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De acuerdo a los principios jurídicos del derecho contractual, los

Metropoles de New York estarían en todo de su derecho de iniciar

una demanda en contra del mariscal G. Harambe, pues existió un

acuerdo vinculante entre ambas partes. Ello es así debido a que

este contrato cumplía con sus dos elementos más importantes, por

un lado el acuerdo de voluntades, al existir común o mutuo acuerdo

entre los contratantes, con una oferta y una aceptación, y por el

otro el valor o contraprestación. En este caso particular la

prestación consistía en una promesa de remuneración al jugador

por el monto de USD 2.500.000, mientras que la contraprestación

consistía en la promesa del mariscal G. Harambe de brindar

servicios deportivos al club. En tal sentido, podríamos afirmar que

existía un contrato de promesa bilateral, en donde ambas partes se

obligaban mutuamente a realizar una acción, siendo el contrato de

cumplimiento exigible para las mismas.

Sin embargo, no debemos dejar de atender a la legislación o

régimen jurídico que prima en la relación contractual entre los

jugadores y los clubes de la Liga, es decir el Convenio Colectivo de

la Liga Nacional de Futbol Americano. Dicho convenio laboral

establece expresamente en su Sección 5, Subsección A, que todo

acuerdo realizado entre cualquier jugador y cualquier club acerca

de los términos y condiciones del empleo debe estipularse por

escrito en un Contrato de Jugador, debiendo el Club otorgar una

copia a la NFL de dicho contrato dentro de los dos días posteriores


a la celebración del mismo. Entendemos entonces que el acuerdo

celebrado entre los Metropoles de New York y G. Harambe se

encuentra en pugna con lo establecido por el mencionado convenio

colectivo al no cumplir las formalidades o requisitos de validez

exigibles por el mismo, tornándolo inexistente.

Yendo aún más allá de lo tratado, otro asunto a tener en cuenta en

este posible litigio es con respecto a los elementos probatorios con

los cuales cuenta el club para asumir la carga del prueba en un

tribunal, ya que en la exposición de los hechos solo se menciona

que existió un mensaje de texto enviado desde el teléfono del

jugador y recepcionado por el Gerente General del Club.

Tampoco podemos hacer caso omiso a lo que sucede con la venta

oficial de camisetas que realiza el club Metropoles de New York del

jugador G. Harambe, pues al no existir un contrato laboral valido

entre las partes, el jugador nunca cedió los derechos de

explotación comercial de su imagen, pudiendo la parte damnificada

iniciar una demanda por daños y perjuicios.

En conclusión, si bien los Metropoles de Nueva York podrían iniciar

un litigio contra el jugador, en particular entiendo el mismo no

procedería en ninguna de sus instancias, ya que si bien para los

principios jurídicos del derecho contractual el acuerdo entre partes

es vincúlate y exigible, no lo es así para el convenio colectivo por


el cual se rigen específica y precisamente las condiciones laborales

entre las mismas.

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