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historia de la musica popular en sinaloa lin 1030: EC ae 324: SERIE/RESCATE Y DIVULGACION historia de la musica popular en sinaloa 0. Motivacién El contacto directs con la actividad musical desde el arto de 1933, en el entonces Internado del Estado, conti- nuador de la tradicién musical que desde el Ultimo cuarto del siglo pasado desarrollo fa Escuela Industrial de Artes y Oficios, me dio fa oportunidad de adentrarme en el fas- cinante mundo de la musica. En el tiempo en que yo ingresé a dicha escuela, fungia como director de la Banda de Musica del plantel el maes- ‘tro Rafael Lomelin, destacado ejecutante de la trompeta y originario del Estado de Guanajuato. El maestro Lomelin junto con su hermano Alberto, que tocaba el clarinete y que a [a temprana edad de 24 afios era director de la Banda de la Brigada de Occidente, se sumoron a la re- volucién, tocando en las bandas militares que tenian los distintos cuerpos castrenses. Terminaron por radicar en Culiacén. Antes del moestro Lomelin estuvieron en Ia direccién de la Banda de Musica de la Escuela Industrial, como era conocido en esos tiempos, los maestros Salas, Torres y Angel Viderique, éste Ultimo de grata memoria entre los mUsicos del pasado, ya que fue el primer recolector de melodias sinaloenses que las plasmé en papel pautado. El maestro Viderique ya intula el papel que desem- Pefioria la produccién musical sinaloense y, por eso, lo recordamos en esta investigacién como uno de sus fun- dadores. Ayudaban al maestro Lomelin en la preparacién de ins- trumentistas el maestro Guadalupe Avilés, egresado de la escuela mencionada, que tocabe el trombén y el pistén; y, en las Greas teéricas y de solfeo, el maestro Refugio Soto Meza, natural de San José de Gracia, quien, junto con sus primos hermanos Elias y Federico Soto -todos musicos- emigré de su pueblo. Miembro de la banda de “Los azulitos’, nombre con que el pueblo identificaba a los alumnos del Internado por usar uniformes de mezclilla, en el tiempo en que fui alumno tuve la oportunidad de visitar varios puntos de la geografia sinaloense, dando audiciones en los diferentes actos culturales que se desorrollaban por diversos motivos. En el afio de 1935 fuimos o tocar a Tamazula, Duran- go, poblacién que siempre ha tenido contacto con nuestro Estado, y al preguntar a los musicos de la banda de ese lugar su historia, me informaron que sus antecedentes se remontaban a la época del primer presidente de la Re- publica Mexicana, Guadalupe Victoria, que nacié en esa poblacién. Todavia estan en Culiacdn los hermanos Meza, Manuel y Juan, quienes, con otros miembros de la familia Garcia, vinieron a rodicar a Culiocdn con su banda Los ‘tamazulas. Como sefialaba, la banda de lo Escuela viajé por varias regiones del Estado. Asi conoci a la banda de Navolato que dirigid Don Conrado Solis; en ese entonces todavia se hablaba de la banda de Concordia, que dirigié el maestro Sebastian Sanchez y que participd en la Revolucién como Banda Oficial de la Brigada Buelna, comandada por nues- tro héroe, el general Rafael Buelna. Estaba fresco todavia en Mocorito el recuerdo del gran ejecutante del clarinete, Margarito Lozoya; también aqui florecié la familia Rubio, la cual dejé las quebradas de su sierra para venirse a Mocorito, donde los bisnietos todavia man- tienen en alto el prestigio de esta musical familia, Los antecesores de Los Guamuchilefios de Culiacdn fueron precisamente miembros de la banda de Margarito Lozoya. Esta banda, Los Guamuchilefios de Culiacén, merece mencién especial por haber sido la pionera en las gra- baciones de mdsica sinaloense. Aun perduraban los restos de otra famosa banda popular en el Municipio de Culiocén: Los alamitos, cuyo elemento sobresaliente, Alberto Ibarra, le hacia la com- petencia en el clarinete a Lozoya. De Ibarra se dice que con su clarinete de quince llaves ejecutaba piezas mu- sicales complejisimas. También se sabe que aproveché las lecciones que, ocasionalmente a su paso por su ran- cho le diera Angel Viderique. En el municipio de Mazatlan proliferaban los grupos regionales como lo comprueba la lista de las bandas que siempre han existido en esta regién: la de Refugio Godina; la de Juan Gémez, en Villa Unién; la de La Noria; la de El Recodo (que no es Ia actual). En Siqueros también existia un grupo de banda; en El Walamo; en El Quelite, donde tocé Francisco Terriquez,autor de nuestro popular “El quelite”; en Guasave, donde estaban los her- manos Morales; en Tamazula, del mismo municipio, que estaba otro grupo de este tipo Los hermanos Cabanillas; en El Fuerte, la banda del popular Juanén tenia antigua trayectoria en toda la regién nortefia; en Cosala todavia estaba la Banda Centenario, que organizé Chinchin Rios; en el municipio de Culiacén, trabajaban Los sirolas, que habian dejado su natal Aguaruto para venirse a la capital sinaloense. Habia banda en El Coyonqui; en Tepuche; en Eldorado, dirigida por Emilio Alvarez, “‘El sol’’,; en el municipio de San Ignacio, estaba la banda de San Javier que contaba con la ayuda del gran musico Jesés Sanchez "El Nango”’; finalmente queremos citar a la banda de Elota, en la Cruz, dirigida por Pedro Alvarez. A la mayoria de estos grupos se les conocia de oidas, por los comentarios que se hacian en la Escuela Indus- trial, ya que en ella habia alumnos de todos los confines del Estado. Cuando ibamos a los pueblos, en cumplimien- to de nuestra actividad, siempre habia festejos en los poblados donde Ilegabamos, amenizados por las bandas nativas. Esta situacién fue cosa comun en la existencia de la banda cuando menos desde la época en que gobernd el general Macario Goxiola hasta Ia llegada del gober- nador Loaiza, con cuya muerte se termind la existencia de la agrupacién musical del Internado del Estado. Desde entonces yo deseaba saber mds a fondo todo lo relacionado con la banda regional sinaloense; y, aunque Nosotros ya interpretdbamos a Mascagni, Liszt, Wagner, Ponchielli, Verdi, Strauss, Beethoven, etc., ademds de uno que otro autor nacional (Aires