Que no se vayan todos, que gane la izquierda.

Jesús Sánchez Rodríguez * 18/05/2011

Argentina, diciembre 2001. La crisis estaba haciendo estragos en la economía argentina en 2001, la inestabilidad económica llevaba a la fuga de capitales y a finales de noviembre se temía por el colapso del sistema financiero. La adopción de lo que se denominó el corralito encrespó los ánimos, tanto de los sectores populares como de la clase media, y comenzó un intenso proceso de protestas con fuerte carácter espontáneo que incluyó diferentes formas como las huelgas, los saqueos, cacerolazos, manifestaciones y choques callejeros que se reforzaron y desembocaron en una insurrección espontánea el 20 de diciembre. La ira popular se extendió desde el sistema económico a los políticos y dio lugar a la famosa frase ¡que se vayan todos!. Pero esa insurrección no dio lugar ni a una toma del poder, ni a una correlación de fuerzas a favor de las opciones de la izquierda. Durante un cierto tiempo se mantuvieron sus secuelas especialmente a través del movimiento de piqueteros, pero finalmente en tres años el sistema había absorbido el impacto y reinaba la estabilidad del mismo sistema contra el que se levantó la insurrección. España, marzo 2004 Madrid acababa de sufrir el más mortal atentado terrorista de la historia de España pocos días antes de la celebración de las previstas elecciones parlamentarias. Todos los indicios iníciales apuntaban a la autoría islamista del atentado, lo cual se relacionaba rápidamente con la decisión del entonces presidente del gobierno, el derechista Aznar, con su apoyo a la decisión de Bush de iniciar la guerra de Irak. Evidentemente, esta relación iba a jugar en contra de las expectativas electorales de su partido y eso le llevó a cometer un gravísimo error que le costaría finalmente la derrota electoral. En un acto de cinismo manipulador intentó imputar el atentado a la organización terrorista ETA para desviar la atención de la autoría islamista. La rebelión popular contra esta descarada manipulación a pocas horas de la apertura de las urnas sentenció la derrota del PP. El beneficiario electoral de esa rebelión fue el PSOE que cosecho el voto útil del descontento contra Aznar. El error de cálculo de la manipulación por parte del gobierno derechista y la saludable reacción espontánea ciudadana ofrecieron un regalo inesperado al PSOE que no esperaba esa victoria electoral. Este partido había hecho gestos contrarios a la participación española en la guerra de Irak, y Rodríguez Zapatero cumplió su promesa de retirar las tropas españolas de Irak, pero reforzó la presencia en Afganistán. El sabor era agridulce.

Primavera árabe 2011. Una ola de protestas espontáneas empezaron a recorrer el mundo árabe en los primeros meses de 2011, como en Madrid su vehículo de trasmisión eran los modernos medios masivos de comunicación no monopolizados, como los móviles, o las redes sociales en Internet. Estaban demostrando su eficacia en la capacidad de movilización de los sectores jóvenes, eran una herramienta formidable para alcanzar la masa crítica de las movilizaciones, porque una vez puestas en marcha, éstas ya se retroalimentaban. Demostraban su eficacia para conseguir las movilizaciones sin necesidad de organizaciones, pero también mostraban sus límites. Una cosa era conseguir la movilización y otra más difícil darla una continuidad y objetivos claros. Argentina y Madrid ya habían mostrado esas limitaciones, en el primer caso agotándose para regresar a la situación contra la que se había producido la movilización, en el segundo dejando que fuese un partido establecido quién recogiese los frutos. En esta tercera ocasión tampoco esas movilizaciones en el mundo árabe colmaban los deseos de los movilizados, en unos caso, como Túnez y Egipto, el ejército y las viejas fuerzas políticas del sistema recuperaban poco a poco el control de la situación; en otros, como Libia, se llegaba a una guerra civil en la que el protagonismo contra la dictadura pasaba a manos de antiguos colaboradores de Gadafi o de la OTAN; en tercer lugar, como en Siria o Barehin, se encontraban frente a una represión feroz de su propio gobierno o de una poderoso vecino como Arabia. La dinámica que habían desencadenados esas movilizaciones espontáneas daban lugar a situaciones en el que el espontaneismo ya no tenía nada que decir. España, mayo 2011 La crisis económica que desde hace casi tres años producía estragos sociales en la mayor parte del mundo había llevado a España a la mayor destrucción de empleo de todos los países, en este mes en que iban a celebrarse elecciones municipales y regionales, donde se daba por seguro un duro castigo al PSOE como partido en el gobierno, la cifra de parados se situaba en 5 millones, 3 más que al inicio de la crisis. Las políticas progresistas del PSOE habían dado un giro de 180 grados justamente un año antes, imponiendo reducciones de salarios a los funcionarios, una reforma laboral lesiva a los trabajadores y un aumento de la edad de jubilación. Nada de ello había servido para revertir la pendiente de destrucción de empleo, solamente había servido para el aumento de la pobreza entre las clases populares. Lo extraño, en realidad, era la extraña calma con la que las clases populares sobrellevaban esta situación. En septiembre de 2010 los sindicatos convocaron una huelga general contra la reforma laboral, pero después firmaron con el gobierno la reforma de las pensiones. Nadie esperaba que la consigna lanzada poco antes por Stéphane Hessel, en su alegato contra la indiferencia frente a las consecuencias de la crisis, fuese a estallar, nuevamente de manera espontánea, justo una semana antes de las elecciones de este mes. La movilización está más que justificada y gozan de un amplio apoyo ciudadano, pero las consecuencias políticas no están tan claras. Han aparecido consignas que rechazan votar al PP, la derecha que espera su oportunidad para profundizar las medidas antipopulares, y al PSOE, cuyo gobierno dio un giro neoliberal hace un año y ha defraudado a parte de su electorado. Pero tampoco canalizan la rabia hacia un apoyo a la izquierda, hacia IU para ser claros. Más bien parece desprenderse una actitud parecida al ¡que se vayan todos!.

Si esta rápida reflexión consigue ser publicada antes de las elecciones en ciernes, solo espero que sirva de reflexión a todos los indignados recordando experiencias pasadas. No deben dejar que su lucha se consuma y que aparezca de nuevo la resignación.

(*) Se pueden consultar otros artículos y libros del autor en el blog : http://miradacrtica.blogspot.com/, o en la dirección: http://www.scribd.com/sanchezroje

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful