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TOMADO DEL LIBRO:

TQM: Tutoría Centrada en la Persona. Editorial Arkabas (2019)


Autores: Gastón del Río/Frieda Muñoz Bueno
(Páginas 29-53)

CAPÍTULO 1: FUNDAMENTOS DE LA LOGOTERAPIA


Autor: Gastón del Río

1. Orígenes

La logoterapia y el análisis existencial es una escuela de psicología centrada en el


sentido. Fue creada en 19381 por Viktor Frankl (Viena, 1905 – Viena, 1997), un
médico, neurólogo, psiquiatra y filósofo austríaco2.
Frankl tuvo como maestros a grandes pensadores de su época como Sigmund Freud
(creador del psicoanálisis) y Alfred Adler (creador de la psicología individual), pero se
diferenció de dichos autores en su mirada antropológica y en la consideración del
dinamismo interno de la persona. En su teoría, la pregunta acerca del sentido de la vida,
que muchas veces se presenta en nuestra existencia, era natural, inevitable y necesaria,
mientras que para Freud y Adler no.
Frankl le cuestionaba a Freud su postura mecanicista, que terminaba reduciendo a la
persona a ser impulsada, mero buscador de placer y de homeostasis.
Con respecto a Adler, la discrepancia se dio en las diferencias referidas a las metas
perseguidas por la persona. Adler tenía una postura inmanente, y sostenía que las metas
surgían a partir de conflicto o de negociaciones intrapsíquicas, mientras que para Frankl
surgían a partir del ser trascendente como característica esencial de la persona. Sin
embargo, Frankl, durante toda su vida, reconoció los aportes de estos maestros suyos
pese a las diferencias existentes, y es posible reconocer en la logoterapia y el análisis
existencial la influencia de estos autores.
Por esos motivos, a la logoterapia y el análisis existencial se le considera la tercera
escuela de psicoterapia de Viena (detrás del psicoanálisis de Freud y la psicoterapia
individual de Adler). En los tratados americanos se le incluye como «la tercera fuerza»
(considerando al psicoanálisis la primera, y a la escuela de la conducta la segunda).
Frankl creó la logoterapia y el análisis existencial enriqueciéndose con el contacto de
varios intelectuales contemporáneos, que de modo directo o indirecto generaron una
influencia en lo que es hoy esta escuela de psicología.

1
A partir de ese año Frankl habla sobre logoterapia, a la que luego cambió el nombre a análisis existencial. En ese
tiempo aparece también la obra de Ludwig Binswanger, quien llamó a su teoría análisis existencial. Para poder
diferenciarse de esta, Frankl retomó el nombre original de logoterapia.
2
La biografía de Frankl es de particular interés, e incluso se han escrito obras específicas profundizando en ella. Su
testimonio es ejemplo de vida, y él mismo consiguió encarnar lo que planteaba en su teoría psicológica. La principal
obra respecto a su vida es El hombre en busca de sentido, escrita por él mismo, libro en el cual narra su experiencia
en los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
La logoterapia y el análisis existencial surgió en un periodo de conmoción entre las
dos guerras mundiales. Frankl ya había escrito su teoría y tenía la intención de
publicarla. Sin embargo, al igual que muchos camaradas judíos suyos, fue deportado,
primero al gueto de Terezin y luego a los campos de concentración de Auschwitz,
Buchenwald, Birkenau y Dachau. Esta experiencia fundamental en su vida le permitió
encarnar su teoría, al verse él mismo obligado a afrontar en una situación extrema
aquello que había visto en tantas personas a las que había acompañado en su tarea como
psiquiatra.
La logoterapia es la psicoterapia que introduce el tema del sentido de vida en el ámbito
de la salud. El significado etimológico de la palabra logoterapia, se remite al griego:
logos. De entre los posibles significados que el término acuña, se incluyen el de
«significado» y «propósito», tomando la acepción «sentido»; mientras que terapia se
refiere a «cuidado», «cura». Por ello podríamos definirla como la terapia centrada en el
sentido. «Una traducción literal del término logoterapia, es la de «terapéutica mediante
el logos, mediante el sentido». Desde luego, podría traducirse también como «curación
mediante el sentido». En cualquier caso, logoterapia es una psicoterapia centrada en el
sentido (Frankl, 2003b).
La logoterapia y el análisis existencial se centran en la reflexión sobre el sentido, los
valores, la libertad y la responsabilidad sobre nuestra existencia. El análisis existencial
se refiere a buscar y encontrarle sentido a la vida en y desde la dimensión espiritual.
La logoterapia y el análisis existencial constituyen, pues, una psicoterapia «orientada en
lo espiritual». Por un lado la logoterapia se refiere a la terapia «desde lo espiritual» y
por el otro, el análisis existencial a una terapia «sobre lo espiritual».
El análisis existencial es la explicación de la existencia y la explicitación de los
fenómenos espirituales, mientras que la logoterapia permite que los factores espirituales
inconscientes, removidos o reprimidos se vuelvan conscientes 3.

