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MATERIA: Teoría e Historia de la Historiografía

2°do Cuatrimestre 2021

Comisión: miércoles 11-13hs

Nombre y Apellido: García Ballardo Andrea Florencia

DNI: 41325693

Dirección de correo electrónico: garciab_florencia@hotmail.com

Fecha de entrega: 24/11/2021


2ª) Siguiendo a Devoto1, el declive generalizado de las tradiciones historiográficas imperantes en Europa a fines
del SXIX, significó una apertura para definir el perfil disciplinar de la historia y su relación con otras ciencias
sociales. Además, estas transformaciones en la ciencia, como argumenta Iggers2, se acompañaron de la
ideologización de la historia, lo cual se tradujo (como sucedió con Ranke) en una ciencia al servicio de los
intereses nacionales-burgueses. De allí resulta, el surgimiento de la escuela metódica francesa durante la Tercer
República (-) que buscó legitimar al orden imperante y profesionalizar la disciplina histórica. Mediante la exaltación
del pasado y construcción de la historia nacional, sus exponentes defendieron un abordaje de las fuentes a partir
de la comparación y aproximación (Monod3) contra quienes apostaban por análisis aislados y que sólo se
abocaban a la interpretación textual de estas (Fustel) Incluso, defendieron posturas polémicas como la
universalización del método de la historia hacia otras disciplinas sociales (Seignobos) en un contexto de desarrollo
de otras disciplinas4 o también exaltaron al nacionalismo francés, a partir de su principio civilizador (Langlois)
Acorde a Burguiere5, este clima de diálogo entre diferentes disciplinas y reflexiones epistemológicas, fue la
herencia que definió el pensamiento de Lucien Febvre y Marc Bloch. Tras el declive de la escuela metódica, el
aspecto peculiar de los primeros Annales se debió a la Revue de Synthése historique y a L’Année sociologique,
que habían representado, previamente el esfuerzo de la reflexión epistemológica y del diálogo en el seno de las
ciencias humanas. Por tal motivo, extrajeron ideas de la revista de Henri Berr (sobre las investigaciones
colectivas, para sustentar su experimental proyecto científico e interdisciplinar) y, de los durkheimianos (de
quienes tomaron la función estratégica de las reseñas de obras, para desarrollar sus propias concepciones
comparándolas con lo que se publicaba) No obstante, esto no significa que no hayan innovado en otras
cuestiones. De hecho, sostuvieron que sus predecesores habían dejado en claro las carencias que la historia
debía superar para unirse a las ciencias sociales. Es así como, buscaron crear un nuevo género de ciencia
histórica, caracterizada por su abordaje antropológico y holístico de la cultura. Particularmente, esto se observa en
una obra de Bloch, “Les rois thaumaturges” (1924), que estudia el poder curativo atribuido a los reyes de Francia
e Inglaterra y las creencias populares en torno del milagro real. En dicha investigación, sostiene Ginzburg6, el
autor (quien buscaba ampliar sus intereses más allá de los confines de la historiografía tradicional) encontró una
historia “más profunda” que podría resolver las dudas sobre el grado de certidumbre de la investigación histórica,
a diferencia de las ciencias de la naturaleza. A este respecto, mostró a la influencia monárquica desde un aspecto
poco analizado (pero cotidiano) como lo fueron las creencias y fabulas en torno al ámbito principesco. Así, afirmó
que “un rey era algo muy distinto de un simple alto funcionario a los ojos de sus pueblos fieles. Lo rodeaba una
“veneración”, que no tenía su origen únicamente en los servicios prestados” Gracias a ello, logró dar cuenta de la
supervivencia prolongada de la imagen del poder sanador del rey y su manifestación por la ceremonia de
coronación. Ahora bien, para acceder a las representaciones colectivas (concepto que retoma y aprovecha de
Durkheim) , el autor vio necesario, abordar “testimonios seguros”, para indagar sobre esta cuestión, ya que
“estamos ante un pasado muy oscuro y tenemos que resignarnos de antemano a dar amplia cabida a las
hipótesis; éstas le están permitidas al historiador, pero con a condición de no presentarlas como certidumbres” 7
A través de un método crítico muy estrecho, y la realización de un preciso diseño político-dinástico, reconstruyó la
génesis de esa creencia “” y logró desmitificar al milagro real. En línea con esto último, indicó que “Los príncipes
médicos no eran impostores; pero (…) ellos jamás devolvieron a nadie la salud”8 De hecho “Sabemos a través de
ejemplos numerosos que muchos de los enfermos se hacían tocar en varias ocasiones: prueba evidente de que la
primera tentativa no había bastado” 9 Entonces, para comprender por qué , debemos despojarnos de nuestra
concepción actual del milagro, en tanto suceso intransigente, que debía ocurrir todo el tiempo una vez que los
reyes tuvieran tales poderes sobrenaturales. En lugar de ello, es primordial captar que “Las épocas de fe
pensaban a este respecto con mayor simplicidad: para que las manifestaciones de este orden formasen parte del

