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Evolución del Ser Humano desde los Homínidos hasta el Homo Sapiens.

La historia del pensamiento humano es en gran parte la historia de las explicaciones


que se han ido dando acerca del origen del universo, la naturaleza humana y el propio
papel del ser en el mundo. Estas explicaciones se han fundamentado en una serie de
respuestas religiosas, filosóficas y científicas (Pérez, Gutiérrez, García, Gómez, 2005)
que tienen como base el sistema de creencias que el ser humano posee.

Denominar lo intangible es algo complicado y subjetivo, por ello, en algunas ocasiones


el concepto de creencia resulta difuso y a pesar de las numerosas investigaciones
realizadas siguen existiendo cuestiones controvertidas en torno a su definición
(Llinares, 1995; Pajares, 1992).

Por lo anterior, existe en la literatura diferentes autores que se han esforzado por
definir concretamente qué son las creencias. Entre estos autores se encuentra
Fishbein (1967) y Fishbein y Ajzen (1975, p.131) quienes sostienen que:

… las creencias se refieren a los juicios de una persona de probabilidad subjetiva


sobre algún aspecto discriminable de su mundo; que se ocupan de la comprensión de
la persona misma y de su entorno. En concreto, se ha definido la creencia como la
probabilidad subjetiva de la relación entre el objeto de la creencia y algún otro objeto,
valor, concepto o atributo. Esta definición implica que la formación de la creencia
involucra el establecimiento de un vínculo entre dos aspectos cualesquiera del mundo
del individuo.

La creencia además de ser un vínculo entre un objeto y un atributo con un cierto nivel
de probabilidad, puede concebirse como una condición inicial subjetiva que explica un
conjunto de comportamientos en apariencia inconexos y al entender la causa como
condición inicial, la creencia es una causa del comportamiento. Así, creer implica
tener una serie de expectativas formuladas a modo de hipótesis, que regulan las
acciones y las relaciones del sujeto con su entorno (Olson y Zanna, 1987; Villoro,
1996). En The Oxford Companion to Philosophy (1995) se plantea que debido a que
las creencias implican un despliegue de conceptos, a menos que el individuo entienda
lo que es un determinado objeto, este podrá creer o no en él. Al respecto, Llinares
(1995, p. 9) señala que “… un aspecto importante es que las creencias no pueden ser
directamente observadas o medidas, por lo tanto, se deben inferir de lo que las
personas dicen, pretenden y hacen”.

Una creencia inculcada en los primeros años de vida, cuando el cerebro es más
impresionable, parece adquirir casi la naturaleza de un instinto; por ello, al integrarse
en esquemas o conceptos que se mantienen como verdaderos, la mayor parte de las
veces se mantienen inmutables frente a las contradicciones causadas por la razón, el
tiempo, la enseñanza o la experiencia, pese a ello, estas pueden ser cuestionadas en
el futuro. Abarcan todas las cuestiones acerca de las cuales no se dispone de un
conocimiento seguro, pero en las que se confía lo suficiente para actuar de acuerdo a
ellas. Es así como se les puede ver como el mayor determinante del comportamiento
humano, aunque en un tiempo y contexto específico (Brown & Cooney, 1982; Darwin,
1987; Dewy, 1984, Sigel, 1985, como se citó en, Latorre y Blanco, 2007; Martínez y
Silva, 2010; Nespor, 1987; Pajares, 1992; Solar y Díaz, 2009).

A lo largo de la historia, la continua búsqueda de una explicación que ayude a


comprender el comportamiento del ser humano ha sido una labor permanente. Por
ello, las respuestas a la pregunta del por qué se comporta como lo hace parten de la
noción que se tiene sobre cuál es su origen, naturaleza o carácter, así como, de las
características que le son propias o no (Díaz, 2005; Pérez et al, 2005).

Se calcula que hace 180 millones de años, cuando aún dominaban los reptiles el planeta,
aparecieron los primeros mamíferos sobre la Tierra. La multitud de especies de
mamíferos que comenzaron a desarrollarse a partir de entonces eran muy diferentes a las
que actualmente conocemos y muchas de ellas han desaparecido por completo.

Por pertenecer a la misma familia, las diferentes especies de primates, en especial monos
y simios, guardan similitud con el ser humano. Según algunos estudiosos, el último
ancestro común entre el ser humano y el chimpancé, nuestro primo más cercano, existió
hace 6 ó 7 millones de años. Después de esta separación apareció el primer  ,
el llamado Australopithecus, que posteriormente dio lugar al Homo habilis, el primer
especímen del género Homo, al que pertenecemos los seres humanos modernos.

Los límites que señalen el comienzo y el final de los distintos homínidos no son
exactos, se calcula que aparecieron hace 4.5 millones de años y se extinguieron
hace unos 2 millones de años. Durante mucho tiempo debieron coexistir diferentes
tipos, y el final de una especie se entremezcló con las generaciones de otra en el
transcurso de miles de años.

Los científicos distinguen entre varias especies de homínidos. Todos ellos


comparten algunas características básicas:

Pueden mantenerse erguidos y caminar en dos pies


Tienen un cerebro relativamente grande en relación con el de los monos
Su mano tiene un dedo pulgar desarrollado que les permite manipular objetos.

Australopithecus

El Australopithecus es el homínido más antiguo que se conoce. Australopithecus quiere decir


"simio sudafricano" y se estima su antigüedad hasta en 4 millones de años.
En 1925, el paleontólogo Raymond Dart descubrió el cráneo de un Australopithecus en Taung, al
sur de África. El descubrimiento de este fósil, ancestro del ser humano e íntimamente relacionado
con el mono, provocó polémica porque se encontró en África y hasta entonces se había fundado el
origen del ser humano en Europa. En lugares cercanos a este descubrimiento se encontraron otras
especies de Australopithecus (afarensis, africanus, robustus, boisei), que confirmaron el origen del
hombre en África.

Sus restos demostraron que estos homínidos medían más de un metro de estatura
y que sus caderas, piernas y pies se aparecían más a los de los seres humanos
que a los de los simios. El cerebro se asemejaba al de estos animales y tenía un
tamaño similar al del gorila. La mandíbula era grande y el mentón hundido.
Caminaban erguidos y podían correr, a diferencia de los simios. Sus largos brazos
acababan en manos propiamente dichas, con las yemas de los dedos planas,
como las de los seres humanos. Se cree que estos seres eran carnívoros, pues a
su alrededor se han encontrado huesos y cráneos que habían sido machacados
para extraer el tuétano y los sesos.