Relación con otras escuelas

Hubieron muchos autores tuvieron especial influencia en la creación de la logoterapia y


el análisis existencial (Freud, Adler, Schwarz, Buber, Jaspers, Heidegger, Marcel, entre
otros). Uno de los autores que más influyó en la creación de esta escuela de psicología,
cuyos aportes enriquecen la propuesta del programa TQM, fue Rudolph Allers (gran
maestro y amigo de Frankl). Ambos compartieron el círculo de Alfred Adler, y
realizaron algunos trabajos en conjunto. Entre las influencias de este que pueden
encontrarse en la obra de Frankl se destacan:
1. Allers intentaba integrar la psicología con la antropología, resaltando que la
persona humana está abierta a la trascendencia.

3 Tomando en cuenta esta diferenciación, los aportes de este enfoque teórico para ser aplicados, y que
sustentan el programa TQM, son los referidos al análisis existencial y su antropología. Si bien muchas
veces se refiere a la aplicación de la logoterapia en la educación, lo que puntualmente se aplica en
educación es el análisis existencial frankleano. Pero al ser una única escuela de psicológica, se suele
referir a Logoterapia y educación, pero del cuerpo teórico de este este enfoque lo que se aplica es el
análisis existencial, puesto que la aplicación en educación no es un terapia educativa.
2. Allers considera que la persona es «ser-en-elmundo» motivo por el cual
puede y debe ir descubriendo y aceptando su propia realidad como misión o
tarea. Es la posibilidad de entregarse, desplegándose como persona y
adoptando una posición ante su escala de valores.
3. Brinda una visión unificada de la persona, reconociendo que esta es
dinámica y que cuenta con la dimensión del espíritu humano.
4. Todos tenemos una escala de valores, de la que somos más o menos
conscientes. Esta escala de valores nos hace tomar una posición ante cada
situación en la vida.

Otros dos autores que influyeron notablemente en la logoterapia y el análisis existencial


(en especial en lo filosófico cosmovisional, en el concepto antropológico) fueron
Nicolai Hartmann y Max Scheler. El primero de ellos resalta que existen diferencias
ontológicas en el ser humano, que se dan en cuatro estratos, planteando una unidad por
cada ordenamiento jerárquico: 1. físico, 2. orgánico, 3. anímico y 4. espiritual. Cada
uno de estos estratos tiene su propia dinámica interna, y se eleva sobre el supuesto
anterior.
En cuanto a Max Scheler, sostenía que la persona está abierta al mundo, que tiene una
disposición trascendente y una dimensión espiritual, a partir de la cual puede adoptar
una actitud ante lo físico.
Para Max Scheler, la persona humana es trascendente, por lo que siempre está dirigida
hacia algo (un trabajo, ocupación, etc.) o alguien (amigos, padres, Dios, etc.) distinto de
sí.
Por último, nos encontramos con Ludwig Binswanger 4 cuyos aportes teóricos tienen
muchos puntos de convergencia con la logoterapia y el análisis existencial. Dichos
puntos de convergencia enriquecen la propuesta de TQM. Ambos autores, consideran a
la persona como un «ser-en-el-mundo». Para este autor el mundo es singular, personal y
distinto, teniendo cada persona a partir de su autoconsciencia del mundo la capacidad
para asumir la responsabilidad ante su propia existencia.
La convergencia más significativa en el pensamiento de ambos autores tiene que ver
con el lugar central que ocupa el amor en sus teorías. Para Binswanger existen
diferentes modos existenciales, siendo el modo amor (o dual) algo así como «ser-
juntos-en-el-amor». Ambos ponen énfasis en que la persona alcanza su plenitud al ser
con otros (en Frankl será por medio de la autotrascendencia).
Como podemos observar, el pensamiento de estos psicólogos y filósofos tuvo una
influencia muy marcada en la creación de la logoterapia. Además, podemos encontrar
en esta escuela de psicología elementos del humanismo americano, tanto como del
existencialismo europeo. Al compartir postulados con cada uno de ellos, podemos

