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Revista de la Facultad de Investigaciones de la ESAP –Derechos Humanos– No. 54 • Primer Semestre 2005

Escuela Superior de Administración Pública


novaetvetera
Revista de la Facultad de Investigaciones
de la ESAP –Derechos Humanos–
No. 54 • Primer Semestre 2005

Escuela Superior de Administración Pública

Mauricio Arias Arango


DIRECTOR NACIONAL
Jaime Alberto Duque Casas
SUBDIRECTOR ACADÉMICO

Myriam Velásquez Bustos


DECANA DE LA FACULTAD DE INVESTIGACIONES
EDITOR
David Suárez Rivero

COORDINACIÓN EDITORIAL
Maribel Garzón Martínez

COMITÉ EDITORIAL
Myriam Velásquez Bustos
David Suárez Rivero
Helga Paola Pacheco Ríos
Maribel Garzón Martínez

COMITÉ ASESOR
Flor Alba Romero (Colombia)
Amalio Blanco (España)
Ricardo Jaramillo Díaz (Colombia)

CARÁTULA
Simón Hampton Ruiz,
fotografía: Jardín Botánico, Bogotá, 2001

CORRECCIÓN DE ESTILO
Martha Janeth Méndez

DIAGRAMACIÓN
Lina María Angel

PREPRENSA DIGITAL
Imprenta Nacional de Colombia

IMPRESIÓN Y ACABADOS
Imprenta Nacional de Colombia

SUSCRIPCIÓN Y CANJE
Carrera 4 No. 75-49 Los Rosales
Teléfono: 2102469 Ext. 123

DIRECCIÓN ELECTRÓNICA
derechos.humanos@esap.edu.co
Bogotá, D.C.

ISSN 0123-2614
Las opiniones expresadas en los artículos
reflejan únicamente el pensamiento de
sus respectivos autores.
contenido
Pensamiento y Vida 7
Retos del sistema penal en la lucha contra la impunidad
Marisol Palacio Cepeda

31
Entre la soberanía y el derecho de intervención: algunos
dilemas de las intervenciones humanitarias
David Suárez

51
Soberanía y Derechos humanos,
una encrucijada política del presente
Edgar Giovanni Rodríguez Cuberos

63
El manejo de los Derechos Humanos en Colombia:
un conflicto de realidades fragmentadas
Diana Rico Revelo

Escritos Paralelos 81
Sociedad civil ¿la ilusión necesaria?
Víctor de Currea-Lugo

Otras Voces 103


Homosexualidad: identidad, cuerpo y discurso
José Miguel Segura Gutiérrez

117
Itinerarios sin Cosmos
Construcción y vivencias de la categoría de desplazado
Gregorio Hernández Pulgarín
Paula Andrea Velásquez López

Reseñas 134
Muertes violentas: la teatralización del exceso
David Suárez Rivero
Derecho Internacional de los Derechos Humanos:
normativa, jurisprudencia y doctrina de los sistemas universal
e interamericano
David Suárez Rivero
Los Derechos Humanos desde la Periferia
Maribel Garzón Martínez
Cultura de Derechos Humanos
en las Instituciones Públicas
Paola Pacheco Ríos

Metáforas Vivas 147


Desde Irak
e d i t o r i a l

Simón Hampton Ruiz, fotografía: Pasadizo a iglesia, Turquia, 2003.

“ En la existencia humana [escribía en


1990 Enmanuel Levinas], interrumpiendo y
superando su esfuerzo por ser –su conatus
essendi spinozista–, la vocación de un existir-
daridad humana está en la base de la práctica
universal de tales derechos. Si no hay respon-
sabilidad por el otro, ninguna demanda de
justicia, ni de vigilancia frente al caos que
para-otro es más fuerte que la amenaza de arrastra a millones de personas a la diáspora
muerte”.1 Esta idea, que a primera vista podría del desplazamiento, o a ser blanco de la bruta-
aparecer extremista a muchos, recoge el senti- lidad de los poderes, o a la desprotección y
do de los Derechos Humanos, su fundamento exclusión social, podría hacerse real en el
mismo en una ruptura con el egoísmo y la mundo. Estaríamos condenados a la acepta-
indiferencia general ante el dolor humano. Un ción de una brecha insalvable entre el deber ser
conato, si no de sacrificio por el otro, como lo de los imperativos éticos y el ser inapelable de
sugiere el filósofo francés, al menos sí de soli- una realidad inhumana.
e d i t o r i a l

Precisamente a la demanda de más vigilan- figuración global, hizo sentir su acción catali-
cia y solidaridad se abren esta vez las páginas de zadora de nuevos cambios pero, no sin preo-
Nova et Vetera. Así, la sección Pensamiento y cupación también, de nuevas preguntas
Vida, comienza con un artículo de la abogada relativas a su papel y alcance real. “Sociedad
Marisol Palacio Cepeda: “Retos del sistema civil: ¿la ilusión necesaria?”, título que mues-
penal en la lucha contra la impunidad”. Palacio tra su análisis, conduce al centro de una cues-
ofrece un examen crítico sobre la cuestión de la tión insoslayable del acontecer colombiano;
impunidad en materia de derechos humanos y a las condiciones y factores para construir
los desafíos que la aplicación de la justicia penal una sociedad civil comprometida con la
internacional ha de afrontar en procesos como encarnación de los valores constitucionales en
el colombiano, tensados por los imperativos de el contexto de una situación humanitaria de
la verdad, la justicia y la reparación, de un lado, ostensible complejidad.
y el propósito de lograr una paz negociada con
actores armados, del otro. En íntima relación Otras voces nos trae nuevas interpelacio-
con el tema de la justicia y la impunidad, se nes, ahora desde los homosexuales y los des-
orientan los textos de David Suárez y Edgar G. plazados. Problemáticas distintas, realidades
Rodríguez, ambos dedicados a otra tensión no alarmantes ambas, sinónimos también de
menos presente e inquietante, la conformada “exclusión” social, signos de la discriminación y
por la eficacia de los Derechos Humanos y los de una humanidad lacerada en su dignidad.
límites que a su ejercicio plantea la soberanía, José M. Segura ilumina los dispositivos –cultu-
ese ordenamiento del poder político que fue rales, discursivos y corporales– a través de los
asegurado por el Derecho en el devenir de los cuales se coarta la libertad de los diferentes en
Estados nacionales. La reflexión de Rodríguez su opción sexual, mientras Gregorio Hernán-
se concentra en los límites recíprocos que se dez Pulgarín y Paula Andrea Velásquez, ambos
oponen ambos conceptos: Derechos Huma- investigadores de la Universidad de Caldas,
nos y Soberanía, y ello de la mano de los apor- ahondan en el laberinto del desplazamiento
tes de Negri y Hardt al respecto; en cambio, forzado y en las luces que aún es posible avizo-
Suárez intenta arrojar alguna luz sobre los dile- rar para la reparación de sus víctimas.
mas de las intervenciones humanitarias, tam-
bién desde la perspectiva de su confrontación Cierra este número de Nova et Vetera con
con las trabas que se le opone a este polémico las reseñas de tres libros de reciente publica-
recurso desde la soberanía nacional. Diana ción, y un informe del Programa Presidencial
Rico, investigadora de la ESAP, se adentra en la para los Derechos Humanos, publicaciones
realidad de los Derechos Humanos en Colom- todas que serán sin duda recibidas con avidez
bia para evidenciar los retos y las dificultades por los lectores de la revista.
que, desde lo público, habría que superar en
orden a lograr mayores estándares de eficacia. Notas
1 Levinas, E., Entre nosotros. Ensayos para pensar en otro. [Trad.:
En Escritos Paralelos nos llega la diserta- José Luis Pardo] España, Valencia: Pre-Textos, 1993, p.10.
ción crítica de un colaborador ya conocido,
Víctor de Currea-Lugo; esta vez sobre ese actor
no estatal que, en los albores de la nueva con-

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p e n s a m i e n t o y v i d a

Simón Hampton Ruiz, fotografía: Puerta en iglesia, Sufflolk, Inglaterra, 2004.


Retos del Sistema Penal
en la lucha contra
la impunidad
Marisol Palacio Cepeda
Magister Sistema Penal y Problemas Sociales (Universidad de Barcelona), Especialista en Cooperación
y Desarrollo (Universidad de Barcelona), Especialista en docencia universitaria y diplomada en DIH
(Universidad del Rosario), Estudios de Derechos Humanos (Universidad de Lund, Suecia).

Resumen

La impunidad se ha asociado, entre otros problemas, a condiciones de pobreza y desigualdad


social, falta de recursos del sistema judicial, ausencia de voluntad política de los Estados y corrup-
ción. Todos ellos son problemas que en contextos sociales determinados tienen características
especificidad y denotan una perspectiva desde lo estructural.

El concepto de impunidad adquiere una dimensión más amplia cuando se concibe en esencia
como el incumplimiento por parte de los Estados de las obligaciones adquiridas con ocasión de
la suscripción de acuerdos y tratados internacionales relacionados con el respeto y la protección
efectiva de los derechos humanos.

El problema de los “hechos llamativos” en el desarrollo de las investigaciones, no sólo consiste en


identificar sus causas y lograr su erradicación, sino también en constatar las razones por las cua-
les estos hechos no se corrigen, por propia iniciativa de las autoridades o de los actores en el pro-
ceso penal en el devenir procesal cuando ello es todavía posible. ¿Estos hechos llamativos son una
puerta a la impunidad?

Este documento analiza los factores de impunidad de modo general con un intento de aproxima-
ción al caso colombiano y presenta una reflexión en torno a la aplicación real de los principios de
verdad, justicia y reparación enunciados por Louis Joinet. De ese modo, vislumbra los retos del sis-
tema penal en la lucha para combatir dicho fenómeno en un contexto de negociación de la paz
con grupos armados ilegales.

Palabras clave
Impunidad, justicia, paz, derechos.
p e n s a m i e n t o y v i d a

Definición de impunidad tienen características específicas y denotan


a Comisión Interamericana de Dere- una perspectiva desde lo estructural.

L chos Humanos ha definido la impuni-


dad como “la falta en su conjunto de
investigación, persecución, captura, enjuicia-
miento y condena de los responsables de las
En otras palabras, el análisis de este fenó-
meno regularmente se restringe a examinar la
capacidad funcional del sistema penal para
violaciones de los derechos protegidos por la castigar los delitos. Es, pues, una mirada que no
Convención Americana” (2001, cap. 3, párr. 2). trasciende lo interno de cada Estado.

Louis Joinet (1997) define la impunidad El concepto de impunidad adquiere una


como: dimensión más amplia cuando se concibe en
esencia como el incumplimiento por parte de
La inexistencia, de hecho o de derecho, de res- los estados de las obligaciones internacional-
ponsabilidad penal por parte de los autores de
mente adquiridas con ocasión de la suscrip-
violaciones de los derechos humanos, así
como de responsabilidad civil, administrativa ción de acuerdos y tratados internacionales
o disciplinaria, porque escapan a toda investi- relacionados con el respeto y la protección
gación con miras a su inculpación, detención, efectiva de los derechos humanos.
procesamiento y, en caso de ser reconocidos
culpables, condena a penas apropiadas,
incluso a la indemnización del daño causado Responsabilidad internacional
a sus víctimas. (Doc. E/CN.4/Sub2/20/Rev1). La impunidad genera responsabilidad
internacional para el Estado, aun cuando se
Ambos conceptos se refieren a la impuni- trate de crímenes cometidos por delincuentes
dad judicial, en el sentido de la incapacidad o comunes que no sean agentes estatales; es
falta de idoneidad por parte del sistema de jus- decir, cuando el Estado no cumple con su obli-
ticia en el desarrollo de su función, para perse- gación internacional de efectuar una investiga-
guir el delito, con énfasis en la justicia penal. ción seria, imparcial y efectiva de los hechos
ocurridos, con el objeto de sancionar a los res-
En Colombia son múltiples los factores de ponsables.
impunidad dentro y fuera del aparato penal,
pues no todos los delitos son denunciados o Tal omisión, además le genera al Estado la
percibidos como tal. De modo que el problema obligación de indemnizar a las víctimas o a sus
de impunidad judicial se entiende fundamen- familiares por la violación a su derecho huma-
talmente como la incapacidad de las agencias no. Esto implica que no se obtuvo del Estado
del Estado para impartir justicia efectiva. una debida investigación de los hechos, así
éstos no hayan sido cometidos por sus agentes.
Consecuencias de la impunidad
La impunidad se ha asociado, entre otros De lo anterior se colige en términos gene-
problemas, a condiciones de pobreza y des- rales que la protección de los derechos debe
igualdad social, falta de recursos del sistema darse para todas las personas en términos de
judicial, ausencia de voluntad política de los igualdad; que la acción de la Justicia y en con-
Estados y corrupción. Todos ellos son proble- creto la persecución penal debe cobijar a todos
mas que en contextos sociales determinados los responsables y deben protegerse todos los

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p e n s a m i e n t o y v i d a

derechos porque ninguno es más importante rato de justicia para desarrollar una política cri-
que otro, si se asume su rango integral en el minal efectiva, sino también de las institucio-
sentido que todos contribuyen al desarrollo de nes en su conjunto, en la formación e
la sociedad en su conjunto como a la realiza- implementación de políticas públicas que esti-
ción personal de sus integrantes. mulen, por ejemplo, el deber de denuncia de la
sociedad entera.
Si bien el tema de los derechos humanos
en el contexto del derecho internacional es la La impunidad genera una mayor situación de
preocupación del derecho internacional en injusticia cuando conduce a nuevas violaciones
materia de derechos humanos, su conocimien- La comunidad internacional ha puesto de
to no puede ser ajeno a las disciplinas científi- presente que cuando la sociedad hace justicia
cas, en especial las sociales. por sí misma, en el caso de nuevas violaciones
a los derechos y linchamientos, los Estados
Del mismo modo, es importante destacar afrontan un problema de gobernabilidad y
que el incumplimiento de los deberes interna- legitimidad de sus acciones, que debe condu-
cionales en materia de justicia tiene una espe- cirlos al diseño de políticas públicas con voca-
cial relevancia cuando se ha dado por parte de ción de permanencia.
agentes estatales, ya sea por acción u omisión.
Clases de impunidad
Afecta a las víctimas de los delitos Si bien toda clasificación es caprichosa -
y a la sociedad en general porque puede ser modificada o sustituida por
El problema de altos niveles de impuni- otra-, ante la necesidad de concebir de modo
dad, como ha sostenido la Comisión Interame- integral una realidad como la impunidad, la
ricana de Derechos Humanos, trasciende el que hace la Comisión Interamericana de Dere-
dejar impunes numerosos crímenes individua- chos Humanos (2001, cap. 3, párr. 22), en con-
les, y se convierte en una situación que impac- sideración al origen de la misma, configura una
ta en la vida misma de la Nación y en su aproximación conceptual importante:
cultura, y que afecta no sólo a las personas que
han sido víctimas de violaciones a derechos Impunidad de hecho
humanos u otros crímenes, sino también a la Ésta se constata cuando “las autoridades
sociedad en general. no han hecho esfuerzos significativos para
investigar, juzgar y sancionar a los responsa-
La impunidad no es un fenómeno indivi- bles, o porque órganos del Estado que carecen
dual, comoquiera que no es suficiente la perse- de la independencia e imparcialidad necesa-
cución del delito, ni la reparación a las víctimas rias, se encuentran a cargo de determinar las
que lo padecen, mientras no sean atacadas las responsabilidades de sus propios integrantes”.
causas y los factores asociados que la provocan
para prevenir así otros delitos y nuevas victimi- Impunidad de derecho
zaciones. “En otros casos el dictado de leyes de
amnistía o el otorgamiento de beneficios como
En tal virtud, la lucha contra la impunidad el indulto, la amnistía particular, u otros, a las
supone un esfuerzo no sólo por parte del apa- personas responsables, investigadas o sancio-

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p e n s a m i e n t o y v i d a

nadas por crímenes en contra de los derechos cionales o transitorias de descongestión judicial,
humanos, ha posibilitado lo que podría deno- que no representan una solución de fondo, pero
minarse impunidad de derecho”. que de algún modo contribuyen a que el sistema
judicial no colapse por completo.
Esta clasificación corresponde básica-
mente a dos niveles de impunidad, el primero No obstante lo anterior, la necesidad
referido a la justicia como actividad judicial y el imperiosa de combatir la impunidad ha con-
segundo como ejercicio político. ducido a prácticas de administración del siste-
ma de justicia, que retardan una solución
Además, es útil para explicar que se requie- efectiva de este problema, pues al amparo
re de ambos esfuerzos para combatir la impuni- exclusivo de un criterio organicista circunscri-
dad, es decir, en el marco de las políticas to a la redistribución y reorganización de las
institucionales de los entes encargados de admi- competencias y procedimientos instituciona-
nistrar justicia y en el de las políticas estatales. les, se corre el riesgo de sacrificar lo sustancial,
esto es, la protección de los derechos.
Igualmente debe destacarse que un Esta-
do incumple sus obligaciones internacionales Lo cierto es que el Estado debe actuar
porque no investiga de modo satisfactorio los estableciendo prioridades, en especial respec-
delitos o porque se sustrae por completo a to de violaciones a los derechos humanos e
dicha obligación. infracciones al derecho internacional huma-
nitario.
Derecho a la justicia
La Comisión Interamericana de Derechos Fundamento en el derecho internacional
Humanos (cap. 3, párr. 2) ha sostenido que: “la El artículo 1(1) de la Convención America-
impunidad es uno de los serios problemas con- na establece que:
cernientes a la administración de justicia en el
hemisferio” y que regularmente se constata los Estados partes en esta Convención se
comprometen a respetar los derechos y liber-
respecto de diversos delitos.
tades reconocidos en ella y a garantizar su
libre y pleno ejercicio a toda persona que esté
Esta última situación guarda relación con sujeta a su jurisdicción, sin discriminación
la ausencia de una cultura arraigada de total alguna por motivos de raza, color, sexo, idio-
ma, religión, opiniones políticas o de cual-
respeto a las leyes, como en el caso de la
quier otra índole, origen nacional o social,
corrupción, que afecta a los Estados y compro- posición económica, nacimiento o cualquier
mete en especial al poder judicial. otra condición social. (Oficina en Colombia
del Alto Comisionado de las Naciones Unidas
para los Derechos Humanos, 2001).
Es frecuente que los esfuerzos del aparato
de justicia estatal se concentren en atacar El derecho a la justicia comporta la obli-
determinado tipo de delitos y, por esa vía, otros gación del Estado de procesar y sancionar a los
queden en la impunidad. responsables de las violaciones. Esta obliga-
ción se deriva fundamentalmente de lo dis-
Frente al problema de la criminalidad puesto en los artículos 1(1), 8, 13 y 25 de la
regularmente se han adoptado medidas excep- Convención (2001).

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El derecho de las víctimas y de sus familia- desde el derecho internacional, pues aquí
res a una administración de justicia apropiada adquiere una dimensión más amplia, por
surge también de las disposiciones contenidas cuanto la creación y aplicación de la ley tiene
en los artículos 8 y 25, respectivamente, de la por fuente lo que se conoce como la norma de
citada Convención. comportamiento.

Por su parte, el artículo 25 de la Conven- En este orden de ideas, la protección a la


ción contempla el derecho de toda persona a vida y la integridad personal debe darse en
un recurso efectivo, y la obligación correlativa virtud de la norma de comportamiento
de los Estados de garantizar que la autoridad socialmente generalizado de respeto a este
competente decida el recurso y que tal deci- derecho fundamental, y no porque la ley lo
sión se cumpla. proteja de modo expreso. En sentido contra-
rio, aun cuando estuviese permitida la pena
Por otra parte, no basta que los delitos de muerte, la norma de comportamiento con-
sean tipificados en las leyes nacionales. Si bien tenida, por ejemplo, en la Declaración Uni-
esto representa un avance, podría no serlo, versal de los Derechos Humanos, tendría
mientras en la conciencia colectiva no se perci- aplicación en este caso, pese a la desprotec-
ban como tales. Tampoco basta que la ley esta- ción legal referida.
blezca recursos para impugnar las decisiones,
mientras éstos no se hagan efectivos de mane- Derecho a la verdad y su corolario
ra oportuna. el deber de recordar
El derecho a la verdad y su corolario, “el
En todo caso, la atipicidad (o falta de tipi- deber de recordar”, son parte de un derecho
cidad) de un comportamiento criminal podría colectivo que se predica tanto del individuo
constituir factor de impunidad, como lo expre- como de la sociedad de que forma parte, cuyo
sa Gimbernat Ordeig (1983). Igual ocurre con la objetivo es evitar la recurrencia de violaciones en
falta de culpabilidad cuando el futuro.

ciertas personas en referencia a las cuales


sociológicamente se admite, sin más, que El “derecho a la verdad” es un derecho
son inaccesibles a la motivación de la pena; colectivo que permite a la sociedad tener acce-
bien por su inimputabilidad permanente o so a información esencial para el desarrollo de
transitoria, bien porque al desconocer la pro- los sistemas democráticos, y un derecho indi-
hibición, no han tenido tampoco ocasión de
dejarse influir por ella. Por estar suficiente- vidual de los familiares de las víctimas, que
mente delimitado quienes son esas perso- permite una forma de reparación.
nas, en estos casos se puede prescindir de
imponer la pena sin que sufra por ello un Fundamento en el derecho internacional
detrimento la prevención general.
Derecho a la verdad y a la justicia. El dere-
A mi juicio, este criterio que se circunscri- cho a la verdad y a la justicia está asociado al
be a una impunidad que se origina y agota en artículo 25 de la Convención Americana (2001),
la ley, entendiendo el principio de legalidad, que establece el derecho a un recurso sencillo y
desde un sentido tradicional. En este caso, rápido para la protección de los derechos con-
resulta ser más restrictivo que si se le toma sagrados en la misma.

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La sociedad, en general, y no sólo el indivi- ción con hechos y circunstancias que revelan la
duo, tienen derecho a saber la verdad y a que se violación de un derecho fundamental constitu-
haga justicia. La CIDH (2001, cap. 3, párr. 26) ha ye una violación flagrante del mencionado
señalado al respecto que: “Toda sociedad tiene derecho establecido en la Convención, y puede
el derecho inalienable a saber la verdad sobre el conducir a que las personas, en especial las víc-
pasado, así como los motivos y las circunstan- timas, no agoten los recursos internos previstos
cias en que se hayan cometido delitos aberran- en la legislación nacional y en la Constitución
tes, para evitar la reiteración de esos actos en el del país, justamente porque no conocen si el
futuro”. Estado ha adelantado gestión alguna sobre el
particular. Además, los familiares de las vícti-
Esta cuestión de conocer los motivos plantea, mas tienen derecho a la información sobre lo
por una parte, la posibilidad que los delincuentes que aconteció con ellas.
puedan reconocer sus delitos públicamente, pero
por otra parte, que los justifiquen amparándose Obstáculos en la protección efectiva
en una situación de defensa legítima en el con- de estos derechos
texto de un conflicto armado interno. En todo Ciertamente, cuando las autoridades no
caso, estas manifestaciones no siempre podrían establecen la verdad sobre los hechos y se con-
equipararse al arrepentimiento por los hechos figuran hipótesis de responsabilidad sin contar
delictivos cometidos. con elementos probatorios consistentes, ya sea
para confirmar o desvirtuar una incriminación,
La confesión pública de los delitos tiene un se ven afectados la consecución de la verdad y
efecto psicológicamente tranquilizador para la el derecho a la información de las víctimas,
sociedad y puede conducir a una reconcilia- para quienes resulta difícil comprender el
ción entre las víctimas y los delincuentes. Sin rumbo de la investigación.
embargo, es conveniente que la concesión del
perdón se condicione a un compromiso de no Por otra parte, cuando se invocan impedi-
reiteración del comportamiento criminal. mentos de hecho y de derecho no claramente
definidos en la ley para no suministrar la infor-
Derecho a la verdad y a recibir informa- mación que se solicita, esto podría tomarse
ción. La Convención Americana (2001) prote- como un indicador del temor a revelar las difi-
ge el derecho a procurar y recibir información, cultades que cotidianamente afrontan las
especialmente en el caso de violaciones gra- autoridades para su recaudo, y a que su labor
ves de los derechos humanos, como los deli- sea puesta en entredicho por parte de los inter-
tos de lesa humanidad. vinientes en el proceso e incluso de las mismas
autoridades penales o de otro orden.
Es así como la Comisión y la Corte han
sostenido que el Estado está obligado a investi- Otro obstáculo recurrente gira en torno a
gar, por ejemplo, la suerte de los desaparecidos las razones que se aducen para alegar la viola-
(Comisión Internacional de Juristas, 2001). ción al debido proceso, puesto que las mismas
reflejan que a este principio se le da un alcance
La existencia de impedimentos (jurídicos puramente procedimentalista, desligado de la
o de hecho) para recibir información en rela- prevalencia del derecho sustancial. Corolario de

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p e n s a m i e n t o y v i d a

lo anterior es invocar indiscriminadamente Frente al ejercicio de estos derechos se


dicho principio, sin que se explique con sufi- han planteado regularmente dos posibilidades:
ciente claridad su configuración en un caso con- a) La creación de comisiones investigadoras
creto. También puede ocurrir que los Estados (como comisiones de la verdad) cuya confor-
demandados ante los tribunales internacionales mación y gestión, en todo caso, debe darse de
aborden como fondo de la cuestión la violación acuerdo con la legislación interna de cada país,
al debido proceso en la fase de admisibilidad o b) El otorgamiento al poder judicial de los
–sin que sea éste el momento para hacerlo–, jus- recursos necesarios para adelantar con serie-
tamente al amparo de la percepción que se dad las investigaciones. Lo que no obsta para
puede invocar dicho principio con un carácter que se adopten soluciones intermedias entre
procedimentalista, sin considerar su contenido ambas posibilidades.
esencial para la protección de los derechos.
En relación con lo señalado en el literal a),
podría cuestionarse el desarrollo
de una judicatura independiente,

E l puro activismo judicial no


puede ser tomado como garantía de respeto de derechos,
en la medida en que decisiones
judiciales o administrativas cole-
giadas no reglamentadas podrían
aun cuando a un mismo tiempo es importante valorar los conducir a la disolución de la res-
esfuerzos desplegados por las autoridades para esclarecer ponsabilidad individual por los
los hechos, en términos de su significación, calidad o rele- delitos en un tipo genérico o difuso
de responsabilidad. Esto pondría
vancia para aproximarse a dicho propósito.
en riesgo los derechos de las vícti-
mas y los del propio delincuente.
No se ha entendido que las investigaciones
penales son un proceso, y que como tal van de En cualquier caso, el juez natural para
más a menos. Es deseable que las pruebas adelantar las investigaciones es el que determi-
recaudadas sucesiva y gradualmente permitan a ne la ley. Esto no obsta para que por fuera de la
la autoridad adquirir elementos de juicio para instancia judicial, puedan acogerse comisiones
afianzar o desvirtuar una incriminación, no que investigadoras encargadas de completar el
la confundan. Es decir, el puro activismo judicial expediente probatorio para acceder a la verdad
no puede ser tomado como garantía de respeto sobre la ocurrencia de los delitos, en el marco,
de derechos, aun cuando a un mismo tiempo es por ejemplo, de lo que se ha denominado pro-
importante valorar los esfuerzos desplegados cesos de justicia transicional (Uprimmy, Lasso
por las autoridades para esclarecer los hechos, et al., 2004).
en términos de su significación, calidad o rele-
vancia para aproximarse a dicho propósito. Curiosamente el impulso oficioso, es decir,
por iniciativa de las autoridades en la investiga-
Derecho a la verdad y a la libertad de ción de los delitos, en muchas ocasiones provo-
expresión. Este acceso a la verdad presupone la ca un efecto perverso en la medida que se niega
libertad de expresión, que debe ser ejercida en o restringe, en especial, la intervención de los
forma responsable. sujetos procesales y las víctimas para su esclare-

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p e n s a m i e n t o y v i d a

cimiento, y los resultados quedan sujetos exclu- tunidad para su real aplicación, tanto en el
sivamente a la inercia del poder judicial. ámbito administrativo como en el judicial.

• “La reparación deberá lograr soluciones de


Más aún, una autoridad que no tenga en
justicia, eliminando o reparando las conse-
cuenta la participación activa de los sujetos
cuencias del perjuicio padecido, así como evi-
procesales y de las víctimas en sus investigacio-
tando que se cometan nuevas violaciones a
nes, corre el riesgo de no vislumbrar todas las
través de la prevención y la disuasión”. La apli-
hipótesis de responsabilidad probables que
cación de la sanción criminal no en todos los
surgen a partir del hecho.
casos supone una solución en términos de
justicia material. Esto explica en buena parte
Lo expuesto pone de presente la necesi-
el auge que han venido teniendo los plantea-
dad de definir con claridad el rol que desempe-
mientos de alternatividad en el ámbito penal
ñan todos los intervinientes en un proceso
y los procesos restaurativos, los primeros
penal y de dotarlos de mecanismos legales
frente a la no necesidad o utilidad de aplica-
para activar su intervención en una forma más
ción de toda la pena impuesta y los segundos,
equilibrada y sustantiva.
ante la necesidad de satisfacer otros derechos
de las víctimas (como el derecho a la verdad y
Derecho a la reparación
la reparación) y encontrar un equilibrio entre
La Comisión Interamericana de Derechos
los mismos que corresponda con el interés
Humanos, considera fundamental que se
que en realidad les asiste.
tomen en cuenta los “Principios y Directrices
Básicos sobre el Derecho de las Víctimas de • “La reparación deberá ser proporcional a la
Violaciones a los Derechos Humanos y al Dere- gravedad de las violaciones y del perjuicio
cho Humanitario Internacional, a Obtener sufrido, y comprenderá la restitución, com-
Reparación”, preparados por el Relator Especial pensación, rehabilitación, satisfacción y
de la ONU Theo Van Boven (s. f.), en los cuales garantías de no repetición” (Consejo Econó-
se señala: mico y Social, 2004, p. 20). Desde un enfoque
• “Los Estados tienen el deber de adoptar, de derechos, no es suficiente la persecución
cuando la situación lo requiera, medidas de un delito; es necesario que la sanción que
especiales a fin de permitir el otorgamiento se imponga al delincuente guarde relación
de una reparación rápida y plenamente efi- con el daño que ha causado a su víctima y le
caz”. La aplicación de una rápida reparación permita a ésta restablecer los derechos que le
es particularmente preocupante, como- han sido conculcados.
quiera que es frecuente que las autoridades Según lo anterior, los estándares de justi-
supediten el concepto de reparación al esta- cia deben darse desde un mínimo construido
blecimiento de la responsabilidad penal, sin sobre la base de la capacidad del aparato de
entender del todo que, en materia de justi- justicia y en desarrollo de los principios gene-
cia, el tiempo no es sólo la verdad que huye, rales del derecho. Mínimo que, en ningún
sino también la imposibilidad progresiva de momento tiene que asimilarse a un esfuerzo
reparación del daño a las víctimas de los poco significativo en relación con los medios y
delitos. Es decir que el concepto de repara- las finalidades establecidas para el sistema de
ción trae consigo un requerimiento de opor- justicia criminal.

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p e n s a m i e n t o y v i d a

• Todo Estado deberá dar a conocer, a través plano de la simple enunciación de los dere-
de medios oficiales y privados, tanto en el chos. Además, los Estados no se articulan para
país como cuando fuere necesario en el fomentar el conocimiento sobre las distintas
exterior, los procedimientos dispo-
nibles para reclamar reparación.
Esta exigencia hace parte del dere-
cho a la verdad y pone de manifies-
T odo Estado deberá dar a conocer, a tra-
vés de medios oficiales y privados, tanto en el país como
to unos de los compromisos
internacionales de los Estados en cuando fuere necesario en el exterior, los procedimientos
relación con los nacionales, aun disponibles para reclamar reparación.
cuando se encuentren por fuera del
territorio del que hacen parte.
• “Las decisiones sobre reparación a las vícti- formas de reparación y los mecanismos para
mas de violaciones a los derechos humanos hacerla efectiva.
o al derecho humanitario internacional, se
adoptarán en forma diligente y rápida”. La víctima es un sujeto activo en la cons-
• “Los Estados democráticos, están llamados a trucción social del delito, por esto es conve-
promover una cultura de respeto por los niente conocer la forma de reparación que ella
derechos humanos y el derecho internacio- considera deseable para que su derecho sea
nal humanitario, para ello es importante que restablecido; así como su percepción sobre el
la sociedad esté informada permanentemen- delito, para prevenir nuevas violaciones.
te sobre sus derechos y los mecanismos dis-
Formas de reparación
puestos para ejercitarlos plenamente”.
En este orden de ideas, es importante Se acordará compensación por todo perjui-
cio que resulte como consecuencia de una
indagar la causa por la cual en el caso colom-
violación de derechos humanos o del dere-
biano no todas las víctimas se constituyen en cho humanitario internacional, y que fuere
parte civil en los procesos penales que se ini- evaluable económicamente. Tales como: a)
cian con ocasión de las violaciones que han daño físico o mental, incluyendo el dolor,
sufrimiento y angustias emocionales; b) pér-
sufrido, o no participan en los momentos pro-
dida de oportunidades, incluidas las relativas
cesales establecidos por la ley, o su actividad a la educación; c) daños materiales y pérdida
en el proceso es intermitente, talvez, justa- de ingresos, incluido el lucro cesante; d) daño
mente por falta de información y de una asis- a la reputación o a la dignidad; e) los gastos
efectuados para poder tener asistencia jurídi-
tencia jurídica que las ponga en igualdad de
ca o de expertos y disponer de medicinas y de
condiciones respecto del delincuente. servicios médicos .

Por otra parte, se le ha dado a la repara- Rehabilitación


ción un contenido patrimonial que termina Se proveerá rehabilitación, la que incluirá
siendo casi siempre insuficiente frente a la atención médica y psicológica, así como la
dimensión del daño ocasionado por el delito. prestación de servicios jurídicos y sociales.

A lo anterior se suma que las políticas de “Si el propósito es avanzar hacia una justicia
prevención regularmente se quedan en el restauradora es importante que las ciencias

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p e n s a m i e n t o y v i d a

del comportamiento humano, concu-


rran en el proceso de recuperación y
mejoría de las víctimas de los delitos,
S i el aparato del Estado actúa de
modo que tal violación quede impune y no se resta-
con un proyecto pedagógico individual
y social ”. blezca, en cuanto sea posible, a la víctima en la pleni-
tud de sus derechos, puede afirmarse que ha
Garantías de no repetición
incumplido el deber de garantizar su libre y pleno ejer-
“Se proveerá satisfacción y garantías de cicio a las personas sujetas a su jurisdicción.
no repetición, las que incluirán cuando
fuere necesario: a) Cesación de las viola-
ciones existentes; b) Verificación de los hechos y Violaciones de las Normas Internacionales de
difusión pública amplia, de la verdad de lo Derechos Humanos y del Derecho Internacio-
sucedido; c) Una declaración oficial o decisión
judicial restableciendo la dignidad, reputación nal Humanitario a interponer recursos y obte-
y derechos de la víctima y de las personas que ner reparaciones” (Naciones Unidas, 2004), en
tengan vínculos con ella; d) Una disculpa, que la cual justamente se revisaron los principios
incluya el reconocimiento público de los enunciados por el señor Theo Van Boven. Con
hechos y la aceptación de responsabilidades; e)
Aplicación de sanciones judiciales o adminis- ello, si bien no se incorporaron nuevos princi-
trativas a los responsables de las violaciones; f) pios de derecho internacional, se aclararon las
Conmemoraciones y homenajes a las víctimas; obligaciones ya existentes, se introdujo un len-
g) Inclusión en los manuales de enseñanza guaje preceptivo, no sólo para obligaciones
sobre derechos humanos, así como en los
manuales de historia y manuales escolares, de internacionales determinadas, y se configuró
una versión fiel de las violaciones cometidas dicha declaración en un instrumento útil tanto
contra los derechos humanos y el derecho para los Estados como las víctimas, sin perder
humanitario internacional . la perspectiva del documento primigenio de
protección a los derechos y necesidades de las
El reconocimiento de un derecho empieza y víctimas.
termina con su ejercicio pleno, luego es en este
escenario de reconocimiento pleno donde los En relación con los principios y directrices
derechos encuentran su propia fundamentación. en mención, es pertinente retomar su actuali-
zación en la última sección de este artículo, por
Ciertamente, como lo explica Ilva Myriam la correspondencia que guarda con la actuali-
Hoyos Castañeda (2002, p. 81): “Parece claro zación que se hizo al conjunto de principios
que el criterio que exige el deber-ser para seña- para la protección y la promoción de los dere-
lar lo que debe y lo que no debe hacerse es la chos humanos mediante la lucha contra la
dignidad humana. La dignidad no es un con- impunidad formulados por Louis Joinet (2005).
cepto neutro o indiferente sino una eminencia
de ser buena que constituye un bien”. Factores de impunidad
En esta sección se enuncian bajo esta
Por último, es preciso anotar que entre el denominación algunas causas y factores aso-
29 de septiembre y el 1º. de octubre de 2004 se ciados a esta problemática, en materia de vio-
adelantó en Ginebra, Suiza, la tercera reunión laciones a los derechos humanos e infracciones
consultiva acerca de los “Principios y Directri- al derecho internacional humanitario, de mo-
ces Básicos sobre el Derecho de las Víctimas de do general, es decir, sin pretensiones de

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p e n s a m i e n t o y v i d a

exhaustividad, ni referencia expresa a un Esta- puede acarrear la responsabilidad internacio-


do en particular. nal del Estado, no por ese hecho en sí mismo,
sino por falta de la debida diligencia para pre-
El Estado no garantiza el libre y pleno ejercicio venir la violación o para tratarla en los térmi-
de los derechos de las personas sujetas nos requeridos por la Convención.
a su jurisdicción y el deber correlativo
de organizar todo el aparato gubernamental y El Estado “tolera” que particulares o grupos
todas las estructuras a través de las cuales de ellos actúen libremente o impunemente
se manifiesta el ejercicio del poder público en menoscabo de los derechos humanos
para cumplir con el mismo reconocidos en la Convención Americana
La Corte Interamericana de Derechos de Derechos Humanos
Humanos ha señalado que la obligación de De acuerdo con el derecho internacional
garantizar el libre y pleno ejercicio de los dere- de los derechos humanos, la ausencia de políti-
chos humanos implica el deber de organizar cas o de acciones por parte del Estado puede
todo el aparato gubernamental y, en general, constituirse en un factor de impunidad. En
todas las estructuras a través de las cuales se muchos casos, cuando la sociedad civil y las
manifiesta el ejercicio del poder público, de autoridades han alertado previamente acerca
manera tal que sean capaces de asegurar jurídi- de las violaciones, al Estado le cabe responsa-
camente el libre y pleno ejercicio de los dere- bilidad internacional por las mismas y puede
chos humanos. Así mismo, ha referido que es incluso cuestionarse su pasividad en el sentido
imputable al Estado toda violación a los dere- de ser asimilada a una actitud de complacencia
chos reconocidos por la Convención, con oca- o tolerancia frente a los delitos.
sión del ejercicio de una función pública o al
amparo de la misma. Si el aparato del Estado El Estado no cumple con su obligación
actúa de modo que tal violación quede impune de investigar los hechos que violan los derechos
y no se restablezca, en cuanto sea posible, a la humanos y el derecho internacional humanitario
víctima en la plenitud de sus derechos, puede
En ciertas circunstancias puede resultar difícil
afirmarse que ha incumplido el deber de garan-
la investigación de hechos que atenten contra
tizar su libre y pleno ejercicio a las personas derechos de la persona. La de investigar es,
sujetas a su jurisdicción. como la de prevenir, una obligación de medio o
comportamiento que no es incumplida por el
El Estado no cumple con su obligación solo hecho de que la investigación no produzca
un resultado satisfactorio. No obstante lo ante-
de prevenir las violaciones de los derechos
rior, la comunidad internacional demanda el
reconocidos por la Convención Americana
inicio de las investigaciones con seriedad y no
de Derechos Humanos como una simple formalidad.
Los Estados tienen la obligación de preve-
En este orden de ideas, advierte que la inves-
nir toda violación de los derechos reconocidos
tigación de los delitos, debe ser asumida por
por la Convención. el Estado como un deber jurídico propio y no
como una simple gestión de intereses parti-
[…] En efecto, un hecho ilícito violatorio de los culares, que dependa de la iniciativa procesal
derechos humanos que inicialmente no resul- de la víctima o de sus familiares o de la apor-
te imputable directamente a un Estado, por tación privada de elementos probatorios, sin
ejemplo, por ser obra de un particular o por no que la autoridad pública busque efectiva-
haberse identificado al autor de la trasgresión, mente la verdad.

novaetvetera17
p e n s a m i e n t o y v i d a

que se investiga. De este modo, las investi-


Es decir, que aun si las violaciones se atri-
gaciones son abordadas sin consideración a
buyen a particulares, si sus hechos no son
que podrían adoptarse mecanismos y accio-
investigados con seriedad, podría considerar-
nes de impulso diferentes para establecer
se, en cierto modo, como si aquellos estuvieran
una autoría material o intelectual, una vio-
auxiliados por el poder público, lo que com-
lación a los derechos humanos o una infrac-
prometería la responsabilidad internacional
ción al derecho internacional humanitario,
del Estado.
etc.
La Corte Interamericana de Derechos Entre otras deficiencias en materia investi-
Humanos, en algunas investigaciones, ha iden- gativa se encuentran: la sobrevaloración de la
tificado inexplicables torpezas o “hechos llama- prueba testimonial; poca aplicación de la prue-
tivos” cometidos desde el principio en el ba técnico-científica por la falta de medios para
proceso de investigación, que favorecen o des- acceder a ella; inexistencia de criterios unifor-
encadenan la impunidad de los delitos y, lógi- mes sobre la construcción y la valoración de los
camente, comprometen la responsabilidad indicios y de manuales para optimizar las fun-
internacional de los Estados. ciones de policía judicial, en especial respecto al
recaudo y preservación de las pruebas.
Haciendo uso de la expresión “hechos lla- • La responsabilidad internacional del Esta-
mativos” en el sistema penal colombiano, de do se asimila a la responsabilidad indivi-
modo general, se pueden identificar los dual de sus agentes. Al amparo de esta
siguientes: confusión hay quienes abogan porque la
• Desconocimiento por parte de las autorida- investigación de violaciones a los derechos
des respecto de una adecuada configuración humanos e infracciones al derecho inter-
dogmática de las violaciones a los derechos nacional humanitario se dé en tribunales
humanos, en especial de las infracciones al internacionales, no en los nacionales, y
derecho internacional humanitario. Esto quienes consideran que la investigación
conduce, por ejemplo, a que se inicien inves- nacional proscribe la intervención de ins-
tigaciones por tales violaciones y se condene tancias internacionales.
por delitos ordinarios. • No siempre existe claridad sobre lo que se
• El hecho delictivo no es investigado en su investiga. Así, no se adelantan acciones y
integralidad desde lo institucional. Así, decisiones para la investigación, juzgamien-
puede ocurrir que exista una distancia sig- to y sanción de hechos delictivos –en cabeza
nificativa entre el inicio de la acción penal, de una persona o grupo delictivo– diferen-
en relación con otras acciones como la dis- ciadas de los fenómenos de criminalidad
ciplinaria, al punto que se emiten decisio- –considerados como tales– en un sentido
nes incluso incompatibles, justamente por macrosocial. Un ejemplo de ello es la situa-
no haberse dado un intercambio de prue- ción de desplazamiento forzado y de zozo-
bas oportuno o compulsación de copias de bra y constreñimiento permanente que
las actuaciones adelantadas por cada insti- padece la población civil por la presencia de
tución en la averiguación del hecho. grupos armados ilegales en zonas determi-
• Ausencia o insuficiencia de protocolos de nadas del territorio nacional. Hechos que,
investigación adecuados al tipo de delito desde luego, generan responsabilidad penal

18novaetvetera
p e n s a m i e n t o y v i d a

individual, pero que obligan a estrategias de de los intervinientes en el mismo, de acuerdo


averiguación del hecho en su conjunto o con el rol que les corresponde. En todo caso,
integralidad. esto no significa que la adopción de uno u otro
• La capacitación y formación impartida, en sistema sea garantía para una buena argumen-
consideración a la especialidad de la viola- tación, pues este propósito debe ser común
ción materia de investigación, es insufi- denominador para cualquier esquema de
ciente, inadecuada o inexistente. En no investigación.
pocas ocasiones, se ha confundido la cali-
dad de la argumentación con la multiplici- Desde luego, las autoridades deben invocar
dad de datos, las descripciones sobre el hecho las normas al amparo de las cuales adoptan sus
como si fueran las pruebas mismas. A esto se decisiones, ya sea intermedias en el caso de los
agrega la falta de un análisis sistemático e fiscales o finales respecto de los jueces; pero es
integrador en la argumentación para susten- deseable que la decisión contenga una explica-
tar, en forma consistente, una decisión. ción de cómo configuró los supuestos para apli-
• No se invoca regularmente en las decisiones car una ley y no otra, en particular si ella implica
judiciales, la jurisprudencia de las altas cor- la afectación de derechos fundamentales.
tes y tribunales nacionales e internacionales, • Elementos perturbadores, en mayor o menor
ni para una correcta configuración dogmáti- grado, del pleno desarrollo de una judicatura
ca de las violaciones a los derechos humanos independiente, asociados a múltiples facto-
y las infracciones al derecho internacional res. Algunos de ellos son: problemas de segu-
humanitario, ni como apoyo a la argumenta- ridad de las autoridades, la intervención a
ción, a pesar de la capacitación recibida por veces irresponsable –deliberada o no– de los
muchas autoridades en la materia. Así por medios de comunicación; la estructura jerar-
ejemplo, se desconocen las excepciones al quizada de las instituciones, la falta de imple-
principio del nom bis in ídem consagradas mentación de la carrera judicial para todos
internacionalmente, acogidas por la Corte los jueces, la adopción de decisiones colegia-
Constitucional colombiana que hacen das en las que se corre el riesgo de que se
posible la reapertura de investigaciones por diluya la responsabilidad frente a su conteni-
violaciones a los derechos humanos e infrac- do y alcance; débil agremiación del poder
ciones al derecho internacional humanita- judicial frente a otros poderes públicos, etc.
rio, mediante el ejercicio de la acción de
revisión ante la Corte Suprema de Justicia. El Estado expide leyes nacionales
En todo caso, la implementación del siste- que demuestran una voluntad de investigar y
ma acusatorio en el caso colombiano busca sancionar a los responsables de las más graves
en buena parte solucionar esta deficiencia en violaciones a los derechos humanos y al derecho
la argumentación, pues regularmente se dice internacional humanitario, pero no las aplica
“mucho” en relación con la ocurrencia del Los procesos legislativos deben ser demo-
hecho y muy poco sobre las razones que subya- cratizadores, e involucrar a los sectores que
cen a una incriminación, o la misma se desvir- tengan una especial relación e interés en el
túa. En este sistema se espera que haya una tema de impunidad. En esta medida, cobra
mayor celeridad en el proceso penal, asociada particular importancia la capacitación de sus
a una pertinencia en la actuación de cada uno operadores sobre su contenido.

novaetvetera19
p e n s a m i e n t o y v i d a

El Estado expide leyes nacionales los altos tribunales y cortes. En este aspecto, la
que demuestran una voluntad de investigar y sociedad desempeña un papel fundamental,
sancionar a los responsables por las más graves pues se requiere de una mayor sensibilización
violaciones a los derechos humanos y sobre la importancia de su colaboración con
al derecho internacional humanitario, las autoridades para el esclarecimiento de los
pero su aplicación es puramente formal delitos.
La actividad del aparato de justicia penal
y las decisiones judiciales no necesariamente Retos del sistema penal en la lucha
implican la aplicación de la justicia material. contra la impunidad
Justo es reconocer que buena parte del

E n consecuencia, implícitamente
se plantea –en mi criterio– la urgencia de un tránsito a
presupuesto nacional se ha destinado
específicamente al fortalecimiento de
la justicia criminal, y ha recibido de la
comunidad internacional aportes sig-
un esquema investigativo acusatorio que imprima nificativos, llamados a ser excepciona-
mayor celeridad pero también capacidad para que las les, aun cuando convendría su
denuncias recibidas conduzcan a procesos que termi- articulación como un solo esfuerzo.
nen con una decisión de fondo en las instancias judi- Así, las asignaciones presupuestales a
la Fiscalía General de la Nación1 crecie-
ciales correspondientes.
ron en una tasa promedio anual de
4,5% entre 2000 y 2004, mientras que la
En este orden de ideas, los esfuerzos en la demanda de servicios aumentó durante el
administración de la justicia deben ser signifi- mismo periodo a una tasa promedio anual de
cativos para respetar el derecho a la verdad, a 8,6%, casi el doble. Esta información fue pre-
la justicia y la reparación de las víctimas. sentada por el actual Ministro del Interior y de
Justicia para justificar un incremento en la efi-
El Estado no adopta políticas planificadas a ciencia judicial.
corto, mediano y largo plazo para tratar
de eliminar o reducir al máximo la situación Al margen de las conclusiones e inferen-
actual que implica violaciones a diversos cias realizadas en dicho informe, lo cierto es
derechos humanos y puede generar que en el mismo se puso de presente que la
su responsabilidad internacional. avalancha de denuncias en la Fiscalía supuso
Esfuerzos aislados, restringidos a la órbi- para esa entidad un retroceso de 89,96% a
ta de las instituciones y desarticulados de un 55,79% en el cálculo de las probabilidades de
propósito nacional no son suficientes para procesar a los delincuentes. En consecuencia,
promover una cultura de respeto efectivo por implícitamente se plantea –en mi criterio– la
los derechos humanos. urgencia de un tránsito a un esquema investi-
gativo acusatorio que imprima mayor celeri-
Ineficiencia del Poder Judicial dad pero también capacidad para que las
A pesar de la pluralidad de las investiga- denuncias recibidas conduzcan a procesos que
ciones iniciadas, una proporción bastante infe- terminen con una decisión de fondo en las ins-
rior termina con una sentencia confirmada por tancias judiciales correspondientes.

