Está en la página 1de 20

1

Entre la ciencia y la magia.


Las posibilidades de la Ciencia Ficción en México.

Por Bolívar.
A la memoria del Ingeniero
Jesús Navarro Contreras
Introducción

¿Por qué se cuestiona tanto qué sí se puede o no escribir ciencia ficción en

México y el resto de América latina?, supongo que parte de la respuesta se debe a

que la Ciencia Ficción (CF) es un genero literario surgido y apuntalado en países

anglosajones, Verne, Wells, Bradbury, Dick o Huxley son buenos ejemplos de ello,

mientras que las naciones latinoamericanas han brillado más con relatos

apegados a lo “mágico” o fantástico”, Borges, Córtazar, Rulfo, Fuentes, Arreola o

García Márquez son también excelentes ejemplos de ello.

Otra parte de la explicación puede fundamentarse en el hecho de que la CF

se origina y se consolida cuando surge la ciencia tal y como hoy la conocemos en

países desarrollados e industrializados, lugares en donde la razón y la frialdad se

asoma en diversos aspectos de su cultura, requisitos que no cumple cabalmente

Latinoamérica que cuenta con características de atraso en los campos del

conocimiento y la tecnología, así como con un considerable número de prácticas

religiosas o místicas que no van muy de la mano con la ciencia; rituales, danzas y

festejos pueden encontrarse en el mosaico multicolor del que esta compuesta

nuestra lastimada y querida América latina.

En todo caso, ¿por qué reflexionar sobre la escritura de CF en México

cuando ésta le es en realidad ajena su cultura? El presente ensayo se centra sólo

en la República Mexicana funcionando como estudio de caso, en dicho país los

medios de difusión nos inundan con productos de CF ya sea en películas, series


2

de televisión, comics, videojuegos e inclusive anuncios comerciales demostrando

que ésta no es una corriente extraña a nuestro entorno por lo que considero

pertinente reflexionar sobre ello.

Por otra parte, aunque pareciera que la producción mexicana de CF

sobrevive de manera marginal, novelas, revistas, películas, convenciones y

concursos sobre el tema nos dan constancia de su presencia y de como se ha ido

consolidando con el paso del tiempo.1 No obstante, en medio de ésta mirada

optimista surge la pregunta de ¿qué posibilidad tiene la ciencia ficción mexicana

ante el gran leviatán mercantilizado de la CF anglosajona?.

El presente trabajo parte del supuesto de que sí la escritura de la CF

requiere innovaciones continuas principalmente –aunque no exclusivamente- en la

ciencia y la tecnología como en los países industrializados o “desarrollados”, ¿qué

le espera entonces a los pueblos en “vías de desarrollo” que no se caracterizan

por la vanguardia e dichos conocimientos como en el caso de México?, además

de tratarse de una nación estigmatizada como un pueblo atrasado que cuenta

todavía con tradiciones mágicas y religiosas en la mayoría de su población

heredadas del antiguo pasado indígena y de la Colonia española. De ahí, que

surjan las siguientes cuestiones:

1.- ¿Son necesarias novedades tecnológicas y científicas para escribir

ciencia ficción?, y entonces ¿qué es la ciencia ficción?, ¿se trata sólo de relatos

en el futuro con cierta base científica?.


1
Véase el texto de José Luis Ramírez, “Ciencia Ficción Mexicana”, en http://www.ciencia-
ficcion.com.mx/?uid=2&cve=12:03, fecha de consulta 6 de mayo de 2009; en donde se hace un
recorrido histórico de un considerable número de libros, revistas, películas, convenciones, y otros
medios de CF mexicana; también en Gonzalo Martré, La Ciencia Ficción en México, Instituto
Politécnico Nacional, México, 2004, se encuentra un catalogo de producción literaria de CF escrita
en nuestro país.
3

2.- ¿Por qué se cataloga a México como un país atrasado y tradicionalista?,

¿cuáles son esos elementos místicos y religiosos de los que tanto se habla?,

¿cuál es panorama general de México respecto a la ciencia y a la tecnología?.

3.- Ahora bien, sí en nuestra nación se tiene tanto ciencia como magia ¿se

puede escribir ciencia ficción en México? ¿o se trata sólo de un capricho por

emular una moda anglosajona?.

En base a las anteriores preguntas el objeto de éste ensayo es el de

reflexionar respecto al papel que ha desempeñado la ciencia en México en

contraste con las notables manifestaciones místicas o religiosas de la nación para

así poder vislumbrar que tipo de posibilidades tiene la reciente pero no menos

sugerente producción literaria de CF en México.2

Ciencia, magia y la problemática definición de la Ciencia Ficción

“Ese largo y viejo miedo, finalmente refinado, espiritualizado,


intelectualizado, creo que es lo que hoy se llama ciencia”
Friedrich Nietzsche, Así habló Zarathustra.

