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/ PAF(A NIÑOS.

PRECIO
UNA PESETA

3VTA ID RXID

Eetableol miento tipográfico de F- NozAI.


Ctlle <¡é Jtsiii, núm. i
1907
MARTIN CHICO

PATRIA
L E C T O R A S N A C IO N A L E S

PARA N I Ñ O S

M A S Ü JD
E sta b lecim ien to tip o g r á fic o d e F. N o za L
«ALLI DI JKtB, H
ÚM.
1807
ÍNDICE
PáflBis»

D e d ic a t o r ia ............................................................... 3
Prefacio...................................................................... 5
Á mis discípulos...................................................... 7
España........................................................................ 9
Istolacío. In d o le s . Orissón................................... 12
Sagú uto...................................................................... 16
IndÍTil y MandoDÍD................................................. 20
V in a t o ............................................................ ...... 24
N um aucia.................................................................. 28
España rom ana..................... ................................. 3»
El CriatiwniBino........................................................... 36
Los bárbaros............................................................ 40
Los visigodos ............................................... . . . . 43
L eandro. Fulgencio, Isidoro y F lo re n tin a___ 47
Guadal e t e .................................................................. 50
L a re c o i)q u is ta * .................................................... 54
Los tra b e s ................................................................ 57
jSantiago! ¡Cierra E spaña!................................... 63
H istoria de u n bIiíIo..................................... .......... 68
Conquista de Toledo............................................... 72
El Cid Coaipe- dor.................................................. 77
Las Naviia de Tolosa........................... ................... 81
U n santo, un conquistador y un. sabio............... 86
W|1qm.
Gnzmán el B ueno...................................................... 80
Expedición de catalanesy aragoneses &O riente 100
Batalla leí Salado................................................... ...104
Algo mfi-4 de mi s ig lo ,........................................... ... 109
Aragón y N avarra (Complemento de la lee
ción anterio r)........................... ..............................113
Los Re.vea Católicos................................................ ...118
G ranada.........................................................................1*22
Colón.......................................................................... ...138
El Gran C apitán...................................................... ...133
F r Francisco Jim énez do isooros.......................130
Las Com unidaJes de Castilla..................................144
Loa e->pBfl 'les cu A 'nérica................... ....................140
En Europa y en África..............................................154
Felipe 11.......................................................................l'*9
L epantu.........................................................................103
Lúa último" A ustrias............................................. ...107
El sifflu X V I I I ........................................................ ...173
Trafalfrur. £l 2 de Mayo de 1808. Bailón*........ ...178
E spaña y F em ando V II............................................183
¡Gloria l ...................................................................... ...180
E spaña en nuestros d ía s ....................................... ...195
Apéndices .
Reyes de Bspa&a.................................................... .. 190
Clasificaciones y divisiones de la h istoria...........203
MI PADRE

PARA MIS HIJOS,


P R E F A C IO

le v a n ta r el noble» sentimiento de amor' i la pa­


tria, hoy más necesario quts nunca si España fui de»
o c u p a r e l puesto de» honor' <jucj por-1 sus tradiciones
gloriosasj por- las virtudes dt_j sus l}ijos y por las con­
diciones d tj su territorio correspóndete en el concierto
des la civilización, ha sido el único móvil en que ins­
piré mi trabajo.
(líacer extensiva i todas las escuelas primarias la
enseñanza dc-> la (Historia nacional, con un libro des
agradablej lectura dispuesto en lecciones monográficas,
<jue, convenientemente^ enlazadas, formen m cuadro
histérico del pueblo español; estts fue el objeto que mt>
propuse^ a l ordenar- estas páginas.
¿ i lo he conseguido, mis compañeros lo dirán.
IPoca confianza tengo en mi obra, cuyo único m i-
rito es el buen deseo q utj mtJ impulsó ¿ escribirla.
jSírvam t- esto dz¿ disculpa y alónemes antes los
maestros mi acendrado amor á la patria y i los niHos.
41 . €I)ÍC(J.
IllesoBS (Toledo) 1997.
Á M IS D ISC ÍPU LO S

Hemos tenido la fortuna de nacer en EBpaüa: bajo


Bu cielo riente se meció nuestra cuna, en lengua es­
p añola dos arrulló nuestra madre y elevamos á Dios
las primeras oraciones que brotaron de nuestros
labios infantiles; por la gloria del suelo bendito en
qne hem os nacido, por la Independencia de la patria
fueron nuestro» abuelos y nuestros padres el asom­
bro del mundo, lucbando heróicamento siglOB y s i­
glos en la tierra y en los mares, de N orte &Sur y de
O riente á Occidente.
La patria es una madre carifiosa que protege el
trabajo de todos bus hijos, deñende nuestras casas y
nuestros bienes, produce todo lo necesario para la
vida; en ella viven los seres ¿ quienes amamos y e n su
seno descansan tl09 restos de nuestros abuelos, de
nuestros padres 6 de nuestros hermanos y amigos.
E n el hogar de n u estra fim ilia, en las calles del
pueblo, en los campos que cultivan nuestros p a­
rientes, adquiere, con el ejercicio y el trabajo, des­
arrollo y vigor nuestro organism o; con el trato so­
cial de nuestros conciudadanos arra ig a n en nuestro
corazón sentim ientos dulcísim os qne nunca se e x ­
tin g u e n .
La p atria nos educa é in stru y e, nos hace hom bres
honrados y laboriosos, incúlcanos el sentim iento del
deber y de la ju sticia, nos ensena las m aravillas del
nniTerso, testim onio de la ex iste n cia de Dios, y nos
redim e con la doctrina y la m oral del Crucificado.
V enerad el nom bre de la patria.
Dedicad toda vu estra vida al engrandecim iento de
la Nación Española cuya bandera ondeó victoriosa
por toda la redondez de la tierra, en cuyo idiom a se
h an escrito portentosos creaciones del entendim iento
ham ano, á cuyo am paro se realizaron las m ¿s g r a n ­
des em presas.
Ostentad con orgullo y dignidad el nom bre de es­
pañoles; porque oapañoles son vuestros padres, espa­
ñoles h an sido m illares de santos, hom bres ilustres
en las ciencias, literatos Insignes, artistas de fama
u n iv ersal, m aestros y conquistadores, héroes y m á r­
tires de gloriosa m em oria.
ESPAÑA

Al S. O. de Europa y separada de F rancia por los


Pirineos, España ocupa la m ayor p arte d e la P enín­
sula Ibérica, entre el Mediterráneo, el Atlántico, la
frontera portuguesa y el golfo de Vizcaya.
Dentro d e esta unidad geográfica que parece seña­
lada por Sus lim ites naturales para asiento de una
sola Dación, existen divisiones regionales d e te rm i­
nadas por extdDsas planicies de desigual altura; por
cordilleras de montafSas cuyas m últiples ram ifica­
ciones ora üe alzan formando agrestes serranías, ora
term inan en pendientes abruptas 6 suavem ente es­
calonadas, y a elevan sus altos picos cubiertos do n ie ­
ve ó se abren en profundos y deliciosos valles: por
los numerosos ríos que corren casi paralelam ente
hacia el m ar cu 1&3 dos principales vertientes d é la
Península; por las diferencias de clima, húm edo al
N., seco y ardiente en el centro, tem plado y suave
• a i s . y al E.
Pero esta m ism a disposición del terreno qae r e ­
tardó m uchísim o, como veréis luego, la formación de
la anidad política española, ha servido tam bién de
obstáculo difícilm ente superable, contra las invasio­
nes de pueblos cxtraBos, y d e auxiliar y fundam ento
p ara la reconquista y conservación d é la independen­
cia nacional.
Á consecuencia tam bién do la configuración v e rtí-
-1 0 -
cal 6 relieve de nuestro .-'uelo y de las variedades cli­
m atológicas que presetr.a, com prende num erosas y
m uy difereules reglones de cultivo en que se obtie­
n en todas las producciones vegetales de Europa, las
del N. de Africa y m achas de Asia y América.
En I ob valles y cañadas se apacientan ganados de
todas las especies que utiliza el homb e para alim ento
y vestido; los m ares d e las costas, asi como los rios,
proporcionan abundante y exquisita pesca.
Y en cuanto & la producción m ineral, son infinitas
las canteras de granitos. Jaspes, m árm oles y alabas­
tro s; las m inas de m etates preciosos fueron desde la
mfia rem ota antigüedad objeto d e la codicia de feni-
clos, griegos, cartagineses y rom anos. Según E *tra­
bón, u n a m ina solam ente, cerca de C artagena, daba
u n rendim iento diario de 2.1.000 dragm as de plata,
los rios y los torrentes arrastra b an arenas au ríferas.
Otros historiadores encóm ían la riqueza m etalífera
d e nu estro suelo y nos refieren que A sturias, Galicia
y L usitania producían anualm ente 200 quintales d e
oro, que se obteuia hierro, estaño y cobre. S eria in ­
term inable la enum eración de las cantidades fabulo­
sas de oro y plata que de n uestra península sacaron
los rom anos: solam ente Cneo L éntulo llevó &Roma
1,515 libras de oro, 20.000 de plata, con 31.500 m one­
das del m ism o m e ta l; y el severo Catón entregó al
tesoro 1.400 libras de oro. 25.000 de p la ta en barras y
123 000 en m onedas
Es, pues, E spaña rica en toda clase de produccio­
nes, y la inteligencia y el trabajo pueden obtener de
su suelo cuanto necesita el hom bre para atender con
largueza, no solam ente á sus necesidades, sinó tam ­
bién & su com odidad y regalo.
— 11 —
Los espafloles distinguiéronse, desde m u y an ti­
g uo, por su valor, entereza, sobriedad, «m or á la In­
dependencia, apego á sus tradiciones y viveza d e
im aginación.
Con eBtoB.elementoa llegó Espafia & la cnm bre d el
esplendor, y reconquistará de nuevo, con la v irta d ,
la fe y el trabajo de sus hijos, el puesto glorioso qu e
OCüpó u n día en la h isto ria de la hum anidad.

PROGRAMA DE LA LECCIÓN
¿Por qué debetrns am ar y defender & la patria?—
¿Dónde es;á situada España? - Aspecto del suelo.
Consideraciones subí e este p articular.—Produccio­
nes.—C arácter de lus españoles.
ISTOLACIO. INDORTES. ORISSÓN

Por los desfiladeros y garg an tas d i los PirlneoB


cruzaron en tiempos remotísimos tribus com puestas
de pastorea y guerreroB conocidos con el nombro de
itero», los cuales Be d e sp a rra m a b a por n u estra p e ­
nínsula hacia el S. y el B. h asta encontrarse deteni­
dos por el Mediterráneo y el Atlántico.
Los celtas, raás rudos y g uerreros que Iob anterio­
res, extiéndenfie por el'N . y el O , sostienen acaso
frecuentes luchas con los Iberos, hasta que poco &
poco Tan uniéndose estas dos razas en el centro.de la
Península formando una raza m ixta que se llamó cel­
tibérica.
L a falta de comunicación entre las distintas co ■
m arcas en que geográficam ente se halla dividido el
territorio contribuyó, sin duda, á que las razas origi­
narias de que hemos hablado se gubdividiesen, con el
transcurso del tiempo, en tan tas tribus independien­
tes como regiones existen en España.
^ Idólatras, supersticií sos, ignorantes, más dados &la
caza y al pnstoreo que á la agricu ltu ra y á la indus­
tria , de costum bres sencillas, frugales, g uerreros y
m u y celosos de su lndependenc a, aquellos pueblos
vivían aislados considerando como extranjeras á las
trib u s circunvecinas.
- 13 —
Los /in icio s, qne procedentes del Asta- desem bar­
caron en la Bética (Andalucía), d urante los siglos
XVI y XV ante* de Jesucristo, y loa grit¡jos que a l­
gunos siglos después se establecieron en las coatas
de Valencia y C ataluña, no pensaron im poner el
y a g o de la dominación ¿ los naturales y fueron reci -
bidoa sin desconfianza: fundaron poblaciones, y al
p ar que ejercían un activo comercio, dejaban en el
país á cambio de preciosas m ercancías, las prim eras
sem illas de 1* civilización.
U na colunia fenicia habla fundado en las costas de
África, cerca de donde hoy se halla Túnez, la ciudad
de Cartago; y & E spilla vinieron los cariagineau
atraídos por la riqueza de nuestro] suelo. D esem bar­
caron en las costa? de Murcia y arrojaron á los feni­
cios de España
E n el siglo III an tes de Jesucristo, decidiéronlos
cartagineses apoderarse de 1& Península Ibérica,
m andando á est i u n grueso ejército & las órdenes
de Amllcar Barca, quien recorrió en poco tiempo la
Bétlca imponiendo tributos á los naturales, ocupó la
coata oriental basta los PiriueoB y fundó á Barcelona.
Pero en la región occidental empezó & levantarse
el esp íritu gu errero de los tartesios y célticos del
Cuneo (1), y el sentim iento de libertad los impulsó í
tom ar las arm as, acaudillados por híolaoio, varón
principal de corazón animoso.

(1) ToTt«sios ee llamaba. A loa pueblos in m e d ia to s al Betia


(G uadalquivir), especial meóte por la parte que ae acerca al mar.
Célticos, í li 6 que habitaban k la izquierda del Tajo inferior.
El Coi eo era la reg-ión com prendida entre t i cabo de San Vicen­
te (Portugal), 7 el G uadiana.
— 14 -
Al prim er g rito de independencia, acude A m ilcar,
y tra s reñido combate en que las huestes disciplina*
-das del cartaginés destrozaron i los Inexpertos espa­
ñolea, hizo prisionero & Istolacio, condenándole i
s u frir m uerte de cruz.
' E ntróse luego el vencedor por las tierra* de los
lusitanos y Tetones (]), encontrando allí otro ejército
d e cincuenta mil com batientes mandados por Indor-
<«s-, pero la táctica del aguerrido ejército invasor
triunfó tam bién aquí de la rudeza de aquellos vale­
rosos pueblos.
A milcar, deseando ganarse la voluntad de ta n fie-
roa enemigos, dió libertad á los prisioneros. No fué
tan hum ano con Indortes, á quien hizo m orir en la
■cruz como á Istolacio.
Vuelto el cartaginés i la coBta oriental, bloqueaba
u n a ciudad nom brada Velice. Apurados sus m orado­
res llam aron eu su ayuda á los celtiberos, y m ientras
algunos acudieron al llam am iento, otros formaron u n
cuerpo de tropas &cuyo freu te se puso Oriesón, e l
■cual, fingiéndose am igo y auxiliar de Amilcar, pasó
£ su campo con las g entes que acaudillaba.
Aleccionados los españoles por la experiencia, su*
plleron esta vez con U astucia la falta de táctica y
«lam entos de combate: colocaron delante de sus filas
•carroB tirados por bravos novillos á cuyas astas,h a­
blen atado baces de paja y lefia em breada que encen­
dieron al com enzarla pelea;'furiosos los novillos
precipitáronse por en tre los cartagineses espantando

(I) Lo¡j lusitanos, propiamente dichos, lisbitaban detde «1


Cuero t i Tejo «a i* T«g¡6n correspondiente hoy 6 Portugal.
Los velones, al E. de loa lusitanos.
- 15 -
mis caballos y elefantes y poniendo en desórden 4
los roldados; cargan intrépidos los celtiberos, vuél­
vese tam bién Orissón contra los enem igos de la p a ­
tria, los cuales sufrieron horrible m atanza y estrago,
perdiendo la vida el mismo Amllcar Barca.
Veneremos el nom bre y la m em oria de los prim e­
ros cam peones de la independencia espafiola.

PROGRAMA

A lgunas noticias respecto i lo* iberos, los celtas, los


celtiberos, y divlxión de estas razas en trib u s ó
E ueblos independientes.—Su carncter y costnm-
res.—Prim eros invasores.—Los c a rta g in e se s.—
¿Quiénes fueron los prim eros caudillos de la Inde­
pendencia espafiola?—Muerte de Amllcar Barca»
SAGU NTO

V eintiséis años contaba Anibal cuando tom ó el


m ando del ejército cartaginés en E s p a ñ a .
Tiempo hacia que Roma disputaba & Cartago el
dominio del m undo, y los cartagineses hablan sida
vencidos e n la llam ada prim era guerra púnica.
Educado Aníbal en las g u e rra s de la Península, su
m aestra eo el a rte m ilitar, y abrigando en su cora*
zón ta n ta sed de gloria como aborrecim iento al p u e ­
blo rom ano, soñaba con la idea de ab a tir el orgullo
de éste y llev ar bus arm as á la m ism a Italia; pero
convenía &sus m iras ulteriores dom inar prim ero k
I ob belicosoB españoles superiores &los rom anos en
fortaleza.
A este propósito, y para ejercitar á sus tropas en
I ob combates, hizo algunas expediciones provechosas
por el Interior.
Los h abitantes de Sagunto, ciudad Bitnada á once
kilóm etros de la costa, en la provincia de V alencia,
sostenían u n a cuestión Bobre lím ites de territorio
con s u b vecinos los turboletas: y como los saguntlnos
eran oliado# de Roma, aprovechó Aníbal esta ocasión
p a ra provocar A la rival y enem iga de Cartago. P li­
sóse de p a rte de los turboletas, y , i pesar d e que en
u n tratado se hablan comprometido los cartagineses
— 17 -
¿ resp etar &Sagunto y dem ás colonias grieg as alia­
das de los romanos, riéro n se los Bagan tinos cercados
por u n ejército cartaginés, de cincuenta mil comba*
tientes, provistos de toda su erte de Ingenios y m á­
quinas de g u erra.
Con Im petu arrojóse el sitiador al asalto de la pla­
za defendida con increíble arrojo por sus moradores
abandonados de Roma, & quien tenían por am iga y
aliada.
C ontinuó el asedio batiendo los m aros con férreos
golpes de ariete y poderosas catapultas, sin que los
valientes defensores se arred raran un punto. Con
frecuencia eaüan de la plaza y ocasionaban destrozos
en el campo enem igo. El mismo Aníbal, por acercarse
im p ru d entem ente á las m urallas, fué herido en un
muslo, suspendiéndose con este motivo los asaltos,
au n q u e no las obras de ataque.
Restablecido el General, volvió con m ás furor al
asedio, ju ran d o no darse un m om ento de reposo
h a sta ser dueño de 1& ciudad.
Las to rre s y lienzos de m u ralla caian bajo las m á ­
quinas de batir; pero cuando los asaltantes se preci­
pitaban á la brecha, hallaban á los sagnntlnos, que,
parapetados tras los escombros y los cadáveres, r e ­
sistían con sin igual fiereza y aun rechazaban al ene •
m igo h asta su campo.
Continuó el asedio; la desolación, el ham bre y las
enferm edades no hacian desm ayar á los saguntinos;
echadas á tierra las m urallas, quedaban los fuertes
pechos de aquellos atletas, fieros, serenos, inven*
cibles.
Dos españoles, Alcón y Al orco, que servían en las
filas del cartaginés, movidos i compasión conside-
a
— 18 —
raudo que sólo la m u e rte habla de se r el térm ino de
ta n em peñada locha para loa d e Sagunto, en tab la­
ro s, sin conocim iento de estos últim os, trato s de paz
con Anibal.
Cuando las condiciones que ex ig ía el sitiador fue­
ron notificadas &los sitiados, creyéronles ta n h u m i­
llantes, qne llenos de sa n ta indignación ju ra ro n
todos p erecer antes que en treg arse y sucum bir A la
esclavitud. Con este propósito reunieron en la plaza
pública, ju n to &un a inm ensa hoguera, el oro, la p la ­
ta y cuantas alhajas y prendas de valor en sus casas
ten ían .
L legada la noche, arrojáronse á favor de Isb tin ie ­
blas al campo enem igo, y con frenética desespe*
ración, y a q u e no vencer, p orque esto era Im posible,
lograron ocasionar horrible m atanza en tre los c a rta ­
gineses y regaron con su propia sangre las m ism as
tiendas del sitiador.
Los que, á su pesar, conservaron la vida, recu rren &
la hog u era donde se consum ían su s riquezas, a rró ­
jen se á las llam as, y las m ujeres y los ancianos Imi­
tan tan heróico ejemplo después de h u n d ir loa p u ñ a­
les en los pechos dé sus hijos, á quienes prefieren
antes m uertos que esclavos.
M¿9 de ocho meses había durado el sitio cuando
Anibal pudo al fin hollar los escombros y las ru in as
hum eantes d e la ciudad inm ortal.
Solam ente la historia da E spaña re g istra en sus
anales hecatom bes ta n gloriosas, sin ejem plo en el
mundo.

PROGRAMA
Causas que im pulsaron 4 Anibal p ara hac er la g u erra
— 19 —
4 Boma.—Cómo se preparó p ara lograr sos deseos.
Pretexto para la g u e rra contra S a g a n to .—Conduc­
ta de Som a con ios sagun tinos y valor qne éstos
d em ostraron.—Heróico ejemplo de am or a la inde­
pendencia.—¿Venció Anibal á ios saguntinos?
INDÍVIL Y MANOONIO

M ientras Anibal, después de cruzar loa Pirineos y


los Alpes alcanzaba triunfos de consideración en
Italia, los romanoB, desem barcando en A m puriis,
en trab an en E spaña y procuraban ganarse la e sti­
m ación de m uchos celtiberos que no velan en Iob
nuevos invasores o tra cosa Qne enem igos de los c a r­
tag in eses á q u ie te s aborrecían.
Solam ente los ilergetea (1), capitaneados por los
régulos Indivíl y Man«ionio, se levantaron desde el
principio en arm as contra loa rom anos.
«jYo oí fiéis, decían loa valientes caudillos, de unoí ex-
(ranjrros que con pretexto de abatir el orgullo de los eartagi
mese», vienen d quitaros vuestra libertad y á usurparos vues -
trct bienes. Asi han venido antes ios griegos, así los mismo?
cartagineses prometiéndonos felicidad con dulces palabras
para levantarse después coa el mandu y ponernos una vergon­
zosa servidumbre ¿Qué necesitamos del auxilio de los roma­
nos para sacudir el yugo de los Mrtagineses? Los que se han
nítido fl ellos ion traidores ú su patria ij á su libertad.»
Pero tan varoniles excitaciones no bailaron eco en
los dem ás pueblos lim ítrofes que ponían sus arm as

(1) Lt a llcrgetes ocupaban el territorio que hay doade el Piri­


neo hasta Hueaca y ha ata Fraga y Lérida.
— a l­
a i B errid o d e los romanos ó de los cartagineses; y
los m ism os celtiberos, ayudados por un cuerpo de
tropas con que acudió Esciplón, g eneral rom ano, ba­
tiero n y derrotaron á loa valerosos régulos y á su
gente.
Cuando y a los romanos habían casi arrojado £ los
cartagineses de España, álzasse o tra vez los dos
herm anos Indívil y Mandonlo co n tra los nuevos
usurpadores, y otro Escipión (Pabilo Cornelio) los
ataca y d estru y e.
D estruido el poder curtaginós en España, trocóse
la am istad y alianza de Roma en la m ás tirán ica do­
m inación ejercida por los pretores ó gobernadores
que aquella m andaba á la Península.
Los mismos españoles que sirvieron á los rom anos
p ara la expulsión de los cartagineses, com prendie­
ron bien pronto que hablan derram ado su sangre
p a ra cam biar Bolamente de dueño y señor, siendo,
por ig n o ra n c la y buena fé, dóciles instrum entos de la
rivalidad am biciosa de dos repúblicas sin entrañ as;
y el g rito de independencia resonó de nuevo e n tre
los ilerg etes, y de nuevo resonaron los cantos bélicos
d é lo s ausetanos ( 1) y otros pueblos vocinos a rre ­
batados por los enérgicos discursos de aquellos g e ­
nerosos principes Indivil y Mandouio, herm anos p o r
la natu raleza, por los sentim ientos y por la convic­
ción profunda de que, unidos los españoles, fácilm en­
te arro jarían de' territorio de la p atria á ios soldados
de Roma, y recobrarían sus a n tig u as libertades.
Más de tre in ta m il hom bres tom aron las arm as

(1) Lúa ausetauoe, eran pueblos de Cataloga, denominado»


as( por Ausa„ su capital.
— 22 —

ébrioa de entnBlasmo y de coraje, y & bu en cu en tro


acudieron los procónsules L éntulo y Acidlno con to ­
das las füArzas de que disponían, avistándolos en los
campos sedetanos.
L arga y m ortífera fué la batalla, y A p esar de
ser los rom anos superiores en núm ero, arm a m en to ’
y disciplina, estuvo por mucho tiem po Indecisa la
victoria. D esgraciadam ente, una saeta vino á q u itar
la vida &Indivtl, alm a de aquella contienda. El des
aliento se apodera de los españoles, al desaliento
sucede el desórden y al desórden la fuga, quedando
vencedores los rom anos, que, habiendo hecho p risio ­
nero á Idandonio, le hicieron sufrir una m uerte cru e l
y afrentosa.
A. p artir de aquel m om en'o, por todas partes se
insurreccionaban los españoles; vencían los rom a­
nos, pero no subyugaban.
En trescientos dias destruyó Marco Porcio Catón
hasta cuatrocientas poblaciones ain ap a g ar el fuego
de la sublevación que se extendía y a por todos los
ám bitos de la P enínsula, siquiera fuesen los m ovi­
m ientos desordenados y faltos de unidad, en luchas
alem pre renacientes, que, 8i 4 veces como d a ra n te
el gobierno del probo y desinteresado Sem pronlo
Graco. parecían extinguirse, volvían ¿ suscitarse
m ás rudas y tem ibles provocadas por la rapacidad,
los escandalosos latrocinios y cruel perQdla de cón­
sules y pretores.

PROGRAMA

¿Qué hizo A níbal después de la destrucción de S a-


g u n to t—V enida de los rom anos.—Conducta que
— 23 —
siguieron al principio coa los españoles.—Prim eros
candil 1ofi que pelearoD contra loa rom anos.—¿Por
qué fueron inútiles los esfuerzos qne hicieron para
a seg u rar su indepeadeucia?—Nuevas sublevacio­
nes y g u erras.—Causas que las m otivaron.—Muer­
te de In d irll y Mandonlo.—Marco Porcio C atón.—
fiempronlo Graco.
V I R IA T O

Con ser ta n cruelm ente inhum anos todos los go­


bernadores que Roma enviaba ála Península, re su lta
casi disculpable el proceder de aquellos al se le com ­
p ara con la falaz alevosía y m onstruosa conducta del
cónsul Líiculo y el prator Galba que, á la vez, vinle -
ro n al Gobierno d e España.
Degüellan bárbaram ente los soldados de L ílcuI o ¿
los descuidados é indefensos m oradores de Cauca
(Coca, en la provincia de Segovia), confiados en la
paz que acababan de estipular con el aborrecible
cónsul.
H üestrase compadecido Galba de la suerte de los
lasitan o s agobiados bajo la servidum bre tirá n ica de
Roma, les ofrece tierras p ara que pacificam ente se
dediquen ú las labores agrícolas. Aquellos hombres
ta n valientes y fieros como sencillos, aceptan las
proposiciones y pérfidos consejos del pretor; y de­
poniendo las arm as, establécense con sus familias en
las tie rra s y pagos que les fueron distribuidos; pero
cuando m ás descuidados se bailaban, cae sobre ellos
el rom ano, cebándose cu horrible m atanza de la que
pocos lograron escapar, pues aquellos á quienes no
alcanzó el bárbaro degüello, fueron vendidos como
esclavos y pregonaron por todas partes la infam e
traición.
— 25 -
Entonces aparece la simpfctlca figura de Firíaio.
Pastor de oficio, pero gu errero de corazón, de com ­
plexión robusta y ánimo esforzado, de pensam ientos
tan altos y nobles como era hum ilde de origen.
Al frente de un pallado de hom bres qne clam aban
venganza contra loa rom anos, el im provisado caudi­
llo manifiéstase pronto como nn geuio de la g u e rra .
Lo im previsto de sub ataques, la agilidad de sus
m ovim ientos, aquella tic tic a singular de retirad as
increíbles y acom etidas inesperadas ponían en d e s ­
concierto &las legiones de Roma y m erm aban saa
filas sin que pudieran sor castigados uaoa g uerreros
veloces como el rayo, atrevidos, diestros en te n d er
celadas inevitables; que cuando parecían desordena­
dos y puestos en dispersión, tenían m ás segura la
victoria revolviendo contra el enem igo y a c u c h i­
llándolo.
Seria interm inable referir uno por uno loa triunfos
de las arm as españolas, que hicieron com prender á
los romanos que aquella lucha, á la que llam aban
guerra de ladrones, había de ofrecer serias dificultades
á la orgullosa república,
V iriato excitaba á los arevacos, á los trid o s , & los
vacceoa y &los celtíberos para qne se uniesen en u n a
alianza y confederación contra el com ün enem igo,
á la som bra de un solo estandarte nacional; pero no
logró sino pequeños auxilios en gentes, arm as y
dinero.
Encargado Fabio Serviliano de la g u erra en L usi •
tan ia. fué vencido por V iriato y obligado á ence­
rra rse en Itu cia (ciudad de laB ética).
Pasado el invierno, sitió Serviliano la ciudad d e
E n sañ a y apretaba el cerco en la confianza de un se-
—w —
g aró triunfo; pero V lritto halló m edio de introdu*
c in e e n la plaza sin ser visto n i sentido. A los p ri­
m eros albores de la m añana, hace nna salida tan
im petuosa como Im prevista, desordena y pone en
precipitada fuga ¿ los sitiadores, los sigue, los acosa,
logra encerrarlos en la estrecha g arg a n ta d e unos
m ontes; y cuando loa ten ia cercados en aquél desfl-
ladero sin salida, en vez de exterm inarlos, puso el
sello á b u acreditada grandezá de alm a ofreciendo
la paz al cónsul, enem igo.
Aceptan con júbilo los vencidos una proposición
en la cual ni aun se les im ponían condiciones h u m i­
llantes, y queda pactada paz y amulad entre el pueblo
romano y Viriato. Roma confirmó este convenio.
Sucedió en el gobierno de E spaña & Serviliano su
herm ano Cepióu, ta n inepto para la g u e rra como
pérfido, cobarde y ambicioso.
Con anuencia del Senado rom ano y faltando &laa
estipulaciones poco antes concertadas, ren u ev a la
g u e rra m ientras V iriato descansaba traquilo y con­
fiado en un a ciudad de LuBitsnia.
Después de acreditar por últim a vez el guerrero
español su genio estratégico, burlando á Cepión en
un en cu entro que con él tuvo, envióle tres em b aja­
dores para recordarle la paz convenida con su h e r­
m ano.
El perverso cónsul deslum bró con dádivas y p ro ­
m esas &los tre s legados españoles, que tuvieron la
m onstruosa debilidad dé com prom eterse &m a tar &
su propio jefe. De vu elta al cam po lusitano en tra ro n
en la tienda de V iriato á hora m uy avanzada de la
noche, y , encontrándole dorm ido, le cosieron é. pa-
fi aladas.
— ¿1 —

Gloria eterna 6 inmarcesible p a n el valiente g u e ­


rrero que, elevándose por su propio’ esfuerzo y ex*
cepclonales prendas, llegó deade oscuro pastor á aer
uno de los m is afamados capitanes y humilló á Roma,
señora del mundo, pactando con ella de igu al &
igual.
Gloria al hum ilde hijo del pueblo que hubiera co n ­
seguido la independencia de la p a tria , si los españo­
les se hubieran unido alrededor de aquel hom bre
ex trao rd inario.
Gloria, en fln. &V iriato, & quien sus mismos en e­
m igos hicieron ju sticia proclam ándole hum ano, afa­
ble, benigno, generoso, frugal en el comer, despre-
ciador de las com odidades, del lujo y del regalo, s u ­
frido en las adversidades, modesto en el alto lu g a r á
que llegó por su genio incom parable, soldado y
caudillo de perdurable m em oria.

