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FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS POLITICAS

ENSAYO:

RESPETO A LOS DERECHOS


HUMANOS EN EL CONTEXTO DE
UN PROCESO JUDICIAL Y
CONSTITUCIONAL

CURSO:
Derechos Humanos y Jurisdicción Internacional

SECCION:
4

DOCENTE:
Bronny Werner BAUTISTA PARI

ALUMNOS:
Stephany SIERRA ALAMO 2013227537 Filial: Cusco
Michael CHIHUANTITO QUISPE 2012155851 Filial: Cusco
Nicolas ALFARO CHILE 2016201282 Filial: Cusco
Judith CERDAN PUMA 2014229180 Filial: Cusco
Raisa Joseline ATAYUPANQUI LLANOS 2009218222 Filial: Cusco
Sharom Estefani RAYME ROMERO. 2014139106 Filial: Cusco

CUSCO-2020
INTRODUCCION

Los derechos fundamentales comprenden un conjunto de derechos de particular

importancia, esenciales para el desarrollo del ser humano como tal y en colectividad.

El reconocimiento de esta implica que en caso estos derechos se vean afectados,

dicha situación pueda ser revertida mediante el uso de mecanismos adecuados que

le permitan que el derecho quede garantizado y libre de similares amenazas a futuro.

Para tal efecto, se han ido estableciendo diversos instrumentos orientados a la

protección de los derechos fundamentales, con distintos efectos y a cargo de diversas

instancias. Sin embargo, entre todos los mecanismos de defensa, los que implican

una protección judicial de estos derechos adquieren especial importancia y

singularidad.

En efecto, mientras que la protección de los derechos a cargo de instituciones como

el Ministerio Público o la Defensoría del Pueblo presentan las limitaciones propias de

las funciones que corresponden a estos órganos, la protección a cargo de instancias

jurisdiccionales se presenta como la más completa, a objeto de tutelar de forma

adecuada y eficaz los derechos fundamentales que puedan estar siendo amenazados

o vulnerados. Ello obedece principalmente a dos factores. En primer lugar, al hecho

que las decisiones jurisdiccionales por las cuales se adopta una decisión relacionada

con los derechos y obligaciones de las personas adquiere la calidad de cosa juzgada;

y en segundo lugar, al que hecho que tales decisiones sean de cumplimiento

obligatorio.

Si de todas las decisiones que pueden ser adoptadas para proteger un derecho

fundamental, la emitida por los órganos jurisdiccionales es la que mayor garantía


ofrece para una tutela efectiva, pues dicha protección debe estar revestida de

determinadas garantías, e incluso ser reconocida como un derecho fundamental.

Tomando en consideración lo expuesto, en el presente trabajo se explica el contenido

y alcances, a partir de su reconocimiento en el derecho internacional y en los textos

constitucionales, así como de la identificación de los principales actos lesivos a su

ejercicio y la forma cómo este derecho ha sido desarrollado en la jurisprudencia del

Tribunal Constitucional peruano.


RESPETO A LOS DERECHOS HUMANOS EN EL CONTEXTO DE UN

PROCESOS JUDICIAL Y CONSTITUCIONAL

El derecho a la protección judicial de los derechos fundamentales se encuentra

reconocido de forma expresa en diferentes normas internacionales, por lo general

bajo la denominación de «recurso efectivo». El siguiente cuadro es ilustrativo al

respecto:

- Declaración Universal de los Derechos Humanos

«Artículo 8°.- Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo, ante los

tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que

violen sus derechos fundamentales reconocidos por la Constitución o la

ley»

- Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos

«Artículo 2°.- Cada uno de los Estados Partes en el presente Pacto se

compromete a garantizar que:

a.- Toda persona cuyos derechos o libertades reconocidos en el presente

Pacto hayan sido violados podrá interponer un recurso efectivo, aun cuando tal

violación hubiera sido cometida por personas que actuaban en ejercicio de sus

funciones oficiales;