20novaetvetera
p e n s a m i e n t o y v i d a

• En cuanto a las autoridades que intervienen


nal aludido incluya como un elemento de políti-
en la lucha contra la impunidad, éstas
ca la problemática de impunidad, e involucre no
deben tener un código ético impenetrable a
sólo a la justicia y sus agentes, sino a las institu-
la corrupción, que prevea sanciones severas
ciones gubernamentales y sociales.
frente al incumplimiento de sus funciones,
de modo que respondan por su inercia o por
Hay dos tendencias frente a la adopción
su desbordamiento. Así, por ejemplo, debe
de una comisión investigadora en el caso
diseñarse un control de gestión de la fun-
colombiano: quienes aceptan su creación
ción penal y disciplinaria a través del cual
como un mecanismo para asegurar una paz
pueda vigilarse que: las acciones de las
duradera y quienes estiman que su aplicación
autoridades correspondan a las finalidades
sólo es posible en el tránsito de una dictadura a
que la ley prescribe para cada etapa del pro-
una democracia, o en una situación de nega-
ceso; los intervinientes del mismo cumplan
ción de la institucionalidad hacia la recons-
a cabalidad con el rol que les ha sido asigna-
trucción de una nueva, en un contexto social
do en ese contexto; las decisiones interme-
determinado, lo que no se ajusta a nuestra rea-
dias o definitivas se adopten conforme a los
lidad. Ciertamente entre una y otra tendencia
estándares internacionales sobre derechos
pueden darse otros criterios.
humanos y derecho internacional humani-
tario; se apliquen criterios de recolección y
Del mismo modo, en los primeros proyec-
preservación de la prueba adecuados, con-
tos de ley sobre la materia se advierte un interés
forme a los manuales emitidos, etc.
en plantear un nuevo esquema de investiga-
• Muchas de las recomendaciones de la
ción, juzgamiento y sanción de las violaciones a
Comisión Interamericana de Derechos
los derechos humanos y las infracciones al
Humanos (2001, párr. 35) están dirigidas a la
derecho internacional humanitario, al amparo
creación de comisiones de la verdad. En
de todas las garantías procesales para los incri-
Paraguay, por ejemplo, la Comisión reco-
minados y de alentar procesos de concertación
mendó su adopción como parte de un plan
con los grupos armados ilegales con penas más
nacional de protección y promoción de los
reducidas. Estos propósitos fueron articulados
derechos humanos. En mi opinión, dicha
como manifestaciones de una mal llamada
recomendación puede ser acogida por un
alternatividad penal.
Estado, total o parcialmente, pues ello
depende en buena medida de la situación
Por otra parte, frente a las primera propues-
política o de conflicto armado que afronte.
tas legislativas distintos sectores políticos y aca-
démicos recomendaron hacer modificaciones o
Reflexiones para el caso colombiano precisiones a la ley, tanto de orden operativo o
A diferencia del caso paraguayo, la creación instrumental (como por ejemplo en cuanto a la
de una comisión investigadora en Colombia conformación del Tribunal de Justicia, Verdad y
podría ocurrir independiente de la adopción de Reparación), como de orden sustancial respecto
un plan nacional de derechos humanos, ante la de su constitucionalidad ante la existencia para-
necesidad de no postergar ni aplazar acuerdos lela de los tribunales de justicia ya constituidos.
de paz que contribuyan gradualmente a la con- En este orden de ideas, parecería estar claro que
secución de la paz. Lo ideal es que el Plan Nacio- un nuevo tribunal, de acuerdo con las normas

novaetvetera21
p e n s a m i e n t o y v i d a

internacionales, estaba llamado a cumplir una logre condenar ni a todos los responsables, ni
función transitoria y complementaria y bajo por todos sus delitos o a que se adopten sen-
ningún supuesto entraría a funcionar en rem- tencias definitivas en un menor tiempo sin un
plazo de la jurisdicción legal preestablecida. adecuado respaldo probatorio, lo cual daría
lugar a decisiones injustas y con una restrictiva
También se planteó en algún momento que satisfacción de los intereses de las víctimas.
la función del poder judicial no puede desalen-
tarse, con ocasión de decisiones políticas respal- Perdones responsabilizantes
dadas por una ley especial y no general, que Se ha planteado entonces un esquema de
termine debilitando no sólo la acción de la justi- perdones responsabilizantes (Uprimmy y
cia, sino también deteriorando los principios y Lasso, 2004) con formas de negociación que
valores que son fundamento de nuestra sociedad. consideran los derechos de las víctimas y los
deberes del Estado a establecer la verdad,
Otra crítica recurrente es que no puede reparar a las víctimas y sancionar a los res-
existir negociación de crímenes de guerra o de ponsables.
lesa humanidad, pues esto rompería la cohe-
rencia que debe guardar nuestra normativa Según dicho esquema las formas de per-
con los principios y directrices enunciados por dón recíproco, es decir, retributivo, en las gue-
el derecho internacional, en especial para la rras internacionales son más viables –por ser
lucha contra la impunidad y el respeto de los más difícil la distinción entre víctimas y victi-
derechos de las víctimas. marios–. Por el contrario, en guerras asimétri-
cas horizontales reviste particular importancia
La Justicia y la paz configuran un propósi- adoptar mecanismos de justicia restauradora,
to nacional que es posible en un escenario de a partir del reconocimiento de la responsabili-
integración y de convivencia solidaria. Si bien dad que le cabe a cada actor del conflicto. En
es importante considerar las experiencias exi- principio, éste último parecería ser caso
tosas de otros Estados en los procesos de nego- colombiano, a no ser por supuesto que se le
ciación de la paz, no es menos cierto que en atribuya al conflicto interno el carácter de
Colombia nuestro poder judicial no ha colap- internacional.
sado por completo; no estamos en un esquema
de justicia transicional precedida por una dic- En este sentido, es preciso recordar a Kai
tadura, y el contexto de negociación se ha dado Ambos cuando expresa que: “realmente, en la
en la lógica de institucionalidad y de un Estado mayoría de los casos se podría renunciar a la
socialmente inclusivo. tradicional distinción entre conflicto interna-
cional y no internacional y solamente hablar de
Modelos de perdón crímenes de conflictos armados” (2002, p. 69).
Ciertamente, no conviene acoger acuer-
dos que impliquen perdón y olvido general, La finalidad de la pena no puede ser la
como tampoco proponer modelos intermedios simple retribución, pues en Colombia es
de perdón general con indemnización a las víc- necesario que los acuerdos sean determinan-
timas y recuperación de la verdad. Frente a tes para garantizar la convivencia futura en el
tales modelos, existe el temor de que no se marco de una política criminal sostenible.

22novaetvetera
p e n s a m i e n t o y v i d a

La diferencia del esquema en mención, de las víctimas y los deberes de los actores del
respecto de los dos que le preceden, estriba conflicto, y en segundo lugar, en la oportunidad
primordialmente en cuatro aspectos: en que se adopten los mismos. Sin duda, es
a) Los perdones responsabilizantes favorecen necesario generar unas condiciones previas a
en mayor medida acuerdos independien- los acuerdos, de cesación total de las hostilida-
tes y simultáneos con los actores del con- des de los grupos armados ilegales desmoviliza-
flicto que hacen parte la negociación. dos e incluso de aquellos que eventualmente
b) La vía de entrada a la negociación busca un podrían en lo sucesivo participar de este proce-
equilibrio o una compensación entre los so, así sea en forma parcial.
derechos de las víctimas y los deberes
correlativos de cada uno de los actores del El perdón responsabilizante debe:
conflicto. a) Ser excepcional e individualizado.
c) El equilibrio o la compensación entre los b) Regido por el principio de proporcionali-
derechos de las víctimas y los deberes dad frente a la necesidad de alcanzar la paz
correlativos de los actores del conflicto y la reconciliación.
dependerá, en buena parte, de la posición c) Estar legitimado en un consenso social
política que ocupe cada uno de ellos en el amplio.
contexto social interno y en el contexto d) Conducir a la revalorización de las victi-
internacional. mas, y
d) La vía de salida a la negociación debe ser la e) Darse en un contexto de búsqueda de la
formulación de una política pública estatal verdad.
que permita hacer sostenibles los esfuer-
zos en materia de justicia y paz. No se debe Todos estos aspectos son sustanciales
prescindir de esfuerzos enmarcados en para un proceso de negociación de paz.
una política permanente, a pesar de la exis-
tencia de un marco legal para los proceso Revalorización de las víctimas
de paz impulsados por el Gobierno. Es de vital importancia lograr un consenso
social en torno a cómo se va a dar el proceso de
Esto por supuesto no significa que una ley revalorización de las víctimas. Éste, en mi crite-
pensada para una corta existencia deba adqui- rio, es el aspecto esencial para que esta expe-
rir vigencia permanente, sino que plantea la riencia sea realmente exitosa en el sentido de
necesidad de la formulación e implementación ser perdurable o duradera.
de una política pública, que podría darse en
forma antecedente, concomitante o subsi- Esta revalorización de las víctimas guarda
guiente a procesos de negociación con los gru- estrecha relación con la resignificación de la
pos armados ilegales. persona humana, lo que supone, en términos
genéricos, no confrontar los derechos de las
Es preciso advertir que el éxito de una víctimas con los del victimario, ni siquiera en el
negociación para el caso colombiano, se ámbito judicial, sino considerar su dignidad
encuentra, en primer lugar, en la transparencia como personas. Por tanto, la persecución del
de los acuerdos para que se alcance un verdade- delito debe darse con un enfoque de protec-
ro equilibrio o compensación entre los derechos ción de los derechos para ambos.

novaetvetera23
p e n s a m i e n t o y v i d a

Así ha quedado plasmado de modo el delito cometido y el daño provocado a la


transversal en la actualización de los princi- víctima.
pios y directrices de la declaración de Nacio-
nes Unidas (2004, pp. 17 y 24) sobre las En resumen, es necesario un marco jurí-
víctimas de la justicia y de abuso de poder, dico o legal para los procesos de paz que se
cuando en su preámbulo reconoce. “Obser- adelanten, para convalidar las negociaciones
vando asimismo que las formas contemporá- y disminuir el riesgo de la improvisación o
neas de victimización, aunque dirigidas falta de un seguimiento adecuado a los com-
esencialmente contra personas, pueden estar promisos que se van adquiriendo. Al mismo
dirigidas además contra grupos de personas, tiempo, es fundamental el apoyo de la comu-
tomadas como objetivo colectivamente” y nidad internacional, circunscrito no sólo a la
también en la sección XIII punto 27 referida a tarea técnica de verificación de los acuerdos,
los derechos de otras personas, de la siguiente sino también a la sensibilización por el respe-
manera: “Nada de lo dispuesto en el presente to a los derechos (en especial en las zonas
documento se interpretará en el sentido de afectadas por el conflicto), a través de diferen-
que menoscaba los derechos internacional o tes mecanismos, como por ejemplo las comi-
nacionalmente protegidos de otras personas, siones de verdad de carácter preventivo.
en particular el derecho de las personas acusa-
das a beneficiarse de las normas aplicables Proyecto ley No. 211 de 2005
relativas a las garantías procesales.” (itálicas sobre justicia y paz
fuera de texto) Con el Proyecto de ley No. 211 de 2005, al
parecer, la preocupación gira en torno a lo que
En Colombia, dicha revalorización tiene se ha denominado la perspectiva de las vícti-
que ser absolutamente compatible con la mas, en el sentido que debe primar la adopción
herramienta jurídica que se defina como de mecanismos que permitan satisfacer sus
indispensable para acelerar las investigacio- intereses, no sólo en términos de justicia (es
nes o iniciarlas y finiquitarlas con mayor cele- decir, la incriminación y sanción a los respon-
ridad de lo que regularmente ocurre en sables de los delitos), sino también en cuanto a
nuestro sistema judicial. su derecho a la verdad y la reparación.

Considero que la herramienta jurídica No obstante lo anterior, aún es insuficien-


indispensable es la confesión individual de los te el desarrollo de dicha perspectiva a través de
delitos, cuyas modalidades, tiempos y efectos las disposiciones contenidas en el Proyecto.
para los responsables deberán ser estableci- Para una mayor ilustración basta citar algunas
das, con una vigencia de aplicación determi- de ellas:
nada. Así, por ejemplo, es fundamental que • Definición de víctima. Se consideran vícti-
las víctimas hagan parte del proceso de nego- mas las personas que individual o colecti-
ciación. Esta participación también debe vamente hayan sufrido daños, incluidos
darse con criterios previos, como que la posi- lesiones físicas o mentales, sufrimiento
bilidad de interactuar con el delincuente que emocional, pérdida financiera o menosca-
confiesa el delito del cual ha sido víctima debe bo de sus derechos fundamentales, como
ser compatible teniendo en cuenta su calidad, consecuencia de acciones que transgredan

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p e n s a m i e n t o y v i d a

la legislación penal vigente, cometidos por corresponda sobre los lugares en los cuales
grupos armados organizados al margen de se hallen fosas comunes o cuerpos de per-
la ley. sonas desaparecidas o asesinadas. Esta
Con esta definición quedan por fuera vic- norma reviste una particular importancia,
timizaciones que se originan justamente por porque debe conducir a una estrategia
falta de regulación legal o porque aun cuando especial de esclarecimiento y sanción, toda
ésta existe, resulta ambigua o discriminatoria. vez que resulta particularmente complejo
en estos casos la reconstrucción de los
• Mecanismos no judiciales de reconstruc-
hechos y la elaboración de un expediente
ción de la verdad. Es preciso que la pro- probatorio.
puesta haga explícitos tales mecanismos, • Tiempo de privación efectiva de la liber-
porque pareciera que la reconstrucción del tad. Este tema no se podrá resolver por
expediente probatorio estuviera más completo desde una propuesta de justicia
orientada hacia la determinación de una transicional, ni tampoco desde una cir-
responsabilidad penal, que hacia el
derecho a la verdad en su dimensión
colectiva.
• La reparación colectiva debe guiarse
E l grupo armado deberá entregar al
Gobierno Nacional la información que corresponda
por el enfoque de reconstrucción psi-
sobre los lugares en los cuales se hallen fosas comunes
cosocial de atención a poblaciones
afectadas por la violencia. Es muy o cuerpos de personas desaparecidas o asesinadas.
importante que esto se dé en el marco
de una política integral de atención a las víc- cunscrita a mecanismos de simple alterna-
timas y guarde correspondencia conceptual tividad en lo penal, mientras en realidad no
con el proceso de rehabilitación del victima- parta de los derechos y las necesidades de
rio o con los llamados mecanismos de alter- las víctimas desde su contexto de conflicti-
natividad penal. Una formulación tan vidad y el contexto de violación o afecta-
genérica podría incluso conducir a plantear ción concreta de sus derechos.
que una ley que se supone debe tener una • Garantías para hacer efectivos los compro-
vigencia determinada, vendría a remplazar misos a favor de las víctimas. Es preciso
acciones de política emprendidas con un incorporar a la propuesta mecanismos a
sentido estructural, y por lo tanto cualquier través de los cuales se garanticen los com-
esfuerzo resultaría insuficiente para tener un promisos adquiridos por los responsables
impacto integral sobre una problemática. en relación con las víctimas. Tales mecanis-
mos pueden ir desde la imposibilidad de
Por otra parte, podría llevar a un abuso o
acceder a los beneficios que la misma ley
exacerbación de propuestas de rehabilitación del
trae, a pesar de haberse cumplido en un
responsable inconexas de los derechos y necesi-
primer momento los requisitos de admi-
dades de las víctimas, comoquiera que dicha
sión a un proceso de negociación.
rehabilitación, estaría ligada a condiciones o par-
• Aceptación de cargos con solicitud de sen-
ticularidades de las víctimas y viceversa.
tencia anticipada. Si no existen criterios de
• El grupo armado deberá entregar al
ponderación claros para la aplicación de
Gobierno Nacional la información que

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p e n s a m i e n t o y v i d a

esta figura, podría aumentarse la tensión • Fondo para la reparación de las víctimas.
entre aquello sobre lo cual existe la posibili- La previsión de este fondo debe estar regla-
dad de no ser investigado, juzgado y sancio- da en el marco de un Plan Nacional de
nado de manera efectiva y lo que aun dentro Derechos Humanos en el cual se definan
de este marco resulte indisponible en térmi- estrategias de política para asegurar una
nos de justicia, verdad y reparación. reparación adecuada, efectiva y rápida,
• Unificación de procesos. La ley debe tener aun en evento de perjuicios morales.
absoluta claridad acerca de que la persecu- • Comisiones regionales para el examen de
ción de las violaciones debe terminar en reclamos sobre bienes rurales y para la
una sentencia individual de responsabili- adjudicación de tierras. En este propósito
dad, lo que no obsta para adelantar averi- es muy importante convocar a las autori-
guaciones unificadas sobre los hechos, y dades para generar acuerdos con las vícti-
mas sobre el particular.

L os criterios de masividad y siste-


maticidad de las violaciones pueden determinar una
Conjunto de principios
para la lucha contra la impunidad
Los principios de lucha contra la impuni-
violación a un derecho fundamental, la violación no dad formulados por Louis Joinet, reciente-
siempre se considera como un delito internacional. mente revisados por Diane Orentlicher,
tienen una perspectiva global para atacar
que deben adoptarse medidas específicas esta problemática:
dirigidas a atacar fenómenos de macrocri-
minalidad como, por ejemplo, desarticular 1. El enfoque de derecho internacional huma-
las estructuras delictivas. nitario de los principios es ampliado por el
Del mismo modo, la unificación de proce- derecho penal internacional, en especial
dimientos para la investigación de la respon- por el reconocimiento del principio de juris-
sabilidad individual no tiene que conducir a la dicción universal.
unificación de las penas. Esta situación pone
de manifiesto que no siempre se dará el escla- 2. Se afianza la concepción de persona en la
recimiento total del hecho violatorio a los medida en que se busca un mayor equilibrio
derechos humanos o al derecho internacional de las garantías tanto para las víctimas
humanitario, por ende será necesario encon- como los procesados.
trar formulas de advenimiento o compromiso-
rias que correspondan con aquello que han 3. La expresión de violaciones a los derechos
estado en capacidad de investigar las instan- humanos e infracciones al derecho interna-
cias señaladas por la ley. cional humanitario sustituida por violacio-
• Derechos de las víctimas. Derecho a ser nes de normas de derecho internacional y
oídas y a que se les facilite el aporte de prue- violaciones al derecho internacional huma-
bas. Se requieren mecanismos concretos nitario imprime a los principios un mayor
que permitan que esto ocurra, no sólo por poder vinculante de los Estados parte, fren-
iniciativa de las mismas, sino también de las te al cumplimiento de las disposiciones
autoridades. contenidas en la Convención Americana de

26novaetvetera
p e n s a m i e n t o y v i d a

Derechos Humanos e instrumentos afines, que ha cumplido la norma internacional y, en


ya sea porque las disposiciones internas no este sentido, no es muy claro si corresponde a
los desarrollan lo suficiente, o los contradi- los organismos internacionales del sistema de
cen, o simplemente porque carecen de la protección de los derechos humanos desvirtuar
regulación legal necesaria para la efectiva su cumplimiento.
protección de los derechos.
4. Se hace una distinción entre violaciones
En cualquier caso, podría argumentarse manifiestas y violaciones al derecho interna-
que los conceptos de violaciones de la actual cional humanitario, al parecer para poner de
resolución están en mayor medida desligados manifiesto que cada una tiene una naturale-
de una protección material de los derechos. za distinta a pesar de que podrían convergir
Por tanto, la violación se configura como tal en en escenarios y contextos sociopolíticos
cuanto está prohibida por el derecho interna- similares o iguales.
cional de los derechos humanos y amparada
por el principio de la jurisdicción universal, en 5. Así también, tal distinción al parecer busca
virtud del cual la legislación penal se unifica de hacer hincapié en la complejidad de las vio-
manera progresiva en su parte sustancial. En laciones al derecho internacional humani-
este orden de ideas, la protección de los dere- tario, por cuanto no son catalogadas como
chos en un sentido material se convalida frente manifiestas.
a la comprobación de la violación en concreto,
precedida por una valoración en torno a lo que 6. Se hace una distinción entre el derecho
se prohíbe internacionalmente y se demanda penal internacional y derecho penal inter-
proteger de modo efectivo. nacionalizado, seguramente para mejorar la
comprensión en torno a los principios
Pareciera entonces que los principios de orientadores del derecho penal internacio-
lucha contra la impunidad se compaginan con el nal y aquellos que han sido de algún modo
derecho penal internacional. Esto trae como con- apropiados por éste en cuanto proceden de
secuencia una maximización de la prevención otros derechos, pero en esa medida, confi-
general de las disposiciones internacionales. gura un derecho internacionalizado.

Las consideraciones anteriores conducen a Conclusiones


que, si bien los criterios de masividad y sistema- Para finalizar, habrá también que esta-
ticidad de las violaciones pueden determinar blecer cuál es el perdón necesario para el
una violación a un derecho fundamental, la vio- logro de la paz y la reconciliación. Igualmente,
lación no siempre se considera como un delito frente a delitos de lesa humanidad y crímenes
internacional. Para que esto ocurra, es necesario de guerra es preciso definir qué quiere decir:
que expresamente las mismas estén blindadas “deberá imponerse tanto castigo como sea
por los principios propios del derecho penal posible y necesario”.
internacional. Es decir que el Estado, en el
marco de actualización de los principios que se Son muchas las cuestiones aún por resol-
analiza, antes de entrar a probar la violación a ver, como el tema del perdón y la reconcilia-
los derechos, debe confirmar la presunción de ción que podrían dar lugar a una reflexión en

novaetvetera27
p e n s a m i e n t o y v i d a

ción forzada. Comisión Internacional de Juristas.


otro artículo. En cualquier caso, comparto el
Louise Doswald-Beck. Perú.
criterio según el cual para perdonar es nece-
sario comprender el contexto de la violación a Congreso de la República de Colombia.
un derecho (Beristain, 1996). Cámara de Representantes. Legislatura 2003-2004.
Debate sobre impunidad y justicia en Colombia.
Sobre el particular, Antonio Beristain ha Sesión plenaria ordinaria de 24 de marzo de 2004.
Convocado según proposición No. 131 de marzo
expresado: “Por lamentable hipertrofia del Esta-
16 de 2004.
do-Leviatán, vengador de la justicia, al modo de
la hybris griega, en el proceso, tal y como lo esta- Hoyos, I. M. (2002). La persona y sus dere-
blece el derecho penal tradicional retributivo, chos. Bogota: Temis. 75–111.
nada positivo puede hacer el delincuente. Sólo
Joinet, L. (1997) Informe final del relator espe-
puede padecer. Y nada positivo pueden hacer las cial. Impunidad y conjunto de principios para la
víctimas: Sólo callarse” (p. 272). protección y la promoción de los derechos huma-
nos mediante la lucha contra la impunidad. Doc.
Según lo expuesto, es necesario conti- E/CN.4/Sub2/20/Rev1. Convalidado en Comisión
nuar en el esfuerzo de encontrar un marco de Derechos Humanos en su 60ª periodo de sesio-
jurídico que aliente el respeto de los derechos nes, el 27 de febrero de 2004.
tanto de las víctimas como de los victimarios,
Oficina en Colombia del Alto Comisionado de
en una lógica distinta a la tradicional.
Las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
(Marzo de 2001). Compilación de instrumentos
El compromiso de combatir la impuni- internacionales. 1ª. ed. Bogotá, 39–65.
dad supone estrategias en el marco de políti-
cas públicas que permitan de manera gradual Organización de Estados Americanos. Secre-
incrementar los niveles de eficiencia en la taría General. (Febrero de 1995). Informe Inter-
americano de Derechos Humanos 1994.
investigación de todos los delitos.
Palacio, M., Bacigalupo, E. et al. (2001).
Monografías Penales. Comisión Redactora del
Referencias Código Penal Tipo para Iberoamérica. Bogota:
Universidad Externado de Colombia. Librería del
Ambos, K. (julio de 2002) Seminario Interna-
Profesional, 85–108.
cional Verdad Justicia y Reparación. Corte Penal
Internacional. Vicepresidencia de la Republica de Silva, J. M.. (2003). Aproximación al Derecho
Colombia. Programa Presidencial USAID/MSD. Penal Contemporáneo. 2ª. reimpresión. Bogota:
Bogotá: Ágora Ltda. Gustavo Ibáñez, 97–179.

Comisión Interamericana de Derechos Uprimny R., Lasso L. M. et al. (2004). Verdad,


Humanos, CIDH. (Febrero de 2004). 60º periodo justicia y reparación en el conflicto armado. En
de sesiones .Consejo Económico y Social. Distrito Conflicto y seguridad democrática en Colombia:
General E/CN.4/2004/88 27. Bogota: 20 pp. Temas críticos y propuestas. Bogota.

______. (2001). Informe sobre la situación de


los derechos humanos en Paraguay. Cap. 3, párr. 2.

Comisión Internacional de Juristas. (2001).


Impunidad, crimen de lesa humanidad y desapari-

28novaetvetera
p e n s a m i e n t o y v i d a

Notas

1 Debate sobre impunidad y justicia en Colombia realizado en la


Cámara de Representantes. Legislatura 2003-2004. (Sesión ple-
naria ordinaria de 24 de marzo de 2004. Convocado según
proposición No. 131 de marzo 16 de 2004) Respuesta a cues-
tionario por parte del Ministro de Interior y de Justicia a pre-
gunta No. 2 y 3.

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p e n s a m i e n t o y v i d a

Simón Hampton Ruiz, fotografía: Chimeneas Gaudi, Barcelona, España, 2004.


Entre la soberanía y
el derecho de intervención:
algunos dilemas de las intervenciones
humanitarias
David Suárez
M. A. en Filosofía. Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, Pontificia Universidad Javeriana.

Resumen
El artículo examina la problemática de las intervenciones militares humanitarias y su polémica
tensión con respecto a la soberanía estatal. Dada la amplia gama de posiciones que exhibe el
debate, el análisis se centra en los argumentos aducidos por el Informe “La responsabilidad de
proteger”, publicado en diciembre de 2001 y redactado por la Comisión Internacional sobre
Intervención y Soberanía de los Estados (ICISS, sigla en inglés), así como en el razonamiento
que el filósofo canadiense Michael Ignatieff desarrolla alrededor del tema con base en un con-
cepto no menos discutible, como es el de “Estados colapsados”. En el texto se hace una explíci-
ta indagación desde una perspectiva histórica sobre la cuestión de la soberanía y el deber o no
de intervenir en contextos con graves crisis de Derechos Humanos, sin entrar a exponer otras
líneas argumentativas que hoy ven en las denominadas intervenciones humanitarias un peligro
mayor que el que con ellas se procura conjurar.

Palabras clave
Soberanía, Estado-nación, Estados colapsados, Derechos Humanos, Intervenciones
humanitarias.
p e n s a m i e n t o y v i d a

«A través de la transformación que provoca hoy mente tres: de índole moral, jurídica y políti-
en el derecho supranacional, el proceso ca. Ninguna de estas tres dimensiones del
de constitución del imperio tiende, directa o problema está absolutamente separada de las
indirectamente, a penetrar en la ley nacional demás. Cualquier justificación moral de una
de los Estados-nación y a reconfigurarla; intervención armada en un territorio nacional,
por lo tanto, el derecho supranacional aduciendo que en éste se violan sistemática-
sobredetermina decisivamente
mente los derechos humanos, trae implícitos
el derecho doméstico.
en la cadena argumentativa elementos pro-
»Probablemente, el síntoma más significativo
pios del lenguaje político y no deja de mostrar
de esta transformación sea el desarrollo
del llamado derecho de intervención.»
que la decisión en cuestión es válida jurídica-
mente, esto es, que se ajusta a la legalidad
Michael Hardt y Toni Negri: Imperio internacional sobre la materia. Otro tanto
sucede con los argumentos políticos o jurídi-
«Cuando la población esté sufriendo graves daños
cos cuando se esgrimen en primer orden. Sin
como resultado de una guerra civil,
embargo, aunque sea difícil, es posible adver-
una insurrección, la represión ejercida
tir la especificidad de cada uno de estos estilos
por el Estado o el colapso de sus estructuras, y
de argumentación que motivan la acción prác-
ese Estado no quiera o no pueda atajar o evitar
dichos sufrimientos, la responsabilidad tica en la arena de la política internacional.
internacional de proteger tendrá prioridad Cualquier problema importante –y sin sospe-
sobre el principio de no intervención. » chas el tema de las “intervenciones” lo es–
deriva su relevancia de una contradicción que
“La responsabilidad de Proteger”. puede expresar bien sea el antagonismo de
Informe de la Comisión Internacional
intereses entre partes que integran la totalidad
sobre Intervención y Soberanía del sistema mundial o bien entre concepcio-
de los Estados, diciembre de 2001. nes –expresión ideológica de tales antagonis-
mos– que pugnan entre sí la legitimidad de sus
intereses.

Introducción
El objetivo de este artículo es reseñar

U
no de los problemas de las relaciones sucinta y esquemáticamente los argumentos
políticas internacionales sin duda que hoy se plantean a favor de las llamadas
más inquietantes de la última década intervenciones militares humanitarias, sin
es el de las denominadas “intervenciones entrar a considerar en profundidad las réplicas
humanitarias”. Se trata de una cuestión que que se tejen en su contra. Este modo, si se quie-
preocupa no sólo en términos de la existencia re unilateral de presentar la discusión, tiene
de un deber o no, en cabeza de las organiza- una evidente desventaja: se sacrifica en consi-
ciones internacionales, de intervenir en otros derable medida o casi en su totalidad el carác-
Estados para restaurar un orden respetuoso ter polémico que informa a la cuestión. Más
de los derechos humanos, sino del alcance y aún, dirán algunos, se desdibuja y adultera la
criterios para llevar a efecto una intervención discusión hasta transformarla en la apología de
militar en otro Estado soberano. El problema una única posición, aquella que ostenta un
toca varias dificultades, se diría que básica- consenso prácticamente hegemónico en la

32novaetvetera
p e n s a m i e n t o y v i d a

cultura política contemporánea. Sin embargo La soberanía y


exhibe dos ventajas: una es la de ofrecer en la interdicción de la injerencia
escasas páginas la visión de conjunto que pre-
senta un lado del debate y los argumentos que Antes de entrar en lo que hoy se percibe
esta misma visión afronta y cree rebatir triun- como el dilema de las intervenciones huma-
falmente, aun cuando desestime otras críticas nitarias, procede exponer lo que por tales se
que podrían ser fundamentales. La segunda entiende. En el lenguaje político y filosófico, el
ventaja es que, asumiendo que el intervencio- uso de la palabra intervención e intervencio-
nismo humanitario goza de algún relativo con- nismo, conserva un núcleo duro de sentido
senso –y aún más– ha devenido una realidad que refiere a la injerencia en una esfera que
de facto en nuestro mundo político, conviene legal o éticamente se encuentra reservada o
conocer sus argumentos centrales, su orden protegida de acción externa. Así se habla en el
del discurso, como premisa para comprender marco de la teoría política liberal de interven-
y evaluar mejor la validez de los contra-argu- cionismo, para señalar la facultad que asistía
mentos que se le dirigen. al Estado Absoluto, en contraposición al Esta-
do liberal de Derecho, de interferir o franca-
Se procederá, primero, explorando en su mente invadir la esfera de la vida privada de
versión más extendida el dilema de las inter- los individuos. A este efecto se suele evocar la
venciones humanitarias a la luz de su contra- frase que, en 1819, pronunciara el pensador
posición con el principio de soberanía de los liberal Benjamín Constant en un discurso que
Estados-nación. Para ello se esclarecerá el tenía por objeto comparar la concepción de
concepto de soberanía y su papel en la era de libertad de los antiguos con la establecida
la guerra fría, para situar en contexto el surgi- entre los modernos. Para los últimos, entre los
miento de un mundo interdependiente, crite- que se contaba el mismo Constant, la libertad
rio éste que sirve de argumento para las se concebía como “el gozo pacífico de la inde-
intervenciones humanitarias hoy y sugiere pendencia privada” (citado por Bobbio, 1989,
una reinterpretación de la Carta de las Nacio- p. 9). El discurso mismo de los derechos huma-
nes Unidas en torno al tópico de la soberanía. nos adeuda a la lucha contra el intervencionis-
Posteriormente se mostrarán los argumentos mo estatal en la esfera individual buena parte
que favorecen las intervenciones humanita- de las elaboraciones conceptuales que han
rias, siguiendo en este punto básicamente el integrado el corazón de su teoría. Tal es el caso
Informe de la Comisión Internacional sobre de los valores de la dignidad, la autonomía e
Intervención y Soberanía de los Estados, “La inviolabilidad de la persona, como baluartes
responsabilidad de proteger”, publicado en alzados frente a la arbitrariedad de los Estados
diciembre del 2001 y presentado al Secretario y su interferencia en la libertad individual.
General de las Naciones Unidas en calidad de Otra manera de referirse al intervencionismo
brújula para la toma de decisiones en tan con- extrae su significado del contexto discursivo
troversial materia. Por último, se plantearán marcado por la oposición entre las teorías
algunas inquietudes al concepto de “Estados liberales y socialistas en torno a la relación
colapsados” que, dentro de la línea discursiva Estado y Mercado. En tal sentido, el socialis-
que se presenta, desempeña el papel de crite- mo o, en general, las fórmulas de Estado here-
rio fundamental para las intervenciones. deras de su tradición ideológica serían

novaetvetera33
p e n s a m i e n t o y v i d a

intervencionistas, por considerar que el Esta- histórico, “pretende ser una racionalización
do tendría la obligación de intervenir en la jurídica del poder, en el sentido de transformar
regulación del mercado y mitigar de alguna la fuerza en poder legítimo [y] el poder de
manera, mediante esta interferencia, las des- hecho en poder de derecho” (p. 1483). En el
igualdades sociales que el libre juego de las contexto de las mediaciones políticas que en la
fuerzas del mercado no haría sino profundi- premodernidad se dan entre Estado y súbditos,
zar. La doctrina liberal en economía sería la centralización del poder político en cabeza
anti-intervencionista, por cuanto tendría por de un soberano que monopolice la fuerza y, con
inviolable la esfera del mercado con relación a ello, el ejercicio de la dominación de los súbdi-
la actividad del Estado. Por último, estaría el tos dentro de un territorio a través de la ley, que
concepto de intervencionismo o interferencia sólo puede ser expedida por él, aparece como
relativo al campo de las relaciones internacio- una necesidad frente a las guerras que devastan
nales, contexto en el que el término opuesto a a las naciones ya en el mismo plano interno
intervención, o frente al cual éste conservaría como en el externo. Se trata, en palabras del
su sentido, sería el de soberanía estatal. Las citado autor, del “concepto político-jurídico
relaciones entre los Estados-nación en el que permite al Estado moderno, con su lógica
mundo moderno se erigen sobre este último absolutista interna, afirmarse sobre la organiza-
concepto, construcción jurídica que remite, ción medieval del poder, basada, por un lado,
en clara analogía con la autonomía individual, en los estratos y en los estados, y por el otro, en
a la potestad indelegable de elegir un curso de las dos grandes coordenadas universalistas del
acción que no puede ser interferido por nin- papado y del imperio” (Ibíd.). Este proceso se
gún otro Estado. opera bajo una “exigencia de unificación y de
concentración del poder, para realizar en una
En lo que toca específicamente a la sobe- sola instancia el monopolio de la fuerza en un
ranía y su relación con el concepto de inter- determinado territorio y por sobre una deter-
vención, conviene hacer una breve digresión minada población, y para realizar en el Estado
en torno al desdoblamiento de la primera la máxima unidad y cohesión política” (Ibíd.).
como soberanía interna y externa. La sobera- Sin embargo, el real trasfondo sobre el que nace
nía interna, si bien es el fundamento de la la necesidad de cohesión política es el de la gue-
externa, no muestra una relación directa con rra y la paz, esto es, necesidad de pacificación
el intervencionismo, sino cuando refiere al interna y externa. La primera se resuelve
contexto de las luchas por constituir un Estado mediante las constituciones modernas que, al
nacional verdaderamente soberano en el sen- decir de Negri,1 subsumen el poder constitu-
tido externo. Tal es el caso de la constitución yente, expresado en la nunca pacificada coli-
de los Estados nacionales modernos y de los sión de voluntades, en un poder constituido, y
otrora Estados coloniales en sus luchas de la segunda en el orden postwestfaliano que
liberación nacional. Sobre el modelo de la considera a los Estados internamente sobera-
soberanía interna se da justamente la configu- nos como “iguales” en el contexto europeo. La
ración de los Estados nacionales modernos. historia invierte la tesis de Clausewitz: en la rea-
Como dice Matteucci (1989), la soberanía es lidad, la política aparece como la continuación
un concepto “estrechamente vinculado al de de la guerra por otros medios, mediante un
poder político” que, en su desenvolvimiento esquema jurídico de dominación que es media-

34novaetvetera
p e n s a m i e n t o y v i d a

do por procesos administrativos. A este mismo Pese a las diferencias que entre sí guar-
propósito dirá Habermas (1989): dan las trayectorias históricas de constitución
de los Estados nacionales, los procesos con-
El éxito histórico del Estado nacional se
cluyen en su configuración como soberanos.
explica en gran parte por las ventajas que
conlleva el moderno aparato estatal como Así, con esta identidad jurídica, entran en el
tal. Obviamente, el Estado territorial mono- orden internacional, atributo que pone en
polizador de la violencia, con una adminis- juego una serie de garantías, deberes y venta-
tración diferenciada y financiada a través de
jas políticas: primero, son “soberanos” y,
impuestos, podía cumplir mejor los impera-
tivos funcionales de la modernización social, como tales, aunque limitados internamente
cultural y, sobre todo, económica, que las for- por los derechos humanos de los asociados
maciones de antiguo cuño. (p. 84) que se encuentran bajo su jurisdicción, no

A
El filósofo alemán insiste
en que las vías de constitución sí, con esta identidad jurídica,
de los Estados nacionales han
entran en el orden internacional, atributo que pone en
sido diferentes, y así habla de
cuatro grandes esquemas: los dos juego una serie de garantías, deberes y ventajas políticas:
primeros ostentan una clara con- primero, son “soberanos” y, como tales, aunque limitados
traposición que se formula como internamente por los derechos humanos de los asociados
“from state to nation vs. from que se encuentran bajo su jurisdicción, no admiten ningún
nation to state”, es decir recoge
otro poder superior. En segundo lugar, son “igualmente”
aquellos casos en los que el tránsi-
to se operó desde la nación hacia el soberanos, lo que significa que ni pueden ser intervenidos
Estado, y los que recorrieron el por otros Estados (garantía de no intervención) ni pueden,
sendero contrario: del Estado a la a su turno, intervenir en ningún otro (obligación de no
conformación de nación. Tras la intervenir). Por último, se derivan tres ventajas políticas
Segunda Guerra Mundial asoma
para las relaciones internacionales: “orden, estabilidad y
una generación representada por
los Estados nacionales que surgen predecibilidad”.
en el proceso de descolonización.
Se trata de Estados cuya configuración se da en admiten ningún otro poder superior. En
el marco de una situación en la que no había ni segundo lugar, son “igualmente” soberanos, lo
Estado ni nación propiamente tal, esto es, que que significa que ni pueden ser intervenidos
“adquirieron la soberanía antes de que las for- por otros Estados (garantía de no interven-
mas importadas de organización estatal pudie- ción) ni pueden, a su turno, intervenir en nin-
ran arraigar en el substrato de una nación” (pp. gún otro (obligación de no intervenir). Por
81-82). Por último, figuran las naciones que último, se derivan tres ventajas políticas para
integraban o hacían parte de países de Europa las relaciones internacionales: “orden, estabili-
del Este y que, tras el desmoronamiento de la dad y predecibilidad” (Comisión Internacional
Unión Soviética y del “socialismo real”, logran sobre Intervención y Soberanía de los Estados,
su constitución a partir de conflictos internos, 2001, p. 12).2 Se trata en cualquier caso de una
muchos de ellos auténticamente dramáticos. condición que implica de suyo la cláusula de

novaetvetera35
p e n s a m i e n t o y v i d a

Adolfo Hitler importunaba el banquete de los


no intervención, como quedará establecida en redactores. Era el Hitler propagador de la
la Carta de las Naciones Unidas de 1945.3 De guerra, y no el Hitler artífice del exterminio
acuerdo con el párrafo 1 del Artículo 2 de este europeo, el que más les preocupaba. La gue-
instrumento, el fundamento de la organización rra de agresión a través de las fronteras nacio-
nales constituía a sus ojos un riesgo mayor
no es otro que el “principio de la igualdad sobe- que la exterminación de los pueblos dentro
rana de todos sus Miembros” (C.N.U., Art. 2: 1). de los Estados. (p. 115).
Con este principio se relacionan otros inclui-
dos en el mismo artículo –de forma específica No es cierto, como podría colegirse de la
consignados en los párrafos 3, 4 y 7–, los cuales lectura de Ignatieff, que el énfasis otorgado a la
atañen respectivamente, primero, al imperati- soberanía en la CNU implicara de forma abso-
vo de que los miembros de la Organización luta un principio de no intervención militar.
arreglen sus controversias internacionales “por Como ha puesto de manifiesto Franz Hinke-
medios pacíficos, de tal manera que no se pon- lammert (1987), cualquier principio de Dere-
gan en peligro ni la paz y la seguridad interna- cho se sanciona mediante su inversión, y la
cionales ni la justicia” (Art. 2: 3); segundo, a la Carta no es una excepción. Así como el “no
prohibición de recurrir “a la amenaza o al uso matarás” bíblico puede ser validado y sancio-
de la fuerza contra la integridad territorial o la nado mediante la ley que ordena la muerte
independencia política de cualquier Estado” contra todo aquel que viola la vida, la Carta
(Art. 2: 4), y por último a la interdicción de sanciona la intervención militar contra todos
autorizar, ni siquiera “a las Naciones Unidas a los Estados que agredan militarmente a otros,
intervenir en los asuntos que son esencialmen- es decir, “ninguna paz a los enemigos de la
te de la jurisdicción interna de los Estados” paz”. El Capítulo 7 de la CNU establece las con-
(Art. 2: 7). El valor que, desde el Tratado de Wes- diciones en que el Consejo de Seguridad podrá
tfalia y luego en la constitución de las Naciones intervenir y las medidas preventivas que podrá
Unidas, preocupa asegurar y que, consiguien- tomar para disuadir a los eventuales agresores:
temente, preside este orden de relaciones entre
El Consejo de Seguridad determinará la exis-
los Estados es el de la paz. Sin embargo, ¿cómo
tencia de toda amenaza a la paz, quebranta-
explicar que los casi trescientos años que miento de la paz o acto de agresión y hará
median entre Westfalia y San Francisco no recomendaciones o decidirá qué medidas
hayan podido modificar el énfasis otorgado a serán tomadas de conformidad con los Artí-
culos 41 y 42 para mantener o restablecer la
una paz sustentada sobre el respecto irrestricto
paz y la seguridad internacionales. (Cap. 7,
de la soberanía nacional? Michael Ignatieff Art. 39)
(2002), uno de los comisionados para producir
el informe “La responsabilidad de proteger” en Los mencionados artículos 41 y 42 esta-
donde se argumenta a favor del nuevo “deber” blecen respectivamente, como paso previo y
y “derecho” de intervención, ha brindado una preventivo, “instar a los Miembros de las
respuesta en un no distante artículo: Naciones Unidas a que apliquen dichas medi-
das, que podrán comprender la interrupción
El sesgo de la Carta de las UN contra la inter-
total o parcial de las relaciones económicas y
vención refleja un capítulo de la historia de
Europa que los poderes participantes en su de las comunicaciones ferroviarias, marítimas,
redacción creían haber eludido con fortuna. aéreas, postales, telegráficas, radioeléctricas, y
Aunque muerto y derrotado, el espectro de otros medios de comunicación, así como la

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p e n s a m i e n t o y v i d a

ruptura de relaciones diplomáticas” (Art. 41); y dad. La aducción de argumentos a favor de las
como tránsito ya a un plano de coerción se dis- intervenciones militares humanitarias o del
pone que, si tales medidas no logran su efecto derecho de intervención, como también se las
disuasivo, se “podrá ejercer, por medio de fuer- conoce, es una página interesante de registrar,
zas aéreas, navales o terrestres, la acción que así sea a grandes rasgos.
sea necesaria para mantener o restablecer la
paz y la seguridad internacionales”. (Art. 42) De la inacción de los Estados
a la necesidad de intervención
Por cuanto el asunto versa sobre interven-
ciones “militares” justificadas con argumentos No es un secreto que los Derechos
de Derechos Humanos, no se hablará en nin- Humanos como discurso y como práctica no
gún caso de otro tipo de “intervenciones” inte- lograron trascender el plano de la retórica, y
restatales. La intervención económica y ello pese a importantes desarrollos normati-
política, para situar dos de las especies del vos, como lo demuestran las Declaraciones
género “intervención”, siguió gozando de una universal y americana de 1948, la aprobación
patente de corso a lo largo de todos los años de de los Pactos de 1966 y toda una serie de Trata-
la guerra fría y, tras la caída del muro de Berlín, dos o Convenciones de diferente data. Muchos
se extendió como uno de los rasgos esenciales han considerado, como el hermeneuta Ricoeur
de la globalización. No obstante estas precisio- (1985) recordando a Pascal,4 que el factor prin-
nes sobre la posición de Ignatieff, cabe coinci- cipal de tal divergencia entre norma y realidad,
dir con él en que los años que siguieron a la entre prescripción y práctica de unas disposi-
firma de la Carta hasta la década de los 90 estu- ciones selladas como compromisos entre los
vieron de forma general signados por un cona- Estados miembros de las Naciones Unidas, era
to de no intervención por parte del Consejo de que dicho orden jurídico internacional no era
Seguridad y que los “Derechos Humanos per- sino un Derecho sin fuerza. En un sentido res-
manecieron subordinados a la soberanía esta- trictivo jurídico, la expresión “Derecho sin fuer-
tal dentro del marco de lo estipulado por la za” significa la ausencia de garantías o de
Carta” (Ignatieff, 2002, p. 115). mecanismos de coacción para hacerlo efectivo;
pero en una interpretación más amplia, que
“El derecho no crece por compulsión silo- incluye argumentos de la teoría política, podría
gística”, ha dicho Catharine McKinnon, una decirse que su sentido va más allá del campo
connotada feminista y defensora de los Dere- del Derecho y se extiende al de la voluntad polí-
chos Humanos. (Shute y Hurley, 1998, p. 87). tica. De manera que, a través del prisma de las
Tiene razón. Los hechos anteceden a la Ley, y relaciones de poder, más estrictamente de ten-
es el precedente de facto el que impulsa y da sión bipolar, que caracterizaron el período de la
forma a las balbucientes figuras del Derecho. guerra fría, la frase pascaliana cobra un sentido
Sin embargo, antes de que este proceso madu- diferente al de una mera ausencia de garantías
re es menester esgrimir argumentos: políticos, o mecanismos coercitivos: alude explícitamen-
jurídicos y morales, y también “fácticos”. Sin te, como lo manifiesta Ignatieff, a la “ambigua
este debate, el Derecho pierde un gran terreno luz que las normas de Derechos Humanos arro-
frente a la obediencia y las figuras adoptadas se jaban sobre el comportamiento de las super-
revisten de una sospechosa pátina de ilegitimi- potencias” (2002, Ibíd.). Los Estados Unidos

novaetvetera37
p e n s a m i e n t o y v i d a

apoyaban dictaduras militares en el Cono Sur alrededor de tales derechos. El círculo parece
latinoamericano que ostentaban un record cerrarse: un sistema internacional protector de
aterrador de violaciones a los Derechos Huma- los Derechos Humanos lo es solo del conjunto
nos y la Unión Soviética tenía los Gulags. En de Estados nacionales soberanos, pero la sobe-
este contexto fueron las organizaciones de una ranía implica simultáneamente un límite al
sociedad civil internacional, Amnistía Interna- ejercicio de una práctica internacional de los
cional en 1961, las que asumieron, apoyadas en Derechos Humanos.
la instancia de una conciencia moral universal,
una denuncia enfocada a la protección eficaz Cierto es que el artículo 7 de la CNU, como
de los Derechos Humanos universales. Tras el se tuvo oportunidad de advertir, no prohíbe
derrumbe de la URSS, la ráfaga de la globaliza- totalmente las intervenciones militares siempre
ción económica recorrió todos los rincones del y cuando éstas se estimen como único y último
planeta y, junto a ella, se anunció con optimis- medio para conjurar determinadas situaciones,
mo una era en la que los Derechos Humanos pero aun así varias circunstancias de hecho
pasarían de la retórica a la acción. Así lo expre- (especialmente políticas) impidieron este recur-
só Koffi Annan en su Informe “Nosotros, los so. Una de ellas fue el contexto de la guerra fría.
pueblos de las Naciones Unidas”, el Programa Pero, en similar medida, figuran otras circuns-
de las Naciones Unidas para el actual milenio: tancias que se constituyeron en trabas conside-
rables para el uso de la fuerza por razones
Durante los primeros 45 años de las Naciones humanitarias. Entre éstas cabe mencionar,
Unidas, el efecto paralizador de la guerra fría
como sugiere Arcos Ramírez (2004), un cierto
les impidió cumplir algunas de sus misiones
básicas, pero descubrieron otras tareas esen- “inmovilismo de la comunidad internacional y
ciales a la sombra de ese conflicto. Desde hace [una presunta] inseguridad de la ciencia jurídica
ya 10 años, las Naciones Unidas se han visto internacionalista para trascender el escenario
zarandeadas por los cambios tumultuosos de
coyuntural de la posguerra” y, siguiendo al
la nueva era, y, aunque han hecho una buena
labor en muchos casos, en otros han fallado. mismo autor, “una regulación excesivamente
Ahora, la Cumbre del Milenio ofrece a los líde- rígida del uso de la fuerza”, factor al que se unen
res mundiales una oportunidad única de de manera especial “la estructura aristocrática
reestructurar las Naciones Unidas hasta bien
del Consejo de Seguridad de la ONU y el anacró-
avanzado el siglo XXI de modo que realmente
puedan contribuir a mejorar de manera per- nico poder paralizante del derecho de veto de
ceptible la vida de la gente. (Párrafo 11). sus cinco miembros permanentes” (pp. 17-18).
Estos factores, si se quiere de naturaleza políti-
La mejora “perceptible” de la “vida de la ca, son los primeros en ser objeto de una enér-
gente” sugiere un régimen de respeto universal gica crítica por parte de sectores y grupos que
por los Derechos Humanos, por esas deman- en el escenario mundial claman por un mayor
das morales que sin duda gozan de la mayor activismo de parte de la ONU. Llegan incluso a
legitimidad desde el inicio de la modernidad. asumir directamente una función de denuncia
Sin embargo, el tránsito a la eficacia universal con profundo sentido moral, aun cuando sus
de los Derechos Humanos tropieza con un obs- protagonistas no ignoran el efecto político y, en
táculo: esa misma soberanía que está en la el largo plazo, jurídico que pueden tener sus
base de la constitución del orden internacional acciones. De esa naturaleza es, por ejemplo, el
y que tiene como fundamento un consenso llamamiento que Michel Foucault lanzara en