Según el celebre escritor y divulgador científico Isaac Asimov la ciencia

parte dos supuesto básicos: 1) el de que existen leyes en la naturaleza y 2) el de

que el hombre puede esclarecer éstas leyes mediante la razón. Es decir, la ciencia

es el conocimiento sistematizado en cualquier campo que suele aplicarse sobre

todo a la organización de la experiencia sensorial objetivamente verificable; en

efecto, la ciencia debe ser comprobable es ahí donde se sustenta y genera

2
Un trabajo similar que analiza la ciencia y la cultura popular occidental con la CF anglosajona lo
es Guy J. Consolmagno, “Astronomy, Science Fiction and Popular Culture: 1277 to 2001 (And
beyond)”, Leonardo, Vol. 29, No. 2 (1996), The MIT Press, pp. 127-132.
4

conocimiento (de hecho la palabra ciencia proviene del latín scientia, de scire, que

significa ‘conocer’).3

No obstante –nos dice Asimov-, la ciencia ha comprobado que el

conocimiento también tiene sus limites: “el físico alemán Werner Heinserbrg

elaboró en la década de los veinte un supuesto que se conoce por principio de

incertidumbre y que afirma que es imposible determinar con exactitud la posición y

la velocidad de un objeto en un instante dado”, ya que se puede hallar una u otra

con la precisión que se quiera, pero no ambas al mismo tiempo. El principio de la

incertidumbre es una ley natural, la exactitud con que podemos medir el universo

tiene sus limites, sin embargo –agrega Asimov-, la razón puede discernir esos

límites, y la cabal comprensión de la incertidumbre permite conocer muchas cosas

que, de otro modo, serían inexplicables; la ciencia entonces, funge como

productora de conocimiento (con limites) de lo que nos rodea por medio de la

razón.

En la otra cara de la moneda se encuentra la magia, que a diferencia de la

ciencia no se basa en razón, sino en la fe, en la creencia de que fuerzas

superiores, las cuales no podemos conocer mediante los sentidos sino sólo creer

en ellas, son quienes rigen el universo.4

La magia también es el arte de influir en el curso de los acontecimientos o

adquirir conocimientos por medios sobrenaturales, el atribuirle una explicación

fantástica o creacionista al mundo que nos rodea ha sido una respuesta del ser

humano contra las cosas que no puede explicar, emerge del miedo primitivo, así
3
Isaac Asimov, Grande ideas de la ciencia, Alianza Editorial, México, 1996, p. 13.
4
Para más información sobre estudios de la Magia véase, James George Frazer, La rama dorada:
Magia y religión, Fondo de Cultura Económica, México, 1986; y Marcel Mauss, Sociología y
antropología, Editorial Tecnos, Madrid, 1971.
5

como el hombre prehistórico hacía una serie de rituales por sus muertos, también

los primeros pueblos en todas partes del mundo comenzaron a identificar

fenómenos de la naturaleza con deidades, les asignaron nombres, personalidades

e historias para poder explicar dichos fenómenos.

En éste sentido la ciencia y la magia parecen llevar caminos análogos, ya

que ambas buscan darle sentido y coherencia a la existencia misma, darle una

explicación, el teórico Jorge Carrión expone que “la magia como la ciencia,

encadena los acontecimientos en ordenadas sucesiones y trata de interpretarlos e

influirlos sólo que de acuerdo con las alteraciones afectivas que a ese orden

impone”. La magia, pues, es la base sobre la cual “el pensamiento humano eleva

posteriormente los edificios de la ciencia y la técnica”.5

A pesar de llevar caminos o fines similares, la magia se basa en la fe, en la

creencia de lo que no se puede ver ni comprobar; la ciencia por otro lado se basa

en la razón y en lo posible, también hasta donde se puede, en lo comprobable.

Pareciera ser que es en estos elementos de lo comprobable y lo posible

mediante la ciencia, en donde la ciencia ficción se sustenta y define respecto a

corrientes parecidas como la fantasía que hace uso de seres y mundos mágicos

no comprobables mediante la ciencia.

No obstante, el provocativo escritor Philip K. Dick nos dice que el dar por

hecho que la CF trata de aquello que la opinión general considera posible bajo

determinadas circunstancias (a diferencia de los fantástico, como los seres

mágicos a los que la ciencia descarta), es, en esencia, “un juicio arriesgado,

puesto que no es posible saber objetivamente lo que es posible y lo que no lo es”


5
Jorge Carrión, “Ciencia y magia del mexicano”, Cuadernos Americanos, No. 2, Año VI, marzo-
abril, 1947, p. 53.
6

debido a las creencias subjetivas del hombre, en especifico por parte del autor y

del lector en una obra, aunque dicho argumento parece ser una forma interesante

de tratar de definir lo que es la CF.6

Tampoco es cierto que se necesite exclusivamente de la ciencia y de su

amplio conocimiento para escribir CF, un excelente ejemplo lo es el “poeta de la

CF” Ray Bradbury quien para cuando alcanzó la fama “no había pasado por la

universidad, no sabía de ciencia, y era en realidad hostil a ésta, tenía un estilo raro

e inconexo, su tono [era] nostálgico, y sus argumentos misteriosos y fantásticos”;

una de sus obras más aclamadas, Crónicas Marcianas refuta también lo

prescindible que puede llegar a ser la actualización científica en la CF ya que el

autor “creo su propia versión de Marte directamente a partir de las imágenes del

siglo diecinueve, ignorando totalmente los descubrimientos del siglo veinte”.7

De ahí que se haya optado por dividir a la CF en “dura” y “blanda”, en la

primera se da preeminencia al respaldo de datos fidedignos y coherentes sobre

ciencia para sustentar la historia; la segunda se caracteriza por ser una corriente

humanista la cual cuida más el desarrollo de la narración abordando por ejemplo

temas sociales, o preocupaciones y emociones humanas.

