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Christian Topalov. La urbanización capitalista.

Topalov, como
Lojkine, parte de la experiencia francesa al construir su caracterización
de la crisis urbana actual y de la urbanización capitalista. (17) Su trabajo
teórico se propone desentrañar los procesos contradictorios de la
economía de la ciudad en la época del capital monopólico.
17. Nos referimos a la citada obra La Urbanización Capitalista, Edicol,
México, 1979.

Analiza el papel del Estado, los procesos inmobiliarios -la cuestión de la


vivienda- y la crisis urbana. El autor no pretende armar una gran
polémica en torno a la sociología o a la teoría política de la ciudad, aun
cuando expone su opinión acerca -de temas como la política de vivienda
y otras acciones estatales. Para ello, toma como base a la económica.

El punto de partida de Topalov en su estudio de la urbanización


capitalista es similar al de Castells, al de Lojkine y a los de los pioneros
de la renovación de las teorías urbanas: todos enfrentan los enfoques
marginalistas, funcionalistas y culturalistas para reubicar a la ciudad
básicamente “como un producto, como el resultado de un proceso de
producción y no solamente como objeto de consumo material y
simbólico” (18)
.

Vale la pena transcribir la tesis fundamental de Topalov al respecto:---


Laciudad constituye una forma de la socialización capitalista de las
fuerzas productivas. Ella misma es el resultado de la división social M
trabajo y es una forma desarrollada de la cooperación entre unidades de
producción---.

¿En qué reside el valor de uso de la ciudad? De acuerdo con nuestro


autor, en el hecho de que la urbe es una fuerza productiva, pues
concentra las condiciones generales de la producción y circulación del
capital y de la reproducción de la fuerza de trabajo. Además, esas
condiciones son “el resultado del sistema espacial de los procesos de
producción, de circulación y de consumo”.

18. Christian Topalov, op. cit.

El golpe a las posiciones culturalistas, que ven a la ciudad sólo como


un conjunto formal simbólico, se completa con la aseveración de que los
procesos de producción, circulación y consumo “cuentan con soportes
físicos, es decir, objetos materiales incorporados al suelo (los
inmobiliarios)”.

Para Topalov, la contradicción fundamental de la urbanización


capitalista se ubica entre las relaciones de producción y el movimiento
de socialización capitalista de las fuerzas productivas. Tal contradicción
ocurre, según él, porque la urbanización capitalista es una multitud de
procesos privados de apropiación del espacio y es al mismo tiempo
producción de valores de uso complejo, que él llama efectos útiles de
aglomeración.

Topalov expone a lo largo de su trabajo la contradicción de la


urbanización capitalista. Nosotros destacaremos, de manera sintética,
los temas que nos parecen pertinentes para nuestro análisis: el papel de
la ciudad, el del Estado, la promoción inmobiliaria y la cuestión de la
vivienda.

En cuanto al primer punto, el autor lo vincula con las condiciones


generales de la producción capitalista. Así, para él, la ciudad es:

a) Una concentración de mano de obra disponible en las diversas


calificaciones que la producción necesita. La urbe debe proveer al
capital de las condiciones de la reproducción ampliada de la fuerza de
trabajo, ya que aquella mano de obra “se produce y reproduce en virtud
de la existencia de medios de consumo socializados, así como de
formación, de aculturación y encuadramiento de transporte hacia los
lugares de producción, etc.” (19)

19. Ibidem.

b) La existencia y la expansión de un conjunto de medios de producción


para las empresas industriales: sistemas de suministro de energía y
agua, de transporte, etc.

De lo anterior se desprende que la ciudad permite que se excluyan de la


esfera del capital los sectores no-rentables necesarios a la producción;
en esto coincide con los planteamientos lojkianos, acerca de la
intervención estatal en la construcción de los medios de consumo
colectivos.

Topalov trata la cuestión del Estado sobre todo en relación con el papel
que éste juega en los equipamientos colectivos y en la política de
vivienda. Pero también opina acerca de la relación general que tiene con
la sociedad, y critica las tesis del Estado árbitro y del Estado dotado de
voluntad al servicio absoluto del capital.

La clave para superar las concepciones voluntaristas o funcionalistas


del Estado es, de acuerdo con Topalov, el análisis de las
transformaciones del sistema público de mantenimiento de la fuerza de
trabajo, que se caracterizan por contar con contradicciones que vuelven
ambivalente la acción del Estado. La primera de ellas se presenta con el
hecho de que éste se convierte en un agente colectivo de la explotación
al hacerse cargo del sistema público de mantenimiento de la fuerza de
trabajo, pero al mismo tiempo con ello crea la base para el surgimiento
de reivindicaciones políticas.
En segundo lugar -y esto nos interesa directamente, pues aquí aparece
el tema de la vivienda-, Topalov plantea que en el momento en que el
Estado otorga las prestaciones monetarias a los trabajadores, crea una
demanda solvente para la producción capitalista. “Pero cuando toma
directamente a su cargo el abastecimiento de valores de uso, cierra al
capital privado un campo donde podría quizás valorizarse. Por ejemplo,
el financiamiento público de la construcción limita la actividad bancaria
en este campo; más aún si bien el sector público de la construcción
encarga obras a empresas constructoras puede constituir un obstáculo
para los promotores inmobiliarios privados”. (20)

Según el autor, las políticas estatales en relación con la vivienda -y con


los equipamientos colectivos urbanos- se caracterizan por tres aspectos
contradictorios:

1) la política de vivienda es una acción sobre las condiciones de


valorización de capitales particulares en el sector inmobiliario;

2) tal política es una acción sobre las condiciones generales de la


reproducción de la fuerza de trabajo, y

3) es un elemento de la reproducción de la hegemonía de la clase


dominante sobre la sociedad. Por ello está también determinada
por la lucha de clases y las exigencias de los estratos dominantes.

En fin, Topalov también intenta superar los esquemas clásicos para


ofrecer una explicación más adecuada a la actualidad del capitalismo. Y
a nuestro juicio, una aportación es su análisis de los procesos
inmobiliarios. Pero, al igual que Castells y que Lojkine, no desarrolla
con amplitud la relación entre contradicciones económicas y
contradicciones políticas. Por ello, la cuestión de la política, de la
urbanización y de la vivienda no adquieren su complejidad histórica en
el texto que analizamos. Faltaría agregar que la realidad
latinoamericana tampoco se toca -no era el objetivo- en el trabajo de
Topalov, lo cual plantea el reto de encontrar las similitudes con las
condiciones europeas, así como las especificidades de nuestro medio.

20. Ibidem.

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