas, .acomodarse,a' ellas de uno u otro
modo; en suma, pensar la, verdad. como digerir es, asimilar los manjares. Y el error
.no anula la verdad del pensamiento. como la indigestión no suprime. el .hecho del
proceso asimilatorio normal. Tiene. pues, el fenómeno del pensamiento doble haz:
por un lado nace como necesidad vital del individuo y está regido' por la ley de la
utilidad subjetiva; por otro lado consiste precisamente en una adecuación.a las' cosas
y le impera la ley objetiva de la verdad." ',.,',.,. ;'
"Lo propio acontece con nuestras voliciones. EJ acto -de la. voluntad .se dispara
del centro mismo del sujeto. Es una emanación enérgica, un Impetu-rque , asciende
102 DUALISMO O DOBLE DINAMICIDAD DE LA CULTURA

de las profundidades orgánicas. .. En las voliciones se manifiesta preclaramente el


pulso vital del individuo. Por medio de. ellas satisface, corrige, amplía sus necesi-
dades orgánicas. Pero analícese un acto de voluntad donde aparezca claro el carácter
de ésta. Por ejemplo, el caso en que, después de vacilaciones y titubeos, al través de
una dramática deliberación nos decidimos, por fin, a hacer algo y reprimimos otras
posibles resoluciones. Entonces notamos que nuestra decisión ha nacido de que, en-
tre los propósitos concurrentes, uno nos ha parecido mejor. De suerte que todo que-
rer es constitutivamente un querer hacer lo mejor que en cada situación pueda ha-
cerse, una aceptación de la norma objetiva del bien." '
Este doble carácter, que hallamos en los Fenómenos intelectuales y voluntarios.
se encuentra con pareja evidencia también en las demás funciones culturales. "Es
decir. que existe toda una serie de fenómenos vitales dotados de doble dinamicidad,
de un extraño dualismo. Por una parte son producto espontáneo del sujeto viviente
y tienen su causa y su régimen dentro del individuo orgánico; por otra, llevan en sí
mismos la necesidad de someterse a un régimen o ley objetivos. Y ambas instancias
-nótese bien- se necesitan mutuamente. No puedo pensar con utilidad para mis
fines biológicos, si no pienso en la verdad... La vida del hombre. .. tiene una
dimensión trascendente en que, por decirlo así, sale de sí misma y participa de
algo" que no es ella, que está más allá de ella. .. Esas funciones vitales -por tanto,
hechos subjetivos'... - que cumplen leyes objetivas, que en sí mismas llevan la
condición de amoldarse a un régimen transvital, son la cultura... Se ha hablado
mucho de la cultura como -vida espiritual'. Pero vida espiritual no es otra cosa que
ese repertorio de funciones vitales ruyos productos o resultados tienen una consis-
tencia transvital", es decir, que se refieren a valores objetivos. Por ejemplo: entre
los varios modos de comportarnos con el prójimo, nuestro sentimiento destaca ut:I0
donde encuentra la peculiar calidad llamada [usticia. Esta capacidad de sentir, de
pensar la justicia y de preferir lo justo a lo injusto, es, por lo pronto, una facultad
de que el hombre está dotado para subvenir a su propia e interna conveniencia.
Sin embargo, esa justicia, una vez que ha sido segregada por el sentimiento, ad-
quiere un valor independiente. Va en la idea misma de lo justo, incluso la exigen-
cia de que debe ser. Lo justo debe ser cumplido, aunque no le convenga a la vida.
Justicia, verdad, rectitud moral, belleza, Son cosas que valen por sí mismas, y no
s610 en la medida en que son útiles a la vida. Consiguientemente, las funciones vi-
tales en que esas cosas se producen, además de su valor de utilidad vita], tienen un
valor por sí. Aquel valer por sí de la justicia y la verdad, esa suficiencia plenaria
que nos hace preferirlas a la vida misma que las produce, es la cualidad que llama-
mos' espiritualidad. Son, .pucs, vjda espiritual o cultural. 19 .;.

Ahora bien. aun habiendo reconocido que las obras de la cultura (ciencia, aro
te, Derecho, técnica, etc.) apuntan esencialmente a la realización de valores, ellas
no son en sí mismas valores puros, sino que son obras del hombre medi¡nte las
cuales éste trata de satisfacer necesidades de su vida, bien que dirigiéndose por cri-
rerios de validez trascendente.
Nótese que si bien en términos de generalización podemos hablar de tipos va-
rios de necesidades humanas -por ejemplo, las que motivan el hacer conocimiento,
el elaborar Derecho, etc.-, en la realidad, todas las necesidades sentidas por los
hombres son concretas. nacen en una cierta situación, se manifiestan en condiciones
CARACTER CIRCUNSTANCIAL DE TODA CULTURA 103

particulares, tienen a su alcance medios determinados, etc. O expresado en otros tér-


minos: todas las necesidades de los hombres, y consecuentemente las actividades y
obras que éstos producen para colmarlas, son históricas. Por lo tanto, esas activida-
des y esas obras. aunque orientad_as hacia valores objetivos, están condicionadas por
la situación histórica singular de la cual surgieron y a la cual se dedican. Asi pues,
las ciencias de la coltora tratan de obras hwnanas (Técnica, Derecho, Arte, Lengua-
je, etc.) que fueron elaboradas por unas gentes bajo la incitación de determinadas
necesidades sentidas en un cierto tiempo, y en una situación histórica concreta. Esas
obras humanas representan la consecución de una finalidad con la cual dichas gentes
intentaron satisfacer aquella-s necesidades; y esas obras fueron llevadas a cabo utili-
zando ciertos medios que se estimaron como adecuados y eficaces para la produc-
ción de tales obras. Toda obra cultural (por ejemplo, una ley o un reglamento) tiene
una significación circunstancial, es decir, ha nacido en una situación histórica y vital
concreta, para obtener mediante los efectos que produzcan la satisfacción de unas neo
cesidades humanas también concretas. Cierto que las obras culturales pueden y deben
inspirarse en valores objetivos; pero aquí no se está hablando de ideas puras de
valor, sino de otra cosa: de obras humanas en las cuales se trata de satisfacer unas
urgencias humanas con referencia a unos valores. No Se trata de los valores ideales,
sino de realizaciones humanas que apuntan hacia unos valores. Por eso digo que
todos los objetos culturales son circunstanciales, esto es, fueron creados por la in-
fluencia de una determinada circunstancia, para ser vividos o aplicados en esa cir-
cunstancia. Tienen ciertamente sentido, significación. Pero tal sentido o significa.
ción no es una idea pura con validez necesaria, sino que es un sentido humano, una
significación referida a un determinado problema en la existencia de unos hombres.
Hay una relación recíproca entre los actos vitales y sus contenidos o resulta-
dos. Es decir, hay un influjo recíproco entre los proc~sos vitales y las obras lleva-
das a cabo en ellos: el modo de ser de la estructura y del funcionamiento de los
procesos vitales influye sobre los resultados de éstos; y, también, a la inversa, la ín-
dole de las tareas o de los temas de la acción hwnana influye sobre la estru>;:tnra
y el funcionamiento de ésta. Tal relación se da 10 mismo en los modos individua-
les de conducta que en los modos colectivos, las relaciones y los procesos sociales.

15. ESTRUCTURA DE LA VIDA HUMANA OBJETIVADA. EL SER NO-SUBSTANCIAL


DE LA CULTURA. EL PROBLEMA :DE LA "EVOLUCIÓN DE LA CULTURA.

La estructura de la vida humana objetivada es análoga a la estructura de la


vida humana propiamente dicha, esto es, de la individual; pues al fin y al cabo es
su producto, es su cristalización. Tienen, {por consiguiente, los productos humanos u
objetos culturales la misma estructura de los humanos haceres, es decir, son obras
expresivas de un sentido, o son además obras con un propósito, y, en este caso, por
consiguiente, responde a un porqué o motivo, V se orientan hacia un para qué o
finalidad.
Pero tales objetos. a pesar de poseer la misma estructura de la vida humana,
en tanto que cristalizaciones. carecen de todo dinamismo --el cual es el c¡ue carac-
teriza la vida de Jos individuos-,
, son inmóviles; en suma, si se me permite una
104 EL FATAL ERROR DE SUBSTANCIALIZAR LA CULTURA

frase paradójica, pero certeramente expresiva, podríamos decir que son vida muer-
ta, Tienen la silueta de vida humana; poseen su mismo sentido, igual estructura
teleológica; pero no viven, esto es, no se mueven, no cambian, no son flúidos, an-
tes bien son inmóviles, son permanentes, son sólidos;' no se hacen a sí mismos, sino
que fueron hechos, y ahí quedan. No son el hacer, sino lo ya hecho. No son acto,
sino que son cosa. No son agentes, sino que son pura huella, mero rastro. Y, por tan-
to, la vida objetivada, esto es, fosilizada, es de todo punto incapaz de transformarse,
de modificarse a sí misma, de recrearse, de vivir; porque, en definitiva, no es vida
auténtica, sino fotografía rígida de una vida que fue.
La observación que acabo de exponer en el párrafo precedente es de una im-
portancia superlativa. Viene a destruir la fantasmagoría (montada por algunos peno
sadores alemanes) de substancializar el mundo de la cultura considerándolo como
algo que vive en sí mismo y por sí mismo, que se crea a sí mismo, que evolucio-
na y se perfecciona por sí mismo, como si fuese una entidad viva e independiente,
que se desarrollase por sí. .
Lo que yo expongo como zona de la vida humana objetivada, constituye una
nueva versión para la ontología del tema conocido en la filosofía contemporánea
con los nombres de "ciencias del espíritu", "región de la cultura" o "reino de lo
hist6rico". Considero que en la reelaboraci6n que he ofrecido de este tema quedan
aclarados no pocos de los puntos que, en esas otras teorías, anduvieron turbios y
confusos.
Es, pues, de decisiva importancia que esos objetos llamados culturales los con-
ábamos correctamente; según he propuesto y explicado, como objetivaciones de la
vida humana, porque, conforme acabo de indicar, gracias a esta explicación se di-
suelve de una vez y para siempre aquella turbia fantasmagoría que urdieron el peno
samiento hegeliano y el romántico, de un Espíritu Objetivo O de un Alma Nacional,
con un ser substante, y, además, con vida propia. Hegel concibe el Espíritu Obje-
tivo, la cultura, como una sustancia que se desenvuelve dialécticarnente a sí propia, de
suerte que los hombres individuales serían tan sólo una especie de títeres movidos
mexorablemente por los hilos del proceso lógico de esa realidad viva, encarnada rnáxi-
mamente en el Estado. Y el romanticismo -Savigny, por ejemplo- habla de un
Alma Nacional como auténtica realidad sustantiva Con vida propia, protagonista
de los acontecimientos históricos y creadora de la cultura, de manera que los suje-
tos individuales no serían otra cosa que destellos accidentales de lo que se fragua
entrañablemente en el seno recóndito y misterioso de aquella alma colectiva, la cual
obedece, a los designios de una Providencia Divina inmensa y disuelta en el proceso
del devenir, es decir, concebida de modo panteísta. 20 ~
La cultura no es espíritu objetivo: es espíritu objetivado por las obras humanas.
La cultura no vive por si misma. Es algu que fabrica el hombre. Ya fabricada,
queda ahí tal y como fue hecha, fósil, petrificada. Si cambia, si evoluciona, como
efectivamente ocurre, es por obra de nuevas mentes humanas, las cuales, al revi-
vir elIegado que recibieron de otras gentes, no se limitan a revivirlo estrictamente
y sin más, ateniéndose de un modo exclusivo a lo que encontraron, sino que aportan
lJUeYos matices de interpretación, de crítica. de superación; la obra recibida no es
revivida servilmente en pura copia fotográfica, sino que al repensarla los nuevos
sujetos la piensan de otro. modo y la corrigen o la transforman. O bien, cuando

LA CULTURA VNE SOLO A TRAVES DE NUEVAS VIDAS INDIVIDUALES 105

unos nuevos hombres reviven una obra cultural, por ejemplo, cuando leen un tra-
tado de ciencia, perciben sus oquedades. o sus deficiencias y eHo les estimula a col-
marlas o remediarlas, introduciendo rectificaciones. Así, también, al vivir una insti-
tución jurídica de antaño, se perciben los defectos que la aquejan, ora porque siem-
pre los tuvo, ora porque el cambio de las circunstancias la hacen inadecuada para
una época posterior a la de su creación. Y, así, el Derecho evoluciona; pero evolu-
ciona por virtud de los nuevos actos creadores de nuevos hombres, y no como una
realidad que tenga vida propia de por si.
Que esas ampliaciones y modificaciones que la cultura va .cobrando a lo lar-
go del proceso histórico se deban siempre a la acción de los únicos sujetos vivos,
que son los individuos, no quiere decir que se pueda explicar la cultura tan sólo
en función de factores individuales. Fuente creadora de cultura solamente puede
serlo el individuo, porque la obra cultural es un producto de vida humana objeti-
vada; y únicamente el individuo es el sujeto de la vida humana. Pero claro, es que
en la producción de la obra cultural por el individuo actúan .otras muchas clases
de ingredientes que no' son individuales, 'Sino de carácter histórico social. Entre esos
elementos figuran, por ejemplo, los siguientes: lo qu~ el sujeto ha asimilado, . pre·
cisamente ,por el hecho de su pertenencia a una colectividad (nación, círculo de
cultura, etcétera); lo que ha aprendido de otros; lo que ha podido hacer por su pro-
pia cuenta gracias a auxilios y facilidades obtenidas de sus prójimos. y de los gru-
pos a que pertenece; los estímulos que le ofrece la situación social concreta en ,que
vive, estímulos positivos y estímulos por carencia o necesidad;' la ayuda que recibe
de los demás para la realización de su propio quehacer, etc. _ .
Por lo que se refiere a la nebulosa ensoñación romántica de un Alma Nacional
como realidad sustancial y con propia existencia viva, la arbitrariedad de ese pen-
samiento se percibe todavía con mayqr facilidad a primera vista. Pero sobre ello
habré de insistir más adelante las próximas páginas.
Lo que he expuesto sobre la cultura, como objetivación de la vida humana,
constituye un intento de estudio sobre el ser característico de ese conjunto de ob-
jetos llamados culturales. Responde a una cuestión ontológica, es decir, a un, propó-
sito de descripción esencial de los tipos de objetos que hallamos en el universo.
Pero, aparte del carácter estrictamente teórico de este tema, él tiene un decisivo
alcance práctico, como se verá más adelante, para la dilucidación estimativa sobre
las relaciones entre el hombre y la cultura y, por tanto, para la Filosofía del Dere-
cho y para la Filosofia de la política. En efecto, si se concibe la cultura como obra
O expresión o realidad de un espíritu objetivo O de un alma colectiva, con ello se
desvalora radicalmente al sujeto humano, a la persona individual, y ~e tenderá a
considerar al hombre como siervo de esas obras, como puro medio a su servicio;
con lo cual se desembocará casi inevitablemente en una filosofía que desconozca
la dignidad de la persona individual y en programas jurídico-políticos" que aplasta-
rán implacablemente al hombre, 'So pretexto de ponerlo al servicio de una. entidad
trascendente y misteriosa. Por el contrario, si nos prevenimos contra toda ernbria-
guez mental y, en estado de sobriedad, nos damos· cuenta atinad'amente de que, la
cultura es una obra del hombre referida a unos valores ideales, entonces Ilegaremos
de modo correcto y con facilidad a la conclusión de que la cultura ,\0 sólo es hecha
por los hombres, por los hombres vivos, sino que también se hace para los hombres,
106 CULTURA VIVA EN UN GRUPO SOCIAL

es decir, para su servicio, esto es, como instrumento para su vida. Pero de todo eso
se tratará con mayor extensión en la última parte de este libro.

16. LA CULTURA COMO PATRIMONIO COLECTIVO TRANSMITIDO POR VíA SOCIAL.

La caracterización de 105 productos humanos como vida objetivada es una ca-


racterización ontológica, es decir, es un intento de definir el modo de ser de la
cultura. Pero de la cultura cabe otro estudio emprendido desde un punto de vista
diferente: desde el punto de vista de su realidad actual, en tanto que esas objetiva-
ciones de vida humana son re-vividas, son re-actualizadas. en nuevas existencias;
y en tanto que, en ese proceso de volver a ser vividas, padecen cambios.
Sucede que las objetivaciones de la vida humana, cristalizadas, inertes, cobran
nueva vida efectiva y actual en las conciencias y en las conductas de nuevas perso-
nas humanas que sucesivamente van re-viviendo, re-pensando, re-actualizando y mo-
dificando en su merite y en su conducta los sentidos de tales objetos culturales.
Desde el punto de vista sociclógieo, y en vista a realidades concretas, se de-
fine la cultura como herencia social de un grupo, que es reactualizada y modificada
por las gentes de ese grupo en la medida en que ellas reviven esos modos de exis-
tencia y los .van transformando.
Cualquiera huella, o cualquier resultado o signo O recuerdo, de un obrar hu-
mano -propiamente dicho, es decir, no tan sólo biológico, sino dotado de un sen-
tido-- constituye una objetivación de vida humana. Ahora bien, muchas de esas
objetivaciones quedan ahí olvidadas, arrumbadas, sin que después de producidas ha-
ya nadie que les preste atención, o sin que haya nadie que tenga interés en revivir-
las. Es enorme el número de objetivaciones humanas que corren esa suerte, por
ejemplo: notas, composiciones, proyectos, etc., que su autor deposita en el fondo de
un cajón, y que, por lo tanto, no quedan a disposición de otras gentes para que ellas
puedan, si así Jo quieren, revivir esos productos; o, también, libros, que aunque pu-
blicados obtienen muy pequeño número de lectores, los cuales, aparte de ser pocos,
no se sienten ni interesados ni estimulados por la lectura de aquéllos; canciones que
nadie canta, proyectos que no suscitan la adhesión de otras personas, etc. Todas
esas cosas, y el sinnúmero de otras similares, constituyen sin duda vida humana ob-
jetivada, objetivaciones humanas, pero no forman parte de la cultura viva del grupo
social. Para que una objetivación de vida humana integre el patrimonio cultural de
un grupo es necesario que esa objetivación se haya socializado o colectivizado, al
menos en alguna medida suficiente para que ejerza una efectiva influencia en ese
grupo.
En este sentido se suele definir la cultura como el conjunto de creencias, pautas
de conducta (mental, emocional y práctica), actitudes, puntos de vista, valoraciones,
conocimientos, utensilios, arte, instituciones, organizaciones, lenguaje, costumbres,
etcétera, compartidos y transmitidos por los miembros de una determinada sociedad. En
suma. cultura en ese sentido es lo que los miembros de una determinada sociedad
concreta aprenden de SIU predecesores y contemporáneos en esa sociedad, y lo que
le añaden y modifican. Es la herencia social tstllizada. revivida y modificada.
A veces no se da la debida importancia a la influencia de la cultura concreta
MECANISMO DEL CAMBIO CULTURAL L07

sobre la vida humana, ni se calibra el decisivo alcance que tiene en ésta, porque
esa cultura es algo así como el aire que se respira, tan próximo, tan obvio, que no
se para mientes en ello. Es algo así como el pedazo de tierra 1.:11 que se apoyan
nuestros pies, esencial para sostenernos, y en el cual rara vea-pensamos. Se cae en la
cuenta de lo que la cultura concreta de un grupo represc:nta para los individuos que
pertenecen a ese grupo, cuando observamos personas de diferentes culturas, y adver-
timos los contrastes que su vida presenta con la nuestra.
Se objetará acaso que la cultura cambia, que se transforma, que evoluciona;
pero a esto contestaré que tales mutaciones y desarrollos no los realiza la cultura
por sí misma, sino que se producen por la nueva acción, por la nueva interferencia
de nuevas vidas individuales, las cuales reclaboran y recrean 10 que fue antes ela-
borado por otros. La ciencia no es un sujeto que se desarrolle por sí, sino que los
únicos que la hacen son individuos vivos. Y los individuos de hoy revisan la cien-
cia que hicieron los de ayer, la corrigen, la superan, la aumentan. Sólo por la in-
tervención de nuevos actos individuales se puede producir esto. Suele decirse que
los estilos artísticos evolucionan, se transmutan y se innovan; pero tal manera de
hablar es incorrecta: los estilos son perfiles fósiles, incapaces de transformarse a sí
mismos; sólo cambian merced a la interferencia de nuevas acciones individuales,
merced a nuevas acciones vitales, que recrean, que crean de nuevo. la obra huma-
na no tiene vida propia: es la obra de una vida, pero ella no posee vida, sino que,
por el contrario, es muerta, pura cosa; en una palabra, es fósil, es secreción crista-
lizada. 10 que sucede es que en una obra --de ciencia, de arte, de Derecho--- hay
en sus pensamientos algunas ideas que 00 obtuvieron un desarrollo plenario o co-
rrecto, o hay premisas de las cuales no se actualizaron todas sus consecuencias, o hay
barruntos no desenvueltos, o contradicciones no zanjadas; y ruando es pensada de
nuevo, repensada en otros actos de vida individual, ocurre que en estos nuevos peno
samientos vivos -de individuos-c-, las ideas antes pensadas por otros -y que quc-
daron cristalizadas en la obra- logran el desarrollo o la corrección que en aquella
obra anterior había quedado frustrado; o son sacadas las consecuencias que no se
extrajeron en la obra anterior; 0, en suma, la obra anterior es sustituida por otra
nueva. La gestación de obras culturales pertenece exclusivamente a la vida auténtica,
esto es, a la vida individual. El individuo empleará; como materiales, elementos con-
tenidos en obras anteriores -es más, ocurre siempre así en. virtud del proceso de
la razón vital y de la razón histórica (sobre estos temas hablaré más tarde)-; pero
es el individuo -y solamente él- quien transforma, reelabora, recrea o sustituye
la obra.
y lo mismo puede decirse sobre las formas sociales, y naturalmente sobre el
Derecho. Ni las estructuras sociales, ni la economía, ni el Derecho, viven en sí y
por sí, ni se transforman auténomamente. sino sólo por la interferencia de nuevos
actos individuales. Ni el Derecho ni ninguna de las estructuras sociales viven por
sí, sino que viven sólo en tanto en cuanto las reviven los hombres, los cuales pue-
den no sólo revivirlas repitiéndolas rigorosarnente, sino también corrigiéndolas.
transmutándolas, innovándolas. Pero el cambio, la evolución, la superación que 'Se
opere en el Derecho, O en la economía, etc., no es un proceso vivo, inmanente al
Derecho O a esas otras formas sociales, 'sino que es el f~to de nuevos actos de vi-
das humanas,
108 RIQUISIMA VARIEDAD DE COMPONENTES CULTURALES

El mundo de la cultura en general, así como cada cultura concreta, o sea cada
patrimonio soci-cultural particular, consta de una riquísima variedad de materiales:
idioma, conocimientos (vulgares. científicos. filosóficos), creencias (religiosas, mo-
rales, políticas, sociales, etc.), idearios, leyendas, tradiciones, símbolos, formas usua-
les de comportamiento, normas de conducta (religiosas. morales, jurídicas, higiéni-
cas, del trato social, agrícolas. culinarias, médicas, etc.) I máximas valorativas o
estimaciones, refranes, formas de organización social, formas de organización po.
líticas, estructuras o instituciones jurídicas, pautas y organizaciones económicas. no-
velas, dramas, poemas, canciones, estatuas, pinturas. composiciones musicales, bailes,
edificios, utensilios, trebejos, artefactos, máquinas, modos y prendas de vestir, ce-
remonias, etc, '
L. cultura, en tanto que constituye el patrimonio real y efectivo en la existen.
cia de un grupo, es decir, en tanto que de hecho informa la vida de los individuos
que son miembros de ese grupo, es el reino de la conducta -de la conducta en to-
dos sus aspectos: conducta mental, emotiva y práctica.
Ya he mostrado que la conducta hwnana no está nunca predeterminada for-
zosamente de un solo modo unilateral, porque, en fin de cuentas, el hombre es
albedrío, y tiene que decidir siempre entre las varias posibilidades que en cada mo-
mento le ofrece la circunstancia en que está.
Siendo la cultura, en tanto que patrimonio social de un grupo, un conjunto de
formas de conducta de toda clase, resulta que esa cultura viva, real y efectiva, cons-
tituye una realidad dinámica, consistente en el revivir y en el modificar los objetos
que figuran en ese caudal. Los objetos heredados son inertes, están cristalizados; pe-
ro los procesos de re-pensarlos de re-actualizarlos, de re-vivirlos, de ponerlos en
práctica una y otra vez, esos procesos son realidades dinámicas, en las que, además
de lo que haya de repetición, suele haber también innovaciones, en mayor o menor
medida.

17. NORMAS JURíDICAS COMO VIDA HUMANA OBJETIVADA. DERECHO


VIGENTE COMO VIDA HUMANA VIVA

Una norma jurídica es un pedazo de vida humana objetivada. Sea cual fuere
su origen concreto (consuetudinario, legislativo, reglamentario, judicial, etc.), una
norma jurídica encarna un tipo de acción humana que, después de haber sido vivida
° pensada por el sujeto o los sujetos que la produjeron, deja un rastro O queda en
el recuerdo como un plan, que se convierte en pauta normativa apoyada por el poder
jurídico, es decir, por el Estado. Lo que importa subrayar aquí es que la norma
jurídica es vida humana objetivada. porque siendo así resultará claro que, para
comprenderla cabalmente, deberemos analizarla desde el punto de vista de la índole
y de la estructura de l. vid. humana.
El Derecho, en tanto que es una forma objetivada de vida humana, está cons-
tituido por un conjunto de ideas -mejor diríamos de significaciones- que ronstitu-
yen reglas para la conducta humana. Esas significaciones fueron gestadas por unas
mentes humanas, y aun vividas originariamente por unos hombres -por los GUL
han creado una norma jurídica. Ahora bien, esas significaciones que fueron construi-
das, fabricadas, por unos hombres, una vez que han sido producidas, esto es, una
OIl'ERENClA ENTRE IDEA PURA E IDEA CONSTRUIDA 109

vez que se han objetivado en preceptos legislativos o en costumbres jurídicas, han


adquirido una consistencia propia y autónoma parecida a la de los objetos ideales.
Con los objetos ideales puros ---como Jos matemáticos. los lógicos, los valores, etc.-,
tienen de común las significaciones que integran las normas jurídicas, 1~ dimensión
de que son seres intemporales e inespariales, entes espectrales, ideas idénticas a sí
mismas (es decir, capaz la misma idea de ser pensada por múltiples sujetos y en
diversos momentos, sin que la idea en cuestión se confunda con los actos mentales
múltiples de pensarla). Todo pensamiento cristalizado, objetivado, tomado aparte
del acto mental en que se fabricó, participa de la dimensión del ser ideal: es ines-
pacial, es intemporal, es idéntico a sí mismo, es decir, constituye una entidad autó-
noma, aparte, objetiva.
Ahora bien, el contenido de una disposición legislativa, o de un reglamento,
o el principio inspirador de una sentencia, aun teniendo de común con el ser ideal
esa especial consistencia de idealidad, de espectralidad, de objetividad, se diferencia
de los objetos ideales matemáticos y de los valores puros, en lo siguiente: un prin-
cipio matemático, un valor puro, tienen una consistencia y una validez, propias,
por entero independientes y ajenas al hecho eventual de que una cabeza humana las
haya pensado o no; y, así, recordemos lo que tantas veces se ha dicho de que los
radios de la circunferencia eran ya iguales antes de que ningún geómetra hubiese
pensado en ello. Pero, en cambio, un artículo del Código civil no era, no existía,
antes de que el Iegislador lo fabricase. Una idea matemática no ha sido construida.
fabricada, por el matemático, quien lo único' que hace es descubrir algo, que ya era
antes, con entera independencia 'de él. En cambio. un reglamento nace con el acto
del legislador que lo emite, y gracias a él; si bien después de fabricado, después
de nacido, cobra un ser propio; adquiere un ser objetivo jdeal de pensamiento cris-
talizado, de idea. Las significaciones que integran los preceptos jurídico ·positivos
no tienen una entidad ideal absoluta, no tienen una validez eterna y necesaria -en
la medida en que no sean purísima, rigorosa y exclusiva expresión de unos valores,
y en la medida en que contengan otros ingredientes circunstanciales. Esas significa-
ciones (en suma, esas normas) han sido elaboradas, confeccionadas, en unos actos
vitales, y por éstos, en una conducta humana -bien en la mente y voluntad del le·
gislador o del juez. o bien en la comunidad productora de costumbres jurídicas-o
Además, esas normas jurídicas, en cuanto se cumplen, en cuanto se realizan efectiva-
mente, constituyen la configuración viva de una sociedad. la forma o estructura de
unas existencias humanas.
las características que acabo de describir del Derecho no son exclusivas de éste,
sino que, por el contrario, son comunes a otras obras de.Ia vida humana, O productos
culturales: ciencia, arte, técnica, etc. Todas esas significaciones culturales históricas
tienen de Común con las ideas puras el poseer la dimensión de lo ideal; pero, en
cambio, pueden no tener la consistencia de validez pura y necesaria que caracteriza
a los principios matemáticos o a los principios lógicos, pues mientras que éstos eran
ya lo que son -es decir, eran ya válidos- antes de gue ninguna mente se los
representase, eran ya lo que son independientemente de todo. humano hacer: en cam-
bio, las 'Signi ficacicnes que componen el Derecho positivo (o la obra de arte, o el
esquema técnico, O ('1 método científico. etc.), y la forma en que Jo componen,
tienen un origen histórico, concreto en el tiempo y concreto en cuanto a las circuns-
110 VIDA OB)ETlVADA QUE ES REVIVIDA

rancias que condicionaron su nacimiento. Mas una vez que ya han nacido, que han
sido ya confeccionadas, adquieren esas significaciones una consistencia autónoma,
un ser objetivado.
Claro que esta caracterización de las normas jurídicas -al igual que de las
demás obras culturales- como objetivaciones de vida humana se refiere, solamente
a dichas normas -o a aquellas obras- en tanto que productos que están ahí, como
algo ya hecho, ya configurado. Sucede, sin embargo, que tales objetivaciones de la
vida humana que están ahí, como pensamientos expresados en un libro, en una ley,
etcétera, pueden quedar olvidados por las nuevas gentes de hoy, pueden quedar ahí
inoperantes, si las nuevas gentes no les prestan atención. Pero pueden también, por
el contrario, ser revividas por otras personas, pueden ser re-actualizadas por otros
sujetos. Esos otros seres humanos, al cumplir una ley. al ejecutar una sentencia,
reviven los pensamientos depositados en aquellas normas. Los reviven no sólo volvien-
do a pensar esos pensamientos, sino que, además. los reviven prácticamente llevando
tales pensamientos a realización efectiva en la conducta. De ese modo. las normas
jurídicas, en tanto que objetivaciones de la vida humana, cobran vida efectiva y actual
en las conciencias y en las conductas de las nuevas personas que las cumplen o las
aplican.
Al re-vivir una norma jurídica acontece que las gentes que la cumplen cspon-
táneamente, o los órganos jurisdiccionales que la aplican. la adaptan a las circuns-
tancias concretas de cada caso singular, y la individualizan para. ese caso particular.
y acontece tambiéri quc, al correr del tiempo, ruando las normas jurídicas preexis-
tcntes son aplicadas a nuevas situaciones de la vida social, en esa operación de ser
aplicadas a nuevos hechos, van engendrando nuevos sentidos. cobran alcance dife-
rente y producen otras consecuencias diferentes de las que produjeron antaño.
La correcta inteligencia O comprensión de los productos humanos, de las obje-
tivaciones de la vida humana --o de la cultura-. requiere que nos acerquemos a
tales productos valiéndonos de los métodos adecuados a la especial manera de ser
de tales cosas.
Los productos humanos no pueden ser conocidos en su esencia, en su ser au-
téntico, mediante las categorías y los métodos que manejan las ciencias de la natu-
raleza, como la física o la biología. Los fenómenos de la naturaleza se conocen en
la medida en que los explicamos desde el punto de vista de la causalidad: como
efecto de un conjunto de causas, y a su vez como causa de ulteriores efectos. No
cabe decir nada más sobre los fenómenos de la naturaleza. Los hechos físicos son
explicables. pero no son inteligibles. No son inteligibles porque no están dotados
de sentido. Es posible, y aun muy probable. que para Dios la naturaleza tenga un
sentido, el sentido que Dics-Ic haya dado como su Creador; pero este punto escapa
por- entero al conocimiento físico._Es también posible -y de hecho acontece muchas
veces-e- que un paisaje cobre un sentido para la persona que Jo contemple; pero
no nos engañemos. tal sentido no pertenece al paisaje como hecho físico, sino que
está referido a la vivencia humana suscitada por el paisaje.
Por el contrario, los hechos humanos, la conducta humana, y también las obras
producidas por los hombres, además de las causas que los engendren. y de los
efectos tllle originen, tienen aleo <¡ue no poseen los meros hechos de la pura na-
turaleza: tienen sentido o sipnifiC:lcit'm.
SENTIDO HUMANO DE LOS PRODUCTOS CULTURALES 111

Pero se trata de un sentido humano} es decir, originado en conductas humanas,


vinculado o bien a la expresión de algo inteligible, comprensible, o bien a una ac-
ción que responde a un motivo y se encamina hacia un fin.
Urge insistir mucho sobre esa dimensión humana, y. por lo tanto, circunstancial,
para no caer en las funestas equivocaciones en que incurrieron algunos filósofos,
cuando, al emancipar el estudio sobre los productos culturales del imperio de las
ciencias de la naturaleza, los colocaron en un vago reino de un espíritu inrelectunli-
zado, muy distante y muy diferente de la auténtica realidad de esos objetos P'v'
ducidos por los hombres. En tal error cayó Hegel, cuando concibió esos objetos hu-
manos como entidades espirituales. Tampoco fue acertado el enfoque que a este
tema dio la "filosofía de las llamadas ciencias del espíritu". Esa filosofía ciertamente
llevó a cabo con éxito una decisiva crítica de los "naturalismos". Pero, en cambio,
fracasó en manto a la correcta aprehensión de los objetos humanos, porque Jos con-
cibió como ideas, como {armando un sistema de ideas,. La filosofía de Hegel no se
propuso averiguar el sentido real, la significación efectiva de los hechos humanos,
de las obras culturales, en suma, de los objetos históricos, sino que, por el contrario,
trat6 de encajar arbitrariamente tales hechos dentro de un sistema lógico preconce-
bido. Cuando los hechos humanos no se ajustaban a los cuadros de ese sistema de
ideas, entonces se los mutilaba, se los deformaba, se los retorcía o falseaba, hasta
conseguir que encajasen en la malla de los esquemas preestablecidos.
Tales arbitrariedades se desvanecen cuando contemplamos el mundo de la cultura
en una actitud de sobriedad mental. Con ello se desvanecen los frenesíes dialécticos
y o~ros parecidos; y entonces nos damos cuenta de que la cultura no es un sistema
ideal con validez en sí y por sí, que se desarroIle autónornamente, sino que, por el
contrario, es el campo de las obras humanas, las cuales tienen una significación, un
sentido, que está vinculado a la circunstancia desde la cual y para la cual' se han
originado. Esas obras del hombre han nacido al estímulo de unas determinadas ne-
cesidades, sentidas de peculiar manera en una cierta situación histórica. Bajo la rre·
sión de tales necesidades, los hombres, empleando su imaginación, tratan de b..sca-
mentalmente algo, que si existiese real y efectivamente y estuviera ahí a la dispovición.
colmaría aquellas urgencias. Cuando al fin se deciden por alguna de las posibilidades
que su imaginación exploró, para resolver el problema planteado, entonces ponen esa
posibilidad como propósito, como fin. Una vez elegido el fin, los hombres buscan
los medios que sean a la vez adecuados y eficaces para cumplir aquel fin, esto es,
para la realización de su prop6sito.
Así pues, el Derecho -al igual que otras obras culturales- tiene siempre una
vinculación circunstancial; es decir, tiene un sentido referido a las realidades COn-
cretas en las que se presentó la necesidad estimulante, en las que se concibió la
conveniencia del fin, y en las que se apreció la adecuación y la eficacia de los me-
dios empleados.
Esta dimensión circunstancial no excluye que en el sentido del Derecho haya
una referencia a valores cuya validez trascienda los confines de la situación concreta.
esto es, cuya validez sea necesaria. Pero el Derecho, análogamente a otras obras 011-
rurales, no consiste en valores puros, sino en acción humana, o en el producto de la
acción humana, qne intenta inspirarse en esos valores. Por eso. el Derecho no puede
ni debe ser tratado como un sistema de ideas puras. Debe. pm el contrario, ser
112 INNOVACIONES Y MODIFICACIONES EN EL REVNIR DE LAS NORMAS'

considerado como un producto histórico intencionalmente referido a determinados


valores; en suma, debe ser visto corno obra humana."!
Decimos que el Derecho es vida humana objetivada cuando 10 contemplamos
en tanto que normas jurídicas preestablecidas y preformuladas. Pero, en cambio, la
visión y la calificación varían, cuando contemplamos los hechos en los cuales las
normas jurídicas son cumplidas por los sujetos de ellas, o, sobre todo, los hechos
en los cuales son aplicadas por Jos órganos jurisdiccionales: entonces las reglas ju-
rídicas se convierten en formas de vida humana viva, es decir, presente. real y cfec-
tiva. Esto es lo que sucede cuando las reglas jurídicas son vividas de nuevo por
quienes las cumplen y por quienes las aplican.
Conviene que nos fijemos en el hecho de que la puesta en práctica real y efec-
tiva de las reglas jurídicas preformuladas, bien mediante el cumplimiento espon-
táneo que aporten sus sujetos, bien a través de la función de los órganos jurisdic-
cionales, 110 constituye un limpie reproducir mecánico de lo 'establecido en la norma
preformulada. Por el contrario, ese proceso de re-vivir, de cumplir, o de aplicar una
norma jurídica, engendra innovaciones y modificaciones al esquema objetivado pre-
viamente. Cuando unas personas cumplen mediante sus conductas una norma gene-
ral, no se limitan a re-pc:nsar, a re-producir simplemente dicha norma. Lo que ha-
cen es otra cosa: es modelar Su conducta concreta ajustándola a la pauta genérica
y abstracta señalada por la norma. Entonces, la realidad de vivir, o mejor dicho de
re-vivir esa norma general, consiste en una conducta concreta, singular, con parti-
culares características, la cual es configurada o modelada de acuerdo con aquella
norma general. Resulta, pues, que esa realidad de la conducta jurídica, configurada
según la norma general, consta de la forma de comportamiento diseñada en términos
abstractos y genéricos por la norma, pero consta, además, del contenido concreto y
singular de esa conducta. Ahora bien, incurriríamos en una visión errónea si nos
dejáramos llevar por la metáfora geométrica de pensar en una forma o en un molde
dentro del cual se vierte el contenido de la conducta. No es eso. Se trata de otra
cosa. La norma general, al proyectarse sobre una conducta singular, pasa por el
proceso de ser individualizada, de ser concretada respecto de ese comportamiento sin-
guIar, de ser interpretada en cuanto al sentido y al alcance que deba tencr para
ese caso singular. El resultado de ese proceso es 10 que constituye el revivir actual
de la norma, el cumplimiento de ésta en un caso particular. Por lo tanto, el cum-
plimiento de una norma general en cada caso particular no consiste en un repro·
ducir la norma general, sino en un adaptar la pamd general por ella señalada a cada
caso sil1gttlar; consiste en cumplir de modo concreto en la conducta singular el sen-
tido formulado"en términos genéricos y abstractos por la norma general. Resulta,
pues, claro, que ni siquiera en los casos de cumplimiento más fiel, éste no puede
consistir en una mera reproducción de la norma general, sino que-.representa una
obra nueva, con ingredientes nuevos, con figura individualizada, si bien responda
a la inspiración de la 'pauta genérica preestablecida.
Lo mismo sucede, sólo que todavía con mayor relieve, en los casos en que la
norma general es aplicada por un órgano jurisdiccional, es decir, en los casos en
que es el órgano jurisdiccional el que individualiza la norma respecto de una situa-
ción concreta sometida a su conocimiento, mediante una sentencia judicial' o una
resolución administrativa, la cual es requerida, porque, o bien habían surgido cJnrl:1C
NUNCA ES MECANICA LA INDIVIOUALIZACION DE UNA NORMA 113

o conflicto respecto de cuál fuese el alcance de la norma general en relación con un


caso singular, o bien porque, aun sin haberse producido una controversia, no se
podía aplicar directamente la norma general sin proceder previamente a concretar
e individualizar su sentido y su alcance para una determinada situación. En los casos
de aplicación jurisdiccional, esa individualización resalta más que en Jos de cumplí-
miento espontáneo sin controversia ni conflicto, porque en éstos, en los de curn-
plimicnto espontáneo, la interpretación de lo que la norma exige para la situación
singular pareqe no ofrecer graves dificultades, mientras que, por el contrario, cuando
se hace necesaria la aplicación por el órgano jurisdiccional, esto suele suceder POJ;'-
que la individualización o concreción resulta más difícil, plantea problemas; y por
eso se hace preciso que el órgano del orden jurídico pronuncie una decisión, me-
diante la cual se determine ~l sentido, el alcance y las consecuencias singulares que
esa norma deba tener para el caso planteado.
Resulta, pues, del todo claro, el hecho de que el cumplimiento o la aplica-
ción de las normas jurídicas generales, las cuales SOIl vida humana objetivada, no
es de ninguna manera un procedimiento mecánico de reproducción de esa pauta ge·
neral previamente objetivada en la regla general, no es un mero re-vivir esa pauta,
un puro copiarla, sino que. por el contrario, implica algo nuevo. En efecto, implica
el proceso de indioidualizacián y concreción de la norma general, la aplicación de
ésta al caso singular. Ahora bien, ese-proceso de individualización, concreción o apli-
cación contiene algo nuevo. que no está previamente contenido en la norma general.
Por otra parte, la individualización o concreción de las normas generales me-
diante el cumplimiento o mediante la aplicación jurisdiccional, experimenta modi-
ficaciones, a veces muy importantes. de acuerdo con la variedad de los casos y en
la sucesión del tiempo, por virtud del cambio que padecen las realidades reguladaJ-
por aquellas normas: aun cuando la norma general permanezca invariable, las aplica-
ciones de ésta a la vida van cambiando a medida que cambia la vida. Esto es así,
por la sencilla razón de que el sentido, el alcance y las consecuencias que se expre·
san en la norma individualizada de la sentencia o de la resolución administrativa son
el resultado de referir el sentido abstracto de 'la norma general a la significación
concreta del caso singular. Entonces sucede que, aunque el sentido abstracto ,de la
norma general no haya variado la significación concreta de cada uno de los nuevos
casos singulares, el producto de relacionar aquel sentido abstracto con esta signifi-
cación concreta' deberá variar también. Así pues, nuevas realidades determinan que
viejas normas generales produzcan consecuencias nuevas.w
Conviene advertir que hay una enorme diferencia entre dos puntos de vista
desde los cuales se contemple las normas jurídicas: a) Desde el punto de vista his-
tórico; y b) Desde el punto de vista práctico o de aplicación del orden jurqdicc
vigente.
Cuando contemplamos unas normas jurídicas desde el punto de vista histórico,
las vemos como objetivaciones inertes de la vida humana pretérita. como cristaliza-
ciones; y entonces tratamos exclusivamente de descubrir el sentido inserto en tales
objetivaciones.
Por el contrario, cuando contemplamos unas normas jurídicas. como parte del
orden jurídico positivo vigente, en lugar de verlas como productos cristalizados, las
enfocamos como fuente para nuevas y nuevas consecuencias concretas en la vida en

8
114 NORMAS JUit[OICA~ COMO INSTRUMENTOS PRAcTICOS

curso, como fuente para nuevas y nuevas aplicaciones a las nuevas situaciones que
la realidad social prescnta. Desde ese punto de vista, las normas jurídicas, conjuga-
das con las realidades sociales siempre en renovación, tienen una dimensión dinámica,
son criterios para la acción ulterior, renovada una y otra vez, constantemente, a lo
largo del tiempo.
Los análisis que acabo de ofrecer nos ponen sobre la pista para el hallazgo del
método adecuado en el tratamiento del Derecho vigente, es decir, en el ejercicio
de la profesión jurídica (de juez, abogado). Constituye un descomunal error teó-
rico, y un dislate de funestas consecuencias prácticas, lo que vinieron haciendo du-
ranteel siglo XIX muchas escuelas jurídicas en varios países, a saber: tratar los con-
tenidos de las normas jurídicas como si ellos fuesen ideas a priori con validez nece-
saria, y enchufar a dichos contenidos el mecanismo de la deducción para sacar' ili-
mitadamente consecuencias, como si se estuviese dentro del ámbito de algo parecido
a la matemática. Puesto que los contenidos de las normas jurídicas son elaboraciones
empíricas que se originaron en un cierto lugar, y en un cierto tiempo. al conjuro
de las necesidades de una determinada situación ..histórica y en vista de unos fines
particulares. se debe tratar de dichos contenidos, para las tareas de la interpretación y
aplicación, como instrumentos creados por los hombres para producir unos ciertos
-resultados, esto es, para producir los efectos considerados como justos. Es garrafal
disparate tratar las normas del Derecho como si fuesen verdades de razón pura. Las
normas jurídicas son actos de voluntad, suscitados por unas necesidades sociales
sentidas en una cierta situación histórica, y con vista a la realización de unos fines
estimados como justos.