38novaetvetera
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1981,5 y del cual se reproducen los siguientes silencio en los Estados– sería el surgimiento de
apartes: Organizaciones no Gubernamentales que,
como Amnistía Internacional en 1961, asumirí-
…Existe una ciudadanía internacional que
an la iniciativa de crear ese “nuevo derecho” a
tiene sus derechos, que tiene sus deberes, y
que nos compromete a levantarnos contra ejercer una presión sobre los Estados y su socie-
todo abuso de poder, cualquiera que sea su dad organizada en aras del respeto por los
autor, cualesquiera que sean sus víctimas… Derechos Humanos, “a intervenir efectivamen-
Porque pretenden ocuparse de la felicidad
te en el orden de las políticas y las estrategias
de las sociedades, los gobiernos se abrogan
el derecho de abonar a la cuenta de pérdidas internacionales” (Foucault). La necesidad era
y ganancias el sufrimiento que sus decisio- tan sentida que no de balde la iniciativa sería
nes provocan o que sus negligencias permi- rápidamente imitada por otros grupos a escala
ten. Es un deber de esta ciudadanía
internacional [cursiva mía.- D. S.]
siempre hacer valer ante los ojos y los
oídos de los gobiernos los sufrimientos
de los hombres, de los cuales no es
cierto que no sean responsables… Hay
L a corriente que rompería en medio
de la guerra fría este clima de silencio –silencio de indig-
que rechazar la repartición de tareas
que muy frecuentemente se nos pro- nación en los individuos y conspiración del silencio en
pone: a los individuos corresponde los Estados– sería el surgimiento de Organizaciones no
indignarse y hablar; a los gobiernos
reflexionar y actuar. Es cierto: los bue- Gubernamentales que, como Amnistía Internacional en
nos gobiernos aprecian la santa indig- 1961, asumirían la iniciativa de crear ese “nuevo dere-
nación de sus gobernados, pero
siempre y cuando ésta permanezca cho” a ejercer una presión sobre los Estados y su sociedad
lírica… La experiencia muestra que se organizada en aras del respeto por los Derechos Humanos.
puede y se debe rechazar el rol teatral
que se nos propone de la pura y simple
indignación. Amnistía Internacional,
“Terre des Hommes”, “Médecins du Monde”, internacional y devendría el antecedente quizá
son iniciativas que han creado este nuevo más importante para que, en 1975, 53 países
derecho: el derecho de los particulares a
dieran su firma al Acta Final de Helsinki, instru-
intervenir efectivamente en el orden de las
políticas y las estrategias internacionales… mento mediante el cual la antigua Unión Sovié-
(Foucault, 1981, pp. 272-273). tica permitió a los países miembros del Bloque
socialista la conformación de organizaciones
de derechos humanos y, como acertadamente
La indignación silenciosa –“santa”, en señala Ignatieff, “al actuar así, concedieron, tal
palabras de Foucault– que le correspondía vez sin siquiera advertirlo, la hegemonía a la
soportar a los individuos en cualquier régimen versión norteamericana liberal de los derechos
de abusos era, de otra parte, acompañada por la humanos ... en el mundo moderno”. (Ignatieff,
cómplice inacción de las Naciones Unidas, 2005, p. 62). Esta visión hegemónica logra su
situación que Ignatieff ha catalogado como la plena realización tras el colapso del socialismo
“conspiración del silencio estatal” (2002, Ibíd.). real en 1991, momento que para el recién men-
La corriente que rompería en medio de la gue- cionado autor representa “el apogeo histórico
rra fría este clima de silencio –silencio de indig- de los Derechos Humanos como movimiento e
nación en los individuos y conspiración del ideología de la libertad”. (Ibíd.).

novaetvetera39
p e n s a m i e n t o y v i d a

Derrumbe del socialismo y globalización una actitud compasiva en lo que atañe al dolor
son fenómenos concomitantes en la arena pla- de los demás; se desataron las voces amordaza-
netaria y, pese a la reactivación de las críticas das por el silencio, cumpliendo el “lírico” papel
de izquierda que ven en el discurso de los Dere- de la indignación. Los acontecimientos de
chos Humanos un vehículo ideológico para la Rwanda en 1994 fueron un detonante significa-
tramitación del neoliberalismo, es casi unáni- tivo, como lo describe el informe “La responsa-
me la percepción de que se abre una era en la bilidad de proteger” redactado por la Comisión
cual regímenes con prácticas sistemáticas de Internacional sobre Intervención y Soberanía
violaciones no pueden dejar en la inacción a la de los Estados (ICISS).6 Un genocidio anuncia-
comunidad de naciones. No obstante las do que pudo prevenirse encontró una vez más
muestras a favor de una acción eficaz en esce- por respuesta la parálisis en el ámbito interna-
narios de abusos masivos y sistemáticos contra cional. La lectura de los hechos de Rwanda
los Derechos Humanos, se tropieza con un condujo a un juicio mundial que fue resumido
obstáculo que, simultáneamente, es ético, jurí- como “falta de voluntad política internacio-
dico y político: la soberanía de los Estados. Se nal” o, lo que resulta peor, se consideró que,
trata del mismo tropiezo que, quizá artificiosa- “pese a la retórica sobre la universalidad de los
mente, esgrimió como argumento la Comuni- derechos humanos, unas vidas son mucho
dad Internacional durante la posguerra para menos importantes que otras para la comuni-
legitimar su inmovilismo. Pero tampoco es dad internacional”. (ICISS, p. 1). Se cobró con-
posible declarar sin más, como una ficción jurí- ciencia sobre la necesidad de intervenir, y se
dica o un artilugio político o una falacia moral, pasó a los hechos. Somalia en los primeros
la igualdad soberana de los Estados Miembros años de los noventa, más tarde Srebrenica en
que consagra la Carta. Bosnia y después Kosovo, en 1999, fueron
ejemplos polémicos de intervenciones milita-
De la necesidad de intervenir al derecho res humanitarias. Las dos primeras, aunque
de intervención: exploración del dilema contaron con el aval del Consejo de Seguridad
de las Naciones Unidas, terminaron en un fra-
“Somos espectadores instantáneos caso que costó numerosas vidas humanas,
de todas las atrocidades. Sentados en nuestras
arrojando sombras sobre la eficacia de las ope-
salas, asistimos al asesinato de niños y
raciones de paz; la última, aunque sin el con-
a la desesperación de los refugiados. Tal vez se
sentimiento del Consejo y conducida por la
estén cometiendo ahora mismo otros crímenes
horribles en rincones oscuros, pero no muchos;
OTAN, concluyó exitosamente. Pero, como
los horrores contemporáneos gozan de buena expresa el Informe ICISS planteó inquietantes
iluminación. Es así como se plantea una pregunta preguntas acerca de la legitimidad de las inter-
que nunca antes se planteó, o al menos nunca se venciones militares humanitarias, sobre la
planteó de forma tan inmediata e ineludible: ¿Cuál revitalización del concepto de “guerra justa”,
es nuestra responsabilidad? ¿Qué debemos hacer?” sobre las razones que se estiman justificadas
para intervenir, sobre las obligaciones con la
Michael Walzer
población una vez realizada la intervención.
Todas estas cuestiones han suscitado un
Apenas concluyó la guerra fría, se agudizó amplio debate que puede ser rubricado, de
la percepción de que es necesario ir más allá de forma general, como “el” dilema de las inter-

40novaetvetera
p e n s a m i e n t o y v i d a

venciones humanitarias, aun cuando en la excepto en los supuestos de legítima defensa


realidad y visto a la luz de los diferentes con- y restauración de la paz internacional.
textos y escenarios sobre los que se proyectan
Parece difícil poner en duda que las inter-
estas acciones, cabría más bien hablar de “los venciones humanitarias atentarían contra
dilemas”. ambos principios ya que, por un lado, violan
la integridad territorial y la independencia
Así como variados son los aspectos sobre política de un Estado y, por otro, conllevan
un uso de la fuerza no autorizado por ningu-
los cuales se cierne el debate de las interven- na de las excepciones de la Carta. Los más
ciones, disímiles son los argumentos que pue- feroces críticos de las intervenciones señalan
den aducirse en torno a cada una de las que aunque, ciertamente, algunas de estas
cuestiones que despiertan dichas discusiones. operaciones dirigidas a detener una viola-
ción masiva y sistemática de los derechos
Para desenredar el ovillo de argumentos y con- humanos han logrado llevarse a cabo con la
tra-argumentos que se entrecruzan en el deba- autorización del Consejo de Seguridad, ello
te, conviene partir de dos hechos que se no se ha debido a que el sistema de seguri-
contraponen y que sustentan, en última ins- dad de la ONU admita la existencia de un
derecho o deber de intervención en tales
tancia y desde sendas orillas, los discursos que casos, o a que sea una obligación impuesta
se construyen tanto en pro como en contra de para proteger los derechos humanos, sino a
las intervenciones humanitarias: de un lado, que dicha violación ha terminado represen-
figura la indiscutible fuerza o, si se quiere, con- tando una amenaza para la paz internacio-
nal. (Arcos, 2004, p. 17).
senso que ha ganado la necesidad de intervenir
en aquellos Estados que muestran un panora-
ma agravado de abusos contra los Derechos Uno de los argumentos más poderosos en
Humanos, de brutalidad o de deteriorados tal sentido no deriva su fuerza del orden jurídico
conflictos internos, catalogados como intrata- internacional, como el descrito por Arcos Ramí-
bles. Y, de otro, se encuentran las sombras que rez, sino de la moral. Así, por ejemplo, Michael
arrojan los fracasos, aunque contados, de tales Walzer (1980) sostiene que todo Estado está sus-
acciones, como el ya mencionado en Bosnia, o tentado por una legitimidad moral, y que ésta
la ilegalidad misma frente a lo establecido por impide que cualquier intervención contra él por
el Derecho Internacional, como es el caso de parte de otro Estado pueda ser, de igual forma,
las acciones de la OTAN en Kosovo. Este último moralmente defendible. Para el autor de “Gue-
argumento parece el más difícil de rebatir, rras justas e injustas”, la legitimidad de un Esta-
como lo ha puesto de relieve Arcos Ramírez do va más allá de una construcción jurídica,
(2004) en un libro dedicado a examinar la pro- pues se asienta sobre una comunidad política
blemática: de personas que se encuentran vinculados por
lazos históricos y culturales, por compromisos
Los detractores de las intervenciones inician
siempre su crítica señalando que estamos y deberes que están por fuera de la considera-
ante actos contrarios al Derecho Internacio- ción de un Estado extranjero, el cual no ha sido
nal. Más que la protección de los derechos parte de ese proceso histórico. Lo que suele
humanos, el orden consagrado por la Carta invocarse en una intervención no es la ilegiti-
de San Francisco ha venido descansando en
los principios de no intervención en los asun- midad de un Estado, sino la de un gobierno.
tos pertenecientes a la soberanía de los Esta- Pero el Estado, sostiene Walzer, “está constitui-
dos y de prohibición del uso de la fuerza, do por la unión entre un pueblo y su gobierno,

novaetvetera41
p e n s a m i e n t o y v i d a

y es el estado quien demanda frente a todos los Frente a este argumento, que podría lla-
demás estados el doble derecho a la integridad marse de status moral de los Estados, así como
territorial y a la soberanía política”. (Ibíd., p. de cara a la prohibición jurídica de injerencia
212). Ahora bien, como la regla de constitución en la soberanía, se han establecido diferentes
del gobierno se da entre los mismos ciudada- estrategias de justificación de las intervencio-
nos (de manera horizontal) y, además, hace nes. Una es la representada por Arcos Ramírez
parte de una historia que no ha terminado (2004), quien sostiene como demostración a su
nunca de realizarse, ningún estado extranjero argumento la superioridad de los derechos de
estaría “en condiciones de negar la realidad de los individuos sobre los de los Estados, y, en
tal unión o, más bien, de oponerle otra cosa consecuencia, la primacía del status moral de
que un rechazo especulativo”. Por ser una los primeros sobre el de los segundos. La otra,
construcción histórica propia, los Estados de validez jurídica y diseminada en varios
extranjeros “no conocen suficientemente la autores, aparece nítidamente trazada en un
historia del Estado que cuestionan; tampoco reciente artículo de Eric A. Heinze (2004). Sin
poseen una experiencia directa ni pueden for- embargo, interesa examinar una tercera línea
marse un juicio concreto acerca de los conflic- de argumentos a favor de las intervenciones
tos y armonías, las elecciones históricas y humanitarias, o del derecho a intervenir, la
afinidades culturales, las lealtades y resenti- cual combina argumentos tanto morales,
mientos que le subyacen a aquél”. (Ibíd.). Y si la como jurídicos y políticos. Y ello porque repre-
conducta del Estado que decide intervenir no senta el curso argumentativo que mayor acep-
puede estar determinada por el conocimiento tación ha conseguido en Naciones Unidas. Su
ni por juicio alguno, entonces deberá estarlo discurso exhibe un concepto central de gran
por una suposición “moralmente” necesaria, a fuerza persuasiva aunque de ambigua signifi-
saber: que hay un “acuerdo” entre comunidad cación: Estados colapsados (“failed States” o
y gobierno, y que dicho acuerdo es “legítimo”. “collapsing States”). Su más fiel defensor y, al
De aceptarse esta primera suposición, deberá mismo tiempo, expositor ha sido Michael Igna-
admitirse una segunda, derivada de la anterior: tieff, quien además participó en la redacción
“que si un determinado Estado fuera atacado del Informe ICISS. En este último documento
por otro, sus ciudadanos se verían obligados a plantea una nueva estrategia en el examen y
resistir y que, de hecho, resistirían, pues [forzo- tratamiento del dilema de las intervenciones
so es convenir en que] valoran su propia comu- militares humanitarias, la cual comienza por
nidad del mismo modo como nosotros cambiar los términos con que se suele enfocar
valoramos la nuestra o cualquier otra comuni- el asunto. Como lo sugiere la frase que sirve de
dad en general”. (Ibíd.). Con esta lógica, Walzer título al documento, no se trata de un debate
sostiene el no derecho a intervenir desde un en torno al derecho o no (y correlativamente la
punto de vista moral. Cierto es que admite cir- obligación o no) de intervenir, sino de una “res-
cunstancias en las que sí sería legítimo, pero se ponsabilidad de proteger”. Así lo expresa el
trata básicamente de aquellas en que la comu- documento de la Comisión Internacional sobre
nidad en cuestión se halla, como nación, Intervención y Soberanía de los Estados:
sometida a un Estado multinacional, es decir,
donde se cuestiona ese “acuerdo” entre comu- …es fundamental que la terminología –y los
nidad y gobierno. conceptos que subyacen a la elección de cier-

42novaetvetera
p e n s a m i e n t o y v i d a

tas palabras– no se conviertan en un obstácu- necesidades ni de las expectativas modernas”,


lo que impida tratar los verdaderos proble- razón por la que “la cuestión de la intervención
mas. Del mismo modo que la Comisión
internacional con fines de protección humana
descubrió que la expresión «intervención
humanitaria» no ayudaba a avanzar en el ejemplifica de forma clara y convincente la
debate, también estima que la terminología urgente necesidad de emprender una acción
utilizada en debates anteriores para argu- concertada para adaptar las normas e institu-
mentar a favor o en contra del «derecho a
ciones internacionales a las exigencias y expec-
intervenir» de un Estado en el territorio de
otro Estado está anticuada y carece de utili- tativas internacionales”. (Ibíd.). Afirman que
dad. Preferimos hablar no del «derecho a otra circunstancia novedosa que circunda al
intervenir» sino de la «responsabilidad de debate sobre las intervenciones es el contexto
proteger». (ICISS, 2001, p. 12).
igualmente más amplio en que aquél se sitúa,
caracterizado por la interacción entre agentes
Para sustentar esta idea, movilizan los estatales, no estatales e institucionales que,
autores del informe algunas categorías de aná- además, operan en un marco de notable inter-
lisis, como es la de “seguridad humana”, idea dependencia. Asimismo, se habla de las nue-
que, aunque relacionada con la de Derechos vas cuestiones de seguridad que, según los
Humanos, parece prestarse con mayor eficien- autores del informe, son exclusivas del período
cia al argumento central del documento, sin de la posguerra fría. Figuran algunas que ya son
caer en las ambigüedades y contradicciones conocidas y otras que, por el relieve que alcan-
que la última parece plantear. También dibujan zan en el documento, proyectan un preocu-
algunos elementos de contexto que permitirí- pante halo de atención sobre Colombia,
an situar dicho examen sobre un trasfondo aunque no se la nombre. El primero de estos
político capaz de darle sentido a la discusión y fenómenos de seguridad es “la proliferación de
comprender, a la luz de “la evolución del entor- conflictos armados dentro de los Estados”, con-
no internacional”, lo que son las nuevas necesi- flictos que en muchos casos derivan franca-
dades. Entre estos elementos figura la guerra mente en “guerras internas o conflictos civiles,
contra el terrorismo: casi siempre con terribles repercusiones políti-
cas y humanitarias”. (Ibíd., pp. 4-5). Advierten
“Han surgido nuevos problemas y realida- que, en varios de estos conflictos, los grupos
des y también nuevas expectativas de
armados procuran “lograr la posesión y explo-
acción y normas de conducta en los asuntos
nacionales e internacionales. Por ejemplo, tación de bienes valiosos como los diamantes,
desde los atentados terroristas perpetrados la madera y otros recursos naturales, por no
el 11 de septiembre de 2001 contra el World mencionar las materias primas utilizadas en la
Trade Center y el Pentágono, es evidente que
producción de drogas”. (Ibíd., p. 5). Destacan
la guerra contra el terrorismo que ha de
librar hoy el mundo –una guerra sin dispu- con preocupación el clima humanitario que
tas fronterizas y contra un enemigo en gran acompaña estos conflictos: armas letales y
medida invisible– es distinta de todas las altamente destructivas en manos de niños sol-
guerras anteriores.” (Ibíd., p. 3).
dados, aumento de la vulnerabilidad de los
civiles que se tornan el blanco deliberado de
Considera la Comisión redactora del los ataques, marginación de determinados
Informe que la ONU y demás instituciones grupos mediante violaciones sistemáticas sos-
internacionales “no han estado a la altura de las tenidas contra ellos en el contexto del conflic-

novaetvetera43
p e n s a m i e n t o y v i d a

to, el “desplazamiento permanente de ciertos constituido internamente no puede sino ser


sectores de la población”. (Ibíd.). limitado desde dentro, nunca desde fuera, a no
ser en su relación con otro Estado igualmente
Este aterrador panorama de guerras soberano. De ahí que se prefiera el concepto de
intraestatales, tan parecido al de la actual “seguridad humana”, por hacer un énfasis en el
Colombia, permite inferir una diagnosis individuo como sujeto de protección en el
sobre los Estados que le sirven de escenario, orden internacional que de alguna forma
el cual es descrito como “un convulso pro- borra, o debilita al menos, la infranqueable
ceso de fragmentación estatal (…) que está soberanía estatal y, con ella, el deber de no
modificando el propio orden internacional”. intervención.
(Ibíd). Lo modifica no sólo porque lo afecta
sino también porque es en una medida La Comisión estima que de la pertinencia
importante responsable: del concepto de “seguridad humana” habla su
concordancia con la realidad creada desde
“…los países ricos están profundamente 1945, consistente en un tránsito que va desde
implicados en este proceso, ya que de ellos “una cultura de la impunidad soberana a una
proceden las armas y los fondos de que se
cultura de la rendición de cuentas en el plano
nutren los conflictos civiles, y en ellos se dejan
sentir sus efectos desestabilizadores, desde el nacional e internacional”. (Ibíd., p. 14). En la
terrorismo con conexiones mundiales a las promoción de esta nueva cultura un papel
corrientes de refugiados, la exportación de esencial lo desempeñan las instituciones inter-
drogas, la extensión de enfermedades conta-
nacionales, las ONG y los actores y grupos de la
giosas y la delincuencia organizada”. (Ibíd.).
sociedad civil, que han logrado hacer cada vez
más efectiva la conciencia de unas normas uni-
Al mismo tiempo, la situación así descrita versales que permiten juzgar el comporta-
impone una responsabilidad de prevenir y, en miento de los Estados.
caso dado, de reaccionar. La reacción lógica-
mente es la intervención militar para recuperar Sin embargo, como se hace patente del
o establecer, dependiendo de las condiciones curso mismo de la realidad mundial, estas
concretas del Estado en cuestión, la seguridad acciones de control persuasivo (y dentro de
humana. Este concepto, como admiten los determinados límites, coercitivo) que ejecutan
redactores, “incluye la preocupación por los estas instancias no resulta lo suficientemente
derechos humanos pero va más allá de ella”, eficaz ante los mencionados fenómenos de
pues tiene que ver también con “el derecho desestructuración estatal. Es aquí donde la
internacional y las relaciones internacionales”. Comisión encuentra un criterio más amplio de
(Ibíd., p. 7). El exceso que reviste la “seguridad justificación de las acciones de intervención
humana” frente a los “derechos humanos” pare- militar con fines de protección humana. El
ce residir en el hecho ya conocido de que los concepto en cuestión es el de “Estados colap-
últimos surgieron como un límite vertical al sados”, de la cual en el mismo informe se citaba
poder del Estado, concepto que necesariamente un caso específico: la “fragmentación estatal”.
remite al de una soberanía que reside en el cons-
tituyente primario pero que, por esa misma Conviene en este punto extraer algunas
razón, es absoluta. Por ser asimismo ese poder conclusiones a manera de cierre, no porque ahí

44novaetvetera
p e n s a m i e n t o y v i d a

se cierre la propuesta de la Comisión, sino en minar este difícil problema relativo a la tensión
virtud de que con este concepto se llega a su entre intervención y soberanía, son no sólo
punto realmente crítico y preocupante. plausibles sino necesarias; valdría incluso decir
que éticamente fundadas en la misión y visión
A modo de cierre: los peligros implícitos de la ONU. Sin embargo, el marco teórico que
en la intervención en Estados colapsados propone el Informe, fundado en un concepto
como el de “failed States”, resulta no muy con-
El Informe de la Comisión Internacional vincente como criterio de lo que ellos conside-
sobre Intervención y Soberanía de los Estados ran la puesta en marcha de un dispositivo de
(ICISS) plantea a lo largo de sus páginas una acciones movido por el imperativo de la “res-
estrategia bien articulada que pretende ser ponsabilidad de proteger”.
una carta de navegación o, para ser más preci-
sos, un plan de operaciones que compromete la Para comprender las sospechas que moti-
superación de la parálisis que, tradicional e his- van el anterior planteamiento, conviene citar
tóricamente, predominó en el comportamiento de la voz de Ignatieff algunos de los argumen-
tos que apoyan el concepto. Uno de
los marcos de análisis de que se sirve

I gnatieff pasa a caracterizar el escena-


rio actual como el pasaje entre un mundo en el que la
este escritor, filósofo moral y discí-
pulo de Isaiah Berlin, es el de la com-
paración entre las fuentes de
soberanía tenía una primacía obvia sobre los Derechos peligros para la seguridad humana
Humanos, a otro en el que, como han soñado los activis- en la era de la guerra fría y desde su
tas y defensores de estas demandas morales, la soberanía terminación. Así, expresa en el ya
citado artículo de 2002 que publicó
se encuentra subordinada al estatuto de “buenos ciuda-
Dissent, una revista que edita
danos internacionales”. Michael Walzer:

de la comunidad internacional respecto de con- Mientras los abusos del período de la guerra
fría provenían de Estados fuertemente tiráni-
textos agravados en materia de derechos huma-
cos, los que preocupan al mundo de la pos-
nos. Esta propuesta, sustentada en una guerra fría se originan principalmente en
valoración ponderada de los cambios ocurridos Estados débiles o en proceso de colapsar.
en materia política, militar, económica, social y, (Ignatieff, 2002, p. 115).
sobre todo, de relaciones internacionales, pare-
ce loable e incluso deseable en un mundo en el Con este preludio, Ignatieff pasa a caracte-
que prima la indiferencia frente a lo que Susan rizar el escenario actual como el pasaje entre un
Sontag llamó, con hondo sentido de solidaridad, mundo en el que la soberanía tenía una prima-
el “dolor de los demás”. Desde este punto de cía obvia sobre los Derechos Humanos, a otro en
vista tanto el esfuerzo de los expertos que inte- el que, como han soñado los activistas y defen-
graron la comisión independiente redactora del sores de estas demandas morales, la soberanía
Informe como la iniciativa del Gobierno de se encuentra subordinada al estatuto de “bue-
Canadá, que respondió con agilidad a la deman- nos ciudadanos internacionales”. “Nos encon-
da del Secretario de las Naciones Unidas de ilu- tramos en algún lugar intermedio, negociando,

novaetvetera45
p e n s a m i e n t o y v i d a

en cada caso, los conflictos que se dan entre la Osetia, Congo, Angola, Pakistán y otros más cita-
soberanía estatal y los Derechos Humanos inter- dos en una lista de 22 países, integran el conjun-
nacionales”. (Ibíd., pp. 116-117). Sin embargo, de to de “malos vecindarios”. (Ibíd.).
mirar las cosas de otro modo, pareciera no haber
tal conflicto; pues en la práctica que rige a los Ignatieff afirma que los abusos contra los
nuevos gobiernos, “la legitimidad continúa defi- derechos humanos “no se presentan allí donde
niéndose [no por la vigencia de los Derechos hay mucho poder estatal, sino muy poco”. En
Humanos, cuanto] por el hecho de que un régi- consecuencia: “Si el caos, más que la tiranía, es
men particular tenga un control efectivo sobre la causa principal de los abusos de derechos
un territorio dado”. (Ibíd., p. 117). Los únicos que humanos, los activistas tendrán que repensar
comparten la fantasía de que se puede ir más su sospecha tradicional acerca de los Estados y
allá de la soberanía en el mundo actual, recuer- el ejercicio de la soberanía”. (Ibíd., p. 119).
da Ignatieff, son los partidarios de la globaliza- Abiertamente llama a la comunidad interna-
ción económica, y ello en las zonas de libre cional a unirse en una estrategia que implica
comercio; esta situación no es para nada real, ni intervenir allí donde se corre el riesgo de crear
mucho menos admisible en otros países con “malos vecindarios”: la crisis de un solo Estado
Estados fragmentados y en proceso aún de entraña el riesgo potencial de crear “malos
constitución, como los que se encuentran en vecindarios” en toda una región. “Pakistán, por
Asia y África. Por esta razón, prosigue, lo prime- ejemplo, fue «talibanizada» por el vecino Afga-
ro es fortalecer los Estados débiles, colapsados y nistán”. (Ibíd.).
fragmentados. Hace falta establecer en ellos una
“soberanía efectiva”. Y en la “soberanía efectiva”, Si las Naciones Unidas se toman en serio
definida como el “monopolio sobre los medios los análisis y recomendaciones de Ignatieff,
de la violencia” y la “capacidad para satisfacer las unidos a los del Informe ICISS en cuya redac-
necesidades básicas a una población”, el autor ción también participó, tendrían que interve-
ve no sólo la “precondición para toda clase de nir en muchos países, desafortunadamente los
ingreso exitoso en el mundo económico, sino la más pobres, porque son ni más ni menos los
premisa para cualquier tipo de observancia de que registran una diagnosis de Estados colap-
los Derechos Humanos”. (Ibíd.). Denominar al sados que guarda correspondencia con el
orden internacional de la posguerra fría un “sis- marco teórico allí presentado. Además mues-
tema”, nos dice, no hace sino oscurecer el hecho tran las características propias de agentes pató-
de que este orden se vino abajo en las partes genos capaces de crear “malos vecindarios” en
más pobres del planeta. “Los Estados que ade- sus regiones. Lo que parece olvidar el autor de
lantan confrontaciones perdidas contra insur- “El mal menor”, reciente libro dedicado a argu-
gentes, o aquellos que sirven de escenario a mentar la guerra contra el terrorismo, es que de
guerras civiles que han devenido endémicas, o aplicarse su recomendación, tal vez el mundo
los otros en donde la autoridad se ha derrumba- se devolvería al paradigma reinante antes de la
do, irradian inestabilidad a su alrededor”. (Ibíd.). guerra fría: a la reedición de conflictos interna-
Son “malos vecindarios”, como los denominó cionales, esta vez no entre las potencias des-
Myron Weiner. No sólo Colombia, que pelea una arrolladas, sino entre los países ricos y los
guerra perdida contra insurgentes y contra el pobres, entre la periferia y el centro, entre el
terror, sino Ecuador, Perú, Macedonia, Georgia, Norte y el Sur, que profundizaría muy proba-

46novaetvetera
p e n s a m i e n t o y v i d a

blemente los niveles de desigualdad y de con-


flicto que están, sin duda alguna, en la raíz del
colapso estatal. La consecuencia fuera de toda
sospecha sería un incremento en la misma cri-
sis humanitaria que hoy les afecta.

De otra parte, aunque en el Informe ICISS


se habla de la obligación de “reconstruir” como
un deber ético que les asiste a los interventores
“humanitarios”, nadie garantiza ni puede
garantizar que así vaya a ser en los enclaves ele-
gidos para la acción. Hasta ahora ninguno de
los casos históricos ha demostrado una apro-
piada aplicación del “ius post-bellum” en los
Estados intervenidos. Lo más probable es la
continuidad de otras guerras, inéditas en algu-
nos de sus caracteres, como la silenciosa vio-
lencia y terror que en estos momentos se abate
sobre el intervenido Irak. Tampoco parece
moral ni políticamente plausible en nuestros
días, cuando ha ganado terreno una imponen-
te cultura de la justicia global, el argumento de
una intervención armada con el propósito de
restablecer un Leviatán.7

No es propósito de este artículo, como se


expresó al comienzo, detenerse en las críticas
al curso de argumentación presentado sino,
simplemente, darlo a conocer. Las objeciones,
registradas en rigurosa correspondencia con
los argumentos de la propuesta aquí mostrada,
pueden ser presentadas en un próximo escrito.

novaetvetera47
p e n s a m i e n t o y v i d a

Estados, (versión en castellano), Canadá, ON, Otta-


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48novaetvetera
p e n s a m i e n t o y v i d a

Notas

1 Cfr.: Negri, A. (1994). El poder constituyente. Ensayo sobre


las alternativas de la modernidad, Barcelona : Libertarias /
Prodhufi. Como se expresó anteriormente, este artículo no
pretende profundizar en las aproximaciones críticas que, de
cara a la concepción de soberanía, han elaborado autores
como Negri o Agamben, por mencionar sólo dos de los más
destacados, sino que se atiene a la discusión, con base en
sus mismos presupuestos, de la visión liberal predominante
que informa los textos de las Naciones Unidas.

2 De aquí en adelante se la citará como ICISS, sigla correspon-


diente a su denominación en inglés: International Comis-
sion on Intervention and State Sovereignty.

3 De aquí en adelante y para la mayoría de las veces se la cita-


rá con la sigla C.N.U. También, dependiendo del contexto, se
la citará simplemente como la Carta o la Carta de San Fran-
cisco.

4 Véase el artículo de presentación de Paul Ricoeur al colo-


quio registrado en: Diemer, A. et al. (1985). Los fundamentos
filosóficos de los derechos humanos, París: UNESCO.

5 De acuerdo con el profesor Rodrigo Uprimny, a quien perte-


nece la traducción del texto citado, Foucault junto a otras
personalidades hizo tal llamamiento en una rueda de pren-
sa celebrada en Ginebra en junio de 1981. Allí el autor de
“Las palabras y las cosas” anunciaba la creación de un
Comité Internacional no Gubernamental para la defensa de
los “boat people”. El texto está incluido en el “Anexo Docu-
mental” que aparece en: Rodrigo Uprimny (1992). La dialéc-
tica de los derechos humanos en Colombia, Santafé de
Bogotá: FUAC, pp. 272-273.

6 De aquí en adelante, se empleará también la denominación


Informe ICISS para referirnos a este documento.

7 “Mientras las poblaciones estén amenazadas por el bandida-


je, por la guerra civil, por movimientos guerrilleros y contra-
insurgentes, no podrán estar seguras (…). Estas situaciones
hobbesianas muestran el mensaje del Leviatán en sí: que el
poder consolidado del Estado es precisamente la condición
de cualquier régimen de derechos”. (Ibíd., p. 119).

novaetvetera49
p e n s a m i e n t o y v i d a

Simón Hampton Ruiz, fotografía: ventana Suffolk, Inglaterra 2004.


Soberanía y
derechos humanos,
una encrucijada política
del presente
Édgar Giovanni Rodríguez Cuberos
Profesor catedrático del Departamento de Biología y estudiante de nivelación de la Maestría en Filosofía de la Pontificia Universidad Jave-
riana de Bogotá.

A la memoria del Maestro Jaime Rubio Angulo.

Resumen
Se establecen algunos referentes de tipo crítico que, apoyados en una perspectiva filosófica social,
tratan de problematizar la idea de soberanía y la relación que guarda dicha concepción con los
derechos humanos. La discusión se estructura en varios momentos tratando de armar concep-
tualmente el entramado necesario que permita explicitar la actualidad y necesidad práctica a
nivel político de considerar dicha relación como un problema del cual dependen varios elemen-
tos significativos en las dinámicas sociales actuales, superando de esta manera la percepción
clásica de ambos términos por separado. Para ello, el primer momento introduce el problema
desde una mirada contextual nacional, a continuación se defiende el carácter filosófico de la
cuestión para que sea posible desde allí, postular seguidamente, de que manera la soberanía
puede y debe hablar-se hoy, concluyendo con los niveles en que las dos variables en estudio supo-
nen una encrucijada política en términos de impacto y trascendencia dentro de una idea de ciu-
dadanía contemporánea.

Palabras clave
Filosofía política y social, concepción de soberanía, Derechos humanos y filosofía educativa.
p e n s a m i e n t o y v i d a

Es preciso que yo sea mi exterior, dichas discusiones deban ser asumidas con res-
y que el cuerpo del otro sea él mismo. ponsabilidad, buscando siempre el sentido y
Esta paradoja y esta dialéctica del ego y significado de lo que comúnmente damos por
del alter no son posibles más que si el ego hecho bajo el imaginario de una claridad con-
y el alter ego están definidos por su situación y ceptual. Esto significa que es menester cons-
no están liberados de toda inherencia, es decir,
truir un campo común en la diversidad de
si la filosofía no se termina con el retorno al yo,
discursos y creencias desde donde se pueda
y si descubro por la reflexión no sólo
gestar y promover una serie de juicios que se
mi presencia ante mí mismo,
sino también la posibilidad de un “espectador
armen de legitimidad. Esta legitimidad nace del
ajeno”, es decir, si, en el momento reconocimiento permanente de la experiencia
mismo en que tengo la vivencia de mi existencia, (con lo cual nuestra tendencia a olvidar debe ser
y aun en este punto extremo de la reflexión, modificada en algún grado) para evitar hasta
me falta esa densidad absoluta que me haría donde sea posible caer en el juego siniestro de
salir del tiempo y descubro en mí una especie las malas abstracciones de nuestra realidad.
de debilidad interna que me impide ser
absolutamente individuo Desde esta perspectiva de síntesis1, la frase
y me expone a la mirada de los otros de Merleau-Ponty nos supera como abrebocas
como hombre entre los hombres o por lo menos teórico al referirnos a la relación entre sobera-
como una conciencia entre las conciencias. nía y derechos humanos, pues abre de un solo
Merleau-Ponty. golpe y anuncia incluso la perspectiva que a
Prólogo a Fenomenología de la percepción. continuación trataremos de bosquejar para
reedificar dicha relación de términos. El paso,
la cantidad de “momentos” que articulan la
Definición del territorio de trabajo migración hacia la certeza de haber logrado
“una mirada de fuera que nos identifique den-

L
os sucesos que a diario son motivo de tro de una serie de conciencias” es en últimas
consternación en nuestro país sacuden la sublimación de un nuevo tipo de soberanía,
de forma permanente nuestra capaci- uno tan deseado que pueda ponerse en juego y
dad general para creer y, a la vez, ponen a prue- asegurarnos una constitución de existencia un
ba nuestra capacidad de olvido. Con el tiempo, poco más equitativa y moral que la que tene-
esta relación singular ha pasado a ser una carac- mos ahora desde la visión tradicionalista del
terística propia de lo que algunos llaman la término, en la cual, ni lo equitativo ni lo moral
“colombianidad”. Primero, nos esforzamos por son de suyo inherentes2 y que por consiguiente
creer y entender que ciertas situaciones sólo son y de manera obvia afectan la condición del
posibles en nuestro país, para luego, con poco derecho y de lo humano.
menos esfuerzo olvidar que alguna vez sucedie-
ron y que hacen parte de nuestra historia. En Al respecto, la pregunta obvia sería: ¿Y que
este ámbito particularmente proclive a la deses- tiene que ver la soberanía con los derechos
peranza autogestada, indagar o proponer deba- humanos? La respuesta incauta y desprevenida
tes sobre temas fundamentales en términos seguramente acudiría a resaltar los elementos
políticos, económicos y sociales (y por supuesto que hacen legítima dicha corresponsabilidad y
en otras líneas del conocimiento) supone que dependencia, pero, ¿Desde qué referentes teóri-

52novaetvetera
p e n s a m i e n t o y v i d a

cos contemporáneos3 hablar de cada una? ¿Cuá- Dicho esto, podremos decir que la idea de
les son los puntos que las relacionan? ¿A qué soberanía se ha construido y sustentado en
niveles? ¿En qué situaciones particulares? Estas prácticas sociales también muy concretas, sin
y otras preguntas son las que motivan el intento las cuales no es posible considerar que ésta
de abrir el horizonte de debate en este escrito. tenga una función clara y determinante. Por
ello, el método de análisis podrá ser adecuado
Con esta premisa, será comprensible y coherente con su naturaleza.
entonces que el esfuerzo se encamine a propo-
ner la necesidad de configurar el campo de tra- Desde una perspectiva histórica, sabemos
bajo posible que emerge al plantear la relación que las prácticas sociales se han visto determi-
entre soberanía y derechos humanos. Incluso a nadas y reguladas a su vez por los modelos de
mi modo de ver, trabajar las dos categorías por producción y las formas económicas. En el
separado es una tarea todavía pendiente. Esto agrupamiento feudal y el nacimiento de las ciu-
significa, por supuesto, que este escrito corre dades-estado como entes organizadores de las
de entrada un riesgo grande al trabajar las posi- actividades humanas, el surgimiento moderno
bles relaciones entre las categorías, pero sir- de potencias colonialistas que amplían los lími-
viéndome de la problematización de la una, tes de poder de las anteriores estructuras en
poco a poco trataré de ir esclareciendo su rela- últimas pone de manifiesto que el mecanismo a
ción intrínseca y su codependencia con la otra. través del cual la soberanía se hacía vigente
radicaba en las estrategias que se ponían en
La soberanía como problema filosófico marcha para asegurar rutas, líneas de comuni-
cación, canales comerciales en los cuales el
Comencemos por describir de qué mane- flujo de materias primas, conocimientos e indi-
ra el concepto se vuelve un problema que com- viduos “mantenía” el centro de poder a la vez
pete a la filosofía, suscribiéndonos para ello a que expandía sus fronteras territoriales, vigilan-
un tipo particular de ejercicio filosófico. En do una identidad que excluía todo aquello que
particular, una mirada desde la Filosofía social no respondiera a este modelo de poder-sobera-
nos ofrece los siguientes rasgos básicos4: no. Las figuras del “bárbaro” o el “buen salvaje”
1. Una apreciación del objeto de estudio no son otra cosa que las antiidentidades cons-
como práctica social. truidas, la negación del ejercicio soberano, lo
2. Una concepción que advierte que la prácti- extraño, aquello sobre lo cual no es posible ejer-
ca social se inserta en un marco más cer en su totalidad el poder centralizado y que
amplio sometido a ideas cambiantes. no se ve afectado necesariamente por la maqui-
3. Una concepción que revela que las ideas naria expansionista sin ofrecer resistencia cul-
son importantes, no en abstracto sino rela- tural, política o militar.
cionadas con intereses sociales en acción.
4. Una exploración conceptual con carácter Llegamos aquí a una primera gran conclu-
crítico para confrontarlo con las prácticas sión que sostiene nuestra hipótesis inicial
sociales. sobre la necesidad de pensar el término desde
5. La filosofía social soporta proyectos reali- la contemporaneidad: la soberanía es una enti-
zables, se configura como un arte de la dad cambiante, muta con el paso del tiempo,
posibilidad. adquiere nuevas significaciones y por estar

novaetvetera53
p e n s a m i e n t o y v i d a

ligada a distintas formas de ejercer el poder mitar el uso de la libertad individual por sí
fácilmente puede desencadenar conflictos misma. El mal entonces surge como la nega-
bajo el cobijo de causas aparentemente dignifi- ción del derecho; es ni más ni menos que la
cantes. Esto la hace un concepto en extremo reducción del otro a la categoría de súbdito
reactivo5, que en muchas ocasiones puede acrítico, es decir, un sujeto que termine por
encontrarse con la defensa del derecho y en delegar la responsabilidad de lidiar con la
otras, contradice la defensa y puesta en marcha incertidumbre de lo bueno y lo legal a través de
del deber. un sistema de justicia ajeno y no necesaria-
mente concertado y contraído desde un apara-
La transmutación subsiguiente separaría a to ético:
la soberanía definitivamente de las voluntades
individuales, con lo cual se acentúa la tensión Además de constituir un poder político contra
todos los poderes políticos externos, un Estado
entre lo que compete al derecho individual y
contra los demás Estados, la soberanía es tam-
colectivo y la sensatez de la responsabilidad y bién un poder de policía. Un poder que debe
la convivencia. Ahora, con este paso, los sujetos producir, contínua y extensivamente, el milagro
dejan de ser soberanos para ser objetos de una de incluir las singularidades en la totalidad, las
voluntades de todos en la voluntad general…
soberanía:
poco a poco, a medida que se desarrolla la
administración, la relación entre la sociedad y el
La soberanía se define, pues, tanto en virtud poder, entre la multitud y el estado soberano, se
de la trascendencia como de la representa- invierte, de modo tal que ahora el poder y el
ción, dos conceptos que la tradición humanis- Estado producen la sociedad. (Hardt y Negri,
ta había presentado como contradictorios. Por 2003, p. 88).
un lado, la trascendencia del soberano no resi-
de en un fundamento externo teológico, sino El control sobre el desarrollo social es
solamente en la lógica inmanente de las rela-
determinante sobre la posibilidad de hacer
ciones humanas. Por el otro, la representación
que sirve para legitimar este poder soberano a legítimos los derechos fundamentales. La tran-
la vez lo aparta por completo de la multitud de sición de un soberano personificado a un apa-
súbditos (Hardt y Negri, 2003, p. 85). rato institucionalizado de soberanía (Nación)
demarca otra mutación del término, aunque
en últimas su función policiva no cambie
La dialéctica existente entre trascendencia demasiado. Sin embargo, la figura de súbdito
y representación implica que la soberanía se acrítico, por lo menos en teoría sí se ve trans-
debata en cada época en la sostenibilidad de formada; el súbdito ahora se convierte en ciu-
un contrato social determinado, una negocia- dadano (civitas), portador de la impronta de la
ción permanente entre las voluntades indivi- Nación, la búsqueda del desarrollo.
duales y la posibilidad de enajenarlas en una
voluntad colectiva representada en principio No obstante, bajo esta última transforma-
por un “soberano” que, al igual que su correla- ción la noción o concepción de soberanía figu-
to la soberanía, también es un agente adapta- ra y aparece en lo cotidiano como un lugar
ble. Esto último es de radical importancia si común. Es frecuente encontrar trazas de sus
tenemos en cuenta que el enajenado pierde mesiánicos designios en los discursos de los
interés en su propia soberanía, lo cual termina políticos, las querellas de lo público o incluso
por minar los referentes que existen para deli- en las aulas de clase como invocación de un

54novaetvetera
p e n s a m i e n t o y v i d a

poder que subyace en la profundidad de la para proponer desde una perspectiva comuni-
mayoría de las constituciones de los países y al cativa que el ideal soberano debe constituirse
cual se apela bajo la seguridad de su éxito argu- en el reconocimiento que el pueblo es el supre-
mental de origen. mo artífice de la autoridad y el gobierno del
Estado, pero que su legitimidad6 está en últi-
Lo cierto es que la soberanía incluye un mas condicionada por sus actos administrati-
poder que logra unificar a las personas y que vos, tanto como gobierno representativo como
sólo se traslada históricamente de una condi- por la acción política básica de los ciudadanos
ción monárquica a una condición de orden (habitar su país, construir identidad; es vivir
nacional. Frente a esto la afirmación de Hardt y conforme a la interiorización de las normas,
Negri al final de su escrito deja abierta una bre- consolidar orgullo de patria).
cha profunda en la consideración del sentido
de lo soberano: Para que este animoso reto, este deber ser,
La comunidad no es una creación colectiva sea realizable se debe reconocer el estado
dinámica sino un mito primordial fundacio- actual de la soberanía y la mutación que ha
nal. Una noción originaria del pueblo instituye sufrido. Los procesos actuales de globalización
una identidad que homogeneiza y purifica la suponen para las naciones nuevas estrategias
imagen de la población mientras bloquea las
interacciones constructivas de las diferencias para mantener cohesión de identidad; aún
existentes al interior de la multitud. (P. 345). más, la multiculturalidad, el desarrollo y la
diversidad establecen puntos estratégicos
Considerar la comunidad como un mito novedosos en donde el cuidado de las fronte-
fundacional explica en parte que: 1) lo sobera- ras pasa a un segundo plano. El capital en
no se mantenga en la actualidad como un movimiento es casi intangible (conocimiento,
intangible al cual sólo acceden las esferas de cultura, información), la riqueza y el poder
poder, y que afecta con sus decisiones las rela- tienden a consolidarse como lugares de la
ciones e interacciones de la multitud; y 2) expresión de la identidad y el sentido de cohe-
desde esta perspectiva, es posible repensar lo sión de cada pueblo. La pobreza, la ausencia de
soberano como algo que puede experimentar- soberanía y la incapacidad de generar poder
se en varios niveles de la organización social es, hoy por hoy, la ausencia de un sentido de
buscando tener plena conciencia individual de territorialidad y habitación, de arraigo en lo
su incidencia dentro de un ámbito real de propio, mientras que las naciones que mane-
comunidad o por lo menos de un cuerpo jan el poder en la actualidad nos llevan de la
colectivo. Se rescata de esta forma la idea que mano a desconocer lo que nos es propio para
la soberanía nacional es producto de la cons- fijar más fácilmente su cultura y sus mecanis-
trucción espiritual de los ciudadanos, del pue- mos de statu quo7.
blo que ha construido identidad, una voluntad
y una sola acción. Por cierto, la soberanía como entidad
“tangible” parece ser más palpable cuando la
¿Cómo hablar hoy de la soberanía? conjugamos en función de las relaciones que
establecen los países. Así, es aceptable decir
El reto, entonces, es superar la concepción que la soberanía es el reconocimiento del
típica territorialista-corporalista de soberanía, poder que cada Estado tiene sobre sus propios

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p e n s a m i e n t o y v i d a

asuntos, por lo que se renuncia a intervenir en variables, en el cual, sin una reflexión profunda
los asuntos internos de quienes tienen las de su sentido histórico y filosófico/antropoló-
garantías para solucionar sus asuntos en fun- gico, podríamos muy fácilmente desviarnos
ción de su legitimidad (la que le otorga el pue- por caminos del cliché y la enunciación mesiá-
blo). En este sentido, lo soberano parece nica: ¡Los derechos humanos deben respetarse
porque son soberanos!

N o nos enfrentamos a las leyes


de la naturaleza. Estas son cuestiones que tienen que ver con
Chomski (1999) explica en pro-
fundidad esta última idea, y pone
de manifiesto la “versatilidad” del
la voluntad y la elección. No podemos cambiar el pasado término soberanía, sobre todo
pero, sí podemos dar la cara en el presente. Podemos elegir la cuando de intereses particulares
perspectiva desde la honestidad, aprender de las consecuen- se trata, transformándolo en un
vocablo que por su mala utiliza-
cias, y sacar las consecuencias para influir en el futuro.
ción va perdiendo su verdadero
sentido, su fin dentro de una
depender también de la aceptación de otras sociedad y para los actores políticos. Por tratar-
naciones sobre la legitimidad del poder. Se se en principio de actores políticos tenemos un
entiende entonces que, según este principio, gran desafío, independiente de nuestra filia-
cuando un país en franca y decidida acción ción o de si nuestra capacidad es la de sujetos
desconoce la soberanía de otro desconoce con atributos de ciudadanía, o de entes de
abiertamente que ese país tenga legitimidad colectividad. Afirma Chomski:
representativa o que pueda ocuparse de sus Para las personas como nosotros –es decir,
propios asuntos (los ejemplos son más que evi- los relativamente privilegiados ciudadanos
dentes en la última década). de las sociedades más libres– nada de esto es
irremediable. Se llevan a cabo terribles crí-
menes si no hacemos nada por evitarlo. Es
Esto último es bastante inquietante, pues tan simple como eso. Porque no se trata de lo
el uso indiscriminado de la palabra “soberanía” que acontece en Marte o de los crímenes de
puede no sólo suscitar los más acalorados Atila el Huno, sino que se trata de los críme-
debates, poner en peligro los mecanismos de nes que llevan a cabo fuerzas que, en princi-
pio, se hallan bajo nuestro control, si es que
economía regional fronterizos, por ejemplo, nos proponemos controlarlas.
sino que también, y de acuerdo con una mora-
lidad basada en el poderío estratégico global, No nos enfrentamos a las leyes de la natu-
puede respaldar los más oscuros intereses raleza. Estas son cuestiones que tienen que ver
tanto de los líderes de las naciones–Estado, con la voluntad y la elección. No podemos cam-
como de las grandes multinacionales, aun bajo biar el pasado pero, sí podemos dar la cara en el
la presunción tutelar de cubrir el intervencio- presente. Podemos elegir la perspectiva desde la
nismo rampante con intención de defender los honestidad, aprender de las consecuencias, y
derechos humanos o civiles. Para nuestro caso, sacar las consecuencias para influir en el futuro.
esto resulta fundamental pues la relación entre
derechos humanos y soberanía implica, como Pero para poder influir en nuestro futuro,
hemos visto, un campo mucho más amplio de como bien lo afirma el autor, necesitamos

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resolver, de cara a la exigencia que nuestra rea- porque no existe aún ese campo en común que
lidad nos formula, algunos interrogantes: dicte o enuncie la norma y regule el poder
¿Dónde, cómo y cuándo hacemos efectiva la sobre la base de lo justo) llegar a intervenir en
soberanía? Y más profundamente ¿Quiénes? defensa de los derechos humanos en otro
Porque su valor, su manifestación nos ponen “estado corrupto”, a los ojos de lo que mediáti-
en cualquier momento en la encrucijada de camente se califique como corrupto. Por ello, a
decidir de qué lado estamos en la delgada línea la pregunta de este apartado tendríamos que
que regula el cumplimiento, la defensa y la responder con una absoluta negación: No, los
vivencia de los derechos fundamentales; de la derechos humanos en sí mismos no son suje-
misma manera que existe una diferenciación tos de soberanía. Pues en realidad no es sobre
de base entre elegir o decidir la libertad, existe el derecho que se ejerce la soberanía, sino que
una brecha entre elegir o decidir el derecho. son los defensores del derecho quienes de
manera soberana lo ejercen y quienes dan
En este punto de la discusión, es necesario cuenta, en ese mismo ejercicio dialéctico, de su
aclarar que un sujeto concreto sobre el cual propia soberanía fortalecida. Es decir, el sujeto
actúan la soberanía, el Estado, la Nación, el ciu- que hace efectiva su propia soberanía es la per-
dadano, las instituciones, etc. define en cada sona misma, y en ese sentido, toma la distancia
caso su relevancia y trascendencia. Como vere- justa de lo que es pertinente para con sus
mos ahora, uno sólo es radicalmente funda- semejantes, por lo que no sólo vela por el dere-
mental. cho sino también por el deber.