Ahora bien, sí la CF no trata exclusivamente sobre la ciencia ¿qué es

entonces lo que define a este género literario?,8 muy por el contrario de la creencia
6
Phillip K. Dick, “Sobre la ciencia ficción”, en http://ciudadseva.com/textos/teoria/tecnicos.htm,
fecha de consulta 29 de abril de 2009.
7
Asimov, Sobre la Ciencia Ficción, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1982, pp. 225 y 226;
cabe aclarar que el ejemplo de Bradbury no desmerita a aquellos escritores de CF con una
formación científica y que mucho saben sobre ciencia tales como el propio Asimov, Fred Hoyle o
Arthur C. Clarke.
8
Algunos buenos trabajos que abordan lo qué es la ciencia ficción aparte de los ya citados son,
Jean Gattégno, La ciencia ficción, Fondo de Cultura Económica, México, 1985; Humberto Eco,
“Sobre la ciencia-ficción” en el capítulo “Los nihilistas flamantes” en Apocalípticos e integrados,
Lumen, Barcelona, 1999, pp. 150-152; Mitch Cox, “Engendering Critical Literacy through Science
Fiction and Fantasy”, The English Journal, Vol. 79, No. 3 (Mar., 1990), National Council of Teachers
7

simplificadora de que la CF trata sólo de relatos ambientados en el futuro, la

principal preocupación de dicho genero es el mundo que nos rodea, el presente;

“bucear en el futuro no es más que un preguntarse hacia donde vamos, que

consecuencias pueden acarrear nuestras actuales circunstancias”.9

El escritor K. Dick concuerda en este punto argumentando que puede haber

CF ambientada en el presente o en el pasado como los relatos o novelas de

mundos alternos, es decir, los relatos de CF se desarrollan en “una sociedad que

no existe de hecho, pero que se basa en nuestra sociedad real”, sin tener que

utilizar necesariamente de una sociedad futurista,10 véase por ejemplo, El hombre

en el castillo (1962) de dicho autor, la cual se ambienta en un universo alternativo

en el que los Estados Unidos son gobernados por las potencias del Eje Italia,

Alemania, Japón vencedores de la Segunda Guerra Mundial. Dicha novela está

considerada como una obra destacada del subgénero denominado "historia

alternativa", y es la única obra de Dick que ganó un Premio Hugo.

Finalmente, la definición de CF me parece un tanto compleja, más allá de

tratarse de relatos que pueden sustentarse o no, en lo subjetivamente posible, K.

Dick argumenta que la CF conceptualmente debe ser auténticamente nueva, o

una nueva variación sobre otra anterior, y ha de estimular el intelecto de lector;

tiene que invadir su mente y abrirla a la posibilidad de algo que hasta entonces no

había imaginado, tiene que ser estimulante, desencadenar una reacción en

cadena de ideas-ramificaciones en la mente del lector, “podríamos decir que libera

of English, pp. 35-38; Walter Hirsch, “The Image of the Scientist in Science Fiction a Content
Analysis”, The American Journal of Sociology, Vol. 63, No. 5 (Mar., 1958), The University of
Chicago Press, pp. 506-512.
9
Carlo Frabetti, “SF y presente”, en Ciencia ficción, Décima colección, Editorial Bruguera,
Barcelona, 1974, p. 5.
10
Dick, “Sobre la ciencia ficción...
8

la mente de éste hasta el punto que empieza a crear, como la del autor”, lo que

implica un notable grado de libertad creativa.

Dick concluye que la mejor ciencia ficción tiende en último extremo a

convertirse en una colaboración entre autor y lector en la que ambos crean, y

disfrutan haciéndolo: “el placer es el esencial y definitivo ingrediente de la ciencia

ficción, al placer de descubrir la novedad”, por ello para este ensayo entenderé a

la CF como el genero literario “del placer por la novedad y la libertad”.11

México dual
“Aquí en la plaza todo son petardos y esqueletos de juguete, y allá
arriba en el cementerio todos los mexicanos muertos reciben
visitas de los parientes, y flores y velas y cantos y dulces”.
Ray Bradbury, El Árbol de las brujas