18. LA CULTURA COMO SISTEMA DE FUNaONES DE LA VIDA HUMANA.

Pero ahora debo añadir a la caracterización de esa Zona de la vida humana ob-
jetivada ,unas consideraciones que constituyen la base para llevar a cabo un estudio
que habrá de constituir una de las capitales tareas del pensamiento de nuestra época
en el próximo futuro.
En ese reino de obras objetivadas vemos la expresión de una serie de funcio-
nes de la vida humana. Vemos que el hombre ha hecho y hace en su vida Religión,
Filosofía, Moralidad, Ciencia, Técnica, Economía, Arte, Derecho, Estado, etc. Ba-
rruntamos que todas esas actividades no constituyen meros episodios fortuitos --que
se han producido, pero que también pudieran no haberse producido--, sino que,
por el contrario, representan funciones constantes y necesarias de la vida humana.
Esta idea fue esbozada certeramente por Dilthey.w sin que después fuese suficien-
temente recogida en el pensamiento posterior.
El contenido de la Ciencia, del Arte, de la Filosofía, del Derecho, de la Técni-
ca, etc., ha variado y varía histéricamente: es diverso en los varios pueblos y tiem-
pos. Pero si en ruanto a su resultado. en cuanto a su estructura y en cuanto a su
contenido, el Derecho ha variado -lo mismo ocurre con la Filosofía, con la Ciencia,
con el Arte, con la Técnica, etc.-, en cambio, cada una de estas tareas habr{n de
tener una identidad como funciones de la vida humana. El contenido del Derecho
de hoy en una nación difiere del que tuvieron los ordenamientos de otras épocas y
EL HOMBRE HACE SIEMPRE LO MISMO PERO DIVERSAMENTE 115

pueblos; pero la [unción que el Derecho de aquí y de hoy desempeña en la vida


humana de esta situación histórica es pareja a la que desempeñó el Derecho de ayer
y de otras situaciones históricas. Asimismo podríamos decir respecto de la técnica:
es enormemente diversa la técnica del pueblo norteamericano a la de una colectividad
primitiva o a la de los chinos tradicionales; pero una y otras tienen en común el
desempeño de la misma función, que acaso podríamos definir como propósito de
obtener un cierto dominio, una seguridad Y aprovechamiento respecto del mundo de
la naturaleza, y crear en ésta para el hombre un margen de holgura que le 'permita
vacar a otros quehaceres. Y. de pareja manera, podríamos enfocar el problema del
arte: tal vez "todas sus múltiples y heterogéneas manifestaciones tengan de común
una función expresiva al servicio de "un afán de sublimación. Y también respecto de
la filosofía: por diverso que sea el contenido del pensamiento de Tales.. Platón,
Aristóteles, San Agustín, Descartes, Hegel, etc., todos ellos responden a igual nece-
sidad funcional: la de encontrar una certidumbre radical y fundamental, una ver-
dad autónoma y pantónoma. Y, aSÍ, podríamos irnos planteando parejamente el
problema de todas las llamadas ramas de la cultura, las cuales debiéramos llamar
mejor -en virtud de lo dicho- funciones de la vida humana. Necesariamente ha
de haber en la estructura de nuestra vida condiciones que producen, con regularidad
constante, creaciones tales, siempre que la situación lo permite. La estructura de la
vida -podríamos decir parafraseando a Dilthey- 2. lleva a ejercitar el conocimiento
de las cosas (ciencia), dominio sobre la naturaleza (técnica), procesos económicos,
arte, religiosidad, 'etc. Y, asimismo, a organizar formas de coexistencia y solidaridad,
reglas del trato, Derecho, Estado, etc.
Y cada una de esas funciones no representaría algo aparte e independiente de
las demás; antes bien, lejos de darse aisladas e inconexas, constituirían una articula-
ción sistemática en la unidad de la vida. Hay en la vida una conexión, una unidad
orgánica de todo cuanto pensamos, hacemos, sentimos, queremos. Cada una de esas
funciones (Ciencia, Arte, Derecho, etc.) no son elementos aislados, sino abstraccio-
nes que ha hecho nuestro pensamiento sobre la realidad efectiva de la vida, en la
que todas se dan recíprocamente trabadas.
y probablemente habría que distinguir entre funciones de la vida individual y
funciones de la vida colectiva. Pero esta distinción es prematura, porque aún no he
expuesto la diferencia entre vida individual y vida «electiva, ,que abordaré en las pró-
ximas páginas.

19. LAS CATEGORÍAS DE LA VIDA HUMANA. REfERENCIA A LO NORMATIVO


Y A LO COLECTIVO.

El mundo de la vida humana, así como también el de su objetivación, tiene su


sistema de categorías. El descubrimiento de este sistema es una de las tareas en que
está trabajando el pensamiento de nuestros días. Pero no es el presente libro el
Iuear apropiado para anticipar una exposición sobre este asunto. Aqui interesa y
basta con que me refiera a dos de eIJas: lo normativo y 10 colectiv que son las q,ue
más directamente afectan al Derecho.
10 que he exnuesto hasta ahora sobre la cultura puede aplicarse a todos los
productos objetivados de la vida humana, por tanto, a la Ciencia, a la Técnica, al
116 ULTEIUORES DELIMITACIONES DEL CAMPO JURIDICO

Arte, al Derecho, a las estructuras económicas, etc. Así pues, el Derecho como pero
teneciente al sector de la vida humana objetivada posee esencialmente todos los ca-
racteres peculiares de ésta.
Pero ahora tenemos que acometer otro tema, a saber: diferenciar el Derecho
dentro de la vida humana objetivada, frente a todos los demás productos de ésta
que no son Derecho. Así, será menester indagar la diferencia entre el Derecho y
aquellos otros productos objetivados de la vida humana que tengan Con él alguna
similitud, Por eso, habrá que indagar la diferenria entre Derecho y Moral, entre
Derecho y reglas del trato social, y entre Derecho y mandatos arbitrarios.
Antes conviene, sin embargo, enmarcar el Derecho en términos más generales
dentro de la cultura, valiéndonos del estudio de dos categorías a las cuales pertenece,
que son las de lo normativo y lo colectivo. Claro es que con decir y explicar que
el Derecho es una forma objetivada de vida humana de carácter normativo y de
carácter colectivo, con ello no se habrá definido todavía suficientemente la esencia
de lo jurídico, pero habremos conseguido orientar la investigación sobre ésta funda-
mentalmente en estas dos coordinadas básicas que son las mencionadas categorías.
Después hará falta proceder a las diferenciaciones enunciadas y, por fin, investigar
cuál sea el sentido funcional del Derecho en la vida humana.

20. Lo NORMATIVO.

Entre las significaciones que piensa el hombre. podemos establecer una clasifi-
cación formal en dos grupos: significaciones o proposiciones enunciativas y signifi-
caciones o proposiciones normativas.
Proposiciones enunciativas son aquellas que denotan en qué consiste un ser, qué
es una realidad. la existencia de un hecho, la manera efectiva como ha ocurrido ese
hecho, el modo regular de acontecer unos fenómenos, etc. Son proposiciones respecto
del ser, denotan un ser, dan cuenta de la existencia de algo, o de cómo es ese algo,
o de la conexión entre varios algas. Tales son, por ejemplo: las proposiciones re-
ferentes a la naturaleza, tanto de tipe( singular (v. gr., descripción de una cordillera)
como de tipo general (conexión entrb varios fenómenos: la caída de los cuerpos, su
dilatación, su vibración); también las proposiciones de la ciencia psicológica, que
manifiestan el modo de ser yde producirse los fenómenos anímicos; los teoremas
matemáticos (que expresan conexiones ideales); los relatos históricos (Colón des-
,rubrió América en 1492) que exponen hechos que han sido; el anuncio astronómico
,de un eclipse, etc., etc. Todas esas proposiciones enuncian algo que es, algo que file
O algo que será. Esas proposiciones. en su conjunto, constituyen el esquema del mun-
do dado realmente; valen por razón de su coincidertcia con la efectividad de los he-
chos; y, consiguientemente, tienen validez sólo en tanto en cuanto concuerdan con
los hechos. La discrepancia entre una de esas proposiciones y los hechos a que ella
se refiera implica la falsedad de la proposición. Si resultase que la altura 'lue el
Popocatépetl tiene sobre el nivel del mar no es, como se ha dicho, de 5,452 m"
sino mayor o menor, la proposición que así lo afirmaba quedaría invalidada, sería
errónea. Si un fenómeno singular de la naturaleza discrepase de la manera de pro.
ducirse como fue prevista en una ley física, ello constituiría la palmaria prueba de
NORMATNIDAD o DEBER SER 117

que la ley física había sido formulada erróneamente y quedaría invalidada. Si re-
sultase que Cristóbal COjón no desembarcó por vez primera en tierras americanas
en 1492, sino en 1493, aquel enunciado histórico resultaría falso.
Las proposiciones normativas, en cambio, no enuncian la realidad de unos he-
chas, ni el modo como efectivamente éstos acontecen, sino que determinan un deber
ser, es decir, prescriben una cierta conducta como debida. Tales, por ejemplo, los
preceptos morales, las reglas del decoro, las leyes del Estado. Se refieren a la con-
ducta humana; pero no como explicación de sus hechos reales, no carpo enunciación
de las conexiones efectivas en los procesos reales del humano obrar. sino determi-
nando como debido! como debiendo 'ser, cierto comportamiento. Las normas no enun-
cian lo que ha sucedido, sucede o sucederá, sino lo que debe ser cumplido, aunque
tal vez en la realidad no se haya cumplido, ni se ·vaya a cumplir -puesto que es
posible que haya quien infrinja la norma. Cabalmente la condición para que una
norma sea tal, para que tenga sentido como norma, radica en que aquello que esta-
tuye como debiendo ser, no tenga que acontecer forzosa e inevitablemente en el
mundo de los hechos. La norma prescribe 10 que debe ser, lo cual tanto puede ser
como no ser, en la realidad, puesto que depende de un arbitrio humano. Precisa-
mente porque en el mundo real puede no cumplirse lo que la norma estatuye, por
eso la norma tiene sentido como tal norma. Si 10 que la norma dice se realizara
siempre y necesariamente, forzosamente, entonces la norma perdería su carácter de
"deber ser", dejaría de constituir tal norma, y se transformaría en una ley (en la
expresión de una concatenación causal constante de fenómenos). Una norma que
rezase "debe suceder 10 que realmente sucede", o "debes comportarte del mismo modo
como realmente te comportas", no sería una norma, carecería de sentido normativo.
Sería como si dijésemos que la llama debe dilatar la columna de mercurio calentada
por ella, 10 cual no tiene sentido, por'iue la columna de mercurio no es capaz de un
acto de rebeldía en contra de esta ley, y siempre y necesariamente se dilatará cuando
sea calentada.
Por ende, es supuesto esencial de la norma la de que pueda ser violada de .hecho,
de que la conducta del sujeto por ella obligado pueda contravenida, pues de otra ma-
nera no sería una norma, sino un mero enunciado de hechos. Si uno no se conduce
del modo prescrito en la norma, si deja de hacer aquel comportamiento a que está
obligado por ella, la norma no sufre nada en su esencia normativa por tales hechos
adversos: su validez normativa, su deber ser, persiste incólume. Cuando se dice que
la norma ha sido violada, lesionada o quebrantada, no se quiere decir con esto que
a la norma como tal le haya ocurrido algo, que ella haya sufrido en su validez
menoscabo alguno, sino que la conducta del sujeto representa un apartamiento de
ella, una no realización de sus exigencias; pero eso es así, precisamente ~rque la
norma sigue siendo norma, a pesar de que haya quedado incumplida. La normatividad
de una regla se afirma cabalmente en el contraste con su inobservancia de hecho ..
El tipo de necesidad de la exigencia normativa no es causal, no es una forzosidad
real, sino que es un tipo de exigencia ideal. Las normas son, pues, proposiciones que
valen, a pesar de su no coincidencia con la realidad, porque no tratan de expresar
cómo es efectivamente ésta, 'Sino cómo debe ser, es decir, tratan de prescribir una
conducta.
Desde el punto de vista formal en que acabamos de contemplar lo enunciativo
118 NORMATlVIDAD O DEBER SER

y lo normativo, resulta que estas dos categorías (el ser y el deber ser) s~n igual-
mente primarias, es decir, independientes la una de la otra. Si clasificamos nuestros
pensamientos desde ese punto de vista puramente formal (en cuanto a su forma),
resulta que nos encontramos con pensamientos en los que se da la enunciación de un
ser; y otros pensamientos en que se expresa un deber ser. La realidad de algo nada
nos dice sobre su adecuación o no adecuación a una norma. Un precepto normativo
nada nos dice sobre cómo es o será de hecho la conducta a la cual se dirige. Nos en-
contramos, pues, con una diferencia formal y primaria entre realidad y deber ser,
0, 10 que es lo mismo, entre proposiciones enunciativas y proposiciones normativas.
Lo expuesto ni prejuzga adversamente ni contradice el ensayo realizado por
Husserl, de convertir las proposiciones normativas en enunciadoras de calidades de
valor. Según ese ensayo, una proposición normativa puede ser convertida en enun-
ciativa del valor o del mandato que la funda. Asi, por ejemplo: la proposición "debes
ser veraz" quedaría transformada en la proposición "la veracidad es moralmente bue-
na"; la norma "el depositario debe en tales y cuales condiciones devolver la cosa de-
positada al depositante" quedaría convertida en esta otra: "el Código civil dice que sic
el depositario no devuelve la cosa, será sometido a un procedimiento sancionador de
ejecución forzosa"; etc. A pesar de esa posibilidad de conversión, queda en pie la
especial caracterización de lo normativo, según la he expuesto.

21. NORMATIVIOAD FORMAL y NORMATMDAD MATERIAL.

Ahora bien, adviértase que entre las proposiciones de tipo normativo podemos
establecer la siguiente distinción o clasificación: a) Proposiciones de forma norma.
tíoa, cuyo contenido tiene su origen en una elaboración humana -esto es, que ha
sido fabricado por el hombre-; por ejemplo: los preceptos de un reglamento de
tránsito; y b) Proposiciones normativas Ctlyo contenido es la pura expresión de un
valor ideal; por ejemplo: los principios puros y absolutos de la moral, los primeros
principios del valor justicia.
Nótese que en las proposiciones de! segundo tipo (b) ocurre que no sólo es
normativa su forma, sino que también es normativo (valioso) su contenido, en sí y
por sí. Sucede que a la esencia de algunos valores pertenece una dimensión de "deber
ser" y aun de "deber hacer", en e! sentido de deber ideal o puro. Este deber ideal o
puro -en virtud de la misma índole del valor, y dentro de las condiciones exigidas
por el mismo contenido y sentido del valor- constituye un deber ser absoluto, que
se funda sobre sí mismo, cuya validez no deriva de nada extrínseco a él. Y así, 5U-
cede que en los principios que constituyen. pura y perfecta expresión de valores idea-
les, no s610 . . ,s normativa la forma en que se presentan, sino que lo es también su
materia, es decir, su contenido.
Nótese que la normatividad de las proposiciones de la vida humana objetivada,
v. gr., el ejemplo que antes poníamos del rcalamento de tránsito, es formal; pero, por
el contrario, su contenido dimana de una elaboración humana, es el producto de 10.<;
pensamientos y de la voluntad que han tenido unos determinados hombres de. carne
y hueso, y no es pura esencia de valo-r, aunque, desde luego, trate de fundarse o de
orientarse en determinados valores. Tal reglamento de circulación tiene forma norma-
NORMATNIDAD JURlDICA BASADA EN VALIDEZ FORMAL 119

tiva, porque no constituye.la enunciación de una; realidad, sino que constituye un pre-
cepto, un imperativo. Pero, de un lado, aunque este reglamento se oriente hacia unos
valores e intente fundarse en ellos, la base próxima o inmediata de su deber ser, de
su normatividad, radica en una voluntad, es decir, en un mandato (de la autoridad
competente). El Derecho positivo rige como norma no por su ,mayor o menor acier-
to intrínseco (por su más O menos lograda justicia) J sino por su validez formal, es
decir, por haber emanado de la instancia competente. Y, además, por otra parte, el
contenido de un precepto positivo (por ejemplo, de la reglamentación a que me he
referido), aunque intencionalmente apunte a determinados valores (v. gr., seguridad,
bien común, libertad, etc.), alberga una serie de elementos históricos, circunstancia-
les, de finalidades concretas, singulares, condicionadas a situaciones particulares, y
puede encarnar sólo imperfectamente los valores a que aspira. O. dicho con otras" pa-
labras: las reglas del Derecho positivo, de un determinado pueblo en un cierto mo-
mento histórico, son normas -es decir, tienen forma nonnativa-, pero su contenido
no es exclusivamente puro valor ideal, sino finalidad concreta, condicionada a deter-
minadas circunstancias; es interpretación humana más o menos afortunada, qu.e unos
sujetos dan de determinados valores con respecto a una situación. En suma, el Derecho
positivo es algo normativo. pero su contenido, aunque orientado hacia valores, no es
valor puro, sino que es obra humana histórica. Y el fundamento de su normatividad
es formal, es decir, estriba en su vigencia, en las atribuciones de quien lo dicta.

22. Lo COLECTIVO. VIDA HUMANA SOCJAl.'2t'i

Lo social es algo de lo que tenemos copiosísima y constante experiencia. Lo so-


rial forma un ingrediente esencial de nuestra propia existencia desde que desperta-
mos .a la vida. Estamos en relación de intercambio de afectos; de recepción de pen-
samientos primero, y de trueque de ellos después; actuamos sobre la vida de Jos
demás y ellos actúan sobre la nuestra;' nos hallamos' insertos en una familia, en una
villa o ciudad, en una nación, en la urdimbre internacional; hablamos un lenguaje
ya preconstituido ruando nacimos; aprendemos muchos conocimientos en la escuela;
nas comportarnos según usos; obedecemos a una serie de autoridades; juntamos y
coordinamos nuestras esfuerzos para la realización de ciertos fines, bien reuniendo ac-
tividades similares, bien articulando conductas diferentes en una división del trabajo;
satisfacemos muchas de nuestras necesidades gracias a una serie de organizaciones
colectivas, y experimentamos la existencia y la acción de los demás hombres, ~ veces
como un conjunto de frenos para nuestra propia conducta, y a veces 'como repertorio
de facilidades que nos ayudan en los problemas de nuestra existencia.
Sistematizando y resumiendo, podríamos decir que gran parte de nuestra vida
se halla: a) Empapada por ingredientes sociales (Jos pensamientos, sentimientos. es-
tilos de conducta, que tenemos precisamente por estar en sociedad y formando parte
de determinados grupos); b) Condicionada -positiva y neaativamente-e- por la so-
ciedad, es decir, por todo lo que podemos hacer gracias a la sociedad y por todo Jo
que no podemos hacer en virtud de la sociedad. ve) Orientada hacia la sociedad, esto
es, muchos de nuestros comportamientos se dirigen a los demás seres humanos y se
configuran de cierta manera precisamente por encaminarse a ellos.
120 LA SOCIEDAD NO ES UNA REALIDAD SUBSTANTE

Pues bien. a pesar de ser tan ingente la experiencia social inmediata y -cotidia-
na, cuando -la mente humana quiere determinar el ser de la sociedad, esa empresa
intelectual no resulta fácil: parece como si la sociedad -manifestada en fenómenos
de tan gran volumen- se tornara huidiza y evanescente, esquivando la aprehensión
intelectiva. A esto añádase que. por una serie de causas, como he mostrado en otra
parte --en mi Tratado General de Sociología, Editaría! Porrúa, S. A., México, 2"
ed., 1958-, muchas veces se ha ido al estudio de la sociedad y, sobre todo, de algu-
nos entes sociales, como el Estado, no en actitud intelectual serena, sin más propósi-
tos que enterarse de 10 que ella sea, antes bien en posturas emotivas o pasionales,
ora de reverencia, ora de antipatía; con lo cual se ha enmarañado más este tema. Y,
así, se ha incurrido por varias doctrinas en el enorme error de sustancializar la so-
ciedad, es decir, de afirmar que ésta posee un ser en sí y por sí, independiente. Es de
todo punto necesario disolver tan disparatadas concepciones y cobrar lúcida claridad
de peasarniento en este tema. .
La sociedad no es un ente en sí y por sí, con existencia aparte de la de los hom-
bres individuales que la forman; es decir. la sociedad no es una realidad substantc,
sino que las únicas realidades substantivas que la componen son los hombres. Así,
por 'ejemplo, no existe aparte y con independencia de los mexicanos una realidad
México. Suponer lo contrario, creer en la substantividad de los entes sociales, como
algo en sí y por sí, fue un desvarío del pensamiento romántico (que hablaba de una
misteriosa y recóndita alma nacional -c-con,o realidad psicológica- que actuaba de
protagonista de la historia y que gestaba la cultura, arte, lenguaje, derecho, etc.); o
fue también uno de los más lamentables errores en que incurrió la doctrina de Hegel
-y también sus derivadas-; o, asimismo, una rnenifestación del tosco biologismo del
siglo XIX, que, en impremeditada apetencia de resolver todos los problemas con una
única y simple fórmula, quería explicar la sociedad como un organismo biológico
-parecido a los animales- de gigantescas proporciones. El pensamiento conternpo-
ráneo ha hecho una crítica decisiva de todas esas doctrinas, tanto de la fantasmago-
ría de los románticos, como de las confusiones en la teoría de Hegel, como también
del pensamiento naturalista del organicismo. Y se ha establecido, por fin, con pal-
maria claridad que 10 social no tiene realidad aparte de los individuos, sino que
constituye algo que les acontece a los hombres y que éstos hacen. En suma, diría yo,
.'10 social es un conjunto de formas de vida bnmana, y un conjunto de interacciones.
En efecto, se verá, por lo que expondré más abajo, en este mismo capitulo, que
lo social es una forma de vida humana y en qué consiste esa forma. Pero importa
mostrar, ya desde ahora, para disolver decisivamente toda magia substancializadcra
de la sociedad, que también el ser real de los entes colectivos, como las corporacio-
nes, el Estado, consiste tan sólo y exclusivamente en complejos de relaciones intcrhu-
manas, en series de interacciones, en texturas de proceso de comportamientos combi-
nados de sujetos individuales. He desenvuelto con mayor extensión este análisis en mi
citado libro Tratado General de Sociología; 2G pero es conveniente decir algo sobre
este punto aquí. Los entes colectivos no tienen una realidad substantiva e indepen-
diente. Esta realidad, que varios autores les han atribuido, existe tan sólo en la ima-
ginación de ellos y de otros hombres, quienes tienden a representarse tales entes
como sólidos, debido a la impresión de fortaleza que les produce la gran energía
(humana) en ellos acumulada: debido también a la larga duración que tienen mu-
LA SOCIEDAD, CONJUNTO DE MODOS COLECTIVOS DE VIDA 121

chos de esos entes, la cual se explica tanto por la persistencia de las necesidades que
han suscitado su formación, como también por fenómenos de inercia; y debido, asi-
mismo, al influjo de los símbolos personificadorcs en que se expresan. Pero esa fal-
sa representación de sustantividad queda disuelta por un análisis rigoroso, gracias al
cual precisamente nos explicamos también cuáles fueron los factores que contribuye-
ron a provocar aquel espejismo, según acabo de referirme a ellos.
Los comportamientos humanos, no sólo amontonados, sino además formando una
textura organizada, pueden integrar concentraciones muy vigorosas de energía. Pero
ello no da lugar a que se constituya una entidad substante. La duración de los eu-
tes sociales se comprende por los factores aludidos: por la persistencia de unas mis-
mas o análogas necesidades y por la fuerza de la inercia, que la repetición de unas
mismas conductastrae consigo. Y, asimismo, no es pequeiio el influjo que las me-
táforas personificadoras ejercen para provocar la falsa representación de que se tra-
ta de una realidad independiente: los símbolos, la bandera, el escudo, el lema, etc.
Pero si examinamos con- frialdad intelectual los entes sociales, incluso los más impor-
tantes, los más intensos y de mayor magnitud, como, por ejemplo, el Estado, nos da-
remos cuenta de que su realidad se halla integrada nadn más que por con.inctas bu-
manas recíprocamente entrelazadas, r que no hay en su composición otros ingredien-
tes reales. Hay, sí, desde luego, en su composición, otros ingredientes, pero no rea-
les sino ideales, a saber: las representaciones de los valores a los que sirven, y las
formas culturales que constituyen la estructura de los comportamientos humanos
que integran la efectividad de esos entes.
Ahora bien, de la comprobación de que las únicas- realidades substantivas en lo
social son los hombres, no se sigue de ninguna manera (como muchos han pretendi-
do con inexacta visión) que la sociedad sea sólo un tejido de las vidas individuales.
Cierto que la sociedad la componen y la viven sólo los hombres -esto es, los indi-
viduos, pues no conocemos más seres humanos substantes que los individuales. Pero,
según veremos en seguida, cuando los individuos actúan como miembros de una co-
lectividad, lo que viven no es su auténtica vida individual y original, sino unas es-
peciales formas de vida objetivada, esto es, unas formas de vida colectiva. 0, antici-
pando el resumen de la misma observación con otras palabras: quien vive lo co-
lectivo es el individuo, pcfu esas formas de "ida colectiva pueden distinguirse per-
fectamente de las forll}arde la vida propia y auténticamente individual.
Pero antes de desenvolver la idea que acabo de esbozar en el párrafo anterior,
conviene que exponga lo que es supuesto de toda relación interhumana. Entre las muo
chas y diversas cosas que yo encuentro en el mundo, encuentro a los demás hombres.
Pero no los encuentro como halJo una piedra o un árbol, sino que los encuentro (0-
rno seres peculiarísimos, que guardan conmigo una relación distinta a aquella en que
estoy con la fuente o con el sol, o con las ideas. Me siento afín a ellos en alguna
medida, y sé (o barrunto) que a ellos les ocurre 10 mismo respecto de mi. No me
resultan opacos como 105 objetos y fenómenos de la naturaleza; por el contrario, ten-
go la impresión de CJue son en parte permeables a mi comprensión y de que ellos
pueden entenderme a mí en cierta medida. Intuyo gue ellos me comprenden y que
yo les entiendo. Aunque desde cierto punto de vista pudiéramos decir CJue yo vivo
con la naturaleza, sin embargo, In relación de coexistencia que yo ten.co con las cosas
de ln naturaleza es diversa de la manera como yo esto)' con los demás hombres: no es-
122 PECULIARIDAD DE LA RELACION CON EL PROJIMO

toy tan sólo en la sociedad y ante ella, sino también ,011 ella. Estoy con los demás
hombres, ce-estoy, convivo. Por eso es un fatal error concebir la sociedad (el hecho
de las relaciones interhumanas y el hecho de la colectividad) bajo la figura de la
asociación, del asociarse, como si se fundase primariamente en este acto de reunirse
o de asociarse: Pues para que unas gentes se reúnan a hacer una cosa común, o para
que se asocien, es preciso. que ya antes estén en sociedad, en relación; es menester
(lue se cntiend~n mutuamente y que sientan que tienen algo en común.
José Ortega y Gasset ha expresado con elegante rigor este singular tipo de re-
lación fundamental con el prójimo, diciendo: "Yo cuento con la piedra y procuro
no tropezar con ella o aprovecharla sentándome en ella. Pero la piedra no cuenta
conmigo. También cuento Con mi prójimo como con la piedra; pero a diferencia de la
piedra, mi prójimo cuenta también conmigo. No sólo él existe para mí, sino que yo
existo para él. Esta es una coexistencia peculiarísima, porque es mutua: cuando veo
una piedra. no veo sino la piedra; pero cuando veo a mi prójimo, a otro hombre,
no sólo le veo a él. sino que veo que él me ve a mí. es decir, en el otro hombre me
encuentro siempre también yo reflejado en él. .. La realidad que llamamos compa-
ñía o sociedad sólo puede existir entre dos cosas que se canjean mutuamente su
ser ... ; yo te acompaño o estoy en sociedad contigo en la medida en que tú sientas
que existes para mí, que estás en mí, que llenas una parte de mi ser; en suma, yo te
acompaño, convivo O estoy en sociedad contigo en la medida en que yo sea tú."
En una teoría completa sobre lo social, se debería tratar a continuación otros dos
puntos, que constituyen el supuesto de la explicada actitud del hombre ante el hom-
bre: el hecho de que la vida humana es inteligible, comprensible; y la percepción del
yo ajeno, como un yo homogéneo al mío. Aquí me limito a mencionar estos dos te-
mas. de los cuales me he ocupado en otra obra.,27
A la )uz de lo que acabo de explicar, se comprende cuán errónea es la concep-
ción ---<.:fue dominó en la mayor parte del pensamiento antiguo, del medieval, y en
no pocos sectores del moderno-e- de representarse la sociedad como resultado de unos
actos de asociación. Cierto que muchos entes sociales han surgido y surgen-en virtud
de una serie de actos de asociación. Pero esto, que vale respecto de muchas colectivi-
dades concretas, es en cambio un grave error ruando es referido a la esencia de lo
social, referido \a la sociedad en general, pura y simplemente. Es un error, sencilla-
mente porque para que unas gentes se asocien en vista a esto o aquello, hace falta que
estén ya previamente en sociedad, es decir, que estén en relaciones sociales. En efec-
to, no sería posible que unos sujetos se asociasen sin que antes cambiaran impresio-
nes y se pusieran de acuerdo sobre la función a realizar juntos; y para ello es pre-
ciso que se entiendan, lo rual supone que tienen algo en común. Así pues. antes de
const¡"tuir deliberadamente vínculos sociales concretos, estoy ya en sociedad con mis
semejantes: tengo con ellos elno en común; formo Con ellos una comunidad.
Aunque el individuo es el único ser qt~C realmente vive, en la acepción humana
del vivir, el individuo vive diversos modos de vida. Entre esos varios modos de vida.
entre 1:1:s cosas que el suieto vive. cabe distineuir lo oue es propiamente individual
sovo. v lo oue nu es auténticamente Individual de él. Por consiguiente. el individuo
vive dos clases de modos de vida. El suieto vive esos dos tinos de modos de vida,
h¡divid!l(/{eJ y 110 individua/eJ. tanto en sí mismo, en su existencia íntima, como en
..·.15 relaciones con el prójimo. 28
MODOS INDIVIDUALES Y MODOS NO INDIVIDUALES 123

Modo indiuidual de vida en sentido estricto es aquello que el sujeto vive con
radical originalidad, en tanto que persona singular, algo creado por ~I a su propia
medida. Así, por ejemplo, son modos individuales de vida: los pensamientos que se
me han ocurrido a mí mismo; las emociones que me brotan como genuinamente
mías; mis auténticos afanes; las decisiones tomadas íntegramente por mi cuenta, no
sólo en cuanto al acto de decidirme, sino también en lo que se refiere al contenido
de la decisión, en la medida en" que éste ha sido elaborado por mí; las actividades
cuyo plan he inventado; lo que construyo por virtud de mi ocurrencia personal.
Los modos individuales de vida constituyen solamente una pequeña parte en
la vida de una persona humana. La existencia del hombre se compone además, y so-
bre todo, de una enorme cantidad de contenidos mentales, sentimentales y prácticos,
que no han surgido en el hontanar de la individualidad única y singular, sino que
han sido tomados de modelos ajenos, esto es, copiados de otros sujetos, copiados de
módulos de vida humana objetivada, que están ahí, y que pueden ser repetidos,
revividos por nuevos sujetos. Tal ocurre cuando pienso pensamientos que he apren-
dido de otros hombres; cuando mis sentimientos adoptan, por contagio o por imita-
ción, la 'forma de las emociones del prójimo; o cuando sigo en mi obrar patrones que
han regido o rigen conductas ajenas, En esos casos, tales actos se componen de dos
ingredientes: un ingrediente individual (la decisión) y unos ingredientes objetivos
y ajenos, que consisten en el contenido de lo que se hace, el cual se toma de algo que
está ya ahí configurado, ya hecho previamente por otro u otros sujetos. En tales casos,
el querer hacer lo que hago emana de mí como individuo; pero lo que hago no
procede de mí, sino que 10 tomo de otro o de otros.
Entre loo modos no individuales o sociales de vida hay que distinguir dos cla-
ses diferentes (según certeramente ha mostrado José Ortega y Gasset);29
a) Modos -interindividlla/es, que so~ los que se dan en los casos en que el
individuo toma como contenido de su propia conducta el comportamiento que tuvo
otro individuo singular, y que era invención de éste. Un sujeto imita o copia el corn-
portamiento que fue original y propio de otro individuo, porque estima que esa con-
dueta es valiosa y merece ser tomada como modelo. Eso es lo que ocurre cuando se
toma como modelo la conducta de un santo (verbigracia, cuando uno se guía por las
virtudes de San Francisco de Asís); cuando un general quiere imitar 10 que Napo-
león hacía; -cuando un escritor quiere imitar el estilo de otro; cuando un sujeto se
orienta por la opinión de otro, al que reputa inteligente y juicioso. Tales comporta-
mientos pueden ser llamados modos interindioídnales de vida o vida interindrnidnal,
porque en ellos un sujeto establece una relación de copia con la conducta de otra
persona individual, precisamente en 10 que ésta tiene de individuo, por estimar que
10 que ella hace o hizo es algo valioso (bueno, sensato, bello, elegante, útil, sano,
etcétera), digno de ser adoptado como pauta de conducta. El individuo que copia P'>
ne de su propia cosecha la decisión de copiar, de imitar; pero 10 que copia es la con-
ducta individual de otro individuo. En esos casos, en que se reproduce la conducta (que
puede ser tanto pensamiento, como acción) de otro sujeto individual, aunque el Con-
tenido de ese comportamiento es tomado de fuera, sin embargo, es intimizado; se le
presta una plenaria adhesión, y de ese modo pasa a ser también convicción propia
del sujeto que lo copia. Aunque él no haya inventado ese comportamiento, lo hace
suyo íntimamente, se identifica con él, porque le parece valioso: precisamente por eso
124 MODOS INTERINDIVlDUALES y MODOS COLECTIVOS

es por lo que lo copia. Naturalmente, me refiero a los casos en que se toma otra con-
ducta como modelo, conscientemente, por sincera adhesión, por auténtica devoción,
y no sólo como resultado de un mecanismo de imitación reactiva.
b) AJados colectivos, que son los que se Jan cuando un sujeto copia la con-
ducta comunal, anónima, genérica, corriente, consuetudinaria, es decir, no una con-
dueta individual de un individuo en tanto que individuo, sino una conducta gene·
ralizada, usual, de los miembros de un gmpo social o círculo colectivo. Esos com-
portamientos que el individuo copia de otros sujetos -pero no de un individuo
concreto, singularmente determinado- constituyen tipos generalizados de conducta,
algo así como un patrimonio mostrenco, en que participan innúmeras personas en su
calidad anónima de pertenecientes a un determinado círculo humano o grupo social.
Esos comportamientos son los que propiamente constituyen modos colectivos de vida
ovidtt colectiva estrictamente dicha.
Ocurre que muchos de los pensamientos, de las emociones y de las conductas
que se producen en el individuo no proceden originariamente de éste, ni han sido
tampoco inspirados por el deseo de copiar una conducta ajena individual de otro
individuo determinado, antes bien representan la puesta en práctica de modós gene-
rales de vida de un. grupo de sujetos. Representan conductas impersonales, verbigra-
cia, lo que hace la gente: lo que hacen los demás, lo que hacen las personas bien edu-
cadas, lo que hacen los colegas, lo que hacen los camaradas, 10 que hacen los depor-
tistas, lo que hacen los correligionarios, lo que hacen los coparticlarios; en suma, lo
que hacen los miembros de un grupo, no en tanto que individuos cada uno de ellos
con singular personalidad -es decir, no en tanto que Fulano, Mengano de TaJ-, si-
no en tanto que miembros de un círculo colectivo. Se trata de conductas que realiza
el hombre no como individuo -intransferible e incanjeable-, sino como sujeto de
un círrulo O grupo (clase, profesión, nación, Estado, área cultural, etc.), en su cali-
dad de miembro o participante, o bien como perteneciente a una categoría o función
genérica (comprador, arrendatario, etc.), y, por tanto, como un ente genérico, inter-
cambiable, sustituible, fungible. Ser y actuar como miembro de una clase social, de
una colectividad profesional, de una comunidad de creencia, de una corriente de
opinión pública, de un partido, o como ciudadano, como funcionario, como universi-
tarjo. como abogado, como militar, como liberal, O como comprador, como vendedor,
como arrendatario, cte., no es ser ni actuar como individuo \ singular, en pura ex-
presión del yo profundo y auténtico, sino que es ser o ejercitar una función abstracta,
un papel o rol; constituye no tanto ser la persona individual genuina que cada cual es,
como más bien representar un personaje, sepún caracterización feliz de José Ortega y
Casset. Cuando el sujeto actúa según alguno de esos modos colectivos de conducta, eje-
cuta un repertorio de actos (mentales, emotivos o prácticos) que no provienen de
él como individuo singular, y qU& tampoco provienen de otro sujeto individual como
individuo. sino que están establecidos impersonalmente como algo genérico; en suma,
supedita la propia individualidad a algo común.
Tomemos como ejemplo lo que sucede con los usos, que son algo prototípica-
mente colectivo. Juan lleva corbata porque ha visto que la llevan los demás. Pero
¿quiénes son los demás? ¿Acaso Pedro, Luis, José, etc.? Ahora bien, fijémonos en
que los demás no son un conjunto o a,!!regado de individuos tomados en tanto que in-
dividuos, en el que se reúna 10 que cada uno tiene de individual: no son la reunión
MODOS COLECTIVOS 125

de Pedro (en lo que Pedro tieoe de Pedro), Luis (en lo que éste tiene de Luis), y
así sucesivamente. Porque adviértase que Pedro lleva corbata también porque la Ile-
van los demás; y dentro de los demás figura también Juan (que es quien primera-
mente se había formulado la pregunta); y, así, sucesivamente. Ninguno al cumplir
el uso arranca de tomar en cuenta 'a otro individuo en lo que éste tiene de individuo,
sino que parte del hecho de una vaga y genérica totalidad -que naturalmente tolera
excepciones-, parte del hecho de Jos demás, dentro de los cuales figura también él.
Nos encontramos con un hacer que sirve de modelo a mi hacer, a mi vida, consis-
tente en un modo comunal de comportamiento, que no tiene como responsable a un
sujeto individual, auténtico; porque cada uno de los sujetos que integran ese gn1po
O totalidad cumple esa conducta porque la realizan los demás. Los demás son todos,
o casi todos, o la mayoría de los que forman parte de un grupo o CÍrculo, pero 1'¡U-
gllno en particular o concreto; así pues, son todos, pero nadie en concreto o sil1gtdtrr.
De esta suerte, ocurre que cuando buscamos a sujeto responsable de un modo colee-
tivo de vida, p:61' ejemplo, de un-uso, nos encontramos con que no hay un sujeto real
que sea responsable de esa forma de vida, sino la referencia vaga, genérica y difusa
a "los demás". Los modos sociales de vida son formas que no son de nadie en particu-
lar; son modos genéricos, comunales, tópicos, que tienen vigencia en' un grupo.
Lo colectivo está, pues, constituido por las uniformidades o conformidades de
pensamiento, de emoción y de conducta práctica, que se producen entre los hombres
reunidos formando un grupo o CÍrculo. El modo social o colectivo de vida no cons-
tituye una conducta original O inédita; es la repetición de una conducta que se ha
convertido en forma de un grupo, en manera generalizada de comportamiento para
los miembros de éste.
Así, lo colectivo es lo diferente: de lo individual o personal; es lo común frente
a lo singular. El sujeto, al comportarse según modos colectivos, renuncia a forjar por
sí mismo su propia conducta y opta por configurarla según un patrón comunal.
, Cuando yo pienso algo ¡x>rquc se me ha ocurrido a mí, radicalmente, pienso co-
mo individuo. Cuando pienso un pensamiento ajeno pero que 10 he hecho mío sin-
ceramente, por íntima y radical convicción, hasta el punto de que, aunque lo recibí
de otro, lo he convertido en algo propio, de lo cual me siento ya individualmente
responsable}' que pertenece ya a mi entrañable acervo, puede también decirse que
pienso también como individuo, aunque sea sólo secundariamente. Pero, en cambio",
si pienso algo porque lo he recibido como opinión dominante, porque una corriente
general de pensamiento se me ha metido dentro o me ha subyugado, en este (aso
mi mente es substrato de algo 110 ;lldit,idllal, a saber: de la opinión pública (es de-
cir, no privada de uno o de otro, sino tópica, comunal), que es algo colectivo.
Cuando, frente a una determinada situación o a un cierto estímulo, brota ge·
nuinamente en mí una emoción, que constituye una reacción auténtica de mi yo, en-
tonces vivo un modo individual de vida. No importa que esa reacción emotiva se
parezca a las de otros en (asas análogos, siempre y ruando ese sentimiento se haya
producido en mí genuinamente como respuesta que es por entero mía. Por el con-
trario, si ante determinada circunstancia reacciono emocionalmente en una cierta foro
ma, por virtud del influjo del medio ambiente, porque se me ha contagiado el modo
habitual de reaccionar. de los demás, porque me he acostumbrado a reaccionar como
lo hacen los otros, entonces soy sujeto de un modo colectivo.
126 MODOS COLECTIVOS

Cuando' ante un problema práctico, lo afronto por mi propia cuenta, fabrico pUf
mí mismo la solución que a mí me parezca mejor y llevo ésta a ejecución, entonces
vivo un modo individual de vida: invento, creo una forma de conducta, una cosa,
una doctrina, un instrumento, un procedimiento, etc., por mí mismo, bajo mi singular
responsabilidad. Por el contrario, si ante un problema me atengo a la solución que
suelen darle el común de las gentes, si adopto la forma generalmente admitida, en-
tonces soy sujeto de un modo colectivo de vida.
Cuando obro en expresión de mi singular intimidad, respondiendo a mi ma-
nera individual de ser, entonces obro como individuo, soy sujeto de mi auténtica vi-
da individual. Por el contrario, mando actúo en tanto que miembro de un grupo o
círculo. en tal caso, mi conducta viene configurada por una serie de consideraciones
ajenas a mi individualidad, verbigracia, porque·' me siento como miembro de un
círculo o grupo y adapto mi comportamiento a 'Sus usos, o porque tomo en cuenta
sus intereses o su misión colectiva. Es curioso sorprenderse uno a sí mismo pensando
en ocasiones: "yo de buena gana por mí hacía tal cosa, pero como perteneciente a
°
esa clase social, Ó a ese grupo profesional, o a ese partido, a esa colcctiviciad, he de
amoldarme ~ sus modos propios de conducta, a sus usos, a su significación, a las
funciones que desempeño dentro de ese cí rculo social, o a la representación que del
mismo me corresponde".
Enrique José Varona, el ilustre filósofo cubano, barruntó certeramente el tipo
de realidad de lo social. Aunque sin admitir en modo alguno que la colectividad sea
un ente sustantivo, subraya que tiene una especial realidad, consistente en la unifor-
midad de la mente o de la conducta, que no puede ser referido a la conciencia sin-
gular de los individuos. Y, además, advierte certeramente que la fuente de innova-
ción de los módulos sociales reside en el hecho de que en toda conciencia, por llena
que esté de uniformidades sociales, queda siempre un residuo individual, esto es, 10
que yo llamaría raíz de la individualidad, momentos o formas de vida auténticamen-
te individuales, originales, creadoras. 30
Así pues, según glosa con frase feliz Bouglé, la sociedad se manifiesta en fe-
nómenos de los cuales el individuo es el teatro, pero no la razón suficiente. 31
En la acción o conducta no individual de una persona hay dos ingredientes in-
dividuales: la decisión que el sujeto toma de someterse a un esquema colectivo de
comportamiento y la ejecución O: puesta en práctica de tal conducta. Por el contrario,
esa conducta, que adopta y ejecuta por decisión y acción individuales, no es indivi-
dual, sino que constituye algo ajeno: bien un modelo encarnado en otro individuo,
o bien una especie· de pauta generala común.
El análisis que antecede ha presentado de modo separado O aislado cada uno
de- esos tres tipos de modos de vida (individuales, interindividuales y colectivos).
Pero en la reaiidad de la vida esos tipos no se presentan de modo pnro o indepen-
diente, antes bien, por el contrario, los tres modos se hallan mutuamente mezclados,
formando múltiples combinaciones. En la realidad de la vida no cabe que se dé un
modo de vida individual en estado químicamente puro: incluso los pensamientos
que pienso en radical soledad e intimidad, los cuales podrían parecer que han brota-
do originariamente en el fondo de mi conciencia, los pienso empleando vocablos, sir-
viéndome de un lenguaje interior. Ahora bien, el lenruaje es un uso social intelec-
tual; es, en efecto, un patrimonio colectivo de significaciones mentales, cristalizadas .
COMBINACION DE LOS VARIOS MODOS 127

en las palabras y en los giros, por vía de generalización, y además socializadas. Cier-
to que con esas voces y dicciones colectivizadas pueden el pensador y el poeta cons-
truir obras originales, que constituyen pedazos de vida genuinamente individual; pe~
ro los ingredientes de esas obras (palabras y giros) son colectivos.
También las formas interindividuales se combinan tanto Con las individuales co-
mo con las colectivas. ASÍ, por ejemplo, cuando un sujeto toma como modelo para
su propio comportamiento la conducta de otra persona es muy difícil que' copie el
modelo con fidelidad fotográfica; seguramente introducirá acentos individuales su-
yos; y, por otra parte esa conducta ajena que copia no será original de la persona
imitada en un cien por ciento, sino que probablemente en tal conducta, aunque pue·
da haber mucho de propio y singular de su autor, habrá también elementos tomados
del contorno colectivo.
Asimismo en la práctica de las formas colectivas de conducta hallamos interfe-
rencias de ingredientes individuales e interindividuales. Muchas veces un sujeto de-
cide cumplir un uso, adaptarse a un patrón colcctico de comportamiento, pero al ha-
cerlo, imprime a su obra unos acentos individuales. Al seguir una forma de cortesía
consagrada por la costumbre, la practica de un modo peculiar suyo, en el cual se
revelan rasgos propios de su personalidad individual: en el apretón de manos -mo-
do colectivo-- pone un calor efusivo o un gesto de frialdad, que expresan algo de
. carácter individual o interindividual.
En realidad, todo cuanto piensa, siente o hace el hombre tiene a la vez dimen-
siones individuales y dimensiones colectivas. Las conductas más personales son P'"
sibles y están influidas en mayor o menor medida por el medio social; y, por otra
parte, en la práctica de las formas colectivas hay influencias de acentos individuales.
y es que la persona humana está integrada necesariamente por una raíz individual
y por una serie de modos aprendidos en el medio social; es una mezcla íntima de in-
gredientes individuales y modos colectivos.
En los sujetos reales, es decir, en los hombres que conocemos en la experiencia,
10 puramente individual representa una parte relativamente pequeña en su ser. Gran
parte del patrimonio de sus conciencias está constituido por modos colectivos, es de-
cir, por pensamientos, emociones, hábitos, afanes, usos, etc., recibidos de la so, 'e-
dad. Así también una gran cantidad de conductas prácticas. Aunque así sea, por otra
parte, cada sujeto tiene una personalidad individual) íntima) entrañable, singular,
exclusiva, peculiar e insustituible que constituye la malla en la que se tejen los in-
gredientes colectivos. El tono y las aportaciones puramente individuales, por una par·
te) y los ingredientes y modos recibidos de la colectividad se entretejen estrecharneu-
te en cada persona.
Sin embargo, mediante una labor de abstracción intelectual, es posible distin-
guir lo puramente individual de los elementos colectivos en la personalidad de cada
sujeto.
En la personalidad concreta de cada individuo figuran muy variados tipos de
componentes. 8'2 Figura. desde luego, lo que podríamos llamar la raíz singular y
única de cada personalidad: el yo íntimo, radical. profundo: cntraiiable del indivi-
duo. Figuran también otros tipos de ingredientes de muy variada índole, como, por
ejemplo: [actores biolóvicos consthncionales y factores bioló.f!icos adquiridos; C011di·
ci011eJ y factores pslquicos, constitucionales unos) y adquiridos otros. Pero figuran
128 COMPONENTES DE LA PERSONALIDAD CONCRETA DEL INDIVIDUO

también en gran número, variedad e importancia, componentes y factores sociales y


culturales, por ejemplo: todo lo (lue el sujeto ha aprendido de los demás seres hu-
manos, tanto de los otros individuos con quienes ha estado en contacto directo (pa-
dres, hermanos, compañeros, convecinos, etc.), como lo que a través de éstos ha
aprendido de las convicciones" creencias y opiniones preponderantes en los gmpos a
los que pertenece, como también de las generaciones pasadas, mediante el proceso
social de transmisión de la cultura; todas las presiones que manan de las conviccio-
nes colectivas' vigentes, de las costumbres, de los usos, presiones que determinan en
el "individuo·una adaptación mayor o menor a esas reglas sociales de comportamien-
to; las necesidades suscitadas por contagio o por imitación dentro de un cierto gru-
po social, las cuales el individuo no sentiría fuera de ese ambiente colectivo, pero las
cuales experimenta fuertemente dentro de él; la estandardización de muchas de ·sus
respuestas a determinadas situaciones o a determinados hechos, estandardización que
ha sido modelada por factores sociales (por ejemplo, en nuestra sociedad casi todo el
mundo come tres veces al día, y una de ellas alrededor del mediodía); la profesión o
el oficio, que son carreras o trayectorias que han sido trazadas y establecidas socialmen-
te. algo así como rutas socialmente predeterminadas; la clase social a que se pertenece,
hecho que determina ciertas formas especiales de conducta (por ejemplo.vcomportarse
como un "caballero", o como un "gañán"); la fe religiosa que se profese; las con-
vicciones políticas que se tengan; el hecho de perteneccr a una gran nación, cargada
de glorias en el pretérito, y cargada de responsabilidades de largo alcance en el pre-
sente, o a una nación que fue grande antaño, pero que hoy está en decadencia, o a
una nación pequeña que no actúa como protagonista en los acontecimientos históri-
cos, o a una tribu primitiva; el hecho de tener como lengua materna un idioma me-
ramcntc vernáculo, o un idioma que es vehículo de comunicación universal en el
mundo de alta cultura, como el español, el inglés, el francés o el alemán; la posi-
ción económica, de excesivo alcance (que abre posibilidades enormes, pero que al
mismo tiempo puede embotar las iniciativas y suscitar todos los vicios que florecen
en la ociosidad), desahogada, término medio, modesta (que puede ser un estímulo
muy fecundo), pobre, o indigente; las responsabilidades familiares (como padre, o
como, hijo menor de quien cuidan sus padres, o corno hijo gue debe subvenir a las
necesidades de su madre viuda y de sus hermanos, etc.); el hecho de tener muchos
amijjos o pocos; el hecho de pertenecer a una sociedad continental o a una sociedad
insular, por los diferentes tipos de problemas colectivos que una u otra plantean
(por ejemplo, en la defensa, en la cooperación con otros pueblos); el hecho de per-
tcncccr a una comunidad costeña (que, por ejemplo, esté situada en las grandes
rutas de' comunicación marítima) o a una comunidad situada tierra dentro, ora ubi-
cada en las grandes rutas de intercambio civilizatorio (como Suiza) o alejada de
ellas: y tantos y tantos otros hechos r factores socio-culturales, que intervienen en la
formación de la personalidad del individuo.
Anartc dc que, según he expuesto, las diversas Formas de conducta (individua-
les, interindividuales V sociales) se mezclan entrañablemente en la realidad viva de
los comportamientos humanos, hay que señalar también estrechos vínculos recípro-
cos entre el vo individual y los papeles sociales desempeñados por el sujeto.
De un lado, muchas de las funciones sociales vividas por el sujeto dependen
de una decisión individual de éste, <¡ue eligió entre un repertorio de caminos colee-
INFLUENCIA DE LOS MODOS COLECTNQS EN LA PERSONALIIlAD 129

tivos aquellos que más se adecuan a su singular persona, eS decir a su vocación, a


su programa de existencia, a su temperamento, etc.
Además, al ir desempeñando esas funciones, aunque ellas constituyen algo tipi-
Iicado, impersonal, nivelado, el sujeto ~ne acentos individuales- en la realización de
esos módulos colectivos de comportamiento.
Las. observaciones que anteceden muestran cómo la individualidad interviene en
alguna medida, aunque ésta pueda ser pequeña, en la realización de los modos co-
lectivos: primero en tanto que los elige; y segundo, también en tanto que pone al
cumplirlos cierta matización personal. Hay, pues, alguna proyección del yo indivi-
dual en el yo social. ,
Además, de otro lado, h'ay también una penetración inversa, es decir, una pe~
netración de lo social en lo individual. En efecto, el ejercicio de determinados mo-
dos colectivos de comportamiento, de unas ciertas funciones sociales, ejerce poderoso
influjo .sobre 10 entrañable, hasta el punto de intervenir en la configuración de la
intimidad de la persona. Algunos ejemplos patentizarán con todo relieve esa iafluen-
cia de la vida social sobre el yo individual profundo.
Sucede que el ejercicio de unas ciertas funciones sociales, de detenninadas for~
mas colectivas de conducta, ejerce poderoso influjo sobre la intimidad, hasta el pl,ln~
to de llegar a configurarla, Así, por ejemplo, las formas de cortesía practicadas
siempre e invariablemente, los usos de la civilización. las costumbres seguidas, etc.
--todo ello formas colectivas de conducta-, constituyen na s610 actitudes proyecta.
das hacia fuera. sino que obran también hacia dentro, dotando a la persona íntima
de una serie de cualidades que vienen a integrarla. Se dice, Con razón, que hay pro.
Cesiones que imprimen carácter, con lo cual se trata de expresar que los sujetos que
las practican se comportan según los módulos de su profesión, no sólo en los actos
mediante los cuajes las ejercen sino también en Jos otros aspectos de su conducta, Y,
por fin. téngase en cuenta todo el influjo que en la formación de nuestra personali-
dad íntima ejercen las situaciones y procesos sociales en que participamos y el am·-·
biente o complejo de formas colectivas que nos circunscriben.
Es más fácil abstraer aquellas configuraciones relativamente externas que lo co-
lectivo ha ido modelando en la personalidad, y estudiar esas formas exteriores, que
la operación contraria de abstraer el yo puramente individual, frente a sus compo~
rientes sociales. Esto segundo, es decir, aislar .el yo individual de sus ingredientes
colectivos. es más difícil, porque muchos de esos ingredientes sociales han penetrado
hondamente en la persona íntima y han llegado a modelar la individualidad.
Considero yo que el dato real, de experiencia, es la individualidad del sujeto,
única, peculiar, intransferible, constituida por la conjugación de su yo individual y
de los elementos sociales que ha recibido. En esa individualidad hallamos, ante todo,
como factor individual el yo singular y profundo; pero hallamos además, como ras.
·gos ·individuales también. las peculiares combinaciones que se han efectuado dentro'
de la persona entre sus varios componentes colectivos y entre éstos y la raíz inso-
bornablemenre individual. O dicho con otras palabras: es individual el yo profundo;
pero es individual también la fusión de los ingredientes no individuales entre sí y
con el yo profundo. Resulta. pues, que no sólo es individual la raíz singular de la
persona, sino también el producto de ésta con las aportaciones colectivas que ha re.
cibido y que ha incorporado a sí propia.

9
130 LOS MODOS COLECTIVOS NO IMPLICAN SINCERIDAD

Cierto que en la supeditación del sujeto a modos colectivos de conducta puede


darse una dosis de, adhesión sincera y entrañable a los mismos. Pero esto no es en
manera alguna esencial al modo colectivo de vida. Esa adhesión se suele dar respec-
to de muchos modos colectivos que vive el individuo, por ejemplo, respecto de las
formas nacionales de comportamiento. Pero también hay otros muchos casos en los
cuales no existe tal identificación del individuo con todos los modos colectivos que
vive. Puedo cwnplir plenariamcnte un uso, comportándome de un modo estricto
conforme a él, aunque en el fondo de mi alma sienta desprecio por ese uso, porque
lo encuentre ridículo o injustificado; y cumplirlo por otros motivos, verbigracia, por
propia conveniencia -para no irritar a los miembros del grupo en que rige---, o
por respeto a los demás -para no herir su sensibilidad. Lo mismo puede suceder
con una norma jurídica. Si bien, desde el punto de vista estimativo, hemos de reco-
nocer que es una exigencia axiológica que el sistema jurídico en vigor cuente con la
~ sincera adhesión de lá mayor parte de la colectividad sobre la cual aquel sistema
rige, y que esto además constituye la condición de [acto para la efectividad y para
el éxito de aquel orden de Derecho; sin embargo, esto no es esencial ni a la norma
jurídica ID al cumplimiento Con ésta. La norma jurídica reclama la observancia de
un determinado comportamiento externo nada más, y no pide, ni puede pedir, la
adhesión de la conciencia a esa regla.
Ahora bien, esa falta de sincera adhesión, que es posible al practicar los modos
colectivos de comportamiento, no puede darse, cn cambio, en el caso de la vida in-
terindividual, es decir, cuando un sujeto toma como modelo la conducta individual
de otro sujeto, verbigracia; de un santo, de un maestro, de un héroe, etc. Entonces se
toma como paradigma a otro individuo, precisamente porque se estima que su com-
portamiento individual es valioso, porque se siente uno íntimamente' adherido a él,
identificado con él. Pero eso es así, porque la relación con el individuo que se con-
sidera ejemplar no es precisamente vida colectiva, sino que es vida interindividual;
es decir, no es un patrón homogéneo de conducta para un gmpo, sino vinculación
entre dos individuos, trabada en dimensiones individuales de cada uno de ellos.
La diferenciación que he establecido entre vida interindividual y" vida colectiva
puede ser aplicada al conjunto de las relaciones- interhumanas.
Claro que los hechos en los cuales un individuo copia la conducta de otro in-
dividuo, al igual que aquellos otros hechos en los que un individuo adopta para su
comportamiento el modo colectivo de. los miembros del grupo, constituyen relacio-
nes interhumanas. Pero ahora quiero referirme a las relaciones en las cuales se da una
recíproca participación activa de dos o más, personas. Ese tipo de relaciones interhu-
manas se puede clasificar, al igual que aquellos otros hechos de copia de comporta-
mientos, en interindividua1es y colectivas.
Son relaciones interindiuiduales aquellas en las que un individuo, en tanto que
individuo, se relaciona con, otro sujeto en tanto que individuo. Es decir, cuando la
relación entre ellos se establece por virtud de cualidades" individuales del uno y cua-
lidades individuales del otro; cuando la aproximación, el alejamiento o la participa-
ción de uno respecto del otro se efectúa en méritos de las cualidades individuales de
ambos; cuando el uno toma en consideración al otro, precisamente por rasgos indi-
viduales de éste, y éste responde al primero orientándose cabalmente por las caracte-
rísticas de él. Esto es lo que, por ejemplo, acontece en el amor (y también en el
RELACIONES INTERlNDlVIDUALES y RELACIONES COLECTIVAS 131

odio), en la amistad (yen la enemistad personal), en la simpatía (yen la antipa-


tía), en el tomar 'como modelo ejemplar a otro sujeto, en la devoción hacia un
maestro, etc. En todos esos casos -yen los demás similares- quienes se relacionan
son dos o más individuos, en 10 que cada uno de ellos tiene de individual.
En efecto, en una relación de amor, se quiere a la amada, se va hacia ella, por
ser ella quien es, por considerarla como única --es decir, en lo que tiene de peculiar-
mente individual-c-, y, por lo tanto, no se la juzga sustituible por cualquiera otra. Lo
mismo, fundamentalmente, aunque en grado menos intenso, en volumen más peque-
ño, y sin propósito de exclusividad, ocurre en las relaciones de amistad; al amigo se
le estima por las cualidades que posee como ser singular, y el nexo amistoso se tra-
ba, por así decirlo, entre personas con nombre y apellido, esto es, individualmente
determinadas. También a quien considero como modelo valioso. como ejemplar (en
virtud, O en sabiduría, o en laboriosidad, o en dinamismo, o en arrojo, o en elegan-
cia, etc.}, y trato de imitarlo. lo tomo en cuenta por virtud de las cualidades indivi-
duales que le son singularmente características, precisamente porque esa persona es
diferente del común de las demás.
En todos los ejemplos citados de relaciones interindividuales, la' relación se es-
tablece entre individuos singularmente determinados, no sustituibles pura y simple-
mente. y en virtud de sus dotes individuales. Por tanto, en esos casos, la relación
finca en el fondo entrañable de las individualidades, Esto ocurre sobre todo en el
máximo de los ejemplo puestos, a saber: en el amor, especialmente cuando éste es
plenario y supremo, pues entonces se da el hecho de que se busca complemento,
realización y 'desean-o en otra persuna concreta, singularmente determinada, hacia la
mal uno se siente irresistiblemente atraido.
La distinción entre las relaciones interindividuales y las relaciones colectivas no
es de mero grado cuantitativo, no es de mera intensidad asociativa, sino que; consti-
tuye una diferencia cualitativa. Veamos ahora en qué consisten las relaciones propia.
mente colectivas, en contraste diferenciador frente a las relaciones interindividuales.
Claro es que vaya ofrecer una caracterización de las relaciones colectivas en su pu-
reza, en estado químicamente puro, diríamos, esto es, aisladas de cualesquiera otros
componentes heterogéneos, con los cuales aparecen de hecho entremezcladas en la
realidad. Pero mediante una labor de abstracción intelectual es posible aislarlas en
su esencia pura.
Las relaciones colectivas, propiamente dichas, a diferencia de Ias interindivi-
duales, no se establecen entre las personas entrañablemente y auténticamente indivi-
duales, no se establecen entre sus peculiarers individualidades, sino que, por el contra-
rio se tienden entre las funciones colectivas que desempeñan las personas, es decir, en-
tre sujetos intercambiables, sustituibles, fungibles. Son, por ejemplo, las relaciones entre
connacionales, entre conciudadanos, entre convecinos, entre colegas, entre compañeros,
entre correligionarios, entre copartidarios, entre consocios, entre personas de la misma
clase social, entre los integrantes de un gmpo o de un círculo, entre ~entes bien edu-
cadas. etc. Estas relaciones propiamente sociales no enlazan las intimidades, no vincu-
lnn las personalidades íntimas. sino que se dan como puentes entre los estribos cons-
tituidos por determinados comportamientos externos de los sujetos, en cuanto a su
común oertenencia a nn cIeter~inado grupo o círculo colectivo.
Asr pu~. insistiendo en esta caracterización, conviene mostrar que el sujeto
132 RELACIONES COLECTIVAS Y DERECHO

proxuno de las formas colectivas de comportamiento" no es el individuo auténtico,


la persona única e insustituible que cada quien es, sino una especie de máscara, de:
uniforme, de personaje que el individuo se calza. Cada quien es una persona única,
incanjeable, individual; pero cada quien desempeña en su vida socia! una múltiple se-
rie de personajes. Las relaciones colectivas no se traban entre las personas indivi-
duales auténticas, es decir, en lo que éstas tienen de individuales, entre sus raíces
íntimas, sino entre esas ropas externas, entre los papeles que desempeñan los suje-
tos. Cuando compro el diario me relaciono con el vendedor de periódicos. Este es
ciertamente un ser humano, que tiene su propio corazón, que es un individuo, una
°
persona -será, por ejemplo, un soñador un utilitario, soltero o casado, buen espo-
so y buen padre de familia, o sinvergüenza) etc. Pero nada de ello entra en el
rol de vendedor de periódicos, Y con quien entablo la relación no es con el indi-
viduo humano que es ese sujeto, sino con su función de vendedor de periódicos.
Cuando acudo al gendarme en petición de auxilio) no me relaciono con el individuo
bueno o malo, simpático o antipático, que él sea, sino con su función de gendarme.
Algo similar sucede cuando me relaciono con el colega en tanto que colega nada
más. En todos esos casos no me relaciono esencialmente con el ser humano indivi-
dual, que auténticamente es) sino que me relaciono principalmente con la función
colectiva que desempeña.
Los sujetos de las relaciones colectivas no están determinados individualmente, C'3
decir, son sustituibles. Mientras ,que mi amada o mi amigo no pueden serlo cual-
quiera, mi colega es cualCJ.uiera que ejerce la misma profesión que yo. Connacional,
convecino, funcionario, etc., puede serlo cualquier sujeto humano, qu~ reuniendo de-
terminadas condiciones genéricas-ponga en práctica 'unos ciertos modos de campar·
tamiento predefinidos, según ha sido certeramente expuesto por José Ortega y
Gasset. .
He de subrayar con especial empeño esta caracterización que acabo ce exponer
en los dos párrafos precedentes, respecto de los sujetos de lo colectivo, porque des-
pués veremos cómo lo mismo, con rasgos mucho más acentuados -c-en grado rnáxi-
mo--, se da en lo jurídico. En e! Derecho, que en suma es una forma de vida co-
lectiva -la máxima en intensidad y plcnitud-, ocurre todavía más exageradamente
eso mismo que venía glosando respecto de lo colectivo in genere, a saber: que el su-
jeto de las formas colectivas de conducta no es el hombre auténtico plenario, el
hombre singularmente, individual, sino una mera dimensión funcional, un papel o
rol, una máscara; en suma, un personaje. Lo mismo, pero con caracteres de mayor
relieve, ocurre en la vida jurídica; en el Derecho constituido jamás tropezamos con
hombres individuales de carne y hueso) en su entrañable singularidad, sino que en-
contramos solamente al ciudadano, al extranjero, al funcionario, al particular, al
vendedor, al comprador, al mandante, al mandatario, al naviero, al contramaestre,
al contribuyente, al recaudador de contribuciones, al elector, al elegible, al juez, al
gendarme, al· delincuente, etc.; en suma, categorías abstractas, tipos, cristalizaciones
funcionales. Pero, en cambio, queda extramuros del Derecho, más allá o más acá. de
él, mi existencia única, intransferible, entrañable, mi perspectiva singular en el ho-
rizonte' del mundo, mi vida distinta de todas las demás vidas) esa instancia única y
privatísima que es cada uno de nosotros.
Por otra. parte, dije ya que ruando nos preguntamos por el sujeto colectivo que
COMBINACION DE RELACIONES INTERINDNIOUALES y COLECTNAS 133

manda o impone los módulos sociales, por quien sea "la gente", "los demás", nos
encontramos con que no hay un sujeto colectivo auténtico, sino sólo una abstracción,
una generalización impersonal. Pues bien, veremos más adelante, con la debida aten-
ción, <-lue cuando nos preguntamos por .quién es el sujeto que manda las normas ju-
rídicas, que las impone, no hallaremos tampoco un sujeto real, sino un sujeto cons-
truido por la misma norma. a saber: el Estado. Este, a diferencia del sujeto dominante
en el área no jurídica del campo social (la gente), no carece de perfiles precisos¿
ni es vago, ni difuminado, antes bien está perfectamente definido y rigorosamenre
delimitado; pero no es un sujeto real, sino un sujeto conceptual, ideal, creado por la
norma jurídica, personificado por ella.
Adviértase que he presentado, mediante el análisis que antecede, cada uno de.
Jos tres tipos de fonnas de vida (individuales, interindividuales y colectivas), de "
modo aislado, en situación diríamos químicamente pura. Ahora bien, en la realidad'
de la vida no se presentan jamás de ese modo puro e independiente, antes bien las
unas en combinación con las otras. Y aun en los casos en que pudiera parecer que
nos hallamos ante un solo tipo puro de forma de conducta (individual, ínterindivi-
dual o colectiva), no es así, pues siempre se da _una mezcla de cada tipo con los otros
dos: Veamos ahora algunos ejemplos de combinaciones de relaciones interindivi-
duales con relaciones colectivas, y también, viceversa, de relaciones colectivas con las
que se entremezclan algunos nexos interindividuales.
Como ejemplo de la presencia de ingredientes colectivos en relaciones funda-
mentalmente interindividuales advirtamos que en un amor, o en una amistad, por
mucha intensidad y autenticidad que estos vínculos tengan, seguramente se mezclan
actitudes que han sido suscitadas por contagio o copia de módulos sociales. Hay usos
sociales referentes al amor, referentes a la amistad, que llegan a filtrarse incluso en
el más genuino de los amores o en la más verdadera amistad.
Viceversa, vemos también muchas veces la presencia de ingredientes interindi-
viduales en relaciones que son fundamentalmente colectivas. He hablado del cole-
ga, del correligionario, del vecino, como ejemplos de categorías colectivas, pero es
muy difícil hallar en la realidad al colega químicamente. puro, en el que no veamos
otra C05a que al colega; antes bien, el colega me resultará simpático o antipático; y lo
mismo ocurrirá con el correligionario. el vecino y todos Jos demás personajes so-
ciales. Ahora bien, 10 que tienen de colega, de correligionario, de vecino, representa
funciones colectivas•. algo genérico alejado de su intimidad individual; pero lo que
tienen de simpáticos o de antipáticos constituye relaciones interindividuales, porque
eso lo tienen en tanto que individuos, en tanto que sujetos singulares, y no en tanto
que representantes de una categoría colectiva.'
Amor artificial y amistad tibia constituyen relaciones mixtas de nexos colecti-
vos y de vinculaciones interindividuaJes. Si se trata de amor auténtico y plenario. o
de amistad verdadera, entonces nos hallaremos ante relaciones predominantemente
interindividuales, Pero en el caso de que esos vínculos sean meramente tibios, enton-
ces se mezclan en no pequeña dosis con nexos de tipo colectivo, a saber: con los-ti-
pos de relaciones características entre personas de la misma educación, entre conoci-
dos, entre compañeros. Si la amistad fuese genuina, constituiría una relación traba-
da en las méd';las de las individualidades. Si, por el contrario, se tratase tan s610 de
una relación entre colegas. entre compañeros o entre conocidos, entonces .tendríamos
134 PRE~ION EJ ERC/DA POR LO COLECTIVO

una pura relación colectiva trabada en la periferia de los sujetos. Pero en el caso de
la llamada amistad tibia, se da una relación interindividuaI deficiente, mezclada cor
una relación colectiva, la cual viene a cubrir -superficialmente- los 'huecos de
aquélla.
Lo colectivo, constituido por formas objetivadas de vida humana, con los ca-
racteres que he descrito, aunque sea algo que por sí solo no tiene vida propia, ejerce
una presián sobre los hombres, en la medida en que es vivido de nuevo por un
circulo de.sujetos; es decir, en la medida en que esas formas son revividas, cumpli-
das o realizadas regularmente por la totalidad o por la mayoría de un grupo de gen-
tes. Esa presión cabría definirla, O mejor describirla, de momento, como una especie
.de fuerza que actúa sobre los sujetos para acomodar el comportamiento de ellos a la
forma colectiva. Se trata de una presión específicamente colectiva, es decir, que ma-
na del hecho de que las demás gentes se están comportando según esas formas.
Insisto sobre el carácter social de esa presión, porque además de ésta cabe tam-
bién verificar que de cualquier obra humana objetivada puede derivar otra presión
sobre el sujeto que la contempla, que es una presión procedente de-la iñcitación que
esa obra ejerza sobre quienes se pongan en contacto con ella. En efecto, la lectura
de un tratado científico no sólo produce como efecto la comprensión por el Iecton
de los pensamientos en. ella contenidos, sino que además actúa sobre éste, provoca en
éste un comportamiento mental activo, verbigracia: le suscita una franca adhesión, o
provoca en él objeciones, o le sugiere dudas. La contemplación de una obra de arte,
actúa sobre el contemplador estimulando en él un goce estético, o bien una repulsa.
El contacto con la huella de una virtud moral de un santo promueve determinados
estados de ánimo: por ejemplo, el deseo de imitarlo, el arrepentimiento por desca-
rríos cometidos, la admiración, etc. Es decir, en todo caso, la aprehensión de los
sentidos cuajados en cualquier objetivación de vidas humanas incita' al sujeto que los
aprehende a: un comportamiento mental o, a veces, además externo.
Ahora bien, la característica de los comportamientos colectivos; subrayada aho-
ra, no es esa acción que toda obra objetivada de vidas humanas ejerce sobre quien
la contempla, sino otra acción que además de aquélla es peculiar de las formas co-
lectivas cuando están dotadas de vigencia, es decir, de realidad, esto es, cuando son
de hecho cumplidas por una multitud de sujetos. Esa acción característica de lo colec-
tivo sobre el comportamiento humano constituye una especie de presión, es decir, unas
veces, algo así como un impulso, o mejor, como una fuerza de arrastre, que experi-
menta el sujeto para conducirse en la forma social imperante: otras veces, algo así
como una acción configuradora que modela algunos aspectos de su ser según el
módulo comunal; en ocasiones, algo así como la penetración en su vida de los pen-
samientos genéricos de los demás. La existencia de esa presión se comprueba en el
hecho de CJue ruando uno quiere comportarse de modo diverso del que rige en el
grupo, necesita hacer un esfuerzo para no dejarse llevar por lo que hacen Jos demás;
precisa oponer una energía interna para resistir el influjo de los pensamientos o de las
conductas comunales. Se puede nadar contra la corriente. río arriba; mas para ello es
menester poner en acción una fuerza propia que venza la fuerza de la corriente. Asimis-
mo. uno puede obrar de modo distinto y aun contrario a 10 que determina el uso: mas
para hacerlo, precisa desarrollar un vigor capaz de contrarrestar la presión que el uso
ejerce. Se puede vestir de modo contrario a la moda, en forma contraria a como
PRESION EJERCIDA POR LO COLECTIVO 135

visten los demás; pero para hacerlo es necesario tener la valentía. o la presencia de
ánimo de resistir las censuras o las burlas que ese proceder suscite. S~ puede ~pensar
enteramente 10 contrario de lo que es la opinión general; mas para ello urge la-ne·
cesaria entereza, que no ceda ante el influjo de las convicciones comunes. Se puede
Uno resistir al empleo de modismos corrientes del idioma, que no le agraden; pero
tendrá que desarrollar especial atención y vigilancia para evitar que, por contagio,
se le metan sin sentir en el lenguaje propio.
Esta presión puede ser de muy diversos grados y asumir diferentes formas; pe~
ro, en mayor o menor cuantía, de uno u otro modo, existe siempre en todas las ma..
nifestaciones de los colectivos. En cuanto al grado de fuerza de esa presi6n, ella pue-
de ser desde muy pequeña, verbigracia, la que ejercen algunos, usos poco importan,
tes, hasta tan grande e intensa que resulte irresistible, como la que imponen las
normas jurídicas, las cuales no toleran la rebeldía, pues tratan de aniquilar ésta
inexorablemente, para realizarse ellas a todo trance.
Esta presión que ejercen los modos colectivos vigentes fue muy bien vista por
el gran soci6logo francés Emilio Durkheim, cuando expuso que uno de los caracte-
res del hecho social es la coacción que del mismo irradia. 99
Esa presión es el testimonio de la realidad de lo social con sus notas peculiares.
Toda realidad ejerce sobre el hombre algún género de presi6n, de impulso o de re-
sistencia. La realidad social también; y la presión característica de ella es la que
acabo de presentar en esbozo.

23. ESENOALlDAD DE LO SOCIAL EN LA VIDA HUMANA.

Acaso de todo lo que he expuesto para la caracterizaci6n de las formas colec-


tivas de, comportamiento pueda el lector tener la impresi6n de que 10 colectivo que·
da mal parado, como una modalidad inferior, porque la vida auténtica y plenaria
es la que se da en los momentos individuales de conducta, en los que el sujeto rea-
liza su propia personalidad entrañable, cumple su singular misi6n y lleva a cabo
su particular programa de existencia; en tanto que lo colectivo representa algo me-
cánico. frío, gris, romo. Es cierta esta caracterización y. por tanto, es verdad que los
momentos de culminante plenitud y autenticidad de la vida son aquellos en que ésta
lleva a la práctica la creación individual; mientras que los tipos colectivos de com-
portamiento representan carriles preestablecidos. esquemas genéricos, caminos Íimita-
dos. Pero de todo eso no se sigue de ninguna manera que 10 colectivo tenga una
importancia secundaria. En modo alguno Por el' contrario, la verdad es que no sólo
lo social, sino también 10 colectivo forma parte esencial y necesaria de la vida hu-
mana, como componente ineludible de ella, hasta el punto de que un hombre no
social sería algo imposible, y esta frase constituiría un absurdo del mismo grado que
la enunciación de un círculo cuadrado.
José Cecilio del Valle, el gran polígrafo guatemalteco, advirti6 certeramente
que los hechos sociales multiplican las necesidades del hombre, pues éste es estimulado
a sentir las que tienen los demás sujetos. 3'
El hombre necesita apoyarse para resolver muchos problemas en 10 que recibe
ya hecho de los demás y del pasado, El hombre. comoestudi6 muy profundamente
136 HIS,ORIClDAD ESENCIAL DEL HOMBRE

Rousseau, es progresivo. Lo que esencialmente caracteriza al hombre, decía Rousseau


--<uya certera doctrina había pasado inadvertida-, es su capacidad de comunicación,
esto es, de poder aprender de los demás. No sólo por la inteligencia se define al
hombre: aunque imaginásemos un hombre muy inteligente, capaz de descubrir por
sí mismo las más importantes verdades y las más acertadas máximas de ro?ral y jus-
ticia, aunque supusiéramos en él las mayores luces -dice Rousscau en su "Discurso
sobre los orígenes de la desiguaIdad"-, toda esa sabiduría. si no pudiera cornuni-
carse, perecería con dicho individuo; y los demás -sus coetáneos y sus sucesores-
tendrían que empezar de nuevo desde el principio, y así sucesivamente, con 10 que
ningún perfeccionamiento ni progreso se conseguiría. Lo que caracteriza esencial-
mente al hombre es su perfectibilidad, fundada en la comunicabilidad. El hombre
comienza a vivir no en el vacío, sino apoyándose en lo que han hecho otros hombres.
Para vivir, que es escoger entre las posibilidades limitadas que nos ofrece la
circunstancia, precisamos una interpretación de ésta, necesitamos un saber a qué ate-
nemos respecto del mundo y de los demás, y esa interpretación, de momento, la re-
cibimos de los demás. Sobre el nivel histórico de lo que los hombres han pensado
"1 han hecho anteriormente, comienza la vida de cada cual;' y sobre este nivel hístó-
rico, las nuevas ideas individuales aportarán innovaciones, rectificaciones, supera-
ciones, de suerte que una nueva generación principiará su vida sobre un nivel dis-
tinto del que había cuando despuntó la nuestra. Por eso ----<lice Ortega y Gasset-,
el hombre es siempre heredero; el hombre de hoyes forzosamente distinto del de ayer,
porque cuando aquél comienza a vivir encuentra un acervo de dogmas, de módulos,
gue no existían cuando empezaba la vida del de antaño; pero, a la vez, el hombre
de hoy, como vive en una nueva circunstancia, en un mundo distinto (de conoci-
mientos, de creencias, de experiencias) del de ayer, modificará por su propia cuen-
ta ese legado recibido. El tigre de hoy es tan idénticamente tigre como los tigres de
hace 40s mil años: cada tigre estrena su ser tigresco. Pero, por el contrario, el hom-
bre (que se caracteriza esencialmente por tener tradición) no estrena jamás su ser
humano, su humanidad, sino que lo recibe ya configurado por las gentes del preté-
rito inmediato; por eso el hombre es siempre otro que el que fue; no tiene un ser
fijo; el de hoyes diferente del de ayer, porque sabe o conoce ese ayer, y además el
cada época tiene que crearse un nuevo ser. Así, resulta que el hombre no tiene un
ser dado, hecho, sino que tiene que hacérselo; mas para ello comienza partiendo de
Jo que han hecho los demás, sobre cuyo nivel aportará él su propia contribución
(grande o pequeña) " y es la sucesiva acumulación de inventos teóricos y prácticos
Jo que hace posible el progreso. Dice Rousseau que ha debido transcurrir muchísimo
tiempo antes de que hayan podido surgir lás instituciones que hoy nos son habituales.
Para ser progresivo, necesita el hombre, por una parte, hacerse libre de lo que
. ayer fue y quedar en franquia para ser de otro modo; pero, de otro lado, necesita
también poder acumular lo de ayer, aprovechar el pasado, partir de éste;' porque de
lo contrarío, como dice Rousseau, cada ser humano tendría que comenzar de nuevo
y no habría perfectibilidad posible. Se puede liberar del pasado, 'corregirlo, superar·
lo, aumentar su acervo, porque es individuo, con vida propia, que puede obrar por
SU propia cuenta. Mas para empezar sobre el nivel del pasado, precisa .la sociedad
La sociedad. es necesaria y esencial al hombre: es como un aparato entreel individuo
y su vida, como un instrumento O máquina que hace posible la progresividad. Aho-
----------------
ESENOAj.IDAD DE LO SOCIAL: MECANISMO DE LA HISTORICIDAD 137

ca bien, démonos cuenta, como lo ha hecho notar José Ortega y Gasset, de que las foro
mas sociales de conducta son representaciones del pasado -remoto de siglos, o re-
dente de días, peco, en suma, pasado--; son formas de vida que fue ames.
Creo que se puede demostrar radicalmente, con el más estricto rigor, la esencia-
lidad de lo social en la vida humana. Según expuse, vivir es hallarnos en el mundo,
dentro del cual la circunstancia o contorno concreto, en el que estamos insertos, nos
depara un repertorio plural de posibilidades, entre las que tenemos que elegir por
nuestra propia menta para ir tejiendo en cada instante la. trama de nuestra existen-
cia. Recuérdese que vivir es tener que decidir en cada momento 10 que vamos a 'ser
o a hacer el momento siguiente, seleccionando alguna de las posibilidades que se
nos ofrecen. Ahora bien, para elegir entre algunos de los caminos que nos ofrece
la circunstancia, es necesario que tengamos alguna idea de esa circunstancia. es de-
cir. que poseamos una interpretación de las cosas que hay en el contorno, que nos foro
memos una representación del mundo en que vivimos. Necesitamos a toda costa, Im-
prcscindiblemente, una interpretaci6n del mundo en que estamos. para poder elegir
dentro de él la ruta de nuestro comportamiento. Esa interpretación puede ser de las
más diversas especies: simple o complicada. mágica o racional, fragmentatia o total,
verdadera o falsa. etc. Pero sea cual fuere. precisamos inevitablemente una inter-
pretación, porque sin eIla no. podríamos elegir por propia cuenta. Y vivir es preci-
samente estar eligiendo. El anima! no se haIla en esta necesidad, porque para él no
~tá el mundo constituido por objetos, 'Sino tan sólo por complejos de estímulos que
Id circunscriben afectando su sensorio, y frente a los C1J,.aleS reacciona por medio de
sus 'mecanismos instintivos que resuelven automáticamente los problemas de su vida.
Pero) en cambio, el hombre no tiene resueltos sus problemas; no tiene trazada su vi-
da por esos resortes instintivos y reactivos; porque aunque en el hombre hay fenó-
menos reactivos y algún instinto, éstos ha bastan ni remotamente para trazar el ca-
mino de su existencia humana y para dar a ella un contenido entre los varios po-
sibles. Ocurre, pues, que el hombre precisa necesariamente de una interpretación, de
una, la que sea, del mundo que le rodea; pero ocurre también que al advenir a su
vida, al despertar su conciencia, no se halla provisto de antemano con esa inter-
pretación.
Como necesita de esa interpretación, porque sin ella. no podría vivir, y como
no la posee, tiene que tomarla de allí donde la encuentra; y donde la encuentra es
en la sociedad, es decir, en los prójimos mayores, quienes a su vez resumen la tarea
de los antepasados. Así pues, empezamos a vivir apoyándonos sobre la interpreta-
ción que del mundo tienen las gentes que. viven a nuestra vera, nuestros padres,
nuestros maestros, las personas de mayor edad que nos rodean. Después, al correr
del tiempo, podemos reformar -y de hecho reformarnos, mucho o poco- aquella
interpretación recibida de la generación anterior: la incrementamos con nuevos pen-
samientos, la rectificamos en algunos puntos, la sometemos a crítica y la reconstrui-
mos. Adviértase que la nueva aportación que hacemos a la interpretación del rnun-
ea recibida, determina que cuando advienen a la vida los sujetos de la generación
histórica siguiente a la nuestra, ya no haHan como punto de partida para su existen-
cia una base estrictamente idéntica a la que hubimos de encontrar nosotros) las gen·
tes de la generación histórica anterior; porque nosotros habíamos tomado como bao
se la interpretación del mundo suministrada por la generación precedente; mientras
138 ESENCIAL HISTORICIDAD Y SU MECANISMO