La encrucijada política: ¿son los derechos Esta diferenciación, este “movimiento”


humanos sujetos de soberanía? nos ayuda a no seguir realizando abstracciones
inmediatas. De nuevo, corremos un riesgo: la
Lamentablemente y sin ánimo de caer en subjetividad en lo que podemos hacer de los
un pesimismo exacerbado, poner sobre la punta derechos humanos nos lleva a profundos mati-
del discurso de los derechos humanos su legiti- ces. Como ya se ha visto, la cruzada por la
midad es un todo y una nada a la vez, una abso- defensa de los derechos termina muchas veces
lutización. De ahí que exista una necesidad por transformarse en su antítesis, se cometen
perentoria de configurar un campo en común las más tremendas violaciones no sólo al dere-
dentro de la multiplicidad de discursos (filosófi- cho sino al sentido común; es decir, deriva en el
cos, sociológicos, jurídicos, políticos…) para pro- abuso y la denigración de la condición huma-
nunciar un juicio sensato basado en categorías na. El intervencionismo hoy puede leerse de
de análisis que puedan promover una delibera- muchas maneras, como táctica de empodera-
ción más acorde con los problemas y menos miento económico, como acción bélica justifi-
dogmatizante. Por ello, la pregunta acerca de cada, como estrategia de sedición, etc. Lo
quién es el sujeto de la soberanía implica atrave- cierto es que en lo que menos parece haber
sar una aguda controversia aún no resuelta. acuerdo es que se considere ilusoriamente
como mecanismo de defensa de los derechos
Por un lado y de cara a lo que el orden humanos. Tal como diría Chomski (1999), la
mundial vigente parece establecer, un Estado fórmula parece ser sencilla todavía para la
“puede legítimamente” (digo legítimamente actualidad: “Poder igual a derecho”.

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La soberanía puede y debe ser una condi- tecnología se conectan cada vez más, pues
ción para lo político. La visión clásica de muchos productos y artefactos determinan
gobierno otorgaba a lo político una condición directa o indirectamente el sistema político,
muy especial en sus ciudadanos: cada uno de siempre bajo la tutela de la facilidad y el menor
ellos era consciente de su papel en la comuni- esfuerzo (es más barato invertir en armas o
dad (aun cuando no todo el mundo participa- tomar acciones de sedición que concertar o
ba de la política) y además se guardaba una negociar). Por otro lado, la posesión de la tec-
estrecha correspondencia entre la soberanía, nología y su dominio establecen un sentimien-
la virtud y el derecho. Así por ejemplo, la virtud to de superioridad que margina a quienes no la
en el caso de un griego era la mejor inclinación poseen y los hace objetos de dominación y
del alma para la búsqueda de la excelencia y pobreza8.
para el romano la posibilidad de morir digna-
mente honrando a la patria y “bañado en el Entonces, la situación es mucho más crí-
oro de la tradición” (Constaín, 2004, p. 21). tica cuando a este aumento de la pobreza se le
Esta idea sugiere que cuando la soberanía suma la pérdida de dignidad en el sistema
resumía la historia, la cultura, la tradición de “mientras más pobre sea uno, más condicio-
un grupo, etc. ésta y el sistema en conjunto se nes arbitrarias tendrá que aceptar para poder
defendían con honor; éste era incluso un satisfacer las necesidades básicas” (Hosle,
deber del ciudadano. 2003, p. 34). Así las cosas, la determinación de
la soberanía individual en un sistema que pro-
En oposición, el mundo moderno crea sis- mueve la desigualdad de una manera despro-
temas políticos en donde lo crucial no es la vir- porcionada, en una sociedad de distribución
tud o el honor (evidentemente) sino el derecho que tiende a no dejar sino dos clases, supone
individual y la autodeterminación. Por ello, tal una gran desazón. La soberanía hoy, igual que
como lo afirma Hosle (2003) se pierde la nece- en tiempos antiguos, requiere que los sujetos
sidad del sacrificio y la renuncia. En realidad, es se identifiquen (ipse) dentro de la estructura y
un dramático cambio de perspectiva; y su dra- que, si es el caso, la defiendan porque de allí
matismo aumenta en función de su trascen- depende su bienestar. Una desesperanza que
dencia como posible explicación del se reafirme, unos sentimientos de inequidad
hedonismo reinante. La pérdida del sacrificio y sumados a un desprendimiento y descrédito
la renuncia en las sociedades modernas esta- del sistema, nos arrojan a la incertidumbre
blece condiciones de relación que van en detri- peligrosa en donde fácilmente un totalitaris-
mento tanto de cualquier idea de soberanía mo puede triunfar. El arraigo, la identificación,
nacional o individual como de los derechos la pertenencia, son las mejores cualidades que
humanos, pues como a nadie le gusta sacrifi- un pueblo puede tener en la actualidad, pues
carse o renunciar a algo, se establece que cual- lo hacen más competitivo y consciente de la
quiera puede pasar por encima de lo que sea importancia de su labor en la escala social,
para obtener sus fines. bajo unos términos del derecho en donde la
inclusión, el respeto a la diferencia y la concer-
Sin ánimo de entrar aquí a una crítica del tación sean la base estructural de ese valor de
Capitalismo, sí es fundamental aceptar que arraigo y pertenencia, de uso comprensivo del
bajo la óptica descrita el sistema político y la conocimiento.

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La conciencia de arraigo (como manifiesto Conclusión:


personal de la soberanía) debe formarse desde más allá de los límites de la libertad
la escuela. La formación política debe comenzar
por reestructurar ideológicamente a las asocia- La libertad es posible para el hombre en
ciones, sindicatos y formadores de sujetos del tanto que actúa éticamente dentro de lo que su
Magisterio, pues en ellos está la gran posibilidad experiencia le medie. Las personas deben
de re-educar fomentando esta conciencia de interpretarse a sí mismas por sus obras. La
arraigo, bajo un sentimiento soberano (no vivencia de respeto hacia lo que la humanidad
nacionalista) que busque la verdadera transfor- nos significa es la garantía de los derechos, es lo
mación de lo social de cara a los retos
actuales, ya que de lo contrario, la defen-
sa de una ideología que todavía busque
la igualdad o la justicia social desde un
L a soberanía del y en el sí mismo, es
condición para lo político porque facilita el transcurrir de
paradigma de las promesas modernas
está condenada a seguir fracasando. las mediaciones en la institución, es decir, de la realiza-
Cualquier teoría del bienestar o de la ción de la libertad.
igualdad en la distribución de los recur-
sos debe suponer un importante rol para la edu- que nos hace soberanos en la medida en que
cación; de no ser así, las personas seguirán en el sólo a través de este poder originario establece-
sistema prefiriendo luchar por un conjunto de mos la diferencia entre la estructura de la
bienes y servicios (creados más no necesaria- razón, sus sistemas y el salvajismo. La sobera-
mente requeridos), que por una nueva situación nía del hombre, de su condición, es la expre-
más justa en concreto, lo cual beneficiará única- sión de su libertad. La soberanía es mucho más
mente a quienes detentan el capital y los siste- que la representación de la voluntad unificada,
mas de producción. De ahí que, en la búsqueda pues a la larga y en el hecho concreto de la rela-
de lo equitativo, sean también las instituciones y ción entre los ciudadanos, la voluntad tiende a
su actuar coherente quienes aporten para que se ser individual y perseguir fines individuales. La
crea de nuevo en ellas como garantes del queha- determinación de la soberanía, la facilidad
cer soberano, de la efectividad del sistema y de la para concertar voluntades, es en últimas un
predisposición de todos hacia lo mejor. problema de formación.

La soberanía del y en el sí mismo, es condi- No obstante, en un mundo que no se ha


ción para lo político porque facilita el transcurrir dado el tiempo de pensar el sentido y la vigen-
de las mediaciones en la institución, es decir, de cia de la libertad, de la soberanía de sus habi-
la realización de la libertad. Y si esto es así, el sis- tantes, puede estar dándosele la razón a los
tema de distribución puede tender a ser más filósofos cuando dicen que el suicidio es la últi-
justo. En un sistema más justo las personas ma, la extrema garantía de la libertad humana:
con facilidad se ubican en el espacio del dere- no tenemos la libertad de crear nuestra vida o
cho, pues reconocen en sus acciones un el mundo en que vivimos, pero sí somos libres
carácter deontológico y no sólo un problema de para desdeñar la vida y abandonar el mundo.
fines y medios, de oportunidades o de relación Un ser humano que se mata a sí mismo está
costo/beneficio. afirmando que la vida no merece vivirse y que

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élite política está satisfecha de revolotear


el mundo no es digno de albergarle (Arendt, como polillas al relumbrón del que una cul-
2002). tura que adora al dinero rodea a los ricos. La
cháchara vacía sobre “comunitarismo” coe-
El papel de la educación en la sociedad xiste con la ausencia de algo semejante a una
comunidad genuina. Ya es hora, más que
actual desborda sobremanera la preparación hora, de descubrir el farol de los chantajistas.
en competencias laborales o habilidades espe- Su éxito depende del extraño clima que com-
cíficas para que se inserte al individuo a un bina la complacencia y el pesimismo, el con-
supuesto mundo de oportunidades. La educa- servadurismo y el temor que ha llegado a
impregnar las sociedades occidentales a lo
ción de hoy debe preparar a nuestros hijos para largo de las dos últimas décadas. Desafiar ese
que de manera acertada deliberen sobre las clima requiere coraje, imaginación y una
oportunidades que buscan perseguir, su costo, voluntad de poder inspirada en la injusticia
los mecanismos para alcanzarlas, así como la que nos rodea. Bajo la superficie de nuestras
sociedades supuestamente satisfechas esas
certeza que esto los provea de algún tipo de cualidades abundan, una vez movilizadas
felicidad. La felicidad es el instrumento a través pueden dar la vuelta al mundo. (p. 155).
del cual la soberanía personal, individual se
hace expresa y con el cual puede entenderse en En este orden de ideas y en un sentido
la situación actual una soberanía para la globa- político, la revolución, la gran revolución pen-
lidad, que resulte ser mediadora entre las dife- diente por venir, subvertiría la dinámica indivi-
rentes libertades, que promueva un tipo de dual, local y global si las personas comenzaran
igualdad en la diversidad, una nueva economía a preguntarse no sólo por las maneras de
del poder. Callinicos (2003) afirma: garantizar su acceso al sistema de oportunida-
des y ventajas, sino que, al tiempo se interroga-
Lo que se requiere es un avance sustancial en ran por el qué hacer con ellas una vez logradas,
la vía que asegure igualdad de acceso a las
es decir, el cómo volverse, sentirse y manifes-
ventajas. Nadie debería caer en la ilusión de
pensar que incluso los pasos que se den en tarse soberanos en pleno uso de su derecho
esa dirección y que queden muy lejos de como humanos, a serlo.
alcanzar plenamente ese objetivo dejarán de
suscitar la resistencia intensa de quienes se
benefician de las estructuras sociales injustas
que hoy predominan. Exigir igualdad es pro-
poner la revolución. (p. 184).

Y más adelante:

…la mayoría de nosotros vivimos a la sombra


del chantaje capital. Un pequeño grupo de
ricos empresarios mueven su dinero entre
países en búsqueda de la mayor rentabilidad.
Son capaces, con un alto grado de éxito, de
exigir que la política se ajuste a sus necesida-
des. Los gobiernos que amenazan sus intere-
ses son castigados por fugas de capital y
huelgas de inversión. El raro político que los
ofende es sometido al escarnio mediático y
expulsado de sus cargos. Pero el grueso de la

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p e n s a m i e n t o y v i d a

Referencias lo que, a veces, se llega a concertar apoyados en vagos referen-


tes o, por el contrario, estos referentes terminan por aumentar
Arendt, H. (2002). Tiempos presentes. 1ª. edi- las diferencias. El llamado a una construcción de “acuerdos
sobre lo fundamental” deja de ser retórica y pasa a ser un refle-
ción. Barcelona: Gedisa. jo de nuestra capacidad de análisis y rigurosidad metódica fren-
Chomski, N. (1999). La soberanía y el orden te a los problemas y la forma de trabajarlos.
mundial. Manhattan, Kansas: Kansas State Univer- 3 Referidos al contexto, reconociendo el tránsito de los términos
sity. Recuperado de: http://antroposmoder- por la historia, sus sentidos e interpretaciones y su condición
prospectiva como metas de conocimiento y trascendencia.
no.com. [2005].
4 Para profundizar en esta tendencia metodológica pueden con-
Constaín, J. (2004). Ideas políticas, historia y sultarse los textos de autores como R. K Elliot, H. A. Giroux y
filosofía. Bogotá: Intermedio Editores. Nicholas Maxwell.
Hardt, M. y Negri, A. (2003). Imperio. Editorial 5 Hardt y Negri serían un poco más contundentes al respecto:
Paidós. “…la práctica de la soberanía está continuamente bañada en
sangre, el concepto de imperio siempre está dedicado a la paz:
Hosle, V. (2003). El tercer mundo como proble- una paz perpetua y universal, que trasciende la historia”. Cfr. M.
ma filosófico. Bogotá: Ceja Editorial. Hardt y A. Negri (2003). Imperio. Editorial Paidós.
Callinicos, A. (2003). Igualdad. Madrid: Edito- 6 Acerca del proceso de legitimación y la relación poder y derecho
rial Siglo XXI. puede consultarse en extenso el texto de Darío Botero Uribe
(1998): Utopia, Anarquía y Derecho. En El poder de la filosofía y
la filosofía del poder. Tomo I. Bogotá: Unibiblos.
Notas 7 “El Imperio no sólo gobierna un territorio y una población, tam-
bién crea el mundo mismo que habita. No sólo regula las inter-
1 El concepto se asume aquí como sin-tesis, es decir, no como un acciones humanas, además procura gobernar directamente
aparente resumen sino como todo lo contrario: la construcción toda la naturaleza humana. El objeto de su dominio es la vida
de un complejo arquitectónico del argumento que busca apro- social en su totalidad, por consiguiente, el imperio presenta la
ximarse así a develar un cierto método. forma paradigmática del Biopoder”. Cfr. M. Hardt y A. Negri
(2003). Imperio. Editorial Paidós, p. 14.
2 Así, el fracaso de ciertos lineamientos políticos y estrategias en
diferentes niveles de la sociedad se explica en parte por el vacío 8 Afirma Hosle (2003, p. 23) que la brecha entre la racionalidad
conceptual que se tiene sobre las categorías de trabajo. Incluso de valor y la racionalidad tecnológica aumenta cada vez más
podría decirse que más problemático que su ausencia, es la “Porque habría que respetar los derechos de aquellos que no
imposibilidad que tenemos para construir y ajustar a nuestro son iguales a nosotros”. Ibidem, p. 23.
contexto dichos términos. En últimas, los involucrados defien-
den posiciones o simples argumentaciones sobre supuestos, con

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Simón Hampton Ruiz, fotografía: velas, Barcelana, España 2002.


El manejo de los Derechos Humanos
en Colombia: un cultivo de realidades
fragmentadas
Diana Rico Revelo
Psicóloga social, Magistra en Educación y Desarrollo Humano.

Resumen
La promoción y protección de los derechos humanos en Colombia cultiva realidades sociales
fragmentadas, debido a la falta de reconocimiento de los sentidos circulantes en las institu-
ciones públicas y privadas que trabajan en el tema. Esto ha generado ambigüedades que impi-
den la construcción de una cultura de derechos humanos como un asunto público en
Colombia. En aras de ofrecer elementos de reflexión al respecto, se desarrollan cinco tensiones
en torno a: la ausencia de garantías mínimas para que las personas puedan construir un
proyecto de vida acorde con sus expectativas de progreso; la exclusión de la sociedad civil en la
toma de decisiones frente a la solución de problemáticas de derechos humanos; la frágil capaci-
dad de respuesta del Estado frente a las demandas del contexto nacional contemporáneo; las
lógicas perversas que sustentan la promoción y protección de los derechos humanos en Colom-
bia; y la emergencia de un caparazón institucional, que impide articular los sentidos entre las
diferentes instancias que trabajan en el tema.

En aras de evidenciar algunos hilos que se entrecruzan en el complejo entramado social que
actualmente se teje en torno a las condiciones de derechos humanos en Colombia y ofrecer
algunos elementos de análisis y comprensión al respecto, se propone visibilizar los diferentes
intereses de las instituciones que trabajan en ello, y su focalización en la comprensión de sus
causas, más allá de sus manifestaciones.

Palabras clave

Derechos humanos, promoción, protección, políticas públicas, público, sentidos.


p e n s a m i e n t o y v i d a

L
os derechos humanos en Colombia, Ausencia de garantías mínimas
podrían ser un asunto público, hacien- para que las personas puedan construir
do eco de las voces de la sociedad civil y un proyecto de vida acorde con sus expectativas
los intereses de las diferentes instituciones que de progreso –Primera tensión–
coexisten en el país, pero infortunadamente, Las nociones de “desarrollo” que se promue-
las primeras están excluidas por diferentes ven en los discursos contemporáneos para lograr
motivos, y los segundos reaccionan ante las óptimas condiciones de desarrollo humano y
demandas en el tema, en el marco de la confi- calidad de vida en los países, parten de las per-
guración de un Estado social de derecho que cepciones que sus habitantes tengan de “progre-
no ha logrado instituir sus cimientos, porque so” y de sus expectativas. Estas reflexiones sobre
para ello es necesario una conspiración cons- lo humano proponen que la única forma de
ciente, de la sociedad civil y las instituciones, lograr el desarrollo de los pueblos es ofreciendo
de tal forma que se pueda crear y recrear una las oportunidades para que las personas desarro-
cultura en torno a los derechos humanos en llen sus capacidades para construir un proyecto
Colombia. de vida. Sin embargo, en Colombia cada vez se
observa, gobierno tras gobierno, que los derechos
Realidades fragmentadas a partir que ofrecen garantías mínimas para ello, como la
de la promoción y la protección salud, la educación y el trabajo, no son prioridad
de los derechos humanos en Colombia en la configuración actual del Estado.
En la actualidad sociopolítica colombia-
na la concepción de la promoción y la protec- En la actualidad del país, derechos que
ción de los derechos humanos por parte de las bien podrían constituirse como una línea de
instituciones nacionales estatales, organismos base para ofrecer a las personas igualdad de
internacionales y ONG nacionales es muy oportunidades para su desarrollo humano no
diferente. Por esta razón, se propone una están garantizados; de hecho, se están privati-
reflexión sobre cinco tensiones que ofrecen zando, en forma paralela a la elaboración de
elementos de análisis al respecto: la ausencia políticas públicas de bienestar social. Esto
de garantías mínimas para que las personas pone en evidencia una ausencia de bases sóli-
puedan construir un proyecto de vida acorde das para la construcción de un proyecto de
con sus expectativas de progreso; la exclusión desarrollo humano en el país, sustentado en
de la sociedad civil en la toma de decisiones una perspectiva pública de los derechos
frente a la solución de las problemáticas de humanos, en tanto que se restringe el acceso a
derechos humanos, aunque esté directamen- éstos, en aquellos que tienen recursos econó-
te afectada por éstas; la frágil capacidad de micos para acceder a ellos.
respuesta del Estado frente a las demandas del
contexto nacional contemporáneo; la presen- El informe de desarrollo humano en Colom-
cia de lógicas perversas en la promoción y bia de Naciones Unidas de 1999 señala un retro-
protección de los derechos humanos; y la ceso en el tema social, el cual repercute en las
emergencia de un caparazón institucional que nuevas generaciones, que no encuentran un
impide articular los sentidos entre las difer- contexto propicio para estudiar, sino para traba-
entes instancias que trabajan en torno a la jar en pro de la satisfacción de las necesidades
temática en el contexto colombiano. básicas. En Colombia no se asume la idea del

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p e n s a m i e n t o y v i d a

mercado que propone igualdad de oportunida- La exclusión de la sociedad civil


des de empleo, educación y salud; por el contra- en la toma de decisiones frente a la solución
rio, las políticas sociales diseñadas para superar de las problemáticas de derechos humanos
dicha situación tienden a profundizar la lógica –Segunda tensión–
mercantil, y por ende agravan la situación. El manejo de problemáticas sociales en un
Estado orientado a la construcción de la demo-
La indolencia ante estos derechos mal cracia debe involucrar a la sociedad civil, que al
interpretados por su acepción de “segunda ser directamente afectada por los problemas,
generación”, acontece en Colombia tanto a nivel debe hacer parte de la solución. Ésta es una pre-
nacional como local. En los resultados del Infor- misa indiscutible del desarrollo endógeno; sin
me de desarrollo humano para el Eje Cafetero del embargo, en Colombia a la sociedad civil se le
2004 se encontró que el panorama en cuanto a mantiene excluida de los problemas, los ve por
educación y salud es desalentador: hay dispari- televisión, como una novela más, que se con-
dades entre municipios en la cobertura escolar y vierte en un drama sin salida, cuando se ve
se presenta desnutrición, sobre todo en las involucrada en alguno de ellos.
zonas rurales; en lo laboral, hay mala calidad del
empleo y aumento de la pobreza. No es en vano A la mayoría de la población se le distrae,
que en la actualidad la Plataforma Interamerica- no en el sentido del uso adecuado del tiempo
na de Derechos Humanos, Democracia y Des- libre, sino en el de poner la atención en “otros
arrollo, reflexione sobre la exigibilidad social de asuntos”, por lo general relacionados con la
los derechos de segunda generación. creación de necesidades para fomentar el con-
sumo, más no en la reflexión sobre sus condi-
Aunque la Constitución de 1991 consagra ciones de desarrollo humano y, mucho menos,
los derechos económicos, sociales y culturales, en la toma de decisiones frente a la implemen-
en Colombia más de la mitad de la población tación de alternativas de solución a las proble-
no cuenta con garantías para acceder a ellos máticas de derechos humanos que los afligen.
(Paredes, 2000). Paradójicamente, se observa
cómo la intervención del Estado se desdibuja Las decisiones frente a los derechos huma-
en el ámbito social y se concentra en lo econó- nos en el país las toman pequeños grupos de
mico y en el fortalecimiento militar. Esta recon- poder económico y político, que no conocen de
figuración de lo público en Colombia implica el cerca la realidad. Sin embargo, en calidad de
monopolio de bienes públicos por parte de ins- “expertos” y “benefactores”, proponen solucio-
tituciones que se benefician, de manera priva- nes a los problemas de la mayoría de los colom-
da, de la satisfacción de necesidades básicas. bianos que, por no formar parte de dichas
Esto lleva a un sometimiento permanente de la soluciones, no las legitiman, y por ello, generan
mayoría de los y las colombianas, ante los luchas sociales por la reivindicación de sus dere-
pequeños grupos de poder que atesoran aque- chos e identidades.
llos medios determinantes para que las perso-
nas puedan desarrollarse “libremente”. De esta Esta exclusión de la sociedad civil se obser-
manera se mantiene una relación entre bene- va con respecto a muchos derechos que le son
factores y beneficiarios, una nueva forma de vulnerados y violados. No obstante, para efec-
señalar la lógica de esclavos y amos. tos de la presente reflexión sólo se hará men-

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ción al manejo de los efectos del conflicto falsas acusaciones contra los y las defensoras
armado, como uno de los tantos problemas de los derechos humanos.
que afectan actualmente las condiciones de
derechos humanos de los colombianos. Las formas que ha implementado el
Gobierno para involucrar a la sociedad civil en
El manejo de los efectos del conflicto el tema del conflicto armado no han sido pre-
armado en la condición de derechos cisamente en el análisis de su situación, sino
humanos en el país mediante la imposición de medidas que for-
La constante tendencia a mantener un man parte de la solución, según su autoritario
“velo” sobre las problemáticas de los derechos criterio, como: la red de informantes, los cam-
humanos en Colombia generadas por el con- pesinos armados y las capturas masivas siste-
flicto armado es una clara ilustración de exclu- máticas. Estas medidas, en vez de recoger las
sión de la sociedad civil en un tema de interés percepciones de la gente frente al tema, la
público. Esta exclusión ha sido forjada tanto ponen en riesgo y generan restricciones,
por algunas políticas gubernamentales actua- como el derecho a la libre circulación.
les como por grupos armados irregulares, pese
a que el origen y el fin de dichas instancias es En cuanto a las víctimas del conflicto
diferente, sostienen esta tendencia con sus armado, no han sido escuchadas por parte del
actos. Gobierno para profundizar en la comprensión
del fenómeno, ni para hacer justicia y repara-
Las difíciles condiciones de derechos ción de los derechos vulnerados. De ahí que la
humanos producidas en parte por el conflicto mayoría de ellas cuando logran expresarse en
armado, afectan directa e indirectamente a escenarios públicos, no generados precisa-
todos los colombianos. No obstante, es un mente por instancias gubernamentales,
asunto que intentan manejar unos pequeños manifiestan su frustración e indignación ante
grupos de poder, a costa del silencio de los programas implementados en su nombre
demás. Una muestra de ello es que en la polí- pero sin tenerlos en cuenta. Esto, por el con-
tica del gobierno actual hay un interés en trario, les ha generado desesperanza, como es
mostrar que aquí suceden menos cosas de las el caso de la impunidad para algunos actores
que realmente pasan, lo que la Comisión armados, o la asignación de un dinero men-
Colombiana de Juristas ha denominado: sual a las personas reinsertadas por un monto
“política de imagen del gobierno”. Varios orga- y un tiempo superior al que se le otorga a la
nismos nacionales e internacionales coinci- población en condición de desplazamiento
den en esta evidente contradicción frente a la forzado.
actualidad del país: la proyección de una ima-
gen alterada distorsionada de la realidad del Otro nefasto efecto de esta exclusión de la
orden público en Colombia. En consecuencia, sociedad civil y de otras instancias cuyos inte-
informar sobre los derechos humanos y el grantes no pertenecen a grupos de poder eco-
derecho internacional en Colombia resulta nómico y político, es que los defensores de
complicado, ya que el Gobierno, se ha pro- derechos humanos, tanto a nivel nacional
puesto hacer ver que la situación está mejo- como local, ya sea en el campo judicial o extra-
rando, lo cual ha implicado descalificación y judicial, se han convertido en población de alto

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riesgo. En los últimos años se han incrementa- Sin embargo, se observa cómo la capacidad de
do los asesinatos, las desapariciones y las ame- respuesta del Estado ante fenómenos que
nazas constantes, independiente de que sean o hacen mella en la soberanía nacional, como el
no funcionarios públicos, como si a toda costa desplazamiento forzado, no se ha fortalecido
el tema estuviese vedado en la esfera pública. pese a la notable acentuación de éste en los
últimos quince años.
La privación de la información a los
colombianos es un obstáculo para su desarro- Esto no sólo acontece con el tema del des-
llo humano, en tanto que se coartan las garan- plazamiento forzado, también sucede con
tías de transparencia al mantener una imagen otras problemáticas coetáneas, que surgen
que distorsiona la realidad en materia de orden como demandas de mediados del siglo pasado
público y, en consecuencia, limita sus liberta- y comienzos de este, a partir de los giros de la
des políticas. sociedad colombiana. “Medios rápidos e ilega-
les de adquisición de dinero”, como la delin-
La frágil capacidad de respuesta del Estado cuencia común, la prostitución infantil, la trata
frente a las demandas del contexto nacional de personas, la venta ilegal de órganos y el trá-
contemporáneo –Tercera tensión– fico de drogas, entre otros, no han obtenido
La capacidad de respuesta del Estado ante respuestas efectivas por parte del Estado, que
las demandas en el contexto contemporáneo den cuenta de su capacidad instalada ante
es un indicador de eficacia simbólica de su dichas demandas sociales.
labor como representante de los intereses del
pueblo. Para ello, debería de existir un meca- Las respuestas actuales del gobierno frente
nismo interno efectivo de su seguimiento y las problemáticas mencionadas se centran en la
control; que logre permear lo legal y lo consue- acometida de sus manifestaciones, mas no en
tudinario. Para infortunio de los colombianos, sus causas. En el caso de las problemáticas
su destino se planea al margen de los giros y generadas por la posibilidad de adquirir dinero
transformaciones sociales y culturales, en de forma rápida –en un país donde la mayoría
tanto que las acciones políticas implementa- son pobres y miserables, no existen políticas
das por el gobierno, en nombre “del desarrollo”, gubernamentales que aborden el problema
no tienen en cuenta la complejidad de las desde la generación de empleo y educación,
demandas nacionales y locales, que inciden en sino desde el campo meramente represivo– esto
la reconfiguración del país. conduce a que, en lugar de promover una cultu-
ra de la vida digna, se mantengan comporta-
La implementación de políticas y progra- mientos de doble moral, pues se cree que el
mas en torno a los derechos humanos desde problema sólo se genera si las personas son des-
una perspectiva de lo público debe partir de la cubiertas en la ilegalidad.
reflexión sobre los vuelcos actuales que está
dando la sociedad y las relaciones que se tejen En el caso del desplazamiento forzado,
entre ésta y el Estado, para construir herra- que afecta directamente la dignidad y la inte-
mientas teórico-prácticas que conduzcan a la gridad de personas que tenían un proyecto de
legitimación de la acción política del Estado, y vida construido, aún no se ha implementado
su trabajo mancomunado con otras instancias. una política pública eficaz. El panorama es que

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no hay una sistematización veraz del número den el plano meramente asistencial. A la poca o
de personas en condición de desplazamiento nula asignación de recursos en los planes de
forzado, ni se han planteado directrices de aná- desarrollo local se suma la relación instrumen-
lisis sobre el sentido del problema o sus posi- tal y coyuntural de los funcionarios públicos
bles soluciones. Esto proyecta la idea de que el que acceden por vías clientelistas, sin sensibili-
tema no es de interés prioritario en la actuali- dad y proyección frente a la institucionalidad.
dad, así sea una demanda apremiante que está
reconfigurando el ordenamiento físico y sim- En el informe del 2004 sobre la política
bólico de las poblaciones. Resulta entonces pública del desplazamiento forzado por el con-
paradójico que su discusión haya ido ganando flicto armado en Colombia, elaborado por la
importancia debido a la intervención de ONG ONU, se afirma que aún no hay una efectividad
nacionales e internacionales y de otros secto- en cuanto al apoyo a las víctimas en la repara-
res, como la iglesia católica. ción de sus derechos; el apoyo del Estado no
supera la emergencia, en los casos en que inter-
viene. Más allá de la asistencia

E sta reflexión ha de combinar


visiones cuantitativas y cualitativas; las cifras no pueden
humanitaria, es necesario que el
fenómeno se asuma como un fac-
tor que incide directamente en la
estructura de la dinámica nacional
ser sólo para uso de manipulación masiva, ni las reflexio-
y, por ende, genera otras proble-
nes pueden quedarse en las academias, ya que “el desarro- máticas. Por lo tanto, hay que
llo humano es, por excelencia, un tema del futuro, puesto incorporar el tema no como algo
que al cuestionar el mundo en que vivimos inicia el cami- coyuntural, sino como uno de los
no para diseñar los mundos habituales que podremos problemas colombianos en los
que algunos seres humanos repro-
construir”
ducen conductas que ocasionan
daño a su misma especie. El pro-
Aunque el Gobierno ha reaccionado ante blema no puede ser visto fuera del contexto del
el problema en materia jurídica con la ley 387 análisis de la guerra interna que se vive en el
de 1997 y el decreto 173 de 1998, esto no se país con relación a la condición humana, por
cumple. Fue necesaria la aplicación de meca- parte de los diferentes actores sociales del Esta-
nismos de protección de los derechos huma- do y de la sociedad civil, ni su solución se puede
nos, como la tutela, para que en el año 2004, a limitar a decisiones impuestas por el Gobierno
partir de la sentencia 025, el Estado advirtiera sin la aprobación de la sociedad civil, o a formu-
su deber en el fenómeno del desplazamiento y, las entregadas por organismos internacionales.
en consecuencia, comprometiese a las alcaldí-
as con la creación de los comités locales de Una línea de base de efectividad de la
atención a la población en condición de des- capacidad de respuesta del Estado ante las
plazamiento forzado y la elaboración del Plan demandas sociales debe ser su reflexión cons-
Único Integral, diseñado por Planeación tante sobre las condiciones de desarrollo
Nacional. Sin embargo, en la actualidad, sus humano en el país. Esta reflexión ha de combi-
efectos en el apoyo a la población no trascien- nar visiones cuantitativas y cualitativas; las

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cifras no pueden ser sólo para uso de manipu- derechos humanos. Sólo el Estado puede violar
lación masiva, ni las reflexiones pueden que- los derechos humanos porque es su deber
darse en las academias, ya que “el desarrollo público velar por ellos, mientras que otras ins-
humano es, por excelencia, un tema del futuro, tancias llegan a vulnerarlos; de no ser así, se
puesto que al cuestionar el mundo en que vivi- estaría poniendo al mismo nivel a las fuerzas
mos inicia el camino para diseñar los mundos estatales y a los grupos armados irregulares.
habituales que podremos construir” (Rey, 1998, Esto no significa que es más terrible violar que
p. 105). vulnerar; por lo tanto, la premisa que sólo el
Estado puede violar los derechos humanos no
Lógicas perversas en la promoción y protección constituye un señalamiento más severo hacia
de los derechos humanos –Cuarta tensión– el Estado que hacia la guerrilla o los paramilita-
Son múltiples las manifestaciones de las res. Lo que se pretende dejar por sentado es
lógicas transgresoras de la ley que ponen en que no se deben otorgar los mismos deberes al
entredicho la legitimidad de la promoción y la Estado y a los grupos armados irregulares,
protección los derechos humanos en Colom- puesto que ello trae profundas implicaciones,
bia. Algunas de ellas son: la evasión de como la coadministración de los derechos
algunos funcionarios públicos con la protec- humanos.
ción de los derechos humanos, la violación de
los derechos humanos por parte de instancias La violación de los derechos humanos
oficiales; el desplazamiento ilegítimo entre por parte de instancias oficiales. Es una ten-
ramas del poder estatal ante los efectos del dencia que suele ser frecuente en zonas donde
conflicto armado en materia de derechos hay confluencia de diferentes grupos armados
humanos; y la confluencia de la legalidad y la legales e ilegales; allí, los niveles de atrocidad
ilegalidad en las respuestas del Estado frente a de los guerreros no se distinguen y todos, sin
la protección de los derechos vulnerados por diferencias, representan temor y represión para
el conflicto armado. la sociedad civil. No obstante, en el informe de
derechos humanos para Colombia de la ONU
La evasión de algunos funcionarios se registra el aumento de denuncias sobre “eje-
públicos con respecto a la protección de los cuciones extrajudiciales atribuidas a miembros
derechos humanos. Se observa en la conducta de la fuerza pública y a otros servidores públi-
gubernamental que tiende a relacionar las vio- cos, así como altos niveles de torturas y tratos
laciones a los derechos humanos estrictamen- crueles, inhumanos o degradantes, desapari-
te con el conflicto armado, evadiendo así su ciones forzadas, detenciones y allanamientos
responsabilidad con relación a la crisis actual practicados sin los fundamentos jurídicos ade-
en el tema. Esta tendencia no sólo se observa cuados, y manipulación de pruebas y testigos”.
en los análisis de la Comisión Colombiana de
Juristas; también se hace visible en los discur- El desplazamiento ilegítimo entre ramas
sos en encuentros oficiales (Guerra de la del poder estatal ante los efectos del conflicto
Espriella, 2000), en cuyos debates públicos los armado en materia de derechos humanos. Se
funcionarios que reflexionan sobre la paz en observa de diferentes maneras. Una de ellas es
Colombia afirman que los grupos armados al la impotencia de algunos funcionarios públi-
margen de la ley son los únicos que violan los cos frente al manejo de los nefastos efectos del

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conflicto armado en las dinámicas locales y concesiones del Gobierno hacia algunos gru-
nacionales, por temor a las represalias. La com- pos al margen de la ley mediante la impunidad.
petencia del cargo que representan se ve limi-
tada a acciones que no pongan en riesgo su Estas situaciones mencionadas mantienen
propia vida, en tanto que los pobladores conti- la incertidumbre y la desesperanza en la socie-
núan cohabitando con el terror, sobre todo en dad civil, puesto que el discurso legal de protec-
zonas rurales. Otra forma en la cual se refleja el ción de sus derechos no es legítimo en sus
desplazamiento ilegítimo entre ramas del vivencias: tienen que cohabitar, en algunos terri-
poder estatal es en el “alto protagonismo del torios, con grupos al margen de la ley que dan las
Ejecutivo en asuntos que corresponden a otras órdenes y solucionan los problemas de las
ramas del poder, […] implementado una políti- comunidades; o darse cuenta de que no habrá
ca represiva basada en una restricción signifi- reparación de los derechos vulnerados en sus
cativa de la competencia de la justicia coterráneos debido a la impunidad. Ésta aparece
ordinaria” (Peláez, 2002). como un mecanismo de desprotección de los
derechos humanos en Colombia, que genera
La confluencia de la legalidad y la ilegali- efectos desfavorables para su desarrollo huma-
dad en las respuestas del Estado frente a la no, como aumento del sentimiento de despro-
protección de los derechos vulnerados por el tección para con el Estado y la persistencia de un
conflicto armado. Se evidencia en la participa- imaginario según el cual “los actos de lesa huma-
ción de actores armados irregulares en el fun- nidad no son condenables en Colombia”.
cionamiento del Estado en las dinámicas micro
y macro del país, de diferentes modos, ya sea Estas tendencias agravan la situación de
en la coadministración en algunos municipios un futuro no muy prometedor por parte del
marginados, en el control del orden público de Estado, que se revierte en la permanencia de la
algunos territorios; en el incumplimiento de cultura violenta que caracteriza nuestra histo-
los compromisos adquiridos en los procesos de ria y alimenta así el círculo de la violencia con
negociación, o en la implementación de la ley un ingrediente más, la impunidad, que en la
de perdón y olvido de sus conductas atroces en actualidad representa uno de los retos para
detrimento de la dignidad humana. hacer confluir la legalidad y la legitimidad.

La sociedad civil sigue siendo testigo silen- Emergencia de un caparazón institucional que
ciosa de la “persistencia de vínculos entre servi- impide articular los sentidos entre las instancias
dores públicos y grupos paramilitares, y la públicas y privadas que trabajan en torno
existencia de un mayor grado de infiltración de a los derechos humanos –Quinta tensión–
estos grupos en varios niveles administrativos y Esta tensión da cuenta de una polarización
sociales, poniendo a prueba el Estado de Dere- entre los efectos de las acciones del Estado, las
cho” señalada por la ONU; de las graves infrac- ONG nacionales y los organismos internaciona-
ciones por parte de los grupos al margen de la les, en las cuales, se evidencia claramente que
ley que se someten a negociaciones con el los derechos humanos en Colombia adquieren
Gobierno; de la estética del terror que imponen diferentes sentidos para cada una de las instan-
los grupos armados para “mantener el orden cias mencionadas. Esto resulta consecuente si
público en algunos territorios del país”; y de las se considera que las realidades sociales son

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producto de las relaciones intersubjetivas y, cionales, como un producto globalizante del


por lo tanto, frente a un mismo fenómeno se discurso universal de los derechos humanos.
pueden construir diferentes sentidos. No se Esto acarrea efectos que ameritan un análisis
trata entonces de que dichas instancias pien- dialéctico sobre el papel de las instancias inter-
sen de la misma forma, pero sí de que se reco- nacionales en la promoción de los derechos
nozcan y logren articular sus intereses. Sin humanos en Colombia. No obstante, como lo
embargo, hasta allí no se ha podido llegar, ni plantea Manson (2002) en Exclusividad, Auto-
antes de la intervención de organismos inter- ridad y Estado, las nuevas reglas e instituciones
nacionales de derechos humanos en el país, ni globales desafían la soberanía del Estado, al
ahora que se cuenta con su permanencia y generar nuevas esferas de autoridad que pue-
seguimiento al gobierno colombiano, para den debilitar el derecho de exclusividad de los
cumplir con los compromisos y las recomen- Estados para gobernar, mediante la prolifera-
daciones hechas por la Alta Comisionada para ción de actores globales dentro de los contex-
las Naciones Unidas para los Derechos Huma- tos domésticos, cuyas prácticas conducen a
nos. Más allá de los criterios legales nacionales nuevos ordenamientos y conocimientos, que
e internacionales, no hay precedentes de senti- pueden alterar sus estructuras.
do en los cuales confluyan las diferentes accio-
nes que se realizan en el país en torno a los La intervención de organismos interna-
derechos humanos. Además de los argumentos cionales también trae consigo la posibilidad de
respaldados por las misiones de cada instancia, regulación de la protección de los derechos
parece ser que la misma institucionalidad humanos en Colombia, en cuanto que se juzga
mantiene caparazones inasequibles a la signifi- la realidad con respecto a las metas por lograr,
cación y resignificación de los derechos huma- que de hecho, son compartidas por el Gobier-
nos en Colombia como un asunto público. no en la mayoría de sus discursos. Sin embar-
go, en la práctica aún se dista de ello, tal como
Los organismos internacionales, por su se refleja en la siguiente apreciación de la ONU
parte, emiten conceptos permanentes que osci- frente a los derechos humanos en Colombia
lan entre lo que acontece y lo que debería ser, durante el año 2005: hubo algunos logros y
mientras que el Gobierno implementa políticas avances por parte del Estado, sobre todo
de derechos humanos contradictorias en sí mis- durante la segunda mitad de 2004, aunque el
mas. Por otro lado, algunas ONG nacionales e proceso de implementación fue menos consis-
internacionales desarrollan programas encami- tente de lo esperado. Ante el carácter represivo
nados al fortalecimiento de la sociedad civil en de las políticas gubernamentales actuales,
pro de la democracia; para ello intentan conso- resulta totalmente pertinente la presencia de
lidar estrategias de cogestión con el Estado, pero organismos internacionales que afirmen lo que
se encuentran con profundas dificultades. todos los colombianos saben pero no se atre-
ven a decir con respecto a los derechos huma-
Entre lo que acontece nos en el país: que la situación sigue siendo
y lo que debería ser crítica, ya que durante el año 2004 se registra-
Las instituciones internacionales se ron denuncias de violaciones de los derechos a
superponen ante el funcionamiento del Estado la vida, a la integridad, a la libertad, a la seguri-
mediante relaciones horizontales y unidirec- dad personal, al debido proceso, al respeto de

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la vida privada y de la intimidad, y a las liberta- colombianos de derechos individuales para


des fundamentales de circulación, residencia, proteger unos colectivos, incumple las normas
opinión y expresión. del derecho humanitario, ya que involucra a la
población civil en el conflicto armado.
La presencia de estos organismos en el
seguimiento de la prevención y protección de Otra objeción que aflora entre las políticas
los derechos humanos en Colombia se con- gubernamentales de derechos humanos gira en
vierte en una fuente de la cual emana la posibi- torno a las acciones implementadas, supuesta-
lidad de mantener una dependencia directa mente, en pro de los derechos económicos,
del país con respecto a las exigencias globales; sociales y culturales, que “en lugar de propender
y al mismo tiempo, representa un espejo que por una mejoría del disfrute de los derechos
refleja nítidamente aquello que acontece en el económicos, sociales y culturales en la pobla-
país, sin correr el riesgo de ser desvirtuado por ción, tienen como consecuencia aumentar las
posturas polarizantes y autoritarias. condiciones de inequidad, exclusión y pobreza
en las que vive la mayoría de los habitantes del
Políticas y acciones gubernamentales país” (Comisión Colombiana de Juristas, 2003, p.
de derechos humanos contradictorias 47). De manera incongruente, el Gobierno ha
en sí mismas dado prioridad al acatamiento de pactos finan-
Todo tipo de intervención en torno a la cieros con el FMI sobre el diseño de políticas
promoción y defensa de los derechos huma- públicas desde la perspectiva de satisfacción de
nos, desprovista desde su interdependencia los derechos. El panorama, entonces, es que el
teórica y vivencial es un esfuerzo aislado sin Estado privilegia la inversión en lo económico y
impacto a largo plazo. La “ratificación de ins- en lo militar sobre lo social.
trumentos por parte del Gobierno Colombia-
no, como el convenio de la OIT sobre la Lo anterior refleja una visión de lo econó-
eliminación de las peores formas de trabajo mico aislada de lo social, reforzada por la idea
infantil y el protocolo para prevenir, reprimir y de dar prioridad a la inversión en la solución
sancionar la trata de personas, especialmente armada del conflicto, sin precaución de su
mujeres y niñas” (ONU, 2005), es un valioso impacto sobre el tejido social, ni por la dismi-
avance en materia de derechos humanos, pero nución del gasto público de inversión social.
no garantiza que los niños y las niñas de esca- Según la Comisión Colombiana de Juristas,
sos recursos, que son la mayoría del país, no mientras que el Gobierno proyecta un aumen-
continúen sometiéndose a trabajos de alto to del porcentaje del PIB destinado al gasto
riesgo que vulneran sus derechos, para satisfa- militar de 3,5% en 2002 a 5,8% en el 2006, reco-
cer sus necesidades básicas. noce en el Plan Nacional de Desarrollo que no
está dispuesto a aumentar el gasto destinado a
Una clara ilustración de otra contradicción inversión social, que en la actualidad es insufi-
interna entre políticas y acciones gubernamen- ciente para garantizar el cumplimiento de sus
tales de derechos humanos es que el gobierno obligaciones en materia de derechos humanos.
actual ha dicho que su política de derechos Esta situación da cuenta de una visión de des-
humanos es su misma política de seguridad arrollo social segmentada de la economía, que
democrática. Ésta, además de privar a los se evidencia con la reducción de la inversión

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social en el gobierno actual; y del


mismo modo, indica una visión eco-
nomicista del desarrollo social, que
E n las cinco tensiones sugeridas se
hace evidente que en la actualidad colombiana es difícil
aumenta las condiciones de inequi-
dad y exclusión social. articular los sentidos emergentes sobre los derechos
humanos en las diferentes instancias que trabajan en
El fortalecimiento de la sociedad torno a su promoción y protección, debido entre otras
civil liderado por las ONG,
cosas, a la refundación de la esfera pública.
en pro de la democracia;
encuentra dificultades
• Las instituciones internacionales se super-
para consolidar estrategias
ponen ante el funcionamiento del Estado
de cogestión con el Estado
mediante relaciones horizontales y unidi-
Las ONG cumplen algunas funciones del
reccionales.
Estado en problemáticas de derechos huma-
nos relacionadas con los ámbitos social, eco-
• El gobierno implementa políticas de dere-
nómico, político y ambiental. Despliegan
chos humanos que difícilmente son soste-
programas que intentan como prioridad, res-
nibles en pro del bienestar social de la
ponder a las demandas micro y macro del
población desde un enfoque holístico.
contexto nacional en materia de derechos
humanos, sin perder de vista la constitución • Las ONG suplantan al Estado en algunas
de un Estado social de derecho en Colombia. temáticas de derechos humanos para apo-
Éste es un componente transversal en sus yar a la sociedad civil.
objetivos y en los ejes de intervención; en
consecuencia, proponen estrategias de coges- En las cinco tensiones sugeridas se hace
tión con instancias estatales para su ejecu- evidente que en la actualidad colombiana es
ción. Infortunadamente, más allá de la difícil articular los sentidos emergentes sobre los
voluntad política de las administraciones y derechos humanos en las diferentes instancias
sus funcionarios, surgen obstáculos inheren- que trabajan en torno a su promoción y protec-
tes a la capacidad instalada del Estado en ción, debido entre otras cosas, a la refundación
materia de derechos humanos, en tanto que de la esfera pública. En consecuencia, resulta
su impacto en términos de sostenibilidad es forzado pensar que una perspectiva de los dere-
verificable en la sociedad civil, pero en la chos humanos desde lo público podría ofrecer
mayoría de los casos, en términos de susten- elementos de comprensión e integración de las
tabilidad mediante la cogestión con instan- realidades sociales emergentes en la temática.
cias estatales, se ve malogrado. Algunas de las tensiones que sustentan esta pro-
posición, son la privatización de lo público y la
Estas tensiones que subyacen ante la con- pérdida del sentido de lo público en Colombia.
fluencia de lo global, lo nacional y lo local, en la
protección de los derechos humanos en La privatización de lo público
Colombia son indicadores de tres efectos que La privatización de lo público aflora a tra-
mantienen la fragmentación de las respuestas vés de diferentes contradicciones salvaguarda-
frente a los derechos humanos en Colombia: das, entre otras cosas, por el carácter inverosímil

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de la labor del Estado ante la crítica situación de Por lo anterior, la promoción y protección
derechos humanos, y por la falta de unificación de los derechos humanos en Colombia no
de criterios para su promoción, con organismos puede ser vista como un asunto público por
internacionales y ONG. Por lo tanto, para efectos simple suposición de obviedad. No en vano, en
del presente análisis se cita una tendencia que la actualidad no hay políticas gubernamentales
sobresale al respecto, se trata del dudoso carác- que den cuenta de ello. Bien podría decirse que
ter público de la administración estatal. Frente a la noción de lo público como punto conver-
esta tendencia, Molina (2004) afirma que en gente para la promoción y la protección de los
Colombia se exhibe una significativa falta de derechos humanos se está reconfigurando en
racionalidad pública de la administración esta- la modernidad, con la influencia de vicios
tal; al relacionar el concepto de lo público con la acentuados de la política tradicional como el
racionalidad administrativa, señala como clientelismo, la corrupción y la burocracia, y
algunos obstáculos de ésta frente al ejercicio de por la transición que vive Colombia de Estado
la democracia en Colombia: el clientelismo, la absolutista a Estado democrático.
corrupción y la burocratización.
La pérdida del sentido de lo público
En Colombia los asuntos públicos se con- Son varios los autores que coinciden en
vierten en asuntos exclusivos del gobernante de que en la actualidad en la cultura occidental
turno, debido a una lógica “donde coexisten el hay una gran pérdida de símbolos y de creati-
supuesto beneficio colectivo, por una parte, y la vidad, al observar una tendencia de “reencau-
racionalidad clientelar de beneficio privado, por che” de vivencias pasadas, porque las
la otra” (Molina, 2004, p. 7), que comporta una exigencias de la globalización no permiten
“repartición privada de lo que por misión es de reflexiones sobre el “sí mismo”, sino la bús-
naturaleza pública: El Estado” (Gutiérrez, 1999). queda insaciable de satisfacción de necesida-
Esta situación contradictoria con la administra- des y pseudonecesidades. No en vano, el
ción pública genera otras situaciones que desle- sociólogo Pierre Bourdieu afirma que los tem-
gitiman aún más la función del Estado como plos modernos son los centros comerciales.
garante del bien público, como el hecho que las
relaciones clientelares son estrictamente instru- La influencia de organismos internacionales
mentales, lo que disminuye la calidad de los ser- y las respuestas actuales del Estado ante sus
vicios ofrecidos por aquellos funcionarios demandas han llevado a que el discurso del desa-
públicos que ascienden en la administración rrollo esté circunscrito a la lógica de la producti-
pública por dichos medios. vidad capitalista. Un claro ejemplo de ello son
los cortes abruptos que se hacen entre cada
Este análisis desdibuja aquellas dimensio- periodo de gobierno, con el afán de mostrar pro-
nes de lo público que se refieren al manejo de ductos inmediatos que mantengan la populari-
lo que atañe con el propio bienestar. Así, los dad; el accionar político se centra en el hacer,
temas tratados por el Estado “supuestamente mas no en la reflexión sobre los seres humanos a
por y para el bien común”, o sea, públicos, quienes se supone que representan.
pasan por el filtro de la racionalidad privada
que en la actualidad suplanta la racionalidad Hoy en día, cada quien gira en torno a sus
pública del Estado colombiano. propios intereses y el sentido de lo público se

