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fftibtotia2017

(2026)
35 c.opia!>

I ,a base social del régimen

El exilo de los Reyes Católicos se lidie ni gran parir al eqmhlnio <¡ne


lograron establecer en la sociedad castellana. El <<>nllic(o que cnlrcntaba
desde principios de siglo al poder real v la nobleza qmd.i resuello en
beneficio del primero, sin que la segmida se sienta o sen (ida. El
establecimiento de mi poder fuci le, en adelante sin ovales en el interior,
permite por el contrario a la misionarla rom t ilma: en el nrma/.nii de la
sociedad, en el modelo ideal que datan de icpiodmit quienes están situados
por debajo (le ella, en los cuales se apocan también los sobe) anos:
hidalgos, patrie iatlo urbano c incluso esas rapas medias que la vitalidad de
la economía v el desarrollo del listado están promoviendo: oficiales de la
justicia, agentes riel Estado (/habrá que hablar ya de funcionarios:’) o de
los municipios, a torios los cuales se designa con el apelativo cómodo,
peto m> siempic. rxat m, de letrados. El clero no escapa a la voluntad
tcfbrmadora de los Reres: también él entra en disciplina y colabora a su
estilo en la < i ración de una España nueva.
Esa es la base social del régimen; la nobleza, los hidalgos, el cirio, los
Iclrados, las oligarquías mismas. Se advierte la ausencia de la burguesía.
No es por casualidad. I.a España que está edificándose no tit iu' nada de
burguesa, y se comprende que en el siglo de la Rclin- ma, el pmitanismo
encuentre en ella pocos reos. Eos burgueses -- existen, v tienen mucho
poder — no se afirman como (ales; se asocian a la aristocracia v
comparlcn con ella los beneficios del mercado 'le la
17?

lana; tienden a acercarse a ella y asimilarse, a ella. Muchos lo logra-


rán en la segunda o la tercera generación. Otros - por ejemplo, los
judíos que se proponen seguirlo siendo—- quedarán excluidos y se
verán expulsados del país. ¡
Es que. la política económica de Jos Reyes Católicos —lo desearan
deliberadamente o no se saiisíicicrali con seguir la tendencia del mí-
nimo esfuerzo— no parece favorable a las actividades llamadas bur-
guesas. Favorecen a la Mesta, a los! ganadnos, a los expoitadoi es de
lana, en detrimento de los agricultores y de los artesanos. Esas son
las «clases aplastadas», como dice ’icrrc Vilar: «el campesino casle-
llano, sobre todo el andaluz morisco». Forman la mayoría numérica
pero es una mayoría muda; nadie piensa en defenderla. Por ('SO se

ve sacrificada.

EOS REYES CATOLICOS Y LA NOBLEZA


■ - I :
La historiografía liberal y romántica ha tendido a presentar a los
Reyes Católicos como adversarios decididos de la nobleza; conscientes del
nefasto papel que había desempeñado en la vida política durante, la mayor
parle, del siglo XV, se halrría.n esforzado, y no sin éxito, en domeñarla
privándola de algunas de sus rentas y reinándole la mayor parte, de sus
responsabilidades enel gobierno del país. JJoy día, Ja perspectiva se ha
invertido y un historiador como Luis Sttárcz Fernández considera aberrante
esa interpretación: los Reyes Catódicos, escribe, nunca tuvieron intención
ele doblegar a la nobleza; a juicio de ellos debía seguir conslituycndd la
base del orden social, c incluso del político. Efectivamente, conviene
corregir lo que de apresurado pueden tener algunos juicios y mantener
presentes los matices indispensables. Recordemos que la nobleza no es
homogénea: entre los glandes señores con título y propietarios de inmensos
territorios y algunos hidalgos rurales en el límite de la pobreza se encuentra
(oda una gama de posiciones intermedias, concretamente la categoría de
los caballeros, que han acabado Ipor resellarse el gobierno de las ciudades.
Los Reyes Católicos parecen, efectivamente, haber sentido el deseo de
poner íin a las intrusiones de. los glandes señores en la
I.A II IV/' .W( IA!. lili KI((I.\<IX i;t

'ida política, al mismo tiempo <|tic les permitían conservar eseneial- ncntr
su poderío económico v su influencia social; al mismo tiempo. ;c
apoyaron mocho en la pequeña nobleza que aparece, junto con las •.apas
medias, como la base del régimen.
Desde por lo menos mediados del siglo XV se va desai rollando en
Pastilla una corriente anliscñorial, a veces muy virulenta. Se cnctien- ran
ecos de ella en la literatura de la época, por ejemplo, en las Co/>l(is de
Ilrviilgn, sátira anónima del reinado de Em iqttr, IV
I'Ki t:’), en la cual se presenta a los grandes como lobos sedientos :Ic la
sangre de los pobres, así como en el texto llamado Tniln/lo ditos
l’rii»iiniriilo\ l'tiiidlilrs. dedicado a la princesa. Isabel (¿1173?) por «un
pobre castellano con algo de portugués", que denuncia la injusticia y la
desigualdad social: Dios creó a los hombres iguales; una minoría se ha
apropiado de los bienes de este mundo v ha redrn ido a la mayoría a la
esclavitud; los campesinos están explotados ignominiosamente: con su
trabajo y su sudor sufragan los gastos tlr los reyes, la pompa de los
señores, las locas dilapidaciones de los cortesanos; cuando vuelven de stts
campos, es a menudo para encontrar a su mujer sumida en lágrimas y sti
casa vacía: no les queda ni sartén ni manta; los tributos y otras exacciones
los despojan de todo. Algunos señores se comportan como salteadores de
caminos. Siempre se cita el ejemplo de Pedro de Avcndaño, castellano de
(lasfronuño. en la región de Valladolid, tpic saqueaba descaradamente los
campos: los hidalgos locales c incluso las ciudades le pagaban tributo para
que no los saquéala. Naturalmente, Avcndaño trataba de dar a su
bandidaje una motivación política; se declara partidario de la candidatura
de la princesa Juana durante la guerra de sucesión; su reducto, Castro
Ñuño, no caerá hasta 1177.
O sea, que el régimen señorial no tiene buena prensa. I .os que no
están sometidos a él protestan litando se pretende transformarlos en
solariegos (campesinos sometidos a la jurisdicción de un señor) con
ocasión de mía creación nueva de señoríos (de las cuales ludirá bastantes:
por ejemplo, la población de Leja, en Andalucía, no apir- ciará en
absoluto ver que la localidad pasa en Iñllíl a la jmisdicción del Gran
Capitán, Gonzalo l’cttiándcz de Córdoba, a quien el rev de Aragón quiere
compensar por los servicios prestados durante las gtte-
. ISAfíEl. r ZZ-.A’.V.t.V/IO
I
iras
de Italia), Los sometidos a |csa condición tratan de. liberarse, de.
ella, sobre todo cuando ia condición de solariegos es relativamente
reciente (lo cual ocurre nmy a menudo: muchos señoríos datan del
reinado de. Enrique IV). Los Reyes Católicos no ignoraban ese estado
de ánimo. La pragmática del 211 de octubre de Mili) aporta garantías
a los solariegos: en ningún caso deberá coiisidci¡írselos como adscritos
\ g.v ; O O ,
a la gleba; reciben el derecho de abandonar libremente y en cualquier
instante su pueblo para instalarse^ en otro, llevándose sus biches y su
ganado. Al mismo tiempo, Fernando c Isabel invitan a quienes tienen
quejas contra sus señores a qtiq renuncien a la violencia y pidan
reparación ante los tribunales leales.
De hecho, los litigios de esc Ii w parecen miihiplicar.se durante la
segunda mitad del reinado. En terno a 1'190 cabe señalar el proceso
que incoa Juan Núñez de Prado de Trttjillo, contra Juan Porloca-
rrcro, conde de Medcllíi), que lo ¡había hecho detener por actuación
subversiva. De hecho, el y otros protestaban contra las extorsiones y
los abusos de poder de los era ciilpablc el conde. En 1'19.5 se. asiste
a la emigración masiva de los súbditos de la orden de Galatrava en
la región de Jaén: el señor, Juan ide 11 inestros,a, y sus agentes «los
(ratava mal», les hacía la vida imposible al multiplicar las detenciones
arbitrarias y someterlos de forma ¡incesante a nuevas exacciones fis-
cales. lar 150(5 se hacen constar plotcslas contra determinados dere-
chos que pretende percibir el conde, de Salvatierra en el norte del
país. Por la parte de León en 1508, hay súbditos que obtienen satis-
facción en el proceso que los enfrenta con Ramir Núñez de Guzmán
y su mujer María de Quiñones. En 1514, es la poderosa familia de
los Velasen la que se. ve sometida ¡a presentar los títulos que la au-
torizan a percibir tributos sobre el ¡vasto territorio de la mcrindad de
Trasmicra, al norte de Burgos. Eni esa misma época vuelve a ser la
familia de los Velasen la que se encuentra en el banquillo a propósito
de los derechos de. peaje percibidos abusivamente en la región de
Medina de. Pomar: cincuenta marivbdícs por año por bestia de caiga,
más dos maravedíes por carga y pór viaje, más un maravedí por la
expedición de.! recibo. Y éstos no són sino unos cuantos ejemplos de
una tendencia nmy extendida.
Efectivamente, no cabe, duda ( e que la ascensión al trono de
!. t u.w /’/ / itn.i w x

(''croando e Isabel suscitó esperanzas en tletciminarlos medios popt|- ! lares


que esperaban de ellos una arción enérgica confia el tégimcii señorial. Ya se
lia visto que durante la guerra dr sucesión los Revejí aprovecha ron ese
estarlo ríe ánimo; no titubearon en levantar a sñtr ditos contra determinados
señores rebeldes, por ejemplo, en los tciir torios del marquesado de X'íllcna,
al prometíales que los devolverían a la corona. Esc es el sentido de la
proclama del 2(1 de abiil de I l/ti seguida (res días después (imposible pasar
por alto esa proximidad de lechas) por el levantamiento de la pequeña
localidad dr Etientco-I vejuna, en Andalucía. ’
El episodio se hizo famoso cuando Lope de Vega lo ronviilió en' tema de
una ríe sus obras más célebres. Eucnlrnvcjmia se había visto; separada de la
¡m isrlicción de Córdoba bajo el reinado de Enrique IVi y altibmda a la
orden dr Calateara. En el momento de los lu í líos, ¡d el Comendador era
Eernán Cómez. de Cttzmán que, durante la goma civil, se había opuesto a los
Reves Católicos. La población unánime, con sus notables a la cabeza,
decidió aprovechar las < ircunstam ias para vengarse de las exacciones, las
extorsiones, las violaciones v olios abusos tpie sufría desde que se
encontraba bajo el dominio del comendador. A los gritos de;
«¡Eneutcovejuna! ¡Viva el rev lf>u I croando y la reina Doña Isabel v
mueran traidores!», los amotinados se lanzan sobre la casa de Eernán
Cómez., matan a catorce homhies de. armas (pie trataban de cerrarles el paso
v lanzan al comendador a la calle, donde cae sobre las lanzas y las espadas
levantadas al aire pitra recibirlo. La multitud se encarniza con el, lo lleva a la
plaza v lo descuartiza en medio de aclamaciones.
La investigación judicial (tata en vano de. identificar a los instigadores
de la revuelta y a los animes del asesinato. A la pregunta de «¿quién mató al
comendador?», los habitantes, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, c.
incluso niños sometidos a la tortura se atienen a la respuesta convenida por
anticipado: «Eucntcovcjmia». y lo mismo ocurre cuando se les pregunta
quien es Euentcovejmia: « Iodos a una», frase que se convertirá en
proverbial. El asunto se conviene en un problema para los Reyes Católicos.
La investigación revela los errores del comendador, culpable efectivamente
de haber abusado de su poder y de haber tenido un comportamiento odioso;
además, se
I7Ó ISMII-I. I' /7«,V.I.V/li)

trata de un a< 1 versari<> político! que había abrazado la cansa de los


rebeldes y de los invasores portugueses: ¿puede condenarse a lodo un pueblo
por haber lomado al pie de la letra el llamamiento a la revuelta (bemolado
por los soberados? Pero, por olía parle, ¿puede dejarse impune esa matanza,
con peligro de que el contagio antiseñorial se extienda y de ([tic los nobles|
inqtiielos abandonen la cansa de los Reyes? Por último, no se adopta ninguna
satirión contra el pueblo, pero se conlía a la justicia el cbnílicto que lo opone
a la brden de Calatrava. Sigue un largo proceso que dura hasta I ÍÍI3 y al
termino del cual se pronuncia un fallo favorable a la orden di 1 Calatrava; sin
embargo, no se le devolverá Euciitcovejima; queda bajo la jurisdicción de la
ciudad de Córdoba, que acepta indemnizar a la orden y le entrega, por daños
y perjuicios, ¡I5.000 ducados, lo cual permite suponer (pie el municipio de
Córdoba no era, sin duda, ajeno a los hechos; en consecuencia, parece existir
un conllicto de intereses entre una oligarquía urbana y la ordbn de Calatrava.
En todo caso, el desenlace del asunto es ejemplar:: no hay vencedores ni
vencidos; los Reyes Católicos no han sancionado a un pueblo rpie deseaba al
mismo tiempo deshacerse de un tirano odioso y liberarse del régimen
señorial; pero también evitan crear un precedente e inclinarse pura y
simplemente ante el hecho consumado: encargan a la justicia que solucione
el problema y después 'ofrecen compensaciones a la orden de Calalrava, a la
que sin embargo confirman cu sus derechos, al mismo tiempo que dan
nuevas sci’uridadcs a los señores.
Otro caso ocurrido cuatro añósjdcspués en Segovia recuerda asom-
brosamente al de I1 ueiitcovcjuna. j Los Reyes Católicos, deseosos de
recompensar los servicios prestados a su causa por Andrés Cabrera y su
mujer Beatriz de Bobadilla, crean [tara ellos, en l'lllf), el título de
marqueses de Moya y les constituyen un señorío de 1.200 súbditos en
torno a las localidades de Valdilmoro y de Casarrubios, separadas
exprofeso de la jurisdicción de. lal ciudad de Segovia, al menos de forma
provisional, en espera de qóc se atribuya a los (labrera otro señorío de la
misma importancia. I|CSt a esas precauciones, la ciudad de Segovia no
quiere dejarse desposeer. Organiza grandes manifestaciones de protesta.
En las tres plazas principales de la ciudad se erigen estrados y, en medio
de la multitud reunida, un representante
z.l n \M u’í / tz ni i m f.üfi v

del municipio décima, entre otras cosas: «Sepan todos los desta ciudad y
(ierra v toda ('.astilla como se dan mil v Rociemos vasallos de esta
jurisdicción al mayordomo (labrera contra el juramento de ño cnagenar rosa
ninguna de la corona real. Y la ciudad ni tirria no consienten (al
cnagcnamirmo; antes protestan la injusticia v nulidad ante Dios y el Papa”.
1.a multitud estalla en imprecaciones; se dan bofetadas a los niños para que
conserven dorante (oda su vida el recuerdo de ese día de protesta. /\ raíz de
esa manifestación se abic mui información. Al igual que en l'ncnlcovcjima, la
población unánime se reconoce culpable de los hechos, sin que se pueda
identifica! a los agitadores. 1 .os investigadores han de renunciar a procesar á
nadie*, y los Reyes Católicos les piden que no insistan. I amput o cii este raso
habrá sanciones contra los revoltosos, pero ahí leí minan las, similitudes. De
hecho, los Reres Católicos se niegan a ceder a la- presión; peor aún:
indignados por las manifestaciones que acaban del ocurrir, atribuyen a su
concesión ttn carácter definitivo v va no provisional. I,a ciudad de Segovia
lleva el vaso ante la cliancillcría de. Valladolid, pero los soberanos prohíben
a esa jurisdicción que enlicn-' da en el caso. ím el (cstameir'o que Isabel
redarla poco antes de morir, en 1504, parece experimentar escrúpulos:
recomienda que se: restituya el territorio disputarlo a la ciudad de Segovia v
que. en ■ contrapartida, se conceda a los marqueses de Mova nn feudo rqm-
■■ valcnlc en el antiguo reino de (bañarla. Pero esa cláusula permanece - sin
efecto: cuando Segovia vuelve a la carga ante la cham illeiía de ■ Valladolid,
en 1511, el rey l'ciiiando de Aragón da, una vez más, la orden de no atender a
la denuncia. Y lo mismo ocurrirá cada vez. ; que. la ciudad, sin desalentarse,
se esfuerce por reivindicar su derecho ' a cada cambio de reinado; primero
Carlos V v después I’clipe II se j opondrán a (oda arción de la justicia cu este
caso. Segovia. cansada. | acabará por aceptar el hecho consumado en 1593,
ciento trece años i después de los acontecimientos... j
A través de estos dos ejemplos cabe medir la ambigüedad de la - política
seguida por los Reves (lalólicos con respecto a la nobleza. Unas veces dan la
impresión de alentar a los súbditos a rebelarse contra sus señores (o, en todo
caso, de comprender su repugnancia a sufrir el régimen señorial) v otras
crean ellos mismos señoríos, l’.s
!m Y l'EHKANIU)

cierto que los Gabrc.ra eran fieles servidores de la corona, mientras


que Fermín Gómez era mi rebelde y nn traidor. Es obligatorio reco-
nocer que. se aplica nn doble, rhsc.ro según se trate, de partidarios o
de adversarios. Sin embargo, Ja tendencia general es a la rcaliimarión
de la autoridad tea). Fernahdd e Isabel recuperan la posesión de
ciudades que la debilidad de. sus predecesores había enajenado en
beneficio de señores. En gene raí, lo hacen cuando se. produce tina
sucesión difícil, cuando son varips los candidatos que se disputan la
herencia. Uno de los clanes ele jl’lascncia se levanta en I4Í18 contra
el nuevo duque Alvaro de Zúñi¿a; los soberanos lo aprovechan para
recuperar la ciudad para el patrimonio real, como ya habían hecho
en 1480 en el caso tic Arcvalo,.po sin indemnizar generosamente al
señor expulsado. Eo mismo ocurre en Gádiz, arrebatada al marqués
del mismo nombre en 1492; en Gibrallar, recuperada a principios del
siglo XV! a costa de los duques de Mcdinasidonia; en las villas de
Ribadc.sclla y I lañes en Asturias, que se niegan a
l ineo, (.'.angas,
seguir sometidas a la jurisdicción del conde de lama; en este último caso,
se remiten a la decisión del cardenal Mendoza y de fray Hernando de
'Ialavcra, que pronm cían su fallo en 1490: el conde de lama remmeia a las
localidades disputadas a cambio de otras dos y de una indemnización de
cinco iliilloncs de maravedíes.
I.o más frecuente es (pie las ¿osas se ai reglen amigablemente y a
cambio de una compensación financiera. Sin embargo, algunas veces hay
(pie. emplear la fuerza. Es kj que ocurre cii Galicia, donde tres
pretendientes se disputan la ciudad <lc l’onlcrrada: el conde, ele. Lemas,
el conde de Bcnavciile y el ¡conde de '1 reciño, cada tino de los cuales
considera «pie el derecho ¿stá de su parte. El caso se somete c.n 1483 al
Gonscjo Real, pero en il485, al ver que los Reyes Gatólicos están
absorbidos por la guerra de Granada, <4 conde de Lentos se apodera por
las armas de l’onícr.rada y se atrinchera en la ciudad. Se envían tropas
contra el; resiste durante más de un año y acaba por capitular, y
l’ottfcrrada qttcd¿ vinculada a la corona.
Incluso cuando se trataba de hdversarios políticos, los Reyes Ga-
lólicos titubeaban en despojar sinjcompensación a los nobles de. bienes
que. habían adquirido cu im ¡pasado reciente, a menudo por la fuerza o
aprovechándose de la debilidad del poder real. En canse-
1.1 /I.IW.soi.lll l>lt A7Í.7I/Z X'

cncncia, no cabe hablar <l< - una voluntad deliberada de lediuit siste-


máticamente el régimen señorial. Pero........se dirá— los reajustes linaú-
cirros decididos en LIBO asestaron un duro golpe a la nobleza. lk verdad; sin
embargo, es preciso señalar rpie las únicas rentas objeto de revisión liieron
las atribuciones después de l Kil. mando la imlilr za había adquirido lo
esencial de su patrimonio inmueble v fmant irin antes de esa leí lia. Las
medidas de LIBO anulan las extorsiones más recientes, pero al mismo
tiempo regularizan las anieriotes v a paitó de esc momento los nobles
cuentan con la garantía de conserva i las-. Eso es lo que había comprendido
desde hacía mucho tiempo el « latí de los Mendoza, decididamente astuto:
los nobles no podían ampliar indefinidamente sus señoríos a expensas del
patrimonio real ni dcsl ganarse en luc has intestinas; convenía estabilizar la
situación v rom solidar las adquisiciones; desde esc punto de vista, la
autoridad de la corona, restaurada cu las personas de Hernando y de Isabel,
constituía la mejor de las garantías, una vez suprimidos los abusos más'
evidentes. ElcctivamciUc, eso fue lo que ocurrió, y así se comprendí n mejor
los motivos que llevaron a los Mendoza a adhciirse. a partir: de 1473, a la
causa de los (ututos Leyes Católicos.
Estos no se privaron de recompensar a algunos de sus servidores con la
concesión de títulos y señoríos; lo hicieron ron una cierta: discreción, pero lo
hir ieron: ya se ha señalado el caso del marquesado, de Moya en lícncficio
de Andrés (labrera. La guerra de Granada , permite crear señoríos sin qnc
ello álcete al patrimonio real; cutre ■ otros, el cardenal Mendoza, el marqués
tic Villcna, el tinque tic Me- : dinaceli, el conde de Tcndilla, el almirante de
Gastilla. el duque de : Alba, el marqués de Astorga, figuran cutir los felices
beneficiarios tic :. la generosidad real. Un poco antes, en abril tic 1-177. los
Rrvrs (Católicos sugieren con nmeha insistencia al adelantarlo mavor tic
Mili- ■ cia, Pedro fajardo, que case a Luisa fajardo, su única heredera, con
Juan (¡harón, hijo tic tino tic los primeros servidores de ellos. Gonzalo ■■
Chacón, y autorice a los hijos tic esc matrimonio a conservar el pa- '
trimonio fajardo; como regalo de bodas, ofrecen a los recién casarlos j tina
suma tic mi millón de maravedíes v una renta anual de dosrirn tos mil. El
primer heredero ríe esc malí imomuio. si no forzado, por i lo menos
vivamente aconsejarlo. Pedio fajardo, recibirá ti título tic
mu ISAIIEI. r mt.v.íxixi
::
-J:

manpics de Los Vclcz. El conlliélo nolileza-mon'art|tiía se resuelve así sin


que ninguna de las parles (Luga motivos de queja. En el fondo, las dos
salen beneficiadas: el poder real queda considerablemente reforzado y la
nobleza conserva Ib esencial de sus posesiones; ambos han ganado, pero
en casos diferidles.
Los Reyes Católicos pues, nó han socavado los fundamentos del
poderío territorial y económico de la nobleza sino que, por el contrario,
han contribuido a consolidarla y a estabilizarla para vatios siglos más.
Desde ese punto de vista, la legislación sobre mayorazgos promulgada en
las Cortes de Loro (l¡505) representa mi momento capital.
Gomo forma jurídica, el mayorazgo existía en Castilla desde hacía
mucho tiempo; se encuentran ejemplos de el desde, por lo menos, el siglo
XIV. La reforma de 1505 le da fuerza ele ley y le abre posibilidades de
ampliación casi indefinidas. El objetivo del mayorazgo es perpetuar un
gran nombre, unajfamilia ilustre, y evitar que el azar de las sucesiones
disperse su patrimonio. El acta de fundación enumera los bienes que
forman paite de el: puede tratarse de bienes inmobiliarios (tierras, casas) o
de bienes mobiliarios (por ejemplo, títulos de lenta o ingresos diversos ).
A partir del momento en que ese patrimonio se constituye en mayorazgo,
corresponde de derecho y en su totalidad al sucesor designado en el acta
de fundación, en general el primogénito, con exclusión de todos los demás
herederos. Además, se declara (pie ese patriluomo es inalienable; su titular
está obligado a transmitirlo «tal c.ual»¡ a su propio heredero; mantiene la
posibilidad de aumentarlo en cualquier momento y de añadirle nuevos
bienes, pero le está estrictamente prohibido sustraer la menor parle de él. |
Todo el mundo puede fundar' un mayorazgo sin limitación de lortima,
pero la constitución de uno de ellos está sometida a la aprobación real; así,
se verá cómo modestos caballeros e incluso burgueses o labradores
enriquecidos reservad la mayor parte de sus bienes para convertirlos en un
mayorazgo imllienablc. La institución se «democratiza», si cabe decirlo;
deja de icr un privilegio de la aristocracia. De hecho, son las grandes
familiares nobiliarias salidas de las conmociones sociales del siglo XV
lasjquc se bciicfuíau de ella. AI gozar va de garantías de estabilidad, esján
protegidas contra las perturba-
7.t /I.I.SA wcr.ll. iu:i. Rl rnuiw n>»

ciones del molinillo. Hasta mocho más (¡míe no se adqniiitá con-| ciencia de
las consecuencias casfafrólicas qnr tuvieron las leves dri 'Toro para la vida
económica, l anío los mayorazgos como la lotali-j dad de los bienes de
manos muertas acumuladas por el clero inmovilizaron una parte' cada vez.
mayor de los recursos inmobiliarios del; país y los sustrajeron a las
actividades económicas, (lomo no se po-l (lían vender lei’almcnle, no existía
interés por barrí los irnlablrs. l.osi latifundios no cesaron de reforzarse
considciablcmcnle, pero a mcmi-| do permanecieron mal explotados o no
explotados en absoluto, Ene! la consecuencia imprevista de una medida (pie
tenía mi objetivo bien i definido y (pie era el resultado lógico de las reformas
de 148(1 v dri toda la política seguida por los Reyes Católicos con respecto a
la : nobleza: consolidar el orden social existente. El resultado será (pie a i
principios del siglo XVI, según los cálenlos de Jaime Vicens Vives, i sólo
entre el '1. y 3 % de la población del reino de Castilla posee el i 97 % del
suelo, y que más de la mitad de esc 97 % de las tierras j pertenece a un
puñado de familias. ■ ;
l’cro hay un aspecto en el cual las leyes de 'l oro parecen intro- i (lucir
una precaución. Electivamente, la lev -16 preve (pie los rastillos, i las
murallas y otras obras de carácter militar ipie se realicen o tepa ten cu el
territorio de un mayorazgo se añadirán a ésle sin (pie el : titular pueda
indemnizar a su esposa, ni siquiera en el caso de que . esta haya financiado
esas obras a sus propias expensas. Suele Ínter- ' prclarsc esta disposición
como una forma de desalentar esc tipo de j obras, o sea, de evitar que los
nobles, al abrigo de sus plazas fuertes, ; vuelvan a convertirse en una
amenaza para el Estado, lo cual parece efectivamente responder al objetivo
(pie se habían propuesto los Reves ■ Católicos. j
En el fondo, estos no tenían rn absoluto la intención de doblegar ! a la
nobleza; únicamente querían impedirle (pie se volviera emitía el ■ Estado.
Desde ese punto de vista, la reorganización del Consejo Real > es
fundamental: los Grandes ya no ocupan en el más (pie un puesto j
honorífico. I .o mismo oenrre con los cargos de la Corle, pues por j ejemplo
los (le condestable o almirante se convierten rn dignidades i hereditarias en
algunas familias (los Velasen, los Emíquez) v piciden j toda consistencia
auténtica. A partir del temado de los Reres Calo- |
i
tth r ¡I:RXAKIU)

líeos (Carlos V y Felipe. II mantendrán escrupulosamente esa norma),


los Grandes ya no se ven confiar sitio de. forma totalmente excepcional
responsabilidades políticas importantes; lo más frecuente es que se les
confieran a los que gozan de confianza y a los que se. quiere distinguir
con misiones de prestigio, por ejemplo una embajada, que a veces lcs :
cuesta mucho más cara que. los be icíicios que les aporta. Así, se sabe
que, pese a un sueldo elevado de un millón trescientos mil marave-
díes, el conde, de Tendida, Iñigo .ópcz de. Mendoza, se cndqtidó en
tres millones doscientos mil maravedíes a fin de mantener su prestigio
durante la estancia que efectuó» <n Roma, en l'lllti, en calidad de
embajador ante la Santa Sede. Sin embargo, no se asiste a la creación
de una nobleza de (..lorie que acompañe a los Reyes en sus despla-
zamientos. l.o hacen algunos Grandes, y en el caso de algunas cere-
monias especialmente importantes /recepción de embajadores, bautis-
mos de infinites, entronización dcljpríncipe heredero...), peto lo más
frecuente es que los nobles adopten la costumbre de ir a instalarse
magníficamente en sus señoríos,'donde, tienen sus palacios y su propia
corte, y donde practican formas diversas de mecenazgo. Así, el pala-
cio de los duques de Alba, cu Alba de formes, cerca de Salamanca,
se. convierte en la cuna del primer
almirante, de (.'.astilla transforma a r teatro moderno de España; el
lladolid, en centro intelectual ante Medina de Rioscco, cerca de Va-
es de recibir allí, a principios del
reinado de Garlos V, a determinados círculos que cultivan una espi-
ritualidad no conformista; olio tanto hace el marqués de Villcna en
Escalona, en la región de Toledo, así como el duque del Infantado
en Gtiadalajara, donde se edifica, a fines dei siglo XV, nno de los más
bellos edificios renacentistas de Es >aña.
En virtud de esos mismos principios (evitar que la alta nobleza
vuelva a convertirse en un Estado dentro del Estado) los Reyes Ca-
tólicos trataron desde, muy prdntó de asegurarse el control de las
órdenes militares que teóricamente! dependían de. la autoridad de la
Santa Sede, pero que desde hacía jmucho tiempo eran objeto de las
ambiciones de la alta nobleza debido a sus inmensas posesiones te-
rritoriales y a sus enormes rentas. Sin modificar en nada la estructura
c Isabel decidieron atribuirse su
interna de. las órdenes;
No lo Temando
lograrían si i dificultades, y por etapas muy
administración.
/..t ii I VA soí.7.1/ ni7 m:i;nirv

Rodrigo Manrique, conde de Paredes, maestre de Santiago, en no- i


vicmbrc de 1176. El capítulo de la orden se retine en el convento- i
castillo de (.leles, en la Mancha, pata elegir a sn sucesor. Hay tíos j
candidatos, Pedro Mantiqne y zXIonso de Cárdenas. .Apenas informa- ¡
da Isabel, acode inmediatamente acompañada por el Cardenal Men-
doza y por Rodrigo Maldonádo de Talavera, primado de España v ¡
tino de los letrados más eminentes del Consejo Real. Hace el viaje ¡
de l oto a Heles en seis días, atravesando el Guadal rama nevad»». ’•
viajando a veces de noche, a la luz tic las antorchas, pata ganar ¡
tiempo. El desplazamiento v la escolta son testimonio de la impor- i
(ancia <¡nc atribuye la reina al asnillo. Se deslava ante los olios dig-
natarios reunidos en Heles qtie el grao macslrago de Santiago repte- i
sc.nta tal poderío que en esc momento ............ es el de la plena guerra
civil— es preferible conliarlo a la mavor autoridad del Estado: el rev |
Fernando. Eos dignatarios se dejan convencer, tanto sin duda por la
fuerza de los argumentos como por las presiones qnc stilien: /cómo
resistir a una gestión personal tic Isabel, expuesta con lama insisten-»
cía? Se llega a una componenda: Fernando se verá conliar la admi-
nistración de la orden durante un período de seis años, v después
Alonso de Cárdenas, litio de los dos candidatos, pasará a ser maestre
de. Santiago. I)c hecho, esc plazo se ve considerablemente acollado;
Fernando renuncia a stt misión al cabo de once meses v entonces
Cárdenas ocupa el maestrazgo, como se había convenido, pero los
Reyes Católicos han tomado ñola; está en marcha un proceso v Fer-
nando vuelve a desempeñar la administración, está vez clclinitivamcn-
Ic, en M93, al morir el maestre de Santiago.
En lo que respecta a la orden de Galatrava. los Reves Galtilicos
lióse opusieron a qnc García Eópcz de Padilla sticcdicia a Rodrigo
Tcllez,. Girón como maestre cu I1B2, peto en lebrero de I IB.5. a pe-
tición de. los soberanos, el capítulo acepta reconocer a Fernando como
administrador Iras la muerte de Eópcz tic Padilla. Ea transmisión de
poderes se efectúa sin problemas en 14B9.
Un procedimiento análogo se utiliza con la orden de Alcántara.
En 149'1 se obtiene la retmneia del gran maestre, Juan de ’Zññiga. a
cambio de compensaciones considerables: posesiones en Gaslvlnovi» v
mi is.mi:r. r /7.vrv.t,vm>
I
en la Serena, una renta de Irestjcnlos cincuenta mil maravedíes, una
indemnización a fondo perdido jdc seis millones. Entonces, Fernando
se hace cargo de la administración de la orden, pero hay que esperar
a la muerte del maestre, en 150;l, para que el control del Estado sea
completo. | :
Queda por regularizar esta situación ante la Santa Sede, dado que
teóricamente las órdenes militados se hallan bajo su jurisdicción. En
sí, la pretcnsión no tiene, nada de exorbitante: Enrique IV y;¡ se había
hecho confiar por el Papa la administración de la orden de Santiago,
pero a título provisional. Lo qu*c desean los Reyes Católicos es una
decisión definitiva y valedera para todas las órdenes. Encargan a
Francisco de Rojas, su embajador en Roma, «pie la obtenga del Papa
Inocencio VI11 para la reina sola y para el rey solo, según el caso;
se trata de prever todas las posi lilidadcs. Si bien el Papa, los carde-
nales y los letrados de la Santa
favor a Fernando, más trabajo Sede están dispuestos a conceder esc
reina: ¡el encargar a una mujo les cuesta extenderlo también a la
principio es religiosa y exclusiva ■ de administrar una orden que en
líente masculina parece tina aberra-
ción jurídica! Sin embargo, Francisco de Rojas logra su objetivo con
Alejandro VI, sucesor de Inocctlcio VIII; la bula Dnthnn <id illas (12 de
junio de 1501) confiere la atlministración de las tres órdenes a Fernando,
pero el privilegio se. extiende también a Isabel si sobrevive a su cónyuge.
La incorporación ¡definitiva de las órdenes militares a la corona de (¡astilla
no se produ'cirá hasta más adelante, a principios del reinado de Carlos V,
gracias a la bula DUIII ¡a!ra (4 de mayo de 1523), firmada por el papa
Adriano VI.
Esa asignación a la corona Idc los grandes maestrazgos de las órdenes
militares, realizada con continuidad, diplomacia y eficacia, se inscribe en la
línea general (pie permite definir la política de los Reyes Católicos con
respecto a la alta nobleza, política (pie cabe resumir en pocas palabras:
confirman y consolidan su poder territorial y su influencia social, pero la
nianliencó en la mayor medida de lo posible a distancia de las
responsabilidades políticas, sea en la cumbre del Estado, en el Consejo
Real, por ejemplo, o en la base., en las circunscripciones administrativas
(pie sJn los corregimientos, En ambos casos, el poder real necesita cuadrok
competentes y leales: los busca en
M n armi/ ni ! i:n:iMrx ni-.1

las lilas del clero renovado y transformado -—más adelante se verá! cómo
los Reyes Católicos se esfuerzan por ('onscguii lo■ v en las; capas medias:
caballeros r hijos segundones sin fortuna. en resumen.; la pequeña nobleza,
a la cual se añaden los diplomas de las universi-! dades. i
Se dice —y es Galíndcz de Carvajal, miembro del Consejo Real.! quien
lo afirma— que los Reyes Católicos llevaban regularmente al¡ día una lista
de los vasallos especialmente dignos de ocupar tal o cuali función en la
administración civil o en la jerarquía eclesiástica v aptos! para ello. Nunca
se ha encontrado esta lista,-de suponer rpie jamás existiera, pero lo que es
seguro es que hernando c Isabel prestaban grao atención al reclutamiento
de los agentes del listado. Los que más han llamado la atención de los
contemporáneos v de lo historiadores son los llamados letrados. ¡
(;(.)ué es un letrado? En el sentido propio del término, se trata de los
diplomados de las universidades, malquiera que sea su disciplina, líente a
quienes no han hecho estudios superiores v a los aulodidae-j tas. Pero se ha
adoptado ron demasiada celeridad la costumbre del reservar el empleo de
esa expresión a los licenciados v los doctores en derecho, a los juristas que,
por su formación v su molificación, j parecen de hecho ser los más aptos
para prestar servicios en administraciones cada vez más complejas y
técnicas. Esa tendencia no es específica de España. Se advierte en toda
Europa la ascensión de los golillas y de los oficiales de la justicia que se
van transformando de meros practicantes del derecho en especialistas, en
expertos al servicio de los grandes y de los reyes. Ya se encuentran
letrados desde el siglo XIV, en el entorno de los reyes de Castilla; por
ejemplo, en el de Alfonso XI, (pie necesita recurrir a rxpcrlos, eclesiásticos
o laicos, para administrar la justicia, impartirla, negociar con las Potencias
extranjeras. Esos ¡mistas, familiarizados con el derecho romano, empiezan
a difundir los grandes principios de éste v aspiran a iclorzar la autoridad
del rev en todas las esleías en detrimento de los vestigios señoriales de todo
genero, v la influencia creciente de esos advenedizos no deja de inquietar a
los miembros de la aristocracia. En autor qtic escribe a mediados del siglo
XV, Rodrigo Sánchez, de Art’valo. insiste en su tratado Snnin /Ir l/t
¡mUlir/i en la limeión fie asc-soramimm

|H'i M.I/Í/.7. r IMXAKIIO

que los juristas deben prestar a los soberanos: «para que. la tal (,¡udad
o reyno sea bien regido c gouernaUo es ncc.cssario que tenga sabios
e discretos conscllcros, hábiles C c; pellos e prudentes, mirando más
a la prudencia política que no a la militar o a la mecánica, ('.a puede
ser alguno bien prudente en fechos de armas c de guerras e en otros
oficios c no será prudente político para regir c goueriiar la república»,
lis el comienzo de una rivalidad entre los militares profesionales, los
nobles y los administradores civiles: las armas y las letras. ;
Parece que el fenómeno adquirió mucha más amplitud a partir
precisamente del reinado de los Reyes Católicos. Todos los hispanis-
tas conocen la página en la que Ipiego Hurtado de Mendoza, que
escribía en la segunda mitad del siglo XVI, traza la ascensión, desde
los Reyes Católicos hasta l'clipcdl, de. esos letrados que acaban por
suplantar a ¡a arislrocracia tradic.i mal en los consejos del; rey, los
tribunales de justicia y la administración. Salidos de las capas medias
de la sociedad, tan lejos de los má's humildes como de los más po-
derosos, no amenazan a los unos nil a los otros. Poseen una compcn-
(cnc.ia indiscutible en materia Jurídica: llevan una vida discreta, re-
gular, sin ostentación ni lujo excesivo. Sus costumbres son irrepro-
chables: no son accesibles a las relaciones mundanas ni a las teco-
’ I
inundaciones. I'ai resumen, son, colijo diríamos hoy, funcionarios con-
cienzudos al servicio del Pistado y cicl interés público. Pero también,
sitme diciendo I birlado de Mendoza, tienen los defectos de. sus cua-
. . -. i
lidadcs. Por ejemplo, tienen una molesta tendencia a excederse en sus
atribuciones, a mezclarse en asuntos (pie no son de su incumbencia
y en los cuales no tienen ninguna c< mpclcncia. Están convencidos de
tener siempre razón, y esta actitud puede conducir :i inconvenientes
graves; Mendoza, que no es amigo ( e los letrados, los acusa de haber
impulsado con su intransigencia a la revuelta de los moriscos del
antiguo reino de Granada, en I5G9 Porque hay cosas que los letra-
dos, hombres de expedientes, no. comprenden y que los hombres de
acción, entre ellos los aristócratas, cr tienden con más facilidad porque .
saben tener en cuenta las circ.unstan ¡as, la disposición de los ánimos,
la coyuntura, y en función de esos c lómenlos, elegir el momento más
oportuno para aplicar una medida, mientras que los letrados se alic-
nen a la letra de los textos y no conocen más que las normas. Id
ii\M: wr/u DI I fu rawx

sentido del pasaje es peí frctainrnle claro: no se líala de mi junio objetivo


sobre los letrados, sino de una condena lanío más fume cuanto más mesurada
en la Ibrma.
Bajo la pluma del grao aristócrata (pie era Hurlado de Mendoza se
encuentran algunos de los reproches que se suelen hacer hov día a los
lecnócralas, grandes servidores del Estado, pero demasiado a menudo
imbuidos de la superioridad (pie les cuntiere el triunfó en tinas oposiciones
difíciles v prestigiosas. I’cro existe una enorme diferencia entre la formación
inical recibida por los letrados en la universidad y las.exigencias de su futura
profesión: aprenden un derecho, c.l romano, que’no tiene mucho (pie ver con
el derecho nacional «pie habrán de aplicar; los estudios superiores no los
preparan verdaderamente para la vida activa, ('.orno se ve, el debate no ha
perdido ninguna actualidad... La rompa ración con la situación actual es tanto
más tentadora cuanto que electivamente los letrados de los Reves Católicos v
de los primeros Atislrias no son simples licenciado';: en su mayor parle
proceden de los Colegios Mayores, esa especie de grandes escuelas
universitarias que funcionan al margen de las universidades de Salamanca v
de Valladolid y en las (pie se recibe, tras una selección, muy severa, a una
élite de estudiantes (pie tiene la seguridad de encontrarse, (ras un breve paso
por mi corregimiento o una magistratura local, en uno de los grandes cuerpos
del listado: el Consejo Real, el (lonscjo de l'inanzas. el Consejo de la
Inquisición, las Chanc.illcijas de Valladolid y de (¡ranada ...
Las críticas de Hurtado de Mendoza se inscriben en el marco de ¡a
lamosa controversia subte las armas y las letras, controversia (pie antes de
provocar debates académicos y ejercicios más o menos convencionales, tenía
un contenido sociológico real: ¿A quién debe confiarse la gobernación de los
hombres en la sociedad, a quienes disponen del saber, los letrados, o a los que
disponen de una inlhienria social que deben a la tradición familiar, los
aristócratas? A partir de la segunda mitad del siglo XV existe la tendencia a
pensar que el poder supone mi saber; en consecuencia, se dará la preferencia
a los letrados por encima de los aristócratas. Pero a muchos les desagrada (pie
los dirijan plebeyos. Lo ideal sería, pues, asociar a las armas v a las letras, la
competencia técnica y la cuna. Es lo que acallará por
i>
HIH

