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Bryan Klett Enrique Padilla Reyes Isven Marco Antonio Larios Quirino

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Bryan Klett

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Elenor Arrington

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José Chapa (y)letrados

Poema Semblanza: Ricardo Flores Ibarra 2010 Periodismo literario Poema Entrevista con Eduardo Antonio Parra El cazador (fragmento) Colón Poema Perder las puertas, buscar las llaves Inventario

Contacto y correspondencia
Honorio Rodriguez #17, int. 1 C.P. 91020, Col. Ferrer Guardia Xalapa, Veracruz, México. yletrados@gmail.com

Luis Hernesto González Gerardo Arana Villareal Afhit Hernández Bryan Klett García

Agradecimientos
José Manuel López Rocha "Todo el arte gráfico, incluída la portada, pertenecen a Ricardo Flores Ibarra. Las imágenes del escritor Eduardo Antonio Parra fueron conseguidas en internet y su crédito está expresamente dado en los casos en que fue posible; las portadas de sus libros son, en orden de aparición y de arriba hacia abajo, Nadie los vio salir (Ediciones Era, 2001); Juárez, el rostro de piedra (Grijalbo, 2008); Parábolas del silencio (Ediciones Era, 2007); Los límites de la noche (Ediciones Era, 1996) y Sombras detrás de la ventana (Ediciones Era, 2009)."

Eduardo Antonio Parra

Juan José Barrientos Verónica Mastachi Alonso León Erik Alejandro

CARTA EDITORIAL
Después de haber logrado nuestra primer conquista, me provoca alegría decir que seguimos aquí, que hemos vencido la prueba del tiempo de entrega y que seguimos desgajándonos la cabeza con este compromiso. No puedo evitar mencionar el éxito de la presentación del primer número y la gran cantidad de personas que se nos acerca desde aquel día. Y con esta emoción, todavía me acuerdo de dónde y con quiénes estaba cuando se me metió en la cabeza la impertinencia de hacer una revista. Me acuerdo del festejo con que recibieron la idea, como si tuviera ahí mismo el primer número con tan sólo imaginarlo. A ese día tuvieron que seguirlo muchos de hablar, pensar y comenzar con una colección de revistas buscando aciertos y palos de ciego; todo seguido por pequeñas convocatorias y esfuerzos de marketing fallidos sobre los cuales conservo las frases de “Muerte al anonimato” y “A veces tus textos se distribuyen solos, a veces”. De lo que no logro acordarme, es del por qué decidí comprometerme con el esfuerzo que nos ha traído hasta aquí. Apenas con meditaciones posteriores he logrado ir haciéndome una idea de la razón por la cual nacen tantas revistas universitarias y por la que algunos ponen las manos al fuego. Pienso que las revistas literarias conservan gran parte de una visión romántica hacia la literatura y la cultura. Es acomodar de la mejor manera el trabajo artístico de muchos y luchar por difundirlos, quizá como una muestra de algo más grande. Dicho de otra forma, creo que las revistas literarias son el gran esfuerzo de los pequeños espacios, el esfuerzo que va de abajo a arriba y que muere pronto. Lo bello es que, pese a lo anterior, no tarda en regenerarse y en ser desplazado por un nuevo arranque.

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JOSÉ CHAPA

POEMA ÉPICA PUNK

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odiseas, unos comprando guillotinas en ebay, otros fabricando los papeles de las [lentas oficinas, mirábamos pasar nuestros instantes.
entre incontAbles

Ayer

Mientras devoran a Madonna las arrugas y Balboa sube el último escalón, vemos pasar una película, cansados de lo poco que sucede, de lo malos que resultan los actores y lo mucho que se habla. Quisieras más disparos antes y después del intermedio, un helicóptero, un close up a las nalgas de la chica policía y la gota de sudor que la descubre.

Te cansa la escena obligatoria, la muerte del amor protagonista, las palabras que te dice el enemigo: soy tu padre, luz caminante del cielo, soy tu padre. Cuando despiertes, y yo que soy un sordo y grito todo no descansaré si no despiertas, serás un tipo silencioso, con lentes oscuros, capaz de saltar sobre los faros, experto en artes venusianas y marciales; nacido entre los grizzlies, educado por Chen Zhen y por supuesto Pai Mei; tomarás la bronca leche de las vacas del sol, sin siquiera parpadear ante la furia de los dioses. Apaga entonces increíbles origamis untados de color, rompe el monitor con una llave y sal para que el aire se desnude: es hora de llegar a conclusiones.

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Ricardo
Flores Ibarra
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Ricardo Flores Ibarra nació en la Ciudad de México en julio de 1966. Se licenció en artes visuales en la academia de San Carlos de la unam en 1991, y desde entonces, se ha ido especializando en gráfica y grabado en metal. En orden de aparición, incluyendo la portada, los títulos de su trabajo son: "Abeja 2", "Limón con sal", "Cantina", "Eine kleine nacht musik", "Trenudi", "Sarabande", "Giga", "Botellófono", "Psicología pura", "Bon voyage", "Suite", "Arturo", "Jazz", "Reposo", "Ciudad de noche" y "Escuela 4". (y)letrados estará invitando a un artista distinto para adornar cada nuevo ejemplar que el tiempo nos permita publicar.

LUIS HERNESTO GONZÁLEZ

2010
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i.

