EL PAMPERO

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Hijo audaz de la llanura Y guardián de nuestro cielo, Que arrebatas en tu vuelo Cuanto empaña su hermosura...

Buenos Aires - abril de 2011

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La consigna de la hora

¡ GUERRA AL FASCISMO !
Vastas conmociones sacuden la tierra, concebida desde el siglo XVII como un poder hostil a ser quebrantado, hasta deshacer los menores corpúsculos de su vida nutricia y convertirlos en energía al servicio de una minoría reservada y cruel, dispuesta a todo para alcanzar –eso creen– lo señalado en aquella ilusoria y desquiciante promesa: “Seréis como dioses”. Al punto de que los espacios terrígenos les son insuficientes; ahora necesitan así los de nuestro sistema planetario o los galácticos, como los ínfimos y evanescentes de la física atómica o la microbiología. Entretanto la corteza terrestre es sacudida, con desbordes de los mares y devastadoras consecuencias. ¿Por qué? O porque la tierra misma se defiende de sus depredadores, según aquella némesis retributiva señalada por los antiguos mitos; o porque están en plena operación, en manos de la élite mundialista, las armas telúricas sobre las que Orwell alertaba hacia 1947 en su famosa novela. Aunque lo prudente sería pensar en la común concurrencia de ambos motivos. Hasta aquí el nivel de la Natura, objeto de preocupaciones ecológicas, prisioneras en general de una tesitura moralizante o lacrimógena, cuya falta de profundidad y de conciencia trágica permite sean pulsionadas para utilidad de los mismos avasalladores que pretenden combatir. Por encima está el nivel del hombre como tal, que despunta sobre las categorías naturales y orienta las imprevisibles secuencias de cultura e historia. Pues no debemos olvidar que Einstein, uno de los santones propuestos por los señores del mundo a la adoración masiva, aseguraba que por tamaña fuese la presión necesaria para quebrantar un átomo y apoderarse de su tremenda energía, tanto más poderosa la necesaria para otro tanto con un “prejuicio”. Que así denominan estos depredadores a los fundamentos semánticos tradicionalmente instalados en la convivencia de los humanos y de sus estirpes fundadoras. El “prejuicio” político: las naciones Hay prejuicios de diversa categoría. Unos presiden las convivencias familiares. Otros diferencian y custodian la densidad espiritual de las lenguas, los pueblos y razas o alientan protectores ordenamientos jurídicos e institucionales. Y están los estrictamente políticos, como los que inspiran la fundación y perduración de las naciones, herederas de acervos ancestrales cuya vigencia –conviene recordarlo– ha merecido y merece de parte de tantos el sacrificio de sus bienes, de la vida incluso. Porque las naciones y sus Estados, objeto preferente de los ataques mundialistas, en virtud de su insondable vínculo con un pedazo de tierra, configuran ceñidos espacios donde las tensiones raciales, sociales, religiosas concurren en convivencia razonablemente equilibrada o enriquecedora. Pero no bien se debilita el vínculo territorial –entre nosotros, legado remoto de Roma y su Imperio–, las diferencias de razas, estamentos sociales y lingüísticos o pertenencias confesionales comienzan a estallar. Incomparablemente más violento que el de los átomos en la fisión nuclear, este humano estallido es el

EN ESTE NUMERO
Vargas Llosa, periodista siervo Brzezinski y las revoluciones árabes Eduardo Nicol: Prefacio del temor Leo Strauss: Filosofía política Bicentenarios americanos Mauro Disandro ✝