suceder. J. M. I’clorson, que ha estudiado la situación de los letrados


castellanos a principios del sigld XVII, demuestra cómo ese cuerpo se '
fue aristrocratizando progresivamente. En un primer momento, cu
términos generales desde fines ccl siglo XV a mediados riel siglo XVí,
las universidades castellanas pe mitieron efectivamente la promoción
social de estudiantes no salidos' del campesinado, sino de las capas
medias. Es la grao época de ¡osi Colegios Mayores; después; los hijos
de ¡a alta nobleza se ponen a s'u vez a hacer estudios, poéqtic estos
confieren el acceso a los puestos inás envidiables de la administración;
llenan los Colegios que acaban ¡por quedarles reservados a ellos, de
hecho aunque no de derecho. El cinismo social y el clilismo univer-
sitario se uncu: los cargos siguen estando atribuidos a los letrados,
pc.ro a letrados que son nobles! Paralelamente a esta evolución, se
inicia otra: muchos letrados son lijos de letrados; con el tiempo, estas
dinastías de letrados adquieren una posición segura, a Veces incluso
mía auténtica fortuna y casi sicijnptc una situación social próxima a
la de los hidalgos con los cttalerf tienen mucho en cómmr. el mismo
tipo de vida, el mismo gusto por los bienes inmuebles, las mismas
exenciones y los mismos privilegios liscalcs. Así, entre el reinado de
los Reyes Católicos y el de I’clip!c III se produce lo que I’clorson ca-
lifica de. «fenómeno de. doble, aristocratiza! ion» en las estructuras ju-
rídicas y administrativas del reino: «elevación cu la jerarquía nobi-
liaria interna de familias ya (lo adas de una tradición de servicios
administrativos, conversión cada vez mayor a las letras de capas más
altas de la nobleza». |
Esta promoción de los letrados se inauguró indiscutiblemente de
forma coherente bajo el reinado (le los Reyes Católicos. Va en l lflf),
el Consejo Real, en una opinión
Toledo, expresa lo que va a (ende destinada a las (lories reunidas en
r a convertirse en la norma: «Según
la doctrina moral, los hombres dt: bucir entendimiento iiatmahncntc deven
ser fechos señores c regidores de los otros; quando estos tales rigen c
goviernan, entonces la icpiiblica se llama bienaventurada»; en consecuencia,
sigue diciendo el Consejo, se evitará nombrar a cunl- qiiicra para cualquier
puesto; per el contrario, se ha de velar por. elegir al más competente; asimisi
10, se evitará hacer (pie los cargos públicos sean hereditarios, pues a
competencia no se transmite de
i.t HASI: sor nt I>I I Kicntr t"í*’
¿i:
x
padres a hijos. Se trata, en términos apenas velados, de plantear él
principio de la preferencia que se debe dar a tos letrados sobre lo^
aristócratas. Textos ulteriores (1193) precisan algunas de las condiciones qur
se deben satisfacer antes de quedar destinado a nn puesto de responsabilidad
en la administración: como mínimo, «diez años de estudios pier ios de
derecho civil o derecho canónico. Cabe dudar que se haya mantenido
efectivamente esa exigencia, pero la tendencia ci; clara. Se trata sólo de una
tendencia, (atando se examina alenlamenj te el personal político y
administrativo de los Reyes (!afólic<»s es) ludio que .a decir verdad nunca
se ha hecho en serio, lo cual es lamentable . se obtiene la impirsión de que
ios letrados piopiametité dichos son mucho menos numerosos de lo que se
cree. En las chanj diferías y en los cargos de la justicia, los letrados ocupan
natural' mente su lugar, pero en los corregimientos los hidalgos son muelle
más numerosos; se les sugiere qur tomen un adjunto letrado para
aconsejarlos en los asuntos delicados. Otros agentes del poder n al n<
parecen haber hecho estudios superiores; se los recluta por sus cualidades
personales y se Ies somete a la prueba de la experiencia: cala! mencionar,
por ejemplo, a un Fernando de Zafra: se encargó, casi «■»( solitario, de la
intensa tarca fie reconstruir el reino tic (.'ranada tinsj la conquista. i
A decir verdad, fueron la pequeña v la mediana nobleza las (pie.
aportaron a los Reves ('.afólleos los cuadros de su administración d de su
ejercito. Fernando c Isabel incluso reforzaron sus electivos af ' conceder el
privilegio de hidalguía, asimilación al grado inferior de la jerarquía
nobiliaria, a los más abnegados v más dignos de sus servidores. Desde ese
punto de vista, la guerra de sucesión v la guerra de (.'ranada fueron
ocasiones que favoircirrou la promoción de un nú-l mero relativamente
elevado de plebevos. A partir de I 17 i se confirman los privilegios de
hidalguía a todos los que los habían obtenido de Enrique IV, a condición de
qtte participen a sus expensas, como! mínimo durante dos semanas, en la
lucha contra el invasor portugués.! Algunos de los qtic se distinguen en la
guerra de Granada iccihcn la: misma recompensa, así como, de forma
general, los mejores servido^ res del Estado. Sólo se conocen los casos más
llamativos, por ejemplo.! el del doctor Palacios Rubios, miembro del
(amsrio Real, a miirn!
una decisión rea! de l'ülfi confici’. la hidalguía y el derecho de portar
armas (dos leones sobre campo ilanco bajo una corona de oro).
Aparte de estas promociones oficiales, existen muchos medios de
convertirse en hidalgo en la Es laña de los Reyes Católicos, si se
ejercen determinadas profesiones o se desempeñan determinadas fun-
ciones (regidor, notario ...), además de. por consentimiento tácito: tras
haber adquirido una honesta foróma en el comercio o en el ejercicio
de una profesión que se conside.t a vil, se cambia de residencia y se
adopta el tipo de vida de la no ilcza; se renuncia a Inda actividad
lucrativa; se compran tierras; se vive de las tenia y, al cabo de una
o dos generaciones, el dcsccndici te es hidalgo de hecho. Taha serlo
de derecho. Con un poco de mano izquierda, se logra sin demasiado
trabajo. ,;(.)uc. es lo que caracteriza la hidalguía a ojos de todos? El
privilegio fiscal, la exención de ¡impuestos. Entonces, mediante amis-
tades en ios municipios, se organiza uno para hacerse eliminar del
padrón de. pecheros y, c.ti la prinjera ocasión posible, se. hace que la
chancillaría de Valladolid regularice la situación; testigos cuidadosa-
mente escogidos van a certificar q ic siempre ha sido uno -considerado
hidalgo en la ciudad o el pueblo, r uc nunca se han pagado impuestos,
que. se lleva un genero de vida noble, que en caso necesario se lia
servido al rey, a expensas propias, en una campaña militar, o que,
se está dispuesto a hacerlo. Aunque la chancillaría no
por lo menos, 1a decisión (ejecutoria de hidalguía)
siempre se deje engañar, expide un ido la legitimidad de un fallo; sus
que. da a la hidalguía del ínteres i contar con ello. Se conoce un casi»
dc-scc.ndicnlcs podrán en adelante de Avila, Juan Sánchez, judío con-
ilustre: el abuelo de Santa Teresa i cjcrcía la profesión de corredor y
verso cpie vivía en Toledo donde nquisición, que incluso lo condenó.
mercader, tuvo problemas con la
en M85 a una: pena leve. Entonces la familia prefiere marcharse de
; 'Toledo y se instala en Avila; inviene su Coi (una en tierras, compr a
propiedades y vive de las rentas; naturalmente, se. las arregla para no
pagar impuestos. lin resumen, se instala de hecho en la nobleza. Un
proceso ante la chancillaría de Valjadolid le permite por lin, en 1523,
gozar en paz de una hidalguía (otklmcnle. oficial.
Porque la nobleza, en la época de los Reyes Católicos c incluso en los
primeros años del reinado de Garlos V, dista mucho de ser una
/„¡ /u.vA* vocz.i/. /)/:/. ni-jfiiMEX '
T
iu

casta cenada. Por el contrario, no cesa de rrlorzarsc y ampliarse; atrayendo


hacia sí a quienes triunfan en el ejército, la admimst ración o los negocios.
Muchos burgueses no tienen más que una idea: dcj-.ul de serlo; convertirse
ellos o sus hijos o sus nietos, en hidalgos. Muchos acabarán por realizar esa
ambición. i
Se advierte, pues, hasta que punto es preciso matizar la actitud | de los
Reyes Católicos con respecto a la nobleza. Han apailado a los • Grandes
de.las responsabilidades políticas, peto han estabilizado v: consolidado su
situación económica. En su testamento, en lótll. Isa- : bel se pregunta
incluso si no ha ido demasiado lejos en sus favores 1 a la nobleza; así, revoca
las concesiones de ciudades o de licitas del patrimonio real hechas por
necesidad o a raíz dr gestiones impmtunas; reconoce que ella y su marido
han cctrado los ojos a los almsos de poder perpetrados por determinados
nobles que cobran indebidamente. impuestos y (asas que. hubieran debido ir
a las cajas del Estado, y desea qnr sus sucesores pongan termino a esto.
Deseo piadoso, naturalmente, pero que revela una realidad que los
historiadores tienen a veces tendencia a olvidar: los Reyes Católicos no
deseaban verdaderamente liquidar a la nobleza y todavía menos disminuir
su itiíluciicia social. La nobleza conserva su prestigio intacto; sigue siendo
un estamento con el cual se sueña en asimilarse cuando se tengan los
medios y en cuanto sea posible.

LOS REYES G/VPOl.lGO.S Y El, CLERO

En la hispana medieval, más sin duda que en el resto de la Entupa


crisliatia, el clero ocupa tttt lugar aparte en la sociedad y en la vida pública.
Para comenzar, es el primer estamento privilegiado.con <1 prestigio, la
influencia social y las ventajas (iscalcs y de otro tipo que esta situación
comporta; además, dispone de una riqueza Ic11 i 11>i i;11 c inmobiliaria
considerable debido a las vicisitudes de la Reconquista que le han dado la
oportunidad de acrecentar desmesuradamente su posesiones. El alto clero
está muchas veces emparentado con la nobleza y hace causa común con ella
durante las guerras civiles v las crisis dinásticas. La i ('organización que se
eícclúa a paitir de 1171
O I/IAZ r Ir.nxAsno
i:

no’podía dejar de lado al clero, pe o en este caso la libertad de acción de los


Reyes Católicos es más limi ada: lian de contar con el Papado, . ípic provee
los beneficios eclesiásticos tpás codiciados, y cotí la auto- ridad inoral de la
Iglesia, que sabe hacerse respetar. Pese a esas f: dificultades, la labor
realizada de M7'l a 151 (> es sin duda impresionan- ‘ te. ' <

. I.a Iglesia ríe España

El mapa eclesiástico de la Pen nsula se presenta como sigue:


— En la corona de Castilla: ct atro arzobispados y veintidós obis- ,
pados sufragáneos: Toledo (obispados sufragáneos: Patencia, Segovia,
Osma, Sigüenza, Cuenca, Górdob’a, Jaén); Santiago de Composlela
(obisparlos sufragáneos: Badajoz " ■> '¡usencia, Ciudad Rodrigo, Coria, ;

z\vila, Salamanca, Zamora, Tuy, Iñigo, Mondoñedo); Sevilla (olas- i


pados sufragáneos: Cádiz y las Islás Canarias); Granada, a partir de
1'192 (obispados sufragáneos: Giuidix, Málaga y Almería), más los ;
obispados de Burgos;' León y Ovilxlo, dependientes directamente, de :
Roma, el de Calahorra, sufragarte^ del arzobispado de Zaragoza; el
de Cartagena, sufragáneo del arzobispado de Valencia, y los de As-
torga y Orense, sufragáneos del arzobispado de Braga; de hecho, las :
circunscripciones eclesiásticas no cdrrcspohdcn exactamente a las fron-
teras políticas que separan a las (i|C.$ coronas de la Península.
■— En la corona de Aragón: tres arzobispados: Zaragoza (obispa- :
dos sufragáneos: Jaca, Huesea, Batbastro, Lérida, Tarazona, Teruel);
Tarragona (obispados sufragáneos: Elite, Torfosa, Barcelona, Gerona, \
Vicli, Solsona, Seo de Urgel); Va encía (obispados sufragáneos: Se- ;
gorbe, Albacete.). .'
Según Azcona, a fines del siglo XV había en Castilla entre 10.000
y 15.000 beneficios eclesiásticos de todo tipo (sin contar Granada y
Canarias). A los que hay que añadir casi ciento cincuenta monaste-
rios benedictinos, cincuenta cisterctcnscs, seis de premostra tenses, sie-
te de canónigos regulares de san Agustín, seis de coi luios, treinta de
jerónimos y tm grao número de chávenlos franciscanos y dominica-
nos. Obispos y abades eran auténticos señores temporales en sus po-
/.I R1VF MU’MI /i/7 A7n7W/.V r»i

•sesiones y no se disiingnían en nadn de los demás sríiores. I labia mandes


ciudades mmo Palmeia, Simienza, (humea. Salamanca ...
o r*
(Ottdmcnle sometidas a la jurisdicción de sus obispos, (pie conIrolaban la
administración municipal y proveían determinados rmplros civiles. El obispo
de Segovia disponía, con la catedral, autentica fortaleza, de una posición
estratégica en el cor.rzón de la ciudad; el de Badajoz también poseía una
plaza Tuerte en pleno centro urbano v poco más adelante hablaremos del
enorme poderío militar de los arzobispos de Toledo.
El principa! recurso del clero procedía de los diezmos que pagaban los
fieles; como se salir, la corona había logrado que se le asignara una pai te
(dos novenos: tercias reales). Los ingresos procedentes de los inmuebles, las
aparcerías, los rebaños, los derechos diversos (molinos, hornos, etc.) también
representaban sumas mnsideiables, ■así como los impuestos y lasas
percibidos por los arzobispos o los abades como señores temporales en los
territorios (pie dependían de su jurisdicción. Por último, no debe olvidarse el
producto de los pies de altar (misas, aniversarios...) y de las limosnas:
naturalmente, la generosidad de los líeles era variable, pero sobre todo
algunos arisló- • cratas tenían a gala dolar ricamente a conventos c iglesias
en sus posesiones, de modo (pie el patrimonio inmobiliario c incluso mobi-
liario (rentas públicas y privadas) de la Iglesia no cesaba de aumentar.
Esa riqueza material estaba desigualmente repartida. Algunos obis-
pados ((.lindad Rodrigo, Cádiz, I’ny ...) estaban bastante mal dotados;
otros (l’alcneia, Osma, Sigíienza, Burgos, Santiago de (lompos- tcla ...)
disponían de rentas sustanciales; en la cima de la jerarquía se situaban los
dos mayores beneficios de España: Toledo v Sevilla. Antoine de Lalaing,
que visitó España en lótll, nos ha dejado un cuadro de los ingresos de los
obispados de ('.astilla (pie permite hacerse una idea de lo (pie representa
cada uno a tiñes del siglo XV.
La estimación de Lucio Marineo Síctilo, unos años después. coincide
casi con la de Lalaing: el arzobispado de Toledo se estima en IK).()()()
ducados, el de Sevilla en '.M.tltltl, el de Santiago v los obispados de
Burgos y de Sigüenza en 2(1.()()() cada uno.
Algunos ejemplos concretos son más reveladores. En ptimer lugar el
del enorme arzobispado de Toledo, tan extenso (pie en I Iflñ. a la
Obispado Ingresos * Obispado I ngresos *
Toledo................. 52.000 Segovia............. 8.000
Astorga................. 6.000 Zamora............. 6.000
Sevilla................... 24.000 Oviedo.............. 6.000
Granada................. 24.000 Badajoz............. 6.000
Santiago................ 23.000 Mondoñcdo....... 5.000
Burgos.................. . 18.00(1 Málaga.............. 5.000
Sigiicnza............... 18.000 Tu y................... 4.000
Falencia................ 14.000 Coria................. 4.000
Osma..................... 12.000 Orense............... 4.000
10 000 Almería............. 4.000
León...................... 8.000 Ciudad 4.000
Avila..................... Rodrigo
Lugo................. 4.000
8.000
Pln^rnria 8 000 Cádiz................. 4.000
Salamanca . ........... 8.000 Guadix.............. 4.000
Calahorra.............. 8.000.
* El» llorínes oro.

muerte del Mendoza,


cardenal > c pensó en desmembrarlo. Contiene,
naturalmente, una catedral, peí o también dos ilcgiatas (Alcalá
llénales y Talavcra ), lo cual uesenta ya más dede. doscientos
c<
re bene-
litios (dignidades, canongías, diversos); veinte arciprestazgos y cuatro
vicarías, o sea doscientos sctcnth y cinco parroquias con cura de al-
mas, trescientos ochenta y seis b'cnclicios simples, trescientos cuarenta
y cinco prestimonios y ciiatroc.ici|itas cuarenta y ocho capellanías. Hay
cuarenta canónigos que reciben ¡trescientos ducados al año cada uno;
otros ( ¡licúenla, cien ducados, yj los capellanes cuarenta. I .a jurisdic-
ción temporal del arzobispado se extiende sobre casi 20.000 vasallos
distribuidos por una multitud di: localidades (Talavcra, Alcalá, Sala-
manca, Yapes, por no citar sinoj las más importantes), cuyos regido-
res, notarios y magistrados dcsitrim el arzobispo o ({tic lian de contar
con su acuerdo. Además, el arzobispo dispone de tropas armadas
propias, acantonadas cu fortalezas que no dependen más que de el.
M. A. Ladero Qucsada ha calculado a partir de documentos de
1..1 ll.isi: SOCI.ll. I>t l. Hf f.l MI X

archivo los ingresos <lcl arzobispado de Sevilla. En cnanto a la mesa


capitular, constituida por los diezmos, los ingresos urbanos v Hítales, las
limosnas, efe., llega a una cilia (pie se aproxima a los ocho millones de
maravedíes en ll!)l y (|ne evidentemente se superará en 1503, a distribuir
entre nueve dignatarios (el deán, el chantre. el tesorero, el escolias y los
cinco archidiáconos), cuarenta canónigos, veinte racioneros y veinte
compañeros, a razón de tres parles para los dignatarios y los canónigos,
dos para los racioneros v una para los compañeros, (alando se es
simultáneamente dignatario y canónigo, se reciben seis partes, pues los
casos de acumulación no son raros (¡se sabe de un canónigo de Toledo,
Elancisco Ortiz. (pie acmimlaba como mínimo dieciseis beneficios!).
Concretamente, eso representa hacia 1502 setenta y dos mil maravedíes
para ,un canónigo y cuarenta y ocho mil para un racionero. La diócesis
cuenta en esa misma época con ciento sesenta v cinco parroquias
agrupadas en veintitrés vicarías. Cada parroquia consagra una novena partí'
de los diezmos eclesiásticos correspondientes a su distrito al
mantenimiento de los lugares de culto; dispone de un tercio de esos
mismos diezmos, más las primicias y limosnas, los ingresos de las
propiedades v otras remas (capellanías, etc.) para sus beneficios (a fines
del siglo XV había ciento ochenta). Un párroco de Sevilla cobraba, pues,
cuarenta v rimo mil maravedíes al año, un capellán (v había más de cien),
siete mil. Los ingresos de la mesa episcopal se elevaban a más de cinco
millones de maravedíes en 1'1115, y es probable que esa cilia se liava
siibevalirado: a principios del siglo XVI debía de girar en torno a los siete
millones..
Esto por lo (pie se refiere a las dos diócesis más ricas de Castilla.
Naturalmente, no todos los miembros del clero debían de bencliciaise en
las mismas proporciones de esc maná. Sólo los beneficiarios con; título
estaban seguros de recibir su parle, pero muchos de los pálmeos debían de
contentarse, con mucho menos, pues los efectivos del clero eran
mimerosos. Sólo en la pequeña ciudad de Garmoiia. en la diócesis de
Sevilla, había cuarenta y dos sacerdotes en 1512: entre 1460 y 1520 se
habían fundado seis conventos, v además había trece cofradías y nueve
hospitales; resulta difícil creer (pie la genemsidad de los fieles
íiiera .suficiente para (antas personas.
Pero incluso para quienes formaban parte de los niveles inferióles
/XAIII:I. y iTjhv.ixiH)

de la jerarquía eclesiástica, la colidición de miembro del clero repre-


sentaba unas ventajas no despreciables; confería una condición social y
sobre lodo privilegios: no se pagaban impuestos; se dependía de una
jurisdicción especial. Por eso; el clero atraía a mucha gente, y no
necesariamente por vocación. A menudo era una carrera cuino cualquier
otra, en particular en (as filas de la aristocracia: entre un grao señor y un
prelado no solía existir diferencias notables, ni en las actitudes ni en el tren
de vida nijen las costumbres. Estas ct Jan en la mayoría de las ocasiones
muy lajeas, y el ejemplo llegaba de arriba. A principios del reinado de los
Reyes Católicos, era evidente (pie los tres prelados más visibles (Carrillo
eii 'Toledo, Mendoza en Sevilla y Alfonso de Fonscca en Santiago ¡ele
Compostela) llevaban una vida muy poco edificante, que no ocultaban.
Eos tres tenían amantes lijas c hijos naturales que trataban dci situar lo
mejor posible. El arzobispado de Santiago estuvo ocupado sucesivamente
por tres miembros de la misma familia que se sucedían de padre a hijo y
que se llamaban, los tres, Alfonso de Eonsccal La última transmisión
correponde a 1506; Fernando el Católico nl> osa oponerse, lo cual le vale
la siguiente interpelación del cardenal Cisneros, (pie no tenía pelos en la
lengua: «Señor, según parece Ha hecho Vuestra Alteza mayorazgo del
arzobispado de Santiago y qlicrría saber si ha excluido de el a las
hembras». En esas condiciones, ¿cómo asombrarse de la vida poco
edificante que llevan mucho clérigos? Dc.za, obispo de Falencia, acon-
sejaba a los sacerdotes de su diócesis (pie no jugaran, no participaran en
las corridas de (oros, no canlaian y no bailaran en público; o sea, (pie todo
ello se practicaba ubicuamente. Regularmente las Cortes denuncian el
escándalo de los curhs que viven en concubinato. Como no pueden atacar
a los clérigos (ilo entran en su esfera de competencia), atacan a sus
concubinas. En|l'l(¡.r> se decide que hayan de llevar una cinta roja, de tres
dedos de aiicho, para tacharlas de infamia; en 1'180 se preven sanciones
contra (ellas: una multa de un marco de plata por la primera infracción, t|u
año de destierro más tina mulla a la segunda, cien latigazos, más la mulla,
a la tercera ... No parece (pie esas recomendaciones smticr'm efecto. En
l.r>00, Isabel observa que la mayor paite de los curas (le Vizcaya son
concabinarios y no disimulan que viven con amantes) ,
/..i II.IIE smti. ni i ni:i:iMiy

