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Charla en Jornadas de Paz. Martín Luther King.

Por: N. Neri

Cuándo me pidieron hablar sobre Luther King me cuestioné ¿qué sé realmente de él?;
pregunte a algunas personas: ¿Qué sabes de Matin Luther King?, las respuestas fueron muy
variadas desde: “no sé, ¿quién es?”, o, “perdón no puedo ayudarte he oído de él, pero muy
superficialmente”; algunas con desden y sarcasmo, “pues un negro qué tenía un sueño”;
hasta algunas muy ilustrativas: “un activista a favor de los derechos de las personas de
color en los Estado Unidos” ; “King fue un gran líder de los derechos cívicos y humanos de
los negros en los años 60s. Fue asesinado después de John F. Kennedy”, esta última me
parece el resumen perfecto para una vida marcada por la lucha ansiosa de libertad.

Toda la información que pudiese considerarse relevante ronda su asesinato misterioso,


desviándonos de lo importante, vivir y seguir con su lucha pacífica; olvidamos que ese fatal
hecho muestra el poder malicioso y hegemónico de unos cuantos, porque estaba
organizando, haciendo una campaña de la gente pobre, negros, blancos, marrones, rojos y
amarillos todos juntos y eso (al consolidarse) hubiera sido mucha más poderoso.

La década de los 60s. Fue una década trágica en EUA, hubo tres asesinatos políticos de
relevancia John F. Kenedy, Martin y Robert Kennedy, además la guerra de Vietnam.
También fue el tiempo de los Panteras Negras (influenciados por pensamientos de Malcom
X) y la Invasión a Bahía de Cochinos (o playa Girón) en Cuba, y sobre todo las leyes
segregacionistas del país.

Luther King sabía que era imposible someterse a leyes que degradaran la dignidad humana;
se dio cuenta de que el problema de la no aceptación a los derechos civiles tenía un
trasfondo, más que político, económico; comprendía la degradación y exclusión a la que
estaban sometidos, no sólo los afroamericanos, sino la gente pobre; reconocía la necesidad
de un cambio político y económico que permitiera la Justicia Social; era conciente de la
inmoralidad de los que se conforman con la injusticia, del clamor sofocado de aquellos que
la sufren y suplican libertad; reconoció la disfunción del sistema social establecido.
Por eso decidió cimentar su lucha en la revolución y la desobediencia civil basadas en la
razón, el respeto y la paz (las guerrillas le parecían ilusiones románticas, el camino fácil
(pero al final infructuoso), en cambio la desobediencia civil pacifica requiere disciplina),
decía: “la no violencia exige que los medios que utilizamos deben ser tan puros como el fin
que perseguimos”, creía fielmente que por más justa que fuese una causa, con violencia, se
vuelve un error que termina engendrando lo que pretende erradicar.

Para él la travesía a la libertad comienza cuando el individuo reconoce su identidad como


ser libre, pues “mientras el espíritu se halle esclavizado, el cuerpo no podrá ser nunca
libre”, y no radica sólo en leyes, sino en como se percibe cada persona.

“Man must evolve for all human conflict a method which rejects revenge, aggression and
relation. The foundation of such a method is love.” (“El hombre debe evolucionar para
todos los conflictos humanos a un método que rechace la violencia y la agresión. El
fundamento de tal método es el amor.”)

El amor como medio y fin para llegar a la paz y la justicia, el amor concepto
frecuentemente incomprendido, mal interpretado, se antoja lánguido, cuando en realidad es
lo más poderoso con lo que cuenta la humanidad.

Confieso, en mi interior se fundó la contradicción, pensar en paz cuando en nuestro mundo,


en nuestra sociedad, ver a otro como igual, como hermano o como amigo merece burlas
desdeñosas, donde el espíritu noble que busca el cambio para bien es repudiado con vileza,
donde cada día aumenta la cantidad de realidades frustradas y vidas cimentadas en lo
vulgar, donde cada joven y niño se monta en un destino condenado a la ignorancia. ¿Cómo
pensar en paz, sobre todo en amor, cuando presenciamos esa humanidad decadente?

Luego me di cuenta, comenzaba a caer en ese juego macabro que tanto me repugna,
descubrí mi propia decadencia, pues lo que tanto exijo a los demás, no lo poseo: creer, creer
que es posible transformar, creer en el amor, creer en la paz. Pues la verdad, la nobleza, la
auténtica revolución, el sentido verdadero del cambio, consiste en la capacidad para decir
no, cuando el mundo espera un si, como lo demostró Martin Luther King. Su ejemplo es
vigente, ahora más que nunca, su legado pacífico es la muestra de la verdadera lucha, bien
lo dijo Tolstoi “si se luchara por convicciones no habría guerra” y Martin lo entendió.

Lo dejó claro:
“Cuando hablo de amor, no hablo de una especie de respuesta sentimental y débil. No
hablo de una fuerza que solo es un sinsentido sentimental. Yo hablo de una fuerza, el
principio unificante supremo de la vida. El amor es la llave que abre la puerta que lleva a
la realidad última.”

23 Octubre 2009