Está en la página 1de 6

¿Por qué Argentina no es Canadá?

Introducción

Hacía fines del siglo XIX y comienzos del XX el crecimiento económico argentino estaba a
la altura de los países más pujantes del mundo: Canadá, Australia, Estados Unidos. Sin embargo
cinco décadas después esos índices económicos mostraban que algo había ocurrido, Argentina
había perdido su empuje mientras los otros tres países continuaban su carrera ascendente. ¿Qué
es lo que ocurrió en el período? ¿Acaso la burguesía argentina equivocó el rumbo? ¿Acaso las
condiciones de la economía y el comercio mundial afectaron a países con similar estructura
productiva de distinto modo? ¿Acaso las políticas de los gobiernos argentinos fueron quienes
detuvieron el crecimiento?
Muchos son los intelectuales que buscaron y buscan aun dar respuesta a los
interrogantes planteados. Intentaremos aquí exponer las posturas más frecuentadas desde un
análisis crítico de las mismas.

Desarrollo

La vías de análisis del por qué Argentina no se convirtió en Canadá o Australia giran en
torno a distintas variables. Unas centran sus estudios en las condiciones de su clase dominante,
adjudicándole características precapitalistas. Otras entienden el proceso de caída del milagro
argentino de acuerdo a condicionamientos políticos que habrían detenido el avance logrado en
períodos de liberalismo económico, confiriéndole a la acción interventora del Estado en la
economía el papel principal de dicha caída. Sin embargo otras detienen su mirada en la
determinación de las condiciones internacionales, encontrando que la situación propiciada por una
coyuntura mundial desfavorable habría alterado los términos de intercambio, perjudicando a los
países elaboradores de productos primarios. Intentaremos pasar revista de estas posturas,
procediendo en simultáneo a examinar las principales discusiones y críticas que se le hacen a
cada una de ellas.
Una primera aproximación que busca en la estructura agraria el atraso argentino centró su
análisis en la composición de la propiedad de la tierra. El primer problema estaría dado por la gran
extensión de las propiedades, dominadas por una reducida oligarquía. En tal sentido el
predominio del arrendamiento agrícola ligado al pago en especie y a cláusulas restrictivas del uso
de la tierra y de la libertad de contratación, habría compelido al agricultor a desplazarse a nuevas
tierras asumiendo los elevados riesgos, mientras que el excedente fue apropiado por grandes
terratenientes y las ganancias del capital comercial.1Esto habría impedido la capitalización de los
productores agrícolas que sí habría ocurrido en otros países que se estaban incorporando al

1
Arceo, Enrique “Argentina en la periferia próspera, Renta diferencial, dominación oligárquica y
modo de acumulación” Cap I. Universidad nacional de Quilmas. p 29
mismo proceso. Aldo Ferrer2 agrega que esta condición determinó el carácter extensivo de la
producción, limitando por otro lado la incorporación de tecnología moderna. Es decir, esta primera
postura adjudica un carácter precapitalista a la clase propietaria caracterizándola como un agente
meramente rentístico. A este respecto encontramos ya una primera contraposición en la visión de
Eduardo Sartelli3 quien afirma que la gran expansión en la agricultura Argentina se desarrolló
desde sus inicios con grandes inversiones de capital utilizando un equipo tecnológico básico
propio de los cultivos capitalistas de gran escala.
Como dijimos entre los autores que adjudican un carácter precapitalista a los grandes
propietarios argentinos afirman que su móvil no es maximizar la tasa de ganancia sino obtener
rentas suficientes para mantener su situación de privilegio4. Dentro de la misma tendencia, la
visión Desarrollista afirmaría que a largo plazo, este modo de acumulación impuesto por la
oligarquía, tendía a disminuir a medida que la disponibilidad de tierras se reducía. Mientras tanto
la visión Marxista de este mismo problema tiende a situar en la alianza entre oligarquía y capital
extranjero el “atraso” de las relaciones de producción en el agro, surgiendo
nuevamente el beneficio bajo la forma de renta, limitando asimismo la amplitud del mercado
interno y el surgimiento de una burguesía (Verdadera) industrial. Es conveniente aclarar que esta
última posición es reflejo de la influencia estalinista “evolucionista” que entiende que en la
Argentina debe desarrollarse una revolución burguesa que siga la evolución europea,
desestimando significativamente las relaciones de explotación plenamente capitalistas dadas en
el agro.
La visión liberal sostiene por su parte que las relaciones capitalistas en el agro fueron
predominantes esgrimiendo explicaciones respecto de la racionalidad capitalista en torno a su
readaptación a las condiciones del mercado internacional. El estancamiento de la economía
Argentina se explica a partir de las políticas proteccionistas europeas y la propia política y
medidas cambiarias llevadas adelante por un estado invasor, destinadas a posibilitar el
financiamiento de una industria ineficiente. 5 Las consecuencias de la crisis mundial capitalista de
1930 y el advenimiento del peronismo, entonces, habrían alterado profundamente el auge de la
economía argentina. Ante semejante postura cabría preguntarse y cuestionar, a partir de una
deducción lógica extensiva de las críticas que hace Eduardo Sartelli al debate entre Larry Sawer y
Jorge Sábato6, si la evidencia empírica podría confirmar cómo, de qué modo, habrían reaccionado
los países situados en la introducción de este trabajo ante la misma coyuntura.-Tal vez, a priori, la
respuesta sería que no de modo muy distinto-

