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OBRAS CORTAS PARA DOS PERSONAJES


(1M- 1F)

Autor: Carlos Cazila


Ayacucho 670, 8 A, (1026), Buenos Aires, Argentina
Tel: 11-4172-8732
4374-2841
carloscazila@gmail.com
mensaje70@yahoo.com.ar
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CONTRA LA RUTINA (Escena)

Autor: Carlos Cazila


Tel:4374-2841
15-41728732
carloscazila@gmail.com
mensaje70@yahoo.com.ar
Ayacucho 670, 8 A
(1026) Buenos Aires, Argentina

El: (intenta hablar por teléfono) ¡Hola, hola…!

Ella: (valija en mano) ¡Hola, Chau!

El: ¿Qué?

Ell a: Me voy.

Él: ¿Que te vas?

Ell a: Que así es.

Él: ¿A dónde te vas?

Ell a: Me voy. Te dije que me voy.

Él: Sí, ya te oí. ¿Pero dónde?


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Ell a: Donde sea.

Él: Ah, sí, ese lugar lo conozco... ¿Pero por qué?

Ell a: Porque me pasan cosas.

Él: (Se oye el llanto de un bebé) ¿Cómo decís?

Ell a: Que pasan cosas.

Él: Sí, está chillando la nena.

Ell a: Vas a tener que ocuparte de darle la mamadera.

Él: Pero... ¿Hasta cuándo te vas?

Ell a: Hasta siempre.

Él: ¡Ah, eso es demasiado! ¡Yo no voy a poder darle la mamadera

tanto tiempo!

Ell a: Algún día crecerá.

Él: ¿Y el nene?

Ell a: También te lo dejo.

Él: ¡Pero…! ¿A qué jugamos, ahora?

Ell a: No es juego. Me voy para siempre.


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Él: ¡Yo debo estar loco! ¡No puedo creer lo que estoy

escuchando!

Ell a: No lo escuches, si es necesario, pero tomalo con calma;

tenés que entenderlo. Son cosas que pasan.

Él: ¿Cosas que pasan?

Ell a: ¡Cosas!

Él: ¿Sí, pero qué cosas?

Ell a: Cosas…Si me detengo en los hechos, puedo decirte que fue

algo sublime, algo mágico, y en realidad, nada del Otro Mundo. Yo

iba por la calle. Conocí a un jovencito. Me miró; lo miré; me guiñó

un ojo, despues nos acostamos y decidimos vivir juntos...

Él: ¿Dijiste un jovencito?

Ell a: ¡Pronto será mayor de edad!

Él: Bueno, eso es una garantía... Pero... ¿Cuánto hace que?...

Ell a: ¿Qué?

Él: ¿Que me lo venís ocultando?

Ell a: Veinticuatro horas.


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Él: Y yo que durante todo este tiempo no noté la más pequeña

señal, el mínimo indicio, el más insignificante gesto o actitud que

te delatara…

Ell a: Lo que pasa es que ayer hablamos muy poco, ¿te acordás?

Él: ¿Ayer?

Ell a: Claro, las veinticuatro horas que te decía.

Él: Cierto... las veinticuatro horas... ¿Pero tuviste tiempo

suficiente cómpara pensarlo?

Ell a: Y... Algo de tiempo, mientras iba al mercado...

Él: ¡Entonces, está todo decidido! Para vos el mercado es

fundamental.

Ell a: Es cierto, sí.

Él: ¡¿Pero los chicos?! ¡¿Por qué ese daño?!

Ell a: ¡No creo causarles ningún daño!

Él: No; pregunto ¿por qué a mí, con los chicos?

Ell a: ¡Te corresponden! ¡Yo hago abandono del hogar!


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Él: No te preocupes. Soy comprensivo y te los transfiero ya

mismo.

Ell a: No, no. Fabián, mi novio, es muy especial.

Él: Si es muy especial los sabrá adoptar.

Ell a: Imposible, ya tiene seis (Se oye música afuera)... ¡Oh!... es el

sonido de su radio casetero... ¡Me está aguardando! (Se apura; él

se

asoma a la ventana).

Él: ¿Con ése me engañás?

Ell a: Yo no te engaño, yo voy de frente.

Él: ¡Yo salgo! ¡Yo voy detrás!

Ell a. (Lo detiene) ¡Basta, no pretendas arruinar todo, al interponer

tu

pasión con la nuestra!

Él: ¡Pero! ¡Decime al menos por qué te vas!

Ell a: Porque... porque... (Suena otra vez una breve estampida

musical).
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Él: (Hacia la ventana) ¡Baje un poco el volumen, si no tiene otra

cosa que decir!... Seguí... ¿En qué estábamos?

Ell a: Como vos decís… Acá todo es rutinario...

Él: Pero ni siquiera hablamos lo suficiente...

Ell a: Es cierto, pero ya... ya... (Mira hacia la ventana).

Él: ¿Qué?

Ell a: Ya se le está por terminar el casete.

Él: ¡Eh, joven! ¡Cambie de casete o búsquese otra! (A ella)...

Decías de la rutina...No podemos caer en la rutina, pero, ¿por qué

no podemos pensar en encontrar la manera de combatirla?

Ell a: ¡Es que yo, sin pensarlo, la encontré! ¡En la calle, nomás!...

¡Fue

como un flechazo! ¡Mejor dicho, varios flechazos!

Él: ¡No me interesa! Quiero saber por qué en este preciso instante

no

podés reflexionar.

Ell a: ¡Es que está todo muy claro!


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Él: Pero, ¿es que acaso no me querés?

Ell a: Sí, te quiero, te quiero muchísimo.

Él: ¿Entonces?

Ell a: ¡Entonces, por favor, cuidá los chicos!

Él: ¿Eso es todo lo que tenés para decirme?

Ell a: Es lo que siento.

Él: Si fuera así no te irías tan fácilmente.

Ell a: (Reflexiva) Sí... ¿Qué cosa rara, no?

Él: Veo que vas comprendiendo.

Ell a: Cierto, te quiero... ¡Pero me gusta más el pibe!

Él: ¿Y mis sentimientos, no te conmueven?

Ell a: Sí, pero... ¡Me parece que se le termina otra vez!

Él: (En la ventana) ¡Eh, joven, le voy a dar un consejo!

Ell a: ¡No! ¡No! Yo me voy... Adiós, adiós...

Él: ¡Esperá!
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Ell a: ¡No! ¡No me toques, no me mires, no me nombres, no me

sigas,

no! (sale apresuradamente).

Él: ¡Pero sí, chau, andate! Nunca me hubiera imaginado que me

ibas a

salir con una cosa así (Grita desde la ventana) ¡Qué originalidad!

Si lo que vos pensás es que hiciste algo original, vas muerta...

¡Caíste en la

rutina! ¡En la rutina de meter los cuernos!

FINAL DE LA ESCENA

En la página próxima (pag.10) se publica la obra breve


“Momento sublime”
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MOMENTO SUBLIME (Breve)

Autor: Carlos Cazila

4374-2841
15-4-172-8732
carloscazila@gmail.com
mensaje70@yahoo.com.ar
Ayacucho 670, 8 “A”
(1026) CABA. República Argentina.
OBRA REGISTRADA

Personajes:
• El
• Ella

La acción transcurre en el banco de una plaza. Sentada en él, una


mujer atractiva, lee un diario. Es de noche. Se acerca un hombre
común portando periódicos.
ÉL: Diarios... diarios... (la observa detenidamente)... Diar... ios... ¡Qué
mujer! Diarios...... Sexta... (ella prosigue en
lo suyo sin prestarle importancia)... ¡Grandes noticias, grandes!...
¡con el asalto al basural!... ¡Grandes noticias, grandes catástrofes!...
¡Grandes minas! ¡Perdón, señorita, no quise decirlo! ¿Me oyó? ¿No?
¡Diarios! ¿No quiere comprarme un diario?... con la cotización de
la moneda... Cualquier moneda, dólar, mejicana, china... ¡Qué piernas!...
Perdóneme nuevamente; de cualquier manera no sé si me
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escucha, aunque debiera hacerlo, tendría que hacerlo, si bien yo


soy culpable por haberme desbordado... ¿Me permite? (se sienta
junto a ella, que ha seguido abstraída) Yo pienso que no debería
ser así. Me refiero a la incomprensión. Porque usted no me
comprende... No sé si me explico, pero hay algo así como una
falta de reconocimiento (él no se da cuenta de que ella ha tomado
uno de los diarios de él, con el que sigue leyendo)... Sí, sí, es una
falta de reconocimiento; me refiero a las condiciones de uno, a
mis condiciones como ser humano. Bueno, usted lee y no me
escucha, o no quiere escucharme, pero piense en que quizás sea
usted la más perjudicada al no enterarse de mis cosas, todo eso al
margen de que me quiera acos... perdóneme otra vez... Comenzaré
de nuevo. Dejando eso de lado, lo de la acostada, que es una
insignificancia -le decía-, ¿qué puede pensar usted de mí? Se iría de
aquí... (ella vuelve a tomar otro diario) Llegaría a su casa, digo,
si no se produce la acos... bueno, la otra cosa, y en su casa, en
algún momento, quizá sin darse cuenta, recuerde que alguien se le
cruzó y quería decirle algo que usted no escuchó y quizá también
la obligue a pensar si usted procedió con justicia, si es justo y
lógico que a uno no se lo valore... ¡Cómo pasan las cosas! Pensar
que cuando era chico imaginaba que iba a ser como Frank Sinatra
y que iba a defender la justicia... ¡Fui un idealista!... pero a nadie le
interesó. Quizá por eso, cuando terminé el doctorado en ciencias
exactas pensé que me había ganado un lugar... Y no, tampoco, a
nadie le interesó... Pero, ¿sabe? Todavía sigo siendo un idealista, lo
que ocurre es que pasaron cosas, muchas cosas y el idealismo...
No es justo ni humano que a una persona se la ignore, que no se le
dé la posibilidad de mostrarse... Si usted se acostara conmigo esta
noche, tendría la oportunidad de saber todas esas cosas inquietantes,
porqué no decir apasionantes, que hay en la vida de uno y que
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de otra manera... (ella arroja el diario; ahora sí lo mira y bosteza)...


¿La aburro?
ELLA: ¿Cómo dice?
ÉL: Pregunto si la aburro.
ELLA: No. ¿Y ahora?
ÉL: ¿Ahora?
ELLA: Le estoy preguntando la hora.
ÉL: ¡Ah! ¡La hora!... La hora... (busca con esmero su reloj por todos sus
bolsillos; finalmente lo encuentra)... No alcanzo a ver bien... Las
tres de la mañana... ¿Se le hace tarde?
ELLA: Tengo tiempo.
ÉL: ¡Ah! Qué bien; hace un rato le decía...
ELLA: ¿No sabe si por aquí pasa algún diariero?
ÉL: ¿Cómo me pregunta eso?
ELLA: ¿Tiene algo de malo?
ÉL: ¿No se fijó?
ELLA: ¿Qué cosa?
ÉL: ¿No tengo cara de diariero?
ELLA: (despectiva) ¡Muy gracioso!
ÉL: No es broma; aquí están mis diarios.
ELLA: ¿Y piensa que eso es suficiente prueba?
ÉL: Bueno, en primera instancia...
ELLA: ¡Las cosas que son capaces de inventar con tal de que una los
escuche!
ÉL: Perdóneme si recién fui un poco agresivo en mi declaración... En
realidad yo no soy así... Pienso que me ayudó el hecho de que
usted no me mirara.
ELLA: ¿Lo ayudó a qué?
ÉL: A decirle todas esas cosas.
ELLA: ¿Qué cosas?
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ÉL: Esas que dije con el afán de seducirla.


