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Crónicas de transparencia

Cuando el derecho a saber no es suficiente

Samuel Bonilla Núñez.i

Las necesidades y problemas no se solucionan sólo con obtener información


pública, salvo excepciones; se requieren acciones adicionales al uso efectivo del
derecho de acceso a la información pública (DAIP) para avanzar hacia su
solución.

Este artículo tiene el propósito de aportar sugerencias orientadoras tanto a


quienes utilicen este derecho con la intensión de solucionar algún problema o
satisfacer una necesidad, como a agentes socializadores de su aprovechamiento.

Revisemos primero las categorías de casos de éxito con el uso del derecho de
acceso a la información pública, es decir las formas que advertimos en las que
puede ser aprovechado este derecho. Definimos caso de éxito en DAIP a aquella
experiencia de uso de este derecho que contribuye a generar un beneficio para la
persona usuaria o para terceras, sin importar su magnitud, relevancia o impacto.

En el Programa Transparencia para Tod@s, gracias al trabajo de casi 19 años de


asesoría y formación de cientos de personas usuarias del DAIP con enfoque en su
aprovechamiento, y al estudio de sus experiencias con el uso de este derecho, en
el que analizamos etapas y factores de casos de éxito y de fracaso, hemos
identificado patrones predominantes que han resultado de utilidad para quienes se
inician en la tarea de producir aprovechamientos a partir de su uso.

De acuerdo con las características específicas de los casos de éxito los hemos
clasificado en tres categorías. Aunque en algunas de ellas hemos encontrado
derivaciones o variantes secundarias, describiremos en esta ocasión sólo los tres
tipos centrales de aprovechamientos y las etapas del tercero de ellos por ser el
tema de este artículo.

Categoría 1. Función cognitiva del DAIP. El conocimiento y comprensión de la


información obtenida representa el beneficio que se pretende. Una vez satisfecho
el acceso y la comprensión de la información que se desea conocer se cumple la
función cognitiva del DAIP, que es la esencia del derecho a saber.

Encuadran aquí los casos más básicos del aprovechamiento de este derecho. Por
ejemplo, quienes sólo desean saber algo concreto: el costo de determinada obra o
actividad pública, el monto de los recursos económicos otorgados a los partidos
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políticos en cierto período, los criterios en que se basó determinada acción de


gobierno, etcétera.

Algunos casos de éxito de categoría 1 pueden, con las condiciones que veremos
en las etapas de la categoría 3, “escalar” y alcanzar esa tercera categoría. Esta es
una gran área de oportunidad en las tareas de agentes socializadores del
aprovechamiento de este derecho porque abre la posibilidad de incrementar, en
términos cualitativos, el impacto y beneficios que se produzcan. Es decir, pasar de
sólo saber a la posibilidad de hacer, de crear, de incidir.

Categoría 2. Efecto reactivo. El efecto producido por la solicitud de información


genera o contribuye a lograr el objetivo pretendido u otros beneficios. La respuesta
formal a la solicitud resulta secundaria, complementaria o irrelevante.

En esta categoría el beneficio no está asociado a la información que se reciba de


parte de los sujetos obligados. Es más, los beneficios pueden ocurrir aun sin
respuesta a la solicitud de información. Es la reacción del sujeto obligado la que
genera una “respuesta” en especie, de bulto, en los hechos, la cual detona
acciones que benefician a quien solicitó la información o a terceras personas.

Este tipo de resultados sólo pueden llegar a ocurrir usando el DAIP en la


modalidad de solicitudes de información dado que es una vía para hacer del
conocimiento de los sujetos obligados (entidades que deben cumplir con la ley de
transparencia) la existencia de determinados problemas o necesidades, por
ejemplo, en materia de servicios públicos.

La experiencia muestra que este tipo de casos de éxito –que no son muy
frecuentes, pero sí rápidos y muy gratificantes– ocurren principalmente en el
ámbito local, en particular en la esfera municipal. Por lo general el asunto de
fondo, implícito en las solicitudes de información que motivan los casos de efecto
reactivo, está relacionado con omisiones, insuficiencias o deficiencias en
responsabilidades de la función pública.

Las personas protagonistas de este tipo de casos de éxito quedan sorprendidas,


cautivadas y motivadas por los resultados de este efecto imprevisto, inesperado y
rápido, de sus solicitudes de información.

Categoría 3. Función instrumental del DAIP. Para la solución de problemas o


necesidades no cognitivas la obtención de información (el derecho a saber) no es
suficiente, es necesario darle a esa información la aplicación o aplicaciones
adecuadas para lograr el beneficio que se persigue. Y esas aplicaciones se
determinan en función de la naturaleza del asunto en el que se desea incidir de
manera favorable, son casuísticas.

