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EDITORIAL POPUL AR L APA JARILL A

Pato H.
       
               
 

                
  
            

  
          
       
        

   
           
             

      
 
              
     

 
       
       
         

                
          

              
    
            

    
                      
  
  

                               

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PAPELUCHO SUBVERSIVO
Nota de la Editorial.

Como Editorial Popular LaPajarilla una de nuestras motivaciones y quehaceres es darle al contacto con los compas
que escriben y quieren publicar y compartir sus textos, desde cualquier tipo de creación, ya sea cuentos, debates,
poesía, subversión, historia… y lo que se vaya inventando.

Queremos potenciar la difusión de la Cultura Popular, propia y subversiva, que ninguna relación tiene con el capi-
talismo de la concertación y la alianza; los empresarios y especuladores depredadores-explotadores, los pacos y
los milicos, el mercurio y copesa; ninguna relación más que mandarlos a la cresta y encumbrarnos a vivir y hacer
nuestras vidas populares.

Porque el capitalismo, el mercado, la competencia, la dominación y la explotación tienen un techo, que no es otro que
la vida digna y plena de nuestro pueblo, que solo en y desde el mismo pueblo puede ser conquistada.

Las ganas de más y más de pronto nos embarcan en la vorágine de la necesaria destrucción y ataque a la sociedad
capitalista de los ricos y sus perros guardianes pagados por el estado... sin embargo, la historia nos ha enseñado
que esto no debe ser un obstáculo que nos aleje de la creación de lo nuestro, de nuestro pueblo y la normalidad
capitalista que querámoslo o no, opera cotidianamente utilizando a nuestra gente que si bien de mala gana, volun-
tariamente resuelve día a día con el costo de la propia vida el movimiento ‘exitoso’ del capital.

No son los combatientes los que otorgarán el mejor vivir para los populares, sino que son los pueblos los que posibi-
litan la revolución, son los pueblos los que le dan al combatiente su razón de ser. Hoy por hoy, combatir también es
la provocación al gigante popular, instruirse, la propaganda de las ideas, la protesta, la interpretación certera de
los escenarios para la mejor acción…

Porque estas ganas incontenibles se proyectan cada día que pasa, los roces y topones entre los subversivos florecen,
las expectativas crecen, los nuevos escenarios de lucha que se van tejiendo nos demandan mayor compromiso y or-
ganización, y siempre más y más provocación al gigante popular para ser fuerza útil y eficaz.

Por esto es que como clase, como pueblo, debemos necesariamente que prepararnos y dotarnos con la capacidad
de autodirigirnos, de tener nuestra propia dirección política, de constituir una fuerza popular que sea voz y acción
certera de nuestros asuntos.

Es larga la vuelta que nos dimos en estos breves párrafos, pero esa es la intención, por eso convocamos a rescatar
a los clásicos, pero también a darle al aquí y ahora, a difundir las ideas del presente, para poder ser útil a la cua-
lificación del emergente movimiento popular que irrumpe la normalidad del nuevo siglo.

Que lo disfruten y les sea útil.

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EDITORIAL POPULAR LAPAJARILLA
En la pobla siempre ha sido difícil la vida. Aquí cada peso se gana con caleta de esfuerzo y no son muchos los
gustitos que uno puede darse. Ni cagando. Lo que menos tenemos son motivos para alegrarnos. Estamos todo el día
tratando de sobrevivir de alguna forma. Algunos cuidando autos, otros vendiendo helados, algunos en la contru,
como mi papá, otros de reponedores en los super o trabajando en la feria, como yo y mi mamá. Todo para que los
patrones nos tiren un par de migajas a fin de mes mientras ellos se llevan todo el pastel. Cuicos culiaos, nos tienen
en la miseria pa que ellos puedan vivir en sus casitas bonitas pasándola terrible bien. Nosotros limpiamos sus autos,
nosotros cortamos su pasto, recogemos su basura, hacemos funcionar sus fábricas, cuidamos a sus cabros chicos ru-
bios, construimos sus iglesias y sus colegios, nosotros hacemos todo pero no recibimos nada. Son como dos mundos en
guerra, ellos contra nosotros. Y la mala cuea es que ellos van ganando. Nos tienen hambrientos, cansados, ignorantes,
sometidos, explotados. Cada vez que un loco mata a otro por doscientos pesos pa comprar pasta base, cada vez
que un flaite cogotea a un trabajador, cada vez que votamos, cada vez que nos entretenemos viendo tele, cada vez
que un weon le pega a su mina, ellos están ganando. Pero, aunque parezca imposible, esto se puede cambiar. Con
lucha y organización se puede cambiar. Yo antes ni me imaginaba que se podía luchar por algo diferente, cachaba
que la weá estaba mal, igual que todos, pero no hacía nada y tampoco sabía qué chucha había que hacer. Pero
juntándome con mis vecinos y mis amigos pa tratar de solucionar los problemas por nosotros mismos, me fui ascurrien-
do de que la weá pasaba por luchar contra los weones que nos explotan, organizándonos entre nosotros mismos y
plantando la semilla de la revolución. A las finales si yo, que soy un cabro Chiko, pude ascurrirme con el puro odio a
los weones de allá arriba y queriendo ayudar un poco a mi familia, la gente que está mucho más cagá que yo tiene
muchas más razones pa unirse al combate. Aquí les voy a contar un poco cómo me fui dando cuenta poco a poco
de que la única forma pa cambiar la mierda de vida que nos tocó vivir es con la subversión, dándole el poder a los
que no tenemos nada, para construir una sociedad justa y libre.

Rabia en las periferias

Yo cacho que hay cosas de las que uno, por haber nacido pobre, siempre ha estao vío. Siempre le he tenio mala a
los pacos, siempre he cachao que hay weones ricos que viven a costa de los pobres, siempre he cachao que la wea
es injusta, que está mal y todo eso. Pero hay otras cosas de las que me fui dando cuenta en el camino. Luchando
sobretodo. Y que son las cosas que uno tiene que saber y sentir pa poder cambiar esta mierda. Si alguien me pre-
guntase cuando empecé a ascurrirme de estas cosas y dejé de ser uno más de rebaño, yo cacho que le diría que
todo empezó esa noche cuando nos sacaron la chucha en la plaza. Todavía me acuerdo terrible bien como fue. Eran
como las nueve de la noche y estábamos en la plaza el Luchín, el Bayron, el Pelusa y yo. Nos pegábamos unas rimas
pa pasar el rato y no quedarnos en la casa viendo tele

Algunos nacen en la cuneta ¿por qué?


Y otros nacen en la cuna de oro ¿por qué?
Algunos nacen en la pobreza ¿por qué?
Y otros nacen en la isla del tesoro ¿por qué?
Algunos pueden estudiar ¿por qué?
Algunos pueden trabajar ¿por qué?
Las empresas tienen libertad ¿por qué?
Pero los pobres tienen que pagar ¿por qué?
Algunos toman para olvidar ¿por qué?
Otros se drogan para escapar ¿por qué?
Y todos piensan que esto es libertad…

No había nadie más en la calle y nosotros ya íbamos a entrarnos, cuando de repente sentimos con escándalo la
sirena de la yuta. Una zapatilla salió de la nada y frenó frente a nosotros haciendo cagar las llantas.
- ¡Quédense quietos cabros culiaos! - nos gritaron unos pacos corriendo hacia nosotros luma en mano.
- ¿Oiga mi cabo qué pasa?- le pregunté y recibí un lumazo en las costillas – ¡qué weá loco, yo no he hecho na!- me

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llegó un segundo lumazo en las costillas. Otro paco agarró al Bayron y el Luchín con el Pelusa arrancaron antes de
que se bajara más yuta.
- ¿Les gusta andar weando cabros culiaos?– nos decían mientras nos pateaban - ¡ahora se les van a pasar las ga-
nas!
- Oiga pero si no hemo hecho na, conchetumare.
- ¿A quién te creí que le vení a sacar la madre cabro culiao?- el paco se enojó y me pisó la cabeza.
Nos tuvieron en el suelo pateándonos un rato y cuando se aburrieron se subieron a la zapatilla pa virar, no sin antes
ponerme una tonta patá en la raja como despedida.
- ¡Qué yo sepa cabros culiaos que andan rayando de nuevo las casas, los meto en cana y los encierro en el calabo-
zo!- gritaron desde el auto y arrancaron en la oscuridad.
¿Rayando?- me pregunté mientras me retorcía del dolor - ¿Quién chucha andaba rayando? Pacos culiaos locos, tan
pitiaos de la mente - apenas podía pararme y no cachaba qué chucha pasaba, pero igual traté de ayudar al Ba-
yron que estaba con la cara llena de sangre.
– ¿Oye estay bien? Bayron. Oye Bayron- no respondía, estaba como desmayao. Yo igual estaba medio mareao así
que me senté y traté de despabilar. No entendía nada. Estaba rapeando piola con los cabros y de un minuto pa otro
estaba en el suelo sangrado. Miraba pa todos lados buscando la cámara indiscreta, no entendía ni una weá.

- ¡Papelucho! ¡Papelucho!- entre despierto y dormido escuché que me llamaban- Papelucho, ¡qué te pasó hijo!- esta-
ba tan atontao que no dije nada.
- Tía, estábamos terrible piola aquí en la plaza y llegaron los pacos culiaos como locos y empezaron a pegarnos.
Agarraron al Papelucho y al Bayron y nosotros tuvimos que librar- explicó el Luchín, que había llegado con mi mamá,
medio nervioso.
- Pelusa anda a buscar a la mamá del Bayron pa que los llevemos a la posta- le dijo mi mamá
La mamá del Bayron llegó al tiro y casi se desmayó cuando vio la cara de su hijo llena de chocolate. Buscaron mo-
neas pa un taxi pero no tenían ni uno así que fueron a la casa de Don Lalo a pedirle que nos llevara a la posta.
En el auto logré despabilar un poco.
– Dijeron que habíamos rayado una casa, por eso nos pegaron- les dije. Todos se dieron vuelta y me miraron.
- Pero no pasa na- dijo el Luchín- nunca anduvimos rayando tía, la pulenta, nosotros estábamos terrible piola en la
plaza. Los pacos se agilaron y se fueron en la volá.
- ¡Pero cómo se les ocurre pegarles así, si son cabros chicos, ni a los delincuentes los tratan así, y ni siquiera se los
llevan detenidos, les sacan la mierda y los dejan votados! - dijo mi mamá un poco más tranquila al ver que ya por
lo menos hablaba.
- Le apuesto a que si fuesen rubiecitos con ropita de Mall no les hubieran hecho nada- respondió Don Lalo- los ha-
brían llevado a su casita pa que su papito no pase malos ratos.

Cuando llegamos a la Posta estaba más desordenao que un gallinero. Locos sangrando, gente quejándose, señoras
alegando, unas locas desmayándose, locos apuñalaos, fracturaos, y todos sin que ni un medico los hubiera visto.
Todos esperaban a que algún día sonara su nombre en el altoparlante y los pudieran atender. Por mientras, había
que puro esperar, llorando, sufriendo, con un hueso roto, desmayándose, sangrando, con el apéndice estallando.
Eran como las once y algunos llevaban más de ocho horas esperando. A los únicos que atendían al toque era a los
pacos culiaos, que pasaban derechito pa adentro, pero los demás teníamos que quedarnos en la cola como weones.
Por último una camilla o un asiento piola pa los locos que están más mal. Pero no, en las bancas de madera noma o
parao si es que no hay puestos. Había que estar casi agonizando pa que a uno lo atendieran, y más encima cuando
a uno lo atendían las enfermeras y los médicos eran terrible pesaos y no estaban ni ahí si uno estaba gritando de
dolor, lo miraban a uno de reojo, le preguntaban un par de weás y seguían de largo. Terrible charcha la salud en
este país. “No mas colas”, había dicho una vez la mentirosa culiá de la Bachelet, puro grupo noma.

- Aquí tenemos pa rato- le dijo Don Lalo a mi mamá. Y fue así. Pasó una hora y nadie fue atendido. Mi mamá em-
pezó a ponerse histérica y fue a alegarle a los de Informaciones.

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- Hay gente que lleva horas esperando a que la atiendan y todavía no pasa nada. Yo tengo a mi hijo ahí sangrado
esperando a que lo atiendan ¿tengo que esperar a que se desangre pa que lo pueda ver un medico?
- Cálmese señora – le dijo una mina vestida de blanco detrás de una ventanilla- vamos tan rápido como se puede,
tenemos pocos médicos. Si no le gusta, llévelo a otro lugar.
- ¡Y vo creí que tengo mucha plata pa llevarlo a otro lado! – le respondió mi mamá casi gritándole. Se acercó tanto
a la ventanilla que pudo ver pa adentro. Ahí cachó a unas enfermeras que estaban riéndose mientras se tomaban
un café. Esto la emputeció- ¡Mire, pero mire, qué hacen esas weonas ahí paradas. Estamos hace horas esperando y
los weones allí adentro comiendo y cagándose de la risa!
Las palabras de mi mamá emputecieron al resto y la ventana de Informaciones se llenó de gente reclamando. Se
armó un alboroto y un paco tuvo que meterse pa calmar a la gente. Fue peor. Mi mamá se paró frente a él y em-
pezó a gritarle.
- ¡Por culpa de ustedes mi hijo está así. Mire, mire cómo lo dejaron. Asesinos de mierda! – el paco no supo que hacer
y se quedó tieso mientras mi mamá lo puteaba. Don Lalo tuvo que llevársela pa que no armara más escándalo. Al
rato el resto de la gente volvió a sentarse, aunque de tanto en tanto volvían a la ventanilla pa reclamar.
Al parecer tanto alboroto resultó porque ya a eso de las tres de la mañana ya me iba pa la casa. No tenía ningu-
na fractura, puros moretones y ramillones noma. Pero el Bayron estaba terrible machucao, tenía una costilla rota y
varios hematomas en la cara. Parecía mapache.

Cuando llegué a mi casa mi papá casi sale a quemar una comisaría cuando supo lo que me había pasao. Juro ven-
ganza y estuvo como una hora echando puteadas. Yo lo escuché un rato pero ya no tenía ganas de saber de nada
así que me fui a acostar terrible adolorio.
- Pacos culiaos – pensaba. No era la primera vez que tenía ataos con la yuta. Desde Chiko había tenido que arran-
car de los de verde cuando trabajábamos con mi mamá en la feria, no vendiendo verduras como ahora, sino CDs
piratas. Todavía me acuerdo, empezaban los chiflidos y teníamos que pescar las cosas y hacernos los weones pa
que los pacos no nos quitaran las cosas. De repente teníamos mala cuea, nos pillaban y los maricones se dejaban
todos los CDs pa ellos. Y cuando nos pillaban, cagábamos. Mi mamá tenía que conseguirse moneas pa poder com-
prar la comida y juntar algunas chauchas pa volver a comprar CDs pa vender. Esa wea si que era pal pico. Una
vez nos quitaron todas las cosas y al otro día mi mamá tenía veinte pesos noma pa comprar el pan. Casi se muere.
Se puso a llorar y estuvo deprimida como una semana. Y mi papá, que buscaba y buscaba pega y no encontraba
nada, empezó a pitiarse de la mente. Se puso a tomar y la pensó caleta pa ver si se ponía a robar en Providencia
pa poder traer un poco de plata pa la casa. Al final dejó de tomar y no tuvo que ponerse a robar porque un tío le
ofreció pega de pioneta en un camión de gas, así que ahí estuvo piola durante un tiempo.
- Pacos culiaos- seguía pensando. Aunque esa vez no fueron los pacos sino los guardias del Líder los que me tuvieron
dos horas encerrao agarrándome a cachuchazos por haber robado un pañal pa regalárselo a mi hermana chica y
un yogurt pa capear el hambre. Paco o guardia, la misma mierda, son los weones que andan cagándonos. Y más
encima la tele está llena de programas donde la yuta y los tiras aparecen como los weones más buenos del mundo
y algunos paos más encima les creen. Si supieran lo que los de verde andan haciendo en las poblas. Pacos culiaos.
Son los mismos que el año pasado entraron en la casa del Flaco Cristian y se la hicieron cagar buscando cocaína.
Pero mentira loco, aquí todos sabíamos que el Flaco vende pura marihuana y que el único que vendía coca aquí en
la pobla era el Moncho, que era amigo de los pacos y de los ratis. Creen que somos weones pero en la pobla todos
cachábamos que entraron en la casa del Flaco porque le estaba haciendo la competencia al Moncho con los pitos.
Pacos culiaos. Son los mismos perquines que en el verano se llevaron preso al Chiko Terry y le sacaron la chucha cuan-
do lo cacharon abriendo un grifo. Giles culiaos, como si uno tuviese plata pa ir a la playa o a esas mansas piscinas
que muestran en la tele. No po, uno tiene los grifitos noma que igual son bacanes.
- Pacos culiaos. Qué ganas de sacarle la chucha a un paco- pensaba casi dormido- Por eso es bacán cuando hay
protesta, porque todos vamos a darle a los pacos. Les tiramos piedras y los agarramos pal webeo. Y es más bacán
todavía cuando están los encapuchaos, ahí la yuta se asusta y los cabros los tapan a tiros y a molotov. Sí po, esa weá
es bacán, ni un paco se atreve a entrar a la pobla, porque si entran los encapuchaos nos defienden y los pacos se
tiran. A las finales, como dice el Ronald, los pacos están pa defender a los ricos, nosotros tenemos que defendernos

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PAPELUCHO SUBVERSIVO
solos.

