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Tratado General de Fiilosofía del Derecho

Luis Recaséns Siches.


Editorial Porrúa, México, 1959.

Luis Recaséns Síches nació en Guatemala (1903), vivió largo tiem-


po en España y reside actualmente en México> Por el lugar de nacimien-
to y de residencia es dos veces latinoamericano. La nación mexicana y
nuestra América entera le deben más de veinte años de magisterio fecun-
do' en el campo de dos disciplinas vastas y complejas: la filosofía del dere-
cho y la sociolog' a. Por medio de sus conferencias y escritos, numerosos
auditorios y públicos cultos de nuestro continente aprovechan sus sabias
enseñanzas.
La vida de Recaséns Síches lleva el signo del saber. Fue primero
ansia de aprendizaie y asimilación de conocimientos; fue luego y continúa
siendo, entrega generosa de los tesoros inagotables de su sabiduría. Es-
tudió filosofía y ciencias jurídicas con los más encumbrados maestros de
España, Alemania, Austria e 'Italia: Laureano Diez Canseco, Rodolfo
Stammler, Hans Kelsen, Jorge del Vecchio, Heller, F. Kaufmann, F.
Schreir .etc , Profesó filosofía del derecho en las universidades de San-
tiago de Compostela y Madrid; profesa la misma materia y sociología en
la Universidad Nacional Autónoma de México; ha visitado casi todos los
países de América en misión cultural; y donde no ha llegado su persona
con su mensaje espiritual de viva voz, ahí están sus libros como emisa-
rios silenciosos e inmóviles, pero efectivos como el vino añejo o la dina-
mita para remover las conciencias y transformar las vetustas categorías
de! pensamiento.
Sería demasiado prolijo intentar aquí, aunque sea superftcialmen-
mente, la enumeración de su copiosa bibliografía. Sólo a modo de hitos
luminosos que nos permitan formarnos una idea de su trayectoria íntclcc-
tua! citaremos las obras siguientes: "La filosofía del derecho de Francisco
Suárez" (1927), fruto temprano que anunciaba con clarines la entrada de
un nuevo paladín del pensamiento; "Direcciones contemporáneas del pen-
samiento jurídico en el siglo XX" (1929), fruto de años mozos también,

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pero que muestra a las claras la calidad del expositor y crítico; "Vida l1U-- Asistimos en el presente a una gran renovación de la filosofía ju-
mana, sociedad y derecho" (1940), mensaje pleno de humanidad con el rídica, renovación que se iniciara a fines del siglo XIX con el formalismo
que saludaba a América, tierra de la libertad, cuando retornaba a sus playas de Rodolfo Stammler. Corresponde justamente a Recaséns Siches agi-
- huyendo de la barbarie falangista; "Nueva filosofía de la interpretación tar, desde su juventud, en los países de habla hispana el pensamiento jus-
del derecho" (1956), producto genuino de su experiencia jurídica y Iilosó- filosófico por medio de la cátedra y el libro, pero ante todo crear una fi-
- ~
hca al trasmontar el medio siglo de peregrinación en la tierra; y "Tratado losofía del derecho de firmes basamentos y de 'contornos d~finidos. N o
general de filosofía del derecho", (1959), suma y compendio de su vasti- obstante haberse formado intelectualmente junto a Stammler y Del Ve C>
simo saber y riquísima experiencia de jurista y filósofo del derecho. Mas chio, aspirando el aire del formalismo radical en el caso del jusfilcsofo
para que la referencia bibliográfica en esta materia sea completa es ne- germano y del formalismo atenuado en el caso .de jusfilósofo italiano, su
cesario añadir los "Estudios de filosofía del derecho" que con el carácter clara intuición del proceso científico y filosófico de su tiempo le permitió
. de notas explicativas acompañan a su traducción del curso de filosofía ubicarse en tendencias más fecundas y promísorias, donde pudiera .ini-
jur.díca del eminente Jorge del Vecchío . ciar por cuenta propia 'una nueva interpretación del derecho. Ni forma-
lismo kantiano a la manera de sus maestros ni idealismo dialéctico a la
En cada una de las obras mentadas enfoca Recaséns Siches, desde 'manera de Crece y Gentíle a quienes conoció en su esplendor. sino ratío-
el ángulo de la filosofía, el derecho en conjunto o en una de sus partes. vitalismo al estilo de Ortega y G'asset, fue su divisa y enseña en el rno-
En realidad, el sistema total de su filosofía jurídica hay que buscarloen men~o creador y'decisivo de su espíritu.
el largo proceso de gestación y producción de cada una y de todas sus
obras. Sobre todo existe una trabazón de ideas y' doctrinas, de direccio- Dos son en concepto de Recaséns Siches los caminos que condu-
nes y aspiraciones, de planteamiento de problemas y de búsqueda de so- cen a la filosofía del derecho: la insuficiencia de la ciencia del derecho
luciones entre dos de sus obras más extensas, intensas y significativas, a para solucionar todos los problemas que plantea el derecho y la medita-
saber: "Vida humana, sociedad y derecho" y "Tratado general de filoso- ción filosófica sobre 'todos los objetos del universo, inclusive el derecho.
fía del derecho". Ambas representan el afán de su autor de estar al día en Por los caminos reales de la ciencia del derecho y de la filosofía se llega
10 que significa inquietud y avance jus-Iílosófícos y de sintetizar sus últi- a la filosofía del derecho, disciplina que da cuenta de las cuestiones onto-
más investigaciones y adquisiciones sobre la realidad del derecho. Entre lógicas, lógicas y valorativas, que implica el derecho. Recaséns Siches es
la una y la otra notamos una noble aspiración a mejorar y perfeccionar su el primer jusfilósofo que introduce en la filosofía jurídica la meditación
teoría jurídica y a vertirla en nuevos moldes de expresión. En 10 que se ontológica, meditación injustificable en su plenitud material a lo menos en
refiere a expresión aspira a una cristalina claridad, porque acepta unáni- el formalism¿ kantiano de Stammler. Igualmente introduce la estimativa
me con Ortega y Gasset quel'Ia claridad debe ser la cortesía del filósofo", jurídica, que no se puede confundir con la vieja deontoloq-a jurídica limi-
tada a 'la fundamentación de la justicia. Con el descubrimiento de las di-
El "Tratado general de filosofía del derecho" no es una cuarta mensiones ontológica y valorativa del derecho, la filosofía jurídica se ha
edición de su célebre libro: "Vida humana, sociedad y derecho", sino un renovado casi totalmente. Secha lanzado sobre un campo de inmensas
libro nuevo. Y esnuevo, en palabras de su autor, "porque contiene abun- posibilidades.
dancia de temas que no figuraban en aquélla" y porque "en el tratamien-
to de la mayoría de los temas que estaban ya incluidos en "Vida humana, La nueva dirección que Recaséns Síches ha impreso a la filosofía
sociedad y derecho", ha introducido múltiples -rcestructuraciones. reela- jurídica tiene su punto de apoyo en el ratío-vítalismo de Ortega y Gasset
boraciones, reajustes, cambios importantes, nuevas ideas, pulimentes y va- y en la filosofía alemana contemporánea. especialmente en la teoría de los
riantes de matiz" (XVII). Dos temas nuevos han recibido tratamiento valores de Max Scheler . Punto de apoyo nada más. porque su fértil men-
especial: "los principios fundamentales de Estimativa Jurídica" y la "in- talidad ha enriquecido con nuevos matices e inclusive con principios fun-
terpretación del derecho". En la orientación general puede observarse damentales, las doctrinas de la vida y de los valores. Complementando
además una tendencia a aproximar la teor.a a la práctica, 10 abstracto a a 'Ortega y Gasset nos ha hecho ver que la vida no es sólo convivencia
10 concreto, 10 genérico a 10 individual, o 10 que es más o menos 10 mismo, intelectiva y volitiva con las cosas que nos rodean, sino también "un con-
pero más definitivo y expresivo, el pensamiento a la vida. junto de valoraciones": Con esta nueva determinación ontológica de la

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vida .el ratio-vítalismo adquiere nuevas perspectivas. La perspectiva emo-
cional a 10 menos. "Hace veinticuatro años, dice Recaséns Síches, que,
en mis explicaciones de cátedra, lancé el pensamiento de que la estructu-
ra de la vida es estimativa. Es decir, que si suprimiéramos la capacidad de
estimar (valorar, preferir, elegir) desaparecería la vida humana; ésta no
sería posible .ní pensable" (p. 78). Igualmente a la concepción axíoló-
gica de Scheler le da una dimensión más radical, es decir, no limitada a los POLITICA CENTRIFUGA
objetos ideales.
Ricardo Uribe Escobar.
La teoría de la vida humana individual, que Recaséns Síches ex- Editorial Bedout, Medellin, 1960.
pone inspírándose en Ortega y Gasset, es complementada con la conside-
ración de 10 que él llama "vida humana-objetívada". El ser de los actos de ESTUDIOS DE DERECHO registra con gran complacencia la
la vida humana objetiva consiste en su sentido, su propósito o intencién publicación del libro titulado: POLITICA CENTRIFUGA, cuyo autor
y su finalidad. La vida humana tiene la peculiaridad de objetivarse o cris- es el Dr. Ricardo Uribe Escobar, meritísimo ciudadano y dístinquido pro-
talizarse en un conjunto de objetos que forman el bagaje de la cultura. fes6r universitario, ligado por muchos vínculos a nuestra revista, a nuestra
En oposición a Hege1 y sus seguidores que explican la cultura en térmi- Facultad y a nuestra Alma Mater.
nos de espíritu objetivo dentro del proceso dialéctico, destaca la cultura
como espíritu objetivado por las obras humanas. El derecho es un ingre- El Dr. Uribe Escobar es digno de encomio por su actividad polí-
diente cultural. Onto1ógicamente se caracteriza como forma objetivada tica, profesional y científica. Inspirado en los principios del liberalismo y
de vida humana. He aquí uno de los aportes originales a la filosofía jurí- la democracia, ha participado en la vida pol.tica colombiana en posicio-
dica. La fundamentación onto1ógica del derecho. nes destacadas ya en el Parlamento, ya en el gobierno, ya en la diploma-
cia. Como diplomático. si no estoy equivocado, tuvo el cargo de emba-
La estimativa o axíoloqía jurídica misma encuentra su razón de ser jador en Argentina. Y como parlamentario, fue elegido Primer Designado
y su sentido en el ámbito de la vida humana. Es a través de los actos hu- a la Presidencia de la República en 19,46. Estimulado por su vocación
manos y del hombre como sujeto de los mismos, que se realizan los valores. científica y académica, pró'fesó Sociología general y americana durante
Recaséns Síches ratifica el carácter objetivo de los valores, pero enten- muchos años en la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia,
diendo la objetividad como algo intravital o inmanente a la vida humana. donde obtuvo su título de abogado en 1'914. Aunque está retirado volun-
"La esencia del rierecho. nos dice, no es inteligible sino en función de una tariamente de la cátedra de Sociología desde hace unos doce años, es su
intencionalidad de realizar determinados valores" (p. 380). A la Iun- profesor titular. Fue además Decano de la Facultad y Rector de la Uni-
damentación de la estimativa jurídica. añade el estudio de los valores ju- versidad. Llegó a la Rectoría cargado de méritos y experiencia como
rídicos y de su jerarquía. Bien hace en enfatizar en la dignidad de la per- profesor y Decano. O como quien dice, llenando los requisitos de esca-
sona humana, en la libertad, en la seguridad y en la justicia. lafón exigido en la generalidad de las Universidades latinoamericanas y
sin duda del mundo.
Comentando el "Tratado general de filosofía del derecho", emite
Luis Washington Vtta, filósofo brasilero, un concepto que acogemos ín- La producción científica del Dr. Uribe Escobar en el campo del
tegramente: "Cada libro nuevo suyo es una nueva "jusvídencía" que nos derecho y de la sociología, ocupa un lugar destacado. Su tesis de grado
obliga a reecuacíonar viejos problemas, con el resultado de soluciones in- titulada modestamente: "NOTAS FEMINISTAS", fue revolucionaria
esperadas y certeras" . en el mejor sentido de la palabra, porque preparó el terreno a la legisla-
ción colombiana para enmendar graves injusticias irrogadas a la mujer,
B. Mantilla Pineda.
especialmente en 10 relativo a los derechos y obligaciones de la mujer ca-
sada. Sus ensayos de sociología han tenido repercusión aun fuera del
país. Tal es el caso de su ensayo "LOS DERECHOS DE FAMILIA",

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ALGUNAS IDEAS SOBRE LOS VALORES EN LA
FILOSOFÍA JURÍDICA Y POLÍTICA

Por F. JAVIER DÍAZ REVORIO

SUMARIO

I. INTRODUCCIÓN.—2. L A CONSIDERACIÓN OBJETIVA DE LOS VALORES: LA LLAMADA «FILO-

SOFfA DE LOS VALORES».—3. TEORÍAS «SUBJETIVISTAS».—4. TEORÍAS CONSENSUALIS-


TAS.—5. E l . RELATIVISMO K E L S E N I A N O Y LOS VALORES.—6. LOS VALORES EN LA TEORÍA
DEL ESTADO Y DE LA CONSTITUCIÓN: ALGUNOS AUTORES: 6.1. /?. Smend. 6.2. C. Schmitt.
6.3. H. Heller.—7. VALORES Y «CONSTITUCIÓN MATERIAL».—8. CONCLUSIONES: ALGUNAS
IDEAS DE INTERÉS PARA NUESTRA CONSTITUCIÓN.

I. INTRODUCCIÓN

El artículo 1.1 de la Constitución española, al señalar que el Estado propugna como


valores superiores del Ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el
pluralismo político, introduce expresamente en nuestro Derecho el concepto de valor.
Ciertamente, los valores de nuestra Constitución han de ser objeto de un análisis
prioritariamente jurídico (1), pero dicho análisis no debe olvidar que «valon> es un
concepto que, en el sentido que ahora nos interesa, tiene su origen en la filosofía.
En efecto, la décima acepción de esta palabra en el Diccionario de la Real
Academia (2) viene precedida de la abreviatura «Fil.», y se refiere a valor como
«cualidad que poseen algunas realidades, llamadas bienes, por lo cual son estima-
bles», añadiendo que «los valores tienen polaridad en cuanto son positivos o nega-
tivos, y jerarquía en cuanto son superiores o inferiores». Pues bien, no cabe encontrar
en el Diccionario una definición de «valor» de contenido estrictamente jurídico (3).

(1) En nuestro trabajo Valores superiores e interpretación constitucional. Centro de Estudios Polí-
ticos y Constitucionales, Madrid (1997), hemos intentado realizar un análisis de estos valores superiores
desde la perspectiva jurídico-constitucional.
(2) Diccionario de la Lengua Española, Real Academia Española, vigésima primera edición, 1992.
(3) Con la excepción de la 13." acepción, usada sólo en plural, y que define los valores como «títulos

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Revista Je Estudios Políticos (Nueva Época)
Núm. 102. Octubre-Diciembre 1998
F. JAVIER DfAZ RRVORIO

Ello pone de manifiesto que, incluso partiendo de una perspectiva lingüística, el


concepto de «valor» elaborado por la filosofía, y las doctrinas sobre los valores
procedentes de la filosofía —y en especial de la filosofía jurídica y política—, tienen
interés para cualquier otro análisis de los valores, y en concreto para el análisis
jurídico-constitucional.
Algún autor ha puesto de manifiesto el «tono profesoral» que se aprecia en
nuestro artículo 1.1, que tiene un lenguaje más filosófico que político: «Valores
superiores suena a filosofía y quién sabe a través de cuántas mediaciones (...) nos
remite a Nicolai Hartmann, y en consecuencia, a Scheler, y, más allá, al panorama
cultural alemán de finales de siglo» (4).
Ciertamente, la mención constitucional a los valores parece evocar casi espon-
táneamente la llamada «filosofía de los valores», de la que hablaremos a continua-
ción. Pero más allá de esta asociación de ideas, las distintas doctrinas sobre los
valores procedentes de la filosofía jurídica y política tienen utilidad para el Derecho
constitucional, ya que pueden ayudar a entender el significado de los valores cons-
titucionales, así como servir como base a cualquier intento de fundamentación de los
mismos. Por lo demás, apuntan ideas para comprender el significado jurídico de la
«superioridad» de los valores del artículo 1.1.
En fin, junto a las doctrinas filosóficas sobre los valores, en el presente trabajo
nos referiremos también a la relación entre los valores y el concepto de «Constitución
material», que desde ciertos puntos de vista pone de relieve la presencia de elementos
valorativos en la norma fundamental; aunque cabe aclarar desde este momento que
el concepto más conocido de «Constitución material», debido a Mortati, no hace
referencia a los valores contenidos en el texto constitucional.
La reflexión sobre cualidades del tipo que denominamos «valores» es desde
luego antigua. Como se ha destacado, aunque la discusión sobre el término valor en
el umbral del siglo xx sitúa a la filosofía en unas nuevas coordenadas, la reflexión
sobre los contenidos materiales de los valores es tan antigua como el mismo razo-
namiento filosófico (5). Un repaso a toda su evolución excedería con creces el objeto
del presente trabajo. Por ello bastará para nuestro propósito situarnos en un momento
relativamente próximo, para realizar una breve exposición de algunos de los autores
y doctrinas contemporáneas más representativos, con la única finalidad de poner de
manifiesto diversas concepciones o formas de entender y fundamentar los valores.
Ciertamente, el repaso que realizaremos no pretende ser completo, ni en cuanto al

representativos de participación en haberes de sociedades, de cantidades prestadas, de mercaderías, de


fondos pecuniarios o de servicios que son materias de operaciones mercantiles». Pero obviamente esta
definición, propia del Derecho mercantil, no tiene nada que ver con el concepto de valor que ahora nos
interesa.
(4) S. BASILE: «LOS valores superiores, los principios fundamentales, y los derechos y libertades
públicas», en La constitución española de 1978. Estudio sistemático, dirigido por los profesores A.
PREDIHRI y E. GARCIA DE ENTERRIA, ed. Civitas, segunda edición, Madrid, 1981 (reimp. 1988), pág. 265.
(5) A. LLAMAS CASCON: LOS valores jurídicos como ordenamiento material. Universidad Carlos III,
BOE, Madrid, 1993, pág. 40.

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IDEAS SOBRE VALORES EN LA FILOSOFÍA JURÍDICA Y POLfTICA

número de doctrinas y autores, ni en cuanto a la extensión dedicada a cada uno de


ellos; se trata más bien de una breve muestra que intenta destacar simplemente las
doctrinas e ideas más relevantes en torno a los valores en la filosofía jurídica y
política contemporánea, apuntando al tiempo las vías más importantes utilizadas para
la fundamentación de los valores en el ámbito jurídico. Por lo demás, ya existen
algunos estudios jurídicos que repasan con cierta amplitud el pensamiento filosófico
en torno a los valores (6).
Pero antes de comenzar el repaso de estas doctrinas contemporáneas de mayor
interés para nosotros, cabe citar al menos un ejemplo conocido y remoto. En efecto, ya
Platón, en su «alegoría de la caverna» (7) sostiene que el mundo que el hombre cree
que es «real», no está formado más que por «sombras» de la realidad auténtica que el
hombre no puede percibir, al estar atado por las «cadenas» de sus pasiones y errores.
El mundo visible sólo puede explicarse por la contemplación del mundo invisible, o
«mundo de las Ideas» (del verbo «eidos», ver). Como se aprecia, el filósofo de Atenas
ya mantiene la existencia de «algo» trascendente a lo que el hombre tiene por realidad,
pero que se manifiesta a través de esta «realidad»; si bien, a diferencia de lo que
posteriormente se entenderá por «valores», Platón cree que son las Ideas las que
constituyen la realidad auténtica, manifestándose en los objetos materiales: son el
modelo de las cosas que encontramos en el mundo sensible, las cuales «participan»
más o menos de las diversas Ideas. Conviene también recordar que para el filósofo el
mundo de las Ideas está jerarquizado, siendo las ideas supremas las de Justicia, Belleza
y Bien; esta última es la que preside todas y la mayor manifestación de la realidad.

2. LA CONSIDERACIÓN OBJETIVA DE LOS VALORES: LA LLAMADA «FILOSOFÍA DE


LOS VALORES»

Situándonos por tanto en el pensamiento contemporáneo, y aunque podría en-


contrarse algún precedente anterior de estudio de los valores (8), puede afirmarse

(6) Merecen destacarse al menos, A. LLAMAS CASCON: LOS valores jurídicos como ordenamiento
material, op. cit., y L. PAREJO ALFONSO: Constitución y valores del ordenamiento. Centro de Estudios
Ramón Areces, Madrid, 1990, págs. 43-116.
(7) PLATÓN: «La República o el Estado», Libro VII.
(8) Así, L. PAREJO ALFONSO: Constitución..., op. cit.. págs. 45-46, y 80, cita a F. Brentano (1838-
1917) como «punto de arranque» de la teorización sobre los valores en la filosofía moderna, y en el ámbito
de la filosofía jurídica se refiere (pág. 80) a Stammler (1856-1938) como iniciador de lo que se ha
denominado «idealismo jurídico». En efecto, Stammler «recuperó» el estudio de los valores y de la
Filosofía del Derecho. Considera que la justicia es el objetivo del Derecho, el valor jurídico supremo. Sin
embargo, la justicia se concibe como criterio formal: la forma de la justicia, idea racional, es única e
inmutable, a priori, siendo la historia la que proporciona contenidos concretos; el contenido de cada
Derecho se determina históricamente. Para este autor la justicia no consiste en ningún contenido concreto,
sino en una forma universalmente válida para ordenar todos los contenidos posibles, representando la
«armonía permanente y absoluta» de la ordenación social. La armonía significa rectitud o corrección, de

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que el estudio de los valores dotándolos de contenido material se produce con la


llamada «filosofía de los valores». Como ya hemos apuntado, la mención a los
valores parece remitir a este movimiento filosófico. En efecto, algunos autores han
puesto de relieve que al estudiar el concepto de valor, suelen tenerse presentes las
propiedades de los mismos según la filosofía de los valores (9).
Entendiendo la expresión en un sentido amplio, podemos referirnos con ella a
dos movimientos teóricos distintos: por un lado, la llamada «Escuela de Badén», que
se sitúa en el ámbito del neokantismo, y del «criticismo». Por otro, y en el ámbito
de la fenomenología, han de citarse las obras de Scheler y Hartmann, que con
frecuencia se citan como representantes de la «filosofía de los valores» en un sentido
más estricto.
Como afirma Vilas Nogueira, para la «filosofía de los valores», considerada en
sentido amplio, no todo lo que «hay» se agota con el estudio del «ser», pues los
valores (belleza, bien, justicia...), sin ser propiamente seres, no son tampoco meras
ficciones; de esta forma, los valores son considerados independientes de los hechos
psíquicos que los atestiguan. Las características más importantes de los valores para
esta doctrina serían, siguiendo a este autor (10): a) requieren una realidad en la que
encarnarse; b) poseen un contenido propio; c) se presentan de forma bipolar (con su
opuesto correspondiente); d) pueden admitir diversos grados de intensidad; e) pueden
ordenarse jerárquicamente;/) son irracionales, y por tanto sólo aprehensibles en una
experiencia emotiva.

forma tal que lo particular o individual encuentra justificación en tanto en cuanto procure la realización
del todo armónico. Dentro de la categoría del Derecho concreto puede distinguirse, según se oriente sólo
de forma subjetiva, o, en cambio, se esfuerce por atenerse al ideal de armonía. En este último caso
estaremos ante el «Derecho correcto», que, como hemos dicho, se ofrece condicionado históricamente.
Para determinar cuándo estamos ante este Derecho correcto o justo, el operador debe seguir la vía objetiva,
considerando que en toda contraposición de pretensiones existe una perspectiva superior, que posibilita
una solución acorde con la armonía o el todo armónico de la vida social. Aunque para este autor su
concepto formal de justicia no es algo vacío, pues posee un cierto contenido de validez absoluta, su teoría
ha sido criticada por su excesivo formalismo. Se ha hablado de que STAMMLER establece un «Derecho
natural de contenido variable» (L. RECASF.NS SICHES: Tratado general de filosofía del derecho, Porrúa,
10* edición, México, 1991, pág. 454), de forma tal que la variedad de «derechos justos» puede ser
ilimitada.
La doctrina de este autor sobre la justicia se encuentra en «Richtiges Recht». en la obra colectiva
Begriffund Wesen des Rechts, ed. Wissenchaftliche Buchgesellschaft, Darmstad, 1973. Puede encontrase
sintetizada en L. RECASÉNS SICHF.S: Tratado general..., op. cit.: L. PAREJO ALFONSO: Constitución y
valores..., op. cit.; R. PERALTA, La interpretación del ordenamiento jurídico conforme a la norma
fundamental del Estado, Universidad Complutense, Madrid, 1994, págs. 66-60, obras que hemos seguido
en esta exposición.
(9) En este sentido, R. RUYER: La filosofía del valor. Fondo de Cultura Económica, México, 1969;
R. FRONDIZI: ¿Qué son los valores?. Fondo de Cultura Económica, 4." ed., México, 1968.
(10) J. VILAS NOGUEIRA: «LOS valores superiores del Ordenamiento jurídico», en Revista Española
de Derecho Constitucional, núm. 12, 1984, pág. 92. Como hemos dicho, este autor considera este
movimiento en un sentido amplio, al entenderlo iniciado por Lotze, e incluir en el mismo a Rickert, Scheler
y Hartmann.