Quizá la especie más famosa de Australopithecus es la Australopithecus afarensis,


gracias al descubrimiento, en 1974 en Hadar, Etiopía, de los restos de  ,

una joven mujer de la que se encontraron 52 huesos de un esqueleto


semicompleto, con una edad aproximada de 3.2 millones de años. Esta especie
trepaba árboles pero también podía caminar en dos pies. Durante mucho tiempo se
pensó en Lucy como la abuela de la humanidad. Sin embargo, esta especie pudo
haberse extinguido sin que a partir de ella se continuaran las ramas de la evolución
humana.

 Un descubrimiento reciente: El Kenyanthropus platyops 

El género Homo

La mayoría de los científicos aceptan que hay dos grandes grupos, o géneros, de homínidos en los
últimos 4 millones de años. Uno de ellos es el género Homo, que apareció hace 2.5 millones de
años y que incluye por lo menos tres especies: Homo habilis, Homo erectus, Homo sapiens. Uno
de los grandes misterios de los estudiosos de la prehistoria es cuándo, cómo y dónde el género
Homo remplazó a los Australopithecus.
Arbol genealógico que
representa la posible
evolución del hombre. Hace
algún tiempo, el diagrama
hubiera sido una línea recta,
pero en la actualidad los
especialistas piensan que la
situación fue más compleja.

Homo habilis y Homo erectus

En zonas del este de África se encontraron restos de otros homínidos que existieron al mismo
tiempo que los Australopithecus, lo que viene a demostrar que esta especie de homínidos no era la
única sobre la Tierra hace dos o tres millones de años. Como los homínidos que se encontraron
parecen mucho más "hombres", se les ha puesto el nombre de Homo. La primera especie del
género Homo apareció hace 2.5 millones de años y se dispersó gradualmente por Africa, Europa y
Asia.

En sus primeras manifestaciones se le conoce como Homo habilis, y tenía


una capacidad craneana de 680 cm3 y su altura alcanzaba el metro y 55
cms. Era robusto, ágil, caminaba erguido y tenía desarrollada la capacidad
prensil de sus manos. Sabía usar el fuego, pero no
producirlo, y se protegía en cuevas. Vivía de recolectar
semillas, raíces, frutos y ocasionalmente comía carne.

La especie que se desarrolló posteriormente a esta se


denomina Homo erectus, hace 1.5 millones de años. La diferencia fundamental
del Homo erectus y los homínidos que lo antecedieron radica en el tamaño, sobre
todo del cerebro. Su cuerpo es la culminación de la evolución biológica de los
homínidos: era más alto, más delgado, capaz de moverse rápidamente en dos
pies, tenía el pulgar más separado de la mano y su capacidad craneana llegó a
ser de 1250 cm3. También fabricó herramientas, como el hacha de mano de
piedra, y aprendió a conservar el fuego, aunque no podía generarlo. Los
científicos creen que esta especie se propagó hacia el Norte, por Europa (hasta
Francia) y Asia, durante 4 000 años. Esta especie duró diez veces más tiempo de
la que lleva sobre la tierra el ser humano moderno. Entre los Homo erectus que se han encontrado
restos están el "Hombre de Java" (700 mil años) y el "Hombre de Pekín" (400 mil años).

Homo sapiens neanderthalis

Una o más subespecies del Homo erectus evolucionaron hasta llegar al Homo sapiens, un nuevo
tipo físico. Los restos más antiguos del Homo sapiens  tienen una edad entre 250 mil y 50 mil años.
En sentido estricto se le denomina Homo sapiens neanderthalis: el hombre de Neanderthal. Recibe
este nombre por el lugar dónde se encontró el primer cráneo que demostraba la existencia de su
especie, en el valle de Neander, en Alemania.

Los hombres de Neanderthal tenían el cerebro de mayor tamaño y el cráneo


distinto que del Homo erectus. Su mentón estaba hundido y su constitución era
muy gruesa. Esta especie se encontró desde Europa occidental y Marruecos
hasta China, pasando por Irak e Irán.

Los neanderthales estaban más capacitados y eran mentalmente más


avanzados que ningún otro ser que hubiera habitado en la Tierra
anteriormente. Esta especie humana vivió la última glaciación y se
adaptó a ella construyendo hogares excavados en el suelo o en cavernas
y manteniendo hogueras encendidas dentro de ellos. Los neanderthales
que vivían en las zonas del norte de Europa fueron cazadores y se
especializaron en atrapar a los grandes mamíferos árticos: el mamut y el
rinoceronte lanudo, cuyos restos llevaban arrastrando hasta la entrada de
sus cuevas, en donde los cortaban en pedazos.

Los hombres de Neanderthal se cubrían con pieles y disponían de


mejores útiles de piedra que sus antepasados. Además realizaban una actividad
novedosa: enterraban a sus muertos con gran esmero (p.e. en Asia se encontró un niño
de Neanderthal enterrado entre un círculo de cuernos de animales). Los muertos no sólo
eran enterrados cuidadosamente, sino que también el muerto era provisto de utensilios y
comida. Es posible que los enterramientos y los vestigios de rituales en los que aparecen
animales señalen los inicios de la religión. Tal vez creían ya en una especie de
continuación de la vida después de la muerte.

El hombre de Neaderthal desapareció bruscamente, su lugar fue ocupado por los hombres
modernos, hace unos 35 mil años.

Homo sapiens sapiens

Después del Neanderthal vino el Homo sapiens sapiens, que es la especie a la cual pertenecemos
los seres humanos modernos. Se han encontrado restos de los primeros miembros de esta rama
en el Cercano Oriente y los Balcanes, fechados entre el 50 mil y el 40
mil antes de Nuestra Era. Quizá avanzaron hacia el norte y occidente
a medida que retrocedía el hielo. Estos seres humanos también
cruzaron el estrecho de Bering, penetrando así en el continente
americano y llegaron a Australia hace unos 25 mil años.

Los Homo sapiens sapiens se extendieron por la Tierra más que


ninguno de los primates anteriores. Un grupo prehistórico de esta
especie fueron los hombres de Cro-Magnon (32 mil años), llamados
así por la cueva cercana a la aldea de Les Eyzies, Francia, donde
fueron hallados sus restos óseos. Los cro-magnones vivieron la
última glaciación y aunque su cerebro no era mayor que el del
hombre de Neanderthal, le dieron nuevos usos pues, entre otras
cosas, hicieron y mejoraron muchos instrumentos y armas. Los cro-
magnones son también los artistas más antiguos. El hombre actual
no difiere básicamente ni en capacidad cerebral, ni en postura, ni en
otros rasgos físicos, del modelo que la evolución había logrado en el
hombre de Cro-Magnon.
Para los biólogos, todos los seres humanos formamos parte de la misma especie (Homo sapiens
sapiens) aunque hay distintas razas. Las líneas generales de distribución racial se iniciaron en la
Prehistoria. Desde el punto de vista físico se pueden reconocer por lo menos cuatro categorías
raciales fundamentales: negroide, caucasoide, mongoloide, australoide.

