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"De entre la borrachera de las luces, sonidos, sabores, sensaciones y olores; en

medio del mare magnum de pólvoras, vírgenes, dragones, demonios, dulzainas,


encierros, cristianos y moros, emerge, triunfante, la Fiesta. Una e infinita, similar
en el fondo e inagotable en la forma. El lento discurrir cotidiano roto por la más
profunda de las excusas: la vida." (Julio Caro Baroja)

La fiesta es un acto esencial de socialización y de interacción a través de un


conjunto de actividades y rituales que no se ejerce del mismo modo en ningún otro
momento de la vida comunitaria. "Es una forma primordial, determinante de la
civilización humana" (JCB). En función de las características del grupo y del
contexto en el que éste aparece, la fiesta adopta unos matices propios, unas
formas y reglas que sólo los compenentes de dicho grupo pueden asimilar.
Así como puede haber danza sin fiesta, no puede haber fiesta sin danza.
Siguiendo con el sentido de identificación y unidad de la fiesta, por ende la danza
también transmite significado.
No toda la danza es igual, no se danza por las mismas cosas ni en los mismo
momentos, y por tanto se desarrolla de distinta forma en función de la sociedad
que la lleva a cabo, del contexto social, de la estructura social, geografía, clima,
economía, etc.

Así, por ejemplo, la mayoría de las fiestas en España obedecen al calendario


crisitano, el cual se ciñe al ritmo de la naturaleza. En la Edad Media, el
Cristianismo creó unas fiestas para brindar un ocio compatible con el mensaje
evangélico. La danza pasó de las ceremonias religiosas a servir como elemento
de distracción de la corte. Convivieron las danzas usadas por la clase social alta
frente a las usadas por las clases populares. Las primeras aceptaban y se dejaban
influenciar rápidamente por las diversas modas existentes en otras regiones y
naciones, mientras que las segundas, menos permeables, llegarán a ser
influenciadas con mucha mayor lentitud. Así, por ejemplo, se da el caso de
interrelación y mutua afección de costumbres a través de las trashumancias y dle
pastoreo.
Por tanto, podemos decir que estas fiestas y estas danzas son fórmulas con las
que una sociedad puede llevar a cabo su cultura y lo que se denomina folklore
(danza folklórica: aquella que un grupo social considera como propia por tener una
tradición e historia dentro de ella, siendo realizada como elemento de una
actividad o ritual en la comunidad, en momentos lugares, acciones y personajes
concretosy establecidos tradicionalmente. Tiene su tiempo, espacio, acción
determinados en la tradición de la comunidad). Lo que se estima como común a
varias coreografías y a danzas es a menudo un rasgo diferenciador, ya que cada
sociedad matiza expresiones y dota de características propias en función de su
propia naturaleza. No es la fijeza la cualidad más específica de la tradición sino la
adaptación.
De lo que se trata aquí es de destacar unas particularidades básicas de las
danzas folklóricas en la península ibérica. Por una parte, se analizarán las danzas
folklóricas vascas y por otro las danzas denominadas jotas a lo largo del territorio
peninsular. Las danzas que se desarrollan en el País Vasco, a pesar de la
reducida extensión geográfica, difieren mucho entre sí de una provincia a otra e
incluso de una localidad a otra dentro de una misma provincia. En cuanto a la jota,
partiendo de la que parece ser comúnmente entendida como la original, la
aragonesa, realizaremos una comparación con otras variantes de jotas llevadas a
cabo en otras zonas del territorio peninsular.

