Está en la página 1de 9

Unidad IV • Filosofía en el Renacimiento 135

Entre los finales de la Edad Media y el inicio formal de la Edad Moderna


hay un periodo de dos siglos (XV y XVI), que se conoce con el nombre de
Renacimiento o humanismo. En este periodo, la actividad filosófica, aun-
que interesada en varios temas, se concentró en el siguiente problema:
¿cuál es el método apropiado para obtener el conocimiento científico?

Características y representantes
del Renacimiento
Lo que caracterizó este periodo fue la aparición de un triple renacer: del
individuo, de la cultura y de la sociedad.

• Renació el individuo porque, en oposición a las doctrinas medie-


vales que enseñaban el teocentrismo, se convirtió en el centro de Renacimiento
atención. El hombre, tomado individualmente, es lo que más vale;
Lo que caracteriza a este
en cierta forma, el hombre del Renacimiento sentía que había recu- periodo es la aparición de
perado su libertad. un triple renacer: del indi-
•฀ R
฀ enació la cultura en el arte, la ciencia y la filosofía. El arte reju- viduo, de la cultura y de la
veneció porque regresó a su mejor fuente, el arte grecorromano. sociedad.
La ciencia renació porque cambió sus conceptos de saber y de
naturaleza; conocer la naturaleza significó aprender a utilizarla.
Hubo también un cambio en las concepciones filosóficas, porque
la filosofía ya no sería “la esclava de la teología”, sino un saber
autónomo.
• Un fenómeno equivalente se produjo en los ámbitos social y polí-
tico. Se inició la desaparición del feudalismo, terminando así el
abismo que había entre el señor feudal y los siervos.

Mapa 7.1 Algunos de los


centros de actividad y
difusión de la filosofía
renacentista y moderna.
136 Historia de las Doctrinas Filosóficas

Además, se presentó un cambio en la distribución del poder, ya que


disminuyó la influencia temporal que ejercía la Iglesia, y la autoridad
Humanismo quedó exclusivamente en los gobernantes. Este cambio propició el naci-
Conocido también como Re- miento de los Estados modernos, y fue ocasión para que aparecieran
nacimiento, se llama Humanis- obras (las utopías) que, a semejanza de La República de Platón, describen
mo porque hay revaloración sociedades donde gobierna la justicia y todos disfrutan del placer.
del hombre; humanista signifi- El Renacimiento también se conoce como humanismo, pues implica
ca ser una persona que ha
una revaloración del hombre. Además, ser humanista significa ser una
estudiado a los clásicos gre-
corromanos y que pretende persona que ha estudiado a los clásicos grecorromanos y que, partiendo
acercarse al paradigma de de las humanidades, busca acercarse al paradigma de la cultura que se
cultura que se dio en la dio en la Antigüedad.
Antigüedad. Entre los escritores más notables de este periodo se encuentran Eras-
mo de Rotterdam, Nicolás de Cusa, Giordano Bruno, Tomás Campanella
y Nicolás Maquiavelo.

Giordano Bruno (1548-1600) (Del mundo


cerrado al universo infinito)
A Giordano Bruno se le recuerda como el más importante de los escrito-
res renacentistas, porque él simboliza la síntesis de ciencia, filosofía, reli-
gión y magia, que representaba la cultura del Renacimiento. Simpatizó
con la ciencia moderna, ya que defendía el heliocentrismo de Copérnico;
hizo convivir a la filosofía autónoma y el naturalismo en la religión; ade-
más, siguiendo al egipcio Hermes Trismegisto, produjo escritos herméti-
cos, es decir, mágico-religiosos.
La imagen geocéntrica y finita del Universo que había en la Edad Media
se adaptaba perfectamente a la concepción teológica sobre lo real. Según
esa concepción, el hombre es el único ser racional y libre que existe; es la
criatura suprema del Cosmos y la Tierra, es el centro de éste. De acuerdo
con esta cosmovisión, el Universo es un mundo cerrado que concuerda
bien con el geocentrismo.
Bruno rechazó la concepción medieval. Negó el geocentrismo y defen-
dió el heliocentrismo. En consecuencia, la Tierra se convirtió en algo
insignificante dentro del Cosmos infinito, donde existen innumerables
sistemas solares como el nuestro. Además, nada impide que en algunos
Bruno, Giordano.
Rechazó la concepción de esos sistemas solares también existan seres vivos racionales.
medieval. Negaba el geo- En conclusión, decía Giordano Bruno, ni el hombre ni la Tierra ocu-
centrismo y defendía el he- pan puestos de privilegio en el Universo.
liocentrismo. La Tierra, para Leamos ahora un texto de este filósofo:
él, es algo insignificante
dentro del cosmos infinito. Por lo tanto, el universo es uno, infinito, inmóvil. Digo que es una la posibi-
Además, nada impide que lidad absoluta, uno el acto, una la forma o el ánima, una la materia o cuerpo,
en otros sistemas solares una la cosa, uno el ente, uno lo máximo y lo óptimo; el cual no debe poder
también existan seres vivos comprenderse; sin embargo, es indefinido e interminable, y, por lo tanto, infi-
racionales. nito e interminado, y, por consiguiente, inmóvil. No se mueve localmente,
porque no tiene nada fuera de sí a donde se traslade, puesto que él es el todo.
Unidad IV • Filosofía en el Renacimiento 137

No se engendra, porque no hay otro ser que pueda desearlo, puesto que tiene
él todo el ser. No se corrompe, porque no hay otra cosa en la que se cambie,
puesto que él es toda cosa. No puede disminuir o crecer, puesto que es infinito;
a lo cual no se le puede añadir, y es de lo que no se puede quitar, porque lo infi-
nito no tiene partes proporcionales. No es alterable en otra disposición, porque
no hay exterior por el que padezca, o por el que reciba alguna afección. Además
de que por comprender toda contrariedad en su ser en unidad y conveniencia
y no poder tener ninguna inclinación hacia otro ser nuevo, o a otro modo de
ser, no puede ser sujeto de mutaciones en ninguna cualidad, ni puede existir
contrario o diverso que lo altere, porque en él todo está concorde.
BRUNO, De la causa, del principio y del Uno (Diálogo quinto).

La ciencia moderna
Uno de los aspectos en que mejor se manifestó el Renacimiento fue sin
duda el de la ciencia. En los siglos XV y XVI, ésta registró un avance tan
notable que la mayor parte de sus logros aún tiene validez. Una carac-
terística común de los representantes de este movimiento consiste en la
opinión de que el conocimiento científico debía fundarse en la experien-
cia. Brevemente nos referiremos a cuatro de los iniciadores de la ciencia
moderna: Leonardo da Vinci, Copérnico, Kepler y Galileo.

Leonardo da Vinci (1452-1519)


Se le considera pionero de la modernidad, ya que incursionó en varios
campos y en todos lo hizo acertadamente. En su introducción al Tratado
Vinci, Leonardo da
de la pintura nos dice que son dos las condiciones que debe satisfacer una Pionero de la modernidad,
investigación para que se pueda denominar ciencia: partir de la experien- según él son dos las condi-
cia y pasar por demostraciones matemáticas. ciones que debe satisfacer
También la pintura puede considerarse como ciencia, ya que ella parte una investigación para que
de principios últimos, como son el punto y las sombras. Además, si com- se pueda denominar cien-
paramos la pintura con las demás artes, encontraremos que es la más digna cia: partir de la experiencia
porque satisface al mejor sentido, el de la vista; es la más noble, porque es y pasar por demostraciones
la que más permanece (esto no acontece en la música, la cual, casi al nacer, matemáticas.
desaparece de inmediato), y es la más excelente, porque es la más univer-
sal; ella contiene en sí todas las formas, existentes o no, en la naturaleza.
Ahora leamos algunos párrafos del Tratado de la pintura:

Ninguna humana investigación puede ser denominada ciencia si antes no


pasa por demostraciones matemáticas; y si tú me dices que las ciencias que
tienen su principio y su fin en la mente participan de la verdad, esto no te
concederé que lo niego por muchas razones; la primera, porque en tales dis-
cursos de la mente no se accede a la experiencia, sin la que certeza alguna se
produce.
Principio de la ciencia de la pintura es el punto; síguenle la línea, la super-
ficie y el cuerpo, que de tal superficie se viste. Conviene esto a lo representado,
es decir, el cuerpo, pues, sin duda, la pintura no comprende sino la superficie
sobre la que se representan las figuras de cualesquiera cuerpos visibles.
138 Historia de las Doctrinas Filosóficas

Segundo principio de la pintura es la sombra, pues por ella se fingen los


cuerpos; de esta sombra daremos los principios y con ellos procederemos a
Ciencia renacentista modelar la dicha superficie.
La desarrollada en los siglos Da Vinci, Tratado de la pintura.
XV y XVI. Los representantes de
este movimiento coinciden en Nicolás Copérnico (1473-1543)
que el conocimiento científico
debe fundarse en la expe- El astrónomo polaco Copérnico cambió por completo la imagen de nues-
riencia. tro Sistema Solar. Hasta el siglo XIII (apogeo de la escolástica) estuvo vigen-
te la teoría geocéntrica de Aristóteles y Tolomeo. En el siglo XIV se empezó
a cuestionar dicha teoría y un siglo después, con Copérnico, se impuso
definitivamente la teoría heliocéntrica.
Copérnico entonces habló de una esfera inmóvil de las estrellas fijas,
Copérnico, Nicolás aunque, en lo que se refiere a nuestro Sistema Solar, las conclusiones de
Astrónomo polaco, cambió sus observaciones fueron del todo correctas. Él descubrió los seis prime-
por completo la imagen de ros planetas (de Mercurio a Saturno) y fijó el orden de sus órbitas en
nuestro Sistema Solar, pues torno al Sol. De cada planeta observó tres movimientos: el de rotación,
con él se impuso el de traslación y el de declinación.
definitivamente la teoría
heliocéntrica.
Johannes Kepler (1571-1630)
Este astrónomo completó la obra copernicana al establecer las tres leyes
que gobiernan el movimiento de los planetas.
Primera ley: Las trayectorias de los planetas son elipses, en uno de
cuyos focos está el Sol. Segunda ley: Los rayos vectores de los planetas
barren áreas iguales en tiempos iguales. Tercera ley: Los cuadrados de los
tiempos de traslación de los planetas son entre sí como los cubos de sus
distancias al Sol.

Galileo Galilei (1564-1642)


Galileo es, en el terreno de la física, lo que Copérnico es en el de la astro-
nomía. Sus descubrimientos iniciaron la formación de la física clásica.
Galilei, Galileo Galileo partió de este postulado: “El libro de la naturaleza —dice en su
Sus descubrimientos inicia- obra Il Saggiatore— está escrito en lenguaje matemático y sus letras son
ron la formación de la física triángulos, círculos y otras figuras geométricas, de manera que sin ellas no
clásica. Galileo partió de puede entenderse una sola palabra”. El problema que tiene el experimen-
este postulado: El libro de la tador es cómo darle forma legal a sus observaciones y experimentos. Él se
naturaleza está escrito
inclinaba por un método que comprendiera varias etapas: la inductiva, la
en lenguaje matemático y
sus letras son triángulos,
deductiva, la compositiva y la resolutiva.
círculos y otras figuras geo- Leamos de Copérnico un fragmento de su obra Sobre las revoluciones:
métricas, de manera que sin
ellas no puede entenderse El orden de las esferas se sigue de esta manera, empezando por la más alta.
una sola palabra. La primera y más alta de todas es la esfera de las estrellas fijas, que se con-
tiene a sí misma y a todas las cosas, y por ello es inmóvil: es, pues, el lugar del
Universo, con respecto a la cual se relacionan el movimiento y la posición de
todos los demás astros. Pues, si algunos consideran que ella también se mue-
ve de algún modo, nosotros lo atribuiremos [ese movimiento], aunque así lo
parezca, a otra causa, en la deducción del movimiento terrestre. Sigue Saturno,
Unidad IV • Filosofía en el Renacimiento 139

Kepler, Johannes
Completa la obra coperni-
cana, al establecer las
tres leyes que gobiernan
el movimiento de los
planetas.

el primero de los astros errantes, que completa su circuito en XXX años. Des-
pués de éste, Júpiter, que se mueve en una revolución de doce años. Después
Marte, que gira en dos años. En ese orden, la revolución anual ocupa la cuarta
posición; en dicha revolución dijimos que está contenida la Tierra junto con la
órbita de la Luna como epiciclo. En quinto lugar está Venus, que vuelve al punto
de partida en el noveno mes. Finalmente, el sexto lugar lo tiene Mercurio, que
se mueve en un espacio de ochenta días y en medio de todo permanece el Sol.
Pues, ¿quién en este bellísimo templo pondría esta lámpara en otro lugar mejor,
desde el que pudiera iluminar todo?
Copérnico, Sobre las revoluciones (De los orbes celestes, cap. X).

El método científico
El problema principal de este periodo fue la formación del método del
conocimiento científico. Para abordar el problema del método es indis-
pensable que primero sepamos cuáles fueron los conocimientos que la
ciencia renacentista se afanó por adquirir.
La ciencia medieval, siguiendo las teorías aristotélicas, se interesó por
conocer la naturaleza en sus causas, así como la esencia del movimiento. Al
140 Historia de las Doctrinas Filosóficas

movimiento lo entendió Aristóteles como un llegar a ser o como un dejar


de ser. Para los científicos del Renacimiento esto se reserva para el campo de
Método científico la filosofía. La física ya no es ciencia de cosas, sino de aspectos que se pue-
Los científicos del Renaci- dan cuantificar o manejar matemáticamente. La ciencia moderna renuncia
miento opinaban que el méto- a conocer lo que son las cosas; aspira sólo a manejar el movimiento, pero
do apropiado para adquirir los no considerado como tránsito de la potencia al acto, sino como variación
conocimientos científicos no de fenómenos. En otras palabras, lo que la ciencia pretende ahora conocer
podía consistir únicamente
es la ley conforme a la cual acontecen las variaciones de los fenómenos,
en la experiencia, ya que la
observación y el propio expe- aunque exige que esa ley sea determinable matemáticamente.
rimento necesitan de un El método apropiado para adquirir tales conocimientos no puede con-
supuesto o de una hipótesis sistir únicamente en la experiencia, en sus variantes de observación ni de
que los oriente. experimento. La propia observación y el propio experimento necesitan
de un supuesto o de una hipótesis que los orienten. Expresaba Galileo,
“antes de experimentar, mente concipio”, es decir, me formo una hipótesis.
Esta hipótesis es como una pregunta que el científico hace a la naturaleza
para que ella la confirme o la desmienta cuando se hace el experimento.
Afirmaba Galileo que antes del experimento él sabía lo que iba a pasar;
Conocimiento científico pero necesitaba el experimento para tener una comprobación a posteriori.
La ciencia moderna renuncia De lo anterior se desprende que en el método científico no todo es
a conocer lo que son las cosas; experimental. En una primera etapa interviene la observación; en la
sólo pretende conocer la ley segunda, es decir, cuando se inicia el descubrimiento, hay que proceder
conforme a la cual acontecen apriorísticamente, formulando una hipótesis; en la tercera vendrá el expe-
las variaciones de los fenó- rimento, no para descubrir, sino para confirmar o desmentir. Con base
menos.
en experimentos que confirmen la hipótesis se dará forma a la ley que
gobierna las variaciones fenoménicas que se estudian.

Francis Bacon
Ciencia y método
La idea central del pensamiento baconiano sostiene que el hombre puede
dominar la naturaleza, y que el instrumento adecuado para ese dominio es la
ciencia. Apoyado en esta idea, resultó natural que este filósofo se opusiera a
Aristóteles, tanto en el concepto de ciencia como en la concepción del méto-
do adecuado para la práctica y el progreso de la investigación científica.
En lo que respecta a las ciencias, como la física, Aristóteles opinaba que
el conocimiento proporcionado por ellas es de carácter teórico, porque estu-
dian un orden que el hombre no hace, sino que solamente contempla. Bacon
se opuso a esta concepción aristotélica porque, según él, no tiene sentido que
nos esforcemos por conocer la naturaleza únicamente por descubrir la verdad
y contemplarla. Nuestro conocimiento de la naturaleza debe tener fines prác-
ticos, es decir, querer conocerla para dominarla.
El conocimiento de la naturaleza que nos permite utilizarla y dominar-
la se relaciona con las leyes conforme a las cuales acaecen los fenómenos
naturales. Al conocer esas leyes controlaremos los fenómenos naturales.
En confirmación de estos asertos, Bacon señaló ciertos descubrimientos
de su tiempo: la imprenta, la brújula y la pólvora, los cuales ciertamente
Unidad IV • Filosofía en el Renacimiento 141

aumentarían las posibilidades y perspectivas de la literatura, la navegación


y la guerra. Terminó Bacon esta reflexión con su muy célebre frase: “A la
naturaleza se le domina obedeciéndola”.
Al igual que Aristóteles, Bacon opinaba que en el método apropiado
para la investigación científica intervienen la inducción y la deducción.
Mediante la primera se establecen las leyes de carácter general, partien-
do de la observación de los hechos. De la deducción se extraen las con-
clusiones de las leyes previamente establecidas. Sin embargo, difería de
Aristóteles y de sus seguidores en dos puntos. Por un lado, éstos dan más
importancia a la deducción y Bacon opinaba que la etapa principal del
método es la inductiva. Por otro, los aristotélicos no manejaban la induc-
ción apropiadamente, ya que amontonaban los hechos y sólo tomaban
en cuenta aquellos que eran favorables.
Bacon propone que el método científico se regule por una lógica de la Francis Bacon
inducción y no por la lógica aristotélica —lógica de la deducción—; de (1561-1626).
Nació en Londres. Termina-
ahí que a su obra la llame Novum Organon, o sea, el nuevo instrumento
dos sus estudios de derecho
de la investigación.
en Cambridge, se dedicó a
La lógica de la inducción será el instrumento de la ciencia, teniendo la política. Cuando declinó
en cuenta que lo perseguido por ésta es el conocimiento de las formas. su estrella en este campo,
“Cuando hablo de formas —decía Bacon— no me refiero sino a aquellas se dedicó a la filosofía y a la
leyes y determinaciones de actualidad absoluta, que gobiernan y consti- ciencia. Por su manera de
tuyen cualquier naturaleza simple, como calor, ligereza, peso. Así, la for- pensar se consideró un filó-
ma del calor o la forma de la ligereza no son otra cosa que la ley del calor sofo renacentista, aunque
y la ley de la ligereza” (Novum Organon. L. II, aforismo XVII). Es obvio sus trabajos son del siglo
XVII. Sus obras principales
que si conocemos las leyes de estas propiedades físicas las podremos pro-
ducir y, en relación con ellas, dominar y transformar la naturaleza. son El nuevo órgano y De
la dignidad de las ciencias;
Después de estas reflexiones, Bacon propuso las reglas de la inducción;
ambas son parte de su gran
pero advirtió que antes de iniciar cualquier investigación es necesario pre- proyecto de renovación que
venirse contra ciertos prejuicios muy generalizados. De esta manera evi- llamó ”la gran restauración”.
taremos las posiciones inútiles de los empiristas y de los racionalistas. Los Opinaba que nuestro cono-
primeros parecen hormigas que sólo acumulan hechos sin ningún orden; cimiento de la naturaleza
los segundos son como arañas, pues sólo construyen bellas teorías, pero debe tener fines prácticos;
sin solidez. El verdadero científico debe ser como la abeja, que digiere lo pero que a la naturaleza se le
que capta y produce miel para la comunidad. domina obedeciéndola. Creía
que la lógica de la inducción
Los ídolos es el instrumento de la
ciencia.
A los prejuicios o las nociones falsas, contra los cuales se debe estar en
guardia, Bacon los llama ídolos, y son de cuatro tipos: ídolos de la tribu,
ídolos de la caverna, ídolos del foro e ídolos del teatro.
Ídolos o prejuicios de la tribu. Son aquellas inclinaciones comunes a la
humanidad en general; por ejemplo, la tendencia a interpretar antropo- Ídolos
mórficamente los fenómenos de la naturaleza. Otro ejemplo es la tendencia Son, según Bacon, ciertos pre-
a aceptar como verdaderas las explicaciones acordes a nuestros deseos. juicios muy generalizados que
se deben eliminar antes de ini-
Ídolos de la caverna. Son los prejuicios que surgen en cada individuo,
ciar cualquier investigación.
debido a su carácter, su educación, sus convicciones. Esto, según Bacon,
hace que cada hombre posea su propia caverna donde se distorsiona la
luz de la naturaleza.
142 Historia de las Doctrinas Filosóficas

Ídolos del foro. Estos prejuicios también se llaman “ídolos de la plaza


pública” y provienen de la asociación interhumana a través del lenguaje.
Ídolos de la tribu El uso impreciso de la lengua condiciona, también nuestra interpretación
Inclinaciones prejuiciosas co- de las cosas.
munes de la humanidad. Ten- Ídolos del teatro. Estos prejuicios se originan en la actividad acrítica con
dencia a interpretar antropo- que aceptamos las opiniones de ciertos filósofos de prestigio y autoridad.
mórficamente los fenómenos Lo normal es que el teísta y el ateo reciban la misma afirmación con dife-
de la naturaleza.
rente estado de ánimo y, por lo mismo, la valoración sea diversa.

La práctica de la experimentación
Bacon se propuso regular la práctica de la observación y experimentación,
Ídolos de la caverna de manera que el investigador dispusiera de una orientación concreta.
Prejuicios que surgen en cada Así, opinaba que cuando se quisiera tener seguridad de la forma o esencia
individuo, debidos a su carác- física de ciertas propiedades, sería conveniente practicar el experimento
ter, educación y convicciones.
con tres variantes.
En primer lugar habría que observar los casos en los cuales sí se pre-
senta la propiedad o el fenómeno que nos interesa. A esta variante, Bacon
la llamó tabla de presencia.
Después habría que preparar el experimento de manera que aparecie-
Ídolos del foro
ran los casos donde no se da el fenómeno. Esta variante recibe el nombre
de tabla de ausencia.
Se les llama también ído-
En tercer lugar estaría la preparación del experimento, de manera que
los de la plaza pública y
se pudieran apreciar las circunstancias que influyen en las variaciones
provienen de la asociación
interhumana a través del
cuantitativas del fenómeno. Ésta es la tabla de los grados o las variaciones.
lenguaje. Bacon también hablaba de una cuarta variable que se podría llamar
tabla de exclusión o tabla de separación. En este experimento lo que se pre-
tende es excluir la intervención de otra circunstancia (distinta de la que ya
se comprobó) como causa del fenómeno o la propiedad en cuestión.
Ahora leamos algunos fragmentos del Novum organon:

Ídolos del teatro I. El hombre, servidor e intérprete de la naturaleza, ni obra ni comprende más
que en proporción de sus descubrimientos experimentales y racionales sobre
Prejuicios que se originan
las leyes de esta naturaleza; fuera de ahí, nada sabe ni nada puede.
en la actividad acrítica con
III. La ciencia del hombre es la medida de su potencia, porque ignorar la
que aceptamos las opinio-
causa es no poder producir el efecto. No se vence a la naturaleza sino obede-
nes de ciertos filósofos de ciéndola, y lo que en la especulación lleva el nombre de causa conviértese en
prestigio y autoridad. regla en la práctica.
XIX. Ni hay ni puede haber más que dos vías para la investigación y el descu-
brimiento de la verdad: una que, partiendo de la experiencia y de los hechos,
se remonta en seguida a los principios más generales (axiomas supremos), y en
virtud de esos principios que adquieren una autoridad incontestable, juzga y esta-
blece las leyes secundarias (axiomas medios), cuya vía es la que ahora se sigue, y
otra, que de la experiencia y de los hechos induce las leyes, elevándose progresi-
vamente y sin sacudidas, hasta los principios más generales que alcanza en último
término. Ésta es la verdadera vía; pero jamás se la ha puesto en práctica.
XXXVIII. Los ídolos y las nociones falsas que han invadido ya la mente huma-
na, echando en ella hondas raíces, ocupan la inteligencia, de tal suerte que
Unidad IV • Filosofía en el Renacimiento 143

la verdad sólo puede encontrar a ella difícil acceso; y no sólo esto, sino que,
obteniendo el acceso, esas falsas nociones concurrirán a la restauración de las
ciencias y suscitarán a dicha obra obstáculos mil, a menos que, prevenidos Tablas de Bacon
los hombres, se pongan en guardia contra ellos, en los límites de lo posible.
Reglas prácticas para la
XXXIX. Hay cuatro especies de ídolos que llenan el espíritu humano. Para observación y experimenta-
hacerlos inteligibles los designamos con los siguientes nombres: la primera ción. Bacon formuló principal-
especie son los ídolos de la tribu; la segunda, los ídolos de la caverna; la ter- mente tres: de presencia, de
cera, los ídolos del foro; la cuarta, los ídolos del teatro. ausencia y de los grados o las
BACON, Novum organon, Libro 1. variaciones.

Nicolás Maquiavelo
Maquiavelo nació en Florencia en 1469. De familia noble, recibió una
educación esmerada. Participó de manera activa en la vida política has-
ta los 44 años, dedicándose desde entonces a la teoría política. Su obra
más importante es El Príncipe. Maquiavelo se interesó fundamentalmente
por presentar la mecánica del gobierno, prescindiendo de las cuestiones
morales y formulando los medios por los cuales el poder político puede
establecerse y mantenerse. En la medida en que el fin del Estado es garan-
tizar la seguridad y el bienestar, el gobernante tiene derecho a valerse de
medios inmorales para consolidar y conservar el poder. El pensamiento
de Maquiavelo está dominado por el realismo político, por lo cual analiza
el acto político puro, sin connotaciones trascendentes o morales. Según este
enfoque, dicho acto sólo es válido si resulta eficaz. Le interesó analizar la
personalidad del político, quien tenía que ser una persona hábil, capaz de
manipular situaciones valiéndose de cualquier medio; debía poseer destre-
za y una equilibrada combinación de fuerza y tesón, además de intuición,
para sortear obstáculos, y una carencia total de escrúpulos. El político no
debía poseer virtud alguna, pero tenía que estar en condiciones de simular
que las poseía todas, lo que suponía actuar con absoluta indiferencia ante
el bien y el mal. Respecto de las formas de gobierno, Maquiavelo consideró
que la mejor era la República, lo que parece difícilmente conciliable con
su doctrina del despotismo político. No obstante, este último se justificaría
sólo como paso previo a la ordenación del Estado sobre el que se establece-
ría la República. El despotismo político resultaría entonces un mal menor
que conllevaría la posibilidad de establecer un gobierno republicano, es
decir, de la mayoría. El gobernante sería bueno, justificable, por su efica-
cia, no por sus connotaciones ético-religiosas. No se trataba de describir
estados ideales, sino de gobernar estados reales. Es interesante observar
que Maquiavelo hace énfasis en el Estado como un cuerpo soberano que
mantiene su vigor y unidad mediante una política de fuerza.

Tomás Moro
Tomás Moro nació en Londres en 1478. Influenciado por La República
de Platón, escribió una novela filosófica que describe un Estado ideal
en la isla de Utopía, teniendo como fondo una idealización de la vida
moral de su época y, al mismo tiempo, una crítica de sus condiciones
sociales y económicas. Su obra se opone al ideal del gobierno despótico

También podría gustarte