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L.udwig Vones

SOBRE EL DEBATE DE LAS REPERCUSIONES


ECONÓMICAS Y SOCIALES DE L.A LLAMADA «CRISIS DE
LA BAJA EDAD MEDIA»
EN LOS TERRITORIOS DE LA CORONA DE ARAGÓN

Desde hace aproximadamente medio siglo se viene llevando a cabo


—siempre de manera apasionante y con creciente eficacia.......................
el conocido debate sobre los fundamentos económicos, sociales, políticos
e ideológicos de los fenómenos comprendidos en el concepto general de
«crisis de la Baja Edad Media», que indican un declive a largo plazo o al
menos son indicio de profundas transformaciones en la ordenación social
y del mundo de la Edad Media.1 Casi al margen, sin ser apenas tenido en
cuenta por este debate, se

1. Sobre la literatura acerca de la crisis de la Baja Edad Media, véase especialmente


Gratis, «Spatmittelalter» (1969), que no obstante no dedica ningún encabezamiento especial
a la discusión en España; sobre el estado actual de la investigación le la crisis en la Baja
Edad Media y sus planteamientos en general, véase Meuthen .1980). En Dufourcq y
Gautier-Dalché (1971) se encuentra una panorámica detallada ■obre la investigación socio y
económicoespiritual en España, pero también sobre el mogreso científico en otros campos
históricos entre 1948 y 1979. Dufourcq y Gau- ier-Dalché, «Royaumes» (1972); icl.,
«Naissance» (1972); id. (1973 y 1980), así tomo MacKay (1978). Los estudios económico-
históricos entre 1950 y 197G. se encentran resumidos en Feliu Monfort (1971),
desgraciadamente sólo para el territo- io catalán. La referencia a nuevas introducciones en la
problemática especial del lesarrollo económico español en 1a. Baja Edad Media está
presente en los trabajos de Dufourcq y Gautier-Dalché (1976). Voltes Bou (1980). Martín
(1976 y 1983); para la volución del pensamiento económico en España es importante
Iparraguirre (1954). ¡obre nuevas propuestas metodológicas en la historiografía española,
véase Mitre 'ernández (1979); García de Cortázar (1973 y 1982).

15. — SEIBT
226 EUROPA 1400

desarrolló en el curso de los años cineuenta un animado intercambio de


opiniones entre historiadores españoles, franceses e italianos sobre la
misma problemática. Se plantearon sobre todo las causas de la
decadencia, iniciada en el siglo xiv, del dominio aragonés- catalán sobre
el Mediterráneo2 3 —un proceso que acabó conduciendo en la Edad
Moderna a su dependencia política del poder central castellano y a la
pérdida de gran parte de su autonomía como Estado.
Jaime Vicens Vives y Fierre Vilar emprendieron como objetivo
prioritario la ordenación causal y cronológica de los fenómenos de crisis
sobre todo en Cataluña y, en particular, en su centro comercial y
económico de Barcelona? El punto de partida de todas sus reflexiones fue
la suposición —difícil de documentar en detalle— de que la alianza de
gobierno de la Corona de Aragón con su epicentro político, comercial y
financiero en Barcelona padecía «como organismo económico» desde la
segunda mitad del siglo xiv una tendencia permanente a la disolución, la
decadencia y la depresión.4 Las causas de esta evolución se buscaron en
una crisis de población, que se resolvió en una caída demográfica
documentada desde el año 1333, apodado a consecuencia del hambre mal
any primer por la historiografía catalana; 5 al contrario de lo que ha
ocurrido muchas otras veces, la investigación no ha pasado por alto que
Bernat Desclot ya hablaba hacia 1285 en su Llibre del Reí En Pere de la
pobreza y carestía de Cataluña, que en la poesía de los trovadores los
catalanes son siempre caracterizados como «pobrets e alegres» y que el
mismo Dante cantó en la Divina comedia la «avara povertá

2. Sobre la construcción del reino mediterráneo catalano-aragonés desde el siglo xni


y sobre la expansión exterior de los distintos reinos particulares, véase Shneidman (1970);
Nicolau d’Olwer (1974); Hillgarth (1975); Ubieto Arteta (1977); Lalinde Abadía (1979).
Sobre las transformaciones políticas en el Mediterráneo durante el siglo xiv, Boscolo
(1977); sobre los problemas en el seno de los territorios nucleares de Aragón, Canellas
López (1970-1971); sobre el cambio de instituciones en Cataluña, Lalinde Abadía (1970-
1971 y 1977); Martín, «Reinos hispánicos» (1966).

3. Vicens Vives (1955), Cataluña (1956); id., Trastdmares (1956); id. (1957); id.,
Manual (1967), id., Cataluña, en Obra (1967); Vicens Vives et al. (1959); Vilar (1956-1959
y 1962).
4. Véase Vicens Vives et al. (1959), y también a este respecto Ruiz Doménec (1977),
pp. 75 ss.
5. Sobre el «mal any primer» y sus consecuencias, véase Vilar (1956-1959),
pp. 5 ss., y Battle (1973), vol. I, pp. 44 ss. ;
LA CORONA DE ARAGÓN 227

di Catalogna».6 Esta tendencia que aflora por primera vez con claridad en
1333, desembocó —fortalecida por los numerosos brotes de peste que se
presentan desde 1348—7 en los primeros dolores de parto de una crisis
económica, cuyo típico síntoma, la continua devaluación de la moneda
desde 1346, condujo entre 1381 y 1383 a la quiebra de la banca de
Barcelona, seguida por la del resto de Cataluña, lo cual agravó
decisivamente la situación.8 En lo que respecta al periodo de 1380 a 1420,
Vicens Vives creyó que la decadencia económica, encasillada hasta
entonces como un fenómeno limitado, se amplió a una crisis económica
general, con sus devastadores efectos secundarios. El descenso de los
precios y las luchas por el salario hicieron de la ciudad una masa de
tensiones, que se liberaron en los amplios pogromos de 1391 y que
condujeron a la aniquilación o al menos la parálisis duradera del ramo de
la exportación,9 así como a las sublevaciones de los remenees (campesinos
vinculados a la tierra) en las regiones de estructura seño-

6. La cita de Desclot en Les quatre grans cróniques (1971), p. 534 (§ 139); la de


Dante en la Divina comedia, Paraíso VIII, 77. Sobre estas y otras citas, Pitollet (1963);
Sablonier (1971), pp. 25 ss.
7. Sobre la peste en la península Ibérica y sus repercusiones en los territorios de la
Corona de Aragón, véase Verlinden (1938); López de Meneses (1956), id., «Peste» (1959),
id., «Consecuencia» (1959); Gautier-Dalché (1962); Ubieto Arteta (1965); Santamaría
Arández, «Peste» (1969); Cabrillana (1968); Dofiate Sebastiá (1969); Cuvillier, «Societat»
(1970); Sobrequés i Callicó (1970-1971); Rubio (1979); Shirk (1981); Virgili i Colet (1979).
Biraben (1977), vol. I, pp. 389-391, señala para Barcelona y Cataluña cuarenta epidemias
hasta el fin de la Edad Media (1348, 1352, 1358, 1361, 1362, 1363, 1371, 1375, 1381, 1394,
1395, 1396, 1397, 1408, 1409, 1410, 1416, 1429, 1439, 1441, 1448, 1451, 1452, 1456, 1457,
1458, 1465, 1466, 1468, 1475, 1476, 1478, 1483, 1486, 1489, 1490, 1493, 1494, 1497,
1500). Véase una visión general sobre la problemática en Bulst (1979).
8. Entre 1381 y 1383 los bancos privados más importantes de Barcelona se fueron a la
bancarrota con las casas de finanzas de Pere Descaus, de Andreu d’Olivella, de Pere Pasqual
y de Arnau Esquerit, al igual que las empresas de Ramón Medir en Gerona y de Bartomeu
García en Perpifián. Vicens Vives (1955); Gubern (1955); Carrére (1967), vol. II, pp. 680 ss.
Para el desarrollo de la Banca en Aragón en general, Riu Riu (1979). Véase también
Madurell Marimón (1969).
9. Sobre el pogromo de 1391, véase sobre todo Wolff (1971); Batlle (1973), vol. I, pp.
104-131; Riera Sans (1977). Sobre la población judía de Barcelona durante la Baja Edad
Media, Millás Vallicrosa y Vendrell Gallostra (1967). Sobre las repercusiones de las
persecuciones de judíos en la economía de la exportación, véase Kellenbenz (1966); sobre las
pérdidas financieras para la Corona de Aragón por la ""■'da a largo plazo de los impuestos de
judíos y moros, véase Küchler (1968).
228 EUROPA 1400