2
Citado en Arceo, Enrique “Argentina en la periferia próspera, Renta diferencial, dominación
oligárquica y modo de acumulación” p 30
3
Sartelli, Eduardo: Ríos de oro y gigantes de acero. Tecnologías y clases sociales en la región
pampeana (1870-1940), Razón y Revolución Nº 3
4
A este respecto podemos afirmar que no solo la historiografía “nacional” procedió a conformar
esta imagen de la clase dominante argentina. Scobie, James en “Revolución en las pampas,
Historia social del trigo argentino 1860-1910”, Ediciones Solar, 1982. dice “El capital Argentino
reconocidamente hostil a volcarse en empresas industriales, se mantuvo concentrado en
inversiones en tierras, conservadoras, seguras y muy provechosas.” p 67
5
Posición sostenida entre otros por Díaz, Alejandro, Cortés Conde, Roberto.
6
Sartelli, Eduardo, El enigma de Proteo. A propósito de Jorge S160bato y el estancamiento de la
economía argentina, Ciclos Nº 10, IEHS, Facultad de Ciencia Económicas, UBA, 1996
La posición sostenida por Jorge Sábato en su estudio sobre la clase dominante argentina
estaría caracterizando a la clase dominante como plenamente capitalista, en tanto su rasgo
determinante habría estado dado por una capacidad de adaptación a las contingencias de la
economía mundial que habría establecido como condición que la acumulación de capital fijo
estuviera frenado a nivel de toda la economía pues la clase dominante hace circular su capital
permanentemente7 sin anclarlo en ninguna actividad, aprovechando los “booms” sucesivos,
explotando los momentos de ganancias fáciles. A este respecto las críticas de Sartelli son varias.
A Priori se argumenta que aprovechar esos “booms” implica formidables inversiones de capital
fijo.8 Otro orden de la crítica procede de la caracterización de la clase dominante, en tanto para
Sartelli esa burguesía multimplantada -utilizando la terminología de Sabato- sigue en realidad un
patrón de inversión principal y determinante, mientras los otros “implantes” son muy secundarios,
si es que existen. Otro aspecto crítico estaría dado por la originalidad adjudicada a la subsunción
en la cual el aspecto productivo incurriría respecto de las finanzas, hacía las cuales la clase
dominante también se vuelca. En este aspecto la crítica reitera la formula de desmitificar esa
originalidad haciendo extensiva esa cualidad a las características mundiales del capital. El otro
inconveniente está dado por cierta tendencia de Jorge Sábato que consiste en señalar que la
clase dominante habría preferido la liquidez -para poder readaptarse con velocidad como
dijéramos más arriba- a la inversión en capital fijo. En tal sentido, la crítica acertada de Sartelli
apunta a presentar el proceso de sembradío de la alfalfa como capital, (Materia prima destinada a
la producción de carne) que habría producido un proceso de capitalización destacando que el
proceso de cría e invernada, estudiados por Sábato, requirieron entonces reales desembolsos de
capital fijo.
En otro orden de posturas aparecen encuadradas aquellas que centran su estudio en la
teoría de la renta diferencial. Parten de una noción básica que es que el progreso argentino se
habría dado en torno a la existencia de un bien no reproducible, la tierra, en una economía
mundial donde existe una movilidad internacional del capital suficiente para igualar la tasa de
ganancia. Esa renta diferencial habría llegado a su límite porque el proceso de incorporación a la
economía mundial de un espacio abierto con base a la obtención de una renta diferencial
internacional es un proceso único e irrepetible, terminado el mismo el impulso económico debe
seguir otras vías.9 A este respecto Sartelli señala que es necesario comprender que fue el elevado
desarrollo capitalista el que permitió utilizar a pleno los implementos tecnológicos incorporados.
La renta diferencial, en realidad, no es el resultado de un hecho natural (la fertilidad de la tierra)
sino de una relación social. Fue necesario que la tierra se convirtiera en un espacio de libre
acceso para que el capital pueda moverse con facilidad. Es por tanto la historia quien otorga la
especificidad al desarrollo económico Argentino y no la mera existencia de un espacio cultivable
de óptimas condiciones. Piénsese por ejemplo en el accionar del poder político en distintas etapas
históricas en las cuales éste jugó un papel esencial en la construcción de las condiciones