- Convención Americana sobre Derechos Humanos

«Artículo 25°.- Toda persona tiene derecho a un recurso sencillo y rápido

o a cualquier otro recurso efectivo ante los jueces o tribunales

competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos

fundamentales reconocidos por la Constitución, la ley o la presente


Convención, aun cuando tal violación sea cometida por personas que

actúen en el ejercicio de sus funciones oficiales

En este sentido el Tribunal Constitucional como organismo un constitucional está

encargado de defender los derechos fundamentales y la constitucionalidad de las

leyes, presentando un balance insuficiente en relación a las expectativas que se le

depositaron. Debido a que la jurisdicción constitucional solo es plenamente válida en

sociedades con gobiernos democráticos; de lo contrario, la defensa de los derechos

fundamentales queda a merced de los poderes del gobierno,

Agregando el maestro Cesar Landa: «Todo esto pone en debate el tipo de relaciones

que debe existir entre el derecho y la política, la posición de Tribunal Constitucional

en la división y control entre los poderes y la eficacia de las resoluciones del tribunal;

así como invita a revisar los fundamentos de la justicia constitucional en el Perú, a

través de la teoría institucional, de cara a su vigencia real y no sólo normativa de la

misma» lo cual, también, está estrechamente vinculado al grado de legitimidad que

el Tribunal Constitucional ha alcanzado en la opinión ciudadana y el respeto que

deben irradiar sus sentencias sobre los poderes públicos y privados.

Entendiendo esto la justicia constitucional no puede defenderse de sus enemigos

basándose en construcciones positivistas o neopositivistas e interpretaciones

hiperformalizadas que constantemente contradicen la realidad, Por esto mismo, se

precisa las normas constitucionales y legales que regulan al Tribunal Constitucional,

se tienen que redimensionar fortaleciendo su función de limitación del gobierno por el

derecho, es decir, defendiendo el orden y los valores constitucionales, propios de los

principios de la supremacía jurídica de la Constitución y de la supremacía política de

la democracia. Esto sólo es posible partiendo de reconocer, junto al carácter jurídico

de la labor del Tribunal Constitucional, la naturaleza y las consecuencias políticas de


las resoluciones del mismo teniendo en cuenta los principios procesales por el cual si

o si se deben de seguir manteniendo una armonía durante tal.

El principio de dirección judicial ha sido desarrollado por el Tribunal Constitucional y

se señala en relación a este principio que la Constitución delega en la figura del juez

constitucional el poder-deber de controlar razonablemente la actividad de las partes

promoviendo la consecución de los fines del proceso de manera eficaz y pronta

corresponde al juez constitucional detectar y desvirtuar aquella conducta procesal

que, intencionalmente o no, pretende convertir al proceso en un ritualismo de formas,

antes que en un eficiente cauce para la protección de los derechos fundamentales y

el respecto de la supremacía normativa de la Constitución.

El principio de impulso oficioso en palabras del supremo interprete de la constitución

vendría a ser, aquella obligación impuesta al juez constitucional de continuar el

proceso a través de la ejecución de todos los actos que lo conduzcan a prestar tutela

jurisdiccional a los justiciables

El principio de socialización del proceso tiene como finalidad que las posibles

desigualdades de las partes procesales, no obstaculicen en llegar a una solución justa

para ambas partes en conflicto; vale decir, el principio de socialización procesal es

una de las manifestaciones del tránsito del Estado liberal hacia el Estado social, de

manera tal que la falacia formalista en virtud de la cual el principio de igualdad solo

adquiere plena vigencia con una conducta absolutamente pasiva y contemplativa del

Estado.
El principio de economía y celeridad procesal se dirige a economizar el proceso en el

sentido más amplio del término; es decir, no solo hace referencia a un tema

económico de costos o gastos, sino a que se trate de un proceso expeditivo, rápido,

en donde se desarrollen los actos procesales necesarios y suficientes para lograr la

solución adecuada; vale decir, lo que se busca con la aplicación de dicho principio es

que el proceso no se desvirtué por una serie de trámites dilatorios innecesarios para

los fines constitucionales.