PROGRAMA
C raeldades de Lüculo y G alba.—'V iriato: su origen
y condiciones personales. — Táctica m ilitar que
empleó en la g u erra con los romanos —E xcita­
ciones que hacia á loo natu rales para que defen­
diesen la causa nacional.—Referid alguna d e s ú s
hazañ as.—Su noble conducta con Serviliano.—
Muerte de V iriato.—Concepto que mereció á su»
mism os enemlgoB.
NUMANCIA

E sta ciudad celebérrim a, cu y a independencia e ra


soportada con disgusto por la om nipotente Romft,
estab a situada en la C eltiberia, cerca de donde hoy
se h alla Soria, en u n repecho de no m uy áspera bu •
blda, cercarlo de montes, excepto por u n lado en el
q u e ex iste a n a llanura que se extiende por las m á r­
g en es del Tora, afluente del Duero.
Habían dado hospitalidad los nam an tin o s i varios
fugitivos del ejército de V iriato. Pidió el cónsul Pon*
peyó que le fueran entregados, contestando I ob de
N om ancla que ja m ás em plearían ta n ru in proceder
con quienes en ella hablan buscado asilo; y esta
conducta noble y hum ana sirvió d e pretexto al cón­
su l p a ra com enzar la g u e rra .
Un ejército de trein ta mil soldados acam pó cerca
d e la ciudad, ocupando las altu ras vecinas.
Solam ente disponía la plaza de unos ocho mil de
Tensores m andados por tte g ara, varón de ánimo en ­
te ro y esforzado.
Las frecuentes salidas de los num antinos ocasio •
nab an destrozos á los rom anos, que por s a p arte no
podían acercarse im punem ente a las trin ch eras de
la ciudad.
Pompeyo incom unicó á N nm ancia con los pueblos
— » —

cercanos. Trató de v a ria r el. curso del Daero para


que por él no en tra ra n bastim entos á loa sitiados y
reducirlos asi por ham bre: pero las espadas n am an -
tín a s impidieron que se realizara este propósito.
No füé m ás afortunado PopilLo Lenas, que sucedió
áP o m p ey o . Todos los planes se estrellaban contra
la fortaleza de un enem igo invencible.
Queriendo d ar un asalto á l i plaza, llegó sin o b stá­
culo b a s ta los m aros, apoyando en ellos las escalas.
Reinaba en la población el m ás absoluto silencio.
Temiendo el romano alguna celada, toIvíó de st>
acuerdo retirándose hacia su cam po. Tem ia con r a ­
zón: pues saliendo de improviso los num antinoa,
a ta c m denodadam ente á los sitiadores, los desor­
denan. los arrollan, derrotándolos u n a vez m ás.
Otro cónsul. Cayo Hostllio Mancino, fué encargado
de d irig ir las operaciones de la g u e rra . Era Mancino
asaz pusilánim o y supersticioso. Dosde que se e m ­
barcó para Eapaiia, vióse Atormentado por terribles
presagios nacidos del m iedo que en Roma producia
el solo nom bre de N um aucia.
L a bravura coa que los num antinos hostigaban al
sitiador, aum eató el pánico de que Be hallaba poseído
el general romano, obligándole á em prender á favor
de las som bras de la noche una re tira d a ta n cobarde
como im prevista y no sospechada por los num anti*
nos. E nteranae éstos por casualidad, y vuelan en
seguim iento de los fugitivos; los alcanzan, y acosán­
dolos con ensañam iento, los obligan á encerrarse en
u n a estre ch u ra donde no les quedaba otro rec u rso
que la m uerte. El cónsul pide la paz, que le fué coa*
cedida en térm inos hum illantes que el Senado ro m a ­
no desechó, ordenando la continuación de la g a o -
— go­
rra ; pero sucesivam ente vinieron otros tres cónsules
sin atreverse á hostilizar á la ciudad celtibérica.
Los rom anos no se atrevían á m irar cara á cara &
los num antinos ni habla quien se alistase para la
g u e rra de España.
Esripión, el vencedor de Cartago, fuó enviado
contra Num ancia, ¿ l a que puso cerco con un a hueste
de sesenta mil soldados prácticos en el ejercicio
de maniobras m ilitarás, y endurecidos en correrías
y expediciones peligrosas; que no menos era nece­
sario para vencer á seis mil hombros que por toda
defensa poseían u n m al castillo; y n j p o r la fuerza
-de la* arm as, sino estrechándoles por ham bre con*
ta b a el sitiador reducirlos & entreg arse
Fosos, vallados, fortalezas y torres se construye­
ron alrededor de la ciudad; e l río fué atravesado con
gruesas vigas erizadas do férreos garfios, disponién
dose convenientem ente b a lle s t a s , catapultas y cuan
taB m áquinas eran em pleadas entonces p ara la g u e ­
rra ; sin que el desesperado fu T o r de los num antinos
lo g rara destruir tau form idables aprestos.
A cuatrocientos jóvenes de Lulia, población cer­
cana, que se disponían ú socorros á Num ancia, m a n ­
d ó Escipión cortarles las manos.
No quedaba á los sitiado» otro recurso sino la
m u erte, pues la idea de rendirse no cabla en pechos
ta n fieros é independientes.
Locos de rabia se arrojaron los n um antinos contra
las fortificaciones rom anas excitando á tos enem igos
al com bate, viéndose acuchillados p o r fuerzas m il
veces m ayores que celebraron como u n insigne
triunfo ver las espaldas á los pocos espafioles que
■quedaron con vida y extenuados volvieron n la pía-
- 31 —
u . A gotadas en ésta todas las subsistencias, loa
m uertos servían de alim ento 6 loa vivos y la deses­
peración se habla apoderado de los corazones.
lío queriendo prolongar Iob horrores de aquel m ar­
tirio , reco rren al veneno, al fuego, á ana propias e s ­
padas. Padres, hljoa. herm anos, ó Be degüellan m ü-
tu ám ente ó se lanzan abrazados á la hoguera.
Escom bros, cenizas y cadáveres quedaron de la
indom able ciudad, que, por esp ad o do catorce aüoB,
fué el espanto de Rom a, la nación m ás poderosa de
la tierra.
Nufflancift, horror de Rom& fem entida,
m&a quiso eer quem ida que vencida.
(P .ls la )

PROGRAMA
Decidnos dónde estaba Bltuada N uraancla.—Causa y
Í
retex to para la g u e rra .—¿Quién comenzó las hos*
[üdadeB?—Medios de defensa que 4enla la ciudad.
—Resultados que obtuvieron Pompeyo, Popilio Le*
ñas. Mancino y otroB cónsules.—¿A quién fué enco­
m endada por últim o la em presa de ren d ir & Nu-
m ancia?—Hedidas y aprestos hnchoB por Esclplóu
p ara lograr su propósito, — H eroicidad d e H u­
manóla.
E SP A Ñ A R O M A N A

Quince años pelearon contra Roma los lusitanos


después do la calda de N om ancia.
Alzáronse también Iob celtiberos y fueron tratados
con ensañamiento cruel.
Sertorio, proscripto rom ano, vino á E spaña, ganó*
se el afecto de los naturales, organizó u n ejército ¿
sem ejanza de Roma, á cuyas legiones venció re p e ti­
das veces, m ientras atendía ti la constitución de u n
gobierno republicano estableciendo u n senado en
BTora, y cuidaba de favorecer la cu ltu ra creando en
H uesca u n a U niversidad.
EL bizarro caudillo m urió asesinado por su lu g a r­
te n ien te P erpena, y los españoles que form aban la
g u a rd ia sertoriana, no queriendo sobrevivir & su
adorado jefe, se dieron m u erte unos ú otros. ¡Qué
diferencia entre la ru in tr&Lción del rom ano Perpena
y la ru d a fidelidad de los españoles!
Dueño Octavio Augusto de los destinos de Roma, y
cuando parecía que n uestra Península se habla do­
m eñado al yugo extranjero, los cántabros y astures
rebeldes á toda dom inación se defendían como fieras
en las escabrosidades de sus m ontañas, y el mismo
A ugusto vino á sujetar á los indom ables m ontañe­
ses, que, ó se daban m uerte antes que caer prislo-
— ra­
neros, 6 b¡ apresados por el enem igo, eran co n d en a­
dos al suplicio de la cruz, exhalaban el ú.1tinao s u sp i­
ro canteado him nos bélicos, insultando con deaileño­
sa y altiva serenidad &b u s verdugos.
Farecia extinguida la insurrección, y levantábase
de nuevo con más Ím petu y crudeza.
Talados los campos, incendiadas las rú sticas vi-
Tiendas, cortadas las m anos á los prisioneros espa­
ñoles, no escarm entaban éstos y otra vez guerreab an
im placables cuando parecían aniquilados.
Los prisioneros vendidos como esclavos, vuélvanse
co n tra aua dueños, cébanse con incrdible rabia en
los opresores, ganan los altos montes y continúan la
g u erra haciendo cejar á las legiones de Roma
Por fin quedó España som etida al im perio rom ano
después de doscientos años de herólca resistencia;
y , bajo el gobierno paternal de A ugusto, comenzó
un a era de paz, cu ltu ra y civilización, d istin g u ié n ­
dose pronto la Península por los varones ilustres,
poetas, oradores, filósofos y santos que contó en tre
sus hijos.
Lum breras fueron eu la literatu ra Lucio Cornelio
Balbo, Moderato Columela, nacido eu Cádiz; el c o r­
dobés Lucano, Séneca, autor de las únicas trag e d ias
latinas que han llegado h a s'a nosotros; el e p ig ra m á ­
tico Marcial, de Calatnyud; Lucio de Tuy, Silio Itá li­
co, los oradores Marco Porcio L atrón, Jan io Galión,
Merco Anneo Séneca. y Quiotiliano, de Calahorra, so­
lam ente inferior á Cicerón en la elocuencia, pero s u ­
perior á todos como preceptista.
Cultivaron la medicina Heroteg, andaluz; el e x tre ­
m eño Lucio Cordio Sinforo, Tiberio Claudio A polinar,
de T arragona, Ju lia S atu rn ia y otros,
y
— 34 -
Lucio Anneo Séneca es considerado como el fllóso-
fo, el m oralista de la antigüedad pagana; Honorato
Columela fué llam ado Padre de la agricultura, y Pom-
ponio Vela mereció el nom bre de Principe de lot geó­
grafos latinos.
Español fué el prim er ex tra n jero que mereció en
Roma los honores del triunfo; españole? fueron los
em peradores Trajano, protector d e cuanto era g ran -
de y noble, historiador y poeta; Adriano, ilustre por
sus v irtu d es como por sa talento; Marco Aurelio, de
fam ilia espafioln, filósofo, jueto y benéfico; y, por íil-
tim o, el gran Teodoslo, quo, cuando el im perio rom a­
no tocaba á bu destrucción, supo levantarlo g ran d e
y poderoso como en sus mejores tiem pos, sostenlen*
do con m ano firme un edificio que i la m uerte de
aquel Invicto espafiol babía de desm oronarse en mil
pedazos.
Lloró E spaña, declarada provincia rom ana, la p é r ­
dida de sn libertad; pero em ancipó su Inteligencia,
m ejoró sus costum bres, recibió loa beneficios de utia
civilización y !a preciosa herencia del cristianism o,
para convertirse después en civilizadora cuando
Roma se hundía bajo el peso de sus crím enes; que la
ju sticia de Dios castiga con cadenas de esclavitud &
los tiranos y á los opresores, levantando triunfantes
á los débiles y & los oprim idos.

PROGRAMA
¿Siguieron los españoles defendiendo su independen­
cia?—Sertorio. Su conducta con los españoles.—Su
m u e rte .—Fidelidad de la g uardia se rto rla n a .—
Octavio A ugusto, em perador de Roma, viene 4
Espafla. —Valor y tenacidad de los cántabros y aa-
— 35 —
4ures.—¿Cuánto tiempo empleó Boma para con-
u istar á España?—¿Se aprovecharon los españolea
ae l a civilización rom ana?—¿Recordáis los nom bres
de algunos españoles Ilustres en aquella época?—
España declarada provincia rom ana.
EL CRISTIANISMO

El año 19 del reinado de Tiberio, Buceeor de Au­


g u sto en el trono d e Roma, verificóse en Jeru salen
el m ás sublim e, el m ás inefable de loa sacrificios.
P endiente de u s a cruz. Sajelado, escarnecido, el
Hijo de Dios se ofrece en holocausto por la redención
h u m an a.
Del Gólgota sangriento parten en todaa dil ecciones
doce m ensajeros de paz y caridad, pobres, hum ildes,
sin o tras arm as que la fe, y llevan por todo el inun­
do la Buena Nueva, el testim onio de la verdad, que
cam biará la faz de los pueblos, que lia de difundir
las luces de una nueva civilización rom piendo las
cadenas de la esclavitud y estableciendo el reinado
do la fraternidad y de la justicia.
Santiago el Mayor predica en la Península, h a d e n
do num erosos prosélitos. Siete de bus más esclareci­
dos discípulos le B.vuden ú p lan tar la 'v iñ a del Señor
en las com arcas de Galicia. Algunos de ellos ta
acom pañan después ú Jerusalen, donde recibe la pal­
m a del m artirio; recogen el santo cuerpo y , em b ar­
cándole en Joppe, arriban á Iría F lavia (l adrón),
guardando en un eepulcro de piedra los precioso
resto s que hablan de perm anecer ignorados d u ra n te
ocho siglos.
— 37 —
Hacia el año 60 de la era cristiana, desem barco
tam bién en Tarragona el apóstol filósofo, San Pablo,
el qne babia hecho discípulos en el palacio del mismo
Nerón, el qae difundió la luz ¿el Evangelio en Da­
masco, Antioquía, Icotiia, Pafos Liatris Atenas, Co-
rinto, Efeso y Trade; y dejó tam bién oír los ecos de
su predicación por las regiones orieutales de la Pe­
n ínsula
La sa n g re de los m ártires regó bien pronto este
suelo tan fértil en virtudes y en heroísmos: Eugenio
-de Toledo sacrifica su vida por la fe en el prim er s i­
glo del cristianism o. En el segundo vierten su san­
g re g enerosa Facundo, Prim itivo y Fructuoso, obis­
po de Tarragona.
L ob atletas de la doctrina salvadora se m ultiplican
prodigiosam ente, y las uctas de los m á rtire s se
llenan de nom bres españoles.
D urante la horrible persecución de Diocleciano,
legiones enteras de soldados de Cristo su fre n im pá­
vidam ente las más crueles torturas, ofreciéndose á
la cuchi lia y á la hoguera con la m ism a serenidad de
ánimo que sus antepas*dos de Sagunto y N um ancia,
Viejos agobiados por el peso de los arlos, jóvenes
rebosando vida y energía, cándidas vírgenes que c a ­
m inaban al suplicio con la frente radiante y la m ira­
d a dulcísim a destellando fulgores angélicos, c ria tu ­
ras arrancadas apenas al regazo m aterno y co n v e rtí'
das en titanes á los prim eros albores de la existencia;
m u ltitu d de cam peones del Crucificado, in n u m era­
bles como los má tire s de Zaragoza, ofrecen su vida
cantando him nos de alabanzas al que ensenó á m orir
por am or.
De tal m anera se habla propagado el cristianism o
— 38 —
-en Espalla, & pesar de ta n tas y ta n terribles p e rse c u ­
ciones, que bacía el aflo 300 se celebró en Ilíbar 8 u n
concilio al que asistieron die? y nueve obispos.
Y no eran sólo m ártires loe qoe producía Va n a
cíente iglesia eepafiola. Prelados y varones e m in e n ­
tes en letras contribuían con discursos y lum inoso»
escrito ' ¿ la propagación de la fe.
Osio, obispo do Córdoba, enem igo te rrib le del p a ­
ganism o y de la herejía, lum brera de la cristiandad,
orador fogoso, escritor robusto y elegante que presi­
dió casi todos los concilios de su tiempo, fué astro d e
p rim era m ag n itu d en el cielo de la Espa&a cristiana.
El nom bre de este virtuoso y sabio prelado ¿ quien
S, Atanasio llam a Padre ie loi obtspoá, Principe de lo»
éOñtüioM y Terror de los herejes, b astaría para probar
cuán fecunda fué nuestra patria en nom bres iluBtrei
d en tro de la literatu ra cristiana, si no pudiéramos-
citar, en tre otros m uchísim os, los de Cayo Vectlo,
Aquilino Juvenco, Aurelio Prudencio, San Paulino,
Elpidlo, el historiador San G regorio, obispo de G ra -
nada; el barcelonés FLavio D extro, el cronista Idacio-
y los teólogos Olimpio, R ipuario, Potamio y A u-
demio.
El mismo emperadoz Teodosio, de quien y a os he
hablado, m ás q u e por su s triunfos guerreros, más^
que por sub leyes sabias, legó á la posteridad sil
nom bre coronado de gloria por haber establecido d e ­
finitivam ente en el im perio la religión del C ruci»
flcado.
E ra preciso que Espa&a se rin d iera al y ag o de-
Rome para adq u irir los elem entos civilizadoras de so.
fu tu ra grandeza.
— 39 —

PROGRAMA
M uerte de Jesucristo —Apóstoles que predicaron en
E sp aü a .—Mártires empanóles.—Concilio de Ilibe-
r is __ Decidme los nom bres de algunos varones
em inentes en ln España cristiana.
LOS BARBAROS

Como todop los poderes que no se inspiran en la


moral y el derecho, Roma, avasallando casi todo el
m undo conocido e n to n c e , unciendo 4 su carro tr iu n ­
fal extensos y ricos territorio?; imponiendo a u c u ltu ­
ra con la pesada carga de enorm es tributos; ac a­
rreando & la metrópoli inm ensas riquezas a rre b a ta ­
das á los pueblos vencidos, y falanjes d ejó v eu es
convertidos en esclavos, y ejércitos cu y a sa n g re de­
rram aba á to rren tes para m antener la om nipotencia
d e su dominación; chupando insaciable la savia y la
energía vital de tan tas y tan tas naciones, no pudo
crearse una existencia vigorosa alim entada de sus
propios recursos, robustecida con el trabajo, d ig n ifi­
cada por la v irtud.
No por favorecer la causa bendita de la civilización
cruzó de m agníficas calzadas las extensas provincias
de su imperio y por doquiera construyó puentes y
acueductos, edificios y m onum entos adm irables; no
con m irae desinteresadas y nobles creó escuelas para
difundir los conocimientos y extender su p u ja n te l i ­
te ra tu ra , sino p ara aferrar m¿s estrecham ente á su
y u g o los países conquistados.
Por eso et pueblo romano, aun en el apogeo de su
poder, cuando Bediento de riquezas esclavizaba al
— 41 —
m undo, e ra á la vez esclavo de sus em peradores e n ­
diosados y disolutos, de sos propios vicios adquiridos
en la ociosidad enervante de sus placeres y ene es*
caudalosas inm oralidades.
Llenó, aun Bin querer, los Anea providenciales de
la historia, con la fusión de los pueblos som etidos á
su im perio, encarnando en leyes escritas loa prin ci­
pios de derecho concebidos a isla d a n e n te por las d i­
versos razas, propagando la cu ltu ra heredada de la
a n tig u a Grecia y facilitando la difusión del cristia­
nism o; pero como su ideal no habla Bido el progreso,
no estaba preparado aquel pueblo para continuar por
el m ism o la obra civilizadora de la hum anidad, h ab la
cum plido ya los Qnes de su existencia, y «gobiado
por sus crím enes, debilitado por sus innum erables y
rep u g n a n tes excesos cayó para siem pre al violento
em puje d e otras razas llenas de vigor juvenil, que,
o riginarias del Asia, se extendieron en em igraciones
sucesivas por todo el Norte de Europa escalonándose
por Gscandinavia, Rusia, D inam arca y G erm ania
h asta las fronteras del im perio, sobre el cual Be p re ­
cip itaro n como bandada de buitreará principios del
siglo Y, destrozando las entrabas corrom pidas de
aquel coloso y disputándose los en sangrentados g i­
rones de su gigantesco poder convertido por la P ro ­
videncia en inm undo cadáver.
Los araños, sanguinarios y crueles, que verificaban
sus danzas g uerreras al rededor de un sable clavado
en tierrB, ünico objeto de bu culto; que adornaban
las m onturas de sus caballos con cráneos de los ene­
m igos.
Los vándalos, am antes d e la libertad, la g u erra y el
pillaje, la devastación y el exterm inio.
— t í —

Loe ««uvas, de larga cabe!'ora, que cabrían bus car­


nea coa retazos d e piel; hombrea fleroa y tem ibles
sacriflcadores de victim as hum anas en las bárbaras
cerem onias de ana bosques sagrados.
Batos pueblos penetraron por las estrechas g ar­
g an tas do loa Pirineos, y como p la g a d o langoata se
extendieron por la Península Ibérica sem brando por
todas partes la asolación y la m uerte.
Los frutos de los campos, las frondosas arboledas,
las op alen tas villas rom anas, las populosas ciudades
ra e n bajo loa golpea del hacha destructora ó se de
rrnm ban en hum eantes escombros.
El ham bre y la peste cubrían de cadáveres loa
campos y las ruinas, infestando el am biente con m or­
tíferas em anación ea .
Y era tal el despotism o tiránico de Roma, qne haB-
ta los miemos rom anos casi preferían el yugo san
grlento d e I ob barbaros, teniéudolo por m ás benigno
q ue la esclavitud ominosa que Imponía la Stfiora del
mwdo
Lo cierto es qne los Invasores, cansados de reco­
rre r la Península y hartos y a de deapojoa, se repar*
tieron el territorio estableciéndose los vándalos en
Andalucía, loa alanos en L usitania y los suevos en
Galicia,

PROGRAMA
¿Be propuso Roma un fin civilizador en la conquista
de los territorios que sometió á su dominio?—Des­
m oralización de Iob rom anos.—f>eetinos providen­
ciales que cumplió R >ma.—Causas de su decaden­
cia,—Los bárbaros —Qué pueblos entraron en la
P enínsula y dónde se establecieron.
^ O S VISIGODOS

Originarios tam bién del Asia habían perm anecido


m ucho tiem po en las fronteras del im perio deponien­
do, con el trato deloB romanos, su prim itiva fiereza,
modificando bu¿ costum bres y preparándose Bin Im a­
ginarlo p ara llevar á erecto la obra de transform a­
ción que les estaba encom endada.
Después de saquear & Roma, cruzaron los Alpes y
los Pirineos, apoderándose de la T arraconense, m an ­
dados por Ataúlfo, y com enzaron la em presa de la
organización política de BspaÜa como nación Inde­
pendiente.
Guerreros incansables y valerosos, de costum bres
m origeradas, am antes de la familia y de la libertad,
con un profundo sentim iento de la d ignidad hum ana,
com prendieron las ventajas de la m oral civilizadora
del cristianism o y de la legislación de Roma, 6 Ins­
piraron en estos dos principios el desenvolvimiento-
do las virtudes sociales que les eran propias y qu e
hab lan de Influir poderosam ente en la constitución
de la nacionalidad española.
Los reyes godos viven en continua g u erra con los
dem ás puoblos bárbaros que se hablan apoderado de
la P eninsu'a, con los reyes francos que dom inaban
allen d e el Pirineo, y en m áa de u n a ocasión con
— 41 —
aquellos mismos cántabros Indomables i toda domi­
nación ex tran jera; y , sin em bargo, Eurlco, en cayo
tiem po acabó d e derru m b arse el im perio rom ano
(agosto del 470); E urico, que dilató au dom inación
por casi teda la Península, aüu tuyo tiem po p ara le­
g isla r, dejándonos el código que U eukau nom bre: y
Al arico, que perdió casi todos sub dominios en la Da­
lia, publicó otro código de leyes conocido con el
nom bre de Breviario dt .¿juana.
Leovigildo fué uno de los m onarcas m is g ran d es
e n tre loa visigodos: guerrero y legislador, buen ge*
neral y m ejor político; pero la saDgro de San Herme­
negildo, á quien por ser católico hizo dar m uerte,
em paliará la m em oria del que hubiera sido modelo
de rey es si h u b iera tenido corazón de padre.
Recaredo, herm ano de San H erm enegildo, Be hace
católico y reuniendo el III concilio de Toledo, abjura
públicam ente el ariianísm o que hasta entonces h a­
blan profesado loa godos, quedando así establecida
la unidad de li> iglesia española.
Receavinto publica, en tre otras dispoaiciones utill •
sim « 8, la le y Canukya española autorizando los m a­
trim onios en tre personas de raza visigoda y romano-
hispana, con lo cual y con la confirmación solem ne
de la ley de su antecesor Chinda «Tinto prohibiendo
el uso del derecho rom ano y m andando quo Be rigie»
sen godos y españolea por la legislación visigoda,
acabaron de fundirse en uno solo estos dos pueblos.
Resístese W «m ba obstinadam ente á aceptar la co­
rona que le ofrecen ¿ la m uerte de Rccesvinto, sien­
d o preciso que le am enazasen con la m uerte para que
cediese al fin, no sin m anifestar de nuevo el sacrifi­
cio ¿ que se le obligaba.
— 45 —
Por este tiempo, los ¿rabea in te n ta n por p rim en
vez n n desem barco en n u estras costas; pero fueroi
rechazados valerosam ente por un a flota española qnt
m andaba el mismo rey.
D orante el reiDado de E gica se term inó la recopi­
lación del Fuero Juzgo, célebre código de leyes, quizá
el más complctéPy el m ás im portante de cuantos se
formaron después de la celda del im perio romano;
código que por ai solo b astarla para hacer memora*
ble la dominación visigoda en España.
. Los concilios ocupan un a b rillan te pág in a en la
hiBtorla ríe este periodo.
F ueron en un p riu c'p io asam bleas p uram ente re*
liglosae en que se discutían únicam ente puntos rela­
tivos al gobierno de la iglesia; pero desde la con ver*
sión de Recarcdo. loe reyes convocaron los concilios
á titulo de protectores de la iglesia, cuyos obispos,
ilu stres por su virtud y sabiduría, eran los deposita­
rios y conservadores de la cultura intelectual hispa-
novivigoda.
Por eBtas circunstancias y por su carácter sacerdo*
ta l ejercieron verdadera y provechosísim a influen­
cia en los destinos de la nación. Así que, á contar
desde el III concilio do Toledo, de que antes os b e
hablado, ei> casi todas aquellas asam bleas se trataro n
tam bicn asuntos referentes al gobierno del pueblo en
lo tem poral, proponiendo al roy decretos que, ap ro ­
bados y promulgados como leyes civiles, co n stitu y e­
ron el Fuero Juzgo; legislación que h a conservado
bu Influencia hasta en los códigos modernos.

PROGRAMA
Los visigodos.—C ircunstancias que influyeron en la
— 40 —
reform a de su prim itivo carácter.—Ataúlfo.—Genio
y costum bres de los visigodos al establecerse e n
E sp a ñ a .-G u e rra s que sostienen.—E u rico .- Leovl*
gildo.—M artirio de San H erm enegildo —Recaredo.
— Sn conversión al catolicism o. —R e c e sv in to .~
W am ba —E gíca y ol Fuero Juzgo. - Los concilios.
-Sq prim itivo carácter y modificación que sufrieron
después del III tolt daño.
Leandro, Fulgencio, Isidoro y Florentina.

CULTURA HISPA NO VISIGODA.

A pesar de la invasión de los bárbaros y de los


trastornos y azares de aquel tiem po, en que apenas si
d u ran te tres «igloo hablase organizado consolidando
sa poder la irouarquía visigoda; cuando en todo el
Occidente parecía haberse apagado la esplendorosa
luz de la Inteligencia, gala y ornato del periodo a n ­
terio r, brillaron en España m ultitud de hom bres
Ilustres por su genio y por eub exim ias virtudes.
Célebres fueron, entra todos, los cuatro herm anos
cuyos nombres figuran &la cabeza de esta lección.
N aturales de C artagena y establecidos en Sevilla,
L eandro, el m ayor de los cuatro, monje de grande
erudición y austeridad de costum bres, lloga á ocupar
la silla m etropolitana hispalense.
Con su ardiente celo religioso convirtió 6 San H er­
m enegildo, y aun se asegura que el mismo Leovigil-
<lo cedió en sus últimoB días &las elocuentes am ones­
taciones del apostólico prelado, y abjuró el arria»
nism o.
D esterrado de su patria, contrajo en Constantino-
pla intim a am istad con San G regorio, llamado d es­
p u és el Magno.
— 48 -
A. au vuelta, decide la conversión de Recaredo y
el establecim iento de la anidad religiosa en la P en ín ­
su la, conquistándose el dictado de Apóstol de los godos,
y m ereciendo fig u ra r en el catálogo de los pautos.
De sn m érito como escritor, es buena prueba la
hom ilía debida & so plum a, con que term inó el III
concillo de Toledo.
Doctísima por eas letras y notable por su acendra*
d a fe fué tam bién F lorentina, la prim era poetisa
cristian a de Espafia.
F u lg en c io obispo do Ecija, dotado de altaB p re n ­
d as y de conocimientos nada com unes, dió lustre, no
solam ente 4 su sede episcopal. B ino 4 toda la Ebp«ü*
visigoda„
Pero superior, bajo todos conceptos, ¿ sus tres h e r ­
m anos rué San iBidoro, ta n to como por la santidad
de su vida, por lo verdaderam ente portentoso de su
genio.
Es tenido, con justicia, por la m ayor lumbrera de
aquellos siglos, varón doctísimo que asombró con su
erudición al mundo, y de qu en se decía que el quo
hubiera estudiado bus obras podía gloriarse de co ­
nocer toda» las obras diviuBS v humanas.
Ductor de las Espafías, V.spejo tle obispos y de sacerdotes,
Segundo Daniel fué apellidado; y loa padres del conci
lio VIII de Toleilo le llam aron Doctor excelente, gloria
de la Iglesia católica, el hombre wá» sabio que ít hubiera co­
nocido para iluminar los últimos siglos, y cayo nombre no
debe pronunciarse tino con mucho respeto.
P oeta en sus prim eros años como sus herm anos
L eandro y F lorentina, compuso el poem a De fabrica
maitdí; y en la edad m adura hizo algunos verso» á su
biblioteca.
- 40 —

E n tre Iba m uchas obras que escribió San Isidoro,


Citaremos la Hitloria dt Jos Reyes godos, Vidas de los va­
ronas ilustres, Comentarios robre la Sagrada Escritura, tre s
libros de Sentencias, dos de Oficios eclesiásticos, pero la
mós famosa de todas sus producciones lo es sin duda
la que tituló Orígenes, conocida tam bién con el nom ­
b re de Etimologías, en la cual recogió y expuso, para
q ue fuera com prendido por el m ayor núm ero de in ­
teligencias, cuanto por entonces se sabia d entro y
fuera de Espafia. Artes, ciencias, bellas letras, g r a ­
m ática, retórica, dialéctica, m etafísica, política, geo­
m etría, aritm ética, m úsica, astronom ía, física, h isto ­
ria natural; en resum en, cuantos estudios tienen re^
lación con la ciencia divina y la ciencia hum ana,
todoa se hallan iniciados y definidos en las Etimo­
logías
Tan g ran d e fi.ó la influencia que ejerció San Isido­
ro eu la vida intelectual de Eapafia, que, como dice
u n historiador m oderno poco sospechoso de apasto-
n am iento en esto oaso,«grandes, y pequeños, reges ij mag­
nates, tuvieron á gala seguir sus gloriosas huellas. San Isido­
ro personifica. pues, toda la grandesa científica y literaria de
la monarquía visigoda, y fué como fuente purísima en que be­
bieron sus sucesores. •

PROGRAMA
A pesar de la decadencia que siguió ¿ la caída del
im perio rom ano de Occidente, ¿se distinguieron
en Espafia algunos hom brea ilustres por su inteli­
gencia, sabiduría y virtud?—Citad loa nom bres d e
algunos.—Leandro. F ulgencio, Isidoro y F lo ren ti­
n a - Obras m is im p jrta n te a de San Isidoro.

4
GUADALETE

U na conspiración habla arrojado del trono k W iti-


za, sucesor de E gica, y puesto la corona en lia Bie­
nes de Rodrigo, Instigador y cabeza del atentado.
A esta tiem po, loa godüa, influidos por la civiliza­
ción que hablan recibido d e loa españoles, acostum ­
brados y a á J a vida sedentaria y tran q u ila de las ciu ­
dades, disfrutando el bienestar qne lea proporciona­
ba la posesión y usufructo de las dos terceras partea
de las tierras, que ae hablan adjudicado dejando sólo
u n a tercera parte ¿ lo s naturales; con el derecho que
ten ían i desem peñar todos los empleos públicos > ¿
utilizar el servicio de num erosa falaoje de siervos,
hablan sentido modificarse su condición en érgica 7
g u errera y debilitarse el tem ple de acero de bus a n ­
tepasados, que ciTraban la m ayor dLcha en el es­
tru en d o y azares de la g u e rra .
Desmoralizadas las costum bres, flaqueó tam bién
la organización social d e aquel pueblo ta n vigoroso;
y laa am biciones, las parcialidades y la discordia,
engendradas por el sistem a electivo d é la m onarquía,
tratan desjuiciados & los grandos y personas influ­
y en tes que con sua disposiciones ó con su ejemplo
pudieran atqjar tantos males.
— 51 —
Loa hijos y partidarios de W itiza conspiraban par*
d errib ar á Rodrigo del tro n o .
E n tre los descontentos figuraba el conde J a lif a ,
gobernador de C eata; y ofendido eu la persona de su
h ija F lo rln d a.p o r el m onarca, según cuenta la tra d i­
ción, ó, lo que ea m ás probable, por saciar el encono
q u e como pariente de W itiza abrigaba co n tra Rodri­
go, instó & Unza, gobernador árabe de Africa, paito
q n e invadiera la Península.
A esta excitación se unían las de los jndios, que.
perseguidos en E spaña, hablan em igrado al otro
lado del Estrecho, y anhelaban vengarse de aas ex­
poliadores.
Hicieron, en efecto, los Arabes un p rim e r desem ­
barco en las costas de la Península, de donde -volvie­
ron im punem ente & T ánger conduciendo ganados y
cautivos españoles.
Animados por ta n buen éxito, desem barcaron de
nuevo (abril, '711), m ás num erosas fuerzas en una
p en ín su la á la que denom inaron Alglfczirah Alhadra
(Isla V erde, boy A lgeciras) y , m andados por T arlk,
se atrincheraron en el m onte Calpe, llam ado desde
entonces Gebal T arik (Glbraltar).
E n cuanto tuvo noticia del hecho, apresuróse Ro­
drigo á convocar á los condes y prelados p ara que
acudiesen con sus tropas; y haciendo levas de gente,
reunió u n ejército de cerca de cien mil hom bres, al
que se incorporaron los hijos y parciales de W itiza,
deponiendo aparentem ente sus odios y anteriores
querellas.
P or su parte, los árabes recibieron ciaco m il jln e •
tes africanos de refuerzo y avanzaron i encontrar &
la num erosa hueste cristiana.
— 53 -
A orillas del rio Guadalete, cerca de Jerez de la
Frontera, avistáronse los dos ejércitos en los últimos
días de julio.
Frente á la briosa caballería musulmana se exten­
día una multitud informe de guerreros españoles,
armados de diversas armas, gente allegadiza y biso­
j a do scostumt>rad& á las fatigas de la guerra ni al
e*grimir de las hachas, mazas, espadas ó guadañas
de que venían provistos.
Al despuntar el día comenzó la pelea, revolviéndo
Be los enemigos entro nubes de polvo, con pavoroso
estruendo de tambores y afiaflles, trompas guerre­
ras, martilleo Incesante de armas y escudos, alaridos
de dolor 6 de rabia y estremecimientos <le la tierra
bajo el c o D tín u o galopar de los compactos escuadro-
nes; y 'Dependiéronse las hostilidades cuando la no­
che cubrió con b u manto de sombras el teatro de tan
espantosa tragedia.
Otro din má« continuó la encarnizada lacha, sin
que se inclínase la victoria á ninguno de los dos
bandos.
Al tercero, el campo se hallaba cubierto de cadá­
veres y despojos; flaqueaban lns musulalanés, pero
se rehacen de nuevo porque lo? partidarios de Witlza
van á engrosar las filas del enemigo de la patria,
consumando la más abominable traición; vuelven &
la carga con más ímpetu, loe cristianos vacilan sor­
prendido?. se repliegan en desorden, de nada sirve
que el monarca se arroje cm inaudita bravura &loa
lugares de mayor peligro: los españoles van en de­
rrota.
Perdióse en el torbellino del combate el último rey
de los godos, sin que de él se h.\ya vuelto á tener
— 53 -
m
noticia. Unoa historiadores aseguras que murió &
manos del mismo Tarik. otros dicen qne pareció aho­
gado con bu caballo Orella en las ensangrentadas
aguas del Quadalete.
¡Vergüenza eterna par» los traidores que ocasiona­
ron tan espantosa ruinar
Huid siempre del odio y la venganza, que envene­
nan el corazón, ofuscan la inteligencia y arrastran al
hombre á cometer crímenes monstruosos dignos de
perdurable anatema.

PROGRAMA
W itiza es arrojado deL trono por D. Rodrigo.—Deca­
dencia ¿que habían llegado los visigodos en esta
época,—Causas que prepararon el advenimiento
délos árabes y la calda de la monarquía visigoda.
—Tarik desembarca en España.—Batalla del Gua-
d alete.- Derrota de Iob españoles —Traición de lo s
parientes y parciales de W itiza.—Aborreced la
traición. Huid, niños, del odio y de la venganza. 4
L A RECONQUISTA

DON PELAYO
En meaos de dos años, sin grandes resistencias
que vencer, se apoderaron los árabes de casi toda la
Península.
Solamente, y merced á un tratado, pudo conser*
var el godo Teodomiro la «oberania de Lorca, Muía,
O rítmela, Alicante y algunas otras poblaciones del
BE., mientras allá en el Norte, último refagio siem­
pre del espíritu de independencia, guarecíanse entra
los riscos pirináicos cuantos españoles preferían
abandonar sus casas y haciendas antes que someter­
se al yugo sarraceno; prelados y monjes, magnate»
y sierros, soldados y labradores, visigodos y españo­
les, acudian con laa reliquias y alhajas que pudieron
salvar de los templos, con las riquezas que les era
dado transportar, con ana armas y sus familias, con
•1 tesoro Íntegro de sa fe religiosa y de su amor &la
patria.
Y allí, en las asperezas de aquellos montes que
eternizaron la fama de los invencibles astnres y cán­
tabros, un puñado de guerreros aclama por caldillo
á Peí ayo, de regla estirpe, guardando en aquel es­
trecho y casi Inaccesible rincón del mundo el genio
glorloao de la patria española qne veréis salir de las
altas peñas, descender por León, por Castilla, por
Aragón, por Navarra, por Catalana; en lacha formi-
. dable de ocho siglos, reconquistar el suelo de la P e­
nínsula y volar triunfante por Europa, por Asia, por
América, por Africa, por Oceania, rodeando el mun-
do con las hazañas inmortales de nuestra raza.
En los Pirlaeos astüricos, al final de un estrecho
valle regado por el Deva y limitado por tres altos
cerros, encuéntrase una roca tajada, como de ciento
veintiocho pies de elevación, en cuyo centro se abre
' la entrada de uoa cueva (Covadonga) i la que se re­
tiró Pelayo después de distribuir por las altnras ve­
cinas parte J e la gente que acaudillaba, cuando
tuvo noticias de que un numeroso ejército sarraceno
se dirigía hacia aquella parte.
Como bI Dios cegara la vista del Jefe musulmán
Alkamah, penetra éste con sns soldados, dirigiéndo­
se por el angosto valle hacia Covadonga; y cnando
los españoles vieron llegado el momento oportuno,
aparecen de pronto y comienzan con frenético en­
tusiasmo la batalla, poniendo en confusión al ene*
migo.
Las flechas disparadas por los masulmaoes, rebo­
tando en la dura roca, volvían contra la maltrecha
hueste agarena, quo, encerrada en aquellas estre­
churas, destrozada por los peñascos y los troncos que
desde las alturas arrojaban los cristianos, aturdida y
aniquilada buscaba inútilmente la salvación en la
fuga.
Una furiosa tempestad vino 4 servir de comple­
mento Alos horrores de aquel exterminio.
El agua se desgajaba &torrentes por las laderas.
— sa —

Entre el cieno ensangrentado hundíanse loa plea de


los árabes que, 6 resbalaban cayendo unos sobre
otros y eran arrastrados por la corriente del Deva, ó
calan sepultados por las moles de terreno que se
desprendían de todas partes.
Pelayo y los suyos descienden también délos mon­
tes persiguiendo y acuchillando los últimos restos
de aquel ejército, del cual se dice que no quedó un
solo hombre que pudiera contar la derrota.
El alborozado pueblo cristiano levantó sobre el
pavés á sa victorioso caudillo, proclamándolo rey de
la naciente monarquía de Asturias.
En Covadonga, palenque de tan gloriosa batalla,
yacen los restos de Pelayo; y un hermoso templo re­
cuerda á. los españoles que Dios hace triunfar siem­
pre la causa del derecho y de la justicia.

PROGRAMA
¿Cuánto tiempo tardaron loa árabes en la conquista
de España? Reino cristiano de Teodomiro.—¿Dónde
comenzó la reconquista?—D. Pelayo.—Covadonga.
—Glorioso triunfo de los españoles.—Primer rey
de Asturias.
los Ar abes

•No encarecemos con esto sus


alabanzas, ginb las propina: qué
tanto es más ilustre ui;a victoria,
cuando de mayor estimación son.
los vencidos.»
fCaytlano Rostll.)