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IDEAS SOBRE VALORES EN LA FILOSOFÍA JURÍDICA Y POLfTICA

En cuanto a la «Escuela de Badén» o «Escuela sudoccidental alemana», cabe


destacar entre sus representantes a W. Windelband (1848-1915), H. Rickert (1863-
1936), H. Münsterberg (1863-1916), y B. Bauch (1877-1942).
Windelband define la filosofía como «la ciencia crítica de los valores universa-
les» (11), ya que tiene por objeto juicios valorativos, y no juicios de hecho. El juicio
valorativo pretende una validez universal, pero no en el sentido de reconocimiento
de hecho por todos, sino como necesidad ideal (conciencia normativa), es decir, que
tal juicio debe ser reconocido por todos. Para este autor «la necesidad que advertimos
en la validez de las determinaciones lógicas, éticas y estéticas, es una necesidad ideal,
una necesidad que no es la del Müssen y del no-poder-ser-de-otro-modo, sino la del
Sollen y poder-ser-de-otro-modo». En similar sentido se pronuncia Rickert (12), para
quien el «ser» está precedido por el «deber ser», ya que si se puede decir que algo
es, es en virtud de que el juicio que lo expresa es verdadero por su deber ser. Este
es la «conciencia en general», anónima, universal e impersonal. En cuanto a los
valores, considera que están más allá del sujeto y del objeto, y que no son realidades,
sino que «valen». La relación entre el mundo de la realidad y el reino de los valores
es el acto de valorar, que determina una tercera esfera junto a realidad y valores: el
reino de la significación. Por lo demás, Rickert intenta una clasificación escolástica
de los valores (13).
Sin embargo, como hemos mencionado, los dos autores que con más frecuencia
se suelen citar dentro del ámbito de la «Filosofía de los valores» son M. Scheler
(1874-1928) y N. Hartmann (1882-1950). También denominada «ética material de
los valores», su obra se sitúa bajo la inspiración y métodos de la fenomenología de
Husserl.
Se ha señalado que la ética material de los valores incluye en el mundo filosófico,
y después jurídico, el término «valor», hasta entonces «secuestrado» en otras disci-
plinas, situando la reflexión filosófica sobre los valores en las nuevas coordenadas
de la fenomenología (14). Como características más importantes de esta doctrina
señala Pérez Luño (15): 1) los valores son esencias ideales previas a la experiencia,
absolutamente invariables y ordenados jerárquicamente; 2) el orden objetivo y jerár-
quico de valores ha de ser aprehendido por el sentimiento e intuición de su evidencia,
ya que no puede ser conocido por la razón; 3) la aprehensión de los valores no deriva

(11) Puede verse un resumen de su doctrina, por ejemplo, en AA.VV.: Historia del pensamiento.
vol. VI, Sarpe, Madrid, 1988, págs. 21-23.
(12) Un resumen de su doctrina puede encontrarse también en Historia del pensamiento, op. cit.,
vol. VI, págs. 23 y ss.
(13) Distingue este autor seis campos o dominios del valor: la lógica (dominio del valor verdad); la
estética (dominio del valor belleza); la mística (dominio del valor santidad impersonal; la ética (dominio
de la moralidad); la erótica (campo en el que domina la felicidad), y la filosofía religiosa, donde domina
la santidad personal.
(14) A. LLAMAS CASCON: LOS valores..., cit.. pág. 40.
(15) A. E. PÉREZ LUÑO; Derechos Humanos, Estado de Derecho y Constitución, ed. Tecnos, 2."
edición, 1986.

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de su cognoscibilidad racional y empírica, por lo que las variaciones históricas de


los valores son sólo apariencias, ya que no es el valor sino la conciencia valorativa
lo que cambia. Se ha advertido la similitud de los valores de Scheler y Hartmann
con la teoría de las ideas de Platón (16). Como se ha señalado (17), para estos autores
la diferenciación de los valores respecto al mundo sensible se manifiesta en el hecho
de que se perciban a veces antes e independientemente de los objetos que son sus
portadores; por ello poseen un ser propio, «ideal». No pertenecen al mundo del ser
«real», aunque tienen relación con la realidad, la cual estriba en que se realizan
adheridos a ella, y se presentan como una exigencia de incorporación a la misma.
La ética de Max Scheler (18) es una ética material, contrapuesta por tanto a la
ética formal de Kant. Como ha puesto de relieve Recaséns Siches (19), la fenome-
nología ha descubierto las esencias como objetos ideales, que son a priori, necesarias
e independientes de los hechos en que se realizan. De esta forma, se evidencia el
error de identificar lo a priori con lo formal y con lo racional, y lo a posteriori con
lo material y lo no racional, ya que los valores éticos y jurídicos, que poseen una
materia (un contenido concreto), y no son aprehensibles por procesos racionales, sino
mediante una intuición emotiva, sin embargo son a priori, pues ni dimanan de la
experiencia ni están fundados en ella. Pero la experiencia emotiva a la que se le
revela el valor no es, para Scheler, una simple emoción, sino una intuición intelec-
tiva, una experiencia intencional, que tiene con el valor la misma relación que una
representación o un concepto tienen con su objeto. Por ello el mundo de los valores
es un mundo objetivo a priori. Los valores no son ni bienes (el bien es la cosa que
incorpora un valor), ni fines (fin es el término de una aspiración o una tendencia que
puede o no tener valor). También para Scheler existe una jerarquía de los valores,
que es aprehendida mediante el acto específico de preferir (20). Los criterios que
permiten determinar la jerarquía axiológica son: durabilidad (se prefieren los valores
duraderos a los pasajeros); divisibilidad (son superiores los valores más indivisibles);
fundación, profundidad de la satisfacción y relatividad (escala de relatividad entre

(16) L. PAREJO ALFONSO, en Constitución y valores del ordenamiento, cit., pág. 47, considera que
los valores de Hartmann son ideas en sentido platónico. A. E. PfiREZ LUÑO: Derechos humanos..., op. cit..
pág. 139, citando a E. F. Sauer, opina que es la doctrina de Scheler la que puede ser considerada un
platonismo en clave cristiana; en cambio, entiende que para Hartmann el ente ideal constituye una
objetivación ideal que funda su idealidad en su pura autoexistencia, es decir, con un sentido distinto a las
ideas platónicas a la metafísica cristiana.
(17) J. M. RODRÍGUEZ PANIAGUA: Historia del pensamiento jurídico, vol. II, Universidad Complu-
tense, 6." edición, 1988, pág. 490.
(18) La obra más importante de M. SCHELER: por lo que se refiere al tema de los valores, es Der
Formalismus in der Ethik und die materiale Wertethik (1927), en Gesammelte Werke, 1954 (traducción
francesa de M. de GANDILI.AC, Le formalisme en éthique el l'élhique materiale des valeurs. Editions
Gallimard, París, 7* edición, 1955). Un amplio comentario a las ideas de este autor se encuentra en R.
FRONDIZI: ¿Qué son los valores?, cit., págs. 86 y ss.
(19) L. RECASÉNS SICHES: Tratado general..., op. cit., págs. 457 y ss.
(20) M. SCHELER: Der Formalismus in der Ethik..., cit., 1927, pág. 84 y ss. (traducción francesa,
págs. 108 y ss.)

134
IDEAS SOBRE VALORES EN LA FILOSOFÍA JURÍDICA Y POLÍTICA

los valores, aunque todos ellos son objetivos). Tomando como base dichos criterios,
puede establecerse la jerarquía de los valores siguiente: en el nivel más bajo se
encuentran los valores de lo agradable y lo desagradable; en segundo término, los
valores vitales (que van de lo noble a lo vulgar; aunque también se encuentra en este
grupo la esfera del bienestar, y otros estados). Por encima de éstos se encuentran los
valores espirituales, dentro de los que cabe distinguir, a su vez, jerárquicamente: los
valores de lo estético; los de lo justo-injusto (aquí se incluyen los valores jurídicos,
que constituyen el fundamento de toda ordenación jurídica, en cuanto es indepen-
diente de toda ley positiva del Estado o de la comunidad); y los valores del «cono-
cimiento puro de la verdad». En la cúspide de la jerarquía se encuentran los valores
de lo santo y lo profano (21).
En sentido parecido, Hartmann (22) considera que los valores son objetos con
entidad propia que se conocen a priori de forma emocional, y no intelectual y
reflexiva; pero la emoción valorativa tiene la misma objetividad que el conocimiento
científico o lógico.
La crítica a la ética material de los valores se centra en la dificultad que ésta
tiene para determinar la «lista» de valores absolutos y objetivos, que ni siquiera son
coincidentes entre todos los representantes de esta corriente (23). Por otro lado, la
propia historicidad y variabilidad de los valores en el terreno sociológico hace que
esta concepción tenga difícil aplicación al campo jurídico. Y es que para determinar
los valores que pertenecen a este orden objetivo es preciso encontrar un método de
conocimiento que pueda ser aceptado universalmente. En este sentido, la evidencia
(fundamento de la fenomenología) no parece criterio de conocimiento seguro, pues,
como afirma Parejo Alfonso, no se aporta una regla válida de distinción entre un
conocimiento correcto del valor respecto de un simple sentimiento o mera percepción
subjetiva de ese valor. En efecto, «o el concepto de evidencia incluye la nota de
verdad, en cuyo caso es imposible decidir acerca de si un juicio es evidente, o, por
contra, la evidencia significa una vivencia psicológica comprobable, en cuyo caso
resulta imposible determinar si un juicio evidente es verdadero» (24).
La filosofía de los valores ha tenido también importantes manifestaciones en el
campo más estrictamente jurídico. Las aportaciones de E. Lask, M. E. Mayer y F.
Münch (25) giran en torno a la idea de cultura como conjunto de valores supraindi-

(21) R. FRONDIZI: ¿Qué son los valores?, cit., págs. 116-118.


(22) N. HARTMANN: Ethik, Walter de Gruyter, 3.a ed., Berlín, 1949. Puede verse un resumen de su
doctrina en Historia del pensamiento, op. cit., págs. 276 y ss.; L. PAREJO ALFONSO: Constitución y valores
del Ordenamiento, ed. Centro de Estudios Ramón Aretes, Madrid, 1990, págs. 47 y 48, obras que hemos
seguido en esta breve exposición.
(23) Así lo ha puesto de manifiesto por ejemplo A. E. PÉREZ LUÑO: Derechos humanos..., op. cit.,
pág. 139.
(24) L. PAREJO ALFONSO: Constitución y valores del ordenamiento, op. cit., págs. 47 y 48. Este autor
se basa en las críticas realizadas por E. Topisch y L. Nelson.
(25) Puede verse un resumen de la doctrina de estos autores (así como de buena parte de la
denominada «filosofía jurídica de los valores») en L. PAREJO: Constitución..., cit., págs. 86 y ss.

135
F. JAVIER DÍAZ REV0R10

viduales. Con un punto de partida parecido, G. Radbruch (26), entiende que la cultura
es una zona intermedia entre la naturaleza (que es ciega a los valores) y el deber ser
puro (donde se encuentran los valores absolutos); el Derecho, como parte de la
cultura, supone una tendencia intencionada a la realización del valor justicia, de
forma tal que el Derecho justo es aquel que persigue la justicia, aunque no la alcance.
Radbruch intenta establecer también una jerarquía de valores: centrándonos en el
ámbito de la vida social, pueden distinguirse los valores de la personalidad, los
valores de las obras, y los valores de la sociedad. Cuál de estos grupos de valores
debe ostentar la primacía es algo que la filosofía del Derecho no puede decidir, ya
que depende de la concepción del mundo que se tenga, aunque sí puede establecerse
que primando los valores de la personalidad, el valor supremo seria la libertad,
implicando un sistema democrático (aunque engloba en esta opción tanto al libera-
lismo como al socialismo); en el caso de prevalecer los valores de las obras, se
obtiene como valor supremo la cultura y un Estado de tipo corporativista; por último
la primacía de la sociedad conlleva el valor supremo del poder. Por ello se ha hablado
del relativismo de Radbruch, ya que entiende que no hay otro criterio que las
preferencias para establecer una de las tres diversas concepciones del Estado. No
obstante, este autor establece en todo caso la primacía de la seguridad jurídica sobre
los demás valores. De todas formas, se ha señalado (27) que Radbruch se inclina
implícitamente por la opción de los valores de la personalidad, pues el relativismo
de su construcción supone la admisión de opciones distintas sobre la ordenación de
los valores, esto es, implica la tolerancia, y tolerancia es democracia.
Los intentos de aplicar la teoría de los valores en el campo jurídico, desde
concepciones iusnaturalistas, han sido criticados por su falta de base o fundamenta-
ción real, al configurarse como teorías que, en realidad, toman sus pretendidos
«valores absolutos» de un contexto histórico concreto y determinado, o bien los
encuentran a través de una intuición, carente de base científica (28).
En España, y bajo la influencia de la filosofía de los valores, cabe citar a Ortega
y Gasset (29). Defiende el filósofo madrileño una concepción objetiva de los valores,
distinguiendo entre el mundo del ser y el mundo del valer; en la percepción de los
objetos existen fenómenos no sensibles, pero sin embargo aprehensibles. Los valores

(26) G. RADBRUCH: «Der Begriff des Rechts» (1914) en Begriffuml Wesen des Rechts, editada por
W. Mainhofer, Ed. Wissenschaftliche Buchgesellschaft, Darmstadt, 1973, págs. 384 y ss. También «Fi-
losofía del Derecho», Editorial Revista de Derecho Privado, 4." edición, Madrid, 1959, págs. 7 y ss., 43
y ss, y los comentarios citados en notas anteriores, que hemos tenido en cuenta en las líneas que dedicamos
a este autor.
(27) L. PAREJO ALKONSO: «Constitución...», op. cit., pág. 91.
(28) Puede verse, por ejemplo, la crítica con la que A.E. PÉRI:/. LuÑO (apoyándose en U. MATZ)
acompaña la referencia a los autores que acabamos de citar en el texto, y a otros como COINO o REINF.R:
en su obra Derechos humanos..., cit., pág. 140.
(29) J. ORTEGA Y GASSET: «¿Qué son los valores?», bajo el título general Introducción a una
estimativa, citado por «Obras completas», ed. Revista de Occidente, tomo 6, 6.a edición, Madrid, 1964,
págs. 315 y ss.

136
IDEAS SOBRE VALORES EN LA FILOSOFÍA JURÍDICA Y POLÍTICA

no son susceptibles de entendimiento, sino de estimación, lo que no impide que


pueda existir un conocimiento absoluto de los mismos, de forma tal que la Estimativa
o ciencia de los valores constituye un sistema de verdades evidentes e invariables.
Señala Ortega tres rasgos o propiedades características de los valores: la cualidad,
que implica polaridad (siempre serán positivos o negativos); el rango, que los coloca
en su lugar dentro de una jerarquía; y la materia, que los individualiza. Existe una
jerarquía entre los valores que se percibe de modo evidente: igual que basta entender
lo que es «cinco» y «cuatro», para apreciar la minoría de cuatro respecto a cinco,
simplemente con ver bien lo que es «elegancia» y «bondad moral», se aprecia la
inferioridad de aquélla respecto a ésta.
Recaséns Siches (30) recoge en el ámbito jurídico español la reflexión filosófica
sobre los valores, también desde un punto de vista objetivo y a priori, influido por
Ortega, y, más allá, por Scheler y Hartmann. Sin embargo, matiza algo su posición
respecto a estos últimos autores, de los que realiza una cierta crítica, pues en lugar de
considerar que los valores son entidades ideales abstractas, entiende que la objetividad
de los valores se da en la existencia humana; de esta forma, los valores son objetos
ideales con validez análoga a la de las ideas, pero con vocación de ser realizados y
encarnarse en el mundo a través de la acción del hombre: la objetividad de los valores
está incardinada en la vida humana. Recaséns recoge también entre las propiedades de
los valores otras señaladas por los autores clásicos de la filosofía de los valores, como
son la bipolaridad y la jerarquización o gradación. Por otro lado, procura matizar la
tajante distinción entre realidad y valor llevada a cabo por la ética material de los
valores, pues existe entre ellos una «recíproca vocación», ya que «los valores reclaman
idealmente ser plasmados en realidades, y las realidades sólo cuando encarnan valores
preséntanse como justificadas» (31). Coincide en cambio con las doctrinas anteriores
en que es la intuición el método de conocimiento de los valores. Igualmente, trata de
conjugar el carácter objetivo y a priori de los valores, con la historicidad de su
realización práctica, ya que «la diversidad y el cambio, es decir, la historicidad, no se
predican de los valores, sino de su realización en la vida humana social» (32).
El Derecho es para Recaséns algo que los hombres fabrican en su vida y que lo
viven en ella con el propósito de realizar unos valores (aquí se aprecia también la
influencia vitalista de Ortega). Más concretamente, es «norma... elaborada por los
hombres con el propósito de realizar unos valores» (33), apreciándose por tanto tres
dimensiones jurídicas: valor, norma y hecho. Por último, aunque Recaséns plantea
como tarea futura de la Estimativa Jurídica la determinación de los valores jurídicos
y de su jerarquía, sí afirma que entre los valores supremos que deban inspirar el
Derecho se han de encontrar la dignidad moral del hombre, la libertad como esfera
de autonomía, y la paridad fundamental ante el Derecho.

(30) L. RECASÉNS SICIIES: Tratado general..., op. cil.. pág. 8 y ss.


(31) L. RECASÉNS SICHES: Tratado..., op. cit., pág. 65.
(32) L. RECASÉNS SICHES: Tratado..., op. cit., pág. 461.
(33) Op. cit., pág. 159.

137
3. TEORÍAS SUBJETIVISTAS

Las teorías hasta ahora expuestas postulan una existencia y fundamentación


objetiva de los valores. A continuación nos referiremos a dos autores cuyas obras
han tenido una enorme repercusión, y que hemos agrupado como «fundamentaciones
subjetivistas», por contraposición a las anteriores. En efecto, es rasgo común de estas
teorías el que los valores o principios de justicia pueden ser extraídos por sujetos
especialmente cualificados, o que se encuentran en condiciones óptimas o especiales
para conocer dichos valores. He de reconocer en cualquier caso todo lo que dicha
«etiqueta» —o cualquier otra— pudiera tener de discutible (por lo demás, probable-
mente los autores que vamos a comentar rechazarían tal calificación). También
cabría hablar de «fundamentaciones neoliberales» (34), ya que creemos que dichas
fundamentaciones conducen a una concepción «liberal» de los valores y de los
derechos (o quizás al revés: detrás de esas fundamentaciones subyace una concep-
ción liberal).
Las doctrinas que comentaremos a continuación están pensadas para la funda-
mentación de los derechos fundamentales, pero estimamos que son trasladables a la
de los valores, ya que aquéllos son reflejo y concreción de éstos, de forma que,
genéricamente, pueden fundamentar la justicia, la libertad y la igualdad. Estas teorías
pretenden fundamentar los derechos humanos desde una posición que se ha consi-
derado cercana al iusnaturalismo, y desde una perspectiva ideológica neoliberal.
Entre sus principales representantes cabe citar a K. Popper, F. von Hayek, R. Nozick
(aunque éste desde una posición mucho más original, cercana al anarquismo), J.
Rawls y R. Dworkin. De todos ellos reseñaremos como más significativas las ideas
de los dos últimos; sus ideas son conocidas ampliamente en nuestra doctrina, y al
objeto de este estudio sólo es preciso una breve reseña de las mismas, por lo que se
refiere a los valores o principios de justicia.
Rawls (35) afirma la existencia de unos «principios de justicia», que derivan de
un razonamiento perfecto desplegado en una «posición originaria», o situación
hipotética en la que unos individuos racionales y libres, en condiciones de pureza,
destilan auténticos principios de justicia por consenso unánime. Tales condiciones
de pureza se consiguen gracias a un «velo de ignorancia», según el cual tales
hipotéticos individuos desconocerían sus posiciones sociales y cualesquiera datos
particulares. De esta forma la «posición originaria» es de imparcialidad. Con esta
base, Rawls señala dos principios básicos de su teoría de la justicia: por un lado, que

(34) Mientras que la calificación de estas teorías como «subjetivistas» puede encornarse por ejemplo
en A. E. PÉREZ LUÑO: Derechos humanos..., op. cil., pág. 145-161, en cambio, L. PRIETO SANCHfs: Estudios
sobre derechos fundamentales, ed. Debate, Madrid, 1990, págs. 26 y ss., reúne a estos autores con los
liberales «clásicos» bajo el epígrafe «concepción liberal de los derechos». L. PAREJO ALFONSO: Constitu-
ción..., op. cit., págs. 99 y ss., utiliza ambas ideas, al hablar del «subjetivismo neoliberal».
(35) J. RAWLS: Teoría de la justicia (1971), traducción al castellano de M. D. DOMÍNGUEZ, Fondo
de Cultura Económica, Madrid, 1979.

138
IDEAS SOBRE VALORES EN LA FILOSOFÍA JURÍDICA Y POLÍTICA

«cada persona ha de tener un derecho igual al más amplio sistema total de libertades
básicas, compatible con un sistema similar de libertad para todos»; en segundo lugar,
que «las desigualdades económicas y sociales han de ser estructuradas de manera
que sean para: a) mayor beneficio de los menos aventajados, de acuerdo con un
sistema de ahorro justo, y b) unido a que los cargos y las funciones sean asequibles
a todos, bajo condiciones de justa igualdad de oportunidades» (36).
Pero ha de tenerse en cuenta que los principios de justicia en Rawls no tienen
en realidad un origen consensual, ya que se trata de descubrir o hallar una verdad
objetiva y preexistente, pero desde la perspectiva o posición subjetiva, pues tales
principios se descubren desde el sujeto en la situación hipotética descrita. Sin em-
bargo, las necesidades reales del hombre (pobreza, carencia de medios...) no son
desconocidas para Rawls, que distingue entre la libertad, que se refiere al status igual
de ciudadano, prescindiendo de sus necesidades y su capacidad para obtener sus
fines, y el «valor de la libertad», que sería el valor que para cada individuo poseen
los derechos definidos según el principio de justicia. Esto implica, como ha señalado
Prieto Sanchís, que «existe una libertad igual para todos, que es la del hombre
jurídico y que resulta ajena a la pobreza y a la ignorancia, junto a una libertad
desigual, condicionada por la existencia concreta. Simplificando, existe una libertad
igual que no es real y una libertad real que no es igual» (37).
R. Dworkin concede un importante papel a los valores, que él denomina «prin-
cipios». El autor de Los derechos en serio (38), desde una posición liberal e indivi-
dualista (aunque sin duda con algunos elementos progresistas o igualitarios) entiende
que la razón de ser de los derechos morales está en la protección que prestan al
individuo frente a cualquier objetivo social o colectivo; de esta forma se configuran
como «triunfos frente a la mayoría», que no pueden quedar a merced de las decisio-
nes políticas eventualmente cambiantes. Sin embargo, Dworkin no basa su teoría en
la idea de libertad, sino en la de igualdad formal, esto es, en el principio de igual
consideración y respeto para todos los individuos, intentando así superar posibles
contradicciones entre ambos valores fundamentales. La teoría de este autor norte-
americano parte de la imbricación entre Derecho y Moral, que se aprecia especial-
mente en su idea de la figura del juez modelo, que puede encontrar la solución justa
de forma racional, basándose en los principios que garantizan los derechos y en los
cuales se fundamentan las normas. Pero estos principios (y por tanto, los derechos
morales) se imponen en todo caso, estén o no recogidos por el derecho positivo, o
incluso cuando éste se halle en abierta contradicción con aquéllos, en cuyo caso el
«juez modelo» es posible que deba «mentir» y hacer caso a los principios. Pese a

(36) J. RAWLS: Teoría..., op. cil., pág. 340-341.


(37) L. PRIETO SANCHÍS: Estudios..., op. cil., pág. 29.
(38) R. DWORKIN: Taking rights seriously, 1977, traducción al castellano de A. CALSAMIGLIA: LOS
derechos en serio, cd. Ariel, Barcelona, 1984. Un reciente y amplio comentario a sus ideas, en A. GARCÍA
FICUEROA: Principios y positivismo jurídico. Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid,
1998, págs. 219-323.

139
f. JAVIER DlAZ REVORIO

ello, Dworkin no considera que el juez esté creando derecho, pues debe basarse en
criterios objetivos de ordenación y articulación de los principios, de forma que se
limita a descubrir la respuesta correcta, a encontrar la solución justa.
Sin que sea fácil hacer una crítica común de los autores que acabamos de comentar,
sí puede afirmarse que las teorías a que nos venimos refiriendo acaban por justificar
principal y casi exclusivamente los derechos individuales de corte liberal, que, si bien
conceden a toda persona un mismo status, olvidan las circunstancias económicas,
sociales y culturales reales, cuya satisfacción debería seguramente basarse en un enfo-
que distinto de los mismos valores o principios (igualdad y libertad reales); como se
ha dicho, se aprecia en estas tesis una notable dificultad para concebir las exigencias
de la dignidad, la libertad y la igualdad no sólo en términos abstracto-formales, sino
también en términos histórico-concretos (39). No obstante, estimamos que es indudable
mérito de estos autores el haber dado una fundamentación o base «fuerte» a determi-
nados derechos fundamentales, colocando en la cúspide del sistema jurídico la libertad
y la igualdad (más exactamente, un cierto sentido de libertad e igualdad), y haciéndolas
resistentes a las distintas opciones políticas.

