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1. Orígenes
1
A partir de ese año Frankl habla sobre logoterapia, a la que luego cambió el nombre a análisis existencial. En ese
tiempo aparece también la obra de Ludwig Binswanger, quien llamó a su teoría análisis existencial. Para poder
diferenciarse de esta, Frankl retomó el nombre original de logoterapia.
2
La biografía de Frankl es de particular interés, e incluso se han escrito obras específicas profundizando en ella. Su
testimonio es ejemplo de vida, y él mismo consiguió encarnar lo que planteaba en su teoría psicológica. La principal
obra respecto a su vida es El hombre en busca de sentido, escrita por él mismo, libro en el cual narra su experiencia
en los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
La logoterapia y el análisis existencial surgió en un periodo de conmoción entre las
dos guerras mundiales. Frankl ya había escrito su teoría y tenía la intención de
publicarla. Sin embargo, al igual que muchos camaradas judíos suyos, fue deportado,
primero al gueto de Terezin y luego a los campos de concentración de Auschwitz,
Buchenwald, Birkenau y Dachau. Esta experiencia fundamental en su vida le permitió
encarnar su teoría, al verse él mismo obligado a afrontar en una situación extrema
aquello que había visto en tantas personas a las que había acompañado en su tarea como
psiquiatra.
La logoterapia es la psicoterapia que introduce el tema del sentido de vida en el ámbito
de la salud. El significado etimológico de la palabra logoterapia, se remite al griego:
logos. De entre los posibles significados que el término acuña, se incluyen el de
«significado» y «propósito», tomando la acepción «sentido»; mientras que terapia se
refiere a «cuidado», «cura». Por ello podríamos definirla como la terapia centrada en el
sentido. «Una traducción literal del término logoterapia, es la de «terapéutica mediante
el logos, mediante el sentido». Desde luego, podría traducirse también como «curación
mediante el sentido». En cualquier caso, logoterapia es una psicoterapia centrada en el
sentido (Frankl, 2003b).
La logoterapia y el análisis existencial se centran en la reflexión sobre el sentido, los
valores, la libertad y la responsabilidad sobre nuestra existencia. El análisis existencial
se refiere a buscar y encontrarle sentido a la vida en y desde la dimensión espiritual.
La logoterapia y el análisis existencial constituyen, pues, una psicoterapia «orientada en
lo espiritual». Por un lado la logoterapia se refiere a la terapia «desde lo espiritual» y
por el otro, el análisis existencial a una terapia «sobre lo espiritual».
El análisis existencial es la explicación de la existencia y la explicitación de los
fenómenos espirituales, mientras que la logoterapia permite que los factores espirituales
inconscientes, removidos o reprimidos se vuelvan conscientes 3.
3 Tomando en cuenta esta diferenciación, los aportes de este enfoque teórico para ser aplicados, y que
sustentan el programa TQM, son los referidos al análisis existencial y su antropología. Si bien muchas
veces se refiere a la aplicación de la logoterapia en la educación, lo que puntualmente se aplica en
educación es el análisis existencial frankleano. Pero al ser una única escuela de psicológica, se suele
referir a Logoterapia y educación, pero del cuerpo teórico de este este enfoque lo que se aplica es el
análisis existencial, puesto que la aplicación en educación no es un terapia educativa.
2. Allers considera que la persona es «ser-en-elmundo» motivo por el cual
puede y debe ir descubriendo y aceptando su propia realidad como misión o
tarea. Es la posibilidad de entregarse, desplegándose como persona y
adoptando una posición ante su escala de valores.
3. Brinda una visión unificada de la persona, reconociendo que esta es
dinámica y que cuenta con la dimensión del espíritu humano.
4. Todos tenemos una escala de valores, de la que somos más o menos
conscientes. Esta escala de valores nos hace tomar una posición ante cada
situación en la vida.
4El mérito de Binswanger es haber devuelto y restablecido en su humanidad al ser humano. La teoría de
Binswanger surge de la aplicación de los conceptos de Husserl y Heidegger a la psicoterapia, mientras
que la escuela de Frankl a partir de los aportes de Scheler, aplicados a la psicoterapia. (Bruzzone, 2008)
ubicarla, en relación con las grandes escuelas de psicología, en la humanista-existencial
(sin embargo, no es una integración de ambos enfoques).