Lo que dio al hombre moderno su control sobre la Tierra no fue su físico, sino su capacidad de
aprovechar y transmitir a sus descendientes la información cultural por medio de su inteligencia.

la historia estudia el pasado del hombre desde que éste apareció sobre la Tierra. Sin
embargo, los historiadores acordaron organizar este pasado en dos grandes períodos: la
prehistoria y la historia, señalando como división entre ambos la aparición de la escritura,
hecho sucedido aproximadamente en el 4.000 a.C.
En la actualidad, esta separación es replanteada por la comunidad científica pues los
investigadores reconocen que no todos los pueblos del mundo conocieron la escritura en el
mismo momento, por lo tanto, no entraron en los tiempos históricos.

Métodos para fechar el pasado


El investigador que se dedica a estudiar la prehistoria, al no poder contar con documentos
escritos, trata de reconstruir el pasado basándose en los restos culturales encontrados. Para
poder establecer la antigüedad de estos restos, se utilizan métodos especiales. Sin embargo,
las fechas en el período prehistórico son siempre aproximaciones.
Uno de los primeros métodos desarrollados fue la dendrocronología, que consiste en
observar los anillos de crecimiento presentes al cortar un tronco de árbol. Analizando
entonces los troncos, o los elementos hechos con madera de los mismos, es posible deducir
su antigüedad pues a cada año corresponde un determinado tipo de anillo presente en todos
los árboles.
Otra forma de datación es el análisis de los sedimentos de materiales de origen glacial, que
han sido arrastrados por los ríos y torrentes en los deshielos primaverales, hacia el fondo de
los lagos. Estudiándolos, se pueden conocer fechas relativas a la vida de los hombres que
habitaron sobre esos materiales.
Sin embargo, los métodos más exactos son los desarrollados en tos últimos años, gracias a
los adelantos de la física nuclear, como el del carbono-14, que mide lo que queda de
carbono-14 en los restos encontrados, ya que todos los organismos vivos incorporan este
elemento durante su vida y lo van perdiendo paulatinamente luego de muertos. Como el
ritmo de esta pérdida puede ser medido, conociendo lo que queda en los diferentes
materiales se sabrá su antigüedad. Otros métodos basados en la física nuclear son el del
potasio argón, que se utiliza para poner fecha a las rocas volcánicas muy antiguas, y
latermoluminiscencia que posibilita establecer la fecha de cocción de las cerámicas.
La edad de piedra
Es la etapa más antigua de la humanidad, en ella aparece la piedra como el principal
material trabajado por el hombre. Esta edad comprende dos períodos bien definidos,
elpaleolítico (de paleo: “antiguo” y litos: “piedra) oedad de piedra antigua y
el neolítico (de neo: “nuevo” y litos: “piedra’) o edad de piedra nueva. Entre uno y otro
período, se encuentra un período de transición: el mesolítico (de meso: “entre” y litos:
“piedra”).
El Paleolítico: Es el período que se extiende desde hace aproximadamente 2.000.000 de
años, hasta 10.000 años atrás. Durante el mismo, los hombres comienzan a fabricar las
primeras herramientas, en un principio muy simples, las que fueron perfeccionando cada
vez más.
La preocupación principal era conseguir alimentos y defenderse de los grandes animales
que recorrían la Tierra, o de cualquier otro peligro que la naturaleza presentara. La forma
de vida era nómade y los hombres se alimentaban de la carne que obtenían de animales
muertos, y de los frutos, hojas o raíces que pudiesen recolectar. No producían su alimento,
sólo lo consumían. Con el tiempo aprendieron a cazar y entonces fabricaron armas y
elaboraron técnicas de caza, actividad que realizaban en cuadrillas, que requerían de una
mínima organización social. Para su mejor estudio, el período paleolítico puede separarse
en tres etapas: paleolítico interior, medio y superior.
Ver: Vida del Hombre y Utensillos en la Edad de Piedra
Paleolítico inferior: En esta etapa el hombre vagaba por la Tierra en pequeños grupos,
probablemente construyendo chozas para protegerse cuando el clima era cálido y
refugiándose en cuevas o en cavernas si el clima era frío, pues la naturaleza ha provocado
en los últimos 3.000.000 de años importantes cambios climáticos en los que se sucedieron
períodos cálidos, seguidos de períodos fríos conocido como glaciaciones , en la que grandes
masas de hielo cubrieron extensas superficies continentales.
La principal herramienta era el hacha de mano que se usaba para cazar, raspar, y cortar. En
esta época el hombre descubrió, tal vez la de manera accidental, el fuego, que le permitió
cocinar sus alimentos , alejar a las fieras, protegerse del frío e iluminarse en la oscuridad.
Paleolítico Medio: En esta etapa los grupos humanos se hacen más numerosos y
perfeccionan sus herramientas fabricando puntas de flechas, raspadores y hachas de mano.
Aparecen también los primeros vestigios de una cultura espiritual pues idearon ritos
fúnebres. Enterraban a sus muertos en tumbas especiales junto a trozos de carne y otros
elementos, lo que mostraría que los hombres, ya en esta época, habían imaginado alguna
forma de continuación de la vida.
Paleolítico superior: Aquí los hombres están mejor equipados para enfrentar los peligros y
sacar ventajas de la naturaleza. A la piedra se agregan el uso del hueso y del marfil,
materiales con Los que se fabrican instrumentos cada vez más específicos, apareciendo
entonces punzones o buriles para agujerear, raspadores, arpones para pescar (ya que se
incorpora esta actividad), lámparas de mano en las que se quemaba grasa, para iluminación,
y primitivas agujas que, enhebradas con crines, permitían coser pieles.
Se cazaban mamuts, renos, bisontes, vacunos salvajes y caballos. Para ello el hombre
incorporó el arco y la flecha y los dardos. La caza se realizaba en grupo, existiendo una
cierta división de trabajo entre los sexos. Había algunos intercambios entre las
comunidades, lo que mostraría que los grupos no estaban totalmente aislados entre sí.
Los enterramientos continúan con ritos más complejos. Se han encontrado pequeñas
esculturas que se usaban, probablemente en ritos relacionados con la fertilidad y pinturas de
animales, sobre todo mamuts, bisontes y renos, en la superficie rocosa de algunas cuevas. A
este tipo de pintura sobre roca se la denomina “rupestre” y constituye una de las primeras
manifestaciones artísticas de la humanidad.
El Mesolítico: Cuando finalizó la Era Glacial, la selva avanzó e invadió las grandes estepas.
Esto produjo la emigración y algunas veces la desaparición de los animales que vivían en
ella y que servían al hombre de alimento. Los grupos humanos, entonces, se diseminaron
por la selva y se ubicaron en las orillas de los ríos. Sobrevivieron cazando animales
salvajes, aves y peces. La madera, obtenida fácilmente en las selvas, se utilizó con
intensidad. En las zonas frías aparecen los trineos, tirados primero por hombres y luego por
perros. Los hombres continuaron siendo nómades, pero en algunas regiones, con suficiente
agua y alimentos, aparecen asentamientos más estables.
El Neolítico: Comenzó hace aproximadamente 10.000 años y sus transformaciones son tan
importantes que los historiadores las llaman “la revolución neolítica”. El hombre comienza
a producir sus alimentos a partir de la domesticación de plantas y animales: el paso decisivo
fue plantar deliberadamente semillas en un suelo adecuado y cultivar la tierra. Las primeras
plantas obtenidas fueron el trigo y la cebada, a las que se incorporaron luego el arroz y las
arvejas. Los excedentes de la cosecha se almacenaban en graneros, permitiendo que los
hombres pudiesen guardar alimentos para los períodos de escasez. También aparece la
alfarería, como una necesidad, pues había que fabricar recipientes para contener las
semillas y los granos.
De algunas plantas, como por ejemplo el lino y el algodón, se obtendrán posteriormente
fibras, que hiladas en los husos y tejidas en telares se convertirán en telas, dando inicio a la
industria textil.
Con respecto a los animales, probablemente haya sido la observación de los mismos lo que
puso de manifiesto que esas bestias podían ser domesticadas y convertirse en una
importante reserva de alimentos y pieles sin necesidad de matarlos, como es el caso del
ovino, que provee lana y leche.
Las viviendas estuvieron hechas en barro, cañas, leños o piedras, y las herramientas para
construirlas fueron más específicas. Entre ellas se destacó el “hacha de piedra pulida’, que
se realizaba en una roca de grano fino y luego se afilaba por medio de un pulido a base de
arena. El dominio de la agricultura hizo a los hombres sedentarios y aparecen, entonces, las
primeras aldeas y con ellas el crecimiento de los grupos familiares, la división del trabajo y
la organización social.