Jiislii üi rdcsiáslica y jiis/iiio mi/

Los miembros del clero, estamento privilegiado, dependen a la vrz del


poder público, igual que todos los demás habitantes del reino, v ¡ de una
sociedad snpranacional, la Iglesia, potencia espiritual curar- J nada en un
Estado, ¡a Santa Sede. La Iglesia, al igual que todo grupo i organizado y
estructurado con objetivos bien definidos, se ha dotado y de un conjunto de
normas jurídicas, el derecho canónico: a lin de : garantizar su independencia
con respecto al poder temporal, ha lo- , grado qucdarsiistiaída a la
jurisdicción civil en todo lo que respecta a sú misión espiritual: tiene su
propio cuerpo de magistrados, la jus- ■ licia eclesiástica. Esos principios
generales plantean problemas deli- , cados citando se trata de aplicarlos a
situaciones concretas: /quien ha : de beneficiarse de las inmunidades v las
franquicias anejas a la cali- ' dad de miembro del clero (libertad
eclesiástica)? /Qué competencias tienen los jueces eclesiásticos v qué grado
de autonomía tienen ton respecto a la justicia real?.
El primer aspecto no debería plantear ninguna dificultad pai tit ular: son
miembros del clero quienes han recibido ¡as órdenes sagradas y ejercen las
responsabilidades pastorales correspondientes, así como quienes, de uno u
otro sexo, se han retirarlo voluntariamente riel nmndo y viven en comentos
Iras haber pronunciarlo los votos monásticos. Pero con el tiempo, el clero se
ha ¡tillado con tma población numerosa, atraída por las prerrogativas v los
privilegios que confiere la condición tic eclesiástico, aunque no se propone
en absoluto llevar una vida de monje o de clérigo. En esa categoría entran
todos los que se han contentado con recibir las órdenes menores, los simples
tonsurados (clérigos de corona), que se proponen quedarse en eso: su
pertenencia al clero les procura imas ventajas seguras sin imponeiles
obligaciones ni normas de sida i est riel ivas. De hecho, no hav mida que los
distinga del resto de la población, lo cual los deja en libertad para actuar
como quieran, lo que no les impide apinverlr.nse de las ininimidadc.s
clericales. En particular, si enmelen delitos o infracciones comparecen ante
la justicia eclesiástica, que ni general se nmcstia mucho más indulgente con
ellos de lo que lo batía la justicia real.
Los Reves ('.alólicos trataron de limitar el número excesivo de
falsos clérigos, y, para empezar,de obligarlos a disíingiiir.se del resto
de. la población mediante signos bien visibles que no permitieran nin-
guna duda acerca de la condición t c quienes los portaban. A petición
de los Reyes, la asamblea del clero reunida en Sevilla en 1478 decide
que todos los eclesiásticos, tanto si lian recibido las órdenes sagradas
como si sólo lian recibido las órdciics menores, debían electivamente
llevar la tonsura, y no una tonsura1 simbólica: de la anchura de una
moneda gruesa; llevarían nn habitó que llegaría por lo menos cuatro
dedos por debajo de la rodilla;: pt>r último, les quedarían rigurosa-
mente prohibidas algunas profesiones, ¡por ejemplo la de proxeneta!
En 1'1*13 tina bula papal aprueba esas disposiciones y autoriza a los
Reyes Católicos a atacar a quienes califica de clérigos facinerosos, es
decir, a los que no llevan tonsura i ni hábito. El clero protesta a voz
en grito: la definición de clérigo f: cincroso no es muy rigurosa; no
hay cpic dejarla a la apreciación •xchisiva de. la justicia .'real. Los
soberanos tratan de obtener de la . Santa Sede tina reglamentación
más precisa: dimensiones de la tonsura, longitud del cabello (no de-
bería taparles las orejas), color (negro o azul oscuro o gris) y longitud
de los hábitos (se desea que lleguen hasta los pies), peto aparente-
mente esa reglamentación minea se adoptó y las recomendaciones de
los soberanos permanecen sin efecto. En 1.500, Isabel observa una vez
más qtte la mayor paite de quien es portan (o deberían portar) la
tonsura aspiran más a sustraerse a a justicia cuando eomclen delitos
que a servir a Dios. Tres años después protesta contra el número
excesivo de esos falsos clérigos en Sevilla: «llevando los cabellos hasta
el pescuezo y aún más largos». I RejLoch
a vivamente al proveedor de
la diócesis de Cuenca la facilidad
cotí que da la tonsura a todos
quienes se la piden: ¡Basta con que
paguen! En 1516, un alto magis-
Irado sugiere que se retiren las inn
unidades eclesiásticas por lo me-
nos a los clérigos que portan arma.'-
Sin poner en tela de juicio el principio de tina justicia eclesiástica,
por tina pai te, limitar estrictamente
los Reyes Catódicos se proponen, | ' , por otra, afirmar la preeminen-
su competencia y sus atribuciones y
cia de la justicia real.
Se advierte una tendencia de lo.'; ; jueces eclesiásticos a blandir de
manera inconsiderada las armas c.u piritnales donde éstas no tienen
7.1 III V/-.- SOI I17. M I. Kl I.I MI.X

nada que ver. z\ lili de intimidar a los magistrados v lime iouarios reales y
de levantar contra' ellos a la población no titubean en excomulgarlos o en
pronunciar interdictos: prohibición de celebrar la misa, de administrar
sacramentos en una determinada localidad micntias dure el coiillicto con las
autoridades. En I I9.3, por ejemplo, el arzobispo de Santiago de
Gonipostcla. con objeto de impedir que dos magistrados reales realicen una
investigación en Galicia, los excomtil- ga y pronuncia el interdicto en lodos
los lugares a los po tendan ir: celoso de sus pierrogativas, no acepta que
nadie más que el o los oficiales por .el designados hagan justicia en su
territorio. Los soberanos invocan, la superioridad y la preeminencia del icv:
i iníaii allí a un alto limcionario. Diego López de Hato, ron la misión de
ponei las cosas en piden. La pragmática del ’J.'I de junio ele IJOÍ) prohíbe a
los obispos’ y a los abades de Galicia utilizar ccnsmas espirituales Í en las
causas prolanas y reafirma el dcictho de los seglares de rccmrir ante la
justicia real eontia las sentencias pronunciadas por los ¡tictes eclesiásticos,
recomendaciones que se amplían en 15(1'2 a todos los señoríos
eclesiásticos. En 1510, los vicarios del obispo de Burgos pronuncian una
excomunión total tonda (res habitantes de la ciudad culpables de haber
utilizado pura sus molinos agitas pertenecientes al archidiaconado de
Valpucsta; el abuso es flagrante, v los denunciantes obtienen que la justicia
real entienda ett el asumo.
Este último litigio pone de relieve la tendencia de la justicia eclesiástica
a intervenir, mediante argucias diversas, en asnillos que no tienen nada que
vrr con el estatuto del clero ni con el dciecho canónico, sino que son
claramente de la competencia del derecho t omón: por ejemplo, oculte que
interviene cu contratos de deretho privado o de. derecho mercantil
(reconocimiento tic tiendas, etc.) so pretexto rio qtte las partes se han
comprometido bajo juramento v de que el juramento es un acto religioso; o
incluso de examinar el conllieto que enfrenta en 11711, en la diócesis de
Osnta. a algunos municipios v los recaudadores judíos de impuestos,
acusados de prácticas nsuraiias. Cuando la Iglesia prohíbe la lisura... En
todos estos casos, v en olios del mismo genero, los Reyes Católicos llaman
firmemente al orden a los jueces eclesiásticos y advierten a los quejosos:
este tipo <|c casos depende esclusó ámente de la justicia real. En I l/íl el
totirgidoi de
/WHIf ! llfíX 1X7)0

Córdoba convoca a Pedro Ramícz de Baeza por haber planteado


ante la justiciaeclesiástica sus diferencias con el municipio de Alcalá
la Real que no le pagaba el salario, interrumpe el procedimiento en
curso y lo procesa por haberse dirigido indebidamente a la justicia
eclesiástica. '
Los Reyes Católicos tampoco aceptan que jueces eclesiásticos en-
víen a prisión a seglares, ni siquiera Iras tina condena regular: en
estos casos corresponde intervenir al brpzo secular. Como norina ge-
neral, Fernando c Isabel ordenan : a sus magistrados que afirmen en
todas las circunstancias las prerrógativas reales frente a la justicia
eclesiástica. A propósito de un con linio con el capítulo de la catedral
de Toledo, en 1491, el corregidor recibe la consigna de no ceder en
nada por lo qtte respecta a la jurisdicción, la supremacía y la pree-
minencia reales, cada vez qtte lo permilan el derecho o la costumbre,
aunque se hayan establecido uSos leu sentido opuesto desdi' hace al-
gún tiempo, sin que se informe aj los reyes y estos hayan dado su
consentimiento. En 1502 es el provisor del obispado de Cuenca el que
se hace llamar al orden: «A mí jes hecha relación (pie los jttezes
cclesyásticos de ese obispado tienen tanta audacia en usurpar mi ju-
risdi^'ión que, por todas las vías q
en ella (....) en perjuicizio de mi ju ic pueden, diz que se entremeten
pertenece, el conoscimicnto de elle isdi<;ión real, perteneciendo, como
personas legas c sobre cosas mere a ¡as mis justicias, por ser entre
súbditos son fatigados»; se insta ; profanas, c que a causa dcllo mis
funciones. I provisor a que se atenga a sus
El derecho de asilo Iradicionalmentc reconocido a las iglesias no
debe convertirse en un pretexto (rara obstaculizar la acción de la
justicia, sobre todo cuando tiene p¿r efecto sustraer malhechores a la
policía. Esc principio se recuerda
una asamblea del clero celebrada :n las Corles de Toledo (1'180), y
interpreta como ánimo de restringí ■ las <•11
prerrogativas
1'182 se eclesiásticas;
inquieta ante velo (¡tic
en ello un precedente peligroso. Unos años después se produce un
incidente gravísimo en Barccloúa. iEn: 1'189 un criminal se cx'adc de i
su prisión y se refugia en el interior de la catedral. Los agentes del
rey lanzados en su persecución destrozan tres puertas a hachazos,
los eclesiásticos qne le han dado
prenden al malhechor, delicncií a
/iisv:.vor/.i/ I>I:I iticnnx'

asilo y los mantienen en prisión (oda nn;i noche. El obispo ríe Hat cclona,
(pie se cnconti aba en Roma en el momento riel itu idrnfr. toiiia partido
por su clero. En mala hora. Fernando le da una respuesta incendiaria: todo
ha pasado conforme a las normas de la justicia, tras madura deliberación y
en virtud de las prerrogativas reales: «Aquella vuestra corte c oflicialcs no
son sino refugió de malos r scclcrados (...) y se os podría dar nómina de
más de fferiemos, que de ninguno ha scvtlo fecha justicia».
! Esa voluntad de no abandonar ni una sola de las prerrogativas reales se
manifiesta rn otras dos decisiones. Fernando e Isabel exigen que los jueces
eclesiásticos v los srñoiialcs no enarbolen indebidamente el signo
distintivo de la justicia-real: la vara, satisfacción de principio destinada a
señalar materialmente la supremacía del podrí real. Sobre todo, rechazan
enérgicamente todo lo qtir pueda debilitar esa supremacía. En cuanto al
derecho común. la última palabra debe corresponder siempre a la justicia
real. Por no haberlo comprendido, la. Chancillcría de Valladolid, tribunal
supremo de justicia, es objeto cu 1491 de una medida espectacular. I labia
creído que podía aceptar un recurso a Roma rn mi asunto que no tenía nada
que ver ron el derecho canónico; rn cuanto los Reves Católicos reciben esa
información, revocan a todos los miembros de la (’.hancillrría v los
snstitmen inmediatamente.

La batalla ea loiao a los obisparlos


A principios del reinado, la Concordia de Scgovia (enero dr 1 17ñ), que
organiza el gobierno conjunto dr Fernando c Isabel prevé qtte. cada vez
que quede varante un arzobispado, un maestrazgo de las órdenes militares,
un obispado, un priorato, mía abadía o rnnlqtiiri otro beneficio, los dos
soberanos dirigirán al Papa una súplica común, en el entendimiento dr que
sólo la reina podrá elegir a la persona propuesta y dr que ésta deberá
poseer mi título universitario (ser letrado). Así se definen los grandes
principios que inspirarán la política de los Reyes Católicos en materia de
colación de los beneficios eclesiásticos más importantes: tratarán dr
reservarse el nombramiento
los obispos y de elegir para cstis funciones a los más dignos de
ilianz.a y los más competentes. Hay razones económicas (evitar las
exportaciones de capitales en los casos en que. el beneficiario no .resida
en España) y razones morales evide
sin olvidar las razones de scgtiridac tes que los impulsan por esa vía,
zas y de (ropas): habida cuenta, i (los obispos disponen de Tortalc-
!el poderío material y militar de.
determinados obispados, no les parece posible dejar que se instalen
en ellos extranjeros ni hombres que puedan constituir un peligró, una
amenaza o una presión sobre el Estado. la Santa Sede,
En esa esfera, los Reyes Católicos tropiezan con
única que puede conferir la investidi ra canónica. Los obispados, como
ya se ha visto, disponen de ingresos a veces considerables que suscitan ICCOin-
muchas ambiciones. Así, los papas tienen la oportunidad de
pensar a miembros de la Curia, y no se privan de ello, pese a los
protestas. Los predecesores de l’crnando c Isabeli vez habían
más enobtenido
1159, Enrique IV
algunos resultados. En 1-156 y tm !
si no un derecho de prc.senla-
había logrado, así, hacerse reconocer, , el derecho de pedir que algunos
ción, al menos un derecho de súplic;
de los beneficios más importantes se atribuyeran a quienes él propu-
siera, aunque aceptando de hucha'¡gana que el Papa siguiera nom-
íavorccc.r. Por una y otra parte
brando a quienes el mismo dése; ir4
ríproeas: el Papa tenía en cuenta
se habían hecho, pues, concesiones r
la opinión del rey de Castilla; este tío se. oponía a que. se reservaran
beneficios a miembros de la Curia, iero se trataba siempre de situa-
cioncs de hecho; de derecho, la Sania Sede no había cedido en nada
y al llegar al trono los Reyes Católicos no podían invocar sino algunos
precedentes, sin que el Papa se sintiera obligado por éstos.
El primer embajador de los Reyes en Roma recibe, el 5 de junio
de 1'175, la misión de intervenir pat; a cpic no se provea ningún obis-
pado, maestrazgo ni priorato de Castilla sin una súplica previa de
ellos, gestión que se reiterará constantemente en cada ocasión posible.
Las instrucciones dadas a un nuevo embajador, redactadas en 14711,
son todavía más explícitas: no debe proveerse ningún obispado sin
previa súplica de los soberanos o' per lo menos sin su acuerdo, dado
que ¡a mayor parte de. esos obispados tienen en su jurisdicción ciu-
dades y fortalezas y, en un pasado reciente, ya se ha visto la impor-
lamia (Ir que los (¡Hilares hieran dignos de conlianza. A principios' de 1'179 va a
Roma una importante delegación, encabezada por Diego de Muros, obispo de
Tuy; entre sus objetivos se destaca el siguiente: hacer que se revoque todo
nombramiento para un obispado que tío (líenle con el asentimiento de los Reyes
Católicos: «Y esto procurad con (oda instancia, porque no entendemos dar lugar a
olía cosa», lisa ofensiva diplomática se.ajusta al principio planteado en la Con- .
cordia de Scgovia, pero los Reyes Católicos refuerzan su posición al hacerla
aprobar por la congregación del clero castellano, reunida en Sevilla cu julio de 1-
178 (fue el confesor (le la reina, 'l’alavcra. quien sugirió esa gestión: o sea, (pie
no es totalmente espontánea), así como por las Cortes de Toledo, celebradas en
TIB(): los beneficios eclesiásticos deben estar reservados a castellanos.
El primer eonllicto con la Santa Sede por el problema del nombramiento
de los obispos estalla en (orno a un caso de lo más dis- ciitible. Es cierto que
se (rala de un beneficio situado en Aiagón en una época en que las dos coronas
todavía no están reunidas, peto Temando, como se verá, está interesado
personalmente c Isabel no osa desolidarizarse de su esposo,
independientemente de lo que opinara del asunto. En diciembre de 1175 queda
vacante rT arzobispado • de Zaragoza. Sixto IV contempla nombrar para él a
un miembro déla Curia; como éste es aragonés, el Papa piensa que el rey Juan
II no tendrá objeciones. Se equivoca. Juan II tiene un candidato: Al(«>n- so de
Aragón, que no es otro que el bastardo de Fernando y que además, sólo tiene
cinco años. I .a ocasión no es nada favorable a la defensa de los grandes
principios. Aun así, Fernando no parará hasta obtener satisfacción, al cabo de
tina larga batalla: el TI de agosto de M78 su hijo se convierte en arzobispo de
Zaragoza.
Afortunadamente, los asuntos siguientes son más favorables a la causa que
se. pretende defender. En primer lugar viene el de Cuenca, cuya sede queda
vacante a raíz del fallecimiento del cardenal Vcnirr, miembro de la Curia. El 3
de agosto de Tí 78, Sixto IV concede el beneficio a su sobrino, el cardenal
Riario, de veinte años de edad; incluso encarga a Francisco Orliz, canónigo de
Toledo, que tome posesión de él oficialmente. Ahora bien, Orliz ha sido
adversario de los Reyes Católicos, lo cual sin duda ignoraba el Papa. Esa
ciirnns-
IS.IIIH. r /‘/OÍ.V.UVJO

I lam ia no es idónea para arreglad las cosas, lanío más cnanto que
Isabel lime un candidato: Alfonso ¡de Burgos. En consecuencia, pro-
pone al cadcnal Riario que cambie Cuenca por el obispado de Sala-
manca, también vacante, con algunas condiciones menores. Pero Ria-
rio se niora a Cuenca v goza dyl apoyo de Sixto IV. liará falla
multo años de discusiones y de gestiones para llegar a un entendí- i
miento a este respecto, así como Id de otros que enfrentaban a la
; sazón a los Reyes Católicos con Sixto IV y, el 3 de julio de Ij482 el
' legado del Papa suscribe en Córdoba los puntos de acuerdo qñe, por
mira parte/se ajustan a lo (pie (foseaban los soberanos españoles:
Alfonso de Burgos irá a Cuenca y Riario a Salamanca.
A cambio, Sixto IV no plantea ¡ninguna dificultad, el mismo año
de M82, para nombrar ai cardenal Mendoza arzobispo de Toledo,
pero en contrapartida trata de luuj’er (pie su sobrino pase de Sala-
manca a Sevilla, sede (pie Mendoza acaba de dejar vacante. En este
caso, Isabel se niega en redondo: lio hay ni qué hablar de nombrar
a un extranjero para Sevilla. ¡
Porque Sevilla es mi puesto importante y los Reyes Católicos ve-
lan atentamente por que no lo ocupen sino hombres seguros. El fra-
caso del cardenal Rodrigo Borgia Ib demuestra. El cardenal Borgia,
valenciano, había tenido ocasión d'c prestar servicios a Fernando o
‘ Isabel antes de (pie ascendieran'al trono. Gracias en parte a su in-
tervención obtuvieron de la Santa Sede la rcgnlarización de su ma-
trimonio, mediante una dispensa de cbnsangiñneidad, y también gra-
cias a el se amistaron con la familia Mendoza, lo cual les facilitó
mucho las cosas. En consecuencia, borgia cree (pie puede contar con
la buena voluntad de los Reyes Católicos. Quedará decepcionado. Ya
en 1480 no se apreció en nada sri nombramiento para el obispado de ■
Cartagena. Mucho peor es en 1484;, cuando se empecina en ocupar
el arzobispado de Sevilla
Sixto IV, pese a la < vn>a, para lo ciial lo ha designado regularmente
había advertido a todo el mundo:oposición de. los Reyes Católicos. Temando ya
puede fazer otras cuentas, pero no «Quanto a lo de Sevilla, allá se
sin <pie parta de voluntad nuestra ( dense ni presuma nadie la posea
otros proviesse, arpia no se dará'lugar a ello».
...). Y donde por importunidades
Borgia subestima esa determinación. Envía a su hijo, Pedro Luis
Li 7HS7- s>>< i\!. nii iu:t;iMiy