ELLA: De modo que no es diariero...
ÉL: Soy diariero; soy diariero; ¿qué otra cosa podría ser?
ELLA: (con despecho) ¡Un seductor!
ÉL: ¿Me encuentra seductor?
ELLA: ¡Uno de tantos! A esta hora ya debe haber salido el periódico de
la mañana... Alcáncemelo, por favor.
El: No, no lo tengo.
ELLA: ¡Qué contrariedad!
ÉL: ¿Está pendiente de algo?
ELLA: ¿Y me lo pregunta? ¡Tendría que saberlo!
ÉL: Bueno, yo...
ELLA: ¡La opinión pública se encuentra conmocionada!
ÉL: ¡Ah, sí! Hace rato que anda así, era lo que yo quería decirle, que
hay una opinión pública un tanto conmocionada, pero la individualidad
de uno...
ELLA: ¡No me interesa!
ÉL: Perdóneme si soy entrometido, pero, ¿qué es lo que le interesa?
ELLA: ¿No lo sospecha, siquiera?
ÉL: Sí, debe ser la epidemia de mosquitos.
ELLA: ¡No!
ÉL: ¡La fuga de los monos!
ELLA: ¡¡No, no!! ¿Usted no lee el diario?
ÉL: El diario? Bueno, en realidad, muy por encima.
ELLA: (toma un diario y lo coloca frente a la cara de él) «El asesino de
mujeres» ¡Primera plana!
ÉL: ¡Primera plana! ¿Cómo se me pudo pasar?
ELLA: ¡De manera que no sabía! Créame que es lamentable.
ÉL: ¿Le parece?
ELLA: ¡Por supuesto, por culpa suya, a esta hora, quizá ya haya matado
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a otra!
ÉL: ¿Dónde está mi culpa?
ELLA: Usted no lo nombró y no tiene ningún derecho. Si usted al
acercárseme, hubiese hecho hincapié en él y me hubiese dicho:
«Novedades sobre el asesino de mujeres», yo lo hubiera escuchado,
y como yo, tantas otras, ¡en cambio, así, cuántas hay que caen
desprevenidas!
ÉL: Quizá tenga razón, pero lo que ocurre es que a mí no me interesan
esas noticias.
ELLA: ¡Recién me hablaba de la opinión pública!...
ÉL: ¡Sí, sí, pero también hay cosas distintas...!
ELLA: ¡Claro! ¡Usted debe jactarse de que lo que inquieta a la opinión
pública a usted no puede asustarlo!
ÉL: No, no es así. En realidad, todo eso me asusta demasiado.
ELLA: Bueno, piense en cambio, que si logramos un tema en común,
seguramente habrá de nacer algo trascendente entre nosotros y
entonces usted ya no tendrá motivos para sentirse incomprendido.
ÉL: ¡Pero! ¿Es posible? ¿Es posible lo que estoy escuchando? ¡Es algo así
cómo una declaración de amor! ¡Es maravilloso! ¡No, no lo puedo
creer!
ELLA: Vamos, vamos, no se detenga, siga pensando en el amor...
ÉL: ¡Amor!
ELLA: ¡Amor!
ÉL: Amor...
ELLA: (En el mismo tono) Adopta diversas formas... A la mayoría las
mata ahorcándolas.
ÉL: No. No. ¡Así no!
ELLA: ¡Sí, sí, es posible!... Lo que a mí me interesa es saber qué puede
sentir, qué es lo que puede imaginar acerca de él... Quiero descubrir
al asesino oculto que hay en usted.
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ÉL: ¡¿En mí?!


ELLA: ¡Sí, dígame! ¿Cómo mataría usted?
ÉL: ¡¿Qué está diciendo?! Yo soy incapaz de matar a una mosca.
ELLA: ¡Vamos, no sea tan modesto!
ÉL: No es modestia. Es filantropía... Y zoofilia en lo referente a la
mosca... Sí, sí, digo bien, en el fondo soy un filántropo. Amo a la
Humanidad. Quisiera que todos tuvieran prosperidad, que todos
tuvieran lo bueno que se merecen y que me quitan, la dicha que
me impiden, los sueños que me robaron... Que tengan todo eso y
mucho más. Los amo. Amo a todos. ¡Los amo!
ELLA: Vamos, no es posible que transcurra toda su vida amando. Si me
ama, ódieme.
ÉL: ¿Cómo dice?
ELLA: ¡Claro! ¡El amor y el odio van juntos!
ÉL: ¡Usted cree?
ELLA: Esta noche, yo misma comencé por odiarlo; ahora terminaré
amándolo, cuando descubra sus instintos feroces.
ÉL: Habla así porque piensa que soy inofensivo, pero ¿qué diría si le
demostrara que soy el verdadero asesino?
ELLA: ¿Qué diría? ¡Le diría unas cuantas cosas!
ÉL: ¿Sí?
Ella: ¡No le quepa la menor duda!
ÉL: No, dudas me quedan muy pocas, o mejor dicho, muchas... Después
que me doctoré en filosofía comprendí que lo mejor eran mis
dudas y nuevamente pensé que me había ganado un lugar, pero no,
lo único que había ganado era una duda más... la duda de si había
ganando un lugar. Con el tiempo comprendí que no.
ELLA: Por lo menos pudo comprender algo... Yo, en cambio, recuerdo
una vez en que estaba formando una fila, no sé para que... Después
de varias horas de esperar, me había confundido con la gente
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y no sabía si la última persona que había pasado era yo, o yo era la


que tenía que pasar... Es que no se quién soy yo misma... Pero ser
asesinada, de alguna manera es lograr una identidad... «¡La gran
asesinada!»
ÉL: ¿Nunca le hicieron sentir una muerte infinitesimal?
ELLA: ¿Qué es eso?
ÉL: Antes, cuando me refería a que se nos ignora, que no se nos da lo
que debidamente merecemos, quería decirle que en realidad se nos
va proporcionando una muerte pequeña, diarios fragmento de muerte,
una muerte infinitesimal...
ELLA: ¿Y con eso?
ÉL: Así podrá comprender cómo dejé de ser doctor para luego ser
mensajero, después diariero y...
ELLA: ¡Basta! No me interesa.
ÉL: Es cierto. Lo mío no le interesa. Usted sólo busca...
ELLA: Sí, que me mate, ¡pero que me mate de veras!
ÉL: Sí... Esto no ha sido más que un desencuentro... Creo que será
mejor que nos separemos.
ELLA: Sí, yo también pienso lo mismo... Caminaré por algún puente
oscuro. Quizá tenga más suerte.
ÉL: Yo también seguiré vagando... Pero antes quisiera pedirle un favor.
ELLA: ¿Cuál?
ÉL: No sé si corresponde, pero necesito algo suyo, por pequeño que
sea, algo que me sirva de recuerdo.
ELLA: ¿Para qué quiere un recuerdo mío?
ÉL: Porque siento que me va a ayudar a pensar en que todo esto no fue
intrascendente.
ELLA: En mi cartera... Puede abrirla, encontrará una fotografía mía (él
realiza esta acción y toma la foto)... Se la regalo.
ÉL: Es su foto, gracias, gracias.
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ELLA: Adiós... (él parte) ¡No! No vamos a poder separarnos!


ÉL: ¿Está segura de que no podremos?
ELLA: Segurísima.
ÉL: ¿Cree que lograremos entendernos?
ELLA: Sí, sí... (extrae una cuerda del bolsillo de él)... Tendré que
quitarme de la cabeza eso que yo me proponía... Si logro maniatarlo,
ahora estaré segura de que usted no podrá asesinarme... (lo hace,
sentándolo en el banco). Ahora sí, dejará de perseguirme esa idea
fija.
ÉL: ¿Y cómo haría para que yo deje de amarla?
ELLA: Primero dígame qué es lo que hay en mí que lo haya enamorado.
ÉL: Hubo algo, sí... hubo algo... Ni bien noté su presencia, sentí que
usted me escuchaba profundamente, que me comprendía desde
lo mas hondo.
ELLA: Olvídelo. No lo escuché siquiera en lo más ínfimo.
ÉL: ¡Mentiras!
ELLA: ¿Por qué habría de mentirle?
ÉL: Porque se miente a sí misma tratando de creer que no está enamorada
de mí.
ELLA: ¡Vamos, hombre, sepa que yo no puedo enamorarme de nadie!
ÉL: Entonces me voy definitivamente.
ELLA: (le ata las piernas) No podrá Yo sé porqué se lo digo.
ÉL: ¡Pero!... ¿Hasta cuándo piensa tenerme así?
ELLA: Yo ya renuncié a mi pretensión. Ahora renuncie usted a la suya.
ÉL: ¿Y después?
ELLA: Después sabremos que si bien no hemos podido cumplir nuestro
objetivo, por lo menos habremos logrado todo lo contrario.
ÉL: ¿Pero qué puede hacer para que yo deje de amarla?
ELLA: Esas son cosas mías. Por lo pronto, devuélvame la fotografía. (se
la quita).
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ÉL: ¡No! ¡Eso no! ¡No me prive del recuerdo!


ELLA: (contempla la fotografía) ¿Pero? ¿De quién es esta foto?
ÉL: A simple vista se nota que es usted.
ELLA: ¡Que dice! ¡No me había dado cuenta de que guardaba la foto de
una extraña!
ÉL: ¡Si es idéntica!
Ella: Pero no soy yo. ¿Por qué habría de llevarla conmigo? Quizá se
trata de una mujer famosa...
ÉL: ¿No se reconoce?
ELLA: No es posible que yo la tenga, quizá la dueña se equivocó de
cartera, ¡pero yo también puedo haberme equivocado al pensar que
era una foto mía!
ÉL: ¡Es usted!
ELLA: ¿O la habré robado? No, no puedo pensar en eso. Lo mejor es
Destruirla. (la rompe).
ÉL: ¡¿Qué hace?! ¡Ha destruido mi recuerdo!
ELLA: Tengo que tener alguna foto auténticamente mía... Sí, sí, quizá
en mis documentos... (busca en su cartera y toma el documento;
lo mira asombrada) ¡No! ¡No sé quién es esta mujer! ¿Será esta mi
cartera?
ÉL: Es la única...
ELLA: (busca) ¡Un espejo! ¡Puedo comparar con el espejo! (extrae uno)
¡Sí, aquí veo bien! (coteja la imagen de ella con la del documento)
¡Pero!...¡Las dos caras son idénticas, y ambas iguales a la de
la foto que rompí!
ÉL: ¡Yo le dije!
ELLA: Si todos estos rostros son de la misma mujer y esta imagen del
espejo es la mía, esto quiere decir que todas soy yo... Pero ¿soy yo
la que me estoy mirando?
ÉL: ¿Por qué se complica?
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ELLA: (se acerca a él) ¡Sus documentos!


