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AUGUSTE COMTE

ACTUALIDAD DE UNA HERENCIA

ECOLE LACANIENNE DE PSYCHANALYSE

Edelp
Auguste Comte
Actualidad dé una herencia
Producción Gráfica: EdigrafS.A.

Comité Editorial: Hugo Cardoso


Graciela Graham (dirección)
Raúl Giordano
Elisa González
Alicia Ruth Lemer
Mercedes López de Remondino
Julio César Ravizza

© (1999) Raquel Capurro

Editorial Edelp S.A. Cerrito 520 - 5oC - Capital Federal.


Hecho el depósito que previene la ley 11.723
ISBN N°: 987-9462-00-2
índice

Introducción ¿Por qué Comte? 11

Capítulo uno El nacimiento de una misión 15

Capítulo dos El episodio cerebral 25

Capítulo tres Debate sobre la locura y la enfermedad 41

Capítulo cuatro Vida privada, hecho público 57

Capítulo cinco Dos mujeres en la vida de Comte 72

Capítulo seis El duelo del filósofo 91

Capítulo siete Del neo-fetichismo positivista 107

Capítulo ocho El discurso de los métodos 124

Capítulo nueve La herencia comtiana 142

Anexo:
- Obras de A. Comte 155
- Cronología 157

Indice de términos y nombres propios 160


Foto de A. Comte. Biblioteca Nacional, París.
Introducción

¿Por qué Comte?

El nombre de Auguste Comte remite de inmediato a la filosofía positivista y,


por eso mismo, parece situarse en un paisaje lejano al de la locura y del amor,
en el reino de la objetividad de los hechos y de los frutos de la metodología
de las ciencias.

¿Cuál puede ser el interés actual de escudriñar algunos episodios de la vida


de A. Comte, concernientes a la locura, al amor, al duelo, y plantear sus posi­
bles conexiones doctrinales, sus implicancias metodológicas y filosóficas?
Pareciera que todo ha sido dicho acerca del positivismo comtiano, incluso su
inmensa influencia en la constitución de la modernidad latinoamericana.
Como lo ha mostrado con detalle la obra clásica de Arturo Ardao1 el positi­
vismo ocupa en la historia cultural de América Latina un lugar fundante.

La acción del positivismo en nuestra América fue uniforme en el sentido de que


ningún país escapó a su influjo. A la vigencia del espiritualismo filosófico, estre­
chamente ligado al romanticismo literario, siguió en todos lados (...), a partir de la
década del 702, la entronización de la filosofía positivista, recibida entonces con
verdadera apetencia espiritual por nuestras nacionalidades en form ación. Des­
pués de la escolástica colonial, no habían acogido ellas otro pensam iento tan sis­
temáticamente estructurado. Y nunca otro que por sus contenidos intelectuales
sirviera tanto a la satisfacción de sus necesidades históricas del m om ento3.

En el Río de la Plata la entrada en la cientificidad se hizo de la mano de la


visión positivista del mundo: orden y progreso. En la década del 70, el positi­
vismo estaba en pleno, auge en la Argentina, en particular gracias a los llama­
dos "hombres del 80". Vía Buenos Aires, Comte y luego los ingleses Stuar
Mili, Spencer y Darwin, determinaron también la tónica, en el primer cuarto
del siglo XX, de la universidad naciente, de la forma educativa de la enseñan­

1 A. A rdao, Positivismo y espiritualismo en el Uruguay, Fondo de Cultura Económ ica, México,


1950.
2 Se refiere a 1870.
3 Ibid. P.67.

11
za primaria y de la configuración del Estado en el Uruguay. "Con mayor o
menor intensidad según los lugares, el positivismo influyó ante todo como
filosofía aplicada en educación y política4. En Montevideo el recambio filosó­
fico será operado a través de la influencia de José Enrique Rodó y luego por
los cuestionamientos más profundos de Carlos Vaz Ferreira. Pero el positi­
vismo como clima cultural de las clases ilustradas extendió su influencia en
Uruguay hasta avanzado el siglo y constituyó la atmósfera de juicios y prejui­
cios que determinaron en parte la lectura de Freud y de Marx.

Si lo propio de nuestro tiempo -llamado por algunos post-moderno- radica


en la puesta en cuestión de las distintas formas del historicismo que han per­
dido credibilidad, hoy cobra actualidad la tarea de interrogar el nacimiento
de la filosofía cientificista, en su forma positivista5. Interrogarla in status nas-
cendi: es decir en las viscisitudes subjetivas y sociales que acompañaron su
elaboración en al menos uno de sus creadores, A. Comte.

Ahora bien la obra de Comte no se deja catalogar fácilmente de "cientificista",


al menos si tenemos en cuenta el conjunto de su obra y no sólo la "primer
carrera".

Tocamos aquí un antiguo problema respecto de la transmisión de la obra de


Comte, problema que acompañó la escisión de discípulos y corresponsales
más importantes, a raíz de cambios decisivos que el mismo Comte introdujo
en su doctrina, luego de ciertas experiencias personales a las que no vaciló en
dar estatuto público. De ahí surge un Comte bicéfalo: por un lado, el filósofo
positivo que intenta hacer una enciclopedia del saber científico y construir
una nueva ciencia del hecho social y por otro, el pontífice de una nueva reli­
gión que pretende inaugurar con sus ritos y creencias un nuevo trato con los
muertos, pues considera que ellos son quienes rigen el destino y los lazos
afectivos de los vivos. Se ha optado por uno o por el otro; incluso la historia
de la influencia filosófica que tuvo el positivismo sobre la psiquiatría, y luego
sobre el psicoanálisis ha dejado casi en la sombra esta última dimensión pe­
culiar de la experiencia de A. Comte.

El llamado "episodio cerebral" ocurrido en el momento inaugural de su Cur­


so en 1826 cuando, a los 28 años y en estado de exaltación, es internado du­
rante un año en la clínica de Esquirol. Comte no olvidará éste, su primer

4 Ibid. p.69.
5 Sobre la crisis de la modernidad cfr. "Modernidad y fin de la historia" de G. Vatimo en
Ética de la información, Paidos, Argentina, 1992, y "Q u 'est-ce que les lumiéres" de M. Fou-
cault, en Magazine littéraire n° 309, París, 1993.

12
contacto con la locura, y escribirá al respecto en distintos momentos y luga­
res.

-El duelo al que se ve constreñido por la muerte de Clotilde de Vaux, en 1846,


como desenlace trágico del "año sin igual". En este duelo -com o manera de
transitarlo- Comte crea la religión positivista como una de las formas de ha­
cer público su dolor "privado".

Locura, amor, duelo y religión son dimensiones que se entretejen en la lectura


que proponemos. Se intentará situarlas en ese lugar, harto complejo, en que
se interroga a un autor. Un autor, en este caso, que privilegió durante buena
parte de su vida el discurso de la ciencia, prestando atención a la vez a la
convulsionada sociedad en la que estaba inmerso. Pero un autor, también,
que emprendió una segunda carrera en la que cuestionó el método de trabajo
de las ciencias, y que buscó otro para tratar aquello que denominó "la afecti­
vidad", porque consideró excedía a dicho método científico.

Toda obra que trasciende, alcanza una vida autónoma respecto a su autor:
hay un irreductible en la obra escrita que resiste a todo psicologismo.

La obra se cierra al autor y se abre al lector. El autor escribe impulsado por fuer­
zas e intenciones conscientes e inconscientes pero los significados de la obra - y no
sólo los significados: los placeres y sorpresas que nos deparan su lectu ra- nunca
coinciden exactamente con esos impulsos e intenciones. Las obras no responden a
las preguntas del autor sino a las del lector (...) Una vez escrita, la obra tiene una
vida distinta a la del autor: la que le otorgan sus lectores sucesivos6.

Sin embargo la función "autor" no siempre es ocupada del mismo modo. En


este caso resulta muchas veces evidente que allí ocurre algo muy particular.
Este autor implica, en determinados momentos de modo explícito, ciertos
avatares subjetivos con su obra. Hay por ejemplo, una conexión explícita en­
tre el duelo de Comte y su propuesta de una nueva religión. ¿Es posible
construir -a partir de esos textos- una correcta articulación? Y más aún, ya
que hay una experiencia de la locura que Comte retoma explícitamente en
algunos artículos y cartas ¿no parece ser esta una punta interesante para
abordar la obra de alguien que pasa por ser uno de los claros representantes
de la racionalidad?

Abordar el conjunto de la obra de Comte desborda nuestro propósito. Es muy


vasta y ha sido muy estudiada, en tanto forma parte de esos lugares clásicos
de la historia de la filosofía. Aunque no eludiremos, cuando sea preciso, ir a

6 Paz, O. Sor Juana Inés de la Cruz, Seix Barral, España, 1982, p. 14.

13
tal o cual página de su Curso de filosofía positiva, o a cualquiera de sus obras,
no somos historiadores ni filósofos.

La propuesta hecha desde el campo freudiano, privilegiará, en función de dos


momentos señalados -su crisis inicial y su duelo por Clotilde de Vaux- una
categoría particular de sus escritos, su Correspondencia.

La correspondencia es justamente un género literario que cabalga muchas


veces entre lo público y lo privado, sobre todo en la práctica que aún se efec­
tuaba de ella en el siglo XIX. Veremos que este no es un problema que admita
ser tratado en estos términos en Comte quien consideró que gran parte de su
vida estaba hecha de momentos históricos y públicos.

Quienes establecieron la edición crítica de la mayor parte de la Corresponden-


ría señalan que, tal como el mismo Comte lo quería,

Su correspondencia es la fuente más auténtica de las informaciones indispensa­


bles para la justa apreciación de sus ideas y de su naturaleza. Sólo ella perm ite se­
guir los múltiples caminos de su pensamiento, captar los grandes giros y los m o­
mentos cruciales de su carrera7.

A esta voluminosa correspondencia -ocho volúmenes de la llamada edición


de la Correspondance Générale, y algunos otros volúmenes como "Lettres ádi-
vers", etc. - han de agregarse los prefacios a sus obras, sus confesiones y cir­
culares anuales, y su Testamento, debido a su eminente carácter subjetivo.

7 De Berredo C am eiro, Paulo E., introducción a la Correspondance Générale, École d 'H . Etu-
des et M outon, París, 1973. T .l.
Capítulo uno

El nacimiento de una misión

En las últimas convulsiones de la Revolución Francesa, nació en Montpellier,


de familia católica y monárquica, Isidore-Auguste-Marie-Frangois-Xavier
Comte. Fue un 19 énero de 1798. Cuatro años antes, caía bajo la guillotina la
cabeza de Robespierre, el Incorruptible. Desde 1795, Francia estaba goberna­
da por el Directorio y ya son los años del ascenso napoleónico. Son tiempos
acelerados, de grandes cambios políticos, de grandes cambios sociales. ¡Ni
soñar con un bautismo para este pequeño!, pues la fe de sus padres no era
bien vista en esa época.

Isidore Comte, así firma hasta avanzada su juventud, es hijo de un típico fun­
cionario de la municipalidad, Louis Comte, hombre metódico, íntegro, ape­
gado a los valores del antiguo régimen, y sin ningún extremismo. Pero aún
así, la tibieza de su posición no le ahorró la destitución de su cargo "por no
interesarse con suficiente entusiasmo en las elecciones"8. Al lado de este hom­
bre, más bien oscuro, el lugar eminente en la familia parece ocupado por la
madre, Félicité-Rosalie Boyer. Su frágil salud, sus reumatismos y sus dolores
de cabeza, tendrán siempre en vilo a los otros miembros de la familia. Entre
los hijos no sólo está Isidore, el mayor, sino que luego nacieron tres más. Dos
niñas, Hermanee, que muere a poco de nacer, y Alix, con quien Isidore tendrá
una complicada relación. Y luego vino el otro varón, Adolphe, que morirá
joven en Martinica.

Isidore crece y aprende rápido. En 1804, él ya tiene seis años; seguramente


escucha entonces los comentarios del día sobre la consagración del empera­
dor. Claro que no en la escuela, ya que ésta no se encontraba aún reorganiza­
da. A la distancia, ese detalle nos permite evaluar la situación caótica de la
enseñanza y ver cuán cerca se estaba todavía de la Revolución. El niño entra­
rá en el mundo del conocimiento de la mano de un preceptor hasta sus nueve

8 Gouhier, H. La vie d'A. Comte, Vrin, París, 1965. Reedición, 1997. Éste valioso libro de H.
Gouhier nos resultó indispensable para una lectura crítica de la Correspondencia, p. 41.

15
años, a partir de esa edad ingresa como interno en el liceo de Montpellier. En
la madurez de su vida, recordando esa época escribe:

(...) educado en uno de esos liceos en donde Bonaparte se esforzaba por restaurar,
con gran esfuerzo, la antigua preponderancia mental del régimen teológico-
metafísico, apenas alcanzados mis catorce años, recorrí espontáneamente todos los
grados del espíritu revolucionario y experimenté ya la necesidad fundamental de
una regeneración universal, a la vez política y filosófica, bajo el impulso de la salu­
dable crisis, cuya fase principal había precedido a mi nacimiento, y cuyo irresistible
ascendiente sobre mí era tanto más seguro -plenam ente conforme con mi naturale­
z a - cuanto que se encontraba entonces comprimido por todos lados a mi alrede­
dor9.

En 1808, este liceo, al igual que todos los liceos imperiales de la época, tenía
una organización militar. Comte se quejará luego diciendo que "fue sustraído
desde su infancia al curso ordinario de las emociones domésticas, mediante
una funesta claustración escolástica"10.

Cinco años después, en 1813, ha terminado sus estudios; sólo tiene 15 años y
es demasiado joven aún para concursar, en París, en la École polytechnique.
Durante un año seguirá pues en el Liceo de Montpellier, como externo, y hará
un curso de matemáticas especiales. En ese año tendrá un encuentro decisivo,
el de su profesor Daniel Encontré:

Daniel Encontré aparece a sus alumnos como lo opuesto al especia­


lista, y así lo vio Comte: espíritu enciclopédico, matemático, en pri­
mer lugar, en todo a sus anchas, sensible a todas las preguntas, cons­
ciente de las necesidades de su tiempo, sometido a la idea de orden,
esbozo aún incierto del filósofo tal como lo definirá el positivismo.
(...) Es el único maestro del cual A. Comte hablará, y a quien procla­
mó com o el primer profesor de su época11.

En el azar de ese encuentro se produce otro, D. Encontré se ve obligado a


ausentarse y solicita a su mejor alumno que lo reemplace. Isidore Comte
marca en esta fecha, y en este acontecimiento, el descubrimiento de su voca­
ción por la enseñanza.

9 Comte, A. Correspondance Générale, op. cit., 1973, T. 2, Anexo, "Prefacio personal", p. 440.
10 Citado por Gouhier H. La vie d' A. Comte. Op. cit., p. 43.
11 Sobre la biografía de Comte seguimos el minucioso relato de H. Gouhier.La vie d 'A.
Comte. Op. cit., 47.

16
París

Terminado el año en Montpellier se produce el gran cambio: Comte va a Pa­


rís para concursar en la École Polytechnique12 y en el examen de admisión ocu­
pa uno de los primeros puestos. Cuando ingresa a ella, ésta se encuentra aún
conmocionada por el pasado reciente: unos meses antes los alumnos forma­
ron un batallón para la defensa de París y del Emperador. Estamos en pleno
período de las guerras napoleónicas, y se trata de frenar el avance de la 6ta.
coalición europea contra el emperador. Los acontecimientos políticos y so­
ciales ocupan las conversaciones cotidianas de los alumnos: en marzo de
1814 Francia es invadida, el imperio tambalea, la Revolución se ve amenaza­
da, Napoleón abdica y la Restauración se insinúa.

Una pléyade de hombres con vocación de reformadores sociales surgirá de la


generación de jóvenes alumnos de la Escuela que participan en estos aconte­
cimientos.

En este clima efervescente Comte se convierte pronto en un estudiante po­


pular entre sus compañeros quienes le otorgan dos apodos bien dispares, el
Filósofo y -un nombre de la comedia molieresca- Sganarelle.

El 7 de marzo de 1815 París se entera del desembarco de Napoleón en el con­


tinente; el 27, el emperador, visita la Escuela. El entusiasmo cunde pero será
de poca duración pues el 20 de junio se propaga la noticia de la derrota de
Waterloo. Los Aliados avanzan en el territorio francés, Napoleón capitula y
abdica por segunda vez. Luis XVIII se instala en las Tullerías. La Restaura­
ción ha comenzado.

Los alumnos vuelven a la Escuela y sus protestas toman un blanco, no dema­


siado original: un docente que los saca de quicio. Le dirigen una nota en la
que le solicitan no volver más. El primero en firmar esa nota fue A. Comte. El
año termina con algunos problemas para él, pues su nombre figura entre los
cinco caporales que se han hecho observar por sus numerosas infracciones.
Pero, además, se toman medidas generales importantes que involucran aún
más su futuro. Las autoridades deciden el cierre de la Escuela, cuyo pasado

12 La "École polytechnique" es una escuela militar, creada en 1794 para la enseñanza de


matemáticas, física y química. Exigía ser bachiller, francés y com prom eterse a 3 años de
servicio militar. Los estudios allí cursados preparaban para los servicios públicos: ingenie­
ría civil y militar (minería, puentes, caminos, artillería, marina, hidrografía).

17
político no garantiza estabilidad, y anuncian -como casi siempre en estos
casos- una reorganización general de los estudios. Comte debe volver a
Montpellier.

Aunque al retornar a su ciudad funda la Asociación de Alumnos de la École


Polytechnique, ansia retornar a París. En junio de 1816 decide volver e intentar
ganarse la vida dando clases de matemáticas. Tiene 18 años. Una vez en la
capital busca con otros camaradas el mecenazgo de un viejo militar, el gene­
ral Campredon, que sueña con fundar en Estados Unidos una École Polyte­
chnique con ex-alumnos de dicha escuela. El proyecto seduce a Comte.

Mientras tanto la Escuela se reorganiza y llama a sus ex-alumnos a concurso


de admisión para luego "re-distribuirlos" en las llamadas "escuelas de apli­
cación". El llamado especifica que -para ser admitidos en las pruebas- los
alumnos deberán exhibir documentos de buena conducta. Comte queda ex­
cluido.

Embarcado en su "sueño americano", el joven se permite reír de lo que suce­


de en la École Polytechnique, a la que califica de ser "un convento consagrado
al santo Apagón"13. Pero... tiene que despabilarse de golpe cuando se hace
evidente, que el proyecto del general Campredon resulta impracticable.

El encuentro con Saint-Simon

En este momento, 1817, ocurre un encuentro que cambia el rumbo de su vida:


Comte conoce al conde Henri de Saint-Simon14, y se convierte en su secreta­
rio para llevar adelante el proyecto de una revista, "La industria".

Este "pére Simón", como lo llama Comte15 es un personaje extraño y polifa­


cético. De origen noble pero luego "ciudadano" en la Revolución; hombre de
ideas tan cambiantes según las modas, que resulta casi imposible enumerar­
las en forma articulada. Era un hombre ilustrado, buen conversador, que
invitaba a su mesa a la granada intelectualidad de la época; esto le permitía
poner en actividad su prodigioso radar para captar dónde estaban las in­
quietudes e intereses del público en cada momento. H. Gouhier no le recono­
ce un lugar como filósofo social ni como precursor de los socialismos, sino

13 "U n couvent voué á l'illustre Saint Eteignoir."


14 En francés: M. le Comte Henri de Saint Simón.
15 El 17 de abril de 1818, por ej. Comte se refiere a su padre com o a "p ap á" y a Saint-Simon
com o pére Simón o M. de Saint-Simon. Se notará que pére viene a rem plazar a "Saint".
Comte no hace mención del antiguo título nobiliario de Saint-Simon, conde ("comte").

18
como precursor de los publicistas actuales. Según él, Saint-Simon fue el que
entendió que en la nueva sociedad surgía un lugar nuevo "para el hombre
que habla al público, que hajpla en nombre del público, que dice lo que pien­
sa al público y repite luego lo que el público piensa"16.

Saint-Simon ha entendido el lugar de la ciencia"positiva"en esta nueva socie­


dad y quiere lanzar sus ideas, incluso con una nueva Enciclopedia. Quiere
unir a todos los científicos y promover así un nuevo poder espiritual en don­
de ellos serán los únicos sacerdotes de la humanidad. Para llevar adelante
sus opiniones va a publicar varias revistas. Un sin fin de problemas económi­
cos rodean sus empresas editoriales supeditadas a la reacción de un público
cambiante. El proyecto inmediato consiste en producir una Enciclopedia de las
ciencias teóricas y luego otra Enciclopedia de las ciencias aplicadas.

En 1817, Saint-Simon se presenta como un pontífice en esta nueva sociedad


en donde correspondería -según él- a los industriales el poder temporal y a
los científicos el poder espiritual. Los escritores políticos han de acercarse
unos a otros para que se produzca la alianza entre positividad e industria. En
esa línea, A. Comte, su colaborador, comienza escribiendo los cuatro cuader­
nos del 3er. tomo de "La industria." Pero, en el momento de la publicación,
ya aparecen los problemas: los suscriptores están descontentos y la ayuda
monetaria disminuye.

Comte necesita otros recursos para subsistir. Piens^ en enseñar también en la


École Polytechnique, sin dejar a Saint-Simon pues su relación con él vertebra su
vida intelectual en ese momento. No se trata sólo de un trabajo, sino que
participa de las convicciones de Saint- Simón acerca de la misión sacerdotal
de filósofos y científicos. Pero las críticas arrecian contra "La industria". En
1819 la reemplazan por otra publicación, "Política". Después de doce núme­
ros se repite el problema y de nuevo, Saint-Simon anuncia la publicación de
recambio,"El organizador".

Entonces se produce para Comte. un cambio de perspectiva. Hasta esa época


ha reconocido a Saint-Simon como director teórico de las publicaciones y ha
aceptado ocupar el lugar de " una persona cuyo nombre será dado más adelante
Ahora, sin esperar aquiescencia, se pone a escribir un trabajo sobre la moral
positiva en su relación con la economía política. Nacen psí -entre 1818 y
1824- varios artículos agrupados luego bajo el título de "Plan de trabajos

16 Gouhier, H. La vie d'A. Comte, op. tit., p. 19-38. Esta perspectiva tan crítica de H . Gouhier
sobre Saint-Simon no es compartida por otros autores. Cfr. Annie Petit, en el Prefacio a la
reedición del mismo libro de Gouhier, p. 14.

19
científicos"17. Con estos escritos se pone en marcha para Comte una lógica
que él mismo leerá así:

Desde el comienzo, intenté fundar el nuevo poder espiritual que hoy instituyo. El
conjunto de mis primeros ensayos me condujo a reconocer que esta operación so­
cial exigía primero un trabajo intelectual sin el cual no podría establecerse sólida­
mente la doctrina destinada a terminar la revolución occidental. Por eso consagré
la primera parte de mi carrera a construir, según los resultados científicos, una
verdadera filosofía positiva, única base posible de la religión universal. Cuando el
fundamento teórico estuvo suficientemente elaborado, tuve que dedicar el resto
de mi existencia al destino social que al comienzo había supuesto inmediatamente
accesible18.

Se esboza así, en la juventud de Comte, la idea de una misión a la cual consa­


grar su vida y su esfuerzo. H. Gouhier señala que ya, en 1819, el sistema de
Comte está listo19. No había firmado aún ninguno de los primeros trabajos
que se gestaron en esos años; hasta ese momento, firmaba A. C., o B. (por
Boyer, apellido materno) para evitar, entre otras cosas, que sus padres se en­
teraran de sus ideas políticas. Su firma aparece por primera vez el 17 de julio
de 1819, en un informe del "Censeur Européen".

En 1822 da cuenta de su particular método de trabajo que conservará para


casi todas sus publicaciones: largas meditaciones preceden y ordenan una
obra antes de escribirla. En ese tipo de ejercicio, luego de una noche de me­
ditación, Comte realizó el "hallazgo " de la pieza clave de su filosofía, llama­
da por él "la ley de los tres estados " (teológico, metafísico y positivo). Esa ley
será su operador de lectura para reconstruir la historia de la humanidad y la
suya propia, en obediencia al progresivo movimiento del espíritu. H. Gouhier
escribe:

Comte descubrió su teoría al amanecer luego de una noche de meditación: es una


ley del espíritu, que describe el camino del espíritu, define los estados del espíri­
tu, visible para cualquiera que observa al espíritu cuando este trabaja. Es pues la
pieza esencial de esta nueva filosofía de la que el joven anunció el m étodo cuatro
años antes. (...)20 •

17 Publicados luego com o apéndice al Systéme de politique positive, editados actualem ente en
A. Comte, Philosophie des sciences, Gallimard, París, 1996.
18 Apéndice al SPP, citado en A. Comte, Philosophie des sciences, op. cit., p. 230-231.
19 Comte, A. Correspondance Générale, op. cit.,T. l,C fr. carta a Valat, de setiembre de 1819.
20 Gouhier, H. La vie d'A. Comte, op. cit., p.121.

20
La ruptura con Saint-Simon

En 1824, Comte tiene un altercado decisivo con Saint-Simon acerca de la firma


del más importante de sus primeros opúsculos. El narra esta disputa a su
amigo Tabarié en la carta del 5 de abril de 1824, en la que aduce sus razones:
ha sido alumno de Saint-Simon, pero -a los ojos del público- ha adquirido ya
una importancia similar a la del maestro. Este no puede pedirle que prolon­
gue indefinidamente, crecida ya su barba, su situación de dependencia.
Comte ya no puede admitir que el maestro lo use como mero instrumento y
se atribuya la autoría de todos los trabajos, anteponiéndoles además intro­
ducciones a su manera.

Como el padre respecto a los hijos y las metrópolis respecto a las colonias, M. de
Saint-Simon ha tenido el pequeño inconveniente -casi inevitable com o lo muestra la
fisiología- de creer que habiendo sido su alumno, debía seguir siéndolo, aún des­
pués de que me saliera la barba. (...) Es algo que no perdonaré nunca a M. de Saint-
Simon pues la suya es pura venganza, que nada motiva y a nada conduce. (...) Lo
seguro es que no cederé en nada mi yo intelectual. (...) El necesita m ucho más de mí
que yo de él21.

Unos días después, Comte anuncia a otro de sus amigos, G. d'Eichtal, su


ruptura completa con Saint-Simon, quien habría querido mantenerlo como
subalterno y apropiarse de la gloria de sus trabajos22. El 21 de mayo del mis­
mo año le escribe a Valat acerca del envío que le hace "de la primera obra a la
que he puesto mi nombre y la primera que contiene una exposición satisfacto­
ria y metódica del conjunto de mis ideas". En realidad la termina de escribir
en 1822, pero desde entonces la publicación se ha demorado. Si bien lleva
aún, según Comte, la huella de su relación con Saint-Simon -la palabra alum­
no en el preámbulo- se trata de un artículo que no podría llevar la firma de
otro, porque todos los trabajos subsiguientes vendrán como consecuencia
lógica de la idea central allí presentada:

La política debe y puede convertirse en ciencia positiva y física (...) es el único medio
para terminar la época revolucionaria en la que estamos y hacer converger todos los
espíritus hacia una doctrina única, que se manifestará en un nuevo poder espiritual
capaz de reorganizar Europa mediante la educación.

En agosto, Comte escribe a Tabarié sobre la ruptura con Saint-Simon, y reco­


noce el efecto que tuvo ésta en su vida:

21 Carta a Tabarié del 5 de abril de 1824.


22 Comte, A. Correspondance Générale, op. cit., T. 1, carta a Eichtal del I o de m ayo de 1824.

21
Ha operado en mí una especie de revolución moral, y fecharé siempre en ella la
apertura de mi carrera de hombre23.

Pero otros vientos soplan ahora, que lo impulsan en nuevas direcciones. En la


misma carta, dice estar "cruzando el Rubicón", no sólo en su vida intelectual,
en la que se perfila su estilo, sino también respecto a otro acontecimiento im­
portante. Ese año, en efecto, conoce a Caroline Massin la futura Sra. Comte,
con quien comienza a convivir. Se casarán civilmente el 18 de febrero de 1825.
Anunciar este casamiento civil a sus padres fue su travesía del Rubicón24.

Después de la ruptura con Saint-Simon, Comte debe resolver de algún modo


su manutención. Se ganará la vida dando clases particulares, aunque según
H.Gouhier, se encuentra cada día menos motivado para buscar alumnos a
quienes enseñar matemáticas, a medida que los pensamientos acerca de su
misión lo van ganando.

Una intuición clave - la ley de los tres estados - y un método de trabajo. Los
elementos están planteados. En enero de 1826, se le ocurre iniciar un curso de
filosofía positiva. Tendrá 72 lecciones que comenzarán el primero de marzo
de 1826 y terminarán el primero de marzo de 1827. Las suscripciones a dicho
curso solventarían sus gastos. Pero, si bien el Curso aparece como una solu­
ción económica, para él es mucho más que eso:

Desde hace algún tiempo tengo la idea de un curso m uy importante y que, desde el
punto de vista material, me resolvería quizá las cosas, cuyo objeto es la filosofía po­
sitiva, es decir la exposición de las generalidades y encadenam iento de las distintas
ram as de las teorías positivas, incluyendo a la política positiva o física social, que a
mi parecer, entra en el sistema científico25.

Ahora Comte convoca al público, no sólo con sus escritos, sino con una ense­
ñanza oral, inscripta en una misión reformadora del espíritu de su época.
Escribe Gouhier:

Si desde el fondo de los siglos la razón humana avanza lentamente h a d a el Positi­


vismo, es evidente que el fundador del Positivismo recibe una misión cuya grande­
za no puede com pararse a ninguna otra. Volviéndose hacia la Historia, Com te se
vio en la Historia. Todas sus aventuras son la consecuencia26.

23 Ib id ., 22 de agosto de 1824.
24 Ibid.
25 Ib id ., T. 1 ,1 8 de enero de 1826, carta a Valat.
26 Gouhier, H., La vie d'A. Comte, op. cit., p. 16.

22
Der Mann ais Haubenstock, Bassano, 1770 ca.

23
Capítulo dos

El episodio cerebral

El episodio cerebral y sus claves

En enero de 1826, Comte se encuentra abocado a la preparación de su Curso


que debía comenzar el primero de marzo y cuyas suscripciones solventarían
"la maldita necesidad de vivir", la suya y la de su mujer.

Pero el proyecto de Comte no es sólo un proyecto de enseñanza sino que tie­


ne la ambición de ofrecer un nuevo sistema que cierre y resuelva la crisis de
los fundamentos abierta por la Revolución. El Curso tendrá como objetivo el
desarrollo de la filosofía positiva. Con el proyecto in mente se dedica, ese mes
de enero, a preparar sus lecciones mientras termina de escribir Considérations
sur le pouvoir spirituel. Comenta H. Gouhier:

Comenzó entonces una carrera frenética en donde la inteligencia se desafió a sí


misma. Comte persiguió "el estado sistemático" com o otros persiguen el éxtasis. Su
pensamiento se puso Afuera de las leyes; analiza, encadena, deshace conceptos; da
vueltas com o rueda loca; goza de su vértigo y siente pasar por ella el poder infinito
de un puro espíritu27.

El 27 de febrero de 1826, el joven remite a Henri D. de Blainville una serie dé


trabajos que ha puesto a punto y formula una interrogación. Si los estudios
que ha realizado han sido un "noviciado", una "preparación" y, si ajusta
mejor una parte de su libro "al espíritu que presidió a su concepción", enton­
ces, pregunta:

¿Habré alcanzado el verdadero estado sistemático o debo aún buscarlo en la misma


dirección? (...)¿habré adquirido al fin, verdaderamente, el derecho de titular a esta
obra SISTEMA de filosofía positiva ? Tal es, reducida a su más simple expresión, la
pregunta fundamental que le planteo28.

27 Gouhier, H., La vie d'A. Comte, op. cit., p. 124.


28 Comte, A. Correspondance Générale, op. cit., T. 1, p.185-190

25
Aunque su amigo no lo advierte, esta voluntad de sistematizar ha dejado a
Comte exhausto:

El tercer artículo que le aporto de este examen del poder espiritual me ha ocasio­
n a d o un trabajo continuo de ochenta horas, durante el cual el cerebro no cesó de
estar en el más alto grado de excitación normal, salvo algunos breves intervalos
de sueño muy corto. Resultó de ello una verdadera crisis nerviosa (aún dura,
aunque debilitada) que me hizo ver, bajo una luz mucho más com pleta y clara que
nunca antes, el conjunto de mi vida29.

El artículo en cuestión, llamado también "Opúsculo fundamental," cuyo


meollo es la ley de los tres estados, había sido escrito en 1822. Se publicaron
cien ejemplares con la firma de Saint-Simon y luego mil, en 1824, firmados
por Comte. Esa firma -como ya se señaló- estuvo en el centro de su querella
con Saint-Simon. Ahora él vuelve a poner a punto ese texto que, años des­
pués, pasará a formar parte -como Anexo- de su Sistema de política positiva
(1851).

Pero volvamos a 1826: la carta a Blainville pone en evidencia que el Curso


sigue la huella del artículo. Sólo que ahora el llamado al público va a prose­
guirse también por vía oral:

Mi dirección filosófica y social quedó irrevocablemente determ inada en m ayo de


1822, por el Tercer Opúsculo en donde surgió mi descubrimiento fundamental de
las leyes sociológicas (...)No se podría desconocer la unidad de mi carrera viendo
así prometida, desde el comienzo, la sistematización que sólo el presente tratado
podía realizar30.

Comte manifiesta la diferente posición subjetiva con que encara entonces la


exposición oral: "Mis verdaderas relaciones no son verbales, son escritas", le
escribe en ese entonces a M. Valat31. En esa diferencia la propuesta de un
Curso abre un cierto movimiento que frena el cierre implicado en la voluntad
de sistematizarlo todo, presente en el escrito. Otras son las dificultades que
tiene que resolver para llevar adelante su Curso. No sólo prepararlo sino
también buscar suscriptores. No los encuentra, y entonces ¿qué hacer? La
economía de su vida pasa a segundo plano, y decide buscar "oyentes" po­
niendo a descubierto la demanda de su oferta. Va a invitar a lo más granado
de la intelectualidad de la época: algunos miembros de la Academia de Cien-

29 Ibid.
30 Appendice du Systéme de Politique Positive, citado en A. Comte, Philosophie des sciences,
op. cit., p. 230.
31 Comte, A. Correspondance Générale, op. cit., T. 1, p. 164, carta del 16 de noviem bre de 1825.

26
das, como el naturalista y explorador alemán Alexandre de Humboldt (fun­
dador de la climatología y de la oceanografía) que se encontraba por entonces
en París, también invita a H. de Blainville, su amigo y sostén en esa época,
biólogo y alumno de Cuvier, y a Louis Poinsot, matemático, profesor suyo en
la École Politechnique. El curso se anuncia para los domingos y los miércoles, y
comenzará el 2 de abril de 1826, en el domicilio de Comte.

Ese día, un domingo, un docente emocionado expone ante un selecto público


la finalidad que persigue y explica el espíritu del positivismo. El miércoles
continúa con una presentación del conjunto jerarquizado de las ciencias y da
la significación filosófica de esa jerarquía. Una semana después, el domingo 9
de abril, aborda el estudio de las matemáticas. Pero el miércoles 12 ¡oh, sor­
presa!, los oyentes encuentran la puerta cerrada. Comte está enfermo. Tres
días más tarde su amigo Adolphe d'Eichtal recibe una enigmática nota:

Estimado Señor Adolfo,


Ud. sabe la causa, Ud. siente el efecto. No inquietarse hasta el miércoles a las 3hs.
Silencio.
Suyo
A. Comte
D. M
Estoy apurado, si Ud. no entiende vaya a mi curso mañana.
H oy sábado 1532.

Esta nota fue escrita desde las afueras de París, en Montmorency, adonde
Comte se ha marchado -sin que sepamos hoy qué lo llevó a ese lugar- y don­
de vagará durante unos 10 días. Otra carta sigue a esta, dirigida ahora a su
amigo Blainville:

Saint-Denis, hotel del Grand-Cerf, este sábado 25 de abril de 1826


12 hs. de la mañana (tachado y reemplazado por 12 y media)

Ayer de mañana (de 10 a 11 hs.) creí m orir; y de hecho, ¿faltó una


pizca? para que me volviera súbitamente peor que un muerto.

32 Comte, A. Correspondance Générale, op. cit., T. 1, p. 183-185. Estas cartas se encuentran


también en el libro de H. Gouhier. Hemos mantenido la tipografía y nos ha parecido útil
reproducir los textos de estas dos cartas en su lengua original: "M on cher M onsieur A dol­
phe,
Vous savez la cause, vous sentez l'effet. Point d'inquiétude jusqu'a mercredi 3 heures. Silen-
ce.
Votre dévoué, A. Comte, D. M.
Je suis pressé, si vous n'entendez pas, allez á mon cours demain. Ce samedi 15."

27
Me traté a mí mismo, VISTO que estaba absolutamente aislado; a
esta feliz e inflexible necesidad atribuyo mi sanación.
En cuanto a la CAUSA, no tenía tiempo de decírsela. Si Ud. no la
adivina y Ud. quiere saberla luego, Monseñor de La Mennais, mi
confesor y mi amigo, se la hará saber, tan pronto como Ud. le ha­
ya manifestado el deseo, aunque no le avisé de ello.
Sepa Ud., si quiere algún detalle inmediato, que estaré el próximo
domingo en Montmorency (en el Cheval blanc) y probablemente
también el lunes y martes. En todo caso, le dejo la huella, (en el
margen: todo el día, pues pienso pernoctar allí)
Hoy recién hice mi plan de convalecencia. Mañana, o esta noche
(o enseguida) la ejecución comienza. El miércoles a las tres Ud.
juzgará mi capacidad médica, si tiene Ud. tiempo para asistir a la
ceremonia (en el margen: que haré en mi casa)
Adiós, querido Sr de Blainville. En Montmorency o en otro lado,
mañana o cada día, créame sinceramente su afectuoso

A .C om te

PD. Me encontré aquí OBLIGADO a ser y aún a parecer un


VERDADERO médico a su pesar, eso hizo que me naciera esta
mañana una chifladura muy original, que puedo impedirme de­
jársela ver, a riesgo de escucharle reir desde aquí com o a un dios
de Homero.
Mi apodo en la École Politechnique era Sganarelle.¿Habrán sido pro­
fetas mis cam aradas como ayer yo era médico?(A\ margen: Históri­
co, dice Mme. de Genlis.
Si mi chifladura simplemente le hace sonreír, (después de su cena)
Ud. fijará arbitrariamente época y modo de la ceremonia. No la es­
peraba hasta dentro de dos años y no la deseo antes del próximo
comienzo de clases. Tengo que hacer un viajecito este verano a lo
de mi padre y aprovecharé para ver a MI MADRE que vive en el
mismo lugar.
Tome siempre esto como un síntoma y me lo administre com o
calmante. En éste sentido no hay sueño.
Gracias33.

33 Ibid.: Saint-Denis, hotel du Grand-Cerf, ce samedi 25 avril 1826.


12 h. du matin (mots rayés et emplacés par: midi et demi)

Hier matin (de 10 á 11 h.) j'ai cru mourir; et defait, il a tenu á rien? que je ne devinsse subi-
tement bien pis qu'un mort.
Je me suis traité moi-méme, VU que j'étais absolument isolé; c'est á cette heureuse
et inflexible nécessité que j'attribue ma guérison.
Quant á la CAUSE, je n'avais pas le temps de vous la dire. Si vous ne la devinez pas
et que vous teniez á la savoir de suite, Mr de La Mennais, mon confesseur et mon ami, vous
la fera connaitre, aussitót que vous lui en aurez manifesté le désir, quoique je ne l'en aie pas
prévenu.

28
¡Cartas enigmáticas, y tan distintas al estilo habitual de Comte en su corres­
pondencia! ¿Presentan acaso algunas claves de lectura que puedan ser desta­
cadas? En una aproximación inicial algo salta a la vista: el estilo. Es alusivo y
con detalles formales de mayúsculas y subrayados intempestivos. Respecto al
contenido se alude, por ejemplo, a una causa pero también se insinúa que
algo se revelaría públicamente al día siguiente (..."si vous n'entendez pas,
allez á mon cours demain") ¿Qué implica un recurso tan masivo a la alusión;
por qué da a entender y no dice claramente ? ¿Por qué pone obstáculos a la
comprensión? A la comprensión ¿de quién? ¿de un perseguidor?

En La persécution et l'art d'ecrire34, un libro constituido por una serie de artí­


culos publicados entre 1941 y 1948, Léo Strauss presenta un minucioso análi­
sis de la escritura de Maimónides y muestra que las oscuridades del texto,
debidas justamente a su estilo alusivo, obedecen a reglas que rigen la escritu­
ra en momentos de persecución.

Vous saurez. si vous voulez quelque détail immédiat, que je serai dimanche pro-
chain á M ontmorency (au Cheval blanc), et probablement aussi lundi et mardi. En tout cas, je
vous donne la trace, (en marge et en face de cet alinéa: toute la journée, car je pense y cou-
cher ce soir)
Aujourd'hui je viens de faire mon plan de convalescence. Demain, ou ce soir (ou
méme á présent) l'exécution commence. Mercredi á trois heures vous jugerez ma capacité
médicale, si vous avez le temps d 'assister á la démonstration (en m arge :) que je ferai chez
moi.
Adieu, mon cher Mr de Blainville. A Montmorency ou ailleurs,
demain ou tous les jours, croyez-moi bien sincérement votre affectueux et
tout dévoué
A. Comte
P.S. M'étant trouvé OBLIGÉ ici á'etre et méme de paraitre un VERITABLE médecin malgré luí
cela m'a fait naitre ce matin une lubie fort origínale, que je puis m'em pécher de vous laisser
voir, au risque de vous entendre d'ici rire comme un dieu d'Homére.
A .C .
Mon sobriquet á l'École polytechnique était Sganarelle. Mes cam arades auraient-ils été alors
prophétes com m e j'étais hier médecin ? (En marge:) Historique, dit Mme de Genlis.
Si ma lubie vous fait simplement sourire (aprés votre diner), vous fixeriez arbitraire-
ment l'époque et le mode de la cérémonie. Je ne Yespiráis pas avant deux ans, et je ne la désire
pas avant la prochaine rentrée. J'ai un petit voyage á faire cet été chez mon pére et j'en
profiterai pour voir MA MERE qui demeure dans le méme endroit.
Preñez toujours ceci comme un symptome, et me Yadministrez com m e calman t. En
ce sens, il n'y a pas de reve. Merci.

34 Strauss, Leo, La persécution et l’art d'écrire, Ed. Presses Pocket, París, 1989.

29
La persecución da origen a una técnica particular de escritura y en consecuencia a
un tipo particular de literatura, en la cual la verdad, sobre todo las verdades cru ­
ciales se presentan exclusivamente entrelineas35.

Cuando arrecia la persecución política se imponen estrategias que apuntan a


connivencias posibles entre escritor y lector y ocultas al perseguidor. Escribe
Leo Strauss:

Es necesario, hacer la hipótesis, para alcanzar a entender algunos textos del pasado
clásico y moderno, que sus autores "escondieron" sus opiniones profundas detrás
de la apariencia de opiniones ortodoxas o de una heterodoxia aún tolerable. La cau­
sa inmediata de esta escritura "esotérica" o de tal "arte de escribir" es la persecu­
ción, la prohibición de la libre investigación que define a la filosofía36.

¿Se trata de esto en la escritura de A. Comte? No en forma global. Sólo se lo


puede pensar como algo muy localizado en estas cartas. Años más tarde, el
mismo Comte identificó una doble "causa" del "episodio cerebral", la prime­
ra infidelidad de Caroline -su esposa- y el exceso de trabajo al que se había
sometido al comenzar su Curso. Ya en el mes de noviembre de 1825, luego de
su viaje a Montpellier, en julio, en la correspondencia con su amigo Valat,
Comte hace referencias veladas a las dificultades y desengaños de su vida
conyugal. Ahora bien, la lectura de esas cartas permite establecer un lazo
significante entre esas dos situaciones, su vida conyugal y la preparación del
Curso.

Un día, así lo espero, lo sabrás todo, cuando el curso37 bizarro de los acontecimien­
tos nos permita al fin un largo y libre desahogo, directo, -p ues, en el fondo, mi vida
es una novela, y una novela fuerte, que parecería bastante extraordinaria si alguna
vez la publicase con nombres supuestos. Sentirás entonces, querido amigo, hasta
que punto tu correspondencia me es necesaria. Hasta ahí cree en mi palabra, te
conjuro a ello, y trátame en consecuencia. Me crees feliz; en efecto, lo soy en ciertos
aspectos, en todo aquello que depende de mi organización y de mis antecedentes;
pero bajo otros aspectos no deseo esta felicidad ni a mi más cruel enemigo. Todo
esto es un enigma para ti, ya lo sé, pero más adelante se aclarará. Si desde ya adivi­
nas algo, te ruego lo guardes en lo más profundo de tu alma, aún para m í , hasta el
momento en que podamos hablar formalmente de ello38.

Diez días después vuelve a escribirle:

35 Ibid., p. 58.
3* Ibid., p. 26.
37 Subrayado nuestro.
38 Comte, A. Correspondance Générale, op. cit., T. 1, carta a Valat del 16 de noviembre de
1825.

30
(...) Quédate bien persuadido, querido amigo, que no es la falta de confianza la que
ha impedido un desahogo más completo. Hay entre nosotros, así lo espero, com o
entre amigos de verdad, un franco y absoluto abandono; pero sentirás, a pesar de
todo, que hay tiempo y forma convenientes para cada género de comunicación. Te
aseguro que, respecto a esta, el momento no ha llegado aún39.