El carácter del hombre vasco es seco, directo, reservado, más atraído por la
sencillez y el detalle que por la exuberancia, todo lo cual también se transmite en
la danza: se vuelve grave y majestuosa, la razón predomina, destaca la precisión
de los pasos.
Por lo que se sabe, en un principio las danzas eran estructuras cerradas en las
cuales los pasos se sucedían de manera obligada configurando coreografías
concretas apra cada una de ellas. Con el tiempo estos esquemas se fueron
difuminando. Un ejemplo vivo de este folklore actualmente serían los Muxikoak en
los que se recitan los pasos a ejecutar. Por otro lado las Soinu Zaharrak sobre las
que se bailaban los Mxuikoak o los Jautziak, y los Zortzikoak son, sin duda, la
base del folklore vasco antiguo y moderno (Mikel Aranburu Artasun). La tradición
guipuzcoana incluye danzas en las que se emplan herramientas como las
espadas, palos, escudos o broqueles y arcos, Cada danza constituye un ciclo o
conjunto de danzas, muchas de las cuales son iguales de un ciclo a otro.

En cuanto a las melodías, se dividen en melodías de estructura regular llamadas


Zortzikoak, porque están compuestas por frases de 8 compases, y las Soinu
Zaharrak que varían totalmente en el número de compases. Cada Soinu Zaharra
es único y posee una estructura irregular frente a la estructura regular del Zortziko.
Inicialmente los Zortzikos antiguos estaban pensados para ser cantados, con letra,
y por tanto el ritmo era más lento y el cante se adecuaba a la danza. Igualmente,
los músicos que acompañaban al bailarín debían seguirle y no al revés.
La parte correspondiente al baile, tanto en épocas antiguas como en la actualidad,
se deben regir por unas reglas de las que ya se nos hablaba en el siglo XVII
(Iztueta): la ley de simetría y de longitud de los números musicales. Todo lo que se
baile hacia un lado se debe repetir hacia el otro. La longitud de las composiciones
de Zortziko nunca deberá pasar de ocho sin haber realizado lo que se denomina el
cierre. Así, es costumbre que el dantzari o bailarín baile seis compases en la
manera que le plazca, manteniendo la primera regla de la simetría y que acabe la
mudanza con los dos compases de cierre. El compás coreográfico empieza en el
último compás musical precedente y acaba en el tercer siguiente.
Cabe destacar que el ritmo popular vasco discurre sobre el apoyo sobre el suelo
de los pies: el suelo es un apoyo principalmente, y se pulsa cosntantemente, pero
en vez de batir el suelo en los tiempos fuertes, se bate el aire, la melodía.
Igualmente característico es el paso o preludio esencial a todas las danzas
vascas, un pequeño gesto que precede el inicio de toda danza, que se denomina
de diferente forma según las regiones (habitualmente "txingo"), que consiste en
una pequeña patadita o golpe al aire o al tobillo en el contratiempo inmediamente
anterior al inicio de la danza. Precisamente, este tipo de pequeñas marcaciones
son muy habituales a lo largo de todas las danzas (tobillo con tobillo, dedos con
tobillos, empeine con talón), que se realizan en el off beat y que dan sabor y
virtuosismo al folklore vasco, difícil de anotar o estipular pero que son una realidad
permanente.

