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Revista Libertas IV: 6 (Mayo 1987)

Instituto Universitario ESEADE


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HAYEK, LA EVOLUCIÓN CULTURAL Y SUS CRÍTICOS

Eduardo A. Zimmermann

When, in such a period of society a, that in which we live, we


compare, an, intellectual acquirements, our opinions, manners,
and institutions with those which prevail among rude tribes, it
cannot fail to occur to us as an interesting question, by what
gradual steps the transition has been made from the first simple
efforts of uncultivated nature, to a state of things so
wonderfully artificial and complicated.-
1
Dugald Stewart.

Para algunos estudiosos del resurgimiento liberal de los últimos tiempos la obra de F. A.
Hayek se destaca como "el más poderoso programa de investigación de la filosofía política liberal
clásica."2 Sus ideas sobre el surgimiento de órdenes espontáneos y sobre la evolución cultural como
mecanismo de selección de esos órdenes constituyen valiosas herramientas para comprender la
transformación de la civilización en lo que se ha llamado la Gran Sociedad o la Sociedad Abierta,
interrogante reflejado en la cita de Dugald Stewart que encabeza estas páginas.
Por otra parte, este resurgimiento liberal es impulsado también por otras corrientes que en
cierto modo rechazan muchos de los principios postulados por Hayek. Se ha sostenido que con-
fluyen en la obra de Hayek principios conservadores y liberales que no pueden ser armonizados; se
han señalado puntos que necesitan probablemente una mayor elaboración dentro de sus ideas de
orden espontáneo y evolución cultural. Por último, se ha criticado también el hecho de que estas
ideas, a partir de un plano descriptivo, hayan pasado a ser utilizadas corno un criterio normativo
para la evaluación de lis instituciones sociales, Antes de analizar el contenido de las críticas
efectuadas a su pensamiento, es conveniente exponer en forma resumida cuál ha sido la posición de
Hayek al respecto.

Constructivismo y evolucionismo

Uno de los puntos centrales en la filosofía social y política del pensador austríaco ha sido su
distinción de dos enfoques opuestos en el análisis de las instituciones humanas: lo que él ha de-
nominado "racionalismo constructivista" - la creencia en la superioridad del diseño deliberado de las
instituciones sociales -, y una postura evolucionista, "racionalista crítica", basada en una
interpretación de tradiciones e instituciones que han surgido en forma "espontánea", sin un diseño
previo preciso ni un conocimiento certero de los beneficios que estas instituciones podían traer.3