Una de las más fascinantes epopeyas del género humano es su evolución técnica. El
cerebro y la mano han dado al hombre aptitudes de inventor, que ha utilizado
constantemente para dominar el medio en su provecho. Los más remotos vestigios de la
humanidad revelan ese afán, esa lucha de las manos hábiles, creadoras de instrumentos
para construir y destruir, para modificar la materia y disponer de energía, para defender
la vida e imponer la voluntad.
El hombre prehistórico, a través de medio millón de años, utilizó la piedra (además de la
madera) para sus armas e instrumentos (Edad de Piedra).
¿Cómo evolucionó esta industria lítica desde sus comienzos?
1°) El hombre del paleolítico inferior poseyó la “industria del cascajo”. Mediante
percusión supo desprender fragmentos de pedernal, de dos caras, para empuñar como
instrumentos contundentes. Estas “hachas de mano” o “golpes de puño”, amigdaloides
(en forma de almendra), por un proceso de descantillado, alcanzaron su mayor perfección
en el períodoachelense, que se remonta a unos 150.000 años antes de Cristo.
2°) Durante el paleolítico medio el hombre perfeccionó la “industria de las lascas”,
descortezando a presión hojas de pedernal, raederas y puntas de flechas (período
musteriense).
3°) En el paleolítico superior el hombre auriñaciense  logró, mediante menudos retoques,
notables puntas de dorso arqueado y buriles. Desde unos 20.000 años antes de Cristo la
cultura magdaleniense desarrolló en Europa la industria de los “micro-litas” (pequeños
instrumentos de pedernal hábilmente astillado) e instrumentos de asta y hueso, tales como
punzones, arpones y agujas de coser.
4°) En el período neolítico (que en Europa se inició hacia el año 5000 antes de Cristo) el
hombre aprendió a pulir sus instrumentos de piedra afilándolos mediante la frotación
entre sí.
Los instrumentos más antiguos del hombre son los guijarros toscamente astillados. Los que
se ven abajo (en la parte superior) se remontan al primer período del paleolítico inferior
(600.000 a 200.000 años aproximadamente) . Son llamadas “hachas de mano” o “golpe de
puño” porque se empuñaban directamente con la mano. Mas abajo se puede reconocer un
extremo forjado para la empuñadura. Con estas armas el hombre primitivo logró tener un
instrumento defensivo y ofensivo.
Esta hacha se remonta a 200.000 años aproximadamente. Ya se reconoce en ella un trabajo
más cuidadoso. Las hachas de este tipo, por su forma característica, son llamadas
“amigdaloides” (“amígdala”, en latín, significa almendra). Se han encontrado algunas de 40
cm.
Un punzón y una raedera que se remontan a unos 100.000 años. Obsérvese el borde
cortante conseguido con un minucioso trabajo de descantillado. La longitud de la raedera es
de unos 10 centímetros, aproximadamente.
En esta época fue cuando el hombre aprendió a atar las astillas de piedra agudizada a los
bastones, obteniendo así las primeras y rudimentarias hachas y lanzas. Para hacer las
ataduras utilizaba intestinos desecados de animales.
Edad de los metales: Es la etapa en la cual el hombre descubre el uso de los metales y los
incorpora a su cultura para fabricar distintos elementos. Aparece entonces la metalurgia.
Los historiadores reconocen tres edades de los metales, según el material usado con más
intensidad: Edad de cobre, Edad de bronce y Edad de Hierro.
El cobre fue el primer metal utilizado, seguido del bronce, cuando el hombre aprendió a
fundir cobre con estaño. Con estos metales se hicieron cuchillos, espadas, puñales, vasijas,
adornos, herramientas, etc. Por último apareció el hierro, pero el uso de este metal, que
permitió la fabricación de armas, herramientas y otros elementos de gran dureza, se logró
alcanzar recién en los tiempos históricos.
La prehistoria es entonces, es período fascinante de la humanidad donde todo está por
hacerse y donde todo es posible.
Los periodos prehistóricos vienen definidos por una escala temporal geológica. Los
cambios climáticos delimitan cada periodo, conduciendo a una diversificación en la fauna y
la flora, y a sus consiguientes adaptaciones evolutivas.
Desde hace 5,3 hasta 1,8 millones de años: el Plioceno: Este periodo viene caracterizado
por un clima frío y seco y la presencia de grandes mamíferos. En esta época vivieron los
australopitecos o primeros homínidos. Entre los inventos más importantes se encuentran las
herramientas de piedra rudimentarias.
Desde hace 1,8 millones de años hasta 11.5OO años: el Pleistoceno. Se conoce como la
Gran Edad del Hielo por sus glaciaciones y el desarrollo de enormes bloques de hielo. Los
grandes mamíferos vieron su esplendor, pero acabaron extinguiéndose. El hecho más
significativo de este periodo es la evolución de los primeros humanos.
Hace 1,5 millones de años: Nace la industria de piedra achelense. Se construyen hachas de
mano
de piedra.
Hace 500.000 años: Utilización del fuego.
Hace 200.000 años: Nace el Homo sapiens.
Hace 50.000 años: Se construyen utensilios de hueso y asta. Aparecen los primeros
microlitos en las herramientas de piedra.
Hace 12.000 años: Aparición de la cerámica.
Hace 11.500 años: inicio del Holoceno.
Esta época marca el inicio del periodo interglaciar. El desplazamiento de las placas de hielo
a los polos y el incremento de lluvias favorecen el desarrollo de la civilización humana.
Año 9000 a. C: Domesticación de las ovejas.
Año 9000 a. C.: Se utilizan ladrillos secados al sol para construir casas en Jericó.
Año 8000 a. C.: Se empieza a utilizar el cobre.
Año 7000 a. C: Orígenes de la agricultura. Se cultiva trigo, cebada
y guisantes. Ya en el año 7000 a. C. existen comunidades agrícolas y ganaderas en Oriente
Medio, Grecia, la península de Anatolia, Creta y la orilla occidental del valle del Indo. La
agricultura se extiende por el sur y el centro de Europa.
Año 7000 a. C.: Se cultiva arroz y mijo en China.
Año 6000 a. C.: Se utilizan ladrillos hechos en moldes en la meseta de Anatolia.
Año 4500 a. C: Inicio del periodo predinástico en Egipto.
Año 4000 a. C.: Primeros intentos de producción de material sintético (cerámica vidriada
egipcia).
Año 4000 a. C.: Se empiezan a utilizar hornos para cocer cerámica, por lo que se puede
fabricar a gran escala.Año 4000 a. C.: Primeros sellos (pequeños discos circulares de arcilla
quemada o piedra con una imagen impresa).
  Mesopotamia, o «país entre ríos», es una extensa región recorrida por los ríos
Éufrates y Tigris. Sus límites naturales están definidos por los montes Zagros, al este;
los de Armenia, al norte, y los desiertos de Siria y Arabia, al oeste. La única salida al
mar se encuentra al sur, en la cabecera del golfo Pérsico. Los yacimientos más
antiguos del Neolítico mesopotámico se encuentran en el norte; hacia el año 6000 a.
de C. el fenómeno se extiende hacia las zonas de llanura, pero siempre en la mitad
septentrional.