Un punto de su argumentación para justificar su reserva parece medular para


dar cuenta de su estilo. La situación que atraviesa está sujeta a cambios que a
veces lo ilusionan. Comte espera alcanzar un punto de no retomo, algo que se
anuncie como irrevocable y "entonces -dice- me explicaré". Añade aún:

Hasta ese momento, si aún no lo hago positivamente, has de creer, querido amigo,
que sólo es ante el temor de que una confidencia detallada, actúe sobre mí de modo
de quitarme toda posibilidad de retorno; me conozco, y es el efecto que produci­
ría40.

Este contexto literal parece decisivo para diferenciar el estilo alusivo de estas
cartas, muy delimitado en el conjunto de la escritura de Comte, del género
alusivo analizado por L. Strauss. La reserva de Comte no está dictada sólo
por la persecución. El riesgo de confiar por carta sus dificultades a su amigo
es un riesgo de cristalizar prematuramente para sí una versión de la situación
que atraviesa. También es la puesta en juego de la pertinencia de la diferencia
entre algo que ha de ser dicho y no escrito, y dicho no a cualquiera. Esto tam­
bién decide su estilo.

Debo confesarte que, para hacer completa y satisfactoria a esta confidencia, sería
imprescindible una entrevista directa, no sólo por la extensión de la conferencia, si­
no y sobre todo porque diría cosas que no confiaría nunca al papel, a menos que
quemases inmediatamente la carta, y temería aún a los curiosos en su trayectoria41.

Se puede concluir entonces que una cierta persecución de la letra fue puesta
en juego con el significante "curso", que en su polivalencia enlazó el "curso
bizarro" de su vida conyugal y el Curso de filosofía positiva que Comte pre­
paraba. Ese enlace fue perseguidor y puso de relieve el hecho de que había
una escritura a evitar para que otra fuera posible. Su vida conyugal ha de
quedar fuera de la escritura y de las imaginarias miradas de los curiosos. Pero
el estilo alusivo de este momento, se presenta también como un llamado de
Comte a ser escuchado en este punto, en forma personal. Este reclamo que no
prosperó, no dejó de jugar en el momento mismo en que efectúa el pasaje a

39 Ibid., Valat, 27 de noviembre de 1825.


40 Ibid.
41 Comte, A. Correspondance Générale, op. cit. T. 1, p. 176-180, carta a Valat del 27 de noviem ­
bre de 1825.

31
otro tipo de público al que pretende dirigir su Curso. El exceso de trabajo al
que se ha sometido, y del que resulta su cansancio, indica más bien que su
relación al saber también está implicada en esa situación así como un cierto
modo de operar con ella.

Aunque las cartas de abril de 1826 guardan su carácter enigmático, su estilo


permite inferir que Comte intenta de este modo el tratamiento de una situa­
ción que lo constriñe y que determina también el uso de otro recurso literario,
que no estaba en las cartas anteriores, la clave de comedia.

En efecto, este recurso es señalable en un conjunto de detalles y parece formar


parte de un procedimiento para desarticular la instancia persecutoria. Vea­
mos algunos toques de esa comicidad en obra: por ejemplo ¿cuál es la cere­
monia a la que se refiere en su carta a Blainville? Según H. Gouhier se trataría
de la ceremonia que sanciona, para Moliere, el acceso al ejercicio de la medi­
cina: una tunda de palos42. Comte se presenta como Sganarelle: explícita­
mente recuerda que era su apodo en la École Politechnique y acompaña su fir­
ma de dos letras que señalan una función, D. M. (Doctor Medicus). Este es un
indicio de continuidad, que ubica el recurso a lo cómico, o los efectos de co­
micidad, como algo que le concierne desde su adolescencia, y que ahora se
enlaza con la función médica. Este recurso molieresco no puede catalogarse,
sin matices, de exabrupto. También hay otras cartas suyas que hacen referen­
cia a otros personajes del teatro de Moliére43. Indudablemente aquí privilegia
a Sganarelle ¿Por qué?

¿Qué se puede decir de este personaje de comedia? Como a muchos otros,


Moliére lo toma de la Commedia dell'arte y lo introduce luego en varias de sus
obras, culminando con el papel central en Le malade imagitmire. Es un perso­
naje cuyo nombre en italiano tiene el sentido antitético de "engaño-
desengaño", y este doble sentido aparece aplicado por Moliére a dos temas: el
tema de los "cuernos" y el tema de los médicos. El tema de los cuernos es el
primero en aparecer en " Sganarelle ou Le cocu imaginaire." La comicidad del
tema tiene allí sus rasgos particulares. Sobre este punto escribe Marcel
Gutwirth:

La comicidad conyugal, la comicidad de mal casados no se encuentra auroleada


de romanticidad como la heredada de Italia, España o de la Antigüedad clásica:

42 Gouhier, H. La vie d'A. Comte, op. cit. p.149.


43 Por ej. en una larga carta a Valat, del 25 de diciembre de 1824, termina ubicando su pobre
dote para el próximo matrimonio, como merecedora de las críticas de H arpagon, el avaro
de Moliére.

32
respira una cierta brutalidad campesina, una cierta dureza del corazón que huele
a terruño. Retoma (...) el viejo tema del deseo. No se juega todo en la conquista
de la bella, se trata de que la conquista adquiera cierta realidad. Y como el ma­
trimonio tal como se lo practica a lo largo de los siglos no ha sido a menudo la
culminación de una conquista sino de un comercio, la realidad choca con las
formas. De esa discordancia nace la risa que con justicia saluda el fracaso del que
supo conseguir una mujer por la fuerza o la astucia pero no sabe conservarla44.

A ñ os después se sa b rá h a s ta qué p u n to la s itu a c ió n m a tr im o n ia l de C o m te

e s ta b a j u g a d a i m p l íc i t a m e n t e e n e s ta r e fe r e n c ia .

S in e m b a r g o , S g a n a r e lle e s ta m b ié n el p e r s o n a je c e n tr a l d e " L e médecin malgré


lui"45a\ q u e C o m t e s í a l u d e d e m o d o e x p l íc i t o e n la s c a r ta s . D e h e c h o , é l e fe c ­

tú a e n la c a r t a e l m i s m o m o v im ie n to q u e S g a n a r e lle e n la c o m e d i a , e s d e c i r ,

s e a p ro p ia de lo que le e s i n f l i g i d o y lo d e s p la z a : S g a n a r e lle ¿ c o rn u d o ? n o ,

m é d ic o , la s itu a c ió n lo hace m é d ic o . A p ro ve c h a rá de paso p a ra a s e n tir la

c r ít ic a a la m e d i c i n a q u e le lle g a d e l s i g l o X V I I .

Sganarelle se apropia del dato burlesco que le fuera infligido, hace suyo el méto­
do de su iniciación, adopta su profesión improvisada que agita como lo que le da
lustre, como estandarte y de la que espera sacar provechos imprevistos. Su con­
sulta es una bufonería compuesta de tres partes: el humor de alcoba, el galimatías
de alto vuelo y la autoridad doctoral46.

P o r e s te s e s g o y e n e s ta s itu a c ió n , C o m t e -M o lie r e m e d ia n t e - se s itú a iró n i­

c a m e n te , a n te el s a b e r m é d ic o d e su época y en p a r t ic u la r a n t e la a u to rid a d

m é d ic a .

P e ro en e s te m o m e n to no h ay p ú b lic o p a ra su m e n s a je de c o m e d ia ni h ay

e s p a c io p a ra e s te S g a n a r e lle fu e ra de p ro g ra m a . N o h ay d e s tin a ta r io que

pueda e fe c tiv a m e n te le e r e s ta c o r r e s p o n d e n c ia . E s a a u s e n c ia d e te r m in a r á el

p a s o s ig u ie n te : se b u s c a rá a l p s iq u ia tr a y -s in r e q u e r ir la o p in ió n d e l e n fe r­

m o - s e a p l i c a r á la " s o l u c i ó n m é d i c a " a s u e s t a d o . A p e n a s r e t o m e la p l u m a un

p a r d e a ñ o s m á s t a r d e , C o m t e n o d e ja r á d e s e n ta r p o r e s c r ito s u p o s ic ió n d is ­

c r e p a n t e c o n e s te r e c u r s o .

La "solución" médica impuesta a Comte

« Gutwirth, Marcel, Moliere oi< l'invention comíque, Ed. Lettres modernes, París, 1966, p. 44-

«Traducidas como "El cornudo imaginario" y "Médico a palos". Si bien la primera traduce
en forma adecuada "Le cocu imaginaire" no así la segunda, pues textualmente, Le mede-
cin malgré lui" quiere decir "Médico a pesar suyo .
-i* Gutwirth, Marcel, Moliere ou l'invention comique, op. cit., p.49-50.

33
C o m o lo a n u n c ia b a e n s u e s q u e la , C o m t e v a a v e r a L a M e n n a is , s e c o n fie s a

y le e n v ía una c a rta a s u m u je r. M m e . C o m te lla m a a u n m é d ic o y se v a a

b u s c a r lo a M o n t m o r e n c y . E n un p r i m e r m o m e n t o , é l la r e c i b e c a l m o y s a le

c o n e lla a p a s e a r p e r o ,

Al borde del lago de Enghien, una bocanada de orgullo lo aturde. Alardea de in­
verosímiles proezas: reconoce que no sabe nadar, pero está seguro de no ahogar­
se: se empecina en hacer ya la experiencia y arrastra a su mujer. Caroline es
fuerte, se agarra a unas raíces, se sostiene y al mismo tiempo, lo sostiene47.

C u a n d o lle g a el m é d ic o d e c id e a is la r lo , c o lo c a n d o a dos p o lic ía s p a ra v ig i­

la rlo . L a S r a . C o m t e v u e l v e a P a r ís e n b u s c a d e B l a in v i ll e a q u i e n le p id e qu e
e n c u e n tre u n lu g a r p a ra in te rn a r a s u m a rid o y que la a c o m p a ñ e , a l d ía s i­

g u ie n te , a M o n t m o r e n c y . E n tr e la c a r ta y lo s c u e n t o s n o c a b e d u d a : A u g u s t e

e s tá lo c o .

A l d ía s ig u ie n te , C o m t e e s p e ra b a a B la in v ille lle n o d e im p a c ie n c ia y a s u lle ­

g a d a le c u e n t a lo s d e ta lle s d e s u e n fe rm e d a d y o p in a a c e rc a d e l tr a ta m ie n to

q u e n e c e s ita . A c e p t a v o l v e r a P a r ís p e r o , a p e n a s se a l u d e a la c o n v e n i e n c i a d e

una b re ve e s ta d ía en una c lín ic a , se e n fu r e c e . C o m o aú n h o y s ig u e s ie n d o

h a b itu a l se b u s c a e n g a ñ a rlo , p e ro com o ta m b ié n es h a b itu a l, e n el tra y e c to ,

C o m te d e s c u b r e q u e n o se d ir ig e n a P a r ís s in o a C h a r e n to n y m o n ta e n c ó le ­

ra , de m o d o ta l q u e e l p o lic ía q u e v ia ja b a a trá s d e b e p o n e r s e a s u la d o p a ra

c o n te n e r lo . A s í lle g a n a d e s t in o e n d o n d e E s q u i r o l lo s e s p e r a . D e in m e d ia to

e n tre v is ta a su n u e vo p a c ie n te y d ia g n o s tic a "m a n ía " . M a n ía ta l com o él

m is m o la h a b ía d e s c r ito e n s u Memoria de 18 18 .

C o m te qu ed a in te rn a d o y se c o m ie n za el tr a ta m ie n to p re v is to p a ra esos ca­

s o s : d u c h a s fr ía s , s a n g r ía s y d o s b a ñ o s p o r d ía . E s tá a g ita d o , lo q u e s e c o n s i­

d e ra una buena señal ya que ese e s ta d o no d e b ie r a p r o lo n g a r s e ; u n c a m b io

p a re c e p r e v is ib le . P e ro pasados unos m eses y dada la s itu a c ió n , su m u je r

a d v ie rte a su s su e g ro s . L a m a d re de A u g u s te ya e s ta b a e n v ia je h a c ia P a r ís ,

a v is a d a d e la e n f e r m e d a d d e s u h ijo p o r M . M a s s in , e l p a d r e d e C a r o l i n e . A )

lle g a r , r e c la m a a su h ijo p a ra c u id a rlo p e ro E s q u ir o l re h ú s a d a rle e l a lta . Se

tra b a una d is p u ta en la que e lla h a rá in te r v e n ir a l j u e z , m ie n tr a s se in s ta la

cada d ía , v a ria s h o ra s , ju n to a su h ijo . N o o b s ta n te desde el p u n to d e v is ta

le g a !, é s te y a n o d e p e n d e m á s d e e lla . C i v i l m e n t e e s tá c a s a d o , a u n q u e s u m a ­

d re no lo haya q u e r id o sa b e r. A h o r a lo s a b e , p e r o no lo a c e p ta , p o r q u e ese

m a tr im o n io no ha s id o b e n d e c id o p o r la ig le s ia y e n el fo n d o , p a ra e tta , a W

47 Gouhier, H. La vie d'A. Comte, op. cit. p. 152.

34
está el mal que enfermó a su hijo, un mal moral. En consonancia con esa in­
terpretación buscará poner en marcha "su" solución.

Mientras, en la clínica, los meses transcurren sin que aparezca ninguna mejo­
ría en el estado de Comte. El 29 de noviembre de 1826, casi ocho meses des­
pués de que fuera internado, su mujer escribe a Eichtal:

Según la opinión del Dr. Esquirol, todos habíamos esperado que mi m arido se en­
contrase a salvo en octubre pasado; desgraciadamente esa esperanza no se realizó;
está mejor pero débil respecto a lo que esperaba el Dr. Esquirol. Habiéndose enga­
ñado nos dice no poder precisar ya la época (de una mejoría), y que es de temer
que, al no haber tenido el otoño el efecto esperado por él, la enferm edad se alargue,
pero que él seguía creyendo en la curación48.

Llegó así al invierno. ¿Qué sabemos de Comte en esta situación? Muy pocas
cosas:

Criticaba con malicia la obra que su médico, el Dr. Georget, había escrito sobre el
sistema nervioso. Un día plantó su tenedor en el cachete de un sirviente, lo que le
valió un violento puñetazo en el ojo49.

¿Qué podía estar pasando en esa clínica que diera contexto a esta reacción?
¿Qué idea se tenía allí de la locura?¿Qué trato se le daba? Se puede intentar
reconstruir la situación a partir de los datos que tenemos de sus médicos.

En primer lugar Esquirol, es el discípulo directo y dilecto de Pinel a quien


sigue en su descripción de la manía, como forma prototípica de la locura,
aunque excluye, sin embargo, las formas "sin delirio" que agrupa bajo el
nombre de "monomanías razonantes". La manía se caracteriza para él, por
ser una alteración y exaltación global del conjunto de las facultades, con cau­
sas físicas y morales predominantes, aunque la herencia ocupa un lugar rele­
vante. Como Pinel, Esquirol ubica en el aparato digestivo, visceral, los tras­
tornos claves en el plano físico, aunque no deja de mantener que "la locura
depende de una modificación desconocida del cerebro".

Cuando Comte enferma, la posición de Esquirol y de su enseñanza eran in-


discutidas en París, ya que su auge es situable entre 1820 y 1850. Su tratado
era el manual de la época, pues era el único que abordaba globalmente a "la
enfermedad mental". Sus alumnos se escindirán en tomo a una pregunta
clave que sigue siendo actual: la locura ¿tiene, sí o no, una base anátomo-

48 Comte, A. Correspondance Générále, op. cit., T. 1, p. XXIV.


49 Gouhier, H. La vie d'A. Comte, op. cit., p. 155.

35
patológica? Los debates se desarrollaron bajo la influencia de la frenología de
Gall, primera doctrina importante sobre las localizaciones cerebrales. Mien­
tras un sector de discípulos de Esquirol, y también muchos no médicos -como
el propio Comte antes de enfermar- se fascinaron con Gall, otro sector man­
tuvo una postura mucho más escéptica.

El Dr. Georget, implicado en el tratamiento de Comte, ocupa una posición


intermedia entre los discípulos de Esquirol. Divide a las perturbaciones
mentales en sintomáticas, de causa orgánica, e idiopáticas, de causa descono­
cida y de naturaleza funcional. Esta última es la categoría propia de la locu­
ra50, determinada a su vez por causas favorecedoras (herencia, menstruación,
puerperio, etc.) y causas eficientes, de naturaleza moral. La locura no es sin
embargo, para él, un fenómeno psicológico sino una "afección del órgano
encefálico".

El tratamiento que Esquirol indicaba en estos casos era una combinación del
tratamiento moral y de la farmacopea de la época. Si los resultados eran posi­
tivos el papel predominante de la curación se debía atribuir a las causas mo­
rales, en especial a la influencia sobre las pasiones.

Georget considera al tratamiento moral como la forma más adecuada de tra­


tar a la locura. Distingue dos fases: el aislamiento y "la educación médica".
Pero el papel acordado al cerebro tendrá un efecto sobre el tipo de trata­
miento. Si el cerebro está afectado no hay que exigirle demasiado. Por esa
razón el tratamiento moral practicado por Georget se reduce progresivamente
al aislamiento, al reposo y a algunas actividades de entretenimiento. En este
punto, poco después de salir de su internación, Comte dejará sentada -en su
comentario a la obra de Broussais- su aguda crítica. Georget no llegará a en­
terarse ya que morirá un poco antes, en 1828, a la edad de 33 años.

La respuesta de Comte al tratamiento que recibió en la clínica de Esquirol, se


abrió paso por la vía de una toma de posición pública y escrita, en la polémica
sobre la causa de la enfermedad mental. En ese movimiento Comte hace una
primera lectura pública, aunque implícita, de su crisis cerebral y de la natu­
raleza de la misma, alineándose contra Georget, a favor de Broussais. En esa
toma de partido la locura pasa del registro subjetivo a un intento de abordarla
mediante su objetivación. Pero, antes de interesamos en esa cuestión veamos
cómo se produjo la salida de su internación.

50 Bercherie, Histoire et structure du savoir psychiatrique, Ed. Universitaires, Bélgica, 1990, p.


40.

36
La "solución" materna impuesta a Comte

M. de Blainville y la familia quieren que Comte vuelva a su casa. Esquirol


subraya los riesgos. Finalmente el 2 de diciembre de 1826, Comte deja la clíni­
ca. En el libro de salidas Esquirol escribe: N. G., non-guéri, no curado.

El retorno a casa tiene su punto siniestro y teatral organizado por la madre de


Comte quien lo espera con "su" solución: un sacerdote está en casa para cele­
brar de inmediato su casamiento religioso con Caroline.

La ceremonia fue lúgubre. Auguste Comte no dejaba de discurrir y la presencia


del sacerdote le inspiraba desarrollos antiteológicos. Su m adre no intentaba escon­
der su emoción derram ando lagrimones y ofreciéndose com o víctim a expiatoria.
Caroline, sin fe, se prestaba al juego de las formalidades cuyo sentido se le escapa­
ba, sensible sólo al horror de la escena.
Después de la bendición, Mme. Comte dio el beso de paz a 1a que ahora era su hi­
ja. El abate Salles redactó el acta y el recién casado altivamente firmó: Brutus Bo-
naparte Comte51.

Nuevamente se intenta transmitir algo a través de la firma. ¿A leer aún en


clave de comedia? Hubo traición ese día para Comte. ¿Quién era su César?
¿Cómo situar el Bonaparte? Ese día quien se mofó de él fue su madre, y tam­
bién su mujer que aceptó la tragi-comedia impuesta por la suegra, protagoni­
zando así una nueva traición a su marido.

¿No habrá sido efecto de ese ritual forzoso el hecho de que Comte siguiera
taciturno y sujeto a violentas explosiones de cólera durante el mes que siguió
a ese día? Sus enojos apuntaron a su mujer, contra quien lanzó más de una
vez su cuchillo, para apurarla, decía, en el servicio de la mesa. Ella decide
evitar entonces todo lo que puede contrariarle y suspende por ello toda rela­
ción con los médicos. Mantiene los medicamentos que;, mezclados con la co­
mida, toma junto con él para que no los perciba. A mediados de diciembre los
estados de cólera y exaltación han desaparecido. Sale a pasear y comienza a
ver a sus amigos. Su madre puede ahora retornar a Montpellier.

Pero aparece una novedad: según Gouhier, una larga depresión melancólica
va a apoderarse de él y a extenderse durante la primera mitad de 1827, tiem­
po durante el cual se encuentra en "un estado cuasi vegetativo."

¿Hubo algún acontecimiento que determinó esta "melancolía"? ¿Algún otro


acontecimiento distinto de los dos que han sido mencionados como ligados al

51 Gouhier, H. La vie d'A. Comte, op. cit., p.157.

37
desencadenamiento de la crisis?¿Se trata de la manifestación endógena de un
ritmo bipolar? Pero ¿el retorno a la vida marital, y también esa horrible cere­
monia religiosa que le fuera impuesta no debieran acaso tomarse en cuenta?

También hubo otro acontecimiento difícil de establecer correctamente y que


tiene que ver con la muerte en ese año de la hija de Pauline, su primer amor,
una niñita que tendría unos 8 o 9 años, y de la que Comte se consideró el pa­
dre. El mismo, en una carta muy posterior, escribe acerca del dolor de esta
pérdida, aunque no la conecta directamente con el estado melancólico de esa
época:

A la edad de veinte años tuve o creí tener de una mujer que hubiera podido ser mi
madre, una hija a quien lloro aún de vez en cuando, a quien el crup me arrebató a
los nueve años. Por sospechosa que fuera esa paternidad yo la había aceptado m o­
ralmente y -d e modo leal- había cumplido hasta el final todos sus deberes52.

De todos modos las fechas, aunque no del todo precisas, no pueden estar
muy alejadas. En 1818, Comte que tenía 20 años, anuncia su paternidad a su
amigo Valat: "(...) En dos meses, más o menos, seré padre.1'53 Nueve años
después -estamos en 1827- Comte está en su casa en estado de postración.
¿Cuándo se enteró de la muerte de esa niña? Esa carta es sólo una huella muy
posterior. No parece posible precisar mejor.

Su estado melancólico se prolonga. Al llegar abril, se cumple un año del epi­


sodio cerebral, un año de interrupción de su flamante Curso. Comte marca
entonces esa fecha a su manera, con un pasaje al acto con intención suicida.
Ese día, desde el Pont des Arts, se tira al Sena de donde lo saca un guardia. De
este pasaje al acto no hablará nunca o casi nunca:

A. Comte habló sin experimentar la menor molestia de su estadía en la clínica de


Esquirol pero no se permitió nunca aludir al episodio del Pont des Arts y sólo se lo
confesó a Mme. Clotilde de Vaux54.

Se puede conjeturar que el silencio con el que rodeó al acto forma parte del
mismo, en su dimensión de fallido; quizá el silencio fue para Comte no tanto
una forma de esconder un secreto humillante (opinión de Gouhier), lo que no
parece muy de su estilo, sino una forma de acoger ese fallido, un "ya no da

52 Comte, A. Correspondance Générale, op. cit., T. III, carta a Clotilde de Vaux, I o de m arzo de
1846.
53 Carta a Valat del 17 de abril de 1818.
54 Gouhier, H., op. cit. p. 158.

38
para hablar más de eso que no fue", sólo restaba tomar en cuenta su no efec­
tuación, es decir abocarse a vivir.

De hecho, en junio, Comte está mejor, y se va a Montpellier a visitar a sus


padres. En setiembre, cuando vuelve, está decidido a retomar su trabajo. A
fines de 1827 y comienzos de 1828 retoma las clases particulares y escribe. En
agosto de 1828 publica un comentario del libro de Broussais, Sur Virritation et
la folie. A fines de 1828, el 9 de diciembre escribe a su amigo G. de Eichtal:

(...) Como Ud. lo ha presumido desde su partida mi salud no ha dejado de fortifi­


carse cada vez más. Ahora la encontraría Ud. excelente y m ucho más firme aún que
antes de mi enfermedad. Ya me puse a trabajar de nuevo com o para probarm e en
relación a lo cerebral y me encuentro perfectamente después de esta experiencia. (...)
En fin, para terminar el somero relato de lo que me concierne sólo me queda ente­
rarlo que estoy a punto de retomar mi curso de filosofía positiva(...)55.

En efecto, el 4 de enero de 1829, casi tres años después de su inauguración


interrumpida por este episodio de locura, Comte reinicia su curso, ya no en su
casa, sino en el Ateneo Real de París. Entre su público se encuentra Esquirol,
también Víctor Broussais, Binet, Blainville, Poinsot, y otros. El plan de su
enseñanza y el título del curso -"Curso de filosofía positiva"- no han cambia­
do. En la introducción de la publicación que escribe en 1829, explícita, como
"advertencia del autor", el alcance de dichos términos:

Me limitaré en esta advertencia a declarar que empleo la palabra filosofía en el sen­


tido que le daban los antiguos, particularmente Aristóteles, designando el sistema
general de las concepciones humanas; y, añadiendo la palabra positiva, anuncio que
considero esta manera especial de filosofar que consiste en encarar a las teorías,
cualquiera sea el orden de sus ideas, como teniendo por objeto la coordinación de
los hechos observados, lo que constituye el tercer y último estado de la filosofía ge­
neral, primitivamente teológica y luego metafísica, com o lo explico ya en la prim e­
ra lección56.

Comte precisa también que, si bien su filosofía positiva está muy cerca de la
filosofía natural de los ingleses post-newtonianos, él ha tenido que escoger
otro nombre porque ni la filosofía llamada natural, ni la llamada filosofía de
las ciencias, abarcan aún el estudio de los fenómenos sociales, que constituye
una parte central de su propuesta. Además bajo esas denominaciones se de­
signa a veces, simplemente, el conjunto de las ciencias hasta en sus menores
detalles, mientras que la propuesta de su Curso es otra:

55 Comte, A. Correspondance Générale, op. cit., T. 1, p. 201-204.


56 Compte, A. Philosophie des sciences, op. c it., p.45.

39
Por filosofía positiva, comparada con las ciencias positivas, entiendo sólo el estudio
de las generalidades de las distintas ciencias concebidas com o sometidas a un méto­
do único y formando las diferentes partes de un plan general de investigación El
término que me he visto llevado a construir es pues, a la vez más extenso y más
restringido que las denominaciones (...)que a primera vista podrían considerarse
com o equivalentes57.

Comte ha salido pues, adelante. Tiene 31 años y un gran proyecto, o mejor


dicho, se siente con una altísima misión. A partir de esta palabra clave, "po­
sitivismo," se abre la posibilidad de producirla como "dis-curso".

57 Ibid., p. 46.

40
Capítulo tres

Debate sobre la locura y la enfermedad

Las huellas del episodio cerebral no privilegiaron, en su perdurable insistencia,


el campo de la palabra y tomaron para Comte nuevas formas. Ya no cartas
alusivas a una persecución, ya no la postración ni el intento suicida, ni los
graves dolores de cabeza que acompañaban sus elucubraciones. Ahora la
escena está en el cuerpo de manera más silenciosa. Comte se ve aquejado por
fuertes dolores de estómago y vómitos. Debe disminuir su tiempo de trabajo.
Debe permanecer acostado largas horas después de cada comida y seguir un
régimen estricto. Pero puede a pesar de todo, proseguir su obra con relativa
tranquilidad durante unos diez años, ya que en 1838, declarará que una nue­
va crisis se esboza en su vida. De este modo, sordo a veces y explosivo otras,
en él insiste "eso" que intratable hasta esa fecha, a pesar suyo, trabaja en él.

En 1829 "recuperado" y en vísperas de reiniciar su curso, Corrtte publica un


artículo. Va a comentar el reciente tratado publicado por Broussais sobre las
causas de la irritación y la locura. Este comentario puede leerse como la ma­
nera que tuvo de "tratar" su propia experiencia, con el método objetivo de la
ciencia, de "re-situar" su participación social y también de tomar posición
doctrinal en el debate médico-psiquiátrico-filosófico del momento.

Dos grandes profesores del escenario parisino de la época, un médico, J.-F.,


Broussais y un filósofo, Victor Cousin, han suscitado una polémica en la que
entra a tallar el joven A.Comte. Discurso médico y discurso filosófico apare­
cen así complejamente tramados y sus ecos germinarán en el Río de la Plata
pocos años más tarde. ¿De qué se discutía entonces en París?

Broussais en el discurso médico de la época

En El nacimiento de la clínica, M. Foucault dedica un indispensable capítulo58 a


ese momento peculiar en la historia de la medicina en el cual se afirma, a

58 Foucault, M., El nacimiento de la clínica, "L a crisis de las fiebres", Siglo XXI, México, 4ta ed.
1976, p. 245-275.

41
partir de Broussais, vía Comte, y luego Claude Bernard, una estrecha relación
entre fisiología y patología, en un consenso que da forma a la nueva manera
de ver de la llamada escuela de París.

"Fisiología" es un término en boga en esos años, hasta en la literatura de la


época: Balzac nos dejó su Fisiología del matrimonio, escrita en 182959. Se enten­
día por fisiología a la "ciencia de la vida" en oposición a la anatomía, la
"ciencia de la organización". Para Broussais, los médicos fisiólogos eran los
que privilegiaban el estudio de la vida para prolongarla, distinguiéndose en
esto de los anatomo-patólogos. La vida a tratar era la que se manifestaba en
los órganos y en su excitación. Claude Bernard, que -unos años más tarde-
hará también suyo el proyecto de una medicina fisiológica, reconocerá el mé­
rito de Broussais aunque se mostrará crítico con una obra a la que reprocha su
carácter cerrado, sistemático y carente de experimentación.

Broussais es un bretón que nació en Saint Malo, en 1772, en una familia de


varias generaciones de médicos, de tradiciones voltairianas y republicanas, y
cuyos padres fueron masacrados en una de las revueltas de los campesinos
realistas de.Normandía y Bretaña (los Chouans). Es un discípulo de Bichat y
de Pinel; médico militar durante las campañas de Napoleón y luego médico
en París, en el Hospital militar de Val-de-Gráce donde se instala después de
la paz de 1814 y donde es nombrado profesor. Su curso, abierto al gran públi­
co, atrae a mucha gente dadas sus dotes de orador, sus tesis revolucionarias
en medicina y sus opiniones políticas. En esos años se convierte en un sím­
bolo de la resistencia a la Restauración bajos sus aspectos políticos, religiosos
y filosóficos.

En 1816 Broussais publica una especie de gran panfleto contra la medicina


oficial titulado Examen de las doctrinas médicas generalmente adoptadas y de los
sistemas modernos de nosología.60 Es una crítica a la medicina que califica de
"ontológica" y en la que ataca la noción de fiebres esenciales proponiendo en
su lugar nuevas explicaciones que recibirán el nombre de "teoría fisiologista".

El libro parte de una crítica a Pinel cuyo tratado, Nosografía filosófica (1798),
era la referencia clásica de la medicina francesa. Esta obra, construida con el
modelo de las clasificaciones botánicas de Linneo, proponía un cuadro orga­
nizado pero abstracto, que remitía, como lo muestra Foucault, a "un espacio
racional" de la enfermedad, excluyente de médicos y enfermos. Para Pinel

59 Balzac, H., Fisiología del matrimonio.


60 París, 1821, 2 vol.; 3a.ec!., París 1829-1834,4 vol. Trad al español por C. Lanuza, 4 vol.,
Madrid 1827.

42
estos aspectos, que hoy parecen centrales, oscurecerían la pureza de la enfer­
medad a la que había que ubicar mediante la observación de los síntomas,
abstracción hecha de la particularidad del enfermo61. De este modo Pinel re­
dujo el análisis de las enfermedades a la confección del cuadro nosográfico
desconectado de toda teoría y de toda atención a la relación médico-paciente.

El tratado de Pinel, consagrado en su mayor parte a las fiebres, ofreció a


Broussais un flanco de ataque que éste no desperdició, en particular el de las
llamadas fiebres idiopáticas o esenciales.

Partiendo de una definición de la fiebre como "aceleración del curso de la


sangre producida por contracciones del corazón, con aumento de calor y le­
sión de las funciones principales"62, Broussais intentó mostrar que cada una
de las fiebres depende de una irritación local, cuya inflamación se sitúa en los
tejidos. Dejándose guiar por Bichat, por su Tratado de las membranas63, concede
gran importancia a la inflamación de éstas en la causalidad de la mayor parte
de las enfermedades crónicas y destaca en particular los trastornos gastroin­
testinales. Este postulado orienta la clínica en la búsqueda de una localización
de lesiones que determinarían modificaciones funcionales de un órgano o de
un tejido. Un síntoma, razona, lleva "a encontrar el órgano que lo produce, a
explicar cómo enfermó e indicar cómo ha de curar"64. Según Foucault, la pre­
gunta al paciente se desplaza de "¿qué le pasa?" a "¿adonde le duele ? "

La enfermedad no es más que un cierto movimiento complejo de los tejidos en reac­


ción a una causa irritante: allí está toda la esencia de lo patológico, porque ya no
hay enfermedades esenciales ni esencia de las enfermedades65.

A juicio de Foucault, en ese momento termina la medicina de las enfermeda­


des y empieza una medicina de las reacciones patológicas que dominará ese
siglo y parte del actual66.

En el momento de la publicación de su nuevo tratado De la Irritación y la locu­


ra67, Broussais ya es una figura mayor en la medicina francesa, es el abande­
rado de la propuesta de una medicina fisiológica.

61 Sobre este tema la tesis de J. F. Braunstein, Broussais et le matérialisme, Méridiens Klin-


cksieck, París, 1986, cap. 2.
62 Braunstein, J.F., op. cit., p. 28.
63 París, 1802, 2da. ed. 1816.
64 Ib id ., p. 37.
65 Foucault, M. El nacimiento de la clínica, op. cit., p. 268.
66 Ibid., p. 271.
67 Broussais, F-J-V. De la irritación y de la locura. Op. cit.

43
La polémica filosófica entre Broussais y Cousin

En 1828, la publicación de esta nueva obra de Broussais forma parte de una


ofensiva filosófica a partir del campo de la medicina y de la psiquiatría. En
realidad Broussais publica ahora contra Víctor Cousin68, que era en ese mo­
mento el cerebro gris de la psicología espiritualista, y de los peligrosos "inva­
sores" del campo "materialista" de la medicina. El libro está también en con­
tra de los anatomo-patólogos, en particular en contra de Laennec, cabeza
visible de los médicos ultra-religiosos y reaccionarios del momento. Brouss­
ais, como sus antecesores, Georges Cabanis y Josef Gall, sostiene la tesis de
que no es posible estudiar con fruto las funciones de la humanidad haciendo
abstracción de su organismo. La cuestión sobre la naturaleza y causas de las
enfermedades mentales estaba en el centro del debate. ¿Enfermedades del
alma o enfermedades del cuerpo?69

En este punto Broussais defiende la naturaleza orgánica, aunque fisiológica,


de las enfermedades, incluida la locura y propone la teoría de la irritación a la
que define como la propiedad fundamental de la fibra animal. Esta teoría
encuentra su primer esbozo consistente en las experiencias de Haller quien
distinguió la fibra muscular, irritable, de los nervios, dotados de sensibilidad
y de otros tejidos sin esas propiedades. Según Broussais, el error de Haller
habría sido no considerar que todos los tejidos tienen la propiedad de ser
excitables porque en eso consistiría la vida. Afirmación contundente pero que
adolece sin embargo, de base experimental y es meramente teórica.

Localmente la irritación se manifiesta por un aumento de la temperatura,


afluencia de líquidos y un crecimiento en volumen que Broussais llama "erec­
ción vital". Esas erecciones vitales transforman los sólidos en líquidos, los
líquidos en sólidos, y constituyen la "química viva" que se aleja de las posi­
ciones vitalistas de Bichat para establecer una teoría materialista de la vida.

¿Cómo da cuenta esta teoría de la patología? Lo hace en términos estricta­


mente cuantitativos, vale decir en términos de exceso o defecto: demasiada

68 Sobre este tema Cfr. Ardao, A. Positivismo y esplritualismo en el Uruguay, op. cit. Es un
libro que sigue siendo indispensable para situar hasta qué punto toda esta polémica fue
fundante del comienzo filosófico en el Uruguay de la joven Universidad de la República en
particular la enseñanza de Cousin y de Comte.
69 Para tom ar la dimensión de la antigüedad del debate, Cfr. J. Pigeaud, La maladie de Váme,
Ed. Les Belles lettres, París, 1989 y Padel Ruth, A quien un dios quiere destruir primero lo enlo­
quece, Ed. Manantial, Bs. As., 1997.

44
energía o falta de energía (Gastritis por excesos alimenticios o alcohólicos;
asfixias por falta de aire, de oxígeno, o muertes por frío, defecto calórico, etc.).
Las enfermedades mentales obedecen a la misma ley y -en este punto- el
objetivo de Broussais fue hacer de la psiquiatría una rama de la medicina,
contra los psicologistas que querían anexarla a la psicología.

Esta medicina fisiológica, constituye un sistema alternativo, propuesto por


Broussais, para luchar contra el "eclecticismo médico". El eclecticismo médico
de esos años no era un eclecticismo conciliador sino más bien un eclecticismo
crítico, como aparece claramente en esta carta firmada "iatros eklektikos" y
enviada por un médico a Broussais:

Los médicos más razonables trabajan para independizar a la medicina de toda


secta, de toda hipótesis, rechazando todo lo que es propuesto sin dem ostración, y
sólo proponiendo aquello que nadie puede rehusar admitir, según aquello que an­
tiguos y modernos establecieron sólidamente y sin lugar a dudas, y que su propia
experiencia les ha hecho constatar70.

Si la posición de Broussais en los primeros años de su enseñanza, se había


circunscripto al ámbito de la medicina, en 1828 en París, las coordenadas filo­
sóficas se han modificado y exigen otro tipo de intervención en el escenario
intelectual parisino ya que no se trata sólo del eclecticismo médico. Victor
Cousin, en su curso de historia de la filosofía, hace del eclecticismo un con­
cepto central de su propuesta filosófica.

Cousin había desarrollado un primer Curso de filosofía en 1818, luego de un


verano pasado en Heildelberg, en donde conversó largamente con Hegel. Su
proyecto era el de conciliar las grandes filosofías del siglo XVIII, Locke (ingle­
sa), Reid (escocesa) y Kant (alemana), partiendo de la afirmación de que todas
ellas están gobernadas por el principio de " análisis del pensamiento". Recién
en su Curso dé 1828 desarrolla su proyecto fundamental: presentarlo como
una filosofía de la historia. Ese año, Cousin explica que cada pueblo y cada
época tienen su idea propia y que la filosofía es su toma de conciencia. Su
eclecticismo deja de ser un intento parcial de conciliación de las filosofías del
siglo XVIII para proponerse como la filosofía de su época, el siglo XIX71.

Su propuesta conoció un enorme éxito y dio un nuevo contexto al eclecticis­


mo médico que tenía sus propios ribetes. En primer lugar porque cobra im­
portancia política con la Revolución de 1830, al ser encargados sus represen­

70 Citado por Braunstein, J.F„ Broussais et le materialismo, op. cit,, p, 91.


ti Ibid., p. 99.

45
tantes de elaborar la política sanitaria de la Monarquía de julio. Como lo re­
sume un periodista de la época:

...eclecticismo de alta razón, que abraza de un golpe de vista a todas las doctrinas
madres, que percibe sus puntos de partida y de llegada, que com prende sus esencias
así como mide su alcance, que sin excluir los sistemas, sabe elevarlos a su grado de
verdad respectivo, a ese eclecticismo que actúa, que no sólo juzga, sino que recons­
tituye a las ciencias (...)72*

De la irritación y de la locura, que aparece en mayo de 1828, inaugura, a juicio


de la investigación de Jean Frangois Braunstein, una violenta polémica con la
enseñanza de V. Cousin.

Para lectores com o Stendhal, fieles a los Ideólogos, a la Revolución o al Imperio, La


irritación... es la primera tentativa seria para detener la Restauración política, filosó­
fica y religiosa73.

Broussais se dirige a las jóvenes generaciones de estudiantes de medicina a


los que pone en alerta contra la psicología como pretendida ciencia de la ob­
servación interior cuyo campo estaría dado por los hechos de la conciencia.
La considera una amenaza para la medicina fisiológica, a la que pretendería
quitarle territorio, desconociendo que sólo ella puede dar cuenta de modo
global de los trastornos físicos o mentales, al considerarlos como fenómenos
unitarios resultantes de una misma causalidad: la irritación bajo sus distintas
formas clínicas.

Cousin, contento con tanto alboroto, escribe a Hegel diciendo que su curso
provocó "una verdadera insurrección del mundo materialista e industrialis­
ta." Sin embargo y a pesar del ruido, Broussais no obtuvo el éxito buscado en
el ambiente psiquiátrico de la época. Esto se debió a varias razones.

Una de carácter clínico: aunque como médico militar no debía faltarle la ex­
periencia del trato con las distintas manifestaciones de la locura, primó en la
descalificación de su teoría, el hecho de que no ejercía su práctica en ninguno
de los asilos de la época.

Pero la objeción mayor de los psiquiatras fue de otro tipo: las teorizaciones de
Broussais se habían edificado en contra de todo el esfuerzo de Pinel por cons­
tituir un lugar autónomo y específico para la psiquiatría. Broussais va a con­

72 ibid., p. 99.
72 Ibid., p. 94.
73 Ibid., p. 120.

46
trapelo de esta línea al hacer de la irritación la causa unívoca de las alteracio­
nes orgánicas, incluidas allí las enfermedades llamadas mentales. La psiquia­
tría por ese camino teórico perdía su especificidad.

Además Broussais, que afirmaba que la irritación era la causa de las enferme­
dades mentales y que "la alienación se acompañaba -y a menudo dependía-
de una gastritis crónica", no buscaba confirmaciones clínicas. Se puso tam­
bién en contra de los anatomo-patólogos, a los que ridiculizó porque sólo
pensaban la irritación con el modelo del flemón. En una palabra, para él, tras
toda alteración estaba la irritación. "La manía, dice en otro texto, supone
siempre una irritación del cerebro".

La explicación por la irritación permite mantener la importancia de las "sim ­


patías": "el cerebro no sufre nunca solo", se ve afectado simpáticamente por la
impresión recibida en las visceras y sobre todo en los órganos sexuales, que
son más sensibles a las "conmociones" morales. Estas causas morales de la
locura son "la pasión intelectual demasiado exaltada" y "los trabajos intelec­
tuales llevados demasiado lejos"74.

Hacer de la locura una enfermedad irritativa como las otras es para Broussais, qui­
tarle su carácter desesperante y decidir tratarla com o a las otras enferm edades. Es lo
que Comte entenderá cuando se felicita de las consecuencias terapéuticas de la apli­
cación del principio de Broussais a la locura75.

Cuando se desató en París una epidemia de cólera, las autoridades públicas


llamaron a Broussais. Sin embargo, la muerte de su cliente Casimir Perier,
presidente del Consejo, enterró en buena medida junto con él, a la teoría de
Broussais.
Los fracasos terapéuticos, en particular respecto a la sífilis (considerada sim­
ple irritación local) y al cólera, harán entrar en crisis a la teoría fisiológica. No
obstante, Comte hará perdurar aquello que él llamó "el principio de Brouss­
ais."

La intervención de Comte

Examen del tratado de Broussais sobre la irritación76: así aparece titulado el texto
de Comte en la edición que lo incluye como apéndice general del Sistema de

74 Ibid., p. 120.
7< Ibid., p. 51-52.
75 Ibid., p. 52.
76 Comte, A. Systéme depolitique positive, op. cit., Vol. 4, Apéndice, 6ta parte, p. 216-227.

47
Política Positiva. Se podrá observar que este título suprime la referencia a la
locura, presente en el de Broussais. No podríamos asegurar si figuró así en la
primera publicación de agosto de 1828. En todo caso esta fecha nos remite,
por un lado, a la pronta respuesta dada por Comte a la publicación del trata­
do de Broussais, fechada en mayo, y por otro a la recuperación activa de
Comte que por esta vía va a situar su reciente experiencia de la locura.

El artículo consta de unas diez páginas cuyas articulaciones mayores son las
siguientes.

Comienza por situar, a fines de siglo XVI, el inicio de la gran revolución en


marcha, cuyo objetivo principal consiste en la nueva forja de todo el sistema
de saberes, cada vez más liberados, primero, del imperio teológico, y luego,
del metafísico, para subordinar la imaginación a la observación y constituir,
por esa vía el sistema definitivo de la filosofía positiva. Subrayemos esta vo­
luntad, que no es rara en su época, de constituir un sistema del saber y pre­
tenderlo además definitivo. Estamos en la vecindad de Hegel, de Marx y de
momentos de grandes convulsiones sociales de algún modo percibidas como
finales.

En la revolución del conocimiento, la fisiología llega tarde pero Comte reco­


noce su hora, a partir de los trabajos de A. von Haller, Xavier Bichat, Pinel,
Cabanis y algunos más. Sólo que ninguno de ellos había logrado hasta
Broussais dar cuenta, con la fisiología, de los fenómenos intelectuales y afec­
tivos. Cabanis hizo intentos, también Gall, pero sólo Broussais, según Comte,
encontró la unidad de método para investigar al espíritu y al cuerpo y opo­
nerse, polémicamente, a un movimiento que desconoce la dirección del pro­
greso humano, el eclecticismo. Ese movimiento viene de la metafísica alema­
na y se ha constituido en Francia bajo el nombre de "psicología", como "pre­
tendida ciencia enteramente independiente de la fisiología(...)". Broussais
captó el peligro que corría la. juventud universitaria francesa, y mostró "el
vacío y la nulidad de la psicología". Broussais ha sido capaz de atacar la mé­
dula del psicologismo al atacar su "pretendido método de observación inte­
rior'^..,) y poner en evidencia que con ese método todo descubrimiento real se
tornaría imposible pues toma a "las sensaciones interiores como revelaciones
de la divinidad que llaman conciencia".