La danza en el País Vasco se divide dependiendo de su función y carácter, entre


las danzas de homenaje y las de plaza. En las danzas de homenaje, generalmente
destaca un bailarín principal o buruzagi, quien realiza las danzas más especiales,
mientras que el resto del grupo pasa a un segundo plano. Paralelamente, las
danzas de homenaje se dividen entre las que se baila con o sin instrumento
(espada, brokel, cinta, arcos) y las de plaza entre las que son al suelto (entre ellas
el ariñ ariñ o el fandango), y las que son en pareja. Una tercera tipología serían las
romerías, cuya participación es espontánea y se danza en círculo (cadeneta
abierta o cerrada).
A menudo se encuentran los mismos pasos de una danza a otra pero con matices
diferentes. Así, por ejemplo, el paso de lucha al bailar con diferentes instrumentos
es el mismo en sus diferentes variantes: doble saltito con cruce atrás en el sitio o
hacia delante para desplazar. En Guipuzcoa sólo se desplaza si se baila con
instrumento, mientras que en Bizkaia el desplazamiento y la geometría espacial es
característica en todo tipo de danza. Aún y todo, lo que más destaca es la
verticalidad a través de saltos y de grands battements. El bote en Guipuzcoa es
mínimo, mientras que en otras provincias es algo más acusado.
El significado de las danzas de homenaje es confuso pero todo parece indicar que
sean evoluciones de danzas rituales de celebración de eventos o etapas vitales,
de agradecimiento o de invocación de fuerzas divinas, de fertilidad, etc. Veremos
más adelante el caso de las danzas de palos.
En cuanto a las danzas de romería, destacan el arin arin y el fandango. No tienen
otro objetivo sino el de disfrutar, bailar al aire libre, en comunidad. El fandango
tiene ritmo ternario, mientras que el ariñ ariñ es binario. Son parejas de danzas y
bailadas por parejas. Normalmente se ejecutan cuatro pasos distintos, similares en
ambos casos aunque con matices diferentes: desplazamientos mínimos laterales
cruzando los pies sobre el pulso del tiempo, puentados al aire en el tiempo y
rebotes en el suelo en los contratiempos, giros a ambos lados, y el típico rebote de
romería. Los brazos permanecen en alto.
Existe una distinción a nivel formal entre el fandango y la jota, si bien en la práctica
tienden a menudo a confundirse entre sí. El fandango es una sucesión de frases
de dieciséis compases, la jota sin embargo presenta un estribillo cantado, llamado
copla con la particularidad, presente en otras jotas peninsulares, de la repetición
del primer verso. De esta manera, la copla presenta ua primera frase de doce, y
no de ocho, compases, y una segunda de dieciséis. En el caso de la porrusalda
(verisón del ariñ ariñ con otro estribillo o copla añadido a los dieciséis compases
habituales), la copla no se canta y adopta un tempo más lento, que a menudo se
baila a lo agarrado.

El caso de Navarra en general es un buen ejemplo del diferente carácter que


toman las danzas en función de su contacto con otros pueblos y culturas, de la
ubicación geográfica, etc. Dada la extensión geográfica de Navarra, su diversidad
paisajística y cultural a lo largo del territorio, nos encontramos con una provincia
muy vasca al Norte, y más española al sur, y con mportantes influencias francesas
al Este. Nos encontramos con danzas de ritmo muy rápido y con mucho aire en la
montaña, mientras que en la meseta y en la cuenca de los valles, los ritmos se
ralentizan y la danza se vuelve más señorial. Aún y todo, se bota más que en
Guipuzcoa por ejemplo, los fouétés son más habituales y a la vez más informales
(se emplea más el talón), aunque el cuerpo sigue armado, la actitud es más
relajada.
Una de las expresiones folklóricas más características de Navarra son los
paloteados o dances, en los que la danza de palos es la parte bailada más
conocida. De hecho, se encuentran en numerosas culturas fuera de nuestras
fronteras. El origen de las danzas de palos se halla en el Neolítico y nacen al
tiempo que se desarrolla la agricultura. En tiempos primitivos antes de la invención
del arado se empleaban palos para plantar, por lo tanto se convierten en objetos
sagrados; para algunos, se golpea con los palos la tierra para despertar a los
espíritus. La danza de paloteado no debe confundirse con un juego de guerra,
puesto que el palo no sería sino una prolongación de las manos. Hallamos
presente en la danza de palos el concepto de ritmo, anterior a la propia melodía,
pues el ritmo se halla implícito en la naturaleza y es sentido por el hombre. Como
los esquemas rítmicos primitivos debieron de ser básicos, las danzas también
debieron de partir de una estructura y de pasos sencillos.
La danza de cintas es otro gran "clásico" de los folklores europeos y no podía
faltar en la península. Los bailarines forman un círculo en torno a un mástil o "árbol
de Mayo" del que penden cintas de colores. Los ocho miran al centro y cada uno
de ellos sujeta una cinta con la mano derecha. La melodía tiene ocho compases
que se bailan en parte lenta, de 3/4 y en parte rápida en 6/8. El paso varía desde
el paseo ligero con pequeños botes, hasta el empleo del paso zortziko (pies
marcan fouétés diagonales y se golpean unos contra otros), en zonas se incluyen
saltos, etc., pero esto se debe a la necesidad de incluir elementos más
espectaculares que capten la atención del público durante esta sencilla y repetitiva
danza.
Lo que facilitó el esparcimiento de todas estas danzas es el hecho de que el
lenguaje de danza es mínimo, los pasos son básicos y se transmiten de una
generación a otra por la simple práctica sin necesidad de un entrenamiento
constante. Bailes más elaborados como el fandango, sin embargo, sufrieron
mayores modificaciones al comunicarse de una generación a otra y de unos
territorios a otros, requiriendo una preparación especial para ejecutarlos.

