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Apuntes de Derecho penal I, 2008 Prof. M. Magdalena Ossandón W.

, Pontifica Universidad Católica


de Valparaíso

CAPÍTULO XII

EXCEPCIONES AL PRINCIPIO DE CULPABILIDAD1

I. INTRODUCCIÓN

Al hablar de principio de culpabilidad, se alude al conjunto de condiciones


de orden subjetivo que deben concurrir, en cada caso concreto, para responsabilizar
penalmente a una persona. Tales condiciones son: existencia de dolo o culpa en la
actuación del sujeto; aptitud general para conocer la ilicitud (imputabilidad);
conciencia acerca de la ilicitud del acto ejecutado; y posibilidad concreta de
actuación en una forma distinta (exigibilidad de otra conducta).
Como de acuerdo al esquema finalista de la teoría del delito, la exigencia de
dolo o culpa es un requisito que se vincula con la tipicidad, y no con la culpabilidad,
los autores prefieren hablar de principio de imputación subjetiva, en vez de
principio de culpabilidad, para abarcar todos esos elementos. Con todo, aquí
seguiremos utilizando la denominación tradicional.
Las exigencias que impone el principio de culpabilidad son, por una parte,
fundamento de la responsabilidad penal (en el sentido de que ésta sólo puede existir
a condición de que el hecho sea subjetivamente atribuible a una persona); y, por
otra parte, son también determinantes de la intensidad de la pena (a mayor
culpabilidad, mayor pena).
De este modo, se atenta contra el principio de culpabilidad cuando
simplemente se prescinde de alguna de las exigencias que él impone. Por ejemplo,
cuando se responsabiliza a una persona sin que ésta haya actuado con dolo o culpa
(por ejemplo, en una situación de caso fortuito); cuando se castiga a alguien que no
está en condiciones de captar la ilicitud de sus conductas; cuando se aplica una
pena a alguien que no tuvo conciencia acerca de la ilicitud del hecho ejecutado y
cuando se sanciona a un individuo que no estaba en condiciones de actuar en una
forma distinta. Todos estos son quebrantamientos cualitativos del principio de
culpabilidad.
Pero también se atenta contra este principio, de modo cuantitativo, cuando se
sanciona en los mismos términos a dos personas que se encuentran en situaciones
distintas respecto del grado de atribuibilidad subjetiva de su conducta. Por ejemplo:
una actuación dolosa siempre debería merecer más pena que una actuación

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Este capítulo corresponde a una versión brevemente resumida y con pequeñas modificaciones de
RODRÍGUEZ COLLAO, Luis, Apuntes de Derecho penal, 2005, pp. 151—158.

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culposa; y el error inevitable (sea de tipo o de prohibición) nunca debería


identificarse, en cuanto a sus efectos, con el error evitable.
El principio de culpabilidad es una manifestación concreta de la noción de
dignidad de la persona. Porque el imperativo de tratar al ser humano conforme a su
condición de tal, obliga a considerarlo no en un sentido mecánico, como mero
instrumento capaz de producir un resultado, sino como individuo dotado de razón,
voluntad y libertad. De modo que el solo hecho que la Constitución consagre el
principio de dignidad humana como una de las bases esenciales de la
institucionalidad, es motivo suficiente para sostener que es inconstitucional
cualquier precepto que simplemente prescinda de alguna de las exigencias que
impone el principio de culpabilidad.
En el mismo sentido apunta el que el artículo 19 Nº 3 inciso sexto de la
Constitución prohíba al legislador presumir de derecho la responsabilidad criminal,
porque cualquier disposición legal que simplemente dé por concurrente alguno de
los presupuestos de orden subjetivo de aquella forma de responsabilidad, implica, ni
más ni menos, que dar por establecido (sin posibilidad de desvirtuarlo mediante
prueba) que alguien es responsable del hecho sancionado en aquella disposición.
Si bien es claro que las exigencias cualitativas que impone el principio de
culpabilidad tienen un claro fundamento constitucional, no cabe decir lo mismo de
las exigencias de orden cuantitativo. En otras palabras, mientras puede afirmarse
categóricamente que es inconstitucional cualquier precepto legal que responsabilice
penalmente a una persona con prescindencia de alguno de los supuestos necesarios
para atribuir subjetivamente el hecho, no puede decirse que también sea
inconstitucional un precepto que gradúe la pena sin sujetarse a la gravedad de la
imputación subjetiva. Ello obedece a que la Constitución no contempla un precepto
del cual pueda deducirse un mandato que obligue al legislador a fijar la pena en
atención a ese parámetro.
Los atentados (o excepciones, como suele decirse) al principio de culpabilidad
pueden ser muy variados. Sin embargo, entre todos los atentados imaginables
estudiaremos con mayor detención sólo los más relevantes: los delitos cualificados
por el resultado, el versari in re illlicita, las hipótesis de responsabilidad objetiva y
las presunciones de responsabilidad penal.