4. TEORÍAS CONSENSUALISTAS

Tras el comentario de las teorías que postulan una existencia objetiva de los
valores, como ideas o esencias que pueden ser aprehendidas, y de las que parten de
una posición subjetiva determinada para conseguir el conocimiento de dichos valo-
res, hay que hacer referencia a algunos autores que han entendido que dichos valores
o principios pueden ser hallados, y encontrar su justificación, desde un punto de vista
intersubjetivo o consensual, es decir, mediante el diálogo o acuerdo de varios sujetos,
o de la mayoría de la sociedad. Ahora bien, dentro de estas doctrinas cabe distinguir
dos grupos netamente diferentes: en primer lugar, las que postulan un «consenso
ideal», es decir, un diálogo y un acuerdo en condiciones predeterminadas, que
habitualmente no se encontrarán en la realidad; en segundo lugar, las que buscan el
acuerdo o consenso real en la sociedad.
Entre las primeras hay que hacer referencia fundamentalmente a la teoría del
consenso ideal de Habermas (40). Basándose en las pretensiones de validez del juego
lingüístico operativo (41), Habermas se centra en las condiciones necesarias para

(39) L. PRIETO SANCHÍS: Estudios... op. cit., pág. 28.


(40) Entre las obras de J. HABERMAS: pueden señalarse Conciencia moral y acción comunicativa,
traducción de R. GARCIA COTARELO, Península, Barcelona, 1985; Teoría de la acción comunicativa,
Taurus, Madrid, 1987; La reconstrucción del materialismo histórico, traducción al castellano de J.
NICOLÁS MUÑIZ y R. GARCIA COTARELO, Taurus, Madrid, 1981. Tendremos en cuenta también para esta
breve exposición los comentarios a este autor realizados en trabajos citados anteriormente.
(41) Que son, para Habermas: la comprensibilidad de la declaración, la veracidad del contenido
propositivo, la corrección del contenido performativo, y la credibilidad del sujeto que habla.

140
IDEAS SOBRE VALORES EN LA FILOSOFÍA JURÍDICA Y POLÍTICA

generar los valores, sirviendo así su teoría como fundamento de los derechos y los
valores. Como se sabe, Habermas afirma que el consenso razonado o justificado es
el generado vía argumentativa, pero solamente cuando ha existido y existe estructu-
ralmente la posibilidad de cuestionar, modificar y sustituir el lenguaje utilizado para
las fundamentaciones. En estas condiciones puede darse la situación de diálogo ideal,
en la que no existen influencias o distorsiones externas, ni factores coactivos deri-
vados de la propia situación (42).
Puede comprenderse que se haya criticado a Habermas por proponer un modelo
formal e irreal o contrafáctico. Sin embargo, Habermas cree que, sin ser la situación
ideal un dato empírico, tampoco es una simple abstracción formal, destacando su
carácter de pretensión o anticipación, con la indiscutible utilidad de proporcionar
elementos para la crítica de cualquier consenso empírico por contraste con las
condiciones del discurso ideal. Es decir, la tesis de Habermas debe entenderse más
bien como crítica a los sistemas reales de toma de decisiones políticas (incluso
democráticos), que como justificación de éstos.
En todo caso, puede afirmarse con Prieto Sanchís que si bien las construcciones
teóricas no han de ser descripciones históricas, en este caso la contradicción resulta
demasiado patente, ya que los derechos humanos no han sido nunca el fruto de un
pacífico e igualitario debate entre sujetos autónomos, sino que más bien han comen-
zado expresando el grito y la protesta de las minorías. Además, aun en el marco más
óptimo de legitimidad democrática, los derechos humanos desempeñan, entre otras,
una función limitadora del poder y, por tanto, parece poco coherente confiar la
determinación de los derechos a cualquier fórmula consensual (43).
Entre las doctrinas que antes denominábamos del «consenso real» o histórico,
hay que destacar a la llamada Escuela de Budapest, formada por los discípulos de
G. Luckacs (1885-1971), entre los que cabe destacar a G. Markus y Agnes Hel-
ler (44), y que experimentó su mayor apogeo en los años cincuenta y sesenta. Sin
seguir un criterio temporal, exponemos brevemente sus ideas a continuación de las
de Habermas, ya que aquél se refería a un «consenso ideal», mientras que esta
Escuela propugna una especie de «consenso real». En efecto, con influencias de
Hegel y de Marx, defienden la construcción de un orden axiológico desde las

(42) Entre las reglas principales para que se dé esta situación podemos citar:
1. «Todo sujeto capaz de hablar y de actuar puede participar en la discusión.»
2. a) «Todos pueden cuestionar cualquier información.»
b) «Todos pueden introducir cualquier afirmación en el discurso.»
c) «Todos pueden manifestar sus posiciones, deseos y necesidades.»
3. «A ningún hablante puede impedírsele el uso de sus derechos reconocidos en 1) y 2) por medios
coactivos originados en el exterior o en el interior del discurso.»
Otras reglas se refieren a la coherencia y lógica de las afirmaciones introducidas en el discurso.
J. HABERMAS: Conciencia moral..., op. cit., págs. 112-113.
(43) L. PRIETO SANCHÍS: Estudios... op. cit., pág. 65.
(44) A. HELLER: Hipótesis para una teoría marxista de los valores, traducción de M. SACRISTÁN,
Grijalbo, Barcelona. 1974.

141
F. JAVIER DÍAZ REVORIO

«necesidades radicales», de forma que el principal valor ético es el reconocimiento


y satisfacción de estas necesidades. Desde este punto de vista pretenden la superación
de las concepciones formales, apriorísticas o ahistóricas. Los valores se obtienen
también por consenso, pero a diferencia de la teoría habermasiana, se trata de un
consenso histórico en el que los hombres no solamente son seres racionales, sino que
también tienen necesidades y sentimientos; es decir, se trata de hombres más reales.
Si bien Habermas admite también la existencia de necesidades, pero supeditadas a
la previa justificación racional, los autores de la Escuela de Budapest creen que las
necesidades pueden también justificarse mediante la remisión a otras necesidades.
Por eso A. Heller critica la teoría del consenso ideal, si bien también podría enten-
derse, como hace Pérez Luño, que los dos tipos de fundamentaciones intersubjetivas
son no sólo compatibles, sino complementarias, puesto que «la utopía filosófica de
una sociedad plenamente libre y democrática, que halla su plasmación concreta en
la entera satisfacción de sus necesidades radicales, no creo que pueda concebirse al
margen de una comunicación intersubjetiva libre y racional» (45).

5. EL RELATIVISMO KELSENIANO Y LOS VALORES

Una vez comentadas las principales doctrinas sobre la fundamentación de los


valores, hay que hacer referencia a aquellas posiciones negadoras de la existencia de
los mismos, al menos entendidos como un sistema objetivo o que pueda ser conocido,
fundamentado y admitido con validez general, es decir, con un significado idéntico
para todos. Hablamos de las doctrinas relativistas.
Entre ellas que hay que destacar lógicamente a H. Kelsen, que abandona todo
planteamiento metafísico en la reflexión filosófico-jurídica. Sin perjuicio de las
referencias al problema de los valores en las «grandes obras» del autor, puede
encontrarse un tratamiento específico del problema que nos ocupa en otros trabajos.
Desde una perspectiva positivista, entiende que las cuestiones sobre el fundamento
y justificación de las normas son metajurídicas. Ello conlleva una posición totalmen-
te relativista respecto a los valores, que son considerados como juicios meramente
subjetivos: «las preguntas acerca de si el valor supremo está en la nación o el
individuo, en lo material o lo espiritual, en la libertad o la seguridad, en la verdad o
la Justicia, no pueden responderse de un modo racional, y así se les da como
respuesta un juicio subjetivo de valor, es decir, un juicio relativo, bajo la forma de
un valor objetivo y absoluto, como una norma general y válida» (46). Por ello,
Kelsen repasa las diversas definiciones que a lo largo de la Historia se han dado de

(45) A. E. PÉREZ LUÑO: Derechos humanos..., op. cit., pág. 172.


(46) H. KELSEN: ¿Qué es justicia?, traducción y estudio preliminar de Albert CALSAMIGLIA, ed. Ariel,
Barcelona, 2.1 edición, 1992, pág. 43. Similar opinión sobre la justicia es recogida en Teoría general del
Derecho y del Estado, traducción de E. GARCIA MÁYNEZ, Universidad Nacional Autónoma de México,
2." edición, 1958 (reimpresión, 1979), págs. 7 y ss.

142
IDEAS SOBRE VALORES EN LA FILOSOFÍA JURÍDICA Y POLÍTICA

la justicia («dar a cada uno lo que le corresponde»; principio de igualdad; concepto


marxista de justicia —de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus
necesidades—; imperativo categórico kantiano...) para intentar demostrar que son
fórmulas vacías, ya que intentan responder a un interrogante planteando otros nuevos
(qué corresponde a cada uno, qué es lo igual, qué necesidades deben ser satisfechas
y cuáles son las capacidades de cada uno, qué principios deberían ser obligatorios
para todos los hombres...), y estos últimos interrogantes sólo hallan su respuesta en
el orden social establecido en un momento dado.
El relativismo kelseniano se aprecia también en su idea de la democracia como
método, de forma tal que, como se ha dicho, es imposible limitarla «en nombre de
unos determinados "valores", en los que se pretende dar una consagración, más o
menos burdamente metafísica, a una situación histórica» (47) (estos valores serían
los derechos de la democracia liberal, con la propiedad a la cabeza).
Sin embargo, no puede sostenerse, y en ello insiste el propio Kelsen, que la
concepción relativista de los valores suponga ignorancia o negación de la moral. Lo
que el fundador de la Escuela de Viena defiende es simplemente la existencia de
varios sistemas morales, entre los cuales ha de elegirse. Ello supone como principio
moral de esta filosofía relativista la tolerancia, íntimamente ligada a la democracia,
puesto que ésta implica libertad, y la libertad, tolerancia; por ello, la democracia es
la forma de gobierno más favorable a la Ciencia, «ya que el alma de la Ciencia es
la tolerancia». Las palabras finales del discurso kelseniano ¿Qué es la justicia? son
especialmente significativas: «He empezado este ensayo preguntándome qué es la
Justicia. Ahora, al concluirlo, sé que no he respondido a la pregunta. (...) Sólo puedo
estar de acuerdo en que existe una Justicia relativa y puedo afirmar qué es la justicia
para mí. Dado que la Ciencia es mi profesión y, por tanto, lo más importante en mi
vida, la Justicia, para mí, se da en aquel orden social bajo cuya protección puede
progresar la búsqueda de la verdad. Mi justicia, en definitiva, es la de la libertad, la
de la paz; la Justicia de la democracia, la de la tolerancia» (48).
En otro trabajo, Kelsen alude específicamente a las referencias valorativas (in-
vocación a los ideales de equidad, de justicia, de libertad, de igualdad, de moralidad,
etcétera.) contenidas en ocasiones en las constituciones, sin precisar la forma en que
deben entenderse. Afirma que las concepciones en torno a esas ideas son hasta tal
punto diferentes entre sí, según la perspectiva de los intereses de que se trate, que
«si el derecho positivo no consagra una de entre estas concepciones, toda regla
jurídica puede justificarse en base a alguna de ellas». Por ello considera que tales
fórmulas no tienen un gran significado, no añaden nada. Sin embargo, alerta sobre
el papel extremadamente peligroso que pueden tener en el campo de la justicia
constitucional, si se interpretasen como directivas relativas al contenido de las leyes:
si existe un principio constitucional de justicia, y el Tribunal Constitucional anulase

(47) I. DE Orro PARDO, en nota preliminar a H. KELSEN: Esencia y valor de la democracia, traducción
española de R. LUENGO TAPIA y L. LEGAZ Y LACAMBRA, ed. Guadarrama, 2.' ed., pág. IX.
(48) H. KELSEN: ¿Qué es la justicia?, op. cil.. pág. 63.

143
F. JAVIER DfAZ REVORIO

una ley por considerar que su contenido es injusto, su poder «habría que considerarlo
simplemente insoportable» (49). Por todo ello las normas constitucionales «no deben
emplear terminología difusa, como "libertad", "igualdad", "justicia", etc.», pues de
lo contrario existe el peligro de un desplazamiento del poder del Parlamento, no
previsto en la Constitución (50).
Como ha indicado Peces-Barba, Kelsen suministra con sus planteamientos argu-
mentos teóricos para no ocuparse de una fundamentación de los derechos, aunque
su misma biografía sea un ejemplo de lucha práctica por ellos (51).
En fin, el relativismo valorativo de Kelsen conduciría a la negación de todo valor,
o al menos a un indiferentismo axiológico; sin embargo, la propia defensa del
relativismo parece implicar la justificación del valor tolerancia, y por tanto pluralis-
mo y democracia. En todo caso, la doctrina kelseniana conlleva la irrelevancia del
concepto de legitimación, o, en otros términos, la identificación entre legitimación
y validez del Derecho. Lo anterior supone la ausencia de criterio alguno sobre el
contenido del Derecho, que se impone por el mero hecho de su validez y con
independencia de su contenido. Desde el punto de vista de una Constitución que
contiene abundantes cláusulas valorativas, la doctrina kelseniana supone vaciar de
contenido todas ellas.

6. LOS VALORES EN LA TEORÍA DEL ESTADO Y DE LA CONSTITUCIÓN: ALGUNOS


AUTORES

Es obviamente imposible en el contexto del presente trabajo, trazar un panorama


completo en torno a la importancia de los contenidos axiológicos en la teoría del
Estado y en la teoría de la Constitución. Con todo, una vez repasadas brevemente
las diversas doctrinas filosófico-jurídicas sobre los valores y su fundamentación,
parece conveniente comentar sucintamente la influencia que los valores han tenido
en este terreno. Para ello hemos elegido solamente algunos autores «clásicos», de
relevancia indiscutible, y en cuyas doctrinas se da cabida de una u otra forma a
contenidos axiológicos, o bien las mismas reflejan una concepción en algún modo
valorativa, en torno al Estado o a la Constitución.

(49) H. KELSEN: «La garantía jurisdiccional de la Constitución (la justicia constitucional)», en


Escritos sobre la democracia y el socialismo, traducción de J. Ruiz MAÑERO, Debate, Madrid, 1988, págs.
142-143.
(50) H. KELSEN: ¿Quién debe ser el defensor de la Constitución?, traducción del original Wer solí
der Hüterder Verfassung sein? (1931), por R. J. BRIE, Tecnos, Madrid, 1995.
(51) G. PECES-BARBA: Curso de derechos fundamentales, vol. I, Teoría general, ed. EUDEMA,
Madrid, 1991, pág. 48.

144
6.1. R. Smend

Smend realiza un planteamiento estimativo del Estado y de la Constitución desde


su teoría de la integración (52). Para este clásico, el Estado forma parte de una
realidad espiritual y como tal no es algo estático, sino que está inmerso en un proceso
de configuración social que supone una continua transformación, y que Smend
denomina integración. Parte de que la estructura de toda agrupación humana consta
de un elemento temporal y concreto, y otro atemporal e ideal, cuya vinculación no
puede ser explicada fuera de su naturaleza dialéctica. Del mismo modo, son insepa-
rables como funciones del Estado la realización de los valores del espíritu y la del
derecho positivo: el mundo y las funciones del espíritu no son realizadas de forma
plena sino a través de su positivación por el Derecho constitucional; las facetas
empírica y espiritual del Estado están íntimamente relacionadas.
Distingue Smend la integración personal, integración funcional (formas de vida
que tienden a crear un sentido colectivo, es decir, procesos que tienden a una síntesis
social, por ejemplo, elecciones y referendos), e integración material, que supone la
realización de contenidos sustantivos —valores— en la comunidad. El Estado no es
real «en sí», sino en la medida en que realiza tales valores. Solamente gracias a esta
densidad de carga valorativa ejerce el Estado su poder de dominación, lo que
significa que es un entramado de vivencias permanentemente unido y actualizado,
cuya unidad vivencial se debe al hecho de que es una totalidad de valores (53). La
poderosa eficacia integradora de estos elementos materiales hace que no sea fácil
percibir sus manifestaciones concretas y que, por ello, resulte difícilmente abarcable
en toda su extensión: para solventar este problema surgen los símbolos políticos
como representación de los valores históricos. Igualmente, la historia y el territorio
del Estado son otros factores de integración material.
Para Smend, el fundamento de la legitimidad del Estado «son los valores con-
cretos que actúan, por un lado, como factores, y por otro, como elementos básicos
de la validez de un orden jurídico-político determinado» (54). La diversidad de
valores produce diversos tipos y grados de legitimidad. Como quiera que las Cons-
tituciones modernas recogen los derechos humanos, preámbulo, territorio, forma
política y pabellón nacional, los textos fundamentales manifiestan así su eficacia
integradora y, a la vez, legitimadora. Especialmente, los derechos fundamentales
forman parte del contenido material de carácter integrador de las constituciones;
representan un sistema de valores concreto, un sistema cultural que resume el sentido
de la vida estatal contenida en la Constitución. Ello implica, desde el punto de vista
político, una voluntad de integración material; y desde el plano jurídico, la legitima-

(52) R. SMEND: Constitución y Derecho constitucional, traducción de J. M. BENEYTO PÉREZ (edición


original, Verfassung und Verfassungsrecht, 1928), Centro de Estudios constitucionales, Madrid, 1985,
págs. 62 y ss.
(53) R. SMEND: Constitución..., op. cit., págs. 95-96.
(54) R. SMEND: Constitución..., op. cit., pág. 101.

145
F. JAVIER D(AZ REVORIO

ción del orden positivo estatal y jurídico, que «es válido sólo en cuanto que repre-
senta este sistema de valores y precisamente por él se convierte en legítimo» (55).
En fin, como se ha afirmado (56), para Smend el sistema de valores o «sistema
cultural» constituye el sustrato material integrador de la comunidad. Pero tales
valores tienen un carácter dinámico, de forma que deben ser actualizados y adapta-
dos. Se ha destacado que el recurso al orden de valores obliga a una «captación
espiritual» del contenido axiológico último del orden constitucional; de esta forma,
la interpretación aparece más que para dar respuesta al sentido de los conceptos del
texto, para comprender el «sentido y realidad» de la ley constitucional (57).

6.2. C. Schmitt

También se refiere al tema de los valores en relación con el Estado Schmitt. Este
autor criticó en un trabajo las ideas de la filosofía de los valores y su aplicación al
Derecho (58). Para la filosofía de los valores, éstos no son, sino que valen; pero
Schmitt pone de relieve que la facultad estimativa es algo subjetivo: «si algo es valor
y en qué grado se puede determinar solamente desde un supuesto punto de vista o
criterio particular» (59). De esta manera, cualquier fijación de valores posee una
agresividad potencial inmanente, ya que hombres concretos hacen valer sus valores
frente a otros hombres igualmente concretos. La idea del carácter objetivo de los
valores no hace sino introducir un nuevo momento de agresividad en la lucha de las
valorizaciones, sin aumentar lo más mínimo la evidencia objetiva para los que
piensan de manera distinta (60). Puesto que según la lógica del valor, cualquier
precio ha de pagarse por el valor supremo, el valor mayor trata al valor menor como
de calidad inferior, y destruye al sinvalor, se produce una tiranía de los valores, en
la que unos deben sacrificarse a otros: una realización de los valores destruye los
valores. Por ello, un jurista que se refiera a valores y sinvalores debe saber lo que
hace (61).
Las anteriores ideas ponen de manifiesto el peligro de los razonamientos basados
en concepciones objetivas, absolutas y jerarquizadas de los valores, pero en nuestra
opinión no pueden trasladarse a cualquier concepción o fundamentación de valores,
sino solamente a las que tienen en su base las ideas de la filosofía de los valores.
Tales críticas no parecen tener presente la posibilidad de que los valores fúndamen-

os) R. SMEND: op. cil., pág. 232.


(56) i. A. ESTEVEZ ARAUJO: La Constitución como proceso y la desobediencia civil, Trotta, Madrid,
1994, pág. 65.
(57) J. J. GOMES CANOTIUIO: Direito constitucional, Almedina, 6.* ed., Coimbra, 1993, pág. 215.
(58) C. SCHMITT: La tiranía de los valores, traducción de A. SCHMITT DE OTERO, en Revista de
Estudios Políticos, núm. 115, 1961, págs. 5 y ss.
(59) C. SCHMITT: La tiranía.... cit., pág. 71.
(60) C. SCHMITT: La tiranía..., op. cit., págs. 72-74.
(61) C. SCHMITT: La tiranía..., op. cit.. págs. 74-77; la última cita es de pág. 79.

146
IDEAS SOBRE VALORES EN LA FILOSOFÍA JURÍDICA Y POLÍTICA

tales de la comunidad vengan establecidos y concretados en la Norma constitucional.


En todo caso, sí pueden suponer una advertencia frente al entendimiento de los
valores constitucionales como valores absolutos, o al establecimiento de una jerar-
quía «rígida» entre los mismos, que «tiranice» todo el sistema constitucional.
Sin embargo, las ideas de Schmitt en torno a los contenidos axiológicos en la
Constitución pueden encontrarse también en sus obras anteriores, de las que no cabe
deducir simplemente su neutralidad valorad va o negación de todo contenido axiológico.
AI contrario, este autor criticó la neutralidad propia del Estado burgués de Derecho. Su
concepto de Constitución como «decisión política fundamental», que debe imponerse
en todo caso a la ley constitucional, y que es intangible (62), parece incompatible con
cualquier concepción puramente formal de la misma. En su obra Legalidad y legitimi-
dad (63), tras analizar el sistema de legalidad del Estado legislativo parlamentario (64),
señala los que considera tres legisladores extraordinarios en la Constitución de Weimar,
uno de los cuales —el legislador extraordinario ratione materiae—, encuentra su
fundamento en la segunda parte de la Constitución, que establece una serie de elemen-
tos materiales, exigiendo mayoría de dos tercios para aprobar leyes de determinado
contenido jurídico sustantivo. Para Schmitt (65), esta segunda parte de la Constitución
es en realidad otra especie de Constitución, que se contrapone a la neutralidad axioló-
gica del Estado legislativo parlamentario, al poseer un contenido valorativo. Ambas
constituciones son para este autor incompatibles, lo que implica la alternativa entre
abandonar la neutralidad axiológica de la parte orgánica, o abandonar el «sistema de
sentidos» del contenido de la segunda parte de la Constitución, sin que pueda darse un
término medio: «La afirmación de valores y la neutralidad ante los valores se excluyen
recíprocamente. Frente a una afirmación de valores formulada en serio, la neutralidad
axiológica formulada en serio significa una negación de los valores» (66). En fin, la
Constitución de Weimar está, según Schmitt, «literalmente escindida» entre la neutra-
lidad axiológica de la primera parte y la abundancia de valores de la segunda, que es
una auténtica «contra-Constitución»; la comentada existencia de la mayoría cualificada,
implica el desdoblamiento del sistema de legalidad en una legalidad de categoría
superior y otra de categoría inferior, lo que hace «saltar hecho pedazos» hasta sus
últimos cimientos orgánicos al Estado legislativo.
Para Schmitt, los derechos generales de libertad constituyen principios funda-
mentales que poseen dignidad supralegal, formando parte del «sistema constitucio-
nal» fundamentalmente inmutable. Por eso, ante la disyuntiva de elegir una de las

(62) C. SCHMITT: Teoría de la Constitución, traducción de F. AYALA, Alianza Universidad, I .* ed.,


reimpresión, Madrid, 1992 (la primera edición alemana, Verfassungslehre, es de 1928).
(63) C. SCHMITT: Legalidad y legitimidad, traducción de José DÍAZ GARCfA, editorial Aguilar,
Madrid, 1971. (Primera edición alemana en Duncker & Humblot, 1932.)
(64) Que requiere el principio de «igualdad de "chance" para alcanzar la mayoría, que es un principio
de justicia material». (Legalidad..., op. cit., pág. 43).
(65) C. SCHMITT: Legalidad y legitimidad, cit., pág. 59 ss.
(66) C. SCHMITT: Legalidad y legitimidad, cit., pág. 73.

147
F. JAVIER DlAZ REVORIO

«dos Constituciones», este autor se queda con la «segunda» y su tentativa de esta-


blecer un orden sustancial. Las últimas palabras del ensayo que comentamos son
significativas a este respecto:
«El germen que encierra la segunda parte de la Constitución merece ser liberado
de contradicciones internas y de vicios de compromisos y ser desarrollado de acuerdo
con su lógica interna. Si se logra esto, está salvada la idea de una obra constitucional
alemana. En caso contrario, pronto se acabará con las ficciones de un funcionalismo
mayoritario, que permanece neutral ante los valores y ante la verdad. Entonces la
verdad se vengará» (67).
Teniendo en cuenta la fecha del ensayo (1932), y los acontecimientos que
tuvieron lugar posteriormente en Alemania, parece que tenía razón Schmitt cuando
escribió, años después, que este final del ensayo Legalidad y legitimidad constituía
un toque de atención y una llamada de socorro.
La obra de Schmitt en esta época supone una crítica al formalismo del Estado
liberal. Pero debe señalarse con claridad que, como indica De Vega, tal crítica
sobrepasa el plano inmanente para situarse en el plano trascendente, al cuestionar la
legitimidad del sistema (68). En general, la obra de Schmitt, sobre todo con sus ideas
en torno al Presidente del Reich como «guardián de la Constitución» (69), y su teoría
del decisionismo político, proporcionó algunos fundamentos teóricos al régimen
totalitario que ocupó el poder desde 1933. Como señalaba Ayala, aunque la labor
crítica de Schmitt pudiera ser certera, el fondo ideológico subyacente «induce hacia
una vía muerta» (70). No obstante, ha de admitirse igualmente, y por lo que ahora
nos interesa, el acierto de la crítica al concepto meramente formalista y «neutral» de
la Constitución, con lo que ello supone de crítica al Estado liberal y al positivismo,
en una época en la que se comenzaba a superar dicho concepto. El propio Schmitt
señalaría años después que «Hitler se ha servido de la legalidad como su arma más
poderosa» (71). Es sabido que precisamente la experiencia del derrumbamiento de
la república de Weimar supuso en Alemania, tras la Guerra, el retorno a los conte-
nidos axiológicos (que el propio Schmitt criticó en el trabajo que hemos comentado
en primer lugar) y la huida del positivismo jurídico.