ÉL: ¿Mis documentos?
ELLA: (busca ávidamente en los bolsillos de él) ¡Sí, démelos, pronto!
(los extrae y compara con la imagen de él y ella en el espejo) La
cara de su documento es la misma que la suya reflejada en el
espejo, y distinta a la mía en el mismo espejo, que a su vez es
igual a la de las fotografías. ¡Eso quiere decir que aquí por lo
menos hay dos personas distintas! (guarda el documento de él).
ÉL: Por supuesto.
ELLA: Si no fuera por este espejo no podría haber llegado a esta conclusión.
ÉL: Menos mal que lo logró
ELLA: Pero, ¿qué hace usted aquí?
ÉL: ¿Y me lo pregunta? ¿Ya no se acuerda?
ELLA: Y atado... Seguramente es lo más conveniente. Sí, sí, sirve como
norma de seguridad. Si dos personas son distintas, lo mejor es
sentirse segura.
ÉL: Desáteme, por favor.
ELLA: ¡Sí, sí, es peligroso, sumamente peligroso!
ÉL: ¡Por favor!
ELLA: Encontrarse con alguien distinto siempre es peligroso... (él comienza
a moverse, desatándose, sin que ella lo note) ... Porque se
puede llegar a sentir pánico, o no... Quizás atracción... ¡Una extraña
atracción! ¡No, no lo sé! ¡No sé qué es lo que se puede llegar a
sentir! (él se desata las piernas)... ¿Qué hace? ¡No, por favor! ¡No
me haga daño!
ÉL: ¡¿Pero qué está diciendo?!
ELLA: ¡Usted está libre; usted es peligroso! ¡Y yo indefensa!
ÉL: ¡Ya basta! Esto se terminó. Ya no me importa si me ama o me
Odia. ¡Devuélvame mis documentos!
ELLA: ¿Qué dice?
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ÉL: Qué poco me interesa que se haya dado cuenta de que somos
diferentes.
ELLA: ¿Diferentes? ¿Por qué dice eso?
ÉL: ¿Ahora lo niega?
Ella; ¿Qué es lo que niego?
ÉL: Mis documentos, por favor.
ELLA: Respóndame: ¿Qué es lo que niego?
ÉL: Eso, de que somos diferentes.
ELLA: Ni lo niego ni lo afirmo... Simplemente, no lo sé.
ÉL: Ya está bien. ¡Mis documentos!
ELLA: ¡Espere un momento!
ÉL: ¡¿Qué quiere?!
ELLA: ¡Un momento! Para mí es vital poder saberlo... ¿Es que los dos
somos iguales? ¿Somos dos mujeres? ¿Dos hombres? ¡Dígamelo, por
favor!
ÉL: Señorita, mis documentos...
ELLA: ¿Señorita? ¡Me llamó señorita!... Eso significa que somos mujeres.
O no; ¡No, quizá usted pretenda confundirme! ¡Usted es muy
cruel! ¿Por qué quiere confundirme? Sí, sí, ahora lo veo muy claro:
¡Usted pretende confundirme!
ÉL: ¡Devuélvamelos de una vez! (intenta acercarse).
ELLA: (Extrae un revolver de su cartera) ¡Quieta! ¡Quieta ahí!
ÉL: ¡¿Qué hace?!
ELLA: ¿Creyó que iba a salir con la suya? ¿Usted, una simple mujer?
ÉL: ¡Pero...!
ELLA: ¡Quieta, le dije! No se mueva porque disparo. Usted es de esas
embaucadoras peligrosas.
ÉL: ¡Por favor, señorita!
ELLA: ¡Señorita! ¡No voy a permitir que me trate de señorita! Si usted
es una mujer, yo soy un hombre.
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ÉL: Está bien, está bien, estuve confundida, ¿ahora puedo irme?
ELLA: ¡Miente! No estuvo confundida; ¡usted quiso burlarse!
ÉL: ¡No, no quise burlarme, créame, por favor!
ELLA: Está bien. Le creo. Usted tampoco tiene identidad.
ÉL: Sí, sí, debe ser eso... ¿Me puedo ir?
ELLA: Usted está desvariando... Sepa que esta es la única forma en que
logro mi identidad.
ÉL: ¿Qué dice?
ELLA: La única forma en que logro mi identidad es como asesino de
mujeres. Sí, no se sorprenda, ¿es que acaso no leyó los diarios?
ÉL: No entiendo...
ELLA: ¿No se da cuenta de que usted será mi próxima víctima?
ÉL: ¡Yo soy un hombre!
ELLA: ¡Y sigue queriendo confundirme! ¡¡ Já, querer confundirme a mí!!
ÉL: Escuche, si hubiésemos hecho el amor...
ELLA: Yo, a las mujeres prefiero matarlas. Nada de amor. Matarlas,
que no me roben la identidad.
ÉL: ¡Permítame demostrarle que yo soy un hombre!
ELLA: ¡Silencio! ¡No pretenda sacar ventaja!
ÉL: ¿Por qué va a dejarse llevar por una psicosis colectiva?
ELLA: ¿De qué psicosis colectiva me habla? ¡Yo soy el verdadero asesino!
ÉL: Es...¿posible?
ELLA: Sí, créame que sí... De eso estoy seguro.
ÉL: Escúcheme, por favor... ¿Qué mal le hice yo?
ELLA: Ninguno. No es necesario ningún mal...
ÉL: Si bien le decía, si bien nadie me reconoció, yo necesito vivir;
todavía tengo tiempo.
ELLA: ¡Qué interesante! Le voy a dar diez segundos y disparo.
EL: ¡No, no, por favor! Todavía merezco una oportunidad!
ELLA: Ocho, nueve...
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ÉL: ¡¡No, por favor!! (en ese instante invade al ambiente un sonido exterior
acompañado por una iluminación especial; ella se sobresalta).
ELLA: ¡La policía! ¡Las fuerzas de seguridad! (le da el revolver a él)
¡Tome, ayúdeme!... (grita) ¡¡Socorro!! ¡¡El asesino!!
ÉL: ¡Pero!... (sin darse cuenta, dispara el revolver; ella cae)... Pero...
¡¿Qué hice?! ¡Señorita! (la revisa) ¡La maté! ¡La maté sin querer!
¡Ahora vendrán las fuerzas de seguridad! (el sonido y la luz permanecen)
¡La maté sin querer! ¿Cómo lo voy a poder explicar? ¡Yo, un
hombre pacífico, un pobre hombre!... Ahora me veo en la foto de
todos los diarios «¡El asesino!»... «¡Cayó el chacal!»... ¡Yo merecía
una oportunidad! ¡No tiren, me rindo! ¡No soy lo que ustedes creen!
¡No soy un monstruo! ¡Ni siquiera hice justicia! ¡Ni siquiera los libré
de algún ser maldito! No soy un héroe... Quizás el más cobarde,
pero sepan que todo fue culpa de las circunstancias, de mis circunstancias,
que todo me llevó a lo que soy; ¡que yo merecía una
oportunidad! (las luces y el sonido exterior van desapareciendo)...
¡Tienen que entenderlo! Tienen que entenderlo porque de lo contrario,
¿como voy a seguir amando a mis semejantes?... Pero... ¿Es
que no me oyen? ¿Qué les pasa? ¡No se acercan! (mira hacia el
cuerpo de la mujer)... ¡Mis documentos! (los busca, encontrándolos)
Pero... ¿por qué huir? ¡Yo he cometido un crimen! ¡No, no, en
realidad no lo cometí, pero es cómo si lo hubiera hecho y ustedes
no vienen a buscarme! ¡No tienen derecho a ignorarme! ¡Esto tiene
toda la apariencia de un crimen y para ustedes yo tengo que ser el
asesino! ¡Quiero que me fotografíen, que me interroguen, que me
encierren, pero jamás ignorarme! ¡Nadie tiene derecho a ignorarme!
¡Por favor, deténganse y mírenme, vengan carros, camiones
blindados, ejércitos! ¡Soy un peligro para la Humanidad! ¡El asesino!
¡Me entrego! ¡No me dejen escapar! ¡Aquí, vengan! ¡¿No me
oyen?! ¿¡No me ven?!... ¡¡Vengan!! (mira a su alrededor) Se fueron
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todos... Está bien, será como ustedes quieran... Es muy tarde y será
mejor que vuelva a mi pieza... (sale lentamente).

FINAL
(1987)

EN LA PAGINA PRÓXIMA (pag 24), SE PUBLICA LA VERSION CORTA DE “ MILAGRO


COTIDINO”
24

MILAGRO COTIDIANO - Versión reducida


AUTOR: CARLOS CAZILA

4-374-2841
15-4-172-8732
carloscazila@gmail.com
mensaje70@yahoo.com.ar
Buenos Aires, Argentina
OBRA REGISTRADA

PERSONAJES:

Silvina

Juan

(Una pareja joven)

LA ACCION SE DESARROLA A COMIENZOS DE LOS AÑOS 90. SILVINA Y JUAN SE ENCUENTRAN EN EL


INTRIOR DE UNA VIVIENDA LUGUBRE, EN LA CUAL SE OBSERVAN GRAN CANTIDAD DE OBJETOS
APILADOS Y DESORDENADOS. EL ESCRIBE A MAQUINA

Silvina: ¿Oís como cae la lluvia?

Juan: ¿Qué?

Silvina: Si oís como cae la lluvia

Juan: No soy sordo

Silvina: Morite...

Juan: ¿No te das cuenta de que me cortás la inspiración?

Silvina: Inspiración...(SE DISPONE A LEER)

Juan: (INTENTANDO MOLESTARLA) ¿Oíste?

Silvina: ¿Qué?
25

Juan: Si oíste ese trueno

Silvina: Debió caer lejos (PROSIGUE LEYENDO)

Juan: Sí, debió caer lejos. ¡Ja! ¿Oíste? ¡Otro más!

Silvina: ¿Me vas a dejar leer tranquila?

Juan: ¡Leer tranquila! ¡Ahora lee! ¿Qué será esto tan importante que la ocupa?

Silvina: El horóscopo

Juan: ¡El horóscopo! ¡Ja! ¡El horóscopo!

Silvina: Bueno, ¿qué tiene?

Juan: Ese librejo, por lo menos debe ser del año pasado

Silvina: No importa. Igualmente sirve

Juan: ¡Ah, qué bien!

Silvina: Sirve lo mismo. Laura me enseñó a extrapolar

Juan: ¡Laura! ¿Qué será de Laura? Hace como un año que...

Silvina: Tiene mucho trabajo

Juan: Se borró, querida, se borró

Silvina: Pensá lo que quieras...¡Mirá! Acá dice que tendremos noticias de parientes y prontas
visitas

Juan: ¡Prontas visitas! ¡Con este día!

