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ANÁLISIS DE UNA OBRA LITERARIA

Y DEL PAPEL DE LA LITERATURA

FRANCÓFONA NO FRANCESA:

ALLAH N’EST PAS OBLIGÉ


DE

AHMADOU KOUROUMA

Roser Bosch Casademont


Universitat de Vic
1. Resumen de la obra

Allah n’est pas obligé es la historia de un niño soldado de Costa de Marfil en las guerras
tribales de Liberia y Sierra Leone. Birahima nos cuenta él mismo, con una sinceridad y
una lucidez brutales, quién es y su periplo por los ejércitos de los pequeños soldados del
Oeste de África. Así es como se presenta:

“M’appelle Birahima. Suis p’tit nègre. Pas parce que suis black et gosse. Non ! Mais
suis p’tit nègre parce que je parle mal le français. C’é comme ça. Même si on est
grand, même vieux, même arabe, chinois, blanc, russe, même américain ; si on parle
mal le français, on dit parle p’tit nègre, on est p’tit nègre quand même. Ça, c’est la
loi du français qui veut ça.”

Birahima no fue mucho tiempo a la escuela, porque “ne vaut plus rien, même pas le pet
d’une vieille grand-mère”; aprendió lo suficiente para entender a los “negros
civilizados” y a los toubabs. No sabe cuántos años tiene –diez o doce, su madre y su
abuela no se ponían de acuerdo–, pero a pesar de su corta edad, ha matado a mucha
gente con su kalashnikov –cuyos espíritus o gnamas le persiguen– y ha tomado drogas.
Utiliza constantemente palabrotas en mandinga, su lengua materna: “faforo ! (sexe de
mon père)”, “gnamokodé ! (bâtard ou bâtardise)”, “Walahé ! (Au nom d’Allah)”…y
tiene cuatro diccionarios, a los que recurre constantemente para aclarar los vocablos que
utiliza: el Larousse y el Petit Robert, para explicar « les gros mots du français de France
aux noirs nègres indigènes d’Afrique » ; el Inventaire des particularités lexicales du
français en Afrique Noire, para explicar « les gros mots africains aux toubabs français
de France », y el Harrap’s, para explicar « les gros mots pidgin à tout francophone qui
ne comprend rien de rien au pidgin ».

La madre de Birahima está enferma de úlcera y no puede andar, sólo arrastrarse “sur les
fesses avec une jambe pourrie en l’air”. La acusan de brujería y Birahima se va de su
casa, convirtiéndose en un niño de la calle. Cuando su madre muere, deciden enviar al
niño con su tía Mahan que vive en Liberia. Pero para llegar allí tendrá que cruzar un
país en guerra, para lo que le acompañará Yacouba, un ex-traficante de todo tipo de
mercancías y que espera ganar dinero allí como “multiplicateur de billets” y fabricante
de fetiches o “grigriman”. Birahima está impaciente para ir a Liberia y ser un niño
soldado, porque ha oído que tienen de todo: metralletas kalashnikov, dólares, coches
todoterreno... Primero se alista como niño soldado en el NPFL (Frente Nacional
Patriótico de Liberia), a las órdenes de Taylor, uno de los cuatro grandes bandidos que
luchan por el control del país. Cuando matan al carismático Coronel Papa le bon, que
dirige la unidad, él y Yakouba pasan al ULIMO (Movimiento Unido de Liberación de
Liberia) del dictador Doe, bajo las órdenes de su hermana, la general Onika Baclay Doe.
Tras tomar el pueblo de Niangbo se encuentran con Sekou, un amigo de Yakouba de
Costa de Marfil, y se enteran de que la tía Mahan ha huido al sur. Se dirigen hacia allí,
donde se integran al ejército de Prince Johnson, otro de los grandes bandidos del país.
Toman varias ciudades para acabar siempre enfrentándose al problema del
aprovisionamiento y el hambre; finalmente encuentran de nuevo a Sekou, que les
informa de que la tía de Birahima está en Sierra Leone”. Parten hacia allí –un país que
es “le bordel au carré”– y se unen al ejército de Foday Sankoh, luego de Johnny
Koroma, donde tras varias vicisitudes se enterarán –de nuevo por Sekou– de que la tía
Mahan está en un campo de refugiados al este del país. Finalmente llegan al campo,
donde Birahima conoce a un intérprete enfermo que antes de morir le deja sus
diccionarios. Allí se encuentran con Saydon y Mamadou, primos de Birahima, que
también están buscando a Mahan, y juntos descubren que ésta ha muerto pocos días
antes de malaria. Birahima vuelve a Costa de Marfil con Yacouba, Sekou et Mamadou;
éste le pide que le cuente todo lo que le ha pasado y Birahima empieza a contar su
historia desde el principio.