rial.“ Esto intensificó los fenómenos-de depresión tanto en el comercio


como en la industria y, acompañado de una crisis política, llevó a la
pérdida de plazas comerciales, al debilitamiento del intercambio de
mercancías y, por último, a la cancelación de las actividades comerciales
propiamente dichas. Entre estos indicios se encuentra la fundación en
1401 de la Taula de Canvi de Barcelona, que por medio de la ayuda
pública quiso proporcionar una base más sólida a la ruinosa economía
monetaria; este hecho no puede ser considerado sin más como un paso
adelante en la dirección adecuada, pues la Taula reunía como banco de
depósitos tanto capital público como asimismo considerable cantidad de
capital empresarial, y la obligación de cubrir financieramente los riesgos
de las compañías debió de debilitar en general el espíritu de empresa."
Dado que el ejemplo de Barcelona fue seguido inmediatamente por
Valencia en 1407 y por Gerona —como es lógico con una demora de
algunas décadas— en 1443, fundando Taula propia, las transacciones más
arriesgadas en el mercado financiero —y con ello las empresas co-
merciales más ventajosas— pasaron paulatinamente a manos de casas
bancarias extranjeras. De este proceso se aprovecharon principalmente, a
pesar de restricciones temporales, 10 11 12 los banqueros italianos y los
mercaderes de Florencia, Venecia, Pisa, Siena, Lúea y Génova. 13 Una vez
concluida en 1412 la instauración en Barce

10. Las investigaciones de Vicens Vives (1945 y 1954) son todavía básicas para
comprender el problema de los remenees en la Baja Edad Media; Golobardes Vila (1970-
1973) procuró seguir la evolución de la pagesia de remenea desde el siglo XI. Peláez
(1981), pp. 35-41, ofrece una visión general de la investigación más reciente con especial
énfasis en el reinado de Juan II. Son dignas de atención asimismo las reflexiones de
Sobrequés i Callicó (1978 y 1980).
11. Así, Vicens Vives, Cataluña (1956), p. 22; id., Manual (1967), p. 210; Vicens
Vives et al. (1959), pp. 120 ss.
Sobre la fundación e historia de la Taula de Canvi en Barcelona, véase Usher (1931 y
1943); Wolff (1965), pp. 700-703; sobre la Taula de Canvi en Valencia y Gerona, véase
Carreres Zacarés (1957); Lapeyre (1973).
12. Sobre un error de Marina Mitjá y Vicens Vives a este respecto, véase Ferrer i
Mallol (1966), pp. 15-18; Del Treppo (1972), pp. 269 ss.
13. Sobre la política de la Corona de Aragón frente a los comerciantes italia nos en
esta época, véase Ferrer i Mallol (1966 y 1980), esp. pp. 406 ss., 412 ss. y 419 ss.; Carrére
(1967), vol. I, pp. 25 ss.; Del Treppo (1972), pp. 261 ss.
Sobre la política financiera de las casas bancarias en Cataluña, véanse los estudios
citados de Vicens Vives; Marina Mitjá ve en el hundimiento de la importante casa bancaria
de Gualbe en 1406 un acontecimiento que agravó luego la situación.
LA CORONA DE ARAGÓN 229

lona del sistema de la Taula de Canvi, que fracasó en Valencia en 1414-


1418, se aprecia en los años inmediatamente posteriores a 1420 un
apaciguamiento momentáneo del movimiento descendente de la
economía, al que no obstante sigue una fase de depresión acelerada
(1445-1455) que se precipita bruscamente en un periodo de ruina
definitiva. A esta incontrarrestable decadencia del comercio a gran
escala,14 al ocaso de las relaciones económicas internacionales en el
Mediterráneo, se contrapone en este tiempo la costosa política de
conquista orientada hacia Italia llevada a cabo por Alfonso V de Aragón,
el Magnánimo, además de la amenaza cada vez mayor de la piratería. 15
Por lo que respecta a la política interior catalana, la guerra civil de 1462 a
1472, que estuvo acompañada de despoblación, fuga de trabajadores y
decadencia urbana, representa la señal más clara del desmoronamiento del
sistema económico y social.16 Una paulatina regeneración, el Redrep del
sistema económico catalán, empezó a efectuarse a raíz de la política de
proteccionismo dirigida por Fernando II de Aragón.17 18
Gracias a Ramón d’Abadal i de Vinyals —que las hizo fructíferas en
la historia política— las tesis de Vicens Vives y Vilar encontraron pronto
cabida en la Historia de España'* dirigida por Menén- dez Pidal; de ellas
la investigación internacional centrada en el Mediterráneo tomó
especialmente la división de las fases, modifica

Véase también Melis, Aspetti (1962), pp. 237 ss., 244 ss. y 249 ss.; Ferrer i Mallol (1980).
Nos podemos hacer una idea de la importancia de los italianos en Cataluña- Aragón a
comienzos de siglo xv por lo que cuenta el rey Fernando II de Aragón el 2 de marzo de 1413
con ocasión del establecimiento de «Dret deis Ytalians»: «... de illo jure quod Florentini,
Luquenses, Senences et alii Thoschani, ac Lombardi, Pemunteces, Romanyoli et
Marchionenses, Jaunenses et Veneciani, ac multi alii Italiani, et eciam omnes subditi
naionibus jam dictis, nobis daré tenentur ...» (Archivo de la Corona de Aragón, Real
Patrimonio: Dret deis Ytalians, n.° 2.963 a 1.413, citado según Carrére (1967), vol. II, p.
581, n. 4).

