Está en la página 1de 4

Las siete mentiras del éxito

La mente es su propio lugar, y en sí misma puede ha- cer un cielo de los infiernos, un infierno de los cielos.

JOHN MILTON

El mundo en que vivimos es el mundo en que hemos ele- gido vivir, sea consciente o inconscientemente. Si
elegimos la Iclicidad, eso será lo que tengamos; y si elegimos la miseria, iso tendremos también. Como hemos
visto en el capítulo .interior, la fe es el fundamento de la excelencia. Nuestras creencias son planteamientos
organizadores de la percep- ción, específicos y coherentes. Son las elecciones básicas que hacemos acerca de
cómo vamos a percibir nuestra vida y, en consecuencia, cómo vivirla. Con ellas se pone en marcha o se
detiene nuestro cerebro. Así pues, el primer paso hacia la ex- celencia consiste en descubrir las creencias que
nos guiarán hacia los desenlaces que deseamos.

El camino hacia el triunfo puede describirse así: saber adonde quiere uno ir, emprender la acción, ver qué
resulta- Ios obtiene y mostrarse flexible para cambiar, hasta alcanzar 1 éxito. Lo mismo pasa con las
creencias. Hay que descubrir s creencias que fomentan los objetivos de uno, que le hacen

99

www.DecidaTriunfar.net

ir hacia donde él quiere ir. Si las creencias que usted tiene no le sirven para eso, abandónelas y
pruebe con otras nuevas.

A veces la gente se extraña cuando le hablo de las «menti- ras» del éxito. ¿A quién le gusta vivir
entre mentiras? Lo que quiero decir con eso es que no sabemos cómo es el mundo en realidad. No
sabemos, para tomar el ejemplo del capítulo anterior, si la línea es cóncava o convexa. No sabemos
si nuestras creencias son verdaderas o falsas. Lo que sí pode- mos averiguar, en cambio, es si nos
sirven, si nos elevan, si enriquecen nuestras vidas y hacen de nosotros personas me- jores, si nos
ayudan y ayudan a otros.

En este capítulo usaré la palabra «mentiras» para reiterar- le al lector que no sabemos de cierto
cómo son las cosas exactamente. Una vez sepamos que la línea es cóncava, por ejemplo, ya no
estaremos en condiciones de verla como con- vexa. En este caso no decimos «mentira» con el
sentido de «engaño o insinceridad», sino más bien como instrumento útil para recordarnos que, pese
a lo mucho que creamos en un concepto, deberíamos permanecer abiertos a otras posi- bilidades
para no dejar de aprender. Le sugiero que conside- re estas siete creencias y decida si pueden serle
útiles. Yo las he encontrado una y otra vez en los triunfadores a quienes he modelado. Para modelar
la excelencia, hemos de empezar con los sistemas de creencias de la excelencia. He descubierto que
esas siete creencias capacitan a la gente para usar a fondo sus recursos, hacer más (y más a lo
grande) y producir gran- des resultados. No digo que sean las únicas creencias útiles para el éxito,
pero sí son un comienzo. Han servido para otros y me gustaría que viese usted si pueden servirle
tam- bién.

Creencia número 1: Todo ocurre por su motivo y razón, y todo puede servirnos. ¿Recuerda la
historia de W. Mitchell? ¿Cuál fue la creencia central que le ayudó a superar la adver- sidad?
Decidió tomar todo cuanto le ocurriese y procurar de todas las maneras posibles que trabajase a su
favor. De modo análogo, todos los triunfadores tienen una habilidad increí- ble para, ante cualquier
situación, centrarse en lo posible y en
www.DecidaTriunfar.net

ios resultados positivos que se podrían extraer de ella. Por mucha realimentación negativa
(feedback) que reciban del medio ambiente, ellos siempre piensan en posibilidades. < Teen que todo
ocurre por alguna razón y que ello les puede servir; piensan que toda adversidad encierra la semilla
de un- heneficio equivalente o mayor aún.

Le garantizo que la gente que obtiene resultados sobresa- I icntes piensa de esta manera.
Imagíneselo en su propia vida. I as maneras de reaccionar ante cualquier situación son in- ! mitas.
Digamos, por ejemplo, que su negocio fracasa en con- seguir un contrato con el que contaba y que
desde luego usted se había ganado. Algunos quedarían resentidos y frus- i rados; unos se irían a
casa, a cultivar su melancolía, mientras otros saldrían a emborracharse. Otros aún se pondrían fu-
riosos, y echarían pestes contra la empresa que no nos adju- dicó ese contrato, y dirían por ejemplo
que estaba formada por un montón de ineptos. O tal vez echaríamos la culpa a nuestro propio
personal por haber dejado escapar una opor- i unidad tan clara.

Con todo esto, qué duda cabe, nos desahogaríamos un poco, pero no habríamos adelantado gran
cosa. Se necesita mucha disciplina para saber rehacer los propios pasos, apren- der las lecciones
dolorosas, recomponer la guardia y explorar nuevas posibilidades. Pero es la única manera de saldar
posi- (i vamente lo que parezca un resultado negativo.

Permítaseme aducir un buen ejemplo de posibilidades. Marilyn Hamilton, ex maestra y reina de la


belleza, es ahora una próspera empresaria de Fresno, California. Y además ha superado un
accidente tremendo. A los veintinueve años, mientras practicaba el vuelo a vela, cayó por un
barranco y acabó en un silla de ruedas para el resto de sus días, paralizada ile cintura para abajo.

