Está en la página 1de 15

Productos finales

● Confeccionar una antología de cuentos de fantasmas.


● Presentar narraciones orales de relatos de fantasmas y aparecidos.
● Armar una cartelera de recomendaciones de cuentos de fantasmas para
otros alumnos.

Duración aproximada
Un bimestre del ciclo lectivo. Según el producto elegido para el proyecto
será la frecuencia semanal destinada al trabajo.

Propósitos didácticos
Si el docente genera las condiciones didácticas necesarias se espera que
los alumnos puedan:
● Escuchar y narrar oralmente historias del acervo popular sobre un tema
(los aparecidos).
● Conocer cuentos y autores clásicos de terror a través de la lectura compartida con el
docente.
● Leer por sí mismos cuentos de un género y tema conocido.
● Usar la escritura para registrar impresiones de la lectura y guardar memoria de lo
leído.
● Narrar por escrito cuentos sobre fantasmas.
● Retomar en la propia escritura temas, personajes y formas de contar (narrador,
diálogos, expresiones de terror y misterio).
● Revisar distintos aspectos de los cuentos de manera colectiva, en parejas
e individual.
● Leer por sí mismos y con ayuda del docente textos para buscar información sobre los
fantasmas: microrrelatos, artículos periodísticos y de
divulgación.
● Participar en la edición de los cuentos.
en este capítulo, usted encontrará desarrollados
los siguientes temas
● Compartir la narración de historias de fantasmas y aparecidos
➽ Organizar la narración oral
● Leer y escuchar leer cuentos clásicos de fantasmas
➽ La ventana abierta de Saki
➽ El capote de N. Gogol
● Leer por sí mismos una novela corta
● Escribir cuentos de fantasmas y editar una antología
La Dama del Cementerio
Un hombre quedó encerrado en el cementerio al terminar el horario de visitas.
Inquieto
comenzó a dar vueltas por el lugar en busca del sereno para que le abriera la puerta.
No lo
encontró pero advirtió que frente a una tumba estaba una mujer de pie (según las
variantes del
relato, puede tratarse de una niña, una adolescente o una mujer adulta). El hombre se
le acercó
entonces y le contó su situación, alegrándose de ver a alguien más por allí. La mujer le
respondió
que a ella le había ocurrido lo mismo y que no se preocupara, ya que conocía un lugar
desde
donde podrían salir.
Con la dama como guía, el sujeto la siguió entre las lápidas, hasta que ella se detuvo
indicándole una de las paredes perimetrales del cementerio. Al comprobar que no
había ninguna
puerta, el hombre le preguntó cómo hacer para salir por ese lugar inaccesible. –Así– le
respondió
la mujer mientras atravesaba el muro.

La Dama Vestida de Blanco


En distintas ciudades de la Argentina circula este relato, con algunas variantes
mínimas, que
tiene como protagonista a un joven que concurre a una festa, baile o lugar de diversión
nocturno.
Allí conoce a una bella muchacha de vestido blanco a la que invita a bailar y de la que
se enamora
instantáneamente. A cierta hora de la noche se ofrece a acompañarla hasta su casa y
le presta su
abrigo para protegerla del frío.
Al día siguiente, el muchacho vuelve a la casa de la joven con intención de verla
nuevamente y
es atendido por los padres de ella, quienes con sorpresa y estupor le informan que la
muchacha
ha muerto uno o dos años antes. El enamorado no entra en razones, motivo por el cual
los
afligidos progenitores lo llevan hasta el cementerio con el propósito de que, al ver la
tumba, el
muchacho se convenza de la verdad de sus dichos. Al llegar a la tumba, la
estupefacción estalla
en los tres, al descubrir que sobre la lápida descansa el abrigo que el muchacho le
había prestado
a la joven la noche anterior.

Romeo y Julieta Criollos


Cuenta la tradición que la aristocrática familia Anchorena vivía en el actual Palacio San
Martín con más de 150 sirvientes. Hacia 1920 sus miembros decidieron construir la
iglesia del
Santísimo Sacramento como futuro sepulcro familiar. Quiso el destino que uno de los
Anchorena
se enamorara perdidamente de Corina Kavanagh, una joven de familia adinerada,
aunque no
patricia. El romance no tuvo la aprobación de los padres del muchacho y fnalmente los
novios
tuvieron que separarse.
Corina entonces pergeñó una particular venganza, no de sangre, pero sí estética.
Ordenó
levantar en San Martín y Florida un edifcio cuyo único requisito fue que le impidiera a
la
familia Anchorena la vista a la iglesia mencionada desde su soberbio palacio. Aún hoy
pesa la
“maldición” arquitectónica, ya que el edifcio Kavanagh sigue obstaculizando la visión
del templo
católico.