A partir de este franco elogio de Broussais, Comte va a matizar su posición


subrayando una serie de puntos que aquel dejó en el tintero -seguramente,
dice, por la premura de su intervención- ¿Cuáles son esos puntos?

48
El primero concierne a la imposibilidad de la auto-observación: se pueden
observar los propios órganos pero no los propios actos intelectuales pues no
se puede ser a la vez observador y observado. No puede el "individuo" par­
tirse en dos, argumenta Comte, uno que piensa y el otro que mira pensar.

En esta discusión entre psicología y fisiología, Comte hubiera querido que77...


Broussais... en su argumentación, señalara la pobreza de una psicología que
sólo considera al hombre adulto y sano, sin hacer referencias a la serie animal
ni al estado patológico.

Tampoco desarrolló Broussais la enorme distancia que hay entre la doctrina


fisiológica y las teorías metafísicas del siglo XVIII, en particular las de Condi-
llac y Helvetius, ni avanzó en una delimitación más clara del campo de la
fisiología. Por ejemplo, no disipó la confusión de Cabanis entre el estudio del
hombre individual y el de la especie, encarada como su desarrollo colectivo.
Comte aporta esa distinción, señalando que se trata aquí de dos ciencias, la
fisiología y la fisiología social, cada una de ellas con observaciones y método
propio.

Luego de estas críticas, Comte vuelve a elogiar el trabajo de Broussais al que


considera el fundador de la patología positiva, "es decir de la ciencia que
vincula los fenómenos vitales a lesiones de órganos o de tejidos". Por su­
puesto que esto es posible a partir del genio de Bichat que estableció el estu­
dio de las lesiones a partir de los tejidos y no de los órganos. Pero Broussais
dio un paso más al echar a la metafísica de su último reducto: el de las fiebres
esenciales. Broussais redujo las pretendidas fiebres esenciales a inflamaciones
de la mucosa gástrica e intestinal, desatendidas hasta ese momento por los
médicos. Broussais ha logrado, afirma Comte, con su tratado de la irritación,
producir una explicación de todas las enfermedades en términos de exceso o
defecto en la excitación de los tejidos. Además, Broussais prescinde -y esto es
señalado por Comte como un avance - de las vagas propiedades "vitales,"
aún mantenidas por Bichat, que son reemplazadas por el concepto de "irrita­
bilidad".

Después de algunas críticas formales sobre la oscuridad de la exposición y la


falta de método para coordinar las ideas, Comte no deja de señalar que aquí
está el germen de un tratado general sobre la vida en su estado normal y
anormal.

77 "(...) on desirerait qu'il eut fait

49
Llegado a este punto aborda entonces la segunda parte del tratado.'Tengo
poco que decir de la segunda parte de esta obra que trata de la locura". En
efecto Comte se expide en dos páginas. ¿Razones? "Es una aplicación muy
natural de los principios establecidos en la primera parte, la irritación especial
del cerebro"78. Encuentra además que esta parte está mejor hecha que la pri­
mera pero que "no arroja nada demasiado capital al estado actual de esta
rama de la patología". Nada nuevo, es decir que Broussais, al igual que los
demás fisiologistas, localiza la locura en el cerebro, aunque avanza en preci­
sión "sobre el estado de irritación cerebral que determina la alienación".

Comte defiende a Broussais de la crítica que se le hacía de subordinarlo todo


al estómago. En este punto se alia incluso a éste en contra de Gall que no ha­
bría tenido en cuenta "la gran influencia de las visceras digestivas y repro­
ductoras sobre el cerebro." ¿Fue acaso la apropiación de esta teoría, de la gran
influencia simpática ejercida por las visceras digestivas sobre todos los órga­
nos y en especial sobre el cerebro, uno de los factores que determinó en
Comte su nueva sintomatología (dolores de estómago y ya no de cabeza)? o
más bien ¿leyó con esta teoría ese trueque que le seguía mostrando la insis­
tencia rebelde de "algo" que se imponía a él y que decidía situar a partir de
estas coordenadas? ¿Puede situarse aquí un punto particular de anclaje trans-
ferencial de Comte con Broussais que conservaría su vigencia a lo largo de la
vida de Comte, como lo indica, por ejemplo, el lugar que le es asignado a éste
en la Biblioteca positivista?
Con Broussais, Comte encuentra un lenguaje para su experiencia. Sin embar­
go, el último punto del artículo marca una inflexión en las ponderaciones de
Comte quien señala que, en materia de tratamiento de la locura, poco aporta
Broussais -salvo añadir fuertes sangrías al comienzo de una crisis- y se
asombra de que, al recomendar como indispensable la internación en casa de
salud para el tratamiento moral del enfermo, Broussais no señale:

La extrema negligencia con la cual en dichas instituciones se conduce esta parte esencial de
la medicación79. Sin duda M. Broussais no ha podido observar con bastante cuidado
el mantenimiento en que se encuentran estos establecimientos. Si los hubiera estu­
diado por sí mismo, se habría convencido que, a pesar de las prom esas de sus di­
rectores, toda la parte intelectual y afectiva del tratamiento se encuentra de hecho,
abandonada por ellos a la acción arbitraria de agentes subalternos y groseros, cuya
conducta agrava casi siempre a la enfermedad que debieran contribuir a curar.80

78 Comte, A. Systéme de politique positive, (Será abreviado SPP), op. cit., Apéndice, 6ta parte,
p. 225. Las citas de las que no se da referencia pertenecen a este artículo.
79 Subrayado nuestro.
80 Comte, A. SPP, Apéndice, 6ta parte, p. 227.

50
Un discípulo de Comte, Charles Robín, cuenta que el filósofo volvía a menu­
do sobre este tema, y hablaba con sarcasmo sobre el tratamiento de la locura
con duchas y medios análogos. Recordaba también que si no lo hubiera cui­
dado su mujer, sacándolo de la clínica de Esquirol, se habría muerto "no por
la enfermedad de las meninges, por la cual estaba en esa clínica, sino por el
tratamiento"81. El hecho de que Broussais no trabajara en los asilos lo pone en
cierto sentido a salvo de esta crítica a los tratamientos; sin embargo él tam­
bién descuida, en su organicismo teórico, el lugar de la palabra de alguna
manera supuestamente presente en el tratamiento moral.

La crítica, hecha por Comte, al descuido del tratamiento moral de la locura es


una crítica a una medicalización reductora, sin poder saber bien por qué, de
ese lugar de la palabra en la locura.

Broussais en la biblioteca positivista

Si bien este es el primer artículo publicado por Comte después de su trato con
la locura, ni "el episodio cerebral" (del que estará orgulloso por saber utilizar
"las luces personales que esta triste experiencia acababa de procurarme1'82), ni
Broussais quedarán atrás en su obra. Al retomar el curso pocos meses des­
pués, éste se encontrará -especialmente invitado- en el público83. Más tarde
"el gran Broussais" va a ocupar un lugar eminente en el "Calendario positi­
vista", el 27 del mes de Bichat, y su obra forma parte de los treinta volúmenes
de ciencias que no pueden faltar en una "Biblioteca Positivista". El tratado De
la irritación y de la locura debe colocarse justo antes de las obras del propio
Comte. Este lugar de privilegio apoyaría nuestra hipótesis de que la acentua­
ción de los síntomas gástricos en Comte no estuvo fuera de este enlace trans-
ferencial. ¿De qué modo pudo afectarlo la muerte de Broussais ocurrida en
1838? Un indicio indirecto, podría ser la recrudescencia en ese año de sus
síntomas, y su angustia ante una posible reiteración de la gran crisis de 1826.

Si a fines del siglo XIX, el nombre de Broussais sigue siendo conocido aún por
Charcot, por ejemplo, ello se debió en parte a la popularización que hicieron
Comte y sus discípulos del llamado por ellos "principio de Broussais". Si
Broussais intuyó el lazo esencial entre patología y fisiología, es de Comte que
esta conexión, recibe su nombre y su enunciación:

81 Citado por Braunstein, op. cit., p. 215. Se trata de una carta de Ch. Robin, citada por
Littré.
82 Ibid., p. 215.
83 Comte señala que ese 4 de enero de 1929, al re-iniciar su Curso, estaban presentes, entre
otros, Esquirol y Broussais. Cfr. Comte, A. Philosophie des sciences, op. cit., p. 43.

51
El estado patológico no difiere radicalmente del estado fisiológico, res­
pecto al cual no podrá constituir, de ningún modo, algo distinto de una
simple prolongación, con límites más o menos amplios, propios de cada
fenómeno del organismo normal; nunca podrá producir fenómenos real­
mente nuevos que no tengan en alguna medida sus análogos puram ente
fisiológicos84.

Comte se reserva el mérito de haber construido "la fórmula general y direc­


ta"85 que resulta de los trabajos de Broussais. Este principio trae como corola­
rio que desde la patología se puede conocer la "normalidad" y retornar a ella.
Señala Braunstein, que el único ejemplo dado por Comte en su Curso, de este
uso de la patología, como referencia para mejorar el conocimiento del estado
normal, es el de "las alteraciones de la existencia cerebral", es decir la locura.
También en el Sistema Comte reconoce que la locura es "el caso más decisivo"
del principio de Broussais, diciendo: " yo sólo lo he extendido suficientemente
hasta hoy"86.

A las preguntas que bajo otras modalidades siguen hoy sobre el tapete, res­
pecto de si la locura depende del cuerpo o del alma, si es asunto de médicos o
de filósofos87, de médicos o de "psi", Comte con Broussais responde y se res­
ponde, al menos en esta época, la locura es asunto del cuerpo, es asunto mé­
dico.

¿Es esencial, procesual, incurable o reactiva y pasajera? Es pasajera, responde,


es una irritación. Como toda irritación obedece a un exceso y es pasajera.
Puede no dejar ni rastros. En el SPP mantendrá que razón y locura sólo difie­
ren por el grado de influencia que tienen en cada situación mental: se trata del
grado de objetividad o subjetividad en juego. En el "Catecismo positivista" al
igual que en el Sistema... la razón es considerada como un justo medio entre el
exceso de subjetividad, la locura, y el exceso de objetividad, la idiotez88. Ese
estado medio varía según los lugares, las épocas y las situaciones, depende
pues de variables personales y sociales, y sería eso lo que explicaría la varia­
bilidad en el diagnóstico mismo de locura. Comte encuentra la mejor ilustra­

84 Comte, A. Cours de philosophie positive (Abreviaremos CPP) op. cit., T. III, p.333. Citado
por Braunstein en p. 213.
85 Citado por Braunstein, p. 213. SPP, T.1,1851, p. 651.
86 Ib id ., p. 213. y SPP, T. II, 1852, p. 456: " (...) oü je l'ai seul assez étendu jusqu'ici. "
87 Cfr. Hadot, P. Exercises spirituels et philosophie antique, París, Etudes augustiniennes, 1987.
88 Canguilhem subraya que Comte no propone ningún criterio de norm alidad. Cfr. Can-
guilhem, G., Lo normal y lo patológico, México, siglo XXI, 6ta ed, 1984, p, 30.

52
ción de esa variabilidad y del principio mismo de Broussais en el Quijote, "la
incomparable composición de Cervantes".

Aunque Comte seguirá ocupándose puntualmente de la locura en la dirección


señalada por Broussais su posición, se irá alejando progresivamente de la
medicina. Paradojalmente, este distanciamiento se producirá a través de una
teorización sobre el cerebro que lo lleva a no considerar más a la locura como
algo de incumbencia médica, salvo del médico que ha pasado por la reforma
del entendimiento que supone la doctrina positivista.

Respecto al tratamiento de la locura, Comte mantuvo a lo largo de su vida un


fuerte resentimiento hacia Esquirol89 a pesar de que este, junto con Broussais,
Blainville y otros, asistieron en enero de 1829 a la segunda inauguración del
Curso. El único alienista que mantiene un lugar valioso para él es Pinel. To­
dos sus sucesores" están más ocupados, en general, en regentear a sus enfer­
mos que en analizar juiciosamente los fenómenos"90, no han avanzado nada,
ni en la teoría ni en los tratamientos, y son gente que en su mayoría," desde el
punto de vista intelectual o aún moral, están por debajo de los otros, al nivel
de su importante misión"91.

Nuestros pretendidos médicos no son más que veterinarios, pero peor educados
que estos, al menos en Francia, y por ende tan poco capaces de curar en form a or­
dinaria a los animales y a los hombres92.

En las cartas a sus discípulos médicos, propondrá entre 1850 y 1857 (fecha de
su muerte) una verdadera reforma del entendimiento de los médicos, para
que se conviertan en médicos positivistas, "practicantes dignos", ejerciendo
una verdadera función sacerdotal en la sociedad. Si bien en el Curso, la ana­
tomía, aunque subordinada a la fisiología, aún tiene su importancia, a partir
del SPP y sobre todo bajo la influencia de Clotilde de Vaux y del duelo en que
su muerte lo sumerge, Comte va a reformular su "teoría cerebral" subordi­
nando la biología a la sociología, el cuerpo al cerebro, el cerebro a la Huma­
nidad, y la Humanidad a sus muertos. De ahí surge una consecuencia:

El estudio de las enfermedades cerebrales, ya sea mentales o, sobre todo, morales,


indica indirectamente la irracionalidad necesaria de las concepciones relativas al

89 Carta de Ch Robín citada por Littré, en Braunstein, op. cit., p. 215.


90 CPP, p. 829-830. Citado por Braunstein, p. 215.
* Ibid.
92 SPP, T. II, p. 436.

53
hombre individual, mientras no sean éstas extendidas sistemáticamente a la vida so­
cial, sola en ser plenamente real93.

Reabre así junto con una crítica de la medicina, la cuestión de la causalidad y


del trato de la locura. Al poner en primer plano al hecho social Comte se ve
llevado, en su SPP, a una definición sociológica del cerebro, definición que
hace patente la punzante cuestión del duelo y la importancia relevante en sus
elaboraciones del lugar de los muertos. El cerebro, escribe:

es el aparato de acción de los muertos sobre los vivos (...) es com o una doble pla­
centa entre el hombre y la Humanidad 94.

La enfermedad, no depende ya de la fisiología individual sino de la fisiología


social. Por eso la enfermedad es una, occidental, social, fechada en sus co­
mienzos en el siglo XIII, y puede ser definida como "la rebelión permanente
de la razón individual contra el conjunto de los antecedentes humanos"95.
Aunque esencialmente mental la enfermedad se acompaña frecuentemente de
perturbaciones morales y agitaciones materiales. Esta concepción sociológica
y social del cerebro y de la enfermedad mental fue de algún modo objeto de
una intuición de Comte durante su episodio cerebral ya que "las luces perso­
nales que esta triste experiencia me procuró consistieron fundamentalmente
en una verificación de la ley de los tres estados teológico, metafísico y positi­
vo". Comte dice haberlos recorrido durante su crisis "en sentido inverso y
directo.96

Su episodio cerebral le habrá permitido la doble experiencia, condensada, de


una regresión del espíritu humano a sus estados iniciales y de su posterior
recorrido hacia el estado positivo. Ha adquirido una nueva perspectiva: la de
la reversibilidad de los fenómenos de la alienación a la luz del funciona­
miento de la ley de los tres estados. Comte convierte estas nuevas luces en
una propuesta a los médicos que habla de la necesidad de encarar una refor­
ma del entendimiento (médico).

Se trata del pasaje de una "biocracia" a una "sociocracia", que no sólo salva el
principio de Broussais sino que lo extiende a la vida colectiva:

93 Ib id ., p. 567.
94 Carta a Audiffrent del 12 de enero de 1855, citada por Braunstein, p. 217.
95 Citado por Braunstein, p. 217. Se trata de la 8ava. circular de Comte.
96 CPP, T. VI, p. X, citado por Braunstein, p. 215.

54
Porque el organismo colectivo, en virtud de su complicación superior, entraña per­
turbaciones más graves, variadas y frecuentes que las del organism o individual, no
temo afirmar que el principio de Broussais tiene que ser extendido hasta allí, y con
frecuencia lo he aplicado en ese terreno para confirmar o perfeccionar las leyes so­
ciológicas97.

Lo que comenzó siendo un principio de nosología médica deviene, como lo


señala George Canguilhem "un principio investido con una autoridad uni­
versal incluso en el orden político"98.

Algunos discípulos fundarán en 1848 la Sociedad de Biología, pionera en


Francia, en investigaciones biológicas y otros ocuparán cátedras importantes
en la Facultad de medicina99 haciendo trascender a lo largo de varias genera­
ciones la influencia de estas ideas de Comte.

El punto de llegada permite avizorar la diferencia de propósitos que se fue


perfilando con el correr de los años, entre la obra de Broussais y la de Comte.
Sin embargo, la tesis que siempre permanecerá como lugar de acuerdo in­
conmovible, aparece señalada desde el punto de partida, en una línea que
acompaña el envío de este artículo a su amigo y discípulo G. d'Eichtal, como
postdata a una carta del 9 de diciembre de 1828:

Le envío también los dos artículos que escribí en el "Journal de París" sobre la nueva
obra de Broussais que mata allí al psicologismoW0.

97 Comte, A. SPP, p. 651-653.


98 Canguilhem, G., Lo normal y lo patológico, op. cit., cap. sobre "C om te y el principio de
Broussais."
99 Sobre este punto Canguilhem G., Etudes d'histoire et de philosophie des sciences, Vrin, París,
1994, "L'influence biologique d'A. Com te", p. 71-75.
100 Subrayado nuestro. Cfr.Correspondance générale, T .l, p. 205.

55
La casa de Auguste Compe, 10 rué Monsieurle Prince, París en 1910

56
Capítulo cuatro

Vida privada, hecho público

En su intervención en el debate sobre la enfermedad y la locura, Comte no


hace ninguna referencia explícita a la experiencia que acaba de atravesar;
unos pocos indicios permiten atisbar, sin embargo, que escribe implicado en
ella. Años después al cuestionar la separación construida por la sociedad
burguesa entre asuntos privados y vida pública, comienza a dar en distintos
escritos, su versión de esos acontecimientos personales. De hecho, efectúa así
un tratamiento particular de dicha barrera.

Comte tuvo una manera muy singular de resolver la cuestión acerca de qué
hacía público y a quien. Esto comenzó en 1842 cuando hizo trascender los
tejemanejes de quienes según él, conspiraban contra su desempeño docente
acompañándolos de un cierto relato de su vida, incluyendo lo que nomina
como episodio cerebral de 2S26.101 A partir de esa fecha declaró perimida su
privacidad. Progresivamente una lógica se instaura y comienza a construir la
gran novela filosófica de su propia vida, como parte integradora de su misión
y de su enseñanza. Al respecto, escribe H. Gouhier:

No hay vida privada de A. Comte. Una escena de pareja, una querella académ ica,
una explosión sentimental, pierden banalidad cuando se piensa que podrían com -

101 Lacan señaló que también la entrada en análisis quiebra esa pretendida relación estanca
entre público y privado pues la presencia del analista instaura un estilo de relación a otro
que puede llamarse "vida analizante" y que no obedece a la división socialmente prescrita.
En un artículo titulado "Los públicos de Freud", M. Viltard estudia com o se produjo, para
Freud, la articulación de su decir con distintos tipos de públicos, que se encuentran dife­
renciados incluso con los matices de dos términos de la lengua alemana. Por un lado está el
Publikum, el pequeño público elegido para recibir sus primeras elaboraciones: así que de­
signa el lugar ocupado por Fliess; y por otra parte está el todo público, el Offentlichkeit al
que dirije su obra escrita, y en primer lugar la Traumdeutung. En el psicoanálisis, dos situa­
ciones clínicas plantean fuertemente la cuestión del público y de lo público: el final de un
análisis, final de la partida analítica, y el pasaje al acto en la psicosis. En ambas situaciones
se está ante un acto, es decir ante una puesta en juego que tendrá incalculables consecuen­
cias subjetivas, al punto que se podrá distinguir entre un antes y un después de ese acto.
Un Rubicón, com o los hay también en la vida de los pueblos.

57
prometer la misión. Discreto, el paseante preferiría no escuchar algunas confiden­
cias; pero el filósofo abre las ventanas y nos ruega que escuchemos. (...)La fórmula
de Comte: vivir a la luz del día, significa que todos los instantes de su vida son his­
tóricos.102

Llamó "Prefacio personal" al texto de 1842 en que aparece este cambio, y que-
como lo indica su nombre- es un prefacio al 6o y último tomo de su Curso de
filosofía positiva. Esté paso ha de situarse en referencia a la conjunción produ­
cida en 1826, entre el comienzo de ese mismo curso y su episodio cerebral. Ya
en la "Advertencia del autor" que encabezó el primer tomo de la publicación
del Curso, Comte dejó la huella escrita de una conexión entre su enseñanza y
su episodio cerebral103:

Este curso (...) se abrió por primera vez en abril de 1826. Luego de un corto número
de sesiones una grave enfermedad me impidió, en esa ép'oca, proseguir una em pre­
sa alentada desde su nacimiento por los votos de varios científicos de primer or-
den(...) Volví a retomar enteramente ese curso el invierno pasado, desde el 4 d enero
de 1829 (...)104.

Para situar el movimiento implicado en la escritura del "Prefacio personal" se


hace necesario seguir de cerca, al menos a grandes rasgos, los acontecimien­
tos que marcaron la vida de Comte desde 1829 hasta ese escrito que justa­
mente cierra la publicación del Curso. Someramente, pues, hagamos un reco­
rrido de esos 12 años, en sus aspectos públicos y privados más salientes.

En 1829, el acontecimiento público que marca la vida de Comte se produce en


enero con la reapertura de su curso. Están presentes Fourier, Blainville,
Broussais, Esquirol y algunos otros personajes de la época. El lugar ya no es
su pequeño apartamento sino el Ateneo. Cada una de las clases aparecerá en
fascículos y el discurso de apertura será publicado con una dedicatoria diri­
gida a Fourier y Blainville. "A comienzos de 1830 -plantea Gouhier- el posi­
tivismo había dejado de ser una filosofía de cenáculo"105. Comte comienza a
ser reconocido.

Mientras tanto en su vida privada, busca una situación económica estable sin
lograr nada mejor que continuar dando clases particulares. Su estado de sa­
lud no es bueno. Según Gouhier, si bien no padece más de dolores de cabeza,
sí tiene fuertes dolores de estómago.

102 Gouhier, H. La vie d'Auguste Comte, op. cit. p. 9-10.


103 Cabe destacar que esta nominación lleva la impronta de Broussais.
104 Comte, A. Philosophie des sciences, op. cit., p. 43.
105 Ibid., p.141.

58
La digestión de una comida ligera le lleva cinco, seis y a veces hasta siete horas du­
rante las cuales no puede realizar ningún trabajo serio; (...) un vómito fuerte termi­
na la experiencia luego de una o dos horas de estu d io .106

Las penurias económicas lo llevan a requerir la ayuda de su padre. Los pro­


blemas con su mujer se tornan álgidos cuando -según la "Addendci secreta a
su Testamento-" Caroline ofrece nuevamente "sus servicios" a un galán rica­
chón.

El año siguiente es un año de convulsiones políticas a las que Comte no que­


da ajeno. El 29 de julio el pueblo de París toma el Louvre y la caída de Carlos
X es inminente. El 31 de julio el Gral. La Fayette da su beneplácito al duque
de Orléans: Luis Felipe reinará durante ocho años. La acción popular se ve
frustrada.

El escamoteo de la victoria popular tiene un sentido: la República no es ni una can­


tante callejera ni una heroína de barricadas; es una hija de la ciencia y de la política
positiva. La monarquía agoniza porque las creencias teológicas han perdido su fuer­
za; la República vivirá cuando las certezas positivas sean la fe de los proletarios. La
verdadera revolución no es la de la gran noche sino la de los cursos nocturnos.
(...)Lo esencial ahora es que los obreros se cotejen suficientemente con la ciencia co­
mo para asquearse de la teología y la metafísica : y para que al mismo tiempo ad­
quieran la costumbre de ver a los científicos como sus padres espirituales.107

La posición política de Comte está alejada de todo movimiento conspirativo,


sólo anhela el surgimiento de un dictador que, entendiendo el sentido de la
historia, haga del mantenimiento del orden su misión, para hacer posible -
con esa tranquilidad- la construcción de la República. Esa no será la posición
de Luis-Felipe, a quien Comte dirige una carta advirtiéndole de su misión.
Con la misma lógica rehúsa vestir el uniforme de guardia nacional (por
pertenecer al Comité de la Asociación politécnica) lo que le ocasiona tres días
de cárcel. Lleva papel y tinta como para una muy larga estadía y casi que se
incomoda cuando lo ponen en libertad! En diciembre Comte, que es miembro
fundador de la"Asociación politécnica para la instrucción popular," comienza
un curso público y gratuito que mantendrá durante dieciocho años, el "Curso
de astronomía Popular".

En 1832 ha mejorado su situación económica con un puesto de "répétiteur"de


análisis y mecánica en la École Politechnique. Aspira también al puesto de se­

106 Gouhier, H. La vie d'Auguste Comte, op. cit. p.140.


™7 Ibid., p.143.

59
cretario permanente de la Academia de Ciencias. Dirige entonces una nota -
en vano- al ministro sobre la necesidad de crear una cátedra de "Historia ge­
neral de las ciencias físicas y matemáticas" en el Colegio de Francia.

Mientras esto da el tono a su vida pública, en su hogar las cosas no funcionan.


Caroline se va por cuatro o cinco meses, para retornar airada, cuando él se lo
pide. Más tarde Comte dará como motivo de este episodio la necesidad que
ella tendría de "una libertad desenfrenada y el despecho por no poder man­
dar a su antojo"108.

A pesar de estos episodios conyugales Comte avanza en la publicación de su


obra. Encuentra un editor y los sucesivos tomos de su Curso van apareciendo
año tras año. Las huellas de su malestar quedan en su Correspondencia, para
un restringido Publikum de amigos y discípulos.

En 1834, Francia se ve convulsionada por revueltas populares. El gobierno


decide tratar a todos los detenidos como conspiradores. Se forja un proyecto
para defenderlos con un comité de abogados y de personalidades republica­
nas. Comte forma parte de ese comité junto con Raspail, Blanqui, Carnot, La
Mennais, Arago, Barbes y otros.

La enseñanza en el ámbito de la École Politechnique (EP) atrae siempre a


Comte. En 1835 realiza la suplencia de una cátedra de análisis y otra de me­
cánica racional. Los alumnos están encantados. Es el mayor triunfo pedagógi­
co que podía esperar. Sin embargo en 1836, en las elecciones en la Academia
de Ciencias sólo recibe dos votos y su éxito con los alumnos no le da derecho
a la cátedra. Se lo compensa nombrándolo examinador para las admisiones lo
que lo llevará a viajar al interior de Francia, a partir de 1837. La situación
económica, sin ser maravillosa, se torna algo más desahogada. En 1838 publi­
ca el 3er. tomo del Curso dedicado a la química y a la biología.

En su vida privada se produce, en mayo, por tercera vez, una separación que
lo sumerge en una "indisposición intensa y más prolongada que de costum­
bre". Comte homologará esta crisis con la de 1826. Caroline vuelve luego de
tres semanas, pero esta vez Comte le dice que la próxima vez que se vaya la
separación será definitiva. Sin embargo, no cesa de mostrarse con ella más
tierno que nunca y en sus viajes anhela su presencia.

108 Ibid., p. 147.

60
A mediados de 1839 Comte tiene preparadas 72 conferencias de las que no ha
escrito una línea. Acababa de publicar el cuarto tomo del Curso y trata ahora
de abordar en la lección 47, los principios teóricos de la física social a la que
llama también "sociología". Las páginas escritas se irán multiplicando y el
sexto tomo, sin el prefacio, alcanzará las 854 páginas: a partir de 1838 parece
arrastrado en su escritura por la lógica del sistema que construye y cuyo rit­
mo ya no gobierna.

Cada uno de sus libros ha sido motivo en primer lugar de un largo conciliábulo in­
terior; todas sus facultades están en tensión; una reflexión ardiente fija las ideas y
subordina las conexiones; su memoria registra párrafos y lecciones hasta que un
corte es posible. Entonces los tipógrafos pueden prepararse; el volum en está hecho.
Comte escribe. Una única redacción, sin borrador, sin correcciones, y si se lo per­
miten las vacaciones, sin interrupciones. En cinco semanas escribió las trescientas
páginas sobre la astronomía; veintisiete días bastaron para las doscientas setenta y
seis que relatan, al comienzo del sexto tomo, los progresos del espíritu positivo an­
tes de su e r a .109

Estos esfuerzos lo agotan y acentúan sus momentos de exaltación o depre­


sión. Su humor se torna explosivo y no se trata de simples enojos. Pero algo
que concierne a su escritura, se pone en juego en esos momentos creativos en
los puntos en que su imaginación desborda en hipótesis de transformación
del mundo. Comte que a partir de 1838, se abstiene sistemáticamente -com o
regla de higiene- de nuevas lecturas,110 exalta su misión de educador supre­
mo, encargado por la historia de educar a la humanidad acerca de la nueva
sociedad positiva que tiene que surgir. Sus contemporáneos no son más sus
pares, su mundo sólo está poblado por alumnos. Cada día más intransigente
Comte denuncia a los falsos maestros marginándose más aún.

En el entorno familiar las relaciones se hacen más difíciles con su hermana,


con Caroline, con su padre. Su madre ha muerto el año anterior. Un día, Ca-
roline le consigue entradas para la Opera italiana. Se entusiasma. A partir de
entonces tendrá siempre su abono. De aquí en más canturrea sus arias y recita
en italiano a Dante, Petrarca, Ariosto y Taso por la melodía musical que en­
cuentra en sus páginas.

109 Ibid., p. 150-151.


110 "Sabes que por régimen filosófico me abstengo cuidadosam ente de lectura, para preser­
var mejor mi originalidad característica respecto a cualquier alteración. Salvo el informe
semanal de la Academia de ciencias, que ni siquiera leo a tiempo, sólo exceptúo a los gran­
des poetas de cualquier edad y nación." (carta a Valat del 10 de m ayo de 1840)

61
En 1839 Caroline se inquieta por la salud mental de Comte. Escribe a Blainvi­
lle que hay síntomas que la asustan:

(...)reproches groseros, palabras duras, violencias desproporcionadas, pueril y minu­


ciosa atención para probar y hacer sentir el poder del que gana, todo esto acentuán­
dose en el último año y aún más en los dos últimos meses"111

Comte acepta tomarse un descanso en su escritura pero en 1840 se lanza a la


conquista de una cátedra vacante. Se exalta, desafía por la prensa a sus ene­
migos a quienes promete avergonzar ante el público europeo. Trata a los
científicos de pobres personajes y proyecta entonces el texto que -dos años
después- desarrollará como prefacio al sexto tomo del Curso.

En 1841, publica el quinto tomo del Curso y comienza su correspondencia con


Stuart Mili. En este contexto escribe al Presidente de la Academia de Ciencias
una carta cuya lectura interrumpe luego de los primeros párrafos. Comte la
envía a los diarios y pierde la cátedra.

Pero estos fracasos confirman su misión: ser la víctima de una intriga anima­
da por las fuerzas nucleadas en la escuela matemática que se oponen al adve­
nimiento positivista, debido a que este propone una "operación filosófica, ya
mental, ya social, que destruye necesariamente la supremacía provisoria"112
de los matemáticos; grupo al cual Comte pertenece, por otra parte, y que es
integrado por aquellos con quienes compite por la cátedra.

En una palabra, los cabecillas de tal intriga no olvidaron detalle para indicar por
adelantado al Consejo politécnico que, si quería tomar una primera decisión a mi fa­
vor, tendría que sostener una temible lucha contra una corporación más poderosa,
que se mostraba dispuesta a mantener a cualquier precio, en esta grave ocasión, el
habitual monopolio de sus altas posiciones didácticas(...). Debía facilemente esperar­
se que el Consejo no se atrevería a comprometer en contra de la A cadem ia una coli­
sión tan desigual113.

Nuevas certezas se le imponen a Comte, como por ejemplo el nombre del


inspirador de sus enemigos: D. F. Arago114. Los fracasos en medio de las riva­
lidades, que efectivamente le cierran el paso a la enseñanza, se convierten por
su pluma, en hechos públicos que da a conocer en el "Prefacio personal "pues

111 Ibid., p. 156.


112 Prefacio personal, p. 448.
j 1 1 3 Ibid., p. 449
I 114 D. F. Arago nació en 1786 y murió en 1853. Fue un ilustrre científico del siglo XIX, ex­
alumno y luego profesor de análisis matemático y geodesia en la École Politechnique. A
partir de 1830 fue secretario de la Academia para las Ciencias matemáticas.

!
62
estos hechos, al igual que otros de su vida personal, incumben a su público de
lectores.

Siempre pareció conveniente que el fundador de una nueva filosofía diera a cono­
cer, directamente, al público el conjunto de su camino especulativo y también de su
posición individual.

El Prefacio personal al tomo final del Curso

Comte piensa entonces, que la historia de su espíritu no debe de quedar ex­


cluida de la historia del espíritu humano: el filósofo no tiene derecho a una
vida privada. Va a relatar, pues, su vida porque no se puede separar vida y
filosofía. Su vida es un capítulo de su sistema y sus distintos momentos ilus­
tran cómo se ha ido constituyendo para él, en una misión que -mediante el
descubrimiento de la ley de los tres estados- lo coloca en posición de elegido
para culminar la obra comenzada por Bacon y Descartes.

Los episodios de su vida ilustran las luchas del Espíritu y de la Humanidad, a


la que debe salvar. Cada episodio toma sentido en esta lógica: allí donde fue
excluido lee el complot de los defensores de la era teológica. Ubicado de este
modo desprecia a los miembros de la Academia, a Arago, a Poisson115, a las
instituciones y a publicaciones que se jacta de no leer.

Luego de 57 lecciones, Comte ha dado por terminada la historia del desarro­


llo del espíritu humano y ha llegado a la época contemporánea. Ha pasado
doce años produciendo ese texto. Demasiado, sobre todo respecto a la prome­
sa inicial. Entiende pues que sobre este punto debe una explicación. No pue­
de endilgar la demora en forma unilateral, ni a la crisis industrial ni a las
convulsiones políticas, sino que ha de considerar también los motivos "esen­
cialmente personales" que duplicaron el tiempo prometido. Por un lado la
operación filosófica se reveló más amplia de lo previsto pero además hubo
"graves obstáculos inherentes -dice- a mi situación personal". Por esta razón:

(...)debo llamar la atención directa aunque somera sobre una existencia privada res­
pecto a la cual me esforzaré en caracterizaren la medida de lo posible, su íntima
conexión con el estado general de la razón humana en el siglo X I X .116

A renglón seguido comienza el relato de su vida:

S -D Poisson, matemático que tuvo importantes cargos en '^ " s e ñ a n z a y contribuyó


co a varios tratados, ya clásicos, en el campo del anáhs.s m atem aüco. (1781-1840)
lie Comte, A., Correspondance Genérale, op. cit., T. II, p. 440-455.
Nacido en el Mediodía de Francia, de una familia eminentemente católica y m o­
nárquica, educado, por otra parte, en uno de esos liceos en donde Bonaparte vana­
mente se esforzaba en restaurar, con grandes esfuerzos, la antigua preponderancia
mental del régimen teológico-metafísico, había yo apenas alcanzado mis catorce
años, y -habiendo recorrido espontáneamente todos los grados del espíritu revolu­
cionario- experimentaba ya la necesidad de una regeneración universal, a la vez
política y filosófica, bajo el activo impulso de la saludable crisis que había precedi­
do mi nacimiento (...)

Prosiguen así, en este estilo de novela personal, las páginas del Prefacio. En
una extensa nota a pie de página Comte da su versión del "episodio cerebral":

El desarrollo inicial de esta operación oral estuvo dolorosamente interrumpido, a


comienzos de 1826, por una crisis cerebral, resultante del fatal concurso de grandes
penas morales con violentos excesos de trabajo. Sabiamente dejada a su curso es­
pontáneo, esta crisis hubiera rehabilitado rápidamente el estado normal, com o lo
mostró claramente lo que sucedió luego. Pero una solicitud dem asiado tímida e
irreflexiva, tan natural en estos casos, determinó desgraciadam ente la desastrosa
intervención de una medicación empírica, en el establecimiento del famoso Esqui­
rol, en donde el más absurdo de los tratamientos me condujo rápidam ente a una
alienación muy caracterizada. Luego de que la medicina, felizmente por fin, me de­
claró incurable, el poder intrínseco de mi organización, asistido con afectuosos cui­
dados domésticos, triunfó naturalmente luego de algunas semanas (...)Este logro
esencialmente espontáneo se encontraba tan consolidado dieciocho meses después
que, en 1828, valorando en un diario la célebre obra de Brousssais sobre la irrita­
ción y la locura, ya utilizaba yo, filosóficamente, las luces personales que esta triste
experiencia mé acababa de procurar a tan alto precio sobre este gran te m a .117

Y unas líneas más adelante se ve llevado a añadir:

Creo ser hoy lo bastante conocido como para que se impute a vanas preocupaciones
personales la osada confidencia que acabo de dirigir a todos los que sabrán apre­
ciarla.

Comte no ignora pues la osadía de un pasaje a todo público de ciertos aspec­


tos de su vida, pero eso no lo detiene. Busca un público, corriendo el riesgo
de ser tomado por loco.

A lo largo de las páginas que siguen se va acercando a la actualidad de sus


polémicas con el medio científico parisino, y se va advirtiendo que todo este
relato forma parte de su lucha por obtener una cátedra en la École Politechni-
que. Ante el cumplimiento de todos sus deberes profesionales se ha gestado

117 Ibid., p. 441-442.


una "m om entánea y suficiente coalición d e antipatías* q u e Se o p on en , 5„
/egítim o logro.

Para salir -en la medida que esté en mi poder- de esta intolerable situación, he creí­
do mi deber provocar, mediante este prefacio, una crisis decisiva respecto a mí, cu-
yo peligro, por más real que pueda ser, me parece menos funesto que la perspectiva
continua de una eminente opresión.

C o m te, en el último to m o de la historia de las ciencias, se en cu en tra ante el


d eb er filosófico de hablar de los científicos del m om en to. H acerlo im plica en
su perspectiva, "distinguir con cuidado las dos escuelas, esp o n tán eam en te
antagónicas, que se reparten en form a desigual hasta ah o ra, el im perio gene­
ral de la positividad racional: la escuela m atem ática (...) y la escu ela biológi­
ca ". C om p ren d id o por esta últim a, a quien p retende aliviar del do m inio de
los m atem ático s, C o m te lucha contra la "su p rem acía p ro v iso ria" de aquellos
Q^ue son sus co legas y rivales inm ediatos, en su propósito d e g a n a r la cáted ra
vacante de m atem áticas en la École Politechnique.

Para salir pues de la opresión de rivalidades, cu y a realid ad no ha de po nerse


en d u d a, necesita y pretende aliarse -m ed ian te este e sc rito - co n u n público,
"el público europeo", para criticar entonces, sin escrú p u lo s, a su s co n tem p o ­
ráneo s m ás cercanos. Está seguro de su victoria.

tn t r a así en una lógica de g uerra, que invade su vida co n y u gal, y a de p o r sí


bastante conflictiva y sucede que si su m ujer quiere deten erlo sospecha que
está aliada con sus enem igos. La vida en co m ú n llega a un tope; viven en
cuartos sep arad o s, com en separados. U na v ez m ás, C aroline quiere irse. Esta
vez él le recuerda su advertencia: la cuarta es la ven cid a. Ella decid e entonces
alquilar un apartam en to con el tercio de ganancias que él le p asará. El 15 de
junio se m arch a. M ás tarde él escribirá:

Ese día fue para mí terrible. Me sentí cerca de recaer en el espantoso episodio cere­
bral de 1826 por el concurso análogo de influencias perturbadoras.

Lo terrible ad em ás es la constatación de que -s i ella se v a - él no p u ed e seguir


escribiendo. Entonces le pide que regrese hasta que term in e el sexto to m o, y
de este m odo -d i c e - podrá evitar que coincidan co m o en 1826, la crisis inte­
lectual con la afectiva. N o es sólo un pedido, no le p asará dinero an tes de esa
fecha. Ella se queda pues hasta el I o de agosto.

Esta crisis tiene adem ás otra dim ensión, inaugural, y a no del Curso, sino del
advenim iento en su escritura de una nueva ciencia a la qu e d a n om bre: no se
trata ya de fisiología social sino sociología. El Curso no es m ás el pun to final

65
de su enseñanza filosófica pues ya tiene pro gram ad o s o cho volúm enes para
su siguiente escrito, el Sistema de política positiva. O tras obras m en o res serán
publicadas antes de esta que tendrá finalem ente cu atro volúm enes y a p a re ce ­
rá entre 1851-1854 con un título am pliado por una curiosa disyu n ció n : S iste m a
de política positiva o tratado de la sociología instituyendo la religión de la H u m an i­
dad, título que perm ite sospechar de los cam bios que se habrán de o p e ra r en
Com te entre este año, 1842, y aquella fecha posterior

En 1842, hubo pues p ara Com te una persecución que él refiere a su lugar de
fundador de una filosofía. Para contrarrestarla hizo pública su v ersió n de los
acontecim ientos centrales de su vida privada. Este llam ado al público debía
cum plir una función: la de p ro vo car una crisis en la querella de los saberes y
en la distribución del poder.

A lg u n as co n secu en cias

Al decir de quienes han profundizado en la época y la obra de C o m te, el P re­


facio personal" tuvo d esastrosas consecuencias. A ntes de su publicación el
editor pidió a C om te que realizase m odificaciones, por ejem plo, que sacase
las injurias contra A rago , que a su vez editaba en casa del m ism o editor.
Com te se rehusó. El editor está obligado por co ntrato a publicar lo que Com te
escriba, decide entonces ag regar una nota -"A v iso del ed itor-" en el que d es­
linda su posición. C om te se entera recién al recibir el texto y a publicado. De
inm ediato inicia una querella contra su editor. Quiere defender la cau sa p o r sí
m ism o y el 15 de diciem bre de 1842 se presenta ante el tribunal de co m ercio.
Lleva prep arad o un incisivo discurso y logra ganar el juicio; el editor debe
suprim ir la nota y pag arle una indem nización.

U nos m eses desp ués, en 1843, Com te debe ser reelegido co m o exam in ad o r de
adm isión en la E.P. La decisión se posterga y se crea una com isión p ara ex a ­
m inar su caso. Finalm ente, casi dos m eses desp ués, resulta reeleg id o pero
algunas m odificaciones estatutarias dan a la institución la posibilidad de ex ­
cluirlo en form a elegante. Al año siguiente, en efecto, prop on en una terna
para el carg o excluyend o el nom bre de quien lo ocupa. De este m o d o, en
1844, C om te queda fuera. Protesta enérgicam ente, sobre to d o cu an d o se ente­
ra que algunos de sus enem igos han hecho arg um ento de su "lo cu ra " en
contra de su reelección. C om te se defiende.

En m edio de este tem poral S tuart Mili que se ha conv ertido en su am ig o, le


p rom ete que cualquiera sea la solución a la que se llegue, él le aseg u rará
tranquilidad m aterial. C uando el Consejo se expide en co n tra de C om te,
S tu art Mili de inm ediato, h ace efectivo un cheque. El año queda a salvo. P ero

66
C o m t e r e h ú s a t o m a r m e d i d a s e c o n ó m i c a s c o m o le s u g i e r e s u a m i g o . P r e t e n d e

v iv ir d e un s u b s id io d e s u s d is c íp u lo s . S t u a r t M i l i e s tá m o le s to . L o s in g le s e s

a p re c ia n a C o m te p e ro no le r e c o n o c e n el lu g a r e s p ir itu a l q u e e s te re c la m a .

D e c id e n a y u d a r lo ' s ó lo una ve z m ás. C o m te ju zg a rá e s ta a c titu d co m o u n

a b a n d o n o , q u e lo s c o n v ie r t e e n c ó m p lic e s d e s u s e n e m ig o s .

M i e n t r a s t a n t o la o b r a r e c ié n p u b l i c a d a , e l Curso de filosofía positiva, fu e r e c ib i­

d a a n i v e l p ú b l i c o , p o r u n m u r o d e s ile n c io . N i n g ú n c o m e n t a r i o e n lo s d ia r io s

se h iz o e c o d e lo s s u c e s iv o s s e is v o l ú m e n e s q u e a l o l a r g o d e lo s a ñ o s s e f u e ­

ro n p u b lic a n d o .