Mención especial merece la provincia de Zuberoa, donde se llevan a cabo las


conocidas Mascaradas, en un intermedio entre desfile de carnaval, teatro callejero,
y danza popular. Zuberoa se vio particularmente influenciado por el departamento
contiguo del Bearn (parte de la corte francesa del siglo XV es de origen de Bearn),
pero las olas de danza venidas de España se sumaron a las corrientes francesas
(relación del aurresku con las danzas en cadena, las mutil dantzak con la
composición de los Jautziak, etc.). No obstante, el intercambio no es en un único
sentido y las danzas vascas se vieron igualmente tocadas por lo ejecutado al otro
lado de los Pirineos. La investigación de danza en las zonas limítrofes del País
Vasco refleja la existencia de corredores culturales a lo largo de las vías fluviales y
cadenas montañosas por donde se desarrollaba el comercio y las vías de
transporte y comunicación; todo lo cual ha llevado a un marcado mestizaje cultural
y, por lo tanto, dancístico, del que no quedan exentas las sociedades rurales.
Mascarada:
Como danza ritual o de homenaje que es, la técnica desarrollada en la Mascarada
destaca por su precisión y virtuosismo que requieren mucho entrenamiento,
agilidad y resistencia. En este caso, se baila con las piernas hiperextendidas, se
apoyan en profundos pliés, el empeine se estira y se arquea al máximo. Lo que
destaca de las danzas suletinas es el equilibrio entre la languidez de los
desplazamientos, arrastrados, y la precisión cortante de los demás movimientos.
El contraste constante entre la elegante cadencia del torso abierto, apoyado en
pliés generosos, y los innumberables golpecitos de tobillos/dedos/pies
contundentes y enérgicos. La apertura de pies al desplazar se marca en el
contratiempo, así como numerosos piqués y fouétés. La impresión general es de
mayor fluidez y horizontalidad. Sin embargo, la dificultad técnica suletina se ha
desarrollado tardíamente; en origen los pasos eran más sencillos y se ha
mentendio la elegancia y actitud pero se han enrevesado los pasos, se han
balletizado.

En cuanto a la jota, es una de las danzas más extendidas por la geografía de


España. Varía según las regiones aunque la jota de Aragón se supone la original.

No hay acuerdo ni en relación al origen de la palabra. Para algunos, su nombre


provendría del antiguo "xota", del mozárabe "sawta" (salto) y este deriva del latina
"saltare" (bailar). Otras teorías dicen que es proveniente de la palabra en
valenciano antiguo "xotar" (saltar) que pasó al castellano como jota. Como género
comenzó a experimentar un gran auge en espectáculos tearales, como baile de
salón y de academia e incluso como inspiración de obras musicales de concierto.
En particular, la que pronto comenzó a ser conocida como la jota aragonesa atrajo
desde bien temprano la atención de cantantes, músicos, y bailarines dedicados al
espectáculo.
Alcanza entonces la jota su máxima estimación nacional y comienzan a surgir
cantantes con atisbos de profesionalidad. Su bravura, la elegancia de sus formas,
la delicada ejecución de sus pasos de baile y la peculiar forma de cantar, han
hecho que la jota evolucionara y, desde finales del soglo XIX, fuera llevada a los
escenarios como espectáculo. Es de destacar, al igual que ocurría con numerosas
danzas en el País Vasco, que la jota se cantaba a la par que se bailaba, lo cual,
inevitablemente, influía en la rapidez o pausa de sus movimientos.