A lo largo de toda esta epopeya aparecen, junto a Birahima y Yacouba, muchos otros
personajes pintorescos: Balla, el curandero de su pueblo natal y amigo-marido de su
madre; la comandante Rita Baclay, que acosa sexualmente a Birahima; santa Marie-
Béatrice, la madre superiora de la institución católica de Monrovia que resiste
valerosamente a los ataques de Johnson; la coronel hermana Hadja Gabrielle Aminata
(un tercio católica, un tercio musulmana, y un tercio fetichista), que lleva con mano de
hierro una especie de pensionado para niñas en Sierra Leone; y numerosos niños y niñas
soldados, como Tête brûlée, Sarah, Kik, Sekou el terrible, Sosso la pantera, Siponni la
víbora... muchos de ellos mueren y si a Birahima le apetece –“je ne suis pas obligé de le
faire”, dice– nos cuenta su historia u “oración fúnebre”.
2. Análisis de la obra

Allah n’est pas obligé es una crítica mordaz de la sociedad africana, con sus creencias
de brujería, sus dictadores, la brutalidad de sus guerras y la cruda realidad de los
ejércitos de niños. El protagonista, Birahima, no se nos presenta como un personaje
simpático; él mismo afirma: “suis insolent, incorrect comme barbe d’un bouc et parle
comme un salopard”,“suis pas chic et mignon”, y concluye: “c’est pas un tableau
réjouissant. Maintenant, après m’être presenté, je vais vraiment, vraiment conter ma vie
de merde de damné.” Y efectivamente, a lo largo del libro nos cuenta como ha matado,
se ha drogado, ha pasado sin lealtad alguna de una facción a otra para conseguir sus
objetivos, ha abandonado a otros niños soldados heridos... pero uno tampoco puede
dejar de sentir cierta empatía por él, por su sufrimiento, su hambre y sus ganas de
reencontrar a su familia. Yacouba, lo que podríamos llamar un “gángster” y estafador,
también tiene su lado humano al permanecer todo el tiempo al lado de Birahima y
protegiéndole hasta que encuentre a su tía. Y los niños soldados son víctimas y
verdugos a la vez: víctimas de una situación que les empuja a alistarse al ejército para
tener qué comer; y verdugos de las víctimas inocentes de los pueblos que atacan y a
veces hasta de sus propios padres –en Sierra Leone, para unirse al ejército de Johnny
Koroma, primero tienen que cometer parricidio para demostrar su lealtad– o de sus
personas amadas –Tête brulée dispara una ráfaga de metralleta a su novia Sarah en un
momento de cólera y se ve obligado a abandonarla por el camino como pasto de los
animales–.