El Vampiro de Flores
Belek, un enano, llegó a Buenos Aires con el Circo de los Zares proveniente de la zona
de los
Cárpatos. Al igual que el conde Drácula, Belek fue expulsado luego de que Boris Loff, el
dueño del
circo, junto a dos testigos -la Mujer Barbuda y el Hombre Bala-, lo encontraran
prendido al cuello
de una mona integrante de la troupe circense.
Pero el mito, apenas comienza aquí. El verdadero horror se desató cuando Belek se
refugió en
una casa abandonada del Bajo Flores y comenzaron a desaparecer misteriosamente
todos los
gatos del barrio. El relato cuenta que los vecinos protegieron sus casas con ristras de
ajo mientras
portaban crucifjos por las calles, por temor a ser atacados.
Una noche de invierno, cerca de la estación Flores, los hombres del barrio lograron
cazar al
vampiro con una improvisada red, fabricada con la malla de un arco de fútbol, pero
éste se les
escapó furtivamente. Algunos aseguran que aún vive en el cementerio de Flores y sale
de tanto
en tanto a producir estragos entre los desprevenidos transeúntes.
La Dama de la Vela
Cuentan los habitantes de la ciudad de Corrientes que en el edifcio de la Escuela
Normal
“Juan Pujol”, una antigua construcción señorial, suele verse por las noches a una bella
joven,
hermosamente vestida con un largo traje de encaje blanco y una capa de pana roja,
recorriendo
los pisos y escaleras de mármol con una vela encendida en la mano. Ante las primeras
luces del
alba, la misteriosa criatura se desvanece.
El Perro Extraño
Cuentan en el barrio de La Boca, en la ciudad de Buenos Aires, que hace muchísimos
años
dos ancianos encontraron un perro abandonado. Sintieron lástima por el animalito
que, pese
a su aspecto extraño, los miraba con ojos de mucha ternura. Le dieron de comer y lo
asearon,
incorporándolo a la vida familiar. Cierta vez el perro presentó síntomas de decaimiento
y lo
llevaron al veterinario para que lo atendiese. El facultativo, tras revisarlo, no pudo
encontrar las
palabras adecuadas para decirles a los afligidos amos que lo que habían recogido no
era un tierno
ejemplar de raza canina sino una enorme rata.
Acompañe la lectura de cada grupo acercándose a ellos y comentando lo
que dicen los textos. Posteriormente, en el intercambio, con la participación
de cada grupo, analicen qué tienen de común esas historias: personajes, sucesos,
resolución y cómo están contadas. Deténganse en los títulos y en las
formas en que la escritura puede generar suspenso o miedo.
Pídale a los alumnos que busquen y traigan anotadas historias de aparecidos que
conozcan; si es posible, del lugar en el que ellos viven para narrar en el
aula al día siguiente.