Bort’iít, :i (ornar posesión <lc! arzobispado en sn nombre. Apenas llega a


Sevilla l’ernando lo hace prender. En las semanas siguientes ordena (|nr se
secuestren todos los bienes del cardenal Borgia en la región de. Valencia. : No
es más que el principio, señala l ’ernando: «l)c lo (pial no alzaremos la mano
no solamente (asta él aver en consisto)io renunciado a Sevilla, mas Insta que
liara lecho otras tosas qnc nos Ir pediremos».
Inocencio VI11, qnc acaba de suceder a Sixto IV. convierte en cuestión
de honor la confirmación del nombramiento de Borgia: al mismo tiempo, tr
ata de dar prendas v contrapar (idas a los Reres Católicos en aspectos que
importan a estos, sobre torio en materia financiera. .Envía a España a Amp io
(írraldini. Para evitar qnc el legado pierda el tiempo, los Reres (lalolicos rían
la orden tic que no se lo admita en la frontera. De todos modos, (•’rialdini
emtienlra medios de desembarcar. Pide audiencia a los Reves ( alfolíeos; éstos
le responden qnc si es para hablar del asnillo de Ser illo, es inútil: no hay nada
qnc negociar. lón l lBó es a Diego I bo tado de Mendoza, sobrino riel cardenal
Mendoza, a quien se nombra obispo de Ser illo. Rodrigo Borgia, convertido
en Popa con el nombre de Alejandro VI. no manifestará rencor' contra los
Reres Católicos por esta derroto. Nombrará a quienes se le sugiera, salvo al pr
incipio de sn pontificado c incluso entonces para beneficios por - los cpic
siente nn interés persona! por haberlos ocupado el mismo, Mallorca v
Cartagena, por ejemplo, así como Valencia, que provee en favor de otro de
sus hijos, Cesar Borgia.
t Esos conflictos son prueba de la tenacidad de los Reves Católicos, pero
también de la resistencia de la Santa Sede, que no quiere ceder en absoluto en
sus prerrogativas. Cada vez qrrr queda vacante mía sede hay que reanudar el
combate, con resoltados desiguales. Por lo menos en lo que respecta a los
beneficios más importantes, los Reves Católicos consiguen su objetivo, y cada
éxito refuerza sti posición. Desde el punto de vista jurídico no hay nada
establecido definitivamente, pero en la práctica al Papado cada vez le cuesta
más trabajo imponer obispos que no cuenten con el asentimiento de ios
soberanos. La misión diplomática confiada al conde de Tendilla en 1 l'tñ-l IR7
hace que las cosas progresen en lo qnc respecta a los beneficios del
/.MB/ík r rEHNANl)O

reino de Granada, cuya conquista ya está en marcha. En 1486 Ino-


cencio VIII firma una tras otra tres bulas sobre la organización cclc- a
siástica del territorio: reconoce los Reyes Católicos el derecho de
patrocinio sobre los futuros lugares de culto que se creen; delega en
el cardenal Mendoza y en el arzobispo de Sevilla la (arca de estable-
cer el mapa eclesiástico del reino de Granada y de crear en el los
beneficios que juzguen necesarios; sobre todo, concede a los Reyes
Católicos y a sus sucesores el derecho de presentar sus candidatos
para los beneficios más importantes del reino de Granada (el arzo-
bispado de Granada y los obispados sufragáneos de Málaga, Almería
y Guadix) y de las Canarias, prerrogativas que se ampliarán en 1508,
(ras la muerte de Isabel, a lasi iglesias del Nuevo Mundo. Es tina
victoria parcial y una etapa en|c¡ camino hacia la solución definiti-
va, que no se alcanzará hasta ¡523 cuando Adriano VI, por la bula
.Eximiae devolionis ajfectus, conceda por fin a los reyes d¿ España el
derecho de presentación de suá candidatos a todas las iglesias del
reino. i

,;Es posible establecer un balance de esta política eclesiástica? Durante


el reinado de los Reyes (¡lalólicos se nombra a 132 arzobispos ti obispos:
veinte de ellos son extranjeros (cardenales romanos u otros); treinta y dos
son miembros dcjla familia real o de la alta nobleza; ochenta proceden de
las capas inedias (pequeña y mediana nobleza, medios milanos o rurales).
Se Advierte, pues, un primer criterio de selección: el alto clero deja de ácr
el monopolio de la nobleza (erra- teniente; cada vez se recurre más a
miembros de las categorías inferióles, que van apareciendo así como la
liase social del régimen. Además, muchos de esos ascendidos; tienen títulos
universitarios (son doctores o licenciados en teología o en derecho). Así se
encuentra verificado el criterio de selección planteado a partir de enero de
1475: los i obispos serán letrados. Se obscíva que una docena de ellos, por
lo í menos, son exalumnos del Colegio Mayor de San Bartolomé (Sala-
manca), cuya vocación se confirma: este establecimiento y los demás l
Colegios Mayores fundados a fines del siglo XVI aportan los cuadros i
superiores de la nación, tanto en el clero como en la alta administra- i ción.
Otros dos criterios acaban de dolar de su fisonomía al alto clero í español,
como lo deseaban los Reyes Católicos; salvo raras cxccpcio- s
/J /M.VA ófH.ZI/. MI, HECIMEX

ncs (para agradar a los papas o para concillarse la amistad de alguna familia
influyente) se evita nombrar a extranjeros y a individuos d«j dudosa moralidad.
Claro que es preciso no idealizar el cuadro: hay y seguirá habiendo prelados
corruptos, venales (las Indias darán en breve a algunos ocasión para efectuar
tráficos fructíferos concu-- binarios, pero, en general, los cambios son
espectaculares: el alto clero' español ya no se parece, en 1516, a lo que era a
principios del rci-> nado. En esta eslora, la vigilancia de los Reyes Católicos ha
dado: frutos. . I
Los cuatro criterios que se acaban de enumerar demuestran que! la actitud
de los Reyes Católicos se explica tanto por el riesen dej elevar el nivel
intelectual y moral del alto clero como por el de (rans-l Formar a los obispos en
colaboradores fieles del régimen, lo cual no- significa que crearan un clero a su
imagen y semejanza. Esc clero' conserva una riqueza en (ierras y económica
considerable, pero su j poderío, lejos de amenazar al Estado, viene muchas
veces a ponerse i a su servicio. Es en ese clero, así reorganizado y
cuidadosamente' reclutado, por lo menos en sus instancias superiores, donde los
Reves Católicos encuentran naturalmente a aliados, y ya no a rivales, a
ministros y administradores leales y eficaces que en muchos casos ocuparán
puestos importantísimos y en su momento resultarán ser auténticos hombres de
Estado. Esta actitud tiene su contrapartida; al incitarlos a servir al Estado, ¿no se
desvía a los obispos de lo que debería ser su tarca esencial y su razón de ser, la
pastoral, la catcquesis, la elevación dc.l nivel espiritual de su rebaño? Algunos,
los . mejores, tratan de conciliar ambas misiones, pero la experiencia demostrará
en seguida que. no es (ácil ejercer al mismo tiempo responsabilidades políticas y
una misión espiritual; se verá en el siglo XVI, i y sobre lodo en su segunda
mitad, que la política predomina cada vez más sobre las preocupaciones
espirituales y que la voluntad de mantener tina disciplina y un orden temporal
que se consideran amenazados llevará a menudo a algunos obispos españoles a
ver con j desconfianza las inquietudes espirituales de tina élite deseosa de en- i
contrae nuevas formas de piedad mejor adaptadas a las circunstancias ’
históricas; de ahí a la tentación teocrática no falta mucho; la Iglesia de España
se irá instalando progresivamente en el siglo, perderá de
<'i'
IXAIII'I. r humano
J iI!■‘

vista su misión espiritual y contribuirá mucho a la elaboración de un


conformismo intelectual y social qitc tendrá su parte de responsabili-
dad en la decadencia de España en el siglo XVÍI,
Tres fuertes personalidades se destacan mucho en el alto clero de
la época de los Reyes Católicos; diuy diferentes entre sí, pero igual-
mente representativas de las tendencias del régimen: Mendoza, Ta-
iavera y Cismaos. I
Los Reyes Católicos no tienen nada que ver en la carrera de
Mendoza, cuando llegan al poder Klcndozá ya es cardenal y arzobis-
po de Sevilla, pero encuentran en ¡el un colaborador de primerísima :
lila en su empresa de reorganización del reino. Don Pedro González
de Mendoza (14'28-1495) pertenece a una de las familias más pode-
rosas del reino. Es el cuarto hijo c el marques de Santillana, celebre
por su amor a las letras (es uno de los mayores poetas de su época), poro
también por su afición a las iUrigas políticas, dos ¡rasiones que pasan a ser casi
hereditarias en el linaje hasta fines del siglo/XVf, por lo menos. Como Don
Pedro es hijb segundón hará su carrera en la Iglesia. En consecuencia, se lo
envía a estudiar a Salamanca al mismo tiempo que se le conceden modcstós
beneficios: todavía no ha cumplido los veinte años cuando lo designan párroco
de Hila, pero, ¿ejerció verdaderamente su ministerio? Probablemente no. En
1448 es archidiácono de Guadalajara, capital! de los Mendoza, su territorio. A
partir de 1452 se lo encuentra en la corle de Juan II, asignado a la capilla real, y
pronto se le ofrecen ¡prebendas interesantes: obispo de Calahorra en 1454, de
Sigíicnza en |1467, al mismo tiempo que interviene activamente en las luchas
políticas y dinásticas del momento, al lado de parientes suyos y de aliados de la
aristocracia. En 1473 se convierte, casi simultáneamente, cn| arzobispo de
Sevilla y Cardona!. Podría creerse que se halla en la edmbre de su carrera.
Todavía no. En esc mismo año de 1473 cfcctúa| un acercamiento a los príncipes
Fernando e Isabel sin romper con| Enrique IV, giro capital que lo convertirá en
el hombre fuerte del nuevo régimen, en el consejero más escuchado de los
Reyes Católicos, Hasta el punto de que se lo calificará de «tercer rey» de
España, Participa en (odas las batallas: so pone a la cabeza de sus tropas durante
la guerra contra Portugal y , se le ve intervenir cu persona, con ¡casco y coraza;
pero lo qtic más
M IIAXESOCIM. I»:I. KIWMKX

le interesa es la política: en enero tic 1-175 fue tino de los amores de la


Concordia de Segovia, la carta de gobierno hasta la muerte de Isabel; en las
Cortes de Toledo (1480) no cabe duda de que su opinión fue determinante
para convencer a la nobleza de que esta tenía que renunciar a algunas de sus
rentas si quería mantener lo esencial de su poder: en cierto sentido es el
garante aristocrático del régimen. Naturalmente, cuando mucre su viejo rival
Carrillo, en 1482, es a Mendoza a quien se ofrece el arzobispado de Toledo,
el caigo de primado de España; como le dice entonces Isabel, esa sede es suva
casi por derecho. Diez años después, es su cruz la primera que se iza sobre el
palacio reconquistado de la Alhambra. Mendoza muere poro después, en
1495.
Mendoza, dotado ríe tina grao inteligencia política, nmv culto —es una
tradición en su familia—, pertenece a la categoría de prelados que hacían
carrera en la Iglesia gracias al nombre que llevaban. Es una raza que ya no
tiene mucho futuro en España, liso no les impide, llevar una vida mundana c.
incuso bastante libre; se le conocen varias amantes y por lo menos tres hijos
naturales: Rodrigo de Vivar y Mendoza, Diego Hurtado de Mendoza y Juan
de Mendoza, a los que presenta complaciente a la reina en los siguentes
términos: «Estos son mis pecados» y a quienes tratará de dar puestos
honorables; Rodrigo de Mendoza será el juitncr marques de Cénete. Pese a
las apariencias, el cardenal Mendoza no es un hombre del pasado. Por el
contrario, asegura la transición con la época siguiente. lia comprendido
perfectamente, la evolución rpie está a punto de producirse en el último tercio
del siglo XV. Sabe que ya ha pasado la época de las ambiciones feudales para
la nobleza y que, si esta aspira a mantener el primer lugar en la sociedad, en
adelante debe adaptarse a un poder monárquico fuerte. Mendoza ha
contribuido mucho a ese cambio de talante. Por eso es representativo de una
casta, la de los grandes señores de ideas amplias que pondrán su nombre, su
influencia ya veces su fortuna al servicio del Estarlo, a la cabeza de los
ejércitos, en los virreinatos de la Península o de Italia y más adelante del
Nuevo Mundo, en las grandes embajadas, y que en muchas ocasiones serán
mecenas inteligentes, como lo fue el cardenal Mendoza, a rimen se debe la
fundación de ese magnífico monumento del Rena-
¿M//A7. I- I-EIINANDO

cimiento español y del estilo'plateresco que es el colegio de Santa Cruz


de Valladolid. 1
|
A diferencia de Mendoza, Talayera y Cisncros son elegidos y as-
cendidos por ios Reyes Católicos,! y su medio social no es en absoluto el
mismo. En el caso de Hernando de Talavera, hasta sus orígenes son
misteriosos. Parece haber in cido, hacia 1428, probablemente en Talavera
de la Reina, de donde procede su nombre, pero, ¿de quien era hijo? Uno
de sus progenitores^, por Jo menos, muy verosímilmente su madre, era de
origen judío, be ha señalado que Fernán'Alvarcz de Toledo, Tu turo conde
de Oro|)csa, se había interesado muy temprano por el y le había permitidó
que hiciera estudios de teología en Salamanca; se observa además que se
llama a 'Calavera en algunas crónicas Hernando de Oropcsa, Canto que a
veces se ha pronunciado la hipótesis de que podría ser hijo natural de un
Alvarcz de Toledo y de una judía. Antes de ir a Salamanca, parece que
pasó algún tiempo en Barcelona en una especie de escuela en la qbc se
daba formación a personal de secretaría, es decir, a hombres capaces de
ocuparse de la correspondencia tic los grandes de este mundo. Tala- vera
entra en el convento hacia los treinta años de edad; elige la orden de los
jerónimos y se convierte bastante pronto en prior del monasterio del
Prado, cerca dc¡ Valladolid; se sabe que introduce reformas en la vida
conventual !y que trata de restablecer la regla primitiva en todo su rigor.
j
¿Caiándo y en (pie circunstancia entró en contacto por primera vez
con Fernando c Isabel? No se sabe. Lo único que se puede decir es que
cuando ascendieron al trono parecía conocer bien a ambos, en todo caso
lo suficiente como pañi enviar al joven rey una carta llena de
amonestaciones en la que no ¡faltan alusiones a deslices recientes; en
adelante hay que demostrar más humildad de espíritu y más autoridad en
público, más preocupación por la justicia, más fidelidad a la reina; si se
produce esc cambio, el pasado cincelará reparado, perdonado,
olvidado ... Es tambicnj Talavera quien redacta, en la primavera de 1475,
el primer testamento de Fernando, en. el momento en cpic empieza la
guerra con Pórtugal.
Pero pasa a ser confesor de Isabel, y no de Fernando, en una lecha
difícil de precisar: ¿H78? Y ¿por recomendación de quien? ¿Del
LA 7I.I.S7-: SOCIAL DEL IIECIMEX

cardenal Mendoza? Ya se lia narrado su primer contacto con su penitente, su


negativa a arrodillarse ante ella, el asombro y después la admiración de la reina.
Lo que es seguro es que su influencia política ya es grande en 1475 y,
paradójicamente, en la esfera en la que menos se esperaría encontrar a un
monje: en la de las finanzas (¡cierto es que la orden de Talavcra, la de los
jerónimos, tenía lá reputación de administrar bien su inmensa íbrltma mobiliario
c inmobiliaria!).-Es Talavcra quien hace decomisar los recipientes sagrados de
las iglesias, en 1475, para pagar la campaña contra Portugal; es también el
quien, en las Corles de Toledo (14110), actúa como árbitro en lá delicada
cuestión de la reducción de las rentas de la nobleza; es él, una vez más, quien se
ocupa de constituir la Hermandad y de encontrar los Fondos para la guerra de
Granada. Antes, en 1479, había.-partidpado en las negociaciones de paz con
Portugal y había vigilado de. cerca las cláusulas relativas a la princesa Juana, la
rival de Isabel. En 1486 los Reyes Católicos lo proponen para el obispado de
Avila y, en 1492, es el primer arzobispo de Granada. Talavcra vuelve entonces
a su vocación inicial de hombre de iglesia. Hecho notable —sin duda no se le
exigía tanto—, reside en esa diócesis, poblada mayorilariamcnlc por
musulmanes, donde está todo por hacer: establecer c¡ mapa eclesiástico, Fundar
iglesias, conventos, designar a los párrocos y, sobre todo, convertir a los
infieles.
Ya se verá con que espíritu de apostolado contemplaba Talavcra esa última
tarea. Detesta emplear la amenaza, las presiones, la intimidación en cuestiones
religiosas. El, que se había opuesto al establecimiento tic la Inquisición,
conseguirá por lo menos que ésta no se instale en Granada. Desea que la
conversión sea resultado de una adhesión sincera a la fe y que no se repita con
los musulmanes de ’ Granada el dramático error cometido con los judíos en
1391: bauli- i zarlos en masa y sin preparación, sin instrucción religiosa; así era
¡ como se habían fabricado tantos falsos cristianos, los conversos, mu- : dios de
los cuales judaizaban en secreto y, desde hacía unos años, , corrían el peligro
ele sufrir tm castigo terrible. Talavcra vive en buena j armonía con el clero
musulmán, se encarga de que las mezquitas vi otros lugares de culto estén bien
mantenidos conforme al espíritu del' i acuerdo de 1491 que precedió a la
rendición. Al mismo tiempo, pide i
ISAIIEl.Yi’Mh'ANIH)

a su propio «pie aprenda el árabe, como hace el mismo, con objeto de


evangelizar mejor a la parte de la población que no habla otro idioma.
Redacta pequeños catecismos y libros de oraciones para ¡os neófitos,
compone oficios en los Cuales, en lugar de las respuestas tradicionales, hace
cantar a los .fieles canciones en español, y esa leve intrusión de una lengua
vulgar cnl donde existía la costumbre,de oír latín le vale múltiples críticas. j
Si bien esa labor misionera produce bastantes conversiones sólidas, no da
resultados espectaculares. Eso provoca asombro e incluso le acurra reproches
a Talavera. A partir de 1'199, bajo el impulso de Cisneros, se empiezan a
cmplctjr métodos más enérgicos; se realizan bautismos por millares y en los
medios musulmanes se va fraguándola rebelión. Talavera está ¿ada vez más
aislado. ¿Se equivocó al marcharse de la Corte en 1492? Ya no tiene tanta
influencia y a la muerte de Isabel, en 1504, Talayera se encuentra desarmado
frente a una cabala montada por cspírilds mezquinos. Era de origen judío; se
había opuesto a la creación de la Inquisición; algunos no se lo perdonan. En
el segundo scmcstrcidc 1505 Encero, el fanático inquisidor de Córdoba, hace
prender a; amigos y colaboradores de Tala- vera y después a la hermana y los
sobrinos de este, pero a quien se persigue es al arzobispo; el delirio de
Lucero le hace imaginar una absurda maquinación cuya alma séría Talavera
y cuyo objetivo sería difundir de nuevo el judaismo cu España. El Inquisidor
General Deza lo permite; también Hernando, lo (cual es mucho más
sorprendente. •Se prepara el proceso de Talavera,{pero como se (rata de un
prelado, es Roma quien lo instruirá y quicji dará la absolución. Por último,
Cisneros sustituye a Deza a la cábcza de la Inquisición; revoca a Lucero y, en
mayo de 1507, hace! poner en libertad a los parientes de Talavera que
seguían presos. El arzobispo de Granada, rehabilitado, mucre el 15 de mayo
de ese {mismo año.
¡Que contraste entre ese fin trágico y el destino del cardenal Mendoza,
colmado de honores a su múcrtc! Los dos hombres no se parecían por sus
orígenes ni por su temperamento; ¿que había de común entre el gran señor y
el oscuro hijo! de Talavera de la Reina del cual no se conocían padre ni
madre confesados? Ambos sirvieron leal y dicazmente al Estado de los Reyes
Católico!?; eso es lo que los acerca:
M IIASE XOCIAI. DI:I. KECIXIEX