4El mérito de Binswanger es haber devuelto y restablecido en su humanidad al ser humano. La teoría de
Binswanger surge de la aplicación de los conceptos de Husserl y Heidegger a la psicoterapia, mientras
que la escuela de Frankl a partir de los aportes de Scheler, aplicados a la psicoterapia. (Bruzzone, 2008)
ubicarla, en relación con las grandes escuelas de psicología, en la humanista-existencial
(sin embargo, no es una integración de ambos enfoques).
Con el humanismo comparte el optimismo por la persona humana y el pragmatismo,
que han llevado a que la logoterapia creara técnicas diagnósticas y terapéuticas
específicas. Sin embargo se separa del humanismo por la visión antropológica de la que
parte. Para el humanismo clásico, la persona tiende a la autorrealización, mientras que
para la logoterapia tiende hacia la autotrascendencia.
Con las escuelas existenciales son mayores las relaciones, ya que se observa en toda la
teoría frankleana el valor de la filosofía que la sustenta. La logoterapia considera la
angustia del ser arrojado en la existencia, viviendo con la incertidumbre de ser o no ser.
Este estado de incertidumbre y angustia genera una tensión que se encarna en la
búsqueda de un sentido. La persona vive, entonces, en un estado de angustia y tiende a
la búsqueda de sentido para su vida.
Frankl siempre intentó promover el diálogo y la integración de la logoterapia con otras
escuelas de psicología y con otras ciencias. De hecho, veía a su teoría como un aporte a
lo existente, no como un reemplazo. Justamente una de sus riquezas es su capacidad de
integrar los aportes de otras líneas. Y sin embargo, la logoterapia es una escuela de
psicoterapia en sí misma. En palabras de Yalom (1984), «[…] no pertenece ni a las
escuelas psicoanalíticamente orientadas ni a la psiquiatría formal ni a los estudios
religiosos ni a la psicología de orientación conductista y ni siquiera a los movimientos
pop de desarrollo personal».
La logoterapia y el análisis existencial se centran en temas como el sentido, los valores,
la libertad y la responsabilidad sobre nuestra existencia. El análisis existencial se refiere
a buscar y encontrarle sentido a la vida en y desde la dimensión espiritual. La
logoterapia y el análisis existencial constituye, pues, una psicoterapia «orientada en lo
espiritual» (donde la logoterapia se refiere a la terapia «desde lo espiritual» y el análisis
existencial a una terapia «sobre lo espiritual»).
Este análisis existencial es la explicación de la existencia y la explicitación de los
fenómenos espirituales, mientras que la logoterapia permite que los factores espirituales
inconscientes, removidos o reprimidos se vuelvan conscientes.

2. Antropología frankleana

Luego de describir brevemente el contexto en el que surge y se desarrolla la logoterapia


y el análisis existencial, es fundamental identificar y precisar la imagen de persona de
la que parte esta escuela, ya que la antropología frankleana es el corazón de la misma.
En este contexto, es necesario comprender que toda teoría psicológica se formula en
función a su concepto de persona, y es a partir del mismo que se explica el proceso de
cambio. Por ello la logoterapia busca ampliar la mirada sobre el ser humano.
Viktor Frankl, en su libro Logos y existencia (actualmente compilado dentro del libro
La voluntad de sentido) presentó una conferencia titulada Diez tesis sobre la persona,
dictada en 1948 en el marco de las Jornadas de Escuelas Superiores de Salzburgo, en la
cual presenta los postulados de su antropología.
El programa TQM se basa en estas diez tesis, y busca por medio de diferentes
estrategias ayudar a que los adolescentes puedan desplegar su humanidad,
reconociéndolas y vivenciándolas, con el fin de que logren encontrarle sentido a su
vida, y tengan una existencia más auténtica. Explicaremos cada una de estas tesis, las
cuales están íntimamente relacionadas:

Tesis número 1: La persona es un individuo: no admite partición,


subdivisión o escisión alguna porque es una unidad.

Tesis número 2: La persona no es solo un individuum, sino también in-


summabile: ni se puede partir ni se le puede agregar nada, porque al tiempo
que es «unidad» es «totalidad».

Las dos primeras tesis pueden explicarse juntas. La logoterapia y el análisis existencial
consideran a la persona como una unidad bio-psico-espiritual. La persona cuenta con
estas tres dimensiones, que se encuentran íntimamente unidas, por lo que todos sus
comportamientos son biopsicoespirituales. Cada una de las dimensiones corresponde
respectivamente al plano somático, psíquico y espiritual. La persona presenta una
unidad antropológica (ónticamente es una unidad), con diferencias ontológicas (con
múltiples formas paralelas de su humanidad). «No se trata de ninguna teoría de tres
capas, tal como muestra la analogía con la tridimensionalidad del espacio. Las
dimensiones humanas del ser se penetran entre sí con la misma perfección que las tres
dimensiones espaciales longitud, anchura y altura. Por ejemplo, nunca se puede decir
que la dimensión «anchura» empieza allí donde termina la dimensión «longitud»
(Lukas, 2004). Es decir, la persona es la unidad que unifica y totaliza el cuerpo y el
espíritu.
A cada dimensión le corresponden funciones específicas, que estarán mutuamente
influenciadas. La dimensión biológica se refiere a lo orgánico, al funcionamiento
cerebral, al funcionamiento del sistema nervioso, a los procesos físico-químicos del
cuerpo humano, etc. Por su parte la dimensión psicológica corresponde al mundo
afectivo de la personas (sentimientos, emociones, pasiones, estados anímicos, etc.), a
las pautas de apego, al mundo intrapsíquico, a las pautas comunicacionales, a los estilos
de inteligencias, la disposición moral, etc. Por último, la dimensión espiritual es la
propiamente humana, que cuenta con recursos como el autodistanciamiento, la
autotrascendencia, la consciencia, la libertad-responsabilidad, la religiosidad, la
capacidad de amar.
Frankl (1987, 2003a) llamó a esta unidad-totalidad «ontología dimensional»5. Se refería
al conocimiento de las dimensiones del ser, a los modos en que la persona se
manifiesta. Por medio de la ontología dimensional Frankl pretende salvar la continuidad