Durante todo su periplo por el oeste de África, Kourouma también nos cuenta –siempre
por boca de Birahima– un resumen de la situación del país y cómo se ha llegado hasta
tal punto, sin dejar títere con cabeza. Por ejemplo, Birahima se pregunta como los
dictadores de Burkina-Faso, de Costa de Marfil y de Libia pueden ayudar a un bandido
como Taylor a convertirse en jefe de estado, y concluye que “ou ils sont malhonnêtes
comme Taylor, ou c’est ce qu’on appelle la grande politique dans l’Afrique des
dictatures barbares et liberticides des pères des nations”. O se ríe de cómo Samuel Doe,
tras tomar el poder por la fuerza, hizo votar la constitución y se hizo elegir presidente de
Liberia con un 99,99% de los votos, porque “100% ça faisait pas très sérieux. Ça faisait
ouya-ouya.”
Pero el autor critica con igual dureza las políticas e intereses internacionales u
occidentales: por ejemplo, explica como Foday Sankoh concluyó, tras el asesinato
escandaloso de Lumumba en Congo, que “l’énorme machine de l’ONU sert l’intérêt des
toubabs européens colons et colonialistes et jamais l’intérêt du pauvre nègre noir
sauvage et indigène”. O exclama, al recordar como el FMI hizo reducir la asignación
mensual de arroz a los soldados del ejército sierraleonés: “Walahé ! les banquiers n’ont
pas de pitié, n’ont pas de cœur !” O nos cuenta que la ONU pidió ayuda a la CDEAO
(Comunidad de Estados de África del Oeste), y ésta a su vez a Nigeria, para la
“intervención humanitaria” en Liberia, que es “le droit qu’on donne à des États
d’envoyer des soldats dans un autre État pour aller tuer des pauvres innocents chez eux,
dans leur propre pays”. Y así, las tropas de Nigeria, llamadas tropas de interposición de
la ECOMOG, actúan libremente en Liberia “au nom de l’ingérence humanitaire,
massacrent comme bon leur semble.” Más tarde nos cuenta cómo se pidió igualmente a
la CDEAO que interviniera tras el golpe de estado de mayo de 1997 en Sierra Leone, y
opina: “Et la CDEAO, c’est le Nigeria. Le Nigeria, c’est-à-dire le dictateur du Nigeria,
le bandit criminel Sani Abacha [...] mis au ban des chefs d’État après l’assassinat des
représentants du peuple ogoni [...], le dictateur criminel du Nigeria qui veut assumer un
leadership sous-régional[...], qui veut jouer le rôle de gendarme de l’Afrique de l’Ouest.
C’est pour toutes ces raisons que Sani Abacha a fait venir plein de bateaux de guerre
dans les eaux territoriales de ce fichu pays de Sierra Leone, qui pilonnent la ville de
Freetown.”
3. Lenguaje utilizado en la obra y papel de la literatura francófona

El lenguaje utilizado por Kourouma en la novela es francés con una multitud de


vocablos malinké (mandinga) así como algunos ingleses, o “pidgin” como se llama al
inglés hablado en África. Y para explicar tanto las palabras francesas más difíciles de
entender para la población africana autóctona como las mandinga, el protagonista utiliza
sus diccionarios: “Il faut expliquer parce que mon blablabla est à lire par toute sorte de
gens : des toubabs (toubab signifie blanc) colons, des noirs indigènes sauvages
d’Afrique et des francophones de tout gabarit (gabarit signifie genre).”

Así, la historia de Birahima está salpicada de expresiones mandinga o del francés


africano, con su explicación entre paréntesis, a menudo citando también la fuente. Por
ejemplo, aparte de las palabrotas ya citadas anteriormente, aparecen entre muchas otras:
gnama “(gnama est un gros mot nègre noir africain indigène qu’il faut expliquer aux
Français blancs. Il signifie, d’après Inventaire des particularités lexicales du français en
Afrique Noire, l’ombre qui reste après le décès d’un individu)”, bilakoro (“d’après
Inventaire [...], garçon non circoncis”), canari (“vase en terre cuite de fabrication
artisanale”), Bambara (“celui qui a refusé”), koroté (“poison opérant à distance sur la
personne visée”), djibo (“fétiche à influence maléfique”), par sacrifices exaucés (“par
chance”; “c’est quand les sacrifices qu’on fait sont exaucés qu’on a beaucoup de
chance”), touraco (oiseau de grand taille frugivore), pied la route (marcher), gbaka
(automobile), faire le faro (“faire le malin”), djoko-djoko (“de toute manière”), almamy
(“chef religieux”), djogo-djogo (“coûte que coûte”), nyamans (“âmes vengeresses des
homes et des animaux qu’on a tués”)...

Pero igualmente, Birahima da la definición de numerosas palabras del “français de


France” que considera necesario explicar, citando el Larousse o el Petit Robert:
“emmitouflé signifie, d’après Larousse, enveloppé”, “effroi signifie frayeur mêlée
d’horreur qui saisit”; “optimiste signifie confiant en l’avenir”, “l’énergie du désespoir
signifie la force physique, la vitalité”; “affluer, c’est arriver en grand nombre”;
“rançonner, c’est exiger de force ce qui n’est pas dû”, “bacchanale signifie orgie”,
“bourlinguer signifie mener une vie d’aventures”, y una infinidad más... De hecho, en
casi cada página hay uno o más paréntesis explicando alguna palabra o expresión.
Esta decisión léxica –utilizar expresiones de ambas lenguas o culturas explicándolas
para la otra– puede deberse al hecho de que Kourouma, aún siendo de Costa de Marfil,
vivió también en Argelia y Francia, entre otros países. Y su pretensión es, como afirma
Birahima al principio de la novela, que su historia sea leída por todo tipo de gente:
blancos colonos, negros africanos y francófonos de toda clase. Así, puede afirmarse que
el francés actúa en esta obra –como en otras obras de autores francófonos no franceses–
como un puente entre culturas: no sólo entre africanos y franceses, sino también entre
francófonos de distintas partes del mundo.

