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Jesús Verdejo Valenzuela

Máster U.V. Derechos Humanos, Paz y Desarrollo Sostenible (2010 - 2011)


DERECHOS EN LA ERA GLOBAL
Prof. Dr. D. Pedro A. Talavera Fernández

Derecho a la salud y medio ambiente

Introducción

El 25 de abril de cada año, instituido desde 2007 por la 60.ª Asamblea Mundial de la Salud de la
OMS como Día Mundial del Paludismo (Malaria), ha coincidido en 2011 con el 25 aniversario del
accidente nuclear en Chernóbil (Ucrania) ocurrido en 1986. Con base en estos dos acontecimientos,
vamos a presentar un breve análisis del derecho a la salud y su relación con el medio ambiente.

Derecho a la salud

El derecho a la salud, reconocido internacionalmente en el art. 25 de la DUDH de 1948, tiene su


correlación constitucional en el art. 43 CE de 1978 que dispone en sus dos primeros apartados: 1. Se
reconoce el derecho a la protección de la salud. 2. Compete a los poderes públicos organizar y
tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios
necesarios. La Ley establecerá los derechos y deberes de todos al respecto.

No obstante, la amplísima definición adoptada por la OMS en 1948 con motivo de su asamblea
fundacional: “la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la
ausencia de afecciones o enfermedades”; ha abierto la puerta en el mundo occidental a la llamada
“medicina voluntaria o satisfactiva”, representativa de la diferencias cualitativas que representa el
derecho a la protección de la salud en los países occidentales y los que tienen un menor índice de
desarrollo humano (IDH). Internacionalmente se recoge también en el art. 12 del Pacto
Internacional de Derechos Económicos Sociales y Culturales (PIDESC), de 1966.

Pero, como ha destacado el profesor P. Talavera, es en la Convención Internacional de los


Derechos del Niño de 1989, en su art. 24, “donde de manera más extensa y pormenorizada se ha
reconocido el derecho a la salud (del niño en este caso), con uno de los textos más radicales y
comprometedores en este ámbito”.1

Tal como está incardinado en nuestro texto constitucional (art. 43) la protección a la salud no recibe
el mismo tratamiento que otros derechos fundamentales y se enmarcaría dentro de los llamados
“principios rectores” cuya protección y garantías constitucionales son muy escasas.2 Sin embargo,
sí es un derecho subjetivo positivado, en la medida en que así se ha reconocido, garantizado y
desarrollado en la legislación sanitaria vigente en España3.

1
TALAVERA, Pedro. “El derecho humano a la salud frente a las condiciones biosanitarias del planeta”, Revista
Europea de Derechos Fundamentales, núm. 12, 2008, pág. 111.
2
Ibid. pág. 122.
3
Legislación muy profusa, tanto estatal como autonómica en la línea de la desarrollada en los países de nuestro
entorno, configurando la protección a la salud en España como una de las más avanzadas del mundo aunque,
recientemente, afectada por tensiones propias del sistema en un contexto de crisis económica.

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La salud en un contexto global

Hay un cambio cualitativo basado en el progreso tecnológico en el campo del derecho de la salud.

Como destaca el profesor J. Vidal, siguiendo al sociólogo Anthony Giddens, las relaciones entre
técnica y civilización, la revolución en el campo comunicaciones y en el de la genética, suponen un
importante cambio en los paradigmas sobre el alcance del derecho a la salud.

Para A. Giddens, por la amplitud de su alcance y no estar circunscrita al ámbito económico como
generalmente sucede, “la globalización es una serie compleja de procesos y no uno sólo. (...) no está
evolucionando equitativamente, y de ninguna manera es totalmente benigna en sus consecuencias.
(...) se está descentrando cada vez más- no se encuentra bajo el control de un grupo de naciones, y
menos aún de las grandes empresas-. Sus efectos se sienten en los países occidentales tanto como en
el resto. (...) No es –al menos por el momento- un orden mundial dirigido por una voluntad humana
colectiva. Más bien está emergiendo de una manera anárquica, casual, estimulado por una mezcla
de influencias”.4