(67) C. SCHMITT: Legalidad y legitimidad, cit., pág. 154.


(68) P. DE VEGA, en su prólogo a C. SCHMITT: Defensa de la Constitución, Tecnos, Madrid, 1983,
traducción de M. SÁNCHEZ SARTO (edición alemana, 1929 y 1931), págs. 13 y ss., refiriéndose a «Legalidad
y legitimidad» (y en general a la obra de este autor), afirma que «a lo que Schmitt no estaba autorizado
científicamente era a enjuiciar la legitimidad del sistema», por lo que incluso podría criticarse tal obra
por lo que tiene de elaboración ideológica al servicio de los intereses del Estado totalitario. Ha de señalarse
que, en las dos obras citadas de este autor, se insiste en la facultad del Presidente del Reich para dictar
normas prácticamente legislativas (con base en el art. 48 del texto fundamental), convirtiéndose para
SCHMITT en el mejor guardián de la Constitución.
(69) C. SCHMITT: La defensa de la Constitución, cit., págs. 213 y ss.
(70) F. AYALA: «Presentación», escrita en 1934, a la obra de C. SCHMITT, Teoría de la Constitución,
cit., pág. 18.
(71) C. SCHMITT: Introducción a Legalidad y legitimidad, citado, pág. XXVIII.

148
6.3. H. Heller

Merece ser comentada también la principal obra de H. Heller (72), quien señala
la imposibilidad de emancipación de la teoría política respecto a los contenidos
valorativos; igualmente reconoce el contenido ético del Derecho y los fundamentos
suprapositivos de su validez. Ésta es precisamente la causa del carácter creador de
poder que tiene el Derecho. De esta forma, si bien indudablemente el poder necesita
de la coacción, todo grupo de dominación necesita de la creencia de que sus precep-
tos jurídicos son obligatorios, de forma que sólo aquel derecho que pretende servir
a la justicia podrá obligar, a los mismos que mandan, a realizar aquellas acciones
gracias a las cuales se constituye el poder del Estado (73). La voluntad del Estado
encuentra su justificación en principios jurídicos suprapositivos. Al carácter forma-
dor de poder del derecho corresponde el carácter creador de derecho del poder. Por
ello, el derecho es también un imprescindible factor de integración del Estado; en
este punto discrepa Heller de Smend, quien excluía al derecho de su ya comentada
teoría de la integración del Estado.
Para Heller no es misión de la teoría del Estado, sino de la filosofía jurídica, el
examen de si existen principios jurídicos apriorísticos, y la distinción entre los
principios jurídicos de validez universal y aquellos otros que dependen de un círculo
de cultura. No obstante, en una teoría del Estado que tenga carácter de ciencia de la
realidad hay que dar por admitido «que existen tales principios éticos del derecho
que forman la base de justificación del Estado y del derecho positivo» (74). Y es
que, en efecto, si bien la institución del Estado aparece justificada para este autor
por el hecho de ser una organización de seguridad jurídica, ello ha de entenderse en
el sentido de que sólo puede justificarse cuando sirva a la aplicación y ejecución de
los principios morales del derecho.
En fin, aunque los anteriores autores no agotan las concepciones sobre los valores
en la teoría del Estado y de la Constitución, creemos que son suficientemente
representativas para nuestro propósito (75). A ellos debe añadirse el comentario de
quienes han propuesto un concepto de «Constitución material».

(72) H. HELLER: Teoría del Estado, traducción al español en Fondo de Cultura Económica, I*
edición, 1942, 14." reimpresión, 1992. (La edición alemana es de 1934.)
(73) H. HELLER: op. cil., pág. 209.
(74) H. HELLER: Teoría..., op. cil., pág. 242.
(75) Puede hacerse también una breve referencia a M. KRIF.LE: Introducción a la teoría del Estado
(Fundamentación histórica del Estado constitucional democrático), ed. Depalma, Buenos Aires, 1980,
págs. 3 y ss. Este autor entiende que las bases de la legitimidad del Estado constitucional democrático
son la paz, la libertad y la justicia, de forma tal que este tipo de Estado puede solucionar los problemas
esenciales mejor que cualquier otro, al crear las condiciones reales más favorables para la existencia de
estos tres valores. Esto puede demostrarse históricamente: el anhelo de paz que surge con las guerras
religiosas del siglo xvi es satisfecho por el Estado moderno, apoyado en el principio de soberanía; sin
embargo, el propio Estado absolutista despertó el deseo de libertad que se satisfizo con la limitación del
Estado (Estado constitucional). No obstante, en esta fase de la evolución del Estado se permitió la

149
7. VALORES Y «CONSTITUCIÓN MATERIAL»

El concepto de «Constitución material» se relaciona en ocasiones con la presen-


cia de determinados contenidos axiológicos en la Norma fundamental. En las páginas
que siguen pretendemos simplemente aclarar de forma breve algunas ideas al res-
pecto, ya que con la locución «Constitución material» se ha querido expresar por
diversos autores conceptos no siempre idénticos, y que en algunos casos no hacen
referencia a la presencia de contenidos axiológicos o materiales en el texto normativo
constitucional. Cabe destacar cómo el concepto tiene originariamente, en la obra de
Mortati, un significado bastante diferente al que se le ha dado más adelante.
En efecto, la difusión de la expresión se debe fundamentalmente a la obra de
Mortati La costituzione in censo materiale (76). Parte este autor de que el Estado
posee como caracteres «ineliminables» el ser estable, autoritario, coactivo, necesario
y total. No puede afirmarse la existencia de una comunidad cerrada, con un senti-
miento o voluntad común, ya que la existencia de tal sentimiento es imposible (77).
No cabe imaginar existente una unidad social coincidente en su extensión con el
Estado; las solemnes proclamaciones que afirman que el derecho emana del pueblo
sólo tienen valor político, ya que «desde el punto de vista jurídico, es la voluntad
incondicionada de determinados órganos la que vale como única manifestación legal
del ente proclamado soberano» (78).
La fuerza política, que resulta al producirse en el seno de la comunidad una
especificación en la posición, sobre cuya base algunos ejercitan sobre otros un poder

esclavitud y la miseria social, de modo que el anhelo de justicia sólo pudo satisfacerse con el desarrollo
hacia el Estado constitucional democrático y social. KRIELE defiende que entre el «ser» y el «deber ser»
del Estado se encuentra el «porqué», es decir, la fundamentación del Estado, pregunta que se contesta
con fundamentos reales, a partir de un contexto histórico, los cuales han de pasar a continuación un análisis
crítico. Así, el enfoque de este autor parte de que no pueden considerarse aisladamente las preguntas
sociológico-empíricas y las ético-normativas.
(76) C. MORTATI: IM Costituzione in senso materiale. Giuffré, Milán, 1940. Entre los comentarios
a la obra de este autor, puede mencionarse el de S. STAMMATI: «La riflessione sulla Costituzione in senso
materiale: Topera di Costantino Mortati nel período dello Stato autoritario», en Giurisprudenza Costi-
tuzionale. 1990, págs. 2947 y ss.; las ideas de MORTATI son comentadas también por A. LLAMAS CASCON:
Los valores jurídicos..., cit., pág. 140 ss.
(77) C. MORTATI: La Costituzione..., op. cit., págs. 67-71. Ciertamente, el Estado no surge de la nada,
sino que presupone un complejo de relaciones varias, correspondientes a las diversas direcciones en las
que puede desarrollarse la actividad humana. Sin embargo, estas relaciones sólo son el presupuesto para
el nacimiento del Estado; y en cuanto están en contraste, es necesario un criterio capaz de eliminar dicho
enfrentamiento, para introducir los intereses discordantes en una superior unidad; pero dicho criterio no
puede ser obra de la propia comunidad, ya que la misma carece de unidad.
(78) C. MORTATI: La Costituzione..., cit., págs. 73-74. Para MORTATI las tentativas de representar la
sociedad como una unidad cerrada al lado del Estado fracasan. Su relevancia jurídica sólo puede venir a
través de un órgano que, en virtud de la situación jurídica impuesta, o por el hecho de afirmarse como
fuerza prevalente, se declara intérprete de la sociedad; pero el reenvío del ordenamiento constituido a un
derecho social sólo será posible con referencia a una entidad singular y a fines particulares, no a la sociedad
en su conjunto.

150
IDEAS SOBRE VALORES EN LA FILOSOFÍA JURÍDICA Y POLÍTICA

para recibir obediencia, es condición del surgir del Estado: una fuerza política
dominante se impone, y es la base del orden jurídico. Entre los componentes del
grupo dominante y los «extraños» hay una diferencia de posición jurídica: aquéllos
confieren a la fuerza dominante la validez, necesaria para el vigor jurídico. Quienes
no forman parte de la fuerza dominante forman la «masa inorganizada apolítica», y
dan lugar a grupos representativos de ideologías diversas a la dominante (79). La
fuerza política es así elemento de la llamada Constitución originaria, que posee
carácter jurídico, y se relaciona con la Constitución formal; existen algunos elemen-
tos de orden que es necesario atribuir al poder originario, constitutivo del Estado,
para que pueda asumir aspecto de entidad jurídica. En el Estado moderno es el
partido el sujeto del cual emana la Constitución fundamental, configurándose como
su elemento instrumental, necesario para establecer su contenido, su materia típica.
El elemento material de la misma viene dado por la idea, esto es por el fin, que
comprende la apreciación unitaria de los intereses varios que se recogen en torno al
Estado: se trata de una idea o criterio suficientemente rígido para configurarse como
punto firme incluso a través de las oscilaciones de las relaciones de fuerzas; y al
tiempo, elástico, para poder presidir el desarrollo de la vida social, consintiendo los
añadidos que ésta requiere (80).
Para Mortati el concepto de Constitución explicado no es sociológico ni político,
sino que tiene carácter jurídico (81). Las funciones de la Constitución material son
la garantía de la validez de la Constitución formal, la unificación del sistema jurídico,
y la determinación de la forma de Estado y de su cambio (82). En fin, la «Constitu-
ción material» no es la Constitución originaria, sociológica, sino un sistema positivo
que comprende la disciplina de todas las relaciones relevantes y que reúne en una
determinada especie de unidad todos los elementos del Estado. Este sentido de
Constitución comprende conjuntamente las fuerzas políticas y los fines de los cuales
son portadoras, y que inspiran el complejo normativo: forma el elemento constante,
el límite absoluto de toda mutación constitucional, y determina con su caída, la caída
misma del Estado, que no puede reconocerse jurídicamente fuera de una forma
particular (83). El elemento distintivo de la Constitución reside en la consideración,
junto a las fuerzas sociales capaces de la acción de impulso y de coacción que ha
necesitado para surgir y desarrollarse, del principio directivo de esta acción, capaz
de reunir, armonizándolos, el elemento estático y el dinámico (84).

(79) C. MORTATI: La Costituzione..., cit., págs. 75-79.


(80) C. MORTATI: La Cosütuzione..., op. cit., págs. 83-88. Para MORTATI, los partidos asumen una
organización que pone como elemento predominante una idea política general, esto es, asumen como
propia una concepción general, comprensiva de la vida del Estado en todos sus aspectos, y tienden a
traducirla en la acción concreta estatal, con exclusión de las concepciones contrastantes.
(81) C. MORTATI: La Costituzione..., cit., págs. 88 y ss.
(82) C. MORTATI dedica el capítulo III (págs. 131 y ss.) de la obra que venimos comentando, a la
explicación de dichos fines.
(83) C. MORTATI: La Costituzione..., cit., págs. 219-220.
(84) C. MORTATI: La Costituzione..., op. cit., pág. 226-227. Por ello, para MORTATI el fundamento

151
F. JAVIER DfAZ REVORIO

Posteriormente Mortati ha distinguido el concepto de Constitución material (85),


del concepto «ideal» de Constitución, que comprende el conjunto de valores y fines
fundamentales del Estado cuya afirmación y tutela es imprescindible para que una
Constitución pueda considerarse tal; suele implicar la asunción de presupuestos
iusnaturalistas, y opera como refuerzo del tipo de orden que se asume como mode-
lo (86). Este concepto sí hace referencia a determinados contenidos valorativos, que
se consideran imprescindibles o esenciales en una Constitución.
En cambio, el concepto descrito de «Constitución material» podría denominarse más
propiamente «Constitución real». Ciertamente, aunque la terminología del autor italiano
ha sido muy reiterada posteriormente, tal concepto no parece responder exactamente a
la presencia de valores en el texto constitucional, sino a una realidad sociológico-política,
que se «juridifica», pero que puede o no ser acorde con la Constitución formal. Desde
luego, en los poderes que constituyen la «Constitución originaria» pueden apreciarse la
presencia de una serie de ideas, fines o valores, que de una u otra forma estarán presentes
en la Constitución material, pero no se trata necesariamente de valores jurídico-consti-
tucionales incluidos en el Texto normativo fundamental, ya que la Constitución material
mantiene sus funciones tras la emanación de la Constitución formal, y es en cierto modo
independiente de ésta. En todo caso, la insistencia en la importancia del partido domi-
nante, como parte de la Constitución originaria e instrumento de la Constitución material,
es significativa en el contexto de la dictadura fascista (la obra de Mortati es de 1940).
El concepto de «Constitución material» de Mortati ha tenido gran influencia,
sobre todo en el pensamiento jurídico italiano.
Barile (87) define la «Constitución material» como el núcleo esencial de la Cons-
titución efectivamente vigente, apoyada en la fuerza de los grupos políticos que tienen

de la Constitución no puede apoyarse en una norma anterior, pero tampoco puede considerarse que la
misma esté sustraída al derecho y basada en el mero hecho.
(85) C. MORTATI: Istituzioni di tliritto pubblico, 9." edición, Cedam, Padua, 1975, págs. 30-31.
Mantiene este autor la idea de «Constitución material» como fruto de un especie de «juridificación» de
los factores reales de poder, pero desaparecen algunas referencias.
En efecto, entiende una representación de la Constitución que reúne estrechamente la sociedad y el
Estado, y es una entidad dotada de una estructura propia, en cuanto ordenada según una disposición
particular en la que confluyen un sistema de relaciones económicas, así como factores culturales, religio-
sos, etc., que encuentran expresión en una visión política particular, sostenida por un conjunto de fuerzas
colectivas que intentan hacer prevalecer su visión política, dando lugar a «rapporti di sopra e sotto-ordi-
nazione», que constituyen una verdadera disposición fundamental, a la que MORTATI denomina «Consti-
tución material». Ello implica que tales fuerzas sirven de apoyo de un orden legal, han de suponerse
dotadas de una juridicidad intrínseca, que se hace valer como «falto normativo», esto es, como realidad
comunitaria ordenada. La Constitución material posee autonomía respecto a la Constitución formal o
escrita, pudiendo estar más o menos en armonía con ésta.
Como se aprecia, las menciones al partido como elemento esencial para la comprensión de la
Constitución material, desaparecen, aunque se sigue entendiendo ésta como obra o consecuencia de las
fuerzas dominantes.
(86) C. MORTATI: Istituzioni..., cit., pág. 38.
(87) P. BARILE: Istituzioni di diritto pubblico, ed. Cedam, 4.1 ed., Padua, 1982, pág. 8.

152
IDEAS SOBRE VALORES EN LA FILOSOFÍA JURÍDICA Y POLÍTICA

un peso en el juego de las fuerzas políticas. Recalca este autor que la Constitución
material no es el grupo político dominante, sino «il complesso delle norme istituzionali
per il raggiungimento dello scopo voluto dal gruppo dominante»; de esta forma, la
Constitución material se relaciona con el principio de efectividad, ya que la vigencia
efectiva de la Constitución depende de las convicciones de los grupos dominantes.
Spagna Musso (88), tras distinguir diversos sentidos de «constitución mate-
rial» (89), señala que, aun admitiendo la importancia de las fuerzas sociales y fines
políticos dominantes, que dan vigor a la Constitución formal, ello no se traduce en
el plano jurídico en la existencia de una constitución material contrapuesta a la
formal, sino que la Constitución ha de considerarse desde un punto de vista unitario
y jurídico, y los factores antes indicados pueden tener relevancia en relación con la
efectiva vigencia de la Constitución.
Parece que esta concepción unitaria es más adecuada desde el punto de vista
jurídico-constitucional que el entendimiento de la Constitución material como algo
contrapuesto a la Constitución escrita.
Tras analizar diversos conceptos de «Constitución en sentido sustancial» y
«Constitución material», Crisafulli entiende que el concepto estricto de «Constitu-
ción material» se corresponde con la posible existencia de un núcleo originario,
irreductible y condicionante de todo el ordenamiento estatal, que se convertiría así
en límite lógicamente necesario a la revisión constitucional, constituyendo una
especie de «superconstitución» (90).
También podemos encontrar la expresión «Constitución material» fuera del ámbito
italiano, por ejemplo en Heller. Este autor (91), partiendo de la distinción entre conceptos
sociológicos y jurídicos de Constitución, alude a la Constitución material en sentido
amplio, que desde el punto de vista jurídico se refiere a la situación jurídica total del
Estado, y se corresponde con el concepto sociológico de Constitución como estructura
característica del poder, que significa la situación total de unidad y ordenación política.
En sentido estricto, el concepto jurídico de Constitución material comprendería la orde-
nación fundamental del Estado, y se corresponde con el concepto sociológico de Cons-
titución que se obtiene al señalar una estructura básica del Estado como fundamental,
destacándola como estructura relativamente permanente de la totalidad estatal.
Puede citarse por último a Loewenstein (92). Para este autor, el «telos» de toda
Constitución está constituido por las instituciones y principios que limitan y contro-

(88) E. SPAGNA MUSSO: Diritto Costiluzionale, 2' ed., Cedam, Padua, 1986, págs. 102 y ss.
(89) En efecto, tal concepto puede entenderse como realidad político-social, como constitución sus-
tancial (materia intrínsecamente constitucional), o como constitución efectivamente vigente, además del
sentido derivado de Mortati, que comentamos en el texto y que tiene algunas relaciones con los aquí
expuestos.
(90) V. CRISAFULLI: Lezioni di Diritto costituzionale. vol. I, Cedam, Padua, 1970, especialmente
págs. 100 y ss.
(91) H. HELLER: Teoría del Estado, cit., pág. 293 y ss.
(92) K. LOEWENSTEIN: Teoría de la Constitución, Ed. Ariel, 2.a edición, Barcelona, 1976, págs. 149
y ss. (Edición alemana, 1959).

153
F. JAVIER DfAZ REVORIO

lan el poder político. La totalidad de tales principios constituye la «Constitución


ontológica», que puede estar contenida en un documento escrito —Constitución
formal—, o bien estar enraizada en las convicciones del pueblo, sin formalización
expresa —Constitución en sentido espiritual o material—. En concreto, los elemen-
tos mínimos para que un texto escrito pueda considerarse auténtica Constitución son:
la diferenciación de las tareas estatales y su asignación a órganos diversos; un
mecanismo de cooperación entre los diversos detentadores de poder; un mecanismo
para evitar bloqueos entre dichos detentadores; un método para adaptar el orden
fundamental a las cambiantes condiciones sociales y políticas; y, por último, el
reconocimiento de ciertas esferas de autodeterminación individual (derechos indivi-
duales y libertades fundamentales). Todos estos elementos son contenidos materiales
de la Constitución, si bien aquellas esferas en las que no puede intervenir el poder
político, y la limitación de éste, son «el núcleo de la Constitución material».
Como puede apreciarse, existe una diversidad de significados en torno al con-
cepto de «Constitución material», y a otros que pueden tener una cierta relación,
como «Constitución real» o ideal». Esta diversidad requiere una cierta aclaración
terminológica, que puede realizarse siguiendo a Gomes Canotilho (93), quien distin-
gue tres conceptos:
Constitución real (o «material»), en sentido similar al dado por Mortati, como
conjunto de fuerzas políticas, sociales y económicas que condicionan el ordenamien-
to jurídico.
Constitución formal, o acto escrito y solemne que contiene las normas jurídicas
jerárquicamente superiores.
Constitución material (normativo-material), o conjunto de normas que regulan
la estructura del Estado y de la sociedad en sus aspectos fundamentales, indepen-
dientemente de las fuentes formales en que se plasmen.
Este último sentido sería equivalente al de «Constitución sustancial», entendida
como materia que, por su contenido típico, adquiere relevancia constitucional, es
decir, como «materia intrínsecamente constitucional», e implicaría por tanto admitir
la posible existencia de materia constitucional en fuentes diversas a la Constitución
formal.
En todo caso, cabe también circunscribir el concepto de «Constitución material»
a aquellas normas que, formando parte de la Constitución formal, regulan las mate-
rias típicamente constitucionales, lo cual permitiría distinguir dos tipos de normas
dentro del propio texto constitucional.
En fin, la presencia, explícita o implícita, de contenidos axiológicos en los textos
constitucionales tiene relación con varios de los conceptos que aquí se han dado. Por
un lado, la Constitución material o real reflejará los valores o fines fundamentales
de las fuerzas políticas dominantes como parte del «hecho normativo» que ésta

(93) J. J. GOMES CANOTILHO: Direilo Constitucional, ed. Almedina, 6." edición, Coímbra, 1993, págs.
66 y ss.

154
IDEAS SOBRE VALORES EN LA FILOSOFÍA JURÍDICA Y POLÍTICA

presupone; no obstante, estamos ante un concepto tendencialmente sociológico que,


si no tiene reflejo en la Constitución escrita, no puede (o, más correctamente, no
«debe») imponerse a ésta. En cambio, el concepto «ideal» de Constitución al que
también se refiere Mortati es un concepto precisamente basado en contenidos axio-
lógicos, como también lo es el concepto de Constitución material propuesto por
Loewenstein; en ambos se deja traslucir la idea de que la Constitución no es simple-
mente un conjunto de regulaciones de órganos y procedimientos de carácter formal,
sino que, además de ellos, y también a través de ellos, se aprecia un contenido
plenamente axiológico. Por otro lado, el concepto de Constitución material basado
en la mayor importancia constitucional de determinados contenidos implica también
que tales contenidos (ya sean de carácter orgánico o dogmático) tienen una especial
significación valorativa, si bien no creemos que con base en este criterio pueda
realizarse una distinción entre las distintas normas de la Constitución formal que
afecte al valor normativo de éstas, que, en línea de principio, debe ser igual para
todas. Por último, debe tener igual interpretación, a los efectos que ahora tratamos,
el concepto estricto de Constitución material que recoge Crisafulli.

8. CONCLUSIONES: ALGUNAS IDEAS DE INTERÉS PARA NUESTRA CONSTITUCIÓN

Como decíamos al inicio de este trabajo, si bien los valores superiores de nuestra
norma fundamental requieren un análisis principalmente jurídico-constitucional, el
estudio de las doctrinas filosóficas y filosófico-jurídicas sobre los valores no carece
de utilidad para el entendimiento del completo significado de dichos valores consti-
tucionales. Ello es así porque sirven de base para un intento fundamentador o
justificador de los mismos. Por otro lado, algunas de dichas doctrinas aportan ideas
sobre el posible significado de la calificación como «superiores» de los valores del
artículo 1.1, aunque ya podemos adelantar que, desde nuestro punto de vista, esta
superioridad no puede entenderse jerárquicamente desde el punto de vista jurídico.
A ambos temas (fundamentación de los valores y superioridad de los mismos)
nos hemos referido con mayor amplitud en otro trabajo (94); en este estudio, cuyo
objeto central era el repaso de las principales doctrinas sobre los valores, sólo cabe
ahora apuntar de forma resumida, como conclusión, qué utilidad tienen para nuestro
Derecho Constitucional algunas de las doctrinas que hemos comentado.
En este sentido, cabe afirmar en primer lugar que nuestra Constitución parece
rechazar todo relativismo valorativo entendido en sentido estricto, pues la sola
referencia a unos «valores superiores», junto con muchos otros valores y principios,
demuestra que nuestra norma fundamental ha optado por asumir determinados con-
tenidos materiales que se imponen a todos los poderes públicos. Creemos que,

(94) F. J. DÍAZ RF.VORIO: Valores superiores e interpretación constitucional. Centro de Estudios


Políticos y Constitucionales, Madrid. 1997.