P e ro e n 1 8 4 4 , se p r o d u jo un v ir a je . E m ile L i t t r é e s c r ib e s e is a r t í c u l o s s o b r e la

filo s o fía d e C o m te en Le National. E . L ittré es u n in te le c tu a l r e s p e t a d o : f i ló l o ­

g o , e ru d ito , p e r io d is ta de izq u ie rd a , tra d u c to r de H ip ó c r a te s , a u to r de un

D ic c io n a rio . S u in te rv e n c ió n h izo d e l p o s itiv is m o a lg o m ás qu e u n s is te m a ,

u n a e s c u e l a . 118

E n ese m o m e n to -e n o c tu b re d e 1 8 4 4 - C o m te , q u e se h a s e p a r a d o d e fin itiv a ­

m e n te d e C a r o lin e , c o n o c e a o tra m u je r. E llo o c u rre e n c a s a d e u n e x -a lu m n o ,

M a x im ilie n M a rie , en d o nd e e n c u e n tra a su h e rm a n a C lo tild e . C o m te se

e n a m o r a . T r a s t o r n a d o , t o m a la i n i c i a t i v a d e u n a d e c l a r a c i ó n a m o r o s a a la q u e

-c a s i d e in m e d ia t o - s e g u ir á una c o p io s a c o r r e s p o n d e n c ia . S e in a u g u r a así el

a ñ o 1 8 4 5 , q u e C o m t e l l a m a r á " e l a ñ o s in i g u a l ."

E l d e s t in o d e e s ta r e la c ió n , d e te r m in a d o p o r la m u e r t e p re c o z de C lo tild e en

a b r il d e 1 8 4 6 , d a r á un g ir o a ú n m á s a c e n tu a d o a l b o r r a m ie n to e fe c tu a d o p o r

C o m te de la d is tin c ió n e n tre su v id a p ú b lic a y m uchos a s p e c to s de su v id a

p r iv a d a . É l h a rá de su a v e n tu ra a m o ro sa y de su d u e lo u n a s u n to qu e con­

c i e r n e a la h u m a n i d a d . E n la c a r ta d e l 2 6 d e a g o s t o d e 1 8 4 5 , l u e g o d e a n a l i z a r

la r e la c ió n e n tre v id a p riv a d a y v id a p ú b lic a "ta n b ie n a r m o n iza d a p o r lo s

c a b a l le r o s d e la E d a d M e d i a " , le s e ñ a la a C l o t i l d e q u e r e s p e c to a e s a a r m o n í a ,

"h o y r a r a ," -y com o e fe c to d e l e n c u e n tro con e lla - él h a lo g r a d o "d e s p re n ­

d e rs e d e l e s ta d o d is c o rd a n te a n te r io r " .

U n artificio s in g u la r

La m a n e ra q u e tu v o C o m te d e p o n e r e n c o n tin u id a d a n te el p ú b lic o -e l g ra n

p ú b lic o - su filo s o fía y su v id a , a ú n s u c o r r e s p o n d e n c ia ín tim a y s u s a s u n to s

118 Gouhier H., La vie d'A. Comte, op. cit. p. 177-178.

67
privados, entraña una cierta manera de proceder que puede esclarecerse qui­
zá a través del artificio constructivo de ciertas máscaras.

Claude Lévi-Strauss describe un tipo de máscaras en las que algunos anima­


les son representados como si se los dividiera longitudinalmente, desde la
nariz, y se extendieran las dos mitades sobre la superficie chata, adaptándola
a la misma. Se obtiene de este modo un efecto de puesta en continuidad de
los volúmenes -llevados al plano- del cuerpo animal que habitualmente se
ofrecen en otra perspectiva. Franz Boas llamó a esto "split representation". Se
pueden ver por ejemplo cofres, que cerrados son el animal mismo y que al
desplegar la máscara se abren en dos mitades. Cuando una máscara de este
tipo se aplica al rostro humano el portador de la misma -a expensas suya-
exhibe la máscara que se desdobla en la "split representa tion". Esta máscara,
curiosamente, no enmascara sino que por el contrario muestra. Es casi un
decorado que se concibe para cada lado del rostro, y es por el decorado que el
rostro adquiere su dignidad y su significación social. La máscara permite
crear un personaje que muestra - mediante la máscara- aspectos que nor­
malmente la perspectiva oculta.

Lacan echó mano a este hallazgo antropológico para señalar una cierta situa­
ción del yo referido a imágenes yoicas que parecen desdoblarse como la ima­
gen presentada por este tipo de máscaras. Se trataría de una Spaltung del yo,
de una escisión, reveladora de una "debilidad del yo", que necesita crear su
doble.119 Escribe Levi-Strauss:120

No todas las culturas de máscara practican el desdoblamiento^..)E1 desdoblamiento


de la representación expresa la estricta adhesión del actor a su papel, y del rango so­
cial a los mitos, el culto y los pedigrees. Esta adherencia es tan rigurosa, que para di­
sociar al individuo de su personaje es preciso reducirlo a pedazos121

Según Lacan, André Gide fabricó, con su escritura, como "una máscara
abierta al desdoblamiento". Por extraño que parezca en un primer momento,
puede ser esclarecedor leer a Comte con Gide. Es decir que se puede llegar a
pensar que algo de la operación realizada mediante la escritura por Gide,
tiene algunos puntos de contacto con la operación comtiana.

119 Lacan hace esta lectura en "Gide o la letra y el deseo", en sus Escritos, a partir del análisis
que hace Delay del libro de Gide Le Voyage d'Urien.
120 Lévi-Strauss, C , Antropología estructural, la . Ed. Plon, París, 1958. Ed. Paidós, 1984.
Ibid., p. 290.

68
A. Gide encontró una cierta manera de escribir con la que habría apuntalado
un desfallecimiento imaginario. Este es el punto que Lacan intenta circunscri­
bir. J. Allouch data en el I o de enero de 1884, el desplazamiento a partir del
cual Gide centra su vida en la producción de su obra. En esa fecha un pájaro
se posa sobre su gorra, "a la manera del Espíritu Santo", y Gide en forma
cuasi-delirante interpreta esto como signo de su elección, de estar elegido,
para la realización de una gran obra, tras los pasos de Goethe. Allouch marca
aquí el pasaje del matrimonio blanco de Gide con su prima Madeleine, a la
hoja en blanco ante la cual se inclina el escritor, desplazamiento que "hace
posible la erección de su obra".122 Gide va a buscar la unidad del lado de un
estilo que presentifique en el siglo XX a la belleza del estilo clásico.

Se puede encontrar aquí el punto de cruce con A. Comte. A lo largo de su


vida el filósofo manifestó una gran incomodidad -"discordancia"- respecto a
la escisión entre lo que llamaba su vida privada y su vida pública. Las confe­
siones y los pasajes abruptos al público como en el "Prefacio personal", se­
ñalan una vía fallida para reconciliarse con cierto personaje que no cesaba de
resultarle problemático en su división.

Comte, que buscó primero fundar la unidad del saber con la constitución de
un sistema, se encuentra -hacia 1842- ante los límites de su apuesta: no habrá
unidad de la ciencia del lado del objeto, ni la habrá del lado del método.
Comte se vuelve entonces hacia el sujeto, busca constituir un método subjeti­
vo y ese movimiento va acompañado por la progresiva reformulación de
fronteras entre la vida privada y la pública. Como la máscara desdoblada
muchos aspectos de su vida comienzan a funcionar como elementos de ese
personaje que entrega al público en pro de su misión. Casi todo en su vida, se
torna así objeto de enseñanza exotérica123.

Construye de este modo, al modo de esas máscaras, "la novela filosófica "de
su vida como la llama H. Gouhier, "la gran ópera de mi vida", según su pro­
pia expresión. La puesta en continuidad a través de la escritura, de ciertos
aspectos de su vida es inseparable de la constitución de ese personaje mesiá-
nico que ofrece al público. El público es quien sostiene sin saberlo, la fabrica­
ción de su novela, en la que se inscribe poniendo en juego la lógica de una
misión.

122 Allouch, ]., Letra por letra, Edelp, Buenos Aires, 1993, p. 199.
123 Al respecto Grange, J., La philosophie d'A. Comte,
PUF, París, 1996, p. 22.

69
Comte va a dar incluso un paso más, cuando bajo los apremios dolorosos del
duelo por Clotilde, se verá empujado -lógicamente constreñido por esa falta-
a responder bajo la forma de una religión. Por paradójico que parezca -aun­
que quizá no lo sea tanto- el filósofo de la ciencia positiva se convierte enton­
ces en el pontífice de una nueva religión. Llevando aún más lejos este artificio
que crea la ilusión de un borramiento entre lo privado y público, Comte hace
entonces de su duelo, un duelo que concierne a la Humanidad124.

124 Comte escribe " Humanidad" así con mayúscula al constituir a esta abstracción en una
categoría conceptual.
Mme. Clotilde de Vaux

71
Capítulo cinco

Dos mujeres en la vida de Comte

Comte no se consideró nunca un galán. Hablaba de sí como de un hombre feo


e incapaz de desplegar las artes de seducción que pudieran hacerlo grato a
una mujer. Esta premisa determinó incluso la desventura amorosa de su ma­
trimonio con Caroline Massin, la mujer con quien compartió su vida entre
1825 y 1842. Sin embargo, el nombre de Comte trasciende en la historia de la
filosofía acompañado por el de otra mujer: Clotilde de Vaux125. El encuentro
entre ambos fue fugaz y cortado por la muerte. De estas dos mujeres Comte
habló y escribió: cuanto más elevó a Clotilde más ennegreció a Caroline. An­
gel guardián la una, demonio la otra. Casi restringida a su vida privada la
segunda y asociada por siempre a su obra la primera, ambas plantean la
cuestión de la relación entre la vida amorosa del filósofo y su obra.

Según H. Gouhier la primer mujer que atrajo al joven Auguste, aún Isidore, se
llamó Emestine y ello ocurrió en Montpellier antes de su ida a París:

La llamaban Emestine. Se llamaba Joséphine-Jeanne-Ernestine-Goy. (...) Tenía


veinte años cuando él tenía quince. (...) Ella lo quería com o a un am igo de infancia
aún niño. Él la amaba como a una amiga de infancia hecha mujer. (...) Em estine to­
caba el arpa y le revelaba la lengua de Dante126.

Luego Comte se fue a París, y allí se enamoró de una italiana, Pauline, cuyo
apellido ignoramos quizá porque era una mujer casada, algunos años mayor
que él. Con ella, la música y el italiano siguen siendo la lengua del amor.
Ocho meses después ella queda embarazada y le anuncia su paternidad, a u n -.
que sigue casada. Comte escribe a sus amigos sin la sombra de una duda: va a
ser padre. En junio de 1818 nace una niña.

125 Al punto que el proyecto que presenta la obra de Comte en Internet, lleva el nombre de
proyecto Clotilde.
126 Gouhier, H., La vie d'A. Comte, op. cit. p. 49.

72
Un año después le escribe a su amigo Valat:

(...) desde el tiempo que no te escribo estuve inquieto por mi hija. Los m édicos ha­
bían llegado casi a condenarla; pero, desde hace tres meses, la instalé en el cam po y
me convencí que la enfermedad no tenía otra causa que no fuera el aire viciado de
París; está cada vez mejor y espero salvarla. Me ligo a ella cada día más, y espero
que esta hija del am or127 tendrá un día la inteligencia y la sensibilidad que las apa­
riencias fisiológicas me anuncian de ella. (...) En cuanto a mi am or, te darás cuenta
que con dos años de existencia ha de estar bien caduco; pero, bueno, la amistad lo
sustituye y el lazo que me inspira mi hija da a esa amistad un carácter párticular128.

En la misma carta hace partícipe a su amigo de sus reflexiones acerca de la


condición femenina129, y confiesa que su amor por Pauline se ha desgastado:

Comienzo a sentir mi libertad algo coartada por la asiduidad a la que acostum bré a
mi amiga, asiduidad que me creo obligado a mantener, por delicadeza, conciencia y
probidad, aún ahora que ya no me es tan agradable.

No se sabe más de esa relación ni de la vida amorosa de Comte hasta que en


su correspondencia aparece el relato de su encuentro con Caroline Massin.

Hombre casado

En abril de 1824, Comte escribe a su amigo Tabarié:

Querido amigo,
Recordarás haberme oído hablar, en otoño pasado, de una encantadora dam a a
quien daba clases de álgebra. Y bien, las clases dieron sus frutos, y la enseñanza ha
sido mutua, a tal punto que desde el 10 de febrero, vivimos juntos com o verdadera
pareja, y pasamos a ojos de todo el mundo por marido y mujer. (...) Me encuentro
muy bien hasta ahora con este nuevo tipo de vida, y - en este asp ecto- estoy más
feliz que nunca. Estoy algo atormentado por mi Caroline, por la realización de la
ficción matrimonial que hemos establecido, pero espero que se calm ará, y estoy de­
cidido -sea dicho entre nosotros- a no ir más lejos en este aspecto, pues aunque sin
prejuicios, com o tú lo sabes, creo que en esta circunstancia especial la cosa es poco
conveniente130.

127 Subrayado por Comte.


128 Comte A., Correspondance générale, op. cit., T. 1, Carta a Valat del 24. de setiembre de
1819.
129 Ibid., Por ejemplo: (...)" (ella)Reducida a ser un mueble o un adorno destinado al placer
y uso de su Majestad el Hombre que por la gracia de Dios y la fuerza de sus músculos
queda constituido propietario de ese animal doméstico llamado mujer".
ib id ., 5 de abril de 1824.

73
Primera noticia pues, de que el joven Comte esta conviviendo con una mujer
y que además espera evitar la formalidad del matrimonio. ¿Cuál es la cir­
cunstancia especial a la que alude y que lo haría inconveniente? Sólo muchos
años después, en la versión postuma que escribe sobre su matrimonio131él
mismo establecerá algunos hechos que, hasta ese momento, constituían el
"fatal secreto" de aquella con quien termina por casarse. Esta versión fue
escrita hacia el final de la vida del filósofo, en una época en que Caroline se
había tornado para él su "indigna esposa". Por su unilateralidad esta versión
recibió las críticas de Emile Littré quien -luego de su ruptura con Comte-
tomó la defensa de Caroline Massin. Pero veamos la versión de Comte:

La desgraciada con la que me casé el 19 de febrero de 1825, en la 4ta. alcaldía de Pa­


rís, nació en julio de 1802 en Chátillon-sur-Seine, de un com ediante y una com e­
diante de provincia, que nunca se casaron y se separaron rápidamente. Pasó su
primera infancia en París, en lo de su abuela materna, esposa de un honesto sastre y
que parece haber sido siempre una digna mujer, aunque no la conocí, porque murió
en 1819. Esta dama, viuda pues en 1813, fue incapaz de quedarse con su nieta, de­
vuelta entonces a su propia madre. Esta mujer depravada, tan desprovista de prin­
cipios com o de sentimientos, sólo se ocupó de su hija para vender su virginidad a
no menos -d e cía - de mil escudos132.

Reconstruyendo esta historia, Gouhier relata que efectivamente, cuando Ca­


roline Massin tenía 16 años, apareció en su vida un joven abogado, periodista
y conspirador llamado A. Cerclet, quien se convertirá con el tiempo en el
honorable secretario de la cámara de Diputados y que habría sido quien pagó
por la virginidad de la joven. De algún modo con eclipses y reapariciones,
Carolina va a depender de Cerclet durante toda su vida. En esta primera épo­
ca resulta inscripta en los registros que lleva la policía autorizando la prosti­
tución. Así la conoce Comte en 1819, como cliente acostumbrado a frecuentar
la Galerie de Bois, desde el tiempo en que se declaró ya aburrido de su relación
con Pauline.

Mi primer encuentro con esa joven ocurrió de un modo dem asiado característico el
3 de mayo de 1821, día de la fiesta oficial por el bautizo del Duque de Burdeos; era
en el Palais Royal, en la famosa Galerie de Bois. Después de haberla seguido aque­
lla vez, fui frecuentemente a pasar la noche en su casa de la calle de Saint-Honoré,
frente a la campana, cuando lo permitían mis posibilidades.

Tres años después, la "re-encuentra" instalada en una librería. A. Cerclet ha


regresado, le ha dado trabajo, e incluso un certificado de buena conducta.

131 En la "Addition secréte" que completa su Testamento.


132 Comte, A. Testamento, Maison A. Comte, 10 rué Mr. Le Prince, París.

74
Caroline quiere aprender (¿?) y Comte le enseña álgebra. ¡Pero también dará
clases de matemáticas a A. Cerclet!

En 1824, Caroline Massin vende la librería y se muda. Al poco tiempo está


viviendo con Comte y quiere convertirse en la señora Comte. ¿Por qué
Comte, que en la carta a Tabarié parece tener firme voluntad de mantener las
cosas en el nivel de la ficción matrimonial, dio el paso de casarse con esta
mujer?

Según Gouhier existieron varios elementos en este asunto que lo decidieron.


Ya no era un estudiante, debía darse pues un estilo de vida acorde con la
importancia social a la que aspiraba, y eso incluía el matrimonio. C. Massin
tenía la ventaja de ser huérfana, es decir de no agregarle el pesado trato con
una familia política. Era linda, inteligente, quería casarse... ¿por qué no seguir
el camino común?

Otro episodio no escrito, sino confiado a un amigo, M. Lonchampt, habría


sido lo que terminó de decidirlo:

Un domingo, mientras Comte disfrutaba de los encantos del descanso, sentado en


un restaurante con su compañera, apareció un hombre en el umbral de la sala que,
con gesto imperioso, hizo señas a la joven de seguirle; pálida, perdida, ella se diri­
gió, tambaleante, hacia la puerta. Auguste Comte se precipitó detrás, am enazador,
con fuego en los ojos. Ella le suplicó que se quedase sentado y que no interfiriera
entre ella y ese hombre. Era un agente de la policía que habiéndola reconocido que­
ría llevarla a la comisaría para hacerla condenar a 15 días de detención en la Cárcel
de Saint-Lazare pues las mujeres inscriptas estaban obligadas a presentarse a una
visita sanitaria cada dos semanas: en caso de infracción, se las buscaba activam ente
y se las castigaba severamente. El hombre cedió ante los ruegos y lágrimas de la jo­
ven, pero sólo después de saber su domicilio y recibir la prom esa de que, a la m a­
ñana siguiente, ella se presentaría en la oficina de costumbres. Cuando el agente se
fue, la joven estaba muy confundida: Auguste Comte salió de allí con la resolución
de evitar por todos los medios que semejantes escenas se repitieran. Al día siguiente
la joven fue a la comisaría y le explicó su situación al comisario. El se apiadó de ella,
le perdonó la pena y le explicó que sólo el matrimonio podía tacharla de inmediato
del libro fatal y devolverle su libertad133.

Este factor precipita el casamiento. Comte que no cree poder atraer a una
mujer, se coloca en posición de salvar a Caroline Massin. Salvarla de las pe­
nurias económicas -es la razón que da a sus amigos-; salvarla de la prostitu­
ción -es el secreto que no revelará hasta el final de su vida. ¿Qué esperaba a

133 Gouhier, H. La vie d'A. Comte, op. cit., p.136-137.

75
cambio? En una carta a su amigo Tabarié, de agosto de 1824, escribe lo si­
guiente:

Una mujer me es necesaria, lo siento, lo veo, física y moralmente, y una mujer que
yo pueda confesar y tener a la luz del día, pues la intriga, com o m odo de vida, me
asquea. (...) También sabe Ud. que ando poco en sociedad, veo pocas mujeres, tengo
tan poco de esa amabilidad indispensable, necesaria para con casi todas, dadas las
consecuencias de la frivolidad de la educación que reciben y las costum bres que tie­
nen; cuan pocas son, pues mis oportunidades de encontrar a una mujer que me con­
venga más, y menos aún de la que pueda obtener apego134.

Comte intenta así, con este matrimonio, hacer pública su relación con una
mujer, saliendo de este modo de los fugaces encuentros con prostitutas. Espe­
ra haber hallado un modo de encaminar su vida erótica. Llegado a este punto
escribe a sus padres anunciando su casamiento; pero enterados estos de que
los jóvenes cohabitan sin estar casados y de que no piensan realizar un ma­
trimonio religioso, niegan su consentimiento. Como siempre Comte sitúa la
disputa en el nivel filosófico, y sigue adelante.

Auguste Comte y Caroline Massin se casan en la alcaldía el 19 de febrero de


1825. Uno de los dos testigos elegidos por la novia fue A. Cerclet, abogado y
primer amante de Caroline. Fue él quien se ocupó de los trámites que borra­
ron a la joven "del infame registro".

En los capítulos precedentes,135 ya sea a raíz del episodio cerebral -ocurrido al


año de este matrimonio- ya sea en el relato que culmina con la separación del
matrimonio en 1842, el lector habrá encontrado algunos hitos que marcaron
los diecisiete años de vida común de esta pareja. Baste recordar que las difi­
cultades comenzaron a poco de casados como lo deja entrever la correspon­
dencia de Comte. Por ejemplo, el 16 de noviembre de 1825 luego de un viaje
que hacen a Monpellier escribe:

(...) La divergencia de caracteres, costumbres y hábitos, se reveló com o dem asiado


grande para poder resistir a un ensayo de relación directa e íntima, y sólo recogí,
com o pago a mi hermoso plan, una tendencia mal disfrazada a un alejamiento cada
vez m ayor136.

Pronto se ponen en escena las ausencias del hogar por parte de Caroline que
se revelarán luego como retornos a la prostitución (a Cerclet, quizá) para so­

134 Comte A., Correspondance générale, op. cit., T .l, Carta a Tabarié, p.115.
135 Cfr. cap. 2 y cap. 4.
136 Comte A., Correspondance générale, op. cit., T .l, Carta a Valat, 16 de noviem bre de 1825, p.
163.

76
lucionar entre otras cosas sus problemas económicos. Así comienza un largo
periplo que culmina muchos años después con la definitiva separación de
ambos. Una vez ocurrida esta, en 1842, algunos hilos perduran entre ambos:
ella recibe la pensión de Comte, asiste a su curso e intercambian un cierto
número de cartas, cada vez más duras por parte de él.

Pero el surgimiento de la actitud desdeñosa de Comte no pueda entenderse


sólo por lo que fue y no fue Caroline para él, sino que requiere además arti­
cularse con el descubrimiento que hace de otra mujer, de quien se enamora y
que la muerte le arrebata muy pronto.

En 1844 Comte está solo y dedicado a su obra; avizora una nueva etapa que
no puede emprender sin resolver algo del orden de un impasse. Si Littré escri­
be por su lado, ese mismo año, que "crear una filosofía positiva, es coordinar
la totalidad del saber humano de modo tal que se sostengan todos los hilos a
la vez (...)"137,Comte ha caído en cuenta de que esa unidad no es alcanzable
porque no hay unidad de método posible para lograrla138.

Por otra parte, también en esa época, ha señalizado el campo de otra disici-
plina, la sociología, y ha relativizado el lugar mismo de la ciencia. La ciencia,
afirma, no tiene finalidad en sí misma, "todo es para el hombre, como antes se
decía que todo era para Dios". En el lugar de Dios, Comte erige a la Humani­
dad es decir a la sociedad, al hecho social colectivo. Lo único que dura es la
Humanidad, lo único que importa es adherir a lo que no muere e "incorpo­
rarse a la Humanidad"139.

Ese año Comte comienza a escribir su nueva obra sobre política. Como otras
veces desde 1829, su cuerpo es el escenario de su angustia: en setiembre una
aguda erisipela invade su rostro. Permanece en cama diez días sin comer,
insomne, pero con una maravillosa lucidez y rapidez mental, prepara el plan
de su obra y anuncia que estará escrito en el verano siguiente.

En ese preciso momento conoce a Clotilde de Vaux140. Esta vez la vida de


Comte se verá trastornada de modo definitivo.

Comte enamorado

137 Quatre art, d.E.Littré, in A. Comte, Philosophie des sciences, op. cit., p. 360.
138 Este punto será desarrollado en el capítulo ocho.
139 Gouhier H., La vie de A. Comte, op. cit., p. 209.
Ibid., p. 2 1 3 - 214.

77
En sus notas íntimas lo primero que aparece de ella son sus ojos —"gli occhi
smeraldi"-.

La familia Marie, amante de la música, celebra veladas a las que Comte es


invitado. Clotilde, la hija, vive a pocos pasos de allí y asiste a esos encuentros
familiares. Ha sido abandonada por su marido, un jugador empedernido, que
se fue cuando las deudas lo desbordaron.

En ese encuentro algo se precipita para Comte y al día siguiente, el 30 de


abril, envía a la joven un libro, Tom ]ones, de Fielding -tema de la conversa­
ción en la víspera- y una carta. Es el comienzo de una frondosa correspon­
dencia que durará un año, "el año sin igual", el tiempo de una pasión que la
muerte de Clotilde interrumpirá abruptamente en abril de 1846.

De inmediato él la ama y la desea, mientras ella -joven treintañera- ve en


Comte -de casi 47- a un maestro, de cuya "superioridad" hace mención des­
de el comienzo. El malentendido se instala. El 15 de mayo ella le escribe:

Ud. tiene un corazón hecho para comprender el de una mujer (...) Acepto con felici­
dad el interés y el afecto que Ud. tenga a bien brindarme; y - en mi casa com o en la
de mis padres- espero probarle el valor que le otorgo. Mi situación de aislamiento
me ha llevado a recibir raramente visitas de hombres; las recibo a veces y será un
honor para mí contarlo en ese número (...). Reciba Ud. nuevamente la seguridad de
mi gratitud por sus bondades, y tráteme un poco como a una vieja am iga141.

Al día siguiente Comte está dispuesto a decir sí a todo lo que ella pueda pe­
dirle, incluso "a consagrarle abiertamente el íntimo afecto de un hermano
mayor". De esta "ab-negación" da una primer razón:

Yo no podría, ay, tornarme más joven, como tampoco Ud. señora, menos bella y
amable, para compensar un poco la disparidad fatal entre mi verdor moral y mi
m adurez física...

Sin embargo, espera que la calidad de su entrega atenúe lo que no vacila en


calificar de "obstáculo radical". Si puede así desafiar los prejuicios, no sólo de
la diferencia de edad sino también de la condición en que ambos se encuen­
tran en una sociedad en donde el divorcio no ha resuelto aún los vínculos
anteriores, ello se debe al carácter de excepción en que juzga hallarse. Excep­
cional el lugar fundante del filósofo, excepcional la mujer que "reanimando

141 Comte A., Correspondance générale, op. cit., T. III.

78
sus más dulces sentimientos privados, habrá eficazmente secundado su im­
pulso filosófico." 142

Sin vano afecto sentimental, mi querida amiga (acepte Ud. este título), poco ade­
cuado a mi carácter, sino más bien según una convicción razonada e íntima, me feli­
cito de la feliz coincidencia entre la dulce resurrección moral que le debo y la elabo­
ración naciente de mi segunda obra, la cual, lejos de sufrir por tal com petencia, val­
drá seguramente mucho más por ella, como una agradable experiencia ya me lo in­
dica (...) Me encuentro tan penetrado por esta saludable reacción que -si no me lo
impidiesen las conveniencias de la respetabilidad- no vacilaría en hacerle, algún
día, la dedicatoria pública de un trabajo en el que Ud. habrá indirectamente coope­
rado143.

Colocados ambos, por la vida, en esta situación, Comte no vacila en afirmar


que "estamos moralmente autorizados a encontrar la satisfacción posible del
corazón que hemos esperado tanto tiempo en el orden regular"144.

Este sesgo de su razonamiento pone en juego un aspecto central y rápida­


mente instaurado de aquello que espera de Clotilde: la liga con su obra. La
simultaneidad entre este encuentro absolutamente inédito en su vida y la
etapa crítica en que estaba respecto a su filosofía se transforma, mediante la
interpretación de Comte, en lazo significativo que le indica también el camino
de solución de los problemas filosóficos145.

Esta "inesperada situación" perturba fuertemente a Comte. Aparece el in­


somnio completo que no vacila en atribuir a la situación de su corazón:

Emociones preciosas, efusiones íntimas, lágrimas deliciosas, todo un conjunto de


afectos hechos más para ser sentidos que descritos y que contribuyen, en el silencio
de mis largas noches, para prolongar mi malestar físico pasajero, provocado ya, en
su inicio, cuando retomé mis trabajos esenciales. Pero, no cambiaría estos encanta­
dores insomnios por la salud más perfecta posible146.

142 Ibid., 17 de m ayo de 1845.


i* Ibid.
144 Ibid.
145 El contraste en este punto entre Clotilde y Caroline Massin aparece aqui veladam ente en
la carta al señalar la triste situación a la que se constriñó afectivamente quince años antes y*
que acom pañó la escritura de su obra. Sin embargo Comte olvida que, por ejemplo, él fue
quien le pidió a Caroline que no se fuera definitivamente mientras él no había term inado la
redacción del 6to. tomo del Curso.
146 Comte A., Correspondance générale, op. cit., T. III.

79
En este punto la actitud de Clotilde va a resultar determinante. Ella responde
en primer lugar con un silencio de cuatro días. A los dos días, Comte vuelve a
escribirle:

Me abstuve ayer de ir a verle, sea por respetar sus íntimas deliberaciones sobre mi
decisiva carta, sea para constatar, al menos por su silencio, a falta de una aproba­
ción más clara, que no le resultó chocante. Tampoco podré ir hoy, com o lo había
proyectado, debido a un insomnio más completo aún que todos los de la semana
pasada; no he podido dormir ni un instante, y esta vez resulta incuestionable que
esta perturbación depende sobre todo del estado de mi corazón147.

Al día siguiente vuelve a escribirle. Supone que a ella no le gustó la carta del
día anterior, por su indiscreta insistencia y teme haberla impacientado. En
esta nueva carta le asegura que no va a inundarla con billetes de este tipo, en
fin... todo esto lo atribuye a su "extraña inexperiencia" y le asegura ser capaz
de esperar "sin vana impaciencia el feliz momento de verla".

Ese mismo día, 21 de mayo, Clotilde por fin responde:

(...) Si no me hubiese acostumbrado desde hace mucho a esconder mi corazón, estoy


segura de que le hubiese inspirado aún más piedad que ternura. Desde hace un año,
cada tarde, me pregunto si tendré la fuerza de vivir al día siguiente... (...) Ahórrem e
las emociones, com o yo misma deseo evitárselas: no siento menos que U d148.

De inmediato Comte insiste en ir a verla. Clotilde acepta pero le advierte:


"espero sabremos evitar conversaciones embarazosas"149. No sabemos que
pasó en ese encuentro, pero al día siguiente Comte escribe una carta que no le
envía y que nos da la medida de su conmoción:

Mi estado de debilidad y agitación, bajo la influencia del insomnio y la abstinencia


se agravó un poco más aún en el día de ayer por el esfuerzo prem aturo de ir a dar
una clase. (...) Lo que sucede hoy constituye, a mi modo de ver, el m ayor aconteci­
miento de mi vida privada desde mi fatal matrimonio, el cual resultó, no de una
verdadera pasión, sino sobre todo de una irreflexiva generosidad, com o respuesta a
una confianza que me parecía extrema. Por m aduro que sea yo ahora, se trata real­
mente del único afecto, a la vez puro y profundo, realmente experim entado por mí
y al cual debo el no desaparecer sin haber comprendido dignamente estas adm ira­
bles emociones150.

147 Ibid., 20 de m ayo de 1 8 4 5 ,6 hs.


148 Ibid., 21 de m ayo de 1845.
*49 Ibid.
150 Comte A., Correspondance générale, op. cit., T.III.

80
Comte es muy explícito en esta carta: en la madurez de su vida, por primera
vez experimenta un afecto tan profundo. Su relación con Clotilde no rima con
ninguna de las anteriores: Ernestine, Pauline, Caroline, y con esta asonancia
parece escribirse la novedad.

Dos días después le envía otra carta151 en la que le comunica que su estado es
tan lastimoso que se verá obligado a suspender su curso del día siguiente, lo
que no ocurría desde hacía quince años. Comte está pues ante una situación
que reaviva en él los recuerdos de las angustias que precedieron al episodio
cerebral. Sin embargo, el miércoles 28 la correspondencia cambia de tenor y
dice estar dispuesto:

(...) a respetar los virtuosos límites que Ud. se vio forzada a recordarm e, cuando por
un momento mi pensamiento osó franquearlos (...) La grosería de mi sexo, me im­
ponía sin duda esta tormentosa transición para culminar en el puro estado de una
verdadera amistad, que la delicadeza femenina le permite a Ud. alcanzar directa­
mente sin ningún tipo de preámbulo152.

La carta muestra un giro de Comte del que se pueden señalar ciertos rasgos:
el destrato de su erotismo y la idealización de Clotilde y como consecuencia,
su anhelo de deserotización de ese vínculo para no perder su amor.

Clotilde responde153 acentuando el movimiento: consiente en verlo si "las


conversaciones embarazosas son puestas en el índex." Por lo tanto sólo se
hablará "de nuestras cabezas tratando de poner en ello la mayor alegría. El
resto -las úlceras de cada uno- ha de ser escondido". Dirigiéndose al caballe­
ro, la Dama lo conmina "a no retirarse del combate pues lleva las armas más
hermosas". La figura del amor cortés ha echado a andar.

De esta erótica se produce, como primer efecto, una nueva articulación para
Comte entre su vida privada y su vida publica. Este efecto se materializa en la
Carta filosófica sobre la conmemoración social154 escrita para Clotilde de Vaux en
el día de Sta.Clotilde, su patrona.

La musa filosófica

151 Ibid., 24 de m ayo de 1845.


152 Ibid.
153 Ibid., 29 de m ayo de 1845.
154 Ibid., 2 de junio de 1845.

81
Esta carta, primera manifestación pública que realiza Comte dedicada a Clo­
tilde155, expone en forma articulada tres puntos esenciales: el importante lu­
gar que ocupa la conmemoración de los muertos; la preocupación por volver
a situar la relación entre lo público y lo privado, y el lugar de la(s) mujer(es)
en la vida social.

Comte subraya el lugar acordado, en todas las sociedades, "a la veneración


regular de los antepasados públicos y privados", y sostiene que "la sociedad
humana se caracteriza por la cooperación de las sucesivas generaciones, pri­
mera fuente de la evolución de nuestra especie". Según él, el cristianismo
perfeccionó este culto y lo simplificó mediante la beatificación, "admirable
perfeccionamiento que liga felizmente la vida privada con la vida pública".
Esta conexión, efectuada post-mortem, se esboza mediante la nominación de
cada niño en el momento del bautismo y la adjudicación que se le hace de un
santo patrono y modelo.

Comte, que nació en el año VI de la República y que fue inscripto en el Re­


gistro civil el I o de Pluvioso, como los demás niños de esos años, no fue bau­
tizado. Sus padres, católicos pero realistas, se habían casado por la Iglesia en
secreto156. Hubo luego un casamiento religioso entre Comte y Caroline, pre­
sionado por su madre, casamiento que tuvo que ser precedido por un bau­
tismo. También en el momento del episodio cerebral él alude a una confesión
con La Mennais. Ahora Comte saca cosecha para la filosofía positiva de las
prácticas eclesiales.

La filosofía positiva postulará llevar a su perfección aquello que instituyó el


cristianismo mediante la celebración periódica, en un nuevo calendario, de la
memoria de nuestros antepasados y la prescripción a cada uno de un modelo
a imitar. La nueva filosofía sería la única que estaría en condiciones de glori­
ficar a todas las épocas, a todos los lugares, a todas las condiciones sociales,
públicas o privadas.

La filosofía positiva popularizará el culto de los recuerdos (...) sin ninguna vana dis­
tinción entre el orden público y el orden privado. Toda existencia honorable podrá
aspirar a una solemne consagración, ya sea en el seno de la familia, de la ciudad, de
la provincia, de la nación, y hasta de la raza entera.

155 Comte no sólo la hace pública para la familia Marie, sino que, el 30 de junio, la envía
Stuart Mili para una posible publicación.
156Gouhier, H., La vie d'A. Comte, op. cit., p. 31-32.

82
Pero el día de Sta. Clotilde Reina de Francia, se presta también para exaltar el
papel de las mujeres. 157 Si la tarea social prioritaria no pasa, según el filósofo,
por una "estéril agitación política" sino por una "reorganización espiritual"
de la sociedad, esta transformación no podrá hacerse sin la influencia social
de las mujeres. Los cambios sociales van a necesitar cada vez menos del po­
der material y cada vez más de las influencias morales a las que son afines las
mujeres. Esto ya fue claro en vida de Descartes y no lo será menos en el siglo
XIX.

Una organización eminentemente afectiva predispone a las mujeres a secundar la


influencia moral de la fuerza especulativa por sobre la activa en el antagonism o co­
tidiano que dirige los asuntos humanos. Su propia posición social, exterior sin ser
por ello indiferente, en medio del movimiento práctico, las erige espontáneamente
en auxiliares de todo poder espiritual en contra del poder temporal correspondien­
te. ¿Cóm o vuestro sexo no terminaría por preferir una doctrina que hará necesaria­
mente prevalecer la adoración de las mujeres? La admirable caballería de la Edad
Media, comprimida por las creencias teológicas, no pudo nunca elevar ese culto
más que al segundo grado. Cuando la sociabilidad moderna haya cobrado su ver­
dadero carácter, la rodilla del hombre sólo se doblará ante la mujer.

A partir de esta carta, y fijados ya antes, ciertos parámetros del amor, algunos
efectos se producen en Clotilde: se torna confidente.

(...) Mi corazón está como mutilado; y, cuando le dije a Ud. que cada tarde me pre­
guntaba si al día siguiente tendré el coraje de proseguir en este mundo, eso es ver­
dad al pie de la letra. En nombre del interés que Ud. me inspira, le ruego, trabaje Ud.
en superar una inclinación que lo hará desgraciado. Un am or sin esperanza mata al
cuerpo y al alma; siega como a la hierba. Hace dos años que am o a un hombre de
quien me separa un doble obstáculo. He tratado de metam orfosear este funesto sen­
timiento en otro maternal, en ternura de hermana, en entrega; fue en vano, me devo­
ró bajo todas sus formas. Sólo pude comenzar a vivir cuando tuve el coraje de ale­
jarme. Hoy en día necesito calma y actividad. (...)

Clotilde no puede ofrecer más que un corazón devastado por otro amor,
"marchito". Entonces quizás, lo mejor sea decirse adiós.

Al día siguiente Comte responde a esta confidencia con otra158, haciendo una
analogía entre su situación actual y aquella que provocó su crisis de 1826, de
la que hace un largo relato al que añade la "confesión," nunca hecha a nadie,
de su intento de ahogarse en el Sena.

157 No deja de ser un tema recurrente en Comte desde el comienzo de su reflexión. Cfr. al
respecto las cartas de 1825 a Valat y a Caroline, en Correspondance générale, op. cit. TIII.
158 Comte A., Correspondance générale, op. cit. T. III, 1977, carta del 6 de junio.
Ud. debió enterarse por su hermano, y por otra parte, yo mismo, al term inar hace
tres años mi obra fundamental, declaré noblemente al público qué grado terrible al­
canzó mi perturbación cerebral por el fatal concurso de las emociones morales con
los esfuerzos intelectuales: sí, tendré el coraje de repetírselo, estuve loco, durante la
mayor parte del año 1826, a la edad de 28 años. Como la plenitud de su confianza
ha de provocar la mía, completaré esta indicación con una confesión que nunca hice
a mis amigos íntimos: durante la convalecencia de esa horrible enferm edad, fui, a
pesar mío, sacado del Sena!!
La calma de esta entera franqueza ha de disipar las inquietudes que podrían inspi­
rarle lo que (ahora) sabe de mi pasado. Sin duda, la crisis en la que estoy sum ergido
desde hace tres semanas debió agravarse, a mi parecer, por el sentimiento involun­
tario de las reales analogías con aquel espantoso episodio. Sin em bargo, nadie sabe
tanto com o yo hasta que punto ambos casos difieren en intensidad159.

La correspondencia se ha convertido para ambos en el nuevo método, en la


vía que transitará Comte para tratar de "eso" que en sus crisis parece retor­
nar, aunque ahora con una modulación diferente. Él incluso subraya un rasgo*
de esa diferencia, la confianza. "Nada tiene tanto poder sobre m í", escribe a
Clotilde en la misma carta. La confianza se opone al rasgo que ostentaba Ca­
roline: no era confiable. Esa revelación precedió lá crisis de 1826 y apareció
luego en las conductas mismas de Caroline, yéndose de su casa.

Ahora la situación es otra. Se trata de una demanda amorosa dirigida por


Comte a Clotilde, algo inédito comienza a tomar cuerpo en la escritura. Se
instauran encuentros relativamente frecuentes y una correspondencia amoro­
sa casi cotidiana, todo ello enmarcado por límites muy fuertes establecidos
por Clotilde, que se pone a resguardo de los embates de Eros. Así por ejem­
plo, propone a Clotilde: "yo seré su hermano mayor... y debo convertirme en
su padre espiritual".

La correspondencia entre Comte y Clotilde se hace algo más trivial y el


asunto de interés pasa a ser el inminente nacimiento de un sobrino de ella,
pues la familia ha dispuesto que ambos sean los padrinos de bautismo.
Comte propone nombres para un varón (Paul- Auguste-Charles) y dice a
Clotilde que haga lo mismo en caso de que nazca una niña. Piensa que de este
modo ambos van a asumir juntos una función parental.

Mientras esperan al niño, Comte mantiene una extensa correspondencia con


Stuart Mili, y Clotilde termina de escribir un folletín, L ude160, que envía al
periódico Le National. Se trata de la historia de un amor desgraciado: Lucie, la

159 Ibid.
160 Ib id ., "L u cie", p 4 2 7 - 438.

84
heroína, no puede ser salvada de la muerte a la que la conduce su pesar por
un infortunado matrimonio del que legalmente depende; ni siquiera sirve
para ello el encuentro con un nuevo hombre, Maurice. Ante ese texto Comte
se inquieta y pregunta a Clotilde si debe identificarla o no con Lucie. En ese
caso, él será su Maurice -más aún- él se propone salvarla ya, y ella ha de
saber que no se casará nunca con otra que no sea ella. El mismo día Clotilde
responde cortando en seco el nuevo avance amoroso. Comte acusa recibo:

Resignado a contentarme siempre con lo que Ud. tenga a bien acordarm e, no tema
más, querida Clotilde ninguna solicitación indiscreta de mi parte161.

Pero esto desemboca en una nueva crisis de Comte de la que hace el relato
sintomático en su carta del 31 de julio: ha vuelto el insomnio y su estómago
no soporta ningún alimento. Luego el 5 de agosto, escribe una larga carta
confidencial con la expectativa de lograr:

(...) una explicación definitiva acerca del verdadero carácter de esta mem orable cri­
sis, destinada a ejercer una influencia tan fundamental, sobre el resto de mi vida,
tanto pública como privada. (...) Estoy convencido de que el eterno afecto que pa­
rece sólo destinado a embelesar mi vida privada debe también mejorar notable­
mente mi vida pública. En una palabra, la armonía fundamental entre estos dos
órdenes de la existencia, que nunca había podido realizarse en mí hasta ahora, aca­
ba de constituirse al fin sobre bases duraderas (...)

A lo largo de varias páginas Comte reconstruye para ella su novela histórica,


con sus crisis, que fecha en 1826,1838 y la actual, 1845. En cada una identifica
"un síntoma material" que lo llevó, cada vez, a la abstinencia definitiva y
sucesiva del café, del tabaco y del vino. La solución que Comte espera ahora -
"la preciosa reacción filosófica"- sólo puede provenir de ella, en la mutua
amistad. No hay respuesta a esta carta y todo indica que la "santa amistad"
ha ganado una vez más la partida. Una carta del 26 de agosto deja ver a un
Comte que ya ha colocado a Clotilde en un altar.

En cada interrupción de mi trabajo su querida imagen vuelve a apoderarse dulce­


mente de mí; y lejos de estorbar mi meditación, la sostiene y la anima. Más de una
vez, al invocarla a Ud., en su altar , he sentido que surgían mis mejores inspiracio­
nes. (...) Los nobles caballeros medievales habían arm onizado tan bien su vida pri­
vada y su vida pública que la querida imagen venía a m enudo a embellecer y ani­
mar las escenas guerreras, de manera de permitir que surgieran las em ociones más
tiernas en medio de la desolación o del terror. (...) Tal arm onía se ha vuelto rara y
difícil por nuestra íntima anarquía (...) Habiéndome desprendido del estado discor­

161 Ibid., carta del 4 de julio de 1845. Todas estas cartas son del mismo año.

85
dante ¿por qué no resultaría de ello una feliz reacción personal, com o recom pensa
al servicio que brindo al público al sacarlo del atolladero revolucionario?162

La religión está cerca. Un niño ha nacido y se celebra su bautismo. Comte


escribe una carta pública para la familia Marie, sobre el alcance de este rito163,
y la familia Marie comienza a inquietarse. Clotilde le pide que acuda menos a
las reuniones familiares, pero Comte se considera ahora parte de la familia
pues padrino y madrina son la pareja protectora del niño. La celebración del
bautismo ha tenido un profundo efecto sobre su subjetividad: él estima que
de algún modo Clotilde se ha convertido en su "digna esposa espiritual". Por
esto cuando Clotilde termina una carta 164 en la que señala los resquemores
familiares y sobre todo se despide con un " le extiendo tiernamente la mano",
Comte siente que tanto él mismo como su obra están amenazados. Al día
siguiente las cartas van y vienen. Luego, silencio, y -el 5 de setiembre- Comte
acusa el retorno de los síntomas:

Desde ese brusco incidente, mi agitación convulsiva que cedía con calmantes, au­
menta. Esta perturbación, sin duda relacionada con la parte inferior de la médula,
se complica con debilidad, opresión y retorno de síntomas directam ente cerebrales
que habían desaparecido, como el insomnio, y a veces, una profunda melancolía,
como la de mi crisis nerviosa de mayo, aunque menor. La feliz velada de anteayer
me dejó una vaga y permanente inquietud, análoga a la que inspira la espera de
una gran desgracia: me parece que quieren impedirme que yo la vea, y en tal caso,
me pregunto ¿qué sería de mí?