Cómo le roban al pueblo

Lo único bueno de que me sacaran la chucha fue que estuve tres días sin ir al colegio. Lo malo: puras mierdas en
la tele. Los matinales: una mierda. Que la pinochetista de la Paty Maldonado, que el patético de Lucho Jara, que
el pao de Camiroaga, puros pajarones hablando puras weás. Después los programas de farándula: pura mierda
¡A quién chucha le importa la vida de los cuicos! Que la no se quién ese metió con el no sé cuánto, que la querella
no sé por qué, que la modelo, que el futbolista, pura mierda noma. Y pa qué hablar de la teleseries, pura cebolla.
Pero lo malo no era la pura tele, también aguantar las quejas de mi mamá: “de dónde voy a sacar plata… vamos
a tener que comer menos pan… de dónde voy a sacar leche pa darle a la Ji, etc., etc.”. Y era verdad. El lunes en
la noche avisaron en las noticias que iba a subir el pan, la leche y la micro. “¿Y los sueldos? ¿Y cuándo van a subir
los sueldos?”, se preguntaban todos.

A mi mamá no le gustaba que estuviera de ocioso en la casa, así que me tenía de perquin haciendo el aseo, lavando
la losa y mandándome a comprar pa todos lados.
- Papelucho anda a comprar pan- me mandó mi mamá y ahí partí de nuevo por segunda vez esa mañana.
En el negocio de la señora Carmen estaba sonando Víctor Jara

Levántate y mira la montaña


de donde viene, el viento el sol y el agua.
Tú que manejas el curso de los ríos,
tú que sembraste el vuelo de tu alma.
Levántate y mírate las manos,
para crecer estréchala a tu hermano.
Juntos iremos unidos en la sangre,
hoy es el tiempo que puede ser mañana.
Líbranos de aquel que nos domina en la miseria,
tráenos tu reino de justicia e igualdad.
Sopla como el viento en la flor de la quebrada,
limpia como el fuego el cañón de mi fusil

- Señora Carmen me da un kilo de pan, porfa.


- Ahí está – me dijo pasándome la bolsa con pan- son mil doscientos.
- ¡¿Qué?! Terrible caro.
- Los precios suben y suben y los sueldos nunca- me dijo la señora Carmen después de que vio mi cara de sorpresa
– Si ahora tenemos que pagar una millonada por todo. El otro día fui a Cartagena oye y tuvimos que pagar como
ocho peajes y la bencina. La bencina oye está cada vez más cara, sube y sube. Si falta que nos cobren por respirar
noma.
- Sí po, si hoy día tuvimos que juntar todas las chauchas pa poder comprar pan. Chia, luca dociento, terrible caro – le
dije pensando en la cara que iba a poner mi mamá cuando le dijera cuanto salió.
- Pero la Rosita ya nos dijo ya, no podemos dejar que nos roben por todos lados. En la noche toda la población tiene
que salir a protestar pa que bajen los precios. Por último que nos bajen la micro, si yo ya ni salgo tan cara que está
la micro.
- Ya señora Carmen, me voy a tomar desayuno pa después avisarle a los cabros de la protesta.
- Sí, oye Papelucho llévale esto a tu mamá- me pasó una caja de leche en polvo- dile que es para la niña, que
cuando pueda me la paga.
- Gracias, señora Carmen.
- Si no nos ayudamos entre nosotros, quién- me dijo mientras salía del almacén.

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Partí a la plaza a ver si estaba algunos de los cabros. No había nadie, así que fui a la Sede a ver que tramaba la
Rosita con las otras viejas de la Junta de Vecinos. En el camino me tercié con el Ronald, el Miguel y el Pato.
- Qué pasa wacho- les dije.
- Na choro. Oye podríai darte un pancito – me dijo el Miguel tirando la mano a la bolsa del pan.
- Sale no pasa na, me salió más de luca la weá de pan – le dije alejando la bolsa de su mano.
- Oye Ronald me dijeron que hay protesta en la noche. ¿Va a estar wena o no?- le pregunté.
- Las señoras van a salir a protestar, si los pacos se pasan películas ahí vamos a ir a darles pero la mano es que
proteste la gente y que la weá esté piola- respondió el Ronald.
- ¡Ah, qué fome! – dije alegando- yo pensé que iba a ser como pal once.
- A lo mejor po- dijo el Pato- si cortan harto rato la calle y son hartos dándole jugo a los pacos igual puede quedar
la cola.
- Igual nosotros vamos a estar preparaos, si hay que pelear, peleamos- dijo el Ronald.
- Sí po, hay que puro darle a los pacos culiaos. El otro día nos pescaron con el Bayron y nos sacaron la chucha.
- Sí, si cachamos. Pacos culiaos- dijo el Ronald- los confundieron con otros locos.¿A quiénes viste rayando ese día
Miguel? A los de la Avenida…
- No eran los de la San Eugenio- corrigió el Miguel.
- Cacha como nos dejaron- les mostré un moretón que tenía en la cintura.
- Tení que puro cobrar la parte. Si armai una buena barricada y llegan los pacos, ahí mismo les sacamos la chucha-
dijo el Ronald pa animarme.
- Ya choro, nos vemos en la noche entonces – le di la mano a todos y caminé pa mi casa con la idea de salir a juntar
cosas con los cabros y armar la tremenda barricada pa que llegaran los pacos. Iba a ser fome si era una protesta
con las puras viejas de la Junta. Tenía que haber pelea pa que el Ronald con el Pato, el Miguel y los demás cabros
le dieran la vida un rato a los pacos.

- Va a haber protesta en la noche por el alza del pan y la leche… y la micro- le dije a mi mamá cuando llegué a
la casa - La Rosita va a tomarse la calle- no me pescó, estaba ocupada haciendo el almuerzo
- ¿Y el vuelto?- me preguntó mientras sacaba unas cebollas de un cajón
- ¡Qué vuelto! Si la cuestión salió luca dociento… y la señora Carmen, terrible buena onda, te mandó una leche pa
la Ji – mi mamá miró la leche y siguió cocinando.
- La Carmencita siempre nos regala cosas, apenas tenga plata se la voy a pagar – me dijo mi mamá como sacan-
do cuentas en su mente pa que nos alcanzara la plata pa todo el mes. Mi mamá siempre se sentía mal cuando nos
regalaban cosas, pero las recibía igual, al principio lloraba y le daba vergüenza salir a la calle a pedir pan o
comida cuando nos cagabamos de hambre y mi papá estaba cesante, pero después se dio cuenta de que la gente
tiene que ayudarse y que si ella pedía porque estaba cagá, cuando ella estuviera bien y otro vecino cacao, ella lo
iba a ayudar también.

…Supo la historia de un golpe, sintió en su cabeza cristales molidos.


Y comprendió que la guerra era la paz del futuro…

Cantaba mi mamá con los ojos llenos de lágrimas mientras picaba cebolla.
- ¡Ahh, no piquí cebolla po, no ví que duelen los ojos!- le reclamé yo.
- Ándate pa tu pieza si no te gusta, si querí comer tení que aguantarte noma – me respondió y siguió cantando.

… lo más terrible se aprende enseguida


y lo hermoso nos cuesta la vida.

Yo me fui pa la pieza pa no sentir el olor a cebolla. Me tiré en la cama un rato. Pensaba en lo del alza de los precios.
Era brigido como doscientos o quinientos pesos podían significar caleta de cosas. Uno podía cagarse hambre si las
cuestiones subían trescientos miserables pesos, incluso a uno se lo podían pitiar si uno le daba color por un par de

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gambas. Esa weá si que era charcha. Locos matando por 100 pesos. Hace un par de años un cabro de aquí de la
población volvía de un carrete y ahí en el cruce un pastero se lo terció. “Entrega las weás”, le dijo el pastero. El otro
loco no tenía ni uno así que le dijo que no lo weara porque no tenía moneas. El pastero se puso weon y empezó a
darle cualquier jugo, el otro loco volvió a decirle que no tenía moneas y empezó a caminar. El pastero yo cacho que
estaba tan angustiao que ni la pensó, sacó una cortapluma y le puso seis puñaladas. Se lo pitió. Y cuando le revisó
los bolsillos el maricón culiao cachó que era verdad lo que le decían, encontró gamba cincuenta noma. Cocodrilos
culiaos, matando por una gamba, ni un brillo. Más encima no están ni ahí si son cabros chicos, señoras o viejos. Por
último que se vayan a robar pal barrio alto los cocodrilos culiaos en vez de estar cogotiando a la gente de la po-
blación que es igual de pobre que ellos. Menos mal que los cabros del MPR echaron a todos los traficantes. Ahora
los pasteros en la población ya ni se ven y ya nadie se anda reventando las casas por peleas weonas.
Después de comerme un rico encebollao con arroz salí a wear un rato a la calle y cachar lo de la protesta. Me en-
contré con el Pelusa, el Luchín y el Chiko Terry en la plaza. Estaban rapeando

…cuando la calle está caliente nuestra gente se defiende,


barricada ardiente, la guerra allá afuera ya se siente,
todos los rebeldes se ponen de frente dándole a la repre
con un grito de vida o muerte ¡no pasaras!
Aquí no cabe capataz, aquí no cabe mandamás,
aquí no cabe Satanás, date la vuelta y regresa pa atrás
Si los ricos te tienen cagao: LUCHA
Si el Estado te tiene cagao: LUCHA
Si los pacos te tienen cagao: LUCHA
Si te vienen a mandar, sácale la chucha
Maldigo al traidor, marioneta del dictador,
no te lo mando a decir con nadie paco conchetumare
Juicio y castigo a los culpables,
los grandes capitales criminales que nos tratan como animales…

- Qué pasa wacho, ¿y el Bayron?


- El weon está pa la cagá todavía- respondió el Pelusa.
- Puta. Cacharon que en la noche hay protesta.
- Sí, pero va a ser de las puras viejas- dijo el Luchín.
- Ni un brillo- dijo el Pelusa.
- A mí el Ronald con los cabros me dijeron que si cortábamos la calle con la mansa barricada, ahí podían llegar los
pacos y si llegan los pacos van a venir los encapuchaos y ahí la weá se podía poner wena.
- Tenemos que puro juntar weás pa armar la barricada entonces- dijo el Chiko Terry.
- Sí po, traimos palos de allá del cerro y después pedimos neumáticos en la vulca- les dije.
- Ya po, wena, vayan ustedes a buscar esas cuestiones que yo voy a preguntarle a mi tío si me presta un sillón viejo
que tiene ahí pa que lo quememos- dijo el Chiko Terry.
- Ya po.
El Chiko Terry caminó y nosotros nos fuimos al cerro a recoger palos. Subimos una carretilla que sacamos de la casa
del Pelusa, la llenamos con palos y los bajamos al cruce de San Martín con Salvador Allende, que es donde se hacen
las protestas en la pobla. El Pelusa se puso a alegar que eran muy pocos palos así que volvimos subir al cerro. Yo me
traje la carretilla con palos y el Luchín con el Pelusa un colchón viejo que encontramos. Dejamos las cosas en el cruce
y nos fuimos a pedir neumáticos a la vulcanización. Nos dieron cinco y los apilamos con el resto de las cosas.
- Ya loco, tenemos hartas cosas pa quemar.
- Vamos a tomar once y nos juntamos en la noche.
- Ya po.
Nos despedimos y me fui pa la casa. Mi papá ya había llegado y estaba comiendo.

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- ¿Dónde andabai maldaoso?
- Estaba con los cabros juntando cuestiones pa prender en la protesta- le respondí.
- ¿Hay protesta?- le preguntó a mi mamá
- Sí, la Rosita está organizando alboroto pa la noche.
- Estaba bueno ya, si no están metiendo la weá hasta por la raja subiendo todas las weás… mira, cacha esos weo-
nes – apuntó a la tele donde mostraban un nuevo caso de corrupción de la Concertación- puros ladrones culiaos.
El Lagos, la Bachelet, todos los weones iguales. Weones ladrones y los otros culiaos de la Derecha también, están
picaos porque no pueden robar ellos y…
- Mira y ese weon, el… el cómo se llama, el…
- El Vidal- dijo mi papá.
- Ese weon es más desgraciao.
- Son todos los weones iguales. El Zaldivar, el Vidal, el Lagos, el Piñera, la Bachelet. Todos los culiaos pelando por
quién roba más plata y nosotros pa la cagá con todas las weás subiendo de precio.
Mientras mi mamá discutía con mi papá pa ver quién era el más ladrón de la Concerta, en la calle empezaron los
griteríos y los ollasos.

¡Nos suben la leche y la locomoción,


por culpa de los fachos y la Concertación!

- ¿Papá vai?
- No, no creo, estoy cansao. Anda noma.
- Te he dicho que no me gusta que el niño vaya a esas cuestiones- le dijo mi mamá.
- No le dí color, el niño tiene que aprender que tiene que pelear por las cosas, que no le van a regalar nada en la
vida.
- ¡Vuelve temprano que mañana tení que ir al colegio! ¡No andí haciendo tonteras!- me gritó mi mamá mientras corría
a unirme a la marcha.
La protesta

Cuando me uní a la marcha éramos como cuarenta pero mientras avanzábamos la gente se iba sumando y aunque
muchos se quedaban en la casa, la mayoría nos aplaudía y nos daba su apoyo.
- Vecino, vecina, salga a la calle, no podemos seguir dejando que nos pasen a llevar. Hoy es la leche, el pan y la
micro, mañana va a ser el agua, la luz o el gas. Vecino, vecina, hay que organizarse y salir a la calle a pelear por
lo que es justo- gritaba la Rosita detrás de un lienzo que encabezaba la pequeña marcha.
La gente fue sumándose de a poco y cuando estábamos a dos cuadras del cruce ya éramos como cien. El Luchín, el
Pelusa y el Chiko Terry me esperaban en el sillón que el tío del Chiko había tirao a la balanza.
- Oye ¿quién trajo bencina o alguna weá pa prender la barricada?- les pregunté.
- Puta la weá yo iba a traer de mi casa y se olvidó- dijo el Chiko Terry.
- Puta que soy pao- le dijo el Pelusa y le pegó un wate.
- Ya calmao cabros, le voy a pedir a don Lalo un poco- dijo el Chiko Terry y partió corriendo a conseguirse benci-
na.
La gente de la marcha hizo taco agrupándose en medio de la calle y la Rosita empezó a hablar:

“Vecinos, hoy estamos protestando porque no podemos dejar que sigan abusando de nosotros. En esta población
somos gente de esfuerzo, gente de trabajo que lucha día a día por tratar de sobrevivir con la mierda de sueldo que
ganamos, mientras los empresarios y los políticos se llenan las manos con la plata que nos roban. Vecinos, no pode-
mos dejar que esto siga así, tenemos que luchar porque sólo con la lucha vamos a lograr las cosas que queremos.”