El mexicano es producto de dos razas, el español y el indio, de estas dos

cada una le ha heredado características dicotómicas de magia y de ciencia a

nuestro pueblo. En el pasado indígena de México las sociedades eran teocráticas,

la política y la religión iban juntas de la mano, sus creencias místicas regían los

diversos aspectos de su cultura, eran también sociedades politeístas, tenían a

diversos dioses que eran “utilizados no sólo en un sentido trascendente, avizor del

más allá, sino con finalidades mágicas. Ellos hacen las lluvias, evitan las pestes,

salvan las cosechas”.12

La explicación que daban a la naturaleza y sus desastres es que estos eran

regidos por seres divinos, muchas veces caprichosos e imprevisibles, por ello,

danzas, plumas, piedras preciosas y sacrificios humanos eran ofrecidos a sus

dioses para ganar batallas, lograr siembras y no excitar la ira de sus deidades.
11
Las cursivas son mías.
12
Carrión, “Ciencia y magia..., p. 53.
9

A la sazón, cuando los españoles llegaron a América lo hicieron con una

serie de creencias medievales fantásticas que fluyeron en su imaginación al estar

explorando tierras hasta entonces desconocidas para ellos. “El grifo, el ave fénix,

los dragones todos aparecieron, revivieron, salieron de las mentes y de sus libros,

fueron liberados e identificados”. Colón menciona tres sirenas y “jura que las vio

repiquetear en el mar” (aunque en realidad eran morsas), así como “Oviedo

describe dragones (cuando se trataba de lagartos)”.13

Los súbditos de la corona ibérica venían bajo el “patrocinio” de la fe

católica, según sus creencias, su dios católico era el alfa y el omega de todas las

cosas, para ellos también una fuerza sobrenatural era la que regía el universo. La

razón oficial de los conquistadores en el “nuevo mundo” era la de propagar el

catolicismo e incluir al Vaticano aquellas tierras paganas, lo hicieron a través de

una terrible mezcla de la espada con la cruz, fue una conquista material y a la vez

espiritual. La imposición de esta nueva creencia en América fue lenta y

sanguinaria, se destruyeron templos, ídolos y demás elementos religiosos

prehispánicos para construir sobre ellos iglesias, catedrales, imágenes de Cristo y

un sin número de santos.

No obstante, la magia y los rituales ancestrales de los indígenas no

murieron del todo, sobrevivieron mezclados con las manifestaciones religiosas de

los católicos; por ejemplo, el lugar sagrado donde se rendía el culto mexica a

Tonatzin es ahora el Tepeyac donde se venera a Virgen de Guadalupe. Es así,

que en los mexicanos subsisten aún elementos prelógicos o mágicos heredados

de su pasado español y sus ancestros indígenas mezclados en un frenesí de


13
Nicolás Caretta, Fauna Mexica: naturaleza y simbolismo. CNWS, Anthropological Series,
Netherlands, 2001, p. 31.
10

penachos, piñatas y pólvora afuera de las basílicas construidas en honor a la

Virgen Guadalupe “madre de todos los mexicanos”, o en el Día de la Santa Cruz, o

en el Día de Muertos, o en otros tantos y tantos festejos con características

surrealistas y rituales.

¿Entonces no existe en el mexicano el gen de la ciencia?, ¿tenemos que

importar conocimiento por ser un pueblo primitivo que cuenta sólo con creencias

mágicas y religiosas incapaz de generar ciencia? Por el contrario, sí bien el

mexicano heredó el pensamiento mágico en muchas sus costumbres tanto de

españoles e indios, ambos pueblos tenían también ciencia y tecnología que nos

han legado.

Naturalmente, el conocimiento científico y tecnológico no sólo pertenece a

los europeos, los antiguos pueblos prehispánicos nos dan constancia de ello con

sus técnicas para manejar metales, la utilización de diversos instrumentos en la

agricultura, las construcciones de sus grandes monumentos o edificios, así como

la notable presencia de alfareros, pintores, escultores, arquitectos y astrónomos

que hacen gala de la creatividad humana desde tempos remotos.14

Uno de los ejemplos más clásicos es el de los mayas quienes para

representar los números utilizaban un doble procedimiento: usaban una

combinación de barras y puntos propios de un sistema vigesimal o figuraban

cabezas humanas, cada una de las cuales representaba las cifras comprendidas

del 1 al 13. En los dos sistemas se utilizaba el cero del que fueron creadores.

