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APOLLINAIRE Y LA GUERRA EN SU POEMARIO CALIGRAMAS

Lía Mallol de Albarracín


Instituto de Literaturas Modernas
Facultad de Filosofía y Letras, UNCuyo
liamalloldea@gmail.com

Hace cien años, los europeos afrontaban una guerra cruel y violenta. Entre los
combatientes franceses se encontraba un poeta, Guillaume Apollinaire, quien se erige
como figura insoslayable para el espíritu que hace memoria sobre la poesía en Francia
durante los aciagos años de la primera guerra mundial.
Había nacido en Roma en 1880, hijo natural de Angélique de Kostrowitzky y
Francesco Flugi d’Aspermont, anotado como Guillermo Alberto Apolinaris Alejandro
Kostrowitzky. De ahí el sobrenombre de “Kostro” con el que se lo conoce durante su
jovial adolescencia y hasta el año 1900 aproximadamente, cuando empieza a firmar
como “Guillaume Apollinaire”.
Llevó una vida un tanto “errante” durante sus primeros años junto a la madre, en
la Costa Azul; recién en 1890 se instala en París donde culmina el bachillerato, pero no
consigue trabajos estables ni remunerativamente importantes. Trabaja en entidades
bancarias, colabora en algunos periódicos.
Un dato biográfico muy importante es su estrecho contacto con la bohemia del
parisino barrio de Montmartre durante los primeros años del siglo XX: Picasso, Braque,
Max Jacob, André Salmon, Pierre Reverdy, Derain, Duffy, Marie Laurencin, el duanero
Rousseau, reunidos todos en torno al “Bateau-Lavoir” donde se fragua el cubismo
pictórico y literario. Algunas características definitorias de este movimiento, que
influirán sobre la producción de nuestro poeta y se plasmarán admirablemente en sus
creaciones, son la valorización de la geometría plana en la composición, el
fragmentarismo, la superposición de planos tanto espaciales como temporales, lo que
estimula la idea de simultaneidad. En definitiva, la concepción de la fragmentación de la
realidad y su reconstrucción en un orden que no es necesariamente lógico sino donde
prima la voluntad de abarcarla simultáneamente.
Apollinaire constituye una suerte de gozne entre la poesía simbolista de fines del
siglo XIX y la poesía definitivamente moderna del siglo XX, hija de las vanguardias
históricas como el mencionado Cubismo, el Futurismo, el Dadaísmo, el Expresionismo
y el Surrealismo. Por su condición de poeta y de crítico de arte (que es su otra gran
vocación), Apollinaire se erige como guía indiscutido de la generación de artistas de las
dos primeras décadas del siglo XX. Tiene una producción abundante, diseminada en
varias publicaciones periódicas reconocidas de la época como la Revue Blanche, el
Mercure de France, Le Festin d’Esope o Les Soirées de Paris. Se trata de una obra
variada y dispersa de la que solamente citaremos L’Enchanteur pourrissant de 1908
(reunión de cuentos breves y poemas en torno a la figura de Merlín, símbolo del poeta),
la Chanson du Mal-Aimé de 1909; artículos sobre literatura femenina bajo el
pseudónimo de Louise Lalane, también de 1909; L’Hérésiarque et Cie. (relatos de corte
fantástico) de 1910, Bestiaire ou Cortège d’Orphée de 1911 (breves poemas de
inspiración medieval), Antitradition futuriste (en coautoría con Marinetti) de 1913,
Alcooles también de 1913 donde se concretan magistralmente los principios
renovadores del manifiesto anterior.
Aquí conviene abrir un paréntesis para recordar al “Futurismo”, movimiento
considerado italiano por ser su ideólogo y fundador Tomasso Marinetti, pero que nace
en Francia con la publicación del manifiesto de Marinetti en Le Figaro; este proclama el
gusto por la máquina, la velocidad, el peligro, la agresividad y, como nuevo medio de
expresión literaria, las “palabras en libertad” y la “imaginación sin hilos”, traducidos en
la desvinculación de nexos sintácticos, supresión de signos de puntuación, preferencia
por los verbos en infinitivo, supresión de adjetivos y adverbios, utilización de
onomatopeyas. Alcoholes, poemario de Apollinaire que reúne piezas muy disímiles
escritas desde 1898, se inicia con “Zona” y cierra con “Vendimiario”, concreciones
emblemáticas de los principios futuristas.
También de 1913 son las Meditaciones estéticas. Los pintores cubistas, ensayo
en el que Apollinaire vierte toda su experiencia como crítico de arte y que constituye al
mismo tiempo una definición del cubismo y una exaltación de sus amigos los pintores
cubistas que ya hemos nombrado.