Sigo sin creerlo. No esperemos ya de casi nadie el gran fruto de una revolución. Sólo los muertos de hambre quieren que cambie el mundo. Y les falta energía. Cuando decimos que nuestros gobiernos han fallado, los bisnietos de nuestros gobernantes se mueren de la risa. ¿Cuál era el objetivo? ¿Me repite la pregunta? Si entran al cargo más o menos pudientes y salen de él hasta el hartazgo hinchadas sus cuentas bancarias… ¿no la hicieron? Misión más que cumplida, bola de votantes. ¿Pos qué creían? Se hace lo que se puede.
ii.

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Millones de pobres nuevos. ¿De veras? ¿No sería que, como buenos admiradores de empresarios, casi todos llevan cuentas dobles y se les está hundiendo una y media? Yo no veo en las calles a los desempleados que supuestamente se caen en racimos estos días. ¿Dónde están? ¿Dónde está su ira tan legítima? ¿Qué volumen se sube en este aparato para oírlos?

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iii.

La clase media. El colchoncito. La apatía. La ignorancia. La desinformación. El yo me salvo y a los míos tambor, pero a los tuyos tú y hazle como puedas. Los delicados analistas que concluyen que los pobres son pobres porque quieren. Cimiento empanizado de un país. Ay, y la shoppingterapia tan querida. Nada como barrer de arriba abajo para sentir que uno vale la pena. Qué bueno no ser naco. Los indigentes son de tan mal gusto que ni van al gimnasio, chulita.
iv.

Por mi parte… ya tengo hambre y quisiera esperar con la historia en la mano el 2010.
v.

Pero no creo que llegue un fruto revolucionario. Hasta el Peligro cree que la vía es electoral. Gandhi, haré mi huelga de hambre… Bueno, creo que es inevitable.

GERARDO ARANA VILLARREAL

PERIODISMO LITERARIO

Hay que ser un artista para entender a otro. Los críticos de arte no se parecen mucho a los grandes pintores. Norman Mailer

Era 1991, falto de ánimo y solamente con propósitos de documentación, asistí con Tabita Caprice a la Filmoteca Nacional de Santiago de Chile a ver Tough Guys Dont Dance (Los hombres duros no bailan, 1984), adaptación homónima de la siniestra comedia de enredos del escritor norteamericano Norman Mailer (América, La Canción del Verdugo, Un Sueño Americano, Los desnudos y Los muertos). Tabita, a falta de ocupación alguna me acompañaba en el oficio de mi ilustración óptica, esto, a propósito de una revisión que realizaba entorno a la última novela de Mailer, El Fantasma de Harlot, para una revista mexicana de urbanismo y literatura hispanoamericana. El filme me pareció fascinante. Ella, una vez terminada la función me hizo notar su desaprobación. Con motivo de desviar su opinión a mis intereses le hablé acerca de Mailer. Luego le mostré una fotografía del escritor que guardaba en los interiores de mi portafolio. A Tabita le impresionó mucho la fotografía, me dijo que le recordaba mucho a alguien pero que le desesperaba no

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saber a quién. Tabita Caprice en un acto de magna actividad mental logró efectuar una muy notable asociación. Norman Mailer le recordaba a Norman Mailer. Impresionante para ser Tabita. Luego me habló de su último viaje a Nueva York. Tabita Caprice, vacacionista moderna y estudiante de sistemas en el Poli de Santiago, suponía haber visto en una reciente visita a New York al grandioso escritor norteame-

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ricano —según su informe— Norman Mailer perseguía furioso a una de sus enfermeras a las afueras del Museo de Ciencias Naturales en Rochester. La persecución era de alta velocidad, el supuesto Mailer conducía un Mustang color mostaza sin capote. Mientras Tabita contaba su historia pareciera que se iba convenciendo de que aquel insolente personaje era Mailer. Según Tabita el artista le gritaba a la enfermera: ¡Anda, vamos hacer el amor utilizando todas las preposiciones, todas las conozco, se dice por ahí que soy un gran escritor! Después, Mailer detuvo el auto a las afueras del museo y continuó su persecución en los escalones, llevaba una bata de papel y bebía Whisky del gollete. Según Tabita, el esplendoroso escritor —cual primate regicida— le gritaba a la enfermera: Anda déjame tocarte querida, anda, acaso no te es notorio mi gran talento, anda déjame tocarte esa tu colita de hueso de conejo. —Darling, let me touch your little rabbit back bone. Repitió Tabita en varias ocasiones. La enfermera, aplicando las artes de la escapatoria, había perdido al colérico escritor. Tabita parecía emocionada. Cuando terminó con su historia yo le dije que no dudaba la aparición de tales actitudes en

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la figura de Norman Mailer, aquel no sería su primer crimen del orden pasional. Norman Mailer —terrible escritor pugilista, como lo solía nombrar en sus revisiones pasionales el humorista de la bbc, James Copper— se distinguía desde hacía mucho tiempo por su aparición en tales eventos. Yo, en realidad no dudaba de tal encuentro, tales actos eran típicos del escritor. Mailer, figura del gran divo del oeste tardío, grandioso pensador moderno, centinela normativo y asaltante político era famoso por haberle dado seguimiento a la saga de escándalos que había comenzado con su apoyo al homicida serial Jack Abbott en la búsqueda de su libertad condicional. Peleas con grandes escritores (Capote, Callaway, Burton Keys). Problemas de política internacional (Corea, Viet - Kong, Puerto Rico). Tabita parecía interesada en los datos menores del escritor. Ese día hablé muy mal de Norman Mailer. Tabita me pidió la fotografía. Días después Tabita, nerviosa me llamó a la oficina. Cuando recibí la llamada yo estaba de un pésimo humor. Al consejo editorial de la revista de urbanismo y literatura hispa-

noamericana no le había gustado mi revisión, me habían enviado una nota con un tono de desaprobación absoluta. En la nota me hacían notar entre otras cuestiones el hecho de que Mailer era un gran autor, ¿cómo había sido yo capaz de reducir su obra a un mediano estudio sobre su sexualidad? —Antón, no terminé la historia de la última vez, cuando la enfermera escapó yo tomé su lugar. Mira Antón, te voy a decir la verdad, creo que me acosté con Norman Mailer; no estoy segura de que fuera él. Antón, tú sabes que a mí no me gusta la literatura, pero anda, dime: ¿Me acosté con un buen escritor?