155
F. JAVIER DlAZ REVORIO

aunque el significado de los valores no tenga la precisión y concreción de otros


conceptos jurídicos, tampoco es tan absolutamente ambiguo que puedan convertirse
en conceptos vacíos. Al contrario, existen ciertos elementos (entre los que puede
destacarse el propio «contexto constitucional» de los valores, así como la concepción
que tiene la sociedad sobre ellos en un momento dado) que permiten precisar
aceptablemente su significado, determinando así cuáles son las opciones axiológicas
fundamentales de la Constitución, las cuales suponen mandatos, tanto de signo
negativo o limitativo, como positivos, a todos los poderes públicos.
Ahora bien, aun rechazando que la Constitución acoja las doctrinas relativistas
sobre los valores, debe reconocerse que las ideas de pluralismo y tolerancia, presen-
tes en la doctrina kelseniana expuesta páginas arriba, están plenamente asumidas por
nuestro texto constitucional, incluso de forma expresa (el pluralismo político). Ello
tiene como consecuencia fundamental el impedir que la Constitución sea entendida
como un «orden cerrado» ante el que no quepa defender opciones ideológicas
diferentes o incluso contrarias al mismo. Y, por lo que se refiere a los poderes
públicos —especialmente al legislador—, implica que no se encuentran tampoco con
un marco cerrado dentro del que no quepan diferentes formas de desarrollar las
correspondientes funciones políticas; aunque en este caso, como es lógico, sólo
caben aquellas opciones políticas compatibles con el sistema constitucional de valo-
res (que, en líneas generales, serían todas las tendencias políticas democráticas),
salvo que se reforme la propia Constitución. El sistema de valores en ella contenido
configura ciertamente un «programa» ideológico, que impide que el legislador y los
restantes poderes puedan tomar decisiones políticas contrarias al mismo; pero dicho
programa es lo suficientemente abierto (95).
En cuanto a las doctrinas que hemos denominado «objetivas», desde luego debe
reconocerse que, como ya hemos apuntado, la expresión «valores superiores», parece
remitir o «recordar» a la filosofía de los valores. Sin embargo, desde el punto de
vista de la fundamentación, no creemos que las doctrinas de este tipo sean útiles
desde el punto de vista jurídico, ni por tanto sean aplicables a nuestra Constitución.
En primer lugar, el método de conocimiento propio de estas doctrinas, la intuición,
no resulta demasiado fiable en el terreno jurídico. Además, jurídicamente los valores
vienen ya determinados por la propia Constitución. En fin, la mayoría de las doctri-
nas objetivas sobre los valores conllevan una ordenación jerárquica entre los mismos,
que no parece pueda traducirse jurídicamente cuando todos los valores poseen el
mismo rango y fuerza, que son los propios de la norma que los recoge —la Consti-
tución—, de manera que no creemos que sea posible una ordenación jeráquica entre
los mismos, si es que se quieren extraer de la misma efectos jurídicos.
En cuanto a las teorías «subjetivistas» o «neoliberales», ya hemos destacado que
las mismas tienden a fundamentar los derechos y valores de corte liberal, ya que el

(95) Sobre el tema, F. J. DIAZREVORIO: La Constitución como orden abierto, McGraw-Hill, Madrid
1997.

156
IDEAS SOBRE VALORES EN LA FILOSOFÍA JURÍDICA Y POLÍTICA

procedimiento de fundamentación suele ignorar las circunstancias reales y concretas.


Desde el punto de vista de un sistema constitucional concreto, pensamos que los
valores que debe recoger la norma fundamental no son determinados ni encuentran
su justificación en esa situación hipotética en la que individuos en circunstancias
especiales o «condiciones de pureza», o una figura ideal, extraen los valores o
principios fundamentales.
Por ello creemos que la fundamentación de los valores superiores en nuestro
sistema constitucional ha de venir por la vía consensúa!, ya que los mismos reflejan
el acuerdo mayoritario plasmado a través del poder constituyente. Pero este consenso
no es el producido en una situación de «diálogo ideal», como proponía Habermas,
sino que, en palabras de Peces-Barba, «es el acuerdo que aquí y ahora, y teniendo
en cuenta todas las connotaciones de la historia reciente, hacen los españoles de
1978» (96). Por tanto, estaríamos hablando de un consenso real e histórico; sin
embargo, para evitar caer en el cierto relativismo axiológico que conllevaría una total
indiferencia ante un consenso histórico nuevo y opuesto, capaz de implantar unos
«disvalores», puede encontrarse una fundamentación racional a este acuerdo. Esta
fundamentación sería la derivada de la dignidad humana (recogida en nuestra Cons-
titución en el art. 10.1), pero no entendida tampoco en un sentido ahistórico inalte-
rable, sino referida a cada momento histórico concreto, ya que las exigencias de la
dignidad también van evolucionando con el tiempo (97). En todo caso, la referencia
a la dignidad evita la conclusión de que cualquier consenso pueda tener la misma
legitimidad, desde el punto de vista de su fundamentación (aunque, desde luego,
desde el punto de vista jurídico cualquier acuerdo de reforma que siga las reglas de
procedimiento previstas en la Constitución sería válido).
En fin, este tipo de fundamentación evita también caer en el error —desde mi
punto de vista— de considerar que los valores a los que la Constitución califica como
«superiores», lo son desde un punto de vista jurídico estricto. No cabe por ello hablar
de «jerarquías de valores» en la Constitución, ya que todos ellos encuentran su
justificación en el acuerdo mayoritario que fundamenta la obra del poder constitu-
yente, que ha incluido en la norma fundamental una serie de valores y principios,
ninguno de los cuales ha de sacrificarse totalmente en beneficio de otros (98). Lo
contrario sería caer en la «tiranía de los valores» de la que hablaba Schmitt, sacrifi-

c ó ) G. PECES-BARBA: LOS valores superiores. Tecnos, Madrid, 1984, pág. 108.


(97) Este tipo de fundamentación está basado en la propuesta de Eusebio FERNÁNDEZ para los
derechos humanos, recogida en el trabajo «El problema del fundamento de los derechos humanos», en
Anuario de Derechos Humanos, núm. 1, 1981, págs. 77 y ss.; también en Estado, sociedad civil y
democracia, en E. FERNÁNDEZ (ed.). Valores, derechos y Estado afínales del siglo XX, Universidad Carlos
Ill-Dykinson, Madrid, 1996, págs. 149 y ss., especialmente, 156 y ss. En las mismas ideas se basa G.
PECES-BARBA, LOS valores..., cit., págs. 108 y ss.. para fundamentar los valores superiores en nuestra
Constitución.
(98) Sobre el tema, M. RODRÍGUEZ MOLINERO: «¿Hay un orden jerárquico de valores en la Consti-
tución?», en Jornadas de estudio sobre el Título Preliminar de la Constitución, Ministerio de Justicia,
Secretaría General Técnica, Servicio de Publicaciones, vol. 1, Madrid, 1988, págs. 509 y ss.

157
F. JAVIER DfAZ REVORIO

cando los valores inferiores en favor de los superiores. Los conflictos entre los
valores que pudieran producirse en los casos concretos han de resolverse, en mi
opinión, por la vía de la ponderación entre ellos, que ha de realizarse en cada caso.
Y en esta ponderación ha de tenerse en cuenta, cuando no quepa una realización
simultánea de los valores en juego, como un criterio para dar preferencia a uno de
ellos —repetimos, en el caso concreto—, una cierta «preferencia» o «prioridad» que
supone la calificación como superiores de determinados valores. Pero, mientras sea
posible, ha de prevalecer una interpretación armonizadora de los mismos. Como se
ha señalado, la coexistencia de valores y principios exige que cada uno de ellos se
asuma con carácter no absoluto, compatible con aquellos otros con los que debe
convivir (99).
En realidad, en el tema de la fundamentación de los valores subyace la disyuntiva
entre iusnaturalismo y positivismo, problema en el que no cabe entrar aquí. Sólo
cabe apuntar que, desde mi punto de vista, el hecho de que la Constitución acoja
determinados valores y principios fundamentales supone el rechazo del positivismo
teórico más estricto y tradicional, que permanece ciego a todo contenido que al
menos parcialmente trascienda al Derecho —lo que sucede con los valores—; y que
al menos originariamente consideraba que los valores y principios, con sus aspira-
ciones ético-políticas, escondían un vacío jurídico (100), de manera que no debían
ser acogidos por el derecho, y, si lo eran, esas fórmulas carecían de todo significado,
o incluso distorsionaban el ordenamiento. Sin embargo, es cierto que determinadas
corrientes positivistas han ido admitiendo la inclusión de valores en los textos
jurídicos.
En realidad, la propia positivación de los valores los convierte en elementos
jurídicos; se ha dicho que los principios constitucionales representan «el mayor rasgo
de orgullo del derecho positivo», ya que son la positivación de lo que durante siglos
fue prerrogativa del derecho natural (101). En mi opinión, no existe fundamento
constitucional para situar a nuestro texto normativo fundamental en el ámbito del
iusnaturalismo. La referencia a los valores no es base suficiente para ello, ya que la
cuestión a que nos referimos dependerá de la fundamentación que se dé a los mismos.
Partiendo de una fundamentación consensual como la que hemos esbozado líneas
arriba, no cabe situarse en posiciones iusnaturalistas; y si bien la referencia a la
dignidad humana como fundamento del consenso impide situar dicha fundamenta-
ción en el ámbito del positivismo teórico más estricto, no hay que olvidar que la
propia dignidad es un concepto histórico y cambiante, y que en todo caso el acuerdo
o consenso mayoritario, plasmado en el Poder constituyente, refleja ideas positi-
vistas.

(99) G. ZAGRELBELSKY: El derecho dúctil. Ley, derechos justicia, traducción del original // Dirilto
mitte. Logge, dirilti, giustizia (1992), por Marina GASCÓN, Trotta-Comunidad de Madrid, Madrid, 1995,
pág. 14.
(100) En este sentido, G. ZAGRELBELSKY: El derecho dúctil..., cit., pág. 112.
(101) G. ZAGRELBELSKY: El derecho dúctil..., op. cit., pág. 114.

158
IDEAS SOBRE VALORES EN LA RLOSOFlA JURfDICA Y POLÍTICA

Por último, cabe esbozar una breve conclusión sobre la utilidad o consecuencias
del concepto de «Constitución material», en relación con los valores. En efecto, la
presencia de valores y contenidos materiales en la Constitución permite hablar, en
un cierto sentido —no en el que daba a la expresión Mortati— de «Constitución
material». Ello implica que la Constitución no es puramente un conjunto de reglas
sobre procedimiento, ya que sus valores y principios marcan una orientación, un
«programa». Pero, como ya hemos apuntado antes, ese programa no es cerrado, sino
al menos parcialmente abierto, y ello por exigencias del pluralismo como valor, pero
también del pluralismo de valores. Sin embargo, la «Constitución material» marca
unos límites y, al tiempo, impone unos mandatos de actuación, a todos los poderes
públicos, ya que ellos serán quienes realmente podrán hacer «reales y efectivos» los
valores constitucionales.
En fin, como hemos tratado de mostrar, la presencia de unos valores superiores
en la Constitución posee una importancia fundamental para todo el sistema. La
amplia reflexión filosófica, jurídica y política producida en el pensamiento contem-
poráneo en torno a los valores ayuda a fundamentar su presencia en la Constitución
y a comprender su importancia.

159
De la jerarquización filosófica de los valores a la coordinación jurídica de los principios - 61 -

DE LA JERARQUIZACION FILOSÓFICA DE LOS VALORES A LA


COORDINACION JURIDICA DE LOS PRINCIPIOS*

**
por Sergio Estrada Vélez

INTRODUCCION

La construcción de una teoría general del derecho debe tener


presente la existencia de un vinculo inescindible con la filosofía en
atención a que suministra el fundamento último de los fenómenos
jurídicos. No será posible una comprensión correcta de los conceptos
jurídicos si no se parte de una fundamentación anclada en los
terrenos de la filosofía1. Pero la relación necesaria entre la filosofía y
el derecho encuentra en la teoría de los valores un punto de
entronque que debe ser analizado detenidamente en atención al
tratamiento disímil que realizan de dicha categoría. Mientras que para
la filosofía es claro que debe existir un jerarquía de valores, para el
derecho el concepto de jerarquía frente a contenidos materiales es un
intento por formalizar lo informalizable. Se abordará así el estudio de
los valores desde la filosofía donde se predica una jerarquía de
valores, luego, a partir de la filosofía jurídica, que adopta la misma
idea de valores acuñada por la filosofía y, finalmente, desde el
derecho constitucional para determinar si los valores jurídicos pueden

*
Artículo elaborado como resultado de la Investigación titulada La Jerarquía de
Principios a la Luz de la Teoría General del Derecho, financiada por la Universidad
de Medellín (Colombia), quien tuvo como investigador principal al docente
investigador Andrés Botero Bernal, y como auxiliares de investigación a los
estudiantes Adriana del Pilar Henao Ochoa, Maria Adelaida Jaramillo Pérez y
William Taborda Giraldo. Recibido en la RTFD el 12-11-04. Publicado el 23-1-05.
**
Docente e investigador de la Facultad de Derecho de la Universidad de Medellín.
Correo electrónico siestrada@udem.edu.co
1
Sobre la importancia de la filosofía en el desarrollo de la dogmática jurídica,
señala Rudol Stammler “Sin las investigaciones filosófico-jurídicas no sería posible
una ciencia del derecho. Y esto, no sólo tiene una importancia decisiva para los
fines de la enseñanza, sino que es también de enorme trascendencia en cuanto a la
práctica del derecho”. Tratado de filosofia del derecho Trad. W. Roces.
México:Editora Nacional.1974 p. 16

Revista Telemática de Filosofía del Derecho, nº 8, 2004/2005, pp. 61-97, ISSN 1575-7382
Sergio Estrada Vélez - 62 -

ser estimados como normas jurídicas coercibles o parámetros éticos


que generan obligatoriedad moral.

I. LOS VALORES EN LA FILOSOFIA

No es este el espacio para señalar con pretensión definitoria la


concepción que la filosofía tiene de los valores. Para los efectos
propuestos, bástenos señalar algunas ideas. Dos son las posiciones
desde las cuales se asume el estudio de los valores: el subjetivismo2
y el objetivismo3. Señalará aquel que el conocimiento de los valores
depende de una experiencia del sujeto cognoscente mientras que el
objetivismo indicará que los valores son cualidades del objeto cuya
existencia tiene lugar independientemente de la percepción del sujeto
de esas cualidades trascendentes a su individualidad. El subjetivismo,
al señalar la coincidencia entre el valor y la actividad de aprehensión
del mismo por parte del sujeto cognoscente (valoración), termina
subordinando la existencia del valor al acto de percepción del mismo,
une el valor con la valoración; de otro lado, el objetivismo señalará la
diferencia entre el valor como cualidad del objeto y la valoración

2
Respecto del subjetivismo explica Pablo Roubier “durante mucho tiempo, los
filósofos concibieron el valor como una noción subjetiva: el valor, en esta
concepción no existe en el objeto valorado, sino en el sujeto que valora y, por
tanto, el valor se considera como un fenómeno de orden afectivo, consistente, para
unos, en el sentimiento de placer o de dolor que se produce en el sujeto por la
presencia del objeto, y para otros en un deseo provocado por este sentimiento.
Pero, tanto en un caso como en el otro, el juicio de valor sería una proyección del
sujeto sobre el objeto, la expresión de un estado afectivo del primero, y no algo
inherente al segundo. Esa doctrina ofrece todos los inconvenientes de una filosofía
fundada en el sentimiento, pues no se puede asentar una forma jurídica, de
carácter general y terminante, sobre la base de un juicio individual y precario; los
juicios fundados en un estado afectivo adolecen de un coeficiente enojoso de
arbitrariedad, y no pueden originar reglas que deben tener bases sólidas, como las
del derecho”. Teoría general del derecho. Trad. José M. Cajica Jr. México: Ed. Jose
M. Cajica. Sin año p. 338.
3
Respecto a la noción objetiva de los valores, señala Ortega y Gasset “Se nos
presenta el valor como un carácter objetivo consistente en una dignidad positiva o
negativa que en el acto de valoración reconocemos. Valorar no es dar valor a quien
por sí no lo tenía; es reconocer un valor residente en el objeto. La cuestión del
valor es la cuestión de derecho por excelencia. Y nuestro derecho en sentido
estricto representa sólo una clase específica de valor: el valor de justicia” Obras
Completas. 4ª ed. Tomo VI. Madrid : Revista de Occidente, 1958, p. 327.

Revista Telemática de Filosofía del Derecho, nº 8, 2004/2005, www.filosofiayderecho.com/rtfd


De la jerarquización filosófica de los valores a la coordinación jurídica de los principios - 63 -

como proceso de captación de la cualidad de los objetos. El


subjetivismo señalará que la importancia de los valores dependerá de
las condiciones subjetivas del sujeto cognoscente: su situación social,
económica, su percepción de la moral y su entorno político; el
objetivismo, al predicar la existencia de cualidades en los objetos
cuya existencia no depende de los sujetos cognoscentes, estima los
valores como trascendentes al individuo, inmutables, perennes,
afirmando la posibilidad de una organización jerárquica de los
valores4.

4
Sobre la jerarquía de valores señala García Morente “Los valores tienen jerarquía.
¿Qué quiere esto decir? Hay una multiplicidad de valores: Vamos a tomar una
clasificación que anda por ahí y que es probamente la menos desacertada;
provisionalmente la más aceptable de todas, que es la clasificación de Scheler en su
libro El formalismo en la ética y la ética material de los valores. Según esta
clasificación se podrían agrupar los valores en los siguientes grupos o clases:
primero, valores útiles; por ejemplo, adecuado, inadecuado, conveniente,
inconveniente. Luego, valores vitales: como por ejemplo, fuerte, débil. Valores
lógicos: como verdad, falsedad. Valores estéticos como bello, feo, sublime, ridículo.
Valores éticos, como justo, injusto, misericordioso, despiadado. Y por último,
valores religiosos, como santo, profano. Pues bien, entre estas clases o grupos de
valores, existe una jerarquía. ¿Qué quiere decir esta jerarquía? Quiere decir que los
valores religiosos afírmanse superiores a los valores éticos; que los valores éticos
afírmanse superiores a los valores estéticos; que los valores estéticos afírmanse
superiores a los lógicos y que estos a su vez se afirman superiores a los vitales, y
estos a su vez superiores a los útiles” Lecciones preliminares de filosofía. Bogotá:
Ed. Nacionales p. 387. A su vez, Risieri Frondizi indica: “Los valores están,
además, ordenados jerárquicamente, esto es, hay valores inferiores y superiores.
Los valores se dan en su orden jerárquico o tabla de valores. La preferencia revela
ese orden jerárquico; al enfrentarse a dos valores, el hombre prefiere comúnmente
el superior, aunque a veces elija el inferior por razones circunstanciales (p. 20)… Es
una característica de los valores estar ordenados jerárquicamente. No es fácil, sin
embargo, señalar los criterios que se deben usar para determinar tal jerarquía. El
criterio empírico queda excluido pues sólo podría decirnos cuál es la tabla
jerárquica de una persona, de un pueblo o una época, más no cuál debe ser dicha
tabla. Scheler cree que los valores mantienen una relación jerárquica a priori. La
jerarquía, para él, reside en la esencia misma de los valores y se aplica aún a
aquellos valores que no conocemos” (p.131). La propuesta de jerarquía de Scheler
es la siguiente “En primer término figuran, en el nivel más bajo, los valores de “lo
agradable” y “lo desagradable”, a los que corresponden los estados afectivos del
placer y el dolor sensibles. En segundo término están los valores vitales, que
representan una modalidad axiológica independiente e irreductible a lo agradable
y lo desagradable. La antítesis noble-vulgar es la fundamental en este estrato
axiológico, si bien corresponden a esta esfera los valores del bienestar y, en tanto
estados, todos los modos del sentimiento vital, como la salud, la enfermedad, la
vejez, la muerte, el agotamiento. El reino de los valores espirituales constituye la
tercera modalidad axiológica. Ante ellos deben sacrificarse tanto los valores vitales
como los de lo agradable. Captamos estos valores por el percibir sentimental
“espiritual” y en actos como el preferir, amar y odiar espirituales, que no deben
confundirse con los correspondientes actos vitales sinónimos. Dentro de los valores

Revista Telemática de Filosofía del Derecho, nº 8, 2004/2005, pp. 61-97, ISSN 1575-7382
Sergio Estrada Vélez - 64 -

Consecuencia de la jerarquización será la imposición de grados


de importancia entre los diversos valores, independientemente de la
experiencia concreta en la cual tenga lugar la aplicación de los
mismos, esto es, un estado de prevalencia perenne de un valor sobre
los restantes, con prescindencia del contexto de surgimiento y
aplicación del valor, lo que finalizará en lo que se ha dado en llamar
tiranía del valor5.

La filosofía procura, como especial punto de estudio6, por una


jerarquización de valores entre los que se encuentran algunos que no
pueden ser de interés para el derecho, tal como ocurre con los
valores de lo bello y lo feo, lo agradable y desagradable, lo santo y lo
profano. Para el derecho, aquello que no es de su interés no se puede

espirituales pueden distinguirse, jerárquicamente, los siguientes: a) los valores de


los bello y de lo feo y los demás valores puramente estéticos; b) los valores de lo
justo y de lo injusto, que no hay que confundir con “lo recto” y lo “no recto” que se
refieren a un orden establecido por la ley, y que son independientes de la idea de
Estado y de cualquier legislación positiva; c) los valores del conocimiento puro de la
verdad”, tal como pretende realizarlos la filosofía, en contraposición con la ciencia
positiva que aspira al conocimiento con el fin de dominar a la naturaleza...Por
encima de los valores espirituales está la última modalidad de los valores, la de lo
santo y lo profano. Los valores religiosos son irreductibles a los espirituales y tienen
la peculiaridad de revelársenos en objetos que se nos dan como absolutos. Los
estados correspondientes a los valores religiosos son los de éxtasis y
desesperación, que miden la proximidad o el alejamiento de lo santo. Las
reacciones específicas correspondientes son las de la fe, la veneración y la
adoración. El amor es, a su vez, el acto en que captamos los valores de lo santo.
Para Scheler, esta relación jerárquica de valores que va de lo agradable a lo santo –
a través de lo vital y lo espiritual- es apriorística y precede, por lo tanto, a
cualquier relación entre los bienes”¿Qué son los valores? 3ª ed. México: Fondo de
Cultura Económica, 1972, p. 131-139.
5
Una crítica importante a la teoría objetiva de los valores que pretende jerarquizar
los mismos, es formulada por Recasens Siches en los siguientes términos: “aunque
acabo de ofrecer esas consideraciones que tienden a invalidar la concepción
subjetivista y, por tanto, a afianzar la tesis objetivista , debo declarar que no por
ello reputo plenamente correcta la teoría objetivista de Scheler y de N. Hartmann.
Porque estos filósofos, lo mismo que muchos de sus discípulos sostienen una
especie de objetividad ideal abstracta de los valores. En cambio, yo entiendo que
son objetivos, en el sentido en que no son emanación del sujeto, pero que su
objetividad se da en la existencia humana” Vida humana, sociedad y derecho.
México: Fondo de Cultura Económica.1944. p.46
6
Sobre la importancia de la jerarquía de valores en la filosofía, señala Recasens
Siches: “hay que mencionar el hecho de que la averiguación de los principios o de
las leyes para la determinación de la jerarquía o del rango respectivo entre lo
valores constituye el problema crucial de la Estimativa o Axiología” Tratado general
de filosofía del derecho. décimo primera ed. México: Porrúa. 1995. p. 65

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De la jerarquización filosófica de los valores a la coordinación jurídica de los principios - 65 -

constituir en criterio prevalente sobre las demás normas jurídicas, a


guisa de ejemplo, el valor estético representado por la belleza, no
puede ser superior al valor jurídico de la justicia.En otros términos, la
jerarquización que la filosofía realiza de los valores no puede
extenderse a los valores jurídicos7. Dos son las razones:

La primera, la filosofía jerarquiza valores que no son propios al


derecho como los estéticos y los religiosos. Para el derecho no ofrece
un mínimo interés la existencia del valor de la belleza o de valores
religiosos en un modelo jurídico secularizado. La segunda, no es
7
Para adquirir claridad de la imposibilidad de una jerarquización de valores en el
derecho, resultan de interés las palabras de Recasens Siches “comprendemos que
el derecho tiene algo que ver con el mundo de los valores, pues parece que no se
puede hablar de lo jurídico sin referirlo a algunos valores. Y ello es exacto. Pero, de
otro lado, barruntamos que el derecho, a pesar de su conexión con el mundo de
los valores, no es pura y simplemente un valor, sino que es un conjunto de hechos
que ocurren en el seno de la vida humana y en el área de la historia, y que tiene,
por consiguiente, una serie de ingredientes que no pueden ser domiciliados en el
reino de los objetos ideales, al cual pertenecen los valores” Vida humana, sociedad
y derecho, op. cit. p. 55. En este mismo sentido son importantes las palabras de
Chaim Perelman “…cabe observar una nítida diferencia entre los discursos sobre
hechos reales y los discursos sobre valores. En efecto, lo que se opone a lo
verdadero es únicamente lo falso y lo que es verdadero para algunos, debe serlo
para todos. No hay por qué elegir entre lo verdadero y lo falso. Sin embargo, lo
que opone a un valor no deja de ser un valor, aunque la importancia que se le
conceda o la vinculación que se le testimonie no impiden eventualmente
sacrificarle para salvaguardar otro valor. Por otra parte, nada garantiza que la
jerarquía de valores de uno sea reconocida por otro. Más aún, nada garantiza que
la misma persona en el curso de su existencia continúe siempre fiel a los mismos
valores: el papel de la educación, la formación espiritual y la posibilidad de
conversión suponen precisamente que las actitudes, las tomas de posesión y las
jerarquías de valores no son inmutables”La lógica jurídica y la nueva retórica. Trad.
Luis Díez-Picazo. Madrid: Civitas, 1979, p. 144. Coincide con lo anterior Robert
Alexy cuando señala: “puede ya dudarse si una sola persona puede indicar todos
los valores más concretos que pueden ser relevantes desde su punto de vista para
el juicio y la decisión iusfundamental. En todo caso, no ha de ser posible formular
un catálogo completo que cuente con la aprobación de todos. Ya esto plantea
dificultades al concepto de un orden jerárquico de valores. Si no es posible formular
un catálogo exhaustivo, entonces hay que ordenar algo que sólo es conocido de
forma incompleta…Es fácil comprender que es inaceptable un orden de jerarquía
abstracto de valores de derecho fundamental…” Teoría de los derechos
fundamentales. Trad. Ernesto Garzón Valdés Madrid: Centro de Estudios
Constitucionales, 1993, p. 153. Igualmente, señala José Juan Moreso refiriéndose a
las características de la ponderación “La jerarquía valorativa no es establecida en
abstracto, sino que es establecida en su aplicación al caso concreto. Ello establece
una jerarquía que Guastini denomina, de forma muy adecuada, una jerarquía
móvil, es decir, aunque en un caso concreto P1 desplace a P2, bien puede ser que
en otro caso P2 desplace a P1”. Conflictos entre principios constitucionales, En
Neoconstitucionalismo (s). Comp. Miguel Carbonell. Madrid : Trotta, 2003, p. 103.