Con el humanismo comparte el optimismo por la persona humana y el pragmatismo,
que han llevado a que la logoterapia creara técnicas diagnósticas y terapéuticas
específicas. Sin embargo se separa del humanismo por la visión antropológica de la que
parte. Para el humanismo clásico, la persona tiende a la autorrealización, mientras que
para la logoterapia tiende hacia la autotrascendencia.
Con las escuelas existenciales son mayores las relaciones, ya que se observa en toda la
teoría frankleana el valor de la filosofía que la sustenta. La logoterapia considera la
angustia del ser arrojado en la existencia, viviendo con la incertidumbre de ser o no ser.
Este estado de incertidumbre y angustia genera una tensión que se encarna en la
búsqueda de un sentido. La persona vive, entonces, en un estado de angustia y tiende a
la búsqueda de sentido para su vida.
Frankl siempre intentó promover el diálogo y la integración de la logoterapia con otras
escuelas de psicología y con otras ciencias. De hecho, veía a su teoría como un aporte a
lo existente, no como un reemplazo. Justamente una de sus riquezas es su capacidad de
integrar los aportes de otras líneas. Y sin embargo, la logoterapia es una escuela de
psicoterapia en sí misma. En palabras de Yalom (1984), «[…] no pertenece ni a las
escuelas psicoanalíticamente orientadas ni a la psiquiatría formal ni a los estudios
religiosos ni a la psicología de orientación conductista y ni siquiera a los movimientos
pop de desarrollo personal».
La logoterapia y el análisis existencial se centran en temas como el sentido, los valores,
la libertad y la responsabilidad sobre nuestra existencia. El análisis existencial se refiere
a buscar y encontrarle sentido a la vida en y desde la dimensión espiritual. La
logoterapia y el análisis existencial constituye, pues, una psicoterapia «orientada en lo
espiritual» (donde la logoterapia se refiere a la terapia «desde lo espiritual» y el análisis
existencial a una terapia «sobre lo espiritual»).
Este análisis existencial es la explicación de la existencia y la explicitación de los
fenómenos espirituales, mientras que la logoterapia permite que los factores espirituales
inconscientes, removidos o reprimidos se vuelvan conscientes.
2. Antropología frankleana
Las dos primeras tesis pueden explicarse juntas. La logoterapia y el análisis existencial
consideran a la persona como una unidad bio-psico-espiritual. La persona cuenta con
estas tres dimensiones, que se encuentran íntimamente unidas, por lo que todos sus
comportamientos son biopsicoespirituales. Cada una de las dimensiones corresponde
respectivamente al plano somático, psíquico y espiritual. La persona presenta una
unidad antropológica (ónticamente es una unidad), con diferencias ontológicas (con
múltiples formas paralelas de su humanidad). «No se trata de ninguna teoría de tres
capas, tal como muestra la analogía con la tridimensionalidad del espacio. Las
dimensiones humanas del ser se penetran entre sí con la misma perfección que las tres
dimensiones espaciales longitud, anchura y altura. Por ejemplo, nunca se puede decir
que la dimensión «anchura» empieza allí donde termina la dimensión «longitud»
(Lukas, 2004). Es decir, la persona es la unidad que unifica y totaliza el cuerpo y el
espíritu.
A cada dimensión le corresponden funciones específicas, que estarán mutuamente
influenciadas. La dimensión biológica se refiere a lo orgánico, al funcionamiento
cerebral, al funcionamiento del sistema nervioso, a los procesos físico-químicos del
cuerpo humano, etc. Por su parte la dimensión psicológica corresponde al mundo
afectivo de la personas (sentimientos, emociones, pasiones, estados anímicos, etc.), a
las pautas de apego, al mundo intrapsíquico, a las pautas comunicacionales, a los estilos
de inteligencias, la disposición moral, etc. Por último, la dimensión espiritual es la
propiamente humana, que cuenta con recursos como el autodistanciamiento, la
autotrascendencia, la consciencia, la libertad-responsabilidad, la religiosidad, la
capacidad de amar.