organizar la narración oral


Usted puede contar a los alumnos alguna historia popular de aparecidos
como las que leyeron y explicarles luego sus decisiones en torno a: cómo
siguió la organización que tienen estas historias, cómo introdujo a los personajes,
cómo explicó dónde apareció el fantasma, qué pensaba la gente del
lugar y si se sigue viendo al fantasma todavía.
Aliente a los alumnos a revisar las historias que recogieron para estar seguros de que,
al contarlas, el auditorio pueda seguir el argumento y, a la vez,
logren generar en él el suspenso necesario para el momento más importante
del relato: cómo y cuándo aparece el fantasma.
Probablemente algunas de las historias resulten más interesantes que
otras, con más suspenso o sorpresa. Elija con sus alumnos las que más les
hayan impactado y propóngales que las anoten. Más adelante podrán retomar esos
borradores para usarlos en presentaciones de narraciones a niños
de otros grados.
Al relatar una historia conocida, el narrador trata de ser fel al contenido
de la historia pero, al mismo tiempo, de ajustarla a su auditorio. Ya sea que
se trate de narrar experiencias propias o de renarrar historias leídas, se trata de
aprender a reorganizar lo vivido, lo escuchado o lo leído, de darle sentido y adecuarlo a
quien esté escuchando. Probablemente, estructurar los
episodios de la narración será uno de los mayores retos para los alumnos.
Leer y escuchar leer
cuentos clásicos de fantasmas
Al recuperar oralmente anécdotas populares de aparecidos, usted crea el
ambiente para proponer la lectura de diversos cuentos caracterizados por la
aparición de fantasmas o por la impresión que su probable presencia provoca en otros
personajes y en los lectores.
A lo largo de varias sesiones usted y los niños van a compartir la lectura de
cuentos clásicos de fantasmas. Anote el nombre del cuento y del autor que se
va a leer en cada ocasión. También puede organizar algunas de las sesiones
en la biblioteca de la escuela o en otro espacio que considere más propicio
para compartir estos momentos.
Le proponemos en esta ocasión leer “La ventana abierta” de Saki, “El
capote” de Nikolai Gogol2, “El fantasma de Canterville”, de Oscar Wilde o
“Una historia de fantasmas” de Mark Twain3.
Para seguir las lecturas, puede plantearles a los alumnos hacer un cuadro
como el que sigue, en el que registren los textos leídos y por leer. Estas anotaciones les
servirán para organizarse en los momentos en que los alumnos
lean por sí mismos.
La ventana abierta
Saki
—Mi tía bajará enseguida, señor Nuttel –dijo con mucho aplomo una señorita de
quince años-;
mientras tanto debe hacer lo posible por soportarme.
Framton Nuttel se esforzó por decir algo que halagara debidamente a la sobrina sin
dejar de
tomar debidamente en cuenta a la tía que estaba por llegar. Dudó más que nunca que
esta serie
de visitas formales a personas totalmente desconocidas fueran de alguna utilidad para
la cura de
reposo que se había propuesto.
—Sé lo que ocurrirá -le había dicho su hermana cuando se disponía a emigrar a este
retiro rural-:
te encerrarás no bien llegues y no hablarás con nadie y tus nervios estarán peor que
nunca debido
a la depresión. Por eso te daré cartas de presentación para todas las personas que
conocí allá. Algunas, por lo que recuerdo, eran bastante simpáticas.
Framton se preguntó si la señora Sappleton, la dama a quien había entregado una de
las cartas de
presentación, podía ser clasificada entre las simpáticas.
—¿Conoce a muchas personas aquí? -preguntó la sobrina, cuando consideró que ya
había habido
entre ellos suficiente comunicación silenciosa.
—Casi nadie -dijo Framton-. Mi hermana estuvo aquí, en la rectoría, hace unos cuatro
años, y me
dio cartas de presentación para algunas personas del lugar.
Hizo esta última declaración en un tono que denotaba claramente un sentimiento de
pesar.
—Entonces no sabe nada acerca de mi tía -prosiguió la aplomada señorita.
—Sólo su nombre y su dirección -admitió el visitante. Se preguntaba si la señora
Sappleton estaría casada o sería viuda. Algo indefinido en el ambiente sugería la
presencia masculina.
—Su tragedia ocurrió hace tres años -dijo la niña-; es decir, después que se fue su
hermana.
