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Fltzpatrick R. Conceptos comunes de enfermedad. En: R.

Fitzpatrick el al. La en fermed ad co m o experiencia. Consejo


Naciona l de Ciencia y Tecnología. FCE. México 1990: 19-41

JT. CONCEPTOS COI\JUNES DE ENFEmmDAD

RAY FIT7.P,\J1UCK

c1ementol pero importante de este capíhl]o es que la enfer-


E L I'nTNCll'JO
meuMl h1llnana '" presenta, de necesirbd, dentro de tina cn ltura pmicu-
br '1"C con forma (' inflllye fundamentalmente en el modo en 'l"C se ex-
prrimrJlfa 1n r,nfcnnt:d:ld. Este Cllpítlllo (':xmn;na. concepto." y creencias
snhrc In '~llrf'rJne(k\(l q1J(~ constitllyen p:Htc iTllportanlc (le t.11c8 inrluen-
cin s cII I1111"OIe, .. Las creencias sobre enfermedad dan forma a las respues-
tas a los .sín lomas, ,le quien las sufre y también de Sil urdimbre social.
Si Jo que se bu,ca es atención n la salud, las defilJiciones qlle el común
de las gentes tcnga sobre Sil en fermedad Iimil'an los tipos de aYllda bus-
cada y las pcrcepC'Íoncs de las ventajas del tratamiento. Este capít1l10 ex-
plora las ('videncias que se han llC1lmulaclo. recientemC'n! e sobre conccptos
comunes de enferme,lad ' y lu ego examina su significación para los 'lue se
ocupan de la salud.

INVESl1CACIÓN ANTnOPOLÓCICA DE cnEENClAS

.i En particnlar, los an!Topólngos h.1n Jlama,h la at~nción sobre las fOlmas


n mI 'lile las crccncias cullurales iJúluyen prof U lllbl11 cnte en la experiencia
y cn la condnda. JIan documentado difercncias enormes en cullura entre
\lila sucieuatl y olra y, analizalldo creencias que parecer:'n muy exlraiias
y cxól ic-n.' a lectores occidentales contemporáneos, obtienen una percep·
ción más crítica de creencias mús familiares y aceptauas. La cnfcnncdad
es IIn ámbito de la vioa en que la antropología ha mostrndo vívielamen-
te variaciones culturales entre sociedades, a menudo docwnentando creen-
cias qu e .en la superficie parecen- seL muy_ extraijaLe_iITaeionales __Uno ue
los ejemplos más conocidos de creencias extrañas en relación con la en·
fcr:rneoad es Sil ¡¿x:pliraeión g~Pf.I:,'lli~da_.en~xmjnQL!:k hechicería . ..
Evans·Pritcllard (1937) examinó las creencias de una sociedad agrícola
sencilla oel Suc1án -los azandes- entre los cuales prevalecían creencias
de hechicería. Para toda variedad de contratiempos, desde malas cosechas
hasta accioenl es y enfemlcdades personales, los azandes buscarían olla
razón más básica de su ocurrencia, además ele las caUSaS m~s inmediatas
talrs como una pJaga O UllU jnfluencia Hsica. En e.litos C;'lSUS, 11n zill1de pn-
dría sospechar 'lOC 111\ vecino hubiese actuado como hechicero y provucado
la plaga" el ,hiio liberando el alma o el espíritu de su hechicería. Para
comprobar lal ]¡jpótesis se contaba con diferentes tipos de or;\eulos, los

19

1 29
::11 l ',J'\.; 1'!:.. 1{,\ lfl I /\() \' llÚSQI .i EIJA DE AYUDA

1111(', si se Jt.s ('¡JlI " l dl •.l);1 por 1I1eJio de ritll alcs npropiaous, ¡d cnlifi ei., ban
la f""lltc de la hechicería. Si el oráculo confilmaba (Ju e alguien había
'H..: ll1ad o CO IllO Ilcchi ccro )' provoca J o alg llna en ferm cdad : i.l ese illdividuo
:-;c le har ía el <.:a r ~o y se le exigiría CIue ret irara su influ encia. En caso
Ji CCCS;lrio, I'j(,J'cería vCllgaJlza contra el clIlpable practic ando también
,<;/,,'

magia desqllite,
COIllO
SIlO\V (IU71), I r.m iendo 'lil e e stas iucas pa recieran dcn1nsiado remotas
\' exúticns ('11 cOJnull'¡dadcs dG Occidente, d escribe creencias similares entre
;lCgros de la c lase obre ra t:l'iauos e n las regiones rurales del sur de los
Es tados Unidos. Diee f]u e sus expli c;lciones de la enfermedad caen en tres
ea tcgorÍtls generales; azares naturales y del medio, castigos de Dios, )'
espíritu s y hechiccrías. Ideas similares se encuentran entre las comunida-
J cs ca mpesinas de la América Latina ( Fabrega, 1974), en las cuales 6e
explican las enfcrm euac1es diciendo que se deben al mal do ojo de un
enemi go.
De la investigá ción antropológica de estos sistemas ex 6ticos de creen-
cias s \lr~c n muchas lecciones importantes para nuestros fin es. Claramen-
te revelan la supervivencia de form as de cxplicaci6n de enfermedad qu e
difiercn por cOlll pleto de las interpretaciones que da la ciencia de Occi-
dente. 'M;lS importante ftl'm es que es tas creencias forman una pauta co-
herent e de ideas seglm las cual es se explica la enferm edad. Ideas que
su pcrfic inJmcnle ·pareccll. cxtrni1as tie ne n sentido cuando se conside ran con
más atcnci(m, Evans-Pritd,an.l muestra que las creencias de los azanue!-i
-
sobrc hechicería y orácu los cons tituyen un conjunto de iueas que dan una
ex plicación razonabl e de la renlülad. Así pues, si una consulta determi-
nacla ,>on U1l ur;Ículo producía resultados contradictorios Q no persuasi-
vos, eÍ l.o no hacía IJlIe el individuo pusiera en clucla todo:¡e1 si,tema de
creel) G¡·~s . Más bien se daba por sentado que el veneno e':l jJruticular o
lus pruccdirnicntos rituales empleados tenían alguna falla, Las hipótesis
de hechicería enunciadas por los oráculos solfa n limitarse a las reues so·
ciales inmediatas , entre cuyos ,n)Ír:n1hros e ra lnás probable qu e hubi era
encmi, lades y dvalidades, 'lue venudall a confirmar el sentido de la de-
cisión <le! oráculo.
En términos 111 :íS gl'lIerales, el sistema d e c reencias proporcjona ba ll11a
filo",fía coherente 'J"C ex!,licaba los contratiempos. La c¡¡usa inmediata
de un accidente grave scría interl'rdada del mismo modo por un zande
o por un uccidclltal,- es -decir, una rama que ' se desprende de un ;Írbol.
Sin cllIhargo, la explicación m,\s fUlldamental de por qué tal cosa ocurri,',
en un Iilomentu dadu )' a un indi viduo en particular que se hallaba bajo
el {n-bol se ellconlra.rb en procesos suhyacentes muy distintos para cad a
UIIO el e lus dos o¡'sen '"dores.
Las creencias z'lIlde.s conslilllyen un modo euherente de ha llar senti·
do a desgracia, tales co mo la enfermedad. Obviamente, en las sociedades
occidc lludes la f Ufrna Jominnnte de explicar la enfermedad es muy dis-
CONCEl·ros CUMU. Nt;~ vt. J'.NI'l!.ItM.t.Ul\tJ ".
tinta, y en su forma más organizada, que es la ciencia de la medicina, se
basa en un conjunto de conceptos complejísimo e integrado de la etiolo-
gía de la enfermeda d y de mecanismos orgánicos en el funcionamiento
del cuerpo. Sin embargo, hay buenos tes timonios d e que este modo de
int.erpretar la enfermedad no es compmtido unifOlmemente por miembros
de las sociedades occidentales, pues adopta formas diversas en distintos
grupos sociales. La meta de este capítulo es pasar revista a la forma y al
contenido de conceptos comunes en las sociedades occidentales, y exami-
liar hasta qué grado hay diferencias de fondó entre"los conceptos del hom-
bre común y los de los profesionales médicos, así como establecer la tras-
cendencia que para la atención de la salud tienen tales diferencias.

CONFORMACIÓN CULTUl\AL DE LA ENFEfiMEllAD

Por principio de cuentas, es preciso dejar sentado que la cultura, enten-


dida aquí como una pauta entretejida del lenguaje y de las creencias,
forma parte de la naturaleza miSllla de la enfelmedad. Una distinción con-
ceptual impOltante suele hacerse en este contexto entre enfermedad y
mal. Eisenberg analiza la distinción de este modo: ""Los pacientes snfren
'males'; los médicos diagnostican y tratan 'enfermedades· .. _ Los males
son experiencias de cambios menguantes en esta dos de ser y en función
social: las enfe rmedades son anormalidades en la esh'uctura y función d e
órganos y sistemas d el cuerpo" (Eisenberg, 1977: ll). Por consiguiente,
ar¡ ní enfermedad se refiere a todos los aspeotos experienciales de trastor-
no corporal que son "conformados por factores culturales que rigen la
percepciólI, el nombre, y la explicación de la experiencia desagradable"
(Kleinrnan, Eisenberg y Good, 1978: 252 ).
("
Un paradigma útil para concebir la influencia del contexto cultural y
social en la expcriencia corporal nos lo dan experimentos realizados por
Schacter (1975) , psicólogo social. A los sujetos se les inyectó epillefrina,
la cual estirnuhi el sistema nelvioso simpático y dio por resnltado sínto-
mas tales como una mayor transpiración. A algunos se les dio a conocer
cuál sería el efecto probable del "proceso; a otros se les dio información
fal sa, O no se les inCOlmó de nada. A los sujetos se les dej6 después en
Ull cualto con otro individuo, el cual era desconocido de los sujetos y
aeluaba como ayudante del experimentO'. A estos ayudantes se les pidió
que obraran de diferentes m odos, diga mos, con ira o jocosamente. En
seguida, Schacter investigó las definiciones que los sujetos daban de sus
sculilllicntos. Ilalló que aquellos que no habían sido informados apropia-
dalllente de los res ultados p sicológicos de S il inyección fueron influidos
cOllsiderablemente por el modo de ser o el ejemplo con el cnal habían
tCllido contacto; por ejemplo, interpretaron su reacción como ira, si an-
tCl'iunn cnte habían sido puestos en compañía de un ayudante al que se