7
Burguesía multimplantada.
8
OP CIT p 6
9
Esta es, básicamente, dentro de la corriente, la tendencia sostenida por Di Tella, Guido, y
Zymelman, M, citados en La Argentina en la periferia próspera..., Arceo, Enrique.
necesarias para el desarrollo capitalista: Las campañas al desierto de Rosas en la década de
1820, el proceso de apropiación privada de tierras públicas a mediados de la década de 1830 -en
los inicios de la segunda gobernación de Rosas- o bien la campaña al desierto en 1880
comandada en este caso por Roca, poseen una lógica semejante, en la cual el Estado acciona en
beneficio de una clase social, en un caso impulsado por la expectativa de obtener beneficios en la
producción de ganado vacuno, la otra, la que coloca a Roca como protagonista, siguiendo la
tendencia marcada por la expansión del Lanar. Las Pampas Argentinas no existieron desde
siempre como espacio productivo, tampoco fue cuestión únicamente de deshacerse de los indios
para poder comenzar a explotarlas. Por el contrario, se debieron hacer grandes destinaciones de
recursos10 para lograr el cometido. Aspectos de la realidad económica e histórica -el de las
relaciones sociales de producción y el espectro de la producción- que no solamente ciertos
defensores de la teoría de la renta diferencial olvidan, sino también aquellos que parten de un
análisis sostenido en la teoría ricardiana de las ventajas comparativas, retomada por economistas
neoclásicos.
La teoría ricardiana parte del supuesto de que si cada país exportara su mercancía
relativamente más barata e importara aquellas que produce más caras en términos relativos, cada
país en su conjunto se beneficiaria del comercio, sin importar los costos absolutos. En tal sentido,
cada país debería exportar la mercancía que se produzca con el recurso que sea más abundante
en su país (Trabajo, Capital, etc.). En términos ideales en los cuales las mercancías pudieran
circular libremente de país en país el mercado llevaría a un equilibrio. Así esta teoría que ignora
los mecanismos básicos de la ley del valor expresada por la teoría marxista, desestima entonces
la noción de ventajas absolutas11. Así mismo, esta misma corriente, parte de la noción de Ricardo
que supone en su modelo que hay inmovilidad de capitales, que no hay movilidad de capital de un
país a otro. Mientras que la realidad muestra que el capital tiende a “moverse” buscando, por
ejemplo, situaciones en que los salarios sean más bajos, anulando por ende, la premisa básica de
la ventaja comparativa “capital”. En tal sentido, dentro de la historiografía nacional encontramos
dentro de este posicionamiento a los ya mencionados Díaz Alejandro y Cortés Conde, quienes
parten del cuerpo teórico de los economistas neoclásicos y buscan los orígenes de la crisis de la
economía argentina en la presencia de un elemento extraño a ella como es el Estado, quien al
actuar trastocando la libre circulación de mercancías habría perjudicado el sostenido desarrollo
económico. 12Cuerpo teórico que niega entre otras cosas la naturaleza misma de la existencia de
clases y su lucha, como tampoco puede percibir las contradicciones intrínsecas al capital 13 pues
hacen la vista gorda sobre las relaciones sociales de producción, para centrarse en el estudio de
circulación -y no de producción real- de las mercancías, el precio internacional, etc. Mantiene
cierta coherencia argumentativa en la explicación de la crisis a partir de la intromisión del estado