Frankl (1987, 2003a) llamó a esta unidad-totalidad «ontología dimensional»5. Se refería
al conocimiento de las dimensiones del ser, a los modos en que la persona se
manifiesta. Por medio de la ontología dimensional Frankl pretende salvar la continuidad
5
La palabra ontología proviene del griego y hace mención a ontos (ser); logía (conocimiento). En cuanto a la palabra
dimensional, hace mención a cada una de las direcciones en las que la persona puede manifestarse.
de un fenómeno con los otros, a pesar de la especificidad del fenómeno de la dimensión
superior (que es la espiritual, como se verá al ahondar en las diferentes tesis).
La ontología dimensional propuesta por Frankl (2007) tiene dos leyes que se
complementan y permiten entender esta unidad (tiene una función pedagógica, para
poder identificar cómo se relacionan las dimensiones).
La primera ley es la ley de proyección, que dice que: «uno y el mismo fenómeno,
proyectado fuera de su propia dimensión, en diferentes dimensiones inferiores a la suya
propia, se representa de tal manera que las figuras individuales resultantes se
contradicen una a la otra».
Se considera que al reducir la tridimensionalidad a la bidimensionalidad se observa un
fenómeno original y diferente con respecto a lo que se estaba estudiando. Frankl lo
explica utilizando un cuerpo tridimensional como es el cilindro, que al ser proyectado
bidimensionalmente, se visualiza como una circunferencia (visto desde arriba) o un
rectángulo (proyectado hacia alguno de sus lados). La sombra proyectada sobre
diferentes dimensiones por un mismo objeto pueden ser contradictorias, muy diferentes
entre sí. Ese es el riesgo en el que se puede caer si tenemos una imagen parcial de la
persona, sin considerarlo una unidad con sus dimensiones, porque terminamos
proyectando, sobre dimensiones que son inferiores a la propia, la totalidad de lo que la
persona es. En otras palabras, no considerar una de sus dimensiones es caer en un
reduccionismo6, dejando de lado un aspecto esencial de la persona. Tendríamos una
imagen distorsionada de la persona, ya que se explicarían todos sus comportamientos
teniendo en cuenta solo una o dos dimensiones, lo que nos llevaría a formular la
explicación de sus comportamientos basándonos en dimensiones inferiores a la suya.
La segunda ley dice que «cuando fenómenos diferentes se proyectan, fuera de sus
dimensiones propias, sobre una sola dimensión inferior a las suyas propias, se muestran
de tal manera que las figuras resultantes son ambiguas» (Frankl, 1979). Para poder
ejemplificarlo, Frankl recurre nuevamente a las figuras geométricas, tomando en este
caso tres cuerpos tridimensionales como son el cilindro, el cono y la esfera. Al
proyectar cada una de las figuras en un plano bidimensional, de las tres se obtendría la
misma figura, una circunferencia, por lo que no podríamos identificar a cuál de los tres
cuerpos pertenece. Esto, aplicado en las personas, traería serias dificultades, puesto que
al presentarse un fenómeno no sabríamos a qué dimensión correspondería. Las
conductas humanas tienen diferentes orígenes (pluricausalidad) y sería un error intentar
reducir todas las explicaciones a un único fenómeno (nuevamente estaríamos cayendo
en un reduccionismo). Por lo tanto, no podemos dejar de lado ninguna de las
dimensiones de la persona, ya que en cada manifestación está presente la persona como
una unidad y totalidad.
6
Es considerar a los elementos aislados sin tener en cuenta la totalidad, o considerar a esta como una suma de partes
constantes. Nos lleva a explicar los fenómenos desde un solo lugar. Por ejemplo, los psicologismos explican todo
únicamente desde la dimensión psicológica sin considerar los otros; o bien los biologicismos explican todos los
compartimientos únicamente desde lo orgánico. Todos los reduccionismos consideran una dimensión de la persona,
pero caen en el error de interpretar la parte como el todo. La persona no puede explicarse por «nada más que» una de
sus dimensiones.
