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EUTANASIA, UNA PRACTICA NO SIEMPRE BIEN APLICADA

Por definición el término eutanasia es toda acción u omisión que


acelera la muerte de un paciente con una enfermedad incurable con la
finalidad de evitar sufrimientos que no pueden ser impedidos por cualquier
método terapéutico.

En nuestra profesión veterinaria la práctica de la eutanasia es más


habitual de lo que imaginamos. Podemos decir que actualmente cada vez
hay más resistencia a implementar esta medida. Aún así hay muchos casos
en los que se solicita o se plantea una eutanasia sin estar dadas las
condiciones o la regla de oro que es el sufrimiento insoslayable del
animal. Un ejemplo claro de esta situación es el de animales accidentados
que quedan parapléjicos (parálisis y pérdida de funcionalidad de la parte
posterior del cuerpo). Recuperados del trauma, los animales sobrellevan su
imposibilidad locomotora adaptándose a su nuevo estado; obviamente
necesitan de la asistencia de sus compañeros humanos para evitar
problemas secundarios, pero su calidad de vida es satisfactoria. La mayoría
de las veces el propietario pide la eutanasia porque “el animal sufre en esta
condición” o porque “no lo puedo ver así”, y la realidad es que por motivos
de comodidad no están dispuestos a hacerse cargo de un animal en estas
condiciones.

Otro motivo de pedido de eutanasia es la vejez avanzada. Aunque sin


sufrimiento, un animalito senil muestra signos de decadencia física y su
comportamiento se altera: deambula por la casa en horas de descanso,
orina y defeca en lugares “no permitidos”, pide comida en forma constante,
etc….una vez mas “el padecimiento” es de los humanos, no del animal que
simplemente está viejito.

Ahora, me pregunto…estas personas, actuarían de la misma forma con


un familiar que queda discapacitado? Cual es la postura que toman ante los
adultos mayores que conforman su familia?

No va a faltar quien diga que no es comparable la posición de un animal


con respecto de una persona, y tal vez tengan razón, el ser humano tiene
razonamiento y hasta recursos legales que lo amparan, nuestros animales
nos tienen solo a nosotros y su amor incondicional espera de la misma
manera que los asistamos ante su decadencia física, así como disfrutamos
de su compañía cuando eran cachorros y jóvenes.

El concepto clave es entonces lo que denominamos tenencia


responsable, esto es que si adoptamos una mascota deberemos generar
un vínculo sólido, un compromiso de asistencia inexcusable hasta el final,
donde solamente el dolor o sufrimiento manifiesto nos hará evaluar la
alternativa de la eutanasia.

He recibido en este blog un mensaje anónimo en el que expresaba que


los cuidados paliativos veterinarios son una forma de “sacarle dinero” al
propietario desesperado por el estado de salud de su mascota. Y aclarando
este punto es necesario puntializar que los cuidados paliativos son un
recurso de atención que no se condice con propietarios que solicitan
eutanasiar a un animal, no por la condición del animal sino por cuestiones
ligadas a su incapacidad de cuidado. Los veterinarios que estamos en la
tarea de cuidados paliativos intentamos generar un ámbito de contención,
un compromiso del dueño de trabajar en función del bienestar de su
compañero de cuatro patas, donde la participación del profesional es
mínima, limitándose a orientar y contener, interviniendo en momentos
extremos pero jamás generando una dependencia ni mucho menos “un
cliente cautivo”.

La eutanasia es el último acto del vínculo con nuestra mascota y ante un


sufrimiento manifiesto e irreversible, el dolor de la decisión deberá
aceptarse como el último acto de amor para liberarlo de su padecimiento.