Silvina: Mañana va a salir el Sol

Juan: No se acercan ni cuando hay Sol. Se borraron, querida, se borraron

Silvina: ¿Por qué decís eso?

Juan: Se borraron porque nos va mal

Silvina: No. No es así. Lo que pasa es que la gente, cada día está más ocupada

Juan: Ocupada en patearte

Silvina: No digas eso. Yo tengo un intachable concepto de mis amigos. Siempre me brindaron
excelentes consejos

Juan: Entonces te patean por eso

Silvina: ¿Por qué?

Juan: Y...Ya ves... Parece que esos consejos, mucho resultado no te dieron

Silvina: Cierto... Afuera llueve a cántaros y yo acá, aguantándote


26

Juan: ¡Pero mirá quién habla!

Silvina: Vos, ¿qué tenés que decir de mí?

Juan: Que te pasás todo el tiempo hablando pavadas

Silvina: ¿Cuáles pavadas?

Juan: La de ese horóscopo atrasado, por ejemplo

Silvina: ¡Juan! ¡Dice que vamos a recibir una fortuna!

Juan: ¡Eso tendría que haber sido el año pasado!

Silvina: ¡Juan, te dije que yo sé extrapolar!

Juan: Bueno, basta, te pido por favor, basta de estupideces

Silvina: (TOMA EL LIBRO, IMPETUOSA) ¡Está bien, ya sé que no sirve, nada de lo mío, sirve! (LO
ARROJA POR LA VENTANA)

Juan: Cómo, ¿no iba a venir Laura a buscarlo?

Silvina: Ni Laura ni nadie. ¿Sabés qué pasa? La gente se deprime; se deprime con nosotros. La
tristeza es contagiosa

Juan: ¿Sí?

Silvina: Lo dijo el otro día, una esclarecida social, por la radio...La radio, ¿dónde está?

Juan: La vendimos

Silvina: Y la guitarra también. No importa. Es cierto lo que decía esa comunicadora. Y es mentira
eso de que la gente no nos quiere ver

Juan: Sí, sí, está bien

Silvina: No somos los pariente pobres...mamá...

Juan: Ya salió tu mamá

Silvina: Sí, esa también se acostumbró

Juan: ¿Cómo?

Silvina: Por acá, ya ni se acerca

Juan: Bueno, al menos es un avance importante

Silvina: No tiene gracia (SUBITAMENTE) ¡Acción! ¡Personalidad de acción, un dos, tres,


personalidad de acción! (SALE A LATERAL Y REGRESA TRAYENDO UNAS CAJAS)

Juan: ¿Qué hacés?

Silvina: ¡Estímulos, acción, personalidad de acción!


27

Juan: ¿Justo cuando estoy yo, se te ocurre revolver eso?

Silvina: Ultimamente estás siempre (SIGUE TRAYENDO) No las tolero más. Jiménez dijo...Jiménez
dijo...

Juan: Dijo tantas cosas...

Silvina: Y yo le dije que no las iba a guardar dos años...No, vos quedate ahí...

Juan: Mirá, yo también ya me cargué de...estímulos, y antes de que haga otra cosa
peor...(COMIENZA A ARROJAR CAJAS POR LA VENTANA)

Silvina: ¿Por qué...?

Juan: ¿Y qué? ¿Pensás bajar los tres pisos?

Silvina: Pero es grosero...

Juan: No importa. El basurero las lleva lo mismo (OBSERVA EL CONTENIDO DE UNA) ¿Para qué
guardarían tanto papel?...Papeles viejos, diarios viejos...revistas viejas (VA TIRANDO TODO)

Silvina: (LE VA ALCANZANDO Y EL LAS SIGUE ARROJANDO) Papeles, revistas, programas de cine...
Más y más papeles viejos, diarios, revistas viejas...¡¡Juan!!

Juan: ¿Qué?

Silvina: (MIENTRAS VA TRAYENDO MAS) ¡Dólares, Juan, dólares!

Juan: ¡¿Dólares?!

Silvina: ¡Sí, fijate, dólares!

Juan: (EXTRAE UN PUÑADO) ¡Dólares, sí, dólares! ¿Pero cómo pudieron estar tanto tiempo...?

Silvina: ¿Viste? Por no revisar ¡Dólares!

Juan: Cierto. Son miles y miles de dólares. ¡Nuestros, sí, nuestros! Esto significa...significa,
¡comida! ¡Con el hambre que tengo atragantado!

Silvina: ¡Sí, sí, son miles y miles!

Juan: ¡La gente nos va a adorar!

Silvina: (SUBITAMENTE PATETICA) ¡Juan!

Juan: ¡Y que a nadie se le ocurra criticar!

Silvina: ¡Juan, pará, Juan!..¡Son falsos, Juan, son falsos!

Juan: ¿Qué decís?

Silvina: ¡Son falsos, Juan, son falsos!

Juan: ¡¿Pero qué te agarró?! (TOMA LOS BILLETES) ¡Perfectos, estupendos, ni un solo defecto!
28

Silvina: (ABATIDA, SE APARTA Y CAE SOBRE LA SILLA) No es necesario mirarlos con mucho detalle.
Hay dos series

Juan: ¿Pero qué decís? Los números están bien

Silvina: Los números están bien, pero la mitad de los billetes tienen el prócer mirado para un lado,
y la otra mitad para el otro

Juan: ¿Pero de dónde sacaste eso?

Silvina: Estoy segura, Juan

Juan: ¿Y quién se va a fijar?

Silvina: Pensá en los inconvenientes, Juan...

Juan: ¿Inconvenientes?

Silvina: Altercados, denuncias, días de detención, torturas, tormentos, picanas y más tormentos...

Juan: Sentencias, picanas, más y más tormentos y finalmente...¡La puta que lo parió! (PATEA CON
VEHEMENCIA A UNA CAJA. ELLA COMIENZA A RECOGER LOS BILLETES)...Dejá, ni te molestes

Silvina: No había terminado de contarlos

Juan: (SE VUELVE HACIA LA VENTANA, ARROJANDO) ¿Eso qué importa?, ¿eso qué importa, ya?...
(ELLA PROSIGUE CON LOS ENVOLTORIOS) Pero... bueno, ¿cuánto habría?

Silvina: (SIN VOLVER A FIJARSE) Quinientos mil

Juan: ¿Quinientos mil? En esas, pero, ¿en las otras?

Silvina: Parece que no... (VA HACIA EL COSTADO Y PROSIGUE TRAYENDO)

Juan: ¿No tienen, no?

Silvina: No. Son puro papeles (AMBOS CONTINUAN ACERCANDO CAJAS Y ARROJANDOLAS POR LA
VENTANA)

Juan: ¿Quinientos mil? Estoy seguro de que contaste mal

Silvina: Sí, quinientos mil, dólar más, dólar menos...

Juan: No, no. Había un paquete que tenía muchos más

Silvina: (MIENTRAS CONTINUA EN RITMO ACELERADO, CON LAS ACCIONES MECANICAS DE


ARROJAR CAJAS Y PAQUETES)

Cincuenta paquetes de diez mil (TIRAN SIN DARSE CUENTA, LAS QUE CONTIENEN LOS BILLETES)

Juan: Cincuenta y cinco paquetes

Silvina: Cincuenta, nada más

Juan: Eran más


29

Silvina: ¡Estoy segura!

Juan: Cincuenta de diez mil y cinco de veinte mil

Silvina: ¡Cincuenta!

Juan: ¡Cincuenta y...! ¡Uy, tiramos los dólares!... ¡Todo por...! (SE ASOMA A LA VENTANA, Y SE
INTERRUMPE SUBITAMENTE)

Silvina: ¿Qué pasa?

Juan: Los agarró una linyera

Silvina: (ACERCANDOSE) Capaz que no sabe ni qué es

Juan: Será linyera, pero es argentina

Silvina: Yo digo, si...(AMBOS QUEDAN ATONITOS Y SE VUELVEN, APARTANDOSE RAPIDAMENTE)

Juan: No vimos nada, no oímos nada, no sabemos nada

Silvina: Por supuesto, un robo entre linyeras

Juan: Pero el coche la atropelló sin llevarse nada

Silvina: Nosotros no tenemos nada que ver

Juan: Pero está aquí abajo...

Silvina: No. Ni siquiera en la vereda. Por lo tanto, no está aquí abajo

Juan: ¿Te parece? (SE ACERCA OTRA VEZ A MIRAR) Tenés razón. No está

Silvina: Tengo razón, ¿no es cierto?

Juan: ¡Pero claro! No está. ¡No está más, fijate!

Silvina: (SE ASOMA) ¡Cierto! Todo esto es muy raro, ¿no?

Juan: Bueno, no hay que inquietarse, esta tarde es problemática, oscura, excesivamente lluviosa,
es una tarde, prodríamos decir...aciaga, pero no hay que intranquilizarse

Silvina: Yo quiero salir

Juan: Sería contradictorio

Silvina: ¡Es que estoy atacada!

Juan: Jodete por boluda

Silvina: ¿Cómo?

Juan: Sí, jodete por boluda

Silvina: Sabés muy bien que eran falsos. Yo le vi los ojos al prócer

Juan: ¡Podrías haber visto algo bueno con tal de no arruinar la fiesta!
30

Silvina: ¡La fiesta se arruinó sola!

Juan: Hubiéramos seguido soñando. Pero cantaste enseguida “Son falsos”

Silvina: ¿Qué? ¿Ahora querés vivir de sueños?

Juan: Toda la vida tuve sueños. Fui un poeta. Mejor dicho, soy un poeta. Y eso es lo que te falta a
vos: Sentido poético.

Silvina: Sí, claro, y cuando viste los verdes...

Juan: No importa, la poesía sigue, subyacente...

Silvina: ¿Sabés cuál es la diferencia? Yo, aunque boba, siempre fui auténtica, en cambio, vos...

Juan: ¿Yo, qué?

Silvina: Se te confunden las palabras

Juan: ¿A un poeta, confundírsele las palabras?

Silvina: Sí, poesía con hipocresía

Juan: Eso no es cierto

Silvina: ¿No?

Juan: ¡Es que eran demasiados!

Silvina: Bien que podrías haber aceptado el trabajo con mi familia, y en cambio, hasta me hiciste
renunciar

Juan: Te aclaré que no pienso mezclarme con esos mafiosos y asesinos de tu familia

Silvina: Está bien. (SALE A LATERAL)

Juan: ¿Ahora qué buscás?

Silvina: (VUELVE CON UNA VALIJA) Voy a mezclarme donde se coma

Juan: ¿Con esta lluvia?

Silvina: No importa. Tengo paraguas...Y los bolsos, también me los llevo

Juan: (DE RODILLAS) ¡No, por favor, te lo suplico!

Silvina: Está bien. Te dejo los bolsos

Juan: ¡Te lo suplico, no te vayas!

Silvina: (SE DESENTIENDE) En cuanto al contrato de alquiler...(LA LUZ COMIENZA A FLUCTUAR)


¿Qué pasa?

