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 De la educación cívica a la educación

en y para la democracia
Reflexión acerca de la relación entre educación cívica y
formación democrática en la escuela.
Tomado de: Rodríguez, Álvaro. Formación democrática y
educación cívica en Colombia. Un Estudio Nacional de Caso.
Asociación Internacional Para la Evaluación del Logro
Educativo -IEA- Ministerio de Educación Nacional, Creamos
Alternativa, Santa Fe de Bogotá, 1997.

Cuando se inició la generalización del Programa de Renovación Curricular en 1984, en


relación con la educación cívica se propuso innovar la concepción y las prácticas
pedagógicas vigentes que la asociaban con la urbanidad y el aprendizaje memorístico de
la institucionalidad política. La urbanidad se había entendido hasta entonces como la
transmisión de un código predefinido y estático de virtudes morales y pautas de
comportamiento y costumbres que caracterizarían a un “buen” ciudadano. Su más fuerte
exponente fue el Manual de Urbanidad de Carreño (1812-1874), el primer modelo
canónico de la educación del ciudadano latinoamericano1. Este manual aún se utiliza
(evidencia de ello son sus altos índices de ventas), y su enseñanza es reclamada con
frecuencia por las familias y los maestros.

En los planes de estudio de las décadas del sesenta al ochenta, la enseñanza de las
características, funciones y competencias de las instituciones de gobierno y de los
mecanismos de elección política, se daba desprovista del contexto social y económico en
que se inscribían.

Este enfoque no priorizaba la comprensión de la dinámica política, social y económica,


reducía la ciudadanía al voto y a los períodos electorales, subrayaba los deberes
ciudadanos en detrimento de los derechos, reducía la urbanidad a los “buenos modales”
y dejaba por fuera de toda consideración tanto los intereses y experiencias políticas de
los jóvenes como la naturaleza de las relaciones escolares.

Como consecuencia, se constató un vacío entre la teoría y la práctica ciudadana, que


intentó corregirse con el nuevo marco teórico y los planes de estudio integrados del área
de ciencias sociales de la Renovación Curricular2 y más adelante, con la instauración,
desde 1985 hasta 1990, de la Cátedra de Democracia, Paz y Vida Social en los cinco
grados de la educación primaria.

A partir de estos planes de estudio, a lo largo del período 1980-1990, se reorientó la


formación democrática a partir de las siguientes ideas:

- Enseñar la institucionalidad política a partir de la comprensión de la dinámica social,


política, económica y cultural de la sociedad,

1
Restrepo G. Modales y Antimodales (1996): Cosmos y Caos en Urbanidades y Antiurbanidades. Santa Fe
de Bogotá. Proyecto de investigación para estudio doctoral en educación. s.e
2
Ministerio de Educación Nacional (1989). Ciencias Sociales. Marco General. Propuesta Programa
Curricular. Santa Fe de Bogotá.

1
- Reconceptualizar la urbanidad como normas necesarias para la convivencia de los
ciudadanos en una sociedad diversa, y en relación con un orden social más abierto y más
sensible a la diferencia y a la transformación.
- Propender por la experiencia de valores democráticos a partir de las relaciones
escolares y de la promoción y la defensa de los derechos humanos.
- Formar en valores a partir del desarrollo del juicio moral de los estudiantes y de la
discusión explícita de los contenidos valorativos del conocimiento y la acción social,
- Vincular la formación democrática escolar con la vida cotidiana y las experiencias
sociales y políticas de los jóvenes de ambos sexos.

En la educación básica primaria, el programa rural Escuela Nueva impulsó desde los
años setenta el estudio cooperativo autodirigido, el Gobierno Escolar estudiantil y el
trabajo grupal con participación comunitaria.

La formación democrática como propósito nacional

Con la Constitución Política de 1991, la formación cívica gana un nuevo horizonte y se


afianza como educación en y para la democracia, a medida que se desarrolla una intensa
actividad legislativa en el sector educativo. A nivel nacional, regional y local se acrecienta
el trabajo educativo de las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales y se
crean nuevas instituciones y programas para promover la formación democrática.

El ímpetu de cambio es, además, una reacción necesaria a diversos estudios nacionales
y regionales que muestran el relativo bajo rendimiento académico de los estudiantes3, el
autoritarismo de algunos maestros (as) y el conflictivo clima escolar actual4, así como la
visión crítica con que los y las estudiantes perciben los procesos educativos5

El informe de la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo impulsa la reflexión sobre la


calidad de la educación colombiana, al mostrar la importancia de mejorar la formación
escolar como condición para aumentar los niveles de riqueza y competitividad y mejorar
los índices de bienestar nacional6.

Luego, la Ley General de Educación precisa los fines y objetivos en la formación del
nuevo ciudadano. Para su desarrollo curricular se expide la Resolución 1600 de 1994 que
define los Proyectos Educativos Institucionales como proyectos democráticos, considera
como el eje de la formación cívica el vivir la democracia en la escuela, y el modo de ser
ciudadano como una adquisición que se origina desde las relaciones interpersonales del
ambiente escolar en su conjunto.

Por su parte, la Resolución 2343 de 1996 establece los indicadores nacionales de logro
educativo, asumiendo la formación democrática como una dimensión esencial de la
calidad de los Proyectos Educativos Institucionales. Cabe destacar allí los indicadores de
logro del área de educación ética, los cuales no se circunscriben a ninguna asignatura en
particular, y abarcan todo el currículo.

Por último, el Plan Decenal de Desarrollo Educativo 1996-2005 destaca las


interdependencias entre el proyecto constitucional de nación y la educación, y señala

3
Ministerio de Educación Nacional (1991). Sistema Nacional de Evaluación de la Calidad de la Educación.
Santa Fe de Bogotá.
4
Véase al respecto las publicaciones de la Serie Vida Escolar en Colombia de la FES
5
Cajiao, F ; Parra, R y otros (1996). Proyecto Nacional Atlantida: Adolescencia y Escuela. Tm Editores. FES,
COLCIENCIAS, 5 Volúmenes. Santa Fe de Bogotá.
6
Vasco, C (1995). Informe Conjunto. Colombia al Filo de la Oportunidad. Misión De Ciencia, Educación y
Desarrollo. Consejería Presidencial para el Desarrollo Institucional. COLCIENCIAS, Santa Fe de Bogotá.

2
siete desafíos nacionales que orientan sus propósitos, objetivos y metas, con claras
consecuencias para la formación ciudadana escolar.

La intensa participación social en los recientes procesos de reforma educativa y el énfasis


que en ellos se da a la formación democrática, evidencian la progresiva instauración de
una nueva cultura democrática en el país, y la gran sensibilidad social frente a los retos
que enfrenta la educación colombiana.

En resumen, se podría decir que la convicción nacional de la importancia de la formación


democrática escolar y no escolar se manifiesta en : a) una legislación en general
progresista, b) una gran preocupación porque se mejore la calidad de la educación y se
alcancen las expectativas de logro educativo, c), un amplio debate sobre el tipo de
escuela democrática que se demanda o que se construye, d) las posibilidades que
diversos sectores intentan construir para contrarrestar muchas de las problemáticas
nacionales.

Nota:
Etiquetas/Tags: Clima escolar, participación escolar, gobierno escolar, educación
cívica, educación derechos humanos, educación para la democracia, educación en
valores.