131
22 ENFE.RMEDAD Y BÚSQUEDA DE AYUDA

le hobía ped ido que mostra'ra ira. Un grupo de control al qHe se le in-
yectó una solución salina que en general no estimul6 actividad fisiológi-
ca, resultó menos Í11fIuido por su contexto social. Schacter enunció una
teoría en que la nahrraleza y la calidad de las emociones es determinada
SCglUl una interacción entre el estado fisico y las percepciones cognosciti-
vas, que a su vez reciben la influencia del contexto social. Su demostra-
ción ofrece también un modelo para considerar la nahrrnleza de enferme-
dades y males: el significado cognoscitivo atribuido a estados corporales
anonnales es conformado social y cuIturalmente, y a su vez constituye
la experiencia del que sufre. .
El ejemplo de trastornos depresivos se puede usar para desarrollar este
plinto. En muchos culturas no occidcntales, digamos en -China y en el
Medio Oriente (Fitzpatrick, 1983; Katon, Kleinman y Hosen, 1982), la de-
presión y otros trastornos neuróticos se presentan con una concentraci6n
mayor de síntomas fisieos de los que se hallan en las clinicas psiquiátri-
cas de Occidente. Por lo común, los pacientes de tales sociedades, aun
cuando muestran depresi6n, dan cuenta de menos síntomas relacionados
con estados de ánimo internos; más bien se concentran en síntomas físicos
diversos. Kleirunan (1980) halló en sus clínicas para enfermos psiquiábi-
cos chinos en Formosa, que la mayoría a los que había diagnosticado de-
presión presentaban síntomas físicos como su dolencia principal. SeI1ala
que en Formosa el idioma es rico en terminología referente al orgarusmo,
pero que tiene pocos términos que correspondan a la amplia variedad de
estados psicológicos iutemos propios de Occidente.
White . (~.982) examinó la tesis de que hay diferencias cuIn,rrales en
'los conceptos de enferrned~d; se valió de ulla muestra de estudiantes de
Hawai, la tirItad de los cuales eran chinos de Hong Kong y la o\Ta mitad
norteamericano., blancos. A los estudiantes se les dio una lista de proble--
lna . . psico.'i'O<.:jalc.~ tales COJTIO ·'.illsomnio", "sensación de angustia y ten-
sión", "dolores de cabeza" y "sentirse solo". Se les pidi6 que dieran tanto
detalle como pudieran sobre las dusas probables de cada problema. Los '
codificadores clasificaron las explicaciones de los estudiantes. Hespecto a
problemas somáticos como "dolor de cabeza" y a problemas psicosomá-
ticos como "pérdida del apetito", los estudiantes norteamericanos dieron
con más frecuencia explicaciones por estados . emocionales intem05. Res-
pecto a · problemas psicológicos tales como "tristeza" y respecto a proble-
mas somáticos, los estudiantes chinos citaroli con más frecuencia presiones
externas tales como la familia, o las exigencias de los estudios académi-
cos. Es decir, las dos culturas ofrecieron razones conceptuales diferentes
como causa de sus problemas: los hijos de la cultura norteamedcana se
centraron en estados internos de sensaci6n, y los de la culhrra chilla des-
tacaron causas situacionales externas. .

132
CONCEPTOS COMUNES DE EN FER~IEDAIl 23

CONTENIDO DE LAS Cllf:ENClAS COMUNES DE OcCIDENTE

En los últimos alÍas, los investigauores Iwn empezado a consiucrar la fonna


y el conteniuo de creencias sobre enfennedad en las comunidades occi-
dentales modernas. El resultado más notable de tales estudios es la varie-
dad e importancia de las iueas sobre las causas ue la enfermedad. B1axter
(198.'3a) entrevistó una muestra ue mujeres escocesas de meu iana edad y .
de cl"se obrera, preguntándoles sus ideas sobre salud y enfermedad. Las
mujeres estuvieron en libertad de ocuparse en los trastornos que quisieran
en el curso de entrevistas no estructuradas pero ccntrad,,'ls en la salud u e
sus familias . La muestra analizó 587 ejemplos de episodios de enfcnne--
dad; la cu estión de la Causa se mencionó en 70% de los ejemplos . En se-
guida, Blaxter clasificó las causas citadas por las mujeres. La infección
fu e, con mucho, la categoría más común invocada como causa. L a siguien-
te en c,,"nto a frecuencia fue la herencia, a la cual siguieron riesgos d el
ambiente, efectos secundarios de otras enfennedades, estrés, embarazo ir
menopausia, y hauma y cirugía. Menos común como categoría ele causa
fue la tesis de un trastorno autoindllcido por descuido o a elecciones con-
1,
ductuales inapropiadas. Blaxter observa que la búsqueda de pautas cau-
sales en sus histOlias de salud fue cosa impOltantísima para esas mujeres
y habla de \lila "tendencia positiva para explicar su esta do corporal pre-
sente . .. vincu lando los hechos p ertinentes de salud" (J31axter, 1983.1: 67).
Un es tudio planeado por Pill y .Stott (1982) de modo similar pennite
establecer algunas comparaciones con otra regi6n de la Gran Dretaiía, el
a.
StH de Gales. Los antores illfOlman de entrevistas realizadas con mtijeres
s'
ue cntre 30 y .35 años escogiuas entre un rOllllo social de obreras manua-
les calificadas. En es tas entrevistas, la infección o los gélTDeneS volvieron
a . ser las causas de enfennedad más citaelas, después de lo cual, en orden
uecreciente de frecuencia , se citaron estilo de vida, herencia y estrés. Casi
la mitad de las mujeres de es ta muestra emplearon conceptos de causa
'lue enlmñaron elección coridllctual y un ci elto grado de responsabilidad
individual en cuanto a la enfermedad. Entre es tas mujeres era lnás COmún
que tuvieran casa propia, más instrucción, además de q ue su sentielo de
control sobre sus vidas podría haber explicado muy bien su mayor senti-
do de responsabilidad en comparación con las que respondieron al expe-
rim ento d" Blaxter.
Aun cuando en los dos estudios no fueron idénticos los métodos d e in-
vestigación, surgieron algunos temas comunes que se pueden situar en una
perspectiva comparativa. Chrisman (1977) proporciona un marco basado
en un·a evidencia intereultural de ideas populares sobre la enfermedad, en
el cual señala diversos modos de pensar en las causas de las enfermeda-
des. A estos modos de pensar los llama "lógicas" y dice que son de c~
tro clases:

133
2·' ENFERMEDi\D Y IlÚSQUEDA DE AYUDA

1. Ulla lógica de degeneración, ~n la cual la enfermedau sigue al des-


gaste del CUClVO.
2, Una lóg ica mecá nica, en la cllal la enferm edad es resultado de blo-
queos o de dai'ios a estructuras corporales.
3. Una lógica de eq1Jilibrio, en la cual la enfermedad sigue a la rup-
°
tura ele la arinonía entre partes, entre el individuo y el medio.
4. Una lógica de invasión, que incluye la teoria del germen y otras
intmsiones materiales de las qu e resulta la enfennedad.

Estas lógicas se pueden considerar como temas dominantes o como metáfo-


ras que imbuyen las creencias sobre enfelm edad , y cuya importancia varía
de una cultura a otra. Así, por ejemplo, la lógica del equilibrio es fWl-
damental a las creencia s tradicionales latinoam ericanas sobre el efecto de
factores ("calientes" y "fríos" en la enfermedad, y es también importaÍlto
en las ideas clásicas indias de que el equilibrio entre "humores" deter-
mina la salud. Como vcremos en el trabajo de Herzlich (1973), este modo
de pensar t ambién puede intervenir en la creencia p opular en Occiden-
te de que la clúennedad e.> resultado de relaciones entre el hombre y un
medio "no natural".
Ideas de degeneración no se citan can frecuencia en los es tudios d e
IJlaxtero de Pill .y Stott como causas' ele enfennedad específicas, a pesar
de que GÍertos trastornos, por ejemplo el reumatismo, son vistos a veces
como partc natural del enjevecimi ento. No hay duda de que en la Ingla-
terra de ll1lestros"c1las la lógica de la invasión es un importante modo de
pensar sobre la ~~fclmedad, que debemos considerar, al menos en parte,
como resultado (le adelantos de la microbiología en la ciencia occid¿l'tal
en la parte final del siglo XIX. El t ema de la herencia, expresado a '\l1e-
nudo en las muestras d e nIaxter y de Pin y Stott, es menos vinculable
con facetas antiguas d el pensamiento médico de modo que, como obser-
va nIaxtel' (19S3a: 63), parece haber tina mayor propensión a invocar la
causación genética en la cultura común que en la ciencia médica. Pautas
de· enfelmedades compartidas en la familia son una fu ente vigorosa de
ideas de herencia. Sin embargo, no está muy en claro cuán universales
son tales interpretaciones. Un estudio (Janzen y Prins, 19(1) ele sistemas
africanos tradicionales d e explicar la enfermedad casi 110 menciona la h e-
rencia como formn de causa.
Probablemente uno de los modos occidentales más caractcrísticos de
interpretar la enfermedad se halle ,en la varie(lad de algunos conceptos
interrelacionados, tales corno "estrés", "preocupación" y utensión". Sin em-
bargo, se ha afinnado con frecuencia (Eisenberg, 1977; Engel, 1977) que
el enfoque dominante sobre salud y enfennedad en la sociedad occiden-
tal moderna es aquel que busca la Clqllicación de la enfermedad en prin-
cipios físicos reduccionistas y que opera con un dualismo mente-cuerpo,

134
CONCEPTOS COMUNE5 DE ENfERMED¡\D 25

'lllC es una perspectiva en la cual los dos reinos son distintos y separados .
.Engel llama a este enfoque el "modelo biomédico":

Hu)" día, el modelo dominante de la enfermedad es biomédko; en él, la bio-


logía 111Olr:ClJlar es la disciplina científica básica. Da por sentnclo que la en-
fermedad es perfectamente explicable por medio de desvi::lcionf'$ de la TlOllll:1
de v:¡riables mensurables (somáticas). En este marco no se deja lug~tr p;~m
las dimensiones sociales, pSÍoológicas y condudualcs de la cnfenncdild.