1
Devoto “La historia y las ciencias sociales en el tránsito hacia la profesionalización de la historiografía”, en: Cuadernos de
Teoría e Historia de la Historiografía Nº 4, OPFyL, FFyL, UBA, 2016 (pp.6-10)
2
Iggers G. La ciencia histórica en el siglo XX. Desde lo objetividad científica al desafío posmoderno, Méjico, FCE, 2012
(pp.49-50)
3
Devoto “La historia y las ciencias sociales en el tránsito hacia la profesionalización de la historiografía”, en: Cuadernos de
Teoría e Historia de la Historiografía Nº 4, OPFyL, FFyL, UBA, 2016 (pp.11)
4
Iggers G. La ciencia histórica en el siglo XX. Desde lo objetividad científica al desafío posmoderno, Méjico, FC E, 2012
(p.51)
5
Burguiere, A. "La Escuela de los Annales. Una historia intelectual, Valencia, Universidad de Valencia, 2009" (pp. 27-57).
6
7
8
Ib (p.381)
9
cuadro familiar de la existencia, no reclamaban a los taumaturgos, muertos o vivos, santos o reyes, una eficacia
constante.” Por lo que, la mano sagrada de los “príncipes médicos” no siempre daba resultado. “En efecto, no
tenemos que creer que alguna vez se obtuvo un éxito inmediato. Nadie esperaba ver cicatrizar bruscamente las
heridas o desaparecer los tumores al mero contacto con la mano maravillosa”. Ahora bien, además de
contraponerse a la escuela metódica francesa, es posible observar ciertas discrepancias con otras corrientes
historiográficas de fines del SXIX. En concreto, se diferenció notablemente del historicismo clásico rankeano10
(emergido durante el declive de la vieja erudición predominante en la universidad alemana, hasta mediados del
SXVIII; y las reformas prusianas educativas, que propiciaron el surgimiento de una sociedad burguesa bajo un
absolutismo burocrático.) el cual separó al estudio del pasado de las pasiones del presente para narrar lo
realmente sucedido. Esta perspectiva se nutrió principalmente de las fuentes auténticas, verídicas y
contemporáneas (archivos estatales y documentos oficiales) a través de un trabajo de síntesis y critica filológica.
Ello se observa en su obra. Respecto a esto último, es clave señalar que, en línea con Burguiere11, los Annales no
tenían un desprecio por la erudición y el recurso a los archivos. Si bien criticaban las investigaciones sin
perspectiva que consideraban la erudición como un fin en sí mismo, permanecieron vinculados a las bases
empíricas del trabajo del historiador, apoyándose en la explotación o invención de documentación inédita. Lo
distintivo de Febvre y Bloch, fue el hecho de situarse dentro de lo habitual en la práctica académica y subvertir el
análisis literal del documento. En consecuencia, añadieron un método crítico de las fuentes, donde no eran estas
las que renovaban el punto de vista del historiador, sino las preguntas que este les hace. Asimismo,. Para
Annales, la comprensión de la historia no era intentar saber exactamente lo que ocurrió ni tampoco explicarlo
(como sostenía el historicismo), sino que implicaba que el historiador interrogara al pasado para comprenderse a
sí mismo y comprender el mundo en el que vive, y se modifica. Frente a la defensa de Ranke por una
investigación científica basada en la objetividad, el método crítico, filológico e interdisciplinar (destacando la
importancia de la filología, retórica y filosofía histórica), los franceses si bien coincidieron en la importancia de este
último, su método fue muy diferente: Mas allá de que el historiador no debe priorizar las particularidades
psicológicas de su personalidad, sus sentimientos e individualidad, debía comprender al presente mediante una
confrontación metódica y razonada con el pasado.
En ninguna de estas obras existe ya un punto central o una institución central que pudiera servir como hilo
conductor de una historia, en la que las acciones de las personas desempeñan un papel decisivo. El estado y
también la economía han quedado integradas en una consideración global de la sociedad. Esto no significa que
se ignore el elemento político. Este desempeña un papel sustancial en el estudiode Bloch sobre la sociedad
feudal —si bien distinto del que tenía en la medievística alemana, para la cual son de máximo relieve la
constitución y la administración— a saber, como un complejo de modos de comportamiento y de relaciones
humanas. Al hablar de un "complejo" evito conscientemente el concepto de "sistema", concepto que tampoco los
historiadores de los Anuales emplearon apenas y que objetivaría y cosificaría excesivamente los modos de
comportamiento humano. Por la misma razón también se debe ir con cuidado al hablar de una "estructura",
concepto utilizado alguna vez por los historiadores de los Anuales. Las personas, los hombres individuales, rara
vez aparecen en estas obras. Montaillou es una excepción y, en cierto sentido, representa el comienzo de una
nueva etapa. Los reyes en La sociedad feudal de Bloch, por ejemplo, sólo son mencionados al