La Rosita dejó de hablar y se llevó aplausos de la gente que estaba allí. De entre la multitud empezaron a salir neu-
máticos, palos y pedazos de madera y se empezaron a armar barricadas. Nosotros hicimos lo mismo y nos encarga-

10
PAPELUCHO SUBVERSIVO
mos de cortar una de las tres calles del cruce, justo la avenida que entra a la población. Colocamos las cinco ruedas
a lo largo de la calle y encima les tiramos los palos, el colchón y el sillón. El Chiko Terry con el Luchín empezaron a
rociar las cosas y yo me fui a conseguir un encendedor con una señora. Me agaché para prender las ruedas. Sentí
que los cabros me decían algo pero no los escuché, prendí la barricada y saltó una llama que me dejó chamuscaos
todos los pelos del brazo.
- Teniai que prenderlo con un pedazo de papel prendio, embarao, te quemaste todo el brazo, longi.
No los pesqué, me daba lo mismo quemarme, estaba preocupao de que la weá prendiera bien pa que llegaran los
pacos.
Se prendieron barricadas en las tres calles del cruce y la de nosotros era la más grande. No pasó mucho rato cuando
empezaron a sonar los chiflidos característicos de cuando aparecen los pacos y a lo lejos apareció una zapatilla.
Cagá de miedo se empezó a acercar pa que oyéramos lo que un paco hablaba por el megáfono.

“Se ordena el desalojo inmediato de la avenida para el reestablecimiento del transito vehicular. Si de aquí a diez
minutos no se retiran del sector, nos veremos obligados a utilizar la fuerza”

El paco terminó de hablar y lo tapamos a chuchadas. Nadie le hizo caso. Al contrario, empezó a llegar más y más
gente y todos traían cachureos pa prender las fogatas. Pasaron los diez minutos y apareció una micro de Fuerzas
Especiales, un Zorrillo y un Guanaco. La gente se puso nerviosa pero con los cabros nos pusimos a recoger piedras
pa darles la pelea. Los pacos se acercaron y de un altavoz ordenaron que nos dispersáramos. Los mandamos a la
chucha. El Zorrillo respondió tirando bombas lagrimogenas y la gente empezó a correr. Una bomba cayó cerca de
nosotros y el Pelusa trató de patearla pero no le achuntó y quedó lleno de humo. Con el Luchín libramos y nos fuimos
pa donde la señora Fresia a robarle algunos limones. Con los ojos ardiendo y llenos de lágrimas volvimos al cruce,
allí estaba el Pelusa con el Chiko Terry llorando.
- Puta pacos culiaos, no alcanzamos ni a tirarle piedras.

Pasaron algunos minutos y el aire empezó de a poco a limpiarse. Los pacos seguían allí y la gente que había arran-
cado empezó a reunirse de nuevo pero en la vereda. Las viejas de la Junta empezaron a meter ruido y en diez
minutos la multitud estaba otra vez lista pa volver a la calle.
- Mira, el Guanaco maricón nos mojó la barricada- apuntó el Luchín.
- Puta ahora no la prendimos ni cagando- le dije.
La gente estaba amontonada en la vereda y la Rosita discutía con las otras viejas pa cachar qué hacían. Pero no
tuvieron que discutir más, sonó un grito y todos nos quedamos callados.

¡Contra el capitalismo y la mierda multinacional,


MPR subversivo y popular!

- ¡Wena loco son los cabros! ¡Oye Luchín son los cabros, ahora vamos a ir a darle a los pacos! - grité con alegría al
ver como se acercaban los encapuchaos.

¡Compañera Claudia López! ¡Presente!


¡Compañero Daniel Menco! ¡Presente!
¡Compañero Alex Lemun! ¡Presente!
¡Compañero Rodrigo Cisternas! ¡Presente!
¡Compañero Matías Catrileo! ¡Presente!
¡Compañero Eduardo y Rafael Vergara! ¡Presente!
¡Ahora y Siempre! ¡Ahora y Siempre!
¡Ellos lucharon hasta Vencer o Morir!
¡Hasta Vencer o Morir!
¡¿Quién los mato?! ¡Los pacos culiaos!

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EDITORIAL POPULAR LAPAJARILLA
¡¿Quién los mato?! ¡Los pacos culiaos!
¡¿Y quién los vengará?! ¡El Pueblo!
¡¿Y cómo chucha compañeros!?
¡LUCHANDO, CREANDO, PODER POPULAR!
¡LUCHANDO, CREANDO, PODER POPULAR!

Los gritos y los aplausos que recibieron a los cabros del Movimiento Popular Revolucionario, el MPR, me dejaron
casi sordo. Ahí estaba el Ronald, el Miguel, el Pato y el resto de los cabros. La gente, que no paraba de aplaudir y
de gritar, se acercó a los encapuchaos y el Ronald se adelantó para hablar. Todos sabían quienes eran pero nadie
decía sus nombres, era una forma de protegerlos de la yuta y de los ratis. El Ronald, el mismo que desde que tenía
memoria había estado organizando las protestas en la población; el mismo al que expulsaron de la Universidad
cuando estaba a punto de egresar por haber sido el dirigente de una toma; el mismo que a principios de año había
entrado, junto a resto del los cabros del MPR, a la casa del Moncho, el traficante, se la hicieron cagar y le dijeron,
poniéndole una escopeta en la cabeza, que si no dejaba de vender pasta base y cocaína en la pobla se lo iban
a pitiar. Por lo que el Moncho se fue de la pobla y desde entonces nadie vendía ni coca ni pasta en la pobla y las
balaceras en la noche se habían acabao. El Ronald y el MPR, los cabros que todos respetan, los cabros que hacen
talleres de reforzamiento pa los cabros chicos porros, los que hacen ollas comunes con la Rosita pa juntar plata pa
los vecinos más pobres, los que nos protegen de los flaites de las poblaciones vecinas y de los pacos que se meten
a darnos jugo. El Ronald, el mismo que ahora, escopeta en mano, le hablaba a la población:
“El día de hoy el pueblo pobre, el pueblo que es explotado y maltratado en el trabajo, el pueblo que se muere de
hambre, el pueblo que muere por las deudas y que ve como a sus hijos les roban el futuro. El pueblo que siempre ha
sido marginado y explotado por este sistema, ha salido hoy a la calle para protestar por el robo y la violencia que
sufre cotidianamente. Lo que era una manifestación pacifica del pueblo, fue reprimida violentamente por los perros
guardianes de la clase alta. Nosotros sabemos que el Estado y los ricos siempre han actuado así. Cuando el pueblo
no les cree, cuando el pueblo empieza a cuestionar el ir al Mall y endeudarse, el ver Kike Morande o el Reality, los
ricos nos reprimen con la más cruel de las violencias, porque ellos quieren que sigamos durmiendo, no quieren que
despertemos y cuando despertamos nos golpean para que sigamos dormidos. Por esto debemos saber que si que-
remos cambiar esta situación debemos organizarnos, en la pega, en el colegio y aquí en la pobla, en todos lados,
pero no organizarnos porque sí, hay que organizarse para pelear. Porque si ellos, que son unos pocos que viven a
costa nuestra, tienen esa fuerza, nosotros, que somos la inmensa mayoría del pueblo explotado, somos invencibles.
Por eso, si ellos quieren guerra, guerra van a tener y que sepan que el pueblo no está indefenso, el pueblo tiene con
qué defenderse. Así que ahora pueblo, vamos a la pelea

¡Contra el capitalismo y la mierda multinacional,


MPR subversivo y popular!”

El discurso del Ronald nos subió a todos el ánimo y la gente empezó a armar de nuevo las barricadas con más ener-
gía que antes. Con los cabros volvimos a apilar los neumáticos con los palos que quedaban pero no teníamos como
prenderlos. No tuvimos que cabecearnos mucho porque un encapuchao apareció al lado de nosotros, le echó ben-
cina a las ruedas y con una molotov prendió toda la hilera de neumáticos. Los pacos, al cachar que las barricadas
volvían a prenderse y que la gente se tomaba la calle, empezaron a avanzar, pero el Zorrillo no alcanzó a disparar
ninguna bomba porque apenas avanzó unos metros ya tenía a tres encapuchaos encima tirándole tres cototas mo-
lotov. Lo quemaron entero y los gritos y aplausos llegaron de todos lados. Nosotros recogimos unas piedras y nos
ganamos detrás de un árbol esperando a que pasara alguna weá pa tirárselas.
El Guanaco hizo su ruido característico y avanzó pa la barricada que habíamos armado.
- ¡Ahora wacho!- dije con los cabros, pero antes que nosotros dos encapuchados corrieron y le dieron al Guanaco en
pleno parabrisas. Nosotros les tiramos las piedras y salimos arrancando pa que no nos llegara el chorro.
Los pacos empezaron a tirar lagrimogenas y a disparar balines pero ahora la gente no arrancó, al contrario, reco-
gían las lagrimogenas y se las devolvían.

12
PAPELUCHO SUBVERSIVO
Vimos que algunos que los encapuchaos que andaban con fierros daban la vuelta a la cuadra así que los seguimos.
Detrás del negocio de Don Pedro tres encapuchaos, uno con una escopeta recortada y los otros dos con pistolas,
esperaban a que algún paco se bajara de la micro. Alrededor de los encapuchaos, nosotros y un montón de cabros
chicos sapeabamos escondios detrás de los árboles esperando a que se pitiaran a algún paco.
Pasó lo que estábamos esperando, unos pacos se bajaron pa dispararle a la gente y los tres encapuchados les
respondieron con un concierto de balazos. Yo no caché si le achuntaron a alguno, el Luchín me dijo que sí, pero yo
no vi nada, lo único que caché fue que los pacos se urgieron y no se volvieron a bajar. En el otro lado, el Guanaco
también arrancó pero lo despidieron con las últimas molotov que quedaban.
Los encapuchados se volvieron a reunir, gritaron algunas consignas, tiraron unos balazos al aire y se fueron. La pelea
había terminao.
- ¡Wena choro, estuvo terrible wena!- le dije al Pelusa.
- Sí loco, pero los pacos están todavía ahí, hay que puro ir a darles- me respondió el Pelusa.
- No, no pasa na, se asustaron, ya no va a pasar nada, yo me voy pa la casa.
- Uy, maricón- me webeó el Chiko Terry.
- Sale, tengo que irme pa la casa, tengo que levantarme temprano mañana, como tu colegio está aquí mismo en la
pobla te levantai terrible tarde weon flijo- le dije al Chiko.
- Ya mariconcito – dijo el Chiko riéndose- Nos vemos mañana.
- Ya, nos vemos.

En el lugar equivocado

En la mañana todavía se sentía el olor a lagrimogena y a neumático quemao. Eran las siete y estaba esperando la
micro cagao de frió después de haberme bañado con agua helada porque había que ahorrar el gas que estaba
terrible caro. La gente hablaba de la protesta de anoche y contaban como los pacos sin provocación alguna se ha-
bían puesto a dispararle lagrimogenas y balines a la gente. Pasó un rato y a lo lejos apareció la micro, empezaba
el show. El webeo de tomar la micro no eran tanto esperar una hora o cuarenta minutos a que pasara, el webeo
era tener que pelear con cuarenta personas por subirse a una weá que ya venía llena y donde con suerte cabían
cinco personas más. A veces las micros mariconas no paraban y pasaban de largo, o de repente se alcanzaban a
subir dos personas y todos los demás nos quedábamos abajo, y ahí el webeo de nuevo, esperar otra media hora
y en esa media hora llegaba más gente al paradero, así que si es que la micro paraba éramos pocos los que nos
podíamos subir. “El progreso del Transantiago”, decía la Presidenta. Yo, como soy medio Chiko y flaco, casi siempre
alcanzaba a subir y me metía por entremedio de la gente y quedaba piola, pero la gente más grande cagaba,
algunos estaban como dos horas tratando de tomar la micro, otros tenían que tomar un taxi y otros se rendían y se
iban pa la casa, había gente que por no poder tomar micro la habían echado de la pega por atrasos o cabros que
nos alcanzaban a llegar a dar las pruebas. A las finales, pa poder tomar micro había que ser terrible ascurrio.
Pero ese día, por lo menos hasta la mañana, creía que andaba con suerte. Esperé veinte minutos noma, la micro se
llenó y cuando yo pensaba que ya no me podía subir por delante, el Luchín, que iba detrás, me pegó un grito y
con otra gente abrieron la puerta de atrás y nos subimos cuando la micro ya estaba partiendo. El chofer empezó a
alegar y mandó unos gritos pa los que nos habíamos subido por detrás, pero la gente lo mandó a la chucha.
- ¡Para de dar jugo conchetumare y apura la weá!
- ¡Ya po viejo apura la weá!
- ¡Para de darle color loco si el sueldo te lo van a pagar igual!

Aprovechando el atao y pa darle jugo al chofer, nos tiramos unas rimas pa la ocasión

No hagas Bip, Bip en cada viaje


No cargues la tarjeta, elude siempre el cobro del pasaje
No avales el ultraje, no les pagues nada
Hagamos colapsar el monopolio con desobediencia organizada…

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EDITORIAL POPULAR LAPAJARILLA

Pingüino qué vas a hacer tú en el bus para con el ejemplo predicar:


subirte por detrás, abrir la puerta por la fuerza
para que los demás puedan llegar un poco más temprano hacia su hogar.
Es tu deber el de movilizar, el de salir a la calle a protestar,
hazlo por tu mamá, hazlo por tu papá,
hazlo por los que llegan cada día más cansados de la pega.
Por culpa de un transporte público que es como el pico
y por la congestión vehicular que producen los autos de los cuicos…

Con el Luchín somos primos, íbamos al mismo colegio y estábamos en el mismo curso. Estábamos terrible piola en el
municipal, ahí con el Chiko Terry, el Bayron, el Pelusa y el resto de los cabros, hasta que a mi mamá se le ocurrió
que en una de esas weás particular-subvencionadas, con niñitos weoncitos que les gusta el Internet, echarse gel en
el pelo, hacerse peinaos raros, ponerse chapitas y vestirse como weones, íbamos a poder ser esa weá que llaman
“ser alguien en la vida”. Yo no estaba ni ahí con esa weá, igual yo sabía que tenía buenas notas y que me iba mejor
que a mis compañeros del municipal, pero no estaba ni ahí con irme a estudiar con puros hijitos de papá. A mi tía
le gustó la idea y metió al Luchín en el mismo colegio. Viejas tontas, nosotros la pasábamos terrible mal en el cole-
gio, no le hablábamos casi a nadie porque eran puros pajarones que nos caían mal, y ellas tenían que gastarse la
mitad del sueldo pagando la mensualidad, los libros y útiles terrible caros que nos pedían y esas weás de insignias,
corbatas y buzos que teníamos que usar. Puros weones noma mis compañeros, que sabían de trabajar o de pasar
hambre, a estos weones nunca les ha faltado na, les compran todo lo que sale en la tele, Playstation, computador,
celular, pendrive y todas esas weás, si hasta mesada tienen, mientras uno tiene que andar pegando con neoprén
las tillas cuando se rompen pa que no parezcan perros o andar bolseándole computador a algún vecino pa poder
hacer los trabajos porque a los profes no les gusta que uno haga las weás a mano. Y más encima le dan cualquier
corte y a las finales no son na del barrio alto, son de clase media noma, pero le dan color con todas las weás que
se compran y la pican a cuicos. A mí con el Luchín siempre nos sacaban pica porque no teniamo las weás bacanes
que se compraban ellos, pero con el Luchín les cobrábamos la parte y les robábamos las colaciones, cuando tocaba
educación física les robamos las poleras y a veces a los más mateos les sacamos esas weás de cartas con las que
juegan y se las quemábamos en el patio. Los weones sabían que éramos nosotros pero no nos acusaban, sabían que
si sapeaban les sacábamos la chucha.

La micro llegó al centro y con el Luchín nos bajamos a tomar el Metro. Ni un brillo la weá de Metro, todos los vagones
llenos y la gente como sardina en lata. Si la micro es penca, el Metro es peor. Yo siempre he encontrado charcha
viajar. No es como en la plaza o en la feria que uno conoce a la gente que pasa y se saluda o pasan locos que uno
conoce e igual a uno lo miran y lo saludan, es más buena onda la cuestión. En la micro es terrible penca porque nadie
se habla, nadie conversa y van todos parados mirando pa adelante con cara de estar enojados. Puta y en el Metro
es peor, por último en la micro te podí encontrar con alguien y darle jugo, o de repente alguien se empuja y se tiran
unos garabatos, pero en el Metro nadie hace ni una weá, nadie se empuja, nadie roba, van todos como zombis mi-
rando pal techo o mirándose la cara en el vidrio de la puerta. Ni un brillo. Mas encima en las estaciones está igual,
todos callaos, lleno de guardias, ni un rayao, ni una basurita en el suelo, ni un perro por ahí weando a la gente, ni
un brillo la weá. Viajar es charcha. Mas encima parecemos ovejas, todos apretaos caminando de aquí pa allá y lo
peor es que son todos los días iguales. Yo cacho que si uno le preguntase a cualquier loco cuál es la diferencia entre
ayer, antes de ayer y hoy día, no cacharía porque a las finales todos los días son igual de pencas.