1
Dugald Stewart, "Account of the Life and Writings of Adam Smith, L1D)", II, 45 (1793). En: Adam Smith, Essays on
Philosophical Subject, W. P. D. Wightman, Liberty Classics, Indianapolis, 1982, p. 292.
2
John N. Gray, "F. A. Hayek and the rebirth of classical liberalism". En: Literature of Liberty, vol. V, n° 4 (invierno de 1982), p.
62. Traducción al español en Libertas N° 1 (octubre de 1984). Véase también el libro del mismo autor Hayek on Liberty, Basil
Blackwell, Oxford, 1984.
3
Sobre el papel que estas dos corrientes tuvieron en la diferenciación entre el liberalismo anglosajón y el liberalismo continental o
francés, véase F. A. Hayek, "Individualism: True and False". En: Individualism and Economic Order, The University of Chicago
Press, 1984. Traducción al español: Individualismo: verdadero y falso, Centro de Estudios sobre la Libertad, Buenos Aires, 1968.
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Respecto del enfoque constructivista de las instituciones, sus principales características pueden
sintetizarse en cuatro: a) la creencia en que todas las instituciones que benefician a la humanidad
han sido en el pasado, y deben ser en el futuro, inventadas con claro conocimiento de los efectos
deseables que ellas producen; b) que ellas deben ser aprobadas y respetadas sólo en tanto y en
cuanto podamos demostrar que los efectos particulares que producen en una situación particular son
preferibles a los efectos que otro arreglo podría producir; c) que tenemos en nosotros el poder de
diseñar nuestras instituciones de tal modo que de todos los resultados posibles, aquel que nosotros
preferimos es el que resultará, y d) que nuestra razón no debería nunca recurrir a herramientas
"mecánicas o automáticas" cuando una consideración consciente de todos los factores hiciera
preferible un resultado diferente al del proceso espontáneo. Según Hayek, de esta forma de
racionalismo o constructivismo social derivan todas las formas modernas de socialismo,
planificación y totalitarismo.4 El origen de esta postura se remonta, según Hayek, a la errónea
división de los fenómenos en "naturales" (producto de la naturaleza) y "artificiales" (producto de
convención entre los hombres), división que ya habían definido los sofistas en el siglo V a. C. y que,
a través del pensamiento de Aristóteles, se extendió hasta ser adoptada en forma general.5
Esta desacertada clasificación, impulsada aun más por la filosofía racionalista cartesiana del
siglo XVII, y por sus seguidores Rousseau y Voltaire,6 impidió el reconocimiento de una tercera
clase de fenómenos, no enteramente "naturales" ni íntegramente "artificiales o convencionales", que
surgen por la acción de los hombres pero sin una "convención" previa por parte de éstos destinada a
originarlos. Fueron los filósofos morales escoceses, especialmente David Hume, Adams Smith y
Adam Ferguson, quienes, siguiendo el camino indicado por Bernard de Mandeville, encabezaron la
reacción contra los excesos del racionalismo cartesiano a través de una interpretación del avance de
la civilización en los siguientes términos: "como naciones se establecen sobre instituciones que son
el resultado de acciones humanas, pero no la ejecución de algún diseño humano", en las palabras de
Ferguson; dieron así, a juicio de Hayek, “la fundamentación indispensable de los argumentos por la
libertad".7
Los postulados que sostienen esta interpretación de la evolución y la formación espontánea
de órdenes sociales podrían resumirse así: a) en el complejo orden de la sociedad los resultados de
las acciones humanas pueden ser muy diferentes de lo que los hombres planearon; b) los individuos,
al perseguir sus propios fines, sean éstos egoístas o altruistas, siguiendo reglas de conducta
adecuadas, producen resultados útiles o beneficiosos para otros; e) finalmente, el orden de la
sociedad, y lo que llamamos cultura, es en gran parte el resultado de conductas individuales que no
4
Hayek, "Kinds of Rationalism." En: Studies in Philosophy, Politics and Economics, The University of Chicago Press, 1967, p.
85. Tocqueville ya había reconocido que así como entre ingleses y norteamericanos la razón era "orgullosa y confiada en sí
misma, pero nunca insolente, y por ello ha conducido a la libertad", el racionalismo continental "apenas ha hecho otra cosa que
inventar nuevas formas de servidumbre". En: El Antiguo Régimen y la Revolución, Guadarrama, Madrid, 1969, p. 300, nota 12.
5
Hayek, "The Results of Human Action but not of Human Design". En: Studies…, pp. 96-97.
6
Sobre el papel que estos pensadores franceses tuvieron, según Hayek, en la tradición racionalista - constructivista, véase Hayek,
"The Errors of Constructivism” En: New Studies in Philosophy, Politics, Economics and The History of Ideas, The University of
Chicago Press, 1978, p. 5. Traducción al español: Nuevos estudios en filosofía, política, economía e historia de las ideas.
EUDEBA, Buenos Aires, 1981.
John Gray opina que Descartes puede no haber sido responsable de los errores que Hayek le atribuye, tanto a él como a sus
seguidores. Véase Hayek on Liberty, p. 214, nota 2.
7
Hayek, The Constitution of Liberty, The University of Chicago. Press, 1960, p. 57. Traducción al español: Los fundamentos de
la libertad, Unión Editorial, Madrid, 1975. Sobre Bernard de Mandeville, precursor de esta escuela, véase F. A. Hayek, "Dr.
Bernard Mandeville». En: New Studies …: Chiaki Nishiyama, "El papel de la razón: antirracionalismo o racionalismo crítico.".
En: E.Estudios públicos, N° 2 (Marzo de 1981). Sobre la importancia de Hume en el desarrollo de estas ideas, Hayek, "The Legal
and Political Philosophy of David Hume". En: Studies..., donde se menciona la influencia que Hume y sus ideas sobre la
evolución cultural pueden haber tenido sobre Darwin y su teoría de la evolución de las especies. Sobre los filósofos morales y
escoceses véase en este mismo número Ezequiel Gallo, "La tradición del orden social espontáneo: Adam Ferguson, David Hume
y Adanm Smith" (p. 131).
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tienen tal fin como propósito, pero que son canalizadas hacia esos fines por instituciones, prácticas y
reglas, muchas de las cuales tampoco han sido inventadas deliberadamente, sino que han sido
aceptadas por haber sobrevivido a un proceso de evolución durante el cual dichos sistemas de
normas guiaron exitosamente a los grupos o comunidades que los adoptaron.8
El lenguaje, el derecho, el dinero, el mercado, son ejemplos de instituciones sociales cuyo
origen es explicado en esta interpretación no como el producto de un diseño deliberado sino como
un resultado no previsto de acciones humanas que resulta ser beneficioso para la vida de los
hombres en sociedad.9 Pero estas instituciones han surgido a lo largo de un proceso evolutivo que
ha seleccionado los tipos de normas de conducta que hacen posible ese progreso de la civilización
humana. Esto significa que las reglas morales tampoco son, para esta línea de pensamiento, el
resultado de la razón humana: su origen se debe al hecho de que algunos grupos, sin saber en forma
completa y detallada por qué lo hacían, adoptaron ciertas normas de conducta (por ejemplo, la
honestidad, las reglas de la propiedad privada y la familia) que les permitieron prosperar, desarro-
llarse exitosamente y desplazar en forma progresiva a otros grupos que seguían principios y
tradiciones diferentes. Más aun, Hayek destaca que en muchos casos estos principios morales
aparecían contrarios tanto a los instintos innatos del hombre como a sus intentos por comprenderlos
racionalmente, y esas tradiciones morales sólo fueron respetadas a través de las religiones y de la
creencia en una fuerza sobrenatural.10
Puede distinguirse hasta aquí la importancia de tres conceptos relacionados entre sí: a)
respecto de las reglas de conducta que guían las acciones individuales, Hayek ha enfatizado las di-
ferencias entre las reglas propias de un "orden espontáneo" y aquellas que guían la conducta de
individuos dentro de una "organización"; b) tal como se verá más adelante, no todas las reglas de
conducta de un orden espontáneo son a su vez un producto surgido en forma espontánea, sin la
intervención "artificial" del hombre; e) la obediencia o el cumplimiento de esas reglas de conducta
no están dados por un reconocimiento consciente del orden o regularidad logrados sino por la
selección operada dentro de un proceso de evolución cultural por la cual los grupos que siguen esos
sistemas de reglas se desarrollan más exitosamente que los que no las acatan, desplazando a estos
últimos.
El gran mérito de estas reglas de conducta es que "son el producto de un lento proceso de
evolución a lo largo del cual se ha volcado en ellas mucha más experiencia y conocimiento que el
que una persona puede llegar a adquirir".11 De ese modo, contienen adaptaciones a circunstancias
8
Hayek, "Dr. Bernard Mandeville". En: New Studies.. ., p. 253.
9
Hayek, "The Results of Human Action but not of Human Design". En: Studies…, pp. 96-105. Un buen ejemplo de "explicación
de mano invisible" del surgimiento de la moneda como institución social puede verse en Carl Menger, "El origen del dinero". En:
Libertas N° 2 (mayo 1985), traducción al español del artículo que el economista austríaco publicara originalmente en 1892. Sobre
la idea de "consecuencias no previstas" véase Richard Vernon, "Unintended consequences". En: Political Theory, vol. 7 , N° 1
(febrero 1979). Robert Nozíck realiza una buena enumeración de ejemplos de "explicaciones de mano invisible" en Anarchy, State
and Utopia, Basic Books, New York pp. 18-22. Sobre el uso que Montesquieu hace de una "explicación de mano invisible" al
analizar la monarquía como forma de gobierno, véase Natalio Botana, La tradición republicana, Sudarnericana, Buenos Aires,
1984, pp. 31-1,32. Menger, Popper y Hayek han coincidido en afirmar que el estudio y la comprensión de fenómenos que surgen
como consecuencias no previstas de las acciones humanas constituyen el objeto de las ciencias sociales. Véase Carl Merger,
Problems of Economics and Sociology. University of Illinois Press, Urbana, 1963, p. 146; Karl Popper, "Towards a Rational
Theory of Tradition." En: Conjectures and Refutations. The Growth of Scientific Knowledge. Routledge and Kegan Paul,
Londres, 1972, p, 125; y F. A. Hayek, The Counter –Revolution of Science. Studies on the Abuse of Reason, Liberty Press,
Indianapolis, 1979, p. 69, Sobre el papel de la idea de orden espontáneo en la historia del pensamiento puede verse Norman Barry,
"The Tradition of Spontaneous Order". En: Literature of Liberty, vol. V, N° 2, 1982.
10
Hayek, "Los orígenes y los efectos de nuestros principios morales: un problema para la ciencia". En: Libertas N° 3 (octubre
1985). También "Our Moral Heritage". En: Knowledge, Evolution and Society, The Adam Smith Institute, Londres, 1983; y “Los
fundamentos éticos de una sociedad libre", conferencia en el Centro de Estudios Públicos, Santiago de Chile, publicada en
Estudios públicos, N° 3 (junio 1981).
11
Hayek, "Kinds of Rationalism." En: Studies.. ., p. 92.
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del medio ambiente a las que no se puede acceder mediante la observación individual o que no son
perceptibles a través de la razón, y se convierten por lo tanto en una ayuda indispensable para los
hombres, una vez reconocidos los límites de la razón humana.12 Si efectivamente estas reglas de
conducta, que no son dominadas ni explicadas enteramente por la razón humana,13 promueven el
surgimiento de órdenes espontáneos que resultan beneficiosos para los hombres, debería concluirse
que toda reforma que intente realizarse debería apuntar no a modificar los resultados concretos de
este proceso (los órdenes surgidos o partes de ellos) sino a mejorar esas reglas abstractas, de tipo
general, que guían a los individuos en sus acciones. El éxito de las reformas, en esta posición
evolucionista, estaría dado por el acierto en la creación o el mejoramiento de las condiciones
adecuadas para el surgimiento de órdenes beneficiosos y no en reformas efectuadas sobre los
mismos órdenes en procura de resultados específicos.14
Pero en sus intentos por mejorar esos sistemas de reglas de conducta los hombres tienen
posibilidades limitadas, dadas las restricciones del conocimiento humano para abarcar toda la ex-
periencia contenida en esas normas.
El punto de partida de todas estas reflexiones fue para Hayek su investigación sobre la forma
en que un orden de mercado utiliza una gran cantidad de conocimiento que no se halla concentrado
en una sola mente sino disperso entre miles o millones de personas.15 Las limitaciones del
conocimiento humano y la relación de esas limitaciones con las posibilidades de reformar las
instituciones sociales ya habían sido señaladas, sin embargo, por otros pensadores dentro de la
tradición del "racionalismo crítico". Mandeville, por ejemplo, había apuntado que "a menudo
hacemos responsables a la Excelencia del genio humano y a la profundidad de su percepción de lo
12
Sobre la relación existente entre los individuos que obedecen reglas de conducta abstractas y los órdenes que surgen como
resultado de esas conductas, véase el importante trabajo de Hayek, "Notes on the Evolution of Systems of Rules of Conduct". En:
Studies. . ., pp. 66-81. Debería agregarse que la posición evolucionista de Hayek frente a la razón humana es opuesta al dualismo
cartesiano: la mente no es una sustancia independiente de la existencia física de los hombres; por el contrario, la mente y la
civilización humana evolucionaron de manera conjunta, influyéndose mutuamente. Véase "Reason and Evolution” cap. I de Law,
Legislation - and Liberty, vol. I: Rules and Order; y "The Three Sources of Human Values”, epílogo The Law, Legislation and
Liberty; vol. III: The Political Order of a Free Peoples, The University of Chicago, Press., Chicago, 1973 y 1979.
13
Respecto al conocimiento de reglas que guían la conducta de los hombres aunque no puedan ser articuladas y enunciadas
explícitamente por éstos, véase Hayek, "Rules, Perception and Intelligibility". En: Studies…pp. 43-65; y "The Primacy of the
Abstract.” En New Studies..., pp. 53-49. Estas ideas han sido desarrolladas también por Gilbert Ryle, "Knowing how and
Knowing that". En: The concept of mind, Penguin. Books, New York, 1983, pp. 26-60; Michael Oakeshott, "Rational
Conduct.”En: Rational in politics and other essays, Methuen and Co., Londres, 1981, pp.80-110; y Michael Polanyi, Personal
Knowledge, The University f Chicago Press, Chicago, 1962.
14
Thomas Sowell, en una obra que constituye una brillante elaboración y aplicación a ejemplos concretos de las ideas haykianas
sobre el uso del conocimiento en la sociedad, comenta acertadamente: “Cuando se entiende la cultura como un producto evolutivo
- una ecología de relaciones humanas no es claro que debamos aceptar como válidos para efectuar cambios específicos en esta
ecología social toda razón o argumento, por bien articulados que estén. Incluso siendo aceptable una política en un caso
especifico, sus consecuencias no deseadas sobre un sistema complejo merecen una cuidado consideración. En: Knowledge and
Decision, Basic Books, New York, 1980, p. 103. Estas consideraciones se refieren al tipo de orden" más complejos y sin un
propósito único, que Hayek denomina apropiadamente "cosmos". Por el contrario, lo que él ha denominado "taxis",
organizaciones más simples, diseñadas para obtener un fin concreto, deberían seguir principios completamente distintos en lo que
se refiere a diseño o reforma. Sobre esta distinción véase Law, Legislation and Liberty, V.I. : Rules and Order, pp. 35-54.
15
Al mencionar al conocimiento no concentrado en una sola mente sino disperso entre miles o millones de personas, Hayek no
está refiriéndose al conocimiento científico, sistemáticamente organizado, sino "a un cuerpo de conocimiento muy importante,
aunque no organizado [ . . . ]: el conocimiento de las circunstancias particulares de tiempo y lugar". En este sentido, la economía
busca responder: "¿Cómo puede la combinación de fragmentos de conocimiento existentes en distintas mentes producir resultados
que, si tuvieran que ser producidos deliberadamente, requerirían un conocimiento por parte de la mente directora que ninguna
persona puede poseer?" Hayek, "Economics and Knowledge". En: Individualism and Economic Order, p. 54. Sobre el problema
de la división del conocimiento, para Hayek un problema tan importante como el de la división del trabajo, véase también "The
Use of Knowledge in Society " En: Individualism and Economic 0rder, p. 77: "El particular carácter del problema de un orden
económico racional está dado precisamente por el hecho de que el conocimiento de las circunstancias del que debemos hacer uso
nunca existe en forma integrado o concentrada sino solamente como fragmentos dispersos de conocimiento incompleto y
frecuentemente contradictorio que los distintos individuos poseen".
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que en realidad se debe al transcurso del tiempo y a la experiencia de muchas generaciones (. .. )"; y,
refiriéndose al conocimiento humano, en forma más explícita:

El conocimiento, a priori, pertenece sólo a Dios, Y la sabiduría divina actúa con


una certeza original, de la cual lo que llamamos demostración ( ... ) es sólo una
copia imperfectada y prestada ( ...). Por el contrario, el hombre infeliz no está
seguro de nada, sin excepción de su existencia, sino razonando a posteriori. La
consecuencia de esto es que las palabras del arte y la invención humana son muy
imperfectas y defectuosas, y la mayoría de ellas con escaso significado: nuestro
conocimiento avanza por pequeños grados, y algunas artes y ciencias requieren la
experiencia de muchas edades antes de que puedan llevar a alguna perfección to-
lerable".16

Edmund Burke, en sus Reflexiones sobre la Revolución Francesa, advirtió sobre los límites
que un imperfecto conocimiento humano impone a la posibilidad de reformar exitosamente las
instituciones sociales:

"(...) Siendo la ciencia de gobernar una ciencia práctica, destinada a fines


prácticos, algo que requiere experiencia e incluso más experiencia de la que es
capaz de alcanzar un hombre en su vida por sagaz y acucioso que sea, no se debe
proceder - sin infinita cautela - a demoler una institución que ha servido por años
los fines de una sociedad, como tampoco se puede reconstruir sin un nuevo modelo
de probada utilidad."17

La posición evolucionista, en consecuencia, trae aparejada una actitud de prudencia respecto


de los propósitos de reformas sociales, y de respeto a los principios e instituciones que han sido
aceptados como valores tradicionales:

"Dado que debemos el orden de nuestra sociedad a una tradición de reglas que
sólo comprendemos imperfectamente, todo proceso debe basarse en la tradición.
Debemos construir sobre la tradición y sólo ajustar o reparar sus productos".18

Hayek sostiene, además, que este intento de mejoramiento de los principios e instituciones
tradicionales debe asimilarse "a un lento proceso experimental de mejoras graduales mas que a una
oportunidad para un cambio drástico".19

Este enfoque gradualista de los procesos de reforma, asimilable a lo que Karl Popper ha
denominado "ingeniería social gradual" en oposición a la “ingeniería utópica,"20 había sido bien
descripto por David Hume, al señalar que los "magistrados prudentes"

16
Bernard de Mandeville, The Fable of the Bees: or Private Vices, Public Benefits, Oxford University pp, 1924, pp. 186-187.
También, p. 179: "A menudo, investigaciones diligentes han tropezado por casualidad con útiles descubrimientos de cosas que
ellas no buscaban y que la sagacidad humana, trabajando con un plan a priori, jamás había detectado.” Citado por Chiaky
Nishiyama, “El papel de la razón: antirracionalismo crítico.” En: Estudios públicos N° 2 (marzo de 1981): 37 y 47.
17
Edmund Burke, Reflections on the Revolution in France, Penguin Books, New York, 1969. La traducción al español de este
párrafo en Estudios públicos, N° 9 (verano de 1983): 150.
18
Hayek, "The three sources of human values,” p. 167. La cursiva es nuestra.-
19
Hayek, "Kinds of Rationalism.” En: Studies…p. 92.
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"( ...) sentirán profundo respeto por lo que presenta las huellas del tiempo, y
aunque puedan intentar mejoras en pro del bien público, acomodarán en lo posible
sus innovaciones al antiguo edificio, y conservarán las principales columnas y
apoyos de la constitución".21

Como ya se ha mencionado, junto a la aceptación y el reconocimiento que las ideas


hayekianas despiertan en el moderno resurgimiento del liberalismo, han surgido críticas sobre
distintos aspectos de ellas.