—¿Su tragedia? -preguntó Framton; en esta apacible campiña las tragedias parecían
algo fuera
de lugar.
—Usted se preguntará por qué dejamos esa ventana abierta de par en par en una
tarde de octubre
-dijo la sobrina señalando una gran ventana que daba al jardín.
—Hace bastante calor para esta época del año -dijo Framton- pero ¿qué relación tiene
esa ventana con la tragedia?
—Por esa ventana, hace exactamente tres años, su marido y sus dos hermanos
menores salieron
a cazar por el día. Nunca regresaron. Al atravesar el páramo para llegar al terreno
donde solían
cazar quedaron atrapados en una ciénaga traicionera. Ocurrió durante ese verano
terriblemente
lluvioso, sabe, y los terrenos que antes eran firmes de pronto cedían sin que hubiera
manera de
preverlo. Nunca encontraron sus cuerpos. Eso fue lo peor de todo.
A esta altura del relato la voz de la niña perdió ese tono seguro y se volvió
vacilantemente humana.
—Mi pobre tía sigue creyendo que volverán algún día, ellos y el pequeño spaniel que
los acompañaba, y que entrarán por la ventana como solían hacerlo. Por tal razón la
ventana queda abierta
hasta que ya es de noche. Mi pobre y querida tía, cuántas veces me habrá contado
cómo salieron,
su marido con el impermeable blanco en el brazo, y Ronnie, su hermano menor,
cantando como de
costumbre "¿Bertie, por qué saltas?", porque sabía que esa canción la irritaba
especialmente. Sabe
usted, a veces, en tardes tranquilas como las de hoy, tengo la sensación de que todos
ellos volverán
a entrar por la ventana...
La niña se estremeció. Fue un alivio para Framton cuando la tía irrumpió en el cuarto
pidiendo
mil disculpas por haberlo hecho esperar.
—Espero que Vera haya sabido entretenerlo -dijo.
—Me ha contado cosas muy interesantes -respondió Framton.
—Espero que no le moleste la ventana abierta -dijo la señora Sappleton con
animación-; mi
marido y mis hermanos están cazando y volverán aquí directamente, y siempre suelen
entrar por
la ventana. No quiero pensar en el estado en que dejarán mis pobres alfombras
después de haber
andado por la ciénaga. Tan típico de ustedes los hombres ¿no es verdad?
Siguió parloteando alegremente acerca de la caza y de que ya no abundan las aves, y
acerca de las
perspectivas que había de cazar patos en invierno. Para Framton, todo eso resultaba
sencillamente
horrible. Hizo un esfuerzo desesperado, pero sólo a medias exitoso, de desviar la
conversación a un
tema menos repulsivo; se daba cuenta de que su anfitriona no le otorgaba su entera
atención, y su
mirada se extraviaba constantemente en dirección a la ventana abierta y al jardín. Era
por cierto
una infortunada coincidencia venir de visita el día del trágico aniversario.
—Los médicos han estado de acuerdo en ordenarme completo reposo. Me han
prohibido toda
clase de agitación mental y de ejercicios físicos -anunció Framton, que abrigaba la
ilusión bastante
difundida de suponer que personas totalmente desconocidas y relaciones casuales
estaban ávidas
de conocer los más íntimos detalles de nuestras dolencias y enfermedades, su causa y
su remedio-.
Con respecto a la dieta no se ponen de acuerdo.
—¿No? -dijo la señora Sappleton ahogando un bostezo a último momento.
Súbitamente su expresión revelaba la atención más viva... pero no estaba dirigida a lo
que Framton estaba diciendo.
—¡Por fin llegan! -exclamó-. Justo a tiempo para el té, y parece que se hubieran
embarrado hasta
los ojos, ¿no es verdad?
Framton se estremeció levemente y se volvió hacia la sobrina con una mirada que
intentaba
comunicar su compasiva comprensión. La niña tenía puesta la mirada en la ventana
abierta y sus
ojos brillaban de horror. Presa de un terror desconocido que helaba sus venas,
Framton se volvió
en su asiento y miró en la misma dirección.
En el oscuro crepúsculo tres figuras atravesaban el jardín y avanzaban hacia la ventana;
cada
una llevaba bajo el brazo una escopeta y una de ellas soportaba la carga adicional de
un abrigo
blanco puesto sobre los hombros. Los seguía un fatigado spaniel de color pardo.
Silenciosamente
se acercaron a la casa, y luego se oyó una voz joven y ronca que cantaba: “¿Dime,
Bertie, por qué
saltas?”
Framton agarró deprisa su bastón y su sombrero; la puerta de entrada, el sendero de
grava y el