    Fue en ese momento cuando tuvieron lugar las fases más desarrolladas de Hassuna,
Samarra y Halaf, esta última desde el Mediterráneo hasta los Zagros.

    En el sur, la presencia humana es más tardía. En esta zona se distinguen cuatro
fases protohistóricas a partir del último tercio del sexto milenio, Eridu, Al’Ubaid (El
Obeid), Uruk y Djemdet Nasr, entre el 5300 y el 2900 a. de C. La fase de Eridu se
encuadra en el horizonte cultural de Samarra y de Halaf, pero más importancia tiene la
fase de Al’Ubaid (4400-3750 a. de C.), cuyos elementos característicos se repiten en la
de Uruk (3750-3200 a. de C.).

    El hallazgo más sobresaliente de esta fase fue la escritura, cuyos testimonios más
antiguos se sitúan hacia el año 3300 a. de C. Finalmente, se define la fase de Djemdet
Nasr (3200-2900 a. de C.), caracterizada por una continuidad respecto a la anterior,
con extensión de la escritura y perfeccionamiento de las técnicas de producción.

Primeras civilizaciones

Oriente Próximo

Primeras urbes

    La larga prehistoria del sur de Mesopotamia concluye, a partir de la segunda mitad
de la fase de Uruk, con el nacimiento de la civilización urbana. La ciudad se forma en
Mesopotamia a partir de los asentamientos agrarios surgidos en las fases anteriores.
En este proceso el templo desempeña un papel protagonista, como se percibe en el
gran desarrollo alcanzado por la arquitectura religiosa, que llega a tener proporciones
monumentales en Uruk, Ur, Eridu y Lagash.

    Un elemento sobresaliente en este período es la aparición de la escritura, que tiene


su origen en las exigencias propias de la economía y administración del templo. Con el
aumento de la producción se incrementó el excedente agrícola, que se almacenaba, lo
que requería llevar una estricta contabilidad. Las primeras muestras de escritura
mesopotámica pertenecen al tipo denominado «logográfico», en el que cada signo
expresa un concepto. Muy pronto el sistema se transformó en logosilábico,
caracterizado por la utilización de signos conceptuales junto a signos silábicos.

    El pueblo al que en mayor grado se le deben atribuir el nacimiento de la civilización


urbana y el descubrimiento de la escritura es el sumerio. Los sumerios se
denominaban a sí mismos «cabezas negras» (saggigga) y se consideraban originarios
de Melukkha, la «tierra negra». La arqueología no responde a las cuestiones
planteadas sobre su origen y tan sólo el análisis de su lengua permite ciertas
precisiones, ya que pertenece al tipo de lenguas aglutinantes y se presenta
completamente aislada.
    La entrada de los sumerios en Mesopotamia no tuvo la forma de una invasión, pues
no se observa una ruptura cultural que indique la presencia masiva de un nuevo
pueblo. Por el contrario, se produjo en oleadas migratorias que inmediatamente se
mezclaban con la población ya establecida, hasta que el elemento sumerio se convirtió
en el dirigente.

    La fase de Al’Ubaid es la que mejor se adapta para situar la entrada de los
sumerios, que alcanzarían una supremacía étnica y cultural en un momento avanzado
de la fase de Uruk, cuando el desarrollo económico del país iba a desembocar en el
nacimiento de la civilización urbana.

    El panorama étnico que existía en el sur de Mesopotamia en la primera mitad del
tercer milenio no se limita al sustrato indígena más antiguo y al elemento dominante
sumerio, pues se documentan desde muy temprano préstamos semitas en la lengua
sumeria, lo que indica que gentes que la hablaban habitaban también en el sur. Estos
semitas procedían de las estepas semidesérticas del oeste del Éufrates y se
establecieron en los valles fluviales.