II. DELITOS CALIFICADOS POR EL RESULTADO

Se trata de tipos en los cuales la ley prevé una conducta, la que debe ser
ejecutada dolosa o culposamente, pero en los cuales se exige, además, la
producción de un resultado respecto del cual no se contempla ninguna
exigencia de orden subjetivo. Es decir, la pena se exaspera si, a causa de la
conducta, se producen resultados más graves, aunque no hayan sido previstos y
queridos por el agente e, incluso, cuando ni siquiera fueron previsibles.

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Un sector de la doctrina estima que el ordenamiento jurídico chileno no


registra ningún caso de delito calificado por el resultado. Respecto de los tipos que
suelen proponerse como ejemplo de esta clase de delitos, opinan que el resultado
siempre es previsible por la "potencialidad de causación" de la acción ejecutada, de
modo que en todos esos casos dicho resultado puede ser imputado subjetivamente
a título de culpa.
La opinión mayoritaria, en cambio, sostiene que en nuestro país hay delitos
calificados por el resultado. A modo de ejemplo, suelen mencionarse los tipos de
secuestro (art. 141) e incendio (art. 474).
Los delitos calificados por el resultado vulneran el principio de culpabilidad,
porque si bien contemplan una conducta que ha de ser ejecutada dolosa o
culposamente, incluyen un resultado respecto del cual parece bastar con una
relación de causalidad expresada en términos objetivos. Es decir, se sanciona una
conducta en razón de que causa un resultado —que es uno de los elementos del tipo
— que no requiere estar cubierto ni por el dolo ni por la culpa del autor.
En consecuencia, los tipos que contemplan hipótesis de calificación por el
resultado, en principio, adolecen de un vicio de inconstitucionalidad —por vulnerar
el principio de culpabilidad—, y no debieran ser aplicados respecto de quien ni
siquiera estuvo en condiciones de prever la ocurrencia del resultado.
Sin embargo, si se entiende que todo el ordenamiento penal chileno está
informado por la disposición del art. 1º CP, y ésta se interpreta en el sentido de que
establece que el dolo es un elemento que se da por sobreentendido en cada uno de
los tipos2, entonces por mucho que un tipo aparezca redactado en términos que den
a entender que basta la mera "causación" de un resultado, deberíamos concluir que
este último elemento también ha de estar cubierto por el dolo para que el delito se
configure. Si se interpreta de este modo cada uno de los tipos que aparentemente
demandan la mera causación de un resultado, no se los estaría tratando como
auténticos delitos calificados por el resultado, ni se lesionaría, por ende, el principio
de culpabilidad.
No es lo mismo “delito calificado por el resultado” que “delito agravado por el
resultado”. Esta última denominación se reserva para aquellos delitos respecto de
los cuales la pena se gradúa conforme a la gravedad del resultado (por ejemplo:
lesiones, art. 397). En estos casos, sin embargo, el resultado debe estar cubierto por
el dolo (o, en su caso, por la culpa) de quien ejecuta la conducta y no constituyen
excepción al principio de culpabilidad.

III. PRINCIPIO VERSARI IN RE ILLICITA

El principio del versari in re illicita se traduce en que la persona que ejecuta


una acción ilícita debe responder por todas sus consecuencias, aunque
sean fortuitas.
2
Interpretación defendida por el prof. RODRÍGUEZ COLLAO, tal como estudiamos en su momento.

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Las dudas sobre la consagración de tal principio en el ordenamiento jurídico