Eran los árabes originarios de las regiones occiden­


tales del Asia, y descendientes de Ismael, hijo de
Agar, de donde ae lee llamó también ismaelitas y
agarenos.
fia la Meca, ciadad de la Arabia, nació Mahorna
hacia el año 568 de Jesucristo.
Huérfano de padre y madre, entré á servir y casó
cuando tenia veinticinco años con Cádija, viuda de
nn opulento mercader. Dedicóse & la vida mercantil
hasta que, creyéndose destinado por Dios á más altos
destinos, comenzó á predicar una nueva creencia, el
islamismo, cuyos preceptos están contenidos en un
libro llamado Korán.
Perseguido Uaboma por los de su tribu, vióae pre­
cisado é. huir á Medina el año 622, contnndose esta
fecba, entTelos árabes, como principio de una era (la
hégim) Aque refieren las fechas de su historia.
Con bastante habilidad para seducir á las gentes,
pronto se vió el falso profeta rodeado de una turba
— 5» —
do fonético* con los qa» empezó U serie de excur-
fliones guerreras continuadas por sus descendientes
de conquista en conquista hasta Covadonga, en Es-
paña, y Poitiers, en Francia. Así extendía su reli­
gión el pueblo Arabe, para qalen la cimitarra tt la llave
del p a ra m .
Aparte de su* errores, no creáis que estos secta­
rios eran bárbiroa y feroces con el vencido. La his­
toria pone en labios de uno de sus primeros caudillos
las siguientes palabras, dignas de un guerrero culto
y humano: «Si Dios esda la victoria, no abulia de ella , ni
tiñáis vuestras espadas en la sangre de los rendidos, d élo*
niños, de las mu/eres y de los ancianos. En las invasiones y
correrlas, na destruyáis ios árboles, ni cortéis las palmeras, n i
atatáis los vergeles, n i asoléis los campos n i 9113 casas.»
Cuando las ciudades se les entregaban sin resis­
tencia, no causaban ningún daño 4 los moradores, y
les permitían el uso de sus leyes, religión y magis­
trados. Así quedaron sometidos al invasor muchos
españoles. & quienes se dió el nombre de mozárabes.
Apenas establecidos en España los mnsulmanes.
y considerada la Península como una provincia del
califato de Damasco, los avalles ó gobernadores se
dedicaron á organizar la administración y extender
y asegurar la conquista; pero las discusiones que
entre ello* encendiéronse muy pronto y las guerras
da raza qne ensangrentaron el suelo de la España
árabe, obligaron &los uuevos dominadores &buscar
el remedio; y reunidos en Córdoba ochenta de los
personajes más influyentes, acordaron elegir un jefe
tínico que Iob gobernase.
Recayó la elección en Abderramán, joven prínci­
pe de la ilustre familia de los Omeyaa, que fué pro­
— 59 —
clamado emir, independiente de Damasco, e n 7 5 í,
estableciendo bu corte en Córdoba; y aunque se vló-
envuelto en guerras y disturbios que duraron cerca­
do treinta años, aún pudo dedicarse al engrandeci­
miento de la capital de la nueva monarquía y empe­
zar la construcción de la gran mezquita (boy cate *
dral).
Hlxem, hijo y sucesor de Abderramán, dló tam­
bién dias de gloria al califato, tanto por ana triunfos-
guerreros como por su dulzura, liberalidad y buena
administración.
Terminó la famosa mezquita, de seiscientos pies
de 'arga y doscientos cincuenta de ancha, con trein­
ta y ocho nares á lo ancho y diecinueve á lo largo,
mantenidas en mil noventa y tres columnas de
mirmol.
A la parte destinada á la oración se entraba por
diecinueve puertas forradas de planchas de bronce
de maravillosa labor.
Durante la oración de la noche ardían cnatro mil
setecientas lámparas, y la del oratorio secreto era de-
oro y de&dmiráble labor y grandeza.
Abderramán II. ea medio de las continuas gue­
rras que hubo de sostener, acabó mnltitnd de
obras públicas de utilidad y ornato. Los sabios y ar­
tistas de todos los países eran agasajados por la cor-
te; pero las liberalidades del monarca hicieron aug­
mentar considerablemente Iob tributos, y la intran­
sigencia religiosa derramó la Bangre de muchos
cristianos, tanto en tiempos de Abderramán como en
los de su hijo Mohamed I.
El imperio árabe español, revuelto en guerras y
trastornos, vló correr los días de Almondir y Abda-
— Bo­
lla, 7 ocupar el sólio Abderram&n III, principe de
•altísimas dotes, que después de pacificar sus estados
7 someter á los fatimitas de Africa, haciéndose é la
vez respetar de los cristianos, faé asombro del man­
do por bu valor, caballerosidad y buen gusto, asi
como por sa esplendidez y riqueza.
Hizo construir la fabulosamente bella Medina
Zahara (ciudad de las fiares), en cayo palacio se em­
plearon diez mil hombres, mil quinientos mulos y
cuatrocientos camellos. Palacio sostenido por mil
trescientas columnas de mármoles preciosos y en el
-que se contenían tesoros de maravillas artísticas.
Al reinado de la magnificencia, sucedió el de la
sabiduría, representado por Alhakem II.
La biblioteca de Meruán llegó á contener cuatro­
cientos mil volúmenes, y Córdoba, cuya población
llegaba ¿ medio millón de habitantes, sostenía cin­
cuenta hospicios, una universidad, acaso entonces
la primera del mundo, y ochenta escuelas públicas.
Apenas habla on andaluz que no supiera leer y es»
-cribir.
A la muerte del virtuoso y esclarecido Alhakem
(alio 976) comenzó la decadencia del califato.
Hixem II ya no es un monarca, sino un cautivo
de su ministro Aben-Abi-Amir (Almanzor). quien,
apoderado en absoluto del gobierno, realizó una serle
de cincuenta y dos expediciones contra los cristia­
nos, á quienes redujo casi & loa estrechos limites del
principio de la reconquista.
Vencido y muerto Almanzor el año 1002 de nues­
tra era, el imperio ¿rabe contionó declinando rápida­
mente y tras de rudas y sangrientas guerra* civiles,
cayó deshecho en pequeños estados independientes
— 61 —
que facilitaron la santa empresa de la reconquista.
Ya podéis deducir la misión providencial que lo»
árabes.llenaron en la historia de nueatra patria.
Desmoralizado y envejecido se aniquilaba el rei­
no visigodo. La Iglesia e n la única depositarla del
saber; la ambición, el exclusivo patrimonio de los
nobles; y una turba de siervos Ignorantes y supers­
ticiosos cultivaban de mala gana la tierra, de cuyos
frutos apenas participaban.
Llegan los árabes, perfeccionan los procedimien­
tos de cultivo, establecen excelentes sistemas de-
riego, importan el arroz, el azafrán, el cáñamo, el
albaricoquero, el limonero, el naranjo, la palmera,
el esparrago, el melón, la calla de azúcar y otras
muchas plantas útiles; crean nuevas Industrias, dan
A conocer inventos tan provechosos como el papel,
realizan un progreso científico admirable é influyen
en el renacimiento de las artes y las ciencias en
Occidente
Los pequeños eatadqa cristianos que se forman en
el Norte de Espafia comienzan la gloriosa epopeya
que cerca de ochocientos afios después termina en
Qranada; el sentimiento religioso, unido al amor de
la patria, se arraiga y desenvuelve entre nuestros
antepasados, que se ha^en fuertes con la contmua
lucha, que aprenden de los Arabes arte y ciencia, y
heredan, por fin, la riqueza atesorada por aquéllos
en sus libros y eo I ob monumentos de sus ciudades,
en sus fábricas, en sus talleres y en el floreciente
cultivo de sus campos.

PROGRAMA
Los árabes—Mahorna y sn doctrina.—Propagación
■del islamismo.— Conducta de los árabes con bus
enemigos.—Moz&rabes —Bapa&a como provincia
dependiente de Damasco —El califato de Córdo­
ba.—Abderramán I.—Hixem.—Abderramín II.—
Abderramán III.—Esplendor del califato.—Alha-
lcem II.—Cultura arábico española.—HLxem II y
Almanzor.—Fraccionamiento déla monarquía cor­
dobesa.—Influencia de los Arabes en la historia de
naestra patria.
1SANTIAG0! ICIERRA ESPAÑAl

Aqael reina de Asturias que Timos constituirse


en Covadonga al abrigo de los montes y bajo el am­
paro dé Dios para servir de base y fundamento á la
obra colosal de la reconquista de nuestra patria, no
permaneció mucho tiempo encerrado en sus primiti­
vos y estrechos limites.
Por otra parte, á todo lo largo de Iob Pirineos Iba
reanimándose entre los gallegos, los cántabros, vas-
conea y eüfkaros el espíritu de independencia y el
odio más profundo contra los invasores.
Los árabes hablan sido derrotados por los france­
ses en la batalla de Poitters, Salvándose Francia y tal
vez Europa entera del yago musulmán. Otro ejército
mahometano Intenta pasar &Francia para vengar el
desastre Me Pjitlers; pero envalentonado» los mon­
tañeses y favorecidos por las condiciones di*.l terre­
no, se parapetan en las estrechas gargantas, y, llenos
de entusiasmo bélico, no solamente impld n el paso
del ejército musulmán, sino que, ocasionándole
gTandes perdidas, le obligan & replegarse sobre el
Ebro.
Por este tiempo, Iob de Asturias, mandados por
Alfonso I, se aprovechan de las derrotas sufridas por
el enemigo y de sus guerras y discordias, cruzan las
montañas de Galicia, y comienzan una serie de expe-
- C4 —
«liciones por todo el territorio comprendido desde el
Atlántico á los confines de Aragón y desde el Cantá­
brico hasta los montes de Guadarrama, ensanchando
considerablemente la a fronteras del naciente reino.
A la vez cuidaban de reorganizar la administra­
ción y restauraban el culto católico; y mientras Ab-
derramfin embellecía á Córdoba con palacios y jardi­
nes, Frucla I, sucesor de Alfonso, mandaba construir
□d templo al Redentor; en torno de este templo se
agruparon muchísimas viviendas, que llegaron i
constituir una ciudad llamada Ovelum (Oviedo), fu­
fara capital de la monarquía asturiana.
No solamente contra loa árnbea se manifestaba el
amor de lo.» españoles ú la in de pendencia. ¿Queréis
saber lo que aconteció á los franceses en Ronceava-
lles? P'.es oídme con atención.
Por «1 año 778. reinando en Asturias Silo, uno de
los monarcas llamadoB usurpadores, ocupaba Carlo-
magno, rey cristiano poderosísimo, el trono de los
francos
Este rey entró en España con dos respetables
ejércitos para auxiliar al walí de Zaragoza Suleiman
beo Alerftbi, rebelde contra Abderramán, y proba­
blemente con el propósito de conquistar á este lado
del Piiineo algunas plazad que le sirvieran de base
para extender la dominación francesa por la Penín­
sula
Sin encontrar obstáculos llegó hasta Zaragoza,
cuyas puerlíis bulló cerradas, pues Ben Ala rabí re­
chazaba ya el socorro que anteB había solicitado.
Viendo Carlomagno que contra él se sublévalas
los pueblo* de ambos lados del fibro, emprendtó eu
regreso á la Galia, Internándose por los desfiladeros
- 6b —

d« Roncas-relies. Las laderas y cumbres de Altabls-


car y de Ibafieta se hallaban ocnpadas por los mon­
tañeses vascos, qne, parapetados en los breñales y
riscos, sorprendieron con bu grito de guerra y con
el sonido estridente de sus caernos de buey al ejér­
cito extranjero. Sobrecogido éste y sin poder. &cau­
sa de la muchedumbre de sua soldados, revolverse en
la hondonada, cala aplastado por los riscos desgaja­
dos desde las alturas, entre la confusa gritería de los
guerreros vascones. Milagrosamente escapó Cario*
magno; pero alli quedó au ejército hecho trizaB, allí
lo más florido de los capitanes y caballeros francos,
con todos loa bagajes y riquezas, en montón informe
de cadáveres y despojos.
En 791, un considerable ejército sarraceno pene -
tró en Asturias llevándolo todo á sangre y fuego. El
rey cristiano Alfonso II salió con hueste escasa, pero
con ánimo decidido, al encuentro del infiel, á quien
supo atraer con maña hacia un terreno pantanoso
llamado Lutos, y allí lo derrotó por completo.
No fué esta la única victoria de los cristianos, que
pasearon bub armas vencedoras hasta los muros de
Lisboa.
En los periodos de paz dedicóse Alfonso II ¿ regu­
larizar el gobierno de sus estados. Hermoseó á Ovie­
do, reedificó la basílica del Salvador; y queriendo
dedicar á este templo una rica ofrenda, reunió gran
cantidad de oro y piedras preciosas; y cuenta la tra­
dición que dos peregrinos ofreciéronse & construir
una joya para realizar el pensamieato del rey. Ence­
rráronse en una habitación, y cuando los curiosos
palaciegos quisieron averiguar el estado en que la
obra se hallaba, vieron suspendida en el aire una
— 66 —
cruz de maravillosa estro otara.; pero no hallaron 6
los extranjeros, qne habían desaparecido. Corrió la
voz del suceso, y el pueblo cristiano llamó á aquella
cruz, que todavía ae vecera en Oviedo, la Crus de lot
Angeles.
También fué descubierto por entonces en un bos­
que próximo á la ciudad de Iría Flavia, en Galicia,
el sepulcro del apóstol Santiago.
Con este acontecimiento exaltóse la piedad reli­
giosa de aquellos guerreros cristianos, que, contan­
do con la protección del Santo Apóstol y uniendo al
entusiasmo de la fe el amor de la patria, continua­
ron, seguros del triunfo, la santa empresa da la re­
conquista.
La leyenda refiere qne en tiempos de Ramiro I
dióse una batalla cerca de Clavijo. en que las hues­
tes sarracenas fueron deshechas por los cristianos, &
cayo frente, en magnifico caballo blanco, el mismo
Santiago combatió por los españoles; y aunque no
const* por documentos dignos de crédito que la ba­
talla de Clavijo se diese en tiempoB de Ramiro I, y bí
en e l reinado de su sucesor Ordoilo, contra Muza, re­
negado de origen visigodo de la familia de los Beni-
Casi, lo cierto es que desie entonces, al grito de
¡SantiagoI ¡Cierra España!, enardecíase el entusiasmo
guerrero de nuestros antepasados; y en tiempos de
Alfonso III el Magno, que reinó desde 863 á 909, las
armas de Asturias y Galicia corrieron victoriosas
hasta los conflnes meridionales de la Lusitania; los
campos de Polvoraria, & orillas del Orbigo, quedaron
empapados con la sangre de quince mil sarracenos;
el día de Zamora alumbró multitud de cabezas musnU
manas clavadas en las almenas y puertas de esta
— Ü7 —
cía dad; 7 al otro extremo de loa Pirineos viven 7 a
«orno naciones independientes el reino de Navarra 7
condado de Cataluña.
Dos siglos han transcarrldo desde la entrada de
los árabes, 7 7 a se levanta en la región meridional
de la Península un poder formidable que, avanzando
unas veces, retrocediendo otras, con la fe en el cora*
xóu 7 el nombre de la patria por divisa, recobrará
palmo á palmo todo el territorio de la Iberia, desde
-Covadonga á Granada.

PROGRAMA
Comienza la reconquista en toda la cordillera de loa
Pirineos.—Son vencidos por los montañeses los
árabes que intentaban pasar ú Francia. Alfonso I.
—SoocesvaHea.—Alfonso II-—Batalla de L u to s—
Oviedo —La Cruz de los Angeles. - Descubrimiento
del sepulcro del apóstol Santiago.—Batalla de Ola-
vijo . —Importantes victorias de los españoles —
Nuevos estados cristianos en los Pirineos orion
tales.
HISTORIA DE UN SIGLO

Budos combates y vicisitudes hubieron de sufrir


durante el siglo X los poderes cristianos que se or-
{rnnizabnn en ln Península luchando sin tregua con­
tra les árabes y perturbados por frecuentes luchas y
discordias Interiores.
Alfonso III. que había incorporado á la corona de
Asturias extensos territorios. vló rebelarse contra él
á eu eapoBa Jimena y á sus cinco hijos, entre los cua­
les repartió los estados de León, Galicia y Asterias,
que, al reunirse luego en el reinado de Fruela II,
constituyeron un solo reino: León.
Castilla formaba un condado dependiente de León
y por este tiempo instituyó un gobierno -de dos Jue-
n > : Lain Calvo y NuOo Rasura.
Ramiro II tiene que castiaar duramente á su h er­
ir uno Alfonso IV, que, detpuos de haber abdicado la
enrona, quiso recobrarla de nuevo.
Llera sus armas victoriosas contra Abderrainán,.
turgo que conquistó i Madrid, y obtiene con el con­
de cíe l astilla Fernán González una victoria cerca de
Oí noa. Auxiliado de los navarros, vence de nuevo á
los Arabes en Simancas, y en Adhendaga, al Sur do
Salamanca, obtiene un seüalado triunfo contra el
j i lsmo Abderramán. Pero no p o lujeron eslaa venta-
— «a —

ja s todo el fruto que de ellas podían esperar los leo­


neses, tal yez porque al poco tiempo tuyú Ramiro
«jue volver sus armas contra el mismo Fernán Gon­
zález* 6 quien hizo prisionero.
Ordofto III, que sucedió ¿. Ramiro en el trono de
León, tuvo que luchar también contra su propio
hermano Sancho, gobernador de Burgroe, que auxi­
liado por Fernán González y García de Navarra, pre­
tendía la corona leonesa.
A pesar de esta perturbación interior y de otrn
-qne tuyo que apaciguar en Ualicia, libo una expo
dición hasta Lisboa.
Sancho I el Craso se ve arrojado dU'l t'ouo y buB
ca refugio y amparo en Córdoba, volviendo con un
ejército musulmán que le restituye la corona-
Las perversas inclinaciones de Ramiro III des­
contentan á los próceras y condes de Castilla, León y
■Galicia. Arde de nueyo la guerra civil, consumién­
dose en luchas estériles los cristianos, mientras en
el imperio musulmán se levanta un genio formida­
ble que parecía destinado á destruir la gloriosa des
candencia de los héroes de Covadonga.
Almauzor empieza sue famosas campañas, y du­
rante veinticinco aüos siembra la muerte y la ruina
por todos los carados cristianos est añolcs.
Zamora, León, Barcelona, Pamplona, so rieron
bolladas por el terrible musulmán. Las campanas t!e
Santiago son condncidae eu hombros de cautivos
cristianos á Córdoba para que sirvan de lámparas cu
la gran mezquita. El rey de León Bermudo II tiene
que refugiarse en los riscos de Asturias, con las reli­
quias y las alhajas de los templos, como en tiempo
de Pelayo. El conde BorrelL huye do Barcelona. Gur-
— 70 —

cia de f astilla, g ravem en te herido, cae prisionero y


ranero á los cinco dias de cautiverio.
Fueron, sin duda, necesari a tantas desdicha»
para que en el año 1002, cuando los árabes se apres­
taban en Toledo pa a dar 6l último golpe á los cris­
tianos, pusiéronse de acuerdo el conde de Galicia
Vcncndo González, en nomltre y representación de
Alfonso V, sucesor de Bcruiudo l!; el cuudede Casti­
lla Sancho Garcós, hijo y sucesor de García Fernán-
dez, y Sancho f!arcés el Mayor, de Navarra, reunien­
do sus banderas en lob campos situados por bajo de
So: ia, hacia las fuentes del Duero, no lejos de las
ruinas de la antigua Kumancia.
El ejército árabe avanzó Duero arriba, encontran*
do á los cristianos en Calataüazor, donde se dió una
sangrienta cuanto memorable batalla que causó gran
mortandad en las filas musulmanas, quedando tam ­
bién herido Almanzor.
Conducido eo hombros de sus soldados á Medina-
ccli, el célebre caudillo exhaló su último aliento el
9 de agosto de 1002.1
¿Creeréis que los españoles aprovecharían tan-
buena coyuntura pura enganchar los limites de bus
estados á costa de los enemigos de la patria?
Seguramente lo hubieran hecho bí los odios per­
sonales de sus reyes no hubieran Bido constante se
millero de dUcordias y guerras civiles, usurpaciones
y dcalealtades que hicieron más larga y difícil la re­
conquista.

PROGRAMA
Guerras Interioies y guerras contra los árabes,—Al»
— 71 -
foneo III —Reino de León.—Creación de los jaeces
de Castilla.—Triunfos de los leoneses en tiempos
de Ramiro II. —Fruto que produjeron estas victo­
rias. - Ordoño III y nuevas luches interiores.—
Sancho I el Craso se auxilia de ]os árabes —Dis­
cordias civiles en el reinado de Ramiro III.—Al-
jnaazor —Sus conquistas.—Situación de los reinos
cristianos—Batalla de Calatañazor.—¿Se aprove­
charon los espa&oles de las ventajas obtenidas con
la muerte del caudillo musulmán?
CONQUISTA DE TOLEDO

Asesinado García por la turbulenta familia de los


Volas, en el año 1020, y extinguid» en él la linea va
ronll de los condes de Castilla, pasó este condado ¿
formar parte de Navarra por hallarse Sancho Gar.
cés III casado con D.“ Mayor, hermana y heredera
de D García
A la muerte de Sancho GarcéB, su hijo D. Fernan­
do heredó el condado do Castilla con el titulo de
reino.
El rey de León Bermudo III, hijo de Alfonso V el
Noble, murió en la batalla de Tamarón, peleando in­
trépidamente contra D. Fernando de Castilla; y ex*
tlnguida por este acontecimiento la descendencia
masculina de 'a dinastía hispanovlsigoda, puesto quo
D. Bermudo do tenia hijoa, recayó la coroDa en Doña
Sancha, hermana del leones, casada con D. Fernan­
do, el cual reunió de esta suerte las dos coronas de
León y Castilla.
En este leiuuio a d e la n tó mucho la organización
Civil, po'.Uicft y r r ifrio.sa «le A stu rias, Galicia, Casti­
lla y León, por haber confirma lo el rey loa fueros
concedidos por Alfonso Y y por Sancho de Navarra,
otorgando otros nuevos; restauró las antiguas leyes
góticas y reunió un concillo en Coyauza, en el cual
so atendió ni orden y disciplina eclesiástica ea pri­
mer término, asi como á loe negocios civiles y poli-
ticos.
Viseo, Lamego, Coimbra, San Esteban de Gormaz.
Vadoriego, Aguí lar 7 Berlanga fueron tomadas por
castellanos y leoneses. Toledo 7 Sevilla rindieron
tributo á D. Fernando, que, sin duda, hubiera toma­
do también a Valencia, ¿ l o verse acometido por la
enfermedad que lo llevó al sepulcro apenas transcu­
rrido un año, el 1005.
Por este tiempo (1068), Ramón Berenguer I el
Viejo, después de haber extendido las fronteras de
sus estados catalanes ¿ costa de ío b árabes de Léri­
da, Tortoea 7 Tarragona, reunió un concilio en Ge-
roña para atender ¿ la reforma de las costumbres, 7
en el mismo año convocó cortes en Barcelona, en las
cuales se compiló el famoso código de los Usages de
Cataluña, una de las páginas más brillantes déla his­
toria de aquel condado*
Al morir Fernando I, dejó repartidos sos esladoa
entre sus hijos Sancho, que heredó La Castilla; Alfon­
so, el reino de León; García, el de Galicia; Urraca, la
ciudad de Zamora, y Elvira, el señorío de Toro; pero
□o conforme con eBta partición, D. Sancho hizo gue­
rra á sus hermanos, apoderándose de Galicia y León;
dirige luego sus armas contra Toro, cuya plaza le fué
entregada, 7 pone, por último, sitio á Zamora. Re-
sistense los zamoranos, 7 se prolonga el asedio hasta
que Sancho, el ambicioso, fuó asesinado por un tal
Bellido Dolfos.
Alfonso VI, que se habla refugiado eu Toledo, se
restituye á sus estados; marchando después &B u r­
gos, donde, prestado quo. hubo jurameuto de no ha-
— 74 —
fcer tenido p&rte en la muerte de en hermano, fué
reconocido también rey de ( m tilla.
Meditaba Alfonso llevar sus armas contra el reino
árabe toledano; pero abstúvose mientras vivió el rey
Al Mamuu, de quien habla recibido noble y generosa
hospitalidad,
Muerto Al Mamnn, entróse el monarca castellano
talando campos y destruyendo poblad nes por los
dominios musulmanes. Se apqderó de Talayera y de
todo el país comprendido entre esta población y
Madrid.
En diferentes campañas fué aproximándose hasta
poner apretado cerco á la antigua corte visigoda.
El wali de Mérida, que acudió en auxilio de los
musulmanes, fu ó derrotado por el ejercite sitiador,
y no pudo lograr su intento.
Últimamente, perdida toda esperanza por parte
de los de la ciudad y apretados por el hambre, dié-
ronse á partido mediante honrosas capitulaciones; y
Alfonso VI entró en Toledo el 25 de Hayo de 1085, á
los trescientos sesenta años do haber caldo esta pía*
za en poder de Tarik.
Celebróse un concilio, y en él se acordó restaurar
la antigua silla metropolitana, eligiendo para ocu­
parla al abad de Sahftgüu. Bernardo, monje de Clu-
ny, de gran reputación y ciencia.
I a conquista de Toledo, que tanto robusteció el
poderlo de la Espa&a cristiana, el terror quo infun­
dió á loa érnbea Alfonso VI con su valor y fortuna
para la guerra, corriendo y devastando los emiratos
de Zaragoza y Badajoz y llegando hasta las playas
de Tarifa, obligó á los munulntauea andaluces á diri­
gí ríe en demanda de socorro á Ynsuf, principe de los
- 75 -
almorávides, el cual desembarcó en España un nu­
meroso ejército y derrotó en Zalaca á los españoles;
pero habiendo recibido el vencedor noticia de que sa
hijo m&B queride acababa de morir en Ceuta, aban<
donó precipitadamente el territorio de la Península.
Esta circunstancia providencial permitió á los
cristianos reponerse, y en el castillo de Aledo, pró­
ximo á los campos de Lorca, resistieron un bloqueo
de cuatro meseB dirigido por el mismo Yusof, que
habla vuelto de Africa y que se vió obligado ó levan­
tar el cerco.
Para premiar Alfonso los servicios que en la gue­
rra hablan prestado ú Castilla dos caballeros de la
casa de Borgoña llamado1) Raimundo y Enrique, dló
al primero La mano de la Infanta D 1 Urraca-y el
condado de Galicia, y al segundo caBó con Teresa,
confiriéndole el dominio de ha tierras conquistadas
en Portugal*
En la parto oriental de España, Berengaer Rh-
móu II de Barcelona conqulBtó en 1093 la plaza de
Tarragona: D Pedro de Aragón se apodera en 1096
de Huesca, después de obtener nna brillante victoria
contra los infieles, y Alfonso I el Batallador toma á.
Zaragoza en 1118, y, después de ganar otras mucha?
poblaciones, realiza una famosa expedición á Anda-
luc a, atraviesa la vega de Granada, franquéa loa
pasos da la Alpujarra, llega &la costa y entra con su
caballo en aquel mar que surcarán un dialas formi­
dables escuadras de España independiente y grande.

PROGRAMA
¿Cómo ae unieron las coronas de León y Castilla?—
Organización interior y conquistas hechas i los
árabes tanto en Castilla como en Catalu&a.—Don
Sancho de Castilla.—Alfonso V I .—Conquista do
Toledo, y sus consecuencias.—Conquista de Tarra­
gona. Huesca y Zaragoza.—Expedición de Alfon­
so I i Andalucía.
E L CID CAMPEADOR'

Rodrigo Díaz de Vivar ó Ruy Díaz, más conocido


con el nombre de Cid Campeador qne le valieron sub
hezflfi&B, fué uno de los héroes m is celebrados, y
cuyas empresas, narradas por poetaa y cronistas, han
hecho de él un personaje legendario y popularÍBlmo
en Espa&h; por eso voy á contaros algo de su vida,
pues aun prescindiendo de las innumerables fábula»
conocidas de todos, fué digno de memoria eterna por
bu valor heróico, por su abnegación y por su incom­
parable lealtad, que le hicieron espejo de caballeros,
modelo de vasallos fieles. personificación del espíritu
guerrero y altivo de su época.
Habla ya peleado con honra en favor de Sancha
de Castilla cuando á la muerte del rey en el cerco de
Zamora decidieron los castellanos la elección de
Alfonso VI.
Solamente el Cid tuvo valor para tomar por tre*
veces, en Santa Gadea de Burgos, al monarca leonés,
el juramento de que ya os he hablado; y D. Alfonso*
no perdonó tamaiU osadía en un vasallo, y lo deste­
rró de Castilla.
Buy Díaz fuese á guerrear por su cuenta en tie­
rras de Barcelona y Zaragoza, poniéndose de parta
del rey mahometano Al Hntamin, que peleaba con *
tra su hermano Al Mondhir.
— 78 —
El rey d e Aragón y Navarra Sancho Ramírez con
lerenguer Ramón l l de Barcelona eran aliados de
Al Mondhir.
Sitiados los de Al Mutamin en Almenara por el
conde Berengner, por los de Urgel y Cerdeña y los
señores de Vich, del Ampurdan, del Rosellón y de
Carcasona, empezaban á sentir los sitiados falta de
agua en la fortaleza; pero antes de rendirse» hallaron
medio de noticiar al Cid el grave aprieto en que es­
taban metidos. Acude presuroso el castellano, y ,
queriendo sin duda evitar una lucha entre españo­
les, ofrece á los catalanes cierta suma de dinero
porque levantaran el campo; pero rechazada la pro*
puesta, irritó este desaire & Rodrigo, el cual, atacan­
do fieramente á los sitiadores, los derrotó, haciendo
muchos prisioneros, incluso al conde Berenguer, i
quien puso en libertad pasados pocos dias.
Vuelto á Castilla y á la gracia de D Alfonso, tuvo
que retirarse nuevamente á Zaragoza convencido de
que no se extinguía la prevención y encono con que
era mirado por el monarca.
Entonces empezó una serie de excursiones de que
volvía siempre cargado do prisioneros y botín. Taló
y devastó los campos de Al Mondhir, puso sitio i
Morella y roed fleó el castillo de Alcalá de Cbivert.
Acudió en auxilio del musulmán el rey de Aragón,
y ambos fueron vencidos y puestos en vergonzosa
fuga por el Cid.
Aliado luego con el rey moro Alka<?lr, de Valen­
cia, obligó á Berenguer &levantar el sitio que habia
puesto á dicha ciudad; y en varias correrlas hizo á
los alcaides de las fortalezas que pagasen á Alkadir
« 1 tributo que acostumbraban.
— 79 —
Por este tiempo faé nuestro héroe acusado da
traidor ante el rey de Castilla, que lo despojó de ana
bienes sin escuchar las justificaciones y pruebas que
Rodrigo alegaba.
Después de otra derrota en que también quedó
prisionero Berenguer con muchos da los suyos, obtu­
vo el catalán la amiBtad y alianza dol valeroso caste­
llano, & quien pagaban tributo loa musulmanes de
Tortosa, J&tiba y Denia, el rey de Valencia y los se­
ñorea de Albarracin, Alpuente, UurvLodro, Segorbe,
Jérica y Almenara.
A megos de la reina D.* Constanza volvió el Cid
¿Castilla en 1002 rara auxiliar al rey en la expedi­
ción que proyectaba contra los almorávides; pero la
envidia fie los cortesanos y el aborrecimiento de Al­
fonso, obligaron á Ruy Díaz & volver &tierra de Va­
lencia.
Una sedición dirigida por Beu Gehaf arrojó del
trono y quitó la vida al rey Alkadir. Avisado el Cid
Campeador, acudió presuroso, y con tal tino y biza-
rria hostilizó á Valencia, que, tras una serie de vic­
toriosas operaciones, la obligó Acapitular, tomando
posesión de tan preciosa conquista el l!i do junio de
1094, bajo la soberanía de Alfonso VI, ingrato rey de
tan leal vasallo.
En 109tf derrotó á un numeroso ejército de almo­
rávides que intentaban rescatar 6 Valencia.
Unido más tarde á Pedro I de Aragón, derrotan
otro ejército dr los almorávides.
Pero el término délas victorias del ilustre caba­
llero se acercaba, puesto que estaba próximo el fin
de sus días.
Vencidos sus g-aerreros por los almorávides en
— 80 -

ana batalla á la qae el Cid do asistió, turo tan gran


pesar al recibir la noticia de la primera derrota de
s u r soldados, que enfermó de tristeza, muriendo en
julio de 1099,
Todavía Valencia estuvo doe aflos en poder de
D.* Jimena, espcma de Ruy Díaz, á pesar de los rudos
y frecuentes ataques de los almorávides
Rindióse la plaza; pero eternamente son servar 6
el nombre de Valencia del Cid.
El cuerpo de este guerrero, por tantos títulos
ilustre, fué sepultado eu el monasterio de Carde&a,
cerca de Burgos»

PROGRAMA
¿Quién fué el Cid Campeaior7—Referid alguna de
sus hazañas.
LAS NAVAS DE TOLOSA

El matrimonio de D .a Urraca, reina de Castilla


por muerte de su padre Alfonso VI, con Alfonso I de
Aragón, parecía que iba á realizar la unión de aque­
llas doa coronas; pero sólo fué motivo de intestinas
luchas entre castellanos y aragoneses.
Los cristianos españoles, 4 pesar de hallarse en
perpetuo catado de guerra ya entre si ó ya con los
enemigos de la patria, continuaron avanzando en su
reorganización poli tica duranto el siglo X II.
Mientras Alfonso V II, hijo de Raimundo do Bor«
goña y de D.41 Urraca, después de ejercer notable pre­
dominio sobre los estados cristianos de España y
cubrirse de gloria peleando contra los árabes, es
proclamado emperador, prepárase un gran aconte­
cimiento que influyó mucho en la historia nacional.
Los almohades, nueva secta de Ínfleles, pasan desde
África á Andalucía y , venciendo 6 los almorávides,
se apoderan de toda la España musulmana.
A la muerto de Alfonso I el Batallador, en 1134t
Navarra se nombra un rey propio, García Ramírez;
y Aragón proclama n. Ramiro II, el Monje, quien re­
tirándose de nuevo á un monasterio, dejala corona á.
su hija Petronila, que, desposada con Ramón Beren-
gaer IV de Barcelona, fué causa de que se unieran
Aragón y Cataluña (1137).
- 82 -
Alfon» Enríqoez. hijo de Enrique de Borgo&a,
después de ganar en Urlque una La tulla contra los
árabes, es proclamado por aos tropas rey de Portu­
gal (1139).
Alfolio VII dejó el reino de Castilla á su hijo
D. Sancho, y el de León i eu otro hijo r>. Fernando;
sucediendo á estos monarcas Alfonso VIII y Alfon­
so IX respectivamente.
Ya en esta época, los fueros concedidos por mo­
narcas anteriores hablan «ido confirmados y amplia*
dos, asegurándose las libertades y franquicias de los
municipios, que, si libraban á los pueblos de veja*
ciones y tirantas, ponianlos por gratitud al lado de
los reyes contra las pretensiones de la nobleza.
Las cortes, con asistencia del hrarfo popular, re -
snelven ya las cuestiones m is difíciles de política y
gobierno, como las celebradas en Borja á la muerto
de Alfonso I, las convocadas por Alfonso VIII en
Burgos el año 1169 y las que se reunieron enCarrión
en 1188.
En 1158 filé creada la orden militar de Oalatrava;
en 1110 la de Santiago, y en 1170 la de San Julián del
Pereiro. llamada más tarde de Alcántara. Todas ellas
contribuyeron con sus hazañas á la santa epopeya
de la reconquista.
Y para completar esta ligera reseña de la situa­
ción de España por el tiempo en que se verificó el
hecho glorioso de que voy ¿ hablaros, fáltame aña­
dir que en 1^9 fundó Alfonso VIII de Castilla la
universidad do Palencla, y, poco más tarde, Alfon­
so IX de León estableció los estudios de Salamanca,
que alc&níaron tan grande y merecido renombre.
*
— 83 —
Mientras los almohades proclamaban la guerra
santa contra los cristianos, en Roma se hacían pú­
blicas rogativas y Be concedían gracias espirituales
á los qae se alistasen en la gran cruzada qne dispo­
nía Alfonso VIII contra los enemigos de la religión.
Un numeroso y lucido ejército cristiano rompía
la marcha por la vega de Toledo el 21 de junio
de 12 12 .
Formaban la vanguardia cuerpos de auxiliares
extranjeros mandados por D. Di figo López de Haro,
legión brillante de diez mil caballos 7 cuarenta mil
peones. Seguían los reyes do Castilla y Aragón, el
obispo de Tarazona, el de Barcelona, D. Rodrigo
Jiménez, el historiador, arzobispo de Toledo; los
obispos de Patencia, Slgüenza, Osma, Plasenclay
Avila; las órdenes militares; numerosa hueste de
ricos-hombres y caballeros de Castilla, Aragón, Ca­
taluña, Asturias, Galicia y Portugal; la bandera real
de Castilla; los concejos ó comunidades de San E ste­
ban de Gormíz, Ayllón, Atienza, Almazán. Soria,
Medinaceli, Segovia, Avila, Olmedo, Medina del
Campo, Arévalo, Madrid, Valladolld, Gnadai ajara,
Haete, Cuenca, Alarcón y Toledo; incorporándose
después el rey de Navarra con lo más excelente de
la nobleza de aquel reino y buen golpe de brava y
aguerrida tropa.
B1 12 de julio llegó el ejército cristiano al puerto
deMnradal, al pie de Sierra Morena, apoderándose
de la fortaleza de Castro-Terral.
Los moros estaban atrincherados en el paso de la
Losa, de dificilísima travesía.
Dudaban los cruzados respecto al medio de salvar
tan grave obstáculo, cuando se presentó un pastor
— 84 —
llamado Martín Alhaja, prometiendo guiar al ejército
por oculta vereda á una extensa planicie en la cum­
bre misma de la sierra, donde podia librarse ana
batalla.
. Cod tan inesperado auxilio pudieron, los cristia­
nos, después de una fatigosa ascensión, levantar sus
tiendas y . establecer bu campo eD las Nayas de
Tolosa.
La luz del día 1(5 alambró & los do» ejércitos ene­
migos formado» para ol combate.
Cerca de quinientos mil guerreros Infleles aguar­
daban 1 h señal para lanzarse contra la haeste cris­
tiana cuatro Teces menor en número.
A la primera carga de los masulmases pareció
vacilar el ejército español; pero pronto se rehizo,
trabándose recia y empellada lucha en que se reali­
zaron prodigios de valor.
Levantábase la tienda de Mlram&moliii dentro de
un círculo de diez mil esclavos negros, cuyas lanzas,
clavadas en i ierra, formaban un parapeto inexpug*
nable reforzado con gruesas cadenas y más de tres
mil camellos puestos en línea.
Multitud de caballeros pretendieron en vano asal­
tar aquella barrera viviente.
Un grito unánime de asombro recorrió el campo
de bhtalla: casi á la vez y por distintos puntos los
caballos de dos guerreros españoles atraviesan de
un salto increíble y rompen la que parecía infran­
queable muralla. Aquellos atletas fueron D. Alvar
Nüñez de Lara y el monarca nararro, en cuyo escu­
do de armas figuraron desde entonces las cadenas
que conmemoran un hecho tan brillante.
Al caer de la tarde quedó el campo por las tropas
- 85 —
españolas hartas de sangre musulmana; y un solem­
ne canto religioso dló gracias al Dios de Los ejércitos
por tan glorioso triunfo.
Era el 10 de julio de 1212.
En recuerdo de aquella memorable jornada que
did ud golpe mortal á l«s sarracenos, instituyó la
Iglesia la festividad del Triunfo de la Sania Cruz; y el
monarca de CaetiMn, que fuó alma de La cruzada, ha
pasado á la historia con el nombre inmortal de Al­
fonso VIII el de las Navas,

