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Algo con sabor a tiza.

Introducción

1.-Algo con sabor a tiza

Hoy me lave las manos con mucho jabón. De hecho me termine todo el que
había en el dispensador viejo y abusado de los baños de la escuela. Los baños,
es un lugar que suelo visitar muchas veces al día, no por voluntad propia. Algo
me obliga a hacerlo y no, no es que alguien me lleve ahí a la fuerza. Es más
bien “algo” con sabor a tiza. Comenzó hace dos semanas cuando los plumones
escasearon en toda la escuela y el maestro fue obligado a usar el viejo pizarrón
verde abandonado como una imitación de algún cuadro de Rembrandt. El
chirriante pedazo de tiza se desgastaba con cada letra, griega o latina y el
polvo fino que se desprendía flotaba por el aula como si fuese el ático de
alguna casa vieja por la que se cuelan lanzas de luz. Fue precisamente ese
polvo blanco el que, al seguirlo con la mirada me llevo a fijarme
detenidamente en las piernas de Sofía. Esas piernas, estaban cubiertas por una
falda escocesa color sangre y una mano muy blanca descansaba distraída
sobre ella. Su muñeca estaba tapizada con pulseras de todos los colores
imaginables, colguijes y otras cosas igual de colgantes que yo no conocía ni
me importaba conocer realmente. Volví a sus piernas, piernas blancas con tiza,
Sofía. Nunca la había visto de esta manera, nunca me había dejado llevar por
el sopor de la tiza, como flotar sobre un rio con estrellas submarinas para
terminar tan delicadamente recostado sobre sus piernas, terminar con la
fantasía de su mano atiborrada de pulseras en mi mejilla. Yo quiero pensar que
ella sintió una extensión de mis pupilas, como dardos disparados enterrándose
en ella, porque rápidamente volteo como sacudida por una fuerza de
supervivencia y me miró fijamente, que ojos los de Sofía, no soporte su
mirada más de dos segundos y clave mi cabeza en la libreta de apuntes
ilegibles. Al terminar la clase, guardaba mis libros cuando ahora yo sentí los
dardos en la nuca, era ella que me miraba con los mismos ojos lacerantes, se
quedó mirándome y yo guarde más rápidamente mis cosas y Salí de ahí. Al
llegar a la entrada de la escuela recordé el viejo y gastado libro de mi padre;
¨Pedro paramo¨ lo había dejado en la parte baja de mi butaca porque no quería
que me provocara tentación en medio de clases. Corrí de regreso hasta el salón
y de un golpe más fuerte de lo que tenía planeado abrí la puerta de madera, ahí
estaba Sofía, besando el dibujo mal hecho de un joven melenudo pintado en el
pizarron. Me miro, sorpresivamente con una mirada diferente que me
conmovió enormemente. El ambiente era hermoso, no exagero, el polvo al
viento y el sol de las 7 de la tarde, el perfume, su perfume, la mirada... era una
mirada que nunca antes había visto. Sofía me miraba con temor, no, más
bien… se veía vulnerable, como si hubiese encontrado, en medio del bosque, a
un león llorando la muerte de su amigo jabalí. Sofía, con los labios
empolvados me dijo: “ven” y yo me acerque.

2.-De tabernas y departamentos.

La tarde en que Sofía me beso con los labios embarrados de tiza blanca,
historia que retomare más adelante fue sobre todas las cosas una serendipia
por mas redundante que parezca; inesperada. Luego de lo sucedido me
encontré con Marcos en la plaza que se ubicaba detrás de la facultad de
filosofía. Marcos había sido amigo mío incluso desde antes de entrar a la
carrera de literatura, él es ese amigo que siempre está feliz al menos en
apariencia. Yo sabía que como todo ser humano, la mayor parte del tiempo
que mostraba una sonrisa terminaba siendo una máscara para encubrir su
tristeza momentánea. Como ya era costumbre nos dirigimos hacia la taberna
de “pecas” en la zona comercial de la ciudad. A esa hora los comerciantes se
retiraban, caminábamos entre los puestos desarmados y las cajas llenas de cd´s
piratas y calcetines baratos, de los cuales necesitaría un par o dos. Por alguna
extraña razón siempre tiendo a romper los calcetines de la parte del talón y
con tanto gasto en esta ciudad uno debe aprovechar cualquier oportunidad que
se presente, aun si eso implica acudir al llamado de alguna mujer que te invita
a comprar calcetines cual si fuera algún tipo de droga equivalente al “mezcal”
del alcohol. Marcos me comentaba sobre las incidencias del día mientras yo
abría las puertas de la taberna, era esa clásica puerta doble tipo cantina de
alguna película del viejo oeste y siempre tenía la impresión de parecer “Clint
eastwood” al entrar al lugar. Esto era lo primero que uno vería al llegar al
lugar; hombres ya bastante ebrios cantando en las primeras mesas, mujeres
que al igual que los comerciantes de afuera ofrecían su mercancía, aunque
para ellas la temporada alta apenas comenzaba y una que otra alma en pena
que lloraba cualquier clase de abandono. Era realmente un coctel de
personalidades increíble y aun así la variedad se hacía notar cada día, como
una ruleta rusa. Bien podrías llegar el día equivocado y salir de ahí con
pedazos de una botella de tequila incrustados en la nuca.

Nos sentamos en la única mesa vacía, a parte de la mesa del tuerto Mike, esa
mesa nadie la usa y hay una muy buena razón; El tuerto Mike es un hombre
caucásico con el cabello largo y gris como de bruja, manos llenas de anillos,
también como de bruja. Solia ser un hombre normal hasta que alguien por
razones desconocidas y desconcertantes decidio que ese tal Mike debería estar
tuerto. Un dia mientras Mike (quien en esa época aun no estaba tuerto) bebia
una cerveza bien helada, este hombre que invitaba con la mirada a la
malaventura, se le acerco y le pregunto que habia en el interior de su botella
de cerveza, Mike, que no era tuerto pero si ingenuo se asomo por el cuello de
la botella, en ese instante el hombre malvado de un solo golpe sumio la cabeza
de Mike en la cerveza haciendo que su ojo llegara probablemente hasta su
cerebro. Mike dio un grito tremendo y el hombre malo nunca volvió a la
cantina, pero el tuerto Mike si, mas tuerto de lo que jamas habia estado. Y es
por eso que nadie debe sentarse ahí. Mike ahora tuerto y también paranoico no
confiaba en nadie y para fortuna de todos a la mesa de Mike solo se llega
acercándose por detrás de el y ese es el problema realmente, cada que alguien
se acerca a la espalda de Mike muerde su codo.
Índice.

1.-Algo con sabor a tiza----

2.-

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