Estudiaban los movimientos de los cuerpos celestes y tenían un conocimiento

14
Fernando Alba Andrade, El desarrollo de la tecnología. La aportación de la física, Colección la
Ciencia desde México, Núm. 23, Fondo de Cultura Económica, México, 1987, pp. 29-36.
11

preciso de estos, su calendario, aunque muy complejo, era el más exacto de los

conocidos hasta la aparición del calendario gregoriano en el siglo XVI.15

Por otra parte, los españoles que llegaron a América trajeron una serie de

conocimientos científicos y tecnológicos provenientes del “viejo continente”, en

particular en las áreas mecánicas y mineras que heredaron a los criollos de la

sociedad novohispana, y muy al contrario de la creencia generalizada de que la

colonia fue una etapa retrograda y de oscurantismo, “en esa época hubo un

ímpetu universalista desde el siglo XVII” que se consolido en el XVIII “siglo de las

luces y la razón”, lo que es más, “antes de la primera patente estadounidense ya

en la Nueva España se habían patentado cientos de nuevos instrumentos e

inventos de la industria minera particularmente”.16

A partir de 1821, el México independiente atravesó por un largo y agitado

periodo de crisis poscolonial por lo que la investigación científica y tecnológica

estuvo relegada debido a las continuas guerras por las que transito el país, los

frecuentes cambios de gobernantes, así como por el peligro de amenazas

extranjeras como en el caso de la guerra contra los angloamericano de 1846

a1848 en la que se perdió más de la mitad del territorio nacional.

No fue sino hasta empezada la segunda década del siglo XIX en el periodo

conocido como “la Reforma” y la restauración de la República con el triunfo del

partido liberal, cuando la ciencia tuvo un nuevo impulso en México “la Sociedad

Mexicana de Geografía y Estadística, la Sociedad Científica Antonio Alzate, la

Sociedad Humboldt y otras, promovían el estudio de las ciencias exactas y

15
Eli de Gortari, La ciencia en la historia de México, Editorial Grijalbo, México, 1980, pp. 65-69.
16
Gerardo de la Concha y Juan Carlos Calleros (Coordinadores), Los caminos de la invención.
Inventos e inventores en México, Instituto Politécnico Nacional, México, 1996, p. 13 y 15.
12

naturales, así como de las sociedades y el arte, tratando que la nación mexicana

tuviera los beneficios de la cultura universal”.17

Resalta en ésta época el primer viaje internacional de científicos mexicanos

a Japón realizado con el fin de estudiar el paso del planeta Venus frente al disco

del Sol, evento que sucedió y se observó en 1874 un año después de la

publicación de La vuelta al mundo en ochenta días de Julio Verne, con ésta

expedición el entonces presidente Sebastián Lerdo de Tejada demostró al mundo

que México podía entrar al concierto de las naciones “modernas y civilizadas” ya

que contaba con gente capacitada y los instrumentos necesarios para hacer la

observación.18

Tiempo después, la dictadura de Porfirio Díaz se construyó bajo algunos

preceptos del positivismo de Augusto Comnte auspiciada bajo la frase de “orden y

progreso”, por lo que la investigación científica corrió a cargo de intelectuales

allegados al presidente Díaz, no obstante, dicho proyecto desapareció al estallar

en 1910 el movimiento armado conocido como la Revolución Mexicana.19

Sí bien la consolidación institucional del régimen revolucionario se oriento al

desarrolló estabilizador de la inventiva mexicana, la capacidad de los científicos

nacionales no ha sido bien aprovechada a lo largo de nuestra historia, hoy son

muchos los padecimientos de nuestra ciencia la cual muchas veces no cuadra con

la realidad del país.

17
Marco Antonio Moreno Corral, Odisea 1874 o el primer viaje internacional de científicos
mexicanos, Fondo de Cultura Económica, México, 1986, p. 19.
18
Ibíd., pp. 8 y 9.
19
Leopoldo Zea, El Positivismo en México. Nacimiento, apogeo y decadencia, Fondo de Cultura
Económica, México, 1990, pp. 41 y 42.
13

Son diversas las teoría del por qué no existe un auge científico en México,

en la actualidad parece estar llegándose a un consenso que explica que los

progresos científicos y tecnológicos de las naciones no deben medirse de manera

uniforme debido a las diversas particularidades de cada país, sus problemas

internos o sus procesos históricos de conformación como pueblo.

A decir del investigador Xavier Polanco “La hipótesis de una ciencia

universal, en el sentido de una ciencia sin contexto y como flotando en el éter de

las ideas, es una ficción”, Polanco propone “estudiar y concebir la ciencia en sus

relaciones con el medio en el cual se desarrolla; de estudiar las relaciones

existentes entre las ciencias las tecnologías, y el medio ambiente cultural, social y

económico en el cual nacen, se desarrollan y mueren”, es decir, la ciencia de cada

país debe entenderse en buena medida tomando en cuenta su contexto.20

Y aunque aún carezcamos en un notable grado “de una visión de la realidad

que nos permita desarrollar ciencia”, resalta el hecho de que ésta ha ido ganando

terreno, los programas de investigación en México dan apoyo a jóvenes

emprendedores y desde la década de los ochentas instituciones como la UNESCO

o el CONACYT, por mencionar sólo algunas, han destacado en el apoyo y

desarrollo de la ciencia y de las políticas científicas que benefician a nuestro país,

el cual cuenta con una herencia rica de inventores mexicanos.21

20
Xavier Polanco, “La ciencia como ficción. Historia y contexto”, en El perfil de la ciencia en
América, Sociedad Latinoamericana de Historia de las Ciencias y la Tecnología, México, 1986, pp.
41-56.
21
Marcelino Cereijido, Por qué no tenemos ciencia, Siglo Veintiuno Editores, México, 1997, pp.
114, 115 y 129; Joan Bellavista y Víctor Renobell (Coords.), Ciencia, tecnología e innovación en
América Latina, Universitat de Barcelona, Barcelona, 199?.
14