chileno surgen a propósito de lo dispuesto en tres normas:
a) Art. 10 Nº 8 CP (eximente denominada "caso fortuito"): "Están exentos de
responsabili-dad penal: 8º El que con ocasión de ejecutar un acto lícito, con
la debida diligencia, causa un mal por mero accidente".
b) Art. 71 CP: "Cuando no concurran todos los requisitos que se exigen en el
caso del Nº 8 del artículo 10º para eximir de responsabilidad, se observará lo
dispuesto en el artículo 490".
c) Art. 490 CP: "El que por imprudencia temeraria ejecutare un hecho que, si
mediara malicia, constituiría un crimen o simple delito contra las personas,
será penado..."
Un examen comparativo de estas disposiciones ha dado lugar al surgimiento
de dos interpretaciones:
1. Algunos sostienen que si una persona ejecuta un acto ilícito y causa un mal
por mero accidente, faltaría uno de los requisitos exigidos por el art. 10 Nº 8
para eximir de responsabilidad. En consecuencia, de conformidad con el art.
71, debería castigarse al sujeto como autor de delito culposo con las penas
del art. 490, respecto del resultado accidental. Esta posición, obviamente,
implica sostener que el principio del versari in re illicita tiene acogida en el
ordenamiento jurídico chileno.
2. La opinión mayoritaria, en cambio, sostiene que aquel principio no tiene
consagración el derecho nacional, por las siguientes razones:
a) El art. 71 no dice que deba aplicarse la pena contemplada en el art. 490,
sino que "se observará lo dispuesto" en ese artículo. Esto quiere decir que sólo se
aplicará la penalidad del art. 490 en caso que se den los requisitos que esta
disposición exige, y entre tales requisitos está que el sujeto haya actuado con
"imprudencia temeraria".
b) Si aceptamos que siempre que falta un requisito de aquellos que exige el
art. 10 Nº 8 para eximir de responsabilidad, fuera necesario aplicar la penalidad del
art. 490, se produciría el absurdo de tener que castigar conforme a este último
artículo (es decir, como delito culposo), aunque el resultado hubiera sido querido por
el hechor (es decir, aunque hubiera dolo), ya que en este caso faltaría el tercer
requisito del art. 10 Nº 8, cual es, que el mal se haya producido "por mero
accidente".
c) El art. 492 castiga una forma de delito culposo que supone "infracción de
reglamento". En estos casos, el acto ejecutado es siempre ilícito. Si aplicáramos
literalmente los arts. 10 Nº 8 y 71, estas últimas disposiciones siempre captarían los
casos de infracción reglamentaria, con lo cual el art. 492 quedaría prácticamente sin
aplicación.
El hecho de aceptar esta segunda interpretación trae consigo las siguientes
consecuencias:

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1) Si, con motivo de ejecutar un acto lícito con la debida diligencia, se causa un
mal por mero accidente, el sujeto queda exento de responsabilidad, de
conformidad con el art. 10 Nº 8.
2) Si, con motivo de ejecutar un acto lícito sin la debida diligencia, se causa un
mal por mero accidente, se aplica la pena del art. 490, siempre que se den los
requisitos exigidos por esta disposición: que la culpa pueda ser calificada de
temeraria y que el mal causado, de mediar dolo, sea constitutivo de crimen o
simple delito contra las personas. Si faltan estos requisitos, el sujeto queda
exento de responsabilidad criminal, sin perjuicio de que seguramente tendrá
que responder civilmente, por haber ejecutado un hecho lícito que causa daño.
3) Si, con motivo de ejecutar un acto ilícito con la debida diligencia, se causa un
mal por mero accidente, no puede aplicarse la penalidad del art. 490, porque
éste exige imprudencia, lo cual es incompatible con el empleo de la debida
diligencia. En consecuencia, el sujeto queda exento de responsabilidad
respecto del resultado accidental. Lo anterior, sin perjuicio de que sí tenga que
responder por el acto ilícito, en caso de que fuere constitutivo de delito.
4) Si con motivo de ejecutar un acto ilícito sin la debida diligencia, se causa un
mal por mero accidente, hay que distinguir dos situaciones: a) si la falta de
diligencia implica imprudencia susceptible de castigarse conforme a los arts.
490 y 492 (es decir, si se dan los requisitos exigidos por estos artículos), se
aplican las penas contempladas en esas disposiciones; y b) si no se dan tales
requisitos, el sujeto queda exento de responsabilidad respecto del resultado
accidental, sin perjuicio de que sí tenga que responder por el acto ilícito
ejecutado, si éste fuere constitutivo de delito.
5) Si, con motivo de ejecutar un acto ilícito, se causa un mal querido o, al menos,
aceptado por la voluntad del agente (es decir, respecto del cual hay dolo),
deberá responder por el acto ilícito y por el resultado, en ambos casos como
hechos dolosos.

IV. HIPÓTESIS DE RESPONSABILIDAD OBJETIVA

Son casos de responsabilidad objetiva todas aquellas situaciones en las cuales


la ley prevé una sanción sin exigir la verificación de una conducta, fundándose
en el solo hecho de encontrarse el sujeto en una determinada posición o en la de
revestir una cierta calidad. Suelen mencionarse como ejemplos de esta clase de
disposiciones, aquellas que contemplan los arts. 329 inciso final y 497 CP. Estas
disposiciones son inconstitucionales, no sólo porque vulneran el principio de
culpabilidad, sino también la exigencia de que los tipos se estructuren sobre la base
de una conducta (art. 19 Nº 3 inc. final de la Constitución).
A diferencia de lo que ocurre con las hipótesis de delitos calificados por el
resultado, las disposiciones que consagran casos de responsabilidad objetiva no
pueden aplicarse ni siquiera en el evento que se compruebe dolo o culpa en la

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actuación de una persona, porque ello implicaría beneficiar injustificadamente a


quien, atendida su posición anímica, tendría que ser juzgado según un tipo
diferente. Piénsese, por ejemplo, en lo que ocurriría si se pretendiera castigar de
conformidad con el art. 497 a quien dolosamente hubiere causado perjuicios en la
propiedad ajena utilizando los medios previstos en esa disposición.