De 1917 es El espíritu nuevo y los poetas, conferencia pronunciada en el teatro
del Vieux Colombier y que luego publica en el Mercure de France. Aquí Apollinaire
define lo que entiende por “arte nuevo”: “El espíritu nuevo admite pues experiencias
literarias aun azarosas y estas experiencias son a veces poco líricas. Es por ello que el
lirismo no es más que un elemento del espíritu nuevo en la poesía de hoy, que se
conforma a menudo con búsquedas, investigaciones, sin preocuparse de darles
significado lírico. Son materiales los que amasa el poeta, los que amasa el espíritu
nuevo, y esos materiales formarán un fondo de verdad cuya simplicidad no debe
rechazar la modestia, pues las consecuencias, los resultados, pueden ser muy grandes
cosas”1.
Finalmente, en 1918, nuestro autor publica Caligramas. Ese mismo año se casa
con Jacqueline Kolb pero la felicidad dura muy poco porque el 9 de noviembre, víctima
de la gripe española, muere en París dos días antes de la firma del Armisticio. Después
de su muerte aparecen numerosas antologías, entre las cuales la más importante es
Poèmes à Lou en 1925.
En esta oportunidad nos interesa recordar particularmente el volumen
Calligrammes publicado en 1918 poco antes de su muerte, que reúne textos escritos
desde 1913 y hasta 1916 y que lleva por subtítulo “Poemas de la paz y de la guerra”. Es
el volumen que abarca la producción relacionada con la Primera Guerra Mundial de la
que nuestro poeta participó activamente. Cuando la guerra estalla, Apollinaire abandona
París y en Nice se alista como voluntario. Primero ingresa en el cuerpo de artillería y
recibe formación en Nîmes. De allí es trasladado al norte, a la región de las Ardenas
donde progresa rápidamente en grados militares. Finalmente pide el traspaso a la
Infantería y llega a ser subteniente. En las Ardenas escribe en 1915 un primer conjunto
de poemas bajo el título de Case d’Armons [Caja de armones] que luego formará parte
del volumen Caligramas.
Existe traducción española de este poemario firmada por J.Ignacio Velazquez,
responsable de la edición crítica publicada por Cátedra en el año 2007. A esta edición
pertenecen los poemas citados en el presente trabajo.
Caligramas marca la ascensión de la lírica cubista y de la vanguardia (“Lunes
calle Cristina”, “La jolie rousse”). En palabras del propio autor, representa la corriente
más novedosa de su obra; le dice a su madrina en carta de 1915: “Es la parte más nueva
de mi obra […] y amo esta novedad de mi espíritu”2.
Está compuesto por seis partes tituladas respectivamente: Ondas, Estandartes,
Caja de Armones, Fogonazos, Obús color de luna y La cabeza estrellada. La primera
1
“L’esprit nouveau admet donc les expériences littéraires même hasardeuses, et ces expériences sont
parfois peu lyriques. C’est pourquoi le lyrisme n’est qu’un domaine de l’esprit nouveau dans la poésie
d’aujourd’hui, qui se contente souvent de recherches, d’investigations, sans se préoccuper de leur donner
sa signification lyrique. Ce sont des matériaux qu’amasse le poète, qu’amasse l’esprit nouveau, et ces
matériaux formeront un fond de vérité dont la simplicité, la modestie ne doit point rebuter, car les
conséquences, les résultats peuvent être de grandes, de bien grandes choses” (L’esprit nouveau et les
poètes. Conférence faite au Vieux Colombier le 26 novembre 1917 et publiée dans le Mercure de France
le 1er décembre 1918)
2
“C’est la partie la plus neuve de mon oeuvre […] et j’aime cette nouveauté de mon esprit” (Lettre à sa
marraine, le 30 octobre 1915)
contiene los “poemas de la paz” escritos hasta 1913 y las cinco restantes, aquellos
escritos a partir de 1914 cuando la guerra ya ha estallado. “Caja de Armones”
comprende los primeros poemas escritos en el frente: Apollinaire, inicialmente artillero
y después infante, peleó en las trincheras de la región de Champagne, al noreste de
París, donde el 17 de marzo de 1916 recibe un tiro de obús que le atraviesa el casco y le
perfora la cabeza a la altura del temporal derecho. Debe ser trepanado porque algunas
esquirlas habían quedado dentro, detrás de la herida; este es el hecho que inspira sus
últimos poemas, los que conforman la sección titulada “La cabeza estrellada”. Veamos
un ejemplo:
TRISTEZA DE UNA ESTRELLA
Una hermosa Minerva de mi cabeza ha nacido
Una estrella de sangre para siempre me corona
La razón está en el fondo y el cielo en la cumbre
De la cabeza en la que hace tiempo tú te armabas
Diosa.