Su ritmo suele ser compaseado en 3/4. Ahora bien, ya sólo en Aragón se pueden
diferenciar tres estilos básicos de jota dependiendo de la forma de su baile: el de
Bajo Aragón, la más elaborada y más antigua, con baile más lento y con variantes
locales como las de Alcañiz y Albalate. La de Zaragoza, más acelerada y con
diversas modalidades que varían, esencialmente, por la distinta rapidez de su
ejecución. Además todas las jotas zaragozanas se bailan con los brazos en alto. Y
por último, la de Huesca, menos rápida y con modalidades curiossas en el Priineo
donde ha sufrido influencias francesas e incluso hay algunos pasos agarrados.

La jota, en cuanto a baile se refiere, ha sufrido una evolución bastante


considerable. En Aragón, y en sus tiempos pretéritos, se conoce solamente un
baile llamado jota, que se ejecuta con sencillez, sin pasos afiligranados de punta y
talón.
La jota bajo aragonesa es la más elaborada, y seguramente la más antigua: entre
las variantes locales hemos de señalas las de Alcañiz y Albalate, de estilos
parecidos, de ritmo alegre y dinámico, punteados y saltados. En Alcañiz el ritmo es
relativamente rápido, alegre y en la primera y en la segunda coplas cantadas se
dan unos ágiles satos o batudas, chocando las piernas al saltar. La de Albalate es
muy parecida a la de Alcañiz, más lenta y con el paso menos movido. Es
característico de Albalate los desplantes, posturas que se adoptan bien al término
de un paso o al finalizar una vuelta.
Con las correspondientes matizaciones, son dos estilos de ritmo apacible, de
movimientos elegantes, con un punteado muy remarcado, pudiendo decirse que
es un juego de pies, unido al hábil y acompasado movimientos de las plantas de
los pies, casi sinlevantarlas del suelo. Característica muy marcada es el
movimiento de brazos que se asemeja a las aspas de un molino.
En cuanto a la jota zaragozana, no tiene casi pasos punteados, el ritmo determina
los brincos, alzando las piernas apoyadas solamente en la media punta; en la
variedad rápida hay arrodillados dobles; todas las jotas zaragozabas se bailan con
los brazos en alto. Es el único estilo que mayor diferencia tiene sobre todos los
demás, el más exuberante y diverso.

La transhumancia pastoril de los roncaleses y salacencos a las Bárdenas Reales


del Ebro y región de Tudela facilitó la subida de la jota a la montaña vasca, tan
euskaldun entonces, ya que las jotas se cantaban incluso en euskera. Así y todo,
la jota arraigó en tierras del Ebro y subió por la cuenca del Aragón penetrando en
el corazón de Navarra, pero no sin contrapartidas: perdió parte de su bravuconería
y jactancia originarias para adoptar en Navarra un ritmo que la hace más lenta,
alargada y sollozante.

Presenta un compás ternario de tres o cuatro partes, dos otres de ellas rápida y
una lenta a ritmo de vals (llamada copla). Los cuatro pasos característicos de la
jota navarra son los desplazamientos laterales con cruce de pies por delante y por
detrás, el punteado (en el sitio), las vueltas (sobre sí mismo), y el corro (con
traslación). El estilo navarro es sobrio pero vivo, enérgico, muy libre. El motor
principal de atención son los pies que deben ajustarse siempre a los puntos
rítmicos. Mucha gente intenta introducir el paso del fandango, otros simplemente
botan de un pie a otro en los puntos fuertes, de vez en cuando se gira. El cuerpo
se mantiene fleixible, y erguido, son los brazos los encargados de dar armonía y
donaire. El entrechoque de los dedos, pitos, subraya el ritmo y enfatiza el aire.