ENGEL, 1977: 196

Así pues, es cn este punto donde se pueden presentar algunas de las ,H-
ferencias más grandes entre las ideas populares y comunes y las entroni-
zadas en la cuhura de la cieucia médica.

ES11~UCrUI\A DE LAS CnEENCIAS OO~fUNES

Una de las características más notables de los conceptos comunes de la


enfelllledad es su mismísima complejidad. Tanto Baxter como PilI y Stott
quedaron impresionados por el enfoque complejo y de muchos factorcs
que con frecuencia empleaban sus interrogados para explicar la enferme-
dad. Esta característica se hace aún más notable cuando se hace algún
esfuerzo sistemático por acopiar las opiniones de un cierto número de
entrevistados sobre una determinada enfermedad. Como ejemplo de esta
investigación podemos citar a Blurnhagen (1980). que investigó ¡as .opinio-
nes sobre su desequilibrio de 103 pacientes de una' clínica para el trata-
miento d" la hipertensión en los Estados Unidos. Los miel libros de la
muestra citaron un promedio de trece causas separadas, cada Ulla de las
cuales constituía en su opinión la causa, la patofisiología y el pronóstico
de la hipertensión. Blurnhagen ofrece 10 diferentes clases de factores cau-
sales citados comúnmente, que fueron tan disímbolos como el estrés cróni-
co. herenCia, sal, agua y alimentos en general. ror ello, Blumhagen sostiene
que d concepto popular de hipeltensión es complejo, que abarca- un gran
número de elementos y muchas conexiones entre elementos. Es interesan-
te observar que también en este estudio el estrés ocupa una pmte im-
portante en las creencias sobre causac.ÍÓn. La mitad de la ll1uestra citó
estrés externo crónico como parte de la hipertensión, ya- fuera por ·'el es-
trés Ilorn]al tolal de la vida" o bien ".estrés de trabajo" en particular.
Igualmente, más de la. mitad de la muestra consideró que los esÚescs
agudos específicos tcnian que ver con la hipertensión. De hecho, los fac-
tores psicosociales eran tan importantes en cuanto a la comprensión del
trastorno que Blumhagen considera la "Hiper-Tensión" vista comb "tensiÓn
excesiva", como la esencia de la idea del trastorno a ojos de muchos pa-

135
2G ENFERMEDAD Y BÚSQUEDA DE AYUDA

cientes, lo cual contrasta cori el mouelo médico profesional de hiperten-


sión como problema circulatorio general.
Aunque esta invcst igación sugicre una buena parte de complejidad en
las pau!:.1s de ideas sobre enfermedades en opinión de individuos comu-
nes, puede resultar engañoso calificar estas ideas como lo han hecho al·
gunos autores (por ejemplo, Pill y Stott, 1982) como teorÚls del hombre
ordinaJio. El t&nnino "teoría" expresa un alto grado de consistencia, de
orden, de estabilidad y de racionalidad , propiedades que de ningún modo
son esenciales a los conceptos de los legos. B1umha¡~en di,ce, por ejemplo,
que algunos entrevistado., dieron modelos de hipertensión paralelos)' no
relacionados en diferentcs momentos de su entrevista. Al hacerles ver SIlS
difcr"'1Cias, los enfermos no consideraron que significaran ningún proble-
ma las incongruencias entre partes diferentes de sus expIicacione-~. En re·
lación con las faltas de lógica y las incongruencias que son pmte de los
sistemas de opinión dc los legos de todas la .' culturas, Kleinman sefinla
que "no les impOita el rigor t eórico, sino más bien las opciones a que dan
lugar" (Kleinman, 1980: 93). En otras palabras, los conceptos de los legos
son pragmáticos; rara vez se producen con In. idea de ser sometidos 'a l es-
crutinio público.
Por la misma razón, )' debido a que las tesis de los legos rara vez son
f0I111alizada .' y casi "siempre surgen como un elemento do toma de deci-
sionE'"s en circunstancias concretas de enfernlcdad, scm expresadas oc modo
ext.remadamente tentativo. Por ello, Pill y Stott describen a sus entrevis-
tados como "inseguros de sí mismos, y se expresan menos bien cuando
hablan tle temas etiológicos" (PilI )' Stott, 1982: 4G). El tono de las en·
trevistas se tornó rtiás dudoso y las aseveraciones fueran casi siempre p~~
cedillas por palabrNs como "Supongo". La gente puede no expresar abi<\i:.-
tam,'nte' sus ideas ;¡i organizarlas bien y dejarlas en el trasfondn de .~n
pemamiento para utilizarlas {¡nicamente cnando se trate ele describir SllS
enfcnnedades o las de otros. Stoeckle y lJarsky dicen que es importante
que los m¿dicos alienten a sus pacientes a expresar sus propios concep-
tos, pero reconocen que "En el contacto inicial, los pacientes pueden mos-
trarse renuentes en cuanto a expresar sus ideas, pues temen que parezcan
tan simples, tontas o inaciona.lcs "que el paciente acabe siendo visto con
poco respeto, burlonamente y hasta con reproche" (Stoeckle y Barsky,
1981: 225).
Estas ideas difieren del saber teórico en que en su Oligen son sincré·
tiGas, es decir, que originalmente se elerÍvan de una variedad de fuentes
dispares y distintas. Las ideas se extraen selectivamente de IIna v.lliedad
de tradiciones diferentes y se ajustan conforme a los intereses y preocu-
paciones del individuo. Esto se ve con más claridad en las interpretacio-
. nes qu e da la gente a enfe¡wctlades en una sociedad como la ele Sri LHnka,
donde coexiste cierto número ue sisterna~ médicos separados con un huen
número de tradiciones independientes, tales como prácticas aytuvédicas,

136
CONCEPTOS COMUNES DE ENFERMEIJ,\D 27

medicina científica accidenta! y 'curaciones populares)' espiritistas. Amara


Singham (19110) describe el caso deuna familia de S,i Lanka empeñada
en hallarle scntiJo al brote J e la enfermedad mental J e una hija y do
J()~~rar aylI(la pr;'¡cli_ca . V;ln de un curandero a otro y aUllr]llc se les orre-
ccn cxplicaci.oncs y tratamícntos que teóricamente son incompatibles en-
tre sí. toman elementos de cada uno de ellos, que les ay tillan a explicar
la tC!Tible experiencia. El estudio muesb'a cuán activo, eOllstl1lCnVO y se-
lectivo es el proceso de darle sentido a la enfennedad; en (,1, idea.' pro-
VClliclltcs de fllentcs diversas son aprovechadas y reordenadas. l~s CSUl na-
tllr,,-km síllcrética Jc las idcas comunes sobre la enfermedad la que explica
lu ,]ue se observa con tanta frecuencia (por ejemplo, 13laxtrr, 1983a: 67),
es 'decir, Jo difícil que es desenmarañar las fuentes (sean medios de co-
municación, redes sociales, o médicos) en que se basa la gente para edi-
ficar sus tesis.
Un modo patticular en que las ideas de los legos difieren de las for-
mas formales del pensamiento es la flexibilidad con que tales ideas res-
ponden a la experiencia. Los antropólogos y otros científicos sociales suelen
describír la cultura de una socieJad en la cual las creencias son un ele-
mento cama un medio estable y relativamente perdurable mediante el
cual la sociedaJ se enfrenta a su medio. En función de los temas gene-
rales y básicos puede decirse que las creencias culturales sobre la enfer-
medad son muy estables. Hay, sin embargo, el peligro de lo que podría:
mas llamar dar tTUltedalidad a las explicaciones comunes de la enfermedad
y de verlas como situaciones fijas según las cuales se presentan la salud y
la eilfermedaJ. f:ste es el riesgo que se corre al tratar de explicar acci()-
ne9<'humanas que se centran en creencias e ideas: el solo hecho de inves-
tigar las crecncias puede hacerlas parecer más sólidas e inflexiblrs de lo
que 'en realidad son. Un modo Je ilustrar este punto es observar la reper-
cusi6n que una enfermedad puede tener en las creencias sobre la natura-
leza de ese trastomo en particular. Linn, Linn y Stein (1982) pregunta-
ron a dos grupos de pacientes de un hospital de los Estados Unidos cuilles
eran a su juicio las causas del cáncer. Un gl'llpo estaha fOlmado por pa-
cientes en la etapa tennina! de su enfelmedad; los demás paciente., su-
rrían otras enferme(lades crónicas, digamos diabetes. Aunque ambos gru-
pos citaron el filmar y el trabajo como causas de cáncer, los que tenían
cáncer citaron con más frecuencia lo que los investigadores llaman "la
voluntad de Dios" o la herencia, en comparaci6n con los paciente.1 <]UC
ab'ibuyeron más importancia a otros hctores ambientales, digamos el ré-
gi,men ·alimentario. Más importante aún fue que los enfennos de cáncer
tuvieran menos: fínneza que el ob-o grupo en sus convicciones sohre las
causas. Los autores sugieren .que los que no tenían. c{lllccr puuieron res-
ponder en términos de estereotipos de factores de riesgo sobre los cuales
los medios de comunicación han llamado la atenci6n. TIcspecto a las per-
50n3.') a las que aqueja una enfermedad que amenaza su vida, es inmensa