Algunas críticas

Uno de los críticos más severos de la posición evolucionista de Hayek respecto de las
instituciones sociales ha sido James Buchanan, fundador de la Escuela de la Decisión Pública o
Escuela de Virginia.22
Buchanan ha cuestionado severamente en distintas oportunidades la aplicación que Hayek
hace de las ideas de orden espontáneo y evolución cultural al surgimiento de instituciones jurídicas
y políticas.23 Debe destacarse, sostiene Buchanan, que “las explicaciones de mano invisible son tan
aplicables a órdenes que son claramente reconocidos como deseables como para aquellos que se
reconocen como indeseables". En este sentido, agrega, "Hayek no separa correctamente las
implicancias positivas y normativas del principio", y ha extendido apresuradamente "su justificada
crítica de los que no comprenden cómo opera el principio de la mano invisible, restringido por
leyes, a una crítica injustificada y parcialmente contradictoria de aquellos que buscan evaluar el
surgimiento y el operar de esas leyes en términos racionalistas o constructivistas.-24 En
20
Karl Popper, The Open Society and Its Enemies, Routledge and Kegan Paul, Londres, cap. 9. La posibilidad de realizar ajustes y
correcciones que ofrece el método de "ingeniería gradual" implica para Popper, “la introducción del método científico en la
política, ya que todo el secreto del método científico es la disposición para aprender de las errores". Ibídem, vol. 1, p. 163, nota S.
Aunque Hayek comparte la necesidad de llevar a cabo estos procesos de reforma de manera gradual, no parece aceptar la expre-
sión "ingeniería social, gradual" coma el mejor término para describir esta posición. Véase “The Counter-Revolution of Science.”
p. 166; y Law, Legislation and Liberty, vol. II: The Mirage of Social Justice, The University of Chiago, 1976, p. 157.
21
David Hume, '”Idea de una república perfecta", en Ensayos políticos, Unión Editorial, Madrid, 1975, p. 151. Esta idea está
también presente en la descripción que Adam Smith hace del reformador inspirado en principias "de humanidad y benevolencia",
que acomoda sus disposiciones a los hábitos y costumbres arraigados en la gente, en oposición al "hombre de sistema”, que
"creyéndose muy sabio en su propio engreimiento , está frecuentemente tan prendado de su plan ideal de gobierno que no acepta
la menor desviación de él". A. Smith, The Theory of Moral Sentiments. (1759). Liberty Classics, Indianapolis, 1976, pp. 231-224.
22
Una resumida enumeración de los distintos aportes y las diferentes líneas de investigación de la escuela de Virginia o de la
Public Choice puede verse en James Buchanan, "De las preferencias privadas a una filosofía del sector público". En: Estudios
Públicos, N° 1 (diciembre de 1980), También en Henri Lepage, Mañana el capitalismo, Alianza Editorial, Madrid, 1979, pp.
31-36 y 151-170. Para un análisis más detallado de la escuela, véase Dennis C. Muller, "Public Choice: A Survey". En Journal of
Economic Literature, v. 14, N° 2 (junio 1976). Una comparación de las ideas que sobre reforma institucional tienen Hayek y
Buchanan puede verse en E. Zimmermann, "Tres opiniones liberales sobre tradición y reforma: Hayek, Buchanam y Rothbard".
(Inédito)
23
Principalmente en "Law and the Invisible Hand.” En: Freedom in Constitutional Contract, Texas A & M University Press,
College Station, 1977, pp. 25-39. También The Limits of Liberty, The University of Chicago Press, 1 975, Chicago, p. 194, nota
1.
24
J. Buchanan, "Law and the Invisible Hand, pp. 31 y 37. Sobre la distinción que Buchanan hace entre las decisiones que se
toman dentro de las leyes existentes y las decisiones respecto de cambios de esas leyes véase E. Zimmermann, "Tres opiniones
liberales sobre tradición y reforma: Hayek, Buchanan y Rothbard". Sobre la distinción entre la descripción positiva del fenómeno
del orden espontáneo y su evaluación normativa, Israel Kirzner ha expresado: "Sostener la idea del orden espontáneo significa
sostener dos ideas: 1) la idea de que permitir a las fuerzas sociales espontáneas trabajar libremente produce resultados
sistemáticos, y no caóticos o al azar; 2) la idea de que el carácter normativo de estos resultados sistemáticos difícilmente puede ser
juzgado como no beneficioso socialmente. Evidentemente, la segunda idea tendría poco alcance sin el reconocimiento de la
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consecuencia, sólo una actitud "constructivista" de los hombres hacia sus instituciones, sostiene este
autor, les permitirá evitar una peligrosa pasividad ante los sucesos de la historia.
En realidad, Buchanan reconoce25 que Hayek ha aceptado la necesidad de que los hombres
realicen reformas deliberadas de sus instituciones cuando éstas han evolucionado en una dirección
no beneficiosa, y su crítica parece fundamentarse en la diferencia de énfasis que uno y otro ponen en
este punto, y sobre las consecuencias que esa diferencia puede tener sobre la actitud frente a
potenciales reformas institucionales. Más aun, en un trabajo reciente26 Buchanan realiza una
distinción que tiene como propósito reconciliar ambas posiciones. Existen por una parte, según él,
reglas de conducta que han surgido como producto de la evolución cultural, que no son
comprendidas enteramente por los hombres y por lo tanto no pueden ser modificadas a voluntad, y
que operan corno restricciones sobre la acción humana. Por otra parte, existe un conjunto de
instituciones que, si bien limitadas por las reglas de conducta producto de la evolución cultural, no
constituyen un único e irreemplazable ,sistema de instituciones; es decir, dentro del marco "natural”
fijado por esas reglas evolutivas pueden surgir distintas estructuras institucionales que pueden ser
evaluadas racionalmente por los hombres y modificadas en consecuencia. En esta versión de la
reforma institucional coincidirían Hayek y Buchanan, según este último, ya que la crítica hayekiana
al "constructivismo" se referiría solamente a los intentos de crear o reformar instituciones sin tomar
en cuenta las restricciones que las reglas de conducta evolutivas imponen al conjunto de alternativas
institucionales.27
En trabajos anteriores, sin embargo, Buchanan parecía asimilar el énfasis puesto por Hayek
en la necesaria prudencia requerida para realizar reformas institucionales con un enfoque
pragmático, "incrementalista" de las decisiones político-institucionales, tal como ha sido expuesto
por Lindblont y Dahl.-28 Según estos autores, la discusión sobre reformas institucionales alternativas
ha ido abandonando progresivamente la elección entre principios generales como socialismo y
capitalismo, planificación y mercado libre, etc., para centrarse en una elección entre distintas
técnicas sociales que casi siempre abarcan formas mixtas. Quienes aún defienden las grandes
alternativas entre distintos cuerpos de principios generales "están atrapados, en diversa medida, en
la tradición de los grandes 'ismos' que ya van desapareciendo. Las grandes alternativas que ellos
creen ver son los fuegos fatuos tanto de la derecha corno de la izquierda".29 En oposición a esa
"tiranía de los ismos- estos autores intentan demostrar que "las posibilidades de acción social
racional para el planeamiento, para la reforma - en síntesis, para resolver problemas -, no dependen
de nuestra elección entre grandes alternativas míticas, sino, en gran medida, de la preferencia que
otorguemos a determinadas técnicas sociales".30 Una característica de este enfoque de la reforma

primera. Pero, por otro lado, la aceptación de la primera idea no implica un compromiso con la segunda". Es decir, el
reconocimiento de regularidades surgidas en forma espontánea, sin un diseño racional previo, no lleva en si la aprobación de esas
regularidades como beneficiosas socialmente. Israel Kirzner, "Spontaneous Order - A Complex Idea". En: Literature of Liberty,.
V, N° 4, 1982, p. 8.-
25
“Law and the Invisible Hand”, p. 37.
26
“Cultural Evolution and Institucional Reform". En: J. B. Buchanan, Liberty, Market and State, New York University, Press
1985.
27
Buchananan resume así su argumento : “Una reconciliación es posible entre estas, aparentemente, contradictorias actitudes si
limitamos el espectro de propuestas sobre reforma institucional a aquellas que sean compatibles con las disposiciones de conducta
del hombre, tal como éstas han sido formadas en parte por reglas que han evolucionado culturalmente y él no alcanza a
comprender. Aceptamos, con Hayek, que esas reglas de conducto probablemente surgieron en forma gradual en un proceso que es,
en muchos aspectos, análogo a la selección natural". Ibídem, p. 163.
28
Charles E. Lindblom, “Policy Analysis". En: American Economic Review vol 48, N° (junio de 1958): pp. 298-312; Robert A.
Dahl y Charles E. Lindblom, Política, economía y bienestar, Paidos, Buenos Aires, 1971.
29
Dahl y Lindblom, op. cit., p. 32.
30
Ibidém , p. 34
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institucional es la utilización como método de lo que estos autores denominan "incrementalismo": el


intento de mejorar la realidad existente realizando sobre ella ajustes y correcciones relativamente
pequeños, que apunten a un problema específico y no a la solución de una discusión ideológica
relativa a todo el sistema institucional.31 Una supuesta reforma, desde esta perspectiva, debe ser
desarrollada como un ajuste o corrección parcial de un sistema cuyos fundamentos o principios no
se cuestionan, ni se intenta modificarlos. El pragmatismo, y no la adecuación a principios generales,
parece ser la actitud básica del "incrementalismo".
Buchanan identifica esta preferencia por arreglos o reformas parciales, libres de todo
principio filosófico o ideológico que las guíe, con la posición evolucionista de Hayek, y critica a
ambas basándose en los resultados que ha producido el pragmatismo en materia institucional. A su
criterio, la confianza en que un proceso de mejoras superficiales, sin estar orientado por algún
principio fundamental, podía servir como un método estable, ha creado una situación de "anarquía
constitucional", en la cual la política, la acción de gobierno, es utilizada como herramienta para
satisfacer necesidades de distintos grupos, en un proceso que, de no ser frenado, terminará por
eliminar las posibilidades de constituir un orden social libre.32
Resulta paradójico el paralelo que Buchanan establece entre el pragmatismo
"incrementalista" de Dahi y Limdblom y el evolucionismo de Hayek, ya que este último ha criticado
la posición de los primeros casi en los mismos términos que Buchanan: "Aunque probablemente
toda mejora deba realizarse gradualmente, si las distintas etapas no están guiadas por un cuerpo de
principios coherentes, el resultado será seguramente una supresión de la libertad individual".33
Contrariamente a la posición adoptada por Dahl y Lindblonn respecto de las ideologías o los
"ismos", Hayek ha enfatizado la necesidad de que los procesos de reforma sean guiados por
principios generales y no por razones de conveniencia en circunstancias particulares, lo que coin-
cidiría con el análisis realizado por Buchanan.
Aunque existiera, sin embargo, esta coincidencia en torno a la importancia de los principios
generales, Buchanan mantendría una diferencia de énfasis en lo concerniente a la magnitud de las
reformas deseables: tras un largo proceso durante el cual a través de una serie de decisiones
graduales, "pragmáticas", los distintos grupos de interés han provocado una colectivización
creciente de las decisiones, sólo una revisión profunda de las reglas básicas de la comunidad, una
genuina "revolución constitucional" basada en un nuevo acuerdo general, puede poner punto final a
ese proceso.34 Intentar eliminar todos los privilegios especiales a través de reformas graduales, o
caso por caso, sería, según Buchanan, un intento destinado al fracaso: las personas o grupos que se
benefician con algún tipo de privilegio se opondrían fuertemente a renunciar a él, y los perjudicados
por el sistema no aceptarían compensar a los primeros para que renunciaran a sus ganancias
artificiales.35 Un nuevo acuerdo general puede ser más fácil de alcanzar, sin embargo, que acuerdos