5
La palabra ontología proviene del griego y hace mención a ontos (ser); logía (conocimiento). En cuanto a la palabra
dimensional, hace mención a cada una de las direcciones en las que la persona puede manifestarse.
de un fenómeno con los otros, a pesar de la especificidad del fenómeno de la dimensión
superior (que es la espiritual, como se verá al ahondar en las diferentes tesis).
La ontología dimensional propuesta por Frankl (2007) tiene dos leyes que se
complementan y permiten entender esta unidad (tiene una función pedagógica, para
poder identificar cómo se relacionan las dimensiones).
La primera ley es la ley de proyección, que dice que: «uno y el mismo fenómeno,
proyectado fuera de su propia dimensión, en diferentes dimensiones inferiores a la suya
propia, se representa de tal manera que las figuras individuales resultantes se
contradicen una a la otra».
Se considera que al reducir la tridimensionalidad a la bidimensionalidad se observa un
fenómeno original y diferente con respecto a lo que se estaba estudiando. Frankl lo
explica utilizando un cuerpo tridimensional como es el cilindro, que al ser proyectado
bidimensionalmente, se visualiza como una circunferencia (visto desde arriba) o un
rectángulo (proyectado hacia alguno de sus lados). La sombra proyectada sobre
diferentes dimensiones por un mismo objeto pueden ser contradictorias, muy diferentes
entre sí. Ese es el riesgo en el que se puede caer si tenemos una imagen parcial de la
persona, sin considerarlo una unidad con sus dimensiones, porque terminamos
proyectando, sobre dimensiones que son inferiores a la propia, la totalidad de lo que la
persona es. En otras palabras, no considerar una de sus dimensiones es caer en un
reduccionismo6, dejando de lado un aspecto esencial de la persona. Tendríamos una
imagen distorsionada de la persona, ya que se explicarían todos sus comportamientos
teniendo en cuenta solo una o dos dimensiones, lo que nos llevaría a formular la
explicación de sus comportamientos basándonos en dimensiones inferiores a la suya.
La segunda ley dice que «cuando fenómenos diferentes se proyectan, fuera de sus
dimensiones propias, sobre una sola dimensión inferior a las suyas propias, se muestran
de tal manera que las figuras resultantes son ambiguas» (Frankl, 1979). Para poder
ejemplificarlo, Frankl recurre nuevamente a las figuras geométricas, tomando en este
caso tres cuerpos tridimensionales como son el cilindro, el cono y la esfera. Al
proyectar cada una de las figuras en un plano bidimensional, de las tres se obtendría la
misma figura, una circunferencia, por lo que no podríamos identificar a cuál de los tres
cuerpos pertenece. Esto, aplicado en las personas, traería serias dificultades, puesto que
al presentarse un fenómeno no sabríamos a qué dimensión correspondería. Las
conductas humanas tienen diferentes orígenes (pluricausalidad) y sería un error intentar
reducir todas las explicaciones a un único fenómeno (nuevamente estaríamos cayendo
en un reduccionismo). Por lo tanto, no podemos dejar de lado ninguna de las
dimensiones de la persona, ya que en cada manifestación está presente la persona como
una unidad y totalidad.

6
Es considerar a los elementos aislados sin tener en cuenta la totalidad, o considerar a esta como una suma de partes
constantes. Nos lleva a explicar los fenómenos desde un solo lugar. Por ejemplo, los psicologismos explican todo
únicamente desde la dimensión psicológica sin considerar los otros; o bien los biologicismos explican todos los
compartimientos únicamente desde lo orgánico. Todos los reduccionismos consideran una dimensión de la persona,
pero caen en el error de interpretar la parte como el todo. La persona no puede explicarse por «nada más que» una de
sus dimensiones.
La razón por la cual podemos analizar juntas las dos primeras tesis es que, al ser la
persona en sí misma es una unidad indivisible (considerar por separado las diferentes
dimensiones tiene una finalidad pedagógica, pero no podemos precisar dónde ocurre la
separación entre cada una), todos sus comportamientos son biopsicoespirituales. En
relación con la segunda tesis, a la persona no se le puede agregar ni quitar nada. Fue, es
y será biopsicoespiritual. Lo que puede ocurrir es que algunas de sus dimensiones no se
puedan manifestar plenamente (la dimensión espiritual para su expresión requiere de las
otras dos, pero puede ocurrir que por una afección biológica o psicológica la dimensión
espiritual no se manifieste, o que exista falta de madurez de las dimensiones biológica
y/o psicológica que posibilite su expresividad).
Por lo tanto, si bien existen tres dimensiones en la persona que son diferenciables
ontológicamente, estas son indivisibles antropológicamente. Por eso el valor de poder
reconocer a las personas como unidad con sus diferentes dimensiones, pudiendo cuidar
y promover el depliegue de cada una de ellas (sabiendo que se influyen mutuamente).