137
ENFERMEDAD Y BÚSQUEDA DE AYUDA

su neccsiJnd , dc dar sentiJo a su desventura personal. Las ideas general-


mente en juego sobre causas explicans610 parcialmente por f]né ese indi-
viduo ha sido afcdaclo y no oti'os sujetos al mi$lTIo riesgo, Por comi~lIien­
te, las creencias culturales sobre cansas pueden ser una porción menos
importante de la experiencia; ell estos casos, explicaciones m:\s trascen-
dentales son prcdomi nantes,

LAS CREENCIAS VISTAS OOMO "SISTEMA"

Algunos antropólogos toman en serio la palabra "sistema" cuando ,hablan


de: un sistcma tic creencias de Hna com!1lli,hJ cn relación con la salud
y la enfermedad, En escncia, dicen que las creencias sobre enfenncdad
identificadas en una comunidad Jeben analizarse de acuerdo , con, un sis-
tema, ell el mismo sentido en que se afinna que las creencias son elemen-
tos interconecta<los y estructurados de un todo, en vez de ser un conjun-
to de elementos sin orden ni concierto que un grupo de gente cree en
común, Un ejemplo de la aplicación de este enfoque a la experiencia de
la enfermedad es el trabajo de HeLnan (1978), el cual COmo médico ge-
neral y antropólogo ha estudiado paulas de ideas sobre enfermedades
infecciosas en una comunidad del norte de Londres, HeIman sostiene que
un sistema clasificador popt;lar, con orígenes muy diferentes de los de la
ciencia médica, puede percibirse tras un conjunto de ideas sobre enfer-
medades que de ordinario son vistas corno desviaciones de la temperahll'a
Ilomlal del CllCllW' Los pacientes diferencian las enfermedades subjetiva-
mente calientes que son fiebres, de las enfermedades frías a las que se
clasifica como cnfriamientos O resfriados, Sabiendo a qué categoría apun-
ta un cOIlJ'unto dc sÍnt8\nas,
I
cs I)osible conocer un con'J'untu de causas, de m
clases típicas, tratamÍ01i1tos adecuados, y también la culpa que le quepa ,~;
al enfermo por haber contraÍllo la enfelmedad, Enfriamientos y resfriados
,;on vistos corno pro<lucto de las relacíones del individuo con el medio na-
tmal; las temperaturas bajas del medio penetran, por medio de humeda-
des, vientos fríos y ráfagas, en las superficies vulnerables del cuerpo, di-
gamos la cabeza y los pies, Transiciones de mi lugar caliente a uno frío
como puede ser "ir a un cuarto frío después de un baño caliente" pueden
hacer que el individuo se vuelva particularmente vulnerable, El tratamien-
to consiste en restablecer el equilibrio de la temperatura mediante bebi-
das calientes o una cama tibia, Con frecuencia, la persona resulta culpa-
ble de su enfermedad por cometer actos irresponsables_ tales corno salir
con el pelo mojado, Las fiebres se deben a entidade.< invisibles -"gérme-
nes" o "sabandijas"- que se transmiten de un individuo a otro, Un trata-
miento importante es aplicar fluidos que "expulsan" los gém¡enes, Los
inJividuos no son tan responsables en lo personal cuando se trata de fie-
bres ya que éstas se tra!,smiten inevitablemente por las relaciones socia-

138
CONCEPTOS COMUNES DI, ENFER~H:DAD

les. lTclmRll scííab que de los gúmenes se ll8bla de J1l()(lo similar, y que
tienen una naturaleza hipotétiuunenle similar a Jos E'spíril\1s (pie en IllU-
chas sociedades agríeobs senc.iIJas son ca,,,,, ,le- la l'lIfcnnctl",l.
Hehmn dice 'l"e hoy día este sistcllla ,le creenci"s es i"esta]'le: en
partie"l;]r, los pacientes mús jóvenes tiellden a considerar que resfria,los
y fiebres se deben a géllllenes y virus, que no son resultado ,le sus pro-
pios actos. Estos cambios en el modo de pensar se deben en pmle a cam-
bios habidos en la medicina, en especial a la mRyor disponibilidad de
antibióticos.
El haher deducido semejante .,ístema de creencias por medio de t,' c-
Jlíea,'; éllltnJpofógicas requirió la inlcrvcncióll uenlélollo.~ illtcrprctat.i\'os
de pautas y tcmas de detección en UI1 bueJl número de Ins opini.ones ex-
presadas. Puede suceder muy bien que nadie sea capaz de explicar todas
las distinciones y principios que el observador afirmaría 'luc existen en las
creencias de una comunidad. Este punto es impOltante porque en la prác-
tica cHnica, o dondequiera que un investigador analiza hs opiniones de
algún entrevistado en particular, puede ser difícil identificar pautas simi-
lares a las que ¡Ielman ha examinado. Los elementos de Jos opinimws de
un individuo sobre la enfermedad casi con seguridall serán más limita-
dos, tentativos, faltos de consistencia y menos complejos. Y01.lng (lUSI)
advierte de los peligros del supuesto de un «Hombre Racional" en este
terreno si s,, huscan con demasiado entusiasmo pantas cognoscitins delr"s
de los enunciados. Los resultados pueden muy bien ser el producto pe-
culiar del intercambio entre el investigador y el entrevistado y no reflejar
ideas que son importantes para el entrevistado en situaciones reales de
enfenmeda d.
1)

ASOCIACIONES E IMÁGENES EN CONCEPTOS DE ENFEIlMEIJAD

Hasta la fecha, los conceptos comunes de enfermedad se han analizado


como si cOlTieran paralelamente a la medicina científica en cuanto. a cen-
trarse en .intomas, causas y terapias de enfermedades. Sin duda, algunos
estudios como los de B1axter, U1umhagen y llelman sugieren que estos en-
foques son importantes. Sin embargo, otro punto de vista sugiere que los
conceptos de enfenmedad, además de nombrar otro conjunto de entidades
y causas ajenas a la medicina, también operan como sínlbolos condel1sados
que se relacionan con una amplia variedad de experiencias propias de una
cultura. Los conceptos comunes de enfermedad no sólo nombran entidades
en el cuerpo, también son imágenes poderosas asociadas COIl otros reinos
de la vida. Good (1977) ofrece en estos términos un análisis uc un trastorno
común en. las comunidades iranies tradicionales al cual da el Hombre de
"angustia caruiaca". Es particularmente comÍln el~tre mujeres de la clase
obrera y también en el consultorio del médico. Se le considera perturba-

139
30 ENFERMEDAlJ Y E\JSQUEDA DE AYUDA

ci6n JeI cor~z6n debiJa a ¡mgustia emocional. Los iranies traJicionalcs


creen que el corazón es la fuente uel calor y ele la vitalidad, y la fuerza
impulsora del cuerpo, lo cual contrasta con el acento occiJental en su
papel en la circulación de la sangre. Al mismo tiempo, se le usa coloquial-
mente para expresar emoción. De este modo, en el pensar tradicional se
concchm íntimamente sensaciones físicrls del corazón y sentimientos emo-
cionales. En la .,ociedad iran! tener "angllStia Jel corazón" transmite una
serie mús amplia de asociaciones. Por l;rincipio de cuentas, muchas mu-
jeres imníes creen que la píldora anticonceptiva causa "angustia cardia-
ca" y quc tAmbién se reL~ciona con el envejecimiento y con la· infecun-
didad. Otras asociaciones vinculan a l~ pílLlora con el flujo menstmal y
n
con la infición ritual. Good sostiene que "la angustia carcliaca es una
expresión vigorosa relacionada con la sexualidad y la fecundidad. Otro
conjunto de asociaciones vinculan la angustia cardiaca. por una parte, con
la pena y la melancolía debidas a la l1érdida de · parientcs. y por otra
con la ansiedad de problemas interpersonales y de pobreza de la vida de
la clase obrera. Uno de los entrevistados explicó a Good: "Somos pobres,
no tenemos dinero, todos tenemos problem as del corazón" (Good, 1977:
47),
Todo lo cual indica quc para Good la angustia del corazón en la. cul-
tura irani no es una categoría claramente definida que se refiera a un
trastorno específico, sino <]ue indica algunos entre muchos síntomas, en-
fe.medades o problemas. "La angustia cardiaca es una imagen que con-
junta una red de símbolos, situaciones, motivos, sentimientos y estreses
que están enraizados en el entorno cultural en que vive la gente de Ma-
ragheh" (Good, 1977: 43). Los médicos con educación occidental malin-
tcrpretarán probableme'lite a los pacientes que les lleguen quejándose de ~,
angustia cardiaca; desp6'és de examinar el corazón, asegurarán que no hay
nada de qué preocuparse. '"
La importancia Jc las investigaciones realizadas por antropólogos como
Cood es que nos recuerdan que los conceptos comunes de enfennedad
suelen tener vigorosa significación simbólica, la cual no se puede expre-
sar convenientemente en palabras ni por los pacientes ni por infonnantes,
pese a lo cual constituye un elemento esencial del ,ignificado de la ex-
periencia de enfermedad, Tamb¡ón sugiercn que estrechamos demasiado
la b,',squeda de significado si la reducimos" referencias a sínt01llas cor-
porales o a causas de enfernledad ordinarias.
Herz1ich sostuvo que era necesaria "una antropología moderna <]ue se .
ocupara en los hechos tle la salud y la enfermedad" (Herzlich, 1973: 6),
que identificara las imúgenes y los sfrnbolos que en la sociedad moderna
son los· análogos de investigaciones pechas por antropólogos como Good.
Esta autora ent.revistó n una muestra de franceses profesionales y de la
dase media y les preguntó cuáles eran sus ideas sohre salud y enferme-
dad. Uno de los temas dominantes que afloraron fue la influencia del