PROGRAMA
Guerras entre castellanos y aragoneses.—Alfonso VII
el Emperador.—Los almohades —Navarro separa­
da de Aragón —Se unen Aragón y Cataluña.—In ­
dependencia de Portu gal —Organización política
de los estados cristianos.-Libo tades municipa­
le s.—Las cortes. Creación 1e las órdenes milita­
res de CaUtrava. Santiago y Alcántara—Funda­
ción de la universidad de Paíencia y de los estudios
de Salamanca.—Batalla de las Navas de Tolosa.
Un santo, un conquistador y un sabio.
FERNANDO III
Por el amor entrañable que tengo á. la patria y
por el qué Biento hacia vosotros, ni&oa españolea,
que con mia hijos compartía los desvelos y el trabajo
de toda mi vida, quisiera que el ranto rey, de quien
en primer término voy & contaros la historia, me
ÍDBpiraae ta lección de hoy, para que lryendo vos­
otros estas lineas, Be os grabes en la memoria las
grandes virtudes y las bazofias de nuestros antepa­
sados.
Dolía Berengoela, bija de Alfonso VIII y hermana
de Enrique I, heredó á la muerte de éste la corona
de Castilla, que abdicó eu Fernando III. jurado rey
por laa corteB reunidas en Yalladolid el afio LJ17. Los
pocos años del monarca leones fueron suplidos con
la sabia y prudente dirección de D .* Berenguela, bu
madre, en las revueltas que se produjeron en el rei­
no, ocasionadas en gran parte por Alfonso IX de
León, marido de D.a Berenguela y padre de D. Fer­
nando.
Casado éste con D.“ Beatriz de Suabia, y recobra­
da la paz en el reiDO, experimentaron los jóvenes
esposos la dicha de tener un hijo, ¿ quien pusieron
— 87 -
por nombre Alfonso. Sin duda para dar gradué ¿
Dloa por tan fausto acontecimiento, ó para implorar
el auxilio del cielo en laa empresa* que pronto iban
á realizarse, D. Femando y D." Beatriz pusieron la
primera piedra de la magnifica catedral de Burgos,
monumento grandioso y nno de los más bellos mo­
delos de arquitectura de la Edad Hedía.
Al poco tiempo (1224), y aprovechando la deca­
dencia de los almobades y el descontento de los mo­
ros andaluces, emprendió Fernando III uua aerie de
expediciones que en poco tiempo le hicieron dueño
de Andíijar, Mar tos, Priego, Loja, Alhema, Capilla,
Salvatierra, Baeza y otras plazas.
De vuelta dn una de estas cacapailas, queriendo el
rey erigir un templo digno de la capital de sus esta-
dea, colocó on 1226, acompañado del ilustre prelado
D. Rodrigo, la primera piedra de la suntuosa cate­
dral de Toledo.
Uuerto en U'30 Alfonso IX , fué elogLdo para aucft-
derle bu hijo D. Fernando, que reunió en »u cabeza
las dos coronas de Castilla y León.
Nuevas desavenencias y guerras entre los musul­
manes movieron á los castellanos á avanzar hasta
Jerez, donde, acometidos por muchedumbre de mo­
ros, aceptaron el combate á orillas del rio Huadalete,
obteniendo una brillante victoria. Loa soldados de
Caatilla, mandados por Alvar Pérez, realizaron en
este día proezas cuya memoria ha conservado la tra
diclón. El emir de los Gazules murió ¿ manos de
Garci-Pérez de Vargas, y diceac que un hermano de
éste, llamado Diego Pérez, habiendo roto bu lanza y
su espada en la refriega, desgajó una gruesa rama
de olivo, y metiéndose con ella por entre laa contra­
— 88 —
rías filas, & cada golpe tendía un moro en tierra.
Viéndole D. Airar Pérez dar tales porrazo*» decíale
4 cada nu>vá descarga: «Así. Diego, machuca, ma­
chuca.* Desde entonces, al valeroso cristiano se le
llamó Diego Pérez de Var gas Machuca.
Siguióse en 1¿34 la toma de Ubeda y en 1239 fué
conquistada la ciudad do Córdoba, tremolando el 6s
tandurte de Castilla sobre la grao mezquita. Las
campanas de Compostela volvieron en hombros de
musulmanes al sitio de donde hablan sido arranca­
das por Almanzor, y la capital del célebre califato se
vió repolluda por cristianos . Coincidió con este
acontecimiento la fundación del reino de Grauada,
último baluarte do los árabes en la Península.
Murcia rindió Vasallaje al infante D. Alfonso, que
entró un la ciudad del Segura on 1241. conquistando
inmarcesibles lnuivles contra los moros de aquella
región, m-ontras D. Fernando, después de someter
multitud do villas y lugares do AndalueÍH, llevaba
sus armas á J'ié u , que füó entregada á los cristianos
eu abril de 1210, previo un pacto en que el rey Alba-
mar de Grauada se reconoció vasallo y tributario de
Castilla.
Queriendo D. l'ornando continuar sus empresas
de armas, pidió consejo á los ricos-hombres, caballe­
ros y maestres de las órdenes respecto á lo que de­
bería hacerse; y opinando D. Pelayo Correa que se
debería emprender la couquista de Sevilla, el rey se
decidió por este dictamen, y , dispuesto lo necesario
pora el objeto, emprendió la campaña. L'ué tomando
plazas hasta bloquear la ciudad; y á flu de no dejar
libre el Guadalquivir, por dond<j los sitiados podían
allegar socorros, encardó á Ramón Bonifoz la cons-
— 8& —
tracción de una escuadra que pronta avanzó rio
arriba deapués de haber deshecho una armada qne
de Ceata y Tánger Tenia con auxilios para Iob sevi­
llanos.
Quince meses duró el sitio, siendo innumerables
los rasgos de valor de sitiados y sitiadores.
Por fin la ciudad se rindió, y el 22 de diciembre
de 1248 entró triunfante el ejército cristiano en la
ciudad de San Leandro y San Isidoro.
Sanlucar, Rota, Jerez, Cádiz, Medina, Arcos, Le-
brlja cayeron en poder de los castellanos; y reduci­
do» ya los moros al reino de Gi-anada, disponíase
Fernando III á llevar sus huestes victoriosas basta
el África, cuando lo sorprendió la muerte, tan santa
y ejemplar como gloriosa había sido su vida.
Cou razón dice el P. Fcijoo de. Fernando III;
«Héroe verdaderamente á lo divino y á lo humano,en
quien se vio el rarísimo conjunto <lu gran ¡guerrero,
gran político y sar.to, bastaría por si solo para dur
gloria inmortal á nuestra nación.»
Modelo de virtudes, piadoso, humano y liberal ¿
la vez que gran político 6 insigne guerrero, sirve él
mismo de comer á los pobres ó instituye el Consejo
de Castilla, ensancha loa dominios cristianos, organi­
za y gobierna cou sabiduría y prudencia, da fueros
á muchas ciudades, encomienda a su hijo la redac­
ción del código de las Siete Partidas, prepara la im ­
portancia del idioma castellano haciendo traducir en
romance el Fuero Juzgo, que dió ¿ Córdoba después
de la conquista, y redactando en lengua vulgar bub
cartas y privilegios; protege la cultura popular tras­
ladando & Salamanca la universidad de Palencia y
distinguiendo á loa sabios y á la juventud estudiosa;
— 90 —
hace progresar las industr as, la agricultura j et
comercio, y levanta monumentos suntuosos.
Ya los pueblos le llamaron santo, y la Iglesia le
colocó en bus altare».

JAIME I DE ARAGÓN

Mientras el tercer Fernando de Castilla y de León


fle cubría de gloria peleando contra los musulmanes
andaluces, otro monarca invicto, Jaim e I, realizaba
en las reglones orientales de la Península hazañas
dignas de eterna recordación.
Siendo todavía uu niño, supo dominar &la orgu-
llosa y atrevida nobleza, sosegando laB alteraciones
y discordias que traían al reino en constante y enco­
nada guerra civil.
No habla cumplido veinte años, y , sintiéndose
llamado ¿ grandes empresas, decide la conquista de
las Baleares.
En septiembre de 1229 partió de las costas espa­
ñolas una poderosa escuadra con rumbo á Mallorca.
No habia navegado muchas millas, cuando una furio­
sa tempestad obligó á los pilotos á rogar al rey que
diesen la vuelta á Tarragona, pues no habia medio
de seguir luchando con los elementos. «Eso no haré
yo por 11aila del mundo, contestó D Jaim e; este viaje em­
prendí confiado en Dios, y pues en su nombra Damoi, til MS
guiará.» ¿Cómo no había de recompensarla Providen­
cia tanta fe y tan absoluta confianza?
Ni la resistencia do los moros, ni los horrores de
una epidemia que se desarrolló en el campo cristiano
- 91 -
faeron parte & debilitar el Animo de tan esforzados
campeones; y con ayuda de Dios, en quien ponían
su esperanza, realizaron la conquista, destruyendo
aquel nido de piratas que infestaban los mares oca ■
Sionando gravísimos perjuicios al comercio catalán.
De yuelta de aquella expedición, emprende Don
Jaim e la guerra contra los moros valencianos, acre­
ditando más y más su indomable bravura.
Arés, Morella, Burrisna, Peñíscola. Chivet, Cer-
vera. Burriol, Cuevas. Alcalaten, Almauzor* y otras
plazns y fortalezas cayeron en poder de catalanes y
aragoneses; otras les rindieron vasallaje hasta que,
con escaso ejército, sentó D. Jaim e sus reales entre
Valencia y el Grao.
Después de innumerables rasgos de valor, des­
pués que el mismo rey fué herido de un saetazo* se
rindió la eludid, del Cid, y en 28 de septiembre de
1233 entró en ella el ejército vencedor.
Treinta batallas campales ganó D. Juime á los
sarracenos.
Valiente y aun temerario en la guerra, leal y g e­
neroso hasta con sus enemigos, protege á Navarra
contra las miras ambiciosas de Castilla, y ayuda á loa
castellanos en una sublevación de los moros de Mur­
cia y Andalucía. Gana territorios y castillos, y en­
trega el conquistado reino de Murcia al heredero de
San Fernando.
Otorga fueros á loa ciudades y villas que se le so­
meten; hace ordenar en las cortes de Huesca una
compilación de leyes en que se refunde cuaoto se
habia legislado anteriormente; instituye sobre bases
BÓlidas el célebre Consejo de Ciento; funda iglesias,
edifica templos, y el Papa le llama 6 los concilios;
— 92 —
establece estadios y ‘universidades en Lérida, Mont*
peíler, Perpiñán, Valencia y Palma; escribe la cró­
nica de b u s campaSas; es & u n tiempo, como César,
guerrero ó historiador.

ALFONSO X

Heredó las conquistas licchas por San Fernando,


.sa hijo primogénito D. Alfonso; y en aquellos tiem­
pos eu que el ejercicio de las armas era la ocupación
constante de todo español, un monarca que con tan­
tos titrlos conquistóse un nombre ilustre y una p á ­
gina inmortal en la historia patria, un hombre de
nobilísimo corazón, desprendido y generoso hasta la
prodigalidad, valiente y arrojado en la guerra, le­
gislador eminente, inteligencia clarísima y alma
grande capaz de las más difíciles empresas; un hom­
bre, en fin, ú quien Us generaciones apellidaron el
Sabio, fuó como rey y como hombre desgraciadísimo
y sin ventura.
Electo emperador de Alemania, malgastó diez y
ocho años de su vida y grandes tesoros de la nación
en captarse la voluntad de loa papas y de los prínci­
pes alemanes para que reconociesen los derechos
que lo asistían, cuando con un acto de entereza se
hubiese ceñido aquella corona; y es que su bondado­
so rurúcter le hacía olvidar las necesidades de su
época y el temple y condición de los hombres de
aquel tiempo.
Alfonso X hubiera sido un gran rey de la edad
- 93 —

preBente; pero se adelantó mucho á bu siglo y bus


contemporáneos no le comprendieron.
Confió en la aparente alianza del rey de Granada,
faé espléndidamente dadivoso con los nobles y padre
amantiaimo para sub hijos y aun para sua vasallos;
en pago, el rey moro auxilió y fomentó un levanta*
miento de los musulmanes de Andalucía y Murcia
qne pusieron en peligro las conquistas de Fernán-
do III; los nobles más favorecidos por el monarca se
rebelaron contra él y fuéronse á Granada á servir á
los enemigos de la patria; el príncipe D. Sancho se
alza en armas contra su padre después de malgastar
el oro que recaudaba para atender al sostenimiento
del ejército cristiano sitiador de Algecirae; todos los
hijos de D. Alfonso, y hasta su misma esposa Doña
Violante conspiran contra su padre, esposo y señor;
los pueblos siguieron el partido de D. Sancho, vién­
dose reducido el sabio rey á la sola ciudad de Sevi­
lla, y teniendo que mendigar socorros del mismo
emperador mahometano de Fez y de MarruecoB.
D. Sancho fué desheredado y el papa jVlartín IV
Unzó contra él un breve de excomunión; pero con
todo ciñó la corona, en perjuicio de los infantes de la
Cerda, hijos del difunto D. Fernando, primogénito de
Alfonso X.
A vuelta de tantas desdichas continuó este mo­
narca la organización política de su reino: se am­
pliaron considerablemente las atribuciones de las
cortes, se hicieron muchas y saludables reformas en
la administración pública y en los tribunales de jus»
ticia; instituyéronse abogados para defender á los
pobres, y el mismo rey señaló tres dias ¿ la semana
para oír y fallar los pleitos; pero la obra m&s grande
-9 4 —
que realizó el hijo de San Fernando fué el código de
las Süu Partidas, monamento precioso de nuestra le*
gislaclón, superior i todos los cuerpos legales de la
Edad Uedia.
Y en medio de los azares de la guerra, de los dis
gustos que «margaron sus días, de los afanes y cui­
dados que dedicó al gobierno y á las leyes, de sus
negociaciones para obtener la corona de Alemania,
de la estrechez y penaría á que se vió reducido, éste
hombre, grande entre los más ilustres que han ad­
mirado los siglos, tuvo aüntiempo para dedicarse al
estudio y á las más profundas investigaciones de la
cieñcia, adquiriendo portentosos conocimientos en
todos los ramos del sabor; pudo dedicarse al cultivo
de las letras, perfeccionando, enriqueciendo el
habla castellana y pulsando la lira del poela, ya
paralam eu'ar sus desdicha» en las Querella! ó para
cantar loores á la Virgen en las renombradas Cán-
flJM.
Las célebres Tablat astronómicas, llamadas Alfonsi­
nas y la Crónica general de España, con otras obras qae
escribió el subió monarca, prueban que ei-a un g e ­
nio, un prodigio; y sa no.ubre vivirá tanto como el
idioma en nue so escribieron bus libros y que man­
dó usar en tod<¡9 los documentos oficiales.

PROGRAMA
Fernando III ocupa el trono de C astilla.-Se comien­
zan las obras de la catedral de Burgos.—Primeras
campa&as de l). Fernando contra los árabes. —Co­
loca la primera piedra de la catedral de Toledo.—
Unión deftmtiva de Castilla v León.—G uerra con­
tra los árabes.—Conquista de Córdoba, de Murcia,
— 95 —
de Jaén, de Sevilla y otras plazas Importantes.—
Juicio acerca de 3 . Feruando.
Jaime el Gonqnistador.—Sus primeras empresas.—
Conquista de Valencia.—Caracter de Jaim e I.—
So gobierno.
Alfonso el Sabio.—Prendas personales que adorna­
ron &este re y .—Exito que obtuvo en la goberna­
ción de sus estados.—Sus pretensiones al trono de
Alemania.—Conducta del rey de Granada, de Iob
nobles y de la misma familia de Alfonso X para
con este monarca-—Progreso político, legislativo
y judicial de España en este reinado. Por qué Al­
fonso X mereció el apelativo de Sabio.
GUZMÁN eL bueno

A pesar de laa vicisitudes y mudanzas sufridas por


España en el transcurso de loa tiempos, han conser-
do y conservan su3 hijos el ca- úcter enérgico, leal,
honrado y fidelísimo que díó origen a tantos hechos
insigues como ol que voy á contaros.
D. Alfonso Pérez de Guzmán, señor de Niebla, Ne-
brija y Sanlúcur üc Barraiueda, acreditado guerrero
y caudillo de intachable nobleza, tenia encomendada
la guarda y defrutm de Tarifa, quo el rey D San*
cho IV había conquistado poco tiempo antes del po­
der sarraceno-
El infante D. Juan, hermano del rey, hombre re­
voltoso y tornadizo, metido siempre en discordias,
sin amor á su familia, sin religión y Bin patria, que
hizo armas contra su padre y después contra su
hermano, que luchó en todos los p»rtidoB y á todos
mostróse rebelde; Ingrato & los honores y distincio­
nes, incorregible en laB contrariedades y aun en la
prisión; quebrantador de todos los juramentos y
enemigo encarnizado hoy de sus amigos de ayer,
hubo de huir á Portugal de donde también fué ex­
pulsado & Instancias del rey de Castilla. Embarcóse
con rumbo á Tánger, y presentándose al re/ de Ma •
truecos Yusuf, le ofreció sus servicios y entregarle
— 17 —
la plaza de Tarifa si lo auxiliaba con algunas tropas.
Accedió el emir, y D. Juan volvió ¿ Ee paila seguido
de cinco mil zenetas de caballería, con cnya hueste
y los refuerzos qae se le unieron en Algeciras, puso
sitio á Tarifa y comenzó á batir los muros intentan­
do repetidas veces el asalto; pero la plaza estaba
bien defendida, y los asaltantes, rechazados briosa­
mente, comprendieron pronto las dificultades de la
empresa.
Tentaron la lealtad dnl alcaide ofreciéndole la can ­
tidad de cien mil dobles con tal que abandonase la
defensa de la villa: «Tengo hacienda que he ganado como
bueno, contestó D A lfo n s o ; más si asi no fu era, mejor
querría dejar i mis hijos pobreza con konra, que riqueza con
infamia.»
Pidiéronle después que a* aviniese & entregarles
nna fuerte suma y levantarían el corco; pero Guz-
mdu respondióles con indignación: «Los buenos caba­
lleros ni compran ni venden la victoria*.
Desesperado el infante D Ju»n de conseguir sus
propósitos, puesto que tan inexpugnables eran las
murallas como la entereza y la hidalguía del invicto
gobernador, apeló á la mus horrible perfidia creyen­
do lograr asi su miserable intento.
Tenia en su poder un ni&■■», hijo mnyor de D. A l­
fonso Pérez; y aprovechando esta circunstancia,
presentó al niño maniatado delante de las murallas,
hizo llamar á D. Alfonso. y le intimó, que, de no en­
tregarle la plaza, haria matar &la indefensa criatura.
0,vó Guzmán la propuesta; y sintiendo que su amor
paternal le invadía y ofuscaba el entendimiento, y
que las lágrimas le llegaban en oleadas &los ojos,
hizo memoria de la fe jurada al rey, de lo que ála
patria y al honor debía como hombre y como cris­
tiano y caballero; volvió la viBta á la odiosa y abomi­
nable conducta de D. Juan, y, sobreponiendo sa ln<
dignación ¿ la pena, exclamó: «Anres querría que me
matasen este hijo y oíros cinco si los tuviera , que no entregar
la villa que tengo por el rey No engendré yo hijo para que
fuete contra mi tierra, ante» engendré hijo á mi patria para
qve fuete contra todos los enemigos de ella.* Dirigiéndose
luego al infante D. Jo an , gritó c>>n voz entera:
«Para que veáis wdf. lejos estoy de fa lta rá mi deber, ahí va
mi cuchillo por si no tenéis arma con qne perpetrar el «rima».»
Dichas eal&s palabras, y después de haber arrojado
su daga al campo enemigo, retiróse de la muralla
ahogando los sollozos qne pugnaban por escapársele
del pecho; cruzó con paso firme por entre los soldados
que llenos de asomb o y veneración se indinaban de*
lante del héroe, y sentóse á comer con su esposa.
Consumóse el bárbaro sacrificio; y la cabszadcl hijo
de Guzmán fué arrojada coa una catapulta á la plaza.
Los cristianos que estaban en la villa levantaron te­
rrible ala rldn de horror, ohlo lo cual por D. Alfonso,
levantóse de la mesa y salió á inquirir el motivo de
tal gritería; y cuando lo hubo averiguado, apelando &
toda la energía de su carácter para dominar aa cora*
zón. volvióse á la mesa diciendo; «Creí que los enemi­
gos entraban en Tarifa».
Vista la inutilidad de sus esfuerzos, levantó D. Juan
el campo y se retiró hacia Algeciras.
La fama Ue tan heróica y sobrehumana fidelidad y
abnegación corrió por toda la Península. El rey, enfer­
mo en Alcalá de Henares, escribió á Gnzmán ensal­
zando su conducta y elevado patriotismo, ofreciéndo­
le mercedes y confirmándole el sobrenombre de Bueno
— 90 —
que ya el pdblico le daba, y can cnyo glorioso epíteto
le reconoce la posteridad.

PROGRAMA
E l Infante D. Juan pone sitio í Tarifa.—Quién era go­
bernador de esta plaza.—Tentativas que hizo el in­
fante para vencer la fidelidad de Guzmán.—Rasgo
de lealtad heróica que valió á D. Alton ao el dictado
de Bruno.
EXPEDICION DE CATALANES Y ARAGONESES
k

ORIENTE
T a os he hablado del engrandecimiento i qae
llegó Aragón durante el reinado de D. Jaime. Mien­
tras en el interior atendía á b u organización política
y administrativa haciendo á b u s propios monarcas
respetar Iob fueros, usos y privilegios en que se fun­
damentó la libertad civil aragonesa, y reyes como
Pedro III el brande y Alfonso III viéronse obliga­
dos, para conservar el poder, & reBignar en las Cor*
tes derechos y atribuciones que hasta entonces y en
todas les monarquías parecieron Inalienables de la
Corona; mientras 1h autoridad del Justicia dirimía
las grandes cuentones y litigios entre el poder real
y la nobleza, los catalanes y aragoneses, después de
haber triunfado de los moros de Valencia, no encon­
trando ya deutro de la Península espacio suficiente
para ejercitar las vnroniles energías de su genio
guerrero y expansivo, surcan el Mediterráneo con
su poderosa marina en la empresa guerrera de Sicl-
ia &la que arrancaron de la tiranía de Carlos de
Anjou; Inmortalizan se Io b nombres de Pedro de Que-
ralt y Roger de Laurla en gloriosos triunfos nava*
les; los asuntos de Aragón llegan & ser cuestiones
— 101 —
'europeas, y las más poderosas nación ob respetan <J
temen el poder militar, la Influencia política y el
predominio marítimo de la monarquía aragonesa.
Hablan transcurrido veinte años de lucha, que
trajo revuelto y agitado i todo el mediodía de Euro­
pa, ensangrentando las más hermosas regiones de
Italia, cuando» en 1302. se firmó un tratado que ase­
guró la corona de Sicilia en la cabeza de D. Fadrl*
que, hermano de D. Alfonso III y de D. Jaime II de
Aragón.
Por este tiempo, mal avenidos con la paz, embar­
caron en Mesina cuatro mil infantes & quinientos
jinetes catalanes y aragoneses mandados por el céle»
bre aventurero Roger de Flor para socorrer a Andró-
nlco, emperador griego de Oriente, que se conside*
raba incapaz de conservar el imperio bizantino con­
tra los v olcntos ataques délos turcos.
Colmados de atenciones y regalos fueron recibi­
dos en Constanticopla aquellos guerreros tostados
por el sol de las batallas, aquellos almogávares de
atezado y emuto rostro, de cabellera crespa y des­
ordena a, mal vestidos, envueltas las piornas en c a l­
zas de cuero y loa piés on rústicas abarcas, arma*
dos de lanzas cortas y anchos cuchillos do monte ¿
la cintura, capaces de sufrir toda clase de fatigas y
privaciones.
Pronto, pasando el mar de Mármara y pasando
á la Anatolia, sorprenden á los turcos, y entrando
en batalla ¿ los gritos de ¡A w ¡ ¡Aw\ \Desperta /ierro!
les ocaslouaron espantosa derrota y horrible mor­
tandad.
De triunfo en triunfo hacen retroceder al enemi­
go y llegan á inspirar serios temores á los mismos
— 102 —
grlegoB que ideaban ya medios para desembarazar-
ce de tao temibles huéspedes.
Habiendo pasado Roger con un pequeño destaca*
mentó 4 Andrinópoüs para visitar á Miguel Paleólo -
go, hijo del emperador, recibióle éste con las mayo­
res demostraciones de carifio; y habiéndole mentado
£ su me<ta. hizole asesinar cobardemente Los almo­
gávares que habían ucompaQado & su jefe, fueron
también sorprendidos y muertos.
Cuando el grueso del ejército expedicionario tu
TO noticia do tan villano proceder, exparcióse ciego
de cólera por las calles de Gaüpoli, donde estaba
alojado, y pasó 6 cuch illo hombres, mujeres, niños,
ancianos: ú cuantos llevaban el aborrecido nombre
griego.
Aclama por caudillo á Berenguer de Eutenza p i­
diéndole á gritos que lo conduzca á Constantinopla
para continuar aquella obra de destrucción que Be
transmitió á la posteridad con el nombre de venganza
catalana.
Dejando á RocafoTt y á Muntaner en Gal ¡poli,
toma Berenguer la ofensiva, saquea pueblos, pasa á
cuchillo n los habitantes sin respetar edades ni
sexos, y vc d c o ¿ u u números >ejército mandado por
Calo Juan, hijo de Andrónico; pero victima de una
traición de los genoveses, c-e prisionero Eutenza y
muertos doscientos españoles.
Después de barrenar sus naves para que no se leB
ocurriese la retirada antes de h°.ber satisfecho su
implacable sed de exterminio, quedó Muntaner de
gobernador en Galípoli y salió Rocafort con la ya
mermada hueste contra un ejército griego que llagó
4 la viata de la plazu; y Iob catalanes y aragoneses
— 103 —
cebáronse en la san g re de aquellos cobardes qué
volvían la espalda por miedo da ser heridos en el
rostro.
Ganada otra batalla en Aproa, continua ron los ex*
pedicionarios su terrible venganza hasta las mismas
puertas de Constantinopla.
Para term inar: aquel puñado de valientes, que ha
ll&baso va sin caudillos, ofrece, después de inauditas
peripecias, sus servicios al duque do Atenas; y puesto
en m archa el racrmadi-sirao ejército, atraviesa la Ma­
cedón ia do que se hizo casi dueño, las fértiles llanuras
de Tesalia, el celebérrimo paso de las Torinópilas, 7 ,
penetrando en Motea, ayuda al duque A recobrar los
pueblos que había perdido. Ingrato el de Atonas, t r a ­
ta de deshacerse de sus favorecedores; pero pagó su
in g ratitu d con la pérdida del ducado, el cual pasó
con el de N eustria al dominio de Sicilia y luego al de
A ragón.
Así term inó la m emorable expedición de cátala*
n es y aragoneses í Grecia y Turquía; expedición
q u e duró doce años, la máB atre v id a de aquellos
tiem pos y un a de las m ás célebres que consigna la
historia. ______
PROGRAMA
E ngrandecim iento dei reino de Aragón y afianza­
m iento de sus libertades política».—Im portancia
d e las C ortes. —El Ju sticia ,—CunquiBta de ¡áic lia.
—Nombre* ilustres en esta guer a . —Fin d e lu
g u erra de Sicilia —Expedición do catal m e ay a r a ­
goneses. -F e lo n ía de Miguel Paleólogo.—Y e i^ a n
za ca ta la n a .—Auxino que prestaron los expedí*
cionarios al duque de Atenas. - In g ra titu d de éBte.
—Incorporación de los ducados de Atenas y Neu
p atria á la corona de Sicilia.
BATALLA DEL SALADO

Cuéntase de un viejo musulmán que, expulsado


de su CA8& después de la conquista de G ibraltar por
F em an d o IV. hijo y su< eaor de Sancho el Bravo de
C astilla, exclamó dirigiéndose al rey: «Señor, ¿qué
te be hecho yo para que me arrojes de aquí? Tu bis*
abuelo el rey F ernando m e echó de Sevilla y me tai
á v iv ir 6 Jerez: cuando tu abuelo tomó á Jerez, yo
m e refugié en Tarifa, de donde m e arrojó tu padre
Sancho. Vine aqui creyendo estar m ás seguro que
en otro cualquier lugar de España, y he aqui que y a
no h ay de este lado del mar ponto alguno en que Be
p aed a vivir tranquilo, y se rá m enester qne m e vay a
á Africa á acabar mis dlaB.»
E stas palabras resum en la m archa d e la recon­
quista desde San F ernando, ¿ pesar de los disturbios
q ne los grandes prom ovieron en Castilla en tiem po
d e Sancho el Bravo, d u ran te la m enor edad de F e r­
nando IV y en los principios del reinado de Alfon­
so X?. E ncargóse éste del gobierno el afio 13&.
Pero no cesaron aún las discordias, ocasionadas
ta n to p or la am bición de los nobles cuanto por las
intem perancias del rey, que repudió á su esposa doQa
C onstanza, hija del infante D. Juan Manuel, y prodi»
— 105 —
g ib a m ercedes ain cuento á bus prlyados 7 favoritos
Garcilaso de la Vega y Alvar Nünez de Osorto.
A lgunas conquistas hechas á los árabes no im pi­
dieron la pérdida de Gibraltar en 1333.
Renacieron las contiendas civiles y tra tó el re y
de apaciguarlas con terribles castigos, m ientras que
faltando á la fe ju rad a & su esposa D * Marta de Por*
tu g a l sostenía públicas 6 ilícitas relaciones con doña
Leonor de Guzm&n. escandalirando á los pueblos y
com prom etiéndolos on una g u erra contra el m onar­
ca portaguóB. padre de D “ María.
Por este tiem po preparaba Abut Hassam, re y de
Fez. u ua g rau d e Invasión de bcnlm erines en la Po
ninsula: y los m onarcas españoles, olvidando sus di­
sidencias y luchas Interiores, pósense de acuerdo
para rechazar al común enem igo.
La* >«cuadras aragonesa y castellana, m andadas
por Gllabort de Cruyllas la prim era y por Jofre
de Tenorio la segunda, no pudieron im pedir que
desem barcasen los africanos en las costos anda­
luzas.
Abdelm ellk, hijo d e A bul Ha asan, que Intentó
apoderarse por sorpresa de los almacenes que los
cristianos tenían en Lebrija, fué vencido y muerto;
pero habiendo cometido la osadía de hacer un d e s ­
em barco en la coBta de África el alm irante G ilabert
de C ruyllas, cayó herido do m uerte, retirándose las
g aleras aragonesas.
Una escuadra formidable, com puesta de d o s ^ ^ i-
tas cincuenta Telas africanas, presentóse en aguaB
de A lgebras- La m enguada ilota castellana, fuerte
de veintisiete galerna en mal estado, seis naves
gruesas y algunos barcos de tran sp o rte , no trató de
— 106 —
im pedir siquiera el paso de la arm ada enem iga: pero
BvieaHo Jorre de Tenorio por au esposa de que no
faltaba quien le taviese por desleal ó Tendido á los
africanos, resolvió desm entir á los m aldicientes, aun
& costa de su propia vida.
El pundonoroso m arino castellano, herido en su
dignidad, arrojóse al com bate con la tem eraria g r a n ­
deza de ¿nim o de tantos capitanes españoles; y s u ­
cumbió abrazado «1 estandarte d e Castilla, delante
de Gibrultnr, después de una gloriosa lucha, de la
que sólo escaparon cinco galeras caste lanas.
Ante el inm inente peligro que am en azib a á l a
Península, m anifiéstase grande y valeroso el m onar­
ca CH P t e ll n n o . Toma naves á sueldo, entabla nego­
ciaciones con Aragón, acude al re y de Portugal, y la
m isrra D .1 María, olvidando las ofensas de su esposo
ante, el interés sagrado de la p atria, intercede con
su padre y éste so dispone á prestar su leal apoyo &
los castellanos.
En tanto, el re y da Granad* so había unido á los
beni'iterincs, form ando un ejére to do seiscientos
mil hombre-*, según algunos historiadores; y con
ta n niiin -rosa liu ste pusierou cer o á Tarifa, que se
defendió con intrepidez hasta lu llegada de los ejér­
citos de Castilla y Portugal, inundados r e s p e tiv a ­
m en te por los m onarcas Alfonso XI y Alfonso VI,
qui- avistaron ni enem igo á orillas del rio Salado.
j i ara qué repetir los detalles de otra batalla ta n
S ^K rii'iitn de tan felices resultados como la de las
Navas de Tolusa?
llu b ' un momento en que los castellanos cejaban
arrollados por los m usulm anes; y D. Alfonso se h u ­
biera Lai za.io á lo m ás recio del com bate si el carde*
— 107 —
n al D. Gil de Albornoz no hnbiera Bujetado de la s
riendas al caballo del m onarca de Castilla.
L acharon con ¡goal bizarría castellanos y p o rtu ­
gueses, cubriendo el campo de cadáveres y enroje­
ciendo con sa n g re de Infleles las aguas del rio.
Cuatro años después, tras de u n formidable sitie
en que los e-pañoles realizaron prodigios de Valor,
de entereza y de perseverancia, fué conquistada la
plaza de Algecirns.
G ibraltar hubiera caldo tam bién en poder de los
castellanos; p e r o una terrib le epidem ia que diezmó
el ejército sitiador, concluyó con la vida de Alfon­
so XI el 26 d e marzo de 13~>0.
No term inaré esta lección sin deciros qufl á pesar
de l&B g uerras y trasto rn o s de que os he hablado,
continuaba la organización política y ad m in istrativ a
de Espufiu Cristian**.
En las corte-* celebradas en Alcalá de H enares el
aSo 1318 y á loa que, según algunos histo riaío res,
acudieron diputados d e todas las ciudades y lugares
del reino, Be h zo el célebre Ordenamiento de Alcalá ,
desde el cual laB P artidas tu v ieran el carácter y
fuerza de ley.
Poco adelantaron las letras después del g ra n im ­
pulso que reci' ieron de Alfonso el Sabio; distinguió*
ronee, do obstante, Juan Lorenzo de Segura, que
vivió en el mismo siglo de Alfonso X; D. Juan Ma­
n u el, nieto de Fernando III; Gunzalo de Berceo y el
Arcipreste de Hilo, Juan Ruiz de Alcalá de Henares.
A principios del siglo XIV floreció Arnaldo d a
Villano va, notable por bus obras de m edicina y quí­
m ica.
— 108 —
PROGRAMA
C onquista de G ibraltar en tiempo de F ernando I V .—
¿S« vió turbada la paz interior en los reinados d e
Sancho IV, Fernando IV y Alfonso X I?-P rep& rase
la iiwasi^n de loe benim erines.—Bizarra conducta,
de Jofre d e Tenorio —Disposiciones tomadas por
Alfonso XI para resistir ñ los benim erines. - B ata­
l l a del Salado.—Conquista de A l^eclras.—Cortes
d e Alcalá en I3i8. —A lganos hombres célebres e a
letras y ciencias.
ALGO HÁS DE OH SIGLO
B O S Q U E J O H IS T O R IC O
(1 3 6 0 A 14740