Tesis número 3: Cada persona es absolutamente un ser nuevo.


Teniendo en cuenta la influencia de la antropología judeo-cristiana, Frankl resalta que
toda persona es única e irrepetible. Nos lleva a considerarla en su carácter original,
singular, peculiar, con el valor en sí mismo que cada persona tiene.
Por medio de esta tesis, se resalta el lugar de la dignidad de cada persona, el valor que
tiene la existencia de cada uno. Nosotros vivimos una existencia compartida, y poder
reconocer el valor de cada persona es una capacidad que favorece la convivencia y la
cultura de la paz.
Esta tesis también reivindica el lugar de la persona, reconociendo el valor de la vida y
de cada individuo, así como su posibilidad de hacer con ella una vida con sentido, que
puede ser redimida. Al ser la persona «nueva», tiene la posibilidad de hacer algo
peculiar, diferente e irrepetible con su vida. Esta tesis rechaza todo tipo de
determinismos. Podemos estar condicionados por factores genéticos, hereditarios,
adquiridos, pero la persona siempre tiene la posibilidad de hacer y de escribir su propia
historia (este punto se desarrolla más profundamente en la tesis 5).

Tesis número 4: Cada persona es espiritual.

En las primeras dos tesis se plantea que la persona en sí mismo es unidad-totalidad. Ser
persona implica tener tres dimensiones (biológica, psicológica, espiritual).
Esta cuarta tesis no busca contradecir las primeras dos, sino resaltar la dimensión propia
de la persona, la cual la diferencia de los animales y le corresponde solo a ella (las
dimensiones biológicas y psicológicas las compartimos con los animales). «De la
misma forma como no podemos afirmar que un vaso se compone de un círculo y de un
rectángulo, asimismo el hombre no se compone de cuerpo, alma y espíritu. Más bien se
trata, por lo que se refiere a lo corporal, a lo psíquico y a lo espiritual, de dimensiones
del hombre. Lo espiritual no es solo una dimensión propia del hombre sino que es la
dimensión específica de este» (Frankl, 2003a).
La dimensión espiritual tiene primacía sobre las otras dimensiones solo desde el nivel
operativo, jamás desde su consideración esencial. La dimensión espiritual requiere del
organismo psicofísico para su expresión. Lo psicofísico es condición, soporte y
posibilidad de la espiritualidad humana. El organismo psicofísico posee una doble
función frente a la persona espiritual, una función instrumental y una función expresiva.
En la persona se manifiesta una facticidad psicofísica que constituye la estructura que
necesita la dimensión espiritual para poder expresarse y actuar. Esta facticidad tiene un
valor instrumental, y queda comprendida por una dimensión mayor que es la espiritual
(la específicamente humana). El modo más simple de verlo es poniendo el acento en la
parte instintiva que compartimos con los animales. «El hombre tiene instintos, el animal
es sus instintos» (Frankl, 2003a). Sin embargo, en la persona, la instintividad está
incluida en su espiritualidad, ya que son manifestaciones de sus dimensiones y la
persona es una unidad-totalidad. La separación entre la facticidad psicofísica y lo
espiritual, solo puede ser una separación heurística.
Frankl (1992), al referirse a la dimensión espiritual, emplea preferentemente el término
«noológico». Noológico es un neologismo formado sobre la raíz griega «noos», cuyo
núcleo significativo se constituye en torno a lo mental (considerándolo como opuesto al
cuerpo), en el que se resalta el carácter de lo espiritual como dimensión íntima, genuina
y característica la persona frente a la dimensión física o biológica. A pesar de que el
término correcto, expresivo y preciso para designar esta dimensión corresponde a la
noción de espiritual, Frankl opina que ese término, por cuestiones de lenguaje (en
ámbitos cultos o corrientes) tiende a confundirse o identificarse con la dimensión o
expresión religiosa del ser humano.
La persona tiene disposiciones biológicas, psicológicas, sociales que influyen en su
modo de ser, pero no la determinan. La persona es a pesar de todas ellas. La dimensión
espiritual le permite estar por encima de estas disposiciones y gobernarse.
Como se mencionó, la facticidad tiene un valor utilitario, mientras que la tercera tesis
de la persona nos permite resaltar el valor de la dignidad. La dignidad pertenece solo a
la persona, le corresponde naturalmente, independientemente de cualquier utilidad
social o vital. Por ese motivo, no se le puede dar o quitar dignidad a nadie, sino que se
reconoce o no en la persona (puede ocurrir que uno mismo piensa que no la tiene, aun
cuando no sea así).
La dimensión noética es la específicamente humana, una dimensión donde se ubican los
fenómenos específicamente humanos, llamados recursos noéticos. Los más relevantes
son las manifestaciones espirituales expresadas por la capacidad de autodistanciamiento
y de autotrascendencia (que se desarrollarán en las tesis 9 y 10 respectivamente).

