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Martes 08 de Febrero del 2022

A el personal de Defensoría de los derechos universitarios que corresponda.

El día de hoy es un firme recordatorio de que como estudiantas, colegas y mujeres


estamos en la lucha hacia una educación libre de violencia en todos los espacios
universitarios y personales. Estamos exigiendo que sean transparentes en los casos
contra docentes y alumnos agresores, no toleraremos ni un encubrimiento más, hay
mucho que accionar, muchas carpetas que reabrir, docentes y administrativos que
encarar, denuncias que atender y sistemas de acción deficientes que mejorar.

Los antecedentes que tenemos con la defensoría como colectiva han sido solo de
promesas de cambio y simulación de acciones, nos siguen recibiendo como un juego
cuando nos escuchan exigir nuestros derechos universitarios y humanos; nos miran
por de bajo y eso no es más que un claro ejemplo de cómo segregan a la comunidad
estudiantil cuando alza la voz. ¿Cómo es posible que como defensores y defensoras
de los derechos universitarios minimicen la violencia que vivimos dentro de la
universidad?. El mínimo requisito es que estén educados (a) y preparados (a) con
perspectiva de género para que la comunidad estudiantil se pueda sentir segura al
acercarse con ustedes. Es evidente en cómo han encubierto a docentes, dándoles
más importancia al proteger los empleos de sus colegas docentes, que al acompañar,
priorizar y creerle a las víctimas como se debe. Las cuales también son parte de la
UACH y desde luego se necesitan asesorar desde la sensibilización a una alumna
agredida.

Esto demuestra la necesidad tan inmensa que hay sobre reeducar con perspectiva
de género a todo el grupo que compone la defensoría, los docentes, administrativos
y cada papel de poder que aporte para el trabajo que intentamos llevar a cabo con
ustedes. Mientras no se atiendan y resuelvan las exigencias, todo lo que digan sin
actuar seguirá siendo parte de la misma simulación.

Nosotras como estudiantas, egresadas y profesionistas, deberíamos estar invirtiendo


nuestro tiempo y energía, en nuestros estudios y en nuestras áreas profesionales y
personales; consideramos que es molesto, recordarles cómo realizar correctamente
sus funciones y reclamar la eficiencia de su trabajo con perspectiva de género y
sensibilización.
Es urgente, ver de su parte acciones para la normalización de la denuncia, y que sean
eficaces; ya no basta con la publicidad mediocre e invisible.

ALZAR LA VOZ ES LO QUE NOS TOCA.

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