El principio de gratuidad, a decir de Ballesteros, significa que el desarrollo procesal

del proceso constitucional no resulta oneroso para lograr los fines del proceso. Vale

precisar que este principio se sustenta en el artículo 139 de la Constitución, cuando

prescribe que la administración de justicia es gratuita para las personas de escasos

recursos y para todos los casos que la ley determine.

En cuanto al principio pro actione es al que hace referencia al artículo III del Código

Procesal Constitucional, cuando señala que de existir duda respecto de si el proceso

constitucional debe declararse concluido o no, el juez, Sala o el mismo Tribunal

Constitucional, deben decantarse por la continuación del proceso.

Finalmente, una derivación importante de los principios establecen la obligación

aplicar correctamente el derecho que está relacionado con el valor justicia, dado que

lo que debe prevalecer es la defensa de los derechos fundamentales y la supremacía

de la constitución en el ámbito interno deben de coincidir en su contenido con los

derechos reconocidos en la propia Constitución Política teniendo en claro que estas


mismas deben de constituir situaciones con objeto de protección frente al Estado

mediante una serie de mecanismos conocidos como “garantías constitucionales”

De cualquier forma, siempre deberá estar presente y vinculado con la promoción y

protección de los derechos humanos, la existencia, vigencia y fortalecimiento del

Estado de derecho, que, junto con la democracia, conforman el marco base para la

verdadera realización y respeto de los derechos humanos como un todo integral.

La posibilidad de un mecanismo procesal expedito para garantizar esos derechos es

la razón de ser de la llamada justicia constitucional, y para ello depende de una

estructura y de procedimientos propios del derecho constitucional.

En cuanto a lo referente a los derechos que protege la justicia constitucional, se

contemplan “los derechos civiles”, también conocidos como derechos individuales. Se

regula, así, el derecho a la vida como inviolable, el derecho al nombre, la inviolabilidad

de la libertad personal, protección frente a la esclavitud o servidumbre, el derecho a

la integridad personal con sus derivaciones de no ser sometido a torturas o penas

degradantes; el derecho de los detenidos al respeto a la dignidad humana; la

inviolabilidad de las comunicaciones privadas; la libertad de tránsito; el derecho de

petición y a la oportuna respuesta y el derecho de asociación; el derecho de reunión;

el derecho a la libre expresión del pensamiento. Además, encuentran regulación

expresa la libertad religiosa; el derecho a la protección del honor y la intimidad.

En el campo de los derechos sociales se genera protección a las familias, a los niños

y adolescentes; se procura garantizar el derecho a la vivienda, a la salud; derecho a

la sindicalización; derechos relativos a la cultura y a la educación. Siempre en el

ámbito colectivo, se protegen los derechos relativos al medio ambiente.


Respecto de la protección de derechos a grupos o colectivos, destaca la erradicación

de la discriminación por razones de sexo, religión, etnia, edad, nacionalidad y, de

manera sistemática, se procuran estándares de garantía del principio de igualdad.

Existen mecanismos de protección de derechos humanos de carácter ordinario

(administrativos y judiciales), pero hay otros de más reciente creación, que coadyuvan

en esa labor, pero que no sustituyen a aquéllos. Es el caso de las oficinas de

ombudsman, creadas en los países de la región a partir de la década de los ochenta

con un perfil más enfocado hacia la promoción y divulgación de los derechos

humanos, pero también con competencias de control público.

Determinar cuál es el recurso interno o proceso para reclamar un derecho humano

violado parte del supuesto de que el recurso de amparo o tutela es la vía genérica

para hacerlo, o bien el recurso de habeas corpus o

El de habeas data en las legislaciones donde este último existe. Sin embargo, no en

todos los casos funciona de esa manera.