Nos bajamos del Metro y salimos corriendo con el Luchín pal colegio porque íbamos medio atrasaos. Ese día nos
tocaba la peor clase de todas, castellano o Leguaje y Comunicación como le gustaba a la profe que le dijéramos
al ramo. Lo penca del ramo no era la materia sino la profe. La “señorita Andrea Carvajal” era una loca de como
treinta años, que hablaba como cuica y que se pasaba toda la clase alegando “que la delincuencia… que los anar-
quistas… que el lumpen… que los drogadictos, etc.”. Con el Luchín nos tenía chato y hasta habíamos pensado en

14
PAPELUCHO SUBVERSIVO
decirle a alguno de los flaites de la pobla que vinieran a cogotear a la vieja pa que se dejara de wear un rato.
- Jóvenes- empezó a decir la profe- voy a pasar la lista y cuando los nombre quiero que me traigan la tarea que
había para hoy.
- ¿Tarea?- le pregunté al Luchín y los dos nos miramos con cara de que la habíamos cagao- ¡Conchetumare no hice
la tarea! Puta Luchín ¿qué chucha le digo a la vieja?
- No sé, yo tampoco la hice. Puta, voy a meterle una chiva, tu estai cagao, estai de los primeros en la lista, que le
vaya bien compare- me dijo burlándose.
- Papelucho su tarea- dijo la profe.
- Presente- dije como si no la hubiese escuchado. El curso entero empezó a reírse.
- No le estoy preguntando si está presente, lo puedo ver, le estoy preguntando por la tarea para hoy
- Eh… eh… me la robaron – risas de todo el curso. La profe puso cara de seria.
- No se haga el gracioso, explíqueme por qué no hizo la tarea.
- Invéntale algo weon- me susurro el Luchín.
- Ahh… eh…
- Estoy esperando, y no me mienta- dijo la profe ya enojada.
- Es que en la semana… me caí. Mire – le apunté a unas costras que me quedaban en la cara. Saqué el certificado
medico y se lo pasé- estuve en cama y no pude hacer la tarea- la profe me miró con cara de que no me creía nada,
miro un rato el certificado y me lo devolvió.
- Está bien, quiero la tarea para la próxima semana.
- ¡Te cagué!- le dije al Luchín, que se cachaba que estaba preocupao porque todavía no había inventao na.
- Luís su tarea- preguntó la profe.
- Es que me caí- dijo el Luchín y todos se cagaron de la risa.
- ¿Por qué no hizo su tarea?- dijo la profe ahora sí enojada.
- Es que… ehh… ehmmm… la iba a hacer ayer pero… pero… estaba en la protesta y llegué muy tarde a la casa –
yo fui el único que se cagó de la risa y todos los demás se quedaron cayados. Puta la excusa tonta del Luchín ahora
la profe lo iba a retar toda la clase.
- ¿Qué estaba dónde?- preguntó la profe como si no hubiese creído lo que le dijo el Luchín.
- En la protesta po, usted sabe que hay que protestar para que baje el pan, la leche y la micro. Si no bajan la mi-
cro, cómo voy a venir al colegio. Y si no bajan la leche y el pan, cómo voy a tomar desayuno pa tener energías pa
estudiar- el Luchín estaba terrible nervioso. La profe se paró y empezó a hervir como tetera.
- Delincuentes, puros delincuentes, este país no va a llegar a ningún lado con gente así. Delincuentes, incivilizados,
salvajes, qué más se puede esperar de la gente que viven en las periferias llenas de mugre- lo que dijo empezó a
enojarme pero me quedé callao pa evitarme problemas- ¿Usted cree que es muy bonito andar atacando a Carabi-
neros, ah? ¿Usted se cree acaso muy hombrecito, muy “choro”, por andar haciendo destrozos, ah? Responda pues.
- Pero si yo no andaba haciendo destrozos. Nosotros salimos a protestar tranquilos y llegaron los pacos…
- ¡Carabineros, Carabineros!
- Bueno, los Carabineros y nos empezaron a disparar y nosotros no les habíamos hecho nada po.
- No me venga con cuentos, yo sé muy bien como actúa el lumpen. Ustedes salen a puro destruir y a provocar a los
pobres Carabineros y ellos, que sólo están haciendo su trabajo, tienen que aguantar los insultos y las agresiones
de ustedes- la profe se quedó callada unos segundos y empezó a dar vueltas por la sala como loca- Delincuentes,
anarquistas, gente rota sin educación. Son los mismos vándalos que le tiraron la molotov a la Moneda, ignorantes, no
respetan ni a la democracia. Si es que saben que es eso esos roticuajos. Y son los mismos delincuentes que andan por
ahí robando en los supermercados y asaltando a la gente. Un día se visten de encapuchados, otro día son ladrones
y al otro día drogadictos, son los mismos delincuentes en todos lados.
- No, no pasa na- le dijo el Luchín a la vieja.
- Usted se me calla – le dijo la vieja ya ultra histérica- Delincuentes. ¿Usted cree que va a conseguir mucho tirando
piedras y quemando neumáticos, ah? Si usted sigue así va a terminar de qué, ah, ¿de qué? ¿De recolector de basu-
ra? ¿Robando? ¿En una esquina fumando pitos? ¿Ah? ¿Vendiendo en la feria?- cuando dijo esto yo me emputecí al
máximo. Fue como si viniesen a domingo a la feria y a mi mamá le dijeran que vale callampa.

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EDITORIAL POPULAR LAPAJARILLA
- ¿Y qué tiene de malo vender en la feria?- le dije a la vieja en un tono terrible chorizo.
- No me interrumpa Papelucho.
- No, que pasa. Usted está diciendo que trabajar en la feria es de delincuentes y no pasa na. Yo trabajo con mi
mamá en la feria y no andamos na robando. A lo mejor pa usted y pa estos weones es malo andar vendiendo en
la feria porque a ustedes les regalan las weás. Pero los pobres tenemos que ganarnos las moneas trabajando pa
comprar las weás pa comer, así que no me webee, la pulenta.
- ¡A la Inspectoría! ¡Qué se cree hablándome así, maleducado! ¡A la Inspectoría!- gritó la vieja, entre enojada y
llorando.
- A las finales yo te hablo como quiero vieja culiá. Y me voy a la Inspectoría, no estoy ni ahí. Y pa que sepai esta
heria me la hicieron los pacos a los que tanto apañai porque a las finales esos weones están pa defender a los puros
weones con moneas. Vieja culiá- le dije y cerré la puerta de la sala con un golpe. Estaba tan enojado que ni siquiera
me di cuenta de lo que había hecho.

En la Inspectoría ni siquiera me miraron. Esperaba a que el Inspector me paqueara un rato pero fue peor, la vieja
armó tanto escándalo que me mandaron donde el Director.
El Director era un cura guatón famoso por ser más pesao que la chucha.

- ¿Se da cuenta de que lo que ha hecho usted es de extrema gravedad? – dijo el Director con una voz de querer
darle color- Ha pasado a llevar todas las normas de convivencia de este establecimiento- siguió hablándome como
una hora y en verdad me da lata contarlo. Fue una hora de decirme que había a pasado a llevar las buenas cos-
tumbres, la moral católica, la honra de la profesora, que yo iba en contra de lo que el colegio esperaba de sus
alumnos, etc., etc.
- Sí, está bien- le dije al final, ya chato de haberlo escuchao tanto rato- estuvo mal haberle dicho garabatos a la
profe, pero ella no tenía por qué discriminarme, na que ver po, que se cree hablando así de la gente que vende en
la feria.
- Lo que sea que le hayan dicho, usted no puede reaccionar así. ¿Acaso siempre que usted oiga algo que no les gusta
va a reaccionar con insultos o con violencia?
- No.
- No, claro que no. En este colegio enseñamos a que prime el diálogo por sobre la violencia y los insultos, pero usted
no ha sabido comprender eso. Además, usted le mintió a la profesora con respecto a los moretones que tiene en su
cara. Le dijo que fueron producidos por una caída y no por una pelea con Carabineros.
- Qué pelea, si nunca peleamos, nosotros estábamos piola rapeando en la plaza y los pacos nos confundieron y nos
pegaron.
- No me mienta, yo sé muy bien que los Carabineros no andan golpeando porque sí, de seguro que usted con sus
amigos andaban en algún acto ilícito…
- No, no pasa…
- Y en el caso, que no creo- me dijo haciéndome callar- de que los Carabineros se hubiesen equivocado. No se les
puede culpar. Míre su pinta ¿Cómo quiere que no le hagan nada si anda con esa pinta? Con los pantalones abajo
y ese pelo cualquiera puede pensar que usted es un delincuente. Además, no me diga que no, porque yo sé que
ustedes los hip hop o raperos o como se llamen, andan en lo mismo, rayando las paredes, fumando marihuana en las
plazas y delinquiendo por ahí.
- Chaa, no pasa na.
- Ya, que no se discuta más el asunto. En este establecimiento no queremos ni vándalos ni delincuentes, así que lo
quiero aquí mañana a primera hora con su apoderado para discutir su permanencia en el establecimiento.
Salí de la oficina del viejo culiao entero enojao. No sé si la vieja le dio mucho corte o mis compañeros son muy sapos
pero mientras caminaba por los pasillos todos me miraban y murmuraban weás. Hasta con el dedo me apuntaban
algunos.

En el patio, el Luchín con otros compañeros no tan longis me estaban esperando.

16
PAPELUCHO SUBVERSIVO
- ¿Cómo te fue?- me preguntaron.
- Puta el viejo culiao me pegó el manso reto. Que soy delincuente, vándalo y no sé qué chucha más. Y mañana tengo
que venir con mi mamá pa ver si me echan o no.
- Puta los culiaos maricones. A mí igual me mandaron a llamar al apoderado- dijo el Luchín.
- Igual yo no estoy ni ahí si me echan, a las finales quiero puro volver al municipal.
- Sí, yo igual- dijo el Luchín mientras pateaba una piedra- Oye cachaste las noticias.
- No, ¿qué weá?.
- El lunes hay protesta de los estudiantes por la weá del pasaje y de los precios.
- Wena, hay que puro ir. Si es que no me echan, porque si me echan mi mamá me va a tener castigao como hasta
el otro año.
- Da lo mismo si al final.

Estamos hartos de su violencia,


estamos hartos de que nos inculque la competencia.
Ya sabemos que su trabajo es prepararnos
para tener un futuro miserable como esclavos,
sabemos que el que enseña no es usted sino el Estado…

- No, no calmao- le dije al Luchín- voy allegar a donde la vieja de castellano y le voy a decir

No nos hable de vocación sobre su profesión,


ya sabemos que pedagogía estudió
porque pa otra carrera no le alcanzó la puntuación.
Hemos llegado a la triste conclusión que en vez de venir a aprender,
venimos día a día a sólo vivir abuso de su poder.

- Wena choro, esa estuvo wena. Al final tienen que puro echarnos, así nos vamos al municipal con los cabros y salimos
luego de esta weá.

Los prepotentes colegios de clase media

- Oye tení que ir mañana pal colegio- le dije a mi mamá cuando llegué a la casa.
- ¿Y por qué, se podría saber? ¿Qué embarrá te mandaste ahora?
- Puta, hoy día me puse a discutir con la vieja de castellano y se me salieron unos garabatos.
- ¡Pero cómo se te ocurre agarrar a garabatos a la profe, soy tonto, qué tení en la cabeza!
- Ah, pero si la vieja empezó a hablar puras weás. Dijo que los que trabajábamos en la feria somos puros delincuen-
tes y que no tenemos futuro. Y yo me le paré noma y le dije que no pasaba na y me enojé tanto que le dije “vieja
culiá”.
Mi mamá se quedó callada un rato como pensando.
- Tú sabí que tení que ser respetuoso con tus mayores, sobretodo en el colegio
- Sí sé, pero estaba terrible envenao con la vieja.
- ¿Y qué te dijeron? Que te iban a echar.
- No, el Director dijo que quería hablar contigo pa ver si me echaban o no- mi mamá se quedó callada otro rato.
- Aweoná, ¿qué se cree esa vieja? Como ella no tiene que sacarse la chucha pa poder comprar las weás y pagar
las cuentas – ahora mi mamá no estaba enojada conmigo y la agarró con la profe - Mañana mismo vamos a ver si
la weona es tan chora como pa decirme las weás en la cara.

A la noche llegó mi papá y le conté el atao con la profe y con el Director.


- ¡Qué weá se creen esos curas culiaos! Como ellos no tienen que mantener una familia los weones flojos, nunca han

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EDITORIAL POPULAR LAPAJARILLA
trabajado, pasan todos los días de su vida pechando en la misa. Los weones viven de las moneas que les damos
nosotros y de las que roban con los políticos.
- Pero no todos los curas son iguales- respondió mi mamá.
- ¡Qué no! son todos ladrones y pedófilos. Terrible ladrones. O de dónde creí que sacan la plata pa hacer esas
mansas iglesias y los medios colegios que tienen. Se la roban los culiaos.
- Sí, más encima son terrible pesaos los curas, andan paqueando por todo. Si con el Luchín de hace rato ya que
estamos chatos y queremos puro volver al municipal- le dije.
- ¡Tú te quedai ahí noma! Creí que vai a aprender mucho en el municipal, lo único que vai a aprender van a ser
maldades – me dijo mi mamá.
- ¡Weno y qué tanta weá! digamos la dura noma. Ya, está bien, el cabro es vío y tiene buenas notas, pero qué. No
tenemos plata pa seguir pagándole la weá de colegio. De hace dos meses que no pagamos la mensualidad y a mí
la pega no me va a durar mucho. Cuando terminemos la obra nos van a cortar a todos y ahí si que vamos a andar
con el cinturón apretao. Ma encima estamos llenos de deudas, el sueldo no nos está alcanzando pa llegar a fin de
mes y si seguimos así vamos atener que volver a pedir un crédito pa poder pagar las cuentas. Adema pa qué tanto
webeo con un colegio bueno, si a las finales aunque le vaya bien en el colegio, cuando salga ni cagando tenemos
plata pa pagarle la Universidad
- Sí, pero no podemos negarle al Papelucho una buena educación- contestó mi mamá.
- ¡Qué buena educación! si a las finales si sigue en ese colegio el cabro va a terminar como longi, va a terminar como
esos weoncitos paos que andan por el centro dándose vueltas con las mechas teñias y con la cara de longi. No pasa
na, yo no quiero que mi hijo me salga weon y si el niño es inteligente no importa que no vaya a un colegio pituco
porque el cabro va a saber hacerla igual. Cacha al Ronald, ese cabro igual estuvo en el municipal y estudió en la
Universidad, ¿por qué?, porque el loco de Chiko que fue vío.
Mi mamá como que quedó indecisa y no dijo nada más. Pero se le notaba que no estaba convencida de que yo me
fuera del colegio.
Ya chato de discutir la weá, me fui a acostar, estaba tranquilo, no me habían paqueao y mi papá casi me había
dado la razón, pero igual me daba lata que mi mamá pensara que si no seguía en ese colegio no iba a llegar a ni
un lado.