Talavcra, (ras haber sido a principios de su carrera el reformador del Prado


y antes"de ser el apóstol de Granada, fue nn hombre de acción, aunque no
violento, que se encontró en el centro de la batalla política. Es posible que
las desgracias que afligieron el final de su vida no hubieran ocurrido si en
1'192 hubiera permanecido en la (lorie, en lugar de consagrarse a
evangelizar los arrabales de Granada. /Quién sabe que rencores
acumulados inspiraron y autorizaron la persecución de 1505 y 1507?’
Resulta tentador ver en Gisneros’ al reverso tic un Talavcra: ¿no puso
el primero en peligro con sus métodos brutales v expeditivos la labor en
profundidad del segundo en Granada? Siempre se citan a este respecto los
cuatro o cinco mil libros árabes que Gisneros habita hecho quemar en la
plaza pública para extirpar definitivamente de . España toda influencia
islámica: sólo habían escapado a las llamas las obras de medicina,
entregadas más (arde a la universidad de Alcalá. Hoy día se pone en tela de
juició la autenticidad del episodio, y sería erróneo ver en Gisneros a un
fanático opuesto a la apacihilidad de un Talavcra. Eso es olvidar que
Talavcra fue un hombre de acción antes tic ser apóstol y que Gisneros,
apenas nombrado Inquisidor General, puso (in a los excesos de Lucero en
Córdoba. En realidad, los dos hombres perseguían los mismos objetivos,
pero diferían en cuanto a temperamento. Gisneros tiene prisa, es
impaciente, incluso autoritario: no soporta fácilmente los obstáculos pero
sabe componer cuando es necesario, renunciar provisionalmente a una
reforma, aunque vuelva a la carga más tarde cuando se siente en posición
tic fuerza. Es un político, pero no tiene nada de fanático y, en el ejercicio
de sus responsabilidades pastorales, también desea, a! igual que Ta-
lavc.ra, actuar cu profundidad.
Francisco Jiménez de Gisneros nació en I'13(5, de una familia de hi-
dalgos instalada en Torrclaguna, en el feudo de los Mendoza. Resulta
asombroso comprobar hasta qué punto los Mendoza dominaron todo el
período de formación de la España moderna al respaldar y recomendar a
los hombres que les parecían más aptos. Se saben pocas cosas de los
estudios que hizo Gisneros en Salamanca, sin duda algo de derecho. Se lo
vuelve a encontrar en Roma. ¿Qué había ido a hacer allí? ¿A quién
conoció? En aquellas época, Gisneros parece de
scoso de hacer carrera en los niveles inferiores de la jerarquía ecle-
siástica: se instala a codazos orí el! arciprcstazgo de Uccda, pese a la
oposición del arzobispo Carrillo, ajqiiicn no agrada; poco después, se le
nombra vicario general de la diócesis de Sigücnza, cuyo obispo a la
sazón es Mendoza, Esta lenta accensión social se interrumpe brus-
camente en otoño de 1484 cuando-Cisncros entra en los franciscanos de
la Salceda, en el corazón de la'Alcap ia (una vez más en el feudo de los
Mendoza...). Entonces parece que Cisncros renuncia al inundo; el
convento de la Salceda es uno ¿le los que se esfuerzan por volver a la
regla primitiva cu lodo su rigor: ayuno, pobreza, vida retirada...
Pero el cardenal Mendoza no iba olvidado a su antiguo vicario
general. Lo recomienda a la reina cuando esta busca, en 1492, a alguien
que sustituya a su confeso!’ Talavcra, que se ha irlo a Granada. Sin
abandonar su convento,) Cisncros sale de el regularmente para ir a
ejercer su ministerio coh su penitente. A la mncrlc del cardenal
Mendoza, en 1495, los. Reyes Católicos piensan en (asneros para ocupar
la sede arzobispal d¿ Toledo. Se lian escrito muchas leyendas acerca de
este episodio. ¡Se dice que la reina convocó a Cisncros diciendo: «Padre,
a lo que os he enviarlo a llamar os que nos ha venido correo y vienen
ciertas letras para vos». El monje toma el documento y lee el subscripto:
«A don fray Erancisco Ximenez de Cisncros, arzobispo electo de
Toledo» y se lo devuelve a la reina: «Estas letras no son para mí» y sc|va.
Parece que hizo Talla toda la insistencia tic Isabel para que Cisncros
aceptara por fin el honor que se le hacía... Probablemente la .historia sea
falsa, pero contiene un fondo de verdad: efectivamente CÍs'ncros titubeó
en aceptar el aizo- bispado de Toledo. Titubeó por dos motivos. Primero
se debe a la idea que tiene de los obispos; en ia España del siglo XV,
estos no ¡jasaban precisamente por modelos de piedad ni de virtud, y
todavía menos por hombres ansiosos de espiritualidad; eran poderes
seculares que, por su tren de vida y por sus ocupaciones, no se
distinguían en nada ele los grandes señores del reino; y desde que
Cisncros había entrado en el convento, se movía ctí un universo
completamente distinto; no se proponía renunciar a la'austeridad por él
elegida ni a la regla de san Erancisco.
O |
Pero hay otra razón que le hace titubear; son las circunstancias
/..( /M.VK SOCIAL I>EI. REGLMEN

que rodean a la halagadora propuesta que se le haré; no raicee de reservas


personales. Al ofrecer a un monje cuyo rigor y gustos se conocen el
beneficio más rico de España, los Reyes Católicos esperan ser ellos
quienes se beneficien. Han pensado en desmembrar la rica diócesis de
Toledo para convertirla en dos o tres obispados. La designación de
Cisneros sería una solución intermedia mucho más interesante: el nuevo
arzobispo podría contentarse con dos o tres millones de maravedíes de
rentas, es decir, en torno a la décima parle de lo que. aporta la mitra de.
Toledo, y ya eso es enorme; el resto volvería a la corona, al igual rpic
todas las fortalezas ríe la diócesis. Cisneros rechaza el trato; todo o nada;
el no ha pedido natía; no ha intrigado para convertirse en arzobispo de
'Toledo; pero si va a serlo, lo será con todo lo que significa. Los Reyes
Católicos no insisten, y el prelado triunfa; sin renunciar a sus costumbres
(el Papa tendió que llamarlo al orden: un príncipe de la Iglesia no puede
vivir como un monje y tiene que adoptar un cierto tren de vida), pone. la
autoridad y la fortuna que debe a su título al servicio de su ideal. Cisneros
inicia efectivamente una labor de apostolado. Los sínodos que reúne en
1497 y en 1498 recuerdan cuál debe ser la misión del clero: se
contemplan sanciones contra los sacerdotes concubinatos, lo mal no es
mucho, peto otras cosas si lo son: los curas deben residir en su parroquia,
confesarse a menudo, explicar los domingos a los fieles el evangelio del
día, enseñar el catecismo a los niños, llevar al día ia estadística de
quienes cumplen con sus deberes pascuales y quiénes no. Se trata de una
reforma a fondo, análoga a la que Talavcta inicia al mismo tiempo en otro
medio.
Ya se advierte hasta que punto sería erróneo enfrentar sistemáti-
camente a los dos hombres; ambos son muy representativos de una
reorganización seria alentada por los soberanos, aunque éstos se inquieten
a veces ante las lentitudes tic Talayera en (bañada o ante las impaciencias
de Cisneros. liste proponía en 1499-1500, pat a'romper la resistencia de
los franciscanos a la reforma de su orden, medidas queda reina
consideraba demasiado enérgicas. Cisneros se indigna. Isabel se.
escandaliza: «¿Os hacéis cargo de con quien estáis hablando?» «Con la
reina doña Isabel que es polvo y ceniza como yo», responde Cisneros.
Gutierre de Cetina, que asistió al altercado.
♦216 IXAItEI. )' FERNANDO

no disimula su opinión ante Cisnéros: «Si lo que habéis dicho a la


noble reina de Castilla en sus propios estados se lo dijerais en Aragón,
os juro que os ahorcara con esa cuerda que lleváis ceñida». Es posible
que la anécdota sea apócrifa; en todo caso demuestra una cosa: los
Reyes Católicos instalaron en los dugos más elevados a personalida-
des fuci les que no tenían nada de ¡cortesanos serviles y obsequiosos.
Más adelante se examinará el papel de Cisneros a la cabezadel
Estado, en ios momentos de crisis de 1506-1507 y después de
1516-1517, así como la fundación de la universidad de Alcalá, qtic lo
ocupa de I49B a 1516. Ahora se trida únicamente de sugerir la infa-
tigable actividad de Cisneros en los ¡años de 1505 a 1517, en los cuales
se halla presente en todos los frentés. Se enfrenta valerosamente con
las actitudes subversivas de los grándes; un día, estos le preguntan
de dónde extrae sus poderes; se pasca por tina galería y después se
para ante una ventana: «Estos son mis poderes». En el patio del
palacio está emplazado un destacamento militar con un grupo de
artillería... En 1509 monta a sus expensas una expedición contra Orán
' y desembarca en Africa el día siguiente de ¡a Ascensión, en ñu clima
de exaltación heroica y mcsiánica al; mismo tiempo: la toma de Orán
es el preludio de una cruzada nmchb más ambiciosa, que debe llevar
a los cristianos a Jcrusalén. Inquisidor General a partir de 1507,
Cisneros no muestra ninguna debilidad ante la herejía, persigue a los
judaizantes, pero al mismo liempoi destituye a los exaltados como
Lucero, difunde el ideal contemplativo haciendo publicar en traduc-
ción a! español obras espirituales (¡de san Juan Climaco, de santa
Catalina de Siena, etc.), observa con grán indulgencia algunas mani-
festaciones de misticismo que llegad hasta el charlatanismo (asunto
de sor María de Santo Domingo, la >ea(a de l’icdrahila, en 1509), da
impulso a los estudios bíblicos, invita a Erasmo (que no acepta) a
venir a España a colaboraren la Biblia Políglota (pie se está preparan-
do. ' ii
Cisneros muere en octubre de 15.1 I, unos días después de que el
nuevo rey Carlos desembarque en Castilla y sin haber podido cono-
cerlo. Su fuerte personalidad domina' todo el período que va desde la
muerte de Isabel hasta la llegada de. Carlos V.
Í..I /I.1.S7-: sof.f.u. m-mstEX '.*17

¿Las reformas antes de. la Reforma?

Algunos historiadores españoles, llevados por el entusiasmo, no han


timbeado en prestar a los Reyes Católicos la intención de introducir en
España una reforma radical del clero secular y de las órdenes regulares;
según ellos, esa empresa de moralización fue acompañada de tina
profunda transformación en la práctica religiosa, las formas de piedad c
incluso la espiritualidad. Así, los soberanos españoles habrían evitado en
sus dominios las convulsiones que la revolución religiosa causaría en el
resto de Europa; l;i reforma luterana habría encontrado poco eco en
España por el simple motivo de que; gracias a los Reyes Católicos y a sus
colaboradores, sobre todo (asneros, las reformas más importantes ya se
habían realizado bajo la autoridad del poder real.
bisas opiniones parecen demasiado optimistas. Es verdad que a la
sazón cambian muchas cosas en España en el orden de la religión, pero en
esa esfera al igual que en otras, los Reyes Católicos se limitaron muchas
veces a sostener un movimiento que había comenzado antes de ellos y a
fomentar iniciativas que no habían lanzado ellos. Además, los cambios no
son tan espectaculares ni tan definitivos como se dice. Es cierto (pie en el
momento en que Lulero empieza a agitar a la cristiandad, España ha
iniciado su reforma religiosa, gracias por otra parte a (asneros más que a
los Reyes Católicos, pero dista mucho de estar por encima de toda
convulsión y de toda inquietud espiritual. Lo que hace falta precisar es el
alcance y los límites de esas transformaciones.
Las calamidades del siglo XV a raíz de la Peste Negra habían
afectado tanto a las órdenes religiosas como al resto de la sociedad.
Aduchos conventos, despoblarlos por la mortandad y ¡as epidemias,
habían perdido grao parte de sus" efectivos, y entre los monjes se
supervivientes la disciplina se había relajado considerablemente; se
habían abandonado segmentos enteros de la regla; los monjes consa-
graban esencialmente a hacer que fructificasen los bienes que habían
heredado y que debían a la generosidad de los fieles o de los grandes;
vivían cómodamente sin preocuparse demasiado de las obligaciones que
implicaba la pertenencia al estarlo monástico.
IS.V\W. Y l-'EXNAMM)

En los últimos años tlcl siglo XIV se inicia una recuperación. La


fundación del monasterio de S;in Benito, de Valladolid, que sería la cuna
de una reforma de los benedictinos, data de 1390. Un poco antes, en
1387, el franciscano hay Pedro de Villacrcccs abría en la Alcarria el
convento de la Salécda. Es el punto de partida de una lenta
reorganización. Villacrccci y sus discípulos se comprometen en una
doble dirección que procede de una doble exigencia: exigencia de rigor
mediante el retorno a i la regla primitiva, exigencia de una vida espiritual
más. conforme a las necesidades de la época. Estos franciscanos, más
próximos de sus contemporáneos y de los medios populares, más
deseosos de autenticidad que de especulaciones abstractas, se lanzan al
ataque contra la inteligencia sin sentido, apartada de la vida y de los
problclnas reales. La escolástica ofrece por toda respuesta cadenas de
silogismos a hombres y mujeres preocupados por la existencia cotidiana
y! que buscan en la religión un apoyo, un consuelo y motivos para viviij.
Así se ve cómo los que se llamarán más tarde espirituales se apartad de la
ciencia oficial, de las sutilezas del Doctor Sutil (Duns Escolo),! de las
vanas c inútiles curiosidades de los maestros de teología. Lá teología
especulativa, tal como se enseña en el siglo XV, deja sin saciar a los
cristianos deseosos de vida interior y ávidos de espiritualidad. No enseña
a vivir, y menos todavía a bien vivir, sino a discutir y a raciocinar. Al
separar brutalmente la fe de la razón, las exigencias intejcctualcs de las
necesidades ele orden espiritual, desalienta a muchas almas que
encuentran por el contrario en un libro sin pretensiones como la
Imitación de. Cristo un alimento más adecuado. De esta manera se
prepara la tierra en la cual crecerán en el siglo XVI las sectas de
iluiñinados y las escuelas de espiritualidad. j
A partir de entonces la mayor parte de las órdenes religiosas se
divide. En cada una de ellas, loS claustrales, es decir, los que están
plenamente satisfechos con la situación y que aspiran a no cambiar en
absoluto su modo 'de vida, se oponen a los partidarios de la observancia;
así se llama a los partidarios del retorno a la regla y de las reformas. El
objetivo que se lija la élite monástica es hacer (¡uc la mayor parte posible
de los conventos pase a la vía de la observancia. Ahí es donde
intervienen los Reyes Católicos, al apoyar a los
Í..I fMSE SOCl.U. DE!. REGIMEN

reformadores. A partir por lo menos de 1'186 se asiste a un programa


completo de reforma de los conventos.
Entre los benedictinos, el impulso procede de San Benito de Valladolid.
Allí es donde se van a buscar los apoyos necesarios para romper las
resistencias c introducir la observancia, sea en Santa María de Nájera y en
San Millán de la Cogolla o en Galicia, donde se recurre al brazo secular, o
incluso en Montserrat, en Cataluña. Los benedictinos de Valladolid se hallan
en todas parles a la cabeza del combate en pro de la observancia.
Los jerónimos multiplican las fundaciones a fines del siglo XIV, gracias
a la generosidad de la más alta nobleza tic Castilla (los Manrique, Girón,
Ayala, Mendoza... ), desde la de San Bartolomé de Lupiana, cerca de
Guadalajara, a la que pronto siguen Guadalupe (1390), el Prado (1-141) en
Jas cercanías de Valladolid, el Parral (Li l i) en Segovia, la Sisla (1474) cerca
de Toledo, Guisando, Vusté, San Isidoro del Campo (Sevilla) ... Se. (rata, en
el siglo XV, de la orden más rica y más dinámica de España. En ella no hay
divisiones entre claustrales y observantes, pero se advierte una atención
excesiva a los intereses materiales, que son considerables. En 1499 los Reyes
Católicos invitan firmemente a los jerónimos a echar cuentas, a preocuparse
más de las cosas del espíritu y a reformarse ellos mismos, evitando, por
ejemplo, desplazarse con una frecuencia quizá excesiva so : pretexto de
administrar sus posesiones, a dar muestras de más austeridad en sus
hospederías y más discreción en sus celebraciones públicas, recomendaciones
(odas que permiten suponer que la orden necesitaba una importante
reorganización.
I.as que plantean los mayores problemas son las órdenes mendicantes:
franciscanos y dominicos. La querella entre claustrales y observantes da lugar
a frecuentes enfrentamientos. Todavía no se sabe exactamente qué ocurrió
entre los dominicos; en cambio, la situación de los franciscanos se ha
estudiado mucho mejor. Los franciscanos experimentaron una expansión
considerable durante el siglo XV: se cuentan 156 conventos en Gaslilla y
treinta y cuatro en Aragón; los franciscanos de España representan casi una
tercera par te de los electivos totales de la orden en Europa. Gisneros se
convierte en provincial de. Castilla en 1'194. En calidad de tal, inicia el
combate contra
is,iní:r. r
ios claustrales. Lo hace a su ínaLcra, sin contemplaciones. Se tral:
de retirar a los claustrales sus casas para instalar en ellas a obscr
vantcs, de ser posible por las buenas y si no por la fuerza; no titube:
en enviar a la cárcel a los recalcitrantes. Estos se quejan a voz ci
grito, denuncian a Roma los mctddos del arzobispo de Toledo; todo:
los claustrales de Europa se solidarizan con sus hermanos españole:
y, en 1496, el papado suspende la reforma en curso. Esc es ¡el mo
mentó en que se sitúa el violenté altercado entre Isabel y disnero;
que va a pedir el apoyo del poder real contra Roma; la reina k
aconseja más moderación. Enjuno de 1497, Cisneros vuelve a obte-
ner amplios poderes. Los utiliza
rara reforzar la observancia y elis-
mimiir el número de claustrales, prohibiéndoles, por ejemplo, rccibii a
monjes huidos de su convento para sustraerse a la obediencia para con
sus superiores. En 1506 el Papa confirma a las dos ramas rivales en la
posesión de su conventos respectivos.
Los conventos femeninos no quedan al margen dc.l movimiento
general de reforma. Alejandro VI había dado carta blanca a los Reyes Católicos
y vuelve a ser Cisneros <!l encargado de dirigir la operación en 1495. Prohíbe a
las religiosas qúe alojen a sacerdotes, aunque sean ancianos, aunque sean
piadosos, pira evitar los rumores. Recomienda que se separen claramente, en
edificios distintos, a las tres categorías que viven habitualmente en los
Conventos femeninos: las religiosas auténticas (pie lian pronunciado si s
votosdefinitivos y renunciado al mundo; las viudas que van a bucear en ellos
un retiro apacible y, por último, las jóvenes que todavía no han elegido su vía,
para quienes el convento es en cierto sentido un centro de educación en espera
del matrimonio, sugerencias de sentido común que muestran cuál era la
situación efectiva y en que scn<ido convenía orientarse, pero que no parecen
haber surtido efecto. Se conoce, por el contrario, la viva , repugnancia de los
grandes monasterios femeninos a reformarse, sea en Cataluña, pese'al apoyo de
loS benedictinos ríe Montserrat (en particular, las religiosas de Barcclolia dan
muestra de una resistencia tenaz), o en Castilla. En esta última región, el
convento de las Huelgas, a las puertas de Burgos, refugio aristocrático para las
esposas y las hijas de la alta nobleza, lleva km combate cncarniz.ado durante
veinte años (1496-1515) y acaba poV conservar el slaltt quo. Un suceso
i.t IIA\I:soci.tt. nt i. m.ciAtr.v

de 15'23 da idea del laxismo reinante. Francisco Vargas, alio Ihnrio- nario de
Carlos V, tenía la costumbre de encontrarse por las noches con una religiosa,
en el convento, sirviéndose de una escalera para franquear los muros antes y
después de cada cita galante. Una noche, Francisco Vargas, que ya no era un
jovenzuelo, se siente mal y muere en el interior del recinto. Gran escándalo en
la Corte, pero no parece que. el régimen de las Huelgas cambiara en absoluto.
O sea, qué la reforma tic las órdenes religiosas, pese al apovo que le
dieron las más altas autoridades del Estado, tropezó con la resistencia activa, o
más a menudo pasiva, de los interesados. Parece que mil monjes prefirieron
apostatar y huir al norte de Africa antes que someterse. Cisneros tropieza con
dificultades todavía mayores con sus canónigos de Toledo, a los cuales
pretende obligar a vivir en comunidad conforme a la regla de San Agustín. Les
hace construir celdas. Los canónigos, acostumbrados a darse la grao vida, no
quieren oír ni hablar de esa reforma. Cisneros solicita el apoyo del brazo
secular y el corregidor detiene a algunos adversarios. Los demás envían un
emisario a Roma para alertar a la Santa Sede sobre los procedimientos del
arzobispo, que. viola los privilegios y ¡os estatutos del capítulo. El embajador
de España, a las órdenes de Cisneros, detiene al emisario cuando desembarca
en Italia y lo remite bajo escolta a España, donde se le encarcela, pero Cisneros
no insiste: es imposible atacar a personajes tan poderosos como los canónigos,
y los locales que se habían organizado para ellos siguen desocupados.
Piste último ejemplo señala hasta qué pumo era difícil vencer a las fuerzas
de la inercia. Cisneros esperaba cambiar autoritariamente y en tinos años
antiguos hábitos y hacer que el clero cumpliese más con sus deberes y su
misión. No parece qitc lo lograse totalmente. Sin embargo, no torio es negativo,
ni mucho menos, en rl balance que cabe establecer del reinado de los Reyes
Católicos en esta esfera. Se adoptaron orientaciones que. ya no se volverán a
poner en tela de juicio acerca de los criterios de selección del alto clero, de lo
qtie debe esperarse de éste, de la reforma de las instituciones y de las costum-
bres monásticas. En lo que respecta a la espiritualidad, se crean impulsos;
algunos de ellos se expandirán en el siglo siguiente; otros se zcráirsofocarlos
implacablemente..Merece la pena recordar sobre todo
la estrecha colaboración establecida bajo los Reyes Católicos entre el
poder temporal y la jerarquía ¿clcsiástica. La corona interviene en
cuestiones que no son de su competencia, como la reforma de los
conventos; por su ¡jarlo, los jerarcas de la Iglesia adoptan la costum-
bre de apoyarse cu el brazo scciilar ¡jara imponer su ¡junto de vista.
La simbiosis entre el Estado y lá religión que es una de las caracte-
rísticas de la España de Felipe ¡I comenzó bajo el reinado;de Fer-
nando y de Isabel. ■ ...y. ?