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Georg G. Iggers
margen, mientras que en el libro sobre el Mediterráneo de Braudel son desterrados a una parte separada del libro,
no unida de forma orgánica con las dos partes principales. Se niega el concepto idealista de la personalidad, del
individuo, que era fundamental para toda la concepción de la burguesía culta del siglo xix. Tampoco los campe-
sinos y campesinas de Montaillou, el pueblo medieval de herejes de Le Roy Ladurie, son personas en el sentido
idealista de unos individuos que tuvieran una idea clara de sí mismos y de su mundo.
Otra ruptura con la tradición es la ruptura con la i dea historicista tradicional acerca del desarrollo de la historia, la
ruptura con el concepto de un tiempo de progresión lineal, el cual hasta entonces había sido imprescindible para
la concepción de ciencia de la ciencia histórica. Según Reinhart Koselleck la idea de que existe una historia y no
sólo historias88 es fundamental para la transición de la época premoderna a la época moderna, después de 1750
aproximadamente. Michel Foucault considera la idea de una historia como una invención de la época moderna
que ya ha llegado a su fin. Pero en las ya mencionadas obras de los historiadores de los Anuales, en cambio, no
existe ya un solo tiempo, sino tiempos muy diversos, así en el clásico ensayo de Jacques Le Goff El tiempo de la

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iglesia y el tiempo del comerciante en la Edad Media89 y en el libro sobre el Mediterráneo de Braudel, en el que
distingue entre el tiempo casi estacionario del mar Mediterráneo como espacio geográfico (la longue durée), el
tiempo lento de las estructuras sociales y económicas (conjonctures) y el tiempo rápido de los acontecimientos
políticos (événéments). Junto con el concepto del tiempo se pierde tamién la confianza en el progreso y, con ella,
la fe en la primacía de la moderna cultura occidental en la historia. No sólo es que no haya yaun tiempo único que
pueda servir como hilo conductor de una narración; tampoco existe ya ningún punto único de referencia en torno
al cual esa narración pueda articularse. El concepto de nación, que fue tan importante para la fe que la burguesía
culta y la ciencia histórica del historicismo tenían en la historia, se disuelve. Con pocas excepciones, la
historiografía de los Aúnales es regional o supranacional.

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