Otro tipo de jota es por ejemplo la asturiana. Los puertos de montaña han sido
durante siglos una barrera defensora contra novedades y mistificaciones. También
conocida como baile "a lu altu y a lu baju", la jota montañesa es de suma
elegancia, con movimientos de manos suaves y ondulatorios, más lenta y señorial
que las demás. Las mujeres deben moverse apenas, casi únicamente mvuenen
las manos, los brazos y pies llevando el compás, sin movimientos bruscos que son
propios de otras zonas de la Península, y con los ojos bajos, fijos en los pies del
danzante.

CONCLUSIONES
Es importante remarcar la clara diferencia entre las danzas de homenaje y las
danzas de romería, diferencia que encontramos muy claramente en el País Vasco.
Las de homenaje han sido bailadas tradicionalmetne por hombres únicamente,
aunque la figura de la mujer se hace cada vez más presente y de hecho, en buena
medida, muchas de las danzas regionales se han recuperado gracias a su interees
y participación. No obstante, es en las danzas de plaza donde realmetne ambos
sexos se reencuentran y donde se hace partícipe a toda la comunidad. En las
danzas de homenaje, por lo tanto, existe una clara diferenciación entre bailarines y
público, que no se da en las danzas mixtas, y en consecuencia el dantzari de
Ezpata o el de Suletino tendrán un mayor reconocimiento por su arte. Esta
diferenciación prácticamente no se da en el ámbito de las jotas, las cuales se
bailan bien por hombres o por mujeres, pero lo más habitual es encontrar grupos
mixtos en los que casi cualquiera puede entrar a formar parte. En este sentido, las
jotas nos relacionan con las danzas al suelto, más "democráticas" y
cohesionadoras. Aún y todo, es importante no olvidar que actualmente las danzas
folklóricas se ejecutan por grupos de baile preparados, formados en el folklore, y
que mucha gente "de la calle" tiene nociones mínimas de qué es cada baile pero
no tiene esa formación en danza, por lo que a menudo las danzas de romería se
"improvisan" de cualquier manera, retomando elementos de aquí y allí, sin
respetar las cualidades y matices propios de cada danza.

Es interesante tener en cuenta que, llegado el punto de la evolución de las danzas


tradicionales en que estaban poco valoradas, uno de los agentes que también
colaboró en su vigencia fue el soldado de permiso de vuelta a su localidad.
Acostumbrado al esfuerzo físico, a la disciplina y al entrenamiento militar, a una
gestualidad contenida y con matices, seguramente imprimió en su danza tales
características, a la par que incluía elementos de otras danzas aprendidas en el
cuartel. Por tanto, no es de extrañar la tendencia a los desplazamientos en
formación cuadriculada, a la destreza técnica y a la fuerza varonil, elegante y
sobria.

Paralelamente, la influencia francesa en las zonas transfronterizas también es de