14. Vilar (1956-1959), esp. pp. 35 ss., e id, (1962), vol. 1, esp. pp. 490 ss.
15. Véase sobre todo Vicens Vives (1955); Ferrer i Mallol (1968); Guiral (1980).
16. Sobre la guerra civil de 1462-1472 y sus efectos políticos y económicos, véase
sobre todo Sobrequés i Callicó, «Aspectos» (1969-1970); Sobrequés i Vidal y Sobrequés i
Callicó (1973); Peláez (1981).
17. Vicens Vives (1957); también Belenguer Cebriá (1972, 1975 y 1976); Peláez
(1981), pp. 126 ss.
18. Abadal i de Vinyals (1966).
230 EUROPA 1400

da una y otra vez.19 Pero el momento en el que las tesis de Vicens Vives y
Vilar parecieron afirmarse realmente, fue tras la publicación en 1967 por
Claude Carrére —alumna de Philippe Wolff y durante más de una década
perteneciente al círculo de Vicens Vives— de su voluminoso estudio,
construido sobre una gran base archivística, acerca de la significación de
Barcelona como centro económico de Cataluña durante la decisiva época
de 1380 a 1462, confirmando y completando brillantemente los anteriores
resultados.20 También hay que reconocer en la consolidación de estas
teorías el papel de Carmen Batlle Gallart, que aclaró enormemente las
condiciones socioeconómicas básicas y las razones de fondo de la crisis
social barcelonesa de los siglos xiv y xv, con sus marcadas
confrontaciones estamentales entre el partido de la oligarquía patricia de
la Biga, que propugnaba el liberalismo económico, y el partido
proteccionista de la Busca, más próximo al pueblo.21 Sin embargo, las
tesis de Vives-Vilar sufrieron una crítica fundamental e inusitadamente
áspera a cargo del historiador catalán José Enrique Ruiz Doménec, 22
durante un cursillo organizado en 1975 por la Universidad Autónoma de
Barcelona y el Archivo de la Corona de Aragón sobre las
transformaciones en España en la segunda mitad del siglo xiv, y en el cual
Federico Udina Martorell23 mantuvo la visión tradicional del desarrollo de
la crisis. El reproche general de Ruiz Doménec, el haber concedido escasa
atención a las relaciones comerciales en el Mediterráneo y a sus fuertes
fluctuaciones durante los siglos xiv y xv, se basó sobre todo en las
investigaciones de Federico Melis acerca de los enlaces económicos que
mantenían Génova, Pisa y Florencia en el Mediterráneo, 24 y en las de
Mario Del Treppo sobre la significación de los mercaderes catalanes en el
comercio napolitano.25 Ya Jacques Heers había puesto de relieve el efecto
de regresión

19. Por ejemplo, Renouard (1964).


20. Carrére (1967). Sobre ello, Batlle (1968); Bennassar (1968).
21. Batlle (1973). También los estudios anteriores de Batlle (1957); id., «Sindicato»
(1959); id., «Actitud» (1959); id. (1965) e id., «Intentos» (1969).
22. Ruiz Doménec (1977).
23. Udina Martorell (1977).
24. Melis, Aspetti (1962), y (1976).
25. Del Treppo (1968 y 1972). Sobre la relación de ambos trabajos entre sí, véase
Peláez (1981), p. 3; Del Treppo (1964) y en general las contribuciones correspondientes en
las Atti del Z. “ Congresso Storico Liguria-Catalogna, Ventimiglia-Bor- dighera-Albenga-
Finale-Génova, 14-19 de octubre de 1969, vol. I, Bordighera, 1974.
LA CORONA DE ARAGÓN 231

causado por las actividades comerciales genovesas y vasco-castellanas en


la actividad empresarial de Barcelona, 26 frente a lo cual Charles Verlinden
había atribuido gran importancia al comercio catalán de esclavos en
Nápoles.27 La valoración errónea de las circunstancias comerciales y
políticas en la tesis de Vicens Vives y Vilar corresponde, según Doménec,
a una simplificación injustificada del trasfondo agroeconómico; esta
simplificación originó, por una parte, que en las conclusiones se
concediera a la agricultura una importancia excesiva (en el sentido
estricto del cultivo de cereales), y por otra, que se sobrevaloraran de
forma inadmisible los problemas demográficos. 28 Al mismo tiempo,
rechazando tajantemente el modelo del ciclo demográfico endógeno que
se remonta a Malthus,29 30 Ruiz Doménec reprocha sobre todo a Vilar un
sustrato teórico arrancado de las conjeturas de Marx, Smith, Ricardo y
Mal- thus que le sedujo al intento —y aquí incluye a Vicens Vives— de
encontrar explicaciones de carácter general a partir de una base de fuentes
y conocimientos demasiado escasa? 11 En última instancia, en esta crítica
se acaba negando en general el empleo del concepto de crisis sobre
tendencias de desarrollo a largo plazo. Esforzándose en respaldar
detalladamente su rechazo a la tesis de la crisis, Ruiz Doménec resalta en
su análisis de la crisis del comercio —normalmente aceptada— la
debilidad de los métodos cuantitativos, que se han ocupado casi
exclusivamente del gran comercio legal, documentado sólo en fuentes
oficiales, mientras que han concedido un papel excesivamente limitado al
estado del pequeño comercio —reconstruido en su mayor parte de forma
fragmentaria a partir de documentos dispersos. Pero si se incluye la
microeconomía —Del Treppo habla también de mercado interno—, con
su estructura básica dotada de mayor capacidad de adaptación, no cabe
hallar en Barcelona tras 1380 síntomas de una situación de crisis, sino
que, por el contrario, se comprueba una subida constante de la fuerza
económica hasta el remado de Alfonso V (1416-1458). En cambio, en lo

26. Heers, «Commerce» (1955), «Commercio» (1955), (1961 y 1970).


27. Verlinden (1968 y 1970-1971).
28. Ruiz Doménec (1977), pp. 88 ss. y 96 ss.
29. Malthus (1977). Sobre el estado de la discusión sobre Malthus, véase Bois (1978);
Kriedte (1981), pp. 44 ss., así como Fericelli (1966).
30. Ruiz Doménec (1977), pp. 91 ss., al que Vilar reprocha una interpretación de
Marx falseada consciente o inconscientemente.
1K EUROPA: 1400;

que atañe a la valoración de la crisis.de población, el efecto de los años de


peste ha sido claramente sobrestimado. Además, las listas de hogares
elaboradas con ocasión de recaudaciones de impuestos no constituyen,
según este investigador, un fundamento sólido para investigaciones
demográficas, ya que fueron instituidas por primera vez a mediados del
siglo xiv y de manera irregular, y la cantidad dé personas que vivían
realmente en un hogar (foc) sufrían fuertes oscilaciones o bien era algo
que incluso a los mismos funcionarios contemporáneos les era difícil
averiguar con certeza.31 El retroceso de la producción agraria tal vez
habría sido condicionado también por la disminución de las importaciones
baratas. Esto, que habría debido conducir naturalmente a un alza del
comercio, se habría convertido así en un fenómeno valorado demasiado
positivamente. En igual medida, la hipotética parálisis de los negocios
habría llevado a la apertura de nuevos mercados gracias al refuerzo de las
inversiones extranjeras y de esta forma habría contribuido también a la
estabilización del comercio.32 Las objeciones de Ruiz Doménec no son
desechables —aunque analizadas a fondo sean tan poco nuevas como sus
propuestas—, pues pueden permitir llegar a resultados más claros
mediante una manera diferente de proceder —sistematización usual en la
economía nacional, permanente alumbramiento de masas de fuentes por
extensos trabajos en equipo.33
A pesar del número de investigaciones más detalladas sobre las
condiciones de producción agrarias,34 la historia de la pobla