que los que nos suceden toman como punto de arranque la interpretación a que he-
mas llegado nosotros, la cual es diferente, en parte grande o pequeña, de la que
nosotros habíamos recibido como apoyo inicial.
Mediante lo que acabo de mostrar, hemos trabado contacto mental con la his-
toricidad, es decir, con la esencia histórica del hombre. Decir que los hombres ~on
diferentes en cada momento de la historia no constituye solamente el resultado de
una observación. Puede ser esto, pero es también algo más y de mucha mayor im-
portancia: es una verdad necesaria derivada del examen o análisis de la estructura.
v Jet movimiento de nuestra vida.
. La esencial historicidad del hombre no quiere decir que no haya elementos fi-
jos en nuestra vida. Existe una homogeneidad de las almas y de los cuerpos, las más
próximas capas del contorno del yo. Además, por lo que se refiere propiamente a
la estructura de la vida humana en cuanto a tal, ya he mostrado que ésta se halla
constituida por un sistema permanente de funciones esenciales (religión, conoci-
miento, técnica, economía, arte, etc.). Esas funciones son las constantes de la vida
humana a lo largo de todos los tiempos. En tal sentido, cabe decir que el hombre
hace siempre las mismas cosas; pero a esto hay que agregar que esa! mismas cosa;
las hace siempre de diversa manera, en virtud de Sil historicidad esencial. El hom-
bre aprende de los demás, aprende de lo que han hecho las gentes que le precedieron;
pero eso que hemos aprendido del pretérito no tiene forzosamente que persistir in-
cólume en el decurso ulterior de nuestra existencia, antes bien, cada quien puede des-
pués reelaborar sus pensamientos bajo su propia responsabilidad y por su propia
cuenta y, al hacerlo, seguramente habrá de modificar en algo las enseñanzas recibi-
das de los demás.
En algunos individuos esas modificaciones serán acaso mínimas: en los indivi-
duos carentes de sentido critico, animados de un sentido gregario, no inclinados a
pensar por cuenta propia; pero será difícil que, incluso éstos, no aporten alguna
modificación a Jo aprendido, por mínima que ella sea. En otros sujetos, especial-
mente dotados de una muy desarrollada conciencia crítica, capaces de pensar vigc-
rosarncnte por sí mismos, ansiosos de nuevos horizontes, con aptitud para grandes
trabajos creadores y con vocación de progreso, el volumen de Jos cambios y de los
incrementos aportados a lo que aprendieron de sus mayores será muy grande.
y refiriéndonos ahora no a Jos individuos sino a las características generales de
los diversos tiempos históricos, cabe verificar que hay épocas en las que los hombres
suelen comportarse con máxima docilidad a lo que recibieron del pasado. Son esas
unas épocas grises, en Jas cuales. la generación de Jos hijos apenas difiere, en cuanto
a sus concepciones, de la generación de los padres, y la gcneración de Jos nietos si-
gue pareciéndose a las anteriores, Claro está que decimos apenas, porque siempre se
produce alguna diferencia por leve que ésta sea. Hay, en cambio, otras épocas Gue
acentúan la postura de rebeldía: la generación de: los hi jos se siente no sólo en dis-
crepancia sino en franca oposición con las convicciones de los padres, y trata de crear
rcvolucionariarnente en parte un nuevo pensamiento y una nueva conducta.
En el acomodarnos en muchos de nuestros quehaceres a 10 que hacen los de-
más, va implícito un crédito de confianza que abrimos a nuestros antecesores y a
nuestros coetáneos. Creemos que si lo hacen Jos demás, esto ofrece una cierta garan-
tía de acierto: podrá no ser 10 mejor, pero es probable que tampoco sea lo peor. No
LO QUE HOY ES COLECTIVO I'UE ANTES INDIVIDUAL 139

es posible imaginar un hombre que no copiase nada de los demás ni del pasado:
tendría que comenzar a resolver por .su propia cuenta todos, absolutamente todos, los
problemas de su vida (qué alimento tornar, dónde encontrarlo, cómo vestir, cómo
comunicarse con los otros -el lenguaje es una forma social-c-, cómo guarecerse, el
forjarse una interpretación de las cosas, etc); en suma, tendría que inventar eX-110VO
todos los quehaceres de su existencia. La sociedad nOS da .resucltos una serie de pro-
blemas, con 10 cual nos permite despreocuparnos de ellos~ y de tal manera nos fa-
cilita la posibilidad de vacar a nuestra propia individualldad, disponiendo de ocio
en el cual podamos vivir algunos momentos nuestra propia y privativa vida e inven-
tar en ella algunas formas originales (humildes o egregias); esto eS 1 nos proporcio-
na ocasiones y tiempo par:l vivir por nuestra propia cuenta y riesgo. Esto no sería
hacedero si tuviésemos que resolver, cada cual por sí mismo, todos los problemas
de la existencia.
Así pues, la vida social es para el hombre tan esencial como su propia vida in-
dividual. Otorgando un crédito de confianza a lo que loo demás han hecho, el indio
viduo tiene resueltos una serie de problemas perentorios; y, de esta guisa, puede
obtener la holgura suficiente para dedicarse al cumplimiento de su clestino privativo
y propio, y, al mismo tiempo, puede aportar, COn sus invenciones y nuevas expe-
riencias, un progreso al legado recibido de la sociedad.
Ahora bien, adviértase que Jo colectivo, las formas de vida colectiva cristali-
zadas, constituye algo inerte, mecánico y estéril, y sólo fructifica en la medida en
que sobre esas formas se produce la interferencia de una acción individual renova-
dora. Como ha glosado muy bien José Ortega y Gassct. la sociedad no es nunca
original ni creadora; ni siquiera siente necesidades originariamente, pues quien las
siente es el individuo; éste crea una obra para satisfacerlas, y, entonces, la sociedad
la adopta; y, así, Jo que primero fue invención del individuo se objetiva después
en función social.
Así pues, es erróneo suponer, como han pretendido algunos, que las formas
colectivas y Jos productos sociales sean capaces, por sí y nada más que por sí, de en-
gendrar nuevas formas, nuevas instituciones y creaciones. Si bien la vida colectiva
es algo distinto de la vida individual, sin embargo, es vivida sólo por individuos; y,
por tanto, no cobra existencia real y actual sino en la medida en que la viven 01 me-
jor dicho, la reviven los hombres. Pues bien, si una forma colectiva, para ser real y
actual, necesita indispensablemente del concurso de los individuos, los cuales la cum-
plen y la realizan, ¿cómo podemos imaginar que una forma colectiva sea capaz por
sí misma, y nada más gue por sí misma, de originar nuevas formas colectivas, sin pa·
sar por el crisol de nuevas acciones individuales? Es de todo punto imposible.
Todo lo que hoyes colectivo, fue antes invención individual, creación de un
individuo o de varios, que después se comunizó, se socializó, se colectivizó. Lo colec-
tivo es cristalización, Fosilización, mecanización, y, por ende, es estéril, y sólo se re-
nueva, sólo se re-crea, 111erced a nuevas aportaciones individuales, que después consi-
gan socializarse. Y evoluciona y cambia merced a un proceso de interacción entre
lo dado colectivo y la nueva aportación fecundante de Jos individuos.
En párrafos anteriores he recordado al lector que la sociedad constituye un
ingredientejesencial de la vida humana, en tanto que nos proporciona la base de
nuestra cxisteecia al funcionar como vehículo de transmisión del legado cultural
140 COOPERACION y ORGANlZACION

del pretérito, y al funcionar además como instrumento de comunicación de las ex-


periencias, de los descubrimientos que en el prescnte realizan otras gentes. Pero no
es esto solamente. Hay algo más, y de gran importancia, de enorme alcance: el auxi-
lio prestado activamente por los prójimos y Jos grupos sociales por vía de coopera-
ción y de organización. La mayor parte de nuestras necesidades no las satisfacemos
por acción individual directa. No vamos a capturar los animales ruya carne come-
mos, ni los sacrificamos, sino que compramos la carne en tiendas y mercados, los
cuales constituyen una organización complicada. La organización está basada en es-
quemas de división del trabajo, a veces muy complicados. Gran número de los bie-
nes de los cuales nos servimos están producidos en talleres y fábricas. Si entramos
en una fábrica, advertiremos que al lado de la organización material de las rnáqui-
nas -las cuales, dicho sea de paso, han sido producidas por otros seres humanos en
otras organizaciones- existe una complicada organización de las múltiples y diver-
sas tareas de los hombres que intervienen en la fábrica. Si miramos de cerca la es-
tructura y funcionamiento de la fábrica, nos daremos cuenta de que, además de su
organización interna, existe también un entronque y concierto articulado entre los
trabajos de la fábrica con una variada multitud de trabajos realizados fuera de la
fábrica por gentes extrañas a fa empresa. Para que la fábrica pueda funcionar, no
basta con que desde los directores a los peones cada cual rumpla con el cometido que
le ha sido asignado en la estructura de la empresa; además de esto es necesario que
se pueda contar con que un ingente y variado número de otros grupos ajenos a la
fábrica realicen también una serie de diversas labores. por ejemplo, hay que contar:
con que el mercado de comestibles esté abastecido, pues mal podrían trabajar quie-
nes no contasen con los medios para la alimentación precisa; con que operen los me-
dios de transporte -de las personas, para que los obreros y directores se trasladen
. cotidianamente de sus domicilios a la factoría, y de la carga, para que lleguen los mate-
riales que van a ser transformados o utilizados-; con que funcionen las comunica-
ciones postales, telefónicas y telegráficas; con que estén en movimiento las empre·
sas suministradoras de fuerza motriz y de luz; con que trabajen otras industrias que
proporcionan materiales o accesorios para esta fabricación; con que haya unos tri.
bunalcs que en caso de conflicto delimiten los derechos y deberes recíprocos entre
los componentes de la empresa, y entre la empresa}' las personas ajenas a In. misma¡
con Gue haya una fuerza armada que proteja estos derechos, imponga si fuese ne-
ccsario el cumplimiento de las sentencias judiciales, y vele por el mantenimiento
del orden público; con que haya un poder político que legisle. y un gobierno que
ejecute y administre; etc.
Todo esto nos hace advertir que vivimos insertos en una variada multipli.
ciclad de organizaciones conectadas entre sí, dentro de las cuales cada una de sus par·
tes cumple una función que está articulada con las demás o en interdependencia de
éstas.
De todo lo dicho se desprende con plena claridad que 10 colectivo rumplirá su
papel y será beneficioso en la medida en que ayude al hombre a resolver una serie
de problemas; pero dejándole a la vez una holgura, dentro de la cual el individuo
pueda ser él mismo, pueda moverse con libertad, para hacer su propia vida indivi-
dual. Y por eso, cuando se intenta colectivizar integralmente ni hombre, estatificarlo,
funcionarizatlo, o, lo qne es lo mismo, desindividualizar!o, entonces se agota la esen-
LO COLECTIVO ES UN INSTRUMENTO 141

cia de Jo humano, se deshumaniza al hombre, se le destruye. Y, además, Con ello se


troncha irremisiblemente el porvenir y toda posibilidad de progreso para la misma
sociedad, la cual perece resecada, puesto que ella sólo puede progresar merced a las
aportaciones individuales.
Sería muy interesante proseguir la consideración de estos ternas sobre lo social'
O colectivo, que he esbozado aquí. Pero como esta no es una obra de Sociología, sino
que su tema es especialmente lo jurídico, debo limitarme a lo dicho. 85

25. LA RAZÓN VITAL Y LA RAZÓN HISTÓRICA.

La vida humana se va haciendo a si propia al hilo de la razón vital y de la


razón histórica. Llámase razón vital al conocimiento que el hombre tiene de lo que,
él ha sido, de lo que le ha pasado, de 10 que ha hecho, en suma, de 10 que ha vivido,"
y a las consecuencias prácticas que saca de ese conocimiento. Con otras palabras: la
razón vital es el conjunto de sus experiencias, empleando aquí la palabra experien-
cia en el sentido que tiene en el lenguaje habitual y corriente, es decir, como cono-
cimiento de lo vivido y como swna de aleccionamientos y enseñanzas que de ello se
derivan. De aquí, que el hombre nunca haga una cosa la segunda vez de la misma
manera como la hizo la primera, pues al emprenderla por segunda vez, cuenta con
la experiencia que sacó cuando la hizo inicialmente, y esa experiencia le coloca so-
bre una base nueva que no tuvo antes. Es decir, el hombre va acumulando en su me-
maria su propio pretérito, y éste obra como aleccionamiento, como enseñanza; y su
vida es forzosamente, en cada uno de sus momentos, otra. diversa de la que fue. La
diversidad podrá ser mayor o menor, muy grande, o consistir tan sólo en un pe·
queño matiz diferencial; pero se da siempre. Muchas de las cosas que ya fue O que
ya hizo no le atraen de nuevo; porque las ha vivido ya, no conservan aliciente para
él, y, en cambio, se siente atraído por cosas nuevas. Otras muchas de las cosas que
ya hizo o que ya fue, sigue reiterándolas; pero no de modo exactamente igual a como
las practicó antaño, porque no en balde ha ido acwnulando experiencias sobre ellas.
En suma, el nivel desde el cual teje el hombre su existencia es diverso en cada mo-
mento, porque en cada momento va creciendo la acumulación de experiencias pasa-
das. Por consiguiente, la vida avanza siempre y no puede jamás volver a ser exac-
tamente lo que fue, porque aun en el caso de que se quiera hacer exactamente lo
mismo, no será precisamente lo mismo, sino lo mismo pero de una manera dife-
rente, diferente en mucho o en poco, o en poquísimo, pero siempre en algo. Y en el
caso en que quiera volver atrás, eso no constituirá una pura y simple restauración de
un pretérito exactamente en la misma forma en que fue antes, sino un restablecimien-
to estando ya de vuelta, es decir, con todo lo que la vida enseñó entre tanto. 31;
Pero sobre el hombre influye no sólo 10 que él ha sido, sino también 10 que
fueron las demás gentes que le precedieron y lo que están siendo sus coetáneos. Apren-
de no sólo de sus propias experiencias, sino también de las experiencias ajenas.
Aprende -de las experiencias de los otros individuos, atya conducta conoce e inter-
preta; pero sobre todo aprende de la acumulación colectiva de las experiencias de los
demás, convertidas en patrimonio colectivo que se va formando a lo 1:1rgo de la
historia. Las experiencias pasadas, que el prójimo tuvo y que se convirtieron en una
142 LAS LECCIONES DE LAS EXPERIENCIAS PROPIAS Y .LAS AJENAS

especie de patrimonio comunal, en formas colectivas de conducta, son transmitidas


por el vehículo de la sociedad. Es decir, esas experiencias se constituyeron en formas
colectivas de comportamiento. la acumulación de esas experiencias humanas socia-
lizadas y de las lecciones condicionantes del comportamiento futuro, que de ellas
emanan, es lo que se llama rezón histórica.
La razón vital y la razón histórica están constituidas por experiencias de vidas
humanas. Por consiguiente. son experiencias a la vez sobre el yo y sobre el mundo
que 10 circunscribe. Pero no precisamente experiencias teóricas, sobre el yo y sobre
el mundo, sino experiencias sobre la vida. humana, es decir, experiencias sobre la
inseparable conexión entre el yo y el mundo, sobre los modos de relación entre
el sujeto y su contorno; en 'Suma, experiencias sobre cómo el yo en trato con el
mundo va tejiendo la trama de la existencia humana.
Dilthey sentó algunas premisas importantes para el estudio de la razón histó-
rica, que considero muy fecundas, aunque necesitadas de rectificación en varios
puntes."
Lo que llamamos presente incluye siempre el recuerdo de 10 que hace un mo-
mento era presente. Y por esta vía a veces mi pasado lejano, mediante la sucesiva
serie de transmisiones, sigue actuando en mi presente. El transcurso de nuestro
tiempo vital se compone de vivencias, es decir, de conciencia de las cosas vividas
en tanto que vividas, las ruales están en íntima conexión unas con otras. Esa íntima
conexión está condicionada por la unidad de la conciencia, pero no consiste sólo
en ella; es decir, no consiste sólo en la unidad de sujeto que vive cosas diversas.
La conexión consiste en una estructura propia de la vida humana. Estas estructuras
están constituidas por nexos de significaciones, por relaciones de sentidos. Pero
"no se trata de conexiones entre puras ideas, de conexiones de lógica meramente ra-
cional. Por el contrario, se trata de conexiones vinculadas a la perspectiva de cada
momento vital, es decir, relacionadas con la circunstancia en que brotan y con la
especial inserción del sujeto en esa circunstancia. Y esas conexiones están regidas
por categorías diversas de las propias de la naturaleza. Sería un error creer que esas
conexiones vitales son menos claras que los vínculos de causalidad que rigen entre
los fenómenos naturales. Por el contrario, son aprehensibles con más rigor que Jos
nexos entre los hechos naturales, mediante un método de comprensión.
En. efecto, es característico de la vida humana el que ella es susceptible de ser
entendida. Entendemos la propia vida y podemos entender las ajenas.
En el patrimonio de la razón histórica (conjunto de experiencias ajenas socia-
lizadas) se hallan objetivadas series y más series de esas conexiones de sentidos, de
esas estructuras de significaciones- vitales. En ese patrimonio se hace patente la comu-
nidad entre los individuos. Repito que esas conexiones no son estructuras -del tipo
de las de la lógica pura tradicional, de tipo matemático. Tampoco son 'el registro del
orden sucesivo y simultáneo de combinación de los fenómenos psíquicos. Son otra
cosa: estructuras vitales, entre coyos elementos se da un con junto de conexiones
de sianificaciones referidas a la circunstancia. a la relación del sujeto con ésta, a la
relación del sujeto con su propio' pasado y con el pasado de los que fueron en otro
tiempo anterior.
Estos nexos de sinnificaciones. en la vida están relacionados con lo que podría
llamarse "el lagos de 10 humano" y que yo he denominado. al menos en cuanto
LOGOS DE LO HUMANO O LOGIa DE LO RAZONABLE 143

a uno de sus aspectos, "lógica de lo razonable" I a diferencia de .Ia "lógica. de lo


racional" -la lógica tradicional de las ideas PUfa! y de la. física rnatemática..
Las lógicas tradicionales (de Aristóteles, Bacon, Stuart Mill, Husserl) estu-
dian las conexiones ideales, que son los instrumentos necesarios para conocer, para
conocer ideas o para conocer realidades naturales. Pero todas esas lógicas reunidas no
constituyen la totalidad de la lógica entera, sino que la suma de todas aquellas .lógicas
representa tan sólo una parte del logos. Hay otras partes de la lógica: la lógica de la
razón vital, de la razón histórica, la lógica estimativa, la lógica de ia finalidad,
la lógica de la acción, la lógica de la experiencia práctica. Esas lógicas 'Son tam-
bién lógica, tanto como la aristotélica, 'si bien su campo de aplicación o de validez
sea diferente. '
Posiblemente el mapa de la lógica no se divida en regiones separadas -por frcn-
reras, sino que entre las varias lógicas haya interferencias, superposiciones y com-
binaciones. Pero no -es este el momento de abordar el problema de, la cartografía
general del lagos, ni de emprender la pesquisa, para I averiguar las relaciones entre
sus diversos sectores. ' 'l . 1; "

r -En otro de mis -libros 88 yo he comenzado a explorar la '~"J6gica de lo .razoncble".


como el instrumento adecuado para la correcta interpretación del Derecho -10 cual Jle-
ya a la superación de la pintoresca pluralidad tradicional de Ios- llamados- métodos in-
terpretativos. Probablemente, seguramente, la "lógica de lo-razonable" sea un sector
del lagos de 10 humano. Desde luego; enélla, en la lógica de Jorazonable, uno -~c.:
sus ingredientes, aunque no el único, ni tal vez el' de más decisiva importancia, es la
experiencia vital, es decir, lo que Ortega y Gasset llama "razón vital y' razón -histó-
rica", y lo ,que Dewey denomina "lógica experimental".
Pero no puedo desenvolver aquí este tema de la cartografía del legos, ni tamo
poco ocuparme a fondo yen.detalle de su provincia de Ia-t'lógica de lo, razonable",
Lo que importa aquí es decir algo más, sobre la comprensión, sobre la" inteligibilidad
de la conducta humana. . .
Las estructuras en que se articulan los componentes del proceso del compor-
tamiento humano son comprensibles, porque presentan conexiones congruentes, es'
decir, porque tienen una propia lógica. Claro es, repito, que no se trata de la.: lógi(¡~ f

pura, ideal, abstracta, sino de una lógica vital. Cuando conozco todos los antecedentes
y todos los componentes que integran una situación de la vida humana, puedo ert-
tender el proceso de la conducta del 'sujeto, como algo razonable o' irrazonable; r;r .s
zonable, se entiende, .dado el tipo de sujeto. que es, conocidos"su -temperamcntoy .el
repertorio de sus convicciones, 'conocido el conjunto de .hechos-que en .ese momento,!
circunscriben $U existencia, por tanto; conocidas las .posibilidades que se le' ofre(("r.~:":
conocidos los- propósitos que le animan y los fines que persigue, Esto no 'anula ;-l!.,
albedrío, pues en cada instante, supuestos todos' los componentes a que acabo de hacer
alusión, quedará siempre libre para el sujeto el decidirse-por alguna- de las varias:'
posibilidades que se le deparen. Por -eso no puedo prever respecto de un prójimo,
con absoluta certeza y de. modo exacto," cuál vaya a ser su comportamiento' futuro,
Pero cualquiera que sea éste," cuando ya 'se ha rcalizado.: lo.,puedo "comprender en' 511'
congruencia de vscntido, si me: son conocidos ~ todos' los ~ elementos -qu~ integraron.
la situación .vital en que se produjo. u_; -·tI' ~!~') ,,~-n-,,!-~.,.,..,...,t't1".. l ...,-,. ~. "',?' "

Pues bien, esa posibilidad de -cornprénsión .aplicada a ti' propia;' \'id~.\c"s 'lo que'
144 INTELIGIBILIDAD DE LA VIDA HUMANA

va formando la razón vital. Y esa posibilidad de comprensión de los comportamien-


tos de otros individuos, en tanto que individuos, es 10 que hace posible las relaciones
intcrindividuales y el que podamos aprender de ellos. Y esa comprensión de las
conductas ajenas generalizadas, comunales, socializadas, es lo que forma la razón
histórica, es decir, la acción del pretérito de los demás hombres sobre la vida pte·
scntc de los de hoy.
Claro es que esa comprensión no se efectúa ni mucho menos siempre; ni, cuando
se consigue, l1ega a una radical profundidad y a una total plenitud. Pero, en prin-
cipio, es posible, pues tenemos la experiencia de casos de grandes autobiografías
en las que el sujeto ha llegado a explicarse satisfactoriamente el proceso de su vida;
y tenemos, asimismo, casos de lograda comprensión de vidas ajenas en biografías
que un sujeto compone de otro; y tenemos también ejemplos de impresionantes éxitos
en el intento de comprender un pedazo de historia. Posiblemente ni siquiera en tales
casos en que nos parece que se ha logrado una comprensión, ésta no ha conseguido
ser total, sino tan sólo parcial. Pero esa parcialidad es en definitiva no algo privativo
de la comprensión de las situaciones vitales, sino un destino común a todo el cono-
cimiento humano, .pues iguales limitaciones hallamos en el intento de captación de la
'taturaleza.
Así como tenemos ejemplos de éxitos logrados en la comprensión de la vida
propia, de la del prójimo o de la historia, tenemos ejemplos de fracasos en ese
propósito de entender procesos humanos. Hay muchos sujetos que apenas consiguen
un mediano conocimiento de la propia vida; sujetos de quienes decimos que no se
entienden a sí mismos, ni entienden lo que les pasa. Y a todo el mundo le ocurre
alguna que otra vez que no logra entender satisfactoriamente algo que fe ha ocurrido
o algo que ha hecho. Hay también comportamientos ajenos que no logramos des-
cifrar. Y hay procesos históricos ·que. nos permanecen opacos frente a todos los ensayos
que hacernos para comprenderlos.
En principio hay siempre la posibilidad de comprensión de las conductas hu-
manas, de las propias y de las ajenas, aparte de que tengamos o no éxito en los
diversos casos en 'lue nos propongamos esa interpretación, o de que el éxito sea mayor
O menor.
Pero es que en ese campo de la aprehensión mental de lo hwnano, ocurre 10
mismo que en el sector de-la captación de los hechos externos de la naturaleza, a saber:
hay gue distinguir entre el conocimiento vulgar y el conocimiento rigoroso, cientí-
fico. Difiere considerablemente el conocimiento de los rayos solares, de la lluvia, de
los árboles, ete., que tiene el hombre vulgar, del que posee el científico. Ahora
bien, incluso el hombre vulgar tiene algún conocimiento del mundo exterior que le
rodea, aunque sea un conocimiento al buen tun tun, en el que figuran visiones ver-
daderas mezcladas c~n otras falsas, y todo ello de modo fortuito e inconexo. Del
mismo modo, es diferente el conocimiento que el hombre vulgar tiene sobre su propia
vida, gue el logrado por uno de los sujetos que consiguió iluminar y profundizar
certeramente en su autobiografía. Análogamente, SOn muy diferentes el conocimiento
qt1~ las varias gentes tienen sobre la vicia de los prójimos guc tratan, según cual
5C:l b antitud de aquéllos para representarse Jo que ocurre en las existencias ajenas.
y está bien distante el conocimiento que de las experiencias. de los antepasados
tiene el hombre de la calle y el que posee el ducho en historia.
LA SOCIEDAD CONDICION, PERO EL INDIVIDUO AUTOR DEL PROGRESO 145

Sin embargo, todo sujeto humano tiene algún conocimiento, más o menos gran-
de, más o menos profundo, más o menos claro, sobre Jo que le ha sucedido en su
vida pretérita; y ese conocimiento influye en lo que va haciendo después. Y también
todo sujeto humano tiene capacidad para entender al prójimo, mejor o menos bien,
pero en alguna medida. Y todos, por ignorantes que sean de la historia, participan
en las experiencias pretéritas que la sociedad les ha transmitido; verbigracia, en
forma de convicciones aprendidas, de usos o costumbres.
Esa participación en las elaboraciones de la razón histórica, concretadas en el
patrimonio colectivo vigente, existe de hecho, incluso para quienes al vivir la heren-
cia colectiva no se percatan del sentido de los usos que practican. Pues ese no
percatarse no importa para el hecho de la participación en los resultados de las expe·
riencias históricas. Porque el hombre otorga, como ya indiqué, una especie de voto
de confianza {aunque sea nada más 'lue limitada y relativa) a sus antepasados y
a sus contemporáneos, y acepta los resultados de las experiencias de éstos.
Precisamente esto es lo que constituye la nota regular y corriente de la mayor
parte de casos de observancia de un uso o costumbre, a saber: que secumple lo usual,
sin que uno se haga cuestión del intrínseco porqué de esa conducta, limitándose
a aceptarlo sencillamente porque es uso, porque los demás lo hicieron y lo siguen
haciendo.
Para progresar necesita el hombre dos requisitos: apoyarse en la sociedad, y
desarrollar si. propia iniciativa individual. Por una parte necesita ser capaz de apro·
vechar el pasado, de beneficiarse con las conquistas logradas por sus predecesores.
Mas, por otra parte, precisa también tener la capacidad de hacerse libre de lo que fue
ayer, para estar en franquía de ser de otro modo, es decir, de corregir y aumentar la
herencia cultural recibida.
El hombre puede recoger la herencia cultural del pretérito, precisamente porque
el hombre es esencialmente social-. La sociedad desempeña el papel de transmisora de
los resultados conseguidos por los antecesores y por los coetáneos.
Porque es individuo, es decir, un sujeto que vive por su propia cuenta, que
tiene que hilar su propia existencia, se puede liberar del pasado, corregirlo, supe·
rarlo, aumentar el caudal de las experiencias y de los inventos, mejorar.
Convendrá insistir algo más sobre lo uno y 10 otro, es decir. sobre cómo la
sociedad es la base o condición y el individuo es el agente del progreso.
Sin sociedad sería imposible el progreso; y aún más, sería imposible la vida
humana, se entiende corno humana.
Se hace difícil, si es 'lue no, mejor dicho, imposible, imaginarnos un ser humano
desarrollado en completo aislamiento y que fuese humano. Es probable que ni siquiera
podría vivir biológicamente, es decir, como animal, porgue surumbiría a las fuerzas
hostiles de la naturaleza circundante, ya que, careciendo del instinto orientador de las
bestias, difícilmente sería capaz de hacer frente .a la satisfacción de sus necesidades
y de salvarse de los peligros. Pero, aun suponiendo que lograra sortear los gra-
ves riesgos de los factores de la naturaleza brava, entonces llevaría a 10 sumo una
vida de tipo puramente animal -aune¡ue poseyese latentes sus aptitudes humanas.
El primer hombre, Adán, según la Biblia, para constituir verdaderamente un
hombre, tuvo que aparecer como un ser sobrenatural: la ausencia de previa sociedad.
se le, suplió por la comunicación directa con Dios, de quien aprendió lo indispensable.

10
146 LA SOCIEDAD CONDICION, PERO EL INDIVIDUO AUTOR DEL PROGRESO

¿' Si se llegara a desarrollar un hombre en complero. aislamiento, en la difícil


hipótesis de que. sobreviviera biológicamente, carecería de vida espiritual -aunque
poseyese larvadas las aptitudes para ella. Un hombre en tales condiciones ignoraría
todo lenguaje y, por consiguiente, carecería de inteligencia, de imaginación,' de
sentido religioso, artístico, cognoscitivo, etc.; sería propiamente un animal. Todo
lo que realmente posee de más el hombre, lo ha añadido la sociedad a ese supuesto
"hombre natural". Sólo el "hombre histórico", que la sociedad elabora con la ma-
teria prima de aquel ser, es el hombre verdadero, que conocemos en la experiencia.
Por el contrario, el supuesto hombre natural representa tan sólo una ficción lo-
grada por procedimientos mentales de abstracción. Los individuos históricos presuponen
ya la sociedad y la llevan dentro de sí mismos.. El hombre real y efectivo es un
animal forjado por la sociedad.' Bajo la acción del medio social, bajo la presión
de la colectividad, y por el estímulo del prójimo, el espiritu se afirma y se des-
arrolla en el hombre, hasta el punto de dominar su ser animal.
Lo que los hombres de determinado momento son y el modo cómo lo son,
tan sólo en una pequeñísima parte se debe a ellos mismos y a las circunstancias del
momento. La explicación de la mayor parte de ello la hallamos en el pasado.. los'
modos culturales y colectivos- son en gran parte un legado histórico.
La situación concreta en que los hombres se hallan en cada momento, de la
historia es el resultado de. las etapas elaboradas en el pretérito. En cada momento
histórico, el pasado ofrece un repertorio de condiciones para- el obrar humano, las
erales, en . unión de otras condiciones de diversas índoles, determinan el ámbito
de-Jas posibilidades concretas, dentro del cual se mueve la acción creadora humana del
presente. I ]

Si la sociedad es la condición que hace posible la vida humana, aSl' como es 1(1
condición que hace posible el progreso, en cambio el autor del progreso es siempre
el individuo.
- En efecto, nadie,'ha vistonunca ni verájamés un g';lpo p.~nsante. SóloIa con-
ciencia individual. es '. capaz de pensamiento. Y. por lo tanto.. sólo el individuo es
capaz de crear, en el. sentido genuino de -la palabra, de .inventa r. .'
. El proceso básico implicado en el desarrollo de Ia 'cultura consiste en inven-
ción.rTodas las creaciones culturales -c-trasgos y demonios, templos y burdeles, vir-
\ rudes y crímenes, bienes estéticos y sentimientos' sociales, maneras y costumbres,
palabras y.pcnsamientos-e-, casi-todas las .eosas-quc.Ios hombres hacen y usan como
miembros de una sociedad, han sido inventadas en algún tiempo y. en algún lugar"
porulmmos indivi_duos. Todas' SOn productos del ingenio humano. J -,

Cierto que el: individuo ,para. pensar" y p~ra ,rcar necesita apoyarse en las ense-
ñanzas de los dcmás,.que ha 'recibido..por vía social; necesitatambién contar. con la
ayuda de una ingente serie de prójimos, por ejemplo; de. todos aquellos que propor.
cionan o facilitan-fa _satisfacción .de sus necesidades,' de los que· le .ayudan en, labores
previas o solidarias, ctc,;~ne<;esita:además de estímulos que halla en Ia.sociedad.i'Iodc
eso es. obvio-: y por sabido; no .requiere ulterior comentario. Adviértase. que cuandc
>

hablo de individuo, me refiero al individuo real. al que efectivamente existe,el cual


está en gran parte colectivizado; y no aludo a un individuo solitario ajeno eJa so-
ciedad. pues ya se ha mostrado que un hombre. tal no existe, _y si existiera norserla
d.~:hecho un, ente .humano, ; ' , " ·r~ ;. (-.'\:¡ ..! .,r
j ' ,.)
TODO PROGRESO IMPLICA REBELDIA CONTRA - LA HliKENCIA COLECfIVA 147

. O dicho con otras palabras: es cierto que el individuo para pensar, para inven-
tar;"para crear, necesita estar en no pequeña porción colectivizado y -hallarse en
sociedad. Pero quien" piensa es el individuo y no el grupo. Y para crear algo
nuevo, para modificar lo que ha recibido. precisa ser capaz de emanciparse parcial~
mente de lo que ha recibido y aprendido de los demás; precisa ser capaz de rebeldía,
de .discrepancia, de disidencia. Porque si careciese de esa aptitud de liberarse de los
modos ajenos y especialmente de los colectivos, nada' nuevo podría hacer; se limitada
a repetir automática o inerternente 10 que había recibido del contorno social.
Démonos menta de que Jos modos colectivos de vida son siempre representa-
ciones del pasado ---'-remoto de milenios o siglos, o reciente de días, pero, en defi-
nitiva, son pasados-; son formas de vida que fue antes, y que van reiterándose. Lo
colectivo; en tanto que modos de vida objetivada;" en tanto que cristalizaciones
de comportamientos, constituye algo. que. por sí. s610 esinerte, mecánico, estéril.

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2 Cfr. José ORTEGA y GASSET, ¿Qué son los valores}; Joaquín XIRAU, El sentido de
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3 Psicologlstas en la concepción de los valores fueron: MEINONG (A.); Pswhólogiscbe-
etbiscbe Untersucbungen zur Werllheorie, 1894; EHRENFELS (C.), System der IPerJtheorie,
1897-1898. También psicologista es: MÜLLER.FREIENFELS (R.), Grundziige einer neuen Werl-
lehre, en "Annalen der Philosophie", Lelpzig, 1919. Sobre las diversas teorías en torno a.
los valores, véase, además de las otras citadas en la nota precedente (2): !-/lRROYO (Francisco},
La Filosofia de los Va/ores, Legos, México, 1936, obra que contiene un estudio sobre múltiples
doctrinas y en la cual el autor sustenta una concepción neoidealista próxima a la de WJNDELT
BAND y RIcKERT, con algunas aportaciones originales; STERN (Alfredo), La Filosofía de los Va·
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• Cfr. FRONDIZ( (Risieri), ob. cit, .,.
1> Cfr. FRONDIZI [Risieri}, ob. cit. ."¡, ; ••

G Cfr. HIlRTMANN (Nikolai), Ethik, pp. 144 U., 1926..


1 La escuela fenomenológica, SCH.ELER y HIlRTMIlNN, sostiene que el conocimiento de
los valores no se produce por medios 'racionales (discursivos), sino mediante una intuición
esencial de carácter intelectual. Intuición es la aprehensión directa de un objeto que se da de
modo inmediato ante nuestra conciencia, sin intermediarios. Hay intuiciones sensibles como,
verbigracia, la de un color, la de un sonido. Pero hay también intuiciones intelectuales; vemos'
con los ojos de la inteligencia que A no puede ser no A al mismo tiempo y bajo el mismo
respecto, Pues bien, según la Filosofía fenomenológica de HUSSERL (cuya línea prosiguen SCHE-
LER Y HIlRTMIlNN en el estudio de los valores), son cognoscibles mediante intuición no sólo
los primeros principios lógicos formales, sino también un ingente número de ideas con conte-
nido. Entre esos objetos ideales, captables por intuición suprasensible, figuran los valores. Para
que el lector se percate debidamente, aunque sea tan sólo de modo sumario, de 10 que es una
intuición y del modo.de producirse ésta, hace falta añadir las, siguientes observaciones: Lo que
se presenta ante la conciencia de manera inmediata, directa, resulta evidente. es decir, perfec-
tamente visible; esta, visión es lo que llamamos, intuición. De todo cuanto se ,?ps presenta,
pues, en una Intuición adecuada, podernos hablar con verdad rigorosa, con conocimiento válido,
de una. vez y para .siempre. Hay verdades que son tales, rigorosas, fundadas, peco que, no son
evidentes de por sí; es decir, no nos resultan visibles a. primera contemplación, por lo cual.
requieren ser demostradas, es decir, necesitan de una argumentación racional que, como cadena
intermedia, convierta en evidente, aquello que prima facie no lo era. Si digo que A es igual
a P, esto no se ve por de pronto, en si mismo; hay que demostrarlo, para lo cual entra en
funciones el método racional. Pero si digo que A es igual a A, tal aserto no necesita explica-
ción. La razón no constituye. pues, en manera alguna, la. totalidad de nuestro intelecto, sino tan
sólo una parte auxiliar de éste. que conduce a convertir en evidente lo que no lo cea todavía.
Pero frente a los objetos que. se nos dan presentes y de modo adecuado. en inmediatez, no es
preciso ningún procedimiento auxiliar. Una verdad intuitiva no puede propiamente ser expli-
cada al prójimo; lo único que se puede hacer respecto de otro que no la ve es darle una
especie de sacudida intelectual, incitarle, ponerle en disposición, para que la vea.
8 Cfr. FRONDIZI (Risieri), oh. cit.
"0 o José ORTEGA y G.ASSET llama a 'su. filosofía, Metafísica según los princip;os de la ra-
zón vital; a la filosofía de HEIDEGGER y de JIlSPERS se la ha llamado filosofía existencial. José
GJ\OS ha propuesto para la filosofía de esos autores la acertada denominación de "humanismo
trascendental". Se funda en que la realidad primaria de la vida humana o existencia desempe-
ña un papel análogo, al que era representado en el idealismo trascendental por la conciencia
(en términos abro/u/os) . .La filosofía de Jean Paul SIlRTRE se llama también existencialismo:
pero;' al lado de sus conexiones con HEIDEGGER, tiene rasgos peculiares y exclusivos no com-
partidos por otros "existencialismos"
10 En lbs países de Hispanoamérica se hallan influidos, en mayor o menor proporción,
po a-lascorríentcs del humanismo trascedental, filosofía de la vida o de la existencia humana,
gran número de pensadores. Entre ellos, en México, Antonio CASO, Samuel RAMOS. José Ro-
MANO MuÑoz, Eduardo GARcÍA,MÁVNEZ, José GAOS, David GARCÍA Bxcc.... -c-actualmente cn
Vcnezue~---!.. Leopoldo ZEA, Agustín BASAVE y FERNÁNDEZ DEL VALLE Y otros varios. En
Argentina. Francisco ROMERO, Miguel Angel VIRIlSORO, Risier¡ FRONOIZI y varios más. En
Perú, Alfredo .WAGNER na REYNA; en cierto modo, y aunque acentuando la controversia.
NOTAS BIBLIOGRAFICAS VARIAS AL CAPITULO DOS " 151

Francisco MIRÓ QUESAD..... Y puede decirse que, en general, positiva o críticamente, es esta
orientación la que está jugando un papel más importante en la meditación contemporánea en
Europa y en Hispanoamérica.
11 Utilizo no s610 las obras citadas de ORTEGA y Gxssm- (José), sino, sobre todo, sus
lecciones de cátedra profesadas en la Universidad de Madrid, de 1924 a 1935.
12 Cfr. ORTEGA y G.... SSET (José), EL lema de mies/ro tiempo. Antes de ORTEG...., Jorge
SIMMEL formuló también una tesis parecida al perspectivismo.
13 Cfr. SCHELER (Max), De, Pormalismus in der Etbie, 1921 (hay trad. esp. 'publicada
por Ia Editorial de la Revista de Occidente, Madrid), 1941.
u Cfr. JAMES (William), The Memúng 01 Trutb, 1909; A plurelistic Uniierse, 1909;
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cap. xxx (Sociología del Saber).
1(1 HUXLEY (Aldous), Eyeless in Gaza, cap. X.
17 Cfr.. HARTMANN (Nikolui), Ethik, última parte, 1926.
18 Véase, principalmente, RICKERT, Ciencia natural y Ciencia mlJura!, trad. esp. por
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19 Cfr. ORTEGA y GASSET (José)" El Tema de NUeJJro Tiempo, Madrid, 1923, cap ...jv.
Véase Obras Completas, Revista de Occidente, Madrid, 1947, tomo III, pp. 164-168.
20 Cfr. RECASÉNS $ICHES (Luis), Baudios de Pilosojía del Derecho, pp. 449 ss.. capítu-
lo dedicado a la Escuela Histórica del Derecho, Barcelona, 1936; 'nueva edición Uteha, México,
194]",,"-,01. 11.:1 ~ I
21 Véase: RECAS~NS SICHES (Luis), Nueva Fi/osofía de la lnterpretacián del Derocbo,
Centro' de Estudios Filosóficos de la Universidad Nacional Autónoma de México. Fondo de
Cultura Económica, México, 1956, pp. 136 JI.
-22 Véase: RncASÉNs SICHES (Luis), oh. cit., en la nota precedente, 1'1'.139 ss,
23 Véase una exposición resumida de DILTHEY en mi libro Estudios de Pilosojia del De-
recho, pp. 77 ss., Bosch, Barcelona, 1936 (tercera' edición aumentada, .Uteha, México, 1946,
.tomo 1, ,pp. 172·175). De DILTHEY, cfr. principalmente: EinleiJlmg in die'Gei!tl?IwiJJnJsch'afúl1,
1, 5, 1883; Der Au/bau del' geschichtlichm U'1'e/t in den Geisiesíoissenscboísen, pp. 32 H., ·i91O;
Beitraege zum .Smdium del' IJ1dit1idualiJaeJ, PI': 296 JI., '1896; Das naJü"liclJ!'s SystnÑ der CeÍ!·
reioissensrhaiten, Las Obras completas de DU.THliy han" sido publicadas en traducción española
bajo la dirección. de Eugenio IMAZ, por el Fondo de 'Cultura Económica, México/1944·194.5.
Sobre'DILTHEY véase un luminoso estudio del profesor argentino Francisco RO:MERO; también,
José ORTEGA y GASSET, el estudio citado en la nota 1 (Guillermo Dilthe)< .. J. Además: .NlscJi
(Georg), Die Idee del' Lebenspbilosopbie in del' Tbeorie del' Geistewissenscboisen. 193'4.; Le-
benspbilosopbie Il11d Pboenomenologie, 1930; SrRANGER (E.), Gedoecbmisrede, 1912; STEtN.
Der Begrill des Geístes bei Diltbey: FREYER (Hans), Teorie des objektiven Geistes, 1923; y
Soziologie ah lIY irk lich keiJIwisselJSchtt/J, 1930. (Trad. esp. de F. AYALA, Buenos Aires, 1944.)
24 Cfr. DILTHEY, Einloitung in die Geisteswissonscbajtes, p. 46 (nueva impresión); Bei-
sraege zum Studium der IndÍ't1idua!;taet; De,' Aufhau der gescbicbtlicben Welt.
25 Este tema lo desarrollo con mucha mayor amplitud y detalle en mi libro Tratado
General de Sociología, Editorial Porrúa, 2" ed., 1958, pp. 100-152 Y 176-243.
2<G Cfr. RECASÉNS SICHES (Luis), Trotado General de Sociologin, 2' ed .. Edit. Porrúa.
México. 1958, pp. 419-423.
27 Véase: RECASÉNS SICHES (Luis), Tratado General de Sociología, 2G ed., Edit. Porrüa,
1958, pp, 8Hó, 140,152.
152 NOTAS BIBLIOGRAFICAS VARIAS AL CAPITULO TRES

28 Con mucha mayor amplitud y detalle, en mi citado Tratado General de Sociología,


2' OO., Edit. Pcrrúa, México, 19)8, pp. 176·211.
29 En el Seminario de Historiologla, dirigido en 1934·1935 por José ORTEGA y GASSET,
y en el que colaboramos intensamente varios profesores de la Universidad de Madrid (entre
otros, Javier ZUBIRI, José CAOS y yo), algún profesor de provincias (Alfonso G. VAlDE.O.SAS,
etcétera) y algunos de los ayudantes de nuestras cátedras (María ZAMBRANO, Salvador LlSSA-
RRAGUE, ]ulián MARiAS, Carlos SAVÁN, Francisco ORTEGA, etc.}. La base germinal para mi
teoría sobre la caracterización de Jo colectivo la debo a mi querido maestro José ORTEGA y
GASSET. Después, continué por propia cuenta la meditación y el análisis y prolongué en varias
direcciones nuevas aquel pensamiento fundamental, hasta llegar a los resultados que ofrezco
en el texto de este libro. Puedo asegurar que en mi pensamiento hay no pocos puntos a los
que he llegado en virtud de mi propia labor. Respecto de otros puntos me sería muy dificil,
prácticamente imposible, delimitar con exactitud dónde acaba el pensamiento de ORTEGA y GA.
SSET y dónde empieza el mío, lo cual se explica por los muchos años de convivencia espiritual
con aquél. Las ideas iniciales brotaron embrionariamente en el mencionado Seminario;' algunas,
lanzadas por ORTEGA; otras, formadas en una tarea de intercambio. Más tarde proseguí por
Olí mismo muchos de estos temas, los reelaboré y los adicioné. Al hacer estas declaraciones,
no me mueve un prurito de reivindicar lo que a mí corresponda por ser obra de una personal
labor. Me mueve tan sólo un imperativo de corrección espiritual, que comprende el reccncci-
miento de haber recibido las bases paca esta doctrina, de mi querido maestro José ORTEGA y
G....SSET; y también el deber de no atribuirle a él lo que después construí bajo mi exclusiva
responsabilidad. Véase sobre estos temas la obra póstuma de ORTEGA y GASSET (José), El Hom-
bre J la Gente, Madrid, 1957; y también el excelente libro de MARi....s (Julián), La Bstmaura
de lo Social, Madrid, 1955.
80 Cfr. ACRAMONTE {Roberto}; El Pensamiento filosófico de VaMna, 1935, cap. 7; EN-
TIlALGO VALLINA (Ellas}, El i4eat'io de Varona en la Filosofía social, 1937.
81 Véase BOUGLÉ (Celestin), Qtlest.(e que la Sociotogie i, Pacls, 1907.
32 Véase RECASÉNS SICHES (Luis), Tratado General de Sociología, 2' ed., Edil. Po-
rrúe, México, 1958, pp. 117-126.
83 Cfr. DURKHEIM (Emile), Les Regles de 14 Méthode Sociologiqse, 1895; y La divi-
sián du travail social, 1893.
34 VALLE (José Cecilia del), Obras, t. Ir, p. 49, compiladas por José del Valle y Jorge
del Valle Matheu, Guatemala, 1930.
33 Sobre estos temas, con mayor extensión, véase: RECl\.SÉNS SrCHES (Luis), Tratado Ge-
nera! de Sociología, 2' ed. Porrúa, México, 1958, pp. 148·152 y 223-243.
36 Cfr. ORTEGA y GASSET (José), La Historia como sistema, pp. 55 JI., 1941; DEWEY
(John) , Commenication and Communal Living, en "Experience and Nature"; The Public and
tu Problems, 1927; y Human Nature and Conduct, 1922; The Problems o/ Man, 1946.
37 Cfr. D,LTHEY (Wilhem), Der Aufbau der gescbicbtlicben WelJ in den Geisteswis-
senS(hd/ten, tomo VII de los "Gesammelte Schriften", 1927.
as Véase RECASÉNS Srcxns (Luis), Nueva Pilosojla de la Interpretación del Derecho,
Centro de Estudios Filosóficos de la Universidad Nacional Autónoma de México, Fondo de
Cultura Económica, "México, 1956.
89 Un estudio con mayor extensión sobre estos temas en mi Tratado General de Sociolo-
gla, pp. 223-243.
CAPiTULO TRES

QUE CLASE DE REALIDAD ES EL DERECHO Y LOS DIVERSOS


ESTUDIOS SOBRE ESTE

SUMARIO

1. Localiaaclón de lo jurídico en el Universo. 2. La esencia y la realidad del


Derecho. 3. El problema sobre qué clase de realidad sea el Derecho. 4. Tripli-
cidad de puntos de vista para definir el Derecho. Superación de esta Triplicidad.
5. Tres tipos de estudios sobre el Derecho en el Plano Filosófico y tres tipos en
el Plano Empírico.