La tensión de Comte produce, en la misma mañana, un vuelco en Clotilde


que le escribe diciéndole:

No quiero que Ud. vuelva a estar enfermo ni que sea desgraciado por culpa mía.
Haré lo que Ud. Quiera. (...) Desde mis desgracias, mi único sueño ha sido la m a­
ternidad; pero siempre me prometí no asociar a este papel sino a un hombre distin­
guido y digno de entenderlo. Si Ud. cree poder aceptar todas las responsabilidades
de una vida de familia, dígamelo, y resolveré mi suerte (...) Adiós. Cuídese y evite­
mos las emociones fuertes. Le confío la vida que me queda165.

Comte, que ha leído de rodillas ante el "altar", la "divina carta", demora su


respuesta... hasta el día siguiente. Se encuentra ante el acto más decisivo de su
vida, aunque su respuesta ya estaba esbozada en aquella carta del 3 de julio

162 Ibid., carta del 26 de agosto de 1845.


163 Ibid., carta filosófica del 28 de agosto, sobre la apreciación social del bautismo cristiano.
164 Ibid., carta del l°d e setiembre.
165 Ibid., carta del 5 de setiembre.

86
en la que, como Mauricio, se dirigió a su Lucie. Esa carta ha alimentado su
oración cotidiana y da ahora la tónica de su respuesta166.

(...) En una palabra, la considero, desde ayer, como mi única verdadera esposa, no
sólo futura sino actual y eterna. (...) En cuanto sea posible, me sentiré feliz de so­
lemnizar mi compromiso ante el magistrado temporal y el funcionario espiritual, en
una palabra, de hacerlo por cualquiera de las vías que se ha dado la Humanidad
para consagrar públicamente a los lazos privados.

y firma : "su devoto esposo".

Un día después, anota Comte, Clotilde le da una "respuesta verbal". Pero, la


inconsistencia de su posición aparece cuando, al final de ese mismo día, ella
le manda unas líneas que termina con un "Adiós, tierno padre".

Comte está dispuesto a tolerar la transición necesaria pero le pide, de rodillas,


una promesa irrevocable.

Dos días después, brevemente, Clotilde en un golpe de teatro, responde anu­


lando la escena matrimonial167. "Seamos de nuevo libres, al menos por seis
meses -añade- luego veremos". Entonces, él enfurece:

¿Qué? ¡imprevistamente me hace Ud. la promesa de una felicidad próxim a, la con­


firma el sábado, la elude el domingo y la retira el lunes ! ¿No es ello abusar un poco
del privilegio femenino? 168

Por una vez Comte rehúsa el lugar heroico al que Clotilde lo convida. "Soy
hombre y nada de lo humano me es ajeno" le responde, citando a Terencio, y
añade:

No me hable más de sacrificar mi felicidad a mi gloria (...). Los seres superiores no


deben diferenciarse del vulgo por las necesidades fundamentales sino por la m ane­
ra de satisfacerlas.

Le pide reconsidere su precipitada retracción. Ese mismo día Clotilde escri­


be169:

Si Ud. -d e cualquier modo que sea- me constriñe a ceder en el punto en cuestión,


no lo veré más por el resto de mi vida. Ud. no sabe a qué grado de exasperación me

166 Ibid., carta del 6 de setiembre.


167 Ibid., carta del 8 de setiembre.
168 Ibid., carta del 9 de setiembre.
169 Ibid.

87
empujaría una violencia de este tipo; una mujer que ha vivido largo tiempo en la
continencia no puede entregarse sino con entusiasmo o con la resolución de con­
vertirse en madre. Conozco el matrimonio y me conozco mejor que el primer cientí­
fico del mundo. No oponga la menor observación a mis sentimientos; no me harían
cambiar y me volverían profundamente desgraciada. Le suplico no me recuerde sus
derechos y sacrificios del domingo: uno y otro son ilusorios. No se actúa con una
mujer de 30 años como con una niñita. Me equivoqué, lo confieso, lo siento, lo sufro,
pero lo sufro demasiado para que Ud. me lo recuerde. Tenga dominio sobre Ud.
mismo, use sus poderes de hombre y no se imponga una continencia que Ud. con­
sidera perjudicial. Déjeme esperar que ni una palabra sobre estas cosas será pro­
nunciada entre nosotros por un largo tiempo. (...) No le recordaré que yo no veía en
Ud. sino al padre de un hijo y no a un amante. Nuestra conversación del domingo
cambió mis perspectivas sobre el tema: nada me hará cam biar de este nuevo plan
(••O

Y nuevamente Comte acata:

Esforcémonos pues, querida amiga, en olvidar como un sueño tormentoso, la crisis


abortada de la que salimos, para retomar apaciblemente el feliz curso de nuestras
relaciones cordiales170.

Ligado a ella "por la única pasión profunda jamás experimentada" Comte


siente que ella no puede cesar sino con su vida, por lo tanto, más cercano a
"Don Quijote que a Don Juan (...) vuelve a sus costumbres de noble y caballe­
resca ternura"171. Lo único que lamenta es que, por un momento ella lo haya
supuesto capaz de forzarla para satisfacerse. Ni en el vigor de su juventud se
hizo acreedor de tal reproche ¿tenía ella que pasar por tal suspicacia?

Durante los dos meses que siguieron -setiembre y octubre- ambos viven el
auge de esa figura del amor que han aceptado. Nuevamente se escriben: cher
Ami / Ma chére Dame y ciertos pasajes de la correspondencia se convierten
para él, en oraciones cotidianas; incluso un rizo del cabello de Clotilde meto-
nimiza su cuerpo. Le pide autorización para tutearla, tuteo que usa cuando se
dirige mentalmente a ella y llamarla por su nombre. Clotilde acepta esto úl­
timo pero no el tuteo, que dice repugnarle.

Ella escribe otro folletín,"Willelmine," y él se ocupa de su obra. Ahora van


juntos a la ópera, al Teatro de los Italianos, en donde él ha reservado dos bu­
tacas. Pero una nueva e inesperada tormenta va a estallar muy pronto. Justa­
mente al volver de la ópera, en una noche de octubre, Clotilde hace una con­
gestión. Se queja de asma y el 11 de noviembre, escupe sangre.

170 Ibid., carta del 10 de setiembre.


171 Ibid. .

88
A pesar del síntoma nadie se inquieta demasiado y Comte trata de algún
modo, durante ese tiempo, que Clotilde vuelva a considerar un posible com­
promiso entre ambos.

Pero en febrero 1846, Clotilde vuelve a escupir sangre. No quiere inquietar a


nadie y sólo confía en Comte, quien -creyendo en la opinión de su médico-
atribuye todo a las tribulaciones morales de Clotilde. En marzo el estado de
Clotilde se hace evidente. Comte critica a su médico, retoma la lectura de
Broussais y de golpe entiende: "Clotilde puede morir. Comte queda fulmina­
do.

Pero, una vez más la misión del profeta salva al profeta. Si Clotilde lo abandona,
Comte no abandonará a Clotilde: habrá que vivir sin ella para ella. El autor de la
Política positiva no tiene derecho a dejar errar el recuerdo de su am iga sin sepultura:
su obra será el monumento que asociará en una inmortalidad com ún al fundador y
a la inspiradora de la nueva ciudad172.

Las últimas cartas, las del mes de marzo, dicen el lugar cada vez más ideali­
zado que va ocupando Clotilde, a medida que su muerte se aproxima. Ya no
es sólo la tierna esposa, sino también la hija, la hermana, la amiga y la madre
de Comte173.

Luego de una falsa mejoría ella empeora, y pronto ya no se levanta más. La


última carta de Comte es del 20 de marzo, después -cada día un poco m ás- se
instala junto a ella, en medio de desavenencias con la familia Marie. El 5 de
abril de 1846, Comte está solo con ella pues ha logrado trancar la puerta y
dejar afuera al resto de la familia. Cuando sale Clotilde ha muerto. Comienza
entonces el interminable duelo de Auguste Comte.

172 Gouhier, H. La vie d' A. Comte, op cit., p. 233-234.


173 Comte A., Correspondance générale, op. cit., T.III, 1977, carta del 18 de m arzo de 1946.

89
RELIGION DE L’ H U M A N I T E

Fondée, sous l’angélique inspiration de Clotilde de Vaux,


par Auguste Comte
L ’amour pour príncipe et l’Ordre pour base; le Progrés pour but.
Ordre el Progrés Vivre pour autrui V ivre au grand jour

CLOTILDE
Les Pensées d’une Fleur
L ’Enfance
Les Sept máximes

PARIS
Maison de Clotilde de Vaux Maison d’Auguste Comte
5 rué Payenne 10 rué Monsieur-le-Prince
RIO DE JANEIRO
Église Positiviste du Brésil
74 rué Benjamín Constant
1990

La religión de la Humanidad

90
Capítulo seis

El duelo del filósofo

Hay experiencias personales que, por distintos caminos y con diversas moda­
lidades, están destinadas a trascender al público. El duelo de A. Comte por
Clotilde de Vaux tomó el cariz de un acontecimiento social de interés para la
humanidad. Se hace imprescindible entonces, analizar el movimiento que lo
llevó -desde la posición del doliente- a hacer un viraje doctrinal de tal mag­
nitud que transformó la propuesta filosófica del positivismo en la de una
religión, el neo-fetichismo positivista.

El dolor del duelo

Algunas cartas son reveladoras del ánimo con el que Comte transcurre los
primeros días luego del fallecimiento de su amada. Así, el 22 de abril escribe:

Siento que para mí terminó la edad de las pasiones privadas: no podía terminar con
mayor dignidad. Mi elevada misión social debe ahora absorberme enteramente, y
sólo ella puede suavizar mi eterno dolor. La íntima felicidad privada no existe más
para mí fuera de los inalterables recuerdos de un año sin igual. Que se me deje con­
sagrar, en paz, todas mis fuerzas al inagotable servicio de la hum anidad.

El 25 de abril menciona "el horrible acontecimiento de mi vida privada" y -el


6 de mayo- escribe una carta muy larga a Stuart Mili en la que entre otras
cosas, le confiesa:

He necesitado todo el poder de mis convicciones filosóficas contra el suicidio, forti­


ficado por el sentimiento fundamental de la alta misión social que me queda por
cumplir, para sobrevivir sin dudarlo a esta catástrofe174.

174 Comte, A., Correspondance genérale, op. cit., 1981, T. IV, p. 6.


Una vez más la idea de su misión viene a rescatarlo del suicidio. ¿Qué hace
entonces con su dolor?

Una de las primeras cosas que intentó en esos días -en un movimiento de
recuperación que se irá acentuando- fue pedir a la familia Marie que le fuese
devuelto todo lo que él le dio a Clotilde175 en especial libros, cartas y también
algunas pertenencias de ella, como el manuscrito de Willelmine. Pero la pérdi­
da que intenta aliviar de este modo es realmente incalculable y va mucho más
allá de tan magras posesiones. De algún modo comienza a balbucearlo: con
ella perdió no sólo a su Dama sino también un proyecto de sí y de su obra.
Por esto su muerte es también una catástrofe filosófica.

(...) sentía con delicias la admirable armonía espontánea de este afecto privado con
mi misión pública, en el momento en el que comenzaba una nueva carrera filosófi­
ca, en la que el corazón -com o yo se lo anuncié- tendría al menos una parte tan
natural como la del espíritu. (...) Ud. puede así concebir toda la inmensidad de mi
pérdida y puedo agregar que la humanidad no se encuentra en el fondo menos
cruelmente frustrada, aunque no pueda sospechar el verdadero valor del precioso
órgano que le ha sido arrebatado (...)176*

Comte, de duelo, va a crearse un estilo de vida en donde buscará de distintas


formas, no dar por perdido lo que perdió, no dejarlo partir de sí, ni desgarrar
de sí lo que con ella partiría si la dejase ir. Para ello instituye progresivamen­
te, un culto de los recuerdos para mantener viva con ellos a su amada. Va a
ritualizar de mil maneras los pormenores de su vida cotidiana, desde que se
levanta hasta que se acuesta, cada día de la semana. Dante -"altissimo poeta"-
es su guía, y aunque "reemplaza a Dios por la Humanidad para reconocer allí
el presentimiento espontáneo de nuestra existencia normal"177, su universo se
llena de ángeles guardianes. Durante varios meses permanece aislado, no sale
sino para visitar la "santa tumba", efectuar su curso de astronomía a los obre­
ros de París, y enseñar matemáticas.

El 2 de junio día de Sta. Clotilde, Comte escribe su primera Confesión. Es un


texto perdido hasta la fecha. Escribirá diez más, una para cada aniversario, y
cada año las lee públicamente -a veces está solo- en la tumba de Clotilde. La
pone al tanto de los acontecimientos del año, le expresa sus sentimientos...

Pero atengámonos aún a esos primeros meses de su duelo: por la vía del culto
a los recuerdos de Clotilde, y aún más a la mujer que Clotilde fue, Comte

175 ibid., T. III, 15 de abril de 1845.


176 Ibid., T. IV, Carta a Stuart Mili del 6 de mayo de 1846.
177 Ibid., p. 406.

92
logra sobreponerse a su dolor, al punto de encontrarse muy pronto a la altura
de su misión. Pero ¡no solo! sino con ella a su lado. La solución subjetiva se
perfila esta vez, no por el lado de la ciencia y el método objetivo, como en
1829, sino en la promoción de un culto a una mujer que erige como santa.

Experimento, para mi propio uso, la feliz eficacia moral de mi filosofía que hoy
brinda a mi fatal situación los únicos consuelos, organizando el culto familiar y
continuo de mis queridos recuerdos. Mi noble y tierna amiga había entendido que
la sistematización del culto de la mujer debía constituir uno de los principales re­
sultados sociales de la nueva filosofía. Era pues justo que la realización inicial de
esta atribución se aplicase secretamente a aquella que podía y quería volverse, de
alguna manera, la digna compañera del resto de mi vida178.

En una carta del 13 de setiembre de 1846, Comte relata que ha pasado el ve­
rano "recuperando su sistema nervioso del íntimo sacudón."

Soy yo (...) quien me encuentro ahora obligado a develar al m undo la eminente natu­
raleza del ángel desconocido que acaba de perder. El reconocimiento hace de esto un
deber personal, pues siento hasta que punto mi elaboración filosófica se vio profun­
damente mejorada por esta incomparable relación. (....) Mis íntimas satisfacciones
personales sólo pueden resultar de un culto asiduo, cotidiano, hebdom adario y men­
sual, de los puros y nobles recuerdos recogidos por mi corazón durante el año in­
comparable de virtuosa ternura recíproca. Forzado a renunciar a su eminente cola­
boración, logre yo al menos, ligar irrevocablemente su nombre al mío en el recono­
cimiento de la posteridad!179

Un mes más tarde, antes de redactar su nuevo Sistema de política positiva (SPP)
Comte escribe una dedicatoria de esta obra a la memoria de Clotilde. No lo
hace porque se trate de la próxima publicación, es mucho más que eso, como
lo señala Charles de Rouvre:

Todo el cambio venía de que, al amar a Clotilde, no podía concebir más a la ciu­
dad futura sin amor. Entonces la construcción social no podía tratar ya sólo de ri­
cos y pobres, de aristócratas y proletarios: era necesario, para que todo se ligara,
que hubiese un lazo de amor. (...) La muerte de Clotilde lo sorprendió en pleno
período de tanteos y esa muerte lo iluminó. (...) Por eso rompió el trabajo de un
año y re-hizo el comienzo de la Política(...)ÍS0.

178 Ibid., carta a Mme Austin del 26 de mayo de 1846.


179 Ib id ., p. 43.
180 Charles de Rouvre, L'amoureuse histoire d'A. Comte et C. de Vaux, París, Calm ann-Lévy,
1920. A gradezco a Danielle Arnoux haberme permitido encontrar en estas páginas el testi­
monio del sobrino nieto de Clotilde sobre esta historia de amor.
Fechada el 4 de Octubre de 1846, La Dedicatoria del Sistema de Política Positiva
(SPP) deja ver, desde su presentación y en sus quince páginas, el tenor pecu­
liar de su duelo.

Dedicatoria
DEL SISTEMA DE POLITICA POSITIVA

A la santa memoria de mi Eterna Amiga,

MADAME CLOTILDE DE VAUX (NACIDA MARIE)

muerta, ante mis ojos, el 5 de abril de 1846,


al comienzo de sus treinta y dos años !

Oh, nostra vita, ch'é si bella in vista.


Com perde agelvomente in un mattino
Quel che'n molt'anni a gran pena s'acquista!
(Petrarca)
RECONOCIMIENTO, LAMENTOS, RESIGNACION

París, domingo 4 de octubre de 1846


Noble y Tierna Víctima,
La constante pureza de nuestro afecto me permite hoy publi­
car este fúnebre homenaje sin disimular en modo alguno la augusta181 inti­
midad característica de nuestras últimas semanas182.

La Dédicace está marcada por la insistencia de una palabra: la armonía, armo­


nía de su corazón con Clotilde y armonía de su existencia privada con su
existencia pública; y por un reconocimiento, "la completa amistad no es real­
mente posible sino de un sexo con el otro, porque solamente allí puede des­
prenderse de toda rivalidad perturbadora183".

Desde el encuentro con Clotilde, la armonía está ahora más allá de la mera
simpatía, y esto trae como consecuencia una reformulación de su misión, al
autorizarse públicamente -como él dice- a reclamar "de tu sexo, además de

181 En el original: "l'auguste intimité". En estas páginas se destaca el retorno de este "a u ­
guste" como adjetivo al menos tres veces más: "L'auguste recom m endation" p.58, "l'au-
guste assimilation", p. 70 y "l'auguste destination" p. 72 que plantea la cuestión de si algo
en la relación de Comte con su propio nombre no se pone así en juego.
182 Comte A., Correspondance générale, op. cit., T. IV, 1981, p. 4 7 - 61.
183 Cfr. el cambio que esto significa respecto a lo que Comte sostenía en 1825 en una carta a
Valat, Correspondance générale, T. 1 ,11-4-1825: "Te das cuenta que no hablé aquí sino de los
lazos de hombre a hombre, los únicos completos, los únicos realmente duraderos, los úni­
cos donde la simpatía puede ser entera y que desgraciadamente, son en mucho, los más
raros" p.165.

94
una íntima simpatía, una activa e íntima colaboración Si la primera
parte de su obra estuvo marcada por la prevalencia del espíritu, -marca de
"mi sexo", dice- la segunda parte estará dominada por el corazón. El princi­
pio que puede establecer ahora el positivismo -gracias a Clotilde- es el de "la
armonía fundamental entre los sexos (...) y desarrollar por la vía científica las
activas convicciones masculinas y por la vía estética los profundos senti­
mientos femeninos". Pero:

La muerte, sólo ella, ha roto este noble plan. (...) Ah, si mi razón pudiera volver
atrás hasta ese estado teológico que sólo convino a la infancia de la hum anidad, esta
catástrofe alcanzaría para hacerme rechazar con indignación el optimismo provi­
dencial que pretende consolar nuestras miserias prescribiéndonos la estúpida adm i­
ración de los más espantosos desórdenes.

¿Y entonces? ¿Qué hacer con esa muerte?

Mi desgracia no implica consuelo ni diversión y no debo buscarlas. Com o lo dice


Vauvenargues, deplorando también él una pérdida prematura: quien se consoló no
ama más, quien no ama más es ligero e ingrato. Lejos de olvidarte, debo esforzarme
en suponerte viva, para seguir identificándonos cada vez más (...).

De ese modo Comte fundamenta su culto cotidiano, semanal, anual. Este es


un modo de tratar la falta de Clotilde y los obstáculos que provienen de esa
muerte. Escribe Charles de Rouvre:

Poco a poco, en el curso del primer año de duelo, él constituyó, una especie de
conjunto de oraciones cotidianas que corrigió y rectificó varias veces, y de la que
estableció la versión suprema (...) el viernes santo de 1857. (...) Así com o los oficios
católicos se encuentran entremezclados con textos escogidos (de la Biblia) (...) de
igual modo el oficio positivista está perlado de pensamientos de Comte, frases pro­
nunciadas en tal o cual circunstancia, y palabras de Clotilde o pasajes de sus cartas,
todo ello alternando con citaciones españolas, italianas y latinas. (...) La primer lec­
tura produce más bien una impresión de inenarrable com icidad184.

Sin embargo, la comicidad que así aflora no se encuentra subjetivada por


parte de Comte que sólo inscribe esta experiencia con carátula de tragedia.
Rememora la frase que cinco veces repitió Clotilde antes de morir: "Comte,
recuerda que sufro sin haberlo merecido". Esta recomendación, que aleja
toda sombra de culpa, le indica un camino para su vida, no se trata de volver
a su aislamiento anterior, sino de entender que en el trato con los muertos "el

184 Charles de Rouvre, op.cit. p. 300.

95
positivismo tiende a desarrollar el culto de todos los recuerdos, personales y
sociales, sistematizándolos más y mejor.185"

Si a pesar de mis esfuerzos, todas las imágenes se encuentran aún dom inadas por la
imagen final, ese cuadro doloroso me recuerda también los testimonios extrem os de
tu santa ternura.

La muerte no debe interrumpir la intimidad que se había instaurado; por el


contrario, todo el esfuerzo ha de ubicarse en prolongar aquello que duró poco
y el medio para hacerlo son los recuerdos.

Lo que Comte llama "im ágenes", son recuerdos particularmente precisos que con­
serva de Clotilde o de momentos pasados junto a ella, y que "evoca" con un ritual
apropiado. Hay treinta y una "normales" y veinte "excepcionales" (...) Según el día
de la semana, retoma una de esas "imágenes" como argum ento de eso que los de­
votos llaman su meditación186.

Han pasado seis meses desde la muerte de Clotilde "la crisis más dolorosa de
mi vida privada" y ahora sería frívolo, degradante para Comte, aceptar toda
otra vulgar intimidad187. De este modo aún muerta Clotilde, y para siempre,
Comte seguirá haciendo suya una vez más una erótica en la cual Eros no cesa
de deslizarse por las rendijas de su idealizado amor.

Cada día ante tu altar doméstico te repito con una convicción creciente, que tu
misma muerte consolida para siempre, el lazo fundado sobre mi afecto, mi estima y
mi respeto. La edad de las pasiones privadas acaba de finalizar dignamente en mí
por medio de nuestra irrevocable identificación. Debo entregarm e ahora a la noble
pasión pública, que desde el comienzo de mi juventud, entregó el conjunto de mi
vida a la gran regeneración.

Esta situación subjetiva no hará sino acentuarse en los diez años de vida que
aún tendrá Comte. La recompensa esperada es la de obtener, por su trabajo,
que el nombre de Clotilde sea inseparable del suyo en los futuros recuerdos
de la humanidad agradecida. La misión vira francamente de la primacía otor­
gada a la ciencia, que pasa a ocupar un lugar propedéutico, a la religión.

La modalidad social del duelo de Comte

185 Al igual que las citas sin referencia de estas páginas el texto pertenece a la Dédicace. ..
op.cit.
186 Ibid., p. 301-302
187 En una llamada Comte cita en español, este verso de Calderón: "E s hombre vil, es infa­
me, el que, solamente atento a lo bruto del deseo, viendo perdido lo más, se contenta con lo
menos".

96
Freud describió la práctica obsesiva com o una religión p articu lar; una fo rm a
suya de decir que las prácticas religiosas socializadas en las g ran d es religio­
nes cum plen una función análoga a la de la neurosis p ara el individuo188. En
este esquem a freudiano la distinción entre práctica pública y p riv ad a juega
un papel discrim inador entre una práctica patológica y un a p ráctica sociali­
zada.

En la experiencia de Com te, su respuesta religiosa al duelo, n o se aco m o d a a


esta diferenciación."N o hay "p etite histoire" a partir del m o m en to en qu e se
trata de C om te. T odo acontecim iento personal tom a p ara él un v alo r sim bóli­
co"189. C o m o ha hecho con otros acontecim ientos de su v id a "p riv a d a "190, h ace
de la m uerte de Clotilde no sólo su duelo, sino un acontecim ien to que le ha
ocu rrid o a la H u m anidad -p a s o decisivo en su p a rticu la rid a d - qu e él tiene la
m isión de h acer saber, y cuyos rituales de duelo social, y de v en eració n co ­
lectiva de los m uertos, debe instituir. Esto se pone en jueg o m ediante una
cierta m anera de decir, de en carar, de teorizar, sobre esa m u erte y sobre la
m uerte.

Al atard ecer, junto al fuego y a oscuras, el filósofo m edita a solas sobre sus
próxim as obras. En noviem bre de 1846 publica una nuev a clasificación, nuev a
jerarquización de las funciones cerebrales; y unos m eses m ás tard e en la se­
gunda confesión - 2 de junio de 1 8 4 7 - "la concep ción m ental y social de la
H um an id ad , de la cual la m ujer es la im agen fam iliar", se to rna central p ara
el co m pletam iento de su sistem a.

Sólo a este verdadero G ran Ser, del que som os a sabiendas, los necesarios m iem bros,
se referirán siem pre nuestras contemplaciones para conocerlo, nu estros afectos para
am arlo y nuestras acciones para servirlo191.

H ay un G ran Ser abstracto, la H um anidad, del cual C o m te p resenta al m u n d o


una im agen a v enerar, Clotilde. El sistem a filosófico se tran sform a en una
religión.

C onstruir un sistem a filosófico digno de ese nom bre fue una cuestió n crucial
para C om te d esd e su juventud. Así fue cuan do publicó los p rim ero s trabajos

188 Freud S., A cciones obsesivas y prácticas religiosas, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1986,
T. IX, p. 109.
184 Arbousse-Bastide, P., La doctrine de l'education universelle dans la philosophie d'A .Com te, 2
vol., París, PUF, 1957, T. 1, p.170.
im En particular con su episodio de locura. Cfr. al respecto el llam ado Prefacio personal
(1842).
m C om te A., Correspondance générale, op. cit., 1981, T. IV, 2da. confesión, p.114-119.

97
:on su firma y preguntó a Blainville si podía atreverse o no a llamar "siste-
na" a sus elaboraciones. No hay duda de que, desde esa época, puso en mar-
:ha una operación de construcción de un saber. Ese saber, con ribetes religio­
sos192, estuvo colocado prioritariamente, del lado de la ciencia. En su Curso, él
ntentó producir la síntesis del saber científico de la época, nueva enciclope­
dia de una historia de las ciencias vectorizada por la ley de los tres estados.
Puso así de manifiesto el trabajo de objetivación que realiza la ciencia en su
constitución y que excluye por exigencia metódica al sujeto mismo. Como lo
escribe en forma muy precisa,}. Lacan:

(...) el sujeto en cuestión sigue siendo el correlato de la ciencia, pero un correlato


antinómico puesto que la ciencia se encuentra definida por el no-éxito del esfuerzo
para suturarlo.193

Ese clivaje se revela particularmente problemático para Comte. No sólo como


problema intelectual, sino en su existencia cotidiana. A través de sus síntomas
y de sus crisis no deja de abrirse paso en él algo que no cesa de insistir como
un saber "discordante", según su expresión misma, y al que cree haber en­
contrado camino de solución definitiva a partir del encuentro con Clotilde.
Así le escribía, por ejemplo, el 26 de agosto de 1845:

Los nobles caballeros de la Edad Media habían logrado arm onizar tan bien su vida
privada y su vida pública que la imagen amada venía a embellecer y animar, a me­
nudo, sus escenas guerreras, dejando surgir las emociones más tiernas en medio de
la desolación y del terror. (...) Una armonía semejante se ha vuelto rara y difícil por
nuestra íntima anarquía, que impide de ordinario tanto a la vida privada com o a la
pública adquirir algún carácter pronunciado y sostenido, susceptible de tal acuerdo.
Habiéndome desprendido ¡al fin! de ese estado discordante, ¿por qué no resultaría
de ello una feliz reacción personal ? (...) Ese primer acto, o más bien esa obertura,
que dará el tono a toda mi inmensa ópera, consiste en representar sistemáticamente
a la vida afectiva com o el centro necesario de toda la vida hum ana, entre la vida ac­
tiva y la vida especulativa (...)194.

Comte transmite la experiencia de un resto subjetivo que insiste y reclama


tratamiento. En el encuentro con su Dama, creyó encontrar en el amor la solu­
ción, pero confrontado nuevamente a "eso", por su muerte, "eso" hace tam­
balear la construcción positivista de tal modo que lo lleva a reformular su
doctrina convirtiéndola en una peculiar religión. Con ella intenta hacer un
lugar a esa pérdida en un movimiento, que al menos en parte, la desconoce.

192 ^or ejemplo acerca de la función sacerdotal de los positivistas.


193 Lacan }., Escritos, "La ciencia y la verdad" México, Siglo XXI, 1971. P. 840.
194 Comte A., Correspondance générale, op. cit., TIII, p. 96-97.
E s t a s c o o r d e n a d a s in ic ia le s In s c r ib e n la p a r t i c u l a r i d a d d e e s ta n u e v a r e l i g i ó n ,

c u y o s r a s g o s h e m o s d e id e n tific a r a ú n . E s u n a r e lig ió n s in d io s , q u e se a p o y a

en una de la s e tim o lo g ía s de la p a la b ra : r e lig a r , u n ir , y hace del c o n c e p to

a b s tra c to de H u m a n id a d el c e n tro de u n c u lto que n o m b ra el lu g a r de la

u n ió n in c o r p o r a tiv a d e c a d a u n o a ese T o d o .

Su in s titu c io n a liz a c ió n p ú b lic a puede fe c h a rs e según A r b o u s s e -B a s tid e en

1 8 4 9 , 195 p e r o C o m t e l a h a c e r e m o n t a r a 1 8 4 5 :

El positivismo religioso, comenzó realmente en nuestra preciosa entrevista inicial


del viernes 16 de mayo de 1845, cuando mi corazón proclamó inopinadamente, ante
la familia maravillada, la sentencia característica ("no se puede siempre pensar, pero
se puede siempre amar") que completada se convirtió en la divisa especial de nues­
tra gran composición196.

C l o t i l d e m u e r t a e s la r e l i g i ó n d e C o m t e . P e r o n o e s s ó lo s u r e l i g i ó n p a r t i c u l a r .

A p r o p ó s ito d e a lg u ie n q u e a c a b a d e p e r d e r a s u m u je r , e n u n a c a rta d e l 2 9 d e

j u n io d e 1 8 4 9 , a s u a m ig o L a f f i t e , C o m t e e s c rib e :

En una palabra, predíquele sabiamente como recurso moral la nueva Religión pues
este título ha sido ahora proclamado ante mi público hebdomadario y acogido dig­
namente como fórmula final del positivismo197.

Es ta d im e n s ió n p ú b lic a del d u e lo que se d e s p lie g a al fu n d a r u na r e lig ió n ,

e s c in d e a s u s d is c íp u lo s . " L a f f i t t e es casi el ú n ic o , e n tre a m ig o s y d is c íp u lo s

d e C o m te , q u e c o n tin ú a fr e c u e n tá n d o lo d u ra n te el año 1 8 4 6 " 19 8. E l D r . R o b i-

n e t s e rá o tr o . L a s o le d a d d e C o m t e e s tá r e la c io n a d a c o n la e v o lu c ió n p e c u lia r

d e s u p e n s a m ie n to a p a r tir d e s u e x is te n c ia d e d o lie n te . L a p rim e r a fo r m u la ­

c ió n d e s u Síntesis subjetiva e n la q u e i n t e n t a la r e c o n s t r u c c i ó n d e s u d o c t r i n a ,

( 1 8 5 1 ) d a a le e r e s ta h u e l l a y a t r a e la s c r ític a s :

Algunas bizarrías del primer volumen de la Síntesis subjetiva dieron a veces la im­
presión que el último escrito de Comte podía ser separado del conjunto de su obra.
(...) Los críticos menos comprensivos ven gustosamente en ella una especie de ex­
crecencia monstruosa cuya única excusa es la de haber sido escrita al final de una
vida mentalmente inestable199.

195 Arbousse-Bastide, P, op.cit., 30d, T. 2, p. 348-351


196 Comte, A. 5éme. Ste. Clotilde.
197 Citado por Arbousse-Bastide, P, ibid., T. 2, p. 349.
198 Comte A., Correspondance genérale, op. cit., 1981 ,T. IV, p. XXXII.
199 Arbousse-Bastide, P., Ibid, T. 2, p. 470-473.

99
P e ro el te x to que m e jo r m u e s tra la p o s ic ió n e n u n c ia tiv a de su a u to r es
T e s ta m e n to . A l re s p e c to él m is m o s e ñ a la q u e " e s ta o p e r a c i ó n (la d e r e d a c t a r
e l T e s ta m e n to ) c o lo c ó a m i a lm a en la d i s p o s i c i ó n m ás c o n v e n ie n te p a ra m i

te rc e ra y ú lt im a c o n s t r u c c ió n ( ...) " . E s e f o r m id a b le t e x t o c o m i e n z a a s í:

Habitando una tumba anticipada, puedo desde ahora dirigirme a los vivos con un
lenguaje postumo, que se encontrará más liberado de los distintos prejuicios, sobre
todo teóricos de los cuales nuestros descendientes se verán preservados200.

Es ta o p e ra c ió n u b ic a f i c t i c i a m e n t e a C o m t e a n t e la p o s t e r i d a d a la q u e h a b la

d e s d e e l lu g a r im p o s ib le , re a l, d e u n m u e rto . E n el h a c e r sa b e r d e C o m te re -

p la n d e c e esa ve rd a d , cuya e n u n c ia c ió n a n tic ip a a Laca n . C o m te p e r c ib e el

la zo e s tr u c tu r a l e n tr e e l s im b ó lic o y la p u l s i ó n d e m u e rte , é l se d a c u e n ta de

q u e "e s e lím ite e s tá e n c a d a in s ta n te p re s e n te e n lo q u e e sa h is to ria tie n e de

a c a b a d a " 20 1.

S e r ía fa ls o p e n s a r e n u n C o m te m e l a n c o l iz a d o p o r e s te d u e l o . L a e la b o ra c ió n

que va h a c ie n d o de su r e la c ió n c o n C lo tild e le p e r m i t e a b o r d a r o tra s ta re a s

f ilo s ó fic a s . I n c l u s o la te r c e r a c o n f e s ió n c o n s e r v a la s h u e lla s de la s c o n v u l s i o ­

n e s p o lític a s d e 1 8 4 8 202. L a c u e s tió n p r o le ta r ia e s tá e n el o rd e n d e l d ía e n tre

lo s te m a s que in te rr o g a , a sí c o m o la fu n c ió n d e l E s ta d o . A l re s ta b le c e rs e la

R e p ú b l i c a , C o m t e a c o m p a ñ a e l m o v i m i e n t o f u n d a n d o la S o c i e d a d p o s i t iv i s t a .

In t e n t a t a m b ié n la c r e a c ió n d e u n a c á te d r a e n el C o llé g e d e F r a n c e d e H is t o r i a

g e n e r a l d e la s c ie n c ia s p o s it iv a s .

T o d a s e s ta s in ic ia t iv a s se a c o m p a ñ a n de una m u ltip lic a c ió n de r itu a le s y re ­

c o rd a to rio s qu e te n d rá n un d o b le a lc a n c e , c o m o s o lu c ió n p e rso n a l y com o

p ro p u e s ta r e lig io s a a la h u m a n i d a d . E n su a c o n te c e r p e r s o n a l C o m t e in s is te

e n c u l t i v a r l a i m a g e n d e C l o t i l d e y s u s r e c u e r d o s 203.

E n s u s e g u n d a c o n fe s ió n C o m t e d a te s tim o n io d e

Haber visto palpitar esa imagen permanente que, desde hacía un año, permanecía
inmóvil; espero que este signo de renacimiento no será ni pasajero ni parcial204.

200 Testamento de A. Comte, op. cit.


201 Lacan, ]., Escritos, "Función y campo de la palabra", op.cit., 1977, p.135.
202 Comte, A. Correspondance générale, op. cit. T. IV, 1981, p. 156-164.
203 En una oportunidad, en 1856, Comte se ve privado durante 10 días de la presencia de su
criada, Sofía. Compara entonces las imágenes que guarda de Sofía ausente con las de Clo­
tilde, muerta y concluye que la ausencia provocada por la muerte es más favorable a la
cultura subjetiva que la ausencia provisoria. (Citado por Arbousse-Bastide, T. 2, p. 517).
204 Comte, A. Correspondance générale, op. cit., T. IV, 1981, p. 119.

100
Y una página antes:

Desde que la fúnebre imagen comienza a serme familiar, las prácticas cotidianas y
hebdomadarias del santo culto que te he dedicado, se me han tornado cada vez más
saludables y me veo llevado a prolongarlas aún más.

Con los ritos hace frente al dolor por la muerte de su amada. Oraciones en
horas fijas, lectura cotidiana de la correspondencia, diálogos secretos, cultivo
de los recuerdos, instauración de un altar205, peregrinación semanal al ce­
menterio, etc., son maneras a las que recurre para mantenerla presente.

Ese movimiento lo lleva también a hacer de su religión, religión de todos.


Comte se sitúa misionado para ello. Instituye una serie de siete sacramentos
que detalla a Laffitte en una carta del 20 de agosto de 1849:

Son, en su orden cronológico, consagraciones públicas de la vida privada, caracteri­


zada en sus principales fases, así santificadas en nombre de la H um anidad, por m e­
dio de actos solemnes del sacerdocio positivista206.

Como sacerdote inaugura en 1850, el matrimonio positivista, que completa


significativamente con el compromiso de la "viudez eterna."

Vale la pena que nos explayemos un poco en el séptimo sacramento, la Incor­


poración. Se trata pues del destino del muerto. Luego de una encuesta, el
sacerdocio positivista del templo de la Humanidad juzga al muerto y decide
o no honrarlo trasladándolo al "campo de incorporación". Si se lo encuentra
indigno será relegado "al campo de exclusión". De este modo, por este rito,
cada muerto deja de pertenecer a su familia, para pertenecer a la sociedad de
donde emana toda regla de clasificación individual.

205 Se trata del sillón en el que se sentaba Clotilde y que aún puede verse en su casa-m useo.
206 Carta a Laffitte, 20 de agosto de 1849, en Arbousse-Bastide, P., idem, T. 2, p. 368-369. En
su Exposición pública del 19 de agosto de 1849 los presenta así:
1. La Presentación: nominación y padrinazgo.
2. La Admisión: marca el final de la educación.
3. La Destinación: entre los 25 y 28 años, cuando la carrera ha sido elegida. Se corresponde
con la Consagración de los Reyes.
4. El Matrimonio: centro de la vida sacramental.
5. El Retiro: a los 63 años. La vida activa es dejada en pro de la vida consultativa.
6 . La Separación: cumple la función social de la Extrema-Unción. Más adelante la llama La
Transformación, pues la muerte positivista sólo es una transformación de la vida objetiva
en vida puramente subjetiva.
7. La Incorporación.

101
La idea de incorporación es clave para Comte en la relación al muerto y a la
muerte. Durante la vida hay incorporación ritual en un solo cuerpo de la vida
privada y la pública por medio de los sacramentos, y hay una paulatina in­
corporación a la Humanidad, al Gran Ser, por medio de la educación. Esta
incorporación va a regir la erótica de su duelo, hasta permitirse su universali­
zación afirmando que el "más augusto destino" de la relación entre los sexos
tiene como finalidad, no la prolongación de la especie, sino el perfecciona­
miento mutuo. ¿Cómo lo entiende?

El instinto sexual se convierte entonces en un precioso medio para exaltar la amis­


tad hasta el am or pero bajo la condición de postergaciones sucesivas y casi totales
en la satisfacción material. De allí resultará el culto normal de la mujer, considerada
com o representando, en el elemento humano, lo que ha de prevalecer en la H um a­
nidad entera, el corazón y no el espíritu207.

El ensalzamiento de Clotilde lo empuja en una incoercible lógica a la formu­


lación de la doctrina, llamada de la Virgen-Madre, que ocupa un lugar central
en su religión y que plantea como la nueva "utopía"para la Humanidad.
Fundándose en consideraciones fisiológicas, altamente imaginarias, sostiene
que el progreso social definitivo consistirá "en sistematizar la procreación
humana, tornándola exclusivamente femenina". Los hijos, "emanados de
ella", nacerán de su "espontaneidad"208.

Curiosamente Comte considera que de este modo se perfeccionará el matri­


monio y encuentra en la Caballería medieval el digno esbozo de estas ideas.
En la relación hombre-mujer no se trata pues de propagación de la especie, ni
de "satisfacción de un apetito orgánico", sino de un mutuo perfeccionamien­
to, en el cultivo de la insatisfacción que ha de transformarse en puro amor.
Un puro amor que la muerte pone en situación particular: ese amor será
mantenido en la viudez, mediante el culto de los recuerdos y de la imagen de
la mujer amada.

En mi última efusión no podía aún explicarte el modo final de nuestra santa unión.
(...) Un año de pruebas me ha manifestado ahora su verdadera naturaleza y recojo
los mejores frutos de mi eterna viudez209.

207 Carta a M. Barbot, del 29. 10. 1846.Correspondance générale, T. IV. Cfr. sobre el mismo
tema y al mismo destinatario carta del 8. 11. 1846: "Si el comercio entre los dos sexos está
sobre todo destinado en la Humanidad, no a la satisfacción del apetito orgánico, ni siquiera
a propagar la especie, sino al perfeccionamiento de cada uno por el otro, ello resulta de sus
diversas naturalezas y por ende de su diversa situación (...)" .
208 Esta doctrina está desarrollada en el T. IV de su Sistema de política positiva.
209 Comte A., Correspondance générale, op. cit., T. IV, 1981, Tercera confesión.

102
Comte reitera muchas veces el carácter catastrófico de esta muerte que vino a
romper la felicidad mutua. Eso ocupó durante un tiempo toda la escena de su
dolor, de tal modo que no podía comprender que el cambio que se había pro­
ducido en su vida a partir de su encuentro con Clotilde, era un cambio dura­
dero y que su ausencia definitiva no lo remitía al status quo ante. Pero luego
de tres años de culto cotidiano, al que agrega nuevas prácticas, dice haber
logrado una "identificación" con Clotilde, que tiene como efecto el que ya no
precise "desear sueños impuros" y se felicita "de no haber podido sistemati­
zarlos pese a su vana espera".

No es en una letargía nocturna que te siento junto a mi. Desde ya tu encantadora


imagen me acompaña en todas partes, bajo las distintas formas cotidianas, y siem­
pre con la angélica pureza que no cesó de caracterizar a nuestra unión210.

Comte estima que por esta vía ha logrado un perfeccionamiento moral al que
pocos hombres llegan, dado "el grosero impulso de la naturaleza, sobre todo
masculina." Ocho años después de la muerte de Clotilde, en su confesión
anual ante su tumba, una vez más, da cuenta de su experiencia:

Según la escrupulosa asiduidad de tu culto recojo este incomparable fruto de nues­


tro único año de unión objetiva, base de una intimidad subjetiva que presenta ya
una duración septuple. A medida que se prolonga esta adoración me devuelve tus
imágenes más vivas y claras, haciendo que no lamente el retrato indirecto con el que
había contado recientemente. Esta progresión se torna apreciable al com parar nues­
tras conversaciones anuales, que desde la realización del duelo, manifiestan, cada
dos años, un perfeccionamiento del culto anunciado por la efusión intermediaria.
Sentí, en 1847, nuestra comunidad de féretro, en 1849, tu incorporación al Gran Ser,
en 1851 la universalidad de tu adoración a partir de la publicación de la santa dedi­
catoria y ahora este camino culmina en caracterizar nuestra unión final. Tal cultura
que me aproxim a siempre al límite de lo normal, hacer revivir idealmente al ser
am ado, y me hace apreciar mejor la existencia subjetiva, en donde todo se encuentra
purificado211.

Esta separación que, para él no es tal, tiene su horizonte macabro de unión


definitiva: se trata de la comunidad de ataúd que Comte reclama como la
principal recompensa, para el final de su vida212.

Si el voto principal se cumple, se colocará, en un ataúd excepcional, el cuerpo de


mi santa compañera a la derecha del mío, nuestras manos enlazadas sosteniendo el
pequeño medallón que ella misma llenó en casa con sus cabellos, el dom ingo 5 de

210 Ibid. ,T. III, p. 161.


211 Ib id ., T.VII, O ctava confesión, p. 99-100.
212 Ib id ., Tercera confesión, p. 161.

103
octubre de 1845, llamándolo "el don del corazón". Ese talismán, que desde enton­
ces, sirve a mi culto cotidiano, será sostenido sobre mi corazón por mi mano dere­
cha (...) si la reunión objetiva se torna imposible. El ataúd vacío debiera sólo conte­
ner, en mi pañuelo de Mme. de Vaux, mi mechón de sus cabellos, el que le corté
después de muerta, así como mi viejo reloj con caja y cuadrante de oro que sirvió a
mi amiga durante sus últimas tres semanas213.

Mientras tanto una imagen alienta el trabajo al que está abocado mientras
dura su vida:

(...) la virgen positivista será pronto dignamente honrada, cuando la haya podido
hacer apreciar de modo suficiente. ¡Si lograse ver un día tu santa imagen represen­
tando a la Humanidad en el pabellón occidental!..." 214

El nombre de Clotilde va a ser invocado en la celebración del primer matri­


monio positivista.