31. Una aplicación crítica de los métodos demográficos y sus posibilidades de


rendimiento para la aclaración de la historia de la población en el territorio español se
encuentra ya en Roca Traver (1953); más en general después en Heers (1968). Una escasa
panorámica con ricos datos bibliográficos proporciona Cabestany Fort (1977). Véase en
particular Cabestany Fort (1966 y 1969); Cabestany Fort y Claramunt (1973); Cuvillier
(1969); Gabanes Pecourt (1973); Feliu Montfort (1969); Iglésies Fort (1959, 1962, 1971 y
1972); Llovet (1954-1955); Pons Guri (1963-1964); Riu Riu (1965); Sobrequés i Vidal
(1971).
Sobre la dificultad de comprobar el número de personas que tenían empleo por hogar,
véase Lindgren (1980), p. 171, y la bibliografía allí citada.
32. Ruiz Doménec (1977), pp. 108 s.s.
33. Ibid., pp. 115 ss. Sobre ello, no obstante, ya Wolff (1969).
34. En general, Camps i Arboix (1969); García de Cortázar (1975 y 1982); Lalinde
Abadía (1978); Salrach i Mares (1978). Sobre las formas de producción agrarias dentro de
los señoríos monásticos, sobre todo, para Poblet: Piquer Jover (1968), Altisent (1970), id.,
Granges (1972), id., «Nuevos datos» (1972) e id. (1974);
LA CORONA DE ARAGÓN 233

ción,35 la política impositiva, aduanera y financiera, 36 la evolución general


del comercio y la industria,37 incluyendo las alteraciones en la circulación
monetaria,38 así como los problemas de los ciclos de coyuntura y las
situaciones de cambio39 dentro del espacio económico catalano-aragonés,
hay que decir que no se ha llegado a un consenso fundamental en la
perspectiva. Apenas se ha tocado hasta ahora en la discusión un punto que
centre la crítica, puesto que la mayor parte de las exposiciones, limitadas
a menudo a un reino, parecen proceder tácitamente de estructuras
económicas homogéneas y uniformes dentro de los territorios de la
Corona de Aragón. Esto no corresponde en modo alguno a los hechos,
pues los reinos comprendidos bajo el concepto simbólico —tardíamente
refrendado por

para Santes Creus, Fort i Cogul (1964 y 1972), Cabestany Fort (1970). Sobre el estado del
dominio señorial, véase Segret y Riu Riu (1969). También Estado actual (1980), vol. II, pp.
791 ss. y 877 ss.
35. Véase n. 31, como asimismo Cuvillier (1968); sobre el desarrollo de las ciudades,
Riba y Gabarro (1972).
36. Véase sobre todo los numerosos estudios de Gual Camarena publicarlos entre
1959 y 1981 (véase la Bibliografía), así como Soldevila (1964); Martín, «Nacionalización»
(1966); Küchler (1968, 1969 y 1975); Sobrequés i Callicó, «Lleuda» (1969-1970); Sesma
Muñoz (1979); Sesma Muñoz y Líbano Zumalacárregui (1982), esp. pp. 34 ss. Véanse
también las ediciones de fuentes del notable informe bibliográfico de Hillgarth (1976-1978),
vols. I-II.
37. Sobre todo, Riu Riu (1962); Voltes Bou (1968); Freitag (1968); Bonnassie
(1975); igualmente, Col] Juliá (1965, 1968 y 1981); Martínez Gijón (1966); Noguera de
Guzmán (1967); García Sanz (1969); Chalmeta (1973), sobre la influencia árabe en el
derecho mercantil; Madurell Marimón y García Sanz (1973); Sayous (1975).
38. Véase, en general, Conde (1980); Riera Viader (1980). Sobre el comercio del
norte, Watson (1967). Sobre el comercio en el Mediterráneo, Ainaud (1965); Heers,
«Cominerce» (1955 y 1959); Manca (1966); Madurell Marimón (1966 y 1969); Madurell
Marimón y García Sanz (1973); Tramontana (1966); García Sanz (1967, 1970, 1971 y
1978); Sánchez Martínez (1970-1971); Torres Fontes (1971); Dufourcq (1975); Tangheroni
(1981), así como las actas del congreso citado en la n. 25. Sobre el comercio en el interior de
la Corona de Aragón, Carrére (1970). Sobre la participación de la nobleza en el comercio de
cereales, Cuvillier, «Noblesse» (1970). En general, Ubieto Arteta (1981). Sobre el comercio
con África, Dufourcq (1966 y 1970-1971). Sobre precios, salarios y márgenes de beneficio,
Dónate Sebastiá (1962); Dufourcq (1965). Sobre la evolución de la circulación monetaria,
Lapeyre (1961 y 1968); Mateu i Llopis (1962 y 1968). Sobre los comerciantes y sus familias
en Barcelona y Vic, Batlle (1964 y 1969); Carrére (1966); Sobrequés i Callicó (1968-1969);
Casas I-Ioms (1969-1970); Pladevall i Pont (1972).

39. Véase Ubieto Arteta (1969). Véase también Estado actual (1980), vol. II, pp. 847
ss.
234 EUROPA 1400

el derecho público— de Corona de-Aragón no sólo llevaron con holgura


una vida política propia, sino que también se fundaron sobre distintas
premisas constitucionales,40 que ocasionaron repercusiones sobre las
circunstancias económicas. La visión de Vicens Vives, Vilar y sus
seguidores, estaba, por el contrario, concentrada únicamente en Cataluña,
región que ya Charles Verlinden había caracterizado como «línea de costa
sin territorio interior», por consiguiente como excepción que no debía
generalizarse.41 El desarrollo económico de su centro, Barcelona, con sus
temporales fenómenos de crisis, ha de tratarse por lo tanto como un caso
aparte. La supresión de mercados para sus productos, fenómeno que se
aprecia de forma creciente en la Baja Edad Media,42 afectó gravemente a
la ciudad, hasta su mismo núcleo económico, sin que ésta perdiera por
ello la capacidad de regeneración. Mario Del Treppo acentúa que «la
brutal destrucción de la prosperidad económica depende de la guerra
civil».43 Una nueva investigación realizada por Uta Lind- gren sobre el
sector asistencial en Barcelona ha demostrado que es preciso inclinarse
allí «por una valoración menos pesimista del desarrollo general».44 Y la
investigación que Winfried Küchler llevó a cabo aproximándose a las
fuentes sobre la política financiera de la Corona de Aragón en el siglo xv
ha mostrado con toda claridad la dependencia de las dificultades de dinero
del Estado y su política de endeudamiento público con respecto a la
descentralización incontrarrestable y progresiva de la administración
financiera, que por su parte tenía sus raíces en un proceso cada vez más
evidente de regio- nalización, estorbo para una centralización y
unificación orgánica de la administración real.45
De forma muy llamativa, las zonas del territorio de colonización de la
Cataluña antigua divididas en señoríos territoriales —en las cuales el
dominio de la nobleza consolidó profundamente a lo largo

40. Sobre los diferentes presupuestos constitucionales en los territorios de la Corona


de Aragón, véase Wolf (1973), pp. 681-694. También Ubieto Arteta (1977).
41. Verlinden (1937-1938).
42. Lindgren (1980), pp. 158 ss.
43. Del Treppo (1972), p. 587.
44. Lindgren (1980), p. 155.
45. Küchler (1975, 1969 y 1973). Véase también, en Küchler (1975), p. 8, n. 13, la
ponderada crítica al material numérico en que se han apoyado en parte Vicens Vives,
Carrére y Suárez Fernández. También Sesma Muñoz (1979).
LA CORONA DE ARAGÓN 235

de varios siglos los lazos feudales, los derechos autónomos y las


costumbres del sistema—46 fueron alcanzadas tempranamente y con
efectos secundarios más agudos por la caída de las rentas del suelo y la
disminución de las rentas feudales. 47 Aquí las formas de organización de
la vida común fueron determinadas de manera menos flexible por las
estructuras de poder tradicionales, sobre todo tras el fin de la recesión
demográfica iniciado en el siglo xm con la roturación de nuevas tierras.
La formación y aplicación, intensificada de nuevo desde el siglo xiv, por
encima de los Usatges de los mals usos —cargas impuestas por la nobleza
propietaria a los campesinos vinculados a la tierra (remenees) para
garantizar un rendimiento ascendente y reducir el uso financiero del
excedente conseguido—, no lograron a la larga ni modificar la situación
del rendimiento ni impedir la aparición de masos ronecs y depoblados, así
como la fuga de campesinos.48 Las ciudades más grandes (Barcelona a la
cabeza) experimentaron el aumento de la presión de la población, de lo
cual, lógicamente, también se aprovechó la metrópoli catalana, con la
puesta en marcha hacia 1300 de su industria textil y la