1. LOCALIZACIÓN DE LO JURÍDICO EN EL UNIVERSO.

Todo lo expuesto en el capítulo precedente nos ha conducido a una localización


del Derecho en el Universo. Se ha mostrado con toda claridad que el Derecho no es
naturaleza corpórea. ni inorgánica ni biológica; que tampoco es psíquisrno, pues
si bien origina en fenómenos anímicos, el Derecho no es un hecho mental; que
tampoco es pura idea de valor, a pesar de que apunta intencionalmente a la reali-
zación de determinados valores, como, por ejemplo, la justicia.
Hemos encontrado el Derecho en el reino de la vida humana. Se produce por
los hombres, bajo el estímulo de unas ciertas urgencias, y con el propósito de realizar
unos fines ruyo cumplimiento se considera como lo justo. y, por lo tanto, como
deseable en una determinada situación histórica. Y dentro de la vida humana, el
Derecho se engendra en conductas vivas que responden a aquellos estímulos, y que
se encaminan a lograr las finalidades dichas. El Derecho aparece como un conjunto
de especiales formas de vida humana. Tales formas de existencia humana pert~·
necen, por una parte, a" la categoría de lo normativo, son formas normativas, son
normas. Por otra parte, son formas normativas de vida humana colectiva; pertenecen
a la categoría de lo colectivo.
Cuando las normas humanas son producidas en conductas. por ejemplo. en el
obrar del legislador. o en el obrar del juez, constituyen, en ese momento de ser
engendradas, unas formas de ~ida humana viva, esto es, en acción. Una vez que
las normas han sido ya producidas, y están formuladas en leyes, reglamentos, sen-
tencias, resojaciones, entonces constituyen objetivaciones de vida humana, vida huma-
na objetivada.
Pero ruando esas normas -fonnas objetivadas de vida humana- son cum-
plidas una y otra vez por sus sujetos, o cuando Son interpretadas y aplicadas por los
1)4 PROBLEMAS VARIOS EN LA DEFINICION DEL DERECHO

órganos jurisdiccionales -e-jueces O autoridades administrativas-c-, entonces vuelven


a convertirse en vida humana viva, en la cual los anteriores esquemas objetivados
SOn reproducidos, cumplidos, incrementados y adoptados en caso.
Así pues, el Derecho se presenta como un conjunto de normas elaboradas y
vividas por los hombres bajo el estímulo de las necesidades de su existencia colectiva
y con el propósito de realizar determinados valores en ésta. Pertenece, por lo tanto, el
Derecho a la región de las normas elaboradas por los hombres para satisfacer neceo
sidndes sociales sentidas por éstos, mediante el cumplimiento de ciertos fines.
Ahora bien, con haber situado el Derecho en la región de la cultura, bien de la
vida humana objetivada. bien del revivir y modificar esas formas objetivadas, con
ello aún no hemos llegado, ni mucho menos, a una determinación del ser peculiar
del Derecho, de la esencia específica de lo jurídico. Hemos llegado -tan sólo a situar el
Derecho en la zona del Universo a la 9ue pertenece. Pero a esta misma zona per-
renecen también otras formas de ·vida humana normativa y colectiva, como, por
ejemplo, las normas sociales del decoro, de la cortesía, etc. Y, por tanto, será preciso
proseguir nuestra indagación hasta que acotemos esencialmente lo jurídico, como tal,
diferenciándolo de los demás tipos de normas y de los demás tipos de formas co-
lectivas.
Por otra parte. para delimitar y entender la esencia de lo ·jurídico será necesario
también averiguar cuál es su sentido inherente. en términos generales.
Para definir un algo es preciso ciertamente aprender a distinguir ese algo de
todos los demás algas, y muy especialmente de aquellos que 'le están más cercanos,
o que presentan con él algún rasgo de analogía. Y, por ello, emprenderemos la
indagación sobre la distinción entre. lo moral y lo jurídico; entre lo jurídico y las
reglas del trato social (decoro, decencia, cortesía, etiqueta, etc.), y entre lo jurídico
y los mandatos arbitrarios -c-tarcas que han sido acometidas por casi todas las obras
contemporáneas de Filosofía del Derecho.
Pero con haber desarrollado esta labor difcrenciadora del Derecho frente a las
demás normas que en apariencia se le asemejan, todavía no habremos conseguido
capturar mentalmente por entero la esencia de lo jurídico. Pues para conocer 1:1n algo
esencialmente, a fondo, no basta con que sepamos diferenciarlo de todo lo demás,
sino que es menester, además, que. trabemos contacto Con la intimidad entrañable
de' ese algo. Por ello, deberemos preguntarnos también por el sentido esencial de lo
jurídico. después de haber delimitado el Derecho frente- a todos los demás tipos
de normas. Esta esTa investigación que olvidaron los filósofos neokantianos, por
ejemplo, Stammlcr, cuya definición del Derecho carece de este miembro esencial.
En la medida en que se cumplan satisfactoriamente esos temas se conseguirá
una definición esencial del Derecho y la determinación de su sentido radical en una
concepción filosófica del Universo, es decir, el sentido radical que lo jurídico tenga
en la vida humana. como una de las funciones necesarias de la existencia social.

2. LA ESENCIA Y LA REAl.IDAD DEL DERECHO.

Lo que he ofrecido hasta aquí es una investigación encaminada a lograr la


localización de lo jurídico. para descubrir sobre esta base cuál sea la esencia del
RE1\LIDAD JUIUDlCA y REALIDAD SOCIOLOGICA DEL DERECHO 15.5

Derecho. Con lo que he mostrado, aún no tenemos la esencia. del Derecho,. sino
tan sólo el descubrimiento de que el Derecho es vida humana objetivada, normativa
y social. Ya acabo de indicar sumariamente cuáles son .las demás investigaciones que
hace falta llevar a cabo para conseguir el.concepto esencial del Derecho,
Lo que me importa subrayar ahora es que toda esa_. indagación se refiere a
esencia del Derecho, enfocando este tema no como de pura teoría del conocimiento,
sino como ontológico, es decir, encaminando a la aprehensión de la esencia del
objeto "Derecho"; pero no se refiere al problema sobre la realidad del Dcrecho..
Porque adviértase que hay Derecho posible y Derecho real. Es Derecho posible el
proye~o de norma jurídica, el rual constituye un pensamiento. humano (vida obje-
tivada) con las características formales del Derecho (características que expondré
en los cinco capítulos siguientes). pero que todavía no-ha conseguido vigencia, es
decir, no es Derecho que rija, ni tal vez la consiga nunca, Se trata' de la objetivación
de un pensamiento jurídico, pero que no constituye un Derecho que tenga realidad,
porque no ha sido establecido por' quien posca autoridad o competencia formal para
producir normas jurídicas. Tiene las características forinales del Derecho; pero no
tiene realidad jurídica, es decir, notiene vigencia. Tiene la realidad de un pensamiento
objetivado; pero no la realidad deun Derecho que rija corno formalmente válido,"
es decir, como 'imperante. Derecho real es el que está dotado' de vigencia, por 'tanto, el
que existe como norma imperante en determinado ámbito y determinado tiempo .
.Por 'otra parte. habría que registrar ademá-s otro tipo de Derecho en lo rela-
tivo a' su existencia real: el Derecho que tuvo realidad. que tuvo vigencia, pero
que ha dejado de tenerla; por ejemplo, un código abrogado, Jas leyes de un Estado
desaparecido. etc. En esos casos se trata de un 'Derecho que fue real, pero que ya
11'0 lo es; y que, por tanto, se parece al Derecho posible, porque 'tiene forma jurí-
dica, pero no tiene vigencia. Pero se diferencia del Derecho posible, imaginario.
en que éste no ha llegado a tener 'realidad de vigencia; y. en cambio. el Derecho
pretérito tuvo vigencia. pero ha dejado ya de tenerla.
Los problemas relativos a la vigencia no pueden ser tratados en esta parte del
presente libro porque son solidarios de otras cuestiones que serán examinadas más
adelante: el sistema unitario del orden jurídico; el cimiento de facticidad: es decir,
de poder social predominante que sustenta y apoya a la norma fundamental del sis-
tema jurídico positivo otorgándole vigencia; 'ere.
En los párrafos precedentes, me he referido a la realida4, propiamente jllrídica
del Derecho. es decir, a la validez formal de una .norma, o, dicho con otras palabras,
~I hecho de que esa norma pertenezca al orden jurídico en 1';g01', 0, lo que es lo
mismo, a lo que suele llamarse vivencia. Pero claro es que hay otra clase de realidad
para el Derecho.' la realidad sociológica efectiva llue és'te·obtenga: el hecho de que
una norma no sólo sea formalmente válida;' esté formalmente en vigor. sino que, ade-
más, sea curnnlida de lucho por la mayor parte de sus sujetos, y que, en caso nece-
sario, sea aplicada por los óroanos jurisdiccionales. Pues .sucede, a veces, que ha}'
alsmms normas formalmente válidas, pertenecientes al orden jurídico en visor, que
no ohti . . . nen curnolida realización ni en la conducta de sus sujetos. ni en los actos
inrisdicclonales: tienen realidad juridira. nero no tienen realidad efectiva en los hechos,
No nu-do ocuparme. aqui. en este lu.!:;'ar, de los .probJé~.a's que el desuso de una
n0rma [uridira -plahtea. • ." .....
156 EL DERECHO EN TANTO QUE VNIDO EFECTNAMENTE

Pero en relación con este aspecto de la realidad del Derecho, quiero mencionar
una fina teoría de Carlos Cossío. Este ilustre maestro argentino concuerda conmigo,
al menos en una dimensión fundamental y salvo otras discrepancias, en que el De-
recho es vida humana; en que la norma jurldica, en tanto que pensamientos norma-
tivos, es vida humana objetivada. Pero el Derecho en tanto que existe, esto cs, con
realidad, es vida viviente; es decir, vida que se vive. A este respecto Cossío distingue
entre vida meramente objetivada y vida viviente o que es vivida. La valoración conte-
nida en la norma jurídica es un sentido o significación; pero, además -<reo que
hay que entender cuando está vigente-, es conducta efectiva, vida objetivada que es
vivida de nuevo y por eso se historializa. El pensamiento objetivado contenido en la
norma se sustenta en ésta; pero su existencia efectiva se da propiamente en el acto
del legislador y en el del juez, así como también en las conductas de quienes Cumplen
y ejecutan las normas,"
En efecto, lo que es vida humana objetivada es el pensamiento normativo con-
tenido en las leyes, los reglamentos) las sentencias, las resoluciones) etc. Pero el cum-
plimiento de las normas por sus sujetos ---cumplimiento que implica ya una labor de
interpretación llevada a cabo por esos sujct05-, así como también toda creación de
normas, lo mismo de normas generales, que de normas individualizadas -éstas com-
prenden también una intcrpretación-c-, son procesos vivos de vida humana) son vida
viviente. Pues el establecimiento de normas generales es un proceso creador. Ahora
bien, asimismo son procesos parcialmente creadores el cumplimiento y la aplicación
de normas generales preexistentes) pues tanto el. cumplimiento como la aplicación
de normas preestablecidas no consisten en un mero copiar o reproducir 10 que una
norCl}a previa dice, sino que consisten en modelar nuevas conductas inspirándose en
esa norma, para lo cual es necesario un proceso de individualización, el cual aporta
nuevos ingredientes que no están contenidos en dicha norma.

3. EL PROBLEMA SOBRE QuÉ CLASE DE REALIDAD SEA EL DERECHO.

Se ha discutido por varios pensadores y por diversas escuelas si el Derecho


es un objeto de índole ideal, específicamente u~ valor o ley racional; o si es una
norma humana con validez fundada y circunscrita por el poder que tiene compe-
tencia para dictarla y aplicarla, es decir, por el Estado; o si es una realidad sociológica,
un hecho de conducta efectivamente realizada, hecho que aparece como el efecto de
otros fenómenos sociales y actúa a su vez como causa produciendo nuevos efectos
sociales; o si no es ninguna de esas cosas en singular y exclusivamente, antes bien
es, por el contrario, una compleja realidad que participa de las tres dimensiones apun-
tadas; es decir, que posee aspectos ideales, aspectos de normatividad positiva y as-
pectos de hecho.
Todo lo dicho en el capítulo anterior ofrece ya 'la pista para la solución rigorasa
de este problema.
Al mostrar que, aunque esencialmente, el Derecho aspira a la realización de ciertos
valores (por ejemplo: seguridad, justicia y bienestar social), el Derecho real, el
Derecho efectivo -es decir el orden jurídico positivo-, no es valor puro, se ha des.
TRES ACEPCIONES DE LA PALABRA "DERECHO" 157

eartado que pueda darse una definición de lo jurídico situándolo en una región de
puro~ valores ideales.
Por otra parte, en la medida en que se ha esbozado ya que las reglas jurídicas
no son leyes fenoménicas de la naturaleza que impliquen una forzosa causalidad,
sino que, por el contrario, son expresivas de un deber ser dirigidas a la conducta
humana, se puso ya de manifiesto la dimensión esencialmente normativa que es
propia de lo jurídico.
Y, por fin, al haber puesto en evidencia que el Derecho es una obra humana,
algo que los hombres hacen, y seguramente tienen la necesidad de hacer, para algo
y por algo en su vida, se ha apuntado que lo jurídico se produce en unos especiales
hechos! los cuales ciertamente no son hechos de la naturaleza, sino que, por el con-
trario, son hechos humanos, pero, en fin de cuentas, hechos. O dicho con otras
palabras, con ello se aclaró la dimensión fáctica del Derecho.
Con todo, a pesar de esos esclarecimientos iniciales, conviene obtener mayor
iluminación sobre este punto, sobre el punto de cuál sea la realidad del Derecho,
con el fin de evitar confusiones que impidan limpidez en la doctrina y que originen
graves perturbaciones prácticas.

4. TRIPLICIDAD DE PUNTOS DE VISTA PARA DEFINIR EL DERECHO.


SUPERACiÓN DE ESTA TRIPLICIDAD;

Algunos pensadores han puesto en duda que pueda darse un concepto unívoco
del Derecho, por causa de que cabe definirlo desde tres puntos de vista diferentes.
Desde un cierto punto de vista, el Derecho aparece conectado con el mundo ideal
de los valores o de la razón. Desde otro punto de vista, el Derecho constituye un
sistema de normas positivas elaboradas por los hombres y dotadas de una específica
validez que le otorga la comunidad política, es decir, el Estado. Desde un tercer
punto de vista el Derecho aparece como una determinada realidad social que pro~
duce unos especiales modos colectivos de conducta. Así, Eduardo García Máynez 2
observa que cuando se trata' de definir el Derecho, sucede que según cual sea el
punto de vista que se adopte, entre los tres mencionados, se apunta a un objeto
diferente. "Piensan algunos en un Derecho justo; otros tienen presente el conjunto
de preceptos que el poder público crea o reconoce; y no pocos sólo consideran como
jurídicas las reglas que efectivamente norman la vída . de una comunidad en un
momento dado de su historia, sea que provengan de los cuerpos legislativos o que
tengan su origen en la jurisprudencia o la costumbre. Y aun cuando en todas las
definiciones figura en primer término la palabra Derecho, como sujeto del juicio,
el equívoco resulta inevitable, porque los objetos definidos no son reductibles entre
sí. ni cabe subordinarlos bajo un género común. Pues si bien unas veces se habla de
Derecho natural, otras de Derecho vigente, y algunas más de Derecho positivo
--en el sentido de efectivo, esto es, realizado y cumplido de hecho-, lo cierto es
que no se trata de especies diversas de un solo género ni de facetas diferentes de una
misma realidad, sino de objetos distintos. . .. Tan desconsoladora situación debería
haber despertado la sospecha de que no se ha podido llegar a un acuerdo, porque
lo que se trata de definir es a veces un objeto de conocimiento, y a veces otro
158 TRlDIMENSIONALIDAD DEL DERECHO

objeto diverso, al que se da obstinadamente el mismo nombre. Resulta entonces


que una definición correcta, desde el punto de vista de una concepción determinada,
aparece como falsa si se la examina desde otro ángulo. El punto de partida puede
ser, sin embargo, correcto en los dos casos y Ia inadecuación es entonces puramente
verbal. El eqeiooco obedece a que se aplica ei mismo vocabio a cosas heterogéneas 0,
mejor dicho, a que se pretende obtener, relatiramente a objetos de conocimiento dis-
/;11toI entre sí, una definición común."
El planteamiento dado a 'este problema por Eduardo García Máyncz es sin
duda correcto. Pero precisamente en los términos de ese acertado planteamiento pode-
mos encontrar la pista adecuada para la, satisfactoria resolución: de este __problema.
Subraya atinadarnente GARCÍA MÁYNEZ que la existencia de los tres puntos de
vista mencionados (el exiológico, o sea Derecho natural o Derecho justo; el normati-
VO, o sea el de regla vigente sostenida por el poder público; y el sociológico, o del
cumplimiento regular efectivo) crea tres acepciones diferentes en la palabra "Dere-
cho", irreductibles entre sí a un sentido unívoco.
Ahora bien, yo- entiendo que tendríamos que preguntarnos si en una actitud
de rigor mental las tres acepciones de ese vocablo son igualmente correctas; o si lo es
solamente una de ellas; o si quizá ninguna de las tras sea correcta y entonces tenga
que hallarse otra, con la cual, y gracias a la cual, se supere aquella triplicidad. Segura-
mente lo que sucede es que el objeto "Derecho", en sentido auténtico, verdadero,
posee tres dimensiones, cada una de ellas relacionada -aunque no identificada--
con cada uno de aquellos tres puntos de vista. En tal caso, 'SC deberá explicar con
toda precisión ese auténtico sentido de la palabra Derecho, y entonces relegar a
sentidos meramente parciales o figurados las otras tres acepciones mencionadas.
Para los iusnaturalistas a ultranza sólo las normas con intrínseca validez ideal
merecen el nombre de Derecho. Los positivistas extremos en el Derecho ven sólo
el conjunto de mandatos emitidos por el poder público o el conjunto de normas que
tienen una validez formal dentro del sistema del orden jurídico positivo, y en el
Derecho contemplan. única y exclusivamente este aspecto. Los sociologistas -los
cuales son algo muy diferente de los sociólogos- consideran que el Derecho está
constituido exclusivamente por las pautas que se cumplen de modo real y efectivo
en una determinada sociedad, es decir, ven en el Derecho tan sólo el .conjunto de
unos hechos sociales de un cierto tipo, En cada una de estas tres actitudes encarna
un punto de vista desde el cual se contempla un aspecto del Derecho, diferente de
otros dos aspectos iluminados respectivamente desde los otros dos puntos de vista.
Ahora. bien, en verdad eso que se llama Derecho, eso que es por antonomasia
el Derecho, no consiste exclusivamente en una sola faceta de los tres aspectos indio
cados, Consiste, por el contrario, en un objeto que esencialmente contiene los tres
aspectos íntima y recíprocamente unidos de modo inseparable, según lo ha mostrado
certeramente el gran iusfilósofo brasileño Miguel Reale."
En verdad el Derecho es el conjunto de normas humanas, es decir. elaboradas
por los hombres en una situación histórica, apoyadas e impuestas por el poder pú-
blico, normas con las cuales se aspira a realizar unos valores. Llamar "Derecho" al
Derecho natural, es decir, a unas normas puramente ideales o racionales dotadas
dc intrínseca y necesaria validez, es usar la· palabra Derecho en sentido figurado. o
traslaticio. Con esto no se niega justificación .al problema de la estimativa o nxio-
'TRIDIMENSIONALIDAD· DEL. DERECHO· , 159

Iogía jurídica, ni se niega tampoco que este problema pueda. y aun deba. resolverse,
reconociendo que hay tales principios ideales con validez intrínseca y necesaria.' Lo
que se dice es sencillamente que esos principios ideales, ellos por sí. 'So ,_os, ,no son
Derecho en el sentido auténtico de esta palabra. Esos principios son los que deben
inspirar y dirigir la elaboración del Derecho; son, consiguientemente además. los cri-
terios bajo cuya luz podemosy debemos enjuiciar críticamente la realidad de un
determinado Derecho histórico. Bien está que se mantenga tina de las tesis llamadas,
más o menos adecuadamente, "Derecho natural". Lo que no es admisible es que se:
piense en serio que esas normas ideales son auténtico _Derecho. Son el norte y guía
que los hombres deben adoptar en la elaboración de sus normas jurídicas. Ahora
bien, Derecho propiamente 10 son tan sólo esas normas fabricadas por los hombres
para regir las relaciones sociales de una colectividad política en un cierto lugar y en
una determinada época.
Por otra parte, es verdad que tampoco es Derecho un sistema de normas, OI~
puramente ideales, ora elaboradas positivamente por los hombres en' una cierta situa-
ción histórica y de las cuales se predica vigencia formal, pero que en su conjunto
aún no han obtenido realización ,efectiva. es decir, 'lue no son de hech~ •.cumplidas
regularmente. Tales normas carentes de realización fáctica regular no son" Derecho.
'Serán a lo sumo una pretensión d~'Derecho; un propósito frustrado de Derecho, un
intento fallido' de ser Derecho. 'Podrán ciertamente tener forma jurídica, pero no "pisa.
rán de 'Ser meramente Derecho imaginado, una fantasía de Derecho, pero no Derecho
en la significación genuina de esta 'palabra. "~~ "O<" '"; '. -. ',' , . , ',o

"El Derecho es una obra hümana,'uno de los productos de la .:cuitura. PO,! con-
'siguiente, el Derecho, brota en unos especiales hechos de ;Ia\ realidad humana ·sbéi.-iJ,
• '. ,'. >" •. " ... " l.'. \
Como tal obra humana o producto de "cultura, el Derecho trasciende los [imites
domésticos de esa- realidad para apuntar necesariamente" esencialmente, hacia urios
valores. Los hombres hacen Derecho porque tienen necesidad de él; lo hacen :11
estímulo de unas necesidades, y apuntando a la consecución dé '9nos ptopós;~os ct.;!J
cuyo cumplimiento satisfacen esas urgencias. Pero eso que hacen de tal modo lohacen
esencialmente queriéndose orientar hacia la realizatión de unos valores; porlcjcrri-
plo, la justicia. En toda acción human~:"Jo' mismo -que :e~ todo producto le"'ésta;·.cl;
toda obra de cultura, late esencialmente la referencia a un valor, el propósito de' real.
lizar ese valor. Tal" propósito podrá tener é; no tener éxito; o tenerlo en mayor ~)
menor proporción, ,pero' existe' siempre esencialmente como :propósito. Entonces ¡¡J.
sulta CJue al estudiar la'" realidad' del Derecho no se puede prescindir de reconocer
que Jos hechos que integran tal realidad poseen necesariamente una dimensión-de
referencia a valores. . ..: > I . .,' l' " \ 'J'" ')

Esa realidad que, constituye el' Derecho y 'lue 'posee la ~Iiroensión de ref~d~se
el
a _valores, tiene' forma normativa. O ~ea,' Derecho es ,1~oi-;li~, conespechlJ~ t~r:l(~
teristicas, elaborada por los h(JlJlbr~s con el propósito. 'de realizar 'U110S 1Jf:!O;';s. ,.1 , -
En esta concepción se conservan las tres 'dimensiones de las ~ que se ha venid.
hablando '-"t'tdOl', 'norma:y berbo-c-, pero indisolublemente unidas entre sí en ,,.e(I/.
clones de' esencial implicación. El" Derecho' no es un' valor puro, ni es"üna mer.
norma con ciertas características especiales, ni es un 'simple hecho"~social' cori n6'ta~
p~rt¡cuIar~':"Derech6 es una ob-ra humann social 'rherh¿i de forma iio;mátit;~ enea-
'mináda tÍ la realización 'de unos''tf;~lore:f.~· "',,'f''t -t -: "1,. ~ Ef) t ' " , •
160 TRES PUNTOS DE VISTA PERO REClPROCAMENTE SOLIDARIOS

Claro que, por poseer esas tres dimensiones, aunque unidas inescindiblemente
por una triple reciprocidad. el Derecho puede ser estudiado desde tres puntos de
vista. Puede ser estudiado como valor (desde el -punto de vista de la axiología);
puede ser estudiado también como norma vigente, y puede ser estudiado además
como hecho. Ahora bien, aunque se reconozca la posibilidad de estos tres enfoques,
cabe preguntar hasta qué punto pueda existir una total independencia entre dichos
tres ángulos, O si, por el contrario, siempre habrán de mediar recíprocos enlaces
entre ellos.

5. TRES TIPOS DE ESTUDIÓ SOBRE EL DERECHO EN EL PLANO FILOSÓFICO


y TRES TIPOS EN EL PLANO EMPÍRICO.

La existencia de esos tres puntos de' vista (como valor, como norma y como
hecho) ha dado origen a tres tipos diferentes de estudios jurídicos, cada uno de los
cuales a Su vez puede desenvolverse en dos distintos planos, en el plano filosófico
y en el plano empírico o positivo:'
El estudio del Derecho corno. valor, en el plano filosófico, suscita la Estimativa
O Axiología jurídica, es decir) la consideración del tema tradicionalmente llamado del
"Derecho Natural"; y en el plano empírico suscita el establecimiento de directrices
para la Política del Derecho, "es decir, para la aplicación de los criterios estimativos a
la elaboración práctica del Derecho.
El estudio del Derecho en su aspecto de norma ha dado lugar, en el plano
filosófico, a la Teoría Fundamental o General del Derecho (por ejemplo la Teoría
Pura del Derecho, de Kelsen); y en el plano empírico o positivo origina la llama-
da Ciencia Dogmática o Técnica del Derecho positivo.
El estudio del Derecho como una especial clase de hechos sociales, como una
especial clase de obra humana) lleva en el plano filosófico a la elaboración de
una Culturología Jurídica, como la llama Miguel Reale,» cs decir, a una doctrina
del Derecho como objeto cultural, como producto de vida humana objetivada; y en el
plano empírico conduce, por una parte, a la Historia del Derecho (descripción de rea-
lidades jurídicas particulares), y, por otra parte, conduce a la Sociología del De-
recho, esto CS," a la investigación sobre tipos y regularidades de los fenómenos
jurídicos.
Esa clasificación doblemente tripartita (en el plano filosófico y en el plano
empírico) de las disciplinas jurídicas puede ser útil a los menesteres de la 'exposi-
ción y del estudio, sencillamente porque a veces no es conveniente, y acaso ni siquiera
posible, ocuparse de todos los aspectos a la vez. En este sentido, una correcta división
y distribución de los temas de estudio puede resultar plausible. Pero la verificación
de la variedad de puntos de vista desde los cuales puede ser contemplado el Derecho
plantea un inquietante problema: el ya mencionado problema de saber si es posible
hablar del Derecho en términos generales, como de un objeto único, perfectamente
identificado; o si, por el contrario, la palabra Derecho es multívoca y contiene re-
ferencias a objetos diferentes" (valores" normas>".. hechos}.
Ahora bien, ya he mostrado cómo no sólo se puede, sino que además se debe,
supera~ aquella triple equivocidad, porque el Derecho, en el sentido propio y genuioo
ESENCIALES IMPLICACIONES JU¡OPROCAS ENTRE tos TRES ESTUDIOS 161

de esta palabra -y, por tanto, de este ooncepto-c-, es una obra 'humana, es un
producto de cultura, y por ende es histórico, de forma uormativa, y con vigencia
dada por el poder público, obra humana que aspira a realizar en la vida social DAOS
determinados valores. Consiguientemente, el Derecho posee tres dimensiones: hecho,
norma y valor. Pero esas tres dimensiones no se dan como tres objetos yuxtapuestos,
sino que, por el contrario, son tres aspectos esencialmente entrelazados, de modo
indisoluble y recíproco.
Ahora bien, este problema sobre la realidad del Derecho, problema que a la
luz de Jo expuesto anteriormente parece solventado de modo satisfactorio, tiene otra
versión en el campo del conocimiento: ¿puede haber tres disciplinas filosóficas dis-
tintas e independientes, y además tres disciplinas 'cienttficas también diferentes y
autónomas, una disciplina separada para cada una de las tres dimensiones (valor,
norma, hecho)? Es decir, se pregunta si cada una de las tres disciplinas filosóficas
sobre ~1 Derecho puede constituirse con independencia de las otras dos, y si cada
una de las ciencias jurídicas empíricas puede desenvolverse sin tomar en consideración
las otras dos.
El planteamiento de este problema en el campo del conocimiento no supone
poner en duda que, para los efectos de un' buen orden en. la investigación y en el
estudio, pueda adoptarse como predominante cada uno de los tres puntos de vista
en tres sucesivos estudios. Lo que se pregunta es otra cosa: se pregunta si al adoptar un
punto de vista cabe prescindir de los otros dos, o si, por el contrario, un punto
de vista puede ser considerado sólo de manera preponderante, sin que esto excluya la
necesidad de enfocar en perspectiva secundaria los otros dos. .
Es decir, se pregunta si, por ejemplo, al estudiar el Derecho'como norma humana
positiva, sea en el plano filosófico -Teoría Fundamental o Genef'fli. del Derecho-
.o sea en el plano empírico -Ciencia Dogmática o Técnica del Derecbo-:--, se debe
hacer por entero abstracción de los valores, y se debe además dejar por entero a un
lado el estudio sociológico del Derecho; o si, por el contrario, aunque sea admisible
y aun conveniente, en uno de los tratados, el estudiar el Derecho predominantemente
como norma humana positiva, al hacerlo así, sin embargo, no cabe prescindir de
tener a la vista que esa norma humana positiva apunta a la realización de determi-
nados valores, ni cabe tampoco olvidar que esa norma ha sido engendrada por una
cierta realidad social y con el propósito de remode1ar esta realidad.
Análogamente se pregunta si, al estudiar el Derecho desde el punto de vista
de los valores, bien en el plano filosófico -Estimativa o Axiología ]urídica-,
bien en el plano empírico -Política del Derecho-, se pueda prescindir de tener
siempre a la vista que se trata de considerar- unos valores en cuanto de ellos se
siga inspiración para elaborar unas normas humanas con vigencia estatal en una
situación bistórica de hecho y para imperar sobre esta situación; o si, por el contra-
rio, en ese estudio axiológico, sea filosófico en términos generales, sea empírico
para la directa aplicación práctica de los criterios valoradores a una determinada
circunstancia concreta, haya que incluir necesariamente la referencia a la normatividad
humana, y también la referencia a Jos hechos de los cuales brota el Derecho y sobre
los cuales quiere éste revertir en acción estructurante :o modeladora.
Y, por fin, de modo paralelo se pregunta también si al estudiar el Derecho
en cuanto a su dimensión fáctica, ora en el plano filosófico -Cultur%gla ¡úr/-

11
162 . ESENCiALES IMPLICACIONES RECIPROcAs ENTRE LOS TRES ESTUDIOS

dica~,- ora. en el plano empírico -Historia· 'del Derecho y Sociología del Derecbo-s-,
se pueda tratar aquellos hechos pura y simplemente COn hechos, o, si por el contra-
rio, sea ineludible advertir que tales hechos' poseen esencialmente atrás dos dimcn-
sioneS: 'la-dimensión de constituir normas, y la dimensión de referirse' intencionalmente
a valores con el propósito de realizar directrices axiológicas.
L Después de todo 10 expresado anteriormente, parece claro que se debe contestar
esas tres preguntas negando en cada una de ellas el primer extremo de la alternativa
-posibilidad· del quetada uno de esos conocimientos se constituya y desenvuelva
con independencia frente a los otros dos- y afirmando el segundo extremo -----es
decir, sosteniendo' que no es' posible abstraer tajante y totalmente una dimensión
frente a las otras dos. l.

1- Para .lograr un mejor orden en el estudio y una mayor meticulosidad en el


análisis, puede convenir que elaboremos, lo mismo en el plano filosófico que en
el plano científico-empírico, tres distintas disciplinas sobre el Derecho.
. El Derecho, como norma humana con vigencia formal, será estudiado [ilosá-
[icamente por la Teoría General o Fundamental del Derecho, y cientijicamente será
estudiado por la' Ciencia Jurídica Dogmática o Técnica de las diversas partes de un
orden juridico positivo. I ,~ •

El Derecho, considerado como un conjunto de peculiares hechos humanos so-


ciales, será cstudiado}ilosóficamente por la Cslturologia Jurídica, y científicamente
por la: Sociología del. Derecho, eri términos -gene'rales, y por la Historia del De,
recbo, en sus concreciones' partirulares.· .
Los temas axiolágicos sobre el Derecho serán estudiados, filosóficamente, por la
Estimativa [nridica, y en' manto a' las aplicaciones concretas y particulares, por la
I

Política del Derecbo.Ó , '. ; '.',' 'v '1).: .' ......


