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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL 2do CUATRIMESTRE DE 2020

IBN SINA, Metafísica1

Libro I, cap. 5
Decimos que las nociones de “existente”, “cosa” y “necesario” se imprimen en el alma
originariamente, sin que este <su> imprimirse <en el alma> deba ser extraído de algo más
conocido.
En efecto, en el ámbito de la afirmación hay algunos principios primeros [i] que son afirmados
por sí y gracias a los cuales son afirmadas todas las otras cosas, <de suerte que> si no vienen a
la mente, o si la expresión que los significa no es comprendida, no puede llegarse a conocer lo
que es conocido gracias a ellos. [ii] Sin embargo, la acción de hacerlos conocer buscando
traerlos a la mente o buscando hacer comprender la expresión con aquello que los significa no
tiende a comunicar un saber que no esté <ya presente> en la naturaleza <del que oye>, sino
que es una rememoración tendiente a hacer comprender lo que el interlocutor quiere decir y a lo
cual se refiere. [iii] Y esto sucede gracias a alguna cosa que de por sí es más oscura que aquello
que se quiere hacer conocer, pero que, por alguna razón o desde un cierto punto de vista, resulta
más conocida. Análogamente, entre las conceptualizaciones, hay algunas que hacen de
principios de la acción de conceptualizar. [i’] Ellas son conceptualizadas por sí, y [ii’] cuando
se las quiere significar, no se trata en realidad de hacer conocer lo que es desconocido, sino de
llamar la atención y de hacer venir a la mente <lo que ya es conocido>, [iii’] gracias a un
nombre o una designación que, sin embargo, en sí misma es más oscura que ellas, pero que, por
alguna razón o circunstancia particular, tiene una significación más evidente. Por tanto, cuando
es utilizada una designación de este tipo, el alma se se da cuenta de que la noción en cuestión
adviene a la mente, en cuanto aquella noción y no otra es lo que se quiere significar, sin que por
ello la designación utilizada la haga verdaderamente conocer.
Si toda conceptualización debiese ser precedida de una conceptualización anterior, se tendría un
regreso al infinito o un círculo vicioso.
Más dignas de ser conceptualizadas por sí son las cosas comunes a toda la realidad, como
“existente”, “cosa”, “uno” y las de tal tipo. Por este motivo ninguna de ellas puede ser aclarada
evitando del todo un círculo vicioso o recurriendo a algo más conocido. El que, por tanto, busca
decir cualquier cosa respecto de ellas <para aclarar su significado> cae en una dificultad.
Un ejemplo es <el de aquel> que dice: “forma parte de la esencia del “existente” el ser agente o
paciente”. Esta <aserción>, en efecto, si ha de ser <tomada por verdadera>, se refiere a una de
las divisiones de “existente”, y “existente” es más conocido que “agente” y “paciente”. Las
personas comunes, en efecto, conciben la esencia de “existente” sin saber en modo alguno que
debe ser agente o paciente. Incluso a mí esta necesidad no me ha resultado clara sino es gracias
a un silogismo, y no de otro modo. ¿Qué será, entonces, de aquel que desea hacer conocer el
estado de una cosa evidente por medio de un atributo de ella que debe ser clarificado a fin de
que resulte establecido que ello le pertenece?
La situación es análoga en el caso de la aserción que de quien dice: “Cosa es lo que es posible
de ser enunciado”. “Es posible” y “ser enunciado”, en efecto, son menos conocidos que “cosa”.
¿De qué modo, entonces, esta <aserción> podrá ser una notificación de “cosa”? La
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Tomado de la traducción italiana de Amos Bertolacci: Avicenna, Libro della guarigione. Le cose divine,
Torino, UTET, 2007.
PROF.: JULIO A. CASTELLO DUBRA TEÓRICO 20/10/2020
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“posibilidad” y el “enunciar”, en efecto, se conocen solamente después de que en la


clarificación de cada uno de ellos se ha usado <los términos> “cosa” o “entidad” o “lo que”;
todos estos <otros términos> son como sinónimos del nombre “cosa”. ¿De qué modo, entonces,
será posible hacer conocer “cosa” de manera verdadera gracias a lo que no se conoce si no
gracias a ella? Ciertamente, en la mencionada <aserción> y en otras semejantes tal vez sucede
una cierta rememoración <de la noción de “cosa”>. Pero en realidad se dice: “Cosa” es aquello
de lo cual es posible enunciar <algo>, es como si dijeses: “cosa” es la cosa de la cual es posible
enunciar <algo>, porque las nociones de “aquello que”, “lo que” y “cosa” son una única
noción; por tanto, habrás empleado “cosa” en la definición de “cosa”. Sin embargo, no
negamos que con esta <aserción> o con otras semejantes, aunque sea falso asumirlas <como
definiciones>, advenga en un cierto modo una rememorazión de la <noción> de cosa.
Nosotros decimos que la noción de “existente” y la noción de “cosa” son conceptualizadas en el
alma como dos nociones <distintas>. “Existente”, “lo que está establecido <en la realidad> y
“lo que está realizado” son sinónimos <que significan> una única noción. No dudamos de que
su noción ya esté presente en el alma de quien lee este libro.
Con “cosa” y lo que le es equivalente se indica en todas las lenguas una noción diferente. Toda
entidad, en efecto, posee una esencia gracias a la cual ella es lo que es. El triángulo, por tanto,
posee como esencia el hecho de ser triángulo, y la blancura el hecho de ser blancura.
Se trata de lo que a veces llamamos “ser propio”. Con <esta expresión> no entendemos la
noción de existencia que refiere al estar establecido <en la realidad>. Incluso con la expresión
“existencia”, en efecto, se indican mucas nociones, una de las cuales es la esencia según la cual
la cosa es. Aquello según lo cual <una cosa> es, por tanto, es como si fuese su ser propio.
Recapitulemos. Decimos que es evidente que toda cosa posee una esencia propia, que es su
quididad, y que es sabido que la esencia propia de toda cosa es diversa de la existencia, que es
sinónimo de “estar establecida” <en la realidad>.
En efecto, si dices: “La tal esencia existe en los objetos concretos o en el alma, o absolutamente
(incluyendo <en este último caso> los dos primeros)”, tu afirmación tiene un sentido
determinado y comprensible. Si, en cambio, dices: “La tal esencia es una esencia y es la tal
esencia”, o bien “la tal esencia es una esencia”, habría una redundancia inútil del discurso. Si
dijeras: “La tal esencia es una cosa”, se trataría todavía de un giro del discurso que no informa
respecto de lo que se ignora (y todavía menos informativo es que digas: “La esencia es una
cosa”), a menos que con “cosa” no entiendas “<cosa> existente”, como si dijeras: “La tal
esencia es una esencia existente”.
Cuando dices: “La esencia A es una cosa, y la esencia B es una otra cosa”, esta <aserción> es
correcta e informativa solamente porque sobrentiende que <la esencia> B es otra cosa
determinada, diferente respecto de esta otra cosa <que es la esencia >, como si dijeras: “la
esencia A es una <cierta> esencia, y la esencia B es otra esencia”. Sin sobrentender esto y
operar esta conjunción al mismo tiempo, <la referida aserción> no sería informativa.
Con <el término> cosa se entiende, pues, esta noción.
Pero el hecho de que la noción de “existente” la acompaña inseparablemente no se disocia de la
<noción de> “cosa”. Por el contrario, la noción de “existente” la acompaña inseparablemente
siempre. La “cosa”, en efecto, o existe en los objetos concretos, o bien en la facultad estimativa
y en el intelecto. Si así no fuera, no sería una “cosa”.
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La aserción: “«Cosa» es aquello de lo cual se enuncia algo” es verdadera. Pero la aserción que
a veces se hace junto a esta, a saber: “«Cosa» a veces es absolutamente no existente” es un
asunto que debe ser examinado <atentamente>.
Si, pues, por “no existente” se entiende aquello que no existe en los objetos concretos, puede
darse que la situación sea la mencionada: en efecto, una “cosa” puede estar establecida <como
existente> en la mente, pero no existir en los objetos concretos. Si, en cambio, se entiende
algo distinto [sc. que esa afirmación] es falsa: el “no existente” entendido de este modo no es
en absoluto objeto de enunciación, ni resulta cognoscible, a menos que sea concebido
únicamente en el alma (en cuanto a ser concebido en el alma como una forma que designa
cualquier cosa externa, ello está absolutamente excluido <de su naturaleza de “no
existente”>).
En cuanto a la imposibilidad de enunciar <cualquier cosa al respecto>, la razón es que la
enunciación refiere siempre a cualquier cosa que resulta certificada en la mente. Del no
existente absoluto no se enuncia nada afirmativamente. Aun cuando se enuncia <algo> acerca
de ello negativamente, le es ya atribuido una cierta existencia en la mente. El término “ello”,
en efecto, incluye una designación, pero es imposible designar el no existente que no tenga
ninguna forma de algún modo en la mente.
[...]
Decimos conocer lo no existente solamente porque, cuando la noción <de una cosa no
existente> se halla realizada exclusivamente en el alma y con ella no se indica algo externo, lo
que es conocido es solo la cosa misma que se encuentra en el alma. La aseveración que
conecta la conceptualización de sus dos partes es que la naturaleza de esta cosa puede llegar a
tener una relación inteligible con algo externo; en el momento presente, sin embargo, ella no
tiene ninguna relación. Lo que es conocido no es otra cosa que esto.
Según el grupo de aquellos que sostienen esta opinión, en cambio, en el ámbito de lo que es
sujeto de enunciación y de conocimiento hay algunas entidades que no poseen ninguna
“coseidad” ni <estado> de no existencia. Quien quiera saber <más> se remita a sus aserciones
delirantes, que no merecen mayor atención.
Estos han tropezado en este error solamente porque no saben que se puede enunciar <algo>
solo con relación a los objetos intensionales que existen en el alma, aunque no existan en los
objetos concretos, y que enunciar <algo> al respecto presupone que posean una cierta relación
con los objetos concretos.

PROF.: JULIO A. CASTELLO DUBRA TEÓRICO 20/10/2020


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