Pero debido a que las aplicaciones de la información, dependiendo de la


necesidad o problema que se desea atender, no siempre son obvias para todas
las personas es que surgen preguntas como: “¿y ahora qué sigue?, ¿qué debo
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hacer? Ya ejercí el DAIP y el problema sigue ahí”. Y es que, el derecho a saber no


es suficiente en estos casos, se necesita, como decían las abuelas, “el remedio y
el trapito”.

Aún peor, no es infrecuente que la información obtenida a través del DAIP acerca
de un problema o necesidad nos revele o confirme un estado de cosas
desagradable, adverso o irritante que puede desalentarnos si no disponemos de la
paciencia y perseverancia necesarias para seguir adelante, en particular cuando
nos habían vendido la idea de que utilizando este derecho solucionaríamos
determinados problemas, pero nunca nos explicaron las etapas posteriores que
había que seguir y cómo hacerlo, porque no las conocían o consideraban, sólo
repetían el discurso dominante. Autogol.

Es por eso por lo que hay que evitar simplificaciones de la utilidad de este derecho
en su vertiente instrumental que rayan en la irresponsabilidad o el
desconocimiento de las necesarias etapas ulteriores a su uso efectivo. Es
necesario ofrecer, al menos, un panorama somero del proceso requerido para no
alentar falsas expectativas que deriven en decepciones.

Pero, más relevante aún sería que, si se pretende desplegar a fondo la


socialización para el aprovechamiento del DAIP, los organismos garantes tuviesen
la visión, la sensibilidad y la voluntad para emprender estrategias –por ejemplo,
como El Buró (ver artículo De los límites a los alcances del derecho de acceso a la
información pública, versión 20211)– que contribuyan a que más personas puedan
lograr los resultados que pretenden por la vía instrumental de este derecho; y que
no sean víctimas de lo que hemos denominado el río de cocodrilos, por
insuficiencia de capacidades o recursos.

O, además, mucho mejor, procesos permanentes y abiertos de desarrollo de


capacidades para el aprovechamiento del derecho de acceso a la información
pública, que no sólo consideren su uso eficiente sino también el tránsito en las
etapas posteriores. Teniendo presente que ejercer el DAIP no significa,
necesariamente, aprovecharlo.

Sin embargo, si no percibimos ni tomamos conciencia, o no le damos importancia


a los retos que representa para la generalidad de las personas el tránsito exitoso
por el río de cocodrilos –ir desde un problema hasta su solución con el auxilio del
DAIP– no podremos advertir la necesidad ni la pertinencia de emprender las
estrategias referidas, y seguiremos, por paradójico que resulte, limitando por
inacción los aprovechamientos de este derecho. Costosísimo autogol social
continuo y, hasta ahora, inadvertido.

En el contexto de la categoría 3 el uso efectivo del derecho de acceso a la


información pública carece de todo sentido si no somos capaces de eslabonarlo
adecuadamente al derecho o beneficio ulterior que pretendemos gozar.

1 https://es.scribd.com/document/355835752/De-los-limites-a-los-alcances-del-Derecho-de-Acceso-a-la-
Informacion-Publica-Version-actualizada
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Por el contrario, la función instrumental del DAIP eleva su potencial si disponemos


de las capacidades, la asesoría o gestoría calificada respecto a la comprensión,
valoración y utilización de la información obtenida como insumo estratégico –en
acciones, trámites o procedimientos– para la exigibilidad y disfrute de otros
derechos o el alcance de determinados beneficios. Darle valor social a la
información.

Si bien esta categoría es, por lo general, la más compleja de las tres referidas,
porque demanda capacidades y acciones adicionales al uso efectivo del DAIP,
suele ser en la que se producen los casos de éxito más significativos.

CRUZAR EL RÍO DE COCODRILOS

¿Qué suele demandar el uso exitoso de la vertiente instrumental del DAIP?


Tiempo, en ocasiones meses o años; paciencia y perseverancia, en ocasiones
múltiples solicitudes de información –hay casos en que ha sido necesario generar
docenas, cientos o miles de solicitudes–; y conocimientos o asesoría calificada en
el tema del asunto de que se trate.

Es un camino que, por lo general, según la naturaleza y complejidad de la


necesidad o problema que se desea resolver, no es corto, ni sencillo, ni de
resultados rápidos, y en ocasiones ni gratuitos. Aunque también hay casos
relativamente simples que en pocas semanas se concluyen de forma satisfactoria.

La primera parte de este camino consiste en el uso efectivo del derecho de acceso
a la información pública, sea mediante la información pública de oficio (publicada
en internet) o por solicitudes de información. Se trata de un proceso de varias
etapas en el que cada una presenta retos que, para algunas personas, según sus
capacidades y recursos, son pasos sencillos, pero para muchas otras representan
barreras que les impiden seguir adelante. Veamos.