Por supuesto, Marilyn Hamilton pudo fijarse en el gran número de cosas que ya no estaban a su
alcance. Pero prefirió lijarse en las posibilidades que se abrían ante ella; consiguió ver en la tragedia
una oportunidad. Desde el primer momen- i o la contrarió su silla de ruedas; le parecía demasiado
limita- lora y restrictiva. Ni a usted ni a mí, seguramente, se nos

101

www.DecidaTriunfar.net

ocurriría cómo valorar la utilidad de una silla de ruedas. Pero Marilyn Hamilton sí pudo, y además
se dijo que ella estaba en mejores condiciones que nadie para proyectar una silla mejorada. Junto
con dos amigos constructores de ultralige- ros montó el prototipo de una silla de ruedas
perfeccionada.

Los tres fundaron una compañía llamada Motion De- signs, cuyo éxito de muchos millones de
dólares revolucionó la industria de las sillas de ruedas y mereció la distinción de Pequeña Empresa
del Año 1984 en California. En 1981 ha- bían contratado a su primer empleado, y ahora tienen una
plantilla de ochenta personas y más de ochocientos puntos de venta.

Yo no sé si Marilyn Hamilton se habrá puesto alguna vez a analizar sus propias creencias; el hecho
es que actuó par- tiendo de un sentido dinámico de lo posible y de lo que esta- ba en su mano hacer.
Prácticamente todos los grandes triun- fos requieren un marco similar.
Párese a pensar un momento en sus propias creencias. Por regla general, ¿confía en que las cosas le
van a salir bien, o teme siempre que salgan mal? ¿Espera que sus mejores es- fuerzos tendrán éxito,
o anticipa los reveses que va a sufrir? En una situación dada, ¿ve usted las posibilidades, lo que
contiene en potencia, o más bien los obstáculos que impiden avanzar? Muchas personas tienden a
fijarse más en el lado negativo que en el positivo. El primer paso para cambiar esa disposición es
darse cuenta de ella. La creencia en los límites produce gentes limitadas. La clave consiste en
deshacerse de esas limitaciones y operar desde un conjunto de recursos más elevado. En nuestra
cultura los líderes son los que ven las po- sibilidades, los que salen a un desierto y ven un jardín.
¿Im- posible? ¿Qué ha pasado en Israel? Si usted cree firmemente en una posibilidad, lo más
probable es que llegará a realizarla.

Creencia número 2: No hay fracasos. Sólo hay resultados. Es casi un corolario de la creencia
número uno, pero tiene su importancia propia. La mayoría de las personas, en nuestra cultura, están
programadas para temer eso que llaman fraca- so. Sin embargo, cualquiera de nosotros recordará las
veces

www.DecidaTriunfar.net

■ i iic deseaba una cosa y obtuvo otra. A todos nos han «tum-I I.KIO» en un examen, todos hemos
sufrido por amores que no acabaron bien y todos hemos visto fracasar proyectos de ni ^ocios O de
otro tipo. En este libro utilizo mucho las palabras «desenlace» y «resultados» porque eso es lo que
ven los 11 lunfadores. Ellos no ven fracasos; no creen en eso, y para ellos no cuentan.

Toda persona obtiene siempre un resultado de un género u otro. Los grandes triunfadores de nuestra
cultura no son infalibles, sino únicamente personas que saben que, si inten- un algo y no sale lo que
esperaban, al menos han tenido una experiencia de la que aprender. Entonces se ponen a aplicar lo
aprendido e intentan otra cosa. Emprenden nuevas accio- nes y producen tal o cual resultado nuevo.

Piénselo. ¿Qué activo o beneficio posee usted hoy que .iver no tuviese? La respuesta es,
naturalmente: experiencia. I as personas que temen el fracaso se hacen representaciones internas,
por adelantado, de lo que podría fallar. Eso es lo t|ue les impide iniciar justamente aquellas acciones
que po- drían garantizarles la consecución de sus anhelos. ¿Usted (eme al fracaso? Bien, pero ¿no
será enemigo de aprender? 'I'oda experiencia humana puede enseñarle algo, y en este sentido usted
siempre triunfará en todo cuanto haga.

El escritor Mark Twain dijo una vez: «No hay cosa más triste que un joven pesimista». Tenía razón.
Quienes creen en el fracaso se garantizan, prácticamente, una existencia me- diocre a sí mismos.
Quienes alcanzan la grandeza no perci- ben el fracaso. No se fijan en él. No dedican emociones
nega- tivas a una cosa que no sirve.

Deje que le cuente la historia de una vida real, de un hombre que:

—Fracasó en los negocios a los 31 años. —Fue derrotado a los 32 como candidato para unas legis-
ativas.

—Volvió a fracasar en los negocios a los 34 años. — Sobrellevó la muerte de su amada a los 35.

103

www.DecidaTriunfar.net
—Sufrió un colapso nervioso a los 36 años.
—Perdió en unas elecciones a los 38.
—No consiguió ser elegido congresista a los 43.
—No consiguió ser elegido congresista a los 46.
—No consiguió ser elegido congresista a los 48.
—No consiguió ser elegido senador a los 55.
—A los 56 fracasó en el intento de ser vicepresidente. —De nuevo fue derrotado y no salió senador
a los 58. —Fue elegido presidente de los Estados Unidos a los 60.

Ese hombre era Abraham Lincoln. ¿Habría llegado a presidente si hubiese considerado como
fracasos sus derrotas electorales? Probablemente no. Hay una anécdota famosa sobre Thomas
Edison. Después de haber intentado 9.999 ve- ces perfeccionar la lámpara de incandescencia, sin
con- seguirlo, alguien le preguntó: «¿Piensa llegar a los diez mil fracasos?». Él contestó: «Yo no he
fracasado, sino que acabo de descubrir una manera más de no inventar la bombilla eléctrica». Es
decir, que había descubierto otra serie de ac- ciones que producía un resultado diferente.

También podría gustarte