Por eso no era el peor de mis males


Este agujero casi mortal y que se ha estrellado
Pero la secreta desdicha que nutre mi delirio
Es mucho mayor que la que jamás alma alguna haya
Ocultado.

Y conmigo llevo este ardiente sufrimiento


Como la luciérnaga mantiene su cuerpo inflamado
Como Francia palpita en el corazón del soldado
Y en el corazón del lirio el polen perfumado. (p.270)

El incidente que casi le cuesta a Apollinaire la vida, es sin embargo el origen de


versos inspirados en los que el poeta se declara elegido por Minerva, diosa romana de la
sabiduría, las artes y la guerra. Se enorgullece de esa “estrella roja” que adorna su
cabeza como símbolo patente de la elección de la diosa; ese “agujero casi mortal” se
torna “corona” para la sensibilidad del poeta a quien no entristece la herida sino “secreta
desdicha”, plausiblemente asociada con amores no correspondidos que inundan su
corazón como “polen perfumado”.
Por lo general se identifica el término caligrama que da título a este volumen
únicamente con los poemas figurativos o “ideogramas líricos” (tal como los llamó el
propio Apollinaire en un principio). MOSTRAR Pero el libro contiene también
composiciones no figurativas, algunas de ellas exclusivamente verbales y otras mixtas,
que constituyen una verdadera renovación del género por su exaltada composición
cubista. Algunos de ellos se conocen como “poemas conversación” (“Lunes calle
Cristina”) porque parecen estar hechos de retazos de conversaciones oídas al azar y
reunidas también azarosamente:
La madre de la portera y la portera cerrarán los ojos
Si eres hombre has de acompañarme esta noche
Bastaría con que un tipo guardara la puerta cochera
Mientras que el otro subiría

Tres quinqués de gas encendidos


La patrona está tísica
Cuando hayas terminado jugaremos una partida de chaquete
Un director de orquesta con dolor de garganta
Cuando vengas a Túnez te daré kif para fumar […] (pp. 94 y ss)

El tema más importante de todo el volumen es la presencia constante de la


guerra y su sublimación poética. El especialista André Billy, amigo personal del poeta y
autor del estudio sobre Apollinaire de la colección “Poetas de hoy” (Poètes
d’aujourd’hui. Pierre Seghers Editeur, 1956) lo justifica diciendo: “Todo era para él
materia de poesía, pretexto para la transfiguración y el canto” (p.39). En efecto, se
verifica en Apollinaire una asombrosa capacidad para transformar la realidad toda, aun
la más triste, común o escabrosa, en materia de creación lírica, haciéndose eco de sus
propios conceptos sobre los “materiales” que el poeta amasa, según ya hemos citado.
André Billy lo interpreta con las siguientes palabras: “La vida guerrera le gustó en
seguida. Al leer sus cartas de entonces se tiene la impresión de que vivía en una suerte
de encantamiento. Sus poemas de Case d’Armons tienen un acento probablemente
único en toda la literatura. En ellos la guerra está representada por un poeta que
participa en ella no como soldado sino como poeta. Seguramente, Guillaume fue un
excelente y valiente guerrero, pero en él el poeta no cede jamás ante el artillero. No
tenemos delante de nosotros un artillero que de vez en cuando se acuerda de ser poeta,
sino un poeta que no cesa de ser poeta en ningún momento y en ninguna circunstancia,
y a quien el hecho de tirar con el cañón le divierte mucho, lo exalta incluso, y que
encuentra en el peligro una fuente de fascinación y de inspiración a su gusto”3.
3
“La vie guerrière lui plut tout de suite. A lire ses lettres d’alors, on a l’impression qu’il vivait dans une
sorte d’enchantement. Ses poèmes de Case d’Armons ont un accent probablement unique dans toute la
littérature. La guerre y est représentée par un poète qui la fait non pas en soldat mais en poète.
Assurément, Guillaume fut un excellent et brave guerrier, mais en lui le poète ne cède jamais le pas à
l’artilleur. Nous n’avons pas devant nous un artilleur qui se souviendrait parfois d’être poète, mais un
poète qui ne cesse d’être poète à aucun moment et dans aucune circonstance, et que le fait de tirer le
canon amuse beaucoup, exalte même, et qui trouve dans le danger une source d’émerveillement et
d’inspiration à son goût”. (André Billy)
FIESTA
Fuego artificial de acero
Qué seductora esta iluminación
Artificio de artificiero
Añadir algún encanto al valor