10
Recursos militares, es decir recursos del estado, recursos invertidos por capitalistas, etc.
11
Shaikh, Anwar, Valor Acumulación y crisis, RyR, 2006, Buenos Aires, Capítulo 4.
12
El mismo argumento aplicado al caos argentino se haría extensivo a los países que aplicaron
políticas proteccionistas tras la crisis de 1930; desde su óptica uno de los mayores desaciertos en
materia económica mundial.
13
Argentino y mundial.
en la economía, pero no puede explicar la realidad objetiva porque su modelo desestima el
proceso en el cual el valor es generado.

Algunas consideraciones a tener en cuenta.

Iniciamos este trabajo con una serie de preguntas que abrían la puerta a la exposición
teórica deseada. Sin embargo, esa misma pregunta que da nombre al artículo podría ser
modificada de muchas maneras. Una posibilidad: ¿Por qué la Argentina debería ser Canadá?,
otra ¿Acaso la Argentina no es Canadá? A Priori podría pensarse que estas dos preguntas
plantean una contradicción lógica. ¿Entonces la Argentina es o no Canadá? La respuesta es
nuevamente contradictoria. Sí y No, depende que aspecto de la realidad de ambos países que se
tome como eje analítico.
Cualquier estudio comparativo de los índices económicos actúales arrojaría como
resultado amplias disparidades. Producto Bruto, Porcentajes de crecimiento, Ingreso per capita,
grados de desarrollo industrial, etc. Está claro que esos índices establecen que en la actualidad,
la economía canadiense y la argentina muy lejos están de ser semejantes.
Sin embargo esto no significa que la economía capitalista haya funcionado mejor en uno
que en otro, sino todo lo contrario, funcionó correctamente en ambos. En todo caso, la pregunta a
hacerse nos llevaría a repensar el sentido último del sistema capitalista, y si bien la respuesta
debería tener amplísimas repercusiones en distintos ámbitos de la realidad -el social, el político, el
económico, el de las relaciones de poder, el cultural, el religioso, etc.- hay uno que
invariablemente debería aparecer por su centralidad: Esto es, la existencia de la acaparamiento
del producto del trabajo excedente de una clase social sobre otra: La Plusvalía. El sistema
capitalista funcionó y funciona en ambos países, los vaivenes en materia macroeconómica no son
más que un reflejo de la naturaleza contradictoria del sistema.
Si tenemos en cuenta esto último podemos afirmar que el sistema capitalista ha
funcionado “correctamente” tanto en Argentina como en Canadá (lo que a nuestros fines se podría
traducir en la siguiente frase “Argentina es Canada”). Fueron las particularidades de sus historias
nacionales, devenidas en presente, quienes determinaron las distinciones que, naturalmente, no
podemos negar. Así pues, la clase dominante argentina -la burguesía- y la clase dominante
canadiense -la burguesía- debieron transitar distintos caminos en su lucha por sostenerse como
grupo hegemónico. Caminos en los cuales la lucha política y social -la historia- cimentó las
particularidades en términos productivos de cada país, afincando el capital y el desarrollo
económico y productivo nacional en distintos ámbitos de la industria -la Rural y/o la Urbana-, es
decir el ámbito donde las posibilidades determinadas por la historia garantizaba a la clase
dominante una alta tasa de ganancia. De allí que en términos de infraestructura, con todas las
consecuencias que de esto se derivan en el plano del desarrollo social, ambos países manifiesten
serias divergencias.
JAVIER GULLO
-UBA-