Al otro día, entré detrás de mi mamá a la oficina de del Director. Este se cachaba un poco más calmao que ayer
pero igual me miraba como si me quisiera matar. Nos sentamos y el Director empezó a hablar. La misma mierda de
ayer: que fui irrespetuoso, que la weá de las buenas costumbres, de la moral cristiana, la imagen del establecimien-
to, bla, bla, bla.
- Pero no es sólo lo que pasó ayer- dijo el Director- desde hace algún tiempo vengo recibiendo quejas respecto a su
hijo. Son varios los comentarios y quejas de sus compañeros respecto a Papelucho, sobretodo en lo que se refiere a
la perdida de objetos personales. Es más, hace dos semanas vino a hablar conmigo uno de sus compañeros quien lo
denunció de haberle robado su teléfono celular. Tuve que ir personalmente a la sala con el Inspector y revisar todas
las mochilas y casilleros para ver quién lo había hurtado. Algo inédito en este establecimiento. Finalmente el celular
apareció en un tacho de basura, pero era un secreto a voces que Papelucho era el autor de robo.
- Chaa, no pasa na, ¿pa qué voy a querer un celular yo? Qué le apuesto a que el Javier fue el que vino a sapear.
Na que ver po, si el celular del Javier se lo robó el Christopher porque estaba picao porque el Javier le tapó todos
los tiros en el partido de educación física. Todo el curso sabía.
- No me venga con esas cosas señor, el alumno Claro no se involucraría en ese tipo de estupideces. Toda su familia,
su padre y sus hermanos, han sido de los mejores alumnos que ha recibido este establecimiento. Además, lo que us-
ted me dice no es lo que yo escuché de sus compañeros. Ellos mismos fueron los que me dijeron que usted había sido
quien había hurtado el celular.
- Maricones culiaos- pensé yo, siempre que se mandaban alguna cagá me echaban la culpa a mí o al Luchín.
- Oiga, es injusto que culpe así a mi hijo - le dijo mi mamá con la voz más “educada” que pudo poner – Él le está
diciendo que el otro chiquillo fue. Que toda la familia de ese cabro haya estudiado aquí no significa que no pueda
andar haciendo tonteras.

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PAPELUCHO SUBVERSIVO
- Ese es un tema que no vamos a discutir. Aquí yo he recibido reclamos constantes de su hijo y no del resto de sus
compañeros- el Director sacó una hoja de papel y empezó a leerla- Anotación por arrojar papeles a sus compa-
ñeros, anotación por usar los pantalones abajo, anotación por usar aros, anotación por quitarle la colación a un
compañero, otra anotación por usar los pantalones abajo, anotación por faltar a clases sin autorización, anotación
por rayar los baños. Son muchas faltas y usted lo sabe, no es la primera vez que tiene que venir a hablar conmigo
por este tipo de situaciones.
- Dale más color – pensaba.
- En este establecimiento hacemos lo que podemos por tratar de guiar correctamente a nuestros alumnos- dijo luego
de unos segundos en silencio- pero sin la ayuda de sus padres es poco lo que podemos hacer y en este caso lo que
puedo ver son grandes falencias de parte de la familia en la educación del alumno.
- ¿Qué quiere decir con eso?- le preguntó mi mamá.
- Quiero decir que usted y su marido no han sido capaces de educar adecuadamente a su hijo. Talvez en su entorno
sean comunes cierto tipo de costumbres y modales pero en este establecimiento se requiere de alumnos que sepan
ubicarse y que respeten tanto a sus compañeros como a sus mayores.
- Ah, ¿usted me está diciendo que somos muy rotos para un colegio como este?- le dijo mi mamá con un tono de voz
más elevado.
- No, no estoy diciendo eso, de ninguna forma. Lo que quiero decir es que la forma en la que ha sido educado su
hijo hace que él no pueda adaptarse adecuadamente al ambiente educacional que promovemos aquí- no sé si yo
soy weon pero lo que dijo el Director fue lo mismo que le había dicho mi mamá - Junto con esto, hay otro punto que
quería tocar con usted - siguió el Director- Según lo que me han informado de Finanzas, usted adeuda dos meses de
mensualidad y según el compromiso que estableció al momento de matricular a su hijo, usted no debía concurrir en
dudas con el establecimiento. A esto hay que sumarle que no ha cancelado ninguna cuota del Centro de Padres.
- Sí, la verdad es que no estamos pasando por una situación muy buena- dijo mi mamá volviendo a un tono más
suave y “educado”- Pero le juro que vamos a cancelar. Denos otra oportunidad. Le juro que mi hijo va a empezar a
portarse mejor. Además él es desordenado pero siempre ha tenido buenas notas.
El Director se quedó un rato pensando y mirando los papeles donde estaban las anotaciones y las mensualidades.
- Lo siento – dijo el Director después de pensarla – Por muy buenas que sean las notas de su hijo no podemos seguir
aceptando un comportamiento así…
- Pero…
- Mire señora – interrumpió el Director- si usted no tiene las condiciones para mantener a su hijo en un establecimien-
to como este, retírelo y métalo en un lugar donde su hijo se sienta más cómodo y donde su bolsillo no sufra tanto.
Seamos sinceros, este no es un lugar para gente como su hijo, para eso están los colegios municipales, ahí su hijo se
va a encontrar con niños parecidos a él y usted no va a tener que incurrir en gastos innecesarios- esto fue como una
puñalada al corazón de mi mamá. El colegio por el que tanto había webiao le estaba diciendo en su cara que las
puertas estaban cerradas para nosotros, que éramos muy picantes para estar en ese colegio tan bonito.
- Ya, ya no siga más, ya entiendo- dijo mi mamá ya abandonado toda esperanza de que me quedara en el colegio
y ahora con ganas de decirle unas cuantas verdades al Director- Usted me dice que nosotros somos muy rascas como
pa estar en este colegio.
- No, yo no he dicho eso.
- No, si está claro. Si yo no tengo plata pa pagar, pa qué mi hijo va a seguir aquí, no cierto. Ademas, mi hijo destiñe
a todos los niñitos bonitos que andan por ahí en el patio, no cierto- a esa altura mi mamá ya había dejado de hablar
“educadita” y ahora hablaba como cuando me retaba y me agarraba a coscachos
- Usted está confundiendo las cosas.
- No, yo no estoy confundiendo nada, ayer le dejaron clarito a mi hijo lo que pensaban. No me venga a decir ahora
que es mentira que ayer trataron a mi hijo de delincuente y de vándalo ¡Dígame que es mentira! Pero déjeme decirle
algo, mi hijo no es ni ladrón ni delincuente, lo que pasa es que ustedes aquí lo están discriminando por ser pobre y
vestirse diferente. ¿Acaso es un pecado ser pobre? Yo me saco cresta y media por mandar a mi hijo a este colegio
porque yo pensé que iba a recibir buenos valores y una buena educación, pero ¿qué ha recibido?, pura discrimina-
ción ¿Acaso Jesús no dijo que había que ayudar al prójimo y al más pobre?...

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EDITORIAL POPULAR LAPAJARILLA
- ¡No venga aquí a decirme lo que Jesús dijo o no!- dijo el Director enojado- Yo soy un servidor de Dios y conozco
muy bien las escrituras. Yo pensaba darle una última oportunidad pero al parecer la madre es igual al hijo…
- ¡Sabe qué más! – le interrumpió mi mamá- ¡no estoy ni ahí con oportunidades, métaselas por la raja! Sabe qué más,
no le pienso pagar ni una weá y no pienso seguir aguantando que me traten de delincuente por ser pobre. Yo saco
a mi hijo de aquí y prefiero que esté en un municipal a que esté con un montón de pollos culiaos arribistas- mi mamá
se paró, me pesco del brazo terrible fuerte y salió de la oficina. El Director trató de decirle algo pero mi mamá le
cerró la puerta en la cara.

Y ahí estaba yo, como pollito, no tenía nada que hacer ni nada que decir, por fin me iba al municipal pero no sé
por qué chucha me sentía medio culpable. Yo sabía que aunque me mandé una cagá, la culpa no era mía. Era de
esos weones del colegio. Yo cacho que al final me sentía mal porque era como si se acabara el sueño de mi mamá
de verme en un colegio bueno. Pero filo, así noma era la weá. Igual lo único que quería era que en la protesta del
lunes pasáramos frente al colegio pa hacerlo cagar a peñascazos. ¡Curas culiaos, qué weá se creían! Me trataron
de delincuente y de vándalo, demole entonces po, les voy a hacer cagar la Iglesia y les voy a pitiar todos los autos.
Ahí vamos a ver quién es el vándalo.

Guerreando en el centro

Nueve y media de la mañana y hacía cualquier frío en Plaza Los Héroes. A esa hora, a parte del Luchín, el Chiko
Terry, el Pelusa y yo, ya había llegado algo de gente, unos piños de escolares por allí y uno que otro universitario
por allá. Pero en ese momento más que gente lo que había de sobra eran pacos, guanacos y zorrillos, casi todos
apiñados en Calle 18 y en grupitos en cada esquina de la Alameda.
- Oye cualquier paco- me dijo el Luchín – no vamos a poder hacer ni una weá.
- Puta, ojala que llegue más gente sino va a estar terrible fome- le dije yo.

Estábamos aburrios así que pa pasar el rato empezamos a rapear.

Todo se llenó de Mc’ donald, Coca Cola, Mall,


McComb, conection in the World,
todo ok, pero los que trabajan todo el mes
ni la ven que lo que ven en la tele no lo van a tener,
con el part time que no te deja money ni time, es como un flotador
y sólo te salvai porque el agua te llega hasta el cogote
y tu vida entera está al lote.
De que te vale ganar cien mil, doscientos mil,
si llegas en la noche a puro dormir
y a tu mujer no la ves, no le tocas sus piel
y tus hijos son extraños que no ves crecer.
Y así es, y no ves como la vida se te fue en la rutina,
la vida se te fue…

De a poco empezó a llegar gente y no nos dimos ni cuenta cuando la Plaza se llenó y el bandejón de la Alameda ya
no pudo aguantar más. Un mar de personas empezó a tomarse la parte norte de la Alameda y los pacos tuvieron
que parar el tránsito. Éramos miles y miles de estudiantes que estábamos en la calle. Los pacos empezaron a urgirse
y yo pensé que iba a quedar la cola ahí mismo, pero los pacos se movieron y se fueron a colocar unas cuadras más
adelante. La marcha era terrible grande y con los cabros no sabíamos donde irnos. Mientras la vendíamos pa cachar
dónde nos íbamos, pasamos al lado de la tele. Un periodista terrible empaquetao estaba en directo informando
pal matinal. Los que pasaban por detrás se tapaban la cara pa que no los cacharan en la casa, a mi me daba lo
mismo así que en vez de esconderme me gané detrás del periodista y grite “vamos a dejar la cagá giles culiaos”

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PAPELUCHO SUBVERSIVO
mientras hacía un olluo.
Como la marcha no avanzaba, con los cabros empezamos a recorrerla desde el principio. Aunque la mayoría éra-
mos secundarios y universitarios, también habían trabajadores, mapuche y deudores habitacionales. Había pancar-
tas y lienzos de todos los colores y con todos los mensajes. Igual casi todos decían lo mismo aunque habían unos que
igual estaban piolas.
“Bachelet, si no tení plata, toma leche de este otro”- decía uno de un colegio de La Pintana; o uno del ARCIS que
decía: “si nos suben la leche: robémonos las vacas; si nos suben el pan; saqueemos las panaderías; si nos suben el
pasaje: tomémonos las micros ¡A RECUPERAR LO QUE ES NUESTRO!.
También había hartos panfletos. Los que más se veían eran unos llamando a una Protesta Nacional Poblacional pa
mañana en la noche.
- Wena- pensaba yo- otra protesta, pulento.
Seguí recogiendo algunos panfletos, del Aplicación, del ARCIS, del MIR, del Cervantes, de la UTEM y de la Acade-
mia. De repente estaba recogiendo unos del Pedagogico, cuando apareció el Ronald.
- ¿En qué andai maldaoso?- me dijo después de ponerme un wate en el cogote.
- Wena Ronald. Oye va a quedar la cagá o no.
- Ojala, yo creo que sí pero más adelante. Mientras estén entregando la carta en el Ministerio al final de la marcha
va a empezar el webeo.
- Ah, entonces nos vamos al final.
- Sipo, adelante van puros traidores culiaos. Weones de la Concertación, el Partido Comunista y la CONFECH, que
andan puro defendiendo sus intereses partidistas – El Ronald nos pasó unos panfletos de un turro que tenía en la
mano- Léanlos y repártanselos a los cabros que conozcan- Yo recibí como veinte y me los guardé en el bolsillo del
polerón- Ah, cabros, en la USACH la pelea empieza como a las una, pa que vayan, ahí sí va a estar entretenida la
cosa.
El Ronald caminó y unos metros más adelante volaron por el aire los panfletos que andaba trayendo. Yo saqué uno
de los que me había pasado y lo leí:

Una vez más el gobierno de los ricos ataca al pueblo pobre. No les basta con robarnos todos los días en la pega,
con tenernos con una educación hecha para convertirnos en mano de obra barata o con tener a nuestros vecinos
metidos en la pasta base. No, ahora quieren quitarnos hasta la última moneda del bolsillo. Quieren cagarnos de
hambre y mantenernos quietos para que no luchemos y puedan seguir enriqueciéndose a costa nuestra. Aquí los
políticos y la televisión nos dicen que el país está creciendo, que vamos rumbo al desarrollo pero aquí lo único que
crece es la ambición y las billeteras de la clase alta.

Y al otro lado del panfleto decía:

No permitamos que nos sigan robando


El único empresario bueno es el empresario muerto
A organizarse contra la dictadura de la Concertación y la Alianza
Porque somos rebeldes, porque somos pobladores,
Porque somos subversivos, a generalizar la lucha social.
Contra el capitalismo y la mierda multinacional,
MPR subversivo y popular

Por fin la marcha empezó a avanzar y con los cabros nos fuimos pa atrás y marchamos al lado de unos pingüinos que
se cachaba que andaba en la misma que nosotros. Nos fuimos toda la marcha webeando, gritándole a los pacos y
apañando en los cantos. Igual no cantábamos todas las weás. La marcha era de casi puros estudiantes pero no todos
gritaban las mismas cosas, unos gritaban contra el gobierno, otros contra el alza de las micros y otros lanzaban el
grito de su universidad o colegio, estos últimos no tenían ni un brillo. Con los cabros apañábamos gritando contra la
Bachelet y por la educación, las otras las agarrábamos pal webeo. “Con lucha y decisión se organiza la población”,

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EDITORIAL POPULAR LAPAJARILLA
era la que más gritábamos, aunque igual había otras que gritábamos harto: “Ole, Ole, el que no salta es Bache-
let”, “Educación primero pal hijo del obrero, educación después pal hijo del burgués”, “Adelante, adelante, obrero
y estudiante”, “Concertación vergüenza nacional, hay plata para coimas y no para estudiar”, “Ejercer, Construir, el
Poder Estudiantil”.
Aunque marchábamos lento no nos demoramos mucho en llegar al Ministerio. Allí se armó un círculo y una mina uni-
versitaria empezó a hablar por megáfono. No la pesqué mucho pero caché algo de una carta que querían entre-
garle a la ministra pa alegarle por el pasaje escolar y lo de las alzas y que iban a esperar una hora pa que dieran
la respuesta. La gente empezó a acomodarse pa esperar la respuesta pero varios piños de pingüinos y algunos
universitarios vestidos de negro caminaron pal final de la marcha. Los pacos, que nos habían escoltado durante toda
la marcha, se colocaron en todas las calles de los alrededores y movieron los guanacos apuntando hacia la gente.
Algunos se urgieron pero los pacos se quedaron quietos como esperando a que pasara algo.
Pasaron cincuenta minutos y la ministra no se veía por ni un lado. Nosotros estábamos terrible aburrios, queríamos
puro guerrear. Mirábamos pa todos lados esperando a que pasara algún encapuchao o alguien hiciera alguna
weá loca. Pasaron otros cinco minutos y no pasaba nada, hasta que cachamos que los locos que habían caminado
pa atrás empezaron a juntarse y encapucharse. Con los cabros fuimos pa donde estaban y caleta de pingüinos em-
pezaron a juntarse. Los encapuchaos sacaron unas cajas de cartón, les tiraron unos palos encima y con un bidón de
bencina prendieron el terrible fuego. Una mitad de la marcha empezó a aplaudir y chiflar y más locos empezaron
a encapucharse. La otra parte de la marcha, los que estaban frente al Mnisterio y que eran casi puros universitarios
medios cuicos, empezaron a pifiar y a gritarnos que éramos delincuentes.
- Vayan a chuparle el pico a la ministra giles culiaos- les gritamos.
Uno de los encapuchados sacó una molo y empezó a hablar:

“Loco, ni ahí con andar mandándole cartas a la ministra ni a nadie, ni ahí con andarle suplicando a los mismos weo-
nes que nos están cagando loco. No tenemos na que pedirle permiso a nadie pa protestar loco, si a las finales la
única forma en que entienden estos weones es dejando la cagá loco. Ni ahí con el Ministerio, esa weá tenemos que
quemarla cabros, igual que a la Moneda que es donde se esconden los ladrones.”.