Dos cohetes deflagradores


Estallido rosa
Como dos pechos que se liberan
Tensan sus pezones con insolencia
ÉL SUPO AMAR
qué epitafio
Un poeta en el bosque
Mira indiferente
Puesto el seguro en su revólver
Unas rosas muriendo de esperanza

Piensa él en las rosas de Saadi


Y de repente se inclina su cabeza
Pues una rosa le recuerda
La imprecisa curva de una cadera

Llena el aire un terrible alcohol


Licuado de estrellas a medio cerrar
Acarician los obuses el suave
Perfume nocturno en que reposas
Mortificación de las rosas (p.182)

Es posible comprender en estos versos cómo el poeta-guerrero transforma en


“fiesta” el momento de la batalla porque identifica las luces de los cohetes y las balas
con los fuegos artificiales; estos le parecen rosas y ellas le inspiran el recuerdo del amor.
La adrenalina de los bombardeos se identifica con el éxtasis producido por el alcohol o
el erotismo. Y en plena guerra, el epitafio del soldado habría de ser “supo amar”. Así
pues, se produce una identificación obnubilada entre la muerte y el amor a partir de la
fascinación de la lucha vista como un espectáculo de luces.
Por su parte, el editor Pascal Pia califica de “militar” la poesía de Apollinaire no
por lo que pudiese tener de aire marcial sino porque toma sus elementos de las miserias
y de las alegrías de una unidad de artillería (“2e cannonier conducteur”) o de la
experiencia en la trinchera bajo los bombardeos (“Du côton dans les oreilles”): “Oh,
faro-flor de mis recuerdos/ Los negros cabellos de Madeleine/ Los atroces resplandores
de los disparos/ Añaden su repentina claridad/ A tus hermosos ojos oh Madeleine”
(“Simultaneidades”, p.246). En estos pocos versos es de notar cómo “los atroces
resplandores de los disparos” son –sin embargo- la fuente de luz que embellece el
recuerdo de la amada, ya que se asocian con sus ojos y su cabello, dos elementos de
entre todos los rasgos de Madeleine que seguramente el poeta admiraba en especial.
Otro ejemplo tomado de “Algodón en los oídos”:
Aquí la música militar toca/ Cualquier cosa/ Y cada cual recuerda una mejilla/
Rosa/ Porque hasta las músicas enérgicas/ Tienen un no sé qué de desgarrador cuando
se las escucha en la guerra. / Escucha si llueve escucha si llueve/ Y escuchad caer la
lluvia tan suave y tan dulce/ soldados ciegos perdidos entre los caballos de Frisia bajo la
luna líquida/ de Flandes agonizante bajo la fina lluvia tan suave y tan dulce/ confundíos
con el horizonte bellos seres invisibles bajo la fina lluvia/ la lluvia tan suave la lluvia tan
dulce. (pp.250-251)

En este poema de composición mixta (los versos están escritos de tal manera que
representan el agua que cae), la lluvia no deja de inspirar sentimientos de dulzura y
suavidad a pesar de lo desgarradora que resulta la enérgica música militar circundante, o
de las heridas sufridas en la guerra: precisamente a los ciegos y agonizantes invita el
poeta a recordar una mejilla sonrosada bajo la fina lluvia.

Dice Pascal Pia sobre Apollinaire: “único poeta que tuvo el ánimo para cantar el
espectáculo [horrendo de la guerra]; único a quien el peligro imprimió una exaltación no
guerrera ni patriótica sino dionisíaca” y pone como ejemplo cabal el poema titulado
“Merveilles de la guerre” (pp.227 y ss) cuya primera estrofa dice elocuentemente:
Qué hermosos esos cohetes que iluminan la noche
Trepan sobre su propia cumbre y se inclinan para mirar
Son damas que bailan con sus miradas a guisa de ojos brazos y corazones