GANADEROS Y COMERCIANTES
•I

Ramón Catando no observa; ninguna innovación en la política


económica seguida do 1474 a 1516: es totalmente tradicional. Por su
parte, Pierio Vilar escribo: «los¡favores de los Reyes Católicos (so trata
de una ley general) se ondulan hacia las fuerzas ya creadas». Entre osas
fuerzas, una so había ¡desarrollado mucho a mediados del siglo XV: la
ganadería, con su córolario, la exportación de lana. No resulta exagerado
afirmar que, durante la mayor ¡jarte del reinado (las cosas parecen haber
evolucionado a partir de 1504), Fernando c Isabel hicieron una elección
que ¿abe resumir como sigue: protección a la Mcsta en detrimento de la
¡agricultura y de la industria textil. Esa opción económica confirma i lo
que se ha dicho sobre la base social del régimen: la Mcsta, digil lo que
diga Klein, son los grandes rebaños que pertenecen a la alta nobleza y a
los grandes monasterios; los exportadores son los comerciantes de
Burgos, asociados a la aristocracia en el mercado do la lana. Esos son
los beneficiarios de tal política. En cuanto a las víctimas, son el
campesinado y la pequeña burguesía artesanal, a quienes la exportación
masiva de la lana obliga a vegetar. Lo económico, lo social y lo
ideológico van de la mano: se hace todo ¡jara asegurar la primacía en
Castilla de los intereses y de los valores aristocráticos. • |
Parece cpie los Reyes Católicos dijeron que la ganadería era la
principal riqueza del reino. Es cierto: el número de ovejas trashumantes
se ha triplicado en un siglo; había un millón de ellas en 1401); en 1500
son casi tres millones. La; Mcsta se aprovecha de esta cspcc-
(acular progresión; incluso abusa de la situación y de su poderío. «Entre
(res sanias y un honrado está el reino agobiado», se dita en el siglo XVII
por alusión al Santo Oficio de la Inquisición, la Santa Cruzada, la Santa
Hermandad y el Honrado Consejo de la Mcsla, cuatro insliliilic.ioncs,
señalemos, establecidas o desarrolladas bajo el reinado de los Reyes
Católicos. En cuanto a la Mcsla, no cabe ninguna duda; los Reyes
Católicos no sólo mantienen los derechos establecidos, sino que crean
otros nuevos y exorbitantes. Hacen algo más que proteger,a la Mcsla;
otorgan a ese sindicato una condición oficial. Para seguir esa evolución,
lo mejor es atenerse a la cronología:

—-1480. Supresión de todas las lasas, todos los impuestos locales, todas
los peajes que. afectaban a los rebaños durante sus desplazamientos. Nada debe
obstaculizar ya la libra circulación de las ovejas, aunque su paso destruya las
cosechas. No persiste más que un solo impuesto, el de servicio y montazgo
percibido por la corona.
— 1491. Se autoriza a los pastores a ramonear, es decir, a cortar las ramas
bajas de los árboles que pueden molestar a los rebaños a lo largo de las
cañadas. ¿Es ese el motivo de la deforestación de parte de Castilla, alarmante a
partir de principios del siglo XVI? La disposición de 1491 no es la única causa,
pero contribuye a ello.
— 1492. Los privilegios de la Mesta se ven confirmados y codificados
[tara que sea más fácil aducirlos en caso de proceso, sin perder el tiempo en
búsqueda de archivo.
— 1500. Los Reyes Católicos crean una presidencia de la Mcsla; la
desempeñará el miembro más antiguo del Consejo Real. A partir de ese
momento, la Mesta recibe un estatuto oficial; se le concede sistemáticamente la
protección de la Corona; su presidente, portavoz y abogado, tiene un puesto en
la instancia más alta del reino. Pero el Consejo ha conservado competencias
judiciales; la Mesta no titubea en remitirse a el en cada ocasión en que
considera perjudicados sus derechos; en consecuencia, es al mismo tiempo
juez, y parte, dado (pie su presidente ha de fallar en los litigios que ella misma
le somete.
—-1501. La Mesta recibe un nuevo privilegio, la ley de posesión: lodo
pastizal que haya servido una vez a uno de sus rebaños, sea a título oneroso o
gratuito, sin que su propietario haya protestado, se
ix,iIIÍ:I. r /•7:«.V,IAV»O

considera atribuido a ia Mcsta de forma permanente en ias mismas condiciones


rpic la primera vez1 y sin que se pueda revisar la tarifa de arrendamiento.

La ley de posesión conságrrt el triunfo de la Mcsta. A ios campesinos


—grandes o pequeños, pobo importa— y a los municipios, cualquiera
que sea su importancia; les cuesta cada vez más trabajo defender sus
derechos ante tifia organización tan estructurad:! como la Mcsta, con su
equipo de abogados y de juristas especializados, sus magistrados, su
presidente que ¡ocupa un puesto en el Consejo Real, lis cierto que
quienes se consideran perjudicados conservan la posibilidad de formular
una denuncia ante los tribunales, pero el combate es demasiado desigual.
' ¡ '
El abogado del municipio tic Cuenca fórmula en 1501 —el año
mismo en que se promulga la ley de posesión-— una aciisación gra-
vísima contra la Mcsta y los Re^cs Católicos, que la apoyan: esa serie de
leyes y de normas se opone alia justicia y a la equidad; no defiende el
bien público, sino el interés!particular de un pequeño grupo de
privilegiados. Se objetará que esc pequeño grupo asume las aspiraciones
colectivas de una multitud de pequeños ganaderos y que los intereses de
estos coinciden conluna opción de política general de la Corona: basar el
desarrollo económico del país en la exportación de las lanas. El Estado se
asegúralas? unos ingresos considerables y la adhesión de una parte de la
población, pero asume el riesgo de sacrificar a otra parte —sin duda la
más numerosa y la menos defendida— y a otros intereses generales,
empezando por la agricultura.
Como hacen falta pastos en cantidad suficiente para unos rebaños
inmensos, corno no.hay que tnolcstar a los ganaderos con las exigencias
de los propietarios de pastizales, se encarga a la Mcsta que conserve los
existentes y qtiej de ser posible, los aumente, al mismo tiempo que
elimina a la competencia al garantizar contratos estables
de .arrendamiento. Al hacerlo, sé ve obligada a oponerse sistemática-
mente a las roturaciones, a la explotación de nuevas tierras, o sea, a
frenar el desarrollo de la agricultura (y de la ganadería sedentaria que la
complementa) en un momento en que el crecimiento demográfico obliga
a encontrar nucvds recursos alimentarios. La compar-
/.i n.t.sj;sor.i.i/. />/:/. itwi.wy

timcnlación geográfica y la falla de vías de comunicación cómodas, agravadas


por las particularidades del relieve, hacen que cada región viva replegada sobre
sí misma. De ahí la dificultad de definir una política ccrcalera coherente. En un
estudio publicado en 19 II, Eduardo Ibarra lo ha demostrado claramente en lo
que rcsprela a esa enorme zona ccrcalera que es Andalucía, la gran reserva de
trigo de Castilla. Cuando la cosecha es buena, no se sabe que hacer eon los
excedentes; entonces se autorizan las exportaciones, normalmente prohibidas:
se envía trigo a Portugal, Italia, Francia, las Indias (a partir de los primeros
años del siglo XVt); pero en los años malos hay que importar cereales riel norte
de Africa. A fin de regularizar los precios y abastecer a las ciudades, los
municipios construyen silos (llamados albóndigas o pósitos, sógíin las
regiones), que no parecen haber cumplido siempre la función que se esperaba
de ellos: o bien el trigo se pudre, en los silos (y entonces se prefiere
exportarlo), o bien los especuladores (regatones) se lo reservan a fin de crear
una penuria artificial y hacer que silban los precios.
Esa es la situación que llevó a los Reyes Católicos, a principios del siglo
XVI, a lijar un precio máximo del trigo. I.a producción de 1592 file buena y,
sin embargo, los precios suben. Filio se debe a que como la cosecha anterior
fue mala, muchos productores están endeudados y se lian visto obligados a
vender la cosecha de 1502 inmediatamente después de la recolección, y los
especuladores lo han aprovechado; han hecho compras masivas y venden el
trigo caro. La fiscalidad aspira a combatir la especulación y hacer cjiir bajen los
precios. Se trata de una actitud constante por parte de los responsables políticos
y, a lo largo de todo el siglo XVI, las Cortes consideran un deber recordarla:
defender al consumidor, asegurar al pueblo el pan barato (lo que permite, bajar
los salarios, señalémoslo de paso). Pero la fiscalidad no produce los efectos
previstos; los especuladores se las arreglan para burlarla de diversas formas,
por ejemplo, transformando el trigo en harina (lo que paga impuestos es el
trigo, no la harina, que en consecuencia se puede vender cara...). Se amplía la
fiscalidad a la harina, pero entonces no se vende si los consumidores no
compran al mismo tiempo otra cosa: tocino o cualquier otro producto no
imponible...
ISA IIEl. I' ¡-ERNANDO

' / ■ i '
Es el fracaso. Se señala a! p'odcr real que la reglamentación es
inútil e incluso nociva: sólo Dios puede hacer que suba o baje el
precio del pan al dar buenas o ñutías cosechas. Si se mantienen ar-
tificialmente los precios a un nivel bajo, se desalienta a los produc-
tores y a los importadores, que jya no consideran interesante traer
trigo del extranjero. La escasez esjenonne en 1506; algunos atribuyen
la Responsabilidad de ella a Fernando por haber autorizad^ a los
genoveses a exportar trigo; no scicncucnlra trigo por ninguna parte;
los más desprovistos se ven rcdu¿idos a comer hierbas; hay pueblos
andaluces que se despueblan y r!e ven en las carreteras a familias
enteras mendigando, ¿l icúen la culpa los impuestos? El rey se incli-
na. El impuesto se suprime en octubre; en seguida reaparece el trigo
en los mercados y bajan los precios...
Esta crisis es la más grave conocida por Castilla entre 1474 y
1516; quizá se pueda atribuir ;i unas’exportaciones abusivas y a una
ñscalidad torpe. Sin embargo, pone de relieve el papel que desempe-
ñan los especuladores que tratan de obtener un beneficio máximo de
la producción agrícola al dedicarse a la exportación. Es una lógica
de! mismo orden la que explica el desarrollo de cultivos remunera-
dotes como el olivo o la viña. Los ¡viñedos conocen una expansión en
casi (oda Castilla y más concretamente en la Riqja, en las regiones
de Valladolid, Toro y Medina del Campo, en Extremadura, en el
valle del Cuadalquivir en torno a Jerez y a Niebla. El mercarlo ame-
ricano que se abre a fines del siglo XV aporta a los cereales, al aceite
de oliva y al vino una salida inespeada. Esos tres productos abundan
en Andalucía, y esa circunstancia es determinante cuando se trata de
organizar las relaciones con las lncias; la vocación colonial ele Sevilla
se ve reforzada. Añadamos el arroz que se cultiva en Valencia y en
el bajo valle del Ebro y habremos enumerado los principales produc-
tos agrícolas de España.
Es posible que durante la may :>r parte del reinado de los Reyes
Católicos se. alcanzara un cquilibiio frágil entre la ganadería y la
agricultura. Esc equilibrio parece rotoI a principios del siglo XVt en
beneficio de la ganadería. Así se pueden| interpretar varios fenómenos
que van en el mismo sentido: la clisis andaluza de 1502 a 1506; el
mimc.ro cada vez mayor de procesos que incoan a la Masía agricul-
/..i fl.i.yz.sw.zi/. nr:r. RHGIMKX

(ores (y municipios) a propósito de las roturaciones y del interés que


algunos responsables empiezan a manifestar por los problemas agrarios.
En 1513 aparece el tratado de agricultura de Gabriel Alonso de Herrera
(Libro de agricultura); se reeditará varias veces hasta vi siglo XVIII.
Según algunos testimonios, sería el libro más leído en el campo después
del Quijote. Y Herrera no es un personaje indiferente; forma parte del
entorno de Gistieros (que también protege a su hermano, Hernando
Alonso, teólogo no conformista y grao defensor de Aristóteles), y
es .probable que el libro se escribiera a petición del cardenal. Más que por
su contenido (Herrera es muy teórico; compila textos latinos sobre la
agricultura en la Península Ibérica, y las reflexiones prácticas son ¡JOCO
numerosas: por ejemplo, el autor lamenta que se cultive ele todo en todas
partes, sin cspccíalización de los terrenos), es esta circunstancia la que da
interés ai tratado; revela una preocupación de Cisneros: (¡uc la agricultura
se recupere. Es mi testimonio de la atención que parece dedicarse cada
vez más a las cuestiones agrarias y no sólo a la ganadería.
¿Era demasiado tarde? Se atribuye a Isabel la siguiente frase: «para
que España fuese abundantísima convendría darla a los monjes de San
Benito, grandes labradores». Ea reina no recurre a los benedictinos.
Primero la protección oficial conferida a la Mesta y después en 1505 la
ley sobre los mayorazgos asestan un duro golpe a la agricultura
castellana. La concentración de herencias favorece la constitución de
grandes propiedades que no había interés por roturar y explotar; en esas
inmensas posesiones, los pastos sustituyen a los sembrados, las ovejas
expulsan al hombre. Es la 'lidia ele tierras (pie explotar la que ha
convertido al castellano en un aventurero, atraído por el oficio de las
armas en la época de la Reconquista y después por el espejismo de las
Indias. Quien sufre es la agricultura; los Reyes Católicos no lo advierten,
y sin duda la reacción (pie se observa a principios del siglo XVI llega
demasiado tarde.
La ganadería conduce naturalmente al comercio. La lana representa
con mucho, bajo los Reyes Católicos, la partida principal del comercio
exterior de Castilla. Efectivamente, la mayor parte de la producción se
destina a la exportación. Hay agentes (pie estudian sistemáticamente los
mercados de La Roc.hc.llc, Ronco, Londres. Bru
jas o Florencia; se señala incluso la presencia de un borgalés en el Brasil,
a partir de 1512, un tal Cristóbal de Hato. Los Países Bajos, en particular,
son grandes clientes desde lotee mucho tiempo y los vínculosdinásticos
que se establecen a fines del siglo XV entre los soberanos de las dos
regiones Vefiterzan esa corriente comercial secular. Los comerciantes de
Burgos desempeñan un papel esencial en este comercio. Activos,
emprendedores, obtienen en 1494 la creación del consulado que les
asegura ¡el monopolio del grao comercio de la lana hacia la Europa del
norté. Pero si los comerciantes son borgaleses, los armadores son vascos.
Sus barcos no sólo llevan al norte lana, sino hierro, cueros, vino y la
carga del viaje de vuelta consiste esencialmente en paños; los plicrtos del
litoral cantábrico están en plena actividad, incluso los más pequeños
como Rentería y Bermeo, etilos que entre 1495 y 1500 hay que construir
nuevos muelles para atender ai tráfico y recibir barcos cada vez más
grandes: hay textos de 1495 y de 1498 que prevén! primas especiales para
los barcos de más de 600 toneladas. Los vascos y los borgaleses se hacen
la com- potencia. Los primeros se consideran perjudicados; en 1499, una
solución de avenencia les da satisfacción parcial. Llevan su ofensiva más
lejos y en 1511 obtienen a su ¡vez. la creación de un consulado en Bilbao.
Esta vez es Burgos la que protesta; en 1513 se vuelve a la división de los
beneficios decidida en 1499. Esa lucha de influencias revela la magnitud
de los intereses en juego. De hecho, los borgaleses son los auténticos
dueños de la ijula del norte, la que conduce la lana castellana hacia
Europa septentrional por los puertos del Cantábrico. Así se establece un
eje comercial Segovia-Medina del Campo-Burgos- Bilbao, en torno a la
exportación de las lanas, eje casi totalmente dominado por los
comerciantes lie Burgos.
Al sur, la costa atlántica de Andalucía conoce una actividad com-
parable. Cádiz trata de que se Confirme una especie de exc lusividad
sobre el comercio en dirección al norte de Africa, que le disputan
Sanlúcar de Barrameda, el Puerto de Santa María, Jerez.;, de donde
parlen autenticas expediciones niitad comerciales y mitad guerreras: se
trata de obtener, de ser preciso por la fuerza, bolín y esclavos; son los
combates de la Reconquista que continúan más allá del estrecho. Pero la
ventaja de Sevilla es considerable. Su puerto se encuentra en
la encrucijada de dos ejes comerciales: el que va de los puertos me-
diterráneos a Mandes y a Inglaterra por el estrecho de Gibraltar y el que
conduce al norte de Africa, el Sahara, el Africa urina y poco después
America. Un arancel aduane:o de 1491 permite hacerse una idea del
movimiento del puerto de Sevilla; en el se citan como destino los
Estados asociados a Castilla (Aragón, Cataluña, Valencia), Italia (con
mención especial de Genova), el norte de Africa, Francia, Flan- des,
Inglaterra, Irlanda... La colonización del Caribe, que comienza en los
últimos años del siglo XV, asegura definitivamente la fortuna de Sevilla.
Allí se instala, a principios riel siglo XVI, la Gasa de la Contratación,
organismo encargado de controlar el tráfico con las Indias y de hacer que
se respete el monopolio de España.
Hay dos zonas intermedias que constituyen el enlace entre el .At-
lántico norte y el Atlántico sur; Valladolid y las grandes ferias de
Castilla; Tolcdo-Cttenca, que miran hacia Valencia y el Mediterráneo
(allí los genoveses ocupan posiciones muy sólidas).
En torno a Valladolid se celebran las tres grandes ferias de Castilla:
Medina de Rioscco, Villalón y Medina del (.lampo. Por el volumen de las
transacciones y la afluencia de los comerciantes que la frecuentan
(negociantes de Burgos y de 'Toledo, pero también muchos extranjeros,
en particular genoveses), esas ferias superan el marco regional c incluso
nacional; se hallan en el corazón del comercio internacional de Castilla.
En ellas se hacen los pedidos v se efectúa el pago de las mercancías
vendidas o compradas.
Las más importantes son las de Medina del Campo. Ya eran celebres
y frecuentadas a principios riel siglo XV, a juzgar por la prolijidad de las
ordenanzas de 1'191 que las reglamentan. Esas ordenanzas se
confirmaron en 1'139 y después en 1-182, durante el reinado de los Reyes
Católicos, que consagraron la preeminencia de Medina del (lampo como
centro comercial. Hasta principios del siglo XVI son las transacciones
comerciales propiamente dichas las que prevalecen, y el papel de los
cambistas o de los banqueros se limitaba a saldar la cuenta de las
compras o las ventas hechas durante la feria. Bajo Carlos V, Medina del
Campo, sin renuncia a su función comercial, se convierte en una plaza
financiera, y esa segunda espreializarión acabará por suplantar a la
primera. Esa transición se empieza a es-
i—I
i
hozar a fines del reinado de los Reyes Católicos. Un documento de
Simancas menciona- la presencia en Medina del Campo de «muchas
personas que van a las dichas fcíiás que no llevan ninguna mercadería ni
tampoco las compran en la dicha (cria ni tienen tiendas públicas, salvo
llevan su dinero»; gracias a los corredores, se ponen en relación con los
negociantes para, prestarles el dinero que pueden necesitar para efectuar
sus transacciones a tipos de interés del 10, el 12 o incluso el 14%. El
autor de ese memorial denuncia lo que le: parece más escandaloso: los
intereses acumulados y su plazo de amortización de (cria a feria pueden
llegar jiasta el 35 % «sin que la tal mercadería parezca ni se entregue lú
se traspase de una parte a otra»; se trata ele operaciones financieras 1, de
especulación, que practican a menudo antiguos comerciantes «y hallarse
ha verdad que algunos dcstc trato de logreros olían ser mercaderes, y
veyendo el partido ser más crecido, han dexado los dichc>s sus (ratos y
tienen esta manera de logro». Medina del Campo está transformándose en
plaza financiera. s i
Los señores de la región, colosos de los éxitos de Medina del Campo,
ciudad real, han tratado, de tener sus propias ferias. Los almirantes de
Castilla han obtenido las de Medina de Rioscco (1477), y los condes de
Bcnavcnte las de Villalón. Isabel, que se interesaba mucho por Medina
del Campo, había suprimido esta última feria a cambio de
compensaciones financieras, pero el conde de Bcnavcnte convence a
Fernando, tras la muerte de la reina, para que restablezca su feria de
Villalón; en ocasiones llega a emplear la fuerza para obligar a los
comerciantes a ir a ella en lugar de a la de Medina del Campo: varios de
esos comerciantes se ven atacados en caminos por los soldados del conde,
acantonados en sus castillos de Oigales y de Portillo, lo que provoca
vivas protestas de los negociantes nacionales (Sevilla, Córdoba, Toledo)
y extranjeros (sobre lodo Portugal y Flan- des). .Esas rivalidttdes son
prueba de la importancia que habían adquirido las ferias de Castilla en la!
vida económica del país. Medina, del Campo, gracias a la protección de
la cotona, acaba por triunfar totalmente en esta competencia. ¡
La zona central —Tolcdo-Cucnca— orienta su producción hacia
Burgos y el Atlántico norte (Bilbao) o hacia Sevilla y el Atlántico sur,
además de Valencia y el Mediterráneo, Los Reyes Católicos han man-
tenido las barreras aduaneras entre Castilla y la corona de Aragón (hay
aduanas en Logroño, Vitoria, Calahorra, Agreda, Soria, Molina y Tolosa),
pero las han suprimirlo en las fronteras <lc Valencia (Requería, Moya,
Murcia, Almansa y Yoda), lo cual confirma el papel de. Valencia como
plaza comercial y centro económico.
Desde el golfo de Vizcaya al Atlántico sur se. establece así un eje norte-
sur, un jincho pasillo que va de Santander a Sevilla ¡jasando por Burgos,
Medina riel Campo, Segovia, Tolcdo-Cucnca y Córdoba-Jaén, con una
bifurcación hacia Valencia a la altura de Tolcdo- Cucnca, Esc es el pasillo que
recorren los transportistas del reino, algunos de los cuales, los carreteros, —se
han agrupado en l'l‘J7 en la Cabaña Real de Carreteros, especie de sindicato de
transportes que la corona toma bajo su protección. Vero el relieve de la
Península no se presta siempre a la circulación de los carros. Para cruzar los
¡merlos son más eficaces las nudas; su número aumenta a principios del siglo
XVI en detrimento de los caballos, lo cual inquieta a los militares, y en
detrimento de los bueyes, lo cual preocupa a los agrónomos (por ejemplo,
llenera). Largas recuas conducidas ¡xir arrieros surcan España de norte a sur,
con grandes cargamentos de mercancías de todo tipo. Se. organizan etapas en
las regiones scmidcscrticas o en la montaña, lugares de reposo para los
animales y las personas, lugares también ríe. encuentro no siempre muy
frecuentados v que no sólo atraen a los viajeros, sino también a aventureros de
(oda índole. lisas paradas—ventas o mesones— se benefician de una exención
de las alcabalas sobre, los productos que. ofrecen a los consumidores: comida,
bebida, ¡raja, avena. Se conocen algunas, citadas en los documentos fiscales: la
de Per Afán en la ruta de Guadalajara a Sevilla, las de los 'Poros de (misando y
de la Albcrgucría entre Trujillo y (laceres, la de Puerto del Pico cutio Avila y
Arenas de San Pedro...
El mapa de carreteras levantado por Villuga demuestra que Toledo sigue
signdo en 15'16 la grao encrucijada del reino, ciudad pictórica de actividades
diversas, escribe Lucio Marineo Sículo, en la cual están representados todos
los oficios, pero sobre todo los de la lana y la seda, y en la cual se hace un gran
tráfico ríe mercaderías. En Toledo se juntan las rutas del Mediterráneo
(VaIcncia-(menea 1
de Andalucía (por la Mancha) y las (pie vienen del norte. Desde
Toledo salen dos caminos hacia Valladolid (y más allá hacia los
puertos del Cantábrico); tino crtrZa la:sierra por Guadarrama y El
Espinar: es el «camino de los Carlos»; el otro, más corto, es «el ca-
mino de los caballos» (más exacto! sería decir el de las nudas) y pasa
por los Toros de Guisando y Ccblcros.
/\ partir de los documentos fiscales, Miguel Angel Ladero Qucsa-
da ha podido reconstruir la geografía económica de Castilla. De las
trece zonas (pie distingue, las sictcjmás ricas están en la franja central
o en sus inmediatas cercanías: ¡Castilla del norte, en torno a Burgos,
con sus puertos (Santander, Castró Urdíales, Laredo, San Vicente de
la Barquera, Bilbao...); Castilla central (Valladolid, Medina del Cam-
po, Avila, Segovia); Toledo; Cuenca; Sevilla-Gádiz; Córdoba; Jaén.
Castilla oriental (Soria, Logroño, (buadalajara) se beneficia de la exis-
tencia de salinas famosas (Alicuz;!) y de la unión dinástica' con Ara-
gón; pero Lcón-Salamancn-Cmdad Rcal-Zamora-Toro, Asturias, Ga-
licia, Extremadura y Murcia parteen mucho menos favorecidas. Eli
hecho más notable entre el principio y el final del reinado de los reyes
Católicos es la inversión que se inicia en este eje norte-sur: Burgos
conserva posiciones sólidas; el centro I de gravedad económica sigue
situado entre Medina del Campo y Toledo, pero la Andalucía atlán-¡
tica se convierte en el polo de atr: acción más fuerte; el sur capta cada
vez más la actividad económica, antes incluso del desarrollo del gran
comercio con América.
A lin de facilitar las transáccibncs, la pragmática del 9 de enero
de 1496 trata de introducir un poco de orden en el complicado sis-
tema de pesos y medidas, que Varían de una provincia a la otra:
arrobas, fanegas, etc. Se decide generalizar las medidas de Toledo en
lo (pie respecta a los líquidos (mi quintal = cuarenta arrobas ~ cien
libras = mil seiscientas onzas) y las de Avila (fanegas, celemines, cuar-
tillos) por lo rpic respecta a los áridos. Los municipios quedan obli-
gados a poseer medidas normalizhdas, de madera o de metal.
Se establece un servicio postal, los correos mayores, muy bien
remunerados: «nunca he visto mi correo mayor pobre; se hace rico
sin correr la posta y cobra sus gaiiancias sin caer del caballo», escribe
Gonzalo Fernández de Oviedo, iburantc su reinado, rpic fue de los
i; ¡ . j.
más breves, Felipe el Hermoso eoníió el servicio postal a la familia Tassis, ya
implantada en Italia, en Alemania y en Francia. Se encarga a tino de sus
miembros, Francisco Tasso, que establezca enlaces postales entre ¡''rancia,
España, Alemania y los Países Bajos; se cal-, cola que el correo debía invertir
doce días en verano y catorce en invierno para ir de Bruselas a Toledo, quince
y dieciocho días respectivamente para el trayecto de Bruselas a Granada.
Ciarlos V confirmará el privilegio de los Tassis.
¡•',1 sistema monetario plantea problemas más delicados. En la corona de
Aragón la .moneda de cuenta es la libra (dividida en veinte sueldos de doce
dineros caria uno); a partir de 1316 se lia adoptado el modelo italiano, el llorín,
moneda de oro de 3,5 g. Fernando crea en 1483 el excelente de Valencia,
monería de oro con el mismo peso que el llorín de Aragón y el ducado de
Venccia, y en 1493, el /niiiri/wl de Cataluña, que es su equivalente. En
Castilla, donde la unidad de cuenta es el maravedí, la moneda más corriente
fue durante mucho tiempo la dobla, pieza ríe oro (entre 4,40 y 4,56 g)
comparable al diñar de la España musulmana. A partir de 14 76 se contempla
una reforma monetaria para frenar la buida del metal precioso; sin embargo, se
siguen acuñando piezas de, oro (enrique o castellano, dobla de la banda), pero
<4 ducado veneciano conserva más valor. La reforma encaminada a crear una
moneda de oro fuerte y estable conforme al modelo del ducado se promulga en
145)7: es el excelente de Granada, al que pronto se llama (locado, de 375
maravedíes, (pie durante casi cien años fue una moneda objeto de gran
demanda en el mercado europeo; al mismo tiempo una nueva pieza de plata, el
real de. 34 maravedíes, con el yugo y las Hechas simbólicos de los Reyes
Católicos, así como una moneda fraccionaria de billón, la blanca, pero pronto
se advierte que los diez millones puestos en circulación son insuficientes.
La exportación de metales preciosos, oro y plata, y de los metales
acuñados sigue estando rigurosamente prohibida. Las prohibiciones anteriores
se renuevan periódicamente, por ejemplo en 1491, en 1498, en 1503... Los
hombres de negocios extranjeros que introducen mercaderías en España están
obligados a declarar su valor. No pueden repatriar a sus países el producto de
sus ventas. En consecuencia, se
I .. .• í.'í
ven obligados a invertir localmentc los beneficios realizarlos y comí',
piar, como cargamento pata el viaje de vuelta, artículos que puedan^
encontrar comprador en el extranjero: a esta categoría pertenecen las’
lanas, el hierro, el aceite, el vinoi..

