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A TODOS LOS BRIGADISTAS VASCONCELOS Y A QUIENES CREYERON EN

NOSOTROS

Perdón por no tener el coraje suficiente para poder decirles frente a


frente que me voy. Me marcho adolorido por no poder haber logrado
hacernos comprender cabalmente por quienes ahora tienen la
responsabilidad de dirigirnos. Me voy triste y con amargura. Con el brazo
cansado de luchar contra el sinsentido de quienes nos consideran caros,
y un gasto innecesario, por nuestra reducida eficiencia y limitado
impacto en las comunidades. Decepcionado frente a la tozudez de medir
en pesos y centavos el amor, el esfuerzo, la mística y la responsabilidad.
Al no entenderse de que la equidad en la educación requiere en
Veracruz de inventiva para llevar lo mejor a quienes más lo necesitan,
de una mística de misión itinerante. Me voy con la nostalgia de no poder
volver a verlos trabajar con ahínco en nuestras misiones rutas. Más de
1,200 en estos años. Con la añoranza, ya presente desde hoy, de sus
risas, bromas, chistes y ocurrencias que rompían la circunstancia de
precariedad de las habitaciones donde dormían, soñando en que las
cosas siempre pueden ser mejores para los que no tienen más
patrimonio que la esperanza.

Abandono el Programa Vasconcelos con la satisfacción de haber


compartido las humildes tortillas, los imprescindibles frijoles y el pan de
cada día que era nuestro - de ustedes - porque se lo ganaban, jornada
tras jornada, con la ternura y la sabiduría con que facilitaban el acceso
al conocimiento de cada niño, joven, adulto, anciano. Pobres y
marginados para quienes abrimos “una ventana al mundo”.

Nuestros respetados usuarios, a quienes tuvimos el “honor de servir”,


como explicaba en todas las inolvidables reuniones regionales.
Entrañables y queridos amigos que entrando a nuestras aulas
itinerantes recibían, ante todo, el mensaje existencial de que cada uno
de ellos es valioso. Que como personas, como veracruzanos- más allá de
la retórica que ahoga a nuestra época- tienen el derecho pleno de
acceder a una tecnología que sólo vale cuando se transforma en el
instrumento para cantarle un himno al ser humano. A sus familias, a sus
comunidades, a sus culturas, realizaciones y esperanzas.

Me voy triste, porque lo sé, muy en el fondo, extrañaré la carcajada de


nuestro guiñol, el talento, la creatividad, el entusiasmo y la energía que
cada una de sus acciones: Sistema de Información Vasconcelos (SIVA),
cartas descriptivas, reuniones de coordinación, diagnósticos,
planeaciones, sesiones durante horas y horas con amor, respeto y
profesionalismo, 28 autobuses, más de 40 mil teclas de computadora
funcionando; visitas de supervisión. Sesiones para evaluar y calificar las
misiones, reportes excelentes, muy buenos y buenos, nunca malos.
Reportes con los que se puede elaborar un libro sobre el soñar creer y
crear un México mejor. Más de 30 mil testimonios en los que la
expresión más reiterada es: gracias, regresen pronto. Misiones ruta,
eventos especiales, sesiones demostrativas.

Premios internacionales a su labor infatigable, reconocimientos de: un


premio Nobel, del más connotado escritor mexicano, premio Cervantes,
del Presidente de la República. Y los más valiosos: los de niños
descalzos, de los padres de familia angustiados por el desempleo y la
carestía, de algunos docentes con el empeño de Rébsamen y
Vasconcelos, de campesinos curtidos por la explotación y la demagogia.

No volveré a escuchar la tímida, dulce, pero enérgica voz, mitad náhuatl,


mitad castilla, de la población serrana, perdida y dispersa en el verdor
del municipio de Zozocolco de Hidalgo: Vasconcelos, ¿vas a venir o no? Y
volvimos ¡claro que volvimos! Quieran los dioses bondadosos y
sonrientes del Totonacapan que estos camiones blancos, camionetas y
botas fuertes sigan llegando a decirles a los niños más pobres y
olvidados que son ciudadanos de primera y la verdadera esperanza de
un México mejor.