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que los amos de la globalización o global-invasión prefieren. Pues las energías salvajes que allí se liberan son orientadas por ellos, a través de dialécticas pulsiones, a la consolidación del todo-poderoso dios intramundano de los nómades. Cuando son aniquiladas las naciones, espacio protector de la vida raigal y sedentaria, 1 somos entregados pues al vértigo de las tensiones volátiles, desubstanciadas, imaginarias, por donde fluye la más pavorosa de las tiranías, la de los hombres lobos para el hombre sin arraigos. Sedentarios y nómades Tales las naciones sobre todo en Europa de las patrias, en algún momento efectivamente realizadas, y luego en América de las patrias –en especial en América románica– donde siguen siendo ardorosa expectativa nunca llegada a su concreción espléndida. Pues las naciones ocupan hoy la tierra entera. Pero unas surgieron de decisiones consecuentes con el reclamo ancestral de su historia, como las americanas a partir de nuestra terrible Guerra de la Independencia. Otras de manipulaciones imperialistas ocasionalmente interesadas en reunir, bajo coloridas banderas y frágiles estatutos jurídico-políticos, tribus y pueblos que poco tienen que ver con eso. Entre ellas, en buena medida, las de pueblos de raíz lingüística semita, como árabes y judíos, cuyo nomadismo ancestral los mantiene ajenos a todo arraigo irrenunciable. Para los planes sinárquicos de dominio sin fronteras, el principal prejuicio político-cultural a disolver son sin duda las naciones de raigambre probada. Pero en los Balcanes europeos, el Asia sur-central (Balcanes asiáticos, según Brzezinski), 2 en Medio Oriente o el continente africano, las otras proveen un modelo de vertiginosa movilidad que, conmociones y matanzas mediante, presiona sobre las primeras como anticipándoles su destino. Tal el principal motivo de las guerras acotadas, promovidas por las magistraturas políticas y religiosas, el Vaticano entre ellas, que recalientan los oídos de una humanidad masivamente reblandecida con acariciadoras promesas de paz. Para eso, exaltar las democracias actuales –por especialmente dóciles a las pulsiones mundialistas–, encarecer los derechos humanos y perseguir delitos de lesa humanidad es de inexagerable importancia operativa, 3 recrudecida ante todo después de la Se-

gunda Guerra Mundial y luego con el derrumbe, a partir de 1989, del bloque soviético. De allí que stalinismo y fascismo, éste sobre todo, sean tan denostados como remanentes de un pasado a extinguir para que advenga la humanitaria paz de los “sensatos”, o sea la paz de los lobos. Pero la presión de esta constelación semántica, es fundamental para que los prejuicios exploten. Los conflictos árabes Vayamos a los sacudimientos arábigos. Gobiernos fuertes, buenos o malos, pero cuyo rigor mantenía la precaria unidad nacional de las poblaciones bajo su mando, fueron allí promovidos por las potencias occidentales que con más empeño y recursos sirven a los planes mundialistas. Pero ellas descubrieron de pronto que sus antes protegidos vulneraban inaceptablemente la globalinvasora constelación semántica aludida. En suma, que no eran sino solapados remanentes de un fascismo atroz. Y comenzaron también allí las revoluciones coloridas, para las cuales tan operativas son las organizaciones nogubernamentales y las confesiones religiosas encargadas, por el mundialismo, de velar por democráticos derechos humanos y leso-delitos contra ellos. Sólo que para acelerar todo esto era preciso desalojar fieros halcones como Bush, y sustituirlos por simpáticas palomas como Obama, el guantanamero, enseguida galardonado por eso con sinárquico premio en homenaje a la paz (la de los misiles, como a la vista queda). La avidez de petróleo, acuíferos, espacios para bases militares o cultivo de plantas alucinógenas tiene en los recientes acontecimientos su importancia. Pero no explica todo. Porque el pasaje de tales recursos a menos manos se subordina siempre al objetivo esencial: consolidar un único poder político-religioso sobre la humanidad entera, homogeneizada por la aniquilación, entre otros, de sus afincamientos nacionales. Y a eso apuntan estallidos como los árabes de ahora, cuyas ondas se expanden en tantas direcciones. Otras páginas de este número dan cuenta de algunas. Nos restringiremos aquí a sus efectos sobre las naciones europeas más antiguas e Irán, donde ciertas lenguas indoeuropeas (el farsi o persa es una de ellas) y el sedentarismo consecuente, las convierten, por corrompidos que algunos de sus pueblos o gobiernos estén, en escollo para los embates nómades. Ya la inteligencia británica supo implementar, caso