Lo que sí debe quedar claro es que no es la investigación penal el mecanismo

apropiado para reclamar una violación de derechos humanos, sobre todo porque no

todas las violaciones a derechos humanos son delitos, aunque no se puede

desconocer la importancia que tiene para procesar a los responsables de delitos a

título personal, sean o no mismos funcionarios del Estado.

En esa dimensión, la justicia constitucional viene a ser aquella jurisdicción mediante

la que se ejerce el control de la constitucionalidad de las leyes y demás actos

normativos de ejecución inmediata de la Constitución, con poderes derogatorios de

las mismas; mediante la adopción de alguno de los siguientes sistemas:


Sistema concentrado: es cuando un solo órgano especializado, llámese corte

suprema, tribunal constitucional o sala constitucional, tiene el monopolio de esa

jurisdicción. Las cortes supremas han sido la jurisdicción constitucional por excelencia

en América Latina. En tiempos más recientes, y por influencia europea, a partir de los

años sesenta del siglo XX se crearon tribunales constitucionales en algunos países

(Guatemala, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú); en otros, el control

constitucional se ejecuta por medio de salas constitucionales (Costa Rica, El

Salvador, Venezuela. Colombia primero creó una Sala Constitucional que luego dio

origen al Tribunal Constitucional).

Sistema difuso: al contrario de la concentración de la jurisdicción constitucional en un

solo órgano, el sistema difuso es cuando todos los tribuna- les que conocen asuntos

ordinarios pueden también resolver las cuestiones de constitucionalidad que se les

presenten.

Sistema mixto: es cuando un órgano especializado ejerce el control de

constitucionalidad, pero sin tener el monopolio de esa actividad. En efecto, además

de la sala constitucional o tribunal constitucional, los demás tribuna- les y juzgados

que conocen de una causa pueden resolver también acciones de habeas corpus o de

amparo o ejercer el control difuso de la constitucionalidad de las leyes. Como

consecuencia, todos los tribunales que conocen de cuestiones de constitucionalidad

ejercen la justicia constitucional.

La justicia constitucional se realiza mediante las siguientes acciones de garantía:

recurso de amparo, habeas corpus, habeas data cuando existe, y la acción de

inconstitucionalidad. Esos mecanismos serán estudia- dos en el siguiente apartado.


Em absolutamente todos los países existe un único propósito como estado hacia los

ciudadanos y en el cual estos se proponen en cumplimiento de sus fines bajo

motivaciones legítimas, a observar, cuidar, proteger y defender observando mediante

los procesos judiciales que existen en nuestro medio, no se puede calificar ello como

una forma de injerencia en asuntos propios y precipitarse a un discutible gesto de

soberanía para demandar o denunciar intromisión de algún organismo internacional

que solo haya cumplido una labor de observación en algún proceso judicial si no

también de cuidar y proteger haciendo valer sus derechos de los ciudadanos.

En nuestro tiempo el problema grave respecto de los derechos humanos no es el de

fundamentarlos sino el de protegerlos.

Existe una distorsión del estado de derecho y de sus principios que lo sustentan tienen

mucho que ver los órganos judiciales, especialmente en el ámbito penal donde en los

últimos seis años se vienen llevando procesos en condiciones adversas al

encausado, generalmente promovidos por el régimen gobernante contra ciudadanos

contrarios a la política oficial. Hay un olvido sospechoso en determinados casos de

tomar en cuenta principios como la presunción de inocencia que garantizan el debido

proceso.