portón, fueron etapas apenas percibidas de su intempestiva retirada. Un ciclista que
iba por el camino tuvo que hacerse a un lado para evitar un choque inminente.
—Aquí estamos, querida -dijo el portador del impermeable blanco entrando por la
ventana-:
bastante embarrados, pero casi secos. ¿Quién era ese hombre que salió de golpe no
bien aparecimos?
—Un hombre rarísimo, un tal señor Nuttel -dijo la señora Sappleton-; no hablaba de
otra cosa
que de sus enfermedades, y se fue disparado sin despedirse ni pedir disculpas al llegar
ustedes.
Cualquiera diría que había visto un fantasma.
—Supongo que ha sido a causa del spaniel -dijo tranquilamente la sobrina-; me contó
que los perros le producen horror. Una vez lo persiguió una jauría de perros parias
hasta un cementerio cerca
del Ganges, y tuvo que pasar la noche en una tumba recién cavada, con esas bestias
que gruñían y
mostraban los colmillos y echaban espuma encima de él. Así cualquiera se vuelve
pusilánime.
Las fabulaciones improvisadas eran su especialidad.
abrir un espacio de intercambio entre lectores
Pregunte a los a niños si algo del relato los atemorizó o podría atemorizar a algún
lector y pida que les expliquen por qué sí y por qué no. Habilite
un momento de comentarios de impresiones, suposiciones sobre cómo se
resuelve el cuento. Comente los efectos que le produce a usted como lector
que la señora Sappleton entrara alegremente a la habitación.
Para dilucidar algunos de esos efectos proponga volver al texto y revisar
juntos los indicios que los hayan hecho pensar que esta era una historia de
fantasmas.
¿Hay una sola interpretación posible de los hechos?
¿A qué alude la frase fnal del cuento: “Las fabulaciones improvisadas eran
su especialidad”? ¿De qué fabulaciones habla el narrador? ¿De cuántas
fabulaciones habla?
Si los chicos tienen una copia del cuento, podrán localizar y releer las fabulaciones,
descubrir en boca de qué personaje el narrador las pone e intentar
interpretar la frase de cierre.
¿En qué cambia nuestra mirada sobre los hechos narrados al leer la frase
fnal?
¿Se trata de una historia de terror o de una anécdota sin trascendencia?,
¿qué hubiera ocurrido durante la visita de Framton Nuttel sin las fabulaciones que
denuncia el narrador en el cierre de su historia?
¿Qué elementos tienen las fabulaciones que pueden producir terror?
¿Por qué el lector puede pensar que el personaje de Framton Nuttel favorece la
situación de inquietud que produce el relato, qué dice el narrador
de él?
¿En qué momento de la historia descubre el lector que esta es una historia
intrascendente?
Una vez que los alumnos localicen los fragmentos que consideran responden a estos
interrogantes, pueden releerlos en voz alta. En todos los casos,
procure que el diálogo que se genere en la clase provoque el regreso al texto
y no se resuelva con una evocación de lo leído.
“La ventana abierta” propone al lector al menos dos breves relatos de
terror. Los alumnos pueden renarrar por escrito cada uno de ellos al estilo de
las historias de aparecidos que leyeron y narraron en el inicio del proyecto.
Será necesario que enmarquen convenientemente las historias intentando
localizarlas en el tiempo y el espacio pero, sobre todo, que reparen en los
aspectos que producen terror para no dejar de incluirlos.
Acompañe la reflexión acerca del ambiente creado por el relato citando
partes del texto o retomando algún comentario que hayan hecho los niños al
respecto. El reconocimiento de los elementos que producen inquietud favorece la
interpretación de la lectura al permitir que los alumnos diferencien lo
verosímil –un visitante llega a una casa y lo recibe una joven…- de lo inquietante o
terrorífco y, al mismo tiempo, les proporciona recursos para crear
su propio cuento.
En la misma clase o en la siguiente, pueden continuar con esta relectura
para poder profundizar esas primeras impresiones. Ayude a sus alumnos a
buscar indicios e informaciones en el cuento sobre las características de ambos
personajes: el perfl depresivo e inseguro de Nuttel, y la capacidad de
manipulación que demuestra Vera (por ejemplo, se cerciora de que Nuttel no
sabe nada sobre su tía antes de iniciar su relato), los detalles que va dando
Vera y que preparan el ambiente de terror.