Juan: Las descargas, yo te dije

Silvina: Se jodió la luz


31

Juan: Los tapones, ¿dónde estarán los tapones?

Silvina: Fijate al lado de la puerta

Juan: ¿Ese no era el medidor del gas?

Silvina: No sé

Juan: (CON UNA LINTERNA ENCENDIDA) Ahora salimos de dudas (OBSERVA LA CASILLA) ¡Estaba
abierto!...y hay un bolso

Silvina: ¿Ahí?

Juan: Y cómo pesa...¿Lo abro?

Silvina: (ENCONGIENDOSE DE HOMBROS) Y...

Juan: (EXTRAE UN PUÑADO DE MONEDAS DEL INTERIOR DEL BOLSO) ¡Monedas de cobre!

Silvina: ¿A ver? (TOMA UNA Y LA OBSERVA DETALLADAMENTE)

Juan: Cobre antiguo

Silvina: Sí, Juan, es oro (PRUEBA CON MORDER)

Juan: ¿Qué?

Silvina: (TOMA OTRAS) Es oro, Juan

Juan: ¡Sí, falsas, el mismo chiste de antes!

Silvina: Veinticuatro kilates (CAE UN RAYO)

Juan: A ver...(INTENTA MORDER UNA Y SE DAÑA UN DIENTE) ¡Ay, la p...!

Silvina: (PROSIGUE REVISANDO) Es oro legítimo, Juan

Juan: (DESPECTIVO) Oro legítimo, oro legítimo..¿Vos creés que a mí me interesa lo que cae del
Cielo?

Silvina: Tendría que interesarte, Juan

Juan: No, yo no me embarco más en eso

Silvina: ¡Si estuviera mamá!

Juan: ¡Ya tuvo que salir tu mamá!

Silvina: Ella adora el oro, no tiene más que mirarlo y te dice de qué año es... (EN ESE INSTANTE SE
OYE EL SONAR DE UN TELEFONO) ¿Un timbre?...

Juan: ¡Si no hay luz! (VUELVE A SONAR. PROVIENE DEL INTERIOR DE LA MISMA CASILLA DONDE SE
ENCONTRABA EL BOLSO. EL EXTRAE UN APARATO TELEFONICO) En el contrato no decía nada de
teléfono... No tiene tono, escuchá, no puede funcionar

Silvina: No. Pero tiene un cable


32

Juan: ¡Qué raro que estuviera ahí adentro! (AHORA SUENA ANTE ELLOS) Mejor no lo toques

Silvina: ¿Qué pensás?

Juan: No sé que pensar (EL TELEFONO VUELVE A SONAR)


Silvina: Yo atiendo

Juan: ¡Esperá, esperá!

Silvina: (SE PRECIPITA) ¿Hola? ¿Hola?...¡¡Mamá!! ¡Qué alegría! ¿Dónde voy a estar? ¡En casa!
¡Hola! Mamá, ¿cómo conseguiste? No, mamá, no es la joyería. ¡Es mi casa! ¡Hola! ¡Hola, sí, mamá!
¿A cuánto el oro? ¡Hola, hola! Se fue. Se cortó. No tiene tono

Juan: Yo sabía que tu vieja iba a volver a aparecer, de cualquier manera

Silvina: Ella creía que hablaba con una joyería. ¿Sería ella? Sí, sí, la voz era inconfundible y dijo bien
clarito: “Hola, hola”

Juan: ¿Y qué más?

Silvina: Nada, ni siquiera la cotización (PROSIGUE GOLPEANDO EL TELEFONO) Es inútil. No tiene


tono

Juan: Silvina, el bolso con las monedas ocultaba el teléfono

Silvina: ¿Y con eso?

Juan: Entonces está claro (CAE UN RAYO)

Silvina: ¿Qué?

Juan: ¡Que está claro!

Silvina: ¿Qué es lo que está claro?

Juan: Que para atender el teléfono era necesario haber descubierto el bolso

Silvina: ¿Y entonces?

Juan: ¡¿Porqué habrás atendido?!

Silvina: ¡Era mamá!

Juan: ¡Entonces, vos sabías!

Silvina: No, no, te juro, pero ¿qué se te ocurre?

Juan: Fue una trampa, una trampa, sí

Silvina: ¿Una trampa?

Juan: Claro. Saben que si atendimos el teléfono, eso significa que encontramos las monedas

Silvina: ¡Pero, mamá..!

Juan: Basta con tu mamá!


33

Silvina: Bueno, ¿qué pensás?

Juan: ¡Que debe ser otro crimen... que nos quieren culpar!

Silvina: Juan, pensá que podríamos no haberlo descubierto nunca

Juan: Pero se descubrió... Y quién sabe cuántas cosas más...

Silvina: Nos vamos ya mismo

Juan: ¿Justo ahora? Deben estar esperando a que salgamos

Silvina: ¡Pero en algún momento hay que salir! ¡Ay! (RECURRE AL TELEFONO) ¡Mamá, hola!

Juan: No busques males mayores

Silvina: ¿Que tenés que decir de ella?

Juan: Nada. Tratemos de pensar qué podemos hacer

Silvina: Si querían culparnos por el oro, no era necesario que lo descubriésemos

Juan: No. Peo ahora saben que podemos sacarlo

Silvina: ¡Basta, no nos compliquemos más!

Juan: Cómo si fuera posible

Silvina: Entonces, salgo

Juan: (LA RETIENE) ¡Esperá!

Silvina: ¡Dejame, necesito salir!

Juan: ¡Claro, te vas porque sabés que a vos no te van a hacer nada!

Silvina: ¿Yo? ¿Qué puedo saber?

Juan: Porque tu “mamá” está metida

Silvina: ¿Cómo podés decir eso?

Juan: ¡Es evidente!. ¡Entre las dos planean liquidarme!

Silvina: ¡Juan! ¿Te volviste loco? ¡Juan!

Juan: No sería raro. Tengo motivos

Silvina: Pensá lo que quieras; yo así, no te aguanto

Juan: Está bien, andate, andate ya mismo

Silvina: (REFIRIENDOSE AL BOLSO) Pero...¿Qué vas a hacer con éso?

Juan: No sé

Silvina: Guardarlo donde estaba, no seviría de nada...


34

Juan: No. Sería comprometedor

Silvina: Yo podría intentar sacarlo

Juan: Vos, ¿llevártelo?

Silvina: De acuerdo a tu teoría, yo estaría libre de peligro

Juan: ¡Y de esta manera te quedás con todo!

Silvina: Juan, ¿tanto desconfiás de mí?

Juan: (SE RECTIFICA) De esta, ninguno de los dos salimos con vida

Silvina: ¿Te parece?

Juan: Ninguno de los dos salimos...

Silvina: ¡Con esta lluvia!...(VUELVE A SONAR EL TELEFONO. AMBOS PERMANECEN UN INSTANTE


INDECISOS, LUEGO ELLA SE VUELVE A AVALANZAR Y ATIENDE) Era una voz de hombre... Una voz
inconfundible...

Juan: ¿Qué dijo?

Silvina: Era la voz de tu papá

Juan: ¡¿De mi papá?! ¿Qué dijo?

Silvina: “Tienen cinco minutos para salir de ahí antes de que explote la bomba (AMBOS
PERMANECEN ATONITOS)

Juan: Tenemos que salir...

Silvina: Afuera nos matan, Juan

Juan: (TOMA EL BOLSO) ¡Sí, pero esto no nos va a comprometer! (SE DIRIGE IMPETUOSO HACIA
LA VENTANA)

Silvina: ¡¿Qué vas a hacer?!

Juan: Se lo tiro a los linyeras

Silvina: Esperá, Juan, esperá, todavía nos quedan cuatro minutos y medio (VUELVE A CAER UN
RAYO Y SE ESCUCHA NUEVAMENTE EL TELEFONO) ¡Basta! (ARRANCA EL CABLE)

Juan: Bueno, ¿qué hacemos?

Silvina: Sí, sí, lo vamos a tirar, pero todavía faltan cuatro minutos

Juan: Bueno, ¿y qué?

Silvina: Hay que pensar algo

Juan: No hay nada que pensar. Hay que salir

Silvina: Esperá
35

Juan: ¡Dale, vamos!

Silvina: ¡Esperá, esperá!

Juan: ¡Silvina! La bomba!

Silvina: ¿Y si es mentira?

Juan: ¡No hay tiempo!

Silvina: Tres minutos y medio. Antes de tirarlo, saquemos algo. Nadie se va a dar cuenta (SEPARA
UN POCO)

Juan: ¿Te parece?

Silvina: Sí, Juan, vamos a necesitar, fuera del país

Juan: (GUARDA EN SUS BOLSILLOS) Sí, sí, pero repartamos por igual

Silvina: Estoy repartiendo por igual, pero iluminame bien

Juan: No puedo sostener la linterna y juntar al mismo tiempo

Silvina: Está bien. Te ayudo

Juan: Ya es suficiente

Silvina: Vamos a tener que comprar toda clase de documentación (VA SEPARANDO CANTIDADES
MAYORES)

Juan: Sí, pero...

Silvina: Todavía nos quedan dos minutos y medio

Juan: ¡Apurate! (COMIENZA A EXTRAER CON MAYOR AVIDEZ)

Silvina: Voy a buscar los bolsos

Juan: ¿Vamos a salir con bolsos?

Silvina: Sí, sí, no importa (VA HACIA LATERAL; EL PROSIGUE)

Juan: Pero, ¿porqué dividimos? Podemos juntar

Silvina: (REGRESA CON LOS BOLSOS) Todo junto pesa mucho

Juan: Pero...

Silvina: Afuera no se sabe, Juan

Juan: Silvina, escuchame...

Silvina: No, Juan, no es momento

Juan: ¿Vamos a seguir juntos?

Silvina: ¡No sé. No es momento!


36

Juan: Silvina...

Silvina: No hables, Juan, queda un minuto

Juan: Sí, sí

Silvina: Dijimos que para gastos en papeles

Juan: Si

Silvina: Residencia

Juan: También

Silvina: Inversiones

Juan: ( CONTINUA SEPARANDO, AL IGUAL QUE ELLA, CANTIDADES MAYORES) Sí

Silvina: Gastos de mantenimiento

Juan: Sumando los suntuarios

EL AMBIENTE SE VA OSCURECIENDO AUN MAS. ELLOS PROSIGUEN EN LO SUYO

Silvina: Coches

Juan: Impuestos

Silvina: Salud y educación

Juan: Donaciones institucionales...seguridad personal...

SE OYE UN RUIDO ESTRUENDOSO, QUE SE CONFUNDE CON EL DE LOS TRUENOS.

APAGON

FINAL

EN LA PAGINA PRÓXIMA (pag 37), SE PUBLICA LA OBRA CORTA “DE UN SALTO”


37

DE UN SALTO
Obra registrada
Autor: Carlos Cazila

Tel: 4-374-2841
15-4-172-8732
Ayacucho 670, 8° “A”
(1026) CABA, República Argentina.

carloscazila@gmail.com
mensaje70@yahoo.com.ar

PERSONAJES:
Ella
El
Ambos de mediana edad.
La acción transcurre en una plaza pública.