Las posibilidades de la Ciencia Ficción en México (conclusión)

Desde el siglo XVII algunos librepensadores de la Nueva España utilizaron

la literatura “como una herramienta de transformación social, como un vehículo

idóneo para introducir nuevas ideas y conceptos”, herederos de ésta tradición

reflexiva han existido manifestaciones de CF mexicana desde el siglo XIX, las

cuales, al igual que la ciencia en nuestro país, han venido teniendo un notable

apoyo desde la década de 1980 ya sea por CONACYT, CONACULTA o algunas

otras instituciones.22

Aunque bien es cierto que el presupuesto económico influye de manera

notable para que pueda desarrollarse la creatividad humana en cualquier ámbito,

también es una realidad que el genio creativo no depende la situación económica,

tomemos como ejemplo el caso de la literatura: “los problemas del escritor no son

siempre, como a veces se quiere pensar, de desarrollo o subdesarrollo del país en

que uno vive, de riqueza o de pobreza. En países pobres o ricos, ¿en qué

condiciones escribieron sus obras Dostoievski, Vallejo, Laxness, Quiroga,

Thomas, Joyce, Bloy, Arlt, Martí?” pregunta el escritor Augusto Monterroso. En el

sentido económico los mexicanos no tenemos excusa para crear CF con una

buena calidad literaria.23

Por otro lado, sí bien ya vimos que México tiene una herencia cultural de

ciencia y de magia esto no parece ser tampoco un impedimento para escribir

ciencia ficción, respecto a los países hispanoamericanos el autor Daniel Croci

22
Gabriel Trujillo, “Prólogo”, en Federico Schaffler (compilador), Más allá de lo imaginado, Tomo I,
Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Fondo Editorial Tierra Adentro, México, 1991, pp. 9-
15.
23
Augusto Moterroso, “Es igual”, en Movimiento Perpetuo, MEDIASAT GROUP, México, 2001, p.
19.
15

comenta: “pese a la dependencia, a la fragmentación, a la condición marginal y

periférica, nos hemos tecnificado e industrializado. Nuestro nuevo mundo ya no es

mezcla mágica de universo mítico aborigen y ambiciosas quimeras españolas”, en

México se investiga y se sabe de ciencia, hoy en día las tecnologías en

información son tales que resulta sencillo estar actualizado en diversas ramas del

conocimiento, es más, no se necesita ser un experto en ciencia para escribir CF.24

La literatura de CF es un medio de expresión que nos permite tratar

problemas, temores y esperanzas de una forma novedosa y libre –recordemos a

Dick-, la escritora Angelica Gorodisher argumenta que dicho genero pone a la

gente a pensar y que “vos sabés que pocas actividades son tan peligrosas como

ésa de ponerse a pensar”25; también el magnifico escritor Ray Bradbury argumenta

que "la ciencia ficción devora ideas, las digiere y nos dice cómo sobrevivir. Una

cosa acompaña la otra. Sin fantasía no hay realidad". Utilizando metafóricamente

el relato de Perseo contra la Medusa venciéndola mientras finge desviar la mirada,

hace una comparación exponiendo que "la ciencia ficción es un intento de resolver

problemas mientras se finge mirar para otro lado".26

En éste sentido de la CF como un sugerente medio de expresión el escritor

Jorge Luis Borges argumenta que Bradbury logró en Crónicas Marcianas cumplir

acertadamente con uno de los fines de la literatura: transmitir simbólicamente una

serie de ideas y provocar la mente del lector haciendo uso de la CF como bien se

puede hacer con cualquier otro genero literario para lograrlo “¿Qué importa la

24
Daniel Croci, “Tesis para una nueva literatura fantástica nacional”, en Latinoamérica fantástica,
Ultramar editores, Barcelona, 1985, pp. 129-133.
25
Angélica Gorodisher, “Epílogo”, en Latinoamérica fantástica, Ultramar editores, Barcelona, 1985,
pp. 295-298.
26
Ray Bradbury, Zen en el arte de escribir, Minotauro, Barcelona, 1995
16

novela, o la novelería de la science-fiction? En este libro de apariencia

fantasmagórica, Bradbury ha puesto sus largos domingos vacíos, su tedio

americano, su soledad”; CF y literatura en general son entendidas por Borges

como un magnifico medio de expresión cuya finalidad es la transmisión de ideas,

preocupaciones o sentimientos.27

Las cartas están puestas sobre la mesa, el autor Augusto Uribe señala que

debemos apoyar a nuestros escritores latinoamericanos en los géneros fantásticos

y de CF, “estamos llegando tarde al carro [...] dentro de muy poco tiempo, habrá

un descubrimiento en nuestro país de la literatura fantástica latinoamericana que

ahora esta en pleno apogeo en lo países sudamericanos, como descubriéramos

con retraso, en su momento, a autores como Borges, Cortázar o García

Márquez”.28 Creamos en nuestra creatividad, tal y como lo expresó la cantautora

Chabela Vargas “sí los volcanes en Latinoamérica están despertando, no veo por

qué los latinoamericanos no podemos despertar”.