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Lawrence de Arabia, el nómade belicismo de los árabes zás–, contra los pueblos y naciones europeos. La puerta para deshacer al Imperio Otomano y establecer, dentro de los Balcanes está abierta, el pleno ingreso de Turquía de los que habían sido sus territorios, el Estado de Israel a la Unión Europea es inminente, la guerrilla kosovar o y el pavoroso e inacabable conflicto de éste con sus arálos asientos de tanta población árabe en la Europa occibigos e islámicos vecinos, ferozmente desalojados. Pero dental son una avanzada no desdeñable. La historia áraa esto lo acompañó una “descolonización”, que afectó y be de muchos siglos lo respalda: los señores del mundo cuentan con eso. Y éste es uno de los grandes conflictos sigue afectando a toda África también. que, señalaba Soloviev a fin del siglo XIX, debe preluPorque los colonizadores europeos no dejaron de codiar la instalación del gobierno mundial único que las meter allí sus tropelías. Pero también llevaron poblalogias añoran. ción que se afincó firmemente, inafectada por enconos 2. Sobre la revolución de color ya advertía Spengler étnicos, tribales o confesionales y con cierta eficacia para hace casi un siglo. Pero justificables o no, las sublevaponerles límites. Salvo que las decisiones sinárquicas prociones raciales de hoy no son motoras de este afincamienpura espontaneidad, sino deto necesitaron que los encolicado instrumento al servicio nos volvieran a emerger. Crede los racistas que conducen cieron por eso, en cada terrila global-invasión. Pues así torio, organizaciones de “libe4 como los pueblos tendrían ración”, que con armas y fique abandonar la radicación nanciación mundialistas vertelúrico-nacional que los sintieron primero sangre colonigulariza, también cada raza zadora, luego las propias, en las modalidades espirituales a matanzas que se reanudan, Ahmadineyad en amigable gesto con sonrientes rabinos que sus sangres las predispocada vez que los globalizadohostiles al Estado de Israel nen. De allí el melting-pot, res las incitan, a menudo con que procura el debilitamiento biopsíquico de todas, pero apoyo de ejércitos extranjeros: ayer los cubanos de Gueen especial de las indoeuropeas, y su fusión en una sola vara; hoy misiles u operaciones de inteligencia de Yanraza masificada y sin aspiraciones, de la que deben ser quilandia y sus aliados, con el apoyo de Human Rights cuidadosamente excluidos sólo los electos. Pero si los Watch, o sea, con Humanos Derechos de por medio. movimientos migratorios arábigos y sub-saharianos, aceLos objetivos lerados por las convulsiones aludidas, proveen una caEn este panorama se perfilan los objetivos puntuales de becera de puente importante, también aportan a la dilas operaciones arábigas de hoy. Vislumbramos tres: bélución racial ansiada. lico-político, racial y religioso. 3. Las conmociones nacional y racial se compaginan 1. Lejos de querer proteger la población civil, la incon la religioso-semántica. La divino-humanidad, protervención militar “humanitaria” de los global-invasopia del clasicismo greco-romano o del cristianismo orires en el norte africano o el Medio Oriente busca exasginario, yace tan hondo en las raíces europeas que siglos perarlos como en los Balcanes, Irak, Afganistán. Pero el de dilución allí no han terminado de arrancarlas. Cabeobjetivo inmediato es Irán, la nación islámica, no áraza de esta dilución es el judeo-cristianismo, operante be, políticamente más clara y sedentaria. Pues las dividentro de las confesiones cristianas reformadas o la rosiones y los reagrupamientos árabes desatados buscan mano-católica. Y esta reinterpretación semántica busca penetrar en las teocráticas autoridades iraníes, para estanto la extinción de cualquier vestigio de divino-hucindirlas al respecto y así debilitarlas o desalojarlas. ¿Será manidad subsistente, como su sustitución por la hunecesario para esto reducir Israel a una mínima expremano-divinidad del todopoderoso dios intramundano 5 sión? Es posible, porque los pueblos árabes así dinaque la global-invasión anuncia. Pero el Dios único del mizados, libres ya de la prudencia iraní, podrían ser diIslam o de los judíos excluye toda posibilidad de trinirigidos, bajo alguna conducción confiable –la turca quitarismo y divino-humanidad congruente. Y puede ser
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por eso eficaz aliado para la dilución-sustitución que el judeo-cristianismo propone. De aquí la aspiración del falso ecumenismo promovido por la iglesia romana, en particular después del último concilio: unir por lo pronto las religiones monoteístas (judía, islámica y judeocristiana) en adoración universal a ese inmanente dios todo-poder. Este conflicto llega al espacio geopolítico para configurar dos polos convergentes. (A) Las potencias occidentales descargan sobre árabes e islámicos las atrocidades de sus misiles y ejércitos o de su inicuo apoyo a la insolencia y crueldad israelí. Pero no en nombre del judeo-cristianismo que tal “cruzada” promueve, sino sugiriendo el del cristianismo divino-humano auténtico. (B) La más que justificable reacción islámica no apunta entonces contra la tiránica humano-divinidad judeocristiana que eso inspira, sino contra la divino-humanidad adorable que el judeo-cristianismo sinárquico les sugiere sólo para mejor terminar de disolverla. Pues la presión arábigo-islámica sobre Europa es pulsionada así para que culmine la obra de odio y disolución religioso-cultural que el judeo-cristianismo siglos hace persigue. 6 Y todo en medio de la inopia de los propios cristianos, paralizados por su burguesa comodidad, su apolítica incultura, por la monserga eticista de los derechos humanos que los hace tan dóciles al avance de esta maniobra sutil. Aunque hay quizás en la conducción iraní quienes algo columbran de ella. Y por eso les urge tanto eliminarlos. La proyección americana Si por ahora las operaciones misilísticas o los ejércitos de ocupación parecen relegados en América románica, no por eso dejan de ser una amenaza operativa, camuflada como lucha contra el terrorismo, la corrupción, la droga, el denostado populismo, la preservación jurídico-mediática de humanos y democráticos derechos. Odio racial y clausura lingüística lucen en cambio en abierta expansión dentro de un indigenismo 7 cuya ética, prestigiada como no discriminación o resarcimiento por reales o imaginarias injusticias pasadas, es excelente máscara para la codicia mundialista y clerical de nuestros bienes, tan hostil a la soberanía que custodia nuestra integridad territorial como a las gestas históricas que la posibilitaron. Pero aún más hostil a la emersión de un humanismo cultural y político y una educa-