Primera escena:
Ella se encuentra sentada en el banco de la plaza, con un libro y la soga del
perro en la mano, que es tironeada desde el exterior, por el animal.
ELLA: (al perro, que tironea) ¡Tranquilo, Tommy, tranquilo! ¡Tranquilo,
tranquilo!
EL: (entra, con otro libro en su mano) ¿Necesita ayuda?
ELLA: No. Ya se calma.
EL: Más vale. La noche recién empieza.
ELLA: ¿Recién?
EL: Incluso para su can.
ELLA: Bueno, no creo que Tommy sea un tema.
38

EL: ¿Por qué no? (por el perro) Lo estoy viendo. Estoy en presencia de algo
extraordinario.
ELLA: ¿Le parece?
EL: Por supuesto. ¿Puedo preguntar de qué raza es?
ELLA: De una raza…De una raza que no es raza, bueno, en fin, la raza de un
perro diseñado especialmente para mí… ¡Tranquilo, Tommy! Me molesta, no
me deja leer.
EL: Cálmese. La noche recién comienza.
ELLA: ¿Otra vez?
EL: Me refiero a ciertos eventos. (señala a un costado) Ciertos eventos por
ahí…
ELLA: Para mí, el apagón es suficiente. No me quedó más remedio que venir
a leer acá.
EL: Hermoso lugar, ¿no le parece?
ELLA: ¿Hermoso?
EL: ¿Acaso no hay aire, no hay luz?
ELLA: Sí, mientras duren los faroles. No dejo de pensar en el evento de
mañana.
EL: ¿Mañana es su examen?
ELLA: Mañana, nomás.
EL: ¡Qué casualidad, el mío también!
ELLA: ¿Los dos, en vísperas? …¡Tranquilo, Tommy, tranquilo!... Debe haber
perras en celo.
EL: Es verano, es carnaval.
ELLA: Sí, pero este no va al corso.
EL: Ni falta que hace. Apagón, verano, examen, carnaval, perras en celo…
Después de esta larga lista, sería hora de que nos presentemos.
ELLA: Sí, podría ser.
EL: Mi nombre es Ernes, pero me dicen Ernesto.
ELLA: Mi nombre es Ernestina, pero me dicen Ernes.
EL: Bueno, al fin podremos saber quién somos.
ELLA: Pero no quiénes éramos.
EL: ¿Por qué?...Ah, sí, es cierto. Hay algo en tu nombre, que me trae algo así
como recuerdos.
ELLA: A mí me pasa lo mismo, también, como a la distancia.
EL: ¿Entonces, es posible?
ELLA: ¿Qué?
39

EL: Eso que estamos pensando.


ELLA: ¿Que seamos nosotros mismos?
EL: Eso. Nosotros mismos.
ELLA: ¡Nosotros mismos!¡Nada más ni nada menos que un corte de luz de
dos cuadras a la redonda para volver a encontrarnos!
EL: ¿Tanto cambiamos como para que al principio no nos hayamos
reconocido?
ELLA: Simplemente, debió ser olvido.
EL: Cierto, ahora es todo más rápido. Ya no se precisan ni analistas ni nadie
más para olvidar al otro.
ELLA: Suficiente con saber en qué mundo estamos. Sin embargo, tengo una
amarga sospecha…
EL: ¿Cuál? Decime.
ELLA: Es posible que nuestra relación haya terminado mal. Tal vez alguno o
muchos hechos de infidelidad.
EL: ¿Infidelidad, te parece?
ELLA: Infidelidad de parte tuya, seguramente. En una situación así, no miro
las consecuencias.
EL: Mujer de armas tomar…
ELLA: Así era yo, antes, digo… y a tal extremo que he rozado numerosos
escándalos públicos. Pero el sólo hecho de entregarme (por el libro) a una
disciplina del pensamiento, me puso algo así como un dique. Me controla, me
ocupa la mente… ¿Y vos?
EL: He retomado la carrera de… ¿para qué decirlo?... Reconciliarme con esto,
(por el libro propio) con toda seguridad me va a ayudar a tener otra vez veinte
años. Sí. Ahora más que nunca quiero volver a sentirme otra vez, el que fui.
ELLA: Disculpame, pero mi libro dice precisamente, que nada puede volver a
ser…
EL: ¿Te parece?, ¿y entonces, el hecho de estar otra vez juntos?
ELLA: Cierto, quizá venimos desde muy lejos.
EL: No tanto, dos cuadras a la redonda.
ELLA: Por lo general, uno nunca vuelve a encontrarse.
EL: Me parece que esto, ya de por sí, es todo un evento.
ELLA: Tenés razón, casualidades así, no se dan con tanta facilidad, menos a
esta hora…y además, porque….
EL: ¿Por qué?...
ELLA: No sé qué vas a pensar de mí.
40

EL: ¿Por?
ELLA: Quizás te estés olvidando de que habitualmente esto es una zona roja,
el único lugar dónde la luz no se cortó, para mal de unos cuantos.
EL: No importa. Lo más probable es que toda la zona roja se haya ido para el
lado del apagón. Pero acá hay luz. ¿Te das cuenta que extraña conjunción de
hechos?
ELLA: Extraña hasta que vengan a romper faroles.
EL: ¡Ah, no! Eso no lo voy a permitir. No te olvides que estoy yo, acá.
ELLA: ¡Y Tommy que no se queda quieto…! También quiere irse al apagón.
EL: No nos detengamos en hechos menores. Me olvidé de preguntarte si te
molesta que compartamos el banco.
ELLA: Claro que no. Donde leen uno, leen dos…aunque…
EL: ¿Qué pasa?
ELLA: Algo…algo está pasando…
EL: ¿Algo cómo qué?
ELLA: ¿No notás una cosa extraña?
EL: ¿Dónde?
ELLA: El aire, se está poniendo denso.
EL: Ah, me parece que sí. Hay como una bruma….
ELLA: ¿Bruma? ¡Bruma a esta hora! Me da un poco de miedo.
EL: No temas. Estás conmigo.
ELLA: ¿Y vos?
EL: Sí, yo también tengo miedo.
ELLA: No temas. Estás con vos….Pero, ¿qué será lo que pasa?
EL: ¿Será un extraño mensaje cósmico?
ELLA: ¿Estarán fumigando?
EL: No se ve demasiado.
ELLA: Eso es lo que me da más miedo
EL: ¿Qué?
ELLA: Miedo de perderme.
EL: Cuando las cosas son claras, nadie se pierde.
ELLA: ¡Por eso, tengo miedo!
EL: Estamos en una plaza, zona roja, mejor dicho plaza roja, o mejor
dicho…vinimos buscando un poco de luz.
ELLA: Eso no me da ninguna seguridad…
41

EL: Al menos, salimos a la vida. ¿No es suficiente?, ¿no es suficiente con que
estemos dispuestos a enfrentar lo que sea, vos y yo, para que el aire vuelva a
ser limpio?
ELLA: Sí, tenés razón. Siento que ya está pasando, que empieza a despejarse.
Hasta el perro se durmió. Y me siento más tranquila.
EL: Vayamos a lo nuestro, entonces.
ELLA: ¿Lo nuestro?
EL: ¿Te olvidás que estamos en carnaval?
ELLA: Siempre olvido el carnaval.
EL: Feliz recuerdo, entonces, feliz recuerdo que viene con música.
ELLA: ¿Música de comparsa?
EL: No, esa no. La otra música. La que te gustaba. Digo, si es que somos
aquellos.
ELLA: No, ahí no coincidimos, nunca me gustó la música.
EL: Entonces, ¿no sentís algo así como una melodía ligera?
ELLA: Podría ser, ¿de dónde viene?
EL: La habrá traído la bruma.
ELLA: La bruma, sí.
EL: (Por la música) Parece que algo nos dejó…¿bailamos?
ELLA: ¿Te parece? (Bailan. Luego, el perro se altera)…¡Tommy!...La zona
roja. Mujeres en celo.
EL: Zona roja… ¿Habrá que hacer fuego para que no se acerquen? Digo, si es
que vamos a acampar acá.
ELLA: No. Creo que debo volver.
EL: De ninguna manera. Aprovechemos la noche hermosa.
ELLA: ¿Qué es lo que querés aprovechar?
EL: ¿Qué estás pensando?
ELLA: Presiento oscuras intenciones.
EL: ¿Oscuras intenciones?
ELLA: Sí, oscuras
EL: Yo vine buscando luz.
ELLA: ¡Luz! (retoma el libro) Mañana es el examen.
EL: ¿No habría otra…?
ELLA: El examen, no hay otra. Soy de leer en voz alta.
EL: Eso es lo de menos.
ELLA: Sí… (lee) “Todos los animales que no son animales, son chicos y
todos los que son chicos pueden ser medianos…”
42

EL: ¿Cómo?
ELLA: (continúa) “Todos los animales que no son animales son medianos y
todos los que no son medianos también pueden ser animales…”
EL: (lee del libro de ella) “Todos los pensamientos encierran un concepto,
excepto los que encierran un concierto y también los que desconciertan.”
ELLA: (Lee del libro de él) “Todo esto parte de leyes que generan
delincuencia …”
EL: (lee del libro de ella) Sin contar las siguientes excepciones…
AMBOS: Primera… (Se miran)
ELLA: ¿No podés pensar en voz baja?
EL: Esto no es para pensar.
ELLA: De cualquier manera, hay que seguir.
EL ¿ Y qué tal si volvemos a empezar?…
ELLA: ¿Nosotros? ¿Empezar algo? No me acuerdo siquiera, si estuvimos
juntos.
EL: Yo... Tengo una vaga idea.
ELLA: Creo que no sabía si te quería… Además, seguramente iba a ser
madre.
EL: ¿Y por eso me dejaste? ¿Abandonaste, a un padre soltero?
ELLA: ¿Por quién me tomaste? ¡Yo jamás haría una cosa así!
EL: No. No quise ofenderte. Hagamos de cuenta que aprobamos. De ahora en
adelante, vamos a ser felices.
ELLA: ¿Y vos serías capaz de prometerme que vas a ser fiel?
EL: Otra vez, ese tema. Esa obsesión. Habrá que hacer todo lo posible.
ELLA: Un momentito, fidelidad de tu parte, porque yo no voy a andar
prometiendo nada.
EL: Me parece que tendría que estudiar otra cosa.
ELLA: ¿Qué?
EL: Sí. Cómo hacer para entenderte.
ELLA: ¿Querés decir que soy difícil? A ver. A ver…Explicame por qué.
EL: Yo no soy el que estudia filosofía.
ELLA: ¿Qué me importa? No se trata de teoría.
EL: Yo solo busco conciliar.
ELLA: (despectiva) Se nota. Hablá, hablá de una vez, te lo exijo.
EL: ¿Ahora coercitiva?
ELLA: Sí, te lo ordeno.
EL: No hay mucho que decir. Por algo se destruyó nuestra unión. Esa que no
recordamos.
ELLA: Además…(dudando) ¿Vos creés que estuve embarazada?
EL: No sé. Es muy difícil llegar a un acuerdo.
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ELLA: ¿Porque hay cosas que no me acuerdo?