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Sergio Estrada Vélez - 66 -

posible establecer jerarquía de valores jurídicos en atención a la


inexistencia de criterios sustanciales para determinar, desde una
perspectiva jurídica, la prevalencia a priori de un valor sobre otro.

A guisa de conclusión, si la filosofía señala la existencia de una


jerarquización de los valores, entre los cuales se incorporan algunos
que no pueden ser objeto de interés para el derecho, la labor de
construcción de una estimativa o axiología jurídica debe partir del
mismo derecho y no del campo determinado por la filosofía8.

II. LOS VALORES EN LA FILOSOFIA DEL DERECHO

Por la misma naturaleza especulativa del pensamiento


filosófico, no es posible advertir un consenso frente a la teoría de los
valores, esto es, una idea común de los mismos que sirva de único
fundamento para la construcción del conocimiento jurídico.

8
El tratadista Francisco Javier Diaz Revorio advierte la imposibilidad de aplicar los
criterios adoptados por la filosofía para describir los valores en el campo del
derecho. Son sus palabras : “Teorías sobre la fundamentación de los valores. 1. La
llamada “filosofía de los valores”, cuyos principales representantes son Scheller y
Hartmann. Aunque este movimiento trasciende el ámbito jurídico, es cierto que al
estudiar el concepto de valor suelen tenerse presentes las propiedades de los
mismos según la filosofía de los valores. Además, el propio concepto lingüístico de
“valor” casi hace inevitable dicha referencia. En efecto Basile ha puesto de
manifiesto el “tono profesoral” de nuestro artículo 1.1, ya que “”valores superiores”
suena a filosofía y quién sabe a través de cuántas mediaciones (…) nos remite a
Nicolai Hartmann, y en consecuencia, a Scheler, y, más allá, al panorama cultural
alemán de finales de siglo”. Pueden resumirse las características más importantes
de esta doctrina: a) los valores son esencias ideales previas a la experiencia; b)
requieren una realidad en la que encarnarse; c) se presentan de forma bipolar (con
su opuesto); d) pueden ordenarse jerárquicamente; e) no son aprehensibles por la
razón, sino por la intuición de su evidencia. Trasladando estas ideas a nuestros
valores superiores, podría deducirse una fundamentación objetiva de los mismos:
se tratataría de esencias ideales que existen, “están ahí”, “encarnados” en el
ordenamiento jurídico. Cabría utilizar la intuición para determinar cuáles son y,
sobre todo, su significado, y podría establecerse una ordenación jerárquica entre
ellos. Sin embargo, hay que señalar que la propia historicidad y variabilidad del
significado de los valores hace difícil una fundamentración objetiva. Por lo demás,
la intuición o la evidencia no parecen criterios aplicables en el terreno de lo
jurídico, y tampoco es fácil encontrar criterios para una jerarquización entre los
valores.” Valores superiores e interpretación constitucional. Madrid: Centro de
Estudios Políticos y Constitucionales. 1997. p. 136,137.

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De la jerarquización filosófica de los valores a la coordinación jurídica de los principios - 67 -

Una idea de valores subjetiva determinará en el derecho la


eliminación de los mismos por representar el primer paso para
infracción de la seguridad jurídica. Contrario sensu, una idea objetiva
de valores, que es la más aceptada por la filosofía jurídica, indica la
posibilidad de vincular elementos axiológicos al derecho, la
vinculación de la moral al derecho, pero de una moral cualificada por
su pretensión de objetividad, también llamada moral pública o
correcta. El problema se hace evidente cuando la filosofía jurídica
adopta la noción de valor jurídico indicando que por tal se debe
entender lo señalado por el ordenamiento jurídico, esto es, se alude a
un criterio formal para determinar la naturaleza de la categoría, y
luego de esta descripción formal se estima la posibilidad de una
jerarquía de valores jurídicos empleando como criterio el nivel o
posición en el cual se ubica el enunciado que contiene el valor9.

9
El problema de estimar el carácter jurídico de los valores y su jerarquía a partir de
criterios formales, se advierte con claridad en las siguientes palabras “Es difícil
establecer una definición de los valores jurídicos, pero sí parece posible realizar un
mayor acercamiento. Entre las dificultades para encerrarlos en una definición se
alude a su falta de precisión y ambigüedad. En cualquier caso, lo primero que
conviene destacar es su carácter fundamental y la importancia decisiva que tiene
en las relaciones Derecho/poder. En la actualidad, por ejemplo, resulta imposible,
escindir la idea de estado social y democrático de derecho y la salvaguarda de
derechos fundamentales, de los valores jurídicos que sustentan un ordenamiento.
..Por otra parte, los textos fundamentales que recogen este tipo de enunciados
jurídicos suelen destacar de forma explícita o implícita determinados valores
jurídicos a los que se les dota de una cualificación más elevada (la de superiores en
el caso de nuestra constitución –hace referencia a la española)…El carácter de
superior, en estos casos, apunta a alguna peculiaridad que los diferencia del resto
de valores jurídicos –a los que acotamos, inicialmente, como la incorporación de un
juicio de valor a un enunciado jurídico- y procede básicamente del tipo de norma
en que se juridifican y las funciones que desempeñan. ..Los valores jurídicos
poseen el mismo rango que el resto de los preceptos constitucionales, es decir, el
rango constitucional y su ubicación entre el articulado permite calificarlos de
normas jurídicas…los valores jurídicos tienen auténtica fuerza normativa con
eficacia plena. Su ambigüedad y falta de concreción no les resta eficacia normativa
porque no tienen por objeto resolver conflictos jurídicos concretos. Esto quiere decir
que no pueden fundamentar inmediatamente una decisión y se requiere la
invocación de que se ha violado otro precepto en los recursos de
inconstitucionalidad…Los valores jurídicos tienen, por consiguiente eficacia
normativa e interpretativa y partiendo del carácter normativo de estos tres
instrumentos jurídicos se establece un proceso en el que las reglas o normas en
sentido estricto son concreciones de los principios y los principios una concreción
de los valores, siendo estos caracterizados por la mayor abstracción y generalidad.
Este es el sentido de la afirmación de que los valores funcionan como metanormas
respecto a los principios y como normas de tercer grado respecto a las reglas o

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Sergio Estrada Vélez - 68 -

Algunos filósofos centran el problema de la jerarquía entre los


valores de seguridad jurídica y justicia10, otros, acuden a un criterios
de consagración taxativa para determinar la prevalencia de un valor

disposiciones específicas”.De Lucas, Javier Introducción a la Teoría del derecho 3ª


ed. Valencia Tirant lo blanch, 1997 p. 312-314. Frente a esta noción de los valores
como normas jurídicas a partir de su consagración en la Constitución, se opone
Rubio Llorente cuando señala “ Es muy posible que mi dificultad para entender las
tesis que afirman la excepcional trascendencia de la propugnación constitucional de
los valores sea simple consecuencia de mis propias limitaciones, y de antemano
acepto las ayudas que la caridad ajena me ofrezca para remediarlas. Para quienes
quieran acometer esta obra tengan conciencia de la gravedad del mal y puedan
atacarlo desde su raíz, conviene quizás añadir que mi idiocia llega aún más lejos y
que, no se me demuestre lo contrario, creo que el simple enunciado de unos
valores como tales carece en sí mismo de significado jurídico, aunque se haga
dentro de la más alta norma” .Derechos fundamentales y principios
constitucionales. Barcelona:Ariel, 1995, p. X.
10
Sobre las relaciones entre la seguridad jurídica y la justicia son claras las
palabras de Gustav Radbruch “El positivismo, con su convicción de que “la ley es la
ley”, ha vuelto indefenso el orden de los juristas contra las leyes de contenido
arbitrario y criminal. Por otra parte, el positivismo se halla incapacitado totalmente
a fundar por sus propias fuerzas la validez de las leyes. Él cree haber podido fundar
la validez de una ley por el solo hecho de haber poseído la fuerza de imponerse.
Pero sobre el poder podrá si acaso fundarse la necesidad de un comportamiento,
jamás un deber ser (sollen) y un valer. Éste se deja más bien fundar sobre un valor
que inhiere en la ley. Un valor posee, sin duda, toda ley positiva sin consideración
a su contenido, porque al menos procura seguridad jurídica. Pero la seguridad
jurídica no es el único ni tampoco el valor decisivo, que el derecho tiene que
realizar. Junto a la seguridad jurídica intervienen otros dos valores: conveniencia y
justicia. En la jerarquía de estos dos valores tenemos que colocar a la conveniencia
del derecho para el bien común en el último lugar. En ninguna forma es el derecho
aquello que “es útil al pueblo”, sino que en última instancia es útil al pueblo lo que
es derecho, lo que crea seguridad jurídica y aspira hacia la justicia. La seguridad
jurídica, que es propia de toda ley a causa de su positividad, ocupa una posición
intermedia entre la conveniencia y la justicia: es, por una parte, exigida por el bien
común, y, por otra parte, también por la justicia. Que el derecho es seguro, que no
es hoy interpretado y aplicado de tal manera y mañana de otra, es al mismo tiempo
una exigencia de la justicia…El conflicto entre la justicia y la seguridad jurídica
debería, pues, ser resuelto de tal manera que el derecho positivo asegurado por la
ley y el poder tiene preeminencia aún en su contenido, sea injusto o
inconveniente, a no ser que la contradicción entre la ley positiva y la justicia
alcance tal medida, que la ley como “derecho arbitrario” deba ceder ante la
justicia…Somos más bien de la opinión de que luego de doce años de negación de
la seguridad jurídica, es más necesario que nunca el escudarse mediante
consideraciones jurídico-formales, contra las tentaciones que fácilmente pueden
haber surgido en aquellos que han vivido sometidos al peligro y la opresión
durante doce años. Debemos buscar la justicia, pero al mismo tiempo atender a la
seguridad jurídica, puesto que es ella misma una parte de la justicia, y reconstruir
un Estado de derecho que satisfaga por igual, en la medida de lo posible, a ambas
ideas. La democracia es ciertamente un bien digno de ser elogiado; el Estado de
derecho, sin embargo, es como el pan de cada día, como el agua para beber y el
aire para respirar, y lo mejor en la democracia es, precisamente, que sólo ella es
apropiada para asegurar el Estado de derecho. ”El Hombre en el derecho. Trad.
Anibal del Campo. Buenos Aires: Depalma.1980.p. 134,135, 141

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De la jerarquización filosófica de los valores a la coordinación jurídica de los principios - 69 -

sobre el otro (V. gr. los valores superiores del artículo 1.1. de la
Constitución española); finalmente, hay quienes señalan que, según
lo expuesto, los valores se jerarquizan apriorísticamente en la forma
establecida por la filosofía.

No se comparte ninguna de las anteriores posibilidades. La


primera, que señala una jerarquía entre el valor de seguridad jurídica
y justicia, no permite abordar el problema de la jerarquía de valores
jurídicos en atención a que la seguridad jurídica y la justicia no son
los únicos valores que interesan al derecho. Son, sin lugar a duda,
valores representativos de una fricción filosófica entre el
iuspositivismo y el iusnaturalismo, pero no es posible pretender una
comprensión del problema a partir del estudio de las relaciones entre
dos de los elementos que conforman el conjunto universal de los
valores jurídicos. Si la jerarquía de valores en el derecho se reduce al
estudio de las relaciones entre seguridad jurídica y justicia, ¿cómo
explicar las relaciones entre otros valores que son de interés al
derecho pero de diversa naturaleza a los mencionados tales como la
paz, el bien común, pluralismo, libertad, orden, etc.? Además, éste
criterio pierde interés cuando es la misma filosofía del derecho la que
ha perfilado la idea de una necesaria complementariedad y no fricción
entre la seguridad y la justicia11.

Tampoco es posible señalar una jerarquización de valores a


partir de su consagración positiva en un enunciado normativo, y, en
consecuencia, indicar que el nivel del valor estará determinado por la

11
Recasens Siches describe las relaciones entre seguridad jurídica y justicia así: “La
realización de un mínimo de seguridad constituye una condición para que pueda
haber justicia….Debe pensarse siempre la certeza y seguridad no desde un punto
de vista formalista indiferente, sino, por el contrario, como medios garantizantes de
la justicia” Nueva filosofía de la interpretación del derecho. 3ª ed. México: Porrúa,
1980. p. 298 y 308. En este sentido retómense las palabras de Radbruch:
“debemos buscar la justicia, pero al mismo tiempo atender a la seguridad jurídica,
puesto que es ella misma una parte de la justicia, y reconstruir un Estado de
derecho que satisfaga por igual, en la medida de lo posible, a ambas ideas”. El
Hombre…op. cit. p. 141.

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ubicación del enunciado que lo contiene dentro de la propuesta


jerárquica de normas jurídicas. En otros términos, si un enunciado de
carácter legal contiene un valor, su jerarquía dependerá del nivel de
la ley dentro del ordenamiento, señalando así que el valor es
infraconstitucional por estar en la ley. Este criterio, que se puede
denominar topográfico, permite indicar el lugar en el que
formalmente pueden ser ubicados los valores, pero no es suficiente
para delinear una respuesta a la pregunta ¿qué son los valores
jurídicos? La ubicación del valor dista de la naturaleza del mismo. Un
valor legal no puede ser menos importante con respecto a un valor
que se encuentra en el texto de la constitución. Una ontología de los
valores rehuye a tener en un criterio topográfico la razón suficiente
para explicar la naturaleza del valor. Finalmente, la jerarquización
pretendida por la filosofía se estima inaplicable en el derecho por las
razones esbozadas al inicio de este artículo que se sintetizan en la
imposibilidad de una jerarquización apriorística de valores en el
derecho en atención a su fundamento cultural que siempre debe
atender al contexto de surgimiento, desarrollo y aplicación de la
norma jurídica.

En síntesis, dos son las razones por las cuales no puede ser
adoptada por el derecho una idea de jerarquía de valores a partir de
la filosofía:

1. Se jerarquizan valores que no son de interés para el derecho.


2. Una jerarquía de valores en el derecho puede conducir a lo que
denomina Hartmann el imperio del valor. No es posible señalar
la prevalencia de la justicia sobre la seguridad jurídica ni ésta
sobre aquella, máxime cuando se trata de un valor finalístico y
funcional, respectivamente, esto es, de un valor sustantivo que
sirve de objetivo de la existencia del derecho y un valor
adjetivo como medio para la realización de la justicia.

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De la jerarquización filosófica de los valores a la coordinación jurídica de los principios - 71 -

Se estima la existencia de un error en la filosofía del derecho


cuando se adopta la noción de valores, indicando la posibilidad de
hacer referencia indistintamente a ambos conceptos como normas
jurídicas12. La diferencia entre valores y principios es aparentemente
mínima dentro de la filosofía del derecho en atención a que ambos
conceptos pertenecen al mundo de la moral, pero lo suficientemente
importante para el derecho como para señalar que los principios son
normas jurídicas mientras que los valores sólo pueden llegar a serlo
en virtud de su concreción en un principio13. Esta diferencia, para

12
Así lo demuestra las palabras del profesor Hernán Valencia Restrepo cuando
señala: “En consecuencia, a los principios deben aplicarse las cuatro (4) estructuras
ónticas propias de los valores, a saber, objetividad, cualidad, polaridad y jerarquía”
Nomoárquica, principialística jurídica o los principios generales del derecho. 2ª ed.
Bogotá: Temis. 1999, p. 256. La adopción de los valores como normas jurídicas se
advierte en las palabras del profesor Angel Llamas Cascón: “La inclusión de los
valores como norma jurídica en el Ordenamiento supone un cambio trascendental
en el Derecho y consiguiente en las teorías del derecho” Los valores jurídicos como
ordenamiento material.Madrid: Universidad Carlos III, 1993, p. 197. Igualmente,
la profesora Blanca Martinez de Vallejo, en trabajo compilado por el profesor Javier
de Lucas, señala: “…para la mayoría de la doctrina los valores jurídicos son normas
y los principios y las normas en sentido estricto son concreciones de los valores que
los desarrollan, produciéndose un proceso que alcanza su cenit de concreción en
las reglas o normas en sentido estricto” De Lucas, Javier, ob cit p. 314.
13
Robert Alexy expresa frente a la teoría de los principios y la teoría de los valores:
“Es fácil reconocer que los principios y los valores están estrechamente vinculados
entre sí en un doble sentido: por una parte, de la misma manera que puede
hablarse de una colisión de principios y de una ponderación de principios, puede
también hablarse de una colisión de valores y de una ponderación de valores; por
otra, el cumplimiento gradual de los principios tiene su equivalente en la
realización gradual de los valores. Por ello, enunciados del Tribunal Constitucional
Federal sobre valores pueden ser reformulados en enunciados sobre principios, y
enunciados sobre principios o máximas en enunciados sobre valores sin pérdida
de su contenido” p. 138 y 139. Pero cuando se detiene a determinar la diferencia
entre principios y valores, indica que la misma radica en el carácter axiológico de
los valores y en el deontológico de los principios, diferencia suficiente para señalar
que los valores no pueden ser estimados como normas jurídicas y, más claramente
aún, sirve de argumento para preferir el modelo de principios que el modelo de
valores. Son sus palabras: “ 1.3. La diferencia entre principios y valores. Esto
último responde exactamente al modelo de los principios. La diferencia entre
principios y valores se reduce así a un punto. Lo que en el modelo de los valores es
prima facie lo mejor es, en el modelo de los principios, prima facie debido; y lo que
en el modelo de los valores es definitivamente lo mejor es, en el modelo de los
principios, definitivamente debido. Así pues, los principios y los valores se
diferencian sólo en virtud de su carácter deontológico y axiológico
respectivamente. En el derecho, lo que se trata es de qué es lo debido Esto habla a
favor del modelo de los principios. Por otra parte, no existe dificultad alguna en
pasar de la constatación de que una determinada solución es la mejor desde el

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Sergio Estrada Vélez - 72 -

algunos mínima, se erige en suficiente argumento para señalar que


los valores, en virtud de su carácter “prima facie mejor”, a diferencia
de los principios que adquieren un carácter de “prima facie debido”
no pueden llegar a ser jurídicamente obligatorios. En otros términos,
si bien es cierto que la diferencia entre valores y principios es
mínima, en ella radica la imposibilidad de considerar los valores como
normas jurídicas. En este orden de ideas, los denominados valores
jurídicos obtienen tal denominación por su consagración normativa en
un texto constitucional o legal, pero ese proceso de formalización no
les confiere el carácter de normas jurídicas. Sirve de prueba
irrefutable de la vinculación de la moral al derecho, pero no se puede
pretender que la naturaleza jurídica del valor sea atribuible a su
consagración en un texto. Si se señala que un valor es constitucional
por el hecho de estar en el texto de la Constitución y que adquiere el
carácter de norma de norma, es lógico que del mismo se puedan
derivar juicios de inconstitucionalidad, lo que sólo es posible a partir
de la delimitación, determinación o inferencia deductiva de un valor
en un principio. Acudiendo a un razonamiento práctico, se advierte la
imposibilidad de una decisión judicial soportada exclusivamente en un
valor14. Aceptar tal intento sería dar apertura a la más amplia
manifestación de la discrecionalidad en atención a la dificultad de

punto de vista del derecho constitucional a la constatación de que es debida


iusconstitucionalmente. Si se presupone la posibilidad de un paso tal, es
perfectamente posible partir en la argumentación jurídica del modelo de los valores
en lugar del modelo de los principios. Pero, en todo caso, el modelo de los
principios tiene la ventaja de que en él se expresa claramente el carácter de
deber ser. A ello se agrega el hecho de que el concepto de principio, en menor
medida que el de los valores, da lugar a menos falsas interpretaciones. Ambos
aspectos son lo suficientemente importantes como para preferir el modelo de los
principios” Teoría de los derechos fundamentales, op. cit. p. 147.
14
Las sentencias de la Corte Constitucional colombiana alusivas a los valores
resaltan dos funciones: una interpretativa de las normas del ordenamiento
(criterios para una interpretación finalística o axiológica) y una función limitativa
entendida como los límites que debe respetar el legislador al momento de crear
normas jurídicas. Difícil asumir que los valores pueden ser criterio único de decisión
cuando la misma Corte señaló en la sentencia C-690 de 1996 M.P. Alejandro
Martínez Caballero la indeterminación de los valores. Igualmente llama la atención
que en la mayoría de los casos la idea de valores esta acompañada, en una relación
de dependencia, del concepto de principios.

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De la jerarquización filosófica de los valores a la coordinación jurídica de los principios - 73 -

determinar el contenido del valor, conduciendo a la infracción de la


seguridad jurídica pues, a guisa de ejemplo, pueden existir tantos
fallos como nociones de justicia tengan los operadores
jurisdiccionales15.

15
Frente al peligro de adoptar la justicia como criterio para calificar una norma o un
ordenamiento jurídico, son pertinentes las palabras de Alf Ross “Invocar la justicia,
es como dar un golpe sobre la mesa: una expresión emocional que hace de la
propia exigencia un postulado absoluto. Esta no es la manera adecuada de obtener
comprensión mutua. Es imposible tener una discusión racional con quien apela a la
“justicia”, porque nada dice que pueda ser argüido en pro o en contra. Sus
palabras constituyen persuasión, no argumento. La ideología de la justicia conduce
a la intolerancia y al conflicto, puesto que por un lado incita a la creencia de que la
demanda propia no es la mera expresión de un cierto interés en conflicto con
intereses opuestos, sino que posee una validez superior, de carácter absoluto; y
por otro lado, excluye todo argumento y discusión racionales con miras a un
compromiso. La ideología de la justicia es una actitud militante de tipo biológico-
emocional, a la cual uno mismo se incita para la defensa ciega e implacable de
ciertos intereses…Puesto que la idea formal de igualdad o justicia como estrella
polar para la orientación político-social carece de significado, es posible abogar por
cualquier tipo de postulado material en nombre de la justicia. Esto explica por qué
todas las guerras y conflictos sociales, como se dijo anteriormente, han sido
librados en nombre de la exaltada idea de justicia. Es mucho esperar que esto
cambie en el futuro. Invocar la justicia es usar un arma demasiado efectiva y
demasiado conveniente desde el punto de vista ideológico, para que abriguemos la
esperanza de que los estadistas, los políticos y los agitadores, aun cuando perciban
la verdad, se atreven a pactar el desarme en este punto. Además, la mayoría de
ellos probablemente son víctimas de engaño. Es muy fácil creer en las ilusiones que
excitan la emoción estimulando las glándulas suprarrenales(p.340)…La justicia, en
consecuencia, no puede ser una pauta jurídico-política o un criterio último para
juzgar una norma. Afirmar que una norma es injusta, como hemos visto, no es más
que la expresión emocional de una reacción desfavorable frente a ella. La
declaración de que una norma es injusta no contiene ninguna característica real,
ninguna referencia a algún criterio, ninguna argumentación. La ideología de la
justicia no tiene, pues, cabida en un examen racional del valor de las normas (p.
346)”. Pero esos peligros no conducen a la negación de la vinculación de la justicia
al derecho sino al reforzamiento de los criterios para objetivizar dicho valor. Señala
el mismo autor “hay siempre un margen de extensión variable, y cuando una
decisión cae dentro del mismo, nadie la llamaría injusta, ni siquiera en sentido
objetivo. Podría calificársela de “equivocada” en el sentido de que quien emite la
opinión habría aplicado la ley en forma diferente. Pero, ¿cómo ha de determinarse
ese margen? ¿cuáles son los principios de interpretación “correctos”?, ¿Y qué latitud
interpretativa debe acordarse al juez? No sirve de mucho hacer referencia a
motivaciones “específicamente jurídicas” como cosa opuesta a consideraciones de
poder o de interés, porque no hay una valoración específicamente jurídica. El
derecho surge de las mismas actitudes prácticas, intereses, factores de poder y
componentes ideológicos que se hacen presentes en la comunidad en esferas que
están fuera de la vida del derecho. Quizá la única manera de responder a la
cuestión sea mediante una referencia a lo “típico” y “normal” en la aplicación
efectiva de la ley. Decidir con objetividad es hacerlo en la forma típica, normal;
decidir subjetivamente es incurrir en desviaciones excepcionales. La decisión es
objetiva (“justa”, en sentido objetivo) cuando cabe dentro de principios de
interpretación o valoraciones que son corrientes en la práctica. Es subjetiva
(“injusta” en sentido objetivo) cuando se aparta de ello. Las palabras “subjetividad”

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Sergio Estrada Vélez - 74 -

Por el contrario, el valor concretado en un principio, reduce


sustancialmente el margen de discrecionalidad a punto que se puede
señalar que un operador puede rehuir a la aplicación de un valor o
intelegirlo erradamente, pero en atención a su naturaleza moral no
puede derivarse de su omisión o error consecuencia jurídica alguna,
pero nunca se podrá señalar que puede abandonar o aplicar
discrecionalmente un principio en atención a que su naturaleza
deontológica, carente en el valor, le obliga como cualquier otra norma
del ordenamiento, inclusive, por su carácter de norma fundante, su
vinculatoriedad resulta más fuerte en los principios que en las reglas.