ción que haga libres de verdad a nuestros pueblos, a los indígenas también por cierto. En fin, el judeo-cristianismo tiene aquí prosapia. Pues enquistado desde la conquista, en especial dentro de los estamentos eclesiásticos, su ancestral resentimiento judaico contra la obra estrictamente política de la corona o de nuestras repúblicas sigue operando, en nombre de la ética, para acelerar, desde el lado de los obispos, la aniquilación de nuestros débiles Estados. Y si con su tesitura ecumenista expande oscuras confusiones religioso-políticas que permiten a la global-invasión popularizarse, con su tesitura falsamente tradicional prefiere en cambio el rigor que somete la Fe para convertirla en ciego, obediente y estéril privilegio de clase. No extraña entonces que las llamadas ciencias sociales puedan insistir tanto en que las naciones de América románica, lejos de ser obra fundacional para nuestro arraigo definitivo, son mero discurso sustituible por otros, en trasiego sin fin que bien se compagina con la adoración al nómade todo-poder del dios global. Y no sorprende tampoco nuestra creciente sumisión institucional o jurídica a instancias supra-estatales, y por eso más proclives a ese dios, que se supone defenderán mejor a los individuos contra injusticias y crímenes repugnantes, invariablemente del Estado por supuesto. Pero si la guerra contra el fascismo, en pleno desarrollo también entre nosotros, responde en sus líneas generales a este perfil, en Argentina asume características singulares. El “fascismo” argentino Por si el odio oligárquico ostensible en nuestra historia no fuera suficiente, La Nación, cloaca periodística para todos los miasmas de la vida nacional, tituló Peronismo, la emulación del fascismo nada menos que a su editorial dominical del 13 de febrero pasado. En el acápite asegura que, desde izquierda o derecha, el único recurso político que el peronismo sabe esgrimir es la violencia. La larga serie de insultos subsiguiente no deja duda: para que la guerra mundialista contra el fascismo se aquerencie entre nosotros, hay que terminar con la lacra peronista de una buena vez. Justamente porque eso significa acabar, por extinción o por embotamiento, con lo que resta de pueblo argentino, con lo mejor de las instituciones nacionales y con su aborrecido Estado, gracias a Perón capaz en su momento de preservarnos de la putrefacción más deletérea esparcida hacia el entero