Con la tecnología y la globalización se puede conseguir que el ser humano sea valorado de forma
similar a nivel mundial. Como afirma J. Vidal se puede ir logrando un soft law no constriñente, pero
vinculante para conseguir una homogeneización del alcance protector de este derecho. En este
sentido S. Rodotà afirma que “la construcción de una “red” de convenciones, protocolos y acuerdos
que paulatinamente transferían al ámbito supranacional poderes y responsabilidades cuyo ejercicio
se consideró imposible dejar en manos de los Estados nacionales. Esta frágil trama aparece
actualmente herida por una serie de iniciativas del gobierno de EE.UU. que decidió abandonar la
perspectiva de una construcción “plural” de las instituciones del mundo, y afirmarse como único
sujeto legitimado para dictar las reglas del futuro orden mundial. Seguimos creyendo que el tejido
de una multiplicidad de instrumentos es la única vía para adelantar hoy la construcción de una
auténtica legalidad global (…). Pero una red de convenciones resulta eficaz sólo si está acompañada
de la creación de instituciones dotadas de los poderes necesarios para darle aplicación”. Por eso,
concluye S. Rodotà, el imposible poder soberano de los Estados debe substituirse por el de cortes
internacionales, de las cuales también se conocen diversos modelos, el primero entre todos ellos es
el Tribunal Penal Internacional para los crímenes contra la humanidad. 5

Hoy día nos encontramos ante un nuevo concepto de salud, ya no es ausencia de enfermedad. Como
hemos visto la OMS tiene acuñado un concepto amplísimo de salud. No obstante hay varios
componentes que hoy nos permiten objetivizar qué requisitos conformarían el derecho a la salud:
Siguiendo a J. Vidal, en primer lugar depende de la herencia, la genética y biológica del individuo.
En segundo lugar del estilo de vida personal (reunir las calorías básicas y agua necesaria para
sobrevivir). En tercer lugar de las condiciones medioambientales en sentido amplio (hoy se trata de
prevenir la enfermedad y prevenir a la población en general). Y, por último, depende del sistema de
salud del que dispone el país (tampoco funcionará si no hay una educación: otra de las caras del
cubo de Rubik de los derechos humanos6).

4
GIDDENS, Anthony. Europa en la era global. Ed. Paidós. Col. Estado y sociedad, núm. 153, Madrid, 2007.
5
RODOTÀ, Stefano. “¿Cuál derecho para el nuevo mundo?”, Revista de Derecho Privado, núm. 9. 2005.
6
Con este símil intento explicar la conexión de los derechos (las caras del cubo) y el medio ambiente (su engranaje).

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El principio de precaución.

En 2004 surgió en el derecho ambiental alemán y pasó al tratado de Maastrich y se ha aplicado


también al derecho a la salud y a todo desarrollo tecnológico que pueda producir efectos
inesperados. Por lo tanto nos encontramos ante un principio interdisciplinar. Es un fenómeno
expansivo con una relación entre ciencia y tecnología diferente a la del pasado, pero haciendo
hincapié en el principio de precaución. La sociedad del riesgo proviene no solo de la naturaleza
sino fundamentalmente de la acción del hombre. El caso de Chernóbil es paradigmático.

Tanto en el caso de la lucha contra la malaria (paludismo) como en el acceso a alimentos que reúnan
las mínimas garantías de salubridad e higiene, en las zonas afectadas por la contaminación
radiactiva como en Chernóbil o Fukushima, las capas más vulnerables de la población formadas por
la infancia y las mujeres son las que más sufren.

En el caso concreto de la malaria, la mortalidad causada por esta enfermedad parasitaria podría
reducirse significativamente de forma relativamente sencilla con la prevención, mediante el uso de
mosquiteras y antipalúdicos. Cada año se siguen produciendo unas 800.000 muertes por su causa, la
mayor parte de ellas en África. Actualmente es la tercera causa de mortalidad infantil en todo el
mundo.7 Algunos países con menor índice de desarrollo humano (IDH) como Eritrea, Madagascar o
Zambia, aun tratándose de países endémicos de la enfermedad, han logrado mediante el uso de
medidas preventivas descensos en la mortalidad de más del 50% según datos de UNICEF.

