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Andrés Bello y José Victorino Lastarria: Fértil polémica en torno al "método historiográfico" adecuado

para forjar la historia nacional chilena

"Por último debemos decir que aunque estos historiadores discreparan en la forma de entender
el método, todos coincidieron en la noción según la cual,la humanidad progresaba lineal y
ascendentemente, idea clave y típica del siglo XIX. La divergencia estuvo en creer o no si era posible
advertir las "leyes" que caracterizarían a ese progreso. Aquel debate surgió en Francia y Alemania durante
la década del veinte del siglo XIX, y se prolongó con matices en las siguientes. La posterior llegada del
positivismo signficó insistir nuevamente en la determinación de las leyes que regirían la evolución de la
humanidad. El debate sostenido por Bello y Lastarria, a partir de 1844, es un claro eco de las
disoluciones europeas, en el cual se utilizaron -como veremos- argumentos muy similares a los allá
expuestos. También en Chile la prolongación de la polémica implicó la adopción -al menos en parte- de
las doctrinas del positivismo historiográfico".(HIstoria narrativa versus historia filosófica en el Chile
historiográfico del siglo XIX, por Joseph Dager Alva)

Nos hemos permitido compartir esta deliciosa discusión, latente e inherente al estudio de la historia,
polémica propuesta -sorprendentemente- al interior y en los mismos círculos de quienes se dedican a esta
disciplina. Y, más allá de la participación de filósofos como Kant y Herder -como muchos otros- que no
se dedicaron con exclusividad a la historiografía (escribir historia), los apasionamientos y discusiones se
originaron en torno a qué establecer y decir luego, a posteriori al acto de conocer los hechos históricos. La
polémica misma, la que versa sobre qué es la historia -si los hechos o su interpretación-, si bien es
filosófica y en nada entorpece el desarrollo mismo de la existencia y los acontecimientos, retoma
importancia -y suma- cuando los acontecimientos históricos se muestran y se explican, recurrentemente,
en relación próxima a otro que lo antecede. Es decir, la polémica suscitada entre distintos historiadores
muestra lo polémico que resulta la explicación misma de la historia, más polémico que el objeto real de la
historia que son los acontecimientos.

Entre Bello y Lastarria más que una polémica personal, equívoca, hubo una discusión que fué, es y estará
siempre presente en la interpretación de los hechos históricos. Fue tanto así que la polémica y discusión
misma -siendo desarrolladas, al fin y al cabo, por hombres históricos- es un acontecimiento histórico más
que contar y que discurrir.

Ya sabemos, por lo menos, que la filosofía de la historia es el mejor lugar para el desarrollo adecuado
para este tipo de discusiones. Y que éste sí que es un tema estrictamente filosófico y no histórico; acá el
objeto de estudio es la historia como ciencia, no los hechos y acontecimientos; acá se observa aquello que
provocó el acontecimiento mismo, se reflexiona en torno a las intenciones y puntos de vista de tal o cual
investigador histórico; en fin, la filosofía de la historia es -si se quiere- ciencia histórica, estudio del
desarrollo histórico y sus implicancias en la vida y existencia cotidianas del hombre universal y particular.

Recordemos que (del texto citado): Por un lado, Bello postuló un método de paciente investigación del

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pasado que aclare primero -y antes que nada- los hechos y que no abuse de las generalizaciones. Por su
parte, Lastarria y Chacón, defendieron un sistema que rescate el "corazón" de los hechos para rastrear su
influencia y poder cambiar radicalmente el presente. En el fondo hay implícito (y a veces muy explícito)
un enfrentamiento entre dos visiones distintas de construir el futuro de la república naciente.
Enfrentamiento histórico, sí, de formas de abordar la historia, enfrentamiento que filosóficamente no es
tal.
Primero: el conocimiento es un momento intelectual bastante simple, observado por una filosofía
reamente verdadera. El conocer histórico implica tanto observación de los hechos sin abuso de
generalizaciones(Bello) como el rescate del "corazón" de los hechos que influye en el cambio radical del
presente (Lastarria); es decir, hay al menos dos momentos en el proceso del conocimiento histórico: la
observación y la interpretación de los hechos;
Segundo: tanto la observación como la interpretación de los hechos históricos son objetos abordables por
la filosofía, definiéndose -este mirar filosófico- como ciencia de la historia, o filosofía de la historia;
Tercero: esta advertida ciencia, la filosofía de la historia, tiene como objeto de estudio el estudio de la
historia y no los acontecimientos o hechos históricos, ya que éstos son objeto de estudio de la historia
misma. Es decir: el conocimiento histórico es la narración exaustiva del acto humano en sociedad que
produce cambios sociales, cambios tan solo perceptibles en tanto que son sometidos al examen
desapasionado por los filófosos de la historia.

Resulta interesante destacar que Don Andrés Bello y José Victorino Lastarria, coincidieron en la noción
de progreso lineal y ascendente de la humanidad a través de la historia más allá de la polémica suscitada.
Esta coincidencia intelectual es un acuerdo de caballeros, significado de actitud intelectual sana, en el
sentido de que -sin tener a mano la filosofía de la historia como ciencia- las pasiones personales, la
ambición por adjudicarse la verdad fué casi nula. En un Chile como hoy, en que los personalismos y
profesionalismos interesados en el lucro se han apoderado de las universidades y colegios, impidiendo el
paso a una nueva cultura filosófica en Chile -casi helénica-, sorprenden intelectualidades como las de
Bello, Lastarria y muchos otros.

Esperamos formen parte de esta nueva cultura filófica en Chile, en la que nadie sobra y todos tienen algo
que explicar. Como ejemplo ponemos a estos dos hombres de la Patria, forjadores de nuestro nación,
siempre interesados en el desarrollo inteligente de nuestro ideario nacional. Hoy, Chile necesita de nuevos
Bello, Lastarria, Lacunza, Subercaseaux, etc., nuestro Chile requiere de filosofía propia, que interprete
nuestro ser tal y como es en el desarrollo mismo de su existencia.

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