31
lbidem, p. 107, Lindblom, "Policy Analysis", pp. 300-301, 310. Estas autores reconocen la similitud de su enfoque con la
"ingeniería social gradual” descripta por Popper, Politíca, economía y bienestar, p. 107, nota 16.
32
Buchanan, The Limits of Liberty, pp. 167-169, 194, nota 1; "Criteria for a Free Society", p. 246; "Pragmatic Reform and
Constitutional Revolution". En: Freedom in Constitutional Contract, p. 274.
33
Hayek, Rules and Order, p.56
34
Buchanan, The Limits of Liberty, p.168. Este argumento es asimilable a lo que Mancur Olson describe en The Rise and Decline
of Nations, Yale University Press, 1982: en períodos de estabilidad, los grupos de interés, van creando a través de legislación
especial y normas de privilegio una estructura que impide el progreso y el crecimiento económico. Solamente los países que han
sufrido alguna catástrofe o cataclismo institucional que destruye esa trama de intereses establecidos logran retomar la senda del
progreso (por ejemplo, Alemania, Japón). En el caso de Buchanan, sin embargo, la "revolución constitucional" no consiste en, ni
es impulsada por, ningún hecho violento ajeno a la voluntad de los participantes, sino que es una decisión racional de éstos de
revisar las reglas básicas de la comunidad.
35
James Buchanan, “Reform in the Rent-Seeking Society". En: Buchanan, Tollison y Tullock, eds., Toward a Theory of the Rent-
Seeking Society, Texas A & M University Press, College Station, 1980, p. 365.
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parciales para realizar pequeñas reformas por separado. Los distintos grupos podrían aceptar que
todos los privilegios u oportunidades de obtenerlos sean eliminados simultáneamente, si al hacer
esto todos se benefician mutuamente, al eliminar también los costos que hasta ese momento se
imponían unos a otros por ese mismo proceso.36 Lograr las condiciones para obtener ese acuerdo
dependerá tanto de las circunstancias históricas de cada comunidad como de la habilidad de sus
dirigentes políticos e intelectuales para promover cambios constitucionales generales en la
estructura de instituciones sociales, económicas y políticas.37
Lo dicho hasta aquí refleja una aparente diferencia de criterio entre Buchanan y Hayek con
respecto a la reforma institucional: a través del acuerdo y el consenso como criterios para guiar sus
reformas, los hombres encaran la tarea de "construir" sus instituciones, según Buchanan, con una
actitud muy distinta de la descripta por la corriente evolucionista.38
Han surgido muchas otras críticas que reflejan cierta similitud por algunos de los puntos
señalados por Buchanan. John Gray, en su trabajo previo a su libro sobre Hayek , había expresado
que en la obra del pensador austríaco confluían posiciones opuestas e irreconciliables; conservadora
y liberal, tradicionalista e individualista, escéptica y racionalista. En conclusión, el pensamiento de
Hayek no podía proveer, según Gray, una nueva base satisfactoria para una doctrina liberal, por lo
que sus ideas evolucionistas parecen apropiadas para “órdenes liberales amenazados por
movimientos colectivistas , pero no ofrecen nada a sociedades preliberales o posliberales” al no
poder,por ejemplo, “dar impulso a activistas liberales en regímenes antiliberales bien establecidos y
de larga tradición.”39
Para Norman Barry, los principios evolucionistas de Hayek podrían llevarnos a un punto en
el que "debernos aceptar pasivamente una estructura de normas determinadas precisamente por el
hecho de que no han sido diseñadas", aunque no siempre ese conjunto de normas resultará "eficiente
o el más apropiado para un orden liberal clásico (que Hayek favorece por razones distintas, de las
que hacen a la evolución)". Concluye Barry que:

"Si estamos intelectualmente atados a la tradición, y nuestra razón es un instrumento


muy frágil como para recomendar alternativas satisfactorias, ¿cómo podemos evaluar
críticamente ese orden social estatista y antiindividualista que parece ser un producto de
la evolución tanto como cualquier otra estructura social?40

Viktor Vanberg ha afirmado que existen numerosas ambigüedades en la idea hayekiana de


evolución cultural, que surgen, a su criterio, porque Hayek no ha distinguido con la suficiente
claridad el significado diferente de la aplicación de los conceptos de orden espontáneo o
constructivismo en el campo del mercado y de su aplicación a reglas e instituciones.41 En términos
similares, Roger Arnold señala la necesidad de distinguir entre evolución de instituciones dentro de

36
Ibídem, p. 366; Buchanan y Tullock, The Calculus of Consent, The University of Michigan Press, 1962, p. 291.
37
Buchanan, "Reform in the Rent-Seeking Society", p. 367. Karen Vaughn ha elaborado interesantes ejemplos sobre la
participación de "empresarios ideológicos" en este proceso, en "Can a Democratic Society Reform ltself? The Limits of
Constructive Change". En: For a Free Society in the Coming Decade, The Mont Pelerin Society, 1983, pp. 1-29.
38
José Antonio Aguirre señala: “Para Hayek (…) el ´constructivismo' del orden social es insostenible. Por el contrario, los
teóricos de la public choice piensan que hay instituciones diseñadas o construidas mediante acuerdos sociales que, alcanzados tras
sucesivas de concesiones mútuas, pueden funcionar aceptablemente bien.” En: “La contribución de la teoría económica de la
public choice al renacimiento liberal”, Revista de Occidente 58 (marzo de1986); 62.
39
John Gray, "F. A. Hayek on Liberty and Tradition". En: Journal of Libertarian Studies, vol. IV, N° 2, 1980. Gray modificó
completamente sus puntos de vista en sus trabajos posteriores (véase nota 2).
40
Norman Barry, "The Tradition of Spontaneous 0rder", pp. 45-46. También N, Barry, "Ideas versus Interests". E.: Hayeks´s
“Serfdom” Revisted, Institute of Economic Affairs, Londres, 1984, pp. 60-61.
41
Viktor Vanberg, "Cultural Evolution vs. Rationalism in Hayek's Thought". En: Cato Policy Report, vol. VII, N° 1, 1985.
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un marco legal determinado y evolución sin un marco específico, concluyendo que el hecho de que
Hayek establece un marco o ambiente específico (ciertas normas generales de conducta) en el cual
surgen órdenes eficientes puede ser visto como una admisión implícita de que la evolución de
instituciones fuera de ese marco específico produce ineficiencias. Por lo tanto, no puede aceptarse
que sean inhibidas las posibilidades de mejorar racionalmente ese marco de normas.42
Karen Vaughn ha señalado que en el caso de las ideas sobre las reglas políticas adecuadas, no
existe ninguna explicación evolucionista válida que describa un mecanismo de selección que opera
en favor de unas reglas sobre otras. Las reglas de una buena organización política, en consecuencia,
deben ser construidas y cuidadas en forma activa por quienes defienden los valores expresados en
ellas.43
En definitiva, casi todas las críticas a las ideas evolucionistas de Hayek apuntan
principalmente al "antirracionalismo" hayekiano, que lleva a este autor a una posición que puede
resultar contradictoria con sus propios principios liberales, acercándolo al conservadorismo, y a
quienes comparten sus ideas a quedar inhibidos de hacer críticas y/o proponer reformas de
instituciones "antiliberales". Es posible, sin embargo, encontrar una interpretación diferente de las
ideas expuestas por Hayek, que permita combinar sus principios evolucionistas con algunos de los
puntos que sus críticos reclaman.