El encapuchao tomó una molotov y la reventó en las ruedas del Guanaco. Empezó la weá. El Guanaco empezó a
sonar y avanzó hacia la multitud tirando agua. Los pajarones que estaban frente al Ministerio levantaron los brazos
como pidiéndole a los pacos que no los mojaran pero el Guanaco los hizo cagar a todos. Nosotros dimos vuelta un
basurero buscando botellas y otros locos rompieron las bancas del bandejón pa armar una barricada. El Guanaco
partió pa donde estábamos nosotros y lo recibimos a puros botellazos. De repente cachamos que el Zorrillo con la
micro estaban dando vuelta y que nos iban a hacer una encerrona, así que todos libramos pal otro lado de la Ala-
meda. El Guanaco nos siguió y un Zorrillo se puso a tirarle lagrimogena a los weones que seguían frente al Ministe-
rio. Nosotros seguimos dándole al Guanaco pero cuando cachamos a los pacos de Fuerzas Especiales bajándose de
la micro y corriendo pa donde estábamos nosotros libramos al toque. Con el Chiko Terry pensamos que la protesta
se había funao pero cachamos que la gente bajaba a los Héroes a empezar de nuevo la weá. Con los cabros nos
fuimos de vuelo corriendo pa Los Héroes, allí estaban cortando de nuevo la calle y unos encapuchaos empezaron a
hacer cagar una paradero del Transantiago. Fuimos a ayudarles pero ya se lo habían pitiao entero así que cruzamos
al bandejón y nos dedicamos a tirarle piedras a la embajada de Brasil. A lo lejos apareció el Guanaco, el Zorri-
llo y la micro así que nos fuimos a buscar piedras. De nuevo lo mismo, le tiramos unas piedras, el Guanaco nos tiró
agua, el Zorrillo se tiró unos peos, los pacos se bajaron pa tratar de agarrarnos y otra vez arrancamos, ahora por
unas calles chicas, y volvimos a salir a la Alameda. Los pacos se estacionaron en Los Héroes pero los maldaosos nos
volvimos a juntar y bajamos, ahora por la vereda. Con el Luchín nos dieron ganas de comer chicle así que lanzeamos
unos en el primer kiosco que pillamos.
- ¡Oye cabros culiaos no le anden robando al pueblo, pajarones culiaos!- nos dijo un encapuchao.
- ¡Qué weá!- le dije yo haciéndome el chorizo.
- ¡Na de qué weá aquí, el tío del kiosco está igual de cagao que nosotros! Si van a andar robando róbenle a Fala-
bella o al Líder pero no se flaiteen al tío del kiosko, paos culiaos.

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PAPELUCHO SUBVERSIVO
El Luchín trató de echarle la espantá al encapuchao pero yo me quedé callao. Igual tenía razón, na que ver andarle
robando al tío, a mí no me gustaría que llegaran unos flaites y me cogotiaran el negocio en la feria.
- Lorea - dijo el Luchín - ahí hay un super, a esa weá si le podemos robar, saquiemosle todas las weás
Algunos de los que estábamos allí prendimos con la idea pero el guardia nos cachó y cerraron el super con unas
rejas metálicas. Pero no importaba, mientras nosotros nos preocupábamos del super otros locos miraron pal lado y
se empezaron a pitiar una caseta de Seguridad Ciudadana.
-Ahora Luchín- lo agarré y empezamos a hacer cagar la caseta. En un minuto ya no quedaba ni un vidrio y las weás
que tenía adentro se las llevaron los encapuchaos pa armar otra barricada. Volvimos a cortar la Alameda un poco
más abajo ¡justo frente al colegio!
-Aquí está la mía- me dije en voz alta y recogí unas piedras pa pitiarle los vidrios a la iglesia del colegio. Iba a
pitiarmelos pero caché que iba a ser el único y podían cacharme así que me quedé parao esperando la oportuni-
dad. Al lado de la pileta de Cumming, el Luchín, el Chiko Terry y el Pelusa trataban de pitiarse un paradero. Otra
vez llegaron los pacos, pero ahora fue con más cuatica, en vez de venir primero el Guanaco, llegaron dos zorrillos
y se pusieron a tirar lagrimogenas como weones. Yo no los pesqué y aprovechando que la gente corría me pitié dos
vidrios de la iglesia. Ahora sí que les iba a doler a los curas culiaos. Por fuera se veían como vidrios normales pero
por dentro eran vitrales con imágenes religiosas y lo más seguro era que fuesen terrible caras.
Atrás mío llegó arrancando el Pelusa, pero los otros cabros se nos perdieron.
- Puta los weones paos- le dije- ¿ahora qué chucha hacemos?
- Vamos pa la USACH, yo cacho que los cabros van a llegar pa allá.
Le hice caso al Luchín, preguntamos dónde estaba la USACH y partimos. Como a las tres cuadras de nuevo empezó
a juntarse la gente, todos caminaban pa la USACH, que estaba llena de gente cuando llegamos. Como recién eran
las doce y media, fuimos con el Pelusa al baño porque estábamos de hace rato que nos meabamos. De nuevo en la
calle, encontramos al Luchín y al Chiko Terry. Estaban pa la cagá, les había llegado el gas del Zorrillo en los ojos y
habían tenio que correr como ciegos.

Eran cinco pa las una y el frontis de la USACH estaba repleto. De adentro de la U se escucharon unos gritos y una
pequeña marcha apareció. Tiraron unos panfletos y todos nos fuimos a tomar la calle. Nosotros aprovechamos y tira-
mos los panfletos que nos había pasado el Ronald. Los pacos no se demoraron en llegar pero se cachaba que ahora
iba a estar weno, los pacos no podían meterse y estábamos apiñaos caleta de locos que queríamos puro combatir.
Llegó un Guanaco con cuatica y se puso a tirar agua como weon, la gente entró a la U y detrás de la reja todos
empezamos a apiedrar al Guanaco. Puta ahora la weá sí que era bacán, el Guanaco trataba de mojarnos pero no
podía entrar a la U así que nosotros corríamos le tirábamos piedras y arrancábamos un poco hasta quedar fuera
del alcance del chorro. La weá estaba terrible entretenía hasta que los pacos se pudieron a disparar lagrimogenas.
Los culiaos disparaban al aire y las weás subían y caían en medio de la gente. Teníamos que andar como pajarones
mirando pa arriba pa que no nos llegara una en la cabeza. Cachamos que unos locos se colocaban atrás de los
árboles pa que no les llegaran así que hicimos lo mismo. Así estaba de vío porque las weás no nos podían llegar.
Pero la weá mala fue que todo el aire se puso terrible tóxico y tuvimos que librar pa otro lado de la U. Llegamos a
otra entrada y ahí volvimos a cortar la calle. De repente escuchamos unos gritos y llegaron los encapuchaos.
- Harto tarde llegaron estos weones- decían algunos. Después escuché que habían tenido ataos pa llegar porque
los pacos los habían cachao entrando con bencina y casi los agarran. Pero filo, estaban ahí y cuando apareció el
primer Zorrillo, tuvo que salir arrancando pa que el Guanaco lo apagara por tantas molotov que le llegaron. Los
pacos volvieron a llenarnos de lagrimogenas pero ahora les devolvimos algunas.
El Zorrillo con el Guanaco volvieron a acercarse y otra vez salieron incendiaos. Así estuvimos un buen rato, nos tira-
ban lagrimogenas, las devolvíamos, los pacos se acercaban, nosotros les tirábamos piedras, los encapuchaos molo-
tov, y así. Hasta que algo pasó. La gente empezó a decir que el Rector de la Universidad le había dado permiso a
los pacos pa que entraran y nos llevaran a todos en cana. Los encapuchaos como que cacharon, tiraron las últimas
molo que les quedaban y empezaron a replegarse.
- Ahora arrancan los maricones, andan puro weando, delincuentes culiaos- le dijo una mira con cara de cuica a un
encapuchao.

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- Qué andai hablando pajarona culiá. A lo mejor a ti te gusta que caguen a tu familia y que se rían de ti en tu
cara pero a nosotros no po loco, nosotros tratamos de hacer algo por cambiar esta weá y no nos quedamos sentaos
viendo como los ricos nos cagan. Y sabí porque loca, porque somos subversivos, no somos na delincuentes, somos jó-
venes concientes y populares que peliamos por cambiar esta weá y no conformistas como vo weona sumisa- le dijo
el encapuchao y la mina quedó loca, yo cacho que llegó a su casa a puro llorar y no le habló a nadie como en dos
semanas.
-“Subversivo”- pensaba yo- esa es la mano. Na de andar vendiéndola como los cocodrilos culiaos que cagan a sus
propios vecinos o como los weones que se pasan todo el día alegando y no hacen nada.

En la volá de la subversión

En la micro de vuelta no dejaba de pensar en lo que el encapuchao le había dicho a la mina: “somos subversivos,
no somos na delincuentes”. Eso mismo pensaba yo que debería haberle dicho a la vieja de castellano o al Director:
“soy subversivo gil culiao, no soy na delincuente, peleo con los pacos y ando protestando porque no me gusta que
me caguen y me tengan pal webeo”.
- La lleva ser subversivo- le dije a los cabros.
- ¿Por qué oye?- me pregunto el Chiko Terry.
- Porque sí po. Porque los locos son bacanes po, defienden al pueblo, pelean con los pacos y todos les tienen respeto,
como al Ronald.
- Sí, igual son bacanes los locos – dijo el Pelusa – mi mamá me dice siempre que se llene la casa de humo de lagri-
mogenas porque los cabros andan protestando a que se llene la casa de pasteros que andan robando.
- Sipo, si a las finales los locos andan haciéndola- les dije – Los cuicos culiaos y los políticos quieren cagarnos y los
cabros salen pa pararles la mano ¿Te acordai Luchín cuando vino esa micro culiá del Lavin?
- Eh, devera- se acordó el Luchín- andábamos con el Papelucho en la feria y llegó una micro llena de weones con
gorritos y chapitas de la UDI…
- Sipo - le interrumpí- y los maricones culiaos tenían caleta de mercadería que empezaron a repartirla junto con
unas fotos de Lavin. “Joaquín Lavin se preocupa por ustedes, si votan por Joaquín Lavin no sólo tendrán mercadería
sino que se acabarán todas las injusticias de este país y recuperaremos nuestra patria. Si usted desea un Cambio,
si usted cree en Joaquín Lavin, reciba este regalo de parte de Joaquín”, decía un gil culiao por megáfono. Las se-
ñoras de la feria como que no les compraban mucho y algunas noma sacaron un par de paquetes de tallarines. Y
de repente loco, apareció el Pato con el Miguel y otros locos y les hicieron cagar los carteles, les robaron las cajas
con mercadería y echaron a los cuicos culiaos a puros piedrazos. El Miguel abrió las cajas con comida y empezó a
repartírselas a la gente diciéndoles que esa comida les pertenecía porque era la comida que los ricos les quitaban
todos los días cuando los explotan en la pega.
- De vío po loco - dijo el Pelusa.
- Sipo los cabros la llevan – les dije – si a las finales nosotros tenemos que ser como los cabros. O prefieren andar
fumando pasta y andar robándole a los vecinos o andar como los pokemones culiaos tapaos en chapas y vestios
como mono japonés. No pasa na, si como dice el Ronald, el pueblo está terrible pa la cagá mientras los weones de
allá arriba están metale ganando moneas. Y nosotros como pobladores tenemos que puro ascurrirnos y organizarnos
pa pelear.

- “Chirimoya, chocopanda, piña doble, cremino helado. Chirimoya, chocopanda, piña doble, cremino helado”- em-
pezó a gritar un heladero que se subió a la micro.
- ¡Aquí loco, dame un chocolito! – le dije y le pasé una moneda de a 100.
- Valen doscientos ahora compadre- me dijo el heladero.
No podía ser. Esa fue como la gota que revalsó el vaso. Podía subir todo pero menos los clásicos helados de cien
pesos que siempre me salvaban de cagarme de calor. Me baje de la micro echando puteas, no podía ser esta weá,
¡si hasta los helados habían subido!
Ya en mi casa, nos pusimos a ver con mi papá y mi mamá las noticias. Yo estaba puro esperando a que aparecieran

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PAPELUCHO SUBVERSIVO
las noticias de la protesta.

“El lumpen y el vandalismo fueron los protagonistas de la protesta estudiantil contra el alza de precios. Lo que en un
principio era una manifestación multitudinaria y pacífica fue interrumpida por delincuentes infiltrados que comenza-
ron a alterar el orden público y a atacar a Carabineros. Como suele ocurrir en este tipo de hechos repudiables, los
delincuentes cubrieron sus rostros con capuchas siendo rápidamente dispersados por Carabineros, siendo ya reesta-
blecido el orden a eso de las doce del día”

- Mentiroso culiao- pensaba yo- estuvimos guerreando como hasta las tres y este weon dice que se funó a las
doce.
- Mira los cabros maldadosos- dijo mi mamá mientras veía las imágenes de un encapuchao rompiendo una banca-
andan puro haciendo destrozos.
- Está bien po- le dije yo- si a las finales si uno no deja la cagá nadie lo escucha. Hay que hacer que se asusten los
ricos pa que dejen de cagarnos.
- Qué andai subversivo cabrito- dijo mi mamá weandome.
- Demás po. Mejor ser subversivo que pastero o pokemon.
- No digai tonteras, mira que los subversivos terminan re mal, sino pregúntale a tu tío Manuel.
- ¿Qué le pasó al tío Manuel papá?
- El Manuel, ese weon si que era de verdad po- dijo mi papa después de un rato de silencio- ese andaba metido
en cuestiones cuaticas y la hacía piolita, ni en la familia sabíamos. Yo era Chiko me acuerdo, estábamos en plena
dictadura de Pinochet, y un día llegaron los pacos, qué pacos ¡los milicos! Me pescaron a mí y a tu abuelo y nos
pusieron contra la pared apuntándonos con los fusiles. Nosotros nos cagamos de miedo porque en ese tiempo los
milicos andaban todos los días matando gente. “Las armas, las armas”, preguntaban los weones. “¿Qué armas?”, les
preguntaba tu abuelo que no cachaba ni una weá de lo que pasaba. Los milicos hicieron cagar la casa hasta que se
metieron en la pieza de tu tío Manuel. Y claro, encontraron los tontos fierros que este weon tenía escondios. Menos
mal que el Manuel no estaba en la casa, yo cacho que lo hubieran matado ahí mismo, pero tuvo que estar caleta de
tiempo fondeao. Al final igual lo agarraron y los milicos culiaos lo torturaron y lo metieron en la cárcel ocho años.
- ¿Por tener armas?- le pregunté.
- No, porque con esas armas había asaltado un camión con pollos y los había repartido en una población
- Pero cuando salió de la cárcel tuvieron que sacarlo en silla de ruedas, ahora tiene que andar con muletas de tan
mal que lo dejaron – dijo mi mamá como queriendo mostrarme que así terminaban los subversivos.
- Bueno, pero a las finales el loco cayó como choro- respondió mi papá defendiendo a mi tío – estábamos todos ca-
gaos de hambre y el Manuel asaltó el camión pa darnos de comer a los pobres y si el loco estuvo en cana, aguantó
como valiente noma.
Me fui a acostar pensando en mi tío. Nunca habría pensado que mi tío andaba en muletas porque había sido tortu-
rado. Igual era bacán lo que había hecho. Me imaginaba que pasaría si yo con los cabros asaltásemos el Líder o el
Mall y repartiéramos las weás en la población. Así mi mamá no tendría que pedirle fiado a la señora del negocio,
tendría pañales para la Ji y mi papá no se gastaría todo el sueldo comprando weás. Con estos pensamientos me
quedé dormido.

Me desperté al otro día con el rico sonido que hacen los camiones de gas cuando pasan por afuera de la casa. En
la tele seguían hablando de la protesta. A la marcha de ayer se sumaron protestas en algunas poblaciones en la
noche. El gobierno estaba pal pico, desde todos lados lo criticaban y en las encuestas la Bachelet caía con cuatica.
Con lo de las coimas y lo del alza la gente ya no le creía ni una weá al gobierno. Con su cara de pajarona y de
cínica, la Bachelet trataba de calmar la situación:
- “El alza de los precios es algo normal que muestra la salud de nuestra economía. Hemos llegado a índices ma-
croeconómicos históricos que han significado un considerable aumento en la calidad de vida de todos los chilenos
y es normal que junto con estos avances se produzca un ligero aumento en algunos productos, pero que no afectan
mayormente al bolsillo”- dijo la Bachelet con una cara de mentirosa que ni se la podía.