Otra particularidad del lenguaje utilizado en la novela es la continua repetición de


ciertas fórmulas, como: “Allah n’est pas obligé d’être juste dans toutes ses choses” (que
da título al libro), “Allah ne laisse jamais vide une bouche qu’il a créée”, “c’est la
guerre civile qui veut ça”, “nous, Yacouba, le bandit boiteux, le féticheur multiplicateur
de billets, et moi, Birahima, l’enfant de la rue sans peur ni reproche, l’enfant soldat”...
Este tipo de repeticiones, que puede parecer hasta pesado para un lector occidental, es
típico de los cuentos africanos de tradición oral y aporta coherencia y unidad a la
novela, además dar más credibilidad a la narración en boca de un niño.

Por otra parte, esta obra, que ganó los premios Renaudot y Goncourt des lycéens del
2000, permite a los europeos conocer no sólo las particularidades lingüísticas del
francés hablado en Costa de Marfil u otros países de África, sino también una parte de
la historia de varios países africanos desde el punto de vista de un autóctono: Costa de
Marfil, Liberia, Sierra Leone, Nigeria,… todos ellos son analizados sin piedad por
Kourouma, sus dictadores y su corrupción criticados y el papel de los países
occidentales igualmente censurado. Aunque en estos párrafos es menos creíble que el
narrador sea un niño de diez o doce años –en el resto del libro el lenguaje es fluido,
coloquial y hasta vulgar–, nos sirven para situarnos en la maraña de revueltas, facciones,
guerras y golpes de estado que ha habido en estos países en las últimas décadas, y para
entenderlos desde una perspectiva distinta a la que nos dan los medios de comunicación
occidentales. Y sin embargo, Kourouma presenta a menudo este punto de vista con
ironía, sin intentar idealizar la raza o cultura negras o africanas ni romper con la
herencia colonial, refiriéndose a menudo a los blancos como colonos y a los negros
como salvajes. Ello le distancia de la corriente defensora de la négritude, definida por
Senghor como “l'ensemble des valeurs économiques, politiques, intellectuelles, morales,
artistiques et sociales des peuples d'Afrique et des minorités noires d'Amérique, d'Asie
et d'Océanie”, y por Césaire como “le rejet de l'assimilation culturelle ; le rejet d'une
certaine image du Noir paisible, incapable de construire une civilisation”.

En efecto, Kourouma no pretende ensalzar los valores africanos, al contrario, critica


despiadadamente ciertas actitudes de este continente: no sólo la corrupción o las
guerras, sino también prácticas ancestrales como la circuncisión femenina –la madre de
Birahima, Bafitini, se desangra y enferma a causa de ella– o las supersticiones y la
brujería, presentes a lo largo de toda la obra. Los africanos acusan a la brujería de todo
mal e intentan solucionarlo todo con ella, y sus consecuencias, como vemos en la
novela, pueden ser trágicas: Bafitini muere de su úlcera porque se niegan a dejarla
operar en un hospital por un doctor blanco, ya que sus males provienen de la brujería y
sólo con la brujería pueden curarse. Yacouba es empleado consecutivamente en todos
los ejércitos como “fetichista”, ya que se cree que sus fetiches les protegerán de todo
mal, de lo cual Birahima acaba dudando: “moi et certains de mes camarades qui
doutaient de leurs fumisteries de fétiches, nous avons ri sous cape”; “c’est vrai ou ce
n’est pas vrai, cette saloperie de grigri ? […] Donc c’est peut-être vrai, le grigri… ou
c’est peut-être faux, du bidon, une tricherie tout le long et large de l’Afrique. A faforo
(cul de mon père) !” Igualmente, en la obra se denuncian las prácticas inhumanas que se
llevan a cabo en las guerras: los Krahns matan a los mandingas, les aplastan el cráneo y
les arrancan la lengua y el sexo “pour rendre les fetiches plus forts”; Prince Johnson
mata a Samuel Doe haciéndole arrancar los dedos uno tras otro, luego la lengua para no
oír sus gritos, luego un brazo y luego el otro, hasta que muere antes de llegar a cortarle
una pierna. Foday Sankoh recurre a la drástica solución de hacer amputar los brazos a
los sierraleoneses para que no puedan votar. Los jefes del ejército de Johnny Koroma
son cada vez más crueles, y para demostrarlo comen el corazón de sus víctimas:
“l’anthropophague était fier d’être considéré comme un cruel capable de toutes les
inhumanités (inhumanité signifie barbarie et cruauté)”.