destacar, tanto en el caso de las danzas del País Vasco, como en las jotas. Las
danzas francesas ya se caracterizaban por una mayor destreza técnica; las zonas
más próximas al Pirineo (o que han tenido mayor contacto con regiones francesas)
tienen un estilo más rígido, con mayores marcaciones y filigranas, uso del
contratiempo. Al contrario, las zonas más alejadas del contacto galo presentan
estilos de danza más naturales, o "blandos".
Es curioso que las danzas vascas se reconozcan por su verticalidad y sus saltos
(incluso existe un salto en ballet llamado "saut basque") mientras que las jotas se
distingan casi más por su arraigo y tierra, y unos saltos menos virtuosos, a pesar
de que la palabra jota tenga un posible origen de significado "salto".
Esta influencia y balletización también se deja ver en las danzas al suelto, las
cuales, si bien no son tan exigentes, también se han desarrollado de forma
bastante precisa técnicamente. Para un extranjero, un fandango y una jota
zaragozana le son muy similares, y le parecen difícil de seguir. En muchos lugares
se bailan las mismas danzas, y al final todo se baila de forma muy similar: a raíz
de los intercambios económicos y agrícolas los elementos culturales propios de
una región se dan a conocer a otras áreas, así como las modas y las tendencias
del momento. Así, por ejemplo, apareció el vals entre las danzas populares. Hay
que tener en cuenta también los movimientos nacionalistas y políticos de finales
del siglo XIX, por los cuales las ciudades desarrollaron formas de expresión
dancística popular que atrayesen a la población y que creasen ese sentimiento
unificador. Por ello, los ritmos se vuelven más sofisticados (ternarios), veloces y
espectaculares, dignos de orgullo, y se promocionan elementos culturales
antiguos originados en los pueblos (pícaros, espontáneos) impregnados de
simbolismo pero modificados y adaptados al gusto del poder ubicado en las
ciudades (sobrios, decorosos, calculados). El movimiento re-empieza en la ciudad
pero afecta al ámbito rural, de ahei que algunas danzas se hayan manteido algo
más intactas en los pueblos y otras hayan evolucionado más en las localidades
más grandes (con sus consecuentes modificaciones).

También hay que reconocer el papel de los músicos como primeros recogedores
del folklore y como elemento modelador de la evolución de las danzas. La
introducción de nuevos instrumentos más melódicos que rítmicos (el acordeón fue
una incorporación tardía al folk), la adaptación a los nuevos ritmos que
demandaban otro estilo de danza, el hecho de que ya no se cante a la vez que se
toca un instrumento o se baile, han empujado a los bailarines al virtuosismo solista
frente a la compricidad con que se desarrollaban los espectáculos antiguamente;
los cmpases antiguos eran más sencillos, más vinculados al propio ritmo de la
naturaleza (binarios).

No sólo se baila cuando se quiere celebrar algo, en circunstancias importantes de


la comunidad, sino que en muchas zoans se canta y se baila al ir al campo a
trabajar, como parte intrínseca de las tareas diarias: las labores agrícolas o
quehaceres comunales refuerzan la solidaridad vecinal, el nosotros local. Es
interesante ver cómo danzas que aparecieron como parte de una actividad
cotidiana (danza social o romería) haya evolucionado a convertirse en ocasiones
como danza de celebración de un evento (danza de homenaje), como en el caso
de la jota, la cual se ha bailado delante de reyes o embajadores.

Posiblemente uno de los elementos que haya colaborado en la creación de un


concepto "demasiado general" de jota (se dan estilos muy dispares bajo el mismo
nombre) haya sido el uso de dos rtimos (binario y ternario, de 2/4 y de 6/8) y de
instrumentos musicales muy similares. La mayoría de las expresiones folklóricas
se basan en instumentos elementales o primitivos basados en tamboriles y flautas
o dulzainas, y guitarras. Conforme se integran nuevos instrumentos, la melodía
cobra otro valor y la danza se adapta a los nuevos ritmos. Los músicos eran a
menudo buenos bailarines pero con el tiempo perdieron el interés en la danza y se
preocuparon más en adaptarse musicalmente a los nuevos tiempos, descartando
piezas consideradas antiguas u obsoletas. De ahí que actualmente en las plazas
de los pueblos ya casi no se conozcan melodías ni bailes antiguos.