Apoyemos la CF mexicana y latinoamericana, el camino es largo, se trata

de un mercado difícil y acaparado por la moda anglosajona. El escritor brasileño

de ciencia ficción André Carneiro esta convencido de que los norteamericanos nos

tienen temor, “creo que se han quedado sin ideas y se han puesto muy reiterativos

en los temas”; algunos estadounidenses le aclaraban que los latinoamericanos no

escriben CF y que no deben editar en Estados Unidos, que los escritores de

América Latina escriben más bien Realismo Mágico. “Ellos cuidan su mercado y lo

hacen porque ven con temor nuestra gran imaginación, nuestro humanismo contra
27
Jorge Luis Borges, “Prólogo”, en Ray Bradbury, Crónicas Marcianas, Minotauro, Barcelona,
2006, p. 11.
28
Augusto Uribe, “Introducción”, en Latinoamérica fantástica, Ultramar editores, Barcelona, 1985, p.
8.
17

su materialismo, nuestra solidaridad contra su frialdad, nuestras ganas de trabajar

en conjunto contra su individualidad”.29

Comencemos a escribir ¿no tenemos nada que decir? ¡por el contrario! ya

los compiladores A. E. Van Vogt y Bernard Goorden señalaron en su antología La

ciencia ficción latinoamericana que en Sudamérica y algunos países de Europa

estaba evolucionando una CF distinta, más literaria, progresista y humanista,

características necesarias en el siglo XX y todavía aún en el XXI.30

A decir del escritor y crítico literario Mario Benedetti Latinoamérica tiene que

descolonizarse en todos los ámbitos, en el de la historia de las ideas, en el de la

literatura y en muchos otros para lograr una verdadera independencia, propone

que tal y como la cultura de la dominación tiende al privilegiado, así como el

capitalismo presenta el poder desmesurado de sólo alguno individuos, existe una

“fórmula paralela” en la que así como la revolución propone la revolución del

pueblo, así también la cultura de la liberación se propone así misma como

asunción colectiva. “Para usar la feliz terminología de García Márquez, habría que

transformar los cien años de soledad en cien años de comunidad. Al dominador le

interesa sobremanera cultivar nuestras soledades: cuanto más aislados estemos,

seremos más fácilmente dominados”.31

Tampoco se trata de desdeñar los aportes europeos o estadounidenses a

nuestra cultura, eso sí sería un error del subdesarrollo –comenta Benedetti-, por el

contrario, ya desde el discurso inaugural de la reapertura de cursos en 1910 de la


29
Miguel Ángel Fernández, “Más Allá de lo Imaginado: La Antología que Hizo Historia”, en
http://www.ciencia-ficcion.com.mx/?uid=2&cve=11:06, fecha de consulta 8 de mayo de 2009.
30
Tomado de Claudia Sánchez Arce, Los temas de la ciencia ficción en Trafalgar, Universidad
Autónoma del Estado de México, México, 1993, pp. 16-17.
31
Mario Benedetti, “El escritor y la crítica literaria en el contexto del desarrollo”, en Fuentes para la
cultura latinoamericana, Tomo III, Fondo de Cultura Económica, México, 1993, pp. 559-560.
18

Universidad Nacional, “Justo Sierra había hecho notar la necesidad de que al

mismo tiempo que se rescataba la cultura nacional, era necesario permanecer

abiertos a la cultura universal so peligro de morir de asfixia”.32

Es así que son muchos los problemas que enfrentamos a diario, son aún

más las cosas que debemos cambiar, comencemos cambiando nosotros mismos,

tomemos un libro y leamos, no sólo CF, existen miles de buenas obras literarias

universales, latinoamericanas o nacionales, leamos divulgación científica,

informémonos, nos hará crecer como personas y como comunidad, también

comencemos a escribir ¿por qué no? preparémonos, escribamos cuentos,

ensayos, crítica literaria o novelas, y demostremos al mundo que los

latinoamericanos tenemos mucho que decir y proponer.

Bibliografía

Alba Andrade, Fernando, El desarrollo de la tecnología. La aportación de la física,


Fondo de Cultura Económica, Colección la Ciencia desde México, Núm. 23,
México, 1987.

Asimov, Isaac, Grande ideas de la ciencia, Alianza Editorial, México, 1996.

–, Sobre la Ciencia Ficción, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1982.

Bellavista, Joan y Víctor Renobell (Coords.), Ciencia, tecnología e innovación en


América Latina, Universitat de Barcelona, Barcelona, 199?.

Benedetti, Mario, “El escritor y la crítica literaria en el contexto del desarrollo”, en


Fuentes para la cultura latinoamericana, Tomo III, Fondo de Cultura Económica,
México, 1993.