Dos proletarios están de acuerdo en pedir mi sanción sacerdotal. Cumpliendo esta


dulce función privada, que comenzará la inauguración del nuevo culto, ¿podré in­
vocar tu santo nombre para mencionar tu sensible consagración espontánea, de
admirable talento, en la defensa del verdadero lazo conyugal?215

De este modo, una de las consecuencias sociales del duelo de Comte aparece
en esa imagen que los liga a ambos ante la Humanidad como objeto de cul­
to216. Curiosamente se entroniza de este modo, en el pleno siglo XIX, un culto
a una pareja primordial:

(...) En el siglo XIX, entre las nuevas significaciones atribuidas al hermafroditismo,


en una perspectiva místico-religiosa, encontramos a la pareja primordial. (...) Basta
referirse, por ejemplo, al positivismo de A. Comte, que, cuando se transforma en
religión, instaura la pareja religiosa hombre-mujer217.

Otra consecuencia social de este duelo, que merece ser destacada ahora, fue la
influencia que tuvieron los discípulos de Comte en la función acordada a los
cementerios.

213Testamento de A. Comte, op. cit., p. 12.


214 Ib id ., Tercera confesión, p. 161.
215 Ib id ., p. 163.
216 No deja de ser llamativa y confirmatoria la imagen en doble medallón -d e uno y o tro -
que preside en Internet la información sobre Comte.Http:
/ w w w .m ygale.org/04/clotild e/h om e.h tm . Visitado el 31.05.98.
217 Foucault, M., Dits et écrits, , Gallimard, París, 1994, III, p. 624-625.

104
Quizá no ha de olvidarse que, según los trabajos de Ph. Ariés218, el duelo por
Clotilde, en muchos de sus rasgos, puede ubicarse en lo que él ha denomina­
do la "muerte romántica". Por ejemplo durante el siglo XIX, la muerte era
exaltada como lugar de comunión, de reencuentro con el otro, idealizado y
separado de todo mal. Esa es la veta de Comte.

Pero este duelo trasciende el nivel individual ya que, mediante la operación


religiosa que lo socializa, dejará su marca en la cultura occidental: se trata de
la relación que se establece en esa época con los cementerios como lugares de
veneración de los muertos. Y esto irá más allá incluso de la posición religiosa
de los positivistas. Fueron los discípulos que siguieron fieles a Comte quienes
tuvieron una importante incidencia en las discusiones sobre la política de los
cementerios en París. Se opusieron a trasladarlos por insalubres lejos de la
ciudad, y estuvieron a favor de su mantenimiento para poder permitir el
culto y las visitas asiduas de los deudos. Ya muerto Comte, por ejemplo, su
discípulo el Dr. Robinet escribe:

El hombre prolonga más allá de la muerte a los que han sucum bido antes que él,
continúa amándolos, concibiéndolos, manteniéndolos después de que han cesado
de vivir e instituye para su memoria un culto donde su corazón y su inteligencia se
esfuerzan por asegurarle la perpetuidad. (...) Esta forma de culto a los muertos nos
permite "crearles en nosotros mismos esa segunda existencia que sin duda es la
única y verdadera inmortalidad"219.

Lo que en general queda velado en los estudios históricos, filosóficos y psi-


coanalíticos sobre esa doctrina de los positivistas es el entronque que ella
tuvo con el duelo de Comte. Una máxima suya por ejemplo dice:

Necesariamente, los vivos están siempre y cada vez más gobernados por los
muertos.

Lo que se propaga es en realidad el duelo de Comte hecho doctrina. Comte le


dio el nombre preciso de neo-fetichismo positivista.

218 Ariés, Ph. , El hombre ante la muerte, Madrid, Taurus, 1992. Para las peculiaridades en
nuestro país, Cfr. Barrán, JP., Hist. de la sensibilidad en el Uruguay, Montevideo, Ed. de la
i Banda Oriental, 1992.
219 Ariés, Ph., op. cit., p. 450.

I -

105

I
¿la &¥ama*i4¿íade

Sitio Web de la Religión de la Humanidad. Http: www.arras.com.br/igrposit/

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Capítulo siete

Del neo-fetichismo positivista

¿Puede establecerse algún tipo de conexión entre la religión instituida por


Comte, el neo-fetichismo, y las elaboraciones posteriores realizadas a partir
del término "fetichismo" en el ámbito del psicoanálisis?

El camino para abordar al neo-fetichismo comtiano en su particularidad pue­


de ganar mucho si se evita separar a la doctrina de la religión neo-fetichista,
del duelo que la nutre. Los textos imponen despejar el alcance mismo del
término neo-fetichista mediante el estudio de la articulación explícita que
hace Comte de esta doble vertiente a partir de su experiencia.

En primer lugar señalemos una serie de antecedentes que alimentan las pri­
meras elaboraciones de Comte. La cuestión tiene una cierta complejidad ya
que el concepto de fetichismo sufre profundas modificaciones que dan al
término un estatuto polisémico insoslayable. Dicha polisemia se encuentra en
el interior mismo de la doctrina positivista, punto a menudo escamoteado por
los historiadores: el primer fetichismo descrito por Comte, en el Curso, tiene
otro cariz, y en todo caso ocupa una función muy distinta, del que elabora al
final de su vida.

La religión que Comte propone en esta segunda etapa realiza un corte con su
"carrera anterior". Ese corte se gesta en 1845. En la larga carta del 5 de agosto
de ese año, por ejempo, Comte señala a Clotilde que el encuentro entre ambos
se produce en el momento preciso en que está abocado a una "reorganización
filosófica". Sin embargo, son las obras escritas luego de su muerte las que
llevan ese corte a su efectuación filosófica. El mismo nombra a este viraje su
"segunda carrera" o la "segunda mitad de su carrera". Al respecto escribe a S.
Mili:

(...) Sentía con delicias la admirable armonía espontánea de este afecto privado con
mi misión pública, en el momento en el que comenzaba una nueva carrera filosófi-

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ca, en la que el corazón, como ya se lo anuncié, tendrá al menos un lugar tan natural
como el espíritu mismo220.

En la Dedicatoria del SPP a Clotilde, él hace referencia a la necesidad de dis­


tinguir "la segunda mitad de mi carrera filosófica, en la que debo dirigirme al
corazón más que al espíritu, por la naturaleza misma del último esfuerzo
fundamental que exige el conjunto de mi misión"221. La propuesta religiosa de
Comte efectúa una peculiar manera de dar al corazón, a los afectos, un lugar
central.

Sin embargo, Comte no aborda, en ese entonces, un tema que le haya sido
totalmente ajeno. Por el contrario, tiene como antecedente sus propias elabo­
raciones sobre la etapa teológica, en donde incluía el análisis del fetichismo.
También la atención al papel de los muertos ha estado desde temprano en su
pensamiento. Es lícito, pues, distinguir con Comte una "primer carrera", y
considerar -con G. Canguilhem- que la primera tesis de Comte sobre la reli­
gión sería:

La religión es la ilusión inevitable que da al hombre confianza y coraje para actuar


en vistas a mejorar "la miserable insuficiencia" de sus recursos personales, para "el
alivio de sus miserias, "es la luz y la esperanza que brilla "en medio de las profun­
das miserias de nuestra situación original".
Lo importante para Comte éstá en componer la historia de las religiones com pren­
diendo en ella algunos datos etnográficos, componerla con la historia de las ciencias
de modo tal que la naturaleza del hombre y la historia del hombre sean hom ogé­
neas la una a la otra222.

Son estas elaboraciones del Curso las que Comte, atravesado por la experien­
cia de su duelo, reformula y convierte en nueva propuesta doctrinal. A dife­
rencia del primer fetichismo, el neo-fetichismo aparece indisolublemente
conectado con el lugar de los muertos.

En sus primeras elaboraciones Comte recibe el término "fetichista" con su


trayectoria anterior. El término fue forjado en el siglo XVIII, entre 1756 y 1760,
por Charles De Brosses, en el transcurso de una elaboración etnológica, como
un neologismo apto para npmbrar una modalidad de la creencia religiosa223.
"Fetiche" proviene del portugués feitigo que significa artificial y también he­

220 Ibid., T. IV, carta del 6 de mayo de 1846.


221 Ibid., 4 de octubre de 1846.
222 Canguilhem, G. Etudes d'histoire et de philosophie des sciences, op. cit., "H istoire des reli-
gions et histoire des sciences dans la théorie du fétichsime chez A. C om te", p. 89.
223 Sobre la evolución del término Cfr. P.-L. Assoun, Le fétichisme, París, PUF, 1994.

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chizo y es un término que será utilizado para designar comparativamente el
tipo de religión que los viajeros encontraban en la práctica de los pueblos
llamados salvajes o primitivos. El concepto formará parte pues de una especie
de historia natural de las religiones. De Brosses da al concepto un carácter
más general, apropiado para designar en cualquier nación a una

forma de religión en la cual los objetos de culto son animales o seres inanimados
que se divinizan, transformados así en cosas dotadas de una virtud divina (orácu­
los, amuletos, talismanes).

Hume (1711-1776) fue el primero en intentar un análisis de la gestación del


fenómeno religioso y fue quien, al ordenar genéticamente las distintas formas
de la religión, echó las bases de un debate, según se coloque al fetichismo
como anterior o no al politeísmo. Por esta vía se pasó de la cuestión etnológi­
ca al debate filosófico. Vía Adam Smith, Comte recibe estas influencias que a
su vez fueron recibidas y debatidas por Kant, Hegel.y Marx.

Comte se situó en primer término como heredero de las teorías del siglo XVIII
sobre las fases de la creencia. Según la ley de los tres estados, que coloca en
un primer tiempo el modo de pensar teológico, él sostiene, ya en 1825, que el
fetichismo fue el primer modo de pensar de la humanidad, anterior incluso al
politeísmo, forma inicial de la inteligencia que "atribuye a los cuerpos exter­
nos una vida esencialmente análoga a la nuestra, casi siempre más energética,
de acuerdo a una acción ordinariamente más poderosa". Probablemente -
como lo supone Mary Pickering- Comte recibió la influencia de la obra de B.
Constant, De la religión considérée dans sa source, ses formes et ses développements,
publicada entre 1824 y 1825. La misma autora señala que, a diferencia de
Hume y de Hegel, y también de misioneros y exploradores que desvaloriza­
ron este modo de pensar, Comte por el contrario celebra el fetichismo y el
tipo de sociedad que genera224.

Comte utilizó el fetichismo no sólo para criticar la debilidad del Cristianismo sino
también la pretensión intelectual y el orgullo del hombre m oderno. Alabó a "los
humildes pensadores de Africa central" por ser más racionales acerca de la naturale­
za humana y de la sociedad que los "soberbios doctores germ anos", con "su pom po­
sa cháchara"225.

224 Pickering, Mary, Reuue inteniationale de philosophie, "A. Comte and the retu m to primiti-
vism ", n° 1, Puf, París, 1998 .La lectura de este artículo nos ha resultado clave para despejar
el alcance del fetichismo positivista en sus distintos momentos. Todo el núm ero de esta
revista está consagrado a Comte, en homenaje al bi-centenario de su m uerte: 1798-1998.
225 Ibid., 58. La cita de Comte se encuentra en el SPP, 3:99.

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Si se considera además el lugar acordado al fetichismo a la luz de la ley de los
tres estados, la ley misma va cobrando una dimensión sociológica que repre­
sentaría "no sólo períodos históricos diferentes sino distintos modos de pen­
sar y sentir que coexisten en cualquier época pese a la dominancia de cual­
quiera de ellos226".

La experiencia del episodio cerebral permitió a Comte escribir, ya en 1829, lo


siguiente:

Le diré solamente que cuando un espíritu que ha llegado ya al estado positivo, cae
en la infancia y retorna, por una verdadera indisposición mental, al estado teológi­
co, no es de primera ni de lleno que se empantana en todas las vulgares tonterías
teológicas. En general se mantiene durante un tiempo en un vago panteísmoí-..)227.

Así como no desacredita a los pueblos que otros llamarán primitivos, tampo­
co desacredita su experiencia de locura, que de alguna manera él refiere a un
cierto modo de pensar teológico. Según M. Pickering, al ver el filósofo una
afinidad entre su experiencia y la de los "salvajes", necesitó reivindicar a
estos para escapar al temor de su propia anormalidad. Por esa vía identifica-
toria Comte habría descubierto la afinidad entre la forma de pensar del "pri­
mitivo" y la del loco, afinidad que se abre a una universalización aún mayor
al considerar luego que, en el fondo, se trata de una virtualidad en la vida
emocional de los seres humanos en los distintos avatares de su historización.

Si el fetichismo está ligado pues a la expresión de los afectos y a sus conexio­


nes pasadas, no ha de extrañamos que el encuentro con Clotilde y el desper­
tar de esa pasión amorosa le haya replanteado a Comte la urgencia de en­
contrar un modo de hacer hablar a su filosofía de los asuntos del corazón.
Esto implicaba retomar las cuestiones abordadas bajo el nombre de fetichis­
mo.

¿De qué modo el duelo por Clotilde llevó a primer plano la cuestión religiosa
del pensamiento fetichista? ¿Qué nuevas connotaciones se pusieron en juego
entonces? Quizá no sea abusivo proyectar en la noche, que la muerte de una
mujer amada inauguró para Comte, la pequeñísima luz que sobre esta expe­
riencia del duelo, aportan algunas elaboraciones psicoanalíticas.

El lugar freudiano del fetiche

|226 Ibid.,p. 59.


I 227 Comte A., Correspondance, op. cit., T .l, carta a Eichtal del 11 de diciembre de 1829.

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No hay en Freud ninguna mención de Comte. El término "fetiche" llega a él
por otro recorrido. En efecto, durante el siglo XIX y comienzos del XX ese
término tuvo dos escalas importantes:

-M arx lo utilizó, a partir de su lectura de De Brosses (Culto de los dioses feti­


ches)228, para dar cuenta del pasaje del valor de uso al valor de intercambio de
un objeto. Es interesante señalar que el'acento de Marx está puesto en la ope­
ración de fetichización de un objeto, es decir en la operación de ruptura con el
valor de uso mediante la atribución a la mercancía de un valor arbitrario,
referido únicamente a la relación social que la gobierna. Los productos del
trabajo se fetichizan en el curso de cierto modo de producción al punto que
una mesa, "parece así erguirse en sus patas de madera" y "entregarse a ca­
prichos aún más bizarros que si se pusiera a bailar" revistiendo entonces,"la
forma fantástica de una relación de las cosas entre ellas que los hombres
construyen sin saberlo". El valor que fetichiza a la mercancía no lleva escrito
en su frente su naturaleza. Por el contrario la fetichización de la mercancía
hace de cada producto del trabajo, un "jeroglífico":

Sólo con el paso del tiempo el hombre busca descifrar el sentido del jeroglífico, pe­
netrar los secretos de la obra social a la que contribuye. La transformación de los ob­
jetos útiles en valores es un producto de la sociedad al igual que el lenguaje229.

-Pero, para despejar el valor escondido que puede alcanzar un objeto, es pre- •
ciso seguir escudriñando otro momento en el que se produjo una mutación
irreversible en la carga conceptual del término "fetichismo". Esto ocurrió
cuando algunos investigadores lo usaron para caracterizar una cierta función
perversa del objeto sexual. A. Binet (1857-1911) inauguró dicha connotación.
El asunto tomó la forma de una pregunta acerca del amor: ¿dónde empieza su
patología? Binet respondió que "la patología comienza cuando el amor de un
detalle se vuelve preponderante al punto de eclipsar a los otros". Ese detalle
así transformado recibió el nombre de fetiche. Havellok Ellis y Krafft-Ebing
elaboraron luego la fenomenología del fetiche como objeto erótico a partir de
los datos que les aportaron sus practicantes: los pies, las trenzas, la ropa inte­
rior, etc. En ese momento se produce un desplazamiento de la atención. De la
operación de fetichización y de la atención brindada al fetiche, se pasa a foca­
lizar al "fetichista" señalando de este modo una "configuración específica de
la sexualidad" de alguien. De este modo el fetichismo pasa a constituir una de

228 Marx, K. Le Capital, Livre 1, "L e caractére fétiche de la marchandise et son s e c re t" , edi­
tado en separata, Ed. Allia, París, 1995.
229 Ibid.

111
las categorías clínicas que -en su afán entomológico- instituye la sexología
naciente de principios de siglo230.

Freud es contemporáneo de ese momento en el cual el fetichismo ingresa


como nombre de una "disfunción" de la vida sexual. ¿Qué hace Freud? En
primer lugar, en los Tres ensayos de teoría sexual, (1905), lo aborda como una .
perversión que ha de ser repensada a partir de la hipótesis del inconsciente,
buscando los determinismos de esa fijación a un objeto. En un segundo tiem­
po, establece el carácter de "ersatz filico" del fetiche (El fetichismo, 1927). Por
último, se plantea la cuestión de la subjetividad que sostiene tal tipo de rela­
ción con un objeto.

Para Freud el fetiche comparte un rasgo propio a todos los fenómenos amoro­
sos, la sobreestimación del objeto. Justamente porque, "un cierto grado de
fetichismo es propio al amar normal", el fetichismo "perverso" va a adquirir
la potencialidad de develar algo que queda oculto en el amor "normal" y que
tiene que ver con la naturaleza misma de esa sobreestimación231.

El fetiche es un objeto construido en forma compleja, es el resultado de una


operación de compromiso entre la represión y la idealización. En 1915, en el
texto sobre La Represión, Freud subraya esta descomposición del represen­
tante pulsional:

Y aun puede ocurrir, según hallamos en lá génesis del fetiche, que la agencia ori­
ginaria representante de la pulsión se haya descompuesto en dos fragm entos; de
ellos uno sufrió la represión, al paso que el restante, precisamente causa de ese ín­
timo enlace experimentó el destino de la idealización232.

Freud hace otra fina anotación clínica: cierta restricción motora* cierta forma
de inhibición sexual, acompaña este modo de relación al objeto»

Un poco después, en la clínica qué abre su teoría de la libido en 1927 ,^ Freud


establece el carácter de ersatz fálico del fetiche.

230 Assoun, P. L.> Le fétichisme, op. cit., cap 3.


231Es interesante ubicar en la génesis de la elaboración freudianá las primeras discusiones
que siguen a los Tres ensayos, y que tuvieron su forma oral en las reuniones de los miérco­
les en el contexto de la polémica con Adler: Sesión del 24.2.1909 (publicada en "R evue in-
temationale d'Hist. de lá psychanalyse", T.2 -) (En las "A ctas de la Sociedad psícóanalítica
de Viéna" en la Ed. N ueva Visión, ese texto se da por perdido).
, 232 Freud, S., Obras completas, "L a represión", Amorrortu, Buenos Airés, 1979, T. XIV,
| p.145.
233 Freud S., Obras Completas, "Él fetichismo", op. cit., T. XXI, p. 141.

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Para decirlo con mayor claridad: el fetiche es el sustituto del falo de la mujer (de la
madre) en que el varoncito ha creído y al que no quiere renunciar - sabemos por
qué234.

Luego de describir y nombrar "desmentida" -Verleugnung - al mecanismo


que permite instaurar tal relación al objeto, Freud adscribe como función
erótica al fetiche la de poner un coto al "horror a la castración (que) se ha
erigido un monumento recordatorio con la creación de este sustituto".

Así establecida, la doctrina freudiana del fetiche parece muy distante de la


experiencia comtiana, centrada en el objeto del duelo.

Sin embargo, en una obra reciente, Erótica del duelo en tiempos de la muerte se­
ca235, J. Allouch acerca las posiciones aparentemente antagónicas de Comte y
Freud respecto al duelo. En ambas doctrinas -el texto freudiano de referencia
es aquí "Duelo y melancolía"- se prestaría particular atención a la puesta en
juego por el doliente de una operación de fetichización de los objetos y re­
cuerdos del muerto. Las doctrinas parecen oponerse, ya que Comte propone
cultivar los recuerdos, conservar los objetos, rendirles culto, hasta incorporar
al muerto, para hacerlo existir subjetivamente en él, mientras Freud, en cam­
bio, propone desprenderse de esos recuerdos -uno a uno- para que pueda
aparecer un objeto libidinalmente substitutivo del objeto perdido236.

Acertadamente a nuestro parecer, J. Allouch señala que esta diferencia no


hace corte doctrinal, pues el objeto sustituto conserva para Freud la mismidad
del objeto perdido, en la medida en que son las mismas cargas libidinales las
que investirán al nuevo objeto. La cuestión entonces se plantea acerca del
destino del "insustituible objeto del duelo".

Para despejar la cuestión en este caso se hace necesario interrogar con mayor
precisión la dimensión erótica del duelo de Auguste Comte, y en particular
algunos detalles, como, por ejemplo, el destino singular que ocupó la corres­
pondencia del "año sin igual" como forma de perpetuar el trato con la muer­
ta.

234 Ibid., T. XXI, p. 148: " Das heisst: er sollte normalweise aufgegeben w erden, aber gerade
der Fetisch ist dazu bestimmt, ihn vor den Untergang zu behüten. U m es klarer zu sagen,
der Fetisch ist der Ersatz für den Phallus des Weibes (der Mutter), an den das Knablein
gegblaubt hat und auf den -w ir wissen w arum - nicht verzichten w ill".
235 Allouch, Jean, Erótica del duelo en tiempos de la muerte seca, Edelp, Buenos Aires, 1995,
p.161-167.
236 Freud S., Obras Completas, Duelo y melancolía, op. cit., 1976, T. XIV, p. 235.

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En ese trayecto, aún se hace necesario otro rodeo que pasa por algunas consi­
deraciones hechas por Lacan a propósito del fetichismo y del duelo.

La letra y el deseo237

Cuando el goce se petrifica en él (fantasma), se convierte en el fetiche negro en


que se reconoce la forma claramente ofrecida en tal tiempo y lugar, y todavía en
nuestros días, para que se adore en ella al dios238.

Muy tempranamente, mucho antes del texto citado, Lacan retomó la cuestión
del fetichismo -y no del fetichista- y uno de los lugares más interesantes de
su elaboración se encuentra en su trabajo sobre A. Gide, escrito a partir de la
publicación en 1956, de la biografía sobre la juventud de Gide del profesor de
psiquiatría, Jean Delay.

Sólo pretendemos circunscribir aquí un punto aludido en el título mismo del


artículo de Lacan: Juventud de Gide o la letra y el deseo239. "La lettre et le dé-
sir"...240 Hay un asunto de letras y cartas en el caso de A. Gide que está estre­
chamente conectado con el juego de su deseo. En ese punto preciso el caso de #
Gide se cruza con el de Comte.

- Las cartas de A. Gide a su mujer


Gide sostuvo que Madeleine, su prima y su mujer, fue el único amor de su
vida; sin embargo, pondrá sobre el tapete una particular disyunción entre su
amor y su vida erótica al revelar el carácter nunca consumado de su matri­
monio. Para Gide, Madeleine ocupó el lugar que J. Allouch describe como de
"cristalización del ideal a la vez mortífero y angélico que excluía al deseo"241.
Esa forma ideal es el "ángel" al que "un contacto impuro no podría rozar."
Lacan, en ese texto, lo llama "la incidencia negativa del deseo", y señala la
presencia en su lugar de un amor "embalsamado contra el tiempo242".

237 Así titula justamente Lacan el escrito al que haremos referencia.


238 Lacan ]., Escritos, "Kant con Sade", Siglo XXI, México, 1984, T.2, p.744-770.
239 Lacan, ]., Escritos, "L a juventud de Gide o la letra y el deseo", op. cit., 19 84, T. 2, p. 719-
743.
i 240 "Lettre" a leer en este trabajo en su doble significación que permite el francés de "carta"
|y de "letra".
241 Allouch, ]., Letra por letra, Edelp, Buenos Aires, 1993, p. 113.
242 Lacan, ]., Escritos, "L a juventud de Gide o la letra y el deseo", op. cit., T. 2, p. 719-743.

114
t

Gide mantiene con Madeleine una asidua correspondencia, pero a diferencia


de Comte que ve interrumpida la suya con Clotilde por la muerte de ésta,
Gide se vio expuesto por un acto de Madeleine a otro avatar. En efecto, cuan­
do en 1918, Gide le da a entender de modo demasiado explícito que viajará a
Londres acompañado por un jovencito243, ella, mujer herida, asesta un golpe-
fatal a la "completud" de la obra de Gide y quema las cartas.

De ahí el gemido de André Gide, el de una hembra de primate golpeada en el vien­


tre, y en el que él brama el arrancamiento de esa duplicación de si mismo que eran
sus cartas, a las que llama sus hijas, sólo puede presentarse cual si llenara exacta­
mente la hiancia que el acto de la mujer quiso abrir en su ser cavándola largamente
con las cartas arrojadas al fuego, una tras otras, de su llameante alma 244.

Este episodio es revelador de la estructura subjetiva del deseo de Gide arti­


culado con esas cartas: este agujero que las cartas quemadas ponen en escena,
muestra la operación que la escritura efectuaba en ese punto para Gide. Las
"lettres" revelan estar saturadas por ese imaginario en donde tomaron el
lugar del deseo (ese inevitable agujero). Este "fatídico intercambio", subraya
J. Allouch, es constitutivo del objeto como fetiche245. Fetichismo de la car­
ta/letra, cuya caída sumerge a Gide en un duelo cuyo tenor no volverá a en­
contrar sino con la muerte misma de Madeleine y que plantea la cuestión de
la relación entre la naturaleza fálica de ese objeto y el duelo.

La destrucción de las cartas de Gide, que él también presenta como pérdida


para la humanidad -"tal vez nunca hubo una correspondencia más hermo­
sa "- no obtuvo una respuesta social en consonancia con su dolor; más bien,
acota Lacan, provocó risa "diversamente modulada por las leyes de la urba­
nidad". En esa risa, se revela la naturaleza misma del objeto perdido:

Y aparecida su índole de fetiche provoca la risa que acoge a la subjetividad tom ada
de improviso (...) En esa risa más bien oímos resonar el sentido hum ano que des­
pierta la gran comedia (...).

Lacan trae a colación entonces la exaltación del cofrecillo por parte de Harpa-
gon246. La risa, la comedia, pone al descubierto la naturaleza de la pérdida, la

243 Se trataba de Marc Allégret, el futuro cineasta. Agradecemos a J. Allouch la precisión del
dato.
244 Ibid., p. 719-743.
245 Lacan, J., ibid., Cfr. Allouch, ]., Letra por letra, Edelp, Buenos Aires, 1993, cap. 5 consa­
grado a este tema.
246 Moliére, Vavare.

115
pérdida fálica, pérdida del verdadero polichinela. "Ecco, ecco, il vero Pulci-
nella", gritaba un monje napolitano blandiendo un crucifijo, en la plaza en
donde estaban los titiriteros247.

- la correspondencia del “arlo sin igual"


En este punto dejamos a Gide para acercarnos a la correspondencia de Comte
con Clotilde, e interrogar el destino que recibieron esas cartas también ateso­
radas en un cofrecillo, a raíz de la muerte de Clotilde.

¿Escritas o no para la posteridad? En la opinión de quienes establecieron la


edición de la Correspondance général, sus autores no habrían pensado nunca en
darlas a conocer248. Habrá sido mucho más tarde, en el momento de escribir
su testamento, que Comte decide publicarlas y confía el trabajo a sus discí­
pulos del siguiente modo:

Mis cartas no han de ser publicadas usando los originales, que siempre dejé, com o
Mme. de Vaux los había colocado, en la caja de los guantes que le di en ocasión del
bautismo en el que resultamos unidos. Hay que emplear las copias que yo hacía
antes de enviarlas, para prolongar las emociones de las que sentía el precio. Estas
copias fueron reagrupadas por mí junto con las cartas correspondientes de mi ami­
ga; estos grupos me sirven para releer anualmente cada una de nuestras cartas en
su fecha.

Para controlar la colección, de acuerdo a la cual debe realizarse la publicación, ad­


vierto que el conjunto de nuestra correspondencia contiene 86 cartas de Mme. de
Vaux del I o de mayo de 1845 al 8 de marzo de 1846, y 96 mías, del 30 de abril al 20
de marzo de 1846. Si yo soy su editor no cuento entregar para la impresión sino la
copia general que haré especialmente, mezclando las dos clases de cartas según las
fechas de modo que cada una sea inmediatamente seguida de su respuesta. En caso
de muerte prematura, recomiendo a mis ejecutores testamentarios que procedan de
igual m odo para asegurar la escrupulosa conservación de los originales, incluyen­
do mis copias primitivas. De acuerdo a la precedente explicación, estos m onu­
mentos no deben salir nunca de mi apartamento. El cajón superior de mi "secretai-
re" reunirá a estos papeles249.

Comte instaura con este texto un nuevo trato con esas cartas, al constituirlas
en monumento y tesoro, como efecto de la muerte de Clotilde. El mismo texto
permite también decir que este movimiento se hace sobre la base de un trato
muy peculiar acordado en vida de ambos a dicha correspondencia. Por ejem­
plo el hecho de que Comte guardaba una copia de las cartas que enviaba a
Clotilde. El duelo viene a redoblar la función fetichista de esas cartas. Ellas se

; 247 Lacan, ]., Escritos, "L a juventud de Gide o la letra y el deseo", op. cit., T. 2, p. 719-743.
i 248 Comte A., Correspondance générale, op.cit., T. III, p. VII.
; 249 Ibid., T.III, p. VI-VII.

116
inscriben además en el ritual cotidiano de Comte: de rodillas ante el sillón
vacío de Clotilde, las lee según las fechas que se corresponden con la del día.

Sin embargo, puede parecer aún que entre el objeto fetiche y el objeto del
duelo hay una gran distancia, aquella que separaría el amor de un peculiar
avatar erótico. Si bien el análisis que seguimos con Lacan, de la experiencia de
Gide, nos permite acercarnos a esta presencia del fetiche en las cartas, se hace
necesario explicitar mejor esta particular relación entre el objeto del duelo y el
fetiche,

- Del fetiche en el duelo


En la obra ya citada250, Jean Allouch despliega varios puntos que cruzan
nuestro interés por Comte:
* no se está de duelo sino por alguien que al morir se lleva también "un petit
bout de soi" del doliente.
* el análisis permite identificar la naturaleza fálica de ese trozo de sí y, por lo
tanto, el acto sacrificial al que invita esa muerte.
* este sólo puede ser un sacrificio gratuito, y sin retorno, del falo allí puesto
en juego.

Al retomar la lectura de Hamlet comentada por Lacan -uno de los lugares de


esta clínica- J. Allouch251 plantea la crucial pregunta acerca de cómo intervie­
ne la muerte en este asunto. La respuesta nos parece tan pertinente como la
pregunta: la muerte, interviene convirtiendo al objeto en imposible.

Este imposible, al que abre la muerte real, permite colocar al objeto en un


lugar de "objeto absoluto", "sin correspondencia", sin parangón con nada
que exista o que existió. Esta transformación del muerto sitúa un agujero en el
real que nada puede colmar. Todos los ritos convocados, todas las palabras
vertidas dejan abierto el agujero. El duelo al plantear así, de manera cruda,
esa falta de objeto que nada puede sustituir, abre una disyuntiva: o la fetichi-
zación del muerto como falo -con la consiguiente eternización del duelo- o el
sacrificio de ese falo, acto que pone fin al duelo.

¿De qué modo se despliega en Hamlet esta cuestión? Circunscribamos para


ello las articulaciones esenciales.

250 Allouch, Erótica del duelo en el tiempo de la muerte seca, op. cit. También rem itimos a esta
obra para un análisis pormenorizado y crítico de los textos de Freud y Lacan sobre este
punto.
251 Lacan, J., Seminario inédito: Le desir et son interprétation, sesiones de marzo-abril 1959.

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El príncipe Hamlet se encuentra en situación de duelo por la muerte de su
padre quien, bajo la forma de un espectro, viene a su encuentro reclamando
venganza. Hamlet no puede efectuar ese acto, el de dar muerte a su tío quien
con la complicidad de su madre ha dado muerte al rey para quedarse con su
trono. ¿Qué acontecimiento permite a Hamlet pasar de la postergación al acto
de venganza?Durante el tiempo que antecede al desenlace Hamlet sufre otra
pérdida decisiva: el suicidio de Ofelia, su prometida. En su comentario, Lacan
destaca entonces una escena: la que ocurre en el cementerio, durante el entie­
rro de Ofelia.

Quisiera que alguien hiciera un cuadro donde se viera el cementerio en el horizonte,


y aquí el agujero de la tumba, gente marchándose com o al final de la tragedia edi-
piana dispersándose y cubriéndose los ojos para no ver lo que pasa (...) Se ve a
Laertes desgarrarse el pecho y arrojarse en el agujero para abrazar por última vez el
cadáver de su hermana clamando en voz alta su desesperación. H am let no sólo no
puede tolerar esa manifestación en relación a una joven, que com o uds. saben ha
maltratado mucho hasta entonces, sino que <además> se precipita tras Laertes lue­
go de haber lanzado un verdadero rugido, grito de guerra en el cual dice la cosa
más inesperada. Concluye diciendo: "¿Quién lanza esos gritos de desesperación a
propósito de la muerte de esta joven?" y dice: "quien grita soy yo, Hamlet, el da­
nés (...)252".

Esta identificación de Hamlet con Laertes, señala Lacan, indica que algo del
sujeto($) se ha colocado allí en determinada relación con el objeto (a) -objeto
perdido bajo la forma del cadáver de Ofelia- y que ello trae una consecuencia
fundamental para Hamlet, la de encontrarse entonces por vez primera con su
deseo. Lacan hace de la escena del cementerio el punto pivote de la obra: ese
duelo es el que permite a Hamlet una nueva relación al deseo y por ende al
tiempo. "¿Cómo es posible -pregunta J. Allouch- que con Ofelia muerta
Hamlet recobre su deseo que era precisamente un deseo por Ofelia?"253

La posibilidad de esta interpretación se sostiene mediante la introducción por


parte de Lacan de un elemento clave: el falo. ¿Qué? :

A saber, es la parte de Uds. que ahí dentro es sacrificada, y sacrificada no en forma


pura y simple, "físicamente", como se dice "realm ente", sino simbólicamente, lo que
no es poca cosa, esa parte de Uds. que ha cobrado función significante (...). El falo, la
turgencia vital, esa cosa enigmática, universal, más macho que hembra y del cual sin

252 Lacan, J., Le désir et son interprétation, sesión del 11 de m arzo de 1959.
253 Allouch, J., Erótica del duelo en el tiempo de la muerte seca, op. cit., p. 282. Se encontrará allí
una porm enorizada lectura en "Estudio b. El duelo según Lacan interpreta a H am let". p.
202 a p. 329.

118
embargo la misma hembra puede volverse el símbolo, he allí de lo que se trata
(...)254-

Puede decirse que Ofelia, como objeto a, comenzó a brillar para Hamlet de una
peculiar manera a partir del momento en que rompe con ella. "Se convierte en
su soporte vital, y punto", comenta Lacan. Esta connotación fálica del objeto
-soporte de la vida- es decisiva para situar lo que acontece en el cementerio.
Allí Hamlet "realiza" el sacrificio del falo como exceso atribuido a Ofelia,
exceso que implica también sacrificio de sí mismo en ese objeto. "El falo en
cuanto objeto, escribe ]. Allouch, es la parte real simbólicamente sacrificada
por el sujeto y no devuelta al lugar del Otro1'255. La pérdida aquí está fuera del
registro del intercambio, es una pérdida a secas, ella devuelve a Ofelia, por
vía de consecuencia su estatuto de pequeño otro.

-del duelo neo-fetichista de Comte

La Humanidad no puede sospechar el verdadero valor del precioso órgano que le


ha sido arrebatado256.

Desde esta perspectiva: ¿a qué se vio confrontado Comte con la muerte de


Clotilde de Vaux? Démosle a la respuesta la forma de otra pregunta: ¿qué
quiere ella, muerta, de mí?257Podría decirse que de algún modo él se encontró
entonces en el punto preciso en donde falta en el campo del Otro, un saber
disponible como respuesta, vale decir que se encontró en el lugar de articula­
ción del deseo. Allí se puede localizar su enunciación, la profesión de fe feti­
chista, mediante la cual hace de Clotilde-muerta el objeto ordenador de su
subjetividad. El ordenamiento se hará por medio de rituales de conmemora­
ción y mediante la cuidadosa omisión de todo ritual de sacrificio. El "precioso
órgano" le ha sido arrebatado y él no puede ahora consentir en perderlo, en
dejarlo ir.

Comte mismo da el nombre de neo-fetichismo a la respuesta religiosa por la


que erige el culto a Clotilde. Esta operación subjetiva se insinuó, según M.
Pickering, en "el año sin igual", durante el cual Comte aludió frecuentemente
al fetichismo para expresar sus propios sentimientos. En ese año colocó el
mechón de cabellos en una cajita y comenzó a venerar a Clotilde en el "altar"

254 Sesión del seminario de Lacan de 8 de abril de 1959, citada por J. Allouch, ib id ., p. 286.
255 ibid., p. 287.
256 Comte A., carta a S. Mili del 6 de mayo de 1846.
257 Esta formulación no hace sino seguir de algún modo la lectura que con el grafo de la
subversión del sujeto nos propone Lacan sobre esta cuestión en los textos que hemos exa­
minado.

119
en que convirtió al sillón en el cual ella se sentaba en sus visitas. Incluso una
carta de ese momento merece ser especialmente recordada aquí. Dice así:

(...) Hasta aquí, mis diversos sufrimientos no conllevan nunca ningún otro alivio
que aquel que me es familiar desde hace seis meses y del que experimenté, ayer y
hoy por ejemplo, la dulce eficacia; es decir ocuparme am orosam ente de Ud. en su
ausencia. Leerla, escribirle, enternecerme, casi hasta el fetichismo, sobre los precio­
sos talismanes que os debo, y repetir también llorando su suave Canzone; he aquí, mi
Clotilde, lo que calma siempre mi agitación convulsiva, que no existiría quizá si pu­
diera vivir así sin interrupción.

En cuanto al extraño remedio que Ud. me permite, ese consejo honra más su abne­
gación que su razón. Olvidar nuestros sexos, vivir com o si Ud. no estuviese en el
mundo, en una palabra entregarle a Ud. mi alma y mi cuerpo a otras, todo ello me es
realmente imposible; mi corazón se siente incapaz de tales abstracciones; sé sufrir y
respetar, pero no mentir ni repartir. (...)

Exagera Ud. Clotilde, la grosería masculina, al menos en los tipos nobles. Nos per­
mite, en efecto^ el placer sin amor, pero sólo cuando nuestro corazón está libre;
cuando realmente está tomado esa brutalidad se nos vuelve imposible. Com o tantos
otros tuve que recurrir durante mucho tiempo a esas vulgares satisfacciones: ya que
todas las relaciones sexuales cesaron en mi triste matrimonio, un año antes del suyo
propio. Pero desde que soy suyo, mi continencia, a veces dolorosa, es siempre poco
meritoria, pues no podría vivir de otro modo.^..)258.

Sin embargo este amor cortés que se desplegó en vida de Clotilde no dejó de
tener siempre como horizonte de posibilidad el encuentro camal. Una y otra
vez Comte relanza la cuestión de la posibilidad de la unión física entre am­
bos, y esto hasta la aparición de la enfermedad de Clotilde. En ese sentido si
bien el planteo de M. Pickering destaca el lugar central del fetichismo en la
economía libidinal de Comte, ella pasa por alto el momento de viraje que
marca la muerte de Clotilde, es decir el momento, en que el objeto desaparece
como real y se toma imposible.

En ese momento, para Comte, el insustituible objeto no puede ni debe ser


sacrificado, sino que el "viudo eterno" ha de mantener vivos los recuerdos
para incorporarse al objeto perdido. Esta fetichización de Clotilde se efectúa
con su muerte. Los ritos instituidos por Comte que ponen en juego la coinci­
dencia "entre el agujero real con la hiancia simbólica(...)'/259 escamotean el
acto sacrificial al que la muerte lo convida. Por el contrario, todo apunta a
evitar ese sacrificio en la perspectiva de una re-unión post-mortem con su
amada.

258 Comte A., Correspondance Générale, op. cit., T.III, 5 de diciembre de 1845.
259 Allouch, J., Erótica del duelo en el tiempo de la muerte seca, op. cit., p. 316.

120
La correspondencia muestra que para Comte la idealización de Clotilde man­
tiene un paralelismo con la degradación de su ex-mujer, Caroline Massin.
Matrimonio blanco también (como el de Gide) el de Comte con Clotilde, ya
que no cesará de dirigirse a ella como a su "noble y tierna esposa". En una
carta a su ex-mujer, fechada el 10 de enero de 1847, luego de una odiosa com­
paración Comte le escribe:

Ella fue, señora, mi única esposa verdadera, aquella que, en la única noche que pa­
sé bajo su techo, al comienzo de su agonía caracterizó todo mi íntimo destino con
este tocante resumen (...) Comte no habrá tenido usted com pañera por mucho
tiempo. Desde hace nueve meses no he dejado pasar una semana sin ir a renovar
sobre su tumba sagrada las solemnes promesas que suavizaron sus últimos días;
ese culto exterior no es sino el signo de un culto interior aún más asiduo que dura­
rá tanto com o yo, porque constituye mi principal satisfacción privada260.

Con Clotilde como fetiche Comte recompone un fantasma de incorporación


del objeto en el que atestigua encontrar su "satisfacción privada". No es un
exceso decir entonces que, para Comte, la muerte permite a Eros alcanzar al
objeto de su amor.

Con la religión fetichista, Comte intenta hacer saber de un agujero causado


por la pérdida de un objeto insustituible, para él y para la Humanidad, pero
en el mismo movimiento que lo muestra, obtura su falta con la sacralización
de la muerta, quien cobra entonces la dimensión del fetiche. Al establecer en
el real un culto a los muertos, Comte plasma su particular imaginarización
del lazo que percibe entre el simbólico y la muerte. Este "plus" imaginario es
su religión.

Ahora la religión convierte su duelo en un hecho social que lo revela y escon­


de. Ha incorporado a Clotilde. Según M. Pickering:

En ciertos aspectos, Comte puede ser considerado como una figura de transición del
fetichismo com o discurso religioso al fetichismo como discurso sexual, un cambio
del que usualmente se dice que ocurrió hacia 1880, cuando los temores a la degene­
ración francesa condujeron a la crisis de la masculinidad261.

Su respuesta puede ser leída como sintomática de un cierto dispositivo histó­


rico en donde se tramaban, de cierta manera -como lo ha mostrado M. Fou-

260 Comte A., Correspondance Générale, op. cit., T. IV, 1981, p. 94-97.
261Pickering, M., Revue Internationale de philosophie, " A . Comte and the return to primiti-
vism", op. cit., p. 76.

121
cault en el primer tomo de su Historia de la sexualidad, poder, verdad y sexo.
Pero acoger esta nominación que Comte hace de la nueva religión -neo-
fetichismo- con la novedad que instaura el psicoanálisis, implica una aten­
ción más precisa aún a la particularidad del decir de un hombre que dio tes­
timonio con todos los medios de que disponía del insoportable malestar que
lo aquejaba. Es necesario precisar aún mejor la naturaleza del cambio que se
operó en su discurso a partir de la muerte de Clotilde, cambio que sus discí­
pulos percibieron al plantearse entonces la opción entre dejar al maestro o
seguirlo.

Comte señala a partir de entonces el límite mismo del positivismo como cien­
tificismo: la ciencia no puede brindar al hombre "domicilio permanente," sólo
puede ser un "preámbulo" a la religión universal. Una religión de la Huma­
nidad, en la cual -eliminado Dios- sólo queda el "re-ligarse" de los humanos
unos a otros en la doble dimensión del pasado y del porvenir262.

Se hace necesario considerar a esta liberación (de la ciencia) com o el complemento


normal de la evolución fundamental que caracteriza a la ley de los tres estados. (...)
En el fondo, la ciencia propiamente dicha es tan preliminar com o la teología y la
metafísica, y debe ser también eliminada por la religión universal, respecto a la cual
estos tres preámbulos son, uno provisorio, el otro transitorio y el último preparato­
rio263.

Aquello que no encontró respuesta en el camino de la ciencia -ni en las doc­


trinas ni en el método-aquello que se puso en juego en el amor; "eso" en­
cuentra -mediante el duelo- una cierta respuesta en la llamada religión neo-
fetichista. Esa religión es una religión de los muertos que se revela como
"solución" al duelo y a aquello que en el duelo retorna.

Si los muertos gobiernan a los vivos, la muerte es el gran magisterio del hombre, la
proveedora providencial de verdaderos vivientes, objetivos y subjetivos. La ley más
importante de la vida es la muerte264 .

No es esto algo totalmente nuevo en Comte y sin embargo... El desconcierto


que aparece en la oposición de lecturas -los discípulos que señalan la conti­
nuidad de las dos "carreras" y los que las oponen- puede ser entendido como

262 Desde mis trece años me desprendí espontáneamente de las creencias sobrenaturales(...)Sigo
convencido que no me era posible sistematizar el culto de la Humanidad hasta no haber eliminado
totalmente a Dios: Testamento de A. Comte, p. 9.
263 Carta a Audiffrent del 12. 2.1857. Citada por Arbousse-Bastide, op.cit., T. 2, p.580 - 581.
264 Arbousse Bastide, P., La doctrine de l'éducation universelle dans la philosophie d'A.Comte, op.
cit., T. 2, p. 546.

122
un indicador de la dificultad que surge si se pretende ubicar la naturaleza del
cambio doctrinal sólo en el nivel de los enunciados de Comte. La gran mayo­
ría tiene sus antecedentes en otros momentos de su vida.

El mismo Comte da una indicación clave de la naturaleza de su cambio,


cuando se. refiere -en su testamento- al lugar mismo desde donde ahora ha­
bla, "habitante anticipado de una tumba". Se impone pues, deplegar a partir
de allí la conjetura de que el duelo por Clotilde hace de Comte un testigo
privilegiado del lazo estructural entre el simbólico y la pulsión de muerte y
que bajo su empuje comienza a hablar y escribir de un modo diferente a como
lo había hecho hasta entonces. Su modo de enunciación ha cambiado.