Salud y medio ambiente

El informe ‘Recursos mundiales 2000’ es un exhaustivo estudio sobre la salud y el medio ambiente
en el mundo, presentado con ocasión del nuevo mileno y realizado, como afirma P. Talavera, por
las instituciones más prestigiosas del mundo (el Instituto de Recursos Mundiales, el Programa de las
Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y
el Banco Mundial). En él se advierte del aumento de las amenazas evitables a la salud en todo el
mundo, de su estrecha relación con las condiciones medioambientales y de la imperiosa necesidad
de asegurar una atención sanitaria básica a más 1.500 millones de personas.8

Según datos recientes publicados en el último informe del PNUD sobre Desarrollo Humano9: “vivir
en un país en desarrollo es más parecido hoy a vivir en una nación desarrollada respecto de la
situación hace 40 años, o incluso hace sólo 20 años, al menos de acuerdo con estos indicadores
básicos de salud y educación. No obstante, varias naciones, principalmente en África Meridional y
la ex Unión Soviética, disminuyeron su esperanza de vida.”

En Ucrania (no sólo en la zona de Chernóbil) se ha retrocedido en esperanza de vida a niveles


anteriores a 1970.10 Mundialmente el desempleo y la pobreza se han recrudecido: 34 millones de
individuos perdieron su empleo y 64 millones más cayeron bajo la línea de pobreza de 1,25$

7
UNICEF. Datos publicados y accesibles el 24/04/2011 desde:
http://www.unicef.es/actualidad-documentacion/noticias/dia-internacional-de-la-malaria
8
RECURSOS MUNDIALES 2000. El cambio ambiental y la salud humana, WRI/ECOESPAÑA, Madrid 2000.
Informe citado por TALAVERA, Pedro, en la Revista Europea de Derechos Fundamentales, núm. 12. 2008, pág. 133.
9
KLUGMAN, Jeni et al., Informe sobre Desarrollo Humano 2010, Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo,
Ed. Mundi-Prensa (Paraninfo), Madrid, 2010, pág. 33.
10
Ibid. pág. 36.

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(dólares americanos) diarios. Esto se suma a los entre 160 millones y 200 millones que pasaron a
ser pobres a raíz del aumento del precio de los productos básicos en años anteriores.11

El Tratado de Maastrich (tratado constitutivo de la Unión Europea)12 en su artículo 21 dispone: “1.


La acción de la Unión en la escena internacional se basará en los principios que han inspirado su
creación (…) la universalidad e indivisibilidad de los derechos humanos y de las libertades
fundamentales, el respeto de la dignidad humana, los principios de igualdad y solidaridad y el
respeto de los principios de la Carta de las Naciones Unidas y del Derecho internacional”.

Y en el apdo. 2.d) del antedicho artículo dice: “[la UE definirá y ejecutará políticas y acciones con
el fin de] apoyar el desarrollo sostenible en los planos económico, social y medioambiental de los
países en desarrollo, con el objetivo fundamental de erradicar la pobreza” y en la letra f)
“contribuir a elaborar medidas internacionales de protección y mejora de la calidad del medio
ambiente y de la gestión sostenible de los recursos naturales mundiales, para lograr el desarrollo
sostenible”.

Alimentación y medio ambiente

Tratándose de casos de contaminación alimentaria provocada por los altos niveles de radiactividad
del suelo, como ocurre en las zonas afectadas por la catástrofe de Chernóbil con el Cesio-137 y
otros radionucleidos, capaces de pasar a través de la cadena alimentaria y acumularse en la leche, el
pescado, patatas... la responsabilidad de los Estados es mayor si cabe y digna de mayor reproche.13

En mayo de 1999, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de ONU, en respuesta


a la solicitud de la Cumbre de 1996, como responsable de supervisar la aplicación del PIDESC,
aprobó la Observación General 12 (considerada como la interpretación autorizada del artículo 11
del PIDESC) en la que se define con detalle el contenido del derecho a la alimentación y se
establece la obligación de los Estados a respetar, proteger, facilitar y hacer efectivo el derecho a la
alimentación. La Observación General 12 afirma que el derecho a una alimentación adecuada está
indivisiblemente relacionado a la inherente dignidad del ser humano y es indispensable para el
cumplimiento de otros derechos humanos.

En el caso concreto de Chernóbil la caída de los niveles de renta de la población de la zona,


ampliamente desalojada de las proximidades de la instalación nuclear siniestrada, están impidiendo
a sus habitantes a un acceso a alimentos adecuados para conseguir un nivel saludable de vida.