46. Sobre el desarrollo de la estructura constitucional en Cataluña, véase Hi- nojosa


(1905); Engels (1970); Bonnassie (1975-1976), vols. I-II; Bisson (1978 y 1980); Riu Riu
(1978); Vicens Vives (1979), vols. I-II.
47. Vilar (1956-1959). Sobre procesos comparables en el este de Normandía, véase
Bois, Crise (1976) sobre la definición del concepto de renta del suelo (Grun- drenté) y renta
feudal (feudalrente), véase Abel, Agrarkrisen (1978), pp. 20 ss.
48. Los Usatges de Barcelona (por los que se regulaban las relaciones feudales y los
casos procedentes de la esfera jurídica privada) habían recibido una forma fija hacia 1140,
bajo el reinado de Ramón Berenguer IV, pero eran suplidos por las costumbres jurídicas
locales hasta que fueron erigidos en derecho fundamental de forma ampliada en 1243 y
1251, por la que se realizó una versión catalana del texto latino. Compilaciones jurídicas
suplementarias, como las Consuetudines de Lleida (Lérida, 1228), las Costums de Tortosa
(1272) y las importantes Conmemoracions de Pere Albert se insertan desde el siglo XHI en la
tradición del derecho romano. Dado que todavía falta una edición definitiva, deberían
reimprimirse las distintas redacciones, como por ejemplo Usatges (1913) y Usatges (1933).
Sobre el problema de los Usatges y sus redacciones, véase Wolf (1973), pp. 687-690, y
recientemente Bastardas i Parera (1977); sobre la evolución jurídica general en Cataluña,
Iglesia Ferreirós (1977). Sobre el restablecimiento de los mals usos —entre los que se
contaban la remensa (redimenta), la intestia, la exorchia, la cugucia, la arsia-arsina y la
firma de spolii—, véase Hinojosa (1905); Valdeavellano (1975), pp. 253 ss. Sobre el
problema de los despoblamientos en general, véase Abel (1976); para España, Cabrillana
(1965 y 1971-1972).
236 EUROPA 1400

orientación hacia otros campos del rápido auge económico. 49 Hambres y


brotes de peste agravaron la situación, aceleraron la caída de los precios
de los productos agrícolas y la subida de salarios de los trabajadores
cualificados, pero no fueron factores desencadenantes del desarrollo
general, sino que simplemente atenuaron, al igual que la alta tasa de
mortalidad en niños y jóvenes, la presión de la población y las
consecuencias de una inclinación a la contracción económica. 50 Sin
embargo, tan pronto como desfalleció la fuerza económica de la ciudad,
esto es, tan pronto como la expansión económica, necesitada de
compensación a pesar de la aplicación de los principios liberales de
comercio, se paralizó a largo plazo —en parte por la pérdida de los
mercados de venta seguros hasta entonces, en parte por la falta de
infraestructura y de actividad empresarial—,51 quedaron los problemas
demográficos (entre los cuales se incluyó una fuerte fluctuación ciudad-
campo)52 53 * fuera de control, encontrando su expresión más evidente en el
aumento de miseria del proletariado urbano y de los campesinos atados a
la tierra, para los cuales la ciudad se cerró cada vez más como mercado de
salida a sus productos. Las persecuciones de judíos fueron únicamente,
desde este punto de vista, la reacción más violenta, las primeras señales
de la posterior sublevación de los remenees y las capas sociales
representadas en la Busca; respecto a ello hay que acentuar que estos
grupos tampoco integraban una masa compacta y homogénea, sino que en
cada uno aún cabe reconocer —según la prosperidad personal y las
posibilidades de ascenso— estructuraciones sociales más finas, con la
correspondiente fragmentación de intereses.55

49. Véase Lindgren (1980), p. 158.


50. Véase sobre estas reflexiones, Helleiner (1954); Abel, Agrarkrisen (1978). pp. 53
ss. Sobre la mortandad infantil y juvenil («raortalitat deis mitjans») en Cataluña, véanse
Vilar (1956-1959), p. 6, y (1962), vol. I, p. 463; Feliu Montfor (1969) Batlle (1973), vol. I,
p. 56.
51. Especial importancia tienen a este respecto la falta de infraestructura en lí
construcción naval y en la ampliación del puerto de Barcelona. Véanse Mollat (1965)
Madurell Marimón (1968-1969); Cabestany Fort y Sobrequés i Callicó (1972); Carié re
(1967), vol. I, pp. 278-280, vol. II, pp. 895-906; Lindgren (1980), p. 161.
52. Véase Lindgren (1980), pp. 165 ss.
53. Por ejemplo, los remenees se dividieron —según la calidad del suelo y si
capacidad de rendimiento—, por una parte, en fuerzas moderadas, que estabai
fijadas principalmente en la Plana de Vic, el Empordá, el Valles y\ el Maresme, ;
LA CORONA DE ARAGÓN 237

Con todo, el extenso pogromo de 1391 no fue un fenómeno limitado a


la antigua Cataluña. La ola de persecuciones, por el contrario, tomó su
salida en Sevilla y su archidiócesis, penetró en Úbeda, Baeza, Jaén,
Muradal, Ciudad Real, Huete, Cuenca, Ori- huela y Alicante, para
dirigirse hacia Valencia, después a Alcira, Xátiva, Murviedro (Sagunto),
Tortosa, Tarragona, Mallorca (Palma), y alcanzar por fin Barcelona,
Gerona y otras ciudades del territorio de colonización de la antigua
Cataluña.* 54 Merece atención el hecho expuesto por Philippe Wolff de
que en el ámbito de la Corona de Aragón sólo se pueden constatar claras
implicaciones sociales en los alborotadores de Mallorca, Barcelona y
Gerona, mientras que en Valencia, por ejemplo, prevalecieron las
motivaciones religiosas.55 En Barcelona el movimiento degeneró
rápidamente en una revuelta contra el gobierno de la ciudad, necesitado
de reforma; en Gerona los pequeños industriales encontraron el apoyo de
los remenees que habitaban en los alrededores en su exigencia de reducir
los impuestos o bien adecuar las tasas impositivas a la propiedad real; y
en Mallorca se extendió la confrontación a un profundo conflicto entre la
ciudad y el campo.56 Cada uno de estos desórdenes debe ser considerado
como preludio de la controversia social y política posterior, que sería
sofocada violentamente por las armas.
La sublevación, motivada socialmente, no de forma absoluta, pero sí
hasta un cierto grado, de los forans mallorquines57 (campe

por otra, en elementos radicales situados en las regiones montañosas con suelos pobres que a
mediados del siglo xv constituían el núcleo del llamado Ventallats. Vicens Vives (1954).
Sobre las persecuciones de judíos como consecuencia de la peste de 1348, véase López
de Meneses, «Consecuencia» (1959).