EL: ¿Aún así, no serías capaz de volver a nuestro vínculo?
ELLA: Lo tuyo me suena a repetición.
EL: Hablo de lo que viene. No de lo que fue.
ELLA: ¿Si? Te imagino como un ser frustrado, metido en un trabajo rutinario,
y que quiere volver a encontrar en mí, a una víctima de su fracaso.
EL: Gracias por tu imaginación. Mi trabajo no aburre a nadie.
ELLA: ¿Y cuál es?
EL: ¿Mi ocupación? Juegos de azar, loterías.,,
ELLA: Es extraño…
EL: ¿Qué?
ELLA: Ese tema me convoca. Si bien tengo dotes de adivina, nunca acierto
con los números…
EL: Como si fuera tan fácil. Si adivinaran, asesinarían a la lechuza…
Volviendo al tema, es muy posible que ese fuera nuestro punto de unión.
ELLA: ¿La lechuza?
EL: No. Yo atendía la agencia que está en la esquina de Oro y Santa Fe, ¿no te
dice nada?
ELLA: Hace años que perdí el oro y la santa fé. Nunca me trajo suerte.
EL: Gracias por lo que a mí me toca.
ELLA: No sé de qué hablás.
EL: ¿Acaso no fue una suerte el habernos conocido ahí?
ELLA: Pero, ¿eso puede ser cierto?
EL: Sin ninguna duda, tuvo que ser así. Seguro que te habrás enamorado de mí
pensando en que te podría traer suerte.
ELLA: Triste comienzo, entonces. Seguramente creí en vos, y abandoné lo
mío por culpa de esa pasión de un comienzo…
EL: ¡Pero entonces hubo pasión!
ELLA: No creo que haya sido más que al principio. Debe haber durado muy
poco. Ya me veo poblando esos días grises junto a la ventana, una planta
chiquita que no florece. Mi número que no sale, ninguna apuesta que ganar.
Ningún tipo de apuesta… (llora)
EL: Eventos de la lotería… pero también pudo haber otras cosas.
ELLA: No, nada bueno, siempre aferrada tan solo a ese billete…Sin otro
remedio, sin ninguna ilusión de ayuda, ignorada por vos, entregada a preparar
entre llantos, una comida que sería despreciada porque seguramente no te
gustaba.
EL: ¡Si el que cocinaba era yo!
ELLA: Entonces no me gustaba a mí… (llora) Tristes desengaños domésticos.
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EL: Sí, verdaderamente triste tener que lavar, barrer planchar, para que vos,
muy comoda te la pasaras mirando por la ventana.
ELLA: Un momento. ¡Comoda, no! Ni una silla me compraste.
EL: Como quieras, pero ¿fue eso, lo que nos separó?
ELLA: Ni siquiera sabemos si estuvimos juntos.
EL: Dijiste que eras adivina.
ELLA: ¿Y con eso?
EL: Tal vez, si leyeras en mi mente, podrías saber la verdad.
ELLA: Dejame que te mire, a la distancia… no tanto, más cerca pero no
demasiado, a la debida lejanía… (Lo observa y luego le pega un sopapo)
¡Traicionero!... ¡¿Cómo pudiste engañarme conmigo misma?!
EL No sabía que eras vos misma
ELLA: ¡Tanto te confundió mi otro yo?
EL: No importa. Hay tiempo. La noche recién comienza.
ELLA: (mirndo hacia afuera) La noche, sí…
EL: Presiento una noche como pocas.
ELLA: Por algo es Carnaval. ¡Qué ganas de perderme en una comparsa!
EL: ¿Y qué te lo impide?
ELLA: El examen. El examen. Tengo que seguir.
EL: ¿Seguir?, pero, ¿de qué examen se trata? Se me ocurre quemar los libros.
ELLA: No. No. Eso no, me da miedo.
EL: ¿No podés olvidar el exámen?
ELLA: ¿No entendés que el examen me contiene?.
EL: Ya lo sé, ¿pero no podría ser de otra manera?
ELLA: Está claro que con vos, no (transición) Más allá, veo mujeres
desnudas.
EL: ¿Y eso, qué importancia tiene?
ELLA: Si no hay límites, temo perderme.
EL: ¿No hablabas de juegos de azar?
ELLA: ¿Qué? ¿Y con eso?
EL: ¿No es suficiente juego de azar, una vida en común?
ELLA: ¡No, no! Eso es siempre igual. (extrae algo) Tomá, acá está. Te
devuelvo tu billete de lotería.
EL: (lo toma) ¿Lo guardabas? ¿Lo guardabas entonces? Pensalo bien. Habrá
que inventar otro pasado. Una vida nueva. Algo así como un salto…
ELLA: ¿Un salto a…?
EL: Tratemos de saltar el pasado.
ELLA: ¡Qué decís…!
EL: Hacé como yo. ¡Olvidate del libro!
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ELLA: No sé, pero tendría que ser con alguien que me haga sentir otras cosas.
Devolveme el billete.
EL: ¿Qué billete?
ELLA: El billete de lotería, devolvémelo ya.
EL: ¿Eh? Te puedo dar dinero. Pero el de lotería, no.
ELLA: Devolvémelo o lo considero un robo. ¡Empiezo a gritar¡
EL: Podés hacerlo. Asumo lo que sea.
ELLA: Bah, cualquiera se guarda un billete…Pero la cuestión del embarazo…
EL: ¿Era cierto?
ELLA: No, pero algo me dice que voy a dar a luz. Claro que sí, ¡mejor dejar
los libros! Estamos en carnaval. La noche recién empieza. Recién comienza
y…tengo mucho miedo.
EL: ¡Eventos, eventos!
ELLA: No. Nunca con vos.
EL: ¡Volvé a leer mi mente!
ELLA: El tiempo me apura.
EL: ¡Te ordeno que me leas!
ELLA: Oh, sí, veo…veo… ¡Nunca lo hubiera imaginado! ¡Nunca lo hubiera
imaginado!
EL:¿Qué ves? ¿Qué ves?
ELLA: Veo oscuro. La luz de los faroles, está bajando.
EL: (La toma) ¿Y yo no te alumbro?
ELLA: No, no. Todo muy negro. Hay bruma, no es lo que quiero. Algo me
llama más allá.
EL: ¿Más allá, dónde?
ELLA: Más allá. Más allá del Carnaval. La vida roja, la vida en el Averno.
Me da mucho miedo. ¡Sujetame, o me voy para allá!
EL: ¡No, no, esperá!
ELLA: (Se siente impulsada. El la contiene) ¡Sujetame, sujetame!
EL: ¡Podemos ir juntos!
ELLA: ¡No, no, eso, nunca! ¡Soltame! (Se zafa del tironeo de él, que cae
sentado en el asiento) ¡Vooooyyy! (Sale)
EL: Adiós…adiós…(Se recompone. Tira de la soga, trayendo “al perro” hacia
él) Hola…¿Qué querés que te diga?...se fue nomás, al infierno. hay gente que
siente especial predilección por irse, quien iba a decir, semejante cosa,
semejante evento…Y yo que hasta pensaba dar un salto, y me caí sentado.
Menudo salto debe haber dado ella, que se arrojó a una alcantarilla. ¿Qué más
podría decirte? Es lamentable, pero lo peor sería que a uno lo descalifiquen,
que le digan que no sirve ni en el Infierno…¿qué pasa? ¿Tenés frío? Sí, está
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haciendo mucho frío… ¿Sabés una cosa…? Estoy viendo que en casa, ya
volvió la luz, ¿Querés acompañarme? ¡Vamos! ¡Vamos! (salen)

FINAL
2013-1985

(EN LA PROXIMA PAGINA (pag. 47), SE PUBLICA LA OBRA CORTA


“VAMOS POR EL PRINCIPIO”)
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“Vamos por el principio”


(RAZONES FUNDAMENTALES)

Autor: Carlos Cazila


Tel 4-374-2841

15-4-172-8732

carloscazila@gmail.com mensaje70@yahoo.com.ar

Buenos Aires, Argentina

OBRA REGISTRADA

Personajes:

Hombre maduro

Joven secretaria

La acción transcurre en una oficina.

Ella se encuentra accionando un teclado que conserva

anexo.

Hombre: (Entra.) ¡Qué bello aroma se respira en esta oficina!


(Se acerca y aspira el perfume de ella)
Muchacha: (Se sobresalta) ¡Ay! ¿Caballero...?
Hombre: Decía que mi espíritu respira jazmines, rosas,
magnolias...
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Muchacha: Bueno.Ya olió, ¿qué otra cosa se le ofrece?


Hombre: Me dijeron que aquí podía efectuar la averiguación.
Muchacha: No creo que pueda.
Hombre: En planta baja me aseguraron que usted podría...
que usted, seguramente...¿Me escucha?
Muchacha: Estoy trabajando, caballero.
Hombre: No obstante, le decía que en la planta baja...
Muchacha: Suficiente, caballero. Hoy es un día atípico.
La Empresa permanece prácticamente cerrada.
Hombre: ¿Y con eso?
Muchacha: Desde que se cayó el sistema, es decir, la fiesta
de la bacanal, estoy virtualmente sola.
Hombre: Siendo así, no la voy a demorar, solamente quería
formularle algo que genere una respuesta.
Muchacha: Le dije que estoy sola.
Hombre: Es nada más que un minuto de su privilegiado
tiempo, lo que requiero. Es solamente un instante de
consideración hacia quien ha emprendido una incursión
hasta este imponderable tercer piso.
Muchacha: ¿Podría quitarse los zapatos, caballero?
Hombre: ¿Los zapatos?
Muchacha: Hay sensores. El suelo que está pisando responde
a sensores.
Hombre: ¿Entonces...?
Muchacha: Quíteselos, caballero, y trate de no golpear
con los pies (El efectúa un marcado pisotón)... ¡¿Qué hace?!
Hombre: Maté a una araña que pasaba.
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Muchacha: ¿Y por una pavada así, me altera el sistema?


(Trata de subsanar mediante el teclado)
Hombre: Discúlpeme, comprendo que he sido muy torpe
al conmover su equilibrio...Mire, lo lamento de todo
corazón y si es necesario, hasta le camino en puntitas de
pie...como un sílfide.
Muchacha: Desconozco ese dato.
Hombre: Bueno...No fue mi intención poner en evidencia;
todos tenemos nuestra ignorancia, yo mismo la tengo,
por eso, le decía...
Muchacha: (Terminante) ¡Caballero...! (Percibe la araña
en el suelo)¡Ayy!
Hombre: ¿Qué pasa?
Muchacha: ¡El cuerpo de ese bicho! ¡Estoy frente a un
cadáver!
Hombre: (Se persigna) Habrá que pedir que lo lleven.
Muchacha: No hay personal. Tendré que hacerlo yo... (Se
levanta en pos de una pala y escoba)
Hombre: (Observa el cuerpo de ella) Es demasiado. Estoy
realmente asombrado.
Muchacha: ¿Todavía?
Hombre: Su elegancia...Ese talle...Esa falda tan corta...
Su aroma, que brota de todas partes.
Muchacha: La empresa así lo requiere, la empresa lo merece
y dignifica.
Hombre: ¿Siempre pulcra?, ¿siempre de plástico?
Muchacha: Suficiente, caballero. Diga de una vez.
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Hombre: Lorena Elizabeth Bermúdez, veintitrés años.