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EDITORIAL POPULAR LAPAJARILLA
- Vieja culiá mentirosa, anda puro sacándose los pillos- dijo mi mamá mientras pelaba unas papas.

“Por su parte, el Ministro del Interior, Belisario Belasco, destacó el actuar de Carabineros y condenó los actos de vio-
lencia ocurridos tanto en el centro de Santiago como en sectores periféricos. Anunciando el aumento de la dotación
policial y de las medidas de seguridad para la noche de hoy”

- Viejo conchetumare. Hay que puro pitiarselo- pensaba yo.

“En tanto, organizaciones políticas, sociales y sindicales anunciaron para hoy en la noche una protesta y cacerolazo
popular en todas la poblaciones de la capital, como forma de manifestar el descontento contra el gobierno y contra
lo que consideran como un robo hacia el pueblo”

Ahora que no tenía ni colegio, y mientras mi mamá hacía los papeleos pa que volviera al municipal, estaba más de
perquin que nunca. Que anda pa allí, que anda pa allá, que tráeme esto, que tráeme esto otro, que hace el aseo,
que lava la losa, que limpia los muebles, que saca la basura, que cuida a la Ji, que la Ji está llorando, que dale
mamadera, que hacele gracias… chia, era la mansa pega, pa eso me hubiera quedao en el colegio. De vuelta de
una de las tantas compras que hice ese día me encontré el piso tapizao en cuentas.
- Puta estos weones- me dije recogiendo las cuentas - cómo que se ponen de acuerdo pa venir a dejar todas las
cuentas juntas – abrí la cuenta de la luz. Salió caleta. Mi papá ya me había dicho que iba a salir más porque estos
weones el mes pasado habían subido la weá un 20%, según ellos porque el gas de Argentina había subio y les salía
más caro hacer la weá de corriente. Pero mi papá me decía que éramos terrible giles los chilenos porque ese era
problema de ellos y no de nosotros. Me contaba que hace algunos años no había ni una weá de agua en los lagos,
estaban todas secas las weás y no había llovido de hace caleta de tiempo, así que pa que la luz alcanzara pa todos
hubo racionamiento eléctrico y cortaban la luz en Santiago por algunas horas, obvio que pal barrio alto no po, a
esos weones nunca los tocan. Ya, piola, era mas o menos comprensible, pero después llegaron las cuentas. Terrible
caras. Cortaban la luz y más encima subían las cuentas. O sea, al final cagábamos nosotros y ellos se llevaban las
mismas moneas. Mi papá decía que éramos weones porque Chilectra era la que tenía que pagarnos a nosotros por
cortarnos el servicio y no al revés.

Después de lavar la loza del almuerzo y hacer dormir a mi hermana, mis labores de perquin terminaron así que salí
a la calle pa ponerme de acuerdo con los cabros pa la protesta de la noche.

Agitando tu dictamen mientras aprendo a respirar con deudas


de la rutina liquida y el truque de sinergia,
se desvanecía en un pánico incendiario,
todos los idiomas, voz armada en el barrio…

Mientras tarareaba buscando a los cabros, me encontré con el Ronald en la Plaza.


- Wena choro.
- Wena, ¿cómo saliste ayer, no te pasó nada?- preguntó el Ronald.
- No, estuvo bacán, le dimo la mansa pelea a los pacos culiaos… bacán la weá, los encapuchaos la llevan, ahora
con los cabros queremos puro meternos en la volá de la subversión.
- ¿Ah sí?- se rió- bien po, pero pa ser subversivo tení que andar meno alumbrao sipo, no tení que andar vendiéndola
de encapuchao, tení que guardártela piolita noma. Porque si te cachan, te salta la patá y te pesca la yuta y erai.
- No si estoy vío, piola noma.
- Además, pa ser revolucionario tení que hacer otras cosas aparte de andar agarrándote con los pacos, eso es lo
más fácil. Tení que participar en las ollas comunes, en los talleres, en el preu que tenido aquí en la pobla, en las rifas
que hacemos pa los vecinos que están más cagaos, en todo eso po, si al final somos revolucionarios pa ayudar al
pueblo, pa que la gente deje de pasarla mal.

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PAPELUCHO SUBVERSIVO
- Estoy vío loco, estoy vío. Si igual yo me saco la chucha pa ayudar en la casa porque no tenemos plata pa ni una
weá y a mi taita le pagan un moco en la pega… pero igual sé que hay otros locos que están igual de cagaos que
yo y a las finales tenemos que puro ayudarnos entre nosotros porque los weones de allá arriba quieren puro ca-
garnos.
- Wena choro, estay vío, ahí tení que puro participar en las actividades que hagamos, mientras más seamos mejor.
Ahí vai a empezar a cachar mejor por qué peleamos.
- Sipo si igual hay caleta de weás que no cacho po. Como esas cuestiones que gritan del Poder Popular, el capita-
lismo y todos esos locos que nombran, la Claudia no se cuanto y el Alex no se qué…
- Esos son compañeros que han muerto peleando contra este sistema de injusticia y desigualdad. El Daniel Menco fue
un estudiante universitario que lo mataron los pacos allá en el Norte en una protesta estudiantil, la Claudia López
también era estudiante, del Pedagógico, y la mataron en la Pincoya en una protesta del 11 de septiembre, el Alex
Lemun y el Matias Catrileo eran mapuches que estaban luchando por recuperar sus tierras allá en el Sur y también
los mataron, el Rodrigo Cisternas era un trabajador de las forestales que agarró una maquina, un cargador parece,
y atacó a los pacos en una huelga, también lo mataron, y el Jhony Cariqueo, que lo mataron hace poco, era un es-
tudiante que murió después de que los pacos se sacaran la chucha en una protesta del 29 de marzo. Cachai, matan
a compañeros igual que en la dictadura, porque seguimos en dictadura y vamos a seguir en dictadura mientras
no derrotemos a los weones de allá arriba. Y por eso recordamos a los caídos, pa tener la fuerza de la lucha que
dieron ellos y poder seguir peleando.
- Wena, yo no cachaba quienes eran esos locos… oye y eso del Poder Popular, qué weá es.
- Cacha que lo del Poder Popular viene de la época de la Unidad Popular, pero no tiene nada que ver con Allende
ni con la Unidad Popular. En ese tiempo la gente era más conciente y todos luchaban por lograr la revolución social,
por eso, cuando el gobierno Allende se mostró incapaz de avanzar en contra de los ricos y prefirió dedicarse a ne-
gociar, el pueblo decidió organizarse por si mismo cachai, a gobernarse a si mismo. Entonces los obreros se tomaron
las fábricas y dejaron de trabajar pa los patrones y empezaron a trabajar pa ayudar a satisfacer las necesidades
del pueblo. Los mismos trabajadores empezaron a controlar las industrias y se coordinaron entre las distintas indus-
trias para poder pelear juntos, esos fueron los Cordones Industriales. No sé si te han enseñao eso en el colegio, no
creo…
- No, no cachaba esa weá.
- Demás po, a los que gobiernan no le conviene que el pueblo se acuerde de eso. Pero así fue. Los trabajadores
se apoderaban de las industrias y se organizaban en Cordones industriales, los pobladores se organizaron en las
comunas y mandaron a la chucha a los alcaldes y a las municipalidades y también empezaron a organizarse entre
ellos mismos, cachai, y formaron los Comandos Comunales, la organización de los pobladores. Y los campesinos, que
no tenían tierras, empezaron a tomarse los grandes fundos de las familias ricas y también se organizaron entre ellos
mismos pa administrar esas tierras, cachai, esos fueron los Comandos Campesinos. Y eso es el poder Popular po. El
gobierno del pueblo organizado desde abajo, sin gobiernos, sin partidos, sin patrones, sin alcaldes, cachai, trabaja-
dores, campesinos y pobladores organizados entre ellos mismos pa decidir entre ellos lo que hay que hacer.
- Wena.
- Sipo por eso cuando gritamos Poder Popular, pensamos en que esa organización del pueblo puede volver a surgir
po. Si no necesitamos que ningún presidente, alcalde, empresario, ni ningún otro weón venga a decirnos qué tenemos
que hacer. Tenemos que organizarnos y decidir entre nosotros mismos noma.
- Demás que sí. Yo igual estoy de acuerdo con esa weá. Oye Ronald escuche que iba a haber una protesta.
- Sipo, en la noche va a haber protesta, va a ser de las grandes.
- Sipo, si eso caché.
- Así que junten weás pa armar la barricada po.
- Demás po, si pa eso salí ahora. Pero igual quería cachar si estaba la mano pa tirar unas molo.
- Ahí hay que cachar. No sé. Si la weá está segura y hay harto material, demás que podemos enseñarte a tirarlas,
pero tení que estar tranquilo weon, andar piola y que nadie te cache, uno nunca sabe cuándo puede haber un sapo
por ahí.
El Ronald se fue y yo seguí buscando a los cabros.

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EDITORIAL POPULAR LAPAJARILLA

…roja primavera nadie reza y todos bailan,


cantan y luchan, la esencia, sense maya.
Calla, bajo el absoluto del fuego perfecto,
donde el viento rebelde se camufla en el huerto…
Calla, bajo el absoluto del fuego perfecto
de verdad y conocimiento…

Me encontré a los cabros en el cruce. Ya habían juntado algunas weás pa la protesta así que les seguí ayudando.
Estábamos pidiendo neumáticos en la vulca y la Rosita apareció pa decirnos que le pusiéramos weno porque la
protesta iba a empezar como a las diez. Toda la tarde estuvimos juntando cuestiones. Ya eran como las ocho y me-
dia y teníamos un cerro de weás apiladas en Salvador Allende. Con los cabros nos separamos pa ir a tomar once y
quedamos de juntarnos a las diez.

Prendiendo la mecha

En las noticias mostraban como ya estaba empezando a armarse el webeo en La Pincoya, Lo Hermida y Villa Fran-
cia.

“Son las nueve y cuarto de la noche y ya se presentan cortes de luz e interrupciones en por lo menos doce pobla-
ciones de la capital. Sorprende la masividad con la que ha sido acogido el llamado a protestar. Desde los más pe-
queños hasta los más ancianos se han tomado las calles en su repudio contra el alza de los precios y de las políticas
del gobierno, las que han sido calificadas de abusivas y un atentado a la dignidad del pueblo”

- Empezó tempranito la cuestión- comentó mi mamá.


- Ahora sí que se van a asustar estos weones y van a tener que bajar todas las weás- dijo mi papá.
- Ya, yo me voy a la protesta- les dije cuando caché que eran como las nueve y media.
- Cuídate Papelucho, no te andí metiendo en leseras… y éntrate temprano- me grito mi mamá mientras iba salien-
do.
Mientras caminaba por la calle me tercié con el Ronald.
- Oye, wacho te andaba buscando, necesito que me ayudí.
- ¿En qué compadre Ronald?
- Oidia vamos a salir con cuatica y nos hacen falta manos pa llevar las molo ¿podí?.
- Demás po, demole noma – le respondí al toque sin pensarla.
Nos fuimos con el Ronald conejeando por unas calles chicas hasta llegar a la cancha de la pobla. Caminamos hasta
una parte donde no llegaba la luz y ahí nos encontramos con varios cabros conocidos de la pobla. Estaban todos
callaos en la oscuridad, fumando cigarros y mirando la hora, como preparándose pa una guerra.
- Ya cabros el Papelucho va a ayudarnos - dijo el Ronald a los demás.
El Pato que estaba un poco más atrás se adelantó y me llevó pa donde estaban unas bolsas y unas botellas con
bencina y mechas, las molotov.
- Así que soy revolucionario ahora- me dijo el Pato weandome.
- Sipo- le respondí yo y el Pato se rió, pero no con una risa de burla sino como dándome la bienvenida. En ese mo-
mento yo me sentía como importante, estaba entremedio de los cabros del MPR y me sentía como uno de ellos. Era
pulento, desde Chiko había visto a los cabros del MPR pelear con los pacos y hacer actividades en la pobla, sabía
que todos les tenían wena y respeto. Igual yo cacho que en el fondo todos los cabros chicos de la pobla soñaban
con ser del MPR.
- Ya choro, te explico. En un rato vamos a salir todos encapuchaos, tú igual, vamos a pegarnos un trote de aquí hasta
el cruce, hablándole a la gente y repartiendo panfletos. Cuando lleguemos al cruce va a estar lleno de barricadas,
ahí vamos a esperar a que lleguen los pacos y les vamos a dar pelea. Nosotros, tú, yo y otros cabros nos vamos a

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PAPELUCHO SUBVERSIVO
ganar detrás del negocio de Don Juan. Tú lo único que tení que hacer es llevar esta mochila y las bolsas con material
hasta el cruce y allí pasarnos las molo cuando te las pidamos. Cuando se acaben las molo o la weá se termine, nos
vamos a devolver pa otro lado pa sacarnos las capuchas e irnos pa la casa. Es fácil. Lo importante es que andí todo
el rato al lado de nosotros.
- ¿Y el Ronald?
- El Ronald va ir en otro piño y esos locos van a estar en otro lado porque van a andar con puros fierros. Igual vamos
a marchar juntos hasta el cruce pero ahí nos vamos a separar. Tú andai con nosotros noma… ah, y no nos llamí por
los nombres, di “cabros” noma y trata que no te cachen tus amigos.
- Ya cabros, prepárense- dijo el Ronald después de unos veinte minutos.
Los cabros empezaron a encapucharse, a revisar los fierros y a cachar los últimos detalles. El Miguel me pasó una
polera y me ayudó a encapucharme. Después me pasaron unos guantes pa que mis huellas no quedaran en las molo
y me arreglaron un poco pa que no se cachara tanto quien era.
- Ahí quedó listo compadre.
Cuando ya estuvimos todos encapuchaos y todas las cosas listas, nos dividimos en dos grupos, el piño del Pato y el
del Ronald.
- Ya compañeros, estamos listos, ustedes ya saben, anden con cuidado, aquí no somos ni cobardes ni suicidas, no olvi-
den nuca que nosotros peleamos por el pueblo y para el pueblo. ¡Contra el capitalismo y la mierda multinacional!
- ¡MPR subversivo y popular!- gritamos todos a coro.

Partimos en fila divididos en dos grupos. Nosotros cargados de molotov y el piño del Ronald con revólveres y esco-
petas hechizas. Nos fuimos al trote gritando consignas, tirando panfletos y llamando a la población a protestar. Los
gritos de los cabros del Movimiento Popular Revolucionario eran brigidos, cada vez que gritaban la pobla parecía
retumbar y se veía como las luces de las casas se encendían y la gente salía a la calle a aplaudir o a sumarse a
la protesta. Yo igual estaba medio pajero, así que en el trote, y más encima llevando lasa dos bolsas y la mochi-
la, estaba un poco pa la cagá. Cuando, pa mi alivio, llegamos al cruce nos encontramos con caleta de gente que
empezó a aplaudir cuando nos vieron llegar. Las calles estaban llenas de barricadas y fogatas y la Rosita con las
otras viejas de la Junta de Vecinos tenían toda la avenida llena de lienzos. Nosotros nos detuvimos y el Ronald de
adelantó pa hablar:

“Ya todos sabemos porque estamos en la calle, todos hemos sufrido con este nuevo robo que favorece a los mismos
de siempre y todos nos hemos dado cuenta de que la única forma de acabar con esta situación es expresando
nuestro descontento y organizándonos para luchar por nuestros derechos. En este mismo momento en todo Santiago
hay gente como nosotros, trabajadores, cesantes, estudiantes y dueñas de casa, pobres y explotados que se han
tomado las calles exigiendo una vida más digna. No estamos solos, somos miles en todo Chile los que estamos en la
pelea, porque sólo juntos y unidos podremos cambiar esta realidad de mierda. Por eso, ahora nos toca a nosotros,
a la gente de esta población, hacer su aporte a la lucha que en este mismo momento están dando todos nuestros
hermanos explotados.

¡Contra el capitalismo y la mierda multinacional¡


¡MPR subversivo y popular!”