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AFHIT HERNÁNDEZ

POEMA LEÓN ALADO
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tuve tiempo de retener a Antínoo Margarita Yourcenarf

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Fuimos a la caza del león, agazapados, como si nosotros fuéramos la fiera. Lo esperamos cerca de la charca arenosa cubierta de juncos. Decíase que el león acudía a beberse allí la noche. El aire era el otro león que respira dentro del pecho anhelante y frío y vaticinaba el tiempo de la batalla como si esa lucha ya se librara dentro de nuestro corazón ardiente. Pero estaba allí el frío, antes que la bestia y venía a estrellarse contra la coraza de hierro, levantando un poco el envés de la capa, roja por debajo, como para más enardecerlo. Y apareció de súbito la bestia real, tan hermosa como terrible. Negra como la vida, la fuerza natural caía sobre sus hombros. Bebía. Como nosotros, esperaba. Y yo, tratando de apresar antes de su cuerpo, su sombra, no pude retener a Antínoo.

Dio rienda suelta a su caballo, lo empujaba la juventud y la muerte, o el deseo de vencer la muerte, y lanzó como un atleta de los templos, su pica y sus dos jabalinas. Herido del cuello, el león se desplomó batiendo con la cola. Tanta arena levantó su peso que sólo veíamos su sustancia informe. Era un rugido lo que se materializaba.

Pero se levantó. Miró con furia al joven bello y dispuso el sacrificio. Él, desarmado, casi desnudo, predijo el ataque del león ahora de fuego, ahora alado por suerte divina, ya grifo transformado, y no se movió, orgulloso. Interpuse mi caballo, ofreciéndole el muslo descubierto, y respiré [la sangre de la fiera disuelta por el céfiro. No me resultó difícil rematar a la bestia herida.

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Y absorto por ese instante donde la belleza se une con la muerte, creí que la víctima había sido yo mismo. Que era mi cuello el que yo mismo atravesaba. Ante el ímpetu de una juventud que ya no es mía, cayeron sobre mí todos los destinos: arrastraré su amor hasta mi sangre, veré cómo será obligado a ser dios a causa de su belleza, cómo será retratado mil veces por mis escultores, con los cabellos sujeto por bandas y desnudo del cuerpo, quizá un poco ofrecido a las bestias de los siglos, como ahora, al otro león de Nemea. Mientras yo, me despierto en medio de la noche, buscando atrapar esa presencia que todo lo contiene, sólo para darme cuenta que yo he sido el que verdaderamente ha muerto.

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BRYAN KLETT GARCÍA

www.fundaciónva.blogspot.com

entrevista con

Eduardo Antonio

Parra

Nació en León Guanajuato en 1965. Fue becario de la Fundación John Simon Guggenheim Memorial, 2001-2002 y ha sido traducido al inglés, francés y portugués. Entre los premios literarios que ha ganado destaca el Premio de Cuento Juan Rulfo 2000. Es uno de los exponentes más reconocidos de la «Literatura de Frontera». Su obra cuenta con siete libros en circulación, el último, Sombras detrás de la ventana, fue publicado por Ediciones Era en 2009.

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Seguro que las preguntas bajo mi brazo están nerviosas antes del enfrentamiento, pero yo no. Con Parra ya he platicado en varias ocasiones, alejadas por el largo plazo, desde que lo vi por primera vez en la filu del 2009, platicando con Luis Humberto Crosthwaite y Magaly Velasco en un rincón de la Feria. Recuerdo que acercarme a él fue un momento de gran nerviosismo. La gente ya había entrado a la galería donde se continuarían las mesas redondas sobre Literatura de Frontera y Parra había ocupado un lugar al fondo. Me senté a su lado y me presenté con apretón de mano sudada planteando mi interés por entrevistarme con él. Éxito absoluto. Su buen humor y disposición frente a mis miedos dejó en la última página de mi cuadernito negro su correo electrónico en tinta azul y punto grueso. Tuvieron que pasar un par de días para volver a encontrarlo en su propia charla y acabar sentado del otro lado de una mesa larguísima con amigos del escritor norteño y un montón de estudiantes. En ese segundo encuentro sólo pude sacar un «hola, ¿cómo estás?» Casi un año después, Parra está en la entrada del Instituto de Investigaciones Literarias de vuelta en Xalapa platicando con la última persona en salir de su curso de Migraciones y Fronteras en la Literatura y yo espero impaciente a nuestra entrevista. Toda idea de gigante magnánimo se ha extinguido después de nuestra correspondencia electrónica y mi valiosísima adquisición de la antología de Era Ediciones, Sombras detrás de la ventana, donde se vienen a encontrar, como en una reunión de exalumnos, sus tres libros de cuentos —Parábolas del Silencio, Tierra de Nadie y Los límites de la noche, con el «bonus track» de Nadie los vio salir, la cual muestra claramente a un escritor duro y con su visión puesta en la estética de la realidad dualmente cruda y bella. Parra salió contento de su clase preguntando qué día era para asegurarse de no haber olvidado el cumpleaños de su padre. Caminamos a un café con una charla simple sobre lo difícil que había sido