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difumina en ello. En ocasiones, se convierte en la fragmentación de la realidad y la interven-


una conveniente fachada para los grupos de ción dispersa en la materia. No es posible pen-
poder, que dicen “velar por lo público”, pero sar el mundo de lo social sin ubicarse en él; sin
actúan en beneficio propio o de particulares; tal embargo, en la actualidad colombiana se pro-
es el caso de las lógicas clientelistas, corruptas y ponen metas desde la mirada sesgada de unos
burocráticas –problemas políticos–, que diluyen pocos. Esto lleva a que cada vez se aclare más el
el rol del Estado como garante del bien público. “pasaje a una nueva forma de soberanía que
parece avanzar hacia una codificación totalita-
La construcción de sentidos en torno a lo ria de la vida social” (Useche, 2002, p. 7); lo cual
público, se crea y se recrea, en la interacción sustenta un contrasentido constante entre el
cotidiana de los diferentes actores del Estado y dinamismo de la vida social y la “imposición”
la sociedad civil, no es un asunto que se man- de políticas gubernamentales en nombre de
tiene estáticamente, por ello, ante las actuales los derechos humanos, homologándolos con la
condiciones de derechos humanos en Colom- “seguridad democrática”.
bia, los discursos se desvanecen ante la desave-
nencia de las realidades sociales. Es muy complejo hablar de derechos
humanos desde lo público, si su concepción se
Conclusiones está reconfigurando como asunto de pocos y
En las realidades fragmentadas que emer- exclusión de la mayoría, sin diferenciarlo de la
gen en torno a la promoción y la protección de esfera de lo privado. Es preciso dar significado
los derechos humanos en Colombia como un a las bases de la promoción de los derechos
asunto público se sitúan aspectos convergen- humanos en Colombia, para que se reconoz-
tes que podrían ser parte del iceberg que se can las diferentes concepciones existentes, en
asoma en la actual perspectiva frente al tema, aras de incluir sus múltiples significados en un
entre la polaridad de algunos discursos que se contexto tan dispar como el colombiano.
sustentan sobre los derechos humanos en el
país y la exclusión de las reflexiones ajenas a los No se trata de una homogenización de un
planteamientos del Gobierno. Estos puntos de discurso de los derechos humanos. Se trata del
encuentro son: la visibilización de los diferen- reconocimiento de las diferentes miradas que
tes intereses que mueven a las instituciones a en torno a éstos surgen por parte de la sociedad
trabajar en torno a los derechos humanos en civil, el Estado, las ONG y organismos interna-
Colombia y el manejo de los problemas desde cionales, en aras de ofrecer elementos teórico-
sus manifestaciones, no en la comprensión de prácticos, orientados hacia la construcción de
sus causas. una cultura de los derechos humanos en
Colombia y a superar la fragmentación actual,
Visibilización de los diferentes intereses que mantenida por los discursos polarizados que
mueven a las instituciones a trabajar en torno a se excluyen entre sí.
los derechos humanos en Colombia
La ausencia de escenarios de disertación Resulta indignante para los colombianos
sobre los derechos humanos en Colombia, que los informes tanto nacionales e internacio-
entre el Gobierno, diferentes instancias mino- nales de entidades competentes en el tema de
ritarias de la sociedad civil y las ONG, perpetúa los derechos humanos se centren en el caso

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omiso que el gobierno actual hace de sus suge- violación del principio del DIH. Pero además
rencias, no porque éste deba hacer lo que dicen de estas consecuencias, lo más relevante es que
dichas instancias, sino porque de fondo ello da la medida no fue concertada ni producto de
cuenta de una ausencia de consenso en un tema negociación de sentidos de vida colectivos. La
de interés común –siendo coherente con la pers- figura de un Estado de excepción, no se puede
pectiva de desarrollo que promueve el PNUD–, quedar en la forma, ya que por más crítica que
al partir de las percepciones de bienestar y pro- sea la situación, la vida de las personas conti-
greso de las personas. En el informe de la Comi- núa, no se congela hasta que se solucione la
sión Colombiana de Juristas titulado Garantías crisis, ni mucho menos queda sólo a disposi-
en creciente ausencia, se plantea que la situación ción del factor detonante.
de derechos humanos y derecho humanitario en
Colombia continúa deteriorándose. Las violacio- La actual búsqueda de la paz mediante la
nes a los derechos humanos y al DIH han militarización de la existencia, se convierte en
aumentado drásticamente: las sugerencias de la otro factor que destruye las fuentes de sentidos
ONU no han sido atendidas; por el contrario, los de vida colectivos. Son suficientes los argu-
gobiernos de los periodos analizados (1997- mentos de la academia y otras instancias, para
2003), han implementado medidas que van en afirmar que la guerra afecta el tejido social.
abierta contravía de tales sugerencias. Mientras se continué monopolizando la vio-
lencia, como uno de los “esfuerzos Estatales
Así el Gobierno desarrolle políticas como por mantener el dominio territorial” (Gonzá-
representante del pueblo, éstas carecerán de lez, Bolívar y Vásquez, 2002), será imposible
sentido y de efectividad, si en su formulación, pensar en una gestión pública estatal en torno
los destinatarios no son tenidos en cuenta. a los derechos humanos en Colombia, y per-
Incluso, algunas de ellas repercutirán negativa- manecerá la crisis de sentido en el tema, al
mente en la sociedad civil, tal como se observa igual que los retrocesos en el desarrollo social.
en una valoración de la situación de derechos Esto es lo que acontece con las políticas imple-
humanos y del derecho internacional humani- mentadas en pro del bienestar público pero en
tario durante el año 2003, realizada por la detrimento de los derechos individuales; así, se
Comisión Colombiana de Juristas. En ella se mantiene una constante contradicción susten-
ilustran acciones estatales que no tienen como tada en la actual “seguridad democrática”, a
prioridad la protección de la integridad de la través de la cual, la “política gubernamental
sociedad civil, tales como el desconocimiento traslada a la ciudadanía la obligación de garan-
del principio de distinción entre combatientes tizar la seguridad y la utiliza como un instru-
y no combatientes, en tanto que el Gobierno mento para ganar la guerra” (Comisión
llama a los “soldados campesinos” combatien- Colombiana de Juristas, p. 15).
tes; considera terroristas a los guerrilleros y
paramilitares. Esta postura impuesta por el El manejo de los problemas desde sus manifesta-
Gobierno ha producido profundas confronta- ciones y no en la comprensión de sus causas
ciones en la sociedad civil y en los organismos Es necesario romper el círculo vicioso en
nacionales e internacionales, por sus implica- el cual sólo se abordan algunas consecuencias
ciones en la vinculación impuesta de la socie- de los problemas, pero no las causas. Esta
dad civil en el conflicto, y por su consecuente situación, al parecer, resulta de gran beneficio

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para algunos grupos de poder que mantienen rales macro y micro del contexto nacional, no
su posición de contribuyentes activos a la es el único factor que incide en los derechos
cadena de la exclusión y la desigualdad. El humanos –a excepción del derecho internacio-
Gobierno debería proponerse como prioridad nal humanitario, cuyo incumplimiento sí está
ocuparse de las causas, para ofrecer una autén- totalmente ligado con éste y con la forma como
tica seguridad ciudadana. lo afronta el Gobierno–. El análisis de los dere-
chos humanos debe observarse más allá del
En tanto no se ausculte más allá de las for- conflicto armado, claro está, sin excluirlo. Por el
mas de vulneración y violación de los derechos contrario, si se sitúa en relación con las otras
humanos, éstas permanecerán, de diferentes manifestaciones de vulneración de los dere-
maneras y con otros nombres; pero el proble- chos humanos, se logra reconocer un punto de
ma de fondo, que es la reflexión de los derechos intersección, que algunos analistas han consi-
humanos como un asunto de todos, seguirá derado como la fuente de la aparición del con-
aplazado. En Colombia, la división entre la flicto armado: la exclusión y la desigualdad
acción y la reflexión a la hora de ejecutar pro- social, que cada vez se acentúa más en lo local
blemas es evidente, en concordancia con una y en lo global. En otros casos, se ha reconocido
política pública, por ello en cuanto a que el conflicto armado surge como respuesta
a un problema de derechos humanos; por lo
…la conexión entre la paz y el respeto a los tanto, su manejo circunscrito al conflicto
derechos humanos, a pesar de ser dos políti-
armado se convierte en un sofisma de distrac-
cas claramente interrelacionadas y bajo la
dirección y coordinación del ejecutivo, su ción, que evita hablar de asuntos pendientes
ejecución y desarrollo no necesariamente cuya atención puede esclarecer el análisis fren-
han sido complementarios. Los esfuerzos por te a la exclusión y la desigualdad social.
la paz se han concentrado en la firma de
acuerdos que garantizan la desmovilización
de los grupos alzados en armas y el tema de Profundizar en la problemática de derechos
derechos humanos pasa a un segundo plano, humanos en Colombia desde una perspectiva del
bien porque se considera que hace parte del desarrollo humano pondría al descubierto los
programa político del grupo reinsertado y
motivos por los cuales resulta conveniente que el
que por lo tanto será objeto de debate por
medio de los canales democráticos, o porque conflicto armado permanezca, al igual que la
la negociación implica la aceptación del pobreza, la exclusión y la desigualdad. Pensar en
modelo democrático y por extensión de la una puesta en escena de los intereses de los dife-
visión estatal imperante sobre el tema de los
rentes grupos de poder del país implicaría gran-
derechos humanos (Peláez, 2002, p. 185).
des transformaciones, para las cuales hay
En la actualidad del país, es inevitable muchas resistencias; no sólo porque un cambio
citar el análisis de los derechos humanos cen- en la conciencia social únicamente es posible a
trado en el conflicto armado, como un ejemplo largo plazo, sino porque a los grupos de poder en
de abordaje de las consecuencias y no de las los cuales está concentrada la riqueza no les con-
causas. Al parecer, esto ha resultado conve- vendrían cambios orientados a la equidad, como
niente para evitar que se expongan otros facto- la justicia distributiva, entre otras.
res que también afectan la crisis actual en la
temática. Si bien es cierto que el conflicto Las sendas para la promoción y la protec-
armado ha permeado las dinámicas estructu- ción de los derechos humanos en Colombia ya

novaetvetera77
p e n s a m i e n t o y v i d a

están indicadas. El PNUD propone reformas


institucionales en combinación con políticas
económicas, de educación y de protección
social, para mejorar las condiciones de pobre-
za y desarrollo humano. Tanto la sociedad civil
como las ONG y algunas instituciones del Esta-
do coinciden en la necesidad de incluir las
miradas de estos actores que, si bien no repre-
sentan el Estado, son su razón de ser. Por lo
tanto, hay que crear y recrear aquello que Moli-
na (2004) menciona como esferas públicas,
que produzcan sentidos colectivos que doten
la racionalidad pública de la administración
estatal. Lo público debe ser entendido como la
confluencia de intereses de las diferentes ins-
tancias que el Estado representa, es decir,
como el “bien común”, por lo cual éste se cons-
tituye en su garante oficial, más no el único,
porque lo público es asunto de todos los
colombianos.

Si no se reconoce la importancia de la
reflexión sobre la realidad y sus aportes a la for-
mulación e implementación de políticas públi-
cas en materia de derechos humanos, con la
participación activa de la sociedad civil, ésta
seguirá sufriendo las consecuencias de la
comodidad de los grupos de poder y la deslegi-
timación del Estado democrático continuará.
Como resultado, se acentuará aquello que
viene ocurriendo hace varias décadas en torno
a la segmentación del tejido social: mientras
algunas colectividades siguen luchando por
reivindicar sus derechos construyendo senti-
dos de vida al margen de lo institucionalizado,
otros colombianos continúan batallando de
manera individualizada por sacar adelante su
proyecto de vida, en medio de la indolencia y el
fatalismo.

78novaetvetera
p e n s a m i e n t o y v i d a

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novaetvetera79
e s c r i t o s p a r a l e l o s

Simón Hampton Ruiz, fotografía: Tumba en piedra, Turquia, 2004.


Sociedad civil
¿la ilusión necesaria?
Víctor de Currea-Lugo
Médico (Universidad Nacional.de Colombia). Especialista en Derechos Humanos (Esap). Magíster en América Latina
(Universidad de Salamanca). y Doctor por el Instituto Ortega y Gasset y la Universidad Complutense de Madrid. Ha
trabajado en ONG humanitarias y de derechos humanos en Colombia, España, Suecia y Palestina.

Resumen
El debate sobre el concepto de la sociedad civil, sus límites y sus composición, es un debate que
se ha ha intensificado desde el mismo auge de la sociedad civil en la década de los 80. La llamada
sociedad civil sólo podría existir: tiene autonomía en relación con el Estado, existen ciudadanos,
existe opinión pública y derechos humanos.

En el caso colombiano, tal debate se complica aún más, por el uso masivo de la expresión socie-
dad civil, las particularidades que a tal debate le añade el conflicto colombiano y sus tareas. Mien-
tras en muchas partes la llamada sociedad civil contribuye, teóricamente, a la democracia, en
Colombia su eje fundamental es la paz, eje que a su vez presenta nuevos elementos de discusión
como las interacciones entre la sociedad civil y las partes del conflicto armado y la participación
en acuerdos de paz.

Una de las estrategias de más renombre pero de poquísimo impacto es la de “neutralidad activa”.
Esta estrategia es usada por una sociedad civil rural y/o pobre, mientras existe otra sociedad civil
urbana y con recursos económicos. Luego, pareciera que la sociedad civil no logra su esfuerzo por
negar la categoría de clases sociales. Además, la estrategia de neutralidad activa ha significado,
sobre todo, la renuncia a la categoría jurídica y política de población civil.

Pareciera pues que la sociedad civil es un imposible que sin embargo, existe; pareciera que la
sociedad civil no supera sus propias contradicciones internas, sin embargo avanza en varias
direccciones sin caer en la quietud pesimista; pareciera que fuera una ilusión necesaria que es tan
indefinida como su propio nombre.

Palabras clave

Sociedad civil, conflicto armado, neutralidad activa.


e s c r i t o s p a r a l e l o s

Contexto general do con la sociedad, está también inmersa la

U
na de las nociones que ha cobrado (entonces, necesaria) diferenciación del Estado
más auge en los últimos años es la de con el mercado y da a éste, como a la sociedad
“sociedad civil”. Y aunque tal denomi- civil, las riendas de su destino y su propia auto-
nación viene de siglos anteriores, su puesto nomía.
empieza a cobrar sentido en América Latina a
partir de la década de 1980, con posterioridad En el caso de la izquierda, la pobreza y la
al fracaso de la derecha por resolver los proble- exclusión no hicieron parte de su análisis del
mas políticos desde dictaduras militares y al continente (Rodríguez, 1995). Las lecturas eran
fracaso de la izquierda por construir partidos por demás monolíticas: los obreros como un
y/o vanguardias revolucionarias capaces de todo, los indígenas puros, el campesinado
garantizar los cambios que levantaba como como igual, con iguales motivos de moviliza-
bandera. ción. Las posibilidades del triunfo nacían de
vanguardias que dirigían la sociedad contra la
Desde la derecha, las salidas militaristas y burguesía y sus ejércitos. La noción de demo-
la violación de derechos humanos han genera- cracia aparecía reducida a la de democracia
do desgaste de su propio discurso. Las históri- burguesa y la “inclusión o la exclusión política
cas relaciones clientelistas que permitían el de las clases populares era lo que definía el
mantenimiento de las prácticas políticas den- carácter democrático o progresista de un régi-
tro de límites estrechos empiezan a naufragar men” (Olvera y Avritzer, 1992, 228), luego ¿para
acompañadas de una creciente incredulidad qué hablar allí de sociedad civil? Ahora, en los
de la sociedad ante los partidos tradicionales, reductos de la izquierda, con el fracaso del
lo que los obliga a nuevos nombres, mayores socialismo soviético, reaparece la sociedad
aperturas y a la innovación de un algo social civil, como una nueva consigna rejuvenecedo-
donde se amortigüe la tensión social, un espa- ra (Castañeda, 1995).
cio para nuevas formas de mediación entre el
Estado y la sociedad que remplacen (o refor- La noción de sociedad civil se muestra
mulen) otras ya caducas (populismo, corpora- como algo informe que, de acuerdo con cada
tivismo, clientelismo): la sociedad civil1. país, adquiere cierta materialización, cierto
rostro, unas partes que la componen y una lista
El fracaso de los modelos dictatoriales dio de tareas que ha de cumplir. Lo que sí parece
paso a una democracia frágil que ahora se ve común es su urgente invocación, un afán des-
enfrentada a la aplicación de medidas neolibe- medido por darle a la sociedad civil la respon-
rales: estabilización y ajuste estructural, en lo sabilidad de responder las preguntas que no
económico, y modernización del Estado con hallaron respuestas en la dictadura, en las teo-
reducción de la inversión pública, en lo político; rías de izquierda, ni en la naciente y frágil
cambios en los cuales “los avances del mercado democracia.
debilitan de por sí los frágiles mecanismos de
cohesión social” (Lechner, 1995, p. 12). En este Definición de sociedad civil
espacio, el neoliberalismo también echa mano La sociedad civil emerge entre un grupo de
de la figura de la sociedad civil para reivindicar actores sociales que se resisten a ser reducidos
que, en la necesidad de diferenciación del Esta- a la categoría de clase (o ante la negación de la

82novaetvetera
e s c r i t o s p a r a l e l o s

existencia de clases sociales) y en medio del tructura en dos partes: a) el Estado y b) la socie-
auge de los movimientos sociales. Alberto dad civil, que tiene un eje en las asociaciones
Olvera et al. conceptúan a la sociedad civil (lo público) y otro en la familia (lo privado)
como “eje de un nuevo modo de pensar el (Olvera, 1992). La sociedad civil es entonces el
espacio de lo político” (1992, p. 228). Ese nuevo terreno de la lucha proletaria, donde los “inte-
modo de pensar pasa por reconocer la urgen- lectuales orgánicos” vierten su aporte.
cia de salvar la democracia, construir ciudada-
nos y definir puentes entre la sociedad y el En general, este nuevo “eje de un nuevo
Estado. modo de pensar el espacio político”, tendría,
por lo menos, las siguientes características: a)
En Brasil, una primera aproximación ponía un carácter autónomo frente al Estado, b) un
a la sociedad civil en el otro extremo de la balan- carácter, en principio, no violento de las orga-
za de la sociedad “militar” (Moisés, 1988), milita- nizaciones que lo conforman y, por tanto,
rizada o propia de las dictaduras, entendida ésta opuesto a lo militar, y c) una práctica interna de
última como determinada por órdenes ajenas a tolerancia y de respeto a la diferencia. Adicio-
su propia dinámica y sin posibilidad de debate nalmente, hay un tema en discusión: su rela-
ni de espacios democráticos, como es el ámbito ción con el mercado (si lo incluye o lo excluye),
de lo militar. Esta caracterización tuvo su puesto lo que da origen a las dos siguiente posiciones,
en la noción de sociedad civil que se manejó en utilizando las categorías de Lechner (1995):
las movilizaciones contra las dictaduras. Igual a) La teoría comunitaria, que aboga por una
lectura tuvo en otros países del Cono Sur, donde sociedad civil independiente del Estado
la sociedad civil se contrapone al Estado autori- (por definición) y también del mercado y
tario (Lechner, 1995). sus agentes, y
b) La teoría neoliberal de la sociedad civil, que
Para otros autores, se parte de un plano
aboga porque el mercado como “parte” de
triangular donde los ángulos están ocupados
la sociedad civil también se separe del
por el Estado, la economía y la sociedad (Olve-
Estado.
ra, 1992). Hay dos nociones del concepto de
sociedad civil que se deben mencionar: 1) En la teoría neoliberal (que se apropia del
como movimientos sociales autolimitados planteamiento de Hegel2) la sociedad civil es “el
(Cohen y Arato, citados en Olvera, 1992, p. 232) espacio social situado entre la familia y el Esta-
donde se discute la organización del Estado y do creado por la modernidad” (Olvera, 1992, p.
del mercado, y 2) como “concepto teórico-his- 233), y su institución fundamental es el sistema
tórico cuyo fundamento es la comprensión de de necesidades: la economía. En ese sentido,
la sociedades modernas” (Habermas, citado en algunos integran en el concepto de sociedad
Olvera, 1992), donde se discuten las identida- civil a las sociedades económicas (Arizmendi,
des culturales, la formación de solidaridades y 1995) y, por tanto, la separación de la sociedad
los mecanismos de socialización. civil del Estado lleva consigo la separación del
mercado del Estado.
Para Gramsci, el modelo marxista de
infraestructura-superestructura se mantiene, En la teoría comunitaria, la sociedad civil
pero con modificaciones: se divide la superes- debe no sólo diferenciarse del mercado y sus

novaetvetera83
e s c r i t o s p a r a l e l o s

agentes, del poder económico, sino que debe sión principal) y en la construcción de ciuda-
ser protegida del mercado (Olvera, 1992). Lo danía y (re)construcción del Estado-Nación,
cierto es que el Estado en América Latina, más sin tener del todo claro su separación/vincula-
que separarse del mercado, ha hecho interven- ción con el mercado (discusión secundaria).
ciones altamente benéficas para agentes eco- Esta ambigua noción es la que cotidianamente
nómicos cercanos a sus intereses; más que una entienden los intelectuales (que no entran en
ruptura Estado-economía ha generado una el complejo problema de su definición más
“reconvención estatal”: el Estado pasa de agen- concreta), los medios de comunicación y las
te económico a facilitador de procesos econó- mismas organizaciones de la “sociedad civil”
micos de la burguesía3 (si fue que algún día (sindicatos, organizaciones de derechos huma-
dejó de serlo). nos, ecologistas, organizaciones feministas,
etc.). Entrarían además en esta lista los “movi-
Otro modelo presentado por Arato y mientos sociales o populares” (Marsiglia, 1994,
Cohen, basado en Habermas, muestra dos p. 136), concepto bastante difuso.
susbsistemas: a) el subsistema Estado, y b) el
subsistema Mercado; el primero es lo adminis- Partes y límites de la sociedad civil
trativo, el poder, y el segundo lo económico, el La sociedad civil se definió, en las épocas
dinero. Dentro de estos dos subsistemas apare- dictatoriales, sobre la idea de que la articula-
ce un “mundo de vida” presentado como el ción social era posible “por fuera del Estado” y
espacio de lo sociocultural y la socialización contra el poder (Castañeda, 1995, p. 234); así, el
(Olvera, 1992). En este modelo, la sociedad civil ejercicio de la lucha determinaba el puesto en
se asocia con el mundo de vida y por tanto se la llamada sociedad civil. En Colombia, la
diferencia del mercado. Aquí se parte de aceptar sociedad civil se ha configurado sobre la idea
que en el mundo de vida, sus individuos pueden de las partes y/u organizaciones activas de los
desarrollar formas de interacción ajenas al Esta- procesos sociales relacionados con el proceso
do y al margen de las necesidades del mercado. de paz y la lucha contra la violencia.

La sociedad civil es, para algunos, equipa- Paradójicamente, hablar de la sociedad


rable con “movilización” entendida como la civil no resuelve la pregunta acerca de su exis-
“parte formalmente organizada de la sociedad” tencia ni por su unidad interna. “El crecimiento
(Olvera, 1992, p. 228) y por tanto apunta a los de la sociedad civil, implica a su vez la intensifi-
nuevos movimientos sociales. En la teoría cación de perspectivas corporativistas particula-
comunitaria, “en lugar de identificar a la socie- res, ya que cada fragmento de la sociedad se
dad civil con la sociedad de mercado se desta- aferra a sus intereses particulares en detrimento
ca, por el contrario, el desarrollo de redes de de los intereses de la sociedad en general” (Gun-
solidaridad que contrarrestan las fuerzas del ter, 1995, p. 68), lo que implica el reconocimien-
mercado” (Lechner, 1995, p. 6). to de tensiones en el seno de la llamada
sociedad civil, incluso de antagonismos, lo que
En Colombia, se dice que la sociedad civil hace más compleja su lectura y la construcción
es el conjunto de las organizaciones sociales y de democracia en ella, pero a su vez hace posi-
nuevos movimientos que centran sus esfuerzos ble una lectura más real y menos maniquea.
en la reivindicación del derecho a la paz (discu- Incluso, una de las mayores críticas a la sociedad

84novaetvetera
e s c r i t o s p a r a l e l o s

civil es que ésta, en cuanto establece nuevas nos, que se acompañan de procesos de descen-
reglas y/o vías de comunicación en la relación tralización, las autonomías locales han ido
entre Estado y persona, termina por negar la demostrando la posibilidad de acceder al poder
igualdad de las personas frente al Estado, por político no sólo por fuera de la organización
suplantarlas y por tanto por negar la noción partidaria tradicional sino contra ella. Esto se
misma de la democracia. Es decir que la socie- observa en la aparición en escena de candidatos
dad civil, o los llamados “nuevos movimientos de grupos de ecologistas, feministas, religiosos,
sociales”, no serían sino una nueva versión de lo profesores, militares (como en Venezuela, Boli-
que antes se llamaba “grupos de presión”. via y Ecuador), movimientos cívicos (Colombia)
y hasta reinas de belleza. Los partidos, para
Las organizaciones no gubernamentales (ONG) actualizarse y responder a estas nuevas dinámi-
Uno de los problemas es el uso intercam- cas, cambian de nombre, sufren divisiones (PRI,
biable de figuras como “organizaciones de en México) crean figuras de alianzas multiparti-
base”, “ONG” con “sociedad civil”, lo que impli- distas o suprapartidistas, sin lograr recuperar la
ca que la indefinición persista. ONG es, por confianza de la sociedad como sus interlocuto-
definición, todo lo no gubernamental, pero eso res ante el Estado.
no necesariamente quiere decir “por fuera del
ámbito del Estado”, ni que correspondan a la En tanto los partidos políticos sigan con
sociedad organizada. A las ONG se les critica, modelos tradicionales de relación con el Estado
en general, porque reducen su trabajo a los (corrupción) o con la sociedad (clientelismo),
efectos de la injusticia y la desigualdad y no a ésta seguirá creando opciones que trascienden
sus causas, cuando la sociedad civil demanda de lo social a lo político (Moises, 1988) y entran
la acción contra las causas. en pugna con los partidos políticos en la lucha
por el poder, con lo que los límites entre la socie-
En el caso especial de las pocas ONG que dad civil y los partidos políticos prácticamente
defienden abiertamente la impunidad del se diluyen. En principio: “los partidos políticos
paramilitarismo, ¿serían parte de la sociedad tienen el monopolio de la representación social
civil? Las víctimas del paramilitarismo y las de los ciudadanos, pero en la práctica las corpo-
ONG de derechos humanos insisten en tres raciones tienden a sustituirlos o, en el mejor de
palabras claves: verdad, justicia y reparación. los casos compiten con ellos, expresándose
Pero varios líderes del gobierno plantean una directamente en el interior del Estado” (Moises,
peligrosa dicotomía: paz con impunidad o 1988, p. 59).
guerra, al tiempo que promueven la acepta-
ción social de los crímenes (perdón, olvido y El mercado y los empresarios
hasta justificación). Es decir la sociedad tiene En una economía de mercado y con Esta-
que escoger entre la paz y la justicia; esto nos dos débiles y/o no intervencionistas, pocos son
llevaría a juicios de valor a la hora de evaluar la los mecanismos existentes para amortiguar las
pertenencia o no a la sociedad civil. fallas del mercado. Si “el llamado al fortaleci-
miento de la sociedad civil se contrapone a la
Los partidos políticos desintegración del tejido social” (Lechner, 1995,
Con los procesos de modernización y p. 5), desintegración que viene de la mano de la
reorganización de los Estados latinoamerica- globalización, no podríamos incluir dentro del

novaetvetera85
e s c r i t o s p a r a l e l o s

concepto de sociedad civil a aquellos grandes suficiente su validez discursiva o la simpatía


agentes económicos, representantes de mono- que generen. En el caso colombiano se hace
polios y de la gran banca, cuyas obvias priori- aún más complejo el panorama cuando los
dades poco tienen que ver con la agenda de la actores armados se autodenominan “el brazo
sociedad civil. armado de la sociedad civil” o simplemente
parte de ella. La distinción entre categorías de
La Iglesia civil y de militar no puede derivar de la justifi-
Según Bobbio, la sociedad civil también cación de sus intenciones sino de su modus
ha significado una forma de designar un ámbi- operandi concreto: acciones civiles o acciones
to de competencia diferente al de la sociedad militares. Pero, esto no quiere decir que a la
religiosa (1985, p. 59). En América Latina, la sociedad civil le está negado el derecho a la
iglesia de los pobres, las comunidades eclesia- protesta, pues éste es un legítimo derecho y no
les de base, los teólogos de la liberación y otras un acto de guerra.
organizaciones religiosas similares tienen cabi-
da en la sociedad civil por su forma de enten- El carácter no violento que se le reconoce
der la iglesia4, pero no hay consenso sobre el rol a la sociedad civil implica que las partes arma-
de los altos jerarcas de la iglesia. En América das de un conflicto (entendidas así según el
Latina, donde el poder de la iglesia sobrepasa derecho internacional humanitario, DIH, y
en lo privado al del Estado y a veces le compite además opuestas a la categoría de “población
en lo público (derechos de las personas homo- civil”) no son parte de la sociedad civil. Como
sexuales, políticas sobre anticoncepción, abor- en el caso citado de Brasil, el concepto de
to, regulación del matrimonio, injerencia en sociedad civil implica, entre otras cosas, una
políticas educativas, etc.), los jerarcas eclesiás- oposición al Estado en sus formas autoritarias
ticos –muchas veces opuestos a los grupos cris- y a otras organizaciones que perpetúen prácti-
tianos de base– serían no sólo freno sino cas militares. La idea del ciudadano armado
desmovilizadores de la sociedad civil. Además, fue importante durante buena parte del siglo
la histórica identidad de intereses entre las XIX pues la guerra era una forma de participa-
altas jerarquías de la iglesia y los gobiernos de ción política y, para algunos, la única vía de
turno, haría que éstos se manifestasen en con- oposición efectiva en el siglo XX, pero la nueva
tra de la autonomía de la sociedad civil5. No en sociedad civil colombiana renuncia a la idea
vano cierto intelectual llamaba a la iglesia “el del ciudadano armado6, pues va contra la gue-
partido clerical”. rra que define su eje, sus actividades y su razón
primordial de ser.
Particularidad colombiana:
los actores de conflictos armados Los grupos paramilitares
Es obvio que al aceptar la separación entre El concepto de sociedad civil también
el Estado y la sociedad civil, la fuerza pública implica una noción de “autodefensa” princi-
(ejército y policía) no pertenece, por definición, palmente frente al Estado. Sin embargo, en los
a la sociedad civil. La discusión se ha centrado casos colombiano, mexicano (Guardias Blan-
sobre si los grupos guerrilleros o incluso los cas) y peruano hay un discurso de los grupos
paramilitares hacen parte de la sociedad civil o paramilitares como la respuesta de la sociedad
no, sin que para esta inclusión/exclusión sea civil a la violencia guerrillera. Éstas, como en el

86novaetvetera
e s c r i t o s p a r a l e l o s

caso de las cooperativas Convivir (en Colombia) rentes guerrillas, muestra que la vía de la socie-
o de los ronderos del Perú7 se revisten de un dad civil –como espacio de construcción de
marco jurídico para legitimar sus acciones y se salidas sociopolíticas– no seduce a las guerri-
presentan a la comunidad internacional como llas, pues “la represión a la izquierda colombia-
respuestas autónomas de la sociedad que, sin na y la magnitud de sus pérdidas no tienen
embargo, aparentemente no violan el orden parangón en la historia moderna de América
constitucional y buscan resolver problemas al Latina” (Castañeda, 1995, p. 137).
margen y hasta por encima de las posibilidades
del Estado, en un discurso de “auto-gestión vio- Pero ¿cuál debería ser entonces la relación
lenta para la búsqueda de la paz”. Incluso, los y/o las demandas desde la sociedad civil con
paramilitares colombianos presentan ahora un respecto a las guerrillas? Al igual que la socie-
discurso altamente político, con una cara de dad civil no puede, de facto, impedir el uso de
autonomía frente al Estado, lo que hace más la fuerza por parte del Estado para la represión
complejo el panorama, pues recogen hasta rei- de los grupos armados ilegales y tampoco es su
vindicaciones de la izquierda, como reforma deber impedir las acciones de la insurgencia
agraria y paz. Pero más allá de estas argumenta- (en una visión policiva e instrumental de la
ciones, es claro que la noción de sociedad civil sociedad civil que sectores de extrema derecha
en cuanto “civil” renuncia a la organización mili- defienden en Colombia), sí puede exigir la paz,
tar para el cumplimiento de sus objetivos y/o la el cumplimiento y el respeto a los derechos
reivindicación de sus banderas. humanos y al debido proceso para los inculpa-
dos, no sólo para beneficio de los inculpados
Los grupos guerrilleros sino para ahondar en la democracia y garanti-
La militarización de la izquierda, por volun- zar el Estado de derecho, por ejemplo, frente al
tad propia y/o por el empuje represivo efectua- actual proceso de paz con los paramilitares.
do desde la derecha (a manera de “encerrona”),
es un paso atrás en la formación de la sociedad Presupuestos sociales
civil. En Colombia, la criminalización de la pro- para la existencia de la sociedad civil
testa popular es tan vieja como la guerra de gue-
rrillas (Pizarro Leongómez, 1989) y la opción Autonomía frente al Estado
militar tan vieja como la nación. Eduardo Piza- Sin autonomía frente al Estado es imposi-
rro habla de la “insurgencia crónica” perpetuada ble hablar de sociedad civil, lo que no significa
en el paisaje político (1991, p. 8), que sumada a que la sociedad dé soluciones a todos sus pro-
una rápida militarización de la izquierda llevó a blemas al margen de las responsabilidades del
una frágil izquierda urbana legal; si se suma a Estado. Así pues, el Estado debe:
esto los mecanismos antidemocráticos del Esta-
do, se explica la inexistencia de una oposición de • Posibilitar el funcionamiento de la socie-
izquierda legal por años (ilegalización del PC en dad civil y no reducirla a la confrontación
la década de 1960, exterminio de la Unión Estado-sociedad civil, sino que debe per-
Patriótica, UP, en la de 1980, grandes limitacio- mitir el juego democrático. Esto implica un
nes a los grupos guerrilleros reinsertados para su Estado que renuncie a relaciones con la
participación electoral, etc.). Esto, más las sociedad a través de la corrupción, el clien-
numerosas muertes de reinsertados de dife- telismo y el populismo, y que no intente

novaetvetera87
e s c r i t o s p a r a l e l o s

que Colombia tiene un vicepresidente de la


luego perpetuar estas relaciones con la
sociedad civil (Francisco Santos).
naciente sociedad civil organizada.
• Respetar la autonomía de la sociedad civil,
Existencia de ciudadanos
sin convertirla en un apéndice más o en un
espacio de manipulación política. El orden democrático se funda en la comu-
nidad de ciudadanos, lo que implica la existen-
• Garantizar el cumplimiento de los dere-
cia de personas iguales ante la ley, no sólo de
chos humanos, sin los cuales no hay demo-
habitantes. Ahora bien, hay diversas corrientes
cracia.
relacionadas con la ciudadanía como concepto
En Colombia no existe esa autonomía y en las cuales se gira sobre varios niveles: la ciu-
frente al Estado, por múltiples factores, a dadanía jurídica (reconocimiento de los dere-
saber: chos civiles y de la libertad individual), la
• La noción según la cual el Estado en cuan- ciudadanía política (reconocimiento del dere-
to administración política es uno y en cho al voto y en general a la participación electo-
cuanto aparato represivo (ejército, policía) ral), y la ciudadanía social (relacionada con la
es otro, hace que en las actividades por la vigencia de los derechos económicos, sociales y
reivindicación de la paz frente a los actores culturales) (Pérez, 1998).
armados, el Estado aparezca como civil o,
dicho en el contexto, sin vínculo con los En el debate sobre si ciudadanía implica el
actores del conflicto armado, es decir, con ejercicio de derechos económicos y sociales, se
las partes armadas. observan dos tipos de sociedad civil:

• La noción de violencia legítima y violencia • La organizada desde los medios masivos de


ilegítima o de violencia “buena” y violencia comunicación, urbana en su mayoría y
“mala”, que hace que en varias actividades compuesta principalmente por la clase
por la paz (como desfiles y concentracio- media, que acepta la violencia estatal (o por
nes) concurran fuerzas militares y/o de lo menos no censura sus extralimitaciones,
policía con sus bandas de guerra, sin que como es el caso del respaldo a la impunidad
esto se perciba como una contradicción, en el proceso con el paramilitarismo) y que
pues aparecen no como parte de la guerra reduce su reclamación de ciudadanía civil a
sino simplemente como una víctima más. las libertades que la guerra más afecta (por
ejemplo, la libertad contra el secuestro, que
• La noción difundida de que nadie es gobier-
es su lucha más socorrida, pero con un lla-
no, ni nadie es Estado. Así, es fácil escuchar
mativo silencio frente a la desaparición que
a militares, gobernadores, alcaldes y hasta
sufren principalmente los opositores políti-
ministros hablando del gobierno como un
cos al gobierno).
ente ajeno al que no pertenecen. De tal
modo que, por ejemplo, el Procurador • La sociedad civil de la provincia, los barrios
General de la Nación, el Defensor del Pue- pobres y las zonas rurales, para quienes la
blo, Magistrados de la Corte Constitucional existencia de ciudadanos presupone dere-
y parlamentarios, han firmado documentos chos humanos (incluidos los derechos eco-
a nombre de la sociedad civil8. No es sólo nómicos y sociales) y la paz con “justicia
una broma sino un síntoma cuando dicen social”, su principal reivindicación. Incluye

88novaetvetera
e s c r i t o s p a r a l e l o s

también reivindicaciones de la ciudadanía público, la esfera de la sociedad civil está desti-


civil pero con énfasis en el derecho a la opo- nada a perder su función y, finalmente, a des-
sición política históricamente inexistente en aparecer” (1989)9.
Colombia, debido a prácticas cotidianas
como: desaparición; asesinatos de líderes En Colombia no existe opinión pública, no
populares, sindicales, estudiantiles y cam- sólo por el control férreo de monopolios de
pesinos; persecución militar de partidos de periódicos y revistas sino por la imposibilidad
izquierda, etc. La bandera de justicia social real de opinar respecto a lo público en el espa-
(distributiva) tiene pocos seguidores más cio público. Basta mirar las estadísticas de pro-
allá del 54% de población pobre y de los fesores universitarios, investigadores y
18,5 millones sin salud (De Currea-Lugo, periodistas asesinados para entender por qué
2003); el problema es que esta gran mayoría se afirma que en Colombia no es posible la opi-
poco cuenta en el debate. nión pública.

Estas dos sociedades se mezclan, no El problema de los derechos humanos


corresponden ni a compartimientos cerrados, La sociedad civil no se define solamente
ni estáticos. en la lucha por los derechos humanos, sino que
necesita de un mínimo de su vigencia para su
Opinión pública propia existencia, no antecede a éstos sino que
La existencia de una “esfera pública en la los sigue, coexisten en el tiempo. Sin igualdad
que los asuntos de interés colectivo puedan real ante la ley, por ejemplo, no hay posibilidad
discutirse” (Olvera, 1992, p. 238), es base de la de hablar de ciudadanos, y esa relación dife-
sociedad civil. Esto se materializaría, por lo renciada de las personas con respecto al Estado
menos, en la existencia de una opinión pública produce grandes obstáculos en la buscada
y de medios de comunicación objetivos. Sin autonomía frente al Estado.
embargo en América Latina las relaciones
entre los medios de comunicación y el poder El Estado es el responsable de los derechos
político (del Estado) y económico (del merca- humanos. Esto no nace de una visión paterna-
do) es de absoluta dependencia. El caso más lista, sino que se deduce de la definición de
llamativo es el de México, donde el PRI se derechos humanos y de los compromisos y
“fusionó” al Estado y a la vez manejaba con pactos internacionales. Sin embargo, hay un
total monopolio “Televisa”. afán por responsabilizar a la sociedad civil de la
garantía de sus propios derechos (especial-
La existencia de una opinión pública per- mente de los sociales, económicos y culturales)
mite a su vez la existencia de mecanismos que con argumentos como la renuncia al “Estado
permitan la solución pacífica de conflictos y la paternal”, el culto a la autogestión o la sobreva-
consolidación de prácticas y formas democrá- loración de los procesos de descentralización.
ticas, de cultura democrática, en la sociedad. Así, una cosa es el derecho de la sociedad civil de
En palabras de Bobbio: “sin opinión pública –lo participar en el diseño de estrategias y alternati-
que significa más exactamente sin canales de vas en materia de derechos humanos y la super-
transmisión de la opinión pública– que se con- visión de la gestión estatal, y otra muy diferente
vierta en ‘pública’ en cuanto trasmitida al la aplicación del “sálvese quien pueda” ante un

novaetvetera89
e s c r i t o s p a r a l e l o s

A
dad, generaron –o por lo menos ali-
nte la globalización de la economía mentaron– estas formas de corrup-
ción recíproca, de justicia privada y
(aparentemente desligada de la política), busca presen-
otros métodos ilegales de resolución
tarse una política autorreferenciada y reducida al ámbi- de conflictos. Ahora, a estas socieda-
to de lo local gracias a los procesos de descentralización. des rodeadas de prácticas autorita-
Los procesos de modernización debilitan al Estado y rias se les pide que den cuenta de los
favorecen el ingreso de las trasnacionales, ante las cuales problemas de la gobernabilidad.

lo local tiene muy poco poder, y obligan a buscar un


Un modelo de círculos crecientes
nuevo eje: la sociedad civil. presentado por Maihold (1995),
ubica en primer lugar a los organis-
programado naufragio del Estado. La idea de mos del gobierno (responsables directos de la
que los derechos humanos son “responsabilidad gobernabilidad), segundo y en un círculo más
de todos” va en ese camino. grande, a los otros componentes del Estado y al
mundo empresarial y laboral, y tercero a la
La situación de derechos humanos en sociedad civil. Este modelo atribuye un grado
Colombia es dramática en cifras y sin garantía de responsabilidad en el éxito o fracaso de la
de derechos no hay ciudadanos, sin ciudada- gobernabilidad a la sociedad civil, pero no deli-
nos no hay personas iguales ante la ley, no hay mita los espectros de responsabilidad y, ade-
formaciones democráticas sino retrocesos en más, reconoce a la política un rasgo de mayor
los embriones de éstas, en últimas, no hay autonomía frente a la economía.
sociedad civil. Arato y Cohen definen la socie-
dad civil como “el marco institucional de un Del reduccionismo económico de las teo-
moderno mundo de vida estabilizado por dere- rías de la dependencia (década de 1970), se
chos básicos y que incluye en su ámbito las pasa al reduccionismo de lo político, donde la
esferas de lo público y lo privado” (citados por política se explica y se determina a sí sola
Olvera, 1992, p. 238). (década de 1990). Ante la globalización de la
economía (aparentemente desligada de la polí-
Otros roles de la sociedad civil tica), busca presentarse una política autorrefe-
Pero, además de lo dicho, hay dos tareas renciada y reducida al ámbito de lo local
más para la sociedad civil. Una de ellas es más gracias a los procesos de descentralización. Los
general: la gobernabilidad, y la otra es específi- procesos de modernización debilitan al Estado
ca para países con conflictos armados: la bús- y favorecen el ingreso de las trasnacionales,
queda de la paz. ante las cuales lo local tiene muy poco poder, y
obligan a buscar un nuevo eje: la sociedad civil.
El debate de la gobernabilidad
Las formas no democráticas no nacieron Ciertamente, el surgimiento de nuevas
en las sociedades gratuitamente, sino que fue- formas de exclusión hacen que un proyecto de
ron heredadas de prácticas estatales. La corrup- gobernabilidad choque con el costo social de
ción y la impunidad, como dos fenómenos de lo las medidas económicas. Un elemento que se
estatal con repercusiones directas en la socie- presenta como clave de la ingobernabilidad es

90novaetvetera
e s c r i t o s p a r a l e l o s

la aparente sobrecarga del Estado, a la que se (Morales, 1995). Es decir, como en el caso
busca responder, también, con la invocación colombiano, subyace al concepto de sociedad
de la sociedad civil. Así, el Estado busca trasla- civil su formación por sectores sociales (no
darle a la sociedad civil los pilares de la gober- combatientes) en el conflicto10.
nabilidad, la legitimidad y la eficacia.
Tareas como la búsqueda de la verdad11, la
La sociedad civil tendría un espacio en la supervisión del respeto de los derechos huma-
supervisión de los procesos de gobernabilidad nos, la intermediación ante organizaciones
y en el respeto al contrato social, pero no del internacionales12, y la verificación de los acuer-
gobierno mismo. El co-gobierno es una tram- dos de paz, podrían ser actividades de la socie-
pa. La sociedad civil puede trabajar en el con- dad civil. Sus integrantes podrían trabajar
trol del gasto, las oficinas de quejas y reclamos, como veedores ciudadanos ante acuerdos de
la organización de asociaciones de usuarios, la responsabilidad, principalmente de las partes
revocatoria del mandato, las veedurías ciuda- en conflicto, sin permitir que éstas vuelquen
danas, pero no el co-gobierno. “La invocación sobre la sociedad civil el peso de la reconstruc-
de la sociedad civil sirve para recordar las pro- ción de una paz por causa de una guerra de la
mesas incumplidas de la democracia como, por que no fueron protagonistas sino víctimas.
ejemplo, la participación ciudadana y la trans-
parencia en los asuntos públicos” (Lechner, En el caso colombiano muchas han sido
1995, p. 7). las experiencias de comunidades que desde
municipios pequeños se han organizado con-
En América Latina, a diferencia de Europa, tra todos los actores armados generando movi-
el concepto de sociedad civil se construye a la mientos por la paz, proyectos de convivencia y
par de la democracia, acompasada por una cri- alternativas organizativas ausentes de actores
sis de los partidos políticos y de la ingeniería violentos, pero éstos reiteradamente han trata-
democrática. En palabras de Olvera: “nuestras do de alinear estos procesos con su correspon-
sociedades atraviesan por el período de la for- diente enemigo o los han desarticulado a partir
mación de sus sociedades civiles, mientras que del asesinato de sus dirigentes. Además, pro-
en el mundo desarrollado se vive una etapa de blemas puntuales, como la reciente reinserción
redefinición entre sus sociedades civiles madu- guerrillera que en Colombia supera ya los 5.000
ras y un sistema político que se está agotando” hombres (Moncada, s. f., p. 85), no pueden ser
(1992, p. 238). delegados a la sociedad sin apoyo real de las
instituciones del Estado.
La búsqueda de la paz
En los países con conflictos armados la Una de las experiencia más conocidas de
figura de sociedad civil ha buscado tener un comunidades de paz es el de La India, en Lan-
puesto en los procesos de paz (Colombia, Méxi- dázuri (Santander). Hace varios años, a través
co, El Salvador y Guatemala). Estos procesos se de la Asociación de Trabajadores Campesinos
han reducido a los actores armados y por tanto del Carare (ATCC), los pobladores dieron un
la agenda se ha reducido a lo político-militar y a mensaje claro a las partes del conflicto: “A la
los problemas de la guerra, dejando de lado los guerra, no le jalamos”. La población fue galar-
problemas de la agenda socio-económica donada en 1990 con el Premio Nóbel Alternati-

novaetvetera91
e s c r i t o s p a r a l e l o s

• Movilizaciones que obedecen a convocato-


vo de Paz, pero ahora ha vuelto a ser escenario
rias desde los medios masivos de comunica-
de combates, al punto que lo máximo que se
ción más que a procesos de base o a procesos
consigue es “desplazamientos concertados”
locales (a las movilizaciones locales nos
(el Tiempo, 25 de abril de 2003). La estrategia
referiremos más adelante).
previa no sirvió más. Habría que mirar, sin
apasionamientos, si el triunfo previo depen- • Las movilizaciones como hechos puntuales,
dió sólo de la movilización de la ciudadanía o “casi” fruto de la espontaneidad y no como
si ésta simplemente coincidió con coyunturas procesos orgánicos (elemento que se expli-
propias de los grupos armados. Sin embargo, ca, en parte, por la ausencia de una sólida
la noción de las comunidades de paz no es coordinación entre las organizaciones de la
uniforme, va desde la presentación de la llamada sociedad civil y, también, por los
comunidad de paz como el rechazo a toda históricos problemas de articulación de gru-
forma de violencia y la construcción de auto- pos sociales que se observa en Colombia).
nomías de convivencia social, hasta denun-
cias de que la geografía de las comunidades • Las consignas de la movilización dentro de
de paz con apoyo gubernamental guarda rela- la lógica de una violencia “buena” y una
ción con la geografía de las zonas donde la “mala”, lo que hace que, por ejemplo, no se
guerrilla ha sido expulsada o donde el proyec- condene desde cierta sociedad civil el estre-
to paramilitar busca consolidarse en lo políti- cho vínculo entre paramilitares y militares,
co13. En todo caso, ese debate sobrepasa los las trabas a la existencia de una ley contra la
alcances del presente trabajo. desaparición forzada (delitos que, por defi-
nición, sólo comprometen a agentes del
La movilización por la paz Estado), o las violaciones de los derechos
En el caso colombiano, el concepto de humanos hechas por fuerzas militares y de
sociedad civil ha logrado: desplazar el concep- policía.
to de “población civil” (propio del DIH), ganar
• Estas movilizaciones crean una forma “políti-
un puesto en la formulación de acuerdos con
camente correcta” de comportarse en la
los actores armados, generar un espacio –aun-
sociedad civil, y por tanto la exigencia de
que indefinido– de participación en el proceso
atención a desplazados, las huelgas o las
de paz y movilizar a la población colombiana
manifestaciones –que no se dan en domin-
en torno a la exigencia de la paz. A nombre de
go– no son correctas14. El Estado y sus voceros
la sociedad civil se ha dado una serie de movili-
facilitan la participación de una sociedad
zaciones del orden nacional (en las que se ha
civil pero no de “la otra”, con lo cual empuja
incorporado el Estado) y que podrían caracte-
aún más a ésta última a acciones de fuerza
rizarse por:
para ser escuchada (Camacho, 1999).
• Movilización bajo banderas bastantes gene- Estas movilizaciones se han acompañado
rales que hasta los actores armados apoyan: de un gran halo de triunfalismo y, a pesar de ser
la paz, la justicia y la solidaridad. Banderas realmente concurridas, no han generado cam-
tan amplias, que su respaldo masivo no sig- bios importantes por parte de los actores
nifica, en profundidad, la claridad necesaria armados con riesgo, entonces, a quedar en lo
para entender qué mueve a la sociedad civil. meramente simbólico o anecdótico.

