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La Santidad

Pasaje: Dn 1:8

“Y Daniel propuso en su corazón de no contaminarse en la ración de la comida del rey, ni en el vino de su beber:
pidió por tanto al príncipe de los eunucos de no contaminarse”

Esclavitud

No podemos ejercer nuestra propia voluntad sino la del que nos gobierna. El pecado
produce esclavitud. Jn 8:34 “De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace
pecado, esclavo es del pecado”

El pecado nos lastima interiormente, produce una lenta autodestrucción, provoca


sentimientos de culpa, nos aleja de Jesucristo, nos impide tratar bien a nuestro
prójimo. Con el paso del tiempo el pecado no confesado endurece nuestra
conciencia y nos da igual volver a pecar o no. Y si es un pecado especifico el que
nos domina éste se transforma en una obsesión. La vida cristiana pierde sabor, todo
parece aburrido, nos sentimos incómodos cuando nos hablan de santidad,
compromiso, comunión, tiempo para Dios. Es como si una pared se hubiese
levantado en nuestro interior. Tal vez no nos enfermaremos físicamente, pero
seguramente se enfermaran tus emociones: depresiones, desganos, culpas,
amarguras, acusaciones, recuerdos, hipocresías, mil sensaciones más.

El plan de Satanás es esclavizarte y anular el poder de tu voluntad de elegir,


llevándote cada vez más a decidir por el pecado. Pero este plan estratégico no es
nuevo, Daniel, un joven de la Biblia, fue puesto ante una situación en la que tuvo
que elegir.

Dn 1:8 “Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse”

Daniel tenía una meta muy clara que alcanzar: VIVIR EN SANTIDAD

Si no sé a dónde ir no sabré qué camino elegir, es decir, si no tenemos un objetivo o


una meta clara a dónde quiero llegar, no voy a tener la determinación para
alcanzarla.

Ej: Si mi meta es ser un abogado me determino a estudiar derecho.

Dios quiere una generación de jóvenes que tenga como meta la SANTIDAD y como
determinación, para llegar a ella, NO CONTAMINARSE.

En este tiempo el área más luchada en la juventud es la SEXUALIDAD. Por todos los
medios el diablo batalla contra nosotros para que cometamos pecados de índole
sexual. Pero éstos tienen un precio espiritual mu alto; el precio de perder la
comunión con Dios y perder el proyecto de vida que Dios diseñó para vos. Un
proyecto que no podrás construir solo. Si no me crees mirá la vida de Sansón, en el
libro de Jueces, que siendo un joven elegido por Dios para libertar a su pueblo de la
opresión del enemigo, se entrego a sus deseos sexuales, entregó sus sentimientos
a la persona equivocada y terminó siendo traicionado, humillado y muerto.

Satanás usa hoy todos los medios posibles para bombardear nuestra mente con
SEXO: la tele, internet, celulares, revistas, amigos, familiares, películas, etc. Cuanto
más te embarres con los pecados sexuales menos voluntad vas a tener de
acercarte a Dios. Te vas a alejar cada vez más por vergüenza, culpa, enfermedad
espiritual, se genera la destrucción de tu autoestima e identidad y trae deseos de
muerte (suicido).

¿A qué nos referimos con pecados sexuales?

El sexo es bueno dentro de los parámetros donde Dios lo creó: el MATRIMONIO.


Fuera de esto es pecado. Fornicación (Mantenimiento de relaciones sexuales fuera del
matrimonio), adulterio (Relación sexual de una persona casada con otra que no sea su cónyuge),
lascivia (desos excesivos de los placeres sexuales), pornografía (Género artístico que muestra con
detalle escenas de carácter sexual para excitación de quien las contempla), homosexualidad
(Relación sexual entre personas del mismo sexo), lesbianismo (relación homosexual entre
mujeres), morbosidad (Condición del que o de lo que se siente atraído por lo desagradable, lo cruel
o lo prohibido), lujuria (Apetito sexual excesivo), masturbación (Estimulación o manipulación de los
órganos genitales o de zonas erógenas para proporcionar goce sexual), incesto (Relación sexual entre
parientes), aborto (Interrupción del desarrollo de un feto durante el embarazo), etc.

A través de estos pecados el diablo te esclaviza, y no solo la práctica de ellos sino el


solo pensarlos. Satanás te esclaviza, te mete en cárceles espirituales, pone cadenas
y yugos. Querés salir de la situación pero no podes. El enemigo te acusa, te dice
que no sos digno, te atormenta con culpa, tenés vergüenza de venir a la iglesia,
dejás la célula, los estudios, te olvidas de tus sueños y te encontrás sin salida.

Sos un esclavo, ya no tenés fuerza ni voluntad y te resignaste a vivir. Pensás “No


creo que Dios vuelva a perdonarme”

NO! Nunca olvides que Dios mostro su amor para con nosotros en que siendo aun
pecadores Cristo murió por nosotros Ro 5:8

Si confesamos nuestros pecados Él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de


toda maldad.

No importa cuánto hallas cometido de pecados sexuales, cuánto hayas permitido en


tu vida, en tu mente y cuerpo, una sola cosa Dios espera: Que a partir de hoy te
propongas en tu corazón a NO CONTAMINARTE, jóvenes limpios y santos para Dios
en medio de una generación perversa. (2Co 6:17 y 18 – 2Co 7:1)

Satanás cumple su propósito cuando vivís fracasado, derrotado y perdés tus


sueños. Es el pecado que hace que en todo te vaya mal. Lo que Dios quiere para tu
vida, Satanás a toda costa quiere impedirlo.

Hoy Dios quiere limpiarte, quebrar yugos, romper cadenas y sacarte de la cárcel. EL
paso que tenés que dar es confesarlo tus pecados a Dios, arrepentirte y proponerte
a no hacerlo más.