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MANEJO DE LA IRA Y LAS MANIFESTACIONES DE ENFADO Y CÓLERA

Es muy probable que usted haya experimentado el sentimiento de ira o manifestaciones coléricas en algún momento
de su vida. Es una emoción humana natural como la felicidad, la tristeza y el miedo, y forma parte de todo ser
humano. Sin embargo, hay personas que sufren episodios frecuentes e intensos de ira, que interfieren seriamente en
su vida diaria, desembocando en un comportamiento destructivo. Entender la ira y empezar a manejarla es algo muy
diferente.

 ¿Todo le produce ira?

 ¿Qué le molesta?

 Rojo de ira.

 La ira, cercana al peligro.

 Cálmese.

 Pasos a seguir.

¿TODO LE PRODUCE IRA?

Un estudio reciente realizado en Reino Unido revela que muchas personas creen que es un país en el que abundan las
personas que descontrolan su ira.

Más de una de cada diez personas admiten que tienen un problema a la hora de controlar su ira, pero menos de uno
de cada siete buscan ayuda para solucionar el problema. Esto significa que, por regla general, la población no sabe
manejar esta emoción, lo que lleva a un detrimento de las relaciones familiares, el trabajo y el bienestar de las
personas que le rodean.
¿QUÉ LE MOLESTA?

Todo el mundo se enfada por diversas cosas. En la sociedad de hoy en día, tener prisa debido a los horarios, fallos
tecnológicos o relaciones turbulentas entre amigos, parejas o compañeros de trabajo son fuentes comunes de ira.
Aunque estas situaciones son modernas, la causa subyacente de la ira es la misma hoy que hace siglos. Por ejemplo, se
pondría furioso si tanto usted como su pareja estuvieran ante una amenaza física, si ha perdido sus recursos o si
alguien intenta destruir algo que aprecia. La ira ha evolucionado para mantener su cuerpo y su mente estimulados y
preparados para la acción y para situaciones estresantes.

ROJO DE IRA

Cuando algo le hace enfadarse puede sentir diversas emociones. Estos sentimientos tienen un impacto fisiológico
directo en el resto de su cuerpo: el corazón comienza a latir más deprisa, la presión sanguínea y la temperatura se
incrementan, su ritmo respiratorio se acelera y comienza a sudar más.

Cada persona expresa su ira de una forma diferente. Puede reaccionar inmediatamente ante cualquier cosa que le
provoque ira o reprimir sus sentimientos por completo. Es posible que acumular ira sea la causa de que llegue a
“explotar” cuando se encuentra frente a situaciones dificultosas –muchas personas describen este sentimiento como
“estar rojo de ira”.

Mucha gente es capaz de mantener su ira bajo control, pero si siente incapaz de controlar su temperamento o si éste
afecta a las personas que le rodean, debe consultar con su médico de cabecera.

LA IRA, CERCANA AL PELIGRO

Los efectos físicos de la ira afectan a su salud a corto y largo plazo. Pasar por periodos regulares e intensos de ira
puede provocar problemas a diversos niveles:
 Digestión – puede contribuir al desarrollo de enfermedades como la colitis ulcerosa (inflamación y úlceras en
las paredes del intestino delgado), gastritis (inflamación de las paredes del estómago) o Síndrome del Colon
Irritable.

 Sistema inmune –ser más propenso a infectarse por el virus de la gripe y recuperarse más lentamente de
accidentes u operaciones.

 Corazón y sistema circulatorio – puede incrementar el riesgo de sufrir una enfermedad coronaria del corazón o
un derrame cerebral.

 Salud mental –puede provocar depresión, adicción, autolesiones, compulsividad y u comportamientos


intimidatorios.

Si la ira le produce problemas es recomendable que siga un tratamiento, quizás incluyendo medicación.
CÁLMESE

La vida puede llegar a ser, en ocasiones, estresante, siendo muy fácil que la presión a la que estamos sometidos
aumente. Debe intentar hacer pequeños cambios en su estilo de vida si sufre un problema con el manejo de la ira. Por
ejemplo, una carencia de ciertos nutrientes le pude hacer sentirse irritable y débil. Trate de seguir una dieta sana y
equilibrada, dormir las horas suficientes y darse a sí mismo placeres o recompensas por acciones, actitudes y
pensamientos positivos.

Además, no beba alcohol en exceso ni tome drogas ilegales (especialmente estimulantes, como las anfetaminas y la
cocaína) ya que incrementará el riesgo de desarrollar un problema a la hora de ser capaz de manejar su ira.

Incluso cosas sencillas como darse un baño relajante, un paseo o leer un buen libro le pueden ayudar. El ejercicio físico
previene que la ira se acumule en su organismo y mejora su autoestima. Trate de hacer cosas que le diviertan y le
entretengan, como bailar o practicar footing.

PROGRAMAS DE AYUDA

Existen programas y sesiones diseñadas para personas que sufren episodios aislados de violencia, o que tuvieron una
actitud violenta en el pasado y ahora se sienten incapaces de realizar cambios en su comportamiento. Puede seguir un
tratamiento individual o en grupo, que le ayudará a superar y vencer sus problemas de ira. Algunos programas duran
unos días mientras que otros se alargan durante semanas o meses.

AYUDA PROFESIONAL

La terapia cognitiva-conductual es un tipo de apoyo psicológico que ayuda a cambiar su forma de pensar sobre ciertas
situaciones y a comportarse y afrontar los problemas de otra forma. No se trata de centrarse en su comportamiento
del pasado, sino en concentrarse en diversas formas de mejorar sus mecanismos para el futuro.

PASOS A SEGUIR

 Tranquilícese. Cuando comience a sentir que la ira comienza a crecer dentro de usted, pare y recapacite por un
momento. Esto el dará tiempo para reflexionar sobre la situación y considerar cual es el mejor
comportamiento para responder a la misma. Como se suele decir: “Respire hondo y cuente hasta diez antes de
hablar”.

 Márchese. Si se siente tan furioso que no puede hablar o considera que puede ser violento con otra persona,
lo mejor es marcharse de la situación. Trate de hallar qué le hace sentirse furioso y así sabrá cuando debe
dejar la situación a un lado.

 Resuelva problemas del pasado. Esto es importante en todo el sentido de la palabra. Si se siente capaz de
entender qué le hace sentir ira, podrá resolver temas pasados y prevenir que este sentimiento vuelva a
acumularse en el futuro.
 Sea constructivo, no destructivo. Cuando se encuentra irritado por algo, controle sus emociones y cuente a la
gente que se encuentra a su alrededor por qué está enfadado. Si habla tranquilo y calmado y realiza peticiones
antes que exigencias, los otros respetarán sus argumentos y le escucharán.

a ira es una reacción emocional lógica ante situaciones que se perciben como una injusticia o ante algo que se
interpone en la consecución de objetivos personales. Desde esta perspectiva, como cualquier emoción, no sólo es útil,
sino también necesaria, pues supone una voz de alarma que resulta en una reacción impulsiva de contraposición a
algo que se considera como una agresión, reduce el miedo a la misma y genera la energía necesaria para actuar. Sin
embargo, la irascibilidad puede ser también un síntoma propio de estados de ansiedad, agotamiento, depresión,
trastornos de la conducta o incluso de fases avanzadas de demencia.

En cualquier caso, ser consciente de las causas de las reacciones de ira y aprender a gestionar este tipo de emoción es
algo importante, ya que permite evitar los estallidos poco o nada justificados que pueden llegar a ser del todo
irracionales. De lo contrario, la ira puede llevar a un estado de agresividad que puede ser peligroso para uno mismo y
para los demás.

Ira

Ira acumulada: callarse y tragarse las emociones ante situaciones de injusticia o de agresiones emocionales externas
lleva, antes o después, a un estallido de gran violencia verbal o física.

Nada es cuestión de perder o ganar: en numerosas ocasiones la ira es una reacción a la frustración por no haber
conseguido los objetivos que uno se plantea o que los acontecimientos no se desarrollen como uno quiere. La empatía
es un arma idónea para evitar plantear las relaciones humanas como una cuestión de ganar o perder. De hecho, la baja
tolerancia a la frustración es generalmente la antesala de un episodio de ira.

Pensar en las causas y consecuencias de un episodio de ira: es importante analizar si esta reacción emocional se ha
producido realmente por causas justificadas. En muchas ocasiones no es así, como sucede, por ejemplo, cuando se
está al volante de un automóvil y se profieren gritos e insultos ante la manera de conducir de otros que interfieren la
marcha. Meditar sobre el hecho de porqué se ha reaccionado de esta manera ayudará en el futuro a controlar estos
estallidos.

 El descanso es importante: el agotamiento, físico o mental, favorece las reacciones airadas y los impulsos de
irascibilidad (saltar a la mínima, como reza la expresión popular). Es necesario asegurarse el descanso
necesario, tanto en lo que respecta a las horas que se duerme como a la calidad del sueño.
También hay que saber parar en momentos determinados del día. Es estrés es un facilitador de la ira. Las
pausas en el trabajo para el café o la comida cumplen con esta finalidad.
  

 Aprender a relajarse: la relajación es una de las mejores formas de prevenir los estallidos de ira y hay
diferentes modos de hacerlo. Uno de ellos es la práctica habitual de ejercicio físico, especialmente cuando éste
es intenso y se realiza en compañía: ayuda a desterrar de la mente los temas que causan la irritabilidad y
después a verlos con otra perspectiva. El yoga, el Tai-Chi o un simple baño de agua caliente son otros modos
de lograr un estado de relajación.
En momentos puntuales, en los que se detecta que se puede tener una reacción irascible, respirar
profundamente y de forma pausada durante unos instantes ayuda mucho para evitar un posible estallido.
  

 Evitar situaciones y personas que se sabe pueden resultar irritantes: la mayoría de las personas son
conscientes de que hay situaciones, otras personas o una combinación de ambas cosas que les resultan
irritantes. Si es así, lo mejor es evitarlas o retirarse a tiempo antes de llegar al enfrentamiento y un arranque
de ira.
  

 La ayuda del psicólogo: si a pesar de todo las reacciones emocionales de ira siguen dándose de manera
frecuente sin ser capaces de controlarlas, es aconsejable buscar la ayuda de un psicólogo, antes de que las
personas del entorno habitual empiecen a alejarse de uno. La terapia puede ayudar a cambiar actitudes que
contribuyen a exagerar o magnificar hasta el dramatismo episodios que carecen de importancia real y a llevar
a cabo una reestructuración cognitiva que permita gestionar adecuadamente la ira.

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