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Decidí estudiar Letras para escribir después de leer Cien Años de Soledad. Un lugarsote común, lo sé, pero ocurrió en mi caso. Pensaba: ¿yo sería capaz de provocar estas emociones en alguien más por medio de la escritura?. Pero como el escritor nacido en León, comenta, Monterrey era una ciudad difícil, yo no conocía a un escritor ni a nadie que conociera a uno. Fue una labor difícil tanto para Antonio como para su padre entender el llamado que venía desde abajo. Parra pinta una charla en la que ninguno de los dos tenía idea de lo que podía significar o en qué consistía una formación de letrado. Fue hasta el primer año de la carrera que emergió la realidad de las cosas Era una escuela de letras, no de escritores. Como quiera me quedé… ahí conocí a algunos estudiantes que querían ser escri-

tores o que incluso ya escribían. Yo no me atrevía todavía. Leía y leía y leía, seguí leyendo, terminé la carrera y todavía no me atrevía. Terminé la carrera a los 21 pero no empecé hasta las 25. Sabía que lo que estaba haciendo era prepararme. Después de terminar la carrera empecé a leer de verdad, lo que me gustaba. Tomé trabajos que me quitaban muy poco tiempo. Pasaba de siete a ocho horas diarias leyendo. Copiaba mucho. Copiaba párrafos, copiaba capítulos hasta que finalmente dije: bueno ya copié mucho, ahora voy a sacar algo de mi ronco pecho. Otra ronda de americanos, los camiones pasan bramando en la avenida principal sobre la que se ubica nuestro café en medio de un limbo. El click del encendedor Bic y una larga exhalación de tabaco. Como gran defensor y exponente de la Literatura de Frontera, la pregunta le resulta obligatoria a mi libreta de apuntes: ¿qué la separa del resto?

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finalmente encontrar el momento para la entrevista. Un paquete nuevo de «diablitos» (como le dicen a los Malboro rojos en su tierra y en la mía) para hablar de Xalapa y revistas en lo que llega la orden de tres americanos y agua simple. Prueba de sonido, ¡no toques el micrófono!, tiene corto. A ver, habla otra vez. Ya está. ¿Cómo te convertiste en escritor?

La narrativa de frontera tiene una mezcla de campo y de ciudad, lo hemos estado recuperando desde que los escritores del centro del país comenzaron a desechar todo lo que huele a campo.

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Es una discusión que he tenido muchas veces. No debería separarla nada. Está dentro del corpus literario, en este caso nacional. Pero tiene sus características regionales, la idiosincrasia, el paisaje, la situación que yo creo que cada vez se vive más a nivel nacional pero que durante décadas fue un privativo del norte: ¿qué se hace al convivir con los gringos al otro lado? La presión de los gringos. Sin embargo, hay una tensión, es lo que más la distinguiría. En los estadios del norte se vive una tensión constante y es una tensión de diversas marcas: la cuestión lingüística, la cuestión cultural sobre todo, la tensión histórica (ellos ganaron, nosotros perdimos), ellos son la primera potencia y nosotros no existimos, la tensión religiosa (nosotros somos católicos y ellos son protestantes), todo este tipo de cosas te provocan una temática, un estilo, un idiosincrasia particular. Conocí a mucha gente que no tenía nada que ver con la escritura ni ninguna de las artes pero que se sentía defensora de la cultura de este país, porque estaban en la última trinchera. Esto creo que lo tiene en menor grado la frontera sur, pero lo tiene. Cosa que no sucede en el centro; en el centro como no tienen ese tipo de tensiones ocupan sus energías en otras cosas, en ser más cos-

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mopolitas, por decir algo. No sé. La lejanía del centro también te produce un efecto especial. Hasta en la lectura. En Monterrey leíamos libros más clásicos porque no nos llegaban las novedades y en el D.F. ellos vivieron lo que nosotros no: lo que se llama la generación Anagrama. ¿Crees que estos nuevos focos que están en la frontera cuentan con su propia hegemonía cultural? En bloque podríamos decir que sí, aunque también hay muchas diferencias. Si tú, por ejemplo piensas en la frontera de Tamaulipas, es muy distinta a la de Sonora, y no nada más por el paisaje, no se reduce a un río y a un desierto, sino que por ejemplo en el noreste, Tamaulipas, Coahuila y Nuevo León, todo mundo tiene lazos familiares con Texas, la familia trascendió la frontera. Pero la tensión fronteriza los afecta a todos e incluso los marca. Sí hay un especie de bloque que incluso llega un poco más abajo, que sería hasta Sinaloa, Durango y extendiendo la manga hasta Zacatecas. En este sentido la Literatura de Frontera tiene un fundamento romántico, por ejemplo en esta búsqueda de la identidad.