Muchacha: (Observa en la pantalla) El sistema no la registra.
Hombre: ¿Qué sistema? ¿Esa cosa? ¿Y usted se jacta de
haber hecho algo?
Muchacha: ¿Perdón, caballero?
Hombre: Sí, ¿qué hizo usted, como para decir así como
así, que no registra? ¿Cómo sabe que no registra? ¿cómo
puedo creerle yo?, ¿por qué no insiste?
Muchacha: Es suficiente.
Hombre: ¿Hay alguna cosa suficiente?
Muchacha: Caballero, he agotado todas las posibilidades.
Hombre: Todas las posibilidades...Todas las posibilidades...
Me quiere hacer creer que ya tecleó esa porquería y
que con eso es suficiente...No, mejor no ofuscarse. Tratemos
de lograr algún pensamiento... Lorena Elizabeth
Bermúdez, le decía. Tan rubiecita...de chiquita decía
“ajó”, era el sueño de mi vida, de nuestras vidas, era algo
más que ese dato, es sólo ese dato. Si usted se dignara a
pulsar otra vez... quizás no se trate más que de una, solamente,
la tecla privilegiada, la bienaventurada, la que me
la devuelva a la vida... Hasta podríamos intentarlo juntos
¿no es cierto? Sí, ya lo sé, quizá éste no sea el momento,
pero todos, de alguna manera u otra nos desencontramos
alguna vez, y casi siempre, mejor dicho siempre, llegamos
a destiempo. Es eso ¿no es así?, o tal vez sea alguna otra
cosa que usted y yo...digo, alguna insignificante mirada,
una coincidencia especial que a veces... ¿no es cierto que
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a veces es así?
Muchacha: Caballero, tendrá que retirarse.
Hombre: Sí, claro... (Emprende la salida. Ya de espaldas a
ella, se vuelve, exponiendo un libro, con el cual la amenaza.)
Bueno, a ver, decime ahora cómo te mostrás... A ver...a
ver...¿quién soy para vos, ahora?
Muchacha: (Espantada) ¿Qué es eso?
Hombre: ¡Mirá, mirá bien!
Muchacha: (Lee en la tapa y se horroriza aún más) ¡Cultura
general! ¡Nooo!
Caballero: Ya viste el título, ¿querés conocer la primera
página?
Muchacha: ¡No, no, por favor!
Caballero: Decime ahora quién soy para vos.
Muchacha: (Balbuceando) Caba...Yo...
Hombre: ¿Caballo?
Muchacha: Yo...Yo no sé qué...
Hombre: No sabés, ¿eh? ¿No sabés?...Entonces, ¿de qué te
jactás? ¡Contestá!
Muchacha: (Temerosa) No me está permitido jactarme.
Por favor, no se confunda.
Hombre: ¿Y esa arrogancia? ¿Esa distancia?...caballero de
acá, caballero de allá...¡Flor de hiena resultaste!¿Por qué
no me llamás señor?
Muchacha: Señor se lo llama solamente a Él.
Hombre: ¿Él? ¿Quién?... ¡Contestá!
Muchacha: (Sin perder temor) El está en todos los templos,
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incluso en el de la planta baja y en casa matriz. Porque


en una sociedad hay normas...Él, el Señor. Siempre
me persigno cuando paso delante de una iglesia. Siempre
por cábala. Cuestión de normas. Hay que estar bien con
el de arriba.
Hombre: ¿El de arriba es el del quinto?
Muchacha: También tengo otro Señor más poderoso en
el séptimo.
Hombre: ¿Y la iglesia está abajo?
Muchacha: Es lo mismo... Los señores van arriba. Los de
arriba...mi otro Señor...
Hombre: ¿Tu otro Señor soy yo?
Muchacha: Mi otro Señor está en las alturas. También
en la bacanal de casa matriz... Ahí van todas las almas de
la empresa.
Hombre: ¡Contestame ahora! ¿Tu otro Señor soy yo?
Muchacha: Señor se nace. Nada más que por compasión
le decimos caballero. La empresa ha tomado esa decisión,
es cierto que con marcado desprecio, hasta despóticamente,
si se quiere, para no tener que decirle “adelante, sorete”,
“¿qué le pasa sorete?”, “espere ahí, sorete...”
Hombre: Tenés razón. Ya empiezo a sentir mal olor ¿Te
acordaste de lavarte la conchita?
Muchacha: Mi desmesurada vagina está siempre limpia,
la salud de mi boca también. Cuando mi señor la requiera.
Hombre: (Acentúa la amenaza del libro) ¿Y qué más te
requiere? ¿Te requiere mucho más?...¡Contestame, geisha
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barata!
Muchacha: Me explicaron que soy subalterna, mi profesión
es un sacerdocio. Tengo sólidos criterios empresariales.
Compito con miles de otras, con las que me confrontan.
Hombre: ¿Te confrontan?
Muchacha: En las reuniones de evaluación y fiestas anuales.
No hay ninguna más lúcida ni quien tenga respuestas más
precisas. La que usa mejor los genitales, incluida la boca.
Hombre: Con la boca ya mentiste bastante. (Intenta
avanzar sobre ella) Ahora me vas a mostrar lo que falta.
Muchacha: ¡No! ¡Sería un sacrilegio! ¡Sólo me debo a mi
sacerdocio!
Hombre: ¡Vayamos a tu sacerdocio! (Forcejea ) ¡Mostrame
lo que sabés!
Muchacha: ¡Por Dios, por el sistema! ¡Ni Dios ni el sistema
se lo van a perdonar!
Hombre: ¿Qué decís?...Vos...un puta de tantas.
Muchacha: ¡Secretaria plenipotencial!
Hombre: ¡Vamos, a lo tuyo!
Muchacha: (Se impone) ¡Ni se le ocurra! (Señala el piso).
Los sensores. Ya zapateé la alarma. La salida para usted
será imposible.
Hombre: Pero antes me voy a dar el gusto.
Muchacha: ¡No le va a servir de nada! ¡De acá no saldrá
vivo!
Hombre: No me importa.
Muchacha: Lo van a torturar.
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Hombre: (Se detiene) ¿Torturar?


Muchacha: Muy pocos saben de la tortura.
Hombre: (Vacila) ¿La tortura? ¿ Y cómo torturan?
Muchacha: Si se va, doy la orden contraria. Para eso es
necesario que no mire (El obedece. Ella ejecuta un movimiento
coreográfico, de zapateo)...Ahora sí, puede irse.
Hombre: Pero...¿es cierto eso de la tortura?
Muchacha: Sí. Todo queda registrado.
Hombre: (Extrae una bombacha de ella que se conservaba
dentro de la ropa de él) ¿Y cómo vas a borrar este testimonio?
Muchacha: En el cielo las estrellas, en el campo las espinas...
No he dicho nada que no enaltezca al Señor, amén.
Hombre: Amén...Acepto la tortura...
Muchacha: ¿Cómo dice?
Hombre: ¡Acepto la tortura!
Muchacha: No me lo esperaba. Mi misión es ahorrar insumos.
Hombre: (Arranca una página del libro, y con esta, la amenaza
nuevamente) ¿Querés conocer el índice?
Muchacha: No. No podría soportar eso. Sea usted racional
y negociemos.
Hombre: Cuando dijiste “En el cielo las estrellas”, de
pronto, una certeza...
Muchacha: No me atormente. La única certeza es el sistema.
Hombre:... Esa que antes nombré, usaba siempre tus mismas
palabras. No pude retenerla, se dio, como vos, a lo
mismo, se perdió...Vos, o cualquiera de ellas, cualquiera
que fueses, podrías ser ella, podrías ser vos, son todas
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iguales...Lorena Elizabeth Bermúdez...


Muchacha: Negociemos, ¿sí? La busco. (Retoma el teclado)
Puede tratarse de mí o de cualquier otra.
Hombre: Lorena Elizabeth Bermúdez. Es lo que quiero
saber. Es la que busco.
Muchacha: Sí, pronto, ¿clave de identificación?
Hombre: ¿La clave? ¿Por qué tendría que confesar lo más
íntimo?
Muchacha: Entonces no hay lugar en el sistema.
Hombre: Está bien. Acá va lo más íntimo. (El zapatea la
clave, en movimiento coreográfico. Ella constata en la máquina)
Muchacha: ¡Efectivamente, es mía! ¿Cómo la descubrió?
Hombre: Eso no importa. Ahora, decime ¿cómo vas a
hacer para liberarte?
Muchacha: Todo esto tiene arreglo. ¡Reseteo, caballero!
(Realiza otro zapateo)
Hombre: (Zapatea el mismo movimiento, en sentido contrario)
No podés. Código blindado.
Muchacha: (Zapatea descontroladamente) ¡Tiene que haber
alguna forma! ¡Caballero, por favor!¡Ha invadido mi
esencia!
Hombre: ¡Basta! (Golpea drásticamente los pies, en actitud
de punto final. Toma la silla y le sugiere serenamente) Sentate
en mis rodillas.
Muchacha: Mi ser, mi identidad...
Hombre: Sentate en mis rodillas (Ella, inerme, obedece)
Repetí, repetí, niñita: “En el cielo las espinas”
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Muchacha: Caballero...
Hombre: Señor...
Muchacha: Caballero...
Hombre: (Pacientemente) Repetí: Señor...señor...
Muchacha: Cab... Señ... Cabseñ...
Irrumpe una voz electrónica, desde el exterior.
Voz exterior: Ingreso erróneo. El sistema no reconoce su
existencia.
Hombre: Repetí, repetí...
Muchacha: (Como autómata) Cab... Señ... Cabseñ...
Voz exterior: Reprograme. Es una orden.
Hombre: Mi software indica automatismo de muerte...
Llámenme Señor.
Muchacha: Auto... mat... muerte... auto... mat...
Hombre: (Se comunica mediante un teléfono que extrae
de entre su propia ropa) ¿Hola, mamá?... Si supieras qué
hermoso aroma se respira en esta oficina... Sí, la nena ya
habla y reza... ¿Ajó?... ¿Ajó?
Muchacha: El... Ca... ba... Señ...
Hombre: ¿Ajó? ¿Ajó?
Voz exterior: El sistema no reconoce su existencia.
Muchacha: El... Ca... ba... Dios...
Hombre: ¿Ajó?
Voz exterior: Oprima la tecla reiniciar.
Hombre: ¿Ajó? ¿Ajó?
Voz exterior: El sistema no reconoce su existencia.
(Esto último se irá superponiendo) FINAL, (2008)
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