¡ ■■«.ictí
Si bien el gran comercio internacional procura a Castilla recursos]
aprcciables, la «actividad artesanal,
fuerte industria’ plantea
textil, pero más problemas.
los esfuerzos J.a presentí
realizados’cñ|
cia en las mesetas
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lo bastantede sostenidos
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excelente calidad hubiera debido ¡conducir naturalmente a la ,implan1|
dilicultades. Desde el siglo XV, por lo menos, se trabaja la fanal
por casilación de una fuerte
toda Castilla, ' industria’textil, pero los esfuerzos rcalizados’cnl
ese sentido no fueron lo bastante sostenidos corno para superar (odas!
las dilicultades. Desde el siglo XV, por lo menos, se trabaja la fanal
principiospor delcasi toda
siglo XVI Castilla, incluso
se destacan en pequeñas
claramente ciudades
varios centrosy impon
en pueblos.
(antes: .Segovia. Toledo. Córdoba. Cuenca: allí se producen en mayor
cantidad los artículos más apreciados. Según un documento de 1515, T

los textiles dan trabajo a más de 20.000 personas en la región de


Segovia, donde se elaboran lO.OOOiarrobas de lana al año; se podría
trabajar más, peto, añade ese documento, falta lana. Segovia aparece
tradicionaltncnlc como la capital de una industria textil que parece
hallarse en expansión. Inmediatamente después vienen Toledo, Cór-
doba y Cuenca, que también tienen! productos muy apreciados. Otras
ciudades menos importantes tienen talleres que se esfuerzan por aten-
der a las necesidades de un:t clientela menos exigente: Zamora, donde
hay todo un barrio reservado a los (tejedores y cuya principal corpo-
ración es la de los pañeros; l’alcncia, Medina de Rioscco, Dueñas,
Ampudia, Toro, Valladolid y muebles otras ciudades o pueblos fabri-
can productos más o menos groseros, que a veces se envían para el
^apresto a centros más importantes. ¡
El número de textos legislativos Consagrados a los textiles demues-
tra el lugar que ocupa esa ratita en la Castilla de. principios de siglo.
Las ordenanzas de Sevilla de 1511, ¡precedidas de mía serie de estu-
dios previos (en particular los de 1498 y 1502) incorporan y comple-
tan todas las disposiciones anteriores'(1489, 1491, 1500); comprenden
en una reglamentación muy estricta' las diversas fases de la produc-
ción, desde la preparación de la laña en bruto hasta la puesta en
venta del producto. Así se trata de ciar a los consumidores (odas las
garantías posibles sobre la calidad, pero ¿es cíicaz esta legislación

Í
titubeante? Cabe dudarlo, así como cabe temer que sofoque la inicia-
tiva privada al establecer límites demasiado rígidos: efectivamente,
todo un cuerpo de. inspectores (veedores) vela por la aplicaeión de
esas normas y, a juzgar por la actitud de los conflictos que se suscitan
acá y acullá en (orno a su designación, da la impresión de que a
menudo se muestran severos en el desempeño de sus funciones.
®PrA escala local, la profesión se organiza sobre la base de corpora-
ciones o cofradías (pie reúnen a los especialistas de una misma rama.
Algunos testimonios contemporáneos permiten medir el grado de con-
centración de la industria textil en Segovia. Se advierte, cfcctivamcn-
|’;tc, la existencia de un número bastante elevado de pequeños talleres
|familiares que trabajan por cuenta de empresarios provistos de (api-
ólales, los mercaderes o hacedores de paños, lisos capitalistas, a me-
nudo propietarios de las casas y de los telares, dan trabajo a los
■artesanos. ¿Se (rata ya del llamado trabajo a domicilio? Un documen-
to ele 1524 revela que 30 o 40 capitalistas dominan la industria textil
de Segovia y dan trabajo a dos tercios de la población activa de la
ciudad. Las relaciones entre esos empresarios y los obreros a domi-
cilio son a veces tensas. Un conflicto enfrenta en Segovia, en 1512, a
los hacedores de paños con los tejedores y los tintoreros en torno a
las condiciones de trabajo de la profesión; los cargadores y los hilan-
deros ele. Avila denuncian en 1513 la competencia desleíd (pie les
hacen algunos ricos comerciantes; los tejedores de (brenca exigen en
1514 una subida de salarios, que deber ían llagárseles en dinero y va
no cir especie, y desencadenan una especie de huelga de brazos caídos
para obtener satisfacción.
Electivamente, a principios del siglo XVI los textiles castellanos
jiarcc.cn a travesar mi período de crisis. Salvo en Segovia, la calidad
dc.ja mucho cpic desear, pese, a los esfuerzos del legislador. I’or todas
partes, la reglamentación encaminada a mejorar la calidad provoca
protestas; los artesanos |iidcn derogaciones, obtienen plazos que se
renuevan varias veces, de modo que a menudo la ley se «preda cu
letra muerta. .Lo mismo ocurre con las disposiciones relativas al nú-
mero de. hilos de la cadena de urdimbre. La realidad es que la.in-
dustria textil castellana produce demasiado a menudo artículos de
, ex
calidad inferior (¡tic satisfacen a !a parte más necesitada de la población;
pero la clientela acomodada tiene otras exigencias y prefiere los
productos de Segovia (pie, por desgracia, no llegan a satisfacer total-
mente la demanda riel mercado interior, y los hacedores de paños
explican la razón en 1515: es que icón demasiada frecuencia se ven
reducidos a trabajar con lana mala;
liaría falta, pues, una ley que obligara a los fabricantes a utilizar
preferentemente buena lana para lós productos de calidad, lisa lana existe
en abundancia en Castilla, pero cn ; un mercado tan fuertemente
organizado de cara a la exportación, ¿tpic lugar pueden ocupar los
usuarios castellanos, los industríale!;? A partir de 1462, las exportaciones
de huta no deben superar los dos 'tercios de la producción; el resto, en
principio, queda reservado a la industria nacional. ¿Se respetan esos
cupos? Es muy dudoso. ¡Los industriales castellanos trataron de luchar
contra los exportadores, pero se advierte que las protestas son tardías; la
primera data ¡de 1500-1503; se hacen, más nu- menvcis ilespitós de la
Jes.’qwíeión de Is.il'el. ¿Es jx>rquc se sabía que la reina estaba decidida a
preservar contra todo y contra todos las situaciones establecidas? Hay
demasiados intereses que actúan en pro de una política ele exportación de
la lana; la aristocracia, los comerciantes y por último la coroná forman
una coalición poderosísima frente a la cual los pañeros del reino, aislados
y minoritarios, debían pesar muy poco; por añadidura, la Mesta se hace la
interprete de lodos los que, en el país, participan en los beneficios del
mercado de la lana. 1
i
¿Se trataba de una opción deliberada de los Reyes Católicos? A partir
de 150-1 parece producirse uh cambio. Es cierto que en 1486 se decide
una medid;» proteccionista; pero es muy concreta y limitada en el tiempo:
se prohíbe importar paños extranjeros a Murcia durante dos años a ñu de
proteger la producción local; la competencia extranjera había obligado a
muchos artesanos a marcharse de la ciudad y, por esos mismos motivos,
los ganaderos de ¡a región (no parece cpie se trate de ganaderos
especializados en la trashumancia) habían tenido que vender el 80 % de
sus rebaños; ele 50.000 ovejas no quedaban ya más que 8 ó 10.000. La
prohibición se renovó en 1488, pero con una derogación favorable a los
paños flamencos. En general, pa
rece que Isabel aplicó una política contraria a los intereses de la
agricultura y de la industria, mientras que Fernando parece haber sido
más partidario de la industrialización. En todo caso, es durante la
regencia del Rey Católico cuando los pañeros traban mi combate desigual
contra los exportadores y encuentran el apoyo de la corona. Entonces
ponen en tela de juicio los privilegios de los exportadores, exigen la
publicación de la ley de 1'162 sobre el cupo que les está reservado y
piden y obtienen protección contra la competencia extranjera.
La primera victoria para los industriales la constituyen unos textos de
1514 que imponen restricciones a las importaciones de tejidos extranjeros.
De hecho, como contrapartida de las medidas encaminadas a mejorar la
calidad de ¡a producción nacional, en adelante se exige de los artículos
extranjeros que se ajusten a los reglamentos de los (ciares castellanos. Los
importadores acusan el golpe, multiplican sus gestiones, obtienen múltiples
derogaciones que limitan el alcance práctico de las decisiones adoptadas. A
juzgar por las protestas registradas por los exportadores borgaleses, acaba de
fiarse un primer pasopor la vía dé una política proteccionista.
El verdadero combate de los productores y de los exportadores se centra
en el cupo de lanas destinadas a la industria nacional. Desde la muerte de
Isabel, los borgaleses parecen estar a ¡a defensiva. En 1505, su consulado
redacta un memorial de significativo título: los inconvenientes que plantea el
hecho de reservar a los pañeros un tercio de. la lana comprada por los
comerciantes. Sin embargo, hasta 1514 no se adoptan medidas efectivas. De
las gestiones que han debido de multiplicar los productores para atraer la
atención de los gobernantes no hemos encontrado más que un texto, del
municipio ele (atenea. Este exige, el 21 de febrero de ¡514, la estricta
aplicación de la ley de 1462. Los productores obtienen satisfacción. Un texto
del 8 de abril de ¡514 vuelve a poner en vigor la ley de 1462.
Los exportadores contraatacan para defender posiciones que consideran
amenazadas, y los ganaderos los apoyan. El 12 de marzo de 1515, la Mesta
adopta una posición decididamente opuesta a los pañeros, a los qtte acusa de
plantear un falso problema; el volver a poner en vigor la ley de 1462
equivaldría a asestar un golpe mortal a la ganadería y a la economía del país.
El consulado de Burgos y la Mc.'ta parecen estar empeñados en
.un combate, de. ictaguaidia. Unos n eses después, en julio de 15)5,
se inaugura la reunión de las Corles. El rey da seguridades a los
procuradores (pie reclaman la aplicación de la ley de 1462: el Consejo
Real se encargará de ello; no dejará desestudiar las medidas que
convienen al bien de) reino. Cuando se conoce el arte de los soberanos
para eludir las cuestiones embarazosas planteadas por las Cortes, no
es posible dejar de sentir asombro aijlc el tono de esa declaración.
En cuanto al problema de la competencia extranjera, así como a
los cupos de exportaciones de lana, nó cabe duda de (pie los produc-
tores castellanos se han ido anotando puntos desdo la muerte de
Isabel, bajo la regencia de Fernando.] Se asiste a una clara inflexión
de la política económica tradicional,'! basada en la exportación de
materias primas y la importación de productos manufacturados. Cis-
neros, que se hace cargo de la regencia tras la muerte de Fernando
y antes de la llegada del futuro Cióles V, parece deseoso de mante-
nerse fiel a esa nueva'orientación.' Hacia el se vuelven en 1516 ob-
servadores lúcidos tpie esperan de él decisiones concretas para frenar
el subdcsarrollo del país y recomiendanmedidas que prefiguran el
mercantilismo: desarrollar las exportaciones de artículos manufactu-
rados y de productos stmtuaiios; prohibir la expoliación de materias
primas y la importación de lodo ló que se puede fabricar en cl-país.
Pero Cisneros mucre en 1517 y el hcrrklcro de los Reyes Católicos, el
futuro Carlos V, vuelve a la política (aplicada hasta 1504. Bajo su
reinado, Castilla seguirá privilegiándola la Mesta, los ganaderos y el
grao comercio en detrimento de la agricultura y del artesanado.To-
davía habrá épocas buenas, en particular para los. textiles segovianos,
pero no se seguirá la opción industrialista y burguesa que había pa-
recido propugnarse entre 1504 y 1517. Es uno de los motivos que han
provocado lo (pie Sánchez Albornoz ha propuesto llamar el cortocir-
cuito de la modernidad en España.
CAPITULO 5
La expansión española

EL ULTIMO EPISODIO DE LA RECONQUISTA


H82: (ras su victoria en la guerra civil, (ras la paz con Portugal, (ras las
Cortes de Toledo, Fernando c Isabel dominan la situación <‘n Castilla.
Desde Tí 70 reinan sobre los territorios de la corona ele Aragón. Su poderío
causa impresión, pero todavía es frágil: la unidad ele Ja doble monarquía es
puramente formal; en la propia Castilla, la guerra civil lia dejado secuelas:
una parle de. la aristocracia no se consuela de. pasar a segundo plano. La
guerra de (bañada será la ocasión de asociar a Castilla y Aragón en una
acción común, de ofrecer a la aristocracia un campo tic batalla a su medida y
de llevar a (odo el pueblo a tina empresa exaltante: poner termino a la última
cruzada de la Cristiandad, expulsar al Islam, izar la cruz de Cristo sobre el
palacio de la Alhambra.
Tras el avance que siguió a la ocupación del valle del (¡uadalqui- vir, a
mediados del siglo XIII, la Reconquista sufre un prolongado patón: los
desastres naturales (la Peste Negra de mediarlos del siglo XIV) y las guerras
civiles impiden toda acción de envergadura contra lo que. resta de territorio
islámico en el sur de la Península: el emirato de (¡ranada, fundado en 1232
para la dinastía de los tiaza- ríe.s, territorio de. unos 30.000 kilómetros
cuadrados, que coincide aproximadamente con las actuales provincias de
Málaga, Granada, Almería y parte de las de .Jaén y Cádiz, poblado
probablemente por menos de 300.000 habitantes. Desde el punto de vista
económico, el

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