El primer paso en el uso instrumental del DAIP es determinar el elemento


detonador. Es decir, identificar con la mayor claridad y precisión posible el asunto
en el que queremos incidir de manera favorable para generar un beneficio
personal, grupal o comunitario.

El siguiente paso es fundamental, pero no fácil de cumplir para cualquier persona


debido al desconocimiento general de la amplísima diversidad de la utilidad social
del DAIP. Se trata de ser capaces de visibilizar la posible vinculación que a través
de información puede haber entre el elemento detonador y su solución o
satisfacción. Es decir, ser capaces de relacionar, eslabonar, el problema con su
solución con el uso de información. Desde aquí inicia el río de cocodrilos.

Ese paso no siempre resulta sencillo. Mientras más complejo sea el problema o
necesidad a resolver se requieren de conocimientos más específicos o
especializados que permitan saber, o al menos intuir, que con determinada
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información se podrá avanzar hacia el resultado que se pretende o alcanzarlo. Se


trata de traducir el problema y la posibilidad de solución a términos de
necesidades informativas.

¿Se puede vincular el problema o necesidad con su solución gracias a


determinada información? ¿Cómo, de qué manera? ¿Con cuál información?

Si no se logra dar ese paso esencial no se podrá apreciar el sentido de usar el


DAIP, que es justo la situación en que se encuentra la mayoría de la población por
la imperceptibilidad de la utilidad de este derecho para atender problemas o
necesidades de su particular contexto social.

Por lo anterior es que antes de hablar a la sociedad de los procedimientos del


DAIP, de exhortarlo a hacer uso de la Plataforma Nacional de Transparencia, de la
autonomía y función de sus organismos garantes, de los millones de solicitudes
realizadas, etcétera, se debe iniciar por la sensibilización de la población respecto
a la amplísima utilidad social de este derecho.

Y el recurso esencial para avanzar en ese sentido son los casos de éxito, que
constituyen el contenido didáctico de mayor poder persuasivo en este campo, en
particular aquellos que corresponden al contexto social del segmento poblacional
o público meta al que nos dirigimos. Después de casi 20 años los organismos
garantes de este derecho deben de haber acompañado y documentado una muy
amplia variedad de casos de éxito en sus estados.

Una vez lograda esa sensibilización o, al menos, poder visibilizar la vinculación de


la posible solución del problema con determinada información, se habrá logrado
un avance cualitativo y resultará fácil comprender la pertinencia del uso de este
derecho (o en algunos casos del acceso a nuestra información personal) para
allegarnos de la información necesaria.

Pero no hay que perder de vista que la llave no es el DAIP, sino el conocimiento
derivado de la información específica necesaria para atender de manera adecuada
el asunto de nuestro interés; y, además, hay que saber cómo utilizarla, es decir,
tener las capacidades que exige la solución del problema o necesidad de que se
trate. El DAIP sólo es la cerrajería.

En esta etapa surgen nuevas preguntas: ¿Quién posee esa información o dónde
se encuentra? ¿Cómo se puede localizar o cómo se solicita? ¿Cómo se utiliza el
derecho de acceso a la información pública?

Para intentar solucionar asuntos complejos, como un añejo problema social, es


común que se tenga que avanzar de manera gradual en la obtención de
información, a veces de diversas instituciones o instancias –incluso de quienes
padecen el problema o necesidad– para conocer y comprender lo mejor posible el
contexto específico del asunto en cuestión, en particular sus aspectos legales e
implicaciones sociales o políticas.
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Hay que considerar que no es infrecuente que la información que se necesita no


esté disponible en internet o que en las respuestas a solicitudes se notifique que
se trata de información reservada, confidencial o inexistente, o en ocasiones no
hay respuesta.

En esos casos el proceso se alarga y dificulta porque hay que activar


procedimientos de defensa del derecho de acceso a la información pública que no
todas las personas están dispuestas a realizar por desgaste, temor,
desconocimiento o desconfianza, entre otras razones. Se trata de diversas
barreras, de diferente naturaleza, que detienen a personas usuarias del DAIP en
su intento de obtener beneficios con el auxilio de este derecho.

POST DAIP, LAS ETAPAS MÁS DESAFIANTES DEL RÍO

Quienes logran cruzar las etapas del uso del DAIP y finalmente obtienen la
información que pretendían se encontrarán ahora en la parte más desafiante del
río de cocodrilos. No son pocos quienes no pueden seguir adelante.