   

Mesopotamia

   

    La etapa protodinástica corresponde al período comprendido entre la época


primitiva y la constitución del primer imperio mesopotámico, el de Akkad, entre los
años 2900 y 2340 a. de C. En el inicio del período, el proceso de urbanización estaba
muy avanzado y habían surgido diversas ciudades cuyo relativo aislamiento las llevó a
convertirse en estados independientes.

    Sin embargo, este aislamiento no impidió el desarrollo de una civilización común


que irradió fuera de los límites de la llanura meridional e invadió áreas circundantes,
sobre todo el Elam, región situada al oriente de Sumer.

    Uno de los elementos más destacados que definen el protodinástico es la


inestabilidad política en las relaciones entre los diferentes estados. La homogeneidad
cultural y el dominio sobre territorios restringidos y con limitados recursos, que
afectaban negativamente a una población en continuo crecimiento, impulsaron a las
ciudades a intentar imponer su hegemonía sobre las demás, provocando una situación
de guerra endémica. Una manifestación de estas circunstancias se encuentra en la
proliferación de las murallas.

    La historia de Mesopotamia en estos siglos se conoce a través de la Lista Real,


documento redactado en fechas más tardías, que menciona las dinastías que reinaron
en las ciudades, con especificación de aquella que en esos momentos detentaba la
hegemonía. Sin embargo, se conocen también más facetas históricas a través de las
tumbas reales de Ur y de los archivos de Lagash.

    En la dinastía de Lagash destaca el rey Eannatum (2470 a. de C.), que realizó
expediciones al norte de Mesopotamia y consiguió para su ciudad la hegemonía sobre
todo el país; un relieve, la Estela de los Buitres, conmemora sus hazañas.
    La historia de Lagash está relacionada con un antiguo conflicto que mantuvo con
Umma hasta que el rey de ésta, Lugalzagesi, destruyó Lagash. Con él la hegemonía
pasó a Umma y su titulatura asumió a los dioses protectores de las ciudades que
sometía, hasta conseguir que el clero de Nippur reconociese su autoridad ungiéndole
como rey de Sumer. Con Lugalzagesi aparece un ideal imperialista que trasciende el
horizonte de la ciudad-estado, aunque no pudo cumplir sus proyectos, pues Sargón de
Akkad le arrebató el poder y fundó un imperio propio.

    Si en la época primitiva la vida giraba en torno al templo, durante el protodinástico


la sociedad se convierte en bipolar. Junto al templo destaca el palacio como nuevo
centro de poder, el cual asume mayor prestigio hasta situarse por encima del primero.

    Reflejo de la situación política, caracterizada por una guerra continua, es la


aparición de una nueva forma de monarquía basada en el poder militar. La función
principal del rey es la guerra, y es en esta esfera donde demuestra su capacidad,
aunque dentro de la ciudad el rey es sacerdote, juez supremo y jefe de la
administración.

    A pesar de la pérdida de la dirección política, los templos conservaron importantes


recursos económicos. De hecho, se trataba de unidades económicas completas que
basaban su poder en la agricultura y la ganadería, pero que también disponían de
talleres artesanales y eran centros de un activo comercio. Los archivos de Lagash
muestran una imagen clara de la actividad de los templos, provistos de una compleja y
organizada administración.

    Las tierras del templo eran de tres clases: kur, o campos de subsistencia, que se
parcelaban y se entregaban en usufructo a los miembros de la comunidad; nigenna, o
tierra reservada para el dios, cuyo producto se almacena en el templo, y de su cultivo
y cuidado se encargaban todos los miembros de la comunidad; y urula, o campos de
cultivo, que se arrendaban mediante el pago de una cuota sobre la cosecha. La mayor
parte de las tierras se encontraban en manos de los templos, que las administraban en
nombre de la divinidad, su único propietario.

    La competencia entre el templo y el palacio también se manifiesta en la economía.


El rey, los miembros de su familia y los del entorno palaciego aumentaban su
patrimonio a costa del templo, que se vio despojado de parte de sus terrenos. Existía
también una clase de hombres libres, que no dependían del templo ni del palacio y que
se dedicaban a la agricultura y al artesanado, pero con escasas posibilidades de
promoción social y económica.

   

Egipto

   

    Desde el comienzo de su historia, Egipto aparece dividido en dos partes muy claras,
el alto Egipto, al sur, y el bajo Egipto, al norte. El límite entre los dos sectores se
encuentra a la altura de El Fayum, que fija la división entre el curso del Nilo y su
desembocadura.
    Pero más que el Nilo en sí, lo que da su personalidad y su razón de ser a Egipto es
la propia crecida del río, originada en las lluvias monzónicas de finales de primavera.
Durante tres meses Egipto está cubierto por las aguas, que al retirarse dejan el limo
arrancado a las tierras volcánicas de Abisinia. Aunque no tan peligrosas como las del
Tigris y Éufrates, las crecidas del Nilo no son regulares, por lo que su aprovechamiento
favoreció las tendencias unificadoras, la constitución de un fuerte poder centralizado y,
en definitiva, la estabilidad política.

    De este modo, la historia de Egipto comienza cuando el hombre inicia la adecuación
del valle del Nilo, momento en que aparece el Neolítico, cuyas primeras
manifestaciones datan del sexto milenio (tasiense). A partir de la segunda mitad del
quinto milenio la civilización egipcia entra en el Calcolítico, período llamado también
«predinástico», pues en él se establecen las bases de la cultura faraónica. A partir del
3500 a. de C. la cultura egipcia comienza su unificación con la extensión de la fase
gerziense.

    La primera etapa del Egipto unificado, o época tinita, está representada por las
dinastías I y II y es un período de transición y de afianzamiento de la unificación, con
una cronología aproximada entre el 3000 y el 2700 a. de C. El nombre «tinita» procede
de Tinis, ciudad del alto Egipto y probable lugar de origen de las familias reinantes. Los
reyes de la I dinastía tenían dos tumbas, una en Abydos, cerca de Tinis, y otra en
Saqqara, en el bajo Egipto.

    La I dinastía tuvo que luchar contra algunas ciudades del norte, que no reconocían
la autoridad central, por lo que los reyes procuraban atraerse a las gentes del delta
admitiendo en su familia a destacados elementos de sus ciudades o consagrando
templos dedicados a divinidades del norte, las principales de las cuales fueron incluidas
en el protocolo real.

