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TRASTORNOS POR USO DE SUBSTANCIAS Y DELIRIUM

SÍNDROME DE ABSTINENCIA
El síndrome de abstinencia es un conjunto de reacciones tanto físicas como
mentales que sufre una persona con adicción a una sustancia cuando deja de
consumirla. Lo síntomas varían de acuerdo con las sustancias y el tiempo que se
llevan consumiendo. El síndrome de abstinencia del tabaco afecta al 85% de los
fumadores que deciden dejar de fumar, ya que la nicotina es una de las sustancias
que genera mayor dependencia. La mayoría de signos y síntomas del Síndrome de
Abstinencia al Tabaco (SAT) aparecen entre los primeros 7 y 30 días, se incrementa
entre el primer y cuarto día para posteriormente decrecer.
Síntomas
El síndrome de abstinencia presentará distintos síntomas en función de la sustancia
a la que el paciente es adicto, así como de las características personales del mismo.
A rasgos generales, con la mayoría de sustancias adictivas el afectado por síndrome
de abstinencia presentará deseo irrefrenable de volver a consumir la
sustancia, irritabilidad, cambios en el carácter o dificultad para concentrarse. En
función de la sustancia adictiva, los síntomas suelen ser:
• Adicción al alcohol: escalofríos, temblor, debilidad, náuseas, cefalea y
deshidratación.
• Adicción al tabaco (nicotina): deseo de fumar, irritabilidad, tensión, dolor
de cabeza, somnolencia o insomnio, problemas de concentración y aumento
de apetito y de peso.
• Adicción a los narcóticos (morfina, heroína y opio): respiración agitada,
bostezos, flujo nasal, sudoración, lagrimeo, sensación de alerta,
hiperactividad, fiebre, aumento del ritmo cardíaco, pupilas dilatadas, dolor
muscular, pérdida de apetito, dolor abdominal y diarrea.
• Adicción a los ansiolíticos: debilidad, malestar general, temblores
depresión, deshidratación, insomnio, delirio y alucinaciones.
• Adicción a las anfetaminas: cansancio y somnolencia, o inquietud y
nerviosismo, depresión, delirios y alucinaciones.
Causas
Los componentes adictivos que contienen ciertas sustancias como el alcohol, el
tabaco o la cocaína actúan en el cerebro y sistema nervioso, de forma que crea una
dependencia hacia éstos. El organismo se adapta a la presencia de estas
sustancias y el cerebro cambia de estructura, creyendo que solo puede funcionar
normalmente si cuenta con estas sustancias.
Tratamiento
Aunque el síndrome de abstinencia es muy desagradable, es un proceso necesario
por el que el dependiente debe pasar para poder recuperarse de su adicción. En
primer lugar, la persona adicta debe ser consciente de los síntomas que va a
experimentar si deja la sustancia que le produce la adicción, así como lo importante
que es que resista a este proceso para poder superar el problema.
Es fundamental para ayudar al paciente a superar el síndrome de abstinencia
condicionado o psicológico, previniendo de esta manera las recaídas. La
psicoterapia ayuda al paciente a identificar y controlar las situaciones que le llevaron
a consumir la sustancia enseñándole estrategias alternativas al consumo de la
misma.
DEPENDENCIA.
Es un estado permanente en que se encuentran las personas, que por diversas
razones (edad, enfermedad, discapacidad, etc) necesitan la atención de otra u otras
personas o ayuda para realizar las Actividades Básicas de la Vida Diaria. En la
práctica esto se traduce en adoptar hábitos y actitudes relacionadas con la sumisión
y la adhesión extremas y con el miedo a la separación.
La persona que sufre este trastorno:
• Necesita siempre tener a una persona de confianza a su lado para sentirse
segura.
• Cambia de idea fácilmente aún cuando ya había tomado una decisión.
• Está dispuesta a ceder en una discusión porque teme el rechazo en los
demás.
• No inicia nuevas actividades o proyectos por temor a que no salgan bien.
• Realiza cualquier tarea, aunque sea desagradable, por complacer a los
demás, incluso a aquellas personas que no le agradan.
Se considera indefensa y poco capacitada ante la vida, es muy indecisa porque
confía muy poco en sus posibilidades, y recurre siempre a los demás para pedirles
consejo o encargarles sus asuntos. Esta sensación de indefensión suele acompañar
desde la infancia, dando el trastorno las primeras señales en la adolescencia y
asentándose en la etapa adulta.
El dependiente puede someterse, tolerar humillaciones, infidelidades y maltratos sin
expresar desacuerdo, por temor a perder el apoyo de alguien que considera
importante. Por lo general tiende a mantener las relaciones a toda costa, aunque
sean disfuncionales y, en el caso de que terminen, busca otra de forma urgente.
A menudo, este apegarse al otro enmascara una agresividad subyacente y, como
consecuencia, la persona “objeto de este apego” puede percibir sus peticiones como
hostiles y agobiantes. El comportamiento dependiente también puede ser una forma
de evitar la reactivación de experiencias traumáticas del pasado. Con mucha
frecuencia este trastorno se asocia con otros como la Depresión Mayor, el Trastorno
Bipolar, Trastornos de Ansiedad y de la Conducta Alimentaria.
Se ha llegado a hacer una clasificación por subtipos de este trastorno, los cuales
serían:
• Desinteresado: se abandona por completo a la otra persona y olvida sus
intereses, más allá de su necesidad de protección y de guía. Tiene rasgos
masoquistas.
• Ineficaz: se caracteriza por un miedo a afrontar cualquier tipo de problema y
por una extrema pasividad.
• Complaciente: posee un perfil claramente ansioso, estructura su vida
alrededor de la sumisión a otra persona. Se muestra dócil, complaciente y
dedicado.
• Inmaduro: con características vinculadas a la inocencia y a lo infantil, se
destaca por la credulidad y la incompetencia a la hora de realizar tareas
sencillas para la edad adulta.
• Inquieto: expresa desconfianza y miedo constante, evita cualquier tipo de
problema, así como la relación con personas que no sean su figura
protectora.
El trastorno de personalidad dependiente está causado probablemente por una
combinación de:
• Rasgos hereditarios
• Malas experiencias durante la infancia
• Ansiedad
Síntomas
Los síntomas más comunes de este desorden vienen recogidos en el manual
diagnóstico DSM IV. Este especifica como elementos característicos del desorden
por dependencia los siguientes comportamientos:
• Indecisión: actitud dubitativa e incapacidad para adoptar decisiones. Cuando
es necesario adoptar cualquier resolución, necesitan que otra persona lo
haga en su lugar.
• Irresponsabilidad: incapacidad para asumir responsabilidades. Derivado de
su indecisión, también son incapaces de hacerse cargo de cualquier tipo de
compromiso u obligación.
• Timidez: las personas dependientes no se atreven a discrepar o a mostrar su
desacuerdo. Su falta de autoconfianza les hace sentirse inseguros, por lo que
no consiguen reafirmarse en contraposición a otras personas.
• Falta de iniciativa: dificultad para hacer las cosas a su manera o sin seguir
las directrices de otra persona. Del mismo modo, les resulta muy difícil iniciar
tareas o proyectos por sí mismos, si no cuentan con supervisión externa.
• Sumisión o servilismo: como consecuencia de su deseo de agradar, aceptan
lo que sea necesario. No se reafirman ni confrontan los deseos de otras
personas, por miedo a verse abandonados o desprotegidos.
• Miedo a la soledad: sienten gran temor ante la posibilidad de no estar
acompañados. Necesitan la presencia de otra persona que decida por ellos
y asuma la responsabilidad que ellos no quieren afrontar.
• Necesidad constante de protección: cuando el dependiente pierde una
relación, busca inmediatamente otra. Esto se debe al gran temor a
encontrarse solos sin alguien que les proteja.
• Anticipación del abandono: puesto que su peor temor es ser abandonados,
no pueden dejar de pensar en ello. Este miedo constantemente presente les
reafirma en el resto de actitudes anteriormente mencionadas.
Como tratarlo
Es muy frecuente que las personas con dependencia acudan a terapia en busca de
solucionar otros problemas distintos. Así, es común que no sean conscientes de su
auténtica problemática, sino que creen padecer en su lugar depresión, ansiedad o
dificultades en sus relaciones sociales.
Una vez identificado el trastorno por dependencia, la mejor manera de abordarlo es
mediante el empleo de psicoterapia. En este sentido, el enfoque cognitivo-
conductual ha demostrado ser uno de los más eficaces. Mediante esta técnica, se
ayuda al paciente a vencer muchos de sus temores y limitaciones, así como a
establecer relaciones sanas y enriquecedoras con otras personas. Otro objetivo
importante de esta terapia es el cambio de ciertas actitudes o comportamientos que
pueden ser mantenedores del problema.
ABUSO
Los trastornos por el uso de sustancias generalmente implican patrones de
comportamiento en los que las personas continúan consumiendo una sustancia a
pesar de experimentar problemas derivados de ello. Las sustancias involucradas
tienden a pertenecer a una de las 10 clases de fármacos que típicamente causan
trastornos relacionados con sustancias:
• Alcohol
• Fármacos ansiolíticos y sedantes
• Cafeína
• Cannabis (incluyendo la marihuana y los cannabinoides sintéticos)
• Alucinógenos (incluyendo el LSD, la fenciclidina y la psilocibina)
• Inhalantes (tales como diluyente de pintura o ciertas colas)
• Opiáceos (incluyendo el fentanilo, la morfina y la oxicodona)
• Estimulantes (incluyendo las anfetaminas y la cocaína)
• Tabaco
• Otras (incluyendo los esteroides anabolizantes y otras sustancias de abuso
habituales)
Todas estas sustancias activan directamente el sistema de recompensa del cerebro
y producen una sensación de placer. La activación puede ser tan fuerte que la
persona anhela intensamente la sustancia, y puede incluso descuidar sus
actividades normales para obtener y consumir la droga.
Las personas han consumido drogas por distintas razones, entre las que se incluyen
• Para alterar o mejorar el estado de ánimo
• Como componente de ceremonias religiosas
• Para alcanzar la iluminación espiritual
• Para mejorar el rendimiento
Causas
Las personas suelen empezar a consumir drogas por un deseo de experimentar con
ellas; luego pasan a consumirlas de manera ocasional, y finalmente acaban por
usarlas de modo intensivo y desarrollando en ocasiones un trastorno por uso de
sustancias. Esta progresión resulta compleja y se conoce sólo en parte. El proceso
depende de las interacciones entre la sustancia, el usuario y el entorno.
DAÑO NEUROLÓGICO
Estos trastornos son enfermedades del sistema nervioso central y periférico, es
decir, del cerebro, la médula espinal, los nervios craneales y periféricos, el sistema
nervioso autónomo, las raíces nerviosas, la placa neuromuscular y los músculos.
Los signos y síntomas varían según el tipo de trastorno neurológico funcional y
pueden tener patrones específicos. Normalmente, estos trastornos afectan los
movimientos o los sentidos, como la capacidad para caminar, tragar, ver u oír. La
gravedad de los síntomas puede variar y estos pueden ser de corta o larga duración.
No obstante, no se pueden producir intencionalmente ni controlarse.
Se desconoce la causa de los trastornos neurológicos funcionales. Pueden
desencadenarse por un trastorno neurológico o por una reacción al estrés o a un
traumatismo físico o psicológico, pero no siempre es así. Los trastornos
neurológicos funcionales están relacionados con el modo en el que funciona el
cerebro y no con un daño a la estructura cerebral (como un accidente
cerebrovascular, la esclerosis múltiple, una infección o una lesión).
Síntomas de los trastornos neurológicos
Los síntomas de los trastornos neurológicos dependerán según la enfermedad
concreta. Pueden producir tanto un exceso como un déficit de actividad neuronal en
cualquier sistema del organismo. Algunos de los síntomas que se pueden identificar
son:
• Dolor de cabeza
• Pérdida de fuerza o adormecimiento de una extremidad
• Mareos
• Desmayos y pérdida de consciencia
• Problemas de memoria
• Dificultades cognitivas
• Problemas de habla
• Problemas de visión
• Temblores, espasmos, contracciones involuntarias
Tratamientos para los trastornos neurológicos
El objetivo de la mayoría de tratamientos neurológicos es paliar los síntomas y, si
es posible, conseguir la curación del paciente.
Existen múltiples tratamientos para los trastornos neurológicos, que varían en
función de la patología diagnosticada. Es habitual que el tratamiento principal
consista en la neurorrehabilitación, que tiene por objetivo restituir, minimizar o
compensar los déficits funcionales que pueda tener el paciente, siempre en la
medida de lo posible.
Los tratamientos pretenden una atención neurológica integral para mejorar la
calidad de vida de los pacientes que sufran alguno de estos trastornos, para que
tengan la mayor autonomía posible.
PERDIDA DE CONCIENCIA
La pérdida de la conciencia es una pérdida parcial o completa de la percepción de
uno mismo y de todo aquello que le rodea.
Cuando la pérdida de la conciencia es temporal y se produce una recuperación
espontánea, es decir, el “desmayo”, en términos médicos se conoce como síncope.
El síncope es el responsable de casi una de cada 30 visitas a los servicios de
urgencias de emergencias.
Cuando el interrogatorio médico confirma que ha habido una pérdida transitoria de
la conciencia hablamos de síncope. Hay muchísimas causas de síncope, la mayoría
de pronóstico benigno, pero a veces un síncope puede poner sobre aviso de algún
problema cardiológico serio.
El síncope más común es el que conocemos como neuromediado o vasovagal. Por
lo general los pacientes, mayoritariamente jóvenes y sanos, suelen notar un mareo
intenso antes de perder la conciencia. Es causado por una reducción temporal en
el riego sanguíneo cerebral. El deterioro temporal de suministro de sangre al cerebro
puede ser causado por enfermedades del corazón y, más comúnmente, por otras
condiciones que no implican directamente al corazón.
Causas no cardíacas
• Persona con tos persistente
Síncope vasovagal. Es la causa más frecuente. Se produce por un reflejo del
sistema nervioso involuntario. Las causas del desmayo son: después de una
extracción de sangre; un dolor intenso, o después de ciertas situaciones
como orinar, defecar o toser intensamente (síncope situacional). Esta
situación también puede suceder con el estrés emocional, el hambre y la sed
extremas.

• Persona tumbada en la cama descansando


Hipotensión postural. Es la bajada de la presión arterial por un cambio de
posición del cuerpo a una posición más vertical, después de ir a dormir o
sentarse.

• Botella de agua tachada


Deshidratación. Provoca una disminución en el volumen sanguíneo y, por lo
tanto, del riego cerebral.

• Pastillas verdes y blancas


Medicamentos para la presión arterial. En algún momento pueden provocar
un exceso de presión arterial baja.
Causas cardíacas
• Corazón y electrocardiograma, palpitaciones del corazón
Ritmos cardíacos anormales (latidos del corazón demasiado rápidos o
demasiado lentos).

• Visión interna de las válvulas cardíacas


Anormalidades de las válvulas del corazón (estenosis aórtica o estenosis de
la válvula pulmonar).

• Vaso sanguíneo obstruído por una placa de ateroma


Enfermedad de la aorta (disección aórtica por aneurismas).

• Músculo cardíaco dañado visto por el microscopio


Enfermedad del músculo cardíaco (miocardiopatía).
Tratamiento
• Los síncopes de causa neurológica no suelen requerir tratamiento. En el
momento de la pérdida de conciencia se debe tumbar al paciente y levantarle
las piernas para que la sangre acuda al cerebro. Para evitar nuevos episodios
es importante estar bien hidratado. En casos de síncopes similares de
repetición, se han utilizado tratamientos con medicinas que aumentan la
presión arterial, como fludrocortisona, aunque las bases científicas de su uso
son cuestionables. En situaciones excepcionales puede valorarse la
colocación de un marcapasos.
• Los síncopes por hipotensión ortostática mejoran si el paciente se mantiene
bien hidratado y se levanta lentamente de la cama, permaneciendo un rato
sentado en el borde de la misma antes de incorporarse. Se debería valorar
la sustitución de aquellas medicinas que pudieran favorecen los episodios de
síncope.
• Los síncopes de causa cardiológica deben tratarse en función de la
enfermedad cardiaca responsable. Muchos son debidos a la presencia de
una disfunción del nodo sinusal (síndrome de bradicardia-taquicardia). Debe
valorarse también si algún tratamiento que recibe el paciente puede
favorecer un ritmo lento del corazón (bradicardia) y si se debe o no colocar
un marcapasos o un desfibrilador.
DESORIENTACIÓN EN LA PERSONALIDAD
Las personas sanas difieren significativamente en la personalidad global, en el
estado de ánimo y en el comportamiento. Cada persona también varía día a día,
dependiendo de las circunstancias. Sin embargo, un gran cambio repentino, en la
personalidad y/o en la conducta, en particular si no está relacionado con ningún
acontecimiento obvio (como iniciar un tratamiento farmacológico o la pérdida de un
ser querido), a menudo indica un problema.
Los cambios en la personalidad y el comportamiento en general se pueden clasificar
como uno de los siguientes:
• Confusión mental o delirio
• Delirios
• Discurso o comportamiento desorganizados
• Alucinaciones
• Estado de ánimo extremo (como depresión o manía)
Causas
Aunque la gente en ocasiones asume que los cambios en la personalidad, el
pensamiento o la conducta se deben a un trastorno mental, hay muchas posibles
causas. En definitiva, todas las causas implican al cerebro, pero es útil dividirlas en
cuatro categorías:
• Trastornos mentales
• Efectos farmacológicos (incluyendo la intoxicación por fármacos, la
abstinencia y los efectos secundarios de los medicamentos)
• Enfermedades que afectan principalmente al cerebro
• Trastornos sistémicos (que afectan a todo el cuerpo) que también afectan el
cerebro
Bibliografías

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