92novaetvetera
e s c r i t o s p a r a l e l o s

La intermediación: acuerdos de paz además, la llamada sociedad civil no forma


Dentro de la idea de humanizar el conflic- parte del conflicto en el sentido que lo entien-
to y ante el desgaste de la guerra como meca- de el DIH (como parte combatiente), que fue
nismo debido al empate negativo o infinito al precisamente el marco invocado para la for-
que se había llegado15, la forma más digna –y mulación de dichos acuerdos.
quizás más práctica– para reconvertir a la gue-
rrilla es un proceso de paz, y el precio de no En el caso de los paramilitares agrupados
hacerlo es el desprestigio político. Pero como en las Autodefensas Unidas de Colombia y
un paso previo, por el fracaso de procesos ante- como parte del proceso de acercamiento de la
riores, se puede avanzar mediante la formula- llamada sociedad civil a los actores armados, se
ción de “acuerdos humanitarios” que permitan produjo un documento con grupos paramilita-
evitar, o al menos disminuir, el impacto de la res, llamado Acuerdo del Nudo de Paramillo.
guerra en la población civil. Este acuerdo16 firmado en julio de 1998 (once
días después del Acuerdo de Puerta
del Cielo, con el ELN), tiene el

E n el caso de los paramilitares


y como parte del proceso de acercamiento de la llamada
mismo problema de fondo. Pode-
mos concluir que ambos acuerdos
son realmente cartas de intención,
sociedad civil a los actores armados, se produjo un docu- llamamientos o declaraciones políti-
mento llamado Acuerdo del Nudo de Paramillo, firmado cas pero no acuerdos humanitarios,
en julio de 1998 (once días después del Acuerdo de Puer- pues la sociedad civil no puede com-
prometer de hecho a las partes de la
ta del Cielo, con el ELN). Podemos concluir que ambos
guerra, ni una parte puede firmar un
acuerdos son realmente cartas de intención, llamamien- acuerdo con alguien que no es parte
tos o declaraciones políticas pero no acuerdos humani- combatiente del conflicto armado.
tarios, pues la sociedad civil no puede comprometer de
hecho a las partes de la guerra, ni una parte puede firmar Vale la pena repetir que en estos
acuerdos estuvieron a nombre de la
un acuerdo con alguien que no es parte combatiente del
sociedad civil representantes de los
conflicto armado. grupos económicos y otros como el
Procurador General de la Nación, el
Defensor del Pueblo, un magistrado
Con este propósito, el Ejército de Libera- de la Corte Constitucional y parlamentarios (sin
ción Nacional, ELN, se reunió en Maguncia ningún proceso de designación popular); por
(Alemania, 1998) con voceros de la llamada ello, no pueden firmar a nombre de la sociedad
sociedad civil y de allí salió un documento ni de la sociedad civil y tampoco a nombre del
conocido como Acuerdo de la Puerta del Cielo. Estado y de sus Fuerzas Armadas porque no
Este acuerdo tiene un elemento de fondo cues- iban como voceros de éste. No hubo campesi-
tionable (además de otros de forma que no dis- nos, ni indígenas, ni voceros de las comunida-
cutiremos aquí): los acuerdos humanitarios des negras, ni pobladores de barrios ni de
son firmados por las partes que intervienen en pequeños pueblos que conforman la llamada
un conflicto, y allí no estuvo presente el Estado; “otra” sociedad civil.

novaetvetera93
e s c r i t o s p a r a l e l o s

En el caso de las Farc no ha existido un Cuando se rompió el diálogo con las Farc
intento de acuerdo como los ya mencionados, (2002) se levantó la consigna de “resistencia
en buena parte por la actitud de este grupo y su civil a la guerra”. Las comunidades indígenas
noción leninista de ser vanguardia. pues no del Cauca y el alcalde Antanas Mockus en
tendría por qué hacer acuerdos con su natural Bogotá fueron sus protagonistas más destaca-
“retaguardia”, a la que dice interpretar correcta- dos; pero Mockus en cuanto gobierno no es
mente: la sociedad. sociedad civil; además, no se oponía a la vio-
lencia estatal sino que la respaldaba abierta-
Los acuerdos firmados no se han cumpli- mente. El problema aquí volvió a ser parecido:
do; los voceros de la llamada sociedad civil no ¿qué es resistencia? ¿la de Nelson Mandela?
tuvieron una participación seria en las nego- Mandela nunca ha renunciado al uso de la vio-
ciaciones entre las Farc y el gobierno anterior lencia, uso que intentó poco antes de ser cap-
(1998-2002). Se los convoca más para “apagar turado y que, en el contexto del Apartheid, es
incendios” que para tener un puesto definido muy difícil deslegitimar. Incluso el pacifismo
en el proceso de paz, y se han ido desdibujando de Gandhi es discutible cuando apoyó la guerra
para quedar de rehenes o de razoneros de los contra el nazismo (lo que podrá ser correcto,
actores armados. pero no pacifista) y cuando ordenó la expul-
sión mediante la fuerza de las tropas portugue-
Otros intentos por contribuir a la paz sas radicadas en Goa (India).
desde la sociedad civil han sido las reuniones
efectuadas en julio de 2000, en Madrid, y la La neutralidad activa: estrategia de la socie-
realizada en octubre de 2000 en San José de dad civil rural y pobre17
Costa Rica. Estas reuniones juntaron a repre- La ya mencionada “otra” sociedad civil
sentantes de una sociedad civil más amplia (que lidera procesos democráticos y que se ha
que la que se ha reunido con el ELN y las AUC, organizado en diferentes procesos locales y/o
y que ha pasado con mucha más fuerza al regionales, con diferentes estrategias) levanta
terreno propositivo. una bandera conceptual: la neutralidad activa
(Durán, 1999). En esta categoría se mezclan
Para algunos, sin embargo, las metas finales erróneamente nociones del DIH con una per-
de estas reuniones no fueron del todo las espe- manente indefinición de fronteras entre socie-
radas: en el primer caso, en Madrid, la Unión dad civil y población civil; este es un proceso
Europea finalmente decidió respaldar la política que obedece más al lícito instinto de supervi-
estadounidense materializada en el Plan vencia.
Colombia, a pesar de la audiencia que tuvieron
con voceros de la sociedad civil. En el segundo La neutralidad apareció como un término
caso, el esfuerzo de Costa Rica, en el que partici- militar ahora aplicado de manera mecánica a
pó el ELN y hubo representantes del gobierno la vida civil, pues la neutralidad se entendía
nacional, no contó con la presencia de las Farc, simplemente como el “no participar en las
que siguen arrogantes frente al problema de la hostilidades”, pero la cosa ha trascendido más
formulación de acuerdos humanitarios, lo que allá y ha creado todo un debate sobre su vali-
deja en entre dicho el reconocimiento y el respe- dez, unos supuestos marcos jurídicos, unos
to de esta guerrilla por la sociedad civil. adjetivos (“activa”), una conversión del dere-

94novaetvetera
e s c r i t o s p a r a l e l o s

cho a ser neutral (indiscutible, en cuanto dere- la solución aporta al problema, pues, indepen-
cho) en el “deber” de ser neutral. diente de las palabras con que se nombre, las
medidas tomadas por una sociedad que lleve a
La neutralidad en el DIH apareció en el sustraer a sus miembros de la discusión políti-
Convenio de Ginebra de 1864, para caracterizar ca (para evitar así ser identificado como próxi-
a los servicios de salud que acompañaban a los mo a alguno de los actores armados y por tanto
ejércitos, pero esta noción ya desapareció. Su como no neutral), del derecho a opinar, a reu-
uso en el DIH se reduce al “derecho a la neutra- nirse, es un retroceso en el ejercicio de los dere-
lidad” que pueden alegar los Estados ajenos a chos humanos. La neutralidad activa es, así,
un conflicto armado y que deciden permane- una puerta a la negación del derecho a ser civil,
cer de esa manera, y al Movimiento Internacio- a participar en la vida colectiva y en la toma de
nal de la Cruz Roja18. En ningún documento decisiones; niega el derecho a asumirse como
actual del DIH ni en los textos de interpreta- ser político, pues la política es el espacio de la
ción hay mención alguna de la obligación de opinión. Esos métodos para forzar la renuncia
neutralidad de los civiles ni de las ONG;
por tanto, su invocación a la luz del DIH
sólo refleja desconocimiento. Una cosa
es la neutralidad activa y otra muy dis-
L a “neutralidad” más que aportar a
la solución aporta al problema, pues, independiente de
tinta las nociones de “población civil” o
la de “no combatiente”.
las palabras con que se nombre, las medidas tomadas
por una sociedad que lleve a sustraer a sus miembros de
La noción ha sido útil y ha genera- la discusión política (para evitar así ser identificado
do experiencias sin duda valiosas y como próximo a alguno de los actores armados y por
positivas19, pero también otros proble-
tanto como no neutral), del derecho a opinar, a reunirse,
mas anexos. Primer argumento en con-
tra: en Colombia, resulta peligroso que
es un retroceso en el ejercicio de los derechos humanos.
la neutralidad (activa) se ha ido convir-
tiendo en requisito indispensable para respetar deliberada a los derechos civiles y políticos de
a la población civil, dentro de una noción inco- las personas obran en el mismo sentido que lo
rrecta del DIH. El desconocimiento del DIH ha busca el miedo sembrado por los fusiles. La
llevado a “negociar” derechos reconocidos. Así, neutralidad activa así, no es un “primer paso
pues, inventarse asideros jurídicos sólo sirve para la reinversión de la democracia” sino su
para generar falsas expectativas frente a nor- negación, pues contribuye a confundir la pro-
mas inexistentes y descuida la noción de testa social (lícita) con los actos de guerra20.
“población civil”, que sí tiene un claro marco
legal; la neutralidad más que una “ingeniosa Un tercer argumento, en contra es el rela-
manera de matizar el DIH” (como alegan algu- cionado con que la protección buscada con su
nos) es una peligrosa manera de interpretarlo. invocación no ha sido tal, y el costo pagado ha
sido muy elevado. Los campesinos del Carare
Un segundo argumento en contra de la fueron los primeros en apostarle a la neutrali-
neutralidad se da en materia de derechos dad activa, pero no por eso se detuvieron los
humanos. La “neutralidad” más que aportar a muertos (¿hubiese cambiado sustancialmente

novaetvetera95
e s c r i t o s p a r a l e l o s

el resultado si en vez de declararse “neutrales Algunos plantean que en las comunidades


activos” se hubiesen declarado “población indígenas es posible la neutralidad afirmando
civil”?) La Declaración de los cabildos indíge- que ellas, en cuanto tales, son “diferentes” y
nas y de la organización indígena de Antioquia entonces su neutralidad tiene posibilidades.
(Medellín, 1996), plantea unas posturas de cara Esa tesis es ingenua y peligrosa pues “permite”,
a la guerra que no son ni más ni menos que las o por lo menos no cuestionaría, el ataque con-
propias de la población civil. Otras comunida- tra personas no indígenas por cuanto éstas no
des reivindican el derecho a “hacer trabajo son “diferentes”. Es una forma de argumenta-
comunitario, a rechazar la injusticia y la impu- ción basada no en la condición de persona sino
nidad, a no tomar parte en las hostilidades, a en la idea iguales/diferentes, bajo la cual se ali-
no entregar información a las partes”, todo eso menta, también paradójicamente, la “limpieza
es simplemente ser población civil. social”.

L a neutralidad activa no ha evitado


los muertos en Urabá, Aguachica ni el Carare. No se
Hace años, cuando formulé el pro-
grama de protección a la misión
médica (De Currea-Lugo, 1999), la
Ministra de Salud de turno proponía
quiere de ninguna manera negar aquí la validez de sus
declarar unos hospitales “neutrales”
reivindicaciones ni el heroísmo de su lucha, se quiere como si el resto no lo fueran; aunque
mostrar que esas mismas reivindicaciones eran posibles la intención puede ser correcta el
desde la declaración de la población civil, sin la renuncia mensaje es contraproducente: “hay
a los derechos que implica la neutralidad. hospitales que no serían neutrales”.
Decir “comunidad de paz” ¿qué signi-
Los ataques a las comunidades de paz de fica para las comunidades que no se llamen así?
Urabá se fundamentaron en presentar la neu-
tralidad como una “estrategia de la guerrilla” y Argumentar que la paz llegó a algunas de
así, en vez de otorgar la protección buscada, esas regiones únicamente por la acción de las
aumenta los riesgos. Recuerdo cuando me comunidades neutrales es desconocer que los
encontré en el aeropuerto de Medellín con actores armados imponen o contribuyen a
voceros de ONG que viajaban a Urabá con el nuevas dinámicas; no podemos negar que en
fin de firmar su declaración de “neutralidad algunos casos (aceptando que no es así en
activa”, casi asumiendo que sin tan declaración todos) la pacificación de ciertas zonas recayó
eran “lícitamente” objetivos militares. principalmente en la decisión de los actores
armados por conveniencias políticas y/o mili-
La neutralidad activa no ha evitado los tares.
muertos en Urabá, Aguachica ni el Carare. No
se quiere de ninguna manera negar aquí la vali- Otro precio que encierra asumir la noción
dez de sus reivindicaciones ni el heroísmo de de neutralidad activa es el de evadir temas para
su lucha, se quiere mostrar que esas mismas no convertirse en “parte del conflicto”, como
reivindicaciones eran posibles desde la decla- las políticas petroleras (para no parecer del
ración de la población civil, sin la renuncia a los ELN), la reforma agraria (Farc), la extorsión y el
derechos que implica la neutralidad. chantaje (AUC), o la soberanía y la defensa de

96novaetvetera
e s c r i t o s p a r a l e l o s

las instituciones (Fuerza Pública). En ese senti- tencia de un conflicto armado en Colombia,
do, la idea expresada por algunos docentes, de con lo cual sólo habría terroristas y ciudada-
“comunidad educativa neutral” equivaldría a nos. En cierta ocasión, el Alto Comisionado
renunciar al derecho a la libertad de cátedra y para la Paz, Luis Carlos Restrepo, dijo “mi ofici-
al abordaje académico de ciertos temas, cuan- na, por ejemplo, capacitará a los soldados de
do, por lo menos teóricamente, bastaría la apoyo en solución pacífica de conflictos, tole-
defensa de la Universidad como tal. rancia y convivencia”; los soldados haciendo la
paz y los civiles haciendo la guerra.
Dos de esas consideraciones (no evitar los
muertos y ser acusados de falsos neutrales) ha Contra el mito de la sociedad civil
empujado a que algunas de estas mismas La posición de Foucault no aceptaría
comunidades piensen en el camino de las como válida la división entre lo público y lo pri-
armas como una forma de defensa, lo que vado que, por ejemplo, presenta Gramsci, o la
argumenta más en contra de la neutralidad división entre lo político (lo público) y lo social
activa que en su defensa. Una comunidad que (lo privado) que presenta Marsiglia, pues desde
no puede expresarse es una comunidad empu- la noción de los micropoderes (Foucault, 1979)
jada a la guerra como vía de debate, con lo cual se muestra la presencia del Estado o la imposi-
se cerraría el círculo. Y más peligroso aun expli- ción de sus formas de pensamiento y represen-
car otra idea de la neutralidad activa en la que tación en los ámbitos no sólo de lo hasta ahora
se dice “no” a los actores armados al margen de llamado público (escuela, administración, par-
la ley, pero se colabora de manera decidida con tidos políticos) sino también en lo llamado pri-
la Fuerza Pública, como en las declaraciones vado (familia, sexualidad, etc.) y plantea una
de neutralidad “por decreto” de Urrao y Mutatá invitación a no caer en la dicotomía Estado /
(concepto de neutralidad promovido, entre Sociedad civil, sino en trascenderla.
otros, por Álvaro Uribe Vélez).
“Las grandes máquinas acondicionadoras
Pero la instrumentalización de Uribe al –familia, escuela, iglesia, ejército-” (más la
concepto de sociedad civil y su ”contribución” publicidad, las encuestas y el mercadeo) (Ramo-
a la dilución de la frontera entre la población net, 1996, pp. 18-21) garantizan la imposibilidad
civil y los combatientes no termina en la neu- de independencia de la sociedad civil frente al
tralidad activa por decreto que promovió cuan- mercado y frente al Estado y, por ende, también
do era gobernador de Antioquia y rechazaba la de los individuos que la compondrían. Foucault
violencia guerrillera, pero respaldaba la violen- no ve pues posible la construcción de relaciones
cia oficial sin cuestionar la paramilitar. La autónomas del poder del Estado tan fácilmente,
estrategia de redes civiles de informantes que ni al margen de las necesidades del mercado.
faciliten información con implicaciones milita-
res (captura del enemigo, ubicación, movi- En este sentido, el “mundo de vida” haber-
mientos, etc.) va en esa misma línea. Otro masiano no sería autónomo frente al susbsiste-
ejemplo es la política de soldados-campesinos ma Estado y al subsistema económico, sino que
o la idea de que Colombia es “un ejército de estaría subsumido en ellos, y aun las formas de
más de 40 millones”. Un último ejemplo es la organización de la sociedad civil (sindicatos,
negación directa por parte de Uribe de la exis- organizaciones populares, etc.) reproducirían

novaetvetera97
e s c r i t o s p a r a l e l o s

las formas de poder del Estado (Foucault, 1988), de comunicación (por no decir cooptada), y
con lo cual la sociedad civil no tendría impor- otra rural y/o pobre que esgrime la bandera de
tancia como concepto sino que sería funcional la neutralidad activa para frenar las acusacio-
al Estado. Es decir, los miembros de la sociedad nes de complicidad provenientes de todas las
civil serían “juzgados, condenados, clasificados, partes del conflicto armado, bandera que a
obligados a competir, destinados a vivir de un nuestro juicio representa más desventajas que
cierto modo o a morir en función de discursos ventajas.
verdaderos que conllevan efectos específicos de
poder” (1988, p. 140). Ser neutral así es ceder por miedo, no
actuar por convicción sino por supervivencia;
Conclusiones si no fuera por el terror de los actores armados
El uso indiscriminado y poco reflexionado para con la población civil no habría otra razón
de la categoría sociedad civil ha terminado por para declararse neutrales. Sin embargo, lo más
generar resultados incluso contradictorios, importante para resaltar de la neutralidad acti-
como perpetuar vocerías donde no las hay, va es que ha generado un espacio –de validez
denominar aparentes procesos como demo- indiscutible pero de eficacia relativa– como rei-
cráticos cuando realmente unos pocos deci- vindicación del derecho a no participar en la
den, instaurar políticas neoliberales contrarias guerra.
a los mismos intereses de la llamada sociedad
civil (comunitaria), desviar responsabilidades Las listas de denominaciones y de catego-
en la gobernabilidad, dar visiones hegemóni- rías son un mal típico de Colombia. En Madrid
cas que niegan la mismas contradicciones en el hubo acalorado debate sobre si proponer un
seno de la sociedad y, por último, crear un alto al fuego o un cese de hostilidades, discu-
clima falso de civilidad que, además, desvía las sión que cayó en posturas peligrosas y ridícu-
responsabilidades de los Estados en la cons- las. Las “comunidades de paz” y “neutrales
trucción de sus sociedades. activos”, tienen en el derecho internacional un
nombre propio que no les lleva a renunciar a
Al comparar la noción de sociedad civil de sus derechos ni a sugerir ideas sobre los no
Colombia y la de los teóricos, el problema es neutrales: población civil.
que estamos ante dos cosas distintas con una
misma denominación, con algunos elementos Un resumen de: espontaneidad en las
en común: la reivindicación de la ciudadanía y acciones de la sociedad civil que lleva al des-
la participación política. En el caso colombia- gaste, fragmentación de los diferentes procesos
no, tal sociedad civil no se separa del Estado ni locales, la criminalización de la noción de neu-
del mercado y además centra su principal ban- tralidad activa (para los paramilitares la neutra-
dera en la oposición a los actores armados y la lidad es una herramienta de la guerrilla), la
búsqueda de la paz. manipulación por parte de los medios de
comunicación y el uso instrumental por parte
En la sociedad civil “local” (colombiana), de los actores armados para buscar legitimi-
tampoco se logra un consenso. Existen dos sec- dad, hace que crezca el escepticismo frente a la
tores principales: una sociedad civil mayorita- reivindicación de la sociedad civil. Sociedad
riamente urbana y/o susceptible de los medios civil que, en todo caso, existe y se mueve, gene-

98novaetvetera
e s c r i t o s p a r a l e l o s

ra procesos, gana espacios de participación y Referencias


representa ya un interlocutor más por recono- Acuerdo de Puerta del Cielo. (15 de julio de
cimiento social del fenómeno que por alguna 1998). Würzburg (Alemania).
norma que lo garantice.
Arizmendi Posada, O. (1995). Las fronteras del
A la par con la paz aparecen otras tareas Estado y de la sociedad civil. Díkaion, 4, 65.
para la sociedad civil. Es tal el derroche de tare-
as que parece que la noción de sociedad civil es Bobbio, N. (1985). Stato, governo, società. Per
una especie de concepto catch-all que debe una teoria generale della Politica. Turín: Giulio
dar cuenta no de sus propias tareas sino de las Einaudi editore. Edición consultada: Bobbio, N.
tareas ajenas, como la gobernabilidad. (1989). Estado, Gobierno y Sociedad. Por una teoría
general de la política. Traducción de José F. Fernán-
La noción que predomina en las calles dez Santillán. México: FCE.
colombianas sobre los líderes de la sociedad
civil nacional, es que, más allá de la buena o Camacho, A. (6 de septiembre de 1999). ¿Cuán-
mala intención de estas personas, lejos de ser tas sociedades civiles? El Espectador.
voceros autorizados, son representantes de
intereses definidos –algunos sólo se represen- Castañeda, J. G. (1995). La utopía desarmada,
tan a sí mismos- y no han logrado aglutinar Barcelona: Ed. Ariel, 230-239.
más sectores a su alrededor. Es decir, el espacio
de esa sociedad civil, la mayoritariamente De Currea-Lugo, V. (1999). Derecho Internacio-
urbana, repite los mismos vicios heredados de nal Humanitario y sector salud: el caso colombiano.
la clase política: exclusión y ausencia de pro- Bogotá: Plaza y Janés, y Comité Internacional de la
puestas generales. Y la otra sociedad civil, la Cruz Roja.
pobre y/o rural, se diluye en la lista de despla-
zados y víctimas de las masacres. ______. (2003). El derecho a la salud en Colom-
bia. Diez años de frustraciones., Bogotá: ILSA.
Por supuesto estas dos sociedades sólo sim-
plifican algo que es más complejo que lo aquí Degregori, C. I. et al. (1996). Las rondas campe-
presentado. Las partes de la sociedad civil sinas y la derrota de Sendero Luminoso. Lima: IEP.
colombiana usan puertas giratorias y además las
puertas tienen diferentes ejes como para decir: Durán Forero, R. (1999). La neutralidad activa
he aquí la puerta o he aquí el eje. Pero su invoca- de la población civil en el conflicto colombiano. En:
ción, aún en tiempos de guerra, parece no ser Monsalve, A. y Domingo, E. (edit.): Democracia y
una razón suficiente para comprobar su existen- Paz., Medellín: UDEA, 363-396.
cia. Pareciera pues que la sociedad civil es un
imposible que, sin embargo, existe; pareciera Foucault, M. (1979). Microfisica del poder.
que la sociedad civil no superara sus propias Madrid: Ediciones La Piqueta.
contradicciones internas, sin embargo avanza en
varias direcciones sin caer en la quietud pesimis- ______. (1988). El sujeto y el poder. Revista
ta; pareciera que fuera una ilusión necesaria, tan Mexicana de Sociología, 3.
indefinida como su propio nombre.

novaetvetera99
e s c r i t o s p a r a l e l o s

Lechner, N. (1995). La (problemática) invoca- Rodríguez Elizondo, J. (1995). Crisis y renova-


ción de la sociedad civil. Espacios 4, 12. ción de las izquierdas. De la revolución cubana a
Chiapas pasando por “el caso chileno”. Santiago de
Maihold, G. (1995). Gobernabilidad y sociedad Chile: Ed. Andrés Bello.
civil. Espacios, 4, 68.
Tapias, C. (1997). Las Fuerzas Armadas y
Marsiglia, J. (1994). Sociedad civil y Estado: Sendero Luminoso: dos estrategias y un final.
relaciones en tránsito. Cuadernos del Claeh, 3, 136. Lima: IEP.

Moises, J: A. (1988). Sociedad civil, cultura polí- Notas


tica y democracia. Revista Mexicana de Sociología,
3, 51 y ss. 1 Ver, para el caso brasilero: J. A. Moisés. (1988). Sociedad civil,
cultura política y democracia. Revista Mexicana de Sociolo-
gía, 3, 40 y ss.
Moncada Agudelo, L. F. (s. f.). De la lucha
2 Sobre el concepto hegeliano de la sociedad civil, ver: N. Bob-
armada revolucionaria a esa cosa llamada sociedad bio. (1985). Stato, governo, società. Per una teoria generale
civil. Experiencia de la reinserción guerrillera en della Politica. Turín: Giulio Einaudi editore. Edición consul-
tada: Bobbio, N. (1989). Estado, Gobierno y Sociedad. Por una
Colombia. América Latina: realidades y perspecti-
teoría general de la política. Traducción de José F. Fernández
vas. Memorias del Primer Congreso Europeo de lati- Santillán. México: FCE.
noamericanistas. Universidad de Salamanca. 3 Ver, para el caso mexicano, Olvera (1992), p. 244.
4 En las diferentes fuentes consultadas, se incluyen los grupos
Morales, A. (1995). Oficios de paz y posguerra eclesiales de base de El Salvador, Guatemala, Nicaragua,
Brasil y Chile, pero no se mencionan las altas autoridades
en Centroamérica. San José de Costa Rica: Flacso.
religiosas.
5 Ver, para el caso brasilero: Moisés (1988), 38
Olvera, A. y Avritzer, L. (1992). El concepto de la
6 Ver el desarrollo de esta noción para el caso boliviano en: V.
sociedad civil en el estudio de la transición demo- Peralta (1999). El mito del ciudadano armado. La semana
crática. Revista Mexicana de Sociología, 4, 228. magna y las elecciones de 1844. En H. Sábato (ed.). Ciudada-
nía política y formación de las naciones. Perspectivas históri-
cas en América Latina. México: Fondo de Cultura
Pérez Ledesma, M. (1998). Ciudadanía política Económica, 231-252.
y ciudadanía social. Los cambios del `fin de siglo. 7 Cfr C. I. Degregori et al. (1996). Las rondas campesinas y la
Studia Histórica. Historia Contemporánea, 16. Sala- derrota de Sendero Luminoso. Lima: IEP y C. Tapias. (1997).
Las Fuerzas Armadas y Sendero Luminoso: dos estrategias y
manca, 35-65.
un final. Lima: IEP.
8 Cfr. El Acuerdo de Puerta del Cielo, firmado entre el Ejército
Pizarro Leongómez, E. (1989). Los orígenes del de Liberación Nacional, ELN; la Sociedad Civil y el Comité
movimiento armado comunista en Colombia Nacional de Paz. Würzburg (Alemania), el 15 de julio de
1998.
(1949-1966). Análisis político 7.
9 En general, para el análisis de Bobbio sobre sociedad civil,
ver: Bobbio (1985), pp. 39-67.
______. (1991). Elementos para una sociología 10 Se entiende esta participación directa en el conflicto, no en
de la guerrilla en Colombia. AP, 12. términos de implicaciones político-sociales sino de contri-
bución directa en los actos propios de la guerra, tal como lo
entiende el DIH.
Ramonet, I. (1996). Ciudadanos bajo vigilan-
11 Ver, para el caso salvadoreño: Comisión de la Verdad 1992-
cia. Magazin Dominical, El Espectador, 703, 18-21. 1993: Informe. De la locura a la esperanza. La guerra de 12
años en El Salvador. Colección Universitaria. San José de

100novaetvetera
e s c r i t o s p a r a l e l o s

Costa Rica: 1993. Informes similares se han hecho o busca-


do hacer, por lo menos, en Chile, Argentina, Colombia y
Guatemala.
12 Sobre el papel de la ONU en el caso centroamericano, ver:
Morales (1995), 125 y ss.
13 Una muy bien argumentada opinión al respecto fue presen-
tada en el Seminario-Taller “Balance y perspectivas de las
relaciones políticas y de cooperación entre la Unión Euro-
pea y Colombia”, por Bettina Reis bajo el título La estrategia
de la cooperación de la UE en Colombia con énfasis en los
laboratorios de paz: objetivos, resultados, viabilidad y pers-
pectivas. Lleida, julio de 2004.
14 Sobre la crítica a la forma “políticamente correcta de protes-
tar”, ver: J. Habermas. (1988). Ensayos políticos. Barcelona:
Ed. Península. Traducción de Ramón García Cotarelo.
15 El empate negativo no implica empate militar sino imposi-
bilidad de una fuerza de derrotar militarmente a la otra. Ver:
H. Valencia. (1993). La justicia de las armas. Una crítica nor-
mativa de la guerra metodológica en Colombia. Bogotá: Ter-
cer Mundo Editores, 81. Al respecto, ver además: E. Pizarro
Leongómez. (1991). Elementos para una sociología de la
guerrilla en Colombia. AP, 12, 7.
16 Acuerdo del Nudo del Paramillo, firmado entre representan-
tes del Consejo Nacional de Paz, la sociedad civil y las Auto-
defensas Unidas de Colombia, julio 26 de 1998.
17 Pobre o “con” los pobres. No es lo mismo ser campesino des-
plazado que campesino terrateniente. Estas consideracio-
nes sobre neutralidad activa aparecen en mi libro (2002, en
coautoría con Francisco Rey): El debate humanitario. Barce-
lona; Icaria, 33-36.
18 En realidad, a las ONG que trabajan en conflictos armados
no internacionales, el DIH sólo les pide que sea “un organis-
mo humanitario imparcial” y nada dice de exigirles neutra-
lidad; lo que pasa es que la Cruz Roja ha adoptado por
voluntad propia tal principio, con una interpretación que,
por ejemplo, se diferencia de la de Médicos Sin Fronteras.
Ver: Numeral 2, artículo 3 común a los Cuatro Convenios de
Ginebra de 1949.
19 Por citar un solo ejemplo, ver: La comunidad de paz de Villa
Hermosa. La táctica es ser neutrales. El Espectador. 5 de
octubre de 1999.
20 Sobre la diferenciación entre desobediencia civil y resisten-
cia contra el Estado, ver la clara exposición de Habermas
(1988). Ensayos políticos. Barcelona: Ed. Península. Traduc-
ción de Ramón García Cotarelo. pp. 49-89.

novaetvetera101
o t r a s v o c e s

Simón Hampton Ruiz, fotografía: ventana rústica, Estambul, Turquía 2004.


Homosexualidad:
identidad, cuerpo
y discurso
José Miguel Segura Gutiérrez
Diploma de Mención en Historia de la Universidad del Rosario. Líder del semillero de Investigación Género y Cultura
Política de la Esap. Ex asistente de investigación de la Línea en Derechos Humanos de la Universidad del Rosario. Asis-
tente de investigación de la Esap.

Resumen

El presente texto busca ofrecer un primer acercamiento a una importante discusión que ha sido
vedada dentro de la esfera social-política colombiana, y es la que tiene que ver con: a) los pro-
cesos de construcción y definición de la identidad sexual, b) el uso y manejo responsable del
cuerpo y c) la creación-manifestación del discurso homoerótico masculino gay. Hoy, fenó-
menos que evidencian la configuración de nuevas dinámicas y formas de socializar ante la
compleja realidad social, caracterizada por la existencia de actores políticos (individuos-colec-
tivos) que demandan del Estado políticas y hechos jurídicos viables, ante los problemas de
incoherencia entre los fines a los que aspiran de manera individual y los fines de la sociedad
–estructura– que los engloba.

Palabras clave

Diversidad sexual, derechos humanos y ciudadanía.


o t r a s v o c e s

L
a sociedad está permeada por pará- cen como tal. “La evidencia de lo plural, lo
metros patriarcales, que deben ser heterogéneo y la multinserción son hoy ingre-
acatados, en orden a cumplir con los dientes fundamentales en los procesos de
roles que les han sido asignados culturalmente construcción de la identidad (Laclau, 1987)
a hombres y mujeres. De manera que una des- además, delinean las características funda-
viación genera sanciones formales e informa- mentales de los conflictos sociales modernos”
les, dirigidas a mantener un control social (Dahrenford,1990).
necesario para alcanzar comportamientos
esperados. En este sentido, el presente ensayo No obstante, este proceso de definición
esboza posibles relaciones entre los conceptos revela desde el punto de vista político el sinto-
de identidad sexual, cuerpo y discurso que, mático posicionamiento en cuanto a la com-
sustentado en una lectura social donde la per- prensión y experiencia de la homosexualidad en
sona y su entorno –las relaciones entre el ejerci- la realidad social actual, como cierta forma de
cio libre de la sexualidad y los valores sociales– subjetividad, producida y expresada, entre otros,
buscan responder a la pregunta por el sentido por la adopción de ciertos valores tanto indivi-
de la vida del individuo desde su mismidad, duales como de grupo, y de concepciones de
desde esa instancia “responsabilizadora” en el realización personal, que se encuentran en los
fortalecimiento o la contravención de los pre- linderos de las prácticas culturales de la postmo-
ceptos familiares y los sistemas tradicionales de dernidad1. En efecto, estos factores determinan
relación. En la actualidad, los diferentes actores que en las nuevas reglas del juego político sea
y esferas de la democracia entablan un diálogo más difícil la definición de las relaciones entre lo
pasado-presente en aras de construir y partici- que se es, lo que se puede hacer y lo que se espe-
par de relaciones de convivencia, espacios de ra que uno cumpla (Foucault, 1976). Sin embar-
tolerancia, mecanismos de protección e instru- go, el acercamiento al mundo de los hombres
mentos de garantía de derechos iguales para que tienen sexo con otros hombres y en especial
sujetos diversos en Colombia. al colectivo gay, así como a otros colectivos
minoritarios (lesbianas, travestís, transexuales y
Introducción bisexuales), permite descubrir en los actores de
En todas las épocas y colectividades, el uno y otros los paradigmas y las lógicas que los
sexo y la edad constituyen la base de distincio- hacen particularmente vulnerables –en función
nes culturales con importantes consecuencias de sus condiciones sociales, culturales y psicoló-
para los propios afectados. Las ideas y repre- gicas– frente a la producción social positiva de la
sentaciones asociadas tienen contenidos muy identidad homosexual masculina, dado el estig-
diversos en las sociedades que conocemos, ma de ser portadores de infecciones de transmi-
pero en la totalidad de ellas dichas característi- sión sexual (ITS)2 y del VIH-sida.
cas biológicas son usadas con objeto de esta-
blecer rangos y derechos sociales (Flaquer, Los reclamos políticos que hoy se dispersan
1998). Por ello, se orientan dispositivos hacia la en múltiples direcciones indican que la legitima-
formación de comportamientos, prácticas, ción que requiere el poder no coincide con otra
símbolos, signos y formas de pensar y de rela- legalidad que también le ha sido asignada al
cionarse con los otros de acuerdo a los modelos individuo. En nuestros días, se constata a menu-
que la sociedad y la cultura mayoritaria recono- do cómo las formas de legitimación ofrecidas

104novaetvetera
o t r a s v o c e s

por el ejercicio del poder son rechazadas en ellos es la sociedad civil, y dentro de ella, la coo-
nombre de los derechos humanos y del derecho peración, la justicia y la solidaridad como cate-
a tomar decisiones autónomas sobre el cuerpo o gorías morales de una cultura política
sobre la sexualidad. Todas ellas son formas de favorable al cambio de entorno de cada indivi-
rechazo puntuales que afectan el campo nor- duo. El individuo acude al poder estatal tanto
mativo de la autonomía del sujeto o de la igual- para la protección y salvaguardia de su vida y
dad de los individuos, es decir, dominios de su esfera de libertad, como para obtener
específicos de la configuración de la subjetivi- ciertas garantías en cuanto a la disponibilidad
dad moderna (Pérez, 1997). “En las sociedades de los bienes indispensables para la satisfac-
modernas el individuo tiene la posibilidad de ción de sus necesidades básicas. Apela al Esta-
escoger su propio plan de vida, con sus propios do de Derecho, es decir a la instancia que posee
intereses e ideales. Un elemento central de el monopolio de la coacción, para la protección
dichos planes de vida es la necesidad de ser de su libertad, y al Estado Social de Derecho
reconocido como persona que no está sujeta a para asegurar las condiciones de una vida
los caprichos y deseos de los demás” (Taylor, digna (Papachini, 1994). Desde esta perspecti-
1995). va, el ordenamiento jurídico vigente consagra
una serie de derechos para el conjunto de habi-
La “construcción” de la democracia tantes del territorio nacional, los cuales afian-
A partir de la vigencia de la Constitución zan su carácter Social y de Derecho. El
Política de 1991, las particularidades de nuestro ordenamiento establece, igualmente, un con-
país han contribuido, a que el concepto de junto de deberes que cada individuo debe
democracia deba ser entendido como algo que cumplir, como presupuesto para la conviven-
excede la simple participación electoral para cia y para el cumplimiento de los fines que el
ubicarse en la discusión de todos los ámbitos mismo consagra. Son estos deberes los que
que interesan a los posibles afectados con deter- enriquecen y dan sentido al nuevo tipo de ciu-
minada decisión. Este aspecto es una clara dadanía presupuesto por la Constitución:
manifestación de las finalidades esenciales del
Estado, desarrolladas a partir del constituciona- Colombia es un Estado Social de Derecho,
organizado en forma de república unitaria,
lismo liberal y cristalizadas en la protección a los
descentralizada, con autonomía de sus enti-
individuos que integran la comunidad política dades territoriales, democrática, participati-
frente a cualquier injerencia en su esfera perso- va y pluralista, fundada en el respeto a la
nal de autonomía legítima. Es decir, la esfera del dignidad humana, en el trabajo y la solidari-
dad de las personas que la integran y en la
cuidado mínimo suficiente para proteger el
prevalencia del interés general (artículo 1 de
núcleo de convicciones del individuo, el de la la C. P.).
dignidad inherente a todas las personas. “Todas
las personas tienen derecho al libre desarrollo Esta reflexión sobre la transformación y
de su personalidad sin más limitaciones que las definición de aquello que se quiere transfor-
que imponen los derechos de los demás y el mar implica procesos de delimitación de la
orden jurídico” (artículo 16 de la C. P.). otredad como espacio de lo “desviado” y lo
“excluido”, pero que al mismo tiempo manten-
No obstante, en la construcción de la gan el carácter político de la acción social hacia
democracia influyen muchos factores. Uno de la transformación (Montenegro, 2001). Aun

novaetvetera105
o t r a s v o c e s

cuando puede ser cierto que hoy día segmen- nal, más aún si se trata de actores sociales agru-
tos significativos de la sociedad aceptan la pados en la definición de una verdadera rela-
posibilidad del deseo homoerótico y la modifi- ción práctica con la legitimidad y sus valores.
cación de arreglos sociales para acomodarlo,
proposiciones acerca del desvanecimiento En este sentido, la propuesta de una
hétero-homo, y del repudio a la obligación por democracia radical de Mouffe (1996) desarrolla
parte de las parejas de permanecer inmutables, una teoría del sujeto descentrado, “constituido
continúan siendo vistas como más allá del en la intersección de una multiplicidad de
límite de la legalidad y de la decadencia (Foster, posiciones subjetivas [que] requieren del reco-
1997). nocimiento de la diferencia, de la particulariza-
ción de lo universal”. En está propuesta, la
Como colombianos, los gays comparten ciudadanía deja de ser vista apenas como un
las costumbres, cultura y hábitos de sus conciu- estado legal y pasa a ser comprendida como la
dadanos, pero en su entorno más inmediato identidad política común de personas que
viven bajo el discurso homofóbico-machista pueden estar empeñadas en muchas iniciati-
que celebra cualquier manifestación de repudio vas con finalidades diferentes y con diversas
–y justifica la violación de derechos y espacios concepciones de lo bueno, aunque en la bús-
individuales– para salvaguardar una posición queda de su satisfacción y en la ejecución de
viril, que a través de estrategias de marginación sus acciones, acepten someterse a las normas
y rechazo social logra obstaculizar el encuentro prescritas por la república.
de un espacio cívico para la construcción de
ciudadanía desde lo individual. Esta margina- Nuestra supervivencia en este planeta está
amenazada no sólo por las degradaciones
ción se presenta a pesar de que muchos de
ambientales, sino también por la degenera-
estos sujetos han manifestado su disposición a ción del tejido de solidaridades sociales y de
tomar parte activa del proceso social colombia- los modos de vida psíquicos que conviene
no y han expresado la necesidad de que se les literalmente reinventar. No se puede conce-
bir una recomposición colectiva de los socios
reconozca como portadores de los valores que
sin una correlativa resignificación de la sub-
la sociedad nacional proclama. jetividad, sin una nueva manera de concebir
la democracia política y económica, en el res-
Creer, entonces, que esta situación ofrece peto a las diferencias culturales y sus múlti-
ples revoluciones moleculares (Guattari,
una perspectiva de estudio interesante en el
1996, p. 14).
área de los derechos humanos y particular-
mente en el ejercicio de la acción ética para La identidad sexual
construir tejido social invita a reconocer en el Salmeron (1996) afirma que la identidad
individuo gay a un sujeto-actor emprendedor, comprende toda la vida del sujeto como enti-
democrático y solidario en la lucha por cons- dad física y mental, con su capacidad reflexiva
truir un tipo de sociedad basado en el concep- y su relación con las otras personas desde una
to ético aplicable de la equidad y la diversidad tradición cultural en su concreción. Por tal
de y entre hombres. Un Estado democrático es motivo, el proceso de identidad se inicia prácti-
aquel capaz de garantizar a sus ciudadanos y camente con el nacimiento y para la inmensa
ciudadanas el respeto a sus derechos, en espe- mayoría de las personas su desarrollo se confi-
cial a la vida, la libertad y la integridad perso- gura en estrecha interacción con el sexo bioló-

106novaetvetera
o t r a s v o c e s

gico, y su adquisición se completa durante la los sexos, al mismo tiempo que los articulan
infancia; una vez establecido es bastante difícil dentro de las relaciones de poder sobre los
de modificar (Barbera, 1998). Desde esta pers- recursos.
pectiva, Parales (2003) afirma que el concepto
de identidad es primordial en el estudio de las Analizar entonces la construcción de la
dinámicas sociales, puesto que la identidad identidad sexual de los homosexuales masculi-
necesariamente comprende socialización y nos gays implica hablar de subjetividad, pero
proponer que toda identidad social implica el también del acercamiento a la esfera microsocial
reconocimiento de procesos de categorización de las particularidades en las relaciones sociales y
que son el resultado de construcciones colecti- específicamente de la relación existente entre la
vas. Sin embargo, el fenómeno de la identidad experiencia de los sujetos (recordatorios de afec-
puede entenderse y presentarse a diferentes to, contactos eróticos y genitales con personas de
niveles: individual-personal, interpersonal y su mismo sexo o de diferente sexo que han cons-
macrosocial. tituido su conciencia de individuo), su discurso y
el modelo cultural existente –que, como marco
Desde la perspectiva personal se establece de referencia conceptual ordena sus vidas, las
la relación con la pregunta acerca de quién soy. reconstruye y describe “estructurando” sus rela-
En un nivel distinto se sitúa la perspectiva tos/experiencias–.Tal es así, que la identidad per-
interpersonal caracterizada por la incompati- sonal (autocomprensión) tiene su origen en la
bilidad de los propósitos perseguidos, y que no enunciación misma que un sujeto hablante hace
permite la agrupación de las identidades per- de un significado (concepto) que le es propio
sonales. Por último, la perspectiva macrosocial (saberse homosexual), pero que al ahondar un
sostiene que a partir de la cualificación de las poco más en la dinámica social, lo aboca a com-
condiciones de lo social emergen singularida- prenderse como un sujeto plural en la comuni-
des, que aseguran el permanente reajuste de dad política y en el mismo colectivo gay en
las normas sociales y las relaciones de poder. cuanto referencia (imagen significante de una de
“El mundo de lo social (como totalidad de las las múltiples realidades en las que participa).
relaciones interpersonales legítimamente regu- Desde esta óptica, las percepciones de los actores
ladas), [...] sólo es posible desde la perspectiva sociales respecto a la homosexualidad vivida
del participante”. (Habermas, 1999, p. 41). desde lo individual es positiva (se tolera su pre-
sencia y participación en espacios microsocia-
Con respecto a la construcción de la iden- les). Sin embargo, la representación social de lo
tidad de los sujetos, el rol de género es parte de gay se produce de forma negativa (demandas de
otros aspectos como la identidad sexual, la control, disciplina, regularización) debido a la
orientación erótica, las condiciones biológicas mediación no responsable que hacen los medios
y su identidad con ellas, y la conducta sexual3. de comunicación en torno al fenómeno homoe-
Obviamente la homosexualidad, como orien- rótico actual y, por ende, a la posibilidad de cons-
tación sexual, se vive desde el rol de género truir una imagen tolerable de lo que implica su
como red de símbolos culturales, conceptos homosociabilidad.
normativos, patrones institucionales y ele-
mentos de identidad subjetivos que a través de En varias regiones de nuestro país una de las
formas de hablar de la homosexualidad mas-
un proceso de construcción social, diferencian

novaetvetera107
o t r a s v o c e s

culina [...] oponen dos categorías dicotómi-


cas: el cacorro –hombre que penetra a otro como por su manera de delinear y pulir las
hombre– y el marica –el penetrado–; la dife- diferentes formas de comunicar su “código
rencia es que mientras el primero no pierde privado” como símbolo de identidad.
su condición masculina el segundo sí, pues la
penetración lo feminiza y lo hace “el homose-
xual”. Del hombre marica se espera que se Se dirá entonces que existe en la vida de los
comporte amanerado, que quiera ser mujer o hombres una extraña combinación de poder y
por lo menos parecerse a ella y que guste de privilegios, dolor y carencia de poder. Por el
ocupar un papel “pasivo” en las relaciones; el hecho de ser hombres, gozan de poder social y
cacorro al mantener comportamientos con-
siderados como masculinos no pierde su reconocimientos, pero esto causa dolor, aisla-
lugar, más cuando se ufana de “comerse” a miento y alienación, no sólo a las mujeres, sino
los maricas. (Serrano, 1997, p. 69) . también a ellos mismos (Kaufman, 1995); esto,
en palabras de Palacio (1999), se expresa en
Este proceso de asignación social pone que la socialización masculina es un proceso
en evidencia el papel preponderante que los que gira entre el privilegio del poder y la nega-
factores externos al propio sujeto desempe- ción de los afectos. Con estas referencias,
ñan en la construcción del proceso de identi- vemos que la sexualidad ha sido un dispositivo
dad personal. Al recién nacido hombre o social e histórico que a través del tiempo ha ido
mujer se le induce en un proceso de sociali- configurando corrientes de pensamiento para
zación, en hacer de él o ella lo que la socie- su estudio y comprensión, pero que en el caso
dad espera de acuerdo con los modelos del proceso de definición e identidad sexual de
establecidos o internalizados en la cultura. los homosexuales masculinos gays ha conduci-
Sin embargo, el proceso de identidad se vin- do a dos posturas opuestas y complementarias
cula principalmente con aspectos afectivos y a la vez. Por una parte, una concepción cuasi-
motivacionales que van estructurando men- funcionalista de lo social donde las estructuras
talmente al sujeto, y lo hacen pertenecer a un de dominación patriarcal y heterosexual pro-
grupo de asignación sexual y verse excluido ducen identidades socio-sexuales perfecta-
de otro. En esta línea, la construcción de la mente adaptadas, que a su vez contribuyen a
identidad sexual responde a un proceso que reforzar el funcionamiento de la totalidad
se configura bajo una dinámica relacional, ya estructural; por otra parte, la reintroducción de
que su elaboración le implica vivir rupturas y una subjetividad fundante y autónoma bajo la
negaciones, acercamientos y distanciamien- forma de diversos tipos de voluntarismo políti-
tos entre lo que “se es” y lo que se “desea ser”, co: un sujeto exterior al género capaz de decidir
dada la continua vigilancia familiar y social. qué género actúa, o un sujeto capaz de eludir la
Aquí, el homosexual gay es identificado por la interpelación social, la asignación de una iden-
manera en que se construye a sí mismo tidad sexual (Córdoba, 2003).
sexualmente; por su manera de portarse (pro-
yecto de identidad) respecto al género o debi- La identidad homosexual en nuestro contex-
to histórico-cultural existe ya desde siempre
do a determinadas “prácticas eróticas”, que en
[…]. El mito de la no-identidad, la creencia de
el argot popular y en el transcurrir diario de su que los y las homosexuales no comparten
cotidianidad llevan a que su particularidad le identidad alguna, es tan sólo eso, un mito, un
permita autoidentificarse con otros indivi- acto de fe. Se podrá o no estar de acuerdo con
lo que el término “homosexualidad” implica,
duos que comparten su proyecto de vida; así

108novaetvetera
o t r a s v o c e s

pero es absurdo pretender que no existe y


que no influye en la vivencia que cada cual trinamiento del cuerpo que se aplican a sus
tenga de sí mismo a nivel personal y/o colec- protagonistas hoy lo constituyen representa-
tivo. (Llamas y Vidarte, 1999, p. 283). ciones colectivas que tanto sujetos individuales
como sociales despliegan con relación a este
A sabiendas de que uno se convierte en lo tipo de conducta, y que se caracterizan por un
que es en la medida en que reconoce y descubre encasillamiento atentatorio de lo social: trans-
en su interior lo que ya desde siempre ha sido, gresiones a la moral, contravención a los siste-
son las propias actuaciones (performances) en mas de relaciones, preceptos familiares y
su repetición compulsiva las que producen el régimen patriarcal propios de nuestro medio.
efecto-ilusión de una esencia natural (Córdoba, Desde está perspectiva, Guattari (1979) afirma
2003). La producción del sujeto homosexual que el cuerpo considerado como nuestra pri-
implica la inscripción de una naturaleza singu- mera realidad, tanto fisiológica como social
lar en el cuerpo del sujeto, pero también en la nunca deja de estar inscrito en su historicidad
constitución y definición tanto vivida como vin- y su cultura. Cada sociedad secreta su imagen
culada al sexo. En ese sentido, se observa que en social del cuerpo, que se traduce en códigos
la construcción de la identidad sexual homoeró- estéticos, ritos relacionales (cortesías), prácti-
tica masculina influyen como condiciones pre- cas amorosas y sexuales, y aun de clase; imáge-
vias en el análisis de la cultura del autocuidado y nes que se hacen evidentes en las diferentes
el cuidado de otros, factores tales como los esce- maneras como las clases sociales exponen su
narios, las prácticas y las significaciones. cuerpo. Es imposible una práctica natural del
cuerpo: éste es una construcción social. Bajo
El homosexual del siglo XIX ha llegado a ser un esta óptica, el caso de los gays se constituye en
personaje: un pasado, una historia y una
una nueva forma de sociabilidad, en donde los
infancia, un carácter, una forma de vida; así
mismo una morfología, con una anatomía gestos van configurando un código corporal,
indiscreta y quizás misteriosa fisiología. Nada una disciplina que lleva a que el sujeto aprenda
de lo que él es in toto escapa a su sexualidad. a comportarse de modo conveniente en ciertos
Está presente en todo su ser: subyacente en
lugares, pero también aprenda a expresar sus
todas sus conductas puesto que constituye su
principio insidioso e indefinidamente activo; sentimientos, la amistad o el amor sobre patro-
inscrita sin pudor en su rostro y su cuerpo por- nes de urbanidad, de conducta preestablecida.
que consiste en un secreto que siempre se trai- “[...] el orden social permite establecer [...] que
ciona. Le es consustancial, menos como un
los actos y espacios íntimos no están desliga-
pecado en materia de costumbres que como
naturaleza singular [...]. La mecánica del poder dos de toda la dimensión social [por el contra-
que persigue a toda disparidad no pretende rio éstos] se miden en relación con los actos
suprimirla sino dándole una realidad analíti- públicos, considerando el “estado” social de
ca, visible y permanente: la hunde en los cuer-
cada personaje [...]”. (Garcés, 1992, p. 248).
pos, la desliza bajo conductas, la convierte en
principio de clasificación y de inteligibilidad,
la constituye en razón de ser y orden natural Al observar los gestos, los modos de vestir,
del desorden (Foucault, 1976, p. 56-57). de lucir el cuerpo, de pasearse por la ciudad de
este colectivo social diferenciado, se aprecia la
El cuerpo conquista que las nuevas identidades han
El punto de partida para entender la hecho de los espacios sociales, políticos y cul-
sexualidad homoerótica y las formas de adoc- turales. Pero también se refleja la pervivencia

novaetvetera109
o t r a s v o c e s

de un cruce complejo entre nuevas realidades res-individuales tienen dentro de la misma


junto a antiguas formas de pensamiento, que dinámica. “Pues a sabiendas que el cuerpo y en
dada la existencia de representaciones sociales especial el órgano masculino [...] es significan-
(imágenes, sentimientos, prácticas) con que te de todo un haz de relaciones y actividades
cada subjetividad construye su cotidianidad, que fijan el estatuto del individuo en la ciudad
van instaurando unas condiciones y atributos y en el mundo, [figurando] entre ellas la familia,
para el moldeamiento de la conducta e historia la riqueza, la actividad de palabra, el estatuto, la
de estos sujetos con relación al ejercicio de su vida política, la libertad, y finalmente el nombre
sexualidad. mismo del individuo” (Foucault, 1976, p. 34).
Indicar que los escenarios del cuerpo son múl-
Los ciudadanos deben poder experimentar el tiples (la calle, los bares, discotecas y saunas) y
valor de uso de sus derechos [...] y [del] reco-
por lo tanto su exposición en los mismos posee
nocimiento recíproco de las diferentes for-
mas de vida culturales. La ciudadanía diferencias que se evidencian en clases sociales
democrática desplegará una fuerza integra- (alta/baja), generaciones (viejo/joven) y cultu-
dora, es decir, creará solidaridad entre extra- ras regionales (Bogotá/Provincia) (Lafaury,
ños, si se hace valer como mecanismo con el
2002) que intensifican el goce, permite traer a
que se realiza de facto, los presupuestos para
la existencia de las formas de vida deseadas. colación algunos ejemplos:
(Habermas, 1999).
a) En la calle, los actores se lanzan al encuentro
Hasta aquí, vemos como el cuerpo no es con el sexo, se observa un manto generaliza-
un dato pasivo, sino la potencia que hace posi- do de banalización e instrumenta- lización
ble la participación en el sexo y la incorpora- de la vida personal, y en este caso, del propio
ción al género, así como a la interrelación que cuerpo y erotismo [...] (Marín, 1998).
éste tiene con los escenarios, las apariencias,
b) En la mayoría de bares gay de Bogotá,
las escenificaciones y las prácticas sexuales y
hombres con cuerpos exuberantemente
de protección sexual que enmarcan el proceso
desarrollados “rudos” y “bien parecidos” se
de acercamiento y contacto homosexual:
desnudan ante sus congéneres en un acto
La vista, sin duda es agradable, pero no es más en el cual el erotismo y el baile se entrela-
que un primer momento, después viene el zan (Góngora, 2004).
tacto que invita a todo el cuerpo al goce.
Luego el beso, que tímido al principio se vuel- De manera simultánea, la observancia de
ve lleno de consentimiento. La mano mien- apariencias (masculino-femenino) de los parti-
tras tanto, no está ociosa; corre bajo las ropas, cipantes que asisten a estos lugares, evidencian
aprieta un poco el pecho, baja a lo largo del
la concepción de realización personal que cada
vientre firme, alcanza la flor de la pubertad y
finalmente pega en el blanco (Seudo-Luciano, participante posee, construye y desarrolla al
citado por Foucault, 1987, p. 53). entrar en contacto con el medio social. Pero
también y de acuerdo con Sevilla (1997) permi-
A este nivel, cabría entonces preguntarse te visualizar las demandas de los propios
por el tipo de relación y significantes que la impulsos y deseos individuales, de tal modo
corporeidad genera dentro de esa masa hetero- que cada práctica implica un halo significativo
génea que es el mundo gay; pero también por que registra internamente como expresión
la participación que las identidades particula- subjetiva de la vivencia de su autopercepción.