    Los acontecimientos se repitieron con la II dinastía, pero la tendencia unificadora


siempre salió triunfante, reforzada con el traslado de la capitalidad del reino a Menfis,
en el sur del delta, y la elaboración de un nuevo sistema cosmogónico basado en el
dios Ptah o Ftah, que sirvió de apoyo al reino unificado.

    La institución monárquica se presenta como garantía de la unificación, hecho que se


expresaba en el protocolo y ceremonias reales. La monarquía era absoluta y reposaba
en el carácter divino del rey, identificado con Horus, principal divinidad del reino. Por
esta razón, el primer título del protocolo real es el nombre Horus, mientras que los dos
siguientes hacen alusión a la unificación: se trata del nombre nebti («las dos
señoras»), representado por el buitre Nekhbet de Hieracómpolis (sur) y la serpiente
Uadjet de Buto (delta), y el nesutbit («el junco y la abeja»), que significa las Dos
Tierras.

 
Primeras civilizaciones

Oriente Próximo

Imperios mesopotámicos

    La formación y características del imperio de Akkad no fueron sino una continuación
de la política practicada por las ciudades sumerias. Pero el papel principal no lo
desempeñó la etnia sumeria, sino la semita, extendida en Mesopotamia central.

    Sin embargo, nunca hubo un contraste étnico sumerio-semita, sino que los
conflictos siempre adoptaron la forma de luchas entre ciudades. De uno de ellos
surgirá el imperio de Akkad.

    Este imperio fue fundado por Sargón hacia el año 2340 a. de C. Sargón era un
dignatario de la corte de Urzababa, rey de Kis, del que se independizó cuando fue
conquistada por Lugalzagesi, y fundó su propia capital, Agadé, y tomó el nombre de
Sarrukin, «rey justo» o «legítimo», nombre del que deriva el de Sargón.

    Después venció a Lugalzagesi y conquistó todas las ciudades sumerias. El éxito de


esta campaña le llevó a remontar el curso del Éufrates y a apoderarse de Mari y Tuttul.
A continuación penetró en Siria y alcanzó el Mediterráneo; sus expediciones llegaron
hasta las montañas del norte de Siria y el Tauro y, finalmente, combatió en Asiria y se
apoderó del Elam.
    La sucesión de sus títulos confirma esta trayectoria ascendente: Sargón se llamó
primero rey de Akkad, luego rey de Kis y, después, rey del País. A pesar de todo, el
imperio no se consolidó y sus sucesores, Rimush y Manishtushu, tuvieron que sofocar
levantamientos de las ciudades y realizar expediciones en el exterior.

    Con el cuarto rey, Naramsin (2260-2223 a. de C.), el imperio inició su declive,


manifestado durante el reinado de su sucesor, Sharkalishari, que no pudo impedir que
Uruk y otras ciudades sumerias recuperaran su independencia, al igual que Elam,
aunque logró retrasar la invasión de algunos pueblos procedentes de los Zagros. A su
muerte, ocurrida en 2198 a. de C., el imperio estaba prácticamente reducido a la
región originaria de Akkad.

    El orden pudo ser restablecido por Dudu (2195-2174 a. de C.), pero durante el
reinado de su sucesor, Shudurul (2174-2159 a. de C.), el reino de Akkad desapareció.
La acción simultánea de las ciudades sumerias y de los guti, pueblo nómada del norte,
consiguió destruir el imperio levantado por Sargón.

    La importancia del reino de Akkad radica en su definición como imperio universal.
Las conquistas de Sargón y de Naramsin englobaban territorios muy extensos entre el
Mediterráneo y el golfo Pérsico, aunque no fueron ocupados de forma permanente,
pues las conquistas respondían a una momentánea necesidad de expansión que
inmediatamente se abandonaba. No obstante, el territorio dominado alcanzó límites
desconocidos hasta entonces, pues comprendía casi toda Mesopotamia y el Elam.

    Pero la característica esencial es su definición como imperio económico, como


señaló Sargón en sus inscripciones, pues su interés no era tanto dominar nuevos
territorios como asegurarse el control de aquellas materias primas indispensables para
la economía de su reino. Las rutas a los montes Tauro y Amanus, a las costas
meridionales del golfo Pérsico y a la meseta de Irán tenían como objetivo asegurarse la
madera, los metales y las canteras que Mesopotamia necesitaba. Sólo así pudo el reino
sargónida convertirse en un imperio universal.

    Políticamente el imperio de Akkad se define como una monarquía unitaria, lo que


significa la desaparición del tradicional sistema sumerio, que defiende la autoridad de
la ciudad y del templo, y su sustitución por una política directamente dirigida por el
rey, que adopta rasgos heroicos o divinos, elemento desconocido en Mesopotamia.

    El imperio conservó la organización política y administrativa de las ciudades


sometidas, aunque las necesidades de gobierno exigieron la creación de sistemas de
control y de criterios unificadores, como un nuevo ejército, numeroso y bien equipado,
y un amplio cuerpo de funcionarios dependientes del rey.

    Consecuencia de este proceso fue la «acadización» de Mesopotamia, que comportó


la elevación a rango oficial del acadio, que desplazó al sumerio como lengua de
cancillería. Sin embargo, y en cuanto a la religión, los reyes manifestaron gran
devoción y respeto hacia las divinidades sumerias, aunque ello no impidió una fuerte
penetración de dioses y rituales semitas en Sumer.

   

El renacimiento sumerio
   

    En los años inmediatamente posteriores a la caída del imperio acadio se produjo la
revitalización de Sumer y la instalación de un nuevo poder en el territorio de Akkad,
representado por los guti. Si el primer acontecimiento tuvo lugar a la muerte de
Sharkalishari, el segundo es más tardío, puesto que Shudurul representa aún la
tradición del reino de Akkad.

    Los guti habitaban en las tierras altas de Mesopotamia, en los valles de la cadena de
los Zagros. La decadencia de Akkad llevó a los guti a destruir la ciudad de Agadé, pero
sólo lograron mantener un dominio intermitente en el norte, mientras que el sur
sumerio regresó a su tradicional sistema de ciudades autónomas.

    Una de éstas, Uruk, con el rey Utukhengal a la cabeza, venció a Tiriqan, último rey
de los guti, con lo que desapareció la amenaza de este pueblo (2116 a. de C.).

    En el 2164 a. de C. Urbaba fundó la segunda dinastía de Lagash y extendió el


dominio de su ciudad por una amplia zona del sur, ya que llegó a gobernar sobre
diecisiete ciudades. El monarca más conocido de esta dinastía fue su sucesor, Gudea
(2144-2124 a. de C.), bajo cuyo gobierno Lagash disfrutó de cierta hegemonía en
Sumer, a juzgar por las construcciones religiosas que realizó en Ur, Eridu, Nippur y
Adab.

