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Pensamientos desordenados.

Dibujos

Desdibujar lo dibujado, insoñar lo soñado, olvidar lo que es perpetuo recuerdo. Cómo hago si te he
dado lo que era mío, te lo confié y lo perdiste ¿o lo guardaste para ti? Ya no sé. Cómo hago para
tener esa llama en mí cuando toda la consumiste, con tus besos y caricias en noches en que
éramos un nosotros. Ahora somos sustantivos separados sin un “y” que nos junte sino puntos
suspensivos que dejan solo dudas. Ahora entiendo como un anacronismo nace, nace tras el deseo
incumplido, la idea que no llega al mundo real ¿real? Nada podría ser real, solo lo que cada uno
concibe como mundo. Quizá sea real… no, sí es real, muy real para mí, ese sentimiento que tú me
inspiras. No sé si mis sueños que soñé los tenga que insoñar, pero los guardare como
anacronismos, por si un día quieres darle tiempo y espacio.

De los ojos y otras oscuridades

Ver a los ojos que dicen todo y nada, que inquieren en lo más profundo y a la final solo se ha de
tratar de una mirada inocente pero atenta, esa que hizo brotar de la nada una carcajada, que no
se si mi inconsciente género como defensa, todo en pro de defender es secreto del constante
sufrir que me trae la ausencia de quien amo más de que a mi propia vida. Ahogarme en ese negro
preguntándome si en mi negro se ve claro lo que en las tinieblas quiero conservar, si ese negro
que me mira me ve realmente, ve mi luz y no solo la sombra que queda de lo que el sol en su
inmensidad proyecta en mi solida existencia. No sé si ese negro de las pupilas vean lo que quiero
ocultar, ¿realmente lo quiero ocultar? Llevo años queriendo que eso será evidente, ahora quiero
que sea oculto. Creo que son cosas absurdas que se me ocurren cada vez que me ahogo en la
negritud de una pupila. Ojo que quiero que vean y sean ciegos a la vez. Perdóname por pensar
todo esto mamá, al ser a ti quien miro y a quien no debería tener secretos, pero como no ocultar
cosas tan demoniacas como el deseo de apagar la oscuridad de mi mirar. Por esos negros ojos
tuyos es que los míos aun brillan. Por favor permanece mientras mi razón de vida eres tú y tu paz
negra en ojos alegres que veo cuando me ves.

Extraño otras negritudes, las tuyas Sebastián.

AbraZ/Sador de libros

Y comencé a abrazar los libros. Costumbre que tome desde que sentí que los abrazos que
solicitaba se volvían insípidos y vacíos. Encontré en los libros que leo esa comprensión que en
humanos apenas llegaba a tener. Alguien me dijo que leer libros de tiempos pasados es un dialogo
de mentes ulteriores, entonces porque no abrazarlos cuando en sus letras se reforman para ser
más que un saco de huesos y carne. Abrazo libros porque se abrazan las ideas, y nada más cálido
que una idea concebida por la pasión propia, siento en páginas lívidas y frías un fuego abrasador
¿o abrazador? La razón se ríe de mí, pero la literatura llora al ver mi añoranza de compañía de
memorias antiquísimas. Al final decido fundirme en las páginas que estrecho en mi pecho y me
ahogo en el fuego de una chimenea. Él y yo juntos abrazados abrasandonos, seremos una sola
ceniza y mis dolores y pensamientos se unirán a palabras que no se verán más.
Daga

Las dagas que se ven en diversas guerras, esos enfrentamientos que ocurren entre adversarios,
esas armas han de buscar ser letales, buscan herir. Hoy te digo “te amo” como quien tiene una
daga en el corazón, que sin determinar quién es el dueño de ese puñal, ese centro de amor sigue
aún indemne ¿sin daño? Hijueputa, no se ha sanado nada de la herida que dejaste… Te amo…

¿cuán grande es el amor que se profesa, que, de las injurias procedentes de esa estaca, no den
muerte al corazón, sino que lo gloríen, dando al dolor el sentido divino?

Estoy acá

Heme acá de nuevo, frente a una hoja en blanco, tratando de sacar esas angustias que me tienen
ya cansado y al borde del colapso. Es curioso como todo se ha ido a la mierda, yo incluido. Estos
días, o bueno, en el día logro distraerme lo suficiente para no pensar esas cosas; estas noches he
sentido ese frío y ese fuego que solo la ausencia de Dios puede ocasionar, lo que mucho llaman el
infierno. Sí, yo lo he sentido, sentir como me convierto en un condenado, un atormentado por
culpa mía, por mis pecado contra el amor. Mi mayor pecado, el que me trajo a ese averno, mi
miedo a no tener más amor, a ser remplazado. Estúpida inseguridad, siempre dañando las cosas
bellas, las personas que llegan a mi vida a darle luz. Te amo Sebastián, aunque en este infierno no
estés viéndome, no me estés oyendo. Mierda, es que ese es el infierno, gritar en silencio tu
ausencia. Como duele tu ausencia, tu silencio, el dolor que te provoco. Soy un caos. Y te pido
perdón. No sé si a estas alturas, o bajezas, tenga redención. Espero que sí. Mientras seguiré
amándote. Creo que es la esperanza que queda cuando todo el caos salió, como aquella vez que lo
hizo esa jovencita con su caja. Espero esta esperanza sirva para demostrarte que todo lo que he
hecho ha sido porque te amo. Los celos me cegaron, la ira mi domino… y no sabes cómo me
arrepiento. Pudiera abrazarte, no me importa para hacerlo tengo que seguir un rato más en este
hades.

Frío y fuego, mierda, esto es el infierno: La falta de tu amor.

Ontogenia lingüística

Tengo un grave problema con difícil solución. El meollo reside en no me logro oír, en mi persona,
el habla ausente está. Muchos correrán a refutarme, esos seres tan complejos como la lengua
misma, gritaran con gran autoridad que en mi ontogenia esta mi habla, que en mi gran acervo de
herramientas culturales que he aprehendido mi habla atípica puede ser, pero no estará ausente.
Hoy les digo que el problema que me hace dar esta aseveración es que no son más que cumulo de
contingencias, todos dentro del lenguaje lo somos. Somos meros acervo no de herramientas
culturales, sino de compases tonales repetidos infinidad de veces en nuestro cerebro y en nuestra
sociedad, como “individuos” como otra “unidad” y acá veo como el terror que sintió Bécquer de
los versos no nacidos me invade, soy eso que olvido, no lo que digo.

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