123
Capítulo ocho

El discurso de los métodos en Comte

Soy un profesor de m étodo científico- pe­


ro tengo un problema: no hay método
científico. Sin em bargo existen algunas re­
glas prácticas simples que pueden serles
útiles265

La cuestión del método ya no se plantea en los mismos términos si de lo que


se trata ahora es de la transmisión de una religión. Método y discurso se re­
velan como términos solidarios, indicadores ambos de un cambio en la posi­
ción enunciativa. Heredero, según su opinión, del discurso sobre el método
llevado a cabo por Descartes, Comte escribe a Stuart Mili:

He culminado ahora la mitad más difícil y más decisiva de mi extrem a operación


filosófica, y me he visto involuntariamente llevado a reiterar de algún m odo para
nuestro tiempo, el equivalente actual del discurso de Descartes sobre el m étodo -
(discurso) intacto desde hace dos siglos- y al que me atreví a sustituir, en la misma
dirección, una nueva concepción caracterizada por la preponderancia lógica del
punto de vista social, que Descartes, por el contrario, se esforzó cuidadosam ente en
dejar de lado266.

La consolidación de la salida religiosa en Comte estuvo estrechamente co­


nectada con un cierto tipo de solución de la cuestión del método.

La problemática del método

El Diccionario de la Real Academia de la lengua española dice que puede enten­


derse por método ya sea el modo de decir o hacer con orden una cosa; ya el
hábito o costumbre que cada uno tiene u observa; y/o el procedimiento que
se sigue en las ciencias para hallar la verdad y enseñarla. En este último sen­
tido, en su libro sobre el nacimiento del método, Philippe Desan considera
que:

265 Según P. Feyerabend, K. Popper comenzaba siempre sus cursos con estas frases que se
hicieron célebres. Cfr. Feyerabend, Tuer le temps, París, Seuil, 1996, p. 114.
266 Comte A., Correspondance Générale, op. cit., T. II, carta del 19 de junio de 1942.

124
El método es una manera de pensar, un medio de organizar y de com prender al
mundo que nos rodea a partir de un procedimiento que se quiere "teórico". Su fi­
nalidad es la "verdad"267.

La idea de método se remonta a los griegos (|ie0o5oQ y está asociada a un


arte (tecne, tc^vs) que se despliega en el campo del lenguaje. Recién en el
siglo II, Galeno le agregó el adjetivo de "científico" como equivalente a "lógi­
co" y reforzó el aspecto inductivo destacado por Aristóteles. Según Ph. De-
san, el concepto quedó restringido hasta el Renacimiento, al ámbito médico;
en ese momento, en una sociedad en donde la temporalidad comenzaba a ser
evaluada de otro modo, se amplió su sentido para designar las reglas que
facilitan un aprendizaje, que lo hacen más rápido.

En 1555, Pierre de La Ramée publicó su Dialéctica que puede ser considerada


como la primera gran teorización moderna sobre el método. Se trata de un
discurso sobre el método, es decir sobre la ambición de constituir una vía
única, universal para conocer. En el siglo XVI este proyecto concernía en pri­
mer lugar a la escritura de la historia; la matemática fue la otra gran veta del
saber que presionó en el desarrollo del método. En esta diferenciación de
abordaje que requieren historia y matemáticas, se puso en juego una primera
consideración acerca de que el método no está por fuera de las finalidades
que se persiguen.

Descartes encarna un hito mayor en la constitución de un discurso del méto­


do. Desde muy joven buscó un método universal que, finalmente formuló,
según su "mathesis universalis." Luego de constatar que en las matemáticas,
todo tiene que ver con el orden y la medida, postuló en la 4ta. Regla del mé­
todo:

Una ciencia general que explica todo lo que es posible investigar respecto al orden y
la medida, sin asignarle ninguna materia particular; esta ciencia se llama, no con un
nombre prestado, sino con un nombre antiguo ya aceptado por el uso, la m atem áti­
ca universal, ya que contiene todo aquello en virtud de lo cual se dice de otras cien­
cias que forman parte de la matemática268.

¿Cuál es el alcance de esta referencia matemática en Descartes? Según Desan,

La matemática (en singular) sirve de referente metodológico y figura el "paradigm a


de certeza" sobre el que Descartes calca su método. (...) Pero no nos engañemos, este

267 Desan, Philippe, Naissance de la méthode, París, Nizet, 1987, p. 9.


268 Citado por Desan, (T. A) Descartes, R., Reglas para la dirección del entendimiento, Ed. colec­
ción Paideuma, Buenos Aires, Suarez, 1969, p. 147.

125
paradigma permanece puramente formal y supera ampliamente a las matem áticas a
las que sólo pide en préstamo el nombre. (....) Si situamos a Descartes en el contexto
de los comienzos del siglo XVII, vemos que el discurso en torno al m étodo y el posi-
cionamiento del sujeto respecto a ese método son más importantes que algunas
ecuaciones matemáticas269.

Con Descartes, no sólo el discurso del método cobra un lugar preeminente


como constitutivo del procedimiento científico, sino que este discurso se
constituye a partir de una posición subjetiva fundante: el Cogito. Si bien po­
demos acordar que ya existieron hitos de esta subjetivación del método, como
lo señala Ph. Desan a propósito de Maquiavelo270, el Cogito es la marca histó­
rica del sujeto reducido a su surgimiento puntual, pero presente de ese modo
en el movimiento mismo de constitución de un saber objetivado. Si bien este
método excluye al sujeto, por este camino, el sujeto, habrá subjetivado al mé­
todo. ¿De qué modo pretende Comte tomar el relevo del discurso cartesiano?

Los métodos y la cuestión de la subjetividad en Comte

La ciencia está llena de agujeros, dije al pasar271.

El método objetivo en el discurso positivista.

Comte no aporta una novedad metodológica propiamente dicha, sino que su


Curso se inscribe en el desarrollo del discurso acerca del método de las cien­
cias, al que marca con determinadas pautas doctrinales. Se trata de clarificar y
sistematizar el estado positivo alcanzado por el progreso de las ciencias.

"Positivo" es una palabra acuñada por Comte en su dimensión filosófica pero


que acoge enriquecida con sus significaciones previas:

269 Desan, Ph., Naissance de la méthode, op. cit. p 148.


270 Ibid. p.116 : Montaigne nos ofrece el mejor ejemplo de ese fenómeno de subjetivación del
método. (...)Con Montaigne descubrimos que la duda pertenece a toda investigación y que
el sujeto debe insertarse en su propio procedimiento (démarche) intelectual; en síntesis, de
un pseudo-objetivismo conducente al universalismo, cuya presencia puede rastrearse en
Maquiavelo, La Ramée y Bodin, el sujeto advierte de golpe que el m étodo es un ejercicio
subjetivo y teórico en donde el concepto de "verdad" no hace sino reflejar un proceso
mental que lleva a una visión relativista del momento y su historia. Este aporte del sujeto en
el método comienza evidentemente por una teoría del yo y más particularm ente de la
construcción del yo.
271 P. Feyerabend, Tuer le temps, op. cit., p. 164

126
(...) positivo designa al real en oposición a lo quimérico, lo útil, en oposición a lo
ocioso, la certeza en oposición a lo indeciso y lo preciso en oposición a lo vago. Por
último positivo se opone a negativo, y señala de este modo la vocación constructiva
de la filosofía positiva272.

Desde la lección inaugural del Curso, Comte plantea su ambición de realizar


una historia de las ciencias y sus métodos en la que se haga patente el decli­
nar del espíritu teológico y metafísico ante el progreso del espíritu positivo.
Para él, la revolución científica se puso en marcha en las postrimerías del
siglo XIII, con la obra pionera de Roger Bacon (1214-1294).

La primera fundación sistemática de la filosofía positiva no puede situarse más allá


de la memorable crisis en la que comenzó a sucumbir el conjunto del régimen on-
tológico en todo el Occidente europeo, bajo el espontáneo concurso de dos adm ira­
bles impulsos mentales, uno científico emanado de Kepler y Galileo y otro filosófi­
co, debido a Bacon y Descartes273.

Estos preámbulos a la constitución de la plena positividad dejaron fuera del


movimiento científico -"en un aislamiento irracional"- a las teorías morales y
sociales. Ahora, en el momento comtiano, se trata no sólo de incluirlas sino de
llevar esta nueva filosofía a un estado de sistematización universal. Sólo por
esta vía Occidente, y en particular Francia, encontrarán la reorganización
social y política que desde la Revolución vienen reclamando.

La cuestión del método se une pues, discursivamente, con la voluntad de


construir un sistema filosófico digno de ese nombre, es decir un sistema que
reconozca que la cientificidad inaugura una nueva época para el espíritu de
cada cual y para la sociedad en general. Desde su juventud, esa fue una cues­
tión crucial para Comte: no le bastaba pretender la unidad de un método,
postuló también, en un primer tiempo, la unidad acabada del saber y de un
cierto tipo de saber.

En 1829 -recuperado de su "episodio cerebral"- Comte pone en marcha una


operación de enseñanza que admite el estado de fabricación relativa del saber
de las ciencias. Podríamos pensarlo como uno de los frutos que retira de su
experiencia con la locura en la medida en que, en el Curso, parece más alivia­
do de la exigencia sistemática, más abocado a producir la síntesis del saber
científico de su época, nueva enciclopedia de una historia de las ciencias
vectorizada por la ley de los tres estados.

272 Comte, A. Discours sur Yesprxt positif, París, Vrin, 1995, p. 119-123, § 31-33.
273 Ibid., p. 133. En una carta del 9 de mayo de 1824, dirigida a la Academ ia de Ciencias,
Comte ya se expresa de modo similar Cfr. Correspondance générale, T. 1, p. 86.

127
Según Canguilhem, Comte se percata ya entonces, de una primera esquizia
entre el método y el objeto a investigar:

En la primera lección del Curso, A. Comte enseña que "el m étodo" no es un objeto
de estudio separable de las investigaciones en donde se lo "em plea". A hora bien la
relación de empleo supone la independencia permanente, a pesar del recubri­
miento precario del empleo y del empleado. Esto es confesar, en definitiva, la exte­
rioridad del método respecto a la investigación274.

En 1842 Comte da por concluido su Curso275. En esa fecha redacta el último


volumen, y declara que tomará un año de descanso antes de emprender su
nueva obra, el Tratado de política positiva.

En esos años, a lo largo de su trabajo sobre la historia y el método objetivo de


las ciencias han aflorado otras preocupaciones, puntos de clivaje de distinta
naturaleza que sitúa bajo los nombres de "objetivo-subjetivo", "cosa pública-
cosa privada," "lo espiritual y lo afectivo" y que se revelan como experiencias
de malestar personal. En el Prefacio personal y en su correspondencia con Clo­
tilde él hace el relato de las formas sintomáticas de ese malestar. El método
objetivo deja al descubierto -del lado del sujeto- una dimensión que resiste a
la objetividad, y muestra el fallido intento de una cientificidad a ultranza.
Desde los preludios de su encuentro con Clotilde, las crisis que atraviesa le
han impuesto esa verdad. El 5 de agosto de 1845, luego de haberle detallado
el relato de las mismas pone en evidencia la imposibilidad de la objetivación
como método para tratar los afectos.

Estas son, querida amiga, diversas indicaciones secretas que completan la parte
ostensible de mi difícil explicación sobre la nueva fisionomía, a la vez pública y
privada, característica de la segunda mitad de mi carrera. Los verdaderos conoce­
dores de la naturaleza humana sospecharán bien que cada una de las porciones
de este análisis supone necesariamente la otra, sin que puedan realmente adivi­
narla. Saben, en efecto, que no se puede actuar en profundidad sobre los senti­
mientos de los demás sin participar en ello, y que por consiguiente, una elabora­

274 Canguilhem, G.,Etudes d'histoire et de philosophie des sciences, op. cit., "L'évolution du
concept de méthode de Cl. Bernard á G. Bachelard", p. 163-171.
275 La primera edición del curso se publicó entre 1830 y 1842. Se editaron 1.000 ejemplares
de cada volumen, editados en París, el primero por Rouen y los otros por Bachelier. La
segunda edición del primer volumen se hizo en 1853. Luego Comte rechazó la idea de una
segunda edición al pensar en esos años que esa obra estaba ya perimida y que sólo valía
como docum ento histórico. En 1864, luego de su muerte, bajo la iniciativa de Mme. Comte,
que seguía las indicaciones de Littré, se publicó una segunda edición a las que siguieron
muchas más.

128
ción filosófica relativa a la vida afectiva, exige, del que la realiza, el auge simultá­
neo de tal existencia276.

En su vida personal, a través de síntomas y crisis, no deja de abrirse paso una


experiencia subjetiva que no cesa de insistir (siempre explícitamente conecta­
da por él con el "episodio cerebral "de 1826). Esa otra dimensión, ajena a la
objetividad de la ciencia, es la que en última instancia hace tambalear la
construcción positivista misma, al conmover -desde esa exterioridad- el eje
que la ciencia y su método le proporcionaban. Esto explica la posición que
adopta cuando, en 1857, rechaza reeditar el Curso.

Lo que pude profesar e incluso escribir en el Curso de filosofía positiva, no hubiera


debido publicarlo, salvo a título de puro docum ento histórico, al final de mi ca­
rrera. (...) La preparación que realizó me fue indispensable, pero podía y debía
evitársela al público; la marcha del positivismo hubiera sido más firme y rápida,
si me hubiese manifestado directamente con mi Política positiva, luego de mi rege­
neración mental (...) directamente dirigida a un destino social277.

Ahora bien, esta obra(SPP) cuyo esbozo se sitúa en 1844, fue totalmente reto­
mada por Comte luego de la muerte de Clotilde. Transformó entonces su
título en Sistema de política positiva o tratado de sociología instituyendo la religión
de la Humanidad. La institución de la religión positivista puede leerse como el
índice de un cambio de discurso que obedece a la necesidad de encontrar un
método diferente para tratar las cuestiones del sujeto.

Algo en la subjetividad, encarada por él en su dimensión social-colectiva,


resiste a ser tratado por la vía de la objetivación. Eso que así resiste tiene su
anclaje particular en las experiencias que Comte llama afectivas y que toma­
das a la luz de la enseñanza de J. Lacan, pueden ser consideradas como
emergencia del sujeto en su condición de "correlato de la ciencia"278.

El método subjetivo de A. Comte

Entre 1842 y 1844 Comte labra el acta del atolladero del método "objetivo" de
las ciencias, un límite aceptado pues por sus pretensiones de constituir un
sistema y de alcanzar la unidad del saber. Es el final del sueño cientificista:

276 Comte, A., Correspondance, III, ibid., 5 de agosto de 1845.


277 Carta a Audiffrent del 20 de mayo de 1857, citada por Arbousse-Bastide, op. cit. T. 2, p.
580.
278 J. Lacan, Escritos, "La ciencia y la verdad " op. cit., p. 835.

129
Importa a pesar de todo reconocer, en principio, que, bajo el régimen positivo, l<
armonía de nuestras concepciones se encuentra necesariamente limitada, et\ uv.
cierto grado, por la obligación fundamental de su realidad, es decir de una sufi­
ciente conformidad a tipos independientes de nosotros. En su ciego instinto de re­
lacionar, nuestra inteligencia casi siempre aspira a poder ligar dos fenómenos cua­
lesquiera, simultáneos o sucesivos, pero el estudio del m undo exterior, dem uestra,
por el contrario, que muchas de esas aproximaciones serían puram ente quiméricas
y que una multitud de acontecimientos se realizan continuamente sin verdadera
dependencia mutua; de modo tal que esa inclinación natural necesita com o cual­
quier otro de una regulación de acuerdo a una sana apreciación general279.

Apoyándose en la distinción kantiana280entre puntos de vista objetivo y sub­


jetivo, Comte constata que si bien las teorías "son una exacta representación
del mundo real", la ciencia, dada la diversidad de los fenómenos, no puede
alcanzar la sistematicidad anhelada. Fue su camino para alcanzar como te­
niendo valor de verdad la incompletud del simbólico281. Hay pues una uni­
dad que el método positivo objetivo no puede lograr.

Pero ¿qué pasa si se considera el problema del punto de vista subjetivo (vale
decir individual y colectivo)? Y bien:

Referidas, no al universo, sino al hombre o más bien a la hum anidad, nuestros co­
nocimientos reales tienden por el contrario, con evidente espontaneidad, hacia
una entera sistematización científica y lógica. No se debe concebir en el fondo, si­
no una sola ciencia, la ciencia humana, o más exactamente social, respecto a la cu­
al nuestra existencia constituye su principio y su fin (...)282.

El método objetivo, positivo, científico habrá servido de preámbulo para una


síntesis posible: la obra del espíritu, es decir la consideración de la vida social.

Pero, al tomar su atención hacia el sujeto de esta operación, Comte pone el


énfasis ahora en aquello que el método objetivo dejó fuera. Se trata de lo que
genéricamente se da en llamar la afectividad, pero que justamente él va a
tomar en su dimensión social, de lazo con el otro.

En esos años Comte, que se separó de Caroline Massin, conoce -a fines de


1844- a Clotilde de Vaux. Ese encuentro tiene consecuencias en su obra pues

279 Comte, A. , "Discours sur l'esprit positif", en Philosophie des sciences, París, Gallimard,
1996, p.146-147.
28<>Ibid.
281 Le Gauffey, G., L'lncomplétude du Symbolique, De René Descartes á Jacques Lacan, Epel,
París, 1995.
282 Ibid., p. 148-149.

130
.orno ya ha sido desarrollado- el filósofo intentará avanzar en el entendi-
niento de los afectos a partir de su experiencia amorosa. La cuestión del mé-
codo para tratar "eso", está en el primer plano de su atención.

En una larga carta, escrita a mediodía del 5 de agosto de 1845, Comte relata a
Clotilde su recorrido intelectual y personal, su episodio cerebral, su obra filo­
sófica, y divide su camino en dos grandes épocas:

(...) una sobretodo mental, en donde el punto de vista social no era más que una
fuente de sistematización abstracta, y otra social en donde se trata de reconstruir,
según la sana doctrina previa, la vida moral de la Humanidad.

Comte supone tener la misión de operar una reforma de la vida social a tra­
vés de dos emprendimientos sucesivos, uno ya realizado -la sistematización
de las ideas -, el otro a efectuar aún -la sistematización de los sentimientos.
Doble operación indispensable para la sistematización final de las acciones
humanas.

Se trata pues ahora de encarar esta obra social y moral. Culminada la primera
etapa, saboreado un cierto descanso, durante el cual se permitió romper su
consigna ascética de no leer, Comte señala que para esta nueva fase no carece
de importancia el desarrollo personal de sus afectos, ya que ahora "el corazón
tendrá preponderancia por sobre el espíritu". En ese punto su encuentro con
Clotilde se tornó indispensable "para el perfeccionamiento de su vida pública
y la felicidad de su vida privada"283.

En efecto, para Comte la obra del espíritu es propia de la virilidad, mientras


que la del corazón es obra femenina, de ahí que -com o le escribe a ella-
cuente como imprescindible "la preciosa reacción filosófica que espero de
nuestra amistad". Ella, por ser mujer, es supuesta guía en este saber. La femi­
neidad se coloca en el centro de la cuestión. En la misma carta, a renglón se­
guido, señala a Clotilde un antecedente en su madre, de quien reconoce "ha­
ber recibido algunas cuerdas íntimas, eminentemente femeninas, que no han
podido aún vibrar, por no haber sido convenientemente pulsadas."

Pero, pulsar estas cuerdas plantea a su vez una cuestión de método. ¿Cómo
proceder? El método lógico ha servido para el desarrollo positivo del espíritu.
¿Cómo abordar esta dimensión subjetiva de modo "conveniente"? Bien plan­
teada la pregunta, Comte se aboca a encontrar la respuesta.

283 Comte, A., Correspondance Générale, op. cit., 1 9 7 7 ,1 . III p 78-86.

131
Va a proponer entonces un método que llama "subjetivo" con el cual tratar
las peculiaridades del sujeto para lograr por esa vía la "síntesis" que el méto­
do objetivo rehúsa; por esta vía va a buscar entonces esa imposible unidad,
subjetiva ahora, que el objeto no ha satisfecho. Pero del lado del sujeto, las
cosas revelarán su particular complejidad y la solución se tramará con los
avatares de la vida amorosa del propio Comte. En efecto, este nuevo método
que busca desde 1842, y vislumbra durante el año de su amor por Clotilde, no
adquiere su desarrollo sino a partir de la muerte de ésta. Es recién bajo los
efectos de ese duelo que su doctrina vira a la religión, y es allí que encuentra
un nuevo método que estará, por ende, estrechamente ligado a dicha religión.

El mismo sitúa en el 2 de noviembre de 1846, fecha del primer esbozo del


Cuadro cerebral284, el advenimiento efectivo de lo que llamará su segunda
carrera. Volcado a priorizar el corazón y los afectos, no puede comenzar a
plasmar nada por escrito sino a partir de su respuesta a la experiencia del
duelo por Clotilde, muerta en abril de ese año.

La particularidad como atolladero metodológico

En la progresiva elaboración de un discurso sobre los métodos Comte ha dis­


tinguido los objetos del mundo, que requieren del método objetivo o analítico
para constituir el campo de los saberes científicos; de otro tipo de objeto -la
vida del hombre como conjunto social- con un saber aún no establecido, la
sociología, y un método por inventar. Llegado a este punto se pone a conside­
rar que la unidad del saber, imposible en la dimensión de la disparidad de las
ciencias, es posible como unidad subjetiva. Consiste en un punto de vista
subjetivo.

Subjetivo aquí no quiere decir que se abra a la interioridad del sujeto sino que impli­
ca una noción de totalidad que sólo puede existir en función de un pensamiento in­
dividual o colectivo285.

Importa recordar aquí la intervención de Comte a propósito de Broussais y su


temprana crítica a la psicología introspectiva: no hay introspección válida
para Comte, no hay desdoblamiento posible entre observador y observado.

284 Destinado a los sacerdotes de la nueva religión, es de los pocos documentos esotéricos
de Comte. Modificado a lo largo de diez esbozos realizados entre noviembre de 1846 y
enero de 1850, fue publicado, en su versión definitiva en el SPP, en 1851. Comte ya lo había
hecho público un año antes en su curso del Palais-Cardinal. Las distintas versiones fueron
dadas a conocer por Audiffrent como apéndice de su libro. P. Arboussé-Bastide -op. c it-
también ofrece una reproducción.
285 Arbousse-Bastide, P., ibid., t II, p. 394.

132
Este pretendido método psicológico es radicalmente nulo en su principio mismo. (...)
La observación interior engendra tantas opiniones divergentes como individuos que
la practican. Los verdaderos científicos, los hombres entregados a los estudios posi­
tivos piden vanamente a esos psicólogos que citen un solo descubrimiento real, pe­
queño o grande, que se deba a ese método tan alabado286.

El método subjetivo pretende otro camino para alcanzar una síntesis de la


lógica de los sentimientos, imágenes y signos. En ruptura radical con la in­
trospección el método reivindica llamarse "subjetivo", y así será llamado:

Porque no duda en desposeer a la lógica de los signos de la vana pretensión de mo­


nopolizar el método científico y restaura la lógica de los sentimientos y de las imá­
genes. Por lógica hay que entender aquí toda vía de acceso al real287.

¿No hubo acaso por parte de Comte, a lo largo de esta segunda carrera, la
clarísima percepción de un impasse metodológico en el encuentro con un real
subjetivo que pedía un nuevo procedimiento de abordaje?

Ese real de los afectos, y aún más, ese real donde Eros ha resultado intratable,
ese real, está íntimamente conectado con su duelo aunque no deje también de
tener presentes, los asuntos de la vida social y colectiva que quiere poder
explicar. La muerte de Clotilde lo llevó incluso a volver a escribir su Tratado
de Política, para introducir "una importante modificación filosófica", que se­
gún Arbousse-Bastide, consistió en la separación "didáctica" entre sociología
y moral. La ciencia final ya no es más la sociología, sino "la ciencia de la Hu­
manidad", que es una moral religiosa.

La "sociabilidad" no puede reducirse a su estudio sociológico, la sociabilidad


apela a otro tipo de trato, y esto lleva de nuevo a la cuestión del método. Pero
un método que se ajuste ¿a qué? a una doctrina moral y religiosa que ha de
producir una reforma del entendimiento de la Humanidad. El viraje doctrinal
señala el camino al método. Según P. Arbousse-Bastide:

El método subjetivo marca la instancia definitiva del positivismo comtiano. Este


método ni se opone ni se substituye al método objetivo. Es su complemento o mejor
aún su envés288.

286 Comte A., Philosophie des sdences, op. cit., Primera lección del Curso.
287 Arbousse-Bastide, P., La doctrine de Véducation universelle dans la philosophie d'A. Comte,
op. cit., T. 2, p. 393.
Ibid., T. 2, p. 390.

133
¿En que consistió esa instancia definitiva de la propuesta de Comte? ¿Cómo
abordar la sociabilidad, los afectos? ¿Cuál disciplina puede pretender hacerlo,
ya que ni la sociología, ni la psicología, parecen adecuarse a ello? Llegado a
este punto las respuestas que produce Comte tienen un sabor añejo; hemos
analizado cómo su nueva religión conduce a caminos antiguos, algo similar
ocurre en cuanto al supuesto nuevo método. He aquí el camino que indica
Comte:

Una sabia intervención sistemática, a la vez privada y pública, puede mejorar m u­


cho el orden espontáneo. Esa intervención es la educación289.

Así la innovación metodológica, que parecía prometer el método subjetivo se


reabsorbe en el lugar filosófico marcado desde la antigua Grecia: el de buscar
la reforma del sujeto mediante su ejercitación espiritual dirigida por algún
maestro290. La pedagogía es el nombre del método subjetivo al que finalmente
llega Comte.

La reforma del entendimiento, que hace de la moral su nuevo eje, ha de pro­


mover, en primer lugar, la formación de una pléyade de maestros para la
humanidad. Comte dedicará sus últimos años a esta tarea de formación y
dirección espiritual de sus discípulos. Elabora minuciosamente el plan de esa
reforma y la pone en práctica para transformar a los médicos -sus más fieles
discípulos- en verdaderos sacerdotes. Comte se inspira cada vez más en el
cristianismo, y en particular en el cristianismo medieval, como figura de una
época en donde la religión aseguraba el lazo social:

Desde 1825, mis escritos atestiguan de un creciente respeto por el catolicismo, pre­
cursor inmediato y necesario de la religión que sobretodo debe consolidar y desa­
rrollar la construcción esbozada en el siglo XII291.

La propuesta comtiana adviene pues en el terreno preparado por la práctica


eclesial como práctica de adoctrinamiento, de pedagogía llevada al campo de
la transmisión de una doctrina. De catecismo, de catequesis, de predicación.
En el cristianismo esta dimensión recibe el nombre de pastoral292. Pastoral en
tanto se la considera una tarea de pastores, que han de cuidar del rebaño,

289 Ibid., p. 526. Subrayado nuestro.


290 Cfr. al respecto Haddot, P .,Exercises spirituels et philosophie antique, Etudes agustiniennes,
París, 1987.
291 Testamento de A. Comte, inédito, op. cit. p. 9.
292 Para desmitificar algunos aspectos Cfr. Alain de Libera, Penser au Moyen Age, Seuil,
París, 1991.

134
p r o t e g i é n d o l o d e la s t e n t a c io n e s , d e la s fa ls a s d o c t r in a s . L e j o s a h o r a d e l c a m ­

p o d e la c ie n c ia , s a b e r y v e r d a d p a r e c e n ju n t a r s e e n s u p r o c l a m a c ió n .

P e r o , n o p u e d e o lv id a r s e q u e y a n o se tra ta d e D io s , s in o d e l H o m b r e , d e u n a

d o c tr in a c e n tra d a en la H u m a n id a d . C o m te p re p a ra pues u n n u e vo tip o de

p a s to re s , adecuados a u n m u n d o p o s itiv o , a un m u n d o d o n d e la c ie n c ia

c u e n ta . S u d is c u rs o r e lig io s o se v a a ap oyar en la c ie n c ia de u n m o d o pecu ­

lia r . P a r a e n t e n d e r s u p r o p u e s t a se h a c e n e c e s a rio u n p e q u e ñ o r o d e o : in t e r r o ­

g a r la a r t i c u l a c ió n q u e p o n e e n j u e g o C o m t e e n t r e l o i n d i v i d u a l y lo c o l e c t i v o .

Lo individual y lo colectivo

U n a c la v e r e v e la d o r a d e l p r o b le m a q u e a q u í s e p la n t e a e s tá e n la m a n e r a q u e

tie n e C o m t e d e s i t u a r la s ll a m a d o s " p e r t u r b a c i o n e s i n d i v i d u a l e s " . S e g ú n é l , la

p a to lo g ía e s la c ie n c ia que e s tu d ia e s ta s p e rtu rb a c io n e s a l b u s c a r r e la c io n e s

e n t r e la s v is c e r a s v e g e t a t i v a s y lo s ó r g a n o s a f e c t i v o s , l i g a d o s a l c e r e b r o .

A u n q u e la in flu e n c ia d e B r o u s s a is p e r d u r a , la t e o r ía c e r e b r a l d e C o m t e se h a

h e c h o m u y c o m p l e j a e i n d e p e n d i e n t e d e la b i o l o g í a :

La teoría subjetiva del cerebro es una interpenetración funcional del primado afec­
tivo en el agente humano, articulado sobre una simbolización biológica y sobre la
observación zoológica. La sociología la inspira sin absorberla enteramente293.

Esa g r ie ta e n tre la in d iv id u a lid a d b io ló g ic a y la d im e n s ió n s o c ia l va a ser

c o l m a d a p o r la m o r a l , a la q u e le o t o r g a la f u n c i ó n d e c o m b i n a r lo s p u n t o s d e

v is ta b io ló g ic o s y s o c io ló g ic o s . D a d o q u e la s o c io lo g ía i g n o r a la s p e r t u r b a c i o ­

n e s i n d i v i d u a l e s , é s ta s s ó lo p o d r á n s e r n e u t r a liz a d a s m e d ia n t e la s o l i d a r i d a d

o b je tiv a e n tre i n d iv id u o s , fa m ilia s y g e n e r a c io n e s . E l h ia to s u b je tiv o e n tre la

b i o lo g í a y la s o c io lo g ía s ó lo p u e d e s e r t r a t a d o p o r u n a m o r a l d e la s o l i d a r i d a d

s o c ia l. D i c h a s o lid a r id a d d ic ta d e b e re s q u e tie n e n , p a r a C o m te , u n a s in g u la r

e x t e n s ió n y a q u e i m p l ic a la a c c ió n d e lo s m u e r t o s s o b r e lo s v i v o s .

Las "perturbaciones" como lo sugiere su nombre tienen como efecto alejar al indivi­
duo de su destino social y religioso. Hay que conocerlas para activar su neutraliza­
ción (SPP,II, 363). Comte recuerda el dominio subjetivo de los muertos que gobier­
nan a los vivos. La tentación de sustraerse a ese imperio es el síntoma de la verdade­
ra alienación crónica. Pero esta saludable preponderancia regulariza cada vez más el
conjunto del movimiento humano disminuyendo las influencias perturbadoras... A
este título, el orden puramente individual presenta realmente una complicación su-

293 Arbousse-Bastide, P., La doctrine de l ’éducation universelle dans la philosophie d'A. Comte,
op. cit., T. 2, p. 539.

135
perior a la del orden social, porque participa más de las perturbaciones imprevisi­
bles, lo que le autorizan a exigir su estudio en el 7o y último grado enciclopédico. La
antropología moral estudia las leyes del individuo, no para conocerlo, sino para
protegerlo mejor de sí mismo. Interesa sólo para orientar la dirección espiritual del
sacerdocio294.

La alienación crónica entonces -la locura - consiste en pretender sustraerse a


la influencia reguladora de los muertos sobre nuestro destino. En la Cuarta
Circular anual a sus discípulos Comte escribe:

La moral positiva se encuentra llamada, desde su nacimiento, a dar gran prueba de


su fortaleza para superar hoy la insurrección universal de los vivos contra el inmu­
table imperio de los muertos, sacando del conjunto del pasado los únicos puntos de
apoyo eficaces de aquí en más295.

Saber sobre esto no es materia de enseñanza ni de especulación, ni de ningún


tipo de tratamiento, salvo mediante la solidaridad. La alienación es un dato
que los maestros de la nueva sociedad no pueden ignorar para orientar a los
individuos en el campo de la solidaridad. El sacerdocio médico positivista
encontrará en la psiquiatría naciente a muchos de sus vocacionales. Ha naci­
do el "apostolado médico".

Comte dedica el tratado de moral teórica del Sistema de Política positiva al pro­
grama de formación del sacerdocio médico. Un capítulo, el cuarto, ocupa un
lugar importante en el llamado Traité moyen296. Su tema es el cuerpo. Comte
pretende fusionar allí lo profano y lo sagrado, la ciencia y la religión. Por esa
vía, describe la supuesta armonía entre la existencia corporal y la vida cere­
bral, completando, de este modo, su teoría subjetiva del cerebro.

La medicina se torna ciencia sagrada, aunque toda enfermedad obedezca al


principio de Broussais y resulte de una alteración de la unidad. La medicina
queda supeditada a la moral y a la pedagogía y así ha de entenderla el nuevo
sacerdocio. A esta altura de su segunda carrera, Comte plantea una emancipa­
ción científica: inscribe a la ciencia como preliminar a la religión positiva, al
igual que la teología y la metafísica. Son preámbulos y preparación a la reli­

294 Arbousse-Bastide, P., La doctrine de Véducation universelle dans la philosophie d'A. Comte,
op. cit., T. 2, p. 543.
295 Comte A., Correspondance générale, op. cit., T. VII, p.32.
296 Este tratado tiene cuatro capítulos: 1. Teoría de la naturaleza hum ana; 2. teoría del Gran
Ser; 3. Teoría de la unidad; 4. El cuerpo que es el capítulo medio o fundamental.

136
gión universal. La ciencia no puede brindar al hombre "domicilio permanen­
te".297 La ciencia es el punto de apoyo para el discurso de una moral religiosa.

En el desarrollo de la lógica implicada en su discurso de los métodos Comte


queda finalmente situado en el punto de articulación entre lo individual y lo
colectivo. El individuo, cuya influencia en la existencia social es mínima, sólo
cobra sentido respecto al Gran Ser. Su existencia depende de su participación
en una cierta universalidad. El individuo no es más que un órgano del Gran
Ser, un modo de la existencia suprema. Presumimos que Comte no pudo pen­
sar en un tratamiento posible de la singularidad, porque no pudo vislumbrar,
en ese nivel, un tratamiento provisto de un método. De este modo queda
recortado, en el camino de Comte, un "no ha lugar" para la singularidad
subjetiva.

Pero para dar cuenta del impasse del método en Comte, se hace necesario
atender también a otro obstáculo, más sutil quizá, que se encuentra en su
propia posición enunciativa. Su respuesta, que plasmó para algunos una es­
cuela filosófica y para otros una religión, muestra dos modos distintos del
discurso de Comte, de suscitar adhesiones y de crear el lazo social.

Cambios discursivos298

Más allá del contenido de un discurso, la posición enunciativa de quien lo


sostiene determina el lazo social que todo decir genera. Si Comte no logró
inaugurar, a pesar de su intento, ningún método radicalmente nuevo para el
trato de la subjetividad, quizá la razón de ese fracaso se encuentra en que,
este fracaso es el envés de sus triunfos.

Comte logró generar con su discurso una escuela, es decir discípulos; también
conoció la crisis que cundió entre ellos en el momento en que basculó su posi­
ción enunciativa. Inició su joven carrera hablando como un maestro. Convocó
a la elite de su época y logró, luego de unos años, mediante la intervención de
Littré, un reconocido lugar en el debate de su tiempo, lugar que trascendió su
propio entorno como atestigua, durante su vida, la abundante corresponden­
cia con Stuart Mili y, luego de su muerte, la decisiva influencia de su doctrina
en muchos países de América latina.

297 Arbousse-Bastide, P., La doctrine de Véducation universelle dans la philosophie d'A. Comte,
op. cit., T. 2, p. 581 y siguientes.
298Agrademos especialments a J. Allouch los señalamientos que nos formuló, los que nos
permitieron importantes precisiones en este apartado.

137
El nombre de esa doctrina, que él llamó Positivismo, fue y es la carta de pre­
sentación de Comte299. Ello se debe al hecho de que ese significante fue el
ordenador a lo largo de toda su enseñanza -oral y escrita- del saber que fue
produciendo.

El término (positivismo) que me he visto llevado a construir es pues, a la vez más


extenso y más restringido que las denominaciones (...) que a primera vista podrían
considerarse como equivalentes300

Puede resultar pertinente intentar entender entonces, los movimientos de


ruptura entre los discípulos de Comte al inicio de su segunda carrera, como
efecto de un cambio discursivo cuyas características importa precisar. Esto
desplaza nuestra atención del análisis de los contenidos doctrinales al de las
estructuras discursivas mismas.

En el análisis y escritura que sobre los discursos propuso J. Lacan301, encon­


tramos el recurso pertinente para precisar, desde este ángulo, el cambio que ].
Lacan propuso en efecto, una teorización y formalización de los discursos
reduciéndolos a cuatro figuras, ordenadas según la manera en que son atri­
buidos cuatro lugares así distribuidos:

agente otro
verdad producción

Estos lugares van a ser ocupados por los cuatro puntales de la subjetividad: el
sujeto como mera existencia ($), su relación con el saber (S2), con los signifi­
cantes que gobiernan su decir (Si), y con el objeto que causa su deseo(a). Re­
sultan así cuatro figuras discursivas, cuatro tipos de lazo social que Lacan
llama: el discurso del amo, el discurso universitario, el discurso histérico y el
discurso del analista.

Se hace posible entonces escribir con estos maternas los dos tiempos de la
enseñanza de Comte, ya que fueron creados justamente por Lacan para mos­
trar los distintos tipos de lazo social que el discurso genera. Hemos de acor­
dar pues un valor a los distintos elementos que, como un molinete, permuta­

299 No desarrollaremos aquí la expansión histórica del positivismo en sus distintos m o­


mentos y versiones, al respecto no puede ponerse en duda el lugar fundante que ocupó
Comte en Francia.
300 Comte, A., Philosophie des sciences, op. cit., p. 45-46.
301 Lacan, J. Seminario 17 "El reverso del psicoanálisis" (1969-1970) Ed. Paidós, Buenos
Aires, 1992.

138
rán en los distintos lugares. Proponemos la siguiente operación: Al signifi­
cante amo (Si) le asignamos como valor el significante Positivismo. Al saber
(S2), la doctrina en su conjunto, construida por Comte. Al sujeto ($) lo inscri­
bimos con las iniciales de su nombre, nombre que de algún modo lo repre­
senta, A. C. Del objeto a conservamos en un primer paso esa manera de se­
ñalarlo.

De acuerdo a las cuatro posibilidades formuladas por Lacan, ¿cómo se ordenó


inicialmente el discurso de Comte? Resulta claro que se propuso de entrada
como un nuevo discurso filosófico, la filosofía positiva, destinado a propor­
cionar a la sociedad post-revolucionaria, un nuevo tipo de ordenamiento
social, habida cuenta del lugar de lá ciencia.

No se trataba tanto de un saber universitario - los problemas de Comte con la


École Politechnique atestiguan que su discurso no calzaba fácilmente en los
procedimientos y estilos que la casa de estudios reconocía como propios, sino
que para Comte tomar la palabra ante su público, o dirigirse a él por escrito,
tomó el sesgo de una misión a la que él también como sujeto se encontraba
sometido. Se sometió en realidad a un significante ordenador, el positivismo.
Sostener al positivismo, esa es la primera posición subjetiva que puede ser
transcripta aquí. Colocamos pues al significante amo //positivismo,,en el lugar
del agente de su discurso e indicamos la posición particular del sujeto A. C
bajo la barra.

Positivismo (SI) -» ___________


A. C. ($)

Se constituye así un saber que ocupa su lugar en nuestras bibliotecas. Un


saber del cual no ignora aquello que se le escabulle, y que produce síntomas.
Lo llamó, primero, "lo afectivo". Forma particular de señalar aquello que
atañe al deseo, y cuya causa inscribe la letra "a" en estos maternas. Seguimos
transcribiendo pues esta posición del saber doctrinal produciendo como de­
sechos restos sintomáticos, afectivos:

La doctrina positivista (S2)


a
Tendríamos pues conformado el materna del discurso del Amo-Maestro302.

Positivismo (SI) -> doctrina positivista (S2)

302 "Discours du maitre" que traducimos aquí en su doble connotación.

139
A. C ($) a

Hacemos la conjetura de que si la segunda carrera de Comte sembró tal des­


concierto entre los positivistas, no fue tanto por las innovaciones y cambios
doctrinales que éste introdujo, sino porque su religión -Clotilde- efectivizó
un giro -un cuarto de giro- en su posición enunciativa, un cambio de discur­
so a partir de su duelo: el discurso del amo-maestro viró al discurso histérico.

En la segunda mitad de su carrera Comte va a mostrar y ocultar su división


subjetiva; lo afectivo se precisa y toma el nombre de Clotilde, ella despertó su
deseo, y la falta que su muerte le produjo lleva para él, ese nombre. Su mane­
ra de tratar esa falta permite colocarla bajo la barra, como lugar de una ver­
dad que, en parte, le queda velada.

A .C($) - > ___________


a (Clotilde)

La puesta en primer plano de los afectos de su duelo y no de su espíritu, hace


patente para los otros una relación diferente de Comte al significante-amo,
positivismo, que ahora connota como religión. El significante-amo ya no im­
pera igual que antes, la muerte ha revelado su señorío.

A.C.($) -> Positivismo (SI)


a (Clotilde) Doctrina (S2)

¿Por qué escribir Clotilde entre paréntesis? El trato que la muerte lo conmina
a establecer con Clotilde-muerta, con sus recuerdos, con su imagen, indica el
lugar problemático del objeto que resiste a la simplicidad de la escritura del
objeto a. El objeto en este caso aparece con un lastre -que hemos reconocido
en su dimensión fálica -cuyo alcance en gran medida permanece oculto, co­
mo operación de duelo no efectuada en su punto sacrificial. Esa operación no
efectuada, que escribimos siguiendo en este punto la propuesta de J. Allouch:
- (1+a)303, queda indicada bajo el nombre de Clotilde. Se señala así su pro­
blemática relación con el sujeto, en una articulación sintomática, como la que
puede leerse en el discurso histérico.

Esta histerización del maestro-amo tiene otros dos puntos de articulación


subjetiva: la sintomatología de Comte aparece siempre ligada al cuerpo, en
situaciones transferenciales, y su identificación-incorporación a Clotilde reali­

303 Allouch, Jean, Erótica del duelo en el tiempo de la muerte seca, op. cit., p. 3 0 7 - 313 y p. 411-
421.

140
za el fantasma histérico de la mujer histérica reinando sobre su amo-
maestro304.

Este discurso tiene pues otro agente, otro ordenamiento del saber y del objeto.
También crea un lazo social distinto al del discurso del amo.

A la luz de esta formalización pueden entenderse de otro modo los avatares


de Comte y de su doctrina. En este viraje del maitre al discurso histérico,
Comte genera también las posibilidades de alcanzar una relación diferente
con su propia subjetividad, relación que no es ajena al lazo social que su doc­
trina encenderá en otros lugares.

Sin embargo, el éxito social no resuelve el impasse de los métodos ni de los


discursos. ¿No será acaso Freud quien levantará el impasse que con Comte es
posible articular, al innovar un método que da lugar a otro tipo de lazo social
y de discurso?¿De qué modo ha de pensarse esta inventiva freudiana en rela­
ción a la herencia comtiana patente en el discurso normativizador de la medi­
cina?

304 No suscribimos pues a la lectura propuesta por S. Kofman, Aberrations. Le devenir femme
d'A. Compe, Aubier-Flammarion, 1978, que hace una interpretación de este cambio de
Comte, acercándolo al de D. P. Schreber.
Capítulo nueve

La herencia comtiana

Orden y progreso

Los círculos expansivos del magisterio de Comte llegaron al Río de la Plata, a


Brasil y a México. También llegó el conjunto de los textos del movimiento
positivista anglosajón. ¿Acaso es posible individualizar las huellas de la in­
fluencia de Comte? De modo más particular, ¿cuales son esas huellas en el
Río de la Plata? Quizá sea necesario volver una mirada al pasado305 para
aquilatar mejor su disimulada presencia.

El fantasma del progreso

En 1879, un joven de 24 años, estudiante de Derecho en Montevideo, se em­


barcó rumbo a París:

En esos momentos rendíase en París, culto ferviente al positivismo y a su creador,


Auguste Comte. Los discípulos del gran filósofo dictaban cursos regulares, expli­
cando la doctrina del maestro, comentándola; también daban conferencias en dis­
tintos sitios de París: era una tarea de vulgarización realizada con verdadero espí­
ritu religioso; (...) Y Batlle asistió entonces al curso que profesaba Laffitte - uno de
los más grandes positivistas franceses- en la misma casa donde viviera Com te y
que se conservaba como verdadero monumento por los partidarios de su doctrina
filosófica.
Bebiendo, pues, en las fuentes mismas, inicióse Batlle en el sistema com tiano, que
llegó a conocer perfectamente, en todos sus aspectos, aún en sus más pequeños

305 Retomamos en este apartado algunos puntos que desarrollamos en un artículo publica­
do por la revista Litoral, N° 21, titulado Un lugar marcado, Códoba, 1996, en donde exam i­
namos ciertos aspectos de la influencia positivista como antecedente cultural a la lectura de
Freud en estas tierras.