Tesis número 5: La persona es existencial.


Continuando con la tesis anterior, lo propiamente humano es tomar posición ante lo
psicofísico, que actúa como condicionamiento de la libertad. Esto se puede hacer a
través de la realidad espiritual, que es por definición solo lo libre en el hombre (Frankl,
2003a). La persona está facultada para tomar posición ante los condicionamientos
biológicos, psicológicos y socioculturales.
La persona cuenta con la facticidad psicofísica, pero es un ser facultativo. Considerar a
la persona como un ser facultativo nos introduce en el tema de la libertad, ya que el ser
humano existe de acuerdo a su propia posibilidad, para la cual o contra la cual puede
decidirse.
Por medio de esta tesis se reconoce la libertad en la persona. La persona es un ser que
se decide, que se elige. La facticidad psicofísica implica el reconocimiento de ciertos
aspectos (como los condicionamientos), pese a los cuales la persona puede gobernarse.
Esa facticidad psicofísica nos da posibilidades (por ejemplo, tener piernas nos da la
posibilidad de caminar) y pueden ser limitantes (por ejemplo, si tengo asma mi
resistencia física va a ser escasa).
La libertad no solo es finita, sino que también es responsable. En la responsabilidad se
incluye el para qué de la libertad humana, a favor o en contra de qué se decide (en la
parte de los principios desarrollaremos estos temas).
El ser facultativo permite que la persona pueda irse autoconfigurando por medio de sus
decisiones. Cada decisión hace que la persona se convierta en quien es. La conducta de
la persona puede estar influenciada por los condicionamientos, pero en definitiva se
actúa por medio de decisiones. La reiteración de actos genera hábitos. Este hábito
termina generando una especie de «segunda naturaleza» que se termina estableciendo
como una actitud casi instintiva. Es por ello que Frankl (2003a) sostiene que «se podría
decir, entonces, que la decisión de hoy es el instinto de mañana».
Entonces, la persona es existencial porque existe de acuerdo a sus propias posibilidades,
ya que decide qué tipo de persona ser (teniendo en cuenta sus condicionamientos), y se
hace responsable de esta decisión. Para tomar decisiones las personas contamos con un
recurso espiritual que es la consciencia. Entendida esta como la capacidad intuitiva de
percibir el sentido único e irrepetible que está en cada situación. Es un órganon que
percibe el sentido único y singular de cada situación, que permite la captación de
valores. La persona no es un ser impulsado, sino que es intencional. Puede elegir a
partir de valores que lo atraen y cuya realización busca. «La consciencia es uno de los
fenómenos específicamente humanos. Se podría definir como la capacidad intuitiva de
percibir el sentido único e irrepetible que está escondido en cada situación. En una
palabra, la consciencia es un órgano que percibe el sentido» (Frankl, 1997).
La consciencia es innata a la estructura ontológica del ser humano y se activa por el
influjo directo de lo emotivo, en lugar de por una reflexión lógica o intelectual. La
consciencia orienta a la persona hacia un sentido peculiar y único que lo atrae, no lo
impulsa. Esta emocionalidad se diferencia de la afectividad no en el sentido psicológico
de una facticidad, sino en el sentido ontológico.
Para comprender mejor la consciencia para la logoterapia debemos explicar la tesis
número 6.
Tesis número 6: La persona es yoica.

Por medio de esta tesis Frankl pretende diferenciarse del psicoanálisis (en especial de
Freud) respecto a su visión antropológica. Para el psicoanálisis la persona es un ser
impulsado que tiende a la satisfacción de una necesidad (la instancia psíquica que rige
el comportamiento es el ello). Freud llegó a plantear que «el yo no es amo en su propia
casa». Mientras que como ya hemos mencionado en la tesis anterior, para Frankl la
persona es un ser facultativo, que tiene la facultad de decidir.
Frankl rechaza el concepto de yo instintivo del psicoanálisis7, ya que lo considerara
completamente contradictorio, y esa contracción es evidente desde la ontología
dimensional. La persona es genuinamente ella, no es el efecto o el resultado de una
dimensión específica. El yo se reconoce con identidad y origen propio, siendo propios
sus procesos, que son fenómenos de la persona (no son epifenómenos de una instancia
rectora como en el psicoanálisis). La persona yoica de Frankl puede adoptar postura
ante las diferentes pulsiones que tiene.
Se reconoce en la persona un aspecto consciente y otro inconsciente. En relación con
este último podemos identificar un inconsciente instintivo (el ello del psicoanálisis de
Freud) y un inconsciente espiritual, que es donde se encuentran las raíces de lo
espiritual.
Esta realidad espiritual es en sí misma irrefleja e irreflexionable. Por ese motivo, el
espíritu escapa a toda posibilidad de autorreflexión y de autocomprensión; es
inconsciente en sí mismo. El inconsciente tiene elementos espirituales.
El inconsciente espiritual es existencia auténtica que fluye desde un fondo no
reflexionable (no instintivo). De este fondo espiritual de la persona brotan el ímpetu y la
fuerza que nos permiten hacer uso de la libertad, y es el lugar desde donde se toman las
decisiones más auténticas de nuestra existencia. Es desde este inconsciente espiritual Comentado [DR1]: Ver si dejo esta oración
desde se dan la posibilidad para que se manifiesten expresiones de la persona como el
arte (la inspiración en la producción artística), la religiosidad inconsciente (la innata
relación inconsciente de la persona con la trascendencia), y el amor (se capta el valor
del otro). Estas son expresiones de la profundidad del inconsciente espiritual, del cual
emerge la consciencia y en él se halla inmerso su origen.
La consciencia pertenece al orden óntico, por lo que se puede explicar, mientras que el
conocimiento existencial corresponde a lo ontológico y se comprende.
La consciencia es irracional, ya que se trata de una inteligencia premoral de los valores,
prelógica e irreflexionable. La consciencia no es una ley universal; es una ley moral
individual que ilumina la situación concreta de una persona específica.
La consciencia está abierta a la trascendencia. Así como la libertad y la responsabilidad
están orientadas y ligadas a esta (se desarrollará en las próximas tesis).
Continuando con las tesis sobre cómo es la persona, la número 7 retoma lo desarrollado
en las tesis 1 y 2, y añade que es la persona la que brinda unidad y totalidad.