140
C:O NC f.I'TOS CO I\1 UNES DE Ei\: FF.RI\1ED/\D 31

<'modo d e \'¡da" sohre la enrrnn('(b d , Los cn lrcvis t::tuos Trbcion:lfOll mu y


rrcc\I(,J11ementc el modo de vida ui'b.mo cOIl 1:1 cnrl'nntxbu, En c ierta me-
did:1 , <.1i(eTelleias jllu iv iullalcs en c uest iones uC' sa lud fueron vist:1s como
causas q1le influhn en la rcs is lcn cia :11 cre.do lid género de vid:1, !'i bien
{~stc I~d[imo flle cons id erndo dominante. La "ida ('11 la cilllhd se asoció
con 1111:1 inl1lel1 sithH.l de conceptos difcTclltrs: "Illal sa n o"~ "JiJllitador"~ "::'l11or-
1'1;\1", "qu ímico", "artificial", y "ritlno de \,¡d:l ;!c('ler:lllo". Las infJl1CllCias
oc
tr):'( ic:1 .') la vida en 1a cil.ldad se relaciollaron con 1111 estado illt c nlledio
entre salud y cnrcrmcuaJ - una sensación ue fatiga física 'i mcntal - 'lue
hace '1\1C las personas sean vl1 lncrn bks a la enkrmedad. Las c:lracterí:,ti-
raS artificiales y malsanas ,le la vida mhana !'Olltrn.,tan con nlOd os de vida
;\n li gl loS. nalllmJr..'\ y rllrrl les eH cllyo SCllO (;1 hombre csLlha 11l;lS eJl ar-
monía con su medio. Los cnl revistaJ os de ll crz lich eo nsi,1crnron 'lne lo
nrl ifici:l l era prooncto u e la socicd atl tecnológica modcma.
¡\ los con trastes esta blecidos elltre, por ejemplo, lo natural y lo arti-
ficia l, rara vez se les dio signi fi catlo preciso, y como afinna también Good ,
tu vieron m;ls selltido por h aber co nd ensado asociaciones vigorosas d entro
de la C\l ltura oel entrevista oo. Herzlich señ"la (1973: 26) 'lu e son imá-
gencs q\le los meo ios reprotlueen a ,Ua rio y <]\l C re'luieren poco csruerzo
O pensar OIigina) para quc los individ\los los "pli'luen a SI" propias " iuas.
Sin emlJargo, proporcionan un vocabulario impOltante en cuyos términos
se explica la en,rermedad ; este vocabulario ha sido superric ialm en te '; J'em-
plnzatlo por el,lenguaje u e la fi siología o el J e procesos corporales. Los
entrevistados de Il erzl ieh presentan indudablemente problemas particula-
res de sa 11.lu, en términos de sín tomaS loca lizado.' e n <]uc intervien en ór-
ga nos parti cu lares, Jllu y en especial cu:mdo se vrcsentan ante el mádico;
por o lra p :.ule,... buscan pnut3s e intC'rprctn dones, en ténnjnos d e \In con-
junto de temas más vasto .
De igu al mouo, Pllede consiJerarse que las ideas de los pa cientes se>-
brr. r~ JlrenJledatlcs particu lares ponen a] descubierto S II S .1slJciac ioIlC.') múl-
tiples. Por ':jeJllplo, e n el "s[mlio de llcr7.lich es lIn tema freellcllt" la
tellsión nerviosa .. En las teorías médicas premouernas u e la e nfcrlllcdml,
"los nervios" desempe ñaron un papel importante, mrldlO antes ,lel d csa-
rrollo de modclos l1eurológicos Je la estructura y fun ción ,le los tcjiuos
nerviosos. Los nervios desempeiiaron un papel explicativo centml en las
teoría s 'lile sobre enfel1nerbu sostuvo la muy i"fluyente escuela lIl e·di ea
de Euilllburgo en el siglo XVlll (Lawre'n ce, 1979) . A partir dc c ntonees,
el significaJo del concepto ha sufrido Jllu chas transformaciones, uesde el
desarrollo de la teoría psicoanalítica hasta los cambios habidos en la cien-
cia fi siológica. Por ello es lógico que las ideas ordinarias ]'eflejen muchos
de estos estauos. En la muestra d e mujeres 'lue presenta l3Iaxte .. , "los ner-
\OOS son una de las ca tegorías de enfermedad. En la práctica general in-
glesa es una forma común de en fenn edad (Stimson y Webb, 1975: 62), y
\lno de 105 modos mús eomuncs en que los pacientes que toman f:ll1l1<lcoS

141
ENFE1U I I' 1),\J) y llÚSr¿UEDJ\ lJE J\rUll'\

Jlsi¡:otróJlicos Jcfin en su problema (IIclman, 1981: 524). Las dcseripcio·


11('.1' d e cs l:ldos ncrvj o." os sligiercll combillaciones de si tuaciones emocio-
nales ta les como estados de ag it aci 6n ('on sínt om:ls físi cos como "opresj{m
en ('1 p,s l {¡rn ~ gn". TaJll biéTl 10.0; Jl prvios puedell C:l usa r otros problemas (h~
s;llnd . U n ((~rcio d e una mues tra d e paC'Ícnl cs de nrtriU s rcunlnloi J e ex -
pli caron Sl.l tras tomo CJl cstos ténninds (Marhon, 1!J71: 1(4). Esta.> pro-
pirebd rs d ; IJ-liJl~ s de los nervins sn p:-Hcccn rnu chísirno él itl ens m6dicn s del
siglo X\'111 y rccu crdnTl tnmhi<" 1l jll vcs liga ci o nes psicosomMica.'\ de llU C'.s tros
días. Por otra pa lie, decir que "son nrrvios" se p uede in terpretar, especial-
ment e cumlllo form¡¡n el diagnós lico de un m é(ü co, como un tér:nino des-
dclloso. e.'ipr.cin lmente cuando se diagnosti ca con base en 1111 conocimiento
psicosocial del p,cien t" (nlax ter, 1U8:3a: 64). E n estos casos, el término
tiene awdacioncs con b incapacidad de enfrentarse a ex ip;cncia.> nonn'"
les de la vida d ~ lo cual rc.' lIltan síntomas trivia les. Las ilfl:" !~Cncs y am·
ciaciones de conceptos ordin arios no son fúcihn ente deJin eables, además
d e 'l il e es mlly probahle 'l"C cl contexto de S il I1 S 0 dé más especific idad nI
significOllo buscado. No hay la menor e1",I" de 'lile por encima de toJo,
son Dex ihlrs y ca prl ces dc una amplia gama de referencias.

EL "A lJl SMO" ENTI1E CONCE1'TfJS O l1lJ)N A 1110S y ~ ti:IJlCOS

A lo largo de este capítulo ha esta do prese11te la pregllllta de cuán dife·


rentes son los c011 oe1.>t05 de los paci entes de los de la medicina respecto
a la enfem1edad. Con el fin de destacar y de dar sen tido a problemas de
.comunicación entre profq ionales de la salud y del público en general,
en ocasion es los científi ceq. socia les han prescntado en formas por demás
tea trales la distan cia <]11< separa a estos dos macias ue pensar. Así, la f¡\.
opinir'l11 <le Frei<lson es '1"" "los mundos sepa rados ele experiencia y uo :1
rcferencia del Ie;(O y del trahajador profesional se hallan siem pre en con·
f1 ictopot cnr;ial recíproc,," (Vrei<lsol1 , J071 : VlrJ). E.,te dlO,!uc (le perspecti·
vas !;c evidcncia m (ls cua ndo con~ill cl:·:-llnos las creencias ele grupos minori- .
tarios étnicos en socieJ atlcs occidentales modernas que se han int egrado
muy poco en el seno de la c"lh.ra de la mayoría. En los Estados Unidos
hay muchos ejemplos d e esto. Ya citamos Ja '-e reencia5_ º ~ c ausa espúi·
tu al de la enferm edad tle "Igun"s comun id ades rurales n egras. Harwoorl
(1971) describe los conceptos "calicnte"·"frío" dejos puertorriqueños, por
medio de los cnales las enfermedades san clasificadas como "c"lientes" y
"frías" y son trata cL~s con medicam entos clasificados como sus contrados.
Estos ejemplos indican posibilidades de problemas profundos de comuni·
cación entre la medicina occidental y los sis temas de creencias populares
que tienen orígenes cu lturales diferentes.
Sin embargo, an¡\lisis de autores como Freidson se u san con frec"cn·
cia para describir un profundo ahismo entre la mcJicina científica y la