La razón por la cual podemos analizar juntas las dos primeras tesis es que, al ser la
persona en sí misma es una unidad indivisible (considerar por separado las diferentes
dimensiones tiene una finalidad pedagógica, pero no podemos precisar dónde ocurre la
separación entre cada una), todos sus comportamientos son biopsicoespirituales. En
relación con la segunda tesis, a la persona no se le puede agregar ni quitar nada. Fue, es
y será biopsicoespiritual. Lo que puede ocurrir es que algunas de sus dimensiones no se
puedan manifestar plenamente (la dimensión espiritual para su expresión requiere de las
otras dos, pero puede ocurrir que por una afección biológica o psicológica la dimensión
espiritual no se manifieste, o que exista falta de madurez de las dimensiones biológica
y/o psicológica que posibilite su expresividad).
Por lo tanto, si bien existen tres dimensiones en la persona que son diferenciables
ontológicamente, estas son indivisibles antropológicamente. Por eso el valor de poder
reconocer a las personas como unidad con sus diferentes dimensiones, pudiendo cuidar
y promover el depliegue de cada una de ellas (sabiendo que se influyen mutuamente).
En las primeras dos tesis se plantea que la persona en sí mismo es unidad-totalidad. Ser
persona implica tener tres dimensiones (biológica, psicológica, espiritual).
Esta cuarta tesis no busca contradecir las primeras dos, sino resaltar la dimensión propia
de la persona, la cual la diferencia de los animales y le corresponde solo a ella (las
dimensiones biológicas y psicológicas las compartimos con los animales). «De la
misma forma como no podemos afirmar que un vaso se compone de un círculo y de un
rectángulo, asimismo el hombre no se compone de cuerpo, alma y espíritu. Más bien se
trata, por lo que se refiere a lo corporal, a lo psíquico y a lo espiritual, de dimensiones
del hombre. Lo espiritual no es solo una dimensión propia del hombre sino que es la
dimensión específica de este» (Frankl, 2003a).
La dimensión espiritual tiene primacía sobre las otras dimensiones solo desde el nivel
operativo, jamás desde su consideración esencial. La dimensión espiritual requiere del
organismo psicofísico para su expresión. Lo psicofísico es condición, soporte y
posibilidad de la espiritualidad humana. El organismo psicofísico posee una doble
función frente a la persona espiritual, una función instrumental y una función expresiva.
En la persona se manifiesta una facticidad psicofísica que constituye la estructura que
necesita la dimensión espiritual para poder expresarse y actuar. Esta facticidad tiene un
valor instrumental, y queda comprendida por una dimensión mayor que es la espiritual
(la específicamente humana). El modo más simple de verlo es poniendo el acento en la
parte instintiva que compartimos con los animales. «El hombre tiene instintos, el animal
es sus instintos» (Frankl, 2003a). Sin embargo, en la persona, la instintividad está
incluida en su espiritualidad, ya que son manifestaciones de sus dimensiones y la
persona es una unidad-totalidad. La separación entre la facticidad psicofísica y lo
espiritual, solo puede ser una separación heurística.
Frankl (1992), al referirse a la dimensión espiritual, emplea preferentemente el término
«noológico». Noológico es un neologismo formado sobre la raíz griega «noos», cuyo
núcleo significativo se constituye en torno a lo mental (considerándolo como opuesto al
cuerpo), en el que se resalta el carácter de lo espiritual como dimensión íntima, genuina
y característica la persona frente a la dimensión física o biológica. A pesar de que el
término correcto, expresivo y preciso para designar esta dimensión corresponde a la
noción de espiritual, Frankl opina que ese término, por cuestiones de lenguaje (en
ámbitos cultos o corrientes) tiende a confundirse o identificarse con la dimensión o
expresión religiosa del ser humano.
La persona tiene disposiciones biológicas, psicológicas, sociales que influyen en su
modo de ser, pero no la determinan. La persona es a pesar de todas ellas. La dimensión
espiritual le permite estar por encima de estas disposiciones y gobernarse.
Como se mencionó, la facticidad tiene un valor utilitario, mientras que la tercera tesis
de la persona nos permite resaltar el valor de la dignidad. La dignidad pertenece solo a
la persona, le corresponde naturalmente, independientemente de cualquier utilidad
social o vital. Por ese motivo, no se le puede dar o quitar dignidad a nadie, sino que se
reconoce o no en la persona (puede ocurrir que uno mismo piensa que no la tiene, aun
cuando no sea así).