Se advierte que la preocupación por incorporar al derecho los


contenidos axiológicos ha determinado un uso indistinto entre valores
y principios desconociendo que el valor carece de elementos
deontológicos pero no obstante se siguen llamando normas
jurídicas16. Por obvia, es innecesario discurrir acerca de la vinculación
de elementos axiológicos al derecho en un Estado social de derecho,
pero no se puede señalar que todo elemento axiológico (valor)
adquiere igual condición deontológica que el principio por estar en el
texto de la Constitución. Se itera en esta idea ya esbozada: si se
pretende el reconocimiento de una teoría de principios que supere

o “injusticia” expresan precisamente el sentimiento de que la decisión emana de la


individualidad o subjetividad de un juez particular en contraste con lo que es típico
de los jueces en conjunto” p. 350). Sobre el derecho y la justicia. 2ª ed. Buenos
Aires: Eudeba, 1997
16
Sobre el uso indistinto del concepto de valor y principios, señala el profesor
Rodolfo Luis Vigo “La literatura jurídica, especialmente la jusfilosófica, se ha hecho
eco de esa posible distinción, aunque de manera no coincidente. En efecto:
mientras Alexy no duda en identificar los principios jurídicos con los valores, al
señalar que “toda colisión entre principios puede expresarse como una colisión
entre valores, y viceversa. La única diferencia consiste en que la colisión entre
principios se trata de la cuestión de qué es debido de manera definitiva, mientras
que la solución a una colisión entre valores contesta a qué es de manera definitiva
mejor. Principios y valores son por tanto lo mismo, contemplado en un caso bajo un
aspecto deontológico y en otro caso bajo un aspecto axiológico”, el catedrático de
Sevilla Pérez Luño perfila una distinción centrada en la concreción: “Los valores
funcionan, en suma, como metanormas respecto a los principios y como normas de
tercer grado respecto a las reglas o disposiciones específicas”” Los principios
jurídicos. Buenos Aires: Depalma, 2000, p.91.

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De la jerarquización filosófica de los valores a la coordinación jurídica de los principios - 75 -

fricciones filosófico-jurídicas y que atienda en primer lugar a la


funcionalidad e importancia de los mismos, se debe partir de la
diferenciación entre los valores y los principios.

El afirmado carácter exclusivamente axiológico de los valores no


puede entenderse como un desconocimiento de la vinculación de los
valores al ordenamiento. Un valor, por estar reconocido en el
ordenamiento, determina las pautas que deben guiar la actividad del
Estado. Por su importancia ética proveniente de la moral, los valores
son canales de conducción de toda expresión jurídica17. Así, es
fundamental diferenciar la eficacia jurídica de los valores de la
naturaleza jurídica de los mismos. Por su peso axiológico no es
posible separar el valor del derecho, pero la repercusión que el valor
tenga en el mundo jurídico no le otorga carta de nacionalización para
pertenecer al mundo del derecho. No todo lo que tiene eficacia
jurídica puede ser estimado norma jurídica, pues de ser así,
decisiones de naturaleza estrictamente política que afectan el
derecho, podrán ser estimadas como normas jurídicas, verbi gratia, lo
que podría ocurrir con una decisión de despeje de un territorio para
iniciar diálogos de paz, la declaratoria de un estado de excepción, una
sentencia fundamentada solamente en un valor otorgándole un
contenido ajeno al Estado social de derecho.

Esta consideración ha llevado a que se estime que el valor justicia,


de amplio contenido axiológico, sea considerado como principios,
cuando es claro que la indeterminación del valor aludido no permite
ser empleado como criterio jurídico para la adopción de una decisión.
El problema se extiende tal como se verá más adelante, al campo del
derecho constitucional en el cual se señala que la única diferencia

17
Sobre la función de los valores en el ordenamiento jurídico como criterios
orientadores en la creación e interpretación de la ley, son importantes las
sentencias T-406 de 1992, C-546 de 1992, T-079 de 1995, C-690 de 1996 y C-126
de 1998.

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Sergio Estrada Vélez - 76 -

entre un valor y un principio es de grado, significando, contrario


sensu, que existe similitud reflejada en su carácter normativo.

Importante analizar en este sentido la opinión de Robert Alexy


quien indica que entre los valores y los principios no existe diferencia
esencial salvo aquella que indica que los valores pertenecen al mundo
de la moral y los principios al mundo deontológico. Son sus palabras:

“El modelo de los principios y el modelo de los valores


han demostrado ser esencialmente iguales por lo que
respecta a su estructura, con la diferencia de que le
uno debe ser ubicado en el ámbito deontológico (el
ámbito del deber ser) y el otro en el ámbito de lo
axiológico (el ámbito de lo bueno)“18 Subrayas
extratexto.

Obsérvese que el autor señala que entre principios y valores no


existe una diferencia esencial. Si por esencial se entiende, según la
Real Academia de la Lengua Española, lo principal, sustancial,
material, da a entender que resulta de menor importancia la
diferencia advertida en el sentido de los diversos mundos a los cuales
pertenece los valores y los principios: el axiológico y el deontológico,
respectivamente.

Debe advertirse que cuando se señala que la única diferencia


entre valores y principios es el carácter axiológico y deontológico, no
se puede asumir como algo insignificante para una teoría integral de
valores y principios. Todo lo contrario, cuando se indica que los
valores y los principios pertenecen a universos diferentes (moral y
derecho) se está indicando una diferencia que no se puede mirar de
soslayo sino que se erige, contrario a lo que indica Robert Alexy, en

18
Alexy, op. Cit. p. 147.

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De la jerarquización filosófica de los valores a la coordinación jurídica de los principios - 77 -

una diferencia sustancial o esencial. Partiendo de las categorías


Kantianas establecidas para diferenciar la moral del derecho
(unilaterialidad-bilateralidad, autonomía-heteronomía, interna-
externo, incoercibilidad-coercibilidad), se advierte que indicar que los
valores pertenecen al mundo de la moral y los principios al mundo del
derecho es señalar que aquellos, al ser moral, son incoercibles,
mientras que estos, al ser jurídicos, resultan coercibles. Si un valor es
moral, la consecuencia lógica de esta afirmación es que el valor es
incoercible, contrario sensu, si un principio es jurídico, es porque
resulta coercible pues la coercibilidad es característica esencial de las
normas jurídicas19. Ahora, si los valores son moral y la moral no es
coercible ¿cómo señalar que no existe diferencia sustancial entre

19
No se puede confundir la coercibilidad de una norma jurídica con la
obligatoriedad de la moral. Sobre este concepto señala Hartmann: “Sin meternos
aquí en la fundamental cuestión metafísica de la esencia misma de los valores,
pueden ponerse de relieve los siguientes puntos, que conciernen tan sólo a la
obligatoriedad en cuanto tal. 1. Los valores morales ejercen su fuerza de exigencia
(amonestación, llamada, voz de conciencia) en la vida, no por medio de una
autoridad que esté tras de ellos, ni tampoco por una compulsión que sintamos
como tal, sino simplemente porque son evidentes para nosotros, nos convencen y
son reconocidos por el sentimiento del valor; puede también decirse que porque en
nosotros mismos hay algo que aboga por ellos cuando los hemos comprendido. Mas
para esto es del todo indiferente que se impongan o no en el mundo sin nuestra
cooperación, que una divinidad los ordene y vigile su cumplimiento con premios y
penas o no. Sin la evidencia no resulta lo ordenado por la omnipotencia sentido
como justo y bueno, es decir, como moralmente exigido. Esta situación no expresa
un axioma o un postulado, sino un fenómeno ostensible y de ninguna manera
discutible. Constituye el contenido de verdad de la tesis kantiana de la autonomía
de la ley moral. La repulsa de toda “heteronomía”, para la cual dio Kant un prolijo
rodeo, tiene aquí su sencilla razón de ser. 2. Por otra parte, tampoco es que los
valores morales no predeterminen directamente nada ni a nadie en el mundo. Si así
fuese, tampoco podríamos saber de ellos, pues no determinarían nuestro
sentimiento del valor o no se nos darían a conocer en él. Pero en este punto tiene
fuerza determinante, y en este punto no tenemos libertad frente a ellos: podemos
decidirnos con el saber y con la acción contra ellos, pero no con el sentimiento
moral, la conciencia, en suma, con el sentimiento del valor. Por eso alza la
conciencia su voz incluso contra la propia acción. Sin duda no es que siempre
determinen todos los valores morales el sentimiento del valor; para esto es más
bien menester la madurez moral, el estar bien abierto el sentimiento del
valor...Vistas, pues, las cosas desde el fenómeno ético, no faltan pruebas de la
obligatoriedad de los valores morales, cualquiera que sea la manera de ser que por
lo demás tengan éstos. Y esta obligatoriedad es de hecho una genuina
predeterminación. Pero sólo el sentimiento del valor, no la voluntad, está
directamente sometida a ésta predeterminación. La voluntad es “libre”, también
frente a los valores; el sentimiento del valor no es libre. Y axiológicamente
autónomos son sólo los valores, no el hombre con su sentimiento moral del valor”
Ontología. Trad. José Gaos. México: Fondo de Cultura Económica. 1964 p. 364,365.

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Sergio Estrada Vélez - 78 -

valores y principios? ¿Será posible estimar que la coercibilidad es una


característica accidental y no esencial a la idea de moral y derecho?
Señalar que un valor y un principio sólo tienen una diferencia de
grado y no cualitativa, es porque el valor es tan jurídico como el
principio, pero ¿cómo adquiere esa naturaleza jurídica? ¿Lo que
resulta moralmente incoercible, puede ser estimado simultáneamente
como jurídicamente coercible? Una respuesta afirmativa conduce a
señalar que el valor es obligatorio y si esto es así, el valor ya no
pertenecería a la moral sino al derecho, afirmación que riñe con
cualquier propuesta filosófica, máxime que la idea del valor, se
insiste, es objeto de estudio de la axiología y no de la dogmática
jurídica.

La pretendida equiparación entre valores y principios ha dado


lugar a que las críticas formuladas a la indeterminación de los valores
se hagan extensivas a los principios, dificultando la adopción de una
teoría por principios. El mismo escepticismo frente a la teoría de los
valores se extiende a la teoría de los principios no obstante que en
virtud de su naturaleza normativa los principios poseen mayor
posibilidad de concreción y objetividad que los valores, procurando la
consecución tanto de la seguridad jurídica como de la justicia. Una
teoría de los valores y principios no puede enseñar la inexistencia de
diferencia esencial cuando la sola coercibilidad-incoercibilidad resulta
determinante para separar ambas categorías. Si se pretende una
teoría de los principios que predique el carácter normativo de los
mismos, no es posible señalar que poseen la misma naturaleza que
los valores. Independientemente de la idea de valor (subjetiva u
objetiva) que se asuma, resulta claro que los mismos son moral y en
consecuencia no generan mayor obligatoriedad que la derivada de su
condición de postulados éticos. Nunca se desconocerá la importancia
de los valores como directrices éticas que delimitan el margen de
actuación del Estado y de los particulares; se trata de aclarar que no

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De la jerarquización filosófica de los valores a la coordinación jurídica de los principios - 79 -

es posible ser estimados normas jurídicas por cuanto no sirven de


único fundamento en la adopción de una decisión jurisdiccional 20.
Nunca se puede señalar en una sentencia que una persona resulto
responsable por infringir un valor, esto es, por ser injusto, tampoco
se puede esperar una sentencia de constitucionalidad que determine
que una norma es inconstitucional por ser injusta o afectar la
seguridad jurídica o el orden. Lo contrario, esto es, la formulación de
un juicio de responsabilidad o la estimación de una norma
inconstitucional puede tener lugar cuando se infringe un principio al
ser este una norma jurídica. Si se equipara el discurso de los valores
y los principios, será mayor el esfuerzo dirigido a la formulación de
una teoría de principios, que el requerido cuando se señala la
separación entre las categorías valor y principio.

La naturaleza del valor es axiológica y por ende perteneciente


al mundo de la moral, luego, no es posible afirmar que tiene
obligatoriedad jurídica. Ella la adquiere luego de su concreción en un
principio y en virtud de ese proceso de deducción adquiere la calidad
de norma jurídica. Si se desea un fortalecimiento de una teoría de los
principios, la subestimada diferencia debe ser aceptada, contrario a lo
que estima la doctrina, como principal al momento de abordar una
teoría de los valores y de los principios.

Teniendo en la filosofía jurídica el compromiso de contribuir a


la sistematización del derecho y a la construcción de una dogmática
de naturaleza problemática y no axiomática, debe ser objeto de
especial atención el estudio de los canales de comunicación entre la

20
Al respecto señaló la Corte Constitucional en sentencia C-123 de febrero 17 de
2004 M.P. Dr Marco Gerardo Monroy Cabra “El concepto de lo justo para el
funcionario judicial, debe entenderse dentro del marco jurídico de los principios y
valores constitucionales, que demarcan el patrón de derecho al cual debe sujetarse
dicho juicio. Lo cierto de todo es que al considerar el elemento de justicia en la
norma legal, el Código proscribe la subjetividad sin referente externo, pues ésta no
constituye criterio válido para la fundamentación de la decisión judicial”.

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axiología y el derecho y la forma de adaptación de dicho discurso a


las especiales circunstancias del conocimiento jurídico21. Si desde la
axiología es posible predicar una jerarquización de valores tal como
se señaló en el primer numeral, no es posible desde el derecho hablar
de la existencia de criterios de prevalencia de un valor sobre otro,
máxime que su consagración en el ordenamiento constitucional no
sirve de criterio por cuanto obedece a una decisión política que no
atiende a una ontología de valores para determinar una jerarquía de
valores jurídicos. Si el mismo discurso filosófico de los valores
caracterizado por la formulación de una jerarquía de los mismos se
hiciera extensivo al derecho, la conclusión sería la jerarquización de
los productos derivados de su concreción, esto es, la jerarquización
de principios. Se demuestra nuevamente la necesidad de escribir una
estimativa jurídica desde el mismo derecho en atención a que la
propuesta señalada por la filosofía lleva a la formulación de una
jerarquía de principios, jerarquía que tiene lugar a priori siendo
imposible determinar en el derecho la prevalencia de un principio
sobre otro con prescindencia de una caso que sirva de fundamento
para la determinación de la mejor posición de un principio con
respecto de otro.

21
Sobre las relaciones entre la filosofía y la filosofía jurídica en punto a la
fundamentación de la diferencia entre valores y principios, son importantes las
palabras del profesor Rodolfo Luis Vigo “A pesar del uso no diferenciador que hacen
comúnmente los juristas de las expresiones “valor” y “principio jurídico”, dejemos
constancia de que un análisis más exhaustivo y específico podría precisar que los
valores plantean requerimientos o exigencias que desbordan el campo de lo
jurídico; así, por ejemplo, el mismo valor del justicia compromete un sinnúmero de
deudas sociales que resisten ser consagradas o reconocidas por el derecho; o
también, el valor de la igualdad se proyecta a la totalidad de la vida social, y no
sólo al ámbito de lo jurídico. De este modo, corresponde que los valores sean
dilucidados por la ética o la filosofía práctica, pues resultan insuficientes los
tratamientos que puede aportar la filosofía jurídica a secas. Pasando a los
principios jurídicos, digamos que estos pueden ser entendidos como
determinaciones aún genéricas o proyecciones al campo del derecho de los valores.
El “valor igualdad” habla jurídicamente como “igualdad ante la ley”; el valor justicia
funda el principio de “retribución justa”, el valor libertad remite al principio jurídico
de trabajar y ejercer industria lícita, etc. El estudio de los “principios” compete a los
juristas o, más concretamente, a los jusfilósofos, aunque, en razón de que aquéllos
se explican desde los valores, el aporte que puede hacer la ética a su
esclarecimiento integral es muy importante”Los principios jurídicos, op. cit. p. 93

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De la jerarquización filosófica de los valores a la coordinación jurídica de los principios - 81 -

La teoría de los valores se incorpora claramente al derecho


cuando se estima como valor fundante o primordial del mismo la
justicia. La justicia, como valor, no escapa al problema de la
fundamentación objetiva o subjetiva de los valores, con el problema
que frente a la ciencia del derecho, por su interna y necesaria
pretensión de orden, debe procurar por la adopción de los criterios
objetivos que permitan (nunca garanticen) el desarrollo de una razón
práctica acorde con este valor. El reto de la axiología es lograr su
intervención en la ciencia del derecho de tal modo que contribuya a
su sistematicidad y no la generación de un caos sistémico no
deseable para el derecho22.

Recuérdese las palabras de Ross23 cuando señala los peligros


derivados de la indeterminación del valor justicia y su permeabilidad
a la emotividad humana que termina por darle el contenido que cada
hombre estima adecuado, esto es, la complejidad de otorgar
objetividad al valor justicia. Si la justicia se ha considerado valor
supremo del derecho, la misma no puede ser explicada de acuerdo a
una posición subjetiva del mismo. Es evidente que en el derecho, el
contenido del valor no puede depender de cada hombre o de lo que
cada operador jurídico estime que es justo. El reto para la ilustración
moderna, atendiendo al llamado de Aarnio, es el de lograr una
racionalización del discurso axiológico, esto es, una labor dirigida a la
incorporación de elementos que confieran objetividad a los contenidos

22
En estos mismo términos, Angel Llamas Cascón señala que la vinculación de lo
valores al derecho, supone “Una forma de reencuentro entre ética y Derecho, que
excluye la superioridad absoluta de cualquiera de los dos términos sobre el otro, o
la disolución de la validez en justicia –iusnaturalismo- o de la justicia en validez -
que desde la teoría del Derecho sería positivismo y desde la teoría de la justicia
formalismo ético-. En este sentido supone una propuesta superadora de la tensión
entre iusnaturalismo y positivismo y de la separación radical entre deber ser y ser,
no desde el punto de vista lógico sino de integración en una realidad social
normativa” Los valores jurídicos, op. cit. p. 160.
23
Sobre el derecho y la justicia, op. cit. p.340 y s.s.

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axiológicos24. Un juez no puede fallar teniendo como base de su


decisión una idea personal de justicia, debe acudir a los elementos
que la concretan deductivamente confiriéndole objetividad, siendo
estos los principios jurídicos. Así nos aproximamos al modelo de
valores, principios, reglas, en el cual la naturaleza de los principios
axiológico-deontológica, permite ser concretados objetivamente y ser
aplicados imperativamente. Así, un juez podrá administrar justicia,
pero no podrá tener en la misma el único fundamento de su decisión.
Un fallo de inconstitucionalidad nunca podrá determinarse por la
injusticia de una norma sino por la infracción de un principio jurídico
que concreta o determina la justicia: igualdad, debido proceso,
proporcionalidad, publicidad, etc.

Se itera: en el caso de una decisión jurisdiccional en la


resolución de un conflicto de intereses, el juez no puede fallar
evaluando la conducta de una de las partes como injusta y en
consecuencia imponer una declaratoria de responsabilidad por
infracción al valor justicia. Debe concretar esa decisión valorativa en
contenidos objetivos como el principio de la imprevisión de los
contratos, el principio del enriquecimiento sin causa, etc. En
tratándose de fallos expedidos en ejercicio del control de
constitucionalidad, no es posible determinar la inexequibilidad de una
norma por infracción de un valor específico. No es propio de un
control de constitucionalidad la expedición de fallos que indiquen la
eliminación de una norma del ordenamiento por infringir un valor25.

24
Señala Aarnio: “Sólo se puede realizar la democracia real si los discursos político,
moral y jurídico satisfacen un criterio mínimo de racionalidad. Este es el reto de la
teoría del razonamiento práctico. Este es el “proyecto moderno de la ilustración”.
Derecho, racionalidad y comunicación social. Biblioteca de ética, filosofía del
derecho y política. 2ª ed. México: Fontamara. 2000, p.79
25
La imposibilidad de imponer obligaciones estrictamente morales a través del
derecho, es advertida por el iusfilósofo Recasens Siches cuando señala: “Que el
derecho no pueda ni deba convertirse en un agente de la moralidad no impide, sin
embargo, que cree situaciones sociales favorables para que los hombres se hallen
en mejores condiciones para cumplir ellos mismos por sí sus deberes morales. El
derecho no puede ciertamente imponer el cumplimiento de una virtud puramente

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De la jerarquización filosófica de los valores a la coordinación jurídica de los principios - 83 -

Diferente a una declaratoria de inconstitucionalidad teniendo por ratio


decidendi o razón de la decisión un principio jurídico donde resulta
obligatorio determinar la invalidez material o inconstitucionalidad de
una regla por ser contraria a un principio26.

Los valores en el derecho tienen el carácter de pautas para el


desarrollo de la estructura normativa y la determinación de marcos
de operatividad de la actividad del Estado. Su positivización no es
condición para el cumplimiento de su función. Independientemente
del nivel de los enunciados que consagren los valores, estos tendrán
la misma función: contralores axiológicos de la actividad de todo
operador jurídico. Los valores no pueden depender de su
consagración positiva para ser estimados importantes parámetros
éticos del ejercicio del poder. La positivización de los valores en la
constitución no significa que sean los únicos que se deban considerar
como superiores o constitucionales. Condicionar la importancia del
valor por su positivización en el texto de la constitución sería acudir a
un criterio formal para ordenar lo que por su naturaleza no es
jurídicamente jerarquizable.

El problema puede expresarse con mayor claridad cuando se


advierte la forma en que tiene lugar la positivización de los valores:
un proceso de configuración óntica de la norma de normas, en un
contexto en el cual se puede estimar que determinados valores son
importantes sin querer decir que a futuro sean otros más. En
definitiva, termina siendo una decisión constituyente de naturaleza

moral, ni prohibir un acto vicioso que no dañe directa e inmediatamente a la


convivencia y a la solidaridad, es decir, que no implique una injusticia inferida a
otra persona o a la sociedad; pero puede, incluso debe, mediante normas
adecuadas, suprimir, en la medida de lo factible, las tentaciones que constituyan
un incentivo habitual y poderoso para conductas inmorales”.Tratado… Op. cit.
p.198.
26
La Corte Constitucional señaló con claridad en la sentencia C-957 de 1999 M.P.
Dr Alvaro Tafur Galvis, que “una norma contraria a los principios y valores es
inválida”.

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política la que define los valores que deben estar en el texto de la


constitución27.

Si los valores son la fuente de los principios, y estos la


concreción de aquellos, y en el derecho no es posible establecer una
jerarquía de valores, por ende, tampoco será posible una jerarquía de
principios. Resulta pertinente el planteamiento de Robert Alexy frente
al problema de la jerarquía quien señala como principales obstáculos
para una jerarquía de valores la imposibilidad de determinar o
concretar el número de valores que se someterán a jerarquización así
como la dificultad de conferir valores métricos a priori a los valores
que faciliten su jerarquización, concluyendo que “no es posible un
orden de los valores o principios que fije la decisión iusfundamental
en todos los casos de un manera intersubjetivamente obligatoria”28

Si un principio no puede ser jerarquizado en abstracto, ¿qué


argumento diferente al nivel de consagración normativa se puede
aducir para señalar la prevalencia de un principio sobre otro principio,
esto es, la prevalencia de un principio constitucional sobre uno legal?
Apartando el criterio formal que reduce la importancia del principio al
nivel de su consagración normativa, no se halla en el derecho un
rasero que permita diferenciar un principio constitucional de uno
legal. Siendo ello así, la conclusión que se impone es la inexistencia
de criterios que justifiquen satisfactoriamente una jerarquización de

27
Es importante el señalamiento que hace la Corte Constitucional sobre la
imposibilidad del constituyente primario de regular integralmente las materias que
deben ser estimadas como constitucionales “Es imposible que el creador de la
Constitución pueda preverlo todo, primero, por las limitaciones humanas y,
segundo, dado que regular de forma pormenorizada y prolija una materia,
impediría la adaptabilidad de la Carta a las circunstancias políticas, económicas y
sociales cambiantes de una sociedad, haciendo recurrente las reformas
constitucionales”. Sentencia C-1037 de noviembre 5 de 2003 M.P. Dr. Jaime Araújo
Rentería.
28
Teoría de los derechos fundamentales…op.cit. p. 156.