142

-
CONC.EI'TOS COMliNFo;; DE F.NFERM[Di\1) 33

Inayoría de 1,105 pcn>lnl:ts nnlill:l.rias, cspccinlmr.nte uehit10 :l. que 1:1 J1lClli~
ci)la se aticnc :l In tectlología científica, olvú.HIHlose UC los aspectos so-
ciales y psir'oJ6gicos que t:l1lto ;-¡f('C!;11l :1 ](l.~' p;wirntr's. E.o;;l"a opílli!'m se
:lJloya el) los Ir;-tbajo.o.; de ElIgel (JH77) Y otros :l.l1tnrcs '}ue <lllisit'r:lll mn-
.lific"r el Ill"del" hiomédico de la mcdicin".
Ar¡ui se corre el riesgo de qne la idea de un abi:-;nlo cllltllfa] entre
moJos pror C'sionalcs y ordinarios ele pens;:¡miC:':nto sea exngerau:l o .mal
entendida. En primer Jug:u. C]l1icncs contrastaron ngucbmpllte el moneJo
m¿.Jico con las perspectivas ordinarias tal vez 110 se dieron clIenta de C)l1C
había gmndes Jiferencias entre Ja medicina consagrada en Jos lihros (le
texto y la prúclica clínica. Lock (lü82) examinó los enf0'lllcS de la me-
dicina hacia la menopallSia. Esta cJlestión, tal como se trata en los libro.,
de texto, cs fonnal, compleja, y está repleta de controver.,ias técnicas no
resueltas. Cuando Lock cntrevisló a ginecólogos 'lite practic.,ban su pro-
oc
rl'si6n, .'>c ('oleró que SllS opiniones sohre ]a Jl1cnopausÍ:1 er;lll nl~S srll-
ciJIas, lJas~(hs ('n unos Cl1clJltOS principios cicntíHcos. y selectivas. Igual-
mente se presentó llna nmplia v:uÍC'clad entre Jos enroques muy hiomédicos
~' psicosociales de los cHnicos. Lock sostiene <:lue las opiniones lle los mé-
(Hcos se entenderí~m mejor si se les viera como HlOdclos ordinarios a los
~lJe se contrasta ra · con modelos te,iuales formales. Los modelos pO[Julai'e.s
médico., debcn ser más sencillos pafa poder hacerse cargo ele las exigencia,-
práctiC;ls del tra haia cHnico. llay pnlebas (Gaines, 1979) de. lo 'lile los mé-
dicos consen!;-mm'llchos SUpllestos e ideas ordinarias solnc enfermC'dades.
que son nnterioref a Sil capacitación. y r¡llC estos SUpl1C'st'Os desemp' ~v"n n
\In panel importaihe en la pr:'!ctica clínicn, jllnto con principios cicntíficps
formales.
L~ pr;\ctica de la medicina .l!/'Twral pllede csl'nr inf1uilln mils dirr.cta-
mente por conceptos on]illarios o populares y puede ser vista como un
sistema ue pcnsamiento situndo a la mitad del camino entre la medicina
oe hospital y las iueas ordinarias. Helman (1978) a[inna 'lllC la práctica
general depende en gran medi,la de que el médico se aecr'lue un poco
a las categorías 'lue son impOliantes para sm pacientes. Esto es obvio,
aFinna, en el caso de fiebres y resfriados 'lue se presentan al médico ge-
neral. Con frecucncia se recetan ¡ambes para la tos a pesar de que la
. evioencia científica indica 'liJe farm-acológiciiriierite tienen muy poco efec-
lo. Sin embargo, según IIn llIouc1o popular 'lIlC ve a los jarabes para la
tos como lavados que arraslran a los gémlenes. sí tienen sentido. Del mis-
mo modo, se recetan antibióticos ínapropiadmnentc para traslonlOS vira-
les porque el médico está respondiendo a la idea del pacicnte de "gér-
menes", que en el modelo popular no se diferencian. Concluye:

Los conceptos bioméLlicos están lJCclws para f'Tlcnjar m.ls cslrcch:mH.:nte en


el modelo de1 paciente ~d que se da consult.a; en parle para evitar "Ia diso-
nancia cognoscitiva" en la interpretación de 'la enf clmed;-¡d; en palie porque

143
:11 ENFCRXJEIJAU y Bt"'~ QUEDA DE AYUDA

la Dlilyoría uc Jos tra.'itorIlQS lIcI modeJo Ficu rcs/nesfri:H]os/Ellfri;lrnicJltos, son


f1utolimilauorcs, de modo que ;11 tratarlos sinlomúticnmcllt e, lus médit.. os gc·
Jle raks no se prcocup:lIl tanto por ser "ciclllÍficamcnlc" bioml'dicos c.."nOlO se
prcocup;uí:lIl si las comliciuncs [lIeran m;í.s pc1ig:rosn.s.

H EL",'-.N, J 878: 132-133

Así p\Jes, por varios razones puede resultar engañosa una' tesis dcma-
!'i iauo gcneral de "oos tnullllos eJe experiencia"', Abismos llc otra cIase so-
lieron sw"gir en muchos cstuuios de comunica ción c ntre médicos y pacien-
les que j(icnliricaron ra7.ones de [;ll1:1s de comunicación diciendo f]l1C se
debían a la ignorancia de los ténninos méd icos por los pacientes y a la-
gunas lle conocimiento entre las dos partes. Aunque es verdad que mu-
cho depende de cómo se mida el conocimiento, también lo es que el es-
tereotipo sencill o del paciente ignorante ha tenido que ser mOllificado "
la luz de los resllltodos de la investigación. Segall y RobePls (1980) exa-
minaron lus niveles de comprens ión de doce términos médicos en una
Illllc"tra ue jJacicntes que recibían atención clínica en un hospital lle Ca·
nadá. La proporción de cnh'cvistados que dieron lo que los investigado·
res aceptaron como interpretaciones correctas fluctlu~ron de 95% para los
"cerebrales" a sólo 2&t para los "tendones". El nivel promedio de com-
prensión correcta fue de 76%. Los renglones usados fueron los mismos
uc un c stulHo uc 1001, y una cornparnción nl0stró nive1es n,(¡s elevados de
respuesto" correclas en la muestra mn,s reciente.
ScgalJ y Roberls pülierbn tambi"n a los médicos participantes (jue es-
timaran la proporción de sus pacientes que entendían correctamente cada "I
renglón. Hrspecto a algu nos renglones, los médicos subestimaron muchí-
simo a sus pacientes: por ejemplo, 83% de los médicos sub estimó la ap'
- titud para entender "cercbral". En general, 47% de los médicos fueron
exactos, 12% sohrcestimaron y 41% subestimaron la comprensión de los pa-
cientes. Es posible que el estereotipo del paciente con poca o ninguna
capacidad para comprender el lcn ~uaje médico se esté autoperpehwndo;
dic)¡o en otras palabras. sucede que los méd icos, dando por sentado que
el paciente esbí mal informado, evitan ampliar el 'análisis en la cons ulta,
lo cua l oca"iona 'l"e 1m es tercotipos se perpetúcn (McKiulay. l!l75). Lo
IJue aquí 'lucremos destacar es 'l"C la itlea de abismos insalvables, sea en
lérminos de ccnlodmicnto-contra-ig nor:lIlcia. () de 11na teoría m;'ls culll.lml
lle mun llos separados ele experiencia, puede ser enga ñosa o daíiina. Sin
duda, la ,kbilidad principal de estos modos de ver las cosas es que pm-
bablemente no son capaces de hacer justicia plena a los com plejos proce-
sos (jllC entran en juego en la comunicación.

144
CONCE/TOS CO~/UNF"~ DE ENFF. R~/Elli\n J5

DE aJMO "u.\1\ :"ENTlOO"

La enr:1d(' rí ~;li ca m.ls imporlante de la comunicación en tre modelos de CIl~


renn('chtl ordinarios y prores io nales en b s sociedades occidentales, tajes
COJllO la (; 1';111 Ilretaiia y los Eslados U'li ,los, es ']11 e, CJl la mayoría de los
de knguaje y de sjgJliricado~. Eslo ]0 mues-
C::'I.C;f)S, 1m)' f/!!2fín terr CllO c('un l'lJl
lran los Irabejos de Sega " y Huberts y otros es tlldios (l'laja, Cqhen y
S:lIllOrn, JO(3). Pero este terreno cnmpnrtido p"Pdc Tc."lIHnr cng:1Íloso JlO
SÚ}O p:lT;l :l1nh:l.<i ]Jarlf's, sino t;¡ll)bil~11 para el oho;¡erv;"ulor.
C;lt.la VI? se ve con 111:\ .'\ claridad (Jlle: la COlll lllli cnt:iúlI de clI:d'lukr tipo
es un procc.O:;;o nctivo y constructivo en e l sentido de que las partes en co-
TlllJll ic;lc i/m d(~ br.n intcp;rar )' completa.- c:n ("1 srn tido tIc- qlle se ocu l ta tm.."
la infomladúlI C]l1C redben. Este constructivo "dar sf'lltido" se Jn~ra por
medio de los supuestos, creencias e ioeas del actor. Gnrfillkel (HlG7) es
autor de 10 (p1e probableme nte sea la oemnstr;lción m{\s pspectrtC'111nr y
ex traño ",,1 tmbnjo 'l"C requiere sacar sentido de la informaei{ll1. Se hizo
<;abcr ~ los estudiantes fJ uc como modo de meJorar 1111 servicio d e p .~ico­
terapia y asesoría pma es tuoiantes se puso en marcha \111 proyecto piloto
en el clm l es llltlinntrs sihl:1dos en c1 C1larto de consulta ex pr('~<;arían Sl~S
preguntas y proh l ema.~ de lIn modo tal <jue penniliem <jue un servici"
de respuf'stas sóJo co ntestara "sr o fino": no se daría ningl1na oh'a f('S'
poesta. Los voluntari.os de esla forma experimental de asesoría no sabían
que el servicio hahía ' sido ideado para producir respuestas al azar 'lile
podían no ,,,tar rQjacinnadas eOIl las progulltas p"'"tea,bs por los ('111]
.<;11ltorcs. Los cs tudipnles cnfrE'vist:Hlos después de sus s('s inr~ cs con cs:~~.
ex traño serv icio m o~~J rarcnl nptitl1des notabl es pn1";1 dnr sentido n IriS series
de rC!ipuestas fjUe recihieron por ~us pregunt..'\s e infirieron p~tltHS {le ~i¡..!;­
nificado en síes y ))OCS al azar 'l"C h,1hían recibido. Esta c"pacirl,"l de
ver rHutas y s~n tido en los exprcsiones ,le olros es \In rlelncllto esencial
oe la comunicació n humana, Cuando la terminologíll ,,, lo misma, cs fa-
cilísimo imaginar fJ\lC el signifi cado atribuido por ambas pa ltes se sobre-
pone por completo. J1e aquí cómo nIurnhagcn condensa g r,íficamcnte el
problema por lo 'lile hace a la mcdieina cnil hasc en su propia illda~a­
ció]): "La gente sencilla dice: hiper-tensiún; los expcltos dice n hipc rtensilJII
y caua uno sabe qlle el otro está habJalldo de 'lo mismo'" (l3hnnhagcn,
1980: 224). Sin embargo, su invest igación mtle~lra diferencia.' rcveladoras
en cuanto a sign ificado 'lile resaltan tanto de n\éclieos como de paciellles.
En la cita 'l"e sigue, nn médico general extrae, desde el punto de vista
oel médico, los problemas que se ocultan bajo la aparente fam iliarÍlbd
ele guejas de Jos pacientes lales como "biliosidad", "iJllligesliólI", "vista {,,-
ligada", y "fibrositis",