54. Sobre ello, Wolff (1971).


55. Ibicl.
56. Sobre la necesidad de reforma en el gobierno de la ciudad en Barcelona, véase
Batlle (1973), vol. I; Ferrer i Mallol (1969). Sobre las complicadas circunstancias de
Mallorca, precisadas todavía de mayor claridad, véanse sobre todo los estudios de
Santamaría Arández (1955), «Mallorca» (1970), «Reino» (1970), (1970-1971, 1979, 1981 y
1982), así como Sobrequés i Vidal (1979).
57. También los «forans» mallorquines estaban escindidos en elementos más pobres
y por consiguiente más radicales, por un lado, y por otro en campesinos de mejor situación
(recatxats), que rechazaban las medidas violentas y no participaron en los disturbios, por lo
que tras la represión de la revuelta fueron recompensados y resarcidos igual que los
ciutadans. En cambio, los «forans» radicales estuvieron
238 EUROPA 1400

sinos vinculados a la tierra que ya -en 1391 habían participado al frente


del saqueo del cali o barrio judío) contra los ciutadans (la oligarquía
urbana propietaria) durante los años 1450-1454, corresponde no sólo al
levantamiento de los remenees catalanes y de la toma de poder por el
partido de la Busca en Barcelona (1453), sino que, sin contar con la
fijación de metas políticas coincidentes, hay que señalar los contactos
directos que hubo con las facciones barcelonesas hasta bien entrado el
siglo xiv.* 58 Tras la Reconquista, Mallorca había sido poblada en el siglo
xm, sobre todo, por gentes procedentes de Barcelona, la antigua Cataluña
y el Pirineo francés. Por ello, aunque no adoptó los mals usos, tomó en su
lugar algunas estructuras básicas de las instituciones allí dominantes, a
pesar de que no se llegó a la formación de extensos señoríos y de que fue
definiéndose política y económicamente una capa social urbana alta. 59
Con respecto al Repartimiento instaurado en 1229 —el reparto de los
derechos de posesión de la isla consignado en el Llibre del Repartiment
entre el rey y la nobleza participante en la conquista— Santiago
Sobrequés i Vidal pudo decir que éste se había llevado a cabo «muy en
consonancia con el pactismo feudal catalán».60 Los principales
beneficiados de este proceso fueron, junto al vizconde Guillem de Bearn
de la familia Moneada (Vic), el conde Nunyo Sanf de Rosellón-Cerdeña,
el conde de Empúries y los obispos de Barcelona y Gerona, 61 quienes
afianzaron el influjo catalán, mientras que los elementos musulmanes de
la población fueron reducidos desmesuradamente y arrinconados, 62 al
igual que tras la con

apoyados por pequeños artesanos e industriales. Sobrequés i Vidal (1979), pp. 233 ss.;
Salrach i Marés (1980), pp. 316 ss.; Santamaría Arández (1972-1973).
58. Sobre las relaciones entre forans, remenees y la Busca, véase ante todo Batlle,
«Actitud» (1959), y (1973), vol. I, p. 121; sobre la población judía en Mallorca durante la
Baja Edad Media, Pons (1960).
59. Véase Martín (1970-1971), p. 563; Sobrequés i Vidal (1979), pp. 15 ss. y 69 ss.;
sobre repoblación en general, Martínez Ferrando (1962); en las Baleares, véase De Moxó
(1979), pp. 327 ss.
60. Sobrequés i Vidal (1979), p. 15.
61. Santamaría Arández (1979); De Moxó (1979), p. 328; Sobrequés i Vidal (1979),
pp. 17 ss. Sobre la repoblación desde Aragón y Cataluña, véase especialmente Cateura
Bennasser (1980); Ollich i Castanyer (1980); Lladonosa i Pujol (1972), pp. 359-362, y
(1980), pp. 84 ss.
62. Sobrequés i Vidal (1979), pp. 19 ss.; Santamaría Arández (1979), pp. 130 ss.
Santamaría Arández (1970-1971), pp. 173-176, quiso constatar un recorte de la
LA CORONA DE ARAGÓN 239

quista de Menorca, colonizada asimismo por «bona gent de catalana»63 e


implicada finalmente en la rebelión de los «forans».64
En cambio, en los reinos de Aragón-Zaragoza y Valencia el proceso
de repoblación transcurrió de forma todavía mucho más compleja, pues
no se dio desde un principio la unidad religiosa de las clases bajas y, al
revés que en Mallorca, dominaron los restos de población musulmana,
que disfrutaban de un margen de autonomía considerable. 65 Además, en
Valencia sobre todo, el poder real había restringido la participación de la
antigua nobleza de Aragón en la anexión de tierra s e impedido con vigor
la consolidación inmediata de poder —y, con ello, también la
implantación del pensamiento jurídico que portaba esta nobleza. 66 En
estas regiones no se pueden destacar secuelas socioeconómicas de las
mismas características que en Cataluña y en las principales islas de las
Baleares. En Huesca y Zaragoza se pudo mantener el orden público en
1391 sin un uso extraordinario de la fuerza.67 Y aunque el rey Pedro IV de

jurisdicción señorial decisivo y determinante de la situación posterior ya desde el acuerdo de


julio de 1231 entre el rey Jaime 1 de Aragón y los «porcioneros» más significativos, que
tuvo lugar sobre la base de la carta de franquicias otorgada el 1 de marzo de 1230.
Santamaría adujo como fundamento de su afirmación que los señores quedaron limitados al
ejercicio de la jurisdicción inferior y a la designación de los bailes competentes en ella,
mientras que la jurisdicción superior así como la aplicación de castigos corporales quedó
reservada a los batles o vegueres nombrados por el rey (bailes reales foráneos-, veguers
foráneos). Sin embargo, las franquicias garantizadas por Jaime 1 se confirmaron y se
pusieron en vigor a propósito sólo tras la conquista de Ibiza bajo el mando del electo de
Tarragona, Guillem de Montgri, del infante Pedro de Portugal y del conde del Rosellón,
Nunyo San?. Significativamente, Ibiza permanece a mediados del siglo xv al margen de los
desórdenes. Véase De Moxó (1979), pp. 332-334.

63. Así Ramón Muntaner, Crónica, en Les quatre grans cróniques (1971), pp. 821 ss.
(cap. CLXXII).
64. Sobrequés i Vidal (1979), p. 235.
65. Sobre la reconquista y repoblación de Aragón-Zaragoza y Valencia, véase Burns
(1967, 1974 y 1975), además de sus numerosos estudios específicos. De Moxó (1979), pp.
297 ss. y 334 ss.
66. Sobre el desarrollo jurídico en el Reino de Valencia en una época de transición
que dura casi un siglo hasta la unificación del siglo xiv, véase Wolf (1973), pp. 691 ss., cuya
exposición, no obstante, ha de ser modificada en algunos detalles. Un factor importante
puede haber sido el exiguo poblamiento cristiano.
67. Wolff (1971). Sobre la historia y organización de la Zaragoza bajomedie- val,
véanse Beltrán, Lacarra y Canellas (1976), pp. 224-425; Falcón Pérez (1981). Igualmente,
Ledesma Rubio y Falcón Pérez (1977).
240 EUROPA 1400