La dimensión noética es la específicamente humana, una dimensión donde se ubican los
fenómenos específicamente humanos, llamados recursos noéticos. Los más relevantes
son las manifestaciones espirituales expresadas por la capacidad de autodistanciamiento
y de autotrascendencia (que se desarrollarán en las tesis 9 y 10 respectivamente).
Por medio de esta tesis Frankl pretende diferenciarse del psicoanálisis (en especial de
Freud) respecto a su visión antropológica. Para el psicoanálisis la persona es un ser
impulsado que tiende a la satisfacción de una necesidad (la instancia psíquica que rige
el comportamiento es el ello). Freud llegó a plantear que «el yo no es amo en su propia
casa». Mientras que como ya hemos mencionado en la tesis anterior, para Frankl la
persona es un ser facultativo, que tiene la facultad de decidir.
Frankl rechaza el concepto de yo instintivo del psicoanálisis7, ya que lo considerara
completamente contradictorio, y esa contracción es evidente desde la ontología
dimensional. La persona es genuinamente ella, no es el efecto o el resultado de una
dimensión específica. El yo se reconoce con identidad y origen propio, siendo propios
sus procesos, que son fenómenos de la persona (no son epifenómenos de una instancia
rectora como en el psicoanálisis). La persona yoica de Frankl puede adoptar postura
ante las diferentes pulsiones que tiene.
Se reconoce en la persona un aspecto consciente y otro inconsciente. En relación con
este último podemos identificar un inconsciente instintivo (el ello del psicoanálisis de
Freud) y un inconsciente espiritual, que es donde se encuentran las raíces de lo
espiritual.
Esta realidad espiritual es en sí misma irrefleja e irreflexionable. Por ese motivo, el
espíritu escapa a toda posibilidad de autorreflexión y de autocomprensión; es
inconsciente en sí mismo. El inconsciente tiene elementos espirituales.
El inconsciente espiritual es existencia auténtica que fluye desde un fondo no
reflexionable (no instintivo). De este fondo espiritual de la persona brotan el ímpetu y la
fuerza que nos permiten hacer uso de la libertad, y es el lugar desde donde se toman las
decisiones más auténticas de nuestra existencia. Es desde este inconsciente espiritual Comentado [DR1]: Ver si dejo esta oración
desde se dan la posibilidad para que se manifiesten expresiones de la persona como el
arte (la inspiración en la producción artística), la religiosidad inconsciente (la innata
relación inconsciente de la persona con la trascendencia), y el amor (se capta el valor
del otro). Estas son expresiones de la profundidad del inconsciente espiritual, del cual
emerge la consciencia y en él se halla inmerso su origen.
La consciencia pertenece al orden óntico, por lo que se puede explicar, mientras que el
conocimiento existencial corresponde a lo ontológico y se comprende.
La consciencia es irracional, ya que se trata de una inteligencia premoral de los valores,
prelógica e irreflexionable. La consciencia no es una ley universal; es una ley moral
individual que ilumina la situación concreta de una persona específica.
La consciencia está abierta a la trascendencia. Así como la libertad y la responsabilidad
están orientadas y ligadas a esta (se desarrollará en las próximas tesis).
Continuando con las tesis sobre cómo es la persona, la número 7 retoma lo desarrollado
en las tesis 1 y 2, y añade que es la persona la que brinda unidad y totalidad.
El ser espiritual es la característica distintiva del ser persona, y los animales carecen de
esta capacidad. La persona es en el mundo, está involucrada en él, y se relaciona
valorativamente (mientras que los animales se relacionan fundamentalmente por medio
de respuestas reactivas con su medio ambiente).
La otra diferencia es que la persona puede asumir sus instintos, adoptando una postura
frente a ellos. Un ejemplo es que la persona puede enojarse y querer golpear algo, pero
elije no hacerlo. Es decir no actúa sus instintos.
La última gran diferencia entre el animal y la persona es que esta última puede
trascender. Lo cual nos lleva a la última tesis, que indica la esencia de la existencia
humana.