Pero, y es importante acentuar esto. enérgicamente, todas esas díscíplinas que
pueden ser relativamente distintas: no deben de ningún' modo aspirar a constituirse
por entero como independientes. Por el 'contrario: .entre los tres puntos de vista
median esencialmente recíprocas conexiones, las cuales deben reflejarse por necesidad
en cada una de esas d.isciplinas.· ~
- Cuando la Teoría Generar o ·Fundamental del Derecho contempla éste como -un
conjunto de normas humanas vigentes, apoyadas por el podet público, podrá dedicar
a este aspecto un estudio más extenso y Un examen más minucioso; pero tendrá 'que
percatarse que este aspecto incluye en escorzo la referencia esencial a los hechos de
Jos Cuales brotaron: tales normas y hac.a los cuales ellas se encaminan, así como tam-
bién ' la "necesaria- 'referencia. a las valoraciones en que tales normas se inspiran. Así;
por 'ejemplo, la !eoría Generar o Fundamental del Derecho dedicará atención pre·
ferente: al' aspecto' normativo del orden jurídico; pero deberá también aludir a los
hechos en los cuales 'se gestan las normas y a las realidades sociales que 'las normas
quieren regular.vPor otra" parte, la Teoría General o Pnndemental' del Derecho no
?efinirá ..Jos valores. jürídicos; pero sí deberá ciertamente mencionar que es esencial
a Iastnormas jurjdicas-el'tquerer realizar unos determinados valores, entre ellos, la
seguridad y la l justicia. "En Cambio, la aclaración sobre qué cosa sea seguridad y
sobre qué cosa sea justicia .es remitida a la Estimativa jurídica. .
<' v'Paralelarñente,' la' Ciencia: Dogmática o Técnica del ordenamiento vigente se
desenvolverá' sobre' la <base de un fiel acatamiento a las disposiciones de éste, estu-
E~ENCIALES IMPLICACIONES RECIPROCAS E!'lTRE LOS TRES ESTUDIOS 16~

diándolas como tales normas; pero, puesto que se trata no de normas puramente.
ideales, ni de normas utópicas ni ucrónícasv síno que, por el contrario, se trata de
0C?rmas que fueron elaboradas en una determinada circunstancia histórica, bajo el
estímulo de' las-necesidades de esa situación. y-con" él-propósito de-producir deter··
minado~ efecto's precisamente en esa realidad social, la,'·Ciencia Técnica DogmátiCa"
; , ':""', ' . . .... ..' •. , ' , I '0<,"
. .', .' ." .. . ':,. ~
o
del Derecho vigente, :pa.ra .cnten~cr correctamente el sentido y el alcance de esas B?~~.
mas, deberá .tomarien consideración la realidad social en la que ellas (emergieron.
y también, ytodavla más, la realidad social sobre la' cual van a aplicarse..Además,
por otra' parte, ! la Ciencia Dogmática o Técnica del" Derecho positivo ae~e' iíieludi-
blemerité 'tomar" en consideración y acatar lis v~loraéiones que inspiraq~-el 'o~d'ena!
miento vigente, para entender correctame-nte 'el sentido y alcance de los. preeepto:s;
e «incluso debe acudira criterios' trascendentes 9 filosóficos para colmar los vacíos
del ordenamiento-formulado," cuando .no han. podido ser 'rellenados valiéndosevde
nin ún otro'métodQ," . ' " ".~ú:~J ,1:.: <J, ', ... ' '1 l..~{ ''1
.,gu .. , , , ' , ! . , .. , ....... ~, . .;.< .'~l;,f1~
La .Estimatioa o Axiología Jurídica estudia filosóficamente los valores en los -.q1.Je
el Derecho debe· inspirarse; pero, al' llevar acabo este cometido,« no debe moverse
exdilsi'~an1enfe'~n"la 'región de'la~ 'ideas' axiológicas-',puéas,"sino "que,' por el contra-
,rió'; a.e~e~cónsidéÍ'ar: esos v~l?r.es ¿omq~~íá;s _p'ara, elaborar preCi~a:men~,e Jos contenidos
d~ ~~;·~"orin~, jurídicas, esto es" d~: :up'éieI;to,:,.tipo,e de normas. co~ .especiales.. é~r:iete~
rísticas (por ejemplo. con Ia.riota de impositividad ~ inexorable-o .coercirividad) que
los hombres elaboran para su vida social.' Yvcomo 'quiera que, los .coritenidos 'de esas '
normas en': los-que deben encarnar las exigenétas ,'axiqI6gitás 'se "r~fi~ren: no
~,:"gehe~
ralidades a~stra~~,. ;<;Lfites. 'bien, por el . conr~~rio; a" situ:ls~o~es '.sOc.iales ~,ist6rlcas~~y
particulares,' láEstimatii
• , , .
va Jurídica 'debe terlJI".- e~"cu'enta ·esta
, 1 , . : · __, ,.,'
l-étacióri-'dé
"','
,tasI normas•
f ,~ . . . . . . . . . " .•• ,..... , . . .

ruya elaboración .g~llere.onent¡lr,:"c9,n ~3.$, realidades paraIasque dichas n9rrnas son


proyectadas. La Estimativa-,o. Axiologia '-Jurídica .examinará filosóficamente en térmi-
nos generales-estos problemas.·La Política del Derecho. tratará lde esos-mismos pro-
blemas¡ pero en' los-términósconcretos 'de 'Una .singular ;situación ¡histórica>' I
'. . .; ¡-.•.: ' , •.••. ' ;-, . , ...... , , ,r .,.~ , ¡ ' , . . . . . ,' '> . .', -" ,-
_ La Cnlturologia Jl~r/(!lca contempla" el Derecho "en términos generales" COfI;lO
• . . ',.. '. , ... ,~., r, • • '.' ¡, .-;l' " . . • • . j r
'J '" . • .'

una obra de Vida humana, como :un',;proau~c;> .dé Ja':~.I,t1~Ü·a., ~ S~cfo/~gí~ /.lIr!4.iFd
observa el Derecho en .Ia 'dimensión que- .éste tienes de,' Uf! I hecho .social.vque: es .ele
efecto de otros hechos' sociales ..antecedentes {por·: ejemplo: .creencias morales-y "reli-
giosas, intereses. movimientos 'de opinión pública•. etc.},: y' quea su vea pbia~á 'corno
causa de otros hechos' sociales' " -;, ~
(es . ,deéir,~
' , ' '__ '
estnictúrará
...
. o ·rtiódeIa:'tá
.,..j.' l. .("1;""., .. 't'
\:Ic;teimih·ada~r~rel~
., .,'¡
• "."

lidades colectivas): Pero:.tanto la :.~~lturqlogía,.J.lll:i~j~a\.'S:.9m.o, la Sociología. ~~r\pc;':i


recho, aunque enfoquen' predominantemente las dimensiones fácticas, no -deberán pres-
cindir de tomar en consideración la -dimeásión 'qonnativa" Y';IaI ~~ferentia ,'a":valores':~,
En efecto, para que, por ejemplo, la '~Qci?logíiJ~!ídiC¡('p~;?a" '~¿oiér'j' 'délimitar:
los hechos que· son-su objeto de estudio,' tendrá 'que v,:\.lers~.· deIa ~.ªefini<;j6rf;d.e'J
Derecho como conjunto de normas.xle un, tipo- especial. Es, decirz.'la-Sociología Jurí•.
dica estudiará ~ la . gesta~i6n .Y los" efectos jolarnente ~de )un tipo tespee;ial\?e hechos
sociales,
.
de. los .hechos que,' , se _manifiestan ' ..., ",
'como .'J.rioriri~ ',- con ~·vjgencia.·
,•. I ..r . • '. ¡. ,...
apoyada:' ;,.
y
mantenida por-el poder público-. PO,r_ otra pa.r~e, aqnque en el DerfCh,o~ la Sociología
contemple -preponderantcmente Iaodimensióri ~fáctica; t'Oo'.'püede 'olvidar que'·',esós
hechos, en los cuales el Derecho,' se ,gc'ii~~a y en 'Ios Cuales, de;sb,ués serealiza, incIiiy:en
esencialmente une ·ref~reñcia··'~·iV:l:I<?f~s..e" ,:.,';, ' . . .. _'ij~}{' ,~:~,. . '.'"\;
164 BIBLIOGRAFIA DE SOCIO LOGIA DEL DERECHO

NOTAS

1 He tratado de simplificar la exposición de algunos agudos pensamientos de Carlos


CoSSIO. con el propósito de destacar lo que me "importa aprovechar como complemento de mi
propia teoría. Con ello no trato de complicar la responsabilidad intelectual de mi estimado
colega en el aprovechamiento que hago de este pensamiento suyo, poniéndolo en conexión con
el mío propio. Y para evitar que pueda quedar truncado el sentido y el alcance que CoSSIO
da a su teoría, paso a exponer en breve resumen y con propósito de plena objetividad. su pen-
samiento sobre este punto. CoSSIO considera que el Derecho es conducta, vida humana y, por
tanto, entiende que hay que partir de la experiencia jurídica, de las acciones humanas. Pero
considera que en esto se impone la distinción entre vida objetiva y vida viviente. La valora-
ción jurídica, en cuanto objeto del espíritu, es un sentido o significación; pero, además, es con-
ducta efectiva -vida humana viviente-- .y por eso se historializa; es, por ende, objeto egclógico
y no mundanal. Son mundanales las cosas creadas por el hombre, cuyo sentido se sustenta en
éstas y cuya existencia se da en otro' (el acto vivo de quien la capta); y son egológicas aquellas
m las cuales el sentido se sustenta en lo mismo que le da existencia; en la vida humana vi·
viente, que es lo que sucede con la valoración jurídica (en la mente del legislador cuando
sanciona la ley y en el juez cada vez que la interpreta). Asi pues, la valoración jurídica no
está en la ley en cuanto fórmula gramatical creada, pues, entendida así, en un texto, un objeto
mundanal, es. sólo el lugar de sustentación de otro sentido, del sentido de un concepto norma,'
tivo, pero no el lugar de su existencia. La ley -ccomo valoración jurídica-, es decir, en tanto
que objeto egológico, existe propiamente en el acto del legislador y en el del juez. Cfr. de
CoSSIO (Carlos), La Plenitud del Orden Jurídico y la lnterpretacián de la Ley, 1939; El subs-
Iraio fi/osófiCo de los métodos imerpretaioos, 1940; La valoradón ;urídira y la Ciencia del
Derecho, ,1942; La teoría egoló.gica del Derecho, 1944; El Derecbo en el Derecho [adicial,
1945; Panorama de laTeoría egológica del Derecho, 1949; La Verdad Jurídira, 1955.
2 Cfr. GARCÍA M}.YNEZ (Eduardo), La Definición del Derecho: Ensayo de Perspeaioismo
Jurídico, Editorial Stylo, México, 1948, pp. 9 ss.
3 Cfr. REALE (Miguel), Fi/osofia do Direito, Ed. Saravia, Sao Paulo, 19'3.
" Cfr. REALE (Miguel), ob. cit. Tomo n, vol. 1, pp. 443·530.
lS . Cfr. REALE (Miguel), ob. y lug. cit., en la nota precedente, pp. 283·287.
G Véase RECASÉNS SICHES (Luis), Tratado General de Sociología, 2° ed., donde ofrez-
co un desarrollo sistemático de Sociología del Derecho. Editorial Porrúa, México, 19:58, pp. 468·
472 Y 543-584. A continuaci6n presento una bibllografta complementaría de Sociología del
Derecho, así como de estudios jurídicos en los que se subraya especialmente el aspecto socioló-
gico: NARDI·GRECO (Nardi), Sociología gi",.idica, 1907; VACCARO (Michelangelo), Le hasi
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Como ramas afines y auxiliares de la Sociologfa jurídica hay que considerar las aporta-
ciones de la Historia Universal del Derecho, de la Etnología y de la Ciencia del Derecho com-
parado. En esos campos conviene' tener en cuenta: MAINE (H. Sumner), Ancient Law, 1861,
nueva edición con introducción y notas de F. POLLOK, 1906 (hay trad. esp. de A. GUERRA, Bi-
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LA COSTUMl3RE PRIMITIVA COMO NORMA INDIFERENClAD¿L,


I ~ ~¡.-'. ,n r,- ::1 ¡-:lt ~,' """(''',",
El lenguaje y la' historia .registran diversos tipos de. normas :dirigida..!i a, la- con-
I

dueta humana: Moral, -Derecho, I reglas del .trato.:social. (decencia-tdecorc.icortesla,


ctiqueta.tctc.) I <~preceptQs ,relig¡os,?!i.,' mandatos de ~ pura -fuerza, ';r~gIas~ité_cnicas,- "etc.
Veremos .cémo en. cada unojde esos tiposdc.reglasIateun sentido-diverso; veremos
cómo cada uno de esos tipos I de' normación tiene, esencialmente i una-peculiar inten-
cionalidad; veremos cómo ·,calda tin-o' de.esos-tipos.de 'regula'óón' de la'~oJldl.Jcta lI,~~nta
a unos valores, correspondientes. Indagar la-diferencia esencial entre Derecho-y-Moral,
entre, Derecho 'y ·regla:s -.deltrato- sociaí.ty .entre Derecho y mandatos .de purejfucrza,
consistirá en-explicar-cuál es el peculiar sentido propio.. de _cada.unojde, esos.ripos
de. nprmflS.,. ~.,: ,,--;").(ltT "U')',I¡: w:l1,~' :_'~,., ;""',~;r: :; ~ ,P~I¿J).~';I;' : ',/;'1 ni .
, Pero. no hay-que-confundirIa especial.esenciade.cadauna deesas -normasrf Mo-
ral, reglas .del trato social,.Derechó, mandatos-de .pura fuerza} , con 1~. manifestacío-
nes !l través de las cuales se ·QOS . revelen dichas. normas.';Porque, .segúnse va a ver en
seguida, ocurre que normas porentero distintas, ¡de sentido 'esencialmente diverso.vse
manifiestan lf!e',tI!.aI:lcr<,l' similar. ,:Así, a. través .del. uso, de Ios uscs.vpueden '01anifes-
tarse rlo mismo :pqrmas morales, ~c;o;no .tarnbién .normas r del .trato .social, ,·ct?mo; tam-
bién normas ;jur!ºi(;a~ . .Y,.I~ -normasjjuridicas.jadernás .LQe .hacetseipatentesven -usos
(Derecho consuetudinario}, pueden-manifestarse.x--y se manifiestan' todavla.cn mayor
volumen-e- «mediante- disposiciones '1egislativa,s y .reglamentarias yl médianter-fnllos
de )o? tribunales. Y.rJas, normas .de 1~ -Moral vpueden .manifestarse mucho-más.cpura
y .noblementeu través de .la .conciencie .estr-it.t,~m~ntc~.ind.ivi.duaJ.-·t:1m .t~;;r;I~'! "'Ó"
'. ~o ,.ql;le ~>c;u~re¡:~~ ,-:q~e .h<lbit1.laJ[11epte ,s~el~ fempleflrse.·Jª expresión QS.o -social
pl}ra; significar..,a.q\lel1as normas ·que en, SlI mayor·parte'siglJ~n~,m.a.nifest~dose,·a tra-
vés. de USOS'J,:qu~ ,501) ,las llamadas reglas-del trato -social-'(decoro, !pu~or,r(Qrtesía).
y en tal sentido .~e~tr~ngid.9,.y"pa~tiOllar, secontreponen.esosj'usos, scx:ial~s':n(de1.
decoro, .de Ja cortesla.etc.) a los otros: ripos de normas; .a saber-.a -la.Moral, al De-
recho, etc. ;f.~~~ .nonos dejemos inducir a' error por iese .emplec .UJ1: pg.co.....vago :o
impreciso .de las palabras. .Puede haber ·usos sociales. de -sentidomoral.spuedehaher-'
I?S,-~e sentido jurldico, y.Ios hay .en jnmenso volumen con..sentido 'demeras (egIas~ del
trato. (cortesía., d,~qrO':1'l;lrb¡lr~,¡dad,ietc;), a -Ios ~cu~es~ suele , denominarse- ,p.ur¡¡ y.
simplementeusos-. I'",¡ '{ ,t~)n~':;.()mor1 J!·,j·~,~n~, .,)"1, c' b;.t'lI ...'" ¡:! .'<"'i'".-.t".
~"'1 Y~rnqs t~b~~n.,qq~ ~ay,:usos de:.caráct~f·~np normativQ,í ~.¡ des:i.r,:meros·.:hábitos
168 COSTUMBRE PRIMITNA COMO NORMA IND!FERENCIADA

sociales, que constituyen módulos de conducta sin la pretensión de crear un deber


en los demás. . ,
Así, por ejemplo, no tienen carácter normativo el uso de comer determinados
platos, o el usd de pasear a cierta hora por determinada calle, Pero, en cambio, el
uso del saludo (regla de trato social), el uso de pagar el canon del arrendamiento
rústico en determinada festividad (precepto de Derecho consuetudinario), son ya
alga más que usos, son costumbres a través de las cuales se reflejan formas de vida
con pretensión normativa --del trato, en el primer caso, y del Derecho, en el segundo.
Quede, pues, claro que el uso, la repetición colectiva e impersonal de un com-
portamiento, es una forma de vida ob;etivada y socializada por medio de la cual
pueden manifestarse sentidos muy diversos: sentidos no normativos y sentidos ~or­
mativos; y, entre estos últimos, tanto normas morales, como normas jurídicas. como
normas del trato social. Si bien, muchas veces, se reserve para las normas últimamente
mencionadas (las del trato) la denominación de usos sociales.
La costumbre constituye la dimensión de vigencia efectiva de una norma. Hablo
de vigencia efectiva y no de validez; y aunque ahora no sea el momento de exponer la
distinción entre vigencia y validez, anticiparé que por vigencia efectiva entiendo el
hecho de que una forma objetivada y colectiva de vida humana sea realmente prac-
ticada, sea revivida habitualmente por las gentes del grupo.
La costumhre es la forma de regulación total de la vida humana en las situa-
ciones primitivas. Representa la fuente más vigorosa de poder social en los grupos
primitivos, y absorbe casi la totalidad de la vida humana. Adviértase que el primiti-
va apenas cuenta 'con vida individual; vive rígidamente enmarcado en una colectivi-
dad, sin haberse descubierto a sí mismo, casi como mero instrumento de la comunidad.
El progreso se señala siempre por una descolectivizaci6n del hombre, esto es, por un
descubrimiento y liberación de la individualidad. El hombre enteramente socializado,
colectivizado, lleva una existencia parecida a la animalidad, puesto que no es él
quien actúa y vive, sino la colectividad a través de él.
En la infancia de las sociedades, toda norma de conducta se presenta de ordi-
nario bajo forma consuetudinaria. La costumbre aparece como la instancia regulado-
ra. de toda la conducta. En la costumbre primitiva se involucran preceptos religiosos,
imperativos morales, reglas de trato (decoro, decencia, cortesía, etc.) , preceptos
jurídicos, m6dulos técnicos, recetas médicas, etc. Los hombres primitivos rigen
SU vida casi exclusivamente I?Or costumbres, que para ellos tienen a la vez signifi-
cación religiosa, moral, de decoro, jurídica, política y técnica. Pero claro es que no
distinguen netamente esos varios aspectos: la primitiva costumbre de múltiples y
diversas dimensiones se presenta como algo previo a la diferenciación de éstas, se
presenta como una norma indiferenciada, 'que es todo esto a la vez (Religión, Moral,
decoro, Derecho, técnica, etc.) y nada de eso en particular y con plenitud.
y aun debemos observar que esa primitiva costumbre indiferenciada, n:tás que
como norma, más que como la conciencia de algo normativo, se da como un puro
hecho de poder social irresistible. Es decir, la costumbre, para el hombre primitivo,
representa no tanto la conciencia de un deber ser, sino más bien el carril forzado sobre
el cual discurre por inercia su vida. En sus comienzos. la primitiva costumbre indi.,
ferenciada constituye la realidad de una conducta homogénea y regular de un círculo
social. conducta que se ha producido por un proceso de adaptación irreflexiva, por
COSTUMBRE COMO HABITO Y COMO NORMA 169
neco hábito, en virtud de un seguir el surco por el que se vio marchar a los ano
tepasados y se ve marchar a los contemporáneos del mismo grupo. Diríamos que esa
costumbre, en sus primeras fases. tiene mucho de mero hábito biológico, más que de
vida humana reflexiva y deliberada.
Pero ocurre que de ese hábito, como pura adaptación mecánica, inerte, irrefle-
xiva, se va pasando paulatina y casi insensiblemente a la conciencia de una costumbre
como algo normativo, es decir, como algo que no solamente ha sido y es, sino que
se estima también que debe ser. En el uso primigenio, más que nada por hábito
y por mecánica adaptación, el individuo ni siquiera suele hacerse cuestión de A!,ID-
plir o dejar de cumplir lo habitual, lo usual. Por eso, ni siquiera experimenta ser
objeto de una especial coacción, precisamente por 10 muy fuerte que la coacción es.
Efectivamente, la coacción que dimana del grupo es tan vigorosa, representa una
inserción del individuo en el grupo, tan estrecha" tan fuerte, que al individuo de ordi-
nario no se le ocurre que las cosas puedan ser de otro modo; apenas tiene margen
para pensar que pueda rebelarse, que pueda ocurrir lo contrario de lo que usualmente
sucede. Por ello, casi no existe el sentimiento de un deber; más bien lo que se da es
la convicción implícita de que no se puede obrar más que de aquella manera y no de
otra. Se trata de una adaptación cuasi animal al ambiente. Pero sucede que un buen
día surgen individuos con sentido crítico, los cuales se hacen cuestión del uso tradi-
cional, lo someten a enjuiciamiento, y acaso como resultado de esto se rebelan contra
él. y entonces, al dibujarse el contraste entre el uso y la discrepancia de él, se destaca
una pretensión normativa de aquél, que es precisamente la que ha sido puesta en
cuestión, es decir, entonces el uso aparece como costumbre normativa. Entonces, pues,
se dibuja en la costumbre la expresión de un deber ser ---que estará o no justificado-,
pero que tiene esa pretensión.
Ocurre a veces que el hombre primitivo tiene la creencia de que el uso antiguo
es algo que ha sido aceptado por DiQS o por los dioses, porque si no fuese así se
habría manifestado ya una condenación divina.'
Esta primitiva costumbre indiferenciada ofrece, como decía, una faz tornasolada,
en la que se dan coloraciones religiosas, morales, decentes y jurídicas, Pero ocurre
que, en la involucración de estas dimensiones, a veces prepondera una de ellas;
así, en un grupo y tiempo, la norma indiferenciada se presenta con un sentido pre·
dominantemente religioso; mientras que en otro pueblo apunta con mayor vigor el
sentido jurídico, de suerte que lo moral y lo religioso se presentan como jurificados,
cual sucede en la primitiva Roma; y en las primeras épocas griegas, la norma indio
ferenciada propende a lo moral, de tal suerte que lo jurídico y lo religioso se pre·
sentan como moralizados.
Ejemplos de esta normación indiferenciada los tenemos en el dbarma de los
hindúes, en la themis de los griegos, en el fas de los latinos, en la Sitie germánica.
A medida que el hombre va cobrando conciencia de sí mismo y de las instancias
valoradoras de su vida, van perfilándose también los diversos tipos de regulación de la
conducta: lo religioso en tanto que tal, lo puramente moral, el decoro social, el
Derecho, como diferenciaciones salidas de la primitiva norma global. Ahora bien, no
se trata, en manera alguna, de que cada uno de esos diversos tipos de regulación del
comportamiento tenga un origen empírico, puramente contingente, fortuito, Aunque
en la realidad .de la historia vayan surgiendo de esta manera, se trata de diversas
170 LA PERFILACION' DE LOS, VARIOS TIPOS DE NORMAS

formas de normatividad, cada. una de ellas con una esencia pura y delimitada, que
corresponde a una función especial, necesaria, de la vida humana. Esos diversos tipos
.de n9rmas corresponden esencialmente a diversas funciones necesarias y constantes
de la vida humana. En situaciones primitivas con caracteres rudimentarios, entonces
los varios tipos de normas aparecen también como rudimentarios aspectos involucra-
dos en la costumbre indiferenciada, la cual viene a llenar imperfectamente todas esas
funciones. Pero no es fortuito, según veremos, sino algo esencial, el que en la vida
humana se produzca Moral, Religión, Derecho, decoro, técnica, etc.
. Ahora bien, ocurre que entre todos esos. diversos tipos de normas, cuando ya se
ha operado el proceso de diferenciación, hay uno de ellos que suele seguir manifes-
tándose casi por entero a través de la costumbre, a saber: las normas del trato social
(decoro, decencia, cortesía, urbanidad, etiqueta), por lo cual se las suele denominar
en muchas ocasiones "usos sociales" pura y simplemente. Pero urge no confundir la
esencia de estas normas, su peculiar sentido --que estudiaré más adelante-, con el
hecho de que de ordinario sigan manifestándose de manera consuetudinaria. Esa
forma consuetudinaria no es forzosamente privativa de dichas reglas del trato social,
sino que puede también servir de vehículo a otras; por ejemplo, a las jurídicas (Dc·
recho- consuetudinario) "-.Y,- por otra parte, cabe -aunque no sea frecuente- (lue
algunas normas del trato social obtengan otro medio de expresión externa distinta
de l. costumbre.
Lo que precisa que quede muy claro es que. "cuando de la primitiva norma indi-
ferenciada se han desprendido ya Con sus respectivos' perfiles propios- la moral, y el
derecho, y otras reglas, entonces las costumbres que quedan como residuo. en las
cuales se expresan las reglas del trato social, cobran ya un especial y privativo ca-
rácter, a saber: el carácter propio y esencial de esas normas, del trato. Y, así, aunque
muchos usos sociales representen un residuo de la primitiva costumbre, ya no se
identifican con ella, antes bien se distinguen esencialmente dela misma. Porque la
primitiva costumbre indiferenciada era ciertamente regla del trato social (decoro,
cortesía), pero era también Religión, y era Derecho, y era Moral; y todo ello lo era
no 'plenamente, ni clara y distintamente, sino en confuso embrión. Lo- era todo en
iniciación, en tendencia, en esbozo, pero no era todavía nada en concreto y en pleni-
tud, En cambio, cuando de la primitiva costumbre se han independizado los dogmas
religiosos, los imperativos morales, los preceptos jurídicos, entonces lo que queda como
regla del trato social ya no es nada más que esto, a saber: norma del trato social
(decoro, cortesía, etc.); ya no tiene que ver con la Religión, ni es Moral, ni es
Derecho, sino guc es regla del trato."

NOTAS

1. Cfr. POUNO (Roscoe ) , An Introdnction lo tbe PhiloJophy 01 !AlU, p. 61, Yale Unjo
versity Press. New Haven. 1922, y' cd., 1937.
2 Véase: RECASÉNS SICl:UiS (Luis), Tratado General de Sociología, 21J ed., Edit. Porrúa,
México, 1958, pp. 203 JJ. "i'
CAPÍTULO CiNco

LA DIFERENCIA ENTRE DERECHO Y MORAL

SUMARIO

1. El Planteamiento del Problema. 2. El Punto de Vista de Enjuiciamiento


Plenario de la Vida Humana y el Punto de Vista Relativo a la Sociedad. Sentido
esencial de lo Moral y Sentido peculiar de 10 Jurídico. 3. Inmanencia del Cri-
terio Moral y Bilateralidad del Derecho. 4. Orden Moral y Orden Jurídico.
5. Paz Moral y Paz Jurídica. 6. Fidelidad Moral y Fidelidad jurídica. 7. Quién
es el Motivo de lo Moral y quién es el Motivo de lo Jurídico. 8. Intimidad
de la Moral y Exterioridad del Derecho. 9. Libertad de Cumplimiento en lo
Moral y Necesidad de Realización en lo jurídico. Autonomía del deber Moral
y Heteronomía del deber jurídico, 10. La nota de Impositividad Inexorable
como Característica Esencial de lo Jurídico. 11. Examen Critico de la Discusión
sobre la Coercitividad. 12. El Derecho como M:íxima Forma Social, y la Mo-
ral como Destino Auténticamente Individual. 13. Alcance de la Diferencia en-
tre Moral y Derecho, El Derecho, Orientado hacia Peculiares Valores Éticos, pe-
ro con el Especial Sentido Jurídico.

1. EL PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA.

Decía una vez Romano Guardini, el gran pensador católico: "El sermón de la
montaña es el documento moral más sublime que posee la humanidad; pero, ¡en-
tiéndase bienl, documento moral en el sentido estricto, pues si en lugar de ver en
él una fuente de inspiración rigorosamente moral, tratásemos de tomarlo como di-
rectriz para la organización jurídica o política, perdería su grandeza y se nos apa-
recería como un testimonio de cobardía." Aquí se apunta certeramente a la diversidad
esencial de sentido entre lo propiamente moral y lo 'puramente jurídico. El sermón
de la montaña dice: "Bienaventurados los pobres de espíritu ... Bienaventurados los
mansos ... " Estas bienaventuranzas constituyen la expresión de una directriz de
depuración íntima, de un sentido' de sacrificio interior, de catarsis espiritual, de 50-
juzgamiento de las pasiones para lograr un 'estado sereno del ánimo, en vista' al lo-
gro de la autosantificación. Pero estas máximas morales, de altísimo rango, no pue·
den servir como criterio de inspiración para un ordenamiento jurídico. Este debe
aspirar, no a que los hombres sufran persecución por causa de la justicia, sino' a
procurar el imperio de la mayor justicia que sea posible realizar; y, por ende, el or-
den debe constituir un instrumento -de la lucha por la justicia. Con 16 cual no se
contradice ni se. menoscaba en nada la validez de aquellas máximas estrictamente
morales,' sino que: se muestra tan sólo ·que el mundo de lo jurídico, aunque apunte
172 SE TRATA DE DEFINICION y NO DE VALORACION

también a unos valores que son de carácter ético -lato Jeltsu-, tiene un sentido
diferente del que es característico de la moral en la acepción estricta de esta palabra.
Pero, de otro lado, oírnos frecuentemente apelar al sentido ético del Derecho,
hablar de que el Derecho es algo moral, O por lo menos de que debe serlo.
He aquí, pues, nuestro problema: de un lado parece que el Derecho es algo
esencialmente emparentado con ideas éticas, algo perteneciente al terreno de la Etica;
pero, de otra parte, presentimos que, aunque el Derecho habite en el área de lo
ético. sin embargo, supone una regulación animada por un sentido diferente de
aquel que inspira a la moralidad -entendida esta en la más estricta acepción de la
palabra. Y, en confirmación de esto último, hallamos que la historia del pensamien-
to jurídico nos ofrece una serie de ensayos encaminados a establecer la diferencia
entre el concepto de la Moral y el concepto del Derecho. Y creo poder afirmar que
este tema, después de innúmeras peripecias, llega hoy a un grado de satisfactoria
madurez.
Moral y Derecho SOn dos regulaciones que se dirigen a la conducta humana.
Por consiguiente, parece obvio que una y otro se habrán de inspirar en valores per-
tinentes a la conducta, esto es, en valores éticos. O lo que es lo mismo, que la Etica,
como consideración que abrace los problemas fundamentales del comportamiento
práctico, habrá de ocuparse no sólo de la Moral, sino también del Derecho. Pero
lo que ocurre es que, aun siendo éticos los valores hacia los que apunta el Derecho
y en los cuales debe éste inspirarse, tales valores orientadores de lo jurídico son
diversos de los valores pura y estrictamente morales. Y la diferente Índole de los
valores morales --en la acepción rigorosa y restringida de esta palabra-c-, compara-
da con la índole de los valores que se refieren al Derecho, trae consigo 'lue nece-
sariamente hayan de ser también esencialmente diversos el sentido de la Moral y el
sentido de la norma jurídica.
Pero antes es preciso advertir que aquí me propongo exclusivamente un pro~
blcma de definición esencial, y no el tema de una valoración ideal. Es decir, vamos
a preguntarnos pura y simplemente por el concepto universal del Derecho y por el
concepto universal de la Moral, y no por los ideales jurídicos, por aquello que
deba ser Derecho; como tampoco nos ocuparemos de la Moral pura y auténtica.
Lo que importa aquí es enterarnos de qué se entiende, en términos generales, por re-
gulación moral, y de qué se entiende, en términos generales, por regulación jurídica.
De suerte que la noción de lo jurídico que obtengamos sera aplicable a todos los
Derechos que en el mundo han ·sido, a todos los que son y a todos cuantos pueden ser
en el futuro. Y, de análogo modo, el concepto que logremos de lo moral podrá
referirse a todas las morales que se hayan producido, o se puedan producir. Se trata,
por ende, de una labor que consiste tan sólo en definir los respectivos sentidos gené-
ricos y esenciales de dos funciones de la vida humana -lo moral y lo jurídico-,
sin proceder a la valoración crítica. Entre los muchos Derechos que en el mundo han
sido y son, hallamos normas justas, otras menos justas, y también otras radicalmente
injustas y monstruosas (como, por ejemplo; la esclavitud, las leyes nazis y las leyes
soviéticas). Pero no cabe duda de que esas normas injustas, eual las de la institución
de la esclavitud, pertenecen a la provincia jurídica y no a la religiosa, ni a la artística,
ni a la científica, ni a la deportiva. Se trata de algo que se ha producido bajo forma
jurídica, aunque resulte abominable: es algo que es Derecho vigente en determinado
DIFERENCIA ENTRE DEFINICION y VALORACION 173

momento y lugar, aunque esté injustificado, aunque no hubiera debido ser Derecho.
Pero es algo que sólo podemos entender como algo jurídico -aunque injusto- y
no como obra de arte, ni como producto de la ciencia. ni como religión. Es algo
detestable. vergonzoso, que se presenta como injusto; pero que adoptó la .forma y el
sentido jurídico. De la misma manera hallaremos en la historia convicciones y doc-
trinas morales que reputamos como gravlsimos yerros. como tremebundas dcsviacio-
-.nes de los auténticos valores morales; pero que -aun cuando erróneas-e- pertene-
cen a una intención moral (malograda), tienen el sentido de querer constituir moral
(aunque ese propósito se frustrara) y no Arte, ni Derecho, ni Ciencia.
Claro es que, además, lo moral y lo jurídico pueden y deben ser estudiados, no
ya desde el punto de vista de su definición, sino desde el punto de vista de su va-
. loración, a saber: preguntarnos por cuál es la auténtica moral, la absolutamente
fundada. e interrogarnos por los criterios que deben orientar al Derecho, para que.
éste se halle satisfactoriamente justificado. Ahora bien. dicho estudio constituye un
punto de vista y un propósito .diferente del de una mera definición': constituye un
estudio de Estimativa o Axiología. En cambio, lo que en este momento urge inda-
gar aquí es el criterio que nos permita acotar formalmente el campo de lo jurídico.
delimitándolo del campo de lo moral. Pero en la última parte de este libro plan-
tearé el otro tema, el valorador, esto es, el asunto de una Estimativa o Axiología
Jurídica. .
Los productos jurídicos históricos -tanto el Derecho que rigió o rige, como
las doctrinas sobre el Derecho que debe ser (Derecho natural, Derecho racional. De-
recho .ideal)-. lo mismo que las convicciones y las teorías morales, constituyen fun-
ciones de vida humana, y entrañan, por consiguiente, intencionalidades de valor: de
valores jurídicos los primeros, de valores morales los segundos. Mas para que los
incluyamos, respectivamente, en la denominación de Derecho o en la de Moral, no
precisa que encarnen de un modo positivo los 'valores ideales correspondientes: bas-
ta con que los postulen intencionalmente y ofrezcan las características formales pro-
pias de la especie jurídica los unos, y de la especie moral los otros. Ahora bien. es
cabalmente por estas características por las que nos interrogamos. Hay que pregun-
tarse por cuál sea el concepto universal común a todo fenómeno, a todo pensamiento
jurídico; asimismo, por la noción universal y común a toda concepción y a todo he-
cho morales; 10 cual es Cosa muy distinta de inquirir los ideales correspondientes a
estos dos sectores de la conducta.
Adviértase que Jas palabras "Derecho" y "Moral" son empleadas en dos acep-
ciones distintas, que, respectivamente, coinciden con el sentido de estos dos proble-
mas (el de definición y el de estimación). De un lado, "moral" puede significar el
campo propio de un tipo de normas de conducta -sentido de definición-; por ejem-
plo; tal materia, tal norma perteneció en el pueblo X al campo de la moral. De
otro lado, la palabra moral puede significar un juicio afirmativo de valor ,-una es-
timación positiva-; por ejemplo: la lealtad es moral (buena). Y lo análogo ocurre
con el Derecho: cuando decimos que la esclavitud es una institución de; Derecho re-
mano, entendemos la palabra Derecho como un mero concepto universal definitorio,
que nos permite circunscribir, en las realidades históricas o en nuestras representa-
ciones, aquellas que tienen carácter jurídico. En cambio, ruando se dice "la escla-
vitud no es de Derecho", 10 que se entiende entonces con esta palabra, no es el
174 LA MORAL, CRITERIO PLENARIO DE ENJUICIAMIENTO

concepto de 10 jurídico pura y simplemente, sino la idea de la Justicia, un valor ju-


rídico; esto es, lo que quiere afirmarse es que la esclavitud -a pesar de haber sido
Derecho en ciertos pueblos y épocas- es injusta, es antivaliosa, o lo que es lo
mismo, que no debió haber sido Derecho.

2. EL PUNTO DE VISTA DEL ENJUICIAMIENTO PLENARIO DE LA VIDA HUMANA


y EL PUNTO DE VISTA RELATIVO DE LA SOCIEDAD. SENTIDO ESENCIAL DE LO
MORAL y SENTIDO PECULIAR DE LO JURÍDICO

Recuérdese lo expuesto respecto de que cualquiera de los actos del hombre


constituye un problema y requiere ;ustificarse. Toda decisión precisa una justifica.
ción, necesita quedar justificada ante mí. La vida no puede avanzar, ella no puede
vivir, sino tratando de resolver su propio problema, .las cuestiones que ella se plan.
tea a sí misma, para 10 cual es ineludible que justifique ante sí propia sus acti-
tudes y sus determinaciones. Así pues, parece que la jllsli/icaci6n es un proceso a
que necesariamente se someten todos los actos de la vida. No puede tomar el hom-
bre ninguna determinación que no justifique ante sí mismo. Para actuar, precisa ha-
llar una justificación de sus actos ante sí mismo; 10 cual implica una estimativa, un
conjunto de juicios de valor. Ahora bien, esa justificación puede estar fundada en un
juicio de valor verdadero, o, por el contrario, en una estimación que se apoye sola-
mente en una apetencia o en un momento pasional, que trate de urdir para sí
una apariencia de justificación, una justificación falaz. Este es el proceso que sigue
el pecador, el vicioso, cuando trata de justificar ante sí mismo las faltas que comete,
ruando trata de falsificar su propia vida huyendo de su auténtico destino, cuando tra-
ta de engañarse a sí mismo.
Pues bien, 10 moral consistirá en la instancia de justificación de la conducta
según los valores que deben inspirar el comportamiento, tomando la vida humana
en sí misma, centrándola en su auténtica y más radical significación, atendiendo a
su supremo destino, contemplándola en 'Su propia realidad -que es la realidad in-
dividual.
Decía que todo acto de la vida necesita justificarse ante el sujeto mismo, lo
cual puede suceder que se haga correctamente, según los auténticos valores inspira-
dores del destino humano, o bien falazmente, con error; pero en ambos casos, la
justificación (correcta o incorrecta) se produce con respecto al alcance y a la sig-
nificación que una conducta tiene para la vida del sujeto, a la luz de lo que estime
como su destino.
Pero hay determinados actos o, mejor dicho, hay aspectos del comportamien-
to que por afectar no sólo al sujeto, sino también directa e inmediatamente a otros
sujetos, a la convivencia con los demás, necesitan -además de una justificación an-
te el mismo individuo y para él- también otra clase de justificación, a saber: tina [us-
tificaci6n objetiva respecto de los demás, una justificación que ya no sólo satisfaga
a mi vida.. sino también al otro u otros a quienes afecta mi conducta. Ese punto de
vista según el cual mi comportamiento -en 10 que directa e inmediatamente afec-
ta al campo de acción del comportamiento de otros sujetos-- requiere una justifica.
DIFERENCIA DE SENTIDO ENTRE LA MORAL Y EL DERECHO 175

ci6n respecto de los demás, constituye el punto de vista de objetiva externidad en


que se coloca la norma jurídica.
Las mismas ideas que acabo de exponer como iniciación a la diferencia de pun-
to de vista entre Moral y Derecho, pueden ser examinadas en otras de sus respectivas
vertientes, en cuanto a otros de sus respectivos aspectos. Pero debo advertir que no
se trata de fundar la distinción esencial entre Moral y Derecho, en un determinado
número de caracteres diferenciales, sino de iluminar la diversidad del sentido que
inspira la Moral frente al sentido que inspira el Derecho, desde todos los puntos
de vista en que pueden ser contemplados, y en todas las consecuencias a que dan
lugar. Los muchos caracteres que enunciaré como diferenciales del Derecho, en te-
Iación con la Moral ---objetividad, bilateralidad, heteronornía, fin social, autarquía,
imposición inexorable, etc.-, no son en definitiva dimensiones dispares sumadas,
sino aspectos varios de una misma esencia -de la esencia de lo jurtdico-,-, expre·
siones diversas de un idéntico sentido, corolario o consecuencias que dimanan de
igual principio.
Lo fundamentalj parg comprender bien la diferencia entre la norma moral y
la norma jurídica es que nos percatemos de los diversos sentidos que, respectiva.
mente, animan a una y otra.
La Moral valora la conducta en sí misma, plenariamente, de un modo absolu-
to, radical, en la significación integral y última que tiene para la vida del sujeto, sin
ninguna reserva ni limitación. En cambio, el Derecho valora la conducta desde un
punto de vista relativo, en cuanto al alcance que tenga para los demás y para la
sociedad.
El campo de imperio de la Moral es el de la conciencia, es decir, el de la inti-
midad del sujeto. El terreno sobre el cual se proyecta y quiere actuar el Derecho
es el de la coexistencia y cooperación sociales.
La norma moral valora las acciones del individuo en vista a su supremo y úl-
timo fin; en cambio, el Derecho las, pondera exclusivamente en relación con las
condiciones para la ordenación de la vida social. La moral mira a la bondad o mal-
dad de un acto en términos absolutos, en la plenaria significación que .el mismo tiene
para la vida del individuo, en cuanto al cumplimiento de su supremo destino, en
cuanto a la realización de los valores supremos que deben orientar su existencia. En
cambio, el Derecho no mira a la bondad de un acto para el sujeto que lo realiza,
ni mira al alcance del mismo para su propia vida, sino al valor relativo que tenga
para otro u otros sujetos, o para la sociedad, en cuanto pueda constituir una con-
dición positiva o negativa p3,ra la vida de esos otros sujetos. Además, la Moral
considera enteramente la vida toda del individuo, sin prescindir de ninguno de
sus factores y aspectos, sin excluir nada, y enfocándola en términos absolutos,
radicalmente. En cambio, el Derecho trata tan sólo de hacer posible una armo-
nización mínima de las conductas de las gentes para la convivencia y la cooperación
colectivas, y, por tanto, ese es el único aspecto del comportamiento que toma en
cuenta. El Derecho no se proponc líevar a los hombres al cumplimiento de su supre-
mo destino, no se propone hacerlos radicalmente buenos, sino tan sólo armonizar
el tejido de sus relaciones externas, en vista a la coexistencia y a la cooperación. Y,
por tanto, el Derecho no ordena plenariamente la conducta, sino sólo las vertientes
de la misma que se refieren de modo directo a la convivencia y a la solidaridad.
176 LA D1FERENOA RADICA EN EL PUNTO OE VISTA

Creo conveniente advertir, para que se evite una inexacta interpretación de to-
do cuanto he expuesto, que Con las diferencias establecidas no se trata, en manera
alguna, de dividir el campo de la conducta humana en dos sectores, de Jos cuales
uno se entregue a la Moral y el otro se adjudique al Derecho. No es así; por el con-
trario, todo el comportamiento humano es a la vez objeto de consideración por la
Moral y por el Derecho, si bien desde diverso punto de vista y, además, atendien-
do a diferentes aspectos del mismo. ASÍ. por ejemplo: en algunos sectores del com-
portamiento, la Moral impone una conducta positiva (v. gr-, que sinceramente nos
afanemos por hallar la verdad), y, en cambio, el Derecho garantiza todas las po.-
sibilidades como esfera de libertad, como franquicia. como zona exenta de la in-
tervención de todos los demás (libertad de conciencia y de pensamiento). Así tam-
bién, por ejemplo: en algunas situaciones, la Moral prescribe una conducta deter-
minada (v. gr., en materia sexual), en tanto que el Derecho se limita a prohibir
determinados actos (violación, abuso de superioridad, etc.), y garantiza corno jurl-
dicamcntc lícitos todos los demás, entre los cuales pueden figurar algunos que sean
moralmente abominables. Pero es que, como ya decían los antiguos, no todo 10 que
es jurídicamente lícito es moralmente bueno (non omne oaod licet bonesnan est).
Véase aquí, pues, cómo la Moral. que pretende realizar un valor absoluto, determina
cuál es la conducta buena; mientras que el Derecho. que no pretende ser nada más
que un medio para la sociedad, se limita en algunos casos a establecer una zona
dentro de la mal el sujeto puede moverse sin trabas, porque su comportamiento den-
tro de la misma, bueno o malo, no afecte directa e inmediatamente a los demás.
No hay contradicción entre la Moral y el Derecho que pertenezca a un mismo sis-
tema ético. La habría si el Derecho ordenase hacer algo prohibido por la Moral.
Pero no la hay si el Derecho, simplemente, delimita como libre una cierta esfera'
de comportamiento con varias posibilidades, dentro de las cuales cabe realizar lo
mandado por la Moral.
Ocurre también a veces que respecto de la misma situación, Moral y Derecho
prescriben comportamientos similares, pero que, 'Sin embargo, esos dos preceptos, a
primera vista parecidos, tienen sentido y alcance distintos, como cuando, v. gr., ambos
imponen una prestación en favor del prójimo, sólo que reclamando la Moral una
actitud de caridad, y exigiendo el Derecho meramente una realización objetiva. Esta
diversidad de punto de vista, este sentido dispar de la regulación jurídica. en corn-
paración con la moral. no implica. en manera alguna, contradicción entre ambas. ni
oposición, dentro de un mismo sistema (positivo o doctrinal). Se trata simplemente
de que la norma moral y la norma jurídica, aunque ambas se inspiren en valores
éticos, tienen un diverso sentido. Y este diverso sentido dimana precisamente de que
son diferentes los valores éticos que inspiran la norma moral de aquellos otros Ciue
inspiran la norma jurídica. \

3. INMANENCIA DEL CRITERIO MORAL Y BILATERALIDAD DEL DERECHO.

La moral considera Jos actos humanos en relación con el sujeto mismo que
los cumple, determinando entre los actos posibles de éste cuál es la conducta debí-
da: selecciona entre las posibilidades del comportamiento aquellas que son "debidas
DERECHO ES COORDINACION INTERSUBJETIVA DEL OBRAR 177

o son lícitas, y las opone a aquellos otros comportamientos posibles, pero indebidos,
ilícitos, prohibidos. El Derecho, en cambio, pone en referencia los actos de una per-
sona con los de otra (u otras), estableciendo una coordinación objetiva bilateral 'o
plurilateral entre el obrar de uno y el obrar de Jos otros, de modo que Ja posibili-
dad debida o lícita de un acto en un sujeto supone Ja facultad de éste de impedir to-
das. aquellas conductas de los demás que resulten incompatibles con el acto que él
puede o debe lícitamente realizar. Y, viceversa, la prohibición a un sujeto de cier-
to comportamiento se funda en que éste resulta incompatible con la conducta debida
o lícita de otros sujetos.
Del Vecchio da una caracterización magistral de la diferencia entre la Moral
y el Derecho desde este punto de vista. "Un principio ético se traduce en un doble
orden de valoraciones, porque los actos que trata de valorar pueden considerarse ba-
jo dos aspectos. Los actos humanos pueden considerarse, ante todo, en relación al
sujeto mismo que los realiza. Todo sujeto en un momento dado puede cumplir esta
o aquella acción, 'Todos los actos para un sujeto dado pueden representarse como
convergentes en él. Entre esas varias posibilidades prácticas subjetivas, una sola será
la prescrita, la que resulte conforme con el principio, y todas las demás quedarán
excluidas, por no ser compatibles con la primera en el mismo sujeto. Se ve, pues, que,
hasta aquí, la elección ele acciones a realizar y la omisión de aquellas otras que serían
físicamente posibles en lugar de las primeras, es algo que pertenece al campo subjeti-
vo y se ...realiza dentro de él. El principio ético, aplicado en tal forma, establece, pues,
un orden de necesidad, positiva y negativa, que es cabalmente el deber (moral). L~
antítesis se da, pues, aquí, entre aquello que se debe hacer y aquello que no se de-
be hacer. Debe tenerse presente, sin embargo, que estos dos términos se refieren amo
bos siempre al sujeto mismo. Pero las acciones humanas pueden además ser consi-
deradas bajo otro aspecto: una determinada acción, en lugar de ser parangonada
con las demás acciones del mismo sujeto, puede compararse o ponerse en relación
con los actos de otros snjetos. Así se establece una consideración objetiva del obrar:
y en correspondencia con los términos cambiados de la relación, varía también la
forma de las normas de la conducta. La relación es compatible entre acto y acto; se
dibuja aquí con perfiles distintos de los que adquiere en la valoración moral; la in-
terferencia se determina aquí en forma objetiva, además de subjetiva. A la acción
ya no se le contrapone sólo la omisión (por parte del mismo sujeto), sino el impe-
dímento (por parte de otros). La delimitación se refiere aquí al obrar de varios su-
jetos. Si se afirma que una determinada acción es, en este sentido objetivo, confor-
me al principio ético, con esto se afirma solamente que por parte de otros sujetos
no debe ser realizada una acción incompatible éon ésta: Lo que un sujeto puede hacer
110 debe ser impedido por otro sujeto. El principio ético, pues, en esta forma, tiende
a instituir una coordinación objetiva del obrar, y se traduce en una serie correlativa de
posibilidades e imposibilidades de contenido con respecto a varios slljetos. Esta coor-
dinación ética objetiva constituye el campo del Derecho. De un mismo principio,
según su diverso modo de aplicación, se derivan las dos especies fundamentales de
valoración del obrar; que son cabalmente las categorías éticas de la Moral y el
Derecho." 1
178 ORDEN, PAZ Y FIDELIDAD, EN DERECHO Y J:N MORAL

Carlos Cossio y otros autores de la escuela egológica -por ejemplo: Enrique


R. Aftalión, Fernando García Olano y José Vilanova- han insistido sobre este
punto de que el Derecho enfoca la conducta humana desde el punto de vista de la
interferencia intersubjetiva, o sea objetiva.