No puede haber una voz más clara de la Patria que la voz de aquel niño.
No la Patria de los ritos vacíos; sino de la que gime y grita - la auténtica
“llorona” - que vive en el imaginario colectivo de todos nuestros pueblos
marginados. El grito desgarrador de los engañados y desposeídos.

Me voy triste, porque estaré pensando en la continuidad del reflejo de la


blancura inmaculada de nuestros autobuses. De sus motores que como
patenas brillantes en su negritud, pueden resistir la caricia de un
pañuelo blanco sin mancillarlo. Motores listos para “llevar lo mejor a
quienes más lo necesitan y un personal altamente calificado, de 40
diferentes profesiones: normalistas, universitarios, técnicos”.

Llevamos a las sierras, a las llanuras y a las costas de Veracruz. A sus


pobres y marginados, no lo usado, lo inservible, la limosna; sino lo
mejor. Equidad y Justicia sin las cuales no hay educación.

Unas tecnologías, las famosas Tic, que se ponían al servicio de la


dignidad de los ciudadanos de las regiones de Veracruz, en las que sus
barrancos y serranías son menos profundos los primeros y altas las
últimas, que la marginación, la ignorancia y la explotación.
A pesar de que transcurrieron y hemos celebrado 2 centurias de libertad
y soberanía bajo su cielo. Libertad y soberanía de unos, pero no de
todos.

Cada una de las catorce metafóricas vueltas que dimos a la Tierra por su
línea ecuatorial sin ningún accidente. Gracias a Dios y a nuestros
responsables conductores, mecánicos y jefe de departamento, es un
círculo de ilusión, sentido y responsabilidad en el servicio.

Echaré en falta la diaria experiencia - compartida por todos - de que la


ética y una moral práctica, traducida en actos y hechos cotidianos:
transparentes, justos y equitativos, son la única base para lograr un
cambio en el país.

Aprendimos, actuamos y demostramos que en el fundamento de la


capacitación de un brigadista, está la educación en valores y su gestión
diaria mediante actitudes de auténtico civismo: “puntualidad y
cuidado de los detalles”, nuestro lema, no son más que facetas
prácticas del amor y reconocimiento de la alta estima que nos debemos
a nosotros mismos y al prójimo.

Me alejo, ciertamente con la cara muy larga. Porque tengo la seguridad


de que nunca volveré a dialogar – respetando la laicidad de nuestro
encargo - sin explicitarlo nunca, el mensaje del Evangelio Cristiano, que
dio sentido a nuestras jornadas diarias; así como a la vida en
comunidad, al calor, al frío, al hambre y al duro suelo de la jornadas
nocturnas. Como recompensa, vivimos la maravillosa realidad de que la
tecnología abre una oportunidad más para trascender. Lo
experimentamos al ver como los ojos negros de los niños indígenas se
abrían centellantes y admirados, cuando a través de la Internet y de
Google, al observar la Tierra, América, su hemisferio norte, México,
Veracruz y la Sierra de Zongolica con su pueblo entre montañas. Por
primera vez se ubicaban en el cosmos como ciudadanos de una realidad
más allá de las limitaciones de su entorno.

Me voy entristecido, porque me es imposible aceptar- moral y


afectivamente - que no se aprovechen al máximo las capacidades y el
esfuerzo de personas que formamos a lo largo de casi seis años. Que se
menosprecie su enorme potencial para facilitar la entrada de los más
pobres y marginados del Estado, a los que no se puede llegar –
dispersos como están en más de 22 mil comunidades.
De las cuales casi el 60 por ciento no reúne a más de cincuenta
habitantes - sino es caminando hacia ellos, misionando como lo hizo
Vasconcelos, llevándoles los mejores libros: a Platón, Sócrates y
Aristóteles. La Iliada y la Odisea, Los cuatro Evangelios; aunque las
cuidadas ediciones – editadas por la entonces Universidad Nacional de
México - fueran tildadas por muchos como románticos e ingenuos
esfuerzos de dudoso impacto y de altísimo costo.

