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A:.L:.G:.D:.G:.A:.D:.U:.
S:.F:.U:.
LA MASONERIA EN EL SIGLO XXI
EX V:.M:. Jaime Berdecio Zilveti
LA MASONERIA EN EL SIGLO XXI

Si queremos hablar del futuro de alguna cosa es menester referirnos al pasado y futuro
de ello para situarnos en una relativa posición y estudiar eses insondable camino es
decir un poco a tientas de lo que creemos que deparará su destino; este es caso de la
Masonería en el siglo XXI.

El presente es fugaz y sin embargo estamos constantemente hablando de el.

Y ahora cuando queremos hablar del futuro estamos tratando de adivinar sin mas
armas que la experiencia y conocimiento ligero o profundo que podamos tener, las
mas de las veces acomodando a nuestro sabor los recuerdos a los fines que
perseguimos.

Es por seso que debo confesar ante vosotros que el hecho de tener un poco más de
cuatro décadas de ser masón podría ser mi única arma no muy imparcial para
describir el futuro de nuestra Augusta Orden.

Por ello mis apreciaciones estarán sobrecargadas de cariño y amor más que de una
cadena de razonamientos correctores. Por todo esto es que anticipadamente pido
disculpas a mis QQ:.HH:. Si notan estas y otras fallas y que por otra parte estas no
desdibujen lo que creo que será masonería en los próximos cien años.

Entrando ya en materia voy a recurrir a una fuente que no me engañará y que son mis
recuerdos sacando conclusiones extraídas de mi conciencia.

Iniciaré esta confesión, que así la llamo, indicándoles que soy masón relativamente
tardío. Me inicié en nuestra Augusta Orden a la mitad de los años de vida que ahora
tengo.

Los motivos de mi ingreso, podría decir fueron muchos, pero, la verdad sea dicho de
paso, fue la curiosidad.

En este afán pasé mucho tiempo por los corredores, pasillos, pasos perdidos como se
llama y templos de la institución, buscando algo que fuera poco común, es decir cosas
raras que no se dieran en la vida profana.

Mis intenciones en este sentido fueron fallidas, pues en los años que pasé en este trajín
vi que todo era igual que afuera, de donde empecé a darme cuenta que era a mi mismo
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que debía observarme y compararme con los demás, para ello me sumergí luchando
y buscando una nueva identidad.

La gente, los llamados HH:. Era gente nueva, los amigos en su mayoría eran nuevos.
Habían buenos y malos, humildes y altaneros, serios y cómicos, desprendidos y
egoístas, profundos y vanos, laboriosos y torpes, pobres y ricos, recatados y
lujuriosos, honestos y deshonestos, etc.

En fin hombres con todos sus vicios y virtudes y lo más curioso que todos estábamos
juntos con el fin de buscar el camino de la redención por nosotros mismos, sin más
armas que la voluntad y el tesón de cada uno.

Vi en este intento a pocos triunfar y a muchos claudicar.

La masonería no entró en estos últimos a pesar que ellos habían entrado en ella.

Tengo HH:. Masones de mi primera época idénticos que cuando entraron sin mejorar
ni empeorar y me pregunto, ¿Qué me une a ellos?.

Es únicamente la tolerancia y el amor a mis semejantes.

Y ahora surge nuevamente la pregunta ¿Porqué persistí en ser masón?

Porqué fui encontrando, descubriendo poco a poco que aquello que había escuchado la
noche de mi iniciación iba tomando cuerpo, que era un verdadero credo de vida y un
canto a la libertad.

Fui viendo que mi futuro en lo moral, material espiritual y aún físico estaba
cambiando para mejor.

Me sentía mejor ciudadano, mejor padre, amigo compañero, etc. Y que las vicisitudes
que la vida me deparaba a cada momento las resolvían y las sorteaba como algo que
era natural en el paso por este mundo.

Aprendí a ser tolerante y caritativo.

Gracias a ello he aprendido y sigo aprendiendo a ser feliz dentro de la desigualdad de


las cosas. En resumen a vivir y dejar vivir.

Vosotros QQHH:. Que me oís deben creer que soy un dechado de virtudes que oculta
sus defectos. No QQHH:., de ninguna manera. Soy un hombre que me considero
realizado sin ser perfecto y así viviré y moriré.
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No existe la perfección humana.

Eso si, les puedo asegurar que en estos últimos casi cuarenta años mucho he
mejorado, al extremo de que una paz, la del deber cumplido, me embarga. Gracias a
masonería creo que he sido un buen profesional, creo que un aceptable padre de
familia, un buen amigo de mis amigos.

A esta altura de mi vida vivo sin mayores problemas ni sobresaltos que no sean los
normales que la vida me depara.

Esta corta confesión me sirve para centrar su atención y hacerles ver que Masonería
vista a futuro seguirá ofreciendo este camino. Camino que ofrecerá a todo el que
quiera seguirlo porque su filosofía es eterna y se repetirá teniendo la misma vigencia
hoy, mañana y siempre.

Únicamente cuando desaparezca el último hombre desaparecerá porque ya no será


necesaria.

Cuando sus postulados hoy y mañana sean aceptados sin reticencia por hombres que
deseen ser libres y de buenas costumbres. Masonería que no fuerza el ánimo de nadie
será eterna.

Al no imponer yugos pesados ni mayores deberes que los que una persona civilizada
está obligada a sobrellevar dentro de una sociedad. Será eterna.

Es solo inaceptable para aquellos inadaptados a los que por otra parte estamos
nosotros los masones en la obligación de redimir.

Que todos los hombres sean en el futuro masones en el, es muy difícil que esto
suceda, lo que si es posible es que todos los hombres del mundo en el futuro parezcan
masones. Esto último por una simple razón: Cuando el credo de la civilización se
extienda sobre la faz de la tierra, cuando seamos civilizados en toda la extensión de la
palabra, y ya no exista el odio, la venganza, la envidia, el rencor y muchas otras taras
y lacras sociales que todavía campean por esta tierra. Masonería será eterna.

Entonces el porvenir de la humanidad estará a salvo siempre que nosotros seamos los
sembradores de esa semilla y así para que las puertas de nuestros templos sigan
creando las bases de la perfección humana.

QQHH:. Yo veo así el porvenir de la Masonería.

Santa Cruz, Abril del 2006

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