La rnmiJjn.ricbd de tales ·¡deas no deja ver n 11111chos médicos el hecho de (]1JC


están arraigndas en un sis tema de conceptos métlicqs populares y que son
<ljenas al sistema médi('() cosmopolita. Es tan fácil tmducir la d~cTipcir'm f]ue

145
ENFE.R~JF.DAD Y núSr.2l!EDA DE AYUDA

un pncicnte haco de sí mismo como "bilioso" y ponerJe dentro ele ]OS !':ínto-
mas de náusea, n.norexb, molestí,ls inkstinnles y tn l Vf>.7. eruc tos ... y lu egu
JClltro de una c:1tegoria uc ui:1gnósli<.:o de medkina cosmopolita, 1111e la ffin -
yoría ele los méJicus hnccn lal traducción inconscientemente .
... no uebe colcgirsc Ijue lém illos jdc"nlicos tengan n~rerentcs itl f.nüeos
en Jus uos sLoc; l orna s ... cuando lIn p:1ciclJle habla (fe "rcwn;llismu" pO'r Jo
general no se cstú refiriendo a ninguna de las t'IIIcn ncdadcs H.:'t1lllúlic;lS qne
son conocidas de 105 moojcos.
STEVENSON, ]!)80: 1

Las mismas aOvertencias en cuanto a no oejars" engaliar por expres io-


nes fo",iliarcs pueocn también tl :mc a ¡los pacientesl La facilidad de la
lraduccilm, tan esenc ial p:·ua la cOlTIullicaciúlI, es ta.mbién el problema oc
las dos paltes que intervi enen en bs consultas médicas. Por ello, Klein-
ma.n (1980), Gootl (1977), y ob'os sostienen que es nna tarea constante
y esencial de los profesionales de la salud aclarar el significado de los
problemas 'Jue se tengan entre ma nos y cnielar la forma en CJue los pa-
cientes interpretan y asim ii:111 'Ia infonnación importante que ,e les dé.
Es, pues, esoncial ocuparse directamente de la tesis de que ln.s ideas
de los pacientes pueuen sor ue impOltancia en la pr:klica de la aten-
ción de la salud, y analizar las evidencias de los beneficios terapéuticos
del interés que se tenga en los conceptos oe los pacientes relacionauos con
problemas de su saluu.

SIGNIFICACIÓN TEnAPÉunCA DE LOS CONCEPTOS COMUNES DE ENFERMEDAD

1dentificacW" del problema


'"
En ¡(,,"cral, los pacientes presentan problemas, no enfenneuadcs. En los
pacü::lltcs lluy una sclcccit'lIl cUlIsiuerahlc de c6mo se van a presenta!
lus problemas al médico (Stimson y Webb, 1975: 22-36) . "'Al perdbir sus
síntomas, el paciente trala de interpretarlos, y al expliearlus tantu a 51
mismo como al médico, eslá definiéndolos, ca talogándolos y vinculánuolos
causalmente con otros factores que a su jujcio podrían estar relacionados"
(Stimson y Webb, 1975: 4.0). Según estos autores, hay tllI orden casi ri-
tual 'lue rige la fonna en que los problemas ' se présentall en la sala de
consulta; por ejemplo, se da preferencia a los síntomas físicos, ~-d ejan do
para el final de la consulta expresar temores de una enfenn edad grave.
La tarea del clínico no sólo cs llegar a un diagnóstico de la enfennedad
por los funcionami entos físicos o mentales anonnales (y e11 muchos no se
puede hallar en fennedad alguna) sino también identificar la enfennedau;
la s preocupaciones y pcrcepciones que organizan y motiva n la consulta
ue! paciente. Es familiar y pr""""iv" la eviu encia de que las consultas
son menos precisas des de el punto dé vista del paciente cllando ni la

146
CONCEI'TOS COMUNES IlE f.NFE RMEIlMJ 11

enfermedad ni d mal son enfrcn!ados por el méd ico (Uali nt, 1957; Zola,
1973). Un interés cons!a"t" por las id eas <)ue se h allan trns los p ruble-
Jll;¡~ p r('.'\('III ;\(JO,l; es 1111 nlOdo de pres tar <llendón t~nlo nI JJ131 como a ]n
rel'l ncd;¡U.
l: 11

Vigilando el efecto da la i.llformuci,ín de clioglC óstico

Una de las fun cioncs m{,s imporlantes u d mélico es dar nombre" los
problemas y tina explicación del Hombre. No es comú n q ue cs!a informa-
ción sea la única fuente para pacientes qu e están descubliendo el signi-
ficado ,le sus problemas de sa lud . Es importan!c percibir los significados
que los pacientcs acaban atribuyendo a los diagnósticos que se les Iwcen.
Baynes )' sus colegas (1978) mostraron 'Iue una de las consec uc1lcias im-
prcvi ,'\tas de un programa para· ide ntificar y lral:u pncj(;'nte.'i con alta pre-
sió n S:lngníll r:1 fue que varios hombres, q 1le nntcs no tenían la menor iJea
de sufdr algún problema de sa lud, se h a)'a n definid o d~sJlués a sí mismos
como p" fermos y ']ue u cjamn de as istir a su s !mu'jos. El grauo ,le inca-
paciu:rcl 'lue asociaron con su es!a,lo pUllo lllU)' biell h,ber si do exage-
rado y ciertamen te pu do ser c Ul'3llo por el médico. ilIOOlll y Monteros.,a
(1981) identificaron un gmpo de p ersonas que habían participado en una
investigación sobre presión sangu ín ea en una eOOlUllielad de bajos ingre- ,!

sos en Ca lifornia. Ell la jiwes tigación, un médico lC's dijo que eran hi- 1;;
pertcmos. pero b,ego, con I'\mse en tres m ediciones ,lirerentes, se les juzg,)
norma les. Se vio que tenl,,'n más síntomas depresivos y mostraron Ulla
condici,,,, inferior ue salud general 'lue un g rup n de comparación, lo cual
.,ólo pudo atribuirse al efecto que tuvo sobre cIlos el que' se les hubicra
eonsid er;rdo hipertensos. Ambos estudios sugicren un diferente conjunto
de int erpretaciones del nombre médico: diferentes ue la medicina o uc la
hi per-tensión de nIumhagcn . Hay razones de sohra para suponer que ex-
plicar los signifi ca dos atri buiclos a tales n ombres habría ayudado a redu-
cir esas inc~lpacicJaues secundarias.

Tra.nquilización. en ralación. CV .I). Uno ellfenncá{l(r

Una a lta proporción del habajo médico entm ña tranquilizar a pacientes


preocupados con síntomas 'lue no cshín basado., en alguna enfermedad.
Mayou (1976) ob sen'a que aWHl"e los c"leu los de la frccuencia de estas
preocl1paciones ~on altos, es fnuy poco .lo que se sabe de Sil l'r0111~~;tico
desJl" {'s del tratamiento médico. ~I firmc "No .<c preocupe, es cOlllplct~·
mente nonnal", del llIéJi co 110 siempre tranq\liliza y hasta puede rcsultar
contra producente. No h ay duda de 'jI, e la tranquilización es m:ís comple-
ja. En un eSIl,d i" (Fitzpatrick y Hopkins, J9SIn) de pacientes atendidos
fuera de la dínica, 'Iue tc nÍan dolores ele cabeza, nin gnno de los cuales

147
)8 ENFLRMEDAIJ Y Bú S(~UEDA DE AYUDA

se uchía -scgún se investigó- a ksiones estructurales serias, se halló q\le


cm uc pacientes pcnsílron ~nlcs de su atención en la clínica que tal ~ez
tuvieran algo grave, por ejemplo, \In tumor en el cerebro. De los pacien-
tes con t;.lIes preocupacionC's, 40% siguieron expresando tales preocupacio-
nes tres semanas después.
Son dos los el"mentas esenciales ele la tranquilización, según es te cs-
t\luio. En Plimcr l\l gar, los pacientes r¡ue no quedaron satisféehos con la
comun ieaei';" tic la clínica fueron los más difíciles de tran<¡uilizar. Como
observa Kes.scl, "nc<¡uisito importante tic la tran'luilización es la informa-
ción. Los p:Jcicntc.'i necesitan conocer cnftl es su estado y ('se conocimien-
to les debe permitir apreciar qllé significan sus sín tomas" (Kesscl, l!J79:
1130). Pero antes de es lo es impoltante, según dice Sapira (1972) en un
estudio sobre tranqnilización, extraer el "significado afectivo de los sÍn-
tomos". Desde el punto de vista del paciente, la tranquilización es más
eficn y convincente si se ve <¡ne el médico ha en tendido la perspect iva
del l'0ciente en parti cnlar. Así condensa Kcssel este elemento esencial:

Tal vez el médico quiera rollSiderar el estado del paciente conforme a tér-
mino!) métlicos <le referencia; a (':'ita se le llama proceso patológico. En cam-
bio, Jos términos d e rdl:rcncia del p<lciente comprenden Jo q\le le c~c;¡lá pa-
sando y no se tr;lJlCjuilizará i1 mellos que sien ta que el médico 10 perciba y
10 en tiende.
)(E.<SEL, 1979: 1131

Con frecuencia, Jos Jnt-.uicos infieren Jos sf!lltimientos e ideas de los pa-
cientes sobre sus síntomas con base en pistas tan indirectas como el tono
de Sil voz. No siempre esta cstm tegia es la más Conveniente. En el estu-
dio tic pacientes COII dolor de cabeza, el especialista 110 reconoció las pre-
ocupaciones de 39% de ellos. Sapira y Kessel reeomienuan estrategias sen-
cillas para conocer los pensamientos ue! paciente, tales como: "Dígame
más sobre las razones de por qué esle síntoma le preocupa". En todos
los casos, conocer el pensar del paciente cla al médico una idea más clara
de las preocupaciones <¡ue neces ita desvanecer y da al paciente la sensa-
ción de <¡ue los pasos posteriores tranr¡uilizadores son apropiados a su
personalidad.