Se opta más bien, contra todo criterio legal y justo, por aplicar medidas que limitan

seria e injustificadamente la libertad de la persona anticipando en los hechos la

condena del encausado bajo la figura de la siempre cuestionable detención

preventiva. O, en último caso, se lo somete al encausado a una persecución judicial

que no es común dentro de la administración de justicia pero que sirve a objetivos

políticos. En ambos casos, los mecanismos judiciales resultan así convertidos

instrumentos de represión.
Estas prácticas que ya de por sí son un retroceso del derecho penal antes que un

cambio positivo para humanizar la justicia como pretende un personero del gobierno,

conducen a esta importante rama jurídica a convertirla en un derecho penal autoritario

que estuvo vigente en épocas pasadas, propio de regímenes totalitarios que, para

bien de la humanidad, fueron derrotados en la Segunda Guerra Mundial: fascismo y

nazismo (1939 – 1945), derecho penal que daba prioridad a los llamados “intereses

del Estado” que al final no eran ni son otra cosa que los intereses y propósitos

hegemónicos del partido gobernante que hace y se propone hacer de los órganos

judiciales instrumentos a su servicio con fines políticos.

Cada una de aquellas situaciones que deben ser resueltas en procesos judiciales

permiten, en el ámbito de la crítica, hacer una valoración de los diferentes y complejos

aspectos que corresponden al desarrollo de tales procesos donde se encuentran en

juego intereses de las personas, sean de orden moral, material y aún político. Desde

luego que los pleitos, para usar un término más común, son numerosos y de índole

distinta, aunque con características comunes en lo que a plazos se refiere o a la

idoneidad de los jueces y el seguimiento y cumplimiento estricto a favor del ciudadano

siempre por encima de los beneficios personales.

Como punto final podemos decir que los principios nos ayudan a desenvolvernos en

el día a día. Así, gracias a ellos, podemos actuar siguiendo ciertos patrones a la hora

de encontrarnos ante un dilema. Asimismo, gracias a estos principios podemos dar

pasos importantes en nuestra vida, por ejemplo en el terreno laboral, pues principios

como la ética en el trabajo pueden abrirnos muchísimas puertas.

A nivel comunal, los principios son normas de comportamiento que ayudan y

fomentan la convivencia entre personas. Por este motivo, es importantísimo que


estos principios sean lo más parecidos posibles en una sociedad. Varios individuos

con diferentes principios pueden llegar a chocar entre ellos y terminar discutiendo,

pues es evidente que ambos tienen formas diferentes de ver la vida y sus prioridades.

Si bien es cierto que los principios pueden afectar la vida en general del ser humano

(principios como amar al prójimo o respetar a los demás), también existen principios

en otros ámbitos de nuestra vida como por ejemplo nuestro trabajo; y es que muchas

empresas establecen una serie de principios ante los cuales los trabajadores deben

responder.

Cabe destacar que principios y ética están indiscutiblemente relacionados. La ética

se encarga de estudiar aspectos como la moral, y lo cierto es que los principios forman

parte de la moral del individuo.

Un individuo sin principios será un individuo vacío, sin normas ni reglas morales. Su

comportamiento no estará regido por ningún tipo de objetivo ético, pudiendo así

comportarse de forma ruin.

Fomentar los principios de nuestra sociedad es una tarea realmente importante.

Debemos inculcar dichos principios en los más pequeños desde edades ya

tempranas. Es la única forma de formar individuos que estén comprometidos con

nuestra sociedad. Individuos que posteriormente aceptarán y cumplirán esta especie

de normas morales que facilitan la convivencia entre personas.

Así, algunos principios básicos y universales que siempre debemos respetar e

inculcar a nuestros pequeños son el respeto a los demás, sin distinción de sexo,

cultura o religión; la tolerancia, ya sea con personas de otras etnias o con opiniones

diversas a las nuestras; o sinceridad y honestidad, para conseguir que las relaciones

con terceros sean mucho más sanas.


CONCLUSIONES

Se deben de proteger los derechos porque manifiestan una dimensión jurídica propia

de la persona humana, dimensión a la que se sujeta el Estado como garante de esa

dignidad, mediante la garantía de los derechos fundamentales.

El Tribunal Constitucional como máximo intérprete de la Constitución y órgano

supremo de control de la constitucionalidad, es titular de una autonomía procesal para

desarrollar y complementar la regulación procesal constitucional a través de la

jurisprudencia en el marco de los principios generales del derecho constitucional

material y de los fines de los procesos constitucionales.