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mundo por los global-invasores victoriosos en la última guerra mundial. Pero el 27 de marzo volvió la cloaca sobre el tema para deslizar, entre otros nombres peronistas, el de “un católico tradicionalista como Carlos Disandro”. Curioso. No recordamos menciones anteriores de nuestro maestro en el pasquín de marras. ¿Por qué ahora, ¡en editorial dominical otra vez! y en pleno recrudecimiento de la guerra aludida? Repasemos ciertos detalles. En octubre pasado realizó la C.G.T. en un estadio capitalino un acto sin organizaciones de piqueteros o marginados, activistas derecho-humanistoides, ni madres, abuelas o hijos de imaginarios o reales desaparecidos. Substancialmente sólo trabajadores y gremios, en multitudinaria concurrencia, a la vieja y noble usanza de los tiempos del General, con presencia de la presidente y su marido Néstor Kirchner, aún con vida entonces. Eso bastó para que a la siguiente semana recrudeciera el odio a niveles descomunales. De los principales males del país pasaron a ser poco menos que exclusivos responsables la central sindical y Hugo Moyano, su autoridad máxima. Detonante fue un tiroteo de ferroviarios, supuestamente por razones laborales. Pero el secretario general del gremio implicado registra un pasado en la C.G.T. disidente de Ongaro, aliado en su momento del terrorismo clerical-montonero-marxista, y enemigo por ende de la central obrera dirigida por Rucci, fiel seguidora de la estrategia de Perón; o sea, enemigo entonces de la misma C.G.T. que conduce Moyano ahora. ¿Casualidad? Enfrentaron ese día a los gremialistas miembros de una agrupación troskoide, rigurosa opositora al actual gobierno, cuyos escasos pero bien adiestrados y mejor financiados adherentes vienen realizando desde hace tiempo reiterados destrozos y provocaciones en lugares claves: colegios, universidades, municipalidades, medios de transporte, vía pública, etc. Bien. La Nación –invariablemente– se refiere a éstos como militantes, y a los gremiales como patotas. ¿Otra casualidad? A este odio se suman en masa los demás medios y los voceros de la oposición –también de la que dice renovar el peronismo–, guiados de un modo u otro por el “cardenal” Bergoglio, jesuita ex promotor de guerrilleros y hoy cabeza visible de los obispos argentinos. 8 Tal como izquierda y derecha en pleno también se aliaron, en 1945, para impedir el advenimiento del gobierno de Perón, o en 1955, con total apoyo eclesiástico ya, para

precipitar su caída. Por más de seis décadas, con sus persecuciones y crisis, la C.G.T., legado institucional del general, sostuvo el reclamo trabajador dentro de un prudente equilibrio entre los actores económicos, para que la producción nacional no sufriera; supo defender la soberanía del país y, cuando Rucci, lo hizo ejemplarmente; sus gremios incorporaron trabajadores de todos los niveles y transmitieron conciencia y capacidad políticas a los más humildes. Esto es lo que la recrudecida guerra al fascismo quiere destruir, a riesgo de que la vida económico-social argentina se torne ingobernable. Pues si fuera así, tanto mejor, para más pronto acabar con una nación fascista que profundamente desprecian. Pero si en 1945 y 1955 los aliados contra el peronismo y sus instituciones sólo fueron opositores, a la guerra de hoy –en apariencia contra Moyano por corrupto y piantavotos, en verdad contra la C.G.T. y lo que ella implica– se añaden, sobre todo tras la muerte de Kirchner, importantes sectores “progresistas” del mismo oficialismo que en nombre del peronismo gobierna. Sin palabras. Salvo que esta conjunción oficialista-opositora, alimentada de resentimiento clasista contra los trabajadores, dispone además de otras armas, como la judicial. Persecusión y juicios Apenas si mencionaremos el fallo de la Corte Suprema del 11 de noviembre de 2008, que alienta la llamada libertad sindical, sólo para terminar con la C.G.T., y el fascismo del caso. Pero que se basó en dictamen del oficialista procurador general, uno de los ex ministros de Cámpora expresamente repudiados por Perón. ¿Nueva casualidad? Dado que en otras entregas ya lo hicimos, 9 tampoco detendremos nuestro análisis en los delitos de lesa humanidad, figura penal introducida ilegítimamente en nuestro derecho que, bajo pretexto de castigar crímenes, horrendos por cierto, del último gobierno militar, apunta en verdad a lesionar gravemente la soberanía misma de nuestra Nación y Estado. Más interesan los intentos de ampliar su aplicación también a los terroristas de los ‘70. Pues ello sólo podría conseguir en definitiva que más sectores de nuestra población se encuadren detrás de esta figura espúrea y acompañen alegre e irresponsablemente la disolución