Borges, Jorge Luis, “Prólogo”, en Ray Bradbury, Crónicas Marcianas, Minotauro,


Barcelona, 2006 (edición por el 50 Aniversario de Minotauro).
32
Eugenia Revueltas, “Presentación”, La narrativa contemporánea, Tomo I, Editorial Patria, México,
1992, p. VII.
19

Bradbury, Ray, Zen en el arte de escribir, Minotauro, Barcelona, 1995.

Caretta Nicolás, Fauna Mexica: naturaleza y simbolismo. CNWS, Anthropological


Series, Netherlands, 2001.

Carrión, Jorge, “Ciencia y magia del mexicano”, Cuadernos Americanos, No. 2,


Año VI, marzo-abril, 1947, pp. 52-65.

Cereijido, Marcelino, Por qué no tenemos ciencia, Siglo Veintiuno Editores,


México, 1997.

Consolmagno, Guy J., “Astronomy, Science Fiction and Popular Culture: 1277 to
2001 (And beyond)”, Leonardo, The MIT Press, Vol. 29, No. 2 (1996), pp. 127-132.

Cox, Mitch, “Engendering Critical Literacy through Science Fiction and Fantasy”,
The English Journal, Vol. 79, No. 3 (Mar., 1990), National Council of Teachers of
English, pp. 35-38.

Croci, Daniel, “Tesis para una nueva literatura fantástica nacional”, en


Latinoamérica fantástica, Ultramar editores, Barcelona, 1985, pp. 129-133.

De la Concha, Gerardo, y Juan Carlos Calleros (Coordinadores), Los caminos de


la invención. Inventos e inventores en México, Instituto Politécnico Nacional,
México, 1996.

Dick, Phillip K., “Sobre la ciencia ficción”, en http://ciudadseva.com/textos/teoria/


tecnicos.htm, fecha de consulta 6 de mayo de 2009.

Eco, Humberto, “Sobre la ciencia-ficción” en el capítulo “Los nihilistas flamantes”


en Apocalípticos e integrados, Lumen, Barcelona, 1999.

Fernández, Miguel Ángel, “Mas Allá de lo imaginado: La Antología que hizo


historia”, en http://www.ciencia-ficcion.com.mx/?uid=2&cve=11:06, fecha de
consulta 8 de mayo de 2009.

Frabetti, Carlo, “SF y presente”, en Ciencia ficción, Décima colección, Editorial


Bruguera, Barcelona, 1974, pp. 5-7.

Frazer, James George, La rama dorada: Magia y religión, Fondo de Cultura


Económica, México, 1986.

Gorodisher, Angélica, “Epílogo”, en Latinoamérica fantástica, Ultramar editores,


Barcelona, 1985, pp. 295-298.

Gortari, Eli de, La ciencia en la historia de México, Editorial Grijalbo, México, 1980.
20

Gattégno, Jean, La ciencia ficción, Fondo de Cultura Económica, México, 1985.

Hirsch, Walter, “The Image of the Scientist in Science Fiction a Content Analysis”,
The American Journal of Sociology, Vol. 63, No. 5 (Mar., 1958), The University of
Chicago Press, pp. 506-512.

Martré, Gonzalo, La Ciencia Ficción en México, Instituto Politécnico Nacional,


México, 2004.

Mauss, Marcel, Sociología y antropología, Editorial Tecnos, Madrid, 1971.

Moterroso, Augusto, “Es igual”, en Movimiento Perpetuo, MEDIASAT GROUP,


México, 2001, p. 19.

Moreno Corral, Marco Antonio, Odisea 1874 o el primer viaje internacional de


científicos mexicanos, Fondo de Cultura Económica, México, 1986.

Polanco, Xavier, “La ciencia como ficción. Historia y contexto”, en El perfil de la


ciencia en América, Sociedad Latinoamericana de Historia de las Ciencias y la
Tecnología, México, 1986, pp. 41-56.

Ramírez, José Luis, “Ciencia Ficción Mexicana”, en http://www.ciencia-


ficcion.com.mx/?uid=2&cve=12:03, fecha de consulta 6 de mayo de 2009.

Revueltas, Eugenia, “Presentación”, La narrativa contemporánea, Tomo I, Editorial


Patria, México, 1992, pp. V-VIII.

Sánchez Arce, Claudia, Los temas de la ciencia ficción en Trafalgar, Universidad


Autónoma del Estado de México, México, 1993.

Trujillo, Gabriel, “Prólogo”, en Federico Schaffler (compilador), Más allá de lo


imaginado, Tomo I, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Fondo Editorial
Tierra Adentro, México, 1991, pp. 9-15.

Uribe, Augusto, “Introducción”, en Latinoamérica fantástica, Ultramar editores,


Barcelona, 1985, pp. 7-9.

Zea, Leopoldo, El Positivismo en México. Nacimiento, apogeo y decadencia,


Fondo de Cultura Económica, México, 1990.