Una reconsideración de la teoría evolucionista de Hayek

Respecto del análisis que Hayek hace de las reglas de conducta que enmarcan el surgimiento
de un orden social espontáneo, él ha reconocido que:

a) algunos sistemas de reglas de conducta pueden no sólo producir órdenes ineficientes o no


deseados, sino también impedir el surgimiento de cualquier orden, produciendo "desórdenes":

"Es evidente que en la sociedad algunos comportamientos perfectamente


regulares de los individuos sólo pueden producir desorden: si la regla fuera que
todo individuo debiera tratar de matar a quien encontrara, o huir de todo aquel que
viera, el resultado claramente sería la absoluta imposibilidad de un orden en el que
las actividades de los individuos se basaran en la colaboración con otros".44

b) No siempre las reglas que guían la conducta de los individuos sobre las cuales surge un
orden espontáneo tienen a su vez un origen espontáneo: "El carácter espontáneo del orden debe
distinguirse del origen espontáneo de las reglas sobre las cuales descansa y es posible que un orden
que también debiera ser calificado como espontáneo descanse sobre reglas que son enteramente el
producto de un diseño deliberado".45
Debe agregarse también que el imputar a Hayek una actitud de "quíetismo" frente a los
resultados de un proceso de evolución cultural no se compadece con expresiones del propio Hayek
al respecto. Por un lado, él ha destacado la necesidad de no hacer del liberalismo un cuerpo de ideas
estancado:

42
Roger Arnold, "Hayek and institutional Evolution". En: Journal of Libertarian Studies, Vol. IV, 1980, pp. 341-365.
43
Karen Vaughn, "The Constitution of Liberty from an Evolutionary perspective En.: Hayek´s “ Serdom” Revisted, p. 127.
44
Hayek, Law, Legislation, and Liberty, vol. 1: Rules and Order, p. 44.
45
Ibídem, pp. 45-46. La cursiva es nuestra.
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"No hay nada en los principios básicos del liberalismo que haga de éste un
credo estacionario; no hay reglas absolutas establecidas de una vez para siempre
(…). En particular, hay una diferencia completa entre crear deliberadamente un
sistema dentro del cual la competencia opere de la manera más beneficiosa posible
y aceptar pasivamente las instituciones tal como son ( ...). Si la competencia ha de
actuar beneficiosamente, requiere una estructura legal cuidadosamente pensada, y
(….) ni las reglas jurídicas del pasado ni las actuales están libres de graves
defectos".46

Surge claramente aquí la importancia que Hayek otorga al conjunto de instituciones que
permiten el surgimiento del orden espontáneo del mercado y el reconocimiento de que esa estructura
institucional debe ser "cuidadosamente pensada".47 Es evidente entonces, que el hombre debe
corregir los errores o ineficiencias que esa estructura institucional pueda contener. Esto es
reconocido explícitamente por Hayek al referirse a la posibilidad de corregir en forma deliberada las
reglas generales de conducta que han evolucionado en una dirección que no producirá resultados
beneficiosos, esto es, que no guiarán a los hombres hacia la creación de un orden espontáneo
beneficioso para la comunidad. Hayek ha expresado en este sentido que

"el hecho de que toda ley que surge del esfuerzo por articular reglas de
conducta necesariamente posee algunas características deseables que no tienen las
dictadas por un legislador no significa que en otro sentido esa ley no se desarrolle
en alguna dirección indeseable y que, cuando esto sucede, la corrección por
deliberada legislación no sea la única salida (…). Así, aunque las reglas de
conducta justa, como el orden de acciones que ellas hacen posible, serán en una
primera instancia el producto de un crecimiento espontáneo, su gradual
perfeccionamiento requiere del esfuerzo deliberado de jueces (y otros especialistas
en derecho) que mejorarán el sistema existente creando nuevas reglas".48

Puede concluirse que Hayek, contrariamente a lo que sus críticos señalan, acepta que el
surgimiento espontáneo del derecho no es una garantía de su eficiencia o de su bondad: "El
reconocimiento de que el derecho que ha evolucionado (….) tiene ciertas características deseables
no significa que siempre va a resultar derecho bueno o incluso que algunas de sus reglas no puedan
ser muy malas".49

Esto indica que puede reinterpretarse el papel que Hayek otorga a la razón humana en el
proceso de evolución de las instituciones como el de un elemento necesario para guiar las reformas
requeridas. Y es que, en realidad, este autor no intenta eliminar el papel de la razón en el desarrollo
de la civilización del hombre sino marcar sus límites y el camino más propicio para su utilización en
la forma más beneficiosa. Esta posición frente a la razón ha sido expuesta a lo largo de toda su obra.
En The Constitution of Liberty Hayek aclara que sus argumentos "ciertamente no significan que la
razón no tenga una función positiva" y que "la razón es indudablemente la más preciosa posesión

46
Hayek, Camino de servidumbre, Alianza Editorial, Madrid, pp. 45, 65, La cursiva es nuestra.
47
Para un interesante estudio sobre la importancia que Adam Smith daba a la estructura institucional apropiada para el desarrollo
beneficioso del orden de mercado, véase Nathan Rosenberg, "Some Institutional Aspects of The Wealth of Nations", Journal of
Political Economy, vol. 68, N° 6 (diciembre 1960).
48
Hayek, Law, Legislation, and Liberty, vol. 1: Rules and 0rder, pp. 88, 100.
49
Ibídem, p, 88.
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del hombre", No son sus conclusiones, agrega, "argumentos contra el uso de la razón, sino
solamente argumentos contra aquellos usos que requieran poderes exclusivos y coercitivos del go-
bierno".50
Si se encuentran en la obra de Hayek pasajes que pueden interpretarse como negando al
hombre la posibilidad de utilizar exitosamente la razón como instrumento de reforma, éstos deben
ser ubicados en el contexto general de las ideas hayekianas, donde se distingue nítidamente la
posibilidad de corregir y mejorar a través del diseño deliberado los resultados del proceso de evo-
lución cultural.51 La postura "racionalista crítica" de Hayek queda sintetizada en sus propias
palabras:

"Ya que nuestra meta debe ser el descubrir qué papel desempeñan ciertas
instituciones y tradiciones en el funcionamiento de la sociedad, debemos aplicar
constantemente el ácido disolvente de la razón a valores y costumbres que no
solamente son caros a otros sino que son también en gran parte el elemento que
mantiene unida a la sociedad".

Esta recomendación, sin embargo, termina con una seria advertencia:

"Si no deseamos convertirnos en un elemento destructivo, debernos ser lo suficientemente


sabios para comprender que no podemos vivir sin creencias e instituciones cuyo significado no
entendemos y que, en consecuencia, pueden parecernos sin sentido (…) Debemos, en la práctica,
aceptar muchas cosas que no podemos justificar, y resignarnos al hecho de que la razón no puede
ser siempre el último juez, en los asuntos humanos."52

Hayek y el conservadorismo

Bajo el título de 'Por qué no soy un conservador" Hayek ha brindado en el epílogo de una de
sus obras fundamentales53 algunas claves para interpretar su posición en este tema. Entiende el
conservadorismo como "una legítima, probablemente necesaria y ciertamente extendida actitud de
oposición a los cambios drásticos".54 Pero es justamente esta actitud lo que diferencia al con-
servadorismo del liberalismo defendido por Hayek: la oposición de los conservadores al cambio
refleja un temor y una desconfianza al cambio en sí mismo; y el liberalismo presupone una actitud
de confianza ante los cambios que puedan ser producidos incluso por fuerzas espontáneas sobre las
cuales los hombres no tienen un dominio absoluto. El frecuente uso que los conservadores hacen de
los poderes del gobierno para frenar cualquier clase de cambio o modificación del statu quo es,