P o r haber faltado Alfonso XI á bu s deberes de e s ­


poso entregándose & Ilícitos am ores con D.® Leonor
de Guzmán, legó á la patria copiosa herencia de
m ales y tra«toruoa.
Doña María de P ortugal, desatendida y hum illada,
debió Inspirar á su hijo O Pedro, que luego subió al
tro n o , los terribles odios qne, traduciéndose en ven­
ganzas horrendas, valieron á este rey el dictado de
Cruel.
Consintió la m uerte violenta dr¡ D .1 Leonor de
Quzraáj], hizo m a tar á D Garcilaso de la V ega, y , en
el desbordam iento de sus pasiones desenfrenadas,
com etió los m ayores crím enes: D Fadrrque, D Juan
y D. Pedro, hijos de D “ Leonor de Guzmán y Alfon­
so XI, y, por consiguiente, herm anos de D. Pedro I.
fueron víctim as de la furia exterm inadora de este
m onarca El Infante D. Juan de Aragón, el judio Sa-
m u el Levf, el re y moro Aba L&ld y otros m acho»
q u e seria largo e n u m e ra r, recibieron c ru d ísim a
m u erte.
¿A qué seguir contando los horrores de u n reina­
— 110 —
do de s a n g rtf D E nrique de Trastornara, hijo ta m ­
bién de la Guzmén y Alfonso XI, tra tó de apoderarse
<le la corona de Castilla.
Ayudado por Francia, N avarra y Aragón, se hizo
proclam ar rey en Calahorra, com enzando una g u e ­
rra fratricida que, tras varias vicisitudes, term inó en
I ob campos de Montiel donde fué vencido D. Pedro,
¿ quien arrancó la vida el pufial de au propio herm a­
no D. Enrique.
El rey de P ortugal y el duque de Lanc&ater qui­
sieron bacer valer sus derechos & la corona de C asti­
lla. el prim ero por ser nieto de Sancho 17, y el se ­
g u n d o por estar casado con un a hija de D. Pedro el
Cruel; pero D. E nrique II triunfó de amboB.
n. Juan I, hijo y sucesor de D. Fnrique. casó con
D.* B eatriz, heredera del trono portugués. Portugal,
Celoso de su* independencia, no quiso sujetarse al
castellano, de quien triunfó en la batalA de Aljuba-
rro ta .
Insistiendo el de L ancaster en sus pretensiones á
la corona de Castilla, estipulóse por el tratado de
Troncoso que D. Enrique, hijo de Juan I, caparía con
1}.' Catalina de L ancaster, tom ando ambos cónyujes
el titu lo de principes de Asturias, que desde entonces
lleva en España el heredero de la corona.
D u rante la menor edad de E nrique III, sucesor
d e D Ju an I, se vió p erturbada la paz de i astilla por
las am biciones de los grandes, que llegaro-i á u su r­
p a r casi todas laa rentas de la corona. Paso ñn el
re y ¿ tales disturbios y corrigió los excesos de los
m agnates.
Por este tiem po, D. Juan de Bethencour obtuvo
d e D. E nrique auxilios en hom bres y dinero, con los
- ili —
cuales conquistó laa islas Canarias, de que hizo plei­
to hom enaje á ca stilla.
Heredó el trono castellano D. Ju a n II, hijo de E n ­
rique III, y en eBte tiem po el in fan te D. Fernando
no sólo conservó el orden eu el reino, sitio que hizo
reverdecer los antiguos laureles de Covadonfra, las
Navas y el Salado, en varias expediciones relices
contra los moros, ¿ quienes tomó la im portante pla­
za de A ntequera; pero llam ado é ocupar el trono de
A ragón, desencadenáronse turbulencias y g u e rra s
civiles i que D. Ju an daba pretexto por hallaos? en­
tregado en cuerpo y alm a á s u favorito D. Alvaro
de Luna, quien, después de verse colmado de hono­
res y riquezas, m urió en público cadalso
Las desdichas de la p atria llegaron A su colmo en
el rein ad o de Enrique IV el Im potente. Sub prodiga­
lidades y torpezas ocasionaron los m ayores desórde­
nes y la ru in a de la nación. Algnnos nobl a re u n i­
dos en Avila hicieron un a parodia de di stitución,
despojando de laa insignias reales á un m uñeco en
el que figuraban á D. E nrique, y proclam ando acto
seguido como rey de Castilla al infante D Alfonso;
pero m u erto éste á los pocos años, ofrecieron la co ­
ro n a á D .a Isabel, que no quiso aceptarla en vida de
Su h erm a n o . Murió D. E nrique, y ¿ pesar d i que
dejó u n a h eredera leg itim a, D.a Ju a n a la fíeltraneja,
fué aclam ada reina de Castilla D.1 1«abel T, casada
y a con D F ernando, principe heredero de A ragón.
No fueron de g ra n im portancia defrle Alfonso XI
los progresos de la reconquista; pero eo cambio la
organización interior siguió su cam ino. Las cortea
alcanzaron su m ayor esplendor en los Birlos X III
y XIV. E n las que se celebraron en Valladolld el
- 112 -
ano 1351 se hicieron m uchas leyes y ordenanzas de
in terés g en eral, como las encam inadas &organizar
la persecución de loa m alhechores, otra» referentes á
la seguridad individual, alg u n as favorables al co-
m erclo Interior y &la industria, se im pidió la tala de
los m ontes estableciendo penas contra los qne corta­
sen ó arrancasen árboles, y se confirmó y mandó obser­
var, corregido y aum entado, el Ordenamiento di Alcalá.
E n las cortes reunidas eu Toro, durante el reinado
de E nrique II, se atendió preferentem ente 6 la ad m i­
nistración de justicia y al afianzam iento de las g a ­
ran tías individuales, con otras disposiciones de pu ­
blica u tilidad.
En tiem po de D. Juan se confirm aron los privile­
gios, franquicias y libertades de los pueblos: se o r­
denó que los obispados, dignidades y beneficios ecle­
siásticos no fueran conferidos i extranjeros, y se
mandó á los alcaldes que no consintieran la vagan­
cia ni la m endicidad. sino que obligaran á todo el
m undo á tener ocupación ú oficio con que mantenerse.
Pero ¿ este pm greso politico, jurídico v adm inis­
trativ o realizado haBta la m uerte de D Ju a n I, no
correspondió n i con mucho el adelanto científico y
literario; pues apenas si pueden citarse los nom bres
de tilgunos escritores como el Rabbl don Santob,
autor de varias obras poéticas, y el canciller Pedro
López de Ayata, gu errero y politico, cronista y poeta.
Desde el advenim iento de J uhu II iniciase una
g ran decadencia política y un a espahtoaa relajación
de costum bres á la vez que un notable progreso in ­
telectu al. Aficionado el re y & la poesía y á loa certá­
m enes literarios, dispensó protección especial á los
hom bres de letras, eü tre los cuales se distinguieron
— 113 —
el m arqués de V illena, el bachiller Clbdadreal, el
ilofitre m arqués de S antillans, y , en tre otros m u-
choB, V illasandlno, F rancisco Imperial y Jo a n Al­
fonso d e Baena; y en el reinado de Enrique IV, loa
herm anos R o d r i g o y Gómez Manrique, el esforzado,
bondadoso y g en til caballero cnanto sentido y fácil
p o eta Jo rg e M anrique, F ernán Pérez del P u lg ar y
cien m ás, distinguidos en distintos géneros lite ra ­
rios. q ue preparaban el renacim iento de las letras
españolas.

PROGRAMA

Consecuencias que tuvo la desarreglada conducta


m oral de Alfonso X I.—D. Pedro f el Cruel.—Don
enriqae el fratricida ocupa el trono de C astilla.—
D. Juan I . —A segúrase en A ljubarrota la Indepen­
dencia de Portugal.—T ratado de Tro ticoso.—E nri­
que III el D oliente.—ConquiBta de las Baleares.—
D- Ju a n II y D. Fernando el de A ntequera.—Don
Alvaro de L u n a .— Desastroso reinado de E n ri­
que IV. basta la proclam ación de D .1 Isabel.—Las
cortes. Su esplendor en los slgloB XIII y XIV.—Al­
gunas disposiciones 1 e aquéllas en los últim os re i­
nados.—C ultura intelectual de España en este pe­
ríodo.

ARAGÓN Y NAVARRA
(C O M P L E M E N T O D E L A L E C C IÓ N A N T E R IO R )

Después d e term inada la g u e rra de Sicilia, de que


os hablé al referiros la expedición de catalanes y
aragoneses á O riente, volvióse á España D. Jaim e II,
y Aragón disfrutó de paz por algún tiem po, eonti-
- tu -
nuando el desarrollo progresivo de su In dustria, de
las artes y de la ag ricu ltu ra. £1 rey, por bu parte,
fundó en 1300 la universidad de L érida, y, adem&a de
acudir con Alfonso XI de Castilla al sitio de Algece­
ras, envió u n a fuerte expedición &las islas de Cór­
cega y Cerde&a, de las cuales se apoderó después de
vencer obstinada resistencia.
T ras del breve reinado de Alfonso IV, hijo y suce­
sor de D. Jaim e, ocupó el trono de Aragón en 1336
Pedro IV, en cuyo reinado, por hab er quebrantado
el rey las leyes aragonesas nom brando licrcdcra á su
b ija Constanza, promovióse uua g u erra civil que
term in ó con la batalla de Epila.
Míb dado á la caza y ú las fiestas que á los peligros
de las batallas, D. Ju a n I procuró conservar la paz
dentro del reino m ientras la rebelión estallaba en las
islas de Cerdeüa y Sicilia, ocasiopando u n a g u erra
que heredó con la corona aragonesa Martin el H u ­
mano.
Murió este rey sin hijos, y, aunque se siguieron
algunas revueltas prom ovidas por los asp iran tes ft
la en cesión, reunidos separadam ente loa parlam en*
tos (las cortes cuando no habin rey) de los trea re i­
nos, CfttaluDa, Aragón y Valencia, acordaron, dando
uno de los m ayores ejemplos de patriotism o y co r­
d u ra, nom brar tre s representantes por cada reino
p ara que decidieran cual de los candidatos & la coro­
n a poseía m ejor derecho. R euniéronse en Caspe los
elegidos, hom bres de reconocida v irtu d , prudencia y
sabiduría, e n tre los cuales figuraba el ya por todoa
venerado San Vicente F orrer; y el dia 23 de junio
de 1412 leyó al pueblo el mismo San V icente la pro­
clam ación de D. F ernando el de A ntequera, in fan te
— 115.—
de Castilla, para ocupar el trono de Jaim e el Con*
quietador y Pedro el Grande.
Sucedió &D. F em ando, en U16, su hijo Alfonso Y ,
uno de los reyes m is ilustres y esforzados de A ragón»
q ue llegó & imponer su voluntad en Italia después d e
enseñorearse del reino de N&poles.
Á D. Alfonso heredó su herm ano D. Juan de Nava*
rr a en loa estados de España, Sicilia y Cerdeña.


* *

k Sancho Y II el F uerte, rey de N avarra, qne,


como recordaréis, asistió á la batalla de las Nayas,
sucedió e n el trono Teobaldo I, de la casa de Chain*
palla, a«í como Teobaldo II y Enrique. No dejando
éste n in gún hijo varón, heredó la corona su h ija
D.a Ju a n a, casada con Felipe el Hermoso, de F ra n ­
cia, quedando N avarra incorporada á aquel reino
h asta qne en 1328 eligieron loa navarros á D.* Juana,
casada con Felipe H ebreux, loa cuales fueron coro­
nados en Pam plona.
Ocuparon sucesivam ente el trono, Carlos II el
Malo y Carlos el Noble, rey virtuoso y de am able ca ­
rácter, que al m orir, dejó por heredera á su h ija
D.* Blanca, y a casada con D. Juan, infante de A ra­
gón, el mismo que, como os h e dicho, sucedió luego
en el trono aragonés á D. Alfonso V .
M uerta D.‘ Blanca, sn hijo D. Carlos, principe de
Viana, debió heredar la corona; pero D Ju an , eflsado
y a en seguudaa nupcias con D.' Ju a n a E nriquez, de­
claróse, instigado por su m ujer, contra aquel bonda­
doso principe, y con este motivo prom oviéronse
g rav es disturbios h a sta el fallecim iento de D. Carlos.
— 116 —
Entonce a la corona de N avarra pasó & D .' Leonor,
casada con Gastón d e F o lx ; y D . Fernando, nnldc
e n m atrim onio con IsabeL I de Castilla, ocupó el tro-
n o aragonés. D. Ju a n term inó sa la rg a carrera,
bajando al sepulcro & los ochenta y dos añoB de
ed ad , cuando y a babia merecido, por su valor, sus
dotes m ilitares y talento político, que la historia le
perdone el daro trato de que hizo victim a al principe
de Y iana.
Grandes progresos realiza Aragón en esta época:
aseg u ra sus libertades políticas, cuenta con u n a i n ­
d u stria floreciente, nn activo é im portante comercio»
y m arin a poderosa. Los reyes son literatos y protec
torea de las letras; así D. Pedro IV redacta su propia
crónica, y, por orden del m ism o rey, escribe Jaim e
March un diccionario de rim as. D. Juan I el Cazador
fonda el Consistorio de la Cay a Ciencia, en Barcelona, &
im itación de las academ ias de Tolosa; y Alfonso V se
dedica con afán al estudio para conquistar el dictado
de Sabio; se rodea de poetas y hom bres de ciencia, y
contribuye á que se com unique á E spaña el m ovi­
m iento literario de Italia en aquella época.
No os parecerá extraño que descollasen nom bres
ta n ilustres en la literatu ra como A rnau March, Ber-
n a t Miquel, R ocabertl, Jaim e March, Mosen Jordl
de S ant Jordi y otros; pero principalm ente Ausias
March, llamado el Petrarca ie m tín , Jaim e Roig y
Jo an o t M artorell, autor del célebre libro Tiran! lo
Bianch. Tam bién se escribieron m uchas obras en m a­
te ria de religión, de m oral, de política y jo risp ru -
dencia.
A todo este progreso había contribuido la creación
d e la universidad literaria de Barcelona en 1430.
- in —
PROGRAMA
A ragón en tiempos de D. Jaim e II, Pedro IT y
Ju a n I .—Elección de D. Fernando el de A ntequera.
—Alfonso V y Ju a n II.—N avarra hasta D.a Blanca.
—El principe de Viana. —Cómo se volvió á. separar
aquel estado de la corona ara g o n esa .—D. F ern an ­
do hereda el trono de A ragón.—Progreso político,
in d u strial, m ercantil y literario del pueblo a ra­
gonés.
LOS REYES CATÓLICOS

La patria, desorganizada y pobre al term in ar el


calamitoso reinado del cuarto E nrique, ve lucir los
albores de u n maravilloso renacim iento al unirse de­
finitivam ente en Isabel T y Fernando V las coronas
de Castilla y Aragón, cuyos dominios pe ex tenderán
laego por casi todo el territorio de la Península.
Portugal, ayudado por algunos m agnates de Cas­
tilla, defendió con las arm as los derechos de la Bel'
tr aneja; pero fueron vencidos, recluyéndose á Doña
Ju a n a en un convento de Coimbra.
Dedican ee entonces Isabel y F ernando á restable­
cer el orden interior, y crean la Santa Hermandad, m i­
licia parecida á n u estra g u ard ia civil, que lim pia de
salteadores y foragidos los cam pos y las ciudades,
poniendo coto á las tropelías y desafueros de muchos
poderosos que robaban y devastaban com arcas en ­
te ra s, com etían asesinatos, imponían trib u to s y usu r­
paban lugares y fortalezas de la corona.
Reducen loa privilegios de la nobleza con v irtié n ­
dola con política y suavidad en servidora fidelísima
del trono.
Isabel apacigua con su valor y prudencia sedi­
ciones, castiga con. mano firm e ¿ I ob crim inales, sin
- 110 —
distinción de clases ni jerarquías, y preside los tr i­
bunales de justicia.
Publican ae disposiciones encam inadas á restan •
r a r el crédito de la nación y al fomento de la a g r i­
cultura, del com ercio, de la Industria y d e las arte s
y oficios; se a seg u ra el respeto á la propiedad, se
m oralizan las costum bres y florees la riqueza p ú ­
blica. .
Las órdenes m ilitares, que ta n excelentes servi­
cios prestaron 4 la reconquista, habían adquirido
enorm e poder y riquezas, de que se valieron en m a ­
chas ocasiones para tu rb a r la paz del rein o . A fin
de ev itar excesos, que por esta causa pudieran debi­
litar el peder real, fueron incorporados los m aestraz­
gos á la corona, y se crearon, adem ás de la Santa
H erm andad, cuerpos perm anentes de caballería ó
infantería que sirviesen de apoyo y salvaguardia al
principio de autoridad contra cualquier intento de
usurpación.
Restablecida la tranquilidad y a se g u ra d o 'e l or­
den, España ofrécese 6 los ojos del m undo, que la
contem pla con asombro, g rande y m ajestuosa, re n a ­
ciendo de bus cenizas cuando parecía m iserable y
aniquilada.
El térm ino glorioso de la reconquista, el d escu .
brim iento de América, las guerras de Italia, que os
referii é en otras lecciones, y la incorporación de Na­
varra, son las em presas que más contribuyeron ¿ i n ­
m ortalizar los nom bres de Isabel y F ernando, reyes
españoles por excelencia, descendientes de Pelayo,
de los Alfonsos y Fernandos de Castilla, deSancho el
Grande de N avarra, de los B erenguer d e C ataluña,
de los Jaim es, de los Pedros y los Alfonsos de Aragón.
— 120 -
P ara com pletar el cuadro que ofrece la historia de
ta n feliz reinado, réstam e deciros h asta qué punto
llegó por entonces el esplendor de las letras y la afi­
ción al estudio en n u estra p atria.
Después de ceñir la corona, y no obstante los
complicados negocios que preocupaban la atención
de D.* Isabel, dedicóse est* señora al estudio del
idioma latino, bajo la dirección dé D.a Beatriz Gxlin-
do, apellidada la Latina. Amante de los libros y pro­
te cto ra de los sabios, la reina sirvió de modelo á la
nobleza, que rivalizó en deseos de instruirse; y pron­
to se vieron ocupadas m uchas cátedras de universi­
dades por individuos de las mej ores casas de Castilla,
H asta las m ujeres contribuyeron ¿ este renací*
m iento literario: D.* Lucía de Medran? explicaba en
la universidad de Salam anca los clásicos del siglo de
A ugusto y D.® F rancisca de Nubrija enseñaba re tó ri­
ca en Alcalá; D.* Ju a n a Contreras, D.1 María d e P a ­
checo, la condesa d e M onteagudo y D.* Isabel de
V ergara brillaban por su ilustración y talen to .
Entonces (1490) pudo Alfonso de P alencia ordenar
el prim er diccionario y Antonio de L ebrija com poner
la prim era gram ática de la len g u a castellana.
Creáronse y engrandeciéronse universidades, es­
cuelas y estudies g enerólen y como por entonces se
introdujo en E spaña la im prenta, inventada poco
an tea por Gutembergc, y la reina dispensó u n a espe­
cial protección á este m aravilloso invento a la vez
que exim ia de p a g a r derechos á los libros que del
extranjero se im portaban, todo contribuyó ád ifundir
los conocimientos en tre todas las clases, que todas
tam bién contaron con nom bres ilustres en la lite ra ­
tu r a y en laB ciencias.
— 121 —

P or últim o, dedicOse con sin g u lar em peño lá re i­


n a católica & la educación de sus hijos. Las infantas
de Castilla hilaban, cosían y bordaban estim uladas
por el ejemplo de au egregia m adre, al mismo tiem ­
po que se Instruían en las verdades de la religión y
en toda clase de conocimientos: el Infante D. Ju an ,
(mico hijo varón, recibía la enseñanza unido á otros
jOvenes de la nobleza, y ae le in stru ía en todo lo con­
cern ien te &los negocios del estado.
Bien dice el historiador Lafuente: «Todo renace
bajo el Influjo tu te la r de los Beyes Católicos: letras»
artes, com ercio, leyes, v irtu d , religiosidad, gobier­
no. Es e l siglo de oro de España.»

PROGRAMA
Situación de Castilla al advenim iento d é lo s Reyes
Católicos.—G uerra con P o rtu g al.—Medidas enca­
m inadas á restablecer el orden in te rio r-—P rinci­
pales em presas realizadas por Isabel y Fern&ndo.
—C u ltura intelectual de E spaña.—Ejemplo dado
p or la re in a .—Decidme los nom bres de algunas
m ujeres ilu stre s.—Introducción de la im prenta y
disposiciones que favorecieron el desarrollo v pro*
greso de las letras y las ciencias.—Cómo educaba
D.a Isabel ¿ sus hijos.
GRANADA

Hemos visto cómo aquellos peqae&OB estados que


se co nstituyeron al Norte de ]&Península han Ido en*
sanchando sus lim ites, organizándose y haciéndose
fuertes con u n a lucha que duró cerca de ocho siglos,
fundiéndose casi todos en nao Bolo al advenim iento
de los B eyes Católicos, para que tu v ie ra rem ate y
coronam iento la em presa inm ortal de la reconquista-
Los árabes hablan ido replegándose h arta el Sur;
las conquistas de San F ernando obligaron á muchos
& em ig rar y á g u arecerse otros en el reino g ra n a d i­
no, últim o resto de aquel im perio 6ra b e que am ena­
zó un día som eter á su yogo toda la Europa.
El reino de G ranada com prendía casi el mismo t e ­
rritorio que la actu al provincia de aquel nom bre, con
alg u n as com arcas y poblaciones de Córdoba, Jaén,
Sevilla y Cádiz, y las ciudades de Málaga y Alm ería,
ricas, populosas, con pnertos im portantes y bien
fortalecidas.
L a población se elevaba á cuatro m illones de a l­
m as, pudiendo poner en pie de g u erra u n ejército de
cien m il hom bres de á caballo y doscientos m il in ­
fantes.
E n todo el país, que disfruta clim as variadísim os,
había alcanzado la ag ric u ltu ra ua m aravilloso flore­
- 123 -
cim iento gracia* al Inteligente trabajo de aquellos
árabes, los más diestros cultivadores del m a n d o . Las
ciencias, las letras, las arte s y la industria logr aron
u n grandísim o progreso, siendo envidiable el estado
de la riqueza pública.
Restos preciosos conserva G ranada que acreditan
la cultura, genio y gusto delicado de los Arabes e s ­
pañoles, qua españoles eran ya, y al calor de nuestro
dulce clim a y & la laz del espléndido sol de A ndalu­
cía, la inspiración ilum inó la m ente de aquel pueblo
guerrero, culto, artista y poeta.
Desde Iob tiem pos de Enrique IV ex istía un a tre~
g u a en tre cristianos y muBulmaaes, cuando en 1475
el m onarca granadino Muley Abul Hacen solicitó de
los Reyes Católicos la continuación de la tre g u a
existente. F ernando é Isabel enviaron á decir al m a-
sulm an que les en treg ase prim ero el trib u to de d in e ­
ro y cautivos que los em ires sus antecesores pagaban
¿C astilla *Id y decid á vuestros soberanos, contestó con
altivez Muley á los em bajadores, que ya murieron los
reyes ie Granada que pagaban tributo á Jos cristiano!, y que
en Granada no te labra ya oro, tino aljanges y hierroi de
lanza contra nuestros enemigos.» • Yo arrancaré «no á uro los
granos de esa granada», exclamó F ernando al recibir la
noticia. Y quedó resuelta la conquista p ara cuando
la g u erra con P ortugal y el desconcierto del reino lo
perm itiesen.
Muley rompió las hostilidades tom ando por sor­
p resa la fortaleza de Zallara (1481). Los cristianos en
desquite se apoderaron de Alham a.
E ntre tanto, era G ranada palenque de sediciones
y discordias: ayudado por los abencerrajes, sus p a rti­
darios, arroja Boabdil á su padre Muley Hacen del
— 134 —
tro n o granadino y se ciñe la corona; pero derrotado
y preso el usurpador por los cristianon al in te n ta r la
conquista de Lacena, es restituido al poder el m onar­
ca depuesto.
SI h&bll y político F ernando paso en libertad á
Boabdil, m ediante ciertas condiciones ventajosas
p a ra los cristianos, y con la seguridad de que, vuelto
á au tie rra el m usulm án, renovarianse las anteriores
perturbaciones. Abí sucedió: por laa calles de G rana­
d a corrieron arroyos de sa n g re hasta que Boabdil y
sus partidarios Be retiraro n á Almeria. T m ientras
que los cristianos recobraban & Zallara, talaban I ob
«am pos b a sta la vega g ranadina y organizada for­
m alm ente la g u e rra tom aban las plazas de Alora y
Setenil, co n tin u ab in laa discordias en tre Boabdil y
su tío el Zagal hasta rep a rtirse m is tard e el reino,
sin que por eso dejaran de hacerse dura y obstinada
-guerra.
Continuaban los ReyeB Católicos adelantando en
la conquista El re y dirig ía en persona las operacio­
nes y la reina aten d ía con solicito cuidado al aprovi­
sionam iento de las tropas.
Innum erables fueron las hazañas realizadas p o r
moros y cristianos d u ran te el curso de esta g u e rra .
E n el sitio d e Ronda, u n caballero llamado D. Juan
Fajardo, escalando una casa y haciendo un peligroso
vi^Je de tejado en tejado, llegó hasta la cúpula de la
m ezquita principal y en ella enarboló el estandarte
d e C astilla.
Loja, Illora, Moclin, Montefrio, el Salar y Vélez-
U ila g a cayeron en poder de los cristianos, habiendo
com partido la rein a con bus tropas las penalidades
d e la cam paña.
— 125 —

D o ran te el sitio de Málaga, defendida bravam en~


te por H am et Zegrí, hacían los m alaguefios frecuen*
te s é im petuosas salidas en que llegaban h a sta el
mismo cam pam ento cristiano. En u n a de aquellas
encontró Ibrahim Zenet, después de hab er arrollado
las trin cheras de los m aestres de Santiago y Alcánta­
ra , unos cuantos m uchachos cristianos, y tocándolo»
su avem ente con el asta de b u lanza lea dijo: «Andad,
ra p a c e s, con vuestras m a d re s.■ Reconviniéronle
otros moros por haberlos dejado m archar, y el gene*
roso árabe contestó: «Ab los m alí porque non v iie
barba*.*
Después d e la conquista de M álaga y Baeza, en­
treg ó el Zagal las poblaciones de A lm ería y G uadlx.
Solam ente G ranada y sus cercanías qnedaban y a
en poder de los moros.
Los caballeros cristianos continuaban sub m emo­
rables proezas. Oíd lo que se refiere de H ernán Pérez
del Pulgar: palió éste desde Alhama en com pahía de
quince aguerridos cono p ateros; u n a vieja, al verlos,
exclam a: «¿Con Pulgar it? ... La «obesa lleváis prendida
con alfiltres.» Por unas acequias entraron los valerosos
aventureros en Granada: cruzan, protegidos por ltk
oscuridad de la noche las desiertas calles, y, lleg an ­
do 6 la m ezquita principal, H ernán Pérez clava con
u n puñal en la p u erta u n pergam ino que lleva escri­
ta la invocación cristian a ¡Ave Maria\. Sorprendidos
por u na ronda de m oros, acuchillan á c u a n to s hallan
al paso y pónense en franquía Bin Bufrir dallo alguno.
El 16 de abril de 1491 acam paba el ejército cris­
tiano en la veg a de Granada. Alli acudió poco des­
pués la reina, entusiasm ando su presencia áloa sitia­
dores.
— 120 —
Quiso u n día contem plar D.a Isabel las fortifica­
ciones y baluartes de la plaza, y escoltada por la
h u este del m arqués de Cádiz y otros principales ca­
balleros. llegó hasta la Zubia, pueblecillo desde el
cual pudo la reina satisfacer su deseo.
Advertidos los granadinos de la presencia de los
españoles, salieron de la plaza con alg u n as piezas de
artillería, cuyos disparos hicieron algún destrozo en
las filas castellanas. A tal provocación, y aunque te ­
nían orden term in an te de n o pelear aquel dia, no
pudieron ni capitanes ni soldados contener su enojo,
y , acometiendo bizarram en te al enem igo, le cau sa­
ro n más de dos mil b a ja s .
XJn loccndio destruyó en la noclie del 14 de julio
el cam pam ento cristiano, y en ochenta días se cons­
tru y ó u n a ciudad bien defendida que todavía existe
con el nom bre de Santa Fe.
Por último, Boabdil. apellidado el Chico, viendo
imposible la defensa, decidióse á capitular: y el 2 de
enero de 1192 hizo en tre g a de las llaves de G ranada
á los m onarcas cristianos, alejándose p ara siem pre
d e aquel paraíso.
Brilló la cruz sobre la tn rre de la Vela, trem ola­
ron á su lado el peodón de S antiago y el estandarte
de Castilla, m ientras con inm enso clam oreo de júbilo
resonaba en la herm osa vega la voz de los reyes de
arm as gritando: ¡Granada, Granada por los reyes D. F er­
nando y D .‘ Isabel'.

PROGRAMA
E l reino árabe de G ranada.—Principio de la g u e rra .
—D iscordias entre los árabes y habilidad con que
D. Fernando sacó partido de ellas p ara la conquis-
- 1*7 -

ta .—Hazaña de D. Juan Fajardo en R onda.—Ope­


raciones de la g u erra hasta el sitio de M álaga.—
Ib rah ím Z enet.—E n tre g a de A lm ería y G uaaix.—
H ernán Pérez del P ulgar.—El ejército cristiano
acam pa en la vega de G ranada.—Batalla de la Z á ­
fela.—-Santa F e .—Rendición de G ranada.
COLÓN
Cristóbal Colón, nacido en Génova por los años
1446 6 47, e ra hijo de Dominico Colón, cardador de
lana, y de Susana Fontanarrosa; te n ia tre s h erm a­
nos: Bartolom é, Diego y B lanquinetta. A prendió en
su infancia á leer, escribir, aritm ética, dibujo y pin­
tu ra ; luego estudió en la universidad de Pavía g ra­
m ática. lutin y las ciencias que tienen aplicación &
la m arina. Después de algunos viajes vino á Lisboa,
donde contrajo m atrim onio con Felipa Perestrello,
de quien tuvo á su hijo Diego, con el que, por azares
d e la suerte, llegaba u n a ta rd e del verano de 1485 é
p ed ir un poco de pan y agua á las p uertas del con-
vento de S anta María de la Rábida, próxim o á Palos
(Huelva).
El prior F r. Juan Pérez de M archena, hom bre
piadosísim o y de claro talento, trabó conversación
con el fatigado cam inante, en cuyas palabras vibra*
ba el entusiasm o del genio, y concedióle hospitalidad
generosa. El hum ilde franciscano fué el prim ero que
com prendió & Colón, conoció sus atrevidos planes,
participó de bub convicciones y le di<5 esperanzas de
que los reyes de Castilla patrocinarían n n a em presa
que habla sido despreciada por Génova y P o rtu g a l.
jN avegar por el Atlántico con rum bo á Occidente y
lle g ar á tie rra firm e, parecía un a locura!
— 129 —
Provisto de recom endaciones para F r. F ernando
de T slavera, confesor de D.a Isabel, Colón llegó á
Córdoba, donde estaba la corte; paro Talavera, céle­
b re p or *us virtudes y sabiduría, no tuvo la suerte
de com prender el pensam ieuio de aquel extranjero
que venía ofreciendo un m ando qne nadie quería
acep tar.
£1 insigne D. Pedro González de Mendoza, ca rd e­
nal arzobispo de Toledo, se interesó por Colón y
presentóle & los Reyes Católicos. Nombraron éstos
u n a Ju n ta d e sabios, que, reunidos en el conven­
to de San Esteban de Salam anca, exam inaron los
provectos del m arino geno véa y los declararon ab ­
surdos.
Pasaban los años, y Colón seguía siem pre á la
corte, confiado en la ayuda del cardenal Mendoza, de
F r. Diego de Dcza y de los duques de M edinasidonia
y de Medinaceli.
Por este tiem po, Ju a n II escribió al m arino in v i­
tándole á volver á P ortugal.
Después de seis afloi de ansencia, regresó al con­
vento de la Rábida el desesperanzado pretendiente,
con ánimo de Bolicitar el apoyo d e F rancia. Opónese
M archena ¿ esta resolución, escribe ú D.* Isabel soli­
citando un a audiencia, y á m edia noche se pone en
cam ino p a r a Santa F e; llega, habla á la rein a con el
entusiasm o del creyente, y la m agnánim a señora
tom a bajo Bn protección los proyectos del genovés,
quien volvió á la corte cuando las tropas vencedoras
en trab an en G ranada.
■Como el tesoro real estaba agotado por los enor*
m es gastos de la g u e rra , no Be m ostraba D . F ern án •
do m u y propicio & in v ertir dinero en aventuras d e
9
— 130 —

resaltados eventuales; pero la reiua, en u n rapto de


Inspiración, exclam a: <Yo entro en la empresa por mi eo ■
re m de Cattilla, y empeñaré mil jo ya * t i predio fuera para
levantar lo» fondo i necaarioi.»
El 3 de agosto de li93, zarpaban d el puerto de
Palos de Moguer tres pequeñas em barcaciones lla ­
madas ¿aura H arta, Pinta y Niña, m andadas respecti­
vam ente por Colón, Martín Alonso y V icente Pinzón,
herm anos estos Ultimos, y expertos navegantes.
E ntregadas las carabelas & las tem ibles olas de
u n m ar desconocido, m archaban siem pre hacia ad e­
lan te siu qu e n i las sublevaciones que estallaron á
bordo ni la duración de aquel viaje sin lím ites d eter­
m inados, hiciesen vacilar la fe inquebrantable del
osado m arino.
P or fin, el 13 de octubre de 1492 desem barcaron
los es p a bol es en un a de las islas L acayas, &la que
dieron el nom bre de San Salvador, tom ando posesión
de ell» en nom bre de los reyes de pastilla. En este
prim er viaje fué descubierta, entre otras, la iBla de
Cuba, que ta n ta sangre h a coBtado á España.
Cuando después de m uchas penalidades volvió
Colón á la Península, fué recibido espléndidam ente
en Barcelona por los Reyes Católicos; nombrósele
alm iran te del Océano, virrey y gobernador de los
países descubiertos, autorizándole p ara que usara en
su escudo las arm as de Castilla con el sig u ien te lem a:
Por Ccutilla y por León nuevo mundo halló Colón,
Segunda vez partió de Cádiz eu 24 de septiem bre
de 1493, continuando los descubrim ientos aquel hom-
bre extraordinario en cu y a fama empezó pronto á
cebarse la envidia
En el tercer viaje (1498), llegó Colón, sin sospe­
- 131 -
charlo, A ver la to rra firme (América) objeto de todos
sos afanes.
Laa actuaciones de loa envidiosos y enem igos del
y a célebre descubridor, llegaron &inflai* en el á n i­
mo de loa mismos reyes, lo* cuales nom braron com i­
sario real á D. Francisco d e Bobadlila, m andándola &
Santo Domingo p ara que deparase el fundam ento
qne p udieran te n er los cargos qne se hacían al a lm i­
ra n te . Bobadilla, excediéndose en sos atribuciones,
cargó de cadenas al qae había regalado é España n n
nuevo mundo y envióle aherrojado á. la Península,
Sem ejante proceder indignó á todo el m undo; y
los reyes, reparando tam aña injusticia, m andaron
p oner en libertad al prisionero en chanto llegó ¿
C&dlz y le dispensaron un recibim ientocordlalisim o.
L a reina, á quien hablan conmovido hondam ente los
sufrim ientos de sa patrocinado, no pudo contener
las lágrim as cuando aquel se arrodillaba para b esar­
le la m ano y rendirle acatam iento. '
La cuarta y últim a expedición del n av e g an te g e -
novés p artió de Cádiz el 0 de m ayo d e 1502. Deson*
brió nnevas tierras, y las tem pestades pusieron m u­
chas veces en peligro a a escuadra. Perdidos su s cua­
tro baques ec las costas de Jam aica, enfermo y tu lli­
do por la gota, con su gente dividida é insubordinada
sufrió Colón d u ran te m uchos meses horribles pade­
cim ientos. salvándose al cibo gracias á la in tre p id ez
d e Diego Méndez, que en una endeble canoa trip u la ­
d a por algunos rem eros indios, lanzóse heróicam ente
á u n viaje peligrosísim o hasta la Española en de­
m an d a de socorrqs.
Cristóbal Colón volvió á España cuando y a la re i­
n a Isabel habla m uerto en Medina del Campo el 26 de
— 133 —
n oviem bre de 1504; y abandonado do D. Fernando»
pobre, solo y olvidado del m ando, m urió en Tallado-
lid el 20 de mayo de 1506.
Victima de la ing ratitu d , no tavo siquiera la glo­
r ia de d a r su nom bre á las tlerr&B por él descubier­
tas; pero la historia le h a hecho ju sticia dando ¿ la
m em oria do ta n eximio descubridor los honores do
la Inm ortalidad.