4. ORDEN MORAL y ORDEN JURÍDICO.

Tanto la Moral como el Derecho se encaminan a la creación de un orden; pero


es diferente el orden propio de la Moral del orden propio del Derecho. El orden
de la Moral es el que debe produci.se dentro de la conciencia, dentro de la inti-
midad, entre los afanes, las motivaciones, los afectos, etc.; es el orden interior
de nuestra vida auténtica; es decir, de la vida que cada' cual vive por su propia
menta, de modo intransferible. En cambio, el orden que el Derecho trata de
crear es el orden social, el orden de las relaciones objetivas entre las gentes, el
orden del entresijo compuesto por las vinculaciones entre los varios sujetos; en su-
ma, .el orden de las estructuras colectivas, el orden del tejido en que se enlazan y
condicionan mutuamente de un modo objetivo las conductas de los varios sujetos.

5. PAZ MORAL y PAZ JURÍDICA.

Empleando sólo a título de ejemplo singular una expresión estimativa, podría


decirse que la Moral aspira a crear una situación de paz; pero su paz es la paz in-
terior. También el orden jurídico pretende establecer una situación de paz, pero su
paz es la paz externa de las conexiones colectivas, es la paz exterior de la sociedad,
es la paz que deriva de una regulación segura y justa.

6. FlOELIDAD MORAL y FIDELIDAD JURforCA.

La Moral nos pide que seamos fieles a nosotros mismos, que respondamos autén-
ticamente a nuestra misión en la vida. En cambio, el Derecho nos pide sólo una íí-

delidad externa, una adecuación exterior a. un orden establecido.

7. QUIÉN ES EL MoTIVO DE LO MORAL y QUIÉN ES EL MoTIVO DE LO JURfOlCO.

Podemos contemplar también la diferencia entre Moral y Derecho, fijándonos


en cuál es el sujeto que, respectivamente, encarna en una y otro la finalidad de la
norma; o dicho en otras palabras, cuál es el sujeto por razón del cual se da la nor-
ma, y cuál es el sujeto por razón del cual se establece el precepto jurídico. En la
Moral, el deber se impone por razón del sujeto a cumplirlo, porque se estima que
tal conducta constituye condición para el cumplimiento del fin del hombre. En cam-
bio, el .precepto jurídico se dicta no en consideración de la persona que debe cum-
plirlo, sino de aquella otra persona (titular de la pretensión) autorizada para exigir
MOTIVO DE LA MORAL Y MOTNO DEL DERECHO 179
el cumplimiento de una conducta ajena, en su propio beneficio o en el de la sociedad.
Es decir, la Moral se orienta directa e inmediatamente hacia el sujeto obligado; ,:le
propone pura y simplemente que éste cumpla la norma, porque este cumplimiento
constituye la realización de un 'valor en la vida del sujeto y para la vida de éste.
En cambio, el Derecho no se establece para que el obligado realice, mediante su cum-
plimiento, un valor moral, sino únicamente para asegurar a otra persona o a la
sociedad un determinado beneficio.
Así sucede que en la Moral no existe propiamente un sujeto titular de una pre-
tensión frente a la conducta del obligado "':-pues cuando para caracterizar la función
de Dios en la moralidad se habla de los "derechos de Dios", esto constituye una
expresión metafórica para expresar una idea metafísica de dependencia radical, que
es por completo diversa a la de la relación jurídica: ya que el vínculo entre el hom-
bre y Dios jamás sería una relación "jurídica". sino una relación de absoluta depen-
dencia. En Ja Moral hay deberes pura y simplemente; en el Derecho, en camb:o, Jos
deberes jurídicos tienen siempre el carácter esencial de una deuda a otra persona. Se
establece un deber jurídico para un sujeto, porque y en tanto que se quiera autori-
zar o conceder a otro la facultad de exigir ciertos actos u omisiones del primero. El
deber jurídico de un sujeto es el medio para atribuir determinadas posibilidades o
facultades a otros sujetos. Cuando se impone un deber jurídico a un sujeto, no se
piensa en éste, no se hace para un fin de éste. sino para servir a otro sujeto, que es
el que ha de resultar autorizado a pretender el cumplimiento de la obligación del
primero. Y, así, cabe decir que el sujeto final de la Moral es el obligado, mientras
que, por eJ contrario, el sujeto final del Derecho no es la persona obligada, sino
otro sujeto, a saber: la persona pretensora o autorizada, la que tiene la facultad de
poder exigir de la obligada el comportamiento que estatuye Ja norma.
Aunque a veces pueda parecer a primera vista que hay normas morales y nor-
mas jurídicas que imponen los mismos deberes, la verdad es que media una di-
ferencia entre el sentido de las unas y el de Jas otras. Así, por ejemplo, la Moral
ordena al deudor que satisfaga al acreedor lo que le debe, de acuerdo con lo esti- .
pulado en un contrato licito, y el Derecho preceptúa también el pago de la deuda.
Sin embargo, no coincide el sentido o alcance de lo mandado por la Moral con el
de lo prescrito por el Derecho. La norma moral, al ordenar el pago, lo hace para
conseguir la bondad y pureza de intención del sujeto, para que éste no se deje arre-
batar por una pasión de codicia, o por una pasión de hostilidad, para .que no agravie
un principio cuyo cumplimiento es necesario a la honestidad de la persona íntima.
De aquí, que si el sujeto paga, pero al hacerlo maldice íntimamente a su acreedor,
la norma moral no ha sido cumplida, antes bien, transgredida, porque ésta reclama
ante todo una pureza de intención. Y si quiere de buena fe pagar, pero no puede
hacerlo, no se ha violado la moral. En cambin, el Derecho ordena el pago sencilla-
mente para; que el acreedor cobre, para garantizar', aiste algo que se estima en jus-
ticia como suyo: Así, en Derecho, no basta con tenée la mejor de las intenciones res-
pecto del acreedor, sino que es necesa_~io pagar.
A veces puede haber discrepancia, aunque no contradicción, entre lo ordenado
por Ja Moral y Jo dispuesto por el Derecho, aunque estén .inspirados aquélla y éste
en un mismo sistema de valores. Así, por ejemplo, pensemos :~n el siguiente caso:
Un padre otorga testamento ~lógrafo en presencia de su único hijo; instituye a éste
180 POSIBILIDAD DE DISCREPANCIA PERO NO DE CONTRADICCION

heredero y le ordena varias mandas o legados en favor de otras personas; pero ig-
norante de que para que el testamento ológrafo tenga validez precisa que todo él
sea escrito de puño y letra del restador, según lo dispone la legislación de algunos
países, 10 mecanografía y se limita a suscribirlo con su firma. Fallecido, el testamento
no puede ser protocolizado, por estar afectado de un vicio formal de nulidad. La
norma jurídica determina esa nulidad, porque se inspira en la urgencia social de
certeza y seguridad en las relaciones interhumanas, en beneficio de la paz colectiva.
Pero, en cambio, no hay duda de que, -aunque füCídi¿-amentc_ ese testamento sea nulo,
el hijo, quien entonces sucedería- a su padre como heredero abintestato, tendría el de-
ber en conciencia de cumplíe-Ias mandas o legados que su padre quiso efectivamente
disponer. Hay notoria discrepancia entre lo dispuesto por el Derecho y lo mandado
por la Moral; pero no hay contradicción, pues el primero no se opone a que cumpla
con la segunda.

8. INnMIDAD DE LA MORAL y EXTERIORIDAD DEL DERECHO.

Desde otro punto de vista, resulta que, en virtud de que una conducta es esti-
mada moralmente en cuanto al valor que tenga de un modo absoluto en la vida de
su autor, y, en cambio, en virtud de que es estimada jurídicamente en cuanto se
pondera su significación para la comunidad social, se deduce que el punto de par-
tida de la regulación moral es diverso del punto de partida de la regulación jurídica.
El punto de partida de la regulación moral es el campo de las intenciones, el ámbito
de la conciencia, la raíz íntima del obrar, su fondo interno; y, por el contrario, el
momento de arranque del Derecho, y su centro de gravitación, es el plano externo
de la conducta, es la dimensión exterior de los actos.
Adviértase que no se trata de dividir -lo cual sería falso- las acciones hu-
manas en internas y externas y atribuir las primeras a la Moral y las segundas al
Derecho. Sería un error dividir la conducta en dos clases, una interna y otra exter-
na, pues todo comportamiento posee ambas dimensiones, a saber: una raíz íntima y
una expresión externa. IncIuso el mundo de aquel comportamiento que parece P'"
ramente íntimo, como mis pensamientos, va acompañado de resonancias expresivas
corporales (por pequeñas que éstas puedan ser). y no hay comportamiento humano
exterior que no posea una raíz íntima (pues cuando ésta no se da, entonces no se
trata de una conducta humana, sino de un hecho biológico que ocurre en el cuerpo).
No dividimos los actos en internos y externos -pues toda conducta posee am-
bas dimensiones-, sino que lo que hacemos es distinguir entre la raíz interna y el
aspecto externo del comportamiento.
Tampoco en este momento trato de formular valoraciones, de establecer una
"directriz estimativa ---es decir, no trato de determinar ahora lo que puede ser con-
tenido de una obligación jurídica y aquello otro que no debe Ser regulado precepti-
vamente por el Derecho (por ejemplo, el mundo de la" conciencia religiosa y del
pensamiento)-. Trato tan sólo de mostrar que el sentido de toda regulación moral
apunta a la intimidad de los actos, en tanto que, por el contrario, el sentido de toda
regulación jurídica mira prepondcrantemente a la faz externa de la conducta, y se
centra "en esa exterioridad. Y si bien es de hecho posible -aunque resulte monstruo-
so y abominable-- que un sistema jurídico se meta a regular el santuario de la con-
INTIMIDAD DE LA MORAL y EXTERIORIDAD DEL DERECHO 181

ciencia (recuérdese la Inquisición, y también el nazismo alemán, y el totalitarismo


soviético) J sin embargo, aun en tales casos resulta que el Derecho parte de signos exte-
riores de conducta -puesto que es de todo punto imposible el penetrar auténticamente
en la intimidad ajena- y persigue 'la herejía no como proceso íntimo de conciencia,
como inmoral, sino por motivo de las consecuencias sociales y políticas que se le atribu-
yen; en swna, es externo el comportamiento valorado y es también de índole exterior el
supuesto fundamento (detestable e injusto) que se aduce. Y por lo que respecta a la
Moral, aunque ésta a veces pondera también el éxito ~externo de la conducta ---en
tanto que crea el deber no sólo de una buena intención, sino además el deber del es-
fuerzo positivo para el logro de un determinado comportamiento-, sin embargo, la
Moral gravita siempre hacia la raíz interna, pues en definitiva, incluso en el caso
citado, atiende a lo que el sujeto quiso ¡xmer como esfuerzo y no a la resultante
externa. Así pues, puede afirmarse con toda exactitud que el Derecho parte siempre
del aspecto externo de la conducta, y que se c.entra en torno al mismo.
Ahora bien, esa dimensión de exterioridad del Derecho no quiere decir que
necesariamente haya de prescindir de todo ensayo de considerar las intenciones.
Aparte de que, como acabo de recordar, la historia jurídica nos ofrece casos en que
se han regulado tales intenciones (aunque unas veces haya sido esto con abominable
agravio de la justicia, como cuando se ha negado la libertad de conciencia); vemos,
también, cómo el progreso del Derecho penal ha traido consigo la distinción entre
dolo (daño intencional) y culpa (daño por imprudencia), y la ponderación de
una larga serie de circunstancias qpe modifican la responsabilidad criminal; y, ve-
mos, asimismo, que en el Derecho privado (civil y mercantil) se han ligado justifica-
damente a la intencionalidad determinados efectos. Pero todo ello en nada contra-
dice la dimensión de exterioridad del Derecho; porque cuando el Derecho considera
el aspecto intencional de los actos, lo hace en la medida en que (certera o erró-
neamente) considera que esa intención tenga consecuencias directas e inmediatas
para la sociedad, es decir, en tanto en cuanto cree que el estado de conciencia en
que se ha originado la conducta tiene un inmediato alcance para Ia vida social, y
no -lo hace desde el punto de vista de una pura valoración moral de bondad o de
maldad. Por ejemplo, es mucho más temible y mucho más dañino, y mucho más
peligroso para la sociedad, el asesino intencional que quien mató por imprudencia
temeraria (v. gr., sin querer hacerlo, cuando limpiaba una pistola).
Cuando el Derecho quiere tener en cuenta las intenciones, tiene que juzgar so-
bre éstas, partiendo de los indicios externos del comportamiento, pues otra cosa no
es posible. ya que a ningún humano le es dado transmigrar al alma del prójimo para
ver directamente 10 que en ella ocurre.
Así pues, resumiendo, cabe decir: 19 El Derecho enfoca primeramente el aspec-
to externo de la conducta. 29 De ordinario se limita a este aspecto externo. 39 Cuan-
do toma en cuenta las intenciones, lo hace sólo en cuanto éstas han podido exterio-
rizarse, y en cuanto que se considera que dichas intenciones tienen una importancia
directa e inmediata para la sociedad; y, además, las juzga no en cuanto al valor.
que signifiquen para el sujeto cuyas sao, sino en cuanto al alcance que pueden tener
para otras personas o para la sociedad. 49 Aun en la valoración de las intenciones, el
Derecho tiene que partir de indicios externos, puesto que no le es dable ver directa-
mente la intimidad del sujeto.
182 NADIE BUEN JUEZ EN PROPIA CAUSA ]URIDICA

El Derecho se da precisamente por razón de la dimensión externa de la vida. por


cazón de su exteriorización en magnitudes espaciales. Si sólo existiese vida interior,
entonces no habría necesidad ni de Derecho ni de Estado, porque no habría la po-
sibilidad de que se 'produjesen colisiones. Los pensamientos pueden coexistir fácil-
mente. Son los cuerpos los que chocan entre sí en el espacio. Por eso no es con su
pensamiento, sino con sus actos, que el hombre puede caer en conflicto con Jos
demás.
De que el reino de la intimidad intencional es el campo propio de la Moral.
se deduce esta conclusión: puesto que nadie puede asomarse directamente a la inte-
rioridad de otro sujeto y contemplar todos los elementos que alli haya. nadie puede
tampoco juzgar con plenitud de conocimiento sobre la conducta moral de otro sujeto.
Sólo el propio sujeto y Dios están en posibilidad de enfocar un juicio moral sobre
el comportamiento. Pero, en cambio, en materia jurídica, como ésta consiste en la tex-
tura externa de unos actos con otros, el aquello que se da entre un sujeto y otro, no
se puede juzgar desde un punto de vista de ninguno de los vinrulados en la rcla-
ción, sino desde un punto de vista objetivo, externo; por lo cual se dice que no se
puede ser juez en propia causa jurídica.

9. LIBERTAD DE CUMPLIMIENTO EN LO MORAL Y NECESIDAD DE REALIZACIÓN


EN LO JuRÍDICO. AUTONOMÍA MORAL Y HETEROMONÍA JURÍDICA.

La Moral supone y requiere libertad en su cumplimiento, pues para que una


conducta pueda ser objeto de un juicio moral, es preciso que el sujeto la realice
por sí mismo, (Iue responda a una posición de su propio querer. Aquello que yo ha-
go --o mejor dicho, que ocurre en mí- independientemente de mi querer, ni es
moral, ni es inmoral; es algo ajeno a toda estimación ética; si mi brazo es movido
violentamente por otro más fuerte, lo que ejecute no tiene sentido moral, no es bue-
no ni malo, está, en suma, fuera del campo de la valoración moral. La Moral no
queda cumplida con que sucedan de facto en el mundo los hechos externos por ella
prescritos, sino que para que quede cumplida es de todo punto necesario que sus
normas sean realizadas por el sujeto libremente, libre de toda coacción irresistible,
como actos plenariamente suyos. Y viceversa, la Moral no condena los acontccimien-
tos que parecen. en cuanto a su perfil externo, oponerse a sus preceptos. sino tan
s610 en tanto en cuanto el sujeto sea genuino autor de tales actos.
El hombre no puede cumplir su supremo destino forzado por la gendarmería; a
Jos valores morales no se puede ir conducido por la policía, porque no se llega; a
eIJos hay que ir por el propio esfuerzo. libremente, por 'propia vocación. En cambio,
el Derecho puede ser impuesto coercitivamentc; el Derecho lleva esencialmente aneja
la posibilidad de que su cumplimiento sea impuesto por la fuerza -incluso por la
violencia física-; porque el sentido intencional del Derecho' consiste en que ob¡e-
tivamente se produzca el comportamiento que establece como necesario para la vida
social, como necesario para la estructura de la colectividad y para el funcionamiento
de la misma. Unas líneas más abajo insistiré sobre esta dimensión de lo jurídico,
pero antes, para que se pueda calibrar plenariamente su sentido, es conveniente afia-
dir otras reflexiones.
LA SUB]ETlVlZACION DEL DEBER MORAL 183

Para que un determinado deber moral gravite como tal, concreta y singular-
mente, sobre un cierto individuo, precisa que éste tenga la conciencia de dicha obli-
gación. Aun cuando se considere que las normas morales se fundan en valores idea-
les, objetivos, con absoluta validez, sin embargo, no se puede decir que para un
determinado individuo se dé un deber concreto y singular en su caso, en tanto que
el sujeto no haya reconocido como obligatoria la norma en su fuero interno.
Claro que cuando se habla de reconocimiento o adhesión en la intimidad, no nos
referimos a algo qu~ sea el producto de un libre acto voluntario, de suerte que fuese
igualmente posible prestar ese reconocimiento o negarlo. Se trata de una íntima con-
vicción, que no es el producto del albedrío, sino que es el resultado de una insobor-
nable adhesión íntima, que no se deja timonear por la voluntad. Es un sentirse adhe-
rido a la norma, a los valores que la inspiran -quiérase o no--; es un sentirse
persuadido de la validez de la norma -aunque tal vez se deseara no estarlo (para
poder dar rienda suelta a una pasión contraria).
Ahora bien, ocurre que aunque. se predique de los valores y de las normas
morales una validez objetiva, no nace subjetivamente una obligación para un indivi-
duo, sino ,en tanto en cuanto dicho individuo tenga conciencia de la norma, corno
norma válida, en tanto en cuanto se 'Sienta necesariamente ligado por ella. De aquí
que pueda afirmarse que los deberes morales son autónomos; es decir, para que
concretamente exista una obligación moral de un sujeto. es necesario que éste la vea
como necesariamente fundada y justificada.
No se trata aquí de la acepción de autonomía en la doctrina moral kantiana
(según Kant, seda autónoma solamente la moral de la razón pura práctica, porque
el sujeto racional es a la vez legislador y súbdito). sino que se trata de un concep·
to diferente de la autonomía. Aquí, al hablar de autonomía de los deberes nos .re-
ferimos a lo siguiente: cualquier sistema o doctrina moral (sobre los cuales no voy
ahora a decidir, pues no es este mi tema aquí), sea cual fuese su fundamento, su
origen y su contenido, para que se considere que crea deberes en un sujeto es pre-
ciso que éste lo haya reconocido, lo haya sentido como algo obligatorio, como algo
que ve (quiéralo o no) fundado y justificado. Lo mismo si sus normas han sido
establecidas por un proceso racional íntimo, que si se derivan de una instancia auto-
ritaria (revelación religiosa, tradición, mandato paterno, mandato del maestro, orden
de la 'Sociedad, etc:); porque en estos últimos casos, aunque el contenido de las nor-
mas morales no haya sido hallado por el propio sujeto, sin embargo, éste las acepta
o reconoce como tales (porque estima que es bueno y obligatorio cumplírxon
los mandatos de la revelación. de la tradición, de I~ sociedad, del padre /0 del
maestro). Y, así, aun en tales casos, es-a Moral autoritaria tiene que descansar en una
convicción del 'Sujeto, en la convicción que éste tenga de la bondad de dichas Ins-
tandas de autoridad. Entiéndase bien, esa dependencia de la íntima adhesión se te-
fiere a los deberes morales concretos con respecto a un sujeto singular y no a la
validez de la norma moral. Aunque consideremos que la norma moral tiene una va-
lidez objetiva, no se da un deber concreto para un determinado sujeto en un cierto
momento, sino en tanto que. ese su)~to ~o~o~:a la ?onn~ y esté además. con~encido
de que ella constituye una vinculación válida y obligatoria para su propia conducta.
En cambio. con el deber jurídico ocurre 10 contrario: la obligación jurídica es
establecida por el Derecho de una manera pura y exclusivamente objetiva, es decir.
184 OBJETIVIDAD DEL DEBER jURIDICO

con total independencia de 10 que íntimamente piense el sujeto. El sujeto está obli-
gado a la conducta que le impone la norma, sea cual fuere la opinión que la misma
le merezca en la intimidad. (Entiéndase esto, claro es, en el plano de una pura
delimitación conceptual, y de ninguna manera corno directriz estimativa -pues si
lo tomásemos en este sentido valorativo nos llevaría a un tremendo dislate-.). Al
trazar los perfiles conceptuales de 10 jurídico, en delimitación frente al campo estric-
tamente moral, lo que digo es que la norma de Derecho se establece con una ex-
clusiva vigencia objetiva, esto es, que obliga plenariamente tanto si el sujeto llamado
a cumplirla está conforme con ella como si no lo está; rige, y se impone, con entera
independencia de cuál se~ la convicción íntima de los sujetos de la norma; y, así, pue-
de decirse, por ejemplo, que los artículos que en un Código establecen la propiedad
privada obligan exactamente lo mismo y sin ninguna limitación a los que tengan una
opinión contraria. sobre dicha institución; y los reglamentos que establecen la obli.
gación de no presentarse desnudo en las calles, obligan plenariamente también a
los que profesen la convicción nudista.
Esto es así, en cuanto al sentido esencial de la norma jurídica, en cuanto a la
estructura lógica del Derecho, cuya validez y obligatoriedad se impone a todo trance
con entera independencia de cuál sea el estado de ánimo subjetivo de los llamados
a cumplirlo. Pero, en cambio, desde un punto de vista valorativo para el estableci-
miento de las normas, es decir, de estimativa política orientadora de la labor legisla-
tiva, debemos afirmar que es preciso que el Derecho que se ha de dictar corresponda
fundamentalmente a la manera de pensar y de sentir de las gentes cuya conducta va
a normar; es decir, precisa que tenga un apoyo en la opinión general de sus súbdi-
tos. Es más. desde otro punto de vista, desde el punto de vista de la observación
de la realidad, podríamos también decir que un sistema jurídico positivo no vive prác-
ticamente, de hecho, si no cuenta Con una fundamental adhesión de la colectividad;
y tanto es así, que cabría sostener que la democracia, antes y aparte de ser el sistema
político justo, constituye una ley de forzosa gravitación de la vida social. Ahora
bien, ni aquella estimación política ni esta verificación sociológica alteran la dimen-
sión (que estaba glosando) de que el Derecho rige, obliga como tal, cuando está
establecido, sin tomar para nada en cuenta el juicio subjetivo del individuo llamado
a cumplirlo, y sin que nunca pueda quedar condicionada su obligatoriedad a que el
sujeto esté o no conforme con el precepto, pues éste se impone incondicionalmente.

10. LA NOTA DE IMPOSITIVIDAD INEXORABLE COMO CARACTERÍSTICA ESENCIAL


DE LO JURíDICO.

A esta característica esencial de lo jurídico de imponerse incondicionalmente,


tanto si cuenta con la voluntad del sujeto como si ésta le es adversa, se la ha llamado
tradicionalmente coactividad o coercitividad y también autarquía. Yo prefiero deno-
minar esta nota impositivided inexorable o inexorabilidad, porque crco que estas pa-
labras expresan mucho más exactamente la característica de que se trata.
Sobre si esta nota es o no esencial al Derecho, y sobre cuál sea la índole de
dicha dimensión, se ha discutido largamente en la Teoría jurídica casi durante un
siglo. Pero a la luz de las reflexiones que expondré, entiendo que este tema queda
LA IMPOSITIVIDAD INEXORABLE, NOTA ESENCIAL DEL DERECHO 185

por entero aclarado, en sentido de afirmar que la característica de -ímpositioídad me-


xorable és esencial al Derecho; hasta el punto de que el pensamiento de un De-
recho que no fuese inexorable (coercitivo, autárquico) constituiría un absurdo. es
decir, un pensamiento irrealizable, como el de cuadro redondo. o el de cuchillo
sin mango ni hoja. .
La imposición inexorable es algo que se desprende esencialmente del sentido
mismo de lo jurídico. Como el sentido esencial del Derecho consiste en establecer los
límites recíprocos y los enlaces necesarios entre la conducta de varios sujetos. para
ordenar de un modo objetivo y externo la vida social, lógicamente no puede estar
condicionado al azar de cuál sea la voluntad de los sujetos cuyo comportamiento se
quiere sujetar en una estructura colectiva. Precisamente porque el Derecho es una
organización de las relaciones externas entre los miembros de la sociedad, en' aquellos
puntos en que la conducta de unos es condición imprescindible para los demás, esta
condición no puede depender de la voluntad Fortuita .e imprevisible de los 'llamados
a cumplirla. Tal pensamiento sería absurdo, sencillamente contradictorio. El' Derecho
trata de que un sujeto ponga aquello que es reputado como necesario e imprescindi-
ble para otro; luego la realización de esto no puede depender del querer de quien
'debe cumplirlo, sino que tiene que ser impuesto de modo incondicionado, autárqui-
co, es decir, a todo trance. Como el Derecho requiere sujetar necesariamente a una
°
persona en interés por motivo de otra u otras, no puede dejar aquélla en libertad
de cumplir o no los deberes que le impone. Como el sentido del Derecho -que,
según expondré más adelante, radica en un propósito de seguridad- consiste en es-
tablecer necesaria y eficazmente un mínimo de certidumbre y de fijeza en las re-
laciones sociales, por eso excluye ineludiblemente la fortuidad y la inseguridad que
implicaría el confiar su observancia al albedrío subjetivo. Por eso, el Derecho es
Derecho, porque y en tanto que puede imponerse de modo inexorable a todos sus
'Sujetos, a cualquier precio, con, sin o en contra de la voluntad de éstos (venciendo en
tal caso su resistencia violentamente, por la fuerza). Y, por eso, el cumplimiento
de los deberes jurídicos (,-'5 exigible por vías de hecho, por una imposición coercitiva
que haga imposible la infracción, O que la remedie en la misma forma impositiva,
cuando haya ocurrido ya.
Esta dimensión de "imposición inexorable" consiste en que la norma jurídica
-a diferencia de otras normas, entre ellas, la moraI- no se detiene respetuosa ante
el albedrío del sujeto, dejando a éste que libremente decida; sino que, por el con-
trario, trata de anular la decisión adversa, trata de hacer; imposible la realización
de la rebeldía a la norma. Otras normas, por ejemplo, la norma moral -veremos có-
mo ocurre lo mismo con las reglas del trato-, se dirigen al sujeto obligándolo norma-
tivamente, pero sin pretender anular la decisión. Es decir, la Moral expresa Su
imperativo, pero este imperativo debe ser cumplido libremente por el sujeto; es más,
según expuse ya, una realización forzada de la conducta debida no constituye el cum-
plimiento de la norma moral. Esta quiere ser cumplida, pero cumplida por el que-
rer libre del sujeto y no de otra manera. Por eso, la Moral -y asimismo la regla
del trato (según veremos)- liga normativamente la decisión, pero no trata de cohi-
birla, antes bien la deja en libertad, en franquía, pues esta es la única situación en
que la norma puede ser cumplida. Por el contrario, porque el Derecho se fija en
el resultado externo del comportamiento, se dirige a lograr éste sea como sea -tan-
186 ESENCIA Y FORMAS DE LA IMPOSITNIDAD INEXORABLE

to mejor y más deseablemente si es por libre voluntad y por sincera adhesión, pero,
en caso contrario, 10 hace por la fuerza-, a toda costa, inexorablemente. Así pues, el
Derecho no se detiene eespetuos- ante la decisión del sujeto, sino que alienta el
propósito de encadenarla, si esto fuere menester, para que el comportamiento debido
se produzca. La inexorabilidad consiste en que 'la norma no se dirige sólo al querer
del sujeto, sino que lo atraviesa, para aplicarse sobre la realidad externa del compor-
tamiento. El sentido esencial de la norma jurídica consiste en emplear, si es necesario,
todos los medios para evitar que se produzca el comportamiento contrario al que ella
ordena y para imponer éste a todo trance.
Este carácter de imposición inexorable distingue al Derecho no sólo frente a la
Moral, sino también frente a otra clase de normas, como las reglas del trato social
(decoro, decencia, cortesía, etc.), las cuales, aunque son diversas de las morales, tic-
ncn de común con éstas el dirigirse a la persona, pero deján90la en franquía para
que ésta decida, sin cohibirla. Por ello, será preciso volver a tratar de esta dimensión
de impositividad inexorable que esencialmente caracteriza a lo jurídico. ruando conside-
remos, en el próximo capítulo, la diferencia entre Derecho y reglas del trato social.
Sin perjuicio de volver a insistir sobre ello más adelante, conviene subrayar que
la forma primaria y plenaria de la impositividad inexorable no es la pena como san-"
ción contra determinadas conductas antijurídicas. Aparte de que la pena no la ha-
llamos en todas las ramas del Derecho, sino tan sólo en la punitiva, en las corree-
cienes administrativas y en las cláusulas penales de los contratos que las establezcan,
hay, además, otra consideración de decisiva importancia para mostrar que la pena no
es la manifestación perfecta ni primaria de la impositividad inexorable. El sentido
primario y pleno de la impositividad se manifiesta en la imposición/ a todo trance
de la conducta debida (o de una sucedánea, como la indemnización de daños y per-
juicíos) y en el impedir también a todo trance la realización de la conducta prohibida.
cuando 10 uno o lo otro resulte posible en la práctica. Ejemplo de la imposición de
una conducta debida es .el procedimiento de ejecución forzosa como efecto de una
sentencia judicial o de un fallo administrativo firmes. Ejemplo de la evitación de
una conducta prohibida es el empleo de la violencia necesaria por un gendarme en
la calle para impedir la comisión de un delito, vergibracia, cuando al ver que un su-
jeto escala una casa para entrar por una ventana le da la voz de alto, y, si ésta no es
atendida, dispara un tiro contra el que iba a perpetrar el delito. El disparar el arma
contra ese sujeto no constituye una sanción penal; es tan sólo un hecho de fuerza al
servicio de la impositividad jurídica, para impedir la comisión del acto delictivo. La
pena supone el hecho de 'que prácticamente fracasó la forma normal y primaria de
la coercitividad jurídica, y constituye una forma derivada y segunda de ésta. El su-
puesto de hecho del Derecho penal es el margen de ineficiencia de la policía, es
decir, el fracaso de la acción preventiva. _
En el pensamiento del siglo XVIII se habla barruntado esta característica del De-
recho: Tomasio l1amó la atención sobre ella para distinguirlo de la Moral. Eri el
, siglo XIX siguió elaborándose esta distinción sobre igual base; y se caracterizaba esen-
cialmente a 10 jurídico a diferencia de Iornoral por la nota de coacción (expresión
algo tosca y confusa) o de coercitividnd (palabra más afortunada para denotar la
dimensión de 'lue se trata). Pero aunque el problema fuese enfocado certeramente
y se apuntase de modo correcto a su solució,', sin embargo, el pensamiento del si-
ESENCIA DE LA IMPOSITIVIDAD INEXORABLE 187

glo XIX no llegó todavía a comprender plenariamente ni a acotar con entera preci-
sión el sentido de esta nota. Y, así. resultó que a pesar de que se estaba en la vía
correcta para la caracterización del Derecho, al subrayar en él la esencial dimensión I

de exigibilidad coercitiva, sin embargo, la defectuosa formulación de esta doctrina


-en el fondo acertacla- dio ocasión a que se formulase una serie de objeciones
anticoercitivas. Pero todas esas objeciones, que se oponían a reconocer en el Derecho
el carácter esencialmente coercitivo, partían de confusiones y de mal entendidos y,
por tanto, ninguna de ellas podía tenerse en pie. Tanto es así que, en general, en
el pensamiento filosófico-jurídico del siglo xx se perfiló mejor y mejor como ca-
racterística esencial del Derecho, su autarquía, su coercitividad {Stammler, Del Vecchio,
Kelsen, etc.), hasta el punto de que todas las objeciones que se habían formulado
contra esta tesis fueron desvaneciéndose. Ahora bien, este tema queda todavía más
claro y con perfiles ya definitivamente precisos en la reelaboración que del mismo
acabo de ofrecer. Los términos "coacción", "coactividad", "cocrcitividad" todavía
podían resultar algo equívocos. En cambio, la expresión de esta doctrina como carácter
de impositividad inexorable consigue claridad perfecta.

11. EXAMEN CRiTICO DE LA DISCUSIÓN SOBRE LA COERCITIVIDAD.

Sin embargo, aunque este sea uno de ·los temas de Filosofía del Derecho que
pueden hoy considerarse como mejor logrados, convendrá informar al lector -si-
quiera sea muy brevemente-e- sobre cuáles fueron las objeciones que, en otro tiempo,
se hicieron contra la esencialidad de esta nota de cocrcirividad, y mostrar cómo nin-
guna de esas objeciones puede considerarse operante, pues todas partían de confu-
siones, que hoy han quedado por entero despejadas. Pasemos, pues, rápidamente
revista a esas objeciones, que hoy no tienen más significación que la de curiosidades
históricas, si bien en su época sirvieron para suscitar la depuración de la doctrina
coercitivista.
Algunos dijeron que el Derecho es cumplido en la mayor parte de los casos
espontáneamente, sin que para nada intervenga una coerción inexorable. Esto es
verdad; pero no significa objeción ninguna frente a la tesis de la imposición ine-
xorable, pues dicha tesis no afirma en modo alguno que la manera necesaria de
realización del Derecho sea el empleo de la fuerza, sino que sostiene que es esencial
al sentido de la norma jurídica el que, para el caso de que no fuese cumplida vo-
luntariamente, sea impuesto su cumplimiento mediante la fuerza. No se habla del
hecho de la fuerza, sino de la esencial posibilidad de usarla cuando no se produzca
el cumplimiento voluntario.
Se objetó, asimismo, que hay casos en que la coacción resulta ineficaz, cual ocu-
ere, por ejemplo, ruando no ha sido factible evitar la comisión del acto antijurídico,
o también en determinadas relaciones en que no hay posibilidad de obtener por la
fuerza la conducta debida (v. gr., la prestación de un servicio personalísimo, como
pintar un cuadro). Para mostrar la inconsistencia de esta objeción respecto del pri-
roer ejemplo, repetiré que la tesis coercitivista o de la imposición inexorable na alu-
de al hecho, siempre contingente, de e¡ue la policía acuda a tiempo o Ilceue tarde
para prevenir el comportamiento antijurídico, sino a la dimensión esencial de que
188 CRITICA DE LAS OBJECIONES CONTRA LA COERClTlVJDAD

pertenece necesariamente a 10 jurídico el principio de poder y deber emplear la


fuerza para vencer toda rebeldía. Una fa11a en el terreno de la aplicación práctica
nada dice en contra de esta dimensión esencial. Y en cuanto al segundo ejemplo, el
del caso en que no es hacedero forzar a la realización de un servicio pcrsonalísimo,
he de manifestar que tampoco constituye objeción, pues, de una parte, claro es que
no se puede luchar contra la imposibilidad material de imponer una conducta per-
sonalisimu (que sólo es posible con el concurso de la voluntad de quien debe eje-
cutada) i y, de otro lado, cuando se produce tal situación, entonces se substituye el
primitivo contenido de la obligación por una conducta sucedánea prevista subsidia-
riamente por la misma norma (por ejemplo, pago de una indemnización de daños
y perjuicios), conducta que ya es posible imponer mediante la fuerza, a saber: me-
diante un procedimiento ejecutivo sobre el patrimonio. Y en caso de insolvencia,
pesará siempre sobre el patrimonio futuro del deudor la condena ejecutiva.
Se ha objetado también que hay relaciones jurídicas cuyo cumplimiento no pue-
de obtenerse mediante procedimientos de imposición coercitiva, ni cabe tampoco sus-
tituirlo por una conducta 'Sucedánea, cual ocurre cuando leemos, por ejemplo, aquel
artículo de la Constitución española de 1812, en que se decía que los españoles
deben ser honrados y benéficos; o ruando algún código .civil expresa que los hijos
deben profesar amor a sus padres. Pues bien, en estos casos, la solución es clara:
debemos reconocer que tales normas, aunque insertas en cuerpos legales, no cons-
tituyen normas jurídicas, ya que su cumplimiento no es exigible. Se trata de buenos
propósitos de un legislador, que éste no acertó a convertirlos en auténticos preceptos
jurídicos. Se trata de otra clase de reglas (morales, del trato) que el legislador quiso
convertir en Derecho, pero sin lograrlo.
Otra de las objeciones quiere fundarse en una apelación a principios ideales, a
un Derecho natural, a una idea de justicia; y, así, se dice que muchas veces el De-
recho histórico ha desconocido o violado abiertamente tales principios. Pero este ar-
gumento parte de una lamentable confusión entre lo que es Derecho, real y efectiva-
mente, y los principios ideales que deben orientar al Derecho. Cuando nos hallamos
ante el caso de una norma jurídica notoriamente injusta, decimos que esto no de- /
biera ser Derecho (con lo cual reconocemos que lo es, aunque indebidamente), y
que, en cambio, lo que debiera ser Derecho es otra norma ideal, justificada corree- .,'
tamente (con lo cual se reconoce que esa norma no es Derecho positivo, aunque
debiera serlo). El Derecho natural, racional, ideal, en suma, los criterios de la Esti-
mativa jurídica, no son Derecho real y efectivo, sino Derecho posible (y deseable);
ahora bien, dentro del mundo de los posibles, esto es, de la idealidad, tales normas
poseen también la pretensión coercitiva; si bien 10 que ocurre es que esa pretensión
coercitiva es una pura idealidad y no una realidad; ni más ni menos que un perro
pintado tiene también colmillos, pero sus colmillos (como el resto del animal) no
50n reales, sino pintados. Pero tanto es así que al esquema ideal de Derecho se le
atribuye una coercitividad (que, naturalmente, es también sólo ideal), que hay de-
terminadas situaciones históricas en las que apelando a estas normas se acude a la
violencia, como ocurre en las revoluciones. Efectivamente, las revoluciones resulta-
rían inexplicables si no las entendiéramos como apelación a algo que se estima qne
debe ser el Derecho futuro -y que, a fuer de tal, ofrece estribo para una impo-
sición violenta. En cambio, el tratar de imponer una moral o una convicción cien-
\ CRITICA DE LAS OBJECIONES CONTRA LA COERCITIVIDAD 189