En líneas generales, las formas expresivas de danza de los diferentes folklores


coinciden en varios aspectos: el bote o saltito constante como forma de mostrar
alegría, de deseo de alcanzar lo etéreo, de estímulo a la tierra, de creación de
ritmo instrínseco en todo lo que nos rodea.
La marcación de los contratiempos, como ritmo subyacente a la realidad (no hay
un sólo ritmo sino muchos ritmos paralelos), factor expresivo de vida, a menudo
batiendo el aire, no el suelo. La tierra corresponde con lo primigenio y el aire es el
complemento de aquello. Es muy habitual empezar a bailar antes de que haya
terminado la primera frase musical, es un continuum permanente.
El uso de las extremidades como forma de conexión entre el cielo y la terra, como
modo de enmarcar al bailarín y de remarcar su presencia y simbología.
El uso de instrumentos o herramientas cotidianas con los que representar el
trabajo y la condición del que baila, representando también los roles sociales al
bailar. Con ellos también se crea ritmo.
La importancia de los desplazamientos y el uso del espacio. Las posiciones cada
bailarín ocupa dentro del grupo también puede equivaler a su puesto en la
jerarquía social. En las danzas de plaza, el uso primordial del círcullo y de figuras
curvilíneas como geometría unificadora y agrupadora. En las danzas de homenaje,
sin embargo, prima el cuadrado o el rectángulo, a lo largo del cual se cambian
posiciones entre bailarines en un orden fijo y estipulado.
Los saltos verticales y las grandes patadas al aire demuestran virilidad, es un
elemento de reafirmación personal dentro del grupo y frente al espectador o el
"enemigo", etc. En unas danzas se apoyan en unos pliés generosos, en otras
danzas no, en función de la influencia más o menos virtuosa recibida. Aún y todo,
en ocasiones la destreza se demuestra más en la precisión de pasos sencillos
ejecutados con humildad y honestidad, sin necesidad de grandes movimientos;
esto también se encuentra en algunos estilos de jotas y en los jautziak o el agurra
vascos.
De forma muy generalizadora, podemos decir que las danzas del Este de la
Península son ceremoniosas y delicadas, con reminiscencias a antiguas danzas
de corte; las del Mediodía son vivas y valientes, alegres y picaronas; las del Norte,
en particular las conservadas desde el Ebro hasta los Pirineos, de aire más
"guerrero" y solemnes, espectaculares y vigorosas.

Muchos se preguntarán por qué se reinventan y resurgen las danzas folklóricas a


pear de la evolución de la sociedad hacia esquemas globales, a sabiendas de que
los actuales bailarines, hijos de la moderna civilización, no esperan un efecto
mágico de sus danzas, ni creen en el poder sobrenatural o protector de la danza, y
tienen a su alcance otras muchas ocasiones de reencuentro con amigos o de
descubrimiento de nuevos. Para unos, la explicación reside, en parte, en que se
sabe que nuestros antepasados lo hacían, y por ello se respetan y mantienen en
la memoria colectiva. Pero más allá aún, se revitalizan las danzas tradicionales
para reforzar y mantener una tradición que nos proporciona sustento de la
personalidad, y en suma, de nuestra identidad. Nuestra forma de bailar responde a
cómo nos relacionamos con nuestro entorno y con nuestros similares, y para
entender quiénes somos dentro del conglomerado de identidades de la realidad
actual globalizada, nos podemos apoyar en cómo bailamos y nos expresamos en
comunidad. El baile al suelto ejecutado en una plaza llena de compañeros
bailando al mismo tiempo, o los jautziak en los que la repetición de pasos y el
seguimiento del grupo permite dejar aflorar el estilo y la personalidad de cada uno
sin mayores preguntas, son formas de expresarse honestamente, sin tapujos,
aunque de forma codificada.
Muchos consideran que el floklore sólo estaba presente entre las personas
mayores, en las generaciones más antiguas, pero posiblemente sea un error tal
afirmación; actualmente las danzas folklóricas las están retomando y revitalizando
la juventud curiosa de entender mejor su entorno, presente y pasado y es ésta la
que deben redescubrirse en el folklore. Descubrirá que, al igual que a día de hoy
nos vemos modelados por la sociedad, la tecnología y la eliminación de fronteras y
obstáculos naturales, nuestro folklore también creció bajo manos de diverso origen
pero con una misma intencionalidad y necesidad, y con un lenguaje muy similar.
No existieron fronteras en el desarrollo de las danzas hasta ahora; tampoco las
habrá en el futuro.