110novaetvetera
o t r a s v o c e s

Siguiendo con esta línea de exposición, en lo En lo que concierne a la protección


que respecta a las escenificaciones (travestí, des- (autocuidado y cuidado de los otros) que tie-
nudista, transformista) podemos decir que estás nen estos conciudadanos en la realización de
se entienden como aquellas actuaciones o mani- sus prácticas sexuales podemos decir que
festaciones en las cuales, dentro de una espacio- éstas se hallan condicionadas por conceptos
territorialidad múltiple, un sujeto determinado éticos, relaciones de poder y actitudes educa-
despliega una gama de actitudes y gestos que lo tivas que portan los participantes que acuden
subordinan a participar de un libreto específico, al acto. Sin embargo, el desarrollo de una cul-
en la escogencia y goce de los cuerpos que tiene y tura sexual de tales dimensiones en los mis-
se le presentan a su alrededor. mos haría necesario que se evidenciara una
realidad común a todos, y la capacidad de
En la puesta en escena del stripper, no hay
cosméticos, ni plumas, ni extravagantes ves- razonamiento (diálogo) que comparten los
tidos, sin embargo su cuerpo o mejor el cuer- individuos-miembros. También haría necesa-
po que se para en el escenario es también un rias herramientas pedagógicas que expusieran
artificio, un simulacro, un intento de querer y ahondaran el conocimiento de sí mismo
tomar una apariencia idealizantemente mas-
culina y ofrecerla a los otros como objeto de (intuiciones, percepciones, inclinaciones, ins-
deseo. (Góngora, 2004, p. 34). tintos) como armonía total del individuo.

Sin embargo, resaltar el papel en las prác- El discurso


ticas sexuales (activo/pasivo) como un aspecto “Las distintas razas, pueblos, personas de
para calificar el papel sexual y el desempeño las que ahora sabemos con mayor detalle e
social que puede tener un individuo en su vida inmediatez gracias al capitalismo informacio-
resulta interesante y peligroso a la vez, dado nal [y] los medios de comunicación han vivi-
que esas dimensiones aparecen como básicas do dentro de un conjunto de construcciones
en el juego sexual, pero también como combi- conceptuales dadoras de un sentido de vida
naciones que permiten relacionarse de múlti- social e individual. [Como] mínimo común
ples formas con otros sujetos a través de [para la] potencialización de la intersociabili-
postulados normativos y culturales que cada dad” (Gómez, 2001). No obstante, dichas
sujeto-participante lleva a la escena. construcciones conceptuales, se originan y
desarrollan dentro de estructuras sociales,
El acto de penetración aparece como califica-
constituidas por individuos sujetos4 que
dor de todos los actos sexuales, con sus pocas
variaciones de posición y sobre todo sus dos mediatizan sus deseos, símbolos e intereses
polos de actividad y pasividad [...]. El acto de personales a través de marcos de referencia
penetración, es percibido dentro de una (significados) que ofrecen las prácticas socia-
escenografía social. En donde el acto sexual
les, instituciones y organizaciones; y que con-
en primer lugar aparece como un juego de
superioridad y de inferioridad: la penetración figuran la comprensión que las personas
coloca a los dos coparticipantes en una rela- tienen de sus propios roles sociales y de cómo
ción de dominación y de sumisión; es victo- influyen en sus actividades. “Lo que acaba
ria por un lado, derrota por el otro, es derecho
uniendo a un nombre (gay, lesbiana) con un
que se ejerce para uno de los coparticipantes,
necesidad que es impuesta al otro; es estatu- conjunto de sujetos no son una serie de rasgos
to que se hace valer o condición que se esenciales que comparten todos ellos y que son
soporta (Foucault, 1987, p. 31). invariables en el tiempo, sino el acto mismo de

novaetvetera111
o t r a s v o c e s

su nominación o la identificación con ese de relaciones que estructuran al individuo en


nombre” (Córdoba, 2003, p. 91). lo social (poder y exclusión).

Sin embargo, examinar de qué modo las [...] los sistemas sociales están estructurados
según normas del discurso, lo cual acentúa el
estructuras de significado hacen posibles ciertas
carácter simbólico de las relaciones sociales.
formas de conducta permite comprender cómo [No obstante,] los discursos son histórica-
se generan los discursos que estructuran las mente contingentes y [...] se construyen polí-
actividades de los agentes sociales, cómo fun- ticamente (Howarth, 1997, p. 130).
cionan y cómo cambian (Howarth, 1997). En
otras palabras, provee de realidad la lucha entre Estas observaciones distinguen, entonces,
poder y contrapoder, en tanto que permite dife- el grado de relativización (contextualización) a
renciar los límites de las voluntades y da forma a que ha dado lugar el lenguaje dentro de las for-
los intereses. Analizar, entonces, bajo esta óptica mas específicas, locales, personales y comunita-
el fenómeno homosexual como elemento cons- rias de la praxis social. Pero en el caso de los
titutivo de una realidad compleja implica obser- gays, éste ha constituido un elemento de cam-
var la producción narrativa (relatos), las bio individual (subjetivo) en la forma de apreciar
posiciones de sujeto involucradas (participante, sus relaciones de amistad, pareja, etc. dado el
coparticipante, grupos) en tal experiencia y el ofrecimiento de conceptos como goce y dolor, y
ofrecimiento que determinados contextos la formación de conciencia moral5 (inclusión
(escenarios, instituciones) tienen para “obligar” ciudadana) ante el continuo hacer de juicios
al sujeto a tomar un carácter relacional, produc- morales (resentimientos, indignación, senti-
tivo y negociado ante el rechazo social. mientos de culpa y de vergüenza) que caracteri-
za los ámbitos intersubjetivos y políticos.
En América Latina prevalece el Código Napo-
leónico que garantiza la privacidad del cuer- La consigna moderna de una sustitución pro-
po, con la consecuencia de que la homofobia gresiva y diferenciada de la individualidad
latinoamericana tiende a limitarse a las por la subjetividad, solicita de operaciones
manifestaciones públicas de disidencia y la deconstructivas –desplazamiento de algunas
transgresión –es decir, a la visibilidad–, razón de las condiciones de posibilidad y el desarro-
por la cual la exhibición pública de la cultura llo de nuevas posibilidades que trascienden
homoerótica, en el espectáculo y en espacios cualquier cosa que pudiese ser caracterizada
públicos, es un imperativo tan apremiante como la aplicación de una categoría (Laclau y
hoy en día en el activismo político por los Mouffe, 2000).
derechos de los gay (Foster, 1997, p. 2).
Por eso, la mediación dialéctica permite
Ahora bien, afirmar que los relatos “repre- visibilizar las implicaciones emocionales en la
sentan” la forma en que los participantes com- construcción de actores colectivos, pero tam-
prenden el fenómeno del cual participan bién refleja la urgente necesidad de ampliar el
resulta erróneo, dado que éstos son el resultado marco de significación del concepto de ciuda-
de actos de habla constatativos, en donde cada danía en los términos de un concepto relacio-
participante expresa y describe su experiencia nal con un sistema político frente a unos
particular del fenómeno, sin que se produzcan poderes y a otros conciudadanos que percibi-
efectos de reconocimiento (actos performati- mos como iguales a nosotros. “Los discursos se
vos o realizativos) y posicionamiento en la red entienden como estructuras abiertas con signi-

112novaetvetera
o t r a s v o c e s

cursos en las instituciones modernas (de la


ficados limitados, no por la forma de su agen- escuela a la familia, pasando por el cine o el
cia, sino por la particularidad de sus condicio- arte) y una mutación de los cuerpos (Precia-
nes de posibilidad” (Laclau y Mouffe, 1985). do, 2003, p. 7).

Conclusión Con lo anterior, no es exagerado afirmar


Como se puede observar, las relaciones que la homosexualidad es un proceso indivi-
entre identidad sexual y ciudadanía en el con- dual y relacional que permite la creación de
texto geopolítico colombiano plantean con filiación(es) a través de la interacción social,
urgencia que la sociedad civil y las instituciones pero que también anima y hace plausible el
democráticas son medios efectivos de garanti- fomento del desarrollo moral (avance cogniti-
zar nuestra igual dignidad humana, nuestra vo y emocional) de los seres humanos a través
de la valoración de la identidad y la
autonomía personal como orienta-

N o es exagerado afirmar que la


homosexualidad es un proceso individual y relacional
dores de la búsqueda de igualdad
ciudadana. “La moral sexual exige
aún y siempre que el individuo se
que permite la creación de filiación(es) a través de la someta a cierto arte de vivir que defi-
interacción social, pero que también anima y hace plau- ne los criterios estéticos y éticos de la
sible el fomento del desarrollo moral (avance cognitivo y existencia, pero este arte se refiere
cada vez más a principios universa-
emocional) de los seres humanos a través de la valora-
les de la naturaleza o de la razón, a
ción de la identidad y la autonomía personal como los que todos deben plegarse de la
orientadores de la búsqueda de igualdad ciudadana. misma manera, cualquiera que sea
su estatuto” (Foucault, 1987).
autonomía y nuestro poder de autodirección, el
compromiso de propiciar espacios abiertos y
dinámicos de conocimiento, análisis y trata-
miento de aspectos del ámbito privado de las
personas, como la sexualidad y su relación con
la subjetividad –como búsqueda de esencias,
terreno de conflicto y lucha, de liberación y sub-
yugación–, pero en su inmediatez generan inte-
rrogantes sobre las relaciones de éstos para con
la enunciación, garantía y acceso efectivo de los
ciudadanos gays tanto al ejercicio de derechos,
como a la actuación o la toma de decisiones
novedosas en el conglomerado social (subjetivi-
dad política).

la toma de palabra por las minorías queer es


un acontecimiento no tanto post-moderno
como post-humano: una transformación en
la producción y en la circulación de los dis-

novaetvetera113
o t r a s v o c e s

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novaetvetera115
o t r a s v o c e s

Simón Hampton Ruiz, fotografía: Correo, Noruega 2002.


Itinerarios sin Cosmos
Construcción y vivencias
de la categoría de desplazado*
Gregorio Hernández Pulgarín
Antropólogo de la Universidad de Caldas. Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Inves-
tigador al Grupo de Investigación Territorialidades de la Universidad de Caldas y profesor catedrático del Departamen-
to de Antropología y Sociología.

Paula Andrea Velásquez López


Trabajadora Social de la Universidad de Caldas. Estudiante de la Maestría en Investigación Social de la Universidad de
Buenos Aires. Investigadora del Grupo de Investigación Territorialidades de la Universidad de Caldas.

Resumen
En este artículo se analizan algunas implicaciones y consecuencias que se derivan de la construc-
ción de la categoría desplazado, las cuales se ven materializadas en marcos de acción y compren-
sión a los que están sujetos tanto las instituciones como la población afectada directa o
indirectamente con la problemática. Uno de los propósitos es develar algunos mecanismos ideo-
lógicos implícitos en el ejercicio estatal de construir la Ley para abordar la realidad del desplaza-
miento y la categoría desplazado. El otro propósito es poner en evidencia elementos que van
más allá de lo estipulado en el ordenamiento jurídico, lo cual implica enfocar la vida social de
los desplazados, a partir de representaciones sociales y de los escenarios a los que se ven aboca-
dos en sus necesarios tránsitos. Esto se concreta mediante la etnografía y la cartografía semióti-
ca, que logran mostrar in situ la problemática misma, e inscribirla en un contexto de causalidad
que permite distanciarla del aspecto circunstancial y la acerca al análisis de las lógicas y diná-
micas específicas de una colectividad inscrita en un territorio, como resultado de la combina-
ción de referentes simbólicos y de prácticas socioespaciales de problemáticas móviles, flotantes
y emergentes.

Palabras clave

Desplazamiento, desplazado, transposición socioespacial, vida cotidiana, resarcimiento y


ordenación.
o t r a s v o c e s

Introducción sión humana que va más allá de la tragedia e

U
no de los propósitos de este artículo es intenta buscar regularidades significativas; es
dilucidar la categoría desplazado, en decir, se constituye en una propuesta de inter-
tanto que mecanismo retórico-opera- pretación inscrita en un interés por desentra-
tivo del Estado, funcional en términos prácti- ñar algunos de los elementos (los procesos
cos para “administrar” una problemática sociales y la historicidad del fenómeno) que
social, pero inconveniente a la hora de abordar configuran la problemática y que, de paso, tra-
dicha problemática en contextos históricos y tan de dejar sin fundamentos cuestionamien-
de reconocimiento de las particularidades de tos como: ¿Es posible negar las líneas de
los procesos de socialización que tienen lugar causalidad y las consecuencias de las formas de
en la dinámica del desplazamiento. En esa organización y control social, por ejemplo,
medida, un vistazo superficial a la Ley 387 de dentro de estos difíciles procesos de movilidad
1997 es suficiente para deducir que la categoría espacial? ¿Podemos prescindir de creaciones
desplazado está inscrita en lo que Fabian culturales como aquellas que construyen los
(1983) concebiría como la utilización estratégi- vínculos con territorios sobre los cuales se cier-
ca del recurso tiempo para construir un Otro (el nen la muerte, el estigma, o una estabilidad
desplazado), en este caso, inteligible y maneja- que oscila entre lo efímero y lo duradero?
ble a partir del ordenamiento legal, pero inevi-
tablemente situado en el sin tiempo de la El gráfico 1 es una abstracción temática y
coyuntura. conceptual, por medio del cual se muestran las
diferentes posturas/discursos que configuran la
El segundo propósito lo define el interés categoría institucional y cotidiana desplazado.
por vislumbrar los tiempos y lugares del des-
plazamiento, en trayectorias que contienen la La categoría desplazado, como toda cate-
experiencia vital de los tiempos y espacios, goría, se erige como una construcción social en
tanto institucionales (enmarcados en la ley) la cual convergen elementos discursivos de múl-
como cotidianos, desde una perspectiva etno- tiple naturaleza. En primer lugar, en el marco del
gráfica y semiótica. ejercicio político del Estado Social de Derecho
que constituye el proyecto de Nación en Colom-
Ambos propósitos confluyen en la inten- bia, el poder central ha producido una serie de
ción por poner de manifiesto la necesidad de mecanismos jurídicos (ver gráfico 1) que legiti-
considerar una problemática que, en su reali- man una visión particular de las condiciones en
dad más cotidiana, está marcada por matices las cuales operan las rupturas territoriales, susci-
emocionales, desde una perspectiva en la que tadas en el curso del conflicto entre los grupos
se trascienda el marco de comprensión legado armados, visión que acoge una serie de estrate-
por la atención institucional de la tragedia. Con gias de recomposición y asistencia, encamina-
esto se busca promover la reflexión acerca del das al aseguramiento de los niveles básicos de
desplazamiento como problema histórico con bienestar que comprometen su responsabilidad
manifestaciones sociales, territoriales, políticas legislativa con las poblaciones afectadas.
y económicas que lo dimensionan. La perspec-
tiva propuesta pone en evidencia tiempos y En este sentido, es posible hablar de un
lugares del “desplazamiento” en una dimen- discurso estatal configurado a partir de ciertos

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o t r a s v o c e s

Gráfico Nº 1. Configuración de la categoría desplazado.

• Concepción jurídica del desplazado (ley 387 de 1997)


• La Organización institucional
Discurso
• Acciones concretas de recomposición
estatal • Ciudadano
• Organización de base - ejercicio ciudadano

Atención
humanitaría • Seguridad
• Insentivos Discurso
• Proyectos productivos académico
Retorno • Legalización
• Alimentación • Fortalecimiento del
• Salud capital social y humano
Configuración
• Refugio • Proceso de emigración a
de la categoría
• Rehabilitación partir de la DES-LOCAIZACIÓN
de desplazado • Empleo de emergencia Estabilización
de los actores sociales
• Fortalecimiento • Desplazado como sujeto sin
del capital social y tiempo y lugar
humano • Tierra (rural)
• Subsidio • Vivienda
• Proyectos productivos
Reubicación
• Infraestructura
• Fortalecimiento del DESPLAZADO COMO
capital social y humano SUJETO HISTÓRICO

• Relaciones familiares
laborales y de vecindaje
Discurso de la
• Actor social
cotidianidad
• Experiencia
de la alteridad

Fuente: J. Yepes y P. Velásquez (2004). Trabajo de campo. Manizales.

criterios fundamentales que se cristalizan en la Esta definición formal de la condición de


ley 387 de 1997, la cual define al desplazado los desplazados se erige como la herramienta
como: primordial que permite el reconocimiento de
una situación histórica del país. Esto implica, en
Toda persona que se ha visto forzada a un orden básico del análisis, un instrumento de
migrar dentro del territorio nacional, a
legitimación de la especificidad coyuntural de
abandonar su localidad de residencia o acti-
vidades económicas habituales porque su quienes por diversos motivos (relacionados con
vida, su integridad física, su seguridad o su crisis de índole social, económica o política) han
libertad personal han sido vulneradas o se abandonado sus territorios de origen en busca
encuentran directamente amenazadas, con
de nuevos contextos de acogida. El ser desplaza-
ocasión de cualquiera de las siguientes
situaciones: conflicto armado interno, dis- do es, desde esta retórica, la vivencia directa de
turbios y tensiones interiores, violencia alguno de los enunciados acotados en la formu-
generalizada, violaciones masivas de los lación de la ley, más allá, por ejemplo, de las con-
derechos humanos, infracciones al Derecho
diciones particulares que se derivan de la
Internacional Humanitario, u otras circuns-
tancias emanadas de las situaciones que historia individual y colectiva de los directamen-
puedan alterar o alteren drásticamente el te implicados en esta problemática. Se supone
orden público (Artículo 1). entonces, de manera preliminar, que la catego-

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o t r a s v o c e s

ría desplazado, desde el discurso estatal, es una Cuestiones de principio


categoría inclusiva –léase homogeneizante– Referirnos a la categoría desplazado trae
que cobija a una enorme diversidad de indivi- consigo varias posiciones y perspectivas que
duos y colectivos que comparten por sus con- consideramos necesario explicar para no con-
diciones actuales una cualidad jurídica común. vertir procesos históricos y estructurales en
simples hechos asociados sólo al conflicto
Para dotar de instrumentos de ejecución a armado. Esto quiere decir que tal categoría no
las políticas sociales de atención al desplazado surge como proceso sine qua non de la guerra,
el Estado ha construido además, un modelo sino que obedece a diversas realidades empíri-
organizacional representado en un aparato cas y construcciones discursivas emanadas del
administrativo encargado de operativizar la ejercicio del Estado, de instituciones de apoyo,
Ley1, esto por medio de un registro de la pobla- de la academia y de los contextos sociales. En la
ción afectada y de la canalización de los recursos concreción de dichos discursos que intentan
que hacen efectivas dichas políticas. La creación hacer inteligible esta realidad tiene un valor
de estos espacios de canalización de recursos significativo el papel de la norma; en este caso
expresa la operativización de un intrincado particular, la Ley 387 de 1997. Ésta se presenta a
cuerpo institucional, del cual hacen parte múlti- la vez como una fórmula limitada para com-
ples órganos (tanto gubernamentales como no prender el problema del desplazamiento forza-
gubernamentales) que administran las políticas do (ordenar los hechos) y como una
de reconocimiento del desplazado. Dicho cuer- herramienta útil en el manejo de la problemá-
po condiciona en gran parte las dinámicas de tica (ordenar la acción). Así mismo –y esto en
adaptación de los afectados en los contextos cierta medida constituye nuestro énfasis– la
receptores y, al mismo tiempo, facilita –en algu- norma se presenta funcional al ordenar las
nos casos– el desarrollo de actividades econó- relaciones cotidianas de aquellos sobre los que
micas tendientes al reacomodamiento de las recae el poder de la representación inherente a
poblaciones afectadas en las nuevas condicio- la categoría desplazado y sobre aquellos otros
nes, por medio de la puesta en marcha de pro- miembros (vecinos, familiares, conciudada-
gramas de capacitación y del acompañamiento nos) de la sociedad que mantienen relaciones
en la elaboración de proyectos productivos. efímeras o duraderas con éstos, en los diferen-
tes escenarios que implica esta recurrente
El intrincado marco organizativo definido movilidad.
por la Ley sólo entra en funcionamiento a par-
tir de la experiencia concreta del desplaza- Creación de la realidad del desplazamiento
miento. Dicha experiencia trasciende las ¿Podríamos afirmar de manera categórica
tipologías asignadas por las disposiciones que el desplazamiento es una realidad reciente
organizativas, y se convierte en un profuso en la historia del país, sin incurrir en un acto de
campo de significados y de relaciones sociales negación de la historia? Esta pregunta necesa-
parcialmente evidenciados en este artículo riamente desemboca en una disyuntiva funda-
mediante el uso de dos modelos de descripción mentada, por un lado, en el reconocimiento de
de una realidad (escenarios etnográficos y la similitud existente entre las formas de movi-
mapas semióticos) para pensar la dinámica del lidad generadas por las manifestaciones con-
desplazamiento desde otras orientaciones. flictivas sucedidas a lo largo de la historia del

120novaetvetera
o t r a s v o c e s

país y, por el otro lado, en la aceptación (por la sobre la población que recibe esta denomina-
eficacia simbólica) de la creación de una ción. Una condición adicional de esta catego-
“nueva” realidad, mediante el contundente ría, esbozada en la pregunta formulada en
acto de proclamación de una Ley que supone párrafos anteriores, alude a su particularidad
dotar de cualidades la realidad específica que para erigirse en acto fundacional de una reali-
se está tratando, y darle la apariencia de nove- dad en apariencia nueva.
dosa.
Al margen de la intención de los legislado-
Referir la historia de los conflictos políticos res, la Ley 387 de 1997 ha propiciado una ruptu-
es manifestar múltiples y frecuentes formas de ra de la continuidad histórica y la fragmentación
movilidad poblacional en Colombia. Las dispu- de un fenómeno de insoslayables consecuen-
tas entre conservadores y liberales del siglo XIX cias: el desplazamiento. En términos pragmáti-
y la manifestación posterior de esta eterna con- cos, la ley tiene una justificación razonable al
frontación en la “violencia política” de media- facilitar (restringiendo e incluyendo) la aten-
dos del siglo XX constituyen apenas dos hitos ción, es decir, la búsqueda de un resarcimiento
del desarraigo de una larga historia de desplaza- eficaz. Sin embargo, ese énfasis en la atención
miento. Los procesos de crecimiento poblacio- favorece la negación de los procesos estructura-
nal de las ciudades acaecidos durante el siglo les que se encuentran en relación directa o indi-
pasado estuvieron signados por disputas que recta con el tipo de movilidad poblacional que
implicaban un control territorial. Esta movili- nos interesa abordar aquí. Así las cosas, el marco
dad poblacional a través de la deslocalización de acción definido por las normas jurídicas ins-
inducida ha implicado la fractura de la conti- piradas en principios del pragmatismo y de una
nuidad de la vida social en un contexto de vida particular visión humanística ha tendido a una
“inicial”, y la construcción de referentes signifi- reducción de la dimensión humana, en la que el
cativos y relaciones duraderas en los lugares de sujeto de la Ley, reconocido como “desplazado”
instalación y de adaptación posteriores. Las aparece, paradójicamente, como un actor sin
poblaciones deslocalizadas por las numerosas historia. Así, el fenómeno mismo del desplaza-
confrontaciones que han tenido lugar en la his- miento es desprovisto de un sólido vínculo de
toria del país, llamadas migrantes, a falta de una causalidad o de continuidad, y se lo inserta en
nominación legal que instaure un reconoci- categorías que se refieren concretamente a los
miento particular de este problema social, hoy momentos de urgencia, emergencia y restable-
han recibido el bautizo institucional (con el aval cimiento.
del ordenamiento jurídico) que las designa
como “desplazadas”. El contenido retórico de la condición de
“desplazamiento” es, a su vez, un instrumento
La categoría desplazado es ambivalente. de legitimación de la especificidad coyuntural
Por un lado, se convierte en un instrumento de de quienes han abandonado forzosamente sus
discriminación positiva mediante el cual se territorios de origen en busca de otros escena-
busca el resarcimiento por parte del Estado rios de acogida. El ser desplazado constituye,
para una población cuyos derechos, por acción desde esta retórica, la vivencia directa de algu-
u omisión, han sido vulnerados. Por otro lado, no de los enunciados acotados en la formula-
se convierte en un estigma social que recae ción de la Ley, más allá, por ejemplo, de las

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o t r a s v o c e s

condiciones particulares que se derivan de la da, “ejerce el monopolio de la narración de las


historia individual y colectiva de los directos múltiples realidades regionales”. Esta concep-
implicados en esta problemática. No es difícil ción es acogida, con ciertos matices, para inter-
inferir, desde lo anterior, que la categoría des- pretar la ley en mención. No obstante, es
plazado halla su operatividad en la condición necesario precisar que, ante lo inevitable de
inherente a la Ley: la homogeneización, es este proceso ideológico de la construcción de
decir, la cualidad y necesidad de reunir en una una realidad concreta, sobrarían las críticas
realidad ideal a una enorme diversidad de indi- hacia un ordenamiento jurídico que, entre
viduos y de grupos sobre los que recae la cons- otras cosas, resulta operativo para administrar
tricción de un ordenamiento jurídico común. la complejidad del problema.

El argumento esbozado hasta ahora, sobre La autonomía condicionada


la capacidad de la Ley para construir una reali- por la categoría desplazado
dad desprovista de historia, carece de cual- La decisión, forzada o automotivada, de
quier pretensión iconoclasta: no es una crítica hacerse móvil dentro de un plano cartesiano
al Estado o a un gobierno en particular. Se trata implica siempre traer consigo bagajes desde el
de una propuesta en la que se hace necesario punto A, que afectarán la estancia en los pun-
comprender algunos mecanismos que inter- tos B o C de transición o de arribo. Cuando
vienen en la construcción de categorías de pensamos en bagajes, es evidente que no esta-
inclusión y de representación social como lo es mos figurándonos sólo las formas cargadas de
la de desplazado. Para tal efecto, y con el fin de melancolía que lleva el viajero, o los planifica-
sustentar dicha tesis, se presentan los argu- dos bienes que transporta el turista, estamos
mentos de dos autores que aportan claridad hablando de objetos de memoria a partir de los
sobre el tema. Fabian (1983) propone el con- cuales se definen las particularidades cósmicas
cepto de alocronía para referirse a la construc- y geográficas determinantes en la construcción
ción de un ámbito de pensamiento vacío de del sujeto movilizado en un plano. Esta cons-
historia, que resulta funcional en términos de trucción está mediada por dos condiciones
los propósitos perseguidos por la construcción inherentes a las situaciones del extrañamiento
discursiva hecha en dicho ámbito. Si bien su geográfico: la evocación del territorio que
crítica se refiere concretamente a la construc- ahora es lejano –menos en sus referentes sim-
ción sin consideración del tiempo de la teoría bólicos que en la recurrencia cotidiana a los
antropológica, su aplicabilidad resulta eviden- espacios que constituyen la elaboración
te en un contexto de creación discursiva igual- demarcativa y subjetiva de aquello que llega a
mente normativo y mucho más funcional, ser territorio–, y las contingencias relacionales
como lo es el del derecho. Siguiendo esta tradi- que determinan las nuevas dimensiones que
ción de pensamiento, próxima a los cuestiona- van definiendo culturalmente los espacios de
mientos hechos por Foucault a la carga política destino. Este último proceso oscila (en virtud
inherente a los discursos que construyen la del tiempo y de los sucesos que permiten la
modernidad, se podría inscribir el segundo sedimentación de sentidos atribuibles al espa-
argumento. Según Cárdenas (2002, p. 39): “la cio) entre la construcción de un lugar y la
Ley es una realidad que se cuenta para institu- vivencia distante y casi anodina de un sin lugar,
cionalizar el olvido”, el derecho, en cierta medi- en los términos que lo entiende De Certeau

122novaetvetera
o t r a s v o c e s

(2000), es decir, espacios cargados de una deci- gía occidental y su estructura jurídica, como la
dida ausencia de significación en muchas de libertad de quedarse en sus predios bajo unas
las acciones emprendidas por los usuarios de mínimas condiciones de seguridad garantiza-
lo que, en estos términos, llega a ser primor- das por el Estado. Posterior a los impedimentos
dialmente una extensión geográfica escasa en para quedarse en sus espacios culturizados, la
hitos potencializadores de la creación cultural, partida de los “desplazados” está marcada una
para quienes sus referentes están más ubica- vez más por determinantes externos que dan
dos en los predios de una evocación melancó- forma a las trayectorias sucesivas y a la experi-
lica que remite a las ideas de los lugares mentación de otros escenarios problemáticos
abandonados. (de confrontación con vecinos, de alienación).

El desplazarse como consecuencia de esas Instituciones como la Red de Solidaridad


constricciones que confluyen en los dominios Social o las redes sociales y de parientes son
de lo bélico, lo político, lo territorial y lo econó- algunas de las instancias que generan y repro-
mico es una forma de extrañamiento signada ducen la heteronomía de los “desplazados”,
por la marginalidad, por la exclusión y por una dada la necesidad de acudir a ellas. Las condi-
extrema heteronomía2, condiciones detonan- ciones heteronómicas en las que se toman
tes de una construcción de circuitos de movili- decisiones inherentes al desplazamiento forza-
dad (y de restablecimiento) indeseados, do devienen transformaciones de los universos
carentes de las proyecciones y estrategias nece- simbólicos e implican la generación de expec-
sarias para la organización previa del itinerario tativas y conductas objetivamente ajustadas a
de los “desplazados” y, en consecuencia, coad- frágiles y cambiantes condiciones sociales
yuvantes en la desestructuración de un mundo caracterizadas por los tránsitos que tienen
que difícilmente puede ser reorganizado a tra- lugar en los desplazamientos forzados. En
vés de formas similares a las contenidas por dichos tránsitos se va definiendo un sujeto, a
aquellos que estaban delimitados por sus luga- través de la puesta en juego de algunos referen-
res de partida. tes de identificación y desde la aprehensión y
dotación cognitiva del orden/caos a la exterio-
En este punto es vital destacar el papel de ridad. Estos recorridos de lo que se ha dado lla-
la heteronomía. Ésta tiene lugar en diferentes mar desplazamiento forzado implican una
momentos de la vida de los “desplazados”, aun periódica segregación de alteridades, y la nego-
desde antes que adquieran esta condición- ciación o la imposición discursiva de percep-
estigma. Una vez los actores (militares, guerri- ciones del Otro, como causa y consecuencia de
lleros, paramilitares) y factores (hostigamientos, la exclusión.
miedo, desestructuración económica) del con-
flicto hacen su aparición (desde luego nunca Representaciones y escenarios disímiles
espontánea) en zonas rurales de los municipios determinados por la categoría
de Pensilvania, Samaná, Riosucio o en cualquie- desplazado
ra de los municipios donde la situación de des- Una manifestación de la compleja urdim-
plazamiento es álgida, se restringe la capacidad bre de conexiones existentes entre los diversos
de decisión de los individuos y de las familias, niveles de causalidad (social, territorial, econó-
incluso en asuntos fundamentales en la ideolo- mica y política) y las múltiples consecuencias,

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o t r a s v o c e s

se ubica en un plano de análisis etnográfico, en armados3 y los factores de desestabilización. En


el cual es posible evidenciar, por ejemplo, las los discursos testimoniales y narrativos de la
constricciones políticas institucionales, pues- población en desplazamiento, la recurrencia a
tas en juego con las disposiciones consuetudi- estos referentes idílicos que dan forma pretéri-
narias, tanto en un espacio de relaciones, de ta al topos original es escasa. Estos escenarios
encuentros y desencuentros (espacio social), tienen cierta correspondencia con las expecta-
como en el espacio geográfico. La perspectiva tivas de retorno a ese lugar incorrupto por la
etnográfica es complementada con la utiliza- acción de los agentes del desorden. Así, su evo-
ción de mapas semióticos, es decir, con planos cación se halla limitada a los intersticios que le
de representaciones múltiples en los que con- deja un discurso construido usualmente en
vergen productos (discursos, percepciones, torno a un pasado inmediato, un presente
concepciones) de procedencia disímil (institu- doloroso y un futuro incierto.
cionales, cotidianos, académicos). Dicha con-
junción analítica y metodológica, que se En conversaciones sostenidas con sujetos
presenta a continuación, pretende ofrecer un que han experimentado la emigración forzosa,
asidero empírico, que permita desentrañar prima la evocación de eventos que han resulta-
algo de esa realidad, constituida en parte por el do relevantes en la situación problemática del
discurso institucional, en parte por la práctica desplazamiento que se ha venido naturalizan-
social. do, al tiempo que se han satanizado sus suje-
tos; es decir, un segundo escenario que
Escenarios alternativos desde la etnografía connota un estado de fragmentación. Los dis-
La vida social de los “desplazados”, una vez cursos constantemente remiten a los momen-
inician su recorrido, está signada por el cambio tos inmediatos al desplazamiento, a las historias
continuo de espacio. Un ejercicio analítico per- desgarradoras que marcan la fractura de la coti-
mite sistematizar algunos momentos significa- dianidad y la discontinuidad de los espacios de
tivos dentro de esas trayectorias que pueden vida (Di Méo 1998), o lo que es lo mismo, aque-
organizar la vida de los “desplazados”. Sugeri- llos espacios frecuentados y recorridos con cier-
mos la utilización del término categorías de ta regularidad.
transposición socioespacial de la población en
situación de desplazamiento, como una herra- Un vecino que nosotros teníamos, lo martiri-
zaron los paracos, lo pensaban matar, los
mienta útil para comprender cuatro escenarios
paramilitares, si pues, esa gente, no sé, como
temporales diferentes, que articulan los con- que cualquier problemita, cualquier defecto
juntos de representación a través de los cuales que tenga una persona le dan un escarmien-
se hace objetivable una porción de la compleji- to, a unos inclusive hasta los mataban, es una
tortura, que mejor dicho, los niños quedan…
dad del orden adquirido en dicho recorrido. El
a mi hermano le dio muy duro. Mi hermano
primer escenario es el de las condiciones pre- cuado llegó por acá… él venía del colegio y
vias al desplazamiento, un pasado idílico que tenían un señor amarrado frente al colegio, a
narra los lugares originales a través de discur- él le tocó ver y todo. Después a la media hora
que quedaba la casa de nosotros, en un filo,
sos y representaciones, en los que se excluyen
unos quince minutos antes, después allá en
(o por lo menos se atenúan mediante el discur- el filo, estaban también los paramilitares,
so) las condiciones inmediatas al desplaza- entonces pues a él le dijeron que él no podía
miento, esto es, las presiones de los actores seguir, y les contestó que por qué no podía

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o t r a s v o c e s

seguir a la casa de él, y no, que no podía


seguir, y se le llegó como hasta las seis y trein- referentes de conflictividad y de transgresión
ta de la tarde, y lo tenían detenido en un palo, relacionados con el momento de ruptura, van
contra un filo, y no, no lo dejaban venir, si no ordenando en sus esquemas de valoración y de
lo dejaban pasar, y como ese caso, es que no clasificación del Otro, al desplazado, como un
tiene sentido uno contar, ese caso se veía a
diario, de detener estudiantes, de los niños agente de caos, perturbador, signado por las
que si se han muerto, tenerse que quedar contingencias de su propia génesis.
callado el que estuviera viendo, muchos
casos así (Entrevista Trabajo de Campo. A. S., Las complejas circunstancias que rodean
adulto. Manizales, 2004).
los desplazamientos forzados y los discursos de
La casita la dejamos allá con la mayoría de evocación de la fragmentación del desplazado
cosas (...) en esos mismos tiempos fue en que generan múltiples efectos. Uno de ellos es movi-
mi hermano pues ya decía “no voy al colegio lizar una vasta y poco eficaz estructura burocrá-
porque eso está muy peligroso”, y que uno lo tica estatal5 con la que se pretende hacer frente a
tenía que dejar y que inclusive la profesora
tenía que mandar a decir que no los manda- una situación dramática, no sólo por los conte-
ra. Y en esos mismos tiempos se oyó un nidos de las historias particulares y familiares,
comentario, que donde vivieran más de tres sino por la cantidad de éstas y por el panorama
hijos se llevaban dos, o hasta los tres, y en la que parece calcarse del presente desolador. Otro
casa éramos seis, claro que todos no queda-
mos bajo condición de desplazados, porque efecto que se puede identificar es aquel relacio-
unos se vinieron adelante, pues, uno se casó nado con la generalizada construcción de
y se vino y así, se habían ido los que igual- nociones tipificadas en torno a ese desorden
mente veían por mi mamá (Entrevista Traba- primordial del que hablábamos atrás y del cual
jo de Campo. Adulto. Manizales, 2004)
emana la condición ontológica del desplazado.
Castillejo plantea la construcción del desplaza-
La recurrencia en los relatos sobre las cau- do como una “alteridad radical”, como aquel ser
sas inmediatas del desplazamiento pone en distante, “irreconocible” e “indefinible” en el
evidencia, por un lado, las persistentes huellas espacio social; como elementos de una taxono-
memorísticas resultantes de la significación de mía des-historizada, tipificada, repleta de sím-
los dispositivos de fractura social, de extraña- bolos de alteridad construidos por ejemplo a
miento geográfico y, en consecuencia, de caos, partir de su misma condición de usurpador de
ante la alteración de los códigos que ordenan la espacios que escasamente fueron planeados
vida cotidiana. Por el otro lado, permite apre- para él (2000, 130-148), pero también por su
ciar cómo paulatinamente dichos relatos van incorporación en el cuerpo social del caos y de la
articulando referentes de identificación-estig- tragedia puesta en escena cotidianamente
ma del desplazado, y cómo este fluye a través mediante el discurso explícito expresado frente
del discurso explícito4, un discurso que poco a a aquellos que los interpelan en diferentes con-
poco y con el concurso de las instituciones de textos de acción simbólica: en una entrevista
apoyo (tanto gubernamentales como privadas con un etnógrafo, en la interacción en los
o del tercer sector), inevitablemente se va capi- barrios, y sobre todo, frente a funcionarios de las
talizando en los imaginarios de la población instituciones que les prestan atención.
desplazada y de los Otros, sus próximos pero
distantes vecinos, los habitantes de las ciuda- La evocación de la fragmentación es pues
des y de los pueblos, quienes basados en esos una representación que imbrica el espacio y el

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o t r a s v o c e s

tiempo en un proceso de subjetivización. La este escenario de itinerancia-desarraigo está


construcción metafórica sobre estas categorías marcado por la multivocalidad perceptiva de lo
desde la proyección existencial de los “despla- que es un espacio de tránsito (para los “recién
zados”, está cargada emotivamente de una llegados”), o un espacio históricamente dotado
fatalidad en torno a la cual espacio y tiempo, de sentidos para otros (los habitantes usuales).
fragmentados por las causas del desplazamien- Dicha multivocalidad encierra tensiones y dis-
to y por la emigración misma, resultan poten- paridad en las representaciones que se generan
cialmente desdeñados, en contraste con lo que tanto del espacio mismo, como del Otro con
ocurre con las evocaciones idílicas que apare- quien está en juego en el espacio social desde
cen con el implícito deseo de retorno. donde se construye una vida cotidiana que ha
sido fragmentada con el solo encuentro:
El tercero de los escenarios temporales en
que tienen lugar las categorías identificadoras [...] en una ocasión nos sacó sacados a la calle
en momentos que no teníamos pues nada,
de transposición socioespacial, es el de los des-
nada con qué colaborar nos sacó. Ha sido
plazamientos transitorios previos a la “conso- muy duro para nosotros todo eso, y, y tener
lidación y estabilización socioeconómica”6, es que volver a pedir, tener que volver a pedir
decir los momentos inherentes a la ausencia de que nos dejen estar ahí por las niñas ha sido
todavía más duro. (Entrevista Trabajo de
sedimentación de las rutinas constitutivas de la
Campo. Adulto. Manizales, 2004).
vida cotidiana (Juan, 2000; Lefebvre, 1972; Lin-
dón, 2000).
Otra desplazada forzada mostraba la tena-
En esta etapa donde la itinerancia se hace cidad de la ciudad para con los itinerantes o los
más evidente, es imposible establecer un sólido foráneos:
vínculo con el espacio físico y solidificar los ele-
mentos constitutivos del espacio social que El que llega a la ciudad es como arrimado...
la ciudad es buena para las personas que tie-
implicarían una relación medianamente armo-
nen su casa, trabajo y que han nacido y se
niosa entre individuos y colectivos poseedores han criado acá; no así como pa’ nosotros
de acervos culturales disímiles. Se estaría frente que estamos enseñados, nacidos y criados
a una ausencia de cosmos, emergente por el vér- en el campo, es duro, para mí es duro.
(Entrevista Trabajo de Campo. Adulta. Mani-
tigo de las migraciones y las tensiones manteni-
zales, 2004).
das en los espacios “usurpados” por los
“desplazados”. Esto no implica una concepción
del espacio a manera de categoría vacía –una No es, pues, el espacio donde tiene lugar
obsecuente tabula rasa– de dinámicas de poder la mise-en-escène de las tensiones y construc-
y desprovista de algunos trazos reveladores de ciones inherentes a este escenario –que
construcciones culturales de quienes lo han hemos denominado de itinerancia y desarrai-
ocupado históricamente. Por el contrario, es evi- go– una simple extensión física y geográfica
dente que, como lo plantea Lefebvre: “el espacio que contiene cuerpos desprovistos de histo-
es político e ideológico. Es un producto literal- rias (mancilladas, arraigadas, enaltecedoras, y
mente lleno de ideologías” (citado en Oslender, en general, divergentes y diversas por las par-
2000, 194). El matiz adquirido por los encuen- ticularidades propias del evento) y de inten-
tros (resultaría más acertado desencuentros) en ciones marcadas que entran en la dinámica

126novaetvetera
o t r a s v o c e s

social de restablecimiento fugaz, pero a su vez plazados” que ven desarticularse las redes
de ruptura, de las rutinas de la cotidianidad. En sociales constituidas de antemano, que servían
los espacios de habitación transitoria se radica- de soporte para esa lógica de la cotidianidad,
liza la demarcación de fronteras contorneadas importante por contener los sentidos del
por la creencia en ciertos “derechos inmanen- mundo social y como medio eficaz en el man-
tes”, que se sobreponen a las disposiciones lega- tenimiento de las condiciones materiales de la
les de propiedad y de ocupación de los suelos existencia.
que definen el “uso del territorio” (en términos
jurídico-administrativos). Pero
esta radicalización de fronteras, en
tanto que es una manifestación de
conflicto social devenido de la
L as instancias gubernamentales rela-
cionadas con la atención (de emergencia: alimentación,
causa y distribución de derechos y
albergue, educación y salud), operan de manera contin-
deberes del espacio (García,
1991b), también revela la existen- gencial y coyuntural, que muchas veces resultan no ser
cia de ciertos atenuantes de la ten- útiles en la solución de la repetida itinerancia.
sión, que no alcanzan a engendrar
ninguna fuerte cohesión entre los antiguos El cuarto escenario aludido aparece más
pobladores y aun entre emigrantes-itinerantes, difuso al estar marcado por una mayor indife-
quienes, a pesar de poseer como elemento rencia de quien ahora no es afectado y por la
común la condición-estigma de “desplazados”, desesperanza del receptor de un don7 muchas
provienen de espacios diversos. Los atenuan- veces indeseado o de consuelo ante la pérdida
tes de la conflictividad por el uso del espacio total y la obstinación por seguir adelante. La
(usurpación desde la perspectiva de algunos indiferencia se sobrepone a la lástima y al repu-
de los protagonistas) son débiles y adquieren dio generado por seres andrajosos y mendican-
la forma poco duradera de caridad entre los tes que fragmentaban la plácida continuidad
forzados vecinos (lo que se evidencia aun en de los ritmos de la ciudad. El “desplazado”
los casos más o menos reiterados de acogida parte con su estigma de nuevo a su territorio
de familiares o de acogida por vecindad o afi- (que no será el mismo de siempre), o hacia un
nidad previa). nuevo predio ambiguamente representado
como espacio que se irá codificando cultural-
Las instancias gubernamentales relacio- mente, con la necesaria evocación emotiva de
nadas con la atención (de emergencia: alimen- la nostalgia propia del desterrado, y deja de
tación, albergue, educación y salud), operan de lado la “ausencia de cosmos” de los dos escena-
manera contingencial y coyuntural, que rios anteriores, es decir, halla la posibilidad de
muchas veces resultan no ser útiles en la solu- dotar de orden un espacio que empieza a ser
ción de la repetida itinerancia. El carácter apropiado.
“inesperado” del desplazamiento forzoso (por
la percepción de quienes apoyan, su falta de Este cuarto escenario está enmarcado en
herramientas que garanticen el control del las políticas de consolidación y estabilización
territorio, en términos del derecho) signa de socioeconómica, definidas en la Ley 387 de
inestabilidad y fragilidad la vida de unos “des- 1997 como las acciones y medidas de mediano

novaetvetera127
o t r a s v o c e s

y largo plazo dirigidas a generar condiciones de El retorno que han prometido, mucha gente
sostenibilidad económica y social para la se ha ido por las promesas de ayuda pero el
gobierno no les ha dado ninguna retribución,
población desplazada, en el marco del retorno
que sí, que vuelvan que por allá están las
voluntario o del reasentamiento en otras zonas mejores ayudas, pero no, que le dan remesa
rurales o urbanas. por seis meses, que le dan a uno machetes;
pero hay mucha gente que no se va, hay
mucha gente que dice que no vuelve por allá.
Se trata de un don otorgado desde el ejer-
Póngale cuidado, es que a principiar de
cicio legal, que adquiere diversas connotacio- nuevo, fincas acabadas, los cafetales todos
nes. En primer lugar recordamos con Cárdenas acabados, ya con uno o dos años casi... Si le
que “la ‘Ley’ hablando ante el presente, efectúa dan guadaña de pronto, con guadaña sí. Para
ver que en dos años vuelva la violencia y vuel-
el simulacro de evocar el pasado con la preten-
va y sálgase porque no, otra vez desplazado,
sión de ofrecer la felicidad y la abundancia del perdiendo plata y todo eso; lo que trabaja
porvenir” (2002, 33); en esa medida, las institu- uno en un año lo pierde en un rato. Y el Esta-
ciones que encarnan el discurso legal conside- do muy contento, es que ellos viviendo bien
[…] (Entrevista Trabajo de Campo. Adulto.
ran la dotación de la vivienda (bien mediante
Manizales, 2004).
las modalidades de reubicación o de retorno) y
el restablecimiento de las condiciones de vida
(redes familiares y sociales, empleo, acceso a El carácter de don indeseado aparece en
servicios básicos) como la solución definitiva a este tipo de casos, o en aquellos en los que ni
los problemas de los “desplazados”. Esto tiene siquiera se puede garantizar la vida de quienes
varios matices que pasan por la necesaria reali- retornan, porque para nadie es un secreto que
zación del sin lugar de la ley. Los recursos con se han presentado casos de personas que lo
que cuentan las instituciones para atender el han hecho y han sido asesinados. Un rechazo
desplazamiento, que sólo en el Departamento similar a lo otorgado dentro de la lógica de res-
de Caldas supera las 20.000 personas en 5 años, tablecimiento de las condiciones socioeconó-
no permiten operativizar todo lo planteado en micas tiene que ver con la imposibilidad de
la ley; en esa medida, los programas y planes regresar a las tierras dejadas atrás. Este caso ha
resultan insuficientes en la resolución de los sido más recurrente entre unos “desplazados”
problemas afrontados por los pobladores. que ven cómo sus territorios siguen inmersos
en la lógica del conflicto, independientemente
Por otra parte, el retorno, en ocasiones de sí se han sumado o restado actores.
(principalmente en los desplazamientos indi-
viduales o “gota a gota”), plantea problemas a La insatisfacción parece ser el común
algunos campesinos, que cualifican y dan sig- denominador de este cuarto escenario, en
nificado de diversas formas al espacio poten- buena medida por la espera de lo utópico, pero
cialmente recuperable. Así, la idea de que todos principalmente porque las huellas dejadas por
los desterrados sueñan con regresar a sus tie- el proceso de desplazamiento (causas y conse-
rras es un equívoco cuando se considera la pro- cuencias) son ineluctables. No hay posibilidad
babilidad de que la evocación del lugar de de restituir al sujeto alguna condición anterior
deslocalización esté signada por imágenes de a la desencadenada por el fenómeno. La histo-
destrucción y de caos que orientarán la percep- ricidad imprime en el desplazado categorías
ción de dichos lugares: devenidas de una experiencia sensible evoca-

128novaetvetera
o t r a s v o c e s

dora del desorden, de la desesperación y la des- académica, que permite una mejor compren-
esperanza. sión, sin ser condición indispensable en la
representación cartográfica semiótica.
Juegos sociales de la instalación y la adaptación
desde la perspectiva de los mapas semióticos Como se muestra en el mapa 1, elaborado
Los mapas semióticos constituyen, en este para abordar algunas dinámicas del desplaza-
caso, una modalidad de comprensión del miento en la ciudad de Manizales entre los
orden instaurado en los contextos de desplaza- años 1999 y 2003, hay un ejercicio de múltiples
miento. Se basan en la superposición de múlti- representaciones: por un lado, el mapa mismo
ples representaciones que permiten apreciar expresa diferentes situaciones de interés en la
en diferentes escalas, colores y símbolos, la rea- configuración de esa realidad particular; por el
lidad y traduce el discurso textual, oral y proxé- otro, está la representación académica que
mico a instancias de imagen que vuelven trata de ahondar en matices, ya no desde el
accesible (a quienes han vivido la experiencia símbolo, sino desde el concepto .
en forma directa y a funcionarios, por ejemplo)
la realidad representada en esas formas discur- La interpretación del mapa semiótico
sivas, sin perder la complejidad de las dinámi- parte nuevamente de la consideración del
cas sociales. Además, sigue siendo posible la “desplazado” como Otro; esto, en términos del
ampliación de esa lectura mediante la exégesis mínimo de conocimiento y vivencias compar-

Mapa 1. Dinámicas de recepcion y adaptación del desplazamiento en Manizales.