50
- Hayek, The Constitution of Liberty, pp. 69-70.
51
Probablemente, la interpretación de Hayek que lo muestra como aceptando ciegamente los resultados de la evolución cultural y
negando a la razón un papel relevante en la crítica de algunos de esos resultados se deba a que pueden encontrarse en su obra
muchos pasajes que tomados fuera de contexto respaldan esa interpretación. Y es que, como se ha dicho, "Hayek es un escritor a
la ofensiva, que raramente está en guardia frente a posibles malas interpretaciones o cargos de inconsistencia. Él confía en que el
lector le dará el beneficio de la duda, e interpretará afirmaciones suyas separadas, como mutuas limitaciones más, que como
contradicciones". Roland Vaubel, "Comment on The Tradition of Spontaneous Order", Literature of Liberty, vol. V, N` 4
(invierno de 1982).
52
Hayek, "The Dilemma of Specialization” En: Studies .., p. 130. La cursiva es nuestra.
53
Hayek, The Constitution of Liberty, pp. 395-411.
54
Ibidem , p. 397
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según Hayek, una muestra genuina de la diferencia que existe entre ambas posiciones en este
punto.55
La actitud racionalista crítica de Hayek hacia las instituciones existentes y su constante
búsqueda de propuestas para reformarlas son claros ejemplos, de su adhesión a los principios libe-
rales en esta cuestión. -Más aun, Hayek ha señalado en diversas oportunidades que el decaimiento
de los principios liberales se vio facilitado por el abandono que sus defensores hicieron, en el campo
intelectual, de todo intento de mejora y reelaboración de dichos principios.56 Y la distinción con el
conservadorismo surge una vez más en su llamado a que los liberales no defiendan el statu quo por
el temor a la reforma o por conveniencia política: "Lo que necesitamos es una utopía liberal, un
programa que no parezca una simple defensa de las cosas tal como son, ni tampoco una clase diluida
de socialismo, sino un verdaderamente radicalizado liberalismo (…) que no se limite sólo a lo que
hoy aparece como políticamente posible".57
Hayek ha dado algunos ejemplos prácticos de su actitud general en el tema de las reformas
institucionales. Uno es su difundida propuesta de desnacionalización de la moneda, para promover
un proceso de competencia en la provisión de dinero por el cual, "en lugar de esperar una buena
moneda de la benevolencia del gobierno, la esperemos de la consideración de los bancos por sus
propios intereses".58
Otra propuesta de reforma sugerida por Hayek consiste en la posibilidad de modificar la
organización de las instituciones políticas representativas, dejando a cargo de una cámara del Par-
lamento el dictado y la corrección de normas generales de conducta (o leyes en el sentido clásico) ;
la otra cámara se limitaría a todo lo concerniente a las cuestiones de gobierno a través de la sanción
de legislación específica.-59
Es importante destacar que en estos dos ejemplos Hayek demuestra que la actitud del liberal
frente a la reforma es tan diferente de la del conservador que se opone al cambio y a la reforma en sí
mismos, como de la del constructivista que cree que solamente con su razón puede diseñar o
reconstruir todas las instituciones sociales.
El tipo de reformas sugeridas por Hayek tiene en común con una posición conservadora el
apoyarse en una tradición de pensamiento que probó ser beneficiosa para los hombres, el no ser
ciertamente invenciones creadas de novo por la razón humana, y el quedar sujeta su implementación
al grado de prudencia que una genuina postura racionalista crítica impone, dadas las limitaciones del
conocimiento humano. Por ejemplo, sobre su propuesta de reforma monetaria, Hayek comenta: "Se
ha afirmado que mi sugerencia acerca de "construir" instituciones monetarias totalmente nuevas se
contradice con mi actitud filosófica general. Pero nada está más lejos de mi pensamiento que el
deseo de crear nuevas instituciones. Lo que propongo es simplemente eliminar los obstáculos
existentes desde hace siglos y que han impedido la evolución de instituciones monetarias
convenientes".60 Y respecto de su proposición para la modificación de las instituciones
parlamentarias, ha señalado:

55
Ibidem, p. 400
56
Cf. Hayek, The Road to Serfdom, The University o£ Chicago Press, 1944, pp. 17-18.
57
Hayek, "The Intellectuals and Socialism". En: Studies…, p. 194.
58
Hayek, Desnacionalización de la moneda, Fundación Bolsa de Comercio, Buenos Aires, 1980, p. 238.
59
Para una descripción más detallada de esta propuesta, véase Hayek, "The Constitution of a Liberal State". En: New Studies. ..,
pp. 98-104; y Law, Legislation and Liberty, vol. 3: The Political Order of a Free People.
60
Y Hayek agrega: "Uno de los grandes méritos de la libertad es que estimula la inventiva y los inventos son, por su naturaleza
misma, imprevisibles. Sospecho que la evolución demostrará mucha más inventiva que yo". Desnacionalización de la moneda, p.
240, nota 91.
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"Mi propósito al presentar este boceto no es proponer un esquema


constitucional para su aplicación presente. Ciertamente, no deseo sugerir que
cualquier país con una firme tradición constitucional establecida deba reemplazar su
constitución por una nueva basada en los propósitos sugeridos".61

La caracterización de Hayek como un pensador liberal Y no conservador, dada su actitud


frente a la probable reforma de las instituciones existentes, ha sido destacada también por repre-
sentantes del pensamiento conservador. Comentando sobre la crítica a la planificación centralizada
que Hayek expusiera en The Road to Serfdom, Michael Oakeshott señala que "un plan para
oponerse a toda planificación puede ser mejor que su opuesto, pero pertenece al mismo estilo
político", esto es, al racionalismo.62 Que Hayek haya sido considerado excesivamente volcado al ra-
cionalismo por conservadores, y excesivamente apegado a la tradición por liberales, podría ser un
indicio, no de que ha adoptado posiciones contradictorias en distintos momentos del desarrollo de
sus ideas, sino de que su postura racionalista crítica no ha sido bien interpretada por algunos de sus
críticos.63
Es que así como el liberalismo se distingue del conservadorismo por su búsqueda de las
reformas necesarias para asegurar un orden social libre, comparte con éste, según Hayek, la des-
confianza a "los abusos de la razón" que en forma tan certera describiera Tocqueville refiriéndose a
la Revolución Francesa:

"[ ... ] me doy cuenta con cierto terror de que lo que se reclama es la abolición
simultánea de todas las leyes y de todos los usos que tienen curso en el país;
comprendo enseguida que se va a tratar de una de las revoluciones más vastas y
más peligrosas que haya habido en el mundo. Los que mañana serán sus víctimas
nada saben al respecto; creen que la transformación total y repentina de una socie-
dad tan complicada y tan antigua puede operarse sin sacudidas, con ayuda de la
razón y por su sola eficacia. ¡Desgraciados! Han olvidado hasta aquella máxima
que sus padres habían expresado cuatrocientos años antes [ ... ]. Buscando
demasiadas franquicias y libertades cáese en gran servidumbre' ".64

En cierta forma, lo que parece fundamentar esa coincidencia conservadora - liberal es la


preocupación por establecer una continuidad entre lo que se conserva de la tradición y lo que se re-
forma o mejora de ella. Burke reflejó bien esa preocupación al señalar: "Así, respetando el método

61
“The Political 0rder of a Free People”, p. 107. Hayek defiende la idea de tener un modelo de constitución ideal siguiendo a
David Hume, quien señala que “en todo caso, ha de ser conveniente saber qué es lo más perfecto en la especie, con el fin de que
podamos aproximar lo más posible a ello las constituciones o formas de gobierno existentes mediante cambios o innovaciones tan
suaves que no provoquen grandes trastornos en la sociedad". Hume, en. cit., p. 152.
62
Oakeshott, “Rationalism in Politics” En: Oakeshott, op. cit., p. 21.
63
Según Hayek, "(…) el liberal está tan lejos del tosco racionalismo del socialista que quiere reconstruir todas las instituciones
sociales de acuerdo con un modelo diseñado por su sola razón, como del misticismo al que tan frecuentemente debe recurrir el
conservador (The Constitutión of Liberty, p. 406). Véase también, Karl Popper, "Towards a Rational Theory of Tradition", para
una descripción de una posición racionalista crítica frente a la tradición. Hayek utiliza el término “racionalismo crítico" en lugar
de "antirracionalismo", basándose en el uso que Popper hace del primero. Sobre las razones por las cuales surgió el nombre de
"antirracionalistas" para quienes se oponían al racionalismo cartesiano, Hayek señala que esto se debió a una situación en la que
"un grupo de pensadores había reclamado para sí el único uso correcto de una buena palabra y se llamaron en consecuencia
racionalistas. Era casi inevitable que aquellos que no estaban de acuerdo con sus opiniones fueran llamados “antiracionalistas' ".
Hayek, "Kind of Rationalism", en; Studies…,p 84. También Law, Legislation and Liberty, vol 1; Rules and Order, p. 29 .
64
Alexis de Tocqueville, El Antiguo Régimen y la Revolución, Gadarrama, Madrid, pp. 192-193.
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de la naturaleza en la conducta del estado, no somos jamás enteramente novedosos en lo que


mejoramos ni jamás enteramente obsoletos en lo que conservamos".65
Pero, como bien se ha señalado, "(...) para esta corriente del pensamiento liberal 'la tradición'
no es vista corno transmisora de rituales ni mucho menos de privilegios. Lo que transmite la
tradición, lo que es valioso en ella, es la experiencia de generaciones anteriores".66
Es esta experiencia de generaciones anteriores, en muchos casos no articulable y por lo tanto
no transmisible por procedimientos formales sino sólo a través de prácticas y costumbres tradi-
cionales, lo que permite realizar reformas con un conocimiento adicional que no es aprovechado por
quienes propugnan cambios revolucionarios absolutos, llevados adelante en forma drástica, El
hombre, dice Ortega y Gasset,