    Esta fase supuso un retorno a la situación anterior a Sargón, pues los reyes
abandonaron la titulatura acadia, adoptaron los títulos tradicionales sumerios y
asumieron el papel de servidores de la divinidad. El mapa comercial de Lagash coincide
casi exactamente con el de Akkad, pero con la diferencia de que la primera no apoyaba
su acción con medios militares y administrativos, sino con instrumentos diplomáticos y
comerciales, con los que logró una notable prosperidad hasta finales del siglo XXII a.
de C., cuando la hegemonía pasó a Uruk.

   

La III dinastía de Ur

   

    Aunque durante unos años se volvió a la tradicional estructura sumeria de las


ciudades-estado, el ideal unitario de Akkad no se olvidó y Utukhengal de Uruk intentó
restablecerlo. Pero el gobernador que él mismo colocó en Ur, Urnammu, se sublevó y
extendió su poder hasta proclamarse rey de Sumer y de Akkad.

    Con Urnammu se inicia una nueva fase imperial en Mesopotamia, dominada por la
III dinastía de Ur y heredera del anterior imperio acadio. Su obra de organización se
reveló muy eficaz durante el reinado de su hijo, Shulgi (2093-2046 a. de C.), auténtico
creador del imperio de Ur. Restauró santuarios y ciudades, reformó el sistema de
pesos y medidas, mejoró las comunicaciones y reorganizó el ejército.

    Shulgi creó el primer código conocido, en el que se regulaban las relaciones


económicas y sociales de los habitantes del imperio, y transformó el reino en un
imperio de proporciones similares a las de Akkad y con las mismas perspectivas
universalistas: extendió los dominios a toda la llanura entre los ríos, sometió el Elam y
mantuvo pretensiones de hegemonía sobre Siria.

    Los triunfos de Shulgi permitieron que, durante casi veinticinco años, la paz reinase
en el imperio de Ur. Sus sucesores inmediatos, Amarsin y Shusin, gozaron de una
situación de estabilidad, sólo alterada por la amenaza de pueblos nómadas como los
amoritas o amorreos, gentes semitas que presionaban desde el valle superior del
Éufrates.

    La situación cambió en los primeros años del reinado de Ibbisin (2027-2003 a. de
C.), en los que se inició una rápida decadencia que culminó con la desaparición del
reino. A este hecho contribuyeron el tradicional particularismo sumerio, la presión en el
oeste de los nómadas amoritas y las relaciones con el Elam.

    Los amoritas, conocidos desde la época de Sharkalishari, penetraron en


Mesopotamia en pequeños grupos hasta finales del siglo XXI a. de C., en que la
presión adoptó la forma de invasión. Azotadas por el hambre y la subida de los precios,
las ciudades comenzaron a independizarse, camino que también siguió el Elam. Un alto
funcionario real, llamado Ishbierra, estableció en Isin un principado independiente,
pero el golpe definitivo llegó del Elam: una expedición de elamitas, conducida por
Kindattu, penetró en Sumer en el 2003 a. de C. y destruyó la ciudad de Ur.

    En la jerarquía de Ur, el poder del rey era ilimitado y su posición suprema encontró
su máxima expresión en su divinización, práctica que inició Shulgi y que heredaron sus
sucesores.

    Debajo del rey se encontraba el sukkalmah, que asumía la dirección de la cancillería


real, para lo que disponía de un elevado número de funcionarios, los sukkal, que
constantemente recorrían el reino. Respecto a la administración provincial, el gobierno
era ejercido por dos funcionarios, el ensi y el shagin, que se encargaban de las
funciones civiles, el primero, y de las militares, el segundo.

    A la cabeza de la jerarquía social se encontraba la familia real; después, los grandes
dignatarios y los sacerdotes, y debajo, los funcionarios. Existía una clase media
independiente, llamada mashda, cuyos derechos eran inferiores a los de los
ciudadanos acomodados.

    La sociedad de Ur conocía un estadio intermedio entre el hombre libre y el esclavo,


los eren, que pueden definirse como siervos públicos, aunque en ocasiones eran
empleados como soldados. Los esclavos gozaban de personalidad jurídica: podían
poseer bienes, emprender negocios y casarse con libres. Dentro de la condición
esclava, los peor considerados eran los prisioneros de guerra, los natura, que carecían
de estatuto jurídico y realizaban los trabajos más penosos.

    Los reyes favorecieron la economía eclesiástica con donaciones y favores, lo que


indica el predominio del palacio que, junto al templo, concentraba la mayor parte de la
tierra. La industria textil utilizaba mano de obra servil y femenina, mientras que los
demás artesanos pertenecían a la clase de los eren, que estaban sometidos a
inspecciones regulares.
    El abastecimiento de materias primas provocó un desarrollo del comercio al amparo
del estado, que financiaba las actividades comerciales y entregaba a los mercaderes
(damgar) aquellos productos agropecuarios que servían de pago a las importaciones.

   

La sociedad sumerio-acadia

   

    El derecho surgió en la civilización sumeria como consecuencia de la necesidad de


regular las complejas relaciones sociales y económicas, no sólo entre privados, sino
también respecto al poder político. Su desarrollo se produjo durante el renacimiento
sumerio, primero con Gudea de Lagash.

    Pero fue Shulgi quien más destacó en este aspecto al promulgar el primer código de
leyes conocido, en el que alude a la ordalía fluvial, la situación jurídica del esclavo y las
compensaciones pecuniarias por lesiones corporales. Estos datos indican la madurez
jurídica alcanzada en esta época, precedente del gran impulso que tendrá en la
primera mitad del segundo milenio.

    Las creencias religiosas de los sumerios son consecuencia de los cambios producidos
en el Neolítico y responden a los conceptos dominantes en sociedades agrarias y
pastoriles. La influencia acadia favoreció la formación de una religiosidad mixta, pero
que al sustentarse sobre bases similares provocó el surgimiento de sincretismos entre
divinidades de uno y otro grupo.

    De ello resulta un panteón sumerio-acadio con numerosas divinidades, de forma que
se hizo necesario algún intento de organización en medios sacerdotales. Aparecen así
las tríadas, en las que la principal era la constituida por las divinidades sumerias An
(dios del cielo), Enlil (viento) y Enki (agua).

    Otra tríada de gran importancia era la formada por Nanna (Luna), protector de los
pastores, Utu (Sol), tutelar de la justicia, e Inanna (planeta Venus), diosa del amor y
de la guerra; esta tríada sumeria se correspondía con una similar acadia compuesta
por Sin, Shamash e Isthar.

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