Se puede señalar que el Perú cuenta con un doble sistema de protección de los

derechos fundamentales: un primer nivel, a cargo de la justicia constitucional

responsable de la tutela de los derechos fundamentales conforme a la Constitución

básicamente, y; un segundo nivel, en el sistema americano para la protección

internacional de los derechos humanos, conforme la Convención Americana de

Derechos Humanos. A lo cual se podría añadir al Tribunal Penal Internacional creado

recientemente por las Naciones Unidas; aunque con ciertas dificultades provenientes

de las objeciones de los Estados Unidos hacia un tribunal y fiscal independientes de

su poder político internacional es decir La “obligación de respetar” significa que los

Estados están obligados a abstenerse de interferir en el disfrute de los derechos por

parte tanto de los individuos como de los grupos. Entraña la prohibición de ciertos

actos de los Gobiernos que puedan menoscabar el disfrute de los derechos. Por

ejemplo, en cuanto al derecho a la educación, significa que los Gobiernos deben


respetar la libertad de los padres de establecer escuelas privadas y de velar por la

educación religiosa y moral de sus hijos de acuerdo con sus propias convicciones.

La protección de los derechos fundamentales, se articula mediante el Sistema

Interamericano de Derechos Humanos a nivel regional y los sistemas judiciales

nacionales latinoamericanos, que opera subsidiariamente frente a Estos; sin

embargo, se advierte que, en tanto los sistemas judiciales de protección de los

derechos humanos, llámense tribunales constitucionales o cortes supremas, no

funcionen independientemente del poder político, se continuará desvirtuando el

fundamento de la existencia del Estado de Derecho. Situación ésta que caracteriza a

los procesos de reforma judicial que se vienen aplicando en América Latina.

Los procesos constitucionales se desarrollan con arreglo a los principios de dirección

judicial del proceso, gratuidad en la actuación del demandante, economía,

inmediación y socialización procesales.

El juez y el Tribunal Constitucional tienen el deber de impulsar de oficio los procesos,

salvo en los casos expresamente señalados en el presente Código. Así mismo el juez

y el Tribunal Constitucional deben adecuar la exigencia de las formalidades previstas

en este Código al logro de los fines de los procesos constitucionales. Cuando en un

proceso constitucional se presenta una duda razonable respecto si el proceso debe

declararse concluido, el juez y el Tribunal Constitucional declararan su continuación.

La gratuidad prevista en este artículo no obsta el cumplimiento de la resolución judicial

firme que disponga la condena en costas y costos conforme a lo previsto por el

presente código.

Se hace evidente el incremento de las denuncias y quejas ante el sistema

interamericano de protección de derechos humanos, en particular contra países como

el Perú. Tendencia que está directamente vinculada a las forzadas prácticas de la


reelección presidencial, dado que son fuente de perversión del sistema constitucional

y democrático; desafío que corresponde resolver a la sociedad civil, con el apoyo de

la comunidad regional e internacional, mediante la promoción del fortalecimiento de

la democracia, a través de la condicionalidad de sus relaciones económicas en

función del avance en materia de derechos humanos.


BIBLIOGRAFIA

 ANGUITA SUSI ALBERTO, en apuntes de la Unidad Didáctica; “La protección

de los derechos fundamentales”

 BACHOF OTTO, «El juez constitucional entre derecho y política», Universitas,

Vol. IV, N° 2,

 BREWER-CARÍAS ALAN, La jurisdicción constitucional en América Latina, en

Domingo García Belaunde y Francisco Fernández Segado (coordinadores), La

jurisdicción constitucional en Iberoamérica, Dykinson, Madrid, 1997

 HABERLE Peter. La garantía del contenido esencial de los derechos


fundamentales en la Ley Fundamental de Bonn. Madrid. Dykinson. 2003.

LINKOGRAFÍA

 DERECHOS HUMANOS EN EL PERU

https://www.mimp.gob.pe/webs/mimp/sispod/pdf/262.pdf

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