V. PRESUNCIONES DE RESPONSABILIDAD PENAL

Hace algunos años, la legislación chilena contenía diversas presunciones de


derecho de responsabilidad penal (por ejemplo, en materia de delitos aduaneros y
relativos a las quiebras). Sin embargo, a partir de la entrada en vigencia de la
Constitución de 1980, tales presunciones no tienen cabida en el ordenamiento
nacional, puesto que el artículo 19 Nº 3 inciso sexto de la Carta Fundamental
prohíbe al legislador presumir de derecho la responsabilidad penal. A partir de
entonces, la doctrina entendió que todas las presunciones que contenían las leyes
en el ámbito penal eran simplemente legales, porque esta clase de presunciones, en
estricto rigor, no viola la prohibición constitucional.
Sin embargo, a partir de abril de 1989 comenzó a regir en Chile el Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos, el cual consagra el principio
denominado de presunción de inocencia, y una disposición en el mismo sentido
contiene la Convención Americana sobre Derechos Humanos, vigente en nuestro
país a partir de enero de 1991.
Puesto que los instrumentos internacionales recién aludidos tienen una
jerarquía superior a la de las leyes ordinarias, resulta que en la actualidad no puede
el legislador presumir la culpabilidad o la responsabilidad de un individuo (porque
ello es exactamente lo contrario a presumir su inocencia) y la prohibición que
actualmente pesa sobre la autoridad legislativa cubre tanto el ámbito de las
presunciones de derecho como el de las presunciones simplemente legales.

VI. DELITOS PRETERINTENCIONALES

Ya sabemos que el aspecto subjetivo de la conducta típica puede asumir dos


formas: dolo o culpa. Los delitos dolosos son aquellos en que la persona actúa con
conocimiento y voluntad de obtener un resultado o, al menos, aceptando que éste
sobrevenga como consecuencia de la actuación; en los delitos culposos, en cambio,
se produce una lesión o daño a un bien jurídico penalmente protegido por realizar
una conducta con infracción del cuidado debido. Lo normal es que las conductas
delictivas sean ejecutadas con dolo o con culpa.
Interesa ahora destacar un tercer grupo de delitos, conocido como delitos
preterintencionales. En ellos concurren ambos elementos: un individuo ejecuta
dolosamente una conducta, pero causa un resultado más grave que aquél que se
proponía ejecutar, existiendo culpa respecto de este último. El resultado más grave

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va más allá de la intención del sujeto, y de ahí, precisamente, deriva el nombre de


esta figura.
En los delitos preterintencionales existe una progresión del mal en la misma
línea de lesión que el agente pretendía causar a la víctima, una intensificación del
daño a un mismo bien jurídico o a bienes jurídicos relacionados. De aquí que pueden
distinguirse cuatro casos concretos de delitos preterintencionales:
a) Con la voluntad de causar lesiones, se causa culposamente la muerte de la
víctima,
b) Con la voluntad de causar un aborto, se causa culposamente la muerte de la
mujer embarazada,
c) Con la voluntad de causar lesiones a una mujer embarazada, se causa
culposamente un aborto; y
d) Con la voluntad de causar lesiones de cierta gravedad, se causan
culposamente lesiones más graves que aquellas que el sujeto se proponía
inferir a la víctima.
Aunque pueda parecer lo contrario, los delitos preterintencionales no
constituyen —en principio— excepciones al principio de culpabilidad, porque en ellos
la pena se funda en la ejecución dolosa de una conducta y en la producción culposa
de un resultado. En otras palabras, hay por lo menos culpa respecto de la totalidad
de los hechos que dan lugar al castigo.

EJERCICIOS

1. ¿Porque se afirma que los tipos de secuestro (art. 141) e incendio (art.
474) corresponden a hipótesis de delitos calificados por el resultado?
2. ¿Qué diferencia existe entre, por ejemplo, el delito de secuestro del art.
141 y el delito de lesiones del art. 397 que permite afirma que uno es un delito
calificado por el resultado y el otro es un delito agravado por el resultado?
3. Reemplaza la redacción del artículo 141 de manera que claramente no
corresponda a un delito calificado por el resultado.
4. Redacta una disposición (original) que corresponda a una hipótesis de
responsabilidad objetiva.
5. Examina el artículo 343 CP e indica por qué puede afirmarse que esa
disposición corresponde a un delito preterintencional.

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