7 No rechaza que existan aspectos instintivos en la persona.


Tesis número 7: La persona no es solo unidad y totalidad en sí misma sino
que la persona brinda unidad y totalidad: ella presenta la unidad físico-
psíquico-espiritual y la totalidad representada por la criatura hombre.

La persona cuenta con recursos espirituales que no se encuentran en lo psicofísico, no


son una realidad óntica, sino una posibilidad de manifestación (para ello necesita de lo
psicofísico).
La persona representa un punto de interacción, un cruce de tres niveles de existencia, y
dentro de esa unidad y totalidad, lo espiritual se contrapone a lo biológico y lo psíquico.
A esta posibilidad de anteponerse Frankl la denomina «antagonismo noopsicológico»,
donde reside el «poder de resistencia del espíritu». Este recurso permite a la persona
tomar distancia de lo psicofísico, y le da la posibilidad de elegir actuar pese a ello. El
gran desafío está en ayudar a que la persona reconozca esta posibilidad siempre
presente en ella, de poder asumir una postura pese a determinados condicionamientos.
El poder tomar distancia es expresión del autodistanciamiento, que es la capacidad
específicamente humana de tomar distancia de sí mismo, de monitorear y controlar los
propios procesos emotivo-cognitivos (lo que se suele llamar metacognición). Implica
cierto conocimiento de uno mismo y del control que la persona puede tener sobre su
propia actividad cognitiva, sus sentimientos y sus sensaciones. Esto se relaciona con el
proceso de apuntar hacia metas. En ese sentido, este recurso noético influye en las
capacidades metacognitivas de la persona, de tal forma que cuando se habla de
metacognición se está hablando de autodistanciamiento.
Dentro de las capacidades específicas del autodistanciamiento nos encontramos con la
autocomprensión y la autorregulación. La primera es la capacidad que tienen las
personas de verse a sí mismas en una determinada situación y de entender sus
circunstancias particulares, con lo que les sucede, lo que piensan y lo que sienten;
teniendo la capacidad monitorearse y encontrarse consigo mismas. Se trata de un motor
de cambio, ya que permite identificar lo que hay que modificar, la necesidad de tomar
distancia o de asumir una actitud determinada (esto se relaciona con la tesis 8). La
autorregulación es la capacidad de ser proactivo ante lo que se piensa o se siente. Es la
capacidad de poder detener, postergar o aplazar la satisfacción de los instintos. Está
asociada con la autodisciplina humana. La autorregulación puede darse ante una
situación interna, o bien ante una externa.

Tesis número 8: La persona es dinámica.

La persona tiene la posibilidad de distanciarse del organismo psicofísico al contar con


la facultad de adoptar una postura ante lo que le ocurre. Esta posibilidad de
autodistanciarse es propia del ser humano. Se relaciona con una capacidad de este
recurso que es la autoproyección, que consiste en verse a sí mismo de otra manera, de
concebirse de un modo diferente, de verse como proceso.
Además, la persona, al ser dinámica, puede ir decidiendo en qué persona convertirse (se
relaciona con la tesis 5). A partir de cada decisión la persona puede ir modificando algo
de lo que es, ya que tiene el privilegio de hacer de su vida una vida con sentido, en la
que cada decisión que toma es única y eterna (por eso es necesario reconocer su mundo
con los condicionamientos que existen, reconociendo el carácter situacional de la
decisión, que van a ir configurando su destino). La persona, por ser espiritual, es
potencia pura y esta potencia se manifiesta en sus acciones. Además, puede ir optando
cómo vivir cada momento de su vida. Para explicar este dinamismo la frase de
Heráclito sobre si una persona puede bañarse dos veces en el mismo río es un modo de
explicar que la persona es dinámica y puede ir cambiando, pese a los
condicionamientos biológicos, psicológicos y socioculturales. Sin embargo, huelga
decir que no puede convertirse en todo lo que quiera, porque en ese caso negaría su
facticidad psicofísica (la persona, de modo limitado, es un ser ilimitado).