¿Para qué querían nuestros campesinos analfabetas y hambrientos, el


poco práctico valor de la cultura y el humanismo? Su esfuerzo se estrelló
frente a la barrera de una burocracia insensible y de mirada
cortoplacista. Sin embargo el espíritu sigue alentando el habla de
nuestra Raza.

Hoy las bestias de carga con los libros de las misiones del gran filósofo y
maestro oaxaqueño, se convierten en aulas, camionetas y mochilas
itinerantes. Y seguimos siendo eufemísticamente “caros” y con “bajo
impacto”. El problema actual es reducir costos. ¿Por qué en nuestro
México, desde tiempos de Vasconcelos, los recortes
presupuestales siempre afectan a la educación y a la cultura del
pueblo?

Me siento acongojado, porque a partir de hoy al bajarme de nuestro


hermoso vehículo VASCONCELOS, empiezo a vivir la vejez de mi vida.

Durante seis años me mire en el espejo de sus caras juveniles y me sentí


uno más del grupo. Amé, aprendí, traté de servir, temí, tuve sueños y
esperanzas como ustedes. Hasta bailé e hice un gozoso ridículo en
nuestras inolvidables posadas decembrinas.

Paradójicamente. Me voy muy FELIZ; porque nunca soñé, al final de mi


vida pública, tener la gigantesca oportunidad de hacer el bien a 212 mil
personas, de las que sabemos sus nombres y apellidos. Me voy feliz por
haber sido uno de ustedes. Dejo un Vasconcelos completo con sus
brigadistas, autobuses, camionetas - mismas que espero retornen
pronto a la flota - mochilas y botas fuertes.

Exalto el trabajo de nuestras administradoras que me permite asegurar


en cualquier foro y ante la más severa auditoría, que ni un solo centavo
de los que manejamos: 127 millones,-contando la maravillosa donación
de la Fundación Bill y Belinda Gates- fue malempleado. Dinero
perteneciente a Marcelita la niña de la muñeca de trapo y de pies
descalzos del pueblo de Linda Vista, ya mencionado, accesible por
veredas en el municipio de Zozocolco de Hidalgo, Ver.

Aquella pequeñita a la que los niños de Edimburgo le mandaron otra


muñeca: rubia y celosa de los ojos negros de su dueña; de Luis, de
Nacho. De tantas y de tantos: bordadoras, encabezadas por nuestra
querida madrina la Sra. María Angelina Osorio, alfareras, cafeticultores,
los buenos maestros indígenas, papás y mamás.

Dinero del pueblo, autobuses y Programa del Pueblo. Un centavo mal


empleado, por las manos del Coordinador General, sería una
contradicción ontológica. Un verdadero pecado, el mayor en contra de
mi dignidad y autoestima.

Las vidas de los humanos son procesos. Aún las apreciaciones de


quienes no nos entienden y recelan de nuestro costo-beneficio, son
instrumentos de Dios para marcar las etapas del camino y señalarnos
metas en la búsqueda de lo trascendente. No siempre todo puede estar
“hecho a la medida”.

Sabemos que, desafortunadamente, las “medidas” en nuestro entorno


duran, desgraciadamente, seis años. Lo respetamos, sin conceder en la
esperanza de llegar a ser, algún día, una sociedad más madura.

Estoy seguro, que sea cuales fueran las circunstancias del futuro,
nuestra mística y acción seguirán adelante. El Programa Vasconcelos no
es el trabajo de una persona. Es el amor y compromiso firme de un
equipo de trabajo. Por lo que, en palabras del escritor argentino Hugo
Wast debemos: “esperar contra toda esperanza”, seguir adelante.

