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El sentido del sufrimiento

MARIANO VAZQUEZ COLUMNA COACHING - COLUMNA COACHING


Los centros de contacto aceptan el hecho que muchos de sus trabajadores
sientan malestar en sus trabajos, pero aún reconociéndolo, consideran que se
trata de un problema individual y brindan soluciones individuales.

Resulta más común encontrar organizaciones dispuestas a pagar cursos para


reducir el estrés, que revisar las condiciones de trabajo y generar cambios
profundos que eviten el padecimiento del trabajador.
En líneas generales, podemos encontrar en el entorno laboral personas que son
felices, otras que no lo son, pero al no involucrarse con su trabajo no les
produce sufrimiento y están los que no encuentran felicidad pero se sienten
presionados por el contexto, lo cual los afecta y por ese motivo, sufren.
Hasta aquí hemos hablado de sufrimiento. Es importante que diferenciemos el dolor del sufrimiento, ya
que el dolor lo relacionamos más a lo físico, mientras que cuando nos referimos al sufrimiento lo
hacemos como las conversaciones internas que nos aprisionan, haciendo que el dolor lo sintamos en
nuestras emociones y en nuestro corazón. Sin encontrar a veces una respuesta que de sentido a lo que
nos está pasando, lo que lleva a preguntarnos ¿Por qué a mí?

Víctor Frankl, un psiquiatra de nacionalidad judía detenido por los nazis durante la Segunda Guerra
Mundial, dijo en cierta ocasión: “El hombre está dispuesto y preparado para soportar cualquier
sufrimiento siempre y cuando pueda encontrarle un significado”. Frankl utilizó su brutal e inhumana
experiencia en los campos de concentración para tratar de comprender cómo pudieron sobrevivir
algunos a tantas atrocidades, y determinó que la supervivencia no se apoyaba en la juventud o en la
fortaleza física, sino en la fortaleza derivada de hallar un significado a esa experiencia.

Descubrir el significado del sufrimiento constituye una poderosa ayuda para afrontar las situaciones,
incluso las más difíciles. Pero no resulta tarea fácil encontrar significado en nuestro sufrimiento. A me-
nudo, el sufrimiento parece fortuito, sin significado. Y, aunque nos encontramos en medio de nuestro
sufrimiento, toda nuestra energía se centra en alejamos del mismo. Durante los períodos de crisis aguda
parece imposible reflexionar sobre cualquier significado que pueda esconder nuestro sufrimiento. A
menudo, lo único que podemos hacer es soportarlo.

Afortunadamente, sin embargo, en los momentos de alivio o en los períodos posteriores a experiencias
de sufrimiento agudo, podemos reflexionar sobre él y buscar su significado. Pero para ello tenemos que
iniciar nuestra búsqueda cuando las cosas nos van bien. Un árbol con raíces fuertes puede resistir la
tormenta más violenta, pero no puede desarrollar sus raíces cuando la tormenta aparece ya en el
horizonte.
A diferencia del dolor, el sufrimiento es una actitud. Una actitud que nos pone en una situación de no
poder hacer nada, una situación que nos deja en posición de víctima, esperando que ocurra algo que nos
haga salir de esa incomoda situación.

Para salir del sufrimiento, conviene darnos cuenta de la intencionalidad sutil que nos trae y proceder a
un trabajo interno que posibilite el crecimiento hacia un nivel superior de consciencia. El cambio
comienza aceptando nuestro dolor y tomando la responsabilidad de decidir con aquello que nos está
sucediendo.

Pero aunque el dolor tenga una finalidad específica que es la de darnos información de que algo nos
está pasando, si no lo aceptamos y trabajamos eficazmente para disolverlo, lo experimentamos como
una carga, una pesada carga que nos victimiza.
El sentirse víctima es como un virus, un virus maligno que recorre nuestro cuerpo y emociones
esperando al acecho de cualquier síntoma de dolor para convertirlo en un insoportable sufrimiento. El
sufrimiento no es solamente dolor no aceptado, sino también resignación que nos bloquea hasta el
punto de paralizarnos. Cuando no aceptamos el dolor, nos estamos resistiendo a comprender el mensaje
que este nos está revelando.

Este sufrimiento en parte, está vinculado con las formas de organización del trabajo y, por lo tanto, son
esas formas las que hay que tratar de cambiar si se lo quiere combatir.

Sin desmerecer lo que cada empleado siente en su puesto de trabajo, considero que el disfrutar de la
diaria tarea, es un camino que se construye entre todos, trabajadores y empresarios.
Si reconocemos que el trabajo se está convirtiendo más en una fuente de sufrimiento mental que de
autorrealización, y si las prácticas laborales son las causales del sufrimiento humano, sería bueno que
nos preguntemos: ¿Por qué se siguen aplicando? ¿Por qué todo el mundo mira para otro lado?

Tal vez sea tiempo de reconocer que procesos afectan al trabajador y transformarlos.

“Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud
con la que afrontes ese
sufrimiento”.

Viktor Frankl (1905-1997)