La definición de alimentación adecuada la encontramos en la interpretación que la Observación


General 12 hace, en su párrafo 6 del contenido normativo de los párrafos 1 y 2 del art. 1 del
PIDESC: “El derecho a la alimentación adecuada se ejerce cuando todo hombre, mujer o niño, ya
sea sólo o en común con otros, tiene acceso físico y económico, en todo momento, a la alimentación
adecuada o a medios para obtenerla. El derecho a la alimentación adecuada no debe interpretarse,
por consiguiente, en forma estricta o restrictiva asimilándolo a un conjunto de calorías, proteínas y
11
Ibid. pág. 88.
12
TEXTO CONSOLIDADO accesible (el 24/04/2011) desde:
http://eur-lex.europa.eu/LexUriServ/LexUriServ.do?uri=OJ:C:2008:115:0013:0045:ES:PDF
13
LABUNSKA, Irina et al., Investigación piloto de la contaminación de productos alimenticios por Cesio-137 en
zonas seleccionadas de Ucrania afectadas por la catástrofe de Chernóbil en 1986, Laboratorios de investigación de
Greenpeace, Universidad de Exeter, Exeter, Reino Unido. Madrid, 2011, pág. 9.
Informe accesible el 24/04/11 desde: http://www.greenpeace.org/espana/Global/espana/report/nuclear/informe.pdf

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otros elementos nutritivos concretos. El derecho a la alimentación adecuada tendrá que alcanzarse
progresivamente. No obstante, los Estados tienen la obligación básica de adoptar las medidas
necesarias para mitigar y aliviar el hambre tal como se dispone en el párrafo 2 del artículo 11,
incluso en caso de desastre natural o de otra índole”.

El acceso a alimentos libres de contaminación por radionucleidos reduciría considerablemente los


casos de enfermedades y dolencias causados por éstos. En este sentido, en relación a la consecución
del derecho a una alimentación adecuada, la misma Observación General 12 (párrafo 8) exige “la
disponibilidad de alimentos en cantidad y calidad necesarias para satisfacer las necesidades
alimentarias de los individuos, libres de sustancias nocivas y aceptables para una cultura
determinada” y “la accesibilidad de esos alimentos en formas que sean sostenibles y que no
dificulten el goce de otros derechos humanos”.

Por lo tanto ese acceso a la disponibilidad de alimentos en cantidad y calidad necesarias estaría
privando a la población de la zona afectada por la contaminación radiactiva de Chernóbil, no sólo
de su derecho a la alimentación sino de una adecuada protección de su salud.

Como ha destacado P. Talavera “la cuestión radica, entonces, en determinar si, a nivel planetario,
podemos hablar de la existencia de una obligación moral de los países desarrollados de garantizar
ese mínimo básico irrenunciable de protección de la salud en aquellos otros países que no disponen
de ninguna infraestructura sanitaria. En este supuesto, tal obligación dependería, como hemos
apuntado, de la existencia de un consenso global al respecto que legitimara y exigiera la adopción
de medidas por parte de los Estados. Hoy por hoy este consenso sólo puede darse, de forma
indirecta, en el seno de las organizaciones internacionales (ONU, FAO, etc.); lo cual provoca que se
vea muy diluido en medio de otro tipo de consideraciones e intereses estratégicos de los países que
las componen, a lo que se suma la dificultad de establecer acciones coercitivas en el plano del
derecho internacional”. 14

Se arguye con frecuencia que el derecho a la salud y a la alimentación, son meras declaraciones
programáticas y es cierto que para poder dotar de eficacia a la normativa internacional en la materia
hacen falta recursos económicos. Nos encontramos ante derechos de segunda generación, pero aquí
también cuenta cuál es el nivel de responsabilidad de los Estados en este caso y cómo se les podría
compeler para dotar de contenido los derechos de los que son beneficiarios los seres humanos, tal
como se dispone en el párrafo 2 del artículo 11 del PIDESC, incluso en caso de desastre natural o de
otra índole como el ocurrido en Chernóbil en 1986.

