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MAKING PUPPETS COME ALIVE (POEMA)

El leñador advirtió del peligro: esa huella no era humana. A pesar de ello, en la ciudad tomaron de
buen grado que un pedazo de madera empezara a deambular libre por los bares, fumara con ellos,
se acostara con quien quisiera y predicara en las plazas. Poco a poco adquirió costumbres más
nuestras. Pronto aprendió a callar para salvar el pellejo, a hablar para acabar con sus enemigos.
Incluso, cuando se incendió la casa de los Gepeto, nadie dudó de su autoría. Aquel pedazo de
madera hacía reír y llorar a los niños hasta la muerte y sus palabras te harían perder la cabeza
como un certero hachazo. Un día, un borracho a quien el pedazo de madera le quitó su casa en
una apuesta le gritó desafiante: “No es posible que un pedazo de madera deambule libre, fume,
fornique y predique como uno más de nosotros. Alguien debe estar dentro gastándonos la misma
broma de siempre. ¡Ábranlo! ¡Ábranlo ahora!”. La luna giró la cabeza y nos dio la espalda,
mientras devastábamos su piel y abríamos su pecho. Y miren quién podría haber imaginado que a
estas alturas de la historia dentro de la madera no encontraríamos otra cosa que más madera

Como dentro de cada palabra, más palabras.

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