Tesis número 9: El animal no es persona, puesto que no es capaz de


autodistanciarse, trascenderse y enfrentarse a sí mismo.

El ser espiritual es la característica distintiva del ser persona, y los animales carecen de
esta capacidad. La persona es en el mundo, está involucrada en él, y se relaciona
valorativamente (mientras que los animales se relacionan fundamentalmente por medio
de respuestas reactivas con su medio ambiente).
La otra diferencia es que la persona puede asumir sus instintos, adoptando una postura
frente a ellos. Un ejemplo es que la persona puede enojarse y querer golpear algo, pero
elije no hacerlo. Es decir no actúa sus instintos.
La última gran diferencia entre el animal y la persona es que esta última puede
trascender. Lo cual nos lleva a la última tesis, que indica la esencia de la existencia
humana.

Tesis número 10: La persona no se comprende a sí misma sino desde el


punto de vista de la trascendencia.

La persona es un ser en el mundo y se comprende a sí mismo desde la trascendencia. Es


en el mundo donde se puede encontrar y realizar un sentido de vida. Ser persona
implica salir de uno mismo hacia algo o alguien distinto de sí (otra persona, una causa,
Dios para aquellos que creen, etc.).
La autotrascendencia hace referencia a la capacidad intencional de la consciencia para
dirigirse hacia algo o alguien significativo. Es la orientación fundamental de La persona
hacia el sentido y los valores. Una capacidad específica de este recurso es la
diferenciación, que consiste en reconocer al otro como otro, diferenciando entre un yo y
un tú.
Esto nos introduce a la noción de noodinamia, que es la dinámica que explica el
movimiento de la persona, la cual se encuentra en un campo de tensión y cuyos polos
están representados por la persona y el sentido que lo apela, o lo requiere. Noodinamia
es la dinámica tensional entre el hombre y el sentido oculto en el mundo (Frankl, 1997).
La existencia oscila entre el ser y el deber ser, y esta oscilación es necesaria. El ser
humano está en un campo polarizado de tensiones entre el ser y el deber, en la presencia
del sentido y de los valores. La tensión entre el ser y deber ser permite encontrar sentido
en la vida.
Es por medio de la autotrascendencia que se manifiesta el aspecto intencional de la
persona, dirigiéndose a objetos intencionales valorativos, ya que La persona está
siempre orientado hacia algo más allá de sí mismo en el mundo.
En esta tesis se observa la influencia del pensamiento de Max Scheler, ya que Frankl
retoma lo planteado por este autor, el cual plantea que la persona existe únicamente en
la realización de actos intencionales y que considera al mundo como el correlato
objetivo de la persona. «Es de esencia de la persona que viva y exista únicamente en la
realización de actos intencionales. Por consiguiente, ella no es, esencialmente, ningún
“objeto”. Al contrario, toda postura objetiva (bien sea el percibir, el representar, el
pensar, el recordar, el esperar) hace en seguida trascendente el ser de la persona»
(Scheler, 2001).
La autotrascendencia indica la intencionalidad de la persona de dirigirse hacia objetos
intencionales valorativos, es decir, a algo o alguien distinto de sí. La entrega es una de
las capacidades específicas de este recurso. Esta intencionalidad permite a la persona
reconocer a otro ser con el cual se puede «estar junto a». La presencia de este otro no es
una presencia espacial ni una presencia óntica, sino más bien una presencia ontológica.
Esta posibilidad caracterizada por el «estar junto a» de la espiritualidad humana, es
donde radica un conocimiento ontológico y no óntico.
La autotrascendencia implica la capacidad de verse afectado por el impacto emocional
que produce un valor o sentido, que es descubierto. Cuando la persona, a partir del
descubrimiento de valores y sentido, descubre la orientación que va tomando su vida,
puede llegar a comprenderse como tal.
Al reconocer a la persona como autotrascendente, se resalta que somos seres
relacionales. El ser persona, implica ser-con-otros, y al autotrasceder, es lo que
posibilita que nos encontremos con otras personas y con los valores.
Por medio de estas 10 tesis se intenta explicar qué es la persona para la logoterapia y el
análisis existencial. Como mencionamos previamente, el programa TQM busca ayudar
a los adolescentes a hacer mejor uso de sus recursos personales, usando como eje cada
una de las tesis. A continuación, presentaremos la base de los principios
logoterapéuticos para poder entender la propuesta de aplicación de este proyecto, que
no es una propuesta psicoterapéutica sino educativa para promover el despliegue de la
persona como una totalidad.

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