Creo que sí. Cuando empezaron a hablar de globalización, a mí me cayó la idea de que iba a haber un neorromanticismo a nivel mundial; que es una reacción contraria; si te dicen ahora todos vamos a vivir las mismas experiencias, no, nosotros vamos a rescatar nuestras tradiciones para demostrar que tenemos experiencias distintas, que sucedió en el romanticismo original. Cuando se quiso unificar al neoclásico en todo Europa, los países se pusieron a rascarle a la historia para marcar las diferencias. Yo lo encontraba desde la adolescencia en Nuevo Laredo. Podemos encontrar muchos rasgos románticos en la narrativa del Norte. Ahora, ya comenzaste a responder esta pregunta pero hace falta hacerla: ¿Puede la Literatura de Frontera ser el Nuevo Paradigma, pensando que primero fue el campo y luego la urbanidad? Uno muchas veces se define según la visión de los contrarios. Cómo se está viendo la narrativa de frontera desde el Centro, desde el Sur; a lo mejor sí lo están viendo como un paradigma, porque hay una problemática específica. Pero hay otra cosa, la narrativa de frontera tiene un mezcla de campo y de ciudad, lo hemos estado re-

Ilustración por Waldo Matus

cuperando desde que los escritores del centro del país comenzaron a desechar todo lo que huele a campo. Colegas del Centro hace más de 10 años decían que ya estaban hartos de Rulfo, que ya estaban hartos de rancheritos; y bueno, si tú reduces a Rulfo a rancheritos es que estás muy equivocado. Siento la literatura de Centro mucho más cosmopolita. Pero la narrativa de Frontera tiene peculiaridades físicas y paisajistas y anímicas que son propias de la región. ¿Cómo percibe el Centro a la Literatura de Frontera? Ahí empezó la fama o el prestigio. Nosotros pensábamos en una narrativa regional de

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Monterrey. Elmer Mendoza pensaba en una narrativa regional de Sinaloa y los sinaloenses también. Crosthwaite no lo pensaba pero lo hacía. Pero el Centro nos señaló. Primero empiezan los periodistas, luego los editores, algo muy curioso, buscando quiénes eran estos escritores de frontera, quiénes son los que están escribiendo ahora, y luego, finalmente la academia, que es la que llega al final pero que es la más persistente. Ahorita a mí me sorprende cómo es que hay especialistas de la literatura fronteriza de México-Estados Unidos en Australia, en Inglaterra, en Francia y en Estados Unidos hay un montón; de repente te llegan correos entrevistándote de Croacia… Toda esta clasificación primero vino del centro, luego

nosotros, cuando nos juntábamos, era en primer lugar, con toda desvergüenza te digo, aprovecharlo, nos sumamos al barco. Luego lo empezamos a discutir y dijimos, «sí, es cierto». Aunque algunos, como Toscana, nunca estuvieron de acuerdo: yo soy universal, no me encasillen. Pero eres universal y no has escrito nada que salga de Nuevo León, maestro. El universalismo no tiene nada que ver con la temática ni la geografía, tiene que ver con el tratamiento que le estés dando. Oye, y, finalmente, ¿crees que todas las fronteras son iguales? Síiii… tienen rasgos en común. Lo que más me ha servido para entender la frontera de México-Estados Unidos son mis últimas lecturas del centro de Europa: los yugoslavos, los albaneses como Kadare, que te plantean cómo hay una tensión histórica que en ellos tiene cinco siglos; la frontera entre el mundo musulmán y el cristiano, pero además era mucho más complejo ahí porque estaban los cristianos ortodoxos, los católicos, los musulmanes; era oriente y occidente, Europa y Asia… tú lees esos libros y empiezas a reconocer la tensión cultural que hay. En ese sentido sí, todas las fronteras son iguales.

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www.edicionesera.com.mx

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EDUARDO ANTONIO PARRA

fragmento

El cazador
Sombras detrás de la ventana, fue publicado por Ediciones Era en 2009, en él se encuentran sus cuentos reunidos así como una clara estética que oscila entre lo más brutal y lo más sublime del hombre. Agradecemos a Eduardo Antonio Parra por permitirnos compartir un fragmento del cuento "El cazador", que aparece por primera vez en Los límites de la noche (Ediciones Era, 1996). En él se pueden apreciar profundas reflexiones sobre la muerte y la persecusión, así como el esbozo siempre presente en su obra de una "frontera salvaje". Recalcamos su propiedad por Ediciones Era.

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No se dejó confundir por la cumbia histérica que reventaba las bocinas, ni por la suciedad filtrada en las luces de colores; tampoco por los obreros en brama que alzaban sus tecates hacia la pista, donde una mulata gigante blandía los senos en abierto desafío a las miradas de lujuria. El peso de la atmósfera se colaba en remolinos por su nariz. A cerveza era el aroma dominante, luego tabaco, más allá humor de cuerpos sudados. Sin embargo, bajo esa mezcla espesa distinguió resabios del tufillo a adrenalina, a bestia acorralada, que despiden los perseguidos y queda flotando horas en los sitios por donde pasan: el rastro que buscaba. Entonces no tuvo dudas. Esperó a que la cumbia concluyera, y cuando el chillar de trompetas y güiro fue sustituido por un murmullo de voces pidiendo cerveza, cerró los ojos para percibir hasta los rumores más tenues atrapados en el salón. Levantó los párpados mientras comenzaba a sonreír, satisfecho, certidumbre en mano, y se dirigió a la barra, a sentarse donde su instinto aseguraba que el otro había vaciado tres vasos de ron. Los primeros acordes de la siguientes pieza enmarcaron el retorno de la mulata; pero él no se volvió hacia la pista,