Cuando terminó de hablar el Ronald, los del grupo del Pato nos fuimos a ganar detrás del negocio de Don Juan,
mientras que el piño del Ronald cruzó pal otro lado pa tener mejor puntería y no darnos a nosotros. Ahí estuvimos
un buen rato esperando a que llegaran los pacos. Mientras esperaba me quedé mirando la protesta. La calle ardía
por las fogatas y la gente cantaba y golpeaba ollas pa meter ruido. Desde donde estaba yo, alcanzaba a ver al
Chiko Terry y al Pelusa armando la mansa barricada. Iban a quedar locos cuando les contara que había estado con
los cabros del MPR, aunque en realidad, no sabía muy bien si contarles o no. El Ronald y el Pato habían dicho que
era mejor quedarse piola, así que era mejor así, ademas no quería que mi mamá supiera, si me cachaba me iba a
castigar quizás hasta cuándo.

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EDITORIAL POPULAR LAPAJARILLA
Aunque esperamos harto rato, los pacos llegaron igual. No hubo preámbulo. Un Guanaco se tiró derechito a apagar
las barricadas y a dispersar a la gente.
- ¡Ahora cabros! - grito el Pato y los encapuchaos con molotov dejaron entero prendio al Guanaco. Yo me quedé en
el negocio a lado del Pato, que revólver en mano y molotov en el suelo vigilaba todos los movimientos de la yuta.
Igual yo estaba terrible nervioso, pero mi pega no era muy difícil, lo único que tenía que hacer era abrir las bolsas
pa que los cabros sacaran las molo.
Después de quemar al Guanaco, los cabros volvieron, sacaron cada uno una molotov y se quedaron agachados en
el negocio esperando a que el Guanaco o el Zorrillo la vendieran. Mientras tanto, en el otro lado los cabros del
Ronald tenían pa la cagá al Zorrillo y la micro. Paco que trataba de bajarse era recibido por una ráfaga de tiros.
Tantos fueron los balazos que una de las ruedas de la micro de pinchó.
- ¡Wena! – grito el Pato cuando se pinchó la rueda- los tenimos pa la cagá.
Un Zorrillo empezó a avanzar pa donde estábamos nosotros. Los cabros ni la pensaron y se tiraron de vuelo a in-
cendiarlo. El Zorrillo como que quedó loco con tanto fuego y el embarao se quedó parao tirando lagrimogena al
lote. Los cabros volvieron por más molo, así que les pasé las que quedaban en la bolsa y abrí la mochila pa sacar
las últimas. Como sobró una, el Pato me la pasó y me dijo que la tirara.
- Ya wacho, aproveche que el Zorrillo la está vendiendo- me dijo.
Yo me quedé como tieso. Quería puro tirar una molo y ahora que se me daba la mano me chupaba entero.
- Puta es que no sé cómo tirarlas- le dije al Pato con pura voz de saco wea.
- Mire compare- me dijo mientras me pasaba un encendedor- la colocai así de lado, pero no tanto porque se te
puede empezar a salir la bencina, le prendí la mecha y empezai a hacer círculos pa que la mecha agarre y la weá
no se te apague en el aire cuando la tirí. Cachai. Después corrí haciendo círculos con el brazo y cuando cachí que
le llegai al Zorrillo, se la tirai.
- Ya wacho, ya caché- le dije, entre entusiasmado y nervioso.
- Ya loco- me dijo el Pato- tírasela ahora que la weá la está vendiendo.
Le eché una mirada al Zorrillo y avancé unos pasos, y traté de encender la mecha. El encendedor estaba medio
malo o yo estaba muy nervioso, pero la weá es que al cuarto intento recién prendió. La mecha se tapó en fuego y
yo empecé a hacer círculos como me había dicho el Pato. Cuando caché que la mecha estaba bien prendida empecé
a correr hacia el Zorrillo. La weá estaba ahí mismo pero yo corría y corría y no llegaba nunca. De repente empecé
a sentir calor en la mano y me urgí, pensaba que la molo se había desarmao o que se iba a reventar y me iba a
dejar el brazo pa la cola. Me urgí tanto que tiré la molo antes y la weá se reventó en el suelo, como a tres metros
del Zorrillo. Volví corriendo a donde Pato sintiéndome el weon más penca del mundo.
- ¡Puta la weá!- le dije- no le achunté.
- ¡La tiraste muy antes po weon!
- ¡Puta es que la weá se puso caliente y me urgí po!.
- No tení que urgirte weon, es el calor de la mecha, la molo no se va a reventar ni te va a quemar. Toma, tira la mía
– me dijo el Pato y me pasó la molo que tenía a sus pies – aprovecha que el Zorrillo está todavía parao.
Pesqué la molo del Pato y no tan nervioso pero muy picao, la prendí de una y empecé a correr hacia el Zorrillo
haciendo círculos con el brazo. Empecé a sentir calor en la mano pero no lo pesqué, avance nomás y llegué terrible
cerca del Zorrillo, le tiré la molo y le deje todo el vidrio tapao en fuego.
- ¡Wena conchetumare!- gritaron los vecinos que estaban viendo la mocha y tirándole piedras a los pacos.
- ¡Wena compare!- me dijo el Pato cuando llegué- ahora sí que soy un combatiente de verdad.
La weá había sido bacán. El correr con la weá, achuntarle preciso al Zorrillo, los gritos de la gente, todo. Quedé
terrible prendio, quería puro tirar otra, pero pa mi mala surte las molos se habían acabado.
Al otro lado, el grupo del Ronald hizo los últimos tiros y empezamos a replegarnos. De nuevo nos fuimos en fila,
trotando por calles chicas, sólo que ahora ni me cansé, me sentía tan bacán que hasta correr era pulento. Llegamos
trotando hasta una parte oscura a la orilla del cerro y allí empezamos a cambiarnos pa pasar piola. Nos sacamos
las capuchas, algunos se cambiaron de ropa, quemamos los guantes y nos echamos caleta de desodorante pa que
no se sintiera el olor a bencina o a pólvora. Nos quedamos ahí un rato y después nos separamos y nos fuimos pa las
casas. El Ronald me fue a dejar a la casa porque igual era medio brigido el sector y podía pasarme algo. A una

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PAPELUCHO SUBVERSIVO
cuadra de mi casa el Ronald se despidió.
- Ya wacho, te dejo hasta aquí. Vale por la ayuda, lo hiciste bien. Si seguí así vai a ser igual que tu tío Manuel.
- ¿Conocí a mi tío, Ronald?
- Demás que sí po, aquí en la población todos lo conocen, tu tío si que era un revolucionario de verdad.

Entré a mi casa despacito pa no meter ruido y no despertar a la Ji, pero la Ji estaba despierta jugando con unos
juguetes y mi mamá planchaba una ropa de mi papá mientras escuchaba a Violeta Parra

Miren como sonríen los presidentes


cuando le hacen promesas al inocente,
miren como le ofrecen al sindicato
este mundo y el otro los candidatos,
miren como redoblan los juramentes,
pero después del voto doble tormento.
Miren el hervidero de vigilantes
para rociarle flores al estudiante,
miren como relumbran carabineros
para rociarle flores a los obreros,
Miren como se visten cabo y sargento
Para teñir de rojo los pavimentos…

- Papelucho anda al tiro a acostarte mira que mañana tenemos que levantarnos tempranito pa ir a la feria – me
dijo apenas entré.
- Sí- le dije con cualquier animo.
Estaba terrible prendio. Me sentía contento y terrible entusiasmado por lo que había pasado. Me sentía bacán y no
dejaba de pensar en los aplausos que escuché cuando dejé pa la cagá al Zorrillo. Pensé tanto en la cuestión que de
repente, de la nada, empezó a bajarme la pena. Aunque me sentía bacán por la experiencia, me ponía triste que
uno tuviese que estar agarrándose a balazos con los pacos pa poder conseguir algo. Al final, yo todo lo que había
hecho era por mis papás, pa que ellos estuvieran un poco mejor y tuvieran menos problemas. Era raro porque en vez
de sentirme bacán por haber ayudado de alguna forma a mis papás, me sentía mal porque ahora más que nunca
me daba cuenta del esfuerzo y sufrimiento que ellos y que mucha otra gente igual de cagá tenían que soportar pa
que los weoncitos de barrio alto pudieran tener los mansos autos, salir de vacaciones a la nieve o al extranjero y
pasarla terrible bien. Era bacán sentirse vivo luchando pero era triste lo que uno tenía que vivir todos los días. Ahí
me di cuenta de lo que me dijo el Ronald: ser revolucionario es más que agarrarse con los pacos, es pelear por la
gente, por el pueblo.

La lucha recién comienza

El olor característico de la feria no lograba acabar con la lagrimogena que todavía weaba por el aire. Pero la
gente, a pesar de que estornudaba por el olor y no paraba de rascarse la nariz, se veía contenta. Era temprano y
había poca gente comprando así que me eché encima de unos limones y me puse a dormir. Ya estaba casi dormido
cuando un suave wate en el cogote me despertó. Era el Ronald.
- Trabaja weon, no te quedí dormio- me dijo cagao de la risa- Hola señora, ¿cómo está?
- Aquí po, poniéndole weno a la pega y su mamá ¿cómo está?- preguntó mi mamá.
- Bien, gracias, ahora está en la casa preparando el almuerzo así que me mandó a mi a comprarle un kilito de to-
mates – dijo el Ronald mientras sacaba unas monedas de su bolsillo- Oiga ¿vió las noticias de la mañana?
- No, salimos temprano ¿qué pasó?
- Anoche quedó la cagá, medio Santiago salió a protestar y los ladrones del gobierno se asustaron. Salió la Bache-
let hablando en cadena nacional hoy día en la mañana y dijo que iban a subsidiar los precios, así que ahora va a

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EDITORIAL POPULAR LAPAJARILLA
bajar el pan, la leche y la micro.
- Estaba bueno ya, si sube todo, alguna vez que bajen las cuestiones, sino siempre van a estar ganado ellos.
- Así es, esto es lo que se le logra cuando los pobladores nos unimos y peleamos por nuestros derechos- el Ronald le
pagó a mi mamá y se despidió.
Mi mamá siguió trabajando pero se notaba que se sentía un poco más aliviada.
- A ver si ahora podemos comprar un par de cajitas de leche pa la Ji- me dijo.

Yo sabía, y mi mamá y mi papá y todos los pobres, que a fin de mes igual íbamos a tener que apretarnos el cinturón
y cuidar cada peso pa que nos alcanzara pa comer. La baja en los precios no nos iba a cambiar la vida, pero era
un granito de arena para hacer la weá un poco menos dura. Habíamos ganado una pequeña batalla pero todavía
queda por librar una gran guerra. Ahora sí que me sentía bacán. Gracias a lo que hicimos ayer, mis papás y caleta
de gente más iban a ser un poco más felices o, en realidad, estar un poco menos tristes. Era una pequeña victoria
que conseguimos entre todos, porque como dice el Ronald y la Rosita, cuando nos unimos y pelamos todos juntos
podemos lograr cualquier cosa. Ayer fue por las alzas, pero todavía quedan muchas cosas por cambiar, los sueldos
siguen como el pico, la educación es terrible mala, los consultorios dan pura pena, a un montón de gente le falta
casa, caleta de locos se cagan de hambre, y los ricos siguen gozando a costa nuestra. Son un montón de cosas que
quedan por cambiar. Pero ayer demostramos que se puede, que con lucha y organización se puede. A las finales yo
creo que eso es ser subversivo, revolucionario: luchar por defender los derechos del pueblo, pelear por ver felices
a las personas, a los que uno quiere, aunque a uno le llegue un tunazo o termine en cana o pa la cagá como mi tío
Manuel. Ayer dejamos muertos de miedo a los ricos, pero esto weá está recién empezando, queda todo por hacer,
así que hay que puro ponerle weno. Hasta Vencer o Morir, como decía el Che.

A modo de epilogo

La actual situación de miseria y exclusión en la que vivimos millones de chilen@s no da para más. Millones somos
l@s que apenas podemos llegar a fin de mes, l@s que recibimos esa burla que llaman “sueldo mínimo”, l@s que
tenemos que hacer eternas colas en los consultorios, l@s que nos gastamos toda la plata en la micro, l@s que no
tenemos casa propia, l@s que no podemos continuar con nuestros estudios, l@s que sufrimos día a día sin hacer
nada al respecto. Parece paradójico: en un país en donde unas cuantas familias (los Angelini, Luksic, Piñera, Said,
Edwards, Matte, etc.) controlan el 80% del poder económico y el 99% del poder político-militar, y en donde todo
el resto se pudre en el chiquero, l@s desposeídos seguimos dormid@s creyendo en las mentiras de esa manga de
asesinos que nos gobiernan. Talvez sea por el miedo instaurado por la Dictadura de Pinochet, por la “buena labor”
de la Concertación o por las ilusas promesas del consumo. Sea como sea, esto no puede seguir así. Y así lo van
entendiendo poco a poco l@s millones de explotad@s que comienzan a organizarse y a levantar su voz. Parece
que los tiempos de la borrachera concertacionista comienzan a despedirse y se abre un nuevo período de luchas
sociales. Las movilizaciones de los subcontratistas, de l@s emplead@s fiscales, de l@s pescador@s artesanales, de
l@s trabajador@s del agro, mineros, forestales, de l@s estudiantes secundari@s, universitari@s, la rabia de l@s
poblador@s el 11 de septiembre, de l@s deudor@s habitacionales, la lucha del pueblo Mapuche, etc., son mues-
tras de que los tiempos están cambiando.

Y, en este contexto, lo que necesitamos es generar conciencia y contribuir a la organización del pueblo. Es a esto a
lo que aspira Papelucho ®. No busca ni entretener, ni hacerse famoso, ni hacer dinero. No. Este es un texto Político,
porque tiene claras intenciones políticas: mostrar la realidad de los sectores populares, realizando una crítica al
sistema de explotación capitalista, y presentar a la revolución como mejor alternativa frente a una estructura des-
igual que sólo beneficia a los poderosos. Generar conciencia, esto es lo que busca Papelucho ®. Aquí no hay mundos
fantásticos y mágicos, ni relatos morbosos o faranduleros, ni palabras extrañas e incomprensibles para el pueblo.
No. Este es un escrito nacido desde el pueblo y dirigido hacia el mismo pueblo. Aquí no interesa llegar a la clase
alta ni media-alta, ni al hijo del empresario, ni al intelectual de izquierda (que escribe desde su sillón y que nunca
ha conocido una población), ni al crítico literario. Aquí interesa llegar al pueblo: a la dueña de casa, trabajador@s,

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PAPELUCHO SUBVERSIVO
estudiantes, cesantes, pero sobretodo a l@s jóvenes. A tod@s aquell@s jóvenes que actualmente se encuentran
marginad@s, obligad@s a delinquir, sumergid@s en la pasta base o estupidizad@s por las modas del capita-
lismo (pokemones, otakus, emo, visual, etc.). Cabr@s, DESPABILEN. Nuestros papás se sacan la chucha todo el día
para mantenernos y nosotros no estamos haciendo ni una weá para ayudarlos. Estamos pelándonos entre nosotr@s,
viendo programas que nos convierten en seres weones (Yingo, el Diario de Eva, Amango, Mekano, etc.), bailando
raggaeton, emborrachándonos, consumiendo y gastando, gastando, gastando y gastando. Nuestros padres viven
una mierda de vida para mantener las modas weonas que nos han impuesto, mientras la clase alta, los políticos,
empresarios y l@s rubiecit@s del barrio alto, se cagan de la risa de nosotr@s. Tengamos un poco de dignidad y
luchemos, sólo la lucha nos hará libres.

A construir Poder Popular


Revolución o Muerte

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EDITORIAL POPULAR LAPAJARILLA

En su próxima aventura Papelucho es-


tará de vuelta en el colegio municipal
de su población. Pero este no será un
año de estudio sino de lucha. Los pro-
blemas existentes en la educación chile-
na y la necesidad de realizar cambios
profundos a la educación de mercado,
llevarán a Papelucho y a sus amigos a
involucrarse en el movimiento estudiantil
y a sumarse en la toma generalizada
de colegios. Pero la toma no será fácil
ya que el Director, familiar del Alcalde
de la Comuna y ladrón de profesión,
hará todo lo posible para evitar cual-
quier tipo de movilización. Sin embargo,
Papelucho no estará solo, luchará jun-
to al resto de los estudiantes de Chile y
contará con el apoyo del Ronald y los
cabros del MPR así como de la gente de
su población.

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