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De la jerarquización filosófica de los valores a la coordinación jurídica de los principios - 85 -

principios29. La posición que señala la imposibilidad de una jerarquía


de valores no es por todos compartida. El profesor Josep Aguiló
Regla señala que el único criterio para determinar un orden de
valores en un sistema que se caracteriza por la unidad del
ordenamiento es una jerarquía de los mismos. Expresa: “Puede haber
múltiples valores jurídicos que pueden resultar más o menos
compatibles entre sí, pero el postulado de la unidad del Derecho
desde la perspectiva valorativa lo que presupone es que el
Derecho es una unidad práctica, esto es, que a pesar de esa
multiplicidad de valores y/o bienes jurídicos, en cada ocasión
relevante habla con una única voz: evalúa la conducta de que se
trate. El criterio básico que los juristas utilizan para construir el
sistema de valores, la unidad práctica, es la idea de jerarquía de
axiológica”30

Se advierte la disímil concepción de los valores para la axiología


y para la filosofía del derecho: lo que se jerarquiza allí, no puede ser
jerarquizado en el derecho. Un intento de jerarquización, no de
clasificación, de valores en el derecho no tiene lugar por la dificultad
de determinar o concretar el número de elementos que se van a
jerarquizar y por la inexistencia de criterios que permitan una
determinación de la mayor importancia de unos sobre otros y por la
dificultad de mantener los mismos criterios al momento de ser
aplicados en un caso concreto.

29
Al respecto son importantes las palabras de Karl Larenz: “La expresión “orden de
valores” o, quizás, “orden jerárquico de valores”, es ciertamente equívoca. No debe
representarse por tal algo así como un catálogo completo de valores válidos “en sí”
(con inclusión del puesto jerárquico que en cada caso les corresponde). Una cosa
tal, si es que hubiera de ser posible en absoluto, sobrepasa las facultades y
también la competencia de un legislador constitucional”. Metodología de la ciencia
del derecho. Trad. Marcelino Rodríguez Molinero. Barcelona: Ariel. 1994. p. 339-
340.
30
Teoría general de las fuentes del derecho. Barcelona: Ariel. 2000, p. 151.

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La importancia de señalar la inexistencia de jerarquía de


principios no recae en la formulación de algo que era pronosticable:
la imposibilidad de jerarquización de los principios; sino, en la
determinación de la necesaria autonomía del derecho frente a la
filosofía para la formulación de una propia teoría axiológica-jurídica
de los principios. En otros términos, el derecho debe asumir la
responsabilidad por estructurar una teoría propia de los valores que
la filosofía pretende presentar bajo un esquema de jerarquías
incompatible con la estructura del derecho. Así, la jerarquía de
valores en la filosofía puede conducir al imperio del valor en el
derecho señalando la prevalencia de unos sobre otros, lo que se
estima inconveniente en atención a que los principios, como
concreción de valores, igualmente tendrían que arrastrar con la
jerarquía de los valores.

III. VALORES Y DOGMATICA JURÍDICA CONSTITUCIONAL.

Luego de señalar que los principios no se pueden jerarquizar y


que es la misma dogmática jurídica la que debe asumir su
responsabilidad y autonomía para el estudio de los principios31,
corresponde ahora analizar la principal vía en el derecho
contemporáneo para la juridificación de los principios: la dogmática
constitucional32.

31
Al respecto señala Díaz Revorio: “son varios los estudios dedicados a los valores
constitucionales, y entre quienes ha dedicado sus esfuerzos a este problema se
encuentran tanto filósofos del Derecho, como administrativistas o
constitucionalistas, o incluso historiadores del derecho. Sin embargo, debe tenerse
en cuenta que el estudio jurídico de los valores, cuando estos se sitúan en la
Constitución, forma parte del derecho constitucional, en cuanto que los valores
superiores se incluyen –realmente, presiden- los principios fundamentales que toda
Constitución moderna recoge. De ello han sido conscientes la práctica totalidad de
los manuales de Derecho constitucional, que dedican más o menos páginas -o
líneas- a los valores superiores, o en general a los valores constitucionales” op. cit.
p. 34
32
Sobre la importancia de un estudio de la teoría de los principios y los valores,
señala Rubio Llorente: “Como bien se sabe, o al menos frecuentemente se dice,
nuestra Constitución es ubérrima en principios. Qué y cuáles sean estos es, sin
embargo, cosa que dista mucho de estar suficientemente esclarecida. Bien es

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De la jerarquización filosófica de los valores a la coordinación jurídica de los principios - 87 -

No es posible seguir sosteniendo una separación entre criterios


axiológicos y los dogmáticos en la explicación de los fenómenos
jurídicos, y si esos criterios axiológicos intervienen en el derecho a
través de la Constitución Política, es necesario signar una alianza
estratégica entre la dogmática constitucional y la teoría general del
derecho para el estudio integral de los fenómenos jurídicos33.

La enseñanza del derecho, en particular de la teoría general del


derecho, no puede permanecer al margen de las transformaciones
políticas que sirven de causa al surgimiento de una norma de normas
caracterizada no solo por indicar el órgano competente y el
procedimiento requerido para la expedición de normas jurídicas, sino
por con incorporar una gama de contenidos axiológicos (valores) y
axiológico- deontológicos (principios), como criterios para la
determinación de la validez material de las normas del ordenamiento
jurídico.

Una teoría general del derecho, acorde con el contexto


determinado por el Estado constitucional de derecho, se debe
caracterizar por una descripción tanto formal como material de los
fenómenos jurídicos. Si se pretende una teoría integral del derecho,
no es posible reducir su estudio a una representación normológica o

verdad que la tarea no es fácil, pues para complicar las cosas, nuestra Constitución,
además de enunciar principios, proclama valores, y por ello quien quiera ocuparse
de los principios ha de comenzar por dilucidar la disputata quaestio de la relación
entre estas dos exaltadas categorías” ib. p IX.
33
Con respecto a la vinculación de la dogmática constitucional con el discurso
filosófico jurídico, son claras las palabras de Mauricio García Figueroa “En los
últimos años ha crecido notablemente la atención que la teoría del Derecho ha
dispensado a las transformaciones experimentadas por los sistemas jurídicos en
tránsito desde el Estado de derecho sin más especificaciones hacia el Estado
constitucional. De hecho, el papel que juega la Constitución en los actuales
sistemas jurídicos ha llegado a condicionar intensamente el discurso filosófico-
jurídico, hasta el punto de fundar nada menos que una nueva teoría del Derecho
aún por definir, cuyo presupuesto sería el “paradigma del constitucionalismo”, el
“paradigma del Estado constitucional de Derecho”. La teoría del derecho en tiempos
del constitucionalismo. En Neoconstitucionalismo (s) Ed. Miguel Carbonell Madrid:
Trotta, 2003 p.160

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Sergio Estrada Vélez - 88 -

estructuralista del derecho, sino que debe estar acompañada de


elementos axiológicos que determinen el contenido y fines del
derecho.

La incorporación al derecho de una teoría de valores supone


una transformación de la dogmática jurídica, no solo la referente a la
teoría general del derecho sino a la constitucional al ser la
Constitución la vía de ingreso de los valores al ordenamiento
jurídico34. No es posible rehuir a la influencia de una teoría de valores
en la teoría general del derecho siendo clara prueba de ello el estudio
34
Sobre las transformaciones de la cultura jurídica a partir de la adopción de una
teoría de los valores, son pertinentes las palabras de Gregorio Peces Barba Martínez
“la cultura en que se basa el artículo 1.1. de la Constitución, en relación con los
valores superiores, supone, a mi juicio: 1. Una teoría de la justicia no
iusnaturalista, sino que propugna la positivación de una moralidad, con un
fundamento histórico y racional suficiente en el mundo moderno y que se concentra
en los valores superiores. 2. Una teoría de la justicia no positivista, puesto que no
deja en libertad al órgano supremo de producción del Derecho para la construcción
voluntarista de un sistema de valores del Ordenamiento jurídico. 3. Una teoría del
Derecho basada en el sistema, pero que no reduce el sistema a su dimensión
formal-modelo kelseniano-, sino que incorpora elementos materiales como básicos
para la construcción de ese sistema. 4. Una teoría del derecho que incorpora
principios, pero que no tiene que ser tópica y problemática, sino que puede ser
sistemática” Derecho y derechos fundamentales. Madrid:Centro de Estudios
Fundamentales, 1993. p. 247. En este sentido Llamas Cascón señala “La inclusión
de los valores como norma jurídica en el Ordenamiento supone un cambio
trascendental en el Derecho y consiguientemente en las teorías sobre el Derecho.
Resumir ese impacto en la cultura jurídica es, por lo tanto, un buen referente para
iniciar el estudio de la teoría de los valores jurídicos. a) El derecho se vuelve a
identificar por sus contenidos materiales y no sólo por elementos formales
(poderes y procedimiento). b) La legitimidad racional de Weber ya no será
sinónimo de legalidad, entendida ésta como sistema formal, sino que deberá incluir
un determinado consenso sobre la moralidad o sobre los grandes principios políticos
(la moralidad social aceptada por el poder). c) La concepción sistemática del
Derecho, no podría explicarse desde sí misma, desde una “teoría pura del
Derecho”, sino que tendría que salir para encontrar complementos a la explicación
de su realidad, en el ámbito moral y en el político. d) Existe una comunicación
indudable entre un tipo de Estado en la Constitución española –el Estado social y
democrático de Derecho- y los valores superiores como signo de la relación
inseparable entre poder y Derecho. e) Los valores jurídicos son la puerta abierta,
institucionalizada y reconocida, no clandestina ni oculta para la incorporación de
dimensiones morales al Derecho. No se puede coincidir por esta razón con Luciano
Parejo cuando afirma que los valores “son pues Derecho y sólo Derecho (…) normas
y sólo normas, construídas con conceptos jurídicos y cuya eficacia ha de
establecerse, consecuentemente en términos rigurosamente jurídicos”. f) Los
valores jurídicos son un límite material al poder y consiguientemente entran a
formar parte de toda la ideología del Estado de Derecho, dotándola de elementos
materiales para reforzar el gobierno de las leyes en la filosofía de los límites del
poder” Los valores jurídicos… op. cit. p. 197.

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De la jerarquización filosófica de los valores a la coordinación jurídica de los principios - 89 -

complementario o simultáneo de una idea de sistema formal o


dinámico de producción de normas con criterios materiales para la
determinación de su contenido35, el estudio de las fuentes formales
del derecho a la par del análisis de las fuentes materiales, la
complementación de la noción lógica estructural de la norma jurídica
para la aceptación del principio como norma jurídica, entre otros. En
la teoría constitucional, los valores constitucionales representan la
principal manifestación del neoconstitucionalismo entendido en su
sentido más amplio como una forma de analizar las transformaciones
de la constitución en el tránsito del Estado de derecho al Estado
constitucional de derecho, el medio necesario para la formulación de
un discurso material de la teoría general del derecho, caracterizado
por el fortalecimiento de la teoría de los fines del derecho, por la
formulación material de las fuentes del derecho, por la determinación
de criterios de validez material de las normas jurídicas y de
razonabilidad en la interpretación de las normas del ordenamiento
jurídico36.

35
Sobre el papel de la Constitución como sistema de identificación de normas bajo
criterios formales y materiales, señala Gregorio Peces-Barba Martínez: “En nuestra
Constitución, en su sistema de identificación de normas, coexistente criterios
formales y materiales. Hemos visto que la norma básica formal establece los
órganos y los procedimientos para producir el Derecho, y a eso hay que añadir la
norma básica material que identifica los contenidos a los que debe ajustarse el
resto de las normas del Ordenamiento o respecto de los cuales al menos no deben
discrepar. Las normas válidas, las que pertenezcan a nuestro Ordenamiento, tienen
que someterse a esos criterios formales y materiales de las normas básicas” op.cit.
p. 253.
36
Sobre las relaciones entre el neoconstitucionalismo y la teoría del derecho, son
importantes las palabras de Prieto Sanchís: “El Estado constitucional de Derecho
que acaba de ser descrito parece reclamar una nueva teoría del Derecho, una
nueva explicación que en buena medida se aleja de los esquemas del llamado
positivismo teórico. Hay algo bastante obvio: la crisis de la ley, una crisis que no
responde sólo a la existencia de una norma superior, sino también a otros
fenómenos más o menos conexos al constitucionalismo, como el proceso de unidad
europea, el desarrollo de las autonomías territoriales, la revitalización de las
fuentes sociales del Derecho, la pérdida o deterioro de las propias condiciones de
racionalidad legislativa, como la generalidad y la abstracción, etc. En suma, la ley
ha dejado de ser la única, suprema y racional fuente del Derecho que pretendió ser
en otra época, y tal vez este sea el síntoma más visible de la crisis de la teoría del
Derecho positivista, forjada en torno a los dogmas de la estatalidad y de la
legalidad del Derecho.. Pero seguramente la exigencia de renovación es más
profunda, de manera que el constitucionalismo está impulsando una nueva teoría

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Sergio Estrada Vélez - 90 -

Siendo la Constitución expresión política del poder


constituyente, la fijación de los valores constitucionales no se puede
hacer depender de una decisión política sino del contenido del valor.
En otros términos, no se puede acudir a un criterio político que
desestima la necesidad de una ontología de los valores desde la
perspectiva del mismo derecho. En atención al problema de la
determinación de criterios que permitan señalar la jerarquía entre
valores, se ha señalado por un sector de la doctrina que su
jerarquización depende de su consagración en un texto positivo. Así,
un valor será constitucional si está consagrado en el texto de la
Constitución, pero este criterio, que evoca elementos formalistas, no
atiende a la materia del valor, a su contenido o a un estudio
ontológico del valor para establecer criterios objetivos que permitan
su jerarquización. Así ocurre en los denominados valores superiores
de la Constitución española en su artículo 1.1., al indicar como tales
la libertad, la igualdad, la justicia y el pluralismo político. Siendo la
Constitución expresión política del poder constituyente, la fijación de
los valores jurídicos constitucionales se hace depender de una
decisión política y no del contenido del valor. En otros términos, se
acude a un criterio político que desestima la necesidad de una
ontología de los valores desde la perspectiva del mismo derecho. No
se está negando el carácter político de un valor, sino advirtiendo que
en la configuración de una teoría de los valores no es posible señalar
que los mismos adquieren su condición jurídica por su consagración
en un enunciado normativo de jerarquía constitucional, sino que

del Derecho, cuyos rasgos más sobresalientes cabría resumir en los siguientes cinco
epígrafes, expresivos de otras tantas orientaciones o líneas de evolución: más
principios que reglas; más ponderación que subsunción; omnipresencia de la
constitución en todas las áreas jurídicas y en todos los conflictos mínimamente
relevantes, en lugar de espacios exentos en favor de la opción legislativa o
reglamentaria; omnipotencia judicial en lugar de autonomía del legislador ordinario;
y, por último, coexistencia de una constelación plural de valores, a veces
tendencialmente contradictorios, en lugar de homogeneidad ideológica en torno a
un puñado de principios coherentes entre sí y en torno, sobre todo, a las sucesivas
opciones legislativas”Neoconstitucionalismo y ponderación judicial. En
Neoconstitucionalismo (s) op. cit p.131,132

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De la jerarquización filosófica de los valores a la coordinación jurídica de los principios - 91 -

debe abordar una perspectiva integral que refleje la dialéctica poder-


ética-derecho.

El problema de una teoría de los valores en el derecho se refleja


en la pretensión de señalar, por parte de la doctrina constitucional, la
posibilidad de una jerarquía de los valores constitucionales por estar
consagrados en el texto de la constitución, y con este mismo criterio
formal se asumen como normas jurídicas. Se ha iterado en la idea
que los valores al pertenecer al mundo de la moral no son normas
jurídicas sino pautas éticas que condicionan la actividad del Estado y
la creación e interpretación de las restantes normas del
ordenamiento. Como elementos morales, no es posible jeraquizarlos
en la forma que pretende una teoría de los valores desde la filosofía
(jerarquización abstracta, eterna, inmutable), menos señalar que su
carácter jurídico deviene de su consagración formal. El problema se
torna más complejo cuando se equipara la categoría de valor y
principios igualando lo axiológico con lo axiológico deontológico37.La
imposibilidad de una jerarquía de principios a partir de una teoría de
la jerarquía de los valores, es advertida por Zagrebelsky en los
siguientes términos:

37
La dogmática constitucional equipara la idea de valores y principios, señalando
que ambos son normas jurídicas, a modo de ejemplo, Luciano Parejo Alfonso
expresa: “es cierto que los valores traen causa y evocan realidades culturales
metajurídicas, pero ello no es peculiar ni es específico de los mismos, como
tampoco lo es que en su interpretación deba acudirse de nuevo a dichas realidades.
Pero, en su análisis como normas jurídicas, su origen y formación pierden
trascendencia, para pasar a primar su condición de prescripciones jurídicas. Desde
esta perspectiva, que es aquí la que únicamente importa, son pues derecho y solo
derecho, estando situados plenamente en su ámbito, al igual que los principios. Ello
no empece a que, por su relevante posición en el ordenamiento, los valores están
situados en la frontera misma del derecho, en su zona de contacto con el mundo de
la política y la moral y las éticas sociales, lo que no ocurre con los principios, cuya
posición más secundaria los relega más al interior del derecho. Así pues, tanto los
valores como los principios son, para el derecho, normas y sólo normas,
construídas con conceptos jurídicos cuya eficacia ha de establecerse,
consecuentemente, en términos rigurosamente jurídicos” Constitución y valores del
ordenamiento. En Estudios sobre la Constitución española, Homenaje al profesor
Eduardo García de Enterría, Madrid, Civitas, 1991, p. 124-126.

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“La pluralidad de los principios y de los valores a los


que las Constituciones remiten es la otra razón que
hace imposible un formalismo de los principios. Por lo
general, posprincipios no se estructuran según una
“jerarquía de valores”. Si así fuese, se produciría una
incompatibilidad con el carácter pluralista de la
sociedad, algo inconcebible en las condiciones
constitucionales materiales de la actualidad. En caso
de conflicto, el principio de más rango privaría de valor
a todos posprincipios inferiores y daría lugar a una
amenazadora “tiranía del valor” esencialmente
destructiva. Y este riesgo también es predicable del
que aparece como el más elevado de los valores, la
justicia entendida en modo abstracto… La pluralidad de
principios y la ausencia de una jerarquía formal entre
ellos hace que no pueda existir una ciencia sobre su
articulación, sino una prudencia en su ponderación”38.

La importancia de un estudio de los valores bajo una


perspectiva dogmática-constitucional se advierte cuando la misma
Corte Constitucional le otorga a los valores el carácter de normas,
cuando su pertenencia al mundo de lo axiológico no le permite
obtener dicha calidad, la que logra sólo a través de su concreción en
principios jurídicos39.

38
Zagrebelsky, Gustavo. El derecho dúctil. Trad. Marina Gascón Abellán. 2ª ed.
Madrid : Trotta.1997 p. 124,125
39
Señaló la Corte: “Los valores son normas que establecen fines dirigidos en
general a las autoridades creadoras del derecho y en especial al legislador; los
principios son normas que establecen un deber ser específico del cual se
deriva un espacio de discrecionalidad legal y judicial. La diferencia entre principios y
valores no es de naturaleza normativa sino de grado y, por lo tanto, de eficacia. Los
principios, por el hecho de tener una mayor especificidad que los valores, tienen
una mayor eficacia y, por lo tanto, una mayor capacidad para ser aplicados de
manera directa e inmediata, esto es, mediante una subsunción silogística. Los
valores, en cambio, tienen una eficacia indirecta 4 , es decir, sólo son aplicables a
partir de una concretización casuística y adecuada de los principios constitucionales.
De manera similar, la diferencia entre principios y reglas constitucionales no es de

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De la jerarquización filosófica de los valores a la coordinación jurídica de los principios - 93 -

Para la Corte Constitucional, tanto los valores como los


principios son normas jurídicas, consideración que amerita las
mismas objeciones realizadas en el capítulo segundo frente a la
posibilidad de tener en los valores normas jurídicas. No obstante
considerar que los valores tienen una naturaleza normativa, la Corte
advierte la indeterminación de los valores lo que lleva a que sean
reducidos a una función ética que condiciona al legislador a su
obediencia al momento de crear las leyes y a una función
interpretativa al fungir de parámetros de razonabilidad de las normas
del ordenamiento jurídico40.

En conclusión, luego de advertir el tratamiento indistinto que la


doctrina y la jurisprudencia constitucional hacen de los principios y
los valores, se impone como reto de la filosofía jurídica, la teoría
general del derecho en alianza con la dogmática constitucional, la
edificación de una teoría de los valores del ordenamiento jurídico y de
los principios jurídicos, dirigida a superar la concepción sinonímica
que de ambos conceptos se tiene en la actualidad y que se
constituye en un obstáculo para el desarrollo de una teoría de los
principios al trasladar la crítica de la indeterminación de los valores
a los principios.

naturaleza normativa sino de grado, de eficacia. Las normas, como los conceptos,
en la medida en que ganan generalidad aumentan su espacio de influencia pero
pierden concreción y capacidad para iluminar el caso concreto” (Sentencia T-406
M.P. Dr. Ciro Angarita Barón). En la sentencia C-690 de diciembre 5 de 1996, M.P.
Dr Alejandro Martínez Caballero, la Corte señaló “los valores son la cabeza de la
Constitución material, son normas jurídicas básicas de la cual dependen todas las
demás normas”.
40
En la sentencia C-690 de 1996, M.P. Alejandro Martínez Caballero, la Corte indicó
“8. Los valores constitucionales se caracterizan por su indeterminación y por la
flexibilidad de interpretación, pero no por ello pueden resultar indiferentes para los
operadores jurídicos, quienes con base en el principio de concordancia práctica de
las normas constitucionales deben conducir la aplicación del derecho por la metas o
fines predeterminados por el Constituyente, de tal manera que cualquier disposición
que persiga fines diferentes o que obstaculice el logro de enunciados axiológicos
consagrados constitucionalmente, resulta ilegítima y por consiguiente, debe
declararse contraria a la Carta”.

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Sergio Estrada Vélez - 94 -

CONCLUSIONES

- La incorporación de los valores al derecho tiene lugar a partir


de los denominados fines del derecho. La representación de la
axiología en el derecho tiene lugar en el estudio de los fines que
demarcan el sendero por el cual se pretende conducir
moralmente el derecho. Esos fines están representados por los
valores y principios, pero, como los valores carecen de una
proyección deontológica, la deducción de los mismos a través
de los principios, esto es, su concreción en principios, les otorga
el carácter de normas jurídicas. Así, para el derecho, los valores
tendrán en los principios su vía de expresión jurídica.

- No es posible desde una perspectiva jurídica extender la


jerarquización filosófica de los valores al derecho por cuanto
esto conduciría a la consecuente jerarquización a priori de los
principios cuando lo máximo a lo que se puede aspirar es a la
formulación de una relación de prevalencia de un principio
sobre otro a partir únicamente de un caso específico, esto es, al
reconocimiento de la denominada dimensión del peso del
principio.

- Una conclusión fundamental para la teoría del derecho es que


si los valores jurídicos no admiten una jerarquización, no es
posible pretender tener como criterio para tal cometido su
consagración positiva. Para el derecho no pueden ser solamente
valores superiores los que se incorporan en el texto de la
Constitución so pena de negar la importancia de otros valores
que no están consagrados en el texto de la Constitución. Si no
es posible formular una jerarquización de valores, los principios,
que son su concreción, tampoco pueden ser ordenados
jerárquicamente. Consecuencia necesaria de lo anterior es la

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De la jerarquización filosófica de los valores a la coordinación jurídica de los principios - 95 -

necesidad de afirmar un orden material de principios donde


todos deberán ser estimados como normas materialmente
constitucionales que se relacionan a partir de criterios de
coordinación y no de jerarquización.

- Es necesario predicar una independencia epistemológica entre


la filosofía de los valores y la teoría de los principios,
imponiéndose la misión para la teoría del derecho de edificar su
propia teoría de los valores en atención a la disímil concepción
de los valores para la filosofía.

- Si se reconoce la objetividad de los valores diferenciando la


noción de valor de la actividad de captación de los mismos o
valoración, se diluyen las críticas a la incorporación de los
valores al derecho. siendo los valores objetivos, se debe
procurar por la adopción de una metodología dirigida a depurar
la errada apreciación de los valores por parte del operador
jurídico, la que está precisamente configurada por la
hermenéutica jurídica y la argumentación.

- Una teoría de los valores acorde al derecho tiene lugar a partir


de la dogmática constitucional al asumir el estudio de la norma
de normas caracterizada en un Estado social de derecho por la
incorporación de contenidos axiológicos que determinan la
configuración y desarrollo del ordenamiento jurídico.

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FILOSOFÍA DEL DERECHO

Valores
Grupo 2
Poseen fundamento
racional y empírico y
no metafísico.

JUSTICIA DIGNIDAD LIBERTAD


Criterio básico de Valor básico que Primer derecho
legitimación y crítica fundamenta a los fundamental de la
al derecho. derechos humanos. persona.
IGUALDAD SOLIDARIDAD
Reconocimiento Cooperación entre los
equitativo de todos los miembros de una
ciudadanos. sociedad.

SEGURIDAD BIEN COMÚN


JURÍDICA Son los fines a los que
aspira toda comunidad.
Principio inspirador de
todo ordenamiento
jurídico.
¿Jerarquía
DE VALORES?

La jerarquía de los valores implica que existe


un orden jerárquico, que hay valores de rango
superior y valores de rango inferior.
Propuesta
de Scheler

Según Scheler, los valores de lo


divino y de lo sagrado fundamentan
en general todos los demás
valores. Para él, además, la
jerarquía axiológica tiene un
carácter objetivo: es absoluta,
inmutable y a priori; su captación
se logra por la intuición emocional
de las esencias.
GRACIAS

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