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saboreaba el triunfo, la deducción: saber cuánto tiempo había permanecido ahí el otro. Después de eso, comprobar que no se había equivocado de antro, que no erraba el sitio en la barra, mediante el examen de los ceniceros repletos, ya no fue necesario. Ahí estarían, sepultados en ceniza, los restos de esos cigarros de Maple, iguales a los que él guardaba en el bol-

sillo; los filtros aplastados, comprimidos a la mitad de su longitud, evidencia de un nerviosismo permanente. Un hombre somnoliento retiró el cenicero de su vista en tanto movía los labios frente a él produciendo una mueca que se le antojó grotesca. El estruendo de la música, reforzado ahora con una oleada de gritos por la desnudez total de la mujer en la pista, obligó al cantinero a repetir la pregunta: «¿Qué le sirvo?» Vio el vaso abandonado por el otro a unos centímetros de su mano izquierda, y ya no necesitó olerlo para responder con palabras mordidas, en un español rudimentario: «Añejo y agua». El cantinero dio media vuelta y él hizo lo mismo hasta quedar de frente al espectáculo. La mulata se arrastraba por la pista, levantando el trasero hacia la caricia tibia de un haz rojo. En círculos, la luz siguió por unos segundos los movimientos de las nalgas ante la euforia de los hombres que prácticamente caían sobre ellas, sobándolas, apresando los tobillos, babeando la piel más cercana. La mujer giró y abrió las piernas: la vulva encarnada apuntó directo a la barra, y él supo entonces que ella no podía ser. Recorrió el salón con la vista: las demás mujeres se encontraban fichando. No le dio importancia; era sólo cuestión de un

rato. Había encontrado el lugar: la mujer cruzaría ante sus ojos en cualquier momento. Cuando el cantinero volvió con su vaso, lo tomó y se dispuso a esperar pacientemente. ... nadie se atreve a negarme el paso: sería fácil entrar a su oficina cualquier tarde para evitar la presencia de ella y plantármele enfrente, ya estando ahí no podría echarme, lo conozco: los sentimientos siempre han mandado en él; le diría ayúdame, tengo miedo, estaba borracho, los celos me llevaron; él conoce de mujeres y lo comprenderá; o mejor perdóname, yo sé que puedes hacerlo, también sufres porque soy tu único hijo; y prime-

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ro sus gritos, indignado, qué haces aquí, delincuente, cómo te atreves a venir, chacal, malnacido; pero después del desahogo, las lágrimas en los ojos, la protección de sus brazos que todo lo pueden: ven, hijo, vamos a pensar cómo resolvemos juntos el problema, de qué tienes miedo, todo fue muy lejos, en otro país; y abrirme ante él como cuando niño: siento que me siguen, esos gringos pasaron la denuncia a este lado, a la judicial de seguro, dicen que hay recompensa, y él ya, ya, tranqui-

lito, pero prométeme que desde ahora vas a andar derecho, nada de putas ni malas compañías; y en seguida el teléfono, las llamadas al procurador, al comandante, a los abogados: y sí, ya ven, fue una estupidez, es todavía muy muchacho, sí, conozco la gravedad del asunto, pero al fin y al cabo se trata de un gringo, yo me hago responsable, ya saben, nada de molestarlo a él o a su madre, todo se arregla conmigo, pasen a verme cuando quieran, los estaré esperando; y salir de su oficina más sereno, recoger mis cosas en el hotel y regresar a casa donde mi madre qué bueno que ya estás aquí, pero vienes muy trasijado, anda, vamos a la cocina para que comas algo; y volver a los amigos de antes y fingir, sobre todo fingir como lo he hecho las últimas semanas, intentando creer yo mismo que la muerte de un hombre no hace mella en su asesino cuando éste no quiso matarlo; continuar la vida como si nada hubiera pasado, soportar la falsa admiración de los demás, esa admiración que se mezcla con un temor no tan oculto, aceptar con sonrisas fingidas los «habrás tenido tus razones», los «estoy contigo, hiciste muy bien, lástima que te hayas equivocado», los «yo hubiera hecho lo mismo», y todos esos saludos, esos abrazos fugaces que desaparecerán al

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menor murmullo de persecución, de búsqueda policíaca, de venganza familiar; acaso podría soportar eso, pero qué hacer con las amenazas veladas, con los «cuídate, te andan buscando», con los irónicos «¿ya tan tranquilo?», y con la famosa noticia que todo Ciudad Juárez conoce: «¿ya sabes que te pusieron un precio muy tentador?»; cómo soportarlo, cómo volver a fingir que no estoy enfermo de miedo, cómo aparentar indiferencia, entereza, valentía, si ni siquiera puedo dormir a causa de la respiración fantasmal que sopla tras mi nuca y me pone delante de los ojos la sangre del muerto salpicándome como chorros de ácido, disolviendo mi cuerpo hasta convertirme en esa sustancia viscosa que dejo tras de mí, que excreto y embarro en lugares y cuerpos, que se huele a distancia, se siente en la cercanía, provoca el respeto de los hombres y parece excitar a las mujeres: existe, quizá no lo ha notado nadie, pero existe: como si las balas con las que maté al gringo de alguna manera me hubiesen penetrado también, y por los agujeros invisibles me brotara eso: el rastro que me ha hecho entender la vida como un ridículo juego de espejos donde se mata y se muere en un mismo acto: desde el momento en que disparé contra ese hom-

bre, he venido muriendo con cada paso que de noche y en soledad escucho a mi espalda, con el miedo que día a día me gana la voluntad y la existencia, resbala por mi piel y se filtra a los huesos con un temblor igual a los estertores de la muerte; me mata ese espectro que respira y pisa duro tras de mí, siguiéndome por algo que nunca quise hacer, siempre muy cerca, lo siento, no desistirá, no dejará de zapatear detrás mientras me escurra este rastro; y aunque vaya con mi padre, me plante enfrente de él y le pida que mueva todos sus hilos e influencias, no detendrá a mi perseguidor: no podrá apartar de mí este miedo, lo sé...