Según Pia, Apollinaire veía en la guerra la promesa de un mundo nuevo abierto a


todas las experiencias y a todas las libertades. Lo dice el propio poeta en su última
pieza:
Y sin que esta guerra me inquiete hoy
Entre nosotros y para nosotros amigos míos
Yo juzgo esta antigua querella entre tradición e invención
Entre el Orden y la Aventura (La bonita pelirroja, p.276)
Como entusiasta adepto de las vanguardias, nuestro autor se encandila con las
experiencias nuevas, entre las cuales la guerra es tan sólo una más. En una visión
exaltada y utópica, nos invita a no ver sus horrores sino las exultantes posibilidades
futuras de un mundo mejor después de la contienda:

GUERRA
[…] Pues bien no lloréis los horrores de la guerra
Antes de ella solo poseíamos la superficie
De la tierra y de los mares
Tras ella nuestros serán los abismos
El subsuelo y el espacio aviático
Dueños del timón
Después después
Nos cobraremos todos los placeres
De los vencedores que se solazan
Mujeres Juegos Fábricas Comercio
Industria Agricultura Metal
Fuego Cristal Velocidad
Voz Mirada Tacto […] (p.168)

Vemos cómo la admiración por las novedades tecnológicas (como el avión),


cómo la fe en el progreso (la industria, el comercio) hacen soñar al poeta en un mundo
moderno donde todos los placeres harán olvidar los horrores del presente, como si
gracias a la guerra fuera a nacer un mundo nuevo y mucho mejor. Aunque en realidad,
dice Pascal Pia, Guillaume Apollinaire no sabía que ese mundo no estaba naciendo sino
terminando…
Este poemario condensa e ilustra las lecciones tanto cubistas como futuristas que
atrajeron a nuestro autor, verificadas en el empleo de una puntuación libérrima,
tipografía diversa, metáforas atrevidas, yuxtaposición de elementos inconexos,
explotación del espacio y del dibujo además de la palabra y el sonido. La experiencia de
la guerra constituye la materia que el poeta moldea con su “espíritu nuevo” o novedosa
mirada entre lírica y experimental y que recibe su forma original en estos versos.
Por temperamento o por vocación artística, en la escritura de Guillaume
Apollinaire la cruda realidad de la guerra trasmuta en canto exaltado, en chispa de luz
vibrante que permite descubrir en ese fatídico hecho y sus consecuencias los elementos
que aun escondidos o mancillados no dejan de hablar de amor, de belleza, de
humanidad, de gloria, de amistad, de heroísmo, como en el célebre poema figurado “La
paloma apuñalada y la fuente”:
Dulces rostros apuñalados/ Queridos labios en flor/ Mia, Maryette, Lorie, Annie
y tú Marie/ dónde estáis vosotras oh muchachas./ Pero cerca de una fuente que llora y
reza/esta paloma se extasía.
¿? Todos los recuerdos de antaño/ Oh amigos míos idos a la guerra/ Brotan hacia
el firmamento/ y vuestras miradas en el agua dormida/ Mueren melancólicamente/
Dónde están Braque y Max Jacob/ Derain con sus ojos grises como el alba/ Dónde están
Raynal Billy Dalize/ Cuyos nombres se melancolizan/ Como pasos en una iglesia/
Dónde está Cremniz que se alistó/ Quizás ya están muertos/ De recuerdos mi alma está
llena/ la fuente llora sobre mi pena.
Los que fueron a la guerra luchan en el norte ahora/ Jardines en los que sangra
abundantemente la adelfa flor guerrera./ Cae la noche Oh sangrienta mar. (p.141)

En este poema, de compleja lectura por su naturaleza híbrida de poema figurado,


el dibujo que los versos conforman rescata el elemento de belleza y de armonía que las
palabras desmienten a través de la repetida pregunta: ¿dónde están los amigos y las
mujeres amadas? La guerra ha apuñalado a la paloma (de la paz, presumiblemente) y de
la fuente mana la sangre (tal vez) de todas las víctimas, acompañando el llanto del poeta
melancólico y triste.
Desde su sensibilidad de artista observa Apollinaire el drama mundial de un
modo original y propio que lo hace traducir en palabras y formas igualmente originales
su peculiar percepción de la realidad circundante y sus sentimientos frente al momento
histórico que le tocó vivir. Caligramas es sin dudas un volumen de gran interés para
conocer no solo la personalidad de su autor, capaz de transformar el horror en arte, sino
también para aprender a rescatar la poesía inherente a todo hecho humano.

Mendoza, abril de 2016

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