Ésta no es ninguna imagen idílica de la África espiritual e intuitiva que preconizaban los
defensores de la négritude. Además, Kourouma no ve una unidad entre todos los negros
por motivo de su raza, sino que distingue incisivamente entre los indígenas y los
“créoles ou créos” de Sierra Leone, descendientes de los esclavos liberados de América,
“nègres noirs riches intelligents supérieurs aux noirs nègres indigènes et sauvages”,
muchos de ellos con títulos universitarios y que tienen los mejores empleos.

Asimismo, Kourouma no busca distanciarse de la cultura francesa o luchar contra la


asimilación colonial, sino tender puentes para llegar al máximo público posible. Al
utilizar un léxico variado –y explicarlo– para que lo entiendan los lectores francófonos
de cualquier lugar del mundo, no está sólo haciendo accesible una obra en francés a los
lectores africanos –en unos países donde el alcance de la literatura es limitado–, sino
también una literatura francófona africana a los franceses –y belgas, canadienses,
suizos...– De este modo, Kourouma trata de crear una literatura con un valor universal,
en la que observamos que las dos culturas llegan en muchos casos a fusionarse: entre las
“particularidades léxicas” del diccionario del francés de África Negra se hallan no sólo
palabras mandinga, sino también expresiones en francés propias de África: “par
sacrifices exaucés”, “pied la route”, “faire le faro”... Así, el francés es absorbido por la
población autóctona pero también enriquecido con nuevas locuciones derivadas de su
cultura (“par sacrifices exaucés” significa “por suerte” porque los africanos hacen
numerosos sacrificios para obtener cualquier cosa y, más que creer en la suerte, creen en
la eficacia de éstos).

Por otra parte, las aportaciones de Kourouma a la literatura francófona no se limitan al


léxico sino que también abarcan la propia construcción y estilo de la novela: Birahima,
el protagonista, es un “anti-héroe” que se presenta a sí mismo de forma despectiva, tiene
un comportamiento cuando menos amoral y además no consigue su objetivo final,
encontrar a su tía; la narración está inspirada en el lenguaje oral, ya que es Birahima
quien cuenta la historia de viva voz; la novela, aunque con una linearidad que le aporta
el recorrido de sus protagonistas, puede fragmentarse en numerosos “cuentos”
independientes... en definitiva, Kourouma aporta con Allah n’est pas obligé una
perspectiva fresca a la narrativa en francés.

Así, la francofonía o comunidad de personas y países que usan el francés, tan criticada
por motivos políticos –algunos la han asociado con ambiciones neocoloniales– debe
verse más como un motivo de diversidad y enriquecimiento cultural. Aunque la
literatura y el lenguaje de África Subsahariana, como los del Caribe, no han llegado a
fusionarse tanto con el francés como los del Magreb –en cuyo caso se habla incluso de
una terminología específica o arabofrancophonie–, el creciente número de escritores
francófonos africanos o caribeños que han ganado importantes premios literarios en
francés en los últimos años podría empezar a cambiar un poco este panorama.
Bibliografía:

Ahmadou Kourouma, Allah n’est pas obligé - Point Seuil. París.

http://fr.wikipedia.org/wiki/Francophonie

http://fr.wikipedia.org/wiki/N%C3%A9gritude

http://fr.wikipedia.org/wiki/Ahmadou_Kourouma

Francophone Literature: From Negritude to Realism:


http://www.afrol.com/features/11117

Roger Tro Deho, Formes narratives et anti-formes romanesques dans Allah n’est pas
obligé d’Ahmadou Kourouma:
http://www.refer.sn/ethiopiques/article.php3?id_article=1519&artsuite=0