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JUAN JOSÉ BARRIENTOS

COLÓN
colón, cristóbAl.* biogr. (1450-¿1492?) Herege
y petardista (o ginovés que es lo mesmo). Asigurábase que estuvo en la Tierra del Hielo, donde los piratas del septentrión encontraron manantiales de agua caliente, que llaman géiser, y luego en un país donde no hay luz y reina la escuridad, y es patraña; díjose también que viajó con los portugueses a la Guinea, de donde trajeron negros a vender. Y no es probado sino que vivió en Porto Santo y en otras islas, donde recogió relaciones y noticias de marineros que le dijeron haber tenido señales de tierra en el mar océano, y eran palos labrados y árboles raros arrastrados algunas veces a la playa, o pájaros de maneras diversas que divisaban y aún muertos con los rostros muy anchos y diferentes a los cristianos, y asimesmo mujeres con cola de pescado, que todo era delirio, y estas cosas se cuentan en las Azores por burla o superstición; y esto lo comunicó con otros, que lo tenía por prueba de que la tierra era redonda, alegando que Marco Polo habla de regiones donde no se ve la estrella polar o se ve muy abajo. Díjose geógrafo y entendido en cosmografía porque dibujaba cartas de marear, conocía la declinación de la brújula y la manera de corregirla, y aún pronosticaba los eclipses como Regiomontano; y asiguraba que navegando hacia el Oeste se podía llegar a Cipango y a los reinos de China o a la India, y luego al lugar de donde saliera, y esto sin dar vuelta, que es desatino y de los mayores.

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Determinóse Colón de venir a España y estuvo en Palos en un convento, donde dejó un hijo; a muchos dábales confianza con palabras persuasivas y sotileza, y ansí los Reyes Católicos diéronle cuanto pidió para que descobriera islas y tierra firme en la mar océano. Ayudóle en esto un Santángel, que no era cristiano viejo y que pidió asiento, prestándoles a los reyes por muy grande interés y dejando el reyno empeñado con otros banqueros ginoveses, por lo que sospéchase que estaba en el negocio, que tampoco se volvió a ver. Díjoles Colón a los reyes que iba a Cipango y antes a otra isla donde de oro puro cobijan los templos y casas reales, y diéronle tres carabelas muy bien aparejadas y cargadas con muchas cosas de gran valor, que diz que se repartió con los marineros y pícaros que lo acompañaban, sino que otros asiguran que es mentira y especie, porque todos llegaron a las Canarias y siguieron hacia el Oeste hasta caer en el abismo. Sirva su muerte de aviso y escarmiento a locos e insensatos y a los reyes que patrocinan empresas azarosas y contrarias a nuestra Fe.

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VERÓNICA MASTACHI

POEMA
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húmedo
dame agua de coco de lata quiero una dotación de un año por lo menos y si te hacemos paletas? así los niños se van a acostumbrar desde chiquitos a comer estrella o mejor te pulverizamos como miguelito así demostramos que el polvo de estrellas es ideal para toda ocasión y es que no es lo mismo verte y tenerte que pensarte todo el día sin siquiera hacer esfuerzo mi mente viaja más rápido de lo que quiero y cuando vengo a darme cuenta ya estoy en la cama, despertando junto a ti me compro tres o cuatro playas seguidas con tal de verte destruir castillos de arena uno tras otro sin parar me lío con las nubes para que veas los relámpagos que creamos juntas las furias y yo que te llueva en la cara que te mojes la boca que estés húmedo siempre como el día en que naciste como el día en que vives hoy

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Alonso León Erik Alejandro

PERDER LAS PUERTAS, BUSCAR LAS LLAVES
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Para Aniela
He visto que las cosas cuando buscan su curso encuentran su vacío Federico García Lorca

Para abrir las puertas no basta con las llaves. Giorgio Colli escribió que cada instante del tiempo es el recuerdo de un comienzo, así las puertas que para ser abiertas necesitan de la historia personal de cada cerradura; la inclinación adecuada, la fuerza retenida o decantada, el leve empuje mientras se gira. Como si las llaves antes que ser objeto fuesen la simple continuación de una serie de gestos simples, los cuales carecen de sentido si no hay una cerradura que reciba. Al final de día cuando uno necesita llegar y ser acogido, entonces las llaves. Las manos que entran en las bolsas del saco o del morral, después los dedos que seleccionan y confirman, para al final antes de abrir, realizar ese último movimiento. Un giro, la apertura. Rene Magritte, escribió que «los contornos visibles de los objetos, en la realidad se tocan como si formaran un mosaico»; las llaves, cuando embonan, adquieren el tamaño de lo que resguardan: un diario, un candado, un coche.