142
detalles. Y en el espíritu de Batlle, la huella de esta amplia asimilación de los prin­
cipios positivistas ha sido honda y perdurable306.

En el curso de Laffitte, Batlle -el artífice de la modernidad en el Uruguay-


reencuentra a un antiguo compañero de escuela, el brasileño Miguel de Le-
mos, (1854-1917) "quien iba a ser uno de los principales representantes del
positivismo comtiano bajo su forma religiosa, en la América Latina (...) fun­
dador en su país del culto religioso positivista, subsistente todavía"307.

Los futuros gobernantes de más de uno de estos países, al igual que otros
jóvenes, médicos y futuros catedráticos que cumplían su tiempo de estudio en
la ciudad-luz, como se decía, escucharon a los discípulos de Comte. Por el
camino de esos viajeros y de las publicaciones, las ideas positivistas llegaron
al Sur. Aquí, allí, la doctrina positivista -en sus distintas versiones- recibió
una resonancia social amplificada por las consecuencias sociales que pronto
alcanzó en la pedagogía, en la política y en las universidades. Su impronta
puede apreciarse en forma ejemplar en la bandera misma del país de M. Le-
mos, Brasil, donde permanece inscripta la divisa comtiana "Orden y progre­
so".

Según Arturo Ardao308, después de la escolástica colonial, ningún pensa­


miento fue recibido con tanta apetencia como lo fue el positivismo. Dicha
apetencia, estuvo ligada a las urgencias históricas de la década del 70, (1870)
y quizá haya que compararla, en este punto con la avidez que despertó luego
el marxismo en la intelectualidad de la década de los 60 (1960 esta vez). A
fines del siglo pasado las urgencias fueron sobre todo de índole educativa y
política, provocadas por los problemas planteados por las oleadas de inmi­
grantes que, desde aquella década hasta después de la segunda guerra, fue­
ron llegando a estas tierras.

Eran éstos, países que no hacía mucho habían inaugurado la independencia


respecto al pasado colonial; también conocían el fragor de las contiendas in­
ternas por el poder. En esta situación histórica urgía un pensamiento cuya
dimensión pragmática fuese relevante, y diera a la burguesía una ideología
que sirviera de carril en la construcción de la modernización social. El positi­

306 Roberto Giudici, Batlle y el batllismo, Montevideo, Imprenta nacional colorada, 1928, p.
65-66. Menos enfático sobre el alcance de esta influencia Cfr. Batlle y Ordóñez, Figura y
transfigura de J. Mora Guarnido, Montevideo, Impresora uruguaya, 1931, p. 42-43, y tam ­
bién Batlle, Héroe civil, de J. Zavala Muniz, FCU, Montevideo, led ., 1945, p.28-29. A gradezco
a Carlos Etchegoyhen haberme puesto en conocimiento de estos textos.
307 Ardao, A., Espiritualismo y positivismo en el Uruguay, op. cit., p. 109.
308 Sobre esta cuestión Cfr. el clásico de Ardao, A., Espiritualismo y positivismo en el Uruguay.

143
vismo comtiano en su primer carrera, junto con los desarrollos hechos en
Inglaterra por Stuart Mili, Spencer y Darwin parecieron asegurar esta fun­
ción.

Pero, la urgencia produjo un exceso: la profunda revolución intelectual y


moral por la que transitó Europa a lo largo del siglo XIX "la apuramos noso­
tros de golpe y en términos extremos, en una década"309, así como también
apuramos durante el siglo XIX, el pasaje cruento de la vida colonial a la inde­
pendencia, la nueva institucionalización en medio de luchas intestinas por el
poder político. Prosigue Ardao puntuando consecuencias:

(...) El advenimiento del positivismo significó para la inteligencia nacional un cam ­


bio esencial de sus propios contenidos, tan decisivos históricamente com o es la asi­
milación orgánica del saber científico. (....) La doctrina positivista, no preparada así
por una iniciación científica que actuara de puente de transición, se conoció (...) de
un radicalismo naturalista más acentuado que el positivismo francés originario. (...)
Se pasó bruscamente de la metafísica espiritualista del eclecticismo, a un naturalis­
mo acusadam ente apoyado en las ciencias biológicas dentro del espíritu de Darwin

Esto ha dado lugar a una peculiaridad cultural que Ricaurte Soler, en su libro
sobre El positivismo argentino, denomina "el asincronismo” del positivismo y
cientificismo argentino, y que podemos extender al Uruguay.

En Europa por un proceso natural, la cultura científica precede al positivismo, el


cual surge preparado por ella, como una emanación filosófica suya. En nuestro(s)
país(es), en cambio, el conocimiento y cultivo de las ciencias naturales empieza a
hacerse cuando la filosofía positivista realiza su entrada. Puede aún decirse que el
cientificismo - como actitud filosófica- antecede aquí y trae consigo a la ciencia
propiamente dicha311.

Ese asincronismo encuentra como acicate un elemento central en la filosofía


de Comte: la idea de progreso. La ley de los tres estados. Hacemos la conjetu­
ra de que una cierta utilización - en nuestros países- a veces demasiado rápi­
da de ciertas elaboraciones y saberes tiene en su raíz el acuciante fantasma del
progreso. Esa "rapidez " tiene algo de un síntoma social en un continente
donde es corriente situar la producción intelectual detrás de lo elaborado en
otros lugares del mundo. Fantasma del progreso que toma la forma, más pal­

309 Este "nosotros" de Ardao no ha de leerse restringiéndolo al U ruguay. El concepto de


"asincronismo " de Soler, permite extenderlo a la Argentina, sin que sea aventurado darle
un alcance mayor para otros países del continente.
310 Ibid., p. 230.
3” Ibid., 229.

144
pable a veces en la vecina orilla, de una loca carrera tras las modas o su antí­
tesis- más evidente en esta ribera- de un temor conservador, una desconfian­
za a priori de lo nuevo.

Civilización y barbarie: los grandes reformadores de la enseñanza -F. Sar­


miento y José P. Varela- imbuidos por los ideales positivos apostaron al pro­
greso moral de la sociedad por el camino de la educación del pueblo. "Orden
y progreso," es la consigna de Comte que se torna consigna de una época312.
Ella inscribe una solución fantasmática que echó raíces bajo la influencia de
su doctrina. Esa consigna merece quizá ser interrogada y cuestionada a fondo
como elemento de la herencia comtiana.

En efecto, en los albores del siglo la fórmula de la nueva mentalidad se en­


garzó en esa clave: evolucionismo-progreso. Libros, conferencias, periódicos,
difundieron los discursos educativos y políticos que aseguraban la pronta
superación de la inacabable sucesión de revoluciones, motines y tiranías, con
la expectativa de afianzar las instituciones y organizar las nuevas nacionali­
dades que surgirían del pasado bárbaro, es decir ignorante, mediante la fe­
cundación cultural de la inmigración europea, vale decir cargada de saber. Se
alumbraría así una nueva raza.

Después de una década de áspera polémica, el positivismo se impuso en las


universidades, por ejemplo, a partir de 1880 en la Universidad de la Repúbli­
ca, en Montevideo. Los escritos de esta época y los estudios sobre sus prota­
gonistas muestran, por la calidad del debate y su ardor, que este asunto tocó
fibras que iban más allá de todo academicismo. Con el cientismo una nueva
religión pareció instaurarse. En este sentido se expresaba, en 1878, en una
conferencia en el Ateneo de Montevideo, Carlos María de Pena, uno de los
líderes intelectuales del movimiento:

He aquí señores, las grandes verdades que ofrecen la filosofía y las ciencias natura­
les al que penetra en sus vastos dominios con espíritu levantado y con el corazón
abierto a las inspiraciones de una nueva fe. La juventud del Ateneo ha entrado por
esas nuevas vías. Ella no separará los estudios psicológicos y morales de los estu­
dios de las ciencias naturales, ni seguirá la huella de los antiguos filósofos que hacía
de la filosofía un reino aparte y desdeñaban muchas veces engolfarse en los labe­
rintos del mundo físico. Con los modernos y más eminentes naturalistas puede se­
guir a la naturaleza paso a paso, viéndola gravitar incesantemente de organism o en

312 Para el análisis de sus aspectos sociales y culturales Cfr. el libro de J.P. Barrán, Historia de
la sensibilidad en el Uruguay, Ed. de la Banda Oriental, Montevideo, 1990, T 1 y 2.

145
organismo hasta esta arm adura frágil en que se asila el pensamiento y en que tiene
su asiento la libertad 313,

Por esta vía se producen cambios culturales significativos e irreversibles hasta


la actualidad; en 1876 se establecen las primeras cátedras de la Facultad de
Medicina de Montevideo,314 hecho que significó -al decir de Ardao - "en
primer lugar la organización de la enseñanza superior de las ciencias natura­
les, con todas las consecuencias del ingreso definitivo del país a la cultura
científica moderna Según R. Soler:

(...) a partir de 1900 las ciencias naturales stricto sensu decaen notablemente(...) En
cambio, las ciencias del hombre: historia, sociología, psicología, pedagogía, etc., co­
nocieron a partir de esa época un desarrollo inusitado en la cultura argentina. Ese
notable florecimiento acompaña el del cientificismo315.

La importancia de este acontecimiento cultural tiene varias puntas: a partir


del auge de las ciencias biológicas imbuidas de darwinismo, se desencadena
en buena medida la medicalización de la sociedad rioplatense, medicalización
que se hace con la bandera del progreso, y con fe positivista.

En el Novecientos, "la clase médica", como se autodesignó, se percibió y adquirió


conciencia de lo necesario de su cohesión, salió a la conquista del poder en los espa­
cios que creyó le estaban reservados dada la naturaleza de su saber, produjo una
imagen de sí misma que pretendió fuera la única socialmente admitida, y logró un
lugar prominente dentro de los sectores dirigentes y otro importante en las clases
medias superiores y en las altas316.

La ciencia médica se trasmutó eri discurso que adquirió - por ejemplo en las
propuestas de los Higienistas317en Buenos Aires y en Montevideo- ribetes
religiosos. Religiosa fue en efecto una cierta manera de "llevar" los saberes,
en posición de portavoces o de difusores de un progreso por-venir. Encender­
se en la propagación de una doctrina no asegura la criticidad respecto a la
misma, sino más bien la sumisión a los significantes-amos que muestran así
su pertinencia para encaminar al sujeto, en una situación histórica. El saber

313 ibid., p. 100


314 La Facultad de Medicina de Buenos Aires la precedió en casi veinticinco años -1 8 5 2 -
pero las fechas se acercan si consideramos la reorganización académ ica provocada por la
influencia positivista en ambas orillas del Plata.
315 Soler, R. El positivismo argentino. Paidós, Buenos Aires, 1968, p. 61.
316 Barrán, J. P., Medicina y sociedad en el Uruguay del Novecientos T. 1 y 2, Ed. de la Banda
Oriental, Montevideo, 1992, cap. 3.
317 Cfr. al respecto Vezzetti, H., La locura en la Argentina, Paidós, Buenos Aires, 1985.

146
colocado como producto -europeo- mantuvo velado, para la mayoría, sus
límites y los resortes de su producción.

Las relaciones económicas en primer lugar, pero también culturales, con Eu­
ropa primero, y con los Estados Unidos después, revelaron el rostro amena­
zador del Otro. El fracaso parcial del positivismo, los problemas sociales que
no resolvió, mostraron como problemática y sintomática esa pasión del sujeto
-su histerización- y dieron lugar en este siglo a todas las críticas sociales y
políticas que, como afirmación nacionalista, de los países o del continente,
desplegaron otras virtualidades discursivas318.

En ese camino se ha podido vislumbrar que no será sin un cambio en la posi­


ción del sujeto, liberándose de la protesta vana y de la sumisión, que otra
alternativa podrá instaurarse.

Resulta curioso observar como se conjugaron de distintos modos, en los ca­


minos que siguió la propagación de la doctrina de Comte en América latina,
aquello que en su vida se separaba en dos carreras. Por ejemplo, en un país
como el Uruguay que, en un continente religioso, se proclamó excepcional­
mente ggnóstico y laico, aparecieron estos nuevos religiosos revestidos con el
hábito de la ciencia. Ni Batlle, ni los demás positivistas en el Uruguay, adhi­
rieron a la segunda carrera de Comte, como tampoco lo hizo el positivismo
argentino. Sin embargo, ni Batlle ni sus contemporáneos rehusaron el lugar
que Comte le asignó al sacerdocio laico del médico. De este modo la vertiente
cientificista de la primera carrera de Comte mostró aquí, su componente reli­
gioso.

Es interesante constatar que existieron lugares de resistencia a este discurso.


La práctica y el discurso médico fueron cuestionados, por ejemplo, por el
Centro Natura en una polémica que se asemeja en muchos puntos a la implí­
cita en ciertas posiciones actuales del acontecer montevideano319.

318 En la historia del lacanismo resulta interesante situar aquí el papel que jugó el término
"lacanoam ericano" empleado por Lacan en Caracas, en el que muchos leyeron el nuevo
"significante" que podría inaugurar una nueva relación al saber producido por Lacan,
saber que habría entonces que deseuropeizar. El fracaso de una operación encarada en
estos términos se hace patente en las nuevas formas de reagrupam iento internacional que
en ese terreno han ido surgiendo.
319 Cfr. sobre este punto los "Escritos de Lumen Cabezudo", recopilados por R. C apurro y
D. Nin, Edelp, Córdoba, 1995, y la coherente posición, en este punto de su hija, Iris. Cfr.
Extraviada, de R. Capurro y D. Nin, Edelp, Buenos Aires, 1994.

147
En efecto, hay un doble elemento, al menos en la actualidad montevideana,
que de algún modo señala que hemos de revisar nuestras herencias y saldar
cuentas con Comte. Nuestra sociedad parece debatirse entre el polo de un
cientificismo neo-positivista a ultranza y el retorno de una religiosidad que,
bajo la forma de un discurso neo-religioso, destaca sus propuestas en los es­
tantes de las librerías, multiplica adeptos y genera nuevas prácticas.

En el campo de la llamada "salud mental" esto se hace aún más notorio.

Están quienes reducen la cuestión de los trastornos subjetivos a mecanismos


biológicos y buscan la "solución" medicamentosa, "solución" vehiculizada a
menudo por un discurso cientificista. Se cae entonces en un reduccionismo a
ultranza, que resta toda pertinencia a la eficacia de la palabra.

En los intersticios del tejido social, de la mano de un discurso pedagógico-


sanitario, predomina otro discurso, médico-psicoanalítico éste, pero que no
parece tampoco muy lejano a una profesión de fe.

También están quienes, en una posición neo-religiosa franca, por fuera de las
tradiciones cristianas, con una marcada influencia oriental e indigenista hacen
de su referencia a un supuesto cuerpo energético y a su manejo, el principio
de sanación. Son un lugar de resistencia al poder de los otros discursos. Los
acotan de modo sintomático. Revelan en su religiosidad manifiesta una rela­
ción al saber que los otros ocultan.

El Uruguay batllista que hizo del laicismo, y del agnosticismo religioso una
profesión de fe positiva y del anticlericalismo una práctica cotidiana, asiste a
un extraño ocaso. De un modo muy simple se creyó haber saldado cuentas
con la religión, con los muertos y con la vida. Las clases ilustradas creyeron
primero en el Progreso, luego en la Revolución y en la Ciencia. He aquí que
asistimos a una situación extrañamente similar a la que vivió el mismo Comte
en su doble carrera. Sólo que lo que en él se dio sucesivamente, aquí se da
simultáneamente. En este debate actual, interrogar el testimonio de Comte es
interrogar nuestra actualidad.

El fantasma del orden

Pierre Thuillier320 plantea en un trabajo reciente, "El problema fundamental


del orden", la persistencia del discurso de Comte: entre las concepcionés que

320 Thuillier, P., La revanche des sorciéres. Virrationnel et la pensée scientifique, París, Belin, 1997,
cap. 8.

148
un grupo humano se hace del orden natural, social y moral habría siempre un
lazo, por tenue que este sea. Todo desorden tiende por ende -en esta creen­
cia- a aparecer como imperfecto, causa de inquietud y forma del Mal.

Esta idea de desorden tenía para Comte una fuerte connotación política y
social que tomó la forma de un resuelto conservadurismo: nada debía cam­
biar mientras no cambiase la actitud de los seres humanos, mediante una
regeneración espiritual a cargo de los nuevos educadores de la Humanidad.
Progreso pues acotado a, y en, este orden.

José Pedro Barrán, en sus estudios históricos sobre el cambio cultural de co­
mienzos de siglo llamó disciplinamiento a esta incidencia mayor del "orden"
y ha documentado de qué modo ese disciplinamiento se produjo mediante la
producción de un discurso que denominó "la medicalización" de la cultura.
Acordando con los trabajos de M. Foucault, Barrán llama de este modo, no
tanto a la práctica de la medicina como ciencia, sino más bien a la práctica
discursiva que hace de la salud un ideal social generador de nuevas normas y
de ordenamiento social. Esta estrecha relación entre medicalización y disci­
plinamiento puede ser leída como una versión de la consigna de Comte "O r­
den y Progreso". En la contra tapa del estudio del Barrán sobre Medicina y
sociedad... se puede leer:

Este libro estudia el proceso por el cual el cura fue sustituido por el médico com o
director de conciencias, y como su saber fue infiltrando todos los planos de la coti-
dianeidad.

El cientificismo médico descolla en los discursos médicos de principios de


siglo; a los médicos,"apóstoles" de la verdadera Ciencia del hombre, deben
allanársele los caminos. Así lo reclamaba uno de los primeros psiquiatras de
este país, Santín Carlos Rossi, en 1919, en un discurso de neto corte positivis­
ta:

La Universidad tiene, en la división del trabajo, la misma función que el cerebro en


la división del trabajo fisiológico: la de recibir sensaciones y orientar movimientos.
Y bien, en esta época de inquietud mundial (...) la hum anidad (...) ¿dónde encontra­
rá ese fanal? (...) Sólo la Ciencia, por ser la parte verificadora de la experiencia, pue­
de ofrecer datos para la ruta definitiva de la humanidad, pero para ello es menester
que los hombres de ciencia abandonen sus "torres de marfil" y desciendan con sus
verdades a la arena donde se debaten los pueblos. (...)321*

321 Citado por Barrán, Medicina y sociedad... T. 1, Montevideo, Ed. de la Banda Oriental, 1992.
p. 197-198.

149
El disciplinamiento fue tarea ejercida en primer lugar por el maéstro. Señala
Barrán que el programa de enseñanza de "hábitos" para segundo año de es­
cuelas estatales de 1897, menciona en primer término "inculcar (...) hábitos de
regularidad y que, en las "Lecciones de economía Doméstica" de 1905 y 1906,
la mujer ideal era presentada como "económica y ordenada"322.

Luego, el médico tomaba el relevo del discurso pues era él quien, mediante la
persuasión, "debía enseñar al enfermo a disciplinarse en todos sus modos de
obrar tanto físicos como morales, en su modo de vivir y de reaccionar"323. Esta
extensión y desplazamiento del discurso de la ciencia médica a un discurso
ordenador de la vida social, a un discurso que propone ideales y deberes
ligados a la Higiene, tiene hoy perfiles más nítidos que a comienzos de siglo.
Es pertinente advertir que este discurso actual se constituyó en buena medida
con la herencia del positivismo comtiano.

Pero tocamos aquí un fenómeno que desborda ampliamente su localización


montevideana. Esta refracta a su modo, un fenómeno mucho más global de
Occidente, un fenómeno que se constituyó en Occidente, no sólo con la in­
fluencia positivista sino también gracias a ella. En una entrevista de 1976,
titulada "La extensión social de la norma"324, M. Foucault señalaba el despla­
zamiento de una sociedad que en lugar de ordenarse en tomo a la ley lo hace
cada vez más, medicina mediante, en tomo a un campo mucho más amplio,
el de la norma.

Quien dice norma apela a criterios de normalidad y por ende de patología


para clasificar a los individuos o analizar las situaciones. En este punto, un
texto de T. Szasz325, con el que polemiza Foucault, proponía pensar a la medi­
cina como la religión de la época moderna (¡qué cerca estamos de Comte!).
Foucault por su parte, prefiere señalar más bien el desplazamiento que se
opera mediante este discurso, de una sociedad articulada por la ley a una
sociedad articulada por normas. Una sociedad, señala, que asimila cada vez
más el criminal a un enfermo y que por lo tanto requiere a la medicina como
la ciencia que debe discriminar entre normal y patológico326.

322 Barrán, J. P., Historia de la sensibilidad en el Uruguay, T. 2, Ed. de la Banda Oriental, Mon­
tevideo, 1990, p. 45-46.
323 Barrán, J. P., Medicina y sociedad... T. 1, Montevideo, Ed. de la Banda Oriental, 1992, p. 232
-233.
324 Foucault, M., Dits et écrits, "L'extension sociale de la norme", Gallimard, París, 1994, T.
III, p. 74 -78.
325 Szasz, T., (trad. al fr.) Fabriquer la folie; Payot, París, 1976.
326 Cfr.Foucault, M., Les anormaux, Gallimard-Seuil, París, 1999.

150
Esta manera de situar las cosas obedece a una cierta articulación del poder
médico con cierto tipo de discurso. ¿Pero* dónde radica aquello que da fuerza
a ese discurso, en su circulación social, en la aceptación que recibe? ¿Es debi­
do a una creencia a la que apela como religión pagana de este final de siglo?
¿Es debido a la ciencia en que se respalda?. Para Foucault aquello que da tal
fuerza a la función de la medicina se debe a que "al contrario de la religión,
(la medicina) está inscripta en una institución científica"327. Esta inscripción
sería la que le permite funcionar como mecanismo de control social. De este
modo Foucault tiene en cuenta la complejidad del problema en el que no
pueden olvidarse los funcionamientos técnicos y científicos de la medicina. Se
puede así distinguir niveles de funcionamiento en donde la extensión del
discurso médico al control social o a la propuesta de nuevos ideales, excede la
inscripción científica de la medicina, pero no se da sin ella.

Hay un sesgo que hace las cosas más complejas en el campo que marca Ja
experiencia de la locura. Esto tiene que ver con la forma en que la psiquiatría,
influida por el discurso positivista y neo-positivista, (lo que indudablemente
va más allá de Comte) colonizó la cuestión de la locura y desarrolló -sin las
bases científicas de otras ramas de la medicina- una patologización más que
problemática de los avatares subjetivos328.

Hemos de recordar que Comte, por un lado, se mostró cada vez más crítico
respecto al tratamiento médico-biológico de la locura, pero por otro, alentó a
una nueva estirpe de médicos a asumir un rol de pastores de la Humanidad.
En esta vía el médico al igual que.el pastor, queda en una posición de exterio­
ridad respecto a la locura, lo que pone en evidencia el atolladero metodológi­
co y subjetivo del mismo Comte. Esa trampa subjetiva es así descrita por M.
Foucault:

Es ilusorio creer que la locura - o la delincuencia o el crim en - nos hablan de una


exterioridad absoluta. Nada hay de más interior a nuestra sociedad, nada más inte­
rior a los efectos de su poder, que la desgracia de un loco o la violencia de un crimi­
nal. Dicho de otro modo, se está siempre dentro329.

Los excesos del magisterio

327 Foucault, M., Dits et écrits, "L'extension sociale de la norm e", op. cit., T.III, p. 76.
328 Sobre este punto en nuestro país Cfr. el estudio docum entado de Barrán, J. P., Medicina y
sociedad. . . , op. cit., T. I, cap. 7. "El poder absoluto".
329 Foucault, M., Dits et ecrits, "L'extension sociale de la norm e", op. cit., T. III, p. 77.

151
Ciencia y religión son dos prácticas que pueden acercarse y/o diferenciarse.
Ante la clásica pregunta ¿qué es la ciencia? y luego ¿cuál es en esa ciencia su
núcleo duro de cientificidad? Parece más fecundo, para el análisis histórico,
seguir a Foucault en la reformulación de estas preguntas. El análisis histórico,
entendido como "medio para evitar la sacralización teórica", debe ocuparse
más bien:

(...) en decir cual es la no cientificidad de la ciencia o más bien, pues el problema


cientificidad-no-cientificidad no es lo importante, debe plantearse, cual es la fuerza
de una ciencia, cóm o los efectos en nuestra sociedad, los efectos de verdad de una
ciencia son al mismo tiempo efectos de poder330.

Esos efectos de poder y verdad se traman en los discursos y a su vez estos no


son ajenos a las posiciones enunciativas de quienes lo sostienen. En este
punto se impone considerar la herencia de Comte, tramitada por sus discí­
pulos, en particular en el campo de la locura, como una herencia ligada a un
exceso: el exceso del magisterio.

La pretensión de la psiquiatría, a lo largo del siglo pasado y de este siglo, de


convertirse en ciencia positiva al igual que el resto de la medicina ha sido
ampliamente estudiada por los historiadores331. Podemos señalar al respecto
dos cuestiones relevantes: la cuestión del método de tratamiento que mostró
ser un atolladero mayor, y la cuestión de su lugar en la red discursiva y en la
organización social, lugar de poder relativo a un supuesto saber sobre lo
normal y lo patológico.

En ambos puntos, que se revelarán ligados, la intervención de Freud hizo


bascular los discursos, inscribiéndose como el hallazgo de un nuevo método
para tratar a la subjetividad y como una resistencia activa al discurso de la
normatividad.

Pero, esta ruptura fue atemperada. Hubo vacuna contra la peste freudiana
que en buena medida, pasó de ser un revulsivo a integrarse con el discurso de
la norma. Podemos fácilmente, otorgarle razón en este punto a Foucault, veri­
ficando su afirmación:

330 ibid.
331 Cfr. Por ej. Dowbiggin, I . , La folie héréditaire ou comment la psychiatrie frangaise s'est consti-
tuée en un corps de savoir et de pouvoir dans la seconde moitié du XIX siécle., (trad. del inglés)
Epel, París, 1993 y, más recientemente, F. Gros, Foucault et la folie, PUF, París, 1997.

152
El psicoanálisis, no sólo en USA sino también en Francia, funciona de m odo masivo
como práctica médica. Desde este punto de vista, forma parte de esa red de "con ­
trol" médico que está estableciéndose en todas partes332.

La reciente polémica desatada en el medio psicoanalítico por la respuesta de


J. Allouch al libro de H. Besserman Viana, permite captar la extrema impor­
tancia de este asunto que divide las aguas en el psicoanálisis.

Por un lado, tenemos opiniones como la de René Major que dice así:

No me caben dudas de que los avances del psicoanálisis deberían impulsar un nue­
vo discurso ético sobre la ética en general, médica u otra, un discurso distinto que
integraría la verdad del psicoanálisis y sería un discurso válido com o acto ético-
político. (...)¿Quién mejor que el psicoanalista, tiene el poder y el deber de respon­
der acerca de lo que determina inconscientemente sus actos y de responder acerca
de su inscripción en una historia?(...)333.

Por otro lado, el cuestionamiento radical que efectúa J. Allouch, de ese lugar,
que él señala como lugar de un exceso magisterial ejercido en nombre del
psicoanálisis. "¿Quién mejor", se pregunta, retomando a R. Major, y prosigue:

Mucha gente y ciertamente no sólo intelectuales. ¿Qué analista, en lo que se refiere a


responder por sus actos e inscripción en la historia, osaría darle lecciones a un Sal-
man Rushdie? (...)¿Qué significa ese estúpido crédito de un poder y deber respon­
der "m ejor" concedido al psicoanalista? 334.

Alternativa crucial y con serias consecuencias para el psicoanálisis: inscribirse


en el discurso de la "etificación" médico-psiquiatrico-psicoanalítica, de la bio-
norma, del discurso de los nuevos imperativos y de ideales o resistir crítica­
mente a él.

Esta segunda opción implica, para el psicoanálisis, un retorno insistente a los


límites de su método y una crítica permanente a sus elucubraciones de saber.

La cuenta que salda el método freudiano

El método freudiano se torna, por la vía de la atención a la particularidad del


caso, un "ejercicio subjetivo ". Al respecto señala J. Allouch que:

332 Foucault, M., Dits et ecrits, "L'extension sociale de la norm e", op. cit., T. III, p. 77.
333 Besserman Viana, H., Politique de la psychanalyse face a la dictature et á la torture,
L'Hartmattan, París, 1997, Introducción de R. Major p. 9 y 23.
334 Allouch, J. La etificación del psicoanálisis. Calamidad, Edelp, Buenos Aires, 1997, p. 47.

153
El alcance del caso histórico en Freud excede largamente su función de paradigm a
(en el sentido gramatical del término) del método. El abordaje freudiano del caso,
por no cesar de persistir en la singularidad del caso, por fundarse en la literalidad de
lo que el caso le presenta, especialmente a título de síntoma y en su referencia al re­
lato (lo que equivale a un interdicto referido a la traducción del síntoma, sobre todo,
en términos "científicos"), destaca en acto que el método es un "ejercicio subjeti­
vo"335.

El método analítico inaugurado por Freud pone en juego de tal modo a la


subjetividad que requerirá una nueva teoría del sujeto en donde colectivo y
social dejan de ser tomados como equivalentes. Ese fue uno de los puntos que
no pudo discriminar Comte: la experiencia de lo particular, siempre es social,
aunque no colectiva, pues está trenzada siempre, desde el comienzo, con el
Otro y los otros.

Si este análisis es correcto, cabe señalar que de algún modo Freud responde,
limitadamente sí, en forma justa, al atolladero de Comte. Comte a su vez re­
vela a los psicoanalistas la figura de su propio riesgo.

335 Allouch, J., Freud y después Lacan, Edelp, Buenos Aires, 1993, p. 57-58.

154
Anexo

Principales obras de A. Comte

-Opuscules de philosophie sociale, (1819 -1828) 1 vol., Textos reproduci­


dos por Comte en el IV tomo del Systéme de Politique positive. Ligera­
mente modificados fueron publicados en París, Leroux, 1883. En es­
pañol, versión de F. Ginés de los Ríos, México, FCE, 1942.

-Cours de philosophie positive, (1830 -1843) 6 vol, París, ed. por Rouen y
luego por Bachelier. Reediciones sucesivas luego de la muerte de
Comte, la última en 1990.

-Traité philosophique d'astronomie populaire,(1843 -1844) 1 vol. Reedi­


ción, en Corpus de philosophie en langue frangaise, Fayard, París,
1984

-Discours sur Vesprit positif, (1844) 1 vol. Numerosas reediciones, la úl­


tima ut supra. Versión en español de Julián Marías, Madrid, Alianza,
1980. Primera edición en español: Madrid, Revista de Occidente, 1934.

-Discours sur l’ensemble du positivisme (1848), París, Mathias, laúltima


ut supra.
-Systéme de politique positive ou traité de sociologie instituant la religión de
l'humanité, (1851 -1854 ) 4 vol, París. Mathias. Reedición, París, Au
siége de la Société Positiviste, 1907.

Cathéchisme positiviste, 1 vol. (1852) Numerosas reediciones. París,


Flammarion, 1965. En español versión de N. Estébanez, editada en Pa­
rís por Garnier.

Synthése subjective ou systéme universel des conceptions propres á l’état normal de


VHumanité, 1 vol.,
(1855 ) publicada por el autor y Dalmont Libraire.

Appel aux conservateurs, (1855), 1 vol.

Testament d'A. Comte avec les documents qui s'y rapportent (1884), 1 vol.,
París, 10 rué Monsieur- le- Prince

Correspondance générale et confessions. 7 vol. (1814-1854), París, Archi­


ves positivistes, Ed. de l'EHESS, Vrin.

156
Anexo

Cronología de algunos acontecimientos salientes

1789 Comienzo de la revolución francesa. Estados generales en


Versalles.
1793 Ejecución de Luis XVI. Primera coalición europea contra
Francia.
1794 Caída de Robespierre. Gobierno de la Convención.
1795 Bonaparte general en jefe del ejército del interior. Fin de la
Convención.
1795 a 1799
El Directorio. Campaña de Bonaparte
1798 El 19 de enero, nace en Montpellier, Isidore-Auguste-Marie-
Franqois-Xavier Comte, hijo de Louis Comte y Rosalie Boyer.
2da. coalición internacional contra Francia.
1799 En noviembre: golpe de estado de Bonaparte
1800 Bonaparte en las Tullerías
1801 Fuerte crisis económica sacude a Europa
1804 Consagración del emperador
1805 3a. coalición
1806 4ta. coalición
1808 Napoleón enEspaña.Juntas en España y América de apoyo al
rey Fernando VII.Comte ingresa en el Liceo.
1809 5ta. coalición
1811 Crisis industrial y agrícola
1812 6ta. coalición
1813 Prusia y Austria entran en la guerra. Comte cursa una año de
matemáticas con Daniel Encontré, en Montpellier.
1813-1814
Francia invadida. El zar y el rey de Prusia entran en París.
30 de marzo: París capitula. El senado proclama la caída del
emperador. Abdicación de Napoleón,
en mayo : entrada de Luis XVIII en París
Al final de ese año Comte se va a París en donde gana el concurso
en la École Politechnique y comienza allí sus estudios
1815 Retomo de Napoleón: "los 100 días". Luis XVIII huye y Na­
poleón se instala en las Tullerías
7a. coalición. En junio derrota de Napoleón en Waterloo.
2da.abdicación. Retorno de Luis XVIII.
1815 2da. Restauración con Luis XIII.
1816 Período del "terror legal". La École Politechnique cierra. Comte
vuelve a Montpellier. Unos meses después vuelve a París decidido a
ganarse la vida dando clases de matemáticas. Encuentro decisivo
con Saint-Simon.
1816 a 1820
Gobierno de los realistas
1817 escasez y crisis en el agro. Saint-Simon y Comte publican "La
industria".
1818 Comte tiene una hija con Pauline. Perfila su obra. Saint-Simon y
Comte publican "La política"
1822 Complot carbonero. Saint-Simon y Comte publican “El organiza­
dor”. Comte tiene un método de trabajo.
1824 Muere Luis XVIII. Reinado de Carlos X.
Ruptura de Comte con Saint-Simon. Conoce a Caroline Massin, fu ­
tura Sra Comte. Proyecta su Curso.
1825 Matrimonio civil con Caroline Massin, el 19 de febrero.
1826 el 2 de abril Comte inaugura su Curso.
el 12 de abril Comte está enfermo. Internación en la clínica de Es­
quirol.
el 2 de diciembre vuelve a su casa y ese mismo día se celebra su ca­
samiento religioso.
1827 de enero a marzo estado "cuasi vegetativo"
abril: intento de suicidio tirándose al Sena.
junio: va a la casa paterna a Montpellier. Se recupera,
setiembre: vuelve encarando retomar su trabajo
probablemente ese año muere " una hija que lloro aún, que el croup
me robó en su 9o.año. La fecha es deducida sin posibilidad de
ser confirmada.
1828 en mayo, Broussais publica su tratado De la irritación y la locu­
ra.
en agosto Comte publica su comentario al tratado de Broussais.
1829 el 4 de enero (después de 3 años de interrupción) Comte reinicia
su Curso.
1830 Disolución de las Cámaras. Revolución de 1830. Abdicación
de Carlos X (Borbón) en favor de Luis-Felipe de Orléans. Rei­
nará hasta 1848.
Comte prosigue su curso. Inaugura un curso público y gratuito
de astronomía elemental (lo proseguirá durante 18 años)
1830-1842

158
Curso de filosofía positiva, 6 vol
1842 el 15 de junio: nueva crisis provocada por abandono de Carolina.
1843-1844
Tratado elemental de geometría analítica. Tratado filosófico de
astronomía popular, 1 vol.
1844 Discurso sobre el espíritu positivo. 1 vol.
1845 "El año sin igual" con Clotilde de Vaux.
1846 el 5 de abril muere Clotilde de Vaux.
1848 -1851
La 2da. República. En esos años Marx y Engels publican "El
manifiesto comunista."
1851 Golpe de estado de Luis Napoleón Bonaparte
1852 Proclamación del imperio. Napoleón III
1851-1854
Sistema de política positiva o tratado de sociología, instituyendo la
religión de la humanidad. 4 vol.
1852 Catecismo positivista, 1 vol.
1855 Llamado a los conservadores
1856 Síntesis subjetiva, o sistema universal de las concepciones propias al
estado normal de la Humanidad. Tomo 1, 1 vol.
1857 el 5 de setiembre, a los 59 años, muere A. Comte
INDEX

Acto sacrificial. 115,116.


Alienación. 46,132.
Alma. 27, 43, 51, 71, 81, 97,113,117.
Altar. 45, 50, 80, 94,117.
Allouch, J. 67,111,137,149.
Amo. 81,137
Amor 71, 96,109,129.
Amor cortés 79,118.
Angustia. 50.
Año sin igual. 60, 76, 89,111.
Aparato digestivo. 34.
Apóstoles. 146.
Arbousse-Bastide. 97,130.
Ardao, A.. 11,140.
Aries, Ph. 102
Artificio. 66.
Asincronismo. 141.

Balzac. 41.
Barrán, J.P. 146.
Batlle y Ordónez, J. 139.
Biblioteca. 49,131.
Bichat. 41
Binet. 38,109.
Biología. 52,132.
Bio-norma. 150.
Blainville. 24, 52, 60, 95.
Boyer, R. 15, 20,154.
Braunstein, J. F. 45, 51.
Broussais. 35, 55,129,155.

Cabeza. 15, 40, 57, 79.


Campo freudiano. 14.
Canguilhem, G. 54,106,125.
Casamiento. 22, 36, 73, 80,155.
Cerebro. 25, 34, 46, 49, 52,132,146
Ciencia. 11,19, 25, 35, 40, 45, 53, 91,106,119,141.
Cientificismo. 119,141.

160
Cientificista, 126,144.
Clotilde de Vaux. 13, 37, 52, 75, 89,117,127.
Colectivo. 48, 75,127,150.
Comedia. 17, 31, 72,113.
Comicidad. 31, 93.
Cómico. 31.
Comte, Louis. 15,154.
Confesiones. 14, 68.
Cornudo. 32.
Cousin, V. 40.
Creencia. 12, 58, 81,106,145.
Crisis. 14, 24, 35, 40, 46, 50, 62, 81, 94,119,124,134,154.
Cuerpo. 40, 51, 67, 75, 81, 86, 99,115,133,145.
Culto. 67, 80, 90,139.

Dama. 71, 90.


Dante. 60, 70, 90.
De Brosses, Ch. 106.
Descartes. 62, 80,121.
Deseo. 27, 78,112,135.
Deserotización. 79.
Digestión. 58.
Disciplinamiento. 146.
Discípulos. 12, 34, 50, 65, 97,102,114,131,149.
Discurso. 13, 40, 57,119,132,143.
Duelo. 13, 52, 66, 87, 90,129,137.

Eclecticismo. 44, 47,141.


Educación. 21, 35, 74,100,131,142.
Eichtal, G. de. 21, 34, 38, 54.
Enfermedad. 33,40, 56, 61, 71,124,133,142.
Enseñanza. 15, 22, 34, 44, 56, 61, 71,124,133,142.
Enunciación. 50, 98,117.
Episodio cerebral. 24, 29, 37, 40, 50, 53, 56, 63, 74, 78,108,124.
Erisipela. 75.
Ernestine. 70.
Eros. 82, 94,119,130.
École Politechnique. 26, 31, 50, 65,136,154.
Espíritu. 16, 24, 47, 53, 60, 90,100,124,137,151.
Espiritual. 19, 65, 80, 81,125, 146.
Esposo. 84.
Esquirol. 13, 32, 50, 63,155.
Estómago. 40,49, 57, 82.

Fálico. 110.
Falo. 110,115.
Fantasma. 112,119,137,145.
Fetiche. 106.
Fetichismo, neo-fetichismo. 89,103,105,110.
Fetichización. 109.
Fiebres. 41.
Fisiología. 21, 41, 84.
Foucault, M. 40,119,146.
Freud, S. 95,108,138,149.

Gall. 34, 43.


Georget. 34.
Gide, A. 67,112.
Gouhier, H. 18, 31, 56, 63.

Hamlet. 34,43.
Herencia. 34.
Hija. 36, 58, 71, 87,155.
Histérico. 165.
Historia. 13, 20, 40, 56, 70, 82, 96,119, 143,150.
Humanidad. 19, 43, 52, 60, 75, 84, 90,113,120,146,156.

Idealización. 79,110,118.
Identificación. 94,101,116,137.
Imagen. 67, 83, 94,137.
Incorporación. 9,119,137
Individual. 48, 82, 62,103,127,132.
Insomnio. 77,82.
Introspección. 129.
Irritación. 40, 50, 63,155.
Irritativa. 46.

Kant. 112.

Lacan, J. 67, 96,111,126,135.

162
Laffitte. 97, 99,139.
Lazo social. 131,134.
Letra. 30, 81,112,136.
Levi-Strauss, C. 67.
Locura. 11, 34, 42, 63,108,124,133,148,155.
Luis Felipe. 58.

Maestro, 16, 21, 76,119,131,136,146.


Maestros. 60,136.
Magisterio. 120,139,148.
Manía. 33, 46.
Marx. 12, 47,107,156.
Máscara. 67.
Medicalización. 50,143.
Medicina. 31,40, 51, 63,133,146.
Médico. 27, 32, 40, 51, 86,122,133,144.
Médicos. 31, 34, 41, 51, 71,131,140,146.
Melancolía. 36, 84,111.
Método. 13, 20, 32, 38,47, 68, 75, 82, 91,120,130,140,150.
Método objetivo. 40, 91,123.
Método subjetivo. 68,126,130.
Misión. 15,19, 39, 52, 56, 86, 89,105,128,136.
Mme. Comte, Caroline Massin. 32, 36.
Moliere. 31.
Muerte. 13, 37,44, 50, 66, 70, 75, 82, 90,11,126,137,152.
Muertos. 12, 52, 79, 93,103,119,132,145.
Mujer, mujeres. 24, 32, 37, 50, 58, 64, 90,110,128,137,146.

Napoleón. 15,17, 41,154.


Neo-fetichismo. 89,103,117.
Norma. 147.

Objetivo. 24, 40, 44, 47, 91,125.


Objeto. 22, 38, 53, 68,102,109,128,135.
Objeto a. 125,135.
Obra. 12, 20, 31, 40, 50, 54, 63, 75, 90, 90,107,124,155.
Orden. 16, 38, 54, 57, 75, 80, 98,121,131,139.
Órgano. 35, 42,90,117,133.

Particularidad. 42, 95,105,119,129,150.


Pastoral. 131.
Pastores. 131,148.
Patología. 41, 48,109,132,147.
Pauline. 37, 70, 78,155.
Pedagogía, pedagógico. 59,131,140,145
Persecución. 28, 40, 65.
Perturbaciones. 35, 53,132.
Petit, Annie. 115.
Pickering, M. 107,117.
Pinel. 34, 41, 47.
Político. 17, 54,141,150.
Pontífice. 12,19, 68.
Positividad. 19, 64,124.
Positivismo. 11,16, 22, 26, 39, 57, 66, 89, 93,102,119,126,135.
Prefacio personal. 57, 61,125.
Progreso. 11, 47,100,123,135,140.
Psicoanálisis. 12,105,119,149.
Psicología. 43,129,143.
Psicologismo. 13, 47, 54.
Psiquiatras. 45,146.
Psiquiatría. 12, 43,112,133,148.
Público. 12,18, 25, 30, 38, 50, 56, 61, 75, 80, 89, 97,126,136,155.

Razón. 22, 65, 45, 51, 62, 73, 91,117,134,145.


Recuerdos. 78, 89, 99,111,137.
Reforma. 52,1283
Religión. 12, 20, 64, 83, 88, 94,104,119,129,137,145.
Ritos. 12, 99,115,118.
Robinet. 97,103.
Rouvre, Ch. de. 91, 93.

Sacerdote. 36, 99.


Sacramentos. 99.
Sacrifio. 115.
Saint -Simón. 18, 21, 25,155.
Satisfacción. 77,100,119.
Sexo. 79, 81, 92,119.
Sexo, sexualidad. 109,119.
Sganarelle. 17, 27, 31.
Síntoma. 27, 42, 83, 86,132,141,150.
Social. 12,18, 25, 40, 48, 52, 61, 67, 73, 79, 89, 95,102,109,119,138.
Sociedad. 13,19, 52, 60, 73, 98,107,122,133,142.
Sociología. 52, 60, 64, 75,126,143.
Soler, R. 141.

164
Strauss, Leo. 28, 66.
Stuart Mili. 61, 65, 82, 89,121,134,149.
Subjetivación. 123.
Subjetividad. 51, 83,110,123,134,149.
Subjetivo. 14, 35, 68, 96,125,148.
Subsidio. 65.
Suicidio. 89,115,155.
Sujeto. 36, 68, 96,116,123,143,150.

Tabarié. 21, 71.


Testamento. 14, 58, 97,114,120.
Tragedia. 93,116.
Tumba. 90, 98,116.

Unidad. 25, 47, 68, 75,124.

Valat. 21, 25, 29, 37, 71.


Vezzeti, H. 143.
Vida privada. 56, 62, 70, 83, 94,128.
Vida pública. 56, 66, 80, 96,128.
Viltard, M. 56.
Virgen-Madre. 100.
Esta edición
se terminó de imprimir en
Talleres Gráficos ED IG RA F S.A.
Delgado 834, Buenos Aires,
en el mes de noviembre de 1999.

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