"no es nunca un primer hombre: comienza desde luego ir existir sobre cierta
altitud de pretérito amontonado. Éste es el tesoro único del hombre, su privilegio y
su señal, Y la riqueza de ese tesoro consiste en lo que de él parezca acertado y
digno de conservarse: lo importante es la memoria de los errores, que nos permite
no cometer los mismos siempre. El verdadero tesoro del hombre es el tesoro de sus
errores, la larga experiencia vital decantada gota a gota en milenios".

Una revolución general, un intento por transformar todo el orden social en forma súbita y
"comenzar de nuevo la historia", quita a los hombres la posibilidad de contar con ese tesoro de
experiencia vital: "Las revoluciones, tan incontinentes en su prisa, hipócritamente generosa, de
proclamar derechos, han violado siempre, hollado y roto el derecho fundamental del hombre, tan
fundamental que es la definición misma de su sustancia: el derecho a la continuidad".67
Michael Polanyi explica acertadamente cómo a través de la valoración del conocimiento de la
valoración del conocimiento de generaciones anteriores, transmisible solamente por costumbres y
prácticas tradicionales y no en forma de una doctrina articulada, Burke fundamentó su oposición a
los sucesos de la Revolución Francesa:

"Durante los siglos XVII y XVIII en la vida política británica surgieron un arte
político y una doctrina política. El arte que contenía el ejercicio de las libertades
públicas era naturalmente imposible de especificar, las doctrinas de libertad política
eran máximas de ese arte que sólo podían ser correctamente entendidas por aquellos
con experiencia en el ejercicio del arte. Pero las doctrinas de libertad política fueron
transmitidas, durante el siglo XVIII, de Inglaterra a Francia y desde allí al resto del
mundo, mientras que el arte de ejercer libertades públicas, siendo comunicable sólo
por la tradición, no fue transmitido con aquéllas. Cuando los revolucionarios
65
E. Burke, Reflexiones Sobre la Revolución Francesa, Ediciones Dictio, Buenos Aires, 1980, p. 85. Sobre la influencia de Burke
en el conservadorismo contemporáneo, puede verse William Harbour, El pensamiento conservador, Grupo Editor
Latinoamericano, Buenos Aires, 1985, pp. 122-144. Como un ejemplo opuesto a la preocupación de Burke por establecer una
alianza entre lo que se conserva y lo que se mejora, la siguiente cita refleja nítidamente las características del constructivismo
respecto de los cambios institucionales: "¿Se quiero acaso decir con ello que el medio para acercarse a la perfección consiste en
mejorar la sociedad actual, en corregir las instituciones existentes? En este caso, se comete un error, un grave error [.. . ]. No hay,
pues, que hablar de perfeccionamiento, sino más bien de transformación radical y completa. Es necesario desembarazarse del
juego de instituciones conocidas, y plantearse el problema independientemente de las situaciones particulares en las que se halla
colocado en la. tierra y en. el año. l834".Victor Considerant, en G. Babeuf y otros, El socialismo anterior a Marx; citado por
Rubén. Z orrilla en Intelectuales y sindicatos, , Editorial de Belgrano, Buenos Aires, 1981, p. 169. Cursiva en el original.
66
Ezequiel Gallo, “Notas sobre el liberalismo clásico”. En: E. Gallo et al, Liberalismo y sociedad, Ediciones Macchi, Buenas
Aires, 1984, p. 16, nota. 29, Una versión corregida y ampliada de este trabajo puede verse en Estudios públicos N° 21, 1986.
67
José Ortega y Gasset, "Prólogo para franceses". En: La rebelión de las masas, Alianza Editorial, Madrid, 1984.-
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franceses actuaron según la doctrina, Burke se les opuso con una interpretación de
la sociedad libre basada en la tradición".68
-
Hayek retoma indudablemente esta línea de pensamiento y concluye que "sin duda, fueron
tradiciones morales favorables que fortalecieron a ciertos grupos, más que el diseño intelectual, lo
que hizo posible el progreso en el pasado, y lo mismo ocurrirá en el futuro".69

Conclusiones

Para estos "ciertos grupos" que se vieron fortalecidos por esas tradiciones morales pero que
han sufrido los embates del racionalismo constructivista (la pretensión del conocimiento absoluto
que haría posible la planificación centralizada de la vida social, por ejemplo) y el resurgimiento de
instintos primitivos expresados en reglas de conducta más adecuadas al clan o la tribu que a la Gran
Sociedad (“el atavismo de la justicia social", según Hayek), el camino para retomar la senda del
progreso parece claro: confiar en los valores tradicionales que hicieron posible ese progreso e
intentar mejorar progresivamente, las normas de, conducta que expresan esos valores.
¿Qué pueden tomar de estos principios quienes comparten los ideales del liberalismo pero
actúan en sociedades cuyas tradiciones y costumbres no parecen brindar el marco adecuado para el
surgimiento de un orden social libre?
Como ya se ha mencionado, el racionalismo crítico de Hayek está tan lejos del
constructivismo, propio del racionalismo "ingenuo", como del misticismo exagerado que los
conservadores suelen adoptar ante la tradición. En consecuencia, podría decirse que el análisis
crítico de las tradiciones recibidas, orientado a encaminarlas hacia los principios liberales, debe
estar acompañado por una buena cuota de prudencia en su implementación. Lo mismo podría
decirse respecto del proceso de adopción de usos y costumbres de otras sociedades. Este proceso de
imitación es tal vez uno de los puntos que más desarrollo necesita dentro de la teoría evolucionista
de las instituciones sociales.70 ¿Qué es lo que una comunidad puede adoptar de otra a través de la
imitación? ¿Existe la posibilidad de discriminar entre lo "bueno" y lo "malo" dentro de sistemas de
normas de conducta a imitar? ¿Puede realizarse una imitación "selectiva"?71, Podría decirse también
que la combinación de nuevas normas de conducta (imitadas) con un sistema de usos y costumbres
ya existentes (tradicionales) tendrá como resultados órdenes diferentes de los surgidos en las
comunidades tomadas como modelos a imitar. ¿Serán esas diferencias en los resultados finales
aceptadas como variaciones de un mismo modelo de orden social o rechazadas por no reproducirse
exactamente las características del modelo imitado? Deberá incluirse también la necesidad de
analizar las consecuencias que los posibles errores cometidos durante el proceso de imitación o de
adopción de nuevas normas de conducta tengan sobre el orden resultante. Todos estos interrogantes
deben ser entendidos como una estimulante invitación a desarrollar un programa de investigación
sobre la evolución de las instituciones humanas, del cual los aportes hechos por Hayek,
fundamentales como han sido, constituyen sólo los primeros pasos.

68
M. Polanyi, Personal Knowledge, p.54. También, Ezequiel Gallo, “La división del conocimiento en la sociedad". En: Revista de
Occidente 58 (marzo. 1986) : 83-84.
69
"The three sources of human value", p. 169.
70
Agradezco a Ezequiel Gallo y Francis Korn sus comentarios al respecto.
71
Martín Rizzo y Gerald O'Driscoll señalan la indivisibilidad de las instituciones adoptadas como no, de los problemas por
resolver dentro de la explicación evolucionista de las instituciones sociales. En: The Economics of Time and Ignorance, Basil
Blackwell, New York, 1985, p. 40.