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Los españoles llegaron al Perú por los relatos que contaban que había una tierra llena de oro y

riquezas. Al llegar, sin que los españoles lo supieran, estaban siendo espiados por el Inca y sus
hombres. A través de antiguos rituales, Atahualpa preguntó quiénes eran los invasores y si
representaban una amenaza, y el sacerdote profetizo que moriría a manos de estos. Sin
embargo, él no los tomó como una gran amenaza y no los enfrentó. Después de un largo y
duro viaje los españoles llegaron a los límites del imperio Inca en busca de oro, sin embargo no
encontraron nada y siguieron avanzando hasta la fortaleza Inca de Cajamarca. Al llegar a la
fortaleza, esta estaba vacía, por lo que los españoles temían una emboscada, mientras
Atahualpa estaba tranquilo, seguro de que ellos no constituían una amenaza para él. Pizarro
estaba muy ansioso y envió emisarios, los cuales Atahualpa y su fuerte recibieron con fría
dignidad. Cada uno intentaba imponer temor y respeto en el otro. Luego, Atahualpa declaró que
iría al día siguiente a Cajamarca para conocer a Pizarro. Al caer la noche, los incas se
preparaban, y los españoles, sabiendo que eran superados en gran cantidad, oraban,
pensando que podría ser su última noche con vida. Pizarro ordenó que se prepararan para la
batalla, se posicionaron ocultos en un patio, esperando la llegada de Atahualpa. Pasaron horas
sin que nada sucediera, hasta que de repente, grandes grupos de soldados incas aparecieron
en las colinas de los alrededores, tan confiados de su superioridad que estaban desarmados.
Luego de un espectáculo, llego la entrada de la élite Inca a la ciudad. Los nobles más
importantes rodeaban a Atahualpa, quien iba en un trono de oro. El capellán de Pizarro se
aproximó a ellos sosteniendo una biblia y un crucifijo, le exigió a Atahualpa que renunciara a
sus creencias y se sometiera al bautismo y la corona española, luego le entrego una biblia.
Atahualpa la examino, y al no encontrar magia o valor en ella, la tiró. Para los españoles esto
se consideró blasfemia, por lo que Pizarro ordeno que abrieran fuego contra los incas. Estos
fueron brutalmente masacrados, y Atahualpa fue arrestado, pero lo mantuvieron con vida,
sabiendo que al hacer esto tendrían a todo el imperio controlado. Fue confinado en un calabozo
y mantenido bajo estricta vigilancia, aunque Pizarro le dio cierta libertad. Atahualpa conservó a
sus tres esposas principales y aun se encargaba de los asuntos de estado. Aunque hubo paz
un tiempo, los españoles aún tenían como principal objetivo el oro y la riqueza incaica, y
pensaban que había más de lo que habían visto. Pizarro permitió que Atahualpa aprendiera a
leer y escribir, aunque se mantenía como rehén de los españoles, él sabía que lo necesitaban,
ya que conocía donde se escondió todo el oro, por lo tanto, fue dando pistas y ubicaciones de
pequeños escondites, pero los españoles no estaban conformes. Mientras más obtenían, más
salvajes y crueles se volvían, convirtiéndose la tortura en un método común para ellos. Al rey
de España se le notificó esto, y decreto un alto, pero sus órdenes fueron mayormente
ignoradas. Su búsqueda de tesoros se concentró en Atahualpa, los hombres de Pizarro se
sentían engañados y comenzaron a dudar de la supuesta amistad que había entre él y
Atahualpa. Mientras tanto, ellos se estudiaban minuciosamente el uno al otro, consientes que
eran parte de un delicado equilibrio. Pizarro comenzó a presionar por más respuestas sobre el
oro incaico, y Atahualpa intentando apaciguarle y consiente de su situación, quiso crear un
vínculo más estrecho con Pizarro, entregándole a su hermana favorita en matrimonio. Pizarro la
bautizo, nombró y tomó como amante, sin embargo nunca llegaron a casarse. Los españoles
concentraron su frustración con Atahualpa, y Pizarro lo acusó de mantener oculto su tesoro. Lo
atormentó incansablemente, hasta que finalmente amenazo con ejecutarlo. Atahualpa se quedó
sin opciones, así que en un intento desesperado, acordó llenar una habitación de 50 metros
cuadrados de oro a cambio de su vida y libertad. Pizarro acepto rápidamente. El rey Inca
convoco a sus súbditos, y llegaron de todas partes del reino, llevando oro y metales preciosos
para pagar por su vida. Todo este proceso llevo tres meses, y la habitación fue finalmente
llenada. Pero antes de si quiera terminar de calcular el valor total, comenzaron a surgir disputas
sobre cómo debería ser dividido el tesoro. Asombrados por el botín, los españoles comenzaron
a preguntarse si podían obtener aún más tesoros. Pizarro no mantuvo su trato y Atahualpa
siguió en manos de los españoles. Los españoles ya no necesitaban a Atahualpa, por lo que
inventaron cargos y fue condenado a muerte. En la noche del 26 de Julio de 1533, a Atahualpa
se le dio las opciones de ser quemado vivo, o convertirse al cristianismo y ser ahorcado. Él
eligió ser estrangulado, mientras el sacerdote lo bautizaba y con una soga alrededor del cuello,
Atahualpa le rogó a Pizarro que cuidara de sus esposas e hijos, y llorando Pizarro le prometió
que lo haría. Tras su muerte el reino de los incas finalizó y la misma noche miles de súbditos de
Atahualpa se suicidaron, esperando poder seguir a su señor al otro mundo.

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