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Primera imagen: los espacios —aun los más grandes— se resguardan a partir de una ingeniería de lo mínimo. Después de tanto ser perdidas y así olvidadas, las llaves entran cautelosas a un siglo donde la sociedad ya no las atiende del todo, como si después de tanto abrir y cerrar se hubiera olvidado para que fueron requeridas. La vida en el siglo veinte fue pautada por las llaves: que si se perdían, se atoraban, se cambiaban. Siglo además donde la privacidad se colocó como eje de la sociedad, todo espacio se vuelve contenedor de algo: las casas, los baúles, los diarios. Las personas también se vuelven contenedores que guardan con recelo, con miedo a perder y así ser perdidos; uno ya no es las cosas que quiere sino lo que guarda. Parece como

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si la sociedad se hubiese dado cuenta de que algo tan pequeño no podía determinar la vida. Y es que la velocidad de las llaves es de temperamento lento, su tamaño las hace vulnerables a cualquier descuido. Uno podrá tener toda la prisa del mundo pero requiere de un paréntesis para asegurar las llaves. Magritte —de nuevo— escribió que hay objetos que pueden prescindir de su nombre: las llaves como objeto, olvidarán su nombre, no obstante su función será cubierta por los artilugios tecnológicos: claves privadas, huellas dactilares, reconocimiento de pupila y otras cosas que ya no ameritarán cuidados. Como si las llaves, hechas de lentitud y parsimonia —piénsese en el oficio de cerrajero— no pudieran ser retenidas en un siglo donde ya nadie tiene —según— tiempo ni para ver donde las deja.

Segunda imagen: unas manos se detienen buscando entre dedos la llave indicada. En esa pausa, a veces cuando se está con alguien más, se consolidan los afectos. Con un beso por ejemplo. Para adentrarse en las personas no basta con las ganas, hacen falta tiempos largos, descuidos inintencionados. Los sentimientos serán algo así como las llaves humanas, donde cada gesto será una de esas mínimas ranuras que permiten la apertura. Cuando era niño disfrutaba ir al cerrajero, tantas llaves me hacían sentir que estaba ante la persona que podía abrir cualquier candado. Me gustaba pensar que así como él limaba minuciosamente las ranuras de las llaves, así limamos todas las personales llaves que nos dejan entrar en los demás. En ese entonces yo quería ser el cerrajero que pudiera crear las llaves que abrieran a cualquier persona. Uno debería de preguntarse si con la ausencia de las llaves no se pierde también esa necesidad de construir afectos. De a abrir y cerrar con el tiempo. Última imagen: las noches en que después de maldecir y contrariar la vida por olvidar las llaves, uno se queda varado afuera de su puerta, enciende un cigarro. Espera.

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INVENTARIO
José Chapa (Mission, Texas, 1990) es autor del poemario Pájaros de Pólvora (La Fragua, 2009), ganador del Concurso Literario Interprepas del itesm en su novena y décima emisión, y seleccionado del Curos de Creación Literaria para jóvenes 2010, a cargo de la f,l,m,. Actualmente desarrolla el proyecto de escritura 69 como becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Coahuila. Luis Hernesto González (Ciudad de México, 1966) estudió Periodismo y Comunicación Colectiva en la enep (hoy fes) Acatlán. Ha sido editor y colaborador en diversas revistas y ha participado en programas de difusión de a Literatura por radio y televisión en el estado de Morelos. Sus publicaciones se componen de los poemarios Mar y bosque se buscan, De las formas del desierto (ambos en la colección Voces del viento, uaem/Unicedes, 2001 y 2002, respectivamente) y Poemas de la bruja (Ediciones Eón, 2010); ha sido antologado en varias publicaciones. Actualmente realiza la maestría de Letras Españolas en la unam. Gerardo Arana Villareal estudió la Licenciatura de Lenguas Modernas con Especialidad en Español en la uaq. De 2006 a 2009 formó parte del colectivo Neónidas. En 2009 fue becario del Programa de Estímulos a la Creación y Desarrollo Artísticos de Querétaro, pecda, del Instituto Queretano de la Cultura y las Artes mediante la cual escribe su primera novela: El asesor poético. Ha ganado varios certámenes literarios y sus reseñas y cuentos han sido publicadas en revistas y periódicos locales. Es autor de los cuadernillos de cuentos: La Máquina de Hacer Pájaros (Herring Publishers de México / Facultad de Lenguas y Letras uaq, 2008), Neónidas [2006 – 2008] (Facultad de Lenguas y Letras de la uaq, 2009). Fue incluido en la antología Tinta y Whisky (Ediciones Urano, 2009). Actualmente reside en la ciudad de Querétaro donde además de coordinar un taller de cuento imparte clases de Historia y Español a jóvenes de secundaria. Afhit Hernández (Morelia, 1980) estudió Letras en la uam y cuenta con dos libros publicados: Los placeres y las ruinas y Cuerpo Interrumpido. Bryan Klett García (La Paz, B.C.S., 1989) estudiante de Lengua y Literatura en la uv, ha colaborado con esta misma universidad en varios de sus eventos y con las revistas Fatum y La Nave. Actualmetne es becario del Instituto de Investigaciones Lingüístico y Literarias de la UV en el departamento de Migraciones y Frontera, además de director y diseñador de la revista (y)letrados. Juan José Barrientos (Xalapa, Ver.) es egresado de la Facultad de Letras Españolas de la uv y del Colegio de México; ha recopilado parte de sus artículos en Versiones (Conaculta, Sello bermejo, 2000), Ficción-historia (unam, 2001) y La gata revolcada (ivec, 2009). Verónica Mastachi es es estudiante del área terminal de la Facultad de Sociología de la uv. Lleva más de quince años escribiendo poesía de manera amateur. Alonso León Erik Alejandro (Ciudad de México, 1988) es ensayista y estudiante de psicología en la unam. Fue seleccionado para participar en el curso de creación literaria organizado por la f,l,m, y la uv en el área de ensayo. Escribe la columna semanal "Gravitación extendida" en el suplemento cultural "aQROpolis" del periódico Plaza de Armas de Querétaro.

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MUERTE AL ANONIMATO MUERTE AL ANONIMATO MUERTE AL ANONIMATO MUERTE AL ANONIMATO
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