“La ventana abierta” es un ejemplo de moderación, de exclusión total de


cualquier elemento superfluo para ofrecer una historia tan breve como intensa. La
sutileza del cuento consiste en narrar una historia dosifcando los
sucesos de tal forma que quien lee no pueda permanecer indiferente ante
su punto culminante; no conforme con eso, el relato cuestiona la posible
respuesta del propio lector ante lo narrado y nos descubre así el poder de
las historias y de sus hacedores para trasladarnos a los escenarios más insó-
litos o terrorífcos sólo con el poder de las palabras.

Recuerde a sus alumnos que ellos van a tener que escribir cuentos de
fantasmas. Entonces, además de disfrutar de su lectura como lo están empezando a
hacer, van a aprender a leer mejor esos textos y a conocer qué
efectos causan en los lectores. Así podrán usar esos recursos cuando escriban sus
historias.
Después de leer puede discutir con los alumnos si Akakiy se convirtió o no
en fantasma. No hay una respuesta cerrada; como en el cuento de Saki, queda abierto
a la interpretación de los lectores. Es importante que los niños se
acostumbren a pensar sus propias interpretaciones y a buscar justifcaciones
en el texto y en los efectos que este produce en ellos.
La vuelta al texto se puede organizar planteando una comparación entre
cómo muestra el narrador que era Akakiy antes de decidirse a cambiar su
capote y cómo fue después.

¿Qué cambios se cuentan sobre el personaje y sobre lo que le sucede?


¿En qué momento del cuento se empiezan a ver esos cambios?

Una vez que los alumnos releven esa información, pídales que encuentren
marcas en el texto que apoyen eso que dicen en lo que señala el narrador
sobre Akakiy. Este análisis puede ayudar a los niños a interpretar el impacto
que pudo causar en el personaje perder su bien más preciado:

¿Qué le sucede a Akakiy después de que pierde su capote?

El narrador plantea hacia el fnal del cuento una última transformación:


la muerte de Akakiy y la aparición de un extraño fantasma que roba los capotes en la
calle.

¿Es Akakiy este fantasma? ¿Qué pistas hay en el cuento de que es él?
Tampoco el relato de Gogol lo explicita; será necesario que usted retome
con los alumnos algunos fragmentos para poder recuperar ciertas líneas de
la historia.
Akakiy Akakievich es un hombre humilde, callado, temeroso y respetuoso
de la ley y de las jerarquías; solo se atreve una vez a salir de su rutina y
adquiere un capote costoso para él. Se lo roban y Akakiy recibe burlas y
mal trato de los funcionarios que debieron defenderlo; después de muerto
puede buscar justicia…, o venganza.
Para continuar con el tema puede invitar a los niños a pensar cómo y por
qué razones un personaje puede convertirse en fantasma. Propóngales retomar lo
leído hasta el momento -incluyendo lo que saben por haber leído
otros cuentos además de los que leyeron en clase, porque lo han escuchado
en narraciones orales que circulan en su medio o visto en películas-, pensar
el problema y, en parejas, anotar sus comentarios. Los alumnos van a retomar estas
notas cuando escriban sus cuentos y el prólogo de la antología, de
modo que estos escritos necesitan conservarse en la carpeta con un título que
permita ser recuperados fácilmente más adelante.
Leer por sí mismo una novela corta
Las historias de fantasmas suelen presentar visiones humorísticas. El fantasma de
Canterville de Oscar Wilde es otra obra clásica de la literatura inglesa;
ofrece una primera parte francamente irónica y un desenlace más conmovedor. En
ambas, se destaca un personaje que convive con los demás protagonistas: Sir Simon
de Canterville, un fantasma. Posiblemente cuente con una
versión de esta novela corta en la biblioteca de la escuela.
Para convocar a la lectura
Presente usted mismo la obra; para que los alumnos adviertan la ironía
que el texto refleja deben estar prevenidos acerca de ciertos prejuicios que
probablemente desconocen:
Los británicos desprecian un poco a los norteamericanos porque compran
todo con su dinero y no toman nada en serio. Los norteamericanos, a su vez,
piensan que los británicos son tradicionalistas en exceso y viven apegados a
sus viejas costumbres. Una jovencita podrá fnalmente atreverse a cruzar el
límite de los prejuicios para salvar a Sir Simon de su condena eterna.
Organice a los alumnos en pequeños grupos para que enfrenten en tres
o cuatro clases la lectura de esta novela breve. Será necesario que se alternen en la
lectura y que usted se desplace de un grupo a otro para narrarles
o leerles más ágilmente algunos fragmentos -que deberá tener claramente
localizados de antemano- en los que no se producen escenas graciosas o
en los que la acción se demora. Cuando un lector lee para sí mismo generalmente se
apresura para superar estos fragmentos porque advierte que no
afectan al sentido de la historia; como los alumnos están leyendo en grupos
es interesante que usted colabore agilizando la lectura para que ellos puedan
progresar en el desarrollo de la historia.
Después de que todos los grupos hayan avanzado en la lectura de las
primeras páginas, pueden realizar diversas escrituras que les ayuden a enriquecer el
repertorio de situaciones que tendrán disponibles a la hora de crear
sus propios cuentos.

También podría gustarte