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nacional buscada con ella. Pero con embates judiciales contra la C.G.T. y sus autoridades no alcanza. Necesario es arramblar además con quienes en los ‘70 afrontaron doctrinalmente el avance guerrillero dentro del movimiento nacional. ¿Será por eso que La Nación se da ahora por enterada de la existencia de Carlos Disandro? Para que el peronismo quede extinguido, hay que perseguir, encarcelar si es posible, anular en todo caso a los que lo acompañaron en su valiente tarea de esclarecimiento, fueron capaces de entender aquella siniestra maniobra y enfrentaron sin miedo la violencia con que se la propuso. Por eso la global-invasión exige la aplicación cada vez más amplia de esta figura leso-humanitaria, que convierte en imprescriptibles reales o supuestos delitos vetustos, irremisiblemente prescriptos para el derecho nacional. Reflexiones finales Desde el avasallamiento de la Naturaleza entrañable, hemos pasado al de los principios que bendicen la convivencia firme entre los hombres. Ubicamos entre ellos el arraigo de las naciones y desenmascaramos el pútrido designio de exterminarlas para quedarse con su fuerza promotora. Buscamos comprender desde allí lo que hoy estremece a pueblos y naciones árabes, con sus ondas expansivas hacia Europa o el Irán, para cumplir con los objetivos bélicos, políticos, raciales, religiosos de tanta violencia concentrada. Y llegando por fin a nuestra América pudimos auscultar cómo la virulencia de esta guerra sinárquica se traduce en general en ella y en particular en Argentina. Porque el supuesto fascismo que pretende arrancarse, para que el estallido consiguiente de la nación le haga lugar al nómade todo-poder divinizado, se llama aquí peronismo, se concentra en sus instituciones más acendradas, en sus dirigentes más eficaces, en lo más noble y decidido de su pueblo, en la capacidad de los mejores de sus cuadros para pensar y pelear. La guerra política, mediática, judicial contra él está desatada,
NOTAS Sólo remiten a otros números de nuestra publicación que permiten profundizar lo analizado.
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en nombre de la ética –la de los clérigos global-invasores, por supuesto–, desde todos los sectores de la oposición, desde decisorios enclaves del oficialismo. Pero invocar derechos humanos y extender la aplicación de la figura jurídica de leso humanidad es una herramienta imprescindible para eso. Y en semejante panorama la estrategia defensiva de la C.G.T., cualesquiera sean sus defectos, sigue destacando su sensatez. Sombrío recorrido entonces, por estaciones cuya pesadumbre no consigue empero agobiarnos. Pues clara fue, creemos, su premisa orientadora. Pero también suficientemente elástica. En cada nivel quizás pudo eludir por eso el rigor acumulativo de un descenso mecánico, y abrir en cambio alusiones meditativas que señalaran con alguna justeza cada perfil peculiar. Crece con ello en la mente, en el alma, en el discurso una rítmica instancia pensativa, capaz de asumir cualquier agobio y de trascenderlo. Sólo que para que este ritmo se nos dé, antes el corazón debe estar libre. Si pesa la semántica que tanto enemigo diestro deposita en él, pensar, verdaderamente pensar, ya no es posible. Y las secuencias lógicas terminan en errores lamentables. Pensemos pues, libremos los corazones de grávidos detritus que los aplanan. Porque eso necesita nuestra América, pensar y luego obrar audazmente en consecuencia. Que así la Independencia añorada comienza a convertirse en realidad.

LA DIRECCIÓN

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Nº 15: Patria, cultura y nomadismo global. Nº 5: Interviniendo en el corazón de Eurasia. 3 Nº 21: Derechos humanos y Comunidad Organizada. 4 Nº 15: ONGs y sociedad civil contra nación y Estado: Mozambique.

Nº 7: El Islam e Israel en la guerra global. Nº 12: Los atentados de Londres y el Islam desde una perspectiva americana; Nº 14: Ratzinger o la destrucción de Europa. 7 Nº 20: Para orientarnos 8 Nº 21: Dos casos urticantes: Timerman y Bergoglio. 9 Nº 15: ¿Delitos de lesa humanidad o soberanía nacional?; Nº 18: Lesa humanidad y lesa patria y Los juicios a Isabel Perón; Nº 21: Lesa humanidad: precisiones necesarias.

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