PROGRAMA

Cristóbal Colón.—Quién fué el prim ero que com ­


prendió el pensam iento de este g ran d e hom bre.—
D ictam en de la ju n ta celebrada en el convento de
San Esteban —Protectores que halló Colon en C as­
tilla .—La rein a Isabel patrocina la em presa del
n av e g an te —Sus v ia jes.—In g ra titu d con que fuó
tratad o .—Su fam a póstum a.
EL GRAN CA PITÁ N

C O N Q U IS T A DE Ñ A P O L E S
En estas lecciones os hablo de la época más g lo ­
riosa p ara España. Ilustró su nom bre por las em pre­
sas civilizadoras que acom etieron nuestros padres
llevando la religión, la cu ltu ra, <*1 hermoso idiom a
d e Castilla al continente americano y constituyendo,
como final do un a m agnífica epopeya de ocho siglos,
la unidad política y religiosa de la nación.
Sübsiste la obra civilizadora, como subsiste la
an id ad nacional, porque la reconquista fuó u n a g u e ­
rra legitim a y aauta; pero de los vastísim os te rrito ­
rios subyugados con la espada, sólo nos queda un
pedazo de tierra en América, menos en Á/rica, más
e n Occanía; pero en Italia, en Sicilia, en C erdeña.en
Córcega, en los Países Bajos, al otro lado del Pirineo...
nada, nada.
Las conquistas que tienen por móvil el bien, la
ju stic ia y la civilización, son duraderas porque se
asien tan en los sólidos fundam entos del derecho; las
qu e responden á fines bastardos, son efím eras y d e­
sastrosas aun p ara el mismo paeblo que las em p ren ­
d e y logra.
Nada os diría de la g u erra y conquista de Ñ ipóles
- 134 —
sL no fuerm Juato enaltecer el genio m jlltar, la Inteli­
g e n c ia y el valor de u n héroe hispano, la b izarría,
b r a v u r a y tem ple g u errero de los soldados españo­
lea, entonces como ahora leales, sufridos, enérgicos,
g ig an tes en el peligro, hidalgos siem pre y siem pre
generosos.
Garlos VIII d e Francia decidió apoderarse del re i­
no de Ñapóles, cuyo trono ocupaba un descendiente
d e Alfonso V de Aragón Descontentos los napolita­
nos de la tiran ía de los franceses conquistadores,
vuelven los ojos al español D. Fernando, el cual,
después de form ar un a liga d e principes italianos
contra Carlos VIII, envió en auxilio de los d e Nápo-
les ¿ D. Gonzalo Fernández de Córdoba (1495).
Había nacido D. Gonzalo en Montilla el año 1453;
e ra hijo d e D . Pedro F ernández de A guilar y herm a
no m enor de D. Alfonso .de A guilar, famoso en la
g u erra de G ranada. Sin otro patrim onio que su valor
y dotes m ilitares, sirvió Gonzalo de Córdoba en el
partid o de D. Alfonso, y la ego en el de D.* Isabel,
d u ran te el reinado de E nrique IV. D istinguióse en la
g u e rra con Portugal y m ucho m ás en la sostenida
co n tra los moros.
Con escasa h ueste desem barcó el espafiol eu Me-
aína, y de acuerdo con F ernando IT de Nápolea, co­
m enzó u n a ta n bien d irigida serie d e operaciones
m ilitares, que en poco tiem po le hicieron dueAo de
casi toda la Calabria. Llamado en ayqfla de las tropas
qne sitiaban á Atella, púsose inm ediatam ente en
m archa atravesando un pais enem igo sin que se le
opusiera obstáculo qne no destruyese. La presencia
d e Gonzalo reanim ó á los sitiadores, que y a , como
p o r tácito acuerdo, comenzaron &darle el sobrenom-
— 135 —
b re de Crá* Capitán. M ontpenaier, que m andaba la
plaza, TÍÓ86 obligado á. capitular m ediante un trata*
do vergonzoso; y vuelto el español &Calabria, obligó
al in telig en te y bravo m ilitar A ubigny ¿ desalojar
la provincia.
Un jefe de foragidos llamado Henaldo G aerri se
hab la enseñoreado del puerto de Ostia, haciendo
deade allí a n a g u e rra crnel al papa A lejandro VI, 6
Interceptando loa vivares que se dirigían á Roma por
el Tiber, poala en g rav e aparo á la ciudad eterna. E l
pontífice acude &Gonzalo de Córdoba, vuela éste con
sus españoles, c íe sobre Ostia, en cinco días ab re
u n a brecha practicable, asalta la pinza, y G uerri ea
vencido y preso; haciendo nuestro héroe su en trad a
triunfal en la capital del m undo criBtiano en tre acla­
m aciones del pueblo, que le dl<5 el título de libertador
de Ro ma.
A la m u erte de Carlos V III, sucedióle su hijo.
L uis XII, que ajustó con Fernando el. Católico un
tratad o de paz. El Gran C apitán volvió & España.
Insistiendo el francés en sus pretensiones, se apo­
d era del Milaneeado, y am enaza dirigirse contra Ñ a­
póles. D. F adrlque, sucesor d e Fernando II, que des
confiaba del m onarca español, pide auxilio al sultán
Bayaceto; entonces Fernando el Católico se pono de
acuerdo con Luis XII para destronar á D. Fadrlque
y rep artirse el reino de Nápoles.
O tra vez m archó ¿ Italia Gonzalo de Córdoba- So­
m etió eu menos de un m es las dos Calabrias, y obli­
gó & capitular á la im portante plaza de Taranto d es­
pués de un largo sitio en que los españoles sufrieron
g randes trabajos por la falta de dinero y provisiones.
D esavenidos bien pronto el m onarca español y
- 136 —

Luis XII al llevar & efecto la posesión del territorio


conquistado, rompióse la g u e rra en tre franceses y
espafiol es.
£1 Gran Capitán se retiró ú B arletta esperando r e ­
cursos; y bloqueado por el duque de Nemnurs. sos­
tuvo bizarram ente el sitio entreteniendo £ sus tropas
con frecuentes combates y em boscadas, sin que lle­
g ara n los indispensables refuerzos en hom brea y di­
nero. Irritad o s Io b franceses con la tenacidad d e los
sitiados, decidiéronse á concluir de un a vez. Nemours
envió un m ensaje á Gonzalo provocándole á palear, y
obtuvo la sig u ien te contestación: a No acostum bro á
com batir cuaudo á mis enem igos se les antoja, sino
coando la ocasión y las circunstancias lo piden: asi,
esperad & que mis soldados te n g an tiempo d e e rra r
sos caballos y lim piar sus a rm a s. >
Despechado el francc*, levantó el campo y em ­
prendió la retira d a coa la confianza del vencedor. L a
caballería española sale en seguim iento del enem igo,
picando b u retaguardia; y , volviendo g ru p as, finge
h u ir hasta donde aguardaba la Infantería de Gonza­
lo, cuando los franceses tom aron la ofensiva; cay e­
ron estos en la colada y fueron envueltos y acuchi­
llados. Nemours enteróse de la d erro ta cuando y a
Diego de Mendoza, que había dirigido la expedición,
se halU ba al abrigo de los m uros d e B arletta.
Reforzado con nuevas tro p as salió el Gran Capi­
tán de la plaza. Después de u n a m archa penosísim a
lleg a 6 Ceriñola perseguido por los franceses, y tom a
posiciones. Apenas hablan term inado los españoles
las obras de defensa que sin descanso em prendieron,
cuapldo apareció el enem igo y comenzó la b atalla.
T errible fué el choque y terrib le la d errota del fran­
— 137 —

cés, q ae dejó en el campo ce rca de tres m il cadáve*.


res, y , en tre ellos, el de Nemoara. á cuya vista con­
movióse profundam ente Gonzalo y ordenó q ae se
hiciesen al difunto m agnificas exequias.
Nápolee reciWó cob júbilo á los españoles el 14 da
mayo de 1503.
Un ejército de treinta mil soldados franceses, con
abundantes pertrechos y excelente artillería, marcha
á rescatar á Nápoles, cuando el Gran Capitán disp o ­
nía Bolamente de doce m il hom bres.
A orillas del río Garellano se m antuvieron fre n te á
frente loa dos ejércitos, sin que ni el frío, ni la lluvia,
n i lo pantanoso del lugar eu que acam paban, ni la
falta de víveres, ni el rigor do las enferm edades do •
m eñaran la tenacidad de Iob espaüoles; basta que
viendo Gonzalo de Córdoba que las circunstancias
eran propicias, movióse ’á dar la batalla, obteniendo
un nuevo y glorioso triu n fo .
Nápoles quedó por EspaQa. La fam a del Gran Ca-
.p itán corrió por todo el m uudo. Solam ente D. F e r ­
nando empezó á m irar ron recelo el prestigio y la
gloria del célebre conquistador, y pareció dar cré d i­
to &las calum nias de los envidiosos, que se cebaron
en la honra del más leal d i los vasallos, después que
m urió D-a Isabel, protectora y sostén de cuantos
hom bres de m érito hubo eu aquella época.
El rey pasó á Italia & recibir los honores que le
había preparado Gonzalo de Córdoba, y se trajo 4
éste á Espafla prom etiéndole el m aestrazgo de San­
tiag o . No tuvo cum plim iento la real promesa, y can­
sado el Gran C apitán de Iob desaires é in g ratitu d del
m onarca, retiróse á L<\ja, donde term inó sus días
el 2 de diciem bre de 1515.
— 138 —
PROGRAMA

A lgunas consideraciones respecto á la obra civiliza­


dora de E-p&M en ente época y &las conquistas
que realizó.—Los napolitanos llam an en bu auxi­
lio &los españoles —El Gran. CajpiMn.—Sus campa*
ñas en Italia.—A yuda que prestó al papa Alejan*
dro VI.—El francéB insiste en sus pretensiones al
reino de N¿polea.—Luis X II y F ernando el Católi­
co convienen en rep artirse aqael re in o .—G uerra
d e los españoles contra los franceses.—El Gran
Capitán en B arletta —Triunfos en Centola y Gare-
Mano.—Conducta de D. F ernando con Gonzalo de
Córdoba,
FR, FRINCISCO JIMENEZ DE GISNEROS.

Hijo de u n hidalgo pobre, nació en T orrelagun»


(Madrid) el año 1436. Comenzó saa estudios en Alca -
lá de H enares, continuándolos en Salam anca hasta
graduarse de bachiller en ambos derechos civil y
canónico. Rico en ciencia, pero pobre de fortuna»
pasó & Roma con objeto de am pliar sus estudios y
m ejorar en en carre ra . Vuelto luego á E spaña, en tró
en posesión del arcipreatazgo de Uceda, beneficio
q ae perm utó por la capellanía m ayor de la catedral
de SIgüenza, cu y a silla episcopal ocupaba entonces
D. Pedro González de Mendoza, el cual, apreciando
las altas dotes de Cisneros, le confirió el cargo de
vicario general de su diócesis.
De carácter contem plativo y austero, anhelaba
la BOledad y el eiieLco 'Je- claustro p ara dedicarse
má* Torosamente á la oración, la penitencia y el
estadio. Bata decidida vocación le llevó & to m ar el
hábito religioso en el convento de franciscanos ob­
servantes de San Juan de los Reyes, en Toledo; pero
cuanto m ás retirado del m undo encerraba su evan­
gélica hum ildad aquel g ran d e hoinbre, m¿s resp lan ­
decían sus virtudes y crecía la fam a de sa piedad y
excepcionales m erecim ientos, por los que fué nom ­
— 140 —
brado guardián del convento de Salceda en la pro­
vincia de G nadalajara.
Dertpués de la conquista del reino granadino que­
dó vacante el cargo de confesor de la reina, por h a ­
ber sido elevado F r. Fernando de Talavera &la dig­
nidad de arzobispo de la nueva diócesis. El cardenal
Mendoza, que no olvidaba á Cisne roe, le recom endó
á D * Isabel y ésta le aceptó por confesor.
Al año sig u ien te fué nom brado provincial de su
orden, em prendiendo, ayudada por la reina, la re -
form» de las órdenes religiosas.
Cuando por m uerte del cnrdenal Mendoza quedó
v acante la silla prim ada de Toledo, solicitó D.® Idabel
del pontifico las bulas en favor de Clsnero9; recib i­
das aquellas, llamó la eg reg ia señora ¿ su confesor y
se las dió á leer; pero viendo el religioso que en el
sobrescrito decia: A nuestro venerable kermano Fr. F tm -
■ci'sco Jiménez de Chileros electo arzobispo de Toledo, dem u­
dado y confuso 'devolvió aquel pliego exclam ando:
uSeflora, estas bulas no se dirigen á m it\ y salió presuroso
do la estancia y de M adrid, donde á la sazón se h a­
llaba la corte. Tros leguas llevaba andadas &pie, en
compnñía de otros dos franciscanos, cuaudo p u d ie­
ron alcanzarle Iob caballeros que la reina m andó en
su seguim iento. Ni súplicas, ni exhortaciones logra­
ron que desistiese de bu obstinación y aceptase un
cargo para el cual juzgábase indigno: fué necesario,
drspücs de seis meses de inútil porfía, que el papa
expidiese segunda bula, m andando al hum ilde reli­
gioso q ue ocupase sin dilación ni excusa la prim era
dignidad de la iglesia española; en virtu d de eBte
m andam iento, fué consagrado el nuevo arzobispo de
Toledo en Tarazona el 11 de octubre de 1495,
— 141 —

Continuó, sin em bargo, Clsneros haciendo la v id a


hum ilde y austera del observante: llevaba sobre flus
hom bros el tosco hábito de San Francisco, com ía
p arcam ente, viajaba á pie y descaneaba Bobre un a
m iserable tarim a; las ren ta s del arzobispado iban
casi por com pleto á m anos de los pobres.
Entonces con m is recursos, pero tropezando con
g rav es obstáculos, continuó el arzobispo la reform a
ta n to de las órdenes m onásticas como del clero seca-
lar. Tam bicu trabajó fervorosam ente en la conver­
sión de loa m oros quo hablan quedado en G ran ad a,
los cuales, tratados quizá con excesivo rigor, se le­
van taro n en arm as; y aunque fueron apaciguados
p o r el conde do Tendilla y por las exhortaciones del
venerable hrzov i»po Talayera, la sublevación alean*
zó después grandes proporciones, costando no poco
trab ajo y bastante sa n g re el castigo de los ro-
beldes.
A la m uerte de D.* Isabel sucedióle en el trono de
Castilla, y bajo la regencia de D. F ernando, su h ija
D .1 Ju a n a la Loca, cañada con el archiduque do Aus­
tria Kelipe el Hermoso: pero habiendo ocurrido d e s ­
avenencias entre suegro y yerno, Fernando el Cató­
lico se retiró ¿ su* estados de Aragón.
En el corto reinado de D. Felipe, no dejó Clsneros
de abogar contra las injusticias y desórdenes del
m onarca; y m uerto éste el 25 de noviem bre de 1506,.
pad o el arzobispo, con bu genio y energía, p rev e n ir
el conflicto que parecía inm in en te. Nombróse un
consejo de regencia presidido por el prelado, el cual
escribió Inm ediatam ente ¿ D, F ernando invitándole
4 v en ir á Castilla; pero aquél no lo hizo h asta volver
de sn viaje ¿N ápoles, de donde tra jo el capelo c a r-
— 142 —
denalicto qne para Cienerofl habla solicitado d é l a
S an ta Sede.
Desde antes de te rm in ar el siglo XV habla preocu­
pado al arzobispo d e Toledo el pensam iento de e s ta ­
blecer en Alcalá de Henares u n a escuela general; en
28 de febrero de 1498 colocó la prim era piedra de su
proyectado establecim iento; y tuvo la gloria de in a u ­
g u r a r en 26 de julio de 1508, con el nom bre de Cole­
gio Mayor de San Ildefonso, la que luego fué celebé­
rrim a universidad com plutense.
En el mismo año excitó el cardenal Claneros i
D. Fernando para que em prendiese la conquista de
Orán, ofreciéndose ¿ anticipar los recursos n ec esa­
rios para la expedición y ¿ c o n d u c irla y m a n d arlae n
persona. Aceptada la propuesta por el rey, nom bró
g en eral de la arm ada al conde Pedro Navarro, y el
cardenal dedicóse A le v an ta r gen te, reu n ir provisio­
nes, allegar fondos y disponer u n buen tre n de a r t i ­
llería. El 16 de mayo de 1509 salió de C artagena u n a
escuadra que al dia sigu iente arribó & M azalquivir.
El resultado de la expedición fué que los espaboles,
al g rito de ¡Santiago y Cuneros! se apoderaron de la
plaza.
"No correspondió el rey & los g ra n d rs servicios
quo C is D e ro s venía prestando &la n a c ió n , y dejóse
Influir p o rln s calum nias con que los envidiosos t r a ­
taro n de em pañar la fam a lim písim a de aquel virtuo-
60 varóu.
Mientras el sabio prelado se ocupaba en loe asu n ­
tos do b u diócesis y en procurar el florecimiento &
qne llegó su querida universidad d e Alcalá de Hena*
res, F ernando el Católico mandó á Navarra', en 1512.
u n ejército que, & las órdenes del duque de Alba,
— 143 -
conquistó aquel reino, com pletando la unidad políti­
ca de la p atria.
El 23 de enero de 1510 m urió D. F ernando, y e n
eu testam en to confió el gobierno de C astilla al car­
den al Cisne ros» que sapo reg ir con su acostum brad*
prudencia la vasta m onarquía y m antener á ray a &
los nobles altivos y revoltosos.
El 19 de septiem bre de 1517 desem barcó en Bep a­
ila Carlos I, hijo de D 1 Ju a n a y D. F elipe el Hermoso;
y prevenido por sus cortesanos contra el reg e n te,
escribióle un a c a rta ta n fria y desdeñosa que, im ­
presionado vivam ente el cardenal por tam añ a ingra­
titu d y despego, enferm ó g ravem ente, 3ubiendo al
cielo ¿ recibir el ju sto prem io de sus virtudes en 8 de
noviem bre del mismo año 1517.
Poco antes habia term inado la im presión de su
' Biblia Políglota, obra de fam a universal, qae coBtó
q uince años de trab ajo y m ás de cincuenta mil escu­
dos de oro.

PROGRAMA

F ra y Francisco Jim énez de C isneros. Su origen,


vida y virtudes basta eu elección p ara ocupar la
silla prim ada de T oledo—Admirable hum ildad de
ta n ilustre varón.—Reforma de las órdenes rellgio •
s a s .—Sublevación de los moros granadinos —In ­
fluencia de Cisneros duraute el reinado de Felipe
el Hermoso y su elección para presidir el consejo de
regencia cuando m urió aquel m onarca —Funda­
ción de la universidad co m p lu te n se.—Conquista
de O rá n .—In g ra titu d de D. F ern an d o .—Regencia
de Cisneros.—Muerte del ca rd en al.—La Biblia Po-
* lig lo ta.
Las Comunidades de Castilla.
Hizo su entrada en Valladolíd Carlos I rodeado
de u n a turba de ambiciosos flamencos, que ocuparon
loa puestos m ás lucrativos y honoríficos. Reunidas
cortes, m an i Test úse el disgueto do los en ate lian os
a n te aquella irrupción de extranjeros, y el noble
b orgalés Zumel hízose intérprete del sentim iento de
todos, m anifestando que estaban resueltos á n o reco­
nocer ¿ D. Carlos m ientras éste no ju rase g u a rd a r
las libertades, privilegios, usos y eostumbre* del
reino. Juró el rey, aunque de m ala gan a, y fuá so-
lem nom ente reconocido, con la condición de qne to ­
das sus provisiones fuesen tam bién autorizadas en
nom bre de D J u a n a , legitim a rein a de Castilla.
Mayores dificultades encontró p ara su reconoci­
m iento en Aragón y C ataluña, consiguiéndolo al fln
después de ju r a r am pliam ente que resp etarla las li­
bertades, usos y privilegios del paÍB.
A la m u erte de su abuelo M aximiliano, fué don
Carlos elegido em perador de Alem ania, y se dispuso
i m a rc h ar p ara recibir la corona de aquel im perio,
sin tener para n ad a en cuenta el creciente disgusto
de los espalloles.
Con el solo objeto de pedir u n sabsidio con que
su fra g ar los gastos de vi^Je y coronación, convocó
- 145 —
co rtea eo Santiago; pero com prendiendo q ae lá m a ­
y o ría de los diputados e ra contraria &los deseos del
re y . fueron trasladadas las cortes ¿ la Corulla, consi­
guiendo en tre tan to con dádivas y am enazas g a n a r­
se la voluntad de algunos representantes, h asta con­
seg u ir que fue: e votado el subsidio
P artió el monarca, dejando como reg e n te al c a r ­
denal Adriano de Uirech, contra la voluntad de la
nación, expresada en cortes, de que no se confirie­
sen &extranjeros los cargos públicos.
Toledo fué la p rim era ciudad que bizo pública
manifestación de bu descontento, proclam ando el go­
bierno de la Santa Comunidad. Comunidad equivale á
m unicipio.
Secundaron el m ovim ientoSegovia, Zamora, Toro,
Madrid, tiuadalajara, A lcali de H enares, Soria, Avi­
la, Cuenca. Burgos.
Al alcalde Ronquillo, célebre por su crueldad, se
le encom endó el castigo de los revoltosos. Cuando
Io b de Segovia supieron l a noticia, levantaron a n a
horca para colgar i Ronquillo, y las fuerzas qne éste
m andaba recibieron u n a lección de los segovianog,
qne las pusieron en vergonzosa fuga.
Salam anca, León y Murcia se unieron i las co m u ­
nidades .
Las tropas reales dlrigense & Medina dol Campo
con objeto de sacar de aquella pinza artillería con
que atacar á Segovia. Opónense loa de Medina; y
esta población, ric a p o r sn com ercio y floreciente
industria, prefiere ver incendiadas sus fábricas, des­
tru id o s sus alm acenes y aniquilada tu riqueza, p r i­
m ero q ae auto rizar el daño de o tra ciudad herm ana.
La Stinfo Santa celebrada en Avila nom bró g e n e ra l
10
— 14C —
del ejército de loa comuneros &Juan de Padilla, acor­
dó la deposición da Adriano, y trasladóse después á
Tordesillas con autorización de D-a Juana, que pare*
ció recobrar entonces eua facultades Intelectuales.
No supieron las com unidades, fiadas tal vez en la
ju s tic ia de eu causa, organizarse y aum entar au
fu c n a ; en a jen áro n se á loa nobles, y dlrigléron u n
m em orial i D. Carlos haciendo peticiones que y a el
re y habia desatendido ó m enospreciado.
Asociados al gobierno del cardenal los nobles cas
tcllanos D. Iñigo de Velasco y el alm irante r>. Fftdrl-
que Enríquez, éste, hom bre popular y am ante de las
libertado* de Camilla, prom etió á loa com uneros que»
si deponían su actitud, les serían otorgadas casi to
das las peticiones qne hablan dirigido al rey; pero
ahora no fue aceptada una proposición ta n concilia­
dora.
Divididos y a los com uneros, encargaron del m an­
do Helas tropas h D. red ro Girón, que, obrando tra i­
dora y villanam ente, dejó franco el camino deTorde*
sillas á los im periales.
O tra vez nombrado l’ndilla capitán general, apo­
deróse de T orrelobitón. t
Sucodiú por este tiem po que el condestable don
Iñigo de Velasco reclam ó, para som eter á los com u-
ueroB, el concurso de los caballeros d e Aragón, los
cuales reunieron h asta dos m il borabrps eu Zarago­
za. «.-Ira/yn# un debe ayu d a r á qui/trr las libertades de Cas­
tilla*, gritó aquel noble y heróico pueblo: y arro ján ­
dose sobre la hueste, la deshizo y despojó de las
arm as.
Los Im periales dirigiéronse con buen ejército
hacia Tarrelobatóu, de donde salió Padilla con direc*
— 147 —

ctón &Toro el 23’de abril de 1521, Bienio alcanzado


por el enem igo en V illalar. Trabóse la batalla, y ,
au n q u e loa jefes comuneros se defen d ero n heróioa-
m ente al g rito de. ¡Santiago y libertadla quedaron ven*
cidos, m uriendo decapitados al dia siguiente Padilla,
Bravo y Maldouado.
Todna los poblaciones adictas á las com unidades
fueron deponiendo las arm as. Toledo se defendió aún,
prestando leal ap yo á D .a U aiia de Pacheco, viad a
-de Padilla, hat-tn que la noble dam a tuvo que ceder
y refugiarse en Portugal.
Un m ovim iento sem ejante, provocado por la a tro ­
pelías. vejaciones y ultrajes que el pueblo recibía d e
los nobles, eptn !|<1 con el nom bre de germanias, en
V alencia. Trun híms duró la lucha y los principales
jefes do los ayerm a i&dos fueron Juan Lorenzo, c a r­
d ador de lana-*: (Juillen de Castelví, toj<dor de paños;
Juan Caro, cunllt ro; y V icente Peris. terciopelero.
Aei comenzó ú reinar en Españ >la casa de Aus­
tria: holl'iwlu las libertades públicas conquistadas
por los eppHfínips y cstablocicndo I» m onarquía abso
luta, que. si brilló al principio gracias á la herencia
d e los Reyes 1 Htóücos, llevó ú la patria, desangrada
y pobre, á las raiscrius del rciimdo de Carlos II.

PROGRAMA
C arlos l y los llnmemíoa. - Disgusto do loa c a ste lla ­
n o s .- ¿f^on f|iic >-i ndiciones reconocieron las co rte s
& D, Tari fií ü 'e c c ó n de é s 'e para ceñ ir U coro n a
de A le m a n a Uorles en SnniiHgo y la C oru ña.—
V iajo del re y nom bram iento d ti cardenal A d ria­
no para el e rrp o de rep en te. L as com unidades.—
S e g o v ia y ol alcald e Ronquillo.—N obilísim a c o n -
— 148 —
dnctá d é lo s m edineaea.—La J m ia Santo de Avila.
—Cana#s qne debilitaron el poder de loa com im e'
roa.—Proceder Doble y digno de loa zaragozanoa.
—VIllulBr.—Fin de <a g u erra.—M uerte de laa co-
mDnidad<'B.- Laa germaniat. —Establecim iento del
poder absoluto en Espaba.
LOS ESPAÑOLES E S A H Í RICA

Aún vivía Cristóbal Colón y y a so hablan e x ten ­


dido considerablem ente loa d escu b rim ie n to m erced
4 los trabajos y expedíriones de Alonso de OJeda,
Jttan de la Cosa y Amó rico Vospucio, de quien A m e­
ric a tomó el nom bre: Pedro Alonso Ni&o, V icente
Y ábez Pinzón, Rodrigo de Ba-tidos, Vasco Nüñez de
Balboa, el prim er europeo que, atravesando el istmo
d e Panam á, descubrió el Mar iel Sur, ó sea el Pacifico,
en 26 de septiem bre de 1513; Ju a n Ponce, que descu
brió la Florida; Francisco F ernández de Córdoba, el
Y ucatán; y Gríjalba, eu 1518, llega á las costas de
N ueva Esnafta (Méjico).
Co n q u is t a d e M é j i c o . —L>. Diego Velázqaez, q n e
gobernaba en C iba, propüaoso la conquista de las
tierras descubiertas por Gr jaib a, y á este fin reunió
b asta diez bajeles, confir.cndo el mando de la dota á
H ernán Cortés.
Bra Cortés n atu ra l do Medellin. on E xtrem adura,
hijo de D. Martín Cortés y D.* Catalina Pizarro. E s­
tudiando en Salam anca, comprendió que no Be av e­
nía su carácter coa el pacífico ejercicio da las letras,
y , resuelto á dedicarse á las arm as, alistóse en las
banderas del Gran Capitán. U ní euferm edad le impl •
dió cum plir su em peño, atraído luego por la fam a do
— 160 —
los descubrim ientos y em presas de América, em bar
CÓse con rum bo á Santo Domingo, i donde llegó
e n 1604; pronto se distinguió allí, m ereciendo la v a r a
de alcalde de Santiago En e»ta situación se encon-*
truba, cuando fué nom brado capitán general de la
arm ada y tierras descubiertas y que se descubriesen.
Bate nom bram iento produjo ta n tas quejas y recia*
m aciones entre los enemigos de ortés, m anejáronse
con tanto empeño las arm as venenosas d é la envidia,,
qne Velázques lo destituyó; pero, afortunadam ente,
y a se había dado &la vela (18 noviembre 1518).
Los expedicionarios arribaron a las costas de Mé­
jico y fundaron & Veracruz.
Notando señales de insubordinación en bus sold a­
dos, y á fin de hacer imposible la retirada, hizo Cor­
tés barrenar sus naves, que se sum ergieron a la vista
de aquel puñado de españoles, aiel-dos en od paía
desconocido y enemigo, guerrero y poderoso, ¿ c u y a
conquista m archaron dirigiéndose á Méjico. Compo­
níase el ejército conquistador B olam ente de 500 in­
fantes, 15 caballos y 0 piezas de artillería .
Venciendo dificultades sin núm ero y peleando
victoriosam ente contra los enem igos qu<J se les o p u -
Bieron, llegaron los españoles á Tlascala, á Ameca*
m eca, Tezcuco, Iztacpalapa, y, por últim o, á la capi­
tal, donde fueron recibidos por el em perador Mote*
zumBj que, sentado en unas andas de oro bruñido y
con num eroso y lucido cortejo, salió al encuentro d e
Hern&n Corté* (8 noviem bre 1519). P ara asegurar la
conquista, se apodera el español de Motezuma, el
cual declaró solem nem ente que se reconocía vasallo
d el rey d e España.
P in fllo de N arviez, m andado por Velázquez con
- 151 —
t r a Hernán Cortés, sufrió a n a com pleta derrota y
sus tropas engrosaron las filas del ejército conquis­
tad o r.
U na sublevación de Iob mejicanos quitó la vida á
Motezuma y obligó á los españoles á salir de Méjico
d u ran te la noche, sufriendo ta n ruda y feroz acom eti­
da de los naturales anim ados d e furiosa locara de
exterm inio, que, arrollados, deshechos, aturdidos en
las tinieblas de aquella jo rn ad a terrible, Ita g u e rre ­
ros de E spaña dejaron abandonados cerca d e dos­
cientos cadáveres, p arte de la artillería, el m aterial
de boca y g u erra y el tesoro que hablan reunido.
Caando cesó la m atanza y Cortés se dió cuenta
de la Im portancia del desastre, sintióse abrumado
de dolor y dejó correr sus lágrim as m ientras espe­
rab a un nuevo ataque del enem igo, en aquella toehe
trille.
Deppués de una penosa m archa batallando siem ­
p re con m ultitud de enem igos, con el ham bre y el
cansancio, encontraron aquellos héroes un form ida­
ble ejército m ejicano dispuesto á destruirlos, y en
Otumbu vencieron los hijos de E spaña, obteniendo un
m em orable triunfo que decidió la conquista del vasto
Imperio mejicano (8 de Julio de 1530).
Vuelve Cortés contra la capital, y después d e no­
v en ta y tre s dias de constante lucha se rindió la pla­
za, m uriendo Guatimoclo, sucesor de U otezum a.
Por prem io de ta n ta s y ta n inauditas hazañas r e ­
cibió el conquistador de Méjico un titulo de m arqués
y muchos desaires del em perador Carlos V.
E n Castilleja (Sevilla) m urió, olvidado de todos, en
2 de diciem bre de 1547, aquel hom bre de quien se
dice que, deseando h ab lar al em perador, y p re g a n -
— 152 -
tado que quién era, pudo contestar con arrogancia:
«Soy, tenor, un hombre que os ha ganado más provincial que
ciudades heridasleis de vuestros abuelos.»

• m•

O tra de las em presas mem orables llevadas ¿ cabo


en aquel tiempo fue la expedición que, m andada por
el portugífea Fernando de Magallanes, al servicio de
Espafta, salió de Sanlucar en 1510, cruzó el Atl*nti -
co, descubrió el paso qne lleva el nom bre del explo­
rad o r portugués, navegó por el Pacifico, estuvo en
las Marianas, y después de avistar m uchas otras is­
las,-visitó 1-s de Cebü y Yactan en el Archipiélago
F ilipino, muriendo en la últim a peleando coa los in­
dígenas. Aquella expedición regresó ¿ Europa, do-
bl»ndo el cabo de Bu< na Esperanza, y llegó 6 la Pe­
nínsula m andada por el vizcaíno Juan Sebastián de
Elcano, que fué el prim ero que dió /« vwlta al mundo.
Conquista b e l P e r ú . — L a c o n q u ista d .l Perú,
pone e l sello & las gran d es adquisiciones de te rrito ­
rio * hechas en A m érica para la nación esp añola.
Francisco Pizarro y Diego de Almagro, después
de m uchas dificultades y sufrí<uicnt >s, em prenden
la conquista. Atahualpa, soberano del imperio de los
Inc»s, fué hecho prisionero y ofreció por su rescate
llenar de oro una habitación de 22 pies de largo por
16 de anchura: repartióse: el oro acum ulado; pero
el infeliz A tahualpa sufrió la pen a de m uerte en
garrote.
Continuó la conquista, y Pizarro funda en 1535 la
herm osa ciudad de Lima.
Odios y rivalidades que estallaron entre los cepa-
— 153 -
fióles, m anchan, tanto como la m uerte de A taba al p a,
aquella p ág in a de la historia de laa conquistan.
Plzarro hace prisionero á A lmagro y le condena
á m uerte. U na conspiración prom ovida por nn hijo y
loa partidarios de Almagro acabó con la vida del con»
q n istad or del Perú.
Asi la P rovidencia hizo com pleta ju sticia en los
verdugos del desventurado em perador iñuerto in ju s­
ta y p érfid am en te.