CÚIIIU obtener cooJ1emci6tt en los tratwMentos largos

Hoy día, las enfermeoades crúnicas son el mayor problema de salud que
enfrenta la medicina. M ils largos periodos ell que el individuo convive COIl
SIl en fermedad signifi ca n también mas tiempo en que puede Teinterpretar
la .,ignificaciÓn tle sus sílltomas y tic su tratamiento. Por lo tanto, el mé-
dico tiene ante sí una tarca mayor en cuanto a mantener su cooperación
en lratamientos, especialmente cuanuo, como en el caso de la terapia prr>-

148
CONCEPTOS COMUNES DE ENFf~ r(,\If;r)¡\])

longada a hn.,e de f:\nnaeos, el paciente se administ.ra el tratam iento . Un


('stud io de 1nui, Yourtree y Williamsol1 (1976) , , ' 11 relación también con
la 1lipcrtcnsión. sugiere Ja importancia que ti ell c poner en prjn"!era Jíll en
los conceptos dd paciente sobre Sil enrcrmedau c"'1I1do se bllsca su coo-
peración ell el tJ'atamiento. Iuforman de los resultados obtenidos por ha-
ber dauo a un grupo 'de médicos una sola sesión de capacitación sobre
la naturaleza e importancia ue bs creencias de los pacientes acerca de su
salud. A estos médicos se les pidió que se enteraran de las ideas de lo.,
pacientes y que, cuando fuera necesario, las modificara li , para hacerlas
más apropiadas a la cooperación con la terapia medicamentosa a largo pla-
zo. Esta sesión tuvo el efecto deseado, pues se vio que lo.> médicos del
estudio deuicaron m,ís tiempo a conocer las idea.' y conceptos de los pa·
cientes. Con posterioridad se halló que sus pacientes se ape[(aban más a
los regímenes de medicación y que tenían un mejor control de su presión
sanguínea <¡ue pacientes de HU grupo de control.
Mazzuca (1982), habiendo revisado U11 gran número de estudios pare-
cidos en '1ue se evaluaban lo., beneficios ele la educación sobre' la salud
tr"túndase de enfermcdades crónicas, conclnye que un a prcscntación co-
mtlll de illfollnación médica (en cucstiones tales C0l110 ric.>go.' a la salud)
es mellos eficaz 'Jue las intervenciones cncau?adas a atender la diversidad
de problema.> particulares de los pacientes, resultado de un hatamiento a
largo plazo, Y una investigación más reciente (Morisky y otros, 1983) so-
bre la eficacia de la educación sobre la salud ell el tratamiento de la hi·
pertensión reveló re.>ultados impresionantes, debidos a haher incorporado
lo siguiente en la intervencjón: primero, una consulta corta en la cual Ins ,
preocllpaciones del pacient'e en relación con la terapia se analizaron en "
"
una breve entrevi.>!:'; luego, una sesión en que palticipó un miembro cla-
ve de la familia, en la cual .>c trataron percepciones y problemfls del tra-
tamiento de los hipertensos, y en tcrcer lugar una discusión en gl1lpo
de pacientes hipertensos sobre problemas de tratamiento, En su secue-
la de cinco años la mOltalidad relacionada con la hipertensión fue de 53%
menos que en U11 grupo ue control manejado nomlalmente, Así pues, la
discusión ahied.a de las preocupaciones e ideas de los paciente.> ".> un pri-
mer paso esencial en el camino que lleva a ofrecer informaci6n de salud
personalmente apropiada,
En el estudio de lIarwood (1971) ya citado, se hace ver de otro lllo ~l o
el valor que tiene percibir los conceptos ordÍllUlios dc enfelmedad, La
clasificación metafórica de enfelmedades y hatmnientos en "calientes" y
¡'frías" entre los puertorriqueños que viven en Nueva York presenta un
problema particular en el casO de las mujeres embarazada.> que pueden
eludir tomar hierro o vitaminas que son clasificadas como "calientes" por
pensar que causan erüpciones e irritaciones (ambas "calientes") en sus
bebés, En cambio, el jugo de frutas es "frío", Por ello, los módicos p\1e-

149
10 ENFERMED~D y BÚSQUEDA DE AYUDA

den sugerir que los jugos de frutas se tomen con suplementos, pues de
ese modo lo "frío" neutralizará lo "caliellte".
En términos más generales, la sensibilidad a los conceptos de enfcr-
meJad de los pacientcs puede res ultar esencial en cuanto a mantener una
percepción de la gran yariedad de tratamientos empleados, especialmente
para quienes s~fren enfermedades crónicas, que puede tener sentido dcn-
tro de los conceptos ordin3.lios de una enfeImedad y su tratamiento, pero
(lue para el médico puede ser vista como causa de problemas pGrque tal
vez interactúe con su propia terapia. Ha.'Yta qué punto este tratamien to
aHenlo es común, se muestra en un estudio de ultritis reumatoicle y ·ósea
'lno revel6 que no menos del \)5% de los enfcnnm habian usado terapias
"altcmas", con un promedio de más de tres elementos diferentes en cada
una de ellas (Kronenfeld y 'vVasncr, lfJ82).

Dan.do apoyo al paciente


Stoeck!e y Barsky (1981) ofrecen un análisis importante de la trascen-
dencia que tienen para los clínicos las "atribuciones" de la enfermedad
a los pacientes. "Atribuciones" es el ténnino que emplean para uesignar
los conccptos que los pacientes tiellen sob rc sus silltomas. Observan:
Con más frecuencia los enfermos se sienten más genuinamente apoyados cuan-
do ven que la conducta del médico e.~presa un interés brtsaoo en "na com-
prensión per~onal de ellos que cmmclo sólo muestra una competencia médica
aut-or.it~ria. Dauo que la a{~·ihllción P...'i un jndicador sensible de las percep~
ciones drJ paciente, Sil rcc;onodmicllto es una dcmostrnción de e~a COITl-
prcnsi6n. '
STOECK1.E y Il,,,sKY, 1981: 225

Motivar al paciente a quc exponga su opinión sobr" su enfermedad


puede ser un medio importante de expresar interés y de brindar apoyo.
Algunas pruebas del valor terapéutico directo de esta forma de apoyo se
hallarán ell el estudio de pacientes con dolores de cabeza antes citado
(Fitzpah·ick y Hopkins, 1981b; Fitzpatrick, Hopkins, y lIarvnrd-Watts,
1983 J. Aquellos pacientes que sintieron que su consulta C011 el especialis-
ta había sido apropiada a sus preocupaciones y problemas personales, un
año de.'purs habian mejorado considerablemente en c01l1pnr~ción con pa-
cientes 'lúe habían j'.1zgado ! su consulta superficial o in apropiada. Estos
efecto., b""éfi.coc, fueron i.ndependientes uc la influencia de tranqui.liza-
ción que ya vimos. La relación fue también muy independiente de todo
trnt.~miento especffico, digamos como una medicación, que sólo tuvo efec-
tos terapéuticos bien modestos. En opinión ele Stoec1de y Barsky, el estu-
dio pone de relieve los yigorosos efectos terapéuticos no específicos Jel
apoyo personal. Del mismo moclo, Mumford, Schlesinger y Glass (1982 J'
examinan .34 eshIdio., ·controlados dd efecto de la int.ervención psicológi·

150
CONCEPTOS COMUNES DE ENFERMEDAD 11

ca en pncÍC'ntcs convalecientes de cirugía o de hospitalización después de


lIll alaque C3Tdi:lco. Dar infornlación a los pacientes acrecienta sin uuua
la rapidez de la recuperación , pero es más eficaz cuando se aúna con las
preoclIpacioJles e idea.c; particulares de los pacientes, Aquí t::unbil'll se su-
giere 'lIJe'" inducir las idcas Je los pacientes es requisito esencial Jc un
hllell apoyo.

CONCLUSIONES

Los testi mol\ios de este capítulo indican (IBe las interpreLaciones quc Jos
paciente." dan a sus SJlltomas están gooern<1uas por cunceptos e ¡Jeas uc
gran complejidad y varie,¡"d. Se necesita dar m;1S atención al modo en que
tales idé'as ¡n[Juyen sobre la marcha de problemas específicos de salud.
Este nuevo campo de estudio ha presentado por razón natural un punto
ele \~sta preliminar, general y hasta un poco estático de la funcíún que
los conceptos tienen en el tratamiento ele la cnfemledad, y de sus rela-
ciones dimímicas en pacientes que sufren alguna enfennedad y que bus-
can tratamiento. Sin embargo, hay bases firmes para sostener que prestar
atención a his intclvretaciones que los paciP11tC's dan a sus problemas de
salud Iw dado buenos resultados en la clínica, por cuya razón se debe
incorporar en la prúdica de la atendón de la salud.

151