Debemos destacar aquí las tres consideraciones que el relator especial de la Comisión de Derechos
Humanos de la ONU, Paul Hunt, planteó en su informe sobre el marco normativo del que debería
dotarse al derecho a la salud. En primer lugar, señala que se trata de un derecho incluyente: debe
abarcar no sólo la atención oportuna y adecuada de la salud, sino también los determinantes
subyacentes a ella (entre los cuales señala el acceso a la educación e información adecuada). En
segundo lugar, que el derecho a la salud debe incluir la posibilidad de disfrutar de los
establecimientos, bienes y servicios necesarios, sin discriminaciones, para lograr el más alto nivel
posible de salud. En tercer lugar, señala que los establecimientos, bienes y servicios de salud,

14
Vid. Op.Cit. nota 1. págs.. 123 y 124.

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incluidos los determinantes subyacentes, deben estar disponibles y ser accesibles, aceptables y de
buena calidad. 15

Por su parte, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (CDESC), encargado del
seguimiento del Pacto (PIDESC), recogiendo las indicaciones del Informe Hunt, establece en su
Observación 14 que los cuatro componentes básicos del contenido esencial del derecho a la salud
son: la disponibilidad, la accesibilidad, la aceptabilidad y la calidad 16. Estas notas profundizarán en
conformar la disciplina de la seguridad alimentaria surgida en la década de los setenta del s. XX.

Conclusiones

Como hemos visto salud, alimentación y medio ambiente se encuentran íntimamente relacionados.
Siendo salud y alimentación derechos sociales que, desde la segunda mitad del siglo XX, se han ido
incorporando a los textos internacionales más importantes sobre derechos humanos, la salvaguarda
y protección del medio ambiente va cobrando carta de identidad al mismo nivel que los anteriores.
Supone una acción positiva, de hacer, por parte de los estados y en Europa forma parte del Tratado
constitutivo de la Unión (art. 21). Pero es que, además, por su carácter universal e indivisible de los
Derechos Humanos, proclamado en el mismo artículo 21 del Tratado de Maastrich, la observancia
de uno debe llevar correlativamente el respeto y protección del resto de derechos humanos
reconocidos internacionalmente.

Tanto el derecho a la salud como a la alimentación se encuentran plasmados en el mismo art. 25 de


la DUDH. Nos encontramos ante una misma realidad intrínsecamente unida: salud y alimentación
van de la mano. Evidentemente, tanto por su ubicación en los distintos textos estudiados, como por
su consideración ontológica, debemos interpretar que nos encontramos ante derechos que exigen,
para su cumplimiento efectivo –o al menos para la consecución de tal ideal– de una acción que no
se limite únicamente al deber de abstención del Estado y al respeto de la libertad de acción y esfera
privada de los beneficiarios de tal sujeto. Estamos ante unos derechos de segunda generación
(salud-alimentación) que, para su eficacia real precisan de infraestructuras, dotación de medios
materiales y humanos, etc., que –aunque puedan estar en parte en manos de la actividad privada–
son intrínsecamente una obligación de los Estados de proteger, en primer término, a sus nacionales
y, con vocación universal por los tratados, convenios y obligaciones internacionalmente asumidas,
al resto de seres humanos que habitan el planeta.

En un mundo globalizado como el descrito por A. Giddens, donde la mano del hombre puede tener
importantes consecuencias –positivas y negativas–, la responsabilidad de los estados es indiscutible.
Sobre todo y por ejemplo, como hemos visto, en materia medioambiental con la adopción de
políticas energéticas no limpias que conlleven un grave riesgo de contaminación. El principio de
prudencia debería entrar en juego aquí. En el caso de Chernóbil nos encontramos con
contaminación radiactiva que afecta gravemente al derecho a la salud-alimentación cuya protección
se propugna, entre otros, en el art. 25 de la DUDH y en los arts. 11 y 12 del PIDESC. Pero es que,
como si del engranaje de un cubo de Rubik se tratara, la protección medioambiental es clave para
sustentar estos dos derechos tan íntimamente relacionados.

15
Vid. Op.Cit. nota 1. Pág. 126 donde se cita: Informe A/58/427 del Relator Especial de la Comisión de Derechos
Humanos, Paul Hunt, El derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental,
presentado el 10 de octubre de 2003 por el Secretario General ante la Asamblea de las Naciones Unidas.
16
Vid. Op.Cit. nota 1. Pág. 126 donde se cita: PIDESC. Observación General 14, párrafos 43 y 44.

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