Hace algunos días, el miércoles 27 del mes de abril pasado, una “niña
asombrada” de tan sólo 85 años –Ana María Matute- recibió el más
relevante galardón de las letras castellanas. El premio Cervantes.
Reconocimiento que hace unos años también recayó en el gran amigo
del Programa Vasconcelos: Carlos Fuentes; así como Sergio Pitol y el año
pasado Emilio Pacheco. El discurso de la homenajeada en la Universidad
de Alcalá de Henares, España, defendía, según el diario el País, tres
cosas con “reputación de menores y blandas”: la literatura infantil, los
cuentos y la felicidad. Tres pilares de las misiones Vasconcelos.

“Sólo no puede subir a un autobús Vasconcelos, quien sea


infeliz al servir a los demás”.
Repetíamos, al amanecer, en todas las verificaciones de salida, en 22
autobuses, en aquellas hermosas ocasiones en que podía salir, con los
recursos suficientes, casi toda nuestra aguerrida flota. Por eso
inventamos el “contentómetro”, un arco detector de no felices por el
cual tenían que pasar todos los brigadistas antes de abordar. También
un cuento que se sumaba a los muchos que física y digitalmente
llevábamos en nuestro caminar.

Sin embrago, lo que más me “llegó” del discurso de la niña Matute, fue
una afirmación contundente: “El que no inventa no vive”. En estos años,
hemos vivido intensamente, porque hemos inventado mucho…mucho en
realidad: títeres, teatro, cine, juegos, material didáctico, ludotecas,
revistas digitales, formatos, sistemas de información, la Red Comunitaria
y el Foro Vasconcelos, el SIVA, y más y más cosas. No parábamos de
inventar. Como dijo la Matute: hemos vivido intensamente.

Hablando de inventar, no puedo dejar de mencionar a otros grandes


inventores, que por tanto lo sé, son muy felices: Víctor Arredondo y
Estrella. El primero creador de este Programa. A su visión innovadora y a
sus conceptos fundamentales para crear un nuevo modelo educativo
en Veracruz debemos esta nueva experiencia apreciada nacional e
internacionalmente con el premio Acceso al Conocimiento 2008. La
maestra siempre creando, inventando metodologías: cursos, talleres,
seminarios, lo que fuera, para poner en la mente y el corazón de los
brigadistas el sentido humano que, junto con el constructivismo,
integraron el núcleo de nuestro quehacer didáctico. Muchas Gracias a
todos por habernos hecho tan felices a 240 brigadistas y a más
de 200 mil usuarios.

No quiero dejar de darles las gracias a otros dos grandes educadores


mexicanos. Miguel Limón y Carlos Mancera. Su sabiduría y enorme
experiencia fueron siempre un enorme aliento, una señal de que los
camiones caminaban hacia un buen destino. Como dice el maestro
Limón en las Memorias de la transformación educativa en Veracruz
2004-2010 - gracias también licenciado Valdivia -“El Programa
Vasconcelos buscó mejorar y ampliar la oferta de educación en las
comunidades rurales más apartadas mediante el manejo de las
Tecnologías de la Información y la Comunicación, fueron diseñados
contenidos adecuados, presentación, formato, lenguaje, secuencias y
tratamiento, los materiales han sido de gran utilidad para alcanzar
propósitos de aprendizaje. Se trata de un gran ejemplo que favorece la
equidad educativa. Para aquilatar su importancia pensemos
simplemente en el número de niños, adolescentes y adultos
veracruzanos que se habrían privado de asomarse a la ventana que les
abrió Vasconcelos”.

Me he extendido demasiado. Nuevamente muchas gracias de corazón a


todos. Espero que la experiencia personal comunitaria, y tecno
educativa del Vasconcelos continúe dando frutos. El espíritu de Veracruz
es indomable. Que la luz de todos ustedes, de su idealismo, amor y
responsabilidad en el servicio pueda seguir construyendo a sus personas
y a sus familias. Que a partir de su corazón grande y su espíritu firme,
inspirador de una voluntad inconmovible. Energía dirigida a la
trascendencia, podamos seguir poniendo, cada quien en su trinchera, un
grano del mármol más sólido y brillante en la construcción de la
sociedad nueva que México merece.

Hasta Pronto

Mario Fernández de la Garza