Dependen ahora por completo de sus capacidades y recursos para: 1)


comprender la información obtenida (transformar datos en información e
información en conocimiento), 2) identificar su potencial con relación al resultado
que se pretende, 3) saber cuál o cuáles son las aplicaciones pertinentes que es
necesario dar a la información, 4) saber ante cuáles instancias o medios y bajo
cuáles procedimientos es pertinente aplicar la información, y 5) estar en
condiciones de aplicar la información y de darle el seguimiento necesario.

No es poca cosa. Esta zona registra muchos damnificados, víctimas del río de
cocodrilos y decepcionados de la idea simplista que les vendieron del DAIP.

Se trata de un momento crítico en el que es muy alta la probabilidad de abandonar


el intento de solucionar la necesidad o el problema si las personas se encuentran
ante escenarios desconocidos o que superan sus capacidades. La buena noticia
es que utilizaron este derecho de forma efectiva; la mala, es que el problema o
necesidad que buscaban solucionar sigue intacto. Si, de suyo, el DAIP fuese un
derecho llave, todos quienes lo usaron de forma efectiva ya deberían estar
“cantando victoria”, pero no es así.

En estricto sentido, en su vertiente instrumental, el derecho de acceso a la


información pública no soluciona problemas o necesidades. Los soluciona el uso
adecuado de la información obtenida, transformada en conocimiento, y eso
requiere determinadas capacidades y acciones adicionales, según el problema o
necesidad de que se trate.

Hay casos en que ese uso adecuado es obvio o relativamente simple, como en
algunas investigaciones (periodísticas, académicas, escolares, literarias, etcétera);
pero para un gran número de problemas sociales no es así, en particular si no se
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poseen las capacidades o recursos necesarios según demande cada asunto


específico.

Este puede ser el momento más difícil para quien intente solucionar un problema o
satisfacer una necesidad, dependiendo de su complejidad. Y es también el
momento en que una persona usuaria del DAIP se puede encontrar más
confundida y necesitada de orientación o asesoría calificada, y más sola.

Pero no hay que permitir que haya personas que se decepcionen del uso del DAIP
por quedarse atrapadas en los retos mencionados. Para cada barrera debe haber
una solución. Es tarea de las entidades promotoras de la socialización para el
aprovechamiento de este derecho, los organismos garantes, generar estrategias
efectivas de solución.

Aportemos aquí algunas sugerencias para quienes se encuentren en la


encrucijada que hemos descrito.

En sentido figurado ya tenemos la llave en bruto (la información), ahora es


necesario delinearla, formarle los “dientes” (transformarla en conocimiento),
acorde a la “cerradura” del problema o necesidad a resolver y, además, saber
utilizarla de manera adecuada. Gran reto.

Conviene identificar con precisión cuál es o cuáles son las barreras que nos están
impidiendo avanzar:

A. ¿No comprendemos la información obtenida a través del DAIP?

B. ¿No identificamos cuál es su potencial con relación al resultado que


pretendemos?

C. ¿Desconocemos cuál o cuáles son las aplicaciones adecuadas que es


necesario dar a la información?

D. ¿No sabemos ante cuáles instancias o medios y bajo cuáles


procedimientos aplicar la información?

E. ¿No estamos en condiciones de realizar esos procedimientos y de darles


el seguimiento que requieren?

F. Otras barreras que pudieran surgir en estas etapas.

El primer paso es poder comprender la información obtenida porque nos permitirá


profundizar nuestro conocimiento en el contexto del asunto de nuestro interés, lo
cual ampliará nuestra visión respecto a las posibles alternativas de solución. Y
este paso lo podremos dar consiguiendo, si fuese necesaria, orientación o
asesoría calificada en el tema de ese asunto. Si ese apoyo no lo tenemos a la
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mano, con un familiar, colega o recomendado, busquémoslo en una institución de


educación superior, por ejemplo, en una universidad pública.

Los procesos grupales (talleres o seminarios) de desarrollo de capacidades para


el aprovechamiento del DAIP son espacios adecuados para que sus integrantes
se orienten y auxilien para superar algunas o todas las barreras referidas. En
particular cuando la composición del grupo cuenta con personas de distintos
perfiles profesionales o campos de experiencia. Esta función de autoayuda, a
veces con intervenciones externas, es parte de lo que llamamos “incubadora de
aprovechamientos”, de casos de éxito, y ha logrado su cometido en varias
ocasiones.

Gracias al estudio de casos del aprovechamiento del DAIP y a la asesoría en


cientos de ejercicios de diversa naturaleza en su vertiente instrumental, hemos
podido identificar aplicaciones de la información (darle valor agregado a la
información) que pueden ser de ayuda (ver esquema abajo), las cuales
describiremos con circunstancias, ejemplos y resultados en un próximo artículo.

iCoordinador de Programa Transparencia para Tod@s.


26 de enero de 2022. ethoscom@yahoo.com

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