Fuente: Trabajo de campo, 2003-2004.

novaetvetera129
o t r a s v o c e s

tidas con los afectados, y la estigmatización8 da en la ciudad de Manizales (ver mapa 1) obe-
que los representa en los discursos locales. Así, dece a diversas manifestaciones de dichas con-
los “desplazados” deben adoptar formas alter- frontaciones. Las múltiples direcciones de las
nativas que les permitan insertarse en los espa- flechas observadas en el mapa 1 son posibles en
cios a los que llegan, evitando aludir a su virtud de factores diversos (objetivos y subjeti-
condición jurídica –es decir, su condición de vos): los relatos que indican la percibida “falta
“desplazados”– en su trato cotidiano. Eminen- de oportunidad para los desplazados”, un cierto
temente excluyente, el discurso de la cotidiani- confinamiento a sectores periféricos y margina-
dad en los lugares de llegada y de instalación les y el establecimiento de redes de relaciones
atribuye una suerte de doble condición a la en los ámbitos familiares, laborales y de vecin-
categoría que nos convoca: por una parte, ins- dad que posibilitan (o dificultan) un cierto
trumento de reconocimiento jurídico, por otra, grado de legitimidad a habitantes (definitivos o
fuente de exclusión y representación estigmati- temporales) de un espacio determinado.
zada de la población itinerante.
El establecimiento de fuertes redes, la
En este nivel es necesario abordar la cons- posibilidad de acceder a un medio de vida con
trucción de la otredad como la posibilidad de relativa estabilidad y la valoración subjetiva de
que existan referentes estatuidos para generar las condiciones “reales” por parte del “despla-
redes de vecindad, actores sociales y de tomar zado” dan forma al surgimiento de prácticas
posesión de y posición en un nuevo espacio. nuevas asociadas a la adaptación de la pobla-
Aquí los conceptos del otro enemigo, el otro ción. Esta adaptación dista mucho de ser el
extraño y el otro mismo son útiles para propor- acto mecánico de perduración en el espacio
cionar un juego teórico y social que sustenta la geográfico. Si se entiende el espacio social
condición sociocultural de la transformación como el conjunto de posiciones socioespaciali-
del territorio. Dicha transformación está dada zadas, construidas y representadas por los
por la negación de la otredad (diferencia cultu- actores desde su cotidianidad, podríamos decir
ral), de la mismidad (principio de ser humano que mediante la adaptación se adquiere un
que nos hace comunes) y de la alteridad (el cierto posicionamiento dentro de las condicio-
paralelismo identitario que nos permite reco- nes emergentes en la coyuntura del “desplaza-
nocernos como distintos en y a través del otro miento”. Esto posibilita al afectado el acceso a
en colectivo o individual) en las relaciones nuevos espacios como persona, es decir, como
establecidas entre las poblaciones designadas legítimo miembro, representado, ya no en refe-
con el rótulo de “desplazados” y otras poblacio- rencia a la identidad suministrada por el Esta-
nes obligadas a asumir el encuentro. do, sino en referencia a su lugar en los campos
familiares, laborales y de vecindad, entre otros.
Dichas confrontaciones sutiles están aso- En esa medida, el mapa 1 muestra la adapta-
ciadas con características estigmatizadas ción en ubicaciones específicas del plano de la
–“peligroso”, “pobre”, “delincuente”, entre ciudad de Manizales, donde hay una marcada
otros–, y tienen que ver con la posibilidad de frecuencia de los factores que posibilitan esta
insertarse de una u otra forma en los espacios nueva condición del “desplazado”. Se convierte
de instalación. Así las cosas, la marcada itine- en un instrumento para desgeneralizar la ciu-
rancia de la población “desplazada” evidencia- dad (o los barrios marginales) como “lugar

130novaetvetera
o t r a s v o c e s

informe de acogida”; a partir de un ejercicio de como propias y no desde dependencias más


disgregación cualitativa en el que se pueden globales y complejas en la sociedad. Este ejerci-
localizar tanto los discursos cotidianos que dan cio del “desplazado” puede constituir, en suma,
cuenta de esa forma importante de condición una experiencia movilizante que le permite
de identidad constituida por la adaptación, apropiarse de esa nueva vida.
como de algunas condiciones objetivas subsi-
diarias de este proceso. El pensar los tránsitos del “desplazamien-
to” atendiendo a condiciones subyacentes y
Siguiendo un orden de exposición que no yuxtapuestas a los programas concretos de
se atiene a la secuencia deslocalización-llega- atención humanitaria permite trabajar a partir
da-instalación-adaptación, referimos nueva- de la “historia incorporada”, por medio de la
mente los sitios de llegada ubicados en el mapa cual los “desplazados” diferenciados –no pen-
semiótico como aquellos donde hay una con- sados como una masa problemática– repre-
junción de factores subjetivos aunados a la pre- sentan el pueblo, la ciudad o el Estado mismo,
sencia de las instituciones que forman parte de como una cuestión colectiva y no como la
la respuesta estatal para mitigar o resolver la separación aislada de la atención parcelada en
magnitud de esta problemática. En estos sitios inmediato. Por otro lado, sería más productiva
se promueve un nivel básico de ciudadanía, la inversión de todo tipo si los programas, más
posibilitado por la categoría desplazado, allí se que a resolver lo circunstancial del problema
empieza a concretar el nuevo orden subyacen- durante largos periodos –cuando en realidad
te a la construcción normativa de “miembros forman parte de un primer momento–, se
legítimos”, algo inobjetablemente relevante en encaminaran a superar la concepción del
la dimensión identitaria y jurídica que les per- “lugar prestado”, por la de inserción en un
mite ser nombrados como ciudadanos en hábitat. Esta inserción debe estar concebida
derecho. desde el actor social activo y gestor de una
reconfiguración territorial a gran escala, como
En general, las representaciones zonales, es la ciudad o el pueblo, y a menor escala,
puntuales y lineales de este mapa semiótico como lo es la comuna o el barrio.
permiten apreciar las condiciones para esta-
blecer nuevos modelos de apropiación de los Esto si se tiene en cuenta que el “desplaza-
espacios, que, a su vez, a través de la incorpora- do” asume la realidad sociocultural del territo-
ción de los referentes culturales (históricos, rio histórica, ideológica, económica y
simbólicos, identitarios y territoriales) apre- políticamente, a partir de su singularidad, de
hendidos en el proceso de desplazamiento, sus referencias y consecuencias. En esa medi-
permiten “fabricar el ahora”, y se implican en da, el ejercicio de la ley orienta muchas de estas
una suerte de combinación de las experiencias disposiciones, pero no tiene que convertirse en
vividas. De allí se desprenden unas ciertas el único lente para abordar la problemática, así
ganancias pedagógicas territoriales, es decir, como no se convierte en la única fuerza dina-
asumir poco a poco que se está en tierras dis- mizadora de la vida social de estas poblaciones.
tintas con una reglamentación y consuetudi- Esta amplitud en la comprensión, si se hiciera
nariedad igualmente diferente, hecho que general, muy probablemente alejaría a ese que
induce a los “desplazados” a ver sus situaciones aún denominamos inapropiadamente “despla-

novaetvetera131
o t r a s v o c e s

Oslender, U. (2000). Espacializando resisten-


zado”, del lugar del estigma, de la negación y de
cia: perspectivas de espacio y lugar en las investiga-
la reducción a un frío indicador; en últimas, le ciones de movimientos sociales. En: E. Restrepo y
restituiríamos una dimensión humana que va M. V. Uribe (eds.), Antropologías transeúntes. Bogo-
más allá del drama. tá: Icanh.

Referencias Ramírez, M. (2003). Cosmografías del miedo


Cárdenas, H. (2002). Las máscaras de la verdad en Manizales. Imaginarios sobre territorios urba-
o las voces de la mentira. Virajes 1 (5), 32-44. nos. En: A. M. Morales (eds.). Territorios ilimitados.
México: Universidad Autónoma del Estado de
Castillejo, A. (2000). Anatomía de la intimidad. Morelos – Universidad Autónoma Metropolitana,
En E. Restrepo y M. V. Uribe (eds.), Antropologías 335-344.
transeúntes. Bogotá: Icanh, 117-152.

De Certeau, M. (2000). La invención de lo coti- Notas


diano. Artes de hacer. México: Universidad Iberoa-
mericana-Instituto Tecnológico y de Estudios * Este artículo se realizó en el marco del proyecto de investiga-
Superiores de Occidente. ción “Mapas semióticos para la comprensión de los territo-
rios de emigración forzosa en Caldas”, Cedat y Grupo de
Di Méo, Guy. (1998). Géographie sociale et terri- Investigación Territorialidades de la Universidad de Caldas
(2004), adelantado en los 27 municipios del departamento
toires. Paris: Nathan.
de Caldas. El aporte de Beatriz Nates, Stephanie Raymod,
Juan Pablo Yepes y Juliana Morales ha sido imprescindible
Fabian, J. (1983). Time and the Other. NY:
para la preparación de este artículo.
Columbia University Press.
1 Dicha atención estatal está enfocada, en un primer momen-
to, en la atención humanitaria, asumida como el proceso
García, J. L. (1991a). El discurso del nativo que se debe llevar a cabo para ofrecerle al afectado, desde el
sobre su propia cultura. Análisis de un consejo astu- inicio de la des-localización, los recursos necesarios para el
riano. En: Actas del Consejo de Asturias. pp. 112-125. restablecimiento temporal de sus “condiciones básicas de
vida”. Posterior a esta atención, viene la etapa de estabiliza-
García, J. L. (1991b). El uso del espacio: con- ción, la cual está pensada desde la reubicación y el retorno;
la primera busca la estabilización en los lugares de acogida,
ductas y discursos. En: J. González et al. La tierra: y el segundo, la posibilidad de regresar a los lugares de
mitos, ritos y realidades. Barcelona: Anthropos. donde partieron inicialmente para, desde allí, iniciar un
proceso de normalización.
Javeau, C. (2000). Lugares de memoria indivi- 2 Es necesario entender esta noción, como la permanente suje-
duales y estructuración de las interacciones: acerca ción del desplazado al Otro o a lo Otro. Él carece de autono-
de los síndromes de Lamartine y de Proust. En: A. mía para organizar su vida; ya no estamos hablando de la
corriente necesidad de interacción y de interdependencia
Lindón. (s. f.) La vida cotidiana y su espacio-tempo-
que puede hallarse entre personas que no pertenecen a la
ralidad. Barcelona: Anthropos. categoría desplazado, sino de aquellas personas que perma-
necen durante un buen tiempo tratando de reconstruir su
Juan, S. (2000). Las tensiones espacio-tempo- vida con una marcada necesidad de auxilio.
rales de la vida cotidiana. En: Alicia Lindón, La vida 3 Entendemos que por su accionar se desencadenan reaccio-
cotidiana y su espacio-temporalidad. Barcelona: nes subjetivas, como el miedo, y condiciones objetivas
Anthropos. como el peligro o la agresión. Para comprender mejor la dis-
tinción entre estos estados consultar Ramírez (2003, pp. 335-
336).
Lefebvre, H. (1972). La vida cotidiana en el
4 Este concepto de García es un mecanismo de enunciación
mundo moderno. Madrid: Alianza.
discursiva que “tematiza la pertenencia común y la diferen-
ciación colectiva de los otros […] no es normalmente emiti-
Ley 387 de 1997, 1997. do por el nativo o, por lo general, siempre aparece en

132novaetvetera
o t r a s v o c e s

presencia del de fuera. Es básicamente un discurso compa-


rativo, en el que el nativo, ante un cuestionamiento exterior,
se ve obligado a responder. Es igualmente un discurso que
destaca las diferencias” (1991a, p. 114).
5 Y efectivamente muchas organizaciones multilaterales
(OIM, PNUD, ACNUR) y ONG, que se articulan a esa trama
urdida para gestionar e intervenir en la resolución y mitiga-
ción de los efectos del desplazamiento forzado.
6 Aquí seguimos la idea de restablecimiento planteada en la
Ley 387 de 1997.
7 Entendido éste en el sentido de dar, como un acto social de
reciprocidad.
8 Desde la perspectiva de Castillejo (1999) la estigmatización
de los “desplazados” puede explicarse en términos de la dis-
tancia cognitiva, es decir, el nivel de conocimiento, entre los
detentadores legítimos de los espacios y los Otros –“despla-
zados”-, quienes llegan a este espacio de forma imprevista y
ocasionan una suerte de ruptura social que de alguna forma
debe ser restituida. La estigmatización hace posible, en este
orden de cosas, incorporar de algún modo al extraño, repre-
sentándolo por medio de imágenes culturales concretas.

novaetvetera133
r e s e ñ a s

Simón Hampton Ruiz, fotografía: Ventanas, Estambul, Turquía, 2002.


Por: David Suárez Rivero

Muertes violentas:
la teatralización del exceso
Elsa Blair (2005)
Medellín: Editorial Universidad de Antioquia,
Colección Antropología.
245 pp .
r e s e ñ a

C
on el propósito de “desentrañar las tra- inapreciable valor, tiene en su contra la “sobre-
mas sobre la muerte que se tejen en las dimensión de lo político en el análisis de la vio-
narrativas producidas por esta socie- lencia”. Responsabiliza a este enfoque de una
dad” (p. xv) y ofrecer una lectura sobre la violen- producción investigativa que reduce su alcan-
cia política en Colombia que vaya más allá de ce a las causas estructurales de la violencia,
un mero registro estadístico de los actos produ- pero ignora otros ámbitos –“los aspectos sub-
cidos en su contexto, Elsa Blair, socióloga de la jetivos”– que permiten “interrogar” el fenóme-
Universidad de Antioquia e investigadora del no y comprender su sentido (p. xviii). Con tal
Instituto de Estudios Regionales (Iner), acaba de reorientación metodológica se trata, en Muer-
dar a la luz una investigación. Su título, Muertes tes violentas, de ir al encuentro de otros com-
violentas: la teatralización del exceso, indica cla- ponentes inexplorados o escasamente
ramente el objeto y sugiere de alguna manera el comprendidos, como son los sujetos –víctimas
enfoque desde el cual se explora esta dimensión y victimarios–, los “circuitos culturales” en que
oscura y trágica de nuestra realidad nacional. se produce y reproduce la violencia, y las “lógi-
“Teatro” y “exceso” son conceptos que remiten cas o ‘racionalidades’ que parecen sostener
intuitivamente al campo de los estudios cultu- cada una de esas muertes”.
rales, al universo de los símbolos y las mediacio-
nes (políticas, éticas, religiosas y sobre todo Por tratarse de una simbología del “exce-
estéticas) en las que podría estarse cifrando la so”, Blair hace uso de una intertextualidad
comprensión del conflicto y de sus efectos sobre donde las aportaciones de la crítica artística, las
el conjunto de la sociedad. narrativas literarias y musicales, los artefactos
producidos por las artes plásticas y las expre-
Blair declara en las páginas introductorias siones y metáforas de la comunicación cotidia-
que ha intentado “aprehender las acciones de na, entre otras múltiples formas del sentido, se
muerte desde una perspectiva que sobrepasa imbrican en una compleja red de referencias
[su] dimensión física” para adentrarse “en sus mutuas para posibilitar una interpretación del
contenidos simbólicos” (p. xvi). Y, en efecto, insuficientemente explorado código de las
esta indagación por el intercambio de símbo- muertes violentas. Y aquí hay ya una apuesta.
los que viene implicado en los escenarios de la Decir código, texto, interpretación, es aproxi-
violencia colombiana es conducido de la mano marse como interlocutor de la violencia, y no
de Clifford Geertz, teórico del que la autora como espectador. Ni siquiera como quien
asume la perspectiva etnográfica y el concepto denuncia un acto, sino como alguien que asis-
de cultura que ilumina su interpretación. Cul- te al “juego” de la masacre, del exterminio, del
tura, en la concepción geertziana, es la “trama genocidio y del abuso en calidad de intérprete.
de símbolos con la que interactúan significati- Pero hay una dificultad, y es la exacerbada pro-
vamente los seres humanos” (Geertz, citado liferación de la misma violencia que se intenta
por Blair, p. xviii). comprender. Desbordante bajo cualquier
ángulo que se la registre: en cantidad obedece
Desde esta mirada, que procede de la al orden de la desmesura y en calidad al de la
antropología cultural, la investigadora procura hipérbole. También produce una carga de sig-
superar críticamente una literatura producida nificación inconcebible. Por eso Blair recurre al
en el país que, si bien es un antecedente de exceso como clave de acceso a una violencia

136novaetvetera
r e s e ñ a

multiforme que sobrepasa los límites cotidia- fenómeno en estudio. Según Blair, éste implica
namente aprehensibles en tiempo y número. un acto: el de dar la muerte, acto que en el
momento de su ejecución se trasciende a sí
En efecto –nos dice–, es por “la vía del mismo “’en otros momentos’, a la manera de
exceso” por donde va a marchar nuestra inter- dramas puestos en escena en los que [intervie-
pretación sobre las tramas de significación de la nen] otros actores, y con ellos nuevas significa-
muerte violenta. La muerte en Colombia es ciones” (p. xxv). Interpretación, divulgación y
excesiva, no sólo por la cantidad de muertos ritualización son los tres momentos que cons-
producidos (…) sino por lo excesivo de la carga tituyen la estructura de una trama que la
simbólica inscrita en las maneras utilizadas investigadora persigue en los disímiles escena-
para ejecutarla, y de las formas simbólicas (el rios de la muerte violenta: la guerra, los oscu-
lenguaje, el arte, la imagen) para nombrarla y ros laberintos de la mal llamada “limpieza
para narrarla. Y es, finalmente excesiva, en los social”, los conflictos urbanos protagonizados
ritos funerarios que utiliza para tramitarla, ritos por jóvenes y las muertes anónimas que lle-
que terminan por agotar la eficacia simbólica van el sello de la violencia política y la nomen-
que los asiste al volverse cotidianos, esto es, al clatura de las violaciones a los derechos
hacer de algo extraordinario una práctica ruti- humanos.
naria” (p. xix).
Sería difícil en esta breve reseña advertir en
Es quizás en la sobresaturación de mensajes detalle la rigurosa y espléndida estructuración
que produce esta violencia donde radica la clave conceptual y metodológica de este importante
de la indiferencia cívica o de un aturdimiento libro que nos regala la actual coordinadora del
que culmina en sopor e inacción. La hipótesis Grupo de Investigación sobre Cultura, Violen-
del acostumbramiento social ante la crueldad y cia y Territorio, de la Universidad de Antioquia.
el dolor sostenidos a lo largo de tanto tiempo Es un estudio “excesivo” frente al cual sólo se
tiene el sabor del escándalo. ¿Bostezamos ante el justifica una actitud: la invitación a su lectura.
escándalo? ¿O no será más bien que del largo
comercio con la violencia hemos aprendido a
tramitarla culturalmente? Hay una manera de
convivir con su exceso: nombrándolo y recreán-
dolo se busca neutralizarlo. “Las significaciones
que son posibles de reconstruir a partir de este
exceso –arguye la autora– tienen […] una lógica
en la cual el exceso sobre lo real tiene también la
capacidad de negarlo” (p. 6). De ahí que el “exce-
so” sea la puerta de entrada y el principio de uni-
dad para el análisis de la violencia, su esquema
único de aprehensión.

La “teatralización” o “puesta en escena”


de la violencia, con sus excesivas connotacio-
nes, es la otra vía para la comprensión del

novaetvetera137
Por: David Suárez Rivero

Derecho Internacional
de los Derechos Humanos:
normativa, jurisprudencia y
doctrina de los sistemas
universal e interamericano.

Daniel O’Donnell.
Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas
para los Derechos Humanos. Bogotá, 1064 pp . (2004).
r e s e ñ a

E
n los últimos años, la Oficina en pales centros de educación superior que dis-
Colombia del Alto Comisionado de las cuten el tema. Así lo acredita su trabajo en la
Naciones Unidas para los Derechos dirección de investigaciones de la Comisión de
Humanos ha venido publicando una serie de Esclarecimiento Histórico de Guatemala en
libros que reúnen lo que cabría denominar el 1997 y como director adjunto del equipo de
compendio indispensable y esencial de los investigación del Secretario General de las
instrumentos, la doctrina y la jurisprudencia Naciones Unidas en la República del Congo
en materia de Derechos Humanos, Derecho durante el año siguiente; las consultorías real-
Internacional Humanitario y Derecho Interna- izadas en importantes organismos e institu-
cional Penal. Algunos de los textos publicados ciones de las Naciones Unidas, de la
por la Organización no se quedan en la divul- Organización de Estados Americanos y de
gación, sino que abocan el análisis de otras varias ONG, y su desempeño como profesor en
herramientas y mecanismos prioritarios para cursos dictados en el Instituto Internacional de
la defensa y promoción de los derechos Derechos Humanos de Estrasburgo, en el Insti-
humanos, como son la educación, las políticas tuto Internacional de Derechos Humanos de
públicas nacionales y el estudio de los mismos San Remo y en la Academia de Derechos
sistemas internacionales de protección en la Humanos y Derecho Humanitario de la Ameri-
perspectiva de los derechos a que se orienta su can University en Washington.
acción. De tal naturaleza es precisamente la
obra del eminente jurista Daniel O’Donnell Derecho Internacional de los Derechos
que ahora se pone en manos del público Humanos resulta un libro imprescindible, no
colombiano. Sin lugar a dudas, un invaluable sólo porque refleja la pericia con que el autor
trabajo de difusión y esclarecimiento del fun- maneja un tema al que ha consagrado largos
cionamiento de los sistemas de protección de años de estudio y práctica comprometida, sino
los derechos humanos, pero igualmente un por la manera en que éste aborda su objeto y
manual que estudiantes, investigadores, orienta el trabajo sobre un material que ofrece
defensores y activistas de derechos humanos dificultades por igual al lego y a los más experi-
no podrán menos que utilizar en su trabajo y mentados, dada la diversidad y cantidad de
formación. El libro es una reedición actualiza- fuentes a que es necesario recurrir para la
da de un texto publicado hace quince años con apropiada documentación de cualquier caso.
el auspicio de la Comisión Andina de Juristas, Pocos campos del Derecho han sufrido un
cuyo título era La protección internacional de mayor desarrollo normativo, doctrinal y
los Derechos Humanos (Lima, 1989). La jurisprudencial en un lapso tan corto como el de
imposibilidad de encontrar en la actualidad los derechos humanos, pero también son pocos
ejemplares en las librerías del país, y probable- los que han crecido bajo el impulso de una pre-
mente del continente, habla del éxito de esta sión histórica tan considerable y ambigua,
edición. como la que representan las modificaciones en
los esquemas políticos tradicionales, la recom-
En un investigador como O’Donnell se posición de la dinámica geopolítica global, la
une la experiencia en la asesoría y aplicación perentoria necesidad de solucionar conflictos
de los derechos humanos con una nada des- sociales y armados nuevos y la edición de prob-
preciable trayectoria académica en los princi- lemas y respuestas nunca planteados ante una

novaetvetera139
r e s e ñ a

comunidad internacional todavía en construc- doctrinal y jurisprudencia, se limita casi exclu-


ción. Vale sin embargo destacar que, al lado de sivamente a los derechos civiles y políticos
los cambios que ponen bajo franca sospecha –al reconocidos en los dos sistemas de referencia
decir de algunos tratadistas– un desarrollo –esto es, los contenidos en los 22 artículos de la
aparentemente incuestionable en el sentido de parte III del Pacto Internacional de Derechos
progreso orientado por los valores refrendados Civiles y Políticos y en los 23 artículos de la
en la Carta de San Francisco, que tampoco han Convención Americana–, sin entrar a analizar
sido escasos los logros obtenidos normativa e los derechos económicos, sociales y culturales,
institucionalmente en los años recientes y que algunos de los cuales son apenas vistos de
aparecen signados por un conato de eficacia en forma complementaria al examen de los
la promoción y garantía de los principios inspi- primeros. El capítulo 16, el último del libro, se
radores del gran giro humanista plasmado en las consagra a la consideración de los estados de
Declaraciones Universal y Americana de 1948. excepción, tema que no ha perdido actualidad
Así lo demuestra tanto la entrada en vigor de a escala mundial y menos aún en Colombia, si
nuevos instrumentos (convenciones y protoco- se tiene en cuenta el abusivo recurso a su
los facultativos) relativos a derechos contenidos declaratoria bajo la invocación de disímiles cir-
en los Pactos Internacionales de 1966, como el cunstancias.
papel cada vez más significativo del orden
jurídico de los derechos humanos en el orde- Ninguno de los derechos o temas a los
namiento interno de muchos estados, situación cuales explícitamente O’Donnell deja de aludir
que evidencia la acción de los tribunales consti- en este enjundioso trabajo es, no obstante,
tucionales en muchos países y de la Corte Con- óbice para resaltar su utilidad y pertinencia a la
stitucional en Colombia. Pero así mismo es luz del tiempo actual, ni para oscurecer su
innegable la transformación, requerida aun de claro sentido de oportunidad en la defensa y
ulteriores estudios a la luz de su evolución, que promoción de los derechos humanos en una
implica la aprobación y ratificación en múltiples época de incertidumbre como la que hoy se
naciones del Estatuto de la Corte Penal Interna- vive. Es un texto necesario tanto para el profe-
cional. Si bien estos cambios operados en un sor en el aula como para el activista de las orga-
ritmo vertiginoso que abarca los últimos quince nizaciones sociales, para el operador de la
años, periodo que media entre la primera y la justicia como para el asesor de políticas públi-
segunda edición del texto de O’Donnell, justifi- cas, para el funcionario que se desempeña en
can de sobra su actualización en el contexto del las instituciones del Estado como para la
presente milenio, testimonian algo más profun- sociedad civil en general.
do aunque menos tangible: la conciencia gana-
da en torno a los derechos humanos en el país y
el compromiso de las organizaciones interna-
cionales en su difusión y defensa.

El libro, pese a su extensión de más de mil


páginas y su intención de brindar la “apre-
ciación global” de un conjunto amplio de dere-
chos a la luz de sus fuentes, producción

140novaetvetera
Por: Maribel Garzón Martínez

Los Derechos Humanos


desde la Periferia

Escuela Superior de Administración Pública


Territorial Caldas
249 páginas
Noviembre de 2004

novaetvetera141
r e s e ñ a

E
ste libro es uno de los resultados que político que se ha venido manifestando en el
arrojó el proyecto “Promoción, difu- eje cafetero, que en época de antaño se carac-
sión, formación y divulgación en dere- terizó por ser la “región modelo de Colombia”.
chos humanos para la construcción de
territorios de paz con poblaciones vulnera- Representaciones Sociales de los Dere-
bles” en la territorial Caldas, de la Escuela chos Humanos en territorios de conflicto
Superior de Administración Pública –ESAP–, armado (un ejercicio etnográfico); Influencia
cuya coordinación estuvo a cargo de la psicó- de la Represión y el Terrorismo en los Dere-
loga Diana Rico Revelo. El trabajo se realizó chos Humanos; Sonido y huella de la atroci-
con diversos actores de la sociedad civil, en dad; Entre el fatalismo y la resiliencia, la virtud
los municipios de Aguaduas, Dos quebradas que supera el sufrimiento; constituyen los
y la comuna nueve de Manizales, por repre- siguientes cuatro capítulos, en los cuales las
sentar lugares de alta vulnerabilidad en mate- voces de sus protagonistas –diversos actores
ria de derechos humanos. de la sociedad civil– acerca de los derechos
humanos, conforman el eje integrador de
Como prefacio del libro se incluyó la estas páginas, constituyendo esto el mayor
ponencia del Senador Carlos Gaviria Díaz, la aporte que ofrece este trabajo: el rescate del
cual fue presentada en el marco de socializa- testimonio de aquellos que nunca hablan, de
ción del proyecto en la ESAP, territorial Caldas, aquellos que prefieren callar por miedo a ser
el día 29 de noviembre de 2004. Dicha diserta- silenciados, “nadie escucha, nadie habla y
ción se desarrolla a través de lúcidas afirmacio- nadie ve, si se quiere continuar respirando”
nes que sustentan su tesis central “en Colombia (2004, p. 68), lo cual desde la perspectiva psi-
no hay democracia”. Pero para Gaviria esto no cosocial –manejada por los autores del libro–
es para desestimular a la gente sino para que es entendido como la estética del temor,
construyamos entre todos la democracia entendiendo estética como “el impacto pro-
colombiana, en la cual –si se pretende sea una fundo que produce en los individuos las dife-
auténtica democracia– debe prevalecer un rentes imágenes que adquieren los fenómenos
interés común: la paz, como “precondición sociales…” (2004, p. 66).
para que los derechos humanos se puedan
ejercer” (2004, p. 33). De ahí que habría que Jaime Mejía Gutiérrez, resultado de su
comenzar –propone Gaviria– por preguntarse contribución como tallerista de uno de los
¿por qué son tan importantes los derechos módulos en el proyecto, elabora el sexto capí-
humanos? tulo. En el plantea la urgencia de una Admi-
nistración Pública comprometida en la
En Conflicto y Pobreza: la otra Roya del promoción y defensa de los derechos huma-
eje cafetero –primer capítulo–, Mariela Már- nos, a través no sólo “de un gobierno fuerte…
quez Quintero, plantea el entendimiento de la sino también de una justicia activa, diligente,
realidad actual de la región, a través de tres comprometida en una ética pública, de volun-
aspectos: el historicismo, la cultura como tal y tad férrea contra los delitos de lesa humanidad
la praxis. A partir de allí va develando una rea- y contra las acciones violentas programadas
lidad que al parecer y según la autora tiende a desde instancias subversivas, delincuenciales y
empeorar: el desgaste social, económico y de institucionalidad estatal.” (2004, p. 171).

142novaetvetera
r e s e ñ a

La experiencia del grupo de derechos ta un canto a la Vida como la única opción de


humanos de la ESAP, territorial Quindio–Risa- resistencia a la guerra, a la barbarie y a la
ralda en el proyecto “Promoción, difusión, for- muerte que se imponen. Optar por la Vida es
mación y divulgación en derechos humanos “…aventurarse a trabajar todos los días por:
para la construcción de territorios de paz con una concreción de los derechos humanos que
poblaciones vulnerables”, también queda plas- vivencie la universalidad de la diferencia y del
mada en este libro en su séptimo capítulo. El disenso… una interpelación a la justicia que
coordinador del proyecto, Ricardo Jaramillo legitime la memoria como la senda que ha de
Díaz, presenta las conclusiones que se obtuvie- recorrerse en la búsqueda de lo correcto” (2004,
ron durante el proceso, una de las cuales es la p.213).
necesidad de una gestión pública en constante
accionar con la cultura de derechos humanos, Cierra este libro, Amalio Blanco, catedráti-
como el soporte que fundamenta el desarrollo co de Psicología social en la Universidad Autó-
humano; dicha cultura se sustenta a través de noma de Madrid, quien resume –a mí parecer–
una democracia local fuerte que aborde, de lo que constituye la esencia de este trabajo: el
manera colectiva, las soluciones a las proble- rescate del testimonio como una puerta abier-
máticas sociales que se presentan en la región. ta a la esperanza. Y es precisamente por lo cual
Blanco califica esta publicación como “un libro
En el último capítulo de este trabajo, “El valiente”, por borrar la desmemoria, por alum-
poder de uno: entre la muerte que se impone brar el perfil de muchas siluetas anónimas, y
y el miedo que paraliza, la opción es la Vida”, sobre todo por recuperar la voz de los que hace
su autora Martha Cardona López, nos presen- mucho tiempo están callados.

novaetvetera143
Por: Paola Pacheco Ríos

Cultura de Derechos Humanos


en las Instituciones Públicas

Proyecto de Cultura.
Programa Presidencial de Derechos Humanos y DIH. Colombia,
Documentos de Trabajo 2004 y 2005.
r e s e ñ a

D
esde el mes de junio de 2004, el Pro- cientes frente a las problemáticas a las cua-
grama Presidencial de Derechos les debe responder la entidad respectiva.
Hu–manos y DIH ha venido impul-
sando un proyecto que permite articular los
esfuerzos de las diferentes instituciones públi- Pese a que el Estado Social de Derecho
cas, de todos los sectores, en un propósito determina los principios y crea el marco en el
común: Promover y Consolidar la Cultura de cual debe desarrollarse la gestión pública, las
Derechos Humanos al interior de las Institu- políticas diseñadas para atender las problemá-
ciones. Dicha propuesta parte de la necesidad ticas en cada uno de los sectores carecen, en su
de “humanizar” la gestión pública para encon- gran mayoría, de elementos que permitan iden-
trar los verdaderos efectos de la misma en el tificar su concepción desde la perspectiva de los
plano social y cultural del país. derechos humanos. Dicha carencia nace, como
se mencionó anteriormente en la cultura orga-
Sin embargo el trabajo interdisciplinario e nizacional de las instituciones y se encuentra
interinstitucional desarrollado por el proyecto asimilada por los funcionarios públicos.
ha permitido determinar tres puntos críticos:
La apuesta por construir una cultura de
a. La gestión pública ideal no es posible, dado derechos humanos se convierte en estrategia
que las características de la Cultura Organi- para disminuir los índices de violación a los
zacional de las instituciones públicas no derechos humanos, inscritos fuera del conflic-
permiten que los funcionarios se reconoz- to armado pero mucho más importantes, en
can como sujetos de derechos, debido a las tanto contribuyen a fortalecer de manera
condiciones materiales y a la instrumenta- estructural la gestión pública y hace más sólida
lización de su labor. la base de su acción.

b. Los programas y proyectos en las institucio- Para el Programa Presidencial “hablar de


nes públicas están sujetos a cambios desde una cultura de derechos humanos (CDH),
instancias administrativas que varían de un supone hacer referencia a todo el sistema de
periodo a otro, lo que dificulta que los fun- sentidos, significados y prácticas que, basadas
cionarios se sientan comprometidos con en valores reconocidos universalmente, fun-
dan la defensa y protección de la dignidad
procesos sostenibles, que además represen-
humana a través de acciones que promuevan
ten resultados sociales concretos.
el ejercicio, respeto, el reconocimiento indivi-
c. La gestión pública ideal para la construc- dual y colectivo de los derechos de los seres
ción de una cultura de derechos humanos humanos en los marcos: social, político, cultu-
no ha sido posible, debido a que los pro- ral y económico dentro del Estado”, de esta
forma la gestión pública garantizaría, debido al
gramas de formación dirigidos a la totali-
convencimiento de sus ejecutores, la finalidad
dad de los funcionarios son inexistentes en
de su acción.
algunas instituciones y en las que se impar-
ten son repetitivos, desarticulados de las
Esta cultura de derechos humanos cobra
labores que desempeñan y resultan insufi- vigencia al interior de las instituciones públicas

novaetvetera145
r e s e ñ a

especialmente a los encargados de las uni-


cuando se reconoce que el sentido de la gestión
pública está dado en la protección, vigencia y dades de personal.
promoción de los derechos humanos de los b. Incluir dentro de los programas de capaci-
ciudadanos, dando sentido y fundamento a los tación de las instituciones públicas la
postulados y principios del Estado Social de temática de derechos humanos, tanto rela-
Derecho. cionada específicamente con el sector de la
institución como a nivel general. Dicha
Una propuesta de sensibilización e inclu-
capacitación debe partir de los procesos de
sión de la variable derechos humanos en la
inducción en los cuales los servidores
gestión pública nace de las correlaciones que
públicos entienden su labor a partir de los
se puedan establecer entre: los servidores
principios del Estado Social de Derecho.
públicos, las funciones y acciones instituciona-
les orientadas al bienestar social y las proble-
máticas con sus impactos diferenciales en la Dado que no existe una estrategia para
vigencia y protección de los derechos huma- garantizar la sostenibilidad de las líneas pro-
nos. Entender el funcionamiento del Estado gramáticas, crear conciencia y prácticas coti-
desde la dinámica relacional de estos elemen- dianas institucionales coherentes con los
tos es un resultado de la construcción de la cul- derechos humanos, permiten que éstos sean
tura de derechos humanos al interior de las pilares de la acción estatal.
instituciones públicas.
Partiendo de la concepción anterior, el
Lograr que el total de los funcionarios y programa presidencial ha logrado unir esfuer-
servidores públicos sientan el desempeño de zos de entidades como el Departamento Admi-
sus funciones como el vehículo de la acción nistrativo de la Función Pública, el Ministerio
pública y por ende respondan a la solución de de Educación Nacional, La Defensoría del Pue-
las problemáticas sociales, permitirá que éstos blo y la Escuela Superior de Administración
se constituyan en agentes comprometidos con Pública como apoyo permanente y compro-
la consolidación y puesta en marcha de una metido en el desarrollo de la propuesta, y de
cultura en derechos humanos. igual forma ha logrado involucrar en las sesio-
nes de trabajo a más de 15 instituciones, con-
Si bien es claro el propósito del proyecto tando con el apoyo de profesionales con la
de cultura, las estrategias a seguir para lograrlo, capacidad de irradiar la apuesta por la cons-
de acuerdo con los puntos críticos identifica- trucción de una cultura de derechos humanos
dos y al diseño de un posible plan de acción a a la totalidad de sus instituciones.
seguir con las instituciones activamente vincu-
ladas durante los dos años, son:

a. Promover ejercicios de fortalecimiento de


la cultura organizacional de las institucio-
nes públicas con perspectiva en derechos
humanos, lo cual involucra decididamente
al personal directivo de las instituciones,

146novaetvetera
m e t á f o r a s v i v a s

Desde Irak

Respóndeme, político, ¿por qué


quieres desfigurar la faz del mundo?
¿Por qué quieres cortar
las cabezas azules de mis templos?
¿Por qué quieres
salpicar con mi sangre
a tu pueblo inocente?
¿No sabes que si envías
la muerte a visitarme
volverá sobre ti, boomerang en retorno?
¿Por qué quieres
matar mi casa
romper mi niño
quemar mi perro?

Blanca Andreu*

* Voz de la actual poesía española, Blanca Andreu nació en La Coruña en 1959.


novaetvetera REVISTA DE LA FACULTAD DE INVESTIGACIONES
–DERECHOS HUMANOS–

La Revista Nova et Vetera busca convertirse den guardar relación con los derechos humanos,
en un espacio abierto a la discusión alrededor deben abordarse en una perspectiva no amplia,
de los derechos humanos, razón por la que la sino restringida: es decir, mostrar que la proble-
formulación clara de los problemas, enfoques y mática tratada entraña una relación directa con
metodologías de abordaje de las cuestiones tra- el tema. Esto implica que se debe mostrar (hacer
tadas en sus páginas, son un insumo importan- explícito) que la argumentación se desarrolla en
te para devenir ese foro abierto que se pretende la perspectiva de los derechos humanos.
hacer de ella.
2. Perspectiva explícita de los derechos huma-
Criterios, de evaluación: nos. Una pregunta que necesariamente nos
hacemos una vez expresada la anterior exi-
1. Debe mostrar una relación explícita con el gencia, es la de qué significa asumir en un
tema de derechos humanos. En el país exis- artículo una perspectiva basada en los dere-
ten múltiples revistas que abordan diferentes chos humanos. Es difícil responder, por
temas que pueden resultar o parecer relacio- cuanto los derechos humanos no son una
nados con los derechos humanos; por ejem- disciplina sino un campo de problemas.
plo, artículos que versan sobre las relaciones Quiere esto decir que las discusiones acerca
internacionales, la coyuntura política, los de los derechos humanos constituyen un
debates entre teorías políticas y filosóficas, terreno en el que más bien se entrecruzan
los diagnósticos acerca de aspectos disímiles diversas disciplinas o enfoques (antropolo-
de la realidad social, las cuestiones relativas a gía, ética, psicología, sociología, ciencia polí-
la violencia social, política, interpersonal, las tica, derecho, etc.), esto es, son un campo
tendencias y problemáticas de la comunica- interdisciplinar y transdisciplinar; y aunque
ción, la cultura y la psicología, etc. Esta situa- esta situación nos favorece, también dificul-
ción implica y, en alguna medida, justifica que ta el trabajo, al punto que en muchos casos
toda revista busque una identidad propia, puede conducir a confusión. La confusión en
conato al que no escapa Nova et Vetera. cuestión es que se cree que el análisis o deba-
te alrededor de un asunto relacionado con la
Al decir que Nova et Vetera se ocupa de vida, la libertad, la política, la violencia, asu-
temas relacionados con los derechos humanos, mido desde la perspectiva de una disciplina
se quiere significar que el tratamiento de cuestio- cualquiera en la que se inscriban las discu-
nes como la violencia, la exclusión, el análisis de siones en torno a los derechos humanos,
políticas públicas y los debates y aplicación de hace ya de este análisis o debate una tarea
teorías éticas, sociológicas y psicológicas, por también legítima de derechos humanos. No
citar algunos de los múltiples asuntos que pue- es así. De serlo, se incurriría en el error de
extender hasta el infinito el marco de refle- luego se discutirá tal otra y, por último, se
xión de los derechos humanos y, consecuen- hará esto y esto. Este plan es fundamental
temente, desdibujarlo. para orientar al lector y, simultáneamente,
impide las divagaciones inútiles en torno a
De lo que se trata, en estos casos –si se quie- cualquier tema.
re continuar dentro de la perspectiva de los dere-
chos humanos–, es de explicitar que se aborda un 4. Dejar formuladas, de manera clara las posi-
problema específico de derechos humanos y que ciones desde las cuales se entienden los dere-
la perspectiva o enfoque asumido ofrecen una chos humanos cuando éstas pretenden ser
explicación, interpretación o esclarecimiento del disidentes del discurso validado universalmen-
problema dado. Si no se hace explícita (y al te. Existen posiciones establecidas, digamos,
mismo tiempo se justifica) en el artículo la rela- canónicas, sobre los derechos humanos. Una
ción entre problema de derechos humanos y de ellas es la que hace referencia a la responsa-
enfoque asumido para su estudio, solución, aná- bilidad estatal respecto de las violaciones de
lisis, interpretación o lo que se quiera, no queda- derechos humanos, otra es la que establece
rá claro para el lector de la revista hacia dónde una relación específica entre derecho y moral
conduce el artículo, ni por qué es la revista el en torno al fundamento de los derechos huma-
espacio para discurrir sobre tal asunto. nos, otra más es la que determina la validez de
unos sistemas políticos internacionales para su
3. Formulación clara del problema o hipótesis y protección, etc. Cualquier posición distinta de
de la estrategia de desarrollo del artículo. las que son ya casi unánimemente aceptadas
Una manera de evitar las ambigüedades y requiere de una justificación y clarificación adi-
confusiones a que anteriormente se hacía cional. El autor debe expresar con mucha clari-
referencia, consiste en expresar dentro del dad su posición y fundamentarla. Es lógico que
texto del artículo qué es lo que se quiere. Esto si se quiere contradecir la visión clásica (acep-
es una exigencia común a cualquier escrito, tada por la ONU o la Comisión Interamericana
pero en este caso lo es más, teniendo en de los Derechos Humanos), hay que fundar
cuenta que no resulta fácil expresar la rela- muy bien sus planteamientos. De lo contrario,
ción anotada en la precedente exigencia. se incurre en una ofensa infundada.
Conviene entonces dejar muy claro en el artí-
culo (en sus primeras páginas) cuál es el pro- 5. Claridad argumentativa. Muchos artículos
blema de derechos humanos que se quiere presentados a la redacción de la revista son
solucionar, o al que se quiere aportar, o en a veces incoherentes, se contradicen en su
torno al cual se desea reflexionar, así como su desarrollo discursivo, no concluyen clara-
relación con la disciplina o enfoque desde el mente sus planteamientos o se desvían de la
que se quiere desplegar el análisis. Al mismo línea argumentativa exigida por las premi-
tiempo, importa señalar cuál es la estrategia sas establecidas. Es necesario que haya una
de análisis o desarrollo del artículo. Es decir, armazón lógico-discursiva sólida en el artí-
por ejemplo, primero se presentará tal cosa, culo presentado.
COLABORACIONES
Nova & Vetera, publicación especializada en f. Las citas y referencias que se incluyan en el
derechos humanos de carácter crítico, universi- texto deben aparecer en el formato: Autor, fe-
tario, académico y también periodístico invita cha, por ejemplo: (Beauvoir, 1983).
tanto a docentes como investigadores a partici-
g. Los artículos deben ser inéditos, salvo que
par con sus artículos, los cuales deberán acoger- hayan sido publicados en el extranjero, en
se al siguiente formato: cuyo caso, se podrá considerar su publica-
ción.
a. Características del artículo: Debe presentarse
en word, especificando si se trata de resultados h. Las críticas y reseñas de libros tendrán una
extensión máxima de cinco páginas, especifi-
de investigación, texto clásico (ensayos o
cándose el autor, título, editorial, lugar y fecha
debates), avances de investigación, crítica o
de publicación de la obra, así como el nombre,
reseña de libro y remitirse en medio magnéti-
apellido y profesión de quien realiza la crítica o
co, con una copia impresa a doble espacio o reseña.
por correo electrónico dirigido a las siguientes
direcciones: derechos.humanos@esap.edu.co y i. En caso de que el artículo ya hubiese sido
maribel.garzon@esap.edu.co publicado en revistas internacionales, se debe-
rá incluir el nombre y la fecha de la publica-
b. Extensión: La extensión máxima de los artí- ción y la autorización de su reproducción por
culos será de 30 cuartillas, tamaño carta a parte del autor o editor.
doble espacio, letra Times New Roman en 12
puntos. j. Al final del artículo deberán aparecer las refe-
rencias bibliográficas, cuyo formato es el
c. Presentación: Todo artículo deberá venir pre- siguiente:
cedido de una hoja en la que aparezca, ade-
más del título del trabajo, el nombre del Calderón, Fernando. (1995). Movimientos
autor, una breve reseña biográfica (media sociales y política. Ciudad de México: Siglo XXI.
página), entidad en la que labora y otras
publicaciones. Se solicita además un resu-
Todos los documentos serán evaluados por los
men (no mayor de 200 palabras), en el que se
sinteticen los propósitos y conclusiones prin- integrantes del Comité Editorial de la revista y por
cipales del trabajo. un árbitro externo. A partir de estos conceptos, se
decidirá la aceptación o el rechazo del artículo.
d. En el caso de ponencias presentadas a even- Los conceptos emitidos por el Comité Editorial y
tos, especificar nombre del evento, institucio-
el árbitro serán remitidos a los autores para los
nes convocantes, ciudad y fecha en la que se
ajustes pertinentes.
llevó a cabo. Las notas, así como el número
de cuadros, gráficos e ilustraciones, deben
restringirse a lo estrictamente necesario.

e. Después del título, el artículo debe llevar


cinco “palabras claves” o descriptores para
identificar informativamente los artículos.