tifica, o una creencia religiosa por la fuerza, siempre constituirá, aparte de una abo-
minable monstruosidad, también un contrasentido y, por lo tanto, una estupidez.
Se objeta también que, con independencia de la coacción del Estado, los hom-
bres tienen en conciencia el deber de cumplir las normas jurídicas. Bien; eso es ver-
dad (aunque no puedo entrar ahora en este tema, que ya hallaremos más tarde); pero
he de hacer notar que lo relativo al deber moral que Ias- gentes tengan de cumplir las
normas jurídicas es un tema que pertenece a la Filosofía moral, y no estrictamente
a la Filosofía del Derecho, ni a la esencia del precepto jurídico. los deberes mora-
les -entre los cuales puede figurar el deber de conciencia de cumplir las obliga-
ciones jurídicas- son algo independiente de la especial vinculación que crean los
preceptos jurídicos. Aparte de que exista o no el deber moral de cumplir una norma,
se tiene un deber jurídico. específicamente iurídico, sencillamente porque hay una
norma. jurídica. esto es, una norma de impositividad inexorable; es decir, porque. en
caso de no hacerlo, se desencadenará un procedimiento de imposición inexorable, '(Ya
desenvolveré con mayor amplitud este pensamiento al tratar del concepto de deber
jurídico.) Juftamente el deber jurídico se funda en que hay una norma de ímpo-
sición inexorable, pues, de 10 contrario, nos encontraríamos solamente ante un de-
ber moral o ante un deber de decoro. El Derecho es Derecho, la norma jurídica es
jurídica, precisamente y sólo en tanto que tiene una pretensión de imperio inexora-
ble, de imposición coercitiva irresistible. Ese especial modo de imperio y de mando,
que consiste en la imposición inexorable (a todo trance), es Jo que funda y de-
termina la dimensión jurídica. ~in esa forma de mando inexorable, no hay Derecho.
Cuando ·una determinada conducta es establecida como deber jurídico por una norma
de Derecho, esto significa que quiere garantizarse a todo trance la efectividad de tal
comportamiento, mediante la imposición inexorable si fuere preciso. Lo jurídico
significa un medio especial para conseguir la realización de aquellos fines que se
considera que son indispensables para la vida socia1. Hay muchos otros fines colec-
tivos, aunque reputados muy importantes, ruya realización se deja confiada a la ini-
ciativa individual, a las actividades sociales espontáneas, al influjo de las convic-
ciones morales, a incentivos de interés privado, etc. Pero, en cambio, aquellos fines.
que las gentes en determinado lugar y en cierto momento consideran (con acierto
o con error) como de necesario cumplimiento, 'Son convertidos en materia de regu-
lación jurídica, lo cual quiere decir que a las normas que establecen su realización
'Se las dota de impositividad inexorable, esto es, se las convierte en jurídicas.
Se ha dicho Que cuando un Derecho no cuenta efectivamente con la adhesión
general o mayoritaria de la sociedad que pretende regir, está inevitablemente con-
denado al fracaso o a producir efectos catastróficos. Esto es cierto: ya di je que la
democracia, antes que un sistema o un programa político, es una ley fáctica de gra-
vitación de fa sociedad política. Pero esto se refiere al conjunto de un sistema ju-
rídico, el cual no puede mantenerse, no puede subsistir, ruando no cuente con el
asentimiento de la mayoría de los sujetos ruya conducta va a regular, en suma con
el apoyo de lo que se llama opinión pública; pero esto na es algo que pertenezca a
la esencia de la validez formal de una norma jurídica. Es decir, un régimen jurídico,
un Estado, na se mantiene: no subsiste, si no cuenta con el general asentimiento;
pero dentro de ese régimen jurídico, cada una de sus normas rige, vale, indepen-
dientemente de la opinión y de la voluntad del sujeto singular obligado a cumplirla;
190 CRITICA DE LAS OBJECIONES CONTRA LA COERCITlVIDAD i
y si tropieza con la resistencia de éste, entonces le es impuesta a todo trance, por
medio de la fuerza.
Se ha dicho también que lo deseable es que los hombres cumplan el Derecho,
no por virtud del miedo a la coacción, sino en gracia a los imperativos de su propia
conciencia. Y sin duda este aserto merecerá la adhesión de todos y ha de constituir
el ideal del legislador, quien para lograr esta finalidad habrá de tener también algo
de pedagogo. y disponer su función de gobernante de tal suerte que consiga una
adhesión, si no de todos (cosa poco verosímil), sí de los más. Pero la validez de
la norma jurídica. su imperio, no depende formalmente de que el sujeto singular
sobre el cual se vaya a aplicar en un caso) esté o no íntimamente conforme con ella.
En la misma dirección del pensamiento glosado en el párrafo anterior, se ha
dicho también que lo belIo sería que los hombres obrasen al impulso de la caridad,
de! amor, y no por la intimidación jurídica. Y ello es también verdad. Pero es
que precisamente amor y Derecho no sólo son puntos de vista distintos, sino que
además el Derecho se da precisamente para cuando falte el amor. Amor y Derecho
constituyen dos categorías fundamentales y radicalmente diversas, desde las cuales
se pueden enfocar las relaciones interhumanas. La caridad, el amor, tiene rango su-
perior. Peco, como no se puede garantizar que haya siempre amor o caridad, cabal-
mente por· eso se establece el Derecho.
Otra de las objeciones que se ha querido esgrimir contra la esencialidad de
la dimensión coercitiva de 10 jurídico es la de notar que el poder soberano del Es-
tado no puede estar sujeto a coacción; él es el que constriñe, pero él no puede ser
constreñido; y de esto se pretende argüir que hay por lo menos una excepción a la
coercitividad o inexorabilidad del Derecho. Este argumento entraña una lamentable
confusión de ideas. Pues, como dice Del Vecchio, no basta advertir que en todo
sistema jurídico existe un punto al cual no puede alcanzar la coerción; haría falta,
además, demostrar también que sobre aquel punto puede recaer un auténtico deber
jurídico, probar que a aquel punto puede ir a parar como sujeto pasivo una autén-
tica obligación jurídica, exigible por alguien mediante imposición. Ahora bien, una
facultad o pretensión jurídica de tal tipo, esto es, inexorable contra el órgano su-
premo del Estado, contra el Estado como soberano, no existe ni esencialmente puede
existir en un sistema jurídico positivo. Contra el Estado como soberano podrán ele-
varse requerimientos de carácter político, podrá argüirse críticamente a la luz de unos
valores, pero ordinariamente no se puede ejercitar un "derecho". Se puede ejer-
citar un derecho contra órganos del Estado, en una cuestión sobre la cunl resolverán
otros órganos del Estado que, en este caso, asumen un rango superior respecto del
órgano demandado. Pero frente al Estado como soberano (por ejemplo, en tanto en
cuanto se manifiesta a través de una Corte Suprema de Justicia, o cuando se expre-
sa mediante el poder legislativo -salvo recurso de inconstitucionalidad, que se ventile
.ante un órgano que, a estos efectos, funciona como superior-) no cabe el ejercicio.
de ninguna facultad jurídica 'y, por consigoiente es absurdo hablar de posibilidad
de coacción. Aquí no hay coacción, porque no se trata en manera alguna de una
facultad jurídica. Cabrá naturalmente una revolución; ahora bien, en este caso,
salimos ya del sistema establecido, porque precisamente se le quiere derrocar para
sustituirlo por otro. Pero cuando hablamos de Derecho, nos referimos a la esencia
del Derecho real -que no es pura idea, sino producto humano--, al Derecho formu-
\ CRITICA DE LAS OBJECIONES CONTRA LA COERCITlVIDAD 191

lado o reconocido poe el Estado, el cual supone un imperio inexorable, esto es, de
imposición coercitiva. Y cuando hablamos de "derechos" frente al Estado, son dere-
chas establecidos y reconocidos por éste, que, se harán valer, esto es, que serán im-
puestos por órganos del mismo Estado encargados por éste de tal misión -por
ejemplo, mediante la jurisdicción contencioso-administrativa. Precisamente es una
característica de los sistemas constitucionales en los pueblos civilizados, en las demo-
cracias liberales de Occidente, el hacer posible, mediante el reparto de competencias,
ciertas acciones judiciales de los ciudadanos contra el Estado; pero, en tales casos,
el Estado, que de una parte es soberano, aparece de otra, aquí, como sometido, por
una autolimitación, al imperio de una norma. que emana de él mismo como soberano..
Para argüir' contra la tesis de la coercitividad, se ha tomado también como base
la precaria realidad del Derecho lnternaciona!. A esto debe contestarse que el De-
recho Internacional tiene la intencionalidad de constituir auténtico Derecho. es decir,
de imponer sus normas; pero que en la medida en qJle no cuente con la posibilidad
de hacerlo, resultará que estaremos ante un propósito de Derecho que todavía no ha
podido lograrse efectivamente en la realidad. Así como los Estados han sufrido a
veces situaciones de anarquía en su interior. de manera que habiendo normas de-
claradas, éstas no conseguían ser impuestas efectivamente, así parejamente ocurre que
la sociedad internacional puede sufrir una situación de relativa anarquía, en la mé-
dida en que no se consiga imponer las normas del Derecho Internacional. Pero en
el sentido de esas normas, que son violadas, radica la pretensión de querer imponerse
a todo trance; y, así, aunque para algunos pueblos la guerra constituye sólo desver-
gonzado oficio de agresor, para otros, en cambio, es interpretada como un instru-
mento de coacción jurídica, precisamente cuando se trata de defender el Derecho
Internacional atacado.
Es necesario tener en cuenta a este respecto dos puntos. En primer lugar, sería
absurdo ~egar el carácter jurídico de unas normas por el hecho de que éstas sufran
violaciones. Recuérdese que las normas no son expresión de leyes de la naturaleza,
sino que son expresión de un deber ser, el cual se formula como tal precisamente
porque de hecho hay la posibilidad de que no se cumpla.
En segundo lugar, hay que recordar que el Derecho Internacional, especial-
mente el Derecho Internacional general, es un Derecho que se halla todavía en una
etapa primitiva de desarrollo: carece de órganos para crear las normas abstractas
y generales, para administrarlas y para aplicarlas a los casos singulares y concretos.
Más adelantado se halla ya el Derecho Internacional particular, el encarnado por
grupos de Estado ligados por convenios, por ejemplo, las Naciones Unidas. Pero el
Derecho Internacional general, el que comprende la superficie entera de la tierra co-
mo esfera territorial de validez, no tiene órganos legislativos, administrativos ni ju-
diciales especializados. Los Estados soberanos, sujetos del Derecho Internacional, son
los creadores de éste. El Derecho Internacional tiene que confiar en gran parte a
sus sujetos la administración y la aplicación de sus normas; permite a sus sujetos la
"autodefensa"; descansa en gran parte sobre reglas consuetudinarias; no establece
una tajante distinción entre ejecución y pena. Pero esos mismos rasgos los hallamos
en la etapa primitiva del desarrollo del Derecho interno, el cual no tiene órganos
diferenciados de carácter Ieuisletivo, ejecutivo y judicial. descansa sobre normas con-
suetudinarias, admite el principio de la autodefensa (la venganza de la sangre -la
192 DERECHO SIN IMPOSITIVIDAD ES UN ABSURDO

cual es ejercitada como sanción jurídica-, la aprehensión del deudor por el acreedor
como forma de ejecución forzosa en lo civil, etc.).
I
Así pues, por todo 10 expues.to puede afirmarse terminantemente que el Dere-
cha es por esencia norma de imperio inexorable, irresistible. Una norma que diese
lugar solamente a un mero deber, una norma que fundase un puro deber, sin más,
no sería una norma jurídica. Derecho sin la dimensión de imposición inexorable es
una contradicción, es un absurdo. es un pensamiento mentalmente irrealizable. Por
eso, en rigor, la tesis anticoercitivista es en el fondo anarquismo, aunque de ello no
se den cuenta clara sus sostenedores. Tolstoi quería que la humanidad se rigiese
única y exclusivamente por la Moral, por el Evangelio; y como en el Evangelio hay
. sólo Moral y no se contiene ningún punto de vista jurídico, se declaró por la aboli-
ción del Derecho, esto es: por el anarquismo.
Si el Derecho no contuviese en sí, esencialmente, la posibilidad de forzar, de
coaccionar irresistiblemente, en suma, de imponerse inexorablemente, entonces ¿qué
fundamento tendría esa dimensión coercitiva que prácticamente se desarrolla en la
vida jurídica? Si no se tratase de algo esencial al Derecho, sería algo ajeno a su
propia esencia, sería algo que le sobrevendría accidentalmente, por azar, y, por tanto,
algo no fundable en su misma índole. Y entonces resultaría imposible justificar el
ejercicio práctico de la coacción para imponer el cumplimiento del Derecho. Si la
impositividad inexorable no fuese una nota esencial del Derecho, entonces el poder
jurídico constituiría meramente una nuda fuerza material.
Por tanto, negar la implicación esencial entre Derecho e imposición inexorable
equivale a defender el anarquismo. Considero que el anarquismo constituye un ple-
nario error. Considero que sin Derecho la sociedad no puede subsistir, ni pueden ser
cumplidos los fines colectivos, ni el individuo puede realizar los suyos propios. Pero
no' es este lugar el oportuno para suministrar el fundamento del Derecho, es decir,
para exponer la razón de su existencia y de su necesidad. Se trata aquí tan sólo de
poner de manifiesto que las doctrinas que niegan que la impositividad (coercitividad
o autarquía) sea esencial a las normas jurídicas, 'si fuesen lógicas, congruentes consigo
mismas, tendrían necesariamente que desembocar en el anarquismo, es decir, en el
proyecto de suprimir de raíz todo Derecho en el mundo.
No hemos inventado la impositividad o la coercitividad quienes sostenemos que
esta nota es esencial al Derecho, antes bien la hemos hallado en la entraña de éste,
que es algo que tampoco hemos fabricado, sino que encontramos ante nosotros, como
una peculiar forma de vida social que se ha producido y sigue produciéndose siem-
pre en la historia. Nosotros no hemos inventado el tema. Nos hemos encontrado
con el mundo, y dentro de él, en la vida humana social normativa, nos hemos en-
contrado con unas especiales normas que se llaman Derecho. Frente a eso que se
llama Derecho, hemos querido desentrañar su sentido, hallar su esencia, formar su
concepto universal. Y resulta que, habiendo procedido a indagar esa esencia, nos
hemos hallado con que dichas normas, llamadas jurídicas, se distinguen de otras nor-
mas (por ejemplo, de las morales) en que, aparte de otras características ya expues~
tes, tienen una especial forma de imperio, consistente en que, lejos de respetar la
autonomía del sujeto para que éste decida por su propia cuenta si va o no a cum-
plirlas, tratan de anular por la fuerza la voluntad adversa. Y descubrimos que
esta impositividad inexorable tiene su raíz en el sentido mismo que anima a la
\
ANTlCOERClTlVISMO EQUIVALE A ANARQUISMO 193

regulación jurídica. Puesto que el Derecho es una norma encaminada a lograr


una convivencia y una solidaridad sociales, pacíficas, y ordenadas de modo cierto y
seguro y que, como tal, apunta a los resultados externos del comportamiento y no
reclama la íntima adhesión, y se da por razón no de los que deben cumplirlo sino
de los que se benefician con su cumplimiento, resulta perfectamente comprensible que
pertenece a su esencia el tratar de realizarse a toda costa, sin depender del azar de
las opiniones y de las voluntades subjetivas. Porque de lo que se trata es precisa.
mente de crear un orden objetivo y efectivo.
Cegarse a estas conexiones de sentido que aclaran la característica de imposi-
tividad o coercitividad del Derecho, equivale lógicamente a negar el Derecho. Pero
el Derecho existe; }' ruando existe se presenta por doquier con esa nota. Si se niega
esa nota. se niega que deba haber una norma con sentido diverso del de las normas
morales y del de las normas del trato social (de estas últimas me ocuparé en el ca-
pítulo siguiente). Como ocurre que en el mundo hay efectivamente Derecho. si 'se
niega lo que el Derecho tiene precisamente de tal, esto dcbe llevar a la consecuencia
de propugnar la abolición radical del Derecho en el mundo, deseando que haya tan
sólo Moral y acaso también otro género de reglas (no impositivas), las de trato
social. es decir, debe llevar a la defensa del anarquismo.

12. EL DERECHO COMO MÁXIMA FORMA SOCIAL Y LA MORAL COMO DESTINO


AUTÉNTICAMENTE INDIVIDUAL.

A través de la diferenciación entre Moral y Derecho. se ha evidenciado que


el Derecho constituye no sólo una norma social, algo inserto en la categoría de la
vida colectiva, sino que además constituye la expresión máxima de los caracteres de
lo colectivo; constituye lo colectivo reducido a perfiles exactos y precisos, la máxima
mecanización de lo humano. Podríamos decir que constituye la brutalización de lo
humano. en tanto en cuanto el Derecho es aquella forma en que la: vida humana se
parece más a la naturaleza. a lo mecánico. a lo inexorable.
Y, de otra parte, a través de la diferenciación entre Moral y Derecho se ha
evidenciado también que la Moral constituye aquella norma que toma en cuenta
la vida individual auténtica en toda su plenitud. La Moral es lo que se refiere al
destino absoluto del individuo en tanto que tal. La Moral considera la 'vida del in-
dividuo en todos sus aspectos. en su radical singularidad, en su carácter de algo"
privatísimo e intransferible. Considera la vida individual atendiendo a todos los ele-
mentos que la condicionan singularmente en cada una de las situaciones. y la en-
foca en términos absolutos, desde un punto de vista radicalmente profundo.
Ahora bien. este es el sentido esencial de lo moral sel1S11 stricto; pero puede
ocurrir, y ocurre de hecho la mayoría de las veces, que las normas morales son re-
cibidas por vía de tradición social. Salvo en número reducido de individualidades
esclarecidas, de sujetos que han conquistado su propia individualidad, que han Ile-
gado a la máxima conciencia de su destino, el común de las gentes toma la mayor
parte de las normas morales de lo que ha aprendido de los usos. Es decir, existen
usos en euyo contenido trata de manifestarse una norma de carácter moral (y no
un precepto jurídico ni una regla del trato social). Esto es, la Moral muchas veces
se manifiesta. se expresa y se aprende a través de costumbres. Es más, ésta constituye
194 DIFERENCIA ENTRE SENTIDO Y MANIFESTACION DE LAS NORMAS

la significación etimológica de la palabra moral (de mas, en latín, que quiere decir
costumbre). Pero de este hecho de que la moral se manifieste en formas .sociales,
cuales son las costumbres, no se sigue en modo alguno contradicción respecto del
carácter individual que corresponde esencialmente a la norma moral. Porque aun
cuando el sujeto pueda recibir la norma moral de una manifestación social de vida
objetivada, a través de una costumbre, sin embargo, el sentido de esa norma expre·
sada en una' costumbre es el de constituir no algo que se refiere a lo colectivo, sino
algo que se refiere al destino individual - 3 diferencia del sentido de la norma ju-
rídica (que también puede manifestarse en una costumbre)-, sentido que consiste en
referirse a 10 colectivo de la sociedad. Aunque la norma moral pueda provenir de
la sociedad (uso, costumbre), se da para el individuo en tanto que individuo, y no
para la sociedad. En este caso constituye la interpretación dada por la sociedad a
un valor moral. La interpretación es dada por la sociedad; pero el valor interpre-
tado por la sociedad es un valor cuyo sentido se refiere a la vida individual, al
destino plenario y auténtico" del individuo.
Pero a la: consideración anterior hay que añadir además otra, a saber: que la
manifestación social (costumbre) de una norma con sentido moral, para que cree
deberes morales en el individuo, es preciso que sea intcriorizada en éste. Es decir,
según ya mostré, un valor moral (aunque pueda ser objetivamente válido) no de-
termina el nacimiento de un deber concreto en un individuo singular, sino en la me-
dida en que éste se halla íntima y sinceramente convencido de su bondad; esto es,
en tanto en cuanto el individuo se siente adherido e identificado con dicho valor. 1.0
cual entraña una fo~idable diferencia esencial respecto de las normas jurídicas (y
también, según veremos, de las normas del trato social), pues esas normas, al contrario
de las morales, obligan precisamente con independencia de cuál sea la opinión del su-
jeto, tanto si cuenta con su asentimiento como si no. Resulta, pues, que aunque la
norma moral pueda recibirse de una fuente social, siempre se refiere al cumplimiento
del destino 'individual, al supremo fin del sujeto, y sólo obliga a éste en la medida
en que él se sienta" íntimamente adherido al valor expresado por la norma.

13. ALCANCE DE LA DIFERENCIA ENTRE MORAL y DERECHO. EL DERECf{O


ORIENTADO HACIA PECULIARES VALORES ÉTICOS, ~PERb CON EL ESPECIAL SEN-
TIDO JURíDICO.

Adviértase que la diferencia esencial de sentido que media entre la Moral y


el Derecho no implica, en manera alguna, que el Derecho quede vaciado de orien-
tación ética. Por el contrario, hay que subrayar que el Derecho, que es una obra
humana, la objetividad de una especial forma de 'existencia colectiva, se orienta esen-
cialmente hacia unos valores. Como ya indiqué, esos valores pueden resultar cum-
piidos en unas concretas normas juridico-positivas, o, por el contrario, hallar en és-
tas sólo realización parcial, o no conseguir su encarnación en ellas. El contenido o
las exigencias de esos valores no pueden entrar dentro de la definición esencial
o ló~ic~ del Derecho, sencillamente porque conocemos Derecho logrado, es decir,
justo, Derecho menos iusto v Derecho frustrado o injusto; y en todos ellos hallamos
las notas formales de la iuti('Hr:,.t~.J
LOS VALORES jURlDICOS SON ETICOS PERO DIFERENTES DE LOS MORALEs 19S

Cierto que entre esas notas formales de la esencia de lo jurídico figura la de


la referencia intencional a la justicia; 0, dicho con otras palabras, todo Derecho es
un ensayo de realización de las exigencias de la justicia con relación a una realidad
social determinada; es un propósito de constituir Derecho justo; pero ese propósito
puede resultar logrado, más o menos logrado, o fracasado. Por eso, lo que sí perte-
nece a la esencia de lo jurídico es ese propósito o intención.
Cerradas esas digresiones que anteceden, entonces hay que decir que esos valo-
res, a los que aspira el Derecho, son valores pertenecientes a la región ética, pero
distintos de los llamados estrictamente morales. Y es que podríamos considerar que
en el reino de los valores éticos cabe establecer una clasificación. Sin querer ahora
inicidentalmente resolver ese terna de la clasificación de los valores éticos, creo, no
obstante, que, según una teoría clásica, podemos descubrir tres tipos de valores éticos:
a) Los estrictamente morales, es decir, los· que fundan la moral propiamente dicha,
los que se refieren al cumplimiento del supremo destino o misión del hombre; b) Los
de la justicia, mejor dicho, los que deben servir de guía para -el Derecho, y
c) Los del decoro, relativos al aspecto externo de las relaciones interhurnanas, que
son Jos que fundan las reglas del trato social (decencia, cortesía, buenas maneras,
etiqueta, etc.). Dejemos ahora aparte los terceros, a los que aludiré en el capítulo
siguiente, cuando me ocupe de las reglas del trato social; y retengamos, por impor-
tarnos en este momento, que el Derecho se halla orientado hada unos valores que
son de carácter ético. S6lo que esos valores éticos que deben inspirar al Derecho
y en los cuales éste debe buscar su justificación, no son los mismos valores éticos que
se refieren a la Moral propiamente dicha, en el sentido estricto de esta palabra.. como
criterio absoluto para la orientación de la conducta hacia su último fin o misión.
Mientras qlJe la Moral da la norma plenaria que abarca todos los ingredientes del
comportamiento y gravita hacia la raíz de éste, proponiéndose conducir al hombre
a la realización de su 'Supremo destino, el Derecho se propone la realización de un
orden cierto, seguro, pacífico y justo de la convivencia y de la cooperación hwnanas.
Así, sucede que, aun cuando el Derecho tenga también como fundamento prin-
cipios éticos, no obstante, sus soluciones frente a determinadas situaciones pueden
diferir de lo ordenado por la Moral con respecto a las mismas. Esto puede suceder
incluso cuando se trata de una Moral y un Derecho pertenecientes al mismo sistema
ideal (filosófico) o a un mismo complejo de con.vifEiones sociales positivas. Ahora
bien, esas discrepancias, que a veces son muy grandes, no implican, sin embargo,
contradicción, es decir, incompatibilidad; siempre-y cuando la Moral y el Derecho
que comparemos pertenezcan al mismo sistema axioíógico -ideal o positivo.
El tema de la diferenciación entre Moral y Derecho es un tema de delimita-
ción de conceptos, y no es una cuestión axiológica, no constituye un estudio estima-
tivo. Se trata de esclarecer el sentido de toda Moral y el sentido de todo Derecho,
mostrando las diferencias esenciales entre ambos. No se trata de indagar qué es
lo que debe ser considerado como Moral y qué es Jo que debe ordenar el Derecho.
He desarrollado en las páginas que anteceden dicho tema de la diferencia entre
Moral y Derecho desde ese punto de vista de la definición esencial, "dejando aparte
los puntos de vista estimativos referentes a los valores o a los ideales. Si ahora voy
a referirme a una teoría estimativa -sobre lo que debe mandar la Moral y sobre
lo que debe ordenar el .Derecho-s- no es porque abandone en esta parte de la me-
196 EL DERECHO NO PUEDE SER AGENTE DE LA MORALIDAD, SEGUN SUAREZ

ditación filosófico-jurídica el punto de vista de la definición esencial, ingresando en


un estudio valorativo, antes bien, voy a tomar la doctrina que citaré únicamente co-
mo uno de los ejemplos posibles ---entre tantos otros-, en el cual resplandece con
meridiana claridad no sólo la diferencia de sentido entre las normas morales y
las jurídicas, sino, además, el hecho de que puede haber notoria discrepancia entre
lo ordenado por la Moral y lo estatuido por el Derecho, dentro de un mismo sis- _
tema axiológico. El ejemplo que voy a citar es la teoría del padre Francisco Suá-
rez, la cual se le presenta a uno con máximo relieve, precisamente porque el carácter
religioso del autor y su preocupación ética realzan más el meritorio acierto de su cla-
ra intuición diferenciadora del sentido de 19 jurídico, frente al sentido de 10 moral.
El eminente filósofo español no se planteó propiatnente el problema de distinguir
formalmente entre Moral y Derecho, sino la cuestión de qué cosa pueda y deba ser
el contenido de la ley humana (entiéndase del Derecho positivo) a diferencia de
las materias que son ordenadas por la ley moral natural. Pregúntasc Suárez si el
Derecho positivo debe contener todo Jo ordenado por la ley moral natural; a lo cual
contesta que no, de ninguna manera, pues la ley jurídica positiva difiere de la
ley moral en cuanto al fin, en cuanto a la extensión, en cuando al carácter y en cuan-
to al contenido. El Derecho se inspira, no en la honestidad intrínseca de los actos, co-
mo la Moral, sino en 10 que requiera directa e inmediatamente el bien común. Pre-
cisamente por esa diversidad de fin _resulta que el contenido de 10 jurídico es me-
nos extenso que el de la Moral, y es también diverso el sentido que anima a ambas
regulaciones. Cierto, dice Suárez, que el Derecho positivo no debe ordenar la rea-
lización de nada de lo que la Moral prohibe, ni prohibir nada de lo que la Moral
obliga a cumplir. Pero el Derecho positivo no puede regular los comportamientos
que se refieren a la perfección espiritual del individuo; no debe ordenar todas las
virtudes, pues las relativas a la intimidad están excluidas de su fin; ni tampoco el
Derecho debe prohibír muchos vicios por horrendos y detestables que sean, cuando
éstos no tienen inmediata y directa repercusión sobre el bien común. El fin del De-
.recho positivo -afirma taxativa e inequívocamente Suárez- no es la beatitud del
individuo, sino tan sólo aquello que resulta necesario para el bien común. Así, por
ejemplo, manifiesta Suárez que el Derecho positivo no puede prohibir la forni-
cación simple no escandalosa.' Pero entonces se pregunta, en supuesta argumentación
que se dirige a sí propio: ¿luego, si el Derecho positivo, de acuerdo con el Dere-
cho natural, no debe prohibir la fornicación simple no escandalosa, con ello resulta
que implícitamente debe permitirla P; a lo cual contesta que sí. ¿Pero ello no cons-
tituye una contradicción con la ley moral? No, de ninguna manera, responde Suá-
rez, aduciendo dos razonamientos. En primer lugar, como el fin del Derecho no es
lograr la beatitud, la salvación de los individuos, sino tan sólo ordenar la paz y la
honestidad exteriores, es decir. 10 que es directamente indispensable o muy conve-
niente para el bien común, debe vedar solamente aquellos pecados que son inrne-
diatamente dañinos para la colectividad; pero no puede prohibir aquellos otros pe-
cados que no perjudican de manera próxima a la comunidad o aquellos cuyo cas-
tigo podría acarrear mayores males a ésta. Y no se diga, argumenta Suárez, que con
ello el Derecho incurre en una inmoralidad, en tanto que el Derecho no debe mano
dar 10 deshonesto; no 10 manda, peco, a veces, como en el ejemplo citado, debe
permitirlo, ya que. el prohibirlo no está dentro del fin del Derecho. En segundo lu-
LA LIBERTAD, CONDICION DE LA MORALIDAD 197
gar, además, por otra razón: porque, según el Derecho natural, debe haber una
cierta. esfera en la actividad del hombre en la cual no intervenga en modo alguno
la regulación imperativa del Derecho positivo; es decir, debe haber una esfera libre
de las intromisiones coercitivas del Derecho, aunque dentro de dicha esfera recaigan
deberes morales. Y en esta esfera el hombre debe estar libre· de toda intromisión
dei Derecho positivo, no sólo por la razón de que ella no es materia que afecte direc-
ta e inmediatamente al bien común, sino, además. por otro fundamento muy impor-
tante: porque el Derecho natural requiere la existencia y garantía de una esfera de
libertad frente al poder político. Precisamente por eso tampoco admite el Derecho
natural que el Derecho positivo imponga coercitivamente la realización de una serie
de conductas moralmente virtuosas, porque aunque éstas sean buenas, constituye un
agravio el imponerlas sin potestad para ello; y el poder político, que debe estar
ordenado sólo hacia la justicia, la paz y la honestidad externa, no puede poseer la
facultad de imponer la honestidad interna mediante leyes positivas. Bien puede de-
cirse que Suárez intuye que el Derecho debe ser la condición para la posibilidad de
la moralidad, pero no debe querer convertirse en el agente positivo e inmediato del
cumplimiento de la moral, porque ello es imposible, ya que morales pueden serlo
tan sólo las conductas que se realizan por libre voluntad del sujeto y jamás las im-
puestas coercitivamente; y, además, porque imponer el cumplimiento de un deber pu-
ramente moral, de honestidad interna, constituye un monstruoso agravio a la dig-
nidad ética' del individuo, la cual requiere un ámbito de libertad para que éste se
decida por propia cuenta precisamente en la esfera de los deberes morales. 2
Por análogas razones, Suárez excluye en términos absolutos que el Derecho
positivo pueda legislar sobre comportamientos internos, sobre el pensamiento, sobre
los afectos. Las conductas que se consuman en la intimidad en nada se refieren di-
rectamente a la paz y honestidad exteriores ni al bien común (fines del Derecho).
Además, estos actos están fuera del conocimiento del poder político y, por tanto,
también son absolutamente extraños a su fuero. Por otro lado, el Derecho positivo
y el poder de la sociedad política son coactivos. Ahora bien, la intimidad de la con-
ciencia es incoercible; así pues, esa es otra razón por la cual el Derecho positivo no
debe legislar sobre dicha materia.
En esos pensamientos de Suárez se ve co~ toda claridad que, por ser diverso el
sentido que anima al Derecho del que es característico de la Moral, los preceptos
de esos dos tipos de normas son también muchas veces diferentes e incluso discre-
pan tes, aunque nunca contradictorios ni incompatibles. Repito que he aducido esa
doctrina egregia de Suárez -en este punto precursor insigne del liberalismo po-
lítico en lo que éste tiene de acierto capital y perenne- no para interferir el es-
tudio de la diferencia conceptual entre la Moral y el Derecho con consideraciones
estimativas, sino tan sólo como un ejemplo donde, a modo de caso particular, se
destaca con toda luz y precisión la diversidad esencial que media entre el sentido de
lo moral y el sentido de lo jurídico; donde al propio tiempo se revela cómo esa di-
versidad no implica ~n manera alguna contradicción ni incompatibilidad entre am-
bos; y donde se hace patente que el distinguir entre Moral y Derecho no conduce
a la desmoralización de éste, es decir, a privarle de su fundamentación y orientación
en valores éticos, bien que esos valores éticos no son los mismos que informan la
moralidad, en sentido propio, es decir, la íntima honestidad. .
198 DIVERSIDAD ENTRE 10teRAL y DERECHO, PERO NO OPOSICION

Otro de los muchísimos ejemplos que cabe aducir, 10 podemos tomar también
del campo de la Estimativa jurídica en relación con la moral cristiana. Se trata de
la diversidad de fin y de sentido entre algunos consejos evangélicos, por una parte,
y los imperativos jurídicos ideales, por otra. El Evangelio declara: "bienaventurados
los mansos"; y "a cualquiera que te hiriere en la mejilla derecha ofrécete también la
otra", Por otra parte, se considera por muchos cristianos que la defensa del propio
derecho puede constituir un deber y que la lucha por el Derecho está llena de sen-
tido ético. Que hay diversidad entre el punto de vista moral del Evangelio y la
defensa a todo trance del Derecho es notorio. Pero esta diversidad no entraña nin-
guna contradicción, ni tampoco incompatibilidad entre aquel deber moral y el im-
perio inexorable de lo jurídico. La Moral quiere, al emitir esos preceptos, que no
se turbe la pureza de la intención y la. serenidad del ánimo con malas pasiones de
odio o de cólera o de cualquiera otra clase; quiere que amemos al prójimo, sea cual
fuere el comportamiento de éste respecto de nosotros. Pero esto no es incompatible
con que reclamemos la. efectividad de nuestros derechos, cuando precisamos de ella
para el cumplimiento de nuestros fines lícitos. Y, por otra parte, los encargados
de velar por los derechos de todos, es decir, los poderes públicos, deben imponer
la realización del Derecho, porque no sería licito que se mostraran remisos en la
defensa y afirmación de unos bienes cuya custodia se les ha confiado.
Que el Derecho no pueda ni deba convertirse en un agente de la moralidad no
impide, sin embargo, que cree situaciones sociales favorables para que los hombres
se hallen en mejores condiciones para cumplir ellos mismos por sí sus deberes mo-
rales. El Derecho no puede ciertamente imponer el cumplimiento de una virtud pu·
ramente moral, ni prohibir un acto vicioso que no dañe directa e inmediatamente
a la convivencia y a la solidaridad, es decir, que no implique una injusticia inferida
a otra persona o a la sociedad; pero puede, e incluso debe, mediante normas adecua-
das, suprimir, en la medida de lo factible, las tentaciones que constituyan .un in-
centivo habitual y poderoso para conductas inmorales. Sin negar, ni siquiera limitar
las libertades fundamentales del individuo, se pueden crear situaciones sociales que
influyan sobre la configuración psíquica de las gentes y sobre sus reacciones en un
sentido favorable a la moralidad, y no sólo a la moralidad pública, sino incluso a
la privada," Por ejemplo, repitiendo lo .dicho por el P. Suárez, el ilustre jesuita es-
pañol, el Derecho no puede ni debe prohibir la fornicación simple no escandalosa; pero
sí puede y debe prohibir que las prostitutas anden por la calle conquistando clientes.

NOTAS

1 Cfr. DEL VECCHIO, Pilosojia del Derecho, con extensas adiciones originales de Luis
RnCASÉNS SICHES, 3- ed., Uteha, México, 19.45. El gran pensador chileno J. V. LASTARRIA intuyó
claramente algunos de los puntos fundamentales de diferenciación entre Derecho y Moral (cfr.
Elementos de Dererbo público conninuíonal, 1846).
2 SUÁREZ S. l. (Francisco), De legibus, lib. III, caps. 2, 12 Y 13. Sobre SUÁREZ cfr. RE·
CASÉNS SICHES (Luis), La Filosojía del Derecho de Francisco Suárez, con un estudio previo
sobre SIlI antecedentes en la Pasristica y en la Escolástica, Madrid, 1927, 2' ed. Editorial Jus,
México, 1947.
3 Cfr. HUXLEY (Aldous), Ends and Means, cap. m, 1937; MANNHEIM (K.), Libertad
, PlaniJicad6n, pp. 181 !J. Y 249 !J., trad. esp. de R. LANDA, Fondo de Cultura Económica,
México, 1942; Preedom, Power and Democrasic Planning, 1950.
CAPÍTuLO SEIS

LAS REGLAS DEL TRATO SOCIAL. SU DIFERENCIACION DE LAS NOR-


MAS MORALES Y DE LAS NORMAS JURIDICAS

óUMARIO

1. Descripción de las Reglas del Trato. 2. Diferenciación esencial entre Moral


y Reglas del Trato. 3. Diferenciación entre las Normas del Trato. y las Normas
Jurídicas. 4. El problema del Derecho consuetudinario. 5. Relación dinámica
entre el Derecho y las Reglas del Trato Social en 'la Historia.

1. DESCRIPCIÓN nr LAS REGLAS DEL TRATO.

En el horizonte de la vida human. encontrarnos una serie de normas regulado.


ras de la conducta, que ni son Derecho ¡ tampoco son Moral. Se trata de un enor-
me y variado repertorio de normas que en su conjunto, constituyen una categoría
especial, que denominaré reglas del trato social. He aquí algunos ejemplos de tales
reglas: la decencia, el decoro, la buena, ianza, la corrección de maneras, la corte-
sía, la urbanidad, el respeto 'Social, la gentileza, las normas del estilo verbal, del
estilo epistolar, las exigencias sobre 1 traje, el compañerismo, la caballerosidad, la
galantería, la atención, el tacto social, la finura, etc., etc. Pensemos en la innúmera
cantidad de actos y de prohibiciones que nos imponen dichas reglas: el saludo en
sus diversas formas, toda una serie de actitudes que revelen consideración para los
demás, las visitas de cortesía, las invitaciones, los regalos, las propinas y aguinaldos,
la' compostura del cuerpo cuando estamos reunidos con otras personas, la forma del
traje según las diversas situaciones, la buena crianza en la mesa, las fórmulas de la
comunicación epistolar, las reglas del juego, las de la conversación, la asistencia a
determinados actos, el evita; en el lenguaje las palabras reputadas como ordinarias
o groseras, los homenajes de galantería, y, en suma, todos los especiales deberes de
comportamiento que derivan del hecho de pertenecer a un determinado grupo o
círculo social (clase, profesión, partido, confesión, edad, afición, vecindad, etc.).
De ordinario, a estas reglas se las ha llamado "convencionalismos sociales"; pero
reputo que esta denominación es infortunada, porque evoca la idea de convenio, la
cual es precisamente todo lo contrario de la.esencia de estas normas, según veremos
más adelante, pues lejos de derivar de una convención, aparecen preconstituidas ante
el individuo. También se las ha designado con el título de "usos sociales"; y, a~nque
es exacto que se manifiesten a través de costumbres, esta denominación tiene el in-
conveniente de que mediante la costumbre se hacen también ostensibles -según
200 LAS NORMAS DEL TRATO NO SON NI MORAL NI DERECHO

VlffiOS- otros !ipos normativos completamente diversos (como, por ejemplo, prin-
cipios morales y preceptos jurídicos). Por eso, prefiero "designarlas con el rótulo
genérico de "reglas del trato social", porque esta expresión traduce una de sus esen-
ciales características -según mostraré-; y, además, porque dentro de ella cabe todo
el múltiple y variado repertorio de normas que he mencionado y otras de análogo
Jaez.
He aquí, pues, una extraña casta de normas que presentan, ante todo, a primera
vista, como dimensión común a todas ellas, dos caracteres negativos: el no ser ni
normas morales ni normas jurídicas, aunque muchas veces se parezcan a las pri-
meras y no pocas veces a las segundas. Cabalmente, en esto radica la dificultad del
problema que suscita el intento de caracterización de tales reglas: en este parecerse
en algún respecto al Derecho (v. gr., en cuanto a su dimensión social y en cuanto
a la. exterioridad), y en tener, desde otro punto de vista, cierta semejanza con las
estimaciones morales (como sucede, por ejemplo, con algunos principios del deco-
ro). Y, sin embargo, en un primer contacto mental con dichas reglas presentimos
que no son ni Moral, ni son tampoco Derecho. Aunque a veces parece que se ase-
mejan a principios morales, sin embargo, no encajan dentro del co~cepto de lo
moral. Y, a pesar" de su carácter social y de su gravitación hacia la exterioridad de
la conducta, sin embargo, no coinciden con la esencia de lo jurídico.
Pero no basta con ese espontáneo darnos cuenta de que no son ni Moral ni
Derecho. Con ello tenemos sólo un conocimiento vulgar, irreflexivo, meramente
aproximado, que tal vez podría fallar ante algunos Casos difíciles. Es necesario in-
dagar la diferencia esencial entre esas reglas del trato social y las normas morales,
y también la diferencia de dichas reglas frente a los preceptos jurídicos. Con ello
habremos dado otro paso decisivo para la caracterización esencial del Derecho.
Respecto de su forma de aparición, recuérdese lo que dije cuando me ocupé
someramente del uso social. Suele ocurrir que de la primitiva costumbre indiferen-
ciada (que constituía la" regulación total de la conducta) se van segregando tipos
de normas ya especialmente delimitadas (la Moral, el Derecho, la Religión, la
Técnica, etc.), lo cual determina que se perfile también otra cIase de normas con
peculiares características, a saber: las normas del trato social.
Para orientarnos en este primer contacto reflexivo con las reglas del trato social,
convendrá intentar una caracterización de las mismas que, de momento, haré sólo
como inicio provisional.
Esas reglas del trato social suelen manifestarse' en forma consuetudinaria, como
normas emanantes de mandatos colectivos anónimos. (esto es, de la gente, de los
demás, en suma, de la sociedad), como comportaríéentos debidos en ciertas rela-
ciones sociales, en un determinado grupo' o círculo especial, y sin contar con un
aparato coercitivo a su disposición, que fuerce inexorablemente a su cumplimiento,
aunque con la amenaza de una sanción de censura o de repudio por parte del grupo
social correspondiente.
Como he indicado, la forma habitual de presentarse las reglas del trato es la
consuetudinaria. Ahora bien, según ya vimos, no todas las costumbres San expre-
sivas de esas reglas del trato, pues hay también costumbres morales, y asimismo
costumbres jurídicas. Pero, aparte de eso, hay otras costumbres que ni son mo-
rales, ni son jurídicas, ni son tampoco manifestación de reglas del trato. Pues hay
ALGUNAS CARACTERISTICAS DE LAS NORMAS DEL TRATO 201

usos colectivos de carácter intelectual, como lo es, por ejemplo, el lenguaje; como,
en otro orden, hallamos también la opinión pública. y hay, asimismo, usos que se te-
fieren a la conducta práctica y externa, pero que carecen de pretensión normativa.
No todo uso social práctico tiene pretensión normativa: los hay -yen mucha
abundanci"a- que delatan forma colectiva, pero que no pretenden crear para nadie
un deber; así, por ejemplo, almorzar a determinada hora, tomar este o aquel man-
jar en la comida privada, hacer excursiones ciertos días, pasear por una calle a tal
o cual hora, dedicarse a unos u otros juegos, etc.
Obsérvese que el volumen de las reglas del trato y de los deberes que éstas
imponen es muy grande y abarca un sinnúmero de aspectos de nuestra vida social.
y nótese asimismo que la presión efectiva 'de esas normas es muy intensa; tanto,
que muchas veces la sentimos con mayor intensidad que la voz de la conciencia
moral y que ia intimidación del Derecho. En alguna ocasión el Derecho, a pesar
de su coercitiva pretensión de imponerse inexorablemente, se ha mellado en la
práctica, se ha mostrado ineficaz para suprimir determinados comportamientos que
tenían una honda raigambre en reglas consuetudinarias del trato social: así, por
ejemplo, en el caso del duelo en otra época, el cual sólo desapareció cuando pero
dieron vigencia social las costumbres que lo mantenían, y fueron sustituidas por
otras convicciones normativas, según las cuales los lances de honor se consideraron
como cosa ridícula. Lo cual ilustra sobre el potente vigor efectivo que tienen muo
chas reglas del trato social.
Adviértase, además, que las reglas del trato social no tienen una versión uni-
versal, ni siquiera generalizada, sino más bien una serie de versiones particulares
y diversas para cada círculo social. Un acto que para un muchacho es admisible,
puede, en cambio, resultar indecoroso en un anciano; y lo plausible en un anciano,
cabe que sea inconveniente en un joven. El traje perfecto para un obrero manual
resultará indecoroso para ur- funcionario. Lo lícito para un seglar puede ser escan-
daloso en un sacerdote. Ciertas diversiones permitidas socialmente a un saltimbanqui
le están vedadas a un magistrado. El concepto medieval del honor para los caba-
lleros no regía entre los villanos. Unas eran en la Edad Media las costumbres de
los comerciantes y otras las de la aristocracia. Lo que es permitido al nacional puede
resultar intolerable en el extranjero, ° viceversa. Las palabras que no serán criti.
. cadas cuando las profiera un arriero, serán tenidas por groserías en un sirviente
doméstico, etc., etc, Esta a