Aragón, presionado por las Cortes,- había confirmado expresamente “ a la


nobleza aragonesa el ius maletractandi (esto es, el derecho ilimitado de
castigo de los señores sobre sus campesinos dependientes, incluido el
poder sobre la vida y la muerte), Manuel Jorge Aragoneses, en su
panorámica sobre los movimientos sociales de la Baja Edad Media, 68 69 70 y
de nuevo Esteban Sarasa Sánchez, en su investigación sobre los «vasallos
de servidumbre»,71’ quedaron perplejos al comprobar revueltas con
resonancia persistente dentro de Aragón-Zaragoza.71 En Valencia el
ámbito sociorreligioso de la población rural carecía de uniformidad, a
pesar del proceso de acultu- ración introducido ya por Jaime I de Aragón
y dirigido a la parte mudéjar del pueblo; 72 el elemento catalán estaba más
circunscrito a las ciudades y a los terrenos de la costa. La marcada
dependencia de la nueva nobleza valenciana con respecto del monarca
condujo, por otro lado, a un debilitamiento de los lazos que la unían con el
campo y a un menor arraigo constitucional, de tal modo que no se llegó a
formar’ una marcada jerarquía en la nobleza, determinante de la estructura
social, con su inclinación a emplear absolutamente en caso de necesidad
sus derechos, difícilmente controlables.73 Ahora apenas puede ponerse en
duda que Valencia como plaza comercial se vio afectada por los
fenómenos generales de depresión de los siglos xiv y xv con la misma
intensidad que otros centros similares. Sin embargo, la fuerza económica
de la ciudad no sufrió ni mucho menos un perjuicio tan grave, aunque
sobrevinieron bastantes dificultades.74 Las causas de una superación más
rápida y con menos complicaciones de los problemas económicos
emergentes no han de buscarse ni en un auge generalizado del comercio y
la industria durante el siglo xv ni en las intervenciones cada vez más
frecuentes de la corona en la economía urbana (como se aprecia en el
ámbito

68. Hinojosa (1905), p. 241; Sarasa Sánchez (1981), p. 144.


69. Aragoneses (1949).
70. Sarasa Sánchez, «Condición» (1979) e id. (1980).
71. Sarasa Sánchez (1981), pp. 164 ss.
72. Burns (1974); Glick (1970).
73. Véanse Burns (1975), pp. 325 ss.; Furió y García (1981).
74. Líndgren (1980), pp. 210 ss.; Háuptle-Barceló (1982). Sobre el comercio de
cereales en Valencia, véase también Maubert y Vernet (1975); Arroyo (1967). Sobre el
comercio y el vigor económico en general, Santamaría Arández (1966); Piles Ros (1969);
Romestan (1969); Ferrer Navarro (1973); Arroyo llera (1973); Guiral (1974); Hinojosa
Montalvo (1976); Belenguer Cebriá (1976).
LA CORONA DE ARAGÓN 241

del comercio de cereales),’5 ya que después de. 1451 también descendió


en Valencia el importe del arrendamiento, a la vista de la disminución en
la producción de los productos hortícolas. Ello acarreó una sensible falta
de abastecimiento,76 sin que por ello peligrara el orden social, a pesar de
los conflictos de intereses existentes entre una oligarquía y las corrientes
populares.77
Sin querer poner en duda la función de desvío que encarnaron las
minorías étnicas y religiosas en el aplacamiento a corto plazo de las
situaciones de conflictos sociales —con todo, durante ei siglo xv las
tensiones retenidas se descargaron con mayor vehemencia en forma de
desórdenes políticosociales allí donde en los siglos xni y xiv las minorías
religiosas y étnicas habían sido eliminadas casi por completo—, 78 a la
vista de los estudios elaborados hasta la fecha habría que conceder, en
intentos más amplios de explicación, un mayor peso a las estructuras
constitucionales básicas de los reinos individuales, que por estar ligadas
al territorio específico presentan a veces caracteres tan dispares.™ Por
ello, en las regiones colonizadas más tarde se aprecia un desfase frente a
las regiones marcadas por las condiciones constitucionales de la Cataluña
Vieja, cuyas causas deben buscarse en el desarrollo a largo plazo de la
historia constitucional.80
En contraste con Barcelona, la creciente presión de población en
Valencia —que se remonta a la depresión agraria y a las reacciones que
ésta desató— llegó a un punto en el que los efectos secundarios
económicos y sociales pudieron ser amortiguados. Ciudad y reino
quedaron a salvo de los daños de la guerra civil, mientras que en Cataluña
las corrientes políticas latentes desde el Compromiso

75. Hauptle-Barceló (1982).


76. Ibid. Belenguer Cebriá (1975).
77. Sobre ello Belenguer Cebriá (1976).
78. También tuvieron gran significación a este respecto las ceremonias de bautizo
generales que siguieron a los acontecimientos de 1391. Kellenbenz (1966), pp. 110 ss.;
Schulin (1981).
79. Con los modernos estudios de historia constitucional se hallan en consonancia
«los fenómenos sociales conceptualizados jurídicamente ... formas con relativa capacidad de
duración, en una palabra: estructuras», Kroeschell (1983), p. 72. También Sprandel (1983).
80. Sobre el retraso de fase en la historia constitucional del espacio europeo durante
la Edad Media Central y el adelanto que manifiesta el espacio catalán, véanse las reflexiones
de Engels (1978).

16. - SEIBT
242 EUROPA 1400

de Caspe hallaron en las agudizadas confrontaciones socioeconómicas un


suelo fértil para una polarización de la sociedad. 81 La política constructiva
de Fernando II de Aragón en la Valencia en otros tiempos tan poderosa
financieramente tuvo, al parecer, menos obstáculos en contra; no
obstante, Ernest Belenguer Cebriá ha podido mostrar recientemente que el
gobierno fernandino dañó en muchos aspectos a una ciudad que había
caído en un estado de agotamiento económico 82 y, según su opinión,
condujo a los desórdenes, casi una guerra civil, de las germanías de
1521.83 Puesto que Valencia hacia 1483 estuvo expuesta a la presión de
población más poderosa de la Baja Edad Media; 84 que en 1484 y 1503 se
desencadenaron alzas de precios por la gran escasez de trigo; 85 y que de
1486 a 1489 y en 1500 es perceptible una considerable caída de los
precios,86 esta evolución, al igual que el estallido de la rebelión de las
germanías, coincidió con la recuperación del desfase.
Como complemento a estas consideraciones se debe tratar todavía
otro aspecto del fenómeno general. En los últimos años han aumentado
las señales de que la Corona de Aragón, como organismo económico con
estructuras base heterogéneas, encontró constantemente para sus
dificultades una compensación en el marco de las relaciones económicas
que la determinaban. Los fenómenos de crisis en los distintos sectores
nunca llevaron al desmoronamiento del sistema global, ya que fueron
parciales y se dieron de forma pasajera y en intensidad variable. Así,
incluso en las situaciones extremas —en las que tan a menudo se encontró
Barcelona— es aplicable la observación de que en los tiempos de
mayores tensiones durante el siglo xv los ramos de la industria y el
comercio fueron lo suficientemente flexibles como para adaptarse a las
necesidades mudables

81. Sobre la situación de Aragón-Cataluña tras el compromiso de Caspe (1412),


véanse Sobrequés i Vidal y Sobrequés i Callicó (1973); Hillgarth (1976-1978), vol. II, pp.
239 ss. Sobre el papel de las representaciones de los estamentos, González Antón (1978),
esp. pp. 106 ss.; Sarasa Sánchez, Cortes (1979), esp. pp. 58 ss.
82. Hillgarth (1976-1978), vol. II, pp. 526 ss.
83. Véase Belenguer Cebriá (1972, 1975 y 1976), esp. pp. 96 ss. y 229 ss. Sobre los
desórdenes sociopolíticos en Valencia a comienzos del siglo xvi, véase García Cárcel
(1981); Durán (1982).
84. Hillgarth (1976-1978), vol II, p. 15.
85. Belenguer Cebriá (1975 y 1976).
86. Así Hillgarth (1976-1978), vol. II, p. 526. Pero véase también la actitud crítica en
general de Háuptle-Barceló (1982), pp. 317 ss.
LA CORONA DE ARAGÓN 243

del mercado y compensar las tendencias depresivas con su propia riqueza.