PROGRAMA

Decid loa nom bres de algunos españoles célebres en


la h lB to ria d e los fleauubrimieiitofl —Hern «n C or­
t é s .—Conquista de Méjico.—La noche triste Batalla
de O tu m b a.- In g ra titu d de i ari<>s I para con el
conquistador de Méjico —P rim er viaje de circun­
navegación.— Conquista del P e r íi.— Censurable
conducta de los aventureros españoles en aquella
conquista.
EN XUROPá Y Bli A fR IC i

PAVÍA
El haber heredado Carlos I la corona de Alema-
nía. á h que también aspiraba Francisco I de F ra n ­
cia, i rodujo largas guerras, de las que solamente os
referiré alguno de loa máa noiablesacontecimientoa.
Preparados ambos monarcas, y contando CarloB I
con la alianza de Inglaterra y del papa León X, rom ­
piéronse las hostilidades, apoderándose los franceses
de Pamplona, en cuya defensa cayó herido Ignacio
de Lovola, que luego fundó la Compañía de Jesús y
mereció ser colocado en loa altares. Los españoles
obligaron al enemigo á repasar los Pirineos.
Mientras en los Países Bajos los imperiales son re ­
chazados hasta más allá del Escalda, apodéranse del
Mllanesado en Italia.
Después de algunas victorias penetra Francisco I
en Milán, obligando al marqués de Pescara y á Lanoy
¿ replegarse á Lodi, en tanto qne Antonio de Leiva
tiene que refugiarse con seis mil hombres en Pavía.
Los franceses ponen cerco á esta plaza qae, falta de
recursos, defendíase tenazmente sin que ni Pescara
s i LBnoy, faltos de hombres y dinero, vinieran en bu
auxilio. Por aquellos dias apareció en Rama un pas­
quín que decía: «Cualquiera que supiere del ejército
- —

imperial que se perdió en laa montanas de Génova,.


digalo y darle han buen hallazgo: donde no, sepan
qne Be lo pedirán por hurto y se m earán cédulas de
excomunión Bobre ello.»
Gomo ai Pescara hubiera tenido noticia de la bur­
la, dispúsose á los pocoa días para dar un buen golpe
de mano: en las primeras horas de ana noche en que
la nieve cubría los campos, y después de ordenar á
eels mil españoles que se pusieran la camisa sobre la
ropa exterior, salió con ellos de Lodi. Dos horas an­
tes de amanecer llegaron á la orilla de un rio; el m ar­
qués metióse en el agua fria como el hielo, que le
llegaba á la cintura, y detrás pasaron los soldados.
Ateridos de frió llegaron ¿ Melzo, distaute cinco le •
guas de Lodl. Los centinelas de la plaza confundie­
ron á aquellos encamisados con los árboles cubierto»
de nieve. Aún tuvieron los espafloles que pasar el
foso con el agua al cuello: saltaron algunos la mura*
lia, abrieron una de las puertas y penetró el reBto de
los expedicionarios, sorprendiendo la guarnición y
apoderándose de algún botín, caballos, armas y p r i­
sioneros, con los cuales volvieron &Lodl.
Otro nuevo pasqafn apareció en las calles de
Roma: «Los que perdido tenían al campo del empe­
rador, sepan que es parecido en camisa, muy helado
y con doscientos hombres de Brmas presos y otros
tantos infantes: ¿qué harán cuando y a vestidos y ar­
mados salgan al campo?»
En vista de que no llegaban recursos y qne Pavia
no podía resistir más, los imperiales dejaron á Lodi
y marcharon á sentar su campo á la vista del fran ­
cés, hostilizándolo durante algunas noches sin que
se diese una batalla formal.
— Í5fl —
Una. noche pusieron loe españoles fuego &su cam ­
pamento. «Huven: sigámoslos hasta desbaratarlos ó
arrojarlos del Milanesado», exclamó con arrogancia
Francisco I; á U m añana siguiente dejó el francés
sn campo atrincherado. Era lo qae pretendían los
imperiales que aguardaban el momento de lanzarse
á la pelea. El mismo Antonio de Leiva. que estaba
eofermo. hízose conducir en una silla de manos á las
puertas de la p!a a, y con mil soldados españoles y
tudescos defend'Ó8 5 bizarramente del enemigo. Los
franceses tuvieron que cejar, y lo mejor do su ejérci­
to quedó tendido en el campo, cayendo ta ubién pri­
sionero el r^y Francisco con m ultitud de nobles y de
moldados (Febrero de 1525).
Conducido A España el monarca francés, firmóse
en 12 de enero de 152íi la famosa Concordia de Madrid,
por la cual, mediante ciertas condiciones q u í luego
no cumplió Fraucisco 1 , se le concedía la libertad.
Parecíala paz asegurad* entre los dos reyes, que
saltan A paseo juntos, iban de caza, y juntos se tra s ­
ladaban de?de Madrid á Torre jó a de Velasco y ó.
11leseas, donde estabau las reiuns D.* Leonor y do&a
Germana pero vuelto á su patria el francés, conti-
nuarou las guerras con varia suerte y algunos perío­
dos de paz, durante la vida de los dos monarcas y
«u n de bus sucesores.
Importantes fuer >n también las guerras que sos­
tuvo D. Carlos contra los protestantes eu Alemania.

EXPEDICIÓN A T U N E Z
El corsario Barbaroja, terror del Mediterráneo,
«ra dueño de Tremecen y de extensos territorios en
— 157 —
la coBta de África; apoderóse de Túnez, de dond»
habla eldo destronado Mnley Hacen, fortificó la Go­
leta y dirigió desde allí eu« piraterías &las costas de
España, Sicilia y Ñipóles, de donde volvían sus em ­
barcaciones atestadas de riquezas y de prisionero*
cristianos.
Ed 30 de mayo de 1S3S salló Carlos I de Barcelona
con coa fuerte armada. Las galeras españolas Iban
mandadas per D. Alvaro de Bazán.
Una parte del ejército desembarcó en Puerto Fa­
riña, y otra jrran parte fijó su campamento sobre las
ruinas de Cartago.
(. «ando erop> zó el ataque contra la Goleta, Muley
Hacen llegó al campamento imperial, acogiéndose á
la piotección del monarca español.
La Goleta fué tomada, y se apresaron cuarenta y
dos galeras y otras naves más pequeñas hasta ochen­
ta y seis.
A los pocos días encaminóse el ejército á Túnez,
donde Barbar ja tenia acumulados formidable» me*
dios de defensa; pero no intimidaba esto á los cris­
tianos: Á más moros más ganancia.
Tras recio y empeñado combate, huyeron los de
Barbaroja, y Túnez fué entrada á saco, dándo«e liber­
tad á unos diez mil cautivos, que volvieron á Europa
para dar testimonio de la grandeza de Carlos I. Mu*
ley Hacen quedó repuesto en elti'ono.
Perdiéronse estas conquistas; pero aún leeremos
algunas páginas gloriosas de la historia patria, es­
critas con «angre musulmana.
En octubre de 1555, agobiado el emperador por la
fatiga de tantos viajes y de tantas y tan difíciles
campañas guerreras, abdicó en su hijo D. Felipe loa
- 158 -
«atados de F1andes; y en enero de 1550, cedió tam ­
bién &este principe la corona de España, renuncian­
do después Carlos V en au hermano D. Femando la
dignidad imperial, para retirarse al monasterio de
Tasto, en Extremadura, donde acabó cristianamente
sus días el 21 de septiembre de 1558.

PROGRAMA

Rivalidad entre Carlos y Francisco I.—La guerra en


Navarra, en Iob Países Bajos y en Italia —Sitio de
P u v la.- Hazaña de bbíb mil encamúadot españoles
inundados por Pescara.—Batalla de Pivla y prisión
de Francisco I.—Expedición contra Barbaroja,—
Toma de la Goleta y de Túnez.—Carlos I se retira
á Yuste.
FELIPE II

Reanudada la guerra entre Francia y España á.


poco de ocupar el trono Felipe II, el duque ríe Guisa
dirigióle á Italia coa un ejército francés, y Felipe II
mandó otro deade loa Países Bajos á la frontera fran­
cesa, poniendo sitio ¿ la importante plaza de San
Quintín; en aquellos campos dióse una batalla qae
costó i los franceses 6.000 muertos y otros tantos
prisioneros, cincuenta banderas y toda la artillería
(1557). La plaza no se rindió sino dcaiiuófl de una
obstinada y valerosa defensa.
En memoria de esta celebro acción do guerra
fundó Feilpe II el grandioso monasterio <!<.! lisco ial.
Entre tanto, los turcos y piratas berb^ri-ctis cau­
saban estragos en las costos del Medite niñeo. El
rey envió una expedición que se apudc ó úi* la isla
de Gelbes; pero la eacuadra turca desfcn ¿ó lo* barcos
españoles y recobró aquella isla. Entonces proyectó
el rey do Argel apoderarse do Oran y MHaa'quivir:
para evitarlo, manda I). Felipe oir-> csívju.I'- ; poro
las tempestades ocasionaron terrible» d cP t. u z o b en
los barcos españoles, y las plazas si tú. .las por loa tu r­
cos habrían caldo en su poder sin 1» tenue 1 <d - e loa
defensores, que dieron tiempo hasta que llegada
de D. Alvaro de Bizáu, marqués de .Santa Cruz, obli­
— 100 —
gó á Iob si ti adore» á levantar el cerco, con pérdida
de la artillería. También el Pellón de la Gomera,
perdido en 1562, fué rescatado por D. G arda de To­
ledo en 1564.
Por este tiempo, Felipe II intervino á favor de los
católicos en las contiendas religiosas ocurridas en
Francia.
Acontecimiento notable de esta época fué la nue-
va apertura del concilio de Treoto (1562), que conde*
nó las herejías reinantes. En esta célebre asamblea
fie distinguieron, entre otros españoles, F r Bartolo­
mé Carranza, Melchor Gano. Arlas Montano, Alfonso
Salmerón y Fr. Alfonso de Castro.
Una importante sublevación de moriscos grana*
di nos fué dom ínala coa bastante trabajo, imponién­
doles terribles castigos por los crímenes y atropellos
que cometieron.
Los Países Bajos, que no podían avenirse coa el
gobierno impuesto por Felipe II, habían comenzadp
una serie de revueltas y guerras desastrosas al fin
para los e«paftoles que, á pesar de su acreditado va­
lor y de las victorias sin número que consiguieron,
no lograron someter por las armas á los rebeldes.
Inglaterra ayudaba & los Países Bajos, y Felipe II,
queriendo castigar á Los ingleses, que además oca-
sionaban graves daños con su« piraterías en núes*
tra<* costas, armó la más formidable escuadra que
jam ás había surcado los mares; llamósela por esto la
Invencible: pero vencida fué por las tempestades. que
la destrozaron por completo, dando an golpe de
muerte al poderío naval de España.
Al afto Biguiente (1589), el célebre marino Drake
pretende apoderarse de la Cornña; pero fué rechaza­
- 161 —
do, distinguiéndose en la defensa de la plaza dolía
Mayor Fernández Pita, qne mereció el grado y enel­
do de alférez por su valor y esfuerzo.
Dorante este tiempo habíase verificado la con­
quista de Portugal, á cuyo trono tenia derecho don
Felipe por muerte del rey D. Sebastián. Bn esta em-
pre»a distinguióse el duque de Alba; y el marqués
de Santa Cruz, saliendo al encuentro de una escua­
dra que con ayuda de Francia é Inglaterra habla
reunido el prior de Oorato, aspirante á la corona p o r­
tuguesa, obtuvo una brillante victoria cerca de la
isla Tercera.
Acusado Antonio Pérez, secretario de Felipe II,
de haber dado m uerte á Becobedo, secretario tam ­
bién de D . Juan de Austria, fué preso y procesado*
Gracias á uu disfraz que le proporcionó D * Juana
Coello. su esposa, pudo refugiarse en Aragón, de
donde era natural, y usando del derecho de manifes­
tación por el que se someuia á los tribunales arago­
neses, se presentó al Justicia, ingresando en la cárcel
de los manifüatndoB. Contra el derecho y los fueros
de Aragón, quiso el monarca apoderarse del reo. Za­
ragoza en masa levantóse contra D. Felipa dispuesta
&defender s u r libertades. A n to jo Pérez logró fugar­
se al extranjero, y Felipe II vengó su derrota conde­
nando á m uerte al Justicia D. Ju -n de Lannza (1591)
y castiftnndo severamente á cuantos hn^iían defendi­
do el fuero aragonés, hollado y escarnecido por el
monarca.
£> 12 de septiembre de 1598, en an a modesta cel­
da del Escorial, consumido por horrible dolencia,
con el cuerpo llagado y cubierto de asquerosos pará -
sitos, aquel monarca tan poderoso exhalaba su filti-
U
— 162 —
mo aliento después de haber llamado á sn hijo y s u ­
cesor pera decirle: ■Yo he querido que os hallásedes pre •
tente, p a n qtte veays en qué vienen á parar los rej/not y fot
señoríos deste mundo, y que sepays qt¡¿ cosa es muerte, apro­
vechándoos dcllo, pites mañana habeys de comenzar á reynar.»
Así terminó Felipe 11, que. sin haber heredado la
corona de Alemania, fué el monarca más poderoso de
Europa por la dilatada extensión de los dominios es­
pañoles; y este mismo poder y grandeza fué cansa
de la ruina espantosa, del aniquilamiento de nueó*
tra nación.
Nuestros ejércitos pascaban victoriosos por todo
el mundo, y por todo el mundo iban derramando
sanare española. Para sostener aquellas gloriosas
campañas no bastaban ni los bnormes tributos délos
pueblos empobrecidos, ni los barcos atestados de oro
que llegaban de América. Los brazos que blandían
las armaa eran arrebatados á la agricultura, la in ­
dustria y el comi-rcio, quo decayeron gradual y pro­
gresivamente, quedando improductivos los capitales
y la población mermada en más de un quinto.

PROGRAMA
San Quintín.—Fundación, del monasterio del Esco­
ria l.—Expediciones al África —Concilio de Trento.
—Españoles que se distinguieron en esta célebre
asamble» religiosa.-Sublevación de los moriscos.
—Guerra de los Paíaes Bajos —La Invencible. De­
fensa de la Cor uña contra los ingleses. Incorpo­
ración de Portugal.—Proceso contra Antonio P é­
rez.—Atentado contra las libertades aragonesas.—
Muerte de Felipe I I .-A lg u n a s consideraciones
respecto al poderlo de España en esta época y con­
secuencias que produjo bajo el aspecto agrícola,
industrial, mercantil, etc.
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA

Loe torcos, apoderándose do Constan ti nopl a y


plantando la media luna sobre laa torrea de Santa
Sofía destruyeron el impeño b i z a n t i n o ; y habiendo
fijado en Europa su huella conquistadora, cruzaron
el Mediterráneo con b u s escuadras, a s o la b a n las eos ■
tas, apresaban cautivos y llegaron á enseñorearse
casi por cono pleto de aquel mar. Interviniendo fre­
cuentemente en las cuestiones europeas.
Muhamad II, Selim I y Solimán el Mag-níflco h a ­
bían extendido su poder, y Selim II deseaba ’onquiB-
taT á Chipre, llave del comercio de Italia y Grecia
En 1570 desembarcaba en la punt» meridional de
Chipre un ejército turco.
Venecla, á la que pertenecía el señorío de aquella
isla, vuelve los ojos á Europa en demanda de socorro.
El papa Pío V, Felipe II y Génova ae aprestan i de­
fender la cristiandad y forman con Venecia una liga
para hacer la guerra al turco.
Armóse una escuadra cuyo mando en jefe se con­
firió á D. Juan de Austria, hermano iiatural de Pe-
llp e I I . Acababa el esforzado capitán de someter á
— 164 -

loe moriscos granadinos en U rebellón de que y a o*


he hablado. En N&poles recibió el estandarte de la
liga que en nombre d*l papa le entregó el cardenal
Oran vela; y al frente de la escuadra partió de Ueslna
el 14 de septiembre de 1571. El 7 de octubre fué avis­
tada la armada turca en la entrada del golfo de Le*
panto. Inmediatamente ordenó D. Juan qne sos ga­
leras ae colocasen en el orden prevenido de antem a­
no, exhortó á los tropas ¿ pelear con entusiasmo; y
puesto «obre la proa de su capitana, viendo próxima
la hora del combate, hincóse de rodillas y rogó &
Dios que no desamparase á los suyos; capitanes y
soldados imitaron el ejemplo de su general.
Todos, turcos y cristianos, pelearon qoq encarni­
zamiento; los estampido* del cahón, los gritos de los
combatientes el estrépito de las arm as llenaban el
aire; por todas partes embarcaciones incendiadas,
soldados qu<-. salt.ban al abordaje luchando ñera­
mente cuerpo á cuerpo, otro* que, abrazados 4 sus
enemigos, rodaban al mar, ya enrojecido por la sa n ­
gre, embarcaciones que se hundían con estruendo
en el abismo. Ali f’achú, jefe de la escuadra turca,
cae mortalinente herido; y la victoria se decide al fin
por los c ría te n o s. Sólo 89 salvaron cuarenta naves
turras; cieuto treinta fueron apresadas, las demás
quedaron sumergidas ó estrelláronse en la costa;
veinticinco mil turcos perecieron» quince mil queda­
ron cautivos y nina de doce mil cristianos, que ser vían
como remeros en los barcos enemigos, recobraron la
libertad.
Un libro liaría falta para citar los nombres de
cuantos se hicieron memorables por su valor y por
sus hazañas: D. Juan do Auetria, que adquirió fama
- 1*5 -
imperecedera; Barbarigo, m uerto heroicamente l a ­
chando sin armadura; D. AItmo de Bazán, tan bra-
t o como entendido marino: Andrés Doria, D. Luís
de Requesens, Veniero, Colonna, F igüeros, Zapata,
Carrillo, Alejandró F im n lo y mil y mil héroes sin
nombre, obscuros soldados qne escribieron con su
sangre aquella brillante p&srlna de la historia y qne
hicieron eternamente célebres el nombre de Lepanto
y el dia 7 de octubre de 1.YJ2, en qae para siempre
qnedó quebrantado el poderlo naval de los turcos.

■•

De uno de aqueUossoldalos humildes voy & de*


Ciros el nombre Ilustra que legó á la posteridad y que
no dejará de pronunciarse respeto mientras haya
una persona que sepa leer en el hermoso idioma de
Castilla
Enfermo con calentura en la galera Marquesa, de
la escuadra de Doria, yacía un joven español alista­
do en la compañía del capitán Diego de Urblna. Al
escuchar el estruendo del combate, abandona el le­
cho: sin armarse apenas, toma su espada, y saltando
A cubierta pide un puesto de honor m tr« sus cama­
radas; en vano intentan disuadirle, se obstina en pe­
lear, pelea bizarra ente y es herido en el pecho j
en la mano izquierda
Rec bida fu licencia en 1575, embárcase para vol­
ver á España en la galera Kl Soi, que fué apresada
por el corsario Arnaute Mamf, quedando cautivo el
soldado español hasta qae después de machos sufri­
mientos y de arriesgar cien veces la vida por salvar
— 166 —
á ana compañeros de cautiverio fué rescatado por lo»
padres redentor latas.
Bate soldado, que d o recibió otra recompensa por
ana servicios que los aplausos qae le tr b u ta la pos­
teridad y la honra de haber peleado «en la m i l ailer
ocasión que vieron ¡ot siglos pasados, los presentes, ni espiran
ver los v e n i d e r a s manejó la espada en loa combates y
la pluma en laa lides de la Inteligencia. El Maneo de
Lepan!o ae llamó Mi g u e l d b C b r t a n t e s S aa .v b d &a , el
Regocijo de ¡as M u ta s, el inmortal autor de Don Q uijote
de ¡a Mancha, una de las primeras y más legítima»
glorias de la literatura nacional.

PROGRAMA

Poderio de loa tui-coa.—Deciden apoderarse de la isla


de L h i t T e . Liga entre el papa* Pío V. Felipe II*
Génova y Vei.ecia. 1). Juan<le Austna es nombra­
do jefe de la escuadra cristiana.—Batalla de Le*
pauto.—Miguíl de Cervantes Saavedra.
LOS ÚLTIMOS á U S T R Iá S

Al genio belicoso de Carlos I. al incansable y


sagaz politico Felipe II, sucedió en el trono Felipe III,
desprovisto de las necesarias dotes de gobierno para
conservar integra y floreciente la herencia qae de
sa padre babia recibido. Indolente y apático, desear*
gó el peBo de los negocios público» en eu favorito el
duque de Lerma, y éste, más hábil para el cuidado
de su propio medro que para resolver los problemas
de la política, dejóse dominar por D. Rodrigo Caldo*
rón, hombre doro y ambicioso que de paje del daque
llegó basta la priv&Dza del rey y á verse honrado
con el título de marqués de Siete Iglesias.
La rígida y austera corte de Felipe II convirtióse
en centro de prodigalidades, lujo y desorden: poníase
precio á los destino* públicos, y las inmoralidades
administrativas trajeron el desconcierto y agravaron
la situación angatitiosa del erario; y no bastando con
nueves y onerosos tributos, llegóse al extremo de
nombrar gentiles hombres y mayordomos para qae,
repartidos por las parroquias, acompañados del p á ­
rroco y de un religioso, fuesen de puerta en puerta
pidiendo limosna para el soberano de dos mandos,
m ientras los grandes derrochaban cuantiosas soma»
— 168 —
en fiestas, bailes, cori idas de toros, mascaradas jr
teatros.
Por otra parte, la guerra en les Patees Bajos con­
tinuó devorando hombres y dinero de España, sin
qae el memorable sitio y toma de Osteode, eD qae
adquirió ju sta fama el marqués de Espinóla, ni otros
importantes triunfos evitasen la humillación de te ­
n er qae tratar como de potencia 6 potencia con los
rebeldes, estipulando con ellos una tregua de doce
añoB. Contribuyeron á precipitar la decadencia de
nuestra pat.ia las expediciones mandadas contra
Inglaterra en 1601 y 1602.
Al mismo tiempo, no ocurriéodoles á t m desaten­
tados gobernantes o tr: medio de conservar la pureza
y unidad religiosas en la Península, fué decretada
la expulsión de los moriscos, que, en número de más
de cien mil. salieron de España. Esta impolítica me­
dida contribuyó al empobrecimiento del país, por­
que los em igrantes constituían una clase Inteligente
y laboriosa, tanto para el cultivo de la tierra cuanto
para la industria, artes útiles y oficios mecánicos. A
mayor abundamiento, sostuviéronle guerras en I a -
lia y en Alemania, mandáronse expediciones contra
berberiscos y tu >eos, conquistando alguna gloria sin
ningún provecho en cambio de grandes sacrificios
En América y Asia tuvieron también ocupación
las armas y naves de España y Portugal, y* agre­
gando al dominio español algunos países, ya para
conservar las anteriores conquistas- Entre las más
señaladas de estas empresas deben citarse la sumi­
sión del Nuevo Méjico y la de loBaraucaoos. cantada
esta última por D. Alonso de Ercilla en su poema
titulado La A rarm m .
— 189 —
Cayó el duque de Lerma, en 1618, de la gracia del
roy; pero le s a cedió el daque de Uceda, hijo d«
aquél, y tan desdichado como su p a d e en la direc*
clón de los negocios.
Felipa III m urió agobiado por Iob rem ordim ientoa
el 31 de marzo de 1621.
Felipe IV contaba diez y Biete afios de edad cuan­
do ocupó el trono; gustaba mAg de loe placeres que
da las serias ocupaciones del gobierno, y ent- egóse
también en brazos de s a fu voríto el coi'de y luego
daque de Olivares, qnien separó de sua cargos, des­
terró ó encarceló á todos los amigos v protegidos del
daque d<* Uceda. B1 marqués de Siete Iglesias murió
en un patíbulo, figurando también entre los perse­
guidos el agudísimo poeta D. Francisco deQuevedo.
Y mientras el despilfarro de la corte Itegaba &un
extremo escandaloso y la despoblación y la miseria
echaban por tierra el edificio de la grandez i nacianal,
España yíó aum entárseles desdichas que va padecía
con m is costosas y empeñadas guerras interiores y
exteriores.
En Flandes, el marqués de Rapiñóla sostenía el
honor de nuestras arm»s c^n victorias tan notables
como la de Juliers en 1622 y la to na de Bredn; y en
tanto que los B"ldados «apañóles peleaban en Flandes
y en Alemania auxiliando al emperador, y contra
loa fraucesea, y en Italia, sublóvatis^ los catalanes
excitados por la mala política de Olivares, asesinan
al virrey D. Dalmau de Que-alt, marqués d- Santa
Coloma, y 4 m ultitud de castellanos; reclaman el
auxilio de Francia, y arde también la g uerra civil
para dominar aquella Insurrección (1440) Eu el mis­
mo año álzase también Portugal proclamando rey
- no —
al duque de Braganza con el nombre de Juan IV.
La corte, insensible 4 tantas desdichas, proseguía
sus esran ialosas fiestas y Olivares apellidaba Grande
á. L>. Felipe, que á los veintiún anos de reinado habla
perdido a Ormut, Goa y Fernambuco con sus territo
rios; el Brasil, las islas Tercera?, Portugal, el Rose-
llón, Cerdafia y Cataluña, casi toda Borgoña, muchas
poblaciones de Luxemburgo, parte de Alsacia. y
te ñ í« en gr-i ve peligro de perderse á N&poles, Sicilia,
Uiláu y Bélgica, habiendo costado á España estas
pérdidas 28) d sv ío s y 116 millonea de doblones
de oro.
C«yó el conde-duque; pero no mejoraron gran
cosa los asuntos de España, que se vió obligada &
reconocer la independencia de Holanda en 1<M$; y
aunque se acalló la insurrección de Sicilia, y N&po
les volvió á nuest'a obediencia y se sometió Catalu­
ña en 1(352. la guerra continuó en Flaudes, Iob ingle-
see se apoderaron de Jau a ic a y, unidos cou loa fran­
ceses , continuaron hostilizando á nueat-a patria
hasta que en 1659 se ajustó la pac de los Pirineos. Por»
recobró su independencia en lti65.
En el mismo año bajó al sepulcro Felipe IV, de­
jando por hereder» al principe Carlos, que contaba
cuatro años de edad.
Luchas interiores, ruina y descrédito, guerras
con Franci», en que perdimos buana parte de Flan-
des y el Franco Condado, durante la menor edad del
rey; y declarado éste m ayor de edad, la nación tuvo
que sufrir vergüenzas y humillaciones escandalosas
que la trajeron al último grado de m iseria y decai­
miento: guerra con los franceses, qne penetraron en
Espufia y tomaron ABarcelona, si bien Armada la paz
— 17L —
noa devolvieron laa conquistas hechas para captarse
las simpatías de loa españolea 4 fia de que la corona
que apenas podía sustentar Carlos H, • nfermo y slo
sucesión directa, pasas&á la cosa de Borbón.
L& casa de Austria pretendía también heredar á
Garlos; y este desdichado príncipe era victima de las
intrigas y manejos de los pretendientes; y mientras
en la Haya arm aban las principales potencias de
Europa un tratado por el que se repartían los domi*
nios españoles para cuando el rey muriera, con viles
amaños se bacía creer á éste que estaba poseído del
demonio, y con drogas, conjuros y bebedizos se ace
leraba el término de sus di >s.
Carlos 11 el Hechizado murió el 1 / de noviembre
de 1700, dejando en Su testam ento la Corona de Es
paña á Felipe de Borbóu, nieto de Luíb XIV de
Francia.
Tal fué el reinado de la casa de Austria en España.

4» •

En el siglo XVI, llamailo siglo de oro de la literatu­


ra nacional, cuyo florecimiento alcanzó á buena par­
te del siglo XVTT, se distinguieron como escritores
mÍBticoe Fr. Luis de Granada. Santa Teresa de Je
süs, Fray Luis de Leóu y San Juan de la Cruz; los
teó ogos Melchor Cano, Salmerón y Francisco Suá
rez; filólogos. Arias Montano y el Brócense juristas,
Juan López de Palacios Rubio y Die^o de Covarru-
bias; entr- los historiadores, el P. Juan de Mariana;
en la novela, Hurtado de Mendoza y Cervantes; como
escritor dramutico. Lope de Vega, llamado el F¿ aüc
de los Ingenios i en la poesía, el valiente soldado cuan­
— m —

to dnlcfolmo poeta Garcilaso de la Vega, Fr. Lnia de


J.eón, H errera y los Argensolas; en la poesía épica
Alonso de Brcllla y Jerónimo Sam per.
Dignos de recordarse son loa nombres de loa ar*
quitectos Juan Bautista de Toledo, que empezó la
obra del Bacorial, y Juan de Herrera, que terminó
aquel soberbio edificio.
Brillaron en la pintura Alonso Sánchez Coello,
Luis de Valgas y Vicente Juanes; y ea la escultura
el famoao Berruguete.
La ciencia, en cambio, permaneció estacionaria.
En el siglo XVII figuran en primera linea, ade
más de Lope de Vega. Tirso de Molina, Calderón de
la Barca, M > eto. Rojas y Alarcón como escritores
dramáticos; I ob poetas Jáuregui. Gónirora, R lojay
Quevedo, también notable por aua escritos políticos;
Miguel de Cervantes, los historindores Moneada,
Solis y Mein; y los pintores de universal renombre
Vel&zquez, Ribera, Alonso Cano y Murillo.

PROGRAMA

Felipe III.—Desmoralización en el gobierno y en las


costumbres.—Cmis b que contribuyeron á 1* ruina
del país. Expulsión de los morisi'oí.—Críüf’a de
este hecho irapoliti o —Felipe IV —<'onducta de
Olivares.- Prodigalidades da la enrto.—Guerras
ex te rio ra é interiores. - Sublevación de Cataluña.
—Independencia cíe Portugal.—España al adveni­
miento de Carlos II —Desdichas de este reinado.
—Pretensiones d i sucesión. Muerte de Carlos n .
—Progreso literario y artístico de España en loa
siglos XVI y XVII.
EL SIGLO X V III

Sin las viriles energías y la proverbial nobleza de


esta patria querida, menguada herencia hubier» sido
para Felipe V ana monarquía exhausta, casi despo­
blada, sin ejército, Bln barcos, sin agricultura, Bin
industria, sin comercia; pero España, aniquilada
cien reces, se ha levantado luego más grao de, más
poderosa: en Covadonga, sobre tas ruinas del impe­
rio visigodo, en tiempo de tos Reyes Católicos, sobre
las miserias del reinado del cuarto Enrique: asi en el
siglo XVIII, cuando parecía un cadáveh por el mise­
rable gobierno del Hechizado, alzóse otra vez como
Lázaro en cuanto una voz de energía simpática gri­
tóle, cruzándolos Pirineos: ¡Levántate y anda'.
Canos, hijo de Leopoldo, emperador de Alem»nia,
pretende tninb éu ocupar el trono de San Fernando;
y la guerra de sucesión ensangrienta nuestros campos y
nuestras ciudades, termmaDdo con Lus triunfos de
D. Felipe en Villavicioaa y Almansa. Ajustóse el
tratado de Utrech por ei que EBpaüa perdió sus po­
sesiones en Italia y los Países Bajos, Gibraltar y Me­
norca.
La ambición de Isabel Farnesio, segunda m ujer
de Felipe V, y los planes del italiano Alberoni impu­
sieron á la nación sacrificios enormes y otra guerra
— 174 -
con casi toda En ropa para recobrar Ibb antiguas p o ­
sesiones españolas en Italia, lográndose tan sólo ase­
s o ra r para el infante D. Carlos la sucesión en los es­
tado a de P a m a y Toscnna.
En 1T2* abdicó el ivy la corona en su hijcrLnifl;
pero muerto é-te á loe pocos meses, volvió D Felipe
á encargarse de la gobernación del estado y la patria
se vió metida en otra guerra, que ganó para D. Car­
los el trono de Nápoles y Sicilia.
Una expedición enviada al Africa se apoderó de
las plazas de Orín y Mszalquivlr.
En el reinado del primer Borbón, reorganizóse el
ejército, >o creó una marina poderosa, 1 h agricultu­
ra, la industria y el comercio renacieron visiblemen­
te; se ordenó la administración pública y se crearon
instituciones literarias como el Real Seminario de
Nubles, e . Madrid; la universidad de Uervera, la
tteal Academia Española, la Academia de >a Historia,
la de Medicina y Girugia, la Sociedad de Medicina y
Ciencias, de Sevilla; la Academia de Buenas Letras,
de Barcelona; y se abrió al público la Biblioteca Na­
cional. Asi brillaron talentos como Luzán, Gerardo
Lobo. May*na Perreras, Macanóz, y entre otros m a ­
chos, el doctísimo benedictino Fr Benito Jerónimo
Feijoo, que en su célebre Teatro Crítico y en sus famo­
sas Cartas eruditas dedicóse á la noble tarea de divul­
gar 'a ciencia y desterrar errores y preocupaciones
comunes
Afortunadamente para la nación, sucedió á Feli­
pe V (1716) bu hijo Fernando VI, am an te de la paz,
que conservó á toda costa, dedicándose con asiduo
empeño i favorecer el progreso moral y m aterial dej
palB. En esta noble tarea le ayudó eficazm ente el
— n5 —
marqués de la Ensenada. Se abrieron canales. se
construyeron caminos, se dictaron leyes y medidas
protectoras para la agricultura, la industria y el co­
mercio. &la vez que .D. Fernando y D.* Bárbara de
Braganza sa esposa contribuían con su ejemplo, tan
to como con las disposiciones que dieron ¿ moralizar
las costumbres públicas y privadas. La* ciencias y
laB letras fueron objeto de especial protección, y en
1752 se creó la Academia de Sm Fernando, que ta n ­
to ha contribuido al progreso de las bellas artes
Fernando VI murió bendecido de todos en 1759 y
fue enterrado en el monasterio de 1 s Salepas (hoy
palacio de Justicia) edificado baio su protección
Carlos III, hermano y sucesor de Fernando VI,
ajustó con Francia el funesto pació de fa m ilia por el
cual vióse España envuelta eu una guerra contra los
ingleses, qne se apoderaron de la Habaiut y Manila;
si bien, hecha la paz, nos fueron devueltas aquellas
plazas.
Notables fueron 1«b medidas que se dictaron p 'r
entonces, ya para corregir abusos y regularizar la
administración de nuestras colonias, ya para favore­
cer el desarrollo de la riqueza y fomento de la agri­
cultura . Con gran empcQo secundó el ministro
Esquiladle los deseon del monarca, preocupado ta n-
biéu con la idea de mejorar las condiciones liigiéni-
cas de Madrid y atender á bu embellecimiento con
obras de ornato y pública utilidad; á este propósito,
y bajo la dirección del ingeniero Sabattini, se lim­
piaron y empedraron las calLes, se hicieron desagües
y pozos para las aguas inmundas establecióse el
alambrado público y se implantaron otras reformas
de policía y seguridad, no sin disgusto de muchvB. '
— ne —
Mandóse por este tiempo osar capa corta y sombre­
ro de treB picos en vez de ta capa larga y sombrero
llamado chambergo que se osaban generalm ente; y
con este pretexto estalló un motín qne ocasionó la
destitución de Esquiladle. Poco después decretóse
la expulsión de los jesuítas, á quienes se atribuyó la
responsabilidad de aquel levantamiento, sin que se
les permitiera vindicar sü Inocencia.
Aconsejado Cario» III por el conde de Aranda, por
D José Moblno, murciano Ilustre y luego conde de
Floridablanca, .v por D Pedro Rodríguez Campoma-
n*s. continuó el arreglo de la hacienda pública,
creando, con ayuda de Cabarrüs, el Banco de San
Carlos (hoy Banco de Espafia) y la Compabia de F ili­
pinas. Puede decirse que por entonces nació entre
nosotros la verdadera ciencia económica
Campomanes y Floridablanca hicieron trabajos y
reformas importante'* en la legislación.
Se coust’uyeroD los canales de Murcia y Aragón,
el pin taño de Lorca, caminos y carreteras,£puentes.
edificios y m o n u m e n t o s qne aún se conservan, como
la cusa de correos, la aduana, el museo del Prado,
las puertas de Alcalá y do Toledo, el puente deS e-
govia. en MatlruJ; y utras obrns en InS que se distin­
guieron ol arquitecto I) Ventura Rodríguez y el in ­
geniero Villaiiuev*. Establecióse, adem&s, una es*
cuela práctica de agricultura en Aranjuez; bajo la
dirección de Olavide se colonizaron terrenos desier­
tos en Sierra Morena y se fundaron las sociedades
económicas de amigos del país.
Sería interminable esta lección si hubiéramos de
enumerar los trabajos hechos para el desarrollo de
la industria, el comercio, las artes y las ciencias.
— 177 —
lía ltita d de escuelas públicas, los Reales estadios
de San Isidro, las numerosas obras científicas y lite­
rarias y loa periódicos que se publicaron por enton­
ces contribuyeron al fomento de la Instrucción pú­
blica.
D. Nicolás Fernández de lloratin, Iriarle, Sarna-
niego, Ideióndez Yaldés, Nicaaio Alvares Cienfuegos,
D. Ramón de la Cruz, Pérez B iyer, el P. Andrés Me­
rino, Flores, Risco, Capmani, Cadalso, Scio, Cavaol-
lies y otros machos ilustraron con sus nombres la
historia científica y literaria del feliz reinado de
Carlos III, que murió en 14 de diciembre de 1788.

PROGRAMA

Guerra de sucesión.—Tratado de Utrech.—Guerras


de Italia.—Expedición al Á.frica.—Renacimiento
experimentado por E*paBa.—Instituciones litera
tias y hombres que se distinguieron en el reinado
de Felipe V.—Gobierno de Fernando VI —Car­
los III —El pacto de fam ilia. Refoi mas y mejoras.—
Embellecimiento de !a capital de España.—Uotln
de Esquilacho.—Expulsión de los jesuítas.—Per­
sonajes que influyeron en el gobierno y en la ad­
ministración.—Obras útiles y de ornato.—Escuela
de agricultura.—Colonización en Sierra Morena.—
Sociedades económicas de amigos del pais.—Cul­
tura intelectual. —Nombres ilustres en las letras y
ciencias.
Trafalgar. El 2 de Hayo de 1808. Badén.

La revolución francesa hizo morir &Luis XVI y


bu esposa María Antonleta ea afrentoso patíbulo.
Car Iob IV de Eapañd, hijo y sucesor de Carlos III,
unido á los Borbones por el paeto de fa m ilia , no pudo
evitar la ejecución y declaró la guerra & Francia.
Loa sollados de la república rechazaron ¿ los espalio-
les, que al princLpio liablan obtenido algunas victo­
rias, y entraron en España; pero si esta guerra no
reportó ventajas para nosotros, menores aún las
obtuvimos de la paz que se firmó entonces, median*
te la cual quedó nuestra patria ligada &los planes
de la república francesa y comprometida en guerras
que sólo nos produjeron desastres.
Árbitro Napoleón Bonaparte de los destinos de
Francia, halló en la débil y egoísta corto española un
dócil instrumento, cuyo mengaado servilismo fué
cansa de que siguieran derrochándose la sangre y el
oro de España -
En gu erra con los ingleses, una escuadra españo­
la, combinada con otra francesa á las órdenes de
Yilleneuve, se hace á la vela saliendo del puerto de
Cádiz; el 80 de octubre de 1805 avistó á la escuadra
enemiga mandada por el célebre marino Nelaon. El
día 21 se rompió ol fuego, y. tras de ano de los m is
— 170 —
obstinados y sangrientos combates que recuerda la
historia, vencieron los ingleses, aunque perdió la
vida bu renombrado almirante. Para los españoles
fué la batalla de Trafalgar gloriosísima derrota, ('h u ­
rraca, el valerosiaimo Chumica, después que una
bala le deBtrozó la pierna derecha, apoyado sobre el
brazo izquierdo y blandiendo sa espada, continuó
peleando mientras tuvo un soplo do vida. Gravina,
Alcali Gal iano, Valdéa, Álava, Escaño, y millares
m&B de héroes invictos escribieron con su sangre
una página inmortal en la liistom de España.
Habla decidido Napoleón la conquista de nuestra
patria. Mientras el gobierno español enviaba diez y
seis mil hombres ¿ pelear unidos ¿ los franceses
contra los alemanes, y aceptaba gustoso la ideada
arrojar del trono portugués ¿ la familia reinante,
creyendo apropiarse algunos do»pojos del reino lu si­
tano; mientras el principe de Asturln* u . Fernando
conspiraba contra su padre y Carlos IV metia prr»so
y procesaba al principe su hijo, Napoleón invadíala
Península con sus ejércitos, que, so pretexto de en­
caminarse hacia Portugnl, iban ocupando nuestras
mejores plazas. Cien mil franceses habia ya en la
Península ruando, enterados los reyes de las inten -
clones de Bonaparte, decidieron cobardemente aban­
donar á Espa&a. Amotinóse el pueblo, impidió la
fuga, hizo destituir & Godoy, ministro muy qaerido
de la reina y participe de las ambiciones y torpezas
políticas de bus monarcas, dando motivo aquellas re ­
vueltas populares A que Carlos IV abdicase la corona
en su hijo Fernando Vil (10 marzo 1808).
El 23 de marzo hizo su entrada en Madrid un na-
meroso ejército mandado por Murat, duque de B erg.
— 180 —
El gobierno español, ¡vergüenza c&afia decirlo!, ase­
guraba qne se debía mirar con la debida a fauió» á ttm
e$timablet huéspeda, á quienes hizo solemne entrega de
la espada de Francisco I» qne existía en la armería,
real. Mientras tanto, protestaba Carlos IV de su ab­
dicación echándose en brazos de Bonaparte; Fernan­
do VII cometía toda clase de humillaciones para que
su exaltación al trono fuese aprobada por el francés;
y éste disponía de la corona de España á la vez que,
con poco esfuerzo, lograba de los dos reyeB, padre é
Lijo, que fuesen á Bayona para dirim ir su pleito en
presenciado Napoleón, dejando en Hadrld una ju n ta
de gobierno.
Llegó el día 2 d b m a y o , de perdurable memoria.
La junta, imitando la debilidad de los reyes, autori­
zó la Balida de los Individuos de la familia real espa­
ñola, que aún permanecían en Madrid y debían ser
conducidos ú Francia. La noticia circuló como el rayo,
y los alrededores de palacio estaban ocupados por
u na m ultitud impaciente por vengar las ofensas y
engaños de que venia siendo victima. Una mujer
gritó: «i Válgame Dios, que se llevan á Francia todas
las personas reales'» Y como si esta fuera la señal
del combate, la m ultitud se arrojó decidida & impe­
dir la marcha de sns principes. Murat, para contener
el alboroto, situó dos piezas de artillería frente &la
plaza de Oriente, y sin más intimación, hizo fuego.
Un inmenso alarido respondió á tan bárbaro atenta­
do; y los madrileños, armándose de chuzos, escope­
tas, navajas y cuantas herramientas pudieron haber
4 las manos, repartiéronse por calles y plazas, ébrios
de furor, destrozando £ cuantos franceses hallaban
al paso. Y mientras aquel pacblo nobilísimo acuchl-
— leí —
liado por la caballería francesa luchaba con arrojo
sin ejemplo, laa tropas españolas permanecían en ce­
rradas en bus cuarteles.
Tres heróicos oficiales. Impulsados por el santo
amor de la patria, vuelan al parque de artillería y
organizan con unos cuantos artilleros, un piquete de
infantería y algunos paisanos la memorable defensa
que sostuvieron contra lu»rzas enemigas cien veces
mayores. jDaoiz, Velarde, Ruizt Los tres sucumbie­
ron; pero la fama cantará eternam ente sus nombres
unidor &las glorias del valeroso pueblo de Madrid.
El grito de independencia corrió por todos los
ámbitos de la Península/, iqné contraste!: el día 6 de
mayo renunciaba Fernando VII la corona de España
en favor de CarloB IV, y éste cedió bu s derechos á.
Napoleón, el cual proclamó rey i su hermano José
Bonaparte.
Después de Madrid, faé Asturias, el pueblo de Pe-
layo y Covadonga, el primero que se levantó contra
los franceses. Por todas partes se formaron juntas de
defensa; y de tal modo filé unánime aquel entusias­
mo patriótico, qne todos y cada uno de los españoles
considerábanse fuertes para declarar la guerra, como
lo hizo el alcalde de Móstoles, & Napoleón, sojuzga­
dor de Europa. £12.) de julio entró en Madrid José
Bonapnite.
Por todas partes se hostilizaba & las tropas fran­
cesas El general Dupont estaba acantonado en An-
d ú ja r. El español Castaños, con un ejército no muy
numeroso y formado en su mayor parte de soldados
bisoñoB, guerrilleros y paisanos mal equipados, diri­
gíase desde 1 0 de julio hacia los puntos ocupados
por el francés Dupont.
- 182 -
En B a ilén , el 19 de julio, después de varias m a­
niobras y encuentros parculea, libróse una batalla
campal eu que por vez primera las águilas vencedo­
ras cayeron desgarradas por la bravura del león e s­
pañol: 2.200 m uerto^ 4.000 heridos y 1.80) prisione­
ros franceses quedaron eu el campa. Dupont, h eri­
do. entregó su espada vencedora en cien combates
al modesto general espaüol. José Bonaparte apresu -
róse á salir de Madrid en cuanto recibió la noticia dé­
la batalla de Bailen, retiróse &Burgos,y, no conside­
rándose todavía seguro, se movió hacia el Ebro, es­
tableciendo su cuartel general en Miranda.
Así comenzaron nuestros abuelos la gloriosa gue­
rra de la independencia.

PROGRAMA
Muerte do Luis XVI y guerra contra Francia.—Con­
secuencias de la paz.—Trafalgar.—Heroísmo de>
los españoles.—Planes ambicicsos de N'apo'fóny
conducta d e la corte española.—Invasión francesa.
— Abdicación de Carlos IV, - El ’J de mayo.— Daolz,
Velarde y l í u i z . - Fernando VII abdica en b u pa­
dre. éste en Napoleón, el cual nombra rey de Es-
pana á su hermano José Bonaparte —Levanta­
m iento general contra loa franceses.—Bailén.
ESPAÑA Y FBRKMDO VII

IABAG0Z1. GERONA. COSTES DI CADIZ- LA VUELTA DEL EBY-


Napoleón vino á España con nn ejército de 200,000
infantes y 50.000 caballos. La guerra ardía en todas
las refíione^ de la Península. Derrotados unas T e c e s ,
triunfantes otras, pero dando al mundo testimonios
de valor y energía incomparables, los españoles de*
mostearon de nuevo su fiero é inveuciblo amor á la
independencia. Talavera, Chiclana, Albuera, Arapi*
les, Vitoria y San Marcial son recuerdos imperece­
deros de los triunfos de nuestras armas; y las partí*
das do guerrilleros, capitaneadas por Juan Uartin el
Empecinado, Espoz y Mina, Palarea, José Martínez,
Francitqueie y otros muchos, se acreditaron por su
intrepidez y arrojo, contribuyendo í debilitar al
enemigo, que rióse obligado á repasar Iob Pirineos
después de seis años de guerra encarnizada.
Entre loa qiás insignes hechos de aquella lucha
titánica, figuraron las heróicas defensas de Zaragoza
y Gerona.
Sitiada Zaragoza por los franceses, fueron éstos
rechazados en la primera acometida; volado ei depó­
sito de pólvora de la ciudad, no disminuyó eBta p é r­
dida, ni las muertes ocasionadas por aquella catis-
— 184 —
trofe, el ardor bélico de los zaragozanos. Infinitas
proezas de aquellos invictos aragoneses podría refe­
riros. Mientras Iob cañones enemigos destratan la
ciudad, los defensores, firmes en la brecha. Tendían
caras sus vidas. Abandonada por los nuestros la
puerta del Portillo, ana columna francesa avanzaba
para entrar en la plaza; entonces una Joven de 22
afios, Agustina Zaragoza, coge una mecha, y apli­
cándola á an cañón cargado de m etralla, cansa horri­
ble mortandad en el enemigo. Los mismos franceses,
asombrados de sqael valor incomparable, hicieron
llegar á la ciudad una propuesta que decía: Paz y ca­
pitulación.— Guerra á cuchillo, contestó el valiente gene -
ral Palafox; y Zaragoza continuó defendiéndose has­
ta que los franceses levantaron el sitio, para volver
en los últimos dias del 1803 i intentar un nuevo e s­
fuerzo-
El incesante cañoneo arruinaba la ciudad, que
ardía por distintos pantos Drsde el 26 de enero has­
ta el 7 de febrero, no cesó ni do día ni de noche
aquella pelea constante, m ientras la epidemia hacía'
estragos en los defensores. Enfermo Palafox, cubier­
ta la ciudad de cadáveres y ruinas que recordaban
las hecatombes de Sagunto y Numancia, viéronse al
fin los zaragozanos obligados & capitular en febrero
de 1809.
Parecía imposible em ular las glorias de Zaragoza,
cuando Gerona, que habla sido ,va atacada dos veces
por el francés, vió llegar en 1800 ante sus murallas
un nuero ejército sitiador. Era gobernador de la pla­
za D. Mariano Alvarez de Castro, que disponía sola­
m ente de 6.000 hombres. Soldados y paisanos, se­
glares y sacerdotes, ancianos, mujeres y niños, todos
— 185 —
rivalizaron en Intrepidez y abnegación. Bl hambre,
la peste, tanto como las balas del enemigo, hablan
re d a d lo á la mitad el número de defensores, en ando
ae acercaron parlamentarios franceses pidiendo la
rendición: Alvares los recibió &metrallazos. Saca*
diéronee loa ataques contentados con indomable fu ­
ria por los de la plaza, donde apenas quedaban sino
cadáveres, apestados y heridos. El mismo Alvarez
yacía gravem ente enfermo; y entonces capituló la
inmortal Gerona, saliendo con loa honores de la gue­
rra aquella guarnición, cuyos últimos restos, modio
desnudos, cidavérlcos. extenuados por el sufrimien­
to y el ham bre,hablan conquistado con los habitan­
tes de la ciudad la eterna gratitud de la patria.

Nunca ae manifestó más grande la nación espa -


fióla que en este periodo histórico: m ientras U g u e ­
rra asolaba los campos y el hambre y la peste oca­
sionaban victimas innumerables, las cortes, re u n i­
das primero en San Fernán lo y luego en Cádiz,
publicaban en 181? la famosa constitución, base de
nuestras modernas libertades políticas.

• **-

Vencidos los franceses, volvió Fernando VII á


España en 1814. Apenas llegado á Madrid, mandó
encarcelar á cuantos ciudadanos se hablan distin­
guido por au afecto &la constitución (U mayo). Mo-
ratin, restaurador del teatro nacional; el célebre ac­
tor D. Isidoro M&iquez; Meléndez Valdés, el poeta
— 186 —
inspiradísimo; Burgos, traductor de Horacio; Lista,
maestro de numerosa pléyade de literatas, y otros
machos, lloraban en tierra extranjera la ingratitud
del monarca. Arrastraron el grillete del presidario,
D. Juan Nicasio Gallego, lírico eminente; el laureado
Quintana, cantor de la patria; Taren o, historiador de
la revolución española; Martínez d é la Rosa, político
notable, escritor ilustre, elocuente orador y amigo
de los mños; Villanueva, Argüe lies, Calatrava, Can­
g a Arguelles y otros no menos insignes, como Fray
José de la Canal, continuador de la España S a grada,
fueron perseguidos ó encarcelados.
A la persecución respondieron las conspiraciones
qne hicieron morir en el patíbulo al general Porlier
y i Richard; el general Lacy, qne habla lucliado b i­
zarramente contraeos invasores al grito de ¡ritiíi F e r ­
nando V J IÍ fué por este fusilado.
Los trabajos revolucionarios continuaron '•uobra,
y el 1.° de enero de 1820 proclamó D. Rafael del Rie­
go, al frente del batallón de Asturias, la constitución
de 1812; imitáronle D. Antonio Quiroga, que manda*
ba ei batallón do la Corona, y el coronel D. Félix
Accvedo.
Jura el rey la constitución y nombra un m iniste­
rio liberal, promoví endose revueltas y asonadas por
los absolutistas y aun por los liberales exaltados; el
mismo D. Fernando conspiraba también, solicitando
la intervención extranjera para restablecer el a n ti­
guo orden de cosas. El 7 de julio de 1822 batieron los
milicianos nacionales de Madrid á la guardia real,
que sa habla sublevado en favor del absolutismo.
Cien mil franceses, llamados loa cien m il hijoi de
San Luis, entraron en España y restablecieron el po­
— 187 —
der absoluto, comenzando entonces (octubre de 1823)
an a m&s terrible y sangrienta persecución contra
los liberales. El benemérito Bspoz y Ulna fué el úl­
timo qne, dejando nú espada defensora de la libertad,
huyó á Inglaterra.
No os referiré detalladamente, por no entristece
ros, los horrores que en aquellos días presenció Es­
pesa: Riego murió en la horca. Juan Martín el Empe­
cinado desear saba confiadamente en la Tilla de Roa,
y , después de atormentarlo con ensañamiento, le !ii
Cieron morir nfrenlosamente el de agosto de 1825;
la joven granadina Mariana Pineda, por haber m an­
dado bordar una bandera para loa libera'es, subió
también al patíbulo el '<6 de mayo de 1831; y por
último, Torrijos y cincuenta y dos compañeros que
habían emigrado á Gibraltar, fueron atraídos por la
más infame traición á las costas de Málaga, sufrien­
do allí la pena de muerte el 11 de diciembre de 1831.
En el transcurso de eBtas luchas intestinas, de­
claráronse independientes casi todas nuestras colo­
nias americanas.
El 29 de septiembre de 1833 murió Femando VII,
dejando por Le redora del trono á D Isabel II, bajo
la regencia de su madre D.* María Cristina.

PROGRAMA

Continúa la guerra do la independencia.—Triunfos-


notables <1 e los españoles.—Los guerrilleros —Si
tio de Zuragozt. - Agustina Zaragoza.- Palafox.—
Segundo s tio y capitulación de la plaza.—Gerona.
— D . M a r ia n o Alvarez.—Capitulación.—Las cortes
de Cádiz.—Vuelta del rey y persecuciones contra
— lé a ­
los liberales.—D. Rafael del Riego.—Sublevacio­
nes y tr&Btornos.—£17 deJulio.—Restauración del
absolutismo por los cien mil hijos dt Son £uú,—Muer­
te de Riego, del Empecinado, de Mariana Pineda y
■de Torrijos.-Independencia de las colonias am e­
ricanas.—Muerte del rey.
¡GLORIA!
LA GUERRA DE ÁFRICA. EL CALLAO.

D. Carlos de Borbón, hermano de Femando VII,


considerándose con mejor derecho á ocupar el trono
de España, promovió una guerra civil que duró siete
años y tuvo su principal foco en las Vascongadas,.
Navarra y Cataluña, aunque aparecieron partidas en
casi todas las provincias. En aquella fratricida lucha,
como pocas sangrienta y cruelísima, distinguiéronse
los carlistas Zuraalacúrregui, ber'do de muerte en
el sitio de Bilbao; Cabrera, terrible en sus vengan­
zas; y los liberales Valdés, Mina, Rodil, Córdova,
Pardillas, quo, derrotado por Cabrera, tomó un fusil
y se defendió bravamente hasta morir; Zurbano, el
bravo D Diego de León, conde de Belascoain; y Es­
partero, insigne vencedor on Lucliana, el cual tuvo
la gloria de term inar la primera guerra carlista,
constando un tratado con el general enemigo Maroto,
en los campos de Vergara (1839).
Segnia entre tanto la revolución política, que,
avanzando unas veces, retrocediendo otras, durante'
nn largo periodo de conjuras, sediciones, revueltas y
asonadas, iba estableciendo lentamente la constitu­
ción domocrática de la monarquía española.
— 190 —
Al ministerio absolutista de Cea 13ermüdez suce­
dió, en i834, el moderado, á cuya cabeza Agaraba
Martínez de la Rosa. que publicó el Ettatuto Re&l, có­
digo político que señalaba un retroceso después de
la constitución de 1812. Una sublevación que se hizo
fuerte en la casa de correos (hoy ministerio de la
Gobernación), fué precursora de las que entallaron
en Málaga. Zaragoza y Murci», dos meses más tarde*
El ministerio de Toreno abolió la Compa&ia de
-Jesús, que bahía vuelto á España en tiempo de Fer­
nando VII, y suprimió les monasterios y conventos
de todas Ibb órdenes que no tuviesen doce individuos
profesos; ya en algunas reglones de la Península
habían sido incendiados los conventos y pasados á
cochillo los religiosos.
Mmdiznbal, elevalo al poder con un ministerio
más liberal, sostuvo la libertad de la prenda, favore­
ció el desarrollo de la Instrucción primaria, dló un
reglamento provisional para la administración de
justicia y declaró extinguidas las comunidades reli*
glosas aplicando sus bienes al erario. Exceptuadas
fueron Jas Escuelas Pías por dedicarse esta santa
institución A la enseñanza gratuita de niños pobres.
Iatüriz. encargado de formar nuevo mínisteria,
aconsejó á la regente la disolución de las cortes,
dando lugar esta medida ¿ que estallaran varias in­
surrecciones. En la Granja, la tropa obligó á Cristina
á que proclamase la constitución de 1812: en Madrid
fué bárbaramente asesinado el valiente general Que-
sada, y eu Málaga sufrieron la misma suerte San
J u s t y Donadlo (1836).
Las cortes reunidas por el ministerio Calatrava,
progresista, hicieron la constitución de 1837; pero el
- leí —
espirita de insubordinación habla cundido en el ejér­
cito, 7 nuevas sublevaciones ocasionaron los asesi­
natos de loa generales Escalera, Sarañeld y Hendí vil.
Sucediéronse los ministerios de Oialia, duque de
Frías y Pérez de Castro, sin que los motines y pro­
nunciamientos cesar&n hasta que D.aCristina abdicó
la regencia en el general Espartero. Las cortes con­
fiaron la tutela de Isabel II al ilustre D. Agustín Ar-
güelles (1841)
Hostilizado el gobierno del regente, continuaron
los pronunciamientos produciendo victimas, entre
las cuales merece puesto do honor el bizarro y pun­
donoroso general León, el héroe de Villar robledo, que
murió fusilado. Espartero tuvo que em igrar &logia*
térra.
En 1841 fué declarada Isabel II mayor de edad.
Pero ni el ministerio de Olózagu, ni el de Gonzá­
lez Bravo, ni el de Narváez, que hizo fusilar ú Zurba-
no, ni loa de Istúriz, Pacheco, Salamanca, el mismo
Narváez. Bravo Murillo, que subió al poder on 1851 y
realizó importantes reformas, ni los gobiernos que
.se sucedieron hasta O'DonnelI (1854), Espartero, N&r-
váez y nuevamente QvDonnell, consiguieron re sta ­
blecer en absoluto la paz, normalizar la situación
económica, ni destruir el espíritu revolucionario qae
vino á España con la invasión francesa.


* *

En esta situación hallábase la patria caando los


moros riffeños de Anghera, violando el territorio de
Ceuta, destruyeron unas fortificaciones que levante-
— 192 —
"ban nneBtroa ingenieros, y pisotearon el escodo de
armas de la nación.
Un grito poderoso de guerra cruzó desde los Piri­
neos á Gibraltar; y España, desfallecida por laa gue­
rras y desósdenes interiores, levantóse como siena*
pre, grande, altiva, poderosa, invencible. Corría el
mes de octubre de 1859.
Los hijos de aquellos que vencieron en Covadon­
ga, en las Navas, en Granada y en Or&n, cruzaron el
estrecho, acaudillados por 0 ‘Donnell,para reverdecer
los eternos laureles conquistados por nuestras armas.
La expedición constaba de tres cuerpos de ejér­
cito maudadoa por Echagiie» Zabala y Ros de Olano,
y una reserva ¿ las órdenes de D. Juan Prim.
Apenas desembarcó Echagüe, avanzó sobre el
Serrallo, succdicndose tos ataques con tal ímpetu que
nuestro ejercito sufrió OOj bajas, elevándose éstas &
3 . roo en poco más de una semana, porque el cólera
puso también á prueba la entereza de los soldados
españo'cs.
Peleando siempre, avanzaron las tropas hacia Sie­
rra bullones, donde el enemigo se había hecho fuerte;
pero ¿cómo resistir el brioso empuje de los cristia­
nos? ¿Cómo contrarrestar la vigorosa embestida de
los batallones de A rapilesy Alba de Tormes, á los
cuales debióse la parte principal ca la victoria?
Al comenzar el año 1860 marchó el ejército cami­
no de Tetuán. Prim mandaba la vanguardia con or­
den de tomar una casa llamada el morabito, cerca del
rio Castillejos Opusiéronse los moros provocando &
los nuestros al combate, que aceptaron dos escuadro­
nes de húsares, luchando cuerpo á cuerpo con la ca­
ballería enemiga, superior en número y agilidad &
— 199 —
la española. Viendo Prim el aprieto de los húsares,
Cayos oficiales hablan cxido la mayor parte muertos
ó heridob, arrojóse tras los moros, que obligaban ¿
los nuestros á retirarse, y cogiendo la bandera del
Principe y gritando ¡oíua la reina í enardeció ásus tro­
pas. &cnyo frente avanzó con valor temerario, vién­
dose pronto envuelto por muchedumbre de sarrace­
nos. Una brillante carga á la bayoneta qne dieron
las tropas de Zabala, volando en sccorro de Prim y
les suyos, decidió el triunfo en aquella célebre b a ta ­
lla de loe Cústillejot.
Acampados loa españolea en el que ellos llamaron
campamento del hambre, sufriendo una constante lluvia,
sin provisiones, y rechazando las continuas agresio­
nes del enemigo, acreditaron una vez m&a su dureza
en el sufrimiento, s d valor y s u disciplina.
La bnllaute victoria obtenida por ouestroB solda­
dos en G uad el Gelú y la turna del campamento ene*
mige el 4 <te febrero de 1860, aseguraros la entrega
de Teluán\ y la glorii sa batalla de W a d -R a s, que coBtó
á nuestro ejército cerca de 1.300 bajas, terminó aque­
lla guerra, obligando á los moros á aceptar las con­
dicione* de paz imiuestaB por 0 ‘Donnell el 25 de
marzo, á los dos días de la última batalla.
¡Gloria eterna & I o b invencibles soldados vence­
dores en África!
F1 año 1866, EspaBa declaró la g u erra & Chile y
Perú, siendo bombardeadas Valparaíso y la formida­
ble plaza del Callao. Lob marinos Ingleses y norte*
americanos quisieron impedir que se hostilizase esta
últim a plaza; pero L). Uasto Méndez Núñez jefe da
la escuadra española, manifestó, que, si 'los barcos
extranjeros ee interponían, haría fuego sobre ellos;
11
— 194 —
pronunciando estas palabras que conserva la histo­
ria: *M ás g u íen para mi patria honra s«n b a ria que harté
iín honra.- Al ver los marinos Ingleses y americanos
la noble decisión de los españolos, no insistieron eu
eu empeño; y al pasar nuestros pobres barcos de
madera ¿ tomar posiciones, loa saludaron con hurrat
de admiración y entusiasmo (2 de mayo de 1866).
Méndez N(i>>ez, digno descendiente de los héroes de
Trafalgar, fué herido gravemente; pero permaneció
en sn puesto de honor hasta caer desmayado por
efecto do la pérdida de sangre.

PROGRAMA

tíuerra de los siele años —Pez de V erg ara.—Reinado


de Isabel II, hasta la put-rra de Africa—Causado
esta pfticr a —Sierra Bullones. Castillejos. ELcam-
pamenlo del hambrt. Guad el Gelú. Entrega de Tetuán.
\Vad-Ras.—El Callao. Mcndtz Nüftez.
ESPAtta en sumaos d I&s

Hallábase Isabel II en San Sebastián, cuando el


brigadier Topete ea&rboló co 1& balií» de >ád lzla
bandera de la insurrección. Secundado este m ovi­
miento, á cuyo frente se puao el general Serrano, y
vencidas les tropas de la reina en la batiila de A so ­
lea el 28 de eeptierob- e de 18G8. quedó tr untante la
revolución y se formó un gobierno prov¡sn>n«.l con
los ministros Prim, Topete, Zorrilla, Sn¿¡id Figue-
rola, Romero Ortiz, Li*renzana y Aynlii, bajo l t p re­
sidencia del sreneral Serrano.
Laa corteB reunidas al año siguiente pr clamaron
en junio la constitución de 1809, en la cu»l se c->rna*
graronl»s libertades por que España h a b ía luchado
desde 1812. y *>e aceptó la monarquía h e r e d a r a con
dos rim aras: un senado y un conereao. Nombróse
regente al duque de la Torre, y presidente «leí con­
sejo de min'Btroa &D. Juan Prim. Trataron las cortes
de la elección de monarca, y fué designado D. Ama
deo de Saboya, que aceptó la corona y se embarcó
para España. Desgraciadamente para el nuevo rey,
su más ardiente defensor el ilustre caudillo D. Juan
Prim , fué asesinado, E jta circunstancia, la revolu­
ción que se inspiraba en otros ideales, y algunas
otraa causas, hicieron que Amadeo I, i pesar de
— 186 —
ras excelentes condiciones de carácter, no lograra
atraerse las voluntades de los partidos. La guerra de
Cuba, que había eet •Liado en los últimos días del rei­
nado de Isabel II; el carlismo, que había encendido
en el No»te o’.ra guerra civil, y la actitud b< lie osa de
los republicanos, ponían á la nación en circunstan­
cias diflc.lisimaa; y Amadeo, considerándose sin
fuerzas bastantes para salvar tantos escollos, abdicó
la corona el 11 de febrero de 18T3. Había entrado en
Madrid el i de enero de 137L.
En el acto de la abdicación de Amadeo proclamó*
ee la república, cuya pres dencia ocuparon sucesi­
vamente I). Estanislao Figueras, 1). Francisco Pi
y Margal 1, D Nicolás Salmerón y D. Emilio Cas*
telar.
Las sublevaciones cantonuleg que estallaron en
varios puntos y los excesos cometidos por muchos
revoltosas enemigos del orden , contribuyeron á
bac<*r ir.ás aflictiva la situación angustiosa de Es
pafla.
El 3 de enero do 1874 disolvió el general Pavía, al
frente de sus soldados, la asamblea namonal; y des­
pués de un ministerio presidido por el duque de la
Torre, qnedó éste con la presidencia del poder ejecu­
tivo basta que Martínez Campso proclamó ea Sagun-
to á D. Alfonso XII, que entró en Madrid el 11 de
enero de -875.
Terminada la guerra carlista, y más tarde, por I a
paz del Zanjón, tranquilízala C iba, empezó un rei­
nado de concordia y tolerancia en una m onarqaía
liberal y democrática.
a los 27 años de edad bajó al sepulcro Alfonso XII,
el 25 de noviembre de 1685, quedando como reina
- 1OT -
regente D,‘ Marta Cristina de Hapabnrgo, que hoy
gobierna en nombre y durante la menor edad de
D. Alfonso XIII, nacido el 17 de mayo de 1886.

Si ¡rio de guerra* y contiendas políticas el ai-


gloX IX , habéis visto á España pasar por distintas
transformaciones en su sistema de gobierno hasta
llegar á la monarquía representativa basada en la
constitución de lrt7G.
Organizada la administración, descansando en
Aólidas bi?cs las libertades municipales, o-denada
la han e n 'a pública, fiincionaudo r-’su la r y sabia­
mente los tribunales de justicia, protegido el dere­
cho de nsnc;nción y la libertad de la im prenti. disci­
plinada y bien in stn id o el ejército, con una m arina
respetab'e. España, luchando con dificultades Insu­
perables para otro pueblo menos viril y animoso, ha
realizado un verdadero progreso.
Objeto de especial atención cuanto se refiere Ala
enseñanza, organizóse ésta por la ley del año 1R57 y
ha experimenta lo más tarde notables mejoras que
alcanzarán, sin duda, por una Dueva ley el perfec­
ción» mi' nto que en tan importante ramo exigen lae
necesidades moderna-». La industria y la a<;hniltur&
han adelantado visiblemente, no obstante lo calami­
toso de los tiempos por que la nació i ha p sudo Las
vías d* com ín¡ración, el ferrocarril y el telégrafo
con el desarrollo de nuestra marina. lu n aumentado
el comercio de una modo considerable; pero hácese
preciso mayor desenvolvimiento agrícola, industrial
— 196 —
j mercantil para qne España logre el grado de es­
plendor y riqueza alcanzado por otras naciones.
La literatura, las ciencias y las arteB han adqniri
do gran vuelo en los últimos tiempos.

Os he referido, hijos míos, los hechos m<s brillan­


tes, las páginas más gloriosas, las grandezas y las
amarguras de la patria, que siempre faé grande y
□oble hasta en san mayores desdichas. Solamente
conociéndola aprenderéis &venerarla.
Meditad las lecciones de la historia, para que, Ins -
pirando todae vuestras accionas en la justicia y en
«I bien, loaréis que las generaciones venideras coa-
serven la memoria de vuestros hechos con el mismo
amoroso respeto con que vosotros debéis grabar en
el corazón los recuerdos indelebles de las virtudes
y heroicas hazañas de nuestros antepagados.
La fe en Dios, cuya providencia rige los deBtinoa
del mundo, la virtud, el trabajo y el sentimiento de
la fraternidad humana, bou las más firmes garantías
de paz y progreso, y la única base BObre la cual se
levantará algún día majestuosa y espléndida la fu ­
tura civilización.

PROGRAMA
Revolución de septiem bre de 1848.—Amadeo de Sa<
b o ja .—La repúblira.—Alfonso XII.—Ter>nlna la
guerra carlista.—Paz de) Zanjón.-R epeucia de
* Mar á U rU t'na. —Progreso realizado pur Esna-
fta en el siglo XIX —Elementos qne han de Borvir
de base á la fu tura civilización.
APÉNDICES

REYES DE ESPAÑA

ÚLTIMOS AÑOS DE SU REINADO

BIOLO Y SIOLO Til

Ataúlfo, el aQo......... 416 L ia v a ll.................... 603


SijjeriCO.................. 416 W iterici................... 010
W Ília........................ 4lt> G‘in>lemaro.............. 612
Teodoredo.................45 i Sisebuto.................... 621
Turleniuudo.............451 Raenredo I I ............. 621
Teodorico................. 4®7 S uiu tila.................... 631
Eurlco..................... -1U4 Sísenaado................. 636
Onimlla.....................640
SIOLO VI Taiga ...................... .. 642
Ubiudaavioto.......... 653
Alarlco...................... 506 Ro.ctwvlato...............672
Gevaleico.................. r>10 W am bi.....................680
Amalarlco................ 531 Ervlgio................ 6tf7
Teudis...................... 518 Egica................. . ••• 702
T e m ió lo ................ f>S0
A ff.la................., . , . 5 il SIOLO YIII
At&nagildo...............567
L iuval. ...................573 W itiza.......................709
Leovlgildo.............. í>86 D. Rodrigo......... .. 111
Rocaredo 1............... 601 D. Pelayo................. 131
— 200 —
D. F avila................ 13)
D. Alfinso I, el Cató 910 LO X II
ll-io................... 7V»
D Pruel <I ............. 708 D Al fon se V I,. 1 MK>
D. Aurelio................ TM 1140
D Silo..................... 733 D A fonso VII.. 1157
D. M*-i rebato...........7 '8 D- Suncho I I I , el
D. Vereraundoó Ber- 1159
mudo 1el Diácono. 791 D. Alfonso VIH.. •• 1314
SIGLO IX SIGLO X I II

D. Alfonso II el Casto 84.’ D Enrique I. . 1217


D. R*miro 1 ............ «50 D. Fernando II, (le
1 ). Ordüft-i I ............. León............. ■« 1218
D. Alfonso I I I , el D Alfonso IX, de
Graude.................. 010 León................ ,, 1230
D* Berenpjneli».. 12J0
SIGLO X D. Fernando III, el
Santo.............. •. 1252
D. Garría.................. 1)14 D Alfonso X , el
D Ordoílo II............ ÍI23 S ab io............. 1-284
D. Fr elu I I ............. V H D. Sancho IV , el
D . Alfonso IV , el Bravo............... 1295
Monje.................... 930
D. Ramiro II.............9&0 SIGLO X IV
D. Orfioñ> III.......... 9ó5
D Sancho I el Gordo. 967 D. Fernando IV, el
1). llu niro III........... 9S¿ Emplazado.......... 1312
D Vererairnd'-» ó Ber- D Alfonso XI.........13'sO
m udoll, el Gotoso. 999 í). Pedro 1, el Cruel. 1300
D. Enrique I I . . . .. 1379
SIGLO X I D. Ju an I . ............. 1390
D Alfonso V el No­ SIG LO X V
ble........................1098
D Bermudo III . . . 1037 D. Enrique I I I . . .. 1407
D / Sancha ........... I 1 37 D Juan II...............H54
D Fernando 1....... 1005 D. Enrique IV ........ 1474
D . Sancho I I , el D.‘ Isabel I, la Ca­
Fuerte................. 1072 tólica.................... 1604
— >01 -
D. Fernando V, el D . Carlos II.............. 1700
Católico.............. 151A
SIOLO X V III
SIOLO XVI
D. Felipe V........... .174«
D.a Juana, la Loca.. 1605 D. Remanido V I ... 1750
D. Felipe I, el Her­ D. Carlos I I I ......... .1788
moso ......... ...........1506 D. Carlos IV........... ..1808
D. CarlOB I, y V do
Alemania............. 1558 SIOLO X IX
D. Felipe I I ............. iri98
D. Fernando V II.. 1833
sini,o xvii D * Isabel I I ........... 1P68
D. Amadeo 1.......... 18 3
D. Felipe III......... 1021 D wAlfons >X II....... 1865
D .F elip o IV .......... 1063 D. AlJouao X III... * »
Clasificaciones de la historia.
La historia puede ser u n iv m c l cuando se refiera &
todos los hombres y todos Los pueblos que han «xis
tido y existen; general, si comprende toa tiempos y
pueblos más conocidos; particular, la que DarrH loa
acontecimientos ocurridos en una nación; genealogía,
es la historia de una fam lia; biografía, la de u d indi­
viduo: m onografía, la de UQ hecho.
Por razón de la forma recibe las siguientes deno -
minacionca: crónica, que es la relación contemporá­
nea y circunstanciada de un reinado ó de otros h e ­
chos cua'esqulera, sin cn'ace interior y guardando
un orden estrictamente cronológico; anales, historias
escritas por silos; décadas, las escrita-* sobre sucesos
acaecidOB en periodos de diez años; efemérides ó d ia­
rios, son apuntaciones on que *e escriben por días
loé sucesos; memorias, Que contienen la relación de
ciertos hechos que sirven raá* tarde para escribir ó
ilustrar algún punto de la historia.

DIV IS IO N E S CRONOLÓGICAS
E ra es el punto desde donde empieza & contarse
la existencia histórica de uu pueblo. Todas las fechas
contenidas en las lecciones precedentes se refieren
— 201 -
al nacimiento de Jesucristo; desde entonces comien­
zan & contarle los afios de la era cristiana. El año
actual es el 897 de dicha era.
La era hispana cuenta como principio la conquista
de Espafra p o r - Augusto, el año 39 antes de Jesucris­
to. Esta era quedó abolida en Cataluña el h & o 1183;
en Araprón. el 1350; en Valencia, el 1358; e> Castilla,
el 13K3. Desde estas fechas se adoptó la era cristiana.

•••

La historia de España s* divide en trea partes ó


edades, llamadas: ü d iti Antigua , que compren e des.
de los *iempos más remotos hasta la invasión de los
bárbaros riel Norte eu el siglo V después de Jesa*
cr sto E dad M ed ia , desd’ el año 415 li&stn la expulsión
de los árabes en 149.'; Edad M oderna, desde la expul­
sión de los árabes hasta nuestros días.

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