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Cecilia Sanchez – Una disciplina de la distancia

p. 50
p. 53-54: la noción de filosofía como unificadora (a lo Carlos blanco) entre las ciencias
p. 55: “para dicho profesor (Marin), la lección que el estudio histórico aporta es la de
hacernos saber de la ‘debilidad’ de la razón. El fundamento de aquella noción es la del
‘progreso’ lineal, lo cual supone que la mejor filosofía es la última. De este modo,
conociendo los ‘errores’ el filósofo no será tentado a repetir especulaciones falaces.”
P. 65: a pesar de las influencias de Europa, lo que se pregunta Cecilia sanchez es cómo
ocurre esa influencia en nuestro territorio, ya que dice que en ese traspaso como que se
trastorna algo:
“nuestra pregunta básica es así de carácter topográfico, pues apunta a la forma de existencia
adoptada por la filosofía en nuestro territorio”
Quedé hasta la 142
p. 144: para Grassi el hombre sudamericano no tiene ‘mundo’:
“Para el profesor ítalo-alemán el ‘hombre sudamericano no tiene ‘mundo’’ en el sentido en
que tiene un mundo el europeo; porque el mundo del hombre europeo está fundado en la
primacía de las categorías de la historicidad, y la primera experiencia del europeo en
américa del sur -según Grassi- es la de ver surgir en él la duda en la primacía de dichas
categorías.”
p. 146: y ahora la respuesta de Cecilia Sánchez a Grassi (que Grassi reduce todo al
binarismo cultura/ naturaleza, donde lo primero es de los europeos, y lo segundo de los
sudamericanos):
“Es evidente que el patrón al cual se atuvo Grassi en nuestro Continente se encuentra
traspasado por la conocida dicotomía ‘naturaleza/ cultura’. Tal esquema es utilizado con
una restringida mentalidad binaria para identificar aquellas regiones en las cuales habita
una u otra de dichas categorías. Del relato de Grassi se desprende, casi como un hecho
inamovible, que la cultura es patrimonio de Europa y la ‘naturaleza’ de América. Poseer un
‘mundo’ es pues -según Grassi- contar con ‘espacios y tiempos humanos’ (técnica), con ‘la
palabra’ (literatura, filosofía), con el ‘ritmo musical’, etc. ¿Acaso carecemos de tales signos
de humanidad? Es evidente que no, pues ni aún la más salvaje de las tribus se encuentra
privada de ellos.”

p. 148: la filosofía ligada a su historia y a europa:


“(…) Ella ha derivado, según sostenemos en este trabajo, de una decisión básica: tal es la
de centrar todo el trabajo docente y de investigación en la historia de filosofía cuyo eje está
constituido, como se sabe, por las edades históricas de la tradición del pensamiento
europeo. Dicha renuncia, y esto es lo más paradójico, confirma aquel estatus del profesor
como ‘repetidor’, criticado por el mismo Barceló en un principio. De este modo, se ha
levantado una norma que, simultáneamente, ratifica su cumplimiento en los hechos.”
p. 175: sobre la practica del filósofo:
“Pero la pregunta por el ‘destino’ del oficio de intelectual se torna aún más trágica cuando
se dirige a la práctica del filósofo. Tal actividad acusa un problema permanente de
‘identidad’ relativo a la legitimidad de su quehacer.”
p. 182: la filosofía en Chile en su relación con la militarización:
“Sin embargo, una vez acaecida la intervención universitaria y desarticulados con mayor o
menos rapidez aquellos mecanismos institucionales a través de los cuales durante años se le
había asegurado al trabajo académico un alto grado de autonomía, todo tipo de saber pasó a
ser controlado por el nuevo poder político. Es así como las operaciones que, de uno y otro
modo, determinan las políticas del trabajo intelectual, pasaron ahora a expresarse a través
de una ‘autoridad política’ (en este caso, militar). Aquella autoridad empieza a gobernar y
administrar a la filosofía desde ‘fuera’: esto es, según calce o no con las exigencias de la
censura. De este modo, la legalidad interna del espacio filosófico universitario queda
interrumpida, cortada de toda decisión y enfrentada a un poder que le indica lo que puede
ser tolerado o aquello simplemente impensable. Semejante pérdida de autonomía no ha
hecho más que poner de relieve cuán comprometidas se encuentra una política institucional
de saber, como es la universitaria, con una forma de poder político bajo cuyo marco sea
posible ejercer con libertad la actividad reflexiva.”
p. 188: sobre el profesor-lector:
“El profesor lector, es, por consiguiente, un producto del juego de reglas, demarcaciones,
valores y concepciones que han llevado a la filosofía a la condición de un oficio privado.
Esto es así en la medida en que su saber, si bien es altamente respetable, posee un validez
‘limitada’ sólo al conjunto de los alumnos de la disciplina y , a lo sumo, a ciertos
profesores; puesto que, casi por regla general, no existe el hábito de la crítica relativa al
trabajo filosófico local. En efecto los profesores ‘no se leen entre sí’, pues la filosofía sólo
existe en los textos de los grandes pensadores, lo cual a su vez redunda en una ‘falta de
producción escrita’. Se carece, pues, de una memoria reflexiva acerca de la producción
filosófica nacional.”
p. 189: Sobre la negación de la filosofía a ocupar un lugar en el espacio público (por la
rígida distinción entre concepto y doxa):
“Por otra parte, en virtud de aquella autárquica formación que se rige por el tópico según el
cual la filosofía es ‘superior’ a cualquier otro saber, tales profesores por lo general se han
dispensado de prestar atención a las interpelaciones provenientes de otras ciencias y
discursos. Se han apartado asimismo de cualquier debate promovido por intelectuales de
diversas disciplinas sobre materias sociales, políticas y culturales. De este modo, sobre la
base de una rígida distinción entre el lenguaje del ‘concepto’ y el de la ‘doxa’, la filosofía
se ha ‘negado’ sistemáticamente a ocupar un lugar en el espacio público. Con ello ha
quedado constreñida a la estrecha topografía de los departamentos de filosofía.”
p. 189-190: sobre la noción de genio como obstaculizante y tambn colaboradora en al
noción de historia de la filosofía:
“De suerte que la falta de una adecuada vigilancia sobre nociones tales como la del saber
‘acumulativo y lineal’ -proclamado por la ilustración-, o su contraparte, la concepción
romántica del genio como ‘principi de unidad’ del conocimiento, comporta el riesgo de
reproducirlas mecánica e impensadamente.”

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