Cierto que el volumen de la economía volvió pendularmente a la situación
anterior al principio de un crecimiento negativo, pero en ningún caso
derivó a la ruina absoluta;87 y la producción se mantuvo siempre por
encima de los niveles alcanzados en el siglo xiv.
Actualmente los investigadores se adhieren con Wilhelm Abel al
concepto de estructura formulado por Hans Rosenberg y sacado de la
historia social, según el cual una estructura es «un todo compuesto de
elementos que están imbricados mutuamente y dependen recíprocamente
de tal manera que no pueden ni existir ni funcionar el uno sin el otro». 88 A
partir de esta definición se explica la tendencia de las redes económicas
complejamente estructuradas para atajar las situaciones extremas y los
desarrollos defectuosos. Los territorios de la Corona de Aragón estuvieron
sin duda inmersos en un sistema económico global, y por ello se vieron
afectados por los ciclos de coyuntura y las situaciones seculares de
cambio.89 Sin embargo, las dificultades estructurales del campo fueron
equilibradas hasta cierto punto por la artesanía y el comercio de las
ciudades; y la decadencia del comercio y la industria pudo ser atenuada al
menos por su entrelazamiento en el sistema comercial mediterráneo, como
indican los análisis de Federico Melis, Jacques Heers y Fer- nand Braudel
para los siglos xiv, xv y xvi.90 Desde esta óptica se aclara la virtualidad
del Redref. Y precisamente en este punto se hacen evidentes las
diferencias fundamentales. Mientras que en Valencia las dificultades
económicas hicieron su aparición concentrada tardíamente y pudieron
contenerse en la época fernandina sin mejoras estructurales,91 en cambio
fracasaron en Cataluña las primeras me

87. Sobre ello, Lindgren (1980), p. 163, que recurre a los resultados de Coll Julia
(1968).
88. Abel (1980), p. 129 (siguiendo a Rosenberg); Kroeschell (1983), véase, supra, la
n. 79, aporta una definición desde el punto de vista de la historia constitucional y jurídica;
una propuesta sociohistórica más fuerte es la representada por Schieder, cuando explica «que
las estructuras han de comprenderse como un elemento de relativa estabilidad en el
acontecer social y en la historia, y están en una estrecha relación con la duración; dentro de
ciertos límites, representan precisamente la duración frente al rápido cambio de los
acontecimientos», Schieder (1968), p. 169.
89. Véase sobre ello Ubieto Arteta (1969).
90. Melis (1962); Heers (1961); Braudel (1979).
91. Belenguer Cebriá (1976). Sobre las carencias de infraestructura, véase Hill- garth
(1976-1978), vol. II, pp. 15 ss.
244 EUROPA 1400

didas que se tomaron en este .sentido, ya bajo los reinados de Alfonso V y


Juan II.® El primer paso fue la solución satisfactoria del problema de los
remenees (esto es, la reforma de las estructuras constitucionales del campo
y el debilitamiento de la presión de la población) merced a la Sentencia de
Guadalupe del 21 de abril de 1486, que allanó bajo Fernando II el camino
al Redre^.n
Habría acaso que reflexionar si no sería mejor, en la descripción del
fenómeno bajomedieval de la crisis, relegar del primer plano el concepto
de desplazamiento de estructura (Strukturverschiebung) fraguado por
Abel, dado que la definición del concepto crisis de Frantiáek Graus,’ 4
cercana a la formulada por José Ortega y Gas- set, 92 93 94 95 valora en el
fondo las rupturas a corto plazo como síntomas de los desplazamientos
estructurales a largo plazo, prioritariamente en el ámbito constitucional.
Ya Ernst Pitz habló, siguiendo ios pasos de los pensamientos de Ruggiero
Romano, de una crisis estructural, o más exactamente, de un cambio de
estructura, que llevó a una forma económica «cuya productividad
empezaba a apoyarse en el capital y en las inversiones», respecto a lo cual
Pitz entendió la explotación agrícola también como bien de conjunto. 96
Una evolución semejante se puede seguir dentro de la Corona de Aragón
en Cataluña, donde el tránsito del señorío de tierras al señorío de rentas
experimentó, sobre todo en el siglo xv, una aceleración perjudicial por la
«inyección de capital burgués en el mundo señorial catalán». 97 Wilhelm
Abel se ha distanciado hace poco del concepto, introducido por él mismo
en el lenguaje científico, de crisis agraria bajomedieval y ha visto con
buenos ojos que haya

92. Peláez (1981), pp. 126 ss. y 208.


93. Sobre el Redref, Vicens Vives (1957); la Sentencia de Guadalupe, en Vicens
Vives (1978), pp, 337-355; véase también Serra (1980); Vicens Vives (1954). Sobre la
actitud de rechazo de los remenees frente a la política de recuperación del reino, véase Ferrer
i Mallo! (1970-1971), pp. 432 ss.
94. Graus (1975), p. 10: «Bajo una “crisis” yo entiendo ... quebranto (pérdida) de las
seguridades apenas discutidas antes (valores), o bien un cambio brusco de las tendencias que
hasta el momento se habían contemplado como tranquilizadoras, y de las cuales eran
conscientes (al menos de manera parcial) los contemporáneos».
95. Ortega y Gasset (1951), pp. 37 ss. Véase ya Graus, «Spatmittelalter» (1969), p.
42.
96. Pitz (1965); Romano (1963); también Lütge (1963), en cuya exposición, no
obstante, se dejan sentir algunas afirmaciones generales que ya no son sostenibles.
97. Conde y Ruiz Doménec (1973); Conde (1980), p. 658.
LA CORONA DE ARAGÓN 245

sido sustituido por la denominación de depresión agraria.’ 8 Fierre


Bonnassie, en su investigación sobre las condiciones y organización del
trabajo en Barcelona a finales del siglo xv, ha circunscrito las
transformaciones que observa preferiblemente a una «reestructuración»
que a una «crisis».” Una valoración más exacta de los desplazamientos
estructurales que suscitan tales reflexiones, presupone, sin embargo, no
sólo el estudio más extenso del comercio, la industria y las formas de
producción —a este punto pertenecen el «mercado interno» de Del
Treppo y la microeconomía de Ruiz Domé- nec—, sino también una
elucidación en pequeños espacios de las formas constitucionales y de la
realidad jurídica dentro de la historia del campo, como, a modo de
arranque (aunque de forma demasiado poco sistemática y sobrecargado
por prejuicios ideológicos) hizo Guy Bois en la zona de la Normandía
oriental.11” Cuando esto se haya acometido sobre bases más amplias, las
relaciones constitutivas de la Corona de Aragón podrán ser objeto de
comparación con. el resto de la península, 98 99 100 101 el Mediterráneo102 y
finalmente el conjunto de Europa.

98. Abel (1980), p. 7; véase también Abel, «Konjunkturen» (1978), especialmente p.


480.
99. Bonnassie (1975), p. 181.
100. Bois, Crise (1976). Sobre ello, especialmente Kriedte (1981). No obstante, la
posición propia de Kriedte está cargada de ciertas premisas teóricas unilaterales. Kriedte
(1980), pp. 9 ss. Véase asimismo Bois, «Noblesse» (1976).
101. Sobre la situación castellana, véase sobre todo Valdeón Baruque (1969), id.
(1971), id., «Tensiones» (1975), id., «Crisis» (1975 y 1979). Royer de Cardinal (1981), así
como la contribución de Engels en este volumen.
102. Wolff (1965), p. 704, concluye su ensayo de comparar entre sí la situación
financiera de Barcelona y la de Toulouse a principios del siglo xv con la afirmación: «Dos
mundos y dos mentalidades».

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