Nacionales, La Zan- dunga, Zacatecas, etc.), me maravillaba oir tocar al tuerto Ramon, trompetista de la banda de Conrado; a Leonides Ortiz, haciendo maravillas con el clarinete; al viejo Benjamin Espinoza, el trombén de Los Guamuchi- Banda Regional, disfrazados de pierrots durante los festejos de carnaval, en Angostura, Sin. 1920-30 lefios con sus peculiares contra-cantos; y, en fin, a una serie de intérpretes en todos los instrumentos. Todos ellos ejecutaban los distintos numeros del rico acervo sinoloense como: El coyote, La cuichi, El palo verde, El toro, El veinte, La ardilla, El nifio perdido, La india bonita, El buey palomo, El toro gacho, etc; y sus interpretaciones cuidaban todos los aspectos técnicos con particular maes- trig, Conrado Solissy todos sus musicos fueron objeto de mis preguntas, Los guamuchilefios de Culiacdn lo mismo; la banda de Los sirolas, de la que director Aristeo Cas- tro, padre del reconocido trompetista mexicano, Jesus Castro Ibarra, El Sirola, y nieto de Alberto Ibarra, cla- rinetista muerto trdgicamente; JesUs Escobar, ilustre autor del vals ‘Fanny’; Pedro Alvarez, mUsico de Ia ban- da del general Iturbe durante la revolucién; Pantaleén Galindo, compafiero de Alvarez; El Planchado y otros de esta misma banda; el mismo maestro mio, Lomelin; Cachi Anaya; Cuco Soto; Pedro Jiménez, y muchos mds que seria largo ennumerar, fueron blanco de mis preguntas en relacién con los antecedentes que ellos recordaban de todo lo relacionado a nuestras bandas regionales. En mi ya larga experiencia en este quehacer musical he tenido la fortuna de haber conocido a muchos musicos del nivel popular. Cada uno tenia su muy particular forma de tocar, de adornar los diferentes pasajes que pide una pieza. Aunque yo iba adquiriendo cada dia més los conocimientos musicales, me preguntaba de qué medios se valian estas personas para vencer las dificultades téc- nicas con su facilidad asombrosa. Ellos me decian: “Pues aqui lo siento’’, sefialando el punto donde estd el corazén, con una sinceridad absoluta. En 1933 existian en el Estado las siguientes orquestas: en Escuinapa, la del maestro Antonio Aguirre; en Rosario, la afinadisima orquesta de los hermanos Borrego; en el puerto de Mazatlan teniamos a Xavier Vidriales; la de los hermanos Hernandez; Panfilo de los Palos; la del maestro Manvel Gallardo; el grupo de otro notable clarinetista, reconocido a nivel nacional: Cheché Sanchez; la de Ricar- do Valdez, Lucio lfiguez, etc. En Culiacdn teniamos la orquesta Estrella; la del Cachi Anaya; la de Jesus Garcia, papa de una numerosa familia de atrilistas originarios de El Fuerte, entre los que destaca Gilberto Garcia, violinista de la Sinfénica Nacional y del cuarteto México, y la de Octaviano S. Millan. En Guamdchil estaba otra parte de los hermanos Garcia integrando otra orquesta junto con la que tenia Gaspar Ahumada. En Guasave, el nombre de Luis Ibarra ya era parte de la vida cultural. Los Mochis tiene desde 1900 a 1960 la orquesta, Los Cachoanas, de Tirso Robles. Por vltimo, en El Fuerte, otro renglén de la familia Garcia integraba su correspondiente orquesta y, ademds, en varias partes del Estado, grupos de acordeén con guitarra formaban parte de los cultores de musica popular, seguidos por un publico numeroso. Diametralmente opuesta a los estilos de los grupos musicales antes citados, vemos que la orquesta con su especifica dotacién de cuerdas ya empezaba a recibir la influencia norteamericana al adoptar los nuevos ins- trumentos que se requerian para este nuevo estilo de misica, como era la familia de saxofones, el cambio de cornetin por la trompeta, y la sustitucién del trombén de pistones por el de vara. Algunos grupos cambiaron el Carlos Aguilar, violin; José Otaez, trompeta: Memo Alvarez, saxtenor y José (Sapo) Lépez, todos integrantes de la Orquesta Alvarez. contrabajo de cuerda por la tuba e incluyeron el banjo. Con la bateria que se habia integrado desde hacia algun tiempo, tenlamos lo que de pronto se Ilamé Jazz-Band, estilo que empezé a prosperar desde los afios 26. Como pionero de esta transformacién se integré el violinéfono, que no era otra cosa que el mismo violin con una especie de bocina que tenia por objeto aumentar la capacidad sonora del instrumento, para que pudiera competir con los demds descritos anteriormente en la produccién de sonido al estilo norteamericano; de esta manera, con la dotacién de cuerdas se producia musica al estilo de prin- cipios de siglo, y con el uso del nuevo instrumental se empezaba a tocar fox, charleston y blues; en una pa- lobra, eran los balbuceos del Jazz en nuestro Estado El primer conocimiento de ta banda fo parcibi en al ario de 1928 en Los Mochis, adande se habia traslado mi familia desde mi natal Ahome. Digo “‘percibi’’, porque lo que of fue una serie de tamborazos, que era la forma como se convocaba a los musicos en ocasién de una tocada, cuando no habia teléfonos ni coches ni otro medio de comunicacién, en una clara reminiscencia del reclamo indigena por medio del percutir de algtin tambor.La banda conservaba la misma dotacién de siempre, o sea la si- guiente: dos clorinetes de sistema sencillo de trece y quince Ilaves, des cornetines, dos trombones de pistones, dos saxhorns productores de armonia, el bajo de pecho ya fuera en Si o Mi bemol, y las percusiones integradas por una tambora (bombo), cuyo vaso era de manufactura casera hecho con madera de nuestros bosques y a la cual se le adosaban a ambos lados las respectivas membranas © porches, que no eran otra cosa que cuero de chivo debidamente afeitado pero sin curtir, los que mediante el ajuste de los aros por medio de cuerdas de mecate se templabon y producian un sonido diferente al de los par- ches usados en la actualidad, ya que estos ultimos son de plastico. Lo que no se ha cambiado es lo relacionado con los platilles, que son tocados por el encorgade de la tam- bora, unciéndose uno de ellos a un costado de la misma y siendo percutido por el otro que es el manejado con la mano izquierda del encargado de este instrumento; y, por Ultimo, la torola o redoblante que también era confec- cionada en igual forma que la tambora, A la torola se le agregaba unos cascabeles de serpiente, pues se decia que se hacia mds sensible su parche con esta innovacidn; es- tos cascabeles iban por dentro de Ia caja. Pues bien, estos eran los grupos musicales que hacian las delicias de los sinaloenses. A la orquesta la deno- minaban popularmente “musica de cuerda’’, y a la banda, “de viento’. En cuanto a su preferencia por los distintos sectores, los campos estaban bien delimitados: la orques- ta era musica de sectores econémicamente mds altos, mientras que la bonda era la misica de pueblo y de uno que otro cacique o hacendado que, en sus parrandas, jalaba con el gusto de sus peones. Esta misma diferencia se observaba en el quehacer diario de los misicos de banda y orquesta, pues estos l- timos tenian actitudes de presuncién por el hecho de per- tenecer a las orquesta y tener conocimientos académicos de la musica; en cambio, el misico de banda era por naturaleza un poco cohibido. Cuando se trataba de grupos campesinos, a la hora de ir a una tocada dejaban los aperos de labranza. Abundan detalles de esta especie que nos van dando fndices del comportamiento que naturalmente regulan las expresiones que en el campo musical van a desarrollar nuestros humildes artistas. Todo este proceso lo conoci mds a fondo al tener ac- ceso a los conocimientos musicales que recibi en la es- cuela, y por ser miembro de la banda donde imperaban los instrumentos de aliento. La idea de poder algin dia escribir sobre este tema, nacié cuando, siendo alumno de esta institucién, fui tes- tigo con todo el alumnado de Ia escuela, del siguiente ac- to: el director de la escuela, cufiado del gobernador en turno, ordend sacar todo el archivo musical que se encon- traba en unos estantes (ademés del archivo existia una gran cantidad de métodos de todos los instrumentos, asi como libros de contenido musical), se nos ordend sacar todo el material y amontonarlo en el patio con el ex- clusivo fin de incinerarlo, cosa que se hizo sin que hubiera protesta de ninguna especie. Es indudable que todo ese material constituia un ar- chivo de gran valor ya que estaba compuesto por una coleccién de instrumentaciones que abarcaba desde tiem- pos de la intervencién, pasando por los subsecuentes periodos de vida del pais, hasta gran parte de la época revolucionaria; ademas de mdsica impresa habia musica Manuscrita que mostraba claramente las huellas del tiem- po, textos y métodos de un valor incalculable. Durante mi vida activa como mUsico, después de haber sido subdirector del Internado, ademas de director de la banda y orquesta de la institucién, toqué con distintas orquestas de la localidad, actuando con algunas com- pafiias teatrales tanto en su paso por la ciudad como en giras. Durante una de ellas me quedé en la ciudad de Monterrey. Al regresar a Mazatlan, después de viajar toda la noche, escuche en la fresca mafiana las nitidas notas de la “‘India bonita’ interpretada por una banda regional, que inmediatamente reconoci como Los gua- muchilefios. Como habia comprado el periédico y leia que jvgaba el equipo de beisbol de Culiacdn contra los del puerto, me imaginé que andaban de juerga los culichis. Ni una cosa ni la otra, pues al buscar a los misicos por el rumbo de a terminal de camiones que en ese entonces estaba en el centro del puerto, encontré la respuesta en la sinfonola de un restaurante. Esto me ocurrid en el mes de febrero de 1953. In- mediatamente acudié a mi mente Ia vieja idea de buscar la manera de ir integrando todos los datos posibles para elaborar una especie de historia que viniera a ser un resumen de las tonadas y su origen, del principio de nuestras bandas regionales de la vida de las orquestas y los datos de nuestros autores verndculos, en fin, de todo lo que pudiera ser de interés para las generaciones pos- teriores. Muchas veces comenté con el historiador sinaloense Antonio Nakayama sobre la importancia de emprender es- ta labor, inclusive, se la expuse a varios directores de educacién del Estado, pero siempre me topé con la mds fria indiferencia. Cuando escuché Ia grabacién en Mazatlén, recordé la quema del archivo del Internado. Consideré si con se- mejantes pérdidas se mantendria puro y’ sin mistifica- ciones por mucho tiempo el contenido de nuestra musica. Imaginé de inmediato la mutilacién y modificaciones que recibirla esta manifestacién, motivada muchas veces por disposiciones de los directores artisticos de las casas grabodoras; por otra parte, también consideré la pérdida de la pureza de la musica que, necesariamente, al contacto con otros medios y factores econémicos, tendria que sufrir. ‘Sin negar que la misica como profesién es un negocio, diré con franqueza que las primeras grabaciones hechas por las diferentes bandas regionales de! Estado, fueron hechas sin ningun interés comercial, es decir, que fueron grabadas para satisfacer un deseo natural de escucharse a si mismos, por lo que tuvieron buen cuidado todos los grupos de interpretar con esmero los temas. De las primeras grabaciones hechas en el afto de 1952 por Ia banda Los guamuchilefios de Culiacdn, la de El Recodo, Porfirio Amarillas, Los Tamazulas y otros grupos, se puede decir con toda certeza, que pueden ser so- metidas al més severo examen y solir airosas de Las bandas regionales posaron al primer plano en el gusto de todos los publicos, merced al impacto publi- citario del disco, acabéndose las orquestas y los misicos de estos grupos a las bandas; pero antes de ello ya la mésica habfa comenzado a sufrir la mistificacién impuesta por los nuevos medios de difusién. Ante el éxito artistico que indudablemente alcanzé el grupo regional, se comenzé a variar el timbre de los grupos por medio de la adopcién de instrumentos ex- ‘trafios a la dotacién original. Ejemplo de ello es la adop- cién de tumbas, maracas, guiros y cencerros, para dorle a la banda sonoridad de conjunto tropical, lo que varié la forma del bolero cuando los saxhorns {charchetas) daban el acompafiamiento siguiente: Naturalmente, al incluirse todos los instrumentos de cusién citados, se quité esta caracteristica, esta forma, lo mismo al danzén que a otras de ritmo parecido. Ademds, con la influencia de las grandes orquestas de los affos 40, como las de Glenn Miller, Benny Goodman, Tommy Dorsey, Artie Shaw en Estados Unidos y las mexicanas de Luis Alcaraz, Pablo Beltrén Ruiz, Ismael Diaz, etc., nuestros bandas quisieron tocar a la manera de ellas y agregaron saxofones a su instrumental para tocar los arreglos que interpretaban los grupos antes mencionados. De esta manera aparecié de pronto bautizada nuestra banda regional con el agregado de banda-orquesta, con lo que se perdié originalidad, aunque existia la justificacién comercial, que es vender musica al gusto de las nuevas corriéntes. Pero todavia no terminan los cambios. Al llegar la era del rock se adquirieron micréfonos para aumentor el poder sonoro; y no nada mds esto, sino que se agregoron guitarras, bajos electrénicos, y por si fuera poco, se in- cluyé cantante. No estoy en contra de los avances de Ia técnica, pero si considero que el uso de tanto aditamento, que ha venido a engrosor el ndmero de instrumentos y miembros, ha deteriorado la imagen primitiva de la banda, dando por resultado Ia creacién de hibridos musicales que, lamen- toblemente, pierden su relacién con las raices populares auténticas. Por eso, al tratar de llevar a cabo esta recopilacién, s6lo nos guia el deseo de preservar para las generaciones venideras, por medio de cintas grabadas, por transcrip- cién en el papel pautado y por una relacién de todos los detalles inherentes al tema, una de las manifestaciones culturales que en un dia que ya va siendo lejano, nos did a conocer dentro de los ambientes nacionales e inter- nacionales mediante las grabaciones que hicieron por primera vez, la banda de Los Guamuchilefios de Culiacén, . la mayoria de cuyos integrantes ya dejaron este mundo y a los que mediante estas lineas les dedicamos un recuer- do: al tubista Casimiro Bétiz; a Benjamin Espinoza, des- tacado trombonista mocoritense; a Los Piriguas Jesus y Victor Ramirez, encargados de las percusiones; a Don Ramén Quifionez, otra trombonista destacado oriundo de Navolato, y también a los musicos de las demas agru- poses regionales del Estado que participaron en esta mete Ia descripcién detallada que de cada municipio se presenta, seguramente aparecerin mds datos de grupos de esta indole que hemos podido investigar en nuestro peregrinar por todo Sinaloa. Pero no mds la musica regional mestiza forma porte de la produccién de nuestro Estado, sino que te- nemos la interesantisima aportocién de la misica in- digena localizcda en la parte norte y que es practicada por los grupos de Ia tribu mayo que ha conservado casi integra su musica, que seguramente les viene desde la época de Ia col ia, siendo su estudio y andlisis gran reto para los especialistas. (Personalmente conoci sus ceremonias desde la edad de siete aftos cuando asisti a las celebraciones de Semana Santa en San Miguel Zapotitldn donde vivia mi hermana ‘Amada, cuyo esposo conocia y hablaba el dialecto mayo a la perfeccién, ya que se crié entre ellos.) Hasta el presente los principales centros ceremoniales ‘son: Tehueco, Mochicahui y aan ‘en el municipio de El Fuerte, y San Miguel en el de Ahome. El afio de 1976 al hacer un trabajo esporddico para DIFOCUR, hice participe de mis inquietudes a Ia sefiora licenciada Sandra Calderén, directora de esta Institucién, y su interés fue inmediato, pues, precisamente, se habia puesto como una farea el rescate de las diversas ma- nifestaciones culturales a nivel popular. Recibi su respal- do total, siendo producto de esta aceptacién el poder llevar a cabo el suefio tantas veces anhelado. Hl apoyo ha sido desde el principio, amplio; brindén- doseme facilidades pora visitar el Estado a fin de llevar a cabo una larga serie de entrevistas con personas que, en una u otra forma, me proporcionaron datos y detalles sobre nuestra musica en el periodo de tiempo que abarca desde finales del siglo pasado hasta el presente. En fin, creo conveniente dejar sentado que la realizacién de este trabajo se debe a ese total respaldo que he recibido de la licenciada Sandra Calderén. 1. Escuinapa de Hidalgo Escuinapa de Hidalgo es el municipio situado al extremo Sur de nuestro Estado en Sinaloa. Estuvo ligado polfticamente al distrito de Rosario y fue declarado municipio en el afio de 1915. Tuvo importancia desde fecha muy remota, ya que estd enclavado en el paso obligatorio del viajero, tanto del que venia del Sur como del que iba al norte. Si pensamos en su abundancia de recursos naturales, mucho tenemos que decir de su actividad e importancia como centro poblado desde esta lejana época, tal vez desde Ia colonia. Urgando en torno de la actividad musical, nos encon- tramos con el profesor José Romero Alzate, nativo de Es- cuinapa. Es ademds investigador e historiador. (1). El sefior Anselmo Vargas, antepasado del informante, fue padre de Jocinto, Agustin, Pedro y Lorenzo Vargas, todos dedicados a la musica. Se les nombraban mariachis y su grupo se identificaba por la particular forma de la nariz, por lo que eran nombrados también ‘‘los aguili- las’. De ideas liberales, fueron objeto de persecusiones durante el porfiriato sufriendo alguno de ellos reclusin en las “tinajas’’ de San Juan de Ulva, a las que eran en- viados presos politicos durante el ejercicio del gobierno del general Diaz. Jacinto y Agustin tocaban violin y, Pedro, el violon- cello; el papd también tocé el violin y, seguramente, Lorenzo era el bajista. Esta agrupacién se terminé durante la revolucién. En los datos biograficos del maestro Severiano M. Moreno, hallamos que cuando él se casé, en el afio de 1889, ya era director de su orquesta, por lo que encon- tramos la existencia de otra orquesta mds en fa poblacién escuinapense. Esto da una idea del ambiente con dos grupos musicales; y aunque el maestro Romero Alzate aclara que sus antepasados no eran unos. brillantes misicos, el hecho es que habia abundancia de musica desde esa lejana fecha. No cabe duda de que el maestro Severiano M. Moreno tuvo una agrupacién en Ia que tocé Gerardo Millén, padre de una generacién de musicos contempordneos. Otro musico de este grupo fue el clarinetista Romero, familiar del anterior informante. Por supuesto que debid contar con otros componentes, pero fue imposible averiguar sus nombres. Severiano M. Moreno fue motor de la actividad musical en Escuinapa. Era cantor y organista del templo; daba clases en la escuela del lugar, donde ensefiaba musica es- colar de su propia inspiracién y era director de su propia orquesta. Maestro en composicién e instrumentacién, alimentaba el archivo de todos los grupos de la regién y su influencia fue notable en la vida artistica de Escuinapa, Rosario y parte del vecino estado de Nayarit, hasta donde Hegaba su produccién, En 1906, el maestro Moreno era director de la escuela de su natal Cacalotan y ya se vislumbraba en él su sim- patfa por el ideal revolucionario que pugnaba por salir a flote. Con esta inquietud compone la polka “‘Los cons- piradores‘’, y mds adelante, de vuelta a Escuinapa otra vez, funge como secretario del movimiento anti- huertista, En 1914 se incorporé en Tuxpan, Nayarit, a la Brigada Buelna, con el grado de capitén y como subdirector de la banda de misica de la que era titular el maestro Sebas- tidn Sanchez. En este perfodo compuso la marcha “Viva Buelna’’ y la polka “Oficiales parranderos’’, piezas que se constituyeron en himnos de las fuerzas del famoso “Granito de Oro’, el general Buelna. En 1917 abandoné la Brigada Buelna con la anuencia del ingeniero Juan de Dios Batiz, jefe del Estado Mayor de dichas fuerzas. Después de haber estado como maes- ‘tro en Rosario, Concordia y Quild, llegé a Cosald donde formé una estudiantina, Fallecid en 1939 en su querida Escuinapa, que le rinde homenaje todavia en la pérgola que su pueblo le cons- ‘truyé como emotivo homenaie. También localizamos la existencia de la orquesta de Clemente Rosas, quien trafa musicos desde Guadalajara. Otro director de orquesta de esta poblacién poco después de la revolucién, fue Manuel Martinez. Nativo de Chametla, el maestro Antonio Aguirre recibié clases en 1914 del profesor Placido Herndndez y en Mazatldn estudio con Tereso Herndndez, que segun todos los informes obtenidos es el afortunado autor del vals sinaloense “Sobre las nubes”’. El maestro Aguirre, que tenia el oficio de peluquero, vivia en Rosario. Alli tocé con la orquesta de Delfino In- fante cuando éste se separé de la orquesta de los Her- Severiano M. Moreno. manos Borrego y formé la propio. Posteriormente el maestro Aguirre se vino a Escuinapa y desde el afio de 1926 formé la orquesta que se conocié con el nombre de ‘‘Tofio Aguirre” y que llegé a ser de las mejores de la zona. ‘Ademds, el maestro Aguirre figuré en la orquesta semisinfonica que dirigia el violinista mexicano Lauro Uranga, en sus giras por toda la costa del Pacifico y en la propaganda, de una marca de cigarros. Como hemos visto, todos los grupos mencionados per- tenecen al tipo orquestal, lo cual no quiere decir que no hayan existido las bandas populares, como veremos a continuacién. H maestro Aguirre recuerda una banda que habia en su pueblo natal, Chametia. De los grupos nativos de Es- cuinapa, menciona la existencia de la banda de Chano Barrén, que poco después del perfodo revolucionario, for- mo porte activisima de la vida escuinapense: asimismo, recuerda a la banda de Gumersindo Hernéndez, que tocaba el trombén. Precisamente ‘‘Don Gume’’, durante ‘su gestién como presidente municipal, comisioné al maes- tro Aguirre para que formara una banda, faciliténdole los medios. Como Aguirre no podfa atender al mismo tiempo su orquesta y la banda, le hablé ol clarinetista Onofre Zatarain, para que se hiciera cargo de las tantas veces mencionada agrupacién; como Zatarcin se encontraba en La Concha, poblado de! mismo municipio y cercano a los limites con Nayarit, al frente de otra banda, hizo los arreglos pertinentes y se vino para Escuinapa por los afios 1926-28. Entre las composiciones de Zatarain, destacan las mar- chas: “’Veteranos escuinapenses” y “Sur de Sinaloa’. Asi tenemos que la tradicién musical que se inicia, hasta donde logramos investigar, con el grupo “Los aguilillas’” de la familia Vargas, pasando por el maestro Severiano, la banda de Chano Barrén y la orquesta del maestro Aguirre, es continuada todavia por los herederos Gerardo Millan, que tienen unida desde hace varios afios a Ia orquesta de los Hermanos Millén, al frente de la cual se encuentra Nacho Millan. En el renglén popular hay bandas regionales de mds reciente formacién. NOTAS 1 Curiosamente, me he encontrado con la circustancia de que tanto por el rumbo de Matatan, en el municipio de Rosario, como en Es- cuinapa, la gente nombraba mariachis a las personas que tocaban instrumentos de cuerda, situacién que se remonta hasta el siglo pasado, lo que nos indica que la practica musical con instrumentos de cuerda se encontraba muy diseminada. No pudimos encontrar justificacién para que a los miisicos se les denominara mariachis en una época en que practicamente era des- conocida esta agrupacién en nuestros lares, por lo que serd in- teresante ahondar sobre este aspecto, 2. Rosario En el afio de 1531, el 16 de enero, Nufo Beltrin de Guz- man derroté a los chametlas adjudicando el pueblo a la corona espafiola con el nombre de San Pedro Chametla (1), y en agosto 3 de 1654 fue fundado el lugar Real de Minas de Nuestra Sefiora del Rosario (2). Estos son los escuetos datos que marcan la apertura de esta regién sinaloense. De su actividad musical antes de Ia llegada de los espafioles no scbemos nada, al menos hasta el presente, por ser una regién en la que, segun las cré- nicas, fue arrasada la poblacién indigena que debié tener, cuando menos instrumentos musicales rudimentarios. En lo que respecta a la época colonial, es notable la ausencia de informacién. De lo que si hay seguridad es que fue un centro minero con un alto indice de desarrollo. Sdlo en la época independentista encontramos la si- guiente alusién: “‘La musica se halla en estado muy atrasado no obstante que se nota mucho gusto por ella’” 38). Tol comentario hace Juan M, Riesgo que goberné el Estado de Sinaloa a partir de la separocién con Sonora, en una memoria-estadistica que fue impresa en Guadalajara, segun la fuente. En ocasién de Ia Primera Feria del Libro celebrada en la capital de la nacién en 1942 (4), el profesor Alfredo Ibarra, publics una memoria de la participacién de Si- naloa, que consigna Ia cita siguiente: “En Rosario es don- de se ha ayentajado un algo mds pero se entiende que hablamos de la misica por principio, pues donde quiera se eneventra un violin, hasta en el rancho mas miserable. Algunos tocan muy bien el arpa, la guitarra y la jaranita, instrumentos propios para los cantos criollos que, sin tener la elegancia de los de Europa, tienen para nosotros un encanto arrebatador’’. Este dato referente a los instrumentos que se usaron Por esos tiempos, nos puede servir de antecedente para onalizar la preferencia por la mUsica de cuerda a que fue muy afecta esta regién. Dice mds adelante la nota: “Los bailes de tono se habian reducido, hasta hace poco tiempo, a las casas de los empleados de rango que venian de Espafia o de la capital y estos mismos degeneraban, a media funcién, en jarabe, ciguefia, venado, paloma, que son los fandangos puramente criollos, y del gusto de la muchedumbre. Los indios imitan de tal modo a ciertos animales en sus fan- dangos que suelen bailar en cuclillas, dando saltos a manera de sapos y hasta toman una brasa encendida en- tre los dientes lo mismo que suelen hacer con dichos enules los muchachos traviesos que se divierten con ellos”. = Aparece por primera vez en nuestra historia la palabra fandango al mencionarse su uso tanto por los criollos como por los indigenas. Al encontrar nombres idénticos a los actuales para al- gunos sones sinaloenses, se puede suponer que corres- pondan a creaciones musicales similares: suposicién que no puede ser esclarecida puesto que, desgraciadamente no hubo quien los plasmara en papel pautado para poder cotejarlos con los tocados en Ia actualidad. Aqui es don- de Stravinsky nos puede dar la razén, cuando sostiene que “una tradicién verdadera no es el testimonio de un pasado transcurrido; es una fuerza viviente que anima e informa el presente’’. Tal vez desde esa lejana época, nuestra mUsica, tanto aborigen como mestiza, fue adquiriendo la tonalidad mayor que viene a ser su sello inconfundible y que nos hace pensar en ciertas caracteristicas de nuestras tribus que influyeron definitivamente en darle esta distinta manera de ser. Creemos que los especialistas nos darén la razén cuando sefialamos la belicosidad de nuestros in- digenas, su amor por Ia libertad. su inestabilidad. Aqui hacemos la comparacién de nuestro folklore, tan diferente de las formas bucdlicas, serenas, que son dis- tintivas de la musica de otros Estados de Ia costa del Golfo y del Sureste del pafs, y que tienen la tonalidad menor en gran ndmero de sus tonadas, como ocurre, por ejemplo en “La llorona’’, “La zandunga”, “La mala- guefia’’, ‘’El caminante del Mayab’’, etc. Rosario junto con Concordia, tuvo de inmediato contac- to con la musica tradicional espafiola desde los tiempos de la colonia, es por eso que la amalgama de los distintos ingredientes se llevé a cabo més temprano que en otras regiones del Estado, donde todavia tordé tiempo la colonizacién. Es natural que con la preponderancia econémica ge- nerada por la actividad minera, ésta se haya convertido en catalizadora de la prdctica y empleo de las bellas ar- tes; pues aqui hubo literatos, actores, periddicos, misicos, teatros, etc., y muchas casas rosarenses con- taban con un piano, una guitarra o algun otro instrumento musical. Naturalmente que los anteriores disquisiciones se basan en lecturas y suposiciones que nos dicta la légica de los acontecimientos. (5). Corresponde a Braulio Pineda, la creacién de dos bellas paginas musicales, tal vez las mds representativas, de Rosario, los valses: ‘’Bellas del Rosario’ y ‘‘Quejas del Alma’, que avalan una preparacién fuera de toda duda, pero no ubicamos acertadamente su época de apogeo. Lo suponemos desde el ultimo tercio del XIX hasta principios del actual. Sus hijos Ramén y Daniel, violinista el pri- mero, pianista el segundo, anduvieron tocando por toda la costa todavia por los afios 50. Otra orquesta cuya vivencia se remonta desde finales del siglo hasta bien entrado el presente, fue la de Juan José Ledén, quien tuvo como contrincante artistico desde el afio 15 hasta el 30 del siglo que corre, a Rosendo Oca- fia, ofro mUsico rosarense que tenia su orquesta. En octubre del afio de 1917, llegé a Rosario Manvel Borrego, acompafiado de su familia. Aunque desgra- ciadamente fallecié al ato de su Ilegada, las ensefianzas que dio a sus hijos hicieron que éstos continuaran con el grupo, que al correr de los tiempos, llegaria a ser toda una institucién en Ia vida social de la ciudad minera. En un principio, todavia bajo la direccién de Manvel Borrego, se trataba de un pequefio conjunto de cuerdas, en el cual era el propio director el ler. violin; Ignacio, su hijo, la flauta; otro hijo, Gabriel, el violoncello; en el contrabajo estaba un hermano de Borrego, Angel. A la muerte de Borrego, se hace cargo del conjunto su hijo Ignacio que empieza a reforzar la orquesta; con la in- clusién de Pedro, otro hermano, y los sobrinos Ernesto y Gilberto, se redondea la organizacién familiar. Otro mUdsico copalense, Delfino Infante, padre de Pedro Infante, fue miembro de esta orquesta. Antes ya habia tocado con el maestro Ledén. Después, Infante se separé y formé su propia orquesta en la que estuvo el maestro Aguirre, de Escuinopa. Termind por irse para el Norte, después de haber estado en Guamichil y en Guasave. Para el afio de 1926 ingresa al grupo “El nayarita’’ de Santiago, Ignacio Guerrero, buen cellista que, al salirse Delfino Infante, entré a tocar el contrabajo; el maestro Guerrero; ademds, era un buen instrumentador. Otro. elemento recordado por la vieja guardia, fue el trom- petista Juan Lopez. Manuel Borrego, hijo de Nacho, des- tacé con el violin, llegando a tocar en varios grupos de la costa, desde Hermosillo hasta Tepic. Por esa época se recuerda a Isabel Santiago, originario de Matatén, quien empez6 con la baterfa y después aprendié a tocar el violfn; lo que ciertamente le sirvid ya que es de su ins- piracién el vals “Entre naranjos’’. Con la inclusién de la bateria esta orquesta tenia por una parte las posibilidades de un grupo de cuerdas donde destacaban los Borrego y, por otra parte se transformaba en una Jazz-Band, con saxofones y demds instrumentos de la nueva corriente sin menoscabo de su calidad, pues rdpidamente se adoptaron estos singulores mudsicos a semejantes innovaciones. Fue grande la fama de esta orquesta que llegé a ocupar primerisimo lugar en opinién social. Alabada incluso por ilustres visitantes, como Virginia Fabregas y otras, que se consignan en una serie de programas que colecciona Hubbard desde el afio de 1924 hasta el afio de 1968, en que fallecid Ignacio y terminé a época de oro de esta gron orquesta. Todavia anda Ernesto, uno de los nietos de Borrego, con un grupo que continua Ia tradicién de la familia. Hasta aquf vemos la preponderancia que tuvieron los grupos orquestales. Al indagar sobre los grupos re- gionales nos encontramos con la existencia de la banda de Chon Velazquez, pero éste se fue para el Norte y no se supo mds de él. Ademds, Hubbard encontré el dato de la existencia de una plaza de toros donde actud el diestro Ponciano Diaz, famoso en el siglo pasado. Como la fiesta de los toros siempre ha necesitedo un grupo musical de amplio poder sonoro, seguramente una banda, que no pudimos localizar, fue la encargada de amenizar el pasefilo con el cldsico pasodoble. Lo que sf se recuerda nitidamente son las actuaciones de la Banda de Concordia desde los tiempos del maestro Sebastian Sdnchez, que venia a tocar a las fiestas de mayo a las cercanas playas. Sin embargo parece que el pUblico de Rosario fué mas aficionado a la orquesta. 15 16 NOTAS Lezeano Ochoa, Jestis, Agenda Civica Sinaloense, Ediciones del Gobierno del Estado, Culiacén, Sin., 1968, p. 96. Lazcano Ocho, Jesis, op. cit, 103 Gonzalez Davila, Amado, Diccionario Geogréfico Histérico y Biugrafivo de Sinaloa, Euitado por el Gobierno del Estado, Cu- iacén, Sin., 1959, p. 525. tbarra, Alfredo, Sinaloa en la Cultura. También conté, en esta pequefia investigacién, con la valiosa cooperacién de Carlos Hubbard, quien, por su condicién de pe- riodista y cronista de ta ciudad, se halla s6lidamente informado. 3. Concordia Al hacer el estudio del desarrollo del arte musical en Sinaloa desde su mds remota antiguedad, forzosamente se tiene que orientar la busqueda hacia lo regién surefia del Estado, por ser ésta la puerta de entrada de las primeras expediciones de conquistadores espafioles que hollaron tierra sinaloense en los finales del primer tercio del siglo XVI. ‘A escasos once afios de fa consumacién de la conquis- ta, Nufio Beltran de Guzman arrasé Chametia y posterior- mente fundd la ciudad de Culiacdén, el 29 de septiembre de 1531 (1). Son estos acontecimientos los que marcan el inicio del conocimiento de la geografia sinaloense como parte del Occidente del pafs, aunque mas bien fue tomada como ruta de paso de la incesante busqueda de tesoros y ciudades fabulosas. En un principio, Sinaloa pertenecié a Nueva Galicia con sede en Guadalajara, y también a Nueva Vizcaya, cuya cabecera era Durango (2). Esta ciudad fue factor impor- tante en el desarrollo del Sur sinaloense. Al proliferar los asentamientos humanos en virtud del descubrimiento y explotacién de numerosos fundos mineros a ambos lados del macizo serrano occidental, el intercambio de hombres, productos e ideas, fue cosa comin, con el consiguiente perfodo de tranquilidad que hizo posible, para los colonos, la préctica de formas de vida iguales a las que llevaban en la Espafia de entonces. En estas circustancias, el mestizaje se realizé en am- bientes que resumaban costumbres de Io peninsula. Para el estudio de la musica en esta parte del Estado tenemos que hurgar en el pasado, razén por la que se insiste en recalcar la vecindad con Durango, ciudad que ya tenia varios afios de ser un centro poblade, ademds de que perteneciamos a su jurisdiccidn, la villa de Son Sebastién, hoy Concordia, tiene el meérito de ser una de las poblaciones mds antiguas de Sinaloa. Fundada poco tiempo después de la de Carapoa (Fuerte de Montesclaros), hoy EI Fuerte, por Francisco de Ibarra, gobernador de Ia Nueva Vizcaya, el 20 de enero de 1565. EI mismo gobernador poco tiempo después fun- doba también Copala y Panuco, dadas sus posibilidades de futuro minero, integréndose asf a una serie de pobla- ciones que dan idea de la pacificacién y, por supuesto, del correspondiente poblamiento de esos lugares. El gobernador Ibarra puso interés en poblar estas regiones dadas sus posibilidades de éxito en lo que se refiere a la explotacién minera. Y seguramente con los primeros colonos vino la misica como parte de un acervo cultural en sus diversas manifestacione’s, por ejemplo: juegos y rondas infontiles, cantos de trabajo, misica sacra 0 religiosa, musica profana como complemento de las festividades religiosas, etc. Naturalmente estas ex- presiones van tomando carta de naturalizacién por el uso, siendo adaptadas por los nuevos habitantes de estas tierras, nacidos ya de la unién de razas y que ya reciben el nombre de criollos o mestizos, 7 Cabe sefialar al respecto, la importancia de un estudio que hizo el maestro Vicente T. Mendoza, quien ofirma que el trasplante de melodias fue igual al de los diferen- tes vegetales que trajeron los espafioles y que encontran- do el terreno y medio propicios,hicieron posible su asen- ‘tamiento y multiplicacién, dandose casos de mejoramiento del nuevo producto. Fue innegable la influencia que ejercié en el desarrollo de la musica en esta regidn colindante con la serrania, lo relacién directa con la cabecera Durango, aunque sea de la mdsica religiosa, ya que esta ciudad era asiento de una excelente capillo de musica que junto a las de Puebla, México y Oaxaca, (4) gozaba de sélido prestigio en plena época colonial; y no creemos que Concordia, Copala y Pdnuco hayan carecido de las ensefianzas eclesidsticas a la que va aparejada Ia utilizacién de la musica, en esos tiempos en que el arte musical fue un colaborador efec- tivo en las toreas de adoctrinamjento y conversién de la masa indigena, que en gran parte se logré pacificar con este medio. Por esta relacién de vecindad, en la cual ni la misma sierra impidié el intercambio, se considera a Concordia como uno de los lugares de més ancestral Esta misma relacién seguramente hizo posible el inter- cambio de musica popular en una fecha indeterminada, ya que fue precisamente esta regién la que primeramente fue colonizoda y donde la unién de las razas se efectud mds répidamente. Ser encrucijada de las distintas co- rrientes de viajeros le da una indudable ventaja a Concor- dia sobre las demas zonos apenas descubiertas, y otras que aun no eran conocidas. Es bien sabido y reconocido el interés que los distintos frailes y evangelizadores pusieron en la ensefianza de la musica; asf cabe sefialar el establecimiento de una es- cuela de musica en Ia Villa de San Sebastidn, en el afio de 1770, bajo los auspicios de los jesuitas (5). Casi a Ia distancia de un siglo, después de la fundacién de una escuela de miisica en Concordia, se fundé la banda municipal del lugar, donde aparecié por primera vez el nombre del maestro Sebastian Sanchez Tirado, hijo de An- tonio Sanchez y Angela Tirado, que nacid en 1876 y recibié sus ensefianzas del maestro, José Virgen, quien, segun la opinién de Refugio Godina, fue el autor del schotis “Amor de madre’; destacé su habilidad para ‘tocar el clarinete y en el afio de 1890 era el director de la banda en cuestién. Fueron sus compafieros en el grupo las siguientes personas: Ramén Guzmdn, que tocaba el barftono; Eustaquio Pazos, el contrabajo de pecho; Manuel Péez, cornetin: Wenceslao Moreno, clarinete; Santiago Diaz, boritono; Jesis Tirado, cornetin; Felipe Flores, bajo; Pedro Peraza, cornetin; José Espinoza, clorinete; Rafael Velarde, tromb6n; y otros. El maestro Severiano M. Moreno formé parte de este grupo durante un breve perfodo, en la época de la revolucién. Del desarrollo de la actividad de la banda mencionada, recuerda el licenciado Vizcarra lo siguiente: el 27 de sep- tiembre de 1913 tomé Ia plaza de Concordia el famoso “Granito de Oro’’, general Rafael Buelna, al frente de su brigada de constitucionalistas quien al oir tocar a la ban- da del maestro Sénchez la incorporé a sus contingentes, habiendo participado estos en las acciones de Rosario, Tepic, Orendain, y la toma de Guadalajara; por ultimo tomaron parte en la entrada a la ciudad de México. Pasada la revolucién, la banda se regresé a Concordia y su fama duré hasta su disolucién, por los afios de 1930. Dentro de sus éxitos, se pueden anotar las distintas confrontaciones que tuvo a lo largo de su carrera con dis- tintas bandas de la regién y en los carnavales de Ma- zatlén, donde desempefié airosos papeles cuando venian las grandes bandas militares a participar en estas fiestas. Ademés de la cabecera, este municipio tuvo una ac- tividad social en los poblados de Mesillas, Tepuxta, Copala, Pénuco, Zavala y Agua Caliente de Gdrate, donde siempre hubo conjunto regional con menos elementos que los que tuvo la Banda de Concordia. Entre los musicos que lograron descollar, tenemos a Manuel Borrego y Delfino Infante, quienes antes de salir- se de Copala hicieron una larga carrera en su pueblo para luego irse a radicar a la costa. En Tepuxta se recuerda a Manuel Péez como maestro de varias generaciones. Su accién se pasé al vecino poblado de El Recodc, situado al otro lado del rfo perteneciente al municipio de Mazatldn. Siqueros también conté con la presencia de este maestro; su labor se circunscribia a la ensefanza de autodidactas. No se puede dejor pasar el hecho de que estos sefiores fueron los forjadores de gran numero de misicos, creadores de un sin fin de pdginas de nuestro folklore, pues de estos rumbos es “’La india bonita”, “El buey gacho’’, “El nifio perdido’, ‘‘Delirio de amor’’, etc. En Agua Caliente de Gérate vivid Leocadio Castafieda, compafiero de estudios musicales en el pueblo de Ca- calotdn, Rosario, de Severiano M. Moreno; Daniel Pineda, papd de Braulio, el autor de los valses de “Rosario” y otros més, y cuyo maestro fue Alejandro Torres, oriundo de Acaponeta, Nayarit. Pues bien, Leocadio Castafieda, papd de Manuel y Leocadio, dos magnificos trompetistas, hizo su agrupacién musical que, junto a la de Dionicio Encinas y otra que representaba un maestro de nombre Liberato, nos ilus- tran de la intensa vida musical de este pintoresco poblado desde el siglo pasado hasta gran parte del presente. Los descendientes de estos grandes misicos emigraron en busca de mejores perspectivas al declinar las condiciones econémicas de sus pueblos. Tal es el caso de Leocadio Castafieda, hijo, y Amador Flores L., que a su vez Procrearon destacados ejecutantes de la trompeta; como. Ramén Flores, una figura internacional, lo mismo que Manvelito Castafieda, retofio de Leocadio, que toca en Hawai. Discipulo del maestro Leocadio es también José Millén, clarinetista de la vieja guardia, que vive en Agua Caliente de Gérate y quien nos informa de las competencias que habia entre los musicos de Durango y los de Concordia, en las diferentes fiestas de Copala, Panuco, Mesillas, - etc. Es a Milldn a quien debemos Ia informacién sobre quien fue el autor del “Nifio perdido’, que indiscutiblemente es uno de las obras cumbres de nuestro folklore. Esta es la anécdota referida por Millén: Wenceslao Moreno, nativo de Aguascalientes fue muy buen clorinetista, e in- clusive tocd con la banda de la cabecera, donde fue reconocido por el mismo maestro Sebastian Sdnchez; pues bien